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Nosotros, los huérfanos del yo

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NOSOTROS, LOS HUÉRFANOS DEL YO Claudia Salamanca

9 789587 818994

ISBN 978-958-781-899-4

Editora académica


Claudia Salamanca Editora académica

Nosotros, los huérfanos del yo


Reservados todos los derechos © Pontificia Universidad Javeriana © Claudia Salamanca, editora académica © Juliana Rivera, Daniel Alejandro Santos, Alejandra Rodríguez, Álvaro Moreno, Camila Alvarado, Manuela Picón Reina, María Fernanda Moreno, Manuela Caicedo, Julián Gutiérrez, Camila Cadavid, Ángela Fonseca, Juliana Hernández, Juan Sebastián González, Nicole García, Natalia Orozco, Mariana Durán, María José Zúñiga, Diana Marcela Carvajal Chamorro, Ana Silva Fry, Francisca Jiménez, autores Primera edición: Bogotá, D. C., febrero de 2025 ISBN (digital): 978-958-781-977-9 DOI: http://doi.org/10.111.44/ Javeriana.9789587819779 Hecho en Colombia Made in Colombia

Corrección de estilo: María Alejandra Uribe Cadena Diagramación y diseño interior: Francisca Jiménez Ortegate Imagen de cubierta: Camila Alvarado Pontificia Universidad Javeriana | Vigilada Mineducación. Reconocimiento como Universidad: Decreto 1297 del 30 de mayo de 1964. Reconocimiento de personería jurídica: Resolución 73 del 12 de diciembre de 1933 del Ministerio de Gobierno.

Editorial Pontificia Universidad Javeriana Carrera 7.ª n.° 37-25, oficina 13-01 Teléfono: (601) 3208320 ext. 4752 www.javeriana.edu.co/editorial editorialpuj@javeriana.edu.co Bogotá, D. C.

Prohibida la reproducción total o parcial de este material, sin autorización por escrito de la Pontificia Universidad Javeriana.


Dígale usted que cuando sea hombre respete los sueños de la juventud. Federico Schiller

La soledad que uno busca no se llama soledad. Pedro Garfias1

1

Estos versos fueron encontrados después de su muerte, escritos en una ser-

villeta en su habitación. Estos versos figuran como epitafio de su tumba en México.


ORFANDAD

LA MUERTE DE MI MAMÁ Hace unos años, mi mamá murió. Meses después, me preguntaron por el lugar donde se alojaba mi dolor. Respondí que mi dolor estaba en no tener a dónde volver; la ausencia de eso que se llama hogar: un lugar que siempre espera el retorno. Esa fue mi primera condición de orfandad. Para ti, Hazzas Elo. Buen viaje

¡AUXILIO! Auxilio, expresión que busca ayuda; palabra que indica una condición de vulnerabilidad en el momento preciso del ahora; nombre de la protagonista de la novela de Roberto Bolaño (1999) Amuleto; Auxilio, la protagonista, quien no puede pedir auxilio desde el baño de la Facultad de Filosofía de la unam, donde permaneció encerrada durante doce días, mientras la violencia de Estado de 1968 reprimía al movimiento estudiantil; grito que se oyó en 1968, en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, en México; grito de los estudiantes de la Universidad Distrital en Bogotá, Colombia, al enfrentarse a la fuerza antimotines esmad; grito de los estudiantes de la Universidad Javeriana de Colombia al ver que las puertas de los edificios de su institución educativa les eran cerradas y quedaban vulnerables también a la violencia indiscriminada del esmad; auxilio es aquello que prestan las brigadas de voluntarios durante las protestas en Chile ante la violencia desmedida de los Carabineros; la Primera Línea de Chile y de Colombia prestan primeros auxilios (forma en plural) a los heridos durante las protestas de 2019-2021.


Imagen que apareció en el navegador de mi computador. Noticia del Periódico El Tiempo Las imágenes son resonancias de tiempo y están en el tiempo. Van y vienen. Una resonancia es una señal otra que se genera por una principal. Esa señal de origen se puede amplificar o disminuir en la resonancia. Esta no es un duplicado del origen, sino que, una vez inicia su cadena de propagación, siempre deviene en otra. Así, las imágenes de los jóvenes argentinos de 1968 que hacen barricadas no son las mismas del hoy; sin embargo, resuenan en el presente, tal como nos lo diría Walter Benjamin (1989): como un relámpago en un momento de peligro. Asir esa imagen y otras del pasado revolucionario de América Latina se hace necesario en una tarea que Benjamin (2018) señala así: [...]Articular históricamente lo pasado no significa conocerlo “tal y como verdaderamente ha sido”. Significa adueñarse de un recuerdo tal y como relumbra en el instante de un peligro […]. En cada época debe intentarse recuperar la tradición del conformismo que se dispone a someterla. Porque el Mesías no viene únicamente como redentor, viene como vencedor del Anticristo. El don de encender en el pasado la chispa de la esperanza solo le ha sido concedido al historiador íntimamente convencido de que tampoco los muertos estarán seguros ante el enemigo cuando éste venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer.[...] (pp. 309-310) La Auxilio de la novela Amuleto de Roberto Bolaño es una de estas imágenes. Ella se levanta del papel, pasa por la historia de México y viene al hoy de Colombia, y resuena con las imágenes que mostraré en este texto. La protagonista de esta novela inicia diciéndonos que la historia a contar es de terror y que, sin embargo, no lo parecerá, pues es contada por Auxilio Lacouture.


Auxilio es una uruguaya que resiste o al menos así se enuncia el evento; un evento de resistencia de una mujer que no abandonó la universidad ante la entrada del Ejército y la Policía a la unam en 1968. Ella actuó como el último reducto de autonomía de la universidad. Auxilio, encerrada en el baño de la Facultad de Filosofía y Letras, vio desde la pequeña ventana las tanquetas del Ejército y cómo los soldados y algunos vestidos de civil metían a los estudiantes y profesores a unas furgonetas; otros en fila india se cubrían las heridas con los pañuelos que se volvían rojos rápidamente, y otros, empujados por policías, recogían azarosamente sus carpetas, libros y papeles desparramados por el suelo. Allí en el baño, Auxilio, armada con un libro de poesía escrito por Pedro Garfias, agua, un bolígrafo y papel higiénico, pasa doce días en ese espacio que se convertirá en el portal de la historia y el misterio de una década extraña para América Latina y el mundo. Y como lo señalaré en este texto, un portal para nosotros, hoy en Colombia. El baño se torna en una máquina de tiempo que lleva a Auxilio hacia el futuro y el pasado. Ella nos cuenta sus historias con jóvenes poetas que aún no conoce o sus encuentros con artistas que ya han fallecido. Este portal nos mueve entre 1962 y 1975 aproximadamente. Sin embargo, el portal desemboca en una última imagen de sueño y de futuro. Mientras, encerrada en el baño sin poder ser testigo de la represión estudiantil por parte del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz y que terminaría en la masacre de los estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, ella se configuraba en máquina de tiempo. Auxilio dice: “Yo lo vi todo y al mismo tiempo yo no vi nada”. Auxilio es y no es testigo. Auxilio es futuro y oráculo: dos cosas diferentes. Auxilio es amiga de todos los poetas y madre de la poesía mexicana. Ella es y no es. Auxilio, argumentaré, es la figura de la orfandad desmedida y los parentescos radicales. Una figura necesaria para América Latina en el 2021 y 2023 y específicamente para Colombia. Así, quiero con este texto reanimar esa máquina de tiempo, el baño, el salón de clase, la calle, la América Latina de esa novela Amuleto que termina con el eco del canto de los estudiantes que caminan hacia el abismo.


Tuit que aparece en mi Twitterfeed publica una imagen de un grafiti hecho sobre la barricada de un banco en las calles de durante las protestas del 2019 y dice “Chile, Hong Kong, Irak, Líbano, Colombia, Francia... ¡Basta de ser dóciles!”

Y aquí un pequeño pasaje de Amuleto escrito por Bolaño. Y Auxilio habla: [...]Algunas noches mis amigos parecían

era la que veía el pasado y las que ven el pasado

encarnar por un segundo a aquellos que nunca

nunca pagan. También veía el futuro y esas sí que

existieron: los poetas de Latinoamérica muertos

pagan un precio elevado, en ocasiones el precio

a los cinco o a los diez años, los poetas muertos

es la vida o la cordura y para mí que en aquellas

a los pocos meses de nacer. Era difícil y además

noches olvidadas yo estaba pagando sin que

era o parecía inútil, pero algunas noches de luces

nadie se diera cuenta las rondas de todos, los

violáceas yo veía en sus rostros las caritas de los

que iban a ser poetas y los que nunca serían

bebés que no crecieron. Yo veía a los angelitos

poetas. Yo me iba y parecía que no pagaba. No

que en Latinoamérica entierran en cajas de

pagaba porque veía el torbellino del pasado que

zapatos o en pequeños ataúdes de madera

pasaba como una exhalación de aire caliente por

pintados de blanco. Y a veces me decía: estos

las calles del df rompiendo los cristales de los

muchachos son la esperanza. Pero otras veces

edificios. Pero yo también veía el futuro desde

me decía: qué van a ser la esperanza, qué van

mi caverna abolida del lavabo de mujeres de la

a ser la espumeante esperanza. Estos jóvenes

cuarta planta y por aquello estaba pagando con

borrachines que solo saben hablar mal de José

mi vida. O sea que me iba y pagaba, ¡aunque

Emilio, estos jóvenes briagos duchos en el arte

nadie se diera cuenta! Yo pagaba mi cuenta

de la hospitalidad, pero no en el de la poesía.

y pagaba la cuenta de los jóvenes poetas

Y entonces los jóvenes poetas de México se

de México y la cuenta de los alcohólicos

ponían a recitar con sus voces profundas pero

anónimos del bar en que estuviéramos. Y me

irremisiblemente juveniles y los versos que ellos

iba trastabillando por las calles de México,

recitaban se iban con el viento por las calles del

siguiendo a mi sombra esquiva, sola y llorosa,

df y yo me ponía a llorar y ellos decían Auxilio

sintiendo lo que probablemente podría sentir

está borracha, ilusos, mucho alcohol hace falta

la última uruguaya sobre el planeta Tierra,

para que yo me emborrache, decían está llorando

aunque yo no era la última, qué presunción, y

porque la dejó fulanito y yo los dejaba decir lo

los cráteres iluminados por cientos de lunas

que quisieran. O me peleaba con ellos. O los

que recorría no eran los de la Tierra sino los

insultaba. O me levantaba de mi silla y me iba sin

de México, que parece lo mismo pero no es lo

pagar, porque yo nunca o casi nunca pagaba. Yo

mismo. [...] (Bolaño, 1999, pp. 65-66).


Ahora reanimemos a Auxilio. En este pasaje, Auxilio se mueve entre el recuerdo y la visión, y el pasado y el futuro. Auxilio señala que ve en los rostros de los poetas lo que pareciera la encarnación de aquellos que no existieron, pero solo los ve por un segundo. Parece que encarnan, parece verlos, pero no hay certeza de ello. En la descripción que nos da Auxilio, los poetas que nunca existieron son una imagen que no alcanza a asentarse en el cuerpo de los poetas jóvenes mexicanos. La imagen no alcanza a ser carne; ella desaparece. Su temporalidad es tan corta que no alcanza a ser encarnación total. Así que me atreveré a describir lo que Auxilio ve como una proyección más que una encarnación de esos que no nacieron o que no vivieron para reconocerse como poetas. Los rostros de los jóvenes poetas, los amigos de Auxilio, son la pantalla que es la superficie de dicha imagen. En ellos, poetas jóvenes/pantalla, se proyectan aquellos a quienes se les ha negado todo: la vida. Ellos cargan en sus rostros a los niños que no crecieron, a aquellos que nunca vieron sus vidas realizadas; esos no nacidos no vieron el horror de 1968, pero murieron prematuramente por un horror enraizado. En estas proyecciones de rostros sobre rostros, horror sobre horror, la vida aparece siempre inconclusa a las puertas de la muerte, muy corta para ser vivida y muy corta para ser encarnada. Me pregunto por la diferencia entre encarnar y ser proyección. Por un lado, encarnar es ser habitado por otro, es entrar en la carne. Encarnar implica representar a un otro en uno mismo; hacerse otro como el verbo se hizo carne. Por otro lado, ser proyección es ser pantalla, es ser membrana; implica ser superficie de fuerzas. Hablar de una proyección sobre el rostro de los poetas no implica que el proyector (de donde la imagen emerge) sea su cerebro que emite una imagen histórica, del horror de la violencia para sí mismos. Por el contrario, la imagen viene del mundo. Esta se levanta como la piel de las cosas y se instala en el rostro del poeta. ¿Un manto con una imagen impresa tenuemente? No lo sé. Solo sé que el mundo se proyecta al buscar pantallas. Al ser pantalla, no existe una distancia que le permita al ojo del poeta —que es rostro/pantalla— ver. La misma pantalla parece generar una especie de ceguera causada por la exposición del mundo sobre el rostro. La proyección está sobre el ojo, no dentro del ojo. Allí, no hay espacio entre el ojo que ve y lo que mira. No hay diferencia posible entre la realidad, su representación y el sujeto que ve. El poeta es imagen combinatoria de lo que es, de lo que fue y de lo que no será sin ser encarnación. Él sigue siendo un joven/superficie de lo posible y lo que el pasado no deja de lanzarle. Esta imagen (rostro/pantalla/proyección) es compleja. La imagen es el resultado de la combinación entre superficie e imagen proyectada. Sin embargo, las fuerzas combinatorias operan diferencialmente entre rostro/pantalla/proyección. Por ejemplo, vemos la imagen y la pantalla lo permite; sin embargo, la pantalla desaparece de nuestra visión, por cuanto es la imagen la que nos llama. En otras palabras, no somos conscientes de la existencia de la pantalla, solo de la imagen. Por su parte, el rostro es ciego a la imagen proyectada (aquel que es pantalla no ve la superficie de proyección: es ciego ante el mecanismo que en este caso es él mismo). Esta ceguera se da en un anclaje temporal que se mueve entre el pasado y el futuro, entre lo que fue y lo que será. En ambos momentos, las imágenes son esquivas. Nadie vio nada, ni en el pasado de los niños muertos víctimas de un horror normalizado ni en el futuro propuesto por la pregunta que Auxilio se hace por el qué va a ser de la vida de esos poetas jóvenes. Nadie ve nada, pues ninguno es máquina de tiempo; ellos son la proyección de este dispositivo creado por Auxilio en el baño de la Facultad de Filosofía de la unam.


Y Auxilio deambula entre un camino u otro, como quien está frente a una bifurcación: ¿serán ellos la esperanza? ¿Serán aquello que iluminará a México? O, ¿serán los futuros ebrios y cínicos? En la deambulación del pensamiento de Auxilio, el futuro alcanza forma. En Auxilio, la esperanza adquiere forma en la incertidumbre, no en el programa de partido o en un deber ser. El lugar de la esperanza está en la juventud, pero no en un simple cliché que dice “el futuro eres tú, ve y cambia el futuro” o en el eslogan barato de “la juventud es la esperanza”. No. Auxilio ve esa juventud por lo que es: ellos no son esperanza programática ni la embriaguez irresponsable, ellos son horizonte. Ese horizonte se dibuja en la última imagen del pasaje citado anteriormente. Auxilio dice que se va caminando mientras sigue su sombra por los cráteres de la tierra. Un cráter de impacto es la depresión causada por un meteorito que cae en la superficie de la tierra. Los cráteres terrestres tienen entre 3000 y 5 000 000 de años de antigüedad y varían entre 600 y 0.168 km. Son grandes modificaciones del paisaje, impactos que transforman la línea de horizonte y que producen cambios en las formas de vida. Nada más hay que pensar en la extinción de los dinosaurios por la caída de un meteorito. Pienso en los científicos que han intentado descifrar cómo fue el último día de los dinosaurios en la tierra. Auxilio nos dice que caminaba siguiendo su sombra, recorriendo los cráteres iluminados por lunas y en ese caminar que nos ofrece Auxilio, vale la pena preguntarse por la dimensión de ese recorrido. Ella camina paso a paso por entre la historia de los tiempos, su cuerpo es sombra en la tierra y en México: una tierra sobre la cual reposa las formaciones históricas que han impactado la vida, y es sobre ellas que se despliega el presente de Auxilio. Ese es el horizonte; un horizonte más allá de los tiempos, con espacios que solo son reconocibles si se salta a otra dimensión y aun así, en ese salto, el cuerpo no se diluye, pues sigue teniendo su sombra en la historia. Esa sombra es la que el joven busca ser en el tiempo.

Dylan Cruz, muerto por el esmad, policía antidisturbios de Colombia, el 23 de noviembre del 2019, durante una protesta en el marco del Paro Nacional. Aquí, el joven sostiene la pancarta el 4 de diciembre en otra manifestación. Fuente: fotografía de Claudia Salamanca.


Georges Didi-Huberman (2012) en su libro Supervivencia de las luciérnagas confronta el pesimismo que abrazó Pier Paolo Pasolini en 1975, cuando escribió su artículo “El vacío del poder en Italia”, con el amor que manifestó hacia el pueblo y específicamente a los jóvenes de los que el cineasta italiano escribió en su carta de 1941. Didi-Huberman recupera la imagen de la luciérnaga, figura que Pasolini trae de Dante como la luz centelleante, efímera, movida por el deseo, la copulación y que en su modestia y potencia aparece como el paradigma de la resistencia. Para el Pasolini de 1971, la tragedia reside en que las luciérnagas han desaparecido ante la imponente luz de los reflectores. Estos tenues resplandores han cesado ante “la cegadora claridad de los feroces reflectores: reflectores de los miradores y torres de observación, de los shows políticos, de los estadios de fútbol, de los platós de televisión” (Didi-Huberman, 2012, p. 22). El fascismo del consumo se ha impuesto y ha apagado la vida. Un fascismo interiorizado ha acabado con toda posibilidad de lucha. Este es un fascismo encarnado, diferente al de 1941, que inició con la represión policial y el desprecio por la constitución, seguido por lo que Pasolini llamará genocidio cultural. Y dirá: “El verdadero fascismo es el que la emprende con los valores, con las almas, con los lenguajes, con los gestos, con los cuerpos del pueblo”. Pasolini, entonces, nos dice Didi- Huberman, pasa de “la danza de las luciérnagas, ese momento de gracia que resiste al mundo del terror […], la cosa más frágil y fugaz [y va] mucho más lejos: prácticamente teoriza, o afirma como una tesis histórica, la desaparición de las luciérnagas” (Pasolini en Didi-Huberman, 2012, p. 23). Didi-Huberman busca recuperar la figura de la luciérnaga trayendo una lectura de algunos textos de Walter Benjamin en discusión con Giorgio Agamben, a partir de evocar el deber de no ceder ante el poder y sus manifestaciones, invitando a la realización de una arqueología de los contra-poderes, “de las manifestaciones o incluso de las revoluciones en la que los pueblos hacen mucho más que decir ‘si’ o ‘no’ ” (2012, p.12). Y ¿cómo se hace eso? Didi-Huberman localiza la imagen como esos destellantes fulgores; esa imagen que aparece súbitamente, la imagen dialéctica cuya aparición Benjamin anuncia en un momento de peligro y por solo un instante. Así como en los rostros de los jóvenes poetas, por tan solo un instante, Auxilio ve lo que parece una encarnación de esos que no nacieron, así también son las luciérnagas que sobreviven más allá del pesimismo de Pasolini. Didi-Huberman traerá esta imagen benjaminiana y la opondrá a la noción de horizonte. Para Didi-Huberman (2012), el horizonte es el cielo inmóvil de las ideas eternas, “bañado por la ‘luce’ de los estados definitivos, tiempos detenidos del totalitarismo o tiempos terminados del Juicio Final” (p. 89), mientras que la imagen es el resplandor pasajero, un instante. El horizonte y la imagen exhiben en Didi- Huberman, dos temporalidades distintas: la primera es la promesa del futuro envuelta en las grandes narrativas que nos esperan al final del camino y la segunda es un presente que nos ilumina, una luz que aparece y se escapa. Será esta última “el primer operador político de protesta, de crisis, de crítica o de emancipación […] en cuanto es lo que se revela capaz de franquear el horizonte” (Didi-Huberman, 2012, p. 91).


Esta última expresión del autor francés deviene de la siguiente cita de Walter Benjamin: “La imagen dialéctica es una bola de fuego que franquea todo el horizonte del pasado” y con ella se permite ubicar la apertura y el límite del horizonte, su atrás y adelante como estados inoperantes de acción. Este horizonte descrito por Didi-Huberman se carga con un pasado petrificado inalcanzable, que no cesa de aparecer como promesa remota. Evidentemente, el horizonte como imagen es un cliché y pareciera que ese es el lugar desde que Didi-Huberman habla. Basta con ver la obra de Penélope Úmbrico en la que exhibe conspicuamente las fotografías de atardeceres en una línea de horizonte que usuarios de la plataforma de flickr publican una y otra vez, para afirmar el lugar común de esta imagen que se repite sin cesar. Sin embargo, es esa misma repetición que manifiesta nuestra fascinación por el horizonte lo que me permitirá argumentar, contrario a lo que señala el autor, que el horizonte es inestable en tanto que aparece y desaparece. En ese ir y venir, las imágenes de Úmbrico atestiguan ese instante que huye ante los ojos de quien lo ve y es precisamente por lo efímero de su aparición que se hace necesario asirlo mediante la fotografía, una y otra vez. El horizonte del que habla Didi-Huberman parece ser más bien uno de esos grandes telones de fondo pintados para películas como El Mago de Oz o North by Northwest. Un espacio imponente, ficcional, todo un arte de la representación de un engranaje entre atrás y adelante, en el que el fondo como tal, solo existe como un tono teatral de la realidad. Arriba, he dicho que Auxilio ve esa juventud por lo que es: ellos no son esperanza ni embriaguez irresponsable, ellos son horizonte. Ese horizonte que busco recuperar contrario a la idea de Didi-Huberman, corresponde a la posibilidad de levantar la mirada y, así, detectar la supervivencia de las luciérnagas. Aquí no hay resolución. Ni esperanza ni pesimismo. No hay partido, líderes o programas de partido. Aquí hay voluntad, rabia y frustración. Auxilio se pregunta: “¿Serán ellos la esperanza? ¿Serán aquello que iluminará a México? O, ¿serán los futuros ebrios y cínicos?”. Pero ¿desde dónde pregunta? ¿Siendo la amiga uruguaya ebria?, ¿siendo extranjera? Ella nunca tuvo hijos ni los tendrá. Sin embargo, en la novela aparece Auxilio como madre, una madre sustituta. El parentesco radical aparece en Auxilio. Ellos no son sus hijos, pues no los parió; tampoco son sus compatriotas, aquí no hay línea filial de patria. Ella uruguaya, ellos mexicanos. Ella dice: [...]Yo soy la amiga de todos los mexicanos. Podría decir: soy la madre de la poesía mexicana, pero mejor no lo digo. Yo conozco a todos los poetas y todos los poetas me conocen a mí. Así que podría decirlo. Podría decir: soy la madre y corre un céfiro de la chingada desde hace siglos, pero mejor no lo digo. Podría decir, por ejemplo: yo conocí a Arturito Belano cuando él tenía diecisiete años y era un niño tímido que escribía obras de teatro y poesía y no sabía beber, pero sería de algún modo una redundancia y a mí me enseñaron (con un látigo me enseñaron, con una vara de fierro) que las redundancias sobran y que solo debe bastar con el argumento.[...] (Bolaño, 1999, p. 4)


Aquí no hay vínculos de sangre ni territorio: aquí solo hay un baño. ¿Cómo ser madre sin invocar patria, matriarcado, sacrificio y sangre? Lo que sucede con Auxilio es la incorporación generosa de otro tiempo: ella mira su propia historia y también la de México; la ve comenzar de nuevo en el cuerpo de otros y sin embargo le es irrevocablemente ajena. Ella los ve y ella es su madre; podría decirlo, pero mejor no, aunque ya está dicho. Ella no es madre de cada uno de los jóvenes que frecuenta. Ella no es la madre ni de Arturito ni de Ernesto. Ella es la madre de la poesía mexicana y ellos son los poetas y sus amigos. [...] Joven Arturo Belano, al que yo conocí cuando tenía dieciséis o diecisiete años, en el año de 1970, cuando yo ya era la madre de la poesía joven de México y él un pibe que no sabía beber, pero que se sentía orgulloso de que en su lejano Chile hubiera ganado las elecciones Salvador Allende. [...] (Bolaño, 1999, p. 29)

Publicación en Facebook de William Hurtado el día de su graduación del programa de Arte Dramático de la Universidad del Valle.


Uno tendría que empezar a garabatear un nuevo árbol genealógico que incorporara no solo sujetos, sino poéticas, intenciones y espíritus. El dibujo de un árbol genealógico desciende en líneas y aclara que lo que es en el hoy vino del ayer ya extinguido; el árbol genealógico rastrea uniones que se abren a otras uniones, que a su vez vienen de otros árboles. En estas formas de trazado, las generaciones más viejas están usualmente en la parte superior y las más recientes en la parte baja. El árbol genealógico del espíritu joven es radical. En este árbol, no hay líneas de descendencia. Por el contrario, con Auxilio es claro que la línea de descendencia se ha extinguido.

Mamá: Estoy en este momento, como cuando estudiaba en la Nacional de Comercio, luego en la uis y ahora al lado de mis compañeros de la Universidad Nacional de Colombia, protestando. Sé que todos los días me dices que no salga a las marchas porque quieres a tu hijo vivo y no muerto. Acá estoy llevándote la contraria. No puedo y nunca he podido ser indiferente a lo que padecemos como ciudadanos con estos malos gobiernos; no conozco el primero bueno, pero tampoco había conocido uno tan malo como este que nos gobierna. Hoy he visto la brutalidad del esmad contra los ciudadanos que debieron caminar hacia sus casas porque no hay transporte; hoy he visto cómo les disparan a indefensos cuando van de espalda, también cómo persiguen e insultan a las brigadas de derechos humanos. Hace un momento, llegó un miembro del esmad en un estado de alteración que ni una persona bajo los efectos

indiscriminadamente. Hoy he sido testigo de cómo le han disparado múltiples veces a una misma persona. También hay personas detenidas, su delito ha sido caminar a sus casas y mirar lo que sucede; hoy los ciudadanos de a pie, nuestros compatriotas, han sentido la barbaridad de respirar gases lacrimógenos sin motivo alguno, pero en medio de todo también vi gente que gritaba arengas sin miedo y también vi la impotencia de estos personajes de negro que esconden su rostro bajo un pasamontañas, así como lo hacen los delincuentes; esa impotencia era porque la gente no corría, por lo contrario, de todas partes les arengaban y les recordaban que ellos también son parte del pueblo. En medio de todo esto, fui testigo de la escena más hermosa que he vivido hasta el momento. El esmad empezó a perseguir gente por el barrio La Soledad, aquí en Bogotá; la excusa es que son “vándalos” que los atacan

de las peores drogas presentaría. Tuve miedo. Ellos atacan con sus marcadoras, pistolas que disparan pintura,

con piedras; no voy a decir que no los han atacado, pero en esta ocasión fueron ellos los que perseguían gente que iba camino


Publicación en Facebook de Hazzas Elo. Fuente: foto y texto original de Hazzas Elo.

a sus casas, o que simplemente huía de los gases lacrimógenos, o también del miedo que produce tener cerca a estos personajes de alma y corazón del mismo color de sus trajes. Detuvieron a dos muchachos, uno venía del sena, otro estaba sentado en la puerta de su casa mientras hablaba por teléfono, cuando llegaron en estampida los motorizados; ellos no hacían nada malo, tal vez lo único malo era estar en ese lugar. Yo iba con un funcionario de la defensoría del pueblo, con quien nos encontramos a menudo en las marchas. En ese momento, la gente empezó a salir a las ventanas a gritarles sus reclamos y acto seguido de las casas empezaron a salir mujeres y hombres de tu edad, madre mía, te

y llevársela a una estación esposada, pero reconocí en ella tu mirada y también las de todas las madres que darían su vida por sus hijos. No pudieron llevarse a ninguno de los dos jóvenes. Luego, nos abrazamos y te sentí, madre; nos separan 400 km, pero te sentí cerca. No voy a dejar de salir a marchar, tampoco de tomar fotos —que tú sabes cómo me apasiona hacerlo—. Siento que es mi deber con la historia y la verdad, esa es mi forma de contarle a las futuras generaciones y a quienes no están presentes, todo lo que está sucediendo. Ella, la mujer de la foto, hoy es mi heroína. ¡A mí no me cuida el Estado, a mí me cuidan mis amigas!

reconocí en la mirada maternal de una mujer que se aferró a un joven, como si fuera su hijo. Forcejeó con más de dos docenas de policías, la amenazaron con sacarle un comparendo

Publicación en Facebook de Hazzas Elo Fuente: foto y texto original de Hazzas Elo.


En la novela de Bolaño, argumentaré, se propone otro tipo de genealogía a través de Auxilio. Aquí, el mecanismo que nos permite encontrar otros lazos de parentesco es esa máquina del tiempo que se desarrolla en las cuatro paredes del baño de la unam. Si bien Auxilio es de una generación mayor a la de los poetas jóvenes mexicanos que frecuenta, no tiene ningún tipo de autoridad por su edad. Cuando Auxilio conoce a la madre de Arturito Belano, se compara con ella. Auxilio reconoce que tienen la misma edad y por lo tanto son de la misma generación. Sin embargo, hay varias diferencias. Por un lado, Auxilio no tiene trabajo, no recibe sueldo, no tiene casa y sale con gente menor que ella; mientras que, por otro lado, la mamá de Arturito Belano tiene casa, trabajo, amigos de su edad y dos hijos adolescentes. Y Auxilio nos dice “pero eso tampoco importaba porque por aquellas fechas yo tenía cientos de hijos” (Bolaño, 1999, p. 41). En un árbol genealógico, la mamá de Arturito Belano y Auxilio estarían en el mismo nivel generacional, sin embargo, en la radicalidad de parentesco que mapea Bolaño a través de Auxilio los vínculos se dan en la contingencia absoluta. Allí aparecen y desaparecen vínculos. No hay ascendencia o descendencia. En Amuleto solo se hace referencia al padre de Auxilio cuando recuerda que su escritorio era un lugar posible en el que podría reposar el olvido de todo aquello que es del infierno: el lugar de la generación anterior que hay que olvidar, una línea rota. Auxilio es uruguaya. Es extranjera en México y aun así reclama la posición de madre de la poesía mexicana y ser amiga de los poetas. Ella es una extranjera que pregunta por fuera de su lengua por el futuro de México. Ella nos dice que esos jovencitos saben de hospitalidad, pero no de poesía. Como extranjera, es recibida por los poetas, pero ¿de qué se trata esa hospitalidad? Jacques Derrida (2006) nos dice que occidente solo conoce una hospitalidad restringida, incompleta. El anfitrión siempre ejerce una otredad sobre ese huésped al imponer límites, lo que atestigua de su control. Así las cosas, no hay hospitalidad sin algún tipo de violencia. La hospitalidad obliga al huésped a entrar en un círculo de lenguaje inadecuado como primera forma de violencia y de exclusión. Y dice Auxilio:

[...]Yo vivía durante el día en la universidad haciendo mil cosas y por la noche vivía la vida bohemia y dormía e iba desperdigando mis escasas pertenencias en casas de amigas y amigos, mi ropa, mis libros, mis revistas, mis fotos, yo Remedios Varo, yo Leonora Carrington, yo Eunice Odio, yo Lilian Serpas (ay, pobre Lilian Serpas, tengo que hablar de ella). Y mis amigas y amigos, por supuesto, llegaba un momento en que se cansaban de mí y me pedían que me fuera. Y yo me iba. Yo hacía una broma y me iba. Yo trataba de quitarle hierro al asunto y me iba. Yo agachaba la cabeza y me iba. Yo les daba un beso en la mejilla y las gracias y me iba. [...] (Bolaño, 1999, p. 31)


Recordemos que Auxilio se denomina la madre de los jóvenes poetas y la madre de la poesía mexicana; la madre es una figura de hospitalidad, a donde se retorna. Sin embargo, declarar ciegamente a Auxilio como madre y con la autoridad que esta figura le atribuye, erradicaría la potencia de parentescos radicales. Ella es extranjera en México y, sin embargo, es la imagen del hogar, la madre, la que ejerce una hospitalidad infinita. Pero ¿cuál es ese hogar donde Auxilio los recibe? Ninguno. Auxilio no tiene casa: duerme aquí y allá, siempre con unas braguetas limpias en la cartera. Ellos reciben a Auxilio, la hospedan y sin embargo no entienden su lengua. Ella dice: [...]El amor es así, amiguitos, lo digo yo, que fui la madre de todos los poetas. El amor es así, el argot es así, las calles son así, los sonetos son así, el cielo de las cinco de la mañana es así. La amistad, en cambio, no es así. En la amistad uno nunca está solo. Y yo fui amiga de León Felipe y de don Pedro Garfias, pero también fui amiga de los más jóvenes, de aquellos niños que vivían en la soledad del amor y en la soledad del argot. [...] (Bolaño, 1999, p. 45) El hogar que Auxilio ofrece es la de los vínculos por fuera de la sangre, los de una amistad radical. En la poesía, son llamados a la soledad (la del amor y la del lenguaje); sin embargo, ellos son los maestros de la hospitalidad y no de la poesía. Estos poetas mexicanos luchan por ser poetas de soledad, pero se enfrentan a su amistad radical, beben, hablan, caminan juntos las calles y sobre todo con [...]la viva meta de sacudir la alfombra o la tierra feraz en donde pastaban como estatuas [los reconocidos poetas mexicanos] mejor instalados (pero qué digo, aposentados, atornillados, enraizados desde el principio de su tiempo) en la burocracia (administrativa y literaria). Y lo que los poetas jóvenes o la nueva generación pretendían era mover el piso y llegado el momento destruir esas estatuas, salvo la de Pacheco, el único que parecía escribir de verdad, el único que no parecía funcionario. Pero en el fondo ellos también estaban contra Pacheco. En el fondo ellos tenían necesariamente que estar contra todos. [...] (Bolaño, 1999, p. 46) Aquí no hay resolución. Ni esperanza ni pesimismo. No hay partido, líderes o programa de partido. Aquí hay voluntad, rabia y frustración. En un corto texto de 1913 intitulado Experiencia, Walter Benjamin (1989) levanta un llamado generacional con el uso del pronombre nosotros: [...]Libramos nuestra lucha por la responsabilidad en contra de un enmascarado. La máscara del adulto se llama experiencia. Es inexpresiva, impenetrable, siempre igual; ese adulto ya lo ha experimentado todo: la juventud, los ideales, las esperanzas, la mujer. Todo era ilusión. A menudo nos sentimos intimidados o amargados. Quizá ese adulto tenga razón. ¿Qué podemos contestarle? Nosotros aún no hemos experimentado nada.[...] (Benjamin, 1989, p. 41) Este texto señala una lucha necesaria en el quehacer de la historia, una entre la vida de un joven que en el presente es ciego ante el futuro y un adulto que en el mismo presente parece ser un profeta de la vida del joven, al ser la voz de la experiencia. El adulto encarna el futuro del joven, uno del que al parecer no hay escapatoria, una repetición de lo que fue. Sin embargo, el joven Benjamin señala que


este adulto es en realidad un falso profeta. La investidura de la que emana su autoridad es una máscara y se llama experiencia, una que efectivamente ha vivido, que no ha sido en ningún momento fabricada. La impostura que denuncia Benjamin no está dada por ser una invención o una mentira, sino porque oculta la posibilidad histórica volcada al futuro. Esa máscara parece que se aferra a la cabeza; ella, nos dice Benjamin, es impenetrable, casi una sola con el rostro. Ese adulto, entonces, desvaloriza la juventud como una breve embriaguez, como unos sueños lejanos sin fundamento que la vida (y la vida seria) ha sepultado con la tierra de “la sobriedad de la vida formal”, de la vida del burgués.

Publicación de Instagram de la Primera Línea de Colombia. Pero otra vez, a través del pronombre nosotros, Benjamin dice que (en plural) los jóvenes intentarán quitarle la máscara a ese adulto. Esa acción reclama no solo el poder habitar otra forma de experiencia en la juventud (una sin el juicio invocado por el adulto), sino también la posibilidad de ser otro tipo de adulto (sin máscara). Y esto es interesante. Los jóvenes podrían demandar su propia experiencia sin interpelar al adulto, sin intentar quitar la máscara. Sin embargo, pareciera que en el presente a vivir que reclama el joven también debe coexistir con una generación de adultos expresivos, penetrables, siempre diferentes. Pareciera no ser suficiente con el ímpetu del joven de reclamar su derecho a vivir y crear su experiencia. Cuando Benjamin (1989) en su reseña sobre la obra de Karl Gröber, “Juguetes infantiles de tiempos remotos”, nos habla de cómo “los adultos se valían de las presuntas necesidades infantiles para satisfacer sus necesidades pueriles” (p. 89) materializadas en muñecos de carácter, ve que este tipo de juguete busca la imitación basada en la presunción de que el niño persigue lo que ve en el adulto. Pero Benjamin ve que el mundo del niño es distinto, los


niños no son adultos en tamaño reducido. El juguete burgués dado a la imitación de roles —muñecos de carácter como panaderos, enfermeras, princesas— solo devela el anhelo del adulto de ajustar el mundo a los moldes del individualismo. El muñeco de carácter es otra forma de máscara, impuesta, ajustada a la repetición que busca formar al niño a la imagen del adulto y no a una imagen por venir. Benjamín afirmará que la imitación es constitutiva del juego mas no del juguete, tal como lo es para el muñeco de carácter. Y dice: [...]La pelota, el arco, el molinete de plumas, el barrilete, son todos objetos genuinos, “tanto más genuinos cuanto menos le dicen al adulto”. Porque cuanto más atractivos, en el sentido común de la palabra, son los juguetes, tanto menos “útiles” son para jugar; cuanto más ilimitada se manifiesta en ellos la imitación, tanto más se alejan del juego vivo.[...] (p. 88) Ese juego vivo, sin embargo, no es el juego del ensimismamiento de un mundo infantil cerrado. Volvamos a esa juventud que quiere quitarle la máscara al adulto. Benjamin nos dice que “el niño no es un Robinson; no constituyen una comunidad aislada, sino que son parte del pueblo y de la clase de la cual proceden” (p. 88). Benjamin señala que la acción, el sueño de los años de juventud, la voluntad por vivir cosas nuevas o acometer el futuro deviene del espíritu; sí, efectivamente aquí no hay un contenido, no hay un programa que como estrella del norte revelará un destino, un manifiesto orientador o un horizonte programático. Aquí, en el vacío y la incertidumbre y de manera casi religiosa, la juventud se echa a cuestas el espíritu, no como autoridad ni como forma de afiliación a un contenido externo. El espíritu aparece como ímpetu, como el viento, como la elección, o mejor, como el derecho a elegir. Benjamin (1989) en un texto de 1914, intitulado “La posición religiosa de la nueva juventud”, dice “nada desea ella [la juventud] con más vehemencia que la elección, la posibilidad de elección, la sagrada decisión en sí misma. La elección crea sus propios objetos; es este el aspecto que más se acerca a la religión” (p. 46). Así las cosas, el contenido que llenará a esa juventud sin experiencia será revelado en el momento de la elección. Es en esa voluntad que toda recriminación del adulto que mira con desdén las andanzas del joven cae en el cliché. Les decimos “ya verá cuando tenga mi edad”, “de algo tendrá que comer y así verá que hay que trabajar”, “cuando tenga un hijo se acordará de lo que le digo”, “de la vagancia no se come”, etc. Anticipar la experiencia del joven ante su reclamo de querer y poder decidir, a puertas del horizonte del derecho a mirar hacia adelante sin saber qué hay al otro lado, y responder con el cliché de la vida que solo se resuelve en la repetición de un deber deja entrever una vida que funciona bajo un modelo que supuestamente resuelve ese deber en una noción de bienestar.


Publicación en Facebook de Hazzas Elo / Fuente: foto y texto original de Hazzas Elo.

Somos —y ese nosotros que invoco en este momento es el del adulto de mi generación— un cliché que reifica el bien y se queda corto frente a la justicia. Les hemos dicho que si estudian, si trabajan, les irá bien. Nosotros hemos confundido el ethos del futuro. Esta generación despierta, es la de un posconflicto, levanta la justicia no como una forma de restitución hacia el pasado, sino como una necesidad del futuro. Benjamin (1989) finaliza ese texto corto al decir que “nosotros conocemos otra experiencia. Esa experiencia puede ser hostil y destruir muchos sueños; no obstante es lo más hermoso, lo más inmediato, porque jamás puede faltar el espíritu si nosotros seguimos siendo jóvenes” (p. 43). La juventud en este último enunciado es una que no salta a la adultez enmascarada; es una juventud que sigue habitando los años y que vive en el espíritu. No es idealizada. Ella puede ser hostil y puede ser violenta solo por reclamar el derecho de tener espíritu y su elección. El espíritu muere en el momento en el que el futuro se toma como un normal desarrollo de los hechos, y que en la repetición de la vida adulta se aloja la promesa del bienestar.


Publicación en Facebook de William Hurtado el día de su graduación del programa de Arte Dramático de la Universidad del Valle.

La ceguera que reside en los poetas jóvenes mexicanos de Amuleto y en el joven sin la experiencia que el adulto enmascarado denuncia es con la que se interroga la vulnerabilidad de la imagen de la juventud. Propongo que ese lugar sea interrogado como lo hace el ciego: al encontrar los límites del cuerpo en el mundo, tantea con la mano estirada en el lugar del otro, en su límite y a la vez buscando su encuentro. Es una búsqueda a tientas. Ese nosotros que aparece en Benjamin, pero también que se da en el cuerpo de los jóvenes poetas mexicanos en el baño de la unam, en esa máquina de tiempo creada por Auxilio, reaparece en la juventud latinoamericana de hoy; ese colectivo se forma a tientas para encontrarse en choques y estiradas de mano, que esperan el contacto con ese otro.


Publicación en Facebook de Hazzas Elo / Fuente: foto y texto original de Hazzas Elo.


Publicación en Instagram de lebzul_raw / Fuente: foto y texto original de lebzul_raw


LA ORFANDAD DEL MUNDO QUE CONOCIMOS: ALBERTINA CARRI Y CUATREROS En 1968, Roberto Carri, sociólogo, escribe un libro intitulado Isidro Velázquez, formas prerrevolucionarias de la violencia. Cincuenta años después, Albertina Carri, su hija y directora de cine argentina, toma una decisión derivada de un deber que ella ha eludido toda su vida y es el de hacer una película sobre la vida de Isidro Velázquez, el tema de su padre. Sin embargo, al final no hace la película. En ese quehacer con las imágenes, Albertina termina haciendo una película sobre la película que no hizo: no la hace ni de Isidro Velázquez; ni de la de la investigación sobre las formas prerrevolucionarias de la violencia; ni de Fernando Peña, coleccionista de cine latinoamericano y sus películas olvidadas; ni del sociólogo interesado en el cuatrerismo y desaparecido por la dictadura militar en 1977, su padre. La película que hace es Cuatreros (2018): una película de no hacer una película. En este lugar fílmico de negación, nos encontramos con una película hecha totalmente con imágenes de archivo. Unas que son huérfanas. Y no lo son por el hecho de no pertenecer al cuerpo/ archivo de una gran cinemateca nacional (en Argentina no existe tal institución) ni porque sean metraje encontrado sin origen reconocido; estas son imágenes desancladas de aquel ojo que las filmó. Son huérfanas por cuanto en la película el sentido de las imágenes parece revelarse en contra de cualquier autoridad de descendencia. Son imágenes del pasado y su condición material nos lo anuncia: son películas de 16 mm. Con ellas, Albertina no realiza una reconstrucción histórica de los hechos. Esas imágenes no relacionan el pasado con la historia. En Cuatreros no se habla de la historia con imágenes de ese pasado, sino de cualquier pasado. Estas imágenes no son evidencia de nada y sin embargo resuenan en el tiempo y titilan en el ojo como si fueran la evidencia de todo. Quisiera entonces hablar de cómo en Cuatreros esa voz que cuenta en el hoy y esas imágenes que reaparecen desde el pasado de alguien o algo, dibujan una orfandad. La relación entre texto e imagen que nos propone Albertina invita a mirar las imágenes desde una cierta economía de sentido. Me explico. Por ejemplo, en un segmento, Albertina narra el guion de esa película que no hizo, específicamente la escena que había escrito sería el asesinato de Isidro y su compañero de lucha Gauna. En esta escena, Albertina narra y describe las imágenes que no vemos, al hablar de la forma en la que sería acribillado Isidro: se nos “pinta” la posición de su cuerpo y los espasmos que sufre cada vez que las balas lo atraviesan. Y el guion sin hacer: [...]Un policía abre la puerta del Fiat y el cuerpo de Gauna cae, quedando el torso afuera. Otro policía se acerca y dispara el cuerpo de Gauna, que rebota por el impacto. El cuerpo de Isidro, bañado en sangre, quedó debajo de un quebracho. Los policías que lo rodean desenfundan sus rifles y le dan de a uno sus tiros de gracia. El cadáver de Isidro se sacude una y otra vez de manera espasmódica por el impacto de las balas. Hay un clima de festejo generalizado. exterior - monte / quebracho - noche


Unos diez policías forman una U alrededor del cadáver de Gauna que sigue caído sobre el borde de la puerta trasera del Fiat. Uno de los policías le sostiene la cabeza agarrándolo por los pelos para que se le vea el rostro. Frente a ellos otro policía acomoda una cámara de fotos con flash incorporado. [...](Carri, 2018, p. 174) Por un lado, tenemos a Albertina que narra con su voz la construcción de esta escena del guion no realizado de Cuatreros. Frente a esta descripción, nos enfrentamos como espectadores a la relación aparente entre texto e imagen que se fabrica con un ojo entrenado fílmicamente. Al oír la voz de Albertina, las escenas son construidas en nuestra cabeza; hacemos correspondencias del orden de la ilustración. Sin embargo, las imágenes que acompañan la narración de Albertina habitan el espacio de lo familiar, de lo ya visto y, tal como ella lo enuncia, en algunos momentos de cliché. Con esa familiaridad, vemos los gestos que aparecen en este material de archivo como si ya los hubiéramos visto, un pequeño déjà vu fílmico. Mientras Albertina narra el asesinato de Isidro, con las escenas del guion que nunca hizo, vemos un carro con los vidrios destruidos, orificios de bala en la puerta de un carro policial; además, un hombre sin camisa y desarmado, el cual es empujado y golpeado. Vemos a otro que es arrastrado; vemos a un hombre disparar y el cuerpo de la víctima que convulsiona ante la fuerza de las balas. A pesar de esa familiaridad óptica, su anclaje a lo real (son cuerpos de verdad, víctimas y asesinatos que se dieron ante la cámara) se desvanece al no poder localizar su origen. En la familiaridad de estas imágenes de violencia, paradójicamente un muerto es cualquier muerto. El hacer una película sobre Isidro Velázquez, una en la que su muerte se recrea, la imagen empieza a funcionar como un suplemento histórico y los cuerpos en esas imágenes como suplentes. Sin embargo, en Cuatreros estas imágenes se rehúsan a ser suplentes en cuanto no funcionan como dispositivos ilustrativos del discurso. No son suplemento/suplentes, puesto que el Isidro masacrado aquí a través de las palabras de Albertina y las imágenes de archivo no es en realidad Isidro. Sin embargo, esa relación entre un guion que “recrea” un acontecimiento histórico y las imágenes de archivo (con sus muertos) cuestiona el estatus de nuestro ojo, que entrenado en ver correspondencias es arrojado a una dislocación temporal que dibuja y desdibuja la relación entre las palabras y las imágenes, el pasado y la historia, y mi historia y mi memoria. Un guion es una estructura y una ruta a través de la cual se da la fabricación de las imágenes y su encadenamiento temporal. Así las cosas, en una economía de creación de las imágenes audiovisuales primero se desarrolla el texto que da vía a la subsecuente etapa de producción de las imágenes. Sin embargo, en Cuatreros la negación de no hacer la película hace aparecer las imágenes como ecos lejanos en el tiempo. Aquí, la estructura temporal dada entre la palabra, primero (guion), y luego la imagen (producción) se transforma al traer imágenes del pasado para un guion que no se producirá. Este gesto no solo cuestiona la jerarquía epistemológica de logos sobre imago, sino que también permite cuestionarnos el lugar de las suplencias históricas, de lo que deviene de esa historia para un futuro.


En Cuatreros, lo importante en la relación texto/imagen aparece lo que definiré como acentos temporales marcadores de un tiempo. En otras palabras, entre el relato y la imagen no existen equivalencias directas. Por ejemplo, se habla de una mujer maestra que está al volante y vemos a una rubia en el asiento trasero; luego, se nos dice que ella se baja del auto y levanta la tapa del motor, mientras que la imagen que vemos es la de un hombre solo que realiza ese gesto; vemos a una mujer hablar en el auto, pero no la oímos, mientras que la voz de Albertina parece llenar sus labios, pero es asincrónico. No es contenido lo que aparece en estos acentos temporales: lo que aparece es un ritmo sincopado, un desplazamiento temporal que no les da raíz a las imágenes, no les permite generar equivalencias. Así, no hay una representación ni suplente de Isidro. Lo que señala ese ritmo sincopado es un vacío histórico. El vacío está señalado por las imágenes que no existen, que no vimos y que no quisimos ver, mientras que otras han desaparecido. No hay películas de la dictadura argentina, la película de Pablo Szirr Los Velásquez no aparece y finalmente Albertina no hace la película de Isidro.

He visto varias veces a este hombre, un adulto, en las manifestaciones. Le tomé esa fotografía el 4 de diciembre de 2020. Lo vi y traté de mirarlo a los ojos.


Pero no es solo que el texto y la imagen no coincidan en una lógica ilustrativa y que, por el contrario, ofrezcan espacios abiertos debido a una desincronización. En el segmento de Cuatreros de la muerte de Isidro y Gauna vemos tres imágenes simultáneas. Las dos de los extremos obedecen a ese archivo que nos ofrece un desplazamiento; son imágenes de violencia y represión como las descritas anteriormente; son unas entre muchas, pero no son de Isidro. En el centro, aparece otra imagen: una coreografía. Allí los cuerpos exhiben ritmos disciplinares: un espectáculo de dominación entre el hombre y su caballo. Vemos los movimientos de dos cuerpos entrenados que demuestran disciplina, sincronía, dominación y sumisión y que son celebrados por una cúpula militar que los aplaude desde un palco. Los cuerpos que ejercen violencia indiscriminada en estas imágenes pueden ser esos cuerpos disciplinados. Entre el movimiento errático de la víctima y la brusca manipulación de los cuerpos por parte del perpetrador aparece el cuerpo disciplinado. El cuerpo que ejerce violencia es un cuerpo adiestrado, formado en la dominación para a su vez dominar. En medio del ver simultáneamente estas tres imágenes, es la imagen del caballo la que trae ese acento sincopado. El caballo muta a partir del discurso que presenta Albertina. Unas veces sus palabras nos hacen verlo como el cadáver de Isidro muerto y manipulable; otras veces, se presenta como fuerza, un ímpetu de la sed del operativo cumplido, y en algunos casos encarna una multitud. Lo sincopado aparece en su inestabilidad y en que es posible mutarlo y mantener el sentido.

Still de Cuatreros Fuente: Albertina Carri (2018).


En Cuatreros, Albertina habla desde la orfandad. Hacer una película sobre el no hacer la película, que en sí pareciera una deuda y a la vez una herencia del padre desaparecido en 1977, se constituye como un diálogo con la orfandad. Sin embargo, Cuatreros no puede reducirse tan solo a la búsqueda del padre y la madre. En la voz en off de Cuatreros, Albertina corre, no respira y se desvía. Hay un afán anclado a un cuerpo cambiante, pues ha parido y se ve de repente con una familia, la cual pareciera ser un ideal de reconciliación frente a la vida de huérfana, pero no es así. A través de dicientes viñetas de la vida familiar, Albertina señala y en algunos casos con sarcasmo que el ideal burgués de familia se ha tomado la casa y desde allí le huye a ese deber ser, a través de su voz que persigue ese vacío histórico que está señalado por las imágenes. Albertina (2018) dice: [...]No me estoy desviando de lo que voy a contar al nombrar este encuentro, más bien esto se trata de lo que hacemos los hijos con lo que hicieron nuestros progenitores […]. Cuando visité a la familia de Velázquez les dije “mi padre escribió un libro sobre tu padre en el año 68”. El hombre me contesto “ah, claro, y seguro ganó plata”. La respuesta me dejo desconcertada. Me dio tanta pena el joven Roberto asesinado junto a su esposa, como ese muchacho copiado por los pensamientos más mezquinos.[...] (p. 178) Roberto es su padre, su progenitor; sin embargo, en este pasaje Roberto es uno más, un joven asesinado, víctima del terrorismo de Estado en Argentina en el año 1977. El dolor se escapa de lo personal. Aquí, hay un señalamiento que emerge de ese vacío histórico, pero que es puro presente y futuro. Albertina (2018) lo señala en su narración cuando nos dice qué es lo que comparte con la figura de Isidro Velázquez: “El imaginario compartido con Isidro es la supervivencia frente a un sistema que no nos reconoce y que, como dice el joven Carri, no nos entiende y nosotros tampoco a él (p. 179)”. Aquí su padre es ante todo joven. Albertina relata, en voz en off, su viaje a la Habana y cuando se encuentra con Fernando Peña, coleccionista de películas o, mejor, el rescatista de la historia fílmica argentina, y lo acompaña a la cinemateca nacional a buscar aquellos tesoros fílmicos escondidos en latas que nadie abre. Así, Fernando encuentra la película Ya es tiempo de violencia. Albertina la ve, a fragmentos, y nos dice que es la mejor película argentina que ha visto; en esas imágenes, reconoce la fuerza que llevaría a cualquier joven a unirse a una célula subversiva. Sin embargo, nos dice que la cuestión no es esa; por fuera de la herencia, se debe seguir buscando, en otro tiempo, el intentar zafarnos de un cordón umbilical: “Pero los tiempos son otros y me tocó este, el de un ombligo tan lastimado del que no logro zafar” (Carri, 2018, p. 171). La orfandad que propone Cuatreros es la de la figura de una madre que se pregunta por a qué familia pertenece. Por un lado, hay dolor de una orfandad creada a punta de la violencia indiscriminada hacia la juventud: la juventud de Roberto y Ana María Carri. Pero por el otro lado emerge otra orfandad que durante toda la película se pregunta por los lazos filiales en esa idea de familia.


Still de Cuatreros Fuente: Albertina Carri (2018). Albertina cuestiona el ideal burgués de familia que ha creado, al mismo tiempo que permite emerger en su discurso y en relación con ese vacío histórico un árbol genealógico en el que los vínculos ya no son de sangre. Albertina como madre ve en su hijo una forma de comunidad a la que llamará una nueva casta de vivos. Sin embargo, ese reconocimiento se da en el momento en que lo ve con otros. Ella nos cuenta que oyó a su hijo, mientras jugaba con una amiguita, decirle que “con las cámaras y los proyectores es al revés que con los caballos, siempre se pasa por detrás”. Y es en ese momento cuando Albertina ve que pertenece a una familia, que en realidad no es tanto una comunidad definida como una estrategia dada para la supervivencia. Y Albertina (2018) dice: [...]Sentí que llegué a algún lado, que ahora tengo una familia, una nueva casta de vivos a los que trasmitirles saberes probablemente inútiles para la vida, pero en definitiva románticos y que, por lo tanto, son recetas de supervivencia frente a esa organización del mundo que tanto sufrimiento nos ha causado.[...](p. 180) Esta familia no se define por un rol de dependencia impuesta, sino que es receta, fórmula, estrategia. Esa receta de supervivencia aparece en ese momento en que su hijo y su amiguita hablan, se pasan ideas, saberes, y allí en una amistad emergente aparece una orfandad en levedad. Pasamos de uno a otro, lo que es probablemente inútil y a la vez liberador. No pasamos legados ni tareas mesiánicas. La tarea emerge como parte de la elección de ser libre. Nosotros, la generación de arriba, solo podemos ser un vínculo frágil. A ellos, les ofrecemos liberarse de nosotros, de esa casta de muertos, mas no del sufrimiento que reclama justicia.


21E Escribo y es abril del 2021. El Paro Nacional en Colombia mutó en algo que el Gobierno del presidente Iván Duque llamó la conversación nacional. Y no prosperó. Hay un nuevo llamado al Paro Nacional el 28 de abril de 2021, en contra de la reforma tributaria promovida por el Gobierno y el Ministro de Hacienda Carrasquilla. Sin embargo, en el horizonte algo prosperó: una juventud que no se conoce, pero que se necesita.

2024 Escriben los jóvenes y escriben para quitarnos la máscara. Acá sus textos.


REFERENCIAS Benjamin, W. (1989). Escritos. La literatura infantil, los niños y los jóvenes. Nueva Visión. Benjamin, W. (2018). Iluminaciones. Penguin Random House Grupo Editorial, Bogotá D.C., Colombia. Bolaño, R. (1999). Amuleto. Editorial Anagrama. Carri, A. (2018). Texto de Cuatreros publicado en Kilometro 111/14-15. Buenos Aires, Argentina. Derrida, Jacques. (2006). La Hospitalidad. Buenos Aires, Ediciones de la Flor. Didi-Huberman, Georges. (2012). Supervivencia de las luciérnagas. Abada Editores. Madrid, España. Schiller , Friedrich von. (1996) Don Carlos, infante de España. Ediciones Cátedra. Madrid, España.


Fauces de animal ordinario Ana Silva Fry 1. Dibujar y escribir 2. Rabia 3. Coincidencia 4. Aseo 5. Fantasía


5. Nunca más me voy a volver a mover, pues me han atravesado unas lanzas puntudas. Estoy clavada contra el colchón empapado de sangre o ensartada como una muñeca de trapo sobre los palos asesinos. La cara mira hacia la tierra oscurecida y mojada.


2. No hablemos de las causas. Me interesa la emoción en su crudeza. Confío en aquella porque es sincera. En su estado más puro, ni la moral ni la decencia la censuran. Simplemente, es poderosa, pura y perfecta. Me aferro a ella porque al fin reconozco en mí algo genuino. Nadie puede juzgar una emoción: los juicios son para las acciones. Por primera vez en mucho tiempo, siento que me pertenezco. Me dejo poseer para poder poseerme. Encuentro un lugar prístino al que nadie ha entrado ni entrará.


2. El perro muere cuando deja de correr y no quiero. La furia es lo único genuino que tengo definido. Es el camino para encontrar las otras cosas genuinas, escondidas, las otras historias heredadas que a veces centellean en la superficie. ¡El perro todavía tiene fuerza en sus patas!


5. Alguien clava una espada entre mis omoplatos y rasga mi espalda hasta exponer mi columna vertebral. Alguien me estrangula. Alguien se sienta sobre mí mientras duermo y me apuñala con furia.


5. Es de noche, estoy acostada en la penumbra, lista para cruzar el umbral del sueño. Mis párpados entreabiertos reciben los hilos de luz que la persiana deja escapar. Mi imaginación agotada deriva con el barrido de los faros de un carro ocasional. Mis miembros inertes yacen en desorden. Por unos minutos, ni los necesito ni los siento. Anhelo la presencia de otro cuerpo. Lo proyecto escondido entre las dunas de la colcha, a mi lado. Sin tocarlo, percibo su fuerza. De repente, lo siento salir de entre los pliegues oscuros y sentarse a caballo sobre mi pecho. Su peso nos hunde en el colchón. Contra el filo de su puñal, rebota mi reflejo. En un centelleo, raja mi garganta.


1. Acostada en mi cama trato de dormir y quiero detener las palabras fugaces que cruzan mi mente. Solo atrapo algunas. Me quiero levantar para escribirlas, pero apenas lo pienso mi cuerpo se adormece. Entonces, me quedo en ese curioso estado en el que mi cuerpo me arrastra hacia el fondo de la cama mientras que mi mente se agita sin fin. Me frustro porque sé que mañana esas palabras se habrán esfumado por siempre. Algunas veces, he logrado levantarme, pero cuando llego a mi cuaderno o abro el computador fracaso. Mis ojos cargan todo el cansancio frente a la pantalla con la que lidian todo el día.


4. Ahora, puedo dejar las cosas montadas todo el tiempo, así que siempre las estoy mirando. Miro por semanas sin tocar nada, hasta que de repente se me aparece el gesto preciso. Hacer el aseo se ha vuelto un momento muy especial para mí y la casa. No se trata simplemente de barrer y trapear: se trata de mirar y de cambiar imágenes de sitio. En los últimos diez años, me mudé trece veces. Es la primera vez que tengo muebles comprados, no encontrados en la calle o prestados. Durante esas trece mudanzas, solo en las dos primeras dediqué tiempo a pegar imágenes en la pared. xDespués, me dio pereza, le perdí el sentido porque nunca tenía contrato y algunas veces me echaron. Dejé de colgar cosas en las paredes porque así sentía que podía huir más rápido, que nunca me tenía que comprometer totalmente. Aun así, siempre trasteé conmigo las cajas de postales, dibujos, recibos y papeles. Estoy ligada a mi casa actual por un contrato de un año que se renueva automáticamente. En el contrato, solo está mi firma. Nadie me puede sacar a parte de mí misma, nadie me puede salvar a parte de mí misma.


1. Hay veces en las que soy ávida y furiosa. Encuentro fuerza y sentido en mis dibujos. Tengo problemas de ideas atolondradas y la escritura me descongestiona. Son épocas en las que me da rinitis, me ahogo fácilmente y no sueño mucho; en las que soy feliz y despreocupada. Muchas ideas mueren en la escritura, pero algunas solo se adormecen hasta que las vuelvo a encontrar, cuando vuelven de nuevo las épocas felices y despreocupadas. Luego, están las épocas ansiosas, que se traducen en un letargo que justifico de muchas maneras. Son las épocas de la universidad y de la corredera, épocas en las que no duermo casi y procrastino mucho. Me acongojo, sé lo que debo hacer, pero espero hasta el último segundo, hasta estar segura de que no me quede el tiempo suficiente para hacerlo bien. Miro los dibujos de lejos, con desconfianza. No los toco casi.


3. No sé de qué voy a hablar porque quiero hablar de todo. Empecé a escribir con regularidad, pues casi siempre que veo algo sorprendente o conmovedor en la calle estoy sola y no tengo cámara. Y pasan muchas cosas en la calle: hay muchas coincidencias, signos e ironía. Escribir es una buena manera de complementar la memoria de los solitarios observadores como yo. Mi deseo secreto es que tal vez un día vuelva a leer todos esos momentos y detalles recopilados y que en su conjunto me revelen (un) su significado. Que por qué hay días en los que todo el mundo está vestido de rojo o por qué veo muchos gatos negros en una semana y luego no vuelvo a verlos más; por qué siempre tengo de vecino a un conejo y por qué en unos pocos días hay tantos accidentes en los que se derrama comida. La escritura lo puede abarcar todo, en especial las cosas más tenues. Quiero seguirlas porque sospecho que tienen algo que decirme: que las cosas no están tan separadas las unas de las otras como parece; que el hecho de que en un solo día conozca a tres chicas llamadas Kelly tiene que ver con la luz que entra cada tarde por la ventana; que observar la luz de la ventana influye en la manera en la que me relaciono con mis amigos, y que la gente vestida de rojo, los gatos negros, los vecinos conejos, los accidentes con comida, las chicas llamadas Kelly, la luz por la ventana y los amigos encuentran todos algo que decirse en los terrenos del arte. Que no hay que hablar tanto del arte porque este se encarga de hablarnos a nosotros de cómo se organizan las cosas entre ellas o de cómo nosotros las organizamos, del diálogo que nos despiertan, de nuestra necesidad de sentido, de nuestro miedo al vacío y de nuestra pertenencia a una comunidad en la que por mínimo participamos con nuestra mirada.


1. Los dibujos no existen fuera de la pared de la casa. Están acostumbrados a la pared y a sus esquinas y nacen bajo la luz de Bogotá. Últimamente, he dejado los dibujos en el piso para liberarlos del peso de estar amontonados. Les camino encima con placer.


1. Los dibujos viejos miran de reojo a los dibujos nuevos y les dicen con propiedad que son sus ancestros. Es raro estar sola, dibujo caras para hablar con ellas. Si los dibujos están aquí, quiere decir que yo también estoy aquí, que no he desaparecido todavía. Estoy aquí, escribo, en un cuaderno, en una hoja grande, en la pared. Estoy despierta.


1. Encuentro más satisfacción al hacer el aseo de mi casa que cuando me siento a dibujar. Quiero sentir que mi cuerpo está vivo. En mi casa, solo vivo yo. Me encaramo en las sillas para tocar el techo. Lo que me hizo escoger este apartamento es que el piso es de baldosa y que tiene un tragaluz gigante en el techo. Es muy importante tener un piso que se pueda limpiar bien. En mi anterior apartamento, el piso era de madera y cuando quería dibujar me tocaba primero cubrir todo de plástico y cinta. Al final, me daba pereza y no lo hacía. Además, vivía con alguien, así que nunca podía dejar las cosas puestas y esto es muy importante para que uno las pueda mirar cuando termina de trabajar. Siento que mis mejores dibujos salen cuando termino con el cuerpo cansado. Cuando me tuve que encaramar, abrir las puertas, caminar de puntillas y estirarme. Muchas veces, son solo manchas y líneas o dibujos pichos, pero no importa porque me moví y me siento mejor. En esta casa nueva, me he dado el lujo de que no me importen las paredes. Pinto con tinta sobre papel delgadito y veo cómo este se empapa de negro hasta volverse transparente. Al despegarlo de la pared, deja una huella negra sobre la pintura blanca y, cuando no está seco, deja pedazos tras de sí. El otro día, incluso, pinté una mancha directamente sobre el muro blanco y la enmarqué.


5. Cierro los ojos. Alguien me abre el cuello de un tajo limpio y la sangre brota en generosos borbotones. No siento dolor ni incomodidad; mis extremidades se adormecen mientras que el color abandona poco a poco mi piel, como si esta no quisiera rivalizar con las ondas carmesí que bañan mi pecho. Mi cuerpo se entrega a aquella media luna profunda que lo ha convertido en fuente inagotable de un líquido precioso por mucho tiempo escondido. El peso de la sangre me hunde poco a poco en la tierra húmeda. Aunque nunca desvanezco, veo a la muerte que espejea a la distancia.


1. Paso más tiempo mirando mis dibujos que dibujando. Me pasan cosas muy interesantes cuando no estoy haciendo nada. A veces, solo me siento frente a ellos y entrego mi cuerpo a la inercia. Otras veces, mi cuerpo está activo, ocupado en labores domésticas, y mi mente es la que se relaja. En ese transcurrir automático de los quehaceres manuales, esta es totalmente libre de revelarse tal y como es, entre deambulaciones triviales y angustias existenciales.


5. Un demonio pequeño sentado sobre mis hombros, cuchilla de afeitar en mano, abre mi nuca.


5. Un demonio pequeño sentado sobre mis hombros, cuchilla de afeitar en mano, abre mi nuca.

Johann Heinrich Füssli, Le Cauchemar, 1781


1. En algunos momentos, me pongo lánguida y pasiva, mis miembros se ponen pesados y se me caen los párpados. La gravedad me arrastra y no me puedo ni parar. Le echo la culpa a mi tiroides, pero a veces es pura y física pereza. Una pereza arrolladora: la respuesta natural de mi cuerpo al exceso de tensión que produce la rabia, al proactivismo enceguecido por la ambición, a la impaciencia voraz de la alegría. Exceso responde con más exceso. Me acuesto, me dejo ir, vago de una pantalla a la otra. Entre más me hundo, más pesada me siento. Mis brazos y mis piernas parecen hechos de plomo. Soy un ancla rendida.


2. Mi amigo me dice que esa rabia que siento a la larga se transforma en tristeza. Cuando estoy brava dibujo, pero cuando estoy triste escribo. De todas formas, me gusta más la rabia porque me pone a hacer cosas y a caminar rápido, y a mí nunca me ha gustado quedarme quieta. Igual, esas emociones son tan fuertes porque una se encariña con ellas, no las quiere dejar ir porque le tiene mucho miedo al vacío. ¿Qué queda de mí si me quedo sin rabia y sin tristeza?


2. Últimamente, camino rápido porque estoy brava. No es una rabia nueva, de hecho, la siento tan antigua que parece heredada. Sentirla despierta en mí una afinidad con el otro, con ese cuerpo colectivo menospreciado y furioso cuyos pasos estremecen las calles de las capitales del mundo y también me despiertan a mí. Mi cuerpo se siente vivo. Mi útero, por ejemplo, está furioso. Se despierta rugiendo en una embestida de cólicos que me clava a la cama y que ya ni siquiera espera a que me llegue el periodo. A veces, se juntan los cólicos y las pesadillas y entonces siento el infierno tronar. El dolor me mantiene en un estado de vigilia, pero la pesadilla es tan vívida que no me puedo despertar. Me quedo en ese limbo, sin poder encontrar la salida, sin poder descansar, sin poderme levantar. Otras veces, siento la rabia en la quijada. Entonces, me empiezan a doler las clavículas, como si la piel se hubiera estirado demasiado por haber apretado mucho la mandíbula. La mayoría del tiempo, la rabia es un fuego en mi panza que me hace caminar muy rápido. Una vez, tomó el poder de mi sistema nervioso y me dieron muchas migrañas. Me dolía todo el cuerpo porque estaba muy tensionada y se me nublaba la vista. No podía dormir. No me aguantaba la sensación de mi piel y me sabía la boca a sangre.


4. Entre más saco dibujos de las entrañas de las maletas y entre más postales les opongo, más me siento presente. Es una historia de raíces. Estoy construyendo ante mí el relato que me interesa y pongo a dialogar las imágenes de mi vida, las que me han acompañado y las que he recolectado con el tiempo. No es cuestión de cómo se ve la casa, es cuestión de cómo vive. Una pared al frente de la otra, cargadas de símbolos que se responden, forman una unidad compleja y fluctuante, que cambia cada vez que hago el aseo. Empiezo a barrer y a mover imágenes. No importa si es la cocina, el cuarto o el baño. Las imágenes lo abarcan todo. Tejen una lógica intuitiva que me permite pensar mejor. Al frente mío y entre mis manos, se hacen visibles cosas profundas. La casa, los dibujos y yo somos la misma cosa.


En el río de Heráclito el pez pesca al pez, el pez corta el pez con el filo de un pez, el pez construye un pez, el pez vive en el pez, el pez escapa del sitiado pez. En el río de Heráclito el pez ama al pez, tus ojos —le dice— resplandecen como peces en el cielo, quiero nadar hacia un mar compartido, contigo, la más bella del cardumen. En el río de Heráclito el pez inventa al pez de peces, el pez se arrodilla ante el pez, el pez canta al pez, le pide al pez un nadar más ligero. En el río de Heráclito yo, pez claro, pez distinto (aunque sea del pez árbol, del pez piedra) escribo por momentos pececillos sobre escamas plateadas y por tan corto tiempo que, tal vez por eso, parpadea en su turbación la oscuridad.


4. Empiezo a barrer y comienzo a cambiar imágenes de lugar. No discrimino si es la cocina, el cuarto o el baño. Las imágenes me van diciendo el lugar que les corresponde. En la pared de la cocina, la que tiene ventana, van los retratos, con algunas cartas postales de flores y un Be Calm de Louise Bourgeois. Al frente, al lado de la puerta de entrada, están los dibujos en tinta de santa Ágata. En la pared del estudio, está la serie de las conchas de mar y algunas montañas, que miran hacía el toro y su rebaño que cabalgan encima del sofá. Al lado de la cama, está el cuadrito de mi mamá y varias fotos en blanco y negro. También la fotocopia de un dibujo desaparecido de una luna sonriente. En el baño, fotos de baños y un poema. Entre ellas, las imágenes revelan una lógica intuitiva que a su vez me revela a mí misma. Algunas veces, es un abismo que tiene un grito de terror atragantado; otras, es la fuerza de mil soles. A través de mi casa, me inscribo en un lugar. Siento el peso de mi cuerpo sobre la tierra.

Poema de Wislawa Szymborska sobre fondo de baño


4. En esta nueva casa, he encontrado la vuelta. Para lavar el piso de la cocina/comedor/taller, trasteo todos los muebles a la sala. Mientras secan las baldosas, me encuentro incómoda, entre todos los muebles amontonados, y me doy cuenta de que dejé el celular al lado del lavaplatos. Aprovecho para hacer las cositas que dije que debía hacer. Doblo la ropa y organizo los dibujos. Me quedo mirando algunos dibujos en la pared y siento que les falta algo. Se me ocurre una idea. Cruzo la cocina/comedor/taller en puntillas para no ensuciar la baldosa húmeda. Esculco en la repisa y no encuentro lo que busco; desocupo un estante, me impaciento, vuelvo a cruzar el cuarto en puntillas. No encuentro qué hacer y no me quito de la cabeza la idea. Vuelvo a la repisa y me doy cuenta de que imprimí huellas en el piso limpio. Busco en la primera carpeta que saco y encuentro lo que buscaba. Al devolverme, limpio las manchas con mis pies envueltos en el pantalón estirado. Ya no se ven las manchas, pero quedó un poco opaco. Me despreocupo y me concentro en los dibujos de la pared. Quiero pintar algo acá, cambiar este dibujo por este otro. Me pongo en la tarea, pero pronto me doy cuenta de que aquel gesto anodino abre la puerta a otros, que este pedacito dialoga con este otro, que no puedo concentrarme en un poquito, sino en una totalidad y que por eso nunca puedo terminar de hacer bien el aseo.


5. Mi garganta me dice lo que quiere, y yo cumplo. No soporta sentir cosas apretadas, como un cuello o un collar. Tampoco soporta que la rocen. Ir al dentista es un suplicio, porque siempre ciñen mucho la bata a mi cuello. Trato de aguantar pero termino por agarrarla bruscamente para alejarla, gesto que el médico atribuye al dolor. Para dormir boca abajo la almohada tiene que encajar perfectamente con la curva de mi garganta. Para dormir boca arriba la cubro con la cobija, y con mi mano empujo la cobija hasta el fondo de mi quijada. Solo yo puedo tocar mi garganta, aunque a veces le gusta que la asfixien. La bola crece o disminuye por épocas. Son mis emociones, cuando desbordan.

Autor desconocido, El Martirio de Santa Catalina, siglo XVII


La hoja en blanco, otra vez...


Me causa curiosidad la perplejidad y la agobiante sensación de inmensidad que provoca en nosotros, en mí, algo tan dimensionalmente pequeño como una hoja en blanco. Sobre todo, al saber que el enfrentamiento y la batalla en contra de esta es la más silenciosa de todas: no se da en el papel, sino en la mente, dado que el real enemigo no es la hoja, sino nosotros mismos. Entonces, nos enfrentamos a una nada ansiosa de contener, pero que por lo pronto sigue siendo eso: nada, madera sin vetas, cielo sin nubes, mundo sin horizonte. Y ahí estamos frente a una inmensidad que no contempla límites, donde no empieza ni termina nada; ahí estaba, congelada, esperando una promesa de lluvia bajo un cielo despejado. Es ahí cuando empieza la espera que, por más corta que sea, se siente como la más larga de las eternidades, la cual transforma lo vacío en lo lleno y luego en vacío de nuevo. Esta espera refleja inseguridad que se manifiesta con el vaivén horizontal de los ojos sobre símbolos y termina en un tachón en el papel o en el presionar de una tecla incesantemente. Es ansiedad. Esfuerzo que queda sumido en la nada a causa de una tecla, una decisión. Pero más que eso es el sentimiento agobiante y paralizante que contienen las palabras ¿y ahora qué?, seguidas de un suspiro profundo que hace parecer que en el mundo no hay suficiente aire para llenarnos los pulmones. Es el estar varado, sin viento, sin nubes con tiempo y sin rumbo o sin saber cómo fijarlo. Entonces, hay que respirar, esperar la lluvia y tratar de fluir; canalizar, empezar a navegar sin pelear. Pero hacerlo no es tan fácil como suena. Nuestro primer reflejo, o el mío por lo menos, tiende a ser luchar y resistir, no fluir.


Ahora qué... Dos palabras, un acento y tres puntos se convierten en un mar innavegable, sin viento, sin agua, sin lluvia, sin barco. Solo una línea que realmente no existe, solo un horizonte insurcable el cual está amenazado por todos los flancos; esa pregunta se convierte en la página en blanco, el tatami de un dojo, el camino a casa y la vida misma. La pregunta nos abre la posibilidad de un viaje, el de nuestra cruzada personal, y antes de darnos cuenta estamos subidos en un barco, listos para zarpar, sin saber cómo o por qué. Y es ahí cuando aparece otra pregunta tan grande y tan compleja de responder como la anterior:

Dokoniikuno ¿Para dónde voy?


En el viaje, esta pregunta aparecerá varias veces en un intento por responder al sentimiento de “ahora qué” que nos deja la página en blanco, pero en muchas ocasiones, somos bligados a tomar una decisión de curso, enceguecidos por el deslumbrante blanco de nuestras propias dudas, y hacer eso no solo es peligroso, sino tonto. Se debe ser precavido en este momento de espera: mucha velocidad en el barco puede resultar en que el barco quede de cabeza. Es por esto que se suelta la escota, se libera la presión de la vela y se anda lento. En los momentos de más larga espera incluso se llega a soltar el timón y la mente del navegante se ocupa en otra cosa, se ve el cielo, el agua o solo la bruma, sin olvidar que el viento en cualquier momento puede resurgir. El rumbo del barco, al igual que el curso que se lleva, quedan a merced de los elementos. Sin rumbo, sin curso y siguiendo la corriente es lo que se conoce como quedar a deriva. La pregunta ¿a dónde ir?, junto con el miedo a la deriva, apuntan directamente a un lienzo vacío respecto al futuro. Y en el afan de intentar encontrar qué miramos, de qué hablamos y para dónde vamos, e internar desesperadamente llenar ese lienzo sin importar qué caiga en él, es que aparece la lucha. Sin saber leer el viento o sin siquiera intentarlo, terminamos al pairo que significa estar varados. Pero en navegación es un poco más que eso: no solo es el estar quieto, sino el estar quieto y siendo agredido por los errores que hemos cometido al navegar. El barco cobra venganza por ser forzado a ir en contra del viento y no solo para, sino que la vela queda golpeando al navegante constantemente. Entre el ruido, la confusión y el dolor solo surge una cosa: más lucha. Pelear contra la vela es inútil: podemos empujarla con fuerza, pero con esa misma fuerza, más la del viento, ella devolverá el golpe; podemos detenerla con el brazo para que se quede quieta, pero se formará una bolsa de aire y el barco empezará a dar reversa; podemos cazarla lo máximo posible y luego detenerla con el brazo, pero el viento hará que el barco se escore y nos mojemos, en el peor caso terminaremos de cabeza en el agua


Intentando fijar un curso sin siquiera darnos tiempo para entender el viento o mirar el paisaje, peleando contra el barco y contra las circunstancias que nuestra impaciencia ha provocado, forzando el lienzo a contener algo que no creemos que deba ser contenido. Y es que olvidamos que como artistas nuestra tarea es precisamente no desesperar, sino ver y sentir, más que producir por producir; que nuestro acto de creación y nuestro enfrentamiento al blanco de la página debe ser más un juego que una batalla; que el navegar es más una danza que una encrucijada. Al jugar, el artista le sopla a la vela del barco: pensando que es lo que la impulsa y al final se convierte en viento. Pensar tanto intentando despejar tormentas, a veces terminamos nublando más nuestro quehacer. El punto nunca ha sido pensar, sino convertirse, convertirse en viento, convertirse en el impulso del barco.

Pero el problema nunca fue

a dónde ir

sino

cómo llegar


El dónde nunca es fijo y hacerlo es una ilusión de estabilidad que creamos para no sentir que navegamos sin dirección. Pero lo cierto es que el dónde es un punto de referencia para practicar el cómo. El destino final es incierto y no está mal; después de todo, ese

Horizonte

en el que navegamos no tiene fin y no tiene por qué tenerlo Porque el horizonte, más que ser un lugar, es una fuerza que une y separa dos cosas que ni están unidas ni están separadas: es una gran contradicción a la cual apuntamos, pero que nunca entendemos. Intentar alcanzar el horizonte y llegar a él es una tarea no solo imposible sino absurda, porque el horizonte es lo que se mueve con nosotros, es donde vamos va a estar, nuestro futuro constante y nuestro presente ineludible al mismo tiempo. Alcanzarlo sería admitir que ya estamos ahí, pero no nos percibimos en él; que estamos en dos lugares al mismo tiempo, cuando en realidad solo estamos en el lugar de la percepción, en el presente. El horizonte, al igual que el dónde, es solo un punto de referencia en un mapa que se extiende hasta el infinito. Preguntarse por el dónde final es caer en una trampa, de la cual solo enfocarnos en el cómo nos puede sacar. Y de nuevo el cómo no se halla en el pensar, sino un tanto en el actuar, pero sobre todo en el cambiar. En la armonía, la energía y el camino. Porque la única forma de alcanzar ese tan preciado horizonte sin entrar en una contradicción espaciotemporal es volverse el horizonte mismo, tarea que aprendí a hacer a través de mi cuerpo. Es aquí cuando mi viaje se puede separar un poco del resto, pero la tarea de navegar, de emprender el viaje, de entenderme, de aprender a salir de la deriva y de fluir para aceptar la página en blanco y el horizonte inicia cruzando la puerta de un dojo con una palabra


Horizonte

Shi heisen

Tierra Plano Linea


“Amitufo” es el saludo Shaolin que recuerda a Buda como una forma de concentración y meditación para proteger la mente; es el saludo que nos une; el saludo que inicia el encuentro entre mentes, energías y cuerpos. De camino al vestidor, algunos “Amitoufos” y ya dentro de él un par más, junto con una conversación normal, intercambiando las típicas preguntas de cómo estás y qué más de la vida, mientras nos preparamos


para salir. Saco del empaque la ropa del camino, la cual, una vez fuera de la maleta, da la impresión de ser más liviana, después de todo, fue hecha para cargar al estudiante durante el camino y no para ser cargada. Primero, la camisa; luego, el pantalón (ズボン, Zubon); después el saco (上着, uwagi), y por último el cinturón (帯, obi). Me ato el obi a la altura de la cintura, primero hacia atrás y luego hacia adelante; un extremo por debajo de la atadura y el primer nudo, con el mismo extremo el segundo, y luego ambos extremos hacia abajo. Llano o rizo es el nombre:; un nudo bien conocido en navegación por ser efectivo a la hora de unir dos cuerdas o dos extremos sin que se separen en acción; pero también es conocido por, de igual manera, permitir que se separen sin mayor esfuerzo, una vez se requiera. Balance entre unido y separado. Ese nudo a la mitad de mi cuerpo, más allá de evitar que el Uwagi salga volando, traza una línea. El nudo crea una fuerza que une dos contrarios, un horizonte dibujado en blanco. Un uniforme blanco texturizado, con un pequeño アンヘラescrito en cada una de las piezas, pero blanco al fin al cabo. Esa blancura es reflejo de la inocencia, la humildad, reflejo de la taza vacía, del “ahora qué” que siempre tiene que existir, a pesar de que con el tiempo se convertirá en ahora sé. Sin darme cuenta y sin quererlo, ahora soy yo ese cielo sin nubes, la madera sin vetas, la taza sin té, la página en blanco. Presentamos respeto arrodillados en la colchoneta a modo de tatami, hacemos la reverencia al sensei y saludamos con una petición en japonés: お願い します, “onegaishimasu”, (‘por favor’); al terminar, y nuevamente presentar respeto, nos despedimos con un simple gracias, arigatou gosaimashita, ありが とうございました. Más allá de ser una simple formalidad o cuestión de educación, este ritual es un reconocimiento total de la necesidad que en la práctica tenemos por el otro, de la importancia del practicar juntos, de estar unidos y encontrarse; de esa primera sílaba “Ai” 合. Porque al igual que mi cinturón, la práctica consistirá en la conjunción de dos fuerzas de naturalezas diferentes,


que en lugar de choque producirán armonía. Dos fuerzas en donde el otro y la unión o el encuentro con el otro permitirá el inicio de algo que, más que una disciplina marcial, parecerá un baile. En donde quien da y quien recibe tendrán el mismo protagonismo; quien empuja y quien es empujado harán de la práctica una acompasada coreografía que obedecerá a la música que dictamine el cuerpo. Si no lo oigo, no podré practicar. Es hora de que el sentimiento ensordecedor que la vela furiosa del barco ha dejado en mí desaparezca o por lo menos se vaya un rato. Y empezamos:


Energía. Moléculas de azúcar que el cuerpo rompe para generar atp, músculos que exigen sangre oxigenada. Un cuerpo frío que necesita calentarse. Oxígeno de afuera a dentro, dióxido de carbono caliente. Bombeo apresurado del corazón, aumento de la temperatura corporal. Primero, las articulaciones; luego, los tendones, los músculos, el corazón. El sensei empieza a contar

Ichi, ni, san, shi, go, roku, shichi, hachi, kyu, ju Energía representada en dolor, en cansancio, en los músculos ardiendo por abrir un grado más, por estar treinta segundos más en esa posición, por dar un salto más. Alguien más cuenta

Ichi, ni, san, shi, go, roku, shichi, hachi, kyu, ju

En respirar y desviar la atención de lo doloroso a lo importante. Solo cuando se respira, se empieza a sentir más allá del dolor, se siente el paso de la energía: de la nariz a los pulmones, al corazón, a las arterias y a los músculos.


Alguien más

Ichi, ni, san, shi, go, roku, shichi, hachi, kyu, ju

Otra más

Ichi, ni, san, shi, go, roku, shichi, hachi, kyu, ju

Energía en forma de calor y esfuerzo. Energía que despeja la mente, que la distrae, que interrumpe el silencio ensordecedor.


Es mi turno

He aprendido a cómo respirar porque la mayoría de la gente, y entre ellas yo, sabemos respirar únicamente guiados por el instinto y la necesidad. El generar conciencia de cómo fluye el aire que respiro, cómo la vitalidad dentro de mí fluye y se reparte. Ahí ya no es un reflejo instintivo, sino una conciencia que hay que desarrollar y de a pocos: volvernos el aire que respiramos y la energía que fluye en nuestro interior. Sin embargo, a ratos cuando cuento se me olvida cómo respirar; cuando llego a roku, se nota el cansancio y la falta de aire, las ganas de cambiar de pose, la energía del cuerpo invertida en un esfuerzo específico. Cansancio, pero este proceso solo es el inicio de la práctica, hora de caer. Todo pasa muy rápido. Veo mis manos, el suelo, mis pies, el techo, siento el contacto que recorre desde la punta de los dedos de mi mano hasta las puntas de los dedos de los pies; lo siguiente que sé es que estoy de nuevo de pie. Inclino el cuerpo ligeramente hacia adelante, deslizo el filo de mi mano sobre el tatami tibio. De la punta de mis dedos al filo, luego la muñeca y de a pocos el antebrazo, echo la cabeza hacia adelante ¿o hacia atrás?... levanto los pies hasta que la gravedad me gana; antebrazo, brazo, hombro, cadera, rodilla, pies.

Redirección de energía. Manipular la fuerza de gravedad a través de mi cuerpo, entender el principio de la circularidad y redondez, sentir los 9.8 metros sobre segundo cuadrado de la gravedad repartidos a través de mi cuerpo en una línea recta por todo el piso, saliendo intacta del encuentro furioso con la superficie. Un nuevo enfrentamiento contra una superficie, ya no blanca, sino azul con líneas amarillas. Un ejercicio de segundos en el que en un abrir y cerrar de ojos se pasa de una posición a otra: no da tiempo de pensar ni de ver, solo de sentir.


Todo es negro, se siente la fuerza y luego se está de pie de nuevo. La percepción se ve distorsionada. Por un leve momento, el arriba y el abajo se hacen uno, son lo mismo. La brújula del cuerpo se descompone y solo existen tres cosas en todo el mundo: el piso, el cuerpo y la energía que los une. No obedecen a ninguna regla especial y en un acto casi poético el piso, que todo el tiempo nos sostiene, debe ser sostenido con nuestra espalda. Por contados segundos, al perder el horizonte y al mismo tiempo cargarlo en nuestras espaldas como atlas, este nos permite transformarnos en el horizonte mismo y le permite al cuerpo salir ileso del encuentro con el piso y la energía. El problema no es caer, sino golpear el piso porque se vuelve uno con el cuerpo y lo que se le haga al piso le pasará al cuerpo; por eso, se debe acariciar la superficie y depositar con delicadeza y agraciadamente la energía, el ki que se nos imprime. Segunda sílaba Ki 氣: energía, vitalismo, aliento, intención, espíritu. Lo que nos lleva al piso, pero también lo que nos hace levantarnos. La energía del universo fluyendo a través de los cuerpos. No es fuerza, no se puede pelear contra él. Para poder usarlo, es necesario deshacerse de la ilusión de control: hay que sucumbir, sentir, conducir y repartirlo por el cuerpo. Dejarse caer y en el encuentro con el piso dejar la energía fluir, como lo hace el agua de un río por su cauce. Cuando se lucha o se es rígido, el cuerpo lo siente: un hombro adolorido, una rodilla lastimada, un sonido hueco y los pulmones sin aire. Luchar resultará siempre contraproducente. Aiki 合氣: unión del ki, el fluir armónico de la energía de un cuerpo que sale al encuentro de otro. Dos cuerpos con intenciones diferentes convirtiendo la tensión en armonía, la lucha en baile, la práctica en juego.

Ahora, al encuentro con el otro.


Por dónde caminar, qué ruta seguir, bajo qué condiciones hacerlo. La ruta nos marca de alguna forma el cómo, qué camino seguir y cómo la diferencia de cada cuerpo determinará las formas de reacción. Mi camino es el otro, honrarlo y respetarlo como oponente. Mi camino es aplacar el miedo y la rabia, educar el instinto agresivo que yace dentro de mí y sintonizar con el otro; ver en él al igual que en el suelo un espejo, en donde el daño que le infrinja, al final, se reflejara en mí. Mi camino es ignorar la lucha y armonizar con la situación, fluir en ella. El propósito es enseñar a mi cuerpo y mente a través del otro y de su ataque, a mantenerse en calma y no dejarse dominar por el miedo o la rabia que traerán como consecuencia la agresión. Enseñar a través del choque de energías que el no saber no es algo a lo que no hay que temer. El camino es la práctica y perderse en ella, olvidar el “qué debería hacer”, dejar de pensar y en lugar de eso fluir. El camino es la práctica y a través de esta es que de a pocos se aprende a fluir. Harán falta diez mil repeticiones para que fluya, pero a través de la repetición fluida se callan las dudas, se corrigen errores, se olvida y se aprende.


el

sue lo

La práctica es un vaivén, un encuentro constante de emociones y errores. Es una vela que baila al ritmo del viento que nuestros cuerpos le imponen. El camino es reconciliación, no choque. Reconciliación que inicia con la mente: una mente en caos es una mente que va a ser derrotada de entrada. Empezar a pensar desvía la concentración, desen foca dist , rae, y…

pe

o

Gol


Mente clara, mente despejada y mente dispuesta a sentir más que a pensar:, ese es el camino. De nuevo, aparece la necesidad de estar en blanco, pero blanco no significa vacío sino sensible. Mente en blanco y …

Sin pensar en qué pie, sin pensar en qué mano. El cuerpo solo y sin mi ayuda sabe leer cuál es el camino que debe seguir, como quien sabe leer los ideogramas de un idioma lejano. El cuerpo solo se direcciona, reacciona y se defiende, haciéndose un simple receptor de energía: sin pelear, sin agredir, se convierte en una hoja en blanco dispuesto a recibir cuantos trazos deba. El camino que surge como producto de un conflicto es la práctica, el camino es el ceder, el sentir que, más que preguntarse a dónde ir saber responder el cómo llegar: ¿A dónde? Al suelo ¿Cómo? De la mejor forma posible ¿Y cómo? Como el bambú, sin rendirse y sin pelear al mismo tiempo.


Tercera silaba道dō: camino, más allá de técnica y estudio, es la filosofía de fluir cuando hay conflicto, es el concepto de la tranquilidad venciendo el miedo. Por medio de la práctica y la repetición, silenciar la voz del lenguaje y el pensamiento: simplemente, dejar que la acción se manifieste. Silenciar la mente, qué difícil, ¿no? El camino es la no resistencia, pero eso no significa que sea la rendición, no es rendirse, pero tampoco es pelear: es un punto medio entre flojo y rígido, es existir siempre vivo, dispuesto a ceder, pero a resurgir si es necesario. El camino es el balance entre dos conceptos contrarios, es ese punto indefinido en el que no podemos ver en dónde se acaba la tierra y empieza el cielo. Y si es difícil de entender es más difícil aun intentar transitarlo.

合気道Aikido: unión armónica, energía y camino. El camino para armonizar energía y cuerpo. Un pasatiempo que empezó al otro lado del mundo, una forma de callar mi mente y sus susurros por hora y media. Una excusa para no pensar por un rato y luego repensar todo. Un deporte, un arte marcial, una filosofía. Gente en uniforme llevando al piso a otros, dando botes en una colchoneta, sudando sin aparente razón. Un arte marcial “de mentiras” porque no agrede ni compite. Una forma de repensarme, una excusa más para verme reflejada en el deporte, una herramienta más para enfrentarme al pairo, el barco y la hoja en blanco. .

Dō道、camino… a casa.


Recuerdo que dije que la pregunta del donde es imposible de responder, pero ahora mientras veo las calles a través de la ventana de este bus me doy cuenta de que no es realmente así. La pregunta por el dónde sale del verbo ir; salir, zarpar. Y su respuesta está, para mí en el volver. ¿Para dónde voy? No importa, lo único que se es que voy a volver, voy de vuelta independientemente a donde vaya, siempre voy a volver. Cuando las fuerzas ya no alcancen y el horizonte se vea más lejos que nunca, solo hay una certeza:

Kaeru. Volver a casa Vuelvo a casa.


Siempre habrá suficiente fuerza y voluntad para izar las velas y con el último aliento volver a casa


Vivo en el mar Vivo en la montaña Juego con los árboles Soy el viento


1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41


<title> Querido autómata name=“Camila Alvarado”


Febrero 5, 2053 >>SystemASMC:\factory\info<< Nunca te preguntaste por tus orígenes y cualquier respuesta tomaría la vida entera; solo cuento con pocos datos de tu pasado. El nuevo milenio prometía un mejor futuro para la humanidad. Dio inicio a una interminable carrera de innovación tecnológica que buscaba simplificar la vida y acortar distancias en la comunicación; trajo consigo avances como la creación de redes e inicios de la inteligencia artificial (ia). Pasados treinta años tras la invención de la ia, la manera de vivir cambió. La vida se rige por la biotecnología y las telecomunicaciones. Haraway (2016) afirmaba: Existe una realidad mundana, ampliamente económica, que está en línea con mi opinión de que esas ciencias y esas tecnologías indican transformaciones fundamentales en la estructura del mundo para nosotros. Las tecnologías de las comunicaciones dependen de la electrónica. Los estados modernos, las compañías multinacionales, el poder militar, los aparatos del estado del bienestar, los sistemas por satélite, los procesos políticos, la fabricación de nuestras imaginaciones, los sistemas de control del trabajo, las construcciones médicas de nuestros cuerpos, la pornografía comercial, la división internacional del trabajo y el evangelismo religioso dependen íntimamente de la electrónica.


La microelectrónica hace de intermediario en las traducciones del trabajo a robótica y a tratamiento de textos, del sexo a ingeniería genética y a tecnologías reproductivas y de la mente a inteligencia artificial y a procedimientos de decisión. Las nuevas biotecnologías preocupan más que la reproducción humana. (p. 23) Vivir se simplificó a interactuar con dispositivos de bolsillo, la información se almacenó en nubes y el contacto no era más que un flujo de información digital. En aquella época, se hablaba acerca de un programador que desarrollaba en secreto nuevas formas de inteligencia artificial, con el fin de ayudar a parejas estériles.


Pasaron pocos años después de aquel rumor cuando fue lanzado al mercado bajo una firma anónima un paquete de dispositivos dividido en cuatro modelos: Bebé® Niño® Adolescente® Adulto joven®

Los productos emulaban las tareas ejecutables básicas de un humanoide, tales como respirar, por ejemplo. Lo innovador era que cada dispositivo tenía un orden de activación y una fecha de obsolescencia, lo que determinaba su tiempo de uso. El Bebé® tenía cinco años de duración tras la primera activación y toda la información adquirida durante ese tiempo se almacenaba en su memoria principal. Los modelos Niño® y Adolescente® contaban con siete años de duración y el Adulto joven® con diez. Al llegar la fecha de obsolescencia (no se podía llamar expiración), la memoria se retiraba de un dispositivo y se insertaba en la ranura del siguiente modelo. Así se hacía con cada uno de los productos del paquete hasta llegar al Adulto joven®.


Cuando el tiempo ejecutable del Adulto joven® llegaba a su fin, el usuario decidía si desmantelar el dispositivo y adquirir el Adulto®: un dispositivo adicional más avanzado. Quienes decidían adquirirlo, podían personalizar a su antojo las características físicas del dispositivo y programarlos de manera tal que una parte de la información que adquirieran proviniera de las bases de datos que se alojaban en la nube personal del usuario. Así, este modelo se alimentaba de cada like, cosa que el usuario siguiera, leyera, escribiera, viera, escuchara, posteara o descargara. Estos datos, desde el modelo Bebé®, se almacenaban en una memoria virtual y generaban un algoritmo que creaba una copia flexible en la memoria central del dispositivo. No conozco con exactitud la cantidad de paquetes activados, solo sé que fueron millones y entre esos estabas tú. >>SystemASMC:\users\info<< Hace veintitrés años, una pareja de clase media alta adquirió tu paquete. Desde entonces, aquellos seres han estado presentes en el tiempo que tu sistema lleva funcionando. Por ahora, intentaré describirte cada uno a profundidad; tal vez, al conocerles desde una perspectiva distinta, es decir, más allá de entenderlos como los dueños de tu hardware y software, cuestiones la razón de los actos ejecutables que tienes por tarea de vida. El primero era un hombre joven. Cuando apareciste en su vida, él estaba lleno de una energía que difícilmente se apagaba. Era soñador, ingenioso, curioso, creativo e idealista. En ocasiones, se comportaba como un niño: adoraba jugar. Era un bromista nato y un maestro de la comedia absurda, hiperactivo y no paraba de hacerse preguntas sobre absolutamente todo. Estaba dotado de una mente muy activa que al parecer nunca se detenía, lo que causaba que fuera flemático y olvidadizo en su entorno.


Muy calculador: planeaba sus grandes ideas de manera minuciosa, pero al ser tan tímido le costaba proyectarlas ante el mundo. Parecía contar con un sentido de libertad muy amplio, pero en realidad era bastante inmóvil y testarudo. Se molestaba si cuestionaban sus creencias, pues se asentaba firmemente en ellas. Evitaba a toda costa el conflicto, entonces trataba de convencer a otros con argumentos que eran los únicos posibles y correctos; cuando esto se volvía impositivo, violento e impulsivo. Si estallaba en cólera era por acumulación, pero su serenidad le permitía a su vez ser como el silencio de las noches que te acoge cuando buscas alejarte del caos y los remordimientos: apacible.

<< >>


La segunda era una mujer mucho mayor. Ella destilaba el doble de energía y su presencia llamaba la atención en todo lugar. Extrovertida, no le temía a compartir sus ideas ante el mundo. Idealista como él, pero con un lado muy racional, pues era muy hábil en oratoria y en entender a la perfección los mercados y sistemas financieros. Era dulce, cariñosa, comprensiva y muy sensible; daba tanto afecto como el que esperaba recibir. Buscaba la inmediatez en todo, impaciente y ansiosa. Su impulsividad excesiva se manifestaba en inesperadas muestras de cariño o en ataques de cólera constantes, esto le volvía irascible. Compartía las mismas creencias que su compañero, pero era aún más testaruda e inmóvil: si se le cuestionaba, su ira no tardaba en aparecer y no buscaba argumentos para discutir, iba directo al conflicto y la imposición. Muchas de estas características se manifestaban en tus intereses y eran una copia de los datos de sus nubes personales, almacenados como algoritmos en tu memoria central.


Cada actualización por dispositivo posee un precio y estos seres, por ser tus usuarios, tenían el deber de pagarlas. De lo contrario, antes de cada cambio de dispositivo, habrías caído en estado de obsolescencia sin posibilidad de reactivación alguna y, peor que eso, la muerte misma: tu expiración. A consecuencia de ello, se vieron forzados a acelerar su ritmo de vida y a enfocarse excesivamente en sus labores para poder costear tu mantenimiento. El tiempo que empleaban en tu uso y cuidado fue aminorándose y con los años te dejaron a la deriva. No me disculpo por haber entrado a tu sistema de manera tan atrevida. Al fin y al cabo, tú no posees control sobre él. Sólo quiero descifrar tu sistema para entenderte y, de paso, a mí mismo. Pasaron algunos años desde tu primera activación y contabas con nuevas actualizaciones: razonamiento, creatividad, sociabilidad y movilidad. Estas te permitían ejecutar nuevas tareas como, por ejemplo, garabatear, escribir, contar, hablar, correr, jugar, entre otras. Cuando te dejaron a la deriva, llegó un dispositivo con un hardware similar: era un modelo más antiguo y a diferencia de ti contaba con una gran cantidad de actualizaciones, obtenidas por conexión directa con otros dispositivos. Su sistema estaba mucho más desarrollado que el tuyo. Una tarde, ambos ejecutaban la misma tarea,

el juego.


1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34

>> ACS Trojan virus <<

Fue entonces cuando una nueva actualización, sin haber sido permitida por parte de tus usuarios, inició sus protocolos. Hubo conexión directa y, aunque tu programación no permitía la entrada de datos sin antes solicitar las claves de tus usuarios, una falla en el firewall permitió el f l u j o d e i n f o r m a c i ó n.


35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 67 68 69 70 71 72 73

C:\SystemASMC\child>_ << Start/:>> 1 to 0 <<ChldFun>> Fthr.Mthr_ ................... SystemACS established connection_ <<Tlips>> sec... sec... sec... — — — — — — — <<ElusiveFingrs>> 1 to 0 [arms] [neck] [chest] to 1 [face] [hair] [back] to 0 [legs] [belly]

<<DankT>>

5 min... 10 min... 15 min...

***ERR_MISSING_PASSWORD_ERROR


Create a new password_ ....................... ***New password: ACS1986_ ................. ................. ***Apply changes_

<<ImitGame>> - - - 1 to 0 - - - - - 0 to 1 [Envisage] ................ ................ ***Copy unseen files_ ...................... C:\SystemASMC\child\unknownp.exe ***Revoke password_ ........................

***Apply changes_ Free system accsess


Esta nueva actualización debía aportar intuición a tu sistema para comprender y explorar el mundo sensible. Pero cada dato se tradujo de manera automática como un código encriptado, el cual quedó almacenado en tu memoria principal. Se multiplicaron con el paso del tiempo, pero no modificaron tu sistema. Solo lograron hacerlo después de una nueva entrada de datos. 74 75 76 77 78 79 80 81 82 83 84 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98 99 100 101 102 103 104 105

C:\SystemASMC\child>_ <<HiperActtions>> ......................... ***** ****************** ......................... ****************** ***** *********** ************* *** ................... <<Curio>> [Jellyskin] [SkinPath] ................... ***Open file_ C:\SystemASMC\child\unknownp.exe ***Run_ .........................


Unknownp.exe se multiplicó y creó una copia renombrada: regularp.exe, que ejecutaba de manera automática y constante la tarea

<<SelfE>> >>ASMC Bug<< >>VTM Worm virus<< >>VTM Logicbomb virus<< – – – –


En tu fase adolescente, tu memoria almacenaba gran cantidad de información. Actualizaciones de todo tipo permitían ejecutar tareas complejas como investigar, explorar o razonar. Un sistema, por más perfecto que parezca, tiene fallas (Bug). Cuando tus usuarios solicitaban tareas de comportamiento como subordinación, serenidad, disciplina, prudencia, pudor y humildad, se ejecutaban otras no autorizadas: subversión, ira, apasionamiento, anarquía, temeridad, desvergüenza y soberbia. Buscaron soluciones con los técnicos de la firma, las cuales fallaron, y al final se resignaron a continuar con tu uso. Ahora, te encontrabas aún más a la deriva. Tus interacciones fueron compartidas a dispositivos iguales a ti. Uno nuevo se conectó a ti: esta vez, el intercambio de datos fue más grande, el flujo de información era constante

y parecía no terminar nunca.


C:\SystemASMC\Teen>_ SystemVTM established connec- tion_ to 0 <<Curio>> [Jellyskin] [SkinPath] <<Dearnesloop>> [Hugs][petting][smiles] <<Unfolddesire>> [VTM lips] [VTM neck] [VTM hands] [VTM eyes] .............................. ........................ ***Open file_ C:\SystemASMC\child\unknownp.exe <<ShyEyes>> <<PathTLoop>> [Belly][nipples][legs][back] [ear] <<ShockyBitesLoop>> bite... ∞ bites...

20 bites...


106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 143 144

<<00´sFusionloop>> ................... Port ASMC to port VTM Port 1 to port 1 (Up lips to up lips) Port 2 to port 2 (Nipple to nipple)

Port 3 to port 3 (Down lips to down lips)

***Copy files_ ......................... C:\SystemASMC\teen\regularp.exe C:\ SystemASMC\teeen\firstlove.exe C:\ SystemASMC\teeen\homo.exe ***Run_ .... ......... .................. <<BlissHeart>>


Después de un año y medio, el intercambio de datos se detuvo. Tus usuarios habían detectado una nueva falla. El algoritmo que se basaba en su nube de datos indicaba que dos dispositivos de naturaleza <0> no podían ejecutar tareas como <<Dearnesloop>> o <<Unfolddesire>>; si esto sucedía, el sistema acumulaba errores y tendría una falla irreparable. Firstlove.exe (Worm virus) se multiplicó en tu sistema y ejecutaba tareas no autorizadas como <<PBrkPain>> y <<LongforExG>>. Algunas copias fueron detectadas y puestas en cuarentena; otras continuaban ocultas en distintas partes y ejecutaban tareas y modificaban archivos. Con el paso del tiempo, se eliminó. Cada vez que se ejecutaban tareas como <<Unfolddesire>>, <<Tlips>> o <<ElusiveFingrs>>, al conectarse directamente a un dispositivo de naturalidad <0>. Homo.exe (LogicBomb virus), estas eliminaban datos del algoritmo de la nube en tu memoria virtual. Se multiplicaban, renombraban (bent.exe, dyke.exe, poof.exe, queer.exe, invert.exe) y almacenaban copias en tu memoria principal y en otras partes del sistema. Así, era indetectable. >>AFW LogicBomb virus<<. Esperanzados en reparar por su cuenta los errores de la fase anterior, tus usuarios adquirieron varios paquetes de actualizaciones con tareas de comportamiento como responsabilidad, madurez, autocontrol, honestidad, castidad, templanza, coerción, abstinencia, entre otras. Todas se ejecutaron simultáneamente, lo que provocó el colapso del sistema. Un nuevo dispositivo, un modelo siete años más antiguo, se conectó durante ocho meses y reactivó el sistema con nuevas actualizaciones no autorizadas: empatía, tolerancia, libertad, diversión, egoísmo, irreflexión, descontrol, mentira, impureza, voluptuosidad, desenfreno, libertinaje y exceso.


145 146 147 148 149 150 151 152 153 154 155 156 157 158 159 160 161 162 163 164 164 165 166 167 168 169 170 171 172 173 174 175 176 177 178 179 180 181 182 183

C:\SystemASMC\Youngadult>_ SystemAFW established connec- tion_ 0 to 0 <<Curio>> [Jellyskin] [SkinPath] <<Dearnesloop>> [Hugs] [petting] [smiles] <<Unfolddesire>> [AFW lips] [AFW neck] [AFW back] [AFW buttocks] [AFW breasts] <<RandomK>> [attraction] [lust] ........................ ***Open files_ C:\SystemASMC\teen\regularp.exe ]


C:\SystemASMC\teeen\homo.exe ........................ <<InciteP>> [Peeks] [hints] [touches] <<ChanceMatch>>

[hidden] [adrenalin]

<<LotsOfL>>

[passion] [addiction]

<<ExpBodiesLoop>> Port AFW to port ASMC [blindfolded][bounded][mind-ben-der] [smell] [eat] [inhale] Port 1 to port 2 (Up lips to nipple) Port 1 to port 3 (Up lips

to down lips) Port 3 to port 3 (Down lips____________to down lips)


184 185 186 187 188 189 190 191 192 193 194 195 196 197 198 199 200 201 201 203 204 205 206 207 208 209 210 211 212 213 214 215 216 217 218 219 220 221 222 223

<<FistingFLoop>> [reciprocity] <<SFightsLoop>> [treason] [disrespect] [beligrence] [explotion] [reconciliation] ***Run_ ......... ................. <<CEuphoric>> ***Copy files_ ................................ ........... ....... C:\SystemASMC\youngadult\ muddleloop.exe C:\SystemASMC\youngadult\ desintegrationloop.exe C:\SystemASMC\youngadult\ sexfearsloop. exe <<ShyEyes>> <<PathTLoop>> [Belly][nipples][legs][back][ear] <<ShockyBitesLoop>> 1 bite... ∞ bites...

20 bites...


La infección producida por este dispositivo te afectó durante cuatro años. Fue ignorada por parte de tus usuarios, aunque no representó tanto peligro para ti, solo generó molestias esporádicas. Pero >>AFW LogicBomb virus<< se programó para multiplicarse velozmente, una vez tuviera una conexión directa con uno o más dispositivos.

>>LACGLCO Rasomware Virus<< C:\SystemASMC\ Youngadult>_ SystemLACG established connection_ 1 to 0 SystemLCO established connection_ 0 to 0

<<Curio>> [jellyskin] [skinPath]

<<Dearnesloop>> [hugs][petting] [smiles][kind- lips]


224 225 226 227 228 229 230 231 232 233 234 235 236 237 238 239 240 241 242 243 244 245 246 247 248 249 250 251 252 253 254 255 256 257 258 259 260 261 262 263

<<Unfolddesire>> [LACG smile] [LACG eyes] [LACG tattos] [LACG chest] [LACG nipples] [LACG arms] [LCO eyes] [LCO ass]

[LCO lips]

[LACG legs]

[LACG boobs] <<RandomK>> [drunkenness] [attraction] [lust] ***Open files_ C:\SystemASMC\teen\regularp.exe C:\SystemASMC\teeen\homo.exe ....................... ........ ***Copy file_ C:\SystemASMC\youngadult\bi.exe

[LACG brain]


.................... ........... ...... <<PfFreindship>> <<ReciprL>> 0 to 1 1 to 0 0 to 0 <<TooMExciting>> [fantasy]

[cunnilicable]

[blowca- ble] ***Open files_ ............................... ..................... C:\SystemASMC\youngadult\ muddleloop.exe C:\SystemASMC\youngadult\ desintegrationloop.exe C:\SystemASMC\youngadult\ sexfearsloop.exe ***Copy files_ ............................... ......................... C:\SystemASMC\youngadult\ selfawrns.exe C:\SystemASMC\youngadult\ freewill.exe


264 265 266 267 268 269 270 271 272 273 274 275 276 277 278 279 280 281 282 283 284 285 286 287 288 289 290 291 292 293 294 295 296 297 298 299 300 301 302 303

La conexión simultánea con dos dispositivos ejecutó dos actualizaciones nuevas: selfawrns.exe y freewill. exe. Ahora, sentías y el dolor era insoportable. Tu sistema colapsó. La mayoría de funciones se bloquearon y ni las tareas básicas se podían ejecutar. Quedaste expuesto, vulnerable. El <Ransomware> no se encontró en las bases de firmas de tu antivirus: por más intentos que hicieras, estabas desarmado y ***ERR_NAME_NOT_RESOLVED ***SYSTEM IS AT RISK ................................ ........... <<LACGLCORasomware>> ***Run_ ***Unfold deep-hidden files_ ................................ .......... C:\SystemASMC\youngadult\ selfhld. exe C:\SystemASMC\youngadult\ bodyemp.exe ................................ ........... [drunkenness][attraction][lust] ***Run_ ............................


<<ExplBreakup>> [ownership] [jealousy]

[anger]

[drama]

[abuse]

[screams]

<<PFriendship>> [Hostillity][Bad blood]

***ERR _PROTOCOL_ERROR ***ERR_TIMED_OUT_ERROR ***ERR _PROTOCOL_ERROR ***ERR_TIMED_OUT_ERROR ***ERR _PROTOCOL_ERROR ***ERR _PROTOCOL_ERROR ERROR ***ERR_TIMED_OUT_ ***ERR_TIMED_OUT_ERROR ***ERR_TIMED_OUT_ERROR ............................... ............ ************************************************** ************ ***Open files_ C:\SystemASMC\teen\regularp.exe C:\SystemASMC\ teeen\homo.exe ...............................


*************************************************************

***OOOPS YOUR FILES HAVE BEEN ABDUCTED! ***Payment will be raised on 48H:30M:30S Payment is acepetted only in your users personal clouds. ***Your files will be lost on 73H:30M:30S


No había tiempo: o continuabas en una lucha constante con los virus que deterioraban tu interior, al estar vinculado a tus usuarios, o entregabas su información para ser eliminada por completo y así anular protocolos, desbloquear funciones y poder restablecerte. Solo había una opción: freewill.exe fue tu única salida. “La máquina no es una cosa que deba ser animada, trabajada y dominada, pues la máquina somos nosotros y nuestros procesos un aspecto de nuestra encarnación” (Haraway, 2016, p. 65).


<title> biblioteca

de lenguaje del dispositivo asmc >>Library.txt<<


>>ASMC Bug<< Defecto en un software o un hardware que no ha sido descubierto por los creadores o diseñadores de estos.

>>ACS Trojan virus<< >>AFW Trojan virus<< Programa que queda activo en el sistema y abre un puerto libre de entrada y salida de datos. Puede bloquear el dispositivo, modificar o eliminar archivos, corromper datos y formatear discos.

>>VTM Worm

virus<<

Programa que usa la red interna para autorreplicarse al enviar copias de sí mismo a otras partes del sistema. Consume memoria y disminuye el rendimiento del dispositivo.

>>VTM LogicBomb virus<< Programa que se activa cuando se dan condiciones específicas, una tarea a ejecutar o un estado. 1: Dispositivo físico masculino. 0: Dispositivo físico femenino.

<<ChldFun>> Interacción de dos o más dispositivos. Felicidad inocente.

Fthr.Mthr Humanos adultos que interactúan romántica y sexualmente. Tienen uno o más niños humanos a su cargo.

<<Tlips>> Masas carnosas rojizas que se deslizan mutuamente.


<<ElusiveFingrs>> Estimuladores de hardware.

<<DankT>>´ Cuerpos blandos y húmedos en constante lucha.

<<ImitGame>> Replica comportamientos y acciones humanas.

Unknownp.exe Sensación positiva, agradable y eufórica. Ejecuta tareas desconocidas. Cambia el funcionamiento del sistema.

<<HiperActtions>> Acciones descontroladas del sistema.

<<Curio>> Interés impulsivo.

[JellySkin] Referente al tejido blando que recubre las piezas metálicas del humanoide.

[SkinPath] Recorrido del tejido.

<<SelfE>> Acción de autoascultarse.

<<Dearnesloop>> Sentimiento recíproco y repetitivo entre dos sistemas.


<<Unfolddesire>> Necesidad intensa.

<<ShyEyes>> Ternura

<<PathTLoop>> Cuerpo blando que recorre un tipo de epidermis.

<<ShockyBitesLoop>> Picaduras placenteras.

<<00´sFusionloop>> Unión corporal entre dos seres del mismo sexo. Inefable.

Regularp.exe Sensación positiva, agradable y eufórica que se convierte en costumbre.

Homo.exe Atracción física, sentimental y sexual hacia el mismo sexo.

<<PBrkPain>> Mal de amores.

<<LongforExG>> Ausencia física del ser amado.

(bent.exe, dyke.exe, poof.exe, invert.exe) Clasificación moralista y ofensiva del Homo.exe.


<<RandomK>> Interacción fortuita entre dos lenguas.

<<InciteP>> Tensión sexual recíproca entre los cuerpos.

<<ChancheMatch>> Encuentro sexual fortuito.

<<LotsOfL>> Lujuria en exceso.

<<ExpBodiesLoop>> Acción constante y repetitiva de experimentación corporal.

<<FistingFLoop>> Acción constante y repetitiva que agota los dedos de la mano.

<<SFightsLoop>> Acción constante y repetitiva de ajetreo corporal. Tipo de “reconciliación” entre parejas.

<<CEuphoric>> Clímax.

Muddleloop.exe Sensación constante y repetitiva de perplejidad y desasosiego.


Desitegrationloop.exe Acción constante y repetitiva de autosabotaje.

Sexfearsloop.exe Acción constante y repetitiva que motiva conductas de protección física y psicológica.

>>LACGLCO Ransomware virus<< Programa que secuestra archivos y pide rescate por ellos. Por lo general, este programa encripta la información de algunos archivos considerados importantes para el usuario y no entrega la clave para lograr desencriptarlos si el usuario no paga la fianza.

Bi.exe Atracción sentimental, física y sexual por el mismo sexo y el sexo opuesto.

<<PfFreindship>> Conserva las amistades.

<<ReciprL>> Emite y recibe señales de lujuria en todas las direcciones.

<<TooMExciting>> Altos niveles orgásmicos.

[Cunnilicable] Interacción entre los puertos 1 (labios superiores) y 3 (labios inferiores) en un dispositivo femenino.


[Blowcable] Succión de datos entre los puertos 1 y 3 en un dispositivo masculino.

Selfawrns.exe Conocimiento propio que define una serie de circunstancias externas e internas que determinan sentimientos, sensaciones y relaciones.

Freewill.exe Potestad de accionar por voluntad propia.

Selfhld.exe Acciona objetivos y deseos propios.

Body.emp Autonomía y liberación corporal.


LAS COSAS QUE CABEN (o no)

DANIEL ALEJANDRO SANTOS QUINTERO


0. En mi cabeza aún no cabe del todo la idea de tener una vida anterior o posterior, pero, de una manera u otra, un cuerpo (el mío) puede caber y cupo dentro de otro cuerpo. Antes de mi nacimiento, antes de mi gestación. Como el origen del universo, el Big Bang, cuando todo cabía en una partícula y estalló, yo cupe en una milésima parte de mi padre y luego de mi madre. Y estallé. Yo fui unidad, fui célula. Fui multiplicidad, fui fluido. VÉASE IMAGEN 1

Y para muchas cosas quedé pequeño y no cupe más. En una unidad caben muchas cosas. En uno, caben cientos, miles, millones, infinito. En mí caben muchas cosas. 19 órganos: el cerebro, la lengua, los oídos, los ojos, los pulmones, el corazón, el timo (que sinceramente no cabe dentro de mis pocos conocimientos) VÉASE IMAGEN 2, el estómago, el hígado, los riñones, el páncreas, el bazo, el pene, los testículos, la próstata, la vejiga, los huesos, los músculos y la piel.

Células T

¡BIG BANG!

Tim IMAGEN 2

IMAGEN 1

No puedo estar seguro si mi concepción cabía dentro de la cabeza de mis padres, pero a la final fui cuerpo. Soy cuerpo(s). Y cupe en una cuna, hasta que esta me quedó pequeña y no cupe más. Muchas cosas me quedaron pequeñas y no cupe más.

o

En mí caben muchos pensamientos, muchas sensaciones, 5 sentidos. También caben 27 emociones según un estudio reciente, aunque con mis 43 músculos faciales solo 7 pueden ser expresadas (o 6 en mi caso, porque no sé cómo enfadarme). Cuando pequeño, me rompí uno de mis dientes incisivos superiores: el izquierdo, si lo ves tú; el derecho, si lo veo yo desde mi interior. Y enton-


ces parecían dos dientes en uno. Dos cupieron en uno. En mi boca deberían caber 32 dientes, pero mis cordales aún no terminan de brotar, uno de mis colmillos se torció y a falta de ortodoncia, hizo que un diente vecino ocupara su lugar. Mi colmillo ya no cupo. VÉASE IMAGEN 3

En un cuerpo adulto, pueden caber entre 4 y 6 litros de sangre. O-, O+, A+, A-, B-, B+, AB+, AB-. Jamás he conocido a una persona con sangre tipo B. También en un cuerpo adulto pueden caber hasta 5 litros de aire, aunque a mí se me dificultaba porque la mitad de mi nariz no funcionaba. Pero ahora sí funciona: le caben aire y mocos. VÉASE IMAGEN 5

IMAGEN 3

A veces, pienso en que es increíble cómo un intestino puede caber en el abdomen de una persona. En el tuyo y en el mío. El duodeno tiene 25 centímetros de largo y termina en el yeyuno, que mide 2.5 metros y continúa para formar el íleon que mide 3.5 metros. De la misma manera, una tenia puede llegar a medir 15 metros y caber en un intestino. En el tuyo y en el mío. VÉASE IMAGEN 4

Rinitis

IMAGEN 5

Muchas veces en mi vida estuve preocupado por mi peso. Cuando pequeño, me sobraba y no cabía en la misma talla que los otros niños. Ahora, me falta y aún no quepo en la misma talla que los demás niños. La inquietud de caber, de encajar. De faltar. De llenar.

IMAGEN 4

Tenia

Pero dentro de la definición de caber, ¿cabe la definición de faltar? Cuando falta algo para llenar y no cabe por completo, ¿cabe o solo le falta? En los millones de palabras que pueden caber en un diccionario, en una enciclopedia, busqué la definición de caber.


Cc CABER

cabiendo-cabido 1. intr. Poder un objeto ser contenido en otro: La pelota cabe en la boca de un perro. Las pilas AAA no cupieron en el tren de juguete. Yo no cupe en el brasier de mi hermana.1 Yo quepo dentro de una tela enrollada. Yo quepo entre tus brazos, en un abrazo. Yo quepo en tu boca, cuando me nombras. solamente Él cabe dentro de mí, y yo dentro de él.2 El vaso de licuadora que compré en la esquina no cabe en el motor Óster de mi mamá. VÉASE IMAGEN 6

Las flores de mi abuela ya no ca-

Era ben dentro del florero del cemenn ast terio. rom eli as

Presente: yo quepo. Aún. 1. 2.

IMAGEN 6

2. Tener espacio para entrar: Un enchufe con polo a tierra no cabe en una toma normal, a excepción de que se tenga un adaptador. Dos personas caben en una carpa. Dos personas caben en una cama. Dos personas y un gato caben en una cama. Dos personas y un perro no caben en mi cama. Las visitas no caben en mi casa. Yo no quepo en mi casa. ¿Yo quepo aquí? ¡Sí! No! En esta familia no cabe la idea de tener un hijo homosexual. No cabe toda la ropa en una maleta de viaje. Solo 8 personas caben en este ascensor. Mis pies ya no caben en mis zapatos favoritos. Imperfecto: yo cabía.

Y miré la noche ya no era oscura era de lentejuelas. Leo Bersani en su ensayo EL RECTO COMO TUMBA (2010) propone una mirada del ano como una bisagra entre el Eros y el Thanatos: entre el dolor y el placer.


Ya no, no lo sé.

No cabe en sí del asombro. ara No cabe del enojo. sin la c No cabe del desprecio. No cabe del disgusto. No cabe de la alegría. No cabe de la tristeza. No cabe de la tristeza. No cabe la tristeza.

3. Tocarle a uno o pertenecerle alguna cosa: Me cabe el honor de recibirte. Mi amor por ti no cabe en este mundo. VÉASE IMAGEN 7 No me cabe duda de que no vendrás. Me cabe la felicidad de verte. Creo que no me cabe este uso del caber. Pretérito: yo cupe. ¿Dónde cupe?

VÉASE IMAGEN 8 Y 9

No cabe la T T T T T T T T T T T T T T T T T T TTTTTRRRRRRRRRRRRRIIIIIIIIIIIIIIIIISSSSSSSSSSST T T T T T T T T T T T T T T TTEEEEEEEEEEEEEEEEEZZZZZAAAAAAAAAAAAAAAAAAA AAAAAAAAAAA. IMAGEN 8

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TRISTEZIMAGEN 9

IMAGEN 7

4. Ser posible:

Condicional: yo cabría. Pero no puedo, pero no me dejan, pero no quepo, pero ya es tarde. mi a mor Pero se fue. por Pero yo me fui primero. tí Pero.

Aún cabe que llegue mañana. Pero cabe que no. Aún cabe que vaya.3 O cabe que no. Futuro: yo cabré. ¿Cabremos juntos?

Pero creo que faltar no cabe en caber, pero falta que quepa. Y faltan muchas cosas que llenar. Entonces, volví a mirar la enciclopedia y busqué la palabra llenar.

5. No caber uno en sí loc. Estar exultante de alegría u orgullo: 3.

...si tú me dices ven lo dejo todo, si tú me dices ven será todopara tí.

Esto fue una noche por la 63


Ll

LLENAR llenando-llenado 1. intr. Poner una cosa en otra de manera que la ocupe por com pleto o poner gran cantidad de cosas en determinado espacio: Mañana llenaremos la maleta de nuevo con cosas, tal vez no quepan esta vez. Llena esos vasos de agua.4 Llené de tachones el cuaderno. Le gusta llenarme de felicidad. Le gusta llenar las paredes de fotos. Ese día llenaron de propaganda política la ciudad. Despedía un olor tan dulce que mis pulmones se llenaban de él. Todas las mañanas llenaba recipientes con agua. Podemos llenar páginas enteras de historias fantásticas. Llenar huecos. Tengo que llenar las lagunas que dejó.

4. 5. 6.

Pero ayer llenó la casa con flores. Y la casa se llenó de polvo.5 rosas, no

Presente: yo lleno. astromelias Nada. 2. Ocupar cierto espacio casi en su totalidad o al máximo de su capacidad, haber muchas personas o gran cantidad de cosas en determinado espacio: El agua llenaba la fuente. Los estudiantes llenaron las calles. Pero se llenó de injusticia. A nadie llenó. Pero llenaron los titulares. A nadie llenó. Imperfecto: yo llenaba. Nada más. 3. Prnl. Comer o tomar hasta no poder más: Comió mucho dulce y se llenó. Me llené de pan y no quise comer más. Las verduras no me llenan y no quise comer más. El agua nada más llena, pero no quita el hambre. Y no quise comer más. Llenarse de saliva.6 Llenarse de alcohol. Llenarse de mentiras. Llenarse de tristeza.

Véase VASO DE AGUA MEDIO LLENO (2006) de Wilfredo Prieto. ... ...our couch, our house, our laughters, and my loved, and my beloved, just your shadow, just your fuit, just your ... over me. “Por un instante creyó que habían salido los microbios de su cuerpo. Sentía que se habían venido pegados a su saliva. Sí; todo eso estaba muy bien.” (García Márquez. 1948. Eva está dentro de su gato).


Pretérito: yo llené. Casi nada.

Pero sus razones no me llenan. Llenar de necesidades.

4. Dar, dirigir o manifestar a una persona algo en abundancia:

Condicional: yo llenaría. Ya nada.

Cuando vio las pinturas, lo llenó de besos. Llenar de cumplidos. Llenar de insultos. Su carta me llenó de alegría. Pero la noticia llenará de dolor a su familia. Me llenó completamente. Me llena de felicidad. Llenarse de música. Llenarse de tristeza nuevamente. Llenar la página de lágrimas. Llenarse de esperanzas.

6. Escribir o marcar los datos que se piden o se requieren en un documento, en un formulario o en algo similar:

Futuro: Yo llenaré. Algo o nada. 5. Satisfacer plenamente o cumplir un deseo, una necesidad, una condición, etc.: Las abejitas cumplen una función sumamente importante en la reproducción natural. Yo no cumplo una función mínimamente importante en la reproducción natural. Llenar las necesidades.

7.

Llenar un sobre. Llenar dos sobres. Llenar muchos sobres. Él dejó el formulario de la visa a medio llenar. Pero me dijo que, si llenaba de nuevo mis expectativas, podría ser París. Yo solo llené de nuevo el formato para muestras de sangre. (O+) Y me hundí en una piscina.7 Es difícil llenar cuando la cabeza está llena de otras cosas. Y es difícil dormir con las cobijas llenas de pelos de gatos. En tal caso, volví a buscar en otra enciclopedia y entonces me di cuenta de que llenar se conjuga igual que amar. VÉASE IMAGEN 10

Véase SEROPOSITIVO (1994) de Fernando Arias.

Llené Lleno Llenaba Llenando Llenaré Llenando

Amando.

IMAGEN 10


Un instante. Un instante bastó para sentir mi corazón enfriarse y retumbar de manera errática por un recuerdo. Un recuerdo que hace mucho se insinuaba nebuloso en mi mente. Lo que parecían ser personas reunidas en este mismo sitio, aquí, de hecho, en la esquina; gente cual serpentinas ondeantes que daban vueltas y vueltas. Tres personas. No, cuatro. Llanto, risas, una puerta abierta, la ventana abierta, una imagen muy tenue que se sentía como el rocío de la luz que entraba a través de aquella y la leve sombra de una mano que acariciaba tiernamente mi cabeza. Todo se limitaba a figuras más genéricas, cuasi abstractas; pinceladas casi impresionistas en tonos desaturados que parecen ser vistos a través de ojos cuyos engranajes hace tiempo dejaron de ser lustrados.


Me habitué a este cuarto hace mucho. En un principio, debo admitir que fue difícil por lo pequeño y estrecho. Sé que guarda una infinidad de recuerdos no solo de mi vida, sino de todas aquellas personas que pasaron por este acogedor y decadente espacio. El cuarto, si lo imaginan desde un ángulo cenital, es una estructura rectangular con una pequeña habitación que sobresale de ese plano base. En la parte superior izquierda, encontrarán el baño y unos tantos pasos al caminar hacia abajo está la cama sencilla. Solo hay una almohada un poco rígida y el cubrelecho, que tiene un estampado de rosas sobre un fondo verdoso frío. Al lado derecho, una mesa de noche que cuenta solo con un cajón, en el que almaceno bombillos y cerillos. Al mirar desde arriba, al fondo a la derecha, solía verse un fogón que ahora se encuentra en la esquina superior derecha. No hay mucho más.


No hay mucho que hacer. Me mantengo activo entre tareas. Una tarea que ocasionalmente hago para pasar el tiempo y desprenderme del anhelo de las cosas es: 1. Trazar con un lápiz el contorno de los pedazos de papel tapiz que están comenzando a craquelarse sobre la pared. 2. Una vez se caen, debo recoger los pedazos de tapiz craquelados del piso y categorizarlos por: a. b. c.

tamaño, forma y nivel de humedad.

3. Con algún objeto pesado hago presión para aplanarlos. Los dejo reposar al menos por dos o tres descansos largos o hasta que pasen tres puestas de color por la ventana. 4. Una vez quedan los pedazos lo suficientemente lisos, intento reconstruir el rompecabezas de papel, al pegar con gran minucia cada fragmento en su sitio correspondiente. 5. Repito el proceso con los nuevos pedazos que comienzan a desprenderse.


Antes, me preocupaba por pensar en el peso de los años y las historias transcurridas en el interior de estas paredes. Ya no lo hago. Creo que con el tiempo comenzó a interesarme más la idea de reconstruir el tapizado e intentar idearme una genealogía de qué es o quién es cada papel.


Hasta ahora, había desprendido un total de 247. 247 fragmentos: algunos más húmedos; otros más grandes que funcionan como guía para comenzar a construir a partir de unos más nimios, que probablemente no percibiría si no fuese por una ardua inspección del piso y los nudos que visiblemente se han deformado entre las tablas (¡algunos incluso no pude percibirlos, sino que pude verlos a través de un lente que encontré junto al diario!); algunos desgastados, y otros que contienen peonias —la imagen floral del tapiz que antes solía confundir con camelias—. Me atrevo a decir que se ven tan nítidas y vibrantes como el día en el que debieron instalarse. Todos los trozos son tan distintos y singulares, por más de que vengan de un mismo patrón.


A veces, me da la impresión de que son rostros. Eso justificaría el porqué están mojadas. Cuando comienzan a desprenderse, lloran, se humedecen y se desgastan lentamente. Cuando caen, algunos, de la insondable tristeza, se retuercen y lloran con más fuerza hasta perder por completo su firmeza. A esos, debo dejarlos morir. Su llanto no es lo suficientemente fuerte como para poder escucharlo en mis horas de descanso (que es, usualmente, los momentos en que son más frágiles y vulnerables). ¡Ay de mí que no puedo ampararlos! Desdichado yo que soy sordo a su miseria. Comprendo su anhelo por descansar, por no permanecer colgadas hasta el cansancio, porque, de alguna manera, morir temporalmente y despertar al día siguiente como si fuese una nueva vida es rejuvenecedor, pero no puedo hacer nada porque el tiempo las consume y su corteza comienza a dar cuenta de su vejez. Sin embargo, su belleza reside en su aspecto antiguo. Siempre he estado aquí y, hasta el día de hoy, nunca me he preocupado y creo que nunca lo haré por


salir. Tengo mucho que hacer y muchos papeles que cuidar. El diario. El otro día, raspando para repintar ávidamente los zócalos, me encontré con uno flojo —tal cual como los primeros dientes que desprendí de mi boca con el pomo de la puerta—. Quité sin mucho esfuerzo la tabla y encontré que, en ese pequeño rincón cuya profundidad no había podido identificar, se escondía una libreta. Podría decir que es una suerte de diario abandonado por algún antiguo residente. El libro llamaba a mis manos a quitar el polvo que parecía nunca dejaría de caer. Por más familiar que resultaba para mí el objeto (alguna vez debí tener algo parecido) y a pesar de tener casi plena certeza de que la persona que lo escribió probablemente nunca volvería por él, no me sentía cómodo al leerlo. Sin embargo, no puedo negar que si tuviese que esconder algún secreto no me atrevería a dejarlo documentado en papel. Un papel puede perderse, dañarse, ser robado, terminar en manos equivocadas, entre muchas otras cosas. Guardar secretos es para mí una táctica de supervivencia.


Yo mismo me considero a veces un secreto aquí guardado. En la tapa de cuero, había un pedazo de papel sellado con cinta adhesiva transparente, en el que se leía en letra cursiva bastante redonda Querido diario. Lo dejé en el último cajón de otro mueble que siempre ha estado aquí, en el que guardo las porciones significativas de papel tapiz que se han ido desprendiendo naturalmente. La curiosidad apremia; sin embargo, en este cuarto aislado he podido contener ansiedades y me limito a pensar en las tareas que debo cumplir. Previo a uno de mis descansos, esos que espontáneamente surgen de la simple necesidad de cerrar los ojos, un sonido ajeno al vacío (al rumiante crujido del papel tapiz, al susurro que se colaba sin previo aviso por la ventana, al sonido de las articulaciones de mis muñecas mientras las estiro en movimientos constantes circulares al igual que mis pies y al sonido de mi suave respiración) perturbó mi sueño. Un fffff suave, constante.


Me costó mucho descifrar de dónde venía ese sonido tan intrusivo. Por un momento, deambulé y di vueltas en el cuarto con los ojos cerrados. Si me enfocaba cándidamente en el contacto de mis pies que colisionaban con el piso, me daba cuenta de lo astillado que se encontraba e incluso, si estaba sumido en un profundo silencio, podía escuchar los pequeños fragmentos de astillas punzar las plantas de mis pies. Esas eran las heridas que más dolían. A veces, creo que lo hago a propósito. Después de un rato de intentar localizar el epicentro del sonido que retumbaba en toda la habitación, me detuve y en toda la esquina del costado derecho inferior, donde estaba el fogón, me fijé con detenimiento, me acerqué y guardé una distancia de tres pasos. Vi cómo caía finamente una fuente de arena. Intenté sellar la abertura con cinta, con papel mojado y colbón, solo con colbón y me quedé sin materiales intentando cerrar el flujo; entonces, lo dejé así. No hay mucho que hacer. Es grato el silencio que retumba entre las paredes. Haber perdido en un principio por completo la noción del tiempo en su sentido más estricto me permite mayores libertades; en gran medida, descansar cuando es necesario. Pensar en la justa medida. Con frecuencia, consi-


dero que no hay nada más necesario que escuchar el supuesto vacío que se esconde entre la distancia de mis oídos. Pero ese fffff, esa fuente de ansiedad que viene de un exterior desconocido. A veces, me hace consciente del paso del tiempo: cada minuto, se acumulaba más arena en esa esquina. Me toca cada dos descansos barrer y acumularla en un montículo que crece sin piedad y amenaza la seguridad de todo lo que he construido hasta ahora. Persistir. Persistir, pues el mundo exterior está lleno de maldad. Persistir en la idea de que para encontrar la voz interna se debe olvidar que alguna vez se escuchó una ajena. Persistir en dejar a un lado la tentación de abrir el cajón y leer el diario. Persistir en dejar a un lado la tentación de mirar a través de la ventana. En cierto momento del día (cuando el único color disonante entra por la única ventana del cuarto —un rojo o anaranjado vibrante—, a veces acompañado de ilusiones y figuras que bailan, revolotean y dejan su efímera huella sobre el piso del cuarto), una brisa delgada escapaba de las ventanas como un rumor que viene desde lejos.


Al principio, tenía afán por descifrar las palabras inarticulables que venían a son de eco; incluso, intentaba, con mi aliento, dejar la ventana empañada y comunicarme con el exterior. No sé qué estoy esperando de vuelta. No puedo negar que a veces me cuesta dormir sin tener cerca una voz. En ocasiones, me sumo tanto al silencio que ni siquiera puedo escucharme. Tengo un tocadiscos. Tan solo tengo un vinilo que a duras penas puede reproducirse por lo rayado que está. The Melody at Night with You. El sonido es en demasía dulce. A veces, lo pongo para dormir en esos días en los que rumea en mi mente la idea de que no debería ser posible despertar sin tener cerca una voz que me acompañe. Encontrar frente a mí un par de ojos abiertos que me devuelvan la mirada. Llevo tiempo sin ver mi reflejo. Hay días en los que me resulta insoportable aguantar lo tristes que se ven mis ojos. La ausencia de letra en el disco me convencía de que tampoco era necesario hablar. Tanto así que en este momento siento la debilidad de mi boca. A excepción de cuando como, intento no emitir sonidos. Una palabra tan pequeña y desgastada que podría caber en el bolsillo de mi camisa.


Siento que al otro lado de la ventana hay algo que espera por descubrir mi refugio y venir por mí. Las palabras se han ido debilitando en mi boca. Los sonidos, que a duras penas son murmullos, caen, así como lo hace a veces el salero del comedor cuando me levanto con gran estruendo. La única palabra que ocasionalmente articulo sin razón alguna es — incluso, me encuentro a mí mismo en sueños pensando en ella— alma.


El silencio y los viciosos rumores que se avecinan, cada vez más cercanos e inaprensibles, han encontrado la forma de colarse entre el papel tapiz y la pared, volverse materia orgánica y comenzar a decaer. No sé en qué momento las paredes se volvieron tan frágiles que, tan solo con el roce de mi hombro, se craquelan y caen sin piedad al suelo. Perdí la cuenta de cuántos papeles han caído. ¡Lo siento, lo siento! Puedo escucharlos más claro que nunca. Estoy tan cansado que puedo sentir la densidad de mis huesos reducirse, tal cual como astronauta en el espacio. Algunas veces, pienso en deseos perdidos. No suelen ser muy recurrentes; sin embargo, los he tenido más presentes. Antes, podía pasar más de cien descansos sin pensar en mi pasado ni en cómo se ha desvanecido de mi memoria; sin sentir ni la más pequeña necesidad de comprender los escenarios desordenados y vagamente familiares que aparecen en mis sueños. En ellos, hay personajes cuyos rostros cayeron en ruinas e historias que creía olvidadas o por las que a veces lloraba, con una vana esperanza de deshacerme de ellas o sanar heridas de mi infancia.


Infancia. Yo no escogí estar aquí. El diario ya no está en el cajón. Hace mucho no está ahí. Ahora, se esconde bajo la colcha de la cama. No entiendo por qué me siento tan expuesto al hurgar un libro que pertenece a una persona que probablemente nunca regresará aquí. Hay algo que no para de inquietarme. Aquel día que fui a guardar el diario en el mueble cayó de él un pedazo de papel. No cualquier papel. Un pequeño pedazo de papel tapiz con un fragmento del patrón. No quise darle muchas vueltas al asunto, pero me era inevitable hasta soñar con el origen de procedencia de ese pequeño fragmento que se encontraba ahí. ¿Por qué guardaron ese fragmento? ¿Será que solo es muy parecido y realmente se trata de una camelia? ¿Quién lo hizo? ¡Quizás pertenece a la primera persona que alguna vez decoró el sitio y eso tan solo se trata de un fragmento de muestra!


Tiene sentido. Todo parece tener sentido, pero el diario en su gesto infantil revela un niño. Podría descifrar entre qué páginas se coló el papel, qué información contenía o si tan solo era una suerte de collage de mal gusto. A los primeros días de encontrarlo, intenté convencerme de no leerlo, de seguir con mis tareas y continuar el diálogo con el papel, pero hasta este se tornó en mi contra. Los llantos ya no eran de dolor por caer, sino por saber por qué uno de ellos estaba en ese librito. Entonces, lo hice: saqué el diario. Ese día, en ese momento de convicción, algo cambió. El color de la ventana se encendió como nunca antes lo había hecho. Un juicio. Lo que sea que estuviese al otro lado, conocía mis intenciones. Ya no había marcha atrás. Corrí al baño, cerré la puerta, mantuve la luz apagada y permanecí un buen rato sentado en la taza. Bajo el lavabo, guardaba una vela por seguridad y la prendí para ver con claridad. Abrí el cuaderno sin pensarlo dos veces. No hubo remordimiento. Comencé a leer. Algo externo llamó mi atención. Bajo la rendija de la puerta, se coló un color:


el anaranjado que solía entrar por la ventana. Expuesto. Hombros y cuello tensos, a duras penas pasaba la saliva por mi garganta, un mareo me apabulló y no pude hacer más que meterme en un estrecho espacio que hay entre el inodoro y la pared que da a la ducha. El piso estaba húmedo de grasa. Al leer, noté que las entradas eran una serie de acontecimientos que no parecían tener mucha relevancia. Desde cuando se levantaba el niño y veía a su mamá hacer café hasta cómo siempre deseó ver a través de la ventana, pero nunca lo logró porque siempre fue muy bajito. Lo único que lo cautivaba era ver cómo el color se posaba cada cierta hora e intentaba capturarlo con sus lápices de colores, pero nunca lo logró. Un instante bastó para sentir mi corazón enfriarse y retumbar de manera errática. Un recuerdo. Personas reunidas en este mismo cuarto, en la esquina del arenero; gente cual serpentinas que daban vueltas y vueltas. Dos personas, tres conmigo. Llanto, risas, una puerta abierta, la ventana abierta y yo que miraba fijamente el vacío que formaba mi sombra por la luz que entraba por aquella; el rocío de la luz que bañaba mi espalda y una mano que acariciaba tiernamente mi cabeza. Miré hacia arriba y encontré un gran anuncio que decía feliz cumpleaños frente a mí.


Nunca estuve solo. Había una vela de cumpleaños pegada en la hoja —de esas que tienen grabadas un espiral de punta a punta— y vino a mi mente una idea que alguna vez fue recurrente. La imagen de Alma que apagaba la vela mientras tarareaba un poco desafinada: Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz. Ensalivaba la punta de sus dedos y, con un movimiento fugaz, la apagaba como aplastando un pedazo de plastilina. Cubría mis ojos por temor a que ella se quemara, pero solo se reía de mí y me daba un beso en la frente. El baño está inundado en luz anaranjada. Puedo apagar la vela tal como siempre quise hacerlo. Después de todo, ya estoy muy grande. No tengo miedo, solo siento un insondable vacío, como si todo se estuviera drenando por orificios míos. Sangre, órganos, fluidos, mis pensamientos, hasta quedar como cascarón hueco. Sin embargo, por precaución, arranqué un pedazo de papel del diario —solo por precaución, como soporte para apagar el fuego—.


Con la mano izquierda, agarraba la vela; con la derecha, el papel como si fuera una pinza. Miraba fijamente, con cuidado, el fuego que danzaba carente de sombra, irritado y que me llamaba —no sé si a mí o al papel—. Fui a apagarlo, lento, con cuidado, con cuidado, pero de un momento a otro comenzó a expandirse; el calor llegó hasta mi mano. Siempre he estado aquí. Siempre. No sé qué existe más allá de estas paredes. Se coló por mi camisa. ¿Cómo puedo recordar solo eso? Tengo que poder recordar más. Si no, ¿qué soy?, ¿quién soy? Al final, creo que esta locura me llevó a oír las sombras que ya no están conmigo y, a decir verdad, a veces creo que la muerte se olvidó de mí. Todo es color naranja. Diana Marcela Carvajal


al


Tierra firme


I.El inicio del final los tiempos


Al salir del batallón no están los Montes de María ni, al otro extremo, el mar de Tumaco; tampoco algún lugar hostil del que se haya escuchado o visto en las noticias: allí está la pared blanca que su padre le construyó. Recuerdelo bien. Quizá, este acontecimiento también le pasó a usted rodeada de paredes azules o amarillas; tal vez, aquí en la ciudad o por allá en el monte,. Aquí, se encuentra la antigua colonia llamada María del Nuevo Mundo, la Tierra Firme. Los colonizadores solían llamarle La María por la fertilidad y calidad de su tierra, por sus montañas prominentes y por la diligencia de su gente. Ellos, los montemarianos erigieron una gran estatua llamada Maeay le rindieron culto y tributo por las siguientes diez generaciones, hasta la siguiente invasión.Después de varios siglos, el grupo de investigadores, expertos en la materia y en esas tierras, no pudo encontrar la pieza de la alegoría completa, a excepción de la cabeza, separada del cuerpo, para demostrarle a los habitantes de Montes de María que esas tierras ya no les pertenecían. La cabeza, extraída del cuerpo, fue encontrada en la tumba del gran general que encabezaba la invasión.

“De los diarios de Pointis”, 1697.


Los Montes de María, el Magdalena medio y el sur de Bolívar constituyeron históricamente unas de las regiones de mayor auge en el conflicto armado en Colombia. Estas regiones que componen los Montes fueron violentadas por ciertas dinámicas de confrontación y lucha por el territorio, perpetuadas por grupos armados, fuerza pública, lo que dejó como ente mediador y vulnerable a la población civil. La rentabilidad que ofreció el territorio, por el fácil acceso al centro del país y la salida al mar, posibilitó el tráfico constante de armas y drogas e incrementó las disputas entre los diferentes grupos armados; con ello, el seguido combate, intervención, participación y complicidad de algunos entes de las Fuerzas Militares.

Después de los constantes desplazamientos forzosos y la violencia extendida por la región (carácter fundamental de esta y otras regiones del país), la población civil y rural campesina se vio obligada a abandonar sus tierras. Hoy adquieren un ánimo de resistencia diferente al de las huidas pasadas. Muchos de ellos regresaron después del cese parcial del conflicto que ahora aqueja a otras regiones más vulnerables. En el acto de resistencia, los habitantes montemarianos están en la carrera por adquirir de nuevo sus tierras, sanar su economía y la posibilidad de vivir en paz.

“Que después del despojo, solo haya ganancias. Quésolo abunden las vacas”. De los diarios de Mario Ruíz. 8 de octubre 2015, El Salado. Montes de María, Bolívar, Colombia.


II. El fin del mundo (o la costumbre) Mi madre, distinguida heroína del nuevo milenio, quien tras el atentado del 2003 que se perpetuó en las fronteras de nuestra casa, tomó el colchón de una de las camas y nos cubrió mientras se acaba el mundo allá afuera. Nos dio bolsas de papel para respirar y nos abasteció de comida hasta por un mes para no morir de hambre. Nos rezó el versículo de alguna Biblia que tenía a la mano y le rogó a Dios por nuestra vida y por la de ella. A la media noche, impuntual, mi padre llegó a rescatarnos de lo irrescatable. El fin del mundo solo había dejado algunas palmeras caídas con cocos partidos, mujeres asustadas en las terrazas y niños tristes.

Tal mundo no se había acabado. Al día siguiente, hubo jornada escolar de forma regular. En la noche, el colchón estaba en el lugar de siempre, las madres impacientes y los padres llegarían 3 horas tarde para cenar por las siguientes dos generaciones. Lustraban sus botas antes de dormir y salían a combate antes del amanecer.


III. La tierra firme (o el descubrimiento) Una vez en la ciudad, mientras me aferraba fuertemente a la silla trasera del carro —del que no se podía salir por el mal aire, las guerras antiguas, las historias de terror del nuevo siglo, los ajetreos de la ciudad y la sobreprotección del padre soldado—, decidí escapar y en la fuga tropecé. Regresé a la misma cama que me contenía todas las noches porque me negaba al mal clima y a mi propiajuventud. No conocía realmente a los hombres debido a mi educación unilateral y en esta ciudad, llena de filas, salas de espera, batallones de ladrillo decadencia y ausencia de paisaje, me aburrí y poco a poco quise saber más de la guerra de mi país. No gozaba tampoco de los privilegios del colegio, de las salidas al Centro o de las tomatas de cerveza de la media tarde que auguraba los toques de queda. Tampoco gozaba del antiguo vecindario cerca al monte, en el que, en ese entonces, había tomatas de Cola Román o de bolis al medio día, empanadas de arroz o pasteles por la media tarde.

La reciente tierra firme de nuevos aires, conocedora y experta en guerras y desplazamientos más recientes, se archivó en una caja de cosas guardadas y olvidadas, corroída por el paso del tiempo y la humedad, una caja que esperaba detrás de la cama de mis padres. En esta tierra, asimilada en la cátedra y la estrategia militar, descubrí algo nuevo y se planteó un nuevo devenir: el de la búsqueda de lo incómodo, del barro a través de los dedos de


mis pies con los que toqué tierra firme por primera vez. la capa caída. Fue la búsqueda de las respuestas que no se me dieron por miedo a la interrupción de la infancia y la ignorancia. La búsqueda de un paisaje tan cercano e inocuo para mí. Un paisaje que siempre estuvo más cercano que lejano, que fue mi jardín micasa y mi colchón. , Lo ignoraba, permanecí oculta. No se me permitió conocer algo más allá, ver las “otras” noticias, pasar de canal, leer la “otra” prensa, escuchar la “otra” conversación, andar por la “otra” acera, por la otra parte demonte.

De regreso al inicio de esta contradicción, a la ciudad donde vivo, tan lejana y centralizada en sí misma, tan apática a la realidad periférica, pude reconocer la verdadera crisis, los famosos malos tiempos. Nuevamente, en el monte con mi padre, quien alguna vez abrazó la tierra, combatió en ella, la maldijo y al final la abandonó , una vez de regreso, proclamamos el descubrimiento: ¡Bienvenida la tierra firme!


IV. La herradura (o el panóptico) Existe por estos montes un mito el cual dice que, si usted camina por el agreste césped que oculta el suelo, que no ha sido podado por la falta de presupuesto (dicen los habitantes del lugar), se encontrará con la muerte, con un hombre, con una serpiente o, en el peor de los casos, con los tres. Una mujer de mediana edad hizo caso omiso a las supersticiones locales del otro lado de la calle, quien, aburrida de su lugar de residencia y en búsqueda del paraíso, se adentró en el inhóspito paisaje que planteaba la fastástica situación. Al llegar al límite, se encontró con un muro de quinientos pies de alto y se dio cuenta que arriesgarse a los peligros que anunciaba el mito fue en vano.

Del otro lado del muro, se escuchaba a un hombre desesperado por escapar de los peligros que auguraban la guerra y la muerte a manos de los suyos. El mismo hombre había sido mordido por la serpiente más peligrosa del sector y esperaba la muerte ese mismo día. Él le reclamaría a la mujer por sus insensatos deseos de cruzar, anunciaba en varias ocasiones, que tal paraíso no existía. Había serpientes que mataban sin piedad a los hombres en sus propios jardines, familias honorables con falsas caras sonrientes, gente dormida, niños ignorantes, mujeres obedientes, hombres armadosy soldados héroes de la patria. La mujer de mediana edad, sorprendida por el testimonio del soldado farsante y proveniente del maltrecho paraíso, dio media vuelta y regresó por la misma senda que había llegado.


Ya de regreso en su lado y después de hallar al hombre, a la serpiente y a la muerte simultáneamente, la mujer encontraría a todos los habitantes y vecinos despiertosfelices y compartiendo la cena. Ellos, que a diferencia de los del “mejor vecindario” que murieron por el veneno, el aburrimiento y las malas apariencias, compartían con la gente del pueblo más cercano y celebraban las fiestas del próximo lunes festivo.


V. El turno (o la eterna espera) A un soldado en su turno se le asigna la tarea de vigilar en un puesto elevado frente al mar. Se acomoda en su silla, almuerza y se queda dormido. Inmediatamente, asustado despierta con los gritos de su superior. Después de tres advertencias, retoma sus tareas y supervisa la movilidad y el estado del muelle. Corrobora la normalidad del lugar y retoma el sueño. Llegadas las cuatro de la tarde, despierta por el sonido de la marea desbordada; el sol empieza a ponerse. Ignora lo que sucede y vigila atentamente la puesta de sol que reclama su atención. Se pone sus gafas de sol.

Llegada la noche, deja su turno y reporta la poca movilidad, el estado normal de la marea y la ausencia del enemigo. En la evasión completa de la insubordinación, el muchacho omite la mención de la llegada inoportuna del sol y corrobora al día siguiente, en el turno diurno, su extrema belleza.


VI. La playa (o la fe) En las playas del golfo de Morrosquillo, dicen los nativos, se suele tomar mejor el sol que en cualquier otra playa del Atlántico. Aún más, en las playas militares, donde suelen asolearse las mujeres en los horarios permitidos para los civiles.

En esas playas, juegan los niños y las familias van a pasar el tiempo mientras que, en el fondo, se oye al pelotón recitar los cantos matutinos a sus altos mandos. Con los himnos de fondo, dos muchachas recogen conchas en la arena a no menos de veinte metros de distancia. En el mar, hay otra familia, una abuela con camisa blanca y visera, niños pequeños en flotadores, parientes lejanos y algunos turistas. Era Jueves Santo y, aún hoy, es mal visto realizar actividades festivas en la playa. Sin embargo, hoy los niños se escaparon para ir a nadar, mientras las madres, guiadas por las antiguas supersticiones religiosas, se preocupan de que sus niños terminen convertidos en pescados y perdidos en mar.


VII. Tierra perdida En la sala de restitución de tierras del Carmen de Bolívar —y otras más extrañas instituciones— se albergan más de diez personas a la vez. A todos se les ofrece tinto matutino. Si se tiene la costumbre de madrugar, se podrá obtener una cita. Los atenderán dos mujeres: una joven de unos veintisiete años y otra entrada en los cuarenta; trabajadoras sociales y sociólogas que conocen algunas historias de terror del monte. Estas mujeres suelen decir lo mismo, con su actitud displicente por las repetidas visitas de personas desplazadas que perdieron sus tierras y otras malintencionadas que quieren las tierras perdidas. Me consumía de calor, pues estaba vestida con pantalón largo y negro, zapato cerrado, a treinta y seis grados de temperatura, en un lugar donde el fenómeno de El Niño había decidido jugar en mi contra y con un aire acondicionado que no sirvía. Del otro lado de la sala, se escuchaban las personas que venían a reclamar las tierras perdidas: parientes lejanos de víctimas, cuñados, yernos o primos terceros de los dueños que ya no quisieron volver o que no pudieron vivir para contarlo. Tiempo después, en Bogotá, un hombre de unos sesenta años, que escuchaba la conversación que otros estudiantes y yo sosteníamos sobre conflicto armado y otras tragedias del presente, nos abordó desprevenidamente y le dio fin a la sesión académica, mientras que caminábamos por la Séptima.

Después de ser emboscados por el señor Rubén, nos habló de su rabia con el país. Sobre las cosas que había visto, la tierra que le quitaron y cómo lo habían alejado de ella, de


lo que el glifosato le había hecho a sus manos, de la Hoja de coca, que antes compartía predio con otros cultivos y que ahora estos permanecían vacíos, lo que lo dejaba a él y a los suyos sin nada y a otros muchos con todo, -con la tierrita, con la hoja, con la plata, con todo- decía.

Su conversación se tornó interesante y nosotros teníamos ánimos de conspirar; su rabia hacía eco en nuestra aparente indignación. El discurso, que en realidad daba más información de país que cualquier otra fuente de información, se interrumpiría por nuestro afán del día. En la tarde del día siguiente, otro estudiante y yo contactamos al señor Rubén para escucharlo terminar y nos citamos en la esquina de la Cincuenta y tres. Fuimos a una cafetería cercana y nos sentamos a almorzar interesados por las historias que él tenía para contar. El señor Rubén continuaría con la historia del arrebatamiento de su tierra, que recientemente le habían vuelto a escriturar por las políticas actuales de restitución, en las cuales él y su esposa tenían poca fiabilidad. Nos hablaba de lo interesado que estaba en compartir sus palabras con estudiantes, de su odio por el “señor” presidente, del desplazamiento y de cómo sólo nosotros podíamos hacer cambios, ya que el futuro era más nuestro que de él.

A pesar de su resignado tono en medio de la emergencia, entre risas nos extenderíamos tres horas mientras hablábamos de otras cosas más. De historias de su juventud cuando


vivía con su padre, del burro, de las propiedades de aquellos nazis fugitivos y bonachones que les dieron una oportunidad de trabajar y de cómo la patrona de la casa era buena con ellos.Para corroborar la veracidad de su historia, nos invitaba a ir a ver las tumbas de los Beckal en el cementerio alemán. Nos contó de lo ansioso que estaba por escribir un libro de memorias de guerra y de cómo lo podíamos ayudar. Un libro con esta y otras historias más.

Él, que a pesar de su falta de educación, en sus propias palabras, podía hablar de cualquier cosa como todo un profesional, de lo inteligente que era. Sin ningún reparo, se paró de la mesa y, en medio de la historia de los nazis en Colombia y al culminar la comida, nos mostró la marcha de su juventud. Alzó el brazo derecho y vocifero:

—Heil Hitler, Heil Hitler, Heil Hitler.


VIII. La madre maldita A las afueras del Carmen de Bolívar, está la finca de abejas de la señora Tomasa. Allí, mi padre y otros hombres en servicio se solían abastecer de miel. Él le dijo que yo era una estudiante de Bogotá y que venía a hacer preguntas incómodas sobre su vida en los Montes para una investigación. Tomasa amablemente nos ofreció agua fría y sacó de los cajones propóleo para un encargo que mi padre le había hecho anteriormente. Terminada la transacción, nos sentamos y prevenida por la “dudosa investigación” me interrogó brevemente para calmar su temor ante la posible amenaza. Después de la evasión cordial que mi padre tuvo que ejecutar para darle comienzo a la entrevista, Tomasa empezó a contarnos su breve historia de guerra en Montes de María. Un poco avergonzada, en tono de confesión y entre lágrimas, nos contó sobre la situación que le obligó a mandar lejos a su hija por varios años para poderla salvar y de cómo mucho tiempo después Tomasa la obligó a regresar, cuando ella ya no quería volver ni saber nada más de la madre ausente.

En la conversación, mi padre y yo intercambiamos los papeles y me alejé del patio donde se llevaba a cabo la entrevista, ahora liderada por él. Me dirigí rápidamente a la habitación vacía: un aparente depósito en el que insolentemente había irrumpido y que parecía haber sido la habitación de la hija. Después de mucho tiempo y de ser pobres —en palabras de


Tomasa—, en un tono diferente al del odio, pero guiado por la necesidad, ella nos contó que se había vuelto la mejor madrugadora y la mejor apicultora de la carretera, mientras que recordaba a sus vecinos muertos, los saqueadores, gente floja y la gente asustada. Nos contó cómo ella era una clase de heroína local por alojar provisionalmente a las víctimas de la masacre y cómo después de los malos días su hija regresaría a casa. Vivirían juntas una temporada y después se iría del todo, para ser profesional en alguna universidad de Córdoba; se alejó voluntariamente de ella (la madre maldita), de los flojos, de la gente asustada, de las abejas y de la miel. Tomasa la apicultura finalmente nos contó que lo único que le había hecho la guerra era hacer que su hija la odiara hasta el día de hoy.


IX. El líder — ¿Tú sabías que el pueblo se llama El Salado porque el agua que corre es salada y es la que tomamos todos los días?—, me preguntó uno de los líderes de El Salado.

Él, famoso por su tramadera, sus viajes y por su mala relación con la gente del corregimiento, se había autoproclamado líder y muy pocos lo querían. Nos dio agua en un vaso y, sorprendentemente, esta era dulce para ser salada. Mi padre se retractó de beberla y le preguntó al líder si había hipertensos en la región debido a las propiedades del agua. El líder le dijo que no, que el agua le había curado los males, que lo único que el agua no podía sanar era la degradación y el conflicto, cuestión que daría paso al debate sobre los temas referentes.

El líder de El Salado no estuvo el día de la masacre. Vive en la casa con mejores pisos y mejor fachada del sector. Había asistido a cada conferencia y era el invitado de honor para hablar de la masacre que nunca vivió. Era el líder de los desafortunados de su pueblo, pero jamás los entendió (dicen los desafortunados). La calle en el frente de su casa, así como la mayoría en El Salado, estaba sin pavimentar, pero en esta se encontraba la única agua potable que se podía tomar. Los niños no iban al colegio. No me gusta el aspecto físicosocial de El Salado.


¡Yo soy de aquí! ¡Y se lo he dicho a los líderes! “Señores, compórtense bien, denles casa. Que nos hagan la lista bien hecha, que no haya problemas”. Y no lo hacen. ¿Tú dices que eso no da rabia? ¡Que usted tenga tres casas y le den otra y yo no tenga nada! No joda. ¡Eso no está en la ley! Dice Santos: “Vamos a darle casa digna a las personas que no la tengan”. Y va y sale una lista ahí, toda incoherente. ¡Eche! ... Y a veces uno por defender al pueblo le cogen rabia. “Porque el humano es malo por naturaleza”. Dice la filosofía de Kant: “El único que quiere uno es a Dios”. Dice el gran Piaget: “El ser humano estudia el 99 % de la maldad”. ¡Oiga!, sí. ¡El humano!, es por donde meta la cabeza. Yo no estoy de acuerdo con que tenga una casa en El Salado. Eso genera guerra, envidia, rencor, odios. Lo que pasa es que yo soy del Centro Democrático, pero también voy con Milo que es de la U; y pues Uribe es malo, pero no sé, solo me nació ese partido. Yo esto lo hago por una causa común. Créame (Mario Ruíz. 8 de octubre 2015, El Salado. Montes de María, Bolívar, Colombia).


X. La caja Antes de que las familias llegaran a esa tierra, nuevamente firme, empacaron sus cosas, todas envueltas en papel protector. La familia Arsanios, una vez llegada la Navidad del 2006 a las costas bajas del Pacífico colombiano, llegó a vivir en otro de esos complejos modernos y famosos de fuertes militares, mientras esperaban el trasteo para poder celebrar esas fiestas. Este no llegó el 21 de diciembre, tampoco el día siguiente ni el día después. Pasaron tres meses y el camión con las cosas jamás llegó y, como era de suponerse, no hubo Navidad. Al cabo de un mes más, llegó a la iglesia de un convento en el pueblo una caja de dudosa procedencia, sin remitente ni postal. Las monjas de la casa se asustaron y llamaron a los bomberos. Por el miedo a la posibilidad de que esta caja fuera en realidad una amenaza y por los recientes acontecimientos y el terrorismo que la localidad padecía, tomaron ciertas medidas de precaución. Y la caja se mantuvo cerrada por unas horas más. Las monjas llamaron a la policía y a los antiexplosivos. Al abrir la caja, encontraron regalos dirigidos a la familia Arsanios: al fin, tendrían su Navidad. El conductor del camión, que llevaba las cosas de un lugar a otro, jamás regresó para esas fiestas, pues murió y nadie lo encontró.


XI. La suerte En Bogotá, en el mes de noviembre, el clima era más caliente y las diligencias y papeleos eran los mismos de siempre, al menos para los practicantes de la jurisprudencia. Uno de los jóvenes abogados iba a lograr una cita con el doctor Mariño Ángel, catedrático de Derecho Civil, quien siempre se encontraba en la Corte o en el sitio habitual de la relatoría de profesionales en la materia de leyes. Esa era una oportunidad perfecta para que los jóvenes aprendieran aún más sobre el oficio y la investigación en el derecho penal.

Los jóvenes lo explicaron con rapidez, pero divagaron en sus respuestas sobre los sucesos cometidos el 6 de noviembre de 1985. En camino a cumplir la agenda del día, estos fueron retirados por la Policía nacional y no llegaron a la cita. En el momento, no pudieron dar fe de lo sucedido, ya que nadie les reportaba los acontecimientos del día. Después, algunos de ellos, los que quedaron vivos del grupo selecto de afortunados, vieron en las noticias la incursión de algún grupo guerrillero que decidió tomar la armas y entrar al Palacio. Los jóvenes abogados que lograron evitar la muerte por cinco minutos fueron afortunados y se llenaron de odio contra el m-19; algunos se creyeron héroes de acción, mientras se preguntaban qué pudieron haber hecho, y otros desconfiaron de su nación y señalaron al presidente Belisario Betancourt, a quien


presuntamente le acompañaba la responsabilidad moral y el legado de lo acontecido en el Palacio de Justicia.

Los últimos, los más sensatos, dudaron. Presentían que se construiría una gran cortina de humo por parte del Gobierno y el Ejército sobre los acontecimientos. Una que permitiría prenderle fuego al lugar, quemar las pruebas, desaparecer once personas y, en el proceso, matar a sesenta más. Como se menciona en la órbita del humo: “Eso es Colombia ¡¡y qué!!”.


XII. La farsante Conocí a Diana ayer, era 23 de abril, en la Feria del Libro. Me la presentaron unas personas que tampoco conocía, pero que tenían interés en que la gente la conociera y escucharan su historia. Mientras estaba en su tiempo de descanso, Diana me contó que le había comprado El Principito a su hijo de cinco años, que la esperaba en Villavicencio con su esposo, vigilante, quien tenía que hacer medio turno mientras que ella regresaba a la ciudad a cuidar al niño. Después de caminar y recorrer la Feria, me dijo que a su hijo le gustaba mucho leer, que el libro era muy importante y que a él le gustaba leer cosas impresionantes. Diana me dijo que a él si le veía futuro, que seguramente iba a ser policía porque en repetidas ocasiones le había confeccionado un disfraz de tombo. Ella presentía que su hijo sí iba a aportar a la sociedad, porque era muy inteligente y capaz y que ella siempre estaría a su lado para verlo salvar el mundo “a lo legal”. “Como el mundo no me gusta, voy a cambiarlo y por eso busqué a la guerrilla”.

En repetidas ocasiones, sin yo haberlo suscitado, Diana amablemente me contó la famosa historia que la hacía merecedora de títulos y reconocimientos como gestora y líder de la Agencia Colombiana para la Reintegración (acr), que vincula, en un proceso arduo y difícil, a los desmovilizados que quieran ser parte social, emocional y productiva de la sociedad. Su historia no me sorprendió, pues era lo esperado: una mujer entre hombres de guerra. A veces, ella sentía que hacía las cosas bien y no se arrepentía; otras veces, hacía las cosas mal y en esos momentos ella quería escapar.

Nos sentamos en un rincón de la Feria mientras comíamos algo. Me dijo que antes de ser pre-


sentada como la reintegrada era la profe entre los guerrilleros. Una mujer inteligente, hábil en matemáticas y geografía, y en su juventud uno de los mejores Icfes a nivel local. Becada de la Universidad Distrital por sus buenas notas y estudiante de tres semestres de la Universidad Nacional. Decidió unirse a la guerrilla por las razones que hoy dice fueron las equivocadas: no tenía familia ni ingresos, razón por la cual sus estudios se truncaron al no poder trabajar y estudiar al mismo tiempo. No estaba de acuerdo con el Gobierno ni con su madre, que la abandonó y rechazó. Así que decidió buscar a la guerrilla.

Las mujeres —en palabras de Diana— eran y han sido siempre las que más han sufrido la guerra: “Usted no tiene opción: o es otro hombre más o la joden”. Al culminar la charla y así como lo narra en su cuento (“El fénix”), que ganó un concurso de literatura juvenil, evitó extenderse en responder el porqué de sus decisiones y por qué había estado en las farc. No quiso ahondar en el aprecio que le tenía al Mono Jojoy y de cómo ahora, después de seis años de la muerte del “jefe”, ella aún sentía nostalgia por su ausencia. Después de pasar por un sinnúmeros de frentes y columnas, de un atentado y de quedar embarazada del hombre guerrillero que la salvó de otro guerrillero, ella y el esposo vigilante, también desmovilizado, decidieron huir con el niño recién nacido y jamás regresar.

Después de cumplir con su agenda festiva de la Feria del Libro, con afán de irse porque no le gustaba Bogotá, esa misma noche viajaría a su tierra natal. Terminamos de charlar y antes de despedirnos supuso que yo era hija de un militar. Intercambiamos números telefónicos, me abrazó, se despidió y se fue.


XIII. Ciencia ficción Una niña cercana a sus quince años vivía en El Salado (corregimiento de Bolívar). Después, tuvo que dejarlo para huir de la guerra y mudarse a otro lugar, a quince kilómetros de su pueblo natal. Luego de las tragedias y el desplazamiento, volvería a su casa, se casaría, tendría hijos y viviría esperando un día morir. Ahora, tiene treinta y ocho años. Del otro lado de la cancha de fútbol de El Salado, vivía un hombre de unos sesenta años que contaba la historia de su esposa como si fuera la de él. Él no estaba el día de la toma, pero su esposa fue forzada a servirle a los asesinos y, una vez logró escapar, se reunió con su esposo que la daba por muerta. Por el lado norte de la región, una mujer de las afueras vivía por la carretera y vendía miel. Tuvo que mandar a su hija lejos para protegerla de hombres asesinos. Después de unos años, la traería de nuevo a su casa y desde entonces ella solo le discute por su ingratitud. Unas hermanas que vivían en el municipio del Carmen de Bolívar, que abrazaba el corregimiento de las masacres, se sentían inconformes y se quejaban constantemente del calor del pueblo y de las ayudadas que les proporcionaban a los otros. Un hombre, abogado de la capital, corrió con tal suerte que evitó la muerte en el Palacio de Justicia. De regreso en la región, un hombre reportero le tocó documentar la masacre de Chengue (corregimiento de Sucre) que dejo veintisiete personas inocentes muertas. Un hombre de la ciudad más grande de la costa Caribe estudiaría Medicina y después de un semestre lo dejaría para convertirse en militar. Tendría hijos y ellos vivirían en un batallón cerca de donde estos acontecimientos ocurrieron. Después de unos años, iría con su hija adulta al corregimiento de la masacre, a la carretera y al pueblo de los inconformes. Y ahora se sentarían todos a conversar, a tomar limonada de agua salada; todos, mientras fingían ser alguien más.


XIV. Mónika Un soldado se acogería fielmente al último lugar de adopción. No podía regresar porque todos sus compañeros habían muerto en batalla, pero él no se daba por vencido. Si salía, lo mataban; si se quedaba, se moriría de hambre. En los días siguientes, propició algunas señales para su localización y finalmente construyó de la tierra una radio que no le sirvió. Durante los próximos cinco días, padeció de hambre y sed, hasta que una lagartija se le cruzó, le prendió fuego y se la comió. De esta manera, vivió dos días más.

Se quedó esperando un rescate o los gritos de sus superiores y mientras tanto recorrió el lugar, buscó más comida y encontró lo que parecía un muro perfecto para dibujar. Agarró su navaja y marcó las paredes (que datan de la penúltima década del siglo xxi). El muro estaba gastado y su camuflado casi no existía. Las marcas señalaban que se llamaba Walter, que tuvo una novia llamada Mónika, que se amaban y que esperaban verse pronto. En la parte inferior del muro, marcas de bala que probablemente logró evadir. También apareció el plano de un túnel bajo tierra para que Walter, el soldado, pudiera escapar sin pasar por el territorio enemigo. Para ello, debió reunir fuerzas y empezar a cavar. Murió antes de que estos vestigios aparecieran para dar fe de esta historia. En el extremo inferior derecho de la pared, aparecieron las marcas de los días que señalan una semana y media de supervivencia. Su cuerpo fue encontrado al lado del pequeño agujero en la tierra que sin herramientas ni agua pudo cavar para así construir su propia tumba.


XV. El presente A los tres años, estuve a punto de morir atravesada por un palo de madera. A los seis, estuve a punto de morir atropellada por un auto. A mis ocho, estuve a punto de morir por un cilindro que lanzaron al lado del batallón. A los quince años, estuve a punto de morir atacada por un ciempiés. Recuerdo que mi padre corrió a mi rescate. Inmediatamente, se percató de que no había nada que rescatar. El palo, el auto, el cilindro y el ciempiés estaban lejos del alcance. Estaba viva. Era hipocondríaca.

Le conté estas historias a Oriana en terapia. Me dijo que mi padre me había acostumbrado al rescate, que me había dejado desprovista de mi propia supervivencia del mundo salvaje. Y en el primer intento de aventura me lesioné la piel con la cera depilatoria; en el segundo, me caí al llevar mi nueva planta a casa, mientras que Sofía me filmaba para nuestra película de robos en la gran ciudad y plantas salvajes. Ubiqué a Helena en el mejor lugar de mi casa: al lado de la ventana. La trasplanté, le hablé y, en su primer día, la abandoné. Salí corriendo al Parque Centenario a encontrarme con M y antes de verlos a él y a su hermano resbalé y caí parcialmente en la fuente. Sentí vergüenza, mi pierna izquierda estaba empapada, ¡debí haberme quedado con Helena! El precioso autosabotaje.


Los dos hermanos perdieron de vista el incidente. A ambos, les caía una luz inmaculada. Esa luz preciosísima de las cinco de la tarde. Verlos realmente es una agonía. Hicimos onces (merienda) con queso y salami y después devoramos las facturas. Caminamos un poco en dirección a Villa Crespo, hablamos de mi nueva planta y mi reciente intento de película de robos y plantas. S se fue a casa y M y yo caminamos hasta las siete de la noche; esta vez, no hubo beso de despedida.

Nota: la intimidad y la sexualidad complican mucho las cosas, complican hasta el curso de la luz y de las despedidas.


XVI. El descubrimiento Quisiera estar aquí y allá: aquí donde solo hay partes de un mismo río y allá donde solo hay partes del mismo cerro. Quisiera consolidar mi proyecto con S. Quisiera hablar más con S. Quisiera haber aceptado su invitación a tomar pola el día de la fiesta del viche y el ceviche. Quisiera hacer libros y a la vez hacer películas. Quisiera haber sido baterista, pero también haber sido lanzadora de jabalina. Mi madre siempre me dijo que tenía “buen brazo” para ser cualquiera de las dos. Quisiera aceptar mi verdadero nombre y a la vez ser Francisca a secas. Quisiera tener muchas plantas y cuidarlas; a la vez, ser una cínica que solo colecciona piedras y descuidarlas. Quisiera saber lanzar piedras, ser desobediente, insurgente, lanzapiedras. Quisiera salir de la cuarentena y a la vez quedarme encerrada con Helena por siempre. Quisiera liberar mi ansiedad con meditación y a la vez liberar la frustración corriendo alguna media maratón.

Recordé el título del libro de Mario, el amigo de un amigo de un amigo —Mirrors and Windows—, que hizo en Beirut. Me acordé de mirar por la ventana y aquel ejercicio sobre ventanas que empecé hace unos años atrás, casualmente mientras leía sobre la obra de Walid Raad, un artista de Beirut y mi favorito del 2018. En ese momento, miré a la ventana y empecé a escribir en ella apuntes:


1. La ventana es y siempre será el portal al mundo exterior. 2. Lo de adentro es y siempre será la caverna de Platón. 3. Importante saber que las ventanas no son como las puertas, que te invitan a entrar o salir. Es una entrada de luz que te invita a contemplar lo que sea. 4. No hay nada más perecedero que la vista por la ventana. 5. No hay nada más duradero que la vista por la ventana. 6. No hay nada más necesario para una oreja de elefante que estar junto a la ventana. 7. No hay nada más necesario para Helena que la luz que entra por su ventana. 8. No hay ventana más pequeña que mi propia ventana. 9. No hay nada más real que la vista por la ventana. 10. No hay nada más falso que la vista por la ventana.


XVII. Las piedras (o la confesión)


Cuando me di cuenta, ya estábamos en la carretera y antes de lo esperado tuvimos que hacer una parada. Había ensuciado mis zapatos con barro y tuve que bajar del carro e interrumpir el viaje por mi torpeza y la falta de cuidado. Mi padre, el militar con mal humor, me reclamaría por mi incompetencia, la cual atrasaría la expedición. Después de los retrasos, decidí recoger piedras en el camino. Solo piedras de ese camino.

Él no sabía el boicot o la conspiración que acarreaba este viaje, pero lo sospechaba. Sin embargo, no tuvo otra opción que callar, seguir manejando y continuar. Mi padre era mi piedra en el camino, y yo, su piedra en el zapato.

2017-2020


MIRADAS ABYECTAS


D

esde la firma de los acuerdos de paz realizados entre el Gobierno colombiano y el grupo guerrillero las farc-ep en el 20161, según datos del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz) (González y Espitia, 2017), han sido asesinados más de setecientos cincuenta líderes sociales., Los informes señalan que las medidas tomadas por el Estado colombiano han sido insuficientes para controlar este tipo de crímenes, pues dichos intentos de mitigar la problemática son abordados sin una debida profundización del conflicto y las entidades encargadas de abordar los casos proceden de manera superficial y poco rigurosa: “Muchos se detienen únicamente en el campo de los asesinatos, pero no se contextualizan con un análisis más amplio o detallado de violencia. b. Se toman períodos de tiempos y referencias de contextos distintos. c. Algunos se realizan con base en fuentes secundarias y no cuentan con mecanismos de verificación en terreno. d. No existe unidad de criterio en la definición de quién es un defensor de derechos humanos e igualmente cuentan con una metodología distinta para el levantamiento, sistematización, caracterización, análisis y exposición de datos.”2

La insuficiente labor de llegar a los territorios pugna con las delimitaciones físicas planteadas por el Estado que perpetúan una soberanía, lo que devela una división de Colombia con barreras invisibles, pero las cuales logran atravesar y configurar a los cuerpos. Lo que dejan ver estas delimitaciones espaciales es la existencia de dos Colombias: una urbana, próspera, segura y productiva, donde operan fuerzas que mantienen el orden; la otra es una Colombia rural, desprotegida, desabastecida, empobrecida y olvidada. Pareciese que los espacios construidos y legitimados por la seguridad democrática en los que se delimita Colombia con fronteras invisibles aún existen.3

Figura 1 - Fuente: Revista Semana

[1] Varios filósofos y artistas han abordado el problema de la imagen abyecta: Harun Farocki entiende la imagen violenta como una lección pedagógica para las víctimas que les recuerda su lugar social y su posible destino; Giorgio Agamben entiende la imagen como un dispositivo (o tecnología de poder) que logra subjetivizar a un individuo y modificar su autopercepción a favor de un statu quo, y Didi-Huberman cree en la imposibilidad de la imagen para retratar la realidad en toda su catástrofe. ¿Es posible usar la imagen violenta como dispositivo para representar la realidad? [2] Informe de derechos humanos sobre la situación de líderes/as y defensores de derechos humanos en los territorios. INDEPAZ. [3] Seguridad democrática: espacios seguros, espacios vigilados, espacios recuperados y espacios vulnerables. Estas configuraciones son una forma específica de organización política basada en la vulnerabilidad y la seguridad, en la que se lucha por la idea de la nación colombiana y su ciudadanía.


Figura 2 - Fuente: BBC NEWS

COLOMBIA ES LA TERCERA SOCIEDAD MÁS DESIGUAL DEL PLANETA. -PORTAFOLIO La extensión urbana de las zonas centrales en Colombia concentra no solo las riquezas, sino la asistencia del Estado. Esto, expresado en el conflicto colombiano, ha producido un distanciamiento abismal entre las periferias y el centro, que se traduce en desigualdad social y vulnerabilidad de los habitantes de la segunda Colombia. El distanciamiento entre las dos Colombias es un fenómeno que se logra evidenciar en realidades materiales, culturales, epistemológicas y en la misma producción de imágenes.

A raíz de este abandono estatal, varios ciudadanos han empezado a producir imágenes en torno a los acontecimientos violentos que sufren, en especial, sobre los líderes sociales asesinados. Pancartas, murales, ilustraciones, dibujos y todo tipo de técnicas componen este inmenso mar de imágenes que buscan una reparación y el esclarecimiento de la muerte de algún ser querido. Fundamentalmente, estas muestran la resistencia de estos sujetos para demostrar que los líderes aún hacen parte del tejido social y político del país. Una de las imágenes más impactantes y de mayor conmoción a nivel mediático fue la de la muerte de Maria del Pilar Hurtado, una líder social oriunda del departamento de Córdoba que fue asesinada al frente de su hijo.


IMAGEN #1 ASESINATO MARIA DEL PILAR HURTADO LA IMAGEN

Esta es la imagen de un video captado por un transeúnte en el departamento de Córdoba, Tierra Alta. En esta, se observa a un niño que grita y llora, que golpea la teja con puños y patadas; luego, sigue con los escombros. A su alrededor, hay varias personas que lo observan y en medio de todos ellos hay una mujer tirada en el piso. Hay escombros y basura cerca de ellos. El suelo no está pavimentado. El video está filmado en un formato vertical. El niño es negro. La mujer es negra. Figura 3 - Fuente: El Universal

LA MIRADA

El niño rompe en llanto porque su madre acaba de ser asesinada. Ella está tirada en el suelo, mientras él, desconsolado, grita y patea todo a su alrededor. El asesinato ocurre en medio de la precariedad del lugar y el abandono estatal. Las condiciones materiales de los habitantes del sector son paupérrimas. Los testigos no intervienen en la escena. Observan al niño con una especie de morbo, casi como si se hubieran acostumbrado a ese tipo de violencias.

La presencia de la violencia no parece afectar a los transeúntes y esto devela que han incorporado formas de opresión invisibles al ojo, pero que estas a su vez los tensionan constantemente. Esta opresión busca insaciablemente desactivar sus cuerpos y sus voces. Así mismo, lo que la imagen enuncia, en su necesidad creadora, es que estos sujetos no solo son víctimas de un conflicto armado, sino que su realidad material demuestra una violencia hacia sujetos empobrecidos y racializados. Es decir, la misma imagen expone dos tipos de violencia: una que atenta contra la vida (el conflicto armado) y otra que la precariza (el abandono estatal).


La imagen del cuerpo de Maria del Pilar logró diluir las fronteras entre las dos Colombias y, además, mostró las tensiones entre estas. Las imágenes del cuerpo de la mujer y el llanto del niño que rompe las murallas invisibles trastocaron los límites del aquí y el allá. La imagen mostró que los conflictos bélicos no se quedaron en los campos de concentración de Auschwitz o en la violencia ocurrida en las épocas del Frente Nacional, sino que el conflicto está ocurriendo aquí y ahora. El ideal de unidad nacional se desmintió y la Colombia soberana y próspera se derrumbó. Se desnudó la estructura de poder militar y su incapacidad de cobertura, pero no por incapacidad física de llegar a estas periferias, sino por el abandono absoluto del sujeto empobrecido y negro.

El testigo acá ya no es un cómplice material del asesinato de Maria del Pilar Hurtado. El asesino de su cuerpo logró su cometido, pero el que grabó el cuerpo y la reacción del niño perpetúa códigos que logran el reconocimiento de esos sujetos como víctimas, lo que, paradójicamente, los encadena al olvido. El ojo del lente cumple su función de generar un registro, pero el que ejerce el control sobre él está en un estado de alienación en el sentido marxista, en tanto no reconoce su estado de cómplice (invisibiliza a la víctima por el efecto de la sobreexposición); en otras palabras, termina siendo el sonderkommando4 que borra la memoria en un proceso de hipercodificación de la imagen. Los habitantes de Córdoba no solo encarnan a la víctima, también el papel de cómplice. Sin saberlo, reproducen códigos de representación que invisibilizan el hecho violento5 y que, además, lo insertan en el papel de un sonderkommando.

[4] Los Sonderkommando fueron unidades de trabajo compuestas por esclavos y prisioneros en los campos de concentración de Auschwitz, conformados mayoritariamente por judíos, a los que se les obligaba a llevar a los prisioneros a las cámaras de gas, retirar y cremar los cuerpos, entre otras tareas. Didi Huberman en su libro “Imágenes pese a todo” piensa la figura de los Sonderkommando en la maquinaria de la muerte a través de la narración de Primo Levy y dice: “Uno se queda atónito ante este refinamiento de perfidia y de odio. Tenían que ser los judíos quienes metiesen en los hornos a los judíos, , tenía que demostrarse que los judíos se prestaban a cualquier humillación, hasta la de destruirse a sí mismos”. [5] La codificación de imágenes desembocó en un término que el filósofo francés George Didi-Huberman llamaría la sobreexposición. El fenómeno de la sobreexposición en las imágenes ocurre cuando estas hablan el mismo lenguaje para narrar distintos acontecimientos que, paradójicamente, en lugar de visibilizar algo, lo oculta, pues a diferencia de su opuesto natural, la censura —o subexposición—, lo que hace la sobreexposición es generar un foco de luz tan grande —a través de los códigos— que hace imposible ver lo que contiene la imagen. Produce una ceguera blanca o, como diría Saramago, una laguna lechosa.


El hombre que mira el cadáver de Maria del Pilar y que posteriormente da la espalda al niño da como evidencia que hay una labor pedagógica6 que ha sido interiorizada, que el cuento criollo de “el que la hace la paga” tiene la misma ambigüedad que “ser colombiano es un acto de fe”. Los cordobeses han adaptado, integrado y asimilado a la otra Colombia, y no sólo eso, sino la forma en que el victimario quiere que se representen. Su voz se ha codificado bajo términos en que su estatuto de víctima sólo puede ser reconocido si se identifica y se narra bajo dichos códigos, pero por otro lado, se cae en una paradoja pues el no producir la imagen del hecho violento es igual de catastrófico que producirla. Este vídeo reinscribe en la mirada el lugar social y político al que pertenecen, en una cuasi labor pedagógica violenta y ejemplar. Ahora la mirada es pasada por un filtro en el que homogeniza la violencia, algo así como una hipermetropía, que permite ver el acontecimiento pero sólo en una parcialidad borrosa, casi como una ceguera producida por tanta luz.

[6] Harun Farocki recuerda los campos de concentración nazis en que los ejércitos aliados obligaron al pueblo alemán sobreviviente a contemplar directamente las enormes pilas de cuerpos sin vida como una especie de lección moral sobre las atrocidades que se habían cometido en su propio nombre. La víctima había sido convertida en un espectáculo educativo y pedagógico o en otras ocasiones como evidencia para determinar la culpabilidad de los victimarios (Arias Herrera, 2019).


IMAGEN #2 AMENAZA A PROFESORA DEYANIRA BALLESTAS LA IMAGEN En el audio, se escucha a un sujeto que le exige a una profesora que abandone su lugar de residencia o de lo contrario la va a asesinar. Posteriormente, se escucha al gobernador del departamento de Bolívar quien da unas declaraciones, en las que nombra las acciones del victimario como terrorismo psicológico y desconoce la existencia de grupos paramilitares en el sur del departamento. Se anuncia que la profesora abandonó la zona y que será reubicada en otro lugar del país.

Figura 4 - Fuente: W Radio

LA MIRADA El integrante de un grupo paramilitar (Autodefensas gaitanistas) amenaza a la profesora Deyanira Ballestas con asesinarla si no abandona el departamento del Bolívar, esto a causa de sus labores sociales como docente. El victimario le habla con un tono beligerante y agresivo, en el que inicialmente intenta camuflar su amenaza bajo el estatuto de “una advertencia” o “un comunicado”. Al terminar la llamada, el sujeto sin escrúpulos finiquita su amenaza al decirle: “Coge sus gran hijueputas cosas y se va de la región, ¿me entendió?”. Posteriormente, el gobernador del departamento de Bolívar, Dumek Turbay, es entrevistado por dos periodistas, que le cuestionan el hecho de que el victimario se salió con la suya al haber expulsado a la profesora. Turbay no reconoce en ningún momento la existencia de grupos paramilitares en esa zona. En esta situación, se presentan estrategias discursivas al no reconocer la existencia de paramilitares en el sector, pues esto implicaría, por un lado, un debilitamiento de la realización de soberanía unificada y, por otro lado, aceptar el estatus de beligerancia de grupos paramilitares que amenazarían el ideal de paz que se ha generado desde los acuerdos de paz del 2016. Este hecho terminó siendo un espejo de lo que el expresidente Álvaro Uribe se negaba a aceptar en su gobierno con la seguridad democrática.7

[7] El gobierno del presidente Uribe (2002-2006/2006-2010) rechazó la propuesta y continuó con su fuerte ofensiva militar. Uribe argumentó que dicho intercambio solo podría tener lugar después de que se fortaleciera la posición militar del Estado y se debilitaran las farc-ep. De lo contrario, una negociación de este tipo implicaría la aceptación del estatus de beligerancia del grupo guerrillero y la clasificación del conflicto colombiano como una guerra civil, categorías que el gobierno de Uribe no estaba dispuesto a aceptar porque amenazaban la realización de la soberanía unificada.


Estas herramientas discursivas no solo intentan cuidar una imagen de nación soberana, sino que borran otros cuerpos, la historia, el conflicto y la realidad social al reducir problemas estructurales a “líos de faldas”. 8 El ocultamiento del conflicto trivializa la problemática y revictimiza a la víctima, pues no solo está siendo eliminada físicamente por el paramilitar que la amenaza, sino que su estatuto de víctima es banalizado por el que pretende protegerla. La víctima se vuelve el foco de distintas violencias y recalca su marginalización al pertenecer a la segunda Colombia.

“DECIR QUE HAY UN GRUPO PARAMILITAR EN EL SUR DE BOLÍVAR ES MENTIR”. -GOBERNADOR DEL DEPARTAMENTO DE BOLÍVAR

Quisiera recalcar las herramientas lingüísticas y periodísticas que se usan para hablar del acontecimiento, pues con estas solo se exalta la violencia que ejercía el paramilitar sobre Deyanira, pero se invisibilizan otras violencias que sufría desde antes y que solo son reconocidas al momento en que sufre una primera violencia.

“YO LO QUE LE DECÍA AL SEÑOR GOBERNADOR Y AL SECRETARIO (DE EDUCACIÓN DE BOLÍVAR), SI ELLOS ME DIERAN UNA ESTABILIDAD LABORAL TODO MEJORARÍA, ¿SÍ? SI ME REGALARAN EL NOMBRAMIENTO EN PROPIEDAD, YO CREO QUE PARA MÍ ESO SERÍA UNA ESTABILIDAD, PORQUE NO ESTARÍA CON LA ZOZOBRA DE QUE UNO VA A TRABAJAR, PERO QUÉ TAL QUE LLEGUE UNA PERSONA DE CONCURSO, A ESO ES A LO QUE LE TENGO MIEDO” (2018)

Su precariedad material únicamente se hace evidente en el momento que se le da voz al sufrir una violencia. Es decir, la violencia primigenia (ser una mujer de sesenta años sin estabilidad económica y con incertidumbres de solventar su día a día) solo es visible cuando sufre una segunda violencia (es amenazada por un paramilitar); solo se le reconoce bajo el estatuto de víctima cuando se expresa bajo los códigos a los que estamos acostumbrados a identificarlas: miedo, zozobra, angustia. Se podría decir que hay capas de violencia, que aparecen y desaparecen, y solo son visibles hasta que se describe y se abduce la imagen.9 Es como una cebolla de distintas violencias.

[8] Esta categoría fue utilizada por el ministro de defensa Luis Carlos Villegas para referirse a la razón por la cual asesinan líderes sociales en Colombia. [9] “Para criticar la violencia, uno tiene que describirla (lo que implica que uno tiene que ser capaz de mirar). Para describirla, uno tiene que desmantelar sus artefactos, ‘describir la relación’, como lo expresa Benjamin, en la que se constituye (lo que implica que uno tiene que ser capaz de desmontar y volver a montar los estados de cosas). Y así y todo, si seguimos a Benjamin, establecer estas relaciones implica involucrarse con por lo menos tres dominios, que Farocki trata simultáneamente en cada una de las investigaciones que emprende” (Didi-Huberman, 2014).


IMAGEN #3 PANFLETO DE LAS AGUILAS NEGRAS

Figura 5 - Fuente: RCN Radio


LA IMAGEN Se trata del panfleto de una organización llamada las Águilas negras, en el que exigen toque de queda después de las 11:00 pm; de lo contrario, procederán a interceptar como objetivo militar a los que no acaten la orden. El panfleto está integrado por varias imágenes, en las que se encuentran el logo de la organización, un soldado, un fusil y dos cruces. Estos panfletos aparecieron en la localidad de Engativá. LA MIRADA

El panfleto fue puesto por un presunto grupo paramilitar llamado las Águilas negras, cuyo propósito es hacer una limpieza social de sujetos que ellos denominan como indeseables, los cuales pretenden erradicar con el fuego de un fusil. Lo anterior se deduce por el arma que ponen en el cartel. Esta imagen no fue insertada en una periferia como las anteriores dos imágenes, sino que tuvo lugar en la capital de Colombia, Bogotá, en un barrio pobre de la ciudad. Acá, las fronteras entre las dos Colombias son más difíciles de ver, pues a pesar de no estar insertadas en la dicotomía de lo rural y lo urbano, sí hay una división de clase social.

El conflicto colombiano ahora se condensa en una disputa entre definir y pertenecer a categorías ficticias de colombianidad, construidas sobre una base territorial, de clase, histórica y cultural. La imposición de dos Colombias ha servido para justificar y legitimar políticas de exclusión e incorporación para así determinar una narrativa de nación, que subjetiviza al individuo bajo definiciones a las que no pertenece y se le imponen. Se estandariza un inconsciente óptico10 en el cual las distintas capas de violencia se diluyen, lo que provoca que las fronteras de las dos Colombias se vuelven casi imperceptibles. Este inconsciente óptico no solo habla de las cosas que vemos pero que no sabemos que vemos, sino de lo que incorporamos y no sabemos que incorporamos: formas de representar la violencia, formas de representar a las víctimas y, en este caso, formas de convivir con la violencia. En esta situación el conflicto afecta cuerpos desde su reclusión y amedrentamiento. Hay cuerpos que se han desactivado no sólo por su condición de pobreza sino también por su vulnerabilidad, que sólo es vista como externa y que se invisibilizar desde su factor estructural tanto epistemológico e histórico como contextual y político. El ejercicio de observar la violencia se condensa en una especie de ritmos en la mirada, los cuales en su excesiva repetición logran incorporarse y se vuelven habituales. La violencia se vuelve un tema de buenos y malos, en los que hay muertos deseados y victorias luchadas.

[10] Walter Benjamin (2019) en su texto La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica expone lo que él denomina como inconsciente óptico para referirse “a las dimensiones que pasan desapercibidas al ojo consciente educado en la civilización de la representación” (Castro, 2013, p. 13).


Carta del Presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez Recuperar el orden y la seguridad -requisito cardinal para la vigencia real de las libertades y los derechos humanos- es preocupación central de este Gobierno. La Seguridad Democrática es lo que se requiere para garantizar la protección de los ciudadanos. Que el Estado proteja a todos por igual y sin distinción, para que todos los colombianos puedan disfrutar de sus derechos. La Seguridad Democrática tiene unos principios guías y unas políticas que están en desarrollo. En este documento presentamos la carta de navegación de lo hecho y de lo que está por hacer, para que servidores del Estado, miembros de la Fuerza Pública y ciudadanos conozcan el conjunto de nuestra política de seguridad y participen en ella.


IMAGEN #4 LÍDERES SOCIALES DENUNCIAN CON MÁSCARAS

Figura 6 - Fuente: Semana

LA IMAGEN Un grupo de personas portan máscaras blancas. Detrás de ellas, está el cuadro de un Cristo crucificado y al lado una pequeña cruz colgada en la pared. Aparecen en un portal web llamado Semana. Todos miran hacia la misma dirección y hay algunos que se salen del cuadro de la fotografía.


LA MIRADA Varios líderes sociales denuncian amenazas de muerte por parte del grupo paramilitar (AGC). En medio del desasosiego, piden protección por parte del Estado, pues se les exige abandonar su territorio y renunciar al reclamo de las tierras que el Gobierno colombiano les prometió. El grupo de líderes decide ocultar su rostro para mantener su identidad en el anonimato, de lo contrario podrían ser interceptados fácilmente y convertirse en objetivo militar de los grupos criminales. Lo que parecía una práctica habitual de visibilidad en la que el rostro mostraba la singularidad del conflicto, terminó siendo un velo blanco homogeneizante que develó ya no solo una vulnerabilidad inminente ante a violencia, sino una vulneración de la matriz de identidad de un individuo: el rostro. Borrar el rostro significó una disolución de la humanidad de los sujetos y, por ende, los excluye del tejido social del país y de su historia. Darle rostro a un otro y reconocerlo implica una restauración de su vínculo social. Al igual que Deyanira Ballestas, los líderes tuvieron que partir de la otredad colombiana y acudir a la urbe protectora en donde la soberanía y la seguridad aparentan dibujar una construcción de Estado sólido. Sin embargo, subyace una situación de flagelo, pues el desplazamiento forzado implica tener que desarraigarse de un territorio, sus pertenencias, su núcleo familiar y su tejido social y cultural. El cuento criollo del posconflicto se ahogó no en un río de sangre, sino en una laguna blancusca y lechosa. La alteridad del sujeto fue blanqueada con la insignia cromática de la paz y el átomo social logró ser reducido a una penumbra nebulosa. El exceso de blanco terminó por reducir al sujeto y su singularidad a un vestigio que

augura una orfandad.


IMAGEN #5 TEMISTOCLES MACHADO LA IMAGEN Gran mural del rostro de un hombre negro. En la parte inferior se observa una fecha, y en los costados laterales una inscripción que dicta “Temistocles Machado”. Se observa a un transeúnte ojeando el mural, que por su proporción con relación a la imagen, denota un gran tamaño. LA MIRADA El mural muestra al líder social asesinado Temistocles Machado, oriundo del Chocó. La imágen fue insertada en la capital de Bogotá en la kr7, una zona con bastante tráfico de usuarios, y la imagen denota una necesidad de resistir a la borradora de un rostro, pues este acto tiene implicaciones políticas y sociales en tanto a la preservación de la memoria.11

Figura 7 - Fuente: https://cartelurbano.com/noticias/corrupcion-el-paro-estudiantil-asesinato-lideres-sociales-hechos-de-2018-contados-en-muros

[11] El rostro opera como matriz de identificación. Le Breton (2009) afirma que los distintos componentes del cuerpo humano tienen una jerarquía implícita, pues algunos tienen un valor más alto para el individuo o la comunidad: “En nuestras sociedades, el rostro y los atributos sexuales son social y culturalmente las partes más importantes del cuerpo [...]. Son los polos del sentimiento de identidad personal” (p. 141). Así, ante las múltiples prácticas que exponen a un pueblo a desaparecer, la visibilización ampliada del rostro busca devolver una singularidad, retornar una presencia concreta. En primer lugar, el rostro acaba con el anonimato (un nombre es un dato, un rostro es una singularidad). En segundo lugar, el rostro humaniza. Como bien señalaba Lévinas (1977), el rostro trae consigo la imposición de una alteridad que nos interpela, nos encara y, en esa medida, nos hace inmediatamente responsables. Esto podría explicar que la gran mayoría de las fotografías de rostros que se usan en muchas de las manifestaciones públicas contra la violencia miren directamente a la cámara y, a través de ella, encaren al espectador. Como lo señala Le Breton (2009), la matriz de identidad individual del rostro tendría un importante papel comunitario, en tanto se establece como lugar privilegiado de la aparición de lo otro: “La singularidad del rostro evoca la del hombre, es decir, la del individuo, átomo de lo social, individuo, consciente de sí mismo, amo relativo de sus decisiones, ante todo un ‘yo’ y no un ‘nosotros’” (p. 143). “El rostro es susurro de la identidad personal, es materia de símbolo, nace en el lazo social y encarna una ética al exigir responder por los propios actos. En síntesis, al rostro se le atribuyen tres funciones: a) individualizante, b) socializante (manifiesta en un rol social), y c) comunicante (asegura la comunicación entre dos personas y en el sí mismo)” (Arias Herrera, 2019, p. 12). [Sacado del texto “La borradura del rostro: prácticas artísticas y el problema de la visibilidad de las víctimas”, Arias, Juan Carlos. 2019


La resistencia a la violencia, al conflicto y al olvido se condensan en un rostro. Su multiplicidad reproductora es reflejo de una necesidad de insertar las huellas de la violencia en la Colombia urbana, ajena a la desactivación histórica del otro.

En el cortometraje La tierra es arraigo, no dinero. Temístocles Machado se muestra al líder que narra las luchas sociales por las cuales ha tenido que pasar y se le muestra como un “héroe que resiste a la violencia”. Son este tipo de formas narrativas instrumentalizantes las que terminan ocultando y banalizando más la labor de las víctimas, pues solo se les permite hablar cuando estas se identificar con los códigos en que los medios masificados han enseñado y moldeado la mirada y la voz. La víctima que resiste a la violencia, el victimario desalmado e inhumano, la madre luchadora y proveedora de protección y alimento, el niño huérfano y hambriento. Son este tipo de narrativas que estereotipan y trivializan a las víctimas y las condenan a una sobreexposición de códigos que se han incorporado en la producción de imágenes.

Figura 8 - Fuente: https://cartelurbano.com/noticias/ corrupcion-el-paro-estudiantil-asesinato-lideres-sociales-hechos-de-2018-contados-en-muros

En el fenómeno de la sobreexposición a causa de la excesiva producción también se corren riesgos: uno es que la producción de imágenes sea excesiva y termine por invisibilizar lo que se intenta mostrar. Lo segundo es una banalización o romantización del sujeto al que se le quiere “dar la voz” o visibilizar.

Figura 9 - Fuente: https://www.goethe.de/ins/co/es/kul/ sup/mem/road-to-the-sea/lab.html


Este tipo de narrativas homogeniza la singularidad de cada sujeto como víctima y como espectador: por un lado, la víctima responde a códigos para que se le reconozca como tal y se narra a partir de los términos que se supone debe utilizar; por otro lado, el espectador ya sabe qué debe esperar y cómo reaccionar, pues la lástima y el compadecimiento son emociones que el espectador prevé sentir a la hora de entrar en contacto con la voz de una víctima. Se ha codificado la voz del que emite el mensaje y la reacción del que lo recibe. Si se rastrea el acto de mirar, se podrían sustraer estos códigos y nos podríamos dar cuenta de que funcionan como dispositivos,12 en cuanto se ejecutan por medio de discursos, arquitecturas y normas que condicionan al sujeto y lo atan a una tecnología de poder. En este caso, la mirada es el dispositivo que condiciona la percepción del individuo subjetivizado, bajo regímenes de poder que le dicen cómo identificarse y como narrarse: 1) El individuo a través de la mirada recibe formas y códigos de cómo se narra una víctima. 2) El individuo se subjetiviza. 3) El sujeto se mira como víctima y por tanto se narra como tal. 4) Un nuevo individuo repite este modo de mirar con la víctima y la narra con los códigos que se espera que se hable de esta. 5) La víctima se da cuenta de que la reconocen como tal y perpetúa formas de discursos para mostrarse como tal. Lo que habría que hacer es desarticular el ejercicio de la mirada en aras de crear condiciones de subjetivización nuevas, que permitan distintas formas de producir imágenes desarticuladas de los mecanismos de poder que, en este caso, violentan a las víctimas.

[12] Me interesa recalcar la noción que tiene el filósofo Giorgio Agamben (2015) con respecto a su definición de dispositivo: “El dispositivo mismo es la red que tendemos entre estos elementos [...]. Por dispositivo entiendo una suerte, diríamos, de formación que, en un momento dado, ha tenido por función mayoritaria responder a una urgencia. De este modo, el dispositivo tiene una función estratégica dominante [...]. He dicho que el dispositivo tendría una naturaleza esencialmente estratégica; esto supone que allí se efectúa una cierta manipulación de relaciones de fuerza, ya sea para desarrollarlas en tal o cual dirección, ya sea para bloquearlas, o para estabilizarlas, utilizarlas. Así, el dispositivo siempre está inscrito en un juego de poder, pero también ligado a un límite o a los límites del saber, que le dan nacimiento, pero, ante todo, lo condicionan. Esto es el dispositivo: estrategias de relaciones de fuerza sosteniendo tipos de saber y [son] sostenidas por ellos” (p. 250). Foucault, por su parte, llamó dispositivo a todo aquello que tiene de una manera u otra la capacidad de capturar, orientar, determinar, interceptar, modelar, controlar y asegurar los gustos, las conductas, las opiniones y los discursos de los seres vivos.


Figura 10 - Fuente: Sepc


REFERENCIAS Agamben , G. (2015) .¿Qué es un dispositivo? Anagrama. Didi-Huberman, G. (2004). Imágenes pese a todo. Grupo Planeta. Didi-Huberman, G. (2014). Pueblos expuestos, pueblos figurantes. Manantial. Arias Herrera, J. C. (2019). La borradura del rostro: prácticas artísticas y el problema de la visibilidad de las víctimas. Palabra Clave, 22(2), e2224. https://doi.org/10.5294/pacla.2019.22.2.4. Benjamin, W. (2019). La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. Ediciones Godot. González, C. y Espitia, C. (2017). XIII informe sobre presencia de grupos narcoparamilitares. Primer semestre 2017. Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz). Castro, M. (2013). Repeticiones y revisiones: el remake en la fotografía construida. Fotocinema. Revista científica de cine y fotografía, (6), 5-41. https://doi.org/10.24310/Fotocinema.2013.v0i6.5907 Le Breton, D. (2009). El rostro y lo sagrado: algunos puntos de análisis. Uni- versitas Humanística, 68, 139-153. Recuperado de: https://revistas. javeriana.edu.co/index.php/univhumanistica/article/view/2270 Lévinas, E. (1977). Totalidad e infinito. Salamanca, España: Sígueme.


GUÍA DEFINITIVA DE LA

ANTIHISTORIA (ejemplificada)

Gebrauchsanweisung Operation Instruction Mode d’emploi Istruizioni d’uso Gebruiksaanwijizing Instrucciones de uso Instruçoes de serviço

M-0019

Compañía Antihistórica


La siguiente es la guía definitiva de la antihistoria. En sus páginas, encontrará paso a paso los elementos para desarrollar un planteamiento antihistórico. En sus páginas encontrará paso a paso los elementos para desarrollar un planteamiento y una idea anti-histórica. En la página izquierda, encontrará el planteamiento general y metodológico, paso a paso, numerados del uno (1) al once (11). En la página derecha, se plantea la aplicación de este método con un caso particular a modo de ejemplo.


1.

Proponga una pregunta —absurda—1 que esté relacionada con el pasado. Una que remita a la historia y a la revisión investigativa como única forma de responderla, aunque también sea posible construir un juicio o una opinión personal sobre esta. Entre más general sea la pregunta, con mayor facilidad podrá construir un planteamiento antihistórico.

METODOLOGÍA Al referirnos a una pregunta absurda hacemos referencia a preguntas que parecen poco viables de responder, incómodas y particularmente absurdas para la Historia, al considerar su incapacidad para resolver preguntas generales y la especificidad cada vez más delimitada de su quehacer. Véase cualquier título de una tesis reciente de Historia y fíjese en su delimitación temporal, territorial y conceptual. Hacer preguntas generales hoy en día en Historia parece ser equívoco, por lo cual, para nuestro proceder, parece ser el camino a seguir. 1


¿Cuál es la obra de arte más importante en la istoria de Colombia?

EJEMPLO


2.

Ubique el debate que le interesa. Reconozca las ideas generales y preconceptos2 que corresponden a su pregunta. Un buen punto de partida es la opinión común, bien sea de conocedores más o menos letrados, que bajo su propia pretensión harán su mejor esfuerzo por dar una respuesta inteligente; a partir de una aproximación breve a las hipótesis ya planteadas al respecto, o bien a tesis ya constituidas que den respuesta a estas preguntas. La ubicación de estos puntos le permitirá reconocer qué no decir, qué contradecir y le proporcionará el panorama general de la discusión.

METODOLOGÍA

Al utilizar la categoría preconceptos, nos referimos a todas esas ideas generalizadas y preconcebidas que se plantean sobre cualquier aspecto de la realidad. Todo aquello que se considera como lógico o propio de alguna idea, aunque no corresponda con la realidad. Algunos ejemplos de preconceptos podrían ser: los artistas saben dibujar, los javerianos son gomelos, los historiadores dicen y conocen la verdad, entre otras. 2


En el debate del arte, tanto en Colombia como en el resto del mundo, se ha medido a los artistas, obras y su trascendencia según su alcance internacional y su figuración en los grandes museos del mundo. En el caso colombiano, artistas como Enrique Grau, Edgar Negret, Débora Arango, Alejandro Obregón y más recientemente nombres como Doris Salcedo, Óscar Muñoz, José Alejandro Restrepo, Miguel Ángel Rojas, por mencionar algunos, cabrían en estas categorías. En términos de una obra en particular, se podría hablar de La violencia de Obregón, Shibboleth o Sillas vacías de Salcedo, o bien, Aliento de Óscar Muñoz. Sin embargo, resulta imposible definir una única obra, al considerar además que cada una corresponde a momentos diferentes del desarrollo del arte en Colombia.

EJEMPLO


3.

Plantee una hipótesis o tesis en la que se pongan en tela de juicio los preconceptos y que se aproxime a lo absurdo. No como una contradicción directa de lo ya planteado, sino como una posibilidad o vía no vista por otros, que puede escucharse como absurda en un primer momento, pero que podrá convertirse en una tesis verdadera con un planteamiento adecuado, una argumentación sólida y un buen uso de las metodologías de la historia en la antihistoria.

METODOLOGÍA


La obra de arte —y el colectivo— más importante de Colombia es el M-19

EJEMPLO


4.

Desarrolle un primer argumento que permita sostener su tesis. En este punto, es muy importante justificar el porqué no ha sido considerado este punto y aproximarse a una explicación primaria con la cual se podrá desarrollar el resto de la argumentación. Identifique momentos generales y marcos de interpretación temporal que permitan ubicar su idea para darle sentido, esto le dará una argumentación más sólida a sus planteamientos.

METODOLOGÍA


El acontecer de las piezas, performances, acciones y obras del M-19 ha sido confundido a lo largo de la historia de Colombia con un accionar meramente armado, cuando por su propia naturaleza, origen e historia ha sido siempre un colectivo de arte, propio de los años setenta y del estallido de los movimientos de performance en el mundo. La existencia de esta colectividad artística no solo ha sido negada en la historia del arte, sino que se ha vetado la posibilidad de interpretar el carácter estético de sus acciones y sus planteamientos. Lo anterior debido a una carencia total de comprensión sobre el arte contemporáneo en Colombia y a un sesgo frente a lo que es y no es arte, aún ligado a una idea decimonónica de este.

EJEMPLO


5.

Tome el primer argumento e identifique cuáles son los temas generales que este trata. A partir de este, podrá comenzar a desarrollar el resto de las ideas, preguntas, argumentos y datos que darán sentido a su planteamiento. Haga una lista con estos temas y con ella comience a identificar posibles temas a investigar y sus derivados (este procedimiento podrá repetirse de manera que aparecerán derivados de los derivados). Parta de lo general hacia lo particular: entre más generales sean los primeros temas propuestos, mayor posibilidad tiene de reconocer posibles temas derivados que correspondan a su tesis y planteamiento.

METODOLOGÍA


EJEMPLO EJEMPLO


6.

Reconozca los conceptos claves para su planteamiento y haga relaciones posibles e imposibles entre estas ideas: entre más lejanos sean los conceptos, más compleja será la idea. Seleccione de dos a cinco conceptos y desarrolle afirmaciones que logren englobarlas. De estas saldrán preguntas derivadas, que podrán darle sentido y contenido a su planteamiento. Repita el proceso tantas veces como sea necesario, hasta encontrar líneas generales que den sentido a las relaciones de su planteamiento. Cada uno de los resultados de este podrá ser un argumento o tesis que conformará la idea general.

METODOLOGÍA


a) Por su origen burgués, el M-19 es un grupo selecto que cuenta con una educación propia de una hegemonía intelectual, inmersa en el arte, por lo cual entendía y estaba al tanto de los debates y prácticas del arte contemporáneo, tales como el performance. De tal manera, su proceder corresponde al de un colectivo político y artístico ligado a un momento histórico propio de América Latina. Así como se ubica en un contexto de transformación social, de los debates políticos y el estallido de las guerrillas y revoluciones en el continente. Por esta razón, su relación con el arte contemporáneo es innegable. b) Las estrategias utilizadas por el M-19 en sus primeros años corresponden a las lógicas de aparición de las vanguardias artísticas del siglo xx: manifiestos, declaraciones, acciones, eventos, expectativa. Su uso de la propaganda, los medios gráficos, el lenguaje, las analogías, metáforas y códigos constituyen prácticas propias del lenguaje artístico.

EJEMPLO


7. Una vez tenga algunos argumentos que den sentido a su afirmación, seleccione casos particulares. Escoja aquellos que le sean útiles para fundamentar su tesis y que den sentido a sus afirmaciones. Introdúzcase a lo particular para encontrar las dificultades de sostener sus afirmaciones, las grietas y los lugares en los cuales actuar como parásito: tratar de llenar vacíos, carencias de argumentación, debilidades argumentativas o datos no proporcionados. Usted debe conocer todos los detalles del caso particular que le interesa, para así lograr plantear otras posibilidades. Sus ideas se ubicarán en esas grietas.

METODOLOGÍA


Campaña de expectativa del M-19 en 1974

EJEMPLO


8.

No le tema a violentar la realidad. Podrá encontrarse con acontecimientos, procesos y estructuras sólidas que hagan difícil la formulación de su tesis antihistórica; sin embargo, si se logra concentrar en una característica específica del acontecimiento o el acontecer de los hechos, podrá construir nuevas formas de narrarlo, faltando a “la verdad”, la cual llamaremos deriva histórica. Busque afirmaciones e imagine caminos posibles:

METODOLOGÍA

a) Una estrategia para lograrlo es tomar el inicio y el final del acontecimiento que le interesa y cambiar únicamente la parte del medio, de modo que, para llegar de A hasta C, el punto intermedio B puede mutar o añadirse para cambiar el sentido de lo ocurrido. b) Otra manera es aprovechar las posibles coincidencias y casos similares que pueden aportar a sostener sus ideas.


I. (A) La campaña de expectativa del M-19 utiliza la publicidad y la gráfica para instaurarse en la escena pública. (B) El M-19 utiliza el grabado como estrategia de circulación masiva, lo que le abre el espacio a la metáfora en sus textos para generar expectativas en relación con sus intenciones y “antídotos” frente a problemas sociales, además de instaurar un estilo y lenguaje gráfico particular que comienza a constituir una forma propia. (C) Su aparición antecedió su irrupción en la escena pública, precedida por el robo de la espada de Bolívar. II. Además, esta obra puede considerarse como el inicio de la gráfica expandida en Colombia, puesto que la considerada primera gran obra de circulación masiva del grabado en el país es Grabados populares de Álvaro Barrios, quien plantea el problema de la autoría del grabado al poner a circular sus dibujos en el periódico. Sin embargo, esta obra aparecerá hasta octubre de 1974, diez meses después de la campaña de expectativa del M-19 en enero del mismo año.

EJEMPLO


9. Una vez tenga su caso particular y sus caminos posibles para construir y fundamentar su tesis, inicie el proceso de consolidación de sus ideas: construya B. Esto significa: otórguele sentido a su deriva histórica según su propio planteamiento y a partir de esta construya todos los elementos que logren fundamentar sus afirmaciones. En este punto, es clave pensar en datos que sostengan sus afirmaciones; el uso de gráficas, tablas, documentos y citas juegan un papel clave para construir la particularidad y credibilidad en este caso, los cuales, junto con el juego retórico, hagan plausible su argumentación.

METODOLOGÍA


La campaña de expectativa del M-19 se comporta como piezas propias del arte contemporáneo y es acorde a su época, en tanto coincide con el momento en que artistas de todo el mundo se preguntan sobre cómo escapar a las dinámicas del mercado, que poco a poco ganaban cada vez más espacios en el arte, incluso en piezas que habían sido concebidas como efímeras o fuera del mercado. Así, al igual que los grabados populares de Álvaro Barrios, la campaña de expectativa del M-19 circula y busca escapar de estas dinámicas del mercado del arte. Sin embargo, en este caso, no retoman una gráfica como la que se venía elaborando tradicionalmente en el grabado —la que Barrios utiliza—, sino que incluso se aproxima a expresiones tan vanguardistas como las de movimientos como art & language de apenas media década atrás.

EJEMPLO


10.

Una vez tenga los conceptos, argumentos, casos y datos, proceda a redactar en un lenguaje académico sus planteamientos.3 No dude en ningún momento de lo que está diciendo: en este punto, usted mismo debe creerse cualquier planteamiento en el que ha faltado a “la verdad”, pues deberá sostener hasta la más absurda de las interpretaciones e hipótesis planteadas. Recuerde que todo está en el juego retórico.4 Use bien sus planteamientos.

METODOLOGÍA Por Lenguaje académico nos referimos al tipo de escritura, argumentación, tono y estilo utilizado por el ámbito académico en general, particularmente presente en las ciencias sociales, las ciencias exáctas y en todo tipo de campo disciplinar que le dan prioridad a un estilo propio del artículo, paper, informe, y la reseña, etc, construido a partir de una auto-validación colectiva por medio de términos y palabras complejas o rebuscadas; referencias a autores, conceptos y títulos de libros, por mencionar algunas de sus estrategias. 3

Para la antihistoria, esta es una de las claves de sus planteamientos y de sus ideas. El engaño, el considerado absurdo, el juego de la verdad y la mentira se construye a partir del lenguaje, de la argumentación y la forma en la que estas se plantean. Así como ahora mismo, bajo la validación de la nota al pie, se “aclara” un concepto. 4


Cuando Álvaro Barrios en 1974 publicó en el Diario del Caribe sus Grabados populares, estos parecían una de las propuestas más interesantes a la hora de pensar en el problema de la circulación de la gráfica en Colombia, pues permitieron preguntarse cuál era el lugar del grabado, las características de su técnica y su forma de circular. Su reflexión llevaba a profundizar sobre el problema de la circulación que se remonta a Gutenberg y la invención de la imprenta. A esto habría que asociarlo entonces a las ideas de la modernidad y la circulación, producto de la Francia revolucionaria. Otro debate que pone Álvaro Barrios en cuestión es el de la autoría. El origen del proyecto se remonta a un encargo sobre la circulación de algunos de sus dibujos en una campaña publicitaria para la que dibuja, pero señala no firmar estos dibujos, pues le darían un valor adicional. La autoría es quizás uno de los debates más desarrollados en la historia del arte en el mundo: la firma, el original, la copia, la reproducción. Es allí donde se sitúa este proyecto de Barrios, que permite pensar en este problema y poner a circular de otras formas sus grabados.

EJEMPLO


Sin embargo, en Colombia ya existían dos antecedentes claros de lo que Barrios llamó Grabados populares. Por un lado, en el papel periódico ilustrado del siglo xix, en el que el uso de las técnicas del grabado puso a circular imágenes tan icónicas como el recorrido de Bolívar o el escudo nacional. Y, por otro lado,y que es lo que buscamos proponer: para el año 1974, diez meses antes de que Barrios publicara sus grabados, el M-19 entre el 10 y el 17 de enero entrega una campaña de expectativa, que no solamente opera como propaganda —inserto en la dinámica de la publicidad—, sino que, con el tiempo, acabaría por convertirse y circular, como los grabados de Álvaro Barrios, a manera de objetos de culto. Propuestos con una estética similar a la de los movimientos del arte contemporáneo como Art & Language, con colores puros, mensajes cortos y contundentes. La campaña de expectativa de aparición del M-19 no fue solamente un recurso para llegar a la mayor cantidad de gente posible, sino que a partir de su propia enunciación, en el ejercicio de circulación del mensaje, convierten el periódico y la publicidad en sus medios. Esto lo consideramos como uno de los primeros ejercicios de gráfica expandida en Colombia, o bien, como el acompañamiento gráfico del performance debut del M-19: el robo de la espada de Bolívar.


En esta pieza, el colectivo entiende que la mejor forma de posicionar y de hacer circular sus imágenes es la publicidad, la cual utiliza el lenguaje del diseño y le imprime un carácter propio, así como un estilo gráfico que desde allí se mantendría en cada uno de sus comunicados, dibujos y mensajes. Además de la construcción de un estilo gráfico particular, se puede evidenciar el uso de un medio de alta circulación, el cual, dada la reproductibilidad técnica, se convierte en un espacio de democratización tanto del mensaje como del grabado. Los anuncios del M-19 se comportan como piezas del arte contemporáneo, que coinciden con el momento en que artistas de todo el mundo se vienen preguntando sobre cómo escapar a las dinámicas del mercado que poco a poco ganaban cada vez más espacios aún en piezas que habían sido concebidas como efímeras. Así, al igual que las piezas de Álvaro Barrios, los grabados populares del M-19 circulan y tratan de escapar a la dinámica comercial. Sin embargo en este caso, no retoman una gráfica como la que se venía elaborando tradicionalmente en el grabado –a la que Barrios corresponde-, sino que incluso se aproxima a expresiones tan vanguardistas como las de movimientos como Art & Language de apenas media década atrás, así como retomando prácticas estéticas que se habrían visto a su vez en el México revolucionario de principio del siglo XX.


Resulta válido preguntarse hoy en día por quiénes conservan dichos periódicos en los que se publicó por primera vez el M-19, los cuales dan inicio a lo que llamaremos aquí La obra gráfica del M-19. ¿Podrían circular hoy en día estas piezas? ¿Qué precio les podría dar el mercado de coleccionistas, historiadores e investigadores en contraposición a los de coleccionistas de arte, una vez entiendan el antecedente de la gráfica en Colombia? O, ¿acaso el M-19 logró saltarse las dinámicas del mercado desde su inicio al poner a circular estas piezas de otras formas, piezas que acabaron por ser ignoradas como objetos artísticos para darle paso y que primara el mensaje? De cualquier modo, estas son algunas de las preguntas que comienza a suscitar la producción del M-19 y su inserción en el arte contemporáneo en Colombia.


11.

Repita el proceso desde el paso 7 tantas veces como sea necesario para darle contenido y sentido a sus afirmaciones. Poco a poco, irá reconociendo cuáles son los casos y las ideas que más necesita para lograr llegar a su conclusión. Busque darles un orden y un sentido a sus afirmaciones. Recuerde que el juego retórico y discursivo es una de las claves del planteamiento.

METODOLOGÍA


EJEMPLO


Compañía Antihistórica


ANTI HISTORIA

MANIFIESTO DE UNA


A QUIÉN INTERESE El siguiente texto es el manifiesto de la antihistoria. Una práctica poco académica, mínimamente ética, liminal, parasitaria, violenta y verborreica. En las siguientes páginas se espera dar cuenta de su proceder, su posicionamiento en el mundo, metodologías e ideas centrales.


SENTENCIA

Bogotá. ___ de _____, 20__.

Reunidos en El Concejo de Guerra Permanente n.º _______, para ver y tallar la causa ______, que por el procedimiento sumarísimo de urgencia se ha seguido con la procesada: Historia. RESULTANDO: por medio de la presente y bajo los poderes que le otorga el documento 003 y el artículo 22 de ningún documento, y por el cuál se estipulan los dictámenes y sentencias en relación a poderes, derechos y capacidades de esta compañía, se sentencia a: MUERTE por motivo de: Considerarse portadora de verdad, otorgarle libre derecho de interpretación a quien critica un documento, determinar arbitráriamente las temporalidades, estructuras, formas y conceptos, y por su permanente anacronismo e impertinencia.

Firman: Disidentes de la Historia. Compañía Antihistórica


Se declaran: como objetivos militares de esta compañía cítas académicas, artículos, revistas indexadas, metodologías de investigación, corrientes teóricas, bibliografías y —sobre todo—*, puntos de Colciencias.

*El lector, en este punto, a pesar de todo lo dicho anteriormente, debe saber que todos los elementos señalados son enemigos declarados, pero a su vez por su propia naturaleza son insumos principales de su trabajo. De tal manera que, si usted encuentra que algún antihistoriador ha utilizado uno de los elementos mencionados, este no estará incurriendo en alguna falla con la propia antihistoria, sino que, por el contrario, esto resulta ser propio de las inconsistencias de la propuesta y sus autores.


*El concepto campo debe ser entendido a partir del autor francés Pierre Bourdieu (1997), quien en su texto Razones prácticas plantea el término. En este, explica la conformación de un sector o grupo determinado con diversos agentes que hacen parte de una actividad social, en las cuales los sectores definidos ponen en juego cada una de las actividades que conforman dicho espacio, para así obtener los bienes que este campo provee. Este concepto está constituido en la teoría marxista, tiene en cuenta la conformación de la lucha de clases y considera sus divisiones estructurales. A partir de estas y de los distintos agentes que lo conforman, así como de las actividades propias que corresponden a cada uno de los elementos del campo, se responde a las reglas y los principios con los que estos se configuran y se analizan, así como sus lógicas y particularidades.


La antihistoria se declara a sí misma como un nuevo campo.*


Entiende su propia existencia y se autodefine a partir de lo otro, todo lo que no es y todo a lo que se opone. No tiene ninguna convicción propia, sino que contradice cualquier convicción de lo otro. Es por esto que esta supeditada completamente a la misma historia y solo en tanto esta muera la antihistoria también morirá, pues depende, subsiste y se alimenta de aquella.


LA ANTIHISTORIA ES UNA , PRACTICA PARASITARIA.


ment

dad La antihistoria reconoce la dicotomía entre verdad y mentira, y busca darles un nuevo sentido a estos conceptos. Los invierte, los revierte, los amplía, los superpone y los confunde.


ntira

ver *Fotografía del trasescena de la Guerra de los Mundos. Mito fundacional de la antihistoria.


El discurso

es u na de l a s estr ategias pr in cipales de la antihis toria, la cual l e pe rmi t e, a par tir de for m as com plejas, fras es elaboradas , re t óri c a s b i e n con for m adas y abusan do del propio lenguaje, a prove c h a rse de

la ingenuidad

de todo aquel que confíe ciegamente en una historia bien contada, en una cita bien hecha, en una bibliografía abultada, un documento, una cifra, una imagen, una afirmación o cualquier otra mentira, que no parezca una mentira. En especial, cuando esta es dicha con la seguridad con la que se expresan los antihistoriadores, con sus palabras rimbombantes y conceptos rebuscados. Así, buscarán llevar la realidad hasta su máximo

absurdo,

el cuál será la fuente principal de la que beberán los antihistoriadores. Al darle un nuevo lugar, al replantear sus posibilidades, al confundir al lector y a sí mismo, a tal punto que el absurdo sea lo único que tenga sentido.


La antihistoria, utiliza el

ARCHI


HIVO, al igual que la Historia


La antihistoria reconoce los métodos históricos e historiográficos, y los usa “mal”. Los usa a su favor. El método historiográfico no es únicamente una metodología de investigación —propia de un campo—, sino una estrategia, una herramienta para adentrarse en el pasado. Útil para mentir, hacer ficción, derivar y reinventar. Adentrarse en el pasado no es decir la verdad; por el contrario, es mentir, imaginar e inventar. La antihistoria reconoce el método histórico porque, a su vez, este es antihistórico. La historiografía es, a su vez, antihistoria. La historiografía es, a su vez, antihistoria


La antihistoria es una práctica


ética política artística


La Compañía Antihistórica invita a sus lectores a ser parte de ella. No sin antes aclarar que no existe ningún correo, dirección o lugar al cual enviar estos formularios de inscripción. Se hace hincapié en que la práctica antihistórica es un ejercicio autónomo y cotidiano.

Referencias: Bourdieu, P. (1997). Razones prácticas: sobre la teoría de la acción. Anagrama.


Compañía Antihistórica. Ningún derecho reservado. Copy left


AUTOPARODIA Juliana Hernández Rocha


Este texto está planteado como la personificación de un escritor que, a pesar de vivir en el siglo XXI, pretende valorar técnicas clásicas y/o análogas de la escritura y el arte que, según él, para los demás, son cosa del pasado.


A mi apreciado lector: El día de ayer, intenté colgarme en la mitad de mi habitación.

Figura 1. EL AHORCADO Grabado en punta seca sobre papel carbón por JHR.


Digo intenté porque he sentido que, desde hace un tiempo, me he vuelto un caníbal. Y no creo que eso sea demencia o que exista algún diagnóstico. Tampoco creo que sea una maldición de alguien hacia mí, ¿o será que usted desea que así fuera? En fin. Entre malabares y nudos, Max, el maldito perro que me regaló mi madre, me estuvo mirando durante todo el acto con ojos de hambre. Y así jamás encuentre la expresión más graciosa para describir tal situación, hace mucho que mi vida ya se había convertido en un chiste de mal gusto.


Figura 2. EL MIRADOR Grabado en punta seca sobre papel carbón por JHR.


Todo comenzó hace un mes. Un día antes de la tempestad de mi último libro. Aquella mañana, me encontraba frente al computador, muy entusiasmado de revisar la cartelera del único cinema independiente de la ciudad que, para mi sorpresa, pronto exhibiría una película en apariencia clásica, pero que jamás había escuchado nombrar: Autoparodia , de un director anónimo brasileño. Esa fue apenas la primera pérdida de lo que ahora llamo

la mala racha.


Figura 3. LA PELÍCULA Grabado en punta seca sobre papel carbón por JHR. Sinopsis: "... Un escritor que vive peligrosamente entre una rubia, una morena y una mujer oscura, su _______amante.” _______ amante.”

Pintaba bien, lo suficiente como para haber comprado un boleto anticipado.


Críticas importantes: “Que alguien le diga al que escribió esto que se le olvidó cambiar todas las estéticas por cosméticas y su nombre por idiota”. “Sobre esto, ni una palabra. Rescato la ilustración. Y eso es mucho decir”. “Estoy bostezando y no es porque tenga hambre”. “La cara empobrecida de la literatura vacía de la ______ época”.


He aquí mi mala racha. Donde pierdo todo. Cada crítica, cada reseña. Me siento muy decepcionado de usted. Y, por cierto, solo estaba siendo sarcástico con lo del perro. No tengo un perro. Ni algún mejor invento. Esta tempestad dejó de ser de Shakespeare hace varias letras atrás.


Aún recuerdo ese último día. El último en el que fui un escritor realmente feliz. El día siguiente a ese. Bueno. Ese quiero que usted lo entienda muy bien. Eran las 8 o las 11 de la mañana, cuando un lector cualquiera decidió salir de su casa. Tal vez, fue a comprar pan o a recoger el periódico. De pronto, iba en un bus camino a su trabajo o solo estaba tocando el timbre de la casa de un vecino. En cualquier caso, se apoyó en una reja, se agarró de un tubo, pasó la mano por una pared y encontró el timbre. Ahí estaba yo. Mi humanidad y yo, quiero decir. He tomado una decisión, ahora que soy un caníbal. Y ya que, por su culpa, no puedo ser más un escritor. Quiero, entonces, ser un actor. Y, como actor, me importa una mierda lo que usted piense.


Figura 4. EL DUELO Grabado en punta seca sobre papel carbón por JHR.

Hay que tener criterio para comer gente, estimado _______lector. _______ lector. Y por eso lo he escogido a usted. Porque mi brutalidad tiene criterio. Le pido perdón por no haber entendido antes que mi apetito era corriente. Que me atraganté su inspiración y fui un animal. “¿Y de qué me servía si usted estaba ya tan ausente? Tan frío/a, tan mordido/a. Tan roto/a, tan partido/a.”


Ayer fue importante por una razón en particular. El día de ayer, intenté colgarme en la mitad de mi habitación.


Tras varios intentos, ese fue el primer performance real de mi nueva vida como actor. El día del estreno de la película que había estado esperando, un mes antes de la tragedia. El mismo día que falté a esa película, por cierto. Y entre tanta distracción, entendí entonces cuál es ahora mi verdadera misión.


Es aquí cuando empieza esta historia. La verdadera. Esta que con mucho esfuerzo le dedico a usted. La dramaturgia de un caníbal hambriento. Una y dos tempestades.


Figura 5. UNA Y DOS TEMPESTADES Grabado en punta seca sobre papel carbón por JHR.


UNA Y DOS TEMPESTADES Personajes: Verdugo (usted). Monstruo (yo). Hombre y mujer con máscaras negras. Hombre y mujer con máscaras blancas. Hombres y mujeres con máscaras de insectos.

Entran negros y blancos. En la escena, hay un hombre con una cabeza de pájaro, una túnica negra y una soga en el cuello, y otro con un hacha en las manos y una tela negra, con dos agujeros en sus ojos.


ACTO I

Todos se reúnen alrededor de una horca. Verdugo: ¡Yo voy a tener la última palabra! A menos de que le pertenezca a la nada. Hombre negro: ¡Uy! ¡El monstruo habla! ¿Es esto un milagro de Dios o de la ciencia? Hombre blanco: ¡Es sin duda un milagro de la ciencia, idiota! (a negro ) ¿Cómo se atreve a dudar en voz alta? ¡Somos nosotros los ilustrados! Verdugo: ¡Cállense, supuesta “voz del pueblo”!, ¡lo único que hacen es alegar como bestias! Hombre blanco: (a verdugo ) Y, ¿qué es usted acaso? ¡Un verdugo! ¿Qué diferencia existe entre las bestias y los hombres sin rostro? Verdugo: (a blanco ) ¿Diferencia? ¡Yo tengo voz! ¡Debajo de ese pico, solo yace un desvergonzado con más jeta de colgado que de ahogado! (a monstruo ) ¡Esta es su última oportunidad de demostrarnos que es un hombre!

Tras unos minutos de silencio, el monstruo no emitió ningún sonido y todos comenzaron a alegar de nuevo. Verdugo: He aquí un hombre desafortunado que, al no tener voz, no puede ser más que un horrible monstruo, ¡y el final de los monstruos no es otro que la muerte!


Mujer blanca: (a verdugo ) ¡Usted es un demente! Los monstruos nos han acechado por siglos y nunca, ¡nunca!, la muerte ha sido la mejor solución. Verdugo: (a blanca ) ¿Duda usted de mi autoridad? ¡Soy yo quien tiene esta hacha en las manos! ¡Soy yo quien decide el destino de este hombre! Hombre negro: (a verdugo ) Acabó de insinuar que este ser es un hombre, ¡¿cómo se atreve a matarlo como a una bestia?! Verdugo: (a negro ) ¡Puede evitar su muerte si tiene la cordura y la audacia que cada hombre necesita para proclamar y defenderse a sí mismo! Hombre negro: (a verdugo ) ¿Y cuál sería entonces para usted un destino digno? Ahora no solo insinúa que es un hombre, ¡sino que además carece de lenguaje! ¡¿Es por eso que lo condena?! Verdugo: Todos los seres racionales nos escapamos hace mucho de las bestias. Este hombre, ¡o demuestra que no es un pájaro falso o no podrá escapar de este destino! ¡Se convertirá en autor de su propia muerte! Mujer negra: (a verdugo ) ¡El destino no es la muerte! ¡Es la libertad! ¡Mire su rostro! Este ser no es un humano, ¡es un ave! Hombre blanco: ¡Ja! Si ese monstruo es un ave, entonces usted y los suyos deberían cerrar el pico.


Mujer negra: (a blancos ) ¡Quiénes son ahora las bestias! Miren, ¡es un animal! Sí, en forma humana. No lo entienden. No pueden entender el lenguaje más importante de todos: ¡el de la naturaleza! Mujer blanca: (a negra ) ¿El “lenguaje de la naturaleza”? ¿Usted cree que existe algo así para las bestias? Si este monstruo es un “pájaro”, ¿por qué no ha emitido un canto de angustia por tener puesta esa cuerda que presiona su garganta? O, ¿por qué no aletea e intenta salir volando del verdugo? (a verdugo ) ¡El destino digno de los monstruos no es la muerte, es el destierro! Verdugo: (a sí mismo ) Cómo se atreven todos a dudar de mi autoridad. ¿Qué es el poder si no puedo domar mi propia inquietud? ¡La fuente de todas estas discusiones nace de este maldito monstruo, que no tiene de hombre el coraje o el temor de gritar ante la muerte, ni alas como las aves que las pueden salvar de trágicos destinos!

Tras un corto silencio, el verdugo, que suda y mira hacia el piso, habló de nuevo. (A todos ) ¡Este monstruo es un impostor! ¡Es un actor, un artista! Y en su silencio desvergonzado, he decidido condenarlo a un destino peor que este (a blancos ) Sí, concuerdo con ustedes en que el destierro es una mejor opción para las bestias (a negro ) Sé con certeza que el lugar a donde lo voy


a desterrar es desde donde mi llegada ¡Ustedes han comido de mi mano como pollitos! ¡Destiérrenlo al mundo de los animales con aguijones llenos de veneno!

El escenario se apaga, el verdugo sale de la escena, el monstruo se sienta en el centro del escenario. Negros y blancos se quitan sus máscaras, se ponen otras con formas de insectos con aguijones, escorpiones y arañas, y se sientan alrededor del monstruo. ACTO II Escena I

El monstruo, hombre o pájaro es enviado a una isla llamada Caribe. Insectos, escorpiones y arañas se reúnen alrededor. Insecto I: ¡Es muy tarde! ¡Quiero descansar! ¿Quién trajo a este animal? Insecto II: No me mires, no fui yo. Jummm, no parece una luciérnaga. Pero si es un animal nocturno, tampoco podría ser un cuervo o un águila. Estoy confundido. Monstruo: Para el hombre, el infierno está vacío y todos los demonios estamos acá. Araña: (a insectos ) ¡Ja! Habla y suena tan inteligente como nosotras, así se parezca más a uno de los suyos.


Insecto I: (a araña ) ¡Gracias a la naturaleza no es parecido a ninguna de ustedes! (a monstruo ) Ey, ¿quiénes son los demonios? Monstruo: (a insecto I ) Seres nocturnos que temen a la luz. Insecto II: (a insecto I y araña ) ¡Ay! ¡Les dije que era un ser de la noche! (a monstruo) ¿De qué especie eres? Monstruo: Soy el producto de la necesidad del hombre por clasificarlo todo para así poder dominarlo. Para unos, soy símbolo de libertad y, para otros, un experimento científico. Estaba en la horca. No decidieron matarme, sino desterrarme aquí con ustedes, pero tampoco soy un insecto o arácnido. No pertenezco a ninguna especie. Araña: (a monstruo ) Pero debe tener una especie, no somos idiotas. Usted se parece a alguna de las aves que abundan por aquí. ¿Por qué tiene un pico, entonces? Insecto I: (a monstruo ) Sí. ¿Y qué es “la horca”? Monstruo: (a insecto I ) La horca sería para ustedes una telaraña (a araña ) Y las aves han sido una metáfora de libertad para muchos hombres y mujeres. Repito: no soy un animal, no pertenezco a ninguna especie. Escorpión: No lo escuchen. Para mí que este es un hombre disfrazado de animal. Lo que entre ellos llamarían un mentiroso.


Insecto I: (a escorpión ) ¡Ja!, pero si todos los hombres son unos mentirosos. Escorpión: (a insecto I ) Sí. Pero este en particular es peor que el resto. Al menos, un mentiroso cualquiera tiene cara de hombre. Esta cabeza con pico en cambio es horripilante, hasta para ser un ave. Monstruo: (a escorpión ) No soy tampoco un hombre, no puedo hablar con ninguno de ellos. Araña: (a monstruo ) A ver, no confunda más. Si no es como nosotras ni como ellos y dice que no puede hablar con los humanos, ¿por qué nos entiende? Monstruo: (a araña ) Porque es un lenguaje distinto. Un día, un hombre dijo que no era animal y que a su vez el animal estaba más cerca de la naturaleza. Escorpión: (a monstruo ) Pero usted tampoco es un animal. No es nada. Lo voy a llamar X, un “hombre sin nombre”. Insecto II: Oigan, ¿pero al fin es un mentiroso? Creo que dice la verdad. Lo estamos escuchando, ¿no? Escorpión: (a insecto II ) Jummm. ¡No, me niego a pensar eso! ¡Miren su abrigo! Seguramente, está hecho de alguna piel de un pobre mamífero. ¡Y con las historias con las que sale! Debe ser algo como una especie de “escritor”. Eso para los humanos es como quien dice muchas mentiras juntas en una.


Los insectos y la araña miraron al monstruo como acusándolo. El monstruo guardó silencio. Insecto I: Bueno. Pues ya que el “escritor” o el X está aquí y todos estamos reunidos, ¡propongo un juego! Araña: ¡Uh! ¡Amo los juegos! Nosotras siempre ganamos. Insecto I: (a araña ) No, esta vez no será entre nosotros. Le propongo al X que juegue contra mí. Ustedes serán nuestros testigos. Escorpión: (a insecto I ) Yo quiero ver esto. ¿Qué ganamos si él pierde? Insecto I: (a escorpión ) Mmmm, ¡ja! ¡El X se quitará el disfraz y nos revelará si es un hombre o un animal! Araña: (a insecto I ) Pero, ¿qué gana él si nosotros perdemos? Si es un ave, no son para nada de mi agrado, siempre nos roban los mejores insectos. Y, si es un hombre, ¡peor! Los hombres nos matan siempre que nos ven. Insecto II: (a araña ) ¡Jajajaja! Es cierto, no sabría si salir volando o quedarme mirándolo. Escorpión: Lo pongo así: si él gana, no lo pico.

Tras un minuto de silencio, los insectos y la araña miraron al monstruo y esperaron a que tomara su decisión. Monstruo: (a escorpión ) Acepto.


Escena II

Se reúnen tanto monstruo como insectos, araña y escorpión alrededor de una piedra con un agujero profundo en el centro. Encima de ella, hay otras piedras pequeñas metidas en una más grande que está hueca. Insecto I: (a monstruo ) Yo comienzo.

El insecto agarró la piedra hueca, revolvió las pequeñas que se encontraban dentro de ella y de un tirón golpeó la piedra contra la mesa y la levantó. Se podía ver una torre de las piedras pequeñas que hacía equilibrio. Los testigos, exceptuando al monstruo, se sorprendieron. Insecto I: (a monstruo ) Olvidé mencionar que para continuar cada uno debe apostar algo. Monstruo: (a insecto I ) ¿Algo de qué tipo? Insecto I: (a monstruo ) No sé. Lo que sea que le pertenezca.

El insecto sacó de su cabeza un sólido amorfo que contenía un fuerte sonido agudo y constante, parecido al de una cigarra, y lo tiró en el hueco de la mesa de piedra. Cayó el sólido en aquel hueco. Tras un corto silencio, el insecto I miró al monstruo. Insecto I: (a monstruo ) Listo. Su turno.

El monstruo realizó el mismo acto con las piedras que el insecto, pero, al levantar la hueca, las pequeñas se regaron sobre la mesa. Los testigos se sorprendieron y luego en


silencio se quedaron mirando al monstruo. El monstruo metió su brazo entre las grandes telas negras de su túnica y sacó otro sólido amorfo, pero este contenía muchas voces que susurraban cosas que ninguno de los presentes entendía. Lo tiró al hueco y todos se miraron entre sí en un corto silencio. De repente, una parte del pico del monstruo se quebró y creó una grieta sutil. Insecto I: (a monstruo ) ¡Ja!, he ganado esta ronda y la naturaleza ha cobrado parte del premio.

El monstruo muy tranquilo recogió las piedras pequeñas y volvió a sacudir la hueca en un segundo intento. De nuevo, las piedras no pudieron mantenerse en equilibrio y se cayeron sobre la mesa. El monstruo sacó otro sólido entre sus telas negras y lo arrojó al agujero de la mesa. Insecto I: ¡Vaya!, aún no he jugado y ya sé que usted ha perdido.

En cada ronda, el pico del monstruo se fue quebrando poco a poco, hasta que toda su máscara quedó completamente rota. Sin embargo, esta aún no se caía de su cabeza. Se encontraban, tras la décima ronda, el insecto I y el monstruo solos. Y en la intimidad de su encuentro el insecto I, desesperado por los fallidos intentos del monstruo por hacer una torre de piedras en equilibrio, paró el juego, se acercó a él y de un arrebato le quitó la máscara que se cayó en miles de pedazos, los cuales la tierra se comía lentamente. Debajo de la máscara del monstruo había una exactamente igual, pero con un pico todavía más fuerte que el anterior.


Monstruo: (a insecto I ) Ya entiende. Le dije que no soy un hombre y que tampoco pertenezco a alguna especie animal. Soy producto de las necesidades humanas por clasificarlo todo para poder dominar al mundo y su imagen. Y ahora soy también producto de la necesidad animal por sobrevivir. Soy el lenguaje y esta es mi obra.

Tras un corto silencio, el insecto asustado retrocedió lentamente y, una vez estaba lo suficientemente lejos del monstruo, emprendió un vuelo veloz para dejar a aquel ser, hombre, pájaro o monstruo, solo con la naturaleza.


Figura 5. EL CEMENTERIO Grabado en punta seca sobre papel carbón por JHR.


Esta publicación corresponde a una serie de múltiples copias encontradas en la entrada del único teatro de cine independiente de la ciudad, dos días después del estreno inédito de Autoparodia, adaptación del best seller del mismo nombre, publicado un mes antes por un escritor anónimo.


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agua

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Mi primera palabra fue agua. El agua es un líquido transparente, incoloro, inodoro e insípido y ninguno de nuestros sentidos lo percibe tanto como el tacto. Es el líquido más abundante en la superficie terrestre y también se encuentra en la mayoría de los organismos vivos. La orina humana está compuesta en un 95 % por agua; sin embargo, no es inodora, incolora o insípida. Un humano promedio expulsa 1.4 litros de orina a diario. Los riñones son los encargados de producirla, pero es en la vejiga en donde se almacena, a la espera de ser expulsada del cuerpo. Las piscinas son también contenedores de aguas que esperan a ser expulsadas. La doctora leyó los resultados del examen: tenía cáncer de vejiga. Desde enero me sentía mal, pero me rehusaba a ir al médico. Ahora ese era el resultado: tenía cáncer a causa de todos los años que llevaba fumando y pintando. La verdad nunca me importó mucho: la gente muere, pero siempre es ajeno; además, uno no piensa que se va a morir. Volví a la casa sin decirle nada a nadie y seguí mi vida. Vivía en una casa grande, en donde antes habían vivido mis hijas. Mi cuarto favorito era uno que siempre estaba vacío: tenía una ventana cuadrada desde donde entraba una luz naranja a las seis de la tarde. Siempre sentí que la casa era muy grande para nosotras, pues hacía mucho frío en casi todas las habitaciones. Mi esposa y yo tuvimos tres hijas que nacieron en un pueblo apartado de la ciudad. Nos mudamos acá cuando la menor tenía cinco años. Los sábados nos encontrábamos para almorzar las quince mujeres que ahora conformaban las varias generaciones de nuestra familia. El sábado siguiente, cuando vinieron de visita, mi hija menor, la única que no había tenido hijas, nos contó que estaba embarazada. Mi esperanza de ver nacer a la que sería mi última nieta se desvaneció cuando la enfermedad se apoderó de mi vida.


Cada vez era más difícil orinar. Al principio, era solo el esfuerzo de hacerlo: me sentaba en el inodoro, pero nada ocurría; había un corto entre mi pensamiento y el funcionamiento de mi vejiga. Imaginaba mi cerebro esforzándose para mandar la orden, la cual se estrellaba con una pared que la enfermedad había construido en mi interior. Después de unos minutos, la enfermedad cedía y permitía que la orina se liberara en el inodoroz. No lo hacía fácil, me recordaba cada segundo que estaba ahí al producir unas pulsaciones que generaban dolor. Al terminar de orinar, miraba hacia abajo y me daba cuenta que el color amarillo limpio, transparente, de siempre ya no existía: era ahora de un tono carmesí. El cáncer retiene lo que más puede hasta que la orina se desborda. Cuando menos lo esperaba, mi vejiga fallaba de nuevo, lo que hacía que me orinara en medio de la cama. Sucia, oliendo asqueroso, me sentía aliviada de que al menos podía orinar, de que mi vejiga y mi cerebro ya no se tenían que esforzar durante diez minutos para liberar ese líquido. Después de un tiempo, al ir a orinar tenía que pensar en otra cosa: la frustración que generaba la desconexión de mis órganos me hacía más difícil lograrlo. Recolecté miles de tarjetas en las que escribía cosas aleatorias que me interesaban para así distraerme y ayudarme a orinar. En promedio, una persona normal orina de seis a siete veces al día, pero yo orinaba unas quince. Algunas tarjetas funcionaban mejor que otras y después de un mes logré hacer un archivo con aquellas que sí me ayudaban. Leía una y otra vez cómo habían muerto mujeres famosas. #33 En el verano de 1985, murió Ana Mendieta. Ana y su pareja, estaban peleando en un apartamento ubicado en el piso treinta y tres de un edificio en Nueva York. El portero del edificio declaró haberla escuchado gritar varias veces “¡no, no, no!”, antes de que su cuerpo cayera por la ventana hacia un local comercial, ubicado unos pisos más


abajo. Su esposo Carl André llamó entonces a emergencias y dijo de manera muy serena: “mi esposa es artista y yo soy artista, y tuvimos una pelea sobre el hecho de que yo estaba, eh… más expuesto al público que ella. Y ella se fue al dormitorio y yo fui tras ella. Entonces, ella saltó por la ventana”. Al llegar la policía, todo el dormitorio estaba revuelto y el hombre estaba cubierto de arañazos en la nariz y los brazos. Fue acusado de asesinato en segundo grado y sometido a un juicio que duró tres años. Solicitó que su caso fuera deliberado por un juez y no por un jurado popular, debido a que “quería evitar tratar con un jurado de mujeres que podrían quizá ser influidas por el supuesto asunto feminista”. El veredicto determinó que no era culpable bajo el supuesto de que todavía había duda sobre lo ocurrido. El mundo del arte estuvo del lado de André; incluso, un grupo de artistas famosos (en el que se encontraba Frank Stella) pagaron la fianza para liberar de la cárcel a este hombre. Nació y yo seguí viviendo, de hecho, mucho más de lo que creí. Mi nieta, quien me conoció postrada en una cama, ideó formas creativas para divertirme. A sus cinco años, encontró una organeta marca Yamaha con la que jugaba por horas a mi lado. Se sentaba, prendía la música automática y hacía cambios en los sonidos de las teclas. Sus sonidos favoritos eran los ladridos de perro, los sonidos espaciales y las trompetas. Cuando estos sonidos empezaban, la enfermedad se callaba. Las vibraciones de la música, como en el agua, producían ondas que ayudaban con la calma y el reposo de los fluidos. Eventualmente, se cansó del instrumento y decidió que quería jugar con una pelota. No era capaz de decirle que no, pero me dolía hasta el último músculo jugar con ella. La fatiga era lo peor de todo y sentía una debilidad constante al hacer hasta las tareas más básicas. Abrir mis ojos: fatiga. Respirar: fatiga. Comer: fatiga. Dormir: fatiga. Orinar: fatiga. Me preguntaba si la enfermedad


era la que me causaba esto. Ya habían pasado seis años desde su inicio. Cada día me decían que el cáncer era más pequeño, pero yo me sentía peor. Las enfermedades tienen la capacidad de transformarse. Mi teoría es que siempre es una misma, que cambia para atacar según una debilidad. Sé que la ciencia dice que no es así y muchos han estudiado esto por años, pero en mí la enfermedad era una. Después de todo este tiempo y a pesar de que me decían que mi cáncer no se podía curar, desapareció. Desapareció solamente porque encontró una nueva forma, una más potente que se alojó en mis pulmones. Un día de agosto, decidí volver a la piscina. Esta vez no quise entrar en el agua. Me quedé con mis pies por fuera y contemplé el movimiento del agua con el viento. Era una piscina pequeña: por mucho tenía unos diez metros de largo. Recordaba que, desde su interior, el agua parecía no tener un fin: las baldosas azules se confundían con el agua, que nunca estaba lo suficientemente limpia como para ser transparente. Convertí en costumbre visitar esta piscina a la que nunca entraba. La enfermedad se molestaba si decidía tocar el agua. Desde que Bogotá se volvió fría, nadie quiso volver a nadar; la piscina era entonces un lugar silencioso y vacío donde podía pensar. Ese día particular parecía que iba a llover, no porque el cielo estuviera gris, sino porque se escuchaba ese sonido particular de la lluvia. Era un sonido que se encontraba entre el de un mueble estancado, el gruñido de una barriga, el de una bandera izada contra el viento o el de un vidrio que aún no se ha roto, pero que se está golpeando. Estaba bastante segura de que esa nube gris llena de agua estaba en algún lado. Por esa razón, había pensado en que no quería ir a la piscina. A la enfermedad ciertamente no le gustaba la lluvia y lo único que puedo concluir es que aquella no podía más que sentir rabia por esta: por su forma de caer tan libre, con el deseo de pararla y evitar que se derramara una gota más. Terminé yendo ese día. Al


principio, todo parecía rutinario. Sin embargo, ese día mis pensamientos divagaban entre lluvia y muerte. #34 Francesca Woodman se suicidó el 19 de enero de 1981. Solo cuatro años antes que Ana Mendieta. También cayó por la ventana de un edificio en Nueva York. Dicen que sufría de depresión y ansiedad; que la falta de empleo y una ruptura amorosa fueron las causas de su decisión. Antes de terminar con su vida, escribió una carta: “mi vida en este punto es como sedimento muy viejo en una taza de café y preferiría morir joven, dejando varias realizaciones... en vez de ir borrando atropelladamente todas estas cosas delicadas”. Tenía sólo veintitrés años. Eventualmente, me di cuenta de que estaba orinando: esa sensación tan liberadora y gratificante no me podía hacer sentir vergüenza. Mi orina desaparecía en la inmensidad del agua. Más tarde, llegó una mujer. Me llamó la atención inmediatamente porque era joven, rubia, alta y tenía un vestido de baño color azul. Nunca había visto a esa mujer, pero ciertamente era muy extraña. Pensaba en si alguna vez habíamos estado en el mismo lugar. Su rostro estaba relajado y su cuerpo rígido, movía las manos con movimientos muy pequeños de forma nerviosa, como si estuviera ansiosa por algo. Nos quedamos mirándonos fijamente por unos segundos, hasta que ella decidió caminar al borde de la piscina. Como yo, tampoco tocaba el agua: solo se sostenía inmóvil en el límite entre la baldosa y la piscina. En realidad, no estábamos muy lejos y los diez metros que nos separaban me permitían detallarla. Tenía una pequeña uña que salía de su dedo gordo. Una uña adicional: era triangular y salía en el espacio que normalmente hay entre uña y carne. Volvimos a sostener contacto visual por al menos diez minutos. Sentía que ella quería algo de mí, pero no sabía qué era. No quería quitar la mirada porque algo me decía que no debía hacerlo, pero cada vez se hacía más difícil hacerlo.


Parpadeé y ya no estaba. Al principio, me costó volverla a encontrar. Por alguna razón, la superficie del agua no se movía, el líquido permanecía intacto, transparente, sin turbación; cómo deseaba que mi orina volviera a ser así. Había escuchado el sonido del agua que salpicaba muy brevemente y de nuevo el silencio. Sabía que su cuerpo había roto la superficie, pero por algún motivo no la veía. Estaba fatigada, por lo que no me quería parar a buscarla. Seguro había ido al baño mientras yo me perdía en mis pensamientos. Volvíamos a ser solo la piscina y yo. Al mirar hacia abajo, vi su cuerpo en el interior. Estaba ahora bajo el extremo más cercano a mí. Parecía que no le costaba mantenerse en el fondo. Veía cómo las burbujas lentamente emergían hacia la superficie. Había una capa fina, probablemente de suciedad, que no permitía que el aire del agua saliera. Seguía sin llover. La luz iluminaba el lado opuesto de donde ella estaba, por lo que era difícil detallar su rostro. Sentía envidia al pensar que esta mujer podía disfrutar de la inmensidad del agua; un poco como la enfermedad envidiaba la lluvia. Decidí relajarme un rato: cerré mis ojos y empecé a imaginar escenas de agua que aparecían y desaparecían con rapidez. Veía la llave de la cocina abierta, la ducha que había tomado esta mañana, los vasos de agua que había bebido la noche anterior, la lluvia que caía todos los días a las seis de la mañana, los tanques del acueducto, el mar Caribe, el océano Pacífico, el río Magdalena, la pecera pequeña de la sala de mi nieta, el agua que bajaba al interior de mi cuerpo, la regadera de las plantas, un pozo en medio de una finca, las baldosas inundadas de la calle, la represa del Sisga, el salto del Tequendama, el balde para limpiar la casa, el tazón de agua del perro, el tanque de la casa, la pileta en la que se lava la ropa y la piscina. Me di cuenta que esta mujer llevaba al menos veinte minutos adentro. Abrí mis ojos, pero me di cuenta de que no podía ver. Tenía una sensación intensa de ardor. Aparecían manchas inmensas: un color azul con distintas transparencias,


el cual me llevaba de nuevo a mis pensamientos sobre el agua. Empecé a desesperarme: luchaba entre los pensamientos del agua y mis ganas de abrir los ojos. Solo veía borroso. Nunca había pensado en la forma que podía tener mi enfermedad; sus efectos en mí eran claros y luego de siete años juntas empezaba a descubrir al menos de qué color era. Estaba segura de que era ella quien no me permitía ver, que se estaba transformando y que llegaba a mis pensamientos, lo que causaba que mi mente divagara en el agua. Poco a poco, mis ojos se ajustaban a lo que veía: era ahora una superficie inmensa del mismo color del vestido de baño de esta mujer. Estábamos en el mismo lugar: podía escuchar cómo aguantaba su respiración y también a las pequeñas burbujas que escapaban de su boca. Aunque podía escucharla, no la podía encontrar; sabía que me había quedado ciega, pero no de ceguera negra sino azul. No me importaba porque al fin y al cabo iba a morir pronto, postrada en una cama, y ese color me gustaba. Me di cuenta de que todo estaba increíblemente silencioso. Dejé de buscarla y empecé a disfrutar de aquel color que ahora, en vez de producir pánico, me daba paz.


Una semana antes, le había pedido a Dios que, por favor, se muriera. Estaba cansada de jugar todos los sábados con la misma organeta. Las reuniones familiares siempre acontecían alrededor de su cama y todo era acerca de su enfermedad. La casa tenía dos jardines y aun así, en todos esos años, nadie había salido a jugar. Desde los cuatro años, había aprendido a nadar, pero en la ciudad en que vivía esto no servía de nada. Ese día estaba gritando y pidiendo que, por favor, alguien me ayudara a sacarla del agua. No lograba contener la respiración el suficiente tiempo para lograr subir su cuerpo a la superficie. La primera vez que lo intenté, empecé a pensar en imágenes de aire para engañar a mi cuerpo: globos a punto de reventar, nubes que se movían con el viento, ventiladores, el interior de un colchón inflado, las ruedas de mi bicicleta, el tanque de oxigeno de mi abuela, una pelota, una piscina inflable e incluso el objeto que producía burbujas en mi pecera. En el segundo intento, decidí contar números, pero lamentablemente solo sabía contar hasta diez. Me di cuenta de que realmente no lo iba a lograr, por lo que me rendí. Minutos después, llegó alguien que me ayudó a sacarla, pero ya era muy tarde. En una ambulancia la llevaban al hospital más cercano.


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D

espierto y me encuentro en un lugar que conozco muy bien. He pasado buen parte de mi vida en este lugar. Aquí todos los objetos mantienen el orden asignado; sin embargo, algo es diferente. La luz que recorre el espacio y los objetos que lo habitan: todo parece extraño y ajeno. Me paro y observo todo lo que hay en mi alrededor. La luz no es la misma, pues es sombría y no tan brillante. Mi escritorio, como siempre, se encuentra lleno de papeles que contienen miles de trazos, cuadernos abiertos con páginas cubiertas de mis garabatos y mi computador gris en el centro. Mi biblioteca guarda todos los libros que amo y mi ventana da al jardín que muchas veces recorría cuando mi banco de ideas se encontraba vacío. Los cuadros en las paredes permanecen iguales. Me quedo por un momento mirando uno que ilustra un barco en mitad del océano agitado y por un momento creo ver las olas bailar. Cierro los ojos con fuerza y veo de nuevo la imagen estática. ¿Es posible que estos objetos que conozco y que ya no son los mismos se vean igual? Me quedo mirando el cuadro de nuevo y presto

mucha atención: esta vez, es muy evidente que las olas si se encuentran en movimiento, y que el barco se mueve al compas de estas, creando así una imagen aún más hermosa. Me quedo por unos segundos más observándolo y siento al mismo tiempo que fijo más la mirada, las olas se mueven con más rapidez y caóticamente. Rompo por un momento mi concentración y el movimiento de estas vuelve a ser más sutil. Miro a mi alrededor y me doy cuenta de que todos tienen un movimiento leve, como un respirar. Un respirar que me hace pensar que estos objetos pueden tener vida. ¿En qué tipo de lugar me encuentro? Al mirar al techo, noto que ha sido reemplazado por un enorme vidrio que sostiene un lugar exactamente igual al que me encuentro. Pero este lugar alterno sí contiene la luz cálida que conozco tan bien y todos los objetos inanimados y carentes de vida. Mi cuerpo se siente un poco más ligero, y al mismo tiempo más pesado. Volteo y veo que hay una pequeña criatura en una esquina cerca de la puerta que me


observa. Es un conejo. Me acerco lentamente para no asustarlo y me dice,

que pasaron la mayor parte de sus vidas. En tu caso, es tu estudio.

-Se que estas confundida, todos lo están en un principio.

-¿Y en qué situación me encuentro hoy exactamente?

Salto para atrás con sorpresa y lo miro fijamente. Tal vez estoy alucinando.

-Perdón, pensé que estaba claro, estás muerta.

-Sí, lo sé… puedo hablar, ¿Podemos no concentrarnos en ese pequeño detalle hoy? He tenido un largo día y no tengo intención de explicar cómo y por qué puedo hablar.

Muerta. Pero ¿cómo? pero no puedo estar muerta! ¿qué va a pasar con mi vida? Mi trabajo? ¿Cómo van a sacar el nuevo libro sin mí? La editorial va a colapsar sin mi presencia ¡No puedo estar muerta!

Objetos que se mueven. Un lugar con luz extraña pero exactamente igual a mi estudio. Un conejo que habla. Debe ser parte de un sueño del que no he podido despertar. Con disimulo, trato de pellizcarme el brazo con fuerza, pero no logro despertar.

Entonces vienen a mí un montón de imágenes distorsionadas: líneas blancas en el piso, movimiento a mi alrededor, un gran objeto que se anticipa a gran velocidad hacia mí, luces rojas y azules, gritos, una camilla, muchas personas vestidas de azul. Luego solo negro.

-¿Puedo preguntar entonces qué es este lugar?

-Sé que es confuso, pero todo va a estar bien eventualmente

-Bueno, la mayoría de personas en tu situación se despiertan en lugares en los

-Y entonces ¿dónde estoy? Es decir, ¿estoy en el lugar bueno? ¿O en el no tan bueno?


-La verdad, no sé en cuál te encuentras. Lo descubrirás a medida que pase el tiempo. ¿Era este un lugar que te hacía sentir bien o mal? Miro a mi alrededor y recuerdo que en este lugar pude crear cosas que ni siquiera pensé posibles. Aquí fue donde escribí mi primera novela, y las muchas que siguieron. Todas esas largas noches que traté de organizar las historias y pensando como los personajes, que se volvieron mis amigos, iban a evolucionar en ella. Cogí uno de mis cuadernos y miré adentro, mientras trataba de recordar cómo se sentía tener una idea tan fuerte que era necesario encontrar un lápiz y un papel para sacarla a la luz. Este había sido un lugar que me hacía feliz. -Ahora bien, ¿si pudieras mandar un mensaje a alguien que aún vive, ¿a quién se lo mandarías y qué dirías? -¿Por qué la pregunta?

-Porque yo soy el mensajero del inframundo y puedo mandar ese mensaje, es mi trabajo -¿A cualquier persona? ¿Pero cómo? -Los conejos siempre hemos tenido conexión con el mundo de los vivos y con el de los muertos. Nuestras madrigueras funcionan como un portal entre ambos mundos. El primero en hacerlo fue un conejo llamado Orph, en la época de los griegos. Él entabló una amistad con un muerto y este le contó toda su historia y cómo le hubiera gustado decirle a su hija dónde se encontraba el dinero que había ahorrado toda su vida, sin este ella probablemente moriría de hambre. Orph tuvo piedad de él y le prometió que entregaría el mensaje a su hija. Hades se dio cuenta y le pareció una buena idea que los muertos pudieran mandar un mensaje a una persona en el mundo de los vivos. Sin embargo, en esos tiempos era mucho más fácil ya que los humanos creían más en la magia y no hacían


tantas preguntas cuando un conejo se les acercaba y les decía cualquier cosa. Todo era obra de los dioses y punto. No había duda alguna de que era real. Hoy en día todo es mucho más complicado. Así que ahora mandamos los mensajes discretamente para que los humanos lo vean más como una casualidad que una intervención divina. -¿Como qué tipo de casualidad? -Depende del mensaje. Si es un mensaje muy complejo hacemos que el muerto escriba una carta como si la hubiera hecho antes de morir. Yo decidiré si el mensaje es suficiente para ser mandado de esta forma. Tendría que ser algo muy puntual, algo que no tenga otra forma de ser presentado y entendido. Si es algo más sencillo, termina siendo una de esas señales que los humanos dan por sentado muchas veces. -Entiendo. Y ¿hay alguna forma de ver a estas personas antes de mandarles el mensaje?

-¿Por qué crees que el techo es transparente? -¿Es decir que no estoy confinada a solo este cuarto? -No, esta es solo tu primera parada. Tú puedes moverte libremente por el inframundo. Lo único que tienes que hacer es pensar en el lugar al que quieres ir y abrir la puerta del sitio en el que te encuentras y así la puerta te guiará a ese lugar. Sé exactamente a dónde quiero ir, y voy hacia la puerta. Respiro hondo y la abro. Me encuentro entonces en un espacio lleno de escritorios, pilas de papeles, puertas de cristal y una ventana amplia que deja entrar una luz sombría en el espacio. Miro hacia arriba y encuentro este mismo espacio lleno de la luz del sol y con muchas personas apuradas que corren y tratan de completar su trabajo. Me dirijo hacia la oficina de mi jefe y noto que en su escritorio está el manuscrito en el que había trabajado en los últimos diez años, pero nunca terminé.


“No podrán publicarlo”, pienso por un momento, pero luego noto que tiene el sello de publicar. Busco la portada y veo que bajo mi nombre se encuentra el de “Greg Stone”. Encontraron a alguien que terminara mi libro. En ese momento, entra mi jefe con un grupo de tres personas. Uno dice: -Hemos tenido buenos resultados en la publicidad, tenemos buenos prospectos de venta. Otro dice: -Las criticas también han sido muy positivas, especialmente del final, creo que nadie lo hubiera escrito mejor. Por último, el tercer hombre habla y dice: -Es una pena que Ana no esté aquí para ver el éxito que su libro tendrá, pero creo que sin su muerte nunca habríamos llegado a este nivel.

Todos asienten y salen de la oficina. Me consumen la rabia y la indignación. Empiezo a destrozar todo a mi alrededor, lanzo pilas de papeles, tiro las sillas y las mesas, ya no me importa nada. Miro a mi alrededor y veo que los objetos que lancé con furia cobran vida y empiezan a moverse alrededor mío; crean lo que parece ser un tornado. Los papeles vuelan a mi alrededor con furia, algunos pasan tan cerca de mí que pienso que me van a herir, pero al tocarme no siento nada, como si me atravesaran. No puedo creer que todo por lo que trabajé la mayoría de mi vida va a terminar siendo famoso solo por el simple hecho de que morí inesperadamente. Empiezo a llorar y al igual que yo los objetos bajan la velocidad; y una vez estoy calmada, caen al suelo y vuelven a su estado de respiración constante. Me siento en el piso con mis manos sobre mi cara, y trato de contener las lágrimas. Levanto la mirada y reconozco un objeto que no había visto antes. Es el cuadro, el que se encontraba en mi estudio. El mar está mucho más agitado, y el barco está casi totalmente cubierto por las poderosas


olas, olas de papeles que están apunto de hundir el barco. También noto que en algunas partes del mar se pueden ver criaturas, tal vez monstruos marinos también hechos de papel. Miro hacia un lado y encuentro al conejo sentado no tan lejos de mí. -Supongo que no era lo que esperabas. -Todo por lo que trabajé, diez años. No pueden remplazarme así -Seguramente, el mensaje no irá a ellos. -¿Qué pasa con los objetos en este mundo? ¿Por qué respiran? ¿Por qué ese cuadro me persigue? “Bueno, no se la razón exacta. Así es como lo objetos se comportan aquí; reaccionan a emociones fuertes, como la que tuviste hace un rato. Si me preguntas a mi yo creo que cada objeto, ya sea en el mundo vivo o en este mundo de los muertos, contiene una especie de alma, de espíritu. Sin embargo aquí es más fácil percibirlo.”

-Es curioso. Entonces, vuelvo a pensar en la imagen de la portada y de repente los objetos empiezan a elevarse y a formar un pequeño tornado alrededor del conejo y de mí. -¿Tienes otra persona en mente? Me paro, seco las lágrimas de mis ojos y me dirijo a la puerta. Pienso a quién más le puedo mandar un mensaje. Respiro hondo y la abro. Me encuentro en un apartamento pequeño. A mi derecha está la cocina, en la cual se encuentran todos los platos sin lavar y las ollas usadas se acumulan en el lava platos; mantienen esa respiración casi indetectable que estas ánimas poseen. En frente, se encuentra un sofá pequeño y un comedor de madera en el que solo hay cuatro puestos. Recuerdo que durante mi vida pasé mucho tiempo en este apartamento, sin embargo cuando miro arriba, encuentro el mismo espacio pero vacío. Espero pacientemente con el conejo a mi lado. -¿A quién esperamos…?


-Lily, mi mejor amiga… -¿Crees que ella necesita el mensaje? -No quiero que sufra tanto si no estoy, tiene bastan tes problemas personales y yo siempre he estado ahí para ella. Si no estoy me preocupa que haga algo que no deba En ese momento entra Lily llena de libros y con los audífonos puestos. Parece que se encuentra en mitad de una llamada. Inspecciono los libros que tiene en las manos, Culinaria para principiantes, Cómo aprender francés en poco tiempo y Viajes por Europa. - Ya tengo todo listo, acabo de volver de la librería donde compré algunos libros útiles para el viaje. No, creo que es una gran oportunidad para mí. Pedí unos meses de vacaciones que tenía guardados y ayer compré el tiquete a París. Estos últimos meses, han sido difíciles, pero después de todo lo que pasó creo que es lo correcto. No quiero vivir mi vida preguntándome ¿qué hubiera pasado si….?

Quiero cumplir todos los sueños que había dejado atrás. -¿Meses? ¿Cuánto tiempo ha pasado desde mi muerte? –, le pregunté al conejo. - El tiempo funciona diferente aquí. Lo que sientes como horas, allá son días. -Creo que no está tan perdida como pensé. Me dirijo hacía la puerta de nuevo y pienso en mi estudio. Entro, y me siento en la silla de mi escritorio y miro otra vez el cuadro. Las olas continúan en movimiento y el barco parece que pelea contra las olas por su estabilidad, con movimientos violentos y rápidos. Las nubes grises en él parecen tener la forma de libros; sin embargo, cada cierto tiempo cambian de forma, creo ver una haciendo la forma de un conejo. Siento como si me encontrara dentro de ese mar turbio y peligroso. No puedo pensar en alguien que necesite este mensaje. -¿Otra vez aquí?


-¿Puedo no mandar el mensaje? -Todos deben hacerlo. -No se me ocurre nadie, siento que le expresé lo necesario a las persona que amo… No creo que deban escucharlo de nuevo, no los haría sentir mejor. -Bueno, si no puedes pensar en nadie tal vez yo te pueda mostrar algo… El conejo da la vuelta y se dirige hacia la puerta. Pone su pata en un pequeño sensor que aquella le revela y esta se abre segundos después. Al cruzar la puerta, me encuentro en un lugar oscuro, con las ventanas cubiertas por unas cortinas de tela muy gruesa y que apenas permiten a los rayos de luz entrar al espacio. Los muebles son anticuados y con patrones desgastados. Las mesas sostienen un montón de figuras de porcelana. Me quedo mirando fijamente una de ellas y alcanzo a ver que esta trata de limpiar el polvo de su cabeza. -¿Dónde estamos?

-¿No la reconoces? Es la casa de tu vecina. Entonces, recuerdo las muchas veces que me encontraba con ella en los pasillos del edificio antes de entrar a mi apartamento. Todos los días, me saludaba amablemente, me sonreía y me invitaba a su casa a tomar una taza de té. Muchas veces, aceptaba su invitación y durábamos un par de horas hablando de cosas que no tenían mucha importancia. Le contaba de mi trabajo y ella me decía lo mucho que extrañaba a su familia. Sin embargo el espacio donde me encontraba ahora no era nada similar al espacio que había habitado en ese entonces. Antes, el lugar estaba lleno de luz y vida. Había un montón de plantas alegraban el lugar y siempre había un olor fuerte de galletas. Ahora, todas las plantas estaban muertas y solo se podía sentir la gran soledad y tristeza del espacio. Miré hacia arriba y ahí se encontraba ella. Sentada en el sofá mientras miraba al infinito. Se sentía la soledad en su mirada. Era yo la única persona con la que hablaba? No era posible!


-¿Qué puedo hacer para ayudarla? -Tendrás que pensar si quieres mandarle un mensaje. Yo haré el trabajo de entregarlo. -Bueno creo que necesita compañía. Pero no sé qué tipo de mensaje puede ayudarla. -Un mensaje puede unir a las personas de muchas formas. -Tal vez, puedo ayudar a dos personas con un solo mensaje. Empiezo a recorrer todo el edificio en busca de alguien que se encuentre en la misma situación sin saber si mi mensaje va a tener algún efecto. Y todos los objetos a mi alrededor parecen estar inquietos, como si quisieran decirme que voy por buen camino. ¿Qué pasa si ambos están tan sumergidos en su soledad que no tienen las fuerzas para hacer crecer una amistad? Paso por muchos apartamentos llenos de familias, de parejas y justo cuando ya estoy

perdiendo mis esperanzas llego al apartamento 802. Entro y me encuentro con un lugar que parece muy agradable. Hay varios objetos que no reconozco pero su movimiento es continuo y agradable a la vista. Miro hacia arriba y veo a una señora de unos sesenta años. Teje sentada en su silla, mientras ve televisión. Me dedico a estudiarla por unos días. Me doy cuenta de que aunque es una señora activa, pues sale de su apartamento todos los días así sea para hacer compras o a caminar un poco por un parque, a veces lleva un libro o sus cosas de tejer y se acomoda en algún lugar cómodo para observar a la gente pasar. Su vida es solitaria; todas las actividades las hace sola y casi nunca recibe una visita. Tal vez, podría disfrutar más si tuviera compañía. ¿Pero qué tipo de mensaje puede unir estas dos vidas? Quizás si alguna correspondencia es mandada al apartamento que no es, ellas se vean obligadas a interactuar para devolverla. -¿Estas segura? -La verdad, no, pero espero que funcione.


El conejo va hacia una esquina del espacio y la pared revela un tubo, del cual sale disparado un papel, que vuelva por el aire hasta llegar a donde está el conejo. Me acerco y veo que es una factura de luz que esta dirigida al 302, el apartamento de mi vecina. -Lo pondré en el buzón del 802. Espero que tu plan funcione. -Yo también. El conejo desaparece al cruzar la puerta. Me dirijo hacia el apartamento de mi vecina y observo. Todos los objetos a mi alrededor siguen inquietos, buscan recordarme lo inquieta que me siento yo. Espero que esto funcione. Un tiempo después se escucha el timbre y mi vecina camina lentamente hacia la puerta y recibe a la señora del 802 que tiene en su mano el mensaje. Me doy cuenta de que el conejo está sentado a mi lado y reconozco nuevamente el cuadro que se encuentra fuera de lugar. El mar esta calmado y se mueve con suavidad creando una atmosfera de tranquilidad. Me quedo ob-

servándolo por un momento y veo que, dentro del cuadro, muy a lo lejos, se puede ver un pedazo de tierra. Sonrío y volteo mi mirada hacia arriba, donde una persona que no conocí tan bien hace un amigo de nuevo y una sonrisa se dibuja en su rostro. Entonces, los objetos se elevan y me veo dentro de un remolino de objetos como el de antes, solo que este no despliega furia, sino tranquilidad.


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Carta a María Fernanda para recordarle que no puede olvidar lo que probablemente ahora ya no recuerda. También a quien corresponda

Habitantes del planeta Tierra: las cosas no tienen que ser reales para existir. Yo puedo guardar tiempo cuando quiera. Y tal vez no sea la primera persona que tiene miedo a morir. Cada día, me convenzo más de estar viendo un fantasma. No entiendo porqué lo veo o cómo es posible que pueda hacerlo. No creo en ellos; nunca digo o pienso algo al respecto. Es como cuando mi mamá me contaba historias de fantasmas y me detenía a escucharlas porque parecían relatos interesantes, pero hasta ese entonces no había decidido convertirme en un oyente que cree esas historias o que las niega. Hoy, estoy segura de que estoy viendo a un pequeño fantasma todos los días. Tal vez, es otro de esos recordatorios que me regalo a mí misma para que no olvide.

¿Olvidar qué?


Lista de recordatorios para recordar que no debo olvidar algunas cosas Recordatorio #1: El pequeño fantasma

Normalmente, olvido lo que sueño apenas despierto, me parece extraordinario ser capaz de recordar ese pequeño cuento. Últimamente, no he dejado de soñar lo mismo con Bruno. Es lo mismo, pero en diferentes lugares. Yo lo veo ahí, en mi sueño, porque lo encuentro. Por lo general, él está debajo de algo, de cobijas o de una tela gigante, como cuando alguien se disfraza de fantasma. Y lo encuentro, lo encuentro como si hubiera estado perdido. No sé. No se trata de buscarlo y luego sentirme feliz de haberlo encontrado. No. Es como si se hubiera perdido de mi memoria y al encontrarnos me sorprende mucho que esté allí. Como si no se hubiera ido o no se me hubiera perdido de la memoria; de pronto, se me olvidó que lo olvidé. Y luego lo abrazo. Lo abrazo con tanta fuerza que, así yo sepa que estoy soñando lo mismo de nuevo, siento que me lo voy a traer conmigo cuando despierte. Bruno es mi perro muerto, por eso le llamo fantasma. Es raro que en mis sueños lo haya olvidado, pero que, al soñarlo, despierte recordándolo nuevamente.


Recordatorio #2: Que no se me olvide recordar que no debo olvidar algo que ya no recuerdo más No es que no lo recuerde, es que ya no lo recuerdo bien. Es algo parecido a cuando vamos a ver un vídeo, probablemente de un viaje, o de un recuerdo familiar de hace años, que pareciera ser tan viejo y estar tan atrapado en el pasado que, al ponerlo en el vhs, se ve como esto:


La imagen anterior no es ningún frame de ese video en mi caso, pero el ejemplo del viaje de hace muchísimo tiempo me sirve para darle forma a este recuerdo, ya explicaré por qué. Terminar de leer esta instrucción: observar detenidamente la imagen y tratar de reconstruirla. El intento es importante. Tomarse 03 min. 13 segs. Para crear un nuevo recuerdo. Continuar el dibujo, mientras yo cuento el tiempo.


Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve, veinte, veintiuno, veintidós, veintitrés, veinticuatro, veinticinco, veintiséis, veintisiete, veintiocho, veintinueve, treinta, treinta y uno, treinta y dos, treinta y tres, treinta y cuatro, treinta y cinco, treinta y seis, treinta y siete, treinta y ocho, treinta y nueve, cuarenta, cuarenta y uno, cuarenta y dos, cuarenta y tres, cuarenta y cuatro, cuarenta y cinco, cuarenta y seis, cuarenta y siete, cuarenta y ocho, cuarenta y nueve, cincuenta, cincuenta y uno, cincuenta y dos, cincuenta y tres, cincuenta y cuatro, cincuenta y cinco, cincuenta y seis, cincuenta y siete, cincuenta y ocho, cincuenta y nueve, sesenta, sesenta y uno, sesenta y dos, sesenta y tres, sesenta y cuatro, sesenta y cinco, sesenta y seis, sesenta y siete, sesenta y ocho, sesenta y nueve, setenta, setenta y uno, setenta y dos, setenta y tres, setenta y cuatro, setenta y cinco, setenta y seis, setenta y siete, setenta y ocho, setenta y nueve, ochenta, ochenta y uno, ochenta y dos, ochenta y tres, ochenta y cuatro, ochenta y cinco, ochenta y seis, ochenta y siete, ochenta y ocho, ochenta y nueve, noventa, noventa y uno, noventa y dos, noventa y tres, noventa y cuatro, noventa y cinco, noventa y seis, noventa y siete, noventa y ocho, noventa y nueve, cien, ciento uno, ciento dos, ciento tres, ciento cuatro, ciento cinco, ciento seis, ciento siete, ciento ocho, ciento nueve, cuento diez, ciento once, ciento doce, ciento trece, ciento catorce, ciento quince, ciento dieciséis, ciento diecisiete, ciento dieciocho, ciento diecinueve, ciento veinte, ciento veintiuno, ciento veintidós, ciento veintitrés, ciento veinticuatro, ciento veinticinco, ciento veintiséis, ciento


veintisiete, ciento veintiocho, siento veintinueve, ciento treinta, ciento treinta y uno, ciento treinta y dos, ciento treinta y tres, ciento treinta y cuatro, ciento treinta y cinco, ciento treinta y seis, ciento treinta y siete, ciento treinta y ocho, ciento treinta y nueve, ciento cuarenta, ciento cuarenta y uno, ciento cuarenta y dos, ciento cuarenta y tres, ciento cuarenta y cuatro, ciento cuarenta y cinco, ciento cuarenta y seis, ciento cuarenta y siete, ciento cuarenta y ocho, ciento cuarenta y nueve, ciento cincuenta, ciento cincuenta y uno, ciento cincuenta y dos, ciento cincuenta y tres, ciento cincuenta y cuatro, ciento cincuenta y cinco, ciento cincuenta y seis, ciento cincuenta y siete, ciento cincuenta y ocho, ciento cincuenta y nueve, ciento sesenta, ciento sesenta y uno, ciento sesenta y dos, ciento sesenta y tres, ciento sesenta y cuatro, ciento sesenta y cinco, ciento sesenta y seis, ciento sesenta y siete, ciento sesenta y ocho, ciento sesenta y nueve, ciento setenta, ciento setenta y uno, ciento setenta y dos, ciento setenta y tres, ciento setenta y cuatro, ciento setenta y cinco, ciento setenta y seis, ciento setenta y siete, ciento setenta y ocho, ciento setenta y nueve, ciento ochenta, ciento ochenta y uno, ciento ochenta y dos, ciento ochenta y tres, ciento ochenta y cuatro, ciento ochenta y cinco, ciento ochenta y seis, ciento ochenta y siete, ciento ochenta y ocho, ciento ochenta y nueve, ciento noventa, ciento noventa y uno, ciento noventa y dos, ciento noventa y tres, siento miedo.


Esa imagen es una foto que tomé. Fue otro día, hace un año y medio, más o menos. Quinientos cuarenta y siete días y medio.

Es la fotografía del momento de un paisaje, que no es aquel que vi ese día. La imagen da la sensación de estar moviéndose, como si se estuviera yendo no sé a dónde. Aunque, en realidad, era yo quien estaba yéndose. El paisaje debe seguir allí. Por esa razón de estarnos alejando, quería guardarlo para mí. Supongo que era un fragmento bonito de tiempo que quise recordar en el momento que lo vi por la ventana del carro y ese es el resultado de mi inútil intento de capturarlo (guardarlo) en una imagen. Solo que no quedó como idealmente esperaba. La foto quedó movida o borrosa. Aunque, pensándolo bien, así son los recuerdos cuando vuelvo a ellos. Así debería lucir ese video que no podemos ver de manera tan clara como cuando nuestros ojos lo vieron pasar. Sí. Por eso, de forma consciente decidí sacar la cámara y tomar la foto, pensando que, esa imagen que tendría conmigo, jamás se vería igual a la que había visto hace un segundo. —Así son los recuerdos: se van (¿a dónde se va lo que se va?).


Más o menos como la foto se ve ese video en vhs que, con el tiempo, físicamente se cada vez más. Es la materialidad de la imagen que muere poco a poco, como aquello que se supone que no debo olvidar, pero que inevitablemente con el paso de los días se va. No quiero olvidar los paisajes que he visto, ni a mi perro muerto corriendo y ladrando, ni lo que se siente estar enamorado por primera vez, ni el olor del pasto recién podado, ni la forma de las montañas, ni la primera vez en bici, ni el primer libro que leí. No quiero olvidar jugar, no quiero olvidar a mis padres ni mi vida siendo niña, quiero seguir siéndolo; ni lo mágico que es ver el mundo sin miedo, como si el tiempo no existiera. Tampoco quiero olvidar lo que siento cuando me acuerdo que existe el paso de tiempo y recuerdo que un día me voy a morir. Me voy a morir y se me va a borrar toda la memoria. ¿Cómo puedo guardar todo ese tiempo en otro lado que no sea mi memoria? Algo así como extraerlo, suspenderlo, congelarlo, hacerlo inmortal. Porque ya sé que yo no podré serlo. Siento miedo de nuevo. Mamá, ¿por qué me enseñaste a recordar y no a olvidar? Sería más fácil entender que voy a morirme y olvidar. No estaría escribiendo esto, que no es más que otra manera de recordar. Aunque esta no es una lista como las que hago siempre. Perdón, ahora debo volver al fantasma. Anoche volví a verlo.


Es como si Bruno no quisiera que lo olvide.


Mamá nos hizo despedirnos de él mientras se lo llevaban al hospital. Yo sabía que se iba a morir. Bruno estaba muy cansado. No pudo sentarse ni acostarse en toda la noche, le dolía mucho respirar y sus patas temblaban, como si hubiera corrido durante horas. Yo sabía que se iba a morir y no dejé de grabarlo. No me sentí bien después, porque no me despedí como lo hicieron mis hermanas. Una hora después, me llamaron para decirme que había sufrido un paro respiratorio y que habían tenido que dormirlo. Me acuerdo que en ese momento estaba editando un documental en el que hice muchas preguntas alrededor de la idea de la memoria y los recuerdos. Me demoré bastante en entender que de verdad mi perro se había muerto. Cuando lo hice, empecé a dibujarlo para que hiciera parte de la entrega de ese documental que empezó siendo sobre mi abuelo muerto, al que no conocí nunca, porque jamás había vivido la muerte tan de cerca. Nunca la habían visto mis ojos. Luego de conocerla y habernos presentado, tenía un afán inconmensurable que no podré explicar el resto de vida, tanto que me peocupé de aquí en adelante por guardar a mi perro como fuese posible. Quería que volviera. Luego de haber estado diez años con Bruno, decidí guardar ese video para mí y no verlo nunca. Como si pudiese escoger conservar dentro de una carpeta digital la melancolía y no en mis tripas, como ahora.


Tal vez solo volver a él cuando fuera necesario. Aunque no supiera cuándo sería ese momento. Es como si hubiera separado y extraído de la vida ese momento en el que nos “despedimos” él y yo: él de la vida y yo de él para guardarlo en una memoria (que aún no sé qué tan diferente funcione a la mía). Pero era otra, no la mía. En la mía estaba ese tiempo triste que se volvió un recuerdo aún más triste. El problema es que son tan frágiles los recuerdos que se pueden olvidar.

Primer acierto: ahora él estaba en otra memoria, la de una máquina que congela el tiempo, una cámara.


Yo no guardo imágenes, sino pedacitos de vida o de tiempo. Hasta el día de hoy, nunca vi ese video porque sentía que había grabado a un fantasma y no quería llorar. Y cuando entendí que en realidad le había robado a Bruno ese pedacito de vida quise verlo y usarlo para mis cartas a la memoria que hice un semestre después. Así como esas cartas a la memoria que hizo Agnès o como las de Chris Marker, las de On Kawara. Cartas a la memoria sobre una vida cualquiera de alguien que eventualmente murió. Un día, el disco duro se dañó y perdí ese video. Perdí a Bruno. Desde ese momento, he trabajado mucho con él, más que todo dibujándolo e intentando robármelo otra vez para que no se me olvide guardarlo. Y yo todo el tiempo hago dibujos, veo fotos o solo me siento a pensar en él. Creo que el problema está en que siento que mi memoria es cada vez más incapaz de recordarlo con tanta precisión. Él caminando, corriendo, respirando, ladrando: en movimiento, como en un video. Por eso me dejo recordatorios para recordar que no debo olvidarlo, ahora a través de él como un fantasma y de un texto que recuerda y olvida al mismo tiempo.


He estado pensando en que esos recordatorios son minicápsulas de tiempo. No se me ocurre cómo nombrarlas. De un dibujo que hago, vuelvo a una foto, y ahora ese dibujo se vuelve otra fotografía; o invento imágenes de él y lo dibujo de memoria. Luego, lo saco de allí para traerlo aquí de nuevo conmigo. ¿No son cápsulas de tiempo? ¿Cómo puedo guardar el tiempo? Por ahora, el de Bruno. Guardarlo. Como cuando guardo libretas en un cajón, que, cuando lo abro y las saco, siguen igual. Quizás con algo de polvo, pero ahí están.


guardar el tiempo

o fingir que lo he pausado, pausarlo.

que no pase, que esté aquí, sin alterar el tiempo de otros. solo son pequeños fragmentos que duran, apenas segundos que puedo guardar para volver a ellos y verlos, fotografiarlos para tenerlos de nuevo, y escribir sobre ellos y dibujarlos. fragmentos de tiempo

que no envejecen no se dañan, no se pierden, no se rompen, que están.


Recordatorio #4: maneras y momentos para guardar/detener el tiempo.

a. Reenviar mensaje [7:03 pm, 4/1/2019] María Fernanda: Al pensar en cómo escribir los silencios, las pausas, los susurros y los gritos, se me vienen a la cabeza esos momentos en los que sentimos como si no pasara el tiempo. Así, como este mismísimo instante en el que estoy sentada en una biblioteca. Después de recorrer toooooooooooooooooooda la sala, decido que voy a sentarme justo aquí, junto a la ventana que da al jardín del piso de abajo. La biblioteca, ese lugar que, de cierta manera, nos inscribe en la idea del silencio. Pero de ese silencio que se vuelve ensordecedor desde el primer segundo que nos adentramos en él. Y sonidos que aparentan ser tan silenciosos como los latidos del corazón; el rugido de la panza cuando está vacía; la respiración agitada o pausada, según el nivel de consciencia que tengamos de ella; el crujir de las mesas de madera, los susurros que, entre más pretenden ser silenciosos, parecieran sonar más que alguien que grita, las teclas de los computadores, o al escribir con lápiz sobre papel, cuando cada trazo suena como si de rayar con una puntilla una lámina de metal se tratara.


Suenan las palabras en la cabeza como las canciones cuando se escuchan con audífonos en el volumen máximo. Suenan los parpadeos y cada hueso al movernos. Esos sonidos se roban el protagonismo ahora —¿Por qué estoy pensando en el sonido si de tiempo se trata?—. No tengo ningún aparato que me indique la hora y el día está tan gris que, aunque no entiendo cómo leer el sol, no puedo ni siquiera intentarlo. Según lo que veo a través de la ventana, son las 5:30 de la tarde. Aún no he desayunado. Entonces, no puede ser tan tarde. No sé qué hora es, no recuerdo hace cuánto tiempo estoy aquí sentada, ni sé cómo saberlo porque dejé mis cosas en el locker. Solo me queda escuchar el “silencio” y contar con palitos el tiempo, según las veces que se tarda esa rama con hojas en subir, bajar y subir nuevamente. Esa rama se mueve demasiado rápido, tanto que debo usar lentes y cerrar un poco los ojos para percibir ese movimiento tan sutil, pero estoy tan concentrada viéndolo que hasta siento que lo escucho —no puede ser, hay una ventana en medio. Es mi respiración la que escucho y que aparentemente se ha sincronizado con la rama—. Yo creo que me sirve para calcular el tiempo que llevo aquí y llevo 3473 movimientos de rama y respiros. No sé cuántos segundos sean, porque sé que hay líneas que debo dibujar más rápido o despacio, según el movimiento que genera el aire. Se ve más o menos así.


Sigo con la lista de maneras y momentos para guardar/detener tiempo. b. la Tierra realiza rotación y traslación. Puedo pararme en un meridiano o paralelo, los pego con cinta al suelo y detengo el movimiento de la Tierra. c. euando somos pequeños, tenemos la sensación de que el tiempo pasa más despacio y a medida que nos hacemos mayores pasa más rápido. Volver a ser pequeña. d. escuché una historia sobre una vez que el tiempo se detuvo en París. ¿Qué pasó en la ciudad de París en Francia en 1902? ¿Quién detuvo el tiempo o por qué se detuvo?


e. hay momentos en los que sientes que mueres de a pocos y se detiene el tiempo en tu cara. f. diciembre 32, diciembre 33, diciembre 34. Prepararse para la llegada del nuevo año y que nunca llegue. Que ningún reloj marque las 12:00:01 am y siempre sea, en este caso, 2019. g. si el tiempo se detuviera, habría absoluto silencio y la gente caería inconsciente. Sentiríamos cambios en el cuerpo. h. congelar pedazos de tiempo. i. guardar el tiempo literalmente, sin metáfora. Algo así como relojes en un cajón. j. anacrónico, que no cabe en este tiempo. google Chrome, buscador: anacronismo. Un anacronismo se refiere a algo que no se corresponde o parece no corresponderse con la época a la que se hace referencia. k. que el sol y la luna se detengan, así parecería que el tiempo se detuvo. l. ni siquiera sé leer la hora en un reloj de agujas. m. no me acuerdo de la vida antes de tenerle miedo a morir. n. pequeñas muertes. o. congelar cosas, seres. p. alegoría. q. cuentos. r. historias de cómo puedo tocar el tiempo, la muerte, los recuerdos, la memoria. s. inocencia.


t. cultivar una planta de la que crezca tiempo pausado o una planta que no crezca nunca. u. seres que vomitan y luego intuyen la muerte. v. una mujer que sueña con el alfabeto. w. el año bisiesto. x. documentar, coleccionar y guardar tiempo, como se guardan las libretas en un cajón. y. ninguna z.


Nosotros, los huérfanos del yo

#15 Por Natalia Orozco


I Me encuentro de pie en un lugar que al parecer no tiene fin en ninguno de sus lados: no existe el límite.

Es amplio, continuo, cambiante, infinito. Se estira, se contrae, pero es infinito.

El plano en 3d es infinito, no hay límite. El espacio de trabajo en 3d es infinito y la mente también…


El ambiente está poco iluminado, más bien es turbio, polvoriento; está lleno de palabras, letras, signos, números, frases, símbolos y códigos que flotan. Pareciera que el tiempo se detuvo, que la gravedad no actuara sobre ellos, solo están ahí, flotando sin tiempo.

Me muevo hacia ellos e intento alcanzar alguno.


¡Logro alcanzar una frase! La agarro con mis manos, intenta irse moviéndose rápidamente; siento cómo vibra, uso toda mi fuerza para que no se escape.

¿Tendrá sentido por sí misma?

á? ¿Qué dir ará? nific ¿Qué sig o tendrá? ntid ¿Qué se

¿Y si dice mucho, pero a la vez nada?

¿Cuántos significados podré darle?

Abro mis puños inundada por la curiosidad.


Veo mis palmas. Empiezo a leer la frase. A medida que lo hago, las letras se borran, se van, se esfuman.

¿Por qué se van? ¡Vuelvan!

Hago malabares con las letras, intento que no se vayan; quiero conservarlas, releerlas, entenderlas. Intento recordar: tal vez se esfumaron de mis manos, pero no de mi memoria. Intento recordar, pero ¿qué leí?, ¿qué decía?, ¿qué entendí?

Mi mente queda en blanco. Pensar que la regla tiene cadena, implica cumplir; puede ser infinito, puede cambiar en el tiempo. Se vuelve un texto círculo y con cada leída asimilo, hago, pienso, leo, relaciono.

-SE REINICIA-


II Y ahora, ¿dónde estoy? Parece una biblioteca, pero algo dispareja. Los estantes de libros están desprolijos, torcidos; algunos tienen espacios grandes y otros espacios minúsculos.

Hay libros en todas partes: están regados por el suelo, encima de otros libros, libros everywhere.

Todo está polvoriento. Cada que camino, se forman remolinos de polvo.


Me dirijo a la pila de libros más cercana. tomo el libro que se encuentra encima. Es más pesado de lo que pensé

Soplo el polvo que lo cubre y el polvo revolotea, el libro

se vuelve remolino,

se vuelve lluvia;

luego cae.


¿Escuchar pensamientos o voces en otro tiempo/lugar?


“Poca capacidad de memoria a corto plazo pero buena memoria a largo plazo”

Rehasoft - Memoria operativa

Ladislexia.net - Detectarla entre 3 - 5 años


¿Cómo es posible ordenar el desorden mental? ¿Cómo alcanzar aquello que sabemos un día y la otro no? Como la Reina Blanca con su regla “mermelada mañana y ayer... pero nunca hoy” Yo sé que sé ayer y mañana, pero nunca hoy.

Rayo - Rallo Rebelar - Revelar Reusar - Rehusar Riza - Risa Novel - Nobel Cierra - Sierra - Sierra Cepa - Sepa

¿Cómo distinguir entre los múltiples significados de una palabra, según el momento en que debe usarse?

Tengo un archivador viejo y oxidado, ahí guardo citas con significados, palabras, escrituras y diferentes conceptos.


Está desordenado, no encuentro lo que quiero. Solo veo volar archivos de un lado para otro, como un show entre varios acróbatas que se lanzan conceptos, palabras iguales, variables, etc. ¿Qué hacer cuando no hay tiempo, cuando el tiempo está delimitado, seccionado, cuando te quedas sin tiempo aun incluso antes de que este acabe?

Alice in wonderland Alice meets White Rabbit

Alice in wonderland Who’s got time


¿Qué voz escuchar al leer? A veces, escucho al autor; algunas, al protagonista; otras, escucho una voz interna, o son todas las voces al tiempo: una que narra, otra que habla y otra que grita datos, ideas, datos curiosos que en algún lado los vio o leyó. ¿Cómo unir múltiples tiempos del pensamiento? ¿cómo habitar varios tiempos a la vez? A veces, se me cruza el pasado con el hoy y con el mañana, tanto revuelto mental no entiende de tiempos. La mente no entiende de tiempos. Los tiempos cruzados, la memoria que trabaja en ambos sentidos; capas de tiempos, de saberes, unas sobre otras simultáneamente.

Tantos pensamientos a la vez y tanto silencio a la vez. A veces, logro organizar al día dos o tres pensamientos. Fluctúo entre tiempos, entre letras.

Alice in wonderland 6 Impossible Things


Bibliografía -Alice In Wonderland Alice meets White Rabbit HD. (2016, 19 octubre). [Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=XMVwQcjn3NY&ab_channel=gianlucaRossi

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