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La organización social del cuidado de niños niñas y adolescentes en Colombia

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Yolanda Puyana Villamizar Amparo Hernández Bello Martha Lucía Gutiérrez Bonilla, eds.

No somos nada sin el otro/a. Esta es la mejor expresión del valor fundamental del cuidado. El cuidado que sostiene la vida. El cuidado que durante esta dolorosa pandemia ha sido la base fundamental para proteger la vida en todas sus expresiones. El cuidado que por siglos ha sido invisibilizado y desplegado especialmente por millones de mujeres en el mundo. Quien cuida y a quienes se cuida ha puesto en evidencia la división tajante sobre los cuidados. Como lo señala Judith Butler, todas y todos nacemos dependientes. En eso estamos en condición de igualdad. Pero es en la división sexual del trabajo y en la valoración que las sociedades hacen del cuidado donde empiezan las diferencias y las profundas desigualdades. Este libro nos ofrece un bien común intelectual, al documentar de forma cooperativa la organización social del cuidado de niñas, niños y adolescentes en Bogotá, Cartagena, Medellín, Cali y Bucaramanga, y nos propone como proyecto de sociedad “un movimiento significativo que ponga en el centro la vida y el cuidado como acciones para construirla, promoverla y conservarla”. Angela María Robledo Gómez

La organización social del cuidado de niños, niñas y adolescentes en Colombia Experiencias urbanas

Editoras académicas Yolanda Puyana Villamizar Amparo Hernández Bello Martha Lucía Gutiérrez Bonilla

Yolanda Puyana Villamizar Amparo Hernández Bello Martha Lucía Gutiérrez Bonilla

Autoras y autores

Editoras académicas

Maritza Charry Higueras

María Eugenia Agudelo Bedoya (in memoriam) Lady Johanna Betancourt Maldonado Julia Isabel Durán Rivera María Cénide Escobar Serrano

Andrés Dávila Ladrón de Guevara

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Lina Estrada Jaramillo Carolina Giraldo Henao Gloria Gómez Santa Martha Lucía Gutiérrez Bonilla

LA ORGANIZACIÓN SOCIAL DEL CUIDADO DE NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES EN COLOMBIA

En medio de la pandemia, no puede ser más oportuno que este excelente trabajo publicado por la Editorial Pontificia Universidad Javeriana vea la luz. Luego de varios años de investigación, elaboración y discusión, las profesoras Yolanda Puyana Villamizar, Amparo Hernández Bello y Martha Lucía Gutiérrez Bonilla entregan a la sociedad colombiana un riguroso estudio sobre cómo se da, en cinco ciudades colombianas, la organización social del cuidado de niños, niñas y adolescentes. Sus resultados han sido discutidos, validados y mejorados en diversos escenarios académicos con participación de investigadores de América Latina. Ello implica que sus resultados no son producto de una moda ni de la situación, sino que ayudan a problematizarla. Gracias al juicioso ejercicio comparativo, dan luces sobre qué se está haciendo para el cuidado de niños, niñas y adolescentes en las ciudades colombianas. Claramente, facilitan el análisis y la reflexión sobre los impactos de la circunstancia que, como sociedad, afrontamos. Además, nos ayudan a sugerir, indicar y propiciar mejores decisiones.

Amparo Hernández Bello Andrea Hernández Quirama Carolina Jordán Mosquera María Cristina Maldonado Gómez Amparo Micolta León María del Pilar Morad Haydar Margarita Moreno Roldán Gloria Giammaría de Osorio Leidy Perneth Pareja Yolanda Puyana Villamizar Mercedes Rodríguez López Héctor Mauricio Rojas Betancur Julián Salas Rodas Johanna Jazmín Zapata Posada

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La organización social del cuidado de niños, niñas y adolescentes en Colombia Experiencias urbanas Editoras académicas Yolanda Puyana Villamizar Amparo Hernández Bello Martha Lucía Gutiérrez Bonilla

Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales

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Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales

Reservados todos los derechos © Pontificia Universidad Javeriana ©Yolanda Puyana Villamizar, Amparo Hernández Bello y Martha Lucía Gutiérrez Bonilla, editoras académicas © María Eugenia Agudelo Bedoya, Lady Johanna Betancourt Maldonado, Maritza Charry Higueras, Julia Isabel Durán Rivera, María Cénide Escobar Serrano, Lina Estrada Jaramillo, Gloria Gómez Santa, Amparo Hernández Bello, Andrea Hernández Quirama, Carolina Jordán Mosquera, María Cristina Maldonado Gómez, Martha Lucía Gutiérrez Bonilla, Amparo Micolta León, María del Pilar Morad Haydar, Margarita Moreno Roldán, Gloria Giammaría de Osorio, Leidy Perneth Pareja, Yolanda Puyana Villamizar, Mercedes Rodríguez López, Héctor Mauricio Rojas Betancur, Julián Salas Rodas, Johanna Jazmín Zapata Posada, Carolina Giraldo Henao, autores y autoras Primera edición: diciembre de 2020 Bogotá D. C. ISBN (impreso): 978-958-781-529-0 ISBN (digital): 978-958-781-530-6 DOI: https://doi.org/10.11144/Javeriana.9789587815306 Número de ejemplares: 300 Impreso y hecho en Colombia Printed and made in Colombia

Editorial Pontificia Universidad Javeriana Carrera 7.a n.° 37-25, oficina 1301, Bogotá Edificio Lutaima Teléfono: 3208320 ext. 4205 www.javeriana.edu.co/editorial Corrección de estilo Sonia Serna Diagramación Margoth de Olivos Diseño de cubierta La Central de Diseño Imagen de portada Miguel Varona Impresión DGP Editores S.A.S. Pontificia Universidad Javeriana | Vigilada Mineducación. Reconocimiento como Universidad: Decreto 1297 del 30 de mayo de 1964. Reconocimiento de personería jurídica: Resolución 73 del 12 de diciembre de 1933 del Ministerio de Gobierno.

Puyana Villamizar, Yolanda, 1948-, autora, editora académica La organización social del cuidado de niños, niñas y adolescentes en Colombia : experiencias urbanas / autores Yolanda Puyana Villamizar [y otros veintidós] ; editoras académicas Yolanda Puyana Villamizar, Amparo Hernández Bello, Martha Lucía Gutiérrez Bonilla. -- Primera edición. -- Bogotá : Pontificia Universidad Javeriana, 2020.

424 páginas ; 17 x 24 cm Incluye referencias bibliográficas. isbn : 978-958-781-529-0

1. Niños - Condiciones sociales - Colombia 2. Adolescentes - Condiciones sociales - Colombia 3. Familia – Aspectos sociales - Colombia 4. Trabajo infantil - Colombia 5. Niños - Cuidado - Colombia 6. Niños - Legislación - Colombia 7. Adolescentes - Legislación - Colombia 8. Políticas públicas - Colombia I. Hernández Bello, Amparo Higinia, autora, editora académica II. Gutiérrez Bonilla, Martha Lucía, autora, editora académica III. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá CDD 305231 edición 21 Catalogación en la publicación - Pontificia Universidad Javeriana. Biblioteca Alfonso Borrero Cabal, S.J. inp. 11 / 09 / 2020

Prohibida la reproducción total o parcial de este material, sin autorización por escrito de la Pontificia Universidad Javeriana.

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Contenido

Agradecimientos..................................................................... 9 Introducción........................................................................ 11 Yolanda Puyana Villamizar

El contexto urbano nacional................................................. 25 Yolanda Puyana Villamizar

Narraciones sobre el cuidado de nna en Bogotá: reflexiones desde el género y la posición social........................ 39 Yolanda Puyana Villamizar, Amparo Hernández Bello, Martha Lucía Gutiérrez Bonilla y Carolina Giraldo Henao

El cuidado de niños y niñas en Cartagena de Indias: estrategias familiares e inequidades..................................... 119 Mercedes Rodríguez López, María del Pilar Morad Haydar, Gloria Giammaría de Osorio, Julia Isabel Durán Rivera y Leidy Perneth Pareja

¿Cómo cuidamos a nuestros niños y niñas en Medellín? Narrativas de quienes agencian el cuidado y quienes lo reciben............................................................................ 183 María Eugenia Agudelo Bedoya (in memoriam), Margarita Moreno Roldán, Lina Estrada Jaramillo, Gloria Gómez Santa, Johanna Jazmín Zapata Posada, Carolina Jordán Mosquera y Julián Salas Rodas

Mujeres y hombres del cuidado: algo se aprende, algo se hace y algo prevalece en el cuidado de la niñez y la adolescencia en Bucaramanga....................................... 247 Andrea Hernández Quirama y Héctor Mauricio Rojas Betancur

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Organización social del cuidado para la primera infancia en Cali: nociones y estrategias.............................................. 303 Amparo Micolta León, María Cénide Escobar Serrano, Maritza Charry Higueras, María Cristina Maldonado Gómez y Lady Johanna Betancourt Maldonado

Nociones y prácticas del cuidado de niños, niñas y adolescentes en Bogotá, Bucaramanga, Cali, Cartagena y Medellín: lo común y lo diverso........................ 367 Yolanda Puyana Villamizar, Amparo Hernández Bello y Martha Lucía Gutiérrez Bonilla

Reflexiones sobre la organización social del cuidado y algunas recomendaciones de política pública...................... 395 Amparo Hernández Bello, Yolanda Puyana Villamizar y Martha Lucía Gutiérrez Bonilla

Autoras y autores................................................................. 419

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Agradecimientos La investigación que dio origen al libro La organización social del cuidado de niños, niñas y adolescentes en Colombia. Experiencias urbanas contó con el apoyo financiero y técnico de las universidades a las que pertenecen las investigadoras y los investigadores de este macroproyecto: Pontificia Universidad Javeriana Universidad de Cartagena Universidad del Valle Universidad Industrial de Santander Universidad Pontificia Bolivariana Asimismo, agradecemos a ONU Mujeres, Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres, por sus contribuciones para llevar a buen puerto esta investigación.

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Introducción Yolanda Puyana Villamizar

El cuidado debe ser visto como una actividad de la especie humana que incluye todo lo que hacemos para mantener, continuar o reparar nuestro mundo, de modo que podamos vivir en él de la mejor manera posible. Este mundo incluye nuestros cuerpos, nuestras individualidades y nuestro entorno, que buscamos entretejer en una red compleja que sostiene la vida. Citado por Tronto, 2018, p. 25

El cuidado, como esa red que sostiene a todos, es un interrogante cada vez más vigente en nuestros tiempos. En esta época de catástrofe ambiental, ¿quién no es proclive a mantener la vida? Cuidarnos y cuidar a las y los demás es fundamental desde que despertamos hasta el anochecer. A su vez, forma parte del engranaje cultural, pues en medio del cuidado se dan las relaciones afectivas que nos hacen personas, aprehendemos el lenguaje, el universo simbólico, los espacios y tiempos con que nos movemos e incorporamos. En pocas palabras, las formas de vivir en sociedad. Como nos sugiere Tronto (1993), vamos a ser cuidados, pues ninguna persona podría declarar con seguridad su independencia de los y las demás, en especial al final y al principio de la vida. Somos seres particulares y corporales, pero a la vez compartimos una meta colectiva que implica entretejer redes, porque es el único camino para conservar la vida y mejorar el entorno. Lo anterior está inexorablemente ligado a la política. Lo menciona Aristóteles a propósito de la polis: un espacio de ejercicio de la ciudadanía en el que se involucra el cuidado (Tronto, 2018). No es suficiente la construcción de un Estado capaz de fortalecer la democracia. Cada persona va incorporando el cuidado mediante la consolidación de una ética ciudadana en la acción misma de cuidar, una ética que debe ser interiorizada por cada uno y una en calidad de ciudadanos/as. A partir de esta 11

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concepción del cuidado como una red en que todos y todas estamos inmersos, realizamos la investigación sobre la organización social del cuidado (osc) de niños, niñas y adolescentes en cinco ciudades colombianas.1 Uno de los conceptos fundamentales que atravesó la investigación fue la concepción social del cuidado como un trabajo, entendido este como una acción transformadora de la naturaleza dirigida a personas cuya vida y bienestar dependen de una atención particularizada, continua y cotidiana de quien cuida, y en medio de una interacción social entre quien realiza esta acción y quien recibe la protección en los momentos vitales en los que se es dependiente.2 Con el cuidado no solo se contribuye a mantener o preservar la vida de uno mismo y de los demás, sino que también se construye la riqueza de la sociedad (Arango y Molinier, 2011; Carrasco, Borderías y Torns, 2011; Esquivel, Faur y Jelin, 2012). En este orden de ideas, cuidar implica un abordaje desde dimensiones éticas, emocionales y materiales que le confieren sentido al cuidado insertándose en la misma acción (Martín, 2011). La ética corresponde al deber ser de cuidar, al para qué y a la justificación axiológica de su acción, asociada con el contexto cultural. Así: “la vida moral no es un dominio distinto y autónomo de la actividad humana: resulta de las prácticas corrientes de los grupos de personas. La moral es siempre contextual y condicionada por la historia, incluso cuando reivindica la universalidad” (Tronto, 2009, p. 98). Además del contexto, la ética también se integra a la acción misma de cuidar. Al respecto, Arango y Molinier (2011) nos ilustran sobre la distinción entre una ética femenina y una feminista: la primera legitima la acción de cuidar como respuesta a una ancestral división sexual del trabajo que la subsume sin reconocimiento social; la segunda conlleva una democracia liberada del patriarcado y de otras formas de exclusión, como el racismo, el sexismo y la homofobia. A su vez, el cuidado contiene una dimensión emocional en cuya interacción se genera una relación cara a cara, manteniendo un vínculo afectivo inevitable. Es posible expresar el amor, que con frecuencia implica contradicciones, y genera rabias y hostilidades, dadas las múltiples situaciones enmarcadas en esta interacción. Las emociones en el acto de cuidar están sujetas a un diccionario cultural con preconcepciones que regulan su ex  En adelante niños, niñas y adolescentes se sintetiza con la sigla nna.

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Dependencia no significa sumisión en esta perspectiva. Si bien hay momentos del ciclo vital en que no podemos vivir sin el cuidado, la perspectiva es la búsqueda permanente de una interacción que tienda a la autonomía de quien es asistido. 2

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presión o su inhibición y el deber ser del comportamiento de quien cuida (Hochschild, 2008;3 Martín, 2011). Por último, la dimensión material ha sido la más señalada por los estudios feministas, porque implícito en el concepto del cuidado se encuentra el trabajo doméstico necesario para que las personas a cargo obtengan bienestar. En su interior están los oficios directos, la provisión de las precondiciones en que se realizan tareas como la preparación y compra de alimentos y la limpieza de la casa. También conlleva la gestión del cuidado: coordinación de horarios, traslados a centros educativos y a otras instituciones, supervisión del trabajo de cuidadoras remuneradas, entre otros. Si bien este tipo de actividades son las más contabilizadas como trabajo no remunerado, se realizan al mismo tiempo y buena parte de ellas no son mercantilizables, en especial, el cuidado directo (Rodríguez, 2015). A su vez, la osc constituye otra categoría central de esta investigación, derivada del diamante del bienestar propuesto por Razavi (2007). Como enuncia Arriagada (2010): “se trata de la forma de distribuir, entender y gestionar la necesidad de cuidados que sustentan el funcionamiento del sistema económico y de la política social” (p. 29). En este sentido, organizar la osc requiere considerar tanto la demanda de cuidados existentes, las personas que proveen los servicios, así como el régimen de bienestar en que se desenvuelven. Además, incluye las acciones del Estado, las políticas públicas, las instituciones sociales articuladas al apoyo del mismo, y el papel de las organizaciones de la sociedad civil. Asimismo, en el curso del estudio reconocemos como categorías transversales el enfoque de género y de clase social, porque marcan diferencias significativas en la perspectiva ya planteada.4 Sobre este tema compartimos la conceptualización hecha por Gabriela Castellanos (2003) que, previa a una crítica a la manera polarizada como nuestra cultura observa las diferencias sexuales entre el sexo y el género, afirma: […] sistema de saberes, discursos, prácticas sociales y relaciones de poder que dan contenido específico al cuerpo sexuado, a la sexualidad y a

Hochschild (2008) reivindica el estudio de las emociones a partir de la cultura y de las normas sociales condicionadas por el contexto. 3

4   Una carencia de estos capítulos es la de hacer explícito el carácter étnico, a pesar de ser conscientes de que es un factor de exclusión e inequidad social.

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14 | Yolanda Puyana Villamizar las diferencias físicas, socioeconómicas, culturales y políticas entre los sexos en una época y en un contexto determinado. (p. 48)

El cuidado ha sido visto a través de los lentes de género, en la medida en que se fueron desarrollando los estudios feministas, por la forma como las distintas culturas interpretan la maternidad y la división sexual de las funciones en la familia y en la sociedad (Arango y Molinier, 2011). Respecto a las clases sociales, retomamos a quienes, desde los estudios latinoamericanos, enuncian cómo el cuidado está permeado por las inequidades sociales de la región (Martínez, 2008; Del Valle, 2013). Lo anterior, porque los recursos, el acceso al mercado y al Estado van a incidir en las formas de cuidar. El mercado de trabajo que provee el salario por medio del cual se adquieren bienes y servicios; el trabajo doméstico, que transforma para el consumo los bienes que se adquieren vía el mercado y brinda diversos servicios que no encuentran sustituto o que son poco accesibles por esa vía; y, finalmente, los servicios ofrecidos por el Estado (Del Valle, 2013). Al iniciar esta investigación, problemáticas del contexto colombianos nos indujeron la necesidad de estudiar el cuidado, como ilustraremos en el curso de este libro, al abordar los contextos, las nociones y prácticas del mismo en las ciudades señaladas. Por ahora, solo cabe anotar problemas sociales que nos generaron preguntas de investigación asociadas con acontecimientos que, a continuación, describiremos a grandes rasgos: • La migración abrupta hacia las ciudades ha redundado en un proceso de urbanización caótico, negativo para la población, que incide en que estos centros urbanos no sean “cuidadores”, en el sentido propuesto por Rico (2017), quien tuvo como base varios casos latinoamericanos. • Durante el curso de los siglos xx y xxi en las ciudades colombianas ha persistido una estratificación y una inequidad social que, sumada al bajo acceso a bienes y servicios, influye en el cuidado y en los altos niveles de pobreza. Esta situación, obliga a quienes ejercen la labor del cuidado a vincularse al mercado laboral para alcanzar un nivel de vida apenas aceptable (Profamilia, 2015; Puyana y Valencia, 2013). • Desde la segunda parte del siglo xx persisten cambios en las relaciones de género, manifestadas en el incremento de las tasas de participación femenina en el mercado laboral, en especial, por parte de mujeres jóvenes y en edad reproductiva. No obstante,

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como muestran los estudios gestados a partir de la Ley 1413 del 2010, aún la mayoría de los hombres colombianos permanecen ajenos al cuidado y no ha ocurrido una transformación de la división sexual del trabajo en los hogares (ver la Encuesta Nacional de Uso de Tiempo, dane, 2013). Advertimos que buena parte de la población cuidadora a la vez ha trabajado en condiciones adversas y cubren extensas jornadas laborales, en las que prevalece la vinculación al sector informal con bajo acceso a la seguridad social y, en el caso de las grandes ciudades, son obligados a transportarse desde lugares lejanos al sitio de vivienda. Crecen reconfiguraciones familiares distintas a la conformada por padres, madres e hijos/as. En especial, han aumentado los hogares monoparentales femeninos y masculinos. Aunque persisten los hogares extensos, en los anteriores se hace más difícil el cuidado (Profamilia, 2015). La orientación neoliberal de las políticas estatales incide en un Estado débil, con cobertura y calidad insuficiente, lo que genera una amplia brecha entre lo formulado en tales políticas y la realidad de su implementación. Además, consideramos que persisten en Colombia bajas coberturas y la calidad de los servicios es deficiente (Giraldo, 2013). Las inquietudes acerca de que la familiarización del cuidado de nna es prioritariamente una responsabilidad de las familias, fenómeno común en América Latina, además de las mínimas prácticas de conciliación en las empresas debido, entre otras, a la precariedad de los empleos (Del Valle, 2013; Martínez y Camacho, 2007; Esquivel et al., 2011).

En síntesis, como se abordará en el curso de este libro, en Colombia persiste un déficit del cuidado de la población menor de 18 años. Consideramos que aún no se ha gestado un cambio cultural en la familia dirigido a democratizar su ejercicio, ni se ha construido una ética del cuidado en el sentido propuesto por Joan Tronto (2018). Como en el país se carecía de estudios que recogieran las vivencias sobre el cuidado de nna en varias ciudades, abordamos un enfoque cualitativo, ya que les damos prioridad a las conversaciones con quienes cuidan. Quienes cuidan y son cuidados transmiten sus vivencias y un saber que solo es percibido por quienes escuchan. La disposición fue generar un diálogo entre investigadoras y las personas que

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cuidan, diálogo que no es ajeno a la autorreflexión sobre nuestras mismas prácticas de cuidado en calidad de abuelas, madres, hijas e incluso hermanos/as y amigos/as. Al mismo tiempo, otros estudios se fundamentaron en talleres que combinaron el diálogo en grupo con la investigación. Con la perspectiva teórica citada, y ante las inquietudes someramente expuestas, nos preguntamos sobre la conservación de la vida de las nuevas generaciones para el caso de la Colombia urbana. Con un grupo de profesoras nos propusimos contestar, en cinco ciudades colombianas —Bogotá, Cali, Medellín, Bucaramanga y Cartagena—, las siguientes preguntas: ¿cómo se cuidan a niños, niñas y adolescentes desde los grupos familiares? Y, ¿cómo estos hogares se articulan con la organización social del cuidado? La investigación se centra en dos temáticas articuladas desde los relatos de quienes cuidan y, en algunos casos, de niños y niñas que son cuidados. La primera se inscribe en la dinámica interna de los grupos familiares, pues se aborda el cuidado y se profundiza en sus nociones, estrategias, prácticas, emociones y en la división sexual del trabajo. La segunda se refiere a la articulación de estos con el Estado, esto es, los servicios y leyes para el cuidado de población menor de 18 años. Además, se indagan las nociones y el uso que hacen los grupos familiares de los bienes y servicios que ofrece el mercado para este cuidado, la conexión entre el tiempo laboral y el tiempo del cuidado familiar, entre otras, y se analizan desde la categoría de género y posición socioeconómica de los hogares (ver la figura 1).

El trabajo en colectivo Esta investigación es resultado de una gestión para desarrollar un proyecto interuniversitario con objetivos compartidos. Así, en las instituciones educativas del Valle, Cartagena, Bolivariana de Medellín, Javeriana de Bogotá e Industrial de Santander (uis) de Bucaramanga, retomamos nuestros intereses comunes, alrededor de la pregunta de investigación y los objetivos planteados. Dadas las experiencias anteriores de trabajo conjunto,5 en 2013 Julián Salas, de la Fundación Bienhumano de Medellín, propuso su elaboración bajo la   Desde 1999 hemos realizado trabajos colectivos bajo el convencimiento de la necesidad de integrar avances sobre investigaciones en familia realizadas de manera particular en las ciudades. Entre 1999 y 2001 un grupo de profesoras de las universidades Nacional, Valle, Antioquia, Cartagena y Autónoma de Bucaramanga, con el auspicio de Colciencias (Puyana, 2003), desarrollamos un proyecto mancomunado sobre los procesos de cambio y permanencias de la paternidad y la maternidad. Posteriormente, desde 2008 y con equipo similar, estudiamos las familias en situa5

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coordinación de Yolanda Puyana Villamizar. Una vez construida la propuesta, convocamos a un seminario interuniversitario en Rionegro, Antioquia, en el año 2013.6 El proyecto (Puyana y Valencia 2013) se presentó a entidades financiadoras y se fue aprobando a través de procesos particulares de gestión en las universidades. Así, en cada una de las ciudades se conformaron equipos de investigación regionales y se inició un productivo trabajo en equipo interuniversitario e interdisciplinario. En la Universidad Javeriana hicimos una alianza con el Observatorio Javeriano de Juventud, la Maestría de Política Social y el Instituto de Salud Pública, para convocar a las demás universidades que adelantaban sus estudios, en las ciudades referidas, a propiciar y organizar dos seminarios encaminados a compartir los avances y a estudiar una estrategia de divulgación, cuyo contenido central fuera la organización social del cuidado de niños, niñas y adolescentes en cinco ciudades colombianas. Estos dos seminarios contaron con el apoyo técnico y financiero de onu Mujeres y de la Universidad Javeriana. El primero versó sobre un estado del arte en Bogotá y las distintas universidades convocadas y el segundo fue un seminario internacional con la participación de Karina Batthyány e Irma Arriagada, quienes reconocieron los avances logrados e intercambiaron ideas sobre la presente publicación. Ante la pertinencia del texto propuesto y, con el fin de cubrir un campo de estudios novedoso, onu Mujeres se sumó a la publicación y nos brindó el apoyo financiero necesario para divulgar la obra que hoy compartimos con ustedes.

Contenido del libro El libro se inicia con un capítulo referente al contexto nacional urbano en el que exponemos de forma sintética elementos centrales de las situaciones demográficas, sociales y económicas donde se desenvuelve el cuidado. Finaliza con las referencias a algunas políticas que desde el Estado están apoyando el cuidado de nna, haciendo un corte en el tiempo entre 2015-2017.

ción de transnacionalidad. También fue auspiciado por Colciencias y las universidades Nacional, Antioquia, Valle, Cartagena y Caldas (Puyana, Micolta y Palacio, 2013). 6   Debido a que los términos de referencia de las convocatorias de Colciencias cambiaron, en cada universidad decidimos gestionar recursos a través de las convocatorias de investigación internas, lo que incidió en tiempos distintos para cada institución y en la modificación de la población a estudiar: Bogotá y Bucaramanga incluyeron adolescentes, Cali se limitó a menores de 5 años y Cartagena y Medellín a menores de 12.

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El primer capítulo, “Narraciones sobre el cuidado de nna en Bogotá: reflexiones sobre género y posición social”, desarrolla significativos contrastes sobre el tema. Una ciudad como Bogotá, que en 2016 alcanzaba los ocho millones de habitantes, y cuyo bagaje cultural es bien heterogéneo, tiene problemas de movilidad y seguridad alarmantes, además de contrastes sociales agudos que van a incidir en el déficit del cuidado, al tiempo que ofrece políticas locales sobre la infancia que son bien innovadoras. El texto contiene una fortaleza: la construcción y fundamentación de la categoría de posición social, en la que se incluye la capacidad de autonomía de las cuidadoras, con una propuesta metodológica que trasciende los tradicionales estudios basados en la categoría de estrato social. En el capítulo ilustramos la persistencia de la naturalización de las relaciones de género y el no reconocimiento del cuidado como un trabajo, un fenómeno transversal a las distintas posiciones sociales de quienes cuidan, pero con matices diversos. Persiste, además, una tendencia común al familiarismo, que concentra el cuidado en los hogares y en las redes parentales. La mercantilización del cuidado se concentra en los sectores medios, a los más pobres llega una débil acción del Estado, con subsidios y programas focalizados, mientras los sectores medios carecen de apoyos al respecto. Además, mostramos la desprotección de las condiciones labores de quienes son madres. Por un lado, las licencias de maternidad y la Ley María, que se cumplen como derecho para quienes tenían contrato laboral vigente previo al embarazo, a lo que se suma la escasa conciliación entre los tiempos del ámbito laboral y el cuidado en el ámbito familiar. El segundo capítulo, “El cuidado de niños y niñas en Cartagena de Indias: estrategias familiares e inequidades”, se inicia presentando un contexto sociodemográfico de una ciudad plena de contrastes dada la inequidad social, con altos niveles de pobreza padecidos por cuidadoras/es. En Cartagena, el cuidado en estos estratos tiende a ser bien familiarista, continuando con una forma de crianza tradicional en la cultura que prevalece en la medida en que las madres jóvenes se insertan en el mercado laboral. Se encuentra, además, colaboración de los padres en algunos casos, mientras que como tendencia general se observan padres cuya vinculación es “periférica, ausente e irresponsable, sin garantizar los derechos de su progenie”. De este modo, se sigue reproduciendo la tendencia general de la cultura familiar acerca de que son las mujeres, abuelas y madres quienes sustentan el cuidado, así tengan a su cargo la proveeduría. Mientras los niños y niñas convocados/as en los grupos focales pertenecientes a los grupos de más ingresos reclamaron de sus padres y madres

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más tiempo para ellos/as, los de hogares más precarios solicitaron evitar el castigo físico, aún prevaleciente durante el cuidado. Sobresale en sus análisis el alto valor que se le otorga a la compra de los servicios domésticos, a través de la tradicional “nana”, como niñera de niños y niñas, y la precariedad contractual con que este grupo se vincula laboralmente. Por último, se demandan servicios de atención a la infancia a pesar de las condiciones adversas debido a la falta de institucionalidad del gobierno local y el manejo corrupto de recursos públicos. A pesar de las vigorosas redes vecinales persistentes en la ciudad, que por tradición han apoyado a la niñez, se anota alta vulnerabilidad de las mismas, debido a la violencia en los barrios populares. Desde Medellín, la Universidad Bolivariana presenta el capítulo: “¿Cómo cuidamos a nuestros niños y niñas en Medellín? Narrativas de quienes ejercen el cuidado y quienes lo reciben”. Se inicia con un contexto sobre el área metropolitana de la ciudad. Después de destacar los indicadores sociodemográficos, se mencionan las políticas públicas para la infancia como el programa Buen comienzo y las alianzas de la sociedad civil para su atención. Las nociones del cuidado se abordaron desde las perspectivas de niños y niñas y adultos/as. Los primeros resaltaron su papel de garantizar la subsistencia y el afecto que ellos y ellas demandan, mientras quienes cuidan significan esta labor desde las dimensiones económicas, en tanto les representa un costo. Al tiempo resaltaron el papel del afecto, nombrando las ventajas del compartir y el disfrute de espacios con quienes les cuidan. En este sentido, es preocupante la presencia del castigo físico al interior de algunos grupos familiares, pues este es cuestionado por ellos y ellas. Con relación a las acciones del cuidar que se destaca en las narrativas dominantes, se visualiza la familia como principal responsable del cuidado de niños y niñas, ligada a la feminización de esta práctica, y se considera a las mujeres como principales responsables de las tareas domésticas. Esto se fundamenta en la creencia de que ellas poseen habilidades y recursos innatos para realizar un rol por tanto tiempo asignado en la sociedad. Se resalta, además, la elevada sobrecarga física y emocional para cuidadoras/es principales de bajos recursos económicos, para quienes la subsistencia con empleos de baja calidad y la concentración de la responsabilidad en las labores de cuidado constituyen una carga desproporcionada, de manera que, en especial las madres y un grupo de padres cuidadores, anhelan que la pareja tenga mayor participación en el cuidado de los niños y niñas. A la vez, se muestra cómo se gestionan redes parentales para su cuidado, en especial, por delegación a las abuelas y tías, quienes efectúan esta

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labor de manera altruista. El capítulo finaliza referenciando la articulación de los grupos familiares con el Estado, el mercado y el temor a la ayuda de las redes vecinales. En el caso de Bucaramanga, desde la uis, se presenta el capítulo “Mujeres y hombres del cuidado: algo se aprende, algo se hace y algo prevalece en el cuidado de la niñez y la adolescencia en Bucaramanga”. El estudio, de tipo cualitativo, se realizó en el área metropolitana donde prevalecen los sectores medios y donde los niveles de pobreza son menores que en Cartagena y Bogotá. El capítulo aborda los significados del cuidar para las y los cuidadores y la forma en que se siguen reproduciendo en las nuevas generaciones la formación en las visiones tradicionales sobre el género. Además, a partir del análisis de los testimonios recogidos, se plantea que el cuidado sigue concentrado en las mujeres bajo la modalidad de madres de tiempo completo. Al tiempo, se habla de la inserción de las mismas en el trabajo productivo, sin cambiar la tradicional división sexual de las tareas e implicando una sobrecarga para ellas, que afecta su salud física y emocional. Similar a las otras ciudades, la situación es más difícil para quienes no alcanzan a comprar servicios del cuidado. Refieren, a la vez, otras modalidades de cuidado: los padres cuidadores principales o los hogares de las parejas separadas. Igual que las demás ciudades, resaltan la familiarización del cuidado y el destacado papel de las abuelas cuidadoras. Concluyen sobre cómo se complementa una predisposición negativa de la población hacia el Estado con la falta de una oferta de servicios del cuidado provista por los municipios y, en general, del Estado. Finalmente, se refieren al aumento de la desconfianza de las redes vecinales para el cuidado. Por su parte, la Universidad del Valle presenta el capítulo “Organización social del cuidado para la primera infancia en Cali: nociones y estrategias”. En la introducción se muestra cómo se gesta un proceso de investigaciónacción que ofrece elementos para comprender la dinámica del cuidado en dicha ciudad. En el segundo apartado se contextualiza la situación social, económica, cultural y la calidad de vida del entorno social en el que habita la población estudiada y, en cierto sentido, la desesperanza y la pobreza que se reproduce allí. La tercera parte se ocupa del cuidado de los niños y niñas en las familias a partir de las voces de las mujeres madres entrevistadas usuarias del programa en la Modalidad Familiar. Un cuarto apartado introduce los hallazgos relativos al cuidado desde los equipos de trabajo de las modalidades familiares De Cero a Siempre, en una comuna popular, el cual forma parte de la organización social de niños y niñas. En los relatos sobre el cuidado

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y el deber ser del mismo, se introduce el tema sobre el papel que cumplen las personas como funcionarias de este programa del Estado, concebido y orientado desde la política pública de primera infancia de Colombia. Aquí sobresale la reproducción de una mirada familiarista y maternalista que, desde el Estado, despliega la división sexual del trabajo. A la vez se muestra cómo cuidadores/as gestionan redes parentales para el cuidado, en especial las organizaciones comunitarias y las instituciones públicas y privadas que participan del cuidado de niños y niñas en el contexto de la investigación. El texto “Nociones y prácticas del cuidado de niños, niñas y adolescentes en Bogotá, Bucaramanga, Cali, Cartagena y Medellín: lo común y lo diverso” compara los capítulos de las universidades citadas en torno a las nociones, prácticas y estrategias y articulación de los hogares con la organización social del cuidado: Estado, mercado (como compra de servicios y como conciliación entre el tiempo laboral y el familiar) y, finalmente, con las redes vecinales y ong. Sobresale en todos los contextos el énfasis en la salud emocional de nna, la necesidad de protección y satisfacción de sus necesidades básicas y la preocupación en relación con la inseguridad de las ciudades. Además, persiste una tendencia hacia la naturalización del cuidado en dos sentidos: como desconocimiento del trabajo implicado y como concentración del mismo en las mujeres. Todo esto sumado a que sigue siendo una actividad familiarizada, dada la debilidad del Estado. Finalmente, tenemos un corto capítulo llamado “Reflexiones sobre la organización social del cuidado y algunas recomendaciones de política pública”, acompañado de las conclusiones del libro. Género

Estado: leyes y seguridad social: políticas y programas

Grupos familiares y redes parentales Organización social del cuidado de niños, niñas y adolescentes Mercado ong y comunidad

Posición socioeconómica

Figura 1. Grupos familiares y su articulación con la organización social del cuidado por género y clase. Fuente: elaboración propia.

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El cuidado hace referencia a la gestión y a la generación de recursos para el mantenimiento cotidiano de la vida y la salud; a la provisión diaria de bienestar físico y emocional, que satisfacen las necesidades de las personas a lo largo de todo el ciclo vital. El cuidado se refiere a los bienes, servicios y actividades que permiten a las personas alimentarse, educarse, estar sanas y vivir en un hábitat propicio. (Arriagada, 2011, p. 2)

El cuidado se articula inexorablemente con el contexto y, aunque buena parte del mismo ocurre en los hogares, un espacio microsocial, está atado a fenómenos macrosociales, al devenir histórico de la sociedad, a los cambios culturales y a la vinculación del país a fenómenos globales. Asimismo, se relaciona con la posibilidad de acceder a servicios sociales básicos, a las dinámicas demográficas, a la estructura del mercado ocupacional y las características del Estado. Compartimos con Arriagada (2011) su visión acerca de que el contexto incide en la calidad del cuidado y su enunciado sobre la importancia del hábitat o el espacio donde se desenvuelve la vida de quienes cuidan y son cuidados. Si bien no es posible desarrollar a profundidad los aspectos señalados, partimos del supuesto acerca de la relación entre las nociones, estrategias y organización del cuidado con los contextos citadinos, cuyos avances y problemáticas comunes merecen ser referidas para iniciar este libro. Dados los complejos cambios políticos, económicos, culturales y sociales del país en el

Este capítulo fue apoyado por Ivette Sepúlveda, asistente de investigación.

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siglo xx, que continúan en el siglo xxi,2 para este aparte solo he seleccionado lo más relevante para entender el contexto del cuidado entre 2015 y 2018. En Colombia, en 2016, el 77 % de la población habitaba el sector urbano y apenas el 23 % el sector rural. Esta concentración poblacional en las ciudades facilita el acceso a los servicios públicos del Estado, ya que en el sector urbano persiste un cubrimiento de acueducto, alcantarillado y energía eléctrica que supera el 90 %, con la excepción del 77.4 % del gas natural (dane, 2017a).3 Adicionalmente se facilita un mercado de bienes y servicios, muchos de ellos para complementar las necesidades del cuidado. El acceso a la educación en las cabeceras municipales ha mejorado: en 2016 para la población entre 15 a 24 años ascendieron los años de escolaridad a 10.5 y la tasa de asistencia en las cabeceras municipales de la cohorte de 5 a 16 años4 llega a un 93.5 %. Sin embargo, en el caso de los jóvenes de secundaria, de 17 a 24 años, su cobertura bajó a 42.5 %. Se destaca la concentración de nna en instituciones educativas oficiales en el nivel preescolar, ya que corresponden a un 79.9 % (dane, 2017a). Si bien se presenta una baja en la tasa de analfabetismo,5 la calidad de la educación en el país para nna presenta múltiples problemas: las dificultades se observan solo evaluando la diferencia entre lo enunciado en el Plan Nacional de Educación (pae) 2016-2026, que pretende un sistema: “articulado, participativo descentralizado y con mecanismos eficaces de participación”, respecto a las respuestas de fecode —sindicato único de maestros— quienes, desde 2015, cada año se movilizan contra los incumplimientos del gobierno ante las dificultades que afectan la calidad del sistema, por ejemplo, la falta de recursos —que incluye la financiación de una jornada única que retenga a los escolares en horarios más compatibles con quienes les cuidan—, el estímulo al docente, vicios en los programas de alimentación, entre otros. Por ello, al comparar la calidad de las pruebas en educación secundaria

En ese sentido, compartimos la caracterización que Jorge Orlando Melo (2017) hace del siglo xx como una época de cambios caracterizada por el crecimiento del Estado y de la población, de las ciudades llamadas modernas. 2

3   Para 2017, en las cabeceras municipales, el servicio de energía eléctrica llegaba al 99.9 % de los hogares; adicionalmente, el servicio de acueducto contó con un porcentaje de cubrimiento del 97.6 % y el de alcantarillado de un 92.6 % (dane, 2017a).

Las cuales se entienden como las edades para cursar educación básica y media.

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Según el Banco Mundial, en 2015 Colombia presentó una tasa de alfabetización total de adultos (porcentaje de personas de 15 años o más) de 94.245 %.

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con los estándares internacionales Colombia sale mal librada (Cajiao, 2013; Guarín, Medina y Poso, 2018). De la misma forma han aumentado las coberturas de salud y seguridad social: el porcentaje de afiliación al Sistema General de Seguridad Social en Salud (sgsss) para las cabeceras ocupó un 94.6 %, de las cuales el 59.2 % estaban en el régimen contributivo y el 40.5 % en subsidiado. Pero, igual que con el sector educativo, los problemas de calidad son bien álgidos, entre ellos, la sujeción a un sistema financiero especulativo, la corrupción y la politización de los servicios, la unificación del régimen contributivo y el subsidiado, la inequidad de la calidad de la atención, entre otros (Franco, 2013). Con la urbanización las clases medias y las élites se insertaron a un mundo cultural moderno en el que predomina la mirada eurocéntrica, que copia el estilo de vida de Estados Unidos, mientras que persisten el racismo, la homofobia y las actitudes clasistas contra las mayorías pobres mestizas, afrodescendientes o indígenas. Otros, que constituimos las minorías, intentamos lograr el respeto por la diversidad mientras vivenciamos una mirada posmoderna ante ese mundo cultural desconocido abierto a partir de la Constitución de 1991, cuando fueron reconocidos en su ciudadanía. Las ciudades mantienen una inequitativa distribución de los ingresos, la cual se mide a partir del coeficiente de Gini de 0.52, 6 así como los niveles de pobreza de la población.7 A raíz de la concentración de la propiedad urbana y la falta del control del Estado, la consolidación de las ciudades ha sido caótica, sin una planificación que obedezca a las necesidades del cuidado, e insensible ante las necesidades de nna y de quienes cuidan.8 Apenas si logran insertar a su población en medio de procesos migratorios abruptos,9 bien sea debido a las expectativas de mejorar la vida en la ciudad,

6   El coeficiente de Gini toma valores de 0 y 1. El 0 expresa la igualdad total y el 1 la máxima desigualdad.

Para 2016 en las cabeceras municipales el porcentaje de personas pobres —medido en términos de pobreza monetaria— pasó de 24.1 % (porcentaje del 2015) a 24.9 % (dane, 2017b).

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En este sentido se aplican para estas ciudades las contradicciones señaladas por Rico: “Son percibidas por sus habitantes, como un fenómeno multiforme con superposición de caos y organización, permanente orden y desorden de formas […] un lugar de conflicto, convivencia y negociación; un territorio de libertad y de restricciones” (2017, p. 3). 8

9   Según Migración Colombia, en 2016 se registraron trece millones de movimientos migratorios en el país. La llegada y salida de extranjeros alcanzó una cifra histórica de 5.6 millones, la mayoría provenientes de Venezuela (Portafolio, 2017).

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al desplazamiento10 y como víctimas de los grupos ilegales provenientes del sector rural u otros municipios11 y, más recientemente, de extranjeros, por la crisis en Venezuela. La dinámica de conformación de los barrios sigue obedeciendo al incremento de las tasas de ganancia que la actividad inmobiliaria genera. De manera que, ante la pobreza de la población nativa y de quienes migran, muchos hogares se insertan en barrios con conformación irregular, cuyas tierras han sido producto de urbanizadores piratas, invasiones o casas de interés social en los que la renta de la tierra facilita el acceso de la población a menores costos (Dalmazo, 2017). Todo esto ha estado acompañado de un déficit de vivienda,12 que constituye uno de los problemas centrales de la vida urbana. Una de las características de este proceso urbano en Colombia ha sido la constante violencia,13 que combina los efectos del “conflicto armado”, los grupos organizados por el mercadeo de la droga y la delincuencia común. Si bien en 2017 la tasa de homicidios en el país se reportó como la más baja desde 1975, debido, entre otras, al pacto entre las farc y el gobierno del expresidente Santos, las ciudades objeto de este estudio siguen estando afectadas por los homicidios, robos y extorciones con consecuencias para el cuidado, como se tratará en los capítulos posteriores. Un fenómeno acrecentado en las dos últimas décadas del siglo xxi ha sido la globalización. Según Benería (2000 p. 74), “implica la expansión permanente de mercados, intensificadas por los cambios tecnológicos en el ámbito de las comunicaciones y el transporte, que trascienden las fronteras nacionales y reducen las dimensiones espaciales”. Para Guarnizo (2006a; 2006b) el proceso incide en las relaciones de poder de la organización de la   Para 2012, debido a la violencia agenciada por los llamados grupos ilegales —paramilitares, guerrilla y narcotraficantes—, las hectáreas abandonadas y despojadas en el sector rural oscilaban alrededor de los 6.5 millones, el equivalente al 15 % de la superficie agropecuaria del país (acnur, 2012).

10

En 2017 se registró un total acumulado de 7.7 millones de personas desplazadas, lo que posicionó a Colombia como el país con mayor problemática de ese tipo mundo. 11

El diario El Colombiano (2012), citando al bid, señala que el 37 % de quienes residen en el país no poseen techos para vivir o habitan en viviendas de mala calidad.

12

13   La tasa de homicidios por cada cien mil habitantes en el sector urbano es de 23.90 casos (mientras en Río de Janeiro, Brasil era de 30.0). Las principales ciudades del país para este mismo año siguen siendo las que muestran el mayor número de casos: en Bogotá son 1137, en Cali 1229 y en Medellín 569 (El Espectador, 2018). Cali sigue siendo la ciudad más afectada en razón al número de habitantes.

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sociedad colombiana y su historia se explica al comprender la configuración y reconfiguración transnacional en un mundo globalizado. Pero no solo las estructuras del Estado y la economía se organizan en esta dinámica trasnacional, el proceso va a incidir en las migraciones internacionales y, en consecuencia, en la conformación de familias transnacionales (Puyana et al., 2013), en el uso de las tic,14 en las ofertas laborales, la recreación, los movimientos sociales, el narcotráfico, los procesos de socialización de la niñez y, en general, en una revolución de la vida cotidiana de dimensiones aún inexplicables. La siguiente pirámide, de población urbana en Colombia de 2015, nos facilita ver las tendencias de las dinámicas demográficas del país: 80+ 75-79 70-74 65-69 60-64 55-59 50-54 45-49 40-44 35-39 30-34 25-29 20-24 15-19 10-14 5-9 <5 -12% -10% -8% -6% -4% -2% 0% 2% 4% 6% 8% 10% Hombres

Mujeres

Figura 1. Pirámide de población urbana en Colombia, 2015. Fuente: elaborado con base en Profamilia y Ministerio de Salud y Protección Social (2017).

La gráfica muestra una progresiva reducción relativa de la población menor de edad, 0 a 15 años, lo que trae como consecuencia el aumento de quienes están en capacidad de trabajar, 19-55 años, y un crecimiento de la población mayor de 65 años. Para las zonas urbanas las y los menores de 5 años representaron el 8.4 %, entre 5 y 9 años, el 8.4 % y entre 15 y 19 años, el 8.8 % (Profamilia, 2015). En ese sentido, los datos reportan que la relación 14   En la telefonía móvil en 2017 se contabilizaron en las cabeceras municipales un 97.5 % de hogares que cuentan con, por lo menos, una persona que tenga este medio de comunicación (dane, 2017a).

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de dependencia demográfica nacional está descendiendo: en 2015 alcanzó un 52 % frente al 56 % del 2010.15 Como observamos en la pirámide, la tasa de fecundidad urbana16 sigue descendiendo entre 1964-1970, de 7.0 hijos por mujer a 1.8 (Profamilia, 2015). Debemos anotar que en las áreas urbanas la fecundidad aumenta en los sectores de menor quintil de ingreso y cuando el nivel educativo de las mujeres es más bajo (Profamilia, 2015). No obstante, la única tasa de fecundidad que apenas decrece un mínimo es la de adolescentes: en las zonas urbanas este porcentaje llegó al 15.1 % para las mujeres entre 15 y 19 años. Como consecuencia de este comportamiento de la población, el promedio de personas por hogar ha disminuido: para el 2015 fue de 3.5 respecto al 4.1 del 2005 (Profamilia 2015). Además, reconocemos un aumento de la esperanza de vida al nacer, que, según el Banco Mundial, en 2016, llegó al total nacional de 71 años para los hombres y 78 años para las mujeres. Una constante histórica de los grupos familiares ha sido su diversidad (Pachón 2007), mostrada por la antropología desde Virginia Gutiérrez de Pineda (1990), quien a mitad del siglo xx fue describiendo la enorme variedad de organización de las familias en las regiones colombianas. Esta tendencia sigue presentándose en los sectores urbanos, como lo indican las últimas encuestas de Profamilia. Como tendencia general, entre 1993 y 2015 se mantienen los hogares nucleares con diferentes características: más uniones monoparentales y más parejas sin hijos o hijas. Ocurre a la vez una continuidad del hogar extenso y el incremento de hogares compuestos, sin núcleo parental y unipersonales.

Relación de dependencia demográfica: establece el tamaño relativo de la población potencialmente inactiva, frente a la población potencialmente activa (Martínez, 2012; Profamilia, 2015). 15

16   La tasa de fecundidad, en general, se calcula por la relación entre el número de nacimientos que una mujer tendría al final del período reproductivo: 45 años. La de adolescentes se calcula por el número de menores de 19 años que contestaron estar en embarazo y/o tener hijos.

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Tabla 1. Conformación de los hogares entre 1993 y 201517 1993

2005

2010

2015

Nuclear

Tipos de hogares

54.9

53.3

55.4

55.5

Nuclear y pareja con hijos

38.4

35.5

35.5

33.2

5.9

6.6

7.8

9.8

Monoparental

10.6

11.2

12.3

12.6

Extensa

30.4

33.6

30.9

30.0

Monoparental, hijos y parientes

14.0

10.2

11.2

9.8

Nuclear pareja sin hijos

Parejas, hijos y parientes

15.3

16.2

16.3

12.8

Compuesta

10.2

5.4

4.2

3.2

Unipersonal

6.9

7.7

9.5

11.2

Fuente: Puyana y Lamus (2003, p. 36); Profamilia (2005; 2010); Profamilia y Ministerio de Salud y Protección Social (2017).

Aunque en 2018 la población en edad de trabajar (pet) llegó aproximadamente al 80 % de la población colombiana —en el segundo trimestre del año—, la distribución del trabajo por sexos constituye una situación desfavorable para las mujeres: “Los hombres representaron 58.2 % de los ocupados y las mujeres 41.8 % y la población desocupada estuvo compuesta por un 44.1 % de hombres y un 55.9 % de mujeres.” (dane, 2018, p. 3). Las tasas de participación inclinaron su balanza hacia los hombres: “En el trimestre móvil marzo-mayo 2018, de 74.2 % para los hombres y 54.0 % para las mujeres” (dane, 2018, p. 4). Esta perspectiva de desequilibro en las oportunidades laborales de hombres o mujeres contiene múltiples facetas: por un lado, la proporción de hombres empleados es de 72.6 % en las zonas urbanas, mientras que la de las mujeres es de 56.6 % (Profamilia, 2015). Son ellas quienes se concentran en el sector informal, suelen contar con ingresos más bajos que los hombres y trabajar en ocupaciones de baja productividad asociadas a menores remuneraciones. A la vez, están sobrerrepresentadas en los hogares en situación de pobreza, así como en los hogares monoparentales.18   Cada categoría contiene las siguientes especificaciones: nuclear, que no hay otra generación conviviendo, extensa, que son más de tres generaciones en un mismo hogar, y compuesta, que no hay relaciones de consanguinidad que demarquen la forma de hogar.

17

“A pesar de que la pobreza ha decrecido en los últimos años de 42 % a 26.9 %, el índice de feminidad en la pobreza subió de 102.5 mujeres pobres por cada cien hombres pobres a 120.3 en el 2017” (onu Mujeres, 2018, p. 20).

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En ese sentido, los datos de la enut (2016) nos indican las dificultades de las mujeres colombianas trabajadoras y las amas de casa para cumplir con el cuidado directo e indirecto de las nuevas generaciones. Los datos nos muestran que mientras ellas desarrollan en promedio siete horas y catorce minutos19 para estas labores, siguen representado el doble del tiempo del estimado para los hombres, que es de tres horas y veinticinco minutos (onu Mujeres, 2018). Los estudios de la misma encuesta señalan que las actividades del hogar enfocadas al suministro de alimentos, cuidado físico de personas, cuidado pasivo —estar pendiente— y de limpieza y mantenimiento se concentran en las mujeres respecto a los hombres y que las brechas más amplias por sexo son: el suministro de alimentos 74.4 %, y la limpieza del hogar el 69.9 % (dane, 2016). El panorama presentado nos lleva a concluir que persisten contradicciones para garantizar un buen cuidado de nna. Por un lado, los datos demográficos presentados nos muestran un panorama alentador para el cuidado de las nuevas generaciones, ya que sigue presentándose una tendencia hacia la disminución de la mortalidad infantil.20 Este decrecimiento obedece a un cambio en la mentalidad sobre la infancia, en los patrones de crianza y en las formas de atención, especialmente al nacer, y un aumento de la edad del primer embarazo, así como el desarrollo de políticas públicas orientadas a la protección de la infancia o de las gestantes. Al mismo tiempo, las tendencias ocupacionales de las mujeres, quienes han sido tradicionalmente las cuidadoras, nos indican que persiste en el país crisis o déficit del cuidado en el sentido de que sobresalen las dificultades para alcanzar niveles satisfactorios de bienestar de quienes cuidan —tiempos, recursos, transporte, apoyo estatal—, dado el panorama ya enunciado en las ciudades colombianas, como veremos en los próximos capítulos. Como dice Irma Arriagada (2012) para Santiago de Chile, se trata de la crisis por la falta de quienes cuidan. Otra dificultad en el cuidado podría ser ocasionada por la delegación de nna a otros parientes, dado que las redes parentales no siempre apoyan con suficiencia a quienes trabajan fuera del hogar o, en especial, a hijos e hijas de emigrantes, como ha ocurrido constantemente según las condiciones de   No incluidas en el Sistema de Cuentas Nacionales.

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Por cada mil nn nacidos vivos en el sector urbano del país la Tasa de Mortalidad Infantil, reportada en el período 2012-2015, fue de catorce y esta descendió, porque en 1995 era de veintiocho por mil niños y niñas (Profamilia, 2015, p. 71). 20

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oferta de mejores oportunidades laborales en el exterior (Micolta et al., 2013). De todos modos, una meta para las ciudades colombianas es compartir el sueño de un contexto que convierta a las “ciudades en cuidadoras” y facilite la vida de nna y de quienes les apoyan, como afirma Rico (2017): Una ciudad inclusiva y cuidadora supera las visiones dicotómicas basadas en los ámbitos productivo y reproductivo y se constituye en un espacio de ejercicio de los derechos de ciudadanía, donde se articulan tanto la producción y el consumo como la reproducción de la vida cotidiana, para la cual el cual el trabajo vinculado a la satisfacción de las necesidades de cuidado es esencial. (p. 12)

En torno a los planes y políticas del cuidado de cobertura nacional Si velar por el cuidado implica todas las acciones que conservan la vida, políticas al respecto se encuentran difuminadas en diferentes agencias estatales. Por ello, para este estudio hemos escogido algunas, siguiendo el esquema de Martínez y Camacho (2007). En las primeras, denominadas como normativas, el Estado colombiano ha propuesto la Ley 1822 de 2017, que consagra la licencia de maternidad de catorce semanas remuneradas, veintidós semanas si son gemelos, y el descanso por lactancia de una hora. La Ley 1468 del 2011, llamada Ley María, que reglamenta ocho días hábiles de licencia de paternidad. Asimismo, se ha reglamentado el derecho a la calamidad doméstica, que incluye la prohibición de despedir o descontar del pago a las madres o padres ante una situación de emergencia. La segunda clasificación, denominada como la infraestructura del cuidado, es, por ejemplo, De Cero a Siempre, una política de Estado consagrada por la Ley 1804 de 2016, con la que se pretende dar respuesta a las situaciones de pobreza que enfrentan los nn menores de 5 años y que impacta negativamente su desarrollo en el país. El objetivo principal de esta política pública es lograr una atención integral para esta población, ya que en este rango etario se sientan las bases para el desarrollo de habilidades, capacidades y potencialidades humanas. De este modo, el programa se concibe como una estrategia de atención integral (eai), es decir, que conglomera un conjunto de acciones planificadas de carácter nacional y territorial (donde interactúan los diferentes

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ministerios y entes relacionados con el tema, como el icbf21 y las autoridades gubernamentales departamentales y municipales). El objetivo es promover y garantizar el desarrollo infantil temprano. Para ello, estableció cinco ejes estructurantes con los que pretende responder a dicho desarrollo: cuidado y crianza; salud, alimentación y nutrición; educación inicial; recreación y, por último, ejercicio de ciudadanía y participación. “Teniendo en cuenta los recursos del presupuesto nacional y los aportes del sector privado destinados a […] De Cero a Siempre solo se podrían incluir 1 200 000 niños y niñas alcanzando así una cobertura del 41 % durante el cuatrenio 2010-2014” (Gestión Social Unicafam, 2012). Familias en Acción, que constituye una política de Estado mediante la Ley 1532 del 7 de junio del 2012, es definida así: Consiste en la entrega, condicionada y periódica de una transferencia monetaria directa para complementar el ingreso y mejorar la salud y educación de los menores de 18 años de las familias que se encuentran en condición de pobreza, y vulnerabilidad. (Artículo 2)

La entrega del subsidio se hace a través de las madres, bajo el criterio de que son más responsables “porque los gastan en el consumo de alimentos, educación y salud” (Ley 1532 del 2012). Los recursos están condicionados a la asistencia escolar y a los controles de salud. El programa está a cargo del Departamento de la Prosperidad Social (dps) y su cobertura asciende a 2 950 000 hogares, un alcance de 1028 municipios (dps, 2015). Las políticas encaminadas a lograr la equidad de género, que incluye la Ley 1413 del 2010, reguladora de la inclusión de la economía del cuidado en el sistema de cuentas nacionales y que dispuso al dane medir la participación de la mujer al desarrollo económico social, al realizar la Encuesta del Uso del Tiempo, ha logrado una medición del trabajo no remunerado a partir de las actividades realizadas en los hogares, todo esto para fundamentar la propuesta de unas políticas acerca del cuidado. Finalmente, Equipares, propuesto en la administración de Juan Manuel Santos, tiene por objeto generar

El icbf para el eje de cuidado y crianza mantiene tres modalidades de atención a esta población: institucional, familiar y comunitaria, que corresponden al escenario de cuidado o protección de los nn menores de 5 años.

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[…] un marco normativo que constituye un primer paso para ga­rantizar herramientas y condiciones legales que permitan alcanzar la equidad efectiva entre los géneros. Esta iniciativa busca apoyar el ingreso de las mujeres al mercado laboral en igualdad de condiciones a las de los hombres sin las existencia de barreras. (Equipares, s. f.)

Se propone también: “[…] distinguir a las empresas que hayan implementado el Sistema de Gestión de Igualdad de Género mediante un proceso de certificación que conlleve a generar transformaciones culturales para el logro de la equidad de género en las empresas” (Rial, s. f.).

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No somos nada sin el otro/a. Esta es la mejor expresión del valor fundamental del cuidado. El cuidado que sostiene la vida. El cuidado que durante esta dolorosa pandemia ha sido la base fundamental para proteger la vida en todas sus expresiones. El cuidado que por siglos ha sido invisibilizado y desplegado especialmente por millones de mujeres en el mundo. Quien cuida y a quienes se cuida ha puesto en evidencia la división tajante sobre los cuidados. Como lo señala Judith Butler, todas y todos nacemos dependientes. En eso estamos en condición de igualdad. Pero es en la división sexual del trabajo y en la valoración que las sociedades hacen del cuidado donde empiezan las diferencias y las profundas desigualdades. Este libro nos ofrece un bien común intelectual, al documentar de forma cooperativa la organización social del cuidado de niñas, niños y adolescentes en Bogotá, Cartagena, Medellín, Cali y Bucaramanga, y nos propone como proyecto de sociedad “un movimiento significativo que ponga en el centro la vida y el cuidado como acciones para construirla, promoverla y conservarla”. Angela María Robledo Gómez

La organización social del cuidado de niños, niñas y adolescentes en Colombia Experiencias urbanas

Editoras académicas Yolanda Puyana Villamizar Amparo Hernández Bello Martha Lucía Gutiérrez Bonilla

Yolanda Puyana Villamizar Amparo Hernández Bello Martha Lucía Gutiérrez Bonilla

Autoras y autores

Editoras académicas

Maritza Charry Higueras

María Eugenia Agudelo Bedoya (in memoriam) Lady Johanna Betancourt Maldonado Julia Isabel Durán Rivera María Cénide Escobar Serrano

Andrés Dávila Ladrón de Guevara

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OrganizacionCuidado.indd Todas las páginas

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Lina Estrada Jaramillo Carolina Giraldo Henao Gloria Gómez Santa Martha Lucía Gutiérrez Bonilla

LA ORGANIZACIÓN SOCIAL DEL CUIDADO DE NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES EN COLOMBIA

En medio de la pandemia, no puede ser más oportuno que este excelente trabajo publicado por la Editorial Pontificia Universidad Javeriana vea la luz. Luego de varios años de investigación, elaboración y discusión, las profesoras Yolanda Puyana Villamizar, Amparo Hernández Bello y Martha Lucía Gutiérrez Bonilla entregan a la sociedad colombiana un riguroso estudio sobre cómo se da, en cinco ciudades colombianas, la organización social del cuidado de niños, niñas y adolescentes. Sus resultados han sido discutidos, validados y mejorados en diversos escenarios académicos con participación de investigadores de América Latina. Ello implica que sus resultados no son producto de una moda ni de la situación, sino que ayudan a problematizarla. Gracias al juicioso ejercicio comparativo, dan luces sobre qué se está haciendo para el cuidado de niños, niñas y adolescentes en las ciudades colombianas. Claramente, facilitan el análisis y la reflexión sobre los impactos de la circunstancia que, como sociedad, afrontamos. Además, nos ayudan a sugerir, indicar y propiciar mejores decisiones.

Amparo Hernández Bello Andrea Hernández Quirama Carolina Jordán Mosquera María Cristina Maldonado Gómez Amparo Micolta León María del Pilar Morad Haydar Margarita Moreno Roldán Gloria Giammaría de Osorio Leidy Perneth Pareja Yolanda Puyana Villamizar Mercedes Rodríguez López Héctor Mauricio Rojas Betancur Julián Salas Rodas Johanna Jazmín Zapata Posada

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