SUBSIDIO PARA LA CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN FAMILIA
DOMINGO III DE PASCUA
26 de abril de 2020
Responsable de la Publicación: P. Armando Flores Navarro
PARROQUIA DE SANTIAGO APÓSTOL SAHUAYO, MICH.
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La celebración en familia puede ser guiada por el papá o la mamá, o el miembro que haga cabeza en la familia V. Quien dirige R. Todos los que participan en la celebración.
V. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. R. Amén. V. Bendigamos a Dios Padre, que nos reúne en nombre de Cristo para que unidos con toda la Iglesia estemos en comunión los unos con los otros por la fuerza de su Espíritu Santo. R. Bendito seas por siempre, Señor. INICIO
V. Nos disponemos a celebrar la Palabra de Dios de este domingo, reconociendo que necesitamos de su misericordia. V. Apiádate Señor de nosotros R. Porque hemos pecado contra ti. V. Muéstranos Señor tu misericordia R. Danos tu salvación. V. Dios todo poderoso, tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS
V. Escuchemos ahora la Palabra de Dios.
PRIMERA LECTURA Del libro de los Hechos de los Apóstoles (2, 14.22-33) El día de Pentecostés, se presentó Pedro, junto con los Once, ante la multitud, y levantando la voz, dijo: “Israelitas, escúchenme. Jesús de Nazaret fue un hombre acreditado por Dios ante ustedes, mediante los milagros,
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prodigios y señales que Dios realizó por medio de él y que ustedes bien conocen. Conforme al plan previsto y sancionado por Dios, Jesús fue entregado, y ustedes utilizaron a los paganos para clavarlo en la cruz. Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte, ya que no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio. En efecto, David dice, refiriéndose a él: Yo veía constantemente al Señor delante de mi, puesto que él está a mi lado para que yo no tropiece. Por eso se alegra mi corazón y mi lengua se alboroza; por eso también mi cuerpo vivirá en la esperanza, porque tú, Señor, no me abandonarás a la muerte, ni dejarás que tu santo sufra la corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida y me saciarás de gozo en tu presencia.
Hermanos, que me sea permitido hablarles con toda claridad: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro se conserva entre nosotros hasta el día de hoy. Pero, como era profeta, y sabía que Dios le había prometido con juramento que un descendiente suyo ocuparía su trono, con visión profética habló de la resurrección de Cristo, el cual no fue abandonado a la muerte ni sufrió la corrupción. Pues bien, a este Jesús Dios lo resucitó, y de ello todos nosotros somos testigos. Llevado a los cielos por el poder de Dios, recibió del Padre el Espíritu Santo prometido a él y lo ha comunicado, como ustedes lo están viendo y oyendo”. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 15
R./ Enséñanos, Señor, el camino de la vida. Aleluya. Protégeme, Dios mío, pues eres mi refugio. Yo siempre he dicho que tú eres mi Señor. El Señor es la parte que me ha tocado en herencia: mi vida está en sus manos. R./ Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor y con él a mi lado, jamás tropezaré. R./ Por eso se me alegran el corazón y el alma y mi cuerpo vivirá tranquilo, porque tú no me abandonarás a la muerte ni dejarás que sufra yo la corrupción. R./ Enséñame el camino de la vida, sáciame de gozo en tu presencia y de alegría perpetua junto a ti. R./
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SEGUNDA LECTURA De la primera carta del apóstol san Pedro (1, 17-21) Hermanos: Puesto que ustedes llaman Padre a Dios, que juzga imparcialmente la conducta de cada uno según sus obras, vivan siempre con temor filial durante su peregrinar por la tierra. Bien saben ustedes que de su estéril manera de vivir, heredada de sus padres, los ha rescatado Dios, no con bienes efímeros, como el oro y la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, el cordero sin defecto ni mancha, al cual Dios había elegido desde antes de la creación del mundo, y por amor a ustedes, lo ha manifestado en estos tiempos, que son los últimos. Por Cristo, ustedes creen en Dios, quien lo resucitó de entre los muertos y lo llenó de gloria, a fin de que la fe de ustedes sea también esperanza en Dios. Palabra de Dios.
EVANGELIO Del santo Evangelio según san Lucas (24, 13-35)
E
l mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos estaban velados y no lo reconocieron. El les preguntó: “¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?” Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: “¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?” El les preguntó: “¿Qué cosa?” Ellos le respondieron: “Lo de Jesús el nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y llegaron contando que se les habían aparecido unos ángeles, que les dijeron que estaba vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron”. Entonces Jesús les dijo: “¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto y así entrara en su gloria?” Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a él. Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como que iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: “Quédate con nosotros, por que ya es tarde y pronto va a oscurecer”. Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: “¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!”.
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Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: “De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón”. Entonces ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.
BREVE REFLEXIÓN Este relato pretende confirmar a los discípulos en la fe de la resurrección de Jesús a cuya certeza se llega por dos elementos que terminarán siendo esenciales en las reuniones litúrgicas de los cristianos: la Palabra y la Eucaristía. A la fecha la celebración de la Misa tiene dos grandes partes: la liturgia de la Palabra y la liturgia eucarística. Al venir así a nuestro encuentro, en la circunstancias ordinarias de la vida, el Señor abre nuestras mentes y nuestros corazones. Es importante destacar en el desenlace del pasaje que consideramos que los discípulos «reconocieron» a Jesús. indicando con ello que ya lo conocían, no era el primer encuentro. El gesto del partir el pan revivió en ellos muchos partires y compartires en la intimidad de la comunidad y el significado que Él dio a ese gesto y el mandato de hacer lo mismo en memoria suya. En el momento de la desolación, la Palabra hace arder el corazón y la Eucaristía ayuda a interpretar la propia vida a la luz del misterio pascual de Jesucristo haciendo entender que hay que morir para vivir, que incluso en la noche más oscura puede brillar la luz y que la experiencia de fe no se puede vivir en la soledad y el aislamiento sino en la comunidad. El encuentro con Jesús resucitado redimensiona también el sentido de la vocación cristiana que es vocación a vivir en Dios y desde esta vida transformar la historia, no con la enjundia del propio esfuerzo que desemboca en el cansancio y muchas veces en la frustración, sino con la docilidad a la fuerza del Espíritu que puede renovar la Creación entera. Un detalle importante que conviene destacar es el lugar de la catequesis en la vida cristiana. El recurso a la catequesis es común a los tres relatos de aparición de Jesús resucitado que propios de Lucas. El argumento es el mismo: el Mesías tenía que padecer y morir para entrar en su gloria, es un mensaje difícil de entender, sobre el que hay que insistir. En el texto que contemplamos Jesús abre la mente de los discípulos para que comprendan cuanto han dicho Moisés, los profetas y los salmos. La palabra de Jesús y todo el Antiguo Testamento quedan al servicio del gran mensaje de la muerte y resurrección. Y es desde el misterio pascual que nosotros hemos de leer la Escritura para re-significar a la luz de la voluntad del Padre las vicisitudes de nuestra propia historia para re-conocer la presencia del Resucitado en nuestra vida, pasar del desencanto o del cansancio de la vida cristiana al entusiasmo apostólico en comunión con quienes comparten la misma experiencia de fe.
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PROFESION DE FE V. El Señor nos da su luz para redescubrirlo presente aún en medio de la adversidad. Iluminados por esa luz, hagamos un acto de fe en Él, diciendo: Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
ORACION UNIVERSAL V. Pidamos ahora a Jesús, que nos dé la gracia de ser más conscientes de cómo él nos acompaña en el camino de la vida, y digámosle: R/ Señor Jesús, ven con nosotros al caminar. Señor Jesús, ven a caminar con tu Iglesia por los caminos de la paz y del amor, que nos lleven a los hermanos y a alcanzar la alegría perdurable. Señor, escúchanos: R./ Señor Jesús, ven a caminar con todas las personas que te buscan con sincero corazón; condúceles a un auténtico encuentro fraterno para que tú seas su único Señor y Pastor. Señor, escúchanos: R./ Señor Jesús, ven a caminar con nuestro país. Inspira con tu Espíritu a quienes tienen responsabilidades políticas y sociales, para que sean hombres y mujeres de integridad, que se preocupen de verdad, y preferencialmente, por el pueblo empobrecido y necesitado. Señor, escúchanos: R./ Señor Jesús, ven a caminar con todos los que sufren. Alivia su pesada carga y su dolor, ya que tú experimentaste lo pesada que puede ser una cruz, y a nosotros ayúdanos a alzar a nuestros hermanos de sus penas y miserias. Señor, escúchanos: R./ Señor Jesús, ven a caminar con nuestras comunidades y con nuestras familias, que enfrentan la
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pandemia del coronavirus, para que sepamos cuidarnos y cuidar a los demás, aceptarnos y amarnos unos a otros, de forma que se haga evidente a todos que tú vives entre nosotros. Señor, escúchanos: R./
PADRE NUESTRO V. El amor de Dios ha sido infundido en nuestros corazones con el Espíritu Santo que nos ha dado; por eso llenos de fe y esperanza juntos digamos: Todos: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. COMUNIÓN ESPIRITUAL Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiera recibido, te abrazo y me uno del todo a ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de ti. Amén
ORACION FINAL Oh Dios nuestro, Dios de vida, Tu Hijo Jesús nos ha hablado cálidas palabras de aliento y esperanza. En la mesa de la eucaristía nos nutre con el pan de la entrega de sí mismo para sostenernos en nuestro camino peregrino hacia ti y hacia los hermanos. Que el alimento de su Palabra y de su Cuerpo nos mantenga unidos en una sola fe, en un solo amor, y en una preocupación común por todo lo recto y bueno. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén. INVOCACION DE LA BENDICIÓN V. Protege, Señor, a quienes te invocamos de todo corazón, ayuda a quienes atravesamos la tribulación, y reaviva siempre con tu luz a quienes vivimos en tinieblas de muerte; concédenos que, liberados por tu bondad de todos los males, alcancemos también los bienes del cielo.
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Todos se signan mientras el guía continúa diciendo: V. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo R. Amén. ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO Oh María, tú resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. Nosotros nos confiamos a ti, Salud de los enfermos, que bajo la cruz estuviste asociada al dolor de Jesús, manteniendo firme tu fe. Tú, Salvación de todos los pueblos, sabes de qué tenemos necesidad y estamos seguros de que proveerás, para que, como en Caná de Galilea, pueda volver la alegría y la fiesta después de este momento de prueba. Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos a la voluntad del Padre y a hacer lo que nos dirá Jesús, quien ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos y ha cargado nuestros dolores para conducirnos, a través de la cruz, a la alegría de la resurrección. Bajo tu protección buscamos refugio, Santa Madre de Dios. No desprecies nuestras súplicas que estamos en la prueba y libéranos de todo pecado, oh Virgen gloriosa y bendita. Amén.
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