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Domingo V de Cuaresma - 29 de marzo de 2020

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SUBSIDIO PARA LA CELEBRACION DE LA PALABRA EN FAMILIA

DOMINGO V DE CUARESMA 29 de marzo de 2020 Responsable de la Publicaciรณn: P. Armando Flores Navarro

PARROQUIA DE SANTIAGO APร STOL SAHUAYO, MICH.


PARROQUIA DE SANTIAGO APÓSTOL SAHUAYO, MICH.

Domingo IV de Cuaresma Subsidio para la celebración de la Palabra en familia La celebración en familia puede ser guiada por el papá o la mamá, o el miembro que haga cabeza en la familia V. Quien dirige R. Todos los que participan en la celebración.

V. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. R. Amén. V. Bendigamos a Dios Padre, que nos reúne en nombre de Cristo para que unidos con toda la Iglesia estemos en comunión los unos con los otros por la fuerza de su Espíritu Santo. R. Bendito seas por siempre, Señor. V. Nos disponemos a celebrar la Palabra de Dios de este domingo, reconociendo que necesitamos de su misericordia. V. Apiádate Señor de nosotros R. Porque hemos pecado contra ti. V. Muestranos Señor tu misericordia R. Dános tu salvación. V. Dios todo poderoso, tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. V. Escuchemos ahora la Palabra de Dios.

Primera Lectura Del libro del profeta Ezequiel ( 37, 12-14 ) Esto dice el Señor Dios: “Pueblo mío, yo mismo abriré sus sepulcros, los haré salir de ellos y los conduciré de nuevo a la tierra de Israel. Cuando abra sus sepulcros y los saque de ellos, pueblo mío, ustedes dirán que yo soy el Señor. Entonces les infundiré a ustedes mi espíritu y vivirán, los estableceré en su tierra y ustedes sabrán que yo, el Señor, lo dije y lo cumplí”. Palabra de Dios.

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PARROQUIA DE SANTIAGO APÓSTOL SAHUAYO, MICH. Salmo Responsorial Salmo 129 R./ Perdónanos, Señor, y viviremos. Desde el abismo de mis pecados clamo a ti; Señor, escucha mi clamor; que estén atentos tus oídos a mi voz suplicante. R./ Si conservaras el recuerdo de las culpas, ¿quién habría, Señor, que se salvara? Pero de ti procede el perdón, por eso con amor te veneramos. R./ Confío en el Señor, mi alma espera y confía en su palabra; mi alma aguarda al Señor, mucho más que a la aurora el centinela. R./ Como aguarda a la aurora el centinela, aguarda Israel al Señor, porque del Señor viene la misericordia y la abundancia de la redención, y él redimirá a su pueblo de todas sus iniquidades. R./ Evangelio † Del evangelio según san Juan (11, 1-45) En aquel tiempo, se encontraba enfermo Lázaro, en Betania, el pueblo de María y de su hermana Marta. María era la que una vez ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera. El enfermo era su hermano Lázaro. Por eso las dos hermanas le mandaron decir a Jesús: “Señor, el amigo a quien tanto quieres está enfermo”. Al oír esto, Jesús dijo: “Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”. Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando se enteró de que Lázaro estaba enfermo, se detuvo dos días más en el lugar en que se hallaba. Después dijo a sus discípulos: “Vayamos otra vez a Judea”. Los discípulos le dijeron: “Maestro, hace poco que los judíos querían apedrearte, ¿y tú vas a volver allá?” Jesús les contestó: “¿Acaso no tiene doce horas el día? El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; en cambio, el que camina de noche tropieza, porque le falta la luz”. Dijo esto y luego añadió: “Lázaro, nuestro amigo, se ha dormido; pero yo voy ahora a despertarlo”. Entonces le dijeron sus discípulos: “Señor, si duerme, es que va a sanar”. Jesús hablaba de la muerte, pero ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les dijo abiertamente: “Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber estado ahí, para que crean. Ahora, vamos allá”. Entonces Tomás, por sobrenombre el Gemelo, dijo a los demás discípulos: “Vayamos también nosotros, para morir con él”. Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Betania quedaba cerca de Jerusalén, como a unos dos kilómetros y medio, y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para consolarlas por la muerte de su hermano. Apenas oyó Marta que Jesús llegaba, salió a su encuentro; pero María se quedó en casa. Le dijo Marta a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora estoy segura de que Dios te concederá cuanto le pidas”. Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta respondió: “Ya sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para 3


PARROQUIA DE SANTIAGO APÓSTOL SAHUAYO, MICH. siempre. ¿Crees tú esto?” Ella le contestó: “Sí, Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”. Después de decir estas palabras, fue a buscar a su hermana María y le dijo en voz baja: “Ya vino el Maestro y te llama”. Al oír esto, María se levantó en el acto y salió hacia donde estaba Jesús, porque él no había llegado aún al pueblo, sino que estaba en el lugar donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con María en la casa, consolándola, viendo que ella se levantaba y salía de prisa, pensaron que iba al sepulcro para llorar ahí y la siguieron. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo, se echó a sus pies y le dijo: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”. Jesús, al verla llorar y al ver llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió hasta lo más hondo y preguntó: “¿Dónde lo han puesto?” Le contestaron: “Ven, Señor, y lo verás”. Jesús se puso a llorar y los judíos comentaban: “De veras ¡cuánto lo amaba!” Algunos decían: “¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego de nacimiento, hacer que Lázaro no muriera?” Jesús, profundamente conmovido todavía, se detuvo ante el sepulcro, que era una cueva, sellada con una losa. Entonces dijo Jesús: “Quiten la losa”. Pero Marta, la hermana del que había muerto, le replicó: “Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días”. Le dijo Jesús: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” Entonces quitaron la piedra. Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo ya sabía que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho a causa de esta muchedumbre que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. Luego gritó con voz potente: “¡Lázaro, sal de ahí!” Y salió el muerto, atados con vendas las manos y los pies, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: “Desátenlo, para que pueda andar”. Muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús. BREVE REFLEXION Estamos llegando al final de la cuaresma. La comenzamos poniéndonos frente a nuestra propia muerte. Cuando recibimos la ceniza se nos dijo: recuerda que eres polvo y al polvo has de volver. Ahora se nos invita a levantar la mirada, a ver el horizonte y a entender que en Cristo la muerte no tiene la última palabra, que Él ha vencido a la muerte y quienes creemos a Él, a quienes estamos unidos a Él nos hace participar de la vida eterna. Dejemos que la luz del evangelio ilumine nuestras vidas. Veámonos como Lázaro, Marta y María, los amigos de Jesús; hagámosle saber nuestras necesidades, dejemos que nos recuerde que cuanto vivimos, si lo vivimos en la fe. es ocasión para que se manifieste la gloria y la misericordia de Dios. Aprendamos con Jesús a llorar. No tengamos miedo de las lágrimas. Sólo los egoístas y los que no saben o no quieren amar no lloran porque piensan únicamente en sí mismos y son insensibles al sufrimiento ajeno. Lloremos con quienes lloran no sólo porque han perdido un ser querido, sino porque sufren la soledad, la enfermedad, la pobreza, la exclusión, la injusticia, la violencia, la discriminación etc. y hagamos oración, dejemos que en ella se nos conmuevan las entrañas, como a Jesús, con la certeza de que el Padre nos ha escuchado y se hará presente en las necesidades de las personas por las que intercedemos. Dejemos a Jesús acercarse a nuestro propio sepulcro, en el que estamos sepultados por nuestros propios pecados y que ya apesta; dejemos que otros nos ayudan a quitar la loza y escuchemos la 4


PARROQUIA DE SANTIAGO APÓSTOL SAHUAYO, MICH. Palabra del Señor que nos dice ¡Sal de ahí!, para que volviendo a la vida nueva, a una vida centrada en el amor, podamos ser testigos de la Resurrección del Señor que con su muerte ha ganado para nosotros la vida eterna. Que los frutos de conversión de esta cuaresma nos hagan entender que hay que morir para vivir, que hay que morir con Cristo para resucitar con Él.

PROFESION DE FE V. El Señor nos da su luz para redescubrirlo presente aún en medio de la adversidad. Iluminados por esa luz, hagamos un acto de fe en Él, diciendo: Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén. ORACION UNIVERSAL V. Oremos y pidamos la misericordia del Señor para que, compadecido de su pueblo penitente, escuche nuestras plegarias: R. Señor, tú eres nuestra vida. 1. Para que el redentor del mundo, que se entregó a la muerte para vivificar a su pueblo, libere a la Iglesia de todo mal, roguemos al Señor. R. 2. Para que el Redentor del mundo, que oo en la cruz por quienes lo crucificaban, interceda ante el Padre por los pecadores, roguemos al Señor. R. 3. Para que el Redentor del mundo, que experimentó en la Cruz el sufrimiento y la angustia, se compadezca de los que sufren, les dé fortaleza y paciencia y ponga sin a sus dolores, roguemos al Señor. R. 4. Para que el Redentor del mundo, a nosotros, sus siervos, que en estos días nos disponemos a recordar con veneración su cruz, nos reconforte con la fuerza de su resurrección, roguemos al Señor. R.

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PARROQUIA DE SANTIAGO APÓSTOL SAHUAYO, MICH. V. El amor de Dios ha sido infundido en nuestros corazones con el Espíritu Santo que nos ha dado; por eso llenos de fe y esperanza juntos digamos: Todos: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. COMUNIÓN ESPIRITUAL Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar. Tes amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiera recibido, te abrazo y me uno del todo a ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de ti. Amén ORACION FINAL V. Señor Dios, gloria del hombre viviente, que manifestaste tu compasión en las lágrimas que tu Hijo derramó ante la tumba de su amigo Lázaro, contempla los sufrimientos de la Iglesia, que llora por sus hijos muertos a causa del pecado y, con la fuerza del Espíritu Santo, concede a los que han muerto por sus culpas la resurrección y la vida nueva de la gracia. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén. INVOCACION DE LA BENDICIÓN V. Protege, Señor, a quienes te invocamos de todo corazón, ayuda a quienes atravesamos la tribulación, y reaviva siempre con tu luz a quienes vivimos en tinieblas de muerte; concédenos que, liberados por tu bondad de todos los males, alcancemos también los bienes del cielo. Todos se signan mientras el guía continúa diciendo: V. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espiritu Santo R. Amén.

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PARROQUIA DE SANTIAGO APÓSTOL SAHUAYO, MICH. ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO Oh María, tú resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. Nosotros nos confiamos a ti, Salud de los enfermos, que bajo la cruz estuviste asociada al dolor de Jesús, manteniendo firme tu fe. Tú, Salvación de todos los pueblos, sabes de qué tenemos necesidad y estamos seguros de que proveerás, para que, como en Caná de Galilea, pueda volver la alegría y la fiesta después de este momento de prueba. Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos a la voluntad del Padre y a hacer lo que nos dirá Jesús, quien ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos y ha cargado nuestros dolores para conducirnos, a través de la cruz, a la alegría de la resurrección. Bajo tu protección buscamos refugio, Santa Madre de Dios. No desprecies nuestras súplicas que estamos en la prueba y libéranos de todo pecado, oh Virgen gloriosa y bendita.

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