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EVALUACION DE LA COLABORACION ENTRE LA AECID Y EL INSTITUTO DE LA MUJER (2003-2015)

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CONCLUSIONES RECOMENDACIONES


El propósito de la evaluación de la colaboración entre la AECID y el Instituto de la Mujer, en el marco del Programa Mujer y Desarrollo, fue “valorar, desde el enfoque de coherencia de políticas, la relación mantenida entre ambas instituciones en relación con este programa y sus resultados”. La demanda de evaluación se articulaba en tres bloques, dos de ellos referidos a los componentes del Programa y el tercero a cuestiones generales. Su alcance temporal comprende los años 2003-2015, si bien en algunos casos se han tenido en cuenta también periodos anteriores. Para su satisfacción se aplicaron diversas técnicas de recogida y análisis de información, con un amplísimo análisis documental, una encuesta dirigida a las egresadas de la formación desde 1999 a la actualidad y otra a las organizaciones beneficiarias del componente de proyectos desde 2003 hasta su desaparición en 2010, un total de 55 entrevistas a informantes clave y dos estudios de caso, en Ecuador y Nicaragua. Se aplicaron también las técnicas de historia de vida y del cambio más significativo en un pequeño número de casos. El Programa Mujer y Desarrollo se creó a iniciativa del Instituto de la Mujer (IMIO) en el año 1988 con la finalidad general de contribuir al reconocimiento de las mujeres como agentes de desarrollo a nivel nacional e internacional, de promover su participación en todos los ámbitos del desarrollo y su integración plena en la vida pública y privada, así como para contribuir a asegurar que en la Cooperación Española se garantizara la participación de las mujeres y su acceso a los beneficios y recursos del desarrollo en todas las fases de la cooperación. A pesar de que el Programa fue evolucionando con el paso del tiempo, la definición de su finalidad se mantuvo estable. El Programa contó con dos componentes de nacimiento sucesivo —un componente de financiación de proyectos y un componente de formación de expertas— que, según su modelo lógico, contaron con pocos elementos de integración. Se partía de insumos en buena medida coincidentes, pero el resto de los elementos no se integraban —y lo hacían sólo hasta cierto punto— hasta el nivel de los resultados y, sobre todo, en el nivel del impacto, donde se deseaba contribuir a la institucionalización del enfoque GED en la política española de cooperación y en su acción y a la mejora de las condiciones para la igualdad de género en los países, por la vía del fortalecimiento de las organizaciones de mujeres y feministas. A continuación se ha incluido una síntesis de los dos componentes del Programa.

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COMPONENTE DE FORMACIÓN Formación orientada a la capacitación de mujeres que pudieran contribuir a introducir la perspectiva de género en la Cooperación al desarrollo española y a su institucionalización, desde su propia especialización y empoderamiento. Comienza en 1989, como una medida de acción positiva orientada a la empleabilidad e inserción laboral de sus egresadas en el ámbito de la cooperación al desarrollo. En 1998 adquirió reconocimiento universitario. Se desarrolló anualmente bajo diferentes formatos, desapareciendo en el curso 2010-2011. Resurgió en 2013 con formato de máster y desvinculado del “Programa Mujer y Desarrollo”. Hasta 1996 estuvo coorganizado e impartido por ONGD españolas especializadas y desde 1998 estuvo a cargo de la UCM, a través del ICEI. La duración de la formación era de aproximadamente 11 meses y se ofertaban anualmente un promedio de 25 plazas. Hasta el curso 2010-2011, la participación implicaba dedicación exclusiva y se otorgaban becas completas que incluían la matrícula de los estudios, la manutención, una bolsa de viaje y un seguro. Durante la mayor parte de sus ediciones se dirigió a mujeres mayores de 25 años en situación de desempleo, con una titulación universitaria, experiencia previa en el ámbito de la cooperación al desarrollo y/o en el de las organizaciones del movimiento feminista y con conocimiento de idiomas. De 1999 a 2015 hubo un total de 404 egresadas. Los estudios contaban con una primera fase teórica impartida en Madrid y una posterior fase práctica que consistía en una pasantía en una organización de un país socio (en un 88% en países de ALC) y, a partir de 1996, también en OTC. El curso se completaba con una fase final evaluativa de dos semanas, de nuevo en Madrid.

COMPONENTE DE PROYECTOS Convocatoria de ayudas para Organizaciones No Gubernamentales (ONG) o grupos de ONG constituidas en redes, cuyos objetivos prioritarios fueran la participación de las mujeres y su acceso a los recursos del desarrollo, para la financiación de proyectos que contribuyesen al empoderamiento de estas organizaciones y al de las mujeres que participasen en ellos. En su primera etapa, apoyo también a instituciones homólogas del Instituto de la Mujer. Existente desde 1988 a 2010, con una periodicidad aproximadamente anual, con la excepción de los años 2003 y 2004. A partir de 1996 se desarrolló, además, una convocatoria oficial de ayudas a ONGD españolas que acompañaban a las organizaciones a las que se les habían concedido previamente ayudas para la ejecución de proyectos y que vehiculizaban la financiación hacia ellas, percibiendo para ello en torno a un 10% de la subvención. En el periodo 2005-2010 se financiaron 152 intervenciones de 75 organizaciones de mujeres procedentes de 13 países de Latinoamérica. La duración máxima de los proyectos era de 12 meses, si bien era posible concatenar solicitudes hasta un máximo de 3 años. Como promedio se financiaban unos 25 proyectos por convocatoria con importes que diferenciaban entre iniciativas locales y regionales.

El componente de formación se mantuvo bastante estable a lo largo del tiempo en sus elementos nucleares: su enfoque feminista, la búsqueda del empoderamiento individual y grupal de las participantes, su vínculo con la política pública de igualdad y el impulso de un organismo de igualdad. Otros aspectos (contenidos, nivel de exigencia…) fueron adaptándose a lo largo del tiempo en consonancia con la evolución del entorno y de la agenda internacional de igualdad. Este componente contó tradicionalmente con una gran demanda, debido a su prestigio internacional y a las favorables condiciones de participación posibilitadas por unas sustanciosas becas, que se convertían en un factor de equidad económica para el acceso. Entre las egresadas frecuentemente emerge un discurso que afirma que la formación fue una experiencia vital de carácter transformativo, especialmente en relación con el proceso de empoderamiento experimentado.

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Un elemento destacado en su valoración fue la existencia de una fase práctica, en forma de pasantías, que se convirtieron en un elemento clave de refuerzo del aprendizaje y de comprensión de las condiciones de las mujeres en otros entornos y que también contribuyeron a mejorar la definición de los intereses profesionales del alumnado. Desde otro punto de vista, las pasantías sirvieron para que el IMIO se diese a conocer, influyera, estableciese relaciones y reforzase los vínculos con las organizaciones de mujeres, organizaciones feministas, mecanismos nacionales de igualdad, etc. donde se desarrollaban las prácticas. El componente de formación tuvo una incidencia positiva en la empleabilidad de las personas egresadas, tanto en el sector de Género en Desarrollo como en el sector de género y en el de desarrollo por separado. En general, las egresadas del componente de formación han tenido trayectorias profesionales un tanto discontinuas, cambiando con frecuencia de sectores (del sector público al privado, por ejemplo), simultaneando actividades (por ejemplo, de consultoría o docentes con actividades como personal de ONGD), moviéndose entre diferentes niveles de responsabilidad e incluso entre países distintos. Ha habido egresadas en ámbitos muy diversos y en organizaciones relevantes tanto del sistema de cooperación español como en organizaciones internacionales, con predominio de los puestos técnicos en ONGD españolas o locales. También han prestado asistencia técnica a las OTC o han actuado como consultoras independientes. La presencia en la AECID como personal laboral ha sido muy escasa: inexistente entre las personas que han desempeñado labores en el ámbito de género en la sede, con una presencia residual como responsables de programas (2 de 81 responsable de programas existentes en la actualidad) y de responsable de proyectos (5 de 162 responsable de proyectos existentes en la actualidad) en las OTC. En el caso de apoyos a través de contratos de servicios (ej. asistencias técnicas, consultorías, etc) a las OTC, el número ha sido mayor aunque también escaso. En términos de influencia, se ha identificado la presencia de egresadas en algunos puestos clave en algunos momentos clave. Una pequeña parte de las egresadas ha participado en procesos relevantes de definición estratégica, técnica y metodológica del sistema de la cooperación, en procesos de generación e implementación de políticas de igualdad de las administraciones públicas españolas, en el diseño y elaboración de herramientas para la transversalización de género o en acciones de formación y sensibilización. Esos aportes, de diferente intensidad y nivel, han incidido en el sistema de Cooperación Española, bien a través de la SGCID y la AECID o de otras organizaciones autonómicas o locales, bien mediante el trabajo con ONGD, pero no ha sido posible cuantificar ni delimitar los detalles concretos de los aportes de las egresadas a la institucionalización. Lo que sí puede afirmarse es que el Programa participó del impulso del género como prioridad en el periodo 2005-2010, proporcionando una parte relevante de la masa crítica de expertas en género y desarrollo en este periodo. Algunas egresadas también estuvieron involucradas en actuaciones dirigidas a incorporar la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en espacios y lineamientos de reconocidas organizaciones multilaterales y de organismos financieros internacionales, en coherencia con la apuesta del II Plan Director por un “multilateralismo activo y eficaz”.

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Existe consenso sobre la necesidad actual de la Cooperación Española de disponer de personal especializado en género y desarrollo, si bien no se precisan los aspectos clave que deberían cubrir estas profesionales. El interés concreto por incorporar a los equipos personal especializado en esta materia ha fluctuado a lo largo del tiempo. En la actualidad, el sistema de cooperación no está absorbiendo a estos/as profesionales, por lo que las oportunidades de empleo están fundamentalmente en el mercado internacional. Ello tiene un reflejo en la demanda actual de esta formación, que se ha reducido considerablemente respecto de los niveles tradicionales, lo que también se ve influido por el hecho de que las condiciones de participación sean actualmente similares a las existentes en otros postgrados. El componente de financiación de proyectos de organizaciones que trabajan en materia de género en América Latina fue evaluado en 2003, con la conclusión de que suponía una contribución positiva y significativa a la promoción de la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres y al fortalecimiento de las organizaciones de mujeres, pero no tanto a la transversalización del enfoque de género a los proyectos que se desarrollaban. En consecuencia, entre otras acciones, se desarrollaron herramientas metodológicas de utilización obligatoria para las organizaciones solicitantes, pero también para las OTC y el IMIO, dirigidas a garantizar la incorporación del enfoque GED en estas intervenciones. El componente de proyectos sirvió para atender las necesidades e intereses de las mujeres y el cumplimiento de sus derechos, tal y como eran identificados por las organizaciones, y a apoyar las demandas del movimiento de mujeres. La duración máxima de los proyectos aprobados y sus modestas cuantías para el tipo de cambios que se pretendía impulsar, hacen pensar que estas contribuciones fueron limitadas. Sin embargo, el modus operandi de una parte de los proyectos aprobados, en consonancia con el enfoque GED, permite afirmar que este componente fue un instrumento de financiación al servicio del empoderamiento de las mujeres y de las organizaciones que defienden sus derechos, en un proceso “de abajo hacia arriba”, que contribuía a que las mujeres fortaleciesen su capacidad y autonomía y que lo hiciesen promoviendo el análisis crítico sobre su situación y la organización y movilización colectivas, con el objetivo de mejorar sus condiciones de vida y de superar las desigualdades de género. Entre los logros obtenidos, algo más de la mitad de los proyectos muestran resultados en el fortalecimiento de la autonomía de las mujeres en la toma de decisiones, promoviendo su presencia en espacios de debate a nivel municipal y departamental. Un 43% de los proyectos se dirigieron a fortalecer la autonomía física de las mujeres con herramientas para su abordaje (normas, protocolos, etc.), apoyo en la formulación de legislaciones nacionales o formación al funcionariado para el adecuado tratamiento de la problemática, con una menor presencia del feminicio, la trata de mujeres o los derechos sexuales y reproductivos. Con una presencia menor, un 6% de los proyectos se dirigieron a promover la autonomía económica de las mujeres. La convocatoria también contribuyó al fortalecimiento de las organizaciones de mujeres beneficiarias, proporcionándoles una mayor autonomía para desarrollar una agenda propia de trabajo y mayor capacidad de incidencia política, mejorando las relaciones con otras organizaciones y grupos de base y/o el trabajo en red. Los efectos obtenidos se derivan del apoyo directo a sus agendas políticas y programáticas, a la posibilidad de reforzar de manera significativa aspectos

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estructurales de la organización y al perfil de las organizaciones beneficiarias, con una trayectoria de trabajo consolidada con la agenda de derechos y la aplicación de un enfoque feminista en sus prácticas institucionales y de actuación. Estas organizaciones ya contaban con práctica en el uso del enfoque GED y podían contribuir a integrar los intereses estratégicos de las mujeres en propuestas de desarrollo más amplias, por lo que fortalecerlas incrementaba la probabilidad de que pudiesen desempeñar ese papel, aprovechando su “saber hacer” y amplificando los resultados de las intervenciones. Especialmente entre las organizaciones de menor tamaño, los proyectos eran utilizados como “carta de presentación” de las organizaciones para iniciar o consolidar la interlocución con las instituciones públicas o con otras organizaciones sociales, mejorando su capacidad de incidencia en sus contextos de actuación. El trabajo en red fue una estrategia de actuación promovida explícitamente por el IMIO y estuvo presente en la mayor parte de los proyectos aprobados. En esta línea, se generaron lazos con las ONGD presentes en el proceso de gestión, gracias a la relación horizontal que se establecía, llegando en algunos casos a construir alianzas que se han mantenido a lo largo del tiempo. Desde un punto de vista institucional, este componente aportó gran visibilidad y reconocimiento al Instituto de la Mujer y lo convirtió en una referencia fundamental en la lucha a favor de la igualdad de las mujeres en América Latina. También permitió a la AECID ampliar sus relaciones con el movimiento de mujeres y su espacio de incidencia, lo que fortaleció su identificación como un aliado de la agenda de igualdad. Entre los déficits del componente de proyectos se menciona su incapacidad para atender un nivel de demanda creciente anualmente, la exclusión de proyectos de medio plazo, no haber capitalizado a nivel regional los productos, aprendizajes y buenas prácticas obtenidas ni haber visibilizado los logros y resultados obtenidos ante otros donantes y ante las instituciones públicas. En relación con la colaboración entre la AECID y el Instituto de la Mujer, el Programa nace como una nueva vía de trabajar para el avance de la incorporación de las mujeres a los procesos de desarrollo. A lo largo de los años el Programa mantiene la coherencia con el marco de referencia internacional, especialmente con la Declaración y Plataforma de Beijing y su posterior desarrollo en las directrices y reglamentos del CAD y la UE. Ello fue posible, al menos en parte, porque siempre estuvo inscrito en la política de igualdad española, que introdujo el enfoque GED desde 1997, cuando en la Cooperación Española este tema era sólo incipiente. De manera paulatina a partir del año 2000, la Cooperación Española fue dotándose de personal especializado en género y reconoció la dimensión horizontal del enfoque GED. A partir de 2005 desaparece la brecha existente entre las políticas de igualdad y cooperación en torno al reconocimiento y tratamiento del enfoque GED, con lo que a partir de este momento el Programa se alinea con ambas. Desde entonces, se inicia una etapa de importantes cambios en la Cooperación Española, que traerán consigo un salto cualitativo en la prioridad que se otorga a la igualdad de género y un salto cuantitativo de la AOD destinada a género. En el periodo 1988-2003, la relación entre el IMIO y la AECID comienza con una sintonía clara, pero pronto comienzan a surgir desacuerdos sobre el tipo de proyectos a financiar y sobre el

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modo de canalizar la financiación a las organizaciones en los países. En 1996, la AECID y el IMIO se replantean el marco de coordinación de manera que, a partir de ese momento, el IMIO se encarga de la financiación y gestión de ambos componentes del Programa Mujer y Desarrollo, mientras que la AECID canaliza los proyectos dirigidos a los mecanismos nacionales de igualdad y los proyectos regionales. De este modo, desde 1996 el Programa queda excluido del marco general de coordinación interinstitucional que establecen los sucesivos convenios. En el terreno la situación es un poco diferente, puesto que las OTC asumen un rol cada vez más importante en la convocatoria de proyectos y a partir de 1996 se convierten en receptoras de pasantes del componente de formación. En el periodo 2004-2010 el Programa Mujer y Desarrollo sigue ajeno a las relaciones entre la AECID y el IMIO. Sin embargo, existen numerosas colaboraciones entre ellos, tanto formales, en el marco del Convenio interinstitucional, como fuera de él, si bien en este último caso de carácter muy puntual, más allá de las que tienen lugar en el terreno. El paraguas institucional que ofrecía el Convenio dejó de estar en vigor en 2010, sin que se haya firmado uno nuevo desde entonces. El Grupo de Trabajo de Género del Consejo de Cooperación, es actualmente el único espacio formal en el que confluyen la AECID y el IMIO, junto al resto de actores relevantes, de manera que la coordinación bilateral entre ellas queda reservada a las vías informales. No obstante, se reconoce una mejora en los canales de comunicación e intercambio para la definición de posiciones comunes y para la participación en los foros internacionales más destacados. Desde 2011 se detecta una brecha entre los lineamientos estratégicos y el discurso de compromiso con la igualdad en la Cooperación Española y su pérdida de relevancia en las prácticas actuales de la cooperación. En este periodo se ha producido un acentuado descenso del volumen de la ayuda de la Cooperación Española al género como sector, se ha debilitado su estructura de género, ha perdido prioridad en las programaciones de los países en tanto que sector de actuación específico y han desaparecido los contenidos de género en el organigrama tanto de la AECID como de la SGCID, lo que muestra la pérdida de visibilidad de la igualdad. Las acciones desarrolladas y los logros en la institucionalización del enfoque GED habían hecho de la igualdad de género una de las señas de identidad de la Cooperación Española, reconocida a nivel internacional. Sin embargo, a la luz de la evolución de los últimos años, el proceso de institucionalización está lejos de estar concluido. En relación con el Programa en su conjunto, la historia de sus dos componentes comienza a partir de una única mirada estratégica, pero sus caminos van separándose hasta convertirse en dos líneas de acción bajo una denominación común. Entre ambos componentes existieron puntos de confluencia y retroalimentación, especialmente a nivel de terreno, pero en general los aportes de este Programa han sido los de sus componentes. Las situaciones de desigualdad entre hombres y mujeres persisten, los objetivos planteados en la Plataforma de Acción de Beijing hace más de 20 años aún no se han logrado, ha habido un debilitamiento del movimiento feminista y de las organizaciones de mujeres en los países socios de la Cooperación Española y un retroceso en la agenda de derechos de las mujeres. Por todo ello puede pensarse que los objetivos del programa evaluado siguen estando vigentes, en el sentido de que la situación de necesidad a la que pretende contribuir a satisfacer se mantiene. Por

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otra parte, el Plan Estratégico de Igualdad de Oportunidades entre Mujeres y Hombres 20142016 identifica las dos líneas de trabajo del Programa como necesidades y objetivos requeridos dentro de las políticas de igualdad y el IV Plan Director (2013-2016) mantiene entre las señas distintivas de la Cooperación Española la promoción de los derechos de las mujeres y de la igualdad de género, estableciendo entre las actuaciones específicas para su empoderamiento el fortalecimiento de las asociaciones feministas y de la sociedad civil debido a su capacidad para generar efectos multiplicadores en términos de acceso a una ciudadanía plena y a mejorar la calidad y eficacia de la ayuda. Así pues, el marco político y normativo nacional justifica también la pertinencia actual de Programa en sus dos componentes.

“Mujeres en primer plano”. Asociación Kuña Ròga (Paraguay).

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CONCLUSIONES — 1. El Programa Mujer y Desarrollo no ha contribuido a una mayor coherencia horizontal entre la política de igualdad y la de cooperación, ya que durante el periodo analizado no desempeñó un papel articulador de la colaboración entre las instituciones. Las limitaciones en el ámbito de actuación del IMIO, los continuos cambios en su adscripción institucional y las diferencias de velocidad de AECID e IMIO a la hora de asumir los compromisos internacionales de género supusieron en la práctica un progresivo distanciamiento entre ambas instituciones, que dificultó los acuerdos de trabajo entre ellas. 2. Los aportes del Programa sobre la integración del enfoque de género son diferentes para cada uno de sus componentes. El componente de formación supuso la generación de una masa crítica de profesionales altamente cualificadas con trayectorias diversas pero con una presencia relevante en el sistema de cooperación español y en organismos internacionales, sobre todo desde un punto de vista cualitativo. El componente de proyectos incrementó y mejoró la integración del enfoque de género en las OTC, si bien en la gran mayoría de los casos este efecto se encontró restringido a las responsables de género, que eran quienes en la práctica concentraban el total de las actividades en relación con la convocatoria. 3. Con carácter general, los dos componentes del Programa funcionaron por separado, con una escasa retroalimentación cruzada entre ambos componentes y sin tener en cuenta las posibilidades que hubiese ofrecido su aplicación integrada. En el terreno, sin embargo, algunas OTC sí hicieron un uso integrado de los dos componentes, fundamentalmente por el trabajo de sus responsables de género que aprovechaban la presencia de pasantes, priorizaban algunos proyectos que podían ser complementarios con los programas bilaterales, o contaban con asistencias técnicas de algunas de las egresadas. 4. El componente de formación ha tenido una clara influencia sobre las personas que han participado en él, en términos de empoderamiento de sus egresadas y en la mejora de su empleabilidad tras la formación. La influencia de la formación sobre las organizaciones con las que estas personas han tenido relación es más incierta y esta evaluación no ha conseguido evidencias tangibles, más allá de algunos aspectos concretos. 5. La formación que se ofrece en la actualidad –un máster propio de la UCM— sigue siendo valiosa, pero ha perdido buena parte de los elementos singulares del componente de formación, además de que el contexto ha cambiado: existe una mayor oferta de formación, el sector de género en desarrollo ya no puede ser considerado emergente y ha disminuido la demanda de estos perfiles en el mercado de trabajo. Por todo ello, las primeras ediciones del Máster, sufrieron una importante disminución de la demanda que en la actualidad se está recuperando.

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6. El componente de proyectos poseía características que lo convirtieron en un instrumento único en el marco de la Cooperación Española. Fue pionero en la consideración de las organizaciones de mujeres como agentes políticos y como ejecutoras confiables con quienes era posible aliarse para lograr objetivos comunes a nivel de país y fue la única iniciativa que permitía el apoyo directo a la agenda propia de estas organizaciones. La innovación de este componente residía también en su estrategia de intervención basada en la utilización de la estrategia de empoderamiento en los proyectos individuales. Por todo ello fue un instrumento altamente valorado por los agentes que participaron en él. Por otra parte, una vez que el apoyo desaparece, se ha podido comprobar la fragilidad y la reversibilidad de lo logrado. 7. La aplicación de las recomendaciones programáticas y operativas de la evaluación intermedia realizada al componente de proyectos en 2003 tuvo como consecuencia una mayor apropiación del componente de proyectos por parte de las OTC y una mejora en la aplicación del enfoque de género en los proyectos. Los efectos sin embargo se vieron influidos por la cultura institucional ya existente y por su grado de sensibilización y formación previa en materia de género y desarrollo, de manera que en ocasiones los efectos se limitaban a la persona que centralizaba las actuaciones de temática de género, sin que los aprendizajes se extendiesen al resto de la estructura de la OTC. La aplicación de las recomendaciones también mejoró la eficacia en la gestión, ya que el tiempo total de tramitación se redujo a la mitad. No se produjeron cambios, sin embargo, en términos de reducción del número de solicitudes, ni se llevó a cabo una concentración de las acciones. 8. El componente de proyectos fue un instrumento adecuado para promover los derechos de las mujeres en Ecuador y Nicaragua (estudios de caso) mediante el fortalecimiento de sus organizaciones, que contaban con trayectoria de trabajo en el ámbito de los derechos de las mujeres, lo que incrementaba la probabilidad de éxito de los proyectos. El fortalecimiento adicional vía redes de organizaciones mejoraba un tanto la sostenibilidad de los resultados, si bien no la de las organizaciones. 9. El componente de proyectos supuso un claro valor añadido para los actores involucrados: contribuyó a convertir el IMIO en referencia en la lucha a favor de la igualdad en ALC, frente a los mecanismos de igualdad y las organizaciones de la sociedad civil; la AECID, mediante las OTC, fue reconocida como una aliada política en la agenda de igualdad; las ONGD españolas establecieron relaciones horizontales con organizaciones feministas de los países socios y, finalmente, las organizaciones beneficiarias obtenían un valor adicional de prestigio al ser financiadas por una convocatoria muy competitiva. 10. Su desaparición ha contribuido a la precariedad en la financiación de las organizaciones de mujeres en América Latina, pero es difícil valorar su alcance en un contexto general de reducción drástica de la financiación, no sólo por parte de España, que está poniendo en riesgo su capacidad de acción e incluso su supervivencia. Desde algunas OTC se percibe una cierta pérdida de identificación de la Cooperación Española con el género, entre otros factores por una pérdida de la proximidad con las organi-

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zaciones de mujeres. Otras, en cambio, mantienen que se han encontrado otros formatos de colaboración por vías indirectas o que la ausencia de financiación para el sector género queda paliada por los ejercicios de transversalización que están realizando en los MAP. 11. No es posible concluir sobre la pertinencia actual del Programa, pero sí puede afirmarse que sus dos componentes siguen siendo pertinentes en la actualidad, puesto que las necesidades que pretendían satisfacer siguen existiendo y siguen ajustándose al mandato normativo-programático. Otra cuestión es que en la priorización de unos recursos escasos no sean éstas las líneas de trabajo elegidas, o que se prefiera abordarlas de un modo diferente al que lo hizo el Programa evaluado.

“Formación en comunicación y género para mujeres de organizaciones sociales en América Latina (Fase III)”. Agencia latinoamericana de Información, ALAI (Ecuador).

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RECOMENDACIONES — 1. Puesto que en 2016 finalizan los marcos estratégicos tanto de la política de cooperación (IV PD) como de la política de igualdad (PEIO 2014-2016), se recomienda el fortalecimiento de la coherencia horizontal de ambos y la reflexión sobre la continuidad o no del Programa o de sus componentes por separado. En concreto, se recomienda clarificar la relevancia que otorga la Cooperación Española a las organizaciones del movimiento de mujeres de ALC como agentes de desarrollo y, en consecuencia, el eventual apoyo que se le podría prestar y que podría adoptar distintas formas: financiación de actividades, establecimiento de cauces estables de diálogo u otras vías. Esta es una decisión de carácter político que debería ser previa a la decisión de recuperar o no el componente de proyectos del programa. 2. Una eventual línea de apoyo directo a las organizaciones podría centrarse en los procesos de igualdad que quedan fuera de las agendas gubernamentales y que nunca llegarán a ellas a menos que el movimiento de mujeres las promueva. Sería necesario también redefinir algunos aspectos que han resultado más débiles, especialmente fortalecer la sostenibilidad de sus resultados, así como su complementariedad con otras actuaciones bilaterales, bien de carácter gubernamental, bien a través de las subvenciones a ONGD. En caso de que se decidiese recuperar la línea de apoyo directo a las organizaciones de mujeres de América Latina, se recomienda también que se aproveche al máximo el potencial de acción conjunta con la formación que imparte actualmente el ICEI. 3. De cara a reforzar su atractivo actual, se recomienda recuperar alguna de las señas de identidad que el componente de formación tuvo en el pasado, reforzando su enfoque hacia la empleabilidad, reforzando las prácticas y orientándolas en mayor medida a instituciones con capacidad de absorción de los recursos. Sería importante también retomar el vínculo de la formación con las políticas de igualdad y de cooperación. Finalmente, algunas valoraciones recomiendan una disminución de la “carga de información” incluida en los contenidos —actualmente mucho más accesible por otras vías que en el pasado— y un incremento de las actividades con mayor capacidad de reforzar el proceso de empoderamiento del alumnado. 4. Desde un punto de vista operativo, en relación con el Máster en Género en Desarrollo y de cara a todos los agentes, se recomienda establecer un marco de relaciones entre el IMIO, el ICEI y la AECID, que supondría, partiendo de los diferentes marcos competenciales, repensar los espacios de relación, encuentro y coordinación así como la posibilidad de negociar un nuevo marco de relación formal. 5. Así mismo, sería de interés que el IMIO y el ICEI pudieran poner en valor y visibilizar la producción de conocimiento asociada al componente de formación. En ese sentido, y en términos de mejora de la gestión de ese conocimiento, se recomienda la publicación de

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las tesinas de las egresadas del programa o la elaboración de informes o publicación de síntesis que reúnan la principal información de cada una de ellas (título, año de elaboración, autora, temática, resumen de contenido y abstract, enlace web, etc.). 6. De cara a la AECID, se propone realizar un proceso interno de reflexión sobre la utilidad de este Máster y de la financiación a él aportada y el valor que puede añadir a la actividad en terreno y en la sede de la propia AECID. Si la principal utilidad es poder financiar la formación continua de su propio personal, cabe pensar si la opción más adecuada es un Máster, con los condicionantes de duración y dedicación que eso supone. Si, por el contrario, lo que se desea es favorecer la existencia de profesionales con una alta cualificación en género y desarrollo, ésta puede ser una opción óptima, dada la oferta existente en la actualidad. 7. También para la AECID se propone valorar la posibilidad de realizar un incremento de su aporte anual con el fin de actualizar la cuantía de las becas por encima de un mínimo (en términos de recursos, tiempo o ambos) lo que contribuiría a consolidar pasantías más largas y en mejores condiciones. Ello supondría una nueva aproximación a las bolsas de viaje, con el objetivo de incrementar el valor de las prácticas, ya que se considera preferible contar con menos pasantías, que con un número mayor de prácticas de corta duración y asignación económica insuficiente. 8. En la medida en que el IMIO retomase una relación directa con el Máster, se recomienda también que asumiese la financiación de un mínimo de bolsas de viaje, en función de sus disponibilidades presupuestarias, para favorecer que una parte de las pasantías se desarrollasen en mecanismos de igualdad o en organizaciones de mujeres de América Latina. 9. Se considera adecuada la estrategia planteada por el propio ICEI en términos de búsqueda de patrocinios por parte de empresas o fundaciones en el marco de su política de responsabilidad corporativa, que puedan asumir las prácticas de las personas que no accediesen a las bolsas de viaje y que tuviesen que realizar sus prácticas en España. Cabe la doble estrategia de buscar financiación (más improbable) o de buscar que sean estas mismas entidades quienes acojan a las pasantes, siempre que cuenten con programas de trabajo en género y/o en género y desarrollo. 10. Finalmente, y en la línea de lo que ya viene trabajando el Área de Género del ICEI desde comienzo de 2016, creación y alimentación de una base de datos con los contactos de todas las egresadas del programa de formación desde sus inicios, que se actualice la base de datos regularmente y que sea un recurso al alcance de ICEI, y eventualmente, del IMIO, AECID y otros actores del Sistema Español de Cooperación, como un verdadero banco de expertas en género y desarrollo al que recurrir. De manera complementaria podría trabajarse de manera sistemática en el seguimiento de las trayectorias profesionales de las egresadas y en la promoción de la creación de un Alumni de alumnas de todas las ediciones con un soporte de intercambio digital que favorezca su empleabilidad y los intercambios entre ellas.

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7. AECID to assess the possibility of increasing its annual contribution in order to consolidate longer internships with better conditions. Evaluators consider preferable to have fewer long internships rather than more short-term ones with insufficient financial provision. 8. If IMIO recovers the links with the Master's course, it is advisable to also assume the financing of a minimum number of grants, according to budget availability, to enable some internships to take place in equality mechanisms or women's organisations in Latin America. 9. The strategy proposed by the ICEI to seek sponsorship from companies or foundations to increase the number of internships is considered appropriate. There is room for the dual strategy of seeking financing (more unlikely) or of ensuring that these same entities take on interns, bearing in mind that should account with work programmes on gender and/or gender and development. 10. In line with ICEI´s work on building and updating a database of training graduates, it is advisable to update it on a more regular basis as well as to be used by other actors as a resource to find gender and development experts. Additionally, graduates' professional careers could be monitored systematically and an Alumni association could be created for students of all editions with a digital exchange format to promote their employability and exchanges.

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RECOMENDATIONS — 1. Given that in 2016 the strategic frameworks ended for both cooperation policy (Master Plan 2013-2016) and equality policy (Strategic Plan on Equal Opportunities 2014-2016) the recommendation is to strengthen their horizontal coherence and reflect on the Programme continuity or its components separately. In particular, it is recommended to clarify the relevance Spanish Cooperation attaches to women's movement organisations in LAC as development agents and consequently, the possible support which could be provided and which could take different forms: financing activities, establishing stable flows of dialogue or other channels. This is a political decision which must come prior to the decision on whether or not to recover the projects component. 2. A possible working line with organisations could focus on equality issues outside governments' agendas. Some aspects to be reinforced include: outcomes' sustainability; complementarity with other bilateral actions. If it were decided to recover the line of direct support to women's organisations in Latin America, it is also recommended that the potential for joint action with training, currently provided by ICEI, to be fully exploited. 3. In order to reinforce its current appeal, training component should recover the past distinguishing marks, reinforcing its focus on employability, reinforcing internships and orienting them more to institutions with the ability to absorb resources. It is also important that the Master degree takes up the link between the equality and cooperation policies. Finally, some individuals´ assessments recommend reducing theoretical content, which is currently available through other channels, and increasing activities with greater capacity to reinforce the process of empowering students. 4. In relation to the Master's degree in Gender in Development, to establish a framework for relations between IMIO, ICEI and AECID, which would mean, based actors´ competencies, rethinking relationships, meetings and coordination amongst them and the possibility of negotiating a new formal framework of relationships. 5. IMIO and ICEI to emphasize and visibilise knowledge on the training component. To improve knowledge management, graduates´ dissertations could be published or either synthetize their contents in reports or summaries. 6. AECID to reflect on Master´s purpose and the value it can provide to AECID both at headquarters´ and field level. If the main use is to be able to finance continuous training for its own staff, it is worth considering whether a Master's degree is the most suitable option. If, however, the purpose is to promote the existence of qualified gender and development professionals, the Master's course may be the best option, given the current training supply.

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instrument was highly valued by the agents who participated in it. The disappearance of the support, however, has demonstrated the fragility and reversibility of what was achieved. 7. Application of the programmatic and operational recommendations from the mid-term evaluation of the projects component in 2003 brought greater appropriation of the projects component by the TCOs and improved application of the gender approach in the projects. The effects were, however, influenced by the existing institutional culture and its degree of awareness and prior training in gender and development, so that on occasions the effects were limited to the person who centralized gender-related actions, and the lessons did not spread to the rest of the TCO structure. Application of the recommendations also improved management efficiency by halving total turnaround time. But there were no changes in terms of reducing the number of applications nor was there any concentration of actions. 8. Case studies in Ecuador and Nicaragua show that projects component was an appropriate instrument for promoting women's rights, because it strengthened organisations, with a working trajectory on women's rights, thereby increasing the projects' likelihood of success. Additional strengthening through networks of organisations somewhat improved the sustainability of the outcomes but not of the organisations. 9. Projects component represented clear added value for the actors involved: it helped to make IMIO a reference for promoting equality in LAC, through equality mechanisms and civil society organisations; AECID, through the TCOs, was recognized as a political ally in the equality agenda; Spanish NGOs established horizontal relations with feminist organisations in partner countries and finally, beneficiary organisations obtained an added value of prestige by being financed through a highly competitive call for projects. 10. Projects component´s disappearance has contributed to the precarious nature of financing for women's organisations in Latin America but its scope is difficult to value in a general context of drastic reduction in financing, not only by Spain, which is endangering their capacity for action and even their survival. Some TCOs have perceived a certain loss of identification with gender in Spanish Cooperation, among other factors, due to a loss of proximity with women's organisations. Other TCOs, in contrast, state that other collaboration formats through indirect channels have been found or that the absence of financing for gender as sector has been mitigated by the mainstreaming exercises being carried out in the Country Partnership Frameworks. 11. It is not possible to draw conclusions on Programme´s current relevance but it can be said that its two components continue to be relevant now, since the needs they were intended to satisfy continue to exist and continue to fit the policy-programmatic mandate. A different issue is that in prioritizing scanty resources these are not the chosen lines of work or that it is preferred to tackle them in a different way to the evaluated Programme.

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CONCLUSIONS — 1. The Programme Women and Development has not contributed to greater horizontal coherence between the equality and cooperation policies. Limitations in IMIO's area of action, continuous changes in institutional affiliation and the different speeds at which AECID and IMIO assumed international gender commitments meant in practice a gradual distancing between the two institutions which hindered working arrangements between them. 2. The two Programme components in operated separately, with scanty cross feedback between the two and without taking into account the opportunities integrated application would have provided. In the field, however, some TCOs did make integrated use of both components, mainly through the work of their gender responsible who made the most of the presence of interns, prioritized projects which could complement bilateral programmes and had technical assistance from some of the graduates. 3. Programme contributions to integrate gender approach are different for each of its components. The training component generated a critical mass of highly qualified professionals who had a significant presence in the Spanish Cooperation system and in international bodies, especially from the qualitative perspective. The projects component increased and improved gender approach integration in the TCOs, although in most cases this effect was restricted to heads of gender who in practice concentrated all the activities in relation to the call for projects. 4. The training component has had a clear impact on the people who participated, in terms of empowering the graduates and in improving their employability after the training. The impact on the organisations these people have had been connected to is more uncertain and this evaluation has only obtained tangible evidence for a few specific aspects. 5. The training being offered currently - a UCM master's degree course - continues to be valuable but has lost many of the specific features and also the context has changed: there is a wider choice of training courses, the gender and development sector can no longer be regarded as emerging and the demand for these profiles on the labour market has fallen. As a result, there was a significant drop in demand for the early editions of the Master's degree course, but demand is now recovering. 6. Projects component is considered as a unique instrument in the context of Spanish Cooperation. It pioneered the consideration of women's organisations as political agents and reliable implementers with whom an alliance could be created to achieve shared objectives at country level and was the only initiative that permitted direct support to these organizations' own agendas. The innovative part of this component also lay in its intervention strategy based on empowerment through individual projects. For all those reasons the

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In regards to the Programme as a whole, its history shows that at the beginning both components had the same aim but their paths gradually diverged to become two action lines under the same name. The two components had points of convergence and feedback, especially at field level, but in general, Programme's contributions have been those of its components. Situations of inequality between men and women persist, the objectives proposed at the Beijing Platform for Action more than 20 years ago have still not been achieved, there has been a weakening of the feminist movement and women's organisations in Spanish Cooperation’s partner countries and a setback in the women's rights agenda.Thus Programme objectives would appear to remain valid as the need, that Programme was addressing, is still valid.. Furthermore, the 2014-2016 Strategic Plan on Equal Opportunities between Men and Women identifies the Programme's two lines of work as needs and objectives for equality polices; the Fourth Master Plan (2013-2016) maintains the promotion of women's rights and gender equality among the distinguishing marks of Spanish Cooperation. The plan’s specific actions to empower women include the strengthening of feminist associations and civil society because of their capacity to generate multiplier effects in terms of access to full citizenship and to improve the quality and effectiveness of the aid. The political context and national legislation also justify the current relevance of the Programme's two components.

Women at the fore. Kuña Ròga Association (Paraguay).

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growing level of demand each year, the exclusion of medium-term projects, not having capitalized on products, lessons and good practices at regional level, and not having visibilized achievements and outcomes among other donors and public institutions. In relation to collaboration between AECID and Institute for Women´s Affairs, the Programme was created as a new channel to promote women's incorporation in development processes. Over the years the Programme has been consistent with the international framework of reference, especially with the Beijing Declaration and Platform and its subsequent development in Development Assistance Committee (DAC) and EU rules and guidelines. That coherence was possible, at least in part, because Spanish equality policy introduced the Gender and Development (GAD) approach in 199. This approach was still in the early stages in Spanish Cooperation. After 2000, Spanish Cooperation gradually began to hire gender specialists and recognize the horizontal dimension of the GAD approach. After 2005, the gap between equality and cooperation policies disappeared with the recognition and processing of the GAD approach and so from that moment the Programme aligned with both policies. Since then, a series of important changes took place in Spanish Cooperation leading to a qualitative leap in the priority given to gender equality and a qualitative leap in the Official Development Assistance (ODA) allocated to gender. In the 1988-2003 period, the relationship between IMIO and AECID started out very much in tune, but disagreements soon began to arise over the type of projects to finance and the way of channeling funds to organisations in partner countries. In 1996,AECID and IMIO reconsidered the coordination framework and from then on IMIO took responsibility for financing and managing both components. Thus since 1996 the Programme has been excluded from the institutional coordination´s general frameworks. In the field, the situation was slightly different because TCOs assumed an increasingly significant role in calls for projects and since 1996 TCOs host interns as part of the training component. In the 2004-2010 period, the Programme continues to be independent from AECID-IMIO relationships. There were, however, numerous collaborations between both organisations. The institutional umbrella offered by the last Agreement expired in 2010 and a new one has not been signed.The Cooperation Council's Working Group on Gender)is currently the only formal space where AECID and IMIO meet together with the other relevant actors. Bilateral coordination is restricted to informal channels. Nevertheless, there has been an improvement in the channels of communication and exchange for defining common positions and participating in most significant international forums. Since 2011, a gap has been detected between the strategic guidelines and the discourse on commitment to equality in Spanish Cooperation and its loss of relevance in current cooperation practices. In this period there has been a sharp fall in the volume of aid from Spanish Cooperation to gender as a sector (taking into account only CRS15170). Gender structure has weakened, losing priority in countries programme framework as a specific sector for action and gender content has disappeared from the organizational chart in both AECID and SGCID architecture. This evidences that gender has lost visibility. The actions and achievements in institutionalizing the GAD approach had made gender equality one of the internationally recognized distinguishing marks of Spanish Cooperation. However, in the light of developments in recent years, the process of institutionalization is far from being complete.

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and women , it failed to mainstream the gender approach. Consequently, among other actions, new mandatory methodological tools were developed for the applicant organisations and also for the TCOs and IMIO, to ensure the GAD approach was incorporated in these interventions. The projects component served to address women's needs and interests and fulfil their rights as identified by the organisations and support women's movement demands. Projects´ duration and modest amounts for the types of change they were intended to promote suggest that these contributions were limited. However, the modus operandi of part of the approved projects, in keeping with the GAD approach, made this component a financing instrument that served to empower women and the organisations defending their rights in a "bottom up" process. This approach helped women to strengthen their capabilities and autonomy by promoting critical analysis of their situation, collective organization and mobilization in order to improve their living conditions and overcome gender inequalities. In regards to achievements, over half the projects show outcomes that strengthen women's autonomy in decision making, promoting their presence in spaces for debate at municipal and departmental level. 43% of projects addressed women’s physical autonomy with tools to assist them (rules, protocols, etc.) or by formulating national legislation and training of civil servants to deal with the issues appropriately, with a reduction in feminicide and trafficking in women, and promotion of sexual and reproductive rights. A smaller number of projects, 6%, were aimed at promoting women's economic autonomy. Grants also helped to strengthen beneficiary women's organisations providing them with greater autonomy to develop their own work agenda and greater capacity for political impact, improving relationships with other organisations and grassroots groups and/or networking. The resulting effects stem from direct support for their policy and programmatic agendas, the opportunity to significantly reinforce structural aspects of the organization and the profile of the beneficiary organisations, which had a solid background in working on the rights agenda and in applying a feminist approach in their institutional practices and action. These organisations had already had practice with the GAD approach and could help to integrate women's interests in broader development proposals. Strengthening these organisations therefore increased opportunities for them to play that role, making use of their "know how" and amplifying interventions´ outcomes. Smaller organisations in particular, used projects as a "calling card" to initiate or consolidate dialogue with public institutions or other social organisations, improving their capacity for impact in their areas of intervention. Networking was an action strategy explicitly promoted by IMIO and was present in most of the approved projects. In this line, ties were generated with NGDOs present in the management process through the horizontal relationship and in some cases alliances were forged which have continued over time. From the institutional perspective, this component provided great visibility and recognition for the Institute for Women´s Affairs and it became a fundamental reference in the fight for equality for women in Latin America. It also enabled AECID to broaden its relationships with the women's movement and its area of impact, and thereby strengthen its identification as an ally in the equality agenda. Mentioned among the shortfalls of the projects component are its inability to address the

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The training component had a positive impact on the employability of graduates both in the Gender and Development sector and in gender and development separately. In general, graduates from the training component have had somewhat discontinuous professional careers, frequently changing sectors (from the public to the private sector, for example), combining activities (for example, consultation or teaching and working as NGDO´s staff) in job positions with different levels of responsibility and even between different countries. Graduates have worked in a wide variety of areas and relevant organisations in the Spanish cooperation system and in international organisations, and particularly in technical posts in Spanish or local NGDOs.They have also provided technical assistance to TCOs or have acted as independent consultants. Their presence in AECID as part of its staff has been very scanty: nonexistent for people who did gender work at the head office, and residual presence of those who worked as programme directors (2 out of 81) and projects managers (5 out of 162) in TCOs. In larger number although still scarce, graduates also provided support through contract services (technical assistance, consultancies, etc) to TCOs. In terms of influence, the presence of graduates in key posts at key moments has been identified. Small number of graduates have participated in relevant strategic, technical and methodological processes; have generated or implemented equality policies in Spain's public authorities; have designed and produced gender mainstreaming tools and in training and awareness-raising actions. These contributions, differing in intensity and level, had an influence on the Spanish Cooperation system, either through SGCID (Office of the Secretary-General for Development Cooperation) and AECID or through other regional or local organisations, or through work with NGDOs. Nevertheless, it has not been possible to quantify or delimit the specific details of graduates' contributions to institutionalization. It can, however, be said that the Programme helped to promote gender as a priority in the 2005-2010 period, providing a significant part of the critical mass of experts on gender and development in this period. Some graduates were also involved in actions directed at incorporating gender equality and women's empowerment in spaces and guidelines for well-known multilateral organisations and international financial institutions, consistent with the Second Master Plan’s commitment to "active and effective multilateralism". There is consensus over Spanish Cooperation’s current need for gender and development specialists, but the key aspects to be covered by these professionals have not been specified. Specific interest in including personnel specializing in these matters on the teams has fluctuated over time and currently, the cooperation system is not absorbing these professionals. Job opportunities are mainly in the international market. This situation is reflected in the current considerable drop in demand for this training in relation to traditional levels, also influenced by the fact that the conditions for participation are now similar to those for other postgraduate courses. The project financing component for organisations working on gender issues in Latin America was evaluated in 2003.The main conclusion was that while it had a positive and significant contribution in strengthening women´s organisations to promote equal opportunities for men

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TRAINING COMPONENT Training oriented to strengthen women´s capacities to help introduce the gender perspective in Spanish Cooperation and its institutionalization. This component began in 1989 as a positive action oriented towards employability in the field of development cooperation in order to help introduce the gender perspective in the Spanish Cooperation. The course took place annually in different formats and disappeared in the 2010-2011 academic year. It re-emerged in 2013 as a master's degree disconnected from the "Women and Development Programme". Until 1996 it was co-organized and taught by Spanish specialist NGDOs and from 1998 it gained university recognition, run by the Complutense University of Madrid (UCM), through the Complutense Institute of International Studies (ICEI). Training lasted approximately 11 months and an average of 25 places was offered every year. Until the 2010-2011 academic year, participation required exclusive dedication and full grants were awarded that covered enrolment, board and lodging, travel expenses and insurance. Most editions were addressing unemployed women over the age of 25 with university qualifications, prior experience in the area of development cooperation and/or in feminist organisations and with foreign language skills. The number of graduates from 1999 to 2015 totaled 404. The course had an initial theoretical stage taught in Madrid, followed by a practical stage which consisted in internships in organisations in partner countries (in 88% of countries in the Latin America and Caribbean (LAC) area) and after 1996 also in Technical Cooperation Offices (TCOs). The course ended with a final evaluation over 2 weeks, again in Madrid.

PROJECT COMPONENT Grants for Non-governmental Organisations (NGOs) or NGO networks whose main objectives were women's participation and their access to development resources to finance projects that would contribute to empowering these organisations and women beneficiaries. In its initial stage, the projects component also supported Institute for Women´s Affairs´ peer organisations. It ran from 1988 to 2010 with a roughly annual periodicity, except for the years 2003 and 2004. After 1996 grants were made available for Spanish NGDOs to support local organizations. Spanish NGDOs channeled funding towards these organisations, and received around 10% of the subsidy. In the period 2005-2010, 152 interventions by 75 women's organisations in 13 Latin American countries were financed. The maximum duration of the projects was 12 months, although it was possible to bundle applications together up to a maximum of 3 years. On average around 25 projects were financed per Call with amounts that differentiated between local and regional initiatives.

The core elements of the training component remained quite stable over time: feminist focus, individual and group empowerment, its link with public policy on equality and promotion of an equality body. Other aspects (contents, level of requirements, etc.) adapted over time as the environment and the international equality agenda evolved. Traditionally, this component was in great demand, due to its international prestige and the favorable conditions for participation enabled by substantial grants which became a factor for economic fairness in access. Graduates frequently state that the training was a transformational life experience, especially in relation to the process of empowerment. Their assessments highlighted the practical stage in the form of internships which became a key element in reinforcing their learning and understanding of women's conditions in other environments and also helped to them to define their professional interests more clearly. From another perspective, internships helped IMIO to promote itself and influence and establish relationships and strengthen ties with, among others, women's and feminist organisations and national equality mechanisms where internships took place.

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The purpose of the evaluation entitled “Collaboration between the Spanish Agency for International Development Cooperation (hereinafter called AECID) and the Spanish Institute for Women´s Affairs (hereinafter called IMIO)� was to assess from the perspective of policy coherence, the relationship between both institutions in relation to the Programme Women and Development and its outcomes. The time period covers the years 2003-2015, although in some cases previous periods have been taken into account. To address the request, various information collection and analysis techniques were used, with extensive document analysis, a questionnaire for graduates of the training since 1999 to the present day and another for beneficiary organisations of the projects component since 2003 until its disappearance in 2010, a total of 55 interviews with key informants and two case studies in Ecuador and Nicaragua. Life stories and most significant change techniques were also applied in a small number of cases. The Programme Women and Development was created on the initiative of IMIO in 1988. The general aim was to contribute to the recognition of women as national and international development agents, promote their participation in all areas of development and achieve their full integration in public and private life. It was also intended to ensure that Spanish Cooperation guaranteed women's participation and their access to the benefits and resources of development. Although the Programme evolved over time the definition of its purpose remained stable. The Programme had two components: a project funding component and a training of experts component. According to their logic model, both components had few integration elements. Inputs were largely overlapping, but the remaining elements did not integrate (or did so only to a certain extent) up to the level of outcomes and above all at the level of impact where the intention was to help institutionalize the Gender and Development (GAD) approach in the Spanish Cooperation and improve conditions for gender equality in the partner countries by strengthening women's and feminist organisations. Both components are summarised below.

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INDEX CONCLUSIONS RECOMENDATIONS


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