Hablar de educación inclusiva ha de consistir, en definitiva, en hablar de cómo diseñar y proveer apoyos que permitan a todas las niñas y los niños de un país acceder, permanecer y transitar en todos los niveles de la educación formal reglada (tomando en cuenta las habilidades y preferencias de cada cual, lógicamente), pero también ha de permitir hablar de las brechas profundas que aún separan la educación rural y la urbana, la enseñanza primaria y la secundaria, la enseñanza obligatoria y la universitaria, los años de escolarización y la vida laboral, la educación que se ofrece en las aulas y la educación que afuera ofrecen la familia, los medios de comunicación, los cines, las televisiones, las redes sociales, los influencers, los museos, la literatura, los espacios comunitarios, el resto de miembros de la comunidad…
Mercedes Belinchón Carmona