Domingo 24 de febrero 2013

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“¿A dónde vas, Pedro?” Voy a rezar por todos y cada uno de vosotros pues, sé muy bien, que en el silencio y en la soledad os tendré a todos, sin yo saberlo, con nombre y apellidos delante de un DIOS que, sin abrir yo mis labios, sabrá de antemano por el amor que le profeso lo que le llevo en mi corazón guardado. Voy a estar con el que, desde hace muchos años, sé que me quiere tal y cómo soy. Voy a descubrir, ahora con más fuerza, lo que, de mi puño y letra, brotó en horas de contemplación, reflexión, estudio y pensamiento: Él es mi DIOS y a Él le adoraré hasta mis últimos días. Él es mi SEÑOR y he intentado guiar su barca. Él es mi ESPÍRITU y, conoce muy bien, que esta hora estaba marcada certeramente y con exactitud en su reloj divino. Voy, con mis sandalias de pescador desgastadas tras haber recorrido con dificultades y debilidad los caminos del mundo gozoso y sufriente Voy, sin mi cayado, porque bien sé que necesita de manos más vigorosas y con más salud vitalidad corporal que os indiquen en tiempos de combate y de cambios los apriscos y senderos que conducen al Evangelio. Voy, más no huyo, sino que cumplo una y otra vez lo que ha sido la clave de mi consagración al Creador: por amor y obediencia fui....y por amor y obediencia me voy. Me voy, pero detrás de mí se queda Aquel por el que intenté serviros como padre, amaros como pastor, enseñaros como maestro e iluminaros desde el Espíritu. Me voy...pero queda la gran obra del Señor: su Iglesia. Por su bien, por ella, con ella y en ella me voy y estoy.

El itinerario del creyente viene marcado por la experiencia del Tabor. Pedro no quería saber nada del camino difícil de la cruz. Jesús, quiere consolidar la fe de su vacilante comunidad de seguidores. Sabe que se acercan momentos muy duros. La experiencia del Tabor les puede salvar. Sube la cumbre con los más íntimos. El esfuerzo va a merecer la pena. Allí se les manifestará Dios en su plenitud. ¿Qué bien se está aquí…” Pedro se resiste a bajar. ¡Está tan cómodo allá…! Pero tendrá que recordar aquella inolvidable revelación del Padre para asumir la cruz, el fracaso, la gran prueba. De la experiencia del Tabor tendrá que sacar la fuerza para afrontar la dura experiencia de la otra cumbre: la del Calvario.


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