Lactante febril: evaluación del riesgo María Andrea García Chaves1 Daniela María Patiño Galarza2 Kelly Márquez Herrera3
Precop SCP
INTRODUCCIÓN
Volumen 22 Número 1
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La fiebre constituye la primera causa de consulta pediátrica en urgencias y una de las principales causas en consulta ambulatoria, con series que le atribuyen hasta el 65 % de los motivos de consulta en pediatría. Los niños menores de 2 años pueden presentar entre 4 y 8 episodios de fiebre al año, la mayoría de estos asociados a procesos virales benignos y autolimitados, que no precisan la realización de pruebas complementarias ni el inicio de tratamiento antibiótico. Hasta el 20 % de los pacientes no presentan un foco evidente después de una anamnesis y exploración física minuciosas, mientras que en 7 %-11 % la fiebre puede ser secundaria a una infección bacteriana grave (IBG) como otitis media aguda, neumonía, infección del tracto urinario (ITU), meningitis o infecciones osteoarticulares, las cuales pueden complicarse e incluso producir la muerte, y en el 1 % de los casos puede estar asociada a bacteriemia oculta. Nuestra responsabilidad como médicos
y pediatras es detectar oportunamente a los pacientes que se encuentran dentro de estos dos últimos grupos. Aunque las infecciones son la causa más frecuente de la fiebre, otros procesos no infecciosos, como las enfermedades autoinflamatorias, incluidas la enfermedad de Kawasaki y las enfermedades autoinmunes, metabólicas y neoplásicas, también pueden manifestarse con fiebre. En las últimas dos décadas, se ha intentado definir cuál es el mejor conjunto de criterios para realizar un enfoque adecuado de los lactantes febriles, con base en factores de riesgo de tener una IBG. Se han estudiado criterios clásicos como los de Rochester, Filadelfia y Boston, y más recientemente el Lab-score y el Step by Step para el manejo de los menores de 3 meses con fiebre sin foco, que tienen en cuenta datos etiológicos y biomarcadores, lo que permite un enfoque individualizado con disminución de días de estancia hospitalaria y de procedimientos invasivos como la punción lumbar, y favorece el uso racional de antibióticos.
1. Residente de segundo año de pediatría, Universidad del Cauca. 2. Pediatra, Universidad del Cauca. 3. Infectóloga pediatra, Clínica Infantil Santa María del Lago, Bogotá. Hospital Susana López de Valencia, Popayán.