SUBSIDIO PARA LA CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN FAMILIA
DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD 7 de JUNIO de 2020
Responsable de la Publicación:
P. Armando Flores Navarro
PARROQUIA DE SANTIAGO APÓSTOL SAHUAYO, MICH.
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Domingo de la Santísima Trinidad Subsidio para la celebración de la Palabra en familia La celebración en familia puede ser guiada por el papá o la mamá, o el miembro que haga cabeza en la familia V. Quien dirige R. Todos los que participan en la celebración.
V. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. R. Amén. V. Bendigamos a Dios Padre, que nos reúne en nombre de Cristo para que unidos con toda la Iglesia estemos en comunión los unos con los otros por la fuerza de su Espíritu Santo. R. Bendito seas por siempre, Señor.
INICIO
V. Nos disponemos a celebrar la Palabra de Dios de este domingo, reconociendo que necesitamos de su misericordia. V. Apiádate Señor de nosotros R. Porque hemos pecado contra ti. V. Muéstranos Señor tu misericordia R. Danos tu salvación. V. Dios todo poderoso, tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
LECTUCTU LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS
V. Escuchemos ahora la Palabra de Dios.
PRIMERA LECTURA Del libro del Éxodo (34, 4-6.8-9) En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí, llevando en la mano las dos tablas de piedra, como le había mandado el Señor. El Señor descendió en una nube y se le hizo presente. Moisés pronunció entonces el nombre del Señor, y el Señor, pasando delante de él, proclamó: “Yo soy el Señor, el Señor Dios, compasivo y clemente, paciente, misericordioso SUBSIDIO PARA LA CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN FAMILIA
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y fiel”. Al instante, Moisés se postró en tierra y lo adoró, diciendo: “Si de veras he hallado gracia a tus ojos, dígnate venir ahora con nosotros, aunque este pueblo sea de cabeza dura; perdona nuestras iniquidades y pecados, y tómanos como cosa tuya”. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
Daniel 3
R./ Bendito seas, Señor, para siempre. Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres. Bendito sea tu nombre santo y glorioso. R./ Bendito seas en el templo santo y glorioso. Bendito seas en el trono de tu reino. R./ Bendito eres tú, Señor, que penetras con tu mirada los abismos y te sientas en un trono rodeado de querubines. Bendito seas, Señor, en la bóveda del cielo. R./ SEGUNDA LECTURA De la segunda carta del apóstol san Pablo a los corintios (13, 11-13) Hermanos: Estén alegres, trabajen por su perfección, anímense mutuamente, vivan en paz y armonía. Y el Dios del amor y de la paz estará con ustedes. Salúdense los unos a los otros con el saludo de paz. Los saludan todos los fieles. La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con ustedes. Palabra de Dios. EVANGELIO Del evangelio según san Juan (3, 16-18)
“T
anto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios”. Palabra del Señor.
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BREVE REFLEXIÓN Hoy celebramos la solemnidad del misterio que está en el centro de nuestra fe, del cual todo procede y al cual todo vuelve. El misterio de la unidad de Dios y, a la vez, de su subsistencia en tres Personas iguales y distintas. Padre, Hijo y Espíritu Santo: la unidad en la comunión y la comunión en la unidad. Conviene que los cristianos, en este gran día, seamos conscientes de que este misterio está presente en nuestras vidas: desde el Bautismo —que recibimos en nombre de la Santísima Trinidad— hasta nuestra participación en la Eucaristía, que se hace para gloria del Padre, por su Hijo Jesucristo, gracias al Espíritu Santo. Y es la señal por la cual nos reconocemos como cristianos: la señal de la Cruz en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo «Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna». En esta frase de Jesús a Nicodemo está la síntesis del Evangelio de Juan. Jesús es el don del Padre a la humanidad, un don que brota de un amor sin límites. Tan grande es el deseo de Dios para que los hombres no se pierdan en la espiral del mal, que envía a su propio hijo para que sean liberados y salvados. En verdad, el envío del Hijo a la tierra por parte del Padre y el amor del Hijo por nosotros que llega hasta la muerte en cruz, muestran que el amor es don, es servicio, es disponibilidad para entregarse por completo por los demás. En este sentido Jesús explica a Nicodemo el motivo de su encarnación: «Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él». Jesús no quiere la condena del mundo, sino que ha venido precisamente para lo contrario, es decir, para salvar a los hombres del mal y de toda esclavitud, y el camino que se realiza para que esto suceda es el del amor: el amor de Dios por nosotros es, en consecuencia, la respuesta del hombre para acoger dicho amor. Esta es la fe. El creyente es el que acoge a Jesús como el enviado del Padre para salvamos del mal y por tanto ya está salvado. La fe, y por tanto la salvación, consiste en acoger el amor, desmesurado y gratuito, de Jesús. Quien rechaza dicho amor es juzgado, no por Jesús sino por su propio rechazo porque se sustrae a la fuerza del amor que libera de la espiral del mal, rechaza la luz del amor de Dios para permanecer en la oscuridad del amor por sí mismo; y, por desgracia demasiado a menudo, los hombres prefieren la oscuridad de la vida violenta y cruel a la vida del amor, de la justicia, de la fraternidad. Las obras del mal aumentan la oscuridad dentro de los corazones de los hombres y en la vida entre la gente; y hay como una espiral diabólica que nos hace prisioneros. El que acoge la luz verdadera, que es Jesús y su Evangelio, es iluminado o envuelto en la luz del Evangelio; y cumplir las obras en Dios, significa vivir con el amor sin límites de Dios. Es el amor que necesitamos nosotros y el mundo. A los cristianos, en el comienzo de este nuevo milenio, les corresponde la fascinante y ardua tarea de globalizar el amor recibido del Señor. Él nos hace «hijos de la resurrección» y testigos de la eficacia liberadora de este amor. (p. 171-172)
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PROFESIÓN DE FE V. El Señor nos da su luz para redescubrirlo presente aún en medio de la adversidad. Iluminados por esa luz, hagamos un acto de fe en Él, diciendo: Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén. ORACIÓN UNIVERSAL V. Dios es nuestro creador y nuestro Padre, y se nos mostró visible en su Hijo. Por medio de su Espíritu él nos ama y quiere que Jesús sea conocido y amado. Oremos: R/ Dios, Señor nuestro, escucha nuestra oración. Dios Padre, creador del cielo y de la tierra, ayúdanos a respetar tu creación, a desarrollar este mundo y a hacer fructífera esta tierra para beneficio de todos, y así te lo pedimos: R/ Dios Padre, tú has hecho visible tu amor a todos en tu querido Hijo Jesucristo, uno de nosotros, humano como nosotros, y Salvador nuestro. Ayúdanos a crecer más como él y a continuar en la tierra su misión de llevar salvación y libertad a todos, y así te lo pedimos: R/ Dios Padre, tú derramas tu vida y tu amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo. Por su mediación también, ayúdanos a curar lo que está herido, a suavizar lo endurecido y a dar calor a lo que está frío, y así te lo pedimos: R/ Padre, Hijo y Espíritu Santo, que esta nuestra comunidad y toda tu Iglesia sean para este mundo necesitado una señal visible y viva de tu misma comunidad de amor en la Trinidad, y así te lo pedimos: R/
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Dios, Señor nuestro, sé tú nuestro fundamento y da sentido profundo a nuestra vida cristiana. Conduce a tu Iglesia peregrina a la plenitud de tu vida y de tu amor, en la unidad del Espíritu Santo, por Jesucristo nuestro Señor. R/ Amén.
PADRE NUESTRO V. El amor de Dios ha sido infundido en nuestros corazones con el Espíritu Santo que nos ha dado; por eso llenos de fe y esperanza juntos digamos: Todos: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
COMUNIÓN ESPIRITUAL Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiera recibido, te abrazo y me uno del todo a ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de ti. Amén
ORACIÓN FINAL Señor, Dios nuestro, somos demasiado limitados para entenderte, pero sabemos que tú te preocupas por nosotros y has vinculado nuestro destino al tuyo. Gracias por amarnos y por estar a nuestro lado en nuestras tristezas y alegrías. Gracias por darnos a Jesús para librarnos de nuestros pecados y traernos vida, confianza y felicidad. Gracias por encomendar a tu Espíritu dirigirnos y movernos en la vida. Anima cálidamente nuestros corazones y únenos, dispón nuestro espíritu para acoger todo tu amor y para responder a él confiándonos a ti por todo lo que nos has dado y hecho en nosotros. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
INVOCACIÓN DE LA BENDICIÓN V. Protege, Señor, a quienes te invocamos de todo corazón, ayuda a quienes atravesamos la tribulación, SUBSIDIO PARA LA CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN FAMILIA
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y reaviva siempre con tu luz a quienes vivimos en tinieblas de muerte; concédenos que, liberados por tu bondad de todos los males, alcancemos también los bienes del cielo. Todos se signan mientras el guía continúa diciendo: V. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo R. Amén.
ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO Oh María, tú resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. Nosotros nos confiamos a ti, Salud de los enfermos, que bajo la cruz estuviste asociada al dolor de Jesús, manteniendo firme tu fe. Tú, Salvación de todos los pueblos, sabes de qué tenemos necesidad y estamos seguros de que proveerás, para que, como en Caná de Galilea, pueda volver la alegría y la fiesta después de este momento de prueba. Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos a la voluntad del Padre y a hacer lo que nos dirá Jesús, quien ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos y ha cargado nuestros dolores para conducirnos, a través de la cruz, a la alegría de la resurrección. Bajo tu protección buscamos refugio, Santa Madre de Dios. No desprecies nuestras súplicas que estamos en la prueba y libéranos de todo pecado, oh Virgen gloriosa y bendita. Amén.
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