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La vacunación contra el virus del papiloma humano en Colombia

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Sandra Milena Pulgarín Suárez

LA VACUNACIÓN CONTRA EL VIRUS DEL PAPILOMA HUMANO EN COLOMBIA Prácticas y discursos de una tecnología de género Intervenciones en Estudios Culturale s

Esta colección del Departamento de Estudios Culturales presenta trabajos de investigación que perfilan posibilidades de intervención en el campo de los estudios culturales en dos sentidos: primero, como forma de visibilización de problemáticas propias, y segundo, como forma de invitar a participar y reflexionar en torno a este espacio en consolidación.

LA VACUNACIÓN CONTRA EL VIRUS DEL PAPILOMA HUMANO EN COLOMBIA

INTERVENCIONES EN ESTUDIOS CULTURALES

Este libro analiza las trayectorias que condujeron a la creación de la política pública para la vacunación contra el virus del papiloma humano (vph) en Colombia. Al trazar la interacción entre corporaciones, filantropía corporativa y organismos multilaterales de salud, se devela el conflicto de intereses subyacente a la implementación de esta política pública dirigida a la salud sexual y reproductiva de las mujeres en países en desarrollo. La intervención en Colombia reprodujo discursos coloniales sobre la conformación del saber en relación con los cuerpos de las mujeres. Esto lleva al concepto malignum uteri, que cristaliza la patologización de estos cuerpos y que se actualiza según la episteme de la época. El virus no se adquiere ni se desarrolla en la infancia. Su contagio y progreso se puede prevenir o controlar en etapas tempranas. A pesar de no ser las mujeres las portadoras del virus, la vacuna contra el vph fue pensada para mujeres: son ellas la población rebaño de inmunización, sin que se les haya reconocido cuando esta afecta gravemente su salud. Tampoco se ha reconocido a las mujeres racializadas y empobrecidas con quienes experimentaron las primeras píldoras anticonceptivas ni a las hermanas peruanas a las que el Estado les quitó su útero.

Sandra Milena Pulgarín Suárez

Sandra Milena Pulgarín Suárez

Química farmacéutica de la Universidad de Antioquia y magistra en Estudios Culturales de la Pontificia Universidad Javeriana. Su tránsito entre estas dos disciplinas, aparentemente ubicadas en las antípodas del conocimiento, supuso para ella un fuego transformador que derrumbó el testigo modesto que la habitaba, construido y disciplinado por años en las mal llamadas ciencias duras. Este proceso dio lugar a una investigación y vida a este texto transdisciplinar, matizado con su propia experiencia y con las intersecciones que la constituyen. Nos comparte la autora: “No soy antivacunas ni tengo la intención de echar a la modernidad por la borda. Mi propósito no es aniquilar la ciencia ni la medicina alopática y sus descubrimientos, pero sí considero que a esta hay que decolonizarla y revisar las formas de gobierno de nuestros cuerpos, para poder elegir y reclamar nuevamente este territorio-cuerpo como nuestra posibilidad de agenciamiento del cuidado”.

© Imagen de cubierta: Kobby Mendez en Unsplash


Intervenciones en Estudios Culturales

LA VACUNACIÓN CONTRA EL VIRUS DEL PAPILOMA HUMANO EN COLOMBIA


LA VACUNACIÓN CONTRA EL VIRUS DEL PAPILOMA HUMANO EN COLOMBIA Prácticas y discursos de una tecnología de género

Intervenciones en Estudios Culturales

Sandra Milena Pulgarín Suárez


Primera edición: diciembre de 2020 Bogotá, D. C. ISBN (impreso): 978-958-781-576-4 ISBN (digital): 978-958-781-577-1 DOI: http://doi.org/10.111.44/ Javeriana.9789587815771 Número de ejemplares: 300 Impreso y hecho en Colombia Printed and made in Colombia Editorial Pontificia Universidad Javeriana Carrera 7 n.° 37-25, oficina 1301, Bogotá Edificio Lutaima Teléfono: 3208320 ext. 4752 www.javeriana.edu.co/editorial Pontificia Universidad Javeriana. Vigilada Mineducación. Reconocimiento como universidad: Decreto 1297 del 30 de mayo de 1964. Reconocimiento como personería jurídica: Resolución 73 del 12 de diciembre de 1933 del Ministerio de Gobierno.

Corrección de estilo: Camilo Sierra Sepúlveda Diseño de colección: Ignacio Martínez-Villalba Diagramación: Nathalia Rodríguez Montaje de carátula: Nathalia Rodríguez Imagen de cubierta: Kobby Mendez en Unsplash Impresión: Editorial Nomos S.A.

Intervenciones en Estudios Culturales

Reservados todos los derechos © Pontificia Universidad Javeriana © Sandra Milena Pulgarín Suárez

MIEMBRO DE LA

RED DE EDITORIALES UNIVERSITARIAS DE AUSJAL ASOCIACIÓN DE UNIVERSIDADES CONFIADAS A LA COMPAÑIA DE JESÚS EN AMÉRICA LATINA

www.ausjal.org

Pontificia Universidad Javeriana. Biblioteca Alfonso Borrero Cabal, S. J. Catalogación en la publicación Pulgarín Suárez, Sandra Milena, autora La vacunación contra el virus del papiloma humano en Colombia : prácticas y discursos de una tecnología de género / Sandra Milena Pulgarín Suárez. -- Primera edición. -- Bogotá : Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2020. (Serie Intervenciones en Estudios Culturales) 128 páginas : ilustraciones ; 17 x 24 cm Incluye referencias bibliográficas. ISBN (impreso) : 978-958-781-576-4 ISBN (digital) : 978-958-781-577-1 1. Antropología médica 2. Análisis del discurso 3. Cultura 4. Enfermedades transmisibles en la cultura popular 5. Vacuna contra papilomavirus - Aspectos sociales 6. Salud pública 7. Violencia de género 8. Cambio tecnológico 9. Enfermedades - Aspectos sociales I. Pontificia Universidad Javeriana. Facultad de Ciencias Sociales CDD 306.461 edición 23 inp 01/12/2020

Prohibida la reproducción total o parcial de este material, sin autorización por escrito de la Pontificia Universidad Javeriana.


CONTENIDO

Nota aclaratoria de la autora 9 ¿Qué carajos puede hacer una química farmacéutica hablando desde los estudios culturales? Notas de mis reflexiones sobre ética, salud y cultura 11

Las propias entrañas y el giro de tuerca 11 ¿Por qué me siento tan obligada a escribir? 15 El modo de hacer y el corpus de investigación 17 Metodología 17 Estructura del texto 22

I

mutatis mutandis:

de lo político 25

la vida en el campo

Biopolítica: las regulaciones de la población 26 Emergencia de la sexualidad dentro de la biopolítica 29 Emergencia del farmacopoder y su relación con los cuerpos Money 34

II

Centro de Vacunación y Condicionamiento Mundial Bill & Melinda Gates Foundation: relación entre filantropía corporativa y organismos multilaterales de salud 43


Filantropía empresarial desde la lógica gubernamental 46 Detrás de cada gran hombre sin el virus del papiloma humano hay una gran mujer vacunada 53 ¿Igualdad de acceso a qué? Los perjuicios de una tecnología de género 56

III

malignum uteri:

cuerpos de las mujeres intervenidos para el desarrollo 59

Relacionamientos globales en torno al cáncer cérvico uterino 63 Coordenadas racializadas y estratificadas del malignum uteri 67

IV

Úteros del Estado 79

Discusiones legislativas: decisiones sobre nuestros cuerpos desde el Congreso de la República 84 Ley 1626 de 2013: se decreta una tecnología de género sin evaluar los riesgos para las mujeres colombianas 91 Puntos de conexión a través del tiempo: develaciones a partir del archivo 96

Epílogo 101

La fuga de Augustine 106

anexo 109 Referencias 115


NOTA ACLARATORIA DE LA AUTORA

Es indudable que las redes sociales y la internet han generado una sociedad más informada, pero no necesariamente que los matices que hay entre los extremos de dicha información sea lo más divulgado. Esta investigación responde entonces al proceso por el cual Colombia asumió la implementación de una política de vacunación contra el virus del papiloma humano a niñas y adolescentes escolarizadas y se enfoca en consideraciones importantes y a veces invisibilizadas de dicho proceso. En tiempos del preocupante reverdecimiento del conservadurismo es fundamental aclarar que la aproximación a este tema de investigación en ningún caso responde a mitos sobre la sexualidad o a la negación a la modernidad y a uno de sus más importantes avances: las ciencias médicas. No soy antivacunas. Como química farmacéutica atravesada por una perspectiva social desde los estudios culturales y mi trayectoria profesional, no desconozco el avance que significa para la humanidad el hallazgo de vacunas que puedan prevenir los diferentes tipos de cáncer; sin embargo, desde una perspectiva de conocimiento situado, tengo preocupaciones sobre las prácticas y los discursos con que se engranaron estas vacunas con disposiciones políticas que, finalmente, terminan atravesando el cuerpo y la vida de muchas niñas y adolescentes del país, de una manera en la que, como científica social, considero necesario brindar una mirada crítica.

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¿QUÉ CARAJOS PUEDE HACER UNA QUÍMICA FARMACÉUTICA HABLANDO DESDE LOS ESTUDIOS CULTURALES? NOTAS DE MIS REFLEXIONES SOBRE ÉTICA, SALUD Y CULTURA

¿Por qué me siento tan obligada a escribir? Porque la escritura me salva de esta complacencia que temo. Porque no tengo otra alternativa. Porque tengo que mantener vivo el espíritu de mi rebeldía y de mí misma. Porque el mundo que creo en la escritura me compensa por lo que el mundo real no me da. […] Finalmente, escribo porque temo escribir, pero tengo más miedo de no escribir. El acto de escribir es el acto de hacer el alma, alquimia. Gloria Anzaldúa (1988)

Las propias entrañas y el giro de tuerca El 28 de marzo de 2003 recibí el título de química farmacéutica. En ese enton-

ces, antes de mis 23 años, tenía muy pocas posiciones de privilegio y, una vez me gradué, empecé a trabajar de inmediato en la industria farmacéutica en Colombia. También he de decir que en menos de seis meses ya empezaba a dudar de la benignidad de la profesión y de sus patronos san Cosme y san Damián, lo que me llevó, a pesar de mi corta experiencia laboral, a hacer las primeras denuncias ante el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima), acerca de las irregularidades que encontraba en el camino. Pasado un año, había decidido no seguir por las sendas que fácilmente trazaba la profesión, así que me articulé a un grupo de sociedad civil focalizado en temas relativos al acceso de medicamentos, el cual tenía incidencia en políticas públicas de salud en Colombia y en algunos países de América Latina. Allí discutíamos los indeseables efectos que tendrían las firmas de los primeros tratados de libre comercio sobre el sistema de salud y, más específicamente, las barreras al acceso a medicamentos que implicaría su implementación. Éramos un grupo de activistas proacceso a medicamentos y tecnologías en salud.

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Contradictoriamente, y de manera privilegiada, desde que me gradué pude acceder a la medicina prepagada y sus planes premium, donde encontré a una exclusiva ginecóloga, quien por el año 2007 me ofreció en su consultorio la primera dosis de la vacuna contra el virus del papiloma humano (vph). Esta costaba alrededor de dos salarios mínimos de la época. Frente a la onerosa suma para acceder a esta vacuna, así como el conocimiento que había adquirido al estar inmersa durante cuatro años en los temas sociales y políticos relativos al acceso de medicamentos y tecnologías en salud, me sirvió para negarme a pagarla, sobre todo porque sabía que después de esta debía adquirir dos dosis más, cada una por un costo similar. Sabía que tres dosis a ese precio podrían dar un alto margen de rentabilidad a la ginecóloga y al laboratorio, razones suficientes para descartar la posibilidad de intervenir mi cuerpo con una vacuna que se me ofrecía como un privilegio y no como un tratamiento ineludible. Para el 2010, dos eventos se convirtieron en el punto de quiebre que me llevaría a plantearme la necesidad de reflexionar en torno a la vacuna contra el vph y sus consecuencias sociales. En primer lugar, fui invitada a una conferencia en el auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional de Colombia, liderada por mis antiguos compañeros del grupo de sociedad civil al que años atrás pertenecí. La presentación fue contundente, la colega que estaba en el escenario mostró las gráficas de los países en los que esta vacuna había entrado a los planes de vacunación en Latinoamérica –recuerdo muy bien el ejemplo de México– y se denunció que en Colombia esta vacuna era exclusiva de los consultorios de los ginecólogos a precios elevados y solo tenían acceso mujeres con capacidad adquisitiva, lo que correspondía a la experiencia personal que años atrás había vivido en el consultorio de mi ginecóloga. Mientras hablaba, detrás suyo iba rodando un video que mostraba a niñas mexicanas uniformadas entre 10 y 12 años, aproximadamente, quienes eran vacunadas de manera gratuita por el Estado mexicano. El segundo evento nace en el consultorio de mi ginecóloga de cabecera, la misma que tres años antes me había ofrecido la vacuna. En esta ocasión –año 2010– me encontró una lesión precancerosa, a través de un Papanicolaou,1 lesión que ella misma resolvió de manera fácil y sencilla, practicándome una cauterización cervicouterina. Entre el examen diagnóstico y el procedimiento resolutivo 1

Los exámenes selectivos de detección de cáncer de cérvix incluyen dos tipos de pruebas de detección: la prueba de citología, conocida como prueba de Papanicolaou o frotis de Pap, y la prueba de vph. El propósito principal de hacer exámenes selectivos de detección con la prueba de Papanicolaou es hallar células anormales que pueden convertirse en cáncer si no son tratadas. La prueba de Papanicolaou puede también encontrar estados no cancerosos, como infecciones e inflamación; de igual manera, puede detectar células cancerosas. Sin embargo, en las poblaciones que se hacen exámenes regulares de detección, la prueba de Papanicolaou identifica la mayoría de las células anormales antes de que se conviertan en cáncer (Instituto Nacional del Cáncer, 2019).

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pasó menos de un mes y, hasta el día de hoy, mi cuello uterino está sano de lesiones producidas por el vph. La cauterización me la practicó completamente consciente, momento que aproveché para preguntarle a la ginecóloga si a este servicio de salud tenían acceso las colombianas que no pagaban planes prepagados, es decir, aquellas que solo tuvieran acceso al Plan Obligatorio de Salud (pos), hoy llamado Plan de Beneficios en Salud (pbs). A esto respondió que sí, aunque precisó que, en dichos casos, la detección temprana de lesiones precancerosas era más difícil, debido a: 1) la falta de confiabilidad de los laboratorios en los que analizaban las muestras y 2) que, a raíz de los largos tiempos de asignación de citas de parte de las entidades promotoras de salud (eps), las lesiones precancerosas empeoraban hasta desenlazar en cáncer de cuello uterino, momento en que esta cauterización cervicouterina ya no resultaba efectiva. Es fundamental empezar por este relato personal por varias razones. Primero, porque me recuerda que, en mi experiencia como mujer, también soy construida, codificada y movilizada como un objeto de conocimiento e intervención a través de las lógicas que el poder-saber médico ha ejercido históricamente sobre la anatomía reproductiva de las mujeres; circuito de la clínica y el hospital (Haraway, 1984) en el que yo también soy responsable de echar a rodar las piezas dentadas, de una manera u otra. Así, esta investigación está planteada desde las grietas de la propia interseccionalidad que me constituye; esto es, estudié química farmacéutica y fui miembro del grupo activista proacceso que inició las discusiones para que esta vacuna se universalizara en el país y, desde allí, seguramente aporté a la semiótica de la construcción de posicionamientos políticos que abogaban por tratamientos y acceso a estas vacunas, dentro del entramado del derecho universal a la salud. Para Stuart Hall (2014d, p. 15), la identidad no es más que el producto de una articulación, la coincidencia de varios elementos que en su divergencia se aúnan por un periodo determinado; con el paso del tiempo la identidad muta ante las nuevas formas de comprender el mundo. Segundo, porque mi experiencia y las declaraciones de la ginecóloga fueron contundentes para redondear la justificación de salir de aquel grupo de sociedad civil, dado que ya venía cuestionando el discurso del acceso a las tecnologías en salud, en la medida en que veía cómo la industria farmacéutica multinacional o nacional tomaba dicho discurso, lo cooptaba y lo usaba para introducir productos en el mercado y para posicionarlos en las políticas de salud pública propias del país. No hay que olvidar que el acceso a un bien implica su consumo y que, en el caso de los medicamentos, su uso irracional es la base de las sociedades medicamentalizadas. Por tanto, empecé a desplazarme del discurso de la eliminación de las barreras de acceso de las intervenciones médicas y de su lógica del medicamento a la implementación de prácticas de prevención y promoción en salud, en las que la farmacoterapia seguramente no iba a ser necesaria en muchos casos.

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En este sentido, para el caso específico de las lesiones que me fueron detectadas y fueron atribuidas al vph, empecé a documentarme y comprendí que la carga de enfermedad de cuello uterino producida por este virus tendería a disminuir con la implementación de tres elementos: campañas efectivas de información a las mujeres, en las cuales se indique que al inicio de su actividad sexual deben tener controles como el Papanicolaou; información efectiva sobre el uso preventivo del condón, y políticas que garanticen la calidad de los laboratorios clínicos y de profesionales ginecólogos. Estas prácticas no deben ser eliminadas, aun en caso de haber recibido la inmunización con la vacuna contra el vph, ya que estas vacunas no son efectivas para todas las cepas del virus, ni en todos los casos según el nivel de exposición a este. Paradójicamente, luego encontraría estas recomendaciones en las propias fichas técnicas de Cervarix®, Gardasil® y Gardasil 9®, las vacunas contra el vph. Frente a esto, manifiesto desde esta intersección mi compromiso de no intentar negar la materialidad del cáncer de cuello uterino y no pretendo, de ninguna manera, minimizar la experiencia de las mujeres que lo han padecido: Quisiéramos creer que nuestra petición de un mundo real es algo más que una sacudida para escapar del cinismo y un acto de fe como los de cualquier otro culto, sea cual sea el espacio que generosamente le demos a las ricas e históricamente específicas mediaciones a través de las cuales nosotras, y todos, debemos conocer el mundo. (Haraway, 1995, p. 318)

Por lo tanto, no pretendo negar mi propia experiencia como química farmacéutica, pues las ciencias de la biología y la química indudablemente construyeron en mí unas formas de conocer, las cuales no se limitan a lo semiótico ni a la representación. El camino que me queda por recorrer es un delgado espacio transdisciplinar entre la química farmacéutica, los estudios culturales y mi propia experiencia, esto es, un complejo semiótico-material que me ayuda a pensar y a aceptar la materialidad de lo semiótico y lo semiótico de lo material. Reconozco mis lugares de privilegio; de hecho, llegué a los estudios culturales en busca de otras perspectivas que me permitieran abordar mi entramado de inquietudes como mujer intervenida por la medicina y como profesional en química farmacéutica –con el blanqueamiento que supone dicha profesión y su ubicación dentro de las ciencias objetivas–, pero además precedida por la intención de comprenderme a través de otros saberes no occidentales, como la medicina ayurvédica y el yoga. Mi intención era que los estudios culturales me dieran las herramientas teóricas y analíticas para cuestionar las formas en que se hacen las políticas públicas en salud; sin embargo, también hizo que repensará la investigación desde mi lugar de enunciación. Así es como comprendí que mi pregunta de investigación solo es la vacunación contra el virus del papiloma humano en colombia 14


posible en tanto que soy un sujeto informado; que mi conocimiento como profesional en química farmacéutica, así como las posibilidades que me ofrecen mi formación en salud, medicina oriental y mi preocupación política, son las que me hicieron llegar a los estudios culturales y reconocerme en aquello con lo que se identifican para tratar de desenredar la madeja desde la transdiciplinariedad y las intersecciones que me constituyen.

¿Por qué me siento tan obligada a escribir? Me desconecté del tema de la vacuna contra el vph hasta el año 2014, cuando la vacuna ya hacía parte del Plan Ampliado de Inmunización (pai), es decir, cuando ya había salido de los privilegiados consultorios ginecológicos para mujeres mayores con capacidad de pago; en efecto, cuando Colombia replicó el modelo mexicano de inmunización contra el vph, por lo que la población vacunada serían niñas y adolescentes escolarizadas. El programa de vacunación gratuita se llevó a cabo a través de las entidades territoriales de salud, las cuales enviaron al cuerpo de enfermería a escuelas y colegios a vacunar a la población codificada como femenina. Lo que me hizo volver mi atención a este tema fueron las primeras páginas de prensa del país, que señalaban en sus titulares a “Las supuestas afectadas por la vacuna contra el vph”. Frente a mi experiencia personal contada líneas atrás, no solo desde las propias entrañas, sino también desde mi propio tránsito como activista en temas de políticas públicas en salud, me generó gran inquietud conocer las lógicas con las que el Estado colombiano finalmente asumió esta vacunación, ya que fue pionero en el mundo al emitir una ley desde el Congreso para inmunizar con estas vacunas a las niñas y adolescentes en el ámbito nacional. Este acontecimiento no tiene antecedentes en el país, ya que, desde que se instauró el pai en Colombia, ninguna vacuna había sido implementada por un acto del poder legislativo. Quise conocer cómo se había llevado a cabo este debate en el Congreso, acerca de las discusiones bioéticas que la sociedad civil y los investigadores independientes estaban llevando a cabo en otros países frente a la efectividad, seguridad y cuestionamientos sobre la finalización de los estudios clínicos de estas vacunas, incluso frente a los cuestionamientos que por la época se le empezaban a hacer a la Organización Mundial de la Salud (oms), dado su conflicto de intereses originado por su financiación. De esta manera, el contexto anterior me llevó a esta pregunta: ¿cuáles son las trayectorias globales-locales y los discursos que dieron lugar a la política de salud que estructura la Ley 1626 de 2013 en Colombia, con la cual se reglamenta y se hace obligatoria la vacunación contra el vph a niñas escolarizadas entre cuarto de primaria y séptimo de secundaria?

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Por esto, desde el reporte de eventos adversos relacionados a la inmunización contra el vph en el 2014 en Colombia, busqué a grupos interdisciplinares que trataran de darle una mirada más amplia a este problema. En este proceso, rápidamente comprendí que para responder la pregunta del contexto nacional frente a esta vacunación era necesario revisar el contexto global, es decir, era fundamental examinar el origen de los programas de vacunación global impulsados por la oms. En este sentido, también me exigía revisar estudios desde la ciencia y la medicina sobre las reacciones adversas que no están siendo relacionadas con estas vacunas ni por los laboratorios productores de Cervarix® y Gardasil®, ni por la oms. Finalmente, la mirada a los relatos de los estamentos globales oficiales y de las ciencias médicas me exigía analizar los argumentos de la sociedad civil, que estaba demandando el reconocimiento de algunas irregularidades en relación con las vacunas. Esta investigación es pertinente dentro de los estudios culturales porque busca poner en evidencia relaciones e interacciones de poder invisibilizadas entre organismos multilaterales y corporaciones, así como la forma en que dichas relaciones se configuran a partir de lógicas gubernamentales y de saber-poder que tienen efectos en la generación de políticas de salud públicas locales, las cuales decantan sobre los cuerpos de mujeres. Hacer una revisión de los actores a nivel global no solo me permitirá responder la pregunta de cómo este programa de vacunación aterriza al ámbito de la salud en el contexto local, sino que también les brinda a los activistas, médicos y científicos independientes del país un documento que selecciona, agrupa, activa y relaciona un archivo gris, hasta ahora atomizado, el cual tiene el potencial de brindar luces de articulación y líneas argumentales para la sociedad civil en relación con la vacuna contra el vph: Contra las urgencias de la gente que se muere en las calles, ¿cuál, en el nombre de Dios, es el objetivo de los estudios culturales? ¿Cuál es el objetivo del estudio de representaciones si no hay respuesta a la pregunta de qué decir a alguien que quiere saber si debe tomarse una droga y si eso significa que morirá dentro de dos días o dentro de unos meses? En ese momento, creo que cualquier persona que esté en los estudios culturales seriamente como práctica intelectual debe sentir, en su pulso, su efemeridad, su insustancialidad, qué poco registra, qué poco hemos podido cambiar o hacer que alguien haga algo. Si no sienten eso como tensión en el trabajo que están haciendo, la teoría los ha desenganchado. (Hall, 2014b, p. 83)

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El modo de hacer y el corpus de investigación Como investigadora, parto de una encrucijada: la práctica de las ciencias concebidas con el criterio de objetividad, principio que lleva consigo la visión dicotómica del mundo, de la que nace la división entre naturaleza y cultura. Como sostiene Evelyn Fox Keller (1985), cuando apodamos “duras” a las ciencias objetivas en tanto que opuestas a las ramas del conocimiento más blandas (es decir, más subjetivas), implícitamente estamos invocando una metáfora sexual en la que por supuesto “dura” es masculino y “blanda” es femenino. De forma general, los hechos son “duros”, los sentimientos “blandos”. (p. 152)

La llegada a las ciencias sociales me permitió ver en el feminismo una herramienta para revisar críticamente al sujeto investigador y romper las pretensiones de universalidad y neutralidad en las que se ha fundamentado la producción del conocimiento científico, así como comprender y aceptar que la verdad no es absoluta, sino que es histórica y contextual. Esto significó para mí la deconstrucción del testigo modesto que por años discipliné, en las técnicas de la asepsia, la distancia, pero a la vez de la omnipresencia; así, me animé a enfrentar nuevas formas de conocer, adoptando como investigadora la perspectiva del conocimiento situado, del modo como lo expone Donna Haraway (1995). Al reconocer mi posición de partida y las relaciones que me inscriben, como lo he venido haciendo en este texto, me sitúo desde una perspectiva parcial, en la que puedo tener una visión objetiva hacia la multidimensionalidad que constituye una política de vacunación contra el vph en Colombia, logrando generar una relación crítica y reflexiva frente a estas políticas públicas en salud y su entramado de relaciones con el contexto global.

Metodología Sandra Harding (1995) afirma que el género, las creencias y los comportamientos de la investigadora deben ser “colocados dentro del marco de la pintura que ella o él desean pintar” (p. 25); así, se suprime la tradición de la investigación cuya postura es invisible y anónima, y se piensa como un sujeto con historicidad y proyección. Se trata entonces de eliminar la posición objetivista que oculta las creencias y prácticas del objeto de investigación. María Mies (1998) habla de la necesidad de postular nuevos métodos y un nuevo concepto de investigación que permitan

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transformar las ciencias en instrumentos contra la opresión y explotación de las mujeres y que se dispongan a modificar el statu quo. La metodología en los estudios culturales parece el momento prístino de la investigación; sin embargo, ha estado mediada por la paciencia y la espera de una epifanía. En un primer momento he tenido que lograr la claridad conceptual dentro del análisis cultural y feminista, a partir de la comprensión de mecanismos disciplinarios, de la búsqueda del contextualismo radical y la emergencia de agenciamientos por parte de los sujetos. Por otra parte, se requirió de un plazo de dos años para reunir el archivo necesario que diera cuenta de una conversación entre un marco global y uno local. Cabe advertir que decidí tomar como corpus de investigación información de las páginas oficiales de los diferentes actores que quería revisar, dada su relevancia en la implementación de la vacuna en Colombia, así como algunas entrevistas. La búsqueda documental en las páginas oficiales de los estamentos globales multilaterales y nacionales la llevé a cabo con la intención de realizar un análisis de los discursos que deciden intervenir el cuerpo de las niñas y adolescentes, y dar cuenta de cómo ese flujo de información construye un sujeto por el que se debe y se puede decidir, que es donde finalmente cabe la acción positivista de un Estado neoliberal y un sistema de salud hegemónico. Una vez tuve el archivo con el que podría responder a la pregunta de investigación, llegó el momento de retomar mi postura investigativa y de comprender cuál era la mejor vía metodológica, porque volvía a los roces entre las ciencias objetivistas y los abordajes hermenéuticos a los que me confrontaban los estudios culturales. El meollo consistía en encontrar un punto intermedio entre los métodos de clasificación de información con los que había trabajado previamente, con las herramientas que me habían brindado las ciencias duras, y formas de interpretación donde la investigación está mediada por la cotidianidad de los sujetos, por sus condiciones materiales y afectivas. Así, exploré diferentes perspectivas desde el feminismo, enfocándome en el “conocimiento situado”, como lo expone Donna Haraway (1995), el cual me logró posicionar como investigadora dentro de los estudios sociales. Posteriormente, abordé la visión que tiene Foucault (1991) sobre el archivo, desde las prácticas discursivas que propone en la arqueología, en la que recupera la formación de la verdad en un momento histórico concreto, y desde las prácticas y discursos que conforman el momento de la genealogía, donde desentraña cómo operan los mecanismos de poder en el devenir histórico. El aporte del análisis de Foucault fue fundamental para darme cuenta de que mi intención era encontrar un camino que me permitiera analizar un discurso que se construye como verdadero y se configuraba dentro de ciertos mecanismos de poder. Ahora la pregunta se centraba en la validez de la investigación, es decir, cómo es posible analizar este archivo desde un punto intermedio en el que se cristalicen la vacunación contra el virus del papiloma humano en colombia 18


mis perspectivas feministas, el contextualismo radical como premisa de Stuart Hall (2014d) y el archivo que tenía que examinar. Solo la lectura de Doing Research in Cultural Studies, de Paula Saukko (2003), me sacaría de la encrucijada en la que me encontraba. La razón por la que Saukko presenta este documento es porque se encuentra en una posición similar a la mía; de ahí mi afinidad con esta lectura, además de que responde a una pregunta que me planteé en el primer semestre de maestría, a saber, la diferencia entre método y metodología.2 Una vez resuelto este interrogante, Saukko arguye sobre la importancia que tiene la validez de la investigación, al citar el caso que se dio en Samoa desde dos perspectivas de abordaje como las de Mead y Freeman: una que toma como informantes a las mujeres jóvenes de cierta isla, donde se relacionan desde sus prácticas cotidianas; y otra que toma a hombres adultos en otra isla, en la que se busca un método que encaje con la objetividad científica. Saukko se da cuenta de que ambas investigaciones están construyendo una verdad; sin embargo, lo hacen desde perspectivas y métodos distintos que llegan a repelerse. Para saldar esta contradicción, Saukko (2003) propone tres aproximaciones metodológicas, con las que busca encontrar un punto intermedio entre la visión de las ciencias duras y la aproximación hermenéutica. Así, formula lo siguiente: 1) validez dialógica (dialogic validity), que permite analizar cuán acertada es la lectura que se hace de la experiencia de mundo que tienen los sujetos; 2) validez deconstructiva (deconstructive validity), la cual evalúa la investigación en términos de qué tan bien logra desenredar los tropos sociales y discursivos que con el tiempo se han hecho pasar por la verdad sobre el mundo; finalmente, 3) validez contextual (contextual validity), que localiza el fenómeno que se está estudiando dentro del contexto social, político e incluso global. En este sentido, el contextualismo está comprometido con una forma de realismo que está obligada a hacer declaraciones de “cómo es el mundo realmente”. La validez deconstructiva me permitió superar el percance en el que estaba cuando pensaba hacer un análisis desde Foucault, ya que con esta metodología examiné las relaciones actuales que se insertan dentro de los mecanismos de poder, los cuales, a su vez, van creando su versión de la verdad. Así mismo, Saukko propone tres estrategias para llevar a cabo un análisis desde la validez deconstructiva:

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“The difference made by the Greek epithet ‘logos’ (knowledge) is that, whereas methods refer to practical ‘tools’ to make sense of empirical reality, methodology refers to the wider package of both tools and a philosophical and political commitment that come with a particular research ‘approach’” (Saukko, 2003, p. 19): “La diferencia hecha por el epíteto griego ‘logos’ (conocimiento) es que, mientras que los métodos se refieren a ‘herramientas’ prácticas para dar sentido a la realidad empírica, la metodología se refiere al paquete más amplio de ambas herramientas y un compromiso filosófico y político que vienen con un enfoque de investigación específico” (traducción propia).

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1) exceso posmoderno (postmodern excess), el cual permite dar cuenta de cómo un mismo fenómeno puede tener diversas lecturas; 2) historicidad genealógica (genealogical historicity), que, dando continuidad al trabajo de Foucault (1991), desafía las verdades al exponer su historicidad –en efecto, la investigación debe develar la manera en que ciertas verdades dadas por sentado no son universales ni atemporales, sino que son el producto de agendas históricas y políticas específicas–, y 3) crítica deconstructiva (deconstructive critique), la cual cuestiona los binarios que organizan nuestro pensamiento para exponer las políticas ocultas. Así, la investigación busca desenterrar los binarios constitutivos que marcan nuestro entendimiento de un fenómeno particular. De este modo, entendí que la crítica deconstructiva era la manera de aproximarme al archivo para lograr responder a mi pregunta de investigación, pues la validez deconstructiva coincidía con mis pretensiones investigativas, como señala Saukko (2003): La crítica posestructuralista puede ocasionalmente recordar el esfuerzo de descubrir sesgos en la investigación o, por ejemplo, en los cubrimientos de noticias. El posestructuralismo parte de esta línea de cuestionamiento, en tanto que argumenta que no existe una manera imparcial de comprender el mundo. La noción de una buena investigación es aquella que logra exponer los puntos ciegos, la historicidad, los compromisos políticos y las omisiones de las verdades sociales y, a su vez, es consciente de sus compromisos históricos, políticos y sociales y reflexiona permanente sobre ellos. (p. 21. Traducción propia)3

Una vez resuelta la metodología, y siguiendo la distinción que había realizado Saukko entre esta y el método, decidí que mi intención al haber tomado documentos oficiales tenía que ser una lectura crítica de estos, a partir del análisis de discurso, teniendo en cuenta que discurso se concibe como “prácticas lingüísticas que mantienen y promueven ciertas relaciones sociales. El análisis consiste en estudiar cómo estas prácticas actúan en el presente manteniendo y promoviendo estas relaciones; es sacar a la luz el poder del lenguaje como una práctica constituyente y regulativa” (Iñiquez y Antaki, 1994, p. 5).

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“Poststructuralist critique may, occasionally, bring into mind the traditional research endeavour of uncovering ‘bias’ in research or, for example, in news coverage. However, poststructuralism parts from this line of inquiry in that it argues that there is no ‘unbiased’ way of comprehending the world. Therefore, its notion of good research is twofold. First, good or valid research is understood to expose the historicity, political investments, omissions and blind spots of social ‘truths’. Second, good or valid research is also understood to be aware of its own historical, political and social investments, continuously reflecting back on its own commitments.”

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Entonces, para plantear el método de análisis, tomé las pautas que propone Ian Parker (1992) en Social Dynamics: Critical Analysis for Social and Indvidual Psychology. En primer lugar, el discurso, de acuerdo con este autor, va acompañado de prácticas, de manera que el análisis del discurso consiste en sistematizar diferentes formas de hablar para entenderlas mejor y evidenciar las tensiones que se dan entre estas, así como sus transformaciones y reproducciones. Así, propone poner en lenguaje escrito los criterios para distinguir discursos, para asociarse libremente con el texto, lo que permite detallar sistemáticamente los objetos, identificando la intención de quien habla, para quién habla y, así, poder determinar qué tipo de discurso es. Una vez se ha hecho esto, se puede detallar lo que los sujetos tienen por decir y las formas como se van encontrando diferentes discursos. Dentro de los pasos que sugiere Parker (1992), propone dar cuenta de dónde y cuándo aparecieron los discursos y cómo estos naturalizan los objetos de los que hablan, las instituciones que los reproducen y quiénes se benefician, así como los vínculos que tienen con otros tipos de discursos; en este caso, esto me permitió seguir algunas de las trayectorias globales-locales que se dan en la implementación de la vacuna. Cada una de estas categorías de análisis posibilita aclarar la manera como se articulan dentro del poder y las posibilidades de desplazamiento que tienen. De esta manera, una vez hallé la metodología en la crítica deconstructiva y el método en el análisis de discurso, comencé la tarea de hacer un tamizaje del archivo, con el fin de responder a la pregunta de investigación y lograr una conversación entre un marco global y el contexto nacional. En un primer momento contaba con un archivo de 125 documentos recopilados, de los cuales se seleccionaron 47 por su relevancia para la construcción de la investigación aquí propuesta. De estos, diez dan cuenta de las relaciones entre corporaciones y organismos multilaterales, dieciocho contienen pronunciamientos de la sociedad civil y nueve archivos –ocho documentos y una entrevista– contienen precisiones científicas sobre la vacuna, así como argumentos sobre sus reacciones adversas. Por otro lado, se seleccionaron cuatro documentos de antecedentes legislativos de nivel regional y nacional. Por último, se seleccionaron y revisaron seis gacetas del Congreso de la República de Colombia, las cuales dan cuenta de los antecedentes legislativos locales. Para resaltar el análisis de discurso de los diez documentos de antecedentes legislativos, se clasificaron cinco discursos que se complementan y que, a su vez, relacionan los documentos dentro de una lógica de poder estructurada por las instituciones. Los discursos son: 1) un discurso desarrollista; 2) un discurso biopolítico de orden salubrista; 3) un discurso que denominé de úteros del Estado, correspondiente a la enunciación por parte del Estado y organismos multilaterales, con el fin de mantener la salud sexual y reproductiva en niñas, adolescentes y mujeres a

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través de programas de prevención e intervención; 4) un discurso enclavado en el farmacopoder, que se refiere a la modificación biomolecular en el cuerpo de sujetos o poblaciones a partir de sustancias producidas por la industria farmacéutica, el cual se da desde una institución, desde una corporación, desde algún organismo del Estado o de alianzas entre estos; y 5) un discurso del Estado como protector de la niñez, en el que el Estado se enuncia como el garante de los derechos de esta población a partir de leyes que propenden por su desarrollo integral. Dicha clasificación me permitió trazar una línea argumental entre los documentos, de manera que pude observar cómo se reproducían los discursos según la necesidad de localizar la intervención de los cuerpos dentro del territorio nacional. Mi discusión a través de este análisis de discurso dará cuenta de esa línea argumental por medio de algunos fragmentos de los documentos. La razón por la que uso partes de texto reside en que es necesario ser preciso en la exposición de las relaciones de poder, por lo que apelé a la búsqueda de afirmaciones certeras, que den cuenta de los discursos sin que el texto se vuelva monótono y repetitivo para el lector/la lectora. Por otro lado, es importante rescatar el hecho de que son diez documentos entroncados entre sí, por lo que es urgente relacionarlos unos con otros, no solo de manera esquemática, sino analítica. Finalmente, procuré el desarrollo de una investigación asequible al lector/la lectora, de carácter minucioso, pero también clara en su manera de aproximarse al problema, caracterizada por reconocer los hilos del poder dentro de las políticas en salud en Colombia, y que no desemboque en divagaciones, ni en teorías de la conspiración. Cabe señalar que estos 125 documentos componen un campo de estudio por explorar, que implican conexiones globales que permiten discutir, a partir de las distintas articulaciones que se gestan a lo largo de un mismo eje temático, cómo es la vacunación por vph. Esta investigación, con el fin de responder a un problema local, se restringió al tomar como archivo central la legislación y sus conexiones con el marco global.

Estructura del texto El lector/la lectora se encontrará a lo largo de este documento con cuatro capítulos, en los cuales desarrollaré: un marco conceptual, una exposición del contexto global de la vacuna, para luego mostrar el aterrizaje de una política global en el contexto local, a partir de un análisis de los documentos internacionales y nacionales vinculantes que promovieron la ley, y, finalmente, analizaré los documentos en los que están registradas las discusiones que llevaron al Congreso de la República a emitir la ley por la cual se garantiza la vacunación contra el vph en Colombia.

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El primer capítulo, llamado Mutatis mutandis, parte de una discusión conceptual que muestra el surgimiento de una sociedad disciplinaria. Las modificaciones que se dieron respecto a la visión sobre los cuerpos permitieron la creación de instituciones como la clínica, las cuales conducirían posteriormente al control de la población a partir de disciplinas como la estadística. Lo que quiero vislumbrar aquí es la asociación entre estadística y medicina como clave para entender las actuales políticas en salud. De igual manera, este cambio sobre el discurso y las prácticas de los cuerpos se actualiza y muta desde el orden disciplinar a partir de lo que Paul B. Preciado llama farmacopornografía. La farmacopornografía surge en el periodo de la posguerra como mutación del capitalismo, al marcar una relación entre tecnología y sexualidad, la cual se mantiene hasta ahora. A esta nueva etapa Preciado (2008) la describe como “un nuevo tipo de capitalismo caliente, psicotrópico y punk” (p. 41), enmarcado en una economía mundial con gran producción por parte de la industria farmacéutica de hormonas, medicamentos, sustancias ilegales, etc., y una producción semiótica del cuerpo desde el porno. Así, toma como referencia los procesos biomoleculares propios de los fármacos, combinados con la subjetividad sexual creada y cooptada por el aparato semiótico técnico del pornismo, correspondiéndole a cada uno, respectivamente, la píldora y el playboy. De esta manera, Preciado (2008) expone cómo la feminidad, la masculinidad y el género son invenciones diagnosticadas a partir de la posguerra como parte de un importante proyecto de domesticación social, cuyas raíces se hunden en la sociedad científica y colonial del siglo xix, lo que dio como resultado una sociedad contemporánea habituada a definir sus subjetividades con base en los productos propios de la industria farmacéutica, la cual es la más beneficiada dentro del posfordismo. El segundo capítulo debe considerarse como un marco contextual y un primer análisis, el cual desarrollo desde mi postura de sujeto informado, por lo que muestro un contexto global en el que expongo las relaciones entre la oms con donantes corporativos, prácticas que se presentan a la luz del panorama de biopolítica neoliberal que se da en las organizaciones multilaterales, lo que desencadena un proceso de gubernamentalidad como lógica operante naturalizada. Posteriormente, presento una descripción del vph, sus consecuencias y la forma como se pretende disminuir dichas consecuencias por medio de la vacunación a la población femenina. Luego, enlisto algunos de los efectos adversos asociados a las vacunas contra el vph, cristalizados en el cuerpo de las mujeres, los cuales no son relacionados por la oms y los laboratorios a través del discurso científico tradicional. Se termina el capítulo presentando los grupos y asociaciones internacionales que han denunciado, por un lado, la falta de independencia de la oms para establecer un verdadero riesgo/beneficio de la vacunación contra el vph y que, por otro lado, han visibilizado y reclamado las graves consecuencias de dichas vacunas; en este capítulo se

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delinean las determinaciones desde el contexto global, las cuales permitirán hacer una lectura del contexto local. En el tercer capítulo me centro en dar cuenta de la forma en que la política de vacunación dirigida por la oms se va decantando en las políticas en salud de Latinoamérica y Colombia; de igual manera, presento los archivos de la legislación colombiana que serán claves para el posterior análisis. En este capítulo mi intención es que quien se acerque a él vislumbre las relaciones de saber-poder que se dan a partir de un archivo institucional. Una vez se aclaran las estructuras de dicha relación, se dará paso a la revisión de los documentos internacionales vinculantes a partir de un análisis de discurso relacionado transversalmente con el marco teórico. Finalmente, en el cuarto capítulo continúo con el análisis de archivo, pero en este momento me centro en los documentos que dan cuenta del desarrollo del proyecto de ley por medio del cual se aprobó la vacunación a niñas escolarizadas entre cuarto de primaria y séptimo de bachillerato. Así, presento la vacunación según los argumentos del proyecto de ley, con el fin de entender la visión sobre la sexualidad y el cuerpo de niñas y adolescentes que tiene el Estado colombiano. A través de la lectura de la discusión en el Congreso, quiero comprender cómo fue posible que la vacunación se viera como una política viable; finalmente, muestro intersecciones que tal vez solo como sujeto informado pude sacar a la luz. Como ya se mencionó, el archivo recopilado constaba de 125 documentos, de los que se tomaron 47, a los que se les realizó un seguimiento a partir de categorías que dan cuenta de su intención, su lugar de enunciación y los documentos con que conversan.

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Sandra Milena Pulgarín Suárez

LA VACUNACIÓN CONTRA EL VIRUS DEL PAPILOMA HUMANO EN COLOMBIA Prácticas y discursos de una tecnología de género Intervenciones en Estudios Culturale s

Esta colección del Departamento de Estudios Culturales presenta trabajos de investigación que perfilan posibilidades de intervención en el campo de los estudios culturales en dos sentidos: primero, como forma de visibilización de problemáticas propias, y segundo, como forma de invitar a participar y reflexionar en torno a este espacio en consolidación.

LA VACUNACIÓN CONTRA EL VIRUS DEL PAPILOMA HUMANO EN COLOMBIA

INTERVENCIONES EN ESTUDIOS CULTURALES

Este libro analiza las trayectorias que condujeron a la creación de la política pública para la vacunación contra el virus del papiloma humano (vph) en Colombia. Al trazar la interacción entre corporaciones, filantropía corporativa y organismos multilaterales de salud, se devela el conflicto de intereses subyacente a la implementación de esta política pública dirigida a la salud sexual y reproductiva de las mujeres en países en desarrollo. La intervención en Colombia reprodujo discursos coloniales sobre la conformación del saber en relación con los cuerpos de las mujeres. Esto lleva al concepto malignum uteri, que cristaliza la patologización de estos cuerpos y que se actualiza según la episteme de la época. El virus no se adquiere ni se desarrolla en la infancia. Su contagio y progreso se puede prevenir o controlar en etapas tempranas. A pesar de no ser las mujeres las portadoras del virus, la vacuna contra el vph fue pensada para mujeres: son ellas la población rebaño de inmunización, sin que se les haya reconocido cuando esta afecta gravemente su salud. Tampoco se ha reconocido a las mujeres racializadas y empobrecidas con quienes experimentaron las primeras píldoras anticonceptivas ni a las hermanas peruanas a las que el Estado les quitó su útero.

Sandra Milena Pulgarín Suárez

Sandra Milena Pulgarín Suárez

Química farmacéutica de la Universidad de Antioquia y magistra en Estudios Culturales de la Pontificia Universidad Javeriana. Su tránsito entre estas dos disciplinas, aparentemente ubicadas en las antípodas del conocimiento, supuso para ella un fuego transformador que derrumbó el testigo modesto que la habitaba, construido y disciplinado por años en las mal llamadas ciencias duras. Este proceso dio lugar a una investigación y vida a este texto transdisciplinar, matizado con su propia experiencia y con las intersecciones que la constituyen. Nos comparte la autora: “No soy antivacunas ni tengo la intención de echar a la modernidad por la borda. Mi propósito no es aniquilar la ciencia ni la medicina alopática y sus descubrimientos, pero sí considero que a esta hay que decolonizarla y revisar las formas de gobierno de nuestros cuerpos, para poder elegir y reclamar nuevamente este territorio-cuerpo como nuestra posibilidad de agenciamiento del cuidado”.

© Imagen de cubierta: Kobby Mendez en Unsplash


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