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En un momento en que la industria HVAC&R enfrenta una de las transiciones técnicas más exigentes de su historia, Cero Grados reafirma su vocación: ofrecer conocimiento de campo, criterio ingenieril y herramientas reales para quienes diseñan, instalan, operan y mantienen sistemas todos los días.
El eje central de este número se centra en un análisis técnico que coloca bajo la lupa uno de los debates más relevantes para la refrigeración actual: la adopción de nuevos refrigerantes y la redefinición de los criterios clásicos de diseño. Más allá del cumplimiento normativo, el texto aborda con rigor termodinámico variables que suelen subestimarse en campo —como el glide, el cálculo real del intercambio térmico y la selección coherente de componentes— y que hoy determinan la eficiencia, la estabilidad operativa y la vida útil de los sistemas.
La portada deja un mensaje claro: la refrigeración sustentable no se alcanza sustituyendo moléculas, sino transformando la manera en que se concibe la ingeniería del sistema completo. Ese enfoque atraviesa todo el número y marca una línea editorial consistente, basada en precisión, método y responsabilidad técnica. En la sección Personalidad, el perfil de Leslie Mariana Salcedo aporta una lectura complementaria desde la experiencia de campo. Su trayectoria como la primera mujer certificada
bajo el estándar EC1390 en México no solo rompe inercias culturales, sino que refuerza una idea fundamental para el sector: la profesionalización técnica se construye con disciplina, estudio y procesos claros, independientemente del género.
Nuestro primer número del año se completa con contenidos que abordan el “cómo” detrás del desempeño técnico. Desde la mirada formativa que impulsa la certificación y el orden metodológico en la ejecución de servicios HVAC, hasta el análisis detallado de errores silenciosos que acortan la vida del compresor, como la selección incorrecta de aceites o la incompatibilidad química.
Cada texto de esta edición responde a una misma lógica: elevar el nivel técnico de la conversación. No se trata de tendencias abstractas, sino de decisiones cotidianas que impactan directamente en el rendimiento de los equipos, en los costos operativos y en la reputación profesional de quienes están en campo.
Así, Cero Grados se consolida como un espacio para el técnico que exige argumentos, datos y criterios sólidos. Una revista que no promete atajos, pero sí ofrece conocimiento aplicable, reflexión crítica y una visión clara del rumbo que está tomando la industria.
Porque en refrigeración y climatización, el verdadero avance técnico comienza cuando entendemos a fondo lo que sucede dentro del sistema.
Redacción Cero Grados
Los editores

DIRECTORIO
Dirección General
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Editorial
Elizabeth Hernández
Arte y Diseño
Israel Olvera
Samantha Luna
Publicidad
Selene Mandujano
Administración
Scarleth Ortiz
Producción
Sergio Hernández
Refrigeración Sustentable: criterios técnicos clave con nuevos refrigerantes

6 | NEGOCIOS
La fatiga del sistema: cuando el sobredimensionamiento se vuelve un riesgo operativo
10 | ENSEÑANZAS
Erika Castillo: impulsar la profesionalización del HVAC
22 | CÓMO FUNCIONA
Aceites, compatibilidad y errores silenciosos que acortan la vida del compresor
26 | SABÍAS QUÉ
La puesta en marcha que sí evita retrabajos: checklist técnico para instalaciones comerciales
28 | INNOVACIÓN
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12 PERSONALIDAD
Impresa desde marzo de 2011
El papel de esta revista es de origen sostenible
Herramientas digitales que ya están cambiando el trabajo del técnico HVAC
31 | TRUCO DE TALLER
Cómo enderezar aletas de serpentín sin peine profesional ni dañar el aluminio
LESLIE MARIANA SALCEDO: romper inercias, abrir camino
Envía tus comentarios, dudas o sugerencias a coordinadora@0grados.com.mx
Año XII Núm. 136 Enero-Febrero 2026
Cero Grados Celsius es una publicación mensual al servicio de la industria mexicana de aire acondicionado, refrigeración, ventilación y calefacción, editada, publicada y distribuida por Grupo Editorial Puntual Media, S. de R.L. de C.V., Retorno 4 de Av. del Taller 5, Col. Jardín Balbuena, C.P. 15900, Venustiano Carranza, Ciudad de México. Impresa en Página Editorial, S.A. de C.V., Progreso Núm.10, Municipio Ixtapaluca, Col. Centro, C.P. 56530, Edo. de México. Editor responsable: José Néstor Hernández Morales. Certificado de Reserva de Derechos de Autor 04-2017-060117190300-102, Certificado de Licitud de Contenido y Certificado de Licitud de Título 16976 ante la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas. Autorización SEPOMEX en trámite. Cero Grados Celsius investiga la seriedad de sus anunciantes y colaboradores especiales, pero no se hace responsable por las ofertas y comentarios realizados por ellos.

El exceso de capacidad en sistemas HVAC&R ha dejado de ser un respaldo operativo para convertirse en una fuente silenciosa de inestabilidad. Arranques constantes, degradación acelerada de componentes, desbalances hidráulicos y control térmico deficiente conforman un patrón que compromete eficiencia, confiabilidad y vida útil. Frente a este escenario, la ingeniería térmica avanza hacia modelos de cálculo más precisos, arquitecturas modulares y estrategias de control inteligente, capaces de alinear desempeño, consumo energético y estabilidad operativa bajo criterios técnicos cada vez más exigentes.
Por: Redacción
Durante décadas, el sobredimensionamiento dominó el diseño HVAC&R como una práctica preventiva. Frente a la incertidumbre térmica, la variabilidad de ocupación y la presión por evitar reclamaciones, muchos proyectos incorporaron márgenes excesivos de capacidad. Sin embargo, este enfoque hoy muestra consecuencias técnicas claras: ciclos cortos, baja eficiencia estacional, desgaste prematuro y mayor tasa de fallas. Informes de asociaciones técnicas internacionales señalan que entre 30 y 50% de los sistemas HVAC en aplicaciones comerciales e industriales opera con niveles de sobredimensionamiento. En América Latina, esta proporción tiende a incrementarse debido a la persistencia de metodologías de cálculo conservadoras,
la limitada adopción de herramientas de simulación térmica dinámica y la inercia de prácticas históricas. En el caso de México, especialistas del sector estiman que más de 60 por ciento de las instalaciones presenta un exceso de capacidad con impacto operativo significativo.
Este fenómeno no solo impacta el consumo energético, sino también la estabilidad operativa y la vida útil de los componentes críticos.
Sobredimensionar no es prevenir: impacto técnico y energético
Un sistema sobredimensionado rara vez trabaja en su rango óptimo. En equipos de expansión directa, la capacidad excesiva provoca ciclos de arranque y paro muy frecuentes, conocidos como short cycling. En sistemas hidrónicos, genera desbalances de caudal, válvulas que operan fuera de su rango efectivo y bombas alejadas de su punto de máxima eficiencia.
Fabricantes de compresores señalan que un régimen superior a 12 ciclos por hora acelera la degradación mecánica y eléctrica. Cada arranque implica picos de corriente entre cuatro y siete veces la nominal, lo que incrementa la temperatura


El sobredimensionamiento ya no protege: introduce inestabilidad térmica, estrés eléctrico y desgaste prematuro en los componentes críticos.
interna, acelera la degradación del lubricante y reduce la vida útil del bobinado.
Desde la perspectiva energética, la Agencia Internacional de la Energía documenta que los sistemas HVAC sobredimensionados consumen entre 10 y 25% más electricidad que aquellos correctamente ajustados. En aplicaciones industriales, donde la climatización representa hasta 40% del consumo total, este sobreconsumo eleva significativamente el costo operativo anual.
Ciclos cortos, desgaste acelerado y mantenimiento reactivo
Los ciclos cortos impiden la estabilización térmica de serpentines, evaporadores y cámaras frigoríficas. En climas cálidos y húmedos, esta condición limita la remoción de humedad, eleva la humedad relativa interior y favorece condensaciones persistentes, corrosión y crecimiento microbiológico.
En refrigeración comercial, esta inestabilidad térmica genera oscilaciones de temperatura que afectan la conservación de producto. En edificios hospitalarios, incrementa el riesgo microbiológico y las quejas por confort.
Desde el punto de vista del mantenimiento, el sobredimensionamiento favorece un esquema reactivo. Fallas intermitentes, disparos frecuentes de protecciones y alarmas recurrentes incrementan la carga operativa del personal técnico. Estudios de costos indican que los sistemas sobredimensionados presentan hasta 40% más eventos correctivos anuales frente a instalaciones bien ajustadas.
Nuevos criterios de cálculo y selección de capacidad
La evolución del diseño HVAC&R impulsa metodologías basadas en simulación térmica dinámica. Plataformas avanzadas permiten modelar perfiles horarios de carga, ganancias internas, envolventes térmicas y comportamiento estacional con mayor precisión. Estos análisis muestran que los picos extremos de carga ocurren en menos de 5% del tiempo anual.

Cada arranque innecesario acorta la vida útil del compresor y multiplica la probabilidad de falla operativa.
Este hallazgo favorece la adopción de esquemas modulares: múltiples unidades de menor capacidad operan en cascada según la demanda real. Este enfoque mejora la eficiencia estacional, reduce los ciclos cortos y eleva la confiabilidad. Fabricantes reportan incrementos del SEER entre 15 y 30% en configuraciones modulares frente a sistemas monolíticos sobredimensionados.
Usar controles predictivos basados en datos históricos y pronósticos climáticos refuerza esta tendencia. En edificios comerciales de gran escala, estas tecnologías han permitido reducir hasta 25% la capacidad instalada efectiva sin afectar confort ni seguridad operativa.
Del sobredimensionamiento defensivo a la ingeniería de precisión
La selección precisa de capacidad se consolida como un factor clave de confiabilidad. Sistemas correctamente dimensionados presentan menor estrés mecánico y eléctrico, mayor estabilidad térmica y mayor vida útil de componentes críticos.
Instalaciones hospitalarias y plantas de proceso que migraron hacia esquemas de dimensionamiento ajustado reportan reducciones superiores al 30% en fallas correctivas durante los primeros años de operación, además de mejoras

La
verdadera confiabilidad no proviene del exceso de capacidad, sino de la precisión en el cálculo y la selección.
significativas en consumo energético y estabilidad operativa.
El sobredimensionamiento dejó de ser una garantía técnica. Hoy representa una fuente de ineficiencia, inestabilidad y desgaste acelerado. La ingeniería HVAC&R enfrenta el reto de sustituir márgenes empíricos por análisis térmicos avanzados, selección rigurosa de equipos y control inteligente.
Los sistemas sobredimensionados pueden consumir hasta 25% más energía que aquellos correctamente ajustados a la carga real.
Para un entorno donde eficiencia, confiabilidad y sostenibilidad definen la competitividad, la verdadera prevención no radica en instalar más capacidad, sino en diseñar con mayor precisión. El futuro del HVAC&R técnico exige sistemas más pequeños, más inteligentes y mejor controlados, capaces de responder a la demanda real sin comprometer estabilidad ni durabilidad.

La certificación técnica ya no es opcional. Erika Castillo coordina un modelo de formación que fortalece al sector HVAC en México, reduce brechas y transforma la percepción del oficio.
Por: Elizabeth Hernández
Desde las oficinas de Proveedora de Climas, el Centro de Educación HVAC opera como una arteria clave en la formación técnica de instaladores y especialistas en México. Al frente se encuentra Erika Castillo Sánchez, quien coordina con precisión cada paso del proceso de certificación bajo el estándar EC1390. Su papel va más allá de lo administrativo: funge como enlace entre aspirantes, evaluadores, plataformas gubernamentales y una industria en transición hacia la profesionalización.
La experiencia acumulada en el centro ha transformado el concepto de capacitación. Lo que antes se veía como un complemento, hoy representa una ventaja competitiva y un requisito exigido por un mercado que busca eficiencia, seguridad y trazabilidad técnica. Erika lo explica con claridad: “Ya no basta con decir que alguien sabe. Necesitamos comprobarlo, y la única vía es mediante una evaluación rigurosa que culmine en una certificación avalada por el CONOCER”.
Estructura, orden y seguimiento: el camino hacia la certificación
El proceso que gestiona el centro inicia con una convocatoria abierta. Se eligen fechas específicas a lo largo del año para recibir candidatos, con un límite de cuatro por sesión. Este número garantiza un trato personalizado y permite una evaluación profunda. “No evaluamos en masa. Cada técnico requiere atención individual porque sus conocimientos y habilidades influyen directamente en

el funcionamiento de equipos que pueden representar riesgos si no se operan adecuadamente”, sostiene Erika.
Una vez que los candidatos se registran, presentan una evaluación diagnóstica. El resultado no define su aceptación, pero orienta al evaluador sobre el nivel actual del aspirante. A partir de ese punto, se proponen tres caminos: pasar directamente a la evaluación final, tomar un curso de alineación breve o asistir a una capacitación más robusta. La mayoría de los aspirantes, según Erika, cuenta con experiencia práctica, pero requiere reforzar aspectos puntuales que no siempre se abordan en campo.
“Muchos técnicos han trabajado durante años. Sin embargo, hay temas normativos o de procedimientos que necesitan aclarar. No se trata de enseñar desde cero, sino de cerrar esas brechas para que lleguen bien preparados a la evaluación”, comenta.
El curso de alineación cumple esa función. En él, se abordan puntos críticos, se resuelven dudas específicas y se familiariza al candidato con el tipo de preguntas y prácticas que enfrentará.
Posteriormente, el centro entrega a cada aspirante un expediente completo. En ese documento se detallan sus derechos, el plan de evaluación y las herramientas que utilizarán. Las instalaciones del centro cuentan con los equipos necesarios para simular situaciones reales, lo que facilita una evaluación práctica sin necesidad de trasladarse a otros sitios.
El examen teórico y el práctico se programan en días distintos, aunque existe flexibilidad para ajustarse a la disponibilidad
del candidato. Una vez concluidos, el equipo de Erika compila los resultados, los valida y los envía a la plataforma oficial del CONOCER.
La red analiza los expedientes, revisa las evidencias y determina si el candidato es competente. En caso afirmativo, el certificado y la credencial llegan en un plazo aproximado de tres meses.
Coordinar este ecosistema implica más que gestionar fechas. Erika debe generar fichas, integrar expedientes, cargar evaluaciones en plataformas que a veces presentan fallas y mantener una comunicación constante con los candidatos. “No es una labor difícil, pero exige dedicación total. Un error mínimo puede retrasar la entrega del certificado o invalidar una evaluación”, advierte.
Además, Erika supervisa que los evaluadores cuenten con toda la información y recursos para desempeñar su función sin contratiempos. El objetivo es claro: que el técnico viva un proceso transparente, ordenado y profesional.
Llevar la capacitación donde se necesita Aunque el centro tiene su base en Monterrey, el alcance de sus actividades es nacional. Técnicos de Mérida, Cancún, Veracruz y otras ciudades viajan a Nuevo León para certificarse. Sin embargo, Erika y su equipo detectaron una limitante: no todos pueden costear viáticos, hospedaje o transporte. Esa realidad impulsó una nueva estrategia.
“Decidimos acercarnos a los técnicos. Empezamos a organizar cursos en otras ciudades. Así, reducimos barreras económicas y ampliamos el impacto de la certificación”, explica. El modelo es colaborativo: a veces un cliente o socio expresa interés en recibir la capacitación, y a partir de ese contacto se organiza todo el curso en su localidad. Ya han replicado este esquema en Culiacán, Mérida y próximamente en Veracruz.
Estos esfuerzos no solo permiten mayor cobertura geográfica, también abren canales de colaboración con hospitales, universidades y empresas que desean capacitar a su personal. “Hicimos una práctica en un hospital de Culiacán. Los técnicos pudieron trabajar con un equipo real, en un entorno real. Eso no tiene precio”, dice con entusiasmo.

Romper estigmas, construir talento
Uno de los desafíos más evidentes en el sector HVAC es la escasa participación femenina. Erika lo ha vivido de cerca. Pocas mujeres se inscriben a los cursos o certificaciones. Muchas consideran que se trata de un ámbito exclusivo para hombres. Contra ese estigma, el centro ha diseñado acciones específicas.
“Hemos ofrecido becas, incentivos y acompañamiento. Nuestro objetivo es motivar a más mujeres a capacitarse. Sabemos que hay talento, solo falta que se animen”, señala. Un caso reciente confirma su apuesta: una técnica de Guadalajara obtuvo la calificación más alta de todos los candidatos certificados hasta el momento. No solo destacó en su grupo, también marcó un hito: se convirtió en la primera mujer en México en obtener la certificación EC1390 en aire acondicionado.
Profesionalización que impacta en toda la cadena de valor
Certificar técnicos no solo beneficia al trabajador. También protege a las empresas, reduce riesgos y mejora la experiencia del cliente. Erika lo explica con claridad: “Cuando contratas a alguien con un documento oficial, tienes la certeza de que conoce los procedimientos. Eso evita errores, daños en los equipos y costos innecesarios”.
“No evaluamos en masa. Cada técnico requiere atención individual porque sus conocimientos influyen directamente en la seguridad y eficiencia de los sistemas HVAC.”
Una falla puede significar el reemplazo de un compresor, la interrupción del servicio o incluso la pérdida de un cliente. Por eso, la capacitación no debe verse como un gasto, sino como una inversión estratégica. Además, el cliente final percibe la diferencia. Un técnico certificado transmite confianza, responde con seguridad y sigue protocolos claros.
El centro busca fortalecer esa cultura de excelencia. Erika insiste en que no se trata sólo de cumplir con un trámite. “La certificación reafirma lo que ya sabes, pero también te obliga a actualizarte. Y eso beneficia a todos: al técnico, a la empresa y al usuario final”, concluye.

Leslie Mariana Salcedo se convierte en la primera mujer certificada bajo el estándar EC1390 en México, un logro que rompe inercias dentro del sector HVAC&R. Su historia combina formación técnica, disciplina de campo y una visión profesional que reivindica la capacitación como motor de calidad, eficiencia y liderazgo. Un perfil que abre camino, inspira nuevas vocaciones y redefine el papel de la mujer en una industria históricamente dominada por hombres.
Por: Elizabeth Hernández
Convertirse en la primera mujer certificada bajo el estándar EC1390 en México no representa un logro individual aislado. Marca un punto de quiebre en un sector que durante décadas construyó su identidad sobre códigos masculinos, rutinas heredadas y jerarquías cerradas.
Para Leslie Mariana Salcedo Ruvalcaba, directora general de una empresa de servicios técnicos y protagonista de este hito, la certificación simboliza una conquista profesional, pero también un mensaje colectivo: el talento no reconoce género, solo compromiso, estudio y disciplina.
El momento en que recibió su constancia permanece grabado en su memoria con claridad absoluta. La emoción la desbordó cuando le confirmaron que había alcanzado la calificación más alta entre 50
Recibir mi certificado y saber que era la primera mujer en lograrlo me confirmó que sí se puede abrir espacio en una industria dominada por hombres.”
técnicos evaluados y que, además, se convertía en la primera mujer certificada en el país bajo este estándar. No solo validaba su preparación: rompía una barrera histórica.
“Quería llorar y gritar de felicidad. Comprendí que lo había logrado. Ese instante confirmó que sí se puede abrir espacio en una industria donde casi todo se asocia con hombres”, recuerda.
Esa certeza la impulsa hoy a asumir su rol con responsabilidad, conciencia social y una visión clara: su camino puede convertirse en referencia para otras mujeres interesadas en desarrollarse dentro del mundo HVAC&R.
El vínculo de Leslie con el aire acondicionado nació en casa. Su padre dedicó la vida profesional a la construcción y la climatización, mientras su madre reforzó la convicción de que ningún oficio debía quedar fuera del alcance femenino. Desde pequeña observó procesos, herramientas y dinámicas que más tarde despertarían su curiosidad por comprender cómo funcionan los sistemas térmicos, más allá de su apariencia cotidiana.
“Mis papás me impulsaron. Mi mamá siempre me decía: ¿por qué tú no? ¿Por qué no intentarlo? Esa pregunta se convirtió en una constante”, cuenta.
Ese entorno familiar construyó una base sólida que se complementó con experiencia de campo, aprendizaje continuo y un interés genuino por la teoría detrás de cada sistema. Para Leslie, entender la climatización implica mucho más que instalar equipos. Exige comprender principios termodinámicos, dinámicas de flujo, selección correcta de materiales, compatibilidad de componentes y procesos técnicos rigurosos.
“Muchos ven el aire acondicionado como algo sencillo, casi automático. Pero detrás existe un universo técnico complejo. Cuando lo comprendes, descubres una satisfacción enorme”, afirma.

Ese equilibrio entre práctica constante y estudio disciplinado explica en buena medida su desempeño durante el proceso de certificación, donde la evaluación abarcó teoría, ejecución y análisis integral de sistemas reales.
Abrir espacio en territorio masculino
La trayectoria de Leslie no ha transcurrido sin fricciones. Su presencia en obras, licitaciones y entornos técnicos dominados por hombres la enfrentó a resistencias culturales persistentes. Comentarios condescendientes, dudas sobre su capacidad física o exclusión directa durante procesos comerciales forman parte de los desafíos que ha debido sortear.
“En licitaciones muchas veces prefieren dirigirse a ingenieros hombres. Te cierran la puerta sin escuchar. Aun así, aprendí a abrirme camino con resultados”, señala.
Ese proceso fortaleció su carácter y reafirmó una convicción: la calidad técnica termina imponiéndose. En el sitio, su trabajo genera reconocimiento, incluso entre técnicos con décadas de experiencia.
“Me han dicho que soy la primera mujer que ven metiendo las manos al sistema, aprendiendo, ejecutando. Eso me llena de orgullo”, comenta.
En el terreno físico, Leslie reconoce el reto que implica manipular equipos, herramientas

“La climatización no consiste solo en instalar equipos; detrás existe un universo técnico complejo que exige estudio, precisión y disciplina.”
y materiales pesados. La colaboración con su hermano y su equipo cercano permite construir una dinámica de apoyo mutuo donde la fortaleza colectiva supera cualquier limitación individual.
Más allá del esfuerzo corporal, destaca un valor agregado que muchos clientes reconocen: una visión estética y ordenada del trabajo técnico. Instalaciones limpias, recorridos bien trazados, acabados precisos y atención al detalle complementan la funcionalidad del sistema.
La certificación EC1390: rigor, proceso y transformación profesional
El proceso de certificación bajo el estándar EC1390 representó para Leslie un parteaguas. El acompañamiento del Centro de Educación HVAC le permitió estructurar conocimientos dispersos, fortalecer bases teóricas y perfeccionar prácticas operativas.
“Los maestros tienen una experiencia impresionante. Explican con claridad, paciencia y profundidad. Transforman la manera en que ves cada procedimiento”, destaca.
Esta exigencia académica y práctica resultó elevada, pero necesaria. Cada evaluación sometió al aspirante a escenarios reales, análisis de variables, toma de decisiones técnicas y ejecución precisa. La metodología privilegia el entendimiento del proceso completo, no la memorización mecánica de pasos.
Durante la preparación, Leslie comprendió la relevancia de una secuencia lógica de trabajo: levantamiento de información, diseño, selección de equipos, verificación de materiales, planeación de instalación, uso correcto del equipo de protección personal y ejecución ordenada.
Esa estructura se traduce directamente en calidad, seguridad, eficiencia energética y durabilidad del sistema. Además, permite optimizar tiempos, controlar costos y elevar la satisfacción del cliente.
Precisión técnica frente a presión comercial
El trabajo en campo obliga a equilibrar variables contradictorias: urgencia del cliente, restricciones presupuestales y complejidad técnica. Para Leslie, la certificación fortaleció su capacidad para tomar decisiones responsables bajo presión.
“Prefiero explicar por qué un proceso toma tiempo y cuesta lo que cuesta. La calidad no se improvisa”, afirma.
La capacitación le permitió identificar errores frecuentes que afectan gravemente la confiabilidad de los sistemas: diagnósticos incompletos, sustituciones parciales
sin análisis integral, reparaciones provisionales que encadenan fallas sucesivas.
Relata casos donde clientes enfrentaron gastos elevados debido a intervenciones mal ejecutadas. Técnicos previos cambiaron piezas sin revisar parámetros críticos, lo que provocó reincidencias constantes.
“El estándar enseña a evaluar todos los factores. Presiones, temperaturas, voltajes, condiciones ambientales. Solo así se encuentra la raíz del problema”, explica.
Liderazgo femenino: responsabilidad y proyección social Convertirse en la primera mujer certificada EC1390 otorga a Leslie un rol simbólico que asume con convicción. Su logro no busca protagonismo, sino abrir puertas. “Si yo pude, muchas más pueden. Eso quiero transmitir”, afirma.
Para ella, la formación técnica no distingue género. Considera que las barreras principales nacen del miedo, los estereotipos y la falta de referentes visibles. Por ello, busca compartir su experiencia con jóvenes interesadas en carreras técnicas, invitándolas a enfrentar los retos sin prejuicios.
“No hay límites. La dificultad se vence con estudio, práctica y perseverancia”, sostiene.
Propone la creación de redes de apoyo femeninas dentro del sector, espacios de intercambio, mentoría y acompañamiento que fortalezcan la presencia de mujeres en climatización, refrigeración, mantenimiento y automatización.
“Si crecemos juntas, el sector crece. Esa es la idea”, resume.
El perfil técnico del futuro: capacitación permanente y tecnología
Leslie observa con entusiasmo la transformación digital del sector HVAC&R. La
automatización, los sistemas inteligentes, la inteligencia artificial y el análisis predictivo redefinen el perfil del técnico moderno.
“En diez años veremos cosas que hoy apenas imaginamos. Sistemas más precisos, diagnósticos remotos, soluciones automatizadas”, anticipa.
Frente a ese panorama, identifica una competencia esencial: la actualización constante. Considera indispensable la capacitación continua, la lectura técnica, la experimentación controlada y la apertura al cambio.
También reflexiona sobre el reconocimiento social del talento técnico en México. A su juicio, el sector aún subestima la importancia estratégica de quienes ejecutan, mantienen y optimizan los sistemas que sostienen la productividad industrial, comercial y habitacional.
“Muchos técnicos poseen una experiencia invaluable, pero sin certificación su trabajo no recibe el valor que merece”, señala.
El futuro técnico también se escribe en femenino
Tras la certificación, Leslie concentra sus esfuerzos en aplicar los aprendizajes dentro de su empresa, elevando estándares operativos, formando a su equipo y construyendo una cultura organizacional basada en calidad, responsabilidad y mejora continua.
Define su filosofía profesional como una red de crecimiento compartido, donde la colaboración sustituye a la competencia destructiva y el conocimiento fluye en beneficio colectivo.
Al mirar hacia atrás, reconoce que su mayor fortaleza surgió del respaldo femenino: su madre, colegas, maestras y compañeras que creyeron en su proyecto incluso en momentos de duda.
“Este logro pertenece a todas las mujeres que me apoyaron”, concluye.
Su historia deja una huella que trasciende la certificación. Representa una ruptura con inercias históricas, un testimonio de perseverancia y una invitación abierta a transformar el rostro del sector HVAC&R en México.

criterios críticos para diseñar, seleccionar y operar sistemas
La transición hacia refrigerantes de bajo impacto ambiental redefine los principios clásicos del diseño en refrigeración. Más allá del cumplimiento normativo, la sustentabilidad exige una comprensión profunda del comportamiento termodinámico, el impacto del glide en los intercambiadores y la selección precisa de cada componente del sistema.
Por: Elizabeth Hernández
Dentro de la industria de la refrigeración, pocas transiciones han exigido un replanteamiento técnico tan profundo como la que hoy impone la descarbonización. No se trata solo de sustituir refrigerantes con alto potencial de calentamiento global por alternativas más limpias. El verdadero reto consiste en reaprender la termodinámica del sistema completo, cuestionar metodologías heredadas y rediseñar criterios de selección que durante décadas parecieron incuestionables.
Este viraje estructural marcó el eje central de la ponencia “Refrigeración Sustentable: Criterios Técnicos Clave con Nuevos Refrigerantes”, impartida por la ingeniera Claudia Arias, de GÜNTNER, durante las conferencias técnicas del Congreso Internacional de Refrigeración (CIR) 2025. Su intervención planteó una reflexión profunda sobre la forma en que la industria concibe, diseña, selecciona y opera sistemas de refrigeración bajo un nuevo paradigma climático, regulatorio y energético.
La charla no se limitó a exponer las ventajas ambientales de los refrigerantes de bajo GWP.
Por el contrario, advirtió que el cambio de fluido, por sí mismo, no garantiza sustentabilidad. Sin una comprensión detallada del comportamiento termodinámico, el diseño térmico del intercambiador, la correcta interpretación del glide y la integración coherente de cada componente, el sistema corre el riesgo de perder eficiencia, estabilidad y confiabilidad.
LA EVAPORACIÓN NO OCURRE A TEMPERATURA CONSTANTE, SINO DENTRO DE UN RANGO TÉRMICO
QUE MODIFICA EL PERFIL DE INTERCAMBIO A LO LARGO DEL SERPENTÍN.”

En un escenario donde la refrigeración comercial e industrial concentra cerca del 8% de las emisiones globales, y el consumo energético asociado a refrigeración y climatización supera el 17% del total mundial, cada decisión técnica adquiere una dimensión estratégica. A este contexto se suma una proyección inquietante: los hidrofluorocarbonos podrían aportar hasta 0.4 °C adicionales al calentamiento global durante este siglo, lo que coloca al sector frente a una responsabilidad histórica.
Frente a este desafío, la ingeniera Arias propuso abandonar los enfoques simplificados y avanzar hacia una ingeniería de refrigeración de alta precisión, donde la selección del refrigerante, el cálculo del intercambio térmico, la configuración del sistema y el control operativo formen parte de una misma lógica integrada. Solo así resulta posible construir sistemas que no solo cumplan con la normativa ambiental, sino que ofrezcan rendimientos térmicos reales, estabilidad operativa y eficiencia energética sostenida.
Esta visión, profundamente técnica y al mismo tiempo estratégica, convirtió la ponencia en una de las referencias más sólidas del programa del CIR 2025, al colocar en primer plano una idea contundente: la refrigeración sustentable no se logra sustituyendo moléculas, sino transformando criterios de ingeniería.
Regulación global, presión climática y rediseño tecnológico
El marco regulatorio que gobierna la transición hacia refrigerantes de bajo impacto ambiental se articula en torno a tres pilares: el Protocolo de Montreal , la Enmienda de Kigali y las regulaciones regionales como la normativa F-Gas. Este entramado normativo establece calendarios estrictos para la reducción progresiva de HFC, obligando a fabricantes,
integradores y operadores a replantear sus decisiones técnicas desde una lógica sistémica. En este contexto, el concepto de GWP (Global Warming Potential) adquiere un valor central. Dicho indicador mide la capacidad de un gas para atrapar calor en la atmósfera, en comparación con el dióxido de carbono durante un periodo estándar de 100 años. Mientras refrigerantes tradicionales como R134a presentan un GWP de 1430 y mezclas como R-507 alcanzan valores cercanos a 3985, las nuevas alternativas buscan cifras drásticamente menores.
Entre estas opciones destacan el R-744 (CO2), con un GWP igual a 1, y el R-290 (propano), con valores aproximados de 3. Ambas alternativas ofrecen ventajas notables en términos ambientales, aunque plantean retos operativos importantes: altas presiones en sistemas transcríticos para CO2 y elevada inflamabilidad en el caso del propano. A estas opciones se suman los refrigerantes clasificados como A2L, entre ellos R-454C, caracterizados por bajo GWP, inflamabilidad reducida y un comportamiento termodinámico complejo debido al fenómeno del glide.
La ingeniera Arias subrayó que la adopción de estas alternativas exige un salto cualitativo en el conocimiento técnico del sector. La seguridad, la eficiencia y la confiabilidad ya no dependen únicamente del cumplimiento normativo, sino de una interpretación rigurosa de los principios termodinámicos que gobiernan el intercambio térmico.
Del laboratorio al serpentín: el impacto real del glide
Uno de los ejes centrales de la ponencia giró en torno al deslizamiento de temperatura, conocido como glide, característico de las mezclas zeotrópicas. A diferencia de los refrigerantes puros o azeotrópicos, donde el punto de burbuja y el punto de rocío coinciden, las mezclas zeotrópicas presentan una diferencia térmica entre ambos valores, lo que modifica de manera sustancial el comportamiento durante evaporación y condensación.
En el caso del R-454C, el glide alcanza aproximadamente 8 K, una cifra con implicaciones directas en la selección y el dimensionamiento de los intercambiadores de calor. Durante la evaporación, la transferencia energética ocurre dentro de un rango
térmico, no a temperatura constante, lo que altera el perfil térmico a lo largo del serpentín.
Desde el punto de vista del diseño, esta condición exige revisar con atención el cálculo del LMTD (Log Mean Temperature Difference), parámetro esencial para determinar la capacidad real de los equipos. La exposición mostró que el uso exclusivo del punto de rocío tiende a sobrestimar la capacidad efectiva, lo que puede conducir a selecciones erróneas de evaporadores, con consecuencias directas en eficiencia, estabilidad operativa y vida útil de los componentes.
Al considerar la temperatura media real, se obtiene una representación más fiel del comportamiento del sistema, lo que permite optimizar la transferencia térmica, mejorar la uniformidad del intercambio y evitar desequilibrios en la distribución del refrigerante. Esta metodología resulta crítica en aplicaciones comerciales e industriales, donde la carga térmica, la estabilidad operativa y la confiabilidad determinan la rentabilidad del proyecto.
Evaporadores, condensadores y la nueva lógica de selección
El análisis técnico se extendió hacia el impacto del glide en la condensación, etapa igualmente sensible dentro del ciclo frigorífico. En mezclas zeotrópicas, la liberación de calor tampoco ocurre de forma isotérmica, lo que exige redefinir los criterios tradicionales de selección de condensadores.
Un error frecuente consiste en diseñar el intercambiador considerando exclusivamente la temperatura de rocío a la entrada. Bajo esta premisa, la condensación finaliza a temperaturas más bajas de lo previsto, lo que reduce el gradiente térmico efectivo y limita la capacidad real de disipación. En condiciones

ambientales elevadas, esta situación provoca condensadores subdimensionados, con impacto directo en presión de descarga, consumo energético y estabilidad del sistema.
El enfoque propuesto durante la ponencia plantea integrar la temperatura media de condensación en los cálculos, ajustando la selección del intercambiador y alineando la capacidad térmica con la demanda real del ciclo. Esta estrategia reduce el estrés mecánico del compresor, estabiliza el régimen operativo y mejora el rendimiento global.
La selección del compresor, bajo este esquema, deja de responder únicamente a condiciones extremas teóricas para alinearse con escenarios operativos realistas. El resultado se traduce en menores picos de presión, descargas térmicas más controladas y una reducción tangible del consumo energético, especialmente durante periodos de alta carga estacional.
Errores silenciosos que comprometen la eficiencia
Ignorar el glide no solo representa una omisión conceptual, sino un riesgo operativo concreto. La ingeniera Arias enumeró una serie de fallos recurrentes asociados a esta práctica: selección imprecisa de intercambiadores, control ineficiente del sistema, cálculo incorrecto de subenfriamiento y sobrecalentamiento, desajustes en la instrumentación y riesgo incrementado de daño al compresor Estos errores, a menudo invisibles durante la puesta en marcha, erosionan el desempeño a mediano plazo, incrementan los costos de mantenimiento y reducen la vida útil de los componentes críticos. Desde una perspectiva energética, cada desviación térmica representa kilowatts adicionales consumidos sin aportar valor operativo, lo que contradice los principios de sustentabilidad que motivan la adopción de nuevos refrigerantes.
La charla insistió en la necesidad de un cambio cultural dentro del sector técnico, donde la capacitación continua, la comprensión profunda de los diagramas presión-entalpía y la lectura crítica de las curvas de desempeño se conviertan en herramientas cotidianas. La refrigeración sustentable exige precisión, no aproximaciones heredadas.
Tecnologías auxiliares y eficiencia climática
La sustentabilidad no se agota en la selección del refrigerante. El diseño integral del sistema incluye la incorporación de tecnologías complementarias, capaces de aprovechar las condiciones ambientales para maximizar el rendimiento. Entre estas
soluciones destacan los sistemas adiabáticos, que permiten reducir la temperatura del aire de entrada al condensador, mejorando la transferencia térmica sin un incremento significativo del consumo eléctrico.
La integración de estos dispositivos cobra especial relevancia en climas cálidos, donde la eficiencia de los ciclos frigoríficos se ve comprometida por elevadas temperaturas ambientales. Al disminuir la carga térmica del condensador, se logra una operación más estable, menores presiones de descarga y reducciones sustanciales en el consumo energético.
Este enfoque refuerza la idea central de la ponencia: la sustentabilidad auténtica emerge del diseño sistémico, donde cada componente cumple un rol estratégico dentro de un conjunto coherente.
Caso práctico: cuando la teoría enfrenta la realidad
El análisis comparativo entre sistemas diseñados con criterios tradicionales y aquellos seleccionados bajo la nueva lógica térmica ofreció una evidencia contundente. Equipos dimensionados con base en el punto de rocío mostraron capacidades aparentes superiores, aunque el rendimiento real resultó inferior una vez considerados los efectos del glide.
Por el contrario, configuraciones basadas en temperaturas medias reales evidenciaron mayor estabilidad térmica, mejor aprovechamiento del área de intercambio y menores fluctuaciones operativas. Este ejercicio práctico demostró que la precisión en el cálculo no solo optimiza la eficiencia energética, sino que fortalece la confiabilidad del sistema a lo largo del tiempo.
Hacia una refrigeración verdaderamente sustentable Las conclusiones de la ponencia condensan un mensaje clave para la industria: l a sustentabilidad no depende exclusivamente del refrigerante, sino del sistema completo. Cada decisión técnica, desde la selección del fluido hasta el diseño del serpentín, el control de variables térmicas y la integración
de tecnologías auxiliares, determina el impacto ambiental, energético y operativo del proyecto.
Comprender la diferencia entre punto de burbuja y punto de rocío, interpretar el perfil térmico real de las mezclas zeotrópicas y ajustar los criterios de selección de evaporadores y condensadores representan pasos indispensables para alcanzar un desempeño alineado con los retos climáticos actuales.
La ingeniera Claudia Arias cerró su intervención subrayando que la eficiencia también constituye una estrategia empresarial. Cada mejora térmica se traduce en menores costos operativos, mayor estabilidad del sistema y una huella de carbono reducida, factores que hoy influyen de manera directa en la competitividad de las organizaciones.
Un llamado al rigor técnico
La participación de GÜNTNER dentro del CIR 2025 reafirmó el papel del conocimiento especializado como motor de transformación dentro del sector HVAC&R. Frente a una transición energética sin precedentes, la industria requiere técnicos e ingenieros capaces de interpretar la complejidad termodinámica y traducirla en soluciones confiables, seguras y eficientes.
La refrigeración sustentable ya no admite atajos conceptuales ni decisiones intuitivas. Exige precisión, formación constante y una comprensión profunda de los fenómenos físicos que gobiernan cada etapa del ciclo frigorífico. En ese terreno, la charla de Claudia Arias se posicionó como una referencia obligada para quienes buscan diseñar, operar y mantener sistemas preparados para el futuro.

Decisiones técnicas que parecen menores —como la selección de un aceite, la compatibilidad química o un procedimiento heredado— pueden definir la vida útil de un compresor. Conoce los errores silenciosos más comunes en campo, sus consecuencias reales sobre la confiabilidad del sistema y las claves técnicas para anticipar fallas antes de que se vuelvan irreversibles.
Por: Redacción Cero Grados
n el universo HVAC&R, los grandes fallos rara vez nacen de un solo evento catastrófico. La mayoría se gesta en decisiones aparentemente menores, tomadas durante la selección de lubricantes, la ejecución de un retrofit o la rutina de mantenimiento. Un aceite incorrecto, una mezcla química incompatible o una práctica heredada de tecnologías obsoletas pueden iniciar un proceso lento, casi imperceptible, que termina por reducir de manera drástica la vida útil del compresor.
EA diferencia de una fuga visible o un sobrecalentamiento abrupto, los errores relacionados con aceites operan bajo una lógica silenciosa. La degradación avanza sin alertas inmediatas, erosiona componentes críticos y deteriora el rendimiento energético. Cuando aparecen los primeros síntomas claros, el daño suele alcanzar un punto irreversible. Entender
“Entre 35 y 45% de las fallas prematuras en compresores tiene su origen en problemas de lubricación, contaminación o incompatibilidad química.”

esta dinámica resulta clave para técnicos e ingenieros responsables del diseño, la instalación y el mantenimiento de sistemas modernos.
Todo sistema de refrigeración y aire acondicionado descansa sobre una relación compleja entre el lubricante, el fluido refrigerante y los materiales internos. Cada combinación responde a principios fisicoquímicos específicos, que condicionan la miscibilidad, la estabilidad térmica, la capacidad de lubricación y la protección contra la corrosión.
Históricamente, los aceites minerales dominaron la industria gracias a su compatibilidad con refrigerantes CFC y HCFC. Con la transición hacia HFC, HFO y mezclas de bajo potencial de calentamiento global, la industria adoptó lubricantes sintéticos como los POE (poliolésteres), PAG (polialquilenglicoles) y PVE (polivinil éteres). Esta evolución técnica trajo ventajas en términos de eficiencia y estabilidad, aunque también introdujo nuevas vulnerabilidades.
Los aceites POE, por ejemplo, exhiben alta afinidad con la humedad. Una concentración superior a 100 ppm de agua en estos lubricantes acelera procesos de hidrólisis, genera ácidos orgánicos y deteriora el barniz del motor.
En condiciones extremas, la acidez total (TAN) puede duplicarse en menos de mil horas de operación. Fabricantes líderes recomiendan mantener niveles
de humedad por debajo de 50 ppm en sistemas críticos, sobre todo en aplicaciones de baja temperatura.
La miscibilidad entre aceite y refrigerante también influye en la transferencia térmica y en el retorno de lubricante. Mezclas inadecuadas reducen la viscosidad efectiva en zonas clave del compresor, lo que incrementa el desgaste en cojinetes, pistones y rotores.
Bajo este contexto, los materiales internos adquieren un papel determinante. Elastómeros, sellos, barnices y metales reaccionan de forma distinta ante cada combinación química. Ciertos HFO, por ejemplo, muestran afinidad limitada con elastómeros tradicionales, lo que provoca endurecimiento prematuro, microfisuras y fugas progresivas.
Errores frecuentes en retrofits: el terreno más fértil para el fallo oculto
La modernización de sistemas antiguos hacia refrigerantes de menor impacto ambiental representa uno de los escenarios con mayor riesgo técnico. Un retrofit mal ejecutado introduce contaminantes, genera incompatibilidades y compromete la lubricación desde el primer arranque.
Un error recurrente consiste en subestimar la limpieza del sistema. Residuos de aceite mineral, partículas metálicas y barnices oxidados permanecen adheridos a tuberías y serpentines. Cuando un lubricante sintético entra en contacto con estos contaminantes, arrastra impurezas y acelera la degradación química.
Auditorías técnicas realizadas en plantas industriales de refrigeración comercial revelan concentraciones de residuos superiores a 5 puntos porcentuales tras procesos de limpieza incompletos, un valor suficiente para alterar la viscosidad y la estabilidad térmica del nuevo aceite.
Otro desacierto habitual radica en mantener elastómeros y sellos originales. La compatibilidad química rara vez coincide entre generaciones de refrigerantes. Cambiar solo el fluido y el lubricante sin reemplazar juntas, mangueras y empaques incrementa la probabilidad de fugas en los primeros seis meses de operación.
La dosificación incorrecta del aceite también aparece como factor crítico. Técnicos con experiencia en sistemas tradicionales suelen replicar volúmenes históricos, sin considerar las

propiedades fisicoquímicas del nuevo lubricante. Un exceso de aceite reduce la eficiencia volumétrica del compresor, mientras un déficit compromete la película lubricante.
En aplicaciones comerciales de mediana capacidad, un error de 10 puntos en la carga de aceite puede elevar la temperatura de descarga hasta 15 grados centígrados, con impacto directo sobre la vida útil del motor.
A estas prácticas se suma la omisión de filtros deshidratadores adecuados. Sistemas convertidos a POE requieren desecantes compatibles con lubricantes sintéticos. El uso de cartuchos convencionales, diseñados para aceites minerales, limita la capacidad de secado y favorece la acumulación de humedad.
Señales tempranas de degradación que suelen ignorarse
El deterioro del sistema rara vez se manifiesta de manera abrupta. La mayoría de los indicios aparecen de forma sutil, lo que exige atención constante y capacidad de interpretación técnica.
Cambios en la coloración del aceite constituyen una de las primeras alertas. Un lubricante limpio mantiene tonalidades claras o ligeramente ámbar. Oscurecimientos progresivos indican oxidación, contaminación metálica o presencia de subproductos ácidos.
Variaciones mínimas en la presión diferencial de aceite también merecen escrutinio. Una caída sostenida, aun dentro de rangos aparentemente aceptables, suele anticipar pérdida de viscosidad o degradación térmica.
Incrementos graduales en la temperatura de descarga representan otro síntoma crítico. Aunque valores puntuales dentro de límites operativos no generan alarmas inmediatas, una tendencia ascendente sostenida refleja fricción interna, lubricación deficiente o retorno irregular de aceite.
Presencia de espuma persistente en mirillas y cárteres sugiere contaminación por refrigerante o humedad. Este fenómeno altera la capacidad de lubricación y favorece la cavitación. La espuma estable durante más de 30 segundos tras el arranque debe activar protocolos de inspección inmediata.
La adopción de refrigerantes A2L y HFO intensifica la complejidad técnica. Estos fluidos ofrecen bajo potencial de calentamiento global, aunque exigen tolerancias más estrictas en lubricación y selección de materiales. La solubilidad variable, la menor estabilidad térmica en condiciones extremas y la interacción con metales demandan un enfoque más analítico.
Ensayos de laboratorio demuestran que ciertos HFO generan subproductos ácidos en presencia de humedad superior a 75 ppm. Estos compuestos atacan barnices eléctricos y favorecen la formación de lodos. Para contrarrestar este efecto, fabricantes de lubricantes incorporan paquetes avanzados de aditivos, que neutralizan ácidos y estabilizan la viscosidad. Sin embargo, estos aditivos pierden eficacia cuando el sistema opera con contaminación residual elevada.
La interacción con cobre merece especial atención. Algunos HFO muestran mayor tendencia a la formación de sales de cobre, que

precipitan en válvulas de expansión y capilares. Esta deposición progresiva provoca restricciones parciales, caídas de presión y reducción de capacidad frigorífica.
Formación técnica: la variable humana en la ecuación del fallo
Ninguna estrategia tecnológica sustituye la capacitación del personal de campo. La transición hacia refrigerantes de bajo GWP exige actualización constante, comprensión de nuevas propiedades fisicoquímicas y dominio de procedimientos específicos.
Cuidar la vida del compresor exige una mirada integral que trascienda la instalación inicial. Seleccionar el aceite correcto, asegurar compatibilidad química, ejecutar retrofits con rigor técnico y monitorear señales tempranas constituye una estrategia de preservación del capital instalado.
“La compatibilidad aceite–refrigerante–materiales se ha convertido en la nueva frontera técnica de la confiabilidad.”
Bajo esta perspectiva, el error silencioso deja de ser un riesgo inevitable y se transforma en un desafío controlable. La industria HVAC&R enfrenta una etapa de transición tecnológica sin precedentes. En este escenario, la precisión técnica, la actualización permanente y la disciplina operativa definen la frontera entre sistemas confiables y equipos condenados a una obsolescencia prematura.

Por: Redacción
En el sector HVAC comercial, la calidad de una instalación no se define al momento de energizar el equipo, sino durante las horas previas, cuando cada conexión, cada medición y cada parámetro determinan la confiabilidad futura del sistema. Asociaciones técnicas internacionales, como ASHRAE y el Air Conditioning Contractors of America (ACCA), indican que la mayoría de las fallas tempranas en sistemas comerciales tienen su origen en errores cometidos durante la puesta en marcha.
Las cifras explican por qué los reclamos postinstalación, las visitas correctivas no programadas y los costos ocultos se concentran en los primeros tres meses de operación. Una puesta en marcha estructurada, documentada y ejecutada con criterio técnico evita retrabajos, reduce consumos innecesarios y extiende la vida útil del sistema. Más que una formalidad, representa la frontera entre un proyecto rentable y una cadena de correcciones constantes.
La secuencia correcta: orden que previene errores
Todo proceso de arranque eficaz comienza antes de aplicar tensión eléctrica al equipo. En sistemas paquete, minisplit, VRF y chillers pequeños, la secuencia inicial debe respetar una lógica operativa clara: inspección física, verificación eléctrica, comprobación mecánica, control de hermeticidad, evacuación profunda, carga precisa de refrigerante y validación funcional.
Una inspección física exhaustiva detecta errores frecuentes, como soportes mal nivelados, fijaciones deficientes, trayectorias incorrectas de tubería, ausencia de sifones en líneas verticales o radios de curvatura reducidos que comprometen el retorno de aceite.
Después de la inspección mecánica, la verificación eléctrica confirma continuidad, secuencia de fases,
torque en terminales y correcta selección de protecciones. En equipos trifásicos, una rotación incorrecta provoca daños severos en compresores scroll y tornillo, con incrementos de corriente que superan su valor nominal.
La prueba de hermeticidad exige presurización con nitrógeno seco hasta los niveles recomendados por el fabricante, con monitoreo mínimo de 24 horas. Una caída superior a 1 psi indica fuga activa. Informes técnicos de fabricantes líderes en compresores estiman que hasta 30 por ciento de las fugas tempranas se originan en uniones que no recibieron una prueba prolongada.
Finalmente, el vacío profundo representa una de las etapas más críticas. Para sistemas comerciales, se recomienda alcanzar al menos 500 micrones, con estabilización inferior a mil micrones durante 10 minutos. Cada mil micrones adicionales incrementan el contenido de humedad residual, lo que favorece reacciones químicas entre refrigerante, aceite y cobre.
Errores silenciosos que generan fallas prematuras
Una gran parte de los problemas no surge por omisiones evidentes, sino por pequeños descuidos técnicos que pasan inadvertidos durante el arranque. Entre los más frecuentes destacan el vacío incompleto, la carga incorrecta de refrigerante, la ubicación deficiente de sensores y una configuración inadecuada del sistema de control.
El vacío incompleto deja humedad atrapada en el sistema. A nivel químico, esta humedad reacciona con refrigerantes HFC y HFO, generando ácidos que atacan barnices y bobinados.
La carga incorrecta de refrigerante afecta de forma directa el rendimiento energético. Un subenfriamiento inferior al rango recomendado provoca alimentación deficiente al evaporador, mientras que un sobrecalentamiento excesivo eleva la temperatura de descarga.
Una mala ubicación de sensores genera lecturas erráticas que confunden al control. En sistemas VRF, un termistor mal fijado altera la lógica de modulación del compresor, lo que deriva en ciclos cortos y desgaste acelerado.
La configuración deficiente del control impide aprovechar las estrategias de eficiencia integradas. Curvas mal ajustadas, consignas incorrectas o horarios de operación mal definidos provocan picos de demanda eléctrica.

Parámetros críticos que definen la liberación del sistema
Antes de entregar un sistema al cliente, el técnico debe validar un conjunto de parámetros que funcionan como indicadores de salud operativa. Estos valores no solo confirman el funcionamiento inmediato, sino que anticipan el comportamiento a mediano plazo.
El subenfriamiento, medido en la línea líquida, permite confirmar una carga adecuada y la correcta operación del condensador. Para la mayoría de los equipos comerciales, el rango óptimo oscila entre 8 y 12 °C. Valores inferiores revelan riesgo de flash gas, mientras cifras superiores indican sobrecarga.
Por otro lado, el sobrecalentamiento, evaluado en la línea de succión, asegura que el refrigerante llegue completamente en fase gaseosa al compresor. Rangos entre 6 y 10 °C protegen al equipo frente al retorno de líquido, una de las principales causas de fallas catastróficas.
Mediciones mínimas indispensables en campo
La instrumentación correcta marca la diferencia entre un arranque superficial y uno técnicamente sólido. Un manómetro digital calibrado, una bomba de vacío con capacidad mínima de 5 CFM, un vacuómetro de alta precisión, una pinza amperimétrica True RMS y un termómetro de contacto representan el equipo básico indispensable.
Cada medición debe registrarse en formato físico o digital, con fecha, hora y condiciones ambientales. Este historial permite rastrear desviaciones futuras y facilita diagnósticos posteriores.
Checklist técnico: estructura práctica
Un checklist eficaz integra cinco bloques principales:
1. Inspección mecánica
• Nivelación del equipo
• Soportes y anclajes
• Trazado correcto de tubería
• Aislamiento térmico continuo
2. Revisión eléctrica
• Voltaje en bornes
• Secuencia de fases
• Torque en conexiones
• Protección térmica ajustada
3. Hermeticidad y vacío
• Prueba con nitrógeno
• Registro de presión estable
• Vacío menor a 500 micrones
4. Carga y control
• Subenfriamiento dentro de rango
• Sobrecalentamiento adecuado
• Sensores correctamente ubicados
• Parámetros de control validados
5. Pruebas funcionales
• Amperajes nominales
• ΔT real
• Estabilidad operativa durante 30 minutos
Este formato, aplicado de manera sistemática, transforma la puesta en marcha en un proceso repetible, auditable y confiable.
Menos retrabajos, mayor reputación técnica
Cada visita correctiva representa costos ocultos en transporte, mano de obra y desgaste de imagen ante el cliente. Empresas de servicio técnico en América Latina estiman que dos de cada 10 órdenes de trabajo mensuales corresponden a ajustes derivados de una mala puesta en marcha. Reducir esta cifra impacta de forma directa la rentabilidad y la percepción de profesionalismo.
Una puesta en marcha rigurosa consolida la reputación técnica del instalador, mejora la relación con el cliente y sienta las bases para contratos de mantenimiento posteriores. En un mercado cada vez más competitivo, donde la eficiencia energética y la confiabilidad definen la decisión de compra, el checklist técnico deja de ser un trámite para convertirse en una herramienta estratégica.
Las herramientas digitales dejaron de ser un complemento para convertirse en un pilar del trabajo técnico en HVAC. Apps de cálculo, monitoreo remoto, trazabilidad con QR y reportes electrónicos ya redefinen la precisión, la eficiencia y la calidad del servicio en campo.
Por: Redacción
La transformación digital dejó de ser un discurso aspiracional dentro del sector HVAC para convertirse en una realidad operativa que redefine la práctica cotidiana del técnico. En talleres, cuartos de máquinas, azoteas y salas de control, aplicaciones móviles, plataformas en la nube y dispositivos conectados ya forman parte del instrumental básico de trabajo.
Este nuevo ecosistema no solo eleva la precisión técnica, también introduce trazabilidad, orden documental y una capacidad inédita de análisis que impacta de forma directa en la calidad del servicio.
Frente a un entorno cada vez más exigente en términos de eficiencia energética, confiabilidad y cumplimiento normativo, la digitalización emerge como un habilitador clave. Cada herramienta aporta una capa adicional de control que permite tomar decisiones más informadas, reducir errores recurrentes y construir una relación más sólida con el cliente. En conjunto, estas soluciones dibujan un nuevo estándar profesional para el técnico HVAC.
Cálculo térmico en tiempo real: decisiones con fundamento
El dimensionamiento dejó de depender exclusivamente de cálculos manuales, tablas impresas y hojas de Excel. Hoy, múltiples aplicaciones móviles permiten estimar cargas térmicas en sitio con un nivel de precisión suficiente para la mayoría de los proyectos residenciales, comerciales ligeros e incluso industriales de pequeña escala. Estas plataformas integran variables climáticas locales, orientación solar, características constructivas y perfiles de ocupación para generar resultados inmediatos.
Las nuevas herramientas transforman la dinámica del diagnóstico inicial. El técnico obtiene datos confiables en minutos, lo que agiliza propuestas, evita sobredimensionamientos y reduce la probabilidad de seleccionar equipos incompatibles con la demanda real. Además, varias de estas aplicaciones incorporan bibliotecas técnicas de fabricantes, lo que facilita la comparación entre distintas configuraciones y simplifica la selección de componentes auxiliares.
Más allá de la rapidez, este enfoque aporta solidez técnica al proceso comercial. Cada recomendación se respalda con datos verificables, lo que fortalece la credibilidad frente al cliente y eleva el estándar profesional del servicio.
Monitoreo remoto: la operación bajo observación permanente
Las plataformas de supervisión remota redefinen la manera de entender el mantenimiento. Sensores

inalámbricos, controladores inteligentes y gateways de comunicación permiten capturar información continua sobre presión, temperatura, consumo energético, ciclos de trabajo y condiciones ambientales. Estos datos fluyen hacia la nube, donde algoritmos analíticos identifican patrones, anticipan desviaciones y generan alertas tempranas.
Este modelo desplaza el mantenimiento reactivo hacia una lógica predictiva. En lugar de intervenir después de la falla, el técnico actúa antes de que el problema impacte la operación. Estudios de asociaciones técnicas internacionales señalan que esta estrategia reduce hasta 30 por ciento los costos asociados a reparaciones mayores y prolonga la vida útil de los componentes críticos.
Dicha capacidad cobra especial relevancia en instalaciones sensibles como hospitales, centros de datos,
La digitalización transformó la forma de diagnosticar, intervenir y documentar el trabajo del técnico HVAC.
supermercados y plantas industriales. En estos entornos, cada minuto de inactividad representa pérdidas económicas y riesgos operativos. El monitoreo remoto permite respuestas más ágiles, planificación eficiente de visitas y una mayor continuidad del servicio.
Códigos QR y trazabilidad: memoria técnica al alcance de la mano
La incorporación de códigos QR en equipos, tableros eléctricos y refacciones
introduce una trazabilidad que antes resultaba difícil de mantener. Cada escaneo abre el acceso inmediato a manuales, diagramas, historiales de servicio, parámetros de configuración y registros fotográficos. Este recurso elimina conjeturas y reduce la dependencia de la memoria individual.
Tal disponibilidad de información acelera diagnósticos, evita errores por referencias incorrectas y asegura coherencia técnica en cada intervención. A su vez, fortalece la continuidad operativa cuando distintos técnicos atienden el mismo sistema a lo largo del tiempo. La plataforma se convierte en una memoria colectiva que preserva el conocimiento acumulado del proyecto.
Desde la perspectiva administrativa, esta trazabilidad también aporta valor. La documentación estructurada facilita auditorías, cumplimiento normativo y

El monitoreo remoto convierte el mantenimiento reactivo en una estrategia predictiva con impacto directo en la confiabilidad operativa.
análisis de desempeño, aspectos cada vez más relevantes dentro de esquemas de certificación energética y sostenibilidad.
Reportes digitales: velocidad, claridad y profesionalismo
Contar con sistemas de reporte electrónico transforma la entrega de resultados técnicos y administrativos. Formularios dinámicos, firmas digitales y captura fotográfica en tiempo real permiten cerrar órdenes de trabajo directamente en sitio. Este proceso elimina retrabajos administrativos y reduce la probabilidad de omisiones.
Al completar el servicio, la información viaja de forma inmediata al sistema central, lo que acelera los procesos de facturación y mejora los tiempos de cobro. Empresas que adoptaron estas plataformas reportan incrementos en la eficiencia administrativa, además de una disminución notable en aclaraciones por datos incompletos.
Desde la óptica del cliente, estos reportes refuerzan la percepción de profesionalismo. Documentos claros, con evidencia técnica y parámetros medidos, transmiten confianza y respaldo, factores decisivos para la fidelización.
Digitalización en acción: menos retrabajos, más productividad
Experiencias de campo confirman el impacto tangible de estas herramientas. Empresas de mantenimiento industrial documentan reducciones en retrabajos gracias a diagnósticos más certeros y registros técnicos completos. La combinación de monitoreo remoto, trazabilidad digital y cálculo en campo permite anticipar fallas, planificar intervenciones y seleccionar refacciones correctas desde la primera visita.
Técnicos independientes también capitalizan estos beneficios. Al integrar aplicaciones especializadas, plataformas de gestión y catálogos digitales, optimizan rutas, disminuyen tiempos

muertos y elevan la tasa de solución inmediata. Esta eficiencia se traduce en mayor volumen de servicios atendidos por jornada y mejores márgenes operativos.
Dentro de proyectos complejos, la digitalización fortalece la coordinación entre instaladores, ingenieros y supervisores. Plataformas colaborativas centralizan información, evitan duplicidades y aseguran coherencia técnica desde el diseño hasta la puesta en marcha.
El nuevo estándar profesional
Este proceso redefine el perfil del técnico HVAC. A las competencias tradicionales en refrigeración, electricidad y control, se suman habilidades digitales que incluyen interpretación de datos, manejo de plataformas y comprensión de protocolos de comunicación. Esta evolución no desplaza la experiencia práctica, la potencia.
La formación continua se vuelve un factor estratégico. Fabricantes, asociaciones y centros de capacitación incorporan módulos sobre herramientas digitales, IoT aplicado y gestión de información técnica. Esta preparación incrementa la empleabilidad, eleva la calidad del servicio y posiciona al técnico como un actor clave dentro de la transición hacia edificios más eficientes y sostenibles.
En un sector donde la calidad define la reputación, la tecnología se convierte en el aliado más estratégico del oficio.
Por: Redacción
En el trabajo diario de campo, los golpes en las aletas del serpentín forman parte del paisaje. Traslados sin protección, maniobras en espacios confinados, limpiezas agresivas y descuidos durante el montaje provocan deformaciones que restringen el paso de aire. Aun así, muchos técnicos carecen de peine profesional o trabajan en entornos donde su uso resulta inviable. En estos casos, conocer métodos alternativos seguros permite rescatar serpentines dañados sin comprometer su desempeño.
Herramientas improvisadas que sí funcionan
Cuando el peine profesional no se encuentra disponible, el criterio técnico y la selección correcta de herramientas marcan la diferencia entre una reparación funcional y un daño irreversible. Entre los recursos improvisados más efectivos destacan:
Tarjetas plásticas rígidas, como credenciales vencidas o tarjetas de presentación laminadas. Su flexibilidad moderada permite reacomodar la aleta sin marcar el aluminio.
Espátulas de plástico para resane fino, comunes en ferreterías, con bordes rectos y sin rebabas.
Palillos de madera planos, útiles para correcciones puntuales entre tubos.
Peines de plástico de dientes finos, no diseñados para HVAC, pero con separación adecuada en serpentines de paso amplio.
Cada herramienta exige adaptación a la densidad de aleta. En serpentines de 12 a 14 aletas por pulgada, los elementos delgados funcionan mejor. En geometrías más cerradas, conviene trabajar con tarjetas plásticas, avanzando de manera gradual para no forzar el material.
Técnica manual paso a paso
Antes de intervenir, una inspección visual detallada permite identificar las zonas críticas. Conviene marcar los puntos con mayor colapso y determinar la dirección original de la aleta. A partir de esta evaluación, la corrección manual sigue una secuencia precisa:
01 02 03 04 05
Limpieza superficial previa. Eliminar polvo y residuos con aire a baja presión facilita observar la deformación real y evita incrustar partículas en el aluminio.
Inserción gradual de la herramienta.
Introducir la tarjeta o espátula con un ángulo inferior a 30 grados respecto a la aleta.
Movimiento longitudinal suave. Desplazar la herramienta en sentido vertical, sin forzar, para recuperar el paralelismo original.
Correcciones parciales sucesivas.
Repetir el proceso en tramos cortos, evitando intentar una rectificación total en una sola pasada.
Revisión final del flujo. Comprobar visualmente la continuidad de los canales de aire y corregir imperfecciones residuales.
Este procedimiento prioriza la recuperación geométrica sin inducir microfisuras ni desprendimientos. La paciencia y la constancia sustituyen a la fuerza.
Presión correcta: el límite entre corregir y colapsar
El aluminio de las aletas presenta un espesor promedio entre 0.10 y 0.18 mm, según el fabricante. Esta delgadez garantiza alta transferencia térmica, pero también una fragilidad considerable. La presión manual ideal no supera la que puede ejercer un dedo pulgar firme, alrededor de 15 a 20 newtons. Exceder este rango tiende a deformar la aleta contra el tubo, reduciendo el espacio libre y comprometiendo el intercambio.
Una regla práctica consiste en trabajar sin apoyar la herramienta sobre los tubos de cobre. Si la tarjeta toca el tubo, la presión ya resulta excesiva. Mantener la intervención dentro del plano de la aleta conserva la integridad del serpentín.
Cuándo corregir y cuándo reemplazar

Aletas desgarradas con bordes cortantes.
Tubos deformados o con indicios de fuga.
Zonas extensas con colapso superior al 40 % del área frontal.

Serpentines con corrosión avanzada que debilita la unión aleta–tubo.
Ignorar estos límites conduce a reparaciones aparentes que esconden pérdidas térmicas significativas y riesgos operativos.
Un recurso práctico que preserva desempeño
Recuperar la geometría de un serpentín sin peine profesional no sustituye las buenas prácticas de instalación y transporte, pero ofrece una solución real en campo. La correcta aplicación de estas técnicas reduce retrabajos, evita paros innecesarios y prolonga la vida útil del equipo. Para el técnico, dominar estos métodos representa una ventaja competitiva que se traduce en servicios más eficientes, menor consumo energético y mayor confiabilidad operativa.

