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Coordinación general:
Manuela Fernández

Valentina López
Karen Sofía Escobar
Dirección editorial:
Laura Guillén
Manuela Fernández
Valentina López
Maria Gabriela Espinel


Dirección de redes sociales:
Jessica Ximena Delgado
Marisol Sofía Saenz
Ana María Mendivelso
Valery Acosta
Estiben Aragón
Dirección de diseño:
Maria Gabriela Espinel
Laura Guillén












Colaboradoras:
Barrios Más Unidos
Editorial Echemos Carreta
Costureras Unidas
Ilustraciones de Barrios Más Unidos por Roberto Ayala
Contacto
Correo: revistacodigojaveriana@gmail.com
Instagram: @codigorevista
REVISTA ESTUDIANTIL DE LAS FACULTADES DE CIENCIAS SOCIALES Y CIENCIAS JURÍDICAS DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA


Licencia Atribución























































En un sistema que prioriza la rapidez individual y villaniza el hacer manual conjunto, que separa a la mente del cuerpo y desecha otras formas de pensar, repensar y habitar el mundo, exigir espacios de escucha desde la organización comunitaria se vuelve no sólo resistencia, sino lucha directa. Estos esfuerzos hacen visible nuevas formas de pensarse el mundo, no solamente desde la recuperación de la materia “desecho” o basura, sino también desde la regeneración de los afectos rotos por la individualidad y los prejuicios propios de su labor. En esta edición, Revista Código les invita a pensar en el trabajo de Barrios Más Unidos, Editorial Echemos Carreta y Costureras Unidas como una práctica que va más allá del hacer en sí mismo, y que se entiende como un ejercicio de comunidad, unión e integración, como una apuesta colectiva para fortalecer y dar voz al barrio. A su vez, se propone hablar de los materiales que la ciudad desecha y que, gracias a la labor de las recicladoras y las costureras, encuentran una nueva forma con la que recircular. Aquello que a raíz del sobreconsumo vemos con desinterés —cartones, plásticos, telas, papeles, entre otros— encuentra nuevas posibilidades con estos trabajos e inician una nueva vida en la juntanza de los colectivos. Lo que parecía un final se convierte en un comienzo, y lo descartado se resignifica transformándose en una obra de arte testimonial que da cuenta del trabajo, historias, pasión y conocimientos de estas mujeres. Queremos convocarlos a reflexionar acerca de la resignificación de eso que desechamos, a no despreciarlo de inmediato, sino a cuestionarnos cómo podemos reciclarlo mientras apelamos a lo afectivo desde lo comunitario. Tal como enseñan los colectivos.












Código
En Bogotá persisten barreras para la creación escrita y la lectura. Asimismo, cierta narración oral sobre la historia de las personas empobrecidas y marginadas ha sido desplazada por el consumo masivo y las redes sociales, a pesar de los importantes esfuerzos locales por conservarla. Son, especialmente, las personas trabajadoras —es decir, la gran mayoría— quienes son excluidas de los círculos culturales y artísticos de la ciudad. Todo esto ocurre a pesar de que son las y los trabajadores quienes hacen mover los engranajes de la historia de nuestro país y del mundo.
¿Qué podría contarnos un trabajador o trabajadora de Bogotá? O mejor aún: ¿qué podría contarnos alguien de la economía popular de la ciudad? ¿Podría una persona trabajadora popular ser autora de un proyecto artístico? ¿Cómo trabajar las prácticas de Lectura, Escritura y Oralidad (LEO) con personas que quizás nunca han realizado una pieza artística en su vida?
A partir de estas y otras preguntas, desde hace tres años ha funcionado de manera esporádica la editorial Echemos Carreta, en una casa cultural construida comunitariamente en la localidad de Suba.
Todo inició en 2022, cuando dos compañeras del colectivo Barrios Más
Unidos–Acción Solidaria impulsaron un proyecto autogestionado de mediación de las prácticas LEO, con veinte recicladores y recicladoras de oficio del barrio Ciudad Hunza (Suba). En esa oportunidad se elaboraron veinte libros cartoneros que recogen relatos, testimonios y experiencias que dan cuenta de su labor e identidad.
Posteriormente, en 2024, el proyecto continuó con un énfasis en la mediación de la lectura de obras escritas por mujeres recicladoras. Como resultado, se crearon veinte fanzines, cuarenta libretas artesanales, una segunda impresión de cuarenta ejemplares de libros cartoneros y un cortometraje.



Para este año, 2026, la editorial se enfocó en la producción de 1.500 periódicos que rememoran los periódicos obreros de la primera mitad del siglo





























XX. En esta ocasión, se construyeron tres versiones del periódico: la primera, sobre memoria ambiental, en la que se narra la demanda comunitaria por el reconocimiento de un parque en el barrio Ciudad Hunza; la segunda, sobre el derecho a la ciudad, donde se problematiza la experiencia de las y los recicladores en el espacio público frente a las recientes acciones punitivas contra el gremio por parte de la Alcaldía Distrital; y la tercera, centrada en la memoria barrial de las y los recicladores de Ciudad Hunza y sus alrededores. En esta última se describe cómo la memoria barrial se entreteje con redes solidarias y se resalta la importancia de las redes comunitarias en la construcción del barrio. Para la elaboración de los periódicos de la editorial Echemos Carreta, así como en otros proyectos editoriales desarrollados, fueron las y los recicladores quienes asumieron el rol de autores de las obras artísticas y de los textos que narran sus experiencias y reflexiones. En esta ocasión, a través de la elaboración de collages, fotobordados, esténciles y grabados, se mediaron procesos de escritura y lectura que dieron lugar a relatos, poemas, crónicas y opiniones. Cada actividad se diseñó de acuerdo con el tema trabajado. Por ejemplo, en la creación de poemas dentro del eje de memoria ambiental, se utilizaron imágenes de plantas nativas para realizar grabados que posteriormente inspiraron la escritura poética. De manera similar, en el grupo de espacio público, las participantes emplearon figuras de canecas, postes y camiones de basura para elaborar grabados sobre material reciclado y luego reflexionar a partir de la pregunta: ¿cómo les gustaría que fuera el espacio público?
En el grupo de memoria barrial, el énfasis estuvo en los relatos orales. Cada participante reconstruyó su historia personal mediante distintas técnicas artísticas. Recordaron, por ejemplo, cuando el padre Saturnino Sepúlveda invitaba a la comunidad a construir por sí misma lo que necesitaba, reforzando la autogestión como base para la consolidación del barrio.
La elaboración de los periódicos de la editorial Echemos Carreta incentivó las prácticas LEO, permitió nuevas formas de comprender el derecho a la ciudad, fortaleció las demandas comunitarias por los derechos ambientales y su acceso efectivo, y promovió la reapropiación histórica de los barrios.




Por: Graciela Quintero Medina (recicladora de oficio)
Los sentidos —como el tacto, oído, olfato, gusto y visión— eran usados solo para esculcar y detectar con avidez los materiales reciclables, teniendo como único objetivo lo económico: comprar lo necesario para sobrevivir.











En la elaboración de los libros cartoneros, las libretas y los fanzines descubrimos que a los sentidos se les puede dar otro uso, y que en una bolsa hay algo más: recuerdos, dibujos, colores o recortes que nos iniciaron en el mundo de la escritura y en la expresión de nuestras ideas y opiniones, apoyadas en otras técnicas artísticas como el collage y el grabado.




Al escribir el libro cartonero Palabra de mujer recicladora encontramos valor, dignidad y respeto hacia nuestro oficio. Es a través del diccionario de lxs recicladorxs, sección perteneciente al libro, en el que nos sentimos importantes: podemos decir con propiedad los nombres de los materiales y transmitir nuestro saber. Cobró vida y sentido la frase “PALABRA DE MUJER RECICLADORA”.

















DESECHO: Este sustantivo en Colombia ha sido utilizado para referirse a los recicladores de oficio. A veces llamados indigentes; otras veces ni somos nombrados.
Las mujeres y los hombres que realizan esta labor son seres que tuvieron que decidir un medio para subsistir decentemente. En los años 40 existió la guerra bipartidista y muchos campesinos fueron despojados de sus tierras, su único refugio fueron las ciudades. Como ellos no sabían leer ni escribir, a veces ni siquiera tenían experiencia en aquellos oficios de mayor oferta en la ciudad, los humanos citadinos tuvieron para con ellos una actitud de rechazo. A pesar de esto, nunca renunciaron a continuar siendo personas de bien.
Estado continúa desconociendo nuestros derechos al realizar una labor de forma digna. La industria y el resto de la sociedad siguen desconociendo que mujeres y hombres recicladores de oficio somos humanos sintientes, pensadores, creativos y con valores. Aunque sus limpias ropas no sean de marca, hay un ser que, sin importar la edad, todo lo que necesita es la oportunidad de mostrar el potencial que tiene en su interior. Para conocer el paso a paso de la historia de esta población debemos remitirnos al contacto directo, a ver a los ojos a quien pasa por su casa, conjunto o trabajo a recoger el material que podría llegar al Relleno Sanitario Doña Juana.




Al pasar los años, y después de muchísimas luchas, hemos demostrado que NO SOMOS desecho; por el contrario, rescatamos lo que una parte de la sociedad considera residuos desechables, aunque realmente pueden ser trasformados en otro tipo de producto útil para todos.
Los cuidadores de la Casa Común hemos sido estigmatizados de diversas maneras. La población recicladora de oficio aún está en alta vulnerabilidad porque el
En la Editorial Echemos Carreta se vive una súper experiencia por la capacidad mutua de vernos a los ojos. Allí los jóvenes del colectivo Barrios Más Unidos y nosotras, a través del diálogo y la escucha atenta, intercambiamos experiencias y vivencias de nuestra labor como recicladores de oficio, reconociéndola como una acción que defiende al territorio y propende por su cuidado. En fin, me sentí en familia. Es genial poderse expresarse sin que nadie se enoje.


Por: Claudia Camargo
En una ciudad que produce residuos a cada hora, el desecho ocupa esquinas, andenes y bolsas acumuladas, por lo tanto, refleja las formas en las que piensan los bogotanos. Lo que se tira al suelo o se abandona sin cuidado nos muestra hábitos de consumo, indiferencia ambiental y, muchas veces, falta de reconocimiento hacia quienes vivimos de recuperar lo que otros rechazan.
La mujer recicladora conoce esa realidad desde antes del amanecer. Mientras gran parte de la ciudad duerme, nosotras recorremos calles empujando una carreta, abriendo bolsas, separando cartón, plástico, vidrio y metal. Nuestro trabajo comienza donde termina el consumo de otros, allí donde alguien deja algo porque cree que ya no sirve.


Sin embargo, el problema no está solo en la cantidad de residuos que producimos, sino en la forma como muchas personas miran a quienes trabajamos con ellos. Para una parte de la sociedad la mujer recicladora sigue siendo invisible o confundida con aquello que recoge. Se le observa con distancia, se le juzga por su apariencia o se le niega el valor de un oficio que sostiene procesos ambientales claves para la subsistencia de todas las especies.
La contradicción es evidente: la ciudad necesita del reciclaje, pero todavía no reconoce plenamente a quienes lo hacemos posible. Para muestra, un botón: Acuerdo 014 de 2013, apoyado actualmente por la alcaldía de Galán. Mientras se habla de sostenibilidad, separación en la fuente y protección ambien-














tal, muchas recicladoras continuamos enfrentando exclusión social, faltas de respeto y condiciones deshonrosas de trabajo.
Es por esto que cargamos con una lucha constante por la dignidad. Hablar del desecho en la ciudad también exige preguntarse qué está desechando la sociedad cuando ignora a estas mujeres, muchas de ellas cabezas de hogar y/o lideresas comunitarias. En ese orden de ideas, se desconoce un saber construido en las calles, una experiencia de vida y una labor que beneficia a todos.






La mujer recicladora no es parte del desecho urbano. Es una trabajadora que transforma residuos en oportunidad, esfuerzo en sustento y exclusión en resistencia. Reconocernos es también aprender a mirar la ciudad con más justicia.

Fotografías por Estiben Aragón









Nos reunimos por primera vez en el marco del proyecto Yuliana Samboni de la Alcaldía de Barrios Unidos. Cuando terminó el proyecto decidimos continuar reuniéndonos para compartir saberes y actividades, y nos programamos para asistir a exposiciones, talleres, conferencias, caminatas... Así, adquirimos conocimiento y práctica en nuestras labores, porque todas estamos de acuerdo en que nunca se deja de aprender. Compartir, conectar y participar nos ha consolidado como grupo.
En nuestras actividades (tejidos, costuras, etc.) siempre tratamos de enfocarnos en los valores y cuidados que debemos tener como habitantes del territorio, cuidando nuestro medio ambiente, aspecto que recalcamos en cada uno de nuestros proyectos. Hemos hecho guarapo, pacas digestoras y recorridos ambientales para reconocer nuestra historia con la naturaleza. La vida de Costureras ha estado marcada por un árbol que nos acobijó, unos cerros que nos guiaron y un río que nos concedió la posibilidad de conectar con más mujeres. C O S T U R E R A S U N I D A S C O S T U R E R A S U N I D A S C O S T U R E R A S U N I D A S



Por: Gloria Marina Marín C.







Empezamos en el año 2021 bajo el nombre de Costureras Unidas. El colectivo ha sido para mí algo muy importante en la vida que me ayudó a salir adelante, a aprender muchas cosas nuevas, que me distrajo de la enfermedad, que me enseñó a ser más social y más activa. También he sido una persona cuidadora, ha sido mi trabajo, por lo que Costureras me permite tener otro espacio.
Costureras Unidas también me enseñó a ser una persona emprendedora en la enseñanza textil: tejido, bordado y macramé, y participar en proyectos varios. Especialmente hablando del



Por: Carmen Eloísa García



medio ambiente. Hemos participado en espacios de encuentro, aprendizaje y creación en torno a las artes textiles con un fuerte componente de organización comunitaria y reflexión sobre temáticas como la violencia basada en género, el uso del espacio público, la vejez y la construcción de los barrios desde una perspectiva feminista. Todo esto a través del bordado, el croché, el fotobordado, el macramé y la modistería. Hemos hecho talleres y hemos participado en la universidad, ferias y actividades comunitarias en compañía de todas.














Por: Nancy Melo O.
Costureras Unidas es un colectivo que surge como espacio de encuentro para bordar, tejer, aprender y crear en torno a la artesanía y lo textil, con un enfoque en las violencias basadas en género, la reflexión sobre una vejez digna, el uso del espacio público, la autogestión económica y el fortalecimiento social. Los encuentros de Costureras nos traen alegría y aprendizaje; alrededor de un tinto, una aguja e hilo hacemos nudos de amistad, diálogo y reconocimiento.
Sin ser docentes, hemos dado a conocer nuestros saberes de bordado y tejido, entre otros sinfines de habilidades artísticas que no sabíamos que existían. Poder enseñar a jóvenes de universidad a enhebrar una aguja, a bordar una fotografía o un trozo de tela y ver sus caras de satisfacción al ver el resultado de su obra, fue una de las experiencias que me han cambiado la vida.
En este tiempo, hemos construido otra realidad en nuestro día a día. Por ejemplo, nos pusimos en la tarea de crear telares junto a otras mujeres. En el encuentro hemos abierto diálogos para dar ideas, compartir destrezas y construir colectivamente mensajes con retazos. Es algo realmente hermoso.
También, hemos confeccionado libros con retazos, botones, cintas y lentejuelas. En ellos, hemos dejado impreso -o cosido- nuestra postura de cuidado sobre los cuerpos de agua, mal llamados “caños”. Hoy podemos reconocer al Río Neuque y a los humedales como parte fundamental de nuestros barrios.
Nosotras nos alegramos de reunirnos y poder ver lo que hemos logrado en cinco años con esfuerzo, amor y compromiso. Estamos agradecidas con las dos personas que lograron esta unión: Sharon y Ana, mil gracias.







Marzo 17, 2026.

Me preguntan qué es “Costureras Unidas” y me quedo pensando. Para mí, “Costureras Unidas” es un grupo de


mujeres convencidas de que, compartiendo con alegría, no solo realizamos obras de arte o de amor (tejidos, bordados, etc.), sino que unimos historias, compartimos risas y, por qué no, también lágri-

mas al calor del infaltable tinto. Por eso procuramos que todas nos sintamos bien y que podamos, en un futuro, poner nuestro granito de arena para una mejor sociedad.
¡Un abrazo, queridas compañeras! Gratitud por siempre.


En la memoria
barrial que guardamos las adultas mayores observamos que los ríos la localidad de Barrios Unidos se convirtieron en una problemática social y cultural en la que

Por: Luz Marina González



podemos participar y tomar acción. Surge, entonces, la necesidad de apoyar las causas ambientales, a partir de metodologías en donde adultas mayores y jóvenes se encuentren a través de las artes textiles, nuestra especialidad, como el crochet, la modis-
Por: Blanca Patiño
tería, el macramé, el fotobordado y otros. Esto es a lo que le apuesta Costureras Unidas, lo que nos da como recompensa tranquilidad, relajamiento, un aprendizaje incalculable y el goce de poder compartir el agradable momento de un tinto y una buena charla.





















El proyecto de Costureras se basa en el desarrollo de una metodología participativa y creativa que combina investigación comunitaria, estrategias de memoria colectiva y creación de obras textiles.





Por: Ana González



A través del bordado se generan espacios de aprendizaje como arpilleras, libros y telares educativos, que son referentes al medio ambiente y al cuidado del agua.
La elección de trabajar con adultos mayores la tomamos porque ayuda a prevenir la ansiedad y la depresión, momentos por los que nosotras hemos pasado y que poco a poco disminuyen al tener un objetivo colectivo, nuevas amigas y la dicha de tener algo que tejer en los malos días.











