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Revista CLAVE! Edición 127

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Marzo - Abril 2026

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Caridad Vela carivela@revistaclave.com.ec

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REVISTA CLAVE!

Es editada y distribuída por VELVALMAGENTA S.A.

IMPRESIÓN

Imprenta Mariscal. Quito

PORTADA: Bidi Bidi Performing Arts Centre

Premio Dezeen 2025

En memoria de mi madre

Sebastián Angulo Tamayo

Foto: Foto cortesía to.org Fotógrafo Mutua Matheka

Contenido

Edición 127

El año de la construcción: 2026

ARQUITECTURA SOSTENIBLE

Bidi Bidi Performing Arts Centre

Premio Dezeen 2025

En memoria de mi madre

Sebastián Angulo Tamayo

INDUSTRIA SOSTENIBLE

Aglomerados Cotopaxi

¿Carbono Cero?

Bernardo Pérez

La nueva forma de construir

Fernando Correa Sevilla

Unacem

Descarbonizando el cemento

José Antonio Correa

Decisiones

aceleran el cambio Henry Yandún

De chatarra a producto

Ramiro Garzón

El pasado sostiene al futuro

Giada Lusardi

INTERIORISMO

Bambú

Exótico y natural

DISEÑO SOSTENIBLE

Lulë Care

Arte funcional como estrategia de sostenibilidad

CONSTRUCCIÓN

Construir sin consciencia ya no es opción

Jorge Rosero

DE OPINIÓN

Éxodo de los colegios

Esteban Najas DECORACIÓN INTERNACIONAL

Cinco capitales, cinco estilos

Editorial

Marzo - Abril 2026

Este Especial de Sostenibilidad llega en un momento clave para Ecuador. La construcción vuelve a ocupar un lugar estratégico en la conversación nacional, no como discurso o pose, sino como inversión, empleo y desarrollo.

En las últimas semanas, el presidente Daniel Noboa ha enviado una señal clara. La reactivación del país pasa, en gran medida, por volver a construir. Con decisiones concretas y una narrativa consistente, el gobierno ha colocado a este sector como uno de los motores centrales para transformar la estabilidad macroeconómica en obra real, en vivienda, infraestructura, oportunidades, empleo y progreso.

Este impulso del gobierno se suma a un proceso más amplio de transformación dentro de la industria. Hoy contamos con materiales que reducen su huella ambiental, empresas que revisan sus cadenas productivas, arquitecturas más conscientes del entorno y del uso de recursos, con una mirada más profunda a lo que significa construir bien.

En un mundo saturado de discursos, Ecuador marca la diferencia con coherencia entre intención y acción. En la industria de la construcción esa coherencia es especialmente exigente, no basta con declarar buenas prácticas. La sostenibilidad se mide en procesos, en materiales, en eficiencia, en impacto social y en visión de largo plazo. La sostenibilidad se construye, literalmente, decisión a decisión, inversión tras inversión, y cuando es auténtica, transforma economías y vidas.

Pero la sostenibilidad verdadera también es integral. No se limita a lo ambiental, incluye lo social, cultural, económico y ético como ejes centrales de un mejor mañana. En estas páginas hemos querido ampliar la conversación para hablar de procesos industriales, sí, pero también de cultura, historia, memoria y propósito.

Creo firmemente que estamos ante una situación que merece ser observada con atención y optimismo, porque cuando el discurso político se acompaña de decisiones claras, y cuando la industria responde con innovación y compromiso, las ideas dejan de ser aspiraciones abstractas y comienzan, paso a paso, a materializarse en resultados concretos.

¡Hasta la próxima!

Caridad Vela

Al milímetro NOTICIAS

La marca presenta Origen, una colección que nace desde la materialidad, el detalle y la experiencia, reafirmando su compromiso con el diseño atemporal y con propuestas pensadas para el estilo de vida actual. Origen marca un hito en la historia de la empresa al convertirse en la mayor introducción de productos realizada hasta hoy, con más de 30 piezas de mobiliario diseñadas para espacios residenciales, celebrando así más de 30 años de trayectoria creativa

Los espacios interiores van más allá de su funcionalidad, buscan conectar emocionalmente y reflejar la personalidad de quienes los habitan. Los paneles decorativos de Aglomerados Cotopaxi son protagonistas de esta transformación, combinando estética, funcionalidad y sostenibilidad, para ofrecer experiencias visuales y sensoriales diferenciadoras que se convierten en experiencias memorables.

En un emotivo acto realizado en la ciudad de Quito, una familia en situación de vulnerabilidad recibió las llaves de su nueva vivienda. Esta entrega fue posible gracias a la alianza entre Kubiec y Proyecto Ana, iniciativa liderada por su fundadora, Lavinia Valbonesi. La donación de esta vivienda refleja el poder del trabajo en conjunto entre el sector privado y las iniciativas sociales, demostrando que la colaboración puede transformar vidas.

Cuando todo juega a tu favor...

Centro de Exposiciones Quito comprar tiene sentido

Del 16 al 19 de abril

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Al milímetro NOTICIAS

El Edificio ATTIVA fue galardonado con el Premio de Plata en los Japan Design Awards 2025, otorgados por la IDPA – International Design Pioneer Awards. Este reconocimiento internacional que nace desde Tokio, habla de Quito, de su geografía, su luz, su clima, sus límites y las posibilidades de valorar una arquitectura que no busca llamar la atención, sino dar atención a la orientación solar, al viento, a las visuales, al vacío, al cuerpo que habita.

La empresa líder en fabricación de Green Steel en Ecuador, recientemente recibió la visita del Ministro de Trabajo, Harold Burbano en su planta ubicada en Lasso, provincia de Cotopaxi, en el contexto del cumplimiento de su agenda de actividades. La fábrica en Lasso fue inaugurada en 1983, y es una de las tres plantas industriales que Novacero tiene en el país. Más de 640 profesionales trabajan en esa localidad, casi el 50% de los colaboradores de la empresa a nivel nacional.

Tecnología que Protege la Vida Cada gota cuenta. En FV se fabrica grifería e inodoros de alta eficiencia que reducen drásticamente el consumo de agua sin sacrificar rendimiento. Esta innovación permite un ahorro tangible en cada hogar, reafirmando un compromiso con la preservación del líquido vital y la sostenibilidad. En FV, cada uso es un acto de respeto por el planeta.

EL AÑO DE LA CONSTRUCCIÓN

Presidente Constitucional de la República de Ecuador, Daniel Noboa

Foto: Repositorio Segcom - https://www.comunicacion.gob.ec/

Durante las últimas semanas, el presidente Daniel Noboa ha colocado al sector de la construcción en el centro de su narrativa de política económica, no como una promesa abstracta, sino como una apuesta concreta para que la estabilidad macroeconómica que ha logrado el país se traduzca en obra visible, empleo y dinamismo productivo.

En una de sus últimas publicaciones en redes sociales, el presidente afirmó que “el 2026 va a ser el año de la construcción, el año en que las familias puedan acceder a su propia casa, el año del empleo que se generará a partir de los proyectos de vivienda que financiemos y las vías que construyamos para que el país esté mejor conectado”.

Esto ha sido, literalmente, patear el tablero. Si bien se han dado anuncios aislados que me han forzado a escribir y reescribir este reportaje, veo ahora que claramente se trata de una concatenación de estrategias que surgen, según el presidente, gracias “a que empezamos a ver los frutos de todas las decisiones que tomamos en los últimos años: reconstruir la confianza internacional, bajar el riesgo país y reforzar alianzas, para después de siete años volver a los mercados internacionales”.

Los buenos vientos empezaron a soplar cuando el gobierno se tomó en serio la devolución de IVA al sector de la construcción. Durante los últimos meses de 2025, alrededor de $100 millones regresaron al bolsillo del sector privado de la construcción para convertirse en inversiones en nuevos proyectos. Esto fue el primer paso que cargó de optimismo el horizonte.

El gobierno ha puesto sobre la mesa un paquete coherente de políticas públicas que combina crédito hipotecario con tasas históricamente bajas, subsidios para compra de vivienda, activación de banca pública y privada, financiamiento multilateral y presupuesto para infraestructura. El objetivo es claro y evidente, la intención es reactivar los sectores de vivienda y construcción a través de mecanismos que amplían la demanda real, reducen las barreras de acceso a vivienda y devuelven previsibilidad a la industria de la construcción.

Los dos extremos del mercado, oferta y demanda, finalmente activados. A continuación hago un breve resumen recopilado de información oficial que se ha dado a conocer a través de distintos medios.

La medida más disruptiva es, sin duda, la reducción de la tasa de interés al 2,99%, gestionada a través del BIESS mediante

el programa CrediCasa, orientado a la compra de primera vivienda nueva. El crédito es de hasta $65.000 a un plazo de 25 años, para viviendas cuyo avalúo comercial no exceda de $71.504. En este caso, el Biess financia el 95% del valor de la vivienda. Los ingresos máximos mensuales familiares no deben superar $1.527 y el afiliado debe contar con 36 aportaciones, de las cuales las 13 últimas deben ser consecutivas.

Este crédito aplica para todo tipo de vivienda, mientras sea nueva y el beneficiario no posea otra casa. En palabras fáciles, es un crédito abierto a todos los afiliados y jubilados, independientemente de su edad y de si su deseo es comprar casa, departamento, suite o estudio. Esta estrategia elimina la primera objeción de los potenciales compradores, pues la queja más frecuente decía que “a ese precio las casas están lejos de todo”.

Hoy, a ese precio, hay oferta en las mejores ubicaciones de todas las ciudades del país. En Quito, por ejemplo, hay estudios y suites alrededor del Parque La Carolina, pensados para jovenes profesionales que empiezan a contruir su patrimonio.

La precalificación es automática y se la puede hacer en línea. Basta con ingresar a https://www.biess.fin.ec/hipotecarios/vivienda-premier y ahí encontrará el botón “precalificación”. Su nuevo hogar, ahora sí, está a distancia de un click.

Lo que el presidente Noboa ha logrado crear es un ecosistema de crédito escalonado, donde cada familia, afiliada o no, empleada en relación de dependencia o no, puede encontrar una solución según sus ingresos, y cada promotor puede diseñar productos con demanda real

TASA 2,99%

PLAZO 25 AÑOS

MONTO MÁXIMO DEL CRÉDITO

AVALÚO COMERCIAL DE LA VIVIENDA

INGRESOS FAMILIARES MENSUALES MÁXIMOS

$65.000

HASTA $71.504

$1.527

AFILIADOS EN RELACIÓN DE DEPENDENCIA 36 APORTACIONES - ÚLTIMAS 13 CONSECUTIVAS

AFILIADOS VOLUNTARIOS 36 APORTACIONES CONSECUTIVAS

JUBILADOS EN GOCE DE SU PENSIÓN JUBILAR

PERSONAS CON DISCAPACIDAD

APLICA PARA

El Biess ha anunciado que destinará $600 millones para colocación en hipotecarios este año, de los cuales, $100 millones irán destinados a CrediCasa. Más allá del impacto comunicacional, que fue brutal, esta decisión tiene un efecto estructural importantísimo, porque reduce el valor de las cuotas mensuales que el comprador deberá pagar y, paralelamente, también baja el umbral de ingreso necesario para calificar al crédito. Ahora sí, los arrendatarios se convertirán en potenciales compradores, y esto dará paso a una nueva demanda efectiva que el sector inmobiliario llevaba años esperando. En paralelo, el programa Miti–Miti, que tuvo serios riesgos de romper su continuidad hace algo más de un año, ha sido reactivado a través del refondeo del fideicomiso que permite el subsidio de la tasa. $600 millones han sido incorporados a este mecanismo para dar previsibilidad a constructores y compradores, eliminando

18 APORTACIONES EN TOTAL

VIVIENDA NUEVA

CASA, DEPARTAMENTO, SUITE O ESTUDIO

la incertidumbre sobre la feliz conclusión de sus proyectos.

Miti-Miti refuerza la compra de vivienda de interés social (VIS) y vivienda de interés público (VIP), con una tasa del 4,99% para el comprador, mientras el Estado cubre la diferencia frente a la tasa real del mercado. Este esquema se canaliza a través de la banca privada y se apoya en financiamiento internacional, permitiendo que la cuota de entrada que paga el comprador sea solo del 5% del valor del inmueble y el plazo sea hasta 25 años, condiciones clave para hogares de menos recursos y reducida capacidad de ahorro.

Este año, para acceder a financiamiento VIS, el rango de precio de las viviendas va desde $49.164 hasta $85.796, y los ingresos familiares del comprador no deben exceder de $1.687 mensuales.

Para VIP, los precios de las viviendas deben estar entre $85.800 y $110.378 y, en este caso, los ingresos familiares del interesado no pueden superar los $3.055. Participan en este mecanismo de financiamiento el Banco Pichincha, Banco del Pacífico, Banco General Rumiñahui, Mutualista Pichincha y Mutualista Azuay.

Bancos participantes programa MITI MITI

Si bien la combinación de estos instrumentos suena bien en titulares, lo importante es realizar que afectan de manera tangible el ingreso mínimo requerido para comprar vivienda, ampliando la base de compradores y dando estabilidad a la oferta inmobiliaria.

Otro ajuste digno de resaltar entre los más relevantes, pero menos visible para el público general, es que el BIESS cambió la unidad de medida de sus créditos hipotecarios, pasando de hacerlo en montos fijos en dólares, a Salarios Básicos Unificados (SBU). Esto, en cifras reales significa, por ejemplo, que el crédito preferencial, que antes financiaba vivienda de hasta $90.000, ahora tiene un tope de $94.303.

Esta migración a SBU, largamente demandada por el sector inmobiliario, significa que los montos máximos de crédito se ajustarán automáticamente cada año, evitando que los programas queden obsoletos frente al aumento de costos de construcción y valor del suelo. Queda en la bandeja de los pendientes que el Biess iguale los rangos de SBU a los que establece el programa Miti-Miti del gobierno nacional, lo que incrementaría significativamente la demanda calificada entre afiliados y jubilados.

Pero más allá de eso, el Biess no solamente financia compra de vivienda para afiliados y jubilados de menores recursos, y este es un mito que hay que romper. Todos, incluso quienes aportan sobre sueldos considerablemente altos, tienen derecho a este financiamiento, y para ellos también se han incrementado los topes. Antes, para vivienda terminada aplicaba el techo congelado de $480.340, hoy, calculado en SBU, el máximo es de $492.604. En este caso el financiamiento es por el 80% del valor de la vivienda.

Además, estas estrategias anticipan una cartera hipotecaria más sana y sostenible, con menor riesgo de subfinanciamiento del activo porque, para la banca, el subfinanciamiento distorsiona la relación entre el valor del inmueble y la deuda; y para el promotor, reduce la viabilidad comercial del proyecto. Al ajustar los créditos a SBU, el financiamiento acompaña la evolución de precios, disminuye esta brecha y permite una cartera hipotecaria alineada con el valor real del activo que respalda el crédito.

Cuando se combinan tasas históricamente bajas, más subsidio estatal y montos actualizados en SBU, la consecuencia es que la demanda deja de ser aspiracional y se vuelve real, porque

ahora sí es posible endeudarse para comprar vivienda. No solo que disminuye drásticamente la cuota mensual que el comprador deberá pagar, sino que permite que más familias califiquen sin endeudarse en exceso.

Lo que el presidente Noboa ha logrado crear es un ecosistema de crédito escalonado, donde cada familia, afiliada o no, empleada en relación de dependencia o no, puede encontrar una solución según sus ingresos, y cada promotor puede diseñar productos con demanda real.

Este paquete de políticas públicas se sostiene en la firme decisión del gobierno de dinamizar al sector de la construcción, pero además se respalda en el apoyo de importantes actores multilaterales. En las últimas semanas, varios medios nacionales e internacionales han destacado una operación de $500 millones destinada a vivienda asequible y resiliente, con garantías parciales y un marco soberano diseñado bajo estándares de finanzas sostenibles.

Si bien este respaldo no es solo verbo sino acción, porque aporta recursos, lo más importante es que vemos fortalecida la credibilidad internacional en el país, pues se verifica que el esquema planteado combina política social con disciplina financiera, transparencia y mecanismos claros para reportar resultados.

Pero la estrategia del presidente Noboa no se limita a vivienda, lo cual es una gran noticia para todos los ecuatorianos. El presupuesto contempla alrededor de $600 millones para proyectos de vialidad e infraestructura en 2026, con obras emblemáticas que buscan reactivar empleo directo e indirecto, por ejemplo la construcción del Quinto Puente que ha sido anunciada. Finalmente la construcción vuelve a entenderse como un motor transversal, capaz de dinamizar cadenas completas de valor en un virtuoso contagio a cientos de industrias relacionadas.

Seguramente he dejado algo en el tintero y habrá que hacer seguimiento a todas estas novedades, pero parecería que el mapa completo está claro. La apuesta del Gobierno es que este 2026 tenga impacto en todo el país con más viviendas financiadas, más proyectos ejecutándose, más industrias reactivándose y más empleo a lo largo de la cadena de la construcción. Si se ejecuta como ha sido anunciado, este sí será el año de la construcción.

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SEBASTIÁN ANGULO TAMAYO

EN MEMORIA DE CRISTINA TAMAYO, MI MADRE

Por Caridad Vela

En la fachada del Centro de Artes Escénicas Bidi Bidi reposa en silencio, desafiando las inclemencias de la naturaleza y el paso de los años, una placa que dice: “In loving memory of my mother, María Cristina Tamayo Paladines”. Nada ni nadie borrará su memoria, incluso quienes no la conocieron, como los refugiados que asisten diariamente al centro en Uganda, sabrán que fue una gran mujer, y que ahí, al otro lado del mundo, su vida trascendió a la eternidad.

Fotografía: Stuart Tibaweswa. Cortesía de to.org.

Hay historias que es imposible contarlas en línea recta. Se narran en espiral, regresan sobre sí mismas, se detienen, respiran y continúan. No son fáciles de escribir por la cercanía emocional y el afán de no dejar recuerdos en el tintero. Sostenibilidad emocional y arquitectura sostenible se entrelazan en estas líneas como argumentos de peso para avalar el verdadero sentido de la vida con propósito El contexto requiere que volvamos atrás en el calendario. Sebastián Angulo Tamayo es hijo de Cristina Tamayo Paladines, una mujer adelantada a su tiempo. En una época en que las mujeres eran presentadoras de noticias, Cristina era periodista pura y dura. Era inquisitiva incomodaba, investigaba, opinaba abiertamente. Lo hacía sin temor a las consecuencias. Fue asesora del presidente León Febres Cordero y se mantuvo muy cerca de otros renombrados políticos del país, en aquellos años en los que no había legislación que garantice igualdad de género. Su nombre tenía valor, su opinión generaba respeto, sus palabras siempre fueron escuchadas. No necesitó de una ley para sobresalir.

No menciono su calidad humana ni su capacidad de estar siempre junto a su hijo siendo la mejor madre que pudo ser, porque mi pluma no está a la altura de la descripción que ella merece. El tributo que

su hijo hace en su honor, cuyas fotos acompañan estas letras, da cuenta de la dimensión de persona que fue, y que ahora, gracias a él, lo será para la eternidad.

Hace 26 años, Cristina murió de una manera que todos, sin éxito, intentamos olvidar. Vivió como si presintiese que la vida sería corta. Sebas tenía apenas 11 años. Durante mucho tiempo hizo lo que la sociedad suele aconsejar en estos casos, seguir adelante, estudiar más, trabajar más, viajar más, vivir más. “Pa’lante, pa’lante”, repite, como si escuchara todavía esa consigna no escrita que los adultos suelen imponer cuando no saben qué decir frente al dolor de un niño.

A pesar de que nuestra charla toca fibras íntimas, Sebas arranca con su habitual sentido del humor. Mientras mueve hojas de papel escritas a mano me dice, “pasé el fin de semana al más puro estilo de Beatiful Minds (la película), pensando, recordando, escribiendo, tachando y reescribiendo notas para esta entrevista”. Debo confesar que también mi mente volvió al pasado en estos días.

Cuando habla de su madre no lo hace desde la nostalgia, cuida como un tesoro esas emociones que son solo suyas, prefiere hacerlo desde la conciencia de su impacto. “Me di cuenta de que el efecto que tuvo mi madre iba mucho más allá de ser mi madre y mi mundo. Ese impacto superó a su familia, a su círculo íntimo, y alcanzó a

toda la gente que se cruzó con ella en el camino”. En esa introspección entendió que la herencia más potente que recibió no fue material, sino la enseñanza de una “forma de ser y estar en el mundo, con conciencia humana, sensibilidad extrema y compasión profunda”.

Y así arrancó una conversación fluida, diáfana y abierta. Sentimientos y emociones a flor de piel se materializaron en la virtualidad de la comunicación a distancia.

Su historia no fue planificada, se tejió orgánicamente en el tiempo, porque su corazón, 26 años después de la muerte de su madre, aún necesita sanar.

Y eso no se logra avanzando sin pausa. “Uno no llega a procesar ciertas cosas en ese momento, es solo cuando te permites parar, tomar distancia y mirar hacia atrás, que te alcanza la parte emocional que pretendías tapar con ese trabajar más y vivir más”.

Este proceso, largo y silencioso, lo llevó a involucrarse primero en iniciativas sociales en Ecuador, luego en Estados Unidos y más tarde en contextos de crisis internacional. Trabajó con Unicef Next Generation, organizó eventos, recaudó fondos, y tuvo una revelación incómoda. “Muchas donaciones no llegan realmente a la gente, se quedan en estructuras, en costos operativos, y no era eso lo que yo quería”. No lo dice como crítica, sino con la honestidad de entender cómo generar impacto real haciendo bien las cosas.

El terremoto de 2016 en Ecuador fue otro punto de quiebre. Sebastián se involucró directamente, adoptó una escuela, conectó redes, gestionó recursos. “Fue un gran aprendizaje con muchas trabas, porque cuando quieres tener impacto directo te enfrentas a la burocracia, a los desafíos reales de ejecutar una idea. Nada es tan claro ni fácil como parece desde afuera”.

Luego vino Ucrania. Otra guerra, otro desplazamiento, otro espejo. “Ves gente que pierde todo, su casa, su familia, su piso emocional”. Busca en su mente la palabra exacta, descarta sinergia, y, tras dudar, dice comprensión. “Cuando has pasado

por una pérdida grande, no es que lo entiendes todo, pero tienes una perspectiva distinta, un entendimiento más real del dolor ajeno”.

Este hilo invisible lo llevó, a través de to.org, hasta Bidi Bidi, en Uganda. Un asentamiento de refugiados donde viven cientos de miles de personas desplazadas por la guerra. “Me fui a lo extremo, a lo más duro, porque también era una manera de entender mi propio proceso y, quien sabe, de seguir sanando”. Allí comprendió que ayudar no es solo proveer alimentos o refugio. “Eso es indispensable, claro, pero hay algo antes. Sanar”.

La estructura del Centro de Artes Escénicas Bidi Bidi se beneficia de un gran techo liviano en forma de embudo, que permite la refrigeración natural del interior del edificio y la recolección de agua de lluvia, la cual es posteriormente filtrada para proporcionar agua potable a la comunidad. Cortesía de to.org Fotografía: Mutua Matheka

Fotografía: Stuart Tibaweswa. Cortesía de to.org.

En Bidi Bidi Performing Arts Centre la sostenibilidad empieza en una pregunta silenciosa y dolorosa. ¿Cómo se sostiene la vida después de la pérdida?

“Es por el legado de mi madre, y por las lecciones de humanidad que me dejó, que elijo apoyar a comunidades vulnerables en distintas partes del mundo, y es en su memoria que continúo el trabajo que ella inició”.

El vínculo con to.org llegó de manera inesperada pero decisiva. Sebastián recuerda que fue contactado por el equipo suizo de la fundación cuando aún estaba explorando, casi a tientas, cómo canalizar su necesidad de generar impacto real. Hubo afinidad inmediata. Lo que lo convenció fue que es una organización pequeña, rigurosa, obsesiva con la eficiencia y profundamente comprometida para que cada recurso llegue donde tiene que llegar.

Conoció el proyecto Bidi Bidi y entendió que allí existía una oportunidad única de unir memoria, propósito y acción concreta. Hoy, su vida está atravesada por proyectos sociales, procesos de sanación colectiva, y por una obra tan profunda como el Bidi Bidi Performing Arts Centre.

“Uganda está en la latitud cero, igual que Ecuador”, dice cuando le pregunto por qué eligió ese lugar y no otro para rendir tributo a la memoria de su madre. No lo explica desde la lógica fría de los mapas, sino desde una intuición profunda.

“El clima, la luz, la vegetación, incluso la forma en que el día y la noche se equilibran, me resultaron familiares. El territorio me hablaba en un idioma conocido”. Luego vino el gesto humano que terminó de anclarlo. “Descubrí un restaurante con chef ecuatoriano en medio de Kampala, fue como recibir una señal”, confiesa. Una coincidencia mínima pero poderosa, que reforzó en él la idea de que este proyecto no estaba tan lejos de casa como parecía.

Fotografías: Mutua Matheka Cortesía de to.org

Y es aquí donde la historia personal se vuelve arquitectura. En Bidi Bidi Performing Arts Centre la sostenibilidad no empieza con los materiales ni los planos. Empieza en una pregunta silenciosa y dolorosa. ¿Cómo se sostiene la vida después de la pérdida?

El Centro no se concibe como un edificio aislado ni como un espacio para sobrevivir. “Es un espacio para sanar, un lugar para que el trauma no se herede de generación en generación sin ser nombrado, donde la fortaleza no se confunda con silencio, y donde la vulnerabilidad sea entendida como un valor”.

El diseño y la construcción responden a esa lógica emocional. El centro adopta la forma de un anfiteatro semiabierto, cubierto por una gran estructura ligera que permite la ventilación natural, protege del sol intenso y recoge agua de lluvia. Esa agua es canalizada, filtrada y almacenada para abastecer tanto al edificio como a huertos y áreas verdes cercanas, en una región donde el acceso al agua es cada vez más frágil por efecto del cambio climático.

Los muros fueron construidos con bloques de tierra estabilizada comprimida, elaborados a partir del mismo suelo excavado en el sitio, prensados manualmente y curados al sol. Esta decisión reduce de forma drástica la huella de carbono y evita el uso de leña, un recurso crítico para las comunidades refugiadas. La estructura metálica, prefabricada fuera del asentamiento, optimizó tiempos, logística y desperdicio, demostrando que la eficiencia también es una forma de respeto.

La construcción involucró activamente a refugiados y miembros de la comunidad anfitriona ugandesa, no como mano de obra anónima, sino como participantes del proceso. Así, el edificio no es un objeto ajeno, nace del lugar y se queda en él. Desde su inauguración comunitaria, en diciembre de 2023, funciona como un espacio vivo con aulas, salas de ensayo, estudios de grabación y escenarios abiertos. Las artes escénicas se convierten en herramienta de sanación, pero también de cohesión social.

“La estética no fue un gesto de vanidad”, explica Sebas. “Fue una estrategia consciente. Si el lugar es bello, la gente llega. Rompes el estigma. No es decir vamos a terapia, es decir vamos a crear algo desde nuestro vacío emocional”. Es en ese crear que la sanación empieza a tomar forma. Como consecuencia natural de su involucramiento sostenido, Sebastián fue nombrado Embajador para América Latina de to.org. No lo vive como un título protocolario sino como una afirmación de que el compromiso es real. Este es un rol que le permite tender puentes entre territorios y realidades distintas, amplificando una causa que va mucho más allá de una obra puntual.

El Bidi Bidi Performing Arts Centre fue reconocido internacionalmente con el Dezeen Award al Proyecto Cultural del Año, una validación que reconoce no solo su calidad arquitectónica, sino su enfoque ético y profundamente humano. Para Sebas, ese reconocimiento es secundario. “Lo importante es que el espacio funcione para la gente”, dice. Y, tal como vemos en las imágenes de estas páginas, funciona. En la fachada del edificio reposa en silencio, desafiando las inclemencias de la naturaleza y el paso de los años, una placa que dice: “In loving memory of my mother, María

Se estima que el tanque de agua con capacidad de 200.000 litros proporcionará 1,2 millones de litros de agua al año, de los cuales el 70 % se destinará directamente a la comunidad y el 30 % restante se utilizará para el riego del huerto y el jardín comunitario. Fotografía: Mutua Matheka Cortesía de to.org

Fotografía: Mutua Matheka Cortesía de to.org

Bidi Bidi adopta la forma de un anfiteatro semiabierto y cubierto, que puede funcionar tanto como espacio para presentaciones artísticas como para reuniones comunitarias. Fotografía: Mutua Matheka Cortesía de to.org

Cristina Tamayo Paladines”. Nada ni nadie borrará su memoria, incluso quienes no la conocieron, como los refugiados que asisten diariamente al centro, sabrán que fue una gran mujer, y que ahí, al otro lado del mundo, su vida trascendió a la eternidad.

Sebas convirtió “su recuerdo en algo que sirva a mucha gente, donde el dolor se convierte en propósito y la ausencia en cuidado compartido”. Impregnó un lugar con la presencia de su madre, un lugar que cambiará lágrimas por sonrisas y pérdidas por afecto. No es un homenaje estático a su memoria, es su continuidad.

En Bidi Bidi Performing Arts Centre, la arquitectura no desentona, acompaña. No promete salvarlo todo, ofrece un espacio donde la vida puede volver a tomar forma. Es como si en cada canción y en cada paso de baile, la voz de Cristina siguiera insistiendo con la misma convicción con la que vivió, que el mundo puede ser un lugar más justo si alguien se atreve a hacerse cargo. Aquí, en este rincón del mundo donde Ecuador y Uganda se tocan en la latitud cero y se encuentran en la emoción del recuerdo, construir se convirtió en un acto de inmortalizar. Y esa es, quizá, la forma más profunda de sanar.

Fotografía: Stuart Tibaweswa. Cortesía de to.org.

«Durante 125 años, hemos sido pioneros en mundo del agua, y no vamos a dejar de serlo en las próximas décadas», afirma Hans Jürgen Kalmbach, CEO del Grupo Hansgrohe, «Como precursores en el diseño del cuarto de baño moderno, seguimos impulsando la innovación, desde el diseño contemporáneo hasta las soluciones tecnológicas y digitales, pasando por los materiales sostenibles. Nuestro objetivo es seguir redefiniendo el cuarto de baño como espacio vital, ofreciendo el máximo confort al usuario y garantizando al mismo tiempo un uso responsable de los recursos». Esta ambición conecta directamente el aniversario con la estrategia de sostenibilidad y con el portfolio de novedades que los profesionales encuentran hoy listo para ser especificado.

Marcando el ritmo del agua.

Desde 1901

Desde un taller en la Selva Negra hasta convertirse en referente global del diseño de baño, Hansgrohe celebra 125 años marcando el ritmo del agua con una misma idea-fuerza: ingeniería al servicio de experiencias memorables y uso responsable de los recursos. Ese legado no es una mirada al pasado, sino la base de una hoja de ruta clara para el futuro: soluciones integrales que simplifican la especificación, elevan el confort y reducen el impacto ambiental en proyectos residenciales y de hospitalidad.

Del legado a la práctica: sostenibilidad como estándar de diseño

La sostenibilidad en Hansgrohe no es un adjetivo, es un criterio de proyecto. Desde las primeras iniciativas pioneras en los años noventa hasta el programa ECO 2030 —por el que, en 2030, todos los productos que utilicen agua incorporarán tecnologías de ahorro—, la compañía ha alineado innovación y desempeño ambiental con un propósito operativo: facilitar decisiones responsables sin comprometer estética ni experiencia.

Esto se traduce en: tecnologías probadas (EcoSmart, AirPower, CoolStart), procesos circulares (como el reciclaje de plásticos galvanizados introducido en 2023) y una estructura “local para local” con centros productivos en Europa, Asia y América que acorta cadenas de suministro y reduce huella de transporte. El resultado es un ecosistema que simplifica la prescripción y acelera la ejecución.

Lanzamientos 2025: el futuro del baño, mas sensorial y sostenible

En este contexto, las novedades 2025 no son piezas aisladas, sino componentes de un sistema que mejora la experiencia del usuario y la eficiencia en el uso de agua y energía:

Raindance Alive: es la expresión de lo que se espera de una ducha hansgrohe: calidad, fiabilidad y una experiencia de ducha sin igual. Pero va más allá, sorprendiendo con un nuevo lenguaje de diseño, tres modos de chorro cautivadores en un solo producto y nuestro compromiso permanente con la sostenibilidad.

Avalegra: Avalegra AquaUnit ofrece una experiencia con el agua totalmente innovadora. Un chorro de agua parabólico, abre nuevas formas de utilizar el grifo, transformando el agua del lavabo en una experiencia similar a la de un spa.

Xuniva Evo reinventa el lavabo premium: cerámica delicada de líneas puras en diferentes formas (cuadrado, rectangular, redondo, óvalo) y acabados, que crea experiencias de agua inspiradas en una piscina infinita.

Lavapura Element: el moderno inodoro con ducha combina comodidad, diseño intuitivo y los más altos estándares de higiene para ofrecer una experiencia inigualable.

Estas nuevas líneas se suman al cuarto de baño donde la eficiencia es tangible: Duchas con EcoSmart+ en torno a 6 l/min; Griferías con CoolStart que priorizan agua fría en posición central y EcoSmart+ en torno a 4 l/min; Termostatos con EcoStop+ y SafetyStop que acotan caudal y temperatura para instaurar hábitos conscientes. En sanitarios, las geometrías optimizadas —como en EluPura Original o el nuevo Lavapura Element— reducen litros por descarga para contribuir al objetivo global de ahorro.

125 años mirando hacia adelante, con el lema del aniversario, «Marcando el ritmo del agua. Desde 1901», no es un eslogan conmemorativo, sino una declaración de continuidad: innovación útil, diseño que perdura y eficiencia incorporada de serie.

Showroom Cumbayá: Centro Comercial Home Design Local 23A ( a lado del Club Deportivo El Nacional ) info@topline.com.ec +593 99-563-9170 @topline.ec /toplineec

Bernardo Pérez Gerente General

AGLOMERADOS COTOPAXI ¿CARBONO NEGATIVO?

La sola expresión genera sospecha, suena a eslogan publicitario, a maquillaje verde, a una de esas frases que el abuso ha desgastado. ¿Cómo puede una industria que tala árboles, porque son su materia prima, proclamarse aliada del planeta? ¿Cómo confiar en una aseveración que, a primera vista, parece contradecir todo lo que durante años hemos escuchado sobre deforestación y daño ambiental?

Confieso que yo también levanté la ceja. El escepticismo muchas veces nace de la ignorancia, pero hay ocasiones en las que una afirmación dudosa merece algo más que rechazo automático, merece ser observada de cerca, cuestionada con rigor y contrastada con hechos.

Eso fue lo que hice al adentrarme en los bosques de Aglomerados Cotopaxi. Y fue ahí, caminando entre árboles que crecen donde la tierra estaba agotada, escuchando datos medidos durante décadas que son fiscalizados por organismos acreditados, y viendo procesos abiertos al escrutinio de comunidades, académicos y científicos, cuando entendí que el verdadero desafío no es creer o

no creer, sino revisar los prejuicios desde los que solemos juzgar a toda una industria.

En las faldas del majestuoso volcán crecen árboles que serán talados para convertirse en acabados de construcción. Es tan inmensa la sensación que da estar entre esos testigos del tiempo que, al inicio, duele pensar que pronto acabará su vida. Pero no, nada más alejado de la verdad. Es aquí, a 3.200m de altura donde verdaderamente se expresa el ciclo completo de la vida.

Estos imponentes pinos y eucaliptos son generosos. Donde antes hubo agricultura y ganadería, que con el paso del tiempo agotaron la capacidad productiva del suelo, ahí, donde ya no quedaba mucho margen para seguir produciendo, nacen estos árboles para cumplir su función de existir. No nos equivoquemos pensando que esa función es convertirse en mesas, no, su función es captar CO2 en grandes cantidades y devolvernos oxígeno, una y otra vez, para salvar el planeta.

En compañía de Bernardo Pérez, gerente general de la empresa; Isabel Arteta, Coordinadora de Sostenibilidad y Comunicación; Roberto Neumann, Gerente Forestal, y Paul Maldonado, Jefe de

Responsabilidad Social, recorrí viveros, bosques y fuentes de agua pura y cristalina. Cada uno hablaba de su área con pasión contagiosa. Roberto describe el bosque como un sistema vivo que se piensa a décadas, Paúl explica la relación con las comunidades desde el respeto y la confianza; Isabel sostiene los datos con la misma convicción con la que defiende el propósito y Bernardo, como hilo conductor, recordando que todo esto solo tiene sentido si se hace bien.

Conocí el Aglomerados Cotopaxi Bike Park, un espacio creado para fomentar la vida sana y el ecoturismo nacional e internacional; vi a comuneros de la zona pastando sus borregos entre los árboles (oh sorpresa, porque siempre escuché que debajo de pinos y eucaliptos no crece nada, pero crece, y mucho), pero sobre todo, reflexioné sobre una idea que se repite una y otra vez en la voz de Bernardo, quien afirma que “la sostenibilidad no es una moda que se adopta, es una forma de ser y hacer”.

La empresa está a punto de cumplir 50 años, y su historia desmonta muchos de los prejuicios que pesan sobre la industria maderera. Antes incluso de levantar la primera fábrica, los fundadores comenzaron a comprar tierras y sembrar bosques. No lo hicieron pensando en una compensación posterior, sino como condición previa para reponer lo que se usaría. “Cuando se pensó en crear Aglomerados Cotopaxi todavía no se hablaba de sostenibilidad”, recuerda Bernardo. “Pero ya existía la convicción de que este tenía que ser un negocio transparente y viable en el largo plazo”.

La lógica era, y sigue siendo, muy clara. La madera es un cultivo infinito, se siembra, se cosecha y se vuelve a sembrar. El mismo árbol provee, no una, sino miles de semillas para los siguientes. Un ciclo virtuoso que no para si está bien manejado y, además, genera beneficios que van mucho más allá de la rentabilidad de la comercialización de materia prima industrializada.

Esa visión de sostenibilidad tiene un rostro humano muy concreto. La sostenibilidad también se construye desde la relación con su gente, con colaboradores que no solo trabajan aquí sino que se sienten parte de la compañía, familias enteras que han crecido junto a la empresa por generaciones. Las historias de continuidad, aprendizaje y orgullo de pertenencia se repiten en los pasillos de la planta y en

los caminos del bosque. Este vínculo profundo con las personas es una de las bases menos visibles, pero más sólidas, de su modelo de sostenibilidad. “Es ilógico pensar que en Ecuador uno puede crecer como negocio si tiene malas relaciones con sus vecinos. La sostenibilidad también es social”, dice Bernardo.

Uno de los mitos más persistentes que Aglomerados Cotopaxi ha tenido que enfrentar es que las plantaciones forestales “se chupan el agua”, afirma Isabel. “Durante años, las comunidades se opusieron a la siembra de árboles por temor a quedarse sin fuentes hídricas. Nuestra respuesta no fue discursiva ni evasiva, sino científica y participativa. Medimos caudales durante años y luego invitamos a las propias comunidades a aprender cómo se mide el agua, y a verificar por sí mismas los datos”.

El resultado fue un giro radical en la percepción, continúa Isabel. “Los mismos vecinos que desconfiaban se convirtieron en defensores del bosque”. Bernardo completa la frase, “comprobaron que los árboles ayudan a mantener la humedad del suelo en épocas secas y a prevenir deslaves cuando llueve en exceso”. Este modelo de gobernanza del agua, desarrollado de la mano de juntas comunitarias y universidades locales, fue reconocido por Naciones Unidas como una buena práctica alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Ese aprendizaje abrió la puerta a algo mayor. Hoy, comunidades, autoridades, académicos y líderes de otras provincias visitan Aglomerados Cotopaxi para entender cómo este modelo puede replicarse. El agua dejó de ser solo un recurso gestionado y se convirtió en un sistema de educación, confianza y cohesión social.

La misma lógica se aplica al bosque. “Durante años se repitió que las plantaciones eran desiertos verdes, que aquí no había fauna ni flora. Para comprobarlo, o desmentirlo, abrimos las puertas a investigadores inicialmente escépticos, para que hicieran los estudios que quisieran. Con cámaras trampa técnicamente ubicadas captaron vídeos de venados, pumas, y hasta osos andinos. Donde se creía que no había vida, había biodiversidad”, comenta Isabel.

Ese ejercicio transformó a antiguos detractores en aliados y sumó a universidades como la San Francisco, la Central, la UDLA, la

Isabel Arteta, Paul Maldonado, Roberto Neumann y Fausto Rivera

ESPOL o la UTC, a procesos de investigación conjuntos. “La credibilidad nace cuando uno da un paso al costado y deja que otros investiguen, estudien y comprueben”, afirma Bernardo. La empresa no se defiende, se muestra abiertamente porque nada esconde y, por el contrario, está orgullosa de lo que muestra. En el corazón de todo está la madera, material que Isabel defiende con convicción. “Es renovable, reciclable, biodegradable, de bajísimo consumo energético en su transformación y con una capacidad única de capturar carbono”.

Aglomerados Cotopaxi es hoy una empresa certificada carbono negativa. Emite alrededor de 34.700 toneladas de CO2 al año, pero sus plantaciones de más de 13.000 hectáreas productivas capturan aproximadamente 225.000 toneladas anuales. El balance es claro, cerca de 190.000 toneladas de carbono son retiradas del ambiente cada año. Dicho de otra forma, este bosque absorbe varias veces más carbono del que toda su operación genera.

¿Cuántas industrias pueden decir lo mismo?

Lejos de verlo como un número, Bernardo insiste en que este resultado es, ante todo, una responsabilidad. “La industria maderera no puede darse el lujo de hacer las cosas mal. Tenemos los ojos del mundo encima, y está bien que sea así”.

Además, afirma que “la madera está viviendo una revalorización global. En países con tradición forestal, donde la sostenibilidad no es opción sino exigencia, como Canadá, Estados Unidos, Chile y los países nórdicos, se construyen desde viviendas hasta edificios de varios pisos en madera. No por nostalgia, sino por eficiencia climática, bienestar y diseño. Ecuador todavía arrastra prejuicios, pero el camino está trazado”.

“Ya no hablamos solo de tableros, MDF o melaminas, ya no vendemos solo madera, vendemos una historia que te hace sentir bien, porque saber que un mueble no proviene de deforestación ilegal, que no destruyó comunidades ni ecosistemas, cambia la relación con el objeto”, comenta Bernardo. La sostenibilidad dejó de ser un concepto abstracto, hoy es una exigencia del mercado. Aglomerados Cotopaxi es la prueba viva de que usar árboles como materia prima en una industria en crecimiento no es incompatible con cuidar el planeta. Al contrario, cuando el bosque se entiende como un aliado y no como un recurso a explotar, esta industria puede convertirse en una de las herramientas más poderosas contra el cambio climático. En este entorno impactan los números y los indicadores, pero las historias de pertenencia, orgullo y dignidad contadas por doquier por la gente de la zona son memorables. Al terminar este recorrido, escuchando con atención a Bernardo, Isabel, Roberto y Paul, entendí que no toda tala es destrucción, que el raleo de las ramas bajas de los árboles es lo que permite que entre luz a la tierra y crezca pasto, que esta industria no es enemiga y que el futuro más sostenible crece, literalmente, en un vivero cuidado y protegido por gente con consciencia y pasión por el cuidado ambiental.

Dejé atrás el bosque y fui a la fábrica. Sin este último tramo ni la experiencia ni mi entendimiento estaban completos. La sostenibilidad no podía quedarse solo en la belleza del árbol o en la potencia simbólica del bosque vivo que tanto me inspiró, tenía que sostenerse también en el corazón industrial del proceso. Confieso que tuve que cambiar de chip, dejar atrás lo natural para entender la transformación final. Y ahí, entre líneas de producción, sistemas de control y decisiones técnicas invisibles para el consumidor final, comprobé que la coherencia no se pierde cuando los troncos de los árboles cruzan la puerta de la planta. Volví a ver esa misma pasión por el cuidado ambiental, esta vez traducida en procesos, eficiencia y cuidado extremo por cada detalle. Los flujos industriales se explican con orgullo técnico, cada decisión conecta con su impacto ambiental y se refuerza la idea de que la sostenibilidad se ejecuta a cada instante.

El agua utilizada es tratada, reutilizada y devuelta en condiciones óptimas; los subproductos de una línea alimentan otra; ni siquiera los residuos que ya no tienen uso se desechan, porque aquí lo que no tiene un destino material se transforma en energía para mover la propia operación.

En la planta industrial la lógica del ciclo no se rompe, se perfecciona de tal manera que el producto que llega a nuestras casas no es solo un tablero, una melamina o un mueble, es la síntesis de todo este recorrido. “Cada producto que sale al mercado empaca dentro de sí la sostenibilidad del bosque, el rigor del proceso industrial, el carbono que fue capturado durante años por árboles sembrados, cuidados y cosechados responsablemente.

Ese carbono no desaparece, queda fijado, atrapado en el material que usamos a diario”, afirma Isabel.

Los productos de Aglomerados Cotopaxi son objetos cotidianos que guardan dentro una historia de equilibrio entre naturaleza, industria y conciencia. La sostenibilidad atraviesa toda la cadena, desde la semilla hasta el hogar, para convertir el discurso en realidad.

Llegué con dudas, me fui con certezas. El bosque, los datos y las personas hablaron por sí mismos. La industria de la madera, al estar manejada con responsabilidad real, es una de las más nobles que existe. Trabaja con un material vivo, renovable, que captura carbono mientras crece, para devolver a la tierra más de lo que toma.

Ser carbono negativo es la consecuencia de tres generaciones que entienderon que el negocio no empieza en la fábrica sino en el suelo, y que cosechar es cerrar un ciclo para que otro comience, viva y se multiplique.

GIADA LUSARDI

SOSTENIBILIDAD CULTURAL

EL PASADO SOSTIENE AL FUTURO

La sostenibilidad suele asociarse con actividades económicas tangibles y medibles, por ende, hablar de sostenibilidad cultural e histórica puede parecer un desvío. Sin embargo, entender de dónde vienen los saberes, las prácticas y los objetos que han dado forma a nuestras sociedades es también una manera de proyectar futuro. Cuidar esas memorias supone sostener conocimientos y relaciones que siguen siendo significativos en el presente.

Giada Lusardi, curadora, educadora e investigadora en arte, propone precisamente ese giro. Italiana, radicada en Ecuador desde 2012, explora los cruces entre arte contemporáneo, saberes populares

y formas de relacionalidad “más que humana”, tendiendo puentes entre América Latina y Europa.

Actualmente dirige el Proyecto Olga Fisch, una plataforma interdisciplinaria que articula archivo, investigación, curaduría, pedagogía y saberes artesanales para producir conocimiento a partir del legado de esta relevante artista y mediadora cultural. Giada reflexiona sobre la importancia de activar las herencias culturales, el valor del archivo como herramienta viva, la vigencia de las prácticas artesanales y el riesgo que corre una sociedad que se desconecta de sus raíces. En esta entrevista, ella amplía el concepto de sostenibilidad y lo sitúa en el terreno de la memoria, el tiempo y la relación entre seres vivos.

Un relato sobre sostenibilidad suele abordar temas ambientales. ¿Consideras importante hablar también de sostenibilidad cultural e histórica?

Yo me acerco a este concepto a propósito de la invitación a esta entrevista, para este número dedicado a la sostenibilidad, y me resulta muy estimulante poder pensarlo desde el campo cultural. No suelo hablar de “sostenibilidad cultural”, pero al profundizar en mi trabajo reconozco que muchas de las preguntas que me interesan, como la memoria, los saberes, la transmisión y la continuidad de las prácticas, tienen que ver justamente con cómo algo se cuida y se sostiene en el tiempo. El término me sirve para nombrar esa responsabilidad con lo que heredamos y, sobre todo, con lo que queremos proyectar hacia el futuro.

¿Cómo evitar que el interés por el pasado se confunda con nostalgia?

Ese es un punto clave. Mi aproximación al pasado no parte de la idealización ni del deseo de volver atrás. Parte del reconocimiento de que esas prácticas siguen activas como formas de conocimiento. La palabra “saber” resulta central en esta conversación. Las prácticas artesanales, los gestos técnicos y los objetos condensan experiencias, inteligencias materiales y modos de relación con el entorno que siguen teniendo vigencia.

Cuando observo el pasado desde esa perspectiva, no lo pienso como algo cerrado o perdido, sino como un archivo vivo que dialoga

con el presente. Me interesa comprender qué pueden activar hoy esos saberes, qué preguntas abren y cómo orientan posibilidades futuras. De este modo, la memoria se convierte en una herramienta para imaginar otras formas de vida y de producción cultural.

Vemos un renovado interés por la arquitectura vernácula, sistemas constructivos ancestrales y reinterpretación de materiales tradicionales. ¿Cómo se relaciona el Proyecto Olga Fisch con esta tendencia global?

Creo que responde a una mayor sensibilidad frente a las problemáticas ambientales y al cambio climático. Impulsa un retorno a economías más respetuosas y a una relación distinta entre lo humano y lo no humano. Durante la modernidad se consolidó una mirada que separó al ser humano de la naturaleza y la redujo a recurso; sin embargo, muchas comunidades nunca dejaron de sostener vínculos más integrados con su entorno. Lo que vemos hoy es, más bien, un reconocimiento de esos saberes y de otros ritmos que no responden a la lógica del capitalismo ni de la industria.

¿Cómo se traduce esta reflexión en el campo curatorial y museográfico?

En curaduría, la sostenibilidad implica trabajar desde procesos que fortalezcan memorias, saberes y comunidades, generar relaciones duraderas y evitar proyectos efímeros o extractivos. Más que producir eventos puntuales, se trata de construir continuidad y

asumir una responsabilidad en el tiempo. Esa misma lógica se traduce luego en decisiones materiales concretas, como diseñar exposiciones y montajes desmontables, reutilizables y realizados con recursos locales, reduciendo desperdicios y considerando el impacto de cada intervención.

El Proyecto Olga Fisch se plantea como un proceso de investigación activa más que como un archivo estático. ¿Qué significa “activar” un legado?

Olga Fisch es una figura de enorme potencia discursiva porque permitió conectar mundos que estaban separados. Ella fue una gran mediadora cultural que logró traducir las artesanías y los saberes populares de Ecuador hacia otros contextos internacionales, y al mismo tiempo traer debates externos al país. Activar su legado significa usar su archivo y su historia como herramientas para generar preguntas contemporáneas, abrir lecturas críticas y producir nuevas relaciones, más que fijar un relato único.

Para entender la magnitud de su legado, es inevitable hablar también de Olga Fisch como persona. ¿De dónde venía?

Olga Fisch nació en Europa Central a principios del siglo XX y se formó en un entorno cultural profundamente vinculado a la tradición artesanal, el diseño y las artes aplicadas. Vivió en Austria y Alemania en un período histórico convulso, atravesado por transformaciones políticas y sociales que influyeron en su sensibilidad frente a la diversidad cultural y la necesidad de preservar aquello que da sentido a las identidades colectivas. Su formación estuvo vinculada a un pensamiento europeo donde no existía una jerarquía rígida entre arte, artesanía y diseño, una mirada que más tarde resultaría clave para su trabajo en América Latina.

¿Cómo influyeron sus viajes en la forma de relacionarse con Ecuador?

Sus viajes, primero dentro de Europa, luego en el norte de África, Brasil, Estados Unidos y finalmente Ecuador, no fueron simples desplazamientos geográficos, sino procesos de aprendizaje continuo. Olga observaba, escuchaba y relacionaba. Llegó a Ecuador con mente abierta, sin prejuicios, y con una enorme curiosidad por comprender los territorios que habitaba. Ese recorrido vital, atravesado

por el exilio, el viaje y el cruce cultural, fue moldeando una mirada profundamente empática, capaz de reconocer valor allí donde otros solo veían tradición.

¿Cómo influyó su condición de extranjera en el vínculo que generó con las comunidades artesanales del país?

La condición de extranjera influyó de manera decisiva. Olga Fisch llegó con una disposición genuina de aprender e involucrarse. Recorrió el país de forma incansable, se involucró con comunidades de la sierra, costa y oriente, y dedicó tiempo a conversar, escuchar

y construir vínculos sostenidos. Esa cercanía le permitió generar relaciones de confianza y colaboración basados en el intercambio de saberes. Por eso, en lugares como Tigua todavía se la recuerda con cariño como “Doña Olguita”.

¿Qué experiencias la formaron?

Su experiencia de vida era la de una mujer extranjera que había atravesado distintos mundos culturales. Esto le permitió convertirse en una mediadora excepcional. Supo traducir los saberes artesanales ecuatorianos a lenguajes internacionales sin despojarlos de su profundidad, y al mismo tiempo traer debates globales al contexto local. Olga no solo conectó objetos con mercados o museos, conectó personas, historias y mundos. Su biografía es, en sí misma, el hilo invisible que explica por qué su legado sigue siendo tan vigente y fértil hoy.

¿Cómo lograste encontrar un hilo conductor entre tantas piezas, historias y contextos?

Muchas veces son intuiciones que luego voy contrastando en el proceso. Cuando descubrí a Olga Fisch sentí que existía un mundo inmenso en torno a ella que todavía no estaba del todo decodificado. Se la conocía sobre todo como figura o como marca, pero faltaban estudios profundos sobre su trabajo. A partir del archivo, que es enorme, iniciamos una investigación rigurosa que no busca contar su historia de manera definitiva, sino abrir una de las muchas lecturas posibles. Lo importante es que cada persona pueda llevarse sus propias resonancias y activar nuevas preguntas.

¿Qué papel juega el archivo en esta idea de sostenibilidad cultural?

Creo profundamente en el potencial del archivo y de los museos. Los objetos y documentos tienen una gran fuerza discursiva porque permiten, en el presente o en el futuro, construir otras narrativas y abrir nuevas preguntas. Funcionan como detonadores de historias. Sin archivo, muchas de estas investigaciones serían imposibles. Al mismo tiempo, el archivo no es un fin en sí mismo, sino un punto

de partida para volver al territorio, conversar con las comunidades y comprender los mundos que existen detrás de los objetos.

¿Qué pierde una sociedad cuando se desconecta de sus raíces culturales?

Pierde profundidad y capacidad de reflexión sobre sí misma. Una sociedad desconectada de sus raíces se vuelve más superficial y vulnerable a repetir modelos ajenos sin preguntarse por su propio contexto. Así como las personas necesitan espacios de introspección, las sociedades también requieren momentos para preguntarse quiénes son, de dónde vienen y hacia dónde se proyectan. En ese sentido, las tradiciones funcionan como reservorios de memoria y de saberes, no como algo fijo, sino como materiales vivos que pueden reinterpretarse y adquirir nuevos sentidos en el presente.

Después de estos primeros dos años de investigación, ¿qué te queda a nivel personal y profesional?

Una profunda satisfacción, tanto en lo personal como en lo profesional. Toda investigación atraviesa momentos de duda sobre su sentido y su incidencia real, pero en este caso percibo con claridad su dimensión social, porque abrió debates que dialogan con el presente e incluso pueden incidir en las políticas culturales. También reafirmó algo que me interesa mucho, y es que una investigación nunca se cierra, cambia de forma, se expande y genera nuevas preguntas.

Olga Fisch sigue viva…

El trabajo en torno a Olga Fisch continúa y se proyecta en distintas iniciativas, entre ellas una gran exposición antológica en el Centro Cultural Metropolitano, la publicación de un libro junto con la Fundación EACHEVE, el desarrollo del Archivo Olga Fisch y del Museo Casa Fisch, y una curaduría de arte contemporáneo con artistas nacionales e internacionales que trabajan a partir de su archivo. Todo esto es posible gracias a un equipo excepcional, comprometido y apasionado. Olga nos enseñó a mirar, a escuchar y a trabajar colectivamente, y ahora nos corresponde seguir andando esos caminos.

Muchos ven un puente. Nosotros, más tiempo para compartir en familia.

Fernando Correa Sevilla Gerente General, SEMAICA

LA NUEVA FORMA DE CONSTRUIR

Mientras voy camino a Semaica se activa mi memoria, los recuerdos toman vida. Conversar hoy con Fernando tiene algo de reencuentro y de continuidad. A su abuelo, Don Gonzalo Sevilla, tuve el privilegio de entrevistar hace muchos años, cuando Semaica ya era una referencia indiscutible en la construcción ecuatoriana.

Este año marca un hito importante, llega el aniversario 70 de su fundación y Semaica sigue construyendo país. Lo hace desde una conciencia distinta, acorde a los tiempos que vivimos, que Fernando la resume en una frase. “La sostenibilidad es una forma de vida que debe generar equilibrio entre el ser humano, la economía y el medio ambiente. Cuando esos tres elementos se alinean, el modelo funciona”.

Fernando representa la tercera generación al frente de esta firma que ha sido testigo y protagonista de la transformación urbana de Ecuador. Su liderazgo honra el pasado pero entiende que la trayectoria no basta si no se acompaña de responsabilidad con el futuro. Bajo su gestión, Semaica ha incorporado una mirada profunda a la sostenibilidad, al bienestar y eficiencia, como un proceso de evolución natural de una empresa que piensa en el largo plazo.

Semaica es una empresa de larga trayectoria. ¿Cuándo empezaron a tomar en serio la sostenibilidad?

Ha sido un camino largo. Diría que empezamos alrededor del año 2018, cuando el mercado, las tendencias internacionales y, sobre todo, la problemática ambiental global comenzaron a evidenciar un giro importante, pero todo tuvo una experiencia personal como detonante.

¿Cuál fue?

Fue una mezcla de herencia familiar y experiencias personales. Mi abuelo y mi madre siempre valoraron el orden, la limpieza y el contacto con la naturaleza, pero el verdadero click ocurrió cuando, hace años, decidí observar una de nuestras obras durante todo el día. Sentado en mi carro vi salir camiones y más camiones de desperdicios y entendí la magnitud del impacto. Eso decantó en imponer la meta de residuo cero en nuestros proyectos. Desde entonces han pasado unos ocho años en los que hemos ido fortaleciendo y expandiendo esta visión de manera constante.

¿Cómo iniciaron la política de cero residuos?

Empezamos con dos proyectos piloto. En uno logramos desviar el 92% de los residuos, en otro alrededor del 78%. Para esto hay que hacer una fuerte campaña de educación entre todos los colaboradores en las obras, porque la separación de residuos se hace in situ, de lo contrario es imposible reciclar. Todo empieza con educación. El obrero es clave, es quien separa, quien ejecuta. La idea es que todas nuestras obras alcancen al menos un 70% de residuos que no lleguen al botadero. Hoy en día, el residuo deja de ser basura y se convierte en recurso.

¿Cuál fue el primer paso para la transformación?

Complementar nuestra propuesta con un departamento de diseño y desarrollo. No solo incorporamos tecnología BIM y diseño integrativo, sino que añadimos la sostenibilidad como un eje transversal en nuestros procesos. Hoy, todos los proyectos que diseña o ejecuta Semaica se conciben con una estrategia de sostenibilidad desde el inicio.

¿Qué implica esa estrategia?

Hay cuatro pilares claros. El primero es la eficiencia energética que empieza con el diseño arquitectónico. Analizamos el asoleamiento, la orientación del edificio, los mapas de calor, la ventilación cruzada, la iluminación natural y el confort térmico. La idea es trabajar primero con estrategias pasivas, es decir, aprovechar estas virtudes naturales, antes de recurrir a tecnología activa. Luego vienen las ingenierías, los sistemas de ventilación, aire

acondicionado, calefacción eficiente, energías renovables cuando es posible y, por supuesto, la iluminación artificial eficiente. Si el edificio está bien diseñado desde el inicio, la necesidad de usar estos sistemas activos se reduce considerablemente.

¿El segundo pilar?

El uso eficiente de agua, no solo en consumo, sino también en cómo se la devuelve al entorno. No todos los edificios pueden tener plantas de tratamiento o separación completa de aguas lluvias, grises y negras; sin embargo, en todos los proyectos debe existir una reflexión consciente sobre el ciclo del agua. En este sentido, todos nuestros proyectos incorporan aparatos sanitarios eficientes como estándar de diseño. El paisajismo también cumple un rol clave, porque usar plantas autóctonas reduce significativamente la demanda hídrica y el mantenimiento a largo plazo.

¿El tercero?

La materialidad es fundamental. Analizamos si los materiales son locales, si tienen contenido reciclado, si las pinturas y lacas están libres de compuestos orgánicos volátiles que pueden ser dañinos incluso para la salud, si la madera es certificada, etc. Todo esto incide tanto en la huella ambiental como en la salud y calidad de vida de quienes habitan los espacios. No basta con que un edificio consuma menos recursos, debe ser saludable, tener buena ventilación, calidad de aire interior, ausencia de materiales tóxicos, control de iluminación, ventilación y temperatura. Todo esto influye en la productividad, el confort y la felicidad de quienes usan el edificio, tanto a corto como a largo plazo.

¿El cuarto pilar?

La ubicación del proyecto también es parte de la ecuación por la interconectividad. Debe tener acceso a transporte público, dar la posibilidad de caminar o usar bicicleta para acceder a lugares de trabajo, educación, salud y otros servicios diarios. Un edificio bien ubicado reduce desplazamientos de los usuarios y, por lo tanto, reduce emisiones y contaminación.

Six Senses

Edificio T6

¿Algún proyecto de Semaica que represente mejor esta visión integral?

El Colegio Americano. No se trataba solo de construir un edificio funcional, sino de crear un espacio donde niños y jóvenes pasarán gran parte de su vida. Eso nos obligó a pensar el proyecto desde una mirada integral, incorporando criterios de eficiencia energética, iluminación natural, ventilación, calidad del aire interior y confort térmico desde las primeras etapas de diseño.

El proyecto se desarrolla con el objetivo de certificarse este año como el primer colegio en Ecuador bajo LEED BD+C Schools, apuntando a alcanzar un nivel de certificación LEED Silver alineando desempeño ambiental, bienestar y viabilidad constructiva.

Adicionalmente, el equipo se encuentra analizando la viabilidad de alcanzar la versión LEED v5, lo que convertiría a este proyecto en el primer colegio en Latinoamérica en certificarse bajo esta nueva versión, reforzando su carácter pionero y su compromiso con una educación alineada a los desafíos ambientales actuales.

Estoy convencido de que un proyecto educativo bien hecho también educa, porque transmite, sin discursos, valores como el cuidado del entorno, el uso responsable de los recursos y el respeto por quienes lo habitan.

¿El Hotel Six Senses en Galápagos es otro ejemplo?

Estando en un contexto completamente distinto, tiene el mismo nivel de exigencia. Construir en uno de los ecosistemas más frágiles y protegidos del planeta es uno de los mayores desafíos que hemos enfrentado

El proyecto se desarrolla con el objetivo de alcanzar la certificación LEED Platinum bajo la tipología BD+C: Hospitality, lo que eleva aún más el estándar de desempeño requerido.

Cada decisión, desde la logística hasta la selección de materiales y la gestión de residuos, debía justificarse por su impacto. La sostenibilidad no era un valor agregado, era la condición básica para poder construir. Fue un ejercicio de respeto absoluto por el territorio, donde entendimos que construir bien también implica saber dónde no intervenir.

¿Algún proyecto propio que refleje esta decisión corporativa en Semaica?

Sí. El edificio T6, donde están nuestras oficinas corporativas, es nuestro mejor ejemplo. Fuimos promotores y desde el inicio decidimos que debía tener certificación LEED. El edificio se certificó en el año 2014 bajo LEED Core & Shell v2009, nivel Silver, consolidándose como un referente temprano de construcción sostenible dentro de la empresa.

La ubicación es estratégica, el edificio está integrado al transporte público y muchas personas pueden caminar desde su casa al trabajo. Fue un caso donde arquitectos, socios y todo el equipo estuvimos alineados desde el primer día.

¿La empresa tiene un estándar mínimo de sostenibilidad en los proyectos que construye para terceros?

Nuestro estándar mínimo de construcción son los parámetros de las certificaciones internacionales, como Edge o Leed. Edge está creada para países en vías de desarrollo, como Ecuador, y evalúa tres aspectos: eficiencia energética, eficiencia de agua y energía embebida en los materiales. Para obtenerlo se debe lograr al menos un 20 % de mejora en cada uno. Leed es una certificación más amplia, analiza ubicación, energía, agua, calidad del aire, materiales, innovación y otorga otros créditos adicionales. En materiales, por ejemplo, exige analizar el ciclo de vida, bajo contenido de VOC (compuestos orgánicos volátiles) en acabados interiores, se valoran materiales que sean reciclados o con contenido reciclado, que sean regionales y que se usen productos que tengan Declaraciones Ambientales de Producto (EPD por sus siglas en inglés), lo que la hace más compleja.

¿Qué falta a nivel país para acelerar este cambio?

Incentivos. Idealmente desde el sector público, porque hoy el impulso viene del sector privado como la banca, fondos de inversión y proveedores. En el Consejo Ecuatoriano de Edificación Sustentable (CEES) estamos trabajando en crear un ecosistema de incentivos privados que luego pueda permear al sector público, y también la certificación CASA que servirá para que los proyectos de vivienda social se construyan con parámetros sostenibles.

¿Es posible construir vivienda social sostenible si, tal como se piensa, es más caro?

No es más caro. Ese mito que nace cuando un proyecto se diseña de manera convencional y luego se intenta transformarlo en sostenible. Ahí sí hay sobrecostos porque hay que rehacer las cosas, pero cuando se diseña desde el inicio con criterios de sostenibilidad, no es más caro. Además, el beneficio está en la operación del proyecto, en el día a día de quienes lo habitan, porque habrá menos consumo de energía y agua, tendrá materiales más durables y usuarios más productivos.

DESCARBONIZACIÓN

DEL CEMENTO C

on cemento se construyó el mundo tal como lo conocemos. Está en nuestras casas, puentes, carreteras y en la infraestructura que sostiene la vida moderna. Pero el cemento carga con el peso incómodo de ser uno de los materiales más intensivos en emisiones de carbono del planeta.

Esta dualidad de ser indispensable y problemático al mismo tiempo lo ha colocado en el centro del debate, muchas veces desde una mirada que lo señala como al malo del paseo, pero la realidad es más compleja. Descarbonizar la industria cementera no es un gesto inmediato, no es un milagro, es una transición.

¿De dónde provienen las emisiones de CO2 en la producción de cemento?

Principalmente de dos fuentes. Una es del proceso químico industrial a través del cual la caliza se descarbonata en los hornos hasta transformarse en un nuevo mineral que se denomina clínker, que representa entre 55 y 65% de las emisiones totales del cemento. Otra es del uso de combustibles para la generación de energía térmica, que representa entre 30 y 35% de las emisiones totales. El resto está relacionado al uso de energía eléctrica.

¿Qué hace hoy Unacem de manera distinta a hace dos décadas?

Hemos elaborado una hoja de ruta cementera, alineada con la aspiración de alcanzar la carbono neutralidad en 2050. La meta para 2030 es tener emisiones netas de 500kg CO2-eq/t de cemento, enfocando los esfuerzos en innovación, sustitución de combustibles de origen fósil con hidrocarburos recuperados y biomasas, utilización de puzolana para cementos combinados, y eficiencia energética.

¿Puzolana?

Sí, son cenizas volcánicas. Es un material versátil y eficaz que mejora las propiedades del cemento y, por ende, del hormigón, reduciendo su impacto ambiental. Utilizarla nos permite reducir la cantidad de clínker en la formulación del cemento. Además, este material natural mejora el desempeño, trabajabilidad y durabilidad del hormigón, y reduce la permeabilidad y el calor de hidratación.

¿En dónde han enfocado la innovación?

Desde 2024 inyectamos hidrógeno como catalizador para optimizar la combustión de combustibles alternativos en

José Antonio Correa

Gerente General - UNACEM Ecuador

nuestros hornos y hemos incorporado tecnologías de punta, como inteligencia artificial, para control de operaciones y procesos.

¿En sustitución de combustibles?

Desde 2011 incorporamos biomasas en nuestro mix de combustibles y, desde 2015, aceites usados e hidrocarburos recuperados para reducir la dependencia de combustibles fósiles y mitigar los impactos ambientales asociados con su extracción y consumo. Contribuimos, además, a promover la economía circular a través del co-procesamiento de residuos de otras industrias, aplicando la simbiosis industrial.

¿Esfuerzos en cuanto a eficiencia energética?

Maximizamos la eficiencia operacional para reduccir del consumo de energía eléctrica y térmica, y buscamos fuentes de energía más limpias y renovables. Desde 2025, Unacem Ecuador tiene la certificación ISO 50001 por gestión de energía.

¿Qué tecnologías son clave en la descarbonización del cemento?

Tanto para identificación de fuentes alternativas para generación de energía térmica, como para la formulación de cementos combinados, se usa tecnología I+D+i. Llevamos más de una década trabajando en el co-procesamiento de combustibles y materias primas alternativas, llegando a sustituir hasta un 56% de combustibles fósiles. Esta es la mayor tasa de co-procesamiento de una industria cementera en América Latina, y nos ha permitido reducir nuestra huella de carbono en hasta 106kg de CO2e por tonelada de cemento producido, respecto a nuestra línea base de 2021. En esta misma línea, hoy estamos trabajando en una nueva palanca: la metanización, proceso mediante el cual residuos orgánicos no reciclables son transformados en una fuente de energía alternativa que puede ser utilizada en procesos industriales.

¿Cuál es su producto estrella en cuanto a menor huella de carbono?

Todas nuestras soluciones de cemento y hormigón Selvalegre tienen una huella de carbono reducida, destacando el cemento Campeón, de uso general tipo HS, de alta resistencia a los sulfatos, fabricado conforme la NTE INEN 2380. Su alta finura permite obtener hormigones más compactos, por lo que es ideal para obras expuestas a agentes agresivos que se encuentran en suelos y aguas. La fórmula de cemento Campeón contempla adiciones de puzolana, lo que le da características de durabilidad y lo convierten en la solución con menor huella de carbono de Unacem Ecuador.

Implementar estos cambios no es gratuito. ¿Qué nivel de inversión requiere la estrategia de descarbonización?

En Ecuador, Grupo Unacem ha invertido $36 millones principalmente en nuestro proyecto emblemático Quinde, en infraestructura y tecnología de vanguardia para un control riguroso de emisiones, en el coprocesamiento de desechos de otras industrias y en la incorporación de nuevos combustibles alternativos que nos permiten reemplazar aquellos de origen fósil. Hemos establecido una gestión alineada a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la agenda 2030 de Naciones Unidas, basados en un modelo de creación de valor compuesto por pilares como buen gobierno corporativo, ambiente y biodiversidad, economía circular, cambio climático y gestión social. Cada pilar cuenta con su propio plan de trabajo y objetivos para alcanzar una gestión más sostenible, la descarbonización en nuestros procesos y la necesaria transición energética.

¿Hay financiamiento para invertir en estos procesos? En 2024 accedimos a financiamiento vinculado a indicadores de sostenibilidad. Interbank, un banco peruano, nos otorgó un crédito para financiar un proyecto de optimización de eficiencias en uno de nuestros hornos, para reducir el consumo de energía térmica y eléctrica. Este préstamo sostenible fue el primero para el segmento cementero dentro del portafolio del Grupo Unacem. Para 2026

consideramos $20 millones como posible inversión relacionada con la implementación de nuestra hoja de ruta hacia la carbono neutralidad. Además, destinaremos recursos a tecnologías que permitan mejorar la eficiencia en consumo de agua en nuestras operaciones de Otavalo y Quito.

¿Cómo diferenciar el greenwashing en la industria del cemento con un esfuerzo real de descarbonización? Voy a hablarte de UNACEM Ecuador y de por qué el nuestro es un esfuerzo real de descarbonización. Primero, la sostenibilidad es un lineamiento estratégico para la gestión de nuestras operaciones y creemos que sus principios son la guía que nos permitirá maximizar el valor para nuestros grupos de interés. Esta definición, está respaldada no solo por mí y el equipo local, es la visión del Grupo Unacem. De esta visión se desprende la Declaración de Sostenibilidad para alcanzar la carbono neutralidad al 2050 y una detallada hoja de ruta con metas anuales que son supervisadas por nuestro Comité de Dirección.

¿Cuentan con certificaciones que avalan sus procesos? Desde 2021 nuestra huella de carbono ha sido certificada, por tercera parte, de acuerdo con la Norma ISO 140064–1. Esto nos ha permitido ser parte de las primeras 100 organizaciones adherentes al Programa Ecuador Carbono Cero del gobierno nacional, y convertirnos en la primera cementera del país en acceder al distintivo Carbono Cuantificación. Posteriormente obtuvimos la certificación Carbono Reducción, al validar nuestros esfuerzos por disminuir la huella de carbono. En 2025, Unacem Ecuador alcanzó la certificación ISO 50001:2018 para Sistemas de Gestión de la Energía, con alcance para todo su proceso de producción de cemento, avalando nuestras prácticas de eficiencia

energética. Estos logros culminaron con la obtención del primer financiamiento verde dentro de Grupo Unacem que mencioné, reconocimiento del sector financiero que confirma la solidez y credibilidad en los resultados ambientales obtenidos por nosotros, y el compromiso con objetivos de sostenibilidad mensurables y verificables.

¿Qué tan alineada está la normativa local con los objetivos globales de reducción de emisiones?

La legislación ambiental ecuatoriana es una de las más robustas. Nuestra hoja de ruta hacia la carbono neutralidad aporta a compromisos nacionales como el Programa Ecuador Carbono Cero, e internacionales como los ODS Agenda 2030. El Gobierno Nacional se ha alineado y ha generado la Segunda Contribución

Determinada a Nivel Nacional (NDC) 2026 al 2035, en la cual la industria cementera nacional ha indicado un importante aporte en disminución de sus emisiones.

¿El mercado ecuatoriano valora un cemento con menor huella ambiental?

Constructores, desarrolladores y diseñadores cumplen un rol clave al incorporar criterios de sostenibilidad en sus decisiones, especificaciones y compras, demostrando que es posible construir mejor, sin sacrificar costos ni desempeño. En ese contexto, es fundamental gestionar conocimiento y derribar el mito de que el cemento y el hormigón no pueden ser sostenibles. Hoy existen soluciones que permiten construir de forma responsable sin necesariamente pagar más, especialmente cuando se consideran los beneficios de largo plazo. Estamos en capacidad de ofrecer al mercado soluciones de cemento y hormigón para construcción sostenible, bajo los principios de economía circular, eficiencia energética y carbono neutralidad.

Aunque no todo se reemplaza fácilmente, hoy se habla mucho de materiales alternativos al cemento... Todo material debe ser evaluado bajo criterios de sustentabilidad, sostenibilidad, resiliencia y seguridad. Es decir, que durante su proceso productivo sean respetuosos del ambiente, creen valor para la sociedad y sean fabricadas éticamente; que sean más durables y eficientes, capaces de enfrentar los desafíos del cambio climático (el hormigón más allá de resistir en el tiempo, absorbe CO2 a través de un proceso llamado carbonatación, lo que ayuda a reducir la huella de carbono). Además debe ser un material seguro, porque sustenta estructuras capaces de salvaguardar la integridad de sus habitantes.

¿Existe un límite técnico en la descarbonización del cemento, o es realista pensar en un cemento carbono neutro en el futuro? Es realista, sin embargo, actualmente tenemos una limitación a nivel local: aún no existe una definición técnica para la compensación de emisiones, ya que palancas como las que he mencionado anteriormente necesitan ser complementadas con medidas de compensación.

¿Cuál es el papel del cemento en la construcción sostenible del futuro?

El cemento y el hormigón se erigen como materiales que han transformado la manera en que se conciben y edifican las viviendas y toda obra de infraestructura, gracias a su capacidad de resiliencia. En un entorno que ya sobrelleva los efectos del cambio climático, las estructuras de hormigón son capaces de resistir condiciones climáticas adversas. Tienen excelente eficiencia energética, mantienen temperaturas estables en el interior de las viviendas, reduciendo así el consumo energético en climatización. Su resistencia estructural es tal, que las edificaciones de hormigón pueden durar varias generaciones con un mantenimiento mínimo, lo que las hace ideales para quienes buscan construir un hogar que perdure en el tiempo.

UNACEM - Planta Otavalo

ARQUITECTA MACARENA CHIRIBOGA

BAMBÚ

EXÓTICO Y NATURAL

La sostenibilidad en decoración fue durante mucho tiempo un concepto correcto y necesario, pero poco seductor porque casi implicaba renunciar a lo estético. Hoy, esa percepción está cambiando, no solo porque los profesionales lo empujan, sino porque el mundo, el consumidor, el habitante y el usuario, así lo demandan.

El interiorismo sostenible ha dejado de ser un discurso técnico para convertirse en una experiencia deseable, y en ese proceso hay un material que ha ganado protagonismo de manera silenciosa pero firme: el bambú, por la sutileza con la que se integra en los espacios. Aparece en la luz filtrada de un techo, en el ritmo de un cielo tejido, en la curva inesperada de una lámpara o en la textura cálida de un muro que invita a ser tocado.

No compite ni interrumpe, se integra. Y quizás por eso se ha convertido en uno de los lenguajes más refinados del interiorismo contemporáneo que busca ser sostenible sin renunciar a la emoción y crear, de verdad, un efecto wow.

Hablar de bambú es hablar de tiempo por su crecimiento rápido, pero también de paciencia para entenderlo y apreciarlo. Es un material que no envejece mal, que se transforma con la luz del día y que gana carácter con el uso. En un mundo saturado de superficies perfectas y acabados industriales, el bambú devuelve al espacio una sensación casi olvidada, la de estar vivo, de ser irregular e impredescible.

En Oriente se lo considera un material exótico de uso cotidiano, para Occidente está asociado a spas o resorts tropicales que vivían solo en imágenes de revistas. Hoy, ese prejuicio se diluye. El bambú ha cruzado fronteras geográficas y conceptuales para instalarse en departamentos urbanos, hoteles boutique, restaurantes de autor y viviendas contemporáneas que buscan algo más que verse bien, buscan sentirse bien. No es una moda pasajera, es presencia natural.

En el interiorismo sostenible actual, el bambú se ha convertirdo en parte de una estrategia espacial. Aparece regulando la luz natural, mejorando la acústica, aportando ligereza visual y construyendo atmósferas que invitan a bajar el ritmo. Un espacio

ARQUITECTA MACARENA CHIRIBOGA

trabajado con bambú rara vez es agresivo, por el contrario, tiene algo de refugio, de pausa, de silencio diseñado con intención.

El bambú se integra con sutileza en los espacios. Aparece en la luz filtrada de un techo, en el ritmo de un cielo tejido, en la curva inesperada de una lámpara o en la textura cálida de un muro que invita a ser tocado

Ese lenguaje se aprecia con claridad en lugares donde el interiorismo, el bienestar y la sostenibilidad dialogan desde hace tiempo. En Bali, por ejemplo, el bambú se consolidó como una declaración estética cuando estudios de diseño y arquitectura demostraron que podía ser sofisticado, estructural y contemporáneo. No se trata de imitar una estética tropical para lograr un “look” específico, sino de comprender cómo un material local, trabajado con prolijidad, puede construir experiencias completas, incluso de lujo, integrando interiorismo, arquitectura y paisaje en una sola historia.

En ciudades como Chiang Mai, en el norte de Tailandia, el bambú se integra desde una lógica bioclimática que responde al clima y al contexto cultural. Allí, el interiorismo sostenible privilegia la inteligencia sobre el exceso. Los espacios respiran, se ventilan, se iluminan de forma natural. El bambú se curva, se entrelaza, se adapta, recordándonos que el diseño también puede ser flexible.

PINK FLOYD: THE WALL

ARQUITECTA MACARENA CHIRIBOGA

Vietnam aporta otro capítulo relevante a esta conversación global. En proyectos donde el bambú dialoga con hormigón, acero o vidrio, el resultado no es un contraste forzado, sino equilibrio. El material natural suaviza, humaniza y baja la temperatura emocional de los espacios, demostrando que la sostenibilidad no está reñida con la modernidad, ni que lo natural tiene por qué ser rústico. Más al norte, en Japón, el bambú ha sido parte de la cultura material durante siglos. En el diseño contemporáneo aparece reinterpretado con precisión y sobriedad. Paneles, filtros y texturas que separan sin aislar y dejan pasar la luz sin saturar. En los interiores japoneses el bambú aporta armonía, y esa virtud explica buena parte de su elegancia atemporal.

Europa también ha comenzado a mirar al bambú con otros ojos. En ciudades como Copenhague o Ámsterdam, donde la sostenibilidad forma parte del ADN urbano, el bambú aparece en

pisos, revestimientos y mobiliario como una alternativa responsable y estéticamente cuidada. No se usa por moda, se usa para sostener un estilo de vida coherente con valores ambientales y sociales, que es, precisamente, lo que la nueva generación privilegia.

En América Latina, y particularmente en Ecuador, la relación con el bambú ha sido más compleja. Durante décadas, la guadúa estuvo asociada casi exclusivamente a la construcción popular, rural o de emergencia, cargando con un estigma social que la aleja del interiorismo urbano y de los proyectos aspiracionales. Sin embargo, esa lectura empieza a desvanecerse gracias al trabajo de arquitectos y diseñadores que han demostrado que el valor de un material no está en su función social, sino en cómo se piensa y se ejecuta.

La trayectoria de la arquitecta ecuatoriana Macarena Chiriboga es ilustrativa en ese sentido. Su trabajo en proyectos en distintos

ARQUITECTO SIMÓN VÉLEZ

AL BORDE

En Latinoamérica hay trabajo por hacer para que el bambú deje de ser un material vinculado a pobreza o un símbolo de la precariedad, y se convierta en una herramienta contemporánea para construir bienestar, identidad y futuro

© Francisco Suarez, Esteban Cadena, Sebastián Melo, Andrea Vargas, Grace Pozo y AL BORDE

ARQUITECTO SIMÓN VÉLEZ

lugares del mundo, y su posterior vínculo con la academia, evidencian que este material puede ser estructura, lenguaje, lujo y sostenibilidad al mismo tiempo. Junto a otros referentes ecuatorianos, como Natura Futura y Al Borde, y otros destacados arquitectos regionales, como el colombiano Simón Vélez, han resignificado materiales locales desde una mirada crítica y contemporánea. Así, el bambú comienza a ser leído no como símbolo de precariedad, sino como una oportunidad para construir identidad, conocimiento y una nueva sofisticación que sí es posible.

Aun así, el bambú no es todavía un protagonista consolidado del interiorismo urbano de alta gama en Ecuador. Su presencia sigue siendo selectiva, y se muestra sobre todo en proyectos de lujo en la playa. Todavía se requiere un cambio cultural profundo. El desafío no es técnico, porque la guadúa ecuatoriana es de excelente calidad, sino conceptual, para integrarlo como parte de la estructura, el diseño y los acabados. Solo así el bambú podrá

ocupar un lugar legítimo dentro de un interiorismo que aspira a ser sostenible sin renunciar a la sofisticación.

En Europa y Asia el bambú no representa una solución romántica, rústica o un guiño estético aislado, representa una decisión informada, una manera de repensar cómo habitamos los espacios, cómo elegimos los materiales y qué tipo de industria queremos sostener. En Latinoamérica hay trabajo por hacer para que el bambú deje de ser un material vinculado a pobreza o un símbolo de la precariedad, y se convierta en una herramienta contemporánea para construir bienestar, identidad y futuro.

Hablar de bambú como material sostenible también exige honestidad. No todo bambú lo es automáticamente. Su origen, tratamiento, durabilidad y el transporte importan. Un interiorismo verdaderamente sostenible entiende el ciclo completo del material, cuida la trazabilidad y diseña pensando en el largo plazo. Cuando el bambú entra en escena con inteligencia, eleva la conversación sobre cómo y para quién estamos diseñando.

DECISIONES QUE ACELERAN EL CAMBIO

Por Caridad Vela

Hablar de sostenibilidad en la construcción suele ser una conversación incómoda, pero cuando el interlocutor es Henry Yandún, CEO de Kubiec y presidente de Constructores Positivos, logramos combinar la visión de quien lidera una empresa industrial con la responsabilidad de quien entiende a profundidad al sector y ve la necesidad de una transformación que debe nacer desde adentro.

Su discurso está respaldado por decisiones concretas, inversiones de largo plazo y una lectura crítica del impacto que los materiales y el consumo de energía tienen en la forma en que construimos país. En este sentido, Kubiec ha dado un giro profundo hacia la sustentabilidad, incorporando cambios estructurales en sus procesos productivos, desarrollando nuevos materiales de menor huella ambiental y apostando por la generación de energía limpia como parte integral de su modelo de negocio.

A la par, desde Constructores Positivos, Henry articula una agenda sectorial que busca incidir en políticas públicas y acelerar una transformación que ya no admite divagaciones. “La sustentabilidad no es un costo, es una ventaja competitiva. El cambio ya empezó, pero hay que acelerarlo. No es una opción ideológica, es una necesidad técnica, económica y ética”, afirma.

Llevamos años hablando de sostenibilidad en la construcción. ¿Desde dónde debe abordarse realmente este tema?

Lo primero es aclarar conceptos. En mi criterio personal, la construcción no es “sostenible”, es sustentable. La sostenibilidad

La construcción no es “sostenible”, es sustentable. La sostenibilidad es un sistema que incluye lo social, económico, ambiental y gobernanza. La construcción es una parte de ese sistema, es decir, hacemos construcción sustentable para contribuir a una sociedad sostenible. No son sinónimos, son complementos, entender esa diferencia cambia por completo la forma de actuar

es un sistema que incluye lo social, lo económico, lo ambiental y la gobernanza. La construcción es una parte de ese sistema, es decir, nosotros hacemos construcción sustentable para contribuir a una sociedad sostenible. No son sinónimos, son complementos, y entender esa diferencia cambia por completo la forma de actuar.

¿Por qué la construcción tiene una responsabilidad tan grande en la huella ambiental del planeta?

Porque todo pasa por la construcción. Viviendas, hospitales, escuelas, infraestructura, postes de luz, aceras, ciudades completas. Cerca del 41 % de la huella de carbono global está relacionada con este sector, y no solo por los materiales o la obra en sí, sino por la vida útil de los edificios. Un edificio mal diseñado es una fuente constante de emisiones durante varias décadas, y eso es preocupante.

Planta Industrial Petrillo

Construimos nuestra primera central hidroeléctrica y ya vamos por la segunda. La estamos construyendo sin represa para no afectar el entorno natural, respetamos el cauce natural del río y devolvemos el agua unos metros más adelante, una vez que la hemos utilizado para generar energía.

¿Dónde empieza la solución?

En el diseño. Antes de hablar de materiales hay que hablar de orientación, ventilación, iluminación natural, etc. Un edificio que necesitará calefacción o aire acondicionado permanente es un error desde el inicio, porque una mala decisión en el plano de la obra implicará 50 años en consumo energético y emisiones. La sustentabilidad empieza en los primeros bocetos de lo que se piensa construir.

Kubiec decidió redefinir su estrategia alrededor de un propósito. ¿Qué los llevó a hacerlo?

Entendimos que misión y visión en una empresa ya no son suficientes, y definimos un propósito claro, “acelerar el cambio hacia la construcción sustentable”. El propósito no es un mensaje para el dueño, es una guía para el colaborador, para el cliente y para cada decisión que toma la empresa. Si este propósito no guía la acción, no sirve.

¿Ese propósito se ha traducido en acciones concretas? Fuimos la primera empresa del sector en certificarse como carbono neutro, a través de un proceso muy riguroso. Esta certificación confirma que operamos sin deuda ambiental, porque cuantificamos nuestro impacto, implementamos acciones de reducción y compensamos cada tonelada emitida, logrando un balance final perfecto de cero emisiones para el medio ambiente.

¿Cuál es el proceso para obtener la certificación?

El proceso inicia con la cuantificación de las emisiones totales de gases de efecto invernadero en Kubiec, provenientes de fuentes directas como la producción, y de fuentes indirectas como transporte. En el siguiente paso está el desafío de reducir el efecto causado con esas emisiones, a través de la implementación de acciones de reducción que incluyen usar energías renovables, paneles solares, implementar procesos eficientes y reducir el consumo de insumos.

¿Qué nivel de reducción se logró?

La reducción planteada inicialmente fue del 10%, pero logramos alcanzar el 16% que equivale a salvar 410 hectáreas de bosque tropical. En otras palabras, logramos reducir nuestra huella de carbono de unas 30.000 toneladas de CO2 a cerca de 11.000, mediante la implementación de las estrategias mencionadas y la construcción de nuestra propia central hidroeléctrica. No hablamos de compensar como solución, hablamos de reducir de verdad para compensar lo que no podemos evitar.

¿Qué vino después?

El tercer paso es la compensación de lo que no se logra reducir con la implementación de las estrategias mencionadas. Kubiec compensa esa diferencia en generación de gases de efecto invernadero con la compra de bonos verdes a la empresa EMGIRS, para la captura y aprovechamiento de biogas. Esta compra equivale a evitar la deforestación de 385 hectáreas de bosque.

Kubinergía

¿Es decir, ya es carbono neutro?

El último paso es obtener la certificación. Con la reducción implementada y la compensación de lo restante de gases de efecto invernadero y la compra de estos bonos verdes, Kubiec logró obtener el Certificado de Empresa Carbono Neutralidad, que tiene una vigencia de tres años.

¿Cuál es el efecto práctico de esa certificación?

Ahora ofrecemos productos con huella de carbono cero, que en nuestro caso son productos que llegan a las manos del constructor con carbono compensado, algo inédito en el mercado local. Por ejemplo, nuestra línea de techos termoacústicos EcoTérmico se incorpora al proyecto sin sumar huella de carbono. Parte se reduce con eficiencia y uso de materiales reciclados, como botellas plásticas, y el resto se compensa con bonos de carbono locales, apoyando así los proyectos de gestión de residuos en Ecuador.

¿Qué impacto real tienen los techos termoacústicos en el uso cotidiano de los edificios?

Muchísimo. Reducen la necesidad de climatización, especialmente en climas cálidos. Eso significa menos consumo eléctrico durante toda la vida útil del edificio. El confort no debería lograrse generando más huella ambiental durante toda la vida útil del proyecto, ahí está el verdadero valor del material bien diseñado.

La generación de energía es otro eje clave en su estrategia… Totalmente. Construimos nuestra primera central hidroeléctrica y ya vamos por la segunda. La estamos construyendo sin represa para no afectar el entorno natural, respetando el cauce natural del río y devolviendo el agua unos metros más adelante, una vez que la hemos utilizado para generar energía. Además, estamos transformando nuestras cubiertas industriales en infraestructura de generación fotovoltaica mediante alianzas con inversionistas extranjeros. El techo de la planta de Kubiec en Petrillo dejó de ser un pasivo para convertirse en un activo energético.

Desde su rol como presidente de Constructores Positivos, ¿qué falta para que el sector avance más rápido?

Incentivos correctos. El beneficio no debe ir al constructor sino al usuario final, para que los propietarios que mantengan edificios realmente sustentables tengan ventajas tributarias o normativas que les favorezcan. La medición de la huella de carbono que emiten estos edificios durante su vida útil debe ser periódica, porque hoy hay, por ejemplo, edificios que tenían jardines verticales que desaparecieron, o mecanismos de reciclaje que ya no se usan. Sin incentivos claros y controles permanentes, muchas buenas prácticas no se sostienen en el tiempo.

¿Cómo se enfrenta el greenwashing en un contexto donde todos dicen ser sostenibles?

Con hechos. Medir sin reducir no es sustentabilidad. Declarar una huella no es suficiente, hay que eliminar impacto. El greenwashing aprovecha la preocupación ambiental para vender, pero no transforma nada. El único camino es que haya sinergia entre el discurso y la acción.

¿2025 fue una buen año para el sector de la construcción? Cerramos con crecimiento moderado pero estable. El consumo de cemento y acero creció alrededor del 8,5% y se generaron más de 40.000 empleos en el sector de la construcción. Esas son evidencias irrefutables de que vamos por buen camino. Vale destacar que este crecimiento está soportado por el sector privado. El sector público se ha quedado un poco atrás, el gobierno nacional debe dar mayor seguridad jurídica e incentivos a la inversión, sobre todo en sectores como petróleo, energía y minas, para convertir esas actividades en motores reales de desarrollo.

Kubiteja
Panelego

LULË CARE

ARTE FUNCIONAL COMO ESTRATEGIA DE SOSTENIBILIDAD

La industria reporta que más del 70% de los empaques de cosméticos y productos de cuidado personal terminan en botaderos de basura sin posibilidad de ser reciclados. Reusar los envases es una nueva tendencia en los mercados globales, pero aún no se practica de manera consistente entre los consumidores. Entre la industria, las regulaciones y los consumidores se pueden generar cambios ambientales importantes que reduzcan nuestra huella ambiental.

Lulë Care es una empresa orgullosamente ecuatoriana que hace ocho años abrió sus puertas con un claro propósito: ofrecer al mercado productos eficientes que además sean responsables con sus ingredientes y su empaque. Desde entonces, esta empresa ha crecido con una aceptación de mercado que le ha permitido demostrar que sí es posible ser responsable y rentable al mismo tiempo. Lulë exporta a Panamá y Guatemala, y próximamente conquistará otras perchas

Sebastián Troya y Claudia Tobar

latinoamericanas. Su crecimiento continuo y sostenido confirma las nuevas tendencias de mercado hacia la responsabilidad y la conciencia ambiental.

La planta de producción de Lulë está ubicada cerca del botadero municipal de El Inga, y cada día sus colaboradores son testigos directos de la enorme cantidad de basura que genera la ciudad. Esa cercanía, tan cruda como reveladora, ha sido un motor para que el equipo reflexione y diseñe estrategias que eviten que más desechos terminen en botaderos. Esta conciencia se traduce no solo en decisiones sobre empaques y reutilización, sino también en una participación activa de la empresa en iniciativas de deforestación urbana, como parte de una visión integral de responsabilidad ambiental que busca compensar y reducir el impacto generado por la actividad humana.

Entre sus productos, Lulë desarrolló en 2020 un jabón líquido para manos y cuerpo. Este producto, en plena pandemia, fue una estrategia de supervivencia, menciona su fundador. Sebastián Troya, CEO de la marca, quien inició Lulë con más de diez años de experiencia previa en la industria de productos de cuidado personal, explica que lanzar un jabón en ese momento fue lógico y altamente demandado durante la etapa de contagios por COVID 19. Cuando desarrolló esta fórmula sabía que no quería un jabón más en la percha, quería uno que pudiera usar con tranquilidad

Mushi Baca

en sus hijos pequeños. Buscaba un producto que le diera confianza por sus ingredientes, combinado con eficiencia en desinfección y limpieza.

Un dato importante es que los residuos de jabones que se descartan en el agua son uno de los contaminantes más dañinos para los ríos. Los conservantes, fragancias y aditivos presentes en los jabones comunes afectan la reproducción de especies acuáticas, así como la degradación natural y el balance de bacterias. Por esta razón, Lulë desarrolló una fórmula biodegradable que respeta la conservación de los ecosistemas acuáticos. Otro dato relevante es que las botellas plásticas de los jabones líquidos de Lulë están hechas con un 25% de plástico reciclado, aportando así a un envase más amigable con el ambiente.

Solo en 2025, Lulë vendió 473,507 envases de recargas en todos sus productos. Esto representa 473,507 envases plásticos que no terminaron en botaderos de basura. El cambio de hábito de consumo que promueve el uso de recargas es relativamente nuevo. Para impulsar esta práctica, es necesario eliminar fricciones para el cliente y acompañarla con un precio de recarga atractivo y con envases que mantengan su imagen y calidad a lo largo del tiempo.

Con la misión de fomentar la reutilización de envases y evitar plásticos de un solo uso, Lulë creó el proyecto Arte Funcional. Este proyecto consiste en invitar a artistas ecuatorianos a diseñar un inserto para la botella de jabón, convirtiendo un

frasco cotidiano en una obra de arte. Además de ser un modelo virtuoso de apoyo a la cultura y a los artistas, promueve que los consumidores reutilicen esa pieza artística muchas veces, apreciando obras únicas de talento ecuatoriano.

La empresa seleccionó a tres artistas con estilos diversos, pero con una visión compartida: ser parte del cambio. A cada uno se le asignó una fragancia de jabón, a partir de la cual debían inspirarse para diseñar una pieza que comunicara no solo la fragancia, sino también elementos ecuatorianos y creatividad. Cada artista, desde su propio estilo, tuvo libertad creativa para incorporar colores, elementos y caracteres que reflejan el talento nacional. “Si los frascos se convierten en piezas bellísimas, la gente no los va a desechar”, menciona Claudia Tobar Presidenta de Lulë.

La planta de producción de Lulë está ubicada cerca del botadero municipal de El Inga, y cada día sus colaboradores son testigos directos de la enorme cantidad de basura que genera la ciudad. Esa cercanía, ha sido un motor para que el equipo diseñe estrategias que eviten que más desechos terminen en botaderos

Mushi Baca

Mushi Baca es la artista detrás del jabón de verbena. Utiliza flores y colibríes para comunicar la frescura y la belleza de los bosques húmedos ecuatorianos. Mushi es una artista joven, con un estilo delicado y femenino, que explora su lenguaje visual a través de retratos de mujeres y el uso de colores vivos y llamativos. Aceptó la colaboración de inmediato, conectó con el proyecto y se emocionó al saber que el arte puede estar presente en entornos no tradicionales.

Esteban Calderón estuvo a cargo de la fragancia de naranja, creando una imagen cítrica y floral. Logra comunicar visualmente la frescura de esta fragancia a través de un gorrión posado sobre un naranjo en flor, con azahares y los primeros frutos, una escena muy tradicional de los campos de naranjos. Esteban se dedica principalmente al diseño gráfico y, para este proyecto,

Lulë desarrolló una fórmula biodegradable que respeta la conservación de los ecosistemas acuáticos. Otro dato relevante es que las botellas plásticas de los jabones líquidos de Lulë están hechas con un 25% de plástico reciclado, aportando así a un envase más amigable con el ambiente.

Esteban Calderón

volvió a crear arte en formato tradicional, lo que le permitió reconectar con su talento y creatividad.

Finalmente, Marcos Rivadeneira asumió el reto de la fragancia Kids. Marcos es un artista de la ciudad de Guayaquil, con un estilo moderno de pop art. Sus obras incorporan el espacio, planetas, dioses grecorromanos y unicornios, combinados con imágenes modernas y divertidas. En este diseño, Marcos incluye una adaptación en 3D que permite a los niños interactuar con su arte a través de la botella de jabón. Cada jabón cuenta con un código QR para conocer más sobre cada artista y su obra. Estos tres artistas forman parte de un proyecto que suma arte y sostenibilidad. La iniciativa busca llevar arte a objetos comunes, que no pierden su funcionalidad al incorporar una dimensión artística. Este tipo de procesos es común en industrias como la de carteras, donde diseñadores imprimen su estilo en piezas de uso diario y las convierten en arte.

Para la industria de la cosmética y el cuidado personal, esta incorporación es absolutamente nueva en el Ecuador. Se trata de un proceso de conciencia ambiental mezclada con arte y cultura. Objetos cotidianos pueden convertirse en el camino para apreciar arte en formatos distintos. El baño o la cocina

Con la misión de fomentar la reutilización de envases y evitar plásticos de un solo uso, Lulë creó el proyecto Arte Funcional. Este proyecto consiste en invitar a artistas ecuatorianos a diseñar un inserto para la botella de jabón, convirtiendo un frasco cotidiano en una obra de arte

ahora pueden ser espacios donde se presenten piezas artísticas, accesibles y funcionales.

Lulë planea llevar estas piezas a otros países, compartiendo el talento nacional junto a productos de alta calidad. La marca ecuatoriana aspira a que estas creaciones se conviertan en objetos de regalo en el exterior, como una demostración de belleza, cultura y calidad ecuatoriana.

Crear empresas con propósito en el Ecuador es posible, todos podemos ser parte de la solución y no del problema.

DE CHATARRA AL PRODUCTO FINAL

La industria del acero y el cuidado ambiental parecían conceptos destinados a caminar por carriles separados, en líneas paralelas que nunca se juntarían. Sin embargo, en un mundo realista que exige repensar cómo producimos y vivimos, porque hay que vivir, la solución no está en satanizar los materiales que sostienen nuestras ciudades, sino en transformar la manera en que se fabrican.

Novacero lo hizo. Pausó, pensó y repensó, invirtió, y los resultados están a la vista. Visité la planta industrial en Lasso, Cotopaxi, para entender a fondo la operación. Aquí la puerta de ingreso recibe chatarra, aquello que para muchos es deshecho, pero es, en realidad, materia prima de lo que transitará por la puerta de salida. Desde ese primer eslabón se construye una cadena

que prioriza la clasificación responsable, el pago justo, eficiencia energética, control riguroso de emisiones y trazabilidad absoluta del acero que llega al mercado.

Esta entrevista con Ramiro Garzón, gerente general de Novacero, recorre ese camino paso a paso, desde la selección de chatarra y su transformación en acero líquido, hasta el control milimétrico de laboratorios acreditados y la fabricación de productos diseñados para un país sísmico como Ecuador.

¿Dónde empieza realmente el proceso de sostenibilidad en Novacero?

En dos factores. Primero, en un gran cambio de mentalidad entre los socios y colaboradores de la empresa; y segundo, en entender que algo que muchos siguen llamando basura, para nosotros es materia prima. Hablo de la chatarra. Todo nuestro acero nace de

chatarra reciclada. Hay que entender que la chatarra no es el final de un ciclo, sino el inicio de otro. El desafío está en seleccionarla bien, porque de esa selección depende la calidad del acero que vamos a producir.

¿Cómo la seleccionan?

Antes, cuando la chatarra se fundía mezclada, muchos materiales se perdían y se pagaban como si no valieran nada. Hoy, con plantas de fragmentación y separación, distinguimos claramente lo ferroso de lo no ferroso. Aluminio, cobre, bronce o acero inoxidable se separan y se pagan según su valor real. Para ponerlo en perspectiva, mientras la chatarra ferrosa puede valer alrededor de $250 dólares la tonelada, materiales como cobre o bronce superan fácilmente los $3.000 dólares la tonelada.

¿Cómo aseguran un trato justo a los proveedores de chatarra?

Junto a Novared, Novacero ha creado más de 90 puntos de recolección a lo largo del país, promoviendo el desarrollo de más de 70 microempresarios del reciclaje, de los cuales 42% son mujeres, sumando más de 90 puntos de recolección y más de 900 almacenes que apoyan a más de 12.000 recicladores, quienes se han beneficiado de procesos de formación relacionados al uso de materiales y la seguridad, para fortalecer sus conocimientos y habilidades técnicas en el desarrollo de sus actividades.

¿Cómo empieza el viaje de la chatarra?

Precisamente empieza por clasificar y pagar correctamente. Esa transparencia cambia la lógica del negocio y dignifica a toda la cadena. Cuando llegan los proveedores, sus vehículos se pesan en una balanza perfectamente calibrada, descargan el producto y, al salir, se pesa nuevamente el vehículo. La diferencia es el peso exacto de la chatarra que nos entregan. Bajo el lema “Peso justo - Precio justo”. Ya no existen cálculos “al ojo” como en otros sitios lo hacen, donde los microempresarios del reciclaje salían perjudicados. Una vez que la chatarra está aquí, se clasifica según su composición para después ser compactada, fragmentada y cortada, según las necesidades del producto a fabricarse.

Una vez clasificada, ¿cuál es el siguiente paso?

La chatarra viaja por un sistema de alimentación que la conduce directamente al horno eléctrico. Ahí empieza el proceso de transformación a través del Sistema de Consteel de Carga Continua, donde el material pasa por el Horno de Arco Eléctrico, donde con electrodos de grafito se funde el material con energía limpia. Estamos hablando de una operación de altísima potencia energética, sostenida por transformadores de gran capacidad.

¿Por qué es tan crítico si se enfría?

Porque pierdes eficiencia, estabilidad y calidad. Para eso aplicamos dos estrategias claves. Primero, la chatarra se precalienta a 350 grados centígrados aprovechando el calor residual del proceso, de modo que entra al horno caliente generando un ahorro de consumo de energía eléctrica. Segundo, después del horno principal, el acero pasa al horno cuchara, que no busca volver a fundir sino mantener la temperatura y permitir el afino final del acero líquido, que es donde se ajustan las características químicas exactas del acero que queremos producir. Todo es equilibrio.

Una vez afinado el acero, ¿cómo se convierte en producto final?

El acero líquido pasa por colada continua donde, si sacas muy rápido el acero hay riesgo de derrames, y si es lento puede solidificarse en los equipos el control en el colado. Esta etapa es totalmente automatizada. Luego se transforma en palanquillas. Estas palanquillas son la materia prima para la laminación, las mismas que posteriormente se convierten en productos terminados. La palanquilla, mediante procesos industriales, da vida a productos laminados calientes de los que se obtienen: las varillas microaleadas, perfiles, alambrón y sus derivados como clavos, alambre y mallas electrosoldadas. Todo sigue un flujo continuo, sin interrupciones.

¿En ese proceso aparecen subproductos? ¿También se utilizan?

Nada se desperdicia. Somos un ejemplo claro de economía circular, donde todos los subproductos tienen un destino. Por ejemplo la escoria, una vez enfriada y procesada junto con la laminilla de acero se convierte en óxido de hierro que se utiliza en la fabricación de cemento. Antes las cementeras importaban ese material, hoy se genera localmente a partir de nuestro proceso. Otro ejemplo son los polvos que se recupera en la planta de humos de la fundición, los que se capturan en un proceso de filtración especializado, y se procesan para luego ser exportados, y recuperar de estos hasta un 40% de Zinc por cada tonelada de polvo. Lo que sale por la chimenea no es contaminación, simplemente es aire con vapor de agua. Controlamos las emisiones porque sabemos que convivir con el entorno también es parte del negocio.

El agua es otro punto sensible en esta industria… El agua se usa solo para enfriamiento de los equipos porque se calientan al entrar en contacto con el acero. Tenemos un sistema cerrado de recirculación en el que el agua se enfría, se limpia, se separan aceites y sedimentos y vuelve al proceso. Solo reponemos el porcentaje que se evapora y no descargamos agua contaminada al ambiente, por lo tanto el 99% del agua utilizada en los procesos es reciclada. Prueba de ello son los terrenos de la empresa que rentamos a los vecinos que se dedican a la actividad agroindustrial, donde crecen hermosos campos verdes de plantación de brócoli.

Pasemos a otro tema, el laboratorio. ¿Por qué es tan importante?

La calidad de nuestros productos es el principal activo de la empresa, por lo tanto nuestro control a lo largo del proceso de fabricación es muy prolijo. En Novacero nada es improvisado. Las muestras llegan directamente desde acería por ductos, se preparan cuidadosamente, se pulen para que la lectura sea perfecta y se analizan con espectrómetros que determinan la composición química exacta del acero. Pero lo más importante es que este es un laboratorio con equipos calibrados y procesos auditados. Estamos acreditados para brindar servicios incluso a empresas externas ya que el laboratorio de ensayos de Novacero, ubicado en la Planta Lasso, está acreditado por el Servicio de Acreditación Ecuatoriano (SAE). Esta acreditación avala su competencia técnica bajo la norma internacional NTE INEN ISO/ IEC 17025:2018, garantizando fiabilidad en ensayos mecánicos (tracción) y fisicoquímicos de productos metálicos.

Vi algo que me llamó la atención. Tienen muestras de producto guardadas, numeradas, archivadas… Eso es trazabilidad. Cada colada tiene un número y se guarda una muestra testigo. Si mañana surge cualquier duda en cualquier punto del país, podemos volver a ese acero específico y comprobar qué pasó. De esta forma la calidad no se promete, se documenta.

Uno de sus productos más emblemáticos es la varilla microaleada. ¿Por qué es tan relevante?

Porque es Microaleada, está pensada para un país sísmico como Ecuador. En lugar de dar resistencia solo en la superficie, nosotros incorporamos elementos microaleantes, como Niobio, Vanadio y Titanio, directamente en la química del acero líquido. Es la única del mercado ecuatoriano con esa tecnología. Eso garantiza resistencia y flexibilidad en toda la sección del material. Puede soldarse, doblarse sin perder sus propiedades. Es un acero diseñado para proteger vidas. En países como Estados Unidos y Japón exigen que la varilla sea Microaleada, acá en Ecuador nosotros la ofrecemos como un hito adicional a nuestra responsabilidad social empresarial.

Están invirtiendo en una ampliación importante de instalaciones. ¿Cuál es el propósito?

Estamos creciendo con equipos de última tecnología para hacer mejor las cosas. Algunas áreas ya nos quedaron estrechas, así que estamos migrando procesos a nuevas naves, con más espacio y mejor infraestructura. Esto nos permite mayor orden, más automatización donde corresponde, y capacidad para sostener la demanda que requiere esta industria. Es una inversión para crecer en eficiencia y sostenibilidad a largo plazo.

¿Ese es su compromiso con el país?

Sostenibilidad es hacer bien las cosas de principio a fin, desde cómo compras la chatarra y pagas un precio justo, hasta cómo controlas energía, agua y subproductos, para entregar un acero confiable al mercado. En Novacero, la chatarra no termina en basura, se transforma en acero que construye el país. Ese es nuestro compromiso.

El acero que producimos lo denominamos Green Steel, o acero verde, porque los niveles de emisión de CO2 con reprocesamiento de la chatarra son la cuarta parte de lo que se emite partiendo de mineral de hierro.

Emilio Dalmau y María Antonieta Dorn
Marina Junqueira y Leonardo Sarmiento
⁠Otto Maldonado, Magdalena Borja, María José Maldonado de Pérez y Rafael Pérez
Rafael Moscoso, Saskia Crespo y Javier Ordóñez
Doménica Abad, Andrés Cruz y Doménica Tapia
Dayana Herrera, Ana María Yáñez y Rossana Serrano. ⁠Luis Felipe Román y Sebastián Sevilla
Consuelo Garzón y Julián Alvarado
Daniel Garrido, Manuela Troya y Juliana Pazmiño

La casa que acoge al Kohler Signature Store by Graiman, ubicada en plena Ave. Coruña, abrió sus puertas al público quiteño. En este espacio se presenta un nuevo concepto de diseño y bienestar, donde la innovación, la estética y la experiencia se encuentran. Constructores, arquitectos, interioristas y amigos de la marca disfrutamos de una noche que marca un antes y un después en la manera de exhibir acabados para construcción.

Santiago Buendía, María Fernanda Valarezo y Rafael Vélez
⁠Mauricio Morocho y Sebastián Albornoz
⁠José Araujo y Jake Lawson
⁠Paola Erbetta y Christian Jaramillo Andrés Cisneros y Mabe Moncayo
Alfredo Peña y Caridad Vela
Alejandra Peña y Vanessa Peña
Sara Chiriboga y Sofía Chiriboga
Diego Román, Pedro Villamar y Martín Chiriboga
Emilia Herrera y Macarena Colina
Carolina Herrera y Emilia Nájera
Ruth Morelli, María Teresa Ortiz y Érika Aguilera

La inauguración de la nueva casa de StudioNoa en El Potrero, Lumbisí, fue motivo de un maravilloso evento que convocó a arquitectos, profesionales del interiorismo y clientes directos. El acertado planteamiento de esta gran sala de exhibición mostró impecablemente las últimas tendencias en muebles, lámparas y accesorios de decoración que la marca ofrece a un mercado cada vez más exigente.

Cristina López y Daniela León
Gloria De Pérez, María Fernanda Chediak y Josefina Arteta
Stefanía Zavala, Paola Gallegos y Mao Rodríguez
Gabriela Michelena y Oscar Rivera
Mauricio Martínez, Sofía Chiriboga y Carmen Chiriboga
Lorena Hurtado y Scott Hefti
Patricia Vallejo, Bolívar Velásquez, Magus Toledo, Karen Espinosa y Yaira Cevallos
Caridad Vela y Ángela Hoyos
Diego José Morán y Pamela Jaramillo
David Illescas y Betsy Peñaherrera
Gustavo Vilen, Sofía Ormaza y Patricia Burbano de Lara
Julia de Sevilla y Martín Chiriboga
Mario Esteban Rodríguez, Nicole Brotons y Bernardo Jaramillo
Xavier Calderón y Gabriela Cabascango
Gabriela Erazo, Gabriela Michelena y Andrés Trujillo
Alba Lucía Torres y Samanta Flores

CONSTRUIR SIN CONCIENCIA YA NO ES OPCIÓN

Hablar de sostenibilidad con Jorge Rosero, presidente de Rosero Construye, no es un ejercicio teórico. Él se ha convertido en una de las voces más consistentes y apasionadas en torno a la sostenibilidad, no solo como un atributo técnico de la construcción, sino como una forma de asumir la vida y entender el impacto que generamos como sociedad. A pesar de que la sostenibilidad no es un discurso ajeno a la rentabilidad, sí es una respuesta lógica a un consumidor cada vez más informado y exigente. Las propuestas que no superen

las buenas intenciones para traducirse en decisiones concretas e inversiones reales, dejarán de cumplir las expectativas de quienes buscan vivir con coherencia y, poco a poco estarán fuera del mercado.

He entrevistado a Jorge en múltiples ocasiones y he visto la evolución en sus conceptos constructivos. “Construir bien hoy implica hacerse cargo del mañana”, me dice. Esta conversación es una invitación a mirar la sostenibilidad sin miedo, a dejar los mitos de lado y lograr que el mensaje deje de ser marketing para convertirse en acción.

¿Cuándo nace su compromiso con la sostenibilidad? Hace unos ocho o nueve años, cuando visitamos el Chocó ecuatoriano. Ahí entendimos, de forma muy cruda, el nivel de depredación que sufre nuestro país. Entre 2016 y 2020 se deforestaron cerca de 90.000 hectáreas, y hoy seguimos perdiendo alrededor de 16.000 hectáreas al año. Eso debería avergonzarnos como sociedad. En ese momento decidimos comprar alrededor de 50 hectáreas y entregarlas para su conservación. Fue una experiencia profundamente gratificante y, al mismo tiempo, reveladora, porque ahí entendimos qué es el cambio climático, qué es la huella de carbono y qué significa realmente cuidar la biodiversidad.

El sector de la construcción es uno de los más señalados por su impacto ambiental. ¿Cómo asume esa responsabilidad?

La construcción es responsable de cerca del 37% de las emisiones de gases de efecto invernadero y consume alrededor del 40% de la energía global. Frente a eso hay dos caminos, podemos seguir en la inconsciencia o actuar. El primer beneficio de construir proyectos sostenibles es precisamente despertar conciencia. Hoy el ser humano consume 1,6 veces más de lo que el planeta puede regenerar. A este ritmo, para 2050 necesitaríamos 2,5 planetas. Eso es imposible. La consecuencia es un mundo cada vez más polarizado y más frágil.

¿De ahí la importancia de que las empresas de la construcción cuenten con certificaciones como Edge o Leed en sus proyectos?

Cumplir con esos estándares debería ser lo mínimo. En nuestra empresa ya no concebimos construir sin esos parámetros, pero la sostenibilidad real va mucho más allá de una certificación. Medir la huella de carbono debería ser obligatorio para todas las empresas, así como aplicar serias estrategias para su mitigación y compensación. Un edificio contamina aproximadamente una tonelada de CO2 por cada metro cuadrado construido. En uno de nuestros proyectos logramos mitigar parte de esa huella y compensar el resto mediante la compra de bonos de carbono certificados, apoyando además la generación de energía a partir de residuos. No se trata solo de cumplir, sino de entender el impacto real de cada decisión.

En la práctica, ¿cómo se compensa la huella de carbono?

En Ecuador no existían mecanismos claros, nos tocaba comprar bonos a nivel internacional, muchas veces en mercados poco transparentes. Hoy ya hay iniciativas locales certificadas ante Naciones Unidas, como plantas que capturan metano en rellenos sanitarios y lo transforman en energía. Comprar bonos ahí no solo compensa emisiones, también fortalece la matriz energética del país. Esa es la lógica correcta.

¿Cómo se traduce la sostenibilidad en beneficios concretos para quienes viven en sus edificios?

El principal beneficio es la salud. Todo empieza en el diseño arquitectónico con buena iluminación natural, ventilación cruzada, confort térmico. A eso se suman sistemas de control de agua y energía, monitoreo en tiempo real y campañas de consumo responsable. Informamos, a través de pantallas en los ascensores, cuánta agua se consume en el edificio para generar conciencia. También trabajamos en reducción de residuos, separación en origen y reciclaje. Son pequeñas y grandes acciones que generan ahorro económico, bienestar y tranquilidad.

Jorge Rosero

En nuestra empresa ya no concebimos construir sin esos parámetros, pero la sostenibilidad real va mucho más allá de una certificación. Medir la huella de carbono debería ser obligatorio para todas las empresas, así como aplicar serias estrategias para su mitigación y compensación

Existe la percepción de que lo sostenible es más caro. ¿Qué tan cierto es?

No es que el metro cuadrado sostenible sea más caro, es que vivir mejor cuesta menos a largo plazo. Sí, puede haber una inversión inicial mayor, pero no es un sobrecosto, es una decisión inteligente, porque a lo largo del tiempo, el ahorro en agua, energía y mantenimiento compensa con creces la inversión inicial.

¿Cómo enfrentan el problema del greenwashing? Greenwashing es aprovechar la enfermedad para hacer dinero. La crítica situación que vive el planeta no se combate con discursos, se combate con hechos, por ejemplo reforestación, edificios carbono neutro, laboratorios de reciclaje y otras acciones medibles. Todo el sector debe avanzar hacia ese propósito, porque la sostenibilidad no sirve si es un acto individual.

¿Qué rol debería jugar el Estado en este proceso?

Debería incentivar. Propusimos al Municipio de Quito descuentos en el impuesto predial para edificaciones que midan, mitiguen y compensen su huella de carbono, no para beneficiar al constructor, sino al comprador. Incluso pequeños incentivos generan grandes cambios de comportamiento. Lamentablemente, todavía falta conciencia institucional, pero hay que insistir.

¿Qué papel juega la educación en todo este proceso?

La sostenibilidad empieza cuando dejamos la inconsciencia. La educación es fundamental. Si la gente no entiende qué es la huella de carbono, la huella hídrica o la huella plástica, difícilmente cambiará sus hábitos. En nuestros proyectos trabajamos mucho en educación en varios ángulos que van desde campañas internas hasta laboratorios de reciclaje por donde han pasado miles de niños, quienes han aprendido que la basura no existe, que son residuos, y que esos residuos son recursos. Educar a los niños es sembrar un estilo de vida natural, los adultos debemos reaprender y mejorar nuestros hábitos de vida.

¿El siguiente paso?

Todo está por hacerse. No se trata de hacerlo perfecto, sino de empezar con pequeñas y grandes acciones, pero con conciencia y coherencia. Nosotros estamos apostando por sistemas centralizados de climatización más eficientes, utilizamos disipadores sísmicos que aumentan la seguridad estructural y estamos intentando crear distritos térmicos en cuadras y manzanas. Nuestro siguiente paso es convertirnos en una empresa carbono negativo, no solo neutro. Son inversiones altas al inicio, pero representan ahorro energético, seguridad y visión de ciudad.

DIBUJANDO SUEÑOS

“Dibujando Sueños” se consolida como el concurso intercolegial de dibujo más grande de Quito, una iniciativa liderada por la Subsecretaría de Educación, Deporte y Cultura del Distrito Metropolitano de Quito, en coorganización con Charlotte English School, ILVEM Internacional y Tomatis Ecuador Oficial.

El concurso tuvo como objetivo impulsar la creatividad, el talento artístico y la participación inclusiva de niños, niñas y jóvenes del sistema educativo de la ciudad, promoviendo el arte como una herramienta fundamental para la formación integral. De

carácter gratuito y abierto, esta iniciativa se desarrolla como una acción de Responsabilidad Social en favor del acceso equitativo a espacios de expresión cultural.

En esta edición, “Dibujando Sueños” alcanzó un hito histórico al registrar la participación de más de 200.000 estudiantes de 300 colegios de Quito, consolidándose como un espacio emblemático de expresión artística y fortalecimiento de la comunidad educativa a nivel intercolegial. La premiación culminó con 600 semifinalistas y 9 grandes ganadores, reflejo del alto nivel de talento y compromiso presentes en esta destacada iniciativa educativa y artística.

Jahir Ochoa, Gerente Corporación Jetmind y María José Moyano, Subsecretaría de Educación, Deporte y Cultura del DMQ

ÉXO D O DE LOS CO LEGIOS

INFRAESTRUCTURA INTACTA, VIDA DESPLAZADA

Esteban Najas

Durante buena parte del siglo XX, los colegios fueron una de las infraestructuras más estables de Quito. No porque fueran edificios bonitos ni porque duraran décadas en el mismo lugar, sino porque ordenaban la vida cotidiana sin que nadie tuviera que pensar en ello demasiado. Había horarios, recorridos, comercio de cercanía, padres caminando, buses llenos a ciertas horas. Donde había un colegio, había un barrio.

Cuando se iba, el vacío no aparecía de inmediato. Se iba acumulando.

El Colegio Experimental Simón Bolívar, ubicado durante décadas en el centro histórico y dirigido durante años por mi

abuela, Elena Cortés de Najas, llegó a albergar alrededor de tres mil alumnas. No era solo un establecimiento educativo; era una pieza activa de la ciudad. Cuando salió, alrededor de 2012, no hubo titulares. Hubo algo peor: una lenta pérdida de pulso. Comerciantes que empezaron a vender menos. Locales que cerraban un día antes en la semana. Calles con menos ojos. Menos gente, menos confianza. El deterioro no llegó como una crisis. Llegó como un enfriamiento. Algo parecido había ocurrido antes, en otro sector y a otra escala. En 1998, el Colegio Alemán de Quito dejó su sede en el norte para trasladarse a Lumbisí–Cumbayá. Cerca de 1.600 estudiantes dejaron de

recorrer diariamente zonas que hoy, curiosamente, se intentan repoblar con discursos optimistas y renders. Ese traslado fue un punto de quiebre silencioso. El eje centro–norte perdió un ancla educativa y los valles empezaron a consolidar varias de ellas.

Después vino la repetición. El Colegio Spellman salió de El Girón hacia Cumbayá. Más tarde, el Colegio Americano inició su traslado desde El Condado hacia Puembo, con un campus diseñado para albergar a alrededor de 2.500 estudiantes. La secuencia es bastante clara si uno la mira sin nostalgia: del centro al norte, del norte a Cumbayá, de Cumbayá a Puembo. No es ideología. Es geografía y tiempo.

Nada de esto es una crítica a las instituciones. Las ciudades cambian. Los estándares educativos también. Las familias toman decisiones razonables. El problema no es que los colegios se muevan. El problema es qué hace la ciudad cuando se van.

En Quito, la respuesta fue, básicamente, ninguna. No hubo reemplazos funcionales, ni usos puente, ni anclas intermedias. Hubo espera. Y la espera en la ciudad casi siempre juega en contra.

Este no es un fenómeno exclusivamente quiteño. La diferencia está en cómo otras ciudades lo han entendido.

En Chile, el programa Quiero Mi Barrio partió de una idea poco glamorosa, pero muy efectiva: antes de hablar de repoblamiento, hay que reducir el riesgo urbano. En muchos barrios, la secuencia fue deliberada. Primero, espacio público legible, servicios cotidianos, equipamientos sociales. En varios casos, la infraestructura educativa se implementó antes de que existiera una demanda residencial clara. Jardines infantiles, escuelas básicas, centros comunitarios. La educación no siguió al barrio. Ayudó a reconstruirlo.

En Estados Unidos, el modelo de Community Schools fue todavía más explícito. Las escuelas dejaron de ser edificios cerrados que se apagaban a las dos de la tarde. Se convirtieron en nodos barriales activos, abiertos fuera del horario escolar y conectados con el deporte, la cultura y los servicios sociales. No resolvieron todos los problemas, pero hicieron algo clave: devolvieron previsibilidad. Donde hay niños, horarios y presencia constante, la ciudad vuelve a ser legible.

Francia tomó otro camino, pero con una lógica similar. Las Zonas de Educación Prioritaria reforzaron las escuelas existentes en barrios frágiles para evitar su cierre. No por romanticismo, sino por lectura urbana: cuando una escuela se va, el territorio pierde una señal de permanencia institucional. Y eso cuesta caro revertir después.

Traducido a Quito, el mensaje es incómodo pero claro: la secuencia importa. Antes de densificar, antes de vender la idea de “revitalización”, hay que construir las condiciones mínimas. Veredas que se puedan transitar. Iluminación. Control de velocidad. Seguridad situacional. Sin eso, cualquier ancla fracasa.

Luego, un ancla educativa como puente. No enorme. No heroica. De escala controlada. Educación inicial, programas vespertinos, bibliotecas infantiles, uso compartido del espacio. Rutina antes que promesa.

Recién después, si el territorio responde, la escala puede crecer.

Aquí aparecen actores que ya existen en Quito, pero todavía no se les lee como parte de una estrategia urbana consciente.

La CRISFE ha venido trabajando en los últimos años en una lógica que, vista desde la ciudad, resulta particularmente interesante. Recicla infraestructura educativa, entra en territorios donde el mercado aún no llega y opera sin exigir retornos inmediatos. No densifica. No gentrifica. Estabiliza.

Introduce presencia diaria, horarios, flujos previsibles. Reduce incertidumbre. Funciona como infraestructura puente. Es exactamente el tipo de actor que una ciudad debería saber reconocer cuando pierde sus grandes anclas educativas.

En otra etapa del ciclo aparece Innova Schools. Su modelo regional es distinto. Innova no entra donde el territorio es frágil. Entra donde la demanda ya existe. Consolida. Ordena. Replica. No crea una ciudad desde cero; la estructura se construye sobre una base ya existente. Y eso no es un defecto. Es otra función.

El problema en Quito no es CRISFE ni Innova. El problema es que nadie ha pensado seriamente en cómo se articulan esas funciones en el territorio.

Casos que aún resisten, como el Colegio Municipal Benalcázar, lo demuestran con claridad. Su presencia en el hipercentro no sostiene un barrio residencial clásico, pero sí flujos diurnos, economías de cercanía y ritmos horarios que mantienen la zona viva. Retirarlo no liberaría automáticamente el suelo. Probablemente lo enfriaría aún más.

Durante décadas dimos por sentado algo que hoy parece obvio solo en retrospectiva: los colegios no fueron consecuencia de la habitabilidad urbana.

Fueron parte de la infraestructura que la hizo posible.

Cuando se van sin reemplazo, la ciudad no solo pierde edificios. Pierde la rutina. Pierde previsibilidad. Pierde la señal más básica de futuro: la infancia.

Tal vez el problema no fue únicamente que Quito perdió barrios.

Tal vez dejó de planificar, con lucidez, dónde y cómo quiere que crezca la vida cotidiana.

CINCO CAPITALES, CINCO ESTILOS

EL MUNDO ES LA INSPIRACIÓN

Viajar es descubrir que cada ciudad tiene una sensibilidad distinta, una manera propia de entender el silencio y el ruido, la luz y las sombras, el color y el tiempo. Viajar transforma la mirada, y decorar, al final, es una manera de mirar que no obedece a reglas estrictas ni se somete a manuales universales. Es libertad pura, es escuchar lo que conmueve e intentar traducirlo a un espacio.

Este recorrido por Japón, Dinamarca, Italia, Brasil y Estados Unidos es la evidencia de que los interiores no se diseñan para impresionar, se diseñan para sentir. Cada país, y dentro de él, cada ciudad, tiene un pulso estético propio, una manera de habitar los espacios que refleja su historia, su clima, su cultura, su política, sus miedos y sus esperanzas. En un mundo cada vez más conectado, decorar ya no significa escoger muebles de tendencia, significa elegir una narrativa personal.

Gracias a la tecnología, viajar no implica solo tomar un avión.

Viajar es también sentarse frente al teclado, como hoy lo hago yo, para experimentar distintas vivencias y sumergirme en otros mundos, en otros hogares, y decidir qué de ellos traigo al mío. La magia no sucede por ver fotos en Pinterest o Instagram, sucede

al leer opiniones de críticos entendedores de la materia, cuyo análisis de las tendencias es una guía para seguirlas, desecharlas, o sentir si alguno de estos estilos toca una fibra interior. Para quienes estamos frente al teclado, viajar es un mapa emocional que los sentidos agradecen.

Veamos contrastes entre diferentes ciudades de Asia, Europa y América, para entender que decorar no es adoptar lo de otros, es adaptarlo, imitando un poco, sí, pero siempre con nuestro sello personal. Empiezo por Asia, tal vez inspirada por mi última entrevista con el Arq. Kengo Kuma, hombre de inmensa sencillez cuyos entrecerrados ojos destellaban luz.

JAPÓN: Tokio, el silencio que ilumina

Tokio es la ciudad de los contrastes. Mezcla lo ultramoderno con lo tradicional, desde rascacielos iluminados con neones hasta templos históricos como el santuario Shinto Meiji o el Palacio Imperial. Una es la ciudad ajetreada, la que ve el turista; otra la que expresa su propia esencia, esa que vive en el corazón de los japoneses.

Japón es la tercera economía del mundo, y al mismo tiempo, es un país marcado por terremotos, falta de espacio, envejecimiento poblacional y una disciplina social que asombra a Occidente. Su

cultura está atravesada por el sintoísmo y el budismo, religiones que no se imponen a gritos sino que hablan bajito del respeto por la naturaleza, por los ancestros y por aquello que no se ve. Esa mezcla de poder económico, territorio limitado y espiritualidad explica mucho de su interiorismo.

La esencia es el vacío, el espacio simple de las livianas puertas corredizas que se abren a jardines íntimos, la belleza natural de una rama que parece colocada con la delicadeza de quien sabe que lo simple es sagrado. Tokio no se observa, dicen los entendidos. Tokio se escucha. Es una ciudad donde el espacio es ritual, donde las sombras bailan como si tuvieran voluntad propia, donde el sonido del viento tiene ritmo espiritual, donde el vacío no es ausencia, es presencia emocional.

El estilo japonés no llena, despeja, para que lo que permanece sea transparente y honesto. En mi viaje por Tokio, en companía de mi teclado, descubro que, contrario a lo que se dice, el wabisabi no es una tendencia en decoración, sino todo lo contrario. “Es un tesoro milenario convertido en filosofía”, que trasciende lo material para representar lo más profundo de la vida con sus imperfecciones y su desgaste, para aceptar que el paso del tiempo es, en sí, la máxima expresión de la más pura belleza. Un cuenco fracturado que ha sido reparado vale más que uno intacto, porque trae historia, cariño y apego.

Y ese orden no es un estilo exclusivo de élites. En muchos apartamentos mínimos, en barrios sencillos donde el sol llega con esfuerzo, hay la misma búsqueda de orden, de luz filtrada, de tatamis impecables. Japón demuestra que el buen gusto no se compra, se cultiva y se siente.

De la calidez introspectiva de estas sensaciones asiáticas paso al frío nórdico para sentir contrastes.

DINAMARCA: Copenhague, la calidez de lo esencial Dinamarca es un país pequeño en población, pero gigante en bienestar. Su PIB per cápita bordea los $72.000, uno de los más altos del mundo. Es una democracia consolidada, con altos niveles de confianza social, baja corrupción y amplia libertad de expresión. Es un país de bienestar con una fuerte tradición luterana que valora la sobriedad y la igualdad. Nada de eso es ajeno a su manera de decorar.

La luz es tan escasa y preciosa que el interior de los hogares se convierte en refugio donde el alma se recoge. Los días son más cortos, máximo ocho horas de luz natural en invierno, que en verano se estiran hasta diecisiete. Estos extremos climáticos provocan que el minimalismo no se dé por estética sino por necesidad afectiva. Se quita lo que sobra para que en invierno el ingreso de los rayos de sol no se vea interrumpido; y en verano, para que el aire circule y refresque. Todo tiene sentido.

Las casas respiran suavidad con maderas naturales, lanas gruesas, cerámicas imperfectas, espacios integrados para la vida familiar donde nadie ocupa un lugar más importante que otro. Hay coherencia entre la sociedad igualitaria y la casa sin jerarquías, la silla favorita está al alcance de todos porque nadie presume de más.

Lo paradójico es que, a pesar de su riqueza, el estilo nórdico no es ostentoso. No despliega chandeliers de cristal ni mármoles exuberantes. Está hecho para sostener durante todo el año, tanto cuando sobra el sol como cuando hace falta. Es el interiorismo del amparo emocional, ese que acoge los distintos estados de ánimo que marcan las estaciones, es decir, la naturaleza. El buen gusto aquí se mide por la calidad del ambiente, no por el precio del objeto.

ITALIA: Milán, la belleza que se piensa

Italia está en el top cinco de países del mundo que más turistas recibe y cuenta con decenas de patrimonios de la humanidad declarados

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por la Unesco. Su historia antigua es enriquecedora desde todo punto de vista, y la moderna, a pesar de la evolución, se mantiene atada a tradiciones familiares, religiosas y estéticas. Es un país mayoritariamente católico, de plazas llenas, sobremesas largas, gestos amplios. En ese contexto aparece Milán, capital económica del país, con un PIB per cápita que supera los $40.000 anuales. Milán acoge las más importantes ferias de decoración del mundo, es la palestra donde se exhiben elementos que van desde lo más estrambótico hasta lo más conservador, pero todos comparten un común denominador: la perfección en el detalle. Lejos de las luces del Salone del Mobile, mirando la ciudad desde su autenticidad hacia la intimidad de su gente, Milán es una ciudad que no teme al exceso pero tampoco lo celebra sin razón. Todo tiene un propósito, un significado más profundo que solamente decorar.

El diseño es inteligencia emocional, es un diálogo entre arte, historia, deseo y precisión. Cada mueble parece tener una vida secreta, cada textura cuenta un capítulo, cada color despierta una emoción distinta. Milán invita a caminar por corredores donde una lámpara esculpida ilumina a la perfección, donde se puede tocar un mármol con vetas casi geológicas, hasta sentarse en un sofá curvo que abraza y acoge. No hay casualidades, todo está elegido para provocar un recuerdo o un sobresalto estético.

Pero basta salir del circuito de diseño para encontrar departamentos más modestos donde el mismo cuidado se expresa con otros materiales. Una mesa heredada bien puesta, una repisa con libros que han sido leídos, una cortina sencilla que deja entrar la luz justa, son también elementos de buen gusto y calidez. Italia, país de artesanos y de cultura visual poderosa, demuestra que se puede tener mal balance económico y, aun así, un ojo infalible para la belleza cotidiana.

BRASIL: São Paulo, la vida entra por todas partes Brasil es el séptimo país más poblado del mundo y uno de los más desiguales. Su PIB per cápita ronda los $10.000, muy por debajo de Dinamarca, Estados Unidos, Italia o Japón, pero su potencia cultural desborda cualquier estadística. Es un país atravesado por la mezcla de herencias indígenas, africanas, europeas; de

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religiones que conviven entre la iglesia, el candomblé y los cultos evangélicos; de una vida pública intensa que se expresa en carnavales, fútbol, música y calle.

En este contexto, São Paulo aparece como una metrópoli vertiginosa, industrial, creativa, donde el diseño contemporáneo dialoga con esa energía ecléctica permanente. Los espacios se llenan de vida porque la naturaleza participa. Esa alegría tan propia de su sociedad se expresa también en la intimidad de los hogares, en el diseño de sus ambientes y en los accesorios que los complementan.

En su tendencia decorativa la naturaleza no toca la puerta, invade sin pedir permiso creando un estilo que late, respira y mezcla lo urbano con lo selvático en un equilibrio que parecería ruidoso, pero no lo es. La decoración es una extensión de la vida social brasileña, es abierta, luminosa, acogedora y algo desordenada, pero profundamente humana, cálida y transparente.

Los interiores mezclan concreto con madera tropical, arte contemporáneo con tejidos artesanales, grandes ventanales que se abren a terrazas que parecen junglas domesticadas. No hay miedo al color, hay respeto por la alegría. Las casas se sienten vivas porque lo están. Crecen plantas que trepan creando sombras móviles, los muebles bajos permiten espacios integrados que invitan a conversaciones que se alargan como las sesiones de samba en el carnaval. Y aquí se ve con claridad que el buen gusto no es un lujo de pocos. Los barrios sencillos están conformados por viviendas con muebles sencillos y pisos de cerámica económica, pero hay una elección preciosa de colores, plantas, fotos familiares y objetos religiosos que construyen un interiorismo honesto, lleno de identidad y de belleza real.

ESTADOS UNIDOS: Nueva York, la intimidad dentro del caos

Estados Unidos es la economía más grande del planeta, con un PIB per cápita que supera los $85.000 y una diversidad interna tan grande que cualquier generalización resulta injusta, porque es el país de los contrastes extremos. Riqueza y pobreza, libertad de expresión y polarización política, innovación tecnológica y deudas históricas, son parte de su vida diaria. Nueva York condensa todos los extremos en pocas cuadras. Es ruido, movimiento, vértigo, es la suma de todo y de nada al mismo tiempo.

Quizá por eso el interiorismo neoyorquino busca crear pequeños universos donde el tiempo se desacelera. La mutación en interiorismo dio un salto inmenso. Pasó de los impresionantes departamentos clásicos frente a Central Park a los lofts industriales en antiguos barrios donde existían fábricas.

Lo que empezó como solución práctica para artistas y creativos de un segmento socioeconómico medio se convirtió en objeto de deseo global. Y esos lofts siguen evolucionando, ya no son solo ladrillo expuesto y tuberías visibles, ahora son la representación de un equilibrio más emocional, que puede ir de la crudeza a la calidez en un instante.

Los interiores conservan su esencia libre con techos altos, ventanales metálicos y plantas abiertas, pero se suavizan con ricos textiles, muebles escultóricos, luz dirigida y arte de gran formato que exige atención. Es un estilo que abraza la contradicción entre un hogar que se siente íntimo en una ciudad que nunca lo es.

Nueva York demuestra que la sofisticación nace cuando la vida personal dialoga con la ciudad, pero no la imita. El salón puede ser un collage de mundos con un sillón heredado, una obra comprada en una galería emergente, una alfombra marroquí y una lámpara danesa, en donde se celebra con vino español y se habla varios idiomas.

Y, al mismo tiempo, en apartamentos minúsculos en Queens o el Bronx, hay soluciones de diseño ingeniosas con paredes llenas de vida y cocinas mínimas, pero cálidas, donde el buen gusto es cuestión de criterio.

En cada una de estas cinco ciudades por las que ha viajado mi teclado, y con él mi imaginación, hay una emoción distinta esperando ser traducida en espacio. Sus economías son diferentes, sus religiones pueden ser más rituales, más efusivas o más superficiales, sus historias políticas más estables o más convulsas, pero en su interiorismo todas comparten la necesidad humana de crear un lugar propio donde el mundo se vuelva habitable. La decoración es un acto privado de elegir lo que conmueve a nuestra brújula interior. No sería raro descubrir que vivimos en una casa nórdica sin haber pisado Dinamarca, o que un rincón milanés aparece espontáneamente en una sala de Quito.

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Jueves 7 / Domingo 10 Mayo

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