


Bárbara Pincowsca Cardoso Campos iii
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Bárbara Pincowsca Cardoso Campos iii
Un análisis de su intersección con los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales en la escala global, regional, nacional y local
Bárbara Pincowsca Cardoso Campos
Juan Felipe García Arboleda Prólogo


Doctorado en Ciencias Jurídicas
Pontificia Universidad Javeriana

Doctorado en Ciencias Jurídicas
ISBN: 978-958-502-731-2
ISBN Digital: 978-958-502-732-9
© Bárbara Pincowsca Cardoso Campos
© Pontificia Universidad Javeriana
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Pontificia Universidad Javeriana. Biblioteca Alfonso Borrero Cabal, S. J. Catalogación en la publicación
Campos, Bárbara Pincowsca Cardoso, autora Promesas de la justicia transicional: un análisis de su intersección con los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales en la escala global, regional, nacional y local. / Bárbara Pincowsca Cardoso Campos ; Prólogo Juan Felipe García Arboleda. -- Primera edición. -- Bogotá : Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Ciencias Jurídicas ; Grupo Editorial Ibañez, 2026.
382 páginas ; 24 cm
Incluye referencias bibliográficas.
ISBN Impreso: 978-958-502-731-2
ISBN Electrónico: 978-958-502-732-9
1. Justicia transicional 2. Derechos económicos y sociales 3. Derechos ambientales 4. Derechos culturales 5. Derechos civiles II. Pontificia Universidad Javeriana. Facultad de Ciencias Jurídicas. V. Grupo Editorial Ibañez.
CDD 340.12 edición 15
CO-BoPUJ 14/04/2026
La presente obra hace parte de los proyectos de investigación del Doctorado en Ciencias Jurídicas de la Pontificia Universidad Javeriana. No obstante, el autor declina cualquier tipo de responsabilidad derivada de la información o las opiniones aquí expresados por el. La responsabilidad del contenido es exclusivo del autor de esta obra.
Queda prohibida la reproducción parcial o total de este libro por cualquier proceso reprográfico o fónico, especialmente por fotocopia, microfilme, offset o mimeógrafo.
Ley 23 de 1982
PRÓLOGO
Felipe García Arboleda
2.
RATIONALE
5.
1. UNA APROXIMACIÓN A LOS DOS
2. LA INTERSECCIÓN DE LA JUSTICIA TRANSICIONAL Y LOS DESCA:
3.
NATALIDAD:
3.1. La sintonía de la Corte IDH con el discurso
4. EL CRECIMIENTO DE LA DOCTRINA JUDICIAL: DE LA MASACRE DE MAPIRIPÁN (2005) A YARCE Y OTRAS (2016) ................................................................
5. ¿MOVIMIENTO REGRESIVO? LOS PROGRAMAS
Capítulo 3.
LA EMERGENCIA DE LOS DESCA EN EL PROCESO
2. LA RADIOGRAFÍA DE LAS SENTENCIAS DE .........................
JUSTICIA Y PAZ SOBRE EL URABÁ EN CLAVE DESCA .......
2.1. La dimensión de reconocimiento de DESCA.................
2.2. La dimensión de garantía de DESCA.............................
2.2.1. La competencia del juez transicional de ordenar reparaciones en clave DESCA
2.2.2. Las tensiones e interrelaciones entre reparación judicial y administrativa ...............
3. LOS JUECES COMO ACTORES CULTURALES Y LA FUERZA DECLARATIVA-PERFORMATIVA DE LAS SENTENCIAS
4. EL JUEZ TRANSICIONAL EN UN PROCESO RITUAL LIMINAL: LA POSIBILIDAD DE (RE)CONFIGURACIÓN DE UN “NOSOTROS”
Capítulo 4.
LUCHAS POR RECONOCIMIENTO EN LA TIERRA PROMETIDA: EL CASO GUACAMAYAS Y LA (IM)POSIBILIDAD DE UN “NOSOTROS JUNTOS”
1.
3. LAS PROMESAS DE LOS DISPOSITIVOS TRANSICIONALES VIVIDAS EN EL URABÁ
4. “ESO ES PELEA DE TIGRE CON BURRO AMARRADO”
4.1. La movilización campesina en clave de a-juridicidad . 285
4.2. La travesía judicial del caso Guacamayas .................... 292
5. A MODO DE CONCLUSIÓN: ¿UN NOSOTROS JUNTOS? ......... 306
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 313
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Juan Felipe García Arboleda
El libro que el lector tiene en sus manos es el resultado de un ritual académico. La defensa doctoral que dio origen a esta obra puede comprenderse, desde la antropología, como un rito de paso: un momento liminar en el que una comunidad académica se reúne para evaluar, reconocer y transformar un trabajo intelectual en conocimiento público. Como mostró Victor Turner, los rituales no son meras repeticiones formales; son espacios de transformación colectiva en los que se reconfiguran los vínculos simbólicos que sostienen una comunidad.
La defensa doctoral de Bárbara Pincowsca Cardoso Campo s fue uno de esos momentos. En ella no solo se evaluó una investigación rigurosa, sino que se produjo una transformación: la de una tesis en libro, la de una investigadora en autora y la de una experiencia histórica de violencia en objeto de reflexión jurídica con vocación universal. Este libro constituye la culminación material de ese ritual, su sedimentación escrita y su apertura a una comunidad más amplia de lectoras y lectores.
En el centro de ese ritual se encuentra Bárbara, no solo como autora, sino como sujeto ético, político e intelectual cuya trayectoria vital es inseparable de la obra que aquí se presenta. Este trabajo fue concebido y escrito en una segunda lengua, hecho que no es accesorio. Pensar el derecho, la justicia transicional y el sufrimiento de las víctimas en una lengua que no es la materna implica un ejercicio radical de descentramiento
y traducción, que es al mismo tiempo epistemológico y político. Permite situar una experiencia profundamente localizada –la violencia en territorios de Colombia– en un horizonte de inteligibilidad global.
La capacidad para hacer esa jugada intelectual es un efecto de la trayectoria transnacional recorrida por Bárbara. Su vida académica y personal se ha tejido entre países, lenguas y tradiciones jurídicas diversas, que confluyen en un lugar en donde se entrecruzan las Américas: el sistema interamericano de derechos humanos, una de las audiencias para la cual este texto será imprescindible. Ese poder de tránsito entre fronteras atraviesa el estilo y la estructura de este libro: entre la guerra y las promesas de paz, entre la excepcionalidad de la política y la aspiración normativa de la justicia transicional, y entre las diferentes escalas global, regional y local que se interseccionan.
A estas fortalezas contenidas en la autora y en su obra, se suman su condición de madre, esposa y mujer migrante, dimensiones que informan su modo de investigar y que se expresan en una atención constante al cuidado, a la escucha y a la responsabilidad frente a quienes han sufrido la violencia del conflicto armado en Colombia. De allí que esta obra se destaque por una capacidad ética y política de escucha poco frecuente. Las entrevistas, el trabajo de campo y el análisis jurisprudencial no se limitan a aplicar una fría metodología de recaudo de información. Más bien, hacen parte de un conjunto de herramientas del viaje personal de la autora que abren un umbral a quienes se animen a leerla; una suerte de portal en el que el dolor de las víctimas irrumpe intempestivamente hacia las formas jurídicas. La autora permite que el desgarro del lazo social tras el sufrimiento en la guerra, y los incumplimientos de las promesas de la justicia transicional que le han sobrevenido,
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afecte la investigación, transformando esos afectos en pensamiento jurídico innovador. El grito de quienes han sufrido la guerra, difuminado en eco en la sentencias de los jueces, ha encontrado en Bárbara un oído capaz de reconocer su sentido, ha encontrado, en este libro, la forma secreta de su mensaje.
Ese mensaje consiste en advertir que el derecho no puede ser comprendido únicamente como texto ni como un sistema cerrado de interpretaciones. El derecho, en tanto acto de habla, no solo describe la realidad: la produce, la instituye, la performa. Crea mundos en los que se distribuyen lugares, voces y silencios. Por ello, entenderlo exige atender a la experiencia vivida de quienes lo enuncian y de quienes lo reciben. En la justicia transicional, esta dimensión resulta ineludible: los jueces no solo dicen el derecho, sino que configuran horizontes de sentido, mientras que las víctimas habitan –y a veces resisten– esos mundos jurídicamente creados, experimentando en ellos promesas, fracturas y posibilidades de reparación.
Este es el saber que ha sido cultivado, casi como una tradición discreta, en el seno de la comunidad que hoy se convoca y se reconoce en este ritual académico del que Bárbara ha sido protagonista. No se trata de una intuición aislada, sino de una forma de pensamiento que ha tomado cuerpo a lo largo de más de cuatro décadas en la Universidad Javeriana, particularmente en el cruce fecundo entre las ciencias sociales, la filosofía y las ciencias jurídicas. De allí emergió una generación intelectual que se encargó del renacer del Departamento de Filosofía e Historia del Derecho y que ha insistido, con persistencia crítica, en comprender el derecho como experiencia, como lenguaje y como mundo vivido. Este libro se inscribe en esa genealogía.
En el contexto del proceso constituyente que culminó con la promulgación de la Carta Política de 1991 emergió una
vanguardia intelectual que reclamó la necesidad de transformar el pensamiento jurídico, de modo que la sociedad heredera de la Constitución de 1886 pudiera ponerse en sintonía con la propuesta cultural de una nueva manera de vivir juntos, impulsada por la generación de la “séptima papeleta”. Desde el Instituto Pensar, figuras como Oscar Guardiola-Rivera, Carmen Millán de Benavides, Santiago Castro-Gómez, Roberto Vidal López y Diego López Medina dieron forma a ese renacer, en el que confluyeron la historia, la hermenéutica, la fenomenología, la teoría crítica, el feminismo y el posestructuralismo, configurando incluso uno de los nodos intelectuales del Grupo Modernidad/Colonialidad. En ese cruce se formularon preguntas decisivas que aún atraviesan la academia jurídica: sobre el sujeto del derecho, el poder constituyente, los límites de la interpretación judicial y las condiciones de posibilidad de la normatividad en sociedades marcadas por la persistencia de la violencia, incluso más allá del momento colonial.
Es precisamente en ese horizonte de transformación donde comienza a hacerse inteligible un desplazamiento que, aunque hoy empieza a ser más visible –sin que ello constituya todavía la regla–, resultaba impensable hace apenas una década: la irrupción de la voz de quienes viven y sufren el derecho en el centro mismo de la reflexión jurídica. En ese contexto, y a título de ejemplo en materia de justicia transicional, un libro como El lugar de las víctimas en Colombia. Análisis sobre las instituciones de verdad, justicia y reparación desentonaba con los cánones disciplinarios, pues para abordar las fuentes formales del modelo de justicia transicional indagaba por la experiencia de las víctimas frente al sistema de justicia diseñado para la desmovilización de los grupos paramilitares. Esa apuesta, lejos de ser marginal, prolongaba las preguntas
abiertas por aquella vanguardia intelectual: al desplazar el foco hacia la vivencia del derecho, abrió un umbral que hoy empieza a consolidarse, aunque aún tensiona los límites de la disciplina y sus formas tradicionales de producción de conocimiento.
El libro de Bárbara se inscribe en esa línea de vanguardia, pero al mismo tiempo da cuenta de su madurez. En él, ese proyecto intelectual alcanza una forma más nítida y robusta, una fenomenología crítica del derecho, enriquecida por la densidad interpretativa del pensamiento antropológico. En sus páginas confluyen, de manera singular, varias tradiciones que aquí encuentran un punto de condensación excepcional: la de Victor Turner, para quien el ritual es un proceso performativo de transformación social y experiencia compartida; la de J. L. Austin, que mostró que las palabras no solo describen el mundo, sino que hacen cosas en él; la reflexión fenomenológica contemporánea –en diálogo con autores como Hans Lindahl, el eslabón perdido de este proyecto de vanguadia– que permite comprender que esos actos y esos rituales no solo producen efectos, sino que instituyen mundos jurídicos, delimitando quién está dentro y quién queda fuera de ellos; y, de manera decisiva, la obra de Paul Kahn, cuyo análisis cultural del derecho permite advertir que, en la modernidad, allí donde se proclama la secularización y el ocaso de la religión, el derecho mismo asume funciones análogas a lo sagrado. Así, la Constitución, las leyes y las decisiones judiciales dejan de ser meros instrumentos normativos para convertirse en objetos de culto que estructuran las creencias fundamentales de una comunidad política. En este cruce, el derecho aparece ya no como un sistema abstracto, sino como una experiencia situada y culturalmente cargada que organiza la pertenencia, la exclusión y las posibilidades mismas de ser reconocido en el mundo de lo legal.
A partir de este entramado teórico, Bárbara muestra que las víctimas no son meras destinatarias pasivas de un orden normativo, sino sujetos que se movilizan en el horizonte de sentido abierto por las promesas de la justicia transicional: el fin de la guerra y la reconstrucción de los proyectos de vida que la violencia arrasó. De allí surge la centralidad de una intersección que su obra ilumina con especial agudeza: aquella entre los estándares normativos de lucha contra la impunidad –propios del paradigma de la justicia transicional– y los estándares de justiciabilidad de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales. Esta articulación no es solo una exigencia teórica, sino un campo de disputa práctica que ha encontrado respaldo en el ámbito de las Naciones Unidas, en el sistema interamericano de derechos humanos y, de manera particularmente significativa, en el proceso judicial colombiano de Justicia y Paz, donde las magistraturas, a través de los exhortos, han desplegado actos de habla que no se limitan a ordenar, sino que configuran el mundo mismo de la justicia transicional en Colombia.
Sin embargo, el libro también documenta con precisión cómo ese mundo prometido encuentra resistencias estructurales. El Estado colombiano –en conjunción con amplios sectores de la sociedad– ha bloqueado de manera sistemática la realización de esas promesas, principalmente a través de argumentos de sostenibilidad financiera que, desde el legislativo y el ejecutivo, delimitan el alcance de los derechos reconocidos. Así, el horizonte de reparación integral y reconstrucción de la vida digna se ve constantemente diferido, tensionando la credibilidad misma del proyecto transicional y revelando la fragilidad de los mundos que el derecho pretende instituir.
Es en este punto donde, apoyándose en las herramientas analíticas de Hans Lindahl, Bárbara formula una de las
Pincowsca
preguntas más decisivas para la comunidad política colombiana: ¿existe una intencionalidad colectiva de construir un “nosotros” en paz que incluya plenamente a las víctimas de la guerra, reconociéndolas como ciudadanas con derechos económicos, sociales, culturales y ambientales efectivos? Esta pregunta, que atraviesa silenciosamente todo el libro, no es solo diagnóstica: es constitutiva, pues interroga los límites mismos de pertenencia a la comunidad jurídica y política.
Quien recorra estas páginas se verá, inevitablemente, interpelado una y otra vez por esa inquietud. Y junto a ella emergen otras, de gran densidad teórica, evocadas por el propio Lindahl en el ritual académico que dio origen a esta obra. ¿Qué nos dice la experiencia colombiana de la justicia transicional sobre la noción de poder constituyente, cuando el juez parece desbordar su lugar tradicional para participar en la fundación de un nuevo orden? ¿Cómo pensar, en clave ontológica, la relación entre ruptura y continuidad que atraviesa toda transición: ese tránsito que exige al mismo tiempo un “nunca más” y una cierta persistencia de lo que se transforma? ¿En qué medida el proceso judicial, entendido como ritual, desborda las categorías clásicas del acto de habla para incorporar dimensiones de símbolo, fe y sentido que escapan a la pura racionalidad jurídica? ¿Y cómo articular, finalmente, la tensión irreductible entre presencia y representación, cuando la justicia exige tanto la escucha directa del sufrimiento como su traducción en formas generales y abstractas?
La invitación de este prólogo es, entonces, a habitar esas preguntas más que a clausurarlas. A permitir que el lector encuentre en este libro no solo respuestas, sino las herramientas para elaborar las suyas propias y, en ese proceso, formular otras
nuevas. Pero, como todo rito, el sentido último de este ejercicio no se agota en el instante de su realización: su poder reside en su vocación de permanencia, en su capacidad de repetirse en el tiempo. Y, como se ha señalado, esa repetición no es mera reiteración: es recreación, es transformación. Cada nueva lectura, cada discusión, cada apropiación de este libro reactiva el ritual que le dio origen y lo proyecta hacia futuros posibles.
Serán, entonces, la activación y continuidad de esos ritos por venir –entre ellos, una lectura intensa, comprometida y crítica de la obra que Bárbara ha ofrecido a esta comunidad académica y a las múltiples audiencias que interpela en los planos global, regional y colombiano– las que permitirán descifrar algo más que un argumento: la intencionalidad misma de la sociedad colombiana de soñarse en la construcción de un nuevo mundo en paz. Será en esa repetición transformadora donde la comunidad académica, en los rituales futuros, podrá evaluar si el paradigma de la justicia transicional está a la altura de esa promesa: si es capaz, en efecto, de contribuir a la reconstrucción del “nosotros” después de la guerra, o si exige ser repensado, ampliado o incluso desbordado por nuevas formas de imaginación jurídica y política.
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Alguna vez me dijeron que hacer un doctorado era un ejercicio muy solitario. El trabajo plasmado en estas páginas, sin embargo, es todo lo contrario. Esta investigación está repleta de conversas, historias e de ideas compartidas con tantas personas, tanto presentes como ausentes, cuya contribución es inmensa. Tal vez los agradecimientos aquí escritos no hagan justicia al alcance colectivo de este esfuerzo, ni a mi profunda gratitud hacia todos aquellos que me ayudaron a dar vida a este trabajo.
En la Pontificia Universidad Javeriana (PUJ), tuve la fortuna de encontrar caminos y personas que hicieron posible este proyecto doctoral. Quisiera expresar mi más sincero agradecimiento a mi guía intelectual en este periodo, mi tutor Juan Felipe García Arboleda. No encuentro palabras para expresar la generosidad con la que me ha acompañado durante estos cinco años de trabajo conjunto, apoyándome de manera ininterrumpa. Mi tesis doctoral solo podría haber sido escrita con Juan Felipe, quien ilumina el camino de aquellos que tienen la suerte de cruzarse con él. Su supervisión permanente, siempre cálida y llena de palabras de ánimo y confianza; su amistad, sabiduría y la agudeza de sus planteamientos no solo han sido una fuente de inspiración, sino que también me han brindado la seguridad para llevar esta trayectoria doctoral a buen puerto.
Agradezco también a la Vicerrectoría de Investigación de la PUJ por el apoyo financiero que hizo posible mi trabajo de campo, y a la Vicerrectoría Académica por otorgarme el beneficio
de estudiar a través del programa de créditos condonables para neojaverianos (2019). La dirección del programa del Doctorado en Ciencias Jurídicas, en particular Liliana Sánchez y Tania Luna, fueron piezas clave tanto al inicio como en la culminación de esta trayectoria, por lo cual les expreso un especial agradecimiento por su importante apoyo.
En la Biblioteca de la PUJ, agradezco a Ana Lorena Rojas Sabogal por su disposición y ayuda constante.
Mi paso por la Javeriana también me ha regalado personas que no solo fueron compañeros de cohorte o colegas académicos, sino amigos maravillosos que hicieron este camino más ameno en los momentos de tensión, más ligero en los instantes pesados, más alegre en las ocasiones de desánimo y tristeza, y más interesantes a cada clase, a cada seminario, a cada línea escrita. Estoy profundamente agradecida por haber compartido esta jornada con mis amigos Luis Abel Zárate y Carla Costadi.
A la Universidad Católica de Pereira (UCP), le agradezco por brindarme el tiempo y las condiciones laborales necesarias para adelantar esta investigación. En la UCP he tenido el privilegio de involucrarme en los debates sobre transición en Colombia al lado de amigos como Luis Adolfo Martínez, Gina Arias y Lucy Nieto Betancourt, quienes me enseñaron mucho y me acompañaron en muchas conversas que hacen parte de mi tesis doctoral.
A lo largo de estos más de cinco años, muchas fueron las personas que me ayudaron a enriquecer y ampliar los horizontes de mis análisis. Agradezco a Pablo Saavedra , Soledad García Muñoz y Diego García-Sayán por el tiempo y por su
conocimiento, así como a Hans Lindahl, cuyas conversaciones y generosidad al compartir sus investigaciones fueron esenciales para mi aprendizaje. Mi gratitud también va dirigida a quienes leyeron borradores de capítulos y me ofrecieron observaciones valiosas sobre las versiones preliminares, en especial a Roberto Vidal, Jorge Salcedo, Oscar Parra Vera y Laura Bernal. Además, me beneficié de las discusiones muy estimulantes que Gabriel Rojas Andrade y Alheana Caicedo me abrieron al permitirme asistir a sus asignaturas en la Universidad de Los Andes. A Mateo Merchán, compañero de varias reflexiones construidas en ese periodo, le dejo un agradecimiento muy afectuoso, al igual que a Lina Chaparro, quien me acompañó en el final de esta jornada con aportes precisos y siempre muy amorosos. A María Inés Rodríguez, mi agradecimiento por su apoyo en la revisión.
Debo una enorme gratitud a varias personas que generosamente compartieron su tiempo y conocimiento en conversaciones que realicé en mis salidas a campo. Agradezco a la Fundación Forjando Futuros, en especial a Nora Saldarriaga, Aleyda Gaitán e Ilhan Can, por abrirme las puertas de la institución, compartir sus visiones e información de archivo y permitirme acompañarlos en su trabajo en Guacamayas. Aprecio mucho el apoyo de Carlos Montoya, Julián Andrés Ariza y de Olga Lucía Loaiza Castaño, quienes facilitaron mi acceso a contactos clave en el terreno. A Olga Lucía le agradezco afectuosamente por recibirme en su hogar con amable hospitalidad. También extiendo mi agradecimiento a la Relatoría de la Sala Penal de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín por la información de archivo y a los magistrados y exmagistrados que me concedieron entrevistas en el marco de esta investigación.
Quiero expresar mi profunda gratitud a los líderes, lideresas y miembros de Guacamayas, quienes generosamente me
recibieron en su espacio y compartieron conmigo sus historias de vida y percepciones. Me reservo la identidad de ellos por los protocolos éticos de la investigación. Estoy enormemente agradecida por los intercambios y por el tiempo que me dedicaron, y espero que la narrativa consignada en este trabajo honre su historia y retribuya la hospitalidad y generosidad con las que me acogieron.
Rindo un homenaje muy afectuoso a las personas que nutren y dan sentido a mi vida. A mi esposo, Miguel Alfredo Ruiz López, le agradezco por su amor, por creer en mí, por las enseñanzas diarias sobre Colombia y por ser mi sostén emocional, no solo en el trascurso de esta investigación, sino en mi vida. Mi legado más precioso radica en nuestras hijas, Lia y Cora, a quienes dedico este trabajo con la esperanza de que su generación viva un escenario de paz y un futuro en el que se garantice el cumplimiento efectivo de los derechos humanos. Siento, además, una enorme gratitud hacia mis lazos familiares colombianos en Santa Rosa de Cabal, Bogotá y Medellín, quienes me han acogido con tanto amor y han sido siempre un apoyo invaluable. A Myriam Gutiérrez, en especial, gracias por nuestra amistad y por su soporte.
Finalmente, quisiera expresar mis agradecimientos desde otro lugar, por lo que me permito escribir en otro idioma para conectarme con un grupo de personas que también formaron parte de este proceso. Uma parte desta tese surge de um pedaço da minha história acadêmica construída no Brasil. A academia brasileira me formou e sigo me considerando parte dela. Eu não poderia pensar em direito sem pensar o direito internacional, e sou imensamente grata ao professor George Galindo por ser um constante mentor neste campo, desde meus primeiros anos universitários.
Bárbara Pincowsca Cardoso Campos xxi
Tampouco seria capaz de escrever sobre a Corte Interamericana de Direitos Humanos sem pensar no professor Antônio Augusto Cançado Trindade (in memoriam) e no que ele representou, como referência acadêmica, ética e humana, na minha formação. Ao escrever estas palavras de agradecimento, releio, com o coração carregado de saudosas lembranças, uma das primeiras mensagens que me escreveu, lá nos idos de 2003: “À cara aluna Bárbara, (...) com os sinceros votos de que seus estudos e projetos lhe tragam paz e realização, e lhe revelem o sentido da vida”. Com Cançado Trindade aprendi a dar sentido à vida com a linguagem dos direitos humanos, sua perspectiva humanista e o olhar de que o direito deve servir ao ser humano.
Pensando neles, reverencio também a Universidade de Brasília, que me formou, e todas as amigas que a vida me presenteou nesse caminho desde então. Como estas poucas páginas não me permitem nomeá-las todas, agradeço carinhosamente a Ana Laura Becker de Aguiar e a Carolina Pinheiro, companheiras de longa data, mesmo em países tão diferentes. Ao mencioná-las, espero expressar minha gratidão a todas e a tantas que me apoiaram com ideias, afetos e trocas de todo tipo.
As conversas que estão presentes em algumas páginas desta tese também foram fruto da sintomia acadêmica construída com as parceiras Carina Calabria e Isabel Penido de Campos Machado, a quem agradeço pelos comentários em meus primeiros escritos. A João Guilherme Granja reservo um agradecimento muito especial, pela disposição e leitura tão atenta e detalhada da primeira versão completa desta tese. Suas observações, sempre enriquecedoras, ajudaram a fortalecer meus argumentos e a concluir esse ciclo.
Por último, e não menos importante, reservo essas linhas finais de agradecimento a meus pais, Lauro Emrich Campos e Gisela Pincowsca Cardoso Campos, pela sua constante fonte de apoio e amor. Com eles, sinto-me como uma trapezista: no espetáculo da vida, sei que posso arriscar qualquer movimento, até mesmo os mais ousados, porque eles sempre estarão como minha rede de segurança e proteção. Obrigada, Papis e Mamis, por sempre apoiarem meus projetos, inclusive o doutorado, muitas vezes sem conhecer os detalhes das minhas acrobacias.


