Publicaciรณn especializada del Grupo Mujer y Sociedad de la Universidad Nacional de Colombia la C o r p o r a c i รณ n C a s a d e la M u j e r d e B o g o t รก , y la F u n d a c i รณ n P r o m u j e r
Mujeres, Amores y Desamores
EN OTRAS PALABRAS
EL AMOR En la selva amazónica, la primera mujer y el primer hombre se miraron con curiosidad. Era raro lo que tenían entre las piernas. -¿Te han cortado? -preguntó el hombre. -No -dijo ella-. Siempre he sido así. El la examinó de cerca. Se rascó la cabeza. Allí había una llaga abierta. Dijo: -No comas yuca, ni plátanos, ni ninguna fruta que se raje al madurar. Yo te curaré. Echate en la hamaca y descansa. Ella obedeció. Con paciencia tragó los menjunjes de hierbas y se dejó aplicar las pomadas y los ungüentos. Tenía que apretar los dientes para no reirse, cuando él le decía: -No te preocupes. El juego le gustaba, aunque ya empezaba a cansanrse de vivir en ayunas y tendida en una hamaca. La memoria de las frutas le hacía agua la boca. Una tarde, el hombre llegó corriendo a través de la floresta. Daba saltos de euforia y gritaba: -iLo encontré! ¡Lo encontré! Acaba de ver al mono curando a la mona en la copa de un árbol. -Es así -dijo e! hombre, aproximándose a la mujer. Cuando terminó el largo abrazo, un aroma espeso de flores y frutas, invadió el aire. De los cuerpos, que yacían juntos, se desprendían va pores y fulgores jamás vistos, y era tanta su hermosura que se morían de vergüenza los soles y los dioses. Memorias de fuego. Tomo I (Los Nacimientos) Eduardo Galeano.
EN O TRA S PA L A B R A S Publicación especializada del Grupo Mujer y Sociedad de la Universidad Nacional de Colombia, la Corporación Casa de la Mujer de Bogotá y la Fundación Promujer
Mujeres, amores y desamores Esta edición fue posible gracias al coauspicio de: La Dirección N acional de Equidad para las M ujeres.
Santafé de Bogotá D .C., Colombia Julio-Diciem bre de 1997
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E d i t o r a s : G rupo M u jer y Sociedad C orporación C a sa de la M ujer de B ogotá, Fundación Promujer. C o o r d i n a ción e d i t o r i a l : Florence T h o m a s Ju an ita Barreto G am a M aría Eugenia S án ch ez G ó m ez M argarita Escobar D e A ndreis C o n s e j o E d i t o r i a l ® : Ju an ita Barreto, M aría Elvia D om ín gu ez, G u iom ar D u eñ as, M argarita Escobar, B eatriz García, M aría C ecilia G on zález, Y olanda G o n zález, Patricia Jaram illo, M arth a López, Patricia Prieto, X a tlí M urillo-Sencial, Y olanda Puyana, Elsa Olid Rondón, M aría Eugenia Sánchez, Circe U ran ia Sencial, Florence T h o m as, A ngela Robledo.
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Florence Thomas
SABERES
Hacia una redistribución del poder para una nueva ética amor
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Gabriel Restrepo
La filosofía como género y el género como filosofía
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Nohema E. Hernández G.
Ciclos de vida, escenas de amor
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María Ladi Londoño Echeverri
El amor una utopía para reconstruir
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Carmen Lucía Díaz,
Tras las huellas del amor
Yolanda López
Las mestizas y el concubinato en la patriarcal Santafé de Bogotá, siglo XVIII
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Guiomar Dueñas Vargas
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María del R. Romero Contreras Del amor y el desamor en el siglo pasado
SU EÑ O S, IM Á G E N E S Y SÍM BO LO S 811
Varias
Flor María Bouhot y la búsqueda del erotismo
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Piedad Bonnet
Tres poemas
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Alfonsina Storni
Dos poemas
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Clara Silva
Un poema
Di a gram ación: Eduardo Franco
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Rosarlo Castellanos
Un poema
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Beatriz García Moreno
Un poema
Portada e Ilustraciones: -Flor M aría Buhot
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Marta López
La carta (cuento)
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Circe Urania Sencial Gómez
El crimen (cuento)
C o l a b o r a n en e s t e n ú m e r o : Florence T h o m as, Gabriel R estrepo, N o h em a E. H ernández, M aría Ladi L ondoño, C arm en Lucía D íaz, Y olanda López, G u iom ar D ueñas, M aría del R. Rom ero, Piedad Bonnet, C lara Silva, R osario C astellan o s, B eatriz García, M arth a López, Circe U ran ia Sencial, Jaqueline A ubem as, Y olanda Puyana, X ijem a C astilla, Lya Yaneth Fuentes, Filippo Bellizzi, Luis S an to s, A ngela Robledo, M aría C ecilia G onzález, M argarita Escobar, X a tlí M urilloSencial, V ladim ir R ojas, M aría H im elda Ram írez.
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Jaqueline Aubenas
Último acto
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Yolanda Puyana Villam izar
"El día del matrimonio, mi vestido fue negro"
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Ximena Castilla
"Cuando el amor llega así de esa manera"
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Lya Yaneth Fuentes Vásquez
Amor y sexualidad: ambigüedad, cambio y transgresión
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Filippo Bellizzl
Los niños son hombres y las niñas mujeres
E N T R E V IS T A S Y C R Ó N IC A S *43
Impresión: «5»
¿Quién decide sobre el aborto? Mujeres y Corte Constitucional hablamos al país
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Dos miradas a propósito del 8 de marzo Angela 1. Robledo: Marcha del silencio
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María Cecilia Gonzales M.: Las mujeres celebramos el 8 de marzo con una marcha por la vida la paz
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Margarita Escobar de Andreis
Noticia del Octavo Encuentro Internacional Mujer y Salu
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Xatlí Murillo-Sencial, Vladim ir Rojas Asprilla
Acerca de la trilogía de Kieslowski. Una particular invitación a amamos
ISSN 0122-9613 Es factible reproducir y m u ltiplicar ap artes de los artículos, cuidando siem pre de citar la fuente y envian do copia del ejem plar a n u estra sede. G racias.
De mujeres deseadas a mujeres deseantes, entrevista c< Ana María Fernández
N O T IC IA S EN O TRA S PALABRAS
Im pren ta U niversidad N acion al de C olom bia Coordinación administrativa, circulación, suscripciones y publicidad: X atlí M urillo-Sencial. A venida 39 N o. 19-23 Tels. 320 1138, 340 3372, 245 1678 San tafé de B o gotá - C olom bia
Luis Santos
L A S M U J E R E S Y LOS L IB R O S 1165
Lya Yaneth Fuentes Vásquez
Bibliografía sobre el amor
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María Himelda Ramírez
Primer Premio de Historia en la Convocatoria Nacional de COLCULTURA de 1995
El contenido de los artículos es responsabilidad de sus autoras (es).
E D I T O R I A L Las mujeres hoy, son sujetos - o más exactamente y “en otras palabras”- sujetas de derecho, ocupan nuevos lugares, generan otros procesos de reflexión sobre la administración del mundo y, en general, han abierto la puerta a un devenir femenino portador de m últiples esperanzas después de varios siglos de subordinación y silencio. Sin embargo y a pesar de estas conquistas - o tal vez por ellas mismas -parecería que nunca ha sido tan complejo, difícil, y aún doloroso, el encuentro amoroso entre mujeres y hombres. Creemos que no es ninguna exageración decir que el amor está en crisis y sus antiguos mecanismos, su vieja dinámica entre sujetos deseantes - los varonesy objetos del deseo - las mujeres-, sus viejos códigos y ritos y hasta sus prácticas, ya no sirven o por lo menos es lo que sienten muchas mujeres e incluso algunos hombres y lo que demuestran múltiples prácticas cotidianas del amor hoy. Las ancestrales pretensiones de equilibrios y ordenamientos patriarcales en relación con la circulación y distribución del poder entre hombres y mujeres, los sujetos y objetos del deseo amoroso, las viejas y trasnochadas categorías articuladoras de un saber sobre el amor tales como la tradicional dependencia y fragilidad amorosa de la mujer, su sexualidad pasiva y su destino a la maternidad, frente a un varón dominante, activo aunque silencioso y potente sexualmente, se ven en este final de siglo, fuertemente cuestionadas. Las teorías feministas, los estudios de género y las mismas prácticas innovadoras de las mujeres lograron enjuiciar viejos cuentos tejidos de princesas dormidas y príncipes seductores generadores de amores tram ados en una ilusión de armonía y felicidad eterna y al mismo tiempo portadores de desdichas y muertes. Pero sobre todo lograron convencernos de la urgencia de redefinir el amor, o más exactamente reinventarlo. No ha sido posible para la teoría definir el amor y sólo los lenguajes estéticos han permitido aproximarse a él. Se trata de reconstruir nuevos códigos, nuevas palabras y ante todo reubicar su sentido vital y su potencialidad mediadora entre la realidad y la utopía, entre los desvelos y los sueños. Este final de milenio nos permite una mirada de la sospecha frente a los mitos y narrativas occidentales que han sustentado el amor durante siglos legitimando la subordinación, pasividad y dependencia amorosa-erótica de las mujeres. Ese amor, bajo una apariencia de romanticismo encubridor de goces dolorosos y culpables, se convirtió en una fuente de múltiples estragos para ellas y, con otros efectos, para ellos también. Para las mujeres repensar el amor supone transform ar el sentido de sus existencias, de sus vidas, que una cultura androcéntrica había ubicado en el otro, en los otros y no en ellas mismas porque solo la mirada de un hombre podía reactivar el valor femenino. Deconstruir semejante eje cultural es repensar
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E D I T O R I A L en su totalidad la identidad femenina y es adherir a lo que llamamos hoy el devenir mujer. La revista “En Otras Palabras..” dedica su tercer número a este riesgoso tema de los amores y desamores. Nuestra sección “Rehaciendo Saberes” incluye ensayos que se esfuerzan por “repensar” el amor como campo abierto para la construcción de nuevas expresiones éticas. Abrimos así la posibilidad de reflexionar sobre el amor como devenir, de la misma manera que se quieren pensar las mujeres hoy, con todo lo que significa de riesgos pero también de aventuras. Son cinco ensayos que ofrecen distintas miradas disciplinarias sobre el am or hoy y dos estudios que perm iten una aproximación a expresiones y construcciones históricas del amor en los siglos XVIII y XIX. En el “Dossier”, hemos incluido reflexiones sobre diversas vivencias del amor hoy, en una sociedad despiadada con las mujeres y amante del sufrimiento y del dolor: desamores, amores enfermizos, amores enjuiciados, amores permeados por las condiciones materiales de existencia y relatos de amores desdichados. Abrimos en esta sección un lugar para la circulación de las palabras y las miradas sobre el amor de jóvenes universitarias y de niños y niñas. Como en números anteriores, la sección “Sueños, Imágenes y Símbolos”, entrega su propio acercamiento al amor a través de parte de la obra de la pintora colombiana Flor María Bouhot y una muestra de expresiones poéticas, siempre tan reveladoras de la vivencia amorosa. Nuestro deseo por que toda nueva vida se genere en el amor nos lleva a destacar en nuestra sección “Noticias en otras palabras”, parte de la Rueda de Prensa convocada por Profamilia sobre el tema “¿Quién decide sobre el aborto¿”, a cargo del Magistrado Eduardo Cifuentes, autor de uno de los salvamentos de voto sobre la constitucionalidad del delito de aborto bajo circunstancias especiales. Mucho quedaría por escribir sobre el amor, mucho queda por vivir en el amor y mucho queda por deconstruir y reinventar con generosidad, audacia y equidad; porque las mujeres y los hombres queremos pensar que aún es posible cambiar el régimen de las relaciones amorosas revolucionando la mayoría de sus dispositivos de poder, de tal manera que, sabiendo que ningún paraíso nos espera a la vuelta de la esquina, podamos al fin de cuentas, sumar en el amor, más goces que estragos.
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Serie Los Amantes (1984-1997)
"El día en que la mujer pueda amar con su fuerza y no con su debilidad, no para huir de sí misma sino para encontrarse, no para renunciar sino para reafirmarse, entonces el amor será tanto para ella como para el hombre una fuente de vida y no de mortal peligro"_________________________ S lm o n e d e B e a u v o ir
HACIA UNA REDISTRIBUCIÓN Qué vanidad imaginar que puedo darte todo. El amor y la dicha. Itinerarios, música, juguetes. Es cierto que es así: todo lo mío te lo doy, es cierto. pero todo lo mío no te basta. como a mi no me basta que me des todo lo tuyo Por esto no seremos nunca la pareja perfecta, la tarjeta postal, si no somos capaces de aceptar que sólo en la aritmética el dos nace del uno más el uno.
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DEL PODER
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Julio Cortázar
oo Hablar del amor en la agonía del siglo y del milenio se ha vuelto no solo urgente sino inaplazable y tal vez más cuando lo hacemos desde Colombia, un país que parece haber olvidado que las identidades se construyen a partir de las historias de amor de los(as) sujetos(as). De hecho desde mi práctica de psicóloga y de mujer feminista, soy una convencida de que para encontrar nuevos caminos para Colombia y sus múltiples guerras, es imprescindible iniciar un desplazamiento de nuestras miradas, de lo público hacia lo privado, del afuera hacia el adentro y lo más trivial y cotidiano de nuestras vidas, allí mismo donde se constituye la vida.
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PARA UNA NUEVA
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m FLORENCE THOMAS Psicóloga Universidad de Raris Coordinadora del grupo “Mujer y Sociedad" Profesora titular de la Universidad Nacional de Colombia
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Creo firmemente que deberíamos dejar por un instante de contabilizar los homicidios, los desaparecidos, los torturados y las constantes violaciones a los derechos humanos, para ocuparnos de la mente r -por así nombrarla- pero podríamos decir de las id en tid ad es o de las C ñ JC L subjetividades de los hombres y de las mujeres, de su manera de encontrarse en la intimidad, de desearse y de amarse, porque la paz, ésta anhelada paz que todo el país y el mundo buscan, además de ser un concepto del afuera, de la plaza pública y de los títulos de los artículos de nuestros diarios, se debe
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generar también en la mente de los sujetos y representar una dimensión del mundo de lo cotidiano sin la cual no hay manera de construir un mundo distinto. Por supuesto lo que anuncio es demasiado tema para el espacio de una artículo y me limitaré a desarrollar sólo algunos aspectos, algunas facetas del apasionante pero demasiado vasto tema del amor. Quiero precisar que es un tema que toca de manera m uy especial a las mujeres cuyo mundo había sido t-radicionalmente el mundo del amor, mundo que representó históricamente su mayor felicidad a la vez que su m ás grande desgracia. Tal vez por esto, cada vez que quiero hablar del amor, siento que no puedo evitar confrontarme con mi propia historia que termina siempre por permear cualquier discurso teórico sobre el tema. Lo más probable es que este escrito refleje, una vez más, esta ambigüedad, pero me pregunto a veces si es posible -y deseable- hablar del amor de otra manera. No lo sé. Quisiera entonces tratar de replantear el actual régimen de las relaciones amorosas a partir de una nueva hipótesis generada por los cambios de condición y posición sociológica de las mujeres en estas ú ltim as décadas; h ip ó tesis que podríamos formular de la siguiente manera: para amar desde una nueva ética, es imprescindible encontrarnos desde la autonomía en cuanto dos sujetos (que bien pueden ser un sujeto y una sujeta, dos sujetos, o dos sujetas) libres en cuanto “ser de sí”, con una visión secular del mundo y dispuestos a enriquecerse mutuamente con el fin de que el amor se transforme en una fuente de posibilidades para la vida y no de eternos maleficios o estragos para la muerte. Y anunciar que para am arse desde otra perspectiva es necesaria la autonomía o capacidad de actuar sobre sí mismo(a), es algo que, por lo menos desde una óptica de mujer, revoluciona todo lo que había sido hasta hoy el dispositivo amoroso
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occidental judeocristiano. Pienso entonces, como el titulo de este artículo lo indica, en una “nueva ética del am or” porque de esto se trata: una ética que parte, ya no de una cultura androcéntrica que ubicó a las mujeres como eterno objeto del deseo masculino, sino de una cultura verdade ramente bisexual capaz de reconocer las trans form aciones y redefiniciones de los lugares sociales de las mujeres o, en otras palabras, sus nuevos posicionamientos y los consecuentes y profundos cambios de los sujetos y objetos del deseo y de las relaciones amorosas. Hoy y gracias a este nuevo devenir femenino nos hemos vuelto de alguna manera todos y todas mutantes del amor y, como lo dice Julia Kristeva en sus “historias de am or”, el mismo Narciso quiere reinventar el amor. Y al decir esto no pretendemos cambiar del todo la estructura del amor que seguirá siendo fundamentalmente y por mucho tiempo aun, a partir de elementos inconscientes m uy arcaicos, una respuesta tramposa a la falta originaria, un sueño ancestral de fusión y una idealización imaginaria a partir de un otro soñado a la medida de nuestras propias carencias. Por mucho tiempo todavía, seguiremos saldando, a través de nuestras historias de amor, viejas cuentas con nuestro pasado y con nuestras historias de construcción de identidad genérica, identidad que, de hecho, ha necesitado para edificarse una primera historia de amor, esta que Freud tildaría de historia prototipo de todas nuestras futuras historias y que, desde una cultura patriarcal, había ubicado de manera distinta a mujeres y hombres frente al deseo. Sabemos que los hombres y las mujeres buscan en el amor algo diferente puesto que tuvieron una relación al edipo distinta. Mientras el hombre buscará algo perdido pero que ya conoció a través de esta fusión libidinalmente gratificante con la madre, la mujer espera algo desconocido: este sentimiento de completud narcisista que, por la escasa o nula presencia del padre en las prácticas
de socialización de sus primeros años, le hizo tanta falta. Pero lo que si pensamos posible es revolucionar el régimen de las relaciones amorosas, su lógica relacional que, en un contexto patriarcal, instaló un principio de dom inación que excluyó la reciprocidad y la posibilidad de trascender así el dualismo sujeto-objeto o dominante-dominado. Y pensamos esto posible por lo que ha significado en el mundo occidental el siglo X X para las relaciones hombre-mujer. Como nunca antes en la historia, ni siquiera juntando los 19 siglos precedentes se había logrado semejante sacudida. Y a pesar de que dicha sacudida había sido anunciada desde el siglo XVIII por algunos teóricos de la Revolución Francesa, sabemos que nos tocó esperar casi dos siglos más para volver el sueño revolucionario accesible a las mujeres. Y ni siquiera a todas las mujeres sino a algunas mujeres occidentales. Creo que la precisión es importante cuando se habla desde un país como Colombia en el cual falta todavía mucho camino para que artículos de la Nueva Constitución o leyes recientes a favor de las mujeres se vuelvan leyes de la vida cotidiana, de las actuaciones, de las actitudes, del corazón y de los imaginarios. Pero sin duda hoy, los múltiples cambios tanto económicos como sociales y políticos de este país y las luchas de las mismas mujeres, incidieron p aulatinam en te en la condición fem enina logrando incluso cuestionar el viejo marco explicativo de la feminidad que se había vuelto incapaz de responder a una nueva lógica de modernización del país que no se puede lograr sin una mínima modernidad o secularización de los sujetos que lo conforman. Es así como, a todó lo largo del siglo XX y en este contexto de modernización e incluso hoy, de internacionalización de Colombia, y gracias a los aportes de las teorías feministas, los estudios
de género y las demandas de los movimientos sociales de mujeres, ellas se constituyen poco a poco en sujetos políticos y de derecho. Descubren con asombro los caminos del saber, (del saber académico, este que significa poder y que había sido por lo mismo el privilegio de los hombres, porque saberes las mujeres siempre han tenido múltiples), caminos que les permiten volverse len tam en te pero de m anera im parable, generadoras de cultura, de arte, de literatura, de música, de cine y en general de investigaciones en todos los campos de la ciencia y de la estética, generando así nuevas miradas sobre categorías de una epistemología occidental trasnochada. Recuperan el control de su fecundidad y, por lo menos simbólicamente, el control de su cuerpo; conquistan la igualdad de derechos políticos con los hombres, se vuelven visibles, empiezan a ser nombradas y por consiguiente dejan de parecer para aparecer. Se inicia así una nueva interpre tación de su actuar en el mundo y su existencia cobra entonces un significado tanto histórico como político. En relación con el tema que nos convoca hoy, y en gran parte gracias a los Estudios de Mujer y su examen profundamente crítico de campos que se habían quedado intocables para la ciencia social hasta la década del cincuenta, por lo menos en Europa, los temas del amor, de la sexualidad y de los dispositivos de conyugalidad aparecen de repente como campos altamente estratégicos en la producción-reproducción de la inferiorizaciónsumisión de las mujeres en la historia. Y creo que es a partir de estas nuevas miradas que permiten afianzar los nuevos ordenamientos y posicionamientos de las mujeres que debemos entender el hecho de ser mutantes del amor. Los logros de las mujeres en este siglo no pueden dejar por fuera la alquimia del amor y si bien sabemos que las mutaciones toman un tiempo que no se puede medir con la duración de nuestras vidas,
estoy convencida de que cada nueva historia de amor, cada nuevo y repetido fracaso, cada nuevo ensayo por no reencontrar los mismos estragos de siempre, nos ayuda a entender que las éticas son históricas así como las dinámicas del amor, sus goces y sus estragos. Y no estoy soñando. Sé (ahora...) que nunca el amor será una fiesta y que no existe ningún paraíso perdido a la vuelta de la esquina. Pero sé también que ahora las mujeres desean y hablan, y desean y hablan desde otros lugares, dejando así poco a poco de ser mujeres de la ilusión como las llama Ana María Fernández en el libro que lleva este mismo título, o sea m ujeres etern am en te fa n tase a d a s por los hombres; y dejando de ser mujeres de la ilusión, se vuelve posible pensar en una nueva ética del amor. Una ética que se origine, esta vez, en la aceptación de que para amarse es tal vez necesario empezar a renunciar al sueño fusional del “dos en uno” y a la nostalgia de ser uno solo que, en una cultura androcéntrica, no dejaba duda sobre cual de los dos había sido su b su m id o o consumido en un acto que se parecía más al canibalismo que a nuestras ideas actuales del amor. Boleros, tangos y baladas, telenovelas, comerciales, revistas femeninas y expresiones vernaculares de nuestro idioma están todavía ahí para recordarnos todos los viejos imaginarios del amor. (¿N o es que las mujeres “se tienen, se toman, se conquistan y finalmente se comen¿”). Y para renunciar a algo del viejo sueño fusional, renuncia necesaria si queremos aprender a pasar de esta etapa del ciego y dulce enamoramiento a otra que se esfuerza por instalar la relación en la duración y confrontarla con la cotidianeidad, es imprescindible aceptar la llegada en el escenario social de un nuevo sujeto o, mejor dicho, una nueva sujeta, que implica otra ecuación para el amor: ser dos sujetos autónomos y libres o sea diferentes e iguales puesto que diferencia e igualdad no son conceptos antitéticos. Son conceptos paralelos que rem iten a debates
distintos. Uno, la igualdad remite a un debate político: el otro, la diferencia, a un debate epistem ológico-existencial. Estoy hablando entonces de dos soledades que para encontrarse y unirse, deben primero existir separadamente. Para nosotras las mujeres esto equivale a construir muros de contención subjetiva, trazar límites, saber poner sus límites subjetivos, porque solo puede existir reciprocidad y receptividad de un otro a partir de una oscura certeza y afirmación de sí. Solo desde el propio reconocimiento puede llegar uno a la otredad. Solo desde la separación hay posibilidad de encuentro com o nos lo recuerda Luce Irigaray en su “Etica de la diferencia sexual”. A nunciar esto significa, entre otras cosas, cambiar radicalmente la regla social de los viejos juegos de poder del amor a partir de la “puesta en escena” de una nueva subjetividad femenina que hará las mujeres capaces poco a poco de amar ya no desde una subjetividad hipotecada que marcó su histórica heteronomía, sino desde la auto nomía y consiguiente redefinición de su posición en la economía libidinal o sea en los complejos juegos del deseo y del amor. Somos conscientes del reto que representa esta última afirmación. Si; se trata de un reto inmenso pero no imposible; para las fem inistas hace tiempo que lo imposible no existe sino que hace parte de nuestros sueños y hemos aprendido a fuerza de terquedad que los sueños habitan la realidad. Por supuesto esto no nos impide tener grandes inquietudes, pues a pesar de estar convencida de que las mujeres no darán un paso atrás en el camino de las conquistas laborales, legales y políticas o sea en estos lugares que se han ganado, soy algo pesimista en relación con lo que significa luchar contra nuestra secular inferiorización en los inconscientes. Tal vez porque sé que luchar contra este conjunto de temores, miedos, prejuicios y estereotipos de
pensamiento que, a menudo, nos determinan sin saberlo, es infinitamente más difícil y aleatorio que conquistar derechos legales. Y es que ser verdaderamente dos sujetos subjetivam ente au tó n o m o s y p olíticam en te eq uivalen tes significa para las mujeres, no solo obtener una habitación propia como lugar físico, como nos lo recordaba Virginia Woolf hace más de 50 años, sino esencialmente como lugar subjetivo del si misma. Pero ¿cómo romper estas repeticiones mortíferas y cómo separar la parte irreductible de nuestro in consciente de la parte generada por las múltiples prohibiciones, identificaciones, normas culturales e imperativos sociales que nos habían construido como mujeres de la ilusión, de la ilusión de los hombres^ En este sentido sería necesario hoy empezar a hacer la parte de lo irreductible y la parte de nuestra inscripción en campos de poderes precisos que se construyeron históricamente y sobre los cuales, por consi guiente, podemos actuar y estamos actuando a pesar de los múltiples lugares de resistencia que, como es lógico en una cultura tan profundamente patriarcal como la nuestra, encontramos en el camino. No sé si los inconscientes son susceptibles de cambio o no - y dejo esta difícil pregunta a los psicoanalistas y sobre todo a las psicoanalistas feministas - pero soy convencida de que lo que llamo imaginarios sociales -o sea este conjunto de representaciones, imágenes, mitos, leyendas, m etáforas que circulan en una cultura- son productos de la historia y de la cultura y en este sentido vale la pena preguntarse si, después de siglos de interiorización de una cultura patriarcal que nos expropió de n o so tras-m ism as satanizando nuestro cuerpo y nuestra sexualidad, histerizando nuestra existencia e hipotecando nuestra mente, seremos capaces de reconstruir un mínim o de reconocim iento n arcisista o
im agen gratificante de lo femenino. Y digo “reconstruir” sin saber si debería decir simple mente “con struir” pues, quien sabe si en la arqueología h istórica de nuestra identidad pudimos reconocernos a través de imágenes algo más valorizantes y bellas que las de hoy. Tal vez en los albores de la humanidad, cuando fuimos diosas ... De hecho, las mujeres sienten y empiezan a entender hoy que se ha vuelto urgente sacudir los imaginarios sociales y las representaciones culturales de la femineidad con el fin de que pueda iniciarse un ajuste entre aquellas y su nuevo devenir porque ya no se reconocen en los estereo tip o s de m ujeres p asiv as o m adres sobreprotectoras y castradoras, brujas, putas o ángeles sin sexo que una cultura de hombres y sus múltiples narrativas proyecta todavía sobre ellas. Están entendiendo tam bién que crear nuevos significantes no es imposible como lo quisieran muchos. Los significantes que confor man gran parte de nuestros imaginarios están hechos de materiales simbólicos o sea de palabras, de mitos, de estructuras familiares y de memorias y aun cuando sabemos que su transformación tom ara un tiem po no com parable cronoló gicamente al tiempo de las prácticas sociales, no en con tram os razón para su inm ovilism o histórico. Las feministas sabemos ya desde hace algunas décadas que, trabajar sobre los sistemas simbóli cos como el lenguaje, los mitos, los ritos, las leyen das, el folklore, pero también sobre los discursos normativos como el discurso médico, pedagógico, filosófico, jurídico, estético y científico, demanda mucha terquedad, paciencia y valentía. Es el con ju n to de toda una cultura y su s redes simbólicas que poco a poco acepté poner en tela de juicio sus categorías significantes con el fin de derribar al falo como significante primordial y único para enfrentarlo simétricamente o otrc
significante capaz de nombrar lo que se pensaba inombrable: lo femenino. Un significante al cual habrá que encontrar un referente...?matncial¿, ? la b ia l¿c lito rid ia R Claro, da risa, quién sabe porque, cuando durante mucho tiempo nadie se atrevió ni siquiera a sonreír frente al referente fálico. Solo hoy día empezamos las mujeres a ser algo irreverentes y reírnos frente a este monumento simbólico que empezó a agrietarse. Nada muy grave todavía.... Pero lo importante es que hoy estam os pensando seriamente en proporcionarle un referente simétrico capaz de reflejar la androginia del mundo. Si, lo estamos pensando... sin afán y con tiempo porque nuestra revolución es hoy, ante todo y com o ya lo m encione, una revolución sim bólica tan profundamente subversiva que necesitara mucho tiempo y lo sabemos. Pero les quiero recordar también que en este trabajo sobre lo sim bólico existen hoy una cantidad de cuestion am ien tos y de nuevas m iradas bajo la forma de nuevas lecturas y escritu ras de m uchos c ap ítu lo s de v iejo s discursos. Pienso, entre otros, en los trabajos de Luce Irigaray, Julia Kristeva, Heléne Cixous, Frangoise Collin, los trabajos de las feministas italianas de la librería de Milán, del grupo de Verona, sus encuentros tan fructíferos con el partido Comunista Italiano; filosofas como Carla Lonzi, Celia Amoros, Adela Cortina, Victoria Camps, las americanas como Carol Guilligan o Jane Flax y su último trabajo sobre "Psicoanálisis y Feminismo, pensamientos fragmentarios”, y v arias latin o am erican as com o Ana M aría Fernández, Eva Giberti y Martha Lamas entre muchas otras. Y no me referiré para no cansarlos(as) a los actuales trabajos que estamos realizando desde nuestra inaugural Maestría en Estudios de Género en la Universidad Nacional de Bogotá. Nunca las feministas se sintieron tan bien acom p añ ad as en ese terreno de una paulatina deconstrucción epistemológica que les
proporciona nuevas m iradas sobre todos los d iscu rso s de un viejo saber que de m odo progresivo se problematiza. Pero para volver a lo nuestro, estaba hablando entonces de la posibilidad de instaurar una cultura bisexuada como premisa para una nueva ética del amor. La pregunta es entonces qué permitiría a una cultura bisexuada imponerse poco a poco; trataré de responder a esta difícil pregunta a partir de algunos ejemplos, pues, repito, soy consciente de que inventar mediaciones creadoras de realidades nuevas no se hace en cinco minutos y producir una revolución simbólica toma otro tiempo y es otro trabajo que el de realizar mítines o redactar leyes. Por esto, a veces siento una especie de malestar cuando nos preguntan sobre lo que proponemos las feministas. La epistemología occidental tomó miles de años para edificarse y construir su argumentación pero reclama ya a las mujeres ideas claras y precisas en relación con sus propuestas. Una ética de la diferencia sexual tomará tal vez siglos para edificarse... Si es necesario ser dos para amar desde nuevos horizontes, para las mujeres esto significa llegar a reconocerse y tratar de existir desde un registro de la afirmación que nos permita amar desde una posición de sujeto, o sea de sujeta, y no como desde siempre tratar de reactivar nuestra frágil existencia en la mirada o el deseo de un hombre, puesto que desde nuestra infancia habíamos aprendido que para existir debíamos ante todo ser “am ables”. Y solo un hombre nos podía proporcionar entonces, seguridad, buena imagen, estabilidad y porvenir subjetivo a través de una maternidad redentora de todas nuestras carencias ex iste n ciale s d efin id as por una cultura androcéntrica. La cultura de las mujeres fue entonces una cultura del amor a los otros por medio del olvido de si mismas y esto, lo sabemos
ahora, fue una fuente de muchas desgracias para ellas pero tam bién para los hom bres que, d esafo rtu n ad am en te, to d avía no lo han entendido. Una de las urgencias para reconocernos posi tivamente es aprender a conocer nuestro cuerpo y m agnificar nuestra sexualidad específica después de más de dos mil años de manipulación, satanización y expropiación por parte de una cultura judeocristiana patriarcal, atemorizada por el sexo femenino. Y para este reconocimiento es im prescindible que el sexo fem enino sea nom brado; - no se olviden que estam o s trabajando al nivel simbólico- que se le nombre a la niña esta pequeña apertura tan temida y vilipendiada por los hombres. Que se nombre su vulva, su monte de Venus, su clitoris, su útero con el fin de que se vuelva orgullosa de ese sexo suyo tan portador de goce como de vida y por consiguiente tan bello. Las palabras están en los diccionarios (por lo menos en los actuales) y últimamente están en los libros de biología. Pero solo están ahí. Letra muerta porque el contexto social no perm itió que adqu ieran una con sisten cia fuerte en la estru ctu ra del inconsciente, y el sexo fem enino se volvió innombrable, indecible porque hace siglos una cultura de hombres que necesitaba encontrar una salida a sus fantasmas, lo culpó de todos los males de este mundo. Y si aceptam os que pensam os, deseam os y amamos por medio de nuestros imaginarios, se vuelve como tenaz amar algo indecible, tachado, satanizado e histerizado. ¿N o les pareced Para cuantas mujeres de este país su sexo es todavía algo innombrable, sucio, del cual no se debe hablar y cuyas secreciones se deben hacer olvidar lo más posible... La sangre de los guerreros siempre fue pura m ien tras era im pura la de las m ujeres...Por lo m enos esto es lo que nos enseñaron.
Y más allá de nombrar el sexo femenino, se trata también de generar nuevas metáforas capaces esta vez de magnificar el misterio del amor, de la sexualidad y de la procreación pero desde nuevas imágenes. Las mujeres empiezan a tener una palabra y a hablar con otras palabras que ya no pasen obligatoriamente por la omnipresencia del falo. No podemos seguir articulando nuestra sexualidad a la ecuación erección-penetraciónorgasmo-silencio-cigarillo y dejarnos repetir que nuestro goce representa un lugar no nombrable, un “algo más" que escapa al universo semántico masculino y su falo-referente. En este sentido la palabra femenina tendrá poco a poco que tomarse en serio y dejar de ser una palabra-síntoma (sin-toma). Si, el continente negro de la sexualidad femenina, que no era sino una página en blanco, se está escribiendo. Y con esto no estamos impidiendo que los hombres se impliquen también en una evolución que los concierne tan to com o a nosotras. Solo estamos tratando de desbancar una ideología fálica monista con el fin de que se instauren nuevos cam inos favorables a una verdadera cultura bisexual donde ninguno de los dos será el referente para el otro y donde no definiremos más hombre y mujer como opuestos sino como diferentes a partir de una concepción verdaderamente dual de la humanidad. Esto se hará a partir de un ejercicio vigilante que abra el sentido a los conceptos. La mujer se volverá así el otro respecto al hombre y el hombre el otro respecto a la m ujer perdiendo así su lugar privilegiado en la cultura. Con esto, me estoy refiriendo al trabajo paralelo que habrá que realizar sobre el concepto de masculinidad, sus metáforas culturales e imaginarios sociales. Pues buscar otro ordenamiento amoroso a partir de un nuevo devenir femenino trastoca obliga toriamente los lugares de la masculinidad. Para poder empezar a hablar de simetría y bisexualidad es imprescindible repensar la masculinidad sin miedo ni viejas nostalgias.
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Pero tam p o co será su ficien te n om brar y magnificar la sexualidad femenina, pues de hecho es toda la imagen de la mujer que es necesario cambiar en todos los rincones de la cultura, y con una vigilancia sin limite. Todas las imágenes transmitidas por los medios, los comerciales, la literatura, las letras de las canciones, la escuela y otros discursos que conforman el tejido cultural... Tendrem os que poner en tela de ju icio la in terpretación p atriarcal de los m ito s y reinterrogarlos desde esta mirada de la sospecha que nos habita ahora. Haremos hablar entonces nuevamente a las diosas griegas, a Demeter y Perséfona, a las mujeres del génesis y del nuevo testamento, a Antígona e Ifigenia; escucharemos nuevamente a Lisistrata y sus propuestas para acabar las guerras de los hombres; le prestaremos una atención nueva a Yocasta y Casandra cuando todo el guión fue para Edipo. Escucharemos a Alma Malher, a Clara Schuman y a Camille Claudel, y trataremos de cambiar la potentísima imagen de mujer-madre por la de una mujersujeto histórico y político, libre y con capacidad de actuar sobre si-misma. Esto no se hará en cinco minutos, tal vez ni siquiera en cinco generaciones, pero como ya les dije, lo importante hoy es haber iniciado este inmenso trabajo. Y todo esto lo acompañaremos necesariamente por un cambio en las prácticas de socialización y más exactamente trataremos de cambiar la actual sobredosis de maternización por una buena dosis de paternización. Es todo el co n texto p aren tal de la educación que es necesario cam biar si querem os em pezar a construir mujeres que ya no se enfermen de amor, pues como lo dice Lucie-Anne Skittecate en su trabajo sobre “los silencios de Yocasta”: “Cómo pensar que una niña mal amada por su madre, d esv a lo riz a d a por la a u sen c ia del padre, supuestamente castrada y obligada a integrarse en una cultura fálica, no se sienta interio rizada
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Tal vez entonces nos podamos reconciliar con el am or que dejará de ser el único principio organizador de nuestras vidas. No se trata de renunciar al amor, sino de cambiar el régimen de las relaciones am orosas gracias a un despla zamiento progresivo de las mujeres a su nueva condición tanto sociopolítica como subjetiva, desplazam iento que sea capaz de una redis tribución más equitativa de los viejos campos de poder que envenenaban el amor. Solo desde la adquisición de una nueva salud mental para las mujeres, por así decirlo, podremos pensar en una nueva ética del amor. Pero este trabajo se hará, ante todo, desde las mujeres, pues, ¿quién busca salir del impase amoroso^ Creo que hoy día, son ellas. Tal vez porque sienten que no tienen nada que perder pero mucho que ganar y sobre todo están entendiendo que la raza de los amos no puede desaparecer sino por medio de la desaparición de la de los esclavos. Y no a la inversa. Mientras algunas quieren salvar algo de su condición y gozar de las ventajas ( que por cierto existen) que le proporciona su situación de objeto, no lo lograremos. Pero si estam os decididas a perder esta condición de existencia de segundo orden y asumir el duelo de una vida de dependencia y subordinación, entonces nos daremos la posibilidad de acceder a un nuevo orden relacional en el cual será esta vez la convivencia y la reciprocidad que harán ley. Para salir de nuestra edad-media, de nuestro colonialismo subjetivo, es imprescindible morir a nuestra condición de eterno objeto para el otro, de espejo dorado para el am or a si-m ism o m ascu lin o, y acabar con las estru ctu ras imaginarias del dominado, del sumiso y nuestros fantasmas de esclavo. Nacer a nosotras mismas, esp o sarse a si m ism as deberían ser por el momento los únicos nacimientos y matrimonios que acepten las mujeres. Porque ellas no pueden ad m itir por m ás tiem po ser h um illadas,
maltratadas y golpeadas por hombres que todos dicen quererlas; tampoco pueden seguir admi tiendo, tener cuerpos satan izad o s, clitoris extirpados y labios cosidos (hay millones de mujeres infibuladas en el mundo); ser acosadas, poseídas y violadas (en Bogotá hay 16 mujeres y niñas violadas diariamente y solo 7% de las violaciones son reportadas oficialmente); estar “solas” cuando se separan, mientras los hombres son “libres”; las mujeres ya no quieren ser rivales y envidiosas entre ellas, posesivas y enfermar de amor. Entonces a las mujeres les toca existir de manera gratificante antes de amar ( y ahí hablo de este amor que nos hace despertar una noche con la certeza de estar enamorada..porque ya sabemos que para poder existir, o sea con stru ir subjetividad, ha sido necesaria una primera historia de amor, esta que representa de alguna manera nuestra arqueología del amor), y no ser amadas y amar para sentirse por fin existir. Esto será la condición para no volver a vivir amores de telenovelas, de rancheras y vallenatos, amores de hoteluchos y moteles, amores-recetarios de revistas femeninas, amores de chantajes; ya no quieren oír nunca más “seré tu dueño”, “me perteneces”, “olvídame si puedes..” “si te vas, me m a to ”, “si me engañas, te m a to ”, am ores enfermizos y moribundos, productos de una economía libidinal más que sospechosa. Las mujeres quieren esposarse a si-mismas antes de contratar cualquier otra nupcia. Quieren aprender a tener una existencia propia que ya no sea determinada por la pertenencia al padre o m arido. Q uieren una nueva salud m en tal amorosa hecha de risas porque la risa de las mujeres representa probablemente el fin de su desgracia y el enemigo mortal de la seriedad fálica. Y no olvidemos que la risa es contagiosa... Mucho optimismo, el mío¿ Si, probablemente por el sencillo hecho de que trabajar de dedicación
exclusiva para este propósito me obliga a un cierto optimismo que no me impide nunca saber que el amor será siempre, a pesar de que no me gusta este adjetivo, una prueba y el lugar por excelencia de nuestra fragilidad y vulnerabilidad tanto para hombres como para mujeres. Durante mucho tiempo aun, seguiremos prematuros en el amor porque seguiremos esperando del otro amado o de la otra amada que nos resuelva nuestras carencias como la madre de nuestros primeros meses y años. Haber aprendido de amores en am ores y por m edio de m ucho dolor que finalmente no podemos sino contar con nosotros mismos o con nosotras mismas, parece todavía no cambiar nada. Lo sabemos y no lo creemos. La humanidad adulta no ha nacido. Pero puede estar gestándose. Es, por lo menos lo que quiero creer. Y lo que agrava hoy nuestra condición de prematuros es que se están esfumando los códigos amorosos. Los que todavía existen ya no son de mucha ayuda. La historia de María y Efrain nos asombra a la vez que nos aburre; la ilusión de felicidad que nos vende casi todos los finales de telenovelas a través de una fetichización del matrimonio, nos da rabia - por lo menos a mi la letra desteñida y apasionada de los boleros nos hace sonreír porque ya entendimos que todo tiempo pasado no fue mejor; Narciso, Tristán e Isolda, Romeo y Julieta y todos los grandes amante de la historia nos reafirman que la pasión sirve para morir y no para vivir, y los tiempos neo-liberales nos cambiaron las cosas del amor por el amor a las cosas... Nos faltan indicadores, nos faltan espejos, nos faltan guías que nos permitan caminar con un poco más de seguridad entre las delicias y los estragos de una historia de amor problematizada por sus protagonistas que ya no quieren cumplir con lo escrito. Los tiempos modernos y aun más la postmodernidad están en mora de reinventar el amor y escribir nuevos guiones que se adapten mejor a sus actuales protagonistas.
Con el siglo que agoniza, somos mutantes del amor pero con la conciencia clara de que somos los artesanos y las artesanas de un progreso que ya dejó de ser lineal y que no depende más de una mano invisible o de una misteriosa provi dencia. Somos caminantes del amor, de estas y estos que abren camino al andar. Somos, por fin, dicen las mujeres, mutantes del amor.
Red de Solidaridad
Social Presidencia de la República
LA FILOSOFIA De creer a Platón, la filosofía se habría fundado sobre una pérdida y se habría desarrollado sobre un olvido. No me refiero a su doctrina, según la cual conocer es en buena medida recordar y alcan zar la verdad es disuadirse de la verdad del _ remedo o de la copia para elevarse a la idea, sino a un olvido más simple, que tiene un nom bre de mujer, el nombre de Diotim a.1
COMO GENERO
Fue ella, según el relato de El Banquete, quien le enseñó o inició a Sócrates en los místenos del amor, m,sterios que podrían ser el enigma de los enigmas, si se colige, como no parece advertirlo ni el mismo copista -es decir, Platón-, que en ella la sabiduría del amor era equivalente al amor a la sabiduría, que com o r sabemos es la filosofía.
GABRIEL RESTREPO
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Nacional de Colombia,
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Y EL GENERO
Protofilósofa, D io tim a desaparece con su perfecto y oracular retruécano de la escena carnavalesca del banquete donde Sócrates y los Efebos discurren entre vinos y am orios sobre el amor. Que la mujer, ahora devenida esclava, apenas sea la evocación de una falta o ausencia en el discurso filosófico -como lo ha advertido el poeta de la diosa blanca, Robert Graves2- Se deja ver no sólo porque la filosofía del amor se limita, por lo menos en el simposio, al amor entre hombres, enmascarado en la filosofía, ni sólo por que el amor a la sabiduría, o sea a la filo so fía, sea curso m ascu lin o.Uni a t
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COMO FILOSOFIA
1Platón. El Banquete. Obras Completas. Madrid. Aguilar 1969, Segunda Edición : págs : 553 a 597. 2 Graves, Robert La Diosa Blanca. Historia Comparada del Mito Poético. Traducción de Luis Echavarri. Buenos Aires, Losada, 1970 (1961, Faber & Faber). (¿Por qué, empero, una posición feminista tuvo que anular su enunciado libertario con un atributo hasta cierto punto racista ?).
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investigador en el área de la
porque en ese discurso esté cada vez m ás ausente el tema del amor, sino porque aquello que era equivalencia en el retruécano, sabiduría del amor, amor a la sabiduría, se ha degradado a la condición de símil o de m etáfora: el arte m ayéu-tica com o sem ejan te al arte de la comadrona en el dar a luz, o la filosofía como alu m bram ien to y genealogía in telectu al o m etafísica, semejante a la genealogía carnal, uno y otro, la sabiduría del amor y el amor a la sabiduría encarnados desde entonces, en el desvanecim iento del retruécano, en la m ás opuesta especialización por géneros, la mujer y el hombre, tan antagónicos como la madre tierra y el cielo, ideal la noche y la luz, la genealogía física y la metafísica, pero el uno elevado a la condición del amo, la otra a la esclava; el uno fundador del discurso público, la otra del religare privado, hasta llegar incluso a ese divorcio lingüístico entre la lengua oficial -el Latín- y la lengua m atern a -la lengua Rom ance.3 ¿La Diotima invocada por el poeta Hórderlin, el poeta de “La Fiesta de la Paz”, significaría acaso el anuncio del regreso de la primera Diotima4 ¿ ¿Qué consecuencias se derivan para el discurso filosófico, como trasunto que es de todo discurso -para el discurrir concreto del amor- de la progresiva elim inación de la esclav itu d o servidumbre, gracias a que los cambios técnicos transforman la casa en mundo y el mundo en casa¿ ¿Q ué se podría esperar de la paulatina “dom esticación”, es decir, fem inización del mundo¿ No deja de ser paradójico, pero por ello mismo m ás disiente, que el primer filósofo que en 3Ver
tiempos modernos hubiera rescatado del olvido para la filo so fía el tem a de am or-m ujer, Schopenhauer, haya sido hijo de una viuda emancipada que fue una de las primeras mujeres de mundo en el siglo decimonónico.5 Al llamarla “una de las primeras mujeres de mundo” no se quiere decir que fuera prostituta, como cuando se dice de una mujer que es pública, aunque la alusión ya revela el poder semántico del len guaje, pero tam bién el poder de la discriminación y no menos el imperio de los prejuicios, aunque el asunto daría para múltiples reflexiones sobre el desdoblam iento de las mujeres en el hogar y en la hoguera del mercado. Por “mujer de mundo” se quería significar entonces mujer de salón y de nuevo hay que precisar que el salón filosófico, literario, científico, fue uno de los primeros modos del transformar la casa en mundo, el hogar en ciudad del siglo XVII, aunque de nuevo sea necesario constatar que el vocablo salón se extendía, luego, en el medio oeste a las cantinas, con lo que el subconsciente volvía a representar en forma discriminatoria, por medio del lenguaje, el salir la mujer fuera del hogar. Como sea, no fue propiamente el amor, sino una competencia rayana en el odio lo distintivo del nexo del filósofo con la madre, como para inducir una histeria porque la madre -por decirlo así- se hizo padre, pues fungía como mujer letrada. La geniales páginas del filósofo sobre el amor, por cierto, se advierten en el Freud de Más allá del Principio del Placer6, como se palpa cierta continuidad entre uno y otro por una concepción más bien anticuada de la mujer, en Schopenhauer teñida por la herida de la madre
: Restrepo, Gabriel. 1994 "El Iconoclasta y los Imaginarios. Sobre la esfinge del Ladino". En : Collazos y Otros. Arte y Cultura Democrática. Bogotá, Instituto Luis Carlos Galán. 4Hórderlin 1994. "La Resta de la Paz". En : Fiesta de la Paz. Traducción de Rafael Gutiérrez Girardot. Bogotá. Ancora. 5Ver : Shopenhauer. Arturo. 1983, El Mundo como Voluntad y Representación. Traducción de Friedrich Sauer. Méjico. Porrúa. 6Freud, Sigmund. Más Allá del Principio del Placer. En : Obras Completas. Madrid, Biblioteca Nueva, 1948.
Qué diferente en cambio era ya en la primera década del siglo la concepción de la relación de los géneros en el sociólogo Simmel7. No sería pertinente esbozar toda la riqueza de su pensa m iento; basten dos in dicacion es: hiere la suprem acía y el narcisism o m asculin os al sospechar que el discurso sobre los géneros está tejido desde la óptica del hombre. Toma de modo creativo la indicación de Marx sobre el hecho de que el con o cim ien to no es ajen o a la existencia de quien conoce, tesis que sin referirse a las clases sociales Simmel aplica en este caso al género, como Heidegger referirá a la especie que olvida la pregunta por el ser8. Pero hiere también la vanidad del feminismo al indicar que por mucho tiempo el ingreso de la mujer al m undo no significará nada d istin to a una mimesis de lo varonil. Hoy por supuesto estamos mucho más allá de Simmel, quizás en un momento en el cual la mujer añade al mundo algo que excede en mucho la caricatu ra del discurso del hombre. La revolución eléctrica, que apenas se iniciaba cuando Simmel escribía, ha devenido en la gran
revolución electrónica que transforma casa y mundo en tal forma que las condiciones de trabajo son propicias a una integración más arm ón ica y d ú ctil entre sen sib ilid ad y pensamiento, receptividad y actividad, suavidad y fuerza, interioridad y exterioridad y todas las polaridades que se enunciaban antes como características antagónicas u opuestas de lo femenino y de lo masculino. Pero pese a que tanto la filosofía, como la ciencia, mercado y Estado son más proclives a la voz de la mujer, no podemos engañarnos aún: Diotima no ha regresado, aunque se enuncia con la perfección de su retruécano. Y su nuevo advenimiento, como el de L a D io s a B la n c a todavía estará precedido por los dolores del trance, entre otras cosas porque aún no sabemos en qué medida, como en las películas dobladas, la voz de la mujer es la hipóstasis de la voz del hombre y no sabemos en qué medida se ha producido una entropía, no se sabe si fatal, de la piedad que resultaría de un no asumir al mismo tiempo el hombre la voz ancestral de lo que los indígenas llaman madre tierra o ley del cosmos.
7 Simmel. George. Cultura Femenina. Filosofía de la Coquetería. Lo Masculino y lo Femenino. Filosofía de la Moda. Méjico, Espasa Calpe, 1961 (Sexta Edición, primera en español en Revista de Occidente, 1934). Textos traducidos de : Philosophische Kultur: Gesammelte Essays. Leipzig, Loener, 1911. 8 Heidegger, Martín. 1994 Ser y Tiempo. Traducción de : José Gaos. Bogotá, FCE.
.Sólo la muerte puede interrumpir la Frase, la Escena."
R. Barthes
CICLOS DE VIDA, Am or... cuatro letras, un significante, infinito numero de sentidos.
“A”: letra primera del alfabeto, comienzo de la palabra; “M”: mundo, madre, mirada, música; “O ”: Otro y otro, océano, orilla, ¿odio?; “R” : romance, relación, recuerdo. Significado pleno de ambigüedades, paradojas y malentendidos. Nos atrapa en múltiples destiempos: ayer, hoy, mañana; ahora, siempre, nunca, jamás. Nos abraza como totalidades: cuerpo, su b jetiv id ad , razón, sentim iento, política, ética, vida cotidian a, P f A f público, privado. Pretensión inútil intentar entretejer palabras para unlversalizarlo, para que el decir alcance a toda persona y todo tiempo. Sólo podemos hablarlo en el lugar de la persona primera y, desde ahí, tercamente, acudir a los ecos de palabras escuchadas a otras y otros, entremezclarlas y ofrecer un camino construido paso a paso, a ritmo de ciclos de vida, con la esperanza de que quien lo recorra encuentre algún lugar que le detenga en la contemplación, el recuerdo de imágenes o escenas vividas, o en la aspiración del delicado A | \ / | 0 | 7 aroma de las nostalgias. Para anudar ideas y auscultar huellas, acudiremos a algunos planteamientos psicoanalíticos, a saberes de la vida cotidiana, al “sentido com ún”, a palabras escuchadas o dichas para referir amores y desamores en el día a día, a conversaciones ocasionales o solicitadas en las cuales el tema surge con toda la fuerza del desconcierto y la ambigüedad.
' Este escrito contiene una polifonía de voces convocadas por iniciativa y apoyo de Adriana Espinosa Vanegas, quien brindó su escenario favorito, su palabra y su fraternidad.
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NOHEMA E. HERNANDEZ GUEVARA_______________ Psicóloga1 Corporación Casa de la mujer - Bogotá abril 31 de 1997
La Escena Ella y él, frente a frente, confundidos en un estrecho abrazo. (Tenues luces desdibujan los contornos del escenario). EL- (Con voz susurrante) : “Te amo" Ella.- (Le mira con ojos deslumbrados y brillantes, suspira y afirma): “Yo también te amo”. Escena breve. Escena intensa. Escena de la revelación, la comunión. Escena reiterada, repetida una y millones de veces por millones de seres en el mundo. Escena del máximo malentendido entre los géneros. El malentendido "La palabra "amor" tiene distinto sentido para uno y otro sexo, de donde surgen los serios inconvenientes que suelen separarlos." (Simonne de Beauvoir, 429). Palabra y
malentendido van de la mano; esta es una de las partes del escenario que permanece en penumbra por y para los amantes. No hablaremos por “él”. Hablaremos de las confidencias de algunas “ellas” que, como muchas, al iluminarse la escena experimentan desconcierto, extrañamiento frente al otro, sensación de engaño, dolor y soledad. La revelación se experimentó como diálogo. La escena posterior, entre bambalinas, se experimenta como monólogo. Ella creyó en la sinceridad de las palabras de él, su fe se basó en un sencillo postulado: a significantes iguales se atribuyen sentidos iguales. ¿ Y qué es este "amor" ? E sc e n a : Un banquete. P r o ta g o n ista s: El sabio griego Sócrates y sus amigos, unos muy jóvenes, otros en la
plenitud de su madurez . E sc en ario : Banquete al que asisten varones, abundantes viandas y vino.
En algún momento de la conversación Sócrates da la palabra a una mujer : Diotima de Mantinea. Pero ella no está presente, no habla por sí misma. El anfitrión la nombra, la halaga por su sabiduría y poder, la declara su iniciadora, su pedagoga en relación con las cosas del amor, la presenta como “mujer muy entendida en punto de amor, y lo mismo en muchas otras cosas". Y Diotima habla del amor: D iotim a: Todo lo que no es bello, no es necesariamente feo, entonces el amor no es ni bueno ni bello, pero tampoco se desprende de ello necesariamente que es feo y malo, "ocupa un término medio entre esas cosas contrarias". El amor desea las cosas bellas y buenas, y el deseo es una señal de privación. Eros desea lo bello y lo bueno pues está privado de ello, entonces no es un dios. Pero no es mortal tampoco. Es “una cosa intermedia entre lo mortal y lo inmortal”.
Eros es un gran demonio, dado que los demonios ocupan un lugar intermedio entre los dioses y los hombres. Como demonio, su función es la de ser intérprete y medianero entre dioses y hombres. Los demonios llenan el intervalo cielo-tierra; “son el lazo que une el gran todo”. Comentará Luce Irigaray, siglos después de la escena y la conversación anterior, que lo que Diotima enseña es una dialéctica, pero no de la destrucción, de la desestructuración de dos términos para alcanzar una síntesis que no es ni uno ni otro, sino que establece un juego de intermediación, de movimiento, de devenir. El malestar Simonne de Beauvoir es contundente: “Byron ha dicho con razón que el amor no es en la vida del hombre más que una ocupación, mientras que en la mujer es su vida misma”. ¿Persistirá en ellas algo del orden del olvido¿, ¿Olvido voluntario, o, por lo menos ingenuo, desinformado¿ Olvido del imposible instaurado como abismo entre lo imaginario y lo real, entre lo divino y lo humano. Abismo sobre el cual el lenguaje intenta constituirse como puente entre dos orillas, puente de los significados, de los sentidos, de los simbólicos; imposible de la definición; inalcanzable precisión de los límites, las coordenadas exactas e inamovibles. Son múltiples las posibilidades de interpelar este malestar, de interpelarnos las mujeres y de interpelar las relaciones entre los géneros. En ese espacio entre lo posible y lo imposible está el de la búsqueda. El tema reiterado... En las conversaciones entre mujeres adultas suele hablarse más de desamor que de amor. No hay nada que nos haga abundar tanto en palabras como aquel intento de decir lo que experimentamos cuando no nos sentimos amadas, los múltiples padecimientos y agonías, las interminables preguntas que en esos momentos nos asaltan. Las preguntas van casi siempre dirigidas al otro, al objeto amado. ¿Por qué no me ama como yo lo amo¿, ¿por qué no me ama tanto como yo lo amo¿, ¿por qué me dejó de amar¿, ¿por qué ama a otra y no a mi¿, ¿nunca me amó¿ Más difíciles son los dichos en situación distinta. Ponerle palabras a los deseos, a lo que nos hace experimentar placer, a nuestro goce (como diría alguien) es una búsqueda que resulta más compleja aún. Es como si nos renocieramos más, las unas y las otras, desde el sufrimiento, el dolor, y menos como sujetos deseantes. Tantos discursos preguntando por el otro son motivo de interrogante, de sospecha por el lugar en nuestras vidas del amor hacia sí mismas, por nuestra auto-estima, y por io que los distintos espacios socializadores y la cultura han construido para cada una y para el colectivo de las mujeres.
Las preguntas nos llevan a un presupuesto implícito que sigue manteniéndose con gran fuerza prescriptiva, aún hoy a finales de siglo, casi como un mandato: la subjetividad femenina se constituye sobre la falta. Quizás el problema no se reduce a la común creencia o versión de si es normal o patológico asumir o reconocer una feminidad así instaurada, sino a la creencia de que la masculinidad no está en falta, a una supuesta completud de lo masculino siempre temerosa de ser perdida en el encuentro amoroso. ¿Qué pasa con nuestra “auto-estima” ¿ Palabra compuesta, manoseada y usada hasta lesionarla en el vocabulario corriente, pero silenciada en nuestras preguntas sobre el amor. ¿Qué respuestas nos provee esta sociedad y esta cultura, estos procesos de socialización, al interrogante freudiano de ¿por qué las mujeres aman a los hombres y no a sus madres¿ ¿Cómo es que seguimos construyendo una feminidad que nos hace sufrir tanto en amores¿ ¿Es en verdad el encuentro amoroso entre hombres y mujeres un imposible^-, o, ¿es que la escena no ha llegado a su fin y que podemos intentar dotar de nuevos sentidos, de nuevos significados y simbolismos nuestras búsquedas y mutuas “faltas” y carencias^ A ello contribuiría, entre muchas otras acciones, competencia de distintos ámbitos de socialización y de distintas prácticas culturales, que en la educación de las niñas se cultivara explícitamente el cuidado de sí y no solo el dirigido a los otros-otras, la capacidad de resolución de problemas, el reconocimiento del valor y el respeto por las otras mujeres; que en la adolescencia se promoviera la prefiguración de proyectos de vida múltiples, no centrados exclusivamente en el amor, el matrimonio y la maternidad; que se afirmara la independencia de criterio y toma de decisiones de las jóvenes al tiempo con su capacidad de interlocución y de llegar a acuerdos; en general que se pueda construir una visión menos “victimizada” o “heroica” de la feminidad. Como mujeres adultas podríamos pensarnos en re-construcción continua, borrando y reescribiendo de modo permanente el guión que como mujeres hemos interiorizado. Asumirnos en crecimiento constante, aprendiendo en cada experiencia de vida de nosotras mismas, de los otros y otras y del encuentro entre seres humanos. Involucrar a nuestra identidad el ser sujetos de derechos, seres socialmente válidos, personas entendidas como fines en sí mismas y no solamente para el servicio de los otros. Para algunas mujeres será quizás esperanzador intentar nuevas versiones para responder a la pregunta por cómo construir amor por nosotras mismas. No como pregunta dirigida a soslayar el dolor del desencuentro, sino a intentar vivirlo de modos menos desestructurantes y dramáticos cuando la vida así nos lo plantee. Algunos dichos E sc e n a : una conversación, alguien propone jugar a terminar frases. P ro tag o n istas: mujeres que hablan sobre sus amores y desamores, algunas -la mayoríallegan retrasadas a la hora de la cita. La conversación ha iniciado difícilmente.
E sc e n a rio : una salita cálida, música suave, algo de vino.
"Palabras de amor: me gusta que me digan..., ..."cariño", "mi amor", "mamita", "linda", "bella", "hermosa", "negrita", "reinita", "flaca", "cosa rica", "siento el cielo, la gloria cuando estoy contigo", "megustas", "me encantas", "eres in teligen te ", "eres pilosa "...
"Palabras de amor: yo le digo... ..."mi vida", "miamor", "teamo", "megustas", "meencantas", "cariño", "estás buen mozo"...
"Sé que amo cuando... ...lo extraño..., extraño su compañía..., las cosas de la casa me lo recuerdan..., al hacer el amor su mirada, su contacto..., desayunamos juntos..., leemos un libro o el tarot del domingo..., pasamos el domingo juntos..., tomamos el sol en el parque..., vemos el partido de fútbol y discutimos las malas jugadas..., no siento hambre..., la lluvia y la brisa acarician mi rostro y abrazan mi cuerpo..., soy fiel..., hacemos el amor donde sea..., mi sexualidad es satisfactoria..., hay "rumba"..., tenemos largas conversaciones y nos descubre la aurora, la mañana..., escribo poesía y dedico canciones..., se comparten los momentos difíciles..., hablamos de política o de la situación del país..., se comparten espacios familiares, amistades..., me regalan flores..., hablamos de los trabajos de cada quien...
"Mi primer amor... ...adolescente, hacíamos tareas juntos, bailábamos, nuestras familias eran cercanas, no tuvimos relaciones sexuales..., he dicho "después de esta vez no me enamoro"y siempre me enamoro; es como si cada uno de estos fuera el primero o el último, total no es fácil diferenciar..., besos, atenciones, la primera vez que hice el amor aunque no me gustó..., pasión, romanticismo..., no tener límites, es transgredir todas las normas, la familia, el estudio, el sexo..., dolor, llanto, no podía ser..
"Amores difíciles.... ...amor sin compromiso..., amores clandestinos..., con desengaños..., amores de guerra..., no tener proyecto juntos..., falta de claridad frente al sentimiento por mí..., un "te quiero pero no sé...", "hoy estoy mañana no sé..." que es muy común ahora en los hombres..., lucha de poderes, de verdades..., "hoy soy fiel, mañana no sé..."..., no responder las llamadas, las cartas...
"Malestares de amor... ...mentira..., incertidumbres..., espera..., soledad..., descubrir que se faltó a la verdad..., sensación de ansiedad..., no saber qué hacer o qué creer...,
CED
"Desamor...
...Infidelidad..., mentira..., deshonestidad..., silencio..., ignorarme..., nodecirmequépasa, quélemolesta..., odio...,maltratoverbal..., dejarmesolaenmomentosdifícilesoenloséxitos..., soledad..., miedo...,nocomer..., fumarybeberenexceso..., sentirdeseosinfinitosdeverlo, de sentirloynoencontrarrespuestarealyconcreta,esnotenersupresencia...nosentirsereconocida..., noquerercompartirconmigoespaciospúblicos..., cuandoélmiraaotrasconmuchafrecuencia..., noesamable,receptivo, contestaconmonosílabos..., vivesiempreocupadoeneltrabajo..., nuncatienetiempoparaalmorzarjuntos... "Es amor...
...ñdelidad...,aceptarlasdiferenciasy reconocerlas..., compartirmuchotiempojuntos..., tener planesjuntos,inmediatosy mediatos...,sentirelinterésdelotro:llamadas, visitas,invitaciones, detalles(deladoy lado)..., cumpliracuerdos...,interés, voluntadenlarelación..., reconocerlos miedosdecadauno.. cocinarloqueaéllegustay queélhagalo mismo...,detalles, ñores, música,ropainteríor, telegramas..., Escena Final... Para este guión Protagonista: Usted, la primera persona, el yo, ( tal vez otros yoes) Escenario: al levantarse el telón se ve la sala de su casa, iluminada por suaves y perfumadas velas, sobre la mesa una copa de vino. Escena: ensimismada, se pregunta, ensaya algunas respuestas en la soledad de sus pensamientos. De cuando en cuando se ilumina débilmente un sofá desde donde figuras fantasmagóricas, cuyos rostros se ocultan tras un antifaz, intentan dar respuestas a sus interrogantes...
Referencias Alberoni, F (1990) Enamoramientoy amor. Barcelona: Gedisa. Barthes, R. (1982) Fragm entos de un discurso amoroso. México: Siglo XXI. Beauvoir, S. (1958) EiSegundo Sexo. Buenos Aires: Siglo XXI. Dowling, C. (1981) E i com plejo de cenicienta. E i m iedo de ias m ujeres a ia independencia. Barcelona: Grijalbo. Hamon, M. C. (1995) ¿Por qué ias m ujeres aman a ios hom bres? Y no a su madre. Barcelona: Paidós. PLATON. E i Banquete o deiAmor. Lima: Editorial Universo; Colección Autores Clásicos; 1970. Thomas, F (1994) Los estragos dei amor. Santa Fe de Bogotá: Editorial Universidad Nacional. Tristan, A. (1977) La Alcoba de Barba Azul. Realidadesy m itos delam or a través del tiem po. Barcelona: Gedisa.
EL AMOR CIRCUNDANDO LOS DISCURSOS AMOROSOS A pesar de todo lo que se ha escrito, lo que se ha soñado y lo que se ha esperado de ese sentimiento denominado amor, como tema sigue siendo inextinguible al igual que como ilusión, una de las ilusiones que aporta mayor energía y fuerza para vivir, para ayudar a vivir. Que constituya - de acuerdo con mi visión - una utopía, un mito o una metáfora, no disminuye su valor ni su necesidad, al menos para las personas con el grado de h u m an id ad que poseemos hasta este fi nal de siglo.
UNA UTOPIA
El amor es utopía y es mito, porque reside en el mundo de nuestra imaginación. Y es uno de los mitos mas potentes que hayamos
podido inventar; hasta lo podemos vislumbrar, se deja observar, mirar a través de las personas que lo albergan y a las cuales hace diferentes. ¿Seremos las/os mismos con la experiencia del amor que sin ella¿, por supuesto que no, aunque vale la pena anotar que no todas/os apren dem os a sintonizarlo, debido a que se anida en lo femenino (de una u otro), siendo lo femenino el marco adecuado para poderlo comprender. Así mismo y a la par de sus múltiples formas, el mito del amor está muy lejos de poderse vivir cabalmente en la realidad, en nuestra humana realidad.
MARIA LADI LONDOÑO ECHEVERRY Psicóloga. Redagoga. Directora de la Fundación Servicios integrales para la Mujer «SI-MUJER». Autora de los libros «El Problema es la Norma». «Prácticas de Libertad». «Etica de la ¡legalidad». «Derechos Sexuales y Reproductivos, Los mas humanos de todos los derechos».
PARA RECONSTRUIR
En mi último libro «Derechos Sexuales y Reproductivos. Los Mas Humanos de Todos Los Derechos», planteo el amor como un derecho, porque (1996:118) «al ser percibido como un derecho, puede ser que se clarifiquen otros de sus efectos desconocidos por haber sido reducido a encuentros y cercanías de parejas. Sin pretender definirlo, puesto que su cualidad vital lo impide, el amor hace referencia al proceso emocional expansivo y vinculante que busca preservar lo amado enriqueciendo el mundo interior, las interrelaciones y
elentorno, sentimiento que hace la diferencia para estar en el mundo» y, termino proclamando con alegría el derecho al am or libertario y sin fronteras. La iconografía am orosa que hem os venido creando, qu izás solo sea ap roxim ación , acercamiento al proceso de su comprensión y expresión, aunque también puede tratarse de rodeos y extravíos. U na de las m ayores dificultades, es que siendo el amor un sentir femenino, usualmente se interpreta, describe y normatiza con visión masculina hecho que lo distorsiona y hace que, sacado de la poesía, la m úsica y el m undo de la im aginación, no encuadre en la cotidianidad de las personas, o sólo de manera fugaz. Los descalabros derivados de estos enfoques erróneos, en muchos casos han conducido a temerlo, así que, aunque poco se mencione, se ha llegado a convertir en un acto de audacia, que entraña infinidad de riesgos (y posibilidades). En general, por la discriminación de género a las mujeres se nos ha socializado y educado para el amor y/o la dependencia afectiva más que a los varones, constituyendo una doble ganancia, tanto para el amor como para nosotras pues, a la larga, se ha identificado con una dimensión de ser y de sentir femeninos. El hecho refleja gran sabiduría, tal vez responsable de que no haya desaparecido el mito y, que permanezca en cada alma fem enina (de hombre o m ujer), enri queciendo n uestro im agin ario y siendo fortalecido por ella. El precio por conservar la ilusión del amor ha sido y es muy alto a nivel de las personas, en especial las mujeres, debido a lo doloroso que resultan los desencuentros y las penas por el desamor, provenientes tanto de expectativas, motivaciones e intereses diferentes como de la disfunción amorosa cuya incidencia en nuestra sociedad se
agrava por su desconocimiento y negación. No obstante, como ha sucedido por milenios, las mujeres seguimos inmersas en la ilusión del amor aprovechando la infinita capacidad que tenemos para el m ism o y, los varones - ajenos a lo femenino - incapaces de comprender su profundo significado. La infinidad de modas y estilos para vivirlo y la amplia gama de matices emocionales que se dan en el continuo amor-desamor como ilusión/ desengaño, alegría/dolor, realización/frustración, aventura/duelo correspondientes a la capacidad de amar, no lo desestimulan. Las mujeres, por excelencia form ad as en lo fem enino, no d esistim o s (hay excepciones) de la ilusión amorosa, asumiéndola con todos sus altibajos. Así, una renuncia o una pérdida afectiva suelen conectarse con la esperanza del reencuentro o la ilusión de una nueva presencia, haciendo de la circularidad la forma del sentimiento. Que sea esquiva y arisca su manifestación ¡no importa!. La fuerza y el coraje del ser fem enino para sostener el mito del amor se pone de manifiesto en su eterna búsqueda y acecho, como lo expresó Alfonsina Storni, Te ando buscando, amor que nunca llegas Te ando buscando, amor que te mezquinas, Me aguzo por saber si me adivinas, Me doblo por saber si te me entregas
Y así, la esperanza del amor deseado, soñado, imaginado, puede tener la duración de la vida. En tanto vivencia femenina, el amor no se ubica en un tiempo específico como tampoco en un espacio determinado, sino que es el espacio que habita la mujer enamorada, puesto que para ella
elsentimientoamorosoesglobaly nofragmentado
como suele darse para los varones (muchos). La mujer que ama vive con su amor en todo tiempo y lugar; en el trabajo, en el estudio, en la recreación, en la cotidianidad, está imbuida por
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tal sen tim ien to. Es una presencia que la energetiza y le permite funcionar desempeñando todos sus roles, precisamente por esa condición envolvente que lo femenino le otorga al senti miento amoroso. Al contrario de la experiencia de las mujeres (genérico), muchísimos varones de esta cultura parece que viven (¿sí lo harán¿) el sentimiento amoroso en forma fragmentada; quiere decir que m ientras están en el trabajo, haciendo un negocio, en un plan recreativo, etc. no sienten la presencia del amor, recobrada en el encuentro con quien lo genera. Pareciera que los intereses de la vida cotidiana son centrados, excluyentes y no coexisten con los sentimientos amorosos. En otras palabras el amor, más que un hecho vital, fundamental y necesario, puede serles accesorio, adjunto, por lo cual lo ubican en tiem pos y espacios precisos, dicotomizados despojado del cubrimiento que posee en lo femenino. De esta forma y como respuesta a la socialización y m oldeam iento cultural, los varones (hay excepciones) van aprendiendo a cerrarse al amor. A m anera de protección poco a poco van bloqueando puertas, ven tan as y fisuras de cualquier tipo que permitan filtrarlo. Muchos, en una enajenación total, llegan a confundirse creyendo que un sentim iento como el amor puede morar en el fragmento corporal de sus genitales, y así, generaciones y generaciones han nacido, vivido y desaparecido ignorando el enorme potencial y riqueza que residía en la capacidad de amar, probablemente a su alcance. Si los varones de este momento y cultura, sienten, perciben y viven diferente la dimensión amorosa, difícilmente podrán comprendernos y entender las facetas de este sen tim ien to que parece constituirnos a las mujeres, diferencia que altera la comunicación, las finalidades, el compromiso y mucho, mucho más. Al tiempo, las mujeres
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esperamos lo que no podemos obtener y tales expectativas se convierten en fuente de sufri m iento. En consecuencia, y sin pretender sim p lificar la m u ltico m p lejid ad del amor, tampoco son inentendibles algunos de sus sin sentidos. Lo que, desde mi posición sí constituye una verdadera tragedia, es aquella de quienes no tienen tiempoparaelamor, correspondiente entre otros a la visión fragm entada ya com entada que se origina en falta de conocimiento e interés, porque la capacidad de amar no depende del tiempo personal. Puede ocurrir que una persona haya adquirido múltiples compromisos y no tenga suficiente interés para hacer manifestaciones expresas de amor, pero, ¿para amar¿. Desde otro pun to de v ista, negar la tem poralidad del sentimiento amoroso que nos conecta en un momento con alguien es un error, por lo cual, reviste la m ayor im p o rtan cia acep tar la n atu raleza cíclica y la fin itu d del am or personalizado. C uan d o los sen tim ien to s am o ro so s no encuentran espacio ni tiempo en la cotidianidad y la vida de algunas personas, se está ante la gravísima pérdida de una esencia del vivir, como si no tuviéramos tiempo para vivir. Así, se alteran el ritmo, los ciclos y las vibraciones vitales dando como resultado que las actuaciones de quienes se niegan al amor sean carenciales puesto que, el
amoresunodelospulsosdela vida, delospulsosdel universo. El efecto puede ser un mundo muy
parecido al que tenemos, en el cual la tecnología, la rapidez, las armas y el desperdicio de vidas, han ocupado el lugar que le corresponde a la expresión de los sentimientos, la afectividad y todas las variantes del amor. En consecuencia, ¿tiene importancia el amor para nosotras/os¿, o es una creencia como respuesta al m ito interiorizado. ¿Q ué lugar ocupa en
nuestras vidas?; ¿cuáles son sus espacios?-, ¿qué tiempo expreso le dedicamos?. En otras palabras, aceptamos el mito y vivimos con él porque le da un sentido especial y profundo al existir, o lo vemos simplemente como un cuento importante para mucha gente, pero no para nosotras/os. Cuando la capacidad de amar con su estructura femenina es asumida por mujeres y hombres, o sólo por mujeres y por muy pocos hombres, o por pocas mujeres y excepcionalmente por algunos hombres, se gesta el correspondiente estilo de sociedad.
las finalidades con que lo encasillamos las que más contribuyen a deteriorarlo?. Referido el concepto de finalidad a los estilos de pareja corrientes en n uestra sociedad, tengo que expresar que se lo confunde con diversos sentimientos, deseos e intereses a su vez respon sables de crisis y dolencias atribuidas equivo cadamente al amor. Hacerdelamorelmotivopara
Huir del amor o esquivarlo es un desperdicio injustificable, una pérdida de posibilidades vitales, no importa que sea una metáfora, un mito o una utopía. Su identidad es lo de menos. Lo de más es asumirlo para el vivir. Identificar, proteger y enriquecer nuestra capacidad de amar, y amar; am ar con reciprocidad o sin ella; permitiendo, como hacemos muchas mujeres, que
El amor se confunde con la libertad, siendo lo mas libertario que podamos pensar, cualidad- que choca con las n orm ativ as que pretenden encauzarlo. Com o el amor es vida y libertad, una de sus manifestaciones es la fluidez, en la cotidianidad contrarrestada por los esfuerzos de las personas que aman para que este sen tim ie n to se con gele, p erm an ezca inm odificable, estático, que no vaya a cambiar. D e seos irreales y de una tremenda ceguera, con vertidos en causa común de sufrimiento, pues se trata de pedirle a un hecho de la vida que es ebullición y cambio constante, atributos como absoluta quietud, inmovilidad e invanabilidad propios de la muerte.
emerjalaesperanzadelamorentreunay otradecepción;
entre el amor correspondido o un desamor, porque la infinidad de matices de la vida sólo los descubre el amor, y así será en tanto no encontremos otro mito de mayor poder y pervivencia.
El amor proviene del amor y
no de la persona específica por quien despertamos emociones y sentimientos en un momento de la vida, aunque no reconozcamos la confusión. La historia es frecuente en el sentido de enamorarnos de una persona, de otra, quizás de muchas mas que vamos incrustando en el recuerdo o borrando del mismo. Surgen, se agigantan y desaparecen, pero la capacidad de amar pervive siempre y cuando no suframos de esa terrible disfunción o daño en la capacidad de amar, tan corriente en nuestro mundo.
RESPECTO A LA FINALIDAD Aquí cabe una pregunta importante como es si ¿el amor tiene finalidad?, o precisamente, ¿son
formarpareja,pordemásmonogámicadeporvida, es atentarcontralacaracterísticalibertanaqueconstituye elsentimientoamoroso.
La esencia libertaria del amor explica que no obedezca a ningún m andato, deber, deseo, obligación o sensatez; de allí que asumirlo como base para la pareja, por demás con expectativas de permanencia en el tiempo, es señal de lo poco que nos hemos acercado a la comprensión del amor. Así que, no es que una u otro fallen, sean culpables, engañen, se hayan mostrado diferentes (aunque también sucede), sino que el amor no se deja encajonar, no responde a lo que deseamos de él, y parece tener una estructura que no hemos alcan zad o ni a intuir. La variabilidad del sen tim ien to am oroso corresponde a una dinámica vital que le es propia y nuestro error es esperar que sea inmutable.
A unque es posible que podam os con struir relaciones basadas y sostenidas por el amor, requieren interés común, comunicación explícita, ausencia de propiedad, mutua comprensión sobre la naturaleza del mismo y preparación para vivir de m anera abierta com o pareja. M ien tras continuemos dándole pervivencia a los hábitos y costu m bres actu ales sobre el am or y la form ación de pareja, continuará com o una presencia fugaz, momentánea, elusiva. Como un tema para hacer poesía, películas y canciones, adem ás de c o n stitu ir una de las m ejores metáforas que alimenta el mundo de nuestra im aginación y, a la vez, un pobre y frágil «pegamento» para uniones según el estereotipo. Atribuirle al amor finalidades que no le son propias porque su misma esencia las rechaza, genera expectativas tan falsas que no pueden sostenerse pasado un tiempo, a pesar de la fuerza de las costumbres y del rígido mandato social y cultural. Así mismo, creer que la persona que amamos responde a la imagen que tenemos de ella y, asum ir que por eso la am am os y la amaremos siempre, constituye un autoengaño del cual nos damos cuenta cuando se diluye y desaparece el sentimiento amoroso. Cuando ya no la/lo amamos, nos decimos ¿cómo pude estar enamorada de esa personal, ¿por que no le vi tal o cual facetad, ¿por qué me enredé así¿; o mas grave aún si nos preguntam os ¿cóm o pudo engañarme, si es tan diferente a como yo pensé¿, etc...
Elamoresamor,y sufinalidadtalvezseala alegría desentirlo; la conciencia de merecer esa gracia, el privilegio de ese regalo de la vida, de haber podido vislumbrar la increíble realidad que habita en los sentimientos, porque en el amor, residen muchas de las respuestas y misterios de la vida humana, aún ocultos por la forma caricaturesca como lo vivim os, p en sam os y aprehendem os. Esta deducción fácilmente se desprende de reconocer
el am or com o fuen te de in spiración , de creatividad y por supuesto de alegría así sea momentánea. Es una fuente de tanta energía que nos hace ver y sen tir la vida diferente, esperanzadora. Nos da confianza y seguridad, por tanto, talvezelamorsealamejorexpresióndeldeseo
devivir.
Mirándolo desde esta orilla, podríamos dejar de hablar de «fracasos» en el amor cuando nos referimos a la imposibilidad de establecer o continuar con una pareja. No es el amor lo que se fractura, rompe o fracasa, sino que, el estilo, los hábitos, las expectativas y las costumbres para vivirlo lo matan; son barreras que impiden anidar el sentimiento amoroso en la relación de pareja. En últimas, quizá el valor del sentimiento sea experimentarlo y su vivencia, por ser un mito, quede en el mundo de la imaginación. Como lo so ñ am o s no se m aterializa en la realidad cotidiana. Quiere decir lo anterior, que las expectativas creadas en torno al amor están contaminadas y enfermannuestrosproyectos vinculantes. En este sen tido, el am or com o criterio para institucionalizar y norm atizar relaciones de pareja no vale o, puede ser que lo que no valga sea el sistema de la institucionalización. Pero, allí se encuentra uno de los equívocos que no reconocemos, ni aceptamos, a pesar de que no encontremos respuesta a la pregunta sobre el destino de ese sentimiento que poco antes nos hacía volar y que se fue transform ando en enem istad y rabia. Posiblemente sin darnos cuenta, correspondía no tanto a la otra persona com o al m ism o am or; porque, tal vez nos enamoramos más del amor que de, la/el sujeto del mismo. Las personas de esta sociedad, en especial las mujeres, muchas mujeres, sabemos más de los desengaños y dolencias del amor que de sus
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realizaciones y alegrías, a pesar de lo cual, todavía no hemos encontrado las estrategias y recursos, las medicinas adecuadas, para evitar desplo marnos, derrumbarnos, caer en pozos profundos de desesperanza cuando volvemos a constatar que era sólo cuento el fascinante amor en que creíamos. Porque el amor, así como nos hace volar, igualmente nos fragiliza. En esta línea de pensamiento, cuando amamos a un hombre por ej., nuestro sentir femenino se desarrolla en una realidad diferente, en una dim ensión m uy propia y ajena del m undo masculino, a no ser que ese hombre en particular, haya reconstruido su identidad incluyendo la dimensión femenina. Cuando ocurre que nuestra percepción m ás su til y n uestra profun da sensibilidad afectiva son percibidas com o sensiblería, el desengaño es grande y la certeza de las diferencias irreconciliable. De esta forma, el aprendizaje tradicional que hemos tenido sobre el amor, resulta un fracaso total. Lo que sorprende es que continuemos con las mismas expectativas, que sigamos esperando lo mismo del amor, a pesar de comprobar en la realidad social y humana que no corresponde a su naturaleza. No nos sirven las experiencias, las vivencias, los testim o n io s, lo que vem os, palpamos y verificamos. !No!. Torpe y tercamen te continuamos ensoñando y forzando el mundo de la imaginación para que lo que sentimos en un momento dado, se ajuste a nuestras expec tativas del amor. Cam biam os la/el sujeto de nuestro amor, pero sostenemos el mismo patrón de referencia. No quiere decir que el am or sea un fraude (tampoco lo niego), sino que lo distorsionamos mal interpretando su sentido y minimizando su comprensión. Lo hemos construido a nuestra imagen y semejanza cortándole las alas que podrían ayudar a trascendernos. Por supuesto que
el amor correspondido, no invasivo, no posesivo, con aceptación y respeto mutuos, es parte del mito que pudiera darse bajo condiciones muy especiales, entre ellas los espacios emocionales y topológicos propios. Si ocurre, es una gracia, un regalo, una bendición, un don, una expresión de divinidad que, además sirve para darle vigencia a esta utopía que no puede desaparecer porque, repito con Benedetti: ¿Cómo voy a creer / dijo el fulano que el mundo se quedó sin utopías cómo voy a creer que la esperanza es un olvido o que el placer una tristeza cómo voy a creer / dijo el fulano que el universo es una ruina aunque lo sea o que la muerte es el silencio aunque lo sea?
Tomando como referencia los cuestionamientos del poeta, ¿cómo vamos a creer que pueda seguir la vida, la esperanza de la vida, las ganas de la vida, si desaparece el mito del amor¿ Inclusive, considerando el rumbo destructor que ha tomado la humanidad esesencial, nosólopreservarla utopía
delamor, sinocrearinfinidaddeutopíasrelacionadas conestadimensiónafectiva. Son necesarias muchas
y muchas variaciones sobre el mismo tema, a fin de que pueda calar hondo en la historia y la vida de las personas; así mismo, que nos inspiren para hacer del amor la más hermosa utopía social que podamos imaginar. Si desconociéramos el mito del amor sería mucho más difícil contrarrestar el desgano y el cansancio de vivir, por el alivio que causan las ilusiones afectivas. Una propuesta es renunciar a las expectativas impuestas por la cultura respecto al
amor en pareja, y otra muy diferente olvidarnos de amar. Por el contrario, necesitamos promover aprendizajes del amor a fin de reconocer cada vez más, como parte del proceso, que las esperanzas derrumbadas pueden ser reconstruidas. Además el amor, como fuerza vital, es esencial para la humanización de la vida y debe atenderse en, con o fuera de la pareja.
REDIMENSIONANDO EL AMOR (tanto por los equívocos, como por el cambio de siglo) Reconstruir los sentidos del amor y trascender las fronteras para vivirlo, son avances necesarios en la vía de su comprensión debido a que la forma de mirarlo y las expectativas inducidas por la cultura, como lo he venido planteando, no han ayudado y mas bien, nos han extraviado de su curso. Igualmente, los símbolos del amor y sus rituales m as corrientes, carecen de la fuerza necesaria para fortalecerlo e instaurarlo como centro de interés ciudadan o y particular, reconociendo su impacto mas allá de las parejas. El estudio del amor reviste tanta importancia como otras de las materias obligadas en los currículums oficiales, puesto que, tal vez por los senderos del amor, encontremos la vía que nos conduce al centro de nuestro propio ser. Y, a partir de allí, podamos elucidar nuevos sentidos de este ser. Igualmente, porque el amor hace que la vida se llene de vida, que se desparrame en los espacios que ocupam os, alegrando el vivir y contra rrestando el cansancio de seguir existiendo. De igual forma, es necesario ampliar la com prensión del amor para descubrir los efectos que tiene en la salud, la política, la ética, la creatividad, el trabajo, etc., que no se conceptúan, exploran, ni validan, debido en parte a que se ha consi derado despectivamente como «un asunto de
mujeres», de su privacidad. Los nuevos para digmas, los avances y el milenio que se inicia afectan el acontecer humano, sin dejar de lado los mitos y las utopías más representativos como el amor, por lo cual, y por todo lo que sabemos, puede ser hora pasada de replantearnos nuestra vida amorosa, ? para el amor¿. En esta dirección, es necesario recordar que el amor es mágico, hace que broten sensaciones inesperadas, fuerzas desconocidas, intereses abandonados así como reacciones impensadas, o sea, provoca una transmutación difícil de lograr por otros caminos. Puedo manifestar que pocas alquimias generan transformaciones personales tan evidentes y rápidas. Aunque directamente no lo veamos, no lo toquemos ni podamos olerlo, sus efectos van señalando su presencia y curso, aún con la primitiva forma que tenemos para abordarlo. Por su p u esto que se requiere sensibilidad especial para dejarnos afectar por dicha taumaturgia. Creo y seguiré creyendo en el mito del amor porque nos ayuda a evitar la desesperanza de sentir que «todos los colores están apagados y el pulso de la vida debilitado», para usar una amarga expresión del diario de Virginia Woolf (1993:300). Que no logre hacerse realidad en el mundo de la cotidianidad, o sólo excepcionalmente a nivel de pareja, puede indicar la necesidad de irnos cambiando, de transformar nuestras expectativas y trabajar al tiempo por fortalecer el crecimiento y la reestructuración de la masculinidad, si nos sigue interesando amar a los hombres. ¡Es tan esperanzador el mito del amor!. Además, es el mejor diluyente del tiempo; como no tiene tiempo, su presencia hace que presente y futuro se vuelvan uno y afecten el pasado, en el sentido de quitarle o adjudicarle trascendencia, es decir, revaluándolo desde la mirada enamorada. Si pudiéramos aceptar y vivir el amor con otros
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estilos, creando formas nuevas y adecuadas a la magia que lo distingue, tal vez su atemporalidad también tiñera otras instancias de nuestras vidas, obligándonos a vivir lo que tenemos: el m o mento.
la/el sujeto de nuestro amor, no es expresión de amor sino de alienación. Quien espera cam biarnos, quien trata o exige (sutil o directamente) que seamos diferentes, tampoco nos quiere y disfraza con este rótulo otras motivaciones.
El amor por ser invasivo vive no en un órgano específico, sino en una de las dimensiones más energéticas que tenemos como es la imaginación. De ésta se alimenta, se enriquece, se perfecciona, se pierde, se exilia, se achica y agiganta, es decir, vive o muere, de tal manera que las experiencias amorosas están íntimamente relacionadas con nuestra fantasía. Y sólo explorando el mundo de la imaginación ampliaremos o reconstruiremos la nueva conciencia del amor, aceptando que en esta dimensión se encuentran las fuerzas, tanto amigas, como enemigas de los procesos internos de crecimiento.
Forzarnos como norma a ir donde no queremos por acom pañ ar a quien am am os, serle incondicional, u ocultarle hechos y com por tamientos graves tampoco es amor sino temor, inseguridad, confusión, dependencia y quien sabe que tantos m ás m otivos diferentes al hecho am oroso; el d isfraz y el autoen gañ o no lo transforman. Un acto de amor (desde el mito) es la plena aceptación de la otra persona, tal como es o como cree ser, con sus atributos y carencias, su apariencia, edad, historia, sueños y frustra ciones, su impronta vital puesto que es única e irrepetible.
Reconocer que el amor se enmarca en lo femenino y que, la sumisión y obediencia en que se formaba a las mujeres son frenos que se pueden soltar ya que su naturaleza es psicológica (independiente de las sanciones sociales), un paso absolutamente necesario para iniciar la aventura de reeducar la función amorosa, es la desobediencia. Si las mujeres no aprendemos a desobedecer y a tomar el nesgo de amar como nos plazca, difícilmente se darán cambios favorables en nuestras vidas porque el amor que acunamos, corresponde a un mundo diferente a un orden distinto. Si no acabamos por romper las viejas pautas, esta utopía del amor será cada vez menos realizable.
El vínculo amoroso de la pareja afectiva se nutre además de la plena aceptación, que dados los seres que hemos llegado a ser dudo mucho pueda ser realidad, con expresiones de apoyo, estímulos al crecimiento y realización personal, soporte para ser y, compañía cercana para manejar tanto la incertidumbre existencial como el tem or al misterio de la muerte que a veces nos asalta. Así m ism o con sincronía de ritm os am orosos y coincidencia de deseos. Con respuesta a tantas necesidades emocionales, ¿cómo no aferramos al mito del amor¿, con pareja o sin ella.
No podemos continuar sosteniendo y trans m itiendo el engaño de que la sum isión, la posesión, la dominación y las renuncias son ¡actos de amor!. Hay concesiones que se pueden hacer sin que afecten nuestra estructura interna y otras que, por ningún motivo podemos aceptar puesto que nos subyugan. Dejar de ser nosotras mismas, forzándonos a actuar y vivir como desea
El contexto también juega un papel decisivo; si aprendemos a ser libres, en tanto en cuanto es posible, estaremos mas preparadas/os para sentir, recibir y responder al amor. Libertad en este caso referida a ser, decidir, sentirnos bien con nosotros/ as mismas y querernos, aceptando el goce de la soledad así como el de la compañía y presencia de quien amamos. El amor no exorciza la soledad y, la incapacidad para asumirla genera ansiedad que presiona para buscar cualquier compañía, así
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tengamos que autoengañarnos adornándola con las características apropiadas. Por tanto, hasta que no nos reconciliemos serenamente con la soledad, no seremos libres para albergar el sentimiento amoroso sin disfraces. En síntesis, la autonomía viene a ser un factor clave para recrearnos con la magia del amor si se presenta, porque solo así llegará como es: libre. También cuenta si decidimos amar sólo a quien nos ama, o con igual intensidad, o si amamos por el hecho dé amar aunque no nos corres pondan. En otras palabras, si podemos aceptar el desamor, quiere decir la no coincidencia de esta ligazón em ocional; igualm ente si podem os prepararnos para aceptar los ritmos, las etapas, las transiciones y los ciclos del hecho amoroso. Es bueno recordar que el continuo afectivo va del amor al desamor y que, la incapacidad de amar es un fenómeno diferente. Como en todo proceso evolutivo, en el amor también existen distintos grados pues se dan formas elementales y simples con otras más elaboradas y com plejas, m as «terrenales» o trascendentes, ordinarias o estéticas, sin que necesariamente tengan correspondencia con el nivel cultural y social de las personas porque cuenta el interés específico por el desarrollo amoroso. No obstante, la complejidad de las personas, de su estructura de pensamiento y sobre todo de su sensibilidad, hacen diferencia. El refinamiento filosófico puede o no obedecer al refinam iento sentim ental pero, la ética y la estética si constituyen sello ineluctable; es decir, es un indicador esencial del desarrollo emocional. En este sentido, la conciencia que tengamos acerca del amor, del sentido de vida, de la libertad, con form an el prism a para m irar y ju zgar co m p o rtam ien to s y experien cias. Si nos permitimos procesos de expansión emocional incluyendo rupturas de creencias y costumbres
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arraigadas, tal vez la noción de «infidelidad» llegue a carecer de sentido. No obstante, si las relaciones no son abiertas pero el compromiso es comu nicación leal, no cumplirlo lesiona emocional mente. El engaño amoroso y la burla, que tanto daño ocasionan en la sensibilidad de las personas, no deben disfrazarse como defensa de la nece sidad afectiva, porque nada tienen que ver con el amor que busca protegerlo amado, nunca dañarlo y destruirlo, así que, como dijo Alfonsina (Storni), Si el amor es odio, y vergüenza, y despecho, a riesgo de morirte, la arrancarás del pecho
La dificultad de renunciar a una ilusión amorosa que nos hace daño puede ser enorme, mas, siempre será posible; en especial si aprendemos a trabajar con la imaginación, buscando podar cualidades que sin poseer le atribuimos a la/el sujeto de nuestro amor, dejando de justificar co m p o rtam ien to s que nos lesion an y de interpretar a nuestro favor fallas atribuibles a su forma de ser o a su desamor. Así mismo, tomar conciencia y poder ver con claridad el papel que desempeñamos en la relación. Un gran número de mujeres hemos vivido la experiencia de esos absurdos amores que aún desahuciados se niegan a desaparecer o a dejar de crecer porque tal vez, sin darnos cuenta, nos invade el temor al vacío interior que dejan dichas renuncias aún siendo curativas. No es inusual temerle a remedios o intervenciones médicas que nos aliviarán. Ya no somos los/as mismas, ni tenemos la misma sociedad, ni todas las tradiciones respecto a las costumbres amorosas son sanas, por lo cual son inevitables los cambios. Dentro de los cambios que queremos se encuentra fortalecer el apren d izaje am oroso, prom overlo, m otivarlo, divulgarlo como meta cultural, educacional familiar y social. Modelar relaciones y cercanías amorosas, hablar, investigar, estudiar y darle espacio al tema, es decir, combatir este mundo
desafectivizado en el cual el am or es una caricatura reducida a la pareja, que nos asusta y hace daño. Y si se trata de aprender a amarnos de verdad (en el grado que sea), atendiendo la esencia libertaria del amor un requisito es la confianza básica y el compartir, debido a que el sentimiento amoroso es frágil, se empaña y se rompe con una facilidad impresionante. Los apegos elementales, fortalecidos por los mensajes tradicionales sobre el amor, pueden destruir la calidad o la vida de una persona que entreteje su identidad con otro ser a quien siente amar. Es tan familiar y lo hemos asimilado tanto, que no alcanzamos a darnos cuenta de la insania que representa. En casos así, no es que se ame mucho sino que se llenan, con lo que se interpreta com o amor, in m ensos vacíos, caren cias y debilidades. Morir de amor (novelesco), puede ser el epílogo ilustrativo del presente párrafo. Diferente dejarse morir por la tristeza originada en hechos existenciales impactantes. Siento necesario reiterar que no debemos seguir aprisionadas por las creencias y postulados tradicionales y populares sobre el amor puesto que nos han desviado de avanzar en su conoci miento y, m as bien, parecen una especie de conspiración por destruir el amor, tarea en la cual, afortunadamente son inútiles todos los esfuerzos. Para trascender el amor como metáfora y como mito, lo repito, tenemos que destruir, volver añicos lo que nos han contado y hemos esperado y, cambiando de perspectiva, adentrarnos en su búsqueda por caminos y vericuetos totalmente diferentes.
SENTIRES Y DECIRES FEMENINOS CORRIENTES En esta época de cambios tan acelerados, en que nuevas tecnologías irrumpen continuamente y
su mas rápida obsolescencia llega cuando aún no habíamos alcanzado a asimilarlas, abrumándonos con fuerza, las mujeres (genérico) continuamos cambiando pero no al ritmo enloquecedor de la tecnología, aunque, posiblemente en mas alto grado que los varones (genérico) desde el punto de vista del desarrollo humano. Como el mundo emocional y de la imaginación, de los afectos y del amor, nos es tan familiar y cercano, en él hem os hecho m o d ificacion es eviden tes traducidas en nuevas costumbres y hábitos, que logramos confrontar con los anteriores, m as arraigados en la población m asculina (hay excepciones). En mi experiencia actual y de m uchos años trabajando con talleres y grupos de mujeres, explorando temáticas que revisten todo nuestro interés, como la pareja, la familia, el amor, los derechos sexuales y reproductivos, entre otros, ha sido frecuente comprobar lo comunes que resultan muchas de nuestras historias amorosas, referidas a parejas heterosexuales, así como el tipo de quejas y malestares que, nos llevan a interro garnos sobre la aparente im posibilidad de en con trar hom bres ad ecuad os para poder convivir y cohabitar armónicamente; mediando un mas rápido enriquecimiento interior de las mujeres (genérico). Este hecho de las mujeres cambiando y trans formándonos a un ritmo continuo, por contraste con los hombres, es origen de desencuentros, incomunicación y lejanías. Entre las formas de registrarlo está la aseveración femenina ya corriente, sobre la poca existencia de hombres interesantes que, aunque suene a herejía, se ha convertido en una queja constante; desafortunadamente parece que poco entendida porque la cultura no promueve el desarrollo interior de los varones, como una meta necesaria. No obstante el costo de los desen cuentros, para un alto porcentaje de mujeres, ha valido la pena atrevernos a volar.
Otras expresiones frecuentes son el rechazo al machismo y al ejercicio del poder y fuerza, sobre los cuales no sólo se dan quejas verbales, sino que se afrontan en forma directa, arriesgando la aparente calma sustentada anteriormente por el silencio femenino. Por ejemplo, cada vez se escucha más mencionar el machismo como razón para separación del esposo, compañero o novio porque, vamos llegando al fin de la era en que las mujeres, para obtener amor, debían aguantar, tolerar, reprimirse y resignarse. Las mujeres heterosexuales, de diversas edades y condiciones a quienes me refiero por mi trabajo, manifiestan sus deseos de encontrar compañeros sensibles, afectuosos, detallistas, tiernos y, por supuesto que sepan amar. Quiere decir, que posean esas características que la cultura identi fica como femeninas. Una de las carencias más notorias, reportada con insistencia, es la difi cultad o incapacidad de muchos varones para acariciar, abrazar, besar, decir palabras cariñosas fuera de un contexto coital, a pesar de que sean sustentadoras del amor y de la alegría. Desentrañar y clarificar los mandatos culturales, abre posibilidades sorprendentes inclusive de incredulidad, al darse cuenta y aceptar algunas mujeres que pueden amar al tiempo a mas de una persona. El solo con cepto por si m ism o, d escu lp ab iliza y da explicación a m uchas confusiones. A pesar de estos avances, algunas de las mujeres que han asistido a mis talleres, han expresado en los mismos su intolerancia por las relaciones colaterales de los com pañeros o esposos, pero las explican y justifican en ellas mismas, lo cual se va dando dentro de los procesos del amor que son lo mas importante. Lo mas fascinante de todo, es que las mujeres nos estamos permitiendo aprender de nosotras mismas, validando nuestra capacidad en terrenos
que nos han sido propios como el manejo y expresión de los sentimientos, en los cuales somos fabulosos laboratorios de investigación, porque, muchas nos arriesgamos a vivir lo que por décadas nos negaron y negamos. No es ya la fuerza (social, familiar, etc.) la que nos «amarra» (también sucede), sino el amor. A pesar de reconocernos un papel diferente en la relación amorosa, segui mos fragilizadas frente a la misma. La ignorancia acerca del amor, o el analfabetismo am oroso, nos lleva corrien tem ente a una interpretación equivocada del mismo, percibién dolo como obstáculo o panacea, cuando el amor no origina ni resuelve todos los problemas perso nales, ni de la vida. Ciertamente, corresponde más a nuestra ignorancia que al potencial del mismo sentimiento, porque definitivamente, la forma tradicional de amar ya no nos sirve. Ya no da respuesta a las necesidades actuales de esos seres que ahora somos. Sin que sea expresado con esas palabras, lo que m uchas decimos, oím os e interpretam os de n u estras propias h isto rias que se repiten insistentemente, desemboca en la necesidad de reconstruir el mito del amor hurtándolo de los esquemas tradicionales, en este sentido poco evolucionados y primitivos. Puede ser que nos haya faltado creatividad e imaginación para hacerlo, com o tam bién conceptualizaciones claras que dieran estímulo y promovieran la tarea. Igualmente, es posible que la deprivación de una clave im p o rtan te com o son los rituales enriquecedores y apropiados haya afectado la fan tasía y continúe haciéndolo, por tanto, también deberíamos interesarnos por reinventar múltiples rituales del amor, que lo enriquezcan incluyendo elementos para ese interminable monólogo que se inicia en nuestro interior en torno a un amor recién nacido, a una posibilidad promesera.
PARA EL CAMBIO DE SIGLO Si aceptamos que los hábitos adquiridos acerca del amor son causa de la deformación de nuestro sentimiento, así como de muchos de los males que sim plistam ente le atribuim os, se puede deducir con seriedad, que es una tarea inaplazable promover procesos de deconstrucción amorosa, buscando estilos y actos creativos con significado y sentido mas profundos como debe corresponder a esta intensa fuerza emocional, causante de infinidad de turbulencias afectivas. No podemos seguir desestimando el poder del amor en los procesos de desarrollo personal y social, com o tam poco frenar su evolución psicosocial, en verdad, en este ni en ninguna otra dimensión. Especialmente porque el amor tiene un potencial de energía permanente que no se agota, ni se gasta en una experiencia particular, sino que está latente todo el tiempo, con su infinitud. El último planteamiento de que el amor no tiene límites es de difícil comprensión, mas aún de poderlo asimilar, pues las visiones de atemporalidad y espacio ilimitado nos son muy complicadas.
últim as son autoinfligidos, provienen de las historias que locamente elabora la imaginación, alimentada por la necesidad afectiva. Tal vez no debemos esperar que el amor nos ate, sino que se m anifieste, lo vivam os, nos de la alegría y plenitud posibles, sin la sujeción de los lazos que con nuestra conciencia o sin ella, se van convir tiendo en cadenas insoportables. Parejas, familias y grupos entrelazados por afectos en un deseo y posibilidad, mediando una gran dosis de inteligencia emocional aplicada a lo que esperamos. El amor, la capacidad de sentir, de recibir y de brindar amor, podría constituir una excelente y veraz medida de n osotras/os m ism os si nos permitiéramos confrontarnos con ella. No solo ayudaría a elaborar nuestro perfil sino también a esbozar otros misterios ya que es una vertiente donde todavía no se han buscado significados del vivir; entre otros, debido a la falta de preparación para sentirlo, a nuestra debilidad para percibirlo y a lo reducido de nuestra conciencia sobre el amor como experiencia real, de modo que sigue enrollado, cerrado. Empecemos por desplegarlo elaborando visualizaciones sobre una sociedad enmarcada por el amor, hagamos el ejercicio... ¿cómo seriad.
El lenguaje masculino y en general el esquema patriarcal resultan inadecuados para interpretar el amor; por tanto, solo la expansión de lo femenino (valores, conceptos, sentim ientos, emociones, etc.) irá creando el contexto adecuado para su adopción.C om o m ujeres que m ile nariamente hemos venido gestando, acunando y protegiendo sentimientos como el amor, es nuestro deber continuar en la tarea de preservar tal utopía. Es necesaria para la vida humana en el estadio evolutivo en que nos encontramos y, posiblemente también para evitar la catástrofe y destrucción originadas en el desamor.
La esfera social tiene un impacto decisivo en los referentes am orosos, por lo cual, debem os entender las prácticas y vivencias del amor dentro de un contexto social más amplio, que trascienda lo personal. No podemos desarticularlo de aquel. Una interesante pregunta es si individual y socialmente hemos evolucionado para el amor, respuesta que podría tejerse teniendo en cuenta la historia conocida de la especie, decidiendo previam ente qué prácticas privilegiar para saberlo. Con esta respuesta y las visualizaciones sugeridas iríamos dinamizando los aportes.
Algunas pistas pueden servirnos para ampliar la comprensión de muchos males de amor que, en
A la metáfora del amor le hemos dado infinidad de represen tacion es y con ten id o s an te la
necesidad de explicarlo de alguna manera, debido a nuestra aparente incapacidad, o ausencia de la suficien te fuerza creativa para percibir su verdadera forma y los sentidos que le son propios. Pero, así sucede con los logros del conocimiento, que de noción en noción, de tumbo en tumbo van haciendo claridad y acercándose a la verdad. Al ir escribiendo este artículo he pensado que puede ser una verdadera proeza envejecer y conservar la fé en el amor, como me ocurre a mi. A sí m ism o, creo que lo interm inable de su búsqueda tiene mucho sentido, puesto que se convierte en la única forma de conservar su ilusión; esa increíble ilusión del am or que sobrevive a la desilusión por las/os sujetos del m ism o y seguirá así m ientras el desarrollo hum ano no alcance niveles apropiados que faciliten su cabal revelación.
Bibliografía -Alfonsina Storni. Poesía. Editores Mexicanos Unidos, s.a., 1992. México - Mario Benedetti. Inventario Dos. Seix Barral; Planeta Colombiana Edi torial, 1995, Colombia - María Ladi Londoño E. «Derechos Sexuales y Reproductivos. Los mas ....Humanos de Todos los Derechos» Editorial Feriva, 1996, Cali, Colom bia. - Virginia Wolff. Diarios. Ediciones Siruela s.a. 1993, Madrid
TRAS LAS HUELLAS Acercarse al tema del amor a partir de los estudios realizados desde la disciplina creada por Sigmund Freud, es tarea en la que se abren muchos caminos para su abordaje. Sea cual fuere la vía elegida , exige ocuparse de puntos centrales de la teoría. Quizá podría situarse al amor y al odio como ejes teóricos medulares en el pensamiento psicoanalítico, con sus efectos estructurantes en el desarrollo de los sujetos. El am or y el odio están presentes en n C I A A /I O I ? los dramas atrave/ I H I V I l CARMEN LUCIA DIAZ sados por los hom Psicóloga. Profesora del Departamento de Psicología de la bres y las mujeres en su construcción y por lo tanto, en las sucesivas Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional pérdidas, renuncias, ilusiones y desilusiones de sus objetos. Son de Colombia como la cara y el envés de una hoja; tal como lo plantea Lacan son los polos de la estructura de la relación intersubjetiva. YOLANDA LÓPEZ «Si el amor aspira al desarrollo del ser del otro, el odio aspira a lo contrario: a su enviledmiento,... su negación total« (Lacan, 1981, p.403)
El amor y el odio coexisten en un mismo sujeto conformando la ambivalencia; lo que cambia del uno al otro es el contenido ideacional, es decir, las representaciones correspondientes. La ambivalencia es superada al intensificarse uno de los polos. Estas cualidades constituyen, junto con la ignorancia, las principales pasiones del ser. Sin olvidar el nexo tan cercano entre el amor y el odio, el texto intentará explorar los senderos del amor, las relaciones primordiales que los trazan y los claroscuros de esa relación imaginaria que sustenta intercambios fundamentales de la cultura y cuyos avatares conscientes e inconscientes expresan la imposibilidad siempre reiterada de lograr la plenitud. LOS ENCUENTROS FUNDANTES El amor no es algo primitivo en el pequeño sujeto humano cuando llega al mundo; no nace con él, ni se desarrolla espontáneamente
Trabajadora Social. Magister en Economía, Profesora del Departamento de Trabajo Social de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia.
como resultado de una ley biológica. El amor existe en el otro, y como don activo, el semejante lo brinda al niño. El amor hace presencia en el exterior junto con el lenguaje en la estructura que le antecede al sujeto com o O r d e n S i m b ó l i c o 1. E stru ctu ra que interviene con todo su vigor cambiando hasta lo que podría ser más orgánico, lo que en otras especies no hum anas se coloca del lado del instinto. Dos condiciones operan en la vulnerabilidad de la criatura humana frente al registro simbólico: su in d e fe n sió n por la prematurez física al nacer y la p re se n c ia d e o tr o semejante encargado de su sostenimiento. Ese prójimo ( madre, padre... etc ). ser de lenguaje y de deseos, al cumplir con la función materna2 inevitablemente lo hace desde la cultura, constituyéndose frente al niño en un representante de la estructura simbólica. Lo que estaba inacabado en su nacimiento, es completado por el Otro.
hablan, que le dan sentido al mundo desde su nacimiento, le donan a través de la mirada y de la palabra, una forma de percibir y desear el mundo, le permiten una manera de auto-apreciarse. En este proceso el in stin to se tran sform a d efin itivam en te en pulsión , en in stin to historizado. Después de ser nombrado, hablado por el otro, el registro de lo biológico, de la necesidad, se transformará, por cuanto el Gran Otro y el otro pequeño (o), (aquellos seres concretos y significativos que rodean al niño, a la niña) precisarán las formas, los rodeos, lo posible y lo imposible para situarse frente a sí mismo y a los otros como ser de cultura.
«...Hay un circuito simbólico exterior al sujeto y ligado a ciertos tipos de soportes, de agentes humanos, en el cual el sujeto, el pequeño círculo que llamamos su destino, está indefinidamente incluido». (Lacan, J. 1984, p. 153.)
Esa om n ipresen cia sim bólica extern a se introyecta, se hace propia. Lo exterior se hace interior de una manera singular en cada sujeto, como realidad psíquica. Inicialm ente y con exclusividad, en ella prima lo fantasmático, la ficción de lo vivido. En el psiquismo naciente ocupa un lugar de primacía la confusión entre lo propio y lo ajeno. En este proceso se fundan una serie de imagos3 de esa relación confundida y en espejo con el semejante. Esa apropiación particular e íntima que se produce en esa conjunción del mundo simbólico externo y las vivencias de lo real, corresponde al registro d e lo im a g in a rio .4
La palabra marca las huellas de la cultura. Los otros significativos que rodean al niño, que le
Lo imaginario «Es la capacidad original de producción y movilización de los símbolos que,
1 El Orden Simbólico es uno de los tres registros que intervienen en la construcción de la realidad humana, planteados por Jacques Lacan, psicoanalista contemporáneo. Completan la serte el registro imaginario y el real. El orden simbólico designa los componentes humanos que tienen un carácter codificado,reiterativo, compartidos por un grupo cultural.La propiedad de este registro, es la posibilidad de circulación e intercambio entre los sujetos. En este orden el lenguaje se coloca en un lugar privilegiado. Es por excelencia el medio de intercambio y en su interior sus elementos son ordenados y permutables. En el universo simbólico acompañan al lenguaje las leyes y los códigos culturales. En psicoanálisis, todo lo anterior adquiere el estatuto de Gran Otro y así se le nomina ( O mayúscula). 2 Se habla de función y no de personaje, pues se hace referencia a esa labor de sostenimiento, cuidado y protección que un semejante dirige a un niño, indispensable para que pueda vivir. Función que a su vez produce y provoca la dimensión del deseo humano. Se puede decir que el oficio de maternaje es el responsable del surgimiento del deseo. El personaje . claro esta, como tal, también juega un papel preponderante. 3 Imago: prototipo inconsistente de personajes que orientan electivamente la forma en que el sujeto aprehende a los demás.Se elabora a partir de las primeras relaciones intersubjetivas reales y fantasmáticas con el ambiente familiar ( LAPLANCHE Y PONTAUS.198I p. 199). 4 Lo imaginario requiere de lo simbólico para constituirse. De otra manera podría decirse que lo imaginario es la organización singular que cada quien crea en la aprehensión de lo simbólico y sus vivencias en lo real.
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m en el orden social, están ligados a la historia y evolucionan. Lo imaginario, en este sentido, es la atribución de significaciones nuevas a símbolos existentes. («Castoriadis, 1.975,en Kaes R, otros, 1989, p. 23, 24.).
Lo simbólico es instituyente del mundo interno y externo del sujeto; organiza lo imaginario y a su vez, en alguien siempre está teñido de imaginario. En el interjuego de estos dos procesos se constituye la su b je tiv id ad . «...Freud descubrió en el hombre el peso y el eje de una subjetividad que supera la organización individual en tanto que suma de experiencias individuales....La subjetividad es un sistema organizado de símbolos, que aspiran a abarcar la totalidad de una experiencia, a animarla y a darle su sentido.» Lacan J. Sem.ll, 1.984, p. 68).
LOS OBJETOS : ENTRE LA ILUSION Y LA IMPOSIBILIDAD Cada ser humano arriba al amor construyendo sus objetos amorosos a través de sus encuentros y desencuentros siempre azarosos con sus semejantes. Es posible también, que algunos por su historia particular de relaciones y por la historia de quienes en el com ienzo de su existencia, se dirigieron a ellos, no consigan armar o b jetos am o ro so s con la con sigu ien te imposibilidad de organizarse psíquicamente ellos m ism os. (Piénsese com o ejem plo los niños autistas, excluidos de toda relación con el Otro). Se habla de o b je t o s para nominar «aquello que enciende la llama», hacia lo cual tiende el sujeto. «El «objekt» freudiano no se opone en su esencia, al ser subjetivo. No designa con él una «objetivación» de la relación amorosa. Si en el lenguaje clásico, del siglo XVII, se empleaba ya este
término para designar aquello a que se dirige la pasión «llama», «resentimiento»... , es en este mismo sentido como debe entenderse nuestro «objeto». (Laplanche, J. 1987 p. 20).
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Los objetos no necesariamente son personas, pueden ser parte de ellas, artificios o ideas; a la vez pueden ser reales o fantaseados. El objeto propio de la experiencia psicoanalítica corresponde a una faz distinta del objeto de conocimiento. En psicoanálisis, la teoría del objeto se aborda desde diversos ángulos. Se configuran diferentes clases de objetos desde dimensiones psíquicas particulares (Rabinovich, D. 1988). Freud, Winnicott y Lacan han delimitado objetos distintos, todos ellos presentes en el psiquismo humano y cumpliendo funciones específicas en su dinámica. Así, Freud deslinda el objeto del deseo, el de la pulsión y el del amor. Winnicott descubre el objeto transicional y Lacan redimensionando los anteriores, teoriza sobre el objeto (a) y el objeto de la demanda. Las variadas clases de objetos constituyen series en las que éstos se articulan, se integran, se sustituyen o subrogan, conservando siempre la característica fundamental del objeto: su falta. La pérdida fundante del objeto del deseo, primero en las series y propio del fun cion am ien to inconsciente, introduce una propiedad esencial en la actividad psíquica: su carácter regresivo y repetitivo en la búsqueda eterna de la realización del deseo, del reencuentro de ese objeto perdido. Reencuentro en lo real, nunca posible, siempre ilusorio. La perenne búsqueda de la realización del deseo permite comprender en la clínica y en la vida cotidiana las permanentes dem andas que se
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articu lan a la in satisfacció n que signa las relaciones con los otros, con el mundo y que se constituye en axioma del discurso psicoanalítico. Cómo y por qué el ser humano organiza su subjetividad alrededor de la pérdida¿ La ausencia que lo funda se sustenta en el intenso deseo de recuperar la plenitud inicial vivida con el otro que lo espera, que le significa la necesidad y al hacerlo le da existencia. Cuando aparece en el/la niño/a el grito, el llamado que, sin intención comunicante, dice de su necesidad al otro, a la madre, ella, desde su saber de mundo, y desde la falta que también la ha atravesado en su con stitu ción psíquica fundamental, le responde con objetos y acciones que logran la primera experiencia de satisfacción. Las demandas sucesivas del niño, de la niña están ligadas a esas primeras sensaciones, percepciones, que com o huella m ném ica derivan de esa experiencia de satisfacción. Freud hace referencia a la huella mnémica, efecto de la satisfacc ió n de una necesidad, cuyo paradigma es el objeto oral y la carencia de alimento. Ante una nueva necesidad se anticipa esa huella p síquica co n stitu y e n d o un pensamiento alucina torio que en sí es placentero. La a lu c in a c ió n como representación anticipada de placer, se postula como modelo de toda búsqueda posterior y del propio pensamiento inconsciente. Se introduce de esta manera una nueva forma de placer, placer psíquico, diferente al de la satisfacción de la necesidad. En otras palabras, a partir de esa primera vivencia de plenitud« mítico primer encuentro del sujeto y su objeto de satisfacción « ( Rabinovich, 1988 p. 12.), el bebé alucina la respuesta, buscando en ella la identidad de percepción, es decir repetir idénticamente lo vivido. Sin embargo, cada vez
encontrará que en cada nueva satisfacción hay algo que se perdió, constatando una y otra vez que lo que recibe no tiene la intensidad de lo primero vivido. «En el deseo el objeto es la representación de la huella mnémica, con lo cual se crea una realidad propia del sujeto humano que es la realidad psíquica. Hay algo que busca una satisfacción en la memoria, en la huella mnémica, pero esta representación no tiene nada que ver con la realidad, el primer objeto es imaginario». (Jaramillo J. 1991 ).
La estructura psíquica del sujeto se sostiene entonces en el imposible de alcanzar el objeto del deseo. Signados por la ausencia y la nostalgia de esa relación inicial, por las huellas funda mentales inscritas en el cuerpo y en la psique nos lanzamos a la captura de ese objeto causa del deseo, (Llamado por Lacan objeto (a)), objeto inasible, intangible e indescriptible, tras el cual vamos y que quiméricamente presentificamos en objetos sucesivos que temporariamente nos dan la ilusión de completud. Pero el objeto(a) no es un objeto, es una falta, es algo que se perdió y es su ausencia lo que permite continuar la búsqueda. La adecuación del sujeto con sus objetos, será siempre ilusoria. Remitirán a la huella, al modelo del objeto perdido. «Se impone entonces una conclusión: No existe una verdadera satisfacción del deseo en la realidad. A pesar de las expresiones que aparecen en el discurso, y que evocan la «satisfacción» o la «insatisfacción» del deseo, la única realidad en la dimensión del deseo es la realidad psíquica. Es la pulsión la que encuentra (o no) un objeto de satisfacción en la realidad, y puede hacerlo en función del deseo sobre el que Freud insiste diciendo que moviliza al sujeto hacia el objeto pulsional. Pero, como tal, el deseo no tiene objeto en la realidad.» (Dor J. 1986, p. 162.).
Habrá siempre, por lo tanto, algo que no fue escuchado, que no fue percibido, que no fue visto, que no pudo lograrse con el otro, dejando siempre, esa insatisfacción que está presente en nuestros dramas. La demanda dirigida al otro, aunque articulada al deseo, es sólo una manera de hablar del deseo, y en ese sentido, en la respuesta persistirá la falta de algo indefinible, pero que tiene que ver con la voz, con la mirada, con el seno, las heces, con los bienes que el otro donó y recibió y que dejaron una huella singular y perenne. La demanda, tal como lo plantea Lacan es siempre demanda de amor; demanda y amor anudados al deseo, que será siempre deseo de otra cosa. Aunque deseo, amor y demanda remiten a la falta, y aunque pueden reconocerse objetos para el amor y para la demanda, el deseo no podrá nunca ser colmado.
EL AMOR: FASCINACION CON LA IMAGEN - IDEALIZACION DEL OTRO El amor se dirige al otro como ser total. El amante no fragmenta su objeto, no lo ama por partes, por ello puede afirmarse que a diferencia del objeto de la pulsión, el objeto de amor no es parcial, es unificado y total. Un sujeto ama a otro sujeto o se ama a él como ser ilusoriamente completo. El amor al otro se construye sobre el amor a sí mismo. El narcisismo se dirige al yo ideal que como vivencia totalizadora y omnipotente da cuenta de las huellas iniciales del otro en el sujeto. Trazas que más tarde entrarán a formar parte del ideal del yo y que buscarán repetirse en el transcurso de la existencia. El narcisismo es solidario con el reconocimiento y admiración de la propia imagen, que al comienzo es la imagen del otro, imagen donada por el otro.
La primera carga libidinal sobre el mismo sujeto es una acción psíquica compleja que viene a sum arse al autoerotism o primordial y es el resultado del surgimiento del yo. Freud nos dice: «Elyo tiene que ser desarrollado.... Para constituir al narcisismo ha de venir a agregarse al autoerotismo algún otro elemento, un nuevo acto psíquico» (Freud, 1973, pp 2019).
Ese nuevo evento psíquico tiene que ver con la identificación constituyente, no de rasgos del sujeto sino del mismo sujeto, de su yo; de ese yo primero, yo ideal que se organiza como el tronco de to d as las dem ás id en tificacio n es, las identificaciones secundarias. Instituir un yo y representarse en él es un logro humano que exige al infante avanzar del estado de fragm entación y autoerotism o inicial al recon ocim ien to del otro y de él m ism o, permitiéndole una primera organización de su mundo interno y del mundo circundante. En una experiencia fundante, el pequeño humano reconoce en el exterior una imagen integrada, la forma completa del cuerpo del otro que como imagen le es devuelta, conformando su primer yo. En sus orígenes entonces, el yo es el otro. El yo se hace a imagen y semejanza del otro, con una form a corporal específica, anticipando psíquicamente lo aún no logrado a nivel motor; es decir, sin dominar su cuerpo físico, pero aún así, reconociéndose como el semejante, como un ser humano. «Entonces el sujeto adquiere conciencia de su deseo en el otro, por intermedio de la imagen del otro; imagen del otro que le proporciona el espectro de su propio dominio».... El otro tiene para el hombre un valor cautivador, dada la anticipación que representa la imagen unitaria tal como ella es percibida en el espejo, o bien en la
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realidad toda del semejante.» (J.Lacan, 1981, p. 193, 235.)
El yo incipiente se colma con lo que dicen de él, con las miradas que le son dirigidas, con lo que representa para los otros. Sólo a través del otro tendrá un saber de sí mismo. Esto dice del desconocim iento fundam ental que desde el principio y para siempre acompaña al sujeto. Así, el niño y todo ser humano se dirige al otro para poder reconocerse y sentirse reconocido. En ello interviene el amor: ser reconocido, ser amado o ser deseado por el otro, ubicarse en un lugar de valía para el semejante y sobre todo para aquellos que ocupan un lugar de privilegio en sus afectos. El amor viene y va. Llega del otro al sujeto y se devuelve. El amor es efecto del amor de otro; amar supone haber sido amado o ser amado. El ser humano ama porque, frente al objeto amado, hay en él, una reviviscencia de su propio narcisismo. El amor surge de la fascinación por esa imagen reconocida en el otro, u bicán dose allí la idealización. Pero, el yo ideal, esa imagen total y com pleta, colocada im aginariam ente como omnipotente, sin tacha y sin falta, se desvanece porque se reconoce la falta en el otro, falta que también retorna en espejo para ser colocada en el yo. Sin embargo el sujeto no se conforma con la inevitable pérdida de su yo ideal, no renuncia a él, busca reencontrarlo en una nueva imagen idealizada: el Ideal d e l y o , que como instancia simbólica, recupera para el sujeto las cualidades imaginarias de su yo inicial armonizándolas con los ideales paternos y las exigencias de la cultura. Al respecto afirma Freud:
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«... Reconocemos, en efecto, que el objeto es tratado como el propio yo del sujeto y que en el enam oram iento pasa al objeto una parte considerable de libido narcisista. En algunas formas de la elección amorosa llega incluso a evidenciarse que el objeto sirve para sustituir un ideal propio y no alcanzado del yo. Amamos al objeto a causa de las perfecciones a las que hemos aspirado para nuestro propioyoy que quisiéramos ahora procurarnos por este rodeo para satisfacción de nuestro narcisismo ... Toda la situación puede ser resumida en la siguiente fórmula: el o b je t o h a o c u p a d o el Ideal d e l y o .» (Freud, 1973, p. 2590).
EL AM OR: AMOR A L OTRO PRIMORDIAL, HUELLA IMBORRABLE El inacabado niño humano a través del lenguaje irá aprehendiendo el universo simbólico, es decir, irá constituyendo el mundo de los objetos, logrará un saber de sí en el cual reencontrará al otro y moldeará su deseo a partir de las demandas introducidas por la madre, el padre o el semejante encargado del sostenimiento del pequeño. El otro que espera a un hijo o a una hija, que lo simboliza desde antes de nacer, que le habla, y con su palabra le transmite un saber esencial para orientarse en el mundo, le responde desde su deseo. A quello que llega al in fan te com o satisfacción remite al deseo de la madre, del semejante, por lo que el deseo del sujeto tomará los caminos que le trace el deseo del otro. De ahí la reconocida fórmula de Lacan, DESEO ES EL DESEO DEL OTRO. Ser el objeto de deseo del otro es la aspiración fundamental del pequeño niño o niña. Ser lo que el otro ama, desea, propicia la entrega al deseo de ese otro primordial que lo alim enta, que lo acaricia, que lo ama: la m ad re, o quien haga sus
veces. El deseo de ser el objeto de deseo del otro, coloca al infante en la actitud de aceptar sus demandas para no perderlo. Querrá ser siempre el objeto de deseo de la madre y querrá saber qué desea la madre de él. Deseo de ser lo que el otro quiere que sea , pero a la vez deseo de saber lo que el otro quiere de él. «A la proyección de la imagen le sigue constantemente la del deseo. Correlativamente, hay re-introyección de la imagen y re-introyección del deseo. Movimiento de báscula, juego en espejo. ... En el sujeto humano, el deseo es realizado en el otro, por el otro ...cambia su yo por ese deseo que ve en el otro. ... A partir de entonces, el deseo del otro, que es el deseo del hombre, entra en la mediatización del lenguaje.» (Lacan, 1981, pp 263 - 265)
Lo que la madre da al pequeño niño o niña es una ilusión de ser el objeto que la completa, que le da plenitud; vivencia que a la vez, permitirá al infante sentirse com o un ser sin falta. La completud imaginaria, que no por imaginaria es menos eficaz en la autoapreciación, es un regalo que se recibe y que se supone como un don del otro, pero que la madre, como otro fundamental, no lo tiene, porque ella tam bién ha sido atravesada por la castración y es sólo cuando el niño descubre que ella no es completa, que él desea ser o tener ese objeto que la completa. El, poco a poco irá constatando que su falta no podrá ser llenada por la madre, ni él podrá llenar el vacío de ella, porque no se pertenecen o sólo se pertenecen parcialmente. Ser el preciso objeto de deseo de la madre, responderle exactamente por su deseo, no es atribución del niño ; él solo podrá dar «algo» de lo que ella quiere y tendrá por lo tanto que sentir y vivir su alejam ien to, ser testig o de sus búsquedas, de sus limitados encuentros. La separación, el distanciamiento será cada vez más
claro y el niño irá adquiriendo la certidumbre de la pérdida y el insistente deseo por recuperarla. Es así como en esas primeras relaciones inter humanas la madre se constituye en el primer objeto am oroso del niño. El la ama con la intensidad de los grandes amantes, ella lo es todo para él, ella es quien le da sentido a su existir; sus acciones le son ofrecidas, desea dar lo mejor de sí para satisfacerla. A la vez exige su exclusividad, no desea compartirla; desea apropiarse de ella, de todo su ser, tom arla para sí, englutirla, devorarla; cualquier desilusión, falta de amor o insatisfacción de sus exigencias dirigidas a la madre, produce retaliacion es, d isg u sto s y rivalidades de magnitudes a veces inimaginables e inmanejables. En tanto la madre se ubica inicialmente como el yo ideal del pequeño niño, él la ama y se ama a él, refundiéndose en ese amor. En la paulatina diferenciación que el niño reconoce entre los dos, el amor se dirige a la madre y debe volver a él para que pueda amarse. Así entonces son dos los primeros modelos amorosos del hombre y de la mujer: el sujeto mismo, niño o niña y el objeto nutricio y protec tor. Estos objetos conforman los patrones básicos de las consiguientes búsquedas y elecciones amorosas. Advirtamos que no sólo la madre entra en esa dinámica, el padre como presencia o como ausencia , es decir en su forma particular de ser y en el modo como es vivido por el niño o niña, deja huellas que reaparecerán en el transcurrir de la vida del sujeto. Se am a, nos dice Freud en Introducción al Narcisismo : « 1o. Conforme al tipo narcisista a. Lo que uno es (a sí mismo). b. Lo que uno fue.
c. Lo que uno quisiera ser. d. A la persona que fué una parte de uno mismo. 2o. Conforme al tip o d e a p o y o o anadítico: a. A la madre nutriz. b. Al hombre protector. « (Freud, 1973. p. 2033)
Esos primeros objetos de amor se deslizarán en otros objetos amorosos, en otros intereses. El niño será testigo de la insatisfacción que signa a sus padres, sin que él pueda colmarlos; la captura es im posible pues ella o él, madre o padre, tampoco tienen lo que él desea. Se dirigirán hacia otra, u otro, d iferentes,que com o objetos investidos sexualmente, a la manera de señuelos lo, la atraerán respondiendo a su demanda. La completud inicial insistida y engañosamente conseguida se deshacerá con el tiempo, dando lugar a una nueva búsqueda.
LA ILUSION SE DESVANECE «El am o r parte de la falla del otro, pero ignorándola.» (Peláez P. 1990, pag.90.) El amor se instituye, surge, a partir de una ilusión: llenar un vacío supuesto en el otro, suplir su falta. El ser amado y el que ama comparten una misma certidumbre, que el tiempo se encargará de desmentir: yo tengo lo que el otro necesita, yo tengo la capacidad de completarlo, puedo ser objeto para su deseo. E n con tram os así el d escon ocim ien to fundamental que el sujeto tiene de sí y del otro. N o sabe, no quiere saber que la falta es irremediable y que si bien ella misma nos explica las co n tin u as b ú squ ed as y los ilu sorios encuentros, a la vez nos permite comprender las despedidas, las ausencias, los fracasos que signan el encuentro amoroso con el otro.
La pérdida de la completud inicial vivida en el seno materno, la ausencia de la plenitud lograda en las primeras vivencias de satisfacción; el desvanecimiento de ese yo imaginariamente completo y omnipotente, que tanto complacía al niño, como faltas vividas con intensidad particular en cada sujeto, serán resignificadas en ese proceso fu n d am en tal de pertenencia imaginaria y de separación simbólica del niño y la madre, que es el proceso edípico. La falta que nos aqueja remite entonces a una pérdida fun d am en tal, estru ctu ran te de la subjetividad: Es la pérdida del objeto primordial, la MADRE, separación que la cultura impone a través de la función paterna. Cada hombre y mujer, vivirán con los otros una historia particular, única e irrepetible tejida en los avatares de la constelación materna y de su relación con ese proceso fúndante, que es la castración. Un saber inconsciente sobre el objeto primordial, articulado a las primeras experiencias satisfactorias, al apego, al desprendimiento de la madre, subtenderá las búsquedas y las relaciones con los objetos amorosos. El amor y sus atributos simbólicos e imaginarios, se sustentan en un equívoco sobre la falta de objeto en el otro. Nos resistimos a aceptar que hay algo que se perdió, que ya no podrá recuperarse, pero tozuda, tenazmente lo buscamos, sostenidos en la ilusión de un nuevo encuentro. Los objetos de amor, serán siempre subrogados del objeto inicial que no podrán colmarnos en tanto decepcionan el objeto causa del deseo. Así en toda relación amorosa, además de los amantes estará ese Otro Primordial, que es presencia imaginaria a la que remite toda demanda de amor. Es evocación de una ausencia, intensa ilusión de recuperar aquello que no se sabe muy bien qué es ni quien lo porta.
Uno tras otro los objetos perfilarán su falta que no es más que la falta en el sujeto. Falta que nos dice de esa relación paradojal con los otros que se mueve entre lo imposible y la esperanza.
DE LA PASION A L AMOR Enamorarse es quedar prendido y prendado del objeto amado. El otro del amor es la imagen de la perfección, de la omnipotencia, de la ansiada completud. El amado atrapa con su mirada, sus palabras, sus dem andas y en las cualidades singulares que el amante le atribuye. El amado o la amada es un ser distinto, diferente, único, con quien lo vivido no encuentra referencia en la propia historia del enamorado ni en la de los otros. «Se ama aquello que hemos sido y hemos dejado de ser o aquello que posee las perfecciones que carecemos. La fórmula correspondiente sería: es amado aquello que le falta al yo para poder llegar al ideal» (S.Freud. 1973, p. 2033.)
Pero a los enamorados también los asedia el dolor. Las im posibilidades, las desilusiones, las no correspondencias, producen intensos sufrimientos. El sujeto es vulnerable frente al ser que ama. «El ser amado constituye el fin y la satisfacción.... La dependencia al objeto amado es causa de disminución del sentimiento de autoestimación: el enamorado es humilde. El que ama pierde, por decirlo así, una parte de su narcisismo y sólo puede compensarla siendo amado.» (S. Freud. 1973, pp.2031.)
El amor también cura. Cuando el objeto amoroso poseedor de todas las perfecciones es alcanzado, el am ante se acerca a su propia perfección imaginaria e instalado en ella, se reconoce y se ama en el otro.
El amor pasión está entonces del lado de lo imaginario. De lo que no admite falla, ni quiebre. Fundado en la ilusión de la com pletud del encuentro pleno, no sabe, no quiere saber del otro en su SER. Es una experiencia en la que la falta, que está más allá de la imagen, se borra, se sustrae, para quedar suspendida en la fascinación. La plenitud encantadora del otro se irá perdien do... La imagen se inscribirá en lo simbólico, se subordinará a la palabra. Se advertirán en el otro, que encarna una h istoria vital, las fallas, carencias, incompletudes que dirán de lo que tiene de sin gular el ser am ado. El am an te reconocerá la carencia en el otro y a pesar de ello lo amará ya que sustenta la ilusión de llenarla, de suplir la pérdida. Esta ilusión, que de alguna manera remite a la propia imagen idealizada, se va desvaneciendo cuando negándose a saber de su falta, el amado no responde a los llamados que dicen del ser del otro, de sus demandas. Si inaccesible a la palabra, se resiste a reconocer lo que como don le es ofrecido; si incapaz de reconocer sus límites se obstina en una completud imaginaria, el vacío, que es falta de ser y de saber, se tornará inso portable, porque reactualizará la falta en el otro. Sobrevendrán las dudas y aparecerá el drama que acompaña la separación. El rechazo al otro tendrá ahora un pretexto y en un giro inusitado la servidumbre y la ofrenda del am or podrán convertirse en odio intenso. Decepcionado del objeto, el amante se dirigirá a otros, reintentará la aventura amorosa, se negará el amor o buscará en las posibilidades de la cultura satisfacciones degradadas o sublimadas. «El amor, no ya como pasión, sino como don activo, apunta mas allá del cautiverio imaginario, al ser del sujeto amado en su particularidad. Por ser así puede aceptar en forma extrema sus
debilidades y rodeos, hasta puede admitir sus errores, pero se detiene en un punto, punto que sólo puede situarse a partir del ser: cuando el ser amado lleva demasiado lejos la traición a si mismo y persevera en su engaño, el amor se queda en el camino» J. Lacan, 1985, p. 402)
La fusión de los amantes en una relación dual, conlleva la imposibilidad de dirigirse a'otros y ubicarse también frente a ellos como sujetos en el mundo. La fusión mata al sujeto, produciendo sim u ltán eam en te una relación, m ezcla de fascinación y de mortífera devoración con el correlato ineludible de la rivalidad.
Bibliografía FREUD, S. En Obras Completas. Biblioteca Nueva. 3a. edición. Madrid. 1973. «Introducción al Narcisismo» y «Psicología de las Masas y Análisis del yo». DOR, J. Introducción a la lectura de Lacan. Gedisa. 2da edició. Barcelona. 1995. JARAMILLO, J. Conferencia. El Objeto en Psicoanálisis. 1991. LAPLANCHE, J. Vida y Muerte en Psicoanálisis. Amorrortu. Buenos Aires. 1987. LAPLANCHE, J. y PONTAUS, J. B. Diccionario de Psicoanálisis. 1981. LACAN, J. Escritos 1. SigloXXI. México. 1981.
De la captura imaginaria en que se inscriben los amantes, los sujetos se desprenden para situarse en un universo simbólico que desde sus sentidos, desde sus significaciones los reclama. Amar al otro como don activo exige dejarse sujetar por lo simbólico, dejarse afectar por el reconocimiento de la mutua carencia, aceptar la diferencia, la separación y la recíproca desilusión. La paradoja del encuentro se inscribirá en el fluir incesante de la historia de cada uno de los amantes, en lo que de singular cada uno tiene, sabe o es, pudiendo ser ofrecido o negado al otro.
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LACAN, J. Seminario 1. Los Escritos Técnicos de Freud. Paidos. Buenos Aires. 1981. LACAN, J. Seminario 2. El yo en la teoría de Freud y en la teoría Psicoanalítica. Paidos. Buenos Aires. 1984. KAES, R. BEGLER, J. Otros. La Institución y las Instituciones. Estudios Psicoanalíticos. Paidos. Buenos Aires, 1989. PELAEZ, G. Mujeres. Psicoanálisis. Fundación Medellin. 1990.
En El Amor en Freudiana de
RABINOVICH, D. El concepto de Objeto en la teoría psicoanalítica. Manantial. Buenos Aires. 1988.
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LAS MESTIZAS Y EL CONCUBINATO
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INTRODUCCIÓN
Z El cortejo, el matrimonio y la formación de familias en Santafé, Nueva Granada no se acogían a la norma única ^ del „ to cató lico pro mulgado por la Corona española y por la iglesia. La diversidad de formas de unión era lo usual. Estas uniones «irregulares» estaban asociadas a la raza de los contrayentes, a la situación socioeconómica y a la diferencia genérica. El rito católico al alcance sólo de una minoría blanca sirvió a los fines de la diferen ciación social y fue dispositivo de las ‘gentes de bien’ para preservar la 'pureza de sangre, asegurar la posición social la propiedad, el monopolio de los cargos públicos, y garantizar la castidad de sus mujeres. Como se observa en el cuadro 1, la distribución de los eventos matrimoniales deja establecido que el rito matrimonial era observado por la ^ y | # | | | población blanca penin sular, en menor medida, por la población negra subordinada a ella a través de la esclavitud y por la población indígena, sobre quien la eficacia del indoctrinamiento católico estaba astutamente ligada al pago del tributo real. Los mestizos acudían a la iglesia a sancionar sus uniones en proporciones considerablemente menores que la población blanca. En conjunto, y durante el lapso de 1765-99, los m atrimonios de m estizos
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£N LA PATRIARCAL
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SANTAFE DE BOGOTA,
1Ponencia presentada en el Encuentro de la Asociación de Estudiios Latinoamericanos, realizado en Guadalajara, México, abril 17 a 19 de 1997.
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GUIOMAR DUEÑAS VARGAS
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Historiadora, Ph.D de la Universidad de Texas. Profesora asociada del Departamento de Historia, Universidad Nacional de Colombia. Integrante del Grupo Mujery Sociedad 1
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constituyeron solamente, el 1.2 por ciento de las celebraciones matrimoniales de la parroquia de la Catedral. De esto se deduce que la aproxi mación sexual y formación de familia entre la gran mayoría de la población mestiza se hizo por los senderos prohibidos del concubinato y amancebamiento, rutas satanizadas por la iglesia católica y el estado colonial.
habidos en matrimonio católico. En la práctica social el m undo de la ilegitim idad era tan complejo como el de la matrimonialidad. Las limitaciones o las posibilidades en la vida de estos chicos dependía de las condiciones en que se había producido su concepción. Sus circunstancias familiares, las probabilidades de acceder a la legitimación y de recibir herencias variaban, dependiendo de si eran hijos naturales o de «padres descon ocidos». Los n atu rales presum iblem ente eran los hijos de madres solteras y de padres ausentes de la vida de las m ujeres, o au sen tes en el m om en to de la cerem onia, pero m aridos perm an en tes o transitorios. Los hijos de «padres no conocidos», hacían referencia a casos en que uno o los dos progenitores estaban unidos en matrimonio con personas diferentes y eran conducidos a la pila bautismal por allegados o padrinos. La diferencia entre estas m odalidades de ilegítim os es de alcan ces reveladores del en tram ado social santafereño. Los hijos naturales, al parecer, conformaban la prole de una población mestiza que vivía en uniones permanentes o en hogares liderados por mujeres solas. Por lo general estas fam ilias eran mayoría en sectores de honda raigambre plebeya pero también abundaban en el vecindario de la Catedral en donde diversas
Dos propósitos animan este ensayo. Por un lado, exam in ar algu n os asp ecto s de la cultura popular— mestiza—que ponen en evidencia los altos índices de concubinato, tales como la filiación ilegítima de la gran mayoría de niños nacidos a finales del siglo XVIII, y la proliferación de la modalidad de hogares con jefatura femenina. Por otro lado, explicar los orígenes culturales y sociales de esa alternativa de organización familiar.
LA FILIACIÓN ILEGÍTIMA MESTIZA A simple vista los niños ilegítimos constituían un grupo con características precisas: eran los hijos nacidos fuera del matrimonio y a quienes el gobierno colonial colocaba al margen de los beneficios legales y sociales otorgados a los niños
CUADRO 1 MATRIMONIOS DE LA CATEDRAL POR GRUPO RACIAL 1775-1799
Raza Blancos Indios Esclavos Mestizos Mulatos Total
65-9 75.6 0.8
16.0 3.8 3.8 100
70-4 78.4 13.0 5.3 1.0 2.2 100
75-9 83.5 8.3 4.8 1.3
80-4 82.8 8.6
6.3
2.2
0.8 1.6
100
100
85-9 69.4 5.4 25.3
90-4 72.6 11.1
16.2
95-9 81.9 5.9 12.3
-
-
-
-
-
-
100
100
Fuente: Archivo parroquial de la Catedral. Libros de matrimonios, 1765-1800.
100
No. 998 104 157 11
17 1287
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Serie Los Amantes (1984-1997)
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clases sociales com partían el m ism o espacio habitacional. Eran los hijos del pueblo, aceptados y reconocidos por la comunidad barrial en donde tran scu rría su vida. Los h ijo s de «padres desconocidos» eran el fruto ilícito de relaciones interétnicas. Su lugar en el mundo era incierto y el ocultamiento su destino. Su filiación parental se silen ciaba en el acta b a u tism a l y era reemplazada por la dádiva filial de una madrina misericordiosa.
En el vertiginoso mestizaje de los seis últimos decenios de la C olon ia dos hechos son reveladores: el incremento notable de hijos naturales y la gradual disminución de los hijos de «padres desconocidos,» lo que condujo a una ganancia en identidad personal y social de los grupos de mezcla. Los cuadros 2, 3 y 4 reflejan estos procesos. Los datos corresponden a las parroquias de las Nieves y la Catedral, las más populosas de Santafé, y que en su conjunto
CUADRO 2
CUADRO 3
DISTRIBUCIÓN PORCENTUAL DE MESTIZOS BAUTIZADOS. FILIACIÓN ILEGITIMA. LA CATEDRAL 1750-99
DISTRIBUCIÓN PORCENTUAL DE HIJOS ILEGÍTIMOS POBLACIÓN MESTIZA DE LAS NIEVES, 1750-95
Años
50-54 55-59 60-64 65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95-99 Total
Legítimo Ilegítimos Natural Padres Descono
36.2 48 37.2 39.7 32.2 34.3 27.7 26.3 17.5 23.6
51.4 21.2
32.6 23 55.2 57.5 61.9 69.4 78.3 71.6
99.8 26.7 31.6 37
NO. Exposit. Sub -Total
2.5
63.1 52 64.7 60.3 67.7 65.4 71.6 72.6 80.3 75.6
1.1
10.6
0.5 0.3 1.9
6.8
1.1
9.4 2.7 1.5
0.3 0.7 0.5
2.2
1.8
Años
Legiti mados
Desc.
-
516 477 626 940
-
1101
0.3
792
0.8
668
0.9
581 188 225 6114
-
2.1
0.9
Ilegítimos Legítimos Natural Padres Expós. Sub-Total No.
50-54 55-59 60-64 65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 Total
40 29.3 37.8 46.8 56.3 50 47 22.4 24.7
53.8 67.2 59.5 50 42.9 48.2 46.5 74.2 73.7
3.1 2.9 2.7
3.1
1.2 0.8
1.3
0.6
1.3 1.3
0.6
5.2 1.9 0.9
1.6 0.8
60.0 70.7 62.2 52.5 43.7 50.0 53.0 77.7 75.3
106 167 185 160 119 158 151 259 515 1874
Fuente: Archivo Parroquial de las Nieves. Libros de bautismos de mestizos, mulatos, indios y negros, 1750-95.
Fuente: Archivo Parroquial de la Catedral. Libros de bautismos de mestizos, mulatos, indios y negros, 1750-99
CUADRO 4 DISTRIBUCIÓN PORCENTUAL MESTIZOS ILEGÍTIMOS LAS NIEVES (1750-95) Y LA CATEDRAL (1750-99)
Barrio Las Nieves La Catedral
Naturale 57.3 52.2
Padre Desc.
Total
2.1
59.4 66.3
14.1
CUADRO 5 DISTRIBUCIÓN PORCENTUAL DE BLANCOS ILEGÍTIMOS LAS NIEVES (1750-95) Y LA CATEDRAL 11750-99)
Barrio Las Nieves La Catedral
Naturales
Padre Desc.
Total
37.1 13
3.5 8.3
40.9 21.5
constituían el 73.5 por ciento de la población total de la ciudad a finales del siglo XVIII. El contraste entre los volúmenes de hijos ilegítimos entre los blancos y los mestizos se revela claramente en el cuadro 5.
LOS DOMICILIOS CON JEFATURA FEMENINA Los hogares nucleares uniparentales con prole ilegítima eran una modalidad importante de la organización familiar en Santafé. La proporción de mujeres jefas de hogar era del 48 por ciento, cifra considerable y superior a la que se ha encontrado para otras ciudades coloniales de finales del siglo XVIII2. Aunque había mujeres cabezas de familia en todos los rincones de la ciudad, la jefatura femenina estaba relacionada con el status socioeconómico y con la raza. Por lo general eran las mujeres de las castas y las indias las que aparecían como únicas sostenes de su familia. Una buena proporción de éstas mujeres vivían en cuartos insalubres de reducido tamaño, localizados en los pisos inferiores de las casonas santafereñas. Estas viviendas carecían de servicios sanitarios, de iluminación y de ventilación. Los dom icilios m atrifocales poseían ciertas peculiaridades que los distinguían de aquellos en donde el jefe de familia era un varón. La mayoría de las jefas de hogar eran mujeres pobres que vivían seguram ente en las fron teras de la subsistencia. El tam año promedio de estos (incluyendo hijos, parientes cercanos y sirvientes)
era menor que los encabezados por hombres, lo cual se explica primero, por la precariedad económica de mujeres que tenían las tareas de la producción y la reproducción en form a simultánea y en condiciones de mayor dificultad que los varones. Segundo, por las mayores tasas de mortalidad infantil entre sectores que carecían de condiciones mínimas de servicios sanitarios y médicos. La tercera razón hace referencia a la condición de soltería de muchas jefas de hogar o a la transitoriedad de sus uniones. Finalmente, el escaso número de hijos en hogares uniparentales reflejaba la salida de estos niños a otros hogares de artesanos con la finalidad de aprender un arte, o a casas de familias acomodadas para ejercer el oficio de sirvientes. No era pues la fam ilia extendida de origen m on ogám ico y de au to rid ad p atern a, la modalidad de domicilio más característico de la ciudad. La familia nuclear prevalecía y además ésta estaba fuertemente marcada por la diferencia genérica de los jefes de hogar, privilegiando a las mujeres como ejes en torno de los cuales giraba la vida familiar. Este será el rasgo distintivo de la estructura familiar santafereña en el ocaso de la colonia cuyos orígenes es necesario establecer.
EL DESBALANCE DE LOS SEXOS En Santafé predominaron las mujeres en la composición poblacional. Los recuentos censales desde 1779 ponen en evidencia este hecho. Había más mujeres que hombres en todos los grupos
2Estudios para algunas ciudades de América Latina encuentran la alta proporción de mujeres que dirigían su propia unidad doméstica. Silvia Marina Arrom encuentra por ejemplo que las mujeres jefas de hogar constituían un tercio del total de hogares en la ciudad de México en 1811. En Las mujeres de la dudad de México. 1790-1857. |México: Siglo XXI Editores, 1988), p. 161; Elizabeth Kuznesof en su estudio sobre Sao Paulo, no solo encuentra un alto porcentaje de jefatura femenina sino que evidencia su aumento cuando la economía de Sao Paulo se abre al mercado exterior. En Household Economy and Urban Development: Sao Paulo. 1765 ro 1836. (Boulder: Westview Press, 1986), pp. 153-173; Donald Ramos, estudiando la familia colonial en Vila Rica, encuentra que 45 por ciento de los hogares eran dirigidos por mujeres, buena proporción de las cuales eran madres solteras. En "Marriage and the Family in Colonial Vila Rica." En Hispanic American Historical Review 55:2 (1975), p.207; M.O. Leite Da Silva Dias, en su libro Quotldiano e Poder em Sao Paulo no sáculo XIX (Sao Paulo: Brasiliense, 1984) llega a las mismas conclusiones que E. Kuznesof, en cuanto al aumento significativo de la matrifocalidad de los hogares en Sao Paulo, en el período colonial.
raciales, como se observa en el cuadro número 6, situación que producía un notable desequilibrio entre los sexos y que traía repercusiones de diversa índole. Para el asunto que nos ocupa, el des balance sexual trajo consecuencias desventajosas para las mujeres en el «mercado matrimonial» y fomentó un clim a favorable para la proliferación de relaciones informales. La relativa escasez de varon es les confería un am p lio rango de oportunidades en sus relaciones sexuales y en la escogencia de pareja permanente. Para las mujeres el desequilibrio sexual tendría efectos contrarios. Su oportunidades de escogencia limitadas las colocaría en la situación de compartir afectos con hombres casados o con solteros renuentes a la monogamia. La vida familiar también se afectaba por la escasez de figuras masculinas permanentes. Cómo se explica este desequilibrio numérico de los se x o s¿ La diferencia en el crecim iento vegetativo (diferencia entre nacim ientos y defunciones) no sería la razón ya que aunque la proporción mayor de mujeres es normal en todos los grupos de edad—debido a la mortalidad
CUADRO 6 DISTRIBUCIÓN DE LOS HABITANTES DE SANTAFE, DE ACUERDO CON LA RAZA Y EL SEXO CENSO DE 1779
Raza Blancos Libres Indios Esclavos Total
Hombres Núm. Porc. 3046 40.6 2111 37.8 498 32.5 219 30.6 5874 38.3
Mujeres IMúm. Porc. 4455 3470 1031 496 9452
59.3 62.2 67.5 69.4 61.6
IMúm. 7501 5581 1529 715 15326
Fuente: Archivo General de la Nación. Santafé, Padrón de 1779 (Censos: Fondo Enrique Ortega Rícaurte.l Caja 37 p.38 Notas: Se excluyen los miembros del estado eclesiástico y los de las ordenes mendicantes, colegios y hospicios.
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diferencial por sexo- un desbalance tan notable no se puede explicar sino por el efecto de una migración desproporcionada de mujeres a la ciudad. En efecto, Santafé fue el refugio de migrantes que provenían de la Sabana y de lugares más distantes. Un alto número de migrantes estaba constituido por mujeres que se movilizaban a la ciudad más por efectos de la expulsión rural que por la ampliación de la oferta de empleo femenino en el sector productivo urbano, y que por lo tanto, se refugiaban en el servicio doméstico, en casas de familias pudientes del centro de la ciudad, como agregadas o sirvientas en casas de parientes o paisanos. Los censos de Forasteros de 1801 y 1809, que se hicieron con la finalidad de expulsar de la ciudad a los vagos y «mal entretenidos» proveen rica información sobre las gentes que se habían establecid o en S an tafé en épocas anteriores a 1801. Los alcaldes de barrio visitaron cada una de las casas, de las tiendas y bohíos de su jurisdicción y establecieron el nombre, sexo, lugar de procedencia y razones de estadía en la ciudad de los forasteros. En el conocido barrio de las Nieves, por ejemplo, el 64 por ciento de los forasteros lo conformaban mujeres. La mayoría de ellas eran solteras, pero también habían casadas, separadas y viudas. Es interesante señalar que las mujeres que declararon ser viudas habían migrado a la ciudad con sus maridos y allí habían enviudado. Muchas mujeres habían sido traídas por doñas y curas para ser enroladas en el servicio doméstico, pero la mayoría «vino sin destino,» según lo observaban los alcaldes que elaboraron los censos. Los hombres constituían el 36 por ciento de los forasteros. Estos, como la mayoría de las mujeres, llegaron solteros a la ciudad, pero, a diferencia de éstas, declaraban un oficio. La migración rural-urbana en buena medida explica la peculiaridad dem ográfica de la ciudad, consistente en la abundancia de mujeres en todos los grupos raciales y sociales.
El desbalance sexual afectaba la form ación familiar de diferente manera dependiendo de la raza y de la posición social de las mujeres. Para las blancas de los sectores de notables, la escasez de hombres adecuados para el matrimonio las convertía en solteronas activas en el cuidado de sus herencias y de sus propiedades urbanas. En efecto, las mujeres de la élite santafereña que nunca se casaron y que a la hora de morir dejaban sus bienes terrenales para que los disfrutaran los curas y las comunidades religiosas, constituyeron una considerable cantidad.3 Las mujeres mestizas, la población más numerosa y de m ayor movilidad dentro de la ciudad, abordaban la escasez de parejos potenciales, a menudo a través de relaciones informales, la dirección de sus propios hogares y el sosteni miento de su prole. Las esclavas, más afectadas por el desbalance sexual que las blancas y mestizas y constreñidas por su condición de dependencia, tenían pocas opciones de construir hogares propios y prole legítima. Las indígenas eran en su gran mayoría mujeres migrantes que se vinculaban al servicio d om éstico, actividad que d ism in u ía sus oportunidades de construir familias conforme a las normas de sus comunidades de origen.
LAS MESTIZAS Y LOS DISCURSOS SOBRE LA MORAL SEXUAL Pero la abundancia de mujeres en la composición dem ográfica no explica suficientem en te la proclividad hacia el concubinato y el amance bam iento. La sobrepoblación de m ujeres
con tribu yó en el siglo XV III a acen tu ar costumbres, valores, lenguajes e imaginarios sexuales y formas de organización familiar que se fueron inventando desde los tiempos de la conquista y que se nutrieron de elem entos provenientes de corrientes culturales americanas, europeas y africanas, en un proceso constante de confrontación y negociación. Pero de todas m an eras, el siglo XV III es una ven tan a privilegiada de observación en varios sentidos. Por un lado, en esa época se afinó el discurso patriarcal sobre la m oral sexual de los sú b d ito s neogranadinos con el afianzamiento político de los borbones en la nueva capital virreinal. El nuevo gobierno centralizado en Santafé y dirigido por hom bres interesados en controlar cada aspecto de la vida urbana, crea un ambiente propicio para que aspectos de la vida privada tales como la sexualidad, la escogencia de pareja y las discrepancias matrim oniales cayeran bajo la disciplina del estado. Por otro lado, la puesta en escena de dispositivos de vigilancia tales como el control a los forasteros, población «vaga y flotante,» la expulsión de mujeres migrantes, «mujeres que en la patria serían fecundas madres de familias honradas [pero que] recurren en tropas a Santafé, para vivir del desorden y la prostitución,»4 y la orden de que en términos perentorios se reconciliaran los matrimonios que por diversas circunstancias estuviesen separados,5 chocaban con una realidad de cambio dem o gráfico pero de persistencia en hábitos sociales que desbordaban el discurso formal. Sobre la permanencia de las costumbres de apareamiento de los sectores mestizos en constante proceso de tensión con la normas patriarcales, me ocuparé enseguida.
3Para el efecto consúltese al Archivo General de la Nación, los Fondos de Testamentarias v Notarías. ’ Archivo General de la Nación. Colonia, Policía. Vol. 11, Registro de Forasteros, 1801, fols. 242-268; vol. 6, «Proyecto de Registro de Forasteros,» 1809, fols. 315-317; vol. 8, «Empadronamiento a Forasteros en Santafé,» 1809, fols. 122-134.
EL CONCUBINATO: UN PEDRUSCO EN LA ZAPATILLA D EL VIRREY Las relacion es am o ro sas ilícita s fueron sim ultáneas con los procesos de conquista. Inicialm ente, la restricción de los am ance bamientos entre blancos e indias fue responsa bilidad de misioneros y con la penetración de las instituciones eclesiásticas dentro del tejido social que se inventaba, la prédica en contra de las relaciones informales fue configurándose como discurso dominante. En el área de las relaciones entre los sexos, sin embargo, la prédica no parece haber dado los resu ltad o s esperados, y el concubinato en sus diversas modalidades fue configurándose como la práctica de formación de fam ilia m ás generalizada, sobre todo en relaciones heterosexuales interraciales. El discurso moralista de los clérigos se reforzó en el siglo XVIII, cuando los vientos de reforma introdu cidos por los borbones hicieron su arribo a Santafé. Los oficiales ilustrados a la cabeza de los cuales se encontraba el Virrey Antonio Caballero y Góngora, abordaron las reformas a partir de una representación profundamente negativa de las clases subalternas, a las que culpaban de su pobreza, de su degradación moral, de sus vicios y de su inclinación a la holgazanería y vagancia. Las descripciones de la descomposición moral de la plebe era el tema m ás trajinado entre los ilustrados criollos y europeos— m andatarios, sacerdotes, e intelectuales—Los periódicos locales dan cuenta del desorden de la ciudad: Ya estamos en medio de Santafé: pero ahí que objetos de horror y desolación es el que se presenta a nuestra vistal Yo veo una gran población compuesta de una desordenada multitud de ridiculas y despreciables chozas, tan semejantes en la ruindad de los materiales y en la ruindad de los que las habitan, quanto desiguales
enteramente en su construcción. Parece que la ignorancia, el mal gusto y la bajeza de ánimo se congregaron a ser los directores de este monumento de la ignominia. Qué aspereza, qué ignominia de callesl...impetuoso torrente de mucuras o tiestos en que se deposita el ruin licor con que la plebe, adoradora del infame Baco le hace libaciones...[qomo es [de] insufrible ver atados a las puertas y alares de las casas un crecido número de bestias defendidas del sol y del agua, mientras que los racionales se ven obligados a exponerse por esa causa a su inclemencia...6
Las mujeres «sueltas,» particularmente aquellas que se dedicaban a la producción y expendio de chicha, fueron el blanco favorito de las políticas de moralización. No resulta casual que este trab ajo aso ciad o con m ujeres m e stizas y plebeyas, sin com pañero permanente, en la mayoría de los casos, fueran el objeto de los frecuentes ataques de los alcaldes de barrio: No se pueden ver sin dolor los estragos que a la saludy a las buenas costumbres causan el excesivo número de chicherías que hay en la ciudad y sus inmediaciones. Por todas partes se encuentran puestos en donde se vende la chicha por unas mujeres abandonadas, que tienen en su compañía otras de igual clasey son unos verdaderos burdeles donde se fomenta la prostitución y holgazanería.-.receptáculos de todas clases de gentes perdidas y origen de los escándalos y corrupciones de costumbres que se advierte en la plebe, los forasteros, vagantes y mal entretenidos de que abunda esta capital, no tendrán este abrigo donde ocultarse y esconderse de noche como lo hacen.»7
Es necesario establecer que los discursos reduc cionistas de los clérigos en el sentido de satanizar a los individuos que no accedían al rito religioso y dar imágenes descarnadas de disolución social
6Papel Periódico de la ciudad de Santafé de Bogotá. Viernes 22 de Abril de 1791. |Bogotá: Edición conmemorativa del segundo centenario del la Biblioteca Nacional de Colombia. Banco de la República, 1978), p. 82. 'Archivo General de la Nación. Colonia. Milicias v Marina, vol. 137, fols. 1-4.
de aquellos que se dedicaban al 'comercio carnal’, no hacen justicia al proceso de formación gradual de espacios sexuales y familiares legitimados por una sociedad m estiza en pleno proceso de construcción, que vive en relaciones de tensión, de acercamiento y separación con los sectores de notables. Estos últimos, partícipes de una cultura dominante que incorpora los principios sobre matrimonio emanados del Concilio de Trento y que se benefician del fácil acceso a mujeres de las «razas oscuras.» La docum en tación sobre ju icios civiles y criminales del Archivo General de la Nación, que en su gran mayoría se refieren a la criminalidad popular, da la oportunidad de hacer una lectura diferente de la cultura plebeya. En lo que hace referencia a las prácticas matrimoniales por ejemplo éstas reflejan la sujeción a las normas y hábitos de la comunidad local que establece obligaciones, gratificaciones y sanciones cuando se transgreden los acuerdos. Se observan de la misma manera, transacciones con la cultura dom inante y acomodación de conceptos tales como los del honor y la virginidad, pero recontextualizados dentro de fronteras culturales propias. Así por ejemplo, la «promesa de matrimonio,» institución de raigambre romana, expresaba el consentimiento mutuo—consensus facit nuptias (el consentimiento hace la boda) de hombre y mujer para convertirse en pareja y con esto se contraían obligaciones contractuales legales, se daba inicio a la cohabitación y la m ujer se trasladaba a la casa del marido para comenzar una familia. La terminación de una relación ocurría cuando el consentimiento entre la pareja se acababa, sin recurrir a las au to rid ad es virreinales. Entre la población plebeya de Santafé,
el convenio amoroso privado era la vía usada para dar inicio a relaciones sexuales y de convivencia.8 El C oncilio de Trento (1545-63) colocó la ceremonia de la promesa matrimonial en un segundo lugar al privilegiar el rito in facie S.M. Ecclesiae (ante la Santa Madre Iglesia) oficiado por un sacerdote. Con estas nuevas disposiciones, la iglesia se reservaba el poder de sujetar las prácticas sexuales y la cohabitación al acto sacramental. El consentimiento, como expresión de la voluntad de las parejas persistió, pero, como lo señala R am ón G utiérrez, El C on cilio Tridentino le daba al sacramento matrimonial una legalidad m ás precisa para «reducir las posibilidades de im pugnar su v alid ez.»9 La importancia de la 'promesa de matrimonio' sin embargo persistió entre los sectores populares como acción válida para la formación de la pareja y el comienzo de la familia. Si para la iglesia esas uniones quedaban si validez, éstas seguían teniendo el respaldo de la comunidad local quien a través de su aprobación, legitimaba a la pareja ante el grupo. El control de la comunidad local sobre las acciones de sus miembros en sus decisiones matrimoniales entraba en conflicto con los mandatos de la iglesia y el estado colonial. El concubinato, que a juicio de los árbitros oficiales era un 'ayuntamiento carnal ilícito’, tenía el carácter de unión válida para la sociedad plebeya. La autonomía de la comunidad local en el control de sus gentes sería, sin embargo, un tema de discusión. Gutiérrez hace una pregunta muy relevante para el asunto que tratamos. Qué pasaba cuando una promesa matrimonial se rompía¿ Eran los aparatos del estado colonial los que en últim a instancia dirimían los conflictos de la vida social, pero como las promesas personales no tenían validez legal
8Ramón A. Gutiérrez, Cuando Jesús llegó, las madres riel maíz se ftieron. Matrimonio, sexualidad v poder en Nuevo México. 1500-1846. (México: Fondo de Cultura Económica, 19930), pp.315-6.
ni para la iglesia ni para el estado, los funcionarios no intervenían como árbitros en las disputas. Sólo cuando las conflictos se salían del campo de los espacios privados y se convertían en problemas de orden público, había intervención del aparato represor estatal. La evidencia abrumadora sobre uniones que no se formalizaron permite decir que la costumbre de la palabra de casamiento siguió siendo válida para el inicio de la familia. Acogerse al patrón normativo del matrimonio católico no resultaba viable para la mayoría de la población. Los altos costos de la ceremonia nupcial, y las responsabilidades sociales que implicaba un matrimonio formal estaban fuera del alcance de una sociedad de artesanos y jornaleros empobrecidos. Para estos era suficiente la palabra dada que reemplazaba a la ceremonia nupcial. Sin em bargo estos acuerdos m atrim oniales colocaban a las mujeres en situaciones de mucha vulnerabilidad y de desprotección legal. Solía ocurrir que cuando los hombres, atados a sus mujeres por promesas sin término perentorio de cumplimiento, se cansaban de sus obligaciones m aritales o entraban en relaciones am orosas con otra, simplemente abandonaban hijos y esposa y se marchaban a iniciar una nueva liason. La abun dancia de mujeres en la ciudad, el fácil acceso de los varones a una población femenina constituida por migrantes facilitaba la transitoriedad de las uniones. En estas situaciones la acción del estado y de la iglesia era limitada. Los casos de abandono que ocupaban a las cortes eran los de matrimonios legítimos. Solo en ocasiones en que el conflicto traía consigo una riña entre la nueva mujer y la aban donada o entre ésta y su marido, la justicia hacía presencia, y es en el curso del proceso que sale a la luz la promesa rota, la infidelidad del compañero, la traición y la inminencia de la pobreza total de la mujer abandonada. 10
También, la movilización de «tropas de mujeres» solas, sin apoyo familiar, lejos de su comunidades de origen y de sus hombres guardianes era un pedrusco en la zapatilla del virrey. Las mestizas no se adecuaban al ideal de feminidad del modelo patriarcal santafereño, cuyos códigos de honor requerían la protección permanente de las muje res y su aislamiento en espacios debida-mente supervisados; la modestia, el recogimiento y el alejamiento de circunstancias que llevaran al chisme. Las presiones de la supervivencia coloca ban a las plebeyas en una posición incierta y vulnerable respecto a las normas de feminidad y vergüenza de la tradición hispánica. Como lo señala Steve Stern para el caso mexicano, entre las plebeyas resistirse a consentir en relaciones premaritales podía ser una mala decisión, ya que las vicisitudes económicas de la pobrecía no garantizaban la consecución de los recursos necesarios para la cristalización de las bodas, y en cambio se corría el riesgo de destruir un arreglo amoroso potencialmente feliz.10 En este ensayo se ha buscado explorar el mundo cotidiano de las mujeres mestizas y de sus opciones matrimoniales, en el complicado espacio urbano de Santafé. El período que se escogió, la finalización de la colonia, resulta de particular importancia. En él convergen en su afán de moralizar las costumbres familiares, la iglesia colonial y el estado borbónico interesados en controlar cada aspecto de la vida urbana. Se ha señalado la gradual definición de dos ám bitos sexuales: el espacio de lo lícito, del matrimonio consagrado y de la prole legítima, y el de lo ilícito, el de las uniones informales y de los hijos naturales; ambos sostenidos por hábitos, lenguajes e imaginarios diversos. Por último se ha tratado de arrojar alguna luz sobre el peso del patriarcalismo sobre las mestizas estigmatizadas por no acomodarse a la ley del padre.
Steve Stern, The Secret History of Gender. Women. Men and Power In Late Colonial Mexico. (The University of North Carolina Press. 1995), p. 270.
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DEL AMOR Y EL DESAMOR La sublimación del sexismo, es decir, la aprobación y legitimación de la discriminación por sexo, se logró constru-
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deseable de perfección, como un estado grandioso y bondadoso. Así, se enmascaró otra forma de represión, negadora de la equidad y basada en una mentalidad sacrificial que se opuso a la secularización. Superar lo “natural” y alcanzar el progreso “espiritual” a costa del deseo y el placer, fue una forma de pensar en boga durante las últimas MARIA DEL ROSARIO ROMERO décadas del siglo XIX; sus rastros en Santander, se otean en las CONTRERAS_________________ páginas que siguen. Historiadora. Educadora Sexual. Centro de Documentación y Estudios en La forma de pensar guía la form a de com portarse y Directora Sexualidad y Género, Fundación Mujery Futuro, relacionarse. A su vez, los com p o rtam ien to s que se van Bucaramanga. convirtiendo en hábitos sociales retroalimentan la mentalidad. En el terreno de (Argum entos rom ánticos para asegurar los afecto s el moldea- el servilism o y la subordinación de la miento social-cultural del m ujer en el am or y el m atrim onio. pensamiento encauza las vivencias de éstos según los Santander, siglo X IX )1 ideales vigentes. Existe un moldeamiento emanado de las instituciones cuyo carácter oficial e impositivo crea resistencia y conductas subversivas del orden requerido. Otros mecanismos culturales más informales y difusos como la literatura, los dichos, canciones y creencias populares, entre otros, no sólo son reflejo de la mentalidad vigente, sino que actúan como dispositivos más eficaces que los primeros para socializar colectivamente, sin generar demasiada oposición, por cuanto utilizan la lúdica y no la norma, al tiempo que tocan niveles subconscientes sin pedir mucho esfuerzo a la razón, apelando más bien a las fibras de la sensibilidad. El pensar- sentir en el siglo 1Tercer capítulo de la Tesis de Grado "Violación, Devoción y Amor", Escuela de Historia, Universidad Industrial de Santander, 1996.
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pasado con respecto al amor, el desamor y sus relaciones con los roles masculino y femenino, y con el m atrim onio, indudablem ente estuvo influido por instituciones como la ley eclesiástica y civil, pero también por los mensajes no inten cionales presentes en los medios de comunicación de la época, como los libros y los periódicos.
EL AM OR Para la élite santandereana que empezó desde mediados de siglo a consumir bienes importados, cambiando de hábitos en el vestir, en el comer, en el amoblar, en el comportamiento social y en la forma de pensar, también se dio apertura a otras formas de amar. En un momento económico en el cual los objetos daban prestigio, el ser amado se objetivó también y se lució como los pianos o la fina mercería. El romanticismo fabricado por los varones, idealizador de su objeto de amor -la mujer-, soñó para ella adornos y virtudes que podrían aumentarle la riqueza y prestancia como apren diz de c ap italista . A sí m ism o deseó obsesivamente la propiedad privada de tal objeto y su usufructo, cayendo en la paradoja de matar el amor o morir de amor: "Este es el abismo que separa al amor del siglo XVI del amor del siglo XIX. El primero vivía oculta y vergonzosamente la pasión amorosa fuera del matrimonio; el segundo trata de realizar el amor en el matrimonio por un cálculo valorativo, pero desnaturaliza y mata la pasión. Ya no amará con apasionado deseo, sino con el cerebro, imaginando, construyendo, edificando, y realiza la escisión entre el amor y la pasión natural que lo sustenta. Antinomia que se dibuja ya entre la imaginación creadora de la burguesía comercial, ansiosa de cristalizaciones perfectas del ser amado.
y la imaginación estimativa del capitalista industrial que adorna y reviste de bondades y bellezas apetecibles al objeto amoroso, para que resplandezca y brille como un valor más cotizado y deseable en el mercado mundial de haciendasy productos" (GURMENDEZ, 1991,p.185).
La voz de los comerciantes bumangueses de hace un siglo, con imaginación tanto creadora como estimativa, se expresó, entre otros, mediante el periódico “El Posta”2. Aunque leer y escribir era todavía un privilegio para la segunda mitad del X IX , pese a las buenas intenciones de los gobiernos liberales y su plan de estudios, las ideas difundidas por las letras de molde de éste y de otros periódicos y libros, llegaron al público masculino y femenino de la élite y seguramente también a ciertos hombres del artesanado y a algunas mujeres alfabetas del pueblo. Esta publicación quincenal (a veces semanal), era de propiedad de Aquileo Mendoza y se había fun dado en 1893 con el fin de divulgar propaganda de artículos y servicios comerciales, pero incluía comentarios de noticias regionales, nacionales e internacionales, lo m ism o que “Variedades” como poemas, consejos, coplas, condolencias y felicitaciones, así como algunos artículos con temas sobre el matrimonio, los roles masculino y femenino, el noviazgo y otros. Esta fuente de socialización informal permite vislumbrar qué se pensaba sobre el amor, cuáles eran las expectativas sobre la mujer amada, cómo se interpretaba el sentimiento del desamor, de qué manera se relacionaba amor, erotismo y muerte y cómo se concebía el “deber ser” del amor en el matrimonio, en el microespacio santandereano. Este periódico recicló ideologías venidas de Europa y el Nuevo Continente como Estados
2 Para el presente estudio se consultaron los 56 números hallados en el CDHR. correspondientes a 1893, 1894 y 1895.
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Unidos y algunos países de Centroam érica,3 interpretándolas y acomodándolas con el ingenio regional, pero tam bién presentando piezas literarias nacionales y del terruño. En su sección de “Variedades” este periódico local retom ó im ágenes del am or rom án tico predominantes en la época, vertidas en poemas como el siguiente: "DEFINICIONES DEL AMOR. Un poeta: / Es esperanza y desvelo,/ torpe afán y dulce calma:/ Es un sol que alumbra el alma/ con resplandores del cielo./ Resumen de nuestra historia/ en el corazón anida; / su fuego nos da la vida,/ su aliento nos da la gloria./ Amor hace al débil fuerte/ y al fuerte lo hace temblar./ Morirse es dejar de amarl.... Un matemático: Amor es nada y es todo; cálculo diferencial:/ Problema que cada cual/ se lo resuelve a su modo./ De su valor verdadero/ la cantidad no se ha escrito,/ amor es el infinito./ Cero partido por cerol Un cómico: Mi opinión es muy sabida:/ Yo sostengo que el amor/ es siempre el primer actor/ de los dramas de la vida./ Y sin estudio profundo,/ se ve que el amor hermoso/ hace también de gracioso/ en los sainetes del mundo./ Con mérito singular/ los dos géneros promedia. Amor es una comedia/ que hacer reir y llorarl/ ..Una coqueta: No me hizo sentir jamás/ ni hay temor de que me inquiete,/ el amor es eljuguete que a mí me divierte más./ Ni turba mis alegrías/ ni mitiga mi dolor. / El amor es una flor/ que cambio todos los días"4
El tema del amor fue una veta de interés para “El Posta”. En los versos transcritos anteriormente, firmados por J. Jackson Veyan, se puede ver una c o n stan te de la m en talid ad sobre este sentimiento, percibido como ambivalente, con sus polos entre la vida y la muerte, la felicidad y el dolor, el instante y la eternidad, la virtud y el pecado, confundidos en un misterio ineludible e inextricable. A porta adem ás otro elem ento repetido de muchas maneras en los diferentes escritos analizados: la mujer como culpable, por ingenuidad o por futileza, de un manejo del afecto, tan irresponsable com o falto de libertad. En el tran scu rso de la reflexión sobre los m ateriales encontrados se nota con m ayor claridad que el varón era considerado como sujeto que sentía amor, elegía a su amada, sentía el desdén. Ella, el objeto de amor o fría cosa que no siente, apenas juega, es elegida y debe esforzarse por ser amable; ella realmente no ama: sirve. Desde la perspectiva de género, la lectura del amor se bifurca en expectativas y demandas diferentes para las mujeres y los varones. Ellos perfilan el ideal espiritual y físico de ellas, sueñan el hábitat para el amor, lloran, tem en y an sian el enam oram iento, se burlan del m atrim onio (anhelado por ellas), piden la pasión y contra dicen los primeros cantos del feminismo. La pluma femenina está ausente, sólo muy escasos escritos son de mujeres. El pensam iento del llamado “bello sexo” es supuesto o interpretado a través del prisma patriarcal5.
3 El Posta publica envíos de otros periódicos como "La Nación", "El exportador americano", la "Estrella de Panamá", el "Gaulois", "Las Novedades" de Panamá, "La Nueva Era" de Guatemala, "La revista de Mercado" de Minios Breuer, "el Anotador", "el Fonógrafo", "El Tiempo Ilustrado" de México, "El Promotor", “El Correo de Carúpano"; unos den periódicos tienen canje con él. ' El Posta , Serie IV No. 51.Agosto 10,. 1895. Sobre los conceptos amor-sentimiento, reproducción, amor-sensualidad en el XIX ver ARIES, 1972 (1960), p.348. 5 Por ejemplo, el poeta mexicano Juan de Dios Peza, en su poema de 1.880, "Su última carta", asume la voz de una mujer, describiendo su pasión por un hombre: "Vén; ya te espero apasionada y loca; busca el caliente mármol de mi seno,/junta después tu boca con mi boca,/ y a ver si así me salvo o me condeno."/ El Posta, Serie IV No. 56, Sep. 28 de 1895.
Los ojos, corazones y mentes que bebían de esta fuente por su lectura directa o por una lectura indirecta, a través de los comentarios de los que sí leían, captaban imágenes estereotipadas del amor pues los poetas extranjeros de moda y los bardos de la tierra expresaban sus debates internos en torno a la contradicción inherente al amor burgués, anhelado e imposible, a la mujer deseada y temida, a la relación sexual mística y pecaminosa, en fin , a la insondable ruptura que no permite el acercamiento: “Yo quisiera salvar esa distancia /ese abismo fatal que nos divide/ y embriagarme de amor con la fragancia /mística y pura que tu ser despide./”6. El habitat soñado para el amor por los poetas de hace un siglo, era la naturaleza, el paisaje campestre. La mujer hacía parte de ese paisaje que el hombre deseaba para su solaz. El poema de Riva Palacio “Idilio", así lo describe: “Una casita sobre una alfombra/ de blancas flores y verde grama/ donde recuestan su fresca sombra/ los arrayanes y la retama.” El cuadro bucólico se completa con el “arroyito p u ro ” y con la m ención de an im ales que simbolizan la pureza, la inocencia, la belleza y la alegría de la domesticidad: las “blancas ovejas”, el arrullo de las palomas, la golondrina en el alero y las m ariposas. La amada, entendida en su identidad con lo natural, tendida en el lecho de musgo, oye la trova del amado, lo cultural, y, como corresponde a su papel, con tim idez, mientras él le expresa su “amor ardiente”, ella “temblando” besa su frente7. Esta criatura de la naturaleza era una mujer imaginada, una dama soñada. ¿Cómo debía ser
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físicamente esta “digna de amor”, esta “adorada” ¿ Los poemas cantan a la de “ojos azules, boca sonrosada, cabellera brillante como el día que resplandece en rubia llamarada”. A la de “mejilla de rosa que amanece... y tan blanca que parece que a través de su ser pasa la luna”8. Rasgos que excluían la belleza criolla, morena, negra, mestiza y de otras características peculiares.
EL AM OR Y EL DOLOR El amor, como puente de acceso del hombre hacia la mujer, es considerado por él como un peligro, y al mismo tiempo como un deseo de posesión. Es un riesgo que lo expone al dolor y una trampa que lo puede conducir a la muerte. Por ello se aconseja ir con cuidado en los terrenos de Cupido: "Si amor llama a tu puerta...por contestarle no tengas prisa/ di que se aguarde / pues si abres pronto / caerás en sus redes / sin saber cómo./ Si acaso se impacienta / como es tan loco / con calma le respondes / aguarda un poco / que la impaciencia / suele causar disgustos de trascendencia"./9
Esta literatura muestra que el amor se sintió como una fuerza ambigua causante de placer pero también de mucho dolor. Cada verso se regodea en lo trágico del amor y su fragilidad frente a la traición, la lejanía o la muerte. El Eros-Thánatos contradictorio y complementario, fue familiar a este siglo de lágrimas, guerras civiles, emigración, empobrecimiento, abandono, duelos y venganza. En la cotidianidad y su recreación, se hurgaron las heridas del amor-muerte, desde la indiferencia de la amada y su engaño, hasta su deceso.
DIAZ MIRON, Salvador. "Deseos". El Posta, Serie IV No. 55, Sept. 21, 1895. El Posta. Serie I, No. 12, Enero 27 de 1894. "Retrato", Rueda Salvador. El Posta I No. 2, OCT. 7, 1893. Poema 'A.M." de Julián María de Roa. El Posta, I.No. 17.Marzo 31,1894, p. 160.
Las “Estrofas” de Roberto de J. Díaz, enviadas desde Zapatoca, cantan sobre el primer amargo tem a: “Tú pasas por mi lado in diferen te/ ostentando de amor nueva pasión / y yo vago en el mundo solam ente /bu scan do a mi dolor resignación / ”.10
ICuán sola y nublada la vida se ve I El pecho angustiado de todo se hastía, el alma vacía desmaya en su fé... La luz de la vida se torna sombría, en tanto que el alma do el llanto no cabe, nos grita: Iquién sabe si no volverá!"13
El “Polvo del olvido”, la “cruel indiferencia”, la “amargura”, son quejas varoniles continuas. El amante deseaba poseer a la mujer objeto de su amor : “Yo quisiera que nadie te mirara,/ ni que tus frases sobre el mundo oyera,/ y que yo solo venturoso fuera / guardándote en mi propio corazón”/.11
Tanto como se temía “caer en el amor” se temía perderlo14y se consideraba una “Historia Eterna”, la inconstancia del amor: “Una noche que te vi/ no recuerdo dónde fue/ me miraste, te miré/ sonreiste y sonreí./ De entonces pensaste en mí/ en tí de entonces pensé;/ luego me amaste y te amé/ ambos con pasión no escasa,/ pero como todo pasa/ me olvidaste y te olvidé./”15
Pero “la in grata” se dem ora en responder, apagando el amor: "Quise abrazarla en el fuego/ de mi ardiente corazón:/ Icon una helada sonrisa/ la insensible lo apagól/ Quise después con mis lágrimas/ demostrarle mi dolor:/! Con carcajadas el llanto/ de mis ojos recibiól/ Luego quise aborrecerla:/ lya tarde para los dosl/Ella, enamorada y triste,/ por vencer mi desamor,/ vino hacia mi suplicante.../ cuando no tenía yo, ni lágrimas en los ojos,/ ni fuego en el corazón. I"'2
O tiene que alejarse dejando al amado sumido en soledad: "Qué triste es la ausencia de un alma adorada.
Para la mujer se perfilaban varias situaciones en este aspecto: estaba la que rechaza y traiciona al amante, jugando con él o siéndole indiferente; también la que espera en la ventana el asomo de su amado o “llorosa da su adiós desde la playa/ al que ya lejos, muy lejos de la ribera se aparta” 16. Este arquetipo es frecuente: él se va, ella se queda con la duda, con la inseguridad, aguardando a veces inútilmente: “?Volverá¿ Nadie lo sabe.../ ¿Se olvidarán^ Frescas flores/ de afectos que esconde el alma,/ mueren al helado soplo / del tiempo y de la distancia./”17 Pero también se insinuaron papeles femeninos nuevos. Como una singularidad encontramos publicado el cuento “Por seguir a su novia”, en el
10El Posta.Serie I, No.3, Oct. 21 , 1893, p. 31. ' 1 Poema 'Horas de Pasión" de Juan de Dios Peza. El Posta, Serte IV No.51.Ag. 10,1895.En este mismo sentido los versos de Salvador Díaz Mirón "Deseo": "Yo quisiera en mí mismo confundirte,/ confundirte en mí mismo y entrañarte,/yo quisiera en perfume convertirte./ convertirte en perfume y aspirartel". El Posta.IVNo.55. Sep.21 ,1895, o el Poema "Extasis": "Que así como dos gotas de rocío/ se funden en el cáliz de la flor / fundiérase tu espíritu en el mío/ entonando sus cánticos de am or"./ (R.M.G. ,EI Posta, Serie III, No.37, Oct. 6,1894.). 12Poema "Remember" de Carlos Miranda. El Posta, IV ,No.51 Ag. 10.1895 13 Poema "ISolo I", firmado por Zaid. El Posta, IV .Enero 26,1895,p.545 14 "Esperanza, ya eres ida/ viviste vida de flor/ llore el alma entristecida/ cuando de mí se despida,/ cuando se vaya mi amorl". Ismael Enrique Arciniegas, El Posta, No.36, Sept.29, 1894, p. 317. 15 Ris, El Posta, Serte II, No.29. Julio 7,1894.p.317 '6 El Posta, Serie I, No. 18, Abril 14, 1894. 17 Ibid. "El adiós" de Carlos Sáenz Echeverría.
cual Lucrecia, una activa joven que viaja por todo el mundo ansiosa de aventura y conocimiento, contrasta con un Juan que para alcanzar su amor debe buscarla e ir tras ella18. Sin embargo, el caso anterior es una excepción y la imagen predominante es la de la mujer-pasiva y el amor-dolor. Muchos de los poemas recogidos por el periódico local analizado son parecidos al que sigue, enviado desde San Gil en 1.893 por Luis R. Palacio, con el título “Adiós”: 'Al fin llegó la hora tan temida en que el amor por el pesar deshecho con llanto inunda horrible despedida y en el fuego inflama el desgarrado pecho. Al dejar la ilusión que se deshoja mi corazón henchido de amargura el hielo siente de mortal congoja que el alma ahoga en divinal ternura. lAdiós I...Sombra inflexible del destino. ¿Por qué oscureces la fulgente llama que apacible ilumina mi camino, cuando piedad mi pena te reclama ? Y en mi alma tu recuerdo palpitante se oculta en el turbión de mis pesares, como gaviota solitaria, errante, que se esconde en las rocas de los mares. Guarda este adiós con lágrimas bañado testigo fiel de mi infinito duelo, llévalo oculto de tu amor al lado, cuando te vayas a morar al cielo".'9
EL AM OR Y LA MUERTE Así mismo, se describía al “Poeta Romántico” como un “escritor funeral”, “genio sin cena”, “cantor de tumbas y demás horrores”, asociando la imagen del amor con la de la muerte; La Parca se manifiesta cruelmente en las batallas, en las pestes y enfermedades, en las venganzas, en medio de la borrachera, en los conflictos políticos y sociales, pero también en medio del amor (JH O N SO N ,1995, p. 12 y 13). La sangre se derramaba por celos, por honor ofendido, por riñas conyugales20. La d estru cció n inherente a la m uerte, se interpretó como amenaza y castigo frente a la vanidad y los placeres “m undanos”21, o como descanso de la agresividad y discordia encontradas en “El M undo”, como lo describe en el siguiente poema Adolfo León Gómez: "Quizá dentro de poco, amada mía/ al ir alguna vez al cementerio/ acaso encontrarás la humilde tumba/ en donde duerma yo mi último sueño. / Y si piensas, al verla, en los gusanos/ voraces que andarán sobre mi cuerpo,/ no te entristezcas ni suspires: piensa/ que descansando estoy del mundo al menos./ Que si en la tumba se lo comen a uno ,/ aquí lo mismo y con mayor empeño./ Sólo que aquí nos despedazan vivos/y allí siquiera nos devoran muertos./"22
Los cónyuges que se am an se duelen en el presentim iento de la muerte. Así, en versos anteriores, él cree que va a morir primero y
18 De Bretón, Ricardo M. El Posta, No.54, Sept. 14, 1895. '* El Posta, Serie I, No.l5,Marzo3, !894,p.l27 20 "El 18 del presente en Piedecuesta, Blas Vargas (alias Botapata) dio una puñalada a una hija suya por equivocación. Parece que el tiro estaba preparado para la madre, a quien Vargas pretendía matar por celos". El Posta, IV No. 50. Ag„ 1895, p. 565. 21 "Esa seda que relaja tus procederes cristianos, obra fue de los gusanos que labraron su mortaja. También en la región baja la tuya han de devorar. ¿De qué te puedes jactar ni en qué tus glorias consisten, si unos gusanos te visten y otros te han de desnudar?". Calderón de la Barca, "Una joya Clásica". El Posta, I No. 2, Oct. 7, 1893. 22 "El Posta", Serie II, Mayo 26, 1894, p. 236.
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prepara a su amada para el duelo. En las estrofas que siguen el poeta Abigail Lozano entrevé la muerte de su esposa y clama: "Noche espantosa con tinieblas densas/ roba la luz al astro de mi suerte/ cuando pienso en la ausencia o en la muerte,/ cuando pienso quedarme solo aquí./ Porque así cual perdido caminante,/ sin rumbo en los desiertos, luz ni guía,/ así yo si partieras, lalma míal Así sobre la tierra yo sin tí/"23.
El desmayo del placer erótico también se imaginó asociado a la muerte; la pasión como “fuego” que circula en la “sangre”, como “entusiasmo ciego” atravesado por una “lanza”; como “hoguera” que “consume” y pensamiento que “abism a”, cuyo toque deja “inerte” el cuerpo. Como “insensato desvarío” que causa “sonrojos” y “palideces”, que transtorna la vida y la razón; es un delicioso morir que invita y “aterra”: “... que si queman los besos de una sombra, tus besos matarán, amado mío”24.
Todos ellos presentan relaciones de amor cruzadas por la tragedia y la muerte. La tipografía “El Posta” vendía también por $1,50 el “Idilio Lúgubre” de Ortega y Munilla25, pero la novela que marcaba huella era la de Jorge Isaacs, escrita en 1867: “¿C uántas veces leyendo tu “M aría” la arrojé delirante/ sintiendo que estallaba mi cabeza:/ en tan supremo instante/ surcaba amargo llanto mis mejillas,/ en cristalinas gotas, haciendo de mis lágrimas sencillas/ un holocausto a tus solemnes notas”26.
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EL AM OR Y EL PLACER
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La otra forma sofisticada de muerte para el amor era la negación o represión del “placer sexual” o de la pasión que le correspondería. Un proceso de socialización tan largo e intenso en contra suya, emanado principalmente de la sexofobia cristiana, escindió las dos esferas, el amor y el placer, negando a juntas la vida.
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m Estas ideas, manifiestas en un periódico regional, podían ser reafirmadas con la lectura de algunos libros que ofrecía en venta al público la “Librería Internacional” de Bucaramanga, tales como los dos volúm enes de C am poam or “D olores y Poemas” (16,60), las “Flores de M uerto” de Ram de Viu (S3,41), las novelas “Fabiola” de Wiseman ($3,60), “Graciela” de Lamartine ($2,20), las “Cartas de Abelardo y Eloísa” ($0,80) o “Los Novios” (Promessi Sposi) de Manzoni ($6,40).
En las imágenes de la relación erótica, “el hombre propone y la mujer dispone”. Lo “bien visto” es que la mujer disponga que no27, que se haga de rogar y aunque diga finalmente que sí, se trata de un sí negativo que significa “pérdida”, “entrega de”. A dem ás es un sí restringido, velado y disminuido frente a la plenitud de la pasión. Q uizá por ello los poem as repetían una admiración especial por los ojos femeninos28. La mirada de la mujer puede decir lo que a la boca
23 Continúa: "Si tú murieras (tú morir... IDios Santol)/ Bien pudieran cantar los ruiseñores,/ nada pudiera mi dolor calmar la desesperación, ante mis ojos: el orbe en un sudario envolvería. INo hablemos de morir esposa míal/ Hablemos sólo de vivir, de amar/". El Posta, IV No. 50, Ag. 3, 1895. 2,Peza, Juan de Dios. "La última carta". El Posta, IV No. 56, Sept. 28, 1895, p. 640. 25El posta, IV No. 51, Ag. 10, 1895, Feb. 9. 1894. 26Ibid,. Serie I, No. 4, Nov. 4, 1893, p. 41. Firmado C. T. B. 27"Las mujeres dicen generalmente no; pero ellas saben, como los fotógrafos, el modo de retocar sus negativos". BONNARD, Consejos Gratis. El Posta, Serie I, No. 20. Abril 28, 1894. 28 "Busco mis cantos/ no ya en las fuentes/ ni en oscuras breñas;/Todos me los inspiran sus miradas/ y todas mis canciones son por ella./ LEON GOMEZ, Ernesto. "Tristeza". El Posta, Serie I, No. 20, Abril 28, 1894.
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está prohibido. Sus p up ilas in sp irad oras, invitadoras, esquivas o insinuantes trascienden las palabras. En su rol, ella no podía ser prepositiva; su papel pasivo entonces, la obliga a ser activa de otros modos, con otros lenguajes, subordinados éso sí, a la interpretación del sujeto masculino. Ahora bien, mientras las normas religiosas, el código del honor y la urbanidad trataban de acallar los arrebatos de la excitación, la voz literaria (aunque preeminentemente varonil) en la novela y la poesía, permitía intersticios por los cuales afloraban reivindicaciones del goce sexual: “¿Por qué es menos el placer/ que el deseo en el amor¿ / ¿Por qué el fruto no ha de ser/ tan bello como la flor¿ ”.29 La pasión masculina deseaba la pasión femenina, pero su pedido era discreto. La mujer imaginada debería tener “torrentes de pasión en la mirada; en los contornos rasgos de poesía, el cuerpo, rico sostén de la fortuna” y “seno gentil que ufano desafíe el de Venus por Grecia celebrada”30. Esta apetecible criatura engendrada por la inspiración viril, debía ser eternamente bella, joven y ojalá rica en todos los sentidos; a ella nunca se le debería preguntar la edad31. Añorando la respuesta pasional de la mujer, los poetas de hace cien años se permitían imaginar ese “Sueño de O pio” que significaría abandonar el estereotipo negador y vibrar en el contacto mutuo: “Así, le dije: y delirante y loca/ perdió al punto la virgen el reposo./ Sentí su labio en mi convulsa boca/ y desperté... ¡Qué sueño tan hermoso!”/ 32. 29 "Poesías", El Posta, Serie I, No. 4, 1893. 30 RUEDA, Salvador. "Retrato". El Posta, Serie I, No. 2, Oct. 7 de 1893, p. 19. 31 El Posta, Serie I, No. 10, Bucaramanga, Enero 6, 1894, p. 90. 32 FLOREZ, Julio. El Posta, Serie II, No. 32., Julio 28, 1894, p. 352 33 El Posta, Serie I, No. 2., OCT. 7, 1893. 34 El Posta, Serie I, No. 2, Oct. 1893., p.21
Los varones elucubraban tratando de adivinar qué sentía y qué deseaba la mujer, como Ramón de Campoamor, quien en su poema que “El Posta” intitula “Las locas por am or”33, plantea dos alternativas: el amor tierno y permanente o el amor pasajero y apasionado: “Te amaré, diosa Venus, si prefieres/ que te amen mucho tiempo y con ternura./ -No, respondió la diosa de Citeres. /Prefiero como todas las mujeres/ que me ames poco tiempo y con locura”. Ramón supuso que las mujeres en general preferían el amor pasajero y apasionado. Además sería el más conveniente a los hombres del sistema patriarcal, temerosos de la estabilidad -la cual veían como amenaza a su libertad-, y ajenos a la ternura que según el a rq u e tip o , no c o rre sp o n d ía a una ca ra c terístic a viril. Un estu d io sobre qué pensaban las mujeres al respecto quizá podría m ostrar otras alternativas no excluyentes, tal v ez un d eseo sim u ltá n e o de tern u ra continuada y de pasión. ¿Debería la mujer seguir siendo o aparentando ser tím ida¿ ¿Se le permitiría socialmente ser desinhibida<?- Hay una condena implícita o una añoranza del pasado ante los avances femeninos en la reivindicación del placer erótico. El mismo Ramón de Campoamor expresa en un fragmento publicado bajo el título “Ayer y Hoy”: “Si en una tez de azucena/ pintaba el rubor colores,/ decían nuestros mayores: ¡Se ruboriza, que buena! ¡Hoy, si acaso se desliza/ una palabra insolente,/ dicen de alguna inocente:/ ¡Qué tonta! ¡Se ruboriza!”34. La ambivalencia, la ambigüedad, la contradicción, acompañan este largo proceso histórico. Hombres y m ujeres anhelaban la pasión; hombres y
mujeres retrocedían frente a ella. Es decir, el varón siente el derecho de ejercitarla pero duda en concederle ese derecho a la mujer con quien anhelaría com partirla. La m ujer tra ta de conquistar el derecho a la pasión pero duda en asumirlo; es criticada si contraviene lo esperado ideológicamente, entonces prefiere disimular. La condena del sistema patriarcal a la mujer que accedía a la pasión era despiadada. El disfrute de la vida sexual significaba pasar al bando de “las malas”; para ser “buena”, debía quedarse al lado del martirio, la renuncia, la frustración y la muerte. Tnstán de Acuña, por ejemplo, acusa de voluble a la viuda que se volvió a casar en vez de quedarse eternamente llorando al difunto35. Otras posiciones frente a las “mujeres perdidas”, “alegres” o de la “m ala v id a”, tra ta n de comprender, disculpar, tener lástima, defender o dejarles espacio para la esperanza, como en este poema de Víctor Hugo, “La mujer caída”, donde se invita a reflexionar sobre las razon es económicas o de miseria que podrían haber influido en su situación: “Oh no insultéis a la mujer que cae/ no sabemos qué peso la agobió / y no sabemos cuánto peso el hambre/ hiciera en vano vacilar su honor/” 36. De todas m aneras el deber de la m ujer era defender a toda costa su “honestidad”. El poema continúa: “? Q uién no ha v isto m ujeres extenuadas/ asirse largo tiempo a la virtud/ y el
viento resistir de la desgracia/ y moribundas combatir aú n ¿/”. Sin embargo la misma “piedad y misericordia” cristiana aconsejarían abrirse a la “redención”: “Dejad amar a la mujer caída/ dejad al fango que le dé calor / porque todo en el mundo resucita/ con los rayos de amor o los del sol / ”37. La defensa de la “integridad” debería justificar cualquier extremo. “El Posta” inserta una “Lección Femenil”, tom ando una crónica de la prensa bonaerense de la época, en la cual se narra como una tal Elena m ata al huésped de su padre porque éste, al recibir las negativas a sus propuestas deshonestas, procede a vengarse de ella con desfachatez, difundiendo falsos rumores contra “su honor”38. La ofensa no está en la propuesta varonil, sino en la difusión de la duda de la virginidad de la doncella.
EL AM OR Y E L MATRIMONIO Al contrario del tema del amor, el matrimonio era tratado como una cuestión jocosa que se presentaba, ya no en el estilo de poemas y elegías, sino en el de coplas, diálogos, recetas y dichos. Sólo las notas sociales de condolencia por muerte o de felicitación a contrayentes, tenían un tono de seriedad, lo mismo que alguna carta m uy especial que aconsejaba a la mujer casadera. La divergencia de género es notoria al afrontar el compromiso matrimonial. Este era comprendido como una meta para la mujer39y como un riesgo
35 "La Semana: El lunes una niña enamorada,/ fresca y lozana flor a su amante, con voz entrecortada./juróle eterno amor/. El martes él murió. Vertió la hermosa de lágrimas un mar,/y en sus mejillas que envidió la rosa/ hizo surco el pesar./ El miércoles un tanto entretenida/ charlaba en el salón/ Nueva sed de placeres y de vida/ sintió su corazón./EI jueves con brillante pedrería feliz se engalanó,/ y al compás de la grata sinfonía / con locura danzó. El viernes, temblorosa y radiante/ de belleza y placer/ un ósculo febril a un nuevo amante / dióle aquella mujer./ Y el sábado, ante el ara prosternada/juróle eterna fé,/ y miró con desdén la tumba helada /del otro que se fue./" El Posta, Serie I, No. 8, Die. 16,1893. 36 El Posta, Serie IV , No.54, Sept. 14, 1895. 37 Ibid., p.506 ( Buenos Aires , 1895). 38 lbid.,p.506 ( Buenos Aires, 1985). 39 "He visto mujeres tan delicadas, que no se atreven a pasear en coche por temor de que los caballos se desboquen. Otras, que no se atreven a pasear en bote por temor de que éste pueda zozobrar. Muchas que no se atreven a caminar al aire libre porque temen que caiga rocío: pero jamás he visto una que no se atreva a casarse". El Posta, Serie IV No. 51 Ag. 10, 1895.
para el hombre: “La mujer - sin consultarlo- debe casarse en seguida;/ el hombre debe pensarlo durante toda su vida/”40. El casamiento se veía como una seducción, una trampa o una cárcel: ”Una verdad encerrada/ en un sencillo aforismo;/ el matrimonio es lo mismo / que fortaleza sitiada./ Así vemos combatir/ luchando sin descansar,/ los de fuera por entrar,/ los de dentro por salir/”41. Coincidencialmente encontramos citada esta misma metáfora de sentido militar acuñada por Napoleón, en un periódico de nuestro días que inserta, como lo hacía “El Posta” hace cien años, artículos que aconsejan sobre el amor y el matrimonio42. Esta mujer ideal cuya meta es casarse y este joven “cazable” que si sucum be a la tram pa debe afrontarla con “coraje”, son pervivencias de una mentalidad resistente al cambio a pesar del paso de los años y de los cam bios económicos y sociales. El matrimonio se veía peligroso para el varón y deseable para la mujer, tanto que a ella le daban consejos para “atrapar marido”: "Método para cazar un marido": A las lectoras conviene lo siguiente: se deja el lujo por algún tiempo, se finge gran afición a la aguja, se habla mal de la coquetería, se dice que los primos son la peor calamidad del mundo, se deja el balcón, se viste con extremada sencillez, se abandonan las joyas por las flores, se echan a un lado los moños o polizones (si se usan) y se lee un ratito todos los días el 'Arte de Cocinar". -Se garantiza"43
La niñez y la adolescencia femeninas se dedicaban por entero a la preparación para el matrimonio. En la Librería In tern acion al, fun dada en 40 El Posta Serie I No.3,Oct. 21 1893, p.37. 41 El Posta, Serie l,No.9, Enero 1, 1894, p.83. 43 El Posta, Serle I, No. 10, Enero 6 de 1894, p. 90. 44 Ibid., números de 1894.
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B u caram an ga en 1888, se vendían libros relacionados con la “educación femenil”, como “La Mujer Laboriosa”, de Balmaceda; “La Mujer de su C a sa ”, de Jerez Perchet; “La Guía de Señ oritas”, de M anjarrés; las “Páginas para Niñas”, de la escritora Sinués; el “Prontuario del Ama de Casa”, de Pascua de S. Juan; “La mujer”, de Catalina; y otros.44 La soltería en la mujer era considerada una desgracia. En la “Oración de la soltera” a San Antonio, que “El Posta” recomienda a las lectoras, se traslu ce la expectativa social de casar prontamente a la quinceañera con un hombre “malo o bueno”, pero que sirva de proveedor económico, exigencia central para el varón en el sistema patriarcal: "San Antonio bendito/ tú que eres santo / que asombras a las gentes/ con tus milagros/ oye la tierna/ plegaria de una chica/ guapa y soltera./ He cumplido hace poco/ los quince años;/ y soy linda como una/ rosa de mayo/ por lo cual creo/ que estoy a punto de caramelo./ Con tales condiciones/ lOh San Antoniol/ Ante tí prosternada/ te pido un novio;/ y si te sobran/ mándame cuatro o cinco/ para que escoja./ No me importa que sea/ malo ni bueno,/ lo esencial es que tenga/ mucho dinero:/ Sin tal detalle/ eso del matrimonio/ no tiene lance./ No te pido gollerías;/ tan sólo pido/ que traiga los papeles/ en el bolsillo/. No sea un hombre/de esos que están diez años/ en relaciones./ Haz caso San Antonio/ de mi plegaria/ y mándame un marido/ que me hace falta;/ que yo te ofrezco/ encenderte una vela/ de siete metros./ Te haré todos los meses/ una novena/ y comeré en ayunas/ cabos de vela/ y si lo mandas/ me daré zurriagazos/ en las espaldas./ Si llegas a olvidarte/ de mi encarguito /
y no me mandas pronto/ lo que te pido,/ no será extraño/ que dude cualquier día/ de tus milagros".45 Al varón, mientras tanto, se le recomendaba huir o prepararse para algo tan terrible como el navegar por alta mar o ir a la guerra: “El hombre cuando se embarca/ debe rezar una vez,/ cuando va a la guerra, dos/ y cuando se casa tres/”46. El masculino y el femenino eran dos lenguajes desencontrados y desencantados en la vivencia matrimonial y en su imaginario: “El matrimonio bajo distintos aspectos. Un marido el día de la boda dice: “el matrimonio es el cielo”; a los dos años: “el matrimonio es el purgatorio”. A los cinco años con cinco hijos y con $ 25 de sueldo: “el matrimonio es el infierno”. Un poeta canta en los primeros versos: “Vas a ser mía ¡ Sin igual consuelo! ¡Esto es bajar hasta la tierra el cielo!”; y en los últimos: “Aquí para vivir en santa calma, necesito enviudar o entrego el alma”47. El hombre en particular sentía la conyugalidad como un “infierno”, como un error en su vida, como un foco de infelicidad, tal como lo expresa este “Diálogo Espiritista”: “-¿Está presente el espíritu de mi marido¿ -Sí, contestó una voz cavernosa. -Juan mío ¿eres feliz¿ -Muchísimo. -¿Más que cuando vivías a mi lado¿ -¡Oh! Muchísimo más. -Pues ¿dónde estás ahora¿ -En los profundos infiernos”48. Además se consideraba un mal negocio, una fuente de gastos, un desgaste continuo para su bolsillo: “Aritm ética práctica: En mi alcoba
meditando/ las cuentas voy aprendiendo:/ mi avaro suegro su m an d o ,/ mi sirvien ta sustrayendo,/ mi mujer multiplicando/ y mi suegra dividiendo.../ el hogar de cuando en cuando”49. Mientras la soltería para la mujer era un oprobio, el hombre añoraba este tranquilo estado: "Un viejo solterón que murió ahora años, lacónicamente dijo en su testamento que otorgó: Instituyo por mis universales herederas, una vez que no tengo esposa ni hijos, a todas las mujeres que se denegaron a casarse conmigo, porque a ese rechazo, debo toda mi felicidad terrenal"50
A pesar de tantas quejas contra el matrimonio, medio en serio y medio en broma, la gente se casa y lo pregona con orgullo en la sección “Himeneo” del periódico regional: "El día 25 del presente se efectuó en el vecino municipio de Lebrija el matrimonio del señor Cristóbal Uribe con la señorita Ana Francisca Ordóñez. Conocidas en esta población son las dotes que adornan a los nuevos esposos. Él es un modelo de laboriosidad y honradez y un ejemplo de lo que puede el propio esfuerzo y ella un tesoro de virtudes. IQue sean felices!"5'
LA CARTA A MARIA JO SEFA EN LA VISPERA D E SU MATRIMONIO El resumen del modelo patriarcal para la élite y su diseño del estereotipo, rol, statu s y locus asignado a la mujer lo encontramos en la “Carta
45 El Posta, Serie IV No. 52, Ag. 24 de 1895. p. 589. 46 PALACIO, Manuel del. El Posta, Serie I, No. 6, Nov. 25 de
1893. 4? El Posta, Serie IV No. 53, Ag. 31, 1895, p. 557. 48 Ibid. Serie I. No. 4 Nov. 4 1893, p. 43. 49 Ibid., Pedro Mártir Casado, Serie IV No. 53, Ag. 31 1895, p. 557. 50 El Posta, Serie IV No. 51, Ag. 10 1895. 51 Ibid., I, No. 12, Enero 27, 1894, p. 101
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a la señorita María Josefa Ospina la víspera de su matrimonio'’ publicada por “El Posta” en cuatro entregas durante los meses de abril y mayo de 189452. Según el encabezado, esta misiva había sido escrita en Guatemala el 21 de octubre de 1864 por un cariñoso y responsable padre de familia, quien aconseja a su hija el deber matrimonial y sus deberes como mujer-esposa. Este “pater” empieza por recordarle a la novia que el matrimonio es una carrera en la vida, necesaria de continuar “hasta la muerte”. Responde a una “vocación” a la que Dios llama y por tanto, se rige con “leyes divinas” cuya fuente son las v irtu des “m ás m o d estas y o sc u ra s” del cristianismo. Pasa luego a explicarle minuciosa mente la forma de “obrar” según éstas pues, la felicidad, tan to la eterna como la temporal depende, principalmente de la conducta de la mujer “hasta en los actos más insignificantes”. Para lograr la dicha verdadera, es decir, “el pacífico goce de las relaciones íntimas de la familia por la “bienandanza de las relaciones domésticas” no se deberían ambicionar riquezas, talento, saber, habilidades o belleza; era necesario “vivir contento con su oscura suerte” dedicándose por entero a la misión de dar paz y dulzura al hogar con la práctica constante de la humildad, la paciencia, la resignación, la abnegación, la prudencia y la discreción. De estas virtudes que son deber de la esposa y han de practicarse “todos los instantes de la vida” con “espontaneidad y cariño” la fundamental es hacer al varón centro y razón, eje y príncipe único, a costa de la anulación personal de la mujer. En
ésto consistía el amor dentro del matrimonio: entrar en una muerte del ser femenino, en una noche del espíritu individual de “ella”: "De hoy en adelante, la primera persona para usted, la más interesante, el objeto primero de todas sus atenciones, de todos sus cuidados, de todas sus inquietudes es su marido. Padres, hermanos, parientes, amigos todos descienden al segundo y tercer lugar, así en el foro interno del corazón, como en las manifestaciones exteriores de respeto y cariño. Esta es la ley de Dios, pronunciada por la boca de Adán en el Paraíso, y que parece esculpida en el corazón de sus hijos; y ésta es también la ley que la razón y la experiencia establecen como base de la dicha doméstica"53
Ésta exigencia primordial de la m entalidad patriarcal combina el idealismo teocrático de la primera m itad del siglo (hacia atrás) con el naciente positivismo y mentalidad razonable y práctica de la segunda. La subordinación femenina se deriva entonces, tanto de la ley divina como de la ley de la razón. El cumplimiento de esta norma androcéntrica traía como recompensa para la mujer llenarla de “in ocente sa tisfa c c ió n ” la cual serviría de “lenitivo” a todas sus “amarguras”. Generalmente estas amarguras provenían del mismo “esposo”, definido como el “am ante”, “primer am igo”, “protector” y “compañero de vida”. Por ejemplo, en Rionegro una muchacha trató de suicidarse to m án d o se dos frascos de “L á u d an o ”, desesperada por los malos tratamientos de su marido54. Pero el ideal exigía que la imagen fuera mantenida por encima de la realidad. Norma
52 El Posta, Serie I, No. 18,19,20,21 de Abril 14,21,28, Mayo 5. 53 Esta carta y en especial este párrafo se menciona en dos capítulos del libro "Las mujeres en la historia de Colombia", (Tomo II, Norma, Bogotá, 1995) a saber: en el estudio "el ideal femenino del siglo XIX en Colombia: entre flores, lágrimas y ángeles" |p. 310-311) de Patricia Londoño, quien lo recoge de "El obrero" No. 21, Medellin, Sep. 23 de 1911, p.p. 4-5. La otra mención relacionando el ajuste de este modelo femenino al proyecto económico paisa y a la función catequista de la mujer frente a la ausencia de religiosas, la hace Manuel Restrepo Yusti en su artículo "Vida privada en el siglo XIX. La Mujer en Antioquia y el pecado original de la acumulación". 54 El Posta, Serie IV No. 45, Enero de 1895.
fundamental era aceptar y tolerar los defectos del marido. Por deber y por necesidad la mujer debía ser prudente, guardando com o “secreto inviolable” cualquier defecto del hombre; siempre tenía que disculparlo y defenderlo, especialmente en público. Jam ás debería reconvenirlo, enrostrarle sus faltas, disputar con él o enojarse. “Bienaventurados los mansos”, reza el evangelio; según ello se consideró virtud principal para la mujer aprender a dominarse y a reprimir sus sentimientos, en especial los impulsos de ira. En este sentido am ar es enmudecer, pues el control de sí se logra “cerrando con esfuerzo la boca”. Es un imperativo para la mujer: "Calle usted a todo trance y si usted es la enojada, calle también. Cuando sienta usted que estalla el fuego de la ira, grande o pequeño acuérdese de su padre; figúrese que está delante de usted, con el corazón lleno de dolorosos recuerdos, impasible el rostro, y que con el dedo sobre los labios le dice; ISilencio I".
La esposa sólo podría, en algún remoto caso, “insinuar” una “suave observación” en “tono de broma y dulzura” y en vez de ver los defectos , “gozarse y gloriarse en las cualidades del esposo”, de manera que “él se aperciba que usted reconoce y está satisfecha de sus virtudes”. Sobre todo en público, la mujer debía mostrar la “más decidida deferencia” por su marido, con sus acciones, palabras y hasta en los menores gestos, de manera que la gente se dé cuenta del cariño y “cumplida estim ación que profesa a su cónyuge, anteponiendo todo a la voluntad de él. Esta subordinación total no debe omitir sacrificio o privación alguna; debe profesarse un servicio continuo y minucioso que no ofenda en lo más mínimo el “amor propio” de ese “otro y o ” que es el esposo. Hay que amarlo “cordialmente” no sólo cumpliendo los dictámenes de la urbanidad sino viviendo enteramente para él con una actitud
afable, com unicativa y “diligentísim a” para complacerlo. Esta solicitud implica estudiar atentamente las inclinaciones, hábitos y gustos del marido “para no contrariarlos”: "No pretenda usted imponer su voluntad; ni siquiera el sacrificio de aquellos hábitos y gustos, por insignificantes que le parezcan; por el contrario, haga usted de manera que él pueda seguirlos sin estorbos. Frecuentemente sucederá que haya entre los dos, hábitos y gustos opuestos; no vacile usted un instante en sacrificar los suyos propios; anticípese siempre a hacerlo".
La dedicación al esposo debía ser tan grande que en caso de surgir en em istades o “ligeras contrariedades” entre la familia paterna y la del marido, la mujer debería ponerse siempre a favor de esta última. Si el esposo sufre, ella debe identificarse con su dolor y mientras éste dura ha de renunciar a toda distracción: “A usted el derecho y el deber de procurarle el consuelo con sus palabras, con sus cuidados, con su incansable vigilancia, y no permita que nadie se le anticipe a ésto”. En fin, el rol de la esposa es complacer al esposo primero y luego a quienes le rodean (a ella misma nunca), siendo incansablem ente diligente y solícita. El estado matrimonial, con todos estos deberes de amor, debe soportarse con estoicismo, sin queja, en cumplimiento de los designios de la Providencia: “,... ese estado violento de resistencia a la realidad de las cosas, a la situación en que Dios ha querido ponernos, es ante la religión un acto de rebeldía contra la voluntad divina, y ante la filosofía un acto de mentecatez”. Cambiar es un “delirio” en esta ideología patriarcal, conservadora y cristiana:
“sea cualquiera la situación adversa en que usted pueda verse, acéptela con la firme resignación que ordena la religión, con la fuerza del alma que aconseja la filosofía". Conformarse, acomodarse a todo acontecimiento es para este dominus, no sólo deber religioso sino un acto de razón:
Recomienda a su hija, seguir en este último sentido, el ejemplo de su madre María del Rosario Barrientos Zulaibar, su segunda esposa, fallecida el 16 de junio de 1853, a quien califica como “un ángel de bondad”56, con quien tuvo dos hijos y dos hijas.
"Toda situación aceptada es llevadera por amarga e insoportable que parezca. Pero cuando la persona se obstina en querer y pretender que las cosas no sean como son; cuando se da a lamentarse y desesperarse porque sus deseos y aspiraciones no se cumplen, porque su situación no es la que quisiera, esa persona vive en un continuo martirio".
Ahora, para el consejo sobre las cuestiones de la vida íntima, Ospina Rodríguez dice a María Jo sefa: “Tenga usted siem pre un confesor ilustrado y prudente y consulte con él todo lo que interese a su tranquilidad y a su dicha en sus relaciones domésticas”. Pero agrega de su peculio varias observaciones en cuanto a la vida de “amantes” de los esposos. Este hombre, calificado por alguno de sus biógrafos como “empecinado e impulsivo”, socializado en el ethos paisa, con la experiencia de tres esposas antioqueñas, empieza su discurso sobre el tema pasional enunciando a su hija el primer axioma de la clave patriarcal en esta materia, cual es: mantener vivo el amor del hombre, no depende de él sino del “tino y discreción” de ella. La mujer debe mantenerse “am able” mediante el ejercicio de una virtud sincera, manifiesta en “exterioridades dulces e in sin u a n te s” que a traig an , em belesen y d om inen. Para ello, la esp o sa debe tener exquisito esmero en la “modestia y el pudor” y actu ar com o “una virgen ”, conservando la timidez y una “modesta compostura”. Ahora, sobre el arreglo personal debe recordar que la mujer descuidada y vanidosa “está desgreñada y desapuesta en su casa ” y aparece “m uy a tav iad a en la calle”; esto es desdeñ ar la “consideración del esposo por las miradas del p ú b lico ”, lo cual responde a una actitu d irracional, injusta e improcedente.57
A estas alturas vale la pena mencionar que el firmante de esta carta es nada menos que Don Mariano Ospina Rodríguez, uno de los patriarcas fundadores del conservatismo en Colombia. Este presidente de nuestro país entre 1857-1861 tuvo catorce hijos de sus tres matrimonios, seis de los cuales fueron mujeres, todas ellas seguramente educadas en estos parámetros. Una de ellas, Doña Concepción Ospina Vásquez, hija de su tercera esposa, Enriqueta Vásquez, fue religiosa salesiana. Doña María Josefa Ospina Barrientos, la destinataria de esta extensa carta, se casó en Guatemala55 con José Mariano Romá y Batres y falleció en San Francisco, California, en Estados Unidos. Don M ariano le quiso dejar en herencia dos “propensiones” o “hábitos interiores”: el primero “olvidar toda ofensa grande o pequeña, y no abrigar ningún sen tim ien to rencoroso de venganza ni de envidia”; el segundo “mirar como to n tería las asp iracion es de la v a n id ad ” .
55 A este país huyó Ospina con su familia en
1861 luego de escapar de la pena de muerte y de una prisión de 15 meses en Cartagena, vencido por Mosquera. En Centroamérica se vincula a la actividad cultural y comercial y permanece allí hasta 1871. “ Doña María del Rosario era hermana de la primera esposa Marcelina Barrientos Zulaibar de Ospina, con quien don Mariano tuvo dos hijas y un hijo. 57 La mujer es un objeto para ser visto por el sujeto masculino. Si es casada, es objeto privado para la mirada de su dueño. Ver la cita de Ortega y Gasset que hace DUSSEL, 1980, p. 18.
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LA CUESTION DE LA FIDELIDAD FEM ENINA El punto más delicado es el deber de “no excitar los celos del esposo”. No basta con ser fiel, es necesario mantener “suma discreción” pues aún “las mujeres más ingenuas y más candorosas” pueden ser culpables de provocar los celos del hombre: "El amor del hombre es en extremo intolerante y la más ciega y la más implacable de sus pasiones son los celos. Para liberarse una mujer honrada de la ignominia de haberlos excitado y para evitar las funestas consecuencias que producen, no le basta su virtud; la más pura lealtad se ha visto mil veces víctima de la injusta desconfianza de un marido honrado y que amaba ciegamente".
En este punto se juega la cuestión del honor viril, dependiente de la “lealtad y honradez” de la mujer. C ualquier atisb o de duda es tremendamente ofensivo. Ospina Rodríguez dice a su hija: “conozco el corazón de usted que es incapaz de toda villanía; sé que el honor más puro circula por sus venas y que preferiría la muerte a la más ligera mancha que pudiera empañar la pureza hereditaria de su nombre”. Estas palabras se perciben colmadas de miedo y amenaza. El más nimio descuido por parte de la mujer, pone en entredicho el honor del esposo, del padre, del hermano, y los deja en el luctuoso compromiso de vengar afrentas; por éso el consejo paterno insiste: "Quiero sólo advertirle, que es necesario evitar con el mayor cuidado, con exquisito tino, toda familiaridad, toda preferencia, toda relación que aún remotamente, pudiera excitar la más leve
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sombra de sospecha en el ánimo de su marido de que usted sintiese un afecto particular por otro hombre".
De otra parte, la esposa amará respetando la libertad del marido y nunca deberá desconfiar o ser celosa: “Las recién casadas abrigan a veces la loca vanidad de ostentar que gozan de libertad... no caiga usted en esa debilidad... conserve esa reserva d e c o ro sa ...” . Es una “m o lestia insoportable” que la mujer desconfíe; “La mujer celosa es insufrible y se hace odiosa con sus impertinencias... fastidiando a su m arido”. La esposa ideal tiene plena confianza y pospone sin esfuerzo su gusto, su comodidad, su interés, al gusto o interés del otro. Si acaso en realidad él ha faltado, ella tiene el deber de perdonarlo. El administrador del “El Posta”, Roberto de J. Díaz, escribió en 1894 desde Zapatoca, un soneto para pedir este “Perdón”: 'Alza otra vez tu candorosa frente y perdona mi cruel indiferencia que vengo a prosternarme en tu presencia con los dolores que el culpable siente. Tu virgen corazón, puro, inocente, ocultará por siempre la inclemencia Así haremos feliz nuestra existencia Feliz nuestra pasión loca y ardiente. Perdóname mi bien que el ofendido cuando perdona lleva de nobleza ■ y caridad su corazón henchido. A tus plantas doblego mi cabeza concédeme el perdón que yo te pido con el alma inundada de tristeza.58"
En fin, el rol de la mujer-esposa, su forma de amar, debía ser concretada en el servicio, el perdón, la estricta fidelidad, el silencio de sus sentimientos y si cualquier cosa falla, la culpa es suya. Esta mentalidad viene transmitida de generación en generación “ sea semejante a su madre, que poseía en alto grado esas cualidades y con ellas derramaba el contento en torno suyo”. El papel femenino que se desea fijar, debe respetarse hacia el futuro: “Un día tendrá usted que hacer con Mercedes, con María, con las hijas de usted, lo que en este instante hago por usted...”. Se podrían estudiar otras aristas de la expectativa social con respecto a los diversos papeles femeninos. En este caso nos hemos centrado en el análisis del rol de esposa, pero son interesantes también categorías como la de esa misma esposamadre, convertida en suegra. Esta figura femenina es mencionada con tono de mofa en casi todas las alu sio n es a ella, en con trad as en los documentos. M ientras se invita a la mujer a imitar y respetar tanto a su propia madre como a la m ujer de su marido, la voz varonil se complace en denigrarla: “Se dan -a precio de suegra- cigarros legítimos de Peñalisa, picados”, es un anuncio que se repite en las publicaciones periódicas de El Posta (p. 512). Los papeles de hija “obediente al padre”, se realzan en el marco de su preparación com o futura esposa. Casi no se menciona la actuación de la mujer como hermana o como abuela. Los canales socializadores se preocupan fundamentalmente por la preparación de la mujer en su función de desempeño como cónyuge y como organizadora y responsable del hogar.
AVANCES DE LA MUJER SANTANDEREAIMA Tímidamente asoman vestigios de la aparición de nuevos espacios de participación femenina en lo económico-laboral, lo social y político. Vanas voces deliberan en favor o en contra, desde las páginas de la prensa local; veam os algunos ejemplos: El 18 de noviembre de 1893, se publica una nota de felicitación a “Violetas”, pequeña hoja literaria aparecida en San José de Cúcuta, redactada por la señ orita Jo sefa Andrade Berti, dam a de “sentimientos filantrópicos”, congratulándola por “el ancho campo que ella presenta al cultivo de la inteligencia del “bello sexo”59. Desafor tu n ad am en te, el in ten to de la “ilu strad a señorita”, es de corta vida. El 27 de octubre de 1894, aparece otra nota sobre “Violetas”: “Este sim pático periódico... que ratos tan amenos procuró en los h ogares... L am en tam o s la desaparición de aquel dicho órgano del bello sexo60”. La escritura de la mujer61 es esporádica a nivel de este periódico regional62. Los editores, sin embargo, mantienen una actitud de apertura y estímulo a la participación femenina: "Nos satisface altamente que la mujer comprenda que está llamada a ejercer su benéfica acción en la sociedad, no sólo en el santuario del hogar sino en más elevadas esferas -en los campos dilatados del pensamiento- en donde tanto han brillado las Pardo Bazán, las Pilar Sinués, las Acosta de Samper y las Dávila de Ponce. En las columnas de este periódico encontrará siempre un puesto toda producción del bello sexo"63.
59 El Posta. Sección "De Todo", Serie I, No. 5, No. 18, 1893, p.52. 60 Ibid., Serie III, No. 39, p. 433. 61 El filón ¡nvestigativo que presenta esta temática es amplísimo. Ver BUXO, 1991 (1978). 62 A nivel nacional se destaca la veleña Ponciana Camacho de Rgueredo quien escribe en principal es el amor. (BEJONG, 1995, p. 150). “ Ibid., Serie II, No. 27, Junio 23, 1894, p. 282.
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1873 "Escenas de Nuestra Vida", con tres relatos cuyo tema
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Muy pocas mujeres envían sus escritos a “El Pos ta” y si lo hacen firman con seudónimos como éste de “Mara”, quien expresa su admiración por la tierra santandereana y deja ver su expectativa respecto a la actitud que ella ha visto o desea en los varones, narrando un sueño: "Era la simpática tierra de García Rovira: Tierra llena de vida y lozanía, dejuventud y encantos sin rival, de frescura y de dulce poesía donde la mujer sus gracias a porfía hace brillar desde temprana edad...Suelo donde el hombre, al ver la luz primera, prodiga toda clase de atenciones a la mujer"64
Tal vez tím idam en te ellas envíen escritos firmados con nombre de varón. Nos queda esta duda frente a artículos como el publicado en el periódico “El Estímulo”, de Cúcuta, bajo el título de “Sociedad” y firmado con el seudónimo de Tomás García: "Se unen los hombres con los hombres para negocios o para algo que no sea ésto; en cambio se abandona a la mujer, al ser que forma el encanto de la vida y muy poco procuramos porque ella salga de las paredes de su casa. Evidentemente la mujer nació para ser el guardián de la casa y a ella más que a nadie corresponde la obligación de vigilar siempre por los quehaceres del hogar; pero también no es menos verídico que el espíritu necesita expansión y que si no se procura porque la mujer goce algo más, su carácter al fin se volverá apático, irascible, intolerante y entonces, layl de los desdichados que sean escogidos para el martirio del matrimonio"65
Las anteriores líneas in vitaban , aún con restricciones, a una vida más amplia de la mujer.
Ellas de hecho, hace tiempo están participando en el “mundanal ruido” y a pesar del modelo ideal que les fijaba como locus demarcado la casa y la iglesia, incursionaban en la calle y en los negocios. El periódico local inserta anuncios publicitarios de negocios regentados por mujeres como talleres de modistería y sastrería, cursos de estas mismas materias, colegios y almacenes propios, como el de Trinidad Parra de Orozco y Cía., cuyo comercio de importación y exportación tenía sede en la era. 6 cuadra 7, en los núm eros 92 y 94 de Bucaramanga; este negocio (a su nombre) ofrecía mercancías inglesas y americanas. Rezaba el anuncio: “Compran café de exportación y de consumo, negocian en letras sobre el exterior y oro amonedado y venden sal”66. Hasta la más recatada modista hallaría expansión en sus salidas a comprar las telas blancas, las zarazas, los panchos y franelas, los paños, merinos, cachimiras, hilos o cinta que necesitaba para su labor. Por su pañolón se colarían las noticias locales de muertes y nacimientos, los descontentos del artesanado, las nuevas que venían de la capital y las costumbres europeas de moda. A riesgo de ser señaladas, otras mujeres se habían dedicado al teatro. La vida del espectáculo era relativamente activa en Bucaramanga y a pesar de la crítica mordaz67, ellas se arriesgan en un ám bito que tiene la v en taja de m ostrarles horizontes más amplios. ■ De todas maneras, si la mujer salía del cerco señalado por el ideal vigente, se le consideraba un peligro social y una amenaza para el mundo
M El Posta, Serle II No. 27, Junio 23, 1894, p.282-283. 65 Ibid., Serie I, No. 10. Enero 6. 1894, p. 88. 66 El Posta, Febrero 9,1894, p. 155 y otros números. 67 "No te enamores de cómicas jamás, porque te harán desempeñar el papel de cándido, cuando menos". El Posta, Serie I, No. 10, Enero 6, 1894.
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masculino: “Dios me libre de dos cosas: de los enamorados que en los bailes no sueltan a sus preferidas y de la m ujeres que discuten de política”158. A pesar de todo, el mundo vedado de la sexualidad y la política así sea de forma festiva e informal, empieza a ser cuestionado. El 5 de septiembre de 1893, “El Posta” reproduce unas estrofas de Manuel del Palacio, con el título “Exposición de 30.000 mujeres al Ministerio de Guerra”, donde insinúa con gracejo que las mujeres se organizan, protestan, piden incursionar en áreas antes prohibidas y denuncian la misoginia reinante: "Tiempo ha que el ministerio a su cargo que huele a dulce pero sabe amargo publicó una Real Orden que nos puede llevar hasta el desorden, máximo cuando... al fin... si bien se mira, EL ODIO A NUESTRO SEXO ES QUIEN LA INSPIRA. ¿Por qué un ministro intenta que no pueda una dama ser tenienta? ¿Por qué ha de ser el capitán Juan Pérez mejor para marido que un Alférez?"69
Es más, el 17 de febrero del año siguiente, se llega a publicar, sin acreditar la verdadera autoría, el poema feminista de Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1691), con el títu lo acom odado de: “Defensa de las Mujeres escrita por una de ellas”70. Así el público bumangués de hace cien años, pudo leer una voz insurgente, pionera en la denuncia de la doble moral del sistema patriarcal. Con tono risueño, el editor publica una respuesta varonil a tales demandas, “La Defensa de los H om bres”.71
68 "Consejos Gratis", El Posta, Serie I, No. 20, Abril 28, 69 El Posta, Serie I, No. 1, p. 3 y 5. 70 El Posta, Serie I, No. 10, Enero 6, 1894, p. 91. 71 El Posta, Serie I, No. 14, Feb. 17,1894, p. 122.
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1894, p. 195.
RESUMEN Y CONCLUSIONES 1 . Las tres décadas finales del siglo X IX en Santander dejaron vestigios documentales que permiten observar la mentalidad patriarcal con respecto a las cuestiones eróticas, amorosas y a los ideales de género de aquella época. Esta mentalidad se caracterizaba por una negación ideológica del placer sexual y una subvaloración de la mujer, considerada como objeto, destinada al servilismo y tachada de culpable aún en el caso de ser ella la agredida.
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2 El estudio de casos de abuso sexual (violación, estupro, forzam iento) durante este período, muestra que se manejaban permanentemente argum entos favorecedores de la impunidad. Estos, justificaban o toleraban la actitud agresiva del varón y culpaban a la mujer acusándola de provocadora del agravio. La visión de lo sexual como lo reproductivo, y la him enolatría en su relación con la idea de posesión viril del “objeto” femenino, restringían la consideración de la violación solamente a los casos de coito completo y exigían las pruebas de virginidad anterior. La ideología latente en el manejo de los procesos judiciales, hacía que éstos se dilataran y fueran tortuosos para la víctima y/o él (la) denunciante, que se interpretaran en forma desfavorable para la mujer y fueran confusos en los recursos del peritaje y las opiniones al respecto. Siendo abuso en la intimidad, la consecución de los testigos y el allegamiento de pruebas era casi imposible. Además, siendo un ejercicio de poder violento que in cluían la am en aza, la fuerza física, el
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m aprovechamiento de condiciones como la minoría de edad de la víctima, su debilidad, soledad y aislamiento y el convencimiento del agresor de tratar con un ser inferior que encarnaba la tentación y merecía castigo; todo ésto, terminaba por desestimular la denuncia y por dejar sin esclarecimiento y sin castigo el agravio. El ejercicio del poder violento sobre el cuerpo, en el caso de la violación sexual, anula la función placentera del acercam ien to y d em uestra claramente la subordinación de un género por el otro. En los casos leídos, el agresor fue siempre un hombre y la agredida una mujer. Es más, la obsesión por centrar el delito en la ruptura del himen olvidó los m altratos, golpes, heridas, h um illaciones, in su lto s, u ltrajes y dem ás vejámenes sufridos por la mujer durante el abuso, antes y después de él; ella no era considerada persona sino objeto sexual. 3 . La m entalidad que facilitó las diversas situaciones de abuso fue difundida por un canal socializador privilegiado: la religión, en este caso la cristiana, la cual en la segunda mitad del siglo XIX fortaleció la discriminación por género gracias a la difusión del culto m añano cuyas devociones trazan el ideal femenino centrado en la pureza. La renuncia al ejercicio de la sexualidad fue considerada una virtud y cam in o de perfección, así lo demuestran las disposiciones episcopales que desde 1889 enfatizan la devoción a María Inmaculada con el establecimiento de la festividad del 8 de diciembre, el rezo del rosario, las oraciones con indulgencias especiales y la entronización de la Inmaculada Concepción com o patrona de m uchas p arroqu ias en C olom bia, una cantidad con siderable en Santander. Así mismo, los libros piadosos, de m editación, devocionarios y sim ilares que circulaban en la época, repetían la idea de lo sexual asociado con el pecado y la culpa y la im agen de la m ujer com o la culpable, la
tentadora, la sufrida o la responsable del honor y la moral. A unque el ideal era el de virgin idad, se consideraba el matrimonio una meta para la mujer y la educación de medio siglo en adelante, se esmeró en infundir principios que la hicieran buena cristiana y buena “ama de casa”. La Virgen fue modelo de la consagración de los sacerdotes al celibato, como también del voto de castidad de las monjas y de la modestia de las casadas. Aunque la soltería de la m ujer se con sideraba una desgracia, su em peño en funciones que divulgaran las buenas costumbres la conservación de su virginidad, fueron un paliativo canalizado por la devoción a María en varias congregaciones o asociaciones piadosas. La educación moral y religiosa fue pilar de la formación femenina tanto en las épocas liberales como en las conservadoras. El control religioso sobre la sexualidad, especialmente sobre la sexualidad femenina, se consideró fundam ental para el mantenimiento del orden social y para el progreso. 4. C o m p lem en tariam en te a la in fluencia religiosa, las ideas difundidas por los medios de comunicación de hace cien años (en este caso la prensa) acerca del amor, fueron de corte idealista y romántico. Asociaron el amor con la muerte, el dolor y la servidumbre doméstica. El varón era el sujeto que amaba, la mujer debía esforzarse por ser el “objeto” amable. Nuevamente se hallan los estereotipos fem eninos de la traicionera, la culpable, cuya «naturaleza» aunque pasiva era una peligrosa tentación. La educación se esforzó en dom eñar lo fem enino al servicio de la organización fam iliar patriarcal a la cual se accedía mediante el amor y el matrimonio. El amor era entendido como un ejercicio de poder mediante la posesión o propiedad de la mujer por
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el varón; así, la absoluta fidelidad era exigida para ella; el honor se jugaba a nivel de la más mínima sospecha y el mecanismo de la culpa vuelve a emplearse: si el hombre sentía celos, culpa de la mujer que los provocó; si él era infiel, culpa de ella que en algo debió fallar. Por amor, ella debía perdonar siempre y negarse la expresión de sus emociones y pasiones (en el matrimonio la mujer debe ser casta). Este modelo debía ser enseñado de generación en generación y la segunda mitad del siglo XIX vivió una eclosión de recursos y argum entos para aconsejar el “deber ser” de las mujeres asegurando su control sexual y su función servil. 5 . Finalizando el XIX, a pesar del conservatismo reinante, asom aron tím idam ente voces que sugirieron una mayor participación social de la mujer, en el sentido de permitírsele salir de su casa, recrearse o participar en la vida cultural enseñando o escribiendo. Se empezó a reconocer la participación de la mujer en el campo laboral y en el de los negocios, aunque no demasiado explícitamente. Se dudaba aún del derecho que tienen las mujeres para hablar de política.
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6 El objetivo buscado en este estudio radica en establecer lazo s lógicos entre te m á tic as aparentemente diversas acerca de la “diferencia de los sexos” ya que su dispersión y desorden en el cam po del discurso, sea éste científico, filosófico, literario o histórico, tiene que ver con el ocultamiento de los dispositivos de represión sexual y dominación masculina.
sentido; ocultando así, evidentemente, el propio sentido: el del poder m asculino y el de la sexualidad hum ana” (FRAISSE, 1993 (1991), p.36), estas páginas quieren suscitar reflexiones acerca de la vinculación interna entre cuestiones a simple vista aisladas, en este caso la violación sexual, el modelo virginal inculcado por la religión cristiana y los modos de pensar el amor y la función de la mujer en el matrimonio. Se sugiere un modo de leer en medio de la intencional digresión, buscando descubrir como mecanismos que ligan y aseguran la perm anencia de d isim u lad as violencias, la u tilización de argum entaciones de culpación, negación y sublimación. La opción de investigar develando la urdimbre minuciosa del poder, no sólo en la confrontación entre la norma y la vida, sino también en la difusa socialización informal que va conformando las mentalidades predominantes en cada época, tiene como esperanza encontrar en ello maneras de desentrañar profundas raíces y por tanto facilitar el camino de cambios, o como dice la mencionada Fraisse “de hacer mover las cosas”. En las tres situaciones indagadas, el abuso sexual, la guardia de la virginidad y el recato, y el enamoramiento y vida conyugal, los mecanismos de la culpa, la represión y la sublimación, como ejercicios de poder, se manejaron a nivel de las mentalidades colectivas, como dispositivos de violencia y discriminación sexual, que anulaban la capacidad de placer y fortalecían la estructura p atriarcal de la sociedad, en este caso, la comunidad santandereana de hace cien años. Bibliografía
En consonancia con la provocación lanzada por Fraisse en su artículo “La diferencia de los sexos, una diferencia histórica” acerca de ejercitarse en el saber, entendiendo que represión y dominación son: “dos series de razones para explicar por qué el discurso sobre el sexo siempre tiene interés en m anifestarse por fragm entos, por trozos de
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FUENTES PRIMARIAS ARCHIVO JUDICIAL DE BUCARAMANGA CODIGO CIVIL DEL ESTADO SOBERANO DE SANTANDER. ENTREVISTA a Rosa María Contreras, nacida en 1903. RODRIGUEZ Alfonso.' Oficio FSrvo de la Purísima Concepción. Librería de Evaristo Enciso, Bogotá, 1898. Códigos Legislativos del Estado Soberano de Santander, Tomo III, Imprenta de Vapor de Zalamea Hermanos, 1884. Periódico EL POSTA, Bucaramanga, 1893-1895.
Serie Instancias del Extasis (1984-1997)
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FLOR MARIA BOUHOT
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Enfrentar una pintura como la de Flor María Bouhot, centrada en el erotismo, llevó al Grupo Mujer y Sociedad a seleccionar su obra para este número de la revista. Cuatro de sus integrantes, luego de una conversación con esta artista antioqueña elaboraron la siguiente reflexión. Ella da cuenta de las principales ideas de esta pintora antioqueña. La vocación artística de Flor María Bouhot se remonta a su infancia y a una maestra, Otilia. Esta llegó a la clase con un dibujo de una m o d ista que le despertó el deseo de pasarlo a un papel W | A D N C A I IC H blanco; ese deseo ■ D U « # U U C v -que d espu és se convertirá en necesidad- va a continuar manifestándose en el dibujar de las laminitas de colores de los álbumes de colecciones de niños. Y luego, en las imágenes de vivos colores “primarios, no claros cocinados que evocan el exotismo y la desmesura”. Ellas se remontan a Puerto Berrío donde vivió con su padre algunos años. Y a un italiano que allí vivía y era el pintor del lugar. Descubierto el interés de la niña por la pintura le enseñó a armar los bastidores, a preparar el lienzo, a usar el óleo. En esos recuerdos tempranos no deja de aparecer
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Conversación de Flor María Bouhot con(“ irce tendal, Beatriz García Moreno, Marta López Castaño y Angela I. Robledo________________
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DEL EROTISMO
poesía. En medio de la soledad, la poesía le servía para expresar sus sentimientos, su ilusión de conocer el mundo. Los sueños que la tom ab an en la noche con tribuyeron a la construcción de su fértil imaginario. “Eran imágenes muy variadas en las cuales primaba esencialmente la muerte. Yo veía mucho a la muerte. Navegaba por cementerios, navegaba por tumbas, por soledades horribles...Recuerdo una imagen que se sale de una bóveda; un animal todo cubierto de pelambre, plagado de gusanos que se metía bajo las bóvedas. Eran una bóvedas de tierra caliente levantadas en troncos de madera. De pronto, el monstruo salía y se volvía a meter. En ese momento, se iluminaban las bóvedas y se revelaban los nombres y las fechas en la piedra y las lápidas. Tuve otro sueño, rarísimo. Yo venía en una barca vikinga. Arrimé
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a una isla. Cuando llegué allí, el cielo resplandecía y los hombres se hincaron en la tierra. No conocía el lenguaje, el significado de hincar. Los hombres en cuestión se inclinaron ante Manhattan, su dios, estiraron sus ancas, se arrodillaron ante él... Lo recuerdo así... Había otros sueños dominados por las fantasías terribles y miedosas que le crea a una la religión. Por eso detestaba a los asque rosos curas que nos hablaban del Juicio Final, del advenimiento de demonios, que todos nos íbamos a condenar, que los demonios deam bularían por los techos. Una cantidad de repre sentaciones miedosísimas que se convertían en mi tormento, constituían mi mundo onírico. También soñaba cosas muy bonitas”. Y ella se detiene en otras figuras que se le presentan, tratando de descifrar su sentido, como si esas imágenes pasaran luego a ser motivo de su pintura. Y en esas reminiscencias que poco a poco afloran, aparecen madres “buenas” y “malas”. Aquellas, protectoras como Otilia, su maestra de la escuela primaria, que supo encausar su vocación y “una mamá maravillosa que siempre fue mi amiga”. Otras, por el contrario, parecían estar viviendo su propia fru stració n que aparecía en la incapacidad de atender a los interrogantes de los niños que estaban bajo su cuidado. Y en esta narración aparece de súbito la salida de la casa, la rebelión contra un padre que quería tenerla en Puerto Berrío, y la huida hacia Medellin, con una tía materna, otra “buena madre”: ella la consentía y apoyaba en sus búsquedas. Esa huida tiene como determinante el no poder expresar su deseo, el quedarse atrapada en la tienda de su padre, sin poder desplegar su ser. Este momento inicia una nueva etapa en su vida, cuando la pintura se empieza a convertir en su
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centro. Cursar en la escuela de Fabricato, bajo la dirección del maestro Marín Greco, luego en la Escuela de Bellas Artes donde logra ingresar como asistente, tras un día de espera, sentada a la puerta del establecimiento. De esa época recuerda los nombres de algunos de sus maestros: Emilio Botero, Uribe, Eduardo Echeverri, Rafael Saénz y otros. Sus m em orias tam bién ponen de presente aquellos primeros días en la ciudad, en Medellin. El terror que le producía, en un primer momento, cruzar la Avenida La Playa. Cómo alguien se compadecía de ella y le daba la mano para que pudiera hacerlo. Esa llegada a la ciudad la llevó a concluir sus estudios de bachillerato y a ingresar a la Universidad de Antioquia a estudiar Artes Plásticas donde encausó el trabajo hacia la pintura que ha seguido desarrollando toda la vida. Desde aquella época Flor María Bouhot comenzó su exploración en el tema de las prostitutas que estaban localizadas, en ese entonces, en la Plaza de Cisneros. Este tema va a aparecer en muchas de sus obras. A veces lo ha trabajado bajo la analogía de la luciérnaga, sugerida por el poema de José Asunción Silva, “La luciérnaga fantástica”. Las mujeres de la noche, las luces en la oscuridad, los adornos brillantes, alumbraban la penumbra. Los colores vivos vienen de las guacam ayas tropicales que lucían sus plumas en medio del tórrido Puerto Berrío; ellos volvieron a aparecer fusionándose en sus obras, que tom aron su luminosidad, su fertilidad, su algarabía. Es así como aparecen los cuadros. “Entonces, era a las cinco de la mañana. Yo vivía en una esquina rodeada por unos árboles de almendro -que adoro-; esos alm endros se llenaban de loritos y de guacamayas. Entonces, cuando salías a la calle de tierra amarilla, encontrabas un tapete verde en el piso. Y el calor, pues ya desde las 8 de la mañana hay calor y hay sol. De pronto, ese olor, que se le queda a una, de la hoja calcinándose
por el sol...Eso para mí era bellísimo, maravilloso, era muy rico. De ahí tomo el verde, el verde me encanta. Vamos a hablar del rosado lola, que le gusta a las prostitutas. Y el verde azul que pasaba... yo recuerdo que de pronto yo veía gente vestida de satín y el satín era rojo, amarillo, verde. Y cuando las mujeres eran muy descaradas y desafiaban el calor se ponían medias con borlas, iguales a las que se usaban en el barrio Guayaquil. Pero esas medias con borlas eran medias verdes chillonas, o rosadas, o blancas con borlas de colores. Además, tenía la imagen de las matro nas...una de ellas se llamaba Mercedes...y de las putas un poquito más finas...En Puerto Berrío se veía mucho color. Por ejemplo, el color del río, café, como sucio, el color de las camisas floreadas, de las coletas, de las cretonas, de los percales. Eso unido al tango, suena hermoso, ¿verdad¿ Me queda una imagen como amarilla con florecitas rojas y todo. Era esa can tid ad de cosas maravillosas que se iban gestando ahí quietecitas, calladitas en el inconsciente. AI ir a Medellin, busqué ese mismo universo de colores que yo traía de allá y lo encontré en Guayaquil. Busqué la misma decadencia, el calor, el color, la muerte, la vida, la tristeza, la alegría, el hambre, la riqueza. El olor a aguacate podrido, a mango, a limón. Todo ello contrapuesto”. Colores desbordantes de la naturaleza, un río que imponía su presencia, que corría desde allá, de la infancia, en medio de un verde salpicado de vivos colores, manchado del impulso de seguir, del deseo que parecía también estar presente en aquellas mujeres. Ellos conformaban ese ambiente peculiar del placer por saciar, del anhelo insatisfecho, reprimido. Eso lo encontraba allá, en Guayaquil. Era un espacio proclive a esas expansiones y le otorgaba a aquellas mujeres, a sus formas y colores, a sus gestos, todas sus marcadas características. Esas aspiraciones expresadas a través de la trasgresión inundan sus otras temáticas. Aluden
al tema de la sexualidad floreciente de diferentes maneras: a veces son frutas que exhiben sus formas; otras, amantes que se tuercen en abrazos cálidos; en otras instancias son m ujeres y hombres que ostentan su desnudez. Y esa persecución del goce requiere del color vivo, puro, que a veces produce incomodidad, angustia: “Casi todo lo que pinto es como de puta. Yo pinto una naranja y es puta según el concepto que tienen, digamos, las señoras comunes y corrientes. Para ellas, para la gente bien, el verde chillón es puto. No está de acuerdo con sus cánones de beige con azulito, con rosadito, con verdecito. Ellas no se atreven a nada y consideran mi obra de muy mal gusto...M i obra debe ser chocantísim a para mucha gente, horriblemente mal pintada para otros. Pero debe ser muy rica para muchos”. Es una expresión de nuestra naturaleza, de la misma incontención que vivimos, del poco sentido de la contingencia que nos acompaña. También el tema de mujeres y panteras ha estado presente en la obra de Flor María. Este parece ser otra expresión de la prostitución. M ujeres agresivas que exhiben sus cuerpos en una invitación a ser tomadas, imágenes de revistas pronográficas en las cuales lo fundamental es ofrecerse a la contemplación y ser deseadas. Pero, ¿por qué estas mujeres¿ Porque esta pintora an tio qu eñ a com prende que es necesario denunciar la felicidad que puede dar el sexo, poner de presente el deseo que se exterioriza, que no se oculta y no se desdibuja en una relación de pareja en la cual la mujer no se somete a un hombre que la mantiene reprimiendo su deseo. Distinto al amor que promueve la sociedad burguesa, “...ésta quiere mostrar un prototipo de mujer que, para mí, es una gallina detestable. A ese tipo de mujer yo la respeto pero me parece un pobre ser desgraciado. Porque la mujer que se acuesta con un tipo, o se casa con un tipo porque le tiene un apartamento, una burbuja, le da joyas y la lleva
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a restaurantes, le tiene tres o cuatro sirvientas, es otra forma de prostituta. Porque la mujer no puede ser lo que quiere ser, tiene que ser una mujer subyugada a un hombre. No puede dar un paso fuera de la casa si el tipo no le da permiso. A mí ese tipo de mujeres, ¡qué pena! no las respeto. Respeto a las m ujeres de Paloquem ao...son mujeres que todos los días se levantan a guapearse la vida a las 4, a las 5, son mujeres que tienen que valerse de todo para sobrevivir...Ese tipo de mujeres camelladoras, que trabajan, tienen que decirle cosas a la vida, quieren dejar huella, quieren proyectar, luchan, intentan fabricar un mundo nuevo, a ésas me les quito el sombrero. Para m í ellas son m ujeres m u y finas, exquisitamente finas que no tienen el baño de oro que les dio el m arido”. Ellas viven en el mercado, otro mundo que proporciona múltiples im ágenes a la obra de Flor M aría. Allí “se encuentra al pueblo colombiano como es, con sus madrazos, las jugaditas de sapo, la papa grasosa, la cerveza sobre la mesa, con sus expresiones peculiares. Estos elementos conforman, para mí, una vivencia grandísima que me enriquece y me aporta mucho”. Buhot ha recreado el deseo en la serie “Extasis”; ésta reúne mujeres que, después de hacer el amor, ¿satisfech as^ ¿in satisfech as1?- retornan a su soledad, a sus cuerpos, acompañadas de perros y gatos. La idea de esta colección proviene de Luis Fernando Valencia. El carnaval es otro motivo recurrente en la obra de Flor M aría B ouhot. “Ahí encuentro sensualidad, color, voluptuosidad, raíces, ritos, tradiciones, fauna, flora Una cantidad de cosas...creo que me moriría, volvería a vivir 10 o 20 días y seguiría mirando el carnaval y el carnaval seguiría sugiriéndome cantidad de cosas y de opciones”. Para abordarlo, la pintora habla de su
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com pañero, A n ton io Sierra quien no sólo comparte con ella su afecto y dos hijos, sino que la ha apoyado con los comentarios a su pintura y con el estímulo para que siga adelante. Es él quien le presentó el tema del carnaval en una fotografía. La pintora se detiene en el universo del carnaval, lo explora sus detalles. Este se le presenta como enunciador de un nuevo erotismo: es el encuentro al desnudo con lo oculto, con lo que no se ve en la vida diaria y que aflora a través de las máscaras. El carnaval le revela un mundo imaginario que permanece silenciado y solamente se abre, se revela, en los días de libertad carna valesca. Allí encuentra los m onum en tos al macho, erigidos por los machos. Al pene que adopta la posición erecta y se exhibe, las vaginas gigantes que se abren y ofrecen. Los hombres vestidos de m ujer com o queriendo ser penetrados. Las mujeres desnudas que muestran sus cuerpos con soltura, destapando lo que generalmente se encubre. “Ahí también se desnuda un pueblo. Se quita la máscara. Y la deja al lado...”. Toda la obra de Flor María Bouhot, que se define como “una mujer muy sola, muy metida en mi cuento, m uy m etida en mi m u n do” es un repensar del erotismo, del deseo. Impone una visión que, abiertam ente, devela lo oculto. ¿Amor¿, ¿Soledad^, ¿impulso vitáis, ¿muerte¿ De ahí fluye toda una fuerza, una presencia que insinúa también una ausencia. Búsqueda insaciable de algo que no parece llegar a encontrarse, lujuria que adquiere diferentes formas. Al final de la conversación el tema recae en la muerte. Para Bouhot ésta es afirmación de vida. Presente en la cotidianidad y en el impulso que la lleva a seguir indagando, o mejor, a seguir creando.
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Flor MarĂa Bouhot
FLOR MARIA BOUHOT A. BELLO ANTIOQUIA 1949 ESTUDIOS instituto de Bellas Artes, Universidad de Antioquia, Educación Preescolar, Asociación Sha lom, 1982 Taller de Máscaras, Teatro Nacional. CO LECTIVAS 1981 Viven y trabajan en Medellin, Sala Suramericana de Seguros. La Nueva Pintura, Galería La Oficina, Gran muestra de Antioqueños, Galería Skandia, Santafé de Bogotá. 1982 Nuevas Tenden cias del Arte en Antioquia Museo de Arte contem poráneo. Mujeres de Vanguardia, instituto de Integración Cultural Seugndo Salón de Grabadoras, Museo de la Universidad de Antioquia. 1983 Mede llin en el MAMM. 1984 Medellin en el MAMM. viven y Trabajan en Medellin Sala Suramericana de Segu ros IV Salón Regional de Artes Visuales, Manizales. Los Nuevos Pintores Antioqueños, Colombo Ame ricano, medellín XV Salón de Arte Joven, Museo Antioquia, 1985 Medellín en el MAMM. Museo de Arte actual, pereira. una Visión de Colombia, Santillana del Mar España. Galería Pluma Santafé de Bogotá. Salón de Arte Joven, Museo La Tertulia, Cali. XXIX Salón de Artes Visuales, Bogotá. 1986 XXX Salón Anual de Artistas de Colculta, Museo Nacio nal, Santafé de Bogotá. 1987 Nuevos Nombres, Casa de la Moneda, Santafé de Bogotá. Universidad de Antioquia, biblioteca Pública Piloto, universidad de Antioquia, Galería El Taller, Pereira. Grabado en Linóleo, Biblioteca Central Universidad de Antio quia. El desnudo. Galería La Francia, Medellín. El desnudo, Galería Las Lara, Barranquilla. XXXI Salón Anual de Artistas Colombianos, Medellín. 1988 Exlibris, biblioteca Luis Angel Arango, Santafé de Bo gotá. Arte de Los Setenta, Arte Autopista, Medellín. Centro Cultural paúl Dumait, Francia. Minit Print International de Cadaqués, Taller Galería Fort, Cadaqués, España. El desnudo, Galería Museo, Santa fé de Bogotá. 1989 Mini Print Internacional, Capilla Hospital Sta. Cruz, España. 1990 XXXIII Salón Anual
de Artistas Colombianos, Santafé de Bogotá. Las treinta de los Noventa, biblioteca Pública de Mede llín. 1991 Medellín en Santafé de Bogotá, Museo Nacional. 11992 bienal de Miniatura Gráfica, Luisa Palacios, Caracas. El Secreto de la Caja de David, Galería Alonso Arte, Santafé de Bogotá. Arte con temporáneo en Pequeño Formato, Talle de Lucy Correa, Medellín. 1993 Historia del Grabado en An tioquia, Museo de Arte Moderno, Medellín. 1994 Museo El Chicó, Santafé de Bogotá, Club de Comer cio, Santafé de Bogotá. XXXV Salón Anual de Artis tas Colombianos, Santafé de Bogotá. El bodegón, Galería Pluma, Santafé de Bogotá. 1995 Pequeño Formato, Taller de Grabado, Medellín. 1998 Taller de Grabado, Medellín. La Baluarte, Medellín, SAT, Medellín. INDIVIDUALES 1983 Instituto de Integra ción Cultural CASD, Medellín. 1985 Galería La Manzarda, Medellín. 1987 Museo La Tertulia, Cali. Cámara de Comercio, Medellín. 1990 Galería Arte Autopista, Medellín. 1993 HCCA Universidad Na cional, Santafé de Bogotá. Galería Use Gordon, San tafé de Bogotá. 1994 Edificio Refugio Alto, Medellín. 1996 Museo Universidad de Antioquia, Medellín, Cámara de Comercio, Medellín. Taller de Grabado, Medellín. DISTINCIONES 1984IV Salón Regional de Artes Visuales, Manizales, 1er Premio Salón de Arte Joven, Museo de Antioquia. 1985 XI Portafolio In ternacional Cartón de Colombia, “Los nuevos Once" Galería Finale, Medellín. 1986 XXX Salón Nacional de Artes Visuales, Santafé de Bogotá V Bienal Americana de Artes Gráficas, Cali. 1987 XXXI Salón de Artistas Colombianos, Medellín. 1989 Mu ral Exterior, Medellín. 1990 XXXIII Salón de Artistas Colombianos, Santafé de Bogotá. 1993 XXXVSalón de Artistas Colombianos, Santafé de Bogotá.
Sus obras se encuentran en colecciones particulares de Alemania, Holanda, Noruega, Venezuela, Estados Unidos y Colombia.
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Z* Tres poem as de P IE D A D BONNET
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((Poeta colom biana)
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DANIEL CRECIENDO
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on el oído del corazón oigo la música secreta de tu cuerpo, el crepitar de tus huesos creciendo, un animal poderoso que te sube en la voz, la turba de tus sueños, las mareas qud con fuerza te alejan de mi Irilla. P olos rincones todos de la casa vas dejando tu antigua piel, y abrumado y espléndido descubres tu desnudez que humilla los espejos. Yo torpe, yo asustada, desde mi torre ondeo mis pañuelos, k Abandonas .. . . . tu tierra de milagros donde es rey el silencio, tu universo de ciegos resplandores O.:-? sin mirar hada atrás. En la mañana en que trémulo vuelvas la cabeza para leer las cifras de aquel tiempo, un mar de sal te velará los ojos.
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L A V E N A D IT A A Frida Kahlo, quien pintó este cuadro en 1946
e pura lástima y puro amor yo te regalaría mí cuerpo, venadita. J U ' í Yo, que envidio el relámpago nocturno de tus cejas, tus manos con anillos, la voz india, y tu cuello altanero de mestizal A ti que te dio Dios todo a montones, incluido el dolor y ante todo el dolor yo te daría, si fuera Dios, un cofre con huesitos de plata mexicana y un pie de oro. Y limpiaría, con mi mano eterna las llagas de tu alma, venadita. Te pediría a cambio todo el amor que te sobró en el cuerpo y un retrato vibrante de colores.
RACION DIARIA
Mira -le insiste el Minotauro a Teseo- sólo hay un medio para matar los monstruos: aceptarlos.
Cortazar (Los Reyes)
in una sola luz ni un solo ruido un barco cruza el agua nocturna de mi infancia; tal vez el cocinero se desangra sobre cebollas rubias con el rostro lleno de verdugones y la bata empapada. Mi miedo se bebía el aire de la alcoba con los ojos abiertos y el monstruo que me habita sofocaba mi voz con su cola de escamas. Ayl Amorosamente, desde entonces, le doy su ración diaria. Tenso animal carnívoro, el ruido de su boca que mastica es música en mi insomne madrugada.
Dos poem as de ALFONSINA STORNI
PUDIERA SER
Pudiera ser que todo lo que en verso he sentido no fuera más que aquello que nunca pudo ser, no fuera más que algo vedado y reprimido de familia en familia, de mujer en mujer. Dicen que en los solares de mi gente, medido estaba todo aquello que se debía hacer... Dicen que silenciosas las mujeres han sido de mi casa materna...Ah, bien pudiera ser... A veces en mi madre apuntaron antojos de liberarse, pero se le subió a los ojos una honda amargura y en la sombra lloró. Y todo esto mordiente, vencido, mutilado, todo esto que se hallaba en su alma encerrado, pienso que sin quererlo lo he libertado yo.
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TU ME QUIERES BLANCA
Tú me quieres alba me quieres de espumas, me quieres de nácar. Que sea azucena sobre todas, casta. De perfume tenue. Corola cerrada. Ni un rayo de luna filtrado me haya, ni una margarita se diga mi hermana; tú me quieres blanca. tú me quieres nivea, tú me quieres casta. Tú que hubiste todas las copas a mano. de frutos y mieles los labios morados. Tú que en el banquete cubierto de pámpanos dejaste las carnes festejando a Baco. Tú que en los jardines negros del engaño vestido de rojo corriste al Estrago. Tú, que el esqueleto conservas intacto.
no sé todavía por cuáles milagros, me pretendes blanca ( Dios te lo perdone), me pretendes casta ( Dios te lo perdone). me pretendes alba. Huye hacia los bosques; vete a la montaña; límpiate la boca; vive en las cabañas; toca con las manos la tierra mojada; alimenta el cuerpo con raíz amarga; bebe de las rocas; duerme sobre escarcha; renueva tejidos con salitre y agua; habla con los pájaros y lévate al alba. Y cuando las carnes te sean tornadas. y cuando hayas puesto en ellas el alma que por las alcobas se quedó enredada, entonces, buen hombre, preténdeme blanca, preténdeme nivea. preténdeme casta.
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C L A R A S IL V A EN LA SELVA OSCURA DE LOS CUERPOS Mujer, tú que saliste embozada de miseria a buscar el tiempo del abrazo y en cada puerta por el ausente preguntabas, vuelve a tí, a tu sombra defendida de la sombra. Clausurados los lechos en los que Dios cambiaba sus criaturas, y en cerradas estancias juglar de amor vencido, sus cuchillos dibujaban el perfil de la muerte arrojados en un viento de delirio; o descubría el rostro secreto de la vida entre ardientes oleajes subiendo por las sienes; ahora, en las lozas frías de la mañana, el hombre sin ventura trepado a ti, a tu noche, - muro de tu sensual melancolía busca su salvación del maleficio. Y entre amuletos vanos él invoca a su ángel lastimado renaciendo de una llaga oculta en el círculo de tus manos. Tú, que amando te amabas, inclinada a tu sombra vivirás en soledad, buscándote. Hubo santas quemándose a sí mismas y de su viña avaras. Por que en la selva oscura de los cuerpos él se encuentra, perdiéndote, tú te pierdes buscándolo...
((Poeta mexicana))
SE HABLA DE GABRIEL
Como todos los huéspedes mi hijo me estorbaba ocupando un lugar que era mi lugar, existiendo a deshora, haciéndome partir en dos cada bocado. Fea, enferma, aburrida lo sentía crecer a mis expensas, robarle su color a mi sangre, añadir un peso y un volumen clandestinos a mi modo de estar sobre la tierra. Su cuerpo me pidió nacer, cederle el paso; darle un sitio en el mundo, la provisión de tiempo necesaria a su historia. Consentí. Y por la herida en que partió, por esa hemorragia de su desprendimiento se fué también lo último que tuve de soledad, de yo mirando tras de un vidrio. Quede abierta, ofrecida a las visitaciones, al viento, a la presencia.
(GARCIA M O R E N O Diana
ALAMOR
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Parecería que te he buscado desde siempre. Por ti he subido agrestes montañas y he bajado a suaves llanos siguiendo leves trazas de mi cuerpo he recorrido lejanos territorios y atravesado extensos mares envuelta en tus artimañas. He cantado a la vida y llorado mi existencia. Te he jurado fidelidad y te he mentido, te he buscado desesperadamente y me he fugado de tus cercos. Por ti conocí la noche y me perdí en ella sin esperar el día, por ti descubrí las estrellas y la luna, y las hice mis confidentes por ti conocí el sol, el cielo, la playa y el mar, y mi cuerpo se desbordó con su luz y su color y adoptó sus sensuales movimientos convirtiéndome en agua informe, semilla de mi misma. Te he encontrado en ojos ennochecidos con brillos de estrella en ojos claros salpicados de sol en cuerpos arena, llenos de azul y dorado en cuerpos noche, llenos de tierra y misterio de olor a bosque húmedo. A veces he intentado alejarme y vuelves y te presentas con una nueva melodía : más azul, más agua, más cielo, menos tierra, más tierra, más misterio, más bosque húmedo, menos sol y de nuevo me pierdo en la noche y el mundo desaparece, y mi cuerpo se ensancha para recibirte y te pido que te quedes. Pero déjame ausentarme por momentos necesito recorrer mi propio huerto, recomponer los fragmentos de mi cuerpo. Al ir buscándote también he sembrado mi sendero.
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LA CARTA Al pasar el tiempo nos damos cuenta de la inutilidad de ciertos esfuerzos para mantenernos vivas; a Gala le sucedía, buena parte de su vida albergó la noción de no estar, y su deseo forzado en circunstancias coincidía con el nudo de la indeterminación esencial. Aquel día en que salió con la ropa, con la pena a cuestas en la búsqueda de un camino sin retorno; era temprano, la brisa le acarició la cara de rasgos indios, la atemporalidad dejaba en ella el rastro de la serenidad viva. Esa cultura estrecha, por donde circulaba el deseo impelido le era ajena, aquellas calles sin aceras, el ruido que identificaba con el grito a empujones, desvirtuaba a sus ojos toda permanencia. C an sad a de señalar con su cuerpo más vías para el deseo y la alegría, Gala abogó por un paisaje nuevo donde aligerar los pies, aunque el desierto de la extrañeza acogiese sus ansias, que en todo caso podrían ponerse a prueba pero nunca resultar inútiles.
LA CARTA
El día anterior había tropezado con el último indicio de su pasado ; una carta ponía fin a lo que había amado. Los términos de la misma eran empobrecidos signos de la pasión sin lenguaje en la que se implicó por tanto tiempo : esto es una despedida, decía, al cabo del agotamiento confirmo lo difícil que ha sido comprenderte, descubrir que deshaces sin proponértelo toda garantía en torno a la estabilidad, es la confirmación de tu carácter desquiciado.
LA CARTA
Existen seres en la fabulación que encarnan matices de fuerzas oscuras para apurar la intensidad del relato. Tu caso es ejemplar, más duro por lo desigual; te has atrevido a saquear con tu “sinceridad” los espacios donde guardo los todavía residuos de mi paciencia, hasta agotarlos. Con las palabras nos quedamos, convivimos con ellas aunque a veces su latigazo permanezca inalterable envenenando el recuerdo. Tu caso es la acción insana que habla menos, que hace m ás...¿cómo suponer que con un
MARTA LÓPEZ -----------------
amante te apresurarás a señalarme la tensión distinta de tu embeleco hacia mi ¿ Cuestionaste la costu m bre, p u siste en prim er plano tu ambigüedad, dijiste que me amabas, que igual ibas a estar siempre sola, cualquiera fuese el conju n to de los im plicados. Un dolor m ás antiguo evitaba la entrega donde se revolvía como enigma la vida. Hablaste de un universo propio y sin límites que nacía diferido sobre y con los cuerpos. Recordaste que en los objetos permanecía también el animus de esta noción que te obliga a conservar sólo algunos privilegios. Me incluiste como una lata en ese corazón que almacena. Te extrañaste cuando te negué mi afecto aquella noche en que subrepticia te deslizaste entre m is m antas, después de tus propósitos afectivos diseminados. Me invitaste a continuar una experiencia gratuita a fin de resquebrajar los límites de nuestra, según señalaste, identidad. No te creí por fortuna, y cansado ya de la necesariedad que emanabas, empezó a serme im posible tu voz, in so sten ib le tu olor, recordándome entonces la febril tibieza de la vía animal. Cuando por fin el silencio se apoderó de tus labios, vi las lagrim as en tus ojos, pero también la inaplazable decisión de hacerte a una vida sin mi. C on satisfa cc ió n mi an tigu a amargura se diluía con tu dolor y te confieso que más pertinaz fue mi convencimiento de verte vencida como una hoja mustia en el otoño de tu desazón, acumulándose con la impetuosidad de tus días. Ahora que sé que te vas, ahora que la sustitución ya ha encausado las huellas por donde vuelve al fin mi ciudadanía, otras cosas, otras referencias asisten a la paz que perdí alguna vez siguiéndote, y otra mujer reposa sobre el lecho revuelto de mi pasado contigo.
Gala cerró las páginas, oprimió el papel y lo deshizo, lejano el pensamiento pasó por los días que les unieron, un aroma elemental más allá del encuentro impregnó la cortina de la memoria a la holgura de lo que también ella era : un trozo de nube, el viento agitando una rama, la nostalgia de la luz filtrada en el desvanecimiento de las horas más quietas, un ulular de gargantas sin cuerpo respirando el sonido de la materia más fugaz. Una mujer cobró vida desde el fondo de su ser y batió con sus alas la oscura curva del entrecejo. Gala removió unos papeles, clasificó por temas el conjunto de sus intereses; mecánica, pensó en la adustez de los días sobre la mesa de trabajo desposando su vida con la pregunta y compulsándola. Pensó en un trozo de geografía, en una grafía milenaria, en tinta difuminada como el jade... .El pájaro desplegó el mensaje más femenino con su aleteo...sus ojos vagaron como canoas por el umbral de un mar cóncavo, gustó la escarcha en el paladar de un interior abolido para tocar las dunas de la piel extensa e inco rruptible como el tiempo. Entonces tom ó la pluma y encabezó una carta que quedó trunca sobre la mesa, un mensaje que no envió nunca : “Si muere el beso que acarició la ilusión, se extien de un dolor que abre la ausen cia a todo...son lunas desechas, las nubes que trazan la oscuridad del firmamento y lo perturban, fauces, las fuerzas que engullen la luminosidad de los planetas. Cuánto intervalo sin menguar el temor de nuestro yo erguido, cuánta lluvia y sol y nieve restan para oradar la mentira de nuestra objetividad con caminos de mies para el fruto de nuestro encuentro en llamas; ahí aún se espesa el abismo del alma que repta por el túnel de nuestro encuentro quieto...Te espero allí, en la siembra de los días más lúcidos, para unir la risa a la sal de la alegría, eterna como un fénix nuestra luna entre los dientes.
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EL CRIMEN
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Ella ha cometido un crimen. Una tarde de un uno de marzo con el aroma del café y su libro de lectura: “M ás allá de las máscaras” lo vio entrar. Sí, era el mismo que su mente había visto cuando oyó su voz por el teléfono: encantador, con fuerza, ojos verdes-grises y cabello negro. El hombre que quiso conocer desde siempre. Sus miradas se cruzaron y supieron que era su encuentro.
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Caminaron, compartieron, disfrutaron del encuentro y todo parecía increíble. Sin embargo, el crimen era un hecho. Sí, ella era la responsable. Todas las leyes que la condenarían estaban escritas desde hace más de 2000 años y con ellas iría a ser juzgada.
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A pesar de todo, cada encuentro, cada llamada, días enteros de 1^ 1 l l i l C I V I profunda placidez para ambos, E á k V llI lv I E il n cada cosa compartida permitiría seguir soñando: ideas, gustos, sensibilidades, música, libros, CIRCE URANIA SENCIAL GÓMEZ pasado, todo, increíblemente todo era igual, pero... ella seguía cargando con la responsabilidad de lo que había pasado y pasaría... El crimen empezó a ser descubierto cuando su cuerpo temblaba con sólo mirarlo. Todo estaba prohibido para ella: debía ser de piedra porque de lo contrario descubrirían su falta. Su corazón amante, su bondad, sus preocupaciones eran sus peores enemigos porque delatarían lo que ya había hecho... atreverse a cometer un crimen. A pesar de su buen cuerpo, sus senos hermosos, de su espíritu joven y lleno de vitalidad y sabiduría estaba condenada al castigo, no tenía esperanza, irremediablemente llegaría el momento...
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Ella sabía que cuando se ama todo se da, porque el amor no es cosa de la mente, el amor no es sensación. No se puede pensar en el amor. El amor no es algo que pueda ser captado por la mente. Cuando el corazón está vacío de las cosas de la mente, y por lo tanto está lleno existe la posibilidad del amor.
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Sólo existe el acto de amar. Sólo existe el acto de amar que es una actividad productiva sin bloqueos, ni prejuicios, ni complejos, así lo creía ella, pero ya no había esperanza para tanta osadía. Al fin su crimen fue delatado ¡increíble! qué intrépida había sido. No tenía derecho a tanto: sentirse viva, penetrante, consciente, anhelante, amante a pesar de su crimen: creerse con derecho a amar a pesar de ser mayor que él. Por este crimen recibiría toda la fuerza de la LEY PATRIARCAL
EL CRIMEN
Serie Los Amantes (1984-1997)
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ÚLTIMO A CTO PRIMER A CTO : DOLOR
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No sabía de donde venía este dolor, solo podía reconocerlo y se golpeaba contra él como un insecto se golpea contra un vidrio. Y, engañada por su transparencia, ella también se obstinaba en querer atravesarlo. Tomaba impulso, se pegaba y volvía incansable y absurdamente a hacerlo hasta que, de puro agotamiento, caía contra el obstáculo invisible. Este dolor llegaba en cualquier momento, de cualquier manera. No podía prever su llegada. A veces se insinuaba en ella _ paulatinamente; a veces era ella que iba a su encuentro y se sum ergía en este dolor como uno se sumerge en un río. Pero de cualquier manera ella reconocía enseguida este sufrimiento y sabia que entonces, y aunque nada hubiera cambiado alrededor de ella, se aislaba del mundo y se concentraba únicam ente sobre las pulsaciones dolorosas de esta herida. Pensaba en los relatos que había oído de estos colonialistas que volvían con una apariencia saludable pero secretamente carcomidos por un mortal virus, un mal difuso, fugaz y tenaz pero del cual ni se quejaban temiendo tanto la compasión como el aburrimiento. Ella también callaba. Cuando el dolor subía en ella tal cual la marea, se desdoblaba. Todas sus fuerzas se concentraban en las apariencias. Hacer que el cuerpo, el rostro, las palabras funcionen. Pero las cosas que hacía o que oía ya poco la alcanzaban. Este dolor aparecía en momentos inoportunos, cuando ella hacía cosas que amaba o estaba con gente que le gustaba. Entonces, súbitamente, el interés se apagaba, como una luz que se apaga y ella se debatía sola en su universo de ciega, tal cual una inválida reciente, desconcertada por la oscuridad. Se esforzaba por interesarse en lo que pasaba alrededor de ella por temor de atraer la atención sobre su ausencia. No quería que se supiera que se sentía disuelta. Había transformado “esto” en un personaje extraño, inquilino intempestivo de su cuerpo, tal cual una especie
ULTIMO ACTO JACQUELINE AUBENAS__________ Tomado de: Les cahíers du Grif. "L'amour et les femmes". Editions Complexes. Bruxelles. 1992 Traducción libre de Florence Thomas para la Revísta "En Otras Palabras.."
ULTIMO ACTO
de invasor arrogante. Entonces, ella pensaba los acto s y los gesto s tratan d o de engañar su alrededor. T ratab a incluso de m irar sus interlocutores con intensidad, se reía fuerte, se esforzaba algo de más. Pero constataba que esa coloración que se daba no impresionaba a nadie. Tal vez los que la querían de verdad percibían de repente esta presencia artificialmente acentuada, o al contrario un retraimiento imperceptible, pero no decían nada. Siempre creyó én la fuerza del hacer y hacía para sobrevivir. Pero no sabía si era el método adecuado y no se atrevía a preguntar. Tenía miedo de las palabras que dan existencia. Mientras el dolor no tenía nombre, le pertenecía a ella sola, y pensaba poder vencerlo en un combate singular. Se veía en un restaurante ruidoso, rodeada de amigos y am igas. De repente “la cosa" cam biaba el escenario, volviendo su plato sin sabor y la conversación vacía. Su cuerpo ya no estaba ahí para reír, comer, hablar y sólo era ahora un forro para este enemigo interior que le apretaba la garganta, le cortaba la palabra. Y, en este contexto brillante, embaldosinado de cerámicas de piscina, tenía la sensación que todo esto existía sólo para que se cumpliera lo irremediable, transformán dose en la misma trucha que había dejado de comer y que, muda y asfixiada como ella, abría patéticamente una última vez la boca en una agonía de pez.
cosas en el mercado. Compraba un melón sólo por su olor fuerte, pesado y dulce. Ya no encon traba la sensualidad de los platos que se doraban en el horno, la suavidad de las pastas y el placer del ruido seco de las verduras picadas en la tabla de madera. Todavía guardaba algo de la alegría de la mesa, sus manteles y la vajilla que sacaba del armario campestre. La mesa redonda seguía siendo el último centro de reunión. Le gustaba y vigilaba su apariencia. El ya casi no comía ahí. Las comidas se habían vuelto para él un lugar de rechazo, de resistencia y huía, tal vez sin saberlo, de todo lo que venía de ella. Ella lo sabía y esto la hacía morir cada día. Frente a su resistencia, ella se refugiaba en esta sensación de un estomago demasiado lleno, enfermo e incontinente. Un rechazo de lo que la alimentaba y le hacía creer que existía. Su cuerpo estaba tan cansado y tan lleno de descomposición que se preguntaba como podía funcionar aun. Ella no había contado a nadie esta disentería.(..... ) Entendía que se había enfermado de la vida. El también lo sabía. El se refugió en un resfriado de verano y le aconsejaba tom ar unas pastillas amarillas que le daba con una solicitud distante. El tomaba aspirinas y se llenaba la garganta de spray. Los dos estaban frente a frente a su dolor; ella le dijo que quería hablarle de esto. Él le respondió "lo estamos haciendo” y se fue sin mirarla.
SEGUNDO A CTO : DIARREA
TERCER A CTO : EL CUERPO
En su estómago, el pánico. Como llena de agua, se vaciaba, se regaba. Había perdido el placer de la comida, se esforzaba y su cuerpo, como un animal sano, lo sabía y evacuaba. Comer le daba nausea. Debía com prar com ida, prepararla, cocinar y todo esto la llenaba de una pereza imposible de controlar cuando anteriormente le gustaba, le hacía agua la boca comprando las
Tenía una edad en la cual sin estar joven no estaba aún vieja. Poco a poco descubría lo que ya no podía permitirse. Conocía sus pequeñas zonas de derrumbe. Se volvía frágil a las vigilias, al vino, al dolor. Navegaba según los ritmos de su vida en diez años más o diez años menos. Se acordaba que no hacía mucho encontraba ancestrales las mujeres de más de cuarenta años. Se preguntaba
cuándo termina la seducción, el deseo, acor dándose de los textos de las enamoradas maduras. Estos textos euforizantes le parecían falsos y en contradicción con las miradas ordinarias de los hombres que privilegian la piel lisa. Encontraba injusto envejecer justo cuando necesitaba todas sus fuerzas para enfrentar el dolor, este mismo que enfatizaba el paso de los años. Cómo tener la piel tersa sin dormir y sin comer, el muslo firme cuando cada día vacilaba de angustia. Todo esto le daba, en contra sentido, en contra vida, en contra deseo, un rostro gris. “Pareces cansada” le decía la gente que no la había visto desde hacía algún tiempo. (..... ) Había llegado a un punto tal de fragilidad que nadie la podía ayudar. Vivía en lo trágico, en lo negro. Sabía que esto no era razonable. Su lucidez no le servía de nada. Su cuerpo le recordaba su soledad y no le daba ninguna certidumbre. En la mesa, se sorprendía reinventando los gestos de estas mujeres bellas pero viejas que luchan todavía por su belleza: apoyaba sus codos en el mantel, tomando su rostro entre sus manos, no para prestarle una atención especial a su interlocutor sino para estirarse la piel un momento con la ilusión de am aestrar su juventud. C uan do estaba acompañada, componía una eterna sonrisa desde el exterior de ella misma. Pensaba en esta patética lucha de las mujeres para parecer...
CUARTO ACTO : LA MIRADA Él ya no la miraba. No tanto porque sentía volverse objeto, o nada o transparente. No. Estaba demasiado presente y él no quería verla. Preferiría que no estuviera ahí, simplemente. Así que su m irada hacia cualquier cosa para evitarla, contornarla. Sus ojos se fijaban o se dirigían hacía otra parte. O también trataba de hablar a otro, al lado, lo que quería comunicarle o compartir con ella. A veces sintiendo que esta actitud se volvía insoportable, su mirada se volteaba hacia ella
bruscamente. Y entonces sus ojos la humillaban y pensaba no haber conocido nunca algo más doloroso que estos ojos. Sufría por él de la vergüenza y el miedo que expresaban estos ojos que no se atrevían a expresar algo. Eran ojos de huida, de muerte. El pánico la invadía, lo invadía. Entonces para evitarle este dolor, decidió no solicitar más esta mirada. Pero lo pensaba sin cesar y él lo sabía, sin duda. Cuando por casualidad ella captaba su mirada, esta mirada llena de culpabilidad, ella trataba de apagar la suya, de vaciarla de esta espera que a veces no podía disimular. En seguida se sentía culpable y lo insoportable se in stalaba, intenso, breve y rápidamente borrado por una nueva huida. Hasta ahora, ella había amado los ojos de la gente, verlos vivos. Pero frente a esta imposible novedad, se sentía inválida. Él había organizado su circulación en la casa. Se levantaba ya cansado por una jornada que le pesaba porque no sabía como iba a vivirla. Bajaba a desayunar solo, sin compartir más el placer de abrir y leer juntos el correo, las noticias. Volvía a subir sólo cuando podía oír el ruido de la ducha sabiendo entonces que ella se vestiría en otra pieza. Así, en este desencuentro mudo, evitaba, minuto a minuto, el silencio y las preguntas portadoras de malestar y de tristeza. Ella había sido consciente del establecimiento progresivo de esta técnica sin prestarle mucha atención al principio pero después inquieta y resignada. Por la noche, él huía en un sueño pesado o simulado pero inmediato, descansando de las noches que pasaba en otras partes. Volvía como vuelve un caballo a la caballería por la avena y el lecho. Ella, cuando se dormía, sentía su cuerpo tenso, lleno de tics, de temblores repentinos y sobresaltos dolorosos. Trataba de rehacer la historia de esta intolerancia, del cómo llegó a no poder vivir más con ella, manteniendo la ficción de las apariencias, de la
casa, de los hijos y de los amigos que a veces la llenaba. Entonces no huía pero vivía como exilado en su propio territorio, éste que había creado y amado...Ella ya ni siquiera podía trabajar en su casa puesto que no era una casa que por un m om ento era vacía sino un lugar que había perdido su sentido, cuya fam iliaridad se le escapaba. Ya no tenía un lugar puesto que este lugar de los dos ya no existía. El dolor la volvía imbécil y podía pasar horas inerte como una anciana en un banco de h ospicio, en una inmovilidad sin pensamiento. Entonces casi no sufría. De este vacío salía agotada preguntándose si un día podría nuevamente vivir ahí, sin hacerse preguntas, feliz.
QUINTO A CTO : E L SILENCIO Debía aprender a callar. No hacer preguntas. Aún cuando no había dicho casi nada, era demasiado.. Hablaba como el periódico, el radio para las noticias exteriores. Contenerse. Se sentía como un río que se vuelve canal. Transformada en agua lisa, plana y controlada por las esclusas. Pero se asfixiab a con este m on tón de palabras no pronunciadas. Tenía que evitar las inundaciones devastadoras, las aguas estancadas mortales. Inventar riachuelos subterráneos.(....). Trataba de secarse. Solo gota a gota. Sentía un gran malestar en esta geografía seca como un explorador sin experiencia que atraviesa un desierto. Esta contención la agotaba. A él le gustaba el Sahara, justamente. (.... ) Y ella soñaba con un oasis, un espacio fértil y fresco. Pero sabía que era una ilusión de imprudencia que se había aventurado donde no debía. La ilusión última y suntuosa de una tierra que ya no la rechazaba. Lograr un oasis. Sentía la fuerza desesperada de las aventureras que se arrastran, caminan y caen pero se vuelven a levantar y caminar hasta sus últimas fuerzas para llegar a la meta. Tenía siempre sed.
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SEXTO A CTO : EL VIA JE Cuando subió a su carro, no era para irse donde la esperaban. Quería ver el mar. Entrar en él tal vez. Improvisaba una necesidad espontánea y fuerte. Sabía que iba a generar inquietud para sus amigos que la esperaban. Tal vez esto era lo que deseaba. Puesto que no podía ni quería decir nada, su fuga de algunas horas o su desaparición rom pería el silencio y develaría su dolor subterráneo. Trataba de esconder la imposible verdad. Se fue con cautela como si la siguieran. Y a medida que pasaban los minutos, pensaba que allá se generaba sorpresa y ansiedad. Sufría por los que ponía en este estado de espera. Este pensam iento, por primera vez desde hacía muchos meses, rompía el caparazón duro que la aislab a. M an ejab a con trariam en te a lo acostumbrado, muy rápido y segura. Tal vez iba a morir pero no había escogido ni el poste ni el camión. Evitaba el uno como el otro con una atención y una tensión que le dolía la nuca. Su cuerpo tieso en el acto de apretar el timón. Con gran sorpresa sentía placer al apoyar sobre el acelerador y miraba la autopista como un cuadro abstracto, rayado con colores, luminoso, difícil y para lo cual era vital poder leer muy rápidamente las señales. Parecía drogada. (....) No la habían seguido y podía entonces seguir en p a z , con una velocidad razonable hacia el destino que sería suyo. Se sentía liberada de toda decisión, flotando como una nave sin timón mecida por las olas. Ya no era necesario pensar ni sufrir. Solo dejar que los acon tecim ien tos tuvieran su autonomía. Recordaba difícilmente en la noche, los cruces, las direcciones a seguir, los atajos que la llevaría a este punto preciso donde había sido feliz. Miraba las casas pequeñas cuya ausencia de cortin as las volvía tran sp aren tes com o
acuarios. Veía hombres sentados en sillones, mujeres ocupadas en tejer o lavar la vajilla, niños encorvados sobre sus tareas en la m esa del comedor, plantas verdes en materas forradas de papel de chocolate o papel crepé rosado. Siempre quería ver el mar. No sabía si la marea iba a ser alta o baja, el agua muy fría para calcular el dolor que sentiría antes de sumergirse rápida o lentamente. Sabía que si de verdad quería morir encontraría la fuerza para luchar contra la arena de la interminable playa que se vuelve agua solo en el horizonte. Calculaba su caminar lento en la arena mojada, y el trayecto que debía hacer para no hacer pie y el trabajo de la corriente que le impediría ahogarse. Pensaba acostarse como un caballo cansado esperando el trabajo del agua. Pero todo esto era un relato que construía para ella misma. Tenía desde algunos meses atrás tanto deseo de morir que ni siquiera luchaba contra sus aventuras macabras. Manejó hasta el lugar que amaba y encontró la oscuridad profunda de un lugar sin luna ni luz ninguna. Antes de abrir la puerta del carro, pensó, como un jugador de poker, que si el mar estaba ahí, pegando a la pared, podría dejarse deslizar, encontrando así un remedio a este agotamiento que la sumergía. Cogió su cartera como para sentir el calor de un objeto familiar en medio del frío que la esperaba. Casi se cayó sobre unas piedras, y se sintió ridicula como el actor que no puede desenvainar la espada durante el tercer acto, se abrió la rodilla como un muchacho necio y vió, sin extrañarse, que la marea era baja y no había dejado sino un charco de agua justo como para mojar una suela. El mar estaba tan lejos que ni lo podía oír. Se devolvió avergonzada, viva. Había visto el mar y esto no le había servido de nada.
"EL DÍA DEL MATRIMONIO, Amy Tan inicia su novela con la historia de una niña que al ser violada comienza a ser culpada de todas las calamidades que sufren sus allegados1. Tras leer el libro, pensé que esto sólo ocurría en el lejano oriente y no en una ciudad intermedia del departamento de Boyacá. . Los apartes de la historia de vida que presento a nuestra Revista Otras Palabras, son precisamente esas palabras que recogí en la investigación denominada: Una mirada a los imaginarios sociales de las m ujeres de los sectores populares, cuyo
MI VESTIDO FUE NEGRO"
objetivo es interpretar y conocer los relatos que las mujeres hacen de sus vidas en las regiones de Boyacá, Santander y Bolívar.2
María hoy tiene 50 años, ha tenido 10 partos, 9 hijos vivos y desde los 10 años, teje y vende cotizas. Leamos detenidamente sus propias palabras: "Nosotros allá vivíamos en el campo con miábuelito que sembraba papa y maíz, porque mi
YOLANDA PUYANA VILLAMIZAR Trabajadora Social. Maestría en Estudios de Fbblación. Universidad ftontificia Javeriana. Ptofesora Asociada del departamento de Trabajo Social de la Universidad Nacional. Coordinadora del Programa de Estudios de Género. Mujery Desarrollo. Integrante del Grupo Mujery Sociedad.
mamá no es casada, eiia R e f le x io n e s a c e r c a d e u n a h is to ria nos tuvo soltera. Siempre la historia es triste, d e v id a d e u n a m u je r b o y a c e n s e verdad, porque cuando yo tenía 16 años, p o r ahí un man me engañóy tuve la hija que está en San Jo sé Soy la mayor, somos cinco hermanos. Ellos, mi 1 El Club de la Buena Estrella es una historia magistral, en la que se relata el drama de cuatro madres migrantes chinas a los Estados Unidos así como sus contradicciones con las cuatro hijas. 2 Esta investigación está realizándose como parte del Programa de Género, Mujer y Desarrollo de la Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Ciencias Humanas, financiada por la Cooperación Holandesa y el CINDEC de la U.N. Se tratan de comprender los cambios que se han dado en los imaginarios de las mujeres, en relación al proceso de socialización y a la división sexual de roles. Se realizaron 60 historias de vida en las tres regiones y se celebraron 26 grupos focales encaminados a recoger las concepciones que las mujeres tienen sobre esta temática. Se dirige a las mujeres de estrato bajo, rurales y urbanas, de ciudades intermedias, pequeños poblados y sector agrario. Ha contado con la excelente colaboración de la Trabajadora Social Cristiana Orduz y con la asesoría de las demás investigadoras del programa como Dony Meertens y Juanita Barreto, entre otras.
a O mamá y mi papá me humillaban mucho. Me humillaban porque que yo era la deshonra de la familia, que yo era la ... que era una maldición, eso que más no me decían. Me pasó eso. Hasta una vez que hubo una granizada me dijeron que era por culpa mía, que eso era castigo de Dios. Y yo como que me crié así, seguímejor dicho de ahí en adelante como con un complejo. Y así he estado siempre. A m í me da pena pu es hablar así con /aspersonas, me siento que como que no valgo." (risa nerviosa) María comienza la historia así: fue abusada sexualmente por un hombre de 30 años, cuando ella solo tenía 16. Debía pasar muchas horas sola y aislada en una finca y no sabía nada acerca de la sexualidad.
UNA INFANCIA COMO TANTAS A “ sí desde pequeñita por ahí ayudar en la casa con lo que había que hacer, por ahí haciendo trabajos, por ahí ios vecinos me convidaban a cogerpapa, a lavarlas ropasy asía cocinar. Como a ios ocho años me puso a la escuela mi mamáy cuando cumplídiezya no pude volvermás, porque entonces ya los otros hermanos tuvieron que ponerlos a la escuela también. En toces me tocó ponerme a trabajar, cosiendo cotizas. Desde ios diez años en adelante me dediqué a trabajar en eso, a coser cotizas, para ayudar a los otros hermanos. Cuando estuve en la escuela puesyo vivía asípues como aburrida, porque había veces mipapá venía, se llevaba a mimamáyme dejaban sola en la casita allá. Ya cuando mi abueUta faltó, me dejaban sola. Oyó me iba a estudiary cuando llegaba mi mamáya no estaba, me tocaba durar unos ocho o quince días, sola. Mipapá no quería que me pusieran en ia escuela, porque a las mujeres que para que estudio, si las mujeres pa 'qué, que se casaban, que pa ' criar hijosy pa ' cocinar que pa qué quería estudio. En
realidad yo ahora digo y siquiera me hubieran dejado estudiar. Una tía me iba a ponera estudiar y ella me trajo a Santa Rosa, mimamá no me dejó porqueyo era ia que ie ayudaba a trabajar". María, com o la mayoría de las cam pesinas minifundistas de su región, definió su identidad y fue socializada por su madre mientras cumplía un intenso trabajo dom éstico, artesan al y agropecuario. Estos oficios árduos para una niña, permanecen invisibles en su calidad de trabajo en los imaginarios de la sociedad, la familia y por ellas mismas, son mas bien interpretados como una obligación natural propia del ser femenino. La división sexual del trabajo que vincula a la mujer con las tareas reproductivas, sigue latente en los imaginarios de los campesinos boyacenses. Además ha sido consagrado por los mismos dioses de la mitología Chibcha. Cuenta la leyenda por ejemplo que “Bochica Hijo del Sol, dividió los oficios por sexos: los hombres se dedicaron a la agricultura, a la construcción de casas, a los oficios religiosos. Las mujeres debían preparar alimentos, criar a los niños y participar en los oficios religiosos”. (Suárez, Pinzón. 1992,52) Por cum plir con las tareas d o m ésticas y artesanales María tuvo que dejar la escuela, con viertién d ose en otra v íctim a de los estereotipos de género, que desligaban a las mujeres del proceso educativo y que hasta hace dos d écad as cau sab an unas ta sa s de analfabetismo muy superiores a las masculinas. "Mipapá y mi mamá peleaban mucho. M ipapá ia trataba m aly ella ahímismo cogíay se iba. Era grosero, no le llegó apegar, sino que el vocabulario era tremendo y pues nosotros debido a eso, le cogimos miedo también. Porque nos trataba mal. A mí una vez me trató maly me tiró un azadón que yo no sé qué santo bendito me favoreció. Porque tenía unos bueyesy los había acabado de castrar, entonces nosotros pues pequeños -yo
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tenía por ahí8 años-, tai vez nos pusimos ajugar y ios dejamos en el sol. Y llegó y eso, madrecita nos trató... nos decía estos desgraciados. Huy virgen santa, para que quieren servir pa solo tragary miren ios animales que se aso Haron. En toes agarró un azadón a darmeyyo me agarré a correrpor una falda abajo. M i mamá nos daba duro, por lo menos a m í Yo tengo la cara cicatrizada, porque ella agarraba una vara de esas de acacio, de esos chamizos y por nada había veces nos daba. Una vez me dio una muenda, huych, por nada. M i mamá me había dejado haciendo el almuerzo, una muchacha se puso a pelear conmigoy no me dejaba arrimara la cocina. Cogió un cuchillo y como ella era más grande, pues me asustaba y me decía que si entraba a la cocina me cortaba. Yopues asustada y como era más pequeñita... Llegó mi mamá y qué era del almuerzo p a ' mandarle a mipapá?. IMadrecítal, agarró esa rama de acaciay deme; me agarróy me dio dosjuetazos por ia caray el resto por el cuerpo. Después los vecinosy un tío la regañaron, que como me iba a castigarasí, que tai y me hubiera reventado una vista. Yo me agachaba y ie decía: mamá pero yo no tuve la culpa, la muchacha esa me cogió un cuchilloy no me dejaba entrar a la cocina. Ella decía: si, pero que voy a hacer de almuerzo y ya es tarde. Yyo me decía:pues de pronto ella tiene la razónporque yo no hice ei almuerzo. Después yo misma, me fui a llevar el almuerzo. Ella ahí toda brava dijo: ahora va, usted misma le lleva, ojalá le déjuete. El a lo que me vio la cara toda totiada. dijo:-Que ju e?, -que mi mamá me pegó. Qué por qué?, entoesyo le conté. Yera que él no, mejor dicho él no me quería a mí, yo no sé porque. Peroyo no sé porque no me quería o que".
María estaba integrada a una familia patriarcal, maltratada por el padre y por la madre, lo cual le produjo desde antes de ser abusada sexualmente, muy poca estima por sí misma. Debía cumplir con sus obligaciones a como diera lugar, haciendo esfuerzos por encima de sus capacidades físicas, recibir órdenes y obedecer sin replicar o dar ninguna explicación a las adversas situaciones que rodeaban su trabajo. Las agresiones de sus padres corresponden a un imaginario sobre la educación de la niña3 que valora una formación autoritaria y violenta, durante la cual la tarea central de la función paterna y materna es corregir, moldear de forma estricta las tendencias n atu ralm en te d estru ctiv as propias de la naturaleza de la infancia. Se cumple así con un ancestral adagio popular: “árbol que crece torcido su tronco nunca endereza”. "Mi papá no me abrazaba, éi me tenía como fastidio, no me dejabajugar con nadie. Un primo que es cuñado hoy en día, él también pequeñito y yo también,jugábamosy una vez me acuerdo, yo por ahí tendría unos 7 años, que mi papá regañó a mi mamá, porque me dejabajugar con ese. Decía que yo era una coqueta. Eso si tengo presente yo, creo que no se me olvida nunca. Cuando y o escuché que él regañaba a mi mamá y d ijo : esta no se cuantas, esta desgraciada, esta tal por cual. IHuy, Madrecita ese vocabulario!Porqué deja esa sinvergüenza ju ga r con ese man? esa es una coqueta, si la deja de aquí a mañana que va a ser. Yyo me acuerdo siempre de eso". - La misma María, con la introspección que la
adultez produce, entreteje los sentimientos de
3Véase al respecto el capftulo tres del texto “Sentí que se me desprendía el alma". Escrito por Yolanda Puyana y Juanita Barreto, editado por INDEPAZ y el Programa de Género Mujer y Desarrollo de la Universidad Nacional. Se analizan en el texto como madres y padres conciben a las niñas como un adultaso precoces y recaen en ellas múltiples responsabilidades domésticas y de trabajo agrícola.
temor y de curiosidad que despertaron los comentarios y pronósticos que el papá hacía de ella.
UN "MAN" SIGNÓ SU DESTINO "Se me grabó eso, de que coqueta, se me grabó mejor dicho, que nunca se me olvida de cuando me engañó ese man y tuve la pelada y decían que todo lo que pasaba era p o r culpa mía. Que porque y o era la deshonra de la familia, que y o era ia maldición, que más no me decían Mis hermanos de ahípa '¡ante empezaron a tratarm e mal, a pegarm e cada rato, a irrespetarme ¡Huy VirgenI Yo había renunciado a casarme. Yo decía: Dios mío que me proteja, yo no casarme, más bien me estoy soltera. Cuando ese man me engañó, yo asistía sola el día domingo en la casa, mis hermanos se iban por allá ajugar. Yo me la pasaba sola. Él me djo que él se casaba con yo y ya después entonces hizo lo que quizo con yo y se retiró. Yo me provocaba deciry la única medio amiga que tenía era una cuñada de una tía y a m í me provocó contarle a la china, que ella si era mayor que mí. Pero a mime dio pena, yo me diopena haberle contado. Yo digo: pues de pronto le hubiera contado, de pronto había sido mejor. Entonces tuve intención de contarle: mire esto que me hizo fulano, después me diopenay me callé. Entonces ya después de que supo que estaba embarazada, ahísi que fue peor. Porque cuando me di cuenta yo le dije que estaba como embarazaday queyo que. Que mirara a ver qué iba a hacer. Me djo que a él no le importaba nada. Parasaber del embarazo fue queyo eché a echarle asco a la comida, me daba vómito. Entonces un día mi mamá djo : Esta va estares lastimada. Y se puso a sobarme. Entonces en esas ella se puso a llorar, se dio cuenta. Pero ella no me djo nada,
se puso a llorar. Niyo sabía que era lo que a yo me pasaba. Ya después se puso a preguntarme que por q u é?y me djo que por qué tenía eso? que qué era lo que me habíapasado, pregúnteme y pregúnteme. Enton, en fin le djeyo : Mami que fulano de tal un día queyo estaba sola vinoy me violó. Y djo: Ahí, me djo que tenía que decirle a ese man que se hiciera responsable o sino, que cómo sería mi papá. Yo digo tai vez falta de que mimamá me hubiera dado consejos, yo digo hoy en día: mimamá me hubiera dado un consejo de pronto hubiera sido más... Yo, eso que, como no tenía amigas ninada, nimimamá me decía nada. Entoncesya ella le puso el denuncio. Duró como un mesy pagó abogado, salióy así. Después ella me pegóy ya mis hermanos de ahípara adelante me cogieron cada rato y deme el uno, déme el otro, hasta elmás menorme castigaba. M imamá me pegaba con una vara. Cuando mipapá supo, ie djeron que yo no estaba ese día en la casa, porque decía mimamá después, que dizque traía un cuchilloy una correa. Yolos escuchaba por ahí que discutían y me estuve adentro en ia pieza y no salí. Pero entonces cuando élsupo, eiman ese ya estaba preso. Quien sabe si el cuchillo sería para m í o sería para éi Pero lo que si oí es que mi mamá ie decía: No, ese ya está preso, ya le puse denuncio, ese ya está preso. Él alegaba, eso maldecía por ahíy yo que temblaba: Ahora que entrey me pegue también. Yo no vine a ningún control de nada hasta última hora. Tenía apenas 16 años. Una hermana de mi mamá que es mi madrina, vivía aquí y era amiga de un doctor, me trajo: djo que me trajeran para que viniera a control. Vine ei domingo que para el lunes sacarcitay esa noche me puse mala. Ysentía un dolor de estómago que yo no podía estar acostada. Entonces mi madrina me sintió queyo levánteme y corra pa dentro y pa fuera, pero yo no ie decía nada a ella sino que me escuchóy me djo: Qué le pasa?. Le d je: es que estoy mala, empezó a decirme que cómo era que me dolía,
entonces le dije que me dolía la cinturay me d p : eso ya se va a alentar. Sin embargo me dijo: Vamos al hospital, yo soy amiga allá con ei doctor y la hago atender eso eran como las 5 de la mañana. De una vez la enfermera dijo: esta muchacha estáyapara alentarse Se fuey llamó al doctory después me hacía la burla. Yome daba una pena y me tapaba con las cobijas y no le contestaba nada. Decía: tranquila mija que ahorita le vamos a conseguir un marido allá en el supermercado. En ese tiem po habían unas herm anitas atendiendo en ei hospital y ellas me dieron consejos: Mire mija no vaya a volverlo a hacer, nia comprometerse porque de ahorita en adelante cualquiera se burla de usted, me decía la hermanita. Y no, pues duré 5 años después de que hubo la pelada." Maria duró cinco años, como madre soltera, se sentía culpable e impura y no pensó en casarse. "Un día el que hoyes miesposo me invitó a bailar, que fuéramos a mirar torosy la pasamos por ahí esa tarde. Ya se pusieron mis hermanos a tomar con ély entoncesya nos fuimos. Yo les dije a mis hermanos que yo me iba pa la casa, que si ellos no se iban, yo me iba porque mi mamá había dicho: no se van a demorar. El estaba con dos hermanasy mi suegro. Me invitaron a bailar, que a tomar. Yonunca me ha gustado tomary te dije:yo tomo gaseosa. Entonces ya empezaron a decir mi misma cuñada: mire Teresa que mi hermano está enamorado de ustedporque tuvo un sueño, que no se qué. El sueño era que se había soñado con yo. Yo en realidad dije: es que y o creo que no sirvo para ser casada porq ue ustedes saben lo que me pasó. Le contesté así a la cuñada. Y dijo: No tranquila, elya sabe como es ustedy él dice que quiere casarse con vusté. Yese fue el prim er día que nos veíamos otra vez. Entonces ya siguió visitándome, cómo un mesy medio duramos tratándonosy nos casamos.
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M i mamá decía que mirara a ver si volvía a hacer lo mismo, que no fuera pen dejay que me llenara de hijos así como ella. Entonces ahí siyo decía queya no, porqueyo me acordaba de ios consejos que me había dado la hermanita. Yo decía: Ay Dios mío/hubiera habido alguien que me hubiera dado un consejo antes que me hubiera pasado esto, de pronto no me hubiera sucedido, quien sabe si sería de cosas que tenían que suceder:y así como al mesy medio nos casamos. Esa vez también mipapá como que diopara hacer chicha, le dio a mimamá media arroba de maíz e hicieron chicha. M i vestido si fue negro, porque como decían que como eso uno después de tener un hijo, eso y o que iba a vestir otro vestido. De blanco no podría porque como ya tenía un hijo. Hicimos fiestay bailamos música llanera. La fiesta duró una noche no más. La primera noche, a m í me daba como miedo hacereiamor, verdad. Porque a mímeparecía que, mejor dicho a yo me parecía que no era verdad que yo me hubiera casado. Y que pa seguir sufriendo asísoltera, como había sufrido harto con mis hermanos. Él no me explicó nada. Es que da como pena, eso sisentímucho miedo. Pero éi me decía: de todas maneras es que nosotrosya somos casados, por qué se afana?. Pero sin embargo a míme daba como miedo. Cuando nació elniño, él estaba felizporque mejor dicho ahí si le llegó lo que éi quería, porque los muchachos silos ha querido mucho. Pero cuando llegaban las m ujeres pues, com o que se desilusionaba,se emborrachaba. De aposta hubieron 5 mujeres y 4 hombres. Ei no quería mujeres porque sufrían mucho, que los hombres sufrían también pero más las mujeres. Que siya que hablaban de ellas, que ya no se qué. Yo los tenía en la casa con una señora, acompañadora así, partera".
EL MITO QUE ENCIERRA ESTA HISTORIA DE VIDA Según Juergen Franzkee (1996) cada historia de vida expresa un mito, forma una estructura y contiene una secuencialidad. El mito de cada historia se encuentra en el mismo relato y solo es posible desentrañarlo cuando se hace una lectura diacrónica de su propia estructura, de la secuencia misma y se interpretan tanto lo dicho, el contenido latente y hasta los silencios. En el relato de María por ejemplo, sus tem ores y esperanzas están marcadas por un momento traumático: cuando ella se sintió violada por “ese man”. A este instante le aduce sus sentimientos de inseguridad constante, su miedo de hablar, un sentimiento de culpabilización permanente y de minusvalía. El análisis de la historia se dirige a interpretar sus contenidos, no interesa si fue objeto de una violación en el sentido del término, pero es claro sinembargo, que ella permanecia semiabandonada por su familia, sobrecargada de oficios y no tenía un mínimo conocimiento acerca de su corporalidad. Quien la abusó tenía 20 años más que ella e incluso estaba recién casado. Así mismo la culpa y la baja autoestima que siente María y que marca su existencia, fueron provocadas desde antes por los intensos maltratos de los padres. En la entrevista se nota que ella sentía después de la agresión materna que su misma madre tenía la razón. El relato demuestra los mecanismos patriarcales en los cuales la cultura encierra la sexualidad femenina. María está articulada a la familia de diversas formas porque además de la sobrecarga de responsabilidades laborales y domésticas, debe guardar el honor de la familia reprimiendo su sexualidad y las expresiones lúdicas. Su sexualidad es invisibilizada a través del silencio y solo se evidencia cuando aparece un hijo no legitimado por el matrimonio. En la zona cundiboyacense, el m adresolterism o es un fenómeno común y la reacción de la familia ante el
embarazo de las jóvenes con frecuencia es violento, porque un embarazo en estas condiciones implica una violación al Código de Honor que reproduce el poder patriarcal. Una familia es valorada por la pureza de sus mujeres, estas deben llevar en alto el apellido, deben cuidar su virginidad y es deber de los padres entregar las mujeres vírgenes al hombre en el acto sacramental del matrimonio católico. Con algunas variantes específicas que no son objeto de este trabajo, puede afirmarse que es significativo en esta cultura lo propuesto por Virginia Gutiérrez de Pineda para el Complejo cultural Santandereano: “El poder femenino se encubre en el Código de Honor, pero este código restringe al máximo el control del cuerpo por parte de la mujer. Es un sistema en el cual se definen las últimas metas y posiciones en la vida para los actores en una sociedad, lo que hombres y mujeres son y deben ser, tratan de cumplir o de llegar a serlo y cómo no pueden hacerlo" (Gutierrez, 1989, 39 ) Transgredir las normas sexuales propias de lo que constituye el ritual del matrimonio católico, puede provocar desgracias naturales, al tratar la m ism a autora el papel del m atrimonio en el com plejo cun diboyacen se: “Al tra ta rse de comunidades rurales minifundistas la unión libre supuso una manera de provocar a la Divinidad Todopoderosa, que puede vengarse fácilmente con la economía, provocar sequías, lluvias o excesos de la naturaleza. Existe por ello, un control a quienes violan estas normas". ( Gutiérrez 1954, 70) De esta manera, el relato de la entre vistada coincide con una concepción animista que justificaba el maltrato a la mujer provocado por la violación de las norm as sociales. Los desastres naturales en esta familia, como la pérdida de las cosechas, las intensas lluvias o sequías son causados por la mujer que vive en pecado y viola el código de honor. El campesino boyacense es animista, tiene fé en el poder de la naturaleza sobre los cuerpos, sobre
la salud o la enfermedad. Su vida se rige por creencias muy profundas, como el poder de las brujas representado en la lechuza,4 el de las matas de sábila para espantarlas, el de la palma para ah u y en tar las tem p estad es. En estas con cepcion es se reproducen elem entos misógenos que se expresan en las actitudes de rechazo a la sangre menstrual, porque esta sangre contiene el mal es peligrosa para el campesino, “la aparición de la menstruación complica la situación para las mujeres, porque a través de los tabués que la rodean, el hombre expresará su miedo a la muerte. Durante el período menstrual viven las mujeres con mayor intensidad la crisis de la confrontación cultural y casi siempre las salidas son extremas: prostituta, o bruja o mujer sacrificada dentro de una terquedad a toda prueba” (ICAN, 1993 pág. 124) En este caso, María asume el rol de mujer sacrificada y se culpabiliza por el embarazo sobrecargándose de oficios domésticos y artesanales. El silencio de la sexualidad femenina requerido para el código de honor de la familia se expresa en varias dimensiones: En primer lugar, cuando las mujeres se refieren a la sexualidad de sus madres. Ellas afirman de manera categórica que “mi mam á es muy culta, nunca supim os ni siquiera cuando iba a tener un hijo”,5 destacando una valoración positiva al silencio sobre la corporalidad femenina. La subcultura cundiboyacense aprecia muy positivamente a los letrados, el proceso de educación formal y dentro del lenguaje coloquial son cultos, quienes han sido por lo menos bachilleres.6 En segundo término, porque se considera como valor incuestionable del ser mujer boyacense, ser recatada y silenciosa
respecto a la sexualidad. Es decir, se combina la identidad regional con la forma de asumir un determinado comportamiento sexual. En el curso de la investigación citada cuando se preguntó a una madre comunitaria por qué era tan difícil que las mujeres tocaran este tema, de manera enfática comentó: “es que son boyacenses, las mujeres que hablan sobre el sexo son de otra parte, no pueden ser de aquí”. Por último, se asocia el sexo femenino a una “grosería”, palabras que aunque se dicen en la intim idad, son rechazadas en el lenguaje “culto” y se connotan de forma negativa fenómenos propios de la reproducción y cambios corporales femeninos. La menstruación, el embarazo y el alumbramiento se expresan con los términos: “me enfermé, me alenté, me sentí mal”. Estos imaginarios sobre la sexualidad femenina son p roducto de factores tradicion ales ancestrales, de un sincretismo cultural entre la cosmovisión de los Chibchas y la forma como se adoptó la religión católica entre las comunidades campesinas. Se oscila entre la mujeres buenas y las mujeres malas. Entre los Chibchas era Bachué y Huitaca: “Por eso vuestra madre Bachué salió de la laguna, ella es la semilla de la vida, que crece de la tierra y del agua, del sol que todo lo llena de energía y procrea la claridad del mundo. Huitaca es una bella mujer que aprovechó la envidia y los rencores y enseñó al pueblo a emborracharse, a pelear y las artes de la brujería” (Suárez, Op. Cit.26) Como se plantea en la Mujer Lechuza, existe una articulación entre las brujas y los curanderos para el tratamiento de la salud y la enfermedad (1992, pág. 51).
4La invesigación sobre la vereda rural Sora en Boyacá y publicado en el libro "Las Mujeres Lechuza" muestran comosubsiste aún la brujeríacomo una manera de control social y reproducción de relaciones de poder en estas comunidades. 5Véase al respecto el capitulo tres del libro ya citado: Sentí que se desprendía el alma. 6En una entrevista de la investigación citada una mujer campesina planteaba refiriéndose a sus hijos bachilleres:"Solo dos sacaron la bandera enalto".
Como herencia del catolicismo, ese silencio sobre la sexualidad se reproduce por una ideología marianista, producto de la identificación de las mujeres con la Virgen María, muy valorada como madre, pero asexuada y sierva de Dios figura de la om n ipotencia m asculin a. Vale la pena m encionar com o la religión cató lica y las múltiples vírgenes juegan un papel central en el desarrollo de esta cultura. El viaje de peregrinación a la catedral de Chiquinquirá es un ritual periódico en todas las familias”. ”E1 culto a la Virgen María, proporciona un patrón de creencias y prácticas cuyas m anifestaciones conductuales son una fortaleza espiritual de la mujer, paciencia con el hombre pecador, y respeto por la sagrada figura de la madre. Esta fuerza espiritual de la mujer engendra abnegación, es decir una capacidad infinita para la humildad y el sacrificio. Ninguna autonegación es demasiado grande para la mujer latinoamericana, no puede ser adivinado ningún límite a su vasto caudal de paciencia a los hombres de su mundo”. ( Chaney, citada por Fuller, 1996 14) LA HISTORIA DE VIDA COMO MANIFESTACIÓN DE VALORES CULTURALES Otra manera de interpretar la Historia de Vida es reconocerla com o expresión de valores culturales de un grupo social. Examínese en el caso de este relato la reacción a la violación de esta familia. Al conocer que su hija viola el Código de Honor la madre llora, la golpea, denuncia al violador para disminuir el impacto del agravio en el padre y solo le da la noticia cuando ya el agresor se encuentra en la cárcel. El padre acude con una correa y un cuchillo, la primera para la víctima y el segundo para buscar el agresor y a través de la violencia, posiblemente con la sangre, recuperar y poner en claro el honor mancillado. M últip les valores cu ltu rales acerca de las relaciones entre los géneros se plasman en el relato
de María: la madre que castiga a nombre del padre, los hermanos que ejercen más violencia contra la que cae en pecado y el marido le ofrece la oportunidad de salir de ese círculo vicioso de recriminaciones familiares. Sin embargo aunque María sale, ha interiorizado la culpa para el resto de su vida. Aunque en el ritual del matrimonio celebran con chicha, con el maíz, fuente de vida y de fertilidad, María debe vestir de negro. Debe mostrar en público que no es virgen, con el vestido debe ser castigada por su falta de castidad. Recuérdese como en el imaginario latinoamericano, el blanco es símbolo de lo puro y el negro significa la muerte. "Ya cuando e l niño tuvo un año, e l m ayor, é l se fue. A llá duró com o 6 m esesy vo lvió y duró com o un m es. V o lvió y se fue, a s íy a después seguido se ib a p o rallá. Ya después quedé em barazada é ltraía p lata. Yo trabajab a a h í en la casa cosiendo m i cotiza. Tam bién, nosotros sem brábam os m aíz, alverja y trigo, tom ábam os io tes en arriendo o en com pañía p ara sem brar. N os levantábam os a las 5 de la m añana y nos íbam os, cuando era a sem brar a sem brar, cuando era a desyerbar a desyerbar. Llegábam os a la s 8, h acíam os e l desayuno y nos poníam os a cosery a las 4 de la tarde otra vez vayay eche o tro jaló n a lpedazo de tierra. A las 6 a h acerla com ida. Cuando estab a em barazada tam bién, ig u al. Bueno, cuando e lpelado m ayor, faltándom e un m es é lno m e dejó trab ajar m ás, d ijo q u en o . Pero de resto cuando é l se ib a p u a llá ; p o r ejem plo cuando estuve em barazada de Azucena, s i m e tocó trab ajary después así. A llá en Venezuela é l trabajaba en las plataneras. D ecía que era duro, que les tocaba echarm achete, sem brando p látan o, eso venía con esas m anos todas llen as de callo s d elm achete. Ya s ífue hasta cuando teníam os lo s 3 m ayores, e lpelado m ayor y las otras dos: Azucena y O lga. Entoncesy a nos
vinim os p a acá p a D uitam a. M is herm anos com praron aq u íesta caseta a ifren te y nos vinim os pero en obra negra. Le d ije yo que saliéram os d ei lado de m im am áy q u eyoya no quería estarm ás, n i a i lado de m i m am á, n i a l lado de nadie, que nos fuéram os p ara alguna p arte solos".
La historia de María gira en torno a la forma como con el mando se distribuían el trabajo y luchaban por la sobrevivencia. La vivienda propia constituye una de las metas cumplidas y más anheladas de su vida. El arduo trabajo de él en Venezuela y la forma como María trabajaba haciendo co tiz as, cuidando los 9 h ijo s y realizan do to d as las tareas d o m ésticas, permitieron realizar su sueño de adquirir una vivienda propia. "La relación con m im arido ha sido m ás o m enos porque últim am ente se volvió borracho, de viejas. Ya cuando vivíam os a q u í arrib a en la caseta com enzó a tom ar,yo le echo la culpa a lo s am igos. É ly a después cuando y a hubo e l cuarto pelado, y a se dedicó o m ejor dicho a lo que term inó de p ag ar la casita entonces y a se dedicó. Vino y aprendió a rom per llan tas, p lan tillas, entoncesy a pusim os nuestro ta lle rcito p o r nuestra cuenta. Entonces p o r a llá a donde é liba, lo s am igos que consiguió no eran de m uy buena conducta y em pezaron a llevarlo a la borrachera. D uró 13 años pero se dedicó a la pura borrachera.
ofenderlo, en ton sacó y tom e. H acía tres días que se había id o y yo estaba de m algenio, sacó y tom e, m e d io un cachetad ó n y m e neg rió la cara. Entonces e l com padre lo regañó que com o era eso, que eso no era de hom bres negríarle la cara a la m ujer. D ijo que no, que fue que ella se cayó. S iclaro, no ve queyo so y bobo le decía. Entonces n i m ás. N o m e ha gustado denunciarlo, n i siquiera a m i fam ilia ie decía nada. Q ué fu e?. Q ue m e d olía una m uela (risas). Y m e decían : si, com o no, bonito dolor de m uela. Y yo: Q ue sí, fue que m e dolió un d iente y se m e negrió la cara. A ninguno le d ia saber que era que m e había pegado y yo decía que de todas m anerasyo ten ía ia culpa. A h o rita y a hace un año que está p o r a llá lejos, se fue p o r a llá p a Yopal, se cansó de trab ajar en la llan ta y se fue. Porahíseguido m e llam a. Ya hace días que no m e llam a. N osotros estam os pensando ah o rita en las vacaciones. Po r a llá tien e otro hijo, e l que ie sigue a Paola. H e bregado p ara que a m is h ijas no les p ase lo que m epasó a m i. Yoies he dicho, les he contado, les contaba la historia, io que m e sucedió: Yo no quiero que a ustedes les pase io m ism o. Eso es terrib le. Yo m e he sentido no sé, ta i vez nadie m e ha dado apoyo de que yo m e valore yo m ism a. M e p arece que no he hecho nada.
Tomaba cerveza y duraba dos, tres días tom ando en lo s bazares, en lo que fuera. D ecía y o : S i este hom bre no cam bia a yo m e toca apartarm e de él, y a no lo aguanto m ás. Porque dos, tres d ías tom ando, lleg ab a trab ajab a 3 d ías, se ib a e l sábado a entregarm aterialy póngase a tom arotra vez, yo d ecía: esto no puede ser.
A m is h ijas y o ie s d ecía que h ab ía que ten er cuidados, que m iraran que lo s hom bres eran trem endos, que m iraran lo que m e había pasado a m í, que cuanto había sufrido con io s tíos.
A veces se ha portado grosero, com o dos veces m e dio una cachetada. Una vez m e negrió y yo digo que ta l vezyo tuve la culpa porque le saqué ia piedra, porque llegó borracho y yo m e puse a
Yono tengo am igas, p o 'a h íde saludo. M ejordicho nos saludam os pero a s í que nos pongam os a h ab lary hablar, no. Es que en la realid ad tengo m iedo yo de ias am igas porque y a m e han dado
m alos consejos. Q ue a veces p u es tuvim os problem as p or a h í con m i esposo y ellas, p ues: eso no sea boba, trátelo m al, eso no sé qué, eso no sé deje, eso no sé cuantas. Yo digo en realid ad que las personas a veces lo hacen a uno com o p eiiar m as bien. La cotiza está dejando ah orita m uypoco, p o r a h í S500 o S 1000 en e l diseño y e l trabajo. D e resto no porque se subió m ucho e l m aterialy la cotiza no sub e de p re cio . E s que h a y m ucha com petencia. Unos trabajan y dan m ás barato y uno d ice: cóm o harán ? porque de todas m aneras e lm aterialsu b ió y ellos dar esa cotiza tan b arata".
El marido hace dos años vive en otra ciudad y ella está separada porque comprobó que vive con otra mujer. Algunos apartes de la historia de María muestran que la infancia, el abuso y el maltrato de los padres continúan signando su historia. En este sentido su vida contiene apartes similares a muchas mujeres socializadas en circunstancias similares. Las discriminaciones en razón a su género signan su historia: debe interrumpir su escolaridad, porque su padre considera que las mujeres no requieren educación, debe contribuir a la sobrevivencia de sus hermanos a través de un trabajo doméstico y artesanal, pero esta labor es mvisibilizada por su familia y por ella misma. Todas e stas circu n stan cias, su m ad as a la incomprensión de su misma corporalidad inciden en que tenga una imagen devaluada de sí misma, interiorice con culpa la agresión y realmente se sienta m erecedora de m ás violencia y señalamientos. Qué consecuencia trae para la vida de María el abuso y las múltiples discriminaciones en razón a su género para su relación amorosa^. En primera instancia, María encuentra en el hombre que le propone matrimonio un ser que la va a salvar de
una especie de esclavitud a la que está sometida. De la misma manera que la Cenicienta de los cuentos de hadas, encuentra el hombre quien la saca de su familia. Debe observarse también, que el se sintió solidario con M aría porque su h erm ana tam bién había sido violad a en circunstancias similares. Durante su vida conyu gal, María realiza una intensa actividad domés tica y laboral, que permite la supervivencia de sus 9 hijos. En el relato, ella destaca la labor realizada por su esposo para conseguir la vivienda, mientras que su trabajo doméstico es invisibilizado y la elaboración de cotizas apenas se destaca. Ante la falta de oportunidades para los sectores populares, lo hombres deben migrar y someterse a extenuantes jornadas laborales en búsqueda de algunos ingresos. En un principio María cuenta con la colaboración de su com pañero, pero cuando la vivienda se compra y por múltiples a sp ecto s m ás, la relación de pareja se va deteriorando, ella empieza a recibir agravios y golpes del compañero de manera pasiva: “él casi pierde todo con el juego y las “borracheras”. Esa fa lta de a u to estim a , p rodu cto de una socialización y las formas de discriminación que recibió com o género, producen una M aría temerosa, incapaz de luchar reafimarse ante el esposo, que continua reproduciendo valores de opresión de las mujeres: "Cuando n acían m ujeres é l se em borrachaba, porque no quería tener niñas. Las m ujeres sufren m ucho, decía". "Cuando llegaba a ia casa lo prim ero que hacía era buscarlas en su cuarto, no las dejaba sa lir." "Yo estaba pendiente para no disgustarlo".
Son expresiones en la historia de M aría que denotan esta dinámica cultural de discriminación permanente hacia el sexo femenino. Cabe al final una última pregunta, cómo María se resiste a ese cadena de discriminaciones en su
historia personal^ Aunque no lo denuncia cuando el esposo la m altrata, se percibe una manera sutil de lucha contra todas estas formas de opresión a través de la manera como María ha socializado a sus hijas e incluso a partir de la forma como comenta su propia historia. María se revela contra las múltiples discriminaciones de que es objeto: No quiero que a mis hijas les pase lo que a mi me pasó. Siendo consecuente con esa manera de vivir la maternidad, María ha logrado brindar a sus hijas e hijos mejores oportunidades educativas, ha “sacado adelante" una hija con atraso mental, asume un rol menos autoritario si se compara con el que aprendió de su madre. Posiblemente María, como muchas otras mujeres de la zona Cundiboyacense ha contribuido en la form ación de otras m ujeres y niños m enos tem erosos y con m ayores capacid ades de expresión.
Bibliografía Barreto, Juanita. Puyana Yolanda. Sentí que se me desprendía el Alma. Editan: Indepaz y Programa de Género Mujer y Desarrollo. Universidad Nacional. 1996. Chanfrauult-Duchet, Maire Francoise. "Mitos y estructuras narrativas de las historias de vida". En Historia v Fuente Oral. No.4 Universidad de Barcelona, España. Reimpreso en 1996 Fuller, Norma. En torno a la bipolaridad machismo, marianismo. Anuario de en Hoias de Warmi. Universidad de Barcelona. Año 1996 Gutiérrez, Virginia y Nel, Ugr. Honor. Familia v Sociedad en Santander. Universidad Nacional. 1993. ...................Familia v Cultura en Colombia. COLCULTURA. Bogotá. 1954 Pinzón, Carlos. Suarez, Rosa. Las Mujeres Lechuza. ICAN. Instituto Colombiano de Antropología. La Mujer Lechuza. Historia y cuerpo de la Brujería en Boyacá 1.992. Bogotá.
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"CUANDO EL AMOR Jamás se imaginó que ese muchacho de Tópaga, a quien había conocido en su pueblo, de niños, hijo de Doña Encarna, le haría, después de cortejarla, lo que le hizo.
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Ella se había venido de allá porque los horizontes eran muy vagos y estrechos; ella quería aprender, conocer; ella había visto en los libros y comprendido que el mundo podía ser diferente a lo que su mamá, la señora Emma, la rectora del colegio y las maestras le habían dicho. En un acto de valor, a sus diez y nueve años, em pacó la m aleta y con las con sab idas m aldiciones m atern as, paternas y del pueblo, cogió el bus y se vino para Bogotá. Se instaló en una residencia “para señoritas" y comenzó a buscar trabajo. Lo encontró: era normalista; no cobraba mucho, mejor, no sabía cobrar y la contrataron de inmediato. Sería la maestra de primero de primaria con funciones adicionales de secretaria en un barrio de invasión. Con el primer sueldo, se compró las medias “Mon Reve”, un shampoo que le dejaba el pelo lindo y bello y una cobija. Había visto las medias y el sham poo en la televisión de la tienda donde solía comer; era la única comida que hacía al día. Siguió su rutina. Se levantaba a las cinco de la mañana cosa que no le costaba trabajo porque en el pueblo esa era la costumbre; se bañaba con agua fría -la administradora de la residencia, con una excusa ecológica, no les tenía calentador; para ella , uno de gas, “a paso”- y después de secarse, ponerse desodorante y los calzones pueblerinos, se ocupaba del reto de sus medias “Mon Reve” que le tenían que durar para el resto de la vida pues en muchos meses no tendría para comprar otras. Así se las calaba y, luego, sin identificar con la palabra la sensación erótica, se cepillaba el pelo “liso y bello”
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LLEGA ASI XIMENA CASTILLA Abogada independiente Universidad Extemado de Colombia. Asesora de Grupos de Mujeres.
DE ESA MANERA 1
1 Esta es una historia verdadera, reconstruida a partir de archivosjudiciales. Los nombres han sido cambiados.
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por unos pocos minutos, para después terminar de vestirse y salir corriendo a esperar el bus en el paradero que quedaba encima de la alcantarilla m alolien te. Sin em bargo, para ella, todo, absolutam ente todo, era una aventura y una maravilla. Un día, después de algunos meses, se encontró en Chapinero con Hamilton, ese muchacho de su pueblo, hijo de Doña Encarna y que le hizo sentir, otra vez, la cercanía de sus montañas, de sus pastales, de la tranquilidad con que se puede estar con los iguales y los paisanos. Comenzaron a salir. H am ilton la enamoró. Logró que ella entendiera y nombrara las sensaciones que, como las de las medias, no podía calificar. La llevó a una residencia con olor a creolina, pero ella no lo sin tió com o no sin tió la “p erd id a” de su virginidad. Hamilton la transportaba; era tan pueblerino pero a la vez tan diferente, al menos creía ella, pues había sido capaz, como ella, de dejar el pueblo, y era un tipo inteligente. Como a los ocho o nueve meses, Hamilton la llamó a la residencia de señoritas, la convidó a una fiesta en el apartamento que él, con varios muchachos del pueblo habían alquilado. El no podía recogerla, por lo que ella llegó en taxi, se ubicó en el ru dim en tario sofá, acep tó de Hamilton un trago de aguardiente -en su pueblo hombres y mujeres bebían el día de mercado y las vísperas- y cuando pasó media hora, preguntó por las otras mujeres de la fiesta pues ella era la única y había cinco hombres: Hamilton, dos de sus sobrinos y otros dos paisanos, tres mayores de edad y dos menores. Hamilton le dijo que se demoraban un poquito, que venían de lejos, que no se preocupara, que brindaran otra vez. Ella recuerda, según aparece en la denuncia y en su ampliación, que Hamilton le dijo que estaba muy borracho y que se iba a dormir; la dejó en la
sala con sus sobrinos y paisanos y se encerró en la pieza. Ella, en medio del llanto, recuerda que él, cuando ya había amanecido, la cacheteó por puta, que ¿cómo era posible que se había “dejado” y que no se hubiera opuesto a lo que los sobrinos y paisanos le habían hecho¿ Ella no entendía. Él, su amor, su amigo de la infancia, su primer y único amante, les creía a los otros, a estos cuatro que la habían violado, sin que ella hubiera podido hacer nada. Ella se había despertado con dolor de cabeza, sensación de nauseas y un fuerte dolor en la vagina. Al mirarse, encontró que sus calzones, los que se ponía recordando su pueblo, estaban en la sala, ensangrentados como sus muslos y que los sobrinos, en medio de las risas ebrias de los machos, relataban sus hazañas... “tío, si sabe¿, esa mujer se dejó anoche, es toda una hem bra, nos agu an tó a tod os... ¡Z a s!, la cachetada, cómo se dejó¿ Ella, aconsejada, asistió a una ONG de mujeres y allí, con el apoyo recibido, decidió denunciar, frentear y ser valiente. Han transcurrido cuatro años. En su pueblo la señalan por lo que ella dejó de ir. Se investigó a los menores y la Jurisdicción Penal de Menores los dejo libres. A los dos mayores, la Fiscalía, a pesar de haber suministrado sus nombres y la relación con Hamilton, les han archivado el proceso porque no ha sido posible “identificarlos”. Hamilton está acusado de “favorecimiento” por no haber denunciado la violación, sin embargo todo y todos siguen iguales, menos ella cuyas pesadillas no han cesado y que ahora que ha tenido una h ija, se repiten y son peores. Esperamos la audiencia pública en la que no sería extraño que la Fiscal pidiera absolución porque ella no ha debido aceptar la invitación, no ha debido utilizar esa ropa, no ha debido salir de noche, no ha debido aceptar la bebida y sobre todo ha debido ofrecer más resistencia...
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AMOR Y SEXUALIDAD:
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INTRODUCCIÓN
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Hace algunos años inicié una búsqueda a través de ■■ otras mujeres tratando de encontrarm e porque estaba llena de preguntas, de dudas, de ambigüedad frente a mi misma, y frente a lo que soy: una mujer. Hecho que parece naturalm ente dado. No obstante, a pesar de siglos de verdades naturalizadas, vivimos una época de transición, de cambio y de búsqueda en
A M B IG Ü E D A D , C A M B IO
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y transgresión
aventuran, se arriesgan o tienen la certeza de querer traspasar el espejo, o de querer romperlo, para ir más allá del camino trazado, de los límites impuestos. Colocarse frente a un espejo puede implicar contemplación, complacencia y seguridad de ser realmente la imagen devuelta o puede implicar asombro de sí misma, inquietud, dificultad para reconocer o para identificarse con el rostro que devuelve una mirada interrogante.
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LYAYANETH FUENTES VÁSQUEZ “
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colegiode México.
Un estudio de caso con mujeres universitarias
participaron en la investigación que aquí voy a presentar, fueron para mi un espejo con la suficiente transparencia y generosidad como para dejarme recorrer con ellas preguntas no planteadas, miedos, temores, vivencias, amores y desamores, en fin, el laberinto de lo que uno es, confundido casi siempre con el ideal de lo que quiere ser.
También fueron un prisma con el cual capté diversas formas y colores, diversos sueños y esperanzas, alegrías, tristezas y soledades. Nos referimos a «la mujer» que ha estado naciendo en los últimos 30 o 40 años, en franco contraste con sus madres y
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abuelas, en particular en lo que atañe a su sexualidad, centro de la ambigüedad femenina. Con una característica que las ubica en una condición de privilegio: ser mujeres universitarias, con dición que, de m anera relativa, puede agudizar y hacer mas evidente el conflicto de valores entre la mujer de ayer y la mujer de hoy,1 más aún cuando éstas coexisten, generando las dualidades que enfrentan las universitarias en el campo de la sexualidad. Si bien tenía la ingenua pretensión de encontrar respuestas claras, debo decir que me encontré frente a más preguntas e inquietudes, frente a un m undo que me es descon ocido: el inconsciente. Sin embargo, podemos establecer tendencias que de ninguna manera se plantean como absolutos o generalizaciones. Es más, podemos referirnos a la «mujer universitaria», sin desconocer que se trata de un concepto abstracto y general. Por consiguiente, los resultados tienen un carácter relativo y son válidos solamente para el grupo que participó en el estudio, constituido por un total de 181 estudiantes -160 encuestadas y 21 entrevistadas a profundidad -, matriculadas en las carreras de Sociología, Antropología, Psicología, Trabajo Social y Enfermería de la Universidad Nacional. Pertenecían casi en su totalidad a la clase media (91%). En líneas generales, se puede plantear que no se trata de una población muy joven, si tenemos en cuenta la edad lím ite de ingreso y egreso de la universidad, -19 años para ingresar y 22 o 23 años para egresar -. El 90% vivía con su núcleo familiar, el 65% con su familia de origen y el 25% con su fam ilia de procreación, dependiendo económicamente, la gran mayoría (83%), de sus padres o de su esposo o compañero.
MUJER, FAMILIA Y CAMBIO « La casa del hombre es el mundo; el mundo de la mujer es la casa» Goethe
Afortunadamente hoy, a las puertas del siglo XXI, la sentencia de Goethe ya no es tan válida o, por lo menos, ya no tiene el carácter irreductible que tuvo para tantas generaciones de mujeres. H oy existe una grieta en los valores que confinaban a las mujeres al mundo doméstico, a l« hogar, dulce hogar«, de una manera exclusiva y excluyente, que la apartaban de otros espacios que no fuesen el mundo familiar. El papel de la mujer al interior de la familia ha sido, y es, tan determinante como la función de ésta a nivel social, en particular en las sociedades capitalistas, como señala Zaretsky: La primera burguesía entendió la familia como la unidad básica del orden social - «una pequeña iglesia, un pequeño estado»- y como el último peldaño en la escala de autoridad social. Su concepción de la sociedad no correspondía a una sociedad compuesta por individuos, sino por familias, siendo cada una de ellas una célula indisoluble.2
Si bien, esta concepción de la familia se ha transformado, ésta continua siendo la unidad básica del orden social. En la nueva Constitución de 1991 en el Artículo 42, se consagra la familia como núcleo fundamental de la sociedad. Sin embargo, es evidente que el núcleo familiar ya no con serva el carácter perentorio de indisolubilidad. La Constitución también aprobó el divorcio, facultad que entra a ser regulada por
1 Liliana Mizrahi, habla de la mujer ancestral y la mujer transgresora en MIZRAHI, Liliana R„ La muier tranagresora. Acerca del cambio v la ambivalencia Grupo Editor Latinoamericano, Colección Controversia, Buenos Aires, 1987. 2 ZARESTSKI, Eli, Familia v vida personal en la sociedad capitalista. Ed. Anagrama, Barcelona, 1978, p.39.
el Estado dado que: «Los efectos civiles de todo matrimonio cesarán por divorcio con arreglo a la ley civil» (Art. 42). Estas sentencias reflejan, por tanto, la adecuación de las leyes a los cambios de la sociedad, entre otros, al aumento creciente de las separaciones conyugales y de las uniones de hecho, registrado en las últimas décadas. En particular se registra un crecimiento acelerado de las separaciones a partir de 1970.3 En el marco de estas nuevas realidades, las mujeres universitarias presentan hoy diferentes opciones de realización individual. De acuerdo con esta premisa, el 71.8% consideró que formar un hogar no era para ellas una opción prioritaria, no de una manera inmediata. De este grupo, el 49% sí tenía esta exp ectativ a com o una realización posterior pero aplazada por el logro previo de algunas metas propuestas como son la culminación de la carrera, la estabilidad laboral y económica y la seguridad afectiva y emocional como base para constituir un hogar. La mitad restante de encuestadas se dividió en dos grupos: el primero conformado por aquellas que desean formar un hogar pero no como una opción prioritaria en sus vidas y menos aún dentro de los parám etros establecidos que implican legalización, obligatoriedad, rutina y resignación. Estas mujeres buscan alternativas diferentes de relación al interior del núcleo familiar, están comprometidas en la construcción de unas relaciones de género que cuestionan la subordinación y la desigualdad que ha caracterizado la relación entre hom bres y mujeres. El segundo grupo conformado por una minoría de estudiantes, se destaca por la seguridad y la
resolución con la cual afirman su individualidad, su necesidad de búsqueda y de cambio. Actitud que parece antagónica con la determinación de formar un hogar; es más, para algunas esta posición es ya producto de su experiencia, de intentos fallidos en los cuales resultó bastante incompatible la confrontación y la necesidad de «explorarse como sujeto», de «ubicarse en el mundo», sin que necesariamente el referente fuese la consolidación de un hogar. Esta opción, manifestaron algunas, «limita muchísimo para hacer las cosas que uno quiere como persona», ó «son muchas las concesiones que hay que hacer», ó «el hogar rutiniza y se pierde libertad». Vale la pena preguntarse sí necesariamente la vida de hogar tiende a negar a la mujer como sujeto. C onsidero que si en tan to no se asu m a globalmente como una política de Estado el cuestionamiento y cambio de los roles de género, en tanto los diferentes espacios y agentes de socialización - familia, escuela, iglesia y medios de com un icación - no tran sform en sus estructuras de poder, para que se refleje en la relación entre el hombre y la mujer el grado de humanización al cual ha llegado el ser humano. Así, de acuerdo con Marx : En esta relación se m anifiesta, por tanto, de un modo sen sib le, reducido a un hecho palpable, hasta qué punto la esencia humana se ha convertido en la naturaleza del hombre, o la naturaleza en su esencia humana. Partiendo de esta relación se puede juzgar, pues, todo el grado de cultura a que el hombre ha llegado.4
En síntesis, podemos afirmar que para un grupo importante de mujeres formar un hogar ya no es la «realización fundamental como mujer». Ellas
3 Consultar al respecto el trabajo de ECHEVERRI, de Ferrufino. Ligia, La familia de hecho en Colombia. Ed.Tercer Mundo, Bogotá, 1984, y el de Zamudio, Lucero y Rubiano, Norma, Las separaciones conyugales en Colombia. Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 1991. 4 MARK Carlos, Manuscritos económicos - filosóficos de 1844. Ed. Grijalbo, México, 1975, p.l 13.
vislumbran hoy otros caminos de realización, otras posibilidades; escogerlas im plica casi siempre en mayor o menor medida, riesgo, reto, transgresión y ambigüedad pues, cuando la mujer cuestiona y rechaza sus funciones tradicionales y su condición «como mujer» en esta sociedad, hay un rompimiento, un desface. Su identidad ya no tiene un carácter único y seguro. Y si no tiene un compañero que también inicie su propia búsqueda, su confrontación con lo que ha sido la palabra, la historia y la vivencia del ser hombre, es probable que el precio de la subversión de los valores que siempre han sido sea la soledad y el desamor, aunque tal vez el acto de amor y de mayor compromiso sea el encuentro de sí misma.
MUJER Y SEXUALIDAD A grandes rasgos la sexualidad la concebimos com o la interrelación de los diferentes com po n en tes biológicos, p sico ló gico s y socioculturales del ser humano. Es producto del paso del «orden natural» al «orden cultural», del sexo a la sexualidad, lo que implica un largo proceso de humanización en el logro de nuevas posibilidades de relación. Así se pasa de una sexualidad primariamente reproductora a una sexualidad amorosa, lúdica y placentera. Aclaramos, debido a la asociación muy frecuente al respecto, que sexualidad no es igual a genitalidad, ésta hace parte de aquella encontrándose relacionada con la reproducción y con el erotismo pero, dada su complejidad, la sexualidad no se puede reducir a la genitalidad. La sexualidad es componente esencial de aquello que la cultura designa como masculinidad y feminidad, es decir, lo que constituye y define al
hombre y a la mujer como sujetos sexuados, con determinados valores y características. Es de vital importancia la relación que existe entre la sexualidad y la identidad. La primera, es fundamental para los elementos constitutivos de la segunda. Si yo soy mi cuerpo tengo entonces una primera referencia de lo que soy. El cuerpo me da una percepción de mi misma, una imagen, una individualidad, un rostro que me hace única e integra. Mi cuerpo define mi sexo cultural y a través del proceso de socialización, los valores ya establecidos van definiendo mi sexualidad y la forma como me percibo y me asumo como sujeto sexuado. Estos valores, a su vez, se reflejan en comportamientos y actitudes, en la forma como me adapto, percibo y manipulo las cosas del mundo 5. Mi sexualidad, en cierto sentido, soy yo misma, es mi identidad única y diversa frente a una realidad también sexuada y múltiple; es mi forma femenina y/o masculina de ver, sentir, palpar y aprehender las cosas que rodean la cotidianidad que vivimos cada día. Es el espacio donde puedo ser y sentir con mayor libertad, posiblemente el único, porque este espacio nos pertenece, hace parte de lo que uno es y nadie lo puede vivir en mi lugar, es algo que sólo uno posee; en tal sentido es algo íntimo, interior y, en esencia, inalienable. Una vez hecha la aproximación anterior a la sexualidad, pasaremos a presentar los resultados m ás d estacados del estudio efectuado con mujeres universitarias, los cuales, si bien hacen referencia a una población específica, pueden dar pautas para indagar o sugerir hipótesis para estudios más globales.
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o Es innegable actualmente que gozamos de una m ayor libertad sexual, m an ifestad a en la flexibilidad de ciertos valores y comportamientos, entre otros, el aumento creciente de la unión libre o de hecho, así como la cantidad de mujeres «solteras» con experiencia sexual o coito. De acuerdo con esto, el 77.3% de encuestadas eran mujeres con experiencia sexual, cuyo estado civil aparecía como solteras, la gran mayoría, o en unión libre, en menor proporción.6 Qué sign ifica esto en el caso de la m ujer universitaria ¿La mujer universitaria se encuentra en un proceso de búsqueda, de rompimiento con los valores tradicionales. De tal forma que al asumir el ejercicio de su sexualidad por fuera de la rigidez de los marcos establecidos, sea el matrimonio católico o civil, está transgrediendo los límites del deber ser femenino. Está buscando contenidos nuevos, am pliando el concepto mismo de unión libre, el cual, de una u otra forma, se asocia al matrimonio, al cumplir las mismas funciones, sólo que no se formaliza el vínculo. Para la mujer universitaria la unión libre es una forma alternativa a la tradicional para constituir una convivencia de pareja. La unión libre significa para ella la libertad que tiene el individuo para vivir un encuentro sexual con quien lo desee, sin mediar normas ni leyes. Puede implicar compartir un mismo espacio habitacional con el compañero o no, puede ser estable o puede ser una relación pasajera. La unión libre no tiene como fin principal la procreación y el concepto de hogar abarca a la
pareja, ellos lo constituyen independientemente de si existen hijos.
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La fidelidad no es un principio absoluto de la relación, está se maneja de acuerdo a lo que la pareja determine, así se puede pactar reciprocidad ya sea para vivir, o no, otras relaciones. Lo cierto es que ya no se trata de una exigencia exclusiva a la mujer, pues ella también se arroga el derecho a vivir otras experiencias distintas a su relación central. O se asume dentro de la lógica masculina de la doble moral, según la cual «la fidelidad no existe, pero hay que hacerla creer».
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La mujer universitaria no desea «ser mantenida» por el hombre, los gastos se comparten por igual puesto que la independencia económ ica le posibilita una posición de mayor equilibrio, capacidad de decisión, autoridad y dignidad. El hombre, entonces, ya no es el jefe absoluto en la relación, ya no es el que mantiene y manda. La mujer universitaria no asume la unión libre porque le toca, ésta es su opción y como tal no espera formalizar la unión, aunque muchas veces tiene que claudicar ante la presión familiar y social. En suma, para ella la «unión libre» es sinónimo de libertad, desm itificación , valoración y encuentro de su sexualidad y en este sentido cuestiona, crítica y reta los valores tradicionales. Es como ir en contravía pues, como sabemos, la unión libre es valorada como una unión de «segunda categoría», discriminada por la familia y la sociedad en general. Como se puede observar, la unión libre, para el caso de las m ujeres
6 Es importante aclarar que la Encuesta de Prevalence anticonceptiva, demografía y salud de 1990, de PROFAMILIA, no hace referencia a las mujeres solteras con experiencia sexual, los datos registran solamente las mujeres unidas, incluyendo aquí a las casadas y a las que viven en unión de hecho. No obstante, Myriam Ordoñez precisa lo siguiente: «En Colombia alrededor del 52% del total de mujeres en edad fértil se encuentran actualmente en unión y alrededor de una tercera parte de estas mujeres unidas consensualmente. A través de los censos y las encuestas se ha venido corroborando el fenómeno de una creciente disminución de las proporciones de solteras y casadas, en tanto que han aumentado las mujeres en unión libre y las separadas». Ordoñez, Myriam, «Determinantes socio - demográficos de la salud femenina», en PROFAMILIA. Encuesta de prevalenda. anticonceptiva, demografía v salud 1990. Vol. 7. No 17, Bogotá, 1991, p. 50.
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universitarias, no se puede comparar, ni en su form a ni en sus fines, con el m atrim on io tradicional. Seria conveniente investigar las diferentes m odalidades de unión libre y su influencia en los cambios de la estructura familiar, así como precisar el uso del término, puesto que lo usual es definirlo en com paración con el matrimonio civil o católico, así estos cambios se den en grupos minoritarios o marginales.7 En concordancia con lo expuesto, corroboramos en el estudio -la tendencia creciente a iniciar la sexualidad en edades más tempranas, así el 66% de universitarias se habían iniciado a los 20 años o antes. Iniciación por fuera de los códigos m orales in stitu id o s ( m atrim on io civil o religioso). Este dato rebasa el porcentaje de la Encuesta Nacional de Fecundidad de 1986, en la cual el 50% de mujeres de 20 a 24 años había tenido relaciones sexuales antes de los 20 años de edad. No se específica la relación estado civil iniciación sexual. 8 Otro indicador del cambio en el comportamiento sexual de la mujer tiene que ver con el número de compañeros que hoy puede tener. La imagen de la mujer que conocía en toda su vida a un sólo hombre, que era «su primer y único amor» ya no es la típica, no en las mujeres universitarias. La mujer tiende actualmente a relacionarse con varios hombres a lo largo de su vida. Según los datos, el 60.8% de encuestadas con experiencia sexual se había relacionado con dos o m ás hombres. Esta tendencia se puede tam bién relacionar con el incremento de la infidelidad,
señalada por Lucero Zamudio y Norma Rubiano, como el principal motivo de las separaciones conyugales en Colombia. 9
ENTRE MARIA Y EVA Estos cambios cobran una dimensión mayor si tenemos en cuenta la importancia que tiene para las mujeres el mito virginal. Valor en decadencia, considerado por la mayoría de universitarias (más del 80%) como un símbolo religioso que refleja la subordinación y la negación de la mujer. La virginidad ya no cumple su función de «sello de garantía» de la honra y el honor femenino. Por lo menos, no en los términos tan humillantes de hace pocos años, en los cuales las Angelas Vicario eran condenadas al ostracismo y al desamor de una manera pública y vergonzante. Lo anterior no indica, que el valor virginal ha desaparecido. Sabemos que un valor milenario, de origen mítico, se encuentra muy arraigado en el inconsciente colectivo. Y permanece sólido como uno de los valores más preciados de la religión judeo-cristiana. El cristianismo, como sín tesis de la m oral hebrea y el dualism o platónico, divide al ser humano en cuerpo y alma y es, quizá, el valor virginal el mito que mejor traduce esta dicotomía y la mujer la realidad que lo encarna. El mito virginal sólo se explica en la dualidad María - Eva. Si Eva fue la culpable del pecado
7 La necesidad de investigar las diferentes modalidades de unión libre se corrobora también si tenemos en cuenta los resultados del estudio de la Cámara de Comercio sobre la prostitución, según el cual: «el rango de unión libre representa el 21.5% del total, el cual puede confundirse con la situación de solteras, pues para las prostitutas el convivir no lo entienden como un estado civil definido.» Cámara de Comercio de Boootá. La prostitución en el centro de Boootá. Bogotá, 1991, p. 33. 8 Myriam Ordóñez, señala que «en las zonas rurales las mujeres se inician precózmente en la vida sexual. Las primeras relaciones sexuales tienen lugar hada los 18.9 años, no habiéndose presentado cambios entre 1969 y 1990», en « Transformaciones de la familia rural en Colombia», PROFAMIUA, Encuesta de prevalentia anticonceptiva, demografía v salud 1990, Vol. 7. No 17, Bogotá, 1991, p. 33. 9 El estudio de Zamudio y Rubiano encontró que «El 30.1% de los hombres y el 39.2% de las mujeres aduce como principal motivo para terminar la unión, la infidelidad, los celos, o el enamoramiento de otra persona... La infidelidad como elemento de crisis es tan marcado, que ocupa el primer lugar en todas las regiones,...», Op. Cit„ p. 126.
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o original, si ella sólo es carne, la única forma de redención y perdón para las mujeres es expiar su culpa a través de la maternidad. María es el símbolo máximo de la negación de la sexualidad femenina al dar a luz sin la mancha del pecado que supone la unión sexual del hombre y la mujer. Este es uno de los principales dogmas de la fe cristiana. Juan Pablo II dice al respecto: ... si es verdad que «el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado» - como proclama el mismo Concilio es necesario aplicar este principio de modo muy particular a aquella excepcional «hija de las generaciones humanas», a aquella «mujer» extraordinaria que llegó a ser madre de Cristo. Sólo en e l m isterio de C risto se esclarece plenamente su m isterio..., la verdad sobre la maternidad divina de María fue confirmada solemnemente como verdad de fe de la Iglesia. María es ia M adre de Dios, ( TheotokóÉ\, ya que por obra del Espíritu Santo concibió en su seno virginal y dio al mundo Jesucristo... 10
Ante un misterio que solo se explica en el misterio, qué se puede hacer ¿ Peor aún si linda con lo inexplicable y con las creencias religiosas más recónditas de la gente. Su poder tiene tal dimensión que no se puede reducir de manera simplista a la permanencia del himen intacto, hasta que el sagrado vínculo permita el acceso carnal. Aquí se trata de un código de conducta moral, el «marianismo», según el cual la mujer debe ser un baluarte espiritual y su modelo María. Com o vemos es toda una ética de com por tamiento, que abarca las diferentes esferas de la vida, y que define en la dualidad María-Eva el ideal de Feminidad. La influencia del m ito en los procesos de socialización es tan grande que las mujeres
universitarias aún no escapan de él. Así, para el 16%, el valor virginal es sinónimo de honestidad, sinceridad, pureza, fidelidad; para una estudiante significa: «entregar mi cuerpo y alma al ser que amo». Estos valores se asocian con el alma, el espíritu, la mente y los sentimientos de la mujer. Otra estudiante señala: «La virginidad no se debe m edir por el him en, sino por la pureza de sentimientos y valores morales que se tengan», aquí vemos que se interioriza la virginidad como un valor moral, en este sentido tiene un carácter integral al asumirse como un código que rige toda conducta, más allá de la sexualidad. Algunas validan su transgresión al justificar que se puede ser «virgen de corazón»« ó «al entregarse en cuerpo y alma al ser que aman». Su acto fue un acto de amor, luego es puro y honesto y el amor, como absoluto, como entrega total, redime la culpa de la transgresión. Se destacó un segundo grupo, equivalente al 41%, cuya valoración fue de rechazo y desacuerdo, elaborado racional y académicamente. Para este grupo de universitarias el valor virginal hace parte de la ideología religiosa judeo - cristiana, su carácter no es tanto moral como moralista. Es m ito y tab ú, producto de las sociedades m ach istas y patriarcales. El valor virginal manipula, reprime y agrede la dignidad femenina. Genera en la mujer sentimientos de inseguridad, miedo, conflicto, culpa y minusvalia. Es preciso, en consecuencia, su transformación. La explicación m ás acertada y coherente, la encontramos en el testimonio de una estudiante de Antropología, que dice: «La mujer virgen es pura, yo ahora pienso que el término virginidad NO EXISTE, O SEA NO HAY MUJER VIRGEN, además el término viene de una connotación muy religiosa: la virgen que fue madre sin tener relaciones sexuales, actualm ente no le doy
10 Carta Encíclica. Redemntoris Marerdel Sumo Pontífice JUAN PABLO II sobre la Bienaventurada Virgen María en la Vida de la Iglesia Peregrina, el Vaticano, 1987, p. 8-9.
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ninguna validez a esa creencia. Ni siquiera una mujer que TENGA SU HIMEN ES VIRGEN O PURA, PORQUE NO HAY PUREZA HUMANA». Al no existir la pureza humana lo físico, en este caso el himen, es una manifestación trivial de tal pureza. Esta posición hace irrelevante la dicotomía entre virginidad física y virginidad espiritual, entre cuerpo y alma y, por consiguiente, la pretensión de alcanzar niveles sublimes de espiritualidad denigrando la sexualidad. Finalmente, llamamos la atención sobre el último grupo, compuesto por el 39% de encuestadas. Aquí se pretende negar en forma contestataria y violenta la influencia del mito virginal, aunque en apariencia lo que prima es el desdén y la indiferencia; la virginidad, entonces: «no es nada», «no existe», «vale huevo», «es una membrana que tapa la vagina» o «es una telita que se rompe con facilidad». Esta es otra manera de racionalizar el valor virginal, negando su existencia y las implicaciones tan profundas que ha tenido en la sexualidad femenina. No obstante, al negar con tal fuerza afirm an en sentido contrario su importancia, siendo evidente que el mito virginal, así sea a través de la negación, sigue como modelo de la identidad femenina. A simple vista podríamos pensar, de acuerdo a lo expuesto aquí sobre la sexualidad de las mujeres universitarias, que los cambios realmente son muy radicales y profundos, no obstante, si nos detenemos en la concepción que ellas tiene acerca de «su sexualidad» y ésta como una posibilidad de placer, encontramos de nuevo la dualidad y la ambigüedad de la mujer frente a sí misma. La mujer universitaria tiene una concepción sublimizada en exceso sobre el amor y la sexualidad. Su sexu alidad es algo to tal, ab so lu to y trascendente. Es el todo, es la unidad y la fusión
con el otro. Es la «expresión m áxim a del sentimiento amoroso», pues, simbólicamente, al «desnudar mi cuerpo estoy desnudando mi alma» afirma una estudiante. Su «finalidad es hacer una entrega al otro ser humano». La sexualidad se justifica y se realiza sólo por amor. Muy pocas universitarias, (el 20%) reconocieron su sexualidad como un elemento de identificación; así mismo fue bajo el porcentaje, (el 38%), que consideró la obtención del placer y la satisfacción del deseo como finalidad de la relación sexual, solo 7 estudiantes (4.3%) se refirieron al orgasmo directamente. Esta valoración está en franco contraste con el ideal de entrega, fusión y sublimación amorosa con el otro, cuyo porcentaje casi se duplica (el 70%). La mujer no busca, se deja encontrar; no posee, se deja poseer; no recibe, «se entrega» y accede a su sexualidad sólo por amor. El amor para la mujer se mide por su capacidad de servicio a los otros, por su capacidad de abnegación y encierro en el mundo privado, amor es renuncia y pasividad. Pero cuando la mujer desea ir más allá, cuando busca el poder, el éxito, la actividad, la trascen dencia, el deseo y el saber, difícilmente se reconcilia con el amor y su sexualidad. La mujer, aún hoy, en términos generales, se ve abocada «a actuar más como cuerpo que como mente», lo que implica la interiorización de los valores que por siglos han definido la feminidad y por consiguiente sigue escindida en medio de valores contrapuestos. N os hem os apoyado en la literatu ra para acercarnos un poco más al mundo femenino, a su visión del amor y la sexualidad. Encontramos una minoría de mujeres, como señala Patricia Spacks, que «...,al actuar como mente, más que como cuerpo, evita los problemas que a menudo determinan el destino femenino», 11 como es el caso de las m ujeres a rtista s, escritoras e intelectuales de su estudio. Y muy pocas pueden
" SPACKS. Patricia. La imanimción femenina. Tribuna Feminista, Eds. Debate - Pluma, Bogotá, 1980, p. 315.
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aún hoy conciliar su mente y su cuerpo, su razón y sus sentimientos, su mundo interior y su mundo exterior, su deseo de am ar y de ser amadas, su realidad objetiva con sus fantasías y sus sueños. Al leer el trabajo de Patricia Spacks vemos que el AM OR, en m ayúscula, ha sido uno de los problemas esenciales de las mujeres escritoras, artistas e intelectuales en los siglos XVIII, XIX y XX, desde Lady Mary (siglo XVIII) hasta las protagonistas de las novelas de Doris Lessing (1962), pasando por la famosa bailarina Isadora Duncan, quien trató siempre infructuosamente de conciliar el amor con el éxito y el poder; Isadora, al referirse a su relación con Gordon Craig, la describe como «la fusión de dos almas gem elas».12 Ella atribuía a su vida sexual un significado universal. Para Dora Carrington, el amor era un medio fundamental de realización, sin él su vida no tenía sentido, al faltarle su amante ella se suicida. Señala Spacks al referirse a la vida de la pintora: «Su deseo de amar y de ser amada se enfrentan directamente con su deseo de pintar, y se siente incapaz de resolver este enfrentamiento en la fantasía o en la realidad. La imagen que tiene de sí misma como artista, que pone de relieve la terrible división y su inevitabilidad, sugiere también que las energías emocionales del amor pueden ser tanto la fuente como el enemigo del arte». 13 A Mary MacLane - escritora del siglo XIX -, según Spacks, la obsesionó el problema de alcanzar el amor: «Cuando piensa en sí misma como mujer hace hincapié en el hecho de ser amada; a la 12Ibid., p. 184. 13Ibid.. p. 188. 14Ibid., p. 197. 15Ibid., p. 211. 16Ibid., p. 315. 17Ibid., p. 211.
inversa, su propia capacidad de amar le parece masculina».14 Para Mary M cCarthy -escritora autobiográfica - el «sueño del amor universal es el centro de su vida emocional»,15 así como para Mary Bashkirtseff -pintora del siglo XIX - y para Marie Bonaparte, psicoanálista, quién, según Spacks, el único consuelo a la falta de amor es «el trabajo intelectual libre». 16 En otro aparte de su libro Spacks señala: «Como dice Anne Elliot hacia el final de Persuasión, en su discusión con el capitán Harville. «Todo el privilegio que reivindico para mi propio sexo (no es muy envidiable, no tienes que codiciarlo) es que amam os durante más tiempo, cuando la existencia o la esperanza se han acabado»17. Amar de esta manera es algo similar a la espera, es anhelar toda una vida algo que aún no sabemos qué es. Es el miedo inmenso a ser abandonadas, a no ser reconocidas; no puedo dejar de pensar en otro ejemplo muy bello, pero también muy triste: el amor de Rosa Mora Carrillo por su esposo, Juan de la Cruz Varela, el legendario líder guerrillero de la región del Sum apaz, ella, al referirse a su relación recuerda que: Un día acordaron una cita para arreglar su situación y ella le dio un plazo de 3 meses para que decidiera: «O vive con ella y no me vuelve a buscar nunca más en la vida, o vive conmigo porque yo compañías no le admito. Yo sé que el amor es voluntario pero a usted ya le faltó la voluntad y yo no voy a obligarlo, yo no voy a vivir con un hombre que sé que no me quiere... Se pasaron los tres meses y ni más volvió, era seña de que ya se había ido. Lo esperé toda la vida. Claro que para mí fue muy duro, eso fue
un golpe muy terrible I Yo lo lloré 15 años y así se lo dije más tarde: «El día en que usted se muera si ya no lloro es por que lo lloré vivo».18
R etom an do otro ejem plo de la literatu ra colombiana, recordamos a Angela Vicario, quién después de ser repudiada: «Se volvió lúcida, imperiosa, maestra de su albedrío, y volvió a ser virgen sólo para él, y no reconoció otra autoridad que la suya ni más servidumbre que la de su obsesión»19 y duro media vida escribiéndole casi 2000 cartas a Bayardo San Román. Con frecuencia para una m ujer am ar ha implicado, tarde o temprano, el abandono, la rutina o la mentira, en suma es el desamor, el desencuentro y la soledad. Me pregunto si no hemos estado buscando el amor fuera de nosotras m ism as, delegando al otro la función nada sencilla de que nos ame con desesperación cuando aún no hemos aprendido a amarnos y valorarnos como mujeres y, por tanto, tampoco sabemos amar al otro. Aclaro que no se trata de seguir culpabilizando a las mujeres, ni victimizándolas, sólo digo que el AM OR es una trampa, una «cacería». Y como en todo juego - cacería se gana y se pierde y parece que al final queda un espacio de vacío que lleva a preguntarnos: Cómo es el amor que vivimos o mejor, cómo es el amor que sufrimos ¿ Dónde está la libertad que hemos forzado ¿ Y para volver con las mujeres universitarias vale la pena citar lo siguiente: Dice Kate secamente: Mi querida Julia, hemos escogido ser mujeres libres y este es el precio que pagamos, eso es todo. «Libre, dice Julia», I Libre I Qué utilidad tiene nuestra libertad si ellos no lo
son ? Le juro a Dios que todos y cada uno de ellos, incluso el mejor, tiene la vieja idea de buenas y malas mujeres. Y qué pasa con nosotras? Libres, decimos; sin embargo, la verdad es que ellos obtienen erecciones cuando están con una mujer que les importa un bledo, pero nosotras no tenemos un orgasmo salvo que los queramos. Qué es lo que hay de libre en esto? (Texto de la novela The Golden Notebook de Doris Lessing (1962) citado por Spacks).20
Concluye Spacks refiriéndose a la heroína de C u ad ern o s D orados: «Ella, com o Ana, experim enta un orgasm o solam ente con el hombre al que ama. Y el amor es, para una mujer, parte de la totalidad, integridad, en su sentido más genuino».21A pesar de que esta verdad puede parecer muy dura, para Ana, heroína de los años sesenta igual que para las mujeres universitarias de los años ochenta de la Universidad Nacional, su búsqueda, su deseo de libertad y confrontación las convierte en víctim as. (Leer testim onios finales). La mujer universitaria puede vivir hoy una sexualidad más libre, menos restrictiva, más placentera, pero en el fondo sigue esperando «un gran amor», es el «príncipe azul» pero con distintos matices, puede ser entonces el «príncipe revolucionario», « el príncipe intelectual» o el «príncipe artista, anarquista, poeta y loco» con el cual se puede soñar - jugar a cambiar el mundo, pero el encanto y el hechizo se rompen muy pronto, pues al fin y al cabo se comprueba, y con dem asiad o dolor, que el «com pañero universitario, en este caso de la Nacional, es un hombre como cualquier otro colombiano» al decir de una estudiante.
18LONDOÑO, Rocío. Rosa Mora Carrillo. Un personaje femenino del Sumapaz. Revista Gaceta, No. 10, Bogotá, p. 44. 19GARCÍA Márquez, Gabriel, Crónica de una muerte anunciada. Ed. Oveja Negra, Bogotá, 1981, p. 122. 20SPACKS, Op. Cit„ p. 331-332. 21 Ibid., p. 347.
En el campo de la sexualidad los cambios son todavía más duales, más confusos, más ambiguos. Se desea ejercer una sexualidad más libre, y ciertamente las mujeres universitarias se lanzan a confrontar sus valores más profundos muchas veces de una manera ingenua, idealizada o dogmática, pero la confrontación se da más allá del choque con la familia y las instituciones que representan lo establecido; ésta se da con el muro interior, invisible e inconsciente que todas y todos llevamos dentro y es tal vez esto lo más doloroso y conflictivo, porque resulta aún m ás difícil derribarnos a nosotras (os) mismas (os). Es la lucha y la distancia entre el deber ser y lo que queremos ser. Confrontación que en el plano de la sexualidad es, tal vez, más compleja pero que está presente en todos los diferentes aspectos de la vida. CONCLUSIONES La mujer de hoy, arriesgando generalizar, vive una etapa de transición en la cual lo que impera es la dualidad de valores y mensajes contradictorios. Hay dos fuerzas en pugna: el ideal romántico de la mujer de ayer y la realidad no tan romántica de la mujer de hoy, producto de la sociedad moderna. Fuerzas que coexisten en el interior de una mujer que busca definirse, así esto se de en grupos minoritarios y todavía aislados.
La mujer no ha tenido tiempo ni espacio para construirse, para ubicarse en una realidad que de un momento para otro le hace nuevas exigencias. Esta situación se explica mejor si tenemos en cuenta el papel que sigue jugando la ideología; los mensajes con los cuales se socializa a hombres y m ujeres son duales y contradictorios. La ideología simbolizada y reflejada en los valores, las costu m bres, los co m p o rtam ien to s, las creencias, los mitos, supersticiones, leyendas, cuentos, chistes, religión etc., despliega una fuerza y un poder enormes, casi imperceptibles, de una m anera «natural», afirm ando a los individuos en la solidez de sus «prejuicios»22. Esto explica, en parte, la coexistencia de la dualidad pues hay un mundo mágico que envuelve a la mujer y la protege del cambio, en el cual las explicaciones racionales no tienen cabida y que cumple su función al mantener la división de los espacios masculino y femenino, aún si estos se intersectan. Luego, no es extraña, entonces, la negación que hace la mujer de su derecho al placer, como sucede con las universitarias, que si bien ejercen su sexualidad con mayor libertad, esta tiene, no obstante, un carácter clandestino pues ante sus padres, tienen que seguir guardando la imagen virginal, ejemplo de María. TESTIM ONIOS ANEXOS
La gran mayoría de mujeres se encuentran solas en medio de la confusión, tratando de conciliar sus distintos roles. Se necesita, sin lugar a dudas, una incorporación de la mujer a sí misma, una d elim itación de lo que es o desea ser, un distanciam iento de lo que siempre fue. Este proceso se efectúa en un plano subjetivo, en el plano de la identidad, de la afectividad, de lo emocional y lo inconsciente y los cambios no han dado tregua para llevar a cabo, por lo menos conjuntamente, esta transición, esta búsqueda.
A continuación dos testimonios que ilustran la concepción y vivencia am orosa de algunas universitarias. • «Han sido cinco o seis compañeros de la universidad con los que he tenido relaciones sexuales, en los que me parece que hay un discurso específico para conquistar, un discurso que enarbola términos como: La igualdad de los sexos, la libertad, la revolución, el cambio, y lo
22Spacks, Op. cit., p. .331-332.
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único que hay es la intención de querer tener a alguien con quien ejercer su sexualidad. Me da la impresión, por la gente que conozco en Ciencias Humanas, que los hombres buscan mujeres feministas o mejor liberadas, o sea, aquella que la gente cree que se acuesta con todo el mundo. Yo conviví un tiempo en residencias, con un compañero de Antropología que manejaba un discurso muy bueno sobre la liberación de la mujer pero uno come mucha carreta, él planteaba la poligamia o relación abierta. Las relaciones con los compás de la Universidad no llenan esa necesidad de afecto, porque uno siente que no puede contar con ellos para todo, no solo para lo sexual, sino para todas las demás cosas, no tienen el sentido de la obligación y el compromiso, creen que todo empieza y termina en la cama, yo llegué a todos ellos buscando amor y la única respuesta fue el desamory lo único que queda es el resentimiento, quisiera enamorarme como hace cuatro años, pero ya no soy capaz, ya no me sale el sentimiento igual. Esta situación se da porque aquí se puede vislumbrar el esbozo de un mundo nuevo, uno conoce por la academia, que le permite entrever posibilidades nuevas dentro de una relación de pareja, uno como mujer es más revolucionario que el hombre, uno se lanza a conocer, es más abierto a los cambios, se llega a la Universidad con el rol tradicional de mujery al llegar se ve la posibilidad de romper, acceder a la sexualidad es toda una ruptura, un cambio, no es tarea fácil, pero ese cambio es tan individual que por eso lo maltrata a uno, lo desgarra, esto se da sólo en Ciencias Humanas y Artes, en Medicina las mujeres son diferentes, vienen a conseguir un status, no son mujeres que tengan rupturas. En todas las experiencias que he tenido, he encontrado sólo dos personas que no me utilicen. La utilización es una concepción de parte del hombre en los más profundo de su sentir, en la cual la mujer es sólo un objeto. A pesar de toda la teorización y la intelectualidad, esa idea subyace,
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está implícita en su propia naturaleza íntima pero aprendida». Estudiante de Antropología. VI- Sem.
TESTIM ONIO «Hay una doble moral y eso jode la relación y me jode a mí como mujer, pienso que puedo poner en práctica lo que quiero pero también tengo que saber de antemano, que tengo que estar dispuesta a perder muchas cosas, yo puedo plantearme una relación diferente con un compañero, donde me cuestione el cotidiano y lo cambie y transforme, donde me cuestione con él, el ser hombrey el ser mujer, y cambiemos los roles, donde yo tenga un espacio mío y haga mis cosas. Con el compañero de la Nacional uno piensa que puede hacer todas esas cosas, o sea, cuestionar todo, pero él es un hombre como cualquier otro Colombiano, con más expectativas, con más cuestionamientos, pero que le parece tenaz que «su mujer» se acueste con otro, que «su mujer» sobresalga más, que sea más pila, que «su mujer» camelle políticamente o sobresalga mucho, prefiere que sea más bien seguidista, prefiere que ella sea un apoyo, eso ha limitado mi actuar, significa que si uno quiere ser, tiene que ser sólo. No he encontrado un compañero que esté dispuesto a estar conmigo en esa búsqueda, el otro me frena, se que me va a dejar sola y hacer lo que yo quiero o tener un compañero. El reto es quedarme sola y tirar de vez en cuando; todo eso es muy doloroso. Sexualmente me he acostado con cinco personas de la Nacional y hasta hace poco no había sentido placer, no había sido placentero porque ellos no conocen el arte de hacer el amor, no saben acariciar, no son tiernos, yo di con eyaculadores precoces, la relación sexual es demasiado material, no hayjuego, no hay placer sensorial, de sentir cada poro, de mirar, son muy
materiales porque su objetivo es solo eyacular, como lo único que les posibilita placer, el cuento es montar, eyaculary no más, es como si tuvieran una tensión en el cuerpo, se pierden todo el placer de la sensualidad, se pierden todo el placer de una relación larga, su objetivo es liberar, hay mucha violencia sexual». Estudiante de psicología. IX -Sem. B IB L IO G R A F IA CAM ARA D E C O M ER C IO D E BO G O TÁ , La prostitución en el centro de Bogotá. Bogotá, 1991, p. 55. CARTA EN CÍCLICA. Redem otoris M ater del Sum o Pontífice JU A N PABLO II sobre la Bienaventurada Virgen M aria en la Vida de la Iglesia Peregrina. el Vaticano, 1987, p. 112. Constitución Política de Colom bia 1991. Bogotá, 1991,p. 196. ECH EVERRI, de
Ferrufino, Ligia, La familia de hecho en Colom bia, Ed.
Tercer M undo, Bogotá, 1984, p. 484. FUENTES, Vásquez, Lya Yaneth. Valores v com portam ientos sexuales de la m uler universitaria. Tesis de grado. Sociología, Universidad Nacional, Bogotá, 1989. GARCIA, M arquez Gabriel, Crónica de una m uerte anunciada. Ed. Oveja Negra, Bogotá, 1981. HELLER, Agnes, Sociología de la vida cotidiana. Ed.Península, Barcelona, 1977, p. 418. . Historia v vida cotidiana. Ed.Grjjalbo, México, 1985, p. 166. LO N D O Ñ O , B Rodo, Rosa M ora Carrillo: Un personaje fem enino del Sumapaz. Revista G aceta, NO 10, Bogotá, 1991, pp.42 - 44. MARX, Carlos, M anuscritos económ icos - filosóficos de 1844. Ed. Grijalbo. México, 1975, p. 160. M IZRA H I, Liliana R„ La m ujer transgresora. A cerca del cam bio y la am bivalencia. G rupo Editor Latinoam ericano, Colección Controversia, Buenos Aires, 1987, p. 148. PR O FA M ILIA , C o lom b ia, en cu esta de p revalen cia an tico n ce p tiva , demografía v salud 1990. Revista Profamilia. Vol. 7, NO 17, Bogotá, 1991. SPACKS, Patricia, La im aginación fem enina. Tribuna Fem inista, Eds. D e bate - Plum a, Bogotá, 1980, p. 371. ZA M UD IO , Lucero y Rubiano, N orm a Las separaciones conyugales en Colombia. Universidad Externado de Colom bia, Bogotá, 1991, p.445 ZARESTSKI, Eli, Fam ilia v vida personal en la sociedad capitalista. Ed. Anagram a, Barcelona, 1978, p.39.
LOS NINOS SON HOMBRES
IN T R O D U C C IO N
Los niños nos miran. Escuchan, hablan, opinan, creen y saben. Saben exactamente lo que dicen y lo que dicen, aunque a veces paradójico o aparentemente absurdo, tiene siempre su sentido, y este sentido no puede prescindir del contexto peculiar en el cual éstas palabras estuvieron pensadas, dichas, escuchadas y escritas. Las palabras aquí presentadas pertenecen a niñas y niños escolares -entre 7 y 11 años- de la casa vecinal de Arabia, el último barrio de Ciudad Bolívar, como los mismos abuelos de Arabia lo definen. Fueron recogidas por quien escribe quien fue integrante durante el prim er sem estre de 1996 del proyecto Cultura Comunidad y Vida del Programa Interdisciplinario de Apoyo a la Comunidad (Priac) de la Universidad Nacional de Colombia, y co n stitu y e n uno de los ocho diálogos de saberes incluidos en el texto inédito “Cuando era chiquito era todo lindo”.
Y LAS NINAS MUJERES
Para recoger en parte este y los otros miles universos dibujados por los escolares se trató entonces de abandonar toda forma de metodología estática, renunciando a los instrumentos clásicos de investigación (cuestionarios, entrevistas grabadas, etc...), pretendiendo conseguir la confianza y la aceptación de los niños en el tiempo a través de una diferente postura «metodólogica». Entender «realmente» a los niños, o sea sus emociones, sus co n flicto s y sus lógicas, sign ificab a adem ás hundirse completamente en el mundo de ellos, compartiendo espacios y tiempos, dinámicas de juegos, chistes y desahogos, palabras y pensamientos. Como en una sesión de psicoterapia colectiva, lo importante era buscar y «analizar» las distintas maneras de ver y vivir las cosas, sin preocuparse de que estas visiones tuvieran o no «correspondencia con la realidad», sino que ayudaran a generar nuevas e ideales realidades.
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FILIPPO BELLIZZI Filósofo, Universidad "La Sapienza" di ROMA. Profesor de Historia y Filosofía del Colegio Italiano "Leonardo Da Wnci". Bogotá.
El siguiente diálogo, recogido gracias a esta particular vivencia metodológica, se centra sobre las problemáticas del amor, de las diferencias de género, de las relaciones de pareja, y mucho más vistas desde la perspectiva peculiar de los/as niños/as escolares de una zona conflictiva como Ciudad Bolívar. Cada uno/a según su diferente personalidad y perspectiva (el «pilo» y tímido Jairo, el sarcástico y exhuberante John, la racionalista Jenny Paola, la tierna y surrealista Estefania, el desencantado Geovani, sólo por citar algunos) contribuyó a pintar a su manera el rico y desbordante imaginario erótico colectivo aquí presentado. Por evidentes razones de espacio, no es posible en esta ocasión tratar de desarrollar un análisis o una valoración, aunque parcial, de los diálogos. Solo falta su brayar com o, sin perdonarnos tabúes, errores e incumplimientos, tomándonos del pelo en lo posible, las niñas y los niños de Arabia acabaron por revelar a nosotros los “grandes” una peculiar concepción del universo del amor, que mucho se acerca a un «multiverso» posmoderno, y que puede hacernos reflexionar que -aún hablando de amor- “también los grandes han sido niños, solo que se han olvidado”. Hace sol en Arabia, y Filippo y Fernanda, los entrevistadores, se encuentran con los niños en el pequeño parquecito al exterior de la casa vecinal.
FILIPPO-Buenoseñores... hoymegustaría charlar sobre las diferencias... a ver... ?Para Ustedes, qué diferenciashayentreniñosy grandest N O RM A -Pues tienen diferentes cuerpos, diferentes caras, diferente pelo... mejor dicho, todo diferente... JUNIOR -Pues sí... los adultos son más grandes que los niños, y entonces los grandes tienen que
vestirse con ropa grande, y los niños con ropa pequeñita... ANDRES -Los niños piensan diferente, ?cierto¿, Yo por ejemplo pienso en el estudio, y mi papi (piensa) en el trabajo y en nosotros... NORMA -Los niños, le cuento, tienen la voz toda tierna, en cambio los adultos la tienen más... como más... formal... JAIRO -Los niños somos divertidos y juguetones... sobre todo los chiquitos..; ellos persiguen a todo el mundo a todo lado, porque quieren jugar siempre; ...ni siquiera te dejan ir un momento al baño solo; se parecen a perros chiquitos... LEONARDO -Pues también los grandes eran así, sólo que ahora se han olvidado... EYDA -Los niños son menos responsables... se gastan toda la plata que los grandes les dan en bobadas; en cambio los grandes son maduros y responsables...
FILIPPO-?Losgrandessiempresonasí¿ EYDA -Pues sí, yo creo que sí, porque son grandes... ?cierto¿
FILIPPO-Pues... JAIRO -Los grandes son m ás aburridos -por ejemplo mi papá, él sí no tiene gusto para la televisión, ve sólo el partido y el noticiero, y a veces tam po co el noticiero- ...y son m ás regañones... «¡POR QUE NO HIZO LA TAREA!» te gritan... y nosotros los pequeños tenemos todavía que obedecer a los grandes...
FILIPPO-?Yporqué¿ JAIRO -Porque nos pegan, y también por una razón más justa, porque Dios nos manda...
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FILIPPO-?Yyo tambiénsoyaburridoyregañón^
FILIPPO-Pues...
JAIRO -Pues regañón no, como nunca lo he visto regañar a nadie...; unas veces es un poco aburrido, cuando pregunta mucho...
FERNANDA -¿Y qué más tienen de diferente hombres y mujeres...¿
FILIPPO-?Ycuando Ustedesseangrandescómovan aser¿ JAIRO -Pues a los 18 años, cierto, voy a ser como grande, pero más divertido...
FILIPPO-?Cuálesla cosamáslinda que tienenlos niños¿ JAIRO -La risa... una casa sin la risa de un niño no es nada...
JOHN -Las mujeres tienen pelo largo... EYDA -Pues unos hombres también... JOHN -Y se ponen aretes... EYDA -¡Unos hombres también! JOHN -Y llevan falda... EYDA -¡Unos hombres también...! JOHN -Pero los hombres tienen músculos...
EYDA -Sus formas de ser... sus sentimientos...
FILIPPO -?Yla cosa más linda que tienen los adultos¿ JAIRO -Pues el televisor...
FILIPPO-?Yniñosyniñassondiferentes... ¿ GEOVANI -Pues sí, porque los niños son hombres y las niñas mujeres...; pues, mejor dicho, unos salen con pene y las otras con vagina...
EYDA -¡Las mujeres también! JAIRO -Es que hay unos hombres que se parecen a las mujeres... también tratan de cambiarse la voz para parecerse mejor a una mujer; y hay unas mujeres que parecen hombres... y se visten como hombres y además tienen bigote...
FILIPPO-?Yquéopinasdeeso¿ JAIRO -Pues a mí me parece normal...que se parezcan entre ellos...
JOHN -...O con arepa...
FILIPPO-?Cómoconarepa¿ JOHN -Pues sí... le dicen arepa porque ellas la tienen toda aplastada... como una arepuela... sólo que la arepa se come de verdad... GEOVANI -O hay otro nombre... pero es muy grosero... se le dice «cuca»; pues... si Usted está jugando fútbol y le pasa la bola en el medio de las piernas le dicen «cuca» también a Usted...
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JOHN -Pero las mujeres son bobas... EYDA -¿Usted qué tiene contra las mujeres, ...acaso no quiere a su mamá¿ JOHN -Pues... EYDA -Es que los hombres son vulgares... gamines... JOHN -Y las mujeres también... le dicen a uno... «¡Hijo de puta, marica... que no me jodas!»
JAIRO -Y las mujeres llevan brassier... EYDA -¡Eso sí los hombres no!
FILIPPO-?Yporquélasmujeresllevanbrassier¿ EYDA -Porque no tienen tetillas sino tetas... unas así de grandes... (se pone las manos delante del pecho)... JOHN (a Filippo') -¿Usted tiene tetas¿
FILIPPO-Puesno... JOHN (A Fernanda) -¿Y Usted ¿ FERNANDA -Pues sí... JOHN -¡¡Muéstrelas...!! FERNANDA -Pues John, no me parece muy oportuno...
FILIPPO-Mejorseguimosconlacharla... aver... ?por quélasmujerestienentetasyloshombresno¿
JENNY PAOLA -Y la mujer tiene que pedir permiso para salir mientras los hombres llegan a la hora que quieran... OSCAR -Los hombres son diferentes en la voz... hablan todo grueso... y se oye feo... EYDA -Pues unos, ...porque Usted íse dirige a Filippo) habla diferente, un poquito mal y un poquito trabadito, pero se oye todo chévere... parece casi inglés... yo si no hablo como Usted...
FLLIPPO (a Evda) -?Oye, y te gustaría ser hombre? EYDA -Pues sí me gustaría, porque uno puede hacer lo que quiera y no le dicen nada; a una mujer en cambio la pueden violar... JOHN -¡A un hombre también! EYDA -Pues sí, pero él no queda embarazado...
FILIPPO(siempreaEvda) -?Sifuerashombre, qué harías¿
JOHN -No sé... EYDA -Porque cuando una mujer tiene un bebé, el bebé tiene que chupar de eso... JO H N -Ah, por eso, es que de eso sí no me acuerdo...; yo de cuando era bebé no me acuerdo nada...; pues una vez vi una foto de un niño que estaba en un triciclo, y pregunté a mi papi «¿Quién es éste¿» ...y resultó que era yo...
EYDA -Pues... para empezar tendría un nombre bien bonito, como «Pacho»; iría a fiestas y me emborracharía; pero me comportaría bien con mi esposa, no le pegaría a cada ratico..; no la trataría mal; no le diría «¡ESTA PUTA!» ...pues sólo si se acostara con otro hombre... FERNANDA (a John) -¿Y a tí te-gustaría ser mujer¿
FILIPPO -Bueno... ?y hay otras diferencias entre hombresy mujeres...¿
JOHN -Pues... de ser mujer hay unas cosas que sí me gustan y otras no...
EYDA (indicando a las madres jardineras en la cocina) -Las mujeres son ellas; a la mujer le toca hacer todos los oficios, porque dicen que el hombre trabaja que no sé que...
FLLIPPO-PCosascomoqué,porejemplo? JOHN -Por ejemplo la cara de una mujer es como más... no sé... como más bonita... más simpática...
pero creo que finalmente no me gustaría ser mujer... FERNANDA -?Y por qué¿ JOHN -Porque a una mujer le pueden hacer algo... en cambio un hombre se puede defender...
FILIPPO -?Y si tu fueras una mujer, te defen derías¿ JOHN -Yo sí, le daría una patada en los huevos y le diría: «¡SUELTAME HIJO DE PUTA!»»
FILIPPO-Oigan... Pyquéesunaputa¿ EYDA -Pues... cuando uno va en los buses ellas se ponen allí en la esquina de las calles, y te muestran todo..; y les dicen a los hombres que si van a ir, que ellas les quitan lo virgen..; ellas dicen que es trabajo, ...pero esto es vender el cuerpo; pues sí... ellas se acuestan con cualquiera que les da plata...
FILIPPO-?Yporquélohacen ¿ JENNY PAOLA -Porque les gustan los hombres... o yo no sé..: o les gusta o es que no le dan otro trabajo; ...pues muchas son mujeres jovencitas... y si no lo hacen les pegan...
FILIPPO-?QuiénIespega..¿ JENNY PAOLA -Pues los hombres... los esposos de ellas... EYDA -Es que desde siempre hombres y mujeres se pegan.
FILIPPO-?Yporqué¿ EYDA -Los hombres les pegan a las mujeres porque son machistas y no quieren que ellas se vayan, porque las quieren mucho..; y las mujeres
les pegan a los hombres porque hay que hacer algo: no hay que quedarse quietas, por lo menos darles una patada... JENNY PAOLA -Sí, claro... hay unas mujeres que si les pega el esposo se ponen a llorar y ya..; pero otras le tiran una olla y le dicen «¡¡HIJO DE PUTA, QUE NO ME TOQUES!!»
FILIPPO-?Esjusto que unhombrelepegueauna mujer¿ JOHN -Pues... sólo si se lo merece... FERNANDA -?Y que una mujer le pegue a un hombreé EYDA -También está mal hecho si es un hombre muy colaborador...
FILIPPO -?Esto del pegarse pasa en todas las familias¿ EYDA -No, hay familias en que ésto no pasa, porque son tiernas y se aman, o porque los hijos se ponen delante de la mamá y la defienden...
FILIPPO -Pues... se aman dices... ?Ustedes qué piensanqueeselamor¿ ANDRES -Es una cosa bella... que uno se enamora de... Fulanita...; pero si uno no es amigo de ella no le puede decir nada: «mire que yo la quiero»; y si antes era amigo de ella, tampoco le puede decir nada, porque ella a uno lo niega, y le dice que no; y si uno no puede decírselo a nadie, entonces se vuelve loco, ...loco de amor...; pero eso a mí nunca me ha pasado. JAIRO -El amor es como un vínculo entre dos personas... pues yo me pasé tres años enamorado de una niña que se llamaba Erica y ella nunca se fijaba en mí... y eso sí no era amor...
LEONARDO -El amor es algo especial... EYDA -Sí, cierto, uno no debe jugar con los sentimientos de otra persona...
FILIPPO-¿Porquélaspersonasseenamoran¿ ANDRES -Uno se enamora, si es un hombre, por la belleza de la mujer, la cara y todo... FERNANDA -?Y si es una mujer¿ ANDRES -También lo mismo, pero sí hay unas mujeres que se enamoran por plata, y a éstas también les dicen «putas»...
FILIPPO-?Quéhace uno cuando está enamo rado¿ EYDA -A veces uno se olvida de las cosas, a veces se equivoca; ...a veces se siente bien, a veces mal...; pues... mejor dicho... uno piensa sólo en eso...
FILLPPO-?Cómoseenamoranlaspersonas¿ ANDRES -Cuando a un hombre le gusta una mujer le pregunta si quiere ser la novia. Por ejemplo, uno la encuentra en una fiesta, y como los dos se gustan dicen que sí, que van a ser novios. Y la hija le presenta el novio a la mamá para que lo reconozca y de noche le abra la puerta solo a él, y no se equivoque con otro muchacho que le viene a hacer el amor a la hija... FERNANDA -?Y qué hacen los novios¿ NORMA -Los novios se besan y tienen hijos...
FILIPPO-?Tienenhijosporquesebesan¿ JOHN -No, para tener hijos tienen que estar bien pegados, como con el pegante..; así sí quedan embarazados, cuando el hombre le hace el amor
a la mujer, y luego ella tiene la barriga grande como una bomba, y ahí adentro el niño se va fortaleciendo poco a poco... GEOVANI -...Ya la mujer le empieza a dar dolor de barriga...
FILLPPO-?Yporquéle duelela barriga¿ GEOVANI -Porque el niño le pega patadas en la barriga, porque tiene hambre...
FILIPPO-?Ycómocomeelniñoallíadentro¿ JOHN -Cuando la mamá come, él abre la boquita y come lo que baja de la boca de la mamá. El no puede escoger la comida que más le gusta, sino comer lo que sea para fortalecerse...; en eso (el niño) se demora como doscientos dias o un año, y despues la mujer empieza a mancharse y eso significa que el niño quiere salir...
FILIPPO-?Yluego quépasa¿ NORMA -Si los padres tienen para pagar arriendo en el hospital, pues ahí nace; si no, van donde XXXX, la partera, y el niño nace igual..; y por fin se casan, y si la mamá no se va a operar tienen más hijos...
FILIPPO-?Quéesesodeoperará XXXXX -Pues una sí se puede operar, te dan una cápsula o una inyección para no tener hijos..; mi mamá una vez se fué rápido a operarse porque no quería más hijos... dijo que ocho ya eran bastantes...
FILLPPO-?Quiénponeelbebéadentrodela barriga delamamá¿ JUNIOR -Él se pone solo... JOHN -¡No, lo pone el hombre!
FERNANDA -¿Y cómo lo pone¿ JO H N -Pues poniéndolo... ¿U sted no sabe¿ ¿Acaso no tiene esposo¿ ¡Pues hacen el amor!
FILIPPO-?Yquéeseso? JUNIOR -Eso sí no sé. JAIRO -Pues yo sé todo, pero no quiero decírselo. Me da pena con Ustedes, porque son groserias...
FLLLPPO-?Perolosniñospuedenhacerelamorde verdad? JOHN -No, cuando le hacen el amor a una niña después ella crece y se ve horrible, horrible. Pues unas mujeres chiquitas se dejan chupar de los hombres... Por ejemplo, una niña de diez años en XXXX tuvo un hijo. Ella se coloca sacos grandes para que no se note, porque le dá pena, pero nosotros somos unos chismosos y sí sabemos todos.
JOHN -Es que hombre y mujer están uno pegado contra el otro, pero yo no sé qué carajo hacen ahí pegados...
FILLPPO-?Porquélagentehaceelamor?
FILIPPO-¿Tienenquepegarseunhombrey unamujer necesariamente?
EYDA -Porque se quieren.
JOHN -No, pueden ser dos hombres, pero uno de los dos se vuelve marica y el otro mujer de él; y quedan embarazados... FERNANDA -¿Y dos mujeres¿ XXXX -No, porque tienen cuca y cuca.
NORMA -Porque quieren tener bebés...
JO H N -Porque a los hombres les gustan las mujeres.
FILLPPO-?Yporquélesgustan? JO H N -Eso si no sé... pues a mi me gustan porque... pues yo escojo, a mí no me gustan las feas, sino las bonitas; las que tienen la nariz achacada, por ejemplo, sí no me gustan...
JOHN -Eso es cierto, tiene que ser un palillo y una arepa...
NORMA -Pues les gusta la boca, la cara...
XXXX -Nosotros jugamos harto a eso... a hacer el amor.
XXXX -Les gustan porque tienen cuca... porque quieren hacer ésto... el sexo...
FILLPPO-?Cómosejuegaéstejuego?
FILIPPO-?Yelsexoquées?
XXXX -Antes uno tiene que tomar panela como si fuera vino, y hacerse el borracho. Después nos pegamos y la mujer se coloca un oso grande en la barriga, y la barriga le duele porque va a tener un hijo. Y como el niño no tiene papá, porque el papá está borracho todo el tiempo, llega el doctor y le saca el niño, así de pequeño, como se ve por televisión...
X X X X -Yo de eso no sé, com o no me han enseñado; imagino que es como hacer el amor, lo mismo. Pero Usted no se preocupe, ya le digo a doña Custodia, la señora jardinera, y ella después le va a explicar todo...
PO ST-SCRIPTUM
Unas de las primeras personas que conocí en Ciudad Bolívar era una vieja partera que vivía con su hija en una pieza microscópica que habían arrendado en la casa de un conductor de busetas. Su hija estaba esperando un bebé, y quería que la mamá la ayudara a tenerlo cuando llegara el m om ento... no confiaba en doctores ni en hospitales, dijo. Ni siquiera el esposo ciego de la partera y el joven que la había em barazado estaban enterados de la existencia del bebé, así, las dos mujeres eran complices en este secreto. Ambas hablaban un castellano que, después de tan pocos días en Colombia, casi no entendía, y creo que me perdí las partes más importantes de sus palabras. La partera se dirigía hacia mí llam ándom e «su merced», y me con tó que durante estos años había ayudado a nacer a más de mil niños de su barrio y de otros de Ciudad Bolívar. Unos de estos niños (de verdad muy pocos) habían m uerto por com plicaciones durante el parto; otros, la mayoría, años después, por bala o cuchillo. Otros más, de todas las edades, viven todavía haciendo lo que sea para seguir adelante. De todas formas, ella estaba orgullosa de todos los niños que había levantado para darles una bofetada en las nalgas. «Es que después de ta n to s años aqu í -alcancé a comprender- uno empieza a ver a Ciudad Bolívar como a una inmensa matriz, sumercé... y como a una inmensa tumba. El comienzo y el final son oscuros, pero entre dos noches está siempre un día de luz...»
a Fundación Alejandro Angel Escobar promueve el desarrollo científico colombiano y estimula las actividades en beneficio de la comunidad. Por ello, desde 1955, otorga anualmente los siguientes galardones:
Tres premios en Ciencias: •
Ciencias exactas, físicas y naturales
• Ciencias sociales y humanas • Medio ambiente y desarrollo sostenible
Dos premios en Solidaridad
A
Las inscripciones se abren, todos los años, el 15 de enero y se cierran el 31 de marzo.
F U N D A C IO N A L E JA N D R O A N G E L E S C O B A R
Carrera 7 No. 71-52 Torre A Of. 406 Teléfonos: 312 0150 - 312 0151 Fax: 312 0152 • A A . 250097 E -M a il: f aae@faae.org.co - U R L : http:llfaae.org.co Santafé de Bogotá, D.C., Colombia
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DE MUJERES DESEADAS Esta entrevista se realizó a su paso por Bogotá durante el m es de m arzo del presente año, cu an d o participó com o docente invitada en los cursos de postgrado del Programa de Estudios de Género, M ujer y D esarrollo de la Facultad de C ie n c ia s H u m a-
Colom bia.
A na María F e rn á n d e z Difícil de con testar eso; m ucho no lo sé, pero fue un texto que me llevó m ucho tiem po escribirlo, tardé com o 4 o 5 años, recopilando ideas que fui desarrollando a lo largo de un total de 10 años. Su escritura m e llevó m ucho tiempo, es un texto con el que yo hice una relación m uy fuerte y entonces me es difícil objetivarlo.
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ENTREVISTADA: ANA MARÍA FERNÁNDEZ, psicóloga clínica y psicoanalista, profesora de Estudios de la Mujer y Técnica de Grupos de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, autora del libro "La Mujer de la ilusión" (Paidos, 1993) y de numerosos artículos sobre la construcción social de la sexualidad femenina, psicoanálisis y feminismo, violencia y conyugalldad, y otros temas del campo de los estudios de género.
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n 70
O
Luis: La idea es mirar quién está detrás del texto, qué ideas y experiencias mueven a la mujer que ENTREVISTA CON escribe "La mujer ANA MARÍA FERNÁNDEZ de la Ilusión" y por qué ese nombre. A na María: ¿Por qué “La m ujer de la ilusión^ Porque me parece que cuando estoy escribiendo ese libro pasan por mi cabeza m uchas mujeres. N unca se sabe bien si es lo que dice Foucault, “pensar ni consuela ni hace feliz”. C uando comencé a trabajar sobre el tem a de la mujer, años 77 y 78, todavía pensaba que eran otras las m ujeres que sufrían la discri m inación y que yo había hecho todo lo que se m e había ocurrido en la vida. En cam bio esto s textos que em piezan a ser escritos por los años 89 y 90, dan razón de un proceso de
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A MUJERES DESEANTES
Luis Santos: Ana María, hablemos un poco de la mujer de la ilusión, pues de momento es el texto que más recoge ideas tuyas. ¿Qué es "La mujer de la ilusión"?.
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ENTREVISTADOR : LUIS SANTOS, médico y psicoanalista, profesor de Psicoanálisis en el Departamento de Psicología de la Universidad Nacional de Colombia y del Magister en Género, Mujer y Desarrollo.
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tom a de conciencia doloroso y radical. Tiene que ver con un proceso por un lado intelectual de lectura, de preparación de tem as, de elabo ración teórica. Pero tam bién con un darm e cuenta de que ser m ujer no era gratis en esta vida, que había precios m u y caros que pagar por no darse cuenta de la discrim inación y que tam bién habían precios carísim os cuando una se da cuenta de la discrim inación. E ste te x to tam b ién tenía alg u n as preocu paciones al interior del m undo académ ico de los estudios de la m ujer y luego en los estudios de género, y tam b ién en relación con m i disciplina básica que es el psicoanálisis y un poco m ás de trasfon d o , pero tam b ién un arreglar cuentas con la izquierda que no ad vertía los problem as de género. La agenda de las izquierdas argentinas es una agenda un poco atrasada en este punto, así que yo quería desarrollar en el libro la idea de que las cosas son m ucho m ás com plejas que una bandera voluntaria y m ilitante, que las determ inaciones de la subordinación son de gran com plejidad y que no es sólo educando a las m ujeres o adoctrinándolas, o cam biando las condiciones económ icas y sociales com o las m ujeres íbam os a m ejorar en el terreno de la au to n o m ía. Ese era el d ebate en m i cabeza, en m i interior, con los estu dios de género y los m ovim ientos de m ujeres que a veces pecan por su volu n tarism o; au n q u e t a m b i é n le s a g r a d e c e m o s e se v o l u n tarism o , porque son lo s m o d o s en que se p u eden hacer las co sas. Pero d ig a m o s que h ab ía q u e d ife re n c ia r lo s tie m p o s de la acció n p o lítica, de los tie m p o s de la p ro d u cción in telectu al.
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O tro de los tem as que están en el debate del libro es en relación con el psicoanálisis. En el fe m in ism o ha h ab id o d esde un rech azo m asivo en un primer tiem po, h asta intentos de incorporación acrítica, pensando que va a ser la h e rra m ie n ta con qu é e n te n d e r la subjetividad de las mujeres. M e parece que el psicoanálisis es sum am en te útil a condición de h a ce r u n a d e c o n stru c c ió n del se sg o patriarcal que tiene, entonces ni tirarlo ni adherir dogm áticam en te a él, sino hacer una elucidación crítica de los aportes que con tiene, que sin duda son fan tásticos y m uy útiles. La otra cuestión que está allí es tratar de ver cóm o las cu estio n es que aparecen com o pertenecientes a la vida privada de las m ujeres son tam bién políticas y por tan to se deben incluir en la agenda tan to de los polí ticos progresistas com o del fem inism o. Esas son, m ás o m enos las líneas de ese texto.
Luis: Que serían como tres, según se ve: una línea de genealogía, la situación de tensión entre el psicoanálisis y el feminismo, y por otro lado una línea más política.... A na María: Sí de lo que Foucault llam a la m icropolítica, aplicada o pensada para los tem as de género. Las tres líneas en algunos caso s e stá n en cap ítu lo s específicos, pero tam bién están todo el tiem po m ezcladas, de tal m an era que se m e fue arm an d o o tra cuestión en la cabeza: que para la tem ática de género son necesarios enfoques transdisciplinarios, para poder superar los lím ites de una subjetividad pensada com o m eram ente psíquica, cuando en realidad hay que pensar en una su b je tiv id ad que pueda ser tan to interior com o exterior.
L u is: Esa parte del trabajo tuyo me parece especialmente valiosa: interrogar a una disciplina como el psicoanálisis, desde afuera, echando mano de distintas teorías, al modo que tu lo planteas siguiendo la propuesta de Foucault de la caja de herramientas. Es necesario cuestionar a las disciplinas, provocarlas un poco, y en esa tensión algo se produce. A n a M a ría : Por supuesto que produce. Yo
parto de la convicción profunda de que el psicoanálisis es una herram ienta im por tantísim a para nuestro trabajo con mujeres o para pensarlas categorías teóricas. Cuando em pezam os a entrecruzar las cuestiones de género con las teorías psicoanalíticas nos dam os cuenta de que aquella vieja objeción de las primeras feministas tenía cierta razón: es una teoría de mucha fuerza y de mucha coherencia interna, con un implícito básico de m uy difícil deconstrucción, que es la naturalización del patriarcado. Es fácil decir que naturaliza el patriarcado, pero es muy difícil deconstruir cómo lo hace y mucho más difícil aún ver cómo hacemos para producir recursos teóricos alternativos al interior del psicoanálisis. Hacer sociología del incons ciente sería mas o menos fácil; el tema es cómo producimos un instrumento alterna tivo del rigor del instrumento que estam os criticando. Una parte importante de mi tra bajo en los últimos años ha sido alrededor de estos problemas. L u is: ¿Cómo influyó este proceso dentro de tu práctica? A n a M aría: Si ha sido bueno o no, lo tendrían
que decir las y los pacientes, pero digamos
que me ha ido permitiendo escuchar de otro modo, tanto a los hombres como a las mujeres. Yo digo que soy mejor analista de varones que de mujeres, porque las mujeres empiezan a hablar y yo ya sé de que me hablan, y cuando uno en tien de m ucho es poco a n a lista , mientras, como a los varones los entiendo muy poco, entonces soy mejor analista, porque tengo una pregunta que les desubica; en cambio con las m ujeres tengo que retirarme del implícito de que ya sabemos lo que estamos hablando. En el caso específico de las mujeres un logro importante es que me ha permitido escuchar de otro modo sus relatos, interrogar de otro modo por qué hay ciertas cosas que están n atu raliz ad a s: la dependencia, el sometimiento, la pasividad. A veces cuando una mujer se pasa hablán dome todo el tiempo si él la llamó o no la llamó, si la miró o no la miró, si la quiere o no la quiere, puedo hacer un comentario al pasar como por ejemplo: "Cuanto hace que no me habla de su trabajo”. Son interven ciones marginales, marginales porque están en el margen de una sesión y porque además están en el margen de lo que es la técnica de trabajo. Yo confío porque son disruptivas, son un chiste de pronto. Intervenciones de ese estilo me permiten no entrar en com pla cencia con esa queja femenina; en cambio, muchas veces la interpretación tradicional lo que hace es generar un colchón de com pla cencia donde las mujeres van a sufrir al diván por lo que les hacen los hombres, por su maternidad, por todo esto, y en realidad no se enfrentan al mundo. Supuestamente hasta que no vean en ese diván todo lo que les pasa, no están maduras, y a mí me parece que la
vida se hace en la vida, no en el diván. L u is : Y entonces, ¿en vez de esa com placencia cómo caracterizarías tu propuesta de intervención?. A n a M aría: Un tipo de intervención no directiva, para nada, pero m ucho m ás disruptiva con esa complacencia y esa queja, en la que no desaparece la profundidad psicoanalítica cuándo hay que interpretar esa llam ada profundidad. Propongo mi trabajo en una especie de cruce entre lo m ás incons ciente o desean te y las cu estion es de la realidad cotidiana de esa mujer. Yo creo que si uno trabaja sólo la dimensión inconsciente en las mujeres, estam os haciendo com pla cencia con la idea, m uy extendida en las mujeres, de que su mundo importante es el mundo de los sentimientos, de los afectos.. Las mujeres tenemos que vivir en lo público también, entonces hay un modo de trabajo con aquellas mujeres que lo necesitan, que es una confrontación con su realidad, con sus formas de enfrentar la vida. Luis: Y en el caso del hombre? A n a María: En el caso de los varones es casi al revés. Ellos hablan de su trabajo y del dinero y todo eso, y entonces hay que enfrentarlos al m undo de la subjetividad, de los senti mientos que a ellos les parece tan poca cosa o cosa de mujeres. Recuerdo un paciente que se pasaba hablando de las cuestiones que a él le importaban, las de siempre, el trabajo, el dinero, etc. Un día al despedirnos, le voy a dar la mano y me dice: “Ah, doctora le voy a dar mi nueva dirección porque me m udo”.
“Bueno”, dije yo. “Sí, sí, me separo”. Y no había llevado esto a sesión porque había otros problemas que tratar. Las mujeres se pasan años hablando de que se van a separar o después que se separaron. Con los varones a veces es al revés: hay que confrontarlos, ayudarlos o sostener un trámite costoso para ellos que es el tránsito por las emociones y por el registro de sus deseos; si las mujeres tienen dificultades para registrar su deseo porque deben distraerlo, pues su deseo no está perm itido, los hom bres tam poco tienen re g istro de su d eseo porque co m o los pobrecitos son boy scouts que tienen que estar siempre listos para toda aventura que se presente, no logran distinguir cuando hay deseo y cuando no. También son prisioneros en otro sentido en esta cuestión. Frente al relato de una c o n q u ista de una m ujer, preguntarle al varón por sus afectos es muy descolocante, porque es como que nunca se han planteado eso, es una pregunta insensata para ellos. Es fantástico el cimbronazo que produce una pregunta casi de sentido común. Luis: Colocándonos en el terreno de la lógica fálica que subtiende las form ulaciones psicoanalíticas sobre el deseo, cuál es para ti el estatuto de la palabra femenina en relación con su deseo? A na María: Lo que pasa es que yo no estoy de acuerdo con la idea de que hay una palabra de mujer que no ha sido pronunciada y todo eso, ni tam poco con esa idea que hay algo por fuera del lenguaje en las mujeres y que en to n ces el goce fem en ino sería su p le m e n tario . M e parece que so n p o sicio namientos que están capturados en una lógica
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lógica particular de la diferencia que no les permite sino pensar eso que se piensa. Me parece que no es así en el marco de la estruc tura psíquica inconsciente. Digam os que muchas mujeres han estruc turado su subjetividad tal cual Freud o Lacan lo describen, pero esto no quiere decir que sea una estructura inconsciente típicamente femenina. Me parece que si hay una palabra de mujer que no puede pronunciarse por la represión p o lítica; que si h ay un goce suplementario por fuera del lenguaje, etc., etc., en realidad no es que esté por fuera del lenguaje, no es que las mujeres gocemos y no lo sepamos. Sabemos muy bien cuando y cómo gozam os a condición que tengamos la autonom ía psíquica y política para regis trarlo. Las mujeres que no pueden registrarlo es porque están en relaciones afectivas que no permiten esta posibilidad. Quiero decir: en lo que el psicoanálisis describe com o universales femeninos, de lo que da cuenta es del m odo en que se o rg an iza cierto imaginario social en la subjetividad de algu nas mujeres; que no en todas las mujeres es así; que en la medida en que las mujeres van desarrollando prácticas sexuales, eróticas, de lazos afectivos diferentes, van armando otros m odos de organizar estos goces. Si fuera estructura las mujeres no podrían tener esas prácticas. Me parece que allí hay una captura del p sicoan álisis en ciertos im agin arios sociales. Primera cuestión: lo que el psico análisis no ve es que esto es un precipitado socio-histórico en la subjetividad y lo da como una estructu ra esen cialista y universal. Segunda cuestión: sin duda habrán mujeres así organizadas, pero esto no es lo que define
lo femenino sino lo que define formas histó ricas de subordinación de muchas mujeres, y es en ese sentido que el psicoanálisis debe revisar sus teorías, porque desde la idea que esta allí planteada las mujeres solo podríamos ser histéricas. Por otro lado quedarían por fuera de la teoría muchos de los m odos de funcionar de las mujeres actuales y también de algunas abuelas. Tendríamos que ver por qué Lacan hace sinónimo feminidad e his teria. La histeria es un destino posible, y m uy posible dentro de un marco patriarcal, para la sexualidad femenina. Ese modo extraviado de la sexualidad es en realidad producto y m arca de la subordin ación, com o lo ha mostrado, por ejemplo, Emilce Dio Bleichmar en "El feminismo espontáneo de la histeria”. Porque si su sexualidad no se extravía, la mujer es sujeto de deseo y habría que ver cuantos hombres se animan a ser objeto de deseo de una mujer sujeto deseante; hay que poner el cuerpo para eso. L u is: En eso estoy totalmente de acuerdo, y
yo agregaría algo: que el gran temor que hemos tenido los hombres a la mujer como deseante sigue absolutamente vigente y, como lo podemos ver en la clínica, no parece haber cambiado casi nada en las nuevas generaciones. A la mujer que se posiciona como sujeto deseante se le sigue desca lificando, con todas esas connotaciones que siempre ha tenido de peligrosa, demoniaca, masculina, castradora, etc. No es difícil demostrar que ese temor está en la base de la necesidad masculina de m antener la condición de la mujer-objeto-para-el-deseoy de ahí que el deseo femenino siga siendo extraviado, histérico, como dice Lacan. A n a María. H ay algo interesante en Lacan
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cuando dice que el objetivo de la cura en la mujer sería “reenviarla desde la búsqueda del reconocim iento, al reconocim iento de su deseo”. Esto nos da la pauta para pensar que a él no le pasa inadvertida la situación. Ahora, lo contradictorio está en que si tom am os la teoría con la que él explica esta cuestión, el análisis femenino sería imposible. Para que pueda él ver en esta mujer la posibilidad de un reenvío a ser sujeto de deseo, tiene que haber algo en esa estructura que lo permita, pero esto no está explicado en su teoría; por el contrario, en su explicación la congela en un deseo histérico. Por otro lado, este “reen viarla”, no sólo supone que puede llegar a ser, sino que alguna vez lo fue. Luis: Son sugerencias muy interesantes para una revisión crítica de las teorías sobre la identidad de género propuestas en el psicoanálisis. Ana María, Muchas gracias.
Serie Instancias del Extasis (1984-1997)
¿Q U IÉN D ECID E SO BRE EL A B O R TO ? M UJERES Y CO RTE CON STITUCION AL HABLAM OS A L PAÍS. Con ocasión del fallo de la Corte Constitucional sobre la penalización del aborto, el 28 de febrero de 1997, la Red de Derechos Sexuales y Reproductivos con el apoyo de PROFAMILIA convocó a una Rueda de Prensa en la cual participaron seis especialistas e investigadoras sobre el tema. Reproducimos la intervención del Doctor Eduardo □fuentes. Magistrado de la Corte Constitucional, autor de uno de los tres salvamentos de voto sobre la constitucionalidad del delito de aborto y del delito de aborto bajo circunstancias especiales.
B u e n o s d ías. Q u iero ag rad ecer la in vitación que se m e ha form ulado, p a ra p a r t i c i p a r en e s t e m u y im p o rta n te ev e n to y explicar, no todas, pero sí algu n as de las razones del ú ltim o salvam en to de vo to, que e n n o m b r e de lo s m a g is t r a d o s d isidentes, m e correspondió escribir y que vo y a sin tetizar en esta m u y breve a lo c u c ió n . R e a lm e n te m e s ie n t o m u y s a t is f e c h o de e s t a r rodeado de ta n ta s m ujeres con las cuales v o y a in tercam biar algu n as ideas sobre uno de los tem as que en tod as las sociedades dividen al país, p e ro s o b r e el c u a l c re o q u e es im p ortan te tener ideas claras y saber ex actam en te cuáles son los lím ites: lo s lím it e s e n tre el E s ta d o y la p e r s o n a , y lo s l im it e s e n tr e la s o c ie d a d y la in t im id a d d e la s personas. En dos ocasiones la C orte C o n stitu c io n al se ha pronun ciado s o b re la c o n s t i t u c io n a l id a d de
¿ C u á le s e ran la s c ir c u n s t a n c ia s esp eciales eran las sig u ien tes: la m u jer que ab orta d esp u és de h aber sido v íctim a de un a violación carnal ab usiva o de h aber sido v íctim a de u n a in s e m in a c ió n a r t i f ic i a l n o co n sen tid a; en este caso se aplica una san ción privativa de la libertad, pero no ta n rigurosa com o aquella que se aplica cu an d o se incurre en el tip o pen al básico; o sea, e sta m o s frente a un tipo penal aten uado; ésta es la figu ra d elictiva sobre la cual v e r s ó la s e n t e n c i a d e la C o r t e C o n stitu cio n al.
que igualm ente la persona com ienza con la concepción, y por lo tan to, d esd e ese m ism o in s ta n te es un su jeto pleno de derechos y entre esos derechos el prim ero que se predica a la person a es el derecho a la vida. D esd e esa perspectiva la C o rte hace un balance entre el derecho a la vida, del que está por nacer, el “n acitu ru s”, y el derecho a la libertad de la m ujer, y ob viam en te o p ta en la senten cia por h acer prevalecer en to d o s los casos el derecho a la vida del que está por nacer, por en cim a de la libertad p r o c r e a t iv a d e la m u je r . L o s argu m en tos, repito, son los m ism os; sim p lem en te que en e sta ocasión se añ ad en otros, co m o los procedentes de la m o ra l c ristia n a , p u e s en la se n te n c ia se c ita n d o s e n c íc lic as pap ales para señalar que: el ab orto es in tr ín s e c a m e n te re p u d ia b le e in trín secam en te in m oral, y que por lo tan to , bajo la C o n stitu c ió n no se p u e d e t o le r a r q u e la s m u je r e s aborten, así ellas previam ente h ayan s id o v i o l a d a s o i n s e m i n a d a s artificialm ente. Igualm en te, en la se n te n c ia se se ñ a la q u e h a y q u e distinguir, el ac to vil de la violación c a r n a l d e la m a t e r n i d a d ; la m atern idad es u n acto sublim e que dignifica a la m u jer y por lo tan to, la m u jer ha de asu m ir ese d estin o colectivo y existen cial qu e le signa su propia condición de m u je r y de procreadora.
L o s a rg u m e n to s p rin cip ales de la m ayoría fueron los m ism o s q u e se sostu v iero n en la prim era o casión , o sea: que la vida es sagrada, qu e la vida com ien za con la concepción, y
N o v o y e n e s t a in t e r v e n c ió n , queridas am igas, a sin te tiz ar tod o s lo s a rg u m e n to s, sin o m á s bien, a responder algunos in terrogantes que m e parecen im p o rta n te s y qu e se
pen alizar con p en as privativas de la libertad el delito de ab orto; u sted es b ien sab e n q u e h ace d o s a ñ o s la C o rte C o n stitu c io n al señaló en u n a sen ten cia qu e era posible, b a jo el c a r g o c o n s t i t u c i o n a l , q u e el le g isla d o r e sta b le c ie ra e s ta p e n a general para defender y proteger la v id a . En e s a o c a s i ó n lo s tr e s m agistrad o s salvam os igu alm en te el v o to . N o v o y a re fe rirm e a e sa se n te n c ia , ni ta m p o c o v o y a referirm e al salv am en to de v o to que e n e s a o c a s i ó n t u v i m o s la oportunidad de d epositar en la C orte C o n stitu cio n al. V oy a referirm e a la ú l t im a s e n t e n c ia d e la C o r t e C o n stitu cio n al, que no se refería al tipo penal básico del aborto, sin o a la p en alización del ab o rto cu an d o m ediaran circu n stan cias especiales.
desarrollan en el ú ltim o salvam en to de v o to . C reo que e sto s in terrogantes determ inan la m ateria con stitu cio n al im p ortan te.
El primer interrogante sería éste: ¿Puede un C ód igo Penal, o sea, el le g is la d o r , a trav é s del y u sp o n ia n d rix (de la p o te sta d de sa n c io n a r p e n a lm e n t e la s c o n d u c ta s), im p o n e r cargas extrao rd in ariam en te gravosas, a las p e rso n as c re o q u e es un in terrogan te im p ortan te; ¿p o r qué es im p o rta n te porque el C ód igo P en al e s la p r in c ip a l fu e n t e de deberes y de ob ligacion es para las personas; en el C ó d igo Penal se hace un a lista de c o m p o rtam ien to s que la sociedad considera reprochables y a lo s c u ale s se a sig n a n san cio n es n o r m a lm e n t e p r iv a t iv a s d e la libertad; n o so tro s to d o s ten em os el deber de ac ata r el C ó d igo Penal; de a j u s t a r n u e s t r a c o n d u c t a a la s a c c io n e s o a la s o m is io n e s q u e c o n stitu y e n lo s d e b e r e s de obediencia derivados de ese código penal. ¿C u á l debe ser el ob jeto y el contenido de esos deberes ¿; todos los d octrin an tes en la m ateria, tod o s los E s t a d o s y to d o s lo s ju e c e s, h an s e ñ a la d o a l u n ís o n o q u e la s o b lig a c io n e s q u e se d e riv a n del C ód igo Penal, deben ser obligaciones respecto de las cuales las personas p u edan cum plirlas norm alm en te, y es que es algo de perogrullo, de puro s e n t id o c o m ú n . Q u é t a l si u n legislador establece un código penal c o n re g las, c o n o b lig a c io n e s ta n severas, que solam en te las personas, co n e n o rm e sac rific io p e rso n a l y m a t e r i a l, p u e d e n c u m p lir e se cód igo ¿; pues sim plem ente, que el código q u eda escrito y que a través de ese código el legislador no puede
go b ern ar la c o n d u c ta h u m an a. El código debe poder ser cu m p lid o en últim as. La C orte C o n stitu cio n al en d os ocasion es ha reiterado que las obligacion es derivadas del código no pueden im poner cargas exorbitan tes a las person as; o sea, el código no pude ser de difícil cu m p lim ien to, y es que, realm ente, si fuese de difícil c u m p lim ie n to , to d o s e s ta r ía m o s violando, en un m o m e n to o en otro, el C ó d igo Penal. N o es de difícil cu m plim iento, por ejem plo, dejar de privar de la vida a o tra persona, por lo tan to , el delito de hom icidio, es un delito del cual su rgen ob ligacion es de ab sten ció n que n o so tro s n o r m a lm e n t e p o d e m o s asum ir. Pero, ¿q u é p a sa cuan do, por ejem plo, ocurrió con la ley 40 de 1993, q u e tip ific ó u n a figura delictiva que se conoce en la legislación com o el delito de pago de rescate^; se trata de la prohibición de p agar el rescate por las p erson as que h an sido secu estradas, a fin de q ue e stas p u edan ser liberadas por los plagiarios. En esa ocasión la C orte C o n s t i t u c i o n a l s e ñ a ló q u e se im ponía una obligación exorbitante, e x c e siv a , a lo s fa m ilia re s y a lo s am ig o s de los secu estrados, que no pod ían pagar el rescate, y que por lo tan to , por esa con d u cta om isiva de n o poder p agar el rescate, podían en ú ltim a s ver c o m o su s fa m ilia r e s s e c u e s t r a d o s p o d r ía n m o r ir e n m a n o s de su s v ic tim a r io s . D ijo e n to n c e s la C o rte : ese d elito, e sa figura legal, es con stitu cio n al, pero añade, salvo cuan d o la gente actú e en alg u n as de las circu n stan cias de ju stificació n del hecho, previstas en la ley p en al, c a so en el c u al so n in c o n s titu c io n a le s ; e n to n c e s, en v irtu d de la le g ítim a d e fe n sa del
fam iliar, el padre, el h erm an o o el am ig o , p o d rían p ag ar su rescate, e v itar la m u e rte de é ste y por lo ta n to salv a r su vida, y q u e d ab an e x c lu id o s de la sa n c ió n p en al; lo c o n tr a r ío , d ice la C o rte C o n s t i tu cion al, es establecer un a obliga c ió n q u e s o la m e n t e lo s h é ro e s pueden asum ir. En o tr o c a so , t r a t á n d o s e de lo s delitos de cobardía con sagrad os en el C ód igo Penal M ilitar, d estin ad o a los m ilitares en servicio activo, se san cion a la cobardía de los m ilitares que por ejem plo huyan del com bate, no enfren ten al enem igo, sim ulen u na defensa ficticia, etc., y se acusó e sta norm a señalan do que se podía e x p o n e r e n to n c e s, la v id a de los soldados que tenían que sacrificar su propia existencia para cum plir con el d e b e r m ilita r ; q u e e s te d eber derivado del C ódigo era excesivo, era exorbitan te. En e sta op ortu n id ad la corte consideró que los m ilitares en servicio , a d iferen cia de la s o tr a s personas, e stán entren ados y tienen p articu larm en te esa m isió n y que por lo tan to, lo que es cobardía para u n a persona ordinaria, es d istin to para un militar, está cum pliendo con su deber, y c o n sid e ró q u e e sa s n o r m a s e ra n p o r lo t a n t o con stitu cion ales. Pues bien, he traído a colación e stos d o s c a s o s p a ra s e ñ a la r c ó m o la m ism a C o rte C o n s t it u c io n a l ha d eterm in ado en su jurisprudencia y esto ha seguido la doctrina universal, que las obligaciones que se derivan d el c ó d ig o p e n al, no p u e d e n ser o b lig a c io n e s e x c e s iv a m e n t e g r a v o s a s , o se a q u e p a r a su cu m plim iento, la persona ten ga que sacrificar bienes superiores, ten ga
O que sacrificar su propia libertad, tenga que incurrir en suma en actos heroicos; ¿qué pasa entonces, cuando la mujer que ha sido víctima de una agresión sexual, abusiva, o de una inseminación artificial no consentida, y que por lo tanto ha sido embarazada forzosamente, no puede interferir en el proceso de embarazo y no puede abortará. ¿No esta el legislador penal, imponién dole una carga excesiva, si ella no quiere asumir libremente la maternidad^, ¿no puede ella en un momento dado interrumpir las consecuencias cada vez mas gravosas que implica ese embarazo forzoso¿. En el salvamento de voto, se pone de presente la contradicción en la cual incurre la mayoría de la Corte Constitucional y la forma como en este caso, justamente en este caso, cambia la doctrina sobre el carácter de las obligaciones penales, porque entonces, respecto naturalmente de aquellas mujeres que quieran seguir con el embarazo, ellas la pueden cumplir, porque seguramente, sus principios, sus ideas, la llevan a eso. ¿Pero que pasa en relación, con aquellas mujeres que rehúsan el embarazo y las consecuencias del mismo, cuando este ha sido de un origen criminals, respecto de ellas se sitúa un dilema, que es, o cumplir con el código penal y por lo tanto incurrir en un acto de heroísmo, o dejar de cumplirlo e igualmente incurrir en otro acto de heroísmo, cual es, afrontar el estigma de la sanción penal y verse eventualmente sometida a una pena privativa de la libertad. Así pues, respondo ese primer interrogante, que me parece importante en el salvamento de voto y en esta materia.
El segundo. El violador o quien ha
efectuado una inseminación artificial sin el consentimiento de la mujer, ¿puede estar legitimado para establecer deberes de cuidado y crianza ¿. El articulo 42 de la Constitución es muy claro cuando dice que la pareja tiene derecho a decidir libre y responsablemente el numero de sus hijos y deberá sostenerlos y educarlos mientras sean menores o impedidos. La familia en la Constitución es el grupo fundamental de la sociedad; el acto de la concepción es un acto libre y en la decisión de tener o no tener hijos tiene que, en primer termino y siempre, tomarse en consideración la posición de la mujer. En este caso cuando el legislador o sea el Estado impone seguir con las consecuencias de ese embarazo criminal, le está otorgando legitimidad plena al violador, para decidir el número de hijos que ha de tener una mujer y que ha de tener entonces una pareja, esa decisión no es la decisión libre de la mujer es la decisión del violador. Pregunta ¿puede un Estado que tiene que respetar los derechos constitucionales, que ha determinado que la paternidad ha de ser responsable, darle semejante poder al violador o a quien ha inseminado artificialmente a una mujer sin su consentimiento^ Tercera pregunta: ¿El estado tiene
un derecho absoluto sobre el cuerpo y el destino de la mujer violada y puede prescribir una maternidad en estas condiciones Esta es una pregunta fundamental porque dependiendo de la respuesta, estamos o en un Estado liberal y democrático o en un Estado
totalitario. Hasta dónde el Estado, a través de la ley, puede tener ingerencia en el cuerpo y en el destino de una personal. Y ésto sitúa el análisis en el artículo 16 de la Constitución Política, que no es de ninguna manera un articulo superfluo ni trivial, sino que en este artículo 16, todos los jueces, todos los que conocemos el derecho sabemos que aquí esta la cláusula de libertad, la que define el Estado colombiano: “Todas las personas tienen derecho al libre desarrollo de su personalidad, sin mas limita ciones que las que imponen los derechos de los demás y el orden jurídico”. Ojo!, los derechos de los demás y el orden jurídico. Pero no pueden ser limitaciones cualquiera; o sea, entre el interés individual, entre el propósito de autodeter minación del sujeto y la limitación social, que es realmente el umbral de este derecho, no pude interponerse cualquier interés, tiene que ser un interés cualificado. ¿Y aquí que es lo que pasa¿, que surge el Estado como lo he dicho varias veces, después del acto de violación. Y el Estado entra a emular directamente con el violador, porque el Estado obliga a la mujer a asumir todas y cada una de las consecuencias de ese acto criminal, y a hacerlo además, durante todos y cada uno de los días de existencia de esa mujer. El estado dice ésto porque seguramente piensa que está representando el interés de general. Pero pregunto: ¿El interés general se sirve de esa manera condenando todos los días de la existencia de una mujer que ha rehusado seguir adelante con las consecuencias del embarazo^; ¿podemos llamar nosotros eso interés general^; ¿en que sentido
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beneficia a la generalidad^; ¿hasta dónde tenemos que pagarle un precio al interés general para poder asumir el destino individual, cuando este destino individual ha sido injustamente agredido por parte del violador^, hasta el punto de que, el mismo Estado sanciona penalmente la violación pero en este caso no sanciona penalmente sus consecuencias sino que, por el contrario, se eleva por encima de ellas y determina de manera tajante y rotunda el destino de la mujer; o sea, que la suerte de la mujer, es en últimas consumada por una decisión del Estado, en aras del interés general. Cuarta pregunta. ¿Puede una
mayoría, imponer a los demás una determinada creencia moral ¿Por qué decimos esto ¿, porque, el Congreso en nuestro sistema jurídico y político es el representante, digámoslo así, del principio democrático; simbólica mente, a través del Congreso se hacen presentes las distintas visiones y cosmovisiones de la sociedad y eventualmente allí se puede configurar en un momento dado una mayoría, esta mayoría puede tener pensamientos particulares, creencias, puede asumir una determinada moralidad. ¿Sobre qué asuntos puede deliberar una mayoría ¿sobre qué materias podríamos pensar que las decisiones de esa mayoría son obligatorias^; yo creo, que sobre muchas materias y quizás sobre la mayoría; ¿puede ese Congreso, el principio democrático, el interés general, la mayoría, tomar decisiones^, por ejemplo: puede determinar cuál es la cantidad de impuestos que en un momento
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dado, tienen que pagar los colombianos, cuál debe ser la destinación de esos impuestos, cómo debe jerarquizarse el gasto social. Son decisiones en las cuales, quizás, la mayoría tiene más conocimiento de esas materias y el principio de mayoría legitima finalmente la decisión, que ha de ser vinculante tanto para quienes consideran que es positiva, como para aquellos que se han opuesto a la misma. En este sentido el principio democrático tiene un valor epistemológico, o sea, a través de las mayorías, se pueden tomar buenas decisiones y con un buen conocimiento. Pero en materia de orden moral, en lo que tiene que ver con la incidencia de una materia en el destino de una persona, allí, ¿tenemos los colombianos que darle autoridad y competencia al interés general y a la mayoría¿, o, ¿hay que establecer una línea entre el individuo, la sociedad y el Estado¿ Como les decía antes, las sociedades que no se atreven a trazar nítidamente esa línea, son las sociedades totalitarias, donde entonces, nadie puede oponerle al estado ni a la colectividad, una preferencia individual; nadie puede asumir su destino propio, porque todos tenemos que asumir un destino uniforme; ninguno puede tener un pensamiento disidente porque todos debemos tener en nuestra conciencia y nuestra mente los mismos slogans, el mismo contenido de conciencia; donde todos somos no ciudadanos independientes sino, mujeres y hombres masa. Es importante trazar esa línea y considerar que en materia de moralidad individual, de creencias, de lo que es bueno, de lo que es malo, de lo que es pecado, de
lo que no es pecado, allí, el que define ese asunto, es el individuo, no es la mayoría por mí. No podemos nosotros asumir un Estado pastor de un rebaño, de un rebaño absolutamente obediente, donde nadie puede asumir su propio destino. En este caso creo, que en materia del aborto y particular mente en estas circunstancias que he mencionado, le corresponde a la mujer violada, a la mujer agredida, a la mujer profanada decidir su propio destino; allí el Estado no tiene que decidirle nada; a lo sumo tendría que apoyar sus decisiones desde el punto de vista material, en el caso por ejemplo, de las mujeres que decidiesen abortar, ofreciéndole gratuitamente, porque es lo mínimo que puede ofrecerle la sociedad a una mujer que ha sido violada, a una mujer, que la misma sociedad ha permitido a través de una débil protección social que haya sido violada; allí, el Estado tiene que apoyar esa decisión. Ahora, si la decisión de la mujer violada o inseminada artificialmente es distinta, en el sentido de que ella pretende seguir adelante con el embarazo, el Estado está en la obligación de apoyar esa decisión, e igualmente suplir sus necesidades propias y las de la criatura que está por nacer y que luego nace. Pero cuando el Estado asume una visión moral especifica, de las muchas que existen en la sociedad, porque así como hay una visión absolutamente respetable que le puede indicar a la mujer que si ella se sacrifica después de esa agresión de la que fue víctima y asume su destino sublime de madre, y entonces con su conducta, ella puede efectivamente enmendar
el mal que se le ha hecho, y tendrá eso ganancias espirituales en su futuro supraterrenal, pues está bien, esa es una visión moral absoluta mente respetable. Pero si hay una mujer, que no tiene estas creencias, que le parece injusto seguir deterio rando y marchitando su destino, ¿por qué la mayoría tiene que imponer a través de la ley esa visión moral que profesa, sobre la mujer que se aparta de ese pensamiento moral¿. Yo creo, que aquí la Corte Cons titucional tenia un papel muy importante que desempeñar y era precisamente establecer esa línea que divide lo colectivo de lo íntimo, de lo personal, de lo propio. Esa línea que nos permite decir que en la constitución se consagran la libertad de conciencia, la libertad de cultos y el libre desarrollo de la personalidad. Sin esa línea no tenemos esos derechos y si no tenemos esos derechos no tenemos esta Constitución. La Corte Consti tucional es un órgano que ha de respetar el pluralismo político e ideológico, del país, ¿cual es entonces el costo de haber permitido fundamentar su sentencia con encíclicas papales, que yo las respeto, pero que naturalmente hacen parte de una de las cosmovisiones, entre las muchas cosmovisiones actuales existentes. ¿Cual es el precio ; el precio no es otro que el de permitirle a la mayoría, efímera, histórica, subordinar a otras personas y a unas víctimas, hacer entonces de los destinos de estas personas simplemente instrumentos, medios que permiten gozosamente proclamar la vigencia de una determinada visión espiritual. ¿Se
pueden entonces ufanar quienes creen en esas encíclicas y en esa visión, de que esa idea la ha asumido Colombia^. ¿ Pero cual es el precio¿, la cosificación, la instrumentalización de las mujeres violadas, y diría yo, del género femenino, naturalmente. quinta pregunta. ¿El embarazo criminal, tiene en el plano constitucional un peso especifico, a la hora de decidir la constitucionalidad del delito de aborto atenuado^. Yo creo que sí. Llamo la atención que, en la primera discusión de la Corte Constitucional sobre el aborto, donde tenían que hacer un balance entre el derecho a la vida en la criatura que tenia que nacer y el derecho a la libertad y la dignidad de la madre, la corte consideró que realmente era posible en este caso, mantener el derecho a la vida, porque antes de la concepción, la Constitución a través del art. 42, garantiza que esta concepción es libre y es responsable; de modo que, dice la Corte bajo su sentencia. “Dado que la madre tuvo la oportunidad de ejercitar su libertad procreativa, si no lo hizo, pues obviamente que no puede esa criatura, esa vida, soportar su imprudencia”. Hay un momento entonces, donde la sentencia fundamenta su fallo en la libertad de concepción. Una
Pero en este caso, en este tipo particular de aborto, esa libertad es inexistente, porque la mujer ha sido violada, porque la mujer ha sido inseminada sin su consentimiento, y por lo tanto, la Corte ha debido hacer el balance; porque si en la anterior sentencia, el derecho a la
vida se imponía sobre el derecho a la libertad procreativa ya que esta mujer la hubiera podido ejercitar y no la ejercitó, aquí en este caso, la mujer no podía ejercitar la libertad procreativa, porque, por el contrario era víctima de una fuerza que no podía resistir y se imponía sobre su voluntad y sobre su corporeidad; por lo tanto se daban las condiciones para efectuar un balance, y el balance era ante todo aquí, el hacer prevalecer la libertad de la mujer que no tuvo la posibilidad de consentir libremente la concepción. Finalm ente, hago una última
pregunta. ¿El valor de la vida es superior al valor del principio de la dignidad^. La constitución política se fundamenta en el principio de la dignidad de la persona humana; se dice que todos los derechos humanos son especificaciones de ese principio de la dignidad. O sea, la dignidad es como el gran sol que se refleja en parcelas más reducidas que son los derechos; ¿qué es la libertad de culto sino una especificación de la dignidad^, ¿qué es la libertad de expresión, sino una especificación de la dignidad^, y así podríamos decir de todos y de cada uno de los derechos, incluida la vida; la dignidad está traducida en el catálogo de los derechos fundamen tales. ¿Qué pasa entonces, cuando como consecuencia-de la sentencia y de la legislación penal se cosifica a la mujer y se convierte a la mujer en un simple vientre desligado de concienciad. Esa es la consecuencia en términos de dignidad. ¿Vale la pena hacer del derecho a la vida algo tan absoluto que pase por encima del principio de dignidad^, ¿Cuándo se ha pensado que el derecho a la vida
es absoluto si la misma legislación, la Constitución y la Corte, justifican la legítima defensa frente al agresor¿ ¿Por qué le estamos hurtando a la mujer violada la posibilidad de la legitima defensa, de la legitima defensa de su destino^, porque nos estamos olvidando del concepto de vida digna. ¿Y qué pasa con la criatura que nace, la criatura que nace en el desamor, que es un colombiano, que desde que nace ya respecto de él se viola el principio de igualdad^, porque no va a tener padre y seguramente va a crecer en el clima y en el ambiente de desamor y de rechazo y también como la madre, ha de maldecir su destino todos los días, ese hijo va a maldecir su destino todos los días. ¿Es justo que Colombia, un país joven, alegre, vibrante, le de pasaporte al mundo a seres que son concebidos con violencia y son criados con desamor y prosiguen así su destino1?-, ¿es justo que nosotros nos olvidemos
también de la dignidad de la criatura, so pretexto de santificar en términos absolutos e irrazonables la vida¿; ¿es esa la forma de proteger la vida¿. Yo creo realmente que aquí también la Corte ha tenido que decir algo sobre el menor y no simplemente señalar que la víctima era el menor; la víctima es la madre, la víctima es la mujer, el menor es la consecuencia, y allí naturalmente eso es una afrenta a la mujer, a la sociedad y a la vida digna. En síntesis éstos son puntos, entre otros, que yo creo que se pueden explorar; realmente lo que hemos hecho en el salvamento del voto es sentar una protesta, una protesta sincera y absoluta contra la afrenta que se comete contra la mujer y particularmente contra estas mujeres que han sido violadas y profanadas y a quienes no obstante que la sociedad ha permitido que se cometa ese acto lesivo de su
dignidad, de su corporeidad, de su ser, no les permite ni siquiera tener voz. Pronto leo que va a haber una marcha del silencio; yo creo que la marcha del silencio la tienen que encabezar precisamente las mujeres violadas, las mujeres inseminadas artificialmente contra su voluntad, las mujeres agredidas y cuya voz no ha escuchado ni la ley ni la sentencia de la Corte, lamentablemente. Yo creo que esto tiene que ver no solamente con estas mujeres, sino con todas las mujeres y los habitantes de Colombia. Este es un tema que tenemos que discutir a fondo; nosotros no podemos permitir que se pase este siglo manteniendo una injusticia tan profunda y tan lacerante. De modo que les agradezco la invitación y hago votos por el mejor destino de estas mujeres que realmente requieren voz, acción, participación y respeto de todos nosotros.
D O S M IRADAS A P R O P Ó SITO D E L 8 D E M ARZO
M A R CH A D E L S ILEN C IO ANGELA I. ROBLEDO
El ocho de marzo salimos a la calle a convocar la poesía. En silencio, de blanco, con las caras pintadas de blanco y con una lágrima dibujada rodando por las mejillas para pedir la paz. Para cargar de nuevo significado al silencio tradicional de las mujeres. Al resultado del acto patriarcal que nos convirtió en lo oscuro, lo innombrado, lo inexistente de la cultura. Para
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afirmar que el silencio no es negación sino un espacio semántico que acepta múltiples lecturas. Y que éstas, incitan a la fabricación de una cosmovisión todavía inédita pero indudablemente flexible, ambiva lente, no terminada. De blanco para decirle no a la castidad y reivindicar el gozo de nuestros cuerpos, el derecho a expresarnos con voces que nazcan de la profundidad de nuestro interior.
Con lágrimas, llorando por el país ensangrentado, envuelto en absurdas guerras. Inundado de desplazados que perdieron su tierra y -despojados de sus identidades- no entienden todavía la dimensión de su tragedia. La caminata, desde la Plaza de Toros hasta la Plaza de Bolivar, fue carnavalesca. La idea de la máscara -encubridora de sujetos/as porhacery que acompaña al carnaval, tampoco nos fue ajena. Como todo
carnaval, el nuestro se conformó de la diversidad : intelectuales, obreras y obreros, partidarias del aborto, trabajadoras sexuales, lesbianas, homosexuales, sindicalistas, madres de secuestrados, estudiantes y madres comunitarias. Hombres conscientes de que, si el mundo, atosigado por el progreso estúpido, no se feminiza se destruirá. Que saben que la lucha de las mujeres es incompleta y vana si ellos no aportan al proceso de transfor-
mación de la sociedad y sus imaginarios. Ibamos con pancartas y lúcidos adornos ; escoltados por la música solidaria de los almacenes de discos ; convencidos de la urgencia de reemplazar los emblemas gastados del patriarcado por otros que permitan la irracionalidad, la ternura, la fraternidad, el placer. Abrazados con Colombia en un canto a la vida.
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• Sólo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente, es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente...
LA S M U JER ES C ELEB R A M O S E L 8 D E M A RZO CO N UN A M A RCH A PO R LA V ID A Y L A PAZ
Las personas ubicadas a lado y lado de la calle observaron con respeto, interpretando la fuerza simbólica de esta denuncia.
MARIA CECIUA GONZALES M.
El 8 de marzo, las mujeres de Santafé de Bogotá, mar chamos silenciosas con pañuelos, claveles, estandar tes, mordazas y vestidas de blanco hasta el rostro, en el cual se destacaba una lágrima como símbolo de dolor por la violencia, las desapariciones y la muerte generalizada. Caminamos tomándonos los espacios lentamente pero con firmeza, diciéndole al mundo que existimos y que la vida también nos pertenece. Ese día nos convertimos todas y todos en una blanca franja luminosa en defensa de la vida y la paz. A lo largo del recorrido en las diferentes discotiendas, como apoyo solidario colocaron canciones con
mensajes a la mujer, a la vida, a la paz y el amor, las cuales se fusio naron con las frases de las pancartas de las diferentes organizaciones y grupos que marchaban : • • • • • •
Nuestra opción es vivir, no sobrevivir. Por el derecho a tener un rostro. Gracias a la vida que me ha dado tanto, me dio dos luceros que cuando los abro.... Aborto libre para no morir. Acompáñame en este sueño que es tanto tuyo como mío. Pedimos pronta liberación para los cuarenta soldados. (Madres de las Delicias).
A la marcha se unieron hombres solidarios, niños y niñas y una patrulla de policías de tránsito con mordazas haciendo un lento recorrido por el centro de la marcha. Al llegar a la Plaza, con las manos entre lazadas, cantamos : “Herma na dame tu mano... donde el pueblo colombiano la marque el rostro al tirano...métale a la marcha, métale al tambor que traigo un pueblo en mí voz...Y en medio de consignas como : “Sí a la vida”, “Sí al amor”, “No a la guerra”, “No a la desaparición forzada”. Se leyó la proclama : “Una franja luminosa para la vida” :
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Hoy 8 de marzo, las mujeres expresamos nuestro deseo de hacer de la paz una realidad en Colombia. Nuestro propósito es el no ceder en el empeño de cerrar la herida extensa que cruza el corazón de la patria. La muerte sembrada a la fuerza en el territorio nacional nos duele. La capacidad de dar vida que habita nuestro cuerpo, nos dispone a la generosidad que da vigencia a todas las diferencias que nos enriquecen. Entendemos que la guerra está construida sobre una cultura patriarcal que impone un modelo que sustenta la violencia y niega la diversidad de las expresiones humanas, fortalece un imaginario del héroe expansivo y depredador que ejerce la muerte y mantiene el dominio como fin en sí mismo. Las mujeres colombianas sabemos que la vida es mas compleja que la muerte. El nacim iento es un acontecimiento que estremece y está ligado al ser femenino, no puede en ningún momento estar al arbitrio de la crueldad y la demencia de los actores de la guerra. Por todo esto proclamamos nuestro compromiso con la paz, que nace de entender que la guerra es producto de la exclusión económica y de las violencias invisibles que accionan la sujeción sexual, étnica, religiosa, territorial y cultural sobre las minorías desprotegidas. Somos partidarias de la paz, que también significa calidad de vida digna, donde hombres y mujeres manejen una relación armónica entre sí y con la naturaleza. La paz que proponemos propicia un desarrollo integral de las personas.
La paz que queremos supone la construcción de nuevas identidades de hombres y mujeres a partir del reconocimiento de nuestras diversi dades y diferencias, además del deseo profundo de relacionarnos con justicia y equidad. Por tanto, proponemos trabajar por la construcción de una ética para la paz en nuestras casas, y en las plazas, en las escuelas y en los campos... para que la vida estalle como una prima vera en las almas atribuladas de hombres y mujeres, niños y niñas horrorizados por la guerra, de las comunidades indígenas y afrocolombianas atropelladas en su cultura, de los desplazados y las desplazadas por la violencia y en general para que renazca la confianza en el alma de los colombianos y colom bianas víctimas de esta masacre estéril y procaz. Rechazamos la penalización del aborto y los argumentos moralistas que sustentan jurídicam ente el cercenamiento de la libre opción de la maternidad. El Estado colombiano se abroga el derecho absoluto sobre la dignidad, el cuerpo, la libertad y la vida de las mujeres, este acto extremo de violencia es la consecuencia patriarcal que coloniza al cuerpo de las mujeres.
La fuerza de nuestra esperanza esta puesta en:
• La creación colectiva de una franja lum inosapor¡a vida, que significa rescatar la solid arid ad , la sensibilidad y afirm ar e l conflicto com o cu alid ad hum ana y la alegría de la solución pacífica. Valores que disuadan a los actores
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de la violenciaypropicien un dima depaz en las zonas de conflicto. No retenera ningunapersona en contra de su voluntad o de su conciencia. La superación de los obstáculos que im piden la lib eració n inm ediata de los secuestradosy secuestradas, los desaparecidosy las desaparecidas, los retenidosy las retenidas, los soldados. La desm ovilización de lossectores arm adosynegociación inm ediata bajo veeduría ciudadana. Atención integrala la población desplazadapor la violencia. E lcum plimiento de los convenios internacionales referidos a los derechossexualesyreproductivos de las mujeres, a la erradicación de todas las form as de violencia contra las mujeres. Abolición de todas las form as de discrim inación y explotación económ icay social en e l trabajo de las mujeres. A la comunidades cam pesinas e indígenas quepara suprotección proponen estab lecer zonas neutrales en donde perdure la vida y se abran espacios para la paz. Esta zonas deben ser respetadas igualm entepor todos los actores de la guerra.
Para romper el milenario silencio y porque la paz deje de ser sólo un sueño... E s t a p r o c la m a fu e r e d a c t a d a colectivam en te y acogida por : La C e n tra l U n ita ria de T rab ajad o res C .U ,T, El D e p a rta m e n to de la M u jer de la A sociación de Vivienda Popular, por la M u jer C oo perativ a IN C O R A -H im at, C orporación C asa de la M u jer de B ogotá, G rupo M ujer
y Sociedad de la Universidad Nacional, Corporación Colombiana de Teatro, FUNDAC, Grupo Triángulo, Diálogo Mujer, EcoMujer, Fundación Promujer, por la Red Nacional de Mujeres, Red Colombiana por los Derechos Sexuales y Reproductivos, Red Popular entre Mujeres, UMD, Grupo de Mujeres Feministas Autónomas, Madres de los Soldados de las Delicias y otras organizaciones de
mujeres populares, que aún no tienen voz ni rostro propio. Seguidamente se escucharon los mensajes de las madres de los soldados desaparecidos, las estu diantes universitarias, madres comunitarias y las lesbianas. Con este acto pletórico de nueva simbología, representación y legalización, las mujeres conti
nuamos recobrando esos espacios patriarcales, la voz, el rostro, el protagonismo, una nueva cosmovisión, una nueva ética y política. Las mujeres, los hombres sensibles y solidarios nos unimos y nos fortalecemos para romper el milenario silencio y hacer que la vida y la paz sean una hermosa realidad para todas y todos en Colombia.
NOTICIA D EL OCTAVO EN CUEN TRO IN TERN ACION AL M UJER Y SALUD MARGARITA ESCOBAR DE ANDREIS PROMUJER
estrategias diferentes, de acuerdo con las características de cada región.
Durante los días 17, 18, 19, 20 de Marzo la exuberante topografía de Río de Janeiro albergó a 401 mujeres, activistas del movimiento de salud, procedentes de 72 países, con el fin de debatir, dialogar sobre problemas comunes y llegar a consensos sobre alternativas que modifiquen la calidad de vida de las mujeres en todo el mundo.
Se reconocieron como barreras sistémicas para la salud de las mujeres y el cumplimiento de sus derechos reproductivos el fundamentalismo de mercado traducido en políticas económicas y el fundamentalismo religioso que busca reforzar las jerarquías de género.
En el encuentro se reconocieron avances significativos en este campo, como :1a reafirmación de la salud como un derecho ; la inclusión de la salud y los derechos reproductivos y sexuales como dimensiones fundamentales del desarrollo humano ; se rescató el papel central del cuerpo y de la sexualidad en la teoría y la práctica feminista. No obstante, se constató que estos avances no se dan por igual en todos los países y regiones reconociendo que esas diferencias, ponen de manifiesto la necesidad de plantear acciones, prioridades y
Como problemas que obstaculizan el funcionamiento de políticas potencialmente beneficiosas se constató: •
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que en muchos países no se ha tenido en cuenta el enfoque de género en las políticas públicas, especialmente las de salud, que en muchos países se está dando una traducción limitada de las resoluciones de El Cairo y Beijing, llevándose a cabo modelos verticales y el cambio de nombres a programas ya existentes de planificación familiar por programas de salud reproductiva.
que la globalización del sistema productivo de mercado y financiero, las políticas de ajuste estructural y la creciente crisis económica de nuestros países, han conducido a severos recortes en los servicios de salud, que muchas naciones del mundo están envueltas en conflictos armados o existen insurgencias bélicas como resultados directos o indirectos de las desigualdades económicas y sociales y de la existencia incontrolada del mercado de armas y de drogas, que aunque el Vaticano ha sido derrotado en las recientes conferencias mundiales, la influencia de la iglesia católica sobre los diseñadores de políticas no ha desaparecido en los niveles nacionales. que el colapso y la re-estruc turación de las formas de gobierno en muchos países está dando lugar a una cantidad de nuevos problemas, que se suman a las dificultades permanentes de insensibilidad de género, ineficiencia y corrupción.
Pese a todo lo anterior se reconoció que existen direcciones positivas que señalan que las mujeres están siendo reconocidas crecientemente como actoras políticas, lo que significa la posibilidad de mayores cambios en las percepciones de género y en la conciencia sobre el tema.
base para la construcción de la igualdad entre mujeres. •
Teniendo en cuenta lo anterior se trazaron algunas estrategias las, cuales se resumen a continuación : •
Aumentar el empoderamiento del movimiento de mujeres. Ante la celeridad de los cambios que experimentamos a nivel mundial, se hace necesario reforzar la capacidad del movimiento de salud de las mujeres para enfrentar los desafíos ; construir nuevas formas de desarrollar solidaridad para darle valor y aprender de la riqueza de los distintos contextos y experiencias ; evaluar las experiencias con el fin de determinar éxitos y fracasos reconociendo la diferencia como
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Formar y extender alianzas. Se reconoce que trabajar aislada mente obstaculiza el logro de metas y objetivos en lo que a salud de las mujeres se refiere, por ello se propone construir y negociar cuidadosa y estratégicamente alianzas y coaliciones con otros sectores. Utilizar los medios de comunicación. Se propone que las organizaciones de mujeres utilicen crecientemente los medios de comunicación tradicionales y creen nuevas formas de introducir y mantener los temas concernientes en el debate público. Para ello se requiere influenciar los mensajes de los medios y dialogar y sensibilizar a las y los profesionales del sector. Reforzar el diálogo con la comunidad de investigación
anticonceptiva, de manera que tanto la investigación y el desarrollo de tecnología, como los impactos de la privatización en las pruebas clínicas, sean cercanamente monitoreados y puedan emprenderse acciones en el momento adecuado. •
Reconocer por parte del movimiento de salud de las mujeres que el aborto no es sólo un problema de salud pública o legal, sino un tema de género y de justicia social.
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Tener en cuenta que las condiciones sociales de género que conforman el entorno para la pandemia del Sida son, por lo general las mismas que afectan la salud y los derechos sexuales y reproductivos. Por ello es esencial impulsar un enfoque más amplio y con perspectiva de género sobre el VIH, en comparación con la norma que actualmente prevalece en las políticas y programas.
A CER CA D E LA TRILO GÍA D E KIESLOW SKI UNA PARTICULAR INVITACIÓN A AM ARNOS XATLÍ MURILLO-SENCIAL VLADIMIR ROJAS ASPRILLA
Y si la grandeza nos lloviera todos los días ¿ y si ella, así de simple, caminara de nuestra mano ¿ y la libertad fuera nuestra compañera matutina ¿ y la oportunidad fuera el pan repartido con equidad entre los hombres ¿ y la fraternidad la forma cotidiana de unirnos ¿ ¡Y si todo esto se concretara a diario ! ¿Optaríamos por amarnos ¿
Tres películas que son una sola propuesta, tres que son una sola invitación, un solo recuerdo, el recuerdo de una de las más grandes confluencias de voluntades de hombres y mujeres en favor de sí mismos. Confluencia que la historia conoce como la Revolución Francesa, la movilización de masas más significativa por sus ideales y por el vendaval que provocó en el resto del mundo. Simbolizada bajo los colores que los mismos franceses
abrigarían como su pabellón : el tricolor azul, blanco y rojo. Su importancia está dada por la influencia que sus acciones provocaron a lo largo y ancho del planeta entero en el siglo XVIII y aún posteriormente en mayor o menor grado. Todos los rincones de la humanidad recibieron su fuego abrazador, y en especial sus ideales de libertad, igualdad y fraternidad tan anhelados en ese entonces como
hoy. La Revolución Francesa se toma importante en un mayor nivel, no por lo que ella dijera de sí misma, sino por lo que los hombres y mujeres de otras naciones vieron en ella y la altura que le otorgaron. La promulgación de una nueva constitución radical en la cual se ofrecía el sufragio universal, el derecho de insurrección, trabajo y alimento y la declaración oficial de que el bien común eran la finalidad central de los gobiernos y que los derechos del pueblo no serían meramente asequibles sino operantes (Hobsbawn). Todos estos elementos y la forma como ella misma se hizo realidad hicieron que muchos hombres y mujeres la vieran como una esperanza y un ejemplo a seguir, mientras otros la contemplaban como una virtual amenaza a su estatu quo. Es por este motivo que la naciente patria francesa padece, es víctima de agresiones, viéndose obligada a adoptar el principio según el cual, para mantener incólume la propia revolución era necesario liberar a las otras naciones oprimidas, con lo cual no sólo se preservarían los nacientes ideales y reformas sino que también se erigiría Francia misma y su proyecto liberador como el mesías de la humanidad occidental. En el campo de la ciencia y la filosofía, Francia igualmente se hace presente. Es la época de la Ilustración, del materialismo del siglo XVIII, del fin de la era Medieval y del comienzo de la modernidad. Atrás queda el feudalismo, atrás queda el idealismo ; ahora la tarea de la sociedad moderna será el
proyecto de liberación humana. La finalidad última del saber estribará en el dominio de la naturaleza por parte del hombre con lo cual se alcanzará no sólo la emancipación de lo divino sino el descubrimiento y la invención de los recursos técnicos que darán origen a la llamada Revolución Industrial y a lo que hoy vivimos (en los últimos 100 años el hombre ha logrado avanzar técnica y científicamente más de lo que en tres mil o más años de evolución del pensamiento), y todo lo anterior podríamos decir que sucede gracias a este culto a la razón típico del paradigma moderno, ilustrado de occidente. En adelante será el sujeto, serpensante, quien determine los objetivos fundamentales de su devenir, al igual que los de la naturaleza y del planeta en general. Emanciparse de dios, del trabajo alienante, diferenciarse de la naturaleza, esgrimirse como soberano razonante, tal fue la meta y así se alcanzó. De este proceso imparable de racionalización no se salvó ninguna esfera circundante, menos la de la subjetividad ; desde principios de este siglo hemos sido testigos de la perdida de sentido de la razón, de cómo esta violentó directamente al hombre mismo : el antisemitismo, la barbarie, el autoritarismo, los fundamentalismos (Auschwitz, Vietnam, etc.). Lo anterior sumado al vértigo progresista moderno nos ha llevado a que hoy por hoy los objetivos vitales hayan quedado confinados a la diligencia de cada uno. En el mundo contemporáneo ya no es una sorpresa que los acontecimientos vividos se hayan vuelto
independientes al ser humano. Estamos actualmente en el mundo de lo que sucede sin que eso suceda a nadie y sin que nadie sea responsable. Destruimos la capa de ozono, contaminamos los océanos, talamos selvas y bosques desaforadamente, agredimos a quien no sea igual a nosotros o no comparta nuestra forma de concebir el desarrollo y nadie se hace responsable. ?A quién corresponde velar por el planeta y por los desarrollos sociales y culturales, los cuales estamos dando sin pensar en las futuras genera ciones de hombres y mujeres que poblarán la tierral. Es hora de ponerle fin a esta carrera de muerte y destrucción, de intransigencias y locura. Entender la trilogía como una invitación a hacernos respon sables no sólo de nosotros y nosotras mismos(as), sino también de aquellos que nos rodean, es una opción clara de rescate, tal ves esta sea la ruta a seguir si queremos conservarnos vivos y cuerdos. Cuando hemos perdido toda ilusión, cuando la vida ya no representa ninguna razón para seguir luchando cuando miramos alrededor y sólo encontramos indiferencia, entonces sólo el amor liberador, igualitario y fraterno nos ilumina al final del túnel, sólo esta capacidad nuestra de sentir al otró en su integridad nos salvará de la autodestrucción a la cual caminamos irresponsable mente, como nos lo plantea Richard Rorty, una solidaridad para los tiempos de hoy, que consistiría en la capacidad que debemos desa rrollar de identificarnos con el sufrimiento de los otros, por lograr
imaginarse los detalles, los vacíos, los traspiés de sus vidas “ver a los extraños como compañeros de sufrimiento. La solidaridad...se crea incrementando nuestra sensibilidad a los detalles particulares del dolor y de la humillación de seres humanos distintos, desconocidos para nosotros”1. Para reencontrarnos y podernos abordar como seres humanos integrales, los principios de libertad, igualdad y fraternidad serán la meta, y el camino para alcanzarlos será el amor. Estos principios fundantes del convivir cotidiano son elementos sin los cuales no puede haber armonía ni entendimiento, el haberlos dejado de lado nos ha conducido a lo que anteriormente describimos como la crisis de la contemporaneidad, rescatarlos será la única opción posible y para ello es menester abrir nuestro corazón al amor : que nuestros actos no instrumentalizen a la naturaleza y a nuestros semejantes, no menosprecien al otro por ser diferente, que no se imponga la razón absoluta, aquella alejada de los sentimientos, que tanto mal nos ha hecho. Que nuestros actos, mejor, busquen cotidianamente alcanzar lo sublime de estar vivos trabajando para que nuestra contingencia, eso que nos hace tan vulnerables, sea por ello mismo el elemento preservador y que el deseo por trascender y
permanecer históricamente no se vuelva en contra nuestra como ha venido sucediendo en los últimos siglos que ha vivido la humanidad. La anciana tratando de depositar la botella para que sea reciclada, puede ser el símbolo que Kieslowski utiliza en cada una de las tres películas para empujarnos a reflexionar en torno a la soledad, la lucha y la solidaridad. En la trilogía todos los personajes pierden un amor, su gran amor, en ese momento renuncian a seguir viviendo, a seguir luchando, se refugian en sí mismos...y es en ese instante de crisis, en donde lo que duele, aún no ha sanado, pero donde lo que nos salvará ya es semilla en nuestro corazón, cuando aparece alguien, el encargado de confrontar, de ayudar, de brindar su apoyo, el elemento fraterno que a la luz de la propuesta del productor polaco, será la tabla de salvación. Gracias a la solidaridad fraterna, cada uno envuelto en sus circunstancias, sus problemas, se reencuentran con la vida, con el amor, con los semejantes. El amor franco de un hombre por una mujer, el amor y la confianza entre amigos, el amor solidario entre generaciones, el amor en todas sus manifestaciones, el amor que es invitación a hacernos responsables por nuestro entorno, será el que nos salvará de caer derrotados, y en esta
1Rony, R. Contingencia. Ironía v Solidaridad. Paidós, Barcelona,
O
1991. Pág. 18.
vertiginosa caída arrastrar presente y futuro de la humanidad. Apoyados en lo anterior, no es gratuito que al final de la trilogía, cuando el ferry se hunde, los personajes centrales se salven, es relevante que se muestre cómo, quienes se han liberado de la derrota y la depresión a través del amor, se salvan y pueden continuar con sus nuevos proyectos de vida. Nuestra gran y verdadera victoria será abrir los ojos al amor, y a través de él aportarnos y aportar a quienes nos rodean. Krzysztof Kieslowski, polaco de nacimiento, se erigió como uno de los más renombrados productores de cine europeos. Ejerció su oficio hasta el momento de su muerte y a lo largo de más de treinta años. En el comienzo de la década de los años setenta centra su trabajo en la producción de películas con un marcado contenido de crítica social, luego en 1989 filma simultáneamente una serie para televisión titulada “El Decálogo”, la cual abarcaba una serie de diez películas. En la década de los 90s comienza ya su trabajo cinematográfico con apoyo de Francia, años en los cuales realiza “La Doble Vida de Verónica” película que le abre las puertas de la crítica en Europa y “Tres colores : azul, blanco y rojo”, la última de sus producciones.
Serie Instancias del Extasis (1984-1997)
BIBLIO G RAFIA SO BRE EL AM O R* Lya Yaneth Fuentes V. Socióloga . Universidad Nacional. Coordinadora Proyecto Mujer y Participación Política e integrante del Grupo Mujer y Sociedad. Con la colaboración de Patricia Molina bibliotecóloga del Fondo. La mayoría de libros y documentos aquí referenciados, hacen parte del acervo bibliográfico del Fondo de Documentación Mujer y Género del Programa de Estudios Género, Mujer y Desarrollo de la Universidad Nacional. El Fondo cuenta con más de 4.000 registros bibliográficos y se encuentra vinculado con centros especializados en el tema mujer y género, a nivel nacional e internacional. En el momento promueve dos redes de estudio: la Red de Masculinidad y la Red de Mujer y Participación Política. El Fondo es dirigido por Magdalena León. FO N D O DE D O C U M E N T A C IÓ N M U JER Y GÉNERO. EIDIFICIO M ANUEL AN CÍZA R. O FICIN AS 2003-2007, FACULTAD DE CIENCIAS H U M AN AS, UNIVERSIDAD NACIONAL, SEDE BOGOTÁ. TEL.: 3681224, ATENCIÓN AL PÚBLICO: LUNES A VIERNES DE 2:00 pm A 6:00 pm. P-MAIL: jlnewton@colnodo.apc.org
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separación. Todo esto, por haber gozado algunos m om entos de la inauguración de la República. Por otra parte, el ser una mujer madura y algo pasada de kilos, circuló entre tabernas y jolgorios como elemento desvalorizador, gracias a las exclamaciones de quien compartió con ella algunas gratas noches. La lectura de este texto entusiasm a por la recreación de los ambientes y la fluidez de la escritura, la cautela de Aída Martínez en lo que respecta a la rigurosa delimitación entre la historia y la literatura, invita a imaginar los perfiles de los personajes que protagonizaron una historia de amor y de desamor como tantas otras pero en un peculiar contexto de cambio. El contenido del texto induce a retom ar la discusión de la articulación de lo público y lo privado. En el período de tra n s ic ió n tr a t a d o se e v id en cia la e x te r io r iz a c ió n de sentim ientos contradictorios. Las solidaridades, las represalias y las rivalidades concernientes a las relaciones de clase y género, se m u estran en su gran vigor. La m ención a los testim onios de la servidumbre fem enina durante el juicio, m ás que un dato convencional, es un elem ento revelador de esa com pleja dinámica. La justicia republicana, por su parte, ensayaba form as aún inciertas de afro n tar la pen alización de aquellos am ores prohibidos por una larga tradición. La autora contribuye al logro de su propósito ya que, en efecto, después de la lectura de los extravíos, el encasillam iento de las mujeres en los prototipos convencionales de heroína, bruja, san ta o pecadora tiende a perder vigencia. La investigación se diferencia de m an era n otoria de los tra b a jo s h ab itu ales dedicados a las aventuras galantes de la época. La identidad femenina constituye un desafío a la investigación histórica y estudios com o el de Aída sugieren derroteros para continuar las indagaciones sobre el tem a, durante esa etapa de nuestra historia que merece m ás atención de la que hasta ahora se le ha prestado. María Himelda Ramírez. Profesora asociada. Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de Colombia, Barcelona, 1997.
ISROFAMILIA Fundada en 1965
I.
P. S .
COLOM BIA
yC u esira JK isio n La Asociación Pro-Bienestar de la Familia Colombiana P R O FA M IL IA , como entidad privada sin ánimo de lucro, velará permanentemente por difundir los programas de planificación fam iliar y salud sexual y repro ductiva haciéndolos asequibles y promocionándolos entre la población colombiana, especialmente entre aquellas clases menos favorecidas econó micamente, brindándoles un servicio de óptima calidad y respetando siem pre los derechos del individuo y la pareja dentro del marco institucional vigente.
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