SUBSIDIO PARA LA CELEBRACION DE LA PALABRA EN FAMILIA1
DOMINGO IV DE CUARESMA 22 de marzo de 2020
Responsable de la Publicación: P. Armando Flores Navarro
Parroquia de Santiago apóstol Sahuayo, Mich,
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Adaptación del subsidio preparado por la Comisión Episcopal para la Pastoral Litúrgica
Parroquia de Santiago apóstol Sahuayo, Mich.
Domingo IV de Cuaresma Subsidio para la celebración de la Palabra en familia La celebración en familia puede ser guiada por el papá o la mamá, o el miembro que haga cabeza en la familia V. Quien dirige R. Todos los que participan en la celebración.
V. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. R. Amén. V. Bendigamos a Dios Padre, que nos reúne en nombre de Cristo para que unidos con toda la Iglesia estemos en comunión los unos con los otros por la fuerza de su Espíritu Santo. R. Bendito seas por siempre, Señor. V. Nos disponemos a celebrar la Palabra de Dios de este domingo, reconociendo que necesitamos de su misericordia. V. Apiádate Señor de nosotros R. Porque hemos pecado contra ti. V. Muestranos Señor tu misericordia R. Dános tu salvación. V. Dios todo poderoso, tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. V. Escuchemos ahora la Palabra de Dios.
Primera Lectura Del primer libro de Samuel (16, 1.6-7.10-13) En aquellos días, dijo el Señor a Samuel: “Ve a la casa de Jesé, en Belén, porque de entre sus hijos me he escogido un rey. Llena, pues, tu cuerno de aceite para ungirlo y vete”. Cuando llegó Samuel a Belén y vio a Eliab, el hijo mayor de Jesé, pensó: “Este es, sin duda, el que voy a ungir como rey”. Pero el Señor le dijo: “No te dejes impresionar por su aspecto ni por su gran estatura, pues yo lo he descartado, porque yo no juzgo como juzga el hombre. El hombre se fija en las apariencias, pero el Señor se fija en los corazones”. Así fueron pasando ante Samuel siete de los hijos de Jesé; pero Samuel dijo: “Ninguno de éstos es el elegido del Señor”.
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Parroquia de Santiago apóstol Sahuayo, Mich. Luego le preguntó a Jesé: “¿Son éstos todos tus hijos?” El respondió: “Falta el más pequeño, que está cuidando el rebaño”. Samuel le dijo: “Hazlo venir, porque no nos sentaremos a comer hasta que llegue”. Y Jesé lo mandó llamar. El muchacho era rubio, de ojos vivos y buena presencia. Entonces el Señor dijo a Samuel: “Levántate y úngelo, porque éste es”. Tomó Samuel el cuerno con el aceite y lo ungió delante de sus hermanos. Palabra de Dios. Salmo Responsorial Salmo 22 R./ El Señor es mi pastor, nada me faltará. El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas. R./ Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo. Tu vara y tu cayado me dan seguridad. R./ Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los bordes. R./ Tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vida; y viviré en la casa del Señor por años sin término. R./ Evangelio † Del evangelio según san Juan (9, 1-41) En aquel tiempo, Jesús vio al pasar a un ciego de nacimiento, y sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿quién pecó para que éste naciera ciego, él o sus padres?” Jesús respondió: “Ni él pecó, ni tampoco sus padres. Nació así para que en él se manifestaran las obras de Dios. Es necesario que yo haga las obras del que me envió, mientras es de día, porque luego llega la noche y ya nadie puede trabajar. Mientras esté en el mundo, yo soy la luz del mundo”. Dicho esto, escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, se lo puso en los ojos al ciego y le dijo: “Ve a lavarte en la piscina de Siloé” (que significa ‘Enviado’).El fue, se lavó y volvió con vista. Entonces los vecinos y los que lo habían visto antes pidiendo limosna, preguntaban: “¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?” Unos decían: “Es el mismo”. Otros: “No es él, sino que se le parece”. Pero él decía: “Yo soy”. Y le preguntaban: “Entonces, ¿cómo se te abrieron los ojos?” El les respondió: “El hombre que se llama Jesús hizo lodo, me lo puso en los ojos y me dijo: ‘Ve a Siloé y lávate’. Entonces fui, me lavé y comencé a ver”. Le preguntaron: “¿En dónde está él?” Les contestó: “No lo sé”. Llevaron entonces ante los fariseos al que había sido ciego. Era Sábado el día en que Jesús hizo lodo y le abrió los ojos.
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Parroquia de Santiago apóstol Sahuayo, Mich. También los fariseos le preguntaron cómo había adquirido la vista. El les contestó: “Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo”. Algunos de los fariseos comentaban: “Ese hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado”. Otros replicaban: “¿Cómo puede un pecador hacer semejantes prodigios?” Y había división entre ellos. Entonces volvieron a preguntarle al ciego: “Y tú, ¿qué piensas del que te abrió los ojos?” El les contestó: “Que es un profeta”. Pero los judíos no creyeron que aquel hombre, que había sido ciego, hubiera recobrado la vista. Llamaron, pues, a sus padres y les preguntaron: “¿Es éste su hijo, del que ustedes dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?” Sus padres contestaron: “Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. Cómo es que ahora ve o quién le haya dado la vista, no lo sabemos. Pregúntenselo a él; ya tiene edad suficiente y responderá por sí mismo”. Los padres del que había sido ciego dijeron esto por miedo a los judíos, porque éstos ya habían convenido en expulsar de la sinagoga a quien reconociera a Jesús como el Mesías. Por eso sus padres dijeron: ‘Ya tiene edad; pregúntenle a él’. Llamaron de nuevo al que había sido ciego y le dijeron: “Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es pecador”. Contestó él: “Si es pecador, yo no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo”. Le preguntaron otra vez: “¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?” Les contestó: “Ya se lo dije a ustedes y no me han dado crédito. ¿Para qué quieren oírlo otra vez? ¿Acaso también ustedes quieren hacerse discípulos suyos?” Entonces ellos lo llenaron de insultos y le dijeron: “Discípulo de ése lo serás tú. Nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios. Pero ése, no sabemos de dónde viene”. Replicó aquel hombre: “Es curioso que ustedes no sepan de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero al que lo teme y hace su voluntad, a ése sí lo escucha. Jamás se había oído decir que alguien abriera los ojos a un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder”. Le replicaron: “Tú eres puro pecado desde que naciste, ¿cómo pretendes darnos lecciones?” Y lo echaron fuera. Supo Jesús que lo habían echado fuera, y cuando lo encontró, le dijo: “¿Crees tú en el Hijo del hombre?” El contestó: “¿Y quién es, Señor, para que yo crea en él?” Jesús le dijo: “Ya lo has visto; el que está hablando contigo, ése es”. El dijo: “Creo, Señor”. Y postrándose, lo adoró. Entonces le dijo Jesús: “Yo he venido a este mundo para que se definan los campos: para que los ciegos vean, y los que ven queden ciegos”. Al oír esto, algunos fariseos que estaban con él preguntaron: “¿Entonces, también nosotros estamos ciegos?” Jesús les contestó: “Si estuvieran ciegos, no tendrían pecado; pero como dicen que ven, siguen en su pecado”. Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús. BREVE REFLEXION La ceguera de los que no quieren ver. Es la más dramática y es la que queda evidenciada principalmente en el relato. Es la ceguera de los fariseos incapaces de recibir el testimonio de fe de quien con su vida narra cuanto Dios ha hecho en él y cerrados en un racionalismo obtuso prefieren buscar la 4
Parroquia de Santiago apóstol Sahuayo, Mich. manera de desprestigiar a Jesús antes de reconocer en él a un hombre enviado por Dios. En distintos lugares del evangelio encontramos la advertencia de Jesús para quienes tienen ojos y no quiere ver, tienen oídos y no quieren oír, pues esta ceguera es invencible y no puede recibir la iluminación de la fe. Podríamos pensar que esta ceguera no es la nuestra, pero nos equivocamos. Basta que volvamos a la primera lectura de este domingo, para que caigamos en la cuenta que nuestra tendencia a juzgar por apariencias nos impide ver a las personas y a las cosas como Dios las ve. El Señor dijo a Samuel: «El hombre se fija en las apariencias, pero el Señor se fija en los corazones». En un mundo como en el que vivimos en el que la publicidad construye y destruye ídolos en breve tiempo, es importante no perder de vista que la mirada de fe nos permite ver más allá de lo que aparece y escrutar el sentido profundo de cuanto sucede a nuestro alrededor. Estamos llamados, de acuerdo a la exhortación de san Pablo a vivir «como hijos de la luz» cuyos frutos son la bondad, la santidad y la verdad. Una consecuencia práctica de todo esto la señala el mismo San Pablo que nos pide deslindarnos de las obras de quienes prefieren vivir en las tinieblas y reprobarlas, pues «todo lo que es iluminado por la luz se convierte en luz.» Esto nos pide tener la valentía de los discípulos que por encima del miedo a ser marginados, dan testimonio, y se sostienen en él, de que Jesucristo, enviado de Dios, es Luz que ilumina nuestro corazones. Cuando el miedo nos invade también quedamos ciegos, no vemos, no razonamos, sino que reaccionamos con los instintos más básicos. En la contingencia sanitaria que estamos viviendo el miedo nos puede cegar y hacernos hacer cosas de las que después podemos lamentarnos. Un pueblo con miedo es doblemente vulnerable, porque se ciega y entonces puede ser manipulado. Pidamos a Dios la luz de la fe en esta contingencia sanitaria para tomar las mejores decisiones en nuestra vida personal, familiar y comunitaria. PROFESION DE FE V. El Señor nos da su luz para redescubrirlo presente aún en medio de la adversidad. Iluminados por esa luz, hagamos un acto de fe en Él, diciendo: Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato fue crucificado, muerto y sepultado,
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Parroquia de Santiago apóstol Sahuayo, Mich. descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén. V. Movidos por esa fe, reunidos como familia, oremos al Señor, diciendo: R. Señor, tú eres nuestra luz. 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9.
En los momentos de oscuridad, sufrimiento y enfermedad. R. Cuando nuestros ojos no logran ver la luz. R. Cuando por nuestros pecados nos hemos apartado de ti y no encontramos el camino. R. Cuando tu presencia resplandece ante nuestros ojos a través del amor y ayuda de los hermanos. R. Cuando tu amor, que se hace presente cada día en nuestras vidas, hace que quienes estamos ciegos te veamos nuevamente vivo y presente con nosotros. R. Cuando haces que no nos dejemos llevar por las apariencias, sino que veamos como tú nos ves. R. Cuando nos trasladas de las tinieblas a la luz de la vida. R. Tú, que por el Bautismo nos has dado la luz de la fe. R. En estos momentos de emergencia. R.
V. El amor de Dios ha sido infundido en nuestros corazones con el Espíritu Santo que nos ha dado; por eso llenos de fe y esperanza juntos digamos: Todos: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. COMUNIÓN ESPIRITUAL Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.
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Parroquia de Santiago apóstol Sahuayo, Mich. Tes amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiera recibido, te abrazo y me uno del todo a ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de ti. Amén ORACION FINAL V. Señor, Padre nuestro, tú que das la luz de la fe quienes caminamos por las cañadas oscuras de la tribulación, te pedimos que dando la luz a nuestros ojos para que no dejemos de contemplar las maravillas de tu salvación y hagamos y pensemos siempre lo que es agradable a tus ojos. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén. INVOCACION DE LA BENDICIÓN V. Protege, Señor, a quienes te invocamos de todo corazón, ayuda a quienes atravesamos la tribulación, y reaviva siempre con tu luz a quienes vivimos en tinieblas de muerte; concédenos que, liberados por tu bondad de todos los males, alcancemos también los bienes del cielo. Todos se signan mientras el guía continúa diciendo: V. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espiritu Santo R. Amén. ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO Oh María, tú resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. Nosotros nos confiamos a ti, Salud de los enfermos, que bajo la cruz estuviste asociada al dolor de Jesús, manteniendo firme tu fe. Tú, Salvación de todos los pueblos, sabes de qué tenemos necesidad y estamos seguros de que proveerás, para que, como en Caná de Galilea, pueda volver la alegría y la fiesta después de este momento de prueba. Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos a la voluntad del Padre y a hacer lo que nos dirá Jesús, quien ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos y ha cargado nuestros dolores para conducirnos,
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Parroquia de Santiago apóstol Sahuayo, Mich. a través de la cruz, a la alegría de la resurrección. Bajo tu protección buscamos refugio, Santa Madre de Dios. No desprecies nuestras súplicas que estamos en la prueba y libéranos de todo pecado, oh Virgen gloriosa y bendita.
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