¿Temor o miedo? La sabiduría del creyente para vivir situaciones inciertas Notas tomadas por Armando Flores Navarro pbro. De la clase virtual del P. Fidel Oñoro “Fe viviente en tiempos del Coronavirus” 1
La contingencia sanitaria que vivimos plantea a los creyentes el desafío de encontrar en la fe la luz para descubrir a Dios en medio de una situación que atemoriza y asusta. Una pregunta que puede ayudarnos es ¿cómo vivió el pueblo de Dios los tiempos de prueba? Busquemos en la Biblia y aprendamos a reflexionar sobre el sentido de los acontecimientos a la luz de la fe. En los tiempos de prueba, el creyente debe ser coherente, definir sus actitudes conforme a lo que cree y mantener ardiente la llama de la esperanza ante la circunstancia que lo interpela. ¿Cómo podemos pues interpretar y acompañarnos desde la fe en las circunstancias difíciles que vivimos? Necesitamos algunos criterios para definir nuestra actitud creyente; distinguir, en primer lugar, el temor del miedo; en segundo lugar, aprender a descubrir a Dios en los acontecimientos y tercero, ponernos a su escucha y aprender de lo que vivimos. 1. Distinguir el temor del miedo Una cosa es el hecho, lo que sucede y otra es la manera como se afronta. La actitud que asumo ante las cosas que pasan; de hecho, la manera como se afrontan los acontecimientos puede ser infravalorar las circunstancias o sobrevalorarlas; estos extremos nos llevan a perdernos en un mar de reacciones positivas o negativas. En la biblia la reacción frente a las circunstancias amenazantes se designa con dos términos, uno positivo y otro negativo, temor y miedo. En el campo semántico de la biblia son términos distintos. El temor es una reacción positiva, el miedo, en cambio, es una reacción negativa. a. El temor El temor es la actitud del creyente ante una adversidad, es una reacción que nos pone alerta frente a una situación y nos permite ponderarla, captarla con seriedad, con profundidad, distinguiendo los riesgos, las oportunidades, dimensionando el espesor de las circunstancias. El temor nos abre las puertas para descubrir la mejor manera de afrontar dicha situación. En la Biblia el temor es una actitud de respeto, de reverencia, incluso de admiración, de sumisión y de obediencia, en primer lugar, frente a la presencia de Dios.
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Notas de la primera parte de la clase virtual “Fe viviente en tiempos del Coronavirus” dictada por el P. Fidel Oñoro. Instituto de Biblia. 19 de marzo 2020. Se puede acceder a esta clase, haciendo clic aquí.
Cuando el pueblo de Dios o un personaje de la Biblia está en la presencia de Dios, reconoce su presencia, se da cuenta delante de quién está y entonces se sobrecoge, retrocede, es una manera de reaccionar para dimensionar lo que acontece. El temor en primer lugar se experimenta ante Dios, pero también ante otras circunstancias de la vida, que aparecen como misteriosas, incomprensibles, frente a las cuales inicialmente no se sabe qué es lo que está ocurriendo. Por extensión, el término temor abarca otro abanico de circunstancias en las que el hombre también retrocede, se inclina ante un misterio para descubrirlo, profundizarlo, y reaccionar frente a él. El temor es una actitud de respeto frente a Otro o ante una situación compleja la complejidad de una situación. En el libro de los Proverbios hay un texto que podemos evocar: «El principio de la sabiduría es el temor de Dios» (1,7). Esta frase, a lo largo de la historia, ha sido colocada en el pórtico de edificios sagrados, como una manera de decirle al orante, peregrino o transeúnte: ‘mira delante de quien estás, toma conciencia de que estás frente a un misterio’, no puedes permanecer indiferente. Es interesante como a lo largo de la historia es una frase colocada en el pórtico de edificios sacros: una manera de decirle al orante, al peregrino, al transeúnte: mira delante de quien estas, haz una toma de conciencia de que estás frente a un misterio, esto requiere una actitud. ¿Deberíamos sentir temor en las circunstancias que estamos viviendo, ante la pandemia por la propagación del coronavirus? La respuesta es si. Estamos frente a algo que no conseguimos dimensionar completamente; nos encontramos ante hechos que no son ciento por ciento explicables; algunas cosas si, pero otras se nos escapan; esto nos pide retroceder un poco para dimensionar; para entender las proporciones o la gravedad de lo que pasa. Los medios de comunicación nos han permitido darnos cuenta de que al principio las cosas se tomaron, si no a la ligera, si sin la debida atención para entender que nos encontramos ante circunstancias inéditas que reclaman atención; no logramos darnos cuenta de una vez de la gravedad o dimensión de la pandemia. Estamos ante lo que en la Biblia es una situación de temor; la misma comunidad científica desde el principio no lo tuvo claro; poco a poco la investigación avanza, se van conociendo hallazgos, ensayos, artículos y poco a poco las cosas se van aclarando; la comunidad internacional lo ha venido asimilando de una forma excepcional; ante una circunstancia nueva, encontramos reacciones, iniciativas que no habíamos pensado antes; a nivel mundial la reacción es impresionante, de pronto un tanto extraña, en algunos momentos emocionante, en otros sorprendente. Todo esto encaja en lo que en la Biblia llamamos temor, la actitud de respeto, en primer lugar, ante Dios que es el misterio, y ante todo lo que se nos escapa y que poco se nos va aclarando, iluminando y que, gracias a esta actitud que es el principio de la sabiduría, vamos aprendiendo a entender, a reaccionar y acompañar la circunstancia. Notas tomadas por el P Armando Flores Navarro de la clase virtual del P. Fidel Oñoro “Fe viviente en tiempos del Coronavirus
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b. El miedo La otra actitud la Biblia le llama miedo; en el lenguaje común a vece se intercambia el significado con el del temor; no así en la semántica bíblica. El miedo lleva a gestos insensatos. El miedo es un sentimiento que hace reaccionar, que desata emociones frente a una adversidad que, en algunos casos, nos puede hacer cometer errores. La psicología dice que quien no tiene miedo es mejor que lo tenga, porque quien no tiene miedo, no tiene reflejos; el miedo es un instinto que nos lleva a defendernos, a protegernos; sin embargo, cuando el miedo paraliza, desorienta, confunde emocionalmente, y esto tiene consecuencias en la vida de las personas, sobre todo cuando se deben tomar decisiones. La prensa sensacionalista difunde el miedo, dice las cosas incompletas, confunde difundiendo noticias incompletas, no verificadas; a través de las redes sociales nos llega información que no es sana; noticias falsas que generan pesadilla nos alteran las emociones; ante todo esto, es verdad, lo que dijo un escritor francés, de lo que hay que tener miedo es de no tener miedo, podríamos no reaccionar bien. Entre los griegos, Sófocles dice que para quien tiene miedo, todo son miedos; entre los latinos, Tito Livio, dice que el miedo te hace ver las cosas peor de lo que son y no proporcionalmente, no de manera ponderada, justa, racional, sensata. Esta sensación continua de tensión lleva a reaccionar instintivamente, activar reacciones instintivas, por tanto, irracionales con las que a veces acertamos, otras no. Nosotros seguimos la terminología bíblica, no la de la psicología, la biblia nos enseña a diferenciar entre temor y miedo. El temor es positivo el miedo negativo; ambos están en nosotros, pero tiene que ver sobre todo con la reacción. El temor nos lleva a tomar distancia y a descubrir delante de qué estamos y reaccionar correctamente, el temor es el respeto y el miedo es la parálisis, el descomponerse, perder el norte, confundirse, alterarse emocionalmente. La biblia para ambos casos tiene un camino. El temor es el punto de partida de la revelación, del descubrimiento de Dios y de lo que Dios quiere del hombre; es el principio de la sabiduría, principio de la ciencia, permite descubrir, valorar y saber manejar las situaciones; el miedo cuando nos descompone nos hace daño, nos destruye interiormente. La biblia tiene una respuesta, Dios quiere ser una luz en la oscuridad, una fuerza en medio de la fragilidad. 2. La imagen bíblica de Dios en las circunstancias de calamidad. Una cosa es la imagen de Dios como tú te la quieras imaginar y otra es la imagen de Dios revelada en la historia de un pueblo, del pueblo de Israel y del pueblo cristiano, en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento.
Notas tomadas por el P Armando Flores Navarro de la clase virtual del P. Fidel Oñoro “Fe viviente en tiempos del Coronavirus
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La Biblia es el libro de una revelación, por tanto, de un conocimiento de Dios que se deja conocer a lo largo de la historia y nos da a conocer nuestro misterio; frente al misterio de Dios entendemos quienes somos nosotros, los seres humanos, los hombres. ¿Cómo aparece Dios? El pueblo de Israel pasó por muchas calamidades; la Biblia es la historia de dificultades superadas una detrás de otras; de maldiciones que se vuelven bendiciones, de tragedias que se vuelven oportunidades, de una continua reconstrucción, -resiliencia- recuperación; por eso decimos que la Biblia es una historia de salvación. El Dios de la Biblia no es el Dios de los filósofos; no es un Deus ex machina, que tiene unos hilos con los que controla la humanidad; cuando pensamos así de Dios, está implícito el equivoco de atribuir a Dios las calamidades, como causadas por él para que la gente sufra; esa no es la imagen del Dios del Biblia, Dios nunca se reveló así; la Biblia nos deja conocer a un Dios creador, salvador, que no va por delante causando males, sino que más bien, va detrás, restaurando, sanando, curando las heridas. En el capítulo primero del Génesis, en los primeros dos versículos, se dice que el contexto de la creación era el de una tempestad, de un caos, y que en medio de este, el espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas; aquí encontramos una clave: en el caos Dios intervino, ordenando, es un principio de toda la revelación, Dios va ordenando las historias familiares, la primera pareja, la de los patriarcas; Dios no causa males, sino que ante una calamidad, interviene y salva. Dios no es un “tapa huecos”. Dios no resuelve los problemas de la historia como un mago; no lo hace sin nuestra participación; Dios actúa a través de creaturas que, abriéndose a la acción divina, toman iniciativas y llevan a cabo la solución. El Dios “tapa huecos” no es el de la fe bíblica, Dios siempre actúa con la mediación del ser humano. Dios no nos libera ‘de’, sino que nos ayuda ‘en’, nos fortalece, para que nosotros, junto con él resolvamos las grandes incógnitas de la vida y de la historia. Hay un texto, de un teólogo que murió en la 2a. guerra mundial Dietrich Bonhoeffer, se titula Cartas desde la cárcel, resistencia y sumisión2; el autor es un teólogo, un teórico, que cuando siente los pasos de la muerte, aterriza la fe, la contrasta; una cosa es la fe que aprendemos en el catecismo, otra es la que fe que se revela en la circunstancia trágica. Bonhoeffer, se hizo muchas preguntas. ¿Dónde esta Dios? ¿por qué permite que estas cosas sucedan? Y responde reconociendo que Dios no es un “tapa huecos”, no debe ser reconocido sólo en el límite de nuestras posibilidades, sino en el centro de la vida. Dios quiere ser reconocido en la vida, y no sólo en el morir, en la salud y en la fuerza y no sólo en el sufrimiento, en el actuar y no sólo en la lástima: la razón de todo está en la revelación de Jesucristo, es el centro de la vida. ¿Quien es Dios en medio de las circunstancias difíciles? Es aquel que nos capacita para responder creativamente y que no actúa sin la mediación humana. 3. Ponernos a la escucha. 2
D. BONHOEFFER, Resistencia y sumisión, Sígueme, Salamanca, 2008. Notas tomadas por el P Armando Flores Navarro de la clase virtual del P. Fidel Oñoro “Fe viviente en tiempos del Coronavirus
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¿Qué podría estarnos diciendo Dios en esta situación global que está ocurriendo? En esto la Biblia es maestra, el pueblo de la Biblia siempre interpretó; la revelación fue captada en medio de los acontecimientos, aprendiendo a interpretar los hechos, con criterios. Dios no nos dio la revelación como en otras religiones, en las que Dios hace la revelación directa, dictando. El Dios de la Biblia habla en la historia. Para poder entender mejor cómo nos habla Dios, tenemos que reaccionar frente a lecturas fundamentalistas, que piensan que Dios habla con una locución directa; cuando se piensa así, se hace una lectura de pasajes bíblicos mal hecha, fuera de contexto, que nos hace más mal que bien. Veamos un ejemplo, referido a un texto del Apocalipsis. El capítulo 6, los versículos 78, se refiere al jinete del apocalipsis que trae la peste, la epidemia y que devasta las tres cuartas partes de la tierra. Una lectura fundamentalista vería en la actual crisis de la pandemia provocada por la propagación del coronavirus el cumplimiento de lo que dice este texto; ésta, sería una lectura abusiva que se fija en lo negativo, sacando el texto de contexto. Quien así lee olvida que, al comienzo de este mismo capítulo, en el versículo 2, el primer jinete que aparece lleva un caballo blanco, llamado el vencedor; la primera palabra de Dios no fue el mal, fue el bien, fue la victoria, ese caballo blanco representa a Dios, el jinete se llamará después palabra de Dios; lleva un arma y es vencedor. La biblia nos da criterios, no puede uno puede extraer frases como esta del apocalipsis (6,7-8) para decir que Dios esta diciendo que el mundo se va a acabar porque esta es la epidemia anunciada; lo que la Biblia enseña es que, frente a circunstancias negativas, como la epidemia, Dios tiene la última palabra y esta es positiva, Dios es vencedor. ¿Qué podría estarnos diciendo Dios en estas circunstancias? Dos cosas, que siempre ha dicho, que atraviesan la revelación bíblica. a. La primera: Tomar conciencia de la propia fragilidad y límites; No debemos perder de vista la fragilidad de la existencia humana. ¿No será que en el planeta tierra nos hemos vuelo muy soberbios frente a Dios e irrespetuosos del ser humano y del valor de la vida? ¿no será que hemos caído en una cierta embriaguez que nos ha dado la técnica, la tecnología, la manipulación genética etc.? ¿No será que nos estamos creyendo dioses y le damos la espalda Dios, como si pudiéramos tener en mano la estructura del ser perdiendo la visión de la verdad de las cosas? ¿quiénes somos nosotros? El salmo 8 nos presenta a un orante que reacciona de una manera genial. Es el salmo de un creyente que no puede dormir, que está en el campo, en un lugar desde el que se podían ver las estrellas; sale en medio de la noche, ve la cúpula celestial llena de estrellas, y se siente una partícula microscópica en medio del universo y exclama: «¿qué es el hombre para que te acuerdes de él?» Notas tomadas por el P Armando Flores Navarro de la clase virtual del P. Fidel Oñoro “Fe viviente en tiempos del Coronavirus
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La pregunta es importante, no podemos olvidar que somos una partícula microscópica; somos fragilidad y esa es nuestra grandeza, somos fragilidad bendita, en manos de Dios. No somos dioses, somos creaturas frágiles. Nos hemos dado cuenta de que no somos nada. Es lo primero de lo que tenemos que tomar conciencia. No somos nada, somos humanidad humillada frente a lo que está pasando. Tomemos conciencia de quiénes somos como seres humanos. b. La segunda: lo que realmente vale Hay una segunda voz de Dios, que nos hace descubrir que existen valores. Cuando la vida se puede escapar en un instante, la pregunta es ¿qué es lo que realmente cuenta? ¿qué es lo que realmente vale y no se había tomado en consideración? Por ejemplo, darme cuenta, en este período de «quédate en casa», de que hay una persona con la que vivo y no le he dedicado tiempo. Las circunstancias excepcionales nos llevan a descubrir valores excepcionales. Abrir los ojos para ver que es lo que realmente cuenta. V.gr. El desierto; el pueblo de Dios, después de su liberación, pasó por la escuela del desierto, el pueblo aprendió a vivir sin nada, sin cultivos, sin ganados, sin sitios de recreación; el pueblo aprendió a descubrirse a si mismo como pueblo, aprendió a descubrir que el gran valor que tiene es la vida y que donde faltaba todo, aprendió a tenerlo todo. Circunstancias excepcionales hacen descubrir valores excepcionales. En medio de la masa informativa y de tanta basura, encontramos joyas; que nos permiten fijarnos en lo que no nos habíamos fijado. Dos caras de la moneda Por un lado, escuchamos el límite, la fragilidad; la ciencia ha tenido que agachar la cabeza y ha tenido que confesar que no lo sabe todo; su ayuda es grande y gracias a ella hoy podemos recuperarnos; pero también se ha aprendido a agachar la cabeza; hemos visto como se afirman valores; llama la atención la dedicación de los médicos; se les aplaude por su valentía y generosidad del personal que cuida de la salud. Una circunstancia lleva a descubrir cosas grandes y a valorarlas. Tenemos recursos con los que no contábamos antes. En las pestes, antiguamente, se tenía que esperar la muerte, y algún cuidado paliativo; hoy la medicina tiene avances. ¿Cuál es el riesgo que podemos cometer cuando el temor deja de ser temor y respeto y se vuelve en miedo incontrolable? corremos el riesgo de precipitarnos, opinar anticipadamente y de colocar etiquetas, de expresarnos mal, de hacer ruido en los medios de comunicación en lugar ayudar, pero sobre todo el no ser conscientes de lo mas importante, de qué es lo que realmente vale en la vida. Frente a esto no debemos perder la serenidad para tomar decisiones maduras, opciones precisas, porque el principio de la sabiduría es el temor d Dios no el miedo. Sobre todo que nos esta diciendo Dios: el gran valor es la vida: tenemos miedo porque podemos perder la vida; salvaguardar el gran valor de la vida, desde la concepción hasta la muerte; de aquellos que están expuestos en situaciones de marginalidad; no podemos ser arrogantes y obtusos, como en tiempos de Sodoma y Gomorra, que el aviso llegaba y Notas tomadas por el P Armando Flores Navarro de la clase virtual del P. Fidel Oñoro “Fe viviente en tiempos del Coronavirus
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la gente seguía como si nada; es necesario escuchar, y descubrir la centralidad del valor de la vida; estamos ante una oportunidad, ir al desierto y aprender en una circunstancia adversa dónde esta Dios y recuperar el valor de la fraternidad, de la solidaridad; no la soberbia, si la inteligencia de saber quiénes somos y la inteligencia del amor.
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