16 Ciudad CANCÚN.- De día puede ser una ama de casa, ayudar a sus hijos con sus tareas y realizar labores domésticas; es una mujer que trabaja para ayudar a la economía familiar, la esposa que todo hombre puede soñar. De noche, es una mujer “cualquiera”, como la tacha la sociedad. Desde hace 15 años, Sandra ejerce “el oficio más antiguo del mundo”, pero también prohibido. La prostitución fue una actividad que decidió ejercer para dejar su hogar. En este nuevo ambiente conoció a Evelyn y a Victoria, ésta última, al igual que Sandra, quiso independizarse, pero no para dar un paso en su vida, sino para escapar de la discriminación por ser un hombre que jamás pudo aceptarse como tal. Innumerables veces fue golpeada por sus padres; parte de las torturas que sufrió fue la realización de un exorcismo, para que fuera un niño “normal”. A la fecha, sigue recibiendo humillaciones; aunque todo lo vivido lo recuerda entre risas, pues finalmente es una mujer libre. Por las noches pueden ser la acompañante del mejor postor, el desfogue de un borracho que las busca sólo por placer, la escucha de un marido despechado; cuando no corren con tanta suerte, son la víctima de un uniformado que las somete a sus necesidades cuantas veces quiera, a cambio de no detenerlas. En los últimos 10 años, una nueva amenaza las ha obligado a alargar sus jornadas laborales y a doblegarse ante cualquier autoridad. Cuentan que las sexoservidoras, como cualquier persona, pueden ser víctimas de robo con violencia, lesiones, violaciones, acoso, violencia familiar, homicidio doloso, extorsión y trata de personas; la única diferencia es que no pueden denunciar, pues llegar a la Fiscalía General del Estado (FGE) y hacerse escuchar no es una opción. No pueden llegar y decir: “un cliente me robó lo que había ganado por otros servicios”; “el crimen organizado me está extorsionando, o un policía me ultrajó”, pues les dicen que “una puta, eso y más merece”, mencionó Evelyn. Sandra es madre de dos niños. Tiene 32 años de edad. A los 17, imitando a una vecina, de lo que no se arrepiente, aunque no es la vida que soñaba,
Cancún, Q. Roo, viernes 2 de junio del 2023
PROSTITUCIÓN
LA CRUDEZA QUE SE VIVE EN EL CARIBE MEXICANO Violencia familiar, robos, insultos, humillaciones, amenazas y discriminación, son parte de lo que enfrenta una trabajadora sexual
La prostitución es la práctica o negocio de mantener actividades sexuales con otras personas a cambio de dinero u otros beneficios económicos.
También se le llama trabajo sexual.
Hubo una temporada en la que los policías a cada rato nos molestaban y no nos dejaban trabajar; a veces nos quitaban el poco dinero que hacíamos...”
pudo hacerse de alguno s bienes materiales. “Regresando de la escuela me la pasaba en su casa. Me probaba sus zapatillas y un vestido. Recuerdo que me dijo ‘ay chamaca, ya estás lista para la putería’. Yo no era virgen, así que sabía de qué trataba y le dije ‘vamos’”, comentó. Señaló que no era la primera vez que cobraba por sexo, pues su primer novio, luego de pasar un rato con ella, no sabe si en agradecimiento o como un detalle, le dejó 200 pesos. Para ella, fue su primer cliente. Luego de trabajar en las “zonas rojas” de Cancún, donde comenzó a tener problemas con otras sexoservidoras, quienes intentaban acaparar a los clientes, viajó a Playa del Carmen, donde se
hizo de dos amigas, algo que dicen es casi imposible en ese ambiente, por la envidia que existe, como en cualquier trabajo. Ahí conoció también el lado inhumano de las autoridades y la pesadilla para todo aquel que genera ingresos. “Hubo una tempor ada en la que los policías nos molestaban a cada rato y no nos dejaban trabajar. A veces nos quitaban el poco dinero que hacíamos; y si era de esos días en los que no había cliente, nos subían a la patrulla porque con algo teníamos que pagar. Si eran tres o cuatro, con todos nos teníamos que acostar. Nos decían que era por nuestro bien, para evitar pagar una multa de hasta 2 mil 500 pesos por una falta administrativa. Si alguna de las muchachas les cae mal, acostumbran ‘sembrarle’ ma-
rihuana, por lo que además de quedar fichadas, se paga más. Imagínate, terminaba asqueada, encabronada y adolorida. Con los policías no me puedo portar como con los clientes y todo me tengo que dejar hacer. Ellos toman el control, me violan, me dejaban sin ganas de seguir trabajando”, recordó Sandra. Evelyn jamás pensó en ejercer otro oficio. A la fecha, no sabe leer ni escribir. Ser sexoservidora es algo normal en su familia. Es la mayor de seis hijos, por lo que a temprana edad le tocó hacer el rol de madre. Sólo sus hermanos tuvieron la oportunidad de cursar la primaria, porque nadie quiso sobresalir. Tres de sus her man as tam bié n ejer cen la pro stit uci ón y fueron quienes la jalaron a ese ambiente.
Es llamado de manera eufemística “el oficio más antiguo del mundo”.
Es ejercida mayoritariamente por mujeres.
Dijo que aunque los turistas pagan más por ellas, piden cosas muy extrañas e incómodas, y como no habla otro idioma, el taxista que contacta al cliente permanece con ellos en la habitación que rentan. Han llegado a someterla y está consciente que no puede denunciar. La amenazan con no llevarle clientes y como Sandra, ahora paga 15 mil pesos de “derecho de piso” y los “beneficios” que supuestamente le garantizan con esa extorsión, es “protección”, para que grupos antagónicos no las molesten, para que las autoridades no las acosen, ni los clientes abusen de ellas; sin embargo, saben de casos de mujeres “de la vida galante” que han sido ejecutadas, aun realizando estos pagos.