Hoja_Parroquial_11_09_11

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Domingo XXIV del T. O. Ciclo A. 11-09-2011 Queridos feligreses y hermanos: Leemos en la Sagrada Escritura que en este mundo caduco todo tiene su principio y todo tiene su fin. Nuestra vida es semejante a un libro con muchos y variados capítulos. Yo entiendo que el capítulo de mi estancia en Gijón está a punto de terminar. Desearía que continuara, pero el sentido de obediencia me dice que debo ir adonde me necesiten o me manden, como nos recomendaba el P. Claret. Espero que este destino que concluye haya sido provechoso para vosotros y también para mí. Llegaba a Gijón hace siete años procedente de un colegio de enseñanza en el que estuve de profesor y encargado de la pastoral. El cambio era grande, pero ya tenía de antes alguna experiencia de parroquia, precisamente en Oviedo a donde voy ahora. Al llegar aquí me nombraron superior de la comunidad y ayudante de la parroquia para que me encargara de llevar a cabo las obras de remodelación de la vivienda. Tres años más tarde, tras el destino del P. Fernando Sotillo fui nombrado, además, párroco. Os aseguro que me he encontrado muy contento entre vosotros, porque he recibido muchas muestras de cariño y comprensión. Muchos habéis sido mis colaboradores en la parroquia y no sé cómo pagar a todos tantas atenciones. A las dos comunidades de religiosas de las que he sido confesor les agradezco su oración y amabilidad. He recibido de ustedes mucho más de lo que he dado. Sigan rezando por mí y por mi apostolado. Otra encomienda recibida en estos siete años ha sido la gestión de Valdepiélago (León), que es la casa de la parroquia para convivencias y campamentos. Ha sido para mí esta actividad muy gratificante porque, a pesar de la edad, me he sentido querido y aceptado por padres, monitores y niños. Con los campamentos e hace una gran labor. ¡Lástima que sólo se use la casa en verano!. En una placa que me dedicaron como recuerdo me decían: “Eres roca sólida en la familia de Valdepiélago”. Ojalá esa roca sea firme y nunca se desmorone. Por fin destaco también mi colaboración con el Colegio Corazón de María, desde “el oratorio” y otras actividades. En el oratorio gozaba rezando con los niños y niñas de los cursos de primaria. ¿Quién ha dicho que rezar es aburrido? Ellos decían que en la capilla se les pasaba el tiempo con mucha rapidez y que “era la asignatura que más les gustaba”. Dios quiera que esta vivencia les ayude, en el futuro, a no apartarse de Dios. Queridos todos. Gracias, y que Dios os bendiga y La Santina os acompañe. Un saludo cordial y un abrazo.

P. José Blanco Sanabria cmf.

La historia se repite. A la hora del adiós florecen las alabanzas.: “Ahora que ya lo conocíamos, padre”, “con lo bueno que es Vd.”, “¿y por qué les cambian tanto?” También para el que llega se reproducen los mismos estereotipos: ”qué bien habla”, “parece simpático”, “ya está cambiando las cosas”, “éste sabe mucho”, “no se parece nada al otro”… y otras lindezas del estilo. Clichés aparte, es la hora de una visión más profunda. Por eso, hay que empezar reconociendo que “ha llegado un hermano”. Así, tal como suena. Es la visión evangélica que se alarga como la sombra y nos obliga a mirar a lo lejos para ser conscientes de verdades tan simples, pero tan hondas como ésta: Hacia dónde debe caminar nuestra comunidad en el momento actual? ¿Cómo tendremos que ser y actuar para construir el Reino de Dios en nuestros ambientes? ¿Qué debo y qué puedo aportar yo a mi comunidad parroquial? ¿Qué urgencias detecto a mí alrededor como creyente comprometido? Saludamos con gozo cordial al P. Basilio Montañana, nuestro nuevo párroco. Es el compañero de camino que Dios nos pone en este momento para hacer comunidad en torno a Él, para afrontar desde nuestras limitaciones los retos que nos lanza el momento presente. Es el momento de continuar la marcha con nuevos bríos, con nueva generosidad. “Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo”. Que el cambio de responsable nos haga más responsables. Que el cambio de hermano nos haga más hermanos.

P. Basilio, ¡SÉ BIENVENIDO!


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