EN MIS TIEMPOS O LA CLAUDICACIÓN DE LOS MAYORES Entre “Pobrecito el viejito” y “¡Qué berraco ese adulto!”
Autor: Luis Felipe Ulloa
Ojo….También la viejita o la adulta…
Palabras claves: Adulto mayor, envejecimiento, ancianidad, derechos humanos, protagonismo, gerontología. Luis Felipe Ulloa
Publicado antes como ¿Pobrecito el viejito o que berraco ese adulto? en: El Nuevo Diario, Managua Nicaragua. Miércoles 7 de Diciembre 2005. También en http://www.elnuevodiario.com.ni/2005/12/07/opinion/7463 y con ese mismo nombre hizo parte del libro “Protagonismo: desde adelante, desde atrás, desde todas partes” (Ulloa, Luis Felipe, 2009. Fondo Editorial Libros para Niños, Jinotepe, Nicaragua. ISBN 978-99924-67-25-1)
La presencia en buen número de familias de abuelos y abuelas, padres y madres, nietos y nietas, y el reconocimiento de que en otras hay también bisabuelos y casos de tatarabuelos, nos obliga a reconocer que en un mismo presente conviven no dos ni tres sino aún cuatro “generaciones”. Salvo que quebramos invisiblizar a alguna de ellas, Para todas, este es su tiempo...este es nuestro tiempo. No verlo así es una forma burda de exclusión y por tanto de discriminación, pero también es un mecanismo interesado de auto-exclusión.
a quienes las dicen con más frecuencia. Encontramos entonces personas no de 90, ni de 80 sino de 50, 40 y aún 35 años hablando de “su época” para referirse al pasado...Las hemos oído en trabajadores manuales, profesionales universitarios de ramas técnicas y ramas sociales, religiosos y artistas. Los síntomas parecen extenderse en la población sin distingos de nivel académico ni de género. “En mi época...” dicen demasiados adultos y adultas para referirse a una etapa suya de actividad y a las condiciones de entonces que desean resaltar. Lo que sigue a esa frase suele ser una loa a antaño o a ellos como sujetos de entonces tratando de hacer un contraste
Usted que lee estas líneas trate de recordar cuántas veces ha escuchado las expresiones “En mi época...” o “en mis tiempos…” que en últimas son lo mismo y 1
que generalmente no es favorable a “la época actual” o a los “nuevos sujetos”.
responsabilidad tiempos.
sobre
los
próximos
Hasta ahí, todo parece un momento ingenuo de añoranza, pero ¡cuidado! Su uso no solo muestra deformaciones en el desarrollo sino que encierra graves peligros que se proyectan a otros. Recordemos que las palabras son más poderosas de lo que imaginamos, y que una afirmación repetida no solo refleja un modelo de pensamiento, sino que puede crear modelos y situaciones. Sostengo que el uso frecuente de esta frase esconde otras afirmaciones, algunas de las cuales son definitivamente perversas. Acerquémonos un poco más al punto.
Una asunción escondida es la idea de que como pronto morirán ya no vale la pena interesarse, pre-ocuparse y menos ocuparse como sujetos de lo que ocurra a ellos, a la juventud, a niñas y niños y sus propios coetáneos. Una posición definitivamente egoísta. En muchos usos de la frase se percibe la ilusión de “tarea bien cumplida”. Es como si no vieran que todavía la tarea está pendiente Están aplazados por ahora (2). Qué fácil es durante toda una vida haber ayudado por acción, por acción insuficiente o por omisión a convertir el mundo, el país, la comunidad, la familia en un desastre donde apenas logran asomarse las esperanzas, y luego desentendernos. Demasiados intentos hay para evadirse de la responsabilidad de mejorar la vida. La buena noticia es que – como ocurre en la escuela formaltenemos opciones para mejorar la calificación y para ello hay que continuar en el escenario, solo que no como parte de la escenografía, sino como actores.
Cuando alguien dice “En mi época...” ya está afirmando que esta no es “mi época”, que mi época fue alguna anterior. Los adultos que se refieren con frecuencia a “En mi época” – y que no siempre son adultos mayoresse están autodescalificando como actores del presente, dejando toda responsabilidad en la generación de la “hijamenta” o“nietamenta”. Como si el presente no fuese también su época. Pero resulta que si aceptamos la existencia de los tiempos, es decir del pasado, presente y futuro, mientras el primero no deja de ser un recuerdo tal vez frecuentemente reinterpretado y plagado de nostalgia, el último es solamente una imagen que armamos y tal vez ya amamos si la construimos bonita o tememos si no logramos soñar lo suficiente. Entonces lo único que nos queda es lo que estamos viviendo, solo contamos con el “Ahora” o el “Ya”. De ser así, este es nuestro tiempo... y no otro… lo que no quita
También se puede esconder en la frase la frustración y la desesperanza. Como si al haber variado negativamente o no-haber variado positivamente las condiciones que nos rodean (¿habrán variado tanto?) y no haber sido hasta ahora capaces de mejorarlas suficientemente, los desafíos hubiesen terminado. Es decir como si el fracaso eximiese. Entonces la posición es dejar que los acontecimientos “externos” (por dejación) se adueñen de las vidas y definan sus sentidos. Por ello niegan el 2
espacio para la reflexión y acción coherente, desconocen la viabilidad de la búsqueda del cambio, y nos encontráramos ante el fin de las opciones. Ya no solo declaran imposibles para ellos y ellas los viejos roles, sino que niegan la posibilidad de aportar con su experiencia desde nuevos roles.
derechos humanos. Pero volviendo a la relación entre los méritos, la edad y los nuevos roles recordemos la idea del Consejo de Ancianos entre muchas etnias, en los que la integración en esta instancia reconocía un rol relevante a los mayores no solo por haber alcanzado la edad avanzada, sino por los méritos alcanzados, el respeto ganado y la sabiduría obtenida en el tiempo transcurrido
Es frecuente que vuele alrededor de “En mis tiempos...” una acusación de desagradecimiento. “Tanto que hicimos y miren cómo anda todo”. “Todo lo que di y miren lo que están haciendo”. “Como ellos no hacen lo que yo creo correcto, me hago a un lado, ahora es su asunto”. Estos adultos y adultas suelen quejarse del presente, sin reconocerse en sus orígenes y actualmente como actores coresponsables del entorno y de la formación de los sujetos que nacieron después.
Tal vez la manida explicación de que “yo ya hice lo que podía hacer” o “yo ya hice lo que hice” llene la boca suya o de algún conocido. La afirmación tiene sus consecuencias y corrompe al sustentar modelos que vamos aceptando. Escucho a muchas personas, aún jóvenes, diciendo que cuidan a sus hijos, porque así cuidarán por ellos más adelante. Ven entonces a la familia como una inversión personal. Ya va tomando la idea de estacionarse al lado de la vía, mientras los otros siguen transitando, y entonces ser atendidos con la convicción de que se lo merecen porque ya hicieron su tarea y deben ser pagados por ello. También hay quienes se estacionan por simple frustración, como si tuviesen el derecho de extinguir la llama antes de que la vida misma lo haga, ignorando que al hacerlo contribuyen a extinguir la llama de quienes le rodean y en muchos casos a extinguir sus vidas o al menos la calidad de sus vidas
Existe con demasiada frecuencia detrás de la frase, la propuesta de que la gente debe ser premiada por la simple suma de años. Se desconecta entonces el mérito del avance en edad, y se santifica la vejez por la vejez misma. En consecuencia no solo se la exime de seguir aportando sino que incluso tras frases como “En mis tiempos... la vida era más dura... y nos vimos obligados a hacer aquello” llegan autores de tremendos crímenes a ser perdonados en la historia oficial –sin ni siquiera demostrar arrepentimiento sincero- y aún se obliga a sus propias víctimas a rendirles tributo y a sostenerlos, como trata de presentarse en el caso de los dictadores viejos que están siendo enjuiciados hoy en el mundo y de otros violadores consuetudinarios de los
Menos mal que contamos con un brillante número de adultos, entre ellos reconocidos adultos y adultas mayores que siguen siendo activos incluso con enfermedades terminales que los 3
aquejan, están contribuyendo a construir futuros de buen vivir rescatando los positivo del pasado y buceando entre los sueños.
narradores no lo acepten- aún no terminan.
Glosario
Todo esto termina y vuelve a empezar con una propuesta:
“Berraco” o “Berraca” en Colombia es alguien que sobresale por su valentía, desempeño en algo. Privilegio en este caso el uso de la “b” sobre la “v”, “verraco” se refiere a un semental porcino. El priero no aparece en el DRAE y el segundo sí.
Desterrar de nuestro vocabulario y del vocabulario latinoamericano las frases que empiezan por “En mis tiempos...” salvo que sea para empezar a contar historias de esas llenas de sentido, las que todavía se escuchan cuando los abuelos y las abuelas se rodean de chicos, y unen los tiempos presente, pasado y futuro entorno a aventuras que –aunque los
“Aplazado” en Nicaragua indica que alguien pierde un examen, dentro del sistema escolar. Está aplazado. Por extensión lo usamos para indicar que alguien no hizo bien su tarea.
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