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Crianza y Salud 24-2

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familia

La salud mental de su hijo.

Año 24 número 2
Bogotá, Colombia

Junta Directiva Nacional 2026-2028

Presidenta

Dra. Eliana Zemanate Zúñiga

Vicepresidenta

Dra. Iliana Francineth Curiel Arismendy

Secretaria

Dra. Ángela María Giraldo Mejía

Fiscal

Dra. Claudia Patricia Beltrán Arroyave Vocales

Dr. Iván Alejandro Villalobos Cano

Dra. Doris Amparo Toro Soto

Dra. Nury Isabel Mancilla Gómez

Dr. Iván José Ardila Gómez

Dra. Angie Milena Cárdenas Silva Dr. Daladier Cabrera Rodríguez

Dra. Dora Lucía Aldana Gutiérrez

Vocal Rpte. Capítulos

Dra. Manuela Olaya Hernández

Presidente anterior

Dr. Mauricio Javier Guerrero Román

Directora Ejecutiva Gloria Zuccardi

Subdirector de Publicaciones y Programas de Educación Virtual Óscar Ruiz

Subdirector de Comunicaciones

Cristhian Herrera

www.crianzaysalud.com.co

Año 24 – número 2 · (Año 2026) ISSN 1692-150X

Director

Juan Fernando Gómez Ramírez

Coordinadora Editorial

Lina María Martínez Fonseca

Fotos: ©2026 Shutterstock.com

Archivo fotos SCP, www.magnific.com

Ilustraciones: www.magnific.com

MIQUELOFF

Foto portada: www.magnific.com

Dirección arte/Diseño Gráfico

Jesús Alberto Galindo Prada Almadigital SAS almadigital2010@gmail.com

Impresión: Multi-Impresos SAS

Crianza y Salud es una publicación trimestral de carácter informativo y educativo, editada por la Sociedad Colombiana de Pediatría, especializada en la crianza y la salud de los niños, desde el nacimiento hasta los 18 años, dirigida a la familia y al público general, de circulación gratuita a pediatras y ginecólogos de todo el país, y por suscripción a particulares.

Envíe sus cartas, colaboraciones, preguntas o materiales informativos a nuestra dirección, fax o correo electrónico.

Sociedad Colombiana de Pediatría Calle 83 No. 16A-44, oficina 701, edificio Cima Bogotá D.C. Tels.: 6495352-7464706/07

Correo electrónico: publicaciones@scp.com.co

Recién nacidos

Entre sueños y brazos. Comprender el sueño del recién nacido

El sueño cumple un papel central en el desarrollo del sistema nervioso del recién nacido. Es importante que duerman bien.

Primera infancia

La crianza en niños con síndrome de Down, enfoque del pediatra

Existen muchos mitos sobre la crianza de niños con síndrome de Down. Debemos conocerlos para ir eliminándolos.

Desde la niñez

Cuando los abuelos crían. Figuras de apoyo que sostienen la infancia

Los abuelos son actores centrales en la toma de decisiones relacionadas con la salud, alimentación y bienestar de los niños.

Escolares

Impacto de la guardería en la salud respiratoria de los niños

Los gérmenes en la guardería favorecen la aparición de infecciones en los niños, pero, generalmente, son transitorias.

Adolescentes

Aconteceres normales del adolescente

Conocer las características del adolescente es clave para cumplir satisfactoriamente con la función de acompañantes.

Cuando papá y mamá profesan religiones distintas:

cómo criar sin conflictos

Cuando los padres tienen creencias distintas pueden surgir dudas y conflictos sobre cómo educar a los hijos.

Resolviendo dudas sobre la salud cardíaca del niño

Conozca cuándo debe ponerse alerta en caso de tener sospechas de un problema a nivel cardiovascular en sus hijos.

La salud mental de su hijo. Cuándo buscar ayuda y dónde obtenerla

Conozca los signos que pueden indicar que su hijo está teniendo problemas mentales, emocionales o de conducta.

A propósito de ‘Los niños que fuimos. Huellas de la infancia en Colombia’, sabía usted que:

Es un libro que aporta elementos para la reflexión y análisis sobre el concepto de la infancia en Colombia.

Educar en valores

Guía de anunciantes

Resurrección de la alegría

Caricatura

en valores

La educación en valores constituye uno de los elementos más importantes de la crianza. El comportamiento humano está regido por unos principios que se denominan valores y que son producto de la cultura y la sociedad, en el contexto de claros delineamientos morales y éticos. Su transmisión se inicia en el hogar, promovida por el ser y el hacer de los padres y los cuidadores; más tarde, la escuela amplía y fortalece dichos valores para incorporarlos tanto al comportamiento individual como al social.

Las cualidades que cada madre o padre anhela que su hijo posea no surgen de la nada, se forman lentamente siguiendo el ritmo del desarrollo individual y se fortalecen mediante un ambiente favorable, donde el niño aprecie la necesaria congruencia entre la pauta y la acción en el comportamiento de sus progenitores. Una clasificación de los valores, propuesta por el filósofo alemán Max Scheler, incluye los sociales, económicos, éticos, religiosos, vitales y estéticos, entre otros. De acuerdo con lo anterior, la lista de valores puede llegar a ser muy amplia, pero,

en nuestro concepto, existen algunos que se consideran absolutamente necesarios para un adecuado y armónico funcionamiento social. Entre ellos están: la justicia, la honestidad, la bondad, la tolerancia, la lealtad, el respeto, la solidaridad y la paz. En las condiciones actuales de la vida institucional en nuestro país, adquiere la mayor importancia el protagonismo y la trascendencia que debe alcanzar el ejercicio pleno de estos valores, impulsados por nuestro ejemplo en concordancia con la sabia reflexión del poeta y escritor cubano José Martí: “La mejor forma de decir es hacer”.

Señores

Revista Crianza y Salud

Sociedad Colombiana de Pediatría

Ya he leído varios ejemplares de la revista y me parece de mucha ayuda para la comunidad en general.

Actualmente estamos pasando por una situación difícil, ya que el abuelo paterno de mi hijo tiene una enfermedad terminal y, probablemente, fallezca en cualquier momento. Mi hijo tiene seis años y es muy apegado a su abuelo, por eso, estamos pensando en que una vez esto ocurra, lo mejor sea llevárnoslo de viaje para que lo ayude a sobrellevar la pena. ¿Creen ustedes que esto sea conveniente para ayudar al niño?

Gracias por su orientación y quedamos atentos a su respuesta.

Cordialmente,

José María Carvajal y María Celeste Orjuela

Rta./ La familia debe evitar algunas situaciones que impiden la sanación del duelo. Por ejemplo, minimizar la pérdida, es decir, hacerle ver al niño que lo perdido no es demasiado importante. También debe evitar sustituir al ser querido fallecido por otro cuando se le dice al niño que vendrá un nuevo hermanito o se conseguirá un nuevo amigo; organizar viajes y conductas de huida; gastar energía para que no exista llanto, refiriéndose a muchos familiares que hacen esfuerzos agotadores para que el niño no exprese la tristeza.

Durante la elaboración del duelo se deben esperar en el niño algunas expresiones como tristeza, inapetencia, insomnio, rabia, pataletas, desgano de ir al colegio, falta de concentración y algunas veces conductas de edades anteriores.

Durante el curso del duelo no se le debe dar un trato sobreprotector al niño quitándole, por ejemplo, las responsabilidades que tiene. Existe algo que nunca muere, y son precisamente las lecciones de vida, los recuerdos y todo aquello positivo que la persona en vida nos dejó, por ello, es fundamental que los niños en su desarrollo logren incorporar el concepto de la vida y la muerte.

*Respuesta tomada de: Leal Q. Francisco. Preguntas de madres y padres. 6.ª ed. Editorial Médica Panamericana.

Así es su

mundo

Primera

Desde la niñez

La crianza en niños con síndrome de Down, enfoque del pediatra

Cuando los abuelos crían. Figuras de apoyo que sostienen la infancia

Por: Carolina Cruz Téllez y Linda Zárate Taborda

Residentes de Pediatría - Corporación Universitaria Remington y Edwin Antonio González González

Pediatra puericultor

Profesor Corporación Universitaria Remington

El sueño del recién nacido suele generar más dudas que certezas. Se despierta con frecuencia, se mueve, hace gestos y parece no seguir ningún horario; sin embargo, lejos de ser un problema, este patrón es parte de un proceso biológico esencial para su desarrollo. Comprenderlo permite acompañar sin miedo y fortalecer el vínculo desde el inicio.

Este artículo hace parte de una serie dedicada al sueño en la infancia y la adolescencia. En próximas publicaciones se abordarán sus cambios desde el recién nacido hasta el adolescente, con un enfoque práctico y basado en la evidencia.

El presente artículo se centra en el recién nacido y en cómo comprender su sueño.

El sueño como base del desarrollo

El sueño es un proceso natural que permite la recuperación del cuerpo y del cerebro. Durante este estado, el organismo regula funciones como el crecimiento, la memoria y las emociones. Además, fortalece el sistema inmunológico y favorece la adaptación al entorno.

En el recién nacido, el sueño cumple un papel central en el desarrollo del sistema nervioso. En esta etapa, el cerebro se organiza y establece conexiones esenciales para el aprendizaje y los sentidos. Por esta razón, dormir bien es tan importante como alimentarse bien.

Cómo duerme el recién nacido

El recién nacido suele dormir entre 16 y 18 horas al día. Este sueño se distribuye en períodos cortos de 2 a 4 horas a lo largo del día y la noche. Los despertares frecuentes responden a la necesidad de alimentarse y a la inmadurez del ritmo biológico.

El sueño neonatal no es continuo. Se organiza en ciclos que alternan entre dos fases principales.

Esta dinámica es normal y necesaria para el desarrollo cerebral.

Fases del sueño en el recién nacido

El sueño del recién nacido se divide en dos fases. Cada una cumple funciones específicas en el crecimiento y la maduración, así:

• El sueño activo, también llamado REM, se caracteriza por movimientos de los ojos, respiración irregular y gestos faciales. Esta fase ocupa cerca de la mitad del tiempo del sueño y favorece la organización del cerebro y los sentidos.

• El sueño tranquilo, o no REM, presenta una respiración regular y relajación muscular. En esta fase el cuerpo descansa y recupera energía para el crecimiento.

¿Por qué el sueño es tan importante?

El sueño es fundamental porque permite la liberación de hormonas que favorecen el crecimiento. También fortalece las defensas y organiza las conexiones neuronales relacionadas con la memoria y el aprendizaje. Por esta razón, un sueño adecuado contribuye al desarrollo físico y emocional del niño.

Cuando el sueño es insuficiente o se interrumpe de forma constante, pueden originar irritabilidad y dificultades en la alimentación. Además, se

puede afectar el crecimiento y la capacidad de adaptación del recién nacido. Las preguntas que llegan en la madrugada

¿Es normal que el bebé se despierte seguido?

El recién nacido tiene ciclos de sueño cortos. Por esta razón, se despierta varias veces durante el día y la noche. Estos despertares son normales y necesarios para su alimentación y desarrollo.

¿Por qué se mueve o hace gestos mientras duerme?

El movimiento durante el sueño es frecuente en la fase REM. El recién nacido puede sonreír, hacer gestos o moverse sin que esto indique incomodidad. Estos signos reflejan que el cerebro está en pleno desarrollo.

¿Se debe despertar para alimentarlo?

Durante el primer mes, se recomienda alimentar al recién nacido cada 2 a 3 horas. Esto incluye despertarlo si está dormido, especialmente, si no ha recuperado su peso al nacer. Esto se debe a que:

• Su estómago es pequeño.

• Sus reservas energéticas son limitadas.

• Su crecimiento es acelerado.

Con el tiempo, el bebé empieza a espaciar naturalmente sus tomas de alimento y sus periodos de sueño.

¿Dormir en brazos genera dependencia?

El contacto físico brinda seguridad y estabilidad. El recién nacido necesita cercanía para regular su temperatura y respiración. Este contacto fortalece el vínculo y no genera dependencia negativa.

Lecturas recomendadas

¿Cuándo duerme toda la noche?

El recién nacido no diferencia entre el día y la noche. Esta capacidad aparece de forma progresiva entre los tres y seis meses. Antes de ese momento, los despertares son esperables y saludables. Dormir toda la noche no es una meta inmediata, es un proceso biológico.

Cómo favorecer un buen sueño

El entorno influye de forma importante en el descanso del recién nacido. Un ambiente tranquilo facilita la conciliación del sueño y su mantenimiento. Para ello, tenga en cuenta lo siguiente:

• Mantenga una luz tenue durante la noche.

• Evite los ruidos intensos.

• Establezca rutinas suaves, tales como el baño.

• Favorezca la lactancia y el contacto piel a piel.

• Acueste al bebé boca arriba en una superficie firme.

Estas medidas ayudan a reducir el riesgo de muerte súbita y favorecen un descanso seguro.

Señales de alarma

Algunos signos indican la necesidad de una atención médica inmediata. Por tal razón, es esencial reconocerlos a tiempo para actuar de forma oportuna:

• El bebé tiene pausas respiratorias o dificultad para respirar.

• Presenta sudoración excesiva durante el sueño.

• Tiene un llanto inconsolable persistente.

• Muestra somnolencia extrema con una mala succión.

Ante cualquiera de estos signos, se debe acudir a un servicio de urgencias.

Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria. El sueño en los primeros 6 meses de vida [Internet]. Madrid: AEPap; 2017 [citado 2026 abr 4]. Disponible en: https://www.aepap.org/sites/default/files/documento/archivos-adjuntos/ familia_y_salud_-_el_sueno_en_los_primeros_6_meses_de_vida_-_2017-01-09.pdf

UNICEF. Bienvenido bebé: guía completa para el cuidado del recién nacido. 0 a 3 meses [Internet]. Santo Domingo: UNICEF; 2019 [citado 2026 abr 4]. Disponible en: https://www.unicef.org/dominicanrepublic/media/3481/file/ Publicaci%C3%B3n%20%7C%20Bienvenido%20beb%C3%A9.pdf

Nemours KidsHealth® El sueño y los recién nacidos [Internet]. Jacksonville: Nemours; s. f. [citado 2026 abr 4]. Disponible en: https://kidshealth.org/es/ parents/sleepnewborn.html

El rol de la familia

• El sueño del recién nacido puede generar dudas y preocupación. La familia cumple un papel clave en el acompañamiento durante esta etapa. La información adecuada permite entender que muchos comportamientos son normales y forman parte del desarrollo.

• El contacto, la lactancia materna y las rutinas brindan seguridad. De esta manera, el sueño se convierte en un proceso natural que favorece el crecimiento y bienestar del bebé.

• El sueño del recién nacido no necesita ser corregido, necesita ser comprendido.

• Cada despertar y cada pausa forman parte de su desarrollo. Cuando la familia entiende este lenguaje, el miedo se transforma en calma y el vínculo se fortalece desde el inicio.

*Próxima entrega: El sueño del lactante: cómo se organiza y qué esperar en casa.

La crianza en niños con síndrome Down, de enfoque del pediatra

Por: Nacira Fuentes de Oro

Residente de Pediatría - Universidad de Antioquia

Asesora: Liliana Zuliani Arango Neuropsicóloga infantil, profesora Universidad de Antioquia

El síndrome de Down (SD) no es lo que la mayoría de las personas se imaginan. Los niños y niñas con esta condición no deben ser considerados “especiales” como se suele pensar. Este es un concepto bastante erróneo que todos debemos tener claro, principalmente, el personal que trabaja en el ámbito de la salud.

Quienes hemos podido tener el privilegio de acompañar a estas familias, de ver crecer a estos niños y niñas, apreciar cómo logran alcanzar sus metas y hacer realidad sus sueños, hemos aprendido que es realmente necesario que nos esforcemos un poco más en sensibilizar y educar a las personas. Aunque, generalmente, no se hace con malas intenciones, el desconocimiento de muchos conlleva a expresar comentarios que pueden resultar muy hirientes para los niños y sus familias.

El síndrome de Down se define como una cromosomopatía que, al igual que muchas otras condiciones, todavía necesita ser más investigada, comprendida y aceptada como tal, es decir, como una condición. Además, hacen falta pautas claras para su adecuado abordaje y seguimiento.

Por lo general, cuando alguien piensa en el SD, suele imaginarse a un niño o niña sin futuro, que siempre va a depender de sus cuidadores,

que es incapaz de aprender o desarrollar habilidades y que, por consiguiente, representa una carga para ellos. Lamentablemente, surgen frases como: “Será un niño para siempre”, “al menos lo tendrás de compañía toda su vida”, “son angelitos”, “ellos siempre están felices”, “ellos son muy inocentes”. Estos comentarios no solo son erróneos, sino que, además, son difíciles de escuchar para aquellas familias que están acompañando a estos niños en su crecimiento. Sabemos que estas expresiones muchas veces se dicen sin la intención de ofender, pero debemos aprender que estas no aportan nada positivo y, por el contrario, dificultan el proceso de adaptación y aceptación que están viviendo los padres y cuidadores. No podemos olvidar que, para estas familias, el diagnóstico de síndrome de Down representa un proceso complejo; realmente viven un duelo. Ellos se encuentran aprendiendo sobre la condición mientras enfrentan sentimientos de tristeza, decepción, culpa, rabia y, sobre todo,

miedo. Igualmente, durante todo este proceso, siguen cumpliendo su rol como padres, cuidadores y acompañantes incondicionales, por lo menos, en su mayoría.

Por eso, es de gran importancia que, tanto el personal de la salud (médicos, enfermeras, auxiliares, etc.) como todos los que tienen contacto con estas familias, estemos sensibilizados y preparados para saber abordar la situación de forma integral y adecuada. El dar noticias o compartir información de manera equivocada o inadecuada puede causar mucho daño, es por esto por lo que ese rol se le debe dejar a la persona que se encuentre capacitada para ello.

No es una enfermedad

Como se indicó anteriormente, el SD es una condición, no una enfermedad, y puede coexistir con algunas patologías, pero esto no significa que todos los niños y niñas vayan a presentar dichas complicaciones. Normalmente, cuando una persona nace, tiene dos copias de cada cromosoma (una de cada padre), el SD es una alteración cromosómica que se origina por la presencia de una tercera copia del cromosoma 21, lo cual se conoce también como trisomía 21. Es la causa más común de retraso intelectual identificable genéticamente. En un 95% de los casos, la trisomía 21 ocurre debido a la no separación en el óvulo. El seguimiento en salud debe ser muy cuidadoso, estos niños y niñas pueden tener un crecimiento y desarrollo más lento, pero no quiere decir que no van a lograr lo que se espera en el desarrollo de cualquier otro niño o niña. Existen tablas de medidas antropométricas específicas para niños y niñas con SD, que deben usarse al evaluar su crecimiento y desarrollo. Además, estos niños tienen un mayor riesgo de obesidad, aspecto que igualmente debe ser monitoreado. Es fundamental destacar que los niños con esta condición pueden lograr un desarrollo social temprano, mostrando una sonrisa social antes que el promedio de los niños, lo que

les otorga una ventaja para generar vínculos afectivos con sus padres y cuidadores.

Mitos comunes en niños y niñas con SD

Existen muchos mitos sobre la crianza de niños con síndrome de Down. Debemos conocerlos para, entre todos, ir eliminándolos:

“Los niños con síndrome de Down no pueden aprender ni ser independientes”: todos los niños, indistintamente de que tengan o no SD, pueden aprender y ser independientes si reciben la estimulación apropiada en las etapas adecuadas. La condición no limita su capacidad de aprender, pero el dejarlos solos sí lo hace, por eso, requieren de un acompañamiento más paciente y constante.

“Toda la vida serán niños”: los niños con síndrome de Down pueden crecer y alcanzar sus metas, como cualquier otro niño. Tenemos, a nivel mundial, adultos con SD que han logrado convertirse en empresarios, modelos internacionales, docentes, entre otros, y tienen en común que han sido acompañados desde su infancia con mucho amor.

“Los niños con SD son hipersexuados”: la exploración de la sexualidad es parte del desarrollo de cualquier niño y niña. Los niños con SD también necesitan una educación sexual adecuada, como derecho, con el fin de que puedan aprender a autocontrolar mejor sus conductas, y a comprender y manejar su sexualidad de manera responsable; además, esto ayuda a disminuir los riesgos de abusos posteriormente.

“Los niños con síndrome de Down siempre son felices o dulces”: los niños con SD pueden experimentar todo tipo de emociones. La condición no limita sus sentimientos, y su felicidad depende de su entorno y de las experiencias que vivan, como todos los seres humanos.

Todos los niños, indistintamente de que tengan o no SD, pueden aprender y ser independientes si reciben la estimulación apropiada en las etapas adecuadas.

“La crianza de un niño con síndrome de Down es muy diferente”: la crianza de estos niños, como la de todos los demás, debe ser positiva, estimuladora y amorosa; e igualmente, debe incluir límites y reglas claras. Por el hecho de tener esta condición no se debe dejar pasar por alto algunas situaciones. Así mismo, los padres y cuidadores necesitan de apoyo para comprender mejor la condición y evitar situaciones de maltrato.

La participación de la familia en la crianza

El entorno familiar tiene un papel fundamental en el desarrollo de cualquier niño o niña, y no es la excepción con los niños que presentan la condición Down. Cada una de las personas que forman parte de su círculo cercano pueden influir de manera positiva o negativa en su proceso de crecimiento y desarrollo. Por esto, es esencial que los integrantes de la familia o cuidadores reciban un acompañamiento y educación sobre la crianza indicada, para que puedan tener un claro entendimiento de esta, y así asegurar que su participación en el proceso sea siempre constructiva, propicia y segura para todos.

La familia debe crear un ambiente amoroso y seguro, que permita al

niño o niña sentirse libre para explorar, aprender y expresar sus emociones sin miedos. Es importante que se brinde apoyo constante en cada etapa de desarrollo, y que se estimule la autonomía y la independencia, porque ellos sí pueden. Los errores que lleguen a cometer deben ser tomados como oportunidades de aprendizaje, evitando juicios negativos, para que el niño se sienta respaldado en su proceso de crecimiento.

El apoyo educativo y la interacción social son esenciales

El desarrollo de un niño o niña con SD depende, en gran medida, de la estimulación constante y de la interacción con otros niños. Razón por la cual, se recomienda siempre la inclusión en

El papel de la familia es clave

Cuidarse como familia es fundamental, esto es, brindando ese apoyo único del núcleo, compartiendo emociones, inquietudes y experiencias. Este apoyo mutuo es crucial para enfrentar juntos los retos y, a su vez, celebrar los logros de metas y propósitos, teniendo siempre presente la importancia de la paciencia y de promover la realización de expectativas realistas, pero alentadoras. Esto ayudará a evitar frustraciones innecesarias y contribuirá a un ambiente positivo y motivador.

No podemos dejar de lado a los hermanos, quienes son una de las herramientas más poderosas para el desarrollo, la aceptación e inclusión de los niños con SD. Ellos viven las experiencias cotidianas junto a su hermano o hermana, y son quienes mejor pueden ayudarlos en el proceso de integración social. Por eso, también es esencial su participación en el proceso, educándolos y respondiendo sus dudas para que puedan brindar el acompañamiento adecuado.

instituciones educativas, donde puedan ser bien acompañados en el proceso para alcanzar su máximo potencial en un ambiente que promueva la igualdad de oportunidades. Es fundamental fomentar la interacción no solo con otros niños con síndrome de Down, sino también con niños sin la condición. Adicionalmente, se aconseja a las familias que busquen soporte externo, tanto de instituciones especializadas como de grupos de apoyo, pues escuchar las experiencias de otros padres de niños y niñas con SD es asombrosamente valioso para eliminar temores y poder expresarse abiertamente sobre sus miedos, inquietudes o emociones, ya que solo quienes atraviesan por la misma experiencia pueden ayudarles a aclarar muchas de sus dudas de manera efectiva.

Los abuelos desempeñan un rol muy importante en la crianza de estos niños. Generalmente, acompañan a los padres en el proceso de duelo, viviendo sus propias emociones de tristeza; sin embargo, con el tiempo, pueden convertirse en un apoyo invaluable. Es necesario incluirlos en el proceso, para que comprendan todo, permitiéndoles participar activamente en la crianza y en la creación de ese entorno amoroso y seguro que necesitan todos los niños.

Tampoco podemos dejar a un lado el papel del papá, quien, en muchas ocasiones, debido a las expectativas sociales y culturales, siente que debe ser aquella imagen de fortaleza para la familia y que sus sentimientos no deben ser expresados. Estamos en una sociedad que todavía se encuentra influenciada por estereotipos de género y, por esta razón, es que muchos papás viven el duelo en silencio, sintiendo que deben ocultar sus emociones. Como todos los integrantes del grupo familiar, el papá necesitará recibir educación sobre los aspectos de la crianza y la condición en general, para que pueda acompañarlo debidamente.

El rol del pediatra

Como pediatras y, en general, como personal de la salud, es primordial que seamos conscientes de que nuestra labor debe basarse en un conocimiento claro del proceso que viven estas familias. Muchas de ellas han vivido experiencias realmente traumáticas debido a nuestro desconocimiento en el manejo de situaciones tan delicadas.

Debemos estar muy bien preparados acerca de esta condición, para poder aclarar las dudas que se tengan de una forma empática, brindando el debido acompañamiento y comprendiendo que las familias atraviesan por un proceso emocional, similar al de un duelo, y tienen, por tanto, derecho a ser tratadas con respeto y atención. Es nuestra responsabilidad educar a las familias, enseñándoles la importancia de la estimulación temprana en estos niños, con el objetivo de promover su autonomía e inclusión dentro de

la sociedad. Guiarlos para que accedan a todos los recursos y servicios a los que tienen derecho, hacerles seguimientos constantes y promover siempre una visión positiva, pero realista, de la situación. Debemos validar sus emociones, escucharlos, ser prudentes y acompañarlos.

Recuerde

Aunque los niños con síndrome de Down pueden tardar más en alcanzar hitos, como sostener la cabeza, voltearse, sentarse sin apoyo, gatear, ponerse de pie o caminar; es el apoyo constante y la estimulación adecuada por parte de sus cuidadores, la verdadera clave para que logren estas metas. La estimulación debe ser desde todos los aspectos, no solo el desarrollo motor, sino también el emocional, social, comunicativo y del lenguaje. No debemos olvidar que el amor, el apoyo, la esperanza y la paciencia con la que se acompaña el desarrollo de estos niños y niñas, juegan un rol demasiado importante cuando hablamos de su futuro. Y, aunado a esto, es importantísimo que no nos dejemos llevar por las creencias, mitos, prejuicios y comentarios peyorativos,

que lo único que hacen es estigmatizar a estos niños y niñas. Para que los niños y niñas con esta condición tengan la oportunidad de crecer y desarrollarse plenamente y ser incluidos en la sociedad, como debe ser, tenemos que brindarles las herramientas adecuadas, junto con el acompañamiento, entorno, y, sobre todo, el amor que todos necesitan para vivir felizmente, y que sus familias, igualmente, logren disfrutar de este proceso con aceptación y felicidad.

Lecturas recomendadas

1. Ariza Marriaga G. Encuentro del padre con su hijo con síndrome de Down: sufrimiento y empatía. Pensam Psicol. 2018;16(2):111-121. doi:10.11144/Javerianacali. PPSI16-2.ephs

2. Bastidas Acevedo M, Ariza Marriaga G, Zuliani Arango L. Síndrome de Down: experiencia maternal de crianza: entre alegrías y tristezas. Arch Venez Pueric Pediatr. 2013;76(4):151-158.

Así

Por: Francisca Paola Mosquera García y Tatiana Melisa Sánchez Pineda Residentes de Pediatría - Corporación Universitaria Remington Asesor: Edwin González González

Pediatra puericultor - Profesor Corporación Universitaria Remington

Alo largo de la historia, los abuelos han ocupado un lugar central en el cuidado y la crianza de los niños. En las sociedades tradicionales y en los sistemas familiares extensos, la crianza intergeneracional ha sido una estrategia natural de protección, transmisión cultural y supervivencia infantil. Los abuelos no solo aportaban en el cuidado físico, sino que también actuaban como depositarios

de la memoria familiar, siendo transmisores de valores, normas, creencias y prácticas de crianza que garantizaban la continuidad social y cultural de las comunidades.

Desde una perspectiva antropológica y del desarrollo humano, la presencia activa de los abuelos en la crianza ha permitido históricamente amortiguar crisis familiares, acompañar procesos de transición y ofrecer estabilidad emocional a los niños en contextos

de adversidad. Esta función ha sido especialmente relevante en momentos de enfermedad, ausencia parental, pobreza o conflicto social, consolidándolos como figuras de cuidado, autoridad y contención afectiva. En la actualidad, lejos de desaparecer, este rol histórico ha adquirido una renovada relevancia. Las transformaciones demográficas, sociales y económicas, propias de las sociedades contemporáneas, han reconfigurado

las dinámicas familiares, haciendo que los abuelos no solo acompañen en la crianza, sino que, en muchos casos, asuman el rol de cuidadores principales. Este fenómeno tiene profundas implicaciones para la crianza, el desarrollo infantil y la atención en salud, particularmente, desde el enfoque de la puericultura y la pediatría.

En Colombia, un número creciente de niños y niñas es criado primordialmente por sus abuelos como resultado de profundas transformaciones sociales, económicas y familiares. Este fenómeno, conocido como “abuelos como cuidadores principales o primeros criadores”, tiene implicaciones directas sobre la crianza, el desarrollo infantil y la atención en salud. La reasignación del rol cuidador hacia los abuelos responde a dinámicas contemporáneas como la inserción laboral de los padres, la informalidad del empleo, la migración, la monoparentalidad, la enfermedad o la fragilidad social. En este contexto, los abuelos emergen no solo como figuras de apoyo, sino también como actores centrales en el cuidado cotidiano y en la toma de decisiones relacionadas con la salud, la alimentación, la educación y el bienestar de los niños. La crianza ejercida por ellos deja de ser una ayuda ocasional y se configura como una forma legítima y sostenida.

Abuelos como cuidadores principales

En múltiples contextos familiares y socioculturales, los abuelos asumen un rol fundamental como cuidadores principales de los niños. Más allá del cuidado básico, su participación activa en la crianza incluye la transmisión de valores, normas, tradiciones, creencias y pautas de socialización que contribuyen a la construcción de la identidad infantil. Este proceso fortalece el sentido de pertenencia y garantiza la continuidad intergeneracional del linaje familiar y cultural. La experiencia vital y afectiva de los abuelos suele aportar estabilidad emocional, contención y seguridad, especialmente, en contextos de adversidad. Desde la perspectiva del desarrollo infantil, esta relación puede actuar como un factor protector, favoreciendo el apego, la regulación emocional y el bienestar psicosocial del niño.

En muchas familias colombianas, los abuelos se han convertido en los que cuidan, acompañan y crían a sus nietos día a día. En algunos casos, esto ocurre por la ausencia física o funcional de los padres; en otros, por la necesidad de conciliación entre el trabajo y la crianza; y, en no pocas situaciones, porque los abuelos se encuentran disponibles, con disposición afectiva y una profunda motivación por proteger y cuidar. La evidencia muestra que, aunque la mayoría de los abuelos cuidadores experimentan satisfacción, orgullo y sentido de propósito en su rol, requieren igualmente de apoyo, orientación y reconocimiento. Contar con redes familiares, recibir acompañamiento desde los servicios de salud y sentirse legitimados como cuidadores hace una diferencia

La experiencia vital y afectiva de los abuelos suele aportar estabilidad emocional, contención y seguridad, especialmente, en contextos de adversidad.

sustancial tanto en su bienestar como en la calidad de la crianza que ofrecen.

Contexto demográfico y social en Colombia

El país atraviesa un proceso de transición demográfica caracterizado por el envejecimiento progresivo de la población, la disminución de la fecundidad y la transformación de las estructuras familiares tradicionales. Estos cambios han favorecido el aumento de los hogares extendidos y multigeneracionales, así como una mayor participación de los abuelos en el cuidado y la crianza de niños y niñas.

Las encuestas nacionales de hogares han evidenciado una alta prevalencia de hogares multigeneracionales, fundamentalmente en contextos de vulnerabilidad socioeconómica, zonas rurales y periferias urbanas. En estos hogares, la convivencia entre abuelos, padres y nietos es frecuente, y los primeros asumen de manera parcial o total el rol de cuidadores

principales ante la ausencia o limitación de los cuidadores parentales.

La Encuesta Nacional de Situación Nutricional (ENSIN) y otros estudios poblacionales han señalado que una proporción relevante de niños en la primera infancia es cuidada cotidianamente por adultos distintos a sus padres, siendo los abuelos los responsables primordiales. Estos cuidadores influyen de forma directa en prácticas clave para la salud infantil, como la alimentación, la asistencia a controles de crecimiento y desarrollo, la adherencia a esquemas de vacunación y el reconocimiento temprano de signos de alarma.

Desafíos del rol cuidador

Ser abuelo cuidador no es solo “ayudar”. Implica asumir responsabilidades importantes como llevar a los niños a controles de salud, estar pendientes de su alimentación, acompañarlos en el colegio y brindarles apoyo emocional constante. A través de estas acciones cotidianas, los abuelos se convierten en figuras de referencia y seguridad para los niños.

Gracias a su trayectoria de vida, los abuelos transmiten enseñanzas, historias familiares y valores que fortalecen la identidad infantil. Para muchos niños, ellos representan una fuente de cariño, confianza y estabilidad; elementos que son esenciales para un desarrollo saludable.

A pesar de sus aportes, el rol de cuidador principal, de igual forma, conlleva importantes desafíos, entre los que se encuentran como más relevantes el desgaste físico, emocional y económico, particularmente en abuelos que presentan enfermedades crónicas propias del envejecimiento o que carecen

de redes de apoyo. Así mismo, pueden surgir tensiones derivadas de diferencias generacionales en los estilos de crianza, que no siempre se alinean con las recomendaciones actuales en salud infantil.

Estas diferencias pueden influir en decisiones relacionadas con la alimentación, la disciplina, el sueño, la estimulación temprana y la adherencia a las indicaciones médicas. Por ello, reconocer a los abuelos como cuidadores principales resulta fundamental para el abordaje integral de la familia y para el diseño de estrategias de acompañamiento que integren su experiencia con prácticas de crianza basadas en la evidencia.

Implicaciones en la crianza

A pesar de la magnitud de este fenómeno, los sistemas de información en salud no caracterizan de manera sistemática a los abuelos como cuidadores principales, lo que limita la formulación de intervenciones específicas desde la pediatría y la atención primaria. Reconocer su rol permite fortalecer la atención centrada en la

familia, mejorar la comunicación clínica y favorecer la adherencia a las recomendaciones en salud infantil. Desde la puericultura, resulta indispensable incluir a los abuelos cuidadores en los procesos de educación en salud, promoción de prácticas de crianza positiva y prevención de riesgos, reconociendo sus saberes, necesidades y particularidades. La orientación respetuosa, clara y contextualizada contribuye no solo al bienestar del niño, sino, igualmente, a la salud física y emocional del cuidador.

Consideraciones finales

Los abuelos como cuidadores principales representan una expresión profunda de compromiso, cuidado y continuidad familiar, con raíces históricas que atraviesan generaciones. Su presencia en la crianza no solo sostiene el cuidado cotidiano de los niños, sino que, además, preserva la memoria, los valores y los vínculos que otorgan sentido a la vida familiar. Reconocerlos, escucharlos y acompañarlos es una responsabilidad compartida entre las familias, los servicios de salud y la sociedad. Promover una crianza saludable implica mirar a los abuelos no solo como un apoyo, sino también como cuidadores fundamentales que, del mismo modo, requieren de un cuidado.

Cuidar la infancia es, así mismo, cuidar a quienes con paciencia, sabiduría y afecto han sostenido la crianza a lo largo de la historia y continúan haciéndolo día a día.

Lecturas recomendadas

Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. Familias, cuidado y desarrollo infantil temprano en Colombia. Bogotá: ICBF; 2022.

García Sánchez BY, Guerrero Barón J. Elpapeldelosabuelosenlacrianzay las tensiones por el ejercicio de la responsabilidad parental: anotaciones para el caso de Bogotá. Pedagogía y Saberes. 2014;(40):119–129.

¿Su hijo siente los oídos tapados con frecuencia?

La disfunción de la trompa de Eustaquio es una causa frecuente de molestias auditivas en la infancia. Reconocer sus síntomas y tratarla oportunamente puede prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida del niño.

¿POR QUÉ OCURRE?

La trompa de Eustaquio conecta el oído medio con la parte posterior de la nariz y ayuda a equilibrar la presión, drenar secreciones y mantener una adecuada ventilación del oído.

¿QUÉ SÍNTOMAS PUEDEN PRESENTARSE?

ALTERNATIVA NO FARMACOLÓGICA

La sensación de “oído tapado” es una consulta frecuente tanto en pediatría como en otorrinolaringología infantil. En muchos casos está relacionada con la disfunción de la trompa de Eustaquio, una condición que afecta la ventilación normal del oído medio.

En los niños, esta estructura es más corta, horizontal y estrecha que en los adultos, lo que facilita su obstrucción durante episodios de congestión nasal, alergias o infecciones respiratorias.

¿CUÁLES SON LAS CAUSAS MÁS FRECUENTES?

Entre las causas más frecuentes de disfunción tubárica en la infancia se encuentran:

• Infecciones respiratorias virales

• Rinitis alérgica,

• Hipertrofia de adenoides

• Congestión nasal persistente.

Estas condiciones generan inflamación alrededor de la apertura de la trompa de Eustaquio, dificultando su adecuada apertura y cierre.

La disfunción de la trompa de Eustaquio puede predisponer al desarrollo de otitis media con efusión (“líquido de oído”) y favorecer episodios repetitivos de infecciones del oído medio, lo que puede traducirse en pérdida auditiva conductiva temporal.

REFERENCIAS

1. Dennis Poe, Hanna BM. Balloon dilation of the cartilaginous portion of the Eustachian tube: initial safety and feasibility analysis in a cadaver model. Am J Otolaryngol. 2011;32(2):115-123.

2. Dennis Poe, Abou-Halawa A, Abdel-Razek O. Analysis of the dysfunctional eustachian tube by video endoscopy. Otol Neurotol. 2001;22(5):590-595.

Los signos más comunes que pueden alertar a los padres son:

Sensación de oído tapado o presión en los oídos.

Disminución temporal de la audición.

Necesidad frecuente de “destapar” los oídos.

Molestias durante cambios de altura.

Episodios repetidos de infecciones del oído medio.

Dificultades auditivas que pueden impactar el aprendizaje y el desarrollo del lenguaje.

¿CÓMO SE MANEJA?

El manejo inicial suele enfocarse en tratar las causa que producen inflamación y congestión nasal. El pediatra u otorrinolaringólogo puede recomendar medidas para mejorar la higiene nasal y disminuir la obstrución.

En muchos pacientes, controlar adecuadamente la congestión nasal ayuda a mejorar el funcionamiento de la trompa de Eustaquio.

En casos persistentes o más severos, especialmente cuando existe acumulación prolongada de líquido en el oído o infecciones recurrentes, el especialista puede considerar opciones quirúrgicas como la colocación de tubos de ventilación el manejo de adenoides aumentadas de tamaño.

3. Schilder AGM, Bhutta MF, Butler CC, Holy C, Levine LH, Kvaerner KJ, et al. Eustachian tube dysfunction: consensus statement on definition, types, clinical presentation and diagnosis. Clin Otolaryngol 2015;40(5):407-411.

4. Rosenfeld RM, Shin JJ, Schwartz SR, Coggins R, Gagnon L, Hackell JM, et al. Clinical Practice Guideline: Otitis Media with Effusion (Update). Otolaryngol Head Neck Surg. 2016;154(1 Suppl):S1-S41.

Innovación

En los últimos años han surgido alternativas no farmacológicas basadas en presión positiva nasofaringea que ayudan a facilitar la apertura de la trompa de Eustaquio.

Eustachi® es un dispositivo diseñado para mejorar la ventilación del oído medio de manera sencilla y mínimamente invasiva bajo orientación médica.

Consulte a su médico para determinar si esta opción es adecuada para su paciente.

¿CUANDO CONSULTAR?

Aunque la sensación de oído tapado suele ser transitoria, cuando es persistente o repetitiva merece valoración médica, especialmente en niños. Un diagnóstico oportuno permite identificar las causas asociadas y ofrecer alternativas de manejo que ayuden a mejorar la audición, la calidad de vida y el bienestar del paciente pediátrico.

5. Smith ME, Tysome JR. Tests of Eustachian tube function: a review. Clin Otolaryngol 2015;40(4):300-311.

Si desea enfatizar específicamente la utilidad de la presión positiva nasofaríngea y dispositivos como Eustachi®, le recomendaría además agregar:

Dr. Luis Jorge Mejía Otorrinolaringólogo Infantil Unidad Médica Nueva Clínica del Country – Bogotá @Luis_mejia_otorrino

6. ilvola J, Kivekäs I, Poe D. Balloon dilation of the cartilaginous Eustachian tube. Otolaryngol Head Neck Surg. 2014;151(1):125-130.

7. Miller BJ, Elhassan HA. Balloon dilatation of the Eustachian tube: an evidence-based review of case series for those considering its use. Clin Otolaryngol 2013;38(6):525-532.

Estas

de la Universidad Pontificia Bolivariana

Neumólogo y especialista en Medicina Crítica y Cuidados Intensivos - Universidad El Bosque

El ingreso a la guardería es uno de los grandes momentos para las familias, pues viene cargado de ilusiones y expectativas por parte de los padres, y de aventuras, aprendizajes y progresos para sus hijos. Sin embargo, a pesar de los múltiples beneficios, el ambiente escolar no está exento de riesgos, ya que puede ser hostil desde el punto de vista infeccioso, dado que los niños no solo van a tener contacto con los juegos, las rondas y las canciones de sus amigos, sino también con

los gérmenes (virus, bacterias, parásitos, entre otros) de sus compañeros de clase; y éstos pueden favorecer la aparición de infecciones en diferentes sitios del cuerpo (por ejemplo, en el sistema respiratorio, gastrointestinal y piel) o aumentar el número de estas.

No obstante, en la gran mayoría de los casos estas infecciones son transitorias, leves, y se resuelven espontáneamente y sin complicaciones; por ello, se denominan infecciones habituales o esperables de la infancia, y se consideran como una situación que hace parte del proceso de desarrollo y maduración del sistema inmunológico en los niños sanos.

Existen varios factores que pueden favorecer la aparición de dichas infecciones, como, por ejemplo, la suspensión de la lactancia materna, convivir con hermanos mayores que asisten al preescolar, el ingreso a la guardería, entre otros. Dentro de estas, las respiratorias son las más frecuentes y cuando se vuelven recurrentes pueden generar una gran ansiedad y demanda de servicios médicos. El reconocer que, en general, son comunes, benignas y transitorias, reduce la ansiedad y el uso de tratamientos médicos y exámenes innecesarios.

¿Qué es lo normal o esperable de las infecciones respiratorias de los niños?

La principal causa de las infecciones respiratorias (IR) en los niños son los virus. Las que se catalogan como superiores, es decir, las que se presentan en los oídos, la garganta, las amígdalas y la nariz (otitis, faringitis, amigdalitis, rinitis y sinusitis) son las que se dan con mayor frecuencia en los niños entre los seis meses a seis años de edad.

Existen factores que pueden favorecer la aparición de las infecciones recurrentes, como, por ejemplo, la inmadurez del sistema de defensa (sistema inmunológico) de los niños, que no hayan recibido o que les suspendieran la lactancia materna, los no vacunados, los que comenzaron muy temprano la guardería, en especial, si son menores de 1 año de edad; la presencia de hermanos mayores escolarizados, y la existencia de enfermedades que los predisponen a la aparición de infecciones, tales como niños bajo tratamiento con medicamentos que suprimen las defensas, que reciben tratamientos para el cáncer, niños prematuros, y con enfermedades crónicas como el asma, entre otras.

Existen dos picos o períodos en los que se incrementan los casos de infecciones respiratorias: el primero, entre los 6-12 meses de edad, si se suspende la lactancia materna, pues se detiene la transferencia de anticuerpos maternos que protegen al bebé por la leche materna; y, el segundo, con el ingreso a la guardería o al preescolar. El número de IR que se considera esperable o habitual en un niño sano puede variar; sin embargo, se acepta que, en promedio, puede presentar entre tres a cuatro episodios por año, y este número se puede duplicar o triplicar (ocho a doce IR/año) en aquellos que asisten a la guardería o preescolar, o tienen hermanos mayores escolarizados. Dichas infecciones van disminuyendo gradualmente en la medida que el niño crece, y alrededor de los seis a siete años de edad,

presentan entre 1-3 episodios de IR por año, lo cual se mantiene durante el resto de la infancia y la adolescencia. En promedio, la duración de los síntomas en infecciones respiratorias virales es de 7 a 10 días; aun así, en algunas situaciones puede extenderse más allá de las dos semanas, sin que esto necesariamente sea anormal; lo importante es observar que dichos síntomas vayan disminuyendo gradualmente en frecuencia e intensidad hasta desaparecer por completo. Característicamente el crecimiento y desarrollo de estos niños es normal, presentan una recuperación completa de cada episodio respiratorio y típicamente se encuentran sin ningún síntoma entre los episodios de infección.

¿Cuándo buscar ayuda?

Se considera anormal cuando los niños presentan otitis, sinusitis o neumonías recurrentes; no están creciendo con un buen peso y talla, han requerido del uso de antibióticos intravenosos para eliminar las infecciones, presentan abscesos recurrentes en la piel, o la familia tiene historial de problemas en el sistema de defensa, en cuyos casos, deberá consultarse con el pediatra para evaluar si se requieren estudios o tratamientos adicionales.

Un aspecto clave para mejorar la salud respiratoria de nuestros niños

es favorecer la lactancia materna siempre que sea posible.

¿Qué podemos hacer para mejorar la salud respiratoria de nuestros niños?

Un aspecto clave es favorecer la lactancia materna siempre que sea posible, llevar un esquema de vacunación completo, mantener una nutrición balanceada, estimular el juego y el ejercicio físico, promover un sueño adecuado y reparador, y mantener ambientes libres de humo de cigarrillo, electrónicos y dispositivos de vapeo.

En los casos de niños que presenten alguna enfermedad crónica, como asma, displasia broncopulmonar, fibrosis quística, o son prematuros, entre otras, se debe consultar con su médico tratante antes de que entren a la guardería, con el fin de definir el mejor momento para el ingreso, conversar sobre las indicaciones o beneficios de tratamientos preventivos y ajustar los tratamientos médicos, según sea el caso, para disminuir el impacto potencial sobre la condición de estos con las infecciones respiratorias asociadas al contacto escolar.

Así

Aconteceres normales del adolescente adolescente adolescente

Por: Carmen Escallón Góngora Pediatra puericultora

Terapeuta de familia - Universidad de Cartagena

LLa adolescencia es una fase del ciclo vital que genera muchas dudas, inquietudes e incluso temores. Con frecuencia se dicen y suponen cosas que no son ciertas, lo cual genera un clima de turbulencia y confusión que poco favorece el apoyo que necesita el adolescente en este crucial momento de su vida. El conocimiento de las características normales del adolescente es una de las herramientas que tienen los padres para cumplir satisfactoriamente su función de acompañantes y tutores.

La adolescencia es la etapa del desarrollo humano en la cual el niño se hace adulto; es, por lo tanto, un período de transformación en lo corporal, social, mental y cultural. Es un proceso dinámico en el que el joven cambia conjuntamente con su medio y sus relaciones, por lo que requiere de una buena capacidad de adaptación y soporte para que esta transición sea enriquecedora.

Un adolescente es como un rompecabezas de muchas piezas, que solo lo podemos descubrir poco a poco, con mucha paciencia, respetando la singularidad de cada una de sus partes, y cuyo descubrimiento nos puede fascinar y hacer crecer.

Durante la primera parte de la adolescencia sucede la pubertad, que consiste en los cambios físicos asociados con la maduración sexual. La pubertad completa hace que los adolescentes sean capaces de reproducirse.

Este desarrollo físico pocas veces está acompañado de cambios equivalentes en la esfera mental o social. Por lo anterior, pueden ocurrir problemas en la administración de ese propio extraño, el cuerpo. Inconvenientes que pueden ser muy variados, desde la simple torpeza por el crecimiento rápido de las extremidades, pasando por la incomodidad con las miradas cargadas de significados sexuales de jóvenes y adultos, hasta la práctica de conductas de riesgo para el cuerpo y el ser.

La adquisición de una nueva imagen corporal es un reto significativo para los adolescentes más jóvenes. Esta empieza por la aceptación de la pérdida del cuerpo del niño, con todo lo que esto implica: trato consentidor de los padres, menos responsabilidades. Se debe adecuar la imagen corporal que refleja el espejo con la que se deseaba. Con frecuencia los patrones de la sociedad de consumo, en especial aquellos que ahora se exponen a través de las redes sociales, generan expectativas sobre la corporalidad que se debe tener, lo cual crea esperanzas pocas veces satisfechas a cabalidad y algunos desencuentros que producen frustración en el adolescente.

¿En qué me diferencio de los demás?

El conocimiento y reconocimiento del cuerpo del adolescente requiere de muchos tipos de encuentros, algunos de ellos muy largos y a solas con el espejo; otros mediados por la ropa que lo protege, esconde, exhibe o resalta; y otros más, como los relacionados con los encuentros deportivos.

• La búsqueda de sí mismo y de la identidad es otra de las características del adolescente normal. El joven se pregunta: “¿Quién soy?”, “¿en qué me diferencio de los demás?”, “¿cuál es mi sentido de vida?”, “¿de dónde vengo?”, “¿hacia dónde voy?”. Quiere afirmar su personalidad, su identidad. La conversación facilita ese proceso reflexivo, por eso, habla mucho de sí mismo y de sus cosas con sus amigos.

• En los adolescentes hay una tendencia grupal. Mediante la agrupación construyen mundos e identidades colectivas desde donde se reafirman. Pertenecer a un grupo es de vital importancia para ellos; ser aceptado constituye una prioridad y, por esto, en ocasiones pueden sacrificar sus propios deseos, opiniones y posiciones.

¿Quién soy?

¿De dónde vengo?

¿Cuál es mi sentido de vida?

¿Hacia dónde voy?

La adquisición de una nueva imagen corporal es un reto significativo para los adolescentes más jóvenes.

En relación con lo anterior, ocurre una separación progresiva de los padres. Esta conducta, por lo común, afecta emocionalmente a estos últimos, ya que se sienten desplazados y poco importantes.

• Los adolescentes tienen la necesidad de intelectualizar y fantasear. Con la llegada de la adolescencia cambian las herramientas del pensamiento, pues se adquiere una capacidad mental crítica, analítica y compleja, lo cual es para el joven un nuevo y poderoso juguete que es usado permanentemente. Estas capacidades le permiten cuestionar el mundo iniciando por el de su casa. Por eso, ponen en tela de juicio todos los comportamientos y actitudes de los padres. Pueden contemplar y analizar a sus progenitores desde una nueva perspectiva más amplia comparada con la que tenían de ellos como niños: los padres aparecen ante sus ojos con defectos que antes desconocían. Esa capacidad les da la posibilidad de soñar con un mundo mejor, por lo que tienen una actitud social

Un joven puede pasar en minutos de una profunda melancolía a una delirante felicidad.

reivindicatoria. Los adolescentes pueden comprometerse con causas sociales y luchar por ellas; no obstante, a la vez, pueden presentar una desubicación temporal. El tiempo de ellos es completamente diferente al de los adultos, sus capacidades mentales aún no les permiten procesar ese concepto de la misma manera. Hay una enorme variabilidad en el manejo que le dan a este.

Las constantes fluctuaciones del humor y del estado de ánimo son motivo de inconformidad y dudas para los padres. Un joven puede pasar en minutos de una profunda melancolía a una delirante felicidad. Asociado o no con lo anterior, son comunes las contradicciones sucesivas en todas las manifestaciones de la conducta, de tal manera

• Una visita al pediatra le puede permitir a su hijo resolver dudas relacionadas con el proceso de cambio corporal, incluso cuando no exprese ninguna inquietud.

• Acompañen el cambio de la corporalidad de su hijo adolescente, acepten y elogien todos y cada uno de sus rasgos físicos.

• Acérquense a su hijo adolescente con unos ojos distintos, intenten descubrir las diversas facetas de su ser y respeten cada una de ellas.

que lo que hoy le incomoda mañana le es perfectamente confortable. Es posible que saliendo de una manifestación por la defensa del medio ambiente bote una lata de gaseosa en el camino.

• Las crisis religiosas también son frecuentes en la adolescencia. Durante estos años puede pasar de ser un creyente comprometido a ser un ateo irremediable.

• La sexualidad produce muchas dudas, cambios y crisis. Pasan del autoerotismo a la búsqueda del placer con el otro, se consolida la orientación sexual, se inician los encuentros sexuales íntimos y se invierte mucho tiempo en distintos aspectos relacionados con la sexualidad.

• Respeten los espacios de soledad de su hijo.

• Permitan las relaciones grupales de su hijo adolescente.

Recomendaciones

• Entiendan que las variaciones del estado de ánimo y la conducta son muy frecuentes en los adolescentes; por consiguiente, eviten meterse en esa dinámica emocional o de comportamiento, siendo serenos, estables y coherentes en su relación con ellos.

• Respeten los credos y decisiones espirituales que asuma su hijo, especialmente, si son diferentes a los suyos.

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profesan religiones distintas:

La religión forma parte importante de la identidad, los valores y las costumbres familiares, sobre todo, en un país como el nuestro en donde las tradiciones religiosas, en su mayoría orientadas por la fe cristiana, están profundamente marcadas desde tiempos atrás, con cerca del 90% de la población profesando alguna de sus vertientes, según datos del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Aunque culturalmente el catolicismo es la doctrina con mayor presencia

cómo criar sin conflictos Cuando papá y mamá

Por: Lina María Martínez Fonseca

Coordinadora editorial de la revista Crianza y Salud

Sociedad Colombiana de Pediatría

Con la asesoría de: Angie Ramírez Santamaría

Máster en Psicología Clínica y Neuropsicología

en Colombia, desde la Constitución de 1991, nuestra nación pasó a ser un Estado laico, esto es, “que no hay una religión oficial y se garantiza la libertad de cultos en todo el territorio”. Por eso, cuando los padres profesan creencias distintas, ya sea dentro de un hogar constituido o en casos en los que están divorciados o separados, pueden surgir dudas y conflictos sobre cómo educar a los hijos: “¿Qué religión les enseñamos?”, “¿debemos

llevarlos a las ceremonias religiosas?”, “¿qué valores o prácticas incorporamos en casa y fuera de ella?”, “¿es correcto que el niño elija por sí mismo?”.

Si bien estas diferencias no necesariamente representan un problema, pues muchas familias logran convivir de manera sana desde la diversidad espiritual, en algunos casos sí pueden convertirse en un conflicto difícil de resolver con discusiones constantes y presiones o intentos de imposición de una visión sobre la otra.

En este punto, no se trata de saber quién tiene la razón o quién gana, pues lo que debe primar siempre es el bienestar emocional de los hijos; pues, más allá de transmitirles una doctrina específica, lo que debe prevalecer son la transmisión de los valores éticos y la creación de espacios compartidos, como la oración o la celebración de festividades, que permitan fortalecer la unidad del núcleo familiar bajo el sentido del respeto, la tolerancia y la sana convivencia.

Las diferencias religiosas de los padres pueden generar tensiones al momento de decidir qué creencias, valores o rituales enseñarles a los hijos. Y esta situación puede llegar a ser más compleja cuando no hay acuerdos claros o en situaciones de coparentalidad, lo que puede exponer al niño a mensajes contradictorios y a conflictos emocionales.

Guiar no significa imponer

Los padres tienen derecho a transmitir sus valores y tradiciones; sin embargo, el acompañamiento espiritual saludable no se basa en el miedo o la obligación, sino en el ejemplo, el respeto y el diálogo.

Al respecto, la psicóloga clínica y neuropsicóloga Angie Ramírez Santamaría expresa que, “como parte del proceso para gestionar el tema de los desacuerdos o la falta de consenso a la hora de hablar de las diferencias religiosas entre los padres, entran aquí varios aspectos por resolver, entre ellos: ¿cómo se puede abordar este tema sin tener que imponer?, ¿en qué puntos de vista están de acuerdo y en cuáles no?, ¿cómo se puede llegar a negociar?, ¿cómo la comunicación es clave en este sentido?, ¿cómo ninguno de los dos va a ganar, sino lo ideal es llegar a un acuerdo donde puedan transmitir y educar a sus hijos de forma amorosa, cariñosa y respetuosa?”.

Para la especialista, dentro de este contexto también se evalúa cuál es el problema real, porque, en su concepto, “muchas veces la discordia no se da por la religión en sí, sino por asuntos

relacionados con la identidad o el sentir que algún ritual no se debe hacer, ya que, por ejemplo, algunos padres tienen discusiones acerca de si los hijos se deben bautizar o no, si deben asistir a la iglesia, entre otras tradiciones, porque así lo hacían los abuelos o así lo hacía la familia, etc.; y aquí es igualmente importante entender que una parte es el hogar y otra es la familia, que algunas creencias se acogen, que otras así mismo se pueden aceptar, pero que, al final, se necesita el punto de vista de los dos para poder llegar a un consenso”.

Pensando en el bienestar emocional de los niños

¿Es posible mantener una relación armónica con su pareja o expareja cuando no comparten las mismas creencias teológicas o espirituales?

Según el artículo Cuando los padres profesan religiones diferentes, enfatiza en las creencias, no en las verdades, escrito por la consultora de educación religiosa Michelle Richards, “los padres de diferentes credos les enseñan a sus hijos no solo hablando de sus creencias, sino, a su vez, mediante comportamientos que expresan su fe. Siempre que ambos padres reconozcan que no poseen la verdad absoluta y respeten el derecho del otro a creer y a expresar su espiritualidad de manera diferente, los niños en familias interreligiosas pueden sentirse enriquecidos en lugar de en conflicto”.

Las diferencias religiosas de los padres pueden generar tensiones al momento de decidir qué creencias, valores o rituales enseñarles a los hijos.

Por su parte, para Ramírez Santamaría, “es crucial que los padres tengan un enfoque definido al momento de educar y explicarles a sus hijos los diversos puntos e ideologías para que así estos puedan tener la capacidad de opinar, decidir y ser parte de ello. Las doctrinas no deben ser impuestas, sino enseñadas, de forma tal que, a través de los comportamientos, las conductas puedan ser replicadas. Además, no hay que olvidar que en los colegios el pénsum educativo incluye igualmente la religión, y este es un espacio en donde ellos también pueden explorar este tema con plena libertad”.

La especialista hace énfasis en la importancia de no imponer una religión y, menos aún, si es a través del miedo, la culpa, la intimidación o el castigo. “Frases como, por ejemplo, ‘si no haces eso Dios te va a castigar’, ‘si

tú haces eso moralmente no se ve bien’, lo único que conseguirán es que el niño asocie la religión con sentimientos de dolor, miedo o rabia; y, por consiguiente, acabará rechazándola”.

¿Qué prácticas ayudan en la crianza?

La imposición de una religión a un menor es un tema complejo, pues, por un lado, está el derecho de los padres a transmitir sus valores, pero, por el otro, se encuentra el derecho del niño a la libertad de conciencia y al desarrollo de su propia autonomía. Los convenios internacionales, como el artículo 14º de la Convención sobre los Derechos del Niño, reconocen el derecho de los padres a guiar a sus hijos en el ejercicio de su religión de manera compatible con su evolución. Pese a ello, no podemos dejar de lado el concepto de la autonomía progresiva, pues, a medida que los niños crecen (especialmente en la adolescencia), los psicólogos y las leyes priorizan su derecho a cuestionar, explorar o cambiar de fe, oponiéndose rotundamente a la coerción psicológica (imposición) para la transmisión de los valores culturales o morales de las familias.

Por otro lado, es importante diferenciar el manejo de estas situaciones entre niños y adolescentes

debido a su nivel de desarrollo cerebral. “Durante la infancia, —indica Ramírez Santamaría— la corteza prefrontal, encargada del razonamiento, el juicio crítico y la toma de decisiones, aún se encuentra en proceso de maduración. Por ello, los niños suelen guiarse principalmente por sus figuras de apego, lo que hace fundamental que los adultos transmitan valores y conductas de manera coherente”.

Entre tanto, “en la adolescencia, el lóbulo frontal del cerebro está más desarrollado y el joven ya cuenta con un pensamiento crítico, comienza entonces a cuestionar, a decir lo que siente, lo que piensa, a inclinarse por una u otra doctrina, entre otros, y es ahí cuando es indispensable abordar las cosas con amor y que el hogar sea un espacio seguro, en el que, a pesar de que exista un desacuerdo, no haya un castigo y él sienta que pueda expresarse libremente”, agrega.

Coparentalidad religiosa

Decidir qué tradiciones, rituales o educación religiosa seguirá el niño en los casos de padres divorciados o separados puede convertirse en todo un desafío; no obstante, también es una oportunidad valiosa para que los niños aprendan los valores de tolerancia, empatía y convivencia respetuosa.

Cuando los padres se divorcian, aclara la psicóloga clínica, “es esencial que ellos sean conscientes de que una cosa es su relación como pareja, que se transforma por estar separados, y, otra muy distinta, es su papel como padres, porque siempre lo van a ser, eso no va a cambiar. Por ende, es clave que trabajen en equipo manteniendo pautas de crianza similares y, con respecto a la religión, poniéndose de acuerdo en cuanto a qué es lo mejor para su hijo o hija teniendo en cuenta el significado que ellos le van a dar a esta. Y es que en ritos tradicionales de la religión católica, como es el bautizo, por ejemplo, el bebé no tiene la facultad ni la capacidad para opinar sobre este acontecimiento; no obstante, en casos como una primera comunión o la confirmación, ya la voz del niño cuenta”.

Ahora bien, ¿cómo pueden los padres separados llegar a un consenso?

Más allá de decidirse por una religión específica, el verdadero reto se encuentra en gestionar las diferencias manteniendo un ambiente de respeto, estabilidad y apertura que beneficie el desarrollo integral de los hijos.

¿Cuándo acudir a lo legal?

De acuerdo con la abogada especializada en derecho familiar y matrimonial Rebecca L. Palmer, en su artículo Cómo abordar los desacuerdos religiosos en los planes de crianza, publicado en la revista Attorney at law, “si la educación religiosa tiene gran importancia para uno o ambos padres, es fundamental incluirla en el plan de crianza compartida. Este plan puede definir las decisiones relativas al tipo de educación religiosa que recibirán los hijos, la asistencia a servicios y ceremonias religiosas, y las normas que se seguirán en el hogar de cada progenitor”.

Esto en el papel suena muy bien; sin embargo, la realidad puede resultar más compleja de lo que se espera. La principal dificultad reside en lograr un equilibrio que respete las creencias y aspiraciones de cada progenitor para el desarrollo espiritual de su hijo. La idea es que esto se logre bajo parámetros del respeto, pero, en ciertas circunstancias, habrá la necesidad de buscar la orientación de un mediador, el apoyo de un especialista o terapeuta familiar o, en casos extremos, la intervención de un abogado especializado en derecho familiar. Al respecto, Ramírez Santamaría expresa que: “Es importante que se busque un acompañamiento legal y psicológico porque en algunos casos a través de la religión se justifica la violencia que afecta la salud mental, el bienestar emocional, y los castigos severos, tanto físicos como psicológicos, utilizando la culpa para manipular. Por esto, la intervención temprana es un factor elemental, ya que incluso hay casos en los que el tema religioso se vuelve una obsesión al punto de llegar inclusive a la muerte”.

Más allá de decidirse por una religión específica, el verdadero reto se encuentra en gestionar las diferencias manteniendo un ambiente de respeto y apertura que beneficie el desarrollo integral de los hijos.

Rutina de cuidado diario de la piel de bebés y niños.

Resolviendo dudas sobre

la salud cardíaca del niño

Por: Luis Fernando Carvajal Kalil

Pediatra - Universidad de Antioquia

Cardiólogo infantil - Universidad Pontificia Bolivariana

Los problemas cardiovasculares en niños y adolescentes, a diferencia de los adultos, no constituyen una causa importante de enfermedad y muerte; sin embargo, los síntomas que pueden sugerir un problema de este tipo tienden a generar gran preocupación en los pacientes y en su entorno familiar; por esto, es conveniente conocer

cuándo ponerse alerta en caso de tener sospechas de un problema a nivel cardiovascular.

Para ello, abordaremos dos síntomas que son causas frecuentes de consulta: el dolor en el pecho y los desmayos. Además, miraremos algunos factores de riesgo para desarrollar enfermedad cardiovascular a los cuales se les debe prestar atención desde edades tempranas. Las respuestas a una serie de interrogantes les permitirá resolver las dudas que se presentan alrededor de los temas señalados. En lo que se refiere al dolor en el pecho, lo primero que hay

que destacar es que, en la gran mayoría de los casos, se trata de un cuadro benigno, que no genera un mayor riesgo para la salud de los pacientes en edad pediátrica.

Dolor en el pecho

¿Cuáles con las causas más frecuentes de dolor en el pecho en los niños y adolescentes?

Las causas más frecuentes son los problemas osteomusculares (secundarios a procesos inflamatorios a nivel de las articulaciones, entre las costillas, el esternón y la clavícula) e idiopáticos (casos donde no se logra identificar una causa) que corresponden a cuadros benignos. En su orden, le siguen problemas respiratorios, como asma e infecciones. También puede ser debido a molestias gastrointestinales, tales como gastritis o reflujo gástrico. Otra causa a tener en cuenta son los trastornos de ansiedad que se pueden manifestar de esa manera.

Los problemas cardiovasculares representan menos del 4% de las causas de dolor en el pecho y pueden ser secundarios a una inflamación del corazón (miocarditis) o del tejido que lo rodea (pericarditis), así como a arritmias o problemas de coagulación.

¿Cuáles son las características más comunes del dolor en el pecho que no deben generar preocupación?

Por lo general, se trata de episodios de dolor de corta duración, en reposo, que se empeoran con los movimientos y al respirar de manera profunda, además, el dolor se puede reproducir al tocarse el área afectada y no presenta otros síntomas asociados.

¿Cuándo se debe consultar?

Existen unos signos, síntomas y antecedentes que son de alarma y que deben alertar a los padres para recurrir a una consulta sobre sus hijos en caso de que presenten dolor en el pecho. Estos son:

Dolor con la actividad física.

Dolor asociado a fiebre, dificultad respiratoria, mareo, desmayo o palpitaciones.

Antecedente ya conocido de enfermedad cardíaca.

Antecedente de algún familiar cercano con problemas en el ritmo del corazón o que haya presentado muerte súbita.

¿Es necesario realizar algún examen o estudio?

En la gran mayoría de los casos no es necesario realizar pruebas complementarias. Solo se requerirán cuando se observen signos de alarma.

Los desmayos

Los desmayos, que en términos médicos se les denomina “síncopes”, si bien pueden generar mucha angustia en las familias, generalmente, se tratan solo de eventos benignos.

¿Qué es un desmayo?

Se define como una pérdida brusca, completa y transitoria de la conciencia y del tono muscular, de corta duración y con recuperación espontánea completa.

¿Por qué se produce un desmayo?

En gran medida se debe a episodios en donde no llega suficiente sangre al cerebro de forma transitoria asociado a una disminución de la presión arterial.

La principal causa de desmayo en los niños y adolescentes es el llamado “síncope vasovagal”, que puede ser desencadenado por una serie de estímulos, los cuales pueden ser físicos (cansancio, dolor, calor, cambios de posición, deshidratación) o psíquicos (angustia, ansiedad).

Los desmayos se presentan con mayor frecuencia en los adolescentes, que pueden cursar con un trastorno transitorio en la regulación de la presión arterial.

¿Cuándo consultar y cuáles son los signos de alarma?

La recomendación es que ante un primer evento de desmayo siempre se debe consultar para una evaluación médica. Los siguientes son signos de alarma y antecedentes que pueden sugerir la presencia de una enfermedad cardiovascular de base como causa del desmayo:

Asociado a actividad física.

Cuando es precedido de dolor en el pecho.

Antecedente conocido de arritmias o de muerte súbita en la familia.

Antecedente de enfermedad cardíaca (pacientes operados del corazón o que han sufrido enfermedades del corazón).

Asociado a palpitaciones.

¿Qué hacer si mi hijo se desmaya? ¿Cómo se tratan los desmayos?

Es muy importante tratar de reconocer los síntomas que se dan previos al desmayo para evitar que los niños se hagan daño al caer. Comúnmente presentan mareos, debilidad, sudoración, visión borrosa, zumbido en los oídos, y palidez. Se debe procurar ubicar a la persona en un lugar seguro para evitar traumas, sentarlo, acostarlo y, si es posible, elevarle un poco las piernas mientras recupera la conciencia.

El tratamiento de los desmayos dependerá de la causa que los origine; no obstante, hay una serie de recomendaciones que son útiles para la causa más común que mencionamos (síncope vasovagal):

Evitar los cambios bruscos de posición. No permanecer de pie durante mucho tiempo.

Mantenerse bien hidratado. Realizar actividad física de forma regular.

Descanso y alimentación adecuada. Por otro lado, los principales factores de riesgo cardiovascular en los niños y adolescentes que se deben tener en cuenta y cómo podrían modificarse algunos de ellos, son: Sobrepeso y obesidad.

Inactividad física o sedentarismo.

Niveles sanguíneos elevados de colesterol.

Presión arterial alta (hipertensión arterial).

Diabetes.

Tabaquismo.

Si se controlan estos factores de riesgo, se disminuye la probabilidad de desarrollar una enfermedad cardiovascular en la vida adulta; de ahí la importancia de intervenirlos a edades tempranas. Sin embargo, cabe destacar, que no todos los factores de riesgo son modificables. Nos concentraremos en lo que tiene que ver con la obesidad y el sedentarismo, ya que se han convertido en una epidemia a nivel mundial, con todas las consecuencias deletéreas para la salud que llevan consigo.

Cómo prevenir y tratar la obesidad

La obesidad y el sedentarismo van de la mano como factores de riesgo cardiovascular. La inactividad física favorece el desarrollo de sobrepeso y, por consiguiente, de obesidad, lo que, a su vez, incrementa la aparición de enfermedades que antes se consideraban casi exclusivas de los adultos, como, por ejemplo, la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial y el colesterol alto.

Los cambios en el estilo de vida, en lo referente a la alimentación y la actividad física, son esenciales para la prevención y tratamiento de la obesidad. Debe existir un equilibrio entre lo que el organismo consume y lo que gasta, y es ese equilibrio el que está alterado en los niños con obesidad. Por tanto, recomendaciones como disminuir el consumo de bebidas azucaradas y de golosinas, así como aumentar el consumo de frutas, verduras y agua, son fundamentales para lograr una alimentación balanceada y una buena salud cardiovascular.

Con los desarrollos tecnológicos cada vez más la población pediátrica se orienta hacia las actividades sedentarias (televisión, videojuegos, Internet, celulares), que limitan el tiempo que se debería utilizar en realizar algún tipo de actividad física. Es necesario que todos los niños lleven a cabo alguna clase de ejercicio, independientemente de si les gustan o no los deportes, y no es suficiente con las actividades de educación física que se practican en el colegio. Es un llamado de atención para tratar de modificar un grave problema que ya enfrentan los países desarrollados y que viene creciendo en forma alarmante en naciones como la nuestra, pues esto va a tener un gran impacto en la salud de nuestros niños y de la futura población adulta.

Los cambios en el estilo de vida, en lo referente a la alimentación y la actividad física, son esenciales para la prevención y tratamiento de la obesidad.

Lecturas recomendadas

Dolor en el pecho en niños, causas comunes y cuando preocuparse. Consultar en: healthychildren.org, problemas en salud, afecciones médicas, corazón. American Academy of Pediatrics.

Desmayos y síncopes. Consultar en: https://www.aeped.es/enfamilia, temas en salud. Asociación Española de Pediatría.

Suicidio:

lo que debe saber para prevenirlo

El suicidio es un problema de salud pública que afecta a personas de todas las edades y que, por lo tanto, requiere la atención de toda la sociedad.

Fases del proceso suicida

Ideación:

Pensamientos sobre el suicidio sin un plan concreto.

Planificación:

Consideración de métodos, momentos y lugares para llevarlo a cabo.

Intento:

Acción dirigida a terminar con la propia vida, independientemente del resultado.

Factores de riesgo en niños y adolescentes

Enfermedad mental:

Alrededor del 70% de los NNA* que intentaron o consumaron el suicidio tenían algún trastorno mental.

Factores socioeconómicos y culturales:

Falta de acceso a servicios de salud, limitaciones alimentarias y exposición a casos cercanos de suicidio.

Factores genéticos:

Presencia de antecedentes familiares de suicidio.

Factores interpersonales:

Débil red de apoyo familiar, baja socialización, rupturas afectivas y baja autoestima.

700.000

Cada año, cerca de Fuente: Organización Mundial de la Salud. personas mueren por suicidio en el mundo

Señales de alerta

Cambios drásticos en el comportamiento o la personalidad.

Aislamiento social o familiar. Expresiones de desesperanza o falta de propósito.

Hablar sobre querer morir o sentirse una carga para los demás.

Recomendaciones para la prevención

Fomentar la comunicación abierta:

Escuchar sin juzgar y brindar apoyo emocional.

Fortalecer las redes de apoyo: Involucrar a familiares, amigos, docentes y la comunidad en general.

Buscar ayuda profesional: Consultar a especialistas en salud mental ante cualquier señal de alerta.

Promover entornos seguros: Reducir el acceso a medios letales y crear ambientes de apoyo en escuelas y hogares.

*NNA: niños, niñas y adolescentes. La prevención del suicidio es una responsabilidad compartida que requiere la colaboración de todos. Estar atentos y actuar a tiempo puede salvar vidas.

Contenido y diseño: Sociedad Colombiana de Pediatría (2025).

Cuándo buscar ayuda y dónde La

de su hijo.

¿Ha notado un cambio reciente en la conducta de su hijo? ¿Le cuesta trabajo llevarse bien son sus amigos? ¿Está sacando malas calificaciones? ¿Esta nueva conducta está afectando a su familia?

Si estas cosas le preocupan, recuerde que el médico de su hijo puede ayudarle. Este podría sugerir que lo lleve a un especialista* en salud mental o en comportamiento. Entre estos especialistas figuran psiquiatras y psicólogos infantiles, trabajadores sociales, consejeros y expertos en desarrollo pediátrico y comportamiento. Ellos pueden ser de mucha ayuda al ofrecer la realización de evaluaciones, exámenes o tratamientos. Estos últimos pueden incluir consejerías, educación y prescripción de medicinas.

*El término especialista lo empleamos para referirnos a médicos y a otros profesionales de la salud.

Cuándo buscar ayuda

Hable con el médico de su hijo si este presenta uno o más de los siguientes signos o síntomas:

Deficiencia o demoras en el desarrollo del lenguaje.

Problemas al escuchar o de conducta. Dificultad para estarse quieto (hiperactividad).

Problemas de concentración. Problemas con amigos y otros niños. Es muy temperamental (parece estar siempre triste, irritable o de mal humor).

Dificultad para conciliar el sueño (no puede dormir bien o duerme demasiado).

Trastornos en la alimentación (come demasiado o muy poco).

Se preocupa demasiado o parece tener miedo a menudo.

Es muy tímido y esquiva a la gente. Puede volverse muy agresivo y violento(cambio súbito de conducta).

Parece tenerle miedo a la escuela o sus calificaciones bajan repentinamente.

Piensa en el suicidio.

Usa alcohol o drogas. Muestra pérdida de interés en las actividades usuales.

¿Quién está en riesgo?

Se dice que 1 de cada 10 niños y adolescentes tienen problemas serios de carácter emocional y de conducta. Muchos otros tienen síntomas que, de no tratarse, pueden conducir a problemas más graves.

En la mayoría de los casos, nadie es culpable de los problemas mentales o de conducta de un niño; sin embargo, ciertas situaciones, como las que indicamos a continuación, podrían aumentar el riesgo de que un niño presente estos problemas:

Una fuente de estrés familiar, como una mudanza, la pérdida del trabajo, el nacimiento de un bebé o la ausencia prolongada de un ser querido.

Una enfermedad o condición médica crónica (a largo plazo), ya sea en el niño o en otro miembro de la familia.

El dolor y pérdida a causa de una muerte, separación o divorcio de los padres.

Cuando uno de los padres vuelve a casarse y el niño adquiere una madrastra o padrastro.

El abuso físico o sexual, ya sea dentro o fuera de la familia.

Estar en un hogar de paso.

Problemas con el trabajo escolar o recibir una gran presión por parte de los compañeros (bullying).

Problemas de alcohol o drogas en la familia.

Si el doctor recomienda medicinas

En caso de necesitarse, las medi cinas deben ser parte de un plan de tratamiento que comprenda la educa ción y consejería para el niño y sus padres. Los niños que toman medi cinas deben ser vistos por el médico a menudo para verificar que el tra tamiento está siendo efectivo. Hable siempre con el médico y el especia lista de su hijo acerca de los riesgos y beneficios de cualquier tratamiento.

Dónde obtener ayuda

El médico de su hijo puede ayudarle a elegir el mejor tipo de atención para él. De igual forma, es crucial la participación y el apoyo de toda la familia. Existen muchos tipos de es pecialistas que ayudan a los niños y sus familias con problemas menta les y de conducta. Con su permiso,

el médico de su hijo puede coordinar la atención para cerciorarse de satisfacer las necesidades de él y de la familia. Es esencial que haya una comunicación clara entre todas las personas involucradas en el cuidado de la salud del niño.

Estos son algunos de los especialistas en salud mental y del comportamiento:

Psiquiatras de niños y adolescentes: son médicos entrenados para diagnosticar y brindar una gama completa de tratamientos para problemas emocionales y de conducta, así como para trastornos psiquiátricos. De ser necesario, están en la capacidad de recetar medicinas. Los psiquiatras de niños y adolescentes también cuentan con un adiestramiento adicional en el tratamiento de niños, adolescentes y familia. Psicólogos clínicos: son especialistas con la preparación para diagnosticar y hacer exámenes psicológicos. Están entrenados para tratar problemas de aprendizaje, de conducta y de carácter emocional, tales

Especialistas en medicina de adolescentes: son médicos con entrenamiento adicional en el cuidado de adolescentes y sus familias. Ayudan a las familias que tienen problemas comunes de la adolescencia, tales como los trastornos de déficit de atención con hiperactividad.

Neurólogos infantiles: son médicos con licencia para diagnosticar y tratar a niños con problemas del sistema nervioso. Ayudan a determinar si un niño tiene una condición cerebral que afecta su aprendizaje y conducta.

Especialistas en el abuso de alcohol y drogas: están entrenados para evaluar y tratar el abuso de alcohol y drogas en niños y adolescentes. Pueden ser psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales o consejeros con interés y adiestra

Cómo hablar con su hijo acerca de la terapia

Es posible que su hijo no quiera ver a otro doctor o consejero. Tal vez sienta temor, vergüenza o esté a la defensiva por sus problemas: “¡No es mi culpa!”, “¡no estoy loco!”. Por ello, es crucial hablar con su hijo antes de la primera visita al nuevo doctor o especialista en salud mental o de comportamiento. Si el médico de su hijo es quien lo refiere al especialista, hable de esto con el niño en el consultorio del doctor o más tarde en casa.

Es indispensable que su hijo no sienta que el problema solo es de él o que es su culpa. Coméntele que toda la familia lo apoyará y lo ayudará a mejorarse. A veces la consejería puede y debe comenzar con toda la familia presente, no tan solo con el niño. Esto puede ser particularmente útil si su hijo se resiste a esta. En cualquier caso, suele ser mejor hablar acerca de la cita como algo que va a ocurrir. Si le pregunta “si quiere ir”, tal vez piense que tiene la alternativa de negarse.

¿Cómo se trata la privacidad?

La ley protege su privacidad en torno a la salud mental, pero también le permite a su médico compartir información con otros profesionales que participan del tratamiento de su hijo y su familia. En algunos casos, usted deberá firmar formularios especiales autorizando la divulgación de esta, lo cual puede incluir expedientes del historial médico, familiar, escolar y social. Usted puede decidir si da o no dicha información.

Recuerde

Los padres y los pediatras desempeñan un papel clave en el cuidado de la salud mental de un niño. Es común que los padres y las familias sientan

Cuánta información necesita su hijo y cuándo compartirla depende de su edad y madurez. Un niño de corta edad necesitará muy poca información uno o dos días antes de su primera cita para reducir el “tiempo de ansiedad” por la espera. Por el contrario, su hijo adolescente podría necesitar más información. Hágale saber que usted está consciente de las batallas que tiene que librar y comente que la consejería le facilitará la vida. Por ejemplo, podrá llevarse mejor con sus amigos y compañeros de clase y sentirá menos estrés, temores y otros síntomas. Cerciórese de que sepa que el doctor o consejero entiende lo importante que es la privacidad y que hablarán de esto en la primera visita.

Dígale a su hijo que buscar ayuda es un gran signo de fortaleza. Esto muestra que la persona reconoce su derecho a sentirse mejor. Coméntele que los profesionales de salud mental y del comportamiento no resuelven problemas, sino que trabajan sobre las fortalezas de una persona, dándole el poder de manejar sus propios problemas.

que los problemas del niño son su falta. Muchas personas sienten temor o vergüenza cuando un niño necesita tratamiento de salud mental. Aunque estos sentimientos son normales, es importante que no se culpe por los problemas de su hijo. El médico del niño, junto con uno o más profesionales de la salud, pueden ayudarle a entender mejor el comportamiento de él. Pueden, a su vez, orientarlo a usted y a otros miembros de su familia en el proceso de superación.

Si usted está separado o divorciado del padre o madre de su hijo, es fundamental establecer un plan que incluya al otro padre en la evaluación y tratamiento de su hijo. Su pediatra le ayudará a decidir si el planear citas juntos o por separado, el compartir reportes o hacer llamadas telefónicas puede alcanzar un mejor fin. Es conveniente que siga manteniendo la comunicación con el médico de su hijo, así como también con el especialista que lo atiende.

No deberá usarse la información contenida en esta publicación a manera de sustitución del cuidado médico y consejo de su pediatra. Podría haber variaciones en el tratamiento, las cuales su pediatra podría recomendar, con base en los hechos y circunstancias individuales.

Los niños que fuimos Huellas de la infancia en Colombia ,

Es un libro, producto de una investigación patrocinada por el Banco de la República, que aporta elementos para la reflexión y análisis sobre el concepto de la infancia en Colombia, utilizando importantes acervos documentales y artísticos, además de objetos relacionados con la niñez y sus vivencias, que abarcan desde el periodo colonial de nuestra historia hasta el año de 1960.

Esta investigación y publicación estuvo a cargo de los historiadores Patricia Londoño Vega y Santiago Londoño Vélez. A continuación, compartimos con nuestros lectores algunas de sus afirmaciones que consideramos más relevantes:

• En la infancia colonial, la madre era responsable de la crianza del hijo hasta los tres años. Entre los 10 y 14 años, los niños entraban al mundo de los adultos, lo que significaba trabajar y, en algunos casos, estudiar. Los hijos estaban subordinados al padre hasta los 25 años, quien

sabía usted que: A propósito de

debía suministrarles alimento, vestido y vivienda; y, a cambio, le debían sumisión y respeto.

• Durante el siglo XIX, nueve conflictos armados de alcance nacional impusieron una militarización generalizada de la vida desde temprana edad. Los niños, especialmente los de procedencia rural, se vieron comprometidos en las guerras como integrantes de fuerzas regulares, como parte de las irregulares o como víctimas, desempeñando gran variedad de oficios. En algunas guerras existieron batallones conformados solo por niños. Cuando eran detenidos, sufrían los mismos castigos que los adultos: cárcel y torturas.

• El castigo se constituyó en uno de los medios para educar tanto en la escuela por parte del maestro como en la familia por parte del padre. Se utilizaba tanto el castigo físico mediante el uso de varas, fuetes o reglas de madera, como el castigo infamante que incluía el aislamiento del grupo o la utilización de letreros o gorros con señalamientos descalificadores.

*Fuente: Londoño V. Patricia y Londoño V. Santiago. Los niños que fuimos. Huellas de la infancia en Colombia. Banco de la República. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá. 2012.

• El siglo XX ha sido denominado “El siglo de la infancia” porque durante su discurrir se gestó el surgimiento de la infancia moderna, al cualificarse la valoración y su lugar en la sociedad. Los derechos del niño comenzaron a ser difundidos en un ambiente en el que tradicionalmente los menores solo tenían deberes. Empezó a considerarse la infancia como un periodo valioso de la vida y protegerla y conocerla se fue convirtiendo en un propósito nacional, tanto en lo público como en el ámbito privado, al reconocer esta etapa de la vida humana como determinante para el devenir exitoso del individuo y la sociedad.

Resurrección de

Ya no me acuerdo del olvido ni de la ausencia lastimando. Solo recuerdo tu silueta, dulce habitante del paisaje. Resurrección del cielo tuyo entre mis manos y la tarde. Ya no me acuerdo del olvido. Ando de sol con tu milagro.

Desde el amor todo regresa como los pájaros y el alba, resurrección, digo su nombre y lleno el aire de campanas. Porque el que nace a la ternura vence a la muerte cotidiana, abre las puertas de la vida y lleva un niño en la mirada.

Amor que vuelve, amor que espera. Amor que grita, amor que nace. Amor que crece.

Resurrección de la alegría, ¡estoy de fiesta con mi sangre!, porque el que nace a la ternura vence a la muerte cotidiana, abre las puertas de la vida y lleva un niño en la mirada.

Armando Tejada Gómez (poeta y letrista argentino)

Reflexiones:

“Madurar es perder algunas ilusiones para empezar a tener otras”.

Virginia Woolf

“La tecnología multiplica los medios, pero solo el humanismo define los fines”.

Francisco Rodríguez

“Es necesario que los chicos vuelvan a tener las rodillas peladas. Más calle y menos pantallas” . Gregorio Luri

Ilustraciones: Miqueloff

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