EDICIÓN ESPECIAL MANAGUA, NICARAGUA
JUNIO 2021
VOLUMEN 95
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Lo que se publica en este espacio, no es necesariamente el sentir o punto de vista de los realizadores. Exprésate de manera libre y sin censura. 03
Editorial Cultura Libre ha preparado una revista especial, para esta edición hemos dedicado este espacio a nuestros colaboradores, quienes participaron en el taller impartido por el escritor nicaragüense Juan Sobalvarro. Esta edición posee los escritos producidos durante el taller y reflejan el arte de la escritura que poseen nuestros jóvenes colaboradores. Le agradecemos a Juan Sobalvarro por impartir el taller y darle seguimiento a los chavalos y chavalas. Así mismo en esta edición de Cultura Libre encontras otros escritos que no fueron parte del taller, pero que son parte de la convocatoria mensual, a la cual chavalos y chavalas respondieron y enviaron sus textos. Esperamos que esta al igual que las ediciones pasadas sean de tu total agrado. Te invitamos a ser parte de la revista Cultura Libre, solo tenés que compartir tu punto de vista acerca de la realidad nicaragüense a través de un artículo, poema, microrelato, frase o infografía sobre el tema del próximo mes, al correo info@rculturalibre.com porque ¡Tu voz vale! #CulturaLibre
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CONTENIDO
06 11 16 21 27 42 46
Escritos del taller de narrativa La bala que nos hiere Por: Joel Francisco Hermida Rizo
El bus Por: César Andrés Zeledón
Su nombre es Alicia Por: Andrea Belén Espinoza Pérez
Agradécele al sol Por: Fernanda Isabella Rivas
El alarido de un destino inesperado Por: María Rebeca
Lo que encontraron Por: Wladia Durán
El Día Que Ellos Llegaron Por: Alexander Antonio Chávez Esquivel
Escritos de convocatoria
54 56 60 64 66 70 04
Marifer, bajo la luna Por: Camilo Chavarría
Esbozo La Luna y yo. Por: María de los Ángeles Espinoza Bucardo
Las plumas de la rana Por: Cintya Espinoza
Mi primer empleo Por: Katherine Rostran
Visita del devorador de sueños Por: Carlos Fernando Gómez González
La historia narrada por mi abuelo Por: Nicolle de los ángeles Quiroz silva
3 DE JUNIO Día Mundial de la Bicicleta.
5 DE JUNIO Día Mundial del Medio Ambiente.
8 DE JUNIO Día Mundial de los Océanos.
12 DE JUNIO Día Mundial contra el Trabajo Infantil.
20 DE JUNIO Día Mundial de los Refugiados.
23 DE JUNIO Día del Padre nicaragüense.
29 DE JUNIO Día del maestro/a nicaragüense. 05 05
Escrito del taller de narrativa
La bala que nos
hiere
Por: Joel Francisco Hermida Rizo
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I - ¿A usted no le molesta ese olor a hombre muerto? -. Era la voz del mayor, una ruidosa risa le tachonaba el rostro. - Un poco, señor, le respondió el engomado soldado. - ¡Examínelo de nuevo, enclenque! -. Le gritó el mayor al mando, mientras sostenía un habano cubano en su entrecortada mano derecha. - Pero enseguida, no se preocupe jefe, protestó con humildad el soldado. El aindiado soldado, envainado en su desgastado traje verde oliva, de altas botas color cobre y atiborrado de oscuro cieno hasta las extremidades bajas, extendió la punta del fusil de asalto, cuyo filo era ferozmente golpeado por la fuerte luz del atardecer; para comprobar por enésima vez la falta de signos vitales en el pasconeado cuerpo. El cuerpo, en efecto, no presentaba ninguna pulsación ni rastro de vida aparente, pero por extraño que parezca, seguía teniendo cierto color de vida en las mejillas. Sin mediar más palabras, la orden fue directa, después de trece jornadas de intensas ejecuciones, se acordó por unanimidad, lanzar los cuerpos al afluente de agua más cercano.
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II Cierto rastro de luz perpetraba en el humilde cuarto de porquería, Hébert Kowalski se encontraba plácidamente dormido entre una inmensa sábana de luz y polvo, era uno de esos días calurosos que azotaban sin medida las calles de la ciudad; los destartalados aparatos automovilísticos invadían las apertrechadas avenidas. Luego de cumplir con algunos quehaceres que tenían que ver con su oficio periodístico, se dispuso a armar con desmedido esmero el crucigrama que diariamente presentaba uno de los últimos periódicos liberales de la nación. El edificio presentaba tres plantas, era ancho y blancuzco, la estructura era envuelta por doce columnas de marmoleados pilares victorianos. La parte delantera de una ventana descansaba en la segunda planta, desde la cual se podía observar hasta el más mínimo movimiento en la calle central. En la avenida Manticas, hacía muy poco, había conocido a una carnera de ascendencia judía que le proveía de carne dos veces por semana. Volvió a visitarla el domingo de Ramos, para solicitarle tres botellas de un fino whisky francés y tres cajetillas de baratos cigarrillos. Desarmó uno de los últimos roperos del enser y halló una selecta colección de monedas suecas, las decidió entregar a razón de pago, para poder seguir alimentando ese bendito vicio que lo consumía por completo. Tardó un poco más de lo habitual para regresar al edificio, lo que no impedía de ninguna manera que ejecutara todas sus tareas propuestas durante el día. Estaba acostumbrado a repetir la misma rutina diariamente. Mientras se disponía a encender un cigarrillo, de fondo sonaba “Blue Velvet" de Tony Bennett
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- ¿Hébert Kowalski? -. Se dijo, frente a un espejo de mutiladas esquinas. ¿Qué te has hecho, querido amigo? - siguió musitando; mientras se rascaba la armiñada barba con el filo de un peine - ¡Louise Hébert Norwalk Kowalski! - Responde, carajo…Hijo de perra, añadió. - ¡Hébert! ¡Aquí! -. Asestó un fuerte golpe en la pared. Sentado en lo alto de su apolillado camastro, pensó en la repentina huida del tétrico lugar que le había servido de escondite los últimos tres meses de su mortífera vida: pensó en que mejor se hubiera dedicado al mismo oficio de su padre, la zapatería; pensó en la última vez que acaricio los labios de Ben Edith, aquella despedida tan seca y sensual; pensó en los cuadros familiares que colgaban en su caluroso apartamento de Manhattan. Todo parecía ser una especia de álbum familiar transitando por su estúpida memoria. Los ojos de Hébert centellearon en todo el transcurso de la creciente noche. La luna era calma y pasmosa. Un grillo frotaba sus verdes patas en la torcida manigueta del empolvado postigo. Un fuerte crujido sonó en la habitación, seguido de un estruendoso golpe en la menuda puerta. Estaban ahí, a solo unos cuantos centímetros del sudoroso cuerpo de Hébert. Sus delgados manos acariciaron por última vez un antiguo tomo de la biblia inglesa. Entonces, el llamado de su nombre al otro lado la puerta, claramente su nombre completo; la alta figura de un policía de alto rango al abrir la puerta. - ¡Imbécil, es usted un tremendo imbécil! -. Ya le había advertido antes, ¿no? -. Exclamó el policía, asestándole un seco golpe en la sien derecha a Hébert Kowalski. 09
III Al cabo de dos días de familiarizado con el grupo, en una arrebolada tarde de cadente invierno, en la inmensa estepa verde que es era más que un simple bosque, el general alzó la mano para detener nuestro paso. Tomaron al primer hombre como se toma a una bestia salvaje. Uno de los soldados leyó el acta de justificación de juicio; después de unos minutos de silencio, se dio la inclaudicable orden de llevar l a s armas al pecho, seguido de una lluvia de chirriante sonido. Vi al cuerpo sostenerse por unos segundos, para luego caer en una terrible posición fetal. Recuerdo haber visto al hombre blanco en esa fila, iba de primero, poseía un extraño apellido europeo, Kowalski si no me equivoco. No mostro ningún gesto de miedo ni tampoco prorrumpió con ese largo panfleto que suelen dictar los insurrectos antes de ser ejecutados, un minuto solamente, para antes pronunciar el padre nuestro en latín. - ¡Él siguiente! -. Exclamó el mayor, riéndose, observando fijamente todo el proceso llevado a cabo. Supuse que era el siguiente, no había duda. Posteriormente el dictado de mis generales de ley, desde algún lado del bosque.
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Escrito del taller de narrativa
El bus Por: César Andrés Zeledón
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El sonido de un cuerpo al romperse, ¿lo conocés? El sonido que va dejando en el aire un hueso que se fractura, ¿lo has oído? Era de noche, entre las siete y media y las ocho en punto. El último bus hacia La Paz Centro apareció en la oscuridad de lo que había sido el parque las Piedrecitas, la última parada de Managua antes de abrirse a la interminable carretera. Subí. El bus se detuvo a esperar pasajeros. Pocas veces me había quedado tan tarde en la ciudad como para tener que abordar la última ruta, pero ya sabía que esa era la única que se quedaba inmóvil, de quince a veinte minutos, en aquel desolado lugar. Gente parada con los pies entumecidos luego del trabajo aguardando que llegara más gente cansada a apretujarse a su lado. Y afuera todo oscuro, silencioso. Llevaba cinco o diez minutos totalmente quieto, de pie, sin pensar en nada. Pronto me percaté del murmullo creciente que invadía el autobús. Cada vez más agitado y violento. Me quité los audífonos. —Es que el hijueputa este va encima de la chavala y la babosa no dice nada seguramente por pena. Agárrenlo y lo turquean. ¡Acosador de mierda! —¿Vos lo conocés, muchacha? —No, yo a este señor nunca lo he visto, y desde hace rato va casi encima mío. —El bus va lleno, no hay espacio, yo no estoy encima de nadie. Además, yo no vi que le molestara. —Señor, desde hace rato le estoy haciendo caras y gestos para que se apartara. —Este hijueputa quiere culear sin pagar, bájenlo, bájenlo al deaverga.
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Entre cuatro o cinco sacaron del bus al acusado. No fue fácil. El hombre, aterrorizado, opuso resistencia, pero más temprano que tarde fue doblegado. Cuando lograron bajarlo, varios hombres lo rodearon para que no intentara huir. Algunos ni siquiera eran pasajeros. Todos mirábamos por la ventana atentamente. Una mujer empezó a gritar. —Mátenlo a ese hijueputa. Iniciaron a golpear al hombre que al principio intentó defenderse, pero pronto desistió al verse superado. Le llovieron puños y patadas a lo descocido. Entre la andanada de golpes iba brotando la sangre del rostro lívido y desencajado. Esa sangre y el visible temor en el rostro del hombre, animó a los agresores. En el bus la mayoría gritaba eufórica. Algunos rostros, pocos en realidad, torcieron el gesto. Pero no hicieron más. El resto gritaba, vitoreaba, azuzaba a los hombres. Uno de los hombres, un corpulento vendedor de cosa de horno, asestó un buen puñetazo al linchado en la mandíbula. Este se tambaleó unos segundos antes de que una patada que venía en la dirección opuesta, y que le impactó de lleno el abdomen, lograra derribarlo al fin. —¡Ni siquiera la vio! —comentó emocionado un viejo a mi lado. Me volví, encontré en sus ojos aquel brillo mágico y atroz de las cosas que nos emocionan intensamente. Algunos pasajeros comenzaron a vitorear.
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El hombre estaba en el suelo como una masa oscura y sanguinolenta. Parecía un animal rodeado de cazadores. Intentaba ponerse en pie, pero no era capaz de hacerlo, las piernas le temblaban como si estuviese cagado de miedo. Los que le rodeaban se vieron y empezaron a sonreírse. Los rostros, levemente iluminados por las luminarias mortecinas y la luz de los autos que entraban hacia la carretera, parecían insatisfechos. —Nos vamos —dijo el busero. —No, nada de eso, vamos a esperar —contestó una señora. —Sí, sí, esperemos —dijo otro. De inmediato hubo murmullos de aceptación. Afuera uno de los hombres había conseguido un bate de madera, otro tenía un palo de escoba. Otros dos sostuvieron al hombre que ya empezaba a suplicar: —Ya, ya, por favor. Déjenme o llévenme a la policía, no me importa, pero no me golpeen más. —No hermano, si en la policía no te van a hacer nada, más vamos a tardar en irte a dejar que lo que se van a tardar en soltarte —le contestó el que tenía el bate entre las manos. Quienes le sostenían lo arrojaron al frente, el hombre cayó de rodillas y comenzó a llorar. Adentro ni siquiera se escuchaba un suspiro, los rostros expectantes seguían en silencio lo que ocurría afuera del bus, a solo unos metros. El hombre del bate y el del palo de escoba se acercaron, hicieron casi a la vez un movimiento rápido y fulminante. El palo de escoba se quebró por supuesto. Pero el bate no. Y todos los pasajeros oímos ese sonido, un sonido seco, desagradable, que dejó el último golpe. FIN
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“La literatura es siempre una expedición a la verdad” Franz Kafka
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Escrito del taller de narrativa
Su nombre es
Alicia
Por: Andrea Belén Espinoza Pérez
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Una luz brillante penetra sus pupilas con fiereza cuando sus parpados se levantan con lentitud. Un cielo anaranjado la recibe. Es la primera imagen que procesa su cerebro. Como un reflejo involuntario se endereza. Está sentada, en medio de pasto verde y puntos rojos, rosas y blancos. Le toma unos cuantos segundos entender que son tulipanes de diversos colores. Levanta su mirada al lienzo rojo, naranja y amarillo que se extiende sobre su cabeza. Las nubes de distintas formas danzan sobre su escenario, el cielo. La imagen que se dibuja ante sus ojos le parece majestuosa. Como sacada de una pintura de Graham Gercken. Respira un par de veces mientras cierra sus ojos sin mucha fuerza. No entiende muy bien porque lo hace. ¿Cerrar los ojos te ayuda a respirar mejor? No lo cree. Quizás solo le permite disfrutar un poco más del momento. Observa a su alrededor con una creciente curiosidad. Sus ojos no alcanzan a descubrir más que tulipanes y pasto verde. Frente a ella, el sol se oculta, como avergonzado, en medio de dos enormes nubes blanquísimas, más blancas que el mismo blanco. Su cuerpo está cubierto por un blanco vestido de seda. No tiene ni una sola mancha, ni un solo rasguño, esta pulcro y delicado. La hechura le parece preciosa. Dos tiras de tela gruesas, que se desprenden desde el corte en la cintura, protegen sus pechos. En la parte inferior el vestido es bastante sencillo, se desliza sin volumen por sus piernas y caderas, como una cascada que deja fluir el agua por encima de un par de rocas. Esta descalza y su cabello suelto sin ningún accesorio. No entiende muy bien que ocurre ni donde está. Intenta levantarse. Las piernas le flaquean, pero logra mantener el equilibrio. Camina con morosidad mientras examina todo a su alrededor intentando divisar algo más que no sean tulipanes.
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Cuando lleva más o menos tres minutos caminando, sus pies desnudos pisan una superficie liquida. Decide seguir el rastro de lo que parece un pequeño arroyo que está casi oculto bajo el pasto. Continúa caminando, uno, dos, tres cuatros minutos más. Se sumerge en lo profundo de un bosque, la luz es muy tenue y se cuela por pequeños espacios entre las ramas de los árboles. A pesar de ello no es tan oscuro y le permite caminar. Algunas hojas y ramas le hincan los talones. Los pájaros emiten sonidos y el viento le roza la cara. Parece que le murmura, el corazón de la chica está inquieto pero sus pies no se detienen un instante. Es como si supieran hacia donde se dirigen. No titubean. Tras un rato caminando finalmente llega a lo que parece una pequeña laguna. El ambiente es cálido, Alicia lo disfruta. ¿Alicia? ¿Es ese su nombre? Si, lo siente en su interior. Algo dentro de su cuerpo pega un salto cuando su mente reproduce aquella palabra. Su nombre es Alicia. El agua frente a ella es cristalina y limpia. Un impulso la empuja a dirigirse a la orilla. Siente temor e intriga, pero lo hace. Se sienta, y toca el agua con la yema de los dedos. Esta tibia. Antes de poder continuar analizando lo que está ocurriendo, la chica nota como algo se dibuja en el agua. Es una imagen. Al inicio un poco borrosa, le cuesta distinguir los garabatos que van apareciendo. Pero es cuestión de segundos para que tome forma. Las figuras en la laguna son tan nítidas que parece que puede tocarlas, como si se tratase de una ventana o un portal. Pero unos llantos desesperados le roban la atención. Se sobresalta y se gira asustada, buscando con la mirada la fuente de aquellos lamentos desgarradores. Le toma unos momentos entender que aquellos gritos provienen de la laguna, más específicamente de la imagen dibujada sobre ella. 18
Pero no es más una imagen, no hay quietud. Hay movimiento. Un montón de personas reunidas que conversan, susurran, y lloran y se lamentan. Rodean lo que parece ser… ¿un ataúd? A Alicia le toma poco entender que lo que se reproduce frente a sus ojos es un funeral. Pero no cualquier funeral. Porque el cuerpo dentro de aquella caja de madera es suyo. Alicia se estremece, el llanto no cesa y le taladra los oídos. Repentinamente siente unas incontenibles ganas de llorar ella también. De gritar. Una desesperación abusiva que le oprime las costillas. Parece que el aire se le escapa de los pulmones. La sensación empeora cuando sus ojos distinguen a aquella mujer que llora devastada abrazando el ataúd y a la pequeña niña de ojos grises que desconcertada abraza a la desconsolada fémina. “¿Por qué hijita? ¿Por qué me hiciste esto?” grita la mujer. Unas lágrimas se escapan de sus pupilas. Alicia grita, grita con fuerza, deja salir de ella un aullido que le quema la garganta. Las hojas de los árboles se estremecen y las aves se marchan, asustadas. Pero a Alicia no le importa nada, porque lo recuerda todo. Como un puñetazo al rostro, los recuerdos la abofetean una y otra y otra vez . Alicia se quiebra, siente como su cuerpo se rasga en pedazos. Y llora. Llora como si le hubiesen robado el alma. Llora cuando observa como intentan arrancar de entre los brazos de su madre aquel cajón de madera que sostiene ahora su frio e inerte cuerpo. Llora cuando observa cómo se aferra y grita. Y también llora. “Perdóname mamita, perdóname por hacerte esto” exclama con fuerza. Con dolor. La niña pequeña de ojos grises ahora también llora, ante la confusión que le produce el trágico escenario. Alicia siente que ya no le cabe más dolor en el pecho. Un quejido final se escapa de sus labios cuando piensa en su hermana “Perdóname Blanquita, porque no voy a poder verte crecer, perdóname chiquita” susurra, como sin fuerzas. “Perdónenme todos… perdónenme” la última palabra sale de su garganta como un murmullo. Le tiembla todo el cuerpo. 19
Aun sollozando y con lentitud, introduce la punta de sus dedos en el dibujo que ha estado observando, quiere tocarlo. Quiere cruzar ese límite, quiere abrazar a su viejita y a su hermana. Quiere tocarlas, quiere percibir el aroma a vainilla de su madre y tatuárselo en la memoria una última vez. Pero en cuanto su piel choca con la superficie liquida, la imagen se desintegra. Las moléculas se vuelven una con el agua. “No, por favor no se vayan, no me lo quiten” grita desesperada. Alicia se resquebraja, su rostro húmedo, sus ojos rojos a causa del llanto. Remueve angustiada el líquido, introduce sus manos, sus brazos, en un vago intento de regresar aquella ventana, aquel portal, aquella visión. Lo que fuera, Alicia lo quiere de vuelta. Pero nada funciona y Alicia no sabe que más hacer. La joven llora, un último aullido se despega de sus labios. Alicia grita en soledad en medio de un bosque desierto. El sufrimiento la embriaga y muy pronto todo a su alrededor empieza a dar vueltas. las siluetas, las memorias, las figuras, las sombras pierden su forma. Pierde la capacidad de sostenerse y Alicia se deja caer de espaldas al agua. Pero toca suelo. No hay líquido. Su ropa no está empapada y no hay una sola gota en su cuerpo. Toca suelo y está de nuevo en aquel campo de rojos y blancos tulipanes. Alicia recuerda que está muerta y que ha pasado un día desde que decidió suicidarse.
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Escrito del taller de narrativa
Agradécele al
sol Por: Fernanda Isabella Rivas
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No se le consideraría como un edificio demasiado alto, pero desde donde estaba sentado, a Mateo Costa le era difícil ver los rostros que salían de él. Aunque, por supuesto, tampoco es que se fijara mucho en sus vecinos como para reconocer a alguno si se lo encontrar en la calle. Estaba haciendo algo de frío, al menos lo suficiente como para que las personas caminaran a sus autos y la parada de autobús un poquito más rápido de lo normal. El sol no había salido por completo, pero ya había la suficiente luz como para que un nuevo día empezara. Deja caer la colilla del cigarrillo que se está fumando, mientras el humo sale de su boca. Esta siempre le termina sabiendo a mierda, pero no ha sido capaz de dejar el vicio. El techo de su edificio era de concreto, de color gris. Tenía un par de plantas que alguien debía de cuidar porque siempre se veían saludables, y alguien había puesto unas cuerdas de metal para colgar ropa para secar. Había graffiti en las paredes, en su mayoría dibujos de los residentes del edificio. El de Mateo estaba justo donde él se sentaba para fumar, su ojos medio cerrados y boca hecha una línea. Siempre le pareció un retrato fiel. Aunque odiaba tener que levantarse temprano todos los días para ir a su insípido y aburrido trabajo, algo que Mateo adoraba hacer era ver el sol salir por las mañanas. Le era irónico ya que detestaba la luz del sol cuando caía sobre sus ojos; siempre había preferido la penumbra de las nubes oscuras y, aun así, ver al astro aparecer y llenar el mundo de color resultaba una imagen casi mágica.
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Tendría que irse pronto, pero la salida del sol le daba cierta esperanza de que el día no iba a ser tan malo como esperaba cada vez al despertar. Por supuesto que, esa esperanza moría a la mitad del día, algo en las primeras horas demostrándole que la vida no tenía sentido y sería más fácil desaparecer. Tira la última colilla de su cigarro, lo apaga y vuelve a su apartamento; tiene que lavarse los dientes. Mientras se mira al espejo, observa todo lo malo que hay en su rostro. Tiene bolsas enormes debajo de sus ojos, su nariz está llena de puntos negros que tiene desde hace semanas porque no se ha dignado en removerlos, no ha recortado sus cejas en meses y su piel se siente reseca al tacto. Resopla, pensando sobre cuándo fue la última vez que se cuidó de alguna manera. No lo recuerda. Escupe la espuma de su boca, la enjuaga con agua y se mira los dientes, que no se miran tan manchados como uno esperaría. Le sonríe al espejo y es falso. Sonríe de nuevo, esta vez un poco más grande, y sigue siendo falso. Lo hace por tercera vez y sigue siendo falso. Espera que algún día la sonrisa se convierta en genuina. Su día es igual que todos los otros días, lleno de compañeros de trabajo a los que no conoce realmente. No está seguro si quisiera conocerlos tampoco. Les sonríe porque es amable y porque no le criaron como una persona irrespetuosa, así que trata bien a todos. Siempre le invitan a ir a lugares los viernes, como lo es hoy, pero nunca acepta. 23
Mientras abre otra hoja en un archivo de Excel y piensa de qué forma sería más decepcionante morir (la respuesta obvia, por supuesto, es morir asfixiado por animales de peluche), Sol Cristina Solís le invita, otra vez, a que salga con los de la oficina a beber algo. Sol Cristina Solís no es ni tan alta ni tan baja, tiene bonitas piernas, cabello pelirrojo teñido, piel un poco oscura y un diente un poco torcido que si no la miras fijamente nunca te darías cuenta. Mateo se dio cuenta. Es una de las personas más amables y sonrientes de la oficina y nunca pareciera que está teniendo un día gris. El nombre de Sol siempre le ha causado risa a Mateo, ya que ella siempre se presenta con los dos nombres, sino sonaría como un personaje de cómics de superhéroes. —¿Entonces? ¿Si quieres ir hoy? —pregunta Sol. Por alguna razón que ni Mateo se explica, hoy sí acepta. El bar estaba levemente iluminado, con una decoración simple de cuadros baratos, posters y uno que otro adorno hecho de madera. Las paredes estaban pintadas de un color rojo carmesí, dándole un ambiente algo íntimo al lugar. Había una barra, como de esas que se ven en las películas estadounidenses, con repisas llenas de botellas con diferentes tipos de alcohol.
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No estaba precisamente lleno, pero sí concurrido. Había personas en mesas redondas, algunas en mesas altas, otras bailando, la mayoría bebiendo. Se sientan en un reservado, de esos que son un semi-círculo, con un sofá de cuero, de un rojo quemado. No conoce muy bien a todos los presentes. El único al que diría que sí conoce, además de Sol, es a René, ya que hicieron algunos proyectos juntos hace unos meses. René se sienta junto a él y Sol junto a René. Las salidas sociales nunca fueron mucho de Mateo. En la secundaria, solía mantenerse con sus amigos que preferían jugar videojuegos que ir a una casa a emborracharse. La universidad fue bastante parecida, claro, hasta que tuvo que dejar el último semestre para volver a casa, encontrar un empleo y cuidar de su padre enfermo. Su padre murió, nunca volvió a terminar su carrera y se quedó en el trabajo. Sin notarlo, ya habían traído la primera ronda de shots, tequila. Recordar el pasado y lo horrible de su presente siempre le daba a Mateo un mal sabor de boca. Viendo el líquido amarillento del vaso alargado, imitó a sus compañeros y se lo bebió de un solo, intento no hacer una mala cara. Luego de eso, piden varios platos de comida para picar, botellas de cerveza y más tragos. Mateo se ríe de los cuentos y chismes de corredor que sus compañeros cuentan, unos más interesantes que otros, por supuesto. Por ejemplo, el que el jefe del octavo piso engaña a su esposa con el interno que saca copias, esa era una que no había escuchado aún. No importaba lo poco que interactuara en la oficina, era imposible no escuchar las habladurías de la gente. 25
Y aunque Mateo habla con casi todos los de la mesa, mantiene la conversación más amena con René. René Sandoval era alto, de la misma estatura que él, y según las miraditas que le lanzan tanto Sol como las otras dos muchachas que les acompañan hoy, obviamente atractivo. Usaba anteojos, tenía barba, pero no tan gruesa como para decir que era descuidada y su cabello era castaño claro. —Nunca habías venido con nosotros un viernes, ¿por qué hoy sí? ¿Qué te hizo cambiar? Mateo se detiene un momento, a pensar su respuesta. —En verdad, no sé. Supongo que me levante hoy y algo en mí dijo que tenía que hacer algo diferente. —Qué interesante mañana fue, entonces—dice René, sonriendo y tomando otro sorbo de su botella. No, en realidad no, piensa Mateo, pero la noche ha sido, en definitivo, muy diferente. Hay un punto en el que, cuando bebes y no es algo que haces con mucha frecuencia, empiezas a ver las cosas de manera diferente. En el caso de Mateo, después de varios tragos de tequila y cervezas amargas, las luces de colores del techo lo hipnotizaban hasta que se le formaba una sonrisa tonta. Mateo no tenía un espejo para verse, pero podía sentir que era su sonrisa más genuina hasta ahora. Sueña en renunciar a su empleo, pero no puede. Piensa en sus compañeros por primera vez, todos con sonrisas tan falsas como la de él, todos soportando la misma vida sin libertad. Todos sonriendo. Todos fingiendo. Todos intentando sobrevivir. 26
Escrito del taller de narrativa
El alarido de un
destino inesperado Por: María Rebeca
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A veces el ser humano se confía demasiado por naturaleza, deseamos grandezas volviéndonos avariciosos; numerosos pináculos acaparando grandes terrenos, vacunas creadas por peligrosos virus, armamento perfeccionado para ataques continuos de una sociedad a otra. El ser más egoísta del planeta que busca la misma perfección siendo incapaz de encontrarla arremete contra la felicidad del ajeno. El mundo está lleno de incertidumbre, múltiples misterios empezando desde la creación del mismo ser. La información esencial del ser humano se sitúa dentro de grandes aspas compuestas de un ciclo de escaleras que al igual que un mural tienen fachadas infinitas combinando sus mismos colores y formas singulares a un nivel atómico impresionante, son simples matices de una repetición que resultan en la belleza del mismo ser humano desde su boca hasta sus manos y vello corporal. “El mundo es tan diverso que nunca lo llegaras a conocer completamente”, en que podría basarme para esta afirmación si es que la ciencia atribuye una misma evolución básica basada en un simple simio o bacteria puesto que es la lógica guiada por sobre el instinto. Dina Meléndez, es un roto del estereotipo, un cuerpo desequilibrado con sus largos brazos y piernas, resecos con costras de suciedad todavía presentes de sobras del desayuno de ayer acompañadas del delicioso olor al arenque fermentado que solía cocinar óscar persson dentro de su pescadería. Un pecho casi plano seguido de su saliente vientre hinchado conectado a sus exorbitantes caderas causadas por la misma enfermedad mientras sus carillas resaltan por sobre su boca simulando la icónica obra del expresionismo por Edvard Munch, El Grito.
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Distrofia miotonica de Steiner, su preciada herencia maternal. Una enfermedad progresiva del sistema nervioso central, una herencia genética pasada después de 3 generaciones manifestándose con la pérdida de masa muscular, problemas oculares, cardiacos y endocrinos. Podría decirse que su aspecto era similar al de las arañas, moviéndose con sus delgadas extremidades con dificultad, observando a través de la bisagra de la puerta a su hermana arreglándose para asistir a su escuela secundaria para luego ir a su trabajo de medio tiempo en la pulpería de doña Ramona Sandoval mientras ella quedaba en casa lidiando con su madre enferma; y es que la señora había quedado con algunas secuelas de la depresión postparto que derivaron en psicosis. La familia Meléndez, era una familia humilde viviendo en los primeros municipios de rio san juan específicamente en san miguelito, donde se acogen maravillas naturales idílicas desde parvadas de aves con plumajes coloridos hasta atardeceres violetas reflejados en aguas del lago cocibolca que observas fácilmente sentado en el muelle de concreto cubierto con pequeños charcos de agua haciendo evidente el alto nivel de humedad capaz de crear finas capas de verduzco musgo entre las esquinas que sostienen la parte sobresaliente del muelle y en medio de este todavía presente desde 1,850 las vías del viejo ferrocarril. Una casa rosado chillante con techo de zinc desgastado por las continuas lluvias del mes de mayo, una puerta de madera castaña dura pero con grietas alrededor con solo una manija de acero que al tocarla deja aquellos restos de óxido con su aroma tan peculiar a calcetín sudado, su cercanía a la misma calle hacia ruidosa cada mañana especialmente los martes cuando los camiones exportadores alumbraban las calles oscuras a las 5 de la mañana con destino a la frontera con costa rica apresurados por su retraso al desayunar en la leche agria cerca del parque central famosa por su gallo pinto con leche de coco acompañado de su tortilla con cuajada hecha por ellos en su finca chontaleña.
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Dina Meléndez vivía a lado de su madre, una mujer a principios de los 50 maltratada por el sol dejándose ver una piel de pan remojado en una humeante taza de café, suave y llena de arrugas con sus ojos esmeraldas apagados por las alucinaciones vigentes en sus noches de insomnio donde su hija, la protagonista está dotada de un aura perversa semejante al psicópata de las pesadillas de cualquier niño pequeño después de un maratón de películas de terror. Isabel acercaba su figura paulatinamente hacia dina, quien escondía su largo cuerpo entre la esquina de la puerta contra la pared. Agacho su cuerpo, elevando su mano derecha para acariciar su cabeza tratando de tranquilizarla. ----Prometo llegar temprano solamente estaré unas pocas horas fuera de casa, cuídate y no olvides darle su medicina de la tarde---Dina agacho la mirada con miedo de ver a su hermana alegarse, la tensión apoderaba su cuerpo, maldiciéndose por dentro, volvió a ver entre la bisagra a su hermana cerrar el portón con llave antes de irse y despedirse por última vez de ella para continuar su camino hacia la secundaria. Hace solo 10 minutos de la salida, y ya se escuchaban los gritos pertinentes de su madre pataleando sobre la cama gritando su nombre junto con fuertes improperios con una voz jocosa que provoca un eco irritante al extenderse como onda hacia sus oídos. ---jueputa, Dina. ¿A qué hora traes la medicina? Después de todo el esfuerzo que hago aguantándote no podés hacer ni una cosa--- pasos fuertes resonaban golpeando el suelo con insistencia, se dirigía hacia ella rápidamente. Su cara fundida de rojo se veía hinchada por el enojo, la mandíbula se apretaba haciendo rechinar sus dientes retumbando al oído similar al chirriante sonido de garras pasar sobre las pizarras. Agarro sus hombros dejando sus dedos plantarse firmemente sobre su piel mostrando dominancia, agrando sus ojos mientras sacudía aquel adefesio, su mayor error, un desagradable ser enfermizo plagado de moscas por la putrefacción interna que solo ella podía apreciar. 30
Dina tratando de soltarse de su agarre espeto sus brazos contra duras uñas dejando hijos diminutos caer. ---no sirves más que para llorar, llorar no te va a llevar a nada después de todo solo pecas de ociosa, mientras lloras tu hermana menor diariamente confronta la vida solo para traer tus viciosas medicinas----sollozaba con fuerza mordiendo su labio inferior peleando por soltarse hasta que fue soltada violentamente contra el piso dejando su cara aplastada cubierta por sus mechones café, observó cómo su madre escupía sobre ella, para luego largase hambrienta hacia la cocina. Dina diariamente era acosada por su madre, la psicosis postparto había avanzado a tal punto que la misma enfermedad atentaba contra los demás, no eran solo actitudes agresivas comunes sino brotes psicóticos que podían durar hasta dos días completos, existían momentos donde ni ella misma sabía quién era donde culpaba a dina de ser la bruja arrebatándole su identidad y preparando la hoguera en donde seria quemada viva. Era una mujer manipulativa que sabía jugar con las cartas a su favor despojando a su hija de sus necesidades para controlar a Isabel a su favor, y su marido era su general aquel salvador de la guerra quien había escarbado en los escombros para encontrarla por eso debía quedarse callada y calmada en su presencia. Isabel llego a la familia Meléndez a la edad de cinco años, una hija concebida del adulterio, Miguel Meléndez trajo a la pequeña después del abandono de su segunda amante creyendo tendría una mejor vida dentro de casa que acostada en las calles a causa del hacinamiento presente en los orfanatos cercanos a su zona regional. 31
Fue criada dentro de un ambiente irritable donde dominaba la postura cerrada de su padre quien salía cada madrugada a pescar en su pequeña lancha atracada en las costas del lago cocibolca, Miguel Meléndez era un hombre ambicioso que no escatimaba su tiempo en preocupaciones como la escasez de guapotes por la sequía del lago de Nicaragua más bien invertía aquel tiempo sobrante en extraer la mayor cantidad de ingresos que podía de la cartera de los ingenuos turistas desesperados por la partida del ferri encargado de llevarlos a explorar las bellezas escondidas en el mayor manantial nicaragüense hogar de abundantes excentricidades para quien vive en un mundo de vidrio, metal y cemento. Sus hijas, las consideraba pilares que mantenían el peso de su vida afuera. Por otro lado, se consideraba a sí mismo el cimiento de su familia, su única razón de vida sería evitar el hundimiento trabajando arduamente para sustentarlos así estuviera embarrado de lodo soportando la compresión de las fuerzas externas. Pasaba solamente algunas horas del día en casa, las noches pasaba atendiendo un pequeño bar donde junto a sus clientes ahogaba sus penas en alcohol y sexo. Sus tardes eran preciosas ya que alrededor de las 3pm pasaba por su casa teniendo un ameno tiempo familiar con sus hijas y su esposa. Dina se levantó del suelo aturdida, sollozando en silencio por miedo a que la regañaran por manchar el piso con agua sucia. Ella no podía soportar tantas dolencias solas tampoco podía auxiliarse de su hermana menor o de su padre a quien ambas le escondían los actos repulsivos hacia ellas. Dina salió por el portón del patio cuando escuche a su madre volver hacia la habitación nuevamente para darle una próxima reprimenda, se escabullo en silencio hacia la casa del vecino tocando la puerta suavemente siendo su próximo paso agacharse y tratar de cubrir su rostro ayudándose de sus brazos posando su rostro entre sus rodillas.
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Solamente pasaron algunos segundos donde la puerta fue abierta por su amigo, quien al verla guiño su extremidad superior llevándola dentro de casa. ---No sigas, Me tiene harto. Ella se vive aprovechando de ustedes, estar enferma no le da derecho de tratarlos de esa manera. Dina, tu hermana se pasa sus tardes ayudando donde doña ramona solo para que esa vieja se aproveche y ocupe tus medicinas como pacificadores, tu padre se mata trabajando para traer alimento, pero a ti te priva las comidas diarias. Me canse de verte llorar, si fuera por mí te traería conmigo pero mi ganancia como carterista no alcanza para mantener a ti junto a mis hermanos y padres.---su vecino tomo el papel de madre para ella, era un hombre pero poseía todas las cualidades de una madre, apaciguaba su llanto sobando su cabeza al mismo tiempo que ella restregaba su cara contra su regazo mojado por las lágrimas soltadas.--- si quieres puedes bañarte, pronto llegara tu padre a casa y no querrás estar oliendo a sajino, voy a prepararte algo de comer en lo que te bañas. Si necesitas ayuda grítame--- quito a Dina de sus piernas para levantarse a prepararle el sándwich con sobras de jamón y mayonesa echada a perder ya que era lo único que manejaba actualmente, no ha conseguido muchos objetos de valor además gracias a la migración interna a Managua hay escases de puestos donde compren sus productos. El mercado municipal donde vendía gran parte de sus productos tendía a pagar miserablemente haciéndolas ver como baratijas, la economía del país venia decayendo gradualmente y esto se hacía bastante notable a la hora de la reventa. Era un muchacho humilde que debía hacerse cargo de su familia, dejo su escuela a mitad del camino, primero de secundaria, trabajaba en las fincas de la parte rural de san miguelito a un salario razonable sin embargo las carencias aumentaban en discrepancia a su estabilidad económica disminuía perjudicialmente llevándolo a robar cada día en los medios de transporte ganando mayor cantidad de lo que ganaba con anterioridad.
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Era un camino fácil, estaba etiquetado como maleante, un maleante, un ratero sin gracias que debía ser ejecutado. Las personas nunca se ponían a pensar en una pobreza extrema capaz de escarbar con uñas sobre un suelo infértil. No habían muchos trabajos para un rufián, no existía oportunidades educativas ni siquiera lugares donde podía prosperar solo se remitía a cualquier cosa que podía salvarlo de aspirar aire de carne asándose mientras su persona imaginaba cada mordisco que pegaría saboreándola lentamente mientras su boca chorrea por su comisura.---ayuda, no puedo, tengo miedo—dina grito al ver una araña entre las cortinas del baño, tratando de salir del baño sus chinelas le fallaron provocando su caída sobre el suelo de azulejo.---Estoy aquí, pásame la chinela que ya la mato—pronuncio exaltado, golpeando a la araña repetidas veces asegurándose estuviera muerta para mostrarle a dina que ya no había peligro.---tranquila dina, quieres que te ayude a curar tus heridas o prefieres esperar a Isabel—dina asintió moviendo de arriba hacia abajo mostrando su afirmación a la primera opción esperando el joven entendiera para no tener que pronunciar nada, su garganta todavía ardía por la golpiza de su madre en conjunto a su llanto que propino otra paliza a sus cuerdas vocales.---entiendo, buscare las cosas para curarte y terminare de preparar la comida de ese modo tendrás tiempo suficiente para cambiarte luego ve directamente al cuarto espérame ahí---salió del baño inmediatamente dándole privacidad, dina apreciaba toda la atención recibida por el muchacho. Apresuró su paso al cambiarse para no hacerlo esperar, cada tarde ansiaba los pequeños momentos con su persona donde se volvía una cotorra contándole nuevos conocimientos adquirido por su hermana quien leía sus libros escolares para ella todas las noches. Esta tarde iba a contarle acerca de factorización y las células, era una chica inteligente a pesar de sus dificultades para leer sola los textos entendía fácilmente cuando su hermana se tomaba el tiempo de explicarle también amaba platicar ya que desalojaba todas sus emociones negativas por medio de la comunicación. Al llegar al pequeño dormitorio se sentó en el catre donde distintas curas y alcohol estaba regado para sus usos, su vecino entro sentándose a su lado pidiéndole que levantara las mangas de su camisa facilitando su revisión.
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El chico se encargaba de desinfectar sus heridas al mismo tiempo que dina hablaba acerca del como la factorización es solo un proceso inverso a los productos notable e insistía en enseñarle que ella era capaz de resolver cualquier problema matemático haciéndolo reír enérgicamente al quererse levantar y enredarse con sus playeras tiradas por el suelo dejándola en una condición similar a un caballo bebe queriéndose levantar usando solamente sus patas traseras. La casa vecina por otro lado venia ambientándose una desesperación sepulcral proveniente de una llamada conocida. Doña ramona se había comunicado con la familia Meléndez para comunicarles acerca de Isabel, quien sufrió un desmayo repentino cuando se encargaba de hacer el ultimo inventario diario en el cuarto donde almacenaba los víveres, acabando con fuertes convulsiones que ocasionaron una perdida insignificante de sangre a causa de la mordida de lengua. Isabel se encontraba grave camino al hospital primario de san miguelito recientemente inaugurado cerca del Carmen. En todo momento doña ramona se escuchaba inquieta en consecuencia de los sonidos alarmantes del electrocardiograma fluctuando negativamente en respuesta del derrame cerebral que padecía actualmente Isabel agregándole los gritos incesantes de los paramédicos tratando de controlar la epilepsia por medio de carmabezepina la cual parecía estar perdiendo efecto en su organismo.
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Miguel escuchaba cuidadosamente las instrucciones que le daba doña ramona, parecía conmocionado por la noticia todo el tiempo que invertía en la prosperidad de su familia término siendo fraudulento siempre simulando una perfecta balanza donde su trabajo tenia igual importancia que su tiempo en familia. Las tres horas eran insuficientes, desgraciadamente se daría cuenta muy tarde de las consecuencias del desbalance laboral. El hombre colgó la llamada al recibir las últimas instrucciones, ordenando firmemente a su mujer traer a su hija menor entretanto guardaría algunas cosas de Isabel en una mochila ligera. Miguel estaba devastado por la culpa interna, cabía la posibilidad de pasar por otro funeral después de seis largos años en soledad carnal, su mujer no satisfacía sus necesidades sentimentales y no podía ayudarla plenamente por elevados precios de medicación. Otra vez la balanza estaba puesta entre su mujer carcomida por la psicosis o su hija sentenciada a variedad de exámenes físicos de diagnósticos, cuidados especiales como una cama ortopédica para aliviar su dolencia hasta una dieta saludable.. El tiempo consumía su vida dejándole todos los cuidados a Isabel, no ningún problema después de todo soñaba con estudiar medicina especializada en fisioterapia por lo tanto sería un medio cercano a las prácticas profesionales, pensó de esa manera durante un largo periodo quitando de esa manera la culpa al exponerla a tantas responsabilidades. El estrés albergado por Isabel debió llevarla a sufrir un desmayo por cansancio aumentando sus niveles neuronales que desencadenaron las series epilépticas, sin embargo, Miguel no podía estar más equivocado; el ser humano es un misterio sin antecedentes tan enigmático pudiente del mas insospechado decreto de muerte.
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La señora azotaba las puertas rítmicamente dejando ver su impaciencia, gritaba el nombre de dina con disgusto mientras exigía saliera. El muchacho oyendo los gritos se levantó ferozmente del catre hacia la puerta abriéndola sin cuidado dejando ver a esa desagradable mujer quien con asco objeto esa vivida mirada de enojo que transmitía----déjate de tus malditos juegos sipote, entrégamela, no tengo tiempo para tu miraditas---No permitiré que te la lleves, será la última vez que le hagas daño sigue viniendo a mi casa con heridas de mayor gravedad que la anterior algún día terminaras matándola---espeto elevando su voz para no flaquear ante su imponente aura, su fuerza equivalía a cinco veces la suya agregándole a ello su agresividad y falta de sensatez era capaz de golpearlo hasta dejarlo inconsciente. Ella pasaba su lengua por sus dientes repetidas veces al mismo tiempo rodando sus ojos reía secamente dejando entre medio el sonido de castañuelas al chocar sus dientes seguido de esto solo sintió como fue brutalmente empujado contra la puerta dejándola ver a la pequeña dina que se escondía detrás del mueble central, una pequeña mesa de centro que apenas podía cubrir su exorbitante esqueleto. La señora exigió se levantara para llevarla con su padre, dina acatando sus órdenes se puso de rodillas vislumbrando al joven quien seguía en el piso sosteniendo la partera trasera de su cabeza, ella sonrió mostrándole su comodidad al irse para culminar de levantarse y cruzar el umbral con su madre en dirección a su casa.
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Miguel Meléndez hacia señas a su esposa e hijas de subirse al carro para largarse lo más rápido que se pudiera, ya dentro del vehículo el hombre aceleraba gradualmente manteniéndose en cuarta. Dina estaba conmocionada dentro del carro había sido informada de los hechos y la ruta a la que se dirigían. Su pequeña Isabel estaba sola esperando ser atendida por un personal médico que siquiera tenían la certeza de salvarla, todos esperaban fuera el estrés y volverla a ver, que sea solamente una señal de Jesucristo como advertencia de sus pecados, esperaban un doctor aliviado recién salido de cirugía clamando exitosamente otra vida salvada en su turno pero los grillos no sonaban alegremente sus violines, ni los cuervos refunfuñaban en sus tempranas platicas borrachos sobre los cables eléctricos más bien su lugar se veía ocupado por aves carroñeras esperando el descuido del animal de turno. Al llegar el hospital aparcaron el coche y corrieron a las puertas, abriéndose pasos ansiosos a la recepcionista que se encargaba del desespero de las familias por su inadecuada tranquilidad y poca empatía pidiendo una calma que estas no poseían. ----Isabel Meléndez, fue traída esta tarde aquí, necesito saber ¿cómo se encuentra? ¿Dónde está su médico? ----la recepcionista con calma reviso la lista de pacientes en la pantalla contrayendo su rostro con dolencia----Déjeme llamar al médico para que hable con ustedes-----la recepcionista dejo su puesto en silencio pasando por las puertas de emergencia en búsqueda del doctor, dina se mordía las uñas arrancándose los restos de piel muerta de sus dedos. Pasaron 20 minutos hasta ver una señal de Isabel, Doña ramona su única acompañante lloraba desconsoladamente sentada en la sala de espera al lado un vaso de café helado. Miguel quería acercarse a ella, pero sus piernas se lo impedían, temblaba, su labio mordisqueado a punto de romperse por la presión. 38
El hombre trataba de enmascarar su estado de lucidez con paranoia. El doctor paso los portales finalmente, aun leyendo su cara sus facciones hacían imposible adivinar las condiciones en las que se encontraban o el diagnostico de Isabel, aunque miguel suponía el desenlace---Isabel Meléndez llego rondando las 4 pm con un episodio de epilepsia critica, su elevada temperatura y bajo peso la hacían propensa a un derrame cerebral. Su sangre transportaba grandes niveles de mercurio por la ingesta continua de mariscos a este punto supongo que su madre durante el embarazo consumía grandes cantidades, por lo tanto el feto vendría naciendo con problemas neuronales afectando sus habilidades de aprendizaje o en este caso dañando permanentemente su cerebro, en este caso las neuronas generaban una cantidad de impulsos electroquímicos fuera de la tasa establecida.---Miguel se había quedado en blanco como era posible que su propio trabajo hubiera matado a su hija, debía ser un error, su hija no podía estar muerta, la causa siquiera se sentía creíble ¿Cómo un pescado había ocasionado todo esto? ----Normalmente las personas no están informadas de este tipo de casos, la ingesta de pescados de gran tamaño conlleva grandes cantidades de mercurio, el agua por si solo emite metilmercurio que es consumido por peces pequeños en las algas luego estos son devorados por los más grandes atribuyéndole todo el metilmercurio consumido. Enserio lamento mucho su perdida espero sea de consuelo decirle que la joven lucho hasta el final por su vida, también en sus vagos momentos de lucidez pronunciaba el nombre de Dina.
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Bueno ahora me retiro, la enfermera les entregara los papeles de defunción para que puedan retirar a su hija recuerden firmarlos con antelación, si el cadáver no es retirado antes del plazo establecido se entregara a medicina forense---El doctor se retiró del lugar dejando a la enfermera quien entregaba los papeles y explicaba al padre todo el proceso a efectuar. Dina logro escuchar todo, había estado parada todo el tiempo al lado de su padre, preguntándose cuando el medico pararía de hablar. Son gente sin humanidad ni tacto, podía clavarle el puñal a la familia sin inmutarse, sus ojos inyectados en sangre dejaban ver la profunda melancolía, pero ellos ni siquiera otorgaban palabras de consuelo. Dina no podía callar sus gritos, se estaba desgarrando, de su garganta escapaban gritos cuando articulaba una palabra. Su cuerpo estaba frio, sus ojos estaban empañados tanto era su dolor que su mandíbula se atascó a una altura anormal. El dolor acompañado de recuerdos aglutinaba su cabeza, sus noches leyendo los libros escolares, sus manos sobre el paste lavando su espalda cuando se bañaban juntas, sus horas de sueño interrumpidas por sus añoranzas del futuro donde Isabel parada en la tarima sostenía su título universitario y ella al lado de su novio miraban a la pequeña levantar sus brazos en forma de victoria. El ser humano, es un ser impredecible que rompe estereotipos y teorías donde la historia que comienza tardía termina anticipadamente.
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José Martí
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Escrito del taller de narrativa
Lo que encontraron Por: Wladia Durán
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La trágica tarde del miércoles llamó a mi oficina el oficial de patrulla del distrito reportando el hallazgo del cadáver de una mujer a orillas de la laguna, un pescador de la zona lo avistó flotando entre basura y maleza. Rápidamente tomé mis cosas y salí de la estación en mi moto para evitar de alguna forma que el tráfico atrasara mi llegada, estando ya en el lugar abarrotado de gente de la comunidad que comentaban entre ellos la magnitud del caso y hacían veredicto como eruditos en la materia, logré llegar antes de que el médico forense quisiera tomar mis atribuciones como detective en jefe, juntos nos acercamos a determinar la escabrosa escena, ahí estaba, boca arriba, era apenas una niña quizás de unos 18 años cuando mucho, vestía shorts alicrados negros no tan cortos y una camiseta blanca que tenía un girasol en el lado izquierdo del pecho y que dejaba ver sus senos a falta de brasier, delgada de fino perfil y cejas pobladas, nariz respingada y labios de piñón amoratados, un mechón de su pelo negro cruzaba hacía su mejía derecha. Miré alrededor tirando la vista en 360 grados, estaba un auto gris, no había familiares ni conocidos, me envolvió la sensación paternal y de compasión hacia aquella niña sola, era tal vez la amiga de mi hija o mi sobrina o mi misma hija, la miraba angustiado por imaginar lo que la impulsó a llegar hasta ahí y con la promesa de darle el descanso espiritual de que encontraría al culpable, si lo había. Los peritos tomaban fotos mientras yo buscaba dentro del auto, encontré en el asiento del copiloto una mochila verde militar que contenía unos pantalones negros un par de convers grises medio sucios y su brasier. Rebuscando algo que me dijera al menos su nombre, me encontré un papel que desdoble para leer "Hola papá, sé que debés estar cansado de tantas veces que debes oírme quejar de la posición en que ahora mismo estoy y que sin duda es agotador no tenerte aquí, mamá está bien…" alguien me llamó —guardé el papel en mi bolsillo y entregué las cosas a agentes de criminalística— era para decirme que ningún lugareño la conocía o la había visto llegar, que habían preguntado en los resorts pero que no estuvo ahí y que ningún cliente había reportado la desaparición de alguna chica. 43
Eran casi las 5 cuando volví a la estación policial donde todos comentaban del tema, la noticia ya había llegado a redes sociales y un canal de televisión había tachado el caso como suicidio. De momento entró un oficial quien arrojó en mi escritorio las fotos y con voz firme dijo "se llamaba Elena, iba a cumplir 19 años en agosto, su madre viene en camino…" Mientras tanto esperaba ansioso los resultados de la autopsia, estaba seguro de que algo faltaba que no podía haber estado sola, no, no era un suicidio, alguien estuvo ahí. Mientras puse a calentar la cafetera fui al baño y saqué el papel de mi bolsillo, quería terminar de leerlo, podría ser una prueba contundente o quizás alguien queriendo librar su culpabilidad. Era un manuscrito de dos párrafos cortos dirigidos a su papá, salí del baño un poco confundido, pasé por mi taza de café y ya estaban los resultados "la autopsia realizada al cadáver de joven de aparentes 18 años revela que el cuerpo tenía al menos 16 horas de fallecido… no se encontraron marcas por agresiones que indiquen mano criminal… extraño caso de pulmones secos…" Era contradictorio, al salir del baño estaba dudando en que ella lo había decidido, pero ahora mis sospechas por mano criminal aumentaban y no dejaba de pensar en que debía encontrar al culpable. Condenaba el hecho de no haber sido un celular en vez de un simple manuscrito, pero en mis 7 años de servicio no podía ser quejumbroso ante un caso tan peculiar como éste.
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Unos minutos más tarde llegaron a la estación su mamá una señora alta y chela con aires de juventud, y un amigo de la chica cuyo perfume inundó la sala, "era mi única hija, mi muchacha está muerta…" ofrecí rápidamente un vaso con agua para la atribulada madre, declaró que no quería investigaciones que sólo quería a su hija para velarla y darle sepultura. Insistí en el caso, le dije que yo tenía una hija de 15 años, que como padre la entendía y que me encargaría de lleno en esclarecer el caso. Después de unos papeles firmados y una llamada al departamento de criminalística donde adujeron —extrañamente— que la chica había tenido un paro cardíaco mientras nadaba y era la posible causa de la muerte, logró cerrar el caso al asociarlo con la muerte de su esposo en condiciones de arritmia cardíaca. Yo mismo la escolté hacia la puerta, dubitando el caso, esperando ver en ella la compasión hacía su hija, sentí tanto la indiferente muestra de misericordia al alma de su propia hija, la vi subirse a un yaris blanco que ella misma conducía y al amigo en un landcruiser café. Qué vacío se sintió con el hecho de pensar en la fraudulenta vida que estaría sumergida la chica para poder cometer algo así. Eran las 10 de la noche, recogí mis cosas y apresuré mi viaje a casa, cuando llegué fui hasta el cuarto de mi hija, ya estaba dormida, ella es igualita a su madre, y qué no daría yo por ella por mi pequeña, le faltaba tanto por vivir como a ella, en otra historia ella hubiese terminado como Elena. Fue tan rara desordenada y abrupta la forma de ese vínculo que había fijado hacia esa niña que yacía en el agua tratada en vida con la misma frialdad que ahora envolvía su cuerpo, Dios sabrá si el reencontrarse con su padre fue quizás la muestra de amor que apaciguó su corazón. 45
Escrito del taller de narrativa
El Día Que Ellos Llegaron Por: Alexander Antonio Chávez Esquivel 46
Apenas y abría los parpados después de días sumergida en mi océano de lágrimas y en mi bosque aciago de penumbras y dolor irremediable, cuando los vi llegar sin gran afán, decrépitos, desilusionados, con paso lento y temeroso, sus dos pares de ojos delataban el miedo que se tiene cuando te das cuenta que todo está acabado, pero no, nunca se acabó su historia, ni la nuestra, pues no valimos lo suficiente como humanos, siempre fuimos perros callejeros con las vísceras esparcidas por la carretera, mientras nuestro fatídico error de no saber elegir, nos pasaba encima, una y otra vez. Se llegó el momento donde los encausaron, se podía apreciar sus miradas incomodas con el esófago transitado y el tic nervioso de su mano derecha, mientras a gritos les repetían sus viles actos, pero de ahí no pasó a más, al final se sintieron omnipotentes, dieron la vuelta y no dijeron ni adiós, pero si un hasta pronto que al instante trajo consigo más sangre y sueños rotos, así que me levanté, apagué el televisor de un suspiro, tomé un baño con lágrimas y sin decirle a nadie corrí al cementerio y horas después salí desesperada empapada en llanto a navegar el mundo hacia el norte, si volver a ver hacia atrás, no tenía otra salida. Nunca nadie supo cuando vine, nadie me esperaba, tampoco nadie sabe en donde estoy, nadie sabe como me encuentro, solo saben que un día salí de casa, creo que no se preguntaron el por que me vine, pero miles vivíamos queriendo morir en vida, si es que ya no estábamos muriendo, hoy solo puedo ver y escuchar de lejos que la sepultura está lista y los sepultureros preparados, por eso no regreso, porque nadie sueña en un lugar donde soñar con libertad está prohibido, pues arrastramos las cadenas de acero de la triste y repetitiva historia que nos condena con cierta delicadeza y dureza, y nos ata a las piedras mortales de la ignorancia, que pecado estaríamos pagando.
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En el camino me di cuenta que dentro de mi crecían millones de razones para superarme, por él y por mí, por eso estoy aquí, aunque pase desapercibida por tanta gente diferente a la de allá donde yo nací y me crie, pero es mejor así, ser un animalito raro ante los juzgadores ojos de gente tan extraña. Ahora vivo en un lugar donde no soy la sombra ni de lo que era allá de donde soy, allá era luz en la sombra, aquí soy luz entre cuatro angostas y tristes paredes blancas, sobreviviendo con cualquier cosa y ante cualquier circunstancia. Ya son dos años desde el día que partí en un camino abierto sin ilusiones, solo quería escapar de mis emociones y hoy extraño el mayo bañado en agua, el octubre inundado, la pulcritud de la luna de diciembre, las ventoleras de enero y el marzo azotado por los rayos del sol más violento y feroz que año con año enseña la lección que se sigue sin aprender. Extraño el sonoro pregón del forastero vendedor que se pierde con el ocaso puesto en el firmamento, extraño la comida, la bebida, extraño la noche, el día, la mañana y la tarde, extraño al padre que nunca conocí y la madre que no tuve debido a su arduo trabajo, extraño el consejo pícaro de la abuela sentada en la mecedora, extraño mi tierra y aunque vaya a ser aquí donde muera, moriré con la ilusión de que me lleven de regreso y me entierren junto él. Murió como los otros pidiendo y buscando a gritos lo que los sordos no querían escuchar y lo que los ciegos no querían ver. Él era el rey de mis sueños y yo la reina de sus pensamientos, cuando era verano éramos sol caliente de medio día y cuando era invierno éramos torrencial de agua arrasador de cualquier cosa, fuimos Margaritas de mañana cuando el sol apenas despierta y luciérnagas en la oscuridad de la noche. 48
Todavía lo recuerdo ahí casi dormido con el cuello envuelto por gasas embriagadas de su espesa y roja sangre, sus ojos moribundos entre abiertos y cerrados, después de un rato vi sus labios morados que hacían juego con el color del ataúd donde dormía, se que quería despertar, pero no tuvo la suficiente fuerza para volver abrir sus agotadas pupilas y un tipo de los nuestros hizo que su bandera lo abrazara, como a los otros que murieron sin pena ni gloria, y ahora lloro, porque termino recordando aquel beso afanoso antes de que pusieran la tapa en aquel maldito ataúd, lo dejaran caer al fondo del abismo perturbando su eterno silencio con las paladas de tierra y cantaran mil himnos, mas millones de consignas en su nombre, pero eso no lo revivió, ni a él, ni a los otros. Y ahora estoy aquí, cargando en mis brazos el resultado de nuestros actos en la noche de su cumpleaños, diez días antes de su muerte, recuerdo el angelical tacto de sus escurridizas y rasposas manos dentro de mi húmeda y vacía ropa interior, recuerdo sus besos con sabor a todo, recuerdo los retumbos de a mil revoluciones por segundo de su enorme corazón, recuerdo la fuerza de sus brazos a la altura de mis hombros, el arriba jadeando y yo abajo gimiendo con tal excitación que conocí el edén de los pecados con los ojos cerrados, éramos uno solo y ahora odio que me dijera a respiros entre cortados debido al cansancio, que nunca se iría de mi lado, mas no sabía que se iría sin cumplir su promesa gracias a la lúgubre bala que atravesó el cuello que solía besar aquella noche en nuestra intimidad.
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Solo quise morir a su lado, pero llegué muy tarde a la repartición de balas, por eso me vine, porque no podía salir del camposanto llorando al pie de su tumba, echada sobre los pétalos de las flores y rosas funestas, no lograba entender la idea de vivir sin escucharlo decir mi nombre con su voz ronca, ver la sonrisa coqueta que aquel junio me conquisto en el pasillo más transitado de lo que fuera nuestra casa de estudios, hoy solo es una escuelita de adoctrinamiento, no quería existir en un mundo donde el no existiera, no quería vivir de recuerdos, como lo estoy viviendo ahora, porque él era algo más que mi novio, ya era mi hombre y yo su mujer, su niña como prefería decirme cuando estábamos a solas, ahora cargo en brazos el mejor recuerdo que tengo de él, su hijo, su sangre, sus mismos ojos, su mismo rostro. Es julio y lo traigo a divertirse en tanta algarabía, mientras trato de distraer mis pensamientos viendo hacia el iluminado cielo con tanta cosa que solo aquí vine a descubrir, allá no pasamos de cuetes y bombas. Estaba acostumbrada a la brisa del orgulloso septiembre vestido con azules y blancos y ambientado con la música de fondo de las bandas rítmicas ruidosas, pero ahora vivo en julio y moriré aquí, porque los restos que quedaban de mí, vinieron a renacer en miles de dificultades, en cienes de miles de kilómetros caminados, bajo el sol imponente, el rio fúnebre y la tierra caliente del desierto más desconsolador. Todo es diferente, pero aun los extraño a todos, aquí sigo siendo nueva y allá de donde vengo morí el día que ellos llegaron. 50
Nicaragua es conocido como el país de los poetas, debido a la gran cantidad de escritores de este tipo de literatura.
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¿Cuáles son los
libros nicaragüenses que debes leer? Cultura Libre consultó en sus redes sociales y esto son los resultados:
1
2
Margarita, está linda la mar
Castigo divino
Sergio Ramírez
3
4
Adiós muchachos Sergio Ramírez
52
Sergio Ramírez
Los Monos de San Telmo Lizandro Chávez Alfaro
5
6
Sofía de los presagios Gioconda Belli
7
La Casa de los Mondragón
Gloria Elena Espinoza de Tercero
8
Azul
Prosas Profanas
Rubén Darío
9
Rubén Darío
10
Rápido Tránsito José Coronel Urtecho
11
El nicaragüense Pablo Antonio Cuadra
Perra vida Juan Sobalvarro 53
Escrito de convocatoria
Marifer, bajo la luna
Por: Camilo Chavarría
Recuerdas cuando sentía frío y un poco de dolor en todo el cuerpo, cuando flagelaba mi angustia en la inesperada noche deambulando mi corta y expresiva sensatez, de esa misma manera me recreo pensándote como aquel catorce de noviembre donde mi último peldaño rebasó la corriente de mis lágrimas y que por desniveles encontrados en el corredor de mi casa llegaban hacia el lugar menos apropiado para engalanar mi tristeza. Mi nombre es María Fernanda, en todas partes me llaman Marifer, de cariño o tal vez es más compacto para decirlo, así me conocen. Tengo 23 años y he sufrido violencia de física y psicológica, en este momento no sé cómo describirte lo que pienso, pero se mueve en mí ese sentimiento insuperable de libertad, que me anima a ser fiel a mí sentir, el cual es desgarrado y arrojado a la basura por manos ajenas, telarañas de mentiras y orquestas de supremacía indeleble. No me quiero lamentar como víctima futurista o de las que se asemejan a la multitud de las inmensas arcas que llevan consigo un funesto mensaje de igualdad donde la injusticia se apropia de los anhelos venideros del marco ejemplar. Soy abogada, graduada hace 2 años, todavía joven para ejercer una candidatura para el éxito y demasiado vieja para consagrar mi lecho. Me represento tal cual defensora de la conservación de ideas y dadora de vida a los sueños de los cómplices moribundos. No me desvivo por alguien, tan solo a veces sufro un delirio precoz, mi mente vaga por las llanuras, enfurece siempre con mirada directa al cielo, esperando una respuesta, un cometa que sirva de señal o una estrella fugaz que ilumine mi pensar. 54
Estoy caminando en el andamio de la calavera, pero no me sostengo con los pies, mucho menos con las manos, desoigo al dador de fragancias que empalagan y detesto fríamente a la carroza de los reinos. El pasado domingo sonaban las campanas de una iglesia aledaña, alegrías parecían entorpecer el sigiloso camino que transitaba, siempre se me olvida algo, por ratos hasta mi propia vida, me entristece seguir hablando incoherencias, pero me anima creer que aún soy capaz, que puedo resolver un problema mediático usando mis propias manos. La iglesia parecía un lugar donde se llegaba en busca de algo, así como una tienda, pero que el precio de obtenerlo estaba lejos de sacar un billete y pagar en la caja, me soñaba entrar como una novia vestida de blanco, nunca pensé en el caballero que fuera a mi lado, tan solo sentí el alivio en mi mente, el dolor de perderle, acabarle y olvidarle. Aquel día entré con mis ganas de todo en perfecto estado de pureza, mis labios cerrados con prudencia y mis manos en mi pecho aguardando posiblemente recibir lo esperado, entraba emocionada al altar, tránsito glorioso de la soledad, estaba tan feliz de no saber nada, de no sentir, y de estar presente. Recuerdo la última vez que sonreí y perdoné, me sacaron a la calle y volví, mi cuerpo cubierto de golpes, sangre, mi cara destruida por la indiferencia, aporreada por la inclemencia social donde me hacían miembro distinguido de las víctimas culpables de los daños recibidos, me regeneré y me exilié. Me voy y dejo un suspiro, me tiembla la vida, aquella que dejé tirada en las manos que oprimían mi desenlace, me retiro hoy en trance caminando bajo la luna, bajo el reflector de la muerte que dejó tirado al futuro de mi gente. Gracias mundo por hacerme sentir lejos de ti. 55
Escrito de convocatoria
Esbozo La Luna y yo Por: María de los Ángeles Espinoza Bucardo
Esa noche me senté a ver la luna, la luna tan refulgente que penetraba la ventana de mi cuarto, en aquella noche de insomnio, era mi única compañía, no la buscaba y sin embargo su presencia era ineludible, brillaba de una manera esplendida que era casi imposible no detenerme de leer cumbres borrascosas. Había leído en algunos artículos científicos de los misterios de la luna. Desde pequeña sentí una gran admiración al astro nocturno que velaba nuestros sueños y se escondía de mañana; pero ese día mirando la luna, me perdí en su fulgor, perdí la noción del tiempo… 56
Divague y pensé: ¡Si yo muriese esta noche, el sufrimiento se vería plasmado momentáneamente! Lo pensé de esa manera porque todos nos acostumbramos a la ausencia, hoy estaba viendo la luna, cuando acabara sus fases de menguar, me acostumbraría a su manera de media uña, apenas visible. Y seguí divagando… si yo muriese esta noche, todos se acostumbrarían a mi ausencia, cuándo dejé de estar presente, con el tiempo personas qué me han conocido, querido, convivido pasarán al olvido para un alma muerta, pero para los que aún viven quedarán los recuerdos, los recuerdos cada vez se borran, y ¿qué queda? Sólo el conocimiento de haber sido alguien qué pasó por este mundo. Si yo me muriese en esta noche, uno de mis amigos se pondría perplejo con la noticia, lloraría porqué es noble, y por la gran amistad qué establecimos en vida, se preguntaría qué me gustaría que hiciera, y merodearía la respuesta qué yo daría y caería en cuenta qué no me conocía lo suficiente, no conocía mis gustos, éramos amigos los mejores, en momentos buenos estuvimos, en momentos malos también, en cada instante, pero no me conoció lo qué había detrás de la carcasa. Todos mis amigos, al igual que él, me recordaran por un instante, pero me olvidaran. Pero... ¿y mi amado? ¿El me olvidaría al instante? Olvidara la vez que bajo la luz de la luna me prometió amor eterno, aquellas noches que nos besábamos y solo la luna era testigo de lo que había pasado. Si, él también me olvidara, llorará por mí, sufrirá por haberlo dejado, por no despedidme, por no haber cumplido nuestras metas juntos, pero así de impredecible es la vida y sus destinos, yo esta noche estoy divagando, pensando en la muerte, viendo la luna y su reflejo, ¡quizás mañana no este!, ¡habrá acabado su fase, y yo mi ciclo de vida!
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La lectura es a la mente lo que el ejercicio al cuerpo Joseph Addison
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La escritura es la pintura de la voz Voltaire
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Escrito de convocatoria
Las plumas de la rana Por: Cintya Espinoza
Se puede decir que amistad es un concepto que trasciende. Incluso fronteras y especies. Como el amor y la tragedia se escabulle en el tercer mundo, así igual. Un buen día de campo, detrás de la poza de la casa de don Fernando hubo un ruido raro, muy parecido a una explosión. De esas que a lo lejos se escucha que no es nada grave, pero asusta por invadir el silencio del bosque. Y como nosotros sabemos, la curiosidad no ha matado nunca a nadie en este pueblo, así que se fue a ver qué había sucedido. Pero primero lo primero, no dejarnos ver. -Ni escuchar- impugnó Pascual. 60
Nadie sabía si se trataba de forasteros, ladrones o ávaros madereros. Fue entonces cuando decidieron ir descalzos para no hacer ruido y llevar en mano una que otra piedra. - ¡Nos fuimos! - Dijo Perrerreque. - ¡Fuimonos! - Contestó Pascual. Despacio y con rumbo decidido, poco a poco fueron acercándose a la zona sospechosa. Cuando se encontró lo inesperado. ¡Plumas por todos lados! - Estas son obras de los feos de los que tanto se habla- Dijo Pascual. - ¡Shhhh! Calla, calla- susurró Perrerreque. -Tenemos que ser muy cuidadososSin embargo, la realidad era otra. Ellos, ni nadie del pueblo, pudieron imaginar nunca que mientras todos duermen y comen, trabajan o descansan, las criaturas más verdes y resbalosas hacían desplantes amistosos con otras más libertarias. Fue la información que se pudo corroborar, después de exhaustiva pesquisa en el área del crimen. Plaza funesta, espacio donde se llevó a cabo el irrespeto a la intención. Había por lo menos unas 2 decenas de plumas sueltas, volando por encima y debajo de los arbustos. Fue cuando se decidió ver más de cerca, para descubrir que en la cumbre de la roca más grande había mucha baba. Y sí, fue muy asqueroso. Puesto que era una baba blancuzca y burbujeante, tal como si estuvieran por ahí 3 babosas gigantes dejando su rastro.
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Se escondían, agachados, asomando la cabeza para ver con mayor claridad hasta que Pascual exclama: -No hombre, esto no es ninguna razón humana. Venga amigo, ayúdeme a pensar qué pudo haber sucedido aquí para semejante explosión, asustarnos y encontrar nomás plumitas babeadas. – Dijo Pascual. -Yo le ayudo, ¡Yo le ayudo! No se preocupe. -Dijo Perrerreque. Y cuando vieron de cerca, hasta chocaron las cabezas al acercarse demasiado a la pista de oro misma que ambos supieron de inmediato, era la respuesta al enigma emplumado. -Y babeado -Replicó Perrerreque. Fue de esta manera que se resolvió el acertijo. Una paloma y una rana jugaban todos los días. Es únicamente lo que pudieron descubrir, justamente por haber llegado tan tarde. Ya que jamás alcanzaron a saber lo más importante. Pues estas criaturas llevaban días jugando a ser amigas e irónicamente ambas han muerto, cada una por culpa de la otra y por ellas mismas. -Plumas y baba, plumas y baba… a ver pensemos don Perrerreque –Intuyó Pascual. -Plumas y baba… ¡Ya sé! Las aves tienen plumas – Contestó Perrerreque. -Y las ranas tienen baba – Refutó Pascual. -Definitivamente esto ha sido que o exploto una paloma o explotó una rana. – Pensó y dijo Pascual. -Pues hermano, lo que yo puedo ver es que han explotado las dos – Concluyó Perrerreque. Y es que por varios días fue así, la paloma dibujaba con sus plumas sueltas algunos colochos cuando volaba persiguiendo a su amiga, mientras la rana con sus saltos, escribía pasos que el ave debía seguir. No obstante, hubo un plan macabro que cada una se trazó.
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Fingieron ser amigas por algún tiempo, finalmente sí se la pasaban bien jugando, aunque tenían a vista que eran muy distintas y pertenecían a caminos desemejantes. Fue cuando quisquillosamente, vino la naturaleza y cada una pensó a secas en complacerse -o, mejor dicho, a actuar por impulso- sin siquiera prever la propia desgracia. La rana, ya no quería que el ave volara más, mientras que la paloma ya se había cansado del juego de seguir los pasos de la rana. Fue así cuando un día de tantos, rana decide fingir que saltaría, el ave la sigue, pero la rana se detiene esperando que el ave continúe y así ella con su lengua mortal, golpearía sus alas, quebrándolas y evitando sus vuelos. Casualmente, ese mismo día ave ya lo había decidido todo, ella fingió seguir los pasos, aventajar y de la nada voltear únicamente para introducir su pico en el centro de la frente de la rana. Pico y lengua, chocaron hasta volverse un desastroso nudo y cada una de las criaturas al querer soltarse, han explotado. Domando así, la inteligencia de los menesterosos observadores que nunca podrán saber la verdadera historia, sin embargo, si les ha sido posible hilar historias que nunca sucedieron. Vaya costumbre de nosotros los sencillos, idear, idealizar, dibujar, imaginar, suponer, conjeturar, presumir y suponer finales ingenuos a pantomimas premeditadas.
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Escrito de convocatoria
Mi primer empleo Por: Katherine Rostran
Ser joven en América Latina, específicamente en Nicaragua es muy difícil, ya que como país subdesarrollado se tienen pocas oportunidades de desarrollar las capacidades cognitivas del joven y llevar a cabo el desarrollo personal y profesional. La falta de oportunidad de prácticas en las empresas nicaragüenses, de por vida, ha sido un reto, para jóvenes, más aquellos provenientes de familia de clase social baja, que media, los jóvenes de hoy tienen una cosa en claro: el mundo está cambiando y quieren estar listos para enfrentar los desafíos de esta nueva era. Algunos de esos desafíos son a la vez amenaza y oportunidad: el avance vertiginoso de la tecnología puede significar la desaparición de algunas tareas, pero también la aparición de nuevos y mejores empleos; la tecnología también puede crear más transparencia en las cuentas públicas, cuya falta atenta contra ese nuevo porvenir. Los y las jóvenes que en estos momentos tenemos la oportunidad de trabajar desde casa, debemos verlo como un nuevo reto. Es decir, una nueva forma de medir nuestra productividad y desarrollar nuestro potencial mientras trabajamos en “pijamas”. Debemos de dar siempre lo mejor de cada uno y una y adaptarnos a esta transformación social que estamos viviendo. 64
En Nicaragua 6 de cada 10 personas, se encuentran en el subempleo. El sector informal representa alrededor del 70 por ciento de la economía nacional. Y ahora el coronavirus genera pérdidas y más desempleo. se tienen pocas oportunidades de desarrollar las capacidades cognitivas ¿Cuáles opciones nos quedan a nosotros, las y los jóvenes sin o con poca experiencia laboral?; ¿el desempleo? ¿el subempleo? ¿el trabajo informal?; al ver la magnitud de esta situación, pensamos en nuestro futuro y bienestar, ¿verdad? Es normal que sintamos temor. Soy recién egresada y creo que muchas/os compartimos este sentimiento de miedo, estrés, hasta frustración de cierto modo, cuando vemos la realidad actual y decimos: ¡WOW! estaba empezando a volar, a crecer, a sentirme independiente. Luego de haber superado una etapa de incertidumbre provocada por la crisis socioeconómica del 2018, ¡ahora esto! No es un miedo infundado. La Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (FUNIDES) estima que la tasa de desempleo abierto puede aumentar este año entre 7.3 y 9.2 por ciento como consecuencia de la pandemia por el COVID-19. O sea, que a final de año habrán más de 238 mil personas desempleadas en Nicaragua. La preocupación de la falta de oportunidades laborales a causa de la covid-19 han aumentado debido al aumento de contagios, cierres de negocios y el confinamiento que aún persiste en la mayoría de países de América Latina, más aún en países de alta gama económica como Brasil, según organizaciones de alto prestigio de índole internacional la recuperación económica después del covid-19 será a pasos contados, es decir, esto llevara años para que la economía en América Latina este como estaba antes del 2020, año de la covid-19 mientras, que harán las personas con menos oportunidades y de escasos recursos.
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Escrito de convocatoria
Visita del devorador de sueños Por: Carlos Fernando Gómez González
Esta es la historia de un joven que debía asistir a un grupo de estudio. Una de sus compañeras propuso su casa y los otros dos integrantes aceptaron asistir. Luego del colegio se reunieron en el recorrido de la chica para ir. En el hogar, los recibió un señor canoso con rasgos asiáticos dando una pequeña reverencia. La chica les presentó con su abuelo. Todos hicieron una pequeña reverencia ante él. La chica los invitó a pasar. Lo que más captó la vista de sus compañeros fue una colección de katanas y unos cuadros de lo que parecían ser seres legendarios oriundos de japón, la mayoría parecían aterradores. El abuelo les dijo que, si tenían tiempo, luego les explicaría sobre los cuadros. El joven le hizo saber a la chica que su abuelo le parecía extraño, ella simplemente sonrió y dijo, pero le apasiona todo lo que tenga que ver con la cultura de sus antepasados. 66
Está orgulloso de ellos y por todo lo que tuvieron que pasar. Los otros dos le dijeron que simple mente tenía miedo de los cuadros y que sería un cobarde si no escuchaba las leyendas. Terminaron rápidamente la tarea y se dirigieron a la sala para escuchar las historias. Era viernes, y no tenían compromisos para el fin de semana, así que repentinamente pidieron permiso para quedarse a dormir en la casa de la chica que les había propuesto la idea. Con el permiso otorgado cada uno se sentó tranquilamente a escuchar al señor. El señor les ofreció té en unas tazas a las que se les había practicado Kintsugi y empezó felizmente a contar la historia de una máscara roja. —Esos son los tengus, ¿verdad? —preguntó uno de los niños. —Sí, los defensores de las montañas y bueno, algunos peligrosos embaucadores. —¿Y los de ese cuadro qué son? —preguntó el otro niño. —Esos son onis, los capturaron en esos cuadros por ser unos yokais violentos y atormentar a las personas incluso en sus pesadillas. Mis antepasados blandieron esas katanas con valor para defender a los indefensos. Algunos dieron su vida por eso. Un sentimiento de superioridad invadió al joven y se burló de la historia del señor. Se paró y se acercó al cuadro que se había tornado más oscuro. —¡Son simples pinturas! —gritó, mientras lo rasgó. Él joven se dirigió al cuarto de huéspedes y se dispuso a dormir. —Ese niño no sabe lo que hizo. Ahora está en peligro. Creo que el cuadro lo tentó y su carácter no fue lo suficientemente fuerte para resistirlo —dijo el señor—. Ahora el oni intentará poseerlo. —Tenemos que ayudarlo —dijo la chica—. ¿No podemos hacer algo?
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—Usa este talismán, y llama a un baku, pero déjaselo en el cuarto sin que se dé cuenta; lo más probable es que no lo acepte. Entró a escondidas y dejó pegado el talismán cerca de la cama donde reposaba el joven. La habitación se volvió oscura. Y la chica salió y cerró la puerta. Los otros dos niños estaban perplejos, no sabían lo que estaba pasando. El señor les recomendó irse los tres a su cuarto que estaba protegido. Él esperaría para ver si podía hacer algo. Unos gruñidos le hicieron abrir la puerta. El joven se revolcaba en la cama. Cuando de repente, el mismo tipo rojo con largos cuernos del cuadro salió expelido de la cabeza del niño, seguido de un animal parecido a un tapir, con cabeza de león y trompa de elefante. El baku, a como se le llamaba a ese tipo de criatura, creció y devoró de un bocado al oni para desaparecer haciendo una pequeña reverencia al señor quien le agradeció con otra. El niño despertó y se disculpó con el señor. Todavía era de noche. La chica propuso una pijamada y el niño les contó la pesadilla en la que había sido sumergido y de cómo ese yokai lo rescató. Al día siguiente todos se despidieron cordialmente del señor y su nieta, esperando volver a escuchar más sobre los yokais.
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El libro ES FUERZA, ES ALIMENTO:
ANTORCHA DEL PENSAMIENTO Y MANANTIAL DEL AMOR.
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Escrito de convocatoria
La historia narrada por mi abuelo Por: Nicolle de los Ángeles Quiroz silva
Fui un niño huérfano mi madre murió cuando nací, a mi padre nunca lo conocí solo por fotografías me imagino que el hizo su familia aparte, fui criado por mis abuelos desde que tenía cinco años me enseñaron lo que es el trabajo en el campo como cortar algodones y el café, a pesar de su vejez ellos me enseñaron lo que es la honradez, respeto y valores. Recuerdo que viví en una casita muy humilde de tabla pero nunca falto amor y comida, a pesar de todas las dificultades que se nos presentó Dios nunca nos desamparo, ya siendo un adolecente hacia acarreos a las demás familia con cambio de dinero o comida para mis viejitos tuve que enfrentar la muerte de ellos fui un momento muy duro para un adolecente era el momento que tenía que buscar mi camino y mi sustento,
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conocí algunos familiares por parte de mi abuela que me ayudaron en ese lapso, conseguí un trabajo me hice un hombre de bien trabaje en el banco de Londres algo que agradezco que me hizo crecer como ser humano , conocí a una mujer muy humilde me enamore de ella, nos casamos y tuvimos ocho hijos lamentablemente tres de mis hijos murieron, dos recién nacido, y uno ahogado en la laguna de tiscapa, mi mujer y yo pasamos momentos muy duros, sufrimos a no tener un hogar propio es ahí donde tuve la dicha de viajar a otros países y conocer embajadores, trabaje en estados unidos en una marisquería enorme de Alaska hice dinero para ayudar a mi familia, compre una casita en Nicaragua, me hice de un carrito, me sentía muy feliz por todo lo que había logrado ayude a mi familia de lejos siempre en lo que más pude quise que mis hijos fueran unos hombres y mujeres de bien, me siento orgulloso porque mi hija mayor es licenciada en derecho, los demás trabajan sacan adelante a sus hijos, amo a mis nietos a cada uno los ayudo en lo que más puedo ellos siempre les gusta escuchar mi historia es ahí donde les digo estudien para que sean alguien en la vida, personas exitosas de bien. llegue a la vejez con mi mujer lamentablemente ella falleció yo quede a cargo del hogar de nuestras mascotas y de mi familia aun la recuerdo mucho era una mujer extraordinable sé que algún día nos volveremos a reunir, me gustaría tener una finca y criar animales así recordaría mi niñez soy amante al campo le doy gracias a mis abuelos porque por ellos estoy hasta aquí hay días que me siento cansado pero miro para arriba y veo mi camino de dónde vengo solo espero que mis nietos sean feliz y si algún día no estoy en este mundo me iré contento por todo lo que logrado y recuerden todo en esta e q u i v a l e n sacrificios por eso estudia y lucha. 71