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Ruralidades en disputa

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RuRalidades EN DISPUTA Territorio, poder y alternativas desde el campo colombiano

Carlos Alberto Suescún Barón Uriel Rodríguez Espinosa editores académicos

Prólogo de Manuel Enrique Pérez Martínez, Ph. D.

Ruralidades en disputa

Pontificia Universidad Javeriana

Ruralidades en disputa:

Territorio, poder y alternativas desde el campo colombiano

Carlos Alberto Suescún Barón y Uriel Rodríguez Espinosa Editores

Facultad de Estudios Ambientales y Rurales

Reservados todos los derechos

© Pontificia Universidad Javeriana

© Carlos Alberto Suescún Barón y Uriel Rodríguez Espinosa, editores académicos

Primera edición: marzo de 2026, Bogotá D. C.

ISBN (digital): 978-628-502-104-6

DOI: https://doi.org/10.11144/Javeriana.

9786285021046

Hecho en Colombia

Made in Colombia

Editorial Pontificia Universidad Javeriana Carrera 7.a n.° 37-25, oficina 1301

Edificio Lutaima

Teléfono: 320 8320 ext. 4205 www.javeriana.edu.co/editorial

Bogotá, D. C.

Corrección de estilo: Juan Guillermo Londoño

Diagramación: Margarita Isabel Sandoval Montoya

Diseño de cubierta: Margarita Isabel Sandoval Montoya

Fotografía de tapa: Manuel Enrique Pérez Martínez

Pontificia Universidad Javeriana | Vigilada Mineducación. Reconocimiento como Universidad: Decreto 1297 del 30 de mayo de 1964. Reconocimiento de personería jurídica: Resolución 73 del 12 de diciembre de 1933 del Ministerio de Gobierno.

Pontificia Universidad Javeriana. Biblioteca Alfonso Borrero Cabal, S. J. Catalogación en la publicación

Suescún Barón, Carlos Alberto, autor, editor académico

Ruralidades en disputa : territorio, poder y alternativas desde el campo colombiano / autores, Carlos Suescún [y otros] ; editores académicos Carlos Suescún, Uriel Rodríguez Espinosa. -- Primera edición. -- Bogotá : Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2026. (Anábasis. Colección Investigación).

198 páginas ; 24 cm

Incluye referencias bibliográficas.

ISBN: 978-628-502-104-6 (electrónico)

1. Desarrollo rural 2. Comunidades campesinas 3. Desarrollo sostenible 4. Población rural 5. Tenencia de la tierra 5. Crisis ambiental 6. Grupos sociales I. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá.

CDD 307.1412 edición 21

CO-BoPUJ 04/02/2026

Prohibida la reproducción total o parcial de este material sin la autorización por escrito de la Pontificia Universidad Javeriana. Las ideas expresadas en este libro son responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión de la Pontificia Universidad Javeriana.

Prólogo 9

Manuel Enrique Pérez Martínez

El agronegocio de la palma de aceite en Colombia: historia y poder gremial en la agricultura colombiana (1989-2016) 25

Natalia Espinosa Rincón

La percepción de las comunidades campesinas, afrodescendientes e indígenas sobre la seguridad en la tenencia de la tierra en la región de Montes de María, Colombia (2020-2021) 53

Adriana Milena Beltrán Ruiz

Ana María Sierra Blanco

Gabriel J. Tobón Quintero

Economía popular y economía campesina: constelaciones sociales en países periféricos 83

Carlos Alberto Suescún Barón

Movimiento Agroecológico: diversidad y subjetivación política 107

Sergio Monroy-Isaza

Análisis comparado del papel del capital social en la resiliencia de iniciativas indígenas en Puerto Nariño, Colombia 127

Humberto Rojas Pinilla

Douglas Eduardo Molina Orjuela

Relevo generacional: un fenómeno para repensar la dinámica rural 155

Uriel Rodríguez Espinosa

autores 191

Prólogo

Las formaciones sociales actuales atraviesan cambios de carácter global que instauran un renovado horizonte civilizatorio, atravesado por crisis interdependientes. Entre los fenómenos más relevantes se encuentran los desplazamientos poblacionales —tanto internos como transfronterizos—, la expansión del tejido urbano, el vaciamiento de las zonas rurales, la agudización de la crisis climática, los cambios en la estructura etaria y la fragilización de los sistemas alimentarios y energéticos. Estas dinámicas alteran profundamente las condiciones de vida y los modos de organización social y económica, al tiempo que profundizan brechas históricas de exclusión y asimetrías de poder en distintas escalas territoriales (FAO, 2023; Climate change…, 2022).

En este contexto, lo rural deja de ser concebido como un enclave marginal o exclusivamente vinculado a lo agrario, para adquirir centralidad como espacio clave en la gestación de horizontes civilizatorios alternativos. Su relevancia no se limita a la producción agroalimentaria, a la gestión de bienes naturales compartidos o a la protección de ecosistemas, pues también reside en su condición como soporte de saberes, memorias colectivas, resistencias territoriales y formas de vida ancladas a relaciones socioecológicas que interpelan las lógicas hegemónicas del desarrollo (Altieri y Toledo, 2011; Escobar, 2010; FAO, 2023).

En el caso colombiano, la importancia estratégica de las territorialidades rurales se manifiesta con particular intensidad. Aun

* Director y profesor titular del Departamento de Desarrollo Rural y Regional, Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, Pontificia Universidad Javeriana.

en medio del despojo institucional, la concentración latifundista, la persistencia de conflictos armados en el ámbito agrario y la inserción subordinada de las economías locales en los circuitos del capital transnacional, el mundo rural sigue configurándose como un escenario dinámico de producción social, agencia colectiva y construcción de alternativas al paradigma dominante. El acuerdo final de paz de 2016 representó una coyuntura crítica para visibilizar esa centralidad, pero su ejecución limitada ha evidenciado las profundas barreras estructurales que condicionan la transformación del régimen agrario del país (CNMH, 2016; Machado, 2017).

Aunque en las últimas décadas se evidencian intentos por resignificar la ruralidad en los discursos públicos y en el campo académico, persisten tensiones estructurales que limitan su reconocimiento pleno. Entre ellas, destacan los conflictos por el acceso y control del suelo, la estigmatización y/o desaparición de liderazgos territoriales, la expansión de lógicas agroindustriales de corte extractivo y las amenazas que recaen sobre espacios que resguardan modos de vida no hegemónicos. Frente a las consecuencias históricas de la concentración de la propiedad, el avance del agronegocio y el deterioro de políticas redistributivas, emergen experiencias rurales y de frontera entre lo urbano y lo rural que no solo resisten, sino que resignifican el habitar rural, transformando prácticas espaciales y proponiendo horizontes más equitativos y sustentables. Estas formas organizativas, diversas y situadas, entrelazan luchas sociales con innovaciones productivas, epistemológicas y de gobernanza.

Ejemplo de ello son las iniciativas agroecológicas promovidas por comunidades campesinas e indígenas que, en múltiples regiones del país, han logrado constituir circuitos solidarios de comercialización, mecanismos participativos de validación y estrategias de acceso a mercados, todo ello sin desvincularse de sus identidades territoriales ni depender de insumos externos, lo que revela el potencial transicional de la agroecología. En el ámbito institucional, figuras como las Zonas de Reserva Campesina, los territorios campesinos

Enrique Pérez Martínez

agroalimentarios (TCA), los consejos comunitarios afrodescendientes, los resguardos indígenas y los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR) de excombatientes, constituyen esquemas alternativos de gestión del territorio.

Estas iniciativas articulan planificación endógena, defensa de bienes comunes y reproducción sociocultural, dialogando activamente con marcos normativos nacionales e internacionales, como la Declaración de los Derechos Campesinos de las Naciones Unidas (Declaration on the rights of peasants…, 2018).

Lejos de constituir fenómenos aislados o meramente locales, estas experiencias rurales interpelan de forma estructural el modelo hegemónico de desarrollo, al evidenciar que es posible construir alternativas ancladas a la confluencia entre justicia social, sostenibilidad ecológica y soberanía territorial. En lugar de reproducir esquemas funcionales al capital, estos procesos configuran propuestas transformadoras que cuestionan las lógicas extractivas y verticales del orden establecido. Como advierte Cristóbal Kay (2015), la conflictividad en el mundo rural latinoamericano ha derivado en nuevas modalidades de acción colectiva que entretejen identidad, memoria histórica y proyección de horizontes poscapitalistas. En una línea convergente, Escobar et al. (2017; 2025) plantean que tales iniciativas deben ser comprendidas como manifestaciones de una ontología relacional, donde el territorio no se reduce a un bien instrumental, sino que se concibe como entramado vital, cargado de significados, vínculos y posibilidades de reexistencia.

En este marco de contextos y debates se inscribe la presente obra colectiva. El libro reúne contribuciones de investigadoras e investigadores vinculados al grupo de investigación Conflicto, Región y Sociedades Rurales y al grupo Institucionalidad y Desarrollo Rural del Departamento de Desarrollo Rural y Regional de la Pontificia Universidad Javeriana, así como del grupo Economía, Ambiente y Alternativas al Desarrollo-Territorios, Agroecología y Sistemas Agroalimentarios de la Universidad Nacional de Colombia. Sus aportes

se basan en investigaciones realizadas en estrecha colaboración con comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes en diversos territorios del país, con el objetivo de comprender críticamente los procesos emergentes que atraviesa lo rural en Colombia. Los seis capítulos que conforman este manuscrito se articulan en torno a tres ejes temáticos que permiten comprender, desde distintas perspectivas, la complejidad del mundo rural colombiano contemporáneo. El primer eje aborda los modelos de desarrollo rural y sus efectos sociales y territoriales, centrándose en cómo ciertas formas de producción, como el agronegocio de la palma de aceite, configuran estructuras de poder que impactan negativamente la vida rural y el ordenamiento del territorio. El segundo eje se enfoca en los derechos territoriales, la seguridad en la tenencia de la tierra y las economías populares, explorando las percepciones, vulnerabilidades y estrategias de comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes frente al despojo y la subordinación económica. Finalmente, el tercer eje recoge diversos procesos sociales emergentes y apuestas colectivas para construir alternativas como la agroecología, el turismo indígena o el relevo generacional, que abren horizontes de transformación y permiten imaginar futuros rurales más justos, sostenibles y autónomos.

Estructura de la obra

Del diagnóstico estructural a la crítica del desarrollo rural hegemónico

El primer eje temático del texto aborda el carácter estructural del modelo de desarrollo rural en Colombia. En el capítulo de Natalia Espinosa se demuestra cómo el gremio Fedepalma, desde los años 90, logró articular intereses empresariales y políticas públicas para consolidar un agronegocio territorializado, basado en monocultivos de palma, con profundas implicaciones sobre la vida campesina, la tierra y el ambiente. Se destaca cómo esta expansión responde a una

lógica de gobernanza corporativa y financiarización de la tierra, fenómeno también identificado por la literatura crítica latinoamericana (Machado, 2017). Desde una perspectiva crítica, este capítulo interpela la noción de asociatividad productiva y denuncia su rol como dispositivo de subordinación campesina. Algunas de las cuestiones que plantea la autora son, por ejemplo, la forma en que se acumula poder político desde lo gremial o las implicaciones que tiene este particular ejercicio del poder para el ordenamiento territorial rural, cuestiones que son fundamentales para repensar las políticas agrarias en clave de justicia y redistribución.

Este primer eje temático habilita un campo de problematización en torno a los fundamentos político-económicos que sustentan el modelo rural dominante en Colombia. A partir del análisis del sector palmero y de la articulación corporativa del poder agroindustrial, se despliegan interrogantes cruciales que exigen atención tanto académica como institucional. ¿A través de qué dispositivos formales e informales logran los gremios del agro incidir en la definición de políticas públicas y en las dinámicas de ordenamiento territorial? ¿De qué manera se reestructuran las configuraciones de clase, género y etnicidad en los espacios rurales transformados por la expansión de monocultivos a gran escala? ¿Qué impactos socioambientales genera la lógica de financiarización del suelo y cómo estos se expresan de forma diferenciada en las economías campesinas, según los marcos territoriales en los que operan? Estas preguntas permiten visibilizar las relaciones de poder, las formas de acumulación y las disputas por la territorialidad que atraviesan el campo colombiano contemporáneo.

Desde una perspectiva crítica, se abren nuevas hipótesis interpretativas que requieren de futuras contrastaciones empíricas. Por un lado, la asociatividad productiva promovida por las políticas rurales en contextos de agronegocio podría operar como un dispositivo de captura institucional, en la medida en que cooptan formas organizativas campesinas y las subordinan a cadenas de valor controladas

por grandes actores privados. Por otro lado, el avance del modelo palmero no puede explicarse únicamente como resultado de dinámicas económicas globales, sino como expresión de una racionalidad territorial corporativa, que busca territorializar el capital mediante el control político del suelo, el acceso privilegiado a subsidios estatales y la contención de resistencias locales. Finalmente, la expansión de monocultivos en zonas rurales exige ser leída desde una ecología política del poder, donde se entrecrucen discursos de modernización, estructuras de violencia persistente y mecanismos de exclusión institucional que configuran un patrón de subordinación territorial. Estas preguntas e hipótesis contribuyen a una agenda de investigación que no solo desnaturaliza los supuestos del desarrollo rural dominante, sino que abre la posibilidad de repensar las políticas públicas rurales desde claves redistributivas, ecológicas y democráticas, reconociendo las formas organizativas del campesinado y sus capacidades de producir otros futuros territoriales posibles.

Disputas por el territorio, economía campesina y poder popular

El segundo eje ahonda en la dimensión política de los derechos territoriales, y la seguridad en la tenencia de la tierra. Tobón, Beltrán y Sierra analizan los Montes de María, revelando cómo el miedo, el recuerdo del despojo y la continuidad del poder paramilitar configuran un clima de inseguridad jurídica y simbólica a pesar de los esfuerzos institucionales de restitución. Desde un enfoque participativo y situado, el estudio demuestra que los conflictos no se resuelven solo con títulos de propiedad, sino que exigen condiciones para el arraigo, el cuidado del territorio y la reparación integral (CNMH, 2016; Sosa, 2012).

Complementando esta línea, el capítulo de Carlos Alberto Suescún Barón aborda las economías populares y campesinas desde la teoría de la dependencia y el estructuralismo cepalino. Propone que estas formas económicas, lejos de ser residuos del pasado, son

constelaciones sociales y capacidades organizativas fundamentales para la reproducción social. Esta propuesta permite (re)ubicar sujetos sociales y territorios en luchas históricas compartidas, que van desde el reconocimiento jurídico, social y político de las economías campesinas y populares, hasta su concepción como agentes de cambio y transformación en asuntos tan perentorios como la lucha contra la desigualdad, la sostenibilidad y la protección de la cultura.

Estos capítulos nutren los debates contemporáneos sobre la redistribución de la tierra (Radiografía de la desigualdad…, 2017), la seguridad jurídica plural y la revalorización del campesinado y los sujetos populares como actores estratégicos para la soberanía alimentaria y el equilibrio ecosistémico (FAO, 2023; Berdegué y Favareto, 2019).

Los aportes reunidos en este segundo eje temático configuran una agenda investigativa sustantiva que va más allá de la caracterización empírica de las dinámicas territoriales, al enfocarse en las disputas estructurales que atraviesan acceso, uso y control de recursos en el contexto colombiano. Desde esta perspectiva, surgen interrogantes fundamentales que desafían tanto los marcos analíticos vigentes como las políticas públicas en curso: ¿qué arreglos institucionales, entramados socioculturales y condiciones territoriales posibilitan que los procesos de restitución formal de tierras se traduzcan en prácticas efectivas de reparación integral, permanencia digna y recomposición comunitaria? ¿De qué manera se reconfiguran los órdenes de poder territorial tras procesos de despojo y cuál es el rol de los actores armados transformados en estos escenarios tras el acuerdo de paz?

¿Qué dinámicas explican la continuidad de la inseguridad jurídica en zonas donde han operado mecanismos formales de restitución? ¿En qué medida los marcos legales actuales reconocen —o restringen— la pluralidad de formas de tenencia, gestión y apropiación territorial presentes en comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes? Estas preguntas permiten tensionar las narrativas oficiales sobre la reparación y avanzar hacia un enfoque más integral y situado de la justicia territorial.

Desde una perspectiva económica y sociopolítica, se plantean también nuevas hipótesis que invitan a repensar los marcos interpretativos convencionales. En primer lugar, la economía campesina y las economías populares no deben seguir siendo comprendidas como “reservas de atraso”, sino como formas activas de organización productiva, social y cultural, sustentadas en racionalidades distintas a las del capital, que exigen ser analizadas desde sus propias lógicas históricas, territoriales y éticas. A pesar de su subordinación estructural frente al modelo dominante, las economías campesinas y populares no carecen de agencia, pues en muchos contextos expresan formas emergentes de poder político y capacidad organizativa que les permite construir proyectos territoriales autónomos. En este sentido, la articulación entre dinámicas de economía popular y procesos colectivos de defensa del territorio puede constituirse en una estrategia clave de resistencia frente a la expansión del agronegocio, la especulación inmobiliaria, la creciente financiarización de la tierra y la inseguridad alimentaria.

Estas preguntas e hipótesis apuntan a una agenda de estudios comprometida con el entendimiento profundo de las luchas territoriales, las economías desde abajo y las condiciones necesarias para la redistribución social, ecológica y justa de los recursos, con enfoques que reconozcan la pluralidad normativa, la densidad relacional del territorio y el papel de los actores subalternos como productores de alternativas.

Emergencias territoriales: agroecología, turismo indígena y juventudes rurales

El tercer eje visibiliza experiencias que, desde abajo, tejen resistencias y alternativas. El capítulo de Sergio Monroy-Isaza posiciona la agroecología como un campo de subjetivación política que articula luchas territoriales, saberes ancestrales y nuevas narrativas civilizatorias. Esta lectura, que dialoga con Altieri y Toledo (2011), desplaza

el enfoque técnico-productivista de la agroecología y destaca su dimensión política, pedagógica y epistemológica.

Humberto Rojas y Douglas Molina, por su parte, examinan el papel del capital social en las iniciativas turísticas indígenas de Puerto Nariño, desde los enfoques de medios de vida (Chambers y Conway, 1992) y del neoinstitucionalismo. El estudio evidencia cómo estas estrategias, aunque limitadas por el contexto de pobreza y la debilidad institucional, expresan una capacidad de agencia y resiliencia territorial que merece ser fortalecida desde la política pública.

Uriel Rodríguez revisa críticamente la categoría de relevo generacional, mostrando cómo los habitantes del campo han sido invisibilizados por enfoques adultocéntricos y reduccionistas. Propone una mirada relacional y política que revaloriza no solo las juventudes, sino a los diversos habitantes del campo como actores de transformación y continuidad de la vida rural.

El tercer eje temático visibiliza experiencias en curso que, desde procesos colectivos situados, despliegan estrategias de resistencia, resignificación y proyección de nuevas formas de habitar y de reimaginar lo rural. Estas iniciativas, aunque localizadas, constituyen campos fértiles para la formulación de agendas investigativas críticas, ancladas a los territorios y comprometidas con sus actores sociales. Los hallazgos reunidos en este apartado convocan a una indagación más profunda sobre las dimensiones epistémicas, organizativas y políticas de dichas prácticas transformadoras. Entre los interrogantes que emergen se encuentran: ¿qué entramados sociales, culturales y políticos posibilitan la emergencia de subjetividades agroecológicas como formas de oposición al régimen agroindustrial? ¿Qué aprendizajes generan las propuestas de turismo indígena en contextos atravesados por pobreza estructural y fragilidad institucional, en relación con alternativas de economía territorial? ¿Cómo se modifica el capital social comunitario bajo condiciones de presión externa —por parte del mercado, el Estado o actores cooperantes—? ¿De qué manera incide esta transformación en la viabilidad de las iniciativas colectivas?

En relación con las juventudes rurales, cabe preguntarse ¿qué dispositivos normativos, discursivos y simbólicos contribuyen a su exclusión de las políticas públicas de desarrollo rural y cómo estos pueden reconfigurarse para reconocerlas como sujetos políticos activos?

Estas preguntas permiten delinear hipótesis exploratorias de valor analítico para futuras investigaciones. Una de ellas está relacionada con la agroecología, observada más allá de su dimensión técnica o productiva, para ser mejor comprendida como un espacio de politización subjetiva, donde confluyen memorias históricas, saberes territoriales y horizontes de transformación civilizatoria. Esta lectura permite interpretar las prácticas agroecológicas como procesos integrales que configuran nuevas territorialidades, identidades colectivas y formas de vida autónomas. De forma complementaria, las iniciativas turísticas indígenas pueden ser entendidas como expresiones de soberanía económica relacional, en tanto que se fundamentan en el uso estratégico del capital social comunitario y en la resignificación cultural frente a las lógicas mercantiles del turismo convencional. Finalmente, las juventudes rurales, lejos de constituir una categoría pasiva o en riesgo, emergen como actores políticos capaces de disputar los discursos del abandono, desafiar los marcos adultocéntricos de las políticas públicas y proyectar nuevas formas de arraigo, participación y agencia territorial.

Este eje invita a replantear las categorías tradicionales de análisis (agricultura, producción, empleo juvenil, emprendimiento, cultura), proponiendo marcos que reconozcan los procesos de emergencia territorial como prácticas vivas de reinvención, resistencia y creación de mundos posibles desde los márgenes rurales. Una agenda investigativa futura debe profundizar en las condiciones de posibilidad, escalabilidad y sostenibilidad de estas alternativas, sin despolitizarlas ni instrumentalizarlas.

Los resultados reunidos en estos capítulos evidencian una postura analítica que se distancia de las narrativas del déficit comúnmente asociadas a lo rural, para asumirlo, en cambio, como un

campo abierto de agencia, creatividad y transformación. Las y los autores aquí convocados escriben desde posicionamientos múltiples, con una voz crítica, situada y comprometida. Lo que emerge no son únicamente hallazgos empíricos, sino apuestas metodológicas que privilegian el trabajo colaborativo y el diálogo con saberes territoriales, comunitarios y ancestrales. Esta obra no se limita a generar conocimiento sobre las comunidades, sino que avanza en la construcción de saberes con ellas, cuestionando de raíz la dicotomía entre sujeto y objeto de investigación. En este sentido, se inscribe en el horizonte de lo que Donna Haraway (1988) denomina “ciencia situada” (p. 575, traducción propia): una práctica epistémica que reconoce la parcialidad, la relacionalidad y la responsabilidad ética del acto investigativo. En el campo de los estudios rurales, este libro aporta una crítica ineludible que desestabiliza las concepciones funcionalistas y tecnocráticas del territorio. Lejos de entenderlo únicamente como una unidad de planificación, una escala de intervención estatal o una plataforma para la acumulación, los textos aquí compilados revelan que el territorio es también una construcción histórica, afectiva y simbólica. Es espacio vivido y sentido, donde se inscriben memorias colectivas, se actualizan conflictos, se negocian sentidos de pertenencia y se configuran subjetividades políticas (Haesbaert, 2013; Raffestin, 1980; Santos, 2000). Esta mirada crítica y situada permite comprender la ruralidad no como una categoría meramente espacial o demográfica, sino como una condición política, un entramado de relaciones de poder, prácticas sociales y disputas materiales y simbólicas atravesadas por procesos de despojo, desposesión, resistencia y reapropiación territorial (Harvey, 2004; Escobar, 2010; Svampa, 2019). Es así que estos escritos dan luces para entender los territorios rurales como escenarios de contradicción y posibilidad, donde las políticas de control estatal o empresarial se enfrentan a prácticas cotidianas de reexistencia comunitaria. Afectos, arraigos y deseos se articulan con luchas por el acceso a la tierra, la defensa de lo común y la reproducción de la vida en condiciones de dignidad.

Esta lectura dialógica y decolonial del territorio enriquece las discusiones contemporáneas sobre justicia territorial, gobernanza democrática y sostenibilidad socioecológica, abriendo paso a un campo de investigación que exige epistemologías más abiertas, éticas relacionales y marcos interpretativos capaces de pensar con los territorios, no sobre ellos (Porto-Gonçalves, 2009; Radcliffe, 2017).

Esta obra ofrece una crítica aguda a ciertos abordajes de las ciencias sociales que, pese a su orientación emancipadora, tienden a encasillar a los sujetos rurales en categorías identitarias fijas — como campesino, indígena o joven—, reproduciendo esencialismos que oscurecen la complejidad, heterogeneidad y dinamismo de sus trayectorias vitales. A partir de investigaciones empíricas en diversos contextos rurales colombianos, se evidencia que tales etiquetas homogéneas fallan en capturar las tensiones internas, los conflictos sociopolíticos y las aspiraciones diferenciadas que configuran la vida cotidiana en los territorios. Este enfoque crítico se alinea con los planteamientos de Stuart Hall (1996), quien advierte que las identidades no son esencias preexistentes, sino construcciones relacionales, marcadas por la historia, el poder y la diferencia. En este sentido, el libro invita a repensar las categorías analíticas no como puntos de llegada, sino como herramientas provisionales que deben ser permanentemente interrogadas desde una perspectiva situada y reflexiva.

Frente a ello, los autores proponen una mirada relacional e interseccional que articula clase, etnicidad, género y generación como dimensiones coconstitutivas de los conflictos territoriales y de las alternativas rurales. Esta perspectiva se inscribe en un campo emergente de investigación que demanda análisis que vayan más allá de categorías discretas y lineales, en favor de modelos multidimensionales que capturen intersecciones y desigualdades complejas.

A modo de cierre: por una ruralidad viva y transformadora

El valor de este libro reside en su potencial de incidencia en el plano institucional del desarrollo rural, así como en la apertura de las interpretaciones sobre la reproducción de los conflictos en las sociedades rurales. En un país que aún enfrenta retos estructurales como la concentración de la tierra (Radiografía de la desigualdad…, 2017), la implementación incompleta del acuerdo de paz (Kroc Institute, 2019) y la marginación de economías populares, los hallazgos aquí presentados deben ser leídos como insumos para la acción pública, la justicia territorial y la construcción de paz.

Desde esta perspectiva, este libro se constituye como una herramienta para repensar las políticas de desarrollo rural desde una mirada integral, interseccional y territorializada; apoyar la formación de juventudes rurales como agentes de cambio, y visibilizar experiencias alternativas que hoy encarnan horizontes de vida sostenible. Invitamos a las y los lectores a sumarse a este diálogo, reconociendo que la disputa por el porvenir de la ruralidad no se libra solo en el plano académico o técnico, sino en la cotidianidad de quienes siembran, habitan y sueñan territorios más justos, habitables y diversos.

Bogotá, 30 de julio de 2025

Referencias

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Ruralidades en disputa.

Territorio, poder y alternativas desde el campo colombiano se compuso con tipografía de la fuente Minion Pro. Su edición terminó en la ciudad de Bogotá, en marzo de 2026.

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