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que quería Hasta que decidí bautizarme

Me crié en el seno de una familia atea y en contra de la religión. Como mis padres no estaban de acuerdo, decidieron no bautizarme. Esto hizo que desde pequeño yo percibiese todo lo relacionado con Dios y con la Iglesia como algo con connotaciones negativas y merecedor de burla. Sin embargo, desde los primeros años de colegio, recuerdo que tuve una inquietud de conocer más sobre eso de lo que se hablaba mal en casa. Imagino que fue gracias a viajes que hice a casa de mis tíos y primos (que sí eran cristianos) por lo que empecé a hacer oración por las noches en la cama, en secreto. Pasados unos años salí de casa para estudiar en una ciudad. Allí conocí a una persona que pertenecía a un grupo cristiano. Le llamábamos “la secta”. Un buen día esta persona me dijo: “¿por qué no vienes a ver lo que hacemos, y así puedes opinar por ti mismo si somos una secta?”. Y eso hice. Recuerdo que fue una oración comunitaria, de unas 15-20 personas, y que aquello me llegó muy hondo, y me hizo plantearme muchas cosas. Pasadas unas semanas, empecé a ir esporádicamente a las oraciones, y luego cada vez más a menudo. De esta época tengo recuerdos que ahora me hacen sonreír: tardé dos años en compartir en voz alta una oración; el estar simplemente de pie en la acera de la parroquia me hacía sentirme muy incómodo ; no digamos dentro. Jamás comenté con mi familia o amigos este nuevo camino. Todos mis reparos fueron cediendo con el tiempo, por medio de muchas oraciones, y algunas convivencias y retiros. Por fin, decidí bautizarme y decírselo a mi familia. La sorpresa fue grande. Todos me apoyaron y respetaron mi opción por Cristo. Tengo que reconocer que la comprensión y paciencia de la que hoy es mi mujer ha sido para mí un pilar indispensable para construir mi fe como cristiano. Pienso que vivir y compartir la fe con otros ayuda a vivirla más plenamente. Desde entonces, sigo avanzando con mi comunidad, intentando averiguar qué quiere Dios de mí y cómo puedo hacer su voluntad y seguir su camino. Con su ayuda lo conseguiré...

Este sábado, día 18, comenzamos el “Octavario de oración por la unidad de los cristianos”

PARROQUIA CORAZÓN DE MARÍA GIJÓN www.pacomargijon.org

Avda. Pablo Iglesias, 82

985 37 09 44

Domingo 2º Tiempo Ordinario CICLO A

19-01-2014

1. El evangelio comienza con la aparición de Juan llamando a la conversión y a la vuelta a la alianza. Sin embargo, Juan entiende a Dios como un juez terrible y exigente. La muerte de Jesús no encaja con sus esquemas; por eso duda en bautizarlo. Jesús, lleno del Espíritu, se pone en la fila de los pecadores que, mediante un bautismo de perdón, inician un camino de libertad y de liberación. 2. El bautismo de Jesús -primera manifestación de su ministerio público- es signo de su compromiso con la justicia del reino de Dios. La voz del cielo (voz de Dios) ratifica el compromiso de Jesús, el cual está en total «apertura» a Dios para realizar la nueva creación, figurada por el descenso de la «paloma». Afirmar que Jesús es el Hijo predilecto significa su entronización como rey escatológico. 3. La misión de la Iglesia y de los cristianos consiste en que se cumpla el plan de Dios. Éste incluye dos cosas: total sumisión a la voluntad del Dios que tanto ama al pueblo y completa solidaridad con el pueblo de Dios que no le corresponde. Por haber practicado durante siglos el bautismo de niños como rito religioso, sin compromiso efectivo con la justicia, hemos desnaturalizado el mundo sacramental. Necesitamos revalorizar el significado del agua bautismal y la donación del Espíritu para aceptar el nuevo nacimiento, la conversión cristiana, el compromiso de una vida renovada y comprometida con la realidad que nos rodea.


P

ongo mi vida a la luz de tu Palabra

Is 42,1-7 “..te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra”. Salmo 39 “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad” 1 Corintios 1, 1-3 “La gracia y la paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo estén con vosotros” Juan 1, 29-34 “En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: -Este es el cordero que quita el pecado del mundo”.

CONOCER A JESÚS

Conocer no es únicamente “saber”, si reducimos este “saber” a “tener conocimientos”. ¿Cómo conocer a alguien –cómo conocer a Jesús- si no es a través de una relación y un trato con Él? El conocimiento verdadero está hecho de contacto, de empatía y de comunión con la otra persona. Y ése es también el auténtico saber, que no consiste meramente en tener información sobre algo sino en experimentar el modo de ser de alguien. Así quiero conocer a Jesús y saberle, de modo que mi vida sepa más a Jesús y Jesús me sepa enteramente a Dios. (José Arregi)

Juan comunica su maravilloso descubrimiento. Manifiesta una confesión de fe en Jesús y el anuncio de la liberación universal, que Dios va a efectuar por medio de Jesús. No se refiere a las faltas personales, sin resonancia social. El pecado del mundo son todas las injusticias, la explotación, especulación, opresión, corrupción, egoísmo, ambición... que dan como resultado la situación inhumana e insostenible de una tercera parte de la humanidad que sobrevive con dificultad o muere de hambre cada día. Seguir a Jesús es comprometerse en la lucha y el esfuerzo por quitar el pecado del mundo: liberar, con solidaridad y compasión, de todo lo que destruye la libertad, la dignidad, la convivencia y la felicidad de las personas. Lo que hizo Jesús.

C

on el Fuego del Espíritu

Las primeras comunidades cristianas se preocuparon de diferenciar bien el bautismo de Juan que sumergía a las gentes en las aguas del Jordán y el bautismo de Jesús que comunicaba su Espíritu para limpiar, renovar y transformar el corazón de sus seguidores. Sin ese Espíritu de Jesús, la Iglesia se apaga y se extingue. Sólo el Espíritu de Jesús puede poner más verdad en el cristianismo actual. Solo su Espíritu nos puede conducir a recuperar nuestra verdadera identidad, abandonando caminos que nos desvían una y otra vez del Evangelio. Solo ese Espíritu nos puede dar luz y fuerza para emprender la renovación que necesita hoy la Iglesia. El Papa Francisco sabe muy bien que el mayor obstáculo para poner en marcha una nueva etapa evangelizadora es la mediocridad espiritual. Lo dice de manera rotunda. Desea alentar con todas sus fuerzas una etapa “más ardiente, alegre, generosa, audaz, llena de amor hasta el fin, y de vida contagiosa”. Pero todo será insuficiente, “si no arde en los corazones el fuego del Espíritu”. Por eso busca para la Iglesia de hoy “evangelizadores con Espíritu” que se abran sin miedo a su acción y encuentren en ese Espíritu Santo de Jesús “la fuerza para anunciar la verdad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. La renovación que el Papa quiere impulsar en el cristianismo actual no es posible “cuando la falta de una espiritualidad profunda se traduce en pesimismo, fatalismo y desconfianza”, o cuando nos lleva a pensar que “nada puede cambiar” y por tanto “es inútil esforzarse”, o cuando bajamos los brazos definitivamente, “dominados por un descontento crónico o por una acedia que seca el alma”.


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