Un mundo sucio Pon tus manos sobre mí, Jesús, tus manos humanas, curtidas y traspasadas: comunícame tu fuerza y tu energía, tu anhelo y tu ternura, tu capacidad de servicio y entrega. Pon tus manos sobre mí, Jesús, y abre en mi ser y vida surcos claros y ventanas ciertas para el Espíritu que vivifica: líbrame del miedo y de la tristeza, de la mediocridad y de la pereza. Pon tus manos sobre mí, Jesús, que están sucias y perdidas: dales ese toque de gracia que necesitan: traspásalas, aunque se resistan, hasta que sepan dar y gastarse y hacerse reflejo claro de las tuyas. Déjame poner mis manos en las tuyas y sentir que somos hermanos, con heridas y llagas vivas y con manos libres fuertes y tiernas que abrazan.
La degradación del medio ambiente es un hecho que está cobrando en la actualidad un interés inusitado. Instituciones, organismos, ecologistas, organizaciones no gubernamentales, comunidad de científicos, etc., estudian con detenimiento las causas y las soluciones de la degradación de los bosques tropicales, praderas, estepas, sabanas, así como la acumulación de dióxido de carbono en la atmósfera y el calentamiento global, analizando sus consecuencias en el ámbito humano, político, económico y climático. La erosión de los suelos y la desertificación en el mundo es un problema que está alcanzando una gran magnitud. La contaminación atmosférica, junto con la cada vez mayor quema de combustibles fósiles, provoca lluvias ácidas, agujeros en la capa de ozono, efecto invernadero, elevación de la temperatura global, etc. Y uno se pregunta: Este comportamiento, ¿tendrá algo de parábola con el “otro medio ambiente” social, el medioambiente relacional? ¿Acaso estamos abocados a una destrucción compulsiva de nuestra convivencia en la tierra? La insolidaridad, la indiferencia, el afán compulsivo de poseer y consumir, la tiranía de nuestro “YO”, ¿no estará provocando una contaminación que esté haciendo inhabitable nuestro planeta? En esta jornada de lucha contra el hambre estamos convocados a promover una ecología profundamente humana como la de Jesús: él toca y sana la lepra del que le grita saliendo a su encuentro. El griterío de tantos millones de hambrientos debe tener un poco eco en nuestras conciencias dormidas y en nuestros hábitos consumistas. Es urgente apostar por un mundo más “humano”, más justo y solidario, más libre del dióxido de nuestros intereses ¿Te sumas a la campaña?