IV. Fundamento en la espiritualidad del Corazón de Jesús
1 El Camino del Corazón actualiza la devoción al Corazón de Jesús
2. Dimensión apostólica de la espiritualidad del Corazón de Jesús
3 Conclusiones
Anexos esquemáticos
PRÓLOGO
Cuando en mayo de 2020 la Red Mundial de Oración del Papa lanzaba la plataforma digital de "El Camino del Corazón", pocos podían imaginar la magnitud del viaje que estábamos por emprender. En aquellos días, mientras dábamos los últimos toques al diseño gráfico de los 11 libros en español, se gestaba algo más que una simple colección de textos: nacía una nueva etapa en el proceso de refundación de la obra
Este momento representó un punto de inflexión en la misión de dar a conocer la manera específica de vivir la Espiritualidad del Corazón de Jesús que tiene la Red de Oración: El Camino del Corazón La invitación a hacer esta experiencia espiritual se extendió como ondas en un estanque, alcanzando progresivamente a más y más personas, trascendiendo fronteras.
El equipo internacional se encontró entonces ante un doble desafío: por un lado, animar y coordinar propuestas formativas para que directores y coordinadores y equipos nacionales vivieran en primera persona este itinerario, para que ellos pudieran proponerlo en sus países; por otro, iniciar el delicado proceso de traducción y adaptación a otros idiomas Durante 2020 y 2021, fuimos testigos de cómo esta semilla comenzaba a germinar en diferentes terrenos. Las experiencias se multiplicaron: desde encuentros de un día hasta ciclos de 14 sesiones quincenales, tanto en línea como presenciales Personas de diversos países, principalmente de habla hispana, comenzaron a transitar este camino, a rezar con él, a encarnarlo en su vida cotidiana, dejándose transformar por el Señor en cada paso.
Como un pentecostés, las primeras traducciones al inglés, francés, portugués e italiano abrieron nuevos horizontes. Los retiros y talleres comenzaron también a florecer en estos idiomas, y pronto el camino se expresó también en japonés, filipino y otras lenguas, cada una aportando sus matices únicos a esta experiencia universal
El año 2022 marcó otro hito significativo con el lanzamiento de la primera formación para formadores en español. Esta iniciativa respondía a una necesidad creciente: dotar de herramientas a quienes sentían el llamado a compartir este camino con otros, preparándolos para ser facilitadores y acompañantes entrenados y sensibles.
Desde entonces hasta hoy, hemos sido testigos de un crecimiento sostenido, paso a paso, tanto en el número de personas que hacen la experiencia como en quienes se preparan para compartirla Los materiales se han ido adaptando y enriqueciendo en las experiencias propuestas, respondiendo a las necesidades específicas de cada contexto. Es precisamente esta relectura del proceso lo que nos ha llevado a confirmar la necesidad del libro que tienes ahora en tus manos.
Este Libro 12 nace de la experiencia viva de estos años. Surge de la necesidad de sistematizar lo aprendido, de organizar aquellos contenidos que han demostrado ser particularmente valiosos para una comprensión más profunda del camino No es un manual rígido, sino más bien un compañero de viaje, un "kit de herramientas" flexible y adaptable que puede utilizarse según las necesidades específicas de cada contexto y grupo.
A lo largo de sus capítulos, este libro teje una red de conexiones: con la historia de la devoción al Corazón de Jesús, con la tradición de la espiritualidad que nace de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio y con las experiencias prácticas de diversos equipos alrededor del mundo. Desde las referencias históricas hasta las ayudas metodológicas, cada sección ha sido pensada para apoyar y enriquecer la labor de quienes acompañan a otros en este camino espiritual.
El Capítulo Uno profundiza en el Camino del Corazón como un todo, explicando su sentido, su estructura y sus prácticas fundamentales
En el Capítulo Dos expone las dinámicas espirituales internas de cada paso del camino, incluyendo algunas pausas necesarias, y las conexiones entre ellas
El Capítulo Tres ofrece ayudas metodológicas a los acompañantes para facilitar la experiencia de El Camino del Corazón
El Capítulo Cuatro presenta una síntesis histórico espiritual de la conexión entre El Camino del Corazón y la tradición espiritual de la Red Mundial de Oración.
Al final encontrarás un apéndice de cuadros que ilustran la narrativa del libro
El contenido de este libro no pretende agotar las posibilidades de cada uno de los temas abordados, sino más bien despertar la inspiración y servir de apoyo a quienes deseen acompañar esta experiencia Cada persona que facilite y acompañe este camino está invitada a preparar una propuesta adaptada a la realidad concreta en la que actúa.
Asimismo, quienes deseen profundizar en alguno de los temas o enfoques tratados en estas páginas podrán hacerlo a través de los 11 libros publicados de El Camino del Corazón y los materiales elaborados durante el Proceso de Recreación de la Red Mundial de Oración del Papa, disponibles en línea.
Ofrecemos este material con la esperanza de que sea una ayuda valiosa para proponer El Camino del Corazón, inspirando y facilitando la misión de compartirlo y acompañar a nuevos caminantes. Y nos atrevemos a soñar que, en un futuro no muy lejano, estas páginas se enriquecerán con nuevas propuestas y frutos, cosechados de las experiencias de quienes llevan este itinerario a diversos contextos, adaptándolo creativamente a las circunstancias de personas, tiempos y lugares.
El Camino del Corazón es, después de todo, un camino vivo, en constante diálogo con la realidad de nuestro tiempo, cada vez que se vive, cada vez que se ofrece... cada vez que una persona o un grupo lo vive. Que este libro sea una luz que ilumine tu sendero mientras acompañas a otros en esta hermosa aventura espiritual
Buen camino...
Cristóbal Fones, SJ Director Internacional
1. El Camino del Corazón como misión de compasión por el mundo
El Camino del Corazón es un proceso mistagógico1 y catequético que estructura una experiencia espiritual. Es un camino de encuentro con Cristo que invita a una amistad personal y profunda con Él para colaborar en su misión de compasión por el mundo Ayuda a sintonizar nuestro corazón con el Corazón de Cristo, a cultivar sentimientos y actitudes más parecidos a los de Él, y a partir de ese encuentro transformador entrar en Su misión de compasión.
El Camino del Corazón actualiza la devoción al Corazón de Cristo desde una perspectiva apostólica y presenta de manera coherente el tesoro del Apostolado de la Oración a la luz de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola.
La espiritualidad del Corazón de Jesús es el fundamento espiritual de nuestra misión, y El Camino del Corazón es nuestra manera específica de vivirla, por eso es el itinerario de formación de la Red Mundial de Oración del Papa
El Camino del Corazón ayuda a percibir los desafíos del mundo con los ojos de Jesucristo, para movilizarse cada mes, en la docilidad al Espíritu Santo, mediante la oración y el servicio, por los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia.
1 Mistagogía, del griego mystagogía, significa el acto de introducir a alguien en el misterio de la fe de forma experiencial, es decir, mediante un recorrido que involucra tanto la razón y la imaginación como los sentidos y el afecto
Este programa de formación nos ayuda a entrar en la vida y misión de la misión de la Red Mundial de Oración del Papa. Es el fruto de una decena de años de trabajo en equipo internacional, de maduración en la oración y de diversas experiencias en el marco de retiros espirituales Es ante todo una experiencia espiritual que se vive personalmente y con otros en una dinámica de un retiro espiritual cerrado o en la vida corriente, a modo de talleres, jornadas, en línea o presencialmente.
Los Estatutos de la Red Mundial de Oración del Papa dicen en su artículo 4 que a través de El Camino del Corazón «la vocación misionera del bautizado se despierta, permitiéndole colaborar en su vida cotidiana con la misión que el Padre confió a su Hijo ( )» Y luego continúa: «El Camino del Corazón, este itinerario espiritual estructurado de manera pedagógica, apunta a una identificación con el pensamiento, la voluntad y los proyectos de Jesús. Así, el bautizado se pone en condiciones de acoger y servir al Reino de Dios, motivado por la compasión según el estilo del Hijo de Dios Este camino lo hace disponible para la misión de la Iglesia.» (Art. 5)
2. Presentación general de su estructura
El Camino del Corazón es un proceso, una secuencia concatenada de distintos momentos y elementos que lo conforman como un todo. No es una sucesión de charlas de espiritualidad; tampoco es un conjunto de experiencias aisladas sobre espiritualidad Es un itinerario espiritual
Está estructurado en una secuencia de nueve etapas, presentadas de manera articulada, secuenciada y coherente. Una etapa supone la anterior y abre a la siguiente Estas nueve etapas encuentran correspondencia también, en la tradición de los primeros nueve viernes del mes, en la Espiritualidad del Corazón de Jesús, que se entendía como camino transformador de amistad con el Señor a través de la comunión sacramental y la oración.
Nueve meses, nueve etapas, nueve pasos Nueve como número de la plenitud, completitud o totalidad. Proceso como secuencia transformativa, de crecimiento y maduración, para dar a luz vida nueva. Invita a vivir un itinerario hacia un nuevo nacimiento, a una nueva vida lo más cercana posible del Corazón de Jesús; a su estilo, a sus sentimientos, a su manera de proceder El Camino del Corazón ayuda a nacer a la vida del Espíritu.
Las 9 etapas del Camino del Corazón las llamamos "pasos" porque se trata de un camino a recorrer. En relación con la experiencia de “camino” diremos por ahora que, aunque tiene un sentido de marcha general hacia “adelante”, no es una experiencia lineal Podemos decir que es más semejante a un proceso “helicoidal”, como las hélices de un helicóptero o la forma de un resorte puesto en sentido horizontal. Parece que marcha hacia atrás, pero en el movimiento helicoidal hacia atrás, luego continúa la marcha hacia adelante
También ayuda pensar la marcha del proceso como una escalera caracol, que dibuja el mismo movimiento helicoidal, pero en este caso sería de forma vertical El caminante va ganando en “profundidad” o en “altura”, pasando por los mismos lugares, tal que podría percibir que el “paisaje del camino” es idéntico, aunque diferente, pues pasa por el mismo lugar, pero con profundidades o alturas diferentes.
Esto también nos introduce en la idea de “repetición”. Es decir, la propuesta de este proceso lleva en sí la experiencia de “la repetición”, semejante a la dinámica de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. Es decir, se vuelve sobre dinámicas, temas, frutos que, si bien en apariencia serían los mismos, en esencia no lo serán, pues al tratarse de una experiencia, siempre, siempre aportará una novedad. El caminante, aunque “pase” por el mismo tema, él ya no será el mismo, pues el camino mismo transforma. Esto hará que la experiencia resulte diferente, pues la acogerá también de manera diferente
3. Pasos – Tríadas – Pausas
Tal como ya dijimos, el camino está desplegado en pasos, cada uno de los cuales posee una dinámica interna propia. Podríamos decir que cada paso abre y cierra sobre sí mismo, y sin embargo, al mismo tiempo su cierre abre camino al paso siguiente
Los pasos 1, 2 y 3 forman la primera tríada. Los pasos 4, 5 y 6 forman la segunda tríada. Los pasos 7, 8 y 9 forman la tercera tríada. Al cierre de cada tríada hay una pausa, que también puede entenderse como un “puente” entre la tríada que cierra y la que comienza Cada tríada, también, tiene una
dinámica espiritual propia y su cierre permite abrir la dinámica de la tríada siguiente.
Quien da y acompaña la experiencia de El Camino del Corazón ha de tener muy en cuenta la estructura y la organización de todo el recorrido, pues funciona como un mapa de ruta para diseñar y proponer el itinerario espiritual. Sin embargo, mirando desde la perspectiva de quien hace el camino, la dinámica interna, la secuencia y la concatenación de etapas, se vive, pero no se piensa. No se trata de un saber intelectual. Los caminantes no la conocen a priori, ni tienen necesariamente que conocerla. Sólo la viven, hacen la experiencia y poco a poco, según convenga, van conociendo la estructura como fruto de las “objetivaciones o devoluciones” que hace el que da y acompaña el proceso.
Quien da y acompaña El Camino del Corazón no sólo debe conocer con “la cabeza” la experiencia, como resultado de un proceso intelectivo, sino especialmente debe haber hecho una experiencia personal del camino. Pues en la vida espiritual comunicamos una experiencia, la del encuentro con Cristo resucitado.
4. Prácticas fundantes del Camino del Corazón
El Camino del Corazón como itinerario de encuentro con el Señor se apoya en dos prácticas fundantes: la oración a la luz de la Palabra de Dios y la relectura o examen espiritual.
Escuchar al Señor y permanecer en su Palabra, es el fundamento del Camino del Corazón A lo largo de los nueve pasos de El Camino del Corazón, los caminantes están invitados a convertirse en amigos de Jesús, a escucharlo, a verlo actuar, a estar con él durante el día y a velar junto a él durante la noche, hasta conocer su Corazón y decidirse por Él Solo el Evangelio revela quién es Jesucristo, por eso el caminante es invitado a meditar y contemplar la Palabra. El Evangelio es Jesús mismo.
Además de la meditación y la contemplación de las Sagradas Escrituras, El Camino del Corazón invita cada día a practicar la relectura espiritual, también
llamada Examen, que es una manera de reconocer la presencia del Señor en la vida cotidiana. La relectura espiritual diaria ayuda al caminante a ajustar su corazón al Corazón del Señor, reconociendo su presencia en lo que vive cada día, estando a la escucha de la voz del Señor en los acontecimientos Es la práctica que ayuda a los caminantes a distinguir y elegir los caminos que abren a la vida, y a rechazar los que cierran y llevan por caminos de muerte. Porque este itinerario es también un camino de combate espiritual, que en su dinámica global propone conocer y practicar la dinámica del discernimiento para evitar las trampas del enemigo y acoger la propuesta de Vida que hace el Señor, dejándose transformar desde el corazón. La práctica de la relectura espiritual es la base del discernimiento espiritual, para que el caminante se deje conducir por el Espíritu del Señor y elija según el Corazón de Jesús, en las pequeñas y grandes decisiones de cada día.
La oración a la luz del Evangelio y la praxis de la relectura espiritual decimos que son fundantes al menos en dos sentidos:
En primer lugar, ambos elementos se han de presentar y proponer al inicio del camino como prácticas propias de este itinerario, presentando su metodología y sentido Los caminantes han de vivir la experiencia de orar con la Palabra y practicar la relectura espiritual para poder ponerse en disposición y movimiento.
En segundo lugar, estos dos elementos atraviesan la totalidad de la experiencia, lo que significa que en cada paso se encuentran presentes Quien da El Camino del Corazón debe proponerlas permanentemente a los caminantes. Tan es así que, los nueve pasos sugieren diversas prácticas de relectura al final de cada libro, así como textos bíblicos particularmente luminosos para cada etapa La Palabra ilumina y da fundamento a cada uno de los pasos y la relectura espiritual es la base para la práctica del discernimiento espiritual. Por esto es fundamental que los caminantes oren con la Palabra y practiquen la relectura espiritual en la experiencia de cada paso
Encarnar estas dos prácticas fundantes no es un fin en sí mismo, sino un medio para el fortalecimiento de la vida espiritual de las personas, más allá de los límites de este itinerario espiritual Aprender a releer la vida y conocer al Señor en los Evangelios son como pilares de la vida espiritual del discípulo que decide seguir a Cristo porque ayuda a conocerlo y familiarizarse con Él
en su itinerario vital y, a partir de esa experiencia vital, a reconocerlo en la vida cotidiana. La experiencia de encuentro con Jesús Resucitado en la Palabra (orar a la luz de la Palabra) hace eco y habla en la vida cotidiana del discípulo (relectura espiritual)
5. Pasos de la oración con la Palabra
Hay muchos modos de orar con la Palabra de Dios La lectio divina es una tradición antigua de la Iglesia y diversos modelos podrán ayudar a sacar provecho espiritual. Aquí proponemos unos consejos inspirados en la experiencia de san Ignacio de Loyola. Sólo son indicaciones para disponerse al encuentro del Señor A cada uno le toca ver, a la luz de su experiencia, lo que le ayuda o no. Hay que ir ayudando a encontrar lo que le conviene más al caminante.
Disponer el cuerpo y el corazón Es decir, cuidar el tiempo que se dedicará para la oración, preguntándose cuál es el mejor momento del día que permite algunas condiciones mínimas de concentración. Fijar previamente una duración que sea razonable con lo que se busca y desea; no se trata de crear una hazaña que se vuelva insostenible Pensar el lugar más adecuado para el recogimiento.
Antesala de la oración. El caminante puede comenzar su oración leyendo lentamente el texto que va a meditar, recordándolo y preparándose Luego, busca una posición corporal que lo ancle al presente, consciente de cómo esta influye en su interioridad. Se presenta al Señor con calma, quizá haciendo el signo de la cruz, y entra en el silencio del corazón, no con esfuerzo, sino acogiendo ese silencio que despierta la presencia divina Pide al Señor estar plenamente orientado hacia Él, imagina el lugar de la escena evangélica y formula una petición de gracia según lo que desea vivir en su relación con Dios. Sin apresurarse, permanece en aquello que le concede gusto espiritual, dejando que el encuentro con el Señor guíe su oración
Meditación. Luego comienza la meditación recordando el texto de la Escritura, una historia que no proviene de él, sino que le es dada. Busca captar el significado de este relato, no para adquirir conocimiento, sino para descubrir cómo participa en esa historia y cómo esta habla de su propia vida Permite que lo meditado resuene en su interior, tocando su corazón más que
su intelecto. Estos momentos no se separan rígidamente, pues el objetivo no es acumular sabiduría, sino abrirse a una transformación interior que le permita mirar su vida con nuevos ojos
Salida. Al finalizar el tiempo de meditación, se dedica un momento para hablar con el Señor como un amigo habla con otro, compartiendo lo que la meditación ha puesto en su corazón. Este diálogo surge tras haberse tomado tiempo para escuchar, y puede concluir con las palabras de Jesús: “Padre nuestro”. Luego, durante unos minutos, repasa lo vivido: observa cómo realizó la meditación (lugar, duración, postura) y si las indicaciones le ayudaron a hacerse presente ante el Señor o si se precipitó al texto. Reflexiona sobre lo experimentado, preguntándose si recibió lo que pidió o si su deseo cambió, y qué descubrió sobre sí mismo, el mundo y Dios. Finalmente, toma nota de su estado interior alegría, paz, vacío, etc. para reconocer cómo el Espíritu del Señor lo guía día a día.
6. Pasos de la relectura espiritual
La relectura espiritual es ante todo un espacio de oración con el Señor. Hay tres tiempos que ayudan a entrar en el “abc” del discernimiento: agradecer, constatar, elegir el mañana.
Agradecer. Es el fruto en relación con el fundamento de todo el Camino del Corazón Agradecer humaniza, ordena la vida interior, afectiva, orienta el corazón del caminante hacia la vida
Constatar. Algunas personas tienen la tendencia, en el examen del día, a hacer una lista de pecados o errores, como si fuera una inquisición interior No es la actitud que pide la relectura y verdadero sentido del examen espiritual. Ella busca constatar el pecado, la fragilidad, lo que separa del Amor: aquello que conduce a la muerte. No para despertar el juicio del caminante, sino para aprender de su propia experiencia lo que es obstáculo a la Vida y aleja de Cristo También para tomar conciencia de lo que producen actos, palabras y decisiones desordenadas de modo que, en base a esta constatación y desde un sincero arrepentimiento, pueda aprender a elegir la vida
Elegir el mañana. Con esta experiencia que hace el caminante, es invitado por el Espíritu a rechazar lo que es muerte en su vida, separación del Señor y de los hermanos, acogiendo lo que le abre a la vida que Dios le ofrece Esta relectura conduce en la vida cotidiana a una verdadera “guarda del corazón”, según la enseñanza de la tradición monástica.
Dinámica general de la experiencia
Los tres primeros pasos son claves en este proceso de El Camino del Corazón en el que el caminante se va abriendo cada vez con más libertad a una llamada gratuita por amor y se irá haciendo disponible para responder a esa invitación.
Para llegar a que se despierte la disponibilidad, que es base de la respuesta a ese encuentro de amor, hace falta un proceso que se da en el tiempo, es decir, es necesario un recorrido que haga posible el encuentro, la llamada y la respuesta.
Aun cuando sabemos que todo lo que es vida nace del amor y apunta al amor, existimos en un mundo roto, un mundo donde ese amor que funda todo a veces no es fácil de reconocer y descubrir. Y en medio de ese mundo roto no siempre es fácil escuchar el llamado a la amistad y, la apertura a la respuesta encuentra obstáculos.
Por eso, este recorrido comienza por el reconocimiento de la existencia de ese amor que todo lo sostiene, y cómo encuentra una frágil acogida en el corazón de cada uno y en la dinámica del mundo. El caminante va a recorrer en los tres primeros pasos la dinámica del amor en la que se funda su vida, haciendo la experiencia de la tensión entre la gratuidad del Amor infinito, las búsquedas inquietas de su corazón y la existencia en un mundo roto
Paso Uno
El primer paso en El Camino del Corazón, “En el principio el Amor”, será una oportunidad para que el caminante se adentre en el corazón de Dios, para fundar su experiencia espiritual en su Amor y no en sus santos propósitos o las expectativas que pueda tener de “obedecer” el plan divino Hay muchas falsas imágenes de Dios que no se han cristianizado. Por eso es clave que toda la experiencia arranque por fundarse en el Amor. La dinámica del Paso Uno trata del reconocimiento de un amor concreto, real, vivido, que el caminante pueda palpar en su propia historia personal La conexión con el amor concreto del Señor reconocido en la propia historia personal, en lo que el caminante vive, hace brotar el milagro de la confianza amorosa en su voluntad, que se expresa como gratitud. Esta experiencia puede transformarlo todo
Este primer paso y piedra angular de este camino invita al caminante a "reconocer" cómo el amor es una fuerza concreta y palpable en su vida. No es teórico ni genérico, sino personal, con nombres y apellidos propios El amor se concreta en personas reales que están presentes en la vida, en rostros, en acontecimientos que sucedieron en lugares y momentos precisos con personas que el caminante ha de poder identificar y nombrar.
Este paso no “habla” sobre el amor, tampoco invita a una dinámica que “explique” qué es el amor. El núcleo de este paso es que el caminante pueda reconocer a través de experiencias, personas, acontecimientos, situaciones, encuentros reales y concretos en su vida, que el amor ha configurado su existencia, no sólo le ha dado ser, sino que lo sostiene y lo hace crecer Y reconociendo ese amor se sienta invitado a agradecer.
El paso inicial es crucial, ya que marca el comienzo del camino y la base de la primera tríada. Donde todo se funda. Es esencial que las personas tengan una experiencia concreta de reconocimiento del amor en sus vidas para avanzar a los siguientes pasos Sin esta experiencia, el camino se vuelve frágil y carece de una base sólida.
Paso Dos
El segundo paso en El Camino del Corazón, “El corazón humano inquieto y necesitado”, será una oportunidad para ayudar al caminante para entrar en su propio corazón, desde su experiencia personal, con sus luces, pero también con sus sombras y sus heridas, con su pecado y su miseria, habiendo ya gustado y sentido el amor que lo precede (el Corazón de Dios). Luego de haber experimentado el primer paso, se impone naturalmente el hecho que, ante tanto amor, la pobre respuesta propia se vuelva evidente. La experiencia de todos es que vivimos en un mundo fundado por el amor, pero en que los vínculos libres que generamos lo amenazan, lo cuestionan, lo niegan o lo edulcoran para así poder manipularlo.
En este momento del camino ayudamos al caminante a mirar las tensiones de su corazón, los deseos de amar y corresponder, pero la fragilidad en la respuesta a tanto amor. El paso dos invita a mirar el pecado desde una perspectiva sana, liberadora, que pone el foco en la responsabilidad por el don de nuestra libertad en relación al amor
Aquí, el que acompaña comienza a ayudar al caminante a conocer mejor las primeras reglas de discernimiento, partiendo de la experiencia del caminante Las reglas de discernimiento2 serán luces para iluminar la experiencia Para que el corazón se ajuste al Corazón de Jesús, es necesario descubrir mejor lo que es la vida interior, las alternancias entre consolación y desolación, y saber interpretarla. No hay discernimiento posible sin atención a la propia vida afectiva, es decir, a la dimensión relacional que todo ser humano encarna, consigo mismo, con Dios y con todo lo creado distinto de sí mismo.
Quien hace la experiencia va aprendiendo a reconocer que la vida interior es combate espiritual entre dinámicas que nos abren a la vida y otras que nos cierran a ella, llevándonos por caminos de muerte El acompañante ayuda a percibir cómo lo que vive, los encuentros, los eventos, afectan y generan movimientos internos, mociones. Despertarse a la propia vida interior es el primer paso en la vida espiritual, es decir, la vida según el Espíritu Santo.
2 Libro de Ejercicios Espirituales de San Ignacio a partir del nº 313 hasta el nº 336. Conviene conocer estas reglas en su sentido y aplicación.
Paso Tres
El paso tres de El Camino del Corazón, “En un mundo descorazonado”, invita al caminante a entrar en el corazón de la humanidad, para conectar con su dolorosa búsqueda en medio de un mundo roto, lleno de contradicciones que se tejen muchas veces entre sus esperanzas y sus elecciones, alentándole en esta misión de compasión hacia una apertura más consciente y solidaria, hacia un amor activo al estilo de Jesús desde el corazón de la Trinidad.
El paso tres invita no sólo a contemplar el mundo desde la perspectiva de su dinamismo de vida y muerte, sino también a que el propio caminante reconozca cómo se posiciona y toma decisiones en respuesta a esta dinámica Es un paso de cierre, que lleva con su propia dinámica interior, a la conclusión de la primera etapa del camino.
Este bloque de tres pasos podría describirse como dinamismo del amor Creador, que brota del Corazón del Padre Durante este primer bloque, el caminante experimenta la tensión entre el amor que lo precede y también el reconocimiento de su fragilidad para responder a él, siendo testigo de las consecuencias del amor y de su dinamismo de Vida y Muerte en su corazón y su reflejo en el mundo
Cierre de tríada - La Primera Pausa
Tres palabras importantes que conviene tener en cuenta al cerrar la primera tríada, sin avanzar aún a la segunda (que inicia con el paso 4), para ayudar a las personas que acompañamos a profundizar en el recorrido hecho: detenerse, silencio, intermedio
Metodológicamente conviene tomar un momento para detener la marcha del proceso y mirar para atrás La imagen del puente en el camino ayuda a graficar este momento Un lugar al que “subimos” tomando cierta distancia, observando el camino recorrido para volver a pasar por el corazón, profundizar las experiencias, tomar un descanso, hacer pausa. Y luego así mirar esperanzados hacia adelante para avanzar hacia el paso 4
Al mirar hacia atrás y recoger lo transitado, las personas también reconocerán que hay cosas que pasaron por alto y que ahora pueden reconocer; otras que habían considerado más rápidamente y que en esta pausa encuentran tiempo para detenerse en ellas Tiene que proponerse un tiempo claro de pausa para recapitular todo el camino hecho hasta aquí.
El cierre de tríada es también un cierre de la dinámica propuesta en el camino que, hasta el momento, ha estado centrada en la experiencia personal del Amor creador del Padre, el modo en el que las personas acogemos y desplegamos ese amor en el mundo, y la fragilidad de los vínculos entre nosotros y con la Creación.
Paso Cuatro
El Paso Cuatro de El Camino del Corazón, “El Padre envía a su Hijo para salvar”, es el inicio de la segunda tríada. En este paso el que acompaña debe lograr percibir que quien vive El Camino del Corazón ha tenido la experiencia de ser salvado por Cristo, o al menos alguna experiencia que pueda recordar y que impacta y asombra hoy su corazón, reconociendo en ella que Cristo le ha salvado.
El caminante se va acercando en esta nueva tríada, de una manera delicada y consistente al centro del encuentro con Jesús, que lo llama por su propio nombre para “estar con Él y ser enviado” a compartir su misión de liberación (Mc 3, 13-15), de compasión y servicio ante el sufrimiento humano
Y para quien se abre a esa verdad ayudado de su gracia, se le concede pasar de una conciencia de la vida rota a una verdadera experiencia de la salvación (Cfr Dinámica interna paso 4) Así, la meditación de la kenosis o “abajamiento” de Jesús (Cfr Flp 2, 5-11), en cuanto no se aferra a su condición divina haciéndose servidor y último entre los hombres, está en la columna vertebral del paso cuarto, porque ayuda al caminante a entrar en la dinámica propia del Corazón de Dios, contemplando el modo como Jesús entiende el poder: no como una auto afirmación de superioridad, sino como una auto donación de sí mismo que trae salvación.
La idea es ayudar a percibir desde el inicio que Jesús no viene a condenar, sino a salvar Este paso busca que el caminante se sienta salvado, sostenido, vuelto al camino por Jesús, invitándolo a meditar y contemplar a Jesús en el
Evangelio, a percibir sus modos y la manera que tiene que acercarse a quienes sufren necesidad.
Aquí también presentamos al caminante la meditación del Evangelio, al modo como está propuesto en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, invitando a orar con las potencias del alma (memoria, entendimiento y voluntad), orientadas al encuentro y la relación personal con Jesús que pone de pie a la persona, la pone en camino, y le permite escuchar Su llamada.
Paso Cinco
En el Paso Cinco de El Camino del Corazón, “Nos llama sus amigos”, el caminante profundiza en un camino que, desde un primer encuentro con Cristo que nos salva, le lleva a pasar hacia una relación aún más fuerte de amistad La invitación es seguir aprendiendo de su estilo, desde cómo nace hasta cómo conversa, cómo se relaciona con los demás, por qué llora, se ríe, sueña, ama. Siempre teniendo de base los Evangelios.
Es del todo recomendable que en este paso se haga una seria invitación a leer un Evangelio completo. La sugerencia es que sea el de Marcos, por dos razones. La primera es porque, aunque comienza con el relato del bautismo y a diferencia de Lucas y Mateo no presenta una narrativa de lo que se conoce como la “vida oculta” de Jesús, es por otro lado el más breve y fácil de leer La segunda es porque al ser el más antiguo, se trata de una narrativa más directamente conectada con los relatos de los “dichos y obras de Jesús” que corrían entre las primeras comunidades (lo que se conoce como la “Fuente Q”), sin tantos añadidos interpretativos de la teología que se fueron creando luego en torno a ellos en confrontación con la experiencia de la comunidad Jesús aparece, por decir así, más “crudo” o de forma más directa en sus emociones, que se palpan más fácilmente (ternura, rabia, cansancio, alegría, etc) En este paso el caminante entra más profundamente en un conocimiento espiritual interior del hombre Jesús, un conocimiento profundo de Aquél que “se ha hecho hombre”: Jesús el Señor.
El foco de El camino del Corazón se va dibujando cada vez más como un camino de disponibilidad apostólica. No solamente de intimidad en la relación con el Señor, sino como una decisión de amor que exige determinación, seguimiento En este paso el caminante se abre a la contemplación, a la manera de los Ejercicios Espirituales. Contemplarlo como si estuviera presente al lado de Jesús, escuchándolo y mirándolo actuar, hasta llegar a escuchar su voz que llama y así, determinarse por Él.
En este paso es clave poner más atención al vínculo con Jesús que a los grandes proyectos que quiera realizar el caminante. Habrá tiempo más adelante de rezar y concretar la misión propia (el colegio, la obra social, el gobierno, la pastoral ), pero el que acompaña el camino tiene que ayudar a detenerse en lo que es primero: Quién es el que envía, la persona misma de Jesús, su Corazón. Muchas veces habrá la tentación de entender el llamado primeramente como una tarea, no como una relación. Hay que corregir esta desviación del camino La tarea no es lo central sino “escuchar el llamado a una relación personal de amistad y responder aceptando esa amistad”.
La experiencia se despliega en una comprensión de que Jesús invita al caminante a formar parte del proyecto del Padre, y no quiere hacerlo solo, sino junto a nosotros Nos toca animarlo libremente a aceptar esa invitación, a dejarse llamar por Cristo para estar con Él y ser enviado. Al acompañar este paso, es importante prestar atención a la dinámica interior de la persona y cómo ayudarla a crecer en su deseo de estar con Jesús y entusiasmarse más con su misión Este paso debería encender un sentido de determinación y entusiasmo por la misión de Jesús y animar a las personas a tomar la firme decisión de seguirle.
Paso Seis
El Paso Seis, “Habitados por Cristo”, conduce al caminante a entrar en mayor profundidad aún en la relación personal con Jesucristo, el Resucitado Así, la mayor profundidad en la relación con el Señor dispondrá “el oído y el corazón” de la persona para escuchar su voz entre tantas voces. Es el último paso de la segunda tríada, el punto de mayor profundidad en la dinámica interna de este camino donde somos conducidos a permanecer en la contemplación del Señor, profundizando en el conocimiento interno de su persona, aprendiendo de su estilo, de su manera de vivir, de sus decisiones. Se propone al caminante estar y permanecer con todos los sentidos puestos en el Señor, aprendiendo de Él, afianzando el vínculo, dejándose impregnar por su manera de proceder. Es, por decir así, un estar “de corazón a corazón”.
Como sucede a quienes que se aman y permanecen juntos, las palabras se reducen, y suele ser un paso más “silencioso”, donde el camino se afirma y la experiencia echa raíces Se trata de un tiempo más profundo e íntimo con el Señor. En este sentido, la propuesta general del paso es continuar orando con la Palabra de Dios, profundizando en el discernimiento de espíritus para ser dóciles a la voz del Espíritu Santo, y creciendo en intimidad y familiaridad con el Corazón de Cristo
Este paso es cierre de la segunda tríada y hace entrar en la siguiente y última sección del camino Es un como un paso-bisagra; importante porque en él se juega el amor personal y profundo con Jesucristo Lo que compete a quien acompaña es favorecer este encuentro, siendo discretos en el diseño de la propuesta, no incluyendo actividades o dinámicas que dispersen al
caminante, sino más bien procurando que la oración se simplifique, se silencie, se abra a la contemplación del Señor para dejarse encontrar por Él. El caminante podría percibir, en este momento que vuelve a experiencias previas, pero pasando por ellas de manera diferente, en profundidad (como en una experiencia helicoidal).
Cierre de tríada – La Segunda Pausa
Nuevamente en el Camino del Corazón es tiempo de hacer una pausa, un alto para volver a pasar por el corazón la dinámica de conjunto vivida en este segundo bloque del camino. Un puente para mirar, descansar y recomenzar.
Para entrar en el sentido de esta segunda pausa conviene detenernos y considerar ¿cuál ha sido la experiencia espiritual vivida en esta segunda tríada? Desde el paso cuatro al seis el caminante recorre un camino que va cada vez en mayor profundidad y cercanía con Jesús, pidiendo y deseando la familiaridad con el Señor, el conocimiento de su manera de ser y actuar La persona que vive este itinerario no puede entrar en el paso siete mientras no haya vivido en profundidad esta dinámica.
Sólo a partir de este encuentro personal, desde el corazón transformado, nace el deseo de seguir a Jesucristo, según su estilo, y de ponerse al servicio de su misión de compasión ofreciendo la vida junto a Él. Sólo así el camino que se abre en la tercera tríada y que pone al caminante “en salida y regreso” a su realidad será realmente el altar de su entrega, donde se encarne su misión como experiencia de amor por el Señor y los hermanos
Si la dinámica interna de la segunda triada ha sido débil, si ese encuentro con el Señor no se verifica, conviene no avanzar, esperar, dar tiempo y repetir los momentos que convenga para favorecer la experiencia De lo contrario se corre el riesgo de que el caminante se quede en la superficie y no entre en la experiencia del paso siete y ocho, y que los compromisos que asuma “para entregarse a la misión” se vuelvan un ejercicio voluntarista o, al menos en parte, auto centrado y complaciente
Es esencial que el que sigue el itinerario del Camino del Corazón pueda disponerse a este encuentro, sin querer forzar, ni reclamar o exigir, sino dejando el tiempo necesario para dejarse encontrar gratuitamente Es una experiencia íntima que no se puede controlar, solo disponerse y reconocerla cuando es dada. Para los acompañantes pide un profundo respeto del proceso de la persona, favoreciendo y dejando tiempo para que el Señor lo encuentre y le hable.
En esta segunda pausa es una invitación a que el caminante mire la dinámica de los propios deseos, que van saliendo del rulo de la auto referencialidad y se van poco a poco centrando en el Señor. Intentamos ayudar a que pueda percibirse a sí mismo y percibir lo que anhela, identificando y nombrando los deseos, reconociendo qué se ha movido en su interior y hacia dónde lo conducen esos movimientos. El encuentro con el Señor, el acoger su amistad y disponerse a pasar tiempo con Él no deja a la persona igual que como comenzó el camino Y esta pausa es el momento de hacer esta relectura espiritual.
Esta pausa podría ser un buen momento para que quien acompaña la experiencia tenga también un tiempo de encuentro personal con el caminante para verificar y confrontar su experiencia Una conversación en clave de acompañamiento para ayudar y orientar la marcha del proceso, si fuera conveniente.
Paso Siete
El Paso Siete, “Damos la vida junto a Él”, ayuda al caminante a entrar en la experiencia de la vida eucarística, de la entrega en la cotidianidad, en medio de lo que le toca vivir La unión con Jesús que el caminante profundiza en la tríada anterior (tan bien expresada en la doxología de la Plegaria Eucarística: “ … por Cristo, con él y en él…”) va poco a poco siendo identificación con su modo de proceder, de vivir, de conversar, de soñar el mundo.
En este paso el caminante hace la experiencia de que el modo de Jesús es reflejo del modo como Dios quiso revelarse a nosotros: como auto-donación, como un darse. No sólo “dar cosas” (la vida, el cariño, la familia, el mensaje, un modelo ), sino sobre todo darse Él mismo en su Hijo y éste, en su vida humana regalada hasta el final. El centro de este paso está en la experiencia de la dimensión sacrificial que es propia del amor (de una mamá, de un papá, de un amigo, de un hijo, de una pareja…), porque es también reflejo del amor de Dios, que es intrínsecamente oblativo (que se da), no posesivo (que retiene).
Al contemplar el Misterio Pascual no sólo nos centramos en la pasión y la muerte, sino ayudamos a leer desde esa clave, como hicieron los mismos Evangelistas, toda la experiencia amorosa de Cristo, a entender su sacrificio en conexión con su vida y su resurrección. El caminante entra en ese misterio de entrega u ofrenda de Jesucristo (ya atisbado en la misma Encarnación) llevado a su plenitud en el despliegue de su vocación, en cómo y con quiénes trataba, los lugares que eligió para habitar, el modo como enfrentó la dificultad y la amenaza de muerte, el modo como fue asesinado y, sobre
todo, el modo como vivió todo esto desde la fe. Y, finalmente, siendo resucitado por el Padre, este “modo” queda ratificado. No es entonces solo una acción loable que nos “ganó” la salvación, sino una disposición permanente que nos muestra un modo más humano de vivir
El misterio pascual se expresa en la Eucaristía. El caminante en este paso hace una experiencia de aprender a “morir para vivir” (partirse y repartirse) que no necesariamente es algo dramático todo el tiempo, pero sí es de alguna manera un paradigma vital.
El caminante se encontrará en este paso de frente a la disyuntiva de la vida cristiana que no busca evitar el dolor a toda costa, sino abrazar el amor en toda circunstancia, asumiendo el dolor que llegue como consecuencia de la decisión de amar. Ser con Jesús pan que se parte y se reparte. Esa es la clave. El caminante empieza a hacerse consciente de que, si quiere amar, esto implicará en medio del mundo algunas renuncias, malas interpretaciones, desprecios, desventajas quizás, incomodidades y, en ese sentido, cruces; un “partirse”. Y aunque sabemos que hay más alegría en dar que recibir, que la dinámica de la ofrenda vital genera mayor paz y sentido, eso no resta en lo más mínimo la profundidad del dolor, que permanece como un misterio sagrado No es un dolor “elegido o buscado”, sino aceptado como consecuencia de querer ser fiel a las decisiones que toma; de ser fiel al amor.
Paso Ocho
El Paso Ocho, “Una misión de compasión”, conduce al caminante hacia una síntesis en la que la misión ya no es solo el fruto de un entusiasmo al escuchar la llamada, sino de una identificación profunda con Jesús y su causa, dispuesto a asumir en la medida de sus fuerzas todo lo que ello implica. La manera real de concretar en su vida propia, el deseo de entrega que experimentó en el paso siete
La misión de compasión es al mismo tiempo don y tarea. Para ser compasivo no basta simplemente decidir serlo, pues se recibe primero como un don-envío, es un compromiso que envuelve la existencia toda Es decir, la misión le adviene al caminante de parte del mismo Señor Pero, al mismo tiempo, no ocurre sin la elección personal libre de dejarse enviar cada día, en cada circunstancia. Es esa elección que sólo se hace verdadera desde la experiencia del Resucitado Y esta experiencia no depende del caminante No es primeramente él quien va a su encuentro, sino Jesús Resucitado que se muestra triunfante y lo llena de un gozo verdadero, que hace concreto su vínculo de amor. Esta es la experiencia que acompañamos en este paso.
Este paso tiene su centro en la misión, una misión de compasión Pero ¿qué significa la compasión? La compasión es un criterio de actuación, de conducta, no se reduce a la sensibilidad. La compasión, “sufrir-con” (cum-patire), es la capacidad de reconocer el sufrimiento del otro, en términos de empatía y escucha, sin juzgar, conduciendo al caminante a actuar para aliviar su sufrimiento. No es un sentimentalismo. Un buen
ejemplo de esta dinámica es la historia del Buen Samaritano (Lucas 10, 25-37).
Jesucristo invita al caminante a mirar el mundo con sus ojos, a sentir compasión desde las entrañas, a conmoverse, y a decidir trabajar y colaborar con Él en la misión que recibió de su Padre, una misión de compasión por los más vulnerables y frágiles. Él es el enviado y quien precede la misión; el caminante colabora con Él
A estas alturas del recorrido hay un camino hecho con el Señor que permite a los caminantes percibir la invitación a la misión. Queda ahora el concretarla, hacer real en la propia historia este criterio de actuación que es la compasión. Trabajar por los demás, servir y darse cada uno allí donde es invitado a concretar la misión: en relación consigo mismo, con el Señor, con los hermanos y con toda la creación. Esta concreción histórica busca “anclar en tierra” con pequeños pasos posibles las mociones que se le han ido regalando al caminante a lo largo del camino, para que no queden solamente en buenos deseos, sino que se pongan por acto.
El caminante podría descubrir en este paso que muchas veces no se trata necesariamente de lo que le agrada o le gusta, sino de lo que construye el Reino, promueve el bien de cada situación concreta y de cada persona. Y que estas realidades piden una decisión; y a veces incluso que va en contra de su propia sensibilidad, de sus sentidos o de sus sentimientos no discernidos, en contra de lo que le “agrada” El centro está en que la compasión es un criterio de actuación, no primeramente un sentimiento.
Un punto importante es estar atentos a los fervores indiscretos o deseos no discernidos de hacer grandes cosas que pueda manifestar el caminante y que no provienen del Señor, sino del propio “querer e interés” de la persona. El consuelo verdadero mueve a cosas reales y posibles para las circunstancias de vida de las personas La persona ha de poder enraizar sus deseos en la vida concreta de cada día
Paso Nueve
El Paso Nueve de El Camino del Corazón, “Una red mundial de oración y servicio”, es la proyección del recorrido hacia la vida cotidiana. La experiencia de El Camino del Corazón es un itinerario espiritual para transformar la vida concreta; no para ser un paréntesis o un escape en un momento específico, aunque sea un momento fuerte de la vida espiritual del caminante.
La misión orada y discernida pasa ahora a un continuo que, de modo integrante y fundamental, se vive junto a otros; en comunidad Aunque se trata de un camino personal con Jesús, no es un proceso individual. Esta distinción es importante, pues El Camino del Corazón, no es una receta de autoayuda para ser mejores personas, sino un camino en la Iglesia (la comunidad de los bautizados) para el servicio de la misión de compasión por el mundo que nos encomienda Jesús.
Esta red (familia o comunidad) mundial de oración está formada por quienes, mediante el ofrecimiento cotidiano de sus vidas, se hacen disponibles para colaborar en la misión de compasión de Cristo Resucitado, en cualquier situación o estado de vida que se encuentren.
El llamado a la misión que el Señor le hace al caminante es el fuego que lo hace apóstol enviado desde el Corazón del Padre al corazón del mundo. Así, lo que nos une es Jesús que nos llama y nos convoca a una misión común. Lo
que nos une no son nuestras afinidades personales, un carisma específico, nuestra amistad o la homogeneidad socio cultural, sino la persona de Jesús en su centro más íntimo: su Corazón
El paso nueve es el último paso de la tercera tríada que es el bloque de salida. El caminante se prepara para volver al mundo y compartir con los demás lo que ha visto y oído en este viaje. Es el bloque que lo prepara para la misión de forma concreta, para la entrega, para la misión de compasión y para la comunidad. "Una entrega a la misión de compasión vivida en red, en comunidad".
Este momento puede acompañarse con la presentación de las diferentes modalidades de participación y pertenencia en la Red Mundial de Oración del Papa. Es la oportunidad para ayudar al caminante a meditar sobre su modo de “ser Iglesia” de “sentir con y en la Iglesia”. Es el paso que abre a meditar sobre la misión vivida en comunidad
Cierre Tríada - Cosecha Final
Llegados al Paso Nueve, los caminantes cierran la tercera tríada y también el itinerario. Es conveniente siempre dedicar un tiempo de calidad a hacer un buen cierre que permita reconocer, nombrar y cosechar las gracias recibidas Se debe procurar que no sea una experiencia espiritual más, sino que se ayude a reconocer con la mayor claridad posible el modo en que el Señor ha hablado durante todo el camino.
Conforme haya sido el formato de la propuesta (online, presencial, en retiro o taller, en pocos días o en varios), será también la manera en la que se proponga el tiempo de cosecha. Lo importante de este tiempo es que las personas cierren el camino y se abran a vivir la gracias en su vida cotidiana
La cosecha se expresará en deseos, mociones, nuevas ideas, nuevas claridades, maneras nuevas de estar, de mirar o de hacer las cosas, renovación de vínculos, relanzamiento de proyectos Serán variadas las
maneras en que las personas podrán reconocer los modos en que el Señor les ha hablado al corazón.
Es posible que el cierre de proceso absorba también el cierre de la tercera tríada, sin necesidad de hacer una pausa específica para ello. Aunque también se puede dedicar un tiempo a cerrar la tríada que tiene por eje la entrega a la misión en comunidad aparte, y luego sumar un cierre del proceso completo Lo importante es que el proceso se cierre y se haga una relectura que permita identificar, nombrar y agradecer los dones recibidos.
Algunas ayudas metodológicas
Veamos ahora algunas recomendaciones que pueden orientar el diseño de una experiencia de El Camino del Corazón Pequeñas adiciones al camino que pueden ser de ayuda para sacar mayor provecho a la experiencia.
1.
Sobre el proceso
Tratándose de una experiencia procesual y no de una sucesión de charlas sin articulación, la metodología debe atender especialmente a que se haga una experiencia de proceso, y que se pueda dar cuenta del mismo, reconociéndolo y verbalizándolo.
Por eso, ayuda mucho utilizar recursos didácticos que den a percibir el proceso, que lo hagan visible o palpable para el caminante, que den la idea de un camino que se va construyendo a medida que se va transitando. Por ejemplo, un dibujo o una composición que se vaya integrando o completando a cada paso con alguna consigna; el armado de un camino con un corazón a cada paso o con las imágenes sugeridas en los libros Signos, símbolos, letras, números, fotos, palabras que se van dejando plasmadas y que dan cuenta del camino que el caminante va haciendo. Las posibilidades son numerosas, el objetivo es que las personas perciban que avanzan en el camino, que caminan
El proceso habitualmente tiene una traza o un hilo más o menos visible que le va dando concatenación a lo que se va viviendo y que el caminante tiene que poder reconocer Por ejemplo: una misma manera de hacer relectura en cada paso, una palabra nemotécnica que ayude a recorrer el proceso de relectura, una secuencia que se repite a medida que se avanza, comenzar o terminar cada paso de la misma manera, un ícono que haga las veces de común denominador a lo largo del camino, un color o una música que al ver
o escuchar evoque ese hilo que va “cosiendo” las experiencias que el caminante va recorriendo.
En fin, el proceso tiene que ser vivido y reconocido por el caminante, a este fin han de dirigirse los recursos metodológicos de la propuesta.
1.a Triadas. Pasos. Pausas
Al momento de diseñar la propuesta es importante que quien acompaña tenga delante de sus ojos el camino completo y conozca la dinámica global, la que corresponde a cada tríada, a los pasos y a el sentido de las pausas. Insistimos en tener especialmente en cuenta el esquema para orientar el paso y la dinámica interna de los pasos y de las tríadas presentados en los libros a la hora de armar una propuesta o de preparar un encuentro, ya sea para dar en todo o en parte este camino. Estos elementos ayudan a centrar y poner el foco, sin perdernos en el bosque de los temas y de las entradas que se proponen en los mismos libros
Es decir, la propuesta tiene que estar centrada en lo esencial de cada paso, el fruto que se espera recibir, la palabra clave que articula el paso y la dinámica interna que lo caracteriza. Ya sea para una propuesta extendida en el tiempo o para una más reducida, pues los temas y las actividades deben orientarse a afirmar los elementos que se proponen en el esquema para orientar el paso. Estos elementos son criterios para discernir qué entrada se elige usar, qué actividad se prepara, qué música o imagen conviene más.
1.b Extensión temporal
Las propuestas de El Camino del Corazón admiten diversas modalidades de extensión temporal. Pueden ser experiencias cerradas, tipo retiro, por ejemplo, de dos o tres días Pueden ser también jornadas de horas o de un día completo También puede proponerse una experiencia con encuentros de frecuencia semanal o quincenal durante algunos meses, en los que los caminantes participen en un encuentro y luego sostengan un ritmo de oración en su vida cotidiana en el que profundicen el tema propuesto. Esta enumeración es sólo ejemplificativa, habrá muchas posibilidades que tienen que adaptarse a la realidad concreta de quien hace la experiencia, y que debe considerar quién la acompaña.
Lo importante es que el proceso abra y cierre con un sentido y con un diseño que disponga al fruto y a la gracia. Hay que evitar la tentación de presentar una secuencia inconexa de temas de espiritualidad extraídos de El Camino del Corazón, bajo pretexto de que el tiempo es poco
Por ejemplo, podría darse El Camino del corazón en cuatro etapas: un bloque de dos introducciones y un bloque para cada una de las triadas. Esta manera de seccionarlo, pausarlo y agruparlo responde bien a la dinámica interna del camino, sin forzarla. También podría proponerse la experiencia en 5 encuentros: una introducción, el desarrollo de las tres tríadas (una por encuentro) y un encuentro de cosecha final.
Otra posibilidad es dar El Camino del Corazón como retiro de un día con espacios de oración personal, grupos pequeños para compartir, ayudados por facilitadores de grupo que hayan hecho la experiencia y cerrando con una cosecha final El diseño dependerá de las circunstancias de tiempos, lugares y personas.
1.c
Experiencia espiritual
El Camino del Corazón es ante todo una experiencia espiritual, por eso quien acompaña la experiencia dispone las cosas y prepara la propuesta para que las personas que van a hacer el camino entren en una verdadera experiencia espiritual. Se trata de pasar de la cabeza al corazón, no tanto de entender con ideas, sino de adquirir una comprensión más amplia que abarca la dimensión afectiva de la persona, sus sentimientos, sus deseos, sus ideas y, en muchos casos, también su cuerpo como caja de resonancia de la experiencia.
Tener en cuenta esto ayudará a discernir mejor los medios que elegimos al proponer la experiencia. Por ejemplo, si proponemos el Paso uno, se trata de que el caminante reconozca el amor que desde el principio lo sostiene y no buenas explicaciones sobre el tema del amor. No hay que explicar cómo es la experiencia del amor, sino que la persona haga la experiencia de reconocer el amor en su vida y pueda nombrarla
Otro punto importante es que el caminante tiene que poder reconocer la experiencia y expresarla de algún modo: nombrarla, describirla, ponerle
palabras, dibujarla, cantarla, bailarla. No es un ejercicio sólo intelectual, sino que compromete otras dimensiones de su existencia. Por eso ayuda proponer elementos que despierten e involucren los sentidos
Puede favorecer la experiencia ayudar al reconocimiento de lo que se busca (sea la experiencia de amor, dolor, pecado, tensiones, encuentro, amistad, entrega, misión, etc.) fuera de sí mismo, por ejemplo, en una historia real, en un video, en una canción, en un relato o un cuento, en un poema, etc Para luego volver como en espejo a mirar aquello que se reconoció fuera, pero ahora en la propia vida del caminante.
En este sentido, la inclusión de elementos que despierten los sentidos como los que enumeramos previamente y, otros que puedan convenir, tiene que estar orientada a ayudar a que el caminante entre en la experiencia y se disponga a recibir el fruto del paso, evitando siempre que estos recursos sean un estímulo decorativo o de simple relleno
También puede ayudar que los caminantes expresen y compartan lo que viven en pequeños grupos, haciendo trabajos grupales con alguna consigna que los conduzca a poner en común la experiencia Es una manera de ir haciendo la experiencia personal del camino, pero vivida en comunidad
1.d Formato de presencialidad
Es posible desplegar la experiencia de manera presencial u en línea. La frecuencia y la duración de cada encuentro podrá adaptarse considerando la cantidad de participantes y el contenido de la propuesta. El intervalo entre cada encuentro debe ayudar a conservar el ritmo y la percepción de proceso, tal que no se diluya la experiencia. El caminante tiene que poder sostener la memoria de lo que vive para ir construyendo el proceso Si la distancia entre uno y otro encuentro acompañado es muy dilatada, será más difícil lograr este sentido de unidad.
1.e Materiales de apoyo
Es importante que quien vive El Camino del Corazón cuente con una versión de la Biblia en su lengua nativa para tener un acceso directo al Evangelio y otros pasajes de la Sagrada Escritura desde su propia y más natural experiencia vital de oración
También es elemental llevar un cuaderno de notas, donde puedan escribir, pintar, dibujar; es decir un registro personal de su proceso al que puedan acudir cada vez que lo deseen Será particularmente útil también para la práctica de la relectura o examen cotidiano.
Conviene además que los participantes cuenten con materiales para orar, leer, meditar o ejercitar sobre el tema del encuentro Pueden ser textos extraídos de las diversas entradas de los libros u otros materiales adecuados (canciones, videos, poemas, textos bíblicos); lo que ayude a trabajar el tema que se abordó en el encuentro
1.f Experiencia de oración
Es una experiencia en clave de oración. Es decir, de encuentro con el Señor. Por lo tanto, se tiene que procurar que el diseño proponga momentos de oración personal, incluso guiada, para que las personas puedan replicar y ampliar esos momentos en su vida cotidiana, entre encuentro y encuentro Esto no se puede dar por descontado. La experiencia del Camino del Corazón es formativa, pero no es un curso de espiritualidad sino un itinerario basado en la oración personal
Las guías que se entreguen deben proponer los diferentes modos de orar con la Palabra, meditar, contemplar, oración vocal, lectio, procurando proponer el modo de orar que más ayude a la experiencia Para quienes han realizado la experiencia de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, podrán ser también propuestos los modos de orar de esta experiencia.
Del mismo modo, los encuentros grupales deben proponer la práctica de la oración personal con la Palabra y la relectura espiritual, para que los caminantes vayan haciendo la experiencia, la aprendan, la ejerciten y se les vuelva un hábito. Por ejemplo, cada encuentro puede comenzar con la
CAPITULO TRES
relectura del encuentro anterior, con la relectura de cómo vivieron el tiempo intermedio entre un encuentro y otro, con la relectura de las resonancias de haber orado con algún texto de la Palabra En fin, vivir El Camino del Corazón como estilo de vida pide la práctica diaria de la relectura espiritual y el orar con la Palabra.
2. Sobre los caminantes
El diseño de la propuesta debe considerar la edad, la experiencia espiritual y las búsquedas de las personas que hacen la experiencia. Es diferente una propuesta que se prepara para líderes parroquiales adultos que vienen de los grupos del Apostolado de la Oración, que una propuesta de El Camino del Corazón para un campamento de animadores o monitores del Movimiento Eucarístico Juvenil, una comunidad establecida de Adoradores o músicos, que una experiencia abierta entre gente que no se conoce.
También es importante prever instancias de acompañamiento del grupo y de las personas. A veces es conveniente que grupos más grandes se dividan en pequeñas comunidades en las que un facilitador ayuda a compartir la experiencia espiritual de manera periódica Incluso podrían darse algunas instancias de acompañamiento individual de la experiencia Es recomendable que, al cierre de la segunda tríada, haya de todas formas una instancia de acompañamiento individual con los caminantes para tomar el pulso del proceso.
3.
Sobre los facilitadores
3.a Rol del facilitador
El que acompaña la experiencia de El Camino del Corazón es quien dispone las cosas para que los caminantes entren en ella Es la persona que ayuda, facilita, despliega un dispositivo para que las personas caminen la propuesta. Los medios que elija para ayudar a entrar deben ser los que más ayuden según las circunstancias de personas, los tiempos y lugares. Diferentes recursos podrán ser parte del dispositivo en tanto y en cuanto ayuden al fin que se busca. De esta manera no hay medios fijos, sino medios en relación con las circunstancias de la experiencia concreta. Por ejemplo, en algunos casos convendrá proponer el tema con videos, en otros con un texto del Evangelio, en otros con una imagen En algunos casos ayudará la música y en otros una propuesta de danza. En algunos casos la pintura y las manualidades podrán tener lugar en la experiencia y en otros casos, sólo podrán utilizarse textos bíblicos.
Hay que evitar proponer demasiados estímulos exteriores o hablar mucho sobre los temas. Lo importante no es la propuesta misma, que es sólo un medio. Tampoco lo es el facilitador, que sólo ayuda a que el caminante se encuentre con el Señor en la experiencia de este camino Lo importante es que el caminante entre en ella y todos los medios que se elijan han de ser los más conducentes para este fin. Aunque metodológicamente la propuesta sea impecable, si no ayuda, no cumple su fin y se debe descartar. Se trata de disponer lo que más ayude Eso siempre será lo más bello y lo mejor
Conviene ser prudentes y no caer en la tentación de explicar mucho, sino introducir el tema de manera ajustada, de modo que no sustituya el quehacer propio del caminante que ha de poner de sí para develar, descubrir, discurrir el tema según sus posibilidades Así mismo, evitar la tentación de ocupar el rol de maestros que enseñan y ser mas bien compañeros de camino, que ya han transitado la experiencia y ayudan a caminar disponiendo lo que más ayuda y sacando piedras del proceso, orientando la marcha y corrigiendo rumbos
3.b Objetivación de la experiencia
Es de mucho provecho que el dispositivo propuesto prevea espacios para verbalizar la experiencia, poniendo palabras al proceso espiritual, pues ayuda al caminante a mirar su propio proceso, a ordenarlo a través del discurso, a descubrir nuevas luces… Hablar del proceso ayuda ordenar y ajustar lo que se vive.
Pero no se trata de cualquier palabra, sino solo de aquellas conducentes a sacar mayor provecho. Por tanto, es importante que el facilitador dé lineamientos claros a la hora de compartir la experiencia, ya sea en grupos pequeños o en los plenarios más amplios. Conviene ofrecer instrucciones sobre qué se comparte, en qué tiempos, de qué manera Por ejemplo, si hay que escribir, dibujar, si solo hay que hablar, cuándo hacerlo y por cuánto tiempo, etc. Esto ayuda a ordenar y disminuye la dispersión individual y grupal.
Luego de escuchar a quienes comparten, se debe dar un tiempo para recoger lo escuchado y devolver. Es una manera de hacer sentir a las personas que son escuchadas y acogidas. No es recomendable acabar el momento de un compartir sin una sencilla devolución Este momento es una objetivación de la experiencia que ayuda a visibilizar los frutos, a corregir rumbos, resumir, normalizar y alentar la marcha.
3.c Sugerencias para el uso de los libros
Los libros de la colección El Camino del Corazón son una caja de herramientas para el que acompaña la experiencia a otros. Son libros también para ayudar a la oración personal, como materia de oración de la experiencia, pero principalmente son la guía de contenidos para quien facilita la experiencia. Por lo mismo, tienen que usarse solo en tanto y en cuanto ayuden a los caminantes.
Una comprensión clara del esquema para orientar el paso es clave para quien prepara la experiencia, pues ayuda a poner los hitos importantes del camino, da la orientación general y sirve como criterio de discernimiento para la elección de los materiales que convienen en cada paso También puede ayudar que quien hace la experiencia de la primera tríada los conozca, junto al marco referencial y sobre todo la dinámica interna, pues fijan y ponen las piedras fundamentales para la marcha del resto del itinerario.
Esto no significa que el que hace la experiencia tenga que leer literalmente los textos, pero conviene que lo que allí se expresa sea el hilo conductor de la experiencia de la primera tríada; sobre todo si son caminantes recién iniciados. Luego, a medida que la marcha a avance y conforme vaya haciendo el camino, el que facilita la experiencia podrá elegir otras entradas de los libros para presentar el tema del paso. El contenido de los libros puede ser complementado con otros materiales, videos, textos, canciones, etc., evitando el exceso de material.
3.d Sugerencias para los momentos de pausa
Hay tres ideas que pueden ayudar en los momentos de pausa después de cada bloque, pues éstos podrían interpretarse meramente como un receso del camino y no como un espacio también espiritual para decantar lo vivido: detenerse, silencio y tiempo intermedio
El detenerse es esencial en el Camino del Corazón para romper con la rutina (incluso la de nuestras prácticas espirituales) y escuchar la fuente que da vida: Dios Es un acto de libertad que permite discernir lo que vivimos, alejándonos de impulsos y acercándonos al Espíritu Santo. Detenerse no es un fin en sí mismo, sino una preparación para el encuentro con el Señor, quien
nos espera en nuestra cotidianidad.
El silencio es también clave para escuchar lo que normalmente pasa desapercibido, desde los pequeños ruidos hasta la voz de Dios en nuestro interior. Implica acallar tanto los ruidos externos como la agitación interior, permitiendo al caminante entrar en un diálogo profundo con el Señor. Es necesario incluso silenciar lecturas y estímulos, para que las temáticas de El Camino del Corazón no ocupen el espacio del verdadero encuentro Este silencio no es un tiempo vacío, sino un espacio fértil para la acción del Espíritu.
El tiempo intermedio entre los momentos formales de oración y actividades diarias también es significativo. Como en la parábola del sembrador, la semilla crece por sí sola si se le da espacio. Este tiempo libre no requiere acciones específicas, sino una actitud de confianza y apertura para que la Palabra sembrada en el corazón dé fruto, sin preocuparse por controlar su crecimiento.
Por último, es importante ayudar al caminante a mantener vivo su deseo de vivir plenamente el Camino del Corazón A través de la relectura espiritual diaria, puede verificar si su forma de vivir está alineada con los pasos del itinerario, confiando en que el Señor obra en su corazón, incluso en medio de las ocupaciones diarias.
4. Sobre el futuro
Los caminantes vuelven a su vida corriente ¿Cómo ayudarlos a sostener el impulso y a mantener viva la llama de esta experiencia? En esta etapa, al igual que durante el proceso, podemos buscar ayuda en las Intenciones mensuales de oración del Papa y los materiales ofrece la Red Mundial de Oración Es una etapa animada especialmente por el Espíritu Santo, que es el motor de nuestra misión.
Orar y discernir la voluntad del Corazón de Jesús en el día a día no es una tarea fácil Después de ser acompañados en un itinerario espiritual tan intenso, muchas veces viene el desencanto o la frustración. El caminante sale lleno de propósitos que a veces le costará sostener. Y, al igual que cualquier relación entre corazones, entre personas, es necesario cultivarla, pasar tiempo juntos: compartir la vida cotidiana De otra forma, la relación se enfría (al menos de nuestra parte), se puede volver distraída o utilitarista.
4.a Recursos disponibles
¿Cómo sostener una vida espiritual en medio de la cotidianidad sin necesariamente la ayuda de nuestro acompañante o de los momentos formales de oración que el caminante ha compartido al recorrer los nueve pasos? La oración de discernimiento, iluminada por la Palabra de Dios cada día y la Relectura Espiritual o Examen cotidiano, son el modo propio en que la persona puede proyectar la experiencia de El Camino del Corazón
Los tres momentos de oración del día que propone la Red Mundial de Oración pueden ser de gran ayuda. El ofrecimiento diario y la lectura de la Palabra cada mañana serán entonces la llave que disponga al caminante consciente y activamente a vivir la cotidianidad unidos al Corazón de Jesús y en clave de misión. El examen de la tarde será un momento fructuoso para mantener “lo ojos fijos en Jesús” (Heb 12, 1-2), en sus criterios y su modo de proceder, uniendo además lo que hace el caminante a una intención de oración mayor que nos propone el Papa cada mes, mientras la Relectura o examen espiritual de la noche le permitirá mirar con ojos agradecidos, humildes y generosos el don de su amor, reconociendo sus regalos e invitaciones, pidiendo perdón por las faltas y mirando lo que viene hacia adelante, alineando sus deseos a los de Jesús
Otras ayudas concretas: Un altar en el cuarto. Un cuaderno espiritual. Alguna imagen que conecte con lo vivido en El Camino del Corazón. El rosario.
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4.b Con otros en comunidad
Vivir en comunidad es difícil… Pero es algo que nos hace ser lo que somos. Y la celebración de la Eucaristía en comunidad es quizás la experiencia más concreta que puede ayudar al caminante a saberse Cuerpo “La Iglesia hace la Eucaristía y la Eucaristía hace la Iglesia”, como expresaba un teólogo del siglo XX. Todos somos importantes en ella porque somos miembros de esta familia de los bautizados. La celebración y expresión litúrgica, aún con todas sus fallas y particularidades, sigue siendo para nuestra experiencia cristiana “fuente y cima” (Lumen Gentium 11) de la vida y la actividad de la comunidad de Jesús.
La participación en la Red de Oración del Papa incluye nuestra pertenencia en la Iglesia católica. Vincularnos con nuestra realidad eclesial más próxima será siempre importante para quienes viven El Camino del Corazón.
Un segundo modo de construir comunidad es vinculándose en algún modo de participación a la Red Mundial de Oración, que admite muchas posibilidades. Para los que más se quieran involucrar, es importante sumarse a las propuestas y canales de la Oficina Nacional, ya sea para participar de modo personal, en algún grupo parroquial de oración, del Apostolado de la
Oración, del MEJ o de otra comunidad que participa o pertenece a la Red de Oración. Para algunas personas, ese mayor compromiso se podrá expresar a través de una Alianza personal con Jesús o consagración
4.c Formación y acompañamiento
El Camino del Corazón se vive ahora en lo cotidiano, pero eso no significa que no sea posible volver a tener una experiencia fuerte que ayude al caminante resituar los pasos de este itinerario espiritual al modo de un retiro Al igual que sucede con los Ejercicios Espirituales, se puede participar de experiencias de El Camino del Corazón varias veces y en diversas modalidades.
Con todo, es importante para aquellos que han sentido el llamado a ser formadores, que pasen a la experiencia de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, según las modalidades que se ofrezcan en su país. Son ellos probablemente los que mejor continuarán nutriendo y dando luz a la experiencia ya vivida en El Camino del Corazón, y a comprender mejor las dinámicas internas que toca acompañar y cuidar en otros como formadores.
También es importante pasar por la experiencia de la Formación para Formadores de El Camino del Corazón, según diversas modalidades que ofrece la Red de Oración, para sistematizar las herramientas y la pedagogía de este itinerario.
Así mismo, tanto para quien vive El Camino del Corazón como para quienes lo acompañan grupalmente, es importante considerar un acompañamiento personal formal que ayude en el transcurso de los años a confrontar los procesos y a desentrañar los engaños del mal espíritu. Si durante la experiencia misma no hubo acompañamiento personal, puede ser este un momento importante para plantear a quienes lo necesiten la posibilidad de acceder a este ministerio de la Iglesia de una forma adulta y comprometida.
Fundamento en la espiritualidad del Corazón
de Jesús
Partimos de dos afirmaciones:
El Camino del Corazón actualiza la devoción al Corazón de Cristo desde una perspectiva apostólica y presenta de manera coherente el tesoro del Apostolado de la Oración (hoy Red Mundial de Oración del Papa) a la luz de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola.
La espiritualidad del Corazón de Jesús es el fundamento espiritual de nuestra misión, y El Camino del Corazón nuestra manera específica de vivirla Por eso lo llamamos nuestro itinerario espiritual de formación.
Veamos entonces qué queremos decir cuando hacemos estas afirmaciones. Una primera síntesis histórica nos ayudará a encontrar el enlace entre El Camino del Corazón y la Espiritualidad del Corazón de Jesús, que es su fundamento. Esta síntesis tiene por objetivo además aportar algunos elementos de interpretación que ayuden a ampliar el marco de referencia de este itinerario a partir de su fundamento
1. El Camino del Corazón actualiza la devoción al Corazón
de Jesús.
La devoción al Corazón de Jesús, como expresión de una espiritualidad centrada en la persona de Jesucristo, tiene una larga historia. Se ha adaptado a lo largo de los siglos según los contextos históricos y sociales; manifestándose en diversas formas y lenguajes El Evangelio de San Juan habla del "corazón traspasado de Jesús" (Jn 19, 34), sobre el que luego los primeros padres de la Iglesia profundizaron ampliamente y la mística medieval interpretó como la herida que manifiesta la profundidad del amor de Dios
En los últimos siglos, las expresiones más conocidas son aquellas mediadas por las revelaciones a santa Margarita María de Alacoque en el siglo XVII y el culto posterior al Sagrado Corazón en el siglo XIX, inscrito en una perspectiva
apostólica gracias al Apostolado de la Oración; así como las revelaciones de la Divina Misericordia a santa Faustina Kowalska a inicios del siglo XX. La Red Mundial de Oración del Papa, recreación del Apostolado de la Oración es una de estas inculturaciones
El Magisterio de la Iglesia también nos habla de esta espiritualidad en las encíclicas sobre el Sagrado Corazón, como la del Papa Pío XII en 1956, "Haurietes aquas", y "Dives in Misericordia" de san Juan Pablo II (1980) El Papa Francisco ha publicado también más recientemente la carta encíclica Dilexit Nos (2024).
La Compañía de Jesús ha estado vinculada a esta espiritualidad del Corazón de Cristo desde sus orígenes, principalmente gracias a la experiencia espiritual de san Ignacio de Loyola y su contemplación de los misterios de la vida de Jesús en lo que hoy conocemos como los Ejercicios Espirituales, pero además por su ministerio de la oración y el servicio apostólico, entendido como colaboración en una misión de compasión por el mundo. Así, tanto por su espiritualidad cristocéntrica como por su perspectiva misionera, el hecho de que la Red Mundial de Oración del Papa esté confiada como obra pontificia a los jesuitas se comprende con mayor claridad
El Apostolado de la Oración mismo, en cuanto misión espiritual primero y que luego tuvo una expresión más asociativa de fieles, fue fundado en 1844 en una casa de formación de estudiantes jesuitas al sur de Francia Al poco andar, la conexión con la devoción al Corazón de Jesús marcó definitivamente el fundamento de su acción apostólica, que se extendió por el mundo entero, siempre bajo la guía de la Compañía de Jesús.
De hecho, fue gracias a la ayuda de san Claudio La Colombière, jesuita, que santa Margarita María Alacoque pudo dar a conocer la profundidad de la misericordia del Corazón de Jesús. Él fue su acompañante espiritual con quien confrontó las revelaciones Además, durante su última visión en 1688, reconocida por la Iglesia, el Señor confió a las Hermanas de la Visitación y a los Padres de la Compañía de Jesús la misión de transmitir a todos la experiencia y la comprensión del misterio del Sagrado Corazón.
Casi doscientos años después, en 1883, la Compañía de Jesús aceptó oficialmente esta «misión agradable» (munus suavissimum), de practicar, promover y propagar la devoción al Corazón de Jesús, mediante el decreto
46 de la 23ª Congregación General. En 1915, el decreto 21 de la 26ª Congregación General afirmará que “el Apostolado de la Oración es un medio muy bueno para hacer progresar esta devoción”
A partir de finales del siglo XX, los jesuitas impulsan una renovación de la espiritualidad del Corazón de Jesús, buscando refundar el Apostolado de la Oración. Ya el mismo P. Pedro Arrupe SJ, Superior General de la Compañía de Jesús (1965-1983) afirmaba al consagrar toda la Compañía al Corazón de Jesús en una carta enviada a todos los jesuitas en 1972: “Este medio del Apostolado de la Oración, que tanto ha ayudado al pueblo de Dios, puede hoy, válidamente renovado y adaptado, prestar un servicio nuevo y aumentado, cuando se percibe tanto la necesidad de crear grupos apostólicos de oración y de compromiso espiritual serio”.
El Papa Juan Pablo II, en 1986, confirma a su vez a la Compañía de Jesús en la misión que ha recibido de Cristo mismo para difundir la devoción a su divino Corazón, así como en el medio privilegiado que ha elegido para cumplir esta misión, a saber, el Apostolado de la Oración con estas palabras: “les pido que desplieguen todos los esfuerzos posibles para cumplir siempre mejor la misión que el mismo Cristo les ha confiado, la difusión del culto de su Corazón divino”
Otros Superiores Generales de la Compañía de Jesús más recientes han respondido también a este llamado El P Peter-Hans Kolvenbach SJ (1983-2008) recordó en sus escritos sobre el Corazón de Cristo que la Compañía ha querido «vincular solemnemente la promoción de la devoción al Corazón de Jesús al Apostolado de la Oración». El P. Adolfo Nicolás SJ (2008-2016) es quien impulsó la recreación del Apostolado de la Oración en la Red Mundial de Oración del Papa, y por ende la actualización de su fundamento espiritual, la espiritualidad del Corazón de Cristo. El P. Arturo Sosa SJ, actual Superior General de la Compañía de Jesús, renovó la consagración de la Compañía al Corazón de Jesús el 31 de julio de 2022, fiesta de san Ignacio, y participó en la redacción de los Estatutos definitivos de la Red Mundial de Oración del Papa, publicados por la Secretaría de Estado Vaticano en julio de 2024.
Estos estatutos declaran que su “fundamento es la espiritualidad del Corazón de Jesús, que se expone claramente en el Documento de Recreación del Apostolado de la Oración, titulado "Un camino con Jesús en disponibilidad
apostólica" (Roma, 3 de diciembre 2014), y que ofrece al discípulo de Jesús un camino para asegurar que su sentir y actuar se identifiquen con el corazón de Cristo, en una misión de compasión por el mundo” (Estatutos, 2)
Recogiendo así la historia, reconocemos que la Red Mundial de Oración del Papa, obra Pontificia confiada a la Compañía de Jesús, tiene claramente como fundamento espiritual la espiritualidad del Corazón de Jesús que se vive como camino de amistad con el Señor y servicio a su misión, según la pedagogía de El Camino del Corazón.
2. Dimensión apostólica de la espiritualidad del Corazón de Jesús.
La intuición de la oración apostólica que dará origen al Apostolado de la Oración encuentra sus raíces en un jesuita francés, el P François-Xavier Gautrelet, el 3 de diciembre de 1844, día de la fiesta de san Francisco Javier, en el contexto del siglo de las misiones. En la casa de formación de Vals-près-le-Puy, al observar a jóvenes entusiasmados por los relatos misioneros, especialmente de Madurai, India, los invita a ser misioneros desde su vida cotidiana Les dice: “Su misión está aquí, en sus estudios y en las cosas simples de cada día. Al cumplirla con disponibilidad a la voluntad de Dios, ya son apóstoles que ayudan a toda la Iglesia”.
Esta propuesta simple y profunda resuena inmediatamente con el deseo de estos jóvenes jesuitas como un medio concreto de participar desde ahora en la misión de Cristo mientras continúan su formación, profundizando en ellos su disponibilidad Y esta intuición espiritual encuentra eco también entre muchos laicos, deseosos de contribuir al impulso misionero de su época
Cinco años después el P. Gautrelet formaliza esta intuición fundando oficialmente el Apostolado de la Oración (1849) en Toulouse, Francia Con la llegada del P Henri Ramière SJ, quien había sido uno de sus estudiantes, como sucesor en la dirección del Apostolado de la Oración, la obra realmente despega. El P. Henri Ramière SJ articula la misión del Apostolado de la Oración con la devoción al Corazón de Jesús, en una perspectiva decididamente misionera y en 1861 lanza la publicación de la revista «Mensajero del Corazón de Jesús», vigente aún hoy en muchos países.
El P. Henri Ramière SJ inscribirá formalmente el Apostolado de la Oración en la dinámica del Corazón de Jesús. La oración de ofrenda no estará únicamente ligada a la ofrenda de los estudios, el trabajo y las actividades, sino que estará ligada a una intención de oración por la misión de la Iglesia, una oración de intercesión unida al Corazón de Jesús y su misión de compasión por el mundo. Se entiende como ofrenda de la vida por la misión de la Iglesia.
Así, en la publicación del Mensajero del Corazón de Jesús, comienza a invitar a orar por las intenciones del Corazón de Jesús. Un cambio importante ocurre en 1879, cuando a partir de entonces las intenciones de oración son formuladas cada mes por el Papa (León XIII) y confiadas al Apostolado de la Oración. Así el P. Ramière pone mejor de manifiesto que esta oración es apostólica y abierta al mundo, mediante la cual los fieles se unen al Corazón de Jesús, al servicio de su misión.
Al inscribir más claramente la ofrenda diaria en una perspectiva apostólica, Ramière crea simultáneamente una red (o “liga”, como la llamaba) de oración unida al Corazón de Jesús. Así también muestra que no es solo la oración la que es apostólica o misionera, sino toda nuestra vida Lo que él llama «oración y celo» (significando atención, diligencia, compromiso), hoy lo llamamos «oración y servicio», porque la verdadera oración nos dispone a la acción, nos abre a los demás y al mundo. A través de la oración de ofrenda, nos hacemos disponibles a la misión de Cristo Así, la oración de ofrenda diaria, unida a una intención de oración, nos conduce a esta actitud interior de disponibilidad para la misión.
3. Síntesis
Como declaran los Estatutos, la Red Mundial de Oración del Papa ofrece a los católicos un camino espiritual llamado “El Camino del Corazón”, que integra dos dimensiones: (a) la compasión por el mundo y por los seres humanos y (b) la comunión con la misión del Hijo: “A través de este camino espiritual, animado y coordinado por la RMOP, la vocación misionera de los bautizados se despierta nuevamente, permitiéndoles colaborar en su vida cotidiana, con la misión que el Padre ha confiado a su Hijo. De este modo se ponen interiormente a disposición de la llamada de Dios, a través de su
Espíritu Santo, que interpela y guía a cada corazón y a cada conciencia humana hacia el bien” (Estatutos, 4).
Hoy podemos decir, en sintonía con las intuiciones fundacionales, que La Red Mundial de Oración del Papa es «Una red de corazones unidos al Corazón de Jesús», que promueve la oración apostólica por las intenciones de oración del Santo Padre, que está integrada por grupos y personas de diversos carismas, en la se que vive El Camino del Corazón como itinerario espiritual que nos ayuda a configurarnos con Cristo y colaborar con su misión.
1. Pasos – Tríadas – Pausas
El Camino del Corazón está desplegado en pasos, cada uno de los cuales posee una dinámica interna propia. Podríamos decir que cada paso abre y cierra sobre sí mismo y, sin embargo, al mismo tiempo su cierre abre camino al paso siguiente
Los pasos 1, 2 y 3 forman la primera tríada
ANEXOS ESQUEMÁTICOS
Los pasos 4, 5 y 6 forman la segunda tríada.
Los pasos 7, 8 y 9 forman la tercera tríada.
Al cierre de cada tríada hay una pausa, que también puede entenderse como un “puente” entre la tríada que cierra y la que comienza Cada tríada, también, tiene una dinámica espiritual propia y su cierre permite abrir la dinámica de la tríada siguiente.
2. Esquema general del camino y palabra clave
El esquema se completa en un itinerario coherente en sus bloques o tríadas y en cada etapa o paso. Cada paso posee una palabra clave “ordenadora”, una pista que ayuda a “enfocar” en el punto central del mismo Esta palabra clave sirve también como criterio de discernimiento para el diseño de la propuesta pedagógica y para la selección de dinámicas y materiales a utilizar. Si ayuda, en la formación se pueden utilizar “verbos claves”, “frases claves”, y otros recursos orientados al mismo fin de “ayudar a enfocar” Dejamos un ejemplo en el que la palabra clave ha sido enriquecida en función del contexto de la formación que se ofrecía. Ver también esquema 3.
3. Esquema que refleja el camino que el caminante hace, cada vez en mayor profundidad
El paso 6 es el punto más profundo de mayor intimidad y encuentro con el Señor.
4. Dinámica trinitaria del camino
Siempre teniendo presente que estas son apenas algunas conexiones teóricas orientadas a suscitar una mayor profundización espiritual, y no estrictos paralelos teológicos (ni mucho menos excluyentes), es posible también abordar el Camino del Corazón desde una perspectiva trinitaria, considerando cada una de las tríadas por separado en sus pasos internos y, al mismo tiempo, todo el recorrido de un modo más general
La primera tríada nos invita a centrarnos en el Amor, que es la esencia misma de Dios. En términos generales, puede asociarse al PADRE, quien nos habla directamente al corazón en un lenguaje que podemos comprender, de manera concreta y experiencial en nuestra propia historia personal ("mi corazón").
Además, dentro de esta tríada, podemos contemplar una dinámica trinitaria: El Padre es el fundamento de todo amor generativo (Paso 1), que se autocomunica entregándose completamente a nosotros como sus hijos e hijas muy amados. El Hijo representa la extroversión encarnada de ese amor, que se hace presente en la humanidad y palpita en su devenir histórico (Paso 2), asumiendo la vulnerabilidad de nuestra propia naturaleza, simbolizada en el corazón. El Espíritu Santo refleja este corazón en expansión, que gime con dolores de parto en toda la creación mientras anhela la plenitud de la
redención (Paso 3), señalándonos el amor del Amado, del que tantas veces nos alienamos en un mundo descorazonado.
La segunda tríada nos conecta con el Misterio de la Salvación, ofrecido y revelado a través de Jesucristo. Esta tríada puede asociarse a la misión del HIJO, quien viene a traernos vida en abundancia. En esta etapa del camino, se nos presenta a Jesús, sus opciones y sentimientos, revelándonos el amor humano y divino de su Sagrado Corazón ("su corazón")
También aquí es posible profundizar en clave trinitaria: El Padre, en su infinito amor, envía a su único Hijo para hacer redención del género humano (Paso 4), perdonando nuestros pecados y abriéndonos las puertas de la salvación El Hijo nos sale al encuentro e invita a una relación de amistad y colaboración apostólica (Paso 5), interpelando nuestra libertad para acoger su llamada y compartir la vida junto a Él. Es el Espíritu Santo quien nos transforma interiormente, identificándonos con Cristo y sus sentimientos (Paso 6), permitiéndonos ser habitados por Él y su modo de proceder
La tercera tríada nos lleva a integrar la experiencia cristiana en la vida cotidiana, animados por el Espíritu de Dios Es precisamente el ESPÍRITU SANTO quien nos reúne como "hijos e hijas en el Hijo" y nos constituye como comunidad, reflejo del vínculo relacional intratrinitario ("nuestros corazones").
Dentro de esta tríada también podemos identificar referencias trinitarias: Integrar la voluntad amorosa del Padre en medio de un mundo herido implica participar en el misterio pascual (Paso 7). La obediencia de Jesús se expresa a través de nuestra vida eucarística: somos partidos y repartidos con Él, somos su Cuerpo Místico Así el Padre sigue alimentando al mundo Es el Hijo, Jesús Resucitado, quien nos hace partícipes de su misión de compasión en la vida cotidiana (Paso 8), transformando nuestros criterios y actitudes desde nuestros contextos particulares. Finalmente, la acción del Espíritu Santo nos enlaza como verdadera red universal (Paso 9), uniendo diversos carismas y movilizándonos a través de la oración y el servicio para enfrentar los desafíos de la humanidad en una misión común.
5. Despliegue de la dinámica interna del camino
Presentamos esquemáticamente la dinámica interna de cada paso, que es el punto de partida del paso, la pregunta general que mueve al caminante para alcanzar la gracia o fruto que le es donado Así también a continuación, la dinámica interna de cada tríada como eje transversal que es bajada del título del paso.