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HISTORIA DE AMÉRICA

Page 1

Carlos Malamud

Historia de América

Alianza Editorial


Índice

~ : obrn ha sido publicada con la ayuda de la Dirección General dei Libro,

l_______

AH.:h1vos y Biblioteca, del Ministerio de Cultura

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···--···"'-···~· - - - - - - - - - - "

Primera edición: 201}5 Segunda reimpresión: 2007

Resc,vadns lúdú, lo¡ <le,echos El comen ido de """ ~hra ~SL; p, 01e.g1dn roe la l,ey. ~ne ¿stnbkc~ renas J,: prisión ylo mullas, además de las corrosp9ndtentos tndernni'l.acannc.s prn ,faiios y p< rJU\Cl<lS, pata quieneo rcprod~¡e,en, plagiaren, dist,ibuyerco o ~ornumt:uren ptlbhcsmente, en todo nen purte, una obro lilemna, atlistica o cientifica, ◊ su t,ansformactÓll, rnkrpretaeión o eJewc;Óll m ti.stica fija. da en c"alquier tipo de. soporte o enmumcada a navés Je cualquier 1nedw, s;n la preceptiva uuloriz:i ..

ción.

lntrodllCCÍÓn .. Primera parte

América colonial 1. El mundo americano antes del encuentro. l. L0Hidescub1ertos» .

l. l. El ongen del hombre en /lméric~ . 1.2. L, caza y la !'~colección .. 1.3. Agricultura, ganaderia y sedentarismo. 1.4. El se<leritar;smo y el desarrollo urbaílO. L¡1s atlas culturas .. © Carlos MalamudRikks, 2005

© Alianza Editorial, S. A., Madrid, 2005 2006. 2.007 Jn~n Ignacio Luca de Tena, 15; 28027 Madrid; telff. 91 393 88 88

2. Aztecas e incas.

2. El descubrimiento de un nuevo mundo. El papel de Europa.

www.al,arizaeditoriaLes

ISBN: 978- 84-2{)6-473<).5 Depósito kgaJ: M. 33.216,2007 Compueotoe impreso en FerrnindezCíndad, S. L. Coto d~ Doñana, !O 28320 Pinto (Madrid) Printcd 111 Spain

2. 3. 4.

5. 6.

Sl QUIERE REClB!R INf-ORMACJÓN PERlóD!CA SOBRE LAS NOVWADES DE AUANZA EDITORIAL, ENVÍE UN CORREO f:LECTRÓN!CO A LA DIRECCIÓN,

alianzaeditorial@anaya.es '----

11

La Europa qtie hizo posible e[ descubrimiento. Los cambios t~~nológicos . Las complicaciones en las rutas tradicionales. La peninRula lht\ric11 .. El laboratorio atlitn:tico. La empt·csa colombina. 6.l. 6.2. 6.3. 6.4.

E!protagoní5ta. El prirnerviajr. .. Los otros tres viajes de Col611. Lo~ primems contactos en Tiena Finnc y Centmamerica ..

15 16 18 19 21

24 29 33

33 35 37 38 40

42 43

45 47 49


7 El connenzo 1k la snc,etbd colonial en lml1as el Citi ibe .. 8 Tic,,~ Fi,me y América Ccntrnl .. 3 1 El Darién .. 8.2 Los tanreos iniciales en América Cemrnl .

<,_ f_a\11eltaalmundo ..

3. La conquista y los conquistadores. l. El marco legal ... 1.1. La guerra y la explotación de los indios .

2 La conquista .. 2.1 Los conquistJdores y la hueste ..

51 55

56 59 60

65

2

El gobierno de Indias en lndins ..

2.1

70

2.2, Las Audiencias y los gobernadores .. 2.3. Elcabildo ....

Vineyes y virreinatos .

3. La Re~! Hacienda .

77 79 80 83 87

89 90 95 97 100 103

1. Iglesia y Estado .. 2. Evangelización y educación religiosa .

104 107

3 Órdenes religiosas y red,,cciones

108

4. Elclerosecubr.

112 115

5. La Inquisición en América..

1.2. El Consejo Real y Supremo de lndias ..

69

1 1 !,ftS primeros pasos en la conqulsta de México. 1.2. La conquista de Méxko-Tenochtitlan . 1.3. La ampliación de las fronteras del México colonial .. l.4 América Central

5. La conquista espiritual, ..

11 La Casa de Contratación ..

65

78

2.1. La conqLlista de Perú y Quito .. 2.2. Colombia y Ven~zuela bajo el mito de El Dorado . 2.3 Tucumán y el Río de la P!ata.. 2.4. El reino de Chile.

8 La administración dd Imperio: gobierno y Real Hacienda ..

63

El Imperio azteca y Mesoamérita .

2. J.a conquista de América del Sur. Perú -··

2. La socie,bd d,, los indios ..

La admin1strnc1ón imp~rial ..

4. La conquista tle la América continental y el comienzo de !a coloniza-

ción.

13 Los grHpos subordirrndos.

14 ¡ .iH indio,; en b oo~iedad cspaiioia _

3.1 Las Cajas Re~les .. 3 2. La minería .. 3.3. El tributo indlgena y e! diezmo eclesiástico. 3.4 Los impuestos indíred(l> __

9. La economía colonial. Las repei:CL,siunes de la conquista sobre la economía indigenu. 2. La producción.,

2.1 El sector agrario . 2.2. La ganaderia. 2 • --~-

Las manufacturas ..

2.4. La mineria de plato .. 3 El comercio co\onial . 3.1 El comercio ex!erior. 3.2. Elcontrabandoe;::tranjero .. 4. Las exportaciones de metales preciosos ..

4. l. El comercio interior ..

5. Los cambios en la economía colonial y la crisis del siglo xv¡¡ ,--

6. La demografía colonial.

117

5.1. El auge de la economía colonial en el último cuarto del siglo xv1 , ..

El cboq1ie demngnlfico .

118

5 2. La crisis. 5.3. Lasrespucstasrcgwnales.

1.1. El factor epidemiológico. 2. J ,a inmigración española 3. Las rnigraclones indias 4. La trata negrera

7. La sociedad colonial.. l,a sociedad de los españoles. 1 l. Las ciudades como centros de relación social . J .2. El papel de los encomenderos y de otros gn.,pos privilegiados ..

119

126 !32

133 135 137 138 140

6. El trabajo en la colonia .. 6.1. El trabajo indígena, .. 6.2. El trabajo esclavo __ 6 3 Trabajo urbano. Gremios y artesanos __

10. El Brasil colonial.. Lapob!ación .. 2. La colonización y la primera administración colonial .. 3. Economía y sociedad ene! delo del azúcar.,,

144 145

146

15 l 153 153 154 156 156 157 159

159 160 161 ]62

163 167 167 168 168 170 171

172 176 176 179 181

182 134 185 186 188 190

190 193 194 195

196 199

203


4. La expanoión de la frontera y la colonimción de fa periferia brasileña ... 5 Reforma y cristo del ois tema colonial. 6. El comercio colonial .

1 l La prese1icia ameiicana de las otras potencias europeas. Lo~ primeros paso~ , 2. Las Trece Colonias 3. Canadá l

208 212 216 221

5. Los diferentes sistemas 1:olonlales .. ,

224 226 234 237 240

l 2. Economín y reformas borbónicas ..

243

4. EICanbc ..

l. La economía.

243

1 ! La población.

246 248

L2. Laagrinilt1.1rn U. Lamine1ía.

250

2. Las reformas borbónicas.

252

2. l. Las refoimas admiE1istrativas. Las ímendenci~ .. 2.2. La libe1alización del comercio ........... . Las refo1mas fo;cales y el aumento de

2.3

11i;~;;¿,~·;~;~~;;¡;i·~·:·

254 257 260

J5. Brasil: de la independencia a la república .. 2. 3. 4.

5. 6.

Los precedentes de la emancípacíórt. LacortegeimtzlaenRlo .. •·-·· La independencia El [mpe, io y el reinado de ¡fon Pcd1tJ. Onlcnyprng1eso. La crisis del Imperio ..

16. Las consecuencias poHticas y económicas de la independencia.

328 329 331 337 338 342 344 346 347

17. El desarrollo de los regímenes oligárquicos ..

349

2. La ~onsolidación de lao economias exportadoras ..

1. La independencia de los Estados Unidos .

266

~as Trece Colonias frent<' a !os intentos metrnpolitan()S de reforzar el poder 1mperrnl. ...................... ,., ................... . 1.2, ~a qtllc.bradel orden colonial y la Guerra de la InJependenci~ .. 1.3. El surgnrne11to del orden republicano ... -· ..... _. ·--· . _......... _..... . 1l

2. La independencia de Haití 2.1

Azúcar y crecimiento económico

2.L Los esc!avos entran en acción. E! liderazgo

266

;¡~-'f~~~;~¡~;i:.~;;;;;;~;~ :·

278 281

Del estancamiento a la apcrtma económica. 2.1 La ganadería y la agriculrnra templada. 2.2 La expansión del café y de los cultivo5 tmpirnles .. 2.3. Las expur!aciones mineras ...

285

l Las cansas de la revolución. 2. ¿De qué revolución se habla? . 1. Las primeras experienciBs juntistas

286 291

4. ElRiodelaPlatayChile. 5. San Martín y la ernpresB peruana . 6. La gesta de Bolívar Vet1cn1ela y Colombia 7. Nueva Es pafia y América Centra\ 8. El comienzo de las prilcticas electorales .

297

293 301 302 304 305

353 355 359

362

4. La ;ociedad.

363

4.1. El comienzo de las m,graClones internacionales. 4.2. Los grupoo urbanos ..

363 365 366

5. Polític~, elecciones y ciudadanía .. 6. Liberales y conservac!ores. _ .

370

6.1. La ((Reformm> mexicana .

372

Política y partidos_

375 376

1 ! . Revoluciones, guerra ~iviles y elecClones .... J 2. Expansión de! sufragio y reformas electorales .. i .3. La formación Je los sis!ernas de partidos.

376 377 378

18. El esplendor !atinoamencano. De 1880 a la Primera Guerra Mundial.

14. La independencia de Hispanoamérica.

350

352

3. La finandación de lus exportaciones y el endeudamiento externo ..

270 274 278

327

Las ctJnsccuencias políticas. 2, Lat1t1evarealidadregional. J. Polittcaeir\s!itnciones. 4. Liberales y conservadotes .. 5. G1an Bretaiiay Eotados Unidos. 6. La rec()nstrncctón d¿ la economía . 7. El comercio ex.tenor y la apertura Ebrecambista .. 8. La mine6a 9. Las relaciones con España.

Las independencias 265

313 317 320

América Latina contemporánea

l

Las independencias de Estados Unidos y Haití_

31!

Tercera parte

Segunda parte

]J

307 308 309

l

2. La actividad ptJlíticJ de los grupos urbanos 3. Elmovirnientoobrern. 4, Los problemas lirnítrnfcs .. 4.1. ElcanaldePanamá ..

382 384

385 386


5 FI porf1riato Y la Revolncrón rnex,eana 6 Las gucrrn:; civiks en Colrnnbin .. El fin del !rnprnn espnlml R Li> wn,;oliclación de IJ;, expo,1acionc5 ..

387 39.\ 394

9. Las mven;iones ex!ranJcrns y b actividad prodL.!(tiva. IO El cornien~o rle lo incln5tri,1!i?~1c 1ón ..

19. Economía y sociedad en la crisis del sistema oligárquico .. l

Ln eco □ omía ..

l 1 La(J(anDepresión ................................................ . 1.4. La industrinlización por sustitución de importaciones .

2. La sociedad.

403 405 407 408

413 418

21 Laevoluci(,n demográfica: el fin de la inmigración masivJ y la urbani7..ación 2.2. Elmnndormal .................................. . 2 3. Los sindicatos 24 La Iglesia católica

20. La política en !a crisis del sistema oligárquico. 1 La incorpo,ación de los excluidos. 2. E!populismo. 3. Lo~cambiospolitícos .. 4. Los partidos políticos

418

423 424

426 429 429 433 436 437 440

5. Los militares y la política . 6. Las idea8 pofüicas .. La Reforma Uni,ersitnria

397 398 400

403

I / Estados Unido~ . 1.2. Los ini,:io, de la ind1Jstrinlización .

7

442

izq~;~·;d;~~·;¡;;l~;··

8. La izquierda· socialistas, comunistas e 9. El nncionalismo, el fascismo y otras corrient(:s anti/íberales ..

'.!.l. La lucha por la. denaoc1acia: del autoritarismo a las transiciones . l La economía .. 2. lritervenciomsmo e industrialización sustitutiva .. 2. l La Alianza parn el Progreso . 2.2. Las solucio,ws regionales_ 2.l. Lacás1sdcladeudae.,1erna ..

3. La Revolución cubana 4. El autorilarisrnornilitar y las trnnsicio~;,~·~·j;:

443 445 451

455 456 456 460 461

463

;¡~;;;~~;,;~·¡;::··

467 470

4.1 La cuestión militar, las invasiones nortearneácanao y la izquierda insu" neccionn/,.

4.2. La transición a b <lcmocrncia . Bib/iogrnfia .. Índice onomástico _

Introducción

470 474 487

499

En la senda de los bicentenarios de la independencia Al comenzar la próxima década, y durante bastantes años, los p,llses latinoamericanos festejarán los bicentenarios de sn independencia. Las dos únicas excepciones son Haití, que debió conmemorar esa fecha a principios de 2004, aunque la dificil coyuntma qne vivía impidió hacerlo en toda regla, y Cuba, que deberá esperar hasta 2098. Si bien España perdió sus colonias en aquella oportunidad, es obvio que no puede permanecer al margen de semejantes eventos, y esto por varias razones. En primer lugar, porque tiene con los países hispanoamericanos una lengua, una historia y una cultura en común y con el conjunto de América Latina una vocación de pertenencin que excede los estrechos (pese a su gran inmensidad) marcos lingüísticos. Segundo, porque el nacimiento de las nuevas repúblicas, y con ellas el de la ciudadanía y la misma democracia, están directamente vinculadas y relacionadas con la herencia hispana, algunas remotas, como las teorías pactistas que hicieron posible la em:.mcipaci6n, y otras más cercanas, como la Constitución de Cádiz, la Constitución liberal de 1812, la famosa Pepa, que tanto impacto tuvo en toda la región y que fue decisiva en la expansión de los sistemas electorales. Es el tercer motivo el que más se vincula con la obra que el lector tiene entre sus manos. En 1992 se celebró el V Cente11ario del Descubrimiento de América, o del Encuentro de dos Mundos, o como se lo quiera llamar en función de preferencias políticas o ideológicas o de lo políticamente correcto, En ese entonces se perdió una oportunidad de oro para que españoles y latinoame-


rieanos comenzaran a reflexionar conjuntamente sobre un pasado en comlln. E~ evidente qlie no se trata <le una tarea facil, ya que si entre los propios conna•• cionales de cada uno de los paise~ no se ponen Je au1et"do sobre su historia nacional, es mas dificil todavia que esto se consiga entre especialistas de más de veinte países. Sin embargo, es un ensayo nnprescindible yla oportunidad que brindan los bicentenarios de la independencia debería ser punlltalmente apro~ vechada. En ese sentido, esta Historia de AmCrica quiere ser un aporte para un p10ceso qne se me ocurre complejo y dilatado, pero sumamente necesario. Se trata de disrntir, entre otros múltiples asuntos, mucho8 temas que de una forma esquemática se abordau en este libro, como el significado del descnbrim1ento y de !a conquista o su iinpacto sobre los pueblos asentados en las distintas zonas de la región. Es cnrioso, pero en estos momentos se ha optado en muchos foros proclives al indigenismo por la denominación de pueblos onginanos para aludir a !os pueblos indigenas. Ocurre, pese a todo, que muchos pueblos originarios en realidad eran Íllvusores y se rnstalaron en !a región que controlaban tras expuhar a otros pueblos ind\genas, más onginarios que ellos. Pero no es lo único que hay que discutir. Hay tambien que profündizar en todo lo positivo y negativo que supuso la occidentalización y la evan~ gdización para unos pueblos refractarios a incorporar los valores, usos y costumbres de una cu!tuia diferente. Más modern<JJnentc b1y 0iros temas que merecerían nuestra atención, como el significado de la democracia en America Latina. Re,o,u!ta frecuente oir que se trata de un sistema transpbnta<lo del exterior, de Europa y de Esta• dos Unidos, y que por tanto no tiene en cuenta los verdaderos sentimientos de lo8 latinoamericanos. En realidad, la democracia en Ameriea Latina es conwstancia! al desarrollo republicano y salvo que se diga que el republicanis~ mo, y el sistema político que lo sostiene, es ajeno a esa realidad, no queda más remedio que profundizar en estas cueMiones, tal como lo está haciendo lamoderna historia polltica latinoamericana, que tanto ha avanzado en los últimos veinte arios y que ha dado tantos y tan buenos estudios. Jnnto a ese afán de participar en el debate de los bicentenarios, esta Histo• ria de America tiene otro gran objetivo y es transmitir a los lectores los conceptos bflSico5 para que se forme u una idea Jo mil.s acabada posible de la realidad latinoamericana, un continente complejo, extenso, diverso y de muy dificil genem!izaci6n. Mil.s allá del debate sobre la unidad o la diversidad de AmCrica Latina, lo cierto es que esta obra se beneficia de la doble identidad del autor, española y argentina (latinoamericana), lo que permltc incorpo~ rar al tratamiento de la historia de América una doble perspectiva, no siempre coincidente, muchas veces antagónica, pero cuya convergencia es el único camino para avanzar en esa historia en comU.11 de la qne se hablaba más arriba. Carlos MALAMUD Madrid, abril de 2005

Primera parte

América colonial


1, El mundo americano antes del encuentro

El 12 de octubre de 1492, Colón y sus hombres, tras 71 días de travesía atlántica, desembarcaron en un lugar del Caribe denominado por los indígenas Gnanahani y que los recién llegados designaron como San Salvador. Durante mucho tiempo la historiografía occidental, íncluida la americana, desígnó tal evento como el «Descubrimiento de Am6ricm>. A fines del siglo pasado, a medida que se acercaba 1992 y con él los festejo½ del V Centenario del Descubrimiento, se eomenzó a cuestionar dicho concepto desde algunos sectores ligados a la defensa de lo~ intereses indigenistas, y se planteó en su lugar el de «Encuentro de dos Mundos)), con resonancias políticamente más correctas_ El principal objetivo de este nuevo concepto era quitar contenido a la versión euro o etnocéntrica de los hechos, que primaba el punto de vísta europeo sobre el indígena, el de los vencedores frente al de los vencí dos. Desde esta última perspectiva, el descubrimiento y conquista de Améríca habían sido lisa y llanamente unn. invasión o, en el peor de los casos, un simple genocídio. Más allá de las cuestiones meramente nominalistas que tienen más que ver con aproximaciones políticas e ideológicas, o con concesione-S fáciles a lo políticamente correcto, lo cierto es que ninguna de las definiciones al uso resnl1a de utilidad científica. Tampoco es útil la denominación de «encuentro de dos mundos>>, porque fueron muchos más los que se encontraron (o se embistieron) en el intento. Mientras los pueblos europeos compartían una serie de valores culturales, religiosos, ideológicos, históricos e inclusive económicos, producto de su propio desarrollo hístórico y de algunas experiencias


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como el Imperio romano, que tuvierun para algunos pueblos europeos resultados similares a los de la conquista ibéricn, el grado de compartimentación del mundo arnencano a fines del siglo xv era muy marcado, Desde Alaska a Tierra del Fuego había múltiples y diversas sociedades que se diferenciaban por su aspecto físico, su lengua o su cultura. Esa multipíicidad permitió la convivencia en el continente americano de ct1lturas muy primitivas con otras sociedades muy desarrolladas cultural, social o científicamente. Al margen de la existencia de algunos circt1itos comerciales que permitían el intercambio a farga distancia de productos de gran valor, las diferentes culturas e impe1ios americanos solían vivir aislados los unos de los otros. De ahí la dificultad para hablar del Nuevo Mundo eomo de una entidad unitaria y estructurada. En realidad, y sin que ello suponga un enfoque eurocéntrico, la hisioria común de ese nuevo mundo empezará a forjarse a partir de la conquista o invasión europea. Fueron los conquistadores los que comenzaron a hablar de indios y los que le confirieron a la palabra una idea de unidad que hasta entonces no tenía. Dijo Alain Rouqnié qt1e América era parte de Occidente. o, en el peor de los casos, el Extr<".1110 Occidente. Por eso, de Jo que no hay duda, es del origen occidental de la irlVención del indio, lo que no implica atribuir dicho migen a los pueblos originarios.

1. Los «descubiertos» A fine,<; del siglo XV y pnncipios del XVI, las tierras que actualmente denominarnos continente americano estaban pobladas por varios millones de indígenas, de un desigual desarrollo tecnológico, cultural, social y político. Los primeros migrantes, que inicialmente no pasaron de unas cuantas decenas o, a lo sumo, de algunos cientos, füeron incremernando su número con el correr del tiempo, a medida que aumentaban su control sobre el medio circundante. Si bien resulta dificil y polémico realizar una cálculo fiable del tamaño de !a población indígena en el momento <le la conquista, las estimaciones dispom. bles van desde la cifra mínima de 11 a 13 11Jillones hasta la máxima de 90 a 11 O millones, Sin embargo, los estu<lios demográficos más serios han rechazado ambas por ser poco consistentes y estar basadas en apreciaciones subjetivas más que en criterios científicos. En la actualidad, la mayor parte de los académicos, basándose en trabajos que tienen en cueuta la ecología y la producción de alimentos, maneja una cifra que oscila entre los 60 y los 80 millones de habitantes, de los que entre 40 y 65 millones corresponderían a los territorios de lo que Juego sería el Imperio español. Las regiones más pobladas eran México {cerca de 25 mi!loncs) y la zona andina (entre 1Oy l 5 millones). En ese momento, las sociedades más estructuradas y avanzadas eran los ¡ft1_ peri os inca y azteca (enclavados en lo ql1e hoy es la zona andina en América del Sur y en Mesoamérlca); en el otro extremo del especiro encontramos a un abundante número de pueblos cazadores y recolectores, que vivían en condi%--l'l;Y-~...ill¼

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ciones de escaso desarrollo tecnológico. Mientras los grandes imperios se desarrollaron en los altiplanos tropicales y en las tierras fríus o templadas de las regiones intertrnpica!es, los grupos meno~ ,desarrollados $e_establecieron especialmente en las llanuras y en algnna~ fnas zonas montanosa~. Entre estas zonas hubo diferencias demográficas importantes: altas dens1dadcs en tas primeras frente a bajas o muy bajas en las segundas, lo que indudablemente afectó a la conquista europea. La gran diversidad entonces existente es trasladable a la ac_tualidac~ donde resulta sumamente dificil hablar de la realidad latinoamencana corno un todo. A fines del siglo xv, la diversidad se observaba en la existencia de múltiples y diferentes identidades, pueblos, cu!turas; lengu_ajes,_ costumbres Y creencias, así como en el desarrollo de las mas vanadas lustonas, que apenas tenían puntos de contacto entre sí, pese a que en algunos casos los mitos cosmogónicos bebían de las mismas fuentes. La expansión europea en el Nuevo Mundo y la consolidación de !os imperios español y portugués, así como la presencia de otras potencias europeas en el Caribe y América d~l Norte, h:ríau tabla rasa de buena parte de ese pasado, homogeneizándolo casi todo (un m11co rey lejano al qn.e sólo se podía acatara la distancia; 1ma única y rr~ihtan'.e rei_igión: el cristianismo; el idioma español como lengua franca del 1mpcno mas extenso del continente; monedas comunes que permitían la existencia de círcnitos comerciales de larga, mediana y pequeña distancia; etc.). Pero este proGeso füenemente homogeneizadorno debe hacernos creer que las raíces indígenas fueron borradas del mapa. La historiografía moderna no sólo se ha preocupado por saber quiénes eran los pueblos que habitaban el Nuevo Mundo, sino también Cllántos eran sus pobladores. Mientras la primera pregunta h1vo una respuesta relativamente sencilla, dependiente de los avances que iban realizando los antropólogos, arqueólogos e historiadores, la segunda füe objeto de una agria polémica en los años sesenta y setenta del siglo pasado, y todavía hoy vemos a algunos empeñados en mantenerla viva. La discusión estaba muy ligada a lo que se denominó la Leyenda Negra de la Conquista, que tendía a cargar las tintas sobre la barbarie y el carácter sangriento y depredador de la empresa española. Mientras resulta más o menos sencillo conocer el tamaño de la población americana a mediados del siglo xvi, gracias a la existencia de fuentes adecuadas, su cálculo para cincuenta años antes, en el momento del ,<descubrimiento», dada la falta de fuentes escritas, ha sido objeto de arduas disct1siones_ Como había un acuerdo más o menos generalizado sobre los años posteriores a la conquista, la dimensión numérica del punto de partida era crucial para cuantificar la magnitud de la barbarie española. Cuantas más personas hubiera habido en 1492, más habrían muerto en las décadas posteriores y, por tanto, más cruel habría sido la conquista ibérica según los detractores de España. Por eso, los defensores de !a labor española sesgaban las cifras a la baja, mientras los más críticos apostaban por los números más elevados posibles. Sin pretender rehuir un punto tau importante para el debate


de estas cuestiones, me ocupan\ ahorn dé' los ¡mmitivos hJbit:rnte~ de i\m6l'Íca, parn intentar luego i-c,~ponckr a !a cuestión de cuántos lrnhic1 ,'.l1 el momento dd descnh1imicnto.

1.1. El origen del hombre en América

Pese a la existencia de algunas teorías más o menos simpáticas o disparatadas, más próximas a la ficción o al romanticismo que al conocimiento sistemtltico, que relacionan el origrn del hombre americano con cuestiones miticas o teológicas, como las que lo hacen proceder del continente perdido de Mu-Lemmfa o de !a mitológica At13.ntida, hoy sabemos con bilstante certeza que durante millones de años los seres humanos que fueron ocupando otra$ partes del planeta, no pisaron el continente americano, donde sin embargo si se hsbian desarrollado ima flora y nna fauna bastante originales. También se da por práclicsmente seguro qHe los primeros lwbitantes que alcanzarou sns costas de un modo sistemático lo hicieron a través de movimientos migrnlorios procedentes de Asia. Una afin11ación de este tipo nos lleva a descartar las <listintas teorias sobre el origen amóctono del hombre americano, corno las planteadas en la segnnda mitad del siglo XIX de forma polémica p;rel argentino Florentino Ameghino, que lo situaba en la Pal.agonía. Hace cerca de 40.000 años, algunos grupos humilnos de origen mongoloide oriundos de Asia comenzaron a poblar el continente americano, a! cual habían emigrado caminando a través del estrecho de Bering, Frente a estas certezas, ciertas teorías hablan de la presencia de gente de origen polinesio llegada por vía marítima a través del océano Pacífico, aunque se trata de una afirmación asnmida por ciertos antropólogos y prehistoriadores sin demasiadas discusiones. En esta linea, y con el ánimo de probar la factibilidad de dicho viaje, algunos aventureros han realizado pruebas para demostrar que con la tecno!ogia náutica de la epoca se podía atravesar el ocCano Pacífico. Sí bien cabe la posibilidad de que accidentalmente alguna nave hubiera transportado sanos y salvos a gentes y productos proceden les de la Polinesia o de cualquier otro punto remoto próximo al Pacifico hasta alguna playa americana, resulta completamente diferente hablar de una ruta regular transpacifica en ambas direcciones, Una cosa es que una nave arrastrada por el viento llegara accidentalmente y con sobrevivientes a bordo a las costas del Nnevo Mundo, y otra muy distinta la existencia de un tráfico regular que implicara a un nllmero importante de navíos y personas, lo que habría supuesto t11go tan complicado como el conocimiento por parte de los navegantes de la epoca de una ruta de regreso que pudiera ser transmitida de una generación a o1ra. Las migraciones transcontinentales en el extremo norte del continente se produjeron en un período glaciar, semejante a los producidos en otros momento.e; similares de la historia de nuestro planeta, cmmdo la fom1ación de masas comiderables de hielo en los casquetes polares provocó la retirada de

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-~=~~·-d~ 1-os ocCanos y el correspondieutc de~censo del nivel dd ~iar. De ese "'o<lo en d <.strecho de Bering quedó lransitablc un corredor dt: crcrtu anchu~: qu~ durante un largo pt:flodo de t_icmpo re.r1:1i.tíó ei pi1so contin~3do .de hombres y animales en amh:is direcciones. El irncw de un nuevoy,;nodo mterolaciar, con d consiguiente aumento de !:is temperaturas, dernt10 muchos de los hielos polares y con ello las aguas subieron nuevamente de nivel, ceC,rando dcfinitivamenie la ruta terrestre que habia permitido la población del . Nuevo Mundo. Desde entonces, en tomo al año 8000, y has1a 1492, el continente y sns habitantes, conocidos posteriom1ente como amerindios o indios americanos, quedarían totalmente aislados del resto del planeta, salvo por algtmO$ contactos esporádicos como los?~ mencionados pro~enientesde la Polinesia, o la llegada de algunas naves v1kingas en torno al ano 1000 de nnestra era a las costas de lo qne llamaron Vinlandia, la actual Terranova, Algunas bandas de cazadores y recolectores, por lo general no mayores de 30 personas, llegaron a tierras americanas durante el.p_eríodo g~~ciar conocido como Wisconsín, Estas bandas tenian una gran movilidad y utJhz::iban utensilios rudimentarios de piedra, hueso y madern, seglln confirman numerosos halJazgos arqueológicos. A elias pertenece el yacimiento americano más antrouo conocido, el de Blne Fish Cave,junto al rio Yukou. Partiendo de ta penín:ula de Alaska, algunas de estas baudas iniciaron largos y complicados peri• plos por las tierras interiore,~ del conti:1ente y terminaron dispe:sánd_ose por toda la América del Norte, para postenormente llegar mucho mas alla, en dirección a Mesoamérica y AmCrica del Sur. En Texas se han hallado algunos yacimientos arqneológicos que gracia.$ al carbono 14 se pudieron datar en torno al 36000 a. C. La marcha de estos grnpos continuó en dirección al sur y en Nicaragua encontramos el yacimiento de El Bo,~que, qnc se ha fechado en torno al 35000 a. C Los restos materiales hallactos por los arqneólogos en América del Sur demuestran que algunas bandas primitivas de cazadores y recolectores tardaron cerca de 10.000 años en atravesar :i. pie todo el continente, de un extremo a otro, siguiendo generalmente !a ruta de sus presas de caza. En torno al año 10000 a. C., ciertos grupos indígenas vivieron un proceso de cambio tecnológico, gracias al cna! pndleron convertirse en cazadores de grandes animales herbivoros, mientras que otros grupos no se adaptaron y ~antuvieron el mismo nivel de vida que tenian cuando llegaron a América. En este momento comem:ó a intensificarse el proceso de diversificación entre los diferentes grupos aborlgenes, que hasta entonces hablan tenido un hagaje cultural bastante homogeneo a lo largo y ancho del continente americano.

1.2. la caza y la recolección Con posterioridad a su inslalación en Am€:rica y durante milenios, el hombre sólo pudo acercarse a la~ grandes presas, teniendo alguna ocasión de matarlas cuando se as-cidentaban o quedaban inmovilizadas en el fango, en los panta-


nos ú en algunas otras situaciones similares. Gracias al método de ensayo y c'.rnr la tecnología disponible comenzó a evolucionar y se empezó a tallar la piedra, bien por pcrcmaón, bien por presión, aumentando con ello las posibilidades de control y dominio del entorno, gracias a las mayores prestaciones del utillaje disponible. Aunque los útiles de piedra eran más eficaces, continuaron utilizándose también otros de hueso y madera (cuchillos, agujas, punt~s de fle~ha,.ra~deras, etc.). Los prehisioriadores, aplicando criteríos de penodizac1011 SJJrnlares a los vigentes en el Viejo Mundo, asimilan este período al paleoWico superior, extendiéndolo aproximadamente hasta el 7000 a. c. Sin embargo, la experiencia demuestra que ante las pcculiare.~ características del poblamiento americano y Sll posterior evolución, la mayor parte de las cai~~orías crn;i~lógicas v.á!idas para Europa y Asia resultan de dificil aplicacion en ~ne~ica, esp~cialmente cuando su traslación se realiza desde posturas etnocentncas, razon por la cual éstas serán dejadas de lado en el presente capítulo. En esa época se formaron a lo largo y ancho de todo el continente americano peqneñas bandas de cazadores, una de cuyas caracteristicas era seguir a s'.is presas durante sus largos desplazamientos. Sin embargo, ni todas las regiones de América ni todas las sociedades at!í establecidas se especializaron en la caza de grandes mamíferos. En poco tiempo comenzarían a difundirse diferentes respuestas en función del entorno ecológico en que se desarrollaban. así como por su grado de especiali?ación y adaptación al medí o. De este modo, mientras en algunas regiones ta recolección continuó siendo el sistema preferido por la mayor parte de los grupos americanos para la obtención de sus alimentos dadas las grandes facilidades existentes en su entorno, en otras: ~lgunas. bandas comenzaron a especializarse en la caza de pequeños mamiteros, 1111entras que aquellas que vivían a !a orilla del mar se orie11 taron a la recolección y pesca de mariscos. La época dorada de los cazadores dedicados a la captura de grandes presas terminó en torno al 7500-7200 a C cuando el clima se volvió más seco y caluroso y la desertificación de un; tensa zon~ de Améiica del Nor!e cansó la extinción de Ja mayoría de Jas grandes especies cazadas por el hombre. Esta situación provocó que muchas bandas de cazadores desaparecieran junto con sus presas; sin embargo, debieron haber sido mayoría las que pndieron reconvertirse y adaptarse rápidamente a las. n~evas circunstancias. Hemos visto como,junto a los grandes cazadores, existian otros grupos especializados en la caza <le animales más pequeños (coneJos Y otros roedores, patos, pájaros y otras aves), que completaban su ali.mentación con plantas silvestres y, eventualmente, con los granos de las mismas. Resulta probable que durante algunos milenios, entre el 15000 y el 2500 a. C., los cazadores de pequeií.as presas y recolectores de granos, que ter_ mn~arían estableciéndose en cuevas y cavernas, coexístieran en determinadas reg10nes con los cazadores de grandes animales, pero viviendo de forma totalmente independiente unos de otros. A mediados del octavo milenio, el ma-

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·--~~-~~~., . . . s.l"d;l j~~ recnrsos naturales aumentó las posibilidades 10 ~-ro•• .. · •n•··,~ de los pueblos especiahzados en la caza de pequenos amma-

de supcrv1v._, "" -. , . ., , , les la recolección, mientras se reducia el mm gen de accion de los grandes · yd •..e Cerca del año 6000 a. C., algunos recolectores de granos comenzacaza 01""· · · ·, d ¡ • · 1 exitosamente en el proceso de cultivo, germmacion ron ame.., , . e as se·¡¡ explotación de las plantas silvestres de las que se vemanahmentando rm asy • , d · cotidianamente. Esta actividad, centrada en la mampu 1ac:~n e ciertas espe. ,getales se complementaba con la caza y la recoleccion en aquellosrnocies v , . · ¿· · ¡ rnentos en que el ciclo agrícola requería de: fuentes alunentanas a iciona es.

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1.3. Agricultura, ganadería y sedentarismo Los datos que aún manejamos sobre el inicio del~ agricultur~ ~n América son bastante escasos, lo que nos impide elabmar teonas mny sofo;ticadas sobre su evolución inmediala. Los restos más antiguos de actividad agrícola se han encontrado en Nuevo J:Vléxico (4000 a. C.) yTamaulipas (3000 a. C.), en América del Norte y Mesoamérica, respectivamente, siendo las principales especies vegetales desarrolladas la yuca, !a batata, el rnaíz y el frijol. El maíz en estado salvaje se conoció en México al menos desde el pleistoceno, desde donde pasó a A.mel"ica del Sur. En Pení lo encontramos entre el 900 y el 700 a. C Los pueblos andinos domestic:1ron la qunma {un grano rico en proteínas e hldraü:s de carbono), la papa, la calabaza y algunas legumbres como el pallar_ Y ~1 fn • jol. Los habitantes de zonas superiores a los 3.00? metros de altura sigmeron cazandohuanacos, alpacas y llamas, como !o habian hecho en el pasado, aunque con el correr di:l tiempo domesticaron a las lla:1;as y alpacas,ª. l_as qu~ utilizaron como medio de transporte y para la obtencmn de lana. A diferencia de Asia, África y Europa, en el resto de América la do:nesticación de a~imales no afectó a grandes mamíferos (vacas. caballos, oveias o cerdos, mexistentes en la región) sino a especies más pequeñas (perros, pavos y otras aves de corral). La arqueología nos dice que en América existieron caballos y otro.s grandes mamíferos, aunque se extiugnieron m11chos siglos antes del surgimiento de las grandes civilizaciones, de modo que el escaso desarrollo de la ganadería en la América prehis_Pánica no füe ~na cuestión de ,capacidad_si.no de posibilidad. Los grandes ammales domesticables no ex1strnn en Amen_ca cuando comenzó el proceso de domesticación de plantas y animales y su existencia sólo fue posible tras ser llevados al Nuevo Mundo por los conquistadores europeos. El calendario agrícola comenzó a influir en la conducta y hábitos de !os pueblos que más destacaron en la domesticación de especies vegetales. Así fue como la actividad humana se hizo más se<lentariaen 1os períodos donde la actividad en los terrenos de labor era mayor (primavera y verano). Por el contrario en aquellos momentos (otoDo e invierno) en que la falta de recursos agrarios los obligaba a recurrir a recursos energéticos adicionales, debían itl,;;&iif!f;"'i;§.,~

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put·tir en husca de sus pr(·sas tradicmnales y tenían c¡ue recupernr algunos hábitos de nomadismo. Las técnicas agrnrias básicas se desarrnllan,n nrnv pronto, y este proceso c:stuvo maruido por !a npilrición de la coa o palo cavadm El método más común de rultivo era el de turnbél y qucmél o roza (milpa en Mesoaménca), muy difündido luego entre las distintas poblaciones de origen maya. La roza o barbecho largo requería la quema de árboles y arbustos en el área del bosqne a cultivm, con un doble propósito: limpiar la zona haciéndola apta para el cultivo y utilizar las cenizéls de las especies vegetales quemadas como abono. El sistema era sumamente productivo y permítia alimentar a una población abnndanle, aunqne requería nna gran cantidad de tierras, ya que !a roza agotaba rápidamente e! suelo y según la mayor o menor calidad de !as tierras explotadas obligaba a desbrozar nuevos terrenos cada dos o tres años (o cinco en los casos más favorables). De esta forma, se desarrollaron verdaderos circuitos itinernntes en tomo a la zona de roza, una sitnación que paradó¡iC[!mentc impidió la formación de núcleos de población grnndes y estabks. En ciertéls zonas <le tierras altas de los Andes o México central, el desarrollo de la agricu!tma se centró en la construcción de grandes obras de infraestrnctura, como el regadío y la puesta en explotación de terrazas en las laderas de !as montañas, !o que permitió una agricultura más intensiva. En algunas regiones pantanosas o lac1istres de Mesoamérica se desarrollaron !as chinampas ojélrdines flotantes, que creaban un microclima adecuado para la agricultura, gracias al cnal las especies cultivadas se explotaban con abonos 1rnturales. El sistema permitía que el agna se infiltrara a la altura de las raíces, de modo qne las plantas se sembraban en semilleros para luego ser trasplantadas mata a mata. Se trataba de un sistema de cultivo integrado, de alta productividad, que permitía la obtcu-ción de dos a tres cosechas anuales, gracias a lo cual las milpas se convutieron en nna fuente importante de alimentos. Las chinampas no medían más de cinco metros de ancho para que la infiltración del agua fuera pareja, y 100 metros de largo. En medio de las chinampas se construían plataformas para qne los chinamperos instalaran sus viviendas. El desarrollo tecnológico y el perfeccionamiento de algunas armas, como el lanzadardos, hicieron posible adaptar la caza a los nuevos tiempos. La evolución de la cestería permitió confeccionar elementos adecuados para la recolección, transporte y almacenamiento de los vegetales y otros alimentos. También comenzaron a utilizarse las manos, piedras y morteros para moler !os granos, a fin de aumentar su valor comestible. La mejora en los métodos existentes para la conservación de los alimentos y la ac~unulación de excedentes permitió que las distintas bandas que cohabitaban en una misma región colaboraran rnás entre sí, ya qne las especies que no se recolectaban a tiempo terminaban pudriéndose en el cnmpo. Así surgieron las macrobanclas, que debieron definir sus respectivos ámbitos de actuación, lo que permi1ió el desarrollo del concepto de propiedad comunal, puesto que la agricultura se

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, ·dov..,•ol,·ct,·vo o cpm1mn,mo muy marcado. al ¡1erteneccr a la cnnrnmcontc:m , dad en su conjunto la explolación de recursos alimentarios. La idea tk propiedad privada en aqt1el entonces sólo se refería, con nrnclrns matizaciones, a algunos objetos personales de uso mdiv1dna!, muchos de los cuales acompañaban a sus propictmios tras sn 1mierte. La fomiación de macrobandas y la definición progresiva de los derechos de propiedad se reforzó con los intc_rc~mbios crecientes de ~ujeres y .~e los más diversos productos entre los distintos grupos de una misma reg10n. A medida que aumentaba el tamaño de los grupos, su organización se hacía más compleja y surgían nuevos cargos (jefes y chamanes o sacerdotes) y nuevas instituciones ideológicas y religiosas ( ce1·emonias, rituales, etc.). Durante un cierto tiempo, estas sociedades fueron igualitarias y mantuvieron relaciones sociales de carácter solidario, lo que permitía un mejor dominio del medio Y el control de los recursos, am1que su consolidación, unida a un crecien1e se, dentarísmo, cond11jo a la eslrati fícación social y, posteriormente, a las prime• ras manifestaciones del Estado. Esta situación, unida al desarrollo de la agricnltma, basada en el control de lus rcctlfSOS hidráulicos, permitiría la formación de grandes imperios en Mesoamérica y los Andes. Desde mediados del terGer milenio, los pHeblos más desarrnllados en la domesticación de plantas y anímales y con lln mayor control del medio füeron haciéndose cada vez más sedentarios. Algunos siglos más tarde, aparecieron las primeras aldea~, que con el correr del tiempo se convirtieron en asentamientos urbanos, como Chilca y Chavín, en los Andes peruanos, de Tlatiko en el valle de México o de San José Mogote en Oaxaca. Las aldeas primitivas eran agrupaC1ones de viviendas que albergaban entre 100 y 250 personas, generalmente a orillas de ríos o lagunas, para aprovechar el agua en !os cultivos. Léls viviendas solían sacar partido de los abundantes elementos naturales de! entorno. En el ya lle de México y la costa guatemalteca del Pacífico las viviendas se constrnían con ramas entretejidas cubiertas de barro y techos de paja. En esta época también surgió la cerámica, cuyo uso se generalizó varios siglos más tarde en distintas regiones del continente, así como el tejido, especialmente de algodón. Durante un tiempo se pensó que la cerámica americana se había originado en Asia, aunque hoy está claro que sus origenes se sitúan en América del Sur, pero no en los Andes centrales. Al descartarse la idea. de la existencia de un solo foco difu~or, se ve cómo la cerámica se desarrolló a partir de distintos centros independientes, especialmente algunos ubicados en las costas de Colombia y Ecuador. Las piezas encontradas más antiguas pertenecen a los yacimientos de Valdivia, en el Pacífico ecnatoriano (3500 a 2500 a. C.) y Pnerto Honniga, en el Atlántico colombiano (3090 a 2552 a. C.). La idea de la existencia de varios centros difusores se confirma con las características de las piezas encontradas en ambos yacimientos: la cerámica de Valdivia era bien elaborada y pulida, mientras la de Puerto Hormiga era muy


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tosca. La alfarería llegó a los Andes centrales en torno al 1800 a. C. y alcentro-sur andino hacia el 400 a. C. Los restos más antiguos de cerámica mesoanwncana (2440 a. C.) se enconlrnrou en la costa del Pacífico, en P11crto Márquezy Tehuacm1, en torno al 2300 a. C.

1.4. El sedentarismo y et desarrollo urbano. Las altas culturas El formativo americano se identifica con el neolítico europeo o asiático, aunque los pueblos americanos no Sltpieron utilizar la meda. Sin embargo, rnien-tras en el Viejo Mundo las formas sedentarias y urbanas se adoptaron con bastante rapidez, en América el proceso duró casi cuatro milenios. A medida que se füe incremcnt<1ndo el número y la variedad de especies cultivadas por los pueblos prehistóricos y que las reservas disponibles, abundantes y seguras, eslltvieron en condiciones de gararnizar la subsistencia, !a caza füe perdiendo importancia. En esa época se p1odujeron algunos progresos tecnológicos vinculados al regadío y la intensificación de las prácticas agrarias: se comenzaron a construir acequias para el riego de !as tierras de c11ltivo; diques para controlar, almacenar y regular la utilización del agua; y terrazas en las laderas de las montallas, para un mejor aprovechamiento de la tierra. La construcción de grandes obra~ públicas no hubiera sido posible sin importantes mecanismos de coacción social qne permitieron disciplinar la füerza de trabajo. Por eso, algunos an(rnpó!ogos yprehistoriadores hablaron de «sociedades hidráulicas» uu concepto bastante vinrnlado al «modo de producción asiático:>> desarrolla: do por algunos antropólogos marxistas, aunque su aplicación a las sociedades americanas ha resultado algo controvertida. La creciente especialización produjo mayores excedentes alimentarios, qur.; eran almacenados durante periodos prolongados, lo que autnentó los flujos comerciales, especialmente !os de larga distancia, basados en algunos prod11ctos escasos, de pequeño tamaño, gran valor Y alta demal!da, corno las conchas, el jade y las turquesas. El co~ mercio también se centró en algunos productos de gran consumo, como los vinculados con la alfarería, hasta entonces producidos con fines exclusivamente domésticos. La cerámica comenzó a exportarse a las regiones vecinas, fundamentalmente a los centros productores de los bienes más derrnmdados y por los que se la quería cambiar. La respuesta más común frente al crecimiento demográfico y la menor disponibilidad de recursos era la migración de parte del grupo en búsqueda de nuevas tierras de cultivo, siendo las cuencas de los grandes ríos la vía de penetración más importante hacia el interior del continente. El maíz permitió en buena medida estos desplazamie11tos, gracias asn gran poder alimenticio v su fácil a<lapt_acíón a los suelos y climas más diversos. Las comunidades agr;nas se urbamzaron y se asentarou en pueblos y ciudades, donde se desarrollaron las «ali.as culhtraS>), en un proceso que podríamos denominar <le «surgimiento de las civilizaciones))_ Las bases de las civilizaciones americanas se

fo;.;a;¡,;~ ~u;,

~~- :l,1eci~i-~-~ ~n el p¡;íodo segú~· l;; r~;~o~es-,-¡e exte1¡~ió en1 tre e! 2500 a. C. y el 300 d C. ,. Los casos más destacados fueron los olmecas, en Mesoamenca y la culh1ra c,'l•"vín '"' , en los Andes. Si bien se intensificó la vida urbana, en líneas gene-. rales la población siguió siendo mayorít_ariament.e rnr~L El proceso de :lfbam·,·ón favoreció la estratificación social en el mtenor de !as comurndades. zac d as por U n fenómeno semejante sólo podía tener lugar en sociedadesdgobema d . .. sectores dominantes poderosos y co11 nna clara ideología -e ommac_10u. Pero eso no era suficiente. Las élites debían ((convencer>:> a los campesmos para que aportaran su trabajo a la coustrncció_n y e:l mantenimiento de los centros. con sus monumentos, templos y pa\acws y para que ahmentaran a las per~ouas que cumplían funciones no_campcsinas. Las comu?idades urbanas se desarrollaron en torno a los principales centros ceremorna!es, aunque su origen es poco claro. Estos últimos estaban controlados por élites especializ~das, con el poder suficiente para apropiarse de una parte del excedente agncola y laboral producido por el conjunto de la comunidad. E~ este co~te~to surgieron los sacerdotes, que muy pronto se consli_tuy~ron eu m:em1e?tar~os entre ]os dioses y los homhres y durante casi dos rmlemos cttmplteron fonc10nes religiosas, políticas y eco!lórnicas en las sociedades más desarrollad<1s de Mesoamérica y los Andes, donde la religión fue asimilada al poder y al co11trol estatal. El desarrollo de una religión compleja se vinculaba a la existencia de nna fuerte casta sacerdotal q11c controlaba el calendario y la escri111ra. Sin embargo, lo que aún no se sabe con certeza es el proceso que pem1itió e! surgimiento y la consolidación de las élites dominantes. El país <le «O!mmrn o de «Hule» se extendió por la costa del golfo de México, desde Veracruz hasta Campeche, donde vivieron los olmecas entre el J200y el 500 a. C. Fue la más alta cultura de su tiempo, con una religión organizada, rn1 complejo sistema ceremonial centrado en el culto al jagnar y un sistema calendárico, de gran utilidad para el desarrollo agrario. El :funcionamiento de estas sociedades req11eria la constrncción de grandes obras públicas, en este caso centros ceremoniales, con sus pirámides y túrnnlos, que estaban perfectamente planificados y orlentados, como en San Lorenzo, La Venta, Laguna de !os Cerros y Tres Zapotes. Para constrnir estos emplazamientos, los olrnecas transportaban grandes rocas de basalto, que esculpían con la forma de cabezas gigantes (bulto redondo y bajo relieve). Su influcncla se extendió por el valle de México, Chiapas y Guatemala y durante el formativo tardío, su he-rencia se expresó en centros mbanos como Kaminaljuyú, que desarrolló un estilo regional propio, o Monte Albán. que luego se convirtió en !a capital zapoteca. En rvtesoamérica, donde no se desarrolló la ganadería, la subsistencia de los grupos sedentarizados dependía de la agricultura, lo que obligó a buscar técnicas de cultivo más sofisticadas para incrementar los rendimientos. También a11rnentaro11 las prácticas religiosas de contenido agrario, que racionali7:aron el calendario agrícola. Tlaloe, dios de la lluvia (Cocijo para los zapotecas), descendiente del jaguar olmeca, se convirtió en la deid.Bd más importante.


En los !\n(ks, la mayoría de los valles de la zona cenlra], entre la sierra y la costa, füe ocupada por aldeas y pDblados agdco/a:;, mientras en la puna se desarrollaba el pastoreo y la cría de llamas y alpacas y en la costa se explola~ ban rntensiYamente los recursos marítimos dispornbles (peces, man.seos, etc.). Chavin de fluanlar sintetizó las complejas lradiciones di.: estos tres enclaves (costa, altiplano y selva). Si bien se pensó que Chavín era la capital de un gnm unperio o im foco civilizador originario, sólo fue un centro pequeño, pero de gran significación religiosa. Era un gran oráculo con fines astronómicos, cnyos logros se aplicarían a la agriculturn. Junto a él se desarrollaron otros centros, como Pachacamac y Pariacasa. Hoy Chavín es un conjun1o de minas monumentales en la provmcia de Huari, a 3.000 metros de altura, q11e se desarrolló entre los años 800 y e! 200 a. C. Entonces era un centro ceremonial con varios templos piramidales que rodeaban una plazoleta rectangular. No se construyó de una vez, si110 que se formó por la agregación de <liversa8 estructuras. Fue la cuna de dos divin;dades adoradas por los pueblos andinos: la serpiei1te y el cóndor. La !!amada cultura Chavin se difundió rápidamente por la actual región peruana, entre Ayacucho, al sur, y Plllra y Tumbes, a! norte. Esta civilización comenzó a desaparecer hacia el 300 a. C. y prácticamente se extinguió a comienzos de nuestra era, dando lugar a nn fenómeno de regionalismo cultural. La costa norte había conocido el desarrollo del Virú (palabra de !a que evolucionó Pen'.1), 1m reino con una agric11!tura intensiva muy evolucionada, cuyos gobernanies controlaban gran cantidad de mano de obra. Con el incremento de los excedentes agrícolas disponibles aumentaron los intercambios entre zonas distantes y de producción complementaria, y se establecieron mercados permanentes, especialmente en los principales centros ceremoniales. Ústos no sólo eran Jugares de dirección espiritual y poJíti .. ca, o centros de consumo, sino también puntos de intercambio, distribución y producción de mercancías. Ln inexistencia de una economía monetaria y la falta de desarrollo de fue1ies núcleos urbanos j nnto a los centros ceremoniales impidió su posterior consolidación. Sólo Teotíhuac:an tenía la envergadura necesaria para ser considerada una «ciudad)>. La mayoría de los grandes centros clásicos sufrió un proceso de abandono y deterioro entre el 750 y el 1100 d. C., propiciando el surgimiento de nuevos centros de poder, corno el de los olmecas chichimecas, Teotihuacan, cuya expansión se produjo entre el 1 y el 900 d. C., estaba al norte del lago Tcxcoco, a 2.300 metros de altura. Su superficie fue de casi 23 kin" y contó con cerca de 40.000 habitantes, llegando a te11er 150.000 en s11 momento de mayor esplendor. Su éxi1o radicaba no sólo en su atractivo religioso, sino también en las perspectivas económicas de los immerosos campesinos convertidos en nrtesanos, especialistas en e! trabajo de la obsidiana y la cerámic¡i. La sociedad est¡iba snmamente jerarquizada, con una cúspide social formada por una élite con fünciones políticas, militares yreliglosas, qi1e también se ocupaba del comercio a larga distancia. Los artesanos integraban los cstra-

.,,.•-· , ¡., 1' ociecbd v ensu h21se exlstía un :1mplio gn1po de campetos inlermedi?sc L als, ~ ,,, -tos multifamdiarcs construidos en la penfena . . 11 ., vrvian en os ,_on¡u,1 · J ¡· l , , smo~ {)· '-'¡,,Joena ' , , 1·,1,., 1((una"" ,.,15 )' püblados del campo c11-c1mr , ·ante. ·'.n. rt.:, mv n 1 de • 00 t:l, ., ¡c. · ,1 Cllll"1 , · ,]os,. v11 y vm surg1cr " cuenra ' de .tvlex1co . nuevob ce diados de os sig ' '\ tzako qiie tendieron a una paulatma descentratros r~,giona!e~-'.coi~o ~~c;¿:tr~'rio de lo que ocurriría en el área maya, la lizac1on del Estad. . fue bastante lenta y concluyó con11n masivo abandecadencia de Teot1huacan d, , 1 25 000 habitantes. En el actual estad la ciiidad, que se que o so o um · . . dono e· ' · íl orecio . , Je."'-'" ~,,¡,,,~a de Oaxaca "' z·ipoteca ·' ' con rníluencias muy •va••¡ <lo mexicano . y t•,•t'huacana - d· • olm ca . premaya ,. ' ' · ' como en Monte Albán, su ·prmc1pa na as. " 'T 1 . , destacaron otros emplazamientos secundan os como ce~tro nia:~·ob~~~i~:redit:ria, de base teocrática, se ocupaba de.la.s tareas Jal!eza: fü , "funciones estaban reglamentadas por el ritual rehg10so .. de gobierno, y ~us d t. , Mesoamérica aunque su desarrollo fue mLa cultura maya eS aco en 'ón S~ máxi~a área de dispersión abarcaba fluido por otras culturas de la reg,,¡, 1<b~sco Chiapas, Carnpech<:, Yucatán y . . ¡ - estados mexicanos " " "'" , · , f los acccm es , d G t ala Hondmas y El Salvador, segun las ronQuintana Roo_:, p_a~te e ua ~m~ dÍa. Entre el 200 a. C. y e! 300 d. C. aparet~ras nac1onal~3 et1:~:::~1~i; :ue, pese a las diferencias regionales, fueron cieron una sene ( e t homoQénca con una misma lengua 1 . 1111 configur.an~lo ~ c~l~~~:::::~::~l~~s :ontact~s int~nsos y pennane1;tes eny 1ma re!igwn yfJo., f . .,,,,on ,, desarrollo de una cultura comun, con · • ¡ · . 1 d'ferentes rc 0 10ncs ac1 11 '-" " 1 tre ,as. 1 . " ".°..,] , leo de la falsa bóveda; 1.m calendario comp eJo, cermrncapohcroma, e ernp . , .. ·¡·b· ~ • fonéticos· yun . . J'f, d - nOS 1deogra1lCOS, si a lCO,, Y ' una escnturaJerog 1 ica, .:~¡Je base ~icresimal que tenía la unidad y el cero, sofisticado sist~r~~ ?umen , ' s"'aritmé;icos v qne expresaba los núlo que les permitw importm1tes avance , ,• 0

meros con puntos Y barras. ·¿ d , . ad"' "~"'ntamiento la casa, a conaron de su urn a mm1m """" ' .. Los mayas pas . . n e ueños centros cívicos, dinjuntos residenciales mayores qu~ ongm~~o p-c~rem¿niales de mayor iama-

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y medio más larde, excepto en Chichén Itzá, que comenzó una etapa cxpansi-va Y füe el primer Estado centralizado de !a his(oria maya, afectando todo el norte y centro de Yucután. Las culturas andinas, de gran diversidad regional, extendieron su influencia por buena pane de América del Sur. Los Andes centrales conocieron una etapa de gran dinamismo cultural, a! coexistir distintos Estados teocráticos asentados en territorios peguefios y regidos por gobiernos centralizados. En los centros urbanos se desarrollaron las técnicas de regadío y se intensificó la especialización artesanal {ceramistas, tejedores, metalúrgicos, etc.). La cu!~ tura mochica, desarrollada entre el 100 y el 700 d. C. en los valles de Moche y Chicama, fue un claro ejemplo de los avances ocurridos eu lo$ Andes centrales, aunque hubo otras culturas importantes, como la Virú. En los valles de la costa central florecieron las culturas Recuay y Lima y en la costa snr la cultura Nazca, _conocida por las figuras y formas geométricas trazadas en la Pampa del lngemo, un desierto de 500 km 2 entre Nazca y Palpa. , La sociedad mocbica estaba bien organizada y era dirigida por w1 pequeño numero de sacerdotcs-gue1Teros. Laconsohdacíón del desarrollo reoional hizo más compleja ia csrra1ificación social de los mochicas. Su socied;d contaba con nna agricultura intensivn y eficiente gracias a! control de los recursos hidrán!icos y a !a utilización de abonos naturales, especialmente el huano (excrementos de uves marinas depositado:< en la costa) Junio al complejo sistema de carrales y tenazas estaban el depósito <le agua de San José, capaz de almacenar cientos de miles de metros cúbicos. la a..:equrn de la Cumbre, de más de J l{J kilómetros de longitud y el acueducto de Ascope, en el valle de Chicama. Lo más característico de la cultura moche füe s11 arguilcctura monumental, con grandes pirámides, como la Huaca del Sol, y la cerámica, de un gran sentido estético. Sus profundos conocimientos metalúrgicos, con técnicas de soldadura al fuego y en frío, les permitían trabajar con oro, plata, cobre y sus aleaciones. La cul!ura Tiahuanaco se dcsarrol!ó en la época clásica al s11r de los Andes, cerca del lago Titicaca, a más de 3.000 metros de a!tura. Para algunos autores fne la cuna de las civilizaciones de América del Sur y para otros la sede de un gran imperio que controló los Andes centrales y por el sur Hegó a Alacama, en Chile, Huari, un centro mbano en las cercanías de Ayacucho, comenzó en el siglo vm un proceso de unificación regional gracias a sus conquistas militares. La ciudad estaba en una zona de recursos limitados, lo que impulsó los intercambios con !as regiones vecinas y con algunos centros más remotos. Para garantizar las comumcaciones con sus dominios se desarro!ló nn complicado sistema vial, antecesor del sistema incaico. El declive de Huari comenzó en el siglo x y posteriormente recomenzó el proceso descentralizador que lkvó al smgiimento de tres grandes Estados en los Andes centrales: Pa~liacamac, en la costa; Lambayeque en el norte y un tercero que controlo los vaHes de Casma y Cfiicama. La ciudad de Chan Chan, fundada en el valle de Moche en torno al 800 d. C., füe la capital del reino Chimú y sobrnvivió hasta 1425, cuando fne conquistado por los mcCIS.

2. Aztecas e incas El origen de los aztecas es todav~a u_n misterio, rodeado de a!g~na~ narr~~i~y semileoendarias d1fic1lmente comprobables en terrnmos, h1stones m ,,;~.,~ ',vu,> o ' . . . ricos. La dominación azteca se caracterizó por movmnen!os demogr~ücos, de los que surgieron algunas ciudades estado, con contmuos carnb'.os de alianzas y enfrentamientos entre los distintos grupos. _Este proceso se vincul? on la incorporación de grupos chichünecas, provenientes del norte, que f1~a!mente foeron aculturados por los grupos más av~ados. El valle _de México donde siguieron vigentes los viejos patrones teotJhuacanos, se v10 afectado' por estos acontecimientos. La región se dividió en do_s. ~ie~tras ~ula controló la parte norte, Cho lula dominó el sur. L~ decadencia m~CJO una ~1:,Oca de gran inestabilidad politica, el período chichimeca, que duro basta 1 :i 10. En esos años ningún centro se impuso a los demás, aunque algunos destacasen como Tula o Teotihuacan. ' 'Los mexica (el principal grupo de raíz azteca) !legaron al valle de México en 1253. A fin de asentarse en un territorio propio, y controlado por ellos mismos, iniciaron nna serie de guerras expansivas contra otros pueblos de la región. Después de permanecer durante cierto tiempo e? Culhua~a:1, se refugiaron en un islote de! lago Texcoco, desde donde pu~teron res1st1r _durante mucho tiempo los ataques de sns vecinos, aunque deb1eron prigar tnbmo~ a los pueblos más fuertes y empr,rentarse con la nobleza de Azcapotza'.co. f ~e precisamente allí donde comenzó la construcción del último gran 1mpcno mesoamencano. Tenochtítlan v Tlatelolco fueron. los principales centros mexicas. La Triple Alianza, que.se constituyó en 1426 a partir de un enfrentamiento entre grupos regionales, estaba integrada por Tenochtitlan, Texcoco_ ~ Tlacopan. En el reinado de lzcóatl se inicíó la expansión hacia la vecmareg10n de los lagos. A mediados del siglo xv la poblacíón de la ciudad y de su zona circundante había crecido tanto que los recursos alimentarios disponibles en el valle resultaron insnficientes. Una serie de desastres naturales y malas cosechas, de resultados catastróficos, aumentó la escasez alimenticia. Los aztecas conocieron las razones de su debilidad y comenzaron a interesarse por tos recursos alimenticios de sus vecinos, lo que aceleró la expansión. Si inicialmente se dijer011 herederos de los toltecas, Juego, para legitimar su do1"?in~ció~ sobre los restantes pueblos del valle de México, fabricaron su propia h1stona. L~s grandes campañas militares que los llevaron fuera del Valle Ce?tral ,Yª traves de todaMesoaméricase iniciaron en 1454. Motecuhzoma llhmcarrnna, el sucesor de lzc6atl, expandió el imperio hasta Veracruz, la Mixteca y algunas zonas de Oaxaca. Su aparición fue seguida de importantes cambios estructurales y filosóficos. " _ Los militares h1vieron un lugar destacado en la escala social azteca, dada la gran importancia de ta guerra en la expansión del imperio y en el mantenimiento del orden interno. El Imperio azteca, que llegó a tener más de fª~~i!i"'"~¡;;i¡~j¡¡ "";;:-,,. . ~ . l f i l ¿_ ';:)'


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200.000 km , estaba dividido en provmcias, protegidas por sil1os fortificados, lksde donde se contwlaban ]Qs rutas comerciales y !a entrega de: tributos por los pueblos sometidos Todas las provincias del Imperio debían pagar el lnbuto, aunque algunas estuviesen en manos de la 11ob!eza azteca y en otia~ s1gu1ese gobernando la nobleza local. La fuerza militar hacía posible no solo el fi111c1onamwnto ordenado del Estado, sino también la coacción de los distintos grupos subordinados y el pago de sus obligaciones tributarias. Si hien el prmcipal objetivo de las gnerras era la obtención de tierras y tributos, su justifi~~ción religiosa también era importante, al ser la principal fuente de obtcnc1on de esdavos para !os sacrificios humanos. Asi surgieron las guerras floridas, realizadas preferentemente con plleblos vecinos, como los de Cho lula o Tlaxcala. Pese a la nnportancia q11e había adquirido la auerra en toda la región, el Imperio descansaba en la agricultura, de excelent;s ren, dimientos e importantes excedentes. Los aztecas habían combinado todos los métodos y técnicas disponibles. Tumba y quema en las zonas medias y altas de las montañas, secano en las laderas bajas y regadío en los valles, donde las chinampas_ se constituyeron en una pieza clave de las explotaciones agrarias. La sociedad es1aha estratificada piramidalmente. El Tlatoani orador era la máximajernrquía de la escala local: gobernaba la ciudad y el territorio circundante y contaba con poderes militares, civiles y religiosos. Los diferentes tlatoam estaban emparentados entre sí, siendo el de Tenochtitlan la cabeza de todo el Imperio. La nobleza o pipiltln se situaba en un segundo escalón,junto a aquellos q~e s:- ennoblecía.n al integrarse en el ejército (Caballeros Jaguar y Caballeros Agu.ila). La contrnua percepción de tierras y 1ributos por parte de los grupos dommantes les permitió consolidar sn riqueza y poder; uo obstant~, al~11_nas c~rgas concretas estaban reservadas a la nobleza, la única quepod1a utilizar ciertos materiales prohibidos al resto de la población, como vestidos o adornos._ Asimismo, podían acceder a la propiedad de la tierra y contaban con tnbunales y centros de educación especiales Los pochteca eran otro grupo de la nobleza que controlaba el comercio a laraa distancia v también tuvo un papel importante en la expansión del Imperio. En la has~ de la pirámide estaban los campesinos y los artesanos: los macehuallin (ornacehuales). El pueblo tenía una organización nuclear, el calpulli, que funcionaba co~;) el grupo de parentesco básico al qne se adscribía la tierra para su explotac1on.

En América del Sur, los incas, originarios de la región de Huari se establecieron en el valle del Cuzco a finales del siglo Xlll. La región est~ba ocupada por algunos grupos aymaras, que füeron asimilados por los incas. Según la leyenda, diez ay!lus fundaron el Cnzco. Cada ayllu era un clan patrilineal endogámico, una unidad de parentesco cuyos miembros se creían descendientes de un antepasado común. El Cuzco se dividió en cuatro barrios Y este modelo tetrapartito fue aplicado por los incas en posteriores fundaciones. A finales del siglo x1v se sentaron las bases de! Imperio incaico. El Inca que transformó el reino de Cuzco en el Imperio del Tawantinsuyu fue

=•~--~·--,-"~.·--•-· ·:· victoria- solirc los chanca cn l 4 38 le otorgó el control sobre Pachac11ll, Cll1/d · ' . ., . , _ , y . · A s1<>lo xv v durante el 1c111c1do de fopa 1ncc1 upan-to<la 1t1 n:g1on. ·fincHkl , •;;:,·_,._ • . ¡, crio ~e extendió hasta Qmto, en el nm1e. A la llegada d<e los espaqm e 1mp , • ., 11· 1 • ' ,·ncidien<lo con el momento de su mux11nc1 expans1on, e awan mno 1es, y co idía dt'sde los 3º de latitud · ¡ '6"d 1' dº hasta. os.;:, , ,. e _,a.1tu "ur, suyuseex 1e1 · · . Norte · ¡ es · d •d ¡, a"tual frontera ccuatonana-colombiana hasta el ,10 Mau e, en decir, es e '"' .., , . ei centro de Chile. Por el este, !a selva amazomca y el Gran Chaco fueron sus

límites. . · · d 7500111·1· Los incas constrnyeron una 1mpres10nantc red viaria e casi - . - ,1 ~metros de longitud a lo largo y a lo ancho de los Andes par·~ mantener la urndad política y administrativa del lmpcrio y canaliz,ar los ílltJ~S de productos Y personas. La cifra incluye tanto los sen_deros que s?lo perm1tian el paso dellamas como las calzadas por las cuales circulaban eJercitos enteros c?n gran ra.d El sistema contaba con dos ejes principales que cruzaban el. 1mpeno en ~E . dirección norte-sur. Uno era la carretera real, que pasaba por 9~110, lngap1r~ ca, J:mjR, Vilcashuaman, Cuzco, Cochabamba, tras rodear el T1ti,caca y desde allí a zonas del norte de la actual Argentma, llegando hasta ?l, no.Maule, en Chile. El otro era la carretera de la costa pacífica, qne penml1a vincular sus fertiles valles e iba d<esde Túmbez hasta Areqmpa. . La base económica de los incas, corno la de lo~ aztecas, era la agncultura int~nsiva. Los principales cultivos eran la papa, el maíz, la quinua, lns frijol~s y las calabazas. Un extendido sistema de terrazas y u~a ~va~zada tecnologrn hidráulica favorecieron su éxito agiícola, que se combmo eficazmente con la ganadería de llamas y alpacas. A diferencia del gran IlT'.perio n:esoamericano !os incas no practirnhan el comercio a larga distancia m teman monedas ni tributos pagados en especies. Por ello, tas relaciones de redistribució~ entre los distintos arupos integrados en el lmperio, de buen grado o por la tuerza, tuvieron una ;ran importancia. Todas las tierras eran del Inca y éste las distribuía entre los curacas y los ay!l11s. No existía el tributo en especie, pero todos los pueblos del Tawantinsuyu debían donar parte del trabajo de las comunidades (ayllus) al gobierno, a los sacerdotes y a los curacas. El producto de esas prestaciones personales (mita) se almacenaba en grandes d:pósitos (tambos), estratégicamente ubicados a lo largo y ancho del Impeno. hstos re~ cursos se empleaban para mantener la integridad del Imperio y en las nuevas camnañas militares, para construir caminos y otras obras públicas y para socorr~r a la población en momentos catastróficos. . Mientras las relac10nes de redistribución tenían lugar entre las comurndadcs indígenas {ayllus) y el poder central (el Inca), con la mediación de los cu~ racas, las relaciones de reciprocidad ocurrían en el interior de los ayllus, permíticndo repartir equitativamente las cargas labornks entre todos los miembros de la comunidad, así como la realización de tareas que requerían una amplia movilización de mano de obra, especialmente aquellas vincula~ das con el calendario agrícola. El ayllu también permitia el acceso a la tierra por parte de la mayoría de !a población.


El Inca tenia su propio grup~ de p~~~~t¡~co (pan~:~) fonn. ,d·o- ----- · ,"-~·I·,,--•, ¡ d d' , "' por oc os os escen 1entes varones del rey, salvo el heredero, que formaba su propia panaca. Junto a e!los estaba la nobleza imperial cuzqueña intearodº ¡ . ,. · L · b , "' u por os cieJones. _, os rrnem ros de la panaca real se encargaron inicialmente de la admm1strac_ion del Imperio, _pero en la medida en que su tamaño fue crecíe~do, sus taiea:; fueron compartidas por los miembros de la nobleza local (los curacas) d_e los pueblos conqrnstado,~, cuyas jerarquías los incas solian ~antener. L~s ln,¡os_de estos nobles se enviaban al Cuzco para ser educados en la tradí~ cmn mcaica.

2. El descubrimento de un nuevo mundo. El papel de Europa

1. La Europa que hizo posible el descubrimiento .El 12 de octubre de 1492 no fue sólo el principio de la avenhira europea en el continente americano, sino también el final de un largo proceso expansivo que hizo posible que esa presencia tuviera lugar. Para que el viaje de Colón se produjera fueron necesarios numerosos cambios en la mentalidad europea, comenzando por el a veces cuestionado concepto de redondez de la tierra. Estos cambios por lo general se logrnron a traves de costosos procesos de ensayo y error. Así, se pudo pasar de la madurez del proceso de expansión de !as fronteras interiores al comienzo de la expansión externa. Su necesidad füe espoleada por el mayor control del Mediterráneo por los turcos, con los correspondientes inconvenientes y el aumento <le los costes de transporte en buena parte de las rutas tradicionales de abastecimiento de ciertos productos orientales (de ahí la necesidad de llegar a Caniy yCipango navegando hacia el oeste). Ahora bien. si esta expansión llegó a buen puerto fue por los avances tecnológicos precedentes, que permitieron disponer de !as embarcaciones idóneas y de los mstrumentos náuticos y cartogriifícos adecuados para la empresa; por la e,,:;pansíón atlántica de portugueses y castellanos que permitió desbrozar el cammo para el crnce del océano Atlántico y pm la conquista de las islas Canarias, prolongación a su vez de la reconquista peninsular, pero al mismo tíempo laboratorio de la conquista americapa y el lugar donde se pusieron a prueba muchas de !as instituciones qLte serían vitales para el buen go+ bierno de esos vastos territorios conocí dos como las Indias.


Es impm tank no p1::1dcr de vista ljlK este proceso, que :-;c:gún una leclura enrocéntrica dcnomin,m10s desc1thrimiento d<c América, no fue 11na empresa puramcme castellana, rn s1qmera española, sino europea. La C.:isti!la <le lsa .. bd 12! Católica o el Anigón <le Fernando (y más tar<le la España de Carlos I o Felipe JI), estaban mtcgrados en la Europa de la época, rnn la que compartían el mismo modelo político (monarquía), una estructura económica similar (el fcndahsmo) e iguales sistema de valores y creencias religiosas. En ese sentido, se puede afirmar que fueron europeos los conocimientos científicos y tecnológicos que permitieron la empresa americana, los capitales que la financiaron y también europeos (y no sólo peninsulares) la mayoría de sns participantes. Igualmente hay que recordar que la Iglesia católicR, uno de los motores de la gesta, tenía una clara dímensión europea, al ig1ial que la ideología de cruzada, impulsora de los viajes colombinos. Roma, centro del catolicismo, era la úmca autoridad supranacional reconocida en el siglo XV y su pa~ pe! sería importante en el reconocuniento de los derechos portugueses y castellanos en su expansión por África y América. E! descubrimiento de América fue posible por la acumulación de avances tecnológicos en los siglos anteriores, en distintas regiones de Eliropa, y no por un descubrimiento milag1oso o puntual que hubiera hecho posible la empresa colombina. Por ejemplo, gracias al astrolabio, las tablas de declinación solar y la bníjt1la y teniendo en cuenta la posición de las estrellas y el magnetismo terrestre se pudo cakular la latit11d en alta mar, algo vital para cruzar el océano Atlántico. Por eso, el descubrimiento de América se puede inscribir en un movimiento expansivo de larga duración, de casi siglo y medio, que va desde la conquista de Canarias y la toma de Centa a principios del siglo xv hasta la p11esta en marcha de la ruta del Galeón de Manila, que conectó el puerto de Acapnlco, en Nueva España, con las Filipinas, atravesando el Pacífico. A lo largo de estos c1.ños se completó el dominio del litoral atlántico africano; se conquistaron los archipiélagos de Canarias, Madeira y Azores; prácticamente se completó la dominación del Nuevo Mundo (los imperios inca y aztecas ya estaban controlados por los españoles); Femando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano dieron la primera vuelta al globo; se establecieron factorias en Asia para la explotación de las especias y comenzó la expansión por Australasia y Polinesia. Para el Posterior desarrollo de lo que serian la América española y portuguesa resulta de suma importancia que el proceso de descubrimiento, conqmsta y colonización comenzara a fines del siglo xv y principios del xv1. Esto implica que buena parte de las instituciones desarrolladas, así como la mentalidad que forjó la construcción de las socíedades coloniales. respondiera a esquemas y criterios más propios del feudalismo que del capitalismo, más allá de los esfuerzos modernizadores y centralizadores del estado realizados por Castilla y Portugal. Esta realidad es fundamental para entender las grandes diferencias entre los difeientes sistemas coloniales europeos, especialmente entre los ibéricos y el de ingleses, franceses y escandinavos. Es ob-

vio, que en estas diferencias intervmieron otros factores, corno !a g;;;ografia, el clima /!rop1cal o lemplado) y bs carJc'.terísticas económicas, culturales y demográricas (tamaño y densida<l) de !a población origina1 ia. Por eso, cuando se compara la colonización britfoica o la francesa c:on la española, y se reivindiclln los logros de las dos primeras en relación al atraso y desigualdades sociales de esta última, resulta imprescíndible no perder de vista lo ocurrido en el Caribe, a fin de no cargar las tornas en las diferencias de los sistemas coloniales. En este sentido, la realidad de Haití o Martinica no difiere tanto de la de Cuba o RepúblfcaDominicana o de Jamaica o Granada. La pre1,encia de los vikingos en América del Norte a partir del año 1000 había sido facilitada por los cambios climáticos producidos en Europa entre !os siglos v y X, cuando tuvo lugar un notable calentamiento que facilitó la navegación de los drakars en los alrededores de la península Escandinava, en frlanda y, sobre todo en Groenlandia, donde a fines del siglo x se establecieron los primeros asentamientos escandinavos. En 981 Erik el Rojo descubrió la «isla verde)>. Los asentamientos de Groenlandia sirvieron como verdadera cabeza de puente parn el ulterior salto a lo que posterionnente se conocería como América del Norte. En torno al año 1000, LeifErikson, hijo de faik el Rojo, parece que descubrió la isla de Vinlaud (o Vinlandia), que segUn algunos historiadores podría estar ubirnda entre la península de Gaspé y el smdel actual estado de Massachusetts, aunque muchos creen que se trata de la canadiense Terranova. Precisamente, fue en las costas de Terranova y Labrador donde se instalaron los asentamientos vikingos, que enfrentaron 11na fuerte resistencia de los indígenas locales. En los siglos xm y x1v, como consecuencia del enfriamiento mundial y de lns dificultades para navegar en esas latitudes, los navegantes nórdicos volvieron a sns hábitats naturales, más próximos a la península Escandinava. De todas formas, la presencia vikinga en América estaba condenada a ser transitoria y dejar poca huella: los pueblos escandinavos carecían del potencial demográfico, los recursos económicos y la kcnología necesarios para hacer de su expansión algo permanente.

2. Los cambios tecnológicos A partir dd siglo xm se produjo en Europa 1ma profunda renovación en las técnicas agrarias, !o que aumentó la producción tle excedentes, de modo que no sólo se podía garantizar la subsistencia de una parte importante de la Pº" blación, sino también se estaba en condiciones de destinar un mayor número de productos a la actividad comercial. Entre \os avances más reseñables destacaron la utilización creciente ele utensilios de hierro; la introducción de la collera, que permitió a los caballos tirar del arado de meda y de la reja metálica, dejando atrás al tradicional arado romano; el hacha para talar los bosques Y facilitar las nuevas roturaciones, ampliando así el área cultivada; la generalización del uso de molinos de agua y viento; la rotación trienal de los cultivos


y la explotación de nuevas especies, entre !as que terminarían destac;rndo las plantas forrajeras qne permitirían dejar atrás !os barbechos ti adicionales_ Sin embargo, la renovación tecnológica no afectó únicamente a la ugncultura. Las mannfacruras conocieron también importantes cambios, qne permitiero11 el abando1w progresivo del familiar pulling out system, o «trabr1jo a domicÍ•· lio», la genernlizacióu de los talleres artesanales y su evolución hacia lamanufactma. En este sentido, hubo avances importantes en el trabajo <lel cuero y la madern, la metalurgia, los textiles y la construcción naval. Entre 1200 y 1350, en una coy11uturn exparniva ele la economía europea, asistimos al desarrollo del comercio marítimo y terrestre entre las distintas regiones de Europa e incluso Asia. Destaca el viaje de Marco Polo a Pekín en la segunda mitad del siglo Xlll, cuyas ventajas quedaron reflejadas en su Libro de las maravillas. Eu ese em011ccs, Europa se comunicaba con China y !a India bien por tierra o bien por mar. Mientras las rutas terrestres flanqlleaban los mares Caspio y Negro hasta Constantinopla y Damasco, las marítimas bordeaban la peníns11la Arábiga parn 1legar a El Cairo o l3asora, aunque todas tenían semejantes inconvenientes: elevados íletes, escaso volumen de tráfico e inseguridad por el bandolerismo y la piratcríu. Como consecuencia, el precio de las mercancías trnnsportadas era elevado en los mercados de destino, lo que en líneas generales favorecía el transporte de productos de escaso volumen y altos precios, !a pnnc1pa! característica del comercio a larga distancia. El mcremenro de los fln,¡os comerciales fue acompañado y facilitado por una mejora de las técnicas mercantiles, especiahneute visible en Venecia. Allí se desarrollaron las leiras de cambio, e! sistema de contabilidad por partida doble, el seguro marítmio (los préstamos a riesgo de mar) y los primeros contratos de sociedad o de comandita. Como bien señala Frédéric Mauro, en ese entonces Venecia estaba eu contacto con los principales mercados y fenas de Occidente, lo q11e la obligó a elaborar un sofisticado mecanismo de pagos y 1111 eficaz manejo de los sisternas bancarios. Fue en esa época cuando se vio a los venecianos, y también a los geuovcses, penetrar en prácticamente todos los p11ertos europeos. Por otra parte, a panir del siglo XIV se consolidó la presencia de la Liga Hanseática encl mar Báltico. Este período expansivo foeseguido de una fase de contracción de la actividad económica entre 1350 y 1450. Sus dos símbolos más visibles fueron la Peste Negra (1348-1350), con w pérdida demográfica, que en algunas regiones afectó al 60% de la población, y la Guerra de los Cien Años (1328-1453). A mediados del siglo xv la recuperación económica era prácticamente visible en toda Europa. En la península Ibérica la reconquista ya estaba casi completada, lo que dejaba a Castilla en condiciones de afrontar nuevas empresas. La expansión europea impulsó ciertos cambios tecnológicos, Por eso, habría que señalar el estímulo de las cruzadas a! comercio y las construcciones navales, estas últimas beneficiadas por los aportes de b ciencia orie11tal y su impacto sobre la náutica. La brújula, los portulanos (cartas marinas que irH.licabau los pnertos de mar y el mmbo de los vientos) y la carabela prncedeu de

·¡;·1:ica exp~riencia m~dit~~ri;ie:: mie-n;r;s qlle la ,cie~~ia orientrrl aportó las cifras arábigas, incluido e! cero, y el valor de la experimentación. Las versio-nes primitivas de la bn'ij11la aparecieron a fines del siglo xm, y se desarrolla• ron Hn siglo más tarde hasta alcanzar su aspecto nctual (una agtija imantada que res hala sobre una rosa de los vientos). En la constrnccíón naval, destaca el reemplazo de la galera romana, qne, no obstante, continuaría navegando en el Mediterráneo hasta el siglo xvu. A partir del siglo Xl!J comenzaron a aparecer alg1mos avances técnicos, como las cocas, caracterizadas por poder navegar en contra del viento. E11 el siglo xrv, y a partir ele la coca, se desarrolla• ron las carracas, grandes naves de amplia capacidad de carga, podían desplazar más de 1.000 toneladas, idóneas para el comercio de cabotaje del Mediterráneo. Las naos castellanas se desarrollaron a partir ele las carracas, aunque con un tamaño inferior (sólo podían desplazar e11ire 100 y 200 toneladas de carga). Sin embargo, la herramienta esencial para los viajes de los descubrimientos fueron las carahelas, tanto en su vcrsi611 portuguesa como andaluza, desarrolladas a partir de! siglo XV. Eran naves mo<lernas, de tres palos y apareJOS redondos, de peqneño tamaño ( entre 30 y 80 toneladas de arqueo y de 15 a 25 metros de eslora), capaces de transportar de 20 a 40 hombres, más los alim{:ntos y el agua necesarios para largas travesías y se caracterizaban por tener casco largo, timó11 de codastre y cubierta sin castillo. Por todo esto, eran embarcacwnes ideales para las travesías oceánicas.

3. Las complkadones en las rutas trndkioruales A fines del siglo XI, en parte como una prolongación natural del proceso de reconquista en la península IbéJica, comenzó el movimiento ele las cruzadas contra el Islam. Si bien Jerusalén i'ile conquistada en 1099, casi un sigio más tarde, en 1187, los musulmanes pudieron recuperarla. A principios del siglo XIII, el saqueo de Constantinopla marcó el de1rnmbe del Imperio bizantino. Si bien en uu principio sus restos fuernn repartidos cutre diversos estados europeos, a medio plazo el vacío de poder creado por la caída de Búancio sería ocupado por el Imperio otomano qne, si bien no impuso el cierre total del Mediterráneo, como comúnmente se cree, sí favoreció e! encarecimiento de los productos importados desde Oriente y el África subsahariana, debido a un aumento ele los fletes y del número de intermediarios implicados en las dis" tintas operaciones. Fuera de E11ropa, especialmente en Asia, África y el Medio Oriente, las cosas tambifo se movían deprisa, lo que en numernsas ocasiones repercntió negativamente en las rutas marítimas y terrestres utilizadas por los enropeos. A fines del siglo X!l y principios del xm asistimos a la gran expansión mon~ gola, de la mano de Gengis Khan, que no sólo controló una parte importante de China, ~ino que también golpeó Europa central y orieutal, llegando inclusive a la costa de! mar AdJiático, en los Bakanes. Coincidiendo con el declive


~ nH;n?ul (siglos x1v-xv), _el lsbm, de la mano de turcos y rnarrnquíes, reco,· b10 tucrws'. provocando w1pmlantes cambios en el !V!ed10 Orieulc y el Ma-

gr<ch. El enfrc:1tam1enlo con el lmperio bizantino era u1dn vez mús cncamizado Y cu el siglo XV el Imperio otomano cornrolabn el Asia ]Vlccnor_ Medio Oncnte Y los Balcanes. Et'l 1453 se consumó la toma de Constantinopla, segu1?a a fmes del xv del control de toda e! Asia Menor. A fines del xvr el Impeno otomano dominaba lo que hoy es Irak, Siria y Egipto. Buena parte d~l comercio europeo de la época descansaba en el oro y la plata, metales precwsos gue Europa no producía, salvo en escasas cantidades Y 1~uy local~zado en !os yacimientos argenlífCros de Europrr central. Com~ las 11nportac1ones de_lo~ productos de lujo provenientes de Oriente (sedas, damascos, I?e_rfurnes, v1dno y especias, además de esclavos) se solían abonar en oro, el def1c1t de metales preciosos era crónico eu los circuílos mercantiles eur~peos Y su abast,ecimiento se convirtió en una necesidad perentoria, que !lego a hacerse ac,ticiantc a mediactos del siglo x v. Las especias también dejamu de, llegar de iorma regular a los mercados enropeos. Por entonces, éstas se h?brnn convertido en un prodncto demandado por los sectores sociales más pmhentes,.cn bnena ~edida para mejorar y enriquecer la dieta a la que cstabau somet1dos. Por e3ernplo, la carne podía ser conservada gracias a la sal. la JHrn.ien'.a, el clavo, !a canela y la nuez mo1,cada. De ahí que la búsqueda de Íos t_e;nton?s ~e la «especiería:, fuera otro de los grandes motores de la expans1011 at!ant1ca. Dur?nte un tiempo, y gracias a su riqueza e1,peciera, las islas Molucas se ~onvir11~ron en el mayor sinónimo de dicha riqueza. El fracaso de la ru1a del Sahara, vital para el aprovisionamiento de oro guineano, de esclavos 1.iegro~ Y ele oJTos productos de lnjo a los mercados europeos, fue llTI incentivo mas para llegar a los centros «productores)), no ya por la vía terre1,tre cori:o hasta ent~nces, sino por la marítima, bordeando la costa africana. Se trato de un gran impulso para e! avance atlántico sobre Guinea_

4. la penfosu!a Ibérica La recon~uista de la península lbérica adquiríó un carácter de guerra santa contra e! mvasor musulmán y la empresa füe dotada de nn cierto aire de {(Crnzadm). A partir de! siglo xm comenzó la reconquista castellana de Amlalucía Y en 1212 se produjo la célebre batalla de las Navas de Tolosa. Gracias a ]os avances de la «cristiandad>) se pudieron estrechar los vínculos comerciales entre la península Ibérica y d Mediterráneo. En 1291 la flota castellana derrotaba a la armada marroquí y completaba el control del estrecho de Gibraltar, lo que permitió acercar los puertos atlánticos de la Península comenzando por Cádiz y Sevilla, al comercio mediterráneo. Posteriormen[e intentaron c?ntrola.rel Magreb Y frenarcnalguier ofensiva marroquí. Si bien este propósito se v10 ~ru~trado, los castellanos se establecieron en numerosos puntos de la costa atlan!Jca marroqL1í, desde Alcazarq11ivír hasta Safi, a partir de 1508.

--~·-•.,-·,-------·R· ,~,- C•t1,!icos completaron la reconquista con la toma de \iraE0 ¡ 491 os e 1""' '"' · • . .; . ~;,, ,- :inws Portuaal había viviJo un proceso scrnc:Jantc L.1 rcnada. 1 oco~ '""1·' -' "' . . . . __ · d , ,c¡ , St'rÍan sus terntonos suvio a castellanos Y porlugue::,es conquista e,1 11 '°· · · _ · ¡ "crear estados modernos y fuertes. sumarne11te centra 11zac os, ¡ara comenzar" , · ' . _ .

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!' ''" "'i'-'llnas de las improntas más caractensticas del feudalismo, 1 . 1ru""º deJantoa · , basadas en el poder de la nobleza. . ., . . 1 nnida a la o0 ran tradic1on marinera de los pueblos pccnrn"" v' , Esia s1·1u••·,,, , h•b',,, facilitado a portngneses y a castellanos a explorar en el oceano suarcs,"'" ... -· 1 , · L•' portuo-ueses aprovecharon su gran fachada atlantica para 1rn0 ''º' º , . A t 1an11c. ciar antes la aventma, y la pesca del bacalao los llevó.a Terranova. Otro :mde la sal y postenori O ·mportante para la expansión lnsa fue el co111erc10 pes Francm · y e astJ·11 a.,s·m º oucrra naval en alianza _con lnolaterra mene t ' !,~e, o , contra ~ . ~ dnda alguna, la fignra del principe port11g~1es b_~1. 1qu~ el Navegante (b94 .. 1460) fne emblemática y, si bien como sost1c11e Fredenc Mauro, 11? fue el aut m d irecto de niugún descubrimiento científico o técnico, sí fne e! 1mp11lsory . . ao-lntinador de imrorta11te1, esfuerzos para la promoción <lel conoc1m1en10 81\ corte lisboeta. En su época se produjo el descubrimiento de Madcira (1418), Azores (1432), el cabo Bajador (1434), el cabo Blanco ( 1441) Y ~I río Senegal (1445). En sH residencia de Sagres, al sudeste del cabo San Vicente, funcionaba un arsenal naval, un observa.torio y una escuel~ para estudios geográficos y náutii:os, gracias a los ingentes recursos invertidos_ El unpulso decisivo lo dieron los cosmógrafos de Juan TI, que_ reinó en Portug~l entre 1481 y 1495. Ellos descubrieron cómo calcularla latitud en el marnt1hzando el astrolabio, el cuadrante y la ballestilla y también las tablas de naveoación o de declinaciones solares, con las cuales se podía corregir diaiiamen;e Ja altitud del sol. Junto a estos cosmógrafos destacaba enormemente la escuela mallorquina de cosmografía, capaz de reunir a llll reputado grupo de expertos. . La expansión atlántica de los reinos ibéricos se asentó cu la necesidad de frenar una posible contraofensiva musulmana, para lo cual el con:rol. de c1e:tos puntos de ]a costa africana resultaba esencia_!. ~~te hecho se v10 fav~1;ec:do por ]as ventajas comparativc1.s tle los pnertos 1be_ncos de la facha~~ a,lautlca. En primer Jugar, destacaba sn papel Ultermedrn, en la ruta mant1ma que vinculaba a Europa de! norte con el 1\tkditcrráneo y Africa. En segundo lugar, al estar situados entre los 35 y los 42 grados de latitud norte, les fue posible beneficiarse tanto de los vientos alisios, que permitían la navegación hacia el Atlántico sur, como de los vientos del oeste, que hacían posible la famosa volta, que facilitaba el retorno a la Penín~ula sin tener que afrontar grandes ~omplicaciones. Este proceso expansivo se vio dinamizado por la presencia de mercaderes y navegantes italianos (ílorenlinos, genoveses, napolitanos Y v~necianos), que pusieron al servicio de la causa sus capitales y sus conocimientos náutico$ con el ánimo de hacer grandes negocios.

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5º El laboratorio atlántko El descubrimiento, conquista y colonización de los archipiélagos atlánticos (Canarias, Madcira o Azores) sirvió no sólo como punta de lanza para el salto definitivo a lo que serían las tierras americanas, smo también como el laboratorio donde probar experiencias e mstituciuues para !a empresa del Nuevo Mundo. Las Canarias fneron redescubiertas en 1312 por el marino genovés Lancel!oto Malocello y en 1341 y 1342 navegantes portugueses y catalanes llegaron a sus coslas. Su importancia estratégica se vio reforzada por estar en la I uta de los alisios, al igual que !os restantes archipiélagos atlánticos. Si bien otros marinos y comerciantes europeos se hicieron presentes en las Canarias, fueron los castellanos, en 1344, gracias a Lnis de la Cerda, qHienes reivindicaron Sll dominio, 1m prnceso que cobró capital importancia a principios de! siglu xv, cuando ya habían corrwnzado a remitir los efectos de la crisis del siglo anterior. De este modo, la presencia de Castilla en el archipiélago canario se vio reforzada eutre 1402 y 1418, gracias a la actuación de los navegantes franceses Jean de Béthern::omt y Gadifer de la Salle, que estaban al fre;te de los caballeros normandos al servicio del rey de Castilla, Sin embargo, esto no acabó con !as aspí1a..;iones y recbmaciones portuguesas sobre las islas, que se extendieron hasta 1479, cuando la firma del Trntado de A!cayovas estable" ció d.:.: forma clarn y definitiva el dominio de Castilla, aunque a cambio de reconocer !a exclusividad lusa en la empresa africana. La colonización del archipiélago canario fue encomendada a un grupo de nobles castellanos, entre los que destacaba el conde de Niebla, signieudo el modelo desarrollado durante !a etapa extremeño-andaluza de la reconquista. Esto significaba el reparto lk tierras y mano de obra indígena (repartimiento) entre los com¡rnstadores. La resistencia tle los gnanches a ser sometidos posibilitó el envío de expediciones de castigo, que facilitarían el reparto de los na, 1ivos. Este e,<:quema, de raíz medieval, se mantuvo en las islas menores y de allí pasó al N11evo Mundo, donde sería clave en las pnmeras décadas de la avenh1rn americana. Y si bien la Corona reconoció inicialmente los derechos de los señores, decidió reservmse para sí, ern:re 14 78 y 1496, el control de Gran Canaria, Tenerife y La Palma. Entonces apareció en el archipiélago la fignra del gobernador, un cargo que sería clave en las colonias ultramarinas. Su tarna consistía en dirigir !as distintas actividades de la colonización y en intervenir dirimiendo las disputas que pudieran plantearse entre las facciones de los conquistadores. Los 1.:xcesos cometidos forzaron la íntervención de la Corona, que se valló de! gobernadm para acabar con 1.:iertos privilegios usufructuados por los señores e imponer un sistema de colonización más centralizada, Estamos an(e el primer capítulo de nn conflicto importante en [ndias: la disputa en tor110 al poder en las colonias entre los señores encomeiideros y In Corona. Madeirn y las islas adym::entes fueron dcsrnbiertas por los portugueses en [418 y siete años más tarde 1.:omem:ó su colonización. A diferencia de las Cana rías, que estaban pobladas por [(Is gmmches en el momento de la llegada

¡;~;¡·¡~las ¡;taban desh~bitadas. Los grandes bosques _de sn superfi, qne permitieron la exp!otac10n intensiva de la ma<lera, k dieron su iwm~ . .d , .. bre. En la segunda mitad dd siglo xv el cuH1vo de la c:a?a e azucar co_~oc10 un importante a!lge en los archipiélagos at_lá_iiticos, gracias a la conJuncion de buenos climas, tierras adecuadas, d1spomb1hdad de mano de obra esc;lava e · portantes inversiones de capital genovés. Postenormente estos cultivos se .m . d' trasladaron al continente americano y al Caribe, donde había meJores con 1ciones pma sn explotación. Las Azores fueron descnbieiias en la misma época que Canarias, annqne serían ocupadas. por los portugueses entre 11~2 Y 1437. Estaban sitnadas en la ruta de los vientos del oeste, lo que perm1tia el retorno a Lisboa o a cualquier otro puerto peni.nsu!ar. El control de los 31chipiélagos atláiitirns facilitó la expansión por la costa africana, particularmente en el golfo de Guinea. El atractivo de !a región, previamente c01nentado, era innegable: oro y esclavos negros con los que se podían hacer pingiies negocios. Pierre Chaurrn ha descrito claramente el proce~ so que permitió completar !a navegación hasta el golfo de Guinea. Hay una primera etapa, caracterizada por numerosos cxperirne~tos, qne va ~e~de la conquista de Ceuta por los portugueses en !415 hasta 14A, cuando Gil l:'.anes dobló por primera vez el cabo Bajador, ubicado en uua zona muy desértica de \a costa. El principal problema que at!í se presentó fue un desconocido régi, men de vientos, que impedía retornar por el mismo camino d<0 la ida. Así se descubrió Que la única solución para regresar sin complicaciones era alejarse de la costa hasta alcanzar uu punto situado apruximadamente en la longitud de las Azores y posteriormente intentar el retorno después de haber dejado atrás el cabo Bajador. Esto implicaba realizar un gran giro, la famosa voila en terminología portuguesa, que pennitiaescapar de la atracción de los alisios Y encarar el regreso a Portugal. Esta maniobra, posteriormente adaptada a cualquier viaje atlántico, permitió aligerar notablemente la travesía. La segunda etapa, entre 1434 y 1444, cuando se descubrieron la desembocadura del río Senegal y la isla de Cabo Verde, se realizó sin grandes con~ tratiempos gracias a la volta simple. La fundación del castitlo--factoría de San Juan de Mina foe uno de sus momentos más importantes. Este primer asentamiento portugués permitió centralizar todo el comercio regional, fundamentalmente de oro, esclavos, marfil, prodnctos tíutóreos y algunas especias, como la malagueta (una variedad de pimienta). Para promover la actividad mercantil se fundó la Compañía de Lagos, de excelentes resultados. La tercera etapa, de 1446 a 1475, supuso el control de la costa de Sierra Leona hasta el Congo, a la altura del cenador geográfico. Para el retorno había que poner en práctica la volta completa, lo que implicaba dotar al viaje de un caráclerestacional. De este modo, el trayecto entre Portugal y el golfo de Guinea se realizaba en invierno y la vuelta cu el verano boreal. Esta navegación requirió dominar el arte de navegar leJoS de la costa y un buen conocimiento del régimen de vientos, lo que fue posible después de treinta años de ensayos continuados. Pronto comenzó la competencia entre castellanos y portugueses por el con-

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trol del golfo de Guinea. A fm de consolidar sus rosicioncs, 1i1 rnonarqliía

portug111;sa acudió al Papa, que otorgó 11na serie de bubs favorables a sus inkreses, aunque dotamlo a la empresa dcscubridoia y colonizadora de un cierto matiz religioso qae se mantendrín en In empresa americana. En 1455 se dictó la bula Romanus Pont[féx., que concedía al monarca pmtugués el control de todos los territorios al sur del cabo Bojadory en 1556 lalnter Caetern, t¡ue reconocía el interés Jnso por llegar al Ex1remo Oriente circunnavegando Africa. Estas bulas sentaron un precedente importante para Casti!la, cuando intentó consolidar sus títnlos para la conquista del Nuevo Mundo. En !a cuarta y última etapa, miciada en 1482, hubo que superar un régimen de vientos aún más complicado. Entonces se desarrolló la doble volta, una especie de ocho que permitió franquear el océano Atlántico y, tras dejar atrás África, internarse en el Índico, en dirección a la lndia y China. La empresa se aceleró ante el peligro de las ambiciones castellanas. Los viajes de Dartolomé Días, que dobló el cabo de H11ena Esperanza en 1487-1488, y de Vasco da Gama, que arribó a Calicut, en la lndia, en 1498, mostraron claramente la trayectoria a realizar. Í:sta implicaba rnternarse mar adentro, en dirección oeste, tras dejar atrás las costas de Sierra Leona, para alcanzar posteriormente África del Sur y enfilar hacia el Lejano Oriente. Todo este proceso de casi 75 años de duración se caracterizó por el permanente esfuerzo que suponía vencer los desafíos planteados por el régimen de vientos y la navegación mar adentro . .Esto hizo posible la apertura de la ruta en dirección sudoeste, lmcia América, y en dirección sudeste, al océano Índico y Asia. Un factor importante a tener en cuenta al explicar la duración prolongada de cs1e proceso, fue el desconocimiento inicial de las térnicas náuticas adecuadas para afrontar una navegación prolongada en alta mar y la falta del capital necesario parn financiar las empresas descubridoras. Cuando el tiempo permitió subsanar ambos déficit, sólo fue necesario esperar un período prndencial hasta obtener los resultados deseados. No sería de extrañar, aunque de momento no hay pruebas conclnyentes, que en una de esas voltas alguna embarcación f!J.era l!eyada a las costas de América. Este hecho 1 espaldaría las temías- de Jmm Manzano sobre los viajes del µredescubrimiento y la existencia de un píloto anónimo, capaz de dibujar un mapa señalando la ruta hacia América, qae hicieron factible la empresa colombina.

_,, - . -' :- -1··,·,ilcs se ironizaha ~-o~ el <,encoutnmazO>!. en o.lusit'm al d~ osturas illdS ld( h,, , , . I _ , . Má-c r , supuso el ci1 cuentro con los conqu1stauoies ct11opecs_, " 1 , dmo go pt: qu, . ·., " . 1.. ~ ,,~,·" hahhr del 12 de octubre de l 492, lo - ¡. 1- expres10n que e 13arno., e"'"' , ' . alla e eesdque ·1oseur l ºP'º' a un mundo totalmente desconocido, ·, -to ._" J[eo-arnn "' , ,., don· 1 cid ' , 'l o-entes extrafi.as, de las que no sabian n&\,a, m·-,¡lte . 1-, ntraron en cont<1c o con.-, ee e , · ª A , V"""' ºsas gentes rompieron un . aie> as, lenauas culturas o crecnua~. ·'0 ,_,,._, "' '· u_s t."' il~nario al entrar en contacto CO\l unas personas de las que tampoco in•~:no~ruguna refcrcllcia; a las que algunos endiosaron, y que se_ pr~sentaron tenisoc1ecoc . 1,¿ ", 009e'' l,,·,-tando )' so,·uzgando a la mayor parte de qu1encS enconen ' · traban a su paso. · · · J • e ¡ · v de sus soAmérica se ((descuhrÍÓ>l por un error de aprecrnc10~ < e o on, . . los Reyes Católico~, que a fines del siglo xv quenan ll_cgar a la I_nd1a nac10:, d~ hacia el oeste, para aprovisionarse de oro 1: especias, dos pioductos vc"'aln l c·o•opa del descubnmiento_ Contrarnmdo todas sliS esperan-vita es para 1a ' · · · 11(' ·b· nlas . 1do Colón arríbú a Guanahani, un ignoto rmcon te ,an e, e , ' zas, Bahamas se encontró con unos seres primitivos, qne desc,onocian hoy i,s._ as ,, de i" ~0,,1,, carecían de herramientas de hierro, no sabin.n lavar lantiizac10n «• '' ,., · · · ¡ 1 oro; andaban prácticamente desnudos. Pese al desencanto 1m,~1~/ ~, os bios en la gestión de la empresa, comenzando por el relevo ~e . miran: cam , ·s las. expectativas mas te los resultados sobrepasaron con crece , · _. -· osadas. .. , Si 1a .' ll•gó a Asia en su lugar se cncontro nn commente qLtc: perm1tio b ien no se ,., , , d ¡·1 , " y Portuo-al J •l·t•o•s pot•ncías europeas, empeznn o por ;,.spana "" , expanS!Oll(Cu ¡.;," · " ' ,. pero incluyendo también a Jngiaterra y Francia.

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6.1. El protagonista El protagonista del descubrimiento de América fue Cristól~a! c:oló,n, un n_i~ri: , s de dilatada exoeriencia portuguesa. S1 bien dmante bastante ti cm no genovc, . ( l' con qne fuera ga, a· t'óacercadesu, [uoardenacimicnto seespecu o · , pose 1scu i , º ) b h dudas sobre sus raices lle o, extremeño, aragones o balear , oy n? ay , ' _ , Como sei'mlan Conslie!o Varela o Felipe Fcrnandez-Armesto en sus sabemos poco de sus orígenes, aum¡ue lo e~lCont~amo\en :ortugal desde 1476 cuando debía contar con 25 años. Dos anos mas ~an e e~tuvo ;n M~deira c~rno corresponsal de la casa comercial genovcsc1 Ccntunon~, e e, ~ d-e azu'car, y hacia 1480 se, caso con dicada al cultivo y comercio de 1a c,ma -, Feli a Moñiz de Perestrello, hi_ja de un destacado i.:olono de P~rto Santo. Lo~ p ti ., , Colón viajó a A frica y a otros destinos de las l utas lusas, des los por 1gut:ses ·' . • t · flu ó •n la empresa d G . ea heda lnglalena. Esta expenencia, que tan o m y e a~1er~~:na 1: per~itló conocer las factorías de ~adeira Y_ de las costas ~el donde ...· , , ,como se ha visi.o, se intercambiaban oro Y ese ae,ongo yd;-Angola vosnea-rospormercancíaseuropeas. , . .. d · su"'experiencia náutica le permitió internarse en el Atlant1co'. ut1 1mm el instrumental disponible y la posición de las estrellas para gmarse en a 1ta

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6. la empresa colombina El 12. de octubre de 1492 no ha pasado desapercibido y durante mucho tiempo se asumió como el «descubrimiento de América)). Más recientemente, especialmente a partir del momento en que se acercaban los festejos del Quinto Centenarío, es cuando surgió la polémica. Entonces se acuñó la expresióu políticamente correcta del «Enc1Jentro de dos Mundos>¡, que intentaba mantener una pos1"urade respeto con los pueblos originarios. Al mismo tiempo, des-

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·: ··-- --n'm" ~~ ,,;~;-,~Úca de femando se asimila más ·¡Launagem,""'" ,. CJ' 1 pensaban no cum_pl.\~ l Gracias a su acuerdo, los Reyes Catohcos y ·'~- on -a esrn última posi["l1 l at. sa con un coste de dos iniHunes de maravc 1es. ' . •nn en marcha la empre ' , . , Col' , lt cer frente a su parte. Por ous1e1v f ·]l'nlepemntwa 01, " . préstamo de. mu.10 111~/muestran a la reina Isabel errip.e~ando sus J?~as o lado )as h1s1or1as q b' ¡·,,lsas Los reyes rccibreron un -pre;;tao tr ' . ¡ · ·~colorn mo,o,on"' ' · , para financiar e v1~J,-, de maravedíes de la Santa Hermandad, de 1a q.~e ~ra roo de .rnásde un i:nillon antánaei, u11 cortesano de origen j~<lío. Tamb1_en ;nadministra<lor Luis de Sl h º "nos Vicente Yánez y Martm Alonso Prnzon, , presa os ennv. · t , ron virtieron e1i ¡a cm . de llos de las tres carabelas que m egra tablecidos en Huelva, capita.nes . es' . "''' p,:.pedición colombma. ,,,,,..,~,--,.•'···--- .: .

mar. Entonces Colón desarrolló la idea Je arribar a la Jndia navegando en dirección oeste, proyecto que presentó a Jnan Jl de Portugal en l 483. E! rechazo portugués, debido a su c0110cirniento del secreto de cómo doblar !a costa afri" cana para arribar a Asia, a los beneficios obtenidos de la ruta y al deseo de no invertir en una empresa incierta, lo hicieron mirar en otras direcciones. Así fiie como en 1485 llegó a La Rábida, en Andalucía, intentando contactar con los monarcas españoles. El afán de protagonismo de Colón y su sed de riquezas, unidos a la gran necesidad de oro y especias en la península Ibérica, facilitaron la convergencia entre Colón y los Reyes Católicos. La propuesta colombnm era sencilla y atractiva: se podía encontrar una ruta a Asia más corta, 1ápiJa y barata que la africana si se navegaba en derechura, mmbo a occidente, hacia Catay y Cipango (China y Japón), pata llegar !nego a la India. Las teorías cosmográficas de Colón se asentaban en dos premisas, una cierta y otra falsa. La cierta, unánimemente aceptada en la época, se relacionaba con la esfericidad de la tierra. La falsa tenía que ver con 1ma estimación más peqm:ña de la on:llnferencia ecnatonal, basada en los cálculos de Tosca11e!!i. Colón pensaba que ésta tenía 30.000 kilómetros, 10.000 menos de lo que tiene en realidac~ y que el camino a Oriente estaba salpicado de islas, siendo d archi.piélago de Azores una señal de lo qne se iba a encontrar. Por eso, su llegada a! Caribe 110 le sorprendió y la vivió como un indicio de que estaba en el buen cammo. Si bien Colón no era un buen astrónomo, era un excelente marino y, como señala f'rank Moya Pom, pensaba que monopolizando la navegación por esa ntta y controlando los centros de producción asiáticos, podía competir con venecianos, .florentinos, genoveses y portugueses en el negocio especiero, que tantas ganancias generaba. Colón abandonó Portugal en J485, cuando pasó a Palos de la Frontera e inició un largo período de siete años hasfél que vio cumplido su sueño de buscar la India navegando hacia el oeste. En 1486, cuando los Reyes Católicos !o encontraron en Alcalá de Henares, füenm se, dllcidos por su razonamiento y sí bíen los ex.pcrtos se opusieron al proyecto, terminaron «com_prando» el plan, especialmcn1e Isabei, y fijaron un medio compromiso para llevarlo a fa práctica desptiés de la conquista de Granada. Sin einbargo, dada la incom:reción del compromiso, Colón ofreció su plan sin demasiado éxito u los reyes de Francia e Inglaterra, a la vez que seguía buscando financiaL:ión en la Penínrnla. Finalmente, y tras algunas negociaciones previas, en Ubril de 1492 se firmaron las Capitulaciones de Santa Fe y la Carta de privíkgios de Granada, que nombraban a Colón, con cBrácter vitalicio y hereditario, Almirante Mayor de la Mar Océana y Virrey y Gobernador General de todas las islas y tierras por descubrir. Entre otras ventB,jas, recibiría el 10% de los beneficios generados por la empresa. !'duchos historiadmcs se preguntan cómo los Reyes Católicos firmaron un contrato tan leonino, especialmente cuando se empeñaban en reforzar sn poder frente a las enormes prerrogativas nobiliarias. Ante esta cuestión caben dos respnestas: o confiaban poco en !a ernpre~a, y entonces no se entiende !a inversión realizada, o

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6 , 2 • El primer viaje

.- r an armar la expedición, ésta zarpó<lcl Puerto Después ~e aig:m1osª es~crr:;ti:s tres embar;aciones, las carabelas La.Pin<le Palo::, el 3 de ago:.to e -· _, teneciente a Jnan de la Cosa, pusieron ta y La Niñ(I Yla _nao Sama Mm.bi~, per l 6 de auosto. Un rnesdespt1éS levaron - Cancmc<c,,'"' , •"' .,donde arn aron e t de rol'l hacia •º · d" C'olón tuvo su puno P d e· do Fl pnmer v1aJe " andas rumbo a lo - esc?ndo ' t ·, , , J', 1492 ,,,,,,ndo tras 36 dfo.s de navega. ·dctll2·eocmirr,v .~"' rnáx1ma intens1 a _e. . mbre de no arribar a ninguna parte, lo que es.t~ción marcados por la mcert1du_ -~ lle"ó a un Jugar de \a5BahamasconocHtO vo a punto de provocar un motm; se; º ,·b" 1nombre de San Salvador. To. Cuanahan• querect toe ., , - ¡ t l" ~unl¡uchayabundantes Porlosnativoscomo,·, J .· ·ertadeqne1sase ra«," . davía no se sabe a c1c11cH1 c1 ' a~ a la ue los ingleses llamaron Wathng. sospechas que era una de l~s Lucay "'bre d~ los reyes Colón continuó exploTras tomar posesión del~ i5l~ e::7:de desembarcó ;n el norte de Cuba, corando la zona Ydos seman~s 1::1 ieron más de un mes explorando sus costas Y nocida como Juana, do nd e m\trt d d h b,, ¡¡ gado a una isla cercana a la , C' ¡taba convencr o e a er e ' h' su intenor. o on es , é 'l formaba parte del litoral c mo costa asiática y al divisar Cuba penso qne sDa , hí que los aborígenes fueran t b o!alnmccde1amano. ea .. • y qne la l n<11a es a a,.. ·' l t ¡, , "tualidad y ,¡ne ni siqwera - d. bre (¡ue perdura 1as a a ª" .. ]la 1nados mn 1os>), nom . 'bl'tººtnente El 'i de dic1em... , ¡,·trantescuest1◊nanpu ..... · ~ \os rndigen1st-as ma5 reca ci L q ~ la que en la parte de Santo bre llegaron a Haitl, baat1zada como ~ ,.,.3palno ºn,"laves españ.oles del Cari~ ., nodelospnnnpaes,.," Domíngo se conver t ma en u . , d es tras encallar contra unos , C I Allí perdto 11ml e sus nav , , be, Jtmto con u )a. d . la durnnte varias semanas, y de;;pues 1 arrecifes. 1'ras ex.plorar las costas e a~~ C \ón decidió volver a España, lo de más de tres rnescs en el «nutevot'.~n dm>, ; de rns hombres en el fuerte de qnchizoel ]6deeuerode 1493, eJall oa 3 La Nativl!Jad, enL'J Española. . d !oc bienes ¡Trometidos, ni oro e J' llevaba nmguno e '"' , º A su regreso, 0 on _n~ , ·d d ,_, ~,oticia revolucionaria: su terma ¡ íeltz por,a or e un"" . l ni especias, pero e ' ... b • do mar adentro hacia e oeste de que se podíanrcunnavegar el glo o navegan ,

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se presentabu como correcta y si bien no había estado en !a lndüs, ni en China o Japón, habü1 pisado donde Jamás habían !leg:ido los europeos. De iodos modos, Colón estaba convencido de que algún obstáculo cortaba la rnta hacia e] orn y las especias y que podría SOi tcar!o encontrando el paso adecuado, lo qne se convertiría en una de sus grandes metas en los signicntcs via¡es. Lisboa fue el primer puerto de la Península al que arribó, como consecu~ncia de una tormenta, lo que le permitió a Juan l1 enterarse del descubrimiento. Luego retornó a Palos, desde donde viajaría a Barcelona para entrevistarse con los Reyes Cntólicos, a los cuales informó de sus logros. Como prneba les entregó algunos indios y muestras de animales, plantas, frutos, piedras y minerales. Los monarcas recibieron con entusiasmo la existencia de tierras al occi~ dente de Europa y las perspectivas económicas y estratégicas que se les abrían, por lo que ordenaron el armado, sin dilación, de una segunda expedición, costeada por ellos y compuesta por 17 naves, l .500 hombres (ni una sola mujer), 13 sacerdotes y 20 caballos. Pronto surgieron las disputas sobre la titularidad de las tierras descubiertas. Jmm JI icc!amó los territorios al sur del paralelo 28° Norte, que pasaba al sur de Cananas, basándose eu la bula papal Romanus Pontifex, de 1455, y a! tratado de Alcái;:ovas-Toledo, firmado en l 479 por Castilla y Portugal. Los Reyes Católicos también esgrimieron sas derechos, aunque el desc11brimien~ to les planteó 11n doble probkma: la incorporación de !as Indias a la corona de Castilla y el derecho de ornpar las tierras recién descnbiertas. Las Indias como las Canarias o Granada, eran bienes gananciales del matrimonio regio'. que decidió incorporarlos a Castilla. Ante el devenir de los acontecimientos, los Reyes Católicos orientaron la defensa <le sns intereses en tres direcciones: preparando un segundo viaje de Colón que consolidara su presencia en las tierras recién descubiertas; negociando con Juan II una solución satisfactoria para ambas partes; y buscando una bula papal equiparable a la de los portugueses para reforzar su posición negociadoraEn ! 492 había sido elegido papa A!eja11drn VI, Rodrigo de Borja, que ocupó su cargo con el decidido apoyo de Fernando e Isabel. Así, !os nombró reyes católicos y los res_pa!dó en su disputa con Portugal sobre las tierras descubiertas por Colón. Para reforzar su posición no les dio la bula soliciiada sino cuatro, conocidas como bulas alejandrinas. Como el princípal objetiv~ de !a colonización dehía ser la evangelización de los indígenas, o infieles, Castilla tuvo las mismas bulas, con las mismas concesiones, que Portugal. Las dos primeras fueron la lnter Caetera I y !T, de 3 y4 de mayo de; 1493, aunque la seb,rund11 se redactó a fines de junio. La primera se conoce como bula de donación, a! conceder la posesión de las tierras descubiertas y por descubrir, hacia la India, no pertenecientes a ningún príncipe cristiano (básicamente por Portugal). La segunda, de partición, dividía el océano en dos partes mediante una linea imaginaria trazarla de polo a polo, un meridiano a 100 leguas al oeste de las Azores y Cabo Verde. La tercera, la Exíniie Devotionis del 3 de mayo, concedía a Castilla derechos similares a los que tenían los portugueses

-esinnes La cuartJ yúltimn, la Uudum Siquu/en del 26 colomzilt sus po~ , _, _. , .. , . , . para . b-.--, ¡~ •,n¡,)li'.H.:ión de L:t drmacwn, perm1tla a Cas1illa !kgm a /\Sm, de 51:ptiem .' u,'.. c,',,', 'te' a 1'a Jndia. navegando en dirección a occidet1le Y le conv m·1s c0ncic ,,i · 1 · ' ' · •·. · d 1 1 ¡ • :· 1 ,· rrnsqueencontrnrncnesaruta.Estapanoplia ebu as C(lO cedia todas as 1e ' . . . , , . . - ,, . ,n lrza en sus objetivos de exclun a la;; pokncrns extrnnJe1 Js a Castilla una gr« '"'·' ' • , ' '' • . , d s ubiertasvconsolidarelpoderdelaCoronaensupulsocon delast1e1ras e"c "., . , _, ..... º" stelhma. Tamb1en g,arant11..aba a los Reyes Ca10licos, en tan_to re]a no bl uwca . · · descu b1er tos ' e· ·11 y a sus herederos la propiedad de los terntonos 1 a, yesde asi · ' . , yhs ' riquezas n generndas. ace¡)tó Ja demarcación establecida en la segunda lnter Caetera, • ¿·1p 1omat1ca , · en tre eas ,·11 · Jmm · do no , ,omplicada negociación i a y ¡·'ort"u ong111an 00 " .., ·_ a!: El monarca lnso propt1so el trazad~ de. un paralel~ "'n luga; de un me~~ gd_ , ne le daría el control de los temlonos australes, como Af11ca Y pos1tnno, q , Iod,·a mientras Castilla . tendna , dcree ho a 1. os sep ten,· no oalos . blemente 1" ,, . . o 1 • ·11 se negó insistiendo en trazar un mendiano, a 250 o 35 leguas a oeo. ~ . . 1 !494 , eas'1 a, ><,,¿,,' f'I, Tratado de Tordes11las, de t de JlllllO , reconoc1a te e1e eabo v-.,, ,... . {e . ., . a a '70 !eouas al oeste <le Cabo Verde. Este último trazado pem11t10 a uname _) o· J l los portugueses colm,1izar Brasil, por lo q~e algunos a~tores, como Manue L ucena Salmoral, estiman que ya se conoc1an estas t1enas.

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6.3. Los otros tres viajes de Colón El segundo viaje tenía tres objetivos claros: socorrer a los españo'.e~ en el fuerte Natividad; continuar los desC11brimi~ntos para 1:egar a l?s don~rn:~os de~ Gran Khan y colonizar las islas ya descubiertas. Colon .zarpo d_e Cadiz: el 2) de septiembre de 1493 y tras una breve escala en C~nanas llego al Car:~e en sólo tres semanas, marcando un récord en !a que sena durante nmcho tiempí; la ruta más rápida y segura para cruzar el Atlántico. J?nrante un mes, exploro las Antillas menores, tocando tierra en numerosas islas, en:re :_Has Pucr;o Rico. A principios de diciembre ya estaba de vuelta en La Espanola- Colon quería establecer una factoría, según el ~odelo portugués, para converti:la ~n el centro de explotación de las nnevas tierras. De acuer~o co~ las Ca~it_u:d'. ciones, el Almirante y los Reyes eran los <lueños de la faetona y sus 1micos beneficiarios. Sin embargo, este modelo se contradecía co'.1 el desarrollado por ]os castellanos durante la reconquista o en su experiencrn canana, 1? que provocaría importantes conílictos entre Colón y sus homb_r~s, dada la mflexibi!idaddel Almirante y su condición de extranjero. Las dificultades con los colonos aumentarían ante la escasez de oro, esclavos y tierras para explotar. Como no quedaban sobrevivientes en La Natividad, Colón fundó La Isabela, !a primera población española de América, aimque pronto comenzaron los problemas de adaptación. Los exped1c10nanos n? estaban acost'.1mbrad_os ni al clima ni a los alimentos caríbeños, lo qne causo numerosas baJaS mortales, aurnenladas por la carestía de los alimentos y medicínas de origen euro-


,,,,i,¡¡ -- 2/ peo. Esto repercutió n?ga,iivamente en el trnb<tio, ya que a medida-que ~l ~ú~ rnero de colonos d1smmma, las tareas se hacían cada vez más agotadoras. E! modeJ_o .~ortugués implicaba una disciplina muy rígida, que afectó a toda !a cx_ped1cwn, con independencia de su coudición social. El descontento desem~ bocó en 1m n,1otín, duramente reprimido por Colón, que ahorcó a uno de sus cabe~1!1as. L?tre !494 y 1495 Colón realizó tres incursiones militares en el mten.or de la 1s!a, para someter a la población indígena al vasallaje, pensando ~ue s1 entregaba esclavos indígenas a sus hombres podría ahorrarse sus salanos. Estas campañas tuvieron un efecto no deseado sobre el futurn de Lalsabe!a, ya que los indios perseguidos por Co!ón se refugiaron en los montes y dcJaron de abastecer a ta población europea de alimentos frescos. En abril de 1494 Colón se dirigió a Cuba y Jamaics, a la que llamó Santiago, p~ra reconocerlas~ determin~r a qué parte de Asia había llegado, creyendo qne Cuba era una penmsu!a de Catay. Según algmrns versiones, poco probables, en este segundo viaje tocó tie1ra en América del Sur, más coucretamente en el Caribe venezolano y luego 1ctornó a La Española, donde pasó todo el año de 1495. En marzo de 1496 aba11donó La Españo!s, dejando a! mando asu hermano Bartolomé ¡unto a un conflicto en ciernes, ya que allí permauecía un grupo frustrado por las escasas pe1spectivas de futuro, hambriento y cou tJUmerosos enfermos. De nielta en España, Cotón mformó a los reyes de sns descubrimientos en. Cuba Y Jamaica y de los conflicws en la administración de La Es¡.mño!a, ~~o_re los cuales ya estaban al tanto. A diferencia de lo ocuJTido con su primer VJaJC, el entusiasmo regio había disminnido y las cosas no foeron tan sencillas, aunque Colón pudo convencer a los monarcas de continuar con la empresa, ntilizando e! argumento rnligioso (se podría evangelizar un número incalcul_able de_ i~~igenas y se prestaría un gran servicio ·a la Iglesia), dada la espe_c"1al sens1b1lidad de la reina Isabel. En España faltaban capitales, una situac1on agravada por las guerras de Italia, de modo que e! armado de !a nueva expedición para reemplazar con rninerns y campesinos las bajas producidas en La Española, más de la miitld de la expedición inicial, se retrasó dos años. Colón zarpó rumbo a América por tercera vez, desde San.!úcar de Barran1cda, el 30 de ~ayo de 14~8, y en su tercer viaje se dirigió más al sur que en tas dos oportumdades antenores. E! 15 de agosto llegó a la desembocadura del Orinoco Y luego de ~x.plorar la costa venezolana y descubrir la isla Margarita y otros centros perhferos: puso proa a La Española, adonde llegó el 30 de agosto, cuando desembarco en el poblado fundado por su hamano Bartolomé. Este periplo le permitió comprender que no estaba en Asia, ya que la cantidad de agua dulce que arraslraba el Oriuoco era la prueba de Ja cx.istencla de u_n vasto continente, hasta entouces desconocido por los europeos, un.a creencia reforzada por el aspecto de los aborígenes y el dima, aunque siguió pen• sando que estaba muy cerca de su tan ansiada meta. La situación en !a isla se había complicado ante la falta de noticias de Colón. La posibilidad del abandono de! Almirante estimuló la rebelión de buena

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··"O~~tra SLlS hermanos Barto1omé y Diego, instalados en de los co onos,.., . , . , , , . parte _ s ucusarnn 1,o amo-iinados, ding1dos por Francisco Roldan, to Domingo. · · · 1 1· · San · . b' de haberlos abandonado eu una s1tuac10n e e 1caaa. C0 ¡óndema1go 1ernoy _ , , 3 · . · d I c.belión tendría consecuencias nega!1vas para Colon, que se• Eltrnrnfo e ar,..,, Je. cornlltcción <le ]a empres¡¡ americana, · · b·ar los al compto 1 d d"'"'' · despazao F · na · """JJacidad¡)aradiriairla. Colón fne reemplazado por ranc1sco 0 monMcas su me..,.. . ,.., ~ ' b ct·11 ,,. mendador de la Orden de Calatrava, enviado desc1e .cspana deBoa1a.~. 0 ) . • , .,,,,·,,,.do• ¡ a llegada de Bobadilla a Santo l. ommgo, en agosto moiuezpcs,, .., '· ., ... , · · ,,•1cvo tiempo cuando m1c10 un proceso a Colon Y sus 1, 0• .,,. del5 00,rnaug1, ''' '. . . .,,,·olomé y Diego). poste110rmente detemdos, encader1ados Y f1hermanos (B "' ,. , · d ,¡ •nados a la Península. Swu1endo el modelo de la encorruen a nalmente rv 01 "' . · , ¡ · · ·11 a desarrollado duranle la reconquista, Bobad1l1a contmuo a pract1caste an, .. · 1 bll · · .,,,d, por Colón de repartlf tierras e md1os entre os po ac ores. ~WlClo" · . , ¡ · J' · conflictos en la Pemnsu!a, el A m1rante, e urnco Tfa S S'Jlucionar ak-unos b , , ! ·¡ ¡ n1te no había perdido, recuperó sus derechos eco110m1cos pero no os 11uo.,, . . · ., . d . ¡·¡ , 0 ,. Colón mmca se dio por satisfecho de la nueva s1tuac10n crea püJlvv.. . , a, como tampoco to hicieron sus descendrcntes, y d1_1rante el res!~ de su existen.. nontnvo vivo el Jiti,,io, los {<pleitos colombmos,>, en defe!lsa de lo que CJaJ, "' ·¡· dSt consideraba sus legítimos derechos, recog'1dos en la~ Cap~tu ac1ones e •an a Fe. A sus 51 años emprendió sn cuarto y último viaje, sufragado por la Corona y que tenía como principal objetivo Hegar al Asia, espo!ea~o por la lle?ada de vasco da Gama a tu India. Colón pasó por algumts de la~ islas conocida~, atravesando el norte de Jamaica y el sur de Cuba, ya que tema orden de _1;o_p1sar l.,a Española. Desde allí se dirigió al oeste, pensando en la ruta asiat1Ca, aunque terminó en Houduras, adonde llegó en agosto de lSO~. J'.11ego r_ns_o proa al sur y tocó las costas de Nic<trdgua, Costa R 1c.a y Pam1ma. En e~ta 1ilt1ma región, bavtizada corno Veragua, pasó má: d:" nueve meses. Obligado a regresar por el mal estado de sus barcos, se rehtg10 en Jamaica, desde don~le pidió auxilio a La Española. El socorro tardó un año e1: l!e~ar ha_sta un_ Colon solitario y con artritis, que finalmente pndo retornar a Es~ana a fmes de 1504. El 26 de noviembre de ese año murió la reiua Isabel, su pnnc1pal va!~dora_. u,n año y medio después de su último vütje, el 20 de mayo de 1506, mona Cnstoba! Colón, tras haberse entrevistado con el rey Fernando.

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6.4. Los primeros contactos en Tierra Firme y Centroamérica Los viaies colombinos füeron seguidos con atención en las principales cortes curopc;s. Iugleses y portugueses quisieron emular a Colón y ::;cguir su~ pasos en Ja bú.squeda de la ruta asiática, convencidos como est~ban de que_es_te 110 habla podido lkgar a la India porque un_ form'.dab!e o_bs,taculo se habw mterpuesio eu su camino. E11 1496, el venec1auo Gwvanni C:aboto, o John C,:1bo_t, al servicio de Inglaterra, decidió buscar el paso algo mas al norte Y al ano si· guiente descubrió Terranova. Enrique VII decidió financiar una nueva expe-


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dición, pero ésta frncasó. l..os portugueses 1amhién qnisiernn prnb:i.r ese camino y C1l 1500 y 1501 despilcharon sendas expcdic:wnes al mando de ]os hennanos Corte ReaL qllc exploraron Terranova y e] sm de Groenlandia. aun" q11e los hielos árticos los desalentaron para continuar la crnpn:sa. En España la actividad dc~cubridora no cesaba. Los Reyes Católicos habían optado por anular lo establecido en !as Capilu]ac1ones de Santa Fe, y en l 499 p~rrnitieron la salida de nuevas expediciones para completar ]a misión cok:mbma abnendo las fndias a particulares. Entre 1499 y 1502 zarvaron de }a Penmsu]a vanas exped1c1ones de «descubrimiento y rescnte>> quGbuscaban en Venezuela el paso que Colón no había localizado, a 1H par gue se dedicaban a explotar Y comerciar ( <<1escatc1r») con las riquezas que encontraban a su paso: mad~ras, esmeraldas, oro y perlas, aunque en esta oportunidad los aventureros espanoles encontraron una dura resistencia de los indígenas del norte de América del Sur, menos pacíficos que los del Caiibe. Como se había abandonado el modelo colombino hubo que firmar una capitidación en todos los casos v cada expedición debía ser financiadnpor quien la l!evabn /lcabo, que a s11 ~ez se comprometía a pagar a la Corona el quinto real, el 20%, de todo lo rescatado. Los capi tukrntes no podían pasar por las ttcrras portuguesas ni por las descubie~tas pmColón. Dado el alto coste qne implicaba armar una expedición, sus capitanes llebían buscar un socio capitaltsta, generalmente un comercianlc con quien acordaban el reparto porcenhrnl de los potenciales beneficios. Esta~ expediciones mejoraron el conocimiento del Nuevo Mundo. Alonso de Ojeda y Juan de la Cosa, qne habían estado con Colón en La Hspañ?la Y tenían experiencia en e! Caribe, organizaron la primera de estas expediciones, en la que también participó el geógrafo florentino Américo Vespucio ..Entre mayo de 1499 y mayo de 1500, esta expedición exploró la costad~ Venezuela, desde la desembocadnra del Orinoco hasta el golfo de J\la.rac~ibo, aunque tuvo que enfren1arima durn resistencia indígena, que con~1ciono sus malos resultados económicos. Vespucio llamó al territorio Pequena Venecia o Venezuela, al ver a los mdios viviendo en palafitos. Poco después, yespucio volvió a ~m-érica, esta vez al servicio del rey de Portugal, y recomo toda la costa brasil en a, aunqi ie según algunas versiones habría lleo-ado al Río de la Plata. Después de este viaje, Vespucio se ufanó en una cartR""de 1504 a su amigo Pie1· de Soklerini de haber descubierto l<1 cuarta parte del mi,m~o de,la que h_a?liiba Pt~lorneo (la quarra pars), distinta de E•:uropa, Asia Y Afn~?- Fue el clengo aleman Martín Waldseernüller, qne trabajaba en la pubhcac10n de la Geograjl(f de Pto!omeo, quien se hizo eco de! descubrimiento de Vespucio y en Sll horncn~je decidió darle el nombre de América. El nombre del Nuevo Mundo, de esa quarta pars incorporada al universo conocido por los europeos, se popularizó rápidamente, ya que en J507 se habían hecho seis ediciones de los ocho volúmenes de la obrn de Pro lomeo_ Peralonso Niño, pi!oto de Colón, y Cristóbal G11erra siguieron la rnta de la expedición anterior, aunque permanecieron en la isla Margarita, dedicados al rescate de perlas, con e! que hJCicron un excelente negocio, pues-se !levaron

;;¡;~ i'~s rc~ogidas p;r los indigcn~~ d1Jrante·.~iglos_ Vi.cente Yánez Pinzón, 011-0 de los comp;:¡fícros de Colón, y Iliego de Li.:¡.w dmgicron las dos s1grne11tes expediciones. Pinzón SIC dirigió nd~ qne los navegan1~s_antc,riorcs y descubrió el Amazonas, al que denommo Rio Gran?c, a pnncip10s d_e l S?O. En su retorno exploró las costas dd nordeste de Brasil y de Guayana. Rodngo de Bastidas signió una ruta similar a la de Cohín y O_ieda, aunq11e llegó a la bahí.a de Cartagena, en la actual Colombia. Estas expediciones, junto a las cuatro de Colón, sirvieron no sólo pma conocer mejor el Caribe y ias costas de Tierra Firme y América Central, sino también para confirmar ht idea de que un continente desconocidos~ interponía en el camino hacia Asia. Y e.n ese camino, La Española foe elegida por la Corona como el centro de la activicllld regional. El descubrimiento de Pinzón de la costa brasileña tuvo escaso impacto, al preceder sólo en unos pocos meses al descubrimiento <1oficiah:, portugués, de Pedro Al vares Cabra!. Cabra! había zarpado de Lisboa en marzo de 1500, en un viaje que, al menos públicamente, debía llegar a la India por Ja ruta ina11gurada por Vasco da Gama en [497, pero se desvió y terminó enel Brasil_ Mnchos historiadores se preguntan si fiie un accidente, como dicen las crónicas oficiales lusas, o si por el contrario se trataba únicamente de (\Oficia!izarn nn descubrimiento previo de algún navegRntc portugués. Recogien• do los datos de su viaje y los de sus conternponíneos, Juan de la Cosa dibn_jó en 1500 el primer mapa de lo que se conocía hasta entonces de América, como prueba el trazado de la costa de América del Norte, que recoge los hallazgos de Caboto y Cuba se presenta como una isla. En el mapa, que estuvo durante bastante tiempo en la Casa de !a Contratación, figuraba la línea del Tratado de Tordesillas, que establecía que las tierras al este del cabo de San Agustín, o de San Roque, pertenecím1 a Portugal.

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7. El comienzo de la sodedad colonial en Indias: el (adbe Frav Nicolás de Ovando, sncesor de Bobadil!a y elegido gobernador de La EsPañolaenseptiernbre de 1501, fue el organizador de la isla. Al año siguiente llegó a Sanlo Domingo al mando de una flota de 32 buques y 2.500 hombres. Sii proyecto implil:aba el abandono del esquema colombino de factorías y sirvió pa.msentar las bases de la administración colonial española en Indias. Para llevarlo a htien puerto, debió reilmdar la ciudad de Santo Domingo, arrasada por un ciclón en 1502, construyendo un hospital y buenos edificios. Entre las medidas acometidas estaban además la pacificacíón de la isla, tras someter a los indios rebeldes; la fundación de numerosas poblaciones; la organización de la minería y e! fomento de la agrícultura (introdujo cultivos europeos y también la caría de azúcar)y la ganadería (bovina, equina, porcina y muktr). Tras el agotamiento de los placeres auríferos, la agricultura y la ganadería se convertirían c:n las principales actividades no sólo de La Española, sino también del Caribe.


Ovando había 1·ecibido mstrucCloncs precisas para desarroÚi1; s;.l p-ro~~-~~to, c¡ue implicaba el gobierno de los 2.500 colonos c¡ue lo acompañaban, de los 360 c¡ue permanecían en La Española al mando de Bobadilla y Roldán y de lo q11e quedaba de la población indígena. Para ello debía remover un importante obstáculo: !os colonos se habían convertido en poderosos terratenientes giacias a los 1cpariimie11tos de iierras de Colón y Bobadilla, y semostraban poco propensos a acatar cualq1lier autoridad externa. Ni bien lkvó a Santo Dorniugo, Ovaudo ordenó el retorno R la Península de Bobadi!!a, Ro!dány SllS prindpales colaboradores, privaudo a los colonos de sus líderes na-• turales. No fue sencillo doblegar a los colonos veterallos, q1.1e contrnfaban la oferta alimentí.cia y la mano de obra indígena, !a base de su poder, reforzado por los problemas de aclimatacíón de !os recién l!egados. Para consolidar s 11 posíción, Ovando debió i.r paso a paso, favoreciendo a los burócratas que lo habían acompañado desde España, dándoles tierras e indios allí donde no se habían establecido los españoles. La necesidad de mano de obra se acentuó a medida q>1e se descubrían los principales yacimientos auríferos, ya que el lavado de oro se c011vírtió en la principal actividad d,:; la población y los i11dígenas fuerou esclavizados para explotar mejor su fuerza de trabajo. Para dotarse de indígenas, Ovando realízó dos campañas militares en !os extremos de La Española. Comenzaba a q11cdar claro en el juego del poder colonial los piiares sobre los que éste se asentaba: el control de la tierra y de la mano de obra mdígena, sin la cna! aqnel!a car<ecía de valor, a ta! pnnlo Cjll<": populanneute se afirmaba que no había colo.uias sin indios. También c011taba, y mucho, el acceso a los metales preciosos. Durante las dos prim<eras décadas del siglo xv1, mientras duró el l!amado ciclo del oro en el Caribe, los asentamientos españoles cambiaron constantemente de emp!azan11en10, en fonción de los yacimie11tos y de !a disponibilidad de mano de obra indígena. La actit11d de los colonos hacia los in" díos se basaba, desde la época de Colón, en la creencia errónea de que la mano de obra loca! era un recmso inagotable. La reína Isabel la Católica, en su codicilo de l S03, ordenó que los indios debían ser tratados como sus vasallos libres y no ser esclavizados ni maltratados, lo que causó gran malestar entre los colonos. Ovando escribió a la reina que sí no se obligaba a los indios a trabajar en las miuas, La Espafiola termiuaría dcspoblóndose y los neoocios llegarían a su fin. "' . A fines de 1503, Ovando impuso, con autonzacíói1 de la Corona, el repartuniento de indios. El sistema implicaba el trabajo forzoso, bajo las órdenes del gobernador o sus representantes, a cambio de un salario, en el entendimiento.de que se trataha de p~rsonas libres. Fl duro régimen de trabajo, al que no estaban acostumbrados, füe causa de una gran mortandad entre los índígenas. Para facilitar su evangelización y cnidado (policía), Ovando ordenó su traslado a poblados especiales. Así comenzó en La Española el sistema de la encomíenda, que tenía su precedente en la encomienda de la población rnnsuhnana durante 1a reconquista. Tambíén comenzó a plasmarse la que sería

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t •n•- la administración colonial espaií.ola, el famoso <(SC acata constan e " _ . , d •ple)> basado en las d1vero-enc1as entre las ordenes emana as ero no se c1uL , · _ '''e . . ., . .. .pde las atuüll( . . - ¡,a"~ d"'-0 establecidas en la metropoh y w ap!icac10n , . poi la~ aut011' ,, ,,,-;d•an .sobre el terre110.' ya que éstas deb1an aplicar llnas normas da d eS(jlf,.,,v~,' . ' . ·h c•ces respoud[an más a buenas intenciones que a un conocumenqne mue as v~ . t0 detallado de la realidad. _ . . Las duras condiciones de trabajo en l_as minas y el n_t;110 1mp:1es:o favore·,, en el Ca!ibe la catástrofe demografica en gestal..'.10n. Los mdigenas rec1~ron . · d ¡ 1 e os ·h aron el maltrato sistemático desarrol!ando diversas estrategias, les c az ' · , · · ·ct· ,. colectivos (tomaudo Jugo de yuca amarga), hasta e J asesmam ele 1os SUlCl l 0 ~ , •. hijos, pasando por los a~orto_s qne se provo~aban Ia_s muJe~es, a fm de no ~-egnir alimentando con mas h1JOS una stt11ac10n semeJante. En J 508: en La Española, sólo quedaban vivos 60.000 i~di?s de !os 400.000 que hab:a en 149?-Ln disminución de la fuerza de trabaJo fue nna grave preocupac10n para las autoridades y los colonos, que pronto se convencieron de que la mano de obra im.Hvena era un bien cada vez más escaso, que debía de ser cuidado. Para soluCl~nar el problema se apostó por importar indios de otras is!as del Caribe, especialmente de las Bahamas, lo que repercutió negativamente sobre_ lapoblación de todo el Caribe. Entre 1508 y l 5 l 3 los «rescatadores>> de md10s llevaron a La Española más de 40.000 esclavos indígenas. Una vez que se desnob1aron las Bahamas, las ,<cacerías)) de indios continuaron en Cuba, Jamaica ~, \as Antillas Menores. Sin embargo, en estas ú!ti111as, los caníbales caribes, ;nás belicosos que los taínos de !as Grandes Antillas, se opusieron ferozmente a quienes querían esclavizarlos. El canibalismo de los caribes permitió j ustificar las expediciones de caza como <(guerras J11stas». Sin embargo, la drástica caída de la poblacióu indígena impulsó la idea de que para mantener el mvcl de la actividad económica era necesarío importar esclavos negros de África. En algunos lugares, como la ísla de Puerto Rico, que comenzó a ser colonizada por Juan Ponce de Leóu en 1508, los taínos se rebelaron. Aquí también se descubrieron yacimientos de oro aluvional y se i.ntentó imponer el mismo modelo de explotaGÍó11 minera que en La Española. Sin embargo, en 151 l los principales caciques de la isla se rebelaron y tras matar a la mayoría de los colonos decidieron huir a las Antillas Menores, donde debían enfrentarse a sus enemigos mortales, los caribes. Estimaban qne esto era preferible~ laesclavi" tud de los españoles. La catástrofe demográfica fue de tal magmtud que en 1530 apenas quedaban 1.148 índios en la isla, de los cuales 675 eran esclavos. Ei1 Puerto Rico, como en La Española y posterionuente en Cuba, muchos colonos sin yacimientos minerns que explotar o indios de los que vivir se dedicaron a la ganadería. A partir de 151 l Diego Velázquez comenzó la colonización de Cuba, cuyo modelo de colonización fue re!ativarnente semejante al de La Española YPuerto Rico, aunque sin suficientes indios para repartir y con unos y_acimient?s _de oro que tardaron más tíempo en ser descubíertos. Esta diferencia cronologica 0 na


marcó la dispar evolución de las tres isl:is pr·incipaks (La Espiliiola, Puci 10 Ríen y Cuba J. Mientras C'.n ias dm; p11n1cras los yacimicn!os de oro comenzaron a ¡_¡gotarse a principios de b dc':carla di:: 151 O. en Cuba ocurnc'1 a fines de la década de 1540. Esta dikreL1cia cronológica explica los dccalaJes en el ongen de los ciclos gnnadero y az11carcro en las distintas colonias. En algunas décadas todo el Caribe se quedó prácticamente sin población nativa, repiliendo un fenómeno similar a! de ümarias y que po:;teriormente ocurriría en otros archipiélagos o islas sometidos al contacto con los europeos, como Hawai, Australia o Nueva Zelanda. En iodos los casos hl población aborigen, que había vivido durante siglos en un estado similar al <le las crisólidas, snfrió corno una verdadera agresión el contacto exterior y la llegada de gfamenes patógenos totalmente desconocidos, que: prácticamente diezmaron a sus pobladores. En 1508, Diego Colón, el hijo del Almirante, fue nombrado gobcrnadm de La Española en sustitnción de Nicolás de Ovando. En 1509 ordenó a Juan de Garay conqmstar Jamaica. Posteriormente Ponce de León ocupó Puerto Rico y en 1511 se ordenó a Diego Veiázquez conquistar Cuba, Jo que com~ pletó e! domimo de las Grandc:s Antillas. El conocimiento de !a región tenninó en 1513 cuando Juan Ponce de León descubrió h parte meridional de b península de la Florida. El paso de Diego Colón por la administración de Li Española fue tan conflictivo como el de su padre. Uno de sus objetivos fue apropiarse de indios de lns colonos, para entregarlos a sus parientes y otros miembros de su comitiva. Esta situación lo llevó a enfrentarse con los colonos y encomenderos mús poderosos, que veían en su actitud u11 peligro para sus intereses, a! punto que en 1513 se anuló su derecho de repartir i11dios. Su conducta lo alejó del rey Fernando, quien para limí lar sus arbitrariedades y fo era un contrapeso efectivo de su despotismo, había creado dos anos antes la Real Audiencia de Santo Domingo. De forma gradual, Diego Colón fue vaciado de sus poderes y atribuciones: primero corno Juez, con la creación de la A1idiencia; luego como factor de poder al estar imposibilitado de repartir más indios y, por último, de sus potestades financieras, cuando se instaló a su lado un tesorero que manejara las cuentas reales. La Corona también quería desmantelar el poder de la oligarquía, formada por ese grupo de 360 encomenderos, para lo cual se orrlenó nuevos repartimientos de indios en (.\iba y Puerto Rico ( 1513) y La Española ( 1514), los tres mayores enclaves del Caribe. E! último fue el mús importante, ya que 743 españoles se beneficiaron del reparto de más de 26.000 indios, aunqne un pequeño grnpo de 82 funcionarios coloniales y nobles absentislas, que seguían explotando los escasos yacimientos de oro todavía productivos, ante e! rápido agntamíento de los placeres auríferos, especialmente los a!uvionales, obtuvo más de la mitad. La concentración del poder activó la despoblación de La Española- Algunos colonos marcharon a Cuba y Puerto Rico, otros se apunta" ron a la expansión en el Darién, mientras un grupo retornó a la Península. En 15 J 6 sólo quedaban en La Española menos de 4.000 europeos, lo que contrasta fuertemente con los 10.000 que había seis ai'ios antes.

rn J5 ¡ 6, lras la muerte de Fernando el Católico y la minoridad del príncipe Carlos, el cardenal Cisneros fue nomhrado regente. Se trataba de una per" sona muy scnsihk a las denuncias de los domrnicos wbre lo~ abusos de los encomenderos contra !ns incho~ antillanos. Entre ellos destacaba fray J3arto]omé de; las Casas, un antiguo cncornendero rcconvcrtidu en fraile y e11 11n feroz pmpagandista de la catástrofe demográfica que ocurría en el Caribe. Ante el calamitoso estado de cosa.$, Cisneros decidió intervenir, impulsando nna reforma a fondo del gobierno indiano: destituyó a los asesorc:s del rey y envió 8 cnatro monjes jerónimos (Bernardino de Man.zanedo, Luis de Figueroa, Alonso de Santo Domingo y Juan de Salvatierra) como gobernadores a Santo Domingo. Su pri11cipal misión era evitar la explotación de los indios, para lo cual debían acabar con las encomiendas en Cuba, La Española y Puerto Rico, de modo que los indios adquirieran su libertad y trabajaran como hombres libres, viviendo en p11eblos independientes. El frac%O del plan, achacable en parte a la muerte del regente, también respondía al poder de los encomende-• ros. Fue éste el primer episodio de un combate casi permanente e,n1re la Corona y los encomenderos, sordo a veces, abierto en otras, sobre el füncionamiento de un sistema que tendía a recortar el poder regio. El enfrentaniiento se extendió por casi todo el Imperio americano y fue neces<1rio el paso de mushas décadas para que el problema c01m:11zma a remitir con la definitiva desaparición de las encomiendas. 8. Tierra Firme y América Central 5¡ bien el esfueuo de los colonos caribeños se centró en la producción y exportación de oro, una füentc de riqueza importante e inmediata, no se había aband011ado e! principal objetivo de la empresa colombina: la búsqueda de la ruta asiática en direccíón n occidente. A ese objetivo dedicó sus mayores esfuerzos Femando el Católico mien1ras fue regente de Castilla, trns el fallecimiento de Isabel. Por eso convocó en l 505 una Junta en Toro, a la que acmlieron el obispo Fonseca y experimentados descnbridores como Vicente Yánez Pinzón y Américo Vespucio, al que se le reconoció la nacionalidad castellana. Como Ja expedición que debían capitanear Pinzón y Vespucio no terminaba de zarpar, se volvíó a convocar una nueva reunión, esta vez en Burgos, en l508, con cartógrafos y expertos en navegación, a la que también acudieron Juan de la Cosa y Jiian Díaz de Solís. Allí se decidió enviar una expedición, al mando de Pinzón y Solís, para explorar el norte de Veragua y encontrar el es-trecho por el cm1l proseguir la rnta a Asia. También se creó el cargo de Piloto Mayor en la Casa de Contratación, puesto que ocupó Américo Vespucío. Por último, se establecieron dos gobcmaciones en Tierra Firme, Urabá y Veragua, al mando de Alonso de Ojeda y Diego de Nicucsa. Esta sitnación explica el número de expediciones descu.bridoras y de conquista que llegaron a Tierra Firme y América Centra! en la búsqueda del famos() paso, una búsqueda es-


poleada a partir del 27 de septiembre de 1513, mando Vasco Núñez de Balboa descubrió el Mar del Sur, el océano Pacifico, lo g11e venía a confirmar dos cosas: por un lado, la viabilidad tle la teoría colombina, y, por el otro, sus limitaciones, ya que todavía qnedaba un largo trecho para llegar a Asía. La perspectiva de nuevas fuentes de riqueza, como maderas tintóreas y perlas, fueron otro acicate que explica toda la aclividad en dirección a! oeste y al sur.

8.1. El Darién Los viajes de Rodrigo de BasiiLlas, Pcralonso Niño y Cristóbal Guerra pusieron de manifiesto las rignezas de la zona, especialmente en !orno a la llamada gráficamente Costa de las Perbs, en La Guajira. La atracción de la zona creció desde fines de 1503, cmndo la reina Isabel permitió cazar y esclavizar a todos los indígenas que se resistieran a ser adoctrinados en la fe católica. Esta medida descansaba en la creencia generalizada en La Española, y también en la Península, de qne los indios rebeldes eran caníbn!cs, corno los caribes. Juan de la Cosa intentó organizar una factoría para comerciar con esclavos indios, para lo cual firmó las correspondientes capitulaciones. De la Cosa se dedicó a capturar esclavos y a saquear a los indígenas el oro que tenían, tanto en las costas de la bahía de Cartagena como dei golfo de Urabá, aunque debió enfrentar una dura resistencía de los md10s q11e se negaban a someterse a tan brutal disciplina. En 1506 De la Cosa retornó a la Península, Como se vio, en la Junta de Toro, en 1505, la monarquía española decidió impnlsar e1 descubrimiento de la ruta asiática y coloniznr Tierra Firme, aunqne husta 1508 la orden no se habfo cumplido. Ese afio, el rey Fi::rna11do reumó una mievn Junta en Bmgns, que dividió Tierra Firme en dos gohernaeiones, Urabá (desde el cabo de la Vela hasta el golfo de Urabá) y Veiagiia (desde el golfo de Urabá hasta Nicaragua), y encargó a Alonso de Ojeda y Diego de Nicuesa su conquista y colonización. Las expediciones se planificaron en Santo Domingo, donde se aprovisionaron de los pertrechos y se reclutó a! personal necesarios para la empresa. Ojeda yNicuesa estaban movidos poi los mismos rncentivos: someter a los indios y aprovisionarse de palo brnsil, esclavos y oro, al ser nrnnerosas !as noticias de la existencia de oro labrado abundante en manos indígenas, lo qne estimuló la codicia española. Tierra .Firme fue 1a prime•• ra gran conquista continental del Nuevo Mundo y su desarrollo, qne marcaría la pauta de lo ocurrido en los grandes imperios ame1icanos, donde fue necesario conquistar primero el territorio, enfrentándose a la resistencia indígena, para luego colonizar y poblar, seria miiy distinto al Caribe. Tras las correrías iniciales, y después de la m11erte de Jmin de la Cosa por los indígenas, Oje<la fundó San Sebastián de Urabá, el primer poblado establecido en la actual Colombia. En nna de sus incursiones <il mtenor del territorio, buscando el tan ansiado oro, Oje(la foe herido y decidió ¡-etornar a La Española en busca de refoerzos, ya que sólo le quedaban 60 de los 300 hom-

bres de su hues!e inicia!. Ojeda, que murió cu Santo Domingo, dejó en el terreno a un grnpo de hombres, entre los cuales se encontraban Francisco Pizano, Vasco Núñez de Balboa y Martín Femández de Enciso. Éstos se establecicrnn en e! otro extremo del golfo de Urabá, en la actual Panamá, donde en 151 Oocuparon y saquearon el poblado indígena de Darién, obteniendo un tesoro de más de 40 libras de oro y jnyas. El poblado, rebautizado como Santa María la Antigua del Darién, se convirtió en el primer asentamiento español permanente en el continente americano. Para darle rango de ciudad se instauró el cabildo, que desconoció la autoridad de Nicucsa y Femándcz de Enciso y nombró alcalde a Núñez de Balboa, Desde ese momento gobernó la ciudad y sn territorio como Gobernador provisional, a la espera de que la Coronaratificara su titularidad. Nicnesa, después de graves penurias y de la pérdida de casi 600 hombres, de los 800 que tenía, tras pasar por las costas de Nicaragua, llegó al Darién, donde encontró a los sobrevivientes del grupo de Ojeda, que habían hecho las paces con los indios, con quienes compartían viviendas y alimentos. Nicuesa reclamó siis derechos sobre el Darién y su condición de gobernador, pero sus pretensiones fueron rechazadas por Balboa y Pizarra y a principios de 1511 lo embarcaron de regreso a España. Su barco se hundió y murió antes de llegar a destino, sin saber que el monruca había fijado el límite entre ambas gobernaciones en t:l golfo de Urabá y que el Darihu estaba en la jmis<licción <le Ojeda. Fernández de Enciso había pretendido erigirse e11 el líder del Darién, lo qne fue rechazado por Núñez de Balboa, y sus seguidores, y finalmente fue embarcado wmbo a España. De es1e modo, Núñez de Balboa se convirtió en la máxima autoridad del Darién. Para consolidar su poder fiie necesario q11e los españoles abandonaran sus métodos basados en el saqueo y la depredación de las poblaciones indígenas. La búsqueda de un nuevo statu q110 pasó por el establecimiento de alianzas con 30 caciques vecinos, a los que Núñez de Balboa ayudó en sus guerras y, en vez de apoderarse por la fuerza de los alimentos y productos que necesitaba, aceptó que los indios le entregaran lo que estimaian c011veniente. De este modo, el Darién comei1zó a crecer y se convirtió en un pueblo donde convivían españoles, indios y niños mestizos, producto de la convivencia de !os primeios con las hijas y hermanas de los caciques. En diciembre de 15 l l el rey Femando reconoció a Núñez de Balboa como goberna<lordel Darién, tras haber recibido sus beneficios en oro. Las repetidas incursiones de Núfiez de Balboa por la región le permitieron confirmar la abundancia de oro en poder de los indígenas y qi ie su principal fuente estaba al smdel golfo de Urabá, en Colombia, en una región dominada por nn cacii111e llamado Dabeiba. Sín embargo, despnés de pasar el año de 1512 buscando las fi.1entes del oro, tnvo qiie admitir que debía concentrarla búsqueda más a! sur, en la cordillera. Comenzaba a~í el mito de El Dorado, esa fuente inalcanzable de riquezas auríferas, que todo el m11ndn sabía que existía, pero q11e terminaba escurriéndose como el agua entre los dedos de la mano. Al mismo tiempo, Núñez de Balboa, a través de Panq11iaco, el hijo del


cm:iquc Comogre, 11no <le sus alwdo::;, conoci/i la existencia de un nuevo ucéa .. no al sm de Vcr·;lgua l\na !legar a él neccsiwba enviar una expedición !em:slrc y como es!imaba que sus efectivos, sólo tenia l 00 hombrs:s a SLl mando, eran escasos soli.citó refuerzos al monarca y pidió el envío de 500 hombres de La Española. Su pedido fue conlrnprodncenle ante la conspiración mo11tada en Sllcontra por Fernández de Enciso en [a corle. L,1 idea de la abundancia tk oro (la región fue llamada oficialmente Casti.lla de! Oro) y la cercanía al mar q1te llevaría a Asiaj1lgÓ en contra de Núñez de Balboa, ya que el rey aposlaha por el control directo de la operaci.ón en lugar de soportar a un advenedi?:o corno el autoproclamado gobernador del Darién. Por eso, euJunio de 1513, se nombró a Pedrarías Dávila, o Pedro Arias Dávila, gobernador y capitán general del Daríén, en lugar de Núñez de Balboa, a quien debía someter ajuicio de residencia para investigar su actuación en la desti.11Jción de Fernández de Enciso. Pese a no contar con !as fuerzas suficienies, pero pensando gilC su jugada podía reforzar su ahora endeble situación, Núiiez de Balboa se larrzó a la avcntma de llcgm al océano tan bnscado antes del desembarr.:o de Pedrnrias Dávila. Auxílíado por más de 700 indígenas, tras cuatro sernanas de dnra marcha, Núñez de Balboa llegó a las cost-'ls del «Mar del Surn (conocido pos!cnormente como océano Pacífico), que recibió ese nombre porque en ese lugar la marcha del Caribe al Pacífico se hace en dirección norte--sur. La búsqued,t del paso sería reemplazada posteriormente por la posibilidad de construir un canal que permitiera atravesar de un mar a otro. En un libro publicado en 1522 el sacerdote Francísco López de Gómwt ya hablaba de su probabk localízación y mencionaba Pimarná, Nicaragua, el Darién y Tehuautepec, aunqne la empresa debió esperar hasta fines del siglo x1x. El retorno fue aprovechado para someter a buena parte del interior de Panamá, empleando la fuerza en numerosas ocasiones. A princípios de 1514, Núñez de Balboa ya estaba de regreso en el Darién, convertido en 11na población de casi 450 e::;pañoles, desde donde comunicó al rey su descubnmiento. A mediados de año llegó Pedrarias Dávila, que tras desactivar la estructura de poder local comenzó inmediatamente eljuício de resi.dcncia contra Núñez de Balboa, qLte de todas sus reivindicaciones sólo obtuvo la de Adelantado de la Mar del Sur. El férreo gobierno impuesto por Pedran'.as desarmó inmediatamente todo el entramado de conviveucia anterior. Pese a ello, las dos faccio• nes españolas, enfrentadas entre si, pudieron convi.vir, más mal que bi.en, durante cinco años, hasta (]lle Núñez de Balboa fue finalmente ahorcado en enero de 1519. Aquí se manifestaron con toda s11 crndeza dos de las caras más amargas de la conqui.sta americana, que veremos repetidas en otras partes de América. De un lado, los estragos provocados por los europeos: saqueo de metales preciosos y explotación de la mano de obra indlgena, seguida del flagelo impuesto por las enfermedades procedentes del Viejo Mnndo, que diez~ maban a la poblacíón nativa, a tal punto t¡lle en muy pocos años se pasó de umt población de 2.000.000 de indígenas a unos pocos cientos. Del otro, los enfrentamientos entre distintas facciones españolas, muchas veces alentados

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Corona y que en el caso de terminaron en una vcrda,1Jcra gucrm p ,,;¡ <eneraban un <ospírilu caimla entre los conqtustadorcs y dií icultaban la estructuración de sociedadt:s cst<1bks.

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8.2. Los tanteos iniciales en América Central Pedrarias Dávíla comenzó a incursionar hacia el n?reste del Darién, en lo que ltlego sería Costa Rica_ Entre J 515 y 1517 se real1:,~ron 1mas doce cntrad~s, 0 ombre que reClblan estas incursiones de c:xplorac1on y saqueo, aunque nm-• s· b 1 . . 0 una dio origen a fundación penwmente alguna .• m em argo, tras e aJust1~iamienlo de Núñez de Balboa, el 19 de agosto de 15 l 9, Pcdrnrias fu11dó la ciudad de Nnestra Señora de la Asunción de Panamá, en las costas del océano Pacífico, lo que motivó el abandono del Daríén. Panamá, una pala~\ª de los índíos cueva que significa «lugar de muchos pescadOSl>, se convertma en un ,,ran centro de almacenaje y aduana en uno de los cruces de cami.nos más im;ortantes de América, que vinculaba el Peni con Emopa. Las ri.quezas l_legaban a Panamá y desde allí segulan a lomo de mulas hasta Nombre dG Dios Ydespués de 1597, cuando fue destruida por sir Francis Drakc, a Porto~elo. De este modo Pa11amá se constituyó en el centro desde el que, a partir de 1522, se impulsó la expansión hacia el norte, es decir a través del isrmo centroamericano, En ese momento llegó a la región, procedente de La Espafiola, el rico en~ comendero Gil GonzMez Dávíla, portador de una licencia real que lo habilitaba para explorar las costas de! Mar del Sur y b1Lscarel paso que uniera ambos océanos. lnmediatamente se produjo el enfrentamíento con Pedrarias, y pese a los obstáculos que Je puso, González Dílvíla fue capaz de llegar por mar hast3 el golfo de ronseca, donde actualmente confluyen las fronteras de El Salvador, Honduras y Nicaragua. Después de volver a Panamá, regresó a Santo Domíngo en busca de refuerzos. Aprovechando esta ausencia, en 1524, Pedrarias envió al norte su propia expedici.ón comandada por Francisco Heruández de Córdoba. Tras pasar por Costa Rica, fündO la ci.udad de Bruselas en el lago de Nicoya; luego Granada a orillas del lago Nicaragua y León la Víeja,para tenninar incmsiona11do en Honduras, donde se encontró con González Dávíla, qlle volvía con sus refüerzos de La Espaí'íola y queTla evitar la presencia de Pedrarias en SIL~ territorios. Desde México. cuya conqlllsta había comenzado Hemán Cortés, también se enviaron sendas expedíciones a Arnéri.ca Central, dirigidas por Pedro de Alvarado y Cristóbal de Olid. Alvarado crnzó a Guatemala por Chiapas, mientras O lid se dirigió por mar a Honduras, con una escala previa en La Habana. En Gnatemala, Alvarado debió enfrentarse con los qulChés y los 1ZU·· ltlhiles, que ofrecieron una dura resistencia, pero como ya había ocurrido dmante la conquista de Tenochti1.!an, contó con la ayuda de los cakchiqudcs, qne estaban enfrentados a los anteriores. Al ig1.1.al q\lC en México, y en otras


purtes de A.1;1érica, !as epidemias llegaron con !os com¡uistadores, pero rápidamente so!ran precederlos con su marcha de muerte, como ocmrió co11 la virnda, que en muy poco tiempo acabó con buena parte de la población centroamericana. Si bien la conquista de América Central fue f'acilítada por !a debilidad demográfica de la población aborigen, los conflictos entre los capitanes de las distintas huestes, los dos al mando de Cortés, más otro que envió posteriormente, Francisco de las Casas, para somete1 a Olid que se había rebelado contra su mando, y Gil González Dáví!a, proveniente de Honduras, complicaron !as cosas. Cortés también salió tras Olid y penetró en Guatemala en 1524, después de hacer frente a grandes dificultades. Se manhivo en América Central hasta 1526, explorando Guatemala y Honduras, Una vez más. las ansias de poder y de riqueza fácil y rápida llevaron a los jefes de las lmest,es a competir entre sí, dejando a sus espaldas un claro escenario de división v de continuos enfrentamientos. Sr bien se fundaron ciudades en distintos emPlazarmentos de la región y se procedió al reparto de indígenas, los primeros año_s de la presencia española en América Central füeron de grandes complic11crones Y de algurn1 mnnera lastraron el futuro de la región, con su sesgo compartimentado.

9. la vuelta al mundo Poco después de que Carlos l arribara a L'.spaüa, !legó a Sevilla Fernando de Magal!anes para entrevistarse con el factor de la Casa de Contratación a quien le expuso su temía de q11e las islas de la Especiería, las Malucas, per~enccían a la Corona e~pañola, ya que estaban dentro de los límites que el Tratado de To1desillas otorgaba a España, y que llegar a ellas sería relativamente fácil. Magal!anes era un marino experimentado que había servido a las órdenes de Portugal en ! 505, cuaudo viajó a la India en la flota de! virrey Almeida e intervino en la conqnista de Malaca. Sin embargo, tuvo problemas con la Corona lusa y decidió ofrecer sus servicios a Castilla. Las autoridades españolas se mostraron entusiasmadas con !a posibilidad de meter una cuña de gran importancia en los dominios portugueses, a la vez que espernhan obtener importantes ganancias de la empresa, por lo cual el 22 de marzo <le 1518 otorgaron !a capitulación necesaria para que Magal!anes pudlcra realizar su viaje, lo que ímplicaba, finalmente, encontrar el mítico paso que debería comunicar el Atlántico con el Pacífico. A fin de no entrar en zonas portuguesas, una vez e11contrado el paso, la expedición debería na-vegar a la Especiería por el Mar del Sur y retomar por la misma ruta. La expedición de cinco navíos y unos 240 hombres partió finalmente de Sanlúcar de Barrameda el 20 de septiembre de 1519. En Cananas comenzaron los con~ flictos con los capitan<CS españoles, !o que terminaría provocando situaciones de gran tensión y seriedad. Después de pasar frente al Río de la Plata O Mar de Solís, la expedíción se internó en la desconocída costa patagónica. A fin de

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iiegaron a San Julián, donde Maga!lanes ci.u:'ría mvemar, ~ll!HJ:1e debió hacct" frente a un motín encabezado por el cap1tan de la nao Vi e-tona y e_n el que participó Juan Scbastián Ele ano. Tras reducir a !os rebeldes, la expedr."n volvió a hacerse a la rnar a fines de agosto. Fmalmente hallaron el paso Clv El· hacia el Pacífico, conocido como estrecho de l\fagallaues en su ho11or. sinuoso y veutoso estrecho discurre entre el extremo meridional de 1a Patagonia y Ju costa norte de la gran isla de Tierra de_! Fuego. El 27 de noviembre completaron el paso del estrecho y entonces d1vtsaron un mar en completa calma al que dieron el nombre de Pacífico_ Sin embargo, se trataba de una circunstancia excepciona!. Por lo general los vientos que soplan en la zona son terribles y el cruce del estrecho se convierte en una tarea casi imposible. Esto se pudo comprobar en muy poco tiempo, ya que en la segunda expedición que se mandaría a las Malucas, en 1525, al mando de fray Jofre García de Loaysa y que llevaba a Elcano como segundo y piloto mayor, el cruce del estrecho debió enfrentar dos fuertes tormentas que diezmaron !u expedición Ya en el Pacífico, en muy poco tiempo murieron Loaysa y Elcano. De este modo, el paso del estrecho se cot1v1rtió en una empresa complicada, por no decir prúnicamente imposible, lo que muntuvo al Pacífico españoJ como un mar arslado, aunque hubo qmcnes lograron romper el caco. Éste fue e! caso del inglés Francis Drake, que no sólo dio la vuelta al mundo, si110 también s;_¡qucó bs costas españolas cu usando grandes estragos. De todos modos, larut.1 del estrecho se mosrraría impracticable para el tráf-ico comercial, razón por la en;_¡! hubo qne esperar a prmcípios del siglo xvw, crnmdo se descubrió la ruta del cabo de Hornos, al sur de la Tierra del Fuego, paru que la navegación continua c11tre el Pacífico y el Atlántico foera una realidad. Una vez en el Pacífico, la expedición comenzó a remontar la costa chilena, hasta que a los 32º decidió v1rnr en direcclón oeste. A partir de allí la navegación adquirió tintes dramáticos, fueron cuatro meses sin locar puerto y sin podu abastecerse de agua y víveres frescos, lo que dio lugar a la aparición de una enfermedad hasta entonces prácticamente desconocida, el escorbuto, cansado por la falta de vitamina C. Finalmente, el 6 de marzo llegmon a las islas de Los Ladrones {las l1ammou asi por el robo de una pequeña embarcación), luego denommadas Marianas. Posteriormente llegaron a las Filipinas, donde Magallanes encontró la muerte el 27 de abril de 1521 al ser atacado por los indígenas. Luego de constantes cambios en el mando y de algunos viajes en el archipiélago filipino, el 7 de noviemh1e llegaron a las islas Molucas, las famosas islas de la especiería, el tan ansiado objetivo de la expedición. Tras completar la carga de las dos ni.lves que quedaban en pre, la junta decapitanes resolvió que Elcano, al mando de la Vicloriu, retornara a España, dando la vuelta al mundo aunque sin tocar puerto en tierras portuguesas, mientras que la 71-inidad debía n;tornar por la nrta americana, pero al 110 encontrar vientos favorables tuvo que retomar y fue capturada por los portugueses. El 21 de diciembre de 1521, al mando de 47 hombres, Elcano comenzó Ja averrtura del


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regre:;o, que.. materializada cl ó de sq,tiembrc dd año siguiente, tras ~; 11· complicado vm.ic sin escalas a través del Índico y de In.~ costas africa1{as. Has .. 1/1 entonces hahü1 evirnd~_ las rutn,~ portugu<esas. pero golpeado por el escorb,uto, el haml:m~ y la sed, l1nal1rncnle no tuvo más remccho que hacer escala en Cnbo Ver<l~. De~c0nL1,1;do los muertos y los ttipulantes npresn<los por los por_ tug_iiescs, Elcano,volv10 a z~rpar rrn~ibo a E~paúa con 22 hombres a su cargo, arnbando a J1m)ucm despues ck casi tres años de navegación. ', Ln ~aza~a de Elca~o puso sobre. la mesa el e~pinoso tema de la Espccienc1, q:1,e irnphcuba no solo e! c0rm:rc10 con las Molucas sino también ]a difícil re'.ac10n con ~ortuga,i, especialmente en lo referente a los límites fijados por el fratado de fordcs11las (y el" trnzado de su antirncridiaiw en las antípodas). De este _modr_i se creó,]~ Casa de la Contra1ación de La Coruña, que tenía una ub1cac10n mas estrateg1ca parn afrontar esle comercio, y se decidió el envío de dos ílotas rumbo a !as Molucas, que no tuvieron éxito en su cometido Anle !a gran dificultad que suponía llegar a las islas sin atravesar las ru!'a¡ portltgi1.esa3., ,el emperador decidió cederlas rr !a Corona lusa a cambio de una mdenmaacwn de 300.000 dllcados, como qnedó recogido en el Tratado de Zu'.·agoza, qu~ prno_fin de forma definitiva a la cuestión. Sin embargo, las Filipmas scgumrm ba_¡o control español y la pnesta en marcha de la ruta del Ca .. kón ele Manila facilitaría la comunicación con l1l Peníns,ila a través del oc:ano Pacífico y ele México.

3. la conquista y los conquistadores

En 1522 Hernán Corté,~ había concluido prácticamente la conquislfl del Imperio azteca sólo treinta años después del descubrimiento de América. El panorama que se presentaba a los ojos de las autoridades españolas y de los conquistadores había cambiado radicalmente. Ya nadie pensaba encontrar en esas latitudes ni China, ni Japón ni India, ni las riquezas que ellas atesoraban, como las especias soñadas un día por el Almirante. Por el contrario, el oro del Caribe y especialmente el de Tierra Firme, que parecía anunciar las míticas riquezas de El Dorado, se había converti<lo en el principal motor de la conquista de América continental. Estarnos frente a im proceso que sólo duraría treinta años, jalonado por múltiples acontecimientos y qne condicionaba el ritmo y la dirección de su marcha no sólo a la potencial riqueza de las regiones a conquistar, medida en dispombi!idad de hombres, producción de alimentos y acceso a metnles prec10sos, sino 1ambién a la geografía y a la resistencia ejercida por la población indígena. Nunca antes en la historia de la humanidad se había conquistado un espacio tan vasto en tan corto espacio de tiempo, a la vez que se organizaba el territorio para su administración. El control clel Valle Central y la ocupación de Tcnochtitlan, la ciudad de México, no fueron más que el inicio de la definitiva conquista de la mayor parte del continente americano por las huestes españolas, un proceso que duró unas pocas décmlas, y que a mediados del siglo XVJ estaba prácticamente concluido, gracias a la labor de los Pizarra, los Cortés y tantos otros. En este sentido se puede decir lJUc la conquista tuvo muchas caras. Una fue la gloriosa, !a que mira la colosal tarea de los conquistadores, hombres de coraje


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reconocido, capaces de salvm cuanto obstácnlo se ks pusiera por delante. Hay que lcm:r en cnenta que América tiene ima superficie 80 veces mayor que !a de España y que todo d episodio de la conquista fue reafo:¡ido por un número no mayor a 10.000 peninsulares La otra cara fue la de la tragedia, la del drama continuo y permanente de los pueblos dominados, ck los indios esclavizados, de las cu!tmas destrnidas, de la catástrofe demográfica. Y asi podríamos seg11ir, buscai1do las múltiples facetas de la conquisra. De todas maneras, la conc¡nista no se p11ede reducir a ningnna de ellas por separado. fue un acto más d,o la expansión hnmana, con sus lnces y sus sombras, con sus grandezas y sus miserias, q1te cambió definitivamente la 1ealidad del Nuevo Mundo. En ese entonces, el Imperio español en América iba desde México hasta el Río de la Plata y Chile, pasaudo por el Perú y Nueva Granada. Al frente de! mismo se encontiaba Carlos I y siguiendo a Mamiel L11cena podemos señalar que el periodo Je conqrnsta coincide b:bcamenre con sn rcim1Jo. Aunque la política del monarca pasó en un priiner momento por abrir las Indias a la ex. plotación internacional y otorgar sus dominios en régimell de señorío, el éxito de sus Íl1ici:c1tivas füe st1mamc11te limitado, como /\e verá en el resultado obte-nido por los alemn.nes que estuvieron al frente de la gobernación de Venezuela. Sin embargo, tras su nombrnrní<ento como emperador, Carlos I cambió radicalmente :m política, especialmente después de que se hubicw consumado la conquista de ?vléxico y del desCL1briiniento de las islas Molucas. Esto im. plicó dc:jar de; iado su intento de explotar internac10nalmente el Nuevo Mundo y apostar por el control directo de la Corona, como prueba la creación en 1523 <lel Consejo de Indias, la institución a cargo de la gestión de todos los c1suntos americanos, Pese a los enormes obstáculos que a priori se interp11sicron en )a empresa conquistadora, ésta se desarrolló a una velocidad <le vértigo. Entre los obstárnlos más notables que pudieron haber frenado la marcha de las huestes podemos mencionar: las sociedades originarias, ei1 ciertos casos estructuradas en torno a potentes imperios, que opus,icron resistencia a su dominación; la geografía colosal, jalonada de caudalos1:'.:ts ríos, selvas impenetrables y elevadas montañas, cubiertas a veces de nieves eternas, que no facili[ó la penetración de los coniingentes españoles; las distancias ínco1m1ens11rables, que convii tieron la progresión de !os conqtüstad?res en jornadas mterminables, corno testimonia el prnlong<1Jo periplo de Alvar Núñez Cabeza de Vaca por la!> costas del golfo <le México; el clima variado y variable, extremo en muchos casos, dificil casi siempre, que dificultaba la vida cotidiana de los colonos que intentaban establecerse en estas üerras. Si las Canarias habían sido el laboratorio p<1rtl el descubrimiento y expansión en e! Caribe, las colonias antillanas, especialmente Santo Domingo y Cuba, y lliego Tierra Firme, fueron el banco de pruebas de la conqwsta continental. Allí fue donde se aclimataron los europeos a las nuevas tierras, los 111Jevos climas, las uuevas gentes con sus culturas y sus lenguas diferentes,

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-•-,.-,··----··---~--~--1;,.;:-;~;~·;-····~~-d-eÚ~i~-;v~-a una imeva realidad, bastante distinta a la Josnuevo,,,,,,.,.., ,, , . ., - d··· ,, conocida hasta ese entonces. Alli se p1rs1eron a prneba lo~ meto os 11 pare · ·- d 1 . . l.h'dóneo~ para [u conquista y para la dornmac1on e os pue bl os na tibe 11cos 1 •· . . · , · 1 b. d 1 vos Allí se desarrollaron algunas mstituciones basicas para e _go 1emo e a ': <lad colonial. Allí fue donde se foguearon l<1s huestes, lapteza clave de la 1 ~~~ ~nista. y por encima de todo, si algo impres)ona al observador de esta é oca, es Ja gran movilidad de las pernonas y ta t1md_ez d_~ los ~rocesos. Pese a J:s enormes distancias, pese a los med10s de comunicac10n existe1:_tes, vemos s diversos actores de estas historias, tauto a los que desempenaron roles 1 ªrilagónicos como a los secundarios, desplazarse con facilidad entre amb~s ~ril!as del A11ántico o moviéndose a lo largo y Jo ancho del contmente amencano, inclusive varias veces a lo largo de una vida.

1. El marco legal 1.1. La guerra y la explotación de los indios A diferencia del descubrimiento de América, que comenzó legal Y p:á?ticamente en !as Capitulaciones de Santa Fe firmadas entre los Reyes Catollcos Y Colón, b conqtlista no tuvo un origen único 111 claro. Fue parte de ~m proceso mncho más complejo, que adoptó mecanismos cambiantes a medida (jll_e los hechos planteaban nuevos desafíos y er1 el que hay que separa~ su vert1ente le"a! de la casuística marcada por la evolución de los acontecmnentos Y el co""mportmniento no siempre lineal de los actores. En este último ~entido, se pnede señalar que Ja conqnista fue u?, fenóm~no paralelo a la vorac'.dad de _los conquistadores y avanzó o retrocedio a medida que la sed del oro impulso el saqueo de los poblados indigcnas y tos i1aturales comenzaron a rebelarse c?ntra los europeos. Las campañas al interior de las islas primero y de los tem:orios continentales después, en hnsca de esclavos indios y de metales prec10sos, mostraron el camino a seguir, aunque los métod?s empleado~ en uno Y otro caso no füeron similares. El contacto con los canbes y sus practicas antropófagas extendió la idea de qne se estaba_ frente a un col~ctivo que P?día sei justamente domiJ1ado y esclavizado mediante la ?11erra si_n por ello violar la legalidad vigente. Sin embargo, no todos compar:;an esas ideas Y: co;110 ya se ha visto, pronto surgió el debate sobre la cond1c10n legal de los mdigenas americanos, azuzado por la llegada de un número pequeño pero cr~ci~nte d_e esclavos indios a España. ¿Eran los indios hombres libres, como senalo la reina Isabel en 1503, y por lo tanto no podían ser esclavizados, o su rechazo a ser evangelizados abría la puerta para su dominación? ¡,Eran per~onas conscientes de sus actos o eran asimilables a menores de edad que debian ser tnte .. lados por adultos responsables, es decir, por los espa~oles? El debate creció en intensidad y ante la existencia de posturas encontradas y argumentos muy diversos, los Reyes Católicos consultaron a juristas Y


tc(Jlogos. La mayorí3 de ellos se mostró par1idaria de hacer b guerra y, cons¡ .. guicntemcnk, lk <:sclavinir wuto a los wdigt'n:1s que s,i enfra1tabau a los españoles corno ;1 los caníbales, en func1ún de la irracionalidad que: pouían de manif1esto. F1 principal argumento esgrimido el vie_¡o concepto mc(fü:val Je la guerra ¡usta contra los 1nl'ieles, aunq11c en este caso apiicado a los pnga11os, ya que los md1os no caüm en la pnmcra categoría por desc(lnocer hasta ese entonces las esencias de la religión cnstiana. Sin embargo, y nadando a contracorriente, algunas voces denunciaron que füe la polí1.ica de Colón !a que impulsó la rebelión de los indios, por ]o que, trns m1evas con5,u1fas, en l 500 !os reyes declararon a los indios como vasallos libres, aunque se mantuvo la id_ea de que se podía someter por la fuerza a quienes se rebelaran y que los canbes, en tanto caníbales, podían ser esclavizados. Las declame iones principístas de los monarcas no pudieron evitar el desarrollo del trabajo for. zado entre lo" indios, impulsado por la neeesidad de autorida<le>, y colo.nos de ob1ener rápidas riquezas en los yacimientos auríferos, como se vio con el avance de los repartimientos durante la época de Ovando al frente de La Española. En 151 l, la situación se complicó en La Espnfiola y los ecos del debate repercuiíeron en la corte y en la opinión pública, en la medida que pueda utilr" wrse 5,emejan1e término a comienzos del siglo xvr. Lo cierto es que en ese entonces f,5,paña fne el único pct.ís conquistador, de cualq11icr parte del mi mdo considerada, que se cuestionó sn capacidad y su legalidad para ejercer sus derechos y dominar antros pueblos. La po!érnica surgió cuando fray Antonio de Montesinos, un dominico e,.,tablecido en Santo Domingo, pronunció un célebre sermón en contra de !os abusos de los encomenderos y !a explot::ieión de los ind_ios, llna diatriba que posteriormente fue considerado el primer manifiesto mtelectual crítico con la legitimidad de la conquista de las Indias. De hecho, el sermón también cnestionaba la autoridad que dominaban los indios y Ja guerra que !',e les hacía, lo que implicaba una crítica frontal de la administración colonial. Por eso, ante un fenómeno 1an extendido y ante su maní. fiesta posición minoritaria, Montesinos comenzó su proclama señalando que era !a voz que clamaba en el desierto. Ante el revuelo levantado, Montesinos fue enviado a la Península, donde la Corona decidió consultar nuevamente a teólogo~ y juristas, que se reunieron en laJuntR de Burgos celebrada en J 512. La Junta fue un intento serio y sistemático de resolver jurídicamente los pro-bkmas planteados, y abordó conjuntamente tan10 el trabajo obligmorio de los indígenas como la guerra en su contra. Una de las principales conclusiones de la Junta de Bnrgos fue que el trabq)o forzoso indígena era justo y, sobre todo, necesario para la sociedad colonial, siempre qae no supns1era el cxtenninio de las sociedades nativas ni impidiera su e:angelización. Por eso debía ser correctamente reglamentado, para.que los indios, en la medida de lo posible, recibieran un trato adectiado y no v10lento. Entonces se elaboró la primera legislación laboral que reglamen~ taba el trabajo indígena, intentando evitar la explotación indiscriminada, Para

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~llo se f(¡a1 ()11 cu.::rlo~ bcncric:ws, ("()n1() dü:h ~'estiV('S para de;c:-rnso, rago por el trabajo efeclurnlo, bl1cn lr21to, c:lucacion y evangcl1zac10n, etc. l.ostGs normas j\ ieron complementada~ pustcnormcnte por otrns, como las Ordenannis api·obadas por]¡¡ .!unta de Valladolid en 1513, y b.!1.1nlc1 de ?viadnd en ¡ 516. Está claro que estas 1eye$ no paheron evita!' rn los abusos rn los_ malos tratos, pero sí supt1s1eron uu freno a los encomenderos y, sobre todo, l11cieron evidentes los lírniles que intentaba establecer la Corona. . , Por otra parte, !a necesidad de jnstificar la guerra contra !os rndigenas wtivó el desarrollo del reqncrirniento, un documento de corte ético-jurídico \e !ihrnha a lo~ españoles de cualquier responsabilidad bélica si los indios dran advertidos de lo guc podría ocurrirles en caso de que no depusieran las armas. La existencia del documento se basaba en la premisa de qne l.a ocupación española en Indias era lega! y en el supuesto de que cnando los rndws se oponiau a ella era por dos razones fundamentales: o b_ien por ~~la fe, y en1onces era licito hacerles la guerra, o bien por falta de mformac1on, y ent?nccs resultuba imperioso explicar a los indios el derecho qi1e tenían los espanolcs para ocupar sus tierras y evangelizarlos. E! requerimien1ú ~ólo debía leerse a los indios cumdo éslos estaban a punto de atacar a los espano!es, par_a qne supieran claramente a qué debericm atcner>,e si no cumplí~n con sus exigencias. La premisa de que los indios debían aceptar volu~tar'.atnente el~~minio español tenía su justificacióH en las donaciones ponllficias, al permitir és1¡¡s que los indios fne~en sometidos a la guerrn jllSta y esclavizados,_ si~mpre que se opusieran al dominio delos espallole5. ~n real ida~ el n::que~1m'.cnto concluía que los únicos culpables de lo qne puchera ocnrnrles a los ind1gcuas eran ellos mismos y no los españoles, y que cnalquier idea en esa línea d(~hía ser descartada radicalmente. El célebre jnrista Juan López de Palacios Rubios, miernbro del Consejo Rt?J, fue el responsable de redactar el requerimiento, cuya pr1m~nt le~t'.1ra pública a los indígenas se produjo en 1513 a instancias de Pcdran_as Dav1la. Es obvio el carácter paternalista y maniqUc,o de este documento, 1Hcapaz de comprender ni la realidad ni la mcnta!i~ad, d_e los indígenas y ~ue,_~e he:1o, fue más un instrumento formal, de baseJimd1ca, con escasaaphcac1on practica, que un mecanismo útil de la conquista, especialmente si se tiene en cuenta qne en muchas ocasiones no había quien tradLrjera el texto a la lengua de los oponentes. En esas cireunslancias, el documento debía leers: e~ castellano, una lengua totalmente incomprensible para la mayoría delos md;os. La~ solucione_<; referentes a estos ternas adoptadas en la Pernnsula no sa-• tisficieron a las voces más críticas, especialmente a los dominicos, entre los cu.iles destacaba el padre Bartolomé de las Casas. Por eso, quienes se oponían al maltrato a los indígenas 5,iguieron a1'acando la conquista, a la que con~ideraban mjusta y contraria a la m"isión evangelizadora, algo teóricamente centra! en la actividnd conquistadora. De este modo, !a po!emica por los «Justo" iítlllos» de ]a conquisra fne en aumento y se acabaron formando dos ban~ dos períCctamentc definidos y claramente encontrados. Contra el derecho de


conquista se manifestaron, entre otros, fray Antonio de Córdoba, el propio Las Casas, Francisco de Vitona, Domingo de Soto y Femando Vázquez de Menchaca, muchos pertenecientes a la escueia salmantina. Entre todos destacó Francisco de Vitoria, gracias al desarrollo de su teoría del derecho de gentes. A fayor de la conqmsta se embanderawn prestigiosos juristas y teólogos, como Juan Ginés de Sepúlveda, Juan López de Palacios Rubios, el oeóo-rafo Martín Fernández de Enciso o Juai1 de Solórzmm Pereira. "" Las Casas presentó su Brevísnna relación de la destrucción de las Indias y otros dos escritos en los que desarrollaba sus posiciones, y que posteriormente servirían de base para la Leyenda Negra, c11 la Junta celebrada en Valladolid en 1542. La respuesta de la Corona fue la promulgación, el 20 de noviemhre de ese año, de las Jlrnnadas 1,cyes Nuevas, que entre otras medidas prohibían d traspaso <le las encomiendas (dejaban de ser hereditarias), una cuestión que provocó amplias protestas en Indias y fue eausa de graves conflictos en e! Perú. También se prohibió a los virreyes y gobernadores hacer nuevos descubrimientos, decretándose q11e éstos sólo pudiesen autorizarlos las Audiencias v úmcamente en caso de exuema necesidad. Esta ordc::n fue ampliada en 1549 a instancias del Consejo de Indias, cuando se propuso la suspensión de todos los descubri111ic;ntos y conqnistas pendientes. La trascendencia de ]a medida fue bastante escasa, ya que para ese entonces el proceso de conquisla e:;taba práclicamenls:: krm111ado en la:; n;giones nuckars::s del Imperio y !os tel'fitorios que que<laba11 sin ocupar era11 marginales o de escaso interés por la falla de nquezas o de pob!ació11. El punto cuhiünanle en la polémica que enfrentó a Las Casas y Sepúlveda sobre la naturaleza del i11dio y su categoría humana, se vivió en 1551 y 1552. Para Las Casas, los indíge11as tenían capacidad plena para decidir, mientras que SqJúlveda entendía que su capacidad inteledual estaha disminuida y q11e p01 lo tanto eran «siervos a naturml, que sólo servían para desarrollar trabajos manuaks y que en función de su inferioridad debían ser tutelados por los españoles. Alejado de estas posturas extremas, Francisco de Vitoria desarrolló de forma sistemática los {(justos títulos>> que podía exhibir .España para estar en las lndias, que debían explicarse en hechos positivos y no negativos. Por eso, los títulos españoles no tenían nada que ver rn con el poder papal ni co11 el del emperador, que carecían de !as prerrogativas adecuadas en Indias, y ni siquiera con la negativa de los indios a reconocer el poder papal, que bajo ni11gún coi1cepto podiajustificar una guerra. Tampoco _se podía acusar a los 111d10s del pecado de irreligión, ya que desconocían la existencia de Cristo, ni se les podía obligar a escuchar la predicación de la fe cristiana. Los títulos se basaban en el derecho a predicar el evangelio en tierras bárbaras; en la g11erra justa, mando estuviera bien Justificada; y en la defensa de Jos indígenas convertidos al cristianismo si sus señores querían devolverlos a la i dolatrín.

2. la conquista Mamlcl LLtcena señala que el gran éxito y rapi<lez de la conquista se debe básicamente a lo que denoinma la «milagrosa formula de las capitulacionesl>, rni mecanisino infravalorado por los estndiosos y que füe capaz de conferir a la misma su carácter de en1presa privada de corte popular y 110 señorial, como ocurrió en Brasil. Las capitulaciones de conquista, similares a las de descu" brimiento, delegaban en un individno la responsabilidad de la dominación de un territorio indígena insumiso, que luego sería propiedad de la Corona. Jrn1to a las conquistas desarrolladas bajo el impulso regio, encontramos otras e11cargadas por los virreyes o los gobernadores, principales autoridades indianas. Lo importante de la capitu!aciórr era que todos los gastos debían ser sufragados por el beneficiario, quien se quedaba con nna parte importante del bolín, ya que el resto, el 20% o «quinto reab, iba a la Corona. Como c01itrapartida, el monarca, en tanto dueño potencia! <le! territorio, imponía el plazo del beneficio y sus c011diciones, como su demarcación u las ciudades que debían fundarse; y otorgaba mercedes corno títulos, nombramientos y derechos a repartir tierras y solares, De esta forma, el erario público no se veía gravado por la financiación de !a conquista, que recaía prácticamente en su totalidad sobre los particulares. Por lo general, el capitán que se quería lanzar a la aventnra carecía del cariital necesrtrio parn hacer frente a la empresa de la conquista. Había que cornPrar barcos, armas y municiones, otros pertrechos de guerra, víveres, reclutar al personal, etc., todo lo cual requería nna cantidad importante de dinero, por lo que estas personas debían recurrir a socios capitalistas, como eneomende~ ros, clérigos, mercaderes o, inclusive, autoridades col01iialcs, que invertían su dinero a cambio de una parte proporcional de las ganancias. Los integrantes de la hueste aportaban sus armas o sus cabalios a la empresa y también po•• <lían invertir dinero en efectivo ya que e! reparto del botín se hacía en función de la suma de los aportes personales. Ante el elevado coste de las armas y los equinos en Indias, ambos bienes baslante escasos, se observa que quienes combatían a caballo recibían una parte mayor qne los escopeteros o ballesteros y éstos, a su vez, algo más que los peones. De este modo, el reparto del bolín adquiría una gran complejidad en función de! desigual conjunto de beneficiaríos. Primero se separaba el quinto real, luego se contabilizaban los gastos y las pérdidas de la expedición y el remanente se repartía de forma proporcional entre las partes implicadas. Este sistema generaba grandes expectativas y mayores frnstraciones, especialmente e11 tos niveles más bajos de la hueste: peones y soldados, los que menos recibían. En la conquista de México, por ejemplo, correspondieron entre 50 y 60 pesos a cada peón y 100 a los caballeros. Para evitar peleas, era frecuente que los capitanes repartieran parte de su propio dinero, beneficiando especialmente a los personajes más peligrosos y eapaees de encabezar un motín. Buena parte de los conflictos entre los conquistadore8, que terminaron mclu -


sive en enfrentarnientns cu mudos, ::e debieron al repario del botín de la conquista, mchiyendo encomiendas y carg,,s. Una vez en marcha la conquista tncontrnrnos iacentivos mlLcionaks, especialmente rdernnies para los uficiaks y jefos tk segnnda fila de las lrnestcs, consistentes en el r,;parto de indígenas, o encomiendas, y también en el acceso a tierras, producto directo de la acción bélica. E! trabajo indígena a través de las encomiendas se convirtió en el motor de estas empresas, ya que e! ideal señorial se había convertido en uno de los máximos estímn!os de los conq11istadores, al ser1ma de sus grandes aspiraciones vivir sin trabajar, como verdadaos señores. Posterinrmente se añadió la captura de grandes jefes indígenas, Motecuhzoma (Moctezuma) en México o Atahualpa en el Perú, por JoS cuales se intentaba cobrar llTI sHculento rescate, compuesto básicamente de joyas y metales preciosos. Si la empresa era exitosa, el capitán de la hueste se convertía en gobernador, un personaje con el poder si1ficiente para repartir encomiendas entre sus hombres en fimción de los servicios prestados y el valor demostrado durante la conquista. Sin embargo, la coiiquista solía presen~ tar con cierta frec11encia su lado más anárqnico y así nos encontramos con empresas no encmgadas por ninguna autoridml, sino origmadas en la ambición de los conquistadores. Éste fue el caso de numerosas expediciones de descnbrimiento y rescate que comenzaron¡¡ andar a partir de la rebelión de algunos capitanes, como Hernán Cor1és, Gonzalo Jiménez de Quesada, el fundador de Bogotá, o C!istóbal de O lid.

2.1. Los conquistadores y la hueste Hueste y conqnistadores se convirtieron en elementos inseparables y en e! fnndamento de la conquista española. Sin ellos ésta hllbiera sido imposible, al menos según el formato conocido. A diferencia de los descuhridores (donde encontramos a marinos notables, mercaderes de cierta envergadura, algunos nobles), los conqaistadores per1'enecían a grnpos sociales menos favorecidos, de ahí que lo~ soldados con experiencia militar fueran muy valorados. La antigüedad en la empresa americana era uno de los principales méritos para subir en ta escala de la hneste, ya qne muy pocos de sus miembros llegaban a fndias con conocimientos bélicos. La mayoría de los integrantes de las huestes provenían de Andalucía, Extremadura y Castilla, las provincias qne habían aportado los mayores contingentes migratorios al Nnevo Mundo. En las primeras décadas de la conquista, andaluces y extremeños eran casi la mitad de los inmigrantes en [odias, mientras que a mediados del siglo xv1 comenzó a hacerse más evidente el predominio de los castellano-leoneses. Salvo algnnos caballeros de órdenes mili tares, el grueso de los conq11istadores estaba formado por hidalgos, hijos menores de familias nobles sin ning1ma aspiración a heredar el patrimonio familiar, abogados o funcionarios de escaso fnturo, por no buscar personajes más desastrados, que solían nbuntlar

en estos grupos hamanos y para los ciwlcs la aventura y l¡i fort1ma podían ser e! inicio de una vida difrrenk Si bien, vmm se ha n1c:ncHmfülo, lodos estahan guiados poi un cierto ideal señorial y aspiraban a COllVLCrlm:c en nobles, la Co;ona siempre estuvo pendiente de que no prosperaran las tenck:ncias nobiliarias qi1e amenazarnn su poder y de ahí que no se prodigara en la concesión de títulos de nobleza, cortando de raíz esa vía de ascenso social. Por eso fueron poco propensos a otorgar títnlos a los conquistadores y !os únicos q11e se dieron a lo largo del siglo XV! fueron los de marqués del Valle de Oaxacn, que recibió Hernán Cortés y el de marqués de Cajamarca, otorgado a Francisco Pizarra. Esta actitud de la Corona fue bien recibida por la nobleza castellana, que veía en los conquistadores a simples arribistas o advenedizos. De este modo, el principal mecamsmo de ascenso social fueron las encomiendas o el ¡¡snfructo de puestos burocráticos en la administrncíón colonial, aHnqne por Jo vísto sobre el origen socia) de los conquistadores, muy pocos estaban capa" citados para hacerse cargo de semejantes responsabíl!dades, ya qne algunos ni siquiera sabían leer o escribir. El arqlletipo del conquistador füe el capitán o jefe de la hueste, entre los qnc destacaban los Cortés, los Pízarrn, los Alvarado o los Valdivia, entre otros notables personajes. Su prillcipal misión era la cond11cción de su tropa con el menor número de bajas posible y la obtención de nn importante botín. Su capacidad de liderazgo, reforzada por la capitulación regia o por las ór~ <lenes emanadas de virreyes o gobernadores, era vital para condncir grupos hnmanos tan complejos, de ahí que la preocupación por mantener su a atondad entre Sl!S hombres fuera permanen1e. El carácter mancomunado de la empresa hacia depender buena parte del éxito en Ja existencia de un cierto consenso dentro de la hueste, donde la rebelión y la destitución de sus líderes siempre era posible. Por lo general, no había excesos de autoritarismo y muchas decisiones eran consnltadas a los principales jefes y oficiales. Pero esto no siempre era así, según se ve en el ejercicio de arbitrariedad cometido por Lope de Aguirre en la expedición enviada en la búsqueda de E! Dorado en l 560-1561. Su vida ejemplifica el atractivo de los metales precio~ sos entre los conqnistadores, siendo el mito de El Dorado uno de sus más claros exponentes. Al mismo tiempo, la trayectoria de Agll!rre permite exami~ nar el funcionamiento de la jerarquía y la autondad en la expansión de la frontera tras !a primera conq11ista y !a cuestión de !as dificil es relaciones con la Corona. En virtud de s1i estilo de mando, a Lope rle Aguirre se lo conocía con los apodos de «el Locm>, «el Tiranm> y, posterionnenl.c dada sn acti1ud hacia la Corona, <íel 'Iraidorn. Vivió en el Perú cerca de veinte afios. Participó en el bando de Gonzalo Pizarro en las Guerras Civiles que estallaron en el vi . , rreinato tras la sanción de las Leyes Nuevas en 1542 y en la represión de algunas revneltas indígenas en la región. En 1559, el virrey del Perú ordenó a Pedro de Ursúa marchar en busca de El Dorado a tierras de los omaguas. Su expedición, con tres bergantines y varias canoas, partió el 26 de septiembie de 1560 para seguir el curso del río Huallaga . La conducta despótica y arbi-


tnma de Ursúa le granjeó la enemistad de sus hombres y en enero, mando lle• garon a ia confluencia con el A1nazonas, Agmrre encabezó 11n motín y Ursúa foe aJusticiado. El capitán Fe1 nando de Guzmán fue prnclamado príncipe de Pení, Tierra Firme y Chile, aunque poco tiempo después, el 22 de mayo, fue asesinado ¡nnlo a Inés de Atienza, la amante de Urnúa. Aguírre bautizó a sus hombres marafiones y se proclumó general. En su inútil búsqnedu de El Dorado siguió la rnta transitada veinte años antes por .Francisco de Ore llana hacia la desembocadura del Amazonas. El fracaso de su pnncípal objetivo condujo a Aguirre a una meta imposible: enfrentarse a la Corona de España por la conquisla del virreinato del hrú. Aguirre se dirigió a Venezuela, enjnnio saqueó la isla Margarita y posterionnenie escribió su famosa carta a Felipe 11, en la que negaba legitimidad a la Corona para regir esas tierras, ya q11e la monarquía fü!O había arriesgado nada» en ias Indias. Camino al Pe1ú, la conducta arbitraria y despótica de Agllirre fue en aumento y facilitó la deserción de numerosos subordinados, especialmente después de qae la Corona ofreciera el perdón a qllienes depnsiernn las armas. Sus desvaríos llegaron al ext1emo de matar a su propia hija. El confliclo llegó al clímax el 22 de octl!bre, en Barguisimeto, cnando uno de sus hombres mató a Lope de Aguirre. Otro caso destacado es el de Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Su vida muestra el carácter de los conquistadores, su gran valor y capacidad de sacrificio, pero también sti notable movilidad. Fueron muchos los conquistaclmcs que primero estuvieron en las Antillas, luego en México y por último en el Perú o en algún otro lugar de América del Sur. Cabeza de V21.ca embarcó en 1527 hacia La Florida, en la expedición dirigida por Pánfilo de Narváez, siendo uno de ios pocos supervivientes del naufragio que acabó con casi to~ dos los integrantes de la empresa D11ranle ocho años recorrió a píe los territorios del golfo de México, pasando numerosas vicisitudes, muchas de las cuales focrnn recogidas en s11 obrn Naufragios. E11 1537 regresó a España y tres años más tmde fue nombrado gobernador del Río de la Plata, con el compromiso de organizar la conquista y colonización de la región_ En 1542 llegó a Asunción, tras desc11brir las cataratas del Iguazú, y fue entonces cuando decidió suspender ln búsqueda utópica de las Sierras de la Plata. Su discutida gestión de gobierno llevó a su sustitución en una revuelta e11cabezada por lrala, tras lo cual füe devuelto a España, donde se lo desterró ocho ail.Os a Orán. Las huestes eran todo lo contrario a la imagen amiónica que uno pueda tener de un ejército uniformado y disciplinado_ En buena medida, el carácter privado de la conqnista le daba a las mismas 11n aspecto pecn\iar, reforzado por la presencia de religiosos y escribanos en sns filas. Los primeros cumplian c01i el objetivo evangelizador y los segundos, generalmente 1mo en las expediciones menores, dejaban constancia de todos los actos admínistrativos y burocráticos realizados y tambíén mantenían puntualmente informadas a las autoridades, tanto en Aniérica como en la Península, de los avances que se ibmi prodnciendo.

Lo frcc11eute era que la hueste se formara directamente en las ciudades americanas y en el caso ele y11e se mi ciara en España se completara en lascolonias. Era más m frecLttsnle que el proceso se c:ornp leta1 a totalmente en lo:, puertos peninsulares, lo que sí ocurrió con las expediciones dmgidas por Pedm de Mendo;¿a rumbo al Río de la Plata o por Pánfilo de Narváez en dirección a la Florida. Esta última tendencia se fne acentuando a medida que el proceso de conquista avanzaba sobre el continente y la cabeza de puente para la misma dejaba de ser el Caribe. En todos los casos, el éxito del reclutamiento dependía de nnmerosos factores, especialmente del historial y personal!+ dad del capitán y del atractivo q11e tuviera el dcsiiuo de la expedición. No era infrecuente ver indios en las huestes. Bien como 2:uías y traductores bien como soldados cuando se trataba de pueblos aliado: de los españoles,; también como poi teadores. D11rante la conquista de México los totonacas se ofrecieron a Cortés como tamemes y !a práctica se mstin1cionatizó en !as expedicio1ies siguientes. También encontramos soldaderas españolas o indígenas que acompañaban a las tropas en sus desplazamientos. En su enfrentamiento con los 1iaturales, las huestes españolas utilizaron todo tipo de m-mas, depeud1endo de su disponibilidad y de su eficacia contra nn enemigo tan desigual y, en ocasiones, desconocido. La panoplia disponible era impresionante, sobre todo si se Jacompaw con el armamento de los indlgenas. Emre ias armas blancas d,;;stacabau las espadas y otras armas de acero, picas y lanzas emr,;: o!ras, mucho más efoctivas que los machetes y las lanzas indígenas, que solia11 ser de madera. Un arma que jugó uu papel especial durante la conquista fue la bailesta, cuya cadencia de tiro y capacidad de penetración era mayor que la de los arcos y Hechas de los nativos, aunque en algunas ocasiones éstas poclia11 estar envenenadas, lo que aumen1aba su poder letal. A pesar de su escasez, las armas de fuego, desconocidas por los aborígenes, tuvieron un protagonismo especial. Entre las de uso individual, las más corrientes eran los arcabuces y los mosquetes, si bien su uso en las regiones tropicales dependía de la preservación de la pólvorn, que con frecuencia se echaba a perder en contacto con la humedad. Los capitanes de la hueste tenían cuidado de !levar consigo elyiayor número posible de falconetes y cañones, qn-: nnnca eran suficiemes. Estas provocaban un gran estrnendo y atemorizaban a los enemigos. Dadas las distancias a sortear y las condiciones del terreno, la .s.rtillería no podía ser m muy numerosa ni muy pesada. La s,iperioridad europea también se daba en el apartado de las armas defe11sivas, como los escudos de mdal o cuero, supet'lores a los indígenas. Las a1rnaduras metálicas no se prodigaban por su incomodidad en las tierras amen canas. Por lo general de ellas sólo se utilizaban algmias piezas sueltas, corno cascos o corazas, o se coustruían de cuero o de algodón, sumai11entc útiles contra fas flechas indias. El más eficaz complemento del armamento de las huestes fueron los HliÍmales: caballo:; y perros, inicialmente desconocidos por los i11dígenas, lo cual hizo que en los primeros enfrentamientos a sn utilidad bélica St; añadiera el efecto sorpresa. Los caballos solían ir recubiertos de pecheras de algodón, a


V\'.".ccs de resadas y bfi!l·a11ks arniaduras, y c,1-~c,ibcles ado3c1dos a fin de akmonz¡ir a sus oponente:-;_ ! .os perros, algunos especia! mente adies(r¡¡dns para b gu,,rra y otros de grnu ¡¡grcsividad, también jugaron un papel especial Estcí clarn que el factor sorpn:S<ljHgó 1.m papel !imitado tan lo en lo que se refiere a pclTOS y caballos corno a las armas ele fuego ya qiie, pasado el efecto iuicial, o il 11.1 vist;:1 de ltl muerte del prime¡ caballo, los indígen::is tomaban buena nota de las deficiencias y debilidades de los medios europeos. Ln posesión de ca~ ballos y, en algunos caso:,;, <le perros snponía parn sllS amos una mayor parte en el reparto del botín am1qne los equinos eran l.an caros qnc no era infrecuenk qne dos o más soldados los mantuvieran a medias, rnonfándolos en días a]1ernos. La sed por el botín compartida por prácticamente todos los conquistadores respondía en buem1 parte a la misma lógica económica del funcionamiento de la hueste y de toda la empresa de conquista. En piimer lugar, la coi1quista de cada región dependía de sus zonas de abastecimiento. En el caso de México y la costa atlántica de América del Snr, las bases desde donde se <lfmaron las huestes y partían Jas expediciones fueron Cuha, Santo Domingo y Jamsica. En el caso del Perú este papd lo Jugó Panamá. Estos centros logísticos abastecían a las huestes de caballos, municiones, vestnario y alimento, pero !a escasez de mllchos productos unido al mcremcnto de precios provocado por las rápidas ganancias de la e111pn::sa, disparnha las cantidades que debían pagar los organizadores de la conquista y demás integrantes de la hueste. Unos y otros se endettdaban con bastank frecnencia para comprar los navíos y pagar los pertrecho~ necesarios para armar la expedición o para comprar el caballo o la coraza para estar mejor situados en !a estructura de la hueste y aspirar a un mejor reparto del botín. De este modo, los jefog se endeudaban con los comerciantes de los ceutros logístic{)s y los soldados con sus jefes. El cndeudamiento,junto con la ambición, funcionó como un gran motor de la conquista. Si la espada noalcan:zabapara imponer sus puntos de vista, los conqtiistadores tenían la crnz a su favor. Se trataba de un Dios todopoderoso e invencible para,)poner a !as deidades locales, que terminaban rindiéndose al Altísimo. Los conquistadores estaban convencidos de su superioridad sobre los nativos, especialmente gracias a la fe que tenían en el sentido rni8iona! de su empresa. Es importnnte no perder de vista el contenido evangelizador dado a !a conquista americana, Jo que implicaha un objetivo último de grnn envergadura moral Estas cuestiones también se vinculaban a la concepción de guerra toüil que manejaban los espalloles, muy distinta a la de los indígenas. Por !o general, especin!mente en los grandes imperios, los indios tenían un sentido limitado de la guerra, que sólo servia para hacer pnsioneros a los que llevar a la piedra del sacrificio, conseguir tributos o redistribuir a la población dominada. En el caso de los aztecas el ramaüo de los ejércitos contaba poco, ya que no solían atncar<le formn coordinada y los integrante¡; de la vanguardia entrabau en combates individuales. Cuando la primera fila fracasaba, era reernpla·znda por ]a siguiente.

. --- - . ás non~li;l ern qtk las hucsl<es tiatarnn d;;; sorpre_n?er al encmi_go n~Lon\~i rendición en ILtgar de un combate abierto. Si es_te era rn,e_vit_ª'.'le: 1'cntando, I· , h t·1!ho fronlak~ lk corte emopeo para iitd17ar las airna~ de; :;eprcfcnan .ªº a' '1 fllD 'a y¡)crmitirlaevolucióndeloscaballos. ['.sto ,. 00 espt-Clahnente ;im 1 ~n , . ·i 1 d' da la ;_i1e_"' , rec uería de espacios abiertos, lo caal no s1empr~ era posia e, a ''. ultnn~ fla \mericarn En los grandes imperio~, :orno el m.ca Y_ el azteca'. muy geogra ura<los y jerarquizados, con élites religiosas, nob1hanas o gueuerns estruct . ·,las tma estrateaia adecuada era la captllra del ,1efe, aunque este mny restnm.'l , · "' · d sarrollados .· !aba resultado con los pueblos sociahnente menos e , ., sistema no e currió con los araucanos del sur de Chile. Mientras a estos ultl~ tal Yt~m~e~aba el r1ecurso <le la huidll, los grandes imperios urbanos Y ag~a mos e q, d" tanta movilidad y la fuga masiva habría supuestou11u c,ltasrios careeian e -t , - h se ' d ouráfica En el continente americano, la conqms a esp,1n O ' · trofe,··' ~nn,•l"t,'r,.·,to;io de los grandes imperios, que eran siimiltánem::_iente las cenio-.. ' · _Los e sPa1olesne. , " , . pobladas y los grandes productores agranos. i ·. reg'.ones ma~mentos - su rct<'.nsión era que el trabajo indw !os mant1iv1er.a. ~~~~:r:~1ii~ de lo ~~urri~o en el Caribe, donde se pr~du~o una penetr~io: ·v,, "n !os ·,sJos hasta ]a conc¡uisla de todo el terntono, en las zona,:, m pro"re S1 "',, "' '"'' · · · - ·f do La 1e:i·es del continente el concepto de frontera no t:ivo mngnn s1grn ica , ·_ e ·, f·onteriza similar a la <le otras conqwstas europeas en Amenca, expans1on 1 - ' t bladas siendo la ", J· .6 en lus tierras marginales menos r1ensamen e po , ', , ~:: '.~;c~i:;~ los hombres O las riqnczas mineras, el verdadero motor de la ex1 pansión.


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4. La conquista de la América continental y el comienzo de la colonización

La conquista. un proceso que duró casi tremta años, comenzó en M0xico a principios ele la JCcada de 1520 y tuvo un final transitorio en 1549, cuando se prohibieron nuevas empresas $imilares, salvo aquellas que fueran de gran interés para el Estado y estuvieran autorizadas por el Consejo de Indias o las Audiencias. En su mayor parte, la conquista coincidió con el reinado de Carlos l, que debió adaptar sus planteamiento:-; miciales de npertura internacional a los rigidos condicionamientos que imponia la realidad americana. La hístoriografia tradicional hace seguir al proceso de conquista otro ele colonizaci6n que se inicia, precisamente, con la suspensión temporal ele 1549. En realidad, los limites entre conqrnsta y colonización son muy dificíks de establecer, razón por la cual en este capitulo no sólo se abordara el proceso <le conqmsta sino también el comienzo ele la colonización, especrnlmente hasta fines del siglo xvi. La orden de 1549 no impidió la fundación de un buen nll.mero de ciudades, continuación natural del proceso previo de conquista, lo que vincula todavia más a los dos momentos y lleva a pregun1arse si ia fundación de una ciudad es conquista o colonización. En la segunda mitad del siglo xvi comenzaron a sonar algunas alarmas ante las amenazas de owpación ele distintos sectores ele Amefica por las potencias europeas. Las amenazas, perceptibles en la dCrn<la ele 1560, permitieron la reanudación de las conquistas, aunque con escasos resultados. finalizada la conquista, bajo el reinado de Felipe II comenzó en Indias nn proceso de regiona!ízación que no se adaptó a ningún modelo preconcebido ni a esquemas transplantados desde la metrópoli, sino que se desarro-


lió en t'unc1ón de las caracteríslicas y smg11landadcs dl'. cada cn:-;o. Si bien las cstructrnas políticas básicas eran los virreinatPs de la Nueva Fsp;iña (ivléxico) y del Pt·rú, bs dJStaucias y las comunicaciones otornaban una grnn autonomía a las provmcias, especialmente las más periféric~·;, que die" ron a cada gobernación un perfil singular. El final de In C0ilí]UJSta daha paso a la institucionalización, lo que implicaba con llictos y tensiones entre el poder ~e lo~ con_quis1adores y el poder de la Corona. Estos conflictos ~e pro~ ducian bien directamente a través de los organismos \c'ncargados de administrar las cuestiones indianas desde la Penínsnla, bieu a través de las autoridades delegadas que se iban asentando sobre el terreno, como vine .. yes, gobernadores o Audiencias. En ocasiones, los conilictos se sustanciaban de un modo más o menos ordenado, como en Nueva España; otras veces daban lugar a verdaderas guerras civiles, corno en el Pen'.i tras la sanción de las Leyes Nuevas, aunqne también encontramos una ~ran variedad de si" tuaciones intermedias. '

1. IEt Imperio azteca y Mesoamérica Si la conquista de México fue clave para entender el posterior desarrollo de la con~uista de América, la figma de Hemán Cortés fue el paradigma del ~onqmsla,d?r: un hidalgo extremeño no vinculado con la gran noh!eza, que fue aAmenca a hacer fortuna y qne tras una exitosa can era en las Antillas se convirtió en encomendero, Del currículum de Cortés se puede resaltar suconocimiento de las leyes, que le seria extraordinariamente útil en su disputa con el gobernador de Cnba sobre el control de México y también el füerte liderazgo que ejercía sobre sus hombres. La conquista de México y la posibilidad <le obtener importantes y rápidas ganancias se convirtieron en grandes es~ímulos par~ la inmigración. De hecho, entre 1533 y 1539 se produjo un importante mcremento en el número de emigrantes españoles: unos 8.000 frente a los 3.900 que partieron entre 1509 y 1529. La ciudad de México-Tenochtitl~~ no era un ene/ave aislado en el altiplano. Sn ubicación privilegiada le permitm estar en estrecho contacto con prácticamente toda Mesoamérica 1~ vas1a región que incluye el centro y el sur de México y el conjunto de Amé~ r:ca Central. En ella coexistían en el momento de la conquista eurnpea !as sociedades azteca y maya. Pero mientras !a primera estaba en una fase ascendente (la expansión del Impeno mcxica databa sólo de nn siglo antes), los mayas atravesaban una coyuntura totalmente opuesta, ya que su última gran organización P?lítica, la Liga de Mayapán, hacía tiempo que había desaparccalo. La conqmsta de Mesoamérica se convertiría en un test para la Corona espa.ñola, y,~ qu: la_exítosa experiencia cartesiana puso en marcha nua gran cantidad de instituciones, necesarias para el gobierno de los territorios que se iban anexando al lmpeno.

Vc!ázonez convirtió a !a , ·, " a Cuha _ como nuevo gobernador ., . I.a 11 egad"" d,e ¡·);ego

mayor isla del Caribe_ c_n un centro le,bn! para la expans10n regt~na~._Dci,d,c , 11' a!icron las expediciones que partrnn en busca de oro, de esclavos mdigcd is ' p· act'f'ico del rníticn paso que debía conectar el mar Can'be con el oceano nasy ., -,M,. d 1 Mar del Sur y desde alh tambien se descnbno exJCo, comen?'.an o por a 0 enínsula de Yucatán. Según las informaciones disponibles, el gobernador te!ázquez envió dos expediciones de co~e:c.io y rcs~a:e a Yucatán y_posteriormente fletaría la de Cortés, la tercera dmgida a Mexico. Las dos pnrnerns se enviaron en l 517 y en 1518 al mando de Fernando Hcrnández de Córdoba y Juan de Grijalva, primo de Velázquez. Si bien Hemánde~de Có:'doba frac~só en sn mten1o, su viaje por Cozume! y Campeche aporto las pnrneras noticias sobre la cultura maya, lo que llevó a Velázqnez a solicitar tos títulos de adelantado y gobernador de las tierras descubiertas_ Estas noticias fueron corroboradas por Grijalva, quien en su viaje a las costas de México llegó_ hasta Tabasco. donde conoció la existencia de un rey muy poderoso y nmy neo en el interior del país. El segundo viaje fue más exitoso en términos económicos, al retornar con una cantidad importante de oro, estimulando aún más la imao-inación de los que soñahan mn las riquezas mexicanas. "' Vdázquez pensó en Cortés para dirigir la tercera expedición por haber estado a s1.1 servicio en los años anteriores. El extremeño, ilusionado por las posibilidades de la aventura mexicana, se puso a trabajar activamente en su organización. Cuando se enteró de que Velázquez pretendía sustituirlo, al pensar, no sin razón, en una probable traición, decidió huir de Santi~go de Cuba para completar el armado <le la empr,:sa en otros puertos del Canbe. Comenzaba así lma larga y sangrienta disputa con Velázquez por el control de la expedición y, sobre todo, por lajmisdicción de los territori_os a descubrir. Finalmente, en la que sería la hazaña de su vida, Cortés se hizo a la mar desde Cuba en febrero de 1519. En su aventura mexicana, Cortés se benefició del azar pero también de su decidida ambición y vocación de triunfo. En la isla de Cozumel recogió a Jerónimo de Aguilar, que había permanecido nueve años retenido por distintas tri.bus mayas y que hablaba 1ma de sus numerosas lenguas, por lo que le fu.e miiy útil como intéiprete. Posteriormente llegó a Tabasco donde, lrns_ un pnmer enfreutarniento con los indígenas del qHe salió victorioso, un cacique local le regaló 20 mujeres, entre ellas Malintzin (también _conocida como ~alinche o doña Marina), con la que Cortés mantuvo una importante relac10n, de la que nació su hijo Martín. Malin1zin hablaba el náhuatl, su len?na natal, y nna de [ns lenguas mayas. A través de un doble proceso de tradnc_ciones, del náhuatl al maya y del maya al español, entre Aguilar y doña Marma, Cortés conoció numerosos detalles del funcionamiento de las sociedades indígenas, algo decisivo en los momentos claves de la conquista. Vemos aqní una gran diferencia entre los españoles y los indígenas, poco mteresados estos últimos


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pr-eseutes en su teiri[,¡r,, F.,,,, d'" .. d' besconocidos que comenzaban a e,,,,: e' -.,s¡ ta 'lSQ l· ' . ,, U.! perioridad de los mdios so',,-,, '.e< e den un cierto sentimiento de si, • • _ • t " us cnem1aos es · · · trnmfo ele Cortés. Tras dc,·ar at , .. , b· _.º ' · ;mportante para enlender el 1a <1sco Cortesp ,· -, . . ras .. t mencarnbóaSanJu~nct,L<i' · '· ros1gu10suviaJeyfim¡, . '"' ,._, ua, en una pe ,, .. , 15 - , ' V,

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y sus hombres en la empresa· ·po , s, que aumentare] mterés de Cortés • ·· · ¿ r que teman tant · • , no se pusiera en contacto con es _ , . _ o m,eres en que su hueste p• e1ey tan mistenoso? dra llevar adelante sus plane~ de co . , . revestir su empresa de un ~nt 'd l nql!IS!a, 11 11 Cortés en rebeldía debía ,· ., . " rnma o cgalsobr J .• _. cwnes. En;nho fondó !a clm!ad Vil/ R d e e cua 1apoyar sus rc1vmdica1 lo castellano de poblamiento "''" ' , e la Veracruz siguiendo e! mode1 rnmedui[· , , '-'cono tro 1ado por sus hombres más 1, .. A amente con Lm cabildo con1 ". d . . c;aes. ntesquewd C' , -, ,.argo e delegado de Vclhq,,~-, , . ª a, ortes renuncw a su d "'"' e,,p,w1noestarci d' · e dependencia con el <>obern"dc,,· · ( n icwnado por nna relación ,,,. " Y 1uegofueno b d 11 CH\.e,1iisticiamayorvcapitángenen! _~ _... m ra oporelcabddo,a!,,.J,d(Id'° ¡a empresa com¡mstado ' ',conv1rt1endo8ea,,• ¡ , • . 1, 3 1 ' ,,i en a maxirna auto. · ra. ~ a pticsta en esce , f :mt1va con Vclá7.(jucz q,,. ., · ' · na marco la rn¡)tllra de. · ,, '-' l1e1rnnc10 .~n cond "t· C . partir de ese insiante Ja,, d-,,,,.,· uc da1 onse¡o de Indias A • ., -'v"onescorrespod·, • · · qlllen pasó a depender diiectamenk Je] '·'n~ _, n iero? umcamcnte a Cortés, Sll actuación, envió al mona re~ o,,, ,I , ·d pnador Carlos L Para completar 1 11 ·d · ,_., "eaaacan-·¡ ¡ -, rn o,tnto con una parte: imponame del b , ' , u (ere aci.nn de todo ¡0 ocucer a Carlos 1 de la impor1ancí-i de¡ olm acumulado, buscando conven, 't·IIano,tanvmculadoalae . ' , aempresaparnlae· I , , del provecto ca:;e -, . _ ,oucwn • xp<1n.swn de !a cnstia11 d I E · posterior con{Juista de M'·x·c _ . · ac. 'S!arnaniobray !a .. "· i o, convertida en su m· , _. mento ele legitimación explicmi p , C _ <1yor Y mas decisivo de. 1 , ' orquee 1 onse,od•J d. nunciaceVe!ázquezyva!id'I,, d ' '/ e .ri rnsrechazóladeo o actua o por Cortes_

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1.2. La conquista de México~Tenochtittan Una vez r~sueltos los dda!les técmco-Jeoa!es t , . . en condicwnes de comenzar fa e . "'¡ n~s l11mediatos, Cortés estaba . .., -onquista ( e ese imp~. t . ga d o d e nquezas. Sólo Je l/l! '<hb·i el bJ- · t:no an misterioso y car' specia · ¡rneme de aquellos q,,c " ' ' 'd •.pro ,'rnade!ash ui·ct,as o (¡esercwnes • ¡' A pn 1tomn 1iacernc eco d ¡ ' azquez. sí, decidió desarmar 'as cmb . e os mensajes de Veen un ep1so · ct·10 que popularmente ' , areacrones con lw·., que ha b'rn llegado , · · se conoce como la d qne marcana nn antes y nn después para ¡- . «quema e sus naves», 1 y su hueste la Jaro-a marcha b~,-,,, ',¡ . t· a_exper ición. Comenzó para Cortés b· e ª" ' e m <enur qne ¡0 ¡¡ , Jendo al altiplano mexicano poi la r><l , c'h , evo a 1enochtitlan, suE ¡ , '! • . , aue o 1tlJa . . n os l~ ta~os tiempos hemos avanzado rnud; . . la vida de Cortes y la conqaista de M; . _ 0 en el eonoc:1rniento Je cxico, gracias a algunas biografias,

4_ Lz:v,., ......--" ____ ., ___ .,_., __ ,. __ . __ .. __ , ----"------- _,,, . _ _ ............ ~-,.,.: de Juan Mirnl!es o José Luis Martínez. En algmws puntos, como como "' · sición de su hueste, no hay un acuerdo tola!. Hay mrtores qne hataco mpo . blande enire 400 y 600 hombres y 17 caballos, ll_egados en l l bergantines, Richard Konetzke apunta a 1,800 hombres, rncluyendo los snbordmaperOde Pánfilo de Narvaez · , que se mcorporarun a sus r·1 dos ·i as. r·estas ct·tvergencias se basan en que la vinculación de hombres a la hueste de Cortés se produjo en diferentes momentos y que las fuentes crnpl~adas ~o tienen todas la misma fecha. De todos modos, en torno a las cuestwnes nnportantes de la vida de Cortés y de la conquista del mundo azteca, no hay mayores discrepmicias. Cortés aprovechó las informaciones recibidas y el descontento de íos pneblos indígenas con ~en~lchtitlan, la cabecera_del lrnp:rio a~teca 0~1exica. El Imperio estaba constitmdo por una laxa contederac10n de ..:i8 provincias o ciudades, integrada a sn vez por diversos pueblos, como los totonacos, los toltecas o tos mixtecas, a los que los aztecas exigían el pago de! tributo y la entrega de víctimas para los sacrificios religiosos. Las organizaciones administrativas de! lrnperio gozaban de una cierta autonomía, aunque en esa época se perfilaba n~a creciente centralización oneutuda a reforzar et poder de Tenocbtitlan. Este no sólo ern el principal centro político y ritual del Imperio, sino también la residencia de Motceuhzorna. El resentimiento con Tenochtitkm favoreció los planes <le Cortés y k permitió fraguar Ímportamcs alianzas con Tlaxcala y otros pueblos indigenas. Los tlaxcahecas serían aliados imprcscmdibles para tos conqmstadores después de q¡¡e Cortés los derrotara en combate. De este modo reforzó su hueste, gracias a! aporte de guerreros, porteadores y ayudantes indígenas. Cortés también aprovechó los problemas en la nobleza azteca, capitales para la conquista definitiva de Tenochtitlan, aunque debió enfrentar asimismo algunas disensiones en sus filas . En agosto de 15 l 9 Cortés salió de Cempoala, reforzado por los indígenas y con illformación fidedigna sobre lo que encontraría camino a Tenochtitlan. En su marcha hacia el centro del [mperio se enfrentó a distintos grupos, muchos Je los cuales, tras consta1ar que no eran aliados de los aztecas, cambiaron de bando. E! cambio en la correlación de fuerzas entre aliados y enemigos de los aztecas debilitó a Motecuhzoma_ A la vista de su fracaso anterior, Motecuhzoma envió mtevos representantes a Cortés con neas ofrendas y regalos y con el pedido expreso de que retomaran a su país, lo que fue nuevamente rechazado. La postura de Motecuhzoma se debía a su creencia de que Cortés y los suyos tenían un cierto componente divino al ser los herederos de Quetzalcoatl, la más importante divinidad local; por eso, Motecuhzoma era partidario de darles a los españoles un recibimiento cordial, lo que provocó contradicciones entre la nobleza azteca. Por nn lado, estaban los que acataban sus decisiones y se mostraban conciliadores con !os recién llegados y, por el otro, !os q¡¡e estimaban que otorgar hospitalidad a !os invasores sin oponer resistencia armada equivalía a la r<::ndición y la derrota. Según Alejandra Moreno, es probable que las divisiones entre la nobleza no sólo expliquen la posició1'. ¿_,


de debilidad de los ::iztec:i.s, sino tamb1é11 alg1111as uclitudcs vaciLmtc.~ de Molec11hzoma frente a los invasore; Tras la batall;:i dr Cholula, que con s11 saldo d,: 6.000 m11erlos indígenas evidenció la decisión de Cortés y el volumen y pock:río de sus fuerzas. prosi" guió la marcha hacia México, vigilado de cerca por los soldados <le Motcc11hzoma. En Texcoco, la segunda ciudad del imperio, Cortés recibió e! apoyo de Ixtldxochitl, que en épocas pasadas había compelido con Motccuhzoma por el trono mexica. Finalmente, tras múltiples peripecias, llegaron a Tenochtitlan. La ciudad, enclavada en nna isla en el centro del lago Texcoco, sólo era accesible a trnvés de tres calzadas construidas jnnto a distintos diques qne regulaban el flujo de bs aguas del lago. Cortés y sus homhrcs fueron rccibi<los con gran hospitalidad en la corte de Motecnhzorna, dado el carácter divino que les atribuían, aloja.dos en los palacios reales y colmados de regalos. Con el paso del tiempo, a la vista de su vul11erabilidacl y del carácter mortal de sus perros y caballos, la idea de la divimdad de los hombres bl:mcos fue perdiendo fuerza. También influyó en el cambio de postura azteca el pedirlo de Cortés de que los dioses indígenas, ídolos en el kngua_je castellano, foeran reempla7,ados por el Dios cristiano. La situación se complicaba por los sacrificios humanos aztecas a sus dioses, pern tarnbié11 por sus prácticas antropófagas, que provocaban fa repuls,1 de !os conquistadores. El canibalismo no era únicamente ritual, al tener una vertiente ga:-;tronómica, documentada en las crónicas Y fuentes indígenas. Con el concr de los días el clima en la ciudad se fue enrareciendo y, para evitar males mayores, Cortés tomó prisionero a Motecnhzoma, saqueó el palacio real y desirnyó los principales centros religiosos de Tenochtitlan. En vez de solucionar los problemas, las medidas represivas los acrecentaron e hicieron más próximo el desenlace trágico. Los aztecas no eran el único prohlema que rlebía enfrentar Cortés, ya que el goben1ador Velázquez no había aceptado la traición del extremeño y queria un castigo ejemplar para él y sus seguidores. Así se envió una expedición desde Cuba al mando de Pánfilo de Nmváez, lo que obligó a Cortés, cou parte ele SliS hombres, a retornar a la costa para evitar que se interpusiera e1i su.~ planes, dejando en !a capital azteca un destaearnento al mando de su lugarteniente Pedro de A!varado. Cortés tuvo éxito en su empeño y logró que buena paiie de los soldados de Narváez se sumaran a sus filas, pero debió regresar a toda prisa cuando fue informado de 1ma sublevación nzteca en Tenochtitlan. Los aztecas se habían rebelado después de que Alvarado provocara una gran matanza en la plaza del Templo Mayor, que afectó a una parte importante de la nobleza local. Pese a los niveles crecientes de enfrentamiento, lo::; aztecas dejaron que Cortés y s11s hombres regresamn a Tenochtitlan, ya que dentro del recinto mbano sus armas y caballos eran menos efectivos que en espacios abiertos yrnás vulnerahles. Cuando comenzó el sitio a los invasores, lo,; españoles se hicieron fuertes en el Palacio Real y retuvieron a Motecuhzoma como rehén para no ser atacados. Lo llevaron ante las murallas, donde fue apedreado hasta la muerte por la multitud que !o consideraba un traidor. Cor-

';¿~ i~-~entÓ, si~ é~ito, acabar cc,n la ichdión destr~yenclo el templo ,Y los sím;·ez

bolos religiosos i1Zlecas. pero al vc:r que su pos1uon em c.ª?ª mas rnsoste·t Je decidió romper el cerco y ret1rnrse, tras repartir ci 00\111 con sns hornDJ)' . . (le ¡··)( bres. La huida, la famosa Noche Tnsk, se c1msumo'Jsld e . ( ,c Jumo -'- J, d ·ando en su marclw nn elevado nllluero de m11ertos y hendos. Los soldados, c:{gados con !as joyas que componían su hotín, no tenían la movilidad necesaria para maniobrar entre los canales y muchos debieron abandonar sus posesiones. . Pocos días después se libró en el llano de Otumba la conocida corno la mayor batalla en suelo mexicano, tanto por el nún:ero de participantes co.mo or sus consecuencias políticas. De un lado se enfrentaban decenas de miles ~e soldados aztecas, del otro, 300 españoles cou 22 caballos y cerca de 2.000 indios aliados. Con un golpe de audacia, Cortés mató al general indígena y en el momento en que elevó su estandarte se produjo la desbandada de los aztecas debilitados por los conflictos interno½ de la nobleza mexica, los cortocircui;os en las líneas de mando y la desintegración de las alianzas tradicionales con los pneblos vecinos. Esta situación permitió convertir una fuga des~rd~nada en una retirada estratégica y dio iiempo a los españoles a buscar refug10 en Tlaxcala, donde repondrían fuerzas y recompondrían la estructura militar de la hueste. Cortés preparó su contraataque durante catorce meses. En ese tiempo controló a los pueblos que apoyaban a Tenochtitlan, a la que finalmente sitió por tierra y agua. Reforzó su posición gracias al armado de 13 bergantines que le permitieron controlar el lago Texcoco ( contaba c~n las p_iezas de las embarcaciones desarmadas a s11 llegada), al socorro de miles de rndígenas aliados y a la viruela, que diezmó las filas aztecas. El sitio de la cin-daJ durante tres meses dejó un reguero de muertos por hambre y enfermedad. Tras la huí da española, "Ienochtitlan había sido mvadida por la viruela. Un ne"fO de la expedición de Narvácz, enfermo, inició el contagio, que se propagó ;ápidamente entre los habitantes de !a capital y se cobró miles de víctimas. Uno de los primeros en caer fue Cnitlahuac, el sucesor de Motecuhz.oma. Para los defensores, el panorama era desalentador porque los españoles no se contagiaban. En agosto de 1521 se consumó la toma de Tenochtitlan, que fue prácticamente destruida. Sobre sus i 11inas, de forma inmediata, se construyó la ciudad de México, que seria la cabeza de una nueva organización política, la Nueva España, y el símholo del poder i:olonial español en M<esoamérica.

1.3. La ampliación de las fronteras del México colonial La conqmsta dd Imperio mexicano fue un paseo militar. Si bien Cortés i-ecibió embajadas de numerosos señores regionales que querían establecer nuevas alian~as, en muchos sitios los conquistadores tnvieron qm: interrumpir su avance ante una fuerte resistencia. Ésta a veces füe violenta, como en los pueblos de Malinalco o en las provincias de Matalzingo y Atlixco, pern tambit'":n


adquirió otras formas. En Yccapixtla, por ejemplo, se produjo la inmolación total de los indígenas, ya que los guerreros, al ven,c derrota~los, optaron por arrojar;;e a nn despeñadero cercano. Entre 1522 y 1529 se consumó el dominw sobre el resto del Imperio y se fue todavía más allá, especialmente en dirección oeste y noroeste, con la ocupación de Michoacán, de; !as llanuras del interior y de la costa del Pacífico. Mientras tllvo lugar el cerco de Tenochtitlan, Cortés envió a algunos de sus capitanes para someter los territorios del interior Yentre 1521 y 1524 completó la conquista, en dirección oeste y noroeste. Pero ni el Trnperio azteca ni su zona de influenci::i serían un coto reservado de Cortés, Sl1rg1endo numewsos conflictos jurisdiccionales entre los conquistadores que representaban la pugna por el control de la mano de obra y las riquezas indígenas. Inicialmente la acción se limitó al control de los pueblos que pagaban tradicionalmente el tributo a Tenochtitlany tras la conquista podían pagarlo a los conquistadores, En 1522, con la conquista de Pánnco, se estableció la que durante años sería la frontera norte de México. En esa misma focha, una expedición enviada desde Jamaica, caractenzada por sn crueldad, amenazó la paz de la zo1\a al impulsar un levantarniento indígena que fue reprimido por los lugartenientes de Cortés. Ese año, Cnstóbal de Olid encabnó la entrada hacia Michoacán v Zacatula. Como señala Alejandra Mor,cno, tras las primeras conquistas l;s espaiioks se dirigieron a los pl!Ci"los del golfo de México (Pánuco y Coa1zacoalcos) o del Pacífico (Zacatula). Por un lado, se trataba de mantener activas las líneas de comunicación con !a metrópoli y, por el otro, buscar e! camino hacia !as riquezas asiáticas, especialmente después de que en 1522 Juan Sebastián Elcano completara la circunnavegación del globo. En 1526 Cortés recibió la orden de Carlos I de euviar desde l'vléxico una expedición a las islas de la es• peciería, que finalmente llegó a Mindanao y las Molucas, ante la falta de noticias sobre la expcdieión a las Molucas de García de Loaysa y Elcano. Quedó así planteado el problema de encontrar la ruta permanente entre México y fi.. !ipinas, que se resolvería en 1564-1565 con e! descubrimiento de Miguel López de Legazpi y Andrés de Urdaneta del camino de regreso a Acapnlco y que sería la base del Galeón de Manila, gracias a la corriente de Kuro Shivo. Durante esos años también salieron pequeños navíos para explorar las costas del noroeste, llegando hasta la península y el golfo de California, conocido como Mar de Cortés. Como ya se ha señalado, cuando la cotiquista se dio por finalizada comenzaron !as tensiones entre Cortés y sus hombres con la Corona_ Mientras los primeros se apoyaban en el poderqne les otorgaba el control del territorio y de la mano de obra, sintc1izado enla fignra de los encomenderos, la Corona intentaba imponer a toda costa sus derechos y sus puntos de vista. Así se hizo evidellte la presencia de los füncionarios reales. más notoria a oartir de l 528 cuando se creó la primera Audiencia de Méxic,o, que tuvo ten;as relaciones con Cortés. La antoridad rea! se reforzó dos años después con la segunda Au-diencia gobernadora, presidida a partil Je septiembre de 1531 por Sebastián

-;;~~,¡;~z ci"~ f-;;~~l~~¡:·;iendo Vc1sco de Qrnroga, fu Euro obispo de Michoacán, no de sus integrantes más destacados. El proceso se accnlltÓ en noviembre ~e¡ 535 cuando don Antonio de 1\kndoza, conde d-, Tendilla, asumió como primer vlrrcy de M!xico. Su mandato de quince años asentó el dominio español en Nueva Espana. Los vim:yes mexicanos eran seleccionados entre los segundones de las o-randes familias nobiliarias para contener a los conquistadores reconvertidos ;n encomenderos con aspiraciones sefí.uriales. La aplicación de las Leyes Nuevas en 1542, que prohibía el rnrác(cr sucesorio de las encomiendas, estuvo a punto de provocar nna sublevación de lo~ encomenderos tal y como había sucedido <':n Perú, pero la habilidad del virrey Mendoza, de la Audiencia y del obispo Zmnárraga la evitaron. Fue importRnte la anulaclón de dicha normativa en 1545 para terminar <le calmar la situación. Luis de Velasco, el se-• o-undo virrey (1550-1564), terminó de sentar las bases organizativas del ví;reinato, y según Manuel Lacena, inició la etapa propiameute colonial. De este modo, aseguró con presidios y poblaciones el camino hacia el centro arneutiforo de Zacatecas; ínstamó el repartirmento de indios para garantizar la ~\ano de obra a !os reales <le rumas; mantuvo las leyes que prohibían esclavi•• zar a los md10s y continuó la labor de su predecesor de recortar el poder de los encomendero:,;. Por todo ello, debió reprimir !a asonada de Martín Cortés, et hijo de Hernán Cortés, y los hermanos Alouso y Gil González Dávila, hijos del coucfüistador González Dávlla. Ent(e 1520 y 1530 los conquistadores se establecieron cerca Je las costas y las primeras ciudades fundadas ·---Veracrnz, Pánuco, Coatzacoalcos- tuvieron un claro sentido estratégico para asegurar las rutas de comunicación con España. Posteriormente los españoles dirigieron su atención al Pacifico. Uua vez concluida la primera fase, comenzaron a surgir los primeros centros mineros a! sur <le la cordíll<0ra volcánica: Sultepec y 13.xco. En la década siguieme, 1530- l539, el poblamiento español se reorientó hacia el Altiplano y en l 532 fray Toribio de J\'1otolinia fun<ló la ciudad de Puebla sobre las ruinas de Cuetlaxcoapan, entre las ciudades Je México y Veracruz. Puebla se convertiría pronto en nn punto estratégico en las comumcaciones entre México y la penlnsula ibérica, así como en el pnncipal granero de la capital. Después del fracaso de Stl expedición a Las Híbucras, Cortés regresó a España. Aprovechando su ausencia, el presidente de la Andiencia Nuño de Guzmán organizó una gran campaña militar en el norte, con la expectativa de encontrar grandes riquezas. La frontera norte era un conjunto de regiones diversas de límites imprecisos, que fue extendiéndose lentamente pero que siempre resultó imposibk de proteger en su totalidad. A fines del siglo xvn todavía se seguían realizando algunas colonizaciones en California, Nuevo México o Texas, para frenar los avances ingleses o franceses. En diciembre de 1529, Nufío de Guzmán al frente de 500 soldados y 12.000 indios partió hacia Toluca y Tonalá y t'uu<ló las ciudades de Gttadalajara y Santiago de Compostela. A instancias suyas, Gnadalajara se convirtió en el centro de la


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provirn.:ia de N11c;va Gal1cia, desde donde se hizo frien te, cntn; 154 ! y J 542, a !a Our:rra Mixwca. La frontera ganackra 1uvo cu el norte poco poblado una de sus princl¡mles vías de expansión, avanz:mdo sobre las ticrrns de los puehlns chichimecas, comedores de penos en lengua náhuatl, que ofr,:cicron re .. s istencia activa hasw. 1690. En los años iniciales de la conqrnsta las cimlades parecían casas-forta!e.. za. Ese modelo defensivo siguió primando hasla mediados del siglo XVI. A partir de entonces el paisaje urbano comenzó a cambiar y las ciudades se llenaron de burócratas y comerciantes. Las diferentes fronteras (agraria, minera, ganadera, etc.) se expandieron, bien al oeste o al noroeste, bit:n com;nlidando posiciones en el interior de los territorios conquistados. Esto ocurrió con !a minería, especialmente cuando se hallaron tos yacimientos de Zacatecas en 1546. Alrededor de los yacimientos argcntíferos que se iban descubriendo (reales mineros) se fimdaron ciudades con independencia de que h11biera ono poblaciones indígenas proveedoras de mano de obra. Así surgió Zacatecas, en 1548, y otros centros importantes como Aguascalientes, Sombrerete, Nombre de Dios o Pánuco. La existencia de reales de minas cada vez más al norte de Zacatecas conthtjo a lo que sería la gobernación de N11eva Vizcaya, cuya conquista fue autorizada a Francisco de lbarra pese a contar sólo con l 5 años de edad, gracias a las influencias de su tío, un poderoso vecino de Nueva Gali" cia. La expedición partió de Zacateeas en 1554 y llego hasta San Miguel y las mmas de San Martín y San Lucas, que permitieron nuevas fündaciones urba~ nas. En 1562, !barra fue nombrado gobernador de Nueva Vizcaya y tras fundar las ciudades de Nombre <le Dios y Durango, se dirigió a Sinaloa. El señuelo de las riquezas mexicanas era un imán que atraía la atención no sólo de los conquistadores establecidos en América, sino 1arnbién de nn1nerosos aventureros peninsulart:s. De modo que aumentó la presión sobre la Corona parn otorgar nuevas capitulacim1es qne permitieran explorar y conquistar la región. Para poner un poco de orden entre tantas iniciativas individuales, muchas a cargo de colaboradores de Cortés, en 1526 se promulgaron las Órdenes de Granada, que intentaban regular los nuevos descubrimientos. La primera expedición según las nuevas normas se envió al Yncatán en 1527, al mando de FranciSGQ de Montejo. Yucatán había permanecido al margen de la corriente principal de la conquista y durante más de quince años seguiría res\stiendo a la dominación espaf10la. Los mayas, a diferencia de los aztecas, estaban menos estructurados políticamente, lo que esta vez jugó a su favor. Después de la caída del último Imperio en el síglo xv, las lribus mayas carecían de un poder político centralizado, lo que dificultó su conquista. Montejo inició la conquista de Yucatán desde el norte, donde fundó la ciudad de Salamanca, Uno de sus primeros objetivos fue encontrar la capital de los mayas, intentando en vano repetir e! modelo de conquista cortesiano. Después de 1m1chas peripecias Montejo llegó a Chichén ltzá, que estaba en ruinas pues había sido abandonada años atrás, lo que supuso un dnro golpe para sus expectativas. Posteiionnente volvió a empezar, esta vez desde el sur, aunque co-

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""·;:;~-Ó-~n 1111,;,;vo fracaso, por lo cual retornó aEspalla, en busca de refuerzos, ~c¡~ 11 do en d terreno a su lugarteniente AlllnSO de Avi!a En 1542, SL1 hijo Fr~ncisco de Montejo el Mozo fündé1 la ciuclml de Méritla, seguida de Valladolid y Campeche. Pero la presencia española sólo se cnnso!idó en la costa, ya que en el interior y durante mucho tiempo los mayas continuaron resistien-• do al invasor. Desde México se enviaron algunas expediciones a lo que hoy son los Estados Unidos, Si bien la mayor parte fracasó, se puede decir en descargo de los conquistadores que su interés era escaso ante la falta de riquezas o de importantes masas de pobl_ación !nd(gena. Desi:u~;~ del descubrimient? de la Florida por Ponce de Leon, la siguiente exped1c1on fue la de Lucas Yazqnez de Ayllón, oidor de la Audiencia de Santo Domingo, qne tenia noticias de que en Chicora --Carolina del Sur- existía una importante riq11eza perlífera, extremo qne resul1ó falso y marcó el fracaso total de la empresa. En 1527, Pánfilo de Narváez condujo una expedición a Florida con trágicos result~dns, que zarpó de Sanlúcar de Barrameda. Entre los supervivientes estaba Alvar Núilez Cabeza de Vaca, que durante ocho años vivió entre los indios y cuando regresó a México impulsó el mito de las Siete Cindades de Cíbola, una fanta, sía semejante a la de El Dorado sobre la existencia de grandes riquezas mlfíferns en los territorios del norte. El mterés por Florida dismirniyó hasta que los hugonotes franceses se asentaron en sus costas para atacar a las flotas españolas que retornaban a la Península cargadas de plata. Con el objetivo de expulsar a !os franceses, Felipe U nombró a Pedro Menéndez de Avilés adelantado y gobernador de la Florida. Tras fundar San Agustín, dirigió una parte de su armada contra el fuerte galo de Carolina, que capturó sin grandes complicaciones. La existencia de potenciales riquezas en el norte movió la curiosidad del virrey Mendoza que envió sendas expediciones al mando de fray Marcos de Niza y del gobernador de Nueva Galicia, Francisco Vázquez de Coronado. fray Marcos recorrió Arizona y Nuevo México y Vázquez de Coronado se adentró en Arizona, Nuevo México, Ok1ahoma y Kansas. Ninguno encontró riqueza alguna, aunque Vázquez de Coronado comprobó que las ciudades de Cíbola eran los asentamientos de los indios pueblo. Hernando de Soto, también atraído por el oro y con unas capitulaciones firmadas en 1537, inició un viaje desde la bahía de Tampa que le llevó en 1541 a descubrir el río Missié.sÍppi, al que !!amó río del Espíritu Santo, donde murió a! año siguiente. La desgracia de Soto marcó la falta de interés por la región y puso fin a tas expedlciones enviadas desde la Nueva España.

1A América Central

Tras la conq11ista de Tenochtitlan también se enviaron expediciones hacia e! sur, Chiapas y América Central, a las tierras de población maya más densameme pobladas. Estas expediciones coincidieron con otras despachadas des-


de Castilla dd Oro Panamá----- conquistada antes que México. Entre las zowis centroamericanas de mayor población destacaban los altiplanos de Guatemala y El Salvador y las tierras bajas de Yucatiw y el golfo de Honduras. Los aseatamientos españoles se limitaron a las tierras altas del centro, los altiplanos, y a las costas y pe11dientes de! Pacífico. Héctor Pércz Bngnoli dice que era11 las zonas de clima más favornble, con poblaciones rndígenas más numerosas y de sometimiento más fácil. Las selvas tropicales de la vertiente atlántica se convirtieron en una frontera difícil de franqueai tanto por sn vegetación eomo por el clima y el carácter indómito de los mdios allí establecidos. La expanslón meridional comenzó inmedüttamcntc, pues Co1tés q11cria evitar la competencia con el gobernador de Panamá. Envió a la región un;¡ expedición al mando de Pedro de Alvarado, que sometió a los quichés guate" ma!tecos aprovechando ciertos conflic1os entre los reinos mayas del Altiplano, lo que le permitió extender su dominio hasta la actual frontera de El Salvador. En realidad, el control español se limitó a la franja costera, que cornpre11dí,1 la bahía de Amatique y el puerto de Truji!lo, en el golfo de Hon-• duras, la desembocadura del río San Juan, en Nicaragua, y la zona atlántica de Cost¡¡ Rica, entre los ríos Matrna y Banano. La conquista de América Central no fue sencilla ni pacífica. En pnmer lugar porque, a diferencia de lo ocurrido en México y de lo que sucedería en Perú, en el área maya no había nn poder central a! que vencer. Segundo, porque mm:hos jefc,s indios fo e ron ejecutadcr, para evitar reheliones. fata realidad, simultánea a la esclavización de numerosos indigenas, generó los kvantamien•to~ mayas fallidos de 1524 y 1526. En l524, Cortés envió a Cristóbal de Olid a! surde México para bnscarun paso hacia e! Pacífico, al pensar que podía encontrar una ruta mejor que la del estrecho de Magallanes. La ambición de O!id, que quiso seguir los pasos de su jefe declarándose gobernador, condujo al fracaso a la expedición dirigida a Honduras. An1e el giro de los acontecimientos, Cortés decidió comandar la entrada a Las Hibueras, en Honduras, y se llevó a Cuauhtémoc, el heredero azteca, y a su primo, el rey de Tac11ba, para evitar levantamientos en ia retaguardia. Et balance no pudo ser peor ya que no encontraron el estrecho, los rehenes aztecas fueron ejecutados y las autoridades provisionales de México cometieron grandes desmanes, lo que cuestionó el gobierno de la región y debilitó !a posición de Cortés frente a la Corona. Los enfrentamientos con los indígenas duraron más de 20 años y en 1559 se conquistó a los lacandones. La sensación de mcertidumbre en la región se agudizó por los enfrentamientos entre los conquistadores, que pugnaban por el control del territorio y de la mano de obra ind[gcna. Todo ello hizo que las autoridades delegadas de la Coro11a y los misioneros tardasen e11 establecerse en una zona insegura y carente de garantías. Ese año comenzó la conquista de Costa Rica, donde sólo existía unascntatmcnto en el golfo de Nieoya, desempeñando Francisco Vázquez de Coronado y Perafan de Rivera un papel destacado. Desde 1543, cuan<lo comenzó el sistema de las flotas convoyadas, Panamá había reemplazado a América Central en el tránsito de mercancías a

través del istmo centroamericano, reduciendo el atractivo de la región. Este hecho se acentuó a partir de J 560, cuando se agotilrnn !os placeres auríferos en Honduras y Nueva Segovia, al norte de Nicaragua, lo que permitió ampliar el comrol de las autoridades civiles y religiosas y ordenar la vida de la región. La multiplicidad de corrientes de conquista y colonización se reflejó en la ordenación de! territorio, que se modificaba según !11 ma!cha de la penetración española. En los momrmtos iniciales, América Central estaba formada por varias gobernaciones: la de Uuatemala, de Pedro de Al varado; la de Honduras y Chiapas, de Francisco de Montejo; y la de Nicaragua, de Rod!igo de Contreras, yerno de Pedrarias Dávila. A partir de las Leyes Nuevas de 1542, con la creación de la Audiencia de los Confines, comenzó a plasmarse la unidad territorial centroamericana. La Audiencia tenía junsdicción sobre Gmtemala, Nicaragua, Honduras, Chiapas, Soconusco y la provincia de Cartago, luego Costa Rica. Inicialmente tamblén se ocupaba de Yucatán y Cozumel, que desde 1560 dependieron de la Audiencia de México y de Tierra .Firme, vmcu!ada a Lima en 1550. La Audiencia gobernadora se estableció en Santiago de !os Caballero;; de Guatemala y su restablecimiento en 1570 dio lugar al reino de Guatemala. Su p1esiden1e se desempeñaba también como gobernador y capitán general, subordinado al vírreinam de la Nueva España_

Mientras México fue el centro de la conquista de Mesoamérica, Pen'.r se convirtió en el eje de la actividad en América del Sur. En ambos casos asistimos a fenómenos semejantes: un imperio indígena centralizado muy pobiado y rico; el protagonismo de un líder ávido de riquezas ---•--.f-Iem3n Cortés en México o Francisco Pizarro en Perú-----; el saqueo sistemático de los tesoros acumulados durante siglos por los indios; el descubrimiento Je impor!antes yacimientos de plata en Zacatecas y Potosi, el último motor de la conquista y de la expansión colo11ial. Pero las similitttdes no lennínan aquí, ya que Pizarro utilizó como modelo la experiencia de Cortés, especialmente en la rápida captura del jefe del Estado, aprovechando las estructuras jerárquicas y administrativas del Imperio inca. De este modo, rápidamente se pudo sacar partido de los tributos pagados en dinero, eu espc:cias o e11 trabajo. Y al igual que en Mé~ xico, Pizarra se benefició de las divisiones entre los pueblos indígenas y e! rechazo a los incas para aliarse con sus enemigos y aumentar su capacidad militar. En Perú también actuaron a favor de los co11quisladores algunos elementos religiosos vinculados a la profecía de Viracocha, dios creador y uno de los máximos representantes del panteón inca. La profocia establecía que durante el reinado del Xll inca, unos hombres procedentes del mar destruirían el Imperio. Esto favoreció la invasión, ya q11e a su llegada los europeos fueron considerados viracochas o descendientes del dios, lo que les concedió una apreciable ventaja sobre los indígenas.


. , La conquista del Pcrl¡ comenzó poco (kspuf:s de la de ,\¡Jéxicu , ~" , .·~ t10 l"'.n la ten.:en1 v última ct·ipa d,_.I ,J, , b· _ ·· · .) - e conv1r. ' ' ",cscrn a1coarrnciw·rno &\I ,¡ s1onesc:nfahuestecom¡ui,tcido''l/'r ,. " ' ,, nquc usd1se11, · · ' " ,,ovocarnngravPscnfrt'nta =, l C ~n Mex1co; la fas<". central de la conquista de Perú;~ com. .~01110

!e~~n:~1:;~s,-~-, t i\ªc~o

en poco mas de una década los españoles hab' r anos y buena parte de América del Sur. La rapidez ~:~so ~u presencia en se explica por las limitaciones y coot,,d,·~>o . qu,1s a e ¡oven Imperio , 1 b' '" ,,v1 nes meas. a expansió 11 ¡ e co 1a rn comenzado tui 5 ¡,,¡ 0 antes d 1, . .. _ ., ( e uztituciones imperiales po~; maduras ~ue encontró irrn!ribus aymaras vec· , , · " _mpeno rn Id crecido a costa de las lle<> _ . · · ,, , mas, para_ hi~go dominar la región andina del Perú ha,st ~ 31 a9mto.Mastardesedmg1eronalsur:elA!toPerú ho B ¡· -, 0 " te de Chile y et noroeste de A•g•,,,,· H , Y o 1vm, el nor. · ' " na. uayna Capac pad - d \ h conqms!ó Tumbes y amplió los J¡mites del Im e '. h· , . l 1e e f ta ualpa, del Imperio mea no se hizo sin sob lt .p no acm e norte. El avance Hua na e, ,, · - · resa os, ya que durante el reinado de .b Yt , .apac s~ produjeron algunos levantamientos contra lapre--ión d" ¡ t n u os en trabaJo. ~ ... os

dtj: eE; tvaswntsr::nola,

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a Pizarrn qne regresara, pno 6sk se negó a volver sin nad::i bajo el brazo d'deeidió emular la quema te 1 ',as rn1vcs te l C' orles ' ·¡,razo' con s11 cspa da una ¡·1~ea en el sllelo y dtjo que todos aquellos que qnisicran acompa!iai-lo en\¡¡ búsueda de fama y riquezas tkbían pasarla. Sólo trece de sus hombres, los co~ \cidos como Trece de la Fama, ckcidicron permanecer junto a él, mientras el ~esto de la hueste volvía a Panamá. Una vez obtenida la autorización del go~ bemadory recibidos los refuer:ws, Pizarro navegó hacia el sur para completar su búsqueda <lel Virú. En J528, tras bordear las costas de Colombia y Ecuador, Pizarro llegó a Tumbes, en el Perú, una urbe avanzada y puerta de entrada del Imperio inca. El contacto desató las fantasías de los conquistadores que, como en el Tenochtitlan, soi'íaban con colosales y fáciles ganancias. Posteriormente sigui e.. ron viaje hacia ei sur, hasta alcanzar la desembocadura del río Santa, donde recogieron rrnís noticias de las riquezas del reino, Ante lo encontrado en Tumbes, los tres socios decidieron que Pizarro via_jara a España para obtener una capitulación rle la Corona que les pcnniliera iniciar la conquista del Pení. En J 529 Piwrro obtuvo las Capitulaciones de Toledo, que lo nombraban adel:mtado y algmcil mayor de Nneva Castilla (el nombre del Pen'i) y detallaba los tltulos y mercedes que recibirían tanto él como sus socios. Mientras Almagro seria hidalgo y alcaide de Tumbes, Luque sería su arzobispo. Este desigual resultado, que beneficiaba a Pizarro en contra de Almagro y Luque, tensó las relaciones entre los socios, especialmente entre Pizarro y Almagro, aunque la sociedad se recompuso tras la salida de la primera expedición oficial al Perú, financíada por alg11nos encomenderos locales. En esta oportunidad Pizarropudo contar con sus hermanos Hernamlo, Juan y Gonzalo y con su hermanastro Francisco Martín Alcántara. En enero de 1531 salieron de Panamá las tres embarcaciones de la expedición rumbo a las costas de Colombia y Ecuador. Mientras Pizarra encabezaba la expedición, Almagro seguía en Panamá buscando refuerzos y pertrechos. Al llegar fl Tumbes se encontraron con que la ciudad había sido destruida durante la g11erra civil entre el inca Atahualpa y su hermanastro Huáscar por el control del trono tras la muerte de Hmyna Capac, padre de los anteriores, afectado por una epidemia de origen europeo. El enfrentamiento fratricida entre el primogénito Huáscar y la nobleza cuzqueña contra Atahualpa, el hijo preferido de Huayna Capac, y los señores qui leños, los dos centros de poder del imperio. tuvo consecuencias para la estabilidad del Esta~ do inca y facilitó la conquista española, ya qt1e los partidarios de Atahualpa controlaban Quito, y Cuzco los seguidores de Huáscar. A la vista del panorama encontrado en Tumbes, Pizarra penetró en el Perú y en 1532 fundó San Miguel de Tanará, Piura. En noviembre llegó a Cajamarca, donde encontró al inca Atahnalpa, al que le tendió una trampa para utili~ zar lo como rehén. Este acto fue acompañado de una matanza entre e! ejército del inca, lo que marcaría las relaciones entre europeos e indígenas. La orden de Atahualpa de ejecutar a Huáscar debilitó aún más la posición de los natuó. O


ra!es, sumidos en luchas inte1nas. Si hien Atahualp~-1,:: ¡xi¡ó u Piz;~r~ un;~;:· cate por su libernción, terminó siendo ejecutado después de un ¡uicio totalmente amañadu, q1w recibió grandes criticas del emperador Carl~s L Tras repartir e! botín, y a la espe1a de los refuerzos de Almagro, Pizarra paralizó su avance hacia Cuzco, que terminó siendo conquistado el 14 de noviembre de 1533. Ent011ccs se supo que algunos conquistad01es cijenos a su hueste podía¡¡ penetrar por d norte, lo que llevó a Pizarra a pensar en la conquis(a de Quito para frenar a sus posibles c01npetidores. Sebastián de Belalcázar, uno de los l11gmtcnientes de Pizarrn, se lanzó a la conquista de Quito con b. esperanza de incrementar sus ganancias. Con Ja aynda de los indios cafiari;;, en mayo de 1534, ocnpó la ciuda<l, previamente quemada por SHS defonsores La co11qu1sta de Quito sigmó a una campaña sangnenia, donde Belalciizar se enfreu(ó al ejército indígena del jefe Rumii'í;tu1i. Belalcá~ar est_abaempeñado en encontrare! tesoro de AtRhualpa, y lanzo unas duras mcurswnes en los ahededores de la capital, cuando le avisaron q11e Diego de A.lrnagrn lo esperaba en Quito para frenar a Pedro de Al varado, el conq11is!ador· de Guatemala, q11e prctrndfa entrar ea «s11>> terntorio. Almagro y Be/alcázar se dirigieron a Riobamba, al sur, para enfrentar al intruso. El propósito de A!varadu cm claro. Atraído por sn nque:w, q1tería conquistar el remo de Quito y con este fin armó en Guatemala nna gran hueste integrada por 4 50 españoles, numerosos indios y 270 e aba llos. J\~tos, a! haberse reprodllcido en [as tierras americanas, habían dejado de scre! producto costoso del cornien7f'_dc la COI'.quist:1. Cuando se pro<l"cJO el cncHentro enire los dos grupos, el dmgido por Almagro y Belalcázar y el de A!varado, este último se dio cuenta de q11c sns pretensiones carecían de sentido y, tras recibir 100.000 pesos, regresó a G1iatcmala (lc:jando aS11s rivales SUH hombres y sus barcos. Alas órdenes de Pi:rnrro, Belalcázarentró en Qnito a fines de 1534, de 8pués de una nueva campaña en la que capturó a los jefes indios Rum1ñahui y Zocopoza .. gna, a qnien quemó vivo. Ya en Qnito, instaló el cabildo y repartió la tierra entre sus soldados. Como tantos otros de los recién llegados al Pení, fue obnubílado por el mito de El Dorado y salió ensn basca rumbo a Popayán. En poco más de tres años se conquistó el incario, gracias a la rigidez de su Jerarq1nzado sistema social y de sus instituciones territoriales y despnés co• me1 izó la colonización de I tn territorio extenso, variado y, según los conquistadores, lleno de riqne:cas. Concluida la fase militar de la conquista, caracterizada por el saq11eo de los tesoros incaicos, Pizarra comenzó la segunda etapa para consolidar !a prc::sencia europea_ Repartió 1ierras y encomiendas en!re sus seguidores, aunque sn desconocimiento de las caraderísticas geológicas, demográficas Y productivas del krritor[o forzaron un reparto desigual, aumentando el descontento de los más perj11dicados. Eu 1535, un afio después de fund~r !auja, ordenó la creación de nuevas ciudades como Lima y Trujillo, esta nll1ma a cargo de Dlego de Almagro. También rcmo<lcló Cuzco después del expolio a que fue sometida, annquc manteniendo la planta original (muchos de los edificios se construyeron sobre los cimientos de los palacios y los

templos incas). Todavía hoy se ve en algunos edificios históricos la base de las paredes de edificación mea, mientras la pmte superim se adapta a los cánones hispánicos . .E! plan de Pinrrn b11scaba establecer nnanueva capital en la costa del Pacífico que facilitase las comunicaciones con la metrópoli y con el resto del lmpeno. Lima, conocida como la ciudad de Los Reyes, logró una sítuación estratégica en el Pacífico gracias a! cercauo p11erto de El Callao_ A fines de 1533 Manco Inca, hermanastro de Atahua!pa, fue proclamado lerritimo o-obernante del incario, dado que Pizarro estimaba conveniente tene~· un in;a al frente del aparato administrativo y militar. Tras un período inicial de colaboración con los mvasores, Manco se desilusionó ante el rumbo que tomaban las cosas, marcado por la represión contra los indígenas y los excesos o errores administrativos, como el sacrificio de los rebaños de !lamas o el abandono de los canales de riego, base del sistema agrario andino_ Des" pnés de reunir un ejército de 50.000 hombres, Manco lideró una sublevación entre marzo de 1536 y abril de 1537, y sitíó Cnzco y Lima. La aventura no prosperó debido a la dilación de Manco en asestar e! golpe definitivo, penmticndo la llcgadlt de refuerzos desde Chi!e comandados por Almagro. E! cambio en la correlación de fuerzas obligó a Manco a retirarse a los valles del A.n-• tisuyu. Desde Vilcabamba, cerca <le! Machu Pichu, Manco lideró un estado 1,neoinca;> que resistió hasta 1572, cuando el virrey Francisco de Toledo ejecutó a sn nieto Túpac Amarn, e! úlümo inc¡:¡ de! Perú. El fin de !a conquista contempló el estallido de diferentes guerras civiles, t!Jla serie de conflictos entre !os conquistadores por ei poder de las huestes, esoecialrnente entre qnienes se quedaban con los mayores beneficios y los q;e se creían postergados. En otros casos, los conflit:tos enfrentaron a los enco1nenderos con la Corona, aunque el problema de fondo era el mismo: las aspiraciones seí'ioriales de los eonqnis1adores. Entre lo,~ !'actores desencadenantes hay que mcm.cionar el asesinato de Francisco Pízarro, la fundación del virreinato peruano y la Audiencia de Lima y !a aplicación de las Leyes Nuevas. La primera guerra se inició en 1537, coincidiendo con [a sublevación de Manco Inca y enfrentó a Diego de Almagro, (1el Viejo», con los Pizarro. Almagro pensaba qne su gobernación incluía Cuzco y procedió a ocupar la ciudad. Al año siguiente, los pizarristas dirigidos por Hernando Pizarro reconquistaron la <mtigua capital íncaica y ejerntaron a Almagro, dejando una sensación de descontento y nn deseo de venganza entre sus seguidores. En consonancia con ese estado de ánimo, en 154 l los almagristas asesinaron a Francisco Pizarro en Lima y colocaron al frente del gobierno a Diego de Almagro, «el Mozo», hijo de <1el ViejO>l. Esta situación duró poco, ya que los enviados de la Corona y los pizarristas derrotaron a los a!magristas y ejecutaron a !os pnnc1pales dirigentes de la revuelta. La tercera guerra civil se vinculó al rechazo de las Leyes Nuevas por los conquistadores y marcó los conflictos de la Corona con los encomenderos. En 1544 llegó a Lima e! primer virrey del Pen'.!, Blasco Ni'tñez de Vela, con la orden de aplicar las Leyes Nuevas que, ent1e otras me<lidas regulatorias y ten-

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dentes a rcfoiz;ir el poder de la Corona, pn>hihí:rn el cm8.cter hcn:dit:nio de llls encomiendas. Una de !as órdenes del rnicvo vil rey fue retirar sus encomiendas a los participmiles en Lls gnenas entre almagristas y pizarrista~, la mayoría de los cncomendcrns pe11mnos, pero cuatw meses <l~spnés estalló b rchclión de Gonzalo PiLano contra fo reglam,cntnción de !as encomieudas. El triunfo rebelde dc,qituyó al virrey, gue terminó decapitado en Quito, e iustnnró a nnnuevo gobierno a cargo de Gonzalo Pizarro con el apoyo de la Audiencia. Tras cinco años de enfrentamientos, los pizarristas fueron derrotados en Xa<juixaguana en abril de 1548 por PedIO de La Gasea, enviado desde España para resolver el problema. En 1550 La Gasea retornó a la Península, dejando el virreinato en orden y en paz, ganándose el nombre de «el Pacificadorn. Al año siguiente, la monarquía nombró a Antonio de Mendoza nnevo virrey del Perú, tras valorar sn gestión en el virreinato de Méxieo. Su ges1ión fue breve, ya que murió al año de !legar a Lima. En 1553 y ! 554, hubo un nuevo rebrote de la violencia tk los encomenderos, esta vez liderados por Francisco Hernández Girón, aunque sin demasiado éxito. El organizador del Perú colonial fue el virrey Francisco de Toledo. Su rncmdato, de 1569 a ! 58 l, se caracterizó por nna serie de medidas mganizativas que sentaban bs bases administrativas, ln ordenación del terril.ono v el disciplinam1ento de la mano de obra. Comenzó relevando la situación deÍ virreinato, una visita en los términos de la épocn, para con1ar con la información necesaria para tomar las medidas adecuadas. Sus Ordenanzas sobre indios, minas, trabajo de los indígenas, repartimientos. gobierno de ]as ciudades españolas e indígenas, mesones, Hacienda, doctrinas, etc., eran de 1al profundidad qne se aplicaron hasta el siglo xvm. Una de sus medidas más impor1antes füe establecer el tributo indígena en función de lo qne podían pagnr los indios, ll los qne concentró en poblados especiales. Sn o[:jetivo central fue: impulsar la minería, especialmente los yacimientos argentíferos de Potosí y de azogne de Huancavclica, de gran importancia tras la in1roducción del método del patio para refinar plata de minerales meno,~ Ticos. Sn actuación más destacada fue la reglamentación de lami1a, que pem1itió contar con la mano de obra necesaria en los yacimientos mineros. El territorio de los indws charcas, al snrde Cuzco y de Arequipa, se cono~ ceria durante siglos como Alto Perú. Sn importancia residía en los yacimientos de Potosí, en el Cerro Rico o la Montaña Roja, descnbiertos en 1545, con yacimientos por encima de !os 4.500 me1ros. Al año siguiente se fnndó la Vi~ !la Im¡ierilll de Potosí, que en su momento de mayor esplendor, a principios del siglo x vn, contó con 160.000 habitantes repartidos a partes iguales entre blancos e indios, con una pequeña prescnc-ia de cerca de 6.000 negros y mulatos. Previamente, en 1538, se había fundado Chuquisaca, también conocida como La Plata, hoy Sucre, que desde 1561 fue sede de la Audiencia de Charrns y posteriormente, a partir de l 624, de una universidad. En 1548 La Gasea ordenó levantar la ciudad de La Paz, en pleno altiplllno, y posteriormente le siguieron Cochabamba, en 1572, yT,1rija, en 1574.

Quito se con;;titnyú en un temlorrn a n1halio entre Lima y Bc1gotó Sndependencia -institucional camlJiú en numernsas ocasiones, debiendo ~nbordinc1ción a una n otra seglrn d mnmt>nlo. Dnranl e d siglo x Vl se mtegró poi itica y militarmente en el virrcmato del Perú. Las primif ]vas ciudades de Quilo, Guayaquil y Lo_Ja fueron seguidas de otras fündaciones rnmo Cuenca, en !557, y Baeza, en 1559. En l 563 se c1eó ]!l Audiencia de Quilo, que abarcaba territorios de Quito y Colombia y controlaba la Amazonía.

2.2. Colombia y Venezuela bajo el mito de El Dorado Al igual gne había sucedido en la Nueva España, pronto comenzaron a enviarse expediciones en varias direcciones, tendentes a ampliar los límites del Imperio inca. Como en México, los intereses estratégicos (defensa de las conquistas, comunicaciones con la Península, e!c.) se mezclaban con otros, como la búsqueda de riquezas y el control de la mano de obra indígena, ya que sin esta última las tierras carecían de valor. En el caso peruano, la expansión t11vo una triple dirección: al norte, rmnbo a Colombia y Venezuela; al snr, hacia Chile; y lll sureste, T11cumím y el Río de la Plata. La prime1a exp:rnsión se centró en los territorios andinos integrados en el Imperio incaico y sus límües más importantes, el océano Pacífico y la barrera natural de la A mnzon\a. La conquista de Tierra Firme, estancada durante años, fue impuhada por el mito de El Dorado, que habla de nna riquísima ciudad con un rey cubierto de oro. Desde la llegada de Ojeda en 1499 hasta 1526, cuando Rodrigo de 13astidas fundó Santa Marta, no se había podido establecer población o gobcrnac1ón alguna, aunque después se sucedieron algunas fundaciones importantes, como Coro en 1527 o Cartagena deJndias en 1530. Santn Marta, Coro y Car• tagena fueron las cabezas de puente de! esfüerzo conqr.istador en Ja TCgión. El interés por Colombia era grande en el Perú, desde donde se enviaron algunas expediciones, de modo que terminaron convergiendo diversas huestes de distinto origen y fuentes de financiación, lo que implicaba la existencia de diferentes lealtades, una fuente de confücto a b hora de fijar los límites,jnrisdiccionales. Desde Qnito se desplazó Sebastián de Be)alcázar, buscando nuevos frentes donde proyectnrse después de que sus relaciones con Pizarro se deterioraran. En l 536, Belalcázar fundó Cali y Popayán y posteriormente exploró el valle del Cauca. Ese mismo año otra cm riente conqnistadora salió de hl costa caribeña. Pedro Fernández de Lugo llegó a Santa Marta al mando de l .500 hombres. Luego de unas conquistas en su :zona de influencia envió a su lugarteniente Gonzalo fonénez de Quesada a explorar el rio Magdalena. Al llegar n Barrnncabermeja, atraído pornnos panes de sal de gema se desvló en sn busca y llegó al país de los chibchas, donde encontró abundantes esmeraldas y objetos de oro. En abril llegó a la capital del Zipa y bautizó el l.errüorio como Nuevo Reino de Granada. Los chibchas del Zaque (Tunja) y del Zipa (Bogotá) eran ricos en oro ya que intercambiaban la sal de gema por el


oro de otros pueblos, especic1lrne1tlc de Autiuquiu Allí se oríginó la leyenda de E! Dorado, al existir lm cacique en Gua!avita que se rnbría el cuerpo con polvo de oro para Sllmergirse en una laguua_ El 6 de agosto de 1538 Jiméuez de Quesada fundó Santa Fe de Bogotá. En marzo de 1:'i39, cuando estaba u punto de rcgresal' a Santa Marta, Jimé11ez de Quesada fue informado por los indígenas de que desde el este se aproxunaba una cxpedicióu de hombres blancos. Era ta hueste del alemán Nicolás Federman, proveniente desde Coro, la otra cabeza de puente caribeña, igna!mente atraído por el mito d,;: El ·oorado. Cuando Fe{krman y Jiménez de Quesada negociaban el reparto dd botín robado a los ind[genas fueron iuforma<los de la llegada de otra hueste. En 1538 Belalcázar había organizado otrn expedición por el valle del Nciba c¡ue !o había conducido a Bog-~tá, donde se encontró con Jiménez de Qucsacla y F0derman, Esta lriplc converge.ne la provocó una agria disputa por el control del territorio. Finalmeute se llegó a un acuerdo entre las tres partes por el cual !os tres conquistadores v1ajaroll a Espaüa para que el emperador dinmiera e! conílic10, rmcntras sus hombres, que pemw.neclau en Bogotá, fundaron las crndades de Tunja y Vélez. El monarca nombró manc;ca1 del Nrn::vo Reino de Granada a Jirnéuez de Quesada y concedió a Be!alcázar el título de adelantado y gobernador deo Popayán, al suroeste de Colombia, Posteriormeute, éste fue condenado a muerte por sus abusos en el_ cargo y murió en Cartagena de Indias antes de poder volver a España. Previamente habút permitido la expedícióu de Fr:mc1seo de Ore llana que lle~ varía al des,:1.1brimi, nto del Amazonas y qnc navegada hasta su tks<embucadura en el Atlántico. E! descubrimiento dd Amazouas y sus pnncipa!es afluentes había sido propiciado por Belalcázar cuando difundió la creencia --un nuevo mito--------- de un reino de la canela a! este de Quito. Gonzalo Piza" rro, hermano de Francisco, salió en su búsqueda aunque los resultados fneron frustrantes, salvo en lo que al conocimiento de !a región alllazónica se: refiere. Mientras tanto Federman tuvo que ateuder unos pleitos con los banqueros Welzer y murió preso en l 542. En 1550 se constituyó la Audiencia de Santa Fe de Bogotá, con jurisdicción sobre los territorios de Santa Fe, Tunja, Cartagcrm, Santa Marta y Popa" yán. D11ran!e los primeros 14 años la Audiencia "Obernó de forma eolerriada. lo que fue causa de proh!cnrn.s y de una admiuisr;ación incompetente. P~r es¿ se decidió unificar el rnaudo político, para lo cual se decidió en l 564 que el presitkrne de !a Audiencia ejerciera simultáneamente !os cargos de gobernador y capitán general, de modo que la Au<liencia, como órgano colectivo, vío !imitadas sus funciones a las cues! iones estrlctarnente jurldicas, ejcrcieudo sólo como tribunal. Ese mismo año se crearon el arzobispado d'C'. Sauta Fe y los obispados de Cartageua y Popayán. Coro fue otro centro para la conq1rista de Tierra Firme, e~pecialmente cuaudouna capitulación de Carlos [ concedió la conquista de Venezuela a los Welzer. Parn llevar adelante la empresa, los banqueros alemanes uombrarou eu 1529 gobernador de Tierra firme a Ambrosio Alfil1ger, quien organizó 0

dos entradas en su territorio, una a! \ago Muracaibo donde fundó la ciudad del mismo nombre Y otra que remoutó el rio J\.fagda!ena, donde murió en un combate con los indios. Fue reemplazado por Jorge Espira quien, convencido de poder llegar al Pacífico sin grandes inconvenientes, se internó en Los Llanos, Casanare y la Alta Amazonía para retornar a Coro con numerosas bajas. Mientras se producía este viaje, su segundo, Nicolás Federman, partió eu busca del Meta (una zona teóricamente rica en oro, un mito similar al de El Dorado). Finalmente, tras dejar atrás imponentes cadenas montañosas, llegó a Bogotá. En 1541 Hernán Pércz de Quesada, hermano de Jiméuez de Quesada, y Felipe Hutten exploraron la región, incluida la Alta Amazonía. En 1545 se fnrnló El Tocuyo, lo que marcó e! comienzo de la colonización del occidente venezolano. Desde esta ciudad se impulsó la fundación de Borburnta, Harquisimeto y,en 1567, de Caracas,donde termiuaron instalándose los gobernadores. Venezuela se compuso de tres gobernaciones: Caracas, el oriente venezolano, que con el nombre inicial de Nueva Andalucía se organizó desde Cumaná, y Trinidad de la Guayana.

2.3. Tucumán y el Rfo de la Plata Después del <lescubnmiento del Mar .f)¡¡lce o Río de la Plata por JuanDíaz <le Solis y del viaje de !'vlaga!!ane:-; qne completó el contorno del extremo sur del Nuevo Mimdo, la Cororni espafíuht organizó sucouquista, algo necesano después de que Pizaffo completara su control de Perú. En 1533 Carlos I dividió el terfltorio intuido al sur del Pen'1 en tres jurisdicciones, divididas por !os paralelos 25 y 36. Diego de Almagro sería el gobernador de Nueva Toledo, la demarcación más septentnorra!. Le segt1ía Nueva Andalucía, entregada a Pedro de Meudow, y Nneva León, la más austral, concedida a Simón de Alcazaba, qlle terminaría mnrien<lo a manos de sus hombres. El resultado de la conquista tuvo poco qne ver con estos propósitos ordenancistas de la Corona, desconocedores de la realidad amcncana y basados en el deseo <le nn rápido éxito. La división de norte a sur no tenía en cuenta ta cordillera de [os Andes ni otras cuestiones de !a geografia de nn mimdo desconocido. La con4.l1ista de Tucumáu y el Río de la Plata, en líneas generales el actual territorio argentino más Paraguay y Uruguay, ocurrió desde tres lugares difel·entes, dando lugar a tres corrientes colonizadoras couvergentes. Uua provenía de Perú, hacia Tucumán; la otra de Chile, hacia Tucumán y Cuyo; y la última se originaría erl España y tendría en Asuncióa del Paraguay su cabeza de puente. La corriente paraguaya buscaba la plata escondida en el Perú, mieutias /as proveuientes de Chile y el Perú se interesaban eu encontrar una ruta rápida con !et metrópoli, de ahí el mterés en el Río de !a Plata. La conver~ gencia de estas tres corrieutes provocaría conflictos de intereses y jurisdiccionales entre los conquistadores. El descubrimiento del Río de la Plata en J516 había sido revalonzado después de que Magallanes atravesara el estrecho que


lleva s11 nombr,~. A p:irl1r de ]525 se: realizaron alguniJ,; expediciones que mostraron el interés en la región, como !il de Diego García Fn 1'i2.ú SdJas" ti::'in Caboto había s;il1do de Espai'ta dccHJido a segllir los pasos de Loaysa rurnbo a las Mo]JJcas, pero en las costas del .8n1síl le mformaron de las rique .. 7;Js el.el l\far Dulce yde llll poderos.o cc1r.1que que vivía en una montaña de plata, en clara alusión a los wcas. Se po11Íi1 en mardu1 otro mito movi!izador de la codicia y la sed t.!c avenh1ras de los conquistadores. Ern tan fuerte el reclamo de nquezas iumedic1t<1s que el deslumbrado Gaboto abandonó sn plan inicial para centrarse en el Rio de la Plata, cuyos afluentes recorrió sistemllticamente en busca de la tierra prometida o del rey blanco, Así, remontó el Paranll, el Uruguay y el Pmaguay buscando la mítica Sierra de la Plata, El 9 de iunio de 1527 fundó Sancti Spiritus, que le serviría como base de sus opern¿iones, aunque ésta sería destruida pN los indígenas al año siguiente. En el luterm, Gaboto se encontró con Diego García de Mogucr y sus hombres, con !os que decidió aunar esfüerzos, aunque con resultados mediocres. Las di fícu]üHles para atravesar el estrecho de Magal!anes y la rent1ucia de !a Corona espaüola a las Moluu1s supuso el olvido del Río de la Plata. Sin embargo, lit conquista del Perú y el desrnbrimiento de Potosí reuctivarían el interés por la región. En el reparto de ! 533 la gobermtción de Nueva Anclalu-• cía correspondió a Pedro <le Meudo?.a, que había participado en varós expediciones rnililm·es europeas del ernperndor. Su misión era explorar y colonizar el Río de la Plata y frenar los avances port11guescs_ Zarpó de España con 11na flota de l l navíos y más de 1_Q00 hombres. A principios de febrero de J536, cerca de la desembocadura del Riaclmdo y a orillas del Río de la Plata, Mendoza fundó la cmdad de Nuestra Señora de Santa María del Buen Ayrc, que pe~e a su nombre estaba ubicada en una zona insalubre y a merced de los ataques indíos. En ese entonces, Mendoza buscaba una cabecera de puente en su penetración al Río de la Plata y territorios circundantes. Por ello ordenó a Juan de Ayolas y a Juan Salanir ele Espinosa navegar los ríos Parnná y Paraguay, Ayo las fue enviado a explorar el Parauá, río arriba, en busca de víveres con los qne socorrer a la guarnición de B11enos Aires y también pura ahnruna vía permanente de comunicnción cou el Perú. Tras fundar los fuertes de Corpus Cl:iristi y Candelaria se vio tentado por las kyendas de la Sierra de la Plata, E,xploró la& regiones del Chaco y Charcas, y c1.l regresar a Candelaria murió en una emboscada indígena. Al frente de Candelaria estaba Domingo Mai1inez de Irala. Posteriormente llegó Sal azar quien, tras navegar por el río Paraguay, fundó el 15 de agosto de 1537 !a ciudad de Asunción. En 1539 Inda füe nombrado gobernador del Río de la Plata en lugardc Mendoza, que dos años antes había decidido retmnar a España, aunque murió en el viaje. Las enfermedades, el hambre y la hos1ilidaci de los indios querandíes habfon obligado a Irala a abandonar Buenos Aires y a refugiarse eon los sobrevivientes en Asunción. Durante años, A$unción se rnnvirtió en el centro de la colonización espallola en el Río de la Plata. En 1541 la gobernación fue pue~ta al mando de AlvarNúñez Cabcw

de Vnni que previarnernc lw.b·u dese¡¡bie1to h~ carnrntas cid lgua:á1. Su llegada a As11nc1ón provüCÓ en J 54,¡ In rebd1ón de lo;: segu1dmes de hala. tamb1cn llamada de los comuneros. fiua!izndiJ con ia dc$ti111ción de Cahczu de Vaca, devndto prisionero a Españ:1 . . ]rala recuperó el rwmdo, que manejó de fo1 ma arb1trnrw y absolutista Y su <>obernación se caracterizó, hasta su muerte, por sus excesos y abusos sobr:la población indígena. Debió interrumpir su marnlé1to por un motín a! que se enfrentó con éxito. Su gobierno muestra las difa:ultades de la Corona para imponer su autoridad, especialmente en las zonas periféricas. En las regi_ones apartadas de las principales :ut~s :narítimas y c!e los centros del poder v1rre1nal-México y Lima--el eJerc1c10 del poder sm el control dJrecto de los fonciouarios reules podía ser despótico. El predominio paraguayo se mantuvo hasta 1580, cuando Juan de Garay, tras salir de A1mnción, realizó la segunda Y definitiva fundación de Buenos Aires en un emplazamiento más apropiado y cou ]os abastecimientos garantizados desde Santa Fe y Asunción. La expansión de Asunción hacia el sur en búsqueda de uua salida fl uviul al océuno Atlántico había tenido 11n paso previo en 1573 con la fundación de S:mta Fe, a orl!las del Paranii La ruta entre Asuución y Buenos Aires se reforzó con la fundación de Concepción ( 1585) y Corrientes ( 1588). Los territoríos rioplatenses se vincularon a Paraguay, hasli1 qne en 16 l 7 se creó la gobernación del Río de la Plata, ambas dependientes del virreinato del Perú, Jo que condenó a Paraguay a una situación de marginalid\:i.d hasta el fin del periodo colornal. Pese a las prohibiciones oficiales, Buenos Aires era JJna de las rutas principales, aunque clandestina, de salida de la plata potosina. Desde Asunción se impulsó la fundación de Ciudad Real, en 1557, y de Santa Crnz de la Sierra, en 1561, en lo que es act11almcnte territorio boliviano. Más allá de los esfuerzos de Asunción por llegar al Perú, el contacto inicial entre ambas regiones se estableció a parti1 de: una expedidón mandada desde el Cuzco, que dejó abi<·!rW una nueva corriente colonizadora en las tierras rioplatenses, En J 543 Diego de Rojas partió de Cuzco y, siguiendo los e::i111inos incas, llegó a Cl:Jarcas, en el Alto Perú, parn Juego in1ernarse en Tucumán. En 1548, tras atravesar el Chaco, Martíncz de !rala llegó a Charcas dc&:le donde envió informes c1. La Gasea con Ñuílo de Chávez. Tucumán era vital en la ruta del Alto Perú a Chile y al Río de la Plnta. Lagasea encomendó a Jmm Núñez de Prado su colonización. Los objetivos de Lagasea eran dobles: asegurar !a rnta n Chile, de gran valorestratéglco, y drenar de aventureros y buscapleitos el Perú, al que tanto daño habían causado con sus enfrentamientos. En l 549 Núñez de Prado salió de Potosí y en l 550 fundó la ciudad de Barco, e! origen de San Miguel de Tucumán, establecida quince aüos después. Desde Chile Francisco de Villagra puso en marcha una operación similar, causa de la vim:ulación inicial con Tucumán y del nombramiento de Francisco de Aguirre como gobernador- El predominio chileno se reforzó con la fundación de Suntiago del Estero. Posteriormente Hurtado de Mendoza e1wió a Juan Pérez de Znrita, gue fundó las ciudades de Córdoba


del Calchaquí, Londres y Cañete. Las dos últimas se despoblarían años desp1tés por los ataq1Les indígenas. En 1563 se creó la gobernación del Tucum{m, dependiente del vi1 reina to pernano y en lo jnrídico vinculada a la Audiencia de Charcas. E! virrey Toledo, interesado eu los abastecimientos de alimeutos, insumos y mano de obra a Potosí, impulsó la colouización de Tucumán, que aparecía como uo espacio importante del hinterlundpotosino. En 1573 el gobernador de Tucnmán, Jerónimo Luis de Cabrera, fundó Córdoba de la Nueva Andalucía, la actual Córdoba y, luego se establecieron los centros de Salta en 1582, La Rioja en 1591 y Ju_juy en 1593. La otra región impulsada desde Chile füe Cuyo, al otro lado de la cordillera. En 1561 Pedrn de Castillo, a las órdenes de Garcia Hurtado de Mendoza, fnndó la ciudad de Mendoza y al año siguiente Juan Jufré, enviado por el gobernador Villagra, cambió el emplazamicnio de Mendoza por otro más adecuado y fundó San Juan de la Frontera. Años más tarde, en 1594, Luis Jufré, hijo de Juan, fundada San Luis y completó bs principak" fundaciones de la región.

2.4. El reino de Chile Nombrado gobernador de Nueva Toledo, Diego de Almagro salió de Cuzco en j1llio de 1535 en dirección sm por el camino de la cord!lkra. Tras pasar por el valle de Copiapó llegó a otro al pie de! Aconcagua, la cima más alta del continente, y decidió esperar refuerzos mientras enviaba un destacamento a explorar los territorios meridionales, que encontró en Sll marcha una fuerte oposición de los araucanos. A lo largo de su travesía Almagro no tnvo ningn~ na evidencia de riquezas o de abundante mano de obra indígena. Al enterarse de que Cuzco estaba en s11 gobernación se olvidó de Chile y regresó a! Perú, esta vez por la costa atravesando el desierto de Atacama y reclamando lo que estimaba sus legítimos derechos. Tuvo la mala fortuna de llegar en medio <le la guerra civil que enfrentaba a sus hombres con los seguidores de Pizarru y terminó mnricn<lo en ella. Dunmte algunos años Chile se mantuvo al margen de las pieocupacioncs de los conqnistadores, hasta que en 1539 uuo de los principnlcs lugartenícntes de Pizarro, Pedro de Va!divia, quícn previamente había recibido una encomienda en el Alto Perú y nna mina de plata en Porco, pidió autorización para conquistarlo. Era una empresa abandonada por Almagro y que a Valdivia le reportaría fama y reconocimiento. Tras seguir el camino de Almagro, llegó al valle del río Mapocho y fundó Santiago del Nuevo Extremo el 12 de febrero de 1541, arrasada por un ataque indígena a los pocos meses de su fundación y que debió serparcialmentt reconstruida. [.a inseguridad causada por la hostilidad de los indios vecinos dificultó sn crecimiento, aunque en 1561 se convirtió en sede episcopal. En 1544, Valdivia fundó la ciudacl de La Serena. Al tanto del enfrentamiento entre Gonzalo Pizarro y La Gasea, se ahneó con el último, al necesitar el apoyo regio. Tras su decisiva participación en la

victoria, La Gasea lo nombró gobernador de Chile, 1111 título que hasta enton-• ces había utilizado ilegahncntc tras haberse hecho designar cu c:sc cargo por el cabildo que él mismo había instalildo en Santiago. Los aflos sig1,ienies fueron de una aclividad febril, con las fundaciones de Concepción ( 1550), La Jmperial ( 1551 ), Villarrica ( l 55 l) y Valdivia y !os füer tes de A rauco, Tucapel y Purén, combinado todo ello con la expansión al 0110 lado de !a cordillera y la fündación de Santiago del Estero. Sin embargo, e! proyecto de Va!divia fue seriamente amenazado por la sublevación araucnna, lidcrada por el cací que Lautaro, que no sólo acabó cou la vida de Va!divia, sino también con la presencia española durante largas décadas a! sm del río Bío-Bío. Tras la muerte de Valdlvia, el virr<::y de Pe1ú Andrés Hurtado Je Mendoza nombró a su hijo García gobernador de Chile. Pi.;sc al recha;,::o entre los hombres del antiguo gobernador, füe capaz de de1rotar a Caupolicó.n, el cacique araucano que tanto daño había causado a las tropas españolas. Durante su go~ bien10 se refundaron las cmdades destruidas por los araucanos y la frontera avanzó hacia e! sur, gracias a la fuudación de Cañete y Osorno. Las luchas en1rc araucanos y españoles, concluidas con la muerte de Caupolicá11, fueron magistralmente nanadas por Alonso de Ercil!a eu su obra poélica {,riAmucana. En 1561, cuando su padre fne relevado del t.:argo, García Hurtado de Mendoa también retornó a Espm1a y fue reemplazrnJo por francisco de Villagrán, ,mtiguo colaborador de Vald1v1a. En {5ú7 se creó la Audiencia de Santiago, cuya presidencia se encomendó a 1m militar-. dado su carácter fronterizo. La larga resistencia araucana se explica, en buena parte, por Sll éxito en adaptar el caballo a su forma de vida. De este modo ganaron en movilidad y capacidad ofensiva, algo decisivo para m1ponerse a los españoles, lo mis .. rno que succ<leria en otras partes del continente con otros grupos m<l[genas. Los araucanos, trns la adopción de! caballo, dejaron de ser sedentarios para convertirse en seminómadas.


5, la conquista espiritual

La conquista de América no habría sido lo qm; fue sí no hubiese estado imbuida de un foerte espíritu misionero. El clima de cruzada heredado de la reconquista peninsular tuvo nn evidente impacto tanto sobre los conquistadores como sobre los conquistados y a !o largo y ancho del continente la cruz y la espada caminaron de la mano. De ahí que la influencia de la Iglesia católica en América haya sido tan profunda y su huella tan ancha. Rn realidad, la Iglesia se hizo presente en el Nuevo Mundo prácticamente desde el principio de la aventura amen cana y tuvo una inserción superior a su importante pre.~encia numérica. l:'.n el segundo viaje de Colón estuvieron nlgunos religiosos, !o que da una idea de la magnitud religiosa de la experiencia americana. Por otra parte, fue la Santa Sede a través del papa Alejandro VI y <le sus famosas hui as laque jm>tificó judicial y teológicamente los derechos españoles ,;obre las tie•• rras descubiertas y por descubrir. La apansíón de la fe también justificó el sometimiento y la explotación de los indígenas e inclusive documentos como el Requerimiento, leído a los indios para que se dejaran someter pacíficamente, tenían un fuerte contenido religírn,o. Esto permite señalar que la Iglesia católica füe un factor central en la conquista y colonización de América y sin ella no se entendería lo gue los antropólogos denominan proceso de aculturación de los indígenas, conocido corno occidenta!ización. También es importante la influencia de la Iglesia tanto en las capas sociales más altas, las oligarquías, como en los sectores populares, comenzando por lo,,; indígenas. Existe en !a actualidad un intenso debate sobre el papel de la com._¡uí,~ta espiritual entre los mdios, cuyas mterpretaciones


extremas se sitúan entre qmencs creen que favorc;ció la evangelización y la conversión de los indígenas a la religión católica y los q11e sostienen que f\ie un instrumerno en la explotación de los nat11rnles. Lo más probable es que In respuesta se encuentre a mitad ,le camino entre ambas i ntcrprctacioncs, teñid.; de grises y con muchos matices. Así, frente a la actitud de gente como Las Casas o Montesinos y sus vahentes denuncias de la situación de los indígenas, nos encontramos con la reprobable conducta de muchos sacerdotes doctrmcros qu<e sólo bnscaba11 enriq1iecersc con su actividad y que no dndaban en vivn en concubinato con las indígenas. La labor de la Iglesia, desde m1 punto de vista teórico, no se limitaba a la expaiisión del cristiamsmo me<lian.te !a conversión de los nativos paganos y al combate contra las idolatrías, smo que también se centraba en la tutela de las conumidadé:s cristianas integradas por los conqmstadores y sus descendientes, los mc~tizos y los demás europeos instalados en América. Los esclavos negros formaban panc del mismo grupo y por eso se los bautizaba al tocar algún puerto americano. Mie11trns la primera tarea se encomendó a las (mlenes religiosas, la segunda correspondió básicamente al clero secular. Como señala Nlanuel LLtccna: así smgieron dos Iglesias, una de choque, responsable (k las almas indígenas y utia de reiaguardia, centrada en los grupos y.i cristianizados. Pero no ~óio eso, ya que el clero regular tuvo un papel muy unportante en la defensa de los indios, especialmente los dominicos, como prueban los ejemplos de Las Casas y Montesinos. También fueron muy activos en el apreHdizaje de !as iengllas indígenas, lo que permiiió el conocimiento y la salvaguarda de nuichas de ellas. Sin embargo, los obstáculos qne debió enfrentar la Iglesia para realízar su labor en Indias fueron múltiples y dem1iy diverso orden, comenzando por su doble depernkncia: del Papa pa¡a los problemas de fe y del monarca hispano para las cuestí01ies orgamzativas. A esto se agregan las contradicciones entre los intereses de los europeos y de los mdios, expresados en el sermón de Advienio de fray Antonio de M01ltesinos; las contradicciones entre el clero secular y el clero regular, y el\tl'e las distintas órdenes entre sí, que competían por el protagonismo en la cv:mge!ización; y, por último, las contradicciones en• tre la lglesia y la Corona pm d control de la vida cotidiana en las colonias. Eo este sentido. las re lacioncs entre Iglesia y Estado tení.an una doble dirección: mientra~ la Corona intentaba ntilízar a 1a Iglec,ia para sus fines polítícos, la Iglesia mtentaba utilizar políticamente a [a Corona para lograr sus objctívos 1eligiosos.

1. Iglesia y Estado E! control de la Iglesia católica en Indias por la monarquía española foe una constante tanto en la época del Real Patronato o Patronato Regio corno c1m11do éste fue reemplazado por la doctrina regalista o del Vicariato Regio, lo

;;;-;¡ penni;~- ;1-it-m~r-3-l·l~- la Igi°~sia_ amen~-;~ª no fue, C!1 ·absolnto- in<lep-~ndiente del Estado cspanol. Dce>dc !a epoca de los descnommentos y de laconnista, los monarcas hispanos buscaban optimizar srn resultados mediante la ~tilización de !a Iglesia como agente de e.xpansión? colon~zación. Esta tradición comel\ZÓ en 1486 durante la conqmsta del reino Je (nanada, por aquel entonces en poder de los rnnsuhnanes, con la promulgación de la bula Orto., doxae fidei. prornlllgada por lnocencio VUL mediante !a cual los Reyes Católicos ¿btuvieron el derecho de erigir iglesias y designar a ciertos cargos ede.~iásticos, especidmcnte los obispos, Como ya se ha visto, las bulas papales concedidas por Alejandro VI otorgaron a Castilla la legitimidad jurídica y política necesaria para ejercer el control de los nuevos territorios descnbiertos, junto al usufr11cto de ciertos dernchos civ_jlcs Y. eclesiá_st!cos. Al igual que las bulas concedidas a Portugal, las bulas aleJandnnas rec1b1das por la Corona de Castílla suponían una serie ,.k privilegios para la evangelización de esas tierras, que terminarían vmculándose al l'cl.!ronato Regio. En América, éste sería conocido como el Patronnto Universa! Indiano. El conjunto de privilegios para la monarquía que implicó el desarrollo del Paironato provocó 1111 irnpm1:1nte aumento de la injerencia (le! poder del rey en materiasrelígiosas, lo que terminó difuminando !os límites entre el gobierno de la monarquía y la labor evangelizadora. Fernando el Católico, en 1508, sentó las bases defi11itivas del Patr~~ato Indiano y logró que sus sucesores controlaran a la Iglesia americam.. Años antes, en 150], habla obtenido del Papa la autorización para que los reyes castellanos administraran los diezmos americanos. El patronato se desarrolló a partir de la 1IDposibi!idad del Vaticano de hacer frente al conjunto de gastos que implicaba la evangelización de los indios americanos. El combate contra el protestantismo, con sus gastos adicionales, favoreció esta tendencia. Por eso, coiiio compensación a quien afrontaba una tarea semejante, en este caso a la Corona española, el papado otorgaba una serie de privilegios relativos a la administración edc~iástica. Entre las responsabilidades de la Corona estaba hi manutención de 108 misioneros, para que pudiera11 dedicar todo su tiempo y esfüerzo a convertir a los nativos, y la construcción y gestión de todos los establecimientos religiosos, como iglesias, cmiventos o colegios, y de beneficencia. La principal contrapartida reClbida por la Corona fue la concesión de las tierras descubiertas, que no se" l'Ían administradas dí rectamente por sus descubridores sino por la Corona. De este modo, el patronato se convirtió en nna concesión del Papa al rey de Espa•ña, que concluyó como una especie de regalía aplicada de forma específica en las Indias. El diseño del Patronato Universal quedó prácticamente completado en 1574, con la promulgación de una Magna Real C6dula que otorgaba a la Corona la administración de todos los diezmos de [11dias, la posibilidml de presentar una tema de ca11didatos en aquellas diócesis vacantes que debían ser cubiertas y la potestad ele fijar los límites de las nuevas diócesis que se crearan. Casi todas las prerrogativas del Patronato <en América eran gestionadas por el Consejo de Indias. El Concilio de Tren to y la Junta Magna (1586)


acentmrnn a(m rnils la dcpcndencla dd clero español respecto de la Corona, así corno su carácter nctcwnal. A esto luy que agregar la prohibición desde 1573 de que las scntencrns eclesiásticas de lndias fueran apeladas ante el Vaticano. De este n10do, el rey era el responsable de nombrm n los eclesiásticos, de; financiar la actividad de las diócesis y de las diferentes órdenes religiosas y de st1pcrvisar la buena mmcha de Sl!S actividades jurídicas, sociales, cultnrales y edncativas. En América, la Corona buscaba mayor autonomía respecto al Vaticano para constrnirnna Iglesia capaz de colaborar activamente en la conquista, co-• Ionización y evangelización. En esta línea, durante el reinad0 de Carlos I se concedió a la Corona el derecho de fijar ]a cantidad y la nacionalidad de los religiosos que podían asentarse en las colonias junto a la posibilidad de prohi bir el paso de aquellos considerados ineptos, sin tener que oír a las jerarquías de las órdenes religiosas. Así fue como el Consejo de Indias pudo aprobar leyes y reglamentos qne regían e! funciouamiento de !a administración ecle•• ~iástica. Dnrante e] reinado de! emperador_ en l 524, se creó el cargo de patriarca de Indias. Si bien se trataba de un título honorífico, el principal objetivo de esta medida era convertir el Patriarcado en un vicariato, para lo cual en 1538 se estableció el Pase Regio. Pese al empeño de la Corona este objetivo no pudo ser cumplido, aunque la empresa no quedó en el olvido. Poste¡ iormente, y en tres ocasiones distintas, 1560, 1568 y 1572, Felioe II insistió ante el Vaticano por el mismo tema. La respuesta siguió siendo misma. La negativa de la Santa Sede se basaba en sn temor a que finalmente su papel en América fuera irrelevante o que a partir de semejante grado de autonomía surgiera una nueva Iglesia nacional, como la anglicana en Inglaterra. La dura pugna entre la Corona española y el Vaticano explica la postura papal de limitar el control de la Corona española sohre la Iglesia americana, un empeño en el que no tuvo demasiado éxito. Frente a la tajante negativa papal sobre el vicaria to, la monarquía replicó impidiendo el nombramiento de un nuncio papal en América durante torio el período colonial. Si el rey lograba ver cumplido su objetivo del vicariato podría controlar a la Iglesia americana sin contar con el Papa más que en las cuestiones de fe. Por el contrario, si el Vaticano lograba establecer m1 nuncio en América, éste sería el embajador del Papa y vincularía directamente a la Iglesia americana con Roma, de.bilitando sns lazos con España. Pese al empeño de ambas partes, ninguna pudo imponerse ala otra, lo que obligó a mantener el statu quo. De la formulación inicial del Real Patronato que permitía a los Reyes Católicos presentar o designar eclesiásticos se pasó en el siglo xvrn a una fase regalista que suponía una especie de vicariato regio, por el cual los monarcas ejercían !as funciones de vicarios pontificios en lo referente a !a dimensión temporal y jurisdiccional de la estructura eclesiástica indiana. De este modo, los Borbones, apoyados enla doctrina ga!icanista de origen francés, pudieron reforzar la autonomía de la Iglesia americana respecto de Roma, a ta! punto qne el rey se convirtió de hecho en la cabeza de la Iglesia española en Améri-

la

ca. Esta aulonomia se matnialid1 con el Pase Regio, o cxequnrw ( 17621768), que impedíri public~r y aplica1· c:n las colorn¡¡s cualquier documento papal sln autorización real Al mismo tiempo, se ordenó a los obispos que todas sus peticiones al Vaticano fncrnn tramitadas a 1rnvés de !a ndmmistrnción centnil_, que s,;ría !a rc~sponsHble dt: elevarla al Papa como un trámite del mo" narca.

2. Evangelización y educación religiosa Desde el comienzo de la conqnista se planteó nn doble problema vinculado a la naturaleza de !os indígenas. Por nn lado se debía establecer si los indios eran súbditos de la Corona de Castilla, en cuyo caso no podían ser esclavizados, o si no lo eran y entonces podían convertirse en una mercancía. Por otro lado había que definir la índole de la relación de los conquistadores con los naturales. La discusión imcial se centró en tomo a si !os mdtos eran bárbaros o infieles a quienes podía esclavizmse, o si eran paganos que debían ser evan•• gelizados. Cuando Colón advirtió que en las islas caribeñas no abundaba el oro, intentó desarrollar un método que había proporcionado a los portugueses importantes beneficios en África: la venta de esclavos. Ante las ganancias que se podían obtener, la Corona accedió a la petictón del almirante, pero algunos teólogos próxunos a !os Reyes Catóhcos se opusieron alegando que como los m<lios eran paganos, primero se les debía iniciar en la fe y !:óÓlo cuando la rechazasen explícitamente podrían considerarse infieles. De este modo, la reina Isabel declaró que los indios eran «libres y no sujetos a servidnmbre)). La evangelización foe el proceso qHe, cond11cido por la Iglesia española, permitió la conversión masiva de los indígenas americanos al cristianismo. Sin embargo, no en todos los Jugares los indios respondieron de la misma manera, ni !os estímulos materiales y espiritnales fueron los mismos, razón por la cual los ritmos y características de la evangelización deh1eron adaptarse a patrones regionales. Todos los indicios apuntan a r¡ue la cristianización de los indígenas füe más rápida en México y Perú y más lenta en algunas zonas peri .. féricas. Marco Palacios y Frank SafI0rd señalan que los clérigos que llegaban a la cosl"a atlántica de Colombia no permanecían en ella mucho tiempo, pues lns comunidades mdígenas de !a zona eran bastante pobres y no podían garantizar la buena vida de !os doctrineros. Los religiosos optaban por marchar se al Perú o a otras regiones donde la población india era más numerosa. En los momentos iniciales de la conquista y colonización, las órdenes religiosas cumplieron 1m papel central en el adoctrmrumento de los indígenas, al esiar más predispuestas a relacionarse con los mdios que el clero secular_ En poco tiempo, la presencia de los religiosos se consolidó en América y a fines del siglo XVI ya habían llegado a Indias cutre 5.000 y 5.500 monjes, entre ellos 300 mercedarios, 2-200 franciscanos, 1.670 dominicos, 470 ag11stinos y


3 50 jesuitas. Esta superpoblación ele frailes, con los consiguientes conflictos entre las ór:lenes, cada cual con su particular método de acloctrmamienlo y lealtades, hizo nccesano ordenar territorialmente la conquista cspiritu::tl De este modo, a partir de 1563 se es(ableci6 que todos los nuevos mona::;tcrios que se construyeran e11 nna provineia deberían depender de una misma orden, lo que no impidió a las tradicionales contar con grandes e imponentes parro" quías conventuales en las pt'ineipales cindades. La política educativa de la Corona potenció la creación de colegios para mdios y mestizos, mientras <lescuidaba la enseñanza de los nillos cspaifoles. Colegios como el de San Bernardo de Cuzco eran excepcionales. La situación era diferente e11 la enseñanza supenor, ya qne el ingreso a las 11mversidades estaba prohibido a qniencs no flleran españoles. La enseñanza para los indí~ genas se centró en los colegios de las órdenes regulares. El primer colegio lo fundaron los fram:isrnnos en Santo Domingo, en 1513,junto a su convento, A mediados del siglo xv1 los franciscanos tenían unos 200 colegios eu México y los dominicos nnos 60 en Perú. Alg\mos establecimientos se centraban en la echicación de los hiJoS de los caciqL1es. Éste fue el caso dd colegio de la Santa Crnz <le Tlalelolco, fundado en 1536, que tuvo hast.:i mil alumnos y sirvió de modelo en P11ebb, Bogotá, Quito o Lima. El colegio de S,m Juan de Letrán, creado en t S47, era para los mestizos. Muchas cscnelas se centraban e11 ]a en~ seña.nza de artes y 0ficios, como b fundada por los franciscanos cri ;Vláico. Talleres-escuela iambién se: vieron en los hospitales-pueblos de Vasco de Quiroga. Una parte de la cnseñmiw supenor estuvo a cargo de tas órdenes religiosas, especialmente de jesuita::; y dominicos. En este sentido, se diferen" ciaban las universidades may(lles u oficiales fundadas en México y Lima e11 1551 de las menores o religiosas, vinculadas a algú1i colegio o convento, La creación de estas universidades requeda una doble autorización: papal y real. Lapnmera se cieó en 1538 en Santo Domingo y alo largo del siglo xv¡ smgieron otras en La Plata, La Paz y Qnito. En el siglo xv¡¡ se fundó la Universidad Rea! y Pontificia de San Carlos, en Guatemala, y se crearon dos en Quito y en Bogo tú, e1itrc ellas la Javeri::ma, junto a otras en Cuzco, Chuquisaca y Córdoba.

3. Órdenes religiosas y reducciones Adriano VI, con la bnla Omnímoda, había renovado los privilegios de !as órdenes mendicantes para evangelizar a los paganos, reforzando su papel frente a las órdenes monásticas tradicionales, como las contemplativas, y las órdenes militares, protagonistas de la reconquista española. Las primeras órdenes mendicantes en América fueron la franciscana y la dominica, acompañadas por la Merced, una orden no mendicautc que a través de uno de sus frailes, ha•bía acompañado a Colón en sn segundo viaje. Posteriormente: arribaron los agustinos y a mediados del slglo XVl los jesuitas, la cuarta orden mendicante

-~ha~;;··~~;~ d~-~re·;~~~ia, seguida d~ o;;.,rn órd~n~~ -~1ei1ores, como carmeheo~ descalzos, rnµuchinos, etc. También encontrarnos una importante presenta; de órdenes femeninas: agnstinas, brígida::;, capuchinas, carmelitas, clari~:s. concepcionistas'. domüiicas, la E~carnación, la E~sei'ianza y ¡erónimas. 1 as reli criosas, especialmente las franciscanas y dom micas, tuvieron u11 papel i:nporta:ü<:: en la_educació11 de,nií"ías y jóveiies indi,g~nas. Ya en _1524 Hemán Cortés había soltc1tado el envw de rehgwsas a MeKico, Ademas, est1Lv1eron prescnte3 en tas colonias americanas algunas órdenes hospitalarias, como la de San Jllan de Dws. Desde el comienzo de la conqui,5la espiritual y ante el protagonismo creciente de las órdenes religiosas, el Vaticano q1iiso estar presente. y en 1568 creó la Congregación para la Conversión de los Infieles, buscando uu cierto liderazgo e1i el proceso. En 1622 comenzó a funcionar Propaganda Fide, con un objetivo misional relacionado con América. Sin embargo, España y Portugal se opusieron frontalmente a las reivindicaciones vaticanas impidiendo la injerencia papal. La evangelización de los indios se modificó a partir del Concilio <le Trent0, ya qne la preeminencia de las órdenes religiosas füe rele~ gada a un segundo plano en beneficio del clero secular y de los obispos, a tal punto que los nuevos monasterios de las órdlcnes religiosas deberían et'igirse en los territorios perifericos. La orden mcrccdan:::i tuvo una bbor misional discret.1 en bs coloni::is. Desde muy temprano, en 1514, fundó su primer convento en La Española. Los mercedarios habían sido los capelianes del ejército castellano durante la reconquista y prolongaron su papel en las expediciones de cmiquista, formando parte de las huestes de Hernán Cortés, Francisco Pizarra, Pedrarias Dávila y Diego de Almagro. Fn 1528 contaban con 30 miembros en Indias. Su labor evangelizadora con los indios se centró en Guatemala, Perú, Tucmn:in, Bolivia y Chile, aunque no supieron sacar partido de su posición privilegiada y s.:i.!vo el establecimiento de Guatemala, los demás terminaron fracasando. En sn labor apostól[ca siguieron el ejemplo de otras órdenes y crearon escuelas donde acudían los hijos de los indígenas que se formaban como catequistas. Los franciscanos fueron de !os primeros en evangelizar en el Nuevo Mundo y tuvieron mia clara vinrnlación con los descubrimicntrn antillanos. En l 505 habían establecido en La Española la provincia de Santa Cruz de las In• <lias Occidentales. La expansión de la conqnista requirió de nuevos misionerosqne, al 1gnal qne los conqmstadorcs, dejaron La Española para pasara Tierra Firme y posteriormente a Nueva España_ Pedro <le Gante y otros dos franciscanos flame1icos constituyeron el núcleo evangelizador de la conquista de México y en 1524, desembarcaron los edoce apóstoles)>, dirigidos por fray Martín de Valencia. La orden franciscana fue la más numerosa de cuantas pasaron a América y en 1527 contaba co11 varias provincias en Indias: las Anti-llas, México, Guatemala y el Perú. Fue la única orden en organizar un comisanato general, con sede en la corte, según las recomendaciones de Felipe ll y en lodo lo referente a la propagación de la fe terminaron adaptándose a las nor-


mus de b Co1\JE,rcsarn'm de fa PropJ¡p1ndu Las capuchina~, !dlHc\ franci'.'cdn<, de estricta obscrv;111c1a. se cst0bkncron en :\lkxico en / 665 y lncgu se e.\tend1eron por Gua1C11rnla y Lum1. l. ils clarisas, la primitiva rnma femenina franciscana, ctcscmbarcarnn en Querétarc• en l 607 y lL1<.::go fiindarül 1co11vemos en Perú y N11eva España. Las cla1·isas, como todas las ónlenes fornen inas establecidas en América, desarrollaron una labor búsicamente co1\tcrnplat1va y monástica, sm contenidos eciuc8tivos o evangelizadores y era frecucn!e ver SllS conventos de clausma poblados de h1ps de las oligarquías locales. En 1789 los franciscanos tenüm en América y Filipinas 24 ! conventos, 163 reducciones misioneras y 139 curatos y vicariatos de indios, con casi 4.200 religiows. Si bien los dominicos fueron la segunda orden rnendicanlé: en pasar al Nnevo Mundo, sn iníluencia fue relativamente mayor que su número: el 30% de los obispos nornlmdos en América ha.~ta la segunda dérnda del siglo xv1 habían sido dominicos. En 1509, quince años despnés que los franciscanos, llegaron a La Española los primeros l 5 dominicos encabezados por fray Pedro de Córdoba. Todos los integrantes de fa orden en América debían respetar la observancia más estricta, de acuerdo a la refonna 11npnesta a los conventos <lomimcos en la Península, sin embargo, el rigor ético de ]os dorniiiicos chocó con las laxas costnmbres de los colonos. En e! im:idenh: protagonizado por fray Antonio de Momesinos y su sermón de Adviento en Santo Domingo en 1511 se vio la resistencia de los encomenderos a las denuncias de los frailes, especialmente sensibles en algunas materias como las relacionadas con la cohabitación con las indígenas. Al igual que los franciscanos, los dominicos seguían la estela de los conquistadores, aunque su primer desembarco en México no fue acompañado por el éxito. En l 530 crearon la primera provmcia americana aLLtónorna, con sede en Santo Domingo, y dos años más tarde la Nlleva España se convirtió en una provinciaseparnda. lA)S dominicos participaron de forma casi exclusiva en la conquista de Nueva Granada y tuviernn 1ma grnn labor misionera en el Perú y Qnito. La llegada de los Jerónimos se debió a la voluntad del cardenal Cisnerns de plantear una solución de compromiso en la pngna entre dominicos y franciscanos por Jas encomiendas en La Española. En l 514, Cisneros había impulsado 1m plan muy ambicioso basado en las ideas de Las Casas para eliminar las encomiendas c11 la isla que llevaba a los indígenas a concentrarse en sus pneblos. Los jerónimos debían desarrollar la idea, a tal plinto que entre 1516 y l 519 tres priores de Ja orden ocuparon lagobemación de La Español::t y si bien no llevaron a la práctica las propuestas mús ambiciosas de Las Casas, sí impulsaron reformas importantes para debilitar el poder de los encomenderos. Con Carlos 1 en d trono, los encome11deros recuperaron terreno y el gobierno de los frailes llegó a su fin, tras lo cual regresaron a España. Aunqne su labor pastoral no es comparable a otras órdenes, dnrantc los siglos xv1 y xvn foeron nombrados obispos en Indias 17 frailes jerónimos. Los agustinos, otra orden mendicante, lkgaron a Aménca tras los fran" ciscanos y los domillicos. Su labor estuvo marcada por la construcción de

templos esplendorosos q11c ex p1·..::sa1·011 el 111cst!:2:<1JC entre la rnltnr:1 europea y fa rndígena. En J 533 llegó a Má1co un g:n:pn de siete monjes agu~tínos que desan:)]lÓ .s:11 bbm misional en las 1nn~s no ocup;1das pm otras fadenes. r\ partir de esa Feclw los agustil:os <lcsarr~I laron urn unpmtantt: labt;r rnis_ionc121 en el Nuevo tv!urnl.o y en hilpmas [:.! qrrey Mendoza los lkvo de Nueva Es¡x1ña al I'erll y füe entonces cnando la orden 8lcanzó su máximo esplendor. También e1icontramos algunos conventos ele agusluws, como los de Chuqmsaca y Santiago de Chile. La focha (k: la fundación de los jesuitas y el hecho de que en España sólo ]as órdenes mendicantes hubiesen sido a\ 1torizadas a pasar a Indias explica su tardía presencia en América. De hecho, los jesuitas Jlcgnrnn a Brasil 20 ai'ios antes que a la América española, cnando la Corona port!lgnesa les encomendó Ja evangelización de sus colonias americanas. Dura11te un tiempo, tcinto el Vaticano como la Corona cspañnla se negaron a que los jesuitas füesen a las colonias españolas. Un pedido en este sentido de l 538 fue denegado por el Papa y el Consejo de Indias rechazó en 1555 y 1558 la solicitud de dos virre~ yes del Perú de incluir je;,,uitas en sns séqtiitos. En l 565, bajo el reinw1o de Felipe II, comenzó n cambiar la actitud de !a monarquía española hacia la orden y en 1566, el Consejo de fndias los induy6 en la nómina de las órdenes nutorizadas a desempeñar su labor pastoral en Indias, aunque limitada a América del Sur. Desde Lima, lo::;_jesuilas se expandieron por Ecuador y Colombia v también por Chile, Tucumán y Paraguay. Finalmente, en l 5?1 Felipe 11 ac~edió a que se asentaran en México, adonde llegaron al año siguiente, Su preparación, especialmente en el estudio de las lenguas in~ígenas, les facilitó el desarrollo de su labor misionera en todo el continente. Esta alcanzó S\\ máximo esplendor en sus famosas reducciones, también conocidas corno misiones. Sin embargo, sn labor no se concentró en Ja evangelización de los indígenas, ya que la educación ianto de indios como de criollos fue un elemento importante de su cometido. De ah\ que colegios y universidades estuvieran vinculadas a sns conventos en las principales ciudades. En el colegio jesuita de Lima,por ejemplo, funcionó la primera imprenta pernana. Las reducciones eran concentraciones de indios de llna región ckterminada en uno o más poblados administrados según pautas occídentales, que dcbi:m permanecer aislados de la población española. Su origen se sitúa en los hospitales-pueblos creados por Vasco de Qniroga en Michoacán a partir de 1537, el primero de los cuales fue el de Santa Fe. En eJlos la organización social y el reparto de las tierras era comunal, siguiendo el modelo de Tomás Moro. Quiroga estimaba que el carácter ingenno y bondadoso de los indios, que contrast8ba con el alma corrupta de los europeos, facilitaba el desarrollo de la utopía de Moro en el Nuevo Mundo. En México, a estas reducciones se las llamó congregaciones. Uno de sus principales objetivos fnc la cristianización de los indígenas, ya que la cercanía a cnras y autoridades españolas favorecía su aculturación. Las reducciones más conocidas son las jesuitas, espe~ cialmente importantes en el Paraguay y zonas vecinas, que afectaban a los


indios guarnníes. Las primeras mislones, controbdas por algo menos de 500 jesuitas, se fundaron a comienzos de] siglo XVH y lkgaron a reunir en 32 pueblos cerca de 300.000 ind10s de origen guaraní. En el nmic de México las mi .. siones congregaron a 100.000 indígenas. Si bien se suele insistir en el aspecto utópico de las misloncs, éstas funcionaban baJo un régimen labora! muy duro y con horarios sumameute cs1rictos y reglamentados que hacían mella en el ánimo de los rndígem1s redtu.::ldos, cuya vida cotidiana se regía por el conrnnilarisrno. Las nusiones gozaban de nna amplia autonomía respecto al poder político, lo que era callsa de frecuentes roces coll los hacendados de la región, como se pnso de rnanifü.:sto en el enfremamiento librado por los terrntenicntes entre 1721 y 1735, pero también con las autoridades locales-gobernadores o corregictores--... Precisamente por esu los refonnistas borbónicos, ansiosos por reforzm el poder de la monarquía, tampoco los veían con J-menos ojos y fuero11 firmes partidarios de su expulsión de Indias. Los ataques de los bamleirantes, cazadores de indígenas provenientes de la región panfü;ta, cuyo p1opósito era veudercomo esclavos en Brasil a los indios, c011i1:~nzó a erosio-• nar la vlda de las misiones. Ústas recibieron un golpe mortal con la expulsión Je los jesuitas en l 767, que impulsó su definitivo declive. Desde su exilio eu10peo, !os jesuitas expulsados de América por orden de Carl0s III, idealizaron el papel de !as reducciones paraguayas en la promoción de los indígenas y cspcciRlmente su carácter utópico.

4. IEi dero sernlar La iglesia funcionó en América, al igual qne en Espilña, con una doble jerarquía que atendía a su componente episcopal y religioso. La jerarquía dioce~ sana, obispos y arzoblspos, se nombraba según !os procedimientos regulados por el Pat1onato. De este modo, el Consejo de Indias presentaba al rey una tema de candidatos y el monarca seleccionaba a uno, que era presentado al Papa para su n01nbrarniento yel Sumo Pontífice, en Hna medida simbólica, le otorgaba e! cargo a título personal y vitalicio. Las diócesis edesiástic;;is comenzaron a establecerse en [ndías a partir de 1508, cuando se decidió crear los obispados de Santo Domingo y Concep• ción, en La Española y San Juan de Puerto Rico. La mayor parte de los 42 obispados cre;;idos en América durante el período colonial fue paralela a la conquista. En efecto, durante la primera mitad del siglo xvi se fundar011 22 obispados, el 52%, mientras qne en la segunda rnilod ~ólo se cre¡¡ro11 9, el 21 % y el ritmo disminuyó en los siglos siguientes: 5 en el xvn y 6 en el xvm. Esto supone que eH el siglo XV\ prácticamente se había completado el esquema diocesano ameocano. Inicialmente, todas las diócesis se integraban en la provincia metropolitana de Sevilla, pero pronto se optó por separar a la Iglesia americana para evitar el control de Rorna. Los problemas planteados por la distancia y el tiempo requerido para solucionar cualquier cuestión hicieron

·;vidente, en el siglo xv1, la necesidad de establecer arzobispados rn Indias. Así. en l 504, se creó la archidiócesis de Yaguata, luego Santo Domingo, (fllC controlaba el Caribe y la costa de Tierra Firme, y de la qne dependían las dióª cesis sHfragáneas de Magua y Baynúa. Postc1iormente se crearon nuevas sedes arzobispales y obispales e11 centros de importancia politica, como México, ,.;uyajurisJicción iba de Guatemala a California; o Lima, <le Nicaragua a Cuzco, A medida que avanzaba el proceso de conquista y colonización los esquemas previos se iban quedando obsoletos y pronto se ampliaron los límites del arzobispado de Lima para incluir a Chile y el Alto Perú y ~e crGÓ el arzobispado de Santa Fe de Bogotá, que co11troló el territorio entr" Nicmagna y Quito. A fines del siglo .xv1 había cuatro archidiócesis (Santo Domingo, México, Sarna Fe de llogoUi y Lima) con 26 obispados. De Santo Domingo dependían ¡05 obispados de Santiago de Cuba, San Juan de Puerto Rico y Coro; de México, Guadalajara, Valladolid, Puebla, Antequera, Chiapas, Mérida, Verapaz, Comayagua, Guatemala y León; de Santa Fe de Bogotá. Cartagena y Popa-yán; y de Lima, Panainá, Quito, Trujillo, Cuzco, Arequipa, La P!ata, Asunciím, Santiago dd Estero, Santiago <le Chile y la IrnperiaL En el siglo xvH se produJC!Oll ;;ilgnnos cambios: La Plata se convirtió en arzobispado y pasó a controlar los obispados de La Paz, Mlzque, Córdoba y Bttenos Aires, Tmnbtén se crearon las sedes de Dttrango, subordinada a México; la de Carneas, en Jugar de Coro y dependiente de Santo Domingo, la de Santa Marta, de Santa Fe de Bogotá; y la de Huamc1nga, de Lima. En las primera,q décadas del siglo XVI la escasez de wpn:sentantes del clero secular para dirigir las parroquias y doclrmas hi:lo necesario recurrir con bastante frecu.encia a los miembros de las órdenes religiosas. Esto provocó frecuentes conflictos de autoridad: ¿a quiénes debían obedi.encia !os rdigio-sos que trabajaban corno párrocos o doctrineros, a los obispos o a sus superiores jerárquicos, básicamente los provinc-iales de las órdenes" Por eso se p11ede afirmar que el clero secular respondía d1recramente al rey, que era qnien lo había nombrado, mientras que los regulares tenían sus compromisos con los priores de cada orden. La escasez de personal religioso no sólo se hizo sentir en los 11íveles iuferiores de la _jernrqnía, sino también en los más altos, a ia! punto que 142 de los 214 obispos nombrados <en el siglo xvr pertenecían a alguna orden. También había conflictos jmisdicc10nales entre obispos y pro .. vinciales por una parte, y autm·idades laicas por otra. Estas últimas, en uso d.e !os derechos del patro1wto cedidos por el monarca, creían estar JllSlificadas para entrometerse en la labor de las autoridades eclesiásticas. Los problemas juris<liccioaa[c:s, de obediencia, de competencias, admlnistrnlivos o doctri11arios eran coustantes. Para 1nte11lar solucionarlos se crearon los cabildos diocesanos, que funClonaron como órganos consultivos y de asesoramiento de los obispos. Su tamaño dependía de la unportancia de !a diócesis a la que estaban vinculados, pero sus lntegrantes solían representar intereses contrapue~tos, lo que a menudo dlficultab;;i la toma de deci-


siones o c!lcanzar acuerdos consensuados. l'or encuna encontramos c1 lo,, sínodos y concilios dioccs:mns, mús c,:111r;_Hlos c'.11 cucstwnes doctrinarias ( corno Ia evangcl i7ución de los nntivn:-; ). U1~c1rl mares o pasto mies. Los concilios provinciales 1·c11111ún de los obispos ele una arclwliócesis pres1dulos por el arzobispo---· comenzaron a rcc1l izc1rw pma curnpllT con las disposiciones establecidas en e! Concilio de Tren to. lnicialrnente los realizaron los arzobispados de México y Lima, a1mque hubo 11lgrn1os en otu~ diócesis menores. Su principal objdivo era procurar la evangelización de los indios y atender las obras de carácter local. Corno las disposiciones iniciales esrnblecían que los concilios se debían reunir cada tres años, Felipe/[ solicitó al Vaticano, dadas las enormes rlist,mcias y las dificultades de comunicación en las colonias, que en Amén ca el plazo se ampliara a cinco arios_ Posteriormente, este pLno se extendería a siete ( l 584) y doce afios ( 161 O). Sin embargo, lo m:'is común era q11e los plrtzos no se cumphcrnn, como ocmrió en México, donde el arzobispo Montllfar convocó los dos primeros, celebrados en 1555 y 1565. Entre 1551 y 1629 se celebraron l 1 concilios provinciales, mientras que en el siguiente siglo y medio no se realizó ningnno. Lo~ síno-dos, la reuní ón de un obispo con el clero de su diócesis, trat::iban de los asun•• tos discip!inares o pastorales del ob¡spado. En las diócesis se crearon tres tipos diferentes <le establecimieutos cele• siásticos: las panoqnins, las <loctrims y !as misíones, aunque estas últimas no dependían directamente de los obispos. Las pn1Toquias se establecían preferentemente en ciudades con una ::ipreciable población blanca y a su frente se solía situar un. cura párrnco, que era reemplazado por tm miembro del clero regular cu::indo no había representantes del clero secular para cubnr las vacantes. Las doctrinas, al igual que las encomiendas, eran parroquias rurales co11stituídas en los territorios donde se; encontraban los gi u pos indígenas sedentarios y sus cabeceras solían estar en el asentam lento más importante de llna región. Ern frecuente que se recurriera a la autoridad del cacique para que las comunidades mdígenas prestaian su colaborac1ó11 en !a construcción de la iglesia y el sostemrniento del cura, que era conocido con el nombre de doctrinero. Doctrinas y encomiendas solían estar relacionadas entre sí, ya que toda encomienda debía tener w doctrina para asegurar la evangelización de los indígenas a cargo de un c11comcndero. Como los encomemkros 110 se preocupaban de instruir religiosamente a !os 111dios ni solían estar capacitados para hacerlo, debían contratar a los curas y pagarks sus salarios con los mgreso~ provenientes de los tributos abomi.dos por la comunidacL Al [gua] que en las parroquias, los doctrineros, especialmente durante el período de la conquista, solían ser regulares, ya que las órdenes religiosas aceptaban por !o gcner::il que sus miembros se vinculara11 cnmo doctrineros a las encomiendas. Las misiones solían ser un elemento 111inmi1.mio y periférico en d mundo colonial y se situaban en regiones no controladas directamente por las autoridades coloniales, donde ewn frecuentes las re bel ion<e:s rndígcnas que ponían en peligro la inkgridad física de los misionero.-,.

La escasc; (k sacerdotes en parroq11ias y Juctri:rns llevó a fomentar las vocaciones rndíg<.'nas d('.s()e f'echc1s ternprnnas, i.li111quc fue un objetivo dificil ck cump!ir. Scc pensaba que los cmas rn<lios, especialmente si pertenecían a ]a nobleza indígena, podían tener un mejor impacto sobre sus connacionales, sobre todo si hRblab;m en su propia le11g11a y mane_jaban sus propios códigos. La creación de! colegio de Tlatelo!co, próximo a México, no cumplió con las expectativas al reclutar a pocos hijos de caciques con vocación religiosa. A los alumnos indígenas les resultct.ban extrañas algtmas normas que se debían observar, como el voto de castidad. Aute estc1. realidad, el primer concilio me-• xicano restringió el acceso de los indios a !os sernmarios. Dehido a las nnmerosas quejas sobre el funcionamiento de los doctrineros, en la segunda mitad del siglo xv1 se prohibió nombrar c:n ese puesto a los sacerdotes que desconoci<0ran la lengua de los mdígenas q1ic: iban a evangelizar. lnclusive se planteó la posibilidad de que realizaran un examen ames de tomar posesión de la pla~ za en cuestión. Ante el cúmulo de protestas elevadas a la snperioridad y la falla de material para profondizm e! estu<lio de un::is lenguas que muchas veces no lt:nían ni vocabularios ni gramáticas, la exigencia se limitó a una serie de lenguas Harnadas generales por estar su uso más difundido entre los rndígenas de las diferentes regiones. Tal foe el caso del núhuatl, quechua, aymará, chibcha y maya. La necesidad de contar con obras para e! estudio de las len: guas indígenas y con libros en dichas lengnas para desarrollar la evangelización (gramáticas, catecismos y confesionarios), impulsó la presencia y e] desarrollo de la m1prenta en Indias. Esta política de difusión y apoyo a !as le11gnas indígenas se abandonó en el seg1mdo enarto del siglo xvn, cuando la Corom apostó claramente por el nso del castellano en detrimento de las lenguas locales.

5. la Inquisición en América La actividad del Santo Oficlo fue inferior a su modelo metropolitano, en parte ?orla prohibición de que moros, judíos o herejes pasaran a Indias, y tambien por la tardía creación de sus tribunales, algo refon-:ado por s11 menor implantación en los dos virreinatos. En 1568 se decidió la creación de los tribunales de la Im¡rnsición, inicialmente ~ólo establecic.los en Lima (1570) y lY_léxico (1571), ;;i bien la im,titución estaba presente en Indias desde princi•pios del siglo XVI. En 1610 se creó un tercer tribunal en Cartagena de lndias que colaboró al desarrollo de la ciudad_ Ante los coniportamientos alejado~ de la ortodoxia de algunos sacerdotes y monjes, especialmente en el trato con las muJeres indígenas, se pusiernn en marcha los mecanismos de control interno, ya que la vigilancia de los cclesi:isticos correspondía a fa Inquisición. De este modo, !a relajación del clero motivó algunas acusaciones e11 su contra de las altas autoridades coloniales en 11so del Patronato y condujo .ague se dotara desde 1517 a todos los obispos americanos de poderes inqlüsÚ;riales·. Én


IS 19 se nombraron comisarios de la Inquisición para algunos territorios mnericanos. Dadas las peculiares caractu)sücas de b Inquisición americana, su actividaJ fue inferior a lo que ocurria en la Pcninsula. Tanto en número de penas como en calldad, las condenas no eran comparnbles a las aplicadas en España. En Lima, en los dos siglos y medio de existencia del Santo Oficio, sólo se dictarou JO condenas de muerte, aunque el problema indigena no caía en su órbita directa de influencia y por lo general era abordado desde otra perspectiva, por miis que los tribnnales de la Inquisición sustanciasen alg11nas causas contm los aborigcne.~ a pesar de !,1 teórica prohibición <le ocuparse de !os mismos, Su cometido era evitar la corrupción del catolicismo entre los europeos, para lo cual habia que combatir a los judaizantes, a los protestantes y a los sospechoso,~ de brujería. En Brasil nunca funcionaron tribnna!es propios, y sólo en situaciones muy concreta$ se solicitaban tribunales a Lisboa.

la demografía colonial

La conquista ibCrica tuvo uu fuerte lmpacto demografico en lils sociedarls::~ americanas, especialmente en !os siglos XVI y XVll, aunque algunas zonas margimi!es lo sufrieron en el -~ig!o xvw, al entrar en contacto con los europeos. En el Caribe, las poblaciones indigcnas fueron diezmadas por las enfámedades hilsta tal punto que unas pocas décadas después del descubrimiento tasi no quedaba rastro de las poblaciones aut6ctrnras. Euel interior del continente, especialmente en los altiplano,~ densamente poblados de México y los Andes, e! choque fue brutal y d descenso demográfico intenso. Lo fue un poco me~ nos en los territorios de menor densidad y escaso interés económico, donde la distanci11 y la falta de contacto entre los pueblos frenarou el coutagio. A! cabo de un tiempo, más o menos piolongado según las regiones consideradas, se prodtrjo la rccuperaci6n demogr:ifica. Pma entonces, las enfermedades ya eran endemicas y las poblaciones nativas se habian vuelto más resistentes al dcsarrullar nutodefensas. Las causas de la debacle demogr:ifica fueron varias, pero el principal factor debe buscarse en los agentes patógenos aportados por !os conquistadores qne hicieron múltiples estragos y, en muchos caso~. se adelantaron a la llegada de los europeos. El impacto sufrido por la población del Caribe fue mayor que en otras regiones del continenie, ya qt1e por su cartlcter insular y su e~ca8o contacto con el exterior sus habitantes hablan desarrollado un dclicadu y quebradizo equilibrio biológico. Se trata dt un fenómeno conocido en Canarias y otros archipi6lago8 atlánticos, que se repetirla en algunas J,q!as del Pacifico, corno Hawai, Australia o Nueva Zelanda, En Filipinas e! fenó-


meno no tuvo la misma inknsldac~ dado e! Cu1crte 11i1'd ck intercambios con el continente r1siático. ,,,Cuál era el t11mai1u de la r1oblación americana en el momento ck la conqmsta'l Una pregunta sencilla debería tener una respuesta igualmente s.enciHa, pern en este caso existen posturas encontrudas, si bien es cierto que las últimas lnvesticracioncs han enterrado práctica1n,;;:ntc la polémica. Aunque las respuestas os~ilaban inicialmente entre los l O y los 100 millones de habitantes, los trabajos más recientes se sitúan sobre los 50 millones y más cerca del máximo que ele! mínimo. En cualquier caso, el cálculo de la población americana no es sencillo, tanto por la ausencia de fuentes escritas como por la idcologizaClón de décadas anteriores, al haber girado en torno suyo gran parte de la disnisión sobre la Leyenda Negra y los excesos de los españole~ durante la conquista y colonización. La pregunta sobre el tamaño de la población ü1.rnbién la forrnubron los conquistadores preocupados por la caída constante de !a pohlación indígena, que afectaba el tamaño de sus encomiendas y su nivel de ingresos. En un principio, la cantidad disponible de mano de obra y laposibilidad de contar con indios para repartir entre los encomenderos o para vender como esclavos fueron elementos que influyeron en la conquista. No es igual invertir grandes sumas <le <linero y el esfuerzo personal e11 conquistar territorios densamente poblados que en otros marginales y con escasez <lepoblación o con indios difícilmente reductibles.

l. El choque demográfico La llegada de los europeos y de los esclavos africanos al continente americano y el choque con las sociedades indígenas precolombinas u originarias tuvieron un serio impacto sobre estas últimas. En primer lugar, desde un punto de vista cuantitativo, la conquista provocó un desastre demográfico, pudicn-do contarse por millones la merma ele la población local. Las repercusiones demográficas no se limitaron al hundimienlo poblaciona!: hubo que hacer frente a epidemias y enfermedades desconocidas, a ritmos de trabajo para los que no se estaba preparado, a choques culturales, a desplazamientos forzosos, al mestizaje, a compartir los campos de labor con un ganado extraf'io que inicialmente competía por !os recursos alimenticios, todo lo cual afectó la forma de vida de los indígenas. Para medir cabalmente la magni l11d de la catástrofe demográfica producida tras el descubrimiento, conquista y colonización del mundo americano, es necesario establecer con precisión el tamaño de la població11 originarla antes del inicio de dicho proceso. Sólo así podremos ver lo que pasó entre finales del siglo xv y mediados del xv1, cuando ya se conoce con bastante exactitml d tamaño de la población local. Lo más difícil es calcular los habitantes anteriores a 1492, al carecer <le documentos escritos y trabajar con estimaciones. Últimamente se ha avanzado e11 el conocimiento ele! pasado y en el tamaño de

la población americana. Sin embargo, las inquictu_dc_s actmdes de demóg_r~-fos, geógrafos y antropólogos van por derroteros d1stmtos a la mera rna~t:bcaciún, al importar otros aspectos vinculados a la estruelurn y compos1c1ón dt; la población, algunos reflejados en las pirámides demogrMicas, como el tamaño y la forma ele los núcleos familiares, lils tasas de crecimiento, la incidencia de Ja natillidad y de la mortalidad, especialmente la infantil, etc. Las cifras no son neutrales. Cuanto menor fuera el tamaño de la población en 1492, menos indios habrían muer1o a consernencia de la conquista, lo que permitiría concluir que la llegada de los europeos no tuvo graves consecuencias sobre las sociedades mdígenas. Estaríamos ante la Leyenda Rosa de la conquista. Por el contrario, si la población hubiera sido considerable, los muertos podrían contarse no por millones, como en el caso anterior, sino por decenas de millones, permitiendo a más de un ensayista hablar <le genocidio. Ésla es !a versión de la Leyenda Negra de la conquista ibérica, que carga las tintas contra la presencia española en América, describiéndola como bmtal y aniquiladora. Por un lado se hablaba de una contracción de 13,3 millones de habitantes en 1492 a 10 millones en 1650, con una merma del 25% de lapobhción inicial. Pese a su escasa cuantía, la pérdida de la cuartel parte de tapo-b!ación en un siglo y medio es una disminución muy füerte. Del otro lado, !as cifras que se m~nejan van de 90 a 112 millones de personas en 1492 y 5 a 10 millones a mediados del siglo xvu, lo que supone una catllstrofe, ya que sólo habría permanecido con vida entre el 5% y el 10% de la población inicial. Más allá de la «teoría homicídica>> que habla de genocidio por el extenninio de etnias enteras producto de la rapacidad y la violencia europea durante la conquista, lo cierto es que en este desplome demogrftfico concurrieron causas diversas. Entre ellas, las epidemias aportadas por los conquistadores, que füeron el principal efecto de la mortandad tal y como insiste Nicolás Sánchez-Albornoz, sin despreciar por ello el efecto psicológico y socioeconómico de la conquista. A esto se suma la llamada desgana vital, una situación de crisis anímica causada por el brntal choque cultural de la conquista y la ruptura de las formas tradicionales de los aborígenes de vivir y producir, que provocaba abortos naturales o voluntarios, m11ertes por inanición, etc. También hay que tener en cuenta la explotación de los indios a niveles a los que no estaban acoslumbra<los y las abnndantes bajas en combate, aunque éstas no provocaron la catástrore.

1.1. El factor epidemiológico Algunos autores como Sherbume Cook en una obra de 1947, apuntan la posibilidad de que la población americana hubiera llegado a su grado de saturación a fines del siglo xv de acuerdo al nivel tecnológico y a los sistemas de producción de alimentos disponibles. Esta situación límite explicaría el impacto de las epidemias y la desestructuración social y económica impulsada


por la conquista. Seria posible incorp0rar a nuestrn anú!is1s el efecto ele la conq11ista europea sobre las sociedades mdígenas a partir del delicado equí]i .. b1io existente, ya que en esa sí tunción cualq mer influencia extraña podría ha" bc1 llevado al colapso. En apoyo de esta interpretación se menciomm las distintas formas de control de ln población ck ia época prehispánica, mllchas de frecuente ut iliz11c1ón. como los aborto.~ provocados o los infanticidios, u otras más sofisticadas, como las guenas floridas de los aztecas o los sacrificios humanos ofrecidos a los dioses por los tupis guaranís. El unpacto epidemiológico se vincula a las defensas inmnnológicas de•• sanoHadas pm los americanos. que carecían de respuestas adecuadas frente a las enfermedades importadas de Europ;i (véase Cuadro 6.1 ). El efecto devastadonle la viruela, el sarampión, lagnpe y otras enfermedades desconocidas füe incrementado por la c,ituación de la población local, que debín enfrentar las crisis de subsistencia provocadas por la conquista y su propia desmoralización. La conquista había modificado los modos de vida, rtlimentación y Ira• baJo de los indígenas. A esto hay qnc sumar el carácta recurrente de las epidemias en unos intervalos muy cortos, de modo que nna poblacióJJ debilitada por tui a epidcmla recibía trn,~ lm c1ato tiempo un nuevo golpe, de efectos más letales ( véanse Cuadros 6.2 y 6.3) México, por ejemplo, <lebió soportar entre la conqut~t,1 de Cortés y el comienzo cid siglo xv11 una epidemia cada 1O o

12 mlos. Hasta hace poco 1iernpo se pensaba que la virnc!J había sido !et primera epidemia en llegar a Arnénca. Esta epidemia, que en J5 l 9 se cebó con bu<ena parte de la población de La Española, también golpeó a México-Tenochtitbn durante el ce.reo de Hernán Cortés y de allí ~e prnpagó a América Central. El

Cuadrn 6.1. Estimación de los niveles de mor-tandad por pandemia y fechas Enfermedad Gripe(?) Virnela Sarampión

Tifos Peste neumómca Sarampión Viruela Sarampión

Tifos Sarampión Saramplón Tifos ,.

~é

--~~·---

,

·---·••-''

Fethas

PQrtenfaje

1494-1514 1519-1528 1531,)534 154~-1546 1545,1546 1557al.'i63 1576-1591 1576-159 l 1576-1591 1595-1597 16! l-16!4 1630-16')3

20% 35% 25% 20% 15% 20% 20% 12% 15% 8%

Cuadro 6.2. Prirodpaies brotes epidémicos en América Latina (1519-1.633)

América Central

]595 1604 1613-1614

Viruela Ammnpión Tifus, peste neumónica Paperas Sarampión. paperas, gripe, difteria Tifos, vimela, sarnmpión, paperas Sarampión Sarampión, tifus, paperas Viruela, sarampión

1630-1632

Tifos

1519-1521 1531-1534 1545 1550 1559-1563 !576-! 530

1524-1528 1531. 15:J} 1546

Vrrndfl. Saiampión Tifus, peste neumónirn

1557-1562

Viruela, sarampión, gripe

1585-1591

Tifus, viruela, sarampión

1597 1606 1611-!614 1618 1630-1633

Barampió11 Difteria Sal'ampión, tifus, difte!Ífl. Sarampión

Tifos

fuenl~: Noble D. Cook, ,,Epidemias y di,1iÍ1nica demogtá!icm>, fliS/é>i-in genera/ de Amid([i Latina. H,Madrid,2000,p 3l]

!

brote se vincula con el qlle nzotó al Perú en 1524. Sin embargo, hoy sabernos que en el segundo viaje de Colón la influenza o gripe porcina se cebó primero en los expediciorwrios y luego en los arawaks, los nativos de La Espatlola, produciendo un gran número de víctimas, ya que, como señala Francisco Guerra, a medida que la enfermedad avanzaba, los nativos morían por miles. El foco infeccioso se extendió a Puerto Rico, Cuba e inchlso a las Bahamas, <lado que los medios de navegación indígenas permitían los contac1os interinsulares. La primera epidemia de sarampión en América tuvo lugar a partir de 1531, en Prmarná y la Florida. Las sociedades americanas conocían y soportaban nurncrosas enfermedades cansadas por distiutas variedades de parásitos gastrointestinales y otros males asociados que también contagirtrian a los eu-

Cuadro 6.3. Posibles pandemias en América, por enfermedad Epidemia

Gripe .. Viruela .. Tifus .. Sarampión..

8%

10%

América Andina

--,·--•-, ., .

Pestem:rnnónica

Fedu1s 1494-[514 1519•1528/ 1576--1591 1545- l 546 / l 576· 1591/ l 630- ! 636 153!-153411557-1563/ 1516-1591 1595-1597 / 161 H614 1545-1546

n~.,,.--,..~-~•.

Fu~nte: Noble l) Cook, «Epidemias y dinám;ca demogrílfica», His/urw geneml de América La//¡¡o, t ll, Mudri<l, 2\JOO" p. 316.

Fu~n!e. Nnbk J), Cnok, «Epidemias y dinámica dernt1grMi(a», fhsloria geMra/ de Amél'ica Ultina, t. ll,Madrid, 2000, p. 314.


ropeos, como fa !cishmanios1s Si bien la sif"ilis fue: (;on casi totcil segwi,lad un aporte mncricano, con respecto a la malaria los hisloriadores de lit medici" nn no se po11c:11 de acutrdo. !\hora bien, pccse a la importancia <le lo~ agentes patógenos, no hay que menospreciar el impacto bélico ele: la conquista. 1V1ús allá ctel escaso poder letal de las armas disponibles, las guerrns de conquista se cobraron numero5as víctimas, especialmente cuando se enfrentaban grandes ejércitos, que en el caso de los españoles era produclo de alianzas con pueblos enfrentados al núcleo imperial que se combatía. Se estima que en el sillo de México--Tenochtitlan murieron 200.000 indios, no sólo aztecas, y que en algunos valles peruanos la mortandad masculina durante la fase inicial de la conquista llegó al 80%. El sistema de tributos impuesto por los españoles también tuvo su im• pacto, aunque estuviera basado en esquemas desarrollados antes de 1492. Los conqmstadores sometieron a las economías de subsistencia indias a un esfuerzo sobrehumano y creciente, mientras que el pago del tributo, prácticamente constante, debía soportarlo nn nlm1ero cada vez menor de individuos. Esto suponía un incremento considerable en !a explotación de la mano de obra rndígena, a lo que habría que agreg11r los sistemas de trabajo forzado desarrollados en diversas regiones. Hay cifras para totlos los gnstos, que oscilan entre !os 13 a 15 millones planteados por la corriente conservadora, representada por e! argentino Ángel Rosenb!at y J. H. Steward, y los 100 a 112 millones de H. E Dobyns. Las cifras más consistentes para la población continental giran en torno a los 60 y 75 millones, por tm lado, y los 100 millones por el otro. Un siglo después del desct1brimiento, la población autóctona se habla reducido a 5 o 1O rni!!o" nes de indígenas (véase Gráfico 6. l ). De todos modos, a fines del siglo xvn la población irnlia era i11ferior a la décima parte de lo que hahía sido en 1492. Las divergencias existentes se csxplican, en parte, por !a diversidad de las füentes. Los primeros dlcnlos tlemográficos utilizaron algunas fuentes oficiales españolas, como cuestionarios admínislrntivos o Relaeinnes Geográficas, rcspondídos pocos años después de la conquista, pero también otros documentos como los ínfonnes de las autoridades encargadas de inspeccionar las encomiendas, registros parroquiales y padrones de indios tributarios. La ingente rloeumentación de los archivos es irregular, con huecos geográficos y cronológicos, lo que hace difícil construir series estadfatícas completas y ho-• mogéneas. A esto se añaden otros problemas. Por ejemplo, los padrones de indios tributarios sólo contaban el número de indios varones entre los 15 y los 50 años, es decir, los cabezas de familia. Para calcular la población a partir de ellos es necesario hallar un coeficiente que exprese el tamaño de la familia media. Por lo general se extrapola el valor del coeficiente de una región determinada y una época concreta, lo que puede provocar importantes diferencias de cálculo. Por eso, las investigaciones más recientes apuestan por otro tipo de fuentes, como los recuentos demográficos precolombinos; el número y dimensión de las concentraciones urbanas, importante para las altas culturas; o

Gráfico 6.1.

Modificadún de h1 pobladi'rn ;ihodgen amerkam, (1492-16:Li)

75

50

25

o fuenk: Nnblc

1.500 l)_

1.550

Cc)[)k. «F¡mkrnia; y d,~~mica dcmogl1ifíca,,, lfislarin g,mem/ de A,,,Jr,ca ÍJ<IH>a.

t Jl,Matlrid,200Cl.p 318.

los esqueletos, que pueden informar sobre la.esperanza de vida. Tam~i~? s~ calcula la producción de alimentos y su capacidad de sostener a l~,robl,tcion d partir tle Ja clase y extensión de los cultivos y su tipo de ,rroducc1on. Hasta Ja segunda mitad del siglo xx los cálculo~ ~olianser conservador:sPor un lado estaban los que cuantificaban la poblac10n proyectando el ta mano <le ese cnt~nces hacia atrás, como Sapper o Kroeber. L~ego tenemos a l_os mencionados Rosenhlal o Steward, que basaron sm invest1gac1ones e~ fuenses españolas para llegar a resultado~ mini111_:1!tstas. Entonces, cmn:nz~ l~- r~vi~ sión de fas cifras a partir del traba_¡o de la Escuela de Berkeley. Su~ pnncipales representantes, Woodrow Borah, L. B. Simpson y S. Cook, se centraron ~n sus cálculos sobre México para descartctr radicalmente los guansmos anten_ores. A partir de estos trabajos, otros autores como Dobyns y Charn_m extendieron sus conclusiones al conjunto del continente americano y pudieron constat~r ,ma brusca caída de la población indígena, prolongada casi do5 siglos desp11es tle iaconquista. . . Las estimaciones basadas en la capacidad de producción a'i!ment~na u otros métodos similares parlen de márgenes <le error considerables. Segun estos criterios, un estudio de .Tohn Duram\ sefia!a que la población de todo el continente americano en el año J de nuestra era oscilaba entre los 7 Y los _17 millones de habitantes; qt1e en e! año 1000 la población se situó entre los 22,Y los 53 millones; y en el 1500 entre tos 32 y los 63 milkmes. Mientras en Ame-


·.~ t

rica del Norte, entre f'I año l y el 1500, la densidad siempre se mantuvo por debajo de un habitante por kilómetro cuadiado, en Amérrca Central y América del Sur :;e llegó a casi 4. Corno ha señalado Esther Boserup, existe una corrdación entre la densidad de la población y el sistema de producción de alimentos, producto de un prolongado procew histórico que afecta al volumen demográfico de una sociedad y a las diferentes tecnologías utilrzadas para producir alimeirtos. Según los estudios de Cook y Bornh, la població11 de México central en el momento de la conquista era de 25 millones de habitantes (calculaban entre 18 y 30 millones según s11 m.i.rgen <le error) de los cuales sólo quedaban 17 millones cuatro años más tarde, 6 en ! 548, 3 en 1568, 2 en l 580 y sólo 750.000 en J 630. Esta cifra supone el 3% de la población inicial, es decir, una contrncción de! 97%. Si extrapolarnos las cifras de México al resto del continente podríamos hablar de 75 millones de habitantes en 1520 y sólo de 5 a 10 millones un siglo más tarde. En México, a! rgual que en las restantes regiones, el descenso demográfico no tuvo la misma m!cnsidad ni el mismo ritmo en todas partes, siendo las zonas más afecté!das las tierras bajas y las zonas costeras, mientras que el altiplano y la serra11ia resistieron mejor el impacto de la conquista y la colonlzacióu. Aun sr se estima la población de México central en la mitad de lo propnesto por Cook y Borc1h, el descenso fue lle! 94%, con una caída de la población de 12 millones a 750.000, una cifra sobre la que no hay grandes divergencias. En Yucatán, donde l::i población maya atravesaba una situación crítica ames de la llegada de los españoles; sus 800_000 l:rabitaBtes se contrnjeron en u1I 80% a lo largo del siglo xvr. El Caribe presenta mayores problemas que México. Las estimaciones totales para 1492 son de 1 millón de habitantes, reducidos en 1520 a unos 16.000, !o que expiicmb la temprana presencia de esclavos negros. Las cifras aportadas para la isla de La Española oscilan entre los 100.000 y los 200.000 habitantes, o quizá más, pero ya en 15 l 9 había menos de 20.000 y en 1570 apenas quedaban unos cientos de sobrevivientes. Un trabajo de Frank Moya Pons sobre la población de la isla a partir de un padrón de 1514 plantea la nistencia de 500.000 habitantes en 1492. Moya Pons intentó mantener las unidades políticas y de parentesco p1ehispánrcas y se encontró con que las unidades habrtacionales indígenas, casas y poblados, seguían presentes, aunque con algunos cambios. En sus cálculos distribuyó a la población en cacicazgos, pero le llamó la atención que en 1514 la mayor parte de los caciques fueran mujeres, ante la patente ausencia de hombres. En América Centrnl, Murdo Mclcod abordó la cuestión desde una óptica regional, ante las marcadas diferencias existentes entre unas zonas y otras. En todas ellas se percibe una rápida caída de la población indígena, ya que la viruela diseminada a partir de México o del Caribe se había cobrado un tercio de la población regional antes de la llegada <le los conquistadores. Hacia 1520 había nnos 600.000 indígenas tributarios en Nicaragua, convertidos en 30.000 en 1544 y 6.000 en 1560-1570. En Honduras la evolución fue similar:

400.000 >1-ibularios en 1524, J5.000 en 1534 y 8.000 eu 1570. Si bien las cifras íniClales se pueden considerar algo elevadas, son mdicativas de la existencia de una población wnsidernblc al mielo de la conquiste\ y de una fuerte cmrtracción demopfifica posterior, debida, entre otras consideracimres, a la esclaviiud de los rndigenas ccntroamcrrcanos y a su exµortacióu a Méxíco, Perú o Panamá. Para la zona andina disponemos de rníls dalos que para el Caribe. En Co•• Jombia se pasó de 232.407 indios en 1537 a 168.444 en 1564, según las fuen•• tes tributarias usadas por Juan Friedc y Germán Colmenares En 1636, tras un siglo de ocupación española, sólo quedaban 44.691 personas, menos de la quinra parte del número original, aquí también con grandes diferencias regionales. En Perú, gracias a los trabajos de Noble D. Cook se habla de unos 9 millones de indios en 1530, de ellos entre 6 y 8 pertenecerían al Bajo Pen'.1. En J 570, la cantidad de indios en la zona había bajado a 1,3 millones y a 600.000 en l 630. A las causas aportadas por la conquista hay que sumar el estado de guerra permanente qnr precedió a Pizarra y que se cobró nmnerosas víctimas. También aquí hay desigualdades regiouales: si en la sierra la caída füc del 44%, en la costa llegó al 65%. Para el Alto Pen"i, los eswdios de Nicólas Sáirchez-Albornoz y Nathan Wachtd, cuyos prnneros datos son de 1572, ha, blande un fuerte descenso demográfico, aunque más tardío que en otras regiones Lo que se ha planteado de un modo general para el conjunto de América se puede analizar de forma más detalla.da el'. Chucuito, Perú. Según datos fo" hacientes se sabe que a fines de la década de 1520, jmto antes de la llegada de Pizarra, había 20.280 indígenas tributanos, vaiunes comp1endidos entre los 30 y los 60 años de edad, que representaban a 170.000 personas. Esto permite establecer un coeficiente de 8,38 personas por tributai io, calculando sólo a los hombies mayores de 30 años_ En [567, el visitador Diez de San Miguel en~ contró 63.012 personas, lo que implica que en 40 años la población se había rcdllcido en dos terceras partes. Con este ritmo, la despoblación índígena era considerahlc, ya que cada 20 o 25 años la población se reducía a la mitad. Se vivía una situación inversa a la existente en la segunda mirad del siglo XX en América Latina, cnando la población se duplicaba cada 20 o 25 años. Ahora bien, no cayú sólo la crwntia de la población, iambién disminuyó el ramaño de las familias indígenas, al igual que en otras regiones del continente, como Santo Domingo o Hmmuco, en los Andes centn,les, donde la familia promedio pasó de ó integrantes antes de la conqurstaeuropea a 2,5 en 1562. La recuperación de la población indígena fue lenta, desrgnal e irregular, con importantes variaciones regionales. A mediados del siglo XVI, unos 7.000.000 de persona~ poblaban las 1n<lias, de los cuales 5 millones eran indios (un 71 %), 735.000 negros (l 0,5%), 659.000 blancos (9,5%), mientras que el otro 9%i lo formaban mestizos (400_000) y mulatos (240.000). A lo largo del siglo xvu la crisis permanente que se vrvía comenzó a remitir, como resultado tanto del reforzamiento de sn sisrema inmunológico como del in-


·,--:;;~~a (k \as tierras n.::ci,'.:n descubi,crt:-is. Parn que L10 mtluyeran negativaar -1 · t 1 1 1 ·¡ · · 1

,. ,.,, ¡, conv,:rsion v ,.::van ge 1zac1on te os m( L<lS, se pro 11110 a entrada a 1 ¡nen<-•"'' _ - y a ··cnc1lqlllC!' comlcnado por la lnqrns1cion, __ , La ky . ¡ o• riscos, f:Jtanus j\l(!v~, 010 ~ . . , . . ,, . Jitaba d paso de extranjeros y. en nn pnnc1p10, de los subd1tos ele la Corona ' · · ¡ c d l C , . · )deAr;igón 10 que debian soltc1tar licencia a a .asa e a ontratacion :,¡ quenan einigrar al Nuevo Mllnclo. Pese a la obligatoriedad del permiso y a la rígidez de ¡ controle:., en algunas coyunturas concretas corno la conquista del Perú 05 había una mayor permisividad para favorecer la ernígración. Así y todo, no se pudo imgedir la emigración :l_andestina, qne llevó, entre otros, a algunos ju-

2. La inmigradón española Hasta~! ~:sc,ubr:miento, el m1mclo ame1icano estaba habitado únicamente )01. la poblacion amenndia, con 1ma grnn diversidad étnica entre los distintos J ~os, .A partir ele 1492 comenzaron a llegm ntros grnpos, europeo~ blai~c~~· dfncanos ne~r_os, con su impronta pnrlicular, que alternron tohilmente la real ad de1.nogrnfica. De la misma manera que la socíeclad surgidn de la . . ~: fi~e igna! a la del_ pasado,_lo ~1ismo ocu~rió con la poblaci6n. Así,~~e~c.;;~-~~~: - n."'gro~ "'( blancos con fas mdigenas surgieron los nm!atos y los mestizo. m~1grnc10n europcél en la fose micial de la conquista, medida en término~- ~a so utol s'. füe discr::tn, pero en tanto se consolidaban las relaciones entre ai~~~. lUl111C a. kncr ··! ativo · mayor, consoliclímctosc así un Jl, -s • os comenzo . _ un peso''"' rnigrntorw :iesde I'.spana superpuesto al descenso de la ¡iohbcio· n o,, 10· • 1 ,lJO -·stosean ·' '"'" .... ona A "· . , .ªel e un eJ_¡'llo no reflejado en las cifras migratorias· el crecimi . de la población criolla, aumentado por el hecho de que 10 ,, ._" _ cna• cnto do t bl ' '-' mnos mestizos blancos· · Tampo•,,o h·<1y que desconocer · im sent re · ancas ¡ eran b considerados ., Jet pm ancia e e 1a po lac1on negra qne con el agreoacJ 0 de . . 1 1 lleg,h . ¡ ·70 , , '. _'"' mu a os y mestizos ª enh :i , segnn ... 230 • 0()0 personas frente a lo, ! 18 000 • al 0aunas est1mac 10 n~s "'- , " '.lancos existenlcs en ]a misma fedia. Para entow·es 1; ' f l· '., ~ casi en _nn ?7%, s~guía ~iendo mayontariamente mdígcna. " , po l ac10n, :~~s pnmcras mve~ligac10nes sistemáticas sobre la emiaració ~ l 0 :sm:~ia datan de la déc_ada de 1920, coin_cidíendo con una polér~\~:r::~~:e~ ,p ¡ hablado en Inchas y sus 1r1íluenc1as JY<>Íonale~· ·qn" pºS b· . 1 0 andaluzol •t·II ¡ . ,.¡_, ,., ,.a <1mas o " Ocas '" ano, o ca nano o lo extremeño? Los ling" · t ' ,d?s .sabe\cuántas personas y de fjUé ongen había~ emig;~~oa~~f ~a:;re~;r:~i e ;e~a, El norteamericano Peter Boyd•Rowman, continuando la o! h. s llÍHO Y Moreno con sus Pasajeros o Tndias de principios del si"' o XX, izo un "'o-ran esf,,,.,·-,o , , " ,.. .,.¡ '" nconocer uno a nno a casi 55 ()00 · . tes de los ¡ 200 '' · · • em1gian,· • ce,rca e~ .000 que s;,licron legalmente de España dnra~t el ~1g1o XVI (vense ei:a.lro 6.4 ). Los cálculos sobre inmigración tienen vace' .s 1mp~rtantes pnr !a falta de dalos oficiales de a]crunos años y¡,. •1,-f'. ·ult'd'°" "C<>us· o! t d ¡ · ·, "' · ' '-' ~ 1c a en ~ ·e:, , ' r~s ro e a mrmgrnc10n clandestina. ~,! carnctcr espo~táneo de la emigración Íliicial füe seguido a artir de 1509 por u~a mayor mterveneión de la Corona de Castilla . 1. . dp "lila la ., ·· ,rncresa aenre~ º r ~1mgiac10n por molivos políticos e ideológicos. De ese modo hl'ho iue,;ram1_'.ªr la auton~aciún cor~espond1ente para pasar a lndi;is, primero, en a C~s~ de Confratac1011 y a pmt1r de 1546 en el Consejo de foc!ias Se ue 'a. proh1bu el paso a d1stmtos grupos étnicos y w·ial'"s ,· · mantener q n, " ,.,, ,·0 ne ¡ ¡·m ce

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daízantes a asentarse en Amcnc_a. A mediados del siglo xx, Angel Roscnblnt estimaba q11e durante el si,olo XVI habían emigrado a lndias 200.000 blancos, con un promedio a.nnal ~ntre J493 y 1600 de 1.869 europeos_ Si se analiza el flujo migratorio detenic]¡¡mente, se ve que en la primera mitad del XVl emigraban entre 300 y 400 personas por año y que en la segunda mitad este número anme.ntó considera•• bleinente hasta 2.000 y )_000 peisonas por año. Hacia 1690 habían pasado a América unos 480.000 inmigrantes, con un promedio anual de 4.000. A príncipios del siglo xvrn, y teniendo en cuenta la gran natalidad propia de los núcleos de población europea, hi pobl'ación blanca, incluyendo a los criollos, oscílaba en torno a 800.000 personas. De:: ellas, nn tercio estabn en México, un cuarto en el Perú y otro 25% entre Antillas, Nueva Granada y América Central. En Brasil, por su parte, había unos l 00.000 portngueses. En la primera mitad del siglo xv1, el ritmo de salidas de los emigrantes españoles dependía de la llegada de noticias de nuevas conc¡uístas, especialmente de tcrritoríos que prometían la obtención ele riqnezas fáciles, de ahí que se pued,1 hablar de oleadas migratorias. Esto ocurrió tras la conq11ista de México. Mientws entre l 509 y l 529 salieron 3.902 personas desde los puertos peninsulares, de 1533 a 1539, en wn sólo seis años, ya const1mada la hazaña de Cortés, salieron más de 8.000. De igual manera, entre 1540 y 1549 la salida de emigrantes se vincula a la conquista del Perú y a las nuevas oportunidades del momento. Durante esos años, la Nueva Espalla perdió su atractivo, qne sólo recuperaría a mediados del siglo, tras los descubrimientos de los yac·1111ientos mineros de Taxco y Zacatecas, convertidos en importantes centros productores ele plata. Un tema destacado, muy polémico en su momento, es s1 !a emigración a Indias vació o no a España de gente. En rea1lcla4 la emi~ gración fl América sólo snpuso, como máximo: el 2,7% del total de la población española. Incluso si asumiéramos qne toda la emigración fue castellana, ésta habría sído el J,2% de la población de Castilla. En lo referente al origen regional de la emigración, se distingue 1m primer momento, hasta 1508, de abrumadora presencia andaluza: el 60%. Desde en· tonces se incrementó el número de extremeños y castellanos, de las dos Castillas y de León. También fue notable el número ele emigrantes de las provincias del norte pese a la gian distancia a los p11erlos andaluces, la salida obligada a Indias (veáse Cuadro 6.4., qne sólo recoge a los pasajeros identifi·


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cados y no a! total de los emigrantes). El predominio castellano ,en la emigración no d1:be ser visto sólo en función de que Castilla fue la "propi.ctarimi de las Indias, sino también del predominio numérico de la población castellana sobre la peninsnlar. El gran contraste debe plantearse entre !a mayoría castellana y los grupos minoritarios no hispano hablantes, corno vascos y portugueses. Ei1 un lugar menos importante estaban los gallegos y los súbditos del reim1 de Aragón (catalanes, valencianos y baleares). A lo largo de! siglo xvm se observa un mayor protagonismo en la emigración de gentes del norte de España, básicamente gallegos, asturianos, cántabros, vascos y navarros. Se asume rápidamente que la mayoría de los conqmstadores eran jóvenes aventureros movidos por la codicia. Pero si analizamos con más detalle la composiclón de las huestes en la conqmsta del Perú o Chite, encontramos namerosos veterauos con una gran experiencia de campañas anieriores acumulada a sus espaldas, corno las de Antillas. México o Nicaragua, A medida que la sociedad hispánica se asentaba en América, la sociedad envejecfa. Un emigrante llegado a Indias con 20 aí'ios en 1510 leníll 40 veinte años más tarde. Y si bien la llegada de nuevos contingentes rc3t1venccía pennanenteme11te a la población, el envejenmiento de !os YEI instalados contrarrestaba ese efecto. Aunque el tipo rnás común de colonlzador individual era, corno señala James Lockhart, un hombre joven, de cerca de 20 arios, las personas que llegaban con alguna habilidad (artesanos) o con cierta instrucción {_profesionales o funcioncirios de la administración cnlonrnl) solían ser mayores. I..a m,iyN pnr• te de los cargos de responsabilidad en el mundo colonial, tanto en la adminis" !ración como en la Iglesia, !a milicia o la actividad privada, solían superar los 30 años: la mayoría de edad se alcanzaba a los 25 años y sólo con ella se podía acceder a puestos de responsabilidad y prestigio, La sociedad hispanoamericana estaba dominada por hombres solteros y jóvenes, dado el déficit iniclal de mujeres ernopeas, una ausencia que se intentarla pallar con mujeres mclias. En algunos casos, como en Paraguay, esto dio lugar a situaciones de poligamia, razón por la cual la sociedad de Asunción ganó el nombre de Paraíso de Mahoma (era frecuente que cada conqui~tador tuviera hasta 20 mujeres). Hasta 1540, todavía en la fase de conquista, las mujeres sólo representaban entre el 5 y el 6% de los europeos en Indias. Sin embargo, esta situaeión no era similar en todos los sitios y con el tiempo la presencia úe c:,pañola5 se incrementaría hasta llegar a ser durante la segLrnda mitad del slglo XVJ un tercio de los inmigrantes (véase Cuadro 6.5). La presencia lcmenina permitió preservar el modelo de familia española y facilitó el cumplimiento del papel asignado por la época: educar a los hijos y transmitir los valores sociales y morales fundamentales. Pese a ser una minoría, el papel de las mujeres fue superior al que se desprende de su número. Su sola presencia evitó que !a sociedad colonial fuera una sociedad sin mujeres y ad~ quiriera los valores de las sociedades indígenas. Por eso, la Corona estimuló en la medida de lo posible la partida de familias completas y el traslado de mujeres casadas para reunirse con sus maridos. Así, más de rn1 tercio de las


Cuadro 6.5. Partirip1ició¡¡ femenina en la emigrntiún t>spañola (1493~1600)

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5,6 6,3 16,4 28,5

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Fuenle .looé Lui.s M:irtinez, Awl)emsde f¡¡dias, !,,fadri<i ! 983, p. 168

mujeres que pasf!ban a Indias eran casadas, algunas viudas, y casi un 60% solteras o niñas. La nbicación socü1-l de las emigrantes era tan variada como la de los hombres, encontrándose desde hermanas de pescadores hasta hijas de la alta nobleza. A medida que las riqnezas americanas atraian a más españo .. les, y de un más amplio espectro social, con las mujeres sucedía exactamente !o mismo. Emígraban pocas mujeres solas y algunas como criadas, un tém1i" no algo vago que encubría otras actividades. De hecho, no todos los aventure" ros que pululaban en las colonias eran hombres. Fn 1537 el obispo de Panamá se quejaba de la presencia de numerosas mnjcres solteras de moral dudosa y, por lo genernl, se constata la existencia de nn buen nú1m:rn de prostitutas, no necesariamente de origen humilde. En la sociedad colonial convivían los analfabetos y los doctores con una pléyade de sectores intermedios. La presencia de un nutrído grupo de letrndos (abogados y escribanos), los más altos exponentes de la edu0acitJn peninsular, se explica por su papel en las cuestiones legales y los formulismos jurídicos. Entre los sectores más ilustrados encontramos a los médicos y sacerdotes, algunos con títulos académicos. Con el tiempo, los profesionales se constituyeron en verdaderos sectores medios de la sociedad colonial. Por encima estaban las oligarquías locales, con !os encomenderos a la cabew, y e! alto funcionariado colonial, mientras que por debajo se situaban los mercaderes y artesanos. El Cuadro 6.6 recoge el origen regional de los sectores ilustrados o de algunos grupos ocupacionales instalados en el Perú, q11e confir- mala preeminencia andaluza. Los andaluces eran el 32% de los eclesiásticos, el 40% de los que tenían alguna titulación académica, el 23% de los abogados y médicos titldados, el 3 l % de los escribanos, el 43% <le los mercaderes y el 33% de los artesanos. Capítulo aparte merecen los manneros: entre losandaluces (53%), !os vascos ( l 4%) y los portugueses (24%) representaban el 91%dcltotal.

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Era comente que los inmigrantes europeos se es!.'lblecieran en las ciudades, otorgándole ;;i la emigración el tinte mbano p1opio de \,c¡s colonias hispanoamericanas. No fue una elección casual, ya que desde el inicio !as ciudades fueron los fucos irradiadores de la domi11actón española_ Eran las primcrns avanzadas Je la cultura europea y refüg10s útiles frente a medios hostiles. La función protectora de las ciudade~, como se observa a través de s11 trazado y del diseño de sus cas;;is, era mayor cuanto más marcada fuera su situación fron1eriza. Muy pocos europeos, salvo los mirncros, los curas doctrineros y los cobradores de tributos, viv[:m permanentemente fuera dlc las urbes, a diforem::ia de la mayoría de la población indígena. A tal pun(n la ciudad se convirtió en tlll foco <le atracción para los inmigrantes, c¡uc los campesinos se reconvertím1 rápidamenk y se dedicaban a otras labores. La atracción urbana también funcionó parn los mestizos y los indígenas. Sobre los destinos de lus irnnigran(cs hay (jllC considerar la evolución progresiva de !a conquista, la mcorporación de nnevos territorios y las migraciones internas. De forma aproximada, las An(!llas recibieron algo más del 10°10 de los inmigrantes, aunque en m1 princip10 todos se conce11lraron a!ií. A México, incluidos Yucatán y la Florida, viajó u11 34%; un 4% a América Central; casi un 16% a Panamá, Venezuela y Colombia; y un 34% a los territ01ws Jel llamado espacio peruano (Alto y Bajo Perú, Quito, Río de la Plata, Chile y Paraguay).

3. las migraciones fodias E11 numerosas oc-asio11es, la conjunción de invasión c inmigració11 blanca supuso la rc!ira<la y la emigración de los indios. Pero, como se ha señalado, las poblaciones <le los impenos azteca e inca tenían limitada su hnida, patrimonio de los grupos menos se<lentarizados. Por eso, las migraciones indígenas solía11 ser forzadas, aunque también había algunas voluntarias, como los indios ((forasteros>> que abandonaban sus comunid::ides de origen para no pagar el tributo y marchahan a las ciudades o cambiaban de comunidad. A veces, estos indios se hacían pasar por mestizos para desplazarse rniis fácilmente. Las primeras migraciones forzosas respondieron a la necesidad española de co11centrar a la población indígena favorecer la conversión y la evangelización, protegerla de la explotación de los encomenderos y aprovechar la decreciente mano de obra. A estos eli::dos, los indios fueron concentrados en reducciones y congregaciones. Los primaus pueblos de mdios aparecieron en América Central en la década de 1540, en la década siguirntc en Yucat{in y e! México central y en Perú a partir de 1560. En Guaiemala fueron los monjes de las órdenes religiosas (dominicos, franciscano~ o mercedarios) los que reunían a los indios, volun(anamen1c o por la fuerza, en poblaciones creadas espccialmeme en zonas de foci! acceso. De este modo, no debían desplazarse de un poblado a otro para cumplir con sus tareas evangeltzadoras, el tributo se podía recolectar con mayor facilidad y se podía 2pelctr a la mano de obra

aHi concentrada cua11do fuera conveniente. El virrey Toledo, en el Perú, extremó b política de los pueblos indígenas, para lo cual ckstruyó m1merosos poblados con el objetivo de ,1ue el traslado de los nativos a sus nuevos emplazamientos, que debían ser los menos posibles, fuera definitivo. Otra forma de migración fouosa se relacionaba con la esclavitud de los indígenas ((cazados» en su lugar de origen y vendidos en regiones relativamente cercanas ávidas de mano de obra. Vimos cómo este proceso se desarrolló en algums islas del Caribe hasta que la población local quedó totalmente diezmada, pero también en la rnsta atlántica de Hondnras (hacia Cuba) y en la pacífica de Nicaragua (hacia Panamá y Perú). También e11 algunas gnerras de frontera se esclavizaba a los indios que ofrecían dura resistencia, como los araucanos en Chile y los chichimecas en México. Pero no sólo la esclavitud motivaba desplazamienios, !o mismo ocurría con otrns formas de trabajo, como !a encomienda de servicio o la mita en e! virreinato peruano.

4. la trata negrera Los primeros, y pocos, esclavos negros l!egaro11 a Améiica acornpañai1do a sus amos, los descubndores y los conquistadores, y se puede dec¡r que práctícamen!c ari·ibaron con Coló11. En realidad, habían iüdo los portugueses quienes a partir de la conquísta de la costa atlántica del África subsahariana, desde l 440, habían dado Ull fuerte impulso a la e~clavitud africana en Europa. Sin embargo, foe la 1ápida desaparición de la población de las Antillas la que llevó a reemplazar la mano de obra indíge11a con esclavos negros. Inicialmente la Corona española trasladó sus propine. e~clavos para q11e trabajaran e11 las faciorías reales de La Española. También 5e dio c:l caso de algunos frailes, do~ minicos y franciscanos, especialmente Las Casas, que pensaron a comienzos del siglo xv1 qne la utílización de esclavos negros era un mecanismo muy adecuado para proteger a los indios. La aceleración del declive demográfico de los indígenas aumentó la demanda de negros africanos, utilizados en cualquier actividad económica: la minería, la agriculturn o incluso en alglll1as obrns públicas. El cardenal Cisneros, mientras fue regente de Casti!la, prohibió la introducción de negros en América, aunque modificó su posición tras algún tiempo, a cambio de que se pagara una cantidad por licencia acordada, lo que se convertiría en una importante fuente de ingresos para la Corona. Las licencias fueron un mecanismo para premiar voluntades --se concedían a funcionarios o a conquistadores----·· y un arma diplomática útil para reforzar las relaciones con Inglaterra, Francia, Holanda o Portugal. En 151 7, Carlos l estableció un sistemn de concesiones a particulares para la introducción y venta de esclavos negros, si bien sólo a partir de 1528 la trata con destino a Indias com1;11zó a ser importante. El iey exigía el pago de una licencia para iutrnduciresdavos en sus colonias y se limitó la importación a 75.000 personas anuales hasta fo1es del siglo xv1. Sin embargo, en


Brasil, donde no existían estas !imitaciones, ei ritmo de mtroclucciún desde medii!dos del siglo fue mucho más mkmo. En 1595, los portug11cscs tn'ibie-, rnn d asknto para comcn:iar esclavos africanos con Amlrica. De este modo, rnerc::ideres portuguese:,; y 11lemanes desarrollaron el comercio negrero entre África y algunos puertos americanos, como Veracrnz, Pmtobelo y Cartagena. de Indias. Entre 155() y 1650 se introdujeron en las rnlonicts lusas del Brasil más de 300.000 esclavos. El usü generalizado de los esclavos se centró en las plantaciones de cultivos tropicales (azúcar, cacao, algodón, etc.); sin embargo, en las colonias españolas un número e!eV11do también sirvió en las ciudades en trabajos domésticos, mientras otros se empleaban en la minería, En la costa atlántica, algunos esclavos eran introducidos de contrabnndo desde Brasil. Sólo a partir de fines del siglo xvm, con la expansión del azúcar en Cuba, la trata de es~ clavos destinados a plantaciones agrícolas se incrementó considerablemente en la América hispana Desde principios del siglo xv111 España cambió su polític11 negrera. Entonces se firmó nn «asientml con la francesa Compañía de Guinea, que después del Tratado de Utrecht se cedió a la ingles/! Compañía del M11r del Sur. En arnhos casos, el monopolio de la trata corrrespondia a estas compañías privilegiadas. En 1765 se creó b Compañía Gaditana de Negros y en 1789 se liberalizó la trata y se eliminarnn los impuestos de importación en Venezuela y las Grandes Antillas, especialmente Cuba y Puerto Rico, donde las plantaciones de cacao y azúcar exigían una mayor mano de obra. El cálenlo de los esclavos negros vendidos en América no es senei!lo por vanos motivos_ Prnnero, porque es díficil calcular el número de esclavos introducidos sin licencia o de contrabando, y segundo, porqL1e las licencias comenzaron a darse por {(piezas de indias)), lo que equivalía a una unidad de lrabajo, es decir, un esclavo varón, joven y sano. Todo lo que se Dpartaba de la norma: muJeres, niños o ancianos, se contabilizaba a efectos mercantiles y fiscales como una fracción <le pieza. A lo largo del siglo xv1 se concedieron más de 120.000 licencias y sólo en los últimos cinco años de esa centuria entraron algo m:'ls de 25.000 esclavos. En las primeras cuatro décadas del siglo xvn, bajo el asiento portugués entraron 270.000 esclavos: 135.000 en Cartagena de Indias, 70.000 en Veracrnz, 44.000 en Buenos Aires y los rcslantes en Venezuela y el Caribe. A fines de siglo ya habían llegado 400.000. Las estimaciones más fiables señalan que hasta 1810 llegaron a la América española cerca de un millón de esclavos negro.s y otros dos millones y medio a Brasil.

la sociedad

colonial

La sociedad colonial se fue conformando a pctrtir de la convergencia de experiencias diversas, pero en todos los casos fue el período del descubrimiento y la conquista el que mar caria con sn impronta paiiicular y de un modo decisivo los momentos posteriores. Por eso, los intentos normativos y codificadores de la Corona debieron adaptarse a una realidad ex1stentc y con mtereses creados muy poderosos corno para ser desmantelada rápidamente y sin ninguna resistencia. Es posible a finnar que ni los proyectos de la administración colonial ni los de la administración religiosa est11vieron en condiciones de modelar la sociedad americana, aunque es evidente que condicionaron su evnlnción en más de un aspecto concreto. La población indígena era !a población originaria y sobre ella se construyó todo lo demás. Sin embargo, durante el siglo xv1 y ta primera mitad del xvll se encontraba en franco retroceso, lo que facilitó que desde el descubrimiento se le SL1maran la población blanca y la negra, ambas en fase de crecimiento y que de un modo muy embrionario fü.cron llenando algunos V::lCÍ03 dejados pm los indios. Los inmigrantes españoles, qcLe no habían participado en la conquista y no habían obtenido !as reCfJmpcnsas corrcspondlentes, ,~e solían incorporar a la sociedad colonia! a partir de su vinculación a la activi~ dad urbana. La sociedad indígena también se fue volviendo máscornplejn: las comunidades se iban debilitando y algunas fueron ,irrinconadas en los corregimientos o reducciones, en parte debido a los indios hispanizados que intentaban vincularse a los extremos marginales de la sociedad colonial. Cuando b sociedad colonial wmenzó a institucionalizarse, d sueño de muchos colono,:,t


y burócratas fue sepmar a la comunidad blanca de la india para lo cnal trataron de limitar los puntos de contacto entre los pobladores originarios y los reciéu !legados, un objetivo difícil de llevar a cabo, pm no decir imposible. Durante el remado de Felipe U y a pai ür de consideraciones p11ramente jurídicas, se q11iso estructurar a la sociedad colonial sobr¡c- bases duales, en toino a lo que se conoció corno <,repúblicn de los indios» y <,república de los españoles>), un seno mtento gubernamental de segregación. Sobre el papel era algo sencillo, ya que mientras la república de los mdios se asentaba enel medio rural, la de los españoles era básicamente urbana. Sin embargo, corno han scñahdo Carmen Bcrnand y Sc1ge Grnzim;ki, la segregación era imposible porque los tksplaz,arnientns de los pueblos indígenas, forzados o no, la división de! trabajo, los intercambios corncrcialcs, la circulación de mercancías, los 11uevos cultivm;, las manufacturas y las minas, iban en contra de la separación. Esto se observa en las numc1 osas denuncias de promiscuidad de p1incipios d,:;l siglo xvH, ¡¡na alusión concreta a !os contact()s sexuules e11tre blancos e indias. Inclusive en los Andes, pese al aislamien, to que !C1s nwntaflas 11 nponfon a las c01n1111idades durante la te111porada <le lluvias, la separación de 1ndws y españoles era imposible de materializar. Así y todo, la dlsti11cló11 más clara dentro de la sociedad colonial se establecería en(re 1m.!i0::; y no indiu:; a panir de e5a ~epanición física, pero también de otTa cultural y sQci,il que solía ser rnils importante. Si bien en e~te esquema dual la república de los 111dws esrnb:1 subtirdinalla a la ;cpública de los españoles, en cada una encontramos a grnpos domniantes y otros subordinados. Mucho se ha escriio sobre las caiacterí~ticas de la sociedad colonial, pero más allá de algunas descripciones afortunadas, carecemos de un modelo útil. Entre las teorías ex.iskntes, algunas hablan de una sociedad de castas foerte• mente compartirneri!ada, con sus divisiones establecidas a partir de eonside-• raciones raciales y de la dualidad entre blancos e indios. Otras teorias apuntan a una soClcdad feudal basada en el trabajo servil <le los indios y de las encomiendas. Hay quien alude a una sociedad capitalista, con un notable desanollo mercantil. Por últüno, la contradice:ión L'ntrc criollos y peninsulares se presenta como clave en muchas interpretaciones. Otro punto sobre el que tampoco hay acuerdo es el del carácter colonial de la sociedad americana. ¿Qué contenido se le da o se quiere dar a los conceptos de colonia y colonial? Hay quien sostiene, como Ricardo Levene, que los territorios indianos no eran colonias sino otros reinos, equivalentes o iguales a los peninsulares y que 110 existió una simación de subordinación territorial. Esto daría un carácter especial a los súbditos de la Corona de Castilla o del rey de España, plenamente: homologablcs a los españoles europeos. En realidad, la mayor parte de los modelos pensados para definir a la sociedad colonial en Indias 110 se adaptan a la realidad americana, pero no, como dicen algunos, por utilizar categorías europeas u occidentales impropias para América y su realidad social, lo que es totalmente incierto, sino por la propia complejidad y variedad de las sociedades surgidas en el Nuevo Mundo.

Corno se ha señ~lado, en los (:.:rrilurios C\m(ro]ados por los españoles encontramos sociedades complc_:as mtegradas pm· europeos e indígenas, así como por esclavos negros Y mcslizvs_ Si lncn el papel Dominante fue eiercido por los españoles, europeos y americanos o criollos, la condición ele l;ornbre blanco no se trnducía antomáticamente en una sit11aci611 de predominio en la s?cie<lad colonial. t::ra frecuente observar a gmpos impmtantes de españoles sin a~ceso a la propietbd de la ti<':rrn. y, más aún, a otros ocupando posicione~margmale: e~ la sociedad colonial. Siinn!táneamente se podía ver a caciques o curacas indig.:-rnts en puestos de dominación en ámbitos locales o regionales. El problema de :os criollos versus los peninwlares también complica nuestro intento cl~stficatonu: ¿est:iban los criollos dominados por los peninsulares_ o cornpa:11an, en una misma actividad, intereses similares? E11 las págmas sigincntes mtentai cmos responder a algunas de estas j nterrogames. Pero más _allá de !aci" <l11das, nos enfrentamos a una sociedad de Antiguo Régimen, de ;;ubdltos de] rey, a una sociedad corpor:itiva donde el h1uar del individllO era postergado por el papel [HDtagónico de las corporacionety los grupos.

1. la sociedad de los españoles La sociedad dtc la hueste y de: l0s conquisladote~ fue hcridn de muerte en 1542 cuando las Leyes Nuevas prohibieron las encomiendas. Si bien la Corona debió dar marcha atrás ante las resistencias encontradas, los intentos de recrear en Indias una sociecl1.d señorial fueron definitivamente enterrados con la primacía d<;; la monarquía. Hasta entonces, los encomendero;; v sus sucesores, los beneméritos, dominabnn los estratos sociales más altus; estaban empe_11-.ados en reconstrrnr algo similar a 11n orden feudal, cmpcfio en el que termmarnn fraci:isando. Junto a los encomenderos, en la parte india de la sociedad estaba la noblez,a indígena. especia!menk los descendientes de las familias reales, que seg_uían ocupando un lugar destacado. Con el liempo, algunos mercaderes Y mmeros se fueron enriqueciendo y se vincularon a los e:1corn_enderos. El1 u11 nivel lnfcriot, pero nomargmal, estaba el clero y el func10nanado, cuya funciónsocú1l se: vio reforzada en el reinado de Felipe TI. La creación de los virreina íos de México ( l 53 5) y Perú ( 154 3) permitió consolidai las c:ortcs region¡¡]es en torno a los virreyes. Durante los siglos x..vi y xvn uaa buena paiie de los cargos bmocráticos del gobierno indiano se recli1taba en las coionias. Sm embargo,~ partir <ld xvrn, bajo el ilupulso de las reformas borbónicas, fue más nolmlo el prcd()minio de los peninsulares entre los foncio,narios y _los ci_érigos, espccialmcrn;, en las categorías superiotes, lo que motrvo Lls quejas c1101las contra la clíscrirnrnai.;ión de los peninsulares. Pese 2 sus semejanzas, las sedes de los dos virreinatos iniciales tenían grandes dlferenc:ias. i'viientras México se creó sobre la antigua capital del Jm, p~no azteca y ocupaba d centro del terriwrio que controlaba, Lima era una crndad de lllll,''Va planta situada en u ria zona p!"d.ctú:amente de!>provista de po-


hlación indígena zkspués de las grandes epidemias y que c~taba alejada del A!liplano, domk pcrrnanecian Lis rnnyorcs c0ncenlrncioncs de ahorígc11cs. Eslo explica, de alguna ;rnrncrn, que Cuzco se convirtiera en un centro administrativo sccundm io, pcm relevan le para el control del Altiplano. Su impor, lancia es rnaym si tenemos en cuenta s11 proximidad al Alto Perú y, especial" mente, a los ricos yacimientos argenlíferos de Potosí.

1.1. Las ciudades como centros de relación social Finalizada la fase de conquista, el embrión de la socie<lad colonial comenzó a adaptarse a los cánones peninsulares pese a la apreciable influencia indígena y del medio geográfico. En menos de nna generación, especialmente en Mé-xico y Peni pero también en otrüi> centros secnndarios de la conquista como Santo Domingo, Cl1ba o Panamá, la sociedad españolase había consolidado e iba modelando los territorios donde se asentaba. Como se ha señalado, el proceso de consolidaci(m social tuvo importantes diferencias cronológicas en función de la fecha de inicio de la conr¡uista. fato otorgó a las sociedades del Caribe una gran ventaja respecto a las de México y a éstas, a sn vez, en rela .. ción al Perú. De todas formas, en prácticamente todo el Imperio español, los tres pilares de la sociedad hispana inicial fueron la cit1dé1d espaíl.ola, la encomienda y la exportación de productos locales, básicamente mmeros. Los tres estc1ban estrechamente interrelacionados y vinculados con !a población indígena. La ciudac~ el lugar <le residc11cia de la mayoría de los españoles, especialmente de los más ricos o principales, controlaba nn amplio territorio integrado por distintos asentamientos indígenas. Era un medio occidental izado, y si bien contaba con un número importante de indios, éstos estaban sumamente aculturados. El control dd territorio era facililado por el cabildo, cuya jurisdicción superaba los límites mbanos y de ahí la estrecha vinculación mícial entre ciudad y encomienda. Cada encomendero controlaba al grupo de indios que tenía asignado y desde la ciudad se dedicaba a cobrar el tributo, Fueron los encomenderos, localizables en sus magníficas residencias del centro urbano, quienes controlaron el cahildo hasta que Jadccadenciade los beneméritos permitió el ascenso de otros grupos, como mercaderes y hacendados, que tuvieron un lugar destacado en el poder municipal. La importancia de las cmdades dependía del territorio controlado y de la riqueza producida. Las primeras ciudades, especialmente las de México y Pení, se levantaron en lugares de abundante población indígena, el pnncipa! factor que otorgaba valor a una zona, aunque hubo casos donde la fundn.ción de los centros urbanos respondió a otra dinámica y otras necesidades. En estos casos, la fundación afectaba a lugares deshabitados o no poblados previamente, como algunos emplazamientos próximos a !os centros mineros: Potosí, Hu:mcavelica, Zacatecas o Durango, También contaban los puertos, algunos de los cuales eran vitales

para asegurar las comunicaciones con la Península (Veracrn;;: o Cmtagena), con otrns regiones de lnclws (T'anam.~, o El Cal!ao) o inclusive con Fil1pmas (Acapulco). En poco tiempo las !ndias cmwcicrnn un importante incremento de la actividad urbana y ya en ! 574 hahía 225 ciudades y villas en el [mperio español. Las ciudades se estrncturaron en torno a la Plaza Mayor (Plaza de Armas en algunos sitios, zócalo en otros). Allí solían estar el cabildo, la iglesia y los edificios públicos. En sn proximidad se levantaban las casas de los cncomen" deros y los vecinos más poderosos. La plaza era el lugar de celebración del mercado y allí también tenían lugar los festejos y actos más diversos, en los que participaba toda la población. En las principales ciudades era frecuente que en la celebración del patrono local, o en las contadas ocasiones e1i las que se celebraba la llegada ele un rey al trono o el nacimiento ck un príncipe, se realizaran corridas de toros u otros festejos, como carreras de caballos. A par•• tír de julio de 1573, cuando Felipe l l sancionó las «Ordenanzas de descubrimiento, nueva población y pacificación de las Indias)), todas las ciudades pasaron a construirse según el mismo patrón: eran de planta rectangular y cada cuadrícula recibía el nombre de cuadra. A medida que nos alejábamos del centro iba descendiendo el poder de los vecinos. Era corriente, tal y como se observa en el Perú y la Nueva España, que los encomenderos alquilaran los bajos de sus casas más céntricas a los comerciantes y artesanos, qne instalaban allí sus negocios y talleres para vender rns productos al público en general. La intensificación de la actividad económica propició el surgimiento de las calles comerciales, donde proliferaron algunas tiendas. En las zonas marginales se instalaban las tabernas: pulquerías en Nueva España, chicherías en Perú y pulperías en el Río de la Plata, a las que acudían los pobladores más modestos. En los <los primeros casos, el nombre de las tabernas alude al pulque y la chicha, <los bebidas de origen indígena, lo que pnicba una vez más el mestizaje de ciertas costumbres. La ciudad colonial era el centro de la vida social, económica, religiosa, cultural y administrativa y en ella convergían e interactuaban, más que en cnalqnier otro espacio, tos distintos grupos sociales y étnicos. De acuerdo a su importancia económica y administrativa, aumentaba su poder de atracción sobre los territorios vecinos. El prestigio de las autoridades también dependía de la categoría de la ciudad y de sus instituciones. Las grandes capitales, Lima y México, fueron simultáneamente sede de la corte virreínal, de la audiencict y cabeza de arzobispado; también estaban las universidades, donde se educaban los hüos de las élites regionales y servían para elevar el prestigio de estos dos centros urbanos. A las ciudades más importantes llegaban los productos europeos, ya.que el lujo no era algo desconocido por las elites coloniales. A medida que descendía la importancia de la cindad, las expectativas de sus grupos dominantes eran menores, caracterizándose la vida de los terratenientes eo las ciudades más modestas por su austeridad, sin alcanzar ninguna cima de esplendor ni de boato,


'.L2. El papel de los encomenderos y de otrns grupos privilegiados El modelo socml de los encomenderos tuvo unos límites muy rígidos, delimitados por el número de i11d1os capaces de ser encomendados y por su capacidad de 1esistir los embates de la Corona, lo que limitaba sus posibilidades de perpemmse como grupo privilegiado. Cada encomendero podía hacerse cargo de un señorío indígena, de allí que el número de encomenderos de una región fuera un número finito dependiente de la cantidad de sefioríos existentes. Por eso, era irnposibk q11e h11biera más encomenderos que señoríos, lo cual cenaba rápidamenie 11na de las vías de ascenso social del mundo colonial, de flecho, la principal y casi única en los tiempos iniciales. Los encomenderos tenfrm en sus posesiones del interior algunos blancos a su servicio, entre los qne destacaba el estanciero, encargado de vigilar los bienes del parrón pero q11c podía destinar parle de su tiempo a alguna actividad indepen" diente, como la cría de ovejas 11 otras labores agrarias. Los encomenderos fueron el centro ele la actividad loca!, aunque la rápida emergencia de otros grnpos, paralela a la caída de los beneméritos, marcó la consolidación de una sociedad cada vez más compleja. Entre los grupos emergentes estaban los artesanos, los prnfcsionales y los foncionmios, que con s\ls estructuras corporativas se sumaron a los numerosos actores sociales. La llegada de nuevos inmigrantes de origen pe11insular fne otro foctor de com_plcjidad socia1. Los encomenderos tenían el mayor número de sirvientes indios hispanizados y de esclavos africanos, y eran, gracias a sus ingre~os, los que podían pagar a los profos1011ales y los que rápidamente se convirtieron en los mejores clientes de 1nercaderes y comerciantes. Con el correr del tiempo, mejoraron su posición, intensificándose la estratificación social dentro de cada grupo y algnno:-; adquirieron tierras y propiedades urbanas y se c011virti eron en dueños de csdavos africanos y criados indígenas. La consolidación del poder de los mercaderes se ve en la fundación de los Consulados en 1592 en México y en 1613 en Lima, instituciones gremiales que sirvieron para consolidar su papel social y para instirucionalizar sus derechos corporativos. Los hacendados o grandes propicrnrios fueron rn1 grupo más heterogéneo. Su origen se encuentra entre los primeros encomenderos, que con diversos ar~ tílugios lograron apropiarse de vastas extensiones de tierras de sus encomendados, sobr.c las que legalmente carecían de todo derecho. Posteriormente el grnpo aumentó con los acaparadores de tierras, que medraron con \as propiedades repatirdas por los cabildos, pero también con miembros del séquito de !os virreyes que recibiernn mercedes de tierras y con los beneficiarios de derecho:-; Je pastoreo cedidos por los cabildos. Es1'os y otros personajes, como los funcionarios de la Rea! Hacienda que pudieron comprar tierras, cimentaion sn prestigio y su posición social según el estatus conferido por la propiedad de grandes exrenslones, Con el correr del tiempo, los latifundios se convcrtiiían en una de las más importantes bases de poder de la Am<':rica española y de la portuguesa.

El sistema de gobierno urbano era difere11te al rural y permitía que los vecinos (los adultos propietarios o con un detem1inado nivel de ingresos) estuvieran rep1esentados en !os cabildos, aunque quienes lo controlaban solían ser los encomenderos y, posteriormente, los miembros más ricos y poderosos de la comunidad. La cooptación, clave en la vida municipal, se convrrtió en un excelente mecanismo para mantener el poder de las oligarquías, aunque en algunas ciudades como Ornro, en el Alto Pe1ú, las luchas en el interior de las élites urbanas eran encarnizadas y obligaban a convocar elecciones para cubrir los altos cargos rnunicipalé:s. Las diferencias sociales sumadas a las étnicas hacían de la sociedad colonial un m11ndojen11quizado y compartimentado, acorde con su estructura corporativa_ La educación y la relación con la lglcsia tendía11 a aumentar las diferencias entre los grnpos. Como ya se ha visto, la Iglesia jugó un papel decisivo en la sociedad colonial en lo referente a su actividad primordial, !a transmisión de la fe y en sn papel en tanto mecanismo de cohesión social. Desde esta perspectiva, el hecho de que la mayor parte de la educación estuviera en sus manos fue decisivo para los españoles y para los indígenas, en cuyo proceso de aculturación su labor religiosa y educativa fue central. J,os blancos estaban en la cúspide de h pirámide social, pero en este grupo las difere11cias entre hombres y mujeres ernn marcadas. Ei lugar de la mujer en la sociedad colonial se asemejaba al que tenla en la Península y en buena parte de Europa. De acnerdo con el derecho castellano, las mL1jeres tenían un estatns legal sirnilm a los menores de edad: las solteras dependían de sus padres y las casadas de su marido y únicamente las viudas podían disponer de sus vidas y haciendas como personas adultas y emancipadas. El papel de la mujer quedaba relegado al cuidado del hogar y la familia y a la educación de los hijos, pero cuando por motivos de vindedad u otras razones debían trabajar para ganarse la vida, las posibilidades a su alcance eran restringidas. Las actividades consideradas aptas para ellas eran limitadas y de escasa proyección social: comadronas, cmanderas, panaderas, pasteleras, costureras, bordadoras o patwnas de casas de huéspedes. Las mujeres solteras o las viadas sin hijos tenían cuatro opci011es para permanecer integradas a la sociedad c011 un cierto decoro: vivir con sus padres como hijas de familia, con un hermano soltero o viudo como dueñas de casa y arnas de llaves, ayudar a una hermana casada en sus labores domésticas o entraren 11n convento. Esto explica la abnndancia de conventos femeninos, muchos de clausura, que no sólo eran centros de vida religiosa, sino también refugios para mujeres solas. l~stas podían ingresar como monjas, residentes seglares, beatas (una residente seglar con algunos toques de monja) o criadas. En algunos conventos existían celdas lujosas para quíenes podían costearlas y otras más humildes para las mujeres pobres_ Las jerarquías sociales pe11insniares se trasladaron prácticamente intactas a Indias. La nobleza española seguía c011tando en las colonias, do11de también tenían valor sus títulos y cargos, aunque la Corona no se prodigó en otorgar nuevos títulos nobiliarios a tos conquistadores. Hemán Cortés füc un caso ex-


cepcwnal en los siglos xv; y XVJL !·,I «dom, se apltcabanormalmcnte , ,- ~i bien micial n1<cn1t:: se r,;scn:ú a hs personas mi1s ([estacadas y pcim; ipales, ; lo largo del X\'t su uso se general uh, en un fe:nómcno s1mi!ar 2d ocmrido en la Península. El titnlo de hidalgo pasó a tener lll1 sentido difere:nte en ímhas al aplicarse a los primeros conquistadores, los encomenderos, y no se solb uti]i .. zar para qniencs llegaron con posteriorirlad. Se da la circunstancia qae muchos de los primeros conquis1adores eran verdaderos hidalgos, cosa que no ocurnó con la misma intensidad en oleJ.das posteriores. Enrea]1dad, ]a ~ayor 1·uptura con la expenencia peumsular hivo que ver con la inexistencia formal de los plcbcy?s. ~ingún español, peninsular o criollo, pagaba irnpuesios directos, es decir, mnguno pechaba, lo cnal no excluye la existencia de profündas des1g1raldades sociales e11l1c los españoles más ricos y los más pobres_ Los altos c,irgos de Ja administración coloniul, nl igual que !as más altas _¡crarquías eclesiásticas, se instalaban en las ciudades. El gobierno y Ja Iglesia rndmnas enm instituciones hiisicamcnte urbanas, y los sectore,; más i!ustrJ.dos y capacitados estaban en las cimhdcs. La administración coloma! pr¡'jclicamcnte no existía fuera de las urbes, aunque esto no significa que el cuidado de la campaña no estuviera entre sus múltiples atribuciones. Con el tiempo, las instituciones gubernamentales y eclesiásticas se fueron constitu•• yendo en una parte consustancial del paisaje urbano, corno prueban sns edific!os coustr:tidos alrededor o cerca de la Plaza Mayor. En tofn;; a las Audienetas, por qempl?, fueron surgiendo grupos relativamente importantes de abogados y notanos, mwntrns que las cortes virreimi!es concentraban a destacados personajes de la alta sociedad peninsular y colonial. Los encomende~ ros?º era~ ajen?s a es los grupos de poder. En reé.ilidad, vincularse a ellos por la _v1~ matn~orna"l, bien directamente, bien¡¡ través de hijos o sobrmos, era la maxima asp1rnc1011 de todos los rcciéu llegados a América, aunque sólo se concretaban con cier1a faeihdad en el ca,;o de los sc:ctores más altos tlc la ad~ rninistración y de la jerarqniu eclesi:'istica. La realidad sociul de las zonas ceutrnles y perifericas era similar, si bien en las zonas perifo1:icas encontramos un mayor grado de marginalidad y no se observ~ la presencia de gente de alcurnia y abolengo. También aquí se 1 cpite un_ fenomeno presente en las zonas centrale8: el mayor protagonismo de los pnmcros en establecerse en la región frente a los recién llegados. La falta de recursos explica su, e~caso tirón mmigratorio: ni había incentivos pcmi potenciales aventmeros av1dos de hacer fortuna con cierta rapidez, ni se generaban los excedentes suficientes corno parn financiar d víaje a los famil¡'ares todavía asentados en Europa. De ahí su tamaño más reducido en relación a la~ sociedades de !as zonas centrales y sn menor crecimiento, tanto demográfico como económico. Inclusive en las regiones centrales, fncra de !as zo~as nucleares, las estructnras sociales y administrativas tenían muchos pnntos en común con las periféricas. Lo~ mercarlcres y, especialmente, los artesanos lenrlieron a crear gremios, cofrnd1as y hem1andades, que solían funcionar como mundos cerrados. Las

;ofradías erau sociedades o asociaciones rcl1glosas qne protnoviun el culto y la vida esp!l'Ítual de LL~ parroqnias, pero de.,de el pnnto de vista social ~e las pnede considerar rn,a especie de c!ubcs qnc__oricn_taban una _parte irnpul'l_anlc <le sn acti.vidad a la aynda mutna, la beneficencia y la candad. A partir de 1570 l0s indígenas adoptaron icste modelo y a lo lurgo del siglo XV!H d peso de las cofradías entre las conmni<ladcs indígenas fue muy destacado. Los gremios también tuvieron una dimensión religiosa importante, centrada en el culto al santo patrón, a la vez que actuaban como sociedades de socorros mutuos. En su interior se celebraban los matrimonios y surgían las más diversc1.s empresas. Los artesanos solían formar a los indígenas en sus actividades y se convirtieron en un eficaz agente de aculturación. Era frecuente que los mercaderes más importantes se integraran en amplias re<lcs comerciales desde Sevilla u otras plazas mercantiles audaluzas y extendidas hasta los territorios miL~ alejados <le los princípales centros coloniales. La integración <le los comerciantes en las sociedades en !as que se establecían dependía hásicamenl.e de su situación y de sns expectativas. Si eran factores o representllntes de las casas matrices peninsulares, era posible qne ]a estancia en Indias fuera limitada y, por tanto, la integración y el contacto con el entorno mínimos. Sin embargo, la soCtedad colonial, especialmente en fas ciudades del interior, no conoció arquetipos puros. JLmto a los mercaderes, que; dedicaban parte de su tiempo a tratar con productos de origen europeo, encontramos a un huen número de comerciantes o tratantes especializados en el comercio al por menor y de productos locales, bien de origen indígena, bien producidos in situ pero siguiendo patrones de producción europeos. Quienes se dedicaban a esta actividad solían ser analfabetos y se ubicaban en sectores marginales de la sociedad. Precisamente en la intermediación entre la sociedad espaílola y la mdígena había un nicho de oportunidad para mucha gente, aunqne no demasiado bien pagado y con escaso prestigio social. Por si todo esto füera poco, para aprovecharse de estas posibilidades hahía qne vivir fuera de las ciudades. Fueron muchos los españoles, criollos y penínsnlares, los qne se dedicaron a estas actividades, mezclándose en su práctica con mestizos o esclavos y libertos negros. La familia fue un factor clave de organización y reproducción social, especialmente en los estratos sociales más altos, donde el matrimonio y la dote erno mecanismos de ascenso social, de consolidación de posiciones o de reforzamiento de situaciones privilegiadas. Los vínculos familiares, dentro de !os cuales se puede inclwr el compadrazgo, eran esenciales y en torno a ellos se tejían redes de iníluencia y poder, que se extendían más allá de territorios concretos o de los llmites virreinales. Junto a las solidaridades familiares estaba el paisanaje, ya qlte los lazos regionales, bien en alusión a las reglones peninsulares (vascos, andaluc1es, extu:meños, gallegos, catalanes, etc.), bien a las indianas, fueroncobraudo importancia con el paso del tiempo y con el desarrollo de <(patrias chicas>) en los territorios americanos, El criollismo no escapa a esta realidad y habría que prcgnntarsc cuánto tenía de sentimiento lo-


cali~ta, e~pccmlmcnlc antes de la emancipación. Entre los principales rnsgos de la familia colonial se cnrntan la mayoría de c:da<l tardía, a los 25 atlos, lo qne ünpltrnba una marcada tlcpernkncia tle los patlrcs; un elevado númao de hijos; la preocupaciúu por el cnidado de los hi3os ikgitimos, que solían vineu~ lars<o a las familias de los padres, lo qne si.gn i f"icab;i ampliar el tarnario de las unidades familiares; y por último, el papd de los parientes, qne era fundamental ya que la solidaridad familiar era básica.

1.3. los grupos subordinados Junto a los tres principales grupos étnicos (indios, blancos y negros) habla otros, producto del entrecruzamiento étnico. Los rniis unportantes eran los mulatos (blancos y negras) y mestizos (blancos e indias). El mestizo füe una categoría típicamente social, que no racial. Teó11tamente, los mestizos eran los hijos de madre india y padre blanco. Sin embargo, en los siglos xvi y xvn lus niñus mestizos uactdos en el seno de un rnatrimomo ---que eran muy pocos-·-·, reconocidos por sus padres como hijos legítimos u educados como españoles eran lemdos por 1;;uropeos. Por d conírnrlo, los niftos mestizos cría~ dos como indios craíl !¡·atados CDmD i.ndiDS. A fines del XVI! y en el x.vm la categoría de me;;tizo se extendió por<loqu1er, y más que pma hablar de lo.~ hijos de mdias y espalloles ~c n!ilizó parn des1gnar a aquellos indios qne aban-donaban sus comunidades rurales de origen y se establecían en las ciudades, imitando las patttas de vida blancas. Los negros se convirticrnn en una pieza clave de las ci11dades españolas. Desempeñaban muchas rareas que los blancos no querían realizar y, de hecho, fueron sus auxiliares o intermediarios en zonas habitadas predominantemente por mdios. Muchos estancieros de los encomenderos eran negros y si eran españoks solían tener a sn cargo a varios negros lJ-Ue les ayudaban en sus tareas. Los esclavos africanos a¡ servicio de los cspañoks desempeñaban labores de cierta responsabilidad, bien como ayndantes de los artesanos, bien como criados domésticos de confianza en las residencias importantes, 'fam" bién se veía a los esdavos negros en las caHes <le las ctudades comerciando algunos productos por cuenta de stts amos blancos. Pese a ser esclavos, los africanos no ocupaha11 d último lugar en la escala social. Al igual que los t;uropeos, su sistema rnmunológico los hacía más resistentes a las enfermedades importadas del Viejo Mundo, por lo qm: su esperanza de vi.da era mayor y sn ckvado precio los convertía en un objeto a cuidar, lo que los diferenciaba de los mdios. ]\foy pronto los esclavos pudieron emanciparse, bien comprando su libertad, bien por la concesión del amo, io que permitió e! desarrollo de un grupo de negros y mulatos libres que se mtegraron a la vida urbana. La perifori.a de la soc1edad i::oloma] dio lugar a numerosos ltpos y figuras marginales. A partir del siglo xv1 comenzó a crecer el número de vagos, muchos participantes de la conquista y que, una vez acabada, se quedaron sin la-

bor que cumpltr ni estlnrnlos para inregrarsc en la sociedad. Era frecuente que estos vagos se reunieran en bandas y qne su acti.vi.<lad fuera una foenie de pre-ocupación para ias ;iutm 1dadc~ coloniales Los esclavos negros huidos solian refugtarse en el mon1c o en lngares apa1 tados donde se agrupaban en comunidades o palenques, qullombos en Brasil, qué' también se convlflieron en un polo de atracción para blancos, mestizos e indios marginales. Los centros mineros, habitados por ur1a ínfima porción de la población regional, vivían al margen de las cmdades. La distancia de los centros productores a las :t.0m1s más pobladas de indígenas y a los núcleos urhanos, as( corno las dificultades de acceso a los reales de minas, convirtieron a los campmnentos mineros en enclaves peculiares, con una población iranseúnte de cierta imporwncia annque socialmente periférica. Cuantlo la extracción de la plata se convirtió en la actividad minera por excelencia, los centros productores co-• menzaron a asemejarse il las ciudades españolas con sus cabildos dominados por !os cmpre~anos míne1os locales, y sus mercados, con mercaderes, arlesanos y profesionales. Las mrnas demandaban una cantidad de mano de obra fip y especializada, que se cubría cun trabajadores m<lígenas desplazados de los lngares más recónditos. Las mina~, como las ciuda<les, e1 an sitios adecuados para la mtegrac1ón <le los indios en la sociedad espafiola, y por eso se pudo ver a los indígenas trabajando en las galerías de los yacnnientos de plata y en los molinos de refino del minen1L

1.4. los indios en la sociedad española Pese a la separación prácl"icamente total entre !u sociedad Je los españoles y la de los indios (lo que se llamaría (<república de los españoles» y «república de los indios>l), muchos indígenas se rncorporaron al mnndo hispano y fuernn los protagonistas de las may01es transformaciones culturales vividas en Amér"ica en el periodo colonial. En alguna~ ciudades construidas sobre sus precedentes rndlgenas, como México y Cuzco, vivían con su organización precolombina im¡mrtan(es grupos indígenas. En otras de nueva planta, como Puebla, 1ambién se instalaron nutridos contingentes indígenas, aunque provenientes de las más diversas comnnidades del país, dándoles un tl¡nco perfil aluvional. Mientras el centro d~ las cludmles era básicamente español los arrabales estaban ({indianizados». Destaca una característica diferenciada entre los pueblos indígenas de la Nueva España y los de la zona andina, ya que los pnmero!> tenían un perfü menos nítido al haberse producido una mezcla étnka entre sus integrantes, algo qne no ocurria en las comnnidadcs andinas_ El control blanco sobre la vida polltica y económica, la justicia, la cultura Y!a religión 1io dejaban resquicios para qne se cuestionara su situación social hegemónica. De ese modo, controlaron las di.stiotas formas en que se explotó el trabajo indígena, otro de tos pilares de stt poderío, basándose en diversas instituciones como la encomienda o la mi.ta. La primera sirvió para recaudar


el 1ribu1o mdígena y para reglamentar algunus fmmas de trnha,10 obligo.tono

Sin embargo, pum limitar los efectos de nna w;cñorializaw'1rn, de la sociedad contrana a sus intereses, la Corona intentó limitar el poder de lo\en:onwnderos, que en las década~ iniciJks de \a conquista y la coinn.1zac10n lueron los mayores beneficiarios de; las mercedes de tierras. En un ~rm~cr momento, las encomiendas fueron concedidas de por vida y eran hcreditanas, lo que _con_Fi• rió al ornpo inicial y a sus descendientes, los beneméritos, cic1'1as aspiracio~ nes n;biliarias que, como hemos apuntado, iban en contra de los ~lanes hegemónicos de la monarquía. De ahí que bs Leyes Nnevas (1542! mtentar~n recortar el poder de los encomenderos, im proyecto que encontro una füei te resistencia en las diversas partes del Imperio. siendo el Perú el mayor foco de descontento. Más allá de bs guerras civiles peruanas, el poder de los encomenderos comenzó a declinar con relativa rapidez y sólo se mantuvo en algunas zonas marginales, como la península de YL1catán. . ._ La mita, por otra parte, era una institució~ típica11:en'.e andma, utilizada para \levar por periodos determinados trabaJ~dores rnd1genas a las rumas (corno Potosí O Iluancavclica). El sistema fon~10uab~ sobre la hase de la explotación de la comunidad indígena e~ sn.~?DJLmlo. faa la com.umdad la que debía aportar a los hombres (lo cual s1gmhcaba menos manos pa_ra traba¡ar las tierras comunitarias y obtener ganancias para laego pagar el t11buto ), alimentar a los mitayos durante el viaje al y desde el centro rnmero Y durante sn estancia en Potosí. Los indios acudían de forma rotativa a cumplir con sns obligaciones.

2. La sociedad de los indios Las sociedades indígenas no hispanizadas mantenían las est:1;1cturas sociales precolombinas y por eso resulta necesario estudiar su situac10n ~l~hal, espe• cialmente fuera de las ciudades y de algunos otros centros de actlv1dad es~añola como las minas. Sin embargo, la condición de los indígenas e~!.ª, sociedad colonia! estaba fundamentalmente determinada por la cond1:1on Y el estatus jurídico y social que recibieron de los con~uist?dores. Segu_n ~_ock" hart, el efocto de la conquista española y de la colo111zac10n sobre las s?uedades indígenas locales a Jo largo del siglo xv1 fue más cultural que socrnl._Las ideas indígenas se vieron afectadas y sus consecuencias s~ hiciero,n s_cnt1r en !a vida cotidiana, aunque las relacinnes sociales perm~ne~1eron practicam?nte inalteradas. En lo que a la vida diaria se refiere, los 1nd1os Y~ no construian templos a sus <liases sino iglesias católicas, emp\ea~an utens1hos de acero Y utilizaban dinero español cuando compraban y vendian productos de uso corriente, pero seguían teniendo a los caciques al frente ?e sus c?m~mdades, que eran las que verdaderamente estructuraban a las sociedades md1gena_s. En México, se mantuvo la diferencia entre los plebeyos (_macehualtm) Y los nobles (pipiltin), que eran los que se encargaban del gob1erno de lasco-

nmnidades indigenas, rnl y como io habi:rn hecho anlc:s de tt conqu1~ta El régimen domé~l!co, los nliclcos famdiares y la estrw:lura dt: la propic::dad de ]a trena mantenían su orga111z,1ción pese a lcts reduccium.:s indígenas y al de~-· ctCnso demogriif!C(', FI pnncipíll cambio en la~ relaciones sociciles fue la desnpílrición de la esclavitud entre los lndios, consecuc11cia del fin de las guerras entre !os pueblos abol'lgenes. La movilidad social en el mterior de las comunidades pasaba por el deseo de a!gu11os plebeyos de convertirse en nobles o por su decisión de desconocer algunos deberes que los obligaban con los se .. ñmcs irnlígenas, pese a que !as categorías antiguas no fueron mayoritariamente cuestionadas, El principal factor de movilidad social de los indígenas estaba fuera y no dentro de la ~ociedad india, y era, sencillamente, la posibilidad de incorporarse a la sociedad española. Este hecho tambié11 dificuli.a nuestro propósito de establecer un modelo capaz de describir la soeicdad colonial, ya que los escasos puentes en1re la sociedad de tos españoles y la sociedad de los indios eran crnzados por miles de individuos que terminaban instalados en las ciudades españolas o en cualquier otro enclave de la sociedad hispami. Úste fue el principal cambio socin! que se produjo, vinculado al desarrollo del mestizaje. En los Andes encontramos a !os indios forasteros, miembros de una comunidad y afincados en otra, aunque seguían manteniendo lazos con su grupo de origen. En México no ocurría nada parecido, ya qne los mdios que salían de una comunidad para integrarst: en otrn terminaban asimila.dos a la sociedad receptora, La salida o expulsión de indios de sns comunidades, unida a la caída demográfica., provocó el descenso en el número de vasallo~ dependientes de los señores indígenas, lo que a sn vez fue causa de una pérdida de poder de estos últimos. El mantenimiento en la actualidad de las cstrnctnras primitivas en algunas regiones andinas apuntaría a una escasa inílnencia de la sociedad hispana. Una consecuencia de la polémica sobre la condición de los indios fue su consideración de menores de eda~ gente sin juicio suficiente que necesitaha protección frente a los peligros del entorno social en qne se movfan No se trat3.~a sólo de_rrotcgerlos personalmente, sino también de extender fa protecc10n a sus bienes comunitarios, ambicionados por encomenderos, mercaderes y cualquier otro agente económico co11 algún pu11to de contacto con Ja sociedad indígena. Esta idea favoreció el desarrollo de dos sociedades diferencia_das y sep~radas, las mencionadas «repliblica de españoles)) y «repúbli. ca_ md10sl,. Sm embargo, la separación no füc siempre posible, como ocumo en algunas regiones marginales. Paraguay fue un caso exlremo, donrle no se encontraban dos mundos diferentes. Esto se observa en nuestros días al ser Paraguay el único país de América Latina donde las clases acomodad~s dominan la lengua indígena, el guaraní, algo impensable en otros países de ahun¿~n:e ~º?;ación aborigen, como Guatemala o Perú. El factor indígena tamb1en mc1d10 en la relación entre aborígenes y españoles. Mientras en las zonas con población sedentaria la segregación fue la norma, en aquellas don-

?e


de habitaba nna población semisedentaria el contacto y 13. interrelación füt> ron posibles, y all i donde primaba el nomadismo de los namrales, el enfrentamiento entre ambas sociedades fue la consiante_ como en el sur de Chile, el norte de México o algunas partes del Chaco. La creación de los pueblos de mdios basándose en las reducciones supuso la existencia de un estatuto particulai para regir su vida, producto de 1a síntesis entre la obligación de la Corona de defender a los indios en tanto súbditos, el paternalísmo de las órdenes religiosas, cspecíalrncnte de los franciscanos y domínicos, el deseo de control y de ordenación del territorio de los altos cargos de la administración y los intereses de los colonos. Entre 1540 y 161 O tiwo lugar el período tle mayor actividad de las reducciones, que permitieron la organización de nuevas y gnmdes comunidades indígenas, capaces a la vez de autosostenerse y generar los excedentes necesarios para pagar el triblltO. Aunque en estos enclaves encont1amos algunas instítncíones típicamente españolas, como \os ccibíldos, los pncblos de indios, de un claro perfil castellano, fue1on gobcrnndos por los indígenas, por sus nobles, gobemadotes, caciques, mandones o curacas, dando lugar a una aristocracia típicamente \ocaL En ese mundo contradictorio que fue la realidad colonial hubo algunas creaciones de la Corona, como el protector de indios o el juzgado de indios, que respondieron a esa búsqueda de protección, si bien no lograron írnponerse al cúmulo de intereses creados que pugnaban por ta explotación

de los nanirc1les. La bipolaridad co\oní.11 se expresaba de numerosas maneras: mdios y españoles o mundo agrano y mundo mbano. La mayoría de la población mdigena vivía en y del carnpo, mientras que los blancos se había.n establecido en las ciudades, pese a obtener la mayor parte de sus riquezas del mundo rural y del trabajo campesmo. En el medio rnral los mdios vivían en com1midades, que eran las propietanas de las tierras y el mejOl" vehículo para mantener la cohe• sión étnica y cultura!. Fite dentro de las comunidades donde la «república de los indios,> adqnínó sentido, ya que encontramos nn sistema de cargos propios de las sociedades indígenas eon sus caciques y consejos de ancianos y, en algunos casos, ai1toridades delegadas del poder real. En torno al perímetro de los pueblos estaban !as tierras de resguardo, cuyo titular era la comunidad y que habían sido cedidas a perpet11idad, no podían enajenarse bajo ningún concepto y se divi.dian en tres partes iguales. Una se destinaba a prodncirpara mantener a la comunidad, otra a cultivos comerciales y la última a pastos. La venta de los productos iba a la caja de censos o caja municipal y servía para pagar el tributo y comprar semillas, animales, herramientas y otros insumos agrarios. Hacía 1560, Cltando se había recortado el poder de los encomenderos. ia autoridad que los caciques o curacas ejercían en el interior de las com1111idades debió ser compartida con los corregidores de indios, t'uocionarios de la administración colonial que ejercían su cargo durante dos o tres años. Estos últimos eran asistidos en su labor por tenientes de corregidor (ayudantes), in·

térprdes (generalmente indígenas o mestizos) ,¡[cak-¡~¡-d,,. 'n·-·d:- ,"0· ,. ---¡·-·- ---_- 1 · ¡ s · ''' ' "' '.,yaouac1cs le '-'Obernar los· va0t,F ¡ 1 · -,J , 1nc ws. , "11 ,-- cometido . . era "'. "'" ,,,,.,_· ._.,,1ono~ruraesenquese ,1~entaban la~ . comnrndades , md10-e11as - en nombre del rey , admn•;,,¡,""'"'J"~ " " us-,-1C1d 0 y ~'.Jbrar_~l tntn.110,. q_ue solla ser r:cogido por los caciques. Para Guillermo Cespede,~, la pnnc1pal cansa del fracaso de este sí~tccnº f•tº ¡, ,, st · -,¡ b f . . ~ · · ., "" , e " 1 anracion <l,". tra ªJ~.- orzoso d'" los mdws. La medi_d,~, que se institnyó en J552, dada la g;,rn nec~sidad de man~ de obrn 110 rnalthcada en los territorios coloniales sol~ podia :f:ctar al 4% de la p_o_blación indígena de Nueva Espafia O al 6o/; d~ la d~e! P. . m, aunque los rnov1l1zaclos debían ser varones de entre 20 v 50 anos_ El_ corregidor reunia · " da , , .. _ . a,,los indios : entrc<>ados o' . po,· ¡0 s• "" . . "c1quesparaca 1 t,1~n_o ~, os poma a d1_spos1cm~ de UtlJ_uez repari1dor, encargado de asignarlos alasd1stmtaslabo1cs4m:deb121trealtzarenobr,,,• · · · , , · w.,pn'bl'JCas,agnculturaominena.. Ante los n11mcrosos abL1sos cometidos "¡ ,·,•t•n" d• 1• b • .. . , '" ., ., -..- "' ,.,, ,a a¡o 1orzoso se supnm10enl60ls1b1et1semantuvovigenteenNu~,,,e·s ""- para · · · . d-• · , , • " " p"na s1tuac10-n_es "'mtere~ publico hasta 1632, lo que, de alguna manera, equivalía a qoe s1gu1cra fünc10nando. 0


8, la adrninistración del Imperio: gobierno y Real Hacienda

A partir de l 492 y a medida que la conquista se ponía en marcha fue necesario controlar el 1erritorio y constituir el aparato administrativo adecuado para su eficaz dirección. Se trataba, con los ajustes necesarios, de reproducir el modelo peninsular, aunque hubo que esperar algún tiempo para que la Corona tuviera claro qué gobierno quería en Indias. En este terreno, más qne en ningún otro, funcionó el método de ensayo y error, ya que la nueva realidad la resistencia inicial de los conquistadores y una casuística variada limitaban el traslado lineal de las instituciones metropolitanas. En realidad, en una primera época se intentó gobernar las colon las desde la Península, pero cuando se vio que los organismos creados en la metrópoli para dlngirlas y gestionarlas eran insuficientes, se pensó en crear otros nuevos que estuviesen implantados en el territorio. Desde un punto de vista jurídico, el reino de las Indias tenía !as mismas características que los restantes reinos integrados en la Corona española, situación que ha permitido afirmar a numerosos historiadores que «las Indias no son colonia,)). Durante mucho tiempo la palabra colonia estuvo ausente del kng11aje oficial de la administración española, lo que no implicó que los remos de Indias fueran tratados de igual manera que los peninsulares. El objetivo de la monarquía en el siglo xvr fue cortar de raíz cualquier posibilidad de construir i1na sociedad señorial en América, lo que la enfrentó con los encomenderos y los beneméritos que querían construir la sociedad colonial a su imagen y semejam:a, centrándose en el reforzamiento del cabildo. La sanción de las Leyes Nuevas fue un paso en esa dirección y !a Junta


Magna Je 1568 se encargó de elaborar el programa que instauró en [mlias el poder absoluto del monarca. Los v1rreycc, Francisco de Toledo, en Pe~: Y Martín Enriquez, en México, fueron loe, mstnHllélltOS del plan, El propos1to de la Corona requería una administración centralizada y controlada por el monarca, lo qne era contradictoria con la buscada imagen de igualil'arismo. La elección de Carlos I como emperador supuso un cambio con !o actuado previamente, al poner al servicio de la causa imperial.todo~ los _recursos ~ísponibles, tanto europeos como americanos. El centrahs:no nnphcaba un ng~do control sobre los fimc10narios establecidos en Amén ca, con el fmde limitar los efectos de la conupción y el despotismo sobre el con.iunto de la sociedad y, especialmente sobre los indios, la pieza más <lébil del sistema .. El aparato administrativo que 1egía el funcionamiento del mundo rnlornal dependía de una doble csiructma que estaba sometida ª. la autori~ad '.le! 1:ey, la autondad máxima e indiscutible. Por un lado, el conJunto de rnst1tuc1ones metropolitanas encargadas de la gestión de las posesiones imperiales, y p~r el 0 110 , la pléyade de funcionarios que desde el terreno se e?carga han del drn a día. En la metrópoli, el Consejo de Indias fue el máximo organo en asuntos americanos. No sólo aconsejaba al monarca y dlctaba la política general del remo, sino también era el tribunal en Ultima instancia de los pleitos indianos. En el siglo xvm, con la creación de l3s secretadas de Estado, el Consejo de Indias p~rdió parte de !a influencia acumulada en el pasado. El otro órgano rdev:mte estahleci<lo en fa Penínsnla era la Casa de Contratación, que funcionó primero en Sevilla y en 1717 fue trasladada a Cádiz. La Casa de Contra:ación se creó corno un órgano fiscalizador y admimstrador de las exped1c10nes de descubrirníento y conquista, del comercio colonial y de la emigración a las colonias, aunqnc rúpidamente amplió sus atribuciones, En América, el virrey era la inúxíma autoridad y, al igual que otros funcionarios subordinados, acumulaba atribnciones de cinco ramas gubernamentaks: gobierno o admmistración civil, justicia, ejército, hacienda e lglesia. Así, por ejemplo, el virrey de México era simultáneamente gobernador de Nueva Espaii.a, presidente de la Audiencia, capitán general, supervisor de la Real Hacienda y vicepatrono de la arquidiócesis de México. Los virreyes trnían el pnvilegio de nombrar a los rnagisirndos y funcionarios locales, 1m11que los cargos de oidores de las audiencias y gobernadores eran. cubiertos desde Ja Península. Un segundo nivel en la gestión estaba const1tmdo por las gobernaciones que no coincidían con las capitales de tos virreinatos. En las más importantes había audiencias y, al ignai que sucedía con los virreyes, los gobernadores compagii1aban distintas funciones. La creación de las m;endencias en el siglo xvm alteró el esquema inicial heredado de la conquista. En las ciudades: los cabildos eran la institución encargada de su gestión. Todos los fu11cionarios coloniales eran nombrados por el rey y estaban a su servicio. Bra el rey quien tra11s.fería con carácter temporal sus poderes judiciales, admlllistrativm,, militares y religiosos.

1. La administrradón imperial A parti1 del descubrimiento, pero especialmente tras la ~anción de las bulas alejandrinas, las [ndias se vincularon a la Corona de Castilla como bienes hereditarios y Je realcngo. lmcialmente correspondió al Consejo de Castilla segnir los asuntos. americanos, pero a medida que se incorporaban nuevos territorios se vio que ni el órgano era el adecuado ni sus funcionarios estaban preparados para gestionar los temas que Hegaban a sus manos. Los Reyes Católicos designaron dentro del Consejo a gente de su confianza para encargarse de los mismos, comenzando por el obispo Jnan Rodríguez de Fonseca. Slls cometidos fueron limitar los efectos de los privilegios usufructuados. por Colón e impulsar la cokmización. Con el tiempo sus funciones se ampliaron y debió ocuparse del C0!1Junto de los asuntos americanos, como la organización de nuevas expediciones, la concesión de licencias para el comercio nltramarino o el contrnl de !os emigrantes que querían pasar a Indias. En 1493 contaba con la colaboración de un contador mayor y un tesorero, prneba de la envergadura de una anivídad que seguiría en aumento y que !a creación de una adnana en Cádíz no pudo solncionar. De ahí que fuera evidente la necesidad de crear órganos especializados, como la Casa de Contratación o el Consejo de Indias.

1.1. la Casa de Contratación Dentro del objetivo general de racionalizar la administración amen cana y con el más concreto de organizar y fiscalizar el comet·cio transatlántico, se creó la Casa de Contratació11 de las Indias Occidentales, establecida en Sevilla. La Casa fue creada por una Ordenanza del 20 de enero de 1503, siguiendo el modelo de la portuguesa Casa da India, inicialmente conocida como Casa tle Mina y de Guinea. La Casa de Conirntación regulaba el tráfico comercial con InJias y adoptó la forma de monopolio hasta 1765. Entre sus competencias estaba controlar las remesas de metales preciosos desde las colonias y el conJunto del comercio colonial, así como organizar las expediciones a Amé1ica. La gestión de estos asuntos dependía de tres oficiales: un tesorero, nn conta•• dor-escribano y nn factor. Sus funciones iniciales de control, administración y fiscalización de las expediciones a Indias, así como del comercio y de la emigracíón, se ampliaron a otras relacionadas con la navegación y las cuestiones técnicas vincnladas a la misma Para ello se crearon los puestos de piloto mayor en 1508 y de cosmógrafo mayor (el máximo responsable de las canas e instrumentos de marear) en 1523_ La Casa también se ocupó de algu" nos asuntos fiscales y recayó sobre ella la administración de ciertos impuestos que gravaban al comercio ultramarino. Éste fue el caso de la avería, cuya recaudación servía para financiar la annada que protegía el tráfico comercial con Indias. También se ocupó de los bienes de difuntos hasta 1524, cuando su


f1mciom1miento pasó a depcmkr dd Consejo de Jndias. En 1522, tras el regccso d0 Sebastián Elcano a la Península, scc creó la Cas,1 di.': Contr:1tación de La Coruña. Su prrncipal objetivo era el control y L1 organización ik las expe-

diciones a las Molucas, lc1s islas de la Especiería, presentadas como una inagotable fuente de riquezas. Pese a su cor1a duraciiin, tan sólo siete años, el experimento amenazó la supremacía hispalense sobre el comercio coloni,1.l. La Casa de La Coruña !legó a su fin cuando las Molucas fueron entregadas al rey de Portugal. Como era corriente en estas instituciones, la Casct tuvo competencias judiciales, concretamente a partír de 1511, pero éstas entraron en contradicción con las del Consejo de Castilla, que luego pasarían al Consejo de Indias, y con las de las audiencias americanas. Para encauzar estas disputas, en 1539 se concretó la jurisdicción de la Casa, limitc1da a las causas civiles en relación a la Real Tfacienda y la contratación y navegación a Arnérica en aquellos casos que enfrentaban a un particular con la Casa. Si el pleito era entre particulares, se podía elegir entre personarse en !os 1ribunales 01 dinarios, el Consulado de Sevilb a partir de 1543 o la Casa. De todas formas, los asuntos tramitados por la Casa se incrementaron considerablemente, lo que obligó a crear nuevos puestos de _jueces y, finalmente, a establecer dos salas en 1583. En 1579 se había creado la figura del presidente, prueba del grado de complejidad de las actividades de lc1 Casa. Sin embargo, a lo largo del reinado de Felipe II se generaron en su seno un nllmero importante de cargos, la mayoría sólo para ser vendidos_ De este modo, en la segunda mitad del siglo xvu la Casa llegó a tener más de 100 funcionarios. En 1717 se trasladó a Cúdiz, lo que Sllpuso nn dnro golpe para el poder sevillano y en 1790 fue cerrada <lefinltivamente.

1.2. El Consejo Real y Supremo de Indias Fl Consejo de Indias fue el órgano centrnl supremo establecido en laPenínsu la para el gobierno Oel Imperio ultramarino asi como para legislar y actttaren tanto que máximo tribunal de justicia. Su origen se vincula a los mtentos de los Reyes Católicos de poner orden en la empresa colombina. En 1495 la rei, na lsabcl delegó la tarea en su capellán, Juan Rodríguez de Fonseca, Dada la amplitud de la misma, Fonseca se rockó ele algunos colaboradores escogidos entre los miembros del Consejo de Casti!lc1, como Lope de Conclllllos. Poco a poco foe aumentando su trabajo, comenzaron a editar normas legales y en 1517 se creó una junta especializada en asuntos indianos que implicaba su Sé>· parnción del Consejo de Castilla. En 1524, se creó el Consejo Supremo y Real de las Indias, que seguiría la normativa propia del Consejo de Castilla hasta 1542, cuando se dotó de una orgctnizaciún propia. Juan de Ovando adaptó el funcionamiento del Consejo a la especificidad indiana, "Fin 1567 Felipe lI le encargó una visita (inspección) al Consejo con el fin de proponer nuevas soluciones. Su labor como visitador se extendió de

¡568 a ! )70 y grncÍJS a su cxri:'.ncncict pudo d1scifa1 un conjunro de actuacmncs políticas y de (ksanollo kgi.,lativo, que fueron aprobad;¡~ por una J1mt,1 !vlas:na cc\cbraJ¡¡ en l 568 Desdc i,;ntonccs el Consc:10 c11nló con un nrt:sidente, c-ar·go que ocuparía Ovando, cuatro o i,;ínco consc-jcros letrados (s;1 número se dobló en el siglo xvn), llll físcal, un senc:im-io, un cronislu, un cosmóinafo y unos pocos funcionarios rnós. Ante el caos kgi~lativo de las medidas ;~!optadas para el gobierno de las Indias, intentó redactar un verdadero código o libro de Ordenrmzas que de lm modo ordenado recogiera todas las normas <lictadas para dicho gobierno. El precedente inmediato cm la commlación de Vasco de Puga: Provisiones, cédulas e instrucciones pnra el gohierno de la Naeva España, de 1563. Sin duda, la labor de Ovando suprno el máximo es-• füerzo llevado a cabo para ordenar la vidnjurídica colonial y para encauzar el Derecho Indiano, de manera que los funcionaríos del Consejo de lndias pudiernn aplicar la ley. Entre 1569 y 1571 redactó los dos primeros libros de sus Ordenauzas. El primero foe revisado y aprobado por el Consejo pero no por el Papa, y tampoco obtuvo la sanción real Ante este frneaso algunos títulos se aprohnron como Ordenanzas específicas, como las de! Consejo de Indias (1571 ), de descubrimiento y nuevas poblaciones (1573), de patronato real (1574) o las Instrucciones para las descripciones de las índias (1573 ). El resto del proyecto se abandonó tras sn muerte en 1575. En J582 el Ccmse.10 de Indias encargó a Diego de Encinas., un oficial de la Escríbctnia de Cámara que llevaba años en la casa, recopilar todas las disposiciones vigentes. Gracias a sn esfuerzo vio la luz en 1596 su monumental obra: Provisiones, cédulas. capítulos de ordenanzas, instrucciones y cartas, más conocidcl como el Cedulario de Encinas, cuyos cnatro volúmenes estaban re-servados para 11so del Consejo de Indias y de las Audiencias americanas. Su mérito fue haber ordenado por materias todas lc1s normas vigentes, sin embargo hubo que esperar hasta 1681, a la Recopilación de las Leyes de los reiuos de Indias, también en cuatro volúmenes, que fue finalmente ampliada en 1792 con el ,Vueva Código de las Leyes de Indias, para contar con un corpus compkto de la legislación mdiana. Con el fin de tener lma información de primera mano de lo que ocurría en Indias, ya que la mayor parte de los füncionarios del Consejo nunca habían estado en América, Ovando preparó un cuestionario para los funcionarios coloniales. En 1571, creó el cargo de Cronista y Cosmógrafo Mayor de Indias, que fue ocupado pm Juan López de Velasco. Basándose en los informes de los oficiales reales en respuesta al cuestionario de Ovando, López de; Velasc:o escríbió sn Geografia y Descripción Universal de las Indias, la prímera visión estadística de conjunto de la totalidad <le las posesiones españolas en América. La obra fue posteriormente resumida por su autor en Demarcación y división de las Indias. El Consejo era el tribunal de Ultima instancia en todos los juicios civiles y criminales originados en los consulados de Indias, en la Casa de Contratación yen los consulados de comercio. Tumbién teníct funciones consultivas en ma--


tetias !egislativris, ecksiásiicas y de gobierno. Entre sus atribuciones guber•nativas y admírnstrntivas, el Consejo debía presentar al rey las peisonas qne ocunarian los altos cargos de la admmistracióu colonial e inclusive de la je., rar¡_Íuía eclesiástica. También contrnlaba a la admmistración colonial y legis• taba creando o derogando leyes. Hasta 1557, las funciones hacendísticas se contaban entre SLlS amplísimos poderes, que Incluían el control de la Casa de Contratación y !a fiscalización de la Real Hacienda indiana. Ese año, dichas funcion<:s füeron traspasadas al Consejo de Hacienda y, si bien !e serían resti~ midas en 1595, la situación ya no volvería a ser como antes, dml.n que cualquierdecisíó11 sobre ese tema debería contar con el acuerdo de los dos Consejos. En el siglo xvrn, a partir de la creación de las Secretarías de Estado, las funciones del Consejo quednron limitadas. Se suprimió en 1809, se restableció al año siguiente, en 1812 se volvió a suprimir, en 1814 con la restamación de Fernando Vfl se reimplantó nuevamente y en 1834 fue liquidado definitivamente.

2. H gobierno de Indias en Indias 2, 1. Virreyes y virreinatos Cuando hl. Coronn conoció fa_ magnitud de los territorios conquistados y la envergadura social y cultural de los pueblos sometidos, el virrei11ato se convirtió en la máxima i11stancin territorial del gobierno colonial. Su gestión estaba a cargo del virrey, el álter ego del rey, De acuerdo con las Capitulaciones de Sunla Fe, el primer vnrey americano fue Cristóbal Colón, aunque una vez que el Almirante Fue desposeído de 8ll título éste no tuvo continuidad. En realidad, las atribuciones de Colón foeron diferentes de las que posteriorrnente conlleva ria el cargo de virrey. Así, hubo que esperar a iacrención en 1535 del virreinato de la Nueva España, con capitnt en México, y en 1543, del vi1Tcinato del Perú, con capital e11 Lima, para qne la i11stitnción apareciera totalmente definlda. Hasta el siglo xvm fueron los dos únicos virreinatos de América, razón por la cnal sus jurisdicciones eran amplísimas. El virreinato de la N11eva España sc extendía por América del Norte y Américn Central (México y Mesoumérica), las A11tillas y Venezuela. Por su parte, el vmeinaro peruano ¡_;ubría América del Sur, salvo Venezuela y Panamá. La llegada de los 8orbo11e8 al trono de España evidenció que territorios tan vm,tos. eran ingobernables desde un sn!o centro, crdmdose entonces el virreinato <le ia Nueva Granada, dd"initivrimente mstaurado en 1739, y el del Río de la Plata, en 1776. Santa Fe de Bogotá füe la capital del vinemato de Nueva Granada, que se extendía por los territorios de las Audiencias <le Panamá y Qnito. Buenos Aires fue, por su parte, capit,11 del virreinato del Río de la Pinta, al que e8taban subordinadas las p10vmcias de Potosí, Charcas, Santo Cruz de la Sierra, Córdoba del Tucumán, Paraguay y Buenos Aires.

El v1ney tenía amplias atribuciones en rnatcria política, administrativa, militar y judicial. A las funciones de su cargo aihidín las de gobcrnadm de su provincia; pt"c:sidewe de la Audiencia qn<e coincidíu cou la ;apit;1] riel vinú11ato; capitán ge!leral corno jefe de las fuerzas mili tares y ordenador de pagos de la Real Hacicnda. También era la cahe:m del Real Patronato. viceoatmno, con un amplio poder en cuest10nes eclesiásticas. Pese a todo, ~xistí~n algunos con!rolcs, importantes en inaleria fiscai, y que comenzaban por el carácter temporal del cargo. Para evilar gobiernos despóticos y pcrsonalistas, el vmey debía reunir ni Renl Acuerdo, una especie de consejo consultivo integrado por el virrey, o gobernador en su caso, junto a los oidores de la Audiencia. El Real Acuerdo se reunía cuando había remas conflictivos que tratar o se debían tomar importantes decisiones. Sus acuerdos no eran vinculantes para los virreyes, aunque era foccuente qae los siguieran en aque11os aS11ntos en los que querían disminuir su respons.abilí<lad ante el monarca y el Conse-jo de lndias. Dadn la responsabilidad de los virreyes, los monarcas nombraban a personas de su confianzn, generalmente segundones de la alta nobleza cas1ellana. Los viffeyes se hacínn cargo de sns puestos con un pliego de fos/rucciones y ciwndo lo abandonaban debían someterse a un juicio de res.tdencia, instruido por su sucesor y obligatorio para todos !os funcionarios coloniales.

2.2. Las Audiencias y los gobernadores Las Anthencias eran el máximo tribunal judicial en las colonias y sus decis10nes sólo se podínn apelar ante el Consejo de Indias. También t~11ían funciones gnbernaiivas. Junto a los vnreyes crnn las más altas instancias de la administración en fndins. Si hien se in;;piraron en las Audkncias castdlanas, tenían mayores atribuciones que ellas, probablemente para compensar los problemas de gestión causados por la distancia. Entre sus fnnciones estaba la de ser tribunal de primera instancia en los casos de corte, y actuar en delitos muy graves en los que los cabildos, los alcaldes o los funcionarios reales eran parte litigante. La Audiencia solía tener un presidente que, según el caso, cont2ba con vanos oidores y alcaldes de crimen, uno o dos fiscales, un alguacil rnayory otros funcionarios de menor rango. Los jueces d:c la Audiencia 11 oidores integraban junto al virrey e! Real Acuerdo. Aquellas Audiencias qne en determinadas circunstancias asumían de fonnn. colegiada funciones ejecutivas eran las Audiencias gobernadoras. Sirr embargo, el sistema colegiado no dio buenos resultados para el gobierno de Indias y se decidió concentrar las funciones gubernativas en el presidente de la Audiencia, c1talquiera que fuera su rango ( virrey o gobernador). La R<:copilación Je 1680 distinguín tres tipos de Audiencias: las virreinales, presididas por el virrey; las pretoriales, a cuyo frente estaba un presiden(e gobernador que nada te11ía que ver con el virrey y dependía directamente de


la Corona a trnv0s <lcl Consejo ,ie Indias; y la,, s11bordmadc1,:;_ como C11circ:1s y Quito. dirigida;; ¡wr 1m pres idcntc con escasas funciones e¡ccut1vas, que permanec\un en manos <lcl vmey Fn l 5 J l se creó IEI pnrnern Audicncw indiana en Santo Domingo. La ¡mrner::i establecida L'.ll el continente fue la de México en 1527 _En 1538 se creó una en Panamá, cuya,jurisdicción inclllia el Perú, hasta que la~ Leyes Nuevas de 15A2 crearon una en Li1na y otra en Guatemala. Poste1iormcn1e, fuero¡¡ instaladas Audiencias en las ciudades más importantes, que geuernlmcntc eran !as cabezas de los virreinatos orle las principales gobernaciones. De las doce Audiencias, <los fueron virreinales (MCXico y Lima), cuatro pretoriales (Santo Domingo, Guatemala, Nueva Granada y Manila), tres no pretoriales (Quito, Chile y Charcas), dos intennedias (Nlleva Galicia y Panarnú) y la de Buenos Aires, que funcionó ocasionalmente entre 1661 y 167]. El gobernador era una de las máximas autoridades del gobierno colonial, con control territorial sobre las provincias. Su origen cslá en las Capí1t1 laciones de Santa Fe de 1492, qnc nombraban a Cokrn (<virrey y gobernarlnr genera! de !as Islas y Tierra Firme)). E! nombramiento y cese de estos cargos dependía del rey, que los hacía efectivos a través del Consejo de Indias o de los virreyes. El gobernador tenía atribuciones políticas, judiciales y militares y podía ser auxiliado por un teniente de gobernador, que lo representaba en las zonas más alejadas de la provmcia. Para ocupar el cargo de gobernador, que solía estar nniclo al de capitán general, era frecuente que se nombrara a gente de capa y espada. Las provincias podían ser menores o mayores y soli::m coincidir con la cabecera de una Audiencia. En este caso, el gobernador, la máxima autoridad de la Audiencia, era presidente-gobernador y tenía prácticamente las mismas atribuciones que el vlrrey, aunque sin representar directamente al m011arca. El cargo se cuhría por un período que iba de tres a ocho años y su salario era respetable. Las gobernaciones estaban integradas en un virreinato, del cual teó1icamcnle dependían, aunque en algunos períodos hubo ciertas gobernaciones prácticamente autónomas, como Nueva Grnnada, Venezuela, Guatemala o el Río de la Plata, que tenían mejores comunicaciones con la metrópoli que con la capital virreinal. Uno de los grandes problemas de la administración territorial indiana fue el de los límites jurisdiccionales que cambiaban permanentemente. A esto hay que agregar otro elemento: no siempre coincidían los limite~ de las Jmisdicciones de lns gobernaciones con las audiencias o los obispados. Prueba del caos territorial y de jurisdicciones en el que se vivía era Tierra Firme, Vene" zuela, donde había tres gobernaciones· Caracas {el occidente de Venezuela), Nueva Andalucía (el onente, con capital en Cumaná) y Trinidad de la Guayana, pero mientras Caracas y parte de Trinidad (Riohacha y Mérida) pertene• cían a la Audiencia de Santa Fe de Bogotá, el resto estaba vinculado a la Audiencia de Santo Domingo.

2.3. El cabiído El cabildo, la mstitución que estructuró el municipio rnlonial, tiene sus antecedentes en el antiguo concejo casteHano. Desde el inicio de la conquista, la fundación de nuevos núcleos urbanos se asociaba al establecimiento del Cclbildo, considerado por los conqlllsladores como la mejor herramienta para apoyar sus reivindicaciones frente al monarca. Como señala Guillermo Céspedes, entre las funciones que desde sus orígenes se dio al cabildo estaba la concesión de tierras, la elección y deposición de las autoridades, el reclutamiento de fuerzas militares o 1ft administración de jm:;ticia en nombre del rey. Al residir los españoles mayoritariamente en núcleos urbanos se refoo;ó el papel (le los cabildos como institución clave de la administración territorial colonial. La jurisdicción del cabildo no sólo era urbana, sino que incluía un vasto hinterland rural, que permitió la concesión de tierras a los vecinos. Junto a los cabildos españoles encontramos los cabildos de indios, propios de las comun¡dades indígenas En el cabildo estaban representados todos los vecinos y sus autoridades electivas estaban encabezadas por los alcaldes ordinarios, que podían ser uno 0 dos. Los regidores eran cuatro en las villas más modestas y podían superar Ja docena eu las cap1tn!es virreinales. La renovación annal de las autoridades se realizaba a principios de enero y por lo general funcionaba la cooptación entre los cargos salientes y los entrantes, aunqne hahía casos de ciudades, como Oruro en el Alto Perú, donde los vecinos se enfrentaban en facciones que se disputaban el control del cabildo en elecciones muy reñidas. En el siglo xvJJ, los oficios de designación regia fueron afectados por la venta de cargos que afectó a todo el continente. Junto a sus fimciones administrativas y judiciales, el cabildo se ocupaba de sancionar !as ordenanzas necesarias para el gobierno de su krritorio. Entre las primeras encontramos la fiscalización de los presupuestos y las rentas municipales, el control del abastecimiento urbano y la h1cha contra la delincuencia.

3. ta Real Hacienda La gestión fiscal de las colonias estaba a cargo de la Real Hacienda, tanto de las Cnjas Reales asentadas sobre d terreno, como de otros órganos especializados que funcwnahan en la metrópoli. Su principal cometido era recaudar el dinero generado por la economía colonial a través de la producción de plata, el comercio transatlántico u otras actividades que implicaban ganancias para el fisco. Toda esta actividad y los importantes ingresos que reportaba obligaron a la Corona a construir nn aparato de recaudación, administración y control tanto en América como en las cabeceras peninsulares del sistema de flotas y galeones. En la Península, la gestión de las cnentas fiscales correspondió inicialmente a la Contaduría Mayor de Castilla, la responsable de la recaudación


impositiva, para pasen posteriormente al Consejo de Indias trns su hmdación en 1524. Por su parte, la Casa <lec Contratación era el lugar donde Jlegahan !os caudales americanos y donde se pagaban los impnestos comerciales. Desde mediados del siglo xv1 los ingresos indianos comenzaron a ser significativos y alcanzaron el millón de ducados anuales, frente a los 165 .000 de promedio annal dt la década de 1540. La cifra no era intrascendente, ya que suponía la cuarta parte de los ingresos regulares anuales de la Corona, algo más de cuatro milloues de ducados. Hasta entonces, !a presión fiscal en las colonias había wlo de las 111ás ba_¡as del Imperio. Entre otrns medidas se había eximido a los indios del pago del diuzmo y condonado temporalmente el pago de algunos impuestos comerciales. La dificil sit·uación financiera qne atravesó el reinado de .Felipe H se tradujo en nn aumento de las exigencias a las colonias, de modo tal que, a fines del siglo xvi las rentas de: Indias aporta~ rnn a las arcas reales 2.500.000 ducados_ I ,a alegría duró poco y a partir de la <lécada de 1620 se prodnjo una inflexión en to~ ing1 esos. La fiscalidad marcaba las di forencrns étnicas de la sociedad colomal, ya que mientras los españoles no pagaban impuestos directos, éstos sí debían sc1 ahonados por los irnlígenas como tributo.

3.1. Las Cajas Reales La estructura fiscal fue evolucionando a medida que la conquista se consolidaba. Inicialmente encontramos a representantes de la Corona en las expedí" ciones militares y sn nombre, oficiales de entrada, es bastante significativo, Una vez consolidada la p1scscncia española en algún territorio, llegaban los Oficiales Reales de Hacienda, füncionarios fijos que se establecían en los principales enclave5. Esto ocnrnó en San Juan de Puerto Rico, 1510; en Panamá y Nueva España, 1522; Ntiev[LGalicia, 1532 y postenonnente en Honduras, Nicaragua, Guatemala, NL1eva Granada, Vccnezaela, Perú y el Río de la Plata, El territorio americ::mo se dividió luego en distritos fiscales con urra Caja Real u oficina de J-Iaci,:;nda de un nivel de actividad mayor que los organismos similares en la Península, ya que salvo en el caso de los diezmos v algunos mo11opolios fiscales, la gestión tributaria era públ[ca. Las $Cdes de-las jas solían ubicarse en crn<lades de cierta importancia, que acogían otras instituciones gubernativas, Audiencias o gobernaciones, salvo que se tratara de Lma importante füentc de ingresos fiscales (puertos, y,icimientos mineros o zonas de ahundaL1te población indígena donde el tributo indígena era importante). Su número depend[:.i de la actividad económica: en Méxiw a fines del siglo xv1 había siete cajas, que fueron 12 el siglo siguiente y su número se duplicó en e! xvu1 corno consecuencia del crecimie11to económico regional. La gestión de cad:.i caja dcpc11<lía de los oficiales reales y de sus knientes y cada una tenía cuatro oficiales: el tesorero, el contador, el veedor y el factor,

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aunque a pai tir de l 563 estos dos últimos puestos se uníficarian. Hasta principios del siglo xvn las cajas eran independientes entre sí y jerárquicamente iguales, pero ante la meficiencia del sistema y con el fin de fiscalizar la marcita de la Real Hacienda se crearon los Tribunales de Cuentas de ludias en México, Lima Y Bogotá y se nombraron dos revisores de cuentas permanentes en La Habana y Caracas. Las cajas de !as capitales virreinales uasaron a denominarse matrices, mie1itras las otras eran s1ifrngáneas y depencÍían de las primeras. Una vez descontados los pagos autorizados, los excedentes de las cajas sufragáneas eran remitidos a las matrices. No todo lo recaudado se enviaba a la Península. Previamente había que hacer frente a los gastos de la admm1stración: sueldos de los funcionarios de ]a jurisdicción domk estaba la Caja, gastos militares, obras públicas. pensio-nes y los gastos de la <evangelización. Una parte importante de lo recaudado se redístribnía en otras colonias del lmperio mediaure los situados, una cantidad de dinero que las jurisdicciones coloniales con cajas con superávit aportaban a la clefonsa del Imperio, especialmente de aquellas regmnes que no podían h<icer frente poi sí solas a los gastos de defensa, como Cuba, Chile o Buenos Aires. Las principaks cantidaJes se destinaban a pagar a las tropas que guardaba11 las guarniciones militares y sus construcciones defensivas. A diferencia de lo que ocurría en la Península, la mayor parte de los impuestos y tribntos eran rec:mdados directamcmc por ia Rcul Hacienda y muy pocos se arrendaban a particulares. Esto supon[a que la adminístració11 fiscal estuviera recargada Je trabaJO, lo que atentaba contra su eficacia. Los impuestos y tributos recaudados en Indias se pueden dividir en cuatro grupos. En el primero estaban las cargas sobre las personas: el tribnto indígena, e! diezmo o la Bula de cruzada. El segundo cornprc1idia aquellos tributos provenientes de regalías, posesiones o privilegios reales: el quinto o el diezmo minero y los estancos (sal, salitres, azogue, 1iieves, papel sellado, etc.). En tercer lugar, los impuestos y tasas que gravaban la actividad comercial en los puertos, en las aduanas i ntenores, aduanas secas, u otros centros administrativos: alcabalas, almojarifazgos y avería. Por úlrirno, una gran variedad de cargas sobre translt;rencias de bienes y cargos: bienes de difuntos, rentas de se-• des episcopales vacantes, media annata pagada por los fuucionarios o la venta de cargos públicos.

3.2. La minería Los.impuestos a la minería fueron los más productivos. Tanto el quinto como el diezmo constituían una proporción del metal que los mineros debían ahomn a la Corona a cambio del permiso de explotació11. Según la legíslación castellana, la Corona era la propietaria de todo el subsnelo ¡¡m,:;ricano, pero al no poder explotar los yacimientos de metilks preciosos otor"ó su concesión a ' b tos colonos a cambio del pago de un canon. En América se comenzó cobran-


do la Ícrccrn park dd metal precioso oh\enido dd corni:rcw urn los mdios y en 1503 !a pmpill'ción se r<:dll_il' ul 25% (la cuarta park), ante los exce~1vos gastos aducidos por los conqu1::.tadmcs. En l 522, cuandcl ya cumcnzuhan a explotarse algunos yacimientos, se volvió a 1cduci1 al 20'% (qtúnto), a fin de estimular las explornciow.:s. Siu embaigo, la mayor ¡:im-le Je las c:xplol.acio11cs argentí fe ras pagaban el l 0%, ( tl diezmo) debido a !os elevados costes que tenían. Mientras en e1 Perú se pagaba el qninto, en la Nueva España, desde l 548, se cobiaba el diezmo a lét plata que llevaban los mineros a la Real lfacienda. Los eomerciantes, que no debían afrontar giavosos costes de explotación, pagaban el quinto, situación que se mantendría hasta 1723. La crcacihn de Casas de Moneda (cecas) en México, Lima, Potosí y Santa Fe de Bogotá permilLó cobrare! qtünto a toda la plata que se llevaba a acuñar. Cuando se unificaron las tarifas, sólo se cobró el diezmo. En Perú, en l 735, st comenzó a cobrar el diezmo. Por su parte, el oro sólo pagaba entre el 3 y el 5%.

3.3. El tributo indigena y el diezmo eclesiástico El tributo era el pago que dcb¡a11 efectuar !as cmmmidades indígenas a partir de su reconocimiento como vasallos libres por !a Corona de Castilla. Era un impuesto directo, similar al que pagaban los campi.;sinos castellanos, y la prueba de su orientación es que los nobles y los caciques indígenas no lo pagaban. En algunas regiones los indígenas habían pagado impuestos sernej:m-tes a los grandes imperios, lo que facilitó su cobro por los españoles. El tribttto se pagó en dinero o en especies, dependiendo de !a época y la reglón consideradas. Jnch1sive llegó u pagarse en trabajo, !o qne estimuló las 1endencias selloriaks de los encomenderos. La llegada de1 virrey Toledo al Perú implicó nn cambio radical en el pago del tribnto al comenzar.se a exigir su abono ic:n rnctúlico con el fin de qm: los lndlgenas se vieran obligados a trabajar corno asalariados en los centros mineros y poder reunir c1sí el dinero necesario para pagar el impuesto. El tl"lhuto se cobraba en junio y diciembre y sí se abonaba en especies éstas eran subastadas públicamente para hacer frenre a las obligacione~ respectivas. La cantidad a pagar, calculada mediante la tasación, variaba según lapoblación de cada pueblo y la riq11eza potencial de la zona donde estaba asentado. A medida que la población de las cornnnidades se iba redLLciendo, el esfuerzo de los indios para pagar el tribiLlo anrnentaba, porque las tasaciones no variaban. Una de las principales razones del éxito del tributo fue qne sn pago se encomendó a los caciques o a los responsables ele las conmnidades indlge-nas, quienes utilizaron para tal fin las estructuras de la com1111ldad. Todos los indios cabeza de famifüteran triblltarios, aunque la casuíshca regional sobre quién debía o no ser considerado tributario era muy amplia. En México pagaban los hombres de entre 25 y 55 años, mientras que en Pení, desde 1570, la edad de pago iba de los 18 a !os 50 años. Por sn parte, las mujeres y los jóvc-

nes sólo debían pagar la mitCld, a11nque en Perú se eximió del pago a la~ mujl> ¡·esa partir de 1618 I)cspnés de 1mus contrndJCtorias methdas miciales, se ordenó que el üibul.o debía ser pagado a k1s cnwmenderos. En los pueblos de indios somelLdos a la Corona, eran !os oficiales reales ( corregidores o akaldes mayores) los responsables de la recaudación. Algunas comunidudes crearon a partir de la segunda mitad del siglo XVI las cajas de comunidad a fin de tener 11nas reservas con las que poder hacer frente la presión económica dd mnndo espafiol. Los fondos solían proceder de ciertas cargas sobre los propios miembros de la comunidad, o del rendimiento de las tierras reservadas para ese fin. Con los recursos de las cajas se hacían obras, como reparar la iglesia, o se pagaba :t los funcionarios locales. Si bien los corregidores o los clérigos saquearnn alrruna que otra caja, éstas sirvieron a sus objetivos y en más de una ocasión el di~cro fue prestado a los españoles o se invirtió en empresas productivas. Como consecuencia de la aplicación de las Leyes Nnevas, allí donde las encomiendas se extingL1Íeron, fue la Real Haciemla la encargada de percibir el tributo. La situación ternllnó de unificarse en l 668, cuando la recaudación o asó a ser cometido único de los funcionarios públicos. Durante prácticamenlodo el período colonial el tributo füe 1mo de los símbolos más claros de la explotación mdígena debido a los a husos que se producían en su tramitación. Este hecho hizo que aumentaran las fugas de rndlos de !as comunidades, acelerándose aún más el proceso de dlso!ución de algunos grnpos indlgenas. Los diamos eran un unpuesto de ongen eclesiástico que se cobraba sobre la producción agropecuaria, sin ningún dcscnento de los gastos generados en su explotación. Todos los habitantes de las fndias debían p<tgarlo, salvo los indios a los que se consideraba exentos por pagar el 1ributo. El diezmo cu América fue cedido a la Corona por varias disposiciolles papales de fines de! siglo xv y principios del xvi, qu.: tenfan en cuenta los esfuerzos españoles para el establecimiento de la Iglesia en Indias y el hecho de que el mantenimiento del clero era de su respomabilida(!. T,a recaudaclón de los dlezmos se subastaba y un parti,cular se hada cargo de la gestión. P;-ira proceder al reparto de lo recaud;-ido, los dineros del dlezmo se dividían en varias partes. Una mitad correspondb a la diócesis (50%1 para el obispo, 50% para el cabildo catedralicio) y la otra mitad se dividía en m1eve partes: dos para la Corona, tres para la construcciórty mantenimiento de la ca1cdral, una para el hospital y la~ tres restantes parn pagar los salarios eclesiásticos.

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3.4. los impuestos indirectos La actividad comercial en sus distintas variantes era gravad::i con impuestos indlrecios pereibldos en dlferentes lugares, corno los puertos americanos y peninsulares, las aduanas interiores o secas y las ciudades. Uno de los impuestos ad valorem más dd'undido fue la alcabala, introdttcida en Nueva Es-


paña en l 57°L desde donde se extendió a Guatemala y al Pei ú (1591 )_ La alcak1la se basa ha en ei irnpucsto castellano que grnvaba cualqrncr compraventa, arn1que en las colomas se decidió cobrar sólo el 2%, en vez del l0% pagado <:n la J>e11ínsula. En 16.:\"7 se comenzó a cobrar el 4% para hacer frente a los gastos de la flota de Barlovento. A fo1 ele establecer qué artículos debían pagar la alcabala se elaboró an detallado ar:mcei que incluí-a numerosas exen .. e iones, como el pan, los minerales, o los caballos, y qne recogía el sistema de adm1mstraci6n y recaudación del impuesto. A lo lnrgo del siglo xvi su cobro se gem:ralizó ;;:n toda América, aunque el porcentaje cobrado variaba en función de [(JS ptütinctos y las regiones donde se petcibla. Por lo general los produelos indígenas no pagaban alcabalas, aunque en el merrndo potosino la coca y la yerba mate sí debían lmceilo. Fl almojarifazgo fue un unpuesto adnanero que gravaba el comercio tran~ satlántico. Sn cobro comenzó a hacerse efectivo en la época de Colón y en el siglo XVI ascendía al 7,S.%1 del precio de los productos europeos unportados en !os puerros amen canos. En 1 543 c,l porcentaje se redujo al 5%, con excepción ck los prnductus que salían de Sevilla, la mayoría de los implirndos eu el comercio colonial, q11e debían pagar .~ólo un 2.5%. En el siglo xvn, ante las 11ecesidades fiscales, su cobro se extendió al comercio interior mediante la crc:ación de adnanas secas. J ,os dos casos inás notablc:s fueron el de la aduana $cea de Córdoba, q11e grnvaba los pwduclos Je,;limidos a Potosí desde: d Río de la Plata y Paraguay (mulas, yerba mate o azúcar) y [a qae estaba e11 el ca-mino de Guatemala a Puebla y la Cludad de México, por donde circulaban canlldades importantes de cacao e índigo. La avería, o derecho de avería, era otro impuesto od volorem sobre el conwn:io colonial, qne inclula a los pasajeros qne pasaban a fndias. Los ingresos generados servían par::i financiar las armadas que protegían a las flotas cmnerciaks que n1brían el circuito entre Jndias y la metrópoli, expuestas con bastante frecuencia a los ataques de plratas y bucaneros o a las potc:ncias ex• traujc,rns en guena con fü;paña. Se comenzó cobrando el 2,5%1, aunque el porcen(aje no ds;jaría de cree¿¡- desde 1587, con el aumento de las amenazas de los piratas ingleses. Así, a pesar de qne uua Real Cédula de 1644 establecía que el impuesto no dehía superar el 12% del valor de las mercancías, en ocasiones se llegó al 30%. El impuesto dejó de cobrnrse en 1660 ante el fraude generaltndo y el co11ttabando, que atentaban contra su buena gestión, dado que al fina! Jo que se: pagaba era una cantidad general en función de la carga c:stimada en concepto de amnistía y no un porcentaje sobre el valor real de las importaciones. Por último, las composiciones de tic1ras, que si bic:n no eran un impuesto o un tributo propiamente dicho, sí representaban un ingreso para la Real Hacienda. A través de un prot.:eso judicial, las composiciones permitían legalizar la propiedad de las tierras posc:ídas durante un tiempo sin los títulos corrcspondie11tes y, a cambio del reconocimiento público, el particular afectado realizaba un pago en metálico al Estado por un valor inferior al precio de merca-

do de la propiedad. Al comienzo de la conqllista, la mayor parte de las mercedes de tierras efectuadas por los cabildos carecían de la autorización del rey y su legalidad era d11dosa. Sin embargo, las Ordenanzas de Población de 1573 legalizaron de forma masiva todas las concesiones de tierras otorgadas, Las composiciones foeron el medio elegido por los conquistadores para apropiarse de tierras de realengo o pertenecientes a las comunidades indígenas y, en estos últimos casos. eran frec11entes largos pleitos por la propiedad de díchos bienes.


9. la economía colonial

1. Las repercusiones de la conquista sobre la economía

indígena Como se ha visto, uno de los principales móviles de la conquista füe el deseo de los conquistadores de obtener importantes cantidades de metales preciosos. La realidad del Caribe fue distinta a las expectativas y se hizo necesario recurrir al trabajo indígena en la búsqueda de riquezas, ta! y como sucedió en los yacimientos de oro aluvional. Las primeras encomiendas sirvieron para reducir las demandas de los conquistadores ante la imposibilidad de construir factorías similares a las portuguesas en África. La conquista de los imperios azteca e inca hizo pensar a los europeos que podían apoderarse de grandes te~ soros. Mitos Gomo el de El Dorado o las fabulosas tierras del Rey Blanco, asociados al oro y la plata, impulsaron nuevas conquistas y exploraciones. La sed <le riqllezas, mitigada por el saqueo de templos y palacios indígenas, debió canalizarse en la búsqueda de nuevas oportunidades. Hasta el descubnmiento <le Potosí y Zacatecas, la agricultura y la ganadería ocuparon un !Ligar destacado. En el Perú, las encomiendas, las mercedes y los repartos de tierra respetaron la organización incaica, los archipiélagos verticales o pisos ecológicos definidos por John Murra, que se articulaban mediante una producción complementaria (en las tierras altas se sembraban patatas o se criaba ganado -llamas, alpacas y vicuñas~-- y en los valles más bajos, maíz y productos hortícolas). lJna vez descubierto Potosí, los repartos se rlgieron únicamente por criterios de rentabilidad.


¡;stem¿·s

L~ 0 ;:ese11~~,;Uc los coi1qui~~a~o;·~s de¡¡stnic¡;tró Í~s cco~ómicos indíge~as, aunque durante un tiempo prolongado las explotRc1011es agrarias mantuvieron las pautas tecnológicas y organizativas del pasado. Los repartos de tierras (peonías y cabalkrías) afectaron las posesiones de las jerarquías mdias y de los templos, y la producción agraria disminuyó d~,b1do al reemplazo de cultivos locales pul otros europeos. La producción larnbien fue afectada por la acción de la ganadería y las malas hierbas de origen europeo, asociadas al cultivo de los cereales sobre las lierras de labor. La nueva dominación quebró las redes redistnbntivas de las sociedades indígenas. Ésla.s servían para que el poder central concentrara algunos de sus e:,;_cedentes lo que, sumad~ a la ~art_e de la producción que el emperador controlaba direc!ai:nente, permt11a redistn lmir detcuninados productos que así llegaban a las reg1onc:s no productoras o a los secíores más necesitmlus, especialmente en momentos de escasez. La presencia española también quebró la mayoría de_los circuito~ comerciales de larga distancia, mrinconando la producción nativa y potenciando el a11tocon3;1mo. Al mismo tiempo, la transformación de las encoimendas Yla co1Unutac1on dd pago de los tributos rnicic.!lrnente fijados en espe_cie Y en trabajo por pagos ell dineio aumentaron la vinculación de las cornnmdad.es al mercado, ~onde podían obtenci el circulante para pagar el tnbllt0 y otros 1rnp11estus, vendiendo productos o cultivos d,;:rnandados poi los españoles.

2. La producción 2.1. !El sector agrario

La agricultura füe b principal actividad económica y la base de la riqueza c~lunial, tanto por la renta generada como por la población ocupada. En los pumeros años de la conquista, la mayor parle de la producción agraria sigttió las técnicas v los criterios organizativos indígenas. Era una actividad variada, <le ¡¿ran d\v~rsidad regional y que movilizaba a amplios sectores socia.le~- Por ;so hay eme diforencíar la pio<lucción local de los productos traídos por los ' europeos: vid, cereales, olivo, añil o azúcar. Eutre los productos a~1~ncano,s estaban los culti.vos destinados a satisfacer L,s necesidades ahmenttcias mdtgenas ( ma iz, papa, frijoles, etc.) y aquellas otras especies cuyo poder estimulante les u(mgaba una función concreta en el sistema colonial: coca, yerba mate O mc1güey (pulque), condenados como «vicios» por la Iglesia Y otros sectores sociales, categoría ésta compartida con el tabaco. Hubo otros productos americanos cxiwsos, como el cacao, en el sur de México y Am~nc_a Centra!, o la grana-cochinilla, un tín!e explotado por las comunida<les_ md1· genas d,;; Oaxaca (México), pero no eu las hacíen~~s españ?las. La pnmera empresa agrntia netamente española ~e \a producc10n.<:e az1:car, qne comenzó a destitcar en Santo Domingo a par ttr de 1515 y deb10 realizarse c011 esclavos africanos dada la desapanción de la mano de obra local, .

La importancia de la agnCLtltura füe advertida por Ju Corona, que desde el primer momento intentó no trasbdar a América el modelo fendaL especialmente en lo referente a la disrribnción de tierras. El deseo de lrt Corona se reflejó en las instrucciones de Carlos I a f-forn{m Cor!<':~, en 1523. El monarca pretendía crear un grupo de granjeros propietarios enfrentados a los conqni~tadores, qne qtieriall ser terratenientes y 1Ittifundista8, Pese a ello, la Corona no irnpídió la formación de grandes propiedades, corno 1as haciendas o las estancias, ya que muchos latifundistas provenían de la burocracia colonial, corno virreyes, oidores o corregidores, aunque algunos cnrnrnenderos supieron reconvertirse en empresarios agrarios. Un piobkrna no rcsudto ics el origen de las haciendas y latifundios, aunque hoy se apunta a que no se originnron en las encomiendas. S(;gún Borah y Chcvalier, snsurgi.m1ento y desatTollo coincidió. a! menos en Nueva España, con un rnorneuto de depresión demográfica y eco~ nómica en e! siglo XV!l. Pero. ¿es posible generalizar los datos mexicanos y proyectar sns resultados a toda América'! No todas !as explotaciones agrícolas fueron grandes haciembs, también las había pequeñas y medianas, como los ranchos ganaderos, que en algunas reg10nes mexicanas eran la peqnerla propiedad típica de la sociedad colonial. Otra pequeña propiedad ern b labor, cuya extensión variaba entre una y cuatro caballerías de llena cnltivable. Se puede separar la agricultura orientada a la demanda externa. básica~ rnemc de plantación, de ta dirigida a la demanda interna, que compre;1día tanto las Itcti vidades agiíco!as p::ira abastecer a los cei1tros mineros, corno h pro· dncción de subsistencia, centrada en las comunidades mdígenas. En muchos lugares, estas últimas poseían las mejores tierras, cansa de conflicto con los terratenientes españoles que queríun controlarlas. Para definir las hacírndas y plantaciones seguimos a Eric Wolfy Sídney Mintz, quienes parten <le criterios organizativos y prodnctívos y no de su cqm_paración con los latifundíos. La hacienda era [a propiedad rtiral de un prnp1dario con aspiraciones de po~ der y un peqncño capital, que explotaba su unidad productiva con !rnbajo subordinado y cnya producción se cllrigía a nn mercado reducido. La hacienda permitía acurnnlar capital y consolidar el estatus socíal del hacendado, a110que esto no valía para las haciendas de las órdenes religiosas, especialmente jcsuirns, que respondían a criterios de rentabilidad. La plantación era mm unidad productiva vinc11lada a 1111 mercado a gran escala, con la mversión de fuertes sumas de capítaL Lo esquemátíco de la definición obliga a la cautela, dada la existencia de casos intermedios, como las haciendas de la costa norte del Perú que orientaban su produccíón a mercados importantes. Crear latifnndios de miles de hectáreas era más fácil en las zonas marginales, donde la presión por la tierra era menor y más laxo el control de las autoridades. A veces, eran tierras menos fértiles o ubicadas en zonas de baja densidad de población, con menor di8ponibílidad de mano de obra o acceso al agua: En las haciendas ubicadas en zonas de escasa población indígena pre-dommaban el trabajo asalariado y los esclavos negros. Entre los asalariados sobresalían los sirvientes y gañanes y algunos artesanos, como carpinteros o


zapatc10s. También había mayonlnmos y admin1~tradorc:s, de un nivel de ingreso;; más ckYmlo. La rn;rno de obra esdava se ¡¡tiliniba en determinadas haciendas, según su llbicación geográfica o el tipo de producción (como el azúcar). La escasa prnc!uctividad Je las haciendas, qne sólo aprowchaban una pcqueüa parte del árc1i cultlvabk, es un tópicu relacionado con su ,escusa explotación, su bajo nivel tccntllógico y !as reducidas inversiones de capital. Las rentas de los latifündios eran altas y Sl!s propietarios preferían adquirir prodm:tos de llÚO en vez de reinvertirlas prodnctivamente. Cuando era posible, los hacendados aumentaban sus ingresos construyendo molinos en el interior de sus posesiones con el fin de apropiarse de una parte de las cosechas de los camptsinos, que debían utilizar sus instalaciones para lii mofümda.

2.2. La ganaderfa La ganadería füc un arma de penetración fronteriza y de consulidaclóu de la sociedad colonial. Su papel se vio reforzado porque, con la excepción de los Andes, el mnndo mdlgena no habfrl conocido la gc1naderfo. La mnyorfa de los animales domésticos (btNinos, ovinos, eqiiinos, caprinos y porcinos) fuernn llevados ele Europa y se rc..1)rodujeron a grnn velocidad. Sólo los carnélidos andinos (llamas, vicuñas y alpacas) fueron criados por los nativos en los altiplanos, a más de 4.200 metros de altura. El pastoreo dio lugar a una cabaña importante, que compartió las tierras de pastos con cabras y ovejas. Si bien en muchas regiones no existió una experiencia ganadera previa, la cría de c1nimales se desarrolló en poco tiempo. A medida que se extendía la oc11pación europea, la presencia de rebaños se hizo normal y los elevados precios delganado al comenzar la conquista, especialmente los caballus, comenzaron abajar ante el aumento de la oferta. En el siglo xv111 hl ganadería se difundió en todo et continente, annque había algunas regiones espccializ.adas, como el Río de !a Plata, los Llanos venezolanos y el norte de México, donde los gauchos, llaneros y charros füeron acompaf\ados en stis faenas por los hnasos chilenos y los sabaneros antillanos. Allí abundaba la tierra y la escasa población no era un obstáculo dada la poca mano de obra requerida. A medida que se expandía la ganadería, aumentaban las quejas por la destrucción de los cultivos indígenas. El conílicto se solucionó ordenando .'.l. los hacendados el vallado de sus tierras. Para retener al ganado no cimarrón, el criado en cautivei·io, se aprovechaban las barreras natural e_~, corno ríos y arroyos, y cuando se requerían cercos artificiales lo más sencillo era cavar una zanja_ Los cercos ví vos, con plantas espinosas, eran obs1áciilo8 más firmes y duraderos que las zanjas, aunqne más caros y dificiles de construir. A medida que la frontera con el indio se estabilizaba y el ganado cimarrón dcsapmecía, las haciendas y estancias adquirieron mayor importanci11.. En algunas zonas fronterizas abundaba el ganado cimarrón, que exp1otnban las vaq11erías. Ústas eran verdaderas expediciones armadas, especialmente si e! ganado estaba

r:óximo ª. tierras mdígcn:is. Pese a sn núimiro, el ganMlo cirn:i,Tón apen:1s Pº" d1a garanltwr la demanda urbana de cnrnc, al fra tcl.t se de auimalcs di flciks de arrear hasta las ciudades. L,is distancias y las deficientes t6cnic:1s de c(wservaclón impedían la faena del ganado y su 1raslado a las cmdades. Los animales de tiro y transporte fueron vitales en las comimicacioucs dchido a ta neo~ grafía y la estructura caminera. Nllmcrosos centros minero~- v ciud:a~s dependían de caballos y nrnlas tanto para su abastecimiento co1;10 para atraer !a plaüi hacia los circuitos rnerc11ntik\~. DI norte de Nueva E~paña y el Río de la Plata fueron importantes centros productores de mnlas.

2.3. Las manufacturas La manufactura se estructuró en torno a la producción doméstica y arksanal, basada en la transformación de prodnctos de la tierra, que solían elaborarse in situ y sin un grnn trasiego de rnsumos. Si bien su origen debe buscarse en la economía doméstica indígena y en las técnicas aportad11s por los colonos, e] crecimiento económico favoreció la expansión de los mercados y del consumo. El crecimiento de las ciudades, hnciendas y centros mineros revalorizó su papeL Junto a nuevos talkres urbanos encontramos un b11en número de arte~anos en las haciendas y reales de minas. La dispersión del sector y eJ hecho de que parte de su producción permaneciera al margen de l11s estadísticas dificultan su eShldio. Por ejemplo, los telares no indígenas no pagaban im-puestos. ~,a situación cambió en la segunda mitad del siglo xvm, cuando la Real Hacienda comenzó ,1 cobrar directamente las alcabala.~. Y sí nuestro conocimiento de las manufacturas es insuficiente, en el caso de los empresarios la í,gnorancia es aún mayor. Tecnológicamente, las diferencias entre las manufacturas emopeas y americanas no fueron importantes durante los siglos xvry xvn, si bien en el xvrn, a consecuencia de la Revolnción Industrial, la brecha aumentó. Pese a lastrabas existentes para el desarrollo local, la producción europea no pudo conquistar lo::; mercados coloniales: las distancias, los accidentes geográficos y el estado de los caminos constituían una barrera proteccionista que incrementaba el coste del transporte y el precio de venta final del producto. Sólo en los puert~s losyrc_cios de los productos importados (textiles ele alta calidad y alto preCH) umtano, henamientas y otros productos de hierro, papel y medicinas), eran más asequibles. Por eso, el tópico de que la Coronase oponía al desarrollo manufacturero colonial y que la competencia de la industriaemopea ar minó a las manufactmas americanas es una simplificación. Las manufacturas locales, en parte explotadas por los indígenas, se destinaban 11 abastecer la demandt1. por.1:lar. Ciertas manufachiras no competían con las europeas, como la fobricacion (,le carretas y otros medios de trMsporte, la construcción privada y de ob:as publicas y la transformación de productos alimentarios. La debilidad de la industria peninsulm y el esca.~o desarrollo en algunos sectores de las rnanu-


fricturns cm opeas perrni(1ó qtLC las amencanss crec1crnn más deprisa. Una necesidad bá~1CJ del nrnnJo colomal era el vestido, que desarrolló el sector textil, con el prcdomimo de fo1mr1s domésticas de prndllcción. Las explofac1ones rurales enrn mayoritarias y solian emplea1 tl Jba_jo indígena. Su producción se destinaba al aHtoconsmno <le] núcleo fo miliar o de la comunidad, los propietarios de los husos, telares y demás medios de prnducción. Las 11ecesidades básicas de la población, cubiertas por la producción doméstica o familiar, tambi.':n afoctaban a !a cerárnic.:i. zapatos, sombreros, tcias, ladrillos, _¡abón, productos de ctiero, velas y 1m largo el'cétern que mcluíJ fábflcas devidno y pólvora. La pto<lucclón artesanal no cub1 ía todJ !a demanda urbana y minera. Por eso desde e! siglo xv1 se desanofü1ron los obrajes textiles, que requerían 11na HIVCrsión de cap ita! mayor que los rnllcres arksana!es y orieL1taban SH producción a me1cados más grandes. Al demandar abundante mano <le ohrn, solían ubicarse en las zonas más pohladJS de Nueva España, Perú, Q11ito o e! Río de la Plata. Los obrajes se clasificaban de acuerdo al número de telares y la cantidad de trabajadOLes. En promedio solían tener 4:'i trabajadores, aunque algrn10 ,ilcanzó los !2.0. Los obrajes euteros teLll:m más <le doce telares y sucorrespondiente dutJción de trabajadores indlgenas, y los medlos o chorrillos, cnhe seis y doce. Lo~ obrajes ablcrtos utillzaban mano de obra libre. Ta111bién estaban los traplches, una versión más re<lL1cida q11e req1te1fa menos capital. Los obrajes wmbll:n se podían clasificar de awerdo a s11 propietario: la Corona. los particulares o las com11mdades. La producción textil. especialmente la de los obrajes, se centraba en telas de lana bmdas de baja y media cali<lad (sayales, sargas, paños, pañetes, frazadas, mantas y ponchos) y en menor medi-da, de algodón. A principios del siglo xvn había en el virreinato pernano unos 300 obra_1es, lo que nos da 11rn1 idea de su importancia, La baja calidad y sus menmes prec10s fi..KTOLl determinantes para garantizar su supervivencia frente a la competencia europea. Sin embm·go, en e! contexto americano de los siglos XV! y xv11 los obn~es eran empresas caras y su precio SHperaba al de las explotaciones agrícol.:is y ganadt:ras <lebido al elevaJo coste del eqnipo, los insumos y la mano de: obra, muchas veces l1u11sm1tida junto con la titularidad de la propiedad. La producción de lo~ obrajes requería determinados in-• sumos, mle1rnís de la lana o el algodón, corno los tinte,; y algunas sustancias minerales impresciLt<libks para el teñido y lavado de las telas. Pese a la impor1ancia del sector textil había otras man u factmas destJcadas, como !os astilleros. La construcción, mantenimiento y reparación de bnques sobresalió en GuayaqHll, La llabJ11J y Asmtción del Paraguay, favorecidu por la disponibilidad de maderas, brea y textiles en sus hinter!ands.

2.4 la minería de plata Las décadas posteriores a la conqmsia, en el Caribe y en el col1li11ente, eslll·· vieron bajo el signo de! oro. La plata comenLÓ a tener un papel protagónico

tras el descllbrímicmto de Potosí ( 1545) y Zacatecas (1546) y, especia\men1.c a parll1 de la <lécada de 1570, ,:;u ando se dlfundió fa amalgamatlón con mncurio o ,1método de pa!imJ PreYiamc::nte se habían explotado los yacimientos de Zmnpango, Sultepec y Taxco en México y los de Porco en Perú. En México, los yacimientos de oro se abandonaron rápidamente ante el mayor atractivo de la plata. En la zonn andina se encontraban las minas de oro o placeres más 11np0rtantes: Nueva Granada (Colombia y Venezuela), Ecuador, Perú y Chile. N!Hchos continuaron en explotación dmante todo e! período colonial, a11nque sus rendimientos 110 fueron tan espectaculares como los de Potosí Pese a la importancia del oro, el 1neta! por excelencia fue la plata. Durante los siglos xv1 y xvn la producción argentifera estuvo dominada por los yacimientos de Potosí, en el Alto Pe1ú (hoy Bollvia). En el siglo xvm Nueva España ocuparla ese !11gar al cuadrnplicarse entre 1700 y 1770 la plata acunada Junto a ZRcatecas, destacaban algm1os yacimientos descubiertos en el slglo xv1 como Guauajuato, Real del Monte, San Luis Potosí o Sombrerete. La pflmacia de la plata potosina durante años supuso que en el Alto Perú se pagara hasta 1736 el quinto real (el 20% de la producción) en lugar del diezmo (el 10%), ahona<lo en México desde 1660. Guillermo <le Humboldt, despnés de Sll viaje a Aménca, sefmló que las minas americanas se distingnian de las e11ropeas poi' «su facilidad de explotación». ¿Cnál era esa facilidad si los yacirruentos mexicanos estaban a cientos o miles de kilómetros de la capital. si Po1osí (stra la boca del infiemml y Huancavelica {rnn mJtadero públicm>'! La respuesta es eJ bajo coste de explotación y la disponibilidad de mano de obra, a pesar del predominio del trabajo asalariado en México y el de la mita en el Alto y Bc1jo Perú. Aunque en términos americanos los salarlos de la minería eran altos, comparados con los eumpeos seguían siendo bajos. Potosí estaba a más de 4.000 metros de altnra, y 1a mayoría de las minas mexicanas estaban fuera del área de domiliación del antiguo 1mpeno azteca. Los problemas para abastecer de forma regular a los reales de minas con alimentos, in• sumos mlni.:rOs y mano de obra eran abundantes. La dificult::id aumentaba en el norte de Nueva España por la falta de vías de comunicación y la me11or densidad de població11, que obligaba a reclutar a los trabajadores indígenas en el valle Central y en zonas ubicadas más al sur_ La explotación de las minas variaba de una región a otra. En México, las minas (a fines del siglo xvm había casi 3.000) solían explotarse mediante un tiro perpendicular excavado desde la superficie hasta la veta, mientras que en Perú lo normal era que siguieran !a veta en todo su recorrido. Pese a su escaso apone a la renta, la minería tenía una gran capacídad de arrastre sobre la econ01ní:01 colonial. Dmante años, su estudio estuvo condicio11ado pm las relaciones mercantiles con la metrópoli. La obra de Hamilton sobre la llegada de oro y plata americanos a Españr1 limitó el estudlo de la minería colonial a s11 dirnenslón internacional, prestando a la producción nna atención secundaria. Según el de1echo castellano, la propiedad de las minas era de la Corona, que cedía su explotación. Este derecho se materializaba con


la explotación rnnluJUJ de los yncm1icntos y el pago dd q11into n:al Fn b scQllllda mitad dd Sll;lú xv1 Sto dckrmntó que una mina ncup,1ba d subsudo de ~na supcrf"icic no 1~wyor dc J 20 varas por 60 Como el 1.crrcno s,: iuedía en la superficie, hnbo uurner·osos conflictos sobre sn trazado y ti(u!ai idad, y dos si, g!os después se orden(\ que la medicióu se hiciese bajo tierra Para evitar las grandes explotaciones se prohibió a los particulares post:er minas contiguas, aunque las compañías podían explotar hasta cua1ro minas y tres los indivi•• dnos que huhiernn descubierto alguna veta La producción de plata se centraba en dos operaciones: la extracción del mineral y si1 posterior refino para obtener el metal pla1a. Fn este proceso par• ticipaban dos empresarios: el minero o propietario de la mina y el azoguero o dueño del ingcnío que molía el mineral, que rarnmentc eran la misma persona. Refinado el metal, se obteuían !as piñas de plata, que lnego se r<educían a barras o lingotes y, finalmente, llegado el caso, se amonedaban. La principal clave de su rentabilidad era la explotación de la füerza de trabajo indígena, cuya tarea básica era extraer el mineral de las galerías y trasladarlo a la bocarninn. La extracción y In molienda eran las operaciones que rcqueríau ini"ls trabajadores. Había dos tipos priucipales de trabajadores: barreteros y cargadores, dependiendo la proporción entre ambos de la profondidad de ln mina. En Potosí los trabajadores más cualificados se contrataban en el mercado de trabajo libre (minga), mientras los uo especializados estaban en !a mita. En Zacatecas tos indígenas ernn mayoritariamente contratados . . . . . nahoríes~ y, en una proporción menor, provenían de repartimientos o eran esclavos negros. Los salarios de los barreteros erau mayores al ser más especializados. La introducción de la pólvora a partir del siglo xvm supuso la aparición de un nuevo espeC.lalista encargado de su manipulación y deton::rción. La extracción también necesitaba abundante capital para construir galerías, perforar canales de desagüe para evitar su inundación y comprar los msnmos necesarios. A mediados del srglo xv1 comenzó la extracción d<e plata, obtenida por fundición. En el Perú se usaban pequeños hornos indígenns, huayras (viento en quechua), cuya técnica era controlada por los yanaconas. El método requería minerales muy ricos o de alta ley (el porcentaje de metal presente en el mineral) y tenia dos inconvenientes: no extraía todo el metal y era muy caro por su cnns11 mo de energía vegetal, carbón y madera. A1 agotarse los bosques ve•• cirros a las minas, hubo que importar el carbón y la madera desde más lejos, cnn su repercusión ucgativasobre los costes de explotación. En 1555 se desarrollo el «método de patio», amalgamación con azogue o mercurio, que permitió procesar minerales de ley más baja. Bartolorné Medina Jo experimentó en las minas mexicanas de Pachnca y a principios de la década de 1570 fue incorporado por la minería potosina. La introducción del <smétodo de patio» revolucionó la minería y, en cierto modo, implicó su profesionalización al exigir mayores inversiones para construir molinos hidráulicos o de tracción animal, o nuevos socavones. El proceso podía durar hasta dos meses, y a par-

tirdc ;;u mlroduccrón una rcrccrn parte del metal se obtenía por Cundicíún Fl minc1,d molido se redllcía a polvo y, rrns ser· secado en un patio, el origen dd nombre, se: fr1rrnabim pcq11c11os rnomículos a !os que se ngreg¡1ha sal y merc11rio, tcnieudo en cuenta que un marco (le plat!l recp1ería de tres a cualro libn1s de azogue. Finalmcnrc, la plata se scparnha del mercurio medrnntc calor Sn ventaja era !a simplicidad del equipo y la tecnología requerida, unida al bajo consnmo energético, mientras que sus mconvenientes eran la lentitud y !a dependencia del azogue. En el Perú se descubrió la mina de azogue de Huancavelica, que durante lo~ siglos XV! y XVII estuvo en plena explotación, aunque a mediados del siglo xvrn su producción descendió. En lvléxico el azogue debía importarse de Europa, especialmente de Almadén, en Ciudad Real, e Idria. Las exportaciones de plata hicieron correr mucha 1inta acerca de sns efectos en Europa y los centros prodnctores. A fines de la década de 1960, !ateoría de la dependencia señnlaba que la vinculación de hs colonias ibéricas ctl sistemn capitalista mundial eni ]¡¡ cansa del atraso económico y babia provocado el subdesarrollo latiuoamericnno_ Los críticos de la teoría preferían analizar el impacto regional de la minería de plata en el mundo colonial. Carlos S, Assadomian señalaba que en torno a la explotación de la pla1a se organizaron espacios económicos rn:is o menos amplios, y que su producción cohesionaba internamente el espacio ctl integrar bs regiones, orientaba el crecimieirto económico hacia afuera gracias a tas exportaciones y mantenL:r los intercambios con la metrópoli, tal y como ocurrió en los espacios peruano y rrovohispano, los más importantes de la América española. El historiador mexicano Lucas Alamán había afirmado después de la in .. dependencia que: ({Sin la minería [de plata], ni !a agricultura, ni el comercio interior, ni uinguua ocnpac1ón industriosa, prosperan; 1a población disminuye o se estaciona, el cousurno decae y a todo esto sigue el aniquilamiento delcomercio cxterinrn. Entre l56 l y 1600, d 85% del valor de las exportaciones coloniales correspondió a productos mineros, oro y plata, reduciéndose ese porcentaje en un S%, en los 50 años siguientes. A fines del período colonial la exportación de metales preciosos oscilaba entre el 75% y el 90%, según las regiones. El carácter donrinank de la producción minera no alude a su aporte a la renta colonial que, en el cnso de que fuera posible medirla, era muy mforior a la agrículturn o la manufactura_ Lo mi~mo ocurría con la ocupación de la población activa en la agricultura y la manufactura, más elevada que en la minería. En 1810, el secretan o dd Consulado de Veracruz, José María Qui• rós, estimaba en más de 190 millones de pesos la producción total de México, con nn %% originado en la agricull.urn (106.285.000 pesos), un 29% (55.386.000 pesos) de las manufacturns y sMo mr 15% (28.45 l .000 pesos) cu la minería. En cada espacio hubo una especialización regional del trabajo, ya que el abastecimiento de mano de obra, materias primas, insumos, alimentos y ropas a los reales de mrnas dmamizó el crecimiento de las economías regiona-


les. Los polos rnitteros nunca fueron e1icfoves aislados abastecidos desde el e:dcríor. Pder Bakewell explicó el pnpel ck los yacimicutos del no1 te de tv1éxtco como impulsores del desarrollo regional, y Franyois Chevaller mostró la relación entre la minería de plata y el crecimiento <le lc1.s haciendas norteñas y del [3;\jio. La demanda de los polos mineros ---alimentos ¡,ara !os trnbapdores o insumos parn la prndHeción de plata--- se cubría básicamente con productos del mercado rnterno. En Potosi la principal ex;;epción era11 las puntas de las barretas y algún otro instrmnento de hierro, en México había que agregar el mercurio. Salvo alg11nos puertos exportadores vinculados al comercio mternacional, la intensidad de los intercambios de cada región con otras <le! rnlsrno espacio Sllperaba a la 1<':a!i:rnda con los mercados exteriores_ Para el buen fom.:ionc1rniento dd sistema, !a metrópoli articuló una red de corrmnicaciones a larga distancia, el sistema de flotas y galeones, qne conectabfl con !os pri11cipaks puertos expo1 tadores. Al mismo tiempo, vedó el acceso a sus co-lonias a hi.s potencias europeas, esiableciendo e! rnonopoíio y la p1ohibición de: comacim a quienes no fueran súbditos de la monarquía. Para impedir un cierto desurroHo autó11orno, prohibió o puso trabas importantes a las colo111as para relacionarse con otras regiones americanas, justificando tnks medidas por la competencia entre el comercio interco!onial y la producción metwpoli~ tema v el cmnen.:io sevillano. beneficiarios directos dd monopolio. La prohibició.11 del comercio ilitercolonial buscaba evitar la salida d<:: la plata hacia circrnios no couiwludDS desde la rns:rrópoli.

3. El comercio colonial A! hablM del comercio colonial es frecuente pensar en los intercambios tran+ satlánticos, en los viaies de las flotas cspai'lolas surcando el océano en ambas direcclones, cargad.aS de mannfacturas europeas a cambio de plata americana. Pero la realidad del comercio colonial era más compleja, no sólo por la va" rü::<l:j(l de los intercarnbi(is tn1nsatlántico~, sino también por la mult1plici.dad de circ11itos comerciales en el contíneute americano, algunos de ellos de ámbito local, otros de alcance regional o intercoutinental.

3.1. El rnmercio exterior El comercto con los nnevos territorios se dcsarrnlló según las Capitulaciones de Santa fe, pero hl cKiskw:ia de numerosos afectados, entre ellos la Corona, modificó las condiciones de los intercambios con ultramar. En 1493 se instaló una aduana en Cádiz para ce11tralizar los negocios con lndlas, y dos aí'íos después se autorizó a los súbditos <le los Reyes Católicos -·--•castel lanas y araaoncses--- a comerciar con las colonias. En 1503 se estableció la Casa de (~ontratación a orillas del Guadalquivir p;ira controlar las relaciones comer-

c1a!es con Arnérlca, y Sevilla S<O convirtió en el centro de la economía afümtica En 1522 5(;\ creó la Casa de Contratación de La Coruña, cuyo objetivo era organizar expediciones a las Molncas, las islas de la Especiería. Pese a sus sie1e aí'ios de duración, el experimento amenazó la s11premacía hispalense sobre el comercio colonial, annque el monopolio sevillano quedó confirmado en 1573. A partir de 1520, los ataque» continuados contra los buques mercantes castellm10~ y el aumento en los caudales hizo necesario proteger las embarcaciones provenientes de ln<lias. La captura en 1523 de una parte del tesoro de Cortés poi el corsario francés Jean Fleury fue una llamada <le atención. Desde entonces, los canda.les de 1ndias navegaron p1otcgidos por embarcaciones armadas. El sistema de flotas y galeones, en el marco de la «Carrera de Indias>>, fue un férreo circuito establecido en torno al monopolio castellano y la dominación sevillana. Las flotas surgieron en l 543 y su organización se completó a partir de 1564, cuando aumentaron las remesas de plata y hubo que redoblar la seguridad. Mientras la Armada de Nueva España se dirigía a México, !u Flota de los Galeones garantizaba las comnnicaciones con Tierra Firme y el Perú. Como contrapartida pm la~ exportaciones de metales preciosos y ciertas materias primas, especialm1.mtc pwductos tintóreos, las colonias Sé ben,:;ficiaban del retorno de manufacturas enrooeas (textiles de calidad v papel), !ucrro, mcrcmiü, especies y algunos prodn¿tos aÍimenticios de orige; peninsular (trigo, :.iceil:::, vino). La dcfon::w de bs cmb.:ucacio,1es mercantes se financió con el impuesto de la avería, que gravaba las mercancías iransportadas en las flotas. f ,as necesidades defensivas demoraban el viaje hasta Veracruz o Portobelo, que podía durar de dos a tres meses, mientras las embarcaciones sud tas lo realizaban en sólo tres semanas. El sistema de t1otas y galeones protegía los caudales trasladados a la metrópoii y mantenía operativas las rntas de cornnnicación interoceánica, amenazadas por piratas, corsarios y algunas cscnadras de potencias rivales. La Corona y los paniculares se jugaban mucho y aunque caro, el esfuerzo valía la pena Prueba de Ja eficacia del sistema es que durante el siglo y medio en que se mantuvo activo, las flotas sólo fueron atacadas en tres ocasíones: en 1628, el almirante holandés Piel Heyn la capturó en la bahía de Matanz::rs, Cuba, y en l 656 y 1657, el almirante Bhke la atacó en aguas españolas, cerca de Canarias. Las flotas pretendían mantener el monopolio, q11e permaneció más o menos inalterable hasta mediados del siglo xvm y cuya existencia sllponía una doble restncción. Porun lado, limitabn a los súbditos españoles la posibilidad de corn<'rciar con las colonias y residir en ellas, ya qne los extranjeros tenían prohibido <01 usufructo de tales derechos. El otro aspecto requería que el comercio coloni,!l se centralizara en Sevilla, a fin de controlar mejor los intercambios y recaudar los impuestos con un mínimo de fraude y evasión_ El rnonopolio sevi!Jano excluyó a los restantes puertos pemnsulares del comercio colonial, lo qlte se modificó entre 1765 y 1778, con la aprobación del Reglamento de Comercio Libre. La riqueza minera había transformado


Sevilla, que entre fines del siglo xv y principios dd X'/11 pasó de SlTUnil pequ,~iia capifal andaluni d,: 45Jl00 habitantes a unJ gran ciu(bd europea de casi J 30.000. Parn coiic<.::ntrm los fl1ijos mercantiles y hacccr rn8s d'ectiva la proteC{:ión mii11ar y e\ control fiscul, el sistema de flotas y gJlcones secstnicturó en torno a unas pocas cnbccern:-:. Stcv1lb era In única curop,:a y su supremacía se consolidó en ,k1rimento de Cád1z, su ctemo rival. Las Canaric1s y Cubci. {La Habanrr) fueron otros puntos ne11rálgicos del sistema, ya que sns puertos y defensas hacían mús fácil el control, permitían el avituallamiento de víveres y agu;i y, llegado el caso, efecmar las reparaciones necesarias. En 1525, la corona autorÍLÓ a Gran Canaria, Tenerifo y La Palma a negociar con América. Un/\ vez consolidado el sistema de flotas y gakones, las flotillas debían converger en La Habana para retornar conjuntamenle a la metró~ poli. En 1717, con el traslado de la Cflsa de Contratación a Ciidiz, los gaditanos vieron crnnplido su suc:ño de ser cabecera de la «Canera de Indias». Sevilla tenía inconvenientes y ventajas. Entre los primeros destacaban los más de 100 kilómetros qiie la separan de Cádiz, Guadalquivir arriba, atrave-SLlndo vmi<l~ barras de arena, entre ellas la de Sanlúcar, donde varaban numerosas embarcaciones. El diagado del río era permanente parn garantizar su navegabilidad. Srn embargo, Sevilla estaba mejor protegida que Cádiz y que cualquier otro puerto de su dilatada bahía, tanto de las tormenta~ atlánticas como de los ataques ingleses y berébercs. Sevilla también ern 1m mercado mayor y más rico y contaba cim un hintedaudrntis dilatado, que facilitaba el apiovisionamicnto de las flotas_ En la cíndad había poderosas casas comerciaks nacionales y extranjeras y rn1 Consulado, creado en 1543, capaz de in• c\inar la bnlanza a su favor. El principal destino de las ílotas era Veracruz, en Nneva Espaí'ia, mientrns los galeones llegaban a Tierra Firme para conectar el virremato del P\~rú con la metrópoli. Su cabecera, inicialmente en Nombre de Dios, se trasladó a Por-• tohdo, en el istmo de Panamá, desde donde las mercancías pasaban al Pacífico, milad a lomo de mula, mitad por el curso navegable del río (bagre,, hasta llegar a Panamá para continuar después hacia El Callao, el puer1o de Lima, en la A.rmada del Mm del Sur Nombre de Dios y Portobelo sólo tenían actividad cuando llegaba la flota o había que despachar las riquezas peruanas. l,as difíciles condicicines sanitarias en el istmo impedían fijar una población estable, lo que reforzó el papel defensivo de Cartagena de {ndi.as y su condición de puerto comercial de la región. Teóricamente la periodicidad de ambas flotas era anual. Las flotas debían z¡:irpar de España en abril y los galeones en agosto, aunque era difícil cmnplir dichas fechas. Con el tiempo, los períodos entre flota y flota se espaciaron y se cuestionó la eficacia del sistema. En la segunda mitad del siglo xvn se despacharon 2S flotas a Nueva España y 16 a Tierra Firme, una flota cada dos años hacia Veracruz y cada tres a la América del Snr. En los primeros cuarenta años del siglo xvrn los plazos entre flota y flota aumentaron a tres años en México y a casi seis en Tierra firme. El fraude de los comerciantes de la «Carrera de lndias>l era tan grande que se puede

habl11r de cnnlrnh:rndu Fn Nueva Esp:nl¡¡ ;;ólo un tercio de! comcrClO cm lcx,, 11 ,-..one , ¡ ¡·m d epa<><lrmcnos impuestos, al menos el 25% de In rh"' r'n,¡,, 1,,,,, , 0 ¡,A•• ¡ '1" ¡ 'I , _ '"'~'''"''"'"·'"'· c.-11na(a(e,var del Sl!r no se registraba. Numermas me1·""'l''i·,, e-pe · ¡ ¡ ¡ ¡ d , , . , . ,. , _ :· , . · • "" "' , ,,, ::, CLJ men c a p atc1, est:n1b<1icc1h,1n d,mde~tinamentc en los ¡merlos de¡, l,·h' ¡ 1 "' -¡· , . ,· •" ., ·,· ~ • - •· , " " ia,e'-.a,1zparaser mtioducidas snbrcpticlflmc;nlcp()r los «metedores)) en esta ciudad O en Sevi~ lla. Las dec]arnc10nes eran falsas y la cantidad de pl·tº - ¡ • " " dec¡ara da o ¡0•icia men" te a la _llegada de .las flotas_ era ínferio'. a !as noticicis pllblicadas en la prensa ex:tran¡ern maneJadas , ¡ · .} o n !ns rnfonnaciones . •- por lo<',,,._,"OmeººIº '""nesyasauton" dades. -:obnba ;t•s · d ¡ ' . . l oreso, la Real .. Hacienda ' ' ' a ltl"~,1·t1,ne,,._,<]c,Un((1t1iitmlque equilibraba lo declaiddo con lo supuestamente defrandado, sin rotestas de los mercaderes. p grd, ve! l"L'Stocontrnhandn. A mcdiadosd»¡ ,,;<>lo • , "·''::o.

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3. 2. lEl contrabando extranjero Junto a la de _((COntrabundo» ,· ¡ac10nes · _ ha¡, otras, definiciones •· l'"r" """ l"º "_., v10 a ¡as Leycs_de lndws en materia_comercial y hacendística: comercio ilícito, intérlor.e Y direc.to. Hay ql'.e precisar el término (<contrabandm¡, que le da al comer" c10 coloma! un matiz 1!egal o clandestino y. sin embargo er~ ¡;-.,,..,, te' , · ·d • · . , " ,e,., 1,..n que actwi ad tenida por ;ontmbando no füera ile?al, al existir un decreto 0 al"'una otra r_eglamentacion parhcular que fa legalizaba. Si bien el comercio d<e ,los extrnn¡eros estaba prohibido en el Imperio , ,,o 5 ,,,..,,,·1,·a ¡o 1rnsmo ·. __ u,_,,_, en sus p~ise.~ d~ ~ngen. ~ste hech~ 1:a_cilita el conocimiento de los intercambios, pese al topico sob1e la impos1b1hdad <l(:; estudiar el «contrabando' ,·,¡ l' -¡¡ . , ,> . .e monopo 10 ~e~i ano 1~p_oma_?cnas r~striccione_s a los mercaderes europeos parn n~gociai con Am~nca._t:11 un prmc.ip10 se intentó Sllperarlas desde Sbvilla y ~a~h~, donde h~bia nnm<las colonrns de comerciantes <:lxtranJeros que, con :-,s akrros espanoles o algunas estratagemas corno el casamiento con espanolas, quebraban la barrera legal para comerciar con las colo as f' 1686 . 1 ·r ¡ M m ,. ,n segun a~ ci ras (el . Morineau, los comerciantes franceses domi.naban la~ expmtac10nes de: manufacturas de la <,Carrera de Indias», con el 39% de los productos exportados, seguidos por genoveses ( !6,7%). íngleses (14 S"'J hola d (12%) O . , ,.10, , n es:s o, amencos (6,5%), hamburgueses (6%) y españoles, con solo el.5,:/X,. Para cva]nar el papel español habría que considerar sólo las cxportac1011es de prod1ictos de origen agrario (granos y harinas vino aceite irutos secos, etc.) Y metalúrgicos (productos de hierro más me~curi~). Entr; ?20 Y 175 l los ~ro<liictos agrícolas fueron casi el 46% del valor de las exportac10nes y el hierro, acero y sus derivados otro 5%. . A los comerciantes extrnnjeros les resultaba más rentable v segu .. viarsusi , , , • roen _ ncrcanc1as a traves de la <(Carrera de lndiaSl> y sólo recurrían ¡ tnercwd' ,.. d . _ , a cobien irc?'º cuan 1as cirnm 5 (ancias lo exigían. Como las flotas estaban ha protegidas Y pilotadas, su regn!ari<lad permitía calcular mejor la mar" e del mercado americano. Los seguros también eran menores. La dcman-

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da de manufacturas no solía disting1iir c:ntre productos ingresados legalmente a América de aquellos ot10s qnc no p:igaban los impuestos. En el contrabando no sólo estaban involllcrados los cumerci,mtec\ cxlrnnjerns, sino también los mercaderes establecidos en las colonias y las autnndad<:s Blm:ricanas en todos s1is niveles. Pero a mediados del siglo xvn se produjeron ciertas transformaciones qne incidie1on en la actuación de los comerciantes europeos. Los períodos ent1e flota y ílota comenzaron a dilatarse, aumentando la mcertidumbre y limitando las posibilidades de hacer negocios en una coyuntura de plala escasa. Como a!g1mos enclaves del Caribe fueron oc11pa. dos por potencias no ibéricas, los mercados americanos se acercaron a los productos de la Europa occidental. Desde las islas antillanas en poder de Holanda, Gnm Bretaña y Fraucia comenzó un comercio «clandcstincm con las colonias hispanas, especialmente las más cercanas: Nueva Esparia, Vrne;,;uela y el Caiibe, sobre todo Cuba. En esas mismas isfas se desarrolló una im" portante actividad exportadora vinculada a cu!livos de plantación: azúcar, tabaco o café, El renovado interés por los mercados amerfeanos, pMalelo al descenso Jd comercio colonial, p10pició planes de asentamiento y colomzacióu de territorios próximos a las colonias españolas Ei1 las últimas dé:cadas del siglo xvir, los franceses, desc:osos de aumentar el comercio con Chile y Perú, lo rnki11aron <é!l alg1mas islas di.:! Pm::ifico, cotiio la i.k Juan Fernández, el refugio de: Robinson Crusoe, o en las costas deshabitadas de Chile y el estrecho de Magallanes. Estos proyectos mnestran e! interés europeo por comerciar con las colonias españolas al margen del sistema de flotas y galeones. Si bien el comercio ilit"ecto se asociaba al contrabando, no existía un aniagonismo entre el comercio legal a través de Andalucía, con su elevado índice de defraudación fr,;cal e ilegalidad, y el comercio directo de los comerciantes de algunas potencias europeas, generalmente ilícito, aunque en ciertas ocasiones tuviera la bendición lega! de la Corona española. Numerosos mercaderes enroreos con intereses en el comercio colonial pasaban asiduamente de formas kgak~s a otras ilegales. A tiavés de sus factores y representantes participaban del sisti.:nra de flotas y galeones, pero también se dedicaban al comercio directo cuando la coyuntura lo req llería. Los franceses tuvieron sus principales focos comerciales en el Caribe: en la Martinica y la parte gala de Santo Domingo, Desde finales del siglo xv11 'Intentaron vender directamente sus productos en las costas peruanas nara cambiarlos por la plata potosina. El ascenso de los Borbones al trono de España y la firma del asicllto de negros a su favor en 1701 facilitaron las cosas. Los holandeses centraron su actividad en Curai;:ao, <lcs<li:: donde comercraban con los puertos venezolanos de Río del Hacha, Mnracaibo y La Guaira. Importaban telas y esclavos a cambio de metálico, esmeraldas y perlas. Su actividad fue tan intensa qne monopolizaron el comercio del cacao y el tabaco hasta la fundación de la Compañía Guipuzcoana. Por su parte, tos ingleses operaban desde Jamaica y Barbados para penetrar en Venezuela y

en el resto de la América española, La firma del asiento de negros con lngbterra el 26 de marzo de 1713 y !u autorización del únavío de pennisOli a la Sou!h Sea Company, otorgaron rrwyores facilidades para que los comerciantes británicos asociados con la compañia penetraran en algunos puertos americanos, como Veracruz, Cartagena de Indias, Buenos Aires, Valparníso o El Callao.

4. Las exportaciones de metales preciosos Rápidamente comenzaron a enviarse a España cantidades crecientes de metales preciosos, primero de los yacimientos a!uvionales del Caribe y luego del saqueo de los tesoros de los imperios indígenas. Los metales preciosos alcanzaron un porcentaje abrumador dentro del total de los prochictos arribado¡; a los puertos peninsulares. Durante los siglos xvr y xvu la mayoría de los metales embarcados en América !legabmi a Sevilla. En un principio, las exportacwnes füeron fündamentalmente de oro (véanse Gráfico 9.1 y Cuadro 9.1). Para tener una idea clara del prcdorninro inicial del oro, éste no debe medm,e en peso sino en valor, que era más de diez veces supcr·ior al de la plata. Las llegadas de oro comenzaron a alcanzar niveles esp1xtaculares a partir de 1530, obteméndosc en las décadas centrales del siglo x v1 !os mayores volúmenes de producció11.

Gráfico 9J. Llegadas de metales preciosos prnvcnirnü,<s de l:i Amérk,i española (1580-1720) ( en millones de pesos) D O

Total co~ocidr, o estim&da Totaése¡¡ún E, Harn<ltori {inferior a 20 millones de p~sos después de 1631-16351

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,, de me!11les ¡lrcciosos amerirnnos a España ,,__¡Ja,,.¡,,, , , 9 . l . IL.-1"'.r:adas '·~, (1:ntalcs decs.>nales)

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!511"20 1521 ·JO 153HO 1541-50 1551-60 1561-70 1571-80

0,1 86,2 177,6 30J,1 942,9 1 118,6

!581-90

2. IOJ,O

M6,7

1591-1600

2.707,6

135,7

49,4

49,5

148,S

235,0 442,4

264,8 452,2 131,0 114,3

Pnrcenta_je de la plata

755,3 1.073,9 1.232,9 2 249,7 2.94},3

37

'º 40 88 91 94

--

92

. .. ' ..~;·entoneladas; B ~ en toncladasec¡uivakn,cs Je pla\U, cmb toncl~1ls de l\l'CJ se expresa pnr 1/) s,qui-

vnknlco. fuent0. E lfami!ton,EI tesoro wnericn11C> y hr re.•oiu,·ión rle los p,·ecios "'' Esplliia, 15111-1~50. Barn:lomt, J 975, p. 55 y p V1lar, O1•J y moneda"" la l11s10rw (! 450-}9]0} Harcelon;i, 1972. p 1-H

La llegada de plata a la Península aument? rnn el desc11br_imiento d: los yacimientos de Powsi y Zacatecas, y especia)mente a partir de la d:~ad de 1570, con la introducción del «método de pat10». Lns llegadas de metahco a España y Europa dieron lugar a una fuerte in_flación, la llrrmada <ffCVolución de los precios)). Si bien diversos autores cuestionan que la llegada de_metales preciosos fuera la causa única de la subida de los prec10s, e~ cvidcme que el aumento de la oferta monetmia tnvo serias repercus10nes. M1entrns una cuarta parte del metal arribario, provemente de la recaudación de las Cajas americanas, iba a la Real Hacienda, un amplio porcentaje de oro y plata, cuya cifra exacta se descmiocc, era para los comerciantes. También estaban las remesas de los emigrantes y los ahorros <le \os pasajeros que retomaban a la ~enínsula. De acnerdo con Morineau, las !legadas de metales prec10sos amen canos a Emopa <lurante el siglo xvl! funon importantes (véase Gráfico 9. \). En las dos primerns décadas del siglo xvm llegó plata a puertos emopcos no esra: ñoles correspondiente al comercio directo francés y yue entre 1701 Y 172) sumó más de 55 millones de peso,;.

4.1. El comercio interior El comercio colonial no ero sólo transatlántico, aunque durante mucho tiempo Jos investigadores, enrnndibdos por el metal enviado a la metrópoli, des-

cuidaron la acl ividad mercantil en el interior del continente. En América cxistürn lh0os crnncrciaks, no sólo locaks smn 1amh1én regionales e mtercok.1•• niales, 01·ierl1iHlo~ al abuskcirniento de cilldades y centros rnmcro~. El motor dt estos ílu,ios ern la necesidad de las oligarquías !ocrrles y regionales de contar con la plata suficiente para pagnr lus impmtaciones europeas y hacer frente a otros gastos. La comunicación entre las ciudades y los centros productores con sus mercados locales y regionales originó una intensa actividad cc.:onómica vinculada al comercio interior. La cría y venta de mulas y la fabricación de cRrrctas y otros medios de lrnnsporte movilizaban recursos y generaban trabajo. Para mantener operativas las rutas comerciales se construyó una red de postas y posadas que permitiera a los arrieros, transportistas, comerciantes, mensajeros y escasos viajeros descansar y avituallarse durante sus travesías, ya que el mal estado de los caminos dificultaba las comunicaciones. Pese a las prohibiciones, el comercio intercolonial füe 11n hecho en los mares ,<interiores» del Imperio, como el Caribe y el Pacífico. La necesidad de plata de las economías regionales para pagar lo,~ productos europeos impulsaba la circulación de mercancías y el comercio de larga distancia en e] interior del continente. De este modo, la yerba mate del Paraguay lkgaba a los mercados del Río de la Plata (Santa Fe y Buenos Aires), de Chile, del Alto y Bajo Penº1 y hasta de Quiio. Dada la existencia de aduanas interiores y el alto costo de los fletes, sólo dctcrmimi.dos productos recorrían esos circuitos. Las tramas interregionales aprovechaban las rntas marítimas, por el menor impacto de s11s fletes. Un cirrnito mny frecuentado era el del Caribe, cllyos centros eran Veracruz y La llabana, y comunicaba a colonias 1an dispares como México, Venezuela, Panamá o Cuba. El cacao de Maracaibo y Caracas secomenzó a exportar reg11larmente a México desde 1622. Otro negocio importante füe la redistribución de los rezagos, las manufactmas europeas que los comerciantes de las flotas no habían logrado vender y que los comerciantes cubanos comenzaron a reexportar a otras colonias, pese a que Cll 1598 se había prohibido s11 tráfico entre las islas caribeñas. El Pacífico, o Mar del Sur era otra zona de gran movimiento con sns dos subcircuitos, el mexicano y el peruano, siendo Panamá su p1mto divisorio. los contactos entre El Callao, Guayaquil y Acapulco con América Central, eran frecuentes. Acapnlco distribuía los productos orientales llegados en el Galeón de Manila. En 1591 la Corona prohibió el comercio entre México y Perú, una medida reiterarla en 163 l y 1634, para evitar que la plata peruana fluyera a través de Acap1dco hacic1 Filipinas y el Oriente en lugar de hacerlo regulanncnte a la metrópoli. Pese a las prohibiciones, el comercio se mantuvo Y la reiteración de las órdenes sólo confirman su mc11mplimiento. El intenso tráfico marítimo del Pacífico Sur se vío afect:i.do por los piratas, q11e obligaron a replegar las rutas, en especial las que transportaban la plata de Potosí a Lima, El metal potosino se enviaba en rnnla hasta el ¡merto de Arica, desde donde se embarcaba a Fl Callao. Desde allí la Armada del Mar del Sur lo re-


"f'~-···. >-, _,.- • '

• rnitía a Panamá. Posteriormente se ckcidió efoct1iar todo el transporte D lotno Je nrn!a, des<le los yacimientos del Alto Pc:rú hasta tima, pese al mayor costo y du1 ación del trayecto, ante la cm 1siderable ganancia en segnridad. Por último, estaba el comercio lornl, que conccraba las mercancías con el mayor núnrnro posible de consumidores, y las cindades con los te1 rilorios circumbntes que las abastecían de prod1ict0s frescos ( ca me, productos lácteos y vcgetak:s). En la;; ciudades de cierta importancia existían mercados donde se eomercia!izaban estos productos, y en torno suyo giraban vendedores y compradores, funcionarios de los ayuntamientos encargados de cobrar las tasas y cni<lar que los pesos y medidas respetara¡¡ la legalidad, vigilai ites, inspecltlrcs, Jm:cee;, etc. También -:xi~·tfo.11 mataderos en las afüeras Je las ciudades donde se faenaban las n:ses rclllitidas a los mc:rcados. Era frecuente que los indígenas h1viernn sus propios merc:adüs. lcfoa!mcntc, vale la pena mencionar el capital que movía el comercio minonsla, ya que no sólo hay que considerar las mercancías vendidas a lo hll'go del ai'io, smo tarnbién el merc1iJo irunobiliario urbano. Así, nn111erosas t1é'ndm; se vendían o ¡¡Jquilaban const,n1temente, especialmente en los c<:::ntros urbanos, sien do las prnpiedades próximas a ln plaza rnayoc !as más cotizada~.

5. Los cambios en la economía colonial y la crisis d:el. siglo xvn Numcmsos mnen,'.;anístas pie1isan que a lo largo del siglo xvu y buena parte del XVJ11 se debilitaron los lazos coloniales entre España y sus po~esiones americanas. FI «distancimniento/) o (\dejación» de las obligaciones ímpeifales habría permitido a las economías locales alcanzar nn c[erto grado de desarro\lo en dctrüncnto de !os mterc,;cs metropolitanos, aull1entando 1a alltonomb coiontal. De aquí también la pregunta de por qué América no se había independizado en d stglo xvi1. L:1 autm1omb akanzada habría requerid.o la \(reconquista)) de las Indias por la Coruna ccn la segunda mitad del XVlll y las ((feformas,1 bo1·bónicas. Estas teorías descansan en lil idea de qne en el siglo xv11 lrnbo una gra11 crisis, cansa del lkbilitarniento de los lazos coloniales. Assadomian desanolló esta linea argumental, al maii tenerqne durante e! siglo xvH y parte <ld xv111 la relación entre la rnetrópolí y sus colonias se habría debilita<lo junto al declive de los polos <le desarrollo mineros. fata situación habría provocado la crisis de las economías regionales y del mercado in-terno co!oníaL Sin embargo, hoy se constata b existencia de economías regionales <liw;rsificadils que reacclonaron de diferente forma a los impulsos (positivos o nc:gativos) de la relación colonial o del desarrollo de los polos de crecimiento. En ellas se observa1i múltiples actividades de los agentes econó111ícos, Jo que dificulta el análisi~ y cuestiona la imagen de b crisis del siglo xvn difundida en todo el Imperio.

t 1

Dnrani:.cl s_iglo. xv1 l'.1 expa11sió11 de! Imperio t1ivo un gran avance, un proceso que í111al1zana en tiempos de Fdipc II, annqnc hubo zonas mar""inales que no llegaro~ a ser ocupadas, como los territorios al norte de la N 11 n~a España 0 la Patagon'.ª· Los deseos de algunas potencia;; europeas - --Holanda, Inglaterra? Francia- de ocupar ciertas frm1teras, lleva ro u a la Corona a reforzar los t~rntonos amenazados. Algo similar ocurrió con la ex.pansión hacia el intenor del contm_ente, donde la selva amazónica o el Chaco Gualamba siguieron en_ man~s md:g ei:a~s, dados los escaso~ atnictivos y el coste gue sn explota1 cion lema par,1 •º" c:uropeos Algunas ne estas zonas se llamaron ((desiertos>> ante la faltad(: habllantcs blancos y de vida urbana, a pesar de que contaran con una apre~iable preseiicia indígena. La expansión tuvo !ligar a lo largo del siglo xv1 de forma paralela a dos proeesos diferentes, aunque ambos con ""Ta·ves repercusiones sobre la vida colonial Por un lado, la constante dismfn 11 .. ción el~ _b población inclíg_en.1, por otro, el incremento en la prodt1cción y expow1c1on de metales preciosos. Fu 1573 Felipe II promulgó las ünienauzas de Poblamiento, que reo-u!a~all los de,seubrnmentos y la fu_ndación de ci ndades. Hasta entonces, los ;spa•• no les hnbian desarrollado un tebnl movimiento fi.md<wional con el saldo de 24? nlleVa.½ ciudades, entre los 35" de latitud Sur (Buenos Ail'CS) v los 25'1 de htoturl N,,r1c (7acatecas) Cnandn se promulgflrz,n dichas or:l~nanzas va habian sido fünda<lics las más importantes. Dnrante el último cuarto de] ~iglo xv1 se corr:1;letó la estructuia del Imperio, cuyas piedras angulares fueron la ~~plo:"m:wn die plata y su cxporiación, una realidad apoyada en los inter~a_mows mlerreg10nales, que tenían en las capitales v1rreinalcs ,. . . .,Lima y lvlex1co",," 1111 lugar centra l. En ellas ::;e habfon estab!Gcirlo los mercaderes más poderosos, agrupados en los Consulados de Comercio. v se concentraban ]os mayores capitales. • , Los mdicadores econónncos señalan que esas décadas füeron una de las epocas de mayor cr~cimie.nrn. La producción de plata de Potosí, aún predommante en la nunena de fines dd siglo xv1, se multiplicó por más de cinco :ntr~ 1571-157? Y 1591-) '.i95. Lo mismo ocurrió, aunqiie un poco más tarde, con ia prnduccion novoh1spana que, a medid;i que se expandía a! norte e incorporaba nuevos yacimíei11os, se diversificaba regionalmente_ El comercio en:re Ai~_érica y Espuña, rne~ido por las llegadas legales de metales precioso_s ~ Sevilla y por la evoluc1on del touelaje en la carrera de Indias, se multiphco por tres o cuatro entre 1550 y l 60(J. Las restantes actividades económicas, de_ comportamiento rnás dificil de evaluar, o.travesaron im período expansivo. La demanda de insrnnos, alimentos y otros productos agrícola~ 0 gana~eros por los rne1cados urbanos y los centms mineros, favoreció la formac10u de grandes haciendas, mayoritariamente propiedad d.:: españoks europeos o a111erícanos. ~,.,a d<:Jmanda mbana no se limitaba a bic:nes prírna;ios, por lo que se desarrollo la artesanía textíl y otras formas de manufacturas, ge-


111Crahnente de escaso valor unitano El panornma s,: cnmplcta con la producción de vehículos de trnnspmtc y eng:i y de lnsnnws pa1:-1 l:-! industria minera, Todas estat; activ1dadc~ s,;: dcsarrolbhan en d marco de la cspeciali?acióu bboral regional y del crecimiento de los intercambios. Un desarrollo c:conómi• co favorabk parece indiscutible tanto desde \a perspectiva metropolitana como desde la de ciertos sectores de los colonos, especialmente la cit aqueHos vinculados a los sectores oligárquicos. La lectura no crn la misimi desde la óptica indígena, golpeada por la caúkl demográfica.

5.2. La crisis A fines del siglo xv1 y principios del xvu las cosas se desarrollaban bien para la metrópoli, beneficiada por las remesas de plata, tal como .~e desprende del incremento de la recaudación fiscal. Pese a esta aparente bonanza, en las primeras décadas del siglo Xv !l apurecieron los primeros nubarrones. Así, en el marco de la crisis generalizada (]_lle afectó a la metrópoli se vio um profunda qmebra de la ec;onomia colonial originada en el comportamiento de la minería de plata y el tamaño de la población. Algunos autores relacionan ambos procesos y explican la caída de la producción de plata por el derrumbe cierno . gráfico, lo que a su vez influyó negativamente en la llegada de metales preciosos a la Península. El panorama adquirió un perfil catastrófico al comcidir con la crisis económica en vastas regiones de Europa. Las cifras de Hamilton, a partir de los registros oficiales, marcan una tendencia descendente desde 1620, alcanzándose en la década de 1630 niveles muy bajos. Un declive similar afec1ó u la trata 11egrera, qne fne oficialmente suspendida de 1641 a 1650, tras unos años de aletargamiento. Los estudios sobre el movimiento de navíos y tráfico de mercancías en la ,<Carrera de Indias» de Pierre y Hughette Chaunu confirman las cifras de Hamílton. Para los Chaunu, los mercados coloniales, incapaces de seguir recíbiendo manufacturas emopeas a cambio de plata, se habían saturado. Woodrow Borah, en su libro El siglo de la depresión en Nueva España, situó en 1576 el inicio de una crisis secular en México, basándose en lfls series deproduccióu de plata, que en 1587 tenían un valor superior a! de 1690. La correla-· ción entre el descenso demográfico y la caídc1 en la producción de metal era muy alta, siendo aquél, según Borah, la principal causa de la crisis minera. La falladernauo de obra no sólo afectó a la producción minera, sino tamhién a la agricultura, que careció de los brazos necesarios para expandirse. Para Bakewell, Zacatecas se había agotado a fines del siglo xv1, Simultáneamente se habría producido un descenso en las llegadas del mercurio, redundando todo ello en detr!mento de las remesas de metal a España. El descenso en la recaudación fiscal fue particularmente notable en el comercio atlántíco. Hastn hace poco tiempo, sólo se consideraban los i11tercalllbios legales entre España y sns colonias, lo que conducía a Hllil visión negati .

va de la evoluc-ión dd co1m;rc10. Según l-lamilwn. d lll<Ai111iento comercia! expc1 imcntó una nelablc dismmuciim úrn:mtc el siglo xv11, a!clmzando cu sus años ceutrnles el mismo nivel que una centuna :1tff1s Las cifras comeden con otros datos cualitatlvos. Si hicn Lis flota¡.; habían sido r1:cgularcs hasta la dicada úe l 620, desde mediados de siglo comenzaron a aunwnt::i.r las salldas a destiempo, d estado de las embnrcacioncs se deterioró y se hizo frecuente que \os navíos pospusieran su salidn al 1m po<ler completar el cargamento de manufacturas y materias primas. Las fe1·ias (k Jalapa (Nueva Espaüa) y Portobelo decayeron y esta última se convirti() en um1 ciudad fantasma. Pero, el comercio entre América y Enropa no sólo nn disminuyó, sino que también creció durante esta época, con algunas interrupciones en aquellos períodos en Jos que las guerras impedían lcts salidas de lus flotas. El que sí cayó fue el co~ mercio controlado por la Corona {el lJll'-' pagaba impuestos), aunque buena parte de esos intercamb_ios respondían a mc:~anismos fraudulentos (contrabando) o lo realizaban dl!'ectamenle otras naciones eurnpcas. El comercio intercolonial (kmuestra un vigor rerwvado, que habla de cam. bios en los flujos comerciales. Un caso cbro h1c el puerto de Vcracru.z. Míen~ 1ws los almojanfazgos cobrados en e1 comercio con la Península dcscend1e" ron en la primera mitad <le! siglo xvll, la recamh1cióu por la importación de cacaov<::uezolano aumentó. Esto habla de l::i.c_rnisolid?ción de la y~onomía caraqueña. Junto a los grnndes plantadores ben'éiicindos por la foyuntura, otros gn,pos locales se aprovecharon del incremento de la actividad económica. Sin embargo, el crecimiento del comercio 1ntercolonial, que reforzaría la teoriade la autonomía americana, no fue nna constante en todo el continente, observándose con anterioridad a 1680 o 1690 la decadencia de algnnos circuitos. Tal füe el caso de la ruta entre Lima y Panamá, Realejo y Acap1.1lco, que vio cómo s11 intensidad disminnía durante el siglo xvn, coincidiendo con el descenso de b producción polosina Algo sunilarpasó con el Galeón de Manila. Los indicadores fiscales muestrnn una caída aparente de la .:icüvidad ceo~ nómica durante el siglo xvn, originada eu la contracción del comercio atlántico, la producción minera y la producción agrícola orientnda al mercado. En la década de 1950, Frnn,:;ois Chevalier mostró que el origen de las grandes haciendas mexicanas, autosuficicntes y ((feudales», estaba en el vacío demográfico de los territorios situados al norte de México y en la reorientación de las actividades económicas de las oligarquías locales, afectadas por el declive de la producción mercantil. Sin embargo, hoy parece probndo que los indicadores fiscales reflejan nmi caída en la rccm1dflción tributaria, pero no en la actividad económica. En Nueva España se consideró únicamente la recaudación de la Caja Real de la Ciudad de México, cuando a lo largo de los siglos xv1 y xvn, y a medida que aumentaba !a actividadmmera, se fueron creando nuevas Cajas en Zacatecas ( l 570), Durangn (1575), Guadalajara (1578), San Luis Potosí (1627), Pnchnca { [665), Guanajnalo ( 1666) y Sombrerete ( l 68 l ). Al mismo tiempo, en el conjunto del contmente aumentaron los gastos de la administración, lo q11e l1mitaha los sobrantes para remitir a la metrópoli. Eslo


se notó en la bmocrnci11, que crec:16 en los siglos xvi y XV!! clebiJo a la com• pra gene1ahzuda de empleos. En 1633. 111 Cormrn comenzó a vender lm cargos de los oficiales reales de !a Haciendn y en 1687 los de las Audiencias Reales. El aumento fue más no!ono en los g,1.s1os de defensa, incremc11tados por las agresiones euiopeas. Las construcciones de í'uertes y murallas y den .. vío de sitiwdos (dio.cm girado p01 !a Real Hacienda) a lns colonias de ba.1os ingresos, corno Cuba desde Nueva España, o Chile desde Perú, fueron nna sangría para la Real Hacienda. La minerí;i ofrece un pm1orarna design,11, tanto la del oro corno la de la plata. En Nueva Espa\\a, la ca\da en]¡¡ producción de plata de algunos gran• des centros mineros como Zacatecas, en torno a 1630-1640, parece haber sido compensada con la puesta en explotnción y rcl creom1enlo de otros I<éaics de minas más al norte y la apertura de nuevas Cnjas Reales. En el Perú, Potosí seguía dominando la minería nndina. la evolución Je sn producción parece haber aunstrado a la baja la producción de plata pe1 uana, incluyendo Ch11rn\ .. 10, Onno, Cnrangas y La Pnz. Las cifras de recm1daciói1 del qninto rs":al en Po• tosí pasaron de 950.000 pesos en l 595, a 550.000 en l630, 3 l 1.000 en 1670 y 250.000 íl f"in de siglo. Aún queda por ver si la .irm1gen dedina\\te de 1:-'otosí, vincularla a series fiscales y no a cifras de producc\ón, no está afectada por la genernlización de la conupción administrativa en el siglo x. vn y el aumento de! C\mtrn.bando, nntrido de platn sin c¡nintar. En Huancavelica, la producción de mercurio se contlíl.JO en fo.s dos últim,is décndas del siglo. De cnalq11ie1 manera, la disminución de la minería en la segunda mitad del siglo xvu 110 condujo a una crisis general iza<la.

5.3.

Las

respuestas regionales

Tenemo~ una imagen contiadictoria de las economías regionales del Perú, con algllnas regiones afectadas por el descenso de la producción poiosina y !a caída de precios y otras donde la producción y venta de mercancías no cesó de crecer a lo largo del siglo x.v11. Valga como ejemplo la yerba mate paraguaya, aunque lo mismo sirve para otros prorlnc\os y regiones vincnlados a Potosí. En varias zonas del continente el mundo ruru1 avanzó a costa de las ciudades y especialmente de las más pequeñas y de las fronter\zas, algunas de las cunles fueron abandonadas, s1 bien la mayoría de las principales no dejó de crecer a lo largo del siglo XVLL La rmalízación se observa de forma clara en Nueva España, donde las exportac1ones agrícolas alcanzaron el 35% <lel total en el primet· tercio del siglo xv11, algo musual si se tiene en cuenta que en el siglo xv1 las exportaC\ones de plata habían llegado al 90%. América Central también conoció un avance de la ruralización y la producción <le autoconsumo, complementada por la fragmentación política y ,iconómica. Resulta difícil explicar por qué frente a estímulos externos similares tanto los dos grandes espacios coloniales (Nueva España y Perú) como las subre-

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giones mvleron componnmientos dikrentes. Ello demostrada una c\ena autonomia de fas econom \ns regionales, dc1cnn\nada por sn estrnctmn económÍ•· ca, su grado de rnercnntilizac\ón y d tamaño de los mercados, las forn1as de pnipied.id y explotación del suelo o la organización del trab,1:jo . .Esm ocurre, por ejemplo, con el peso que en ciertas regiones y productos tuv1eron las pequeñas explotaclones campesinas, las com1 mi:dades indígenas y las haciendas de religiosos (sobre todo Jesuitas). Más allá de la prodncción de antoconsumo, variable de una unidad prodnctiva a otra, su lógica mercantil no coincidía i:;on la de las empresas onentadas a vender sn producción en el mercado, y cnyo pnncipa] objetivo ern la maxímización de beneficios. En una coyuntura caracterizada por el descenso de precios, resulta factihle q11e algnnas explotaciones mcrementarnn S\\ producción para compensar la haja de p1ecios y mantenei, con el numento de las ventas, los 11iveles de ingrnsos destinados a !a subsistencia de sus familias o i11slitucim1es. Reacciones similares encontramos en lns haciendas azucareras jesuitas en la costa pernana. Por el contrario, en aquellas regio11cs o prodnctos clominndos por ias grandes empresas españolas, b resp11esta más habitun! cuando se desploniaba la rentab\lidad de las explotacionc~, era in disminución o el abémdono de la actividad. Esto ocurrió en Cochabambil, donde predominaban las graneles haciendc1s iai:cas dedicadas a ln producción de trigo, cuya rentabilidad cayó en el siglo xvn. Sin embargo, descunocernos la re;,cción frente a estos estímulos del mercado de algunas empresas de indios y mestizos qne mantenüm nn nltn nivd de :;ictivicfod Algnnos sectores que habían tenido un desarrollo considerable desde fines de! siglo xv1 entrnron en crisis en el xvn. Eran actividades que permitieron la consolidación de las oligarquías locales, como el comercio de exportación transatlántico y la producción pnrn el abastecnniento del sistema de flotas y galeones o de los renles de mmas en algunas regiones del norte de !a Nueva España y el Alto Perú. De este modo, Jn crisis que afectó a \a «Carrera <le ln<liaom pudo haber repercutido en ciertas empresas agrarias que abastecían a los centros administrativo-comerciales y mineros. Ante el cambio de coyunturn, las oligaryuías desarrollaron nuevas estrategias para mantener su nivel de mgresos y su predominio mediante 1a reconversión de sns actividades y la búsqueda ck nuevos mercados en el interior, pero lambié11 gracias a la mejora de los mecanismos <le intercambio ecn sus relaciones con Europa, no limitm.bs a los puerlos Je la Pení11sula. Es posible c11contrar dos respuestas: el auge de los «repartos de mercancía;;¡.¡ cu los territorios indígenas en la segunda mitad de! siglo xvn y el desarrollo a gran escala del comercio directo y el contrabando en las relaciones tmnsat!ánticas, favorecidos por el derrnmbe de los mecanismos legales t.radicionaies. Si bien la venta compulsiva de mercancías a los \ndígenas y a otros sectores de la población, conocida genéricamente como repartos, fue practicada desde el comienzo de b colonización española y se manrnvo con posterioridad ,'l la independencia, parece probado que su expansión se aceleró en la segund,1 mitad del xvn. Mientras las élites limeñas intentaron compensar sus


pérdidas por !a caída di:! tráfico en los circuitos trndicionales, con la ampiia . 1:ión compnlsiva al im:rca<lo mdígena, las mexicano.s desplcgarnn nna ofensiva cconóimcu sobic: las icgiones del sur, de abundante población india Todo dlo implicó umi ampliación del mercado mterno y permitió el desarrollo de la producción destinada a abastecer dichos repartos ( mulas, tejidos, etc.). Por otro lado, el desarrollo del comercio directo con otras naciones emopeas y del contrabando con la metrópoli expandió las relaciones mercantiles atlánticas. Las oligarquías rcgio1mles trataban de 110 pagar los impuestos aduaneros y de acceder directamente a nuevos centros comerciales para obtener mejores pre" cios para sus productos de exportación, así como para los que compraban a cambio. Para ello, era frecnente que se asociaran con comerciantes extrn.njeros y con las autoridades coloniales, dado el clima de corrnpción generalizada en determmados niveles de la administración. Rnggiero Romano habló de una «oportunidad)) para las colonias en e! siglo xv11. Ante la qniebra del sistema de flotas y galeones y del régimen de monopolio, el comercio directo con puertos extranjeros se desarro!ió en con" die.iones más fovorables, aceptando los comerciantes europeos como pago de sus mercancías metales preciosos y otrns bienes americanos. Sin embargo, se trató de una oportunidad perdida, ya que muy pronto este comercio se aseme, JÓ al qne tradicionalmente se efectuaba con la metrópoli. Esto marca umtdiforencia entre el siglo XVH y el período anterior. Si a fines del siglo xv¡ e inicios del xv11 la prosperidad de muchos negocios se vinculaba al éxito de las iniciativas metropolitanas, en el resto del xvn y en buena parte del xvrn la posihilldad ele prosperar, o inclmm de manienerse, estaba al margen o contra la política de la Corona, y más respaldada en la u:onomia colonial. Si bien !as oligarquías locales tnvieron respuestas originales para enfrentar la nueva situación, la inrlependcncia no estaba entre sus planes. En caso de apostar por la emancipación, se habrían quedado sin el paraguas protector de la Corona y su responsabilidad fiscal y política hubiera sido total, debiendo afrontar los gastos de defensa y seguridad con mayores compromisos tributarios.

6. El trabajo en la colonfa Durante todo el período colonial, coexistieron clislintas formas de organin-ción laboral, que iban <lesde la esclavitud, de indígenas y de africanos negros, al trabajo libre o ~salariado, practicado por todos los grupos étnicos y sociales, o al trabajo forzado, realizado por los indios_

6.1. El trabajoindigena Simultáneamente a la ocupación del terreno y a la vertebración de un ~istema económico eficaz, lo~ conquistadores debieron solucionar el problema búsico

dd acceso ílrndo de mano de o\-na, líbrc u compulsiH1, a las activi,bdes económicas, es¡)ecialmcnte mmcra,;, pcio también agrícolas o artcs;males, que cada vez ma::; estaban en mano:; de cmpres¡¡nos dt ongeu cspañoL Sin esa mano tk obrn sus empresas esta han comlenadas al fiacaso y por ello fue nece sarío ¡\esarrollar una normativa compleja y detallada que garantizase !a oferta laboral. Por snpuesto que la evolución r.lc las nurrna~ fue parn!da a los objetivos que en cada momento se fijó la Corona. De este modo, no debe ex1.rañar11os qt1e inicialmente se otorgaia un gran potkr a los conquistadores a través de los repartos de indios y las encomiendas, desarrolladas a partir de la experíencia caribeña. Sin embargo, décadas más tarde, cnando ya se buscaba nn modelo más centralizado, comenzaron a tomarse, medidas para limitar el Pº" derde los encomenderos. La reglamentación de la mita minera en el virrcma" to peruano realizada por el virrey Toledo en la década de 1570 debe vincularse cnn esta sitnación. Los españoles intentaron solucionar la falta de mano de obra con e! repartímiento de mdígemis, llna institución de raíz cas1ellana que pretendía cuhrir las 11ecesidades laboi ales mediante la entrega de un grupo de indios a un español p,ira trabajar a s11 servicio. Era frecuente que el repartimiento se superpll· siern con ta encomienda, aunque aquél tenía distintos significados: trabajo forzado, trabaio temporal, de vestuario y alimento, etc. Pronto se vio 11na trn11sformación nominal o aparente de los repartimientos en virtud de la cual los indios entregados a cada colono eran puestos bajo su protección o encomie:ula. El encomendero podía exigirles el pago de un tributo en trabajo o especie, postenormente en dinero, a cambio de instmcción religiosa. Si bien hubo diversas declaracio11es reales que reiteraban el principio de la libertad de los indios, los que eran entregados en encomienda solían ser tratados como esclavos. Las encomiendas se snelen dividir en encomiendas de servicios y de tributos. Las primeras fueron comunes en las Antillas, y con la conquista de México y Pení y la incorporación de grandes gmpos humanos, más urbaniza•• dos~ con economías agllcolas más desarrolladas, se pasó al segundo tipo. Entre los trabajadores indigenas surgieron los naboríes en el Caribe y los yanaconas en el mundo andino, y ambos se caracterizaron por no tener obligaciones o estar adscritos a la comunidad en la que trabajaban. Los naborí es :ran sirvient~s {'.e un cacique o de 1111 noble, adquiridos después por los espanoles como sii vientes personales. Tras la conquist8., la institución fue dotada de nuevos contenidos, siendo frecuente que indios de las encomiendas trabajaran como naboríes al servicio ele los encomenderos. Los yanaconas, o yanas, que habían sido sirvientes personales del 1nca y trabajaban sus tierras o las Je algú11 curaca, pasaron a formar parte de la servidumbre de encomenderos y hacendados. E.n !o que se refiere al trabajo agrícola, era frecncnte la superposición de lrabay1dorcs forzados con petmes y arrendatarios. En ciertas regiones mexi-• canas l?s trnlxtjmlorcs indígenas se dividían en sirvientes y gallanes o .1ornaleros. Mhintras a los sirvientes se ks pagaba mensualmente y se les asignaba


una iación <liaría de maíz, los gafianes cobraban por semana y no recibíai1 alimento alguno. Éstos aparecieron H fines del siglo xv1 y cr,:;c1eron nípidamente en la centuria siguiente. Eran iudios tributarios que iban vo!untanamente a las haciendas a fin de juntar el dinero necesario para el pago del tributo. Los encontramos durante todo d periodo colonial, aunque con el tiempo modificaron su relación con la hacienda y muchos se convirtieron en agregados o arrendatarios, lo qne implicaba el abandono Je la comunidad y de su condición de tributarios, lo que sólo era posible con la c01nplicidad del hacendado. En las haciendas de la sierra peruana, la mi ta y el yanaconaje eran las formas típicas de trabajo. Si bien las denominacione<; corr~spondían a_ viejas instit.nciones mcaicas, las estructuras cohmiales eran diferentes. Mientras la mita suponía un trabajo rotativo, por turnos, y remnnerado, entre los indios de una 0 varias comunidades, el yanaco11aje representaba una Jonnn de servidumbre. En las haciendr1s, desde mediados del siglo XV!, la mano de obra provenía del trabajo foLlado, la rnita o el repartimiento. La ventaja del sistema de turnos era que se adaptaba al ritmo estacional de las labores agrarias. También se ¡ccurría al trabajo escl:Jvo africano, especialmente en puestos que reque1ian mayor especialización o demandabmi capataces negros. En e_l Perú se utilizó a los va11aconas, aunque !os yanaconas de las hacrendas teman poco qnc ver con,los de ta minería, que estaban i ijados a h.1 hacien<la en condiciones de servidrnnbre, Parn r:arantizar sn suhsisteucia, los yanaconas recibían tic:rras que f'Xnif,tahm1 con ;u famili;, A fines del siglo xv1 se desarrolló el irabcl_Jo libre ,--'grrña11 es en México o peones en PerÚ····-- que garantizó a los hacend~dos el acceso c1 b mano de obra. Eran indios qne abnndonaban sus comunidades para no pagar el tributo, tos forasteros estudiados por Nicolás Sánc:11ez-Albornoz. Igualmente encontramos un elevado número de mestizos. Su denominación-varía de un Jugar a otro: agregactos, arrimados, anJigados, terrazgueros, ranchos, indios de concierto o concertados, y sns obligaciones Y formas de tenencia de la tierra también variaban. Solían ocupar una pmcela bajo alguna fónnula de arrendamiento en una cstBnci~_o r:ac1enda, o incluso en las tierras de alguna comunidad. En ocasiones se 11rn1taban a ocupar un lindero de lc1 finca sin pagar renta algunc1, a cambio de colaborar en Sll defensa o de aportar trabajo en los períodos más álgidos del cal~ndari_o agrícola. Otras veces, pagaban nna cantidad simbólica en conc_epto úe arne~d:>, pe:o su presencia le servia al hacendado para legitimar sus tJtL!los de prnp1euad. En general, eran arrendatmios que contribuían con su trabajo a una parte 1rnpor~ tante de las rentas de fa hacienda. En 1687 el virrey del Perú ordenó que cobraran el mismo sueldo que los mitayos. En el Pt:rú, en las primeras explotaciones mineras a cargo de algunos ~ncomenderns se utilizó a los indlos de !as encomiendas, pese a las <lispos1c10nes legales. A los pueblos mdigcnas les convenía esta tarea, ya qne así podían reunir parte del di11ero del tributo. Jnnto a los ind!os d~-~ncomienda estaban los yanaconas, que inicialmente pagaban una cantidad l!Ja al romero p~ra poder trabaiar la veta, lo que les otorgaba mfts la condición de arren<latanos que

la de trabajadores. La mita fue profundamente reorganizada por el virricy Toledo e11 1573 basándnse en su herencia inc::lica. Su necesidad se hizo evidente a raíz del descubrnniento de las minas de Potosí y H1m11cavelica y de la demanda de trabajadores. Se trataba de reglamenta1 el aporte de mano de obra indígena para el laboreo de las minas y otras actividades productivas, como la avricnltura. De este modo se estableció que el 15% de los tributarios de cada e pueblo debía cumplir las tareas encomendadas durn11te un año, lo que equiv'ctlía a reclutar 13.500 hombres de entre 18 y 50 años. Cerca de 10.000 indios e111igraba11 a Potosí cada afio para cumplir con las cstipnlaciones de la mita, y a cambio 1;:cibían un salario «institttcíonal», muy infenor a! que percibinn los trabajadores libres del sector. La zo11a de influencia de la rnlta era muy extensa y mientras en dirección a Cuzco alcanz,iba un r:idio de 1.000 kilómetros, hacia el sur llegaba a Tarija. La mita afectaba a las cornunidacies, que debían aportar los hombres y mantener a los mitayos durante e! recorrido entre el lugar de residencia y la mina. Esta situación llevó a Enriqnc Tandeter a definir la mita como una mstitución que explotaba a las comunidades indígenas. Tras el final de los servicios personales de la encomienda en 1549, en México se estableció el sistema de los repilrtimientos o cua!equil, organizado por el virrey Enríquez en la década de 1570, siguiendo el modelo de la mita peruana. Se trataba de cuotas de trnbajadores forzados que prestaban un set"vicio semanal a los españoles n cambio de una rem11ncraclón. La cuota inicial er::: de! 4% de los tribntaries de una loca\i~2d, y 2unqut este porcer:taje cr'.!ció posteriormente, fue inferior a su referente peruano. Los naboríes se contrataban en función del tequio, una tarea que debía realizarse en una jumada de trabajo. Los trabajadores libres, que generalmente ornpaban puestos que exigían una cierta especialización, corno los barreterns, i:cran más socios menDres, conceswnarios o arrendatarios del minero, que trabajadores asalariados. En !a minería a fines de! siglo XVI se popula1izó el derecho de los indígenas a quedarse con una pnrte del mineral extraído, cuyo valor superaba al salario, conocido como pepena en México o corpa en el Perú. y que se destinaba a remunerar a esos trabajadores libres. Los obrajes tenlan grandes d1f1cuHades para atraer mano de obra. Por eso, como señala Carlos Contreras, fueron sinónimo de trabajo forzado. Primero se recnrrió a indios esclavos o sacados de las encomiendas y posteriormente a presidiarios que cumplían sus condenas en el lugar de trabajo. Cuando se pudo, se echó mano de los indios del repartimiento o de la mita.

6.2. El trabajo esclavo En lVíéxico y Perú, la palabra esclavo aludia a un trabajador permanente, de una cierta cualificación y responsable, para di forenciarlo de los indios, jurídicamente libres, generalmente sin capacitación y menos vim:ulados a sus patrones, ya que solían trabajar de forma temporal. En este punto hay grandes di-


fercncic1,; con lo t¡lie ocunia en Brasil y en bs i\nt1Has. :-:1 hi011 la esclavitud se asocia con b ,-:~plotac1ón de l1frinmns negros-, en la;; prinwrn~- dó:Jdil~ de la conqmsta hubo un núrne10 imp(lrtilnlc de esclavos indigcmis Corno la Corn11a les reconocía su condición ctc indil'iduus libres, había que recurrn a la guerra para esclavizarlos. Ll descuhrimicnto de Zacatecas y Potosí coincidió con la última fase de la esclavitud indígena. Durante los primeros mlos de explota• ción minera en Zacatec8s se pudo recurrir a algunos indios e~clavizados e11 las entradas que se realizaban en los territorio~ del norte. Posteriormente se popu1::nizó el uso de los nabmíes, indígenas que dependían directamente de un nohle y que no estaban sujetos a los deberes y derechos de los indios de laconmnidad. Los naborícs se convertirían pronto en sinónimo de trabajadores libres. En la América española la utilización de los esclavos negros varió de región a región. Era frecuente qnc ~e los utilizara como sirvientes domésticos, lo que explicn su abundante presencia en las princ.:ipaks ciudades tlel continente. En algunos casos, sns dnellos los empleaban bien como comerciantes D.mbulantes, bien como nrtesanos a cambio de un salarin. También estnvieron presentes en ciertas actividades prnductivas, como las rn inas de oro del Chocó, en Colombia, las pbntacwnes de cacno venezolano o, a partir de! siglo xvm, las plantaciones cubanas de; azúcar.

6.3. Trabajo urbano. Gremios y artesanos La producclón artesanal, que no solía competir con la anterior, dominaba las ciudades y, en general, los medios hispanos, y su tamaño <lependía <le la importancia del mercado. En bs ciu<lades era notable la presencia de los gremios, con una fuerte .iernrquización inkrna que implicaba la existencia de maestros, oficiales y aprendices, además de un complicado sistema de ascensos. Los gremios f1mcionnban con un rígido sistema de ordenanzas, que rccog[an todas las ci1cunstancias en qne se desarrollaba la elaboración de un producto, inchlldo su precio de venta. Estas norm8s eran de estricto 1.mmplimiento, por lo que dificultaban b competencia y el desarrollo del espíritu empresarial. No todos los gremios eran igmdGs. Los había ricos e importantes, como el de platcros,junto a o1rns más pobres, como los zapateros. La mayor parte de los gi-emios permitió el smgimiento de cofradías, qnc combinaban sus objetivos religiosos rnn b aynda mutua a los miembros del gremio. Los primeros gremios asGnlados en América lo hicieron en México. Allí se instalaron los sederos, en 1542, y !os bordadores, en 1546. Posteriormente fücron seguidos por los guarnicioneros, sillerns, etc. Sin duda alguna, fi 1e el gremio de los plateros el que alcanzó su mayor fama, tanto cu México como en Perú, pero también en el Río de la Plata y Chile. Aunque cu im pnncipio, la presencia de los imiígenas en los talleres estaba mal vista, a mufüb que se hizo evidente la competencia de las artesanías indias, no hnho más remedio (]ne aceptar Stl incorporación de forma gradual.

10. El Brasil col,onial,

Portngal había participado activnmenti., en la expansión atlántica desde una rnejorp\)Sición que otrns países: ern un reino miificado y est8ba menos condi~ cionado por problemas internos o convulsiones dinásticas que Francia, Inglaterrn o España. En l 499 Vasco da Gama había llegado a la India y en marzo tle 1500 una 11ota de trece navíos al mando de Pedro Álvarez Cabra! partió de Lisboa con el mismo destino. Tras pasar el archipiélago de Gibo Vc-i·de, Cabral se apmtó de la costn afric8na y puso dirección oeste, avistando el 21 de abril tierra brasileña. Al día siguiente desembarcó en las cosías de Bahía, en Puerto Seguro. Mucho se ha discutido sobre el vcrthdero tlestinú de esta expedición, relacionándola con los avances de Castilla en América. Si bien no se descmta que algún □ avegante europeo, especialmente portugués, conociera la existencia de Brasil antes de 1500, todo indic,1 que el de8tíno previsto de Cabra! cr-a la India. Los portugueses encontraron en Brnsil una población bas-taute homogénea, estructurada en torno a dos grandes grnpos por sus lengnas Y culmras: los tupí-guaraníes y los ta puyas_ Los primeros lrnbítaban la franjil costera, desde Ccará hasta Lagos dos Patos, en e! sur. Mientras los tupís, 0 tupínarnb:k llegaban hasta el achial estado de Sao Paulo, los guaraníes estaban más 8l sur, en la cuenca de los ríos Pnraná-Paraguay y en el extremo meridional de país. Los tilpuyas, una palabra guaraní para definir a l(JS que hablaban otra lengua, form8ban distintos grupos a lo largo del Brasil, como los goitacá, los aimoré o los trernernbé. Los hipís eran semisedentarios y se dedicaban a la caza, la pesca y la recolección, pero también n la agricultura. Para limpiar los bosques h8cía11 fa queimada, y plantaban judías, maíz, calabaza y mandioca.


El contacto tk los indios con los portugueses varió según grupos Y regiones, al haber lugares donde ofrecierou una dura resistencia. y o_tr?s donde.colaboraron con lus invasores. 1-'or ejemplo, sao Paulo de P1rnt1111nga lmb1cra sido capturado por los tamoyos si los portuguese_s no se hubieran aliado ~o_n los tupis. De todas formas, y en un fenórne110 similar al ocurndo ell la Amenca española, la couquista portuguesa tnvo u11 efoclo catBstrófico sobre las sociedades indígenas, especialmente vü,íble en su dimensión demográfica.

1. la población La noblación brasileña surgió del aporte de tres grupos fundamentales, uno on;iuano. los indígenfü, v dos importados, blancos europeos y negros africa~~JS, \.{ll; evolucionaron -de forma diferente y dieron ?rigen a otros nuevos, como mulatos o mestizos. Debido a los escusos dalos d1spoi11bles resulta dificil calcular el tamaño ck la población origmaria, distribuid¡¡ entre Brasil Y Paraguay, pero las estnuaciones ruás fiable,5 que pose?1110s '.mblan de un mínf• mo de dos millones de babitanlt.:s y un maximo de cmco solo en la Amazonia brasileña. Sin embargo, la temkw.:\a demográfica es clara y marca una disminución constante de la población indígena tanto en términos absolutos como rdativos, bien por \a acción disi uptiva de los europeos y las enfermedades, bien por el pt:so creciente del mestizaje. . , __ La gran epidemia de v1r11elade 1562-1565, de proporciones cat~strof 1ca~, se cobró \a vida de cerca de 30.000 indios, sólo en las aldeas de Balua. La epidemia se extendió rápidamente por 1a costa y el interior, llegando al Paraguay, y nrovocO un desequilibrio entre los indios sobrevivientes al afectar a sus med[os de subsistencia y su mdlmeotaria organización social. Así se llegó a la hambnma de 1564 que, al realimentar el ciclo de muerte tuvo grnvcs consecuencias para la población indígena. Tras una serie de enfermedades de ine!dencia regiorral, como el sarampión y la viruela, estalló una segunda grnn epidemia eu J597, que nfo..:tó al litoral marítimo, particularmente el nordeste, A finales del siglo xvu ( 1685-1692) otra epidemia asoló al área coste'.ª d_esdi:: Pernambuco a Paranaguá. Hacia 1570 la población indígena había d1srninu'.• do en 800.000 personas, ci:\si un tercio del total ini..:ial, aunqu~ durante el _siglo xvn se desaceleró el descenso demográfico, al haber adqumdo los md1os ~obrc\'ivientes suficientes defensas contra las enfermc:dades. Una parte de la población 8e i11tegr6 a trav0s del mestizaje, o fue sometida a la esclavitud? redacida en tas misiones religiosas. Otra se retiró al interior, donde coutmuo resistiendo. La posibilidad de tri u ufo de: la resistencia 8urnentaba por el ca" iácter nóiuada o seminómada de las tribus brasileñas, que al abandonar sus hábitats tradicionales no dejaban atrás cultivos estables ni grandes ciudades. L~ demanda creciente de trabajo cu las plantaciones costeras durante el siglo xvu llevó a mirar ::i.l intem1r para obtener esclavos indios. Su c~pturacorrió a cargo d'° las bamleinis, expediciones militares que se organizaban en

las áreas periféricas, co:no las enviadas desde Sil.o Paulo, o los resgutes, que exploraban !os ríos de la cuenca amazómca. En Manmhifo las expediciones de caza de esclavo.<, tuvierou serios dCctos sobre !a población indígena. A fiues del XVll las principales ónle1ies religiosas del Brasil {jesuitas, mercedarios, capuchinos, carmelitas y, desde 1700, frauciseanos) se dividieron !a Amazonía. Todas ellas, especialmente los Jesuitas, ~ignieion una politica de destribalí:,:aGión o aculturación, confiuando a los mdios en aldeas o reducciones. En defensa de los jesuitas hay que decir que: mlcntaban proteger a los indios de los brutu!es colonos portugueses. La expulsión de los ,1esuitas, que inició la polítieu pomba!ina de eslunulm el crecirnicutu de la población favoreciendo el mestizaje, marcó una rrueva fase de Jedive indígena. En el siglo xvm los nidios seguían siendo expulsados de sus tierras, esclavizados, d1ezrnados por las guerras o las enfc1medades, o asimilados a la vida colonial por el mesíizaje o los misioneros. En 1798 se realizó un censo general que sólo contó a los indios pacificados, unos 252.000, casi el 8%, de los existentes en el momento del descubnmiento. Ei1 un tecnento posterior, de [8 l 9, la población nativa se estimó en 800.000 indios, la ten:c:rn prtrte de los qiie hrtbíaen 1500 y el 18,24% de la població11 brasileña del momento. En torno a 1660 los blanco8 eian unos 100.000, una tercera parte de lapoblación de las áreas colomzadas, que sólo comprendía a los indios rn:icificados. Dmante !a unión con España, la emigración fue libre y abierta a Jos catóEcos. Muchos españoles !legari 1n ,1 Brasil para rnstalarse en bs :írens penféricas del sur. Junto a ellos creció el número de cristianos nuevos, no sólo de origen portugués, que en algunos lugares como en Salvador representaron Je! 1O al 20% de la población blanca entre] 635 y 1645_ En los últimos arios <lec la Unión emigiaron muchos holandeses y bntámcos. Después de consumada la separación entre España y Portllgal, eu 1640, la imrngración emopea se restringió a los súbditos portngueses, aunque no se pudo evitar la ikgada consta11te de europeos. Para proteger a los territorios nordestinos de los ataques <le las potencias europeas, Felipe llJ estimuló el asentamiento de campesinos originarios de Azores y Madeira desde princip10s del siglo XVJL El descubnmiento del oro a fíues del siglo xv11 provocó la primera migración masiva de la historia brasileña y en pocos aüos cambió totalmente 1a distribución de la población. Junto u un número impor1ante de inmigrautes externos vemos a muchos migrn.ntes internos blancos desplazados a las tierras mineras del interior, con sus esclavos 11egrns y sirvientes indios. Jlortu•g~.l se vio ufoctado por la ernigrnción hacia Minas Gerais. En 1700 la poblacmn mellopolitana era <le 2-000.000 de habitantes, Je los cuales, duiante el si?!o xvm, cerca de 400.000 pasaron a Brasil, pese a los esfuerzos porrestrmg1r !a cmigrnc1ó11. El atrnctivo de Minas fue tan importante que en ei primer ~uaito <le! siglo xvm ya conlaba con más de! 50% de la población de Brasil. Durante las década.<, de 1760 y l 770, coincidiendo con la caída de la producción minera, la población se reacomodó hacia laii zouas de mayor i11cent1vo económico, Esta época coincidió con las reformas pombalinas y los 0


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esfuerzos subsiguwntcs por incrcmcnU\r la pobln.ción, aumcntm la producción y ,1sent[lr colonos en f1rcas cstralégirns, de m:mera tal que buena pal'te de !a corriente lnm1grntoria se cctnalizó a lus zonas costerns o fronteri;,as rníl:; vulnerables Ln. mm1grnción curopcu sumada al crccimien1.0 wgetc1tivo curo" peo mul1iplicó por l Oel número de blancos durnnte el siglo xvrn. En l 7'58 se estimaba una población blcmca de l.010.000 personas, el 31% del total. El recuento completo de pohlación de 1776, que sumaba l .555.200 habitantes, no tenía en cnenta los grupos étnicos (véase Cuadro 10.1). El tercer grupo era el de los negros africanos, llegados como esclavos en una inmigración forzosa, pero legal, desde 15,19. En 1535 ya trabajaban en las plantc1ciones azucareras de Sao Vicente y en 1570 srnnaban varios millares. Robert Simonsen ca!culó que en el siglo xvn !legaron a Brasil unos 350.000 esclavos, n.unque Mauricio Goulart y Philip Curtin hablau ele más de 500.000, lo que eqnivn.ldria al 42% ele los llegados a América en esa centuria. En el siglo xvm entraron cerca de dos millones de negros. A principios del siglo xvn había 15.000 esclavos de origen africc1no, el 15% de la población, y 1680, 150.000. Las estimaciones de 1798 hablan de 1.361.000 negros. A principios del siglo xix, cerca de las dos terceras partes de la población ernn de origen nfricano (negros y mulatos), y parece que bahía más negros qne hlancos. Se supone que de cada diez personas de color entre seis y siete ernn mulatos, nunque babia diferencias regionales. En las cuatro regiones más im-

e;

Cuadro 10.l. Distrihucíón <le la población brasileña en 1776 Capitanfa

Río Negro . Pará. Mararrh1ío .... Piaui Pernambuco .. Paraiba ... RioGrandedo Norte. Ceará ..

Bahia .. RíodeJa[]eiro ..

Santa Catarina .. Rio Grande do Sul .. ,.. sao Paulo ... Minas Gcrais .. Goiás Mato Grosso .

Total_

Habitantes

Porten taje

l0.38fi 55.325 47.410 26 4 lO 239.713 52.468 23.812 61.408 288.848 215.678 10.000 20.309 116.975 .319.769 55.514

0,6

3,5 3,0 1,7 15.4 3,4 1,5

.1,9 18,5

13,8 0,6 1,3

7,5 20,5 3,5

20.966

u

1.555.200

100,0

Fuente: O. Al den, «I.nteColoni~l Brnúl, 1750-1808», Gn Cambridge Histmyr;(üitin America. vol.[!, pág 60}.

portantes. [Vlmas Gc1ais, Pcmamh11co, H:1hía y Río de Janeirn, la presencia J<é afric::rno~ y nfrohrnsilcño~ o~ci!aha del 64 al 79'¼, Sólo Siío Pernio trnía una pohlacíón rnayontm wrncnle ~lanca ( 56:'J). Frcnlé: a las malas cond1c1oncs de vida de los esclavos, las rcspnestas habituales eran la huida y !as rebdiones. Para detener bs f'ugas, los plantadores alquilaban cazadores de <esclavos (capitéi.es do malo) y aquellos que final, mente tenían éxito icndían a formar corrnmidades libres en lugares inaccesibles, los llamados morambos o quilombos. Por lo general, éslos no agrupa" ban a más de 100 personas, que sobrevivfon gracias a la agricultura de subsistencia y d pillaje. La vida de los quilombos solía ser cortc1, ya que los plantadores organizaban expediciones para destruirlos, CTl ser un incentivo pnra la fuga de otros esclavos. El mó.s grande y famoso füe el de Palmares, en Ja actual Alagoas, al que se le atribuyeron, de forma exagerada, unos 20.000 :fügitivos. Palmares fue creado a principios del siglo xv¡¡ y durante un siglo resistió !os ataques de portugueses y holandeses, hasta que fue destruido en 1695. Otra forma de salir de la esclavitud era la manumisión, más frecuente entre mulatos y negros criollos que entre los africanos. La población brasileña no se limitó a los tres gmpos originaks y su mezcla le proporcionó llnaetnicidad distinta. Si bien hast,1 fochas tardías la Cornna no favoreció los matrimonios mixtos entre blancos e indios, nunca con negros. el mestizaje se difundió por todo el país temprnnarnente ante !a tolerancia d~ la Iglesia y de la Corona. Los mestizos nacían tanto de uniones legales y estables como de ilegales y transitorias, con abundantes hijos ilegítimos. Resulta dificil calcular el número de mestizos al no estar clara su definición, que mezcla elementos genétiCO:~ y sociales. La cantidad de mestizos tamblén variaba de una región a otm, en función de la actividad económica de cada lugar. La co!omzación foe dispersa y desigual y dependió de manera importante de las fluctuaciones del mercado mundial. Mientras el azúcar se mantuvo como e! principal producto exportable desde finales del siglo xvr hasta finaks del XVJI, las plantaciones y los mgenios azucareros, eu los ni rededores de Pernambuco, Salvador y Río de Janeiro, concentraron el mayor volnmen demográfico. En las zonas azucareras vivía cerca del 70% de la población El descubrimiento de yacimientos auríferos en la primera mitad del siglo xvrn nlteró dicha disti-ibución al dirigirse importantes contingentes migralorios desde el nordeste azucarero a los centros mineros, especialmente de Minas Gerais. El oro también funcionó como reclamo para nuevos inmigrantes porhlgueses y africanos.

2. la colonización y la primera administración colornial El descnbrimiento de Brasil, cuyo nombre sólo se generalizó n pnrtirde 1503, no entusiasmó a Portugal como la llegada de Vasco da Gamn a la India. Durante un tiempo se pensó que Brasil era una gran isla, lo que generó esrnsas


expcct::ihvas sohrco su potencial económico. De ahí q11e la piegunta sobre la importancia real de Brasil en el Imperio portugués sea relevante. Durante un tiempo fue una colouia de segundo orden, pero esta situación no duró. Los ingresos prn,·enientcs de Brasil eran sóln el 2,5% de las n:utas reales en 1558 y los d.e fa lndi.a el 2G°t'i,. Sin embargo, el aporte brasilerto a los ingresos de Ja Hacienda portuguesa creció constantemente durante el siglo xvr1y se aceleró en el siguiente. En l 716, sobre unos ingresos totales de 3.942 contos, el 14% se originó en Brasil. Años más t:1.rde la aponación de Brasíl subió al 27% y, gracias a su producción de oro, se transformó en nn 11nportante generador de riqueza y en nna de las más sm1eacl8s fuentes de ingresos para la Corona. La primera colonizaci6n de Brasil se basó en el sistema de faclorfas ofeitorias, que tan bnen resultado habfa. dado a los portugneses en las costas afri~ canas. De este modo, el territorio brasileño se ainndó durante tres añ0,_~ a nn consorcio de comerciante;; <le Lisboa, encabezado por Fernando de Noioña, qlle recibió el monopolio de su explotación a carnbi.o Lle enviar seis navíos al año yconsl1tii1 11n empbzamicnto permanente. La insatisfacción de la Corona con los contratistas hizo qne en 1505, al vencimiento del contrato, retomara el control de la explot11ción. Entrcc 1505 y 1535, la principal actividad econórmca fue In explotación del palo brnsil, qllE.: dio el nombre al país. El centro del tronco, de un rnjo rnny intenso, cm un colorante mny valorado y su madera, muy dura, se utilizaba par:1 constrnir muebles y navíos. La rnadern y la harma de mandivca ,;e trornban con los índio1: por telas, cuchillos, rmv:;ja,~ y haratij~s, todos objetos de escaso valor. A medida que el palo brasil se fue agotando en las costas se hizo necesario adentrarse en el interior para encontrarlo. Pese a las dlficultades par:1 trazar la línea del Traracto de TordesiUas, la teórica frontera entre las posesiones españolas y las plirtuguesas, la principal amenaza para el Brnsil llO provenía de 'España$ino de Francia qLte, como señala Boris F,msto, no reconocía la base jurídica sobre la cual españoles y por" tuguess:s se habían repartido el mundo, al ser partidaria del principw de uti possidetis, según el cual el poseedor de una zona era su efecti.vo ocupante. Los mercaderes galos se eslableL:ieron en Guanabara (1555-1560) y en Maranhiio ( 1612-1615), se dedicaron al cornercío del palo bi nsi ! y practicaron la piratería en la costa brasi!cfia, demasiado extensa para una defensa efectiva por la armada portuguesa. La Corona creyó que: la mejor manera de defender sns p()sesiones era reforzando su presencia en el Brasil, y envió una .:xpedíción al mmido de Maním Afonso de Sousa, de 1530 a 1533, que tenía como principales objetivos patrnllar la i.::osta, establecer una colonia en S80 Vicente, lo qae se hiw en 1532, y explotar la zona. La expedición rnarcó un período de transici.ón en la organizacíón que se daría a las colonias. La estrnctura colonial tenía su cabeza en el rey y se completaba c01i una serie de mganísmos melfopolitano.s y otros que ejec11tahan la política sobre el t<cncno. Al ignal que en el caso español, las autori.dades carecían de límites el a rus en sus jurisdicciones y eran frecuentes los coníli.ctos y solapamientos. En 1530, durante el reinado de Jnan IIJ, el territorio de Brasil se diví<lió en

quinete c.J.pitm1ías generales de carácter hereditai'Ío, regidas por 1111 capitán donatario. Las capitanías se fijaron medianre líneas paralelas al ecuador que iban desde la costa al meridi.ano <le Tonlesillas. Entre los capilalles donatarios habia miembros de la baia nobleza y también bmócrata:, y comerciantes. aunque despnés de la Re~taurnción_ se comenzaría a ::x1gir un;:¡ ácrta experiencia adrnirnstrativa. La pnmcra capitanía, en la isla de Sa!l .lnan, se entregó a Fernando de Noroña, pero sólo tuviero11 éxito las capitanías Sao Vicente y Pernambuco, ya que las demás fracasaron por falta de recursos, ataques indígenas o problemas mternos. Los donatar·ios eran poseedores, pao 110 propietarios, de la tierrn qne recibían por donación de la Cmona. r ,a donación les otorgaba poderes económico~, administrativos e incluso lri.bnlariQs, lo que les permitía beneficíarse de 1111a parte de los impuestos pagados por la explotación del palo brasil, la extracción de metales preciosos o la pesca. También tenían el monopolio de JajustiL:ia y podían fondar ciudades, alistar colonos con fines militarns O donar sesmarias, extensiones de tierra que dwron origen a los latífündios 'foón" camentc los sesmeiros o pi_ opietarios Jatifondi.sras,_se cornprometía1; a. expJ 0 .. tar su propietbd durante cmco ai'tos y a pagar un tributo a la Corona, Con el tiempo, las capitanías rnan!t1vieron su estrnctura y sus límites y fueron revi.rtiendo al Estado, hasta que e111re 1752 y 1754 el marqués de Pombai completó w nactonalizc<ciórL En l 548, a la visrn de los escasos éx1ios obtení<los, la Corona estableció nn gobi<Jm:i gc~1e1a! Cll Brnsíl. pma ello nombró en l546primer gobern3dor general a lome de Suusa, un hidalgo conexpenenciaenAfoca y la India. Al año sigmente llegó a'Bahia, el centro del Brasil portugués, donde fundó Salvador que h.asb 1763 seria la capila1 de Brasil. E11 su vi.aje fue acompañado por má; lk mi! personas y llevó consigo mslrucciones para mantener la íntc,,ridad territorial d<el Brasil, colonizm las nut:vas 11crras y orgmiizar bs rent:s reales. Así, creó algunos cargos: el ouvridor, el provedor dejicenda y el capitán mayor. q nt: tenía a -~U cargo la defensa costcrn. La administración de j ustícia estaba en manos de lllS ouvridorcs o jueces reale~, En 1588 se mstal6 en Bahí.a nn lribunal,d~ apclac1orws o !{ela,;;do, similar a la Audiencia hispana y de iguales car~ctenst1Cas que la de Oporto. Por diversas razones no funcíonó entre J626 y 16)2, mmque durante b;.istante tiempo fue el único alto tribunal del Brcrnil. Los ouvni.lures sigi1ieron siendo los jueces de primera ins1ancia y solían simultanear su cargo con d de provedores de fazcnda (oficiales de Hacienda), respon-~ables dula administración fiscal y de la recnndacíón irnpositi.va. . Con Tomé de Sousa llega10n !o:, primeros jesni.tas, que iení.an como princip~l obje_livo evangelizar a lo~ rndios y poner orden eu el clero. En 1551, se ?eo_e! obispado <le Salvador, dependienk de la arqllidi6cesis de Lisboa. Los Jes,u1tas s_e uansíormaron en la primera onfon religiosa y en el mayor propie" 1ano de ttenas y esclavo~ Todas las capitmlÍas contaban eon, al menos un ingeui.o propiedad de los jesuitas y sólo en Bahía había cinco. También ~aselan hacienda8 ganaderas (equínos y vacunos) e ünportantc;s rntereses comercia-

;le


les, lo q11c causó gran cn,;Hfüi entre lo.~ colonos e hizo que tcrmim1rnn sic1Klo b mdcn miis controvertida del }'11-a~íl. Por un lado aparecían como lo~ dc:fcn. .sotes de la libertad mdígena, rndicalrncnte opuestos a su esc!avwH:lón, pero ;tl mismo tiempo tt:nfon miles de esclavos nicgros. Sus competidores econümrcos, resentidos por sus privilegios, los acusaban de monopolizar el comercio amazónico de cspe(;ies y de rrnmentar sus propiedades territoriales. Las mayores acusaciones las formulaban los ayuntamientos, que en varias ocasiones los expu!sarnn de sus capitanías, algunos grnpos de presión de la Corte y sus rivales eclesiásticos La defensa jesuita fue eficaz y a mediados del siglo xvm pmecían estar basta11te enraizados en Brasil. Sin embargo, en 1759 fueron expulsados del Brasil por el marqués de Pombal. Se puede decir, coincidiendo con Alelen, que este hecho constituyó la primera gran crisis de Brasil de fines del período colonial. Corno consecuencia de la crisis dinástica portuguesa, Felipe II ocupó el trono de Lisboa en 1580, lo que posibilitó que hasta 1640, cuando se produjo ln rc-st,mración, que España y Portugal permanecieran umdcis bu,.io la figura de ur1 mismo monarca. D11ranle la unión de las dos coronas se crearon algunos organismos destinados a gobernar más eficazmente !as colonias, en una política de clara infütencia hispana, influida por las Ordenanzas Filipinas de 1603. La unión dinásticc1. influyó en ambns direcciones: \os españoles se hicieron presentes en el Brasil y los portugueses en las Indias españolas. Sin embargo, la mayor repercusión ocurrió en el terreno de las relaciones internacionales, con la quiebra de !a alianza en1re Portugal y los Países Bajos, enfrentados a España, lo que motivó las invasiones holandesas al Brasil. En 1595, los Paises Bajos saquearon la costa africana y en 1604 la cíudad de Salvador. La tregua de los Doce Años (1609-1621) aporió cierta tranquilidad, quebrada posteriormente con la creación de la Compañía Holandesa de las tndias Occidentales, que bnscaba ocupar los centros azucareros del Brasil y controlar la tra1a negrera. En 1624 los holandeses conquistaron Salvador, aunque ante la resistencia de los colonos no pudieron salir de los límites mba• nos y debie1on abandorurla tras 1rn <1ño de ocupación. En Pernambuco tuvie~ ron más suerte que en Bahía y en 1630 conquistaron Olinda. Hasta 1637 se enfrentaron a L:t resistencia local, lo que les permitió controlar el territorio exis(ente entre Ceará y el río San Francisco. Entre 1637 y 1644 gobernó e1 príncipe holandés Mauricio de Nassau, en un clima de relativa paz y e;stabilidad en la región, quebrado en 1645 con el reinicio de las hostilí<lades que marcaron el comienzo de reconquista, completada en 1654. Desde un punto de vista insti1ucional destaca la creación en 1591 del Conselho da Fazenda (Consejo de Hacienda) y en 1604 dd Conselho da India. El Conselho da Fazenda contaba con lln veedor y cuatro secretarios, uno de los cuales era responsable de los asuntos coloniales. Tras la restauración, sus atribuciones se !imitaron a cuestiones judiciales. En 1642 Juan IV creó el Conselho Ultramanno, integrado por nn presidente, el vedar da Fazrnda da 1epartú;:ao da india, algunos consejeros, un letrado y un secretario. En 1621

Felipe Jll ,.;reó el Fslado de l\fornnh:i.o, seo parado de Bahía y con capital en Siío Luis, que comprendía las C<.tpitaní:1s rcciles ck Ce:mi, !Vlr1ranhiín, l'ari1 y alguna~ capitanins privadas. En cst;L dcnsión contaron razones geogrú! ic:as: resultaba 111ás fácil vla_jar de Bclém o Sií:o Lms J Lisboa CJUC a Bahía. En 1715 Piauí se lnmsformó en capitanía real y en 1737 lci capital del Estado se tnrnlndó de S:1n Luis a Bekm. Las capitanías del sur, Espirih1 Sl\Jito, Río de Janeiro y sao Vicente, se separaron en dos oportunidades de Bahía (en 1527-1528 y en 1608-161.3) y fueron gobernad/Is independientemente. En J 640se nombró unvirreyp.i.ra gobernar el Estado dd Brasil, cargo que desapareció poco despu6s para reaparecer nuevamente en 1663. En realidad, el título de virrey se daba al gobernador de Bahía, que sólo mandaba en s11 capitanía_ A fines del ,;iglo xvn ydnrante el xvm prosiguió el proceso de racionalización del poder y el reagrupamiento de capitanías. Las <le tamaño medio se convirtieron en subordinadas, con un capitán genrral al frente de varias, q1te sumaba su título al de gobernador. Se crearon así !as gobernaciones de Río ele Janeiro (1698), Sfi.o Pm1lo (1709) y Pemamb11co (1715), lo que supuso una pérdida del poder del vi1rey, al ser las capitartias generales más depenclientes de L1shoa que de Bahía.

3. Economía y sociedad en el delo del azúcar El primer motor económico ele Brasil foc el azúcar, que comenzó a explotarse de forma importante en las décadas de l:530 y 1540 y entre 1580 y 1680 Bra~ sil se convirtió en su principal productor y exportador mundial. UJ mayor parte de los colonos permanecía en la costa, qne contaba con buenos suelos, un clima adecuado, suficiente oferta rlc m<mo de obra y transporte barato a los puertos metropolitanos, que permitían el desarrollo de la producción azncarern en un periodo de creciente demanda europea. Las capitanías de Bahía y Pernambuco se transformaron en los principales centros azucareros, porrazones climáticas, geográficas, po!iticas y económicas, aunque había plantaciones e ingemos en todas !as capitanías de Brasil. El éxito del cultivo de la caña dependía de una adec1iada combinnción del suelo y las lluvias. Los suelos de la zona eran muy fértiles y poclían soportar cultivos durante más de 60 años. Los ingenios se ubicaron cerca de !os puertos exportadores o en las onJlas de los ríos s; tenían molinos hidráulicos. A partir de 1640 se produjo una caída en la producción, si bien entre 1640 y 1660 las exportaciones aumentaron por d fin de la ocupación holandesa de Pernambuco y la reorganización del sector azucarero. En la década ele 1660, la creaci(m ele la Companhia Ge-ral do Comercio, la implantación del sistema de flotas, el final de la guerra y la recuperación de la producción de Pernambuco relam:aron la exportación. La economía se disti11guió por sn diversidad regional, annqlle en los siglos xvi y xvJJ estaba limitada a la fran_ja cosiera. El nordeste ftte el primer centro ele colonización y de urbanización, mientras que d sur formaba parte


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de la periferia y no tenía rdación con d mercado mundial. Lc1 cerccmía a los pll<::rtos metropolilanos expltca esta situación, de modo que hasta 1763 Sal-

vador fue la capitcd de Dras1! y su única ciu.<lad importautc. En las Ill"Ímeras décadas, la economía ,1zncmcrn giró cu lomo a las empresas comerciales, las gumcks propiedades oneutadas a la exportación y al trabajo forzndo, ceatrn<lo en la esclavitud. Pese a su mayor precio, los esclavos negrns resultaban rnás rentables qne los indios por su mayor pro<luctividad. Sólo cr1 las Lonas periféricas, con c:xplotacioncs menos rentables, se mantuvo la esclavitud indígena. La r::sclavitud adquinó tal importancia que durnnte el siglo :xv11 el comercio entre Portugal, Bn1sil y el rc~to del fmpenn estuvo domrnado por el trático de azúcar en 1ma dirección y el de esclavos en otra La trata negrern costaba abierta a los portugneses. y en África actuaban unos lntermediarios, tan-. gasmaus o lanrados en Guinea y pombeiros en Angola, Según Mauro, las condiciones de la trata eran espantosas. Las embarcaciones, twnbeiros o coches fónebres, solían ir sobrecargadas con más de 500 esclm'OS por viaje, cuya durncion oscilaba ernre 35 días de Angola a Pernambuco, 40 a Bahía y más de 50 a Río de Janeiro. Lis pésimas comfü:iones higióu1c,1s provoi:aban la muerte de un gran núrne10 de esclavos, a veces la mitad. Una vez en Biasil, y pasado el tiempo nc-cesario para su recuperación, los sobrevivientes se subastaban entre los colonos, fundamenialrneme de Salvadm v Rio de Janeiro En fuución dé la alta tasa de mortalidad y de los peilgros de ;iavegacíón, !os beneficios de los transportistas no eran elevados, especialm~me cuaudo el prec10 de los esclavos era bajo. Entre J 500 y 1870 Brasil fue el mayor jmpmtador de eidavos del conltnenle. Phi!ip Curtin habla de .1.647.000, el 38%) del totaL Inicialmente, los señores de ingemo fueron autorizados a nnportar sus propios esclavos, pero desde la segunda mitad del siglo xvr la trata comem:ó a mlensificarsc. La participación de Brasil enla (1ata durante el s;glo xvu, el sigto del azúcar, foe del 41,8%, superior a Ju media del periodo 1500-1870 en caC\i c1mtro puntos. Durante el período coluuial el azúcar fue el principal Cll!tivo esclavista, y entre el 60 y el 70°/4¡ de los afncanos sobrevivieutes al viaje trn11satlántlco terminó trabajando en alguna colonia cu, ropca. Mientras en las colonias británicas, franwsas y holandesas del Caribe la mayoría de los esclavos importados trnbajaba en la producclón azttc-arern, en la Arnéricaespnñola sólo lo hada entre el 30 y el 50% del total. En Brasil se utilizó un 40% en los ingenios azucareros y un 20% en la minería, dedicándose el resto a otras breas. Cuando los holandeses invadieron Pernambuco en 1630, había en Brasil unos 350 111geu1os foncionando, báslcamente con esclavos africanos. Hasta 1570 casi no hubo afi 1canos en los ingenios del nordeste y lam:mo de obra se compuso mayoritai iumente de indios esclavizados. El apogeo dd sistema de ingenios tuvo lugar en las décadas finales del sig!o x.vr y hasta 1630. Posteriorme11te los pla11tmi01cs brasileños afrontaron la competencia ele la prodnc-• ción del Caribe, sin dommar los mercados atláuticos como en el pasado. Si tras la restaurw;do Holanda y Portugal firmaron la paz, en 1654 todo Brasil

volvió a estar en manos de Portllgal. Las destrncclones provocaúas por las operaciones bélicas fuerou la cmisa de que Pernambuco tardara más de trn siglo en reeoustrnir sus 111gernos, ganados y demás recursos. Pero al fin, eu 1670, Brasil cvmpetía nuevamente con el Caribe. Una pregnnta de dificil respuesta es cuánto azúcar se prodncía. Se dice qne un pequeño ingenio elaboraba cutre J.000 y 4.000 arrobas anuales (de 43 a 58 toneladas) y uno grande c:ntrc 10 y 12.000 arrobas (de 145 a ]75 toneladas). La productividad auua! dependía de la ge.,tión del ingc11io y de ciertas cnestiones exógenas, como la interrnpi..:ióu del tráfico marítimo o los factores climáticos. Había vatiaciones regionales dependiendo de los suelos y el tamaño de los ingenios: 160 tondwJas promedio por ingcuio en Bahía frente a las 15 de Pernambuco. A finales del siglo XV!l b proliferación de pequeños ingenios en Río de Jaueiro y Pernambuco hizo descender el promedio. Por otra parte, resulta muy dificil calculm la producción del Brasil bajo control holandés, aunque se csrima que nunca se supernron las 600 000 arrobas anuales, E! Cuadro 10.2. muestia la evolución de la producción brasilefía, seglln el número de ingenios, a lo largo del siglo xv11. Hasta mediados del siglo X vrn el tabaco seguía en importancia al azúcar y su principal centro produdorera el Reconcavo de Bahía, origen del 90% de !as exportaciones_ Se desc0110ce la fecha exacta de su introducción en Brasil, aunque en t 620 sus exportaciones ya eran considerables. Su cultivo era ltlleusivo y se desarrollaba en pequefü1s grnnjns fomihares o en unidark~ nw.ynres de 20 a 40 esclavos. Para crecer necesitaba seis meses, mucho menos que el azllcar, y en determmadas condiciones se obtenían dos cosechas anuales. Sí bien el tabaco era un cultivo menos piestigioso y caro que el azúcar, también dependía del trabaJo escbvo. Su exportación c~taba vinculada a su calidatL y parn asegurarse una oferta suficiente de buen tabaco, Portugal prohibió la exportación al Africa de las dos categorías superimes. El rejúgado, un tabaco de tercera calida(L en. d más popular en África y el que se utili.r.aba para la compra de esclavos. La agricultura, como el resto de las activídaJes cumómicas y sociales, estaba muy Jerarquizada. Las mejores tierras se dedicaban a i azúcar y al tabaco. Por el contrano, la agricultnra de subsistencia, especialmente la mandioca, se consideraba una ocupación menos noble, en manos de campesinos humildes,

Cuadro 10.2. Producción brasileña de azúcar (en arrobas) N, 0 rle ingenios

Producción

1614

!92

1637 1710

350

700,000 900.000 l.295 700

Año

528

Fuenle S. Schwanz, «Colonial Drazi!, e l 580-c Histm_vofLrilínAmerka, vol. !1, p. 4J~.

t750: Planhttions and Pcriphcríeo", en C,m/Jridge


y relegada ;i tic nas marginales. Li g;1midtría se limilú imc1almcnlc al COit'illmo interno, mrnquc hiego c0mc111.d.Ían u exporta rs,: algunos dcr\\.:;Jd()S. Li explotación garnakra difería dd mmklo general, al no cornptctir cnn Lis \Ícrrns dedicadas a cultivos exportables y porque: debido n la movilidad Lkl ganado no crJ necesano que las haciendas garrnderns esh1viernn ceica de la costa. La mandioca füc un cultivo indígena adopw<lo pm los portuguesl.'.s al ver que el trigo y otros cereales no se desarrollaban en el trópico_ S11 explotación c11 las zonas azucare1as se limitó a las tierras marginales. I.os grande-:,; plant<1dores qnerirm evitar las granja;; de subsistencia ceniradas en la mandioca para dedicar las mejores tierras al azúcar, y por los efectos negativo,~ <le la roza te-• nía sobre los b0sques que abastecían de leña a !os mgenios. Sn producción no se limitó a peqaeñas unidades, ya qne había gmndes explotaciones que producían abundanle mandioca para ser vendida como harina a los ingenios y cmdades costeras. A finales del período colonial Brasil era nn importante productor <le cereales: trigo y arroz. La producción y exportación de trigo, importante desde 1770, se ccn1ró en Río Grande <lo S1il Cuando se hahla de café se snelc pensar en S80 Paulo, pero hay qne recordar que la producción brasileña comenzó en el Amazonas. El café fue llevado de Cayena, en la Gna~ yana Francesa, y comenzó a cultivarse en algunas granjas de los alrededores de Bc!ém hacia 1720, iniciánd0se a princípim de la década siguiente los em .. barques a Portugal. Desde 1760 su cultivo se extendió dd norte del Drasil a Pernambuco, Bahía, Río de Janeiro, Minas Gerais y sao Pan lo. La o-anadería fue la pnncipal actividad económica <le! inkrior, lo que Ue .. vó en 1701 a prohibirla cría de ganado en los 80 kilómetros más próximos a la costa, En el siglo xv1 se introdujeron distintas variedades de ganado curo" peo. Los caballos se desarrollaron en Bahía y en 1580 había un intenso comercio con Pernambuco y Angola. El ganado vacuno era el más importante, dada la demanda de animales de tiro de los ingenios; inc]i1sive los más peque .. iios se: usaban en los molinos. Un ingenio necesitctbn entnc 30 y 60 bueyes, y su demanda aumentaba por la elevadn mortalidad de los animales durante la zafra. Los ingenios también consumían ca11tida<les importantes de sebo, ct1eros y carne. Si bien en las tierras marginales del rngenio se criaba algo de ganado, la región ganadera por antonomasia foe el interior, especialmente el sertD.o de Piauí, Mara11hao, Paraiba, Rio Grande do Norte y Ceará. En la primera década del siglo xvrn hahía en los territorios nordestinos cerca de l .300.000 cabezas, que satisfacían la demanda de los productores de tabaco y azúcar y de los centros urbanos. Pese a las limitaciones legales que acotaban las sesmarias a trns !eguas cuadradas, las prop1eda<les en el sertcío eran extensas y las estancias gairnderns snperahan los cientos o miles de hectáreas y a fines del siglo xvn alg1mas eran mayores que ciertas provincias portuguesas. F1iera del control metropolita110. la gran propiedad del sertüo adqmnó características propias. Los/ú:n:ndeiros ejercían s1i poder sobre los esclavos y agregados y se peleaban entre ellos por el control de ríos y agnadt1s. Dmante el siglo xvm 1'.l frontewganadera en Ma-

rc:níúo y Goiás se expandió gr~1cic1s al incremento (k la cxpor1,-1ción de:: eneros y p1eks rk~de Bahía y Pernambuco En 1749 yc1 hahia en Pernambuco 2 7 curtiembrcs, qu<: daban trnbajo a mús ele JO(] esclavos f_,a caíd;i de l:1 producción niincrn en b segund.:i mitad dd siglo XVII! y d descem;o de la demanda lk productos gan::i.deros convirtieron en tierrn árida la mayor pane del intenm. Los grnndes p lantadore:-: o !atifundisws y los comerciantes dedicados al comercio ultramarino estaban en !a cima de la pirámide social. Al ser los in•• genios el centro de la economía colonia!, no c::ra raro que los p!antwlores (si!n· hores de enge11ho) tuviera.n un gran poder social, político y económico, especialmente en la costa del nordeste y, más tarde, en Río de Janeiro. Los plantadores no solían ser de origen noble y veían en el azúcar una forma Je ascenso social y una importnntc füente <le nqucza, de ahí que hicieran de la lucha por el estatus social y s11 reconocimiento me<lia11te los símbolos ex ter~ nos de noble,.a (títulos, pertenencia a órdenes militares y mayorazgos) algo propio de su grupo. Pero aunque los senhores de engenho cnm una poderosa aristocracia colonial, no p11dieron convenirse en nobleza hereditnria. Supoder dependía del mgeuio, y éste cambiaba de manos con frecuencia, de modo que m1 ichos comerciantes se convlrlieron en propietarios de tierras y consolidaron sn ascenso social. Los estudios de Gilberio Frey1e muestran la importanc:ia de la fi:1milia extensa, integrada por parientes consanguíneos y parientes políticos, protegidos y allegados, bajo el manto protector de una figura patriarcal y masculina. El predommio de la familia ampliada era claro en los grupos dominnntes, especialmente del nordeste,ya qlle en los de menor condición social, casi no existía. Algo similar pasaba con la familia nuclear, y era frecuente q1ie las m1üeres menos pudientes gozaran de mayor independenci.a cuando no estaban snjctas a una relación de pareja estable. En lln nivel inferior estaban los blancos y negros libres que desarrollaban tareas diver~as en los ingenios, La producción azucarera ve] abastecimiento de las refinería..~ dependían de un grupo de agricultore; que no eran dueños de su propio ingenio, los larradm-es de cana, que eran un estrato diferenciado de la sociedad colonial. En el siglo xvnr también estaban los agregados o moradores, campesinos vinculados al ingenio. Había dos clases de trabajadores, los que recibían nn salario anual (soldadn) y los q1ie percibían un _jornal por el trabajo realizado. Entre los prims:ros destacaban los maestro:.; azucan,ros. capataces, embaladores, boteros y a veces los encaro-a. ¡ . · 0 uos de hervir la cana. A !os carpinteros, albañiles y leífadores se los contrataba según las necesidades del ingenio. Los esclavos mtegrabm1 los estratos más bajos de la soci"-'dad, pero con ?ra'.1des diferencias entre ellos, comenzando por las existentes entre negros e mdio.s. Los esclavos trabajaban en los campos, en los ingenios, en las minns o como criados de servicio en la casa grande, la cJsa del senhor de engenho, aunque también se los veía en las ciudades, donde realizaban duras tarens, como el tnmsporte de cargas, personas o excrementos, o se empleaban en la constrncción. También había artesanos y vendedores ambulantes que coexis-


tian con Bqucllos que se alquilaban a ic:rccros para realizar tareas concrtt8s. Pur último estaban los esclavos <le gm1a11cia, una figura co(idiami en Río de .laneiro a fines dd período colonial, a quienes sus urnos permitían ganar dinero vendiendo produdos o prestando servicios a cambio de una cantidad diuria o semanal. Las ditáenci~s también se establecían en re!ac1ó11 al color o al tiempo de permanencia en Brasil. Los recién llegados de África, qne no sabían portugués ni conocían las costumbre~ locales ernn llamados bo~•a/es; los ladinos ya l1c1blaban la lengua y estaban medianamente adaptados, y los criollos hahian nacido e11 América. En Brasil, los numerosos africanos o criollos lrbres o libc:rtos representaban a fines del período colonial el 42% de los africanos y afrobrasllertos, aunq11e su conclic1ún era ambigua y frecue11teinenle volvían a ser esclavizados. Al té1mino del siglo xv1 había tres co11jm1tos urbanos definibles como cwJades, y los tres enm puertos: Salvador, Rio de Janeiro y Filipeia (hoy Joáo Pessoa) También había l-4 pueblos. En el siglo siguiente ya había siete ciucbdes y 51 pueblos; convertidos en diezcrndade$ y l 18 puerros en el xvn1. A fines ckl siglo xvrn la mayor uudad era Salvador, con 50.000 habitantes, segrndu de Rinde Janeiro con 45.000, y Rccife, S:fo Luis y Sao Panlo, que íenían entre 20.000 y 25.000 habitantes cada una. Estas cifras se refieren al COl!Jlll1to del lérn11no municipal, lo que unplica q_u;:: una p1oporción considei'.tbk nvía en zonas rurales y q11c L agricullur;:i cm la actividad más imporwnte dt: rodos !os sectores sociales. En l 776, el 73,8% <le la población urbana se concentrnba en los puertos, destacando f'araiba, Pernambuco, Salvador y Río <le J:meiro. En la segnncla mitad del siglo xvrn, Salvador, que había perdido la capitalidad, mantuvo su pnmac[a sobre Río de Janeiro. Sin embargo, entre 1808 y 1822, con el traslado ele la corte, la población carioca se duplicó.

4. La expansión de la frontera y la colonización de la periferia brasileña La frontera emopea marcaba la separación entre las sociedades mdígenas y la penetración de la cultura portuguesa. Para !os colonos la frontera era el 1(rnit<e de la civilización, y más allá estaba la barbarie del sertéio o de la selva aimiLórnca. La fron!ern s<eguía nna línea oscilante y flexible, y si durante mucho tiempo permaneció estable fue debido a la ausencia de rncentivos materiales, salvo fa ca,::a de los indios. Dmantc los siglos xvt y xvn !a expansión fronteriza se centró en cuat1 o zonas: El sur, los actuales estados ele Rto Grande do Sul, San!a Cata\'fna, Pa-rnmi, Sao Paulo y Mato Grosso. 2. El ccmro, en turno a la región <le B:ihía. 3. El intciior nordc:,(mo. 4. El Amnouas, explotado desde Maranhiio y Pará.

Lo:- extremos norte y sur tuvieron nna colonización <listinta a las zonas de plantaclón de la costa del nordesk, y sao Viccnt<c cu el sur y Marnuhaü-Pará en el norte fueron áreas perifoneas dlllante el siglo xvu Pese a sns diferencias, ambns zonas <eran pobres, con un número rcdncido ele habitantes blancos, pocas rnuy:res y ningún esclavo, y un claro dominio de la población y la cultura indígena. Con el t1empo ~e desarrolhS el mestizaje y los escasos colonos que había hicieron de la ocupación del serliio y de la explotación de lapoblación india su modo de vida. A comienzos del siglo xvrr las tribns del sur comenzaron a sentir el efecto de una doble expmrnión europea. Los jesuitas españoles, con sns misiones, emp11jaban hacia el este pc.,r el río l'araná y el alto Uruguay, mient1 as ios pau!istas penetiaban en 1a selva buscando esclavos, Los jesuitas s<e habían desplazado hacia la Guairá, 11ua zona que los portuglieses consideraban propia. El descenso ele la población indígena en los alrededores de Siío Paulo y los rumores sobre la existencia de meiales preciosos y esmeraldas en el interior, obligaron a los panEstas a mirar a\ sertüo. En la chicada de l 580, las handeims, los mamelucos (término !ocal que alude al mestizo) y !os md1os aliados marcharon hacia el oesw y el sur para capturar mdígenas. Muy pronto el gobierno comenzó a utllizar a las bandeims en la explotación del intet'lor, parn reforzar la presen• cia lusa eu zonJS de conflicto y para controlar a los indigrnas. La periferia norte repitió algunos esquemas Je] sm, p,;;10 con planteamientos originales. Hasta 1612, momento en que los frante/'es llegaron a Maranhi:io y fündaron Silo Luis, los portugueses se habían des¡,utendido de la reglón. El temor a ia preseucia gala provocó su. expulsión y la fundación de Belém en 1616. La geografía corrdicionó la colonización del nordeste, al ser más fácil viajar de Maranhí'.io y Pará a Lisboa qne a! Salvador, y muy dificil alcanzai la desembocadura Jel Amazonas por mar. El aislamiento, el clima y la vegetal.:ión otorgaron un toque distintivo 11 la expansión fronteriza en el Amazonas. En 1637 Pedro Teixeira llegó por vía fluvial al Perú y en 1690 los portugueses se instalaron efl Manaos, 11npnerto sobre el río Negro. La pnh)ación europea era escasa. En el Estado de Maranhi'io sólo había 800 europeos en 1672. A partir de 1700 Belém comenzó a crecer. Ese año tenía 500 habitantes y en l 750 alcanzó los 2.500. Los indios fueron la clave del desarrollo, ya que la Corona, los colonos y las órdenes religiosas querían someterlos al control europeo. La región se pobló de rellgiosos, especialmente franciscanos, que se establecieron en Pará, y jesuitas, la orden más importante desde la década de 1640. Hacia 1740 cerca de 50.000 indios vivían en reducciones de los jesuitas y los franciscanos. El algodón, destinado al consumo interno y que también circulaba como moneda (hasta finales del siglo xvw no se exportaba en cantidades significativas) fue uno de los estímulos de la colo1iización. Los esfüerzos para desarrollar otros cultivos como el índigo o el café tuvieron escaso resultado, y los colonos basaron su actividad en los productos de la selva o drogas do sertíJ.o: vaini!la, zarzapanilla, tinturas y, espec"ialmente, el cacao. La Coruna trató ck: estimular la pro-


ducc1ón rncaotna entre I 6 U, y lú8 l, ofreciendo Yen tajas fr.;calcs, pero los colonos prd~ría11 i.;nviar a sus mdios en busca Lle! cacao silvs:strc del Ama; 0.. nas en lugar de cnHivar !a van,:<lad dom(;slica, mucho más dulce. La cns1s ct·onóm1ca de 1680 y el l"in del ciclo del azúrnr <lieron un nuevo impulso a !a expansión frontenzn. En 1695, algunas hw1dciras pn11lislas internadas en elser11fo, entre Onro Prcto y Diamantina, en Minas Gemís, hicieron los primerns descubrimientos importantes de oro, que se encontra1ía tam. bién en Bahía, Goiás y Mato Grosso. Brasil conoció una verdadera fiehre del oro, dando lugar en Portugal a la primera gran coniente migratoria hacia Brasil que afecto a 670.000 personas entre 1700 y 1760. Durante el reinado de Juan V ( 1706-1750) la producción de oro y su exportación a Portugal crecieron considerablemente, calculándose nna producción de 740.334 kilos para todo el siglo xvm. También se descubrieron diamantes al norte de Minas Ge-• rais, aunque de menor importancia económica que el oro. La producción de diamantes se mcrementó rápidamente, a la! punto que su precio en el mercado mundial cayó un 75%. Durante el siglo xvm se extrajeron 615 kilos de Minas Gernis, y en menor cantidad de Bahía, Malo Grosso y Goiás. En esa época Brasil dejó de ser un archipiélago costero y se convirtió en un snhcontinente_ Durante el ciclo del oro se produjo la apertura y colonización del lejano oeste, que provocó nna profunda reorganizactón de la administrnción colonial. En 1720 Minas Gerais se separó de la capitanía de Río de Janeiro para formar nna capitanía autónoma y en 1744 y 1748 Goiás y Mato Grosso, respectivamente, formaron capitanías scparndas de la de Sao Paulo. El ciclo del oro tuvo un gran impacto sobre el comercio atlántico, permitió equilihrar la balanza comercial con Inglaterra, solucionó los problemas financieros de Portugul e incidió de forma especial sobre la trata negrera, ya que la cxplotrn;ión de las minas requería gran cautidad de mano de obra. La Corona llO quería desanimar las ac1ividades mineras, pero a! mismo tiempo trataha de proteger a aquellos sectores de la sociedad y la economía colonial que podían veme afee lados. Corno pensó que el oro podín provocar una invasión de Brasil, prohibió la explotación de dctemiínados yacimientos, por tcmor al despoblamiento de las ciudades costeras que podían quedar así a merced de posibles ataques extranjeros. La producción minera se convirtió eu una presa para la Hacienda, qne hizo del imp11csto al oro uno <le sus ingresos mús saneados. Pese a ello, sn forma de recaudarlo cambió al menos en doce oportunidades, pasando alternativamente del quinto pagado por el oro, en polvo o pepitas, a la capitación que gravaba a los esclavos oc11pados en funciones mineras, pero también a aquellos qne trabajaban en tiendas, tabernas o se dedicaban al rnltivo de la man~ di oca. Los qne no tenían esclavos pagaban igual y se podía cobrar nna tasa a cada batea en explotación. Ninguna de estas formas gozaba del favor de la Corona, qne se quejaba de que amhos métodos se prestaban a la evasión o al contrabando, ni de sns súbditos. Desde la perspec1iva regia !a casa de fundición tenía la ventaja de !a rapidez y facilidad recaudadora, ya que la cap1ta-

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·~;:;;;ªPodia regislr:n dc.•m(nas dt dos o 1rcs años Los cambios rúp1dw, y cun,;tantes en la rnrncri:-1 Y los di~tmtns lipos de explotación (aluv1ó11, m1rn1., a ciclo abierto, galerías, e1e,_) impidieron de.sanollarse un ~1sterna !ribnt;mo {mico y nniforme, lo que provocó complicacione~ en la rnmería y el cornercw. La recaudación dd qum!o es uno de los mejores indicadores para estudiar la evoiución de la minería. En Minas Gemís, de 1752 a 1762 se recaudó un promedio de J08 arrobas anuales, que en e! decenio siguienk cayeron a 83,2 y a 70,8 entre J772 y 1777. La minería rlemandnba todo tipo de 111ernmcias, y al igual que en México y Perú, facilitó la integración económica de vastos espacios, atravesados por !as redeH comerciales. Ganado vacuno y alirnenlos eran productos importantes que !legahan .:i las mmas,jnnto con las mulas y otros insumos, El incremento de la demanda en los centros mineros, no limitada a los alimentos, provocó un generalizado anmento de precios. E! ciclo del oro vivió su época de mayor esplendor entre 1731 y 1748, para luego comenzar a declinar, lo que afectó no sólo a los centros mineros sino también a las ciwJades de la región. AsL porcjcmp!o, Ouro Preto qne llegó a 1ener40.000 hahilan1es en 1740, sólo contaba 7.000 a p1·incipios del siglo x1x. Un hito importante en la expansión hacía el sur fue la fundación de Colonia do Sacramento (1680), que durante la Guerra de Sucesión cspafiola cayó en poder de España, pero en razón de lo estipulado en el Tratado <le U1recht fue posterionnente devuelto a Portugal. Colonia, situada frente a Buenos Aires, señala el dccseo portugués de mantener abierto el comercio con el Rio de la Plata, mediante el contrabando, para acceder a la plata potosina. El conflicto por el dominio del Río de la Plata se reinició en 172?, Tres años más tarde los españoks fundaron Montevideo y frenaron la ambición portuguesa de controlar la onlla norte del Río de la Plata. Juan V fürnó, en 1750, el Tratado de Mad1id en reempbzo de los de Tordesillas y Utrccht, que trazaba tas fronteras entre las posesiones americanas de España y Portugal. La actividad portuguesa en los confines sur y norte del Brasil, desde c! alto Paraná y el Paraguay hasta los yacimiento auríferos de i\fato Grnsso y el Amazonas, condujo a la firma del Tratado, que debe ser visto como nn triunfo diplomático de los negociadores !11Sos. En lo que aquí interesa, Pon11gal renunciaba a todos sus derechos sobre Colonia y reconocía la soberanía española en el Río de la Plata, mientras España abandonaba los te1Tit0rios al este del río Urnguay, incluidas las Siete Misiones. Las uegociacione~ para la implementación del Tratado se desarrollaron en un clima de mulua desconfianza, y c:n las Siete Misiones, los jesuitas españoles y los indios guaraníes ru:hazaron la orden de abandonar la zona, provocando durante dos años las Gnerras Guaraniticas (1754-1756). En 176 ! se firmó el Tratado de El Pardo, que an11!aba al de Madrid, pero .las disputas fronteríza's contirn.rn,ron hasta In firma dd Tratado de ScÍn l[dcfon-. so (1777), menos favorable a los intereses portugueses, que obtenían Río Grande de San Pedro y la isla d,) San1a Catanna pero perdían Colonia y las Siete Misiones. La firma del Tratado fue seguida por el envío de comisiones encargadas de demarcar la fronlera, si bien sus progre:;os fueron muy lentos de-


bido al eufrentamicnto h1spano•,portng1iés. Mientras continuaban las operncio. nes militares en el sur, Pombal intentó explotar las ventajas akanzadas en áreas clave dd 11ortc y el oeste. Se trataba de mnphas r<egiones, muchas inexploradas, perienecie11tes al Estado de Mmanhaü, y frouierizas con las colonias francesas, holand,;;sas y españolas del norte del Amazonas, y de la capitanía de Mato Grosso, considerada !a llave que podía abrir las puertas del Pcn'.i. Al tiempo que actuaban las comisiones demarcadoras de límites, los portugueses reforzaban sus defensas sobre el Amazonas y sus principales afluentes, construyendo fuertes e instalando colonos, los casais de Azores y Madeira.

5. Reforma y cris]s del sistema colonial El período 1750~1808 debe considerarse la úhirna fase del período colonial, porque, como señala Alden, los años de l 80R a 1822, cuando la corte portuguesa se estableció en Río de Janeiro, marcan 1u transición de la colonia al imperio independiente. El período comienza con el cenit y la depresión mineros La adecuación a es>a nueva situación supuso la vueltn a la nqucza trndicional: la agncultma. De esta coyuntura se benefició el litoral eos(cro, y no el interioi, gracias a la expansión de sus recursos tradicionales (azúcar y tahaeo) y al desarrollo <le 11uevas exponaciones, especiatmenie algodón y :ciJToz, pero también cacao, café e índigo. En esta época se produjo la expulsión de los 1esaitas, se limitó la actividad de otras órdenes religiosas y Portllgal perdió dos guel'l'as. Sin embargo, un tercer conflicto en 1801 le permitió ganar nuevas tierras de clima templado, idó11eas para la agricultura y ta ganadería, con las que el Brasil colonial alcanzó sns máximos límites territoriales. Durante la segunda initad del siglo XVJH y los primeros años del XIX, coincidiendo con los rl:'.inados de José l ( l 750- 1777), María I ( 1772-1792) y el regente don J1ia11 (1792-18 [6), la política colouial estuvo en manos de ires grandes hombres: Sebas!iiio José de Carvalho e Melo, marqués de Poinbal; Martinho de Mello e Castro y Rodrigo de Souza Coutinho. Los tres eran estmngeirados, habían acumnlado experiencia en las cortes europeas más avallzada·s y deseaban modernizar s11 país; pertcnedan a la nobleza, y hablan estudiado leyes e11 la Universidad de Coimbra; su po!ílica era absolutista e ilustrada, de corte mercantilista, y pensaban que Brasil era vital para la metrópoli, de ahí que intentaran expandir el territorio colonial reforzando sus estructuras políticas,juridicas y militares. Uno de !os pril1cipales objetivos era preservar la integridad del Imperio, lo que finalmente se logró con e! establecimiento de la corte portuguesa en Rio de Janeiro en 1808. Sin embargo, la crisís económica que golpeó a Brasil enue mediados del siglo xvrn y 1780 debido al cou1portamiento del sector azucarem y de la mmería del oro, impidió llevar a buen puerto el paquete reformista en materia económica, En un proceso similar al de las reformas borbónicas, Pombal completó la reorganización administrativa de Brasil, que había comenzado durante e! rei-

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nado de J11an V Su principal objetivo er::i aumentar la explotación colonial, aunque el prnceso se presentara como el intento má:, coherente de la Corona para dotar a la colonia de una eslnictura polític:ci y administrativa que sirviera a las necesidades geográficas y estrntégicas fimgidas Ud Tratado de Madrid. rombal füe d pofüico que mejor comprendió los deseq11ilibrios de Portugal, y sn política se concentró en mcrerne11tar los ingresos de la Corona estimulando el comercio, especialmente el brasíleño, y rednciendo el déficit de la balanza de pagos Y la depei1dencia frenre a Inglaterra. A partir de 1752 se sentaron las bases para la reorgamzación de Brasil. Desde un punto de vista político se adoptaron dos tipos de medidas. La creación de nuevas capitanía., en los territorios más exten:i-Os y de difícil administración directa, y la vuelta a la admluistración real de aquel las capí tauías peqneñas que permanecían en rnanus privadas, sin explotar. Lo sucedido con Mara.nhíio fí.ie claro. El nuevo Estado surgió de la f'Llsión de tres capitanías reales y seis pequeñas capitanías privadas, pero adquirió su madurez con la creación del Estado de Gra~ Pará y Mara11hí10 en 1751 Para facilitar su gobernabilídad, el nuevo Estado se dividió eu dos gobernaciones, con l!ll gobernador y capltán general que residía en Bd8m y un gobernador dí puta do asentado eu la vieja sede de ]a gobernación: San Luís. Una medida mils trascendente füe el traslado de la capital a Río de Jancirn en l 76J, cuando e! virrey recibió el titulo de Vicc-Rci e Capitfio Ge-neral du Mai e TS:rra do Estado do Brasil. Si blcn suA atribuciones se extendían :ci todas !as capitanías, S!! autoridad concreta se lnnítaba a la capitanía en la que residía Bajo su cot1trot direct0 sólo estaban las capitanías subordinadas <le Rio de faneirn. Los restantes gobernadores dep<.cndían directamente del Minísterio dt'. Manna y Ultramar. Ónicarncme en caso de emergencia, el virrey podfa solicitar ayllda militar a las otras capi!émfas. La Corona reconocía así los cambios producidos en Brasil dnrante el sido xvm tanto en materia económica, como política y cstra(C:gica. La nueva ;ituación supuso la pérdida de influencia de! nordeste (Bahía y Pernambuco) en detnmento del centro \NJmas Gernis, Silo Paulo y Río de Janeiro) y del sur (Santa Catarína, Río Grnnde de sao Pedro y Colonia do Sacramento). Pero por encima de la gobernabdidad de territorios más o menos extensos, las autoridades portugues:cis trataron de mante11er unídas sus posesiones sudamericanas. Así, en 1774 se disolvió el Estado de Gran Pará y Marnnhifo y su tet"ritorio se integró en el Gran Estado de Brasil, en im Cenómeno distinto al de la América española, donde se rnnstituyeron nuevos virreinatos. L::i simplificación de las divisiot1es políticas no fue acompañada por un proceso similar en ia maquinaria bmocrát1ca-administrativani en la metrópoli rn en las coltmias. Por el contrario, durat1le la segunda mitad del siglo xvm, ctiando la dependencia colonial se hizo más evidci1k, htibo una marcada tendencia a reforzar la autoridad política en contrn de la ,mtonomía local, A lo largo de la segunda mitad del siglo xvm se intentó, sin demusiado éxito, for:alecer y racionalizarla maquinaria dd gohierno colonial. Pombal fue el gran impulsor del movimiento reformista, al otorgár al Mrnisterio de Marina y Ul-

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tramar la j unsdicnón sobre todos los órganos mdropolil::1.11os con nlguna res• ponsabilidad \011 ternas arnc:rícanos. Fsk. inAximo cuc1·po, baio el control directo ctd rey, era el responsable del nombramiento de !Js principales Jerar . quías coloniales (el virrey, los gobernadores, los o riciales de 1-J acienda y Justicia y los altos cargos edesiásticos y militares). También se le encargó supervisar la politica colonial, la marcha de la economía, la administración de j11suc1a y los asuntos de las misiones. Algunos temas se siguieron tratando por los Ganales tradicionales: e! Conselho Ultramarino, la Mesa da Consciencia e Orctens, el Conse!ho da Fazenda y la Junta do Tabaco. No sólo no desa~ pareció la intrincada maraña de autoridades de diverso signo y el solapc1mien~ to de sus funclones, sino que la situación se complicó con nuevos órganos administrativos. Entre éstos destaca la Junta do Comercio (1755), formada para impulsar y regular el comercio y !o relacionado con el tráfico y la navegación, incluida ]a organización de flotas y la represión del contrabando. La Junta, vital para la política pombalina Je dr:sarrollo industrial metropolitano y símbolo de la ,1liam:a entre los grandes comerciantes vinculados a! mono-polio del IJbaco y el gobierno central, obtuvo en 1788 el rango de tribuna! real, como Real Junta d0 Comercio, Agricultura, Fábricas e Navega('.5es destes Reinos e seus Dominios. El Et·ário Régio o Real Hacíenda, fundado en 1761 y dd que Pombal füe su primer presidente, controló todas las transacciones financieras entre !a metrópoli y sus colonias. El principal baluarte de la defensa de los intereses de los colonos eran los ayuntamientos, cuya administración se convertiría en fuente de conflictos con Lisboa. En ansencia del virrey o del gobernador era el Ayuntamiento (Senado da Cámara) de la capital el responsable de la administración de la cosa pública, aunque para limitar los poderes de \os colonos, en 1770 Pomhal otorgó esa prerrogativa a un gobierno provisional de tres miembros: el obispo, el chanceler de la Relaráo o presidente de la Audiencia y el oficial militm de mayor rnngo. Sólo si el chanceler no podía ocupar su puesto, el ouwidor del ayuntamiento asumía el cargo. En materia judicial, la pnmera medida del gobierno de José J fue establec-er una segunda Audiencia (1751) en Río de Janeiro. La modernización de la justicia, sintetizada en el abandmló del derecho romano y canónico, se compara a otras medidas de Pombal, como la garantía de libertad a los indios (1755 y 1759), la abolición de la trata y la esclavitud en Portugal (1761 y 1773), el fin de la discriminación a los cristianos nuevos (1768 y 1773), el paso del Tribunal de la Inquisíción a la jurisdicción gubernamental (1769)ylareforma de la Universidad de Coimbra. Las reformas, con molivaciones económicas concretas, afectaron a la economía brasileña y repercutieron en la actividad comercial. Dada la importancia de las exportaciones americanas en la balanza comercial portuguesa y en los mgresos de la Corona, Pamba! intentó estimular el comercio rntroduciendo las medidas fiscales necesarias para controlar la prod11cción, los precios y los costes del transporte. En lo referente al oro, se prohibió utilizar el metal sin quintar como medio de pago; por otra parte, el intento de dominar la

producción ck diamantes fue mfrucwoso. un problema que '.'C vería agravad¡¡ cen b caícb de los precios en los mercados rntern;-¡c1on:t!es. Fn este contoto, el azúcar siguió siendo el pnnciral prod11cw de exportación: en 1760 el 50%, del valor de bs exportrtciones correspondía al azúcar, mientrns (]llC el oro representaba el 46%,_ El azúcar y el tabaco se gravaron tanto que no podían competir con los productos antillanos, de ahí el intento por reducir los c1ranceles y los costos de transporte, y fomentar los cultivos tradicionales en nuevas áreas: el tabaco en Río de Janciro y el azúcar en ta cuenca amazónica. Scmej:mte desarrollo económico requería de gran cantidad de esclavos, lo que llevaría, finalmente, a incrementar y facilitar su tráfico. Para aumentar los beneficios del comercio y reprimir el contrabando se reforzó e! sistema de ílotas y se prohibió utilizar navíos sueltos (comissários volantes). La supresión de estos registros se adecuaba a la política pombalina de estructurar un fuerte sector comercial, expulsando a los pequeños intermediarios en beneficio de los grandes capitalistas y las compañías monopólicas. Para atraer a los grandes capitales, se establecieron otras compañías, ofreciendo importantes contraparlldas socia les a los grandes inversores: mientras los nobles recibían garantías de que no perderían su condición, los oficiale'.> reales, comerciantes y terratenientes criollos que compraban un número destacado de acciones tenian acceso a las órdenes militares y la oportnnírlad de ennoblecerse. A los extranjeros se les dejaba participar en pie de igualdad con los nacionales. Las nuevas compañías se dedicaban a !a construcción naval, al desarrollo del comercio y al fomento de vastas áreas brasileñas, perfeccionando los métodos tradicionales de producción e introduciendo nuevos cultivos. Pombal esperaba controlar la actividad económica con las compañías, evitar la sobreproducción, fijar los precios según los mercados europeos, garantizar la calidad de los productos y equilibrar labalam:a comercial. En !a década de 1760, el continuo declive de la exportación awcarera, la disminución de la recaudación fiscal y el elevado coste de la guerra en Europa y el sur de Brasil alteraron las bases económic,1s del Imperio. Volvía a ser perentorio reducir el déficit de la balanza comercial, estimulando la producci6n de manufacturas portuguesas que compitieran con los productos franceses e ingleses. Esta política de sustitución de importaciones fue apoyada con medidas crediticias por la Junta de Comercio. Las grandes compañías del norte y del nordeste ayttdaron a estimular la producci6n y exportación de productos tradicionales y a fomentar la introducción de nuevos cultivos exportables. A partir de 1765, Pombal intentó diversificar la agricultura colonial, un proyecto encargado al virrey de Brasil, el segundo marqués de Lavradio (1769-1779), que cosechó éxitos y fracasos_ Entre los últimos estaba el tabaco de Río de Janeiro y sao Panlo, que pm su baja calidad sólo podía venderse en el mercado local o en Áfnca. También fracasaron el algodón, la seda y el cáñamo. Por el contrario_ la cochinilla se desarrolló en Rio Grande de Sfo Pedro y en la isla de Santa éatarinay la producción azucars:ra se expandió al noreste de Río de Janeiro. Entre 1769 y 1778 se dobló el número de ingenios, !a


producció11 creció un 235º/, y el c1gtrnrdicnte (cachw,:a) un l00'%. El u-igo, cultivado en sao Paulo, se mtrodujo en Río Grande de Si'io Pellt-ú. También se desarrollmo11 el arroz y el índigo. La caída de los jesuitas se viucula a la firma del Tratado de Madrid de J750 y a lc1s reformas pombalinas. Pomhal %' lwbía trnusformado en el gran enemlgo de la orden y para s11s propósitos se valió (k .'\ll he1·mano, Francisco Xavícr de Mendo<;a Furtado, gobernador dd Estado Jel Gran Pará. y del obispo de Pará, e! dominico Miguel de Bulhoes e Sousa Ambos remitieron infor~ mes a la Corte con las qaejas de los colonos sobre d 11rn!trato a los indios, su riqueza, el monopolio de la::, especias y, sobre todo, las negociaciones con los jesuitas españoles contra los mtereses estatales. La pe1 sc::cución contra la or<len se intensificó ante el aigllmenlo de Pombc1l (k yae la Compañía había constituido un estado de11tro del e[:;tado y era un peligro parn la segurídad del Brasil. F1uahnente se los expulsó en 1759 y se c01ifiscaron todas sus posesiones, que fueron subastadas. La muerte de Jo::sé I y la caída de Pombal tras la coronación de Mm-ía I supasieron alguno::; cambios políticos, aunque en materia económica se mantuvieron ]as líneas trazadas cou a11teno11dad. Las compañías monopólicas que comerciaban con Brasil, abolidas entre l 777 y 1778, foeron afectadas pm los cambios y vieron crecer su ímpopularidad, no só!o entre los comerciantes portugue~es y brasileños, sino también entre Jo;-; terratenientes colomalcs. La eltrnmación de las compañías monopólicas permitió restablecer et libre co1nercio entrel'ortuga! y el norte de Brasil. El (ksarrol!o de exportaciones 1111evas junto a otras tradicionales fue favorecido por dos cambios geopolíticos. El primero, en 1T77 cuando la gue!'fade indepemkncia de las Trece Colonias obligó a Gran Bretaña a bllscar füentes de abastecimiento para su industria iextil algodonera. El segundo de::iplléS de 1789, cuando la Revolución Fwncesa estalló en Haití y la guerra revolucionaría se extendió por Europa, !o que le permitió a Brasil conquistar nuevos mercados internacionales, g1acias al azúcar, el algodón, el tabaco, el índigo, la cochinilla y el cacao. Para prnleger los inters:ses mc!ropo!itanos Mello e Castro dictó un decreto ordenando el cíerre de los tallcr<.:s textiles coloniales, excepto los qne producían ropa basta de algodón para lo;; esclavos y telas para ernpc1car. E! espíritu del d,;:creto pone de relieve el deseo portugués de mantener al Brasil dedicado únicamente a la agricultma, la ganadería y 1H extracción tk p1oductos coloniales, restringiendo la mayor parte de las actividades manllfactmeras a !a metrópoll.

6. El comerdo colonial Como sei'iala Boris Fausto, sí bien los portugueses fueron precursore:; en la expansión marítima europea, carecían de los medios para monopolizar el comercio colonial. En el síg!o XVJ las grandes plazas merca11tiles estaban en Holanda y no <::n Portugal. E11 esa época, los holnnde~cs habían sido socios

comerciales de 1os portugueses y transportaban en sus barc-os sal y vino lusos o azúcar brasileño a cambio de 1nam 1facturns, tej1dos, cobre y quesos. En la centmia siguiente cambiuon las alianzas e Inglaterra se convirtió en el ;;ocio prívilcgü1do de PortugaL Estos cambios en la política exterior Bfectaron el p1incipio laso lle \\exch1siv1chd>) colornal, que variaba según ]a$ alianzas y oscilaba entre un sistema centralizado cou concesiones especiales y otro de relativa libertad. A11tes de que el rey don Sebastián decretara en 1571 la excln;;iv1dad de los navíos portugueses en el comercio con Brasil, hubo una époc<1 de relativc1 libertad comercia! cuyo comienzo se podría situar en l 530. Debido a !a distancia y !a naturaleza del comercio l11so-brasileño, !as embc1rcaciones que lo realizab::m llO eran tan grandes como las que circulaban por las mtas asiáticas. Las más utilizadas eran la carabela y el navío, lentos y pequeños pero capaces de tnnsportar caigas pesadas. Parece p1obable que durante la 1mión con Es pafia comen?aran n utllizarse los galeones, respondiendo a una tendencia de la época vinculada ni aumento en el tamaño de las embarcaclélllCS, algunas de lGs cuales se construyernn en astilleros brasileños Portugal no tenia una ilota mercante adecuada y d voluwinoso comercio del azúcar requería nrn nernsas embarcacioues para evitar que las cargas se pudrieran en los muelles. Era frecue11te encontrar uuvíos mglcses u holandeses navegando con !ícencia portuguesa, por lo que a 1a Mesa do Bem Comum dos Me1caderes le resultó imposible mantener 1111 estricto mo11opol10 sobre el comercio colomal. A tnl pnnto ernn inndec1rndns lo<: recurso<: navak,:; h1s0s, que era irnpo<:ible defrntler el comercio del azúcar <le:: lns constantes ataques de Jo::; corsarios ho!am!cscs. T1as ana miciativa ddJCSnita Antouío Vieira, se creó la monopólica Cornpanhia Gernl do Comercio, para garantizar la navegación entre Lis~ boa y Brasil con una ílotc1 convoyada pm· baqaes de guerra El capital para su fundación provino de tos cri::itianos nuevos condenados por la Inquisición y de contribuclones de comerciantes lisboetas. Si inicialmente !a compañía fue bien recíbida y sus primeros pasos fueron prometedores. una serie de problemas a príncip1os de la dérnda de 1660 la cunvirt1eron en propi<odad estatal, administrada por la Junta de Comerclo, dependiente a su vez del Consejo de Hacienda. A partir de la uníón con España, se inten1ó c1plicarel modelo español, más estricto en lo referente a! monopolio, y repnmir el cont1abamlo de ingleses y hola11deses. Si bien sé: otorgaron numerosc1s licencias a los comerciantes españoles, sas rntenios por rnpar el cornercio luso fracasaron, mientras los portugueses supieron aprovechar h ausenciil de fronterns po!íTicas. Los rnmerciantes que se dedírnban a b trata comen,rnron a introducir esclavos en las colonias españolas y, con ellos, abundan.tes marrufacturns emopc:,1s. Los portugueses dedlcados a este tráfico (por lo general cristialloS nuevos) pudieron establecerse eu las pl'Íncipales colonias españolas, como Lllna, Potosí, Cartagem1 y México. E! tráfico alcanzó tal envergadura que el meta! aitoperuano se 1ransformó C!l 1nonc<la corrie11te en Brasil. La situación c:i.mbíó tras !a Restauración. Jna11 IV estableció el libre comercio, pero en 1649 se pasó a un sistema ccntralízado de flotas_ Sendos


acuerdos angl1•purtug1ic.~cs (164::' y 1654) rcafirmnron y exkndicrnn el esta-tus de la ,:ohmia de i;omcrciantcs bnt(mícos en Lisboa, a la c¡ac se k concedió plenos privilegio~ parn parlicipar del comerclo cokmi::il. Postenurmcntc se restableneron bs relaciones comerciales con los holandeses (1661 ), franceses ( l 667) y españoles ( 1668). Los lazos con Inglaterra se volvieron a reforzar con la firma del Tratado de Methuen ( 1703), por el cnal los portugu¡;ses abastecían de vino y ar:eite de oliva a los ingleses a cambio de textiles, otras mannfacturas y trigo. Si hien la Companhia Genll do Comercio se abolió en l 720, el sistema de flotas se rnant11vo hasta J76)- 1766, rnando el marqués de Pornbal acabó con Gl para expandir e! cnmercio y restringir la actividad dc los comerciantes ingleses Desde e11tonces, los navíos con lícccncia pudieron 1:0merciar con Río ele Janeiro, Bahía y los puertos sobre los qne no pesaban derechos monopúlicos, y a! año siguíente se antorizó el comercio tk cabotaje entre los pnertos brasileños. Hacia 1797-1 798 se instituyó nn ststerna de b1iques correo que comunic,1ba dos veces al mes la metrópoli con los priucipales puertos del Brasil. Para el comercio del Brasil, Pombal creó dos compañías monopólicas en el marco de sns políticas mercantilistas, que llevaron a abandonar el ~istema de flotas. La Cornpanhia Geral do Comercio do Griio Pará e M.ar-anl11io (l 755) debía introducir esclavos negros en !a cuenca amazónica después de la aboJi, ción de la esclavi1ml indígena, contribuir al desarrollo agrnrio y cnntrolar la importación de manufacturas. La Compañía fue importante en d desarrollo del algodón y el arroz, así como en el aumento de las cxpmtacioncs (maderas para la construcción, drogas y productos tintóreos). La Companhia Geral do Comercio de Pernambuco e Paraiba (1759), una réplica de la anterior, debla reavivar la economía agraria del nordeste, Trató de remc:diar lil escasez de mano de obra importando esclavos, y también intentó relmizar la producción y exportación de azi'1car; increrncntnr las exportaciones de cuero, tabaco, y algunos productos nuevos como d cacao; y desarrollar el meicado para las mannfactnras portuguesas. Paralelo al comercio legal, de:rnnollado ,1 través de Lisboa por mercaderes portugueses y extranjeros con licencia real, 1enia lugar un importante comercio directo, o contrabando, con el resto de Enropa. En él se mostraban activos los mgleses, los espuñoks ( vía Canarias), los franceses (vía La Rochelle) y, fundamentalmente, los holandeses. Arnstcrdam era el principal mercado mundial del azúcar y, a fin 1le garan!inir su abastecimiento, los holimdeses combirn1ban la piratería con el cnmercio legal y el contrabando. A finales del siglo XV! el azúcm hahía dejado de ser una droga de oferta limitada y se había transformado en un alimento de gran consumo, siendo Brasil su mayor exportadm. Sin embargo, el éxilo de la economía awcarera brasileña se decidía en los pner!os de Amsterdam, Londres, Hamburgo y Génova. La produceíón azucarera, que era la principal actividad exportado, ra, se recuperó a fines <ld periodo colonial. El vol11mcn de las exportaciones fue estimulado por precios internacionales más favorables al final de la déca-

da de ! 770 y en la tk 17')0. cnando la prnducción az11carcrn nP se lirnitalx1 a !ns ;írcc1s tradicnmaks de P,~rnambuco, Bahía v Ríu lle .Jancnn, y se había cxtendldo a Siio Paulu, dnmk: se convirtió en el priL1cipal c11lti,o. Durante décadas la producción azucarera había permafü:cido esluncada, situación que se mantuvo hasta el eslablecimiento de la compaüía mnnopúlica llci nordeste. En ] 76 l había en la r<egíón de Pernambuco y Paraíba 268 ingenios, los mismos que 40 años airás, y de ellos 40 nn funcionahan. En 1777 su número había aumentado a 390 y las exportaciones se duplicaron. Dunmte las clécadas de J760 y 1770 Pernambuco recuperó el lugar de piincipal productor azucarero, perdido a manos de Bahía a mediados del siglo anterior. Esta situación fne tnrnsitoria, ya que la producción larnbién creció en Bahía, e igualmente se prodnjeron cambios profundos en Río de faneiro y sao Paulo, de modo que las exportaciones totales pasaron de 875.000 arrobas en 1790 a 1.720.000 arrobas en 1807. Otro producto que alcanzó un lugar destacado en el comercio atlántico fue el tabaco. Dmante la primera mi1ad del siglo xvn los portugueses trataron de restringir la producción de tabaco en la Península y en los archipiélagos atlimticos, a fin de incrementar lo:; cultivos brasi!efios, En 1674 se estableció la Junta do Tabaco para supervisar su comercio. A medida qne la tratn se incn-:mentaba, el tabaco y el aguardíentc de caña (cachw;a) se convirtieron en los productos más utilizados para el intcrcamhio por esclavos en las costas africanas. En las últimas décadas del período colonial, Bahía continuó siendo d principal productor tabacalero, con el 90% del total naciom1L El volumen de las exportaciones creció notablemente. De nn promedio anual de 320.000 arrobas entre 1750 y 1766 se pasó a 615.000 en la década de 1780, am1qt1e a finales de siglo sns exportaciones disminuyeron en términos rclativns por el amne11to de otros productos exportables, no sólo el azúcar si no también el al-godón. El algodón comenzó a cultivmse con fines comerciales hacía 1760, cuando la compañía de Marnnhfio realizó nlgunas pequeñas compras. En principio su cultivo se limitó al delta de los ríos Mearim e Itapicmú, pero luego se extendió y en fa décarladc 1790 su centro productor se estableció en los alrededores de Caxias, 275 kilómetros al sudeste de sao Lnis. En la década de 1780 la frnntcra del algodón se desplazó al interior, debido al clíma más seco y a un suelo más adectrndo. Por el corrtrario, los esfüerzos para desarrollarlo en Río de Janciro y Sao Paulo fracasaron. Maranhao lideró la producción de algodón durante cualrn décadas. El algodón era para Marnnhiio lo que el cacao para Pará o el azúcar para Bahía, Rio de .Janeiro y Sao Paulo, un producto dominante que j1istificaba el despacho de un gran número de barcos. Muchos factores intervinieron en el rápido a11mento del algodón, un cultivo menos complicado q11e el azúcnry qne 110 requería un eq11ipo costoso. Junto con los esclavos y el marfil africano, las importac10nes brasileñas inc!nían 11mi gran variedad de productos. Un bnen número de barcos qne retornaban a Europa desde Asia, en el siglo xvu y especíalmentc en el xvm,


hacían esccila en Bahía, donde descargaban sedas y otros productos de Jnjo. De Euwpa !legaban rnanufilcturns de todo tipo, incluidas herrarnienws, in$u. rnos par-J !os ingenio.½ (especiAlmente productus de cobre), annas y textiles. La rnayor y francés . . parte de estas mercancías eran de orwen ~- itwlés " ' ' y Li,·bo ., a se lmutnba u reexportadas. 1:lgmws comestibles (carne salada) y otrns prn?w.:tus (cueros, plata) pl'ovenwn del Rio de la Plata. De Oporto y Madeira se importabaa vinos y pesrndo salado Por su parte la sal, convertida en 16}2 en un rnonopul10 fiscal vigente hasta 1801, jugó un papel importante en el comercio atlántico. Este mouopoho ern visto como opresivo para los mtcreses ganaderos, agrarios y urbanos. Tras su <1bolición Se lo reemplazó por nn sistem~ de tasa que se cobraba en las se.di.nas dd lilornl y del interior y por la creacwn de un 11uevo rnonopolw gube1nt1mcatnl sobre el salitre y la pólvora. Ya ~n los últimos añ,,1s del_ período colonial hubo una activa participación brasilcna en el come1no extenor portugnés. Entre 1789 y 1807 el volumen del comercio hiso se cuadruplicó. En esos años Brasíl aportó entre la mitad y ]as dos terceras panes de los productos que contribuyeron a la expansión delcomerc:o metropolitano. Grncias a las rc<::xportacwnes de prodt!clos brasileños de ongen no-mmer·al, la balanza corncrcrnt entre Port·ngal y su pnncipa! socio cornen:1al, Inglaterra, se alk1ó compklamente a fínales del período colontaL Desde prim:ipios del si_glo xv1m hasia 1791 la balanza había sjdo favorable a iuglakrrn, p,;ru deo 1791 <l ! 601 se imÍl'i.ió a favor de Portugal. El 37,5% deo los p1oductos expor1ados pnr Portugal a Inglaterra eran de origen brasileño. Sin embargo, la c;,pmtación de mauufaclurns portuguesas con destino a sus colomas cayó 11n 69% cntr-e 1801 y 1807 f>e,,e los efectos negativo'> de la guerra en el mar, desde b década de ! 7S0 lrnhn un importallle y creciente comercío diwcto eutrt'; fnglalena y Rrnsil. Como coosecuencia dd mismo Porl11ga] se en~~n.tró en la absurda situación, desdt el pnnlo de vista metrnp~htano: de kner nef1c1t en su balanza comercial con distintas 1egiones <le Brasil

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11. La presencia americana de las otras potencias europeas

Pese al esfuerzo de las potencías ibéricas, su intento d,;o ser las ún1cas propietanas del Nuevo Mundo se quedó en la nada, ya que el resío \.k Europa no re.conocía lo& titulos jrnídicos en los que Castilla y Portugal bac,aban su exclusividad: !as bulas pontificias y el Tratado de Tordesillas. Para Inglaterra, Francia y Holanda los únicos argumentos que garantizaban la posesíón colonial eran el descubrimlento, seguido de la ocupación y poblamiento del territorio. Con este bagaje potitico-jnrídico, las estrategias europeas variaban según su vocación atlantista y la evolución de las alianzas: no era lo mismo enfrentarse a España o Portugal que ser aliado suyo. Por eso, la expansión europea en América estuvo condicionada por las guerras y los posteriores tratados de paz, que en el siglo xvll y, especialmente, en el xvm variaban constantemente el mapa del reparto colonial. Tras el descubrimiento colombino muchos europeos qulsieron seguir la estela del Almirante en sn búsqueda de Asia y cuarrdo se conoció la existencia de los imperios inca y azteca y la riqueza de Potosí y Zacatecas fue imposible levantar uu dique de contención a la codicia europea. La demanda de metales preciosos, estimulada por el mercantilismo, fue un acicate para los otros intentos de colonización en los territorios americanos. Franceses, ingleses, holandeses, suecos y daneses se apropiaron de diversas partes de América entre los siglos xv1 al xvm y le otorgaron al continente americano un perfil prupio. Los métodos de aproxnnaClón variaron: ]a colonizacíón clásica de Francia, Hola11da, Suecia e Inglaterra en América del Norte a partir del siglo xvu; la ocupación de posesiones portuguesas por Francia y Holanda en


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los siglos xv1 y xv11, la mú~ sencilléi prúcticJ dd comercio, gt'nernlm<:ntc designado comrobando, al ale unce lk c11,dquicr país wn voc:1c1ón cornercnl, y,

por último, la piratería, d corso y d hlibllskn~mo, ccnlrarlo~ en d Crribe, ¡iunquc practicados en todo tiempo y logar. Todos estos lntentos, especial· rncDl.c los exitosos, configuraron un map:1 Je; América plunhngi.ie y distinto del soñado pnr España y Portugal.

Los estímulos para la presencia europea en Amérirn fueron varios. En primer lugar, las cuestiones geopolíticas, corno la necesidad de encontrar el

paso tnmsntlántrco para llegar a Asia, o el deseo <le compensar el poder colonial de España y Portugal, que podía romper el equilibrio europeo. En segundo lugar, los metales preciosos, ya que el comercio con Oriente s1e pagaba en oro y plata, que no se proJucian en Europ;:i. Las rntas españolas eran un blan-co npeteci<lo por los piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros de todo pelaje y origen, complementados por el comercio y el contrabando. La activiclnd de piratas y corsarios no se dirigía exclusivamente contra los españoles, y vana-ba en función de los intereses nacionales, que dependían de las alianzas eu-ropeas. Tercero, los productos tropicales ( azúcar, cafo, tabaco, algodón o ca.. cao) eran (kmandados de forma creciente prn· las m::mufactmas y las sociedacte~ europeas. Y por último, la sal, vital para la salazón cte carne y pes-cado, fue im estímulo para la expansión holandesa e11 América. Holanda había desarrollado en el siglo xv1 una nnport.:inte industria de salazón de rnrnc y pescado, como prueba el hecho que las 150 embarcaciones dedicadas a la pc5ca tlcl arenque a medirrdos del !;1g!o xv1 JU.eran 4.000 una centuria después. Al carecer de sal, los holandeses se aprovisionaban en las sa" linas de Setúbal, Portugal, y Cabo Verde, pero cuando Felipe II llegó ni trono portugués y a la vista ck sus disputas con Holandil, prohibió a los holandeses abastecerse en !as salinas lusas y éstos comenzaron a buscarlas en América. En 1599, urni flota encontró sal de gcrn;-¡ en A.raya, en el Caribe venezolano, qHe era rnejorqne la portug))esa y, encima gratis. Corno el viaje de ida se hacía de vado, se podía llevar rrnmufacturas a bordo para venderlas de contrabando en Cumanír y la isla Margarita. Así fue como al año siguiente partieron 100 cargueros de los puertos holandeses. España )10 se crnzó de brazos, expulsó a los holandeses y construyó el castillo de Santiago del Arroyo en Arnya, convertido durante un cuarto ck siglo en un importante frente de lucha. En [623 los holandeses nbandonaron la zona y bnscaron otras saliw.rs en Brnsi! y el Caribe, especialmente en la costé\ venezolana. Los enfrentamientos por las salinas fueron constantes, especialmente en Crnw;ao, San Martín, Aruba y Bonaire. La paz de Westfalia, de 1648, garantizó a Holanda CunH;ao y la mitad de San Martín. Hasta 1660 Inglaterra no tuvo una política colonial clara y sus colonias en América del Norte crecieron por el esfuerzo de individuos, pequeños grupos y compañías comerciales. Las cosas cambiaron con Carlos II, que conquistó Nueva Holanda y levantó cuatro colonias entre Nueva lnghlterra y Mary!and. La hmdación de las ctos Carolinas permitió expandir la frontera

haci<l el sn1 El ~ímlwlo <le! c¡¡mb10 <le política f"m:ron lus L::ycs d,: Comercio y N;ivegación Entre l Mi() y J 672 s~· s::inc1onaron [ns medidas kgisb(iv;is que reglllmían el comc:1-c10 y Íil Ddvtgac1ón con las colon.as, onentmlas en los principios mercantilistas. Según c!lus, todo el conr~rcio entre Jnglatcrra y s11s coknlias debía hacerse en buques ingleses o coloniales y mandados por ingleses y todas las unportaciones de man u facturas europeas dcbüm pasar previamente por la metrópoli. Ciertos prodnctos coloniales, entre los que deslacahan el tabaco, el azúcar, el algodón y algunos bienes tropic;lks producidos en las islas caribeñas, o Indias occidentales, sólo podían exporbrse a Inglatcrrn, a fin de controlar unos mercados cautivos y de estimular, en !a medida de lo posible, las manufact)jras melropo!itanas. Las medidas protccclonistus dieron su fruto y en las fechas prevüis a la independencia un 33% tlel total de las exportaciones inglesas se vendía en los mercados de las Trece Colomas frente al 16% de décadas anteriores, Mucho se ha discutido sobre el impacto del proteccionismo en las colonias. pero en líneas generales se puede asumir que no fue un obstáculo para el crecimiento económico colomal y que su impacto se limitú a productos y regiones concrclas. Jacobo II inte)\lÓ cenLrnlizar la adrniuistración colonial según el modelo español e mtcntó crear dos vírreinatus, pel D su alejamiento del trono acnhó con 1~ propnesta Sus sucesores, Guillermo y Marín, dieron una Jobk vuelta de tuerca a la consolidación del poder real en América dd Norte. Hacia adentro, intentando someter n los col0>1os a la disciphna regia, y hacia afuera, luchando con Francia y España por el control territorial. Según las teorías económicas dominantes, las colonias mús favorables para lnglaterra eran hls de ]as Indias Occidentales y las de América del Norte sit)ladas al sur de Chesapeake, ([llC producían los productos tropicales o ~emitropicales demandados por la sociedad inglesa e importa han manufacturas y productos de lujo elaborados en fnglaterra. A lo largo del siglo xvm continuó la tendencia iniciada con Carlos II: la centralización de las colonias bajo fa ¿gida del rey. En 1752 once de las trece colonias dt)pendian del monarca y sólo Marylancl y Pennsylvania no estabon en manos reales. Hasta entonces, lo:, colonos solbn coincidlr con la política exterior inglesa, especialmente en la defensa ele sus mtereses ante los franceses, españoles e indios. Sin embargo, a partir de la paz de París, qne en J 76J entregó Canadá a la Corona inglesa, las cosas comenzaron a cambiar. Pese a los esfüerws metropolitanos, el poder de ios gobernadores no se había consolidado y !as asambleas territonales tenían amplios poderes parlamentanos, lo que otorgaba a las colonias rnra amplia autonomía. De hecho, sólo !a política exterior, el comercio colonial y la guerra eran controlados por el monarca y el Parlamento inglés, mientras q)je los restantes asun1os los resolvían los colonos. Cuando vieron que Ju Nueva Francia no se organizaba según sus expectalivas, aumentó el sc:ntim1ento de agravio, reforzado e11 1768 con la creación de la Secretaría Americana, dirigida por un secretario de Estado para las colonias. Esta medida puso de manifiesto ia voluntad de Jorge lil de reforzar los lazos


coloniaks, corno se vio con las disposic10ncs que obstaculizaban el lihre co" mercio o la construcción de mmrnfaciuras en las colonias. Por eso, el aumento <le ta presión fiscal fue la gota que colmó la paciencia de los colonos. El siglo xvrn supuso un cambio importante en los territorios amciic,mos, impnlsa<lo por el avance del capitalismo europeo. Las col01l1as producían metales preciosos, malerias primas y productos tropicales y tamhién ernn imporlanlcs rnerrndus para la~ manufacturas surgidas de la revolticíón industrial A lo largo del siglo, las pose~ioncs americanas adquirieron nna importancia creciente y fueron una constante moneda de cambio en las diversas guerras con1inentaks, como prneban las permarnmtes modificaciones teniionalcs tras cada tratado de paz.

L los primeros pasos La búsgueda del paso hacia Asia movilizó n franceses e ingleses en Amériect, e:;pecialm<ente en b parte norte del continente. A fines del siglo xv el italiano Giovanrn Caboto, John Cabo! en inglés, realizó un par de viaJcs con ese obietivo. En el primero visltó el nmte de Tei ranova. prnbabkmente la pcnins{1l;1 del LabrnJor y en el segundo bordeó bucos parte de la costa de Améi·ica del Nol'le, rlesde Termnova basta las Carolinas o la Florida. La úrnca consecuencia duradera de estos viajes fue dar a la Corona inglesa un título de"al,:, sobre América dd Norlé y contra las rcdamacíones d~- España y Franci; Durante casi tres cuarto~ de siglo los ingleses no hicieron prácticamente nada para reactivar la cxp,.;nencin ele Gaboto. El problema no respondía únicamente a una cuestión de voluntarismo sino de recmsos, Inglaterra era nn país pobre, volcado en sus problemas internos y sin los medios para financiar una empresa de largo aliento como era la colonización americana. Los te~oros americanos estimularon la avidez de franceses, holandeses e ingleses, y en 1521 algunos corsarios franceses se apoderaron de parte del botín de 1-lernán Cortés. Los navegantes galos también estaban interesados en encontrar el paso transoceánico, como prueban los tempranos viajes de descubrimiento de Jean Denis y Tomás .Aubert en los primeros años del siglo xv1. En la dérnda siguier1te, el barón de Lery intentó establecer una colonia en Terranova. Buscando el paso trans<1tláutico, en 1524 Giovauui Verrazzano, un florentino al servicio del armador galo Jea □ Angn, llegó a [a bahía de Chesapeake, en Carolina del Norte. Posteriormente nnvegó hacia el norte, pasó por Manhattany Maine, hasta arribar a Tenanova, de la que tomó posesión en nurnbrc del rey de Francia. Por ese entonces, se pensaba que el Pacifico estaba al a!umcc ck la mano, nna creencrn que se mantuvo has1'a principios del siglo XVII, cuando los colonizadores ingleses de Virginia creían poder llegar a pie a la Mar del Sur. Entre 1534 y 154 ! , Jacques Cartier hizo lo mismo durnnte sus tres viajes al golfo de San Lorenzo, en Canadá, cuando descubrió Quebec y Mont Real. En su último viaje intentó colonizar en Ja

zona del San Lorenzo, fundando Cup Rouge. pero el harnhr,:, el frío y los ata .. ques de los rndios obligawn a los colono~ a re1ornar a su país. Cuando Francia se vio <:nvnclta en sus gutci ras de religión, América cayó prácticmnc::11tc en el olvido ha~ta el siglo siguiente. en un fenómeno similar al ocurrido 1en Inglaterra, aunque d corte no f"ue radica!, ya yue pescadores y traficaotes de pielc~ siguiern11 visitamlo Tcrranova y Canadá durante la segunda mitad del siglo xv1. En la misma época. los franceses mtentaron establece1se en Rrasil y la Florida, pero con éxito limitado. El almirante Coligny envió a Nicolás Duran<l de Víllegagno11 a Brasil, donde en 1556 fundó la france Antarc!1que, una colonia de hugonotes en la bahía de Guanabara en Río de Janeirn. Allí perm:mecieron on~e años, hasta que los portuguese,/ los expulsaron. Fue un preceden/e de otra cxpcncncia colornzadora de principms del siglo xvu, la Francia .Equrnoccial de Daniel de la Touche, también de existencia efímera. Por otra pai te, los mtentos de Francia de establecerse en la Flornla, con las fundaciones de Santa Elena y Pensacola, respondían al deseo gJlo de contilrcon una base pma atacar a las flotas españolas. IJnrnnle ci remado ck Isabel l, de 1558 a 1603, l11glatena redobló sus ataques contra España, q11e alcanzaron su cenit en l 588, con la destrucción de la Armada Invencible En lo que aquí nos atañe hay que mencionar la vuelta al mundo de francis Drake, entre i 577 y l 580. que liegó a Cahfomia tras asolar las <.;O~tas de Chik y Pcrn, y la captura cu 1587 dd gab'.m de l'vfaniía por Thomas Cavendish. Drake, Cavendish v. otros marino~ ' como John Hawkins o fohn Lowell, recibieron de I¡¡ rsoiua la patente t.le corso que los habilitaba parn atacar los bien1.:s y po~csioncs de Espaíh o se dcdicaban <1l contrabando. Entre 1562 y 1567 Hawkins y Lowell llcgaron a diversos pucrtos del Caribe español y de la costa venezolana doudc, trns amenazar a las autoridades, ven" díemnesclavos robados y otro:-; prod11ctos de contrabando. A partir de 1568 !a pmilcría inglesa comcmó a martillar constantemente las posesiones y emharcaciones española~, basta que en 1604 se firmó la paz entre España e !nglatcr-ra En las décadas de 1570 y l 580 se reanudaron los viajes de descubrimiento, lrnpnlsrnlos por Martin Frobisher y John Davis, vmculados a la Sociedad de Comerciantes Aventureros, ya que los mgleses seguían buscando eJ paso inten:oulinentitl en la parte norte de América. Frobischer hizo dos viajes hasta el extremo septentrional, en l576y 1577, donde entró en contacto con los csqmmales y creyó haber encontrado oro. A la búsmieda del metal dorado se e11~ió al año siguiente una expedición de 15 ernbnrc:1cioncs, que constató que se trataba de pirita oscura, lo que aplacó e! cntnsiasmo por la región. Davis volvió a intentar la búsqueda c'n l 583, 1586 y 1586, navegando entre los 66° 110' y los 72'' i 2' de latitud Norte. En 1 )83 Humphrey Gilbert tomó posesión de Terrnnova cn 11ombre ck b reina lsabel, pero rnunó en el viaje de regreso, El vi.:idadt:io irnrmbor de 1a colonización fue \Valtcr Raleigh, miembro de la nobleza inglesa y formado c;n la Universidad de Oxfonl, qnc en ¡ 584 organi-zó una expedición dirigida por Arthur B:irlow y PhiJiph Arnydas basta un Ju-


uar cil que 1lrm1arí:in Vin.dnu1. en Roanokc, Carolin,i dd Norte. L u relación

:011 los indios no fue hci l y lus cnlunus ingleses lll\ ieron que regresar a s•.i p:tÍ!<, si bien en l )87 st c;1iv1ó un sncrle (JUC el ankrior.

ntlC\'O

grnpo al mismo destino. con iglla!

2. Las Trece Colonias Las colonias fundadas por los i11gkses en América del Norte, las Trece Colonias que darían lugar a los Estados Unidos, se presentan como u~ modelo exitoso y diferente al del sistema colonial espaíi.ol, destacando el sistema de propiedad, el carácter emprendedor de los colonos y el peso de la religión. Las colonias inglesas en América del Norte rcspondfan a diversos P:'"trones de ocupación, q11e dependíuu ele! responsable ele la empresa: compamas comercrnles o pmp1etarios individuales_ Todas estaban a cargo de un gobernador, generalmente designado por el titular de la propiedad, lllmque ei1 algunas habirr un <.:levado margen de autogobierno. El gobernador solla 8Star ,icompañado por un consejo y lma asamblea ]egis!ativ~ o parlamento !oca} que elaboraba leyes de aplicación restringida. Con el t1empo, se establecio qne ]a aprobación de las normas legislativas dependería del gob:mador y de la Corona, lo que en más de una oportunidad generó al_gún conflicto. . . El crecimiento económico de las colonias dependió de sus potencialidades, pero fo.e favorecido por la ahundancin de tierras de labor y 1~ P?sibili?ad de expansión 1Ji mitad a de la frontera, convertida en uno ele lo~ pn'.1t1pales 1mpulsos ele la región y en un fuerte atractivo para los nuevos inmigrantes. En l 660 las colonias poseían entre 60 y 70.000 habitantes, que fuero[] 250.000 a pri[]cipios del siglo xvm. De ellos, 92.000 (el 36,8%) vivían en N:ieva 1ngla• krra y las otras colonias del norte; 53.000 (el 21,2%) en !a_s colon1as del ,c~nlro y 105.000 (42%) en el sur. Desde entonces, el crec1miento demogrnf'.co rs;giona! fue espectacular: l .600.000 habitantes en 1760 y 2.100.000 diez años después. A diferencia de las colonias españolas _Y Brasil, era una p~blación mayoritariamente: blanca, al ser práciicamente mexistente_el mestizaJe con los indios. A mediados del siglo x vr1, sólo el 4% de los hah1tantes de las colonias crnu esclavos de origen africano, establecidos en las plantaciones del sur, qus, ]legaron al máximo del 22%, en 1770. El auge de,la trata esclavista en Iris Trece Colonias se prodttjo entre 1780 y 1810, despues de la mdepc[]dencia, ya que en esos 30 años se importaron tantos esclavos como en los 160 años anteriores. Estos Jatos contrastan con el Caribe, donde los esclavos constituían el grupo socia\ maymitaJio. La proporción entre los distintos grupos cambió anles de ]a independencia, con un aumento superior al l 00% de los esclavos africanos. Alguna,; estimaciones señalan que desde el <lescubnm1cn10 de América has1a 1870, las Trece Colonias primern y los Estados Unidos después fueron el quinto importador del Nuevo Mundo, con 596.000 esclnvos;

rrcccdido por Brasil, 3.647.0Uü; lbití, 864.000, Janrnit:a, 748.000 y Cuha, 7U2.000 (véase Figura 11 1). Los esclavos norteamericanos no ~ólu vivían m;ís qi1c sus prncs del Can be sino k1.mhién se reproducían en i11nyor cc1ntida!l Mientra'.> en las Antilbs la mayoría de los esclavos a fines del siglo xvn eran de origen africano, en las Trece Colonias 1a maym parle de los negros hahía nacido en América. En l 770, los blancos eran el 78,5% de la poblaeió[] y los negros el 21,5% restantc, aunque estaban distribuidos ele forma desigual en el tefl'itorio El 90% vivía en las colonias del sur, donde se habían desarrollndo las grandes plantaciones. La distribución 1erritorial de la población se mantuvo, aunque aumentó el peso <lel sur en relación al centro y a! norte: en l 770 las colonias del sur tenían el 47%, frente a! 27% del norte y el 26%J del centro. La afluencia de inmigrantes europeos a las colonias norteamericanas, no sólo ingleses sino también alemanes, irlandeses, franceses y escoceses, impactó en una sociedad estimulada por la vocación de trabajo y progreso de los reci&n llegados y sus familias. Pero estr hecho también relajó la rígida mornlidad impenmtc y dio lugar H ima sociedad que sabia aprovechar sus oportunidades y que tenía en el éxito y la ganancia uno de sus móviles principales. Sin emhargo, hubo valores qne se mantuvieron, como la importancia de la educnción o el peso de las instituciones rópresentativas y democráticas. En este sentido, las

OCÉANO ATLANTICO

5M10 l"omé

11001

Fuenk Robert fogel y Stanley EngermaCT, Jiempo en la 0-11;:, Ln eco,iomía esclavista en los Estados Unidos, Madi-frl 1981.p. 14, ·


tasas de analfahe\ismo eranrnuy bajas parn la época· HJIVi, en el nnrtc y 50%1 en el sur, dornk anmen!aba por el elevado número <le esdavos. Este input doló al capital humano local <le un pokncial mex1slcnte en otras partes <lcl mundo Aquí, al igual qne en los países del norte de Enropa, !a costumbre protestante de leer la Biblia futc un excdrnte esllnmlo parn la alfabc1ización. J.a llegada ele Jacobo I al trono en 1603 acabó con las guerras con España y Escocia y permitió liberar foerzas y capitales, hast<'l. entonces comprometidos en otras tareas, para la aventura u!namanna. Doce de las Trece Colonias fueron el resultado de la ai.:c1ón de dos grandes corrientes colonizadorns A pnncipios del siglo xvu, dos grupos ele capitalü-;tas de Londres y Bristol for• maron dos compafiias monopólicas que se rcrartieron los derechos de coloni~ zacióu de Virginia_ Mientras la compat1ía de Bristol se ocupó de Vü-ginia del Norte, rebautizada Nueva Inglaterra en 1620, la de Londres tuvo a su cargo Virginia del Snr, que rncluia tv1arylanJ y Carolina. El pnmer viaje organizado por la Compañía de Londres llegó a la bahía de Chesupeake, Virginia, en abril de J 607 f\ste sería el límite entre los terr\tonos del norte y los del sur, entre la pequeña y la mediana explotación frente a la gnm propiedad y la plautac1ón orientad¡¡ al rnlt\vo de especies tropicales y subtropicaks, como el algodón, el tabaco y el azúcar. Navegando río arriba, a onllas del James, el capitán Newport fundó la cindad de Jamestown, en un lugar tan castigado pm lamalaria que debió ser abandonado rápidamente. Los prmcip:1\cs Objetivos de la Compañia rle l ondres habían sido convertir a los indígenas, enconl1ar yaci-micntos de oro y hallar el paso a Asia, pero ni se encoHtró oro m el río James conducía al Pacífico. Los primeros co]o¡¡os, caballeros arrninados, ex presidiarios y algunos artesanos, fueron golpeados por el hamb1c y lns enfermedades, a tal punto que en la pnmavcra ele 1608 sólo 53 de los mgleses que habían lkgado a la coloniil sobrevivían gracias a qne el capitán John Smith había apaciguado a los índios y plantado maíz para garantizar la subsistencia. En 1608 y J 609 la compañía pudo enviar refoerzo~, pe10 las cosas seguían mal. Durante algnnos años la colonia se mantuvo gracias al esfuerzo de los colonos, pero eso no bastaba. Las cosas cambiaron radicalmente en 1613 cuando John Ro!fe, mari<lo de la princesa ind'ia Pocahontas, obtuvo una vmieda<l de tabaco que fue bii.:n recibida por los consumidores ingleses y en pocos aUos las exportaciones crecieron rápidamente_ Los esclavos negros se utilizaron para paliar la falta de mano de obra local a pr1nír de 1619, aunque lil esclavitud no füe nn elemento clave en la vida de la colonia sino desde fines del siglo xvr1. En ese entonces, Inglaterra había prohibído la emigración de siervos blancos, la Compañía Real Africana, encargada de la trata, mejoró sus prestaciones y un descenso en el precio Jel tabaco arruinó a los pe4t1eños granjeros, pero no a los grandes p!,rntadorcs que utilizaban la mano de ohm esclava. Según Robert fogcl y Sta11ley Engcrman la esclavitud no era un sisiema irracional rnante1lido por unos plantadores que no comprendieron o r10 se preocuparon por saber cná!es eran sus intereses

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económicos, ya que la compra de un esclavo cm 1ma inversión rentable con rendimientos cornpmables a otras activicbdes productivas. Virginia sufúó un camb10 rnd\cnl entre 1615 y 1625. De ser una colonia arruinada, regida con una rígida disciplina y aborrecida por los colonos, se transformó en lltlíl región pujante que f1onxió con la rntroducción de la pro-• piedad p1 iva<la. A medida que vcnc\:m los contratos de los ;;1ervos asalanados de la Compañia, éstos se iban convirtiendo en arrendatario::; aparceros, de tal forma que !iacia 16] 9 las haciendas arrendadas se extenJían 30 kilómetros a lo largo de las orillas dd río James. Entonces lubía cerca de 1.000 personas en la cok1n!a. A partir de l ó l 8 la compañía p11so en práctica los hear{rights, que irnplicab¡¡ otorgar 20 hecti1reas en propiedad a aquellos inmigrantes que se costeabai1 d viaje o a aquellos que le pagnban el pasaje a un inmigrante. Ese año, la Compaüía ordenó al gobernador trasladar el derecho y el siste-• ma p1ocesal inglés a ln colonia. También se convocó una asamblea reprnsentnt\va con faCllltades para promulgar leyes locales, c¡ne dd.Jían s01 aprobadas por la Compañía en Inglaterra. Enjulio de 1619 se eligicrnn 22 «bmg11eses,l, dos po1· cada uno de los once distritos de la co/ouia, mediante e1 voto de todos los hombres mayores de 17 años. Para la historiografía tradicional norteamericana éste fue el inicio de la democracia en Estad~s Unidos y el comienzo del gobierno del pueblo pnr el ¡meblo. Es evideuk que esa asamblea electiva, cuyo único cometido formal ern ser rn1 narlamento local na.ra avuciar al Po her na~!or, debía dar m1merosos pasos ha¿ia formas de gobierno, dern.ocráÚca~, más allá del mito fundacional, ya que, por ejemplo, la Compañía de Londres tenia más poder q11e la asamblea. Cuando esos pasos se dieron se pcrrnitió el rápido <lesa rro!!o de un gobierno representativo y repnbilcano, especialmente a partir de la indepelldencia. Uno (fo los condicionantes de la vida colnmal era la nctivídad de los rndios, pero la~ rdaciones con ellos no erni1 füciles. Eu 1622 un ataque 111dígem1 dest1 nyó buena pmt,~ de las \nfraestrnctu1as en los alrededores de Jmnesrnwn, mató a 300 personas, hombres, nm_¡eres y niilos, y liquidó las ganancias de (res arios. Tras las dcnnncias de los accwni.stas y el correspondiente proceso judícial, el rey disolvió la Compafiín en J624 y Virginia se convirtió en una prnvmcia real o colonia ele la Cmona_ Este hecho no supuso la pérdida de !a autonomía conquistada, pese a que desde entonces el gobernudor y e! consejo era11 nombrados por d monmrn. En 1625 los colonos planearon un castigo contra los indígenas, que se cobró más de mil víctimas, lo que les permitió ocupar buena parte de sus tierras. Mnry\and, la segunda colonia en establecerse, s<c desarrolló a partir de Virglma, donde se había instabdo sir Gwrge Calvc:rl, lotd Baltimore. Cmmdo fue ex.pulsado por católico, consiguió que el rey k concecli<:ra un territmio para !levar a SllS correligionanos y a su muerte, el segundo lord Baltiinore organizó la expedición que en l 634 se asentariu en MarylanJ, con la llegada de 220 colonos, entre ellos dos jesuitas. Con el correr cid tiempo los protestantes se convirtieron en mayoría c:ntre !ns colonos y en 1649 ta asamblea de


,,.,""( ' tvlmyLmd votó nna ley de lnkrancia n.:\igiosrr ..bra luc Jnubda tksp11s;s del conflicto entre !os pcqneñs1s agricullnrcs protestantes y lús kn:1knicn(cs catóEcos. La fundación de Nueva !nglntcrra, en el actual estado de Massachussets, se vincula :il desnrrollo del puritanismo, una varnrnte extn~rna de la Iglesia anglicana que impulsaba nna proFul)(!a reforma protestante.! .os conflictos con la [glesia oficial llevmon a los pnntanos a desterrarse en Lcydcn. Holanda, en 1609, desde donde consiguieron una concesión de la Compal1fa de Virginia

para asentarse en Amáica Un grupo de comerciantes londinenses financió una c:xpedición que darla origen al viaje del Mayf!ower y SllS famosos peregrinos. El 11 Je noviembre de 1620, 1Ol peregnnos, llamados así por considerarse apátridas, llegaron a la bah la de Corl, fo era de la jurisdicción de Virgi• nía. Al arribar a nn lugar distinto al previsto, los colonos <leliberaron sobre su futuro y firmaron un compromiso para a11togobernarse según la voluntad de la mayoría. Corno sefí:,Jan Morison, C:ommager y Leuchtenhurg, el pacto de MayÚower, de 1620, y la Asamblea de Virginia, de 1619, se com;iítuyeron en las dos piedras fündacionales del entramado institucional y dernocrálico de Estados Unidos. Los colonos se instalaron en P]ymonth, donde enfrentaron unas duras condiciones, que el primer invierno se cobró la vida de la mitad de los peregrinos, pero cuando en abnl de 1621 el Mnyflower regresó a Inglaterra, ninguno de los sobrevivientes quiso embarcarse-:. La situación ele los colonos varió cllando se les unió Sq11anto, un indio que ks enseñó a pescar y a cultivar maíz. En octubre de ese año obtuvicrnn una abundante cosecha y h1ego celebraron la primera fiesta de Acci6n de Gracirn,. La afümza con los indios wampanoag, del cacique Massasoit, complicó la situación de la colonia, que d11rante nn tiempo contó con escasos cxcc:denks para repartir entre sns habitantes. Los primeros diez aiios fneronmny dnrns, aunque en 1626 los co-lonos ya habíau cancelado la denda que tenían con la Compañía de Londres para financiar su víay::. En 1628 se estableció nna pcq11cña colonia en Salern y a partir de 1630 las cosas se aceleraron. Ese año zarp() en dirección a Nueva Inglaterra una flota de diecisiete embarcaciones, con l .000 personas, que fondaron Boston y otros seis emplazamientos en sus alrededores. En 1640 Nueva Inglaterra tenia 22.500 habitantes, 1ma cifra imporlante en comparación con los 5.000 establecidos en Virginia y Maryland_ En !629 b recién creada Compañía de la Bahía <le Massachusetts obtuvo <le Carlos J importantes privilegios, que dotaron a la colonia de un estat11s prácticamente independiente de Inglaterra. Los accionistas, conocidos como hombres libres, se cnnvirlicron en electores y establecieron un Consejo Ge•neral, de base representativa, enca1·gando de las cuestiones legislativas, elegi•• do anualmente, al igual qnc el gobernador, vicegobernador y sus diputado~. Ni el rey ni el Parlamento de Londres podían incidll" en los actos del gobierno local. donde sólo intcrvenfan los miembros de la Igksia, lo qne excluía a los no p~ritanos de c1rnlquier formu de participación política. En 1641 se adoptó

un Código de liher!¡¡rJcs qne mclub d_p:icio por Jllrados, la riprob,ición de impuestos pm la rcp1cscnl;ición cmdndana, un iu~lo proceso pm¡¡ los casos de pena de lllU<'.lk. la prohibición de la tort11rn y la igmlcbcl para los cxtnmjcros. Todos los cargos, tanto los ejecutivos como !os p:1rlamentarios, se elegían anualmente y el mismo día, lo que le conf'irió al s1ste11rn elect(,ra1 de Nllc:va Inglaterra un carácter modélico que sería imitado en buena parte de las Trece Colonias. El puritanismo impregnaba las actívi<lades cotidiarn1s y la tierra se repartía por comunidades, a cnyo frente siempre había llll pastor La cdncación recibió lln fuerte impulso. En 1638 se creó el Colegio de 1-larvard y en 1639 se introdujo la imprenta en Cambridge. En 1643 se creó la Confederación de Nueva Inglaterra, o las Colonias Unidas de Nueva Inglaterra, con la participación de Plymollth, Massaclmsetts, Connectícut y New Haven. Su principal objetivo era defendc:rse de los ataques de los indios, holandeses o franceses. Pese a los conflictos limítrofes entre las colonias, la liga se mantuvo y fue esencial en la guerrn mdia de 1675-- ! 676. Antes de 1640 se crearon otrns tres colouins puritanas, que darían Jugnr n dos de los modernos Est:1dos de la Unión. En 1636, un grupo puritano, liderado por los reverendos John Cotton y Thomas Hooker, migró hacia el oeste, al río Connecticnl, donde fundaron Wj¡hersfield y Hartford. En 1637 el comerciante londinense Theophillls Eaton y el reverendo Jo!m Davenpor1 se instala-ron en New 1-laven, cuyo influjo se extendió por ambas riberas del estrecho de Long Tsland. pese a mantenerse separada de Connecticut hasta 1662. La colonia de Rhode lsland, que en 1647 comprendía Providence, Newport y Portsmouth, se creó a partir de cuatro grupos distintos de herejes puritanos. Hasta l 680 todas estas colomas eran prácticamente independientes de lnglaterra, pero en 1691 la Corona asnmió sn coniroL En 1622 se pobló New [-Iarnphsirc, a partir de un permiso de Nueva Inglaterra, para fundar entre los ríos Merrimack y Ke1111ebec. Holandeses y suecos intentaron establecerse entre Nueva Inglaterra y Virginia. S1 bien tuvieron un éxito limitado, sus colonias fueron f"ínalmente ab-sorbidns por los mglcses. En 1602 se creó la Compañía Holandesa de las Jn .. días Orientales, una pujante empresa mercantil que compitió con los porlugneses en Asia y que en su búsqneda por reducir costes también se pro . pnso eneonlrarel paso transatlántico. El marino inglés Henry Hudson, al servicio de lá Compañía, llegó a Manhattan, en 1609, y remontó el río que ]leva su nombre hasta el centro rle la Confederación Iroqnesa y de las ricas zonas peleteras del San Lorenzo. Si bien la compaí'iía no estaba interesada en el ne" gocio de las pieles, a!g1mos holandeses se dedicaron a él. Posteriormente los capitanes Block y Mcy exploraron la costa, desde el cabo Maine hasta el cabo Delaware y algunos comerciantes holandeses cornenznron a cambiar sus ma~nfacturas_pm pieles y otros productos de la tierra a los indios y a los colonos mgleses. En 1621 se constituyó la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales, que reclmnó el territorio entre el cabo Cod y el río Dehnvcire y en J623


1mos colonos holandeses fürn.lJron el fuerte de N ass&L en Glouccster, Nueva Jersl:y, y en l 624 el de Or:i.nge (Alhany). En i626 se kvantó de fr,rrna definí• tiva el fuerte Amsti:rdarn, en i\fanhattnn, convertido en el ce11tro de Nueva Holanda,junto a los pueblos de Harlcm y Brooklyn y otros poblados vecinos. La colonia p1üsperaba gracias al comercio de pieles. En 1653 contaba con 2.000 habitan(es y era regida por un gobernador y llll consejo 110mbrados por la Compañía, y no lt.:nia mst1tociones representativas. Entre los gobernadores ho\andese~ destacó Pete1 Stuyvesant, q11ien expandió N11eva Holanda a costa de sus vecinos. F.s1e füi:: el caso de Nueva Suecia, a millas del Delaware, anexionadJ en 1655. F.l rey Gustavo Adolfo había imp11lsa<lo la creación de !a Cmnpariía de la Nueva Suecia, que fundó la rnhmia que llevaba su nombre, luego conocida como Dclaware. En 1638 una expedición al mamlo de Peter Mmuit llegó a la bahía de Dela,vare donde fundó fuerte Cnstina, poblada con suecos y Cinlandcses Carlos 11 de Inglaterra decu..lió conceder las coim1ias holamlesas a su humano Jacobo, el duqm; de York, y a fines de agosto de 1664 una f1ota inglesa ,1¡w.rcció frente a Nueva Amstcrdam para intimar su rnndición, lo yue se prod10o de forma casi inmediata. Termmó así !apresencia holundesa en la zona, convertida en Nncva York. Fn ese entonces poblaban la cill(Jad 1 500 personas y en toda la colonia no superaban llls 7 .000, lo q11~0 contrasta con las 70 .000 q11e había ¡;n N11eva [11g\aterra. En l 685, cnanclo Jacobo TI uc11pó el trono, Nueva York se convirtió en colonia real. Después de b \)cup::icíón de Nueva .llolamh!, el duque de York cedió a dos amigos, sir Gemgi:: Canerd y lord Berkeley, un te1ritorio entre los ríos Delawarc y H11dscrn, que seria la colonia de Nueva Jersey. El contrato establecía que la colonia esli:uín al mando de lrn gobernador, ayn<lado por 1.m consejo electivo, y que habría libedad religiosa. En l 674 Berkeley ve11dió su mitad de Nueva Jersey a dos cui1qu,;rns que a su vez la arrendarían a su coneligionario \Villiam Penn, el fundador de Pennsylvarna. Penn pertenecía a la Sociednd de Amigos, los cuál111cros, que huscaban la esencia de Dios end interior de cada hombre, Pe11n quería una colonia d:.o su propiedad para desmrollar Ju libertad política y religiosa y en 1681 creó la provincia de Pennsylvanía, donde poster-io1 mente fundó Filadelfia. Penn~ylva11ia tuvo en sus orígenes el código más líbG1al del mundo y la pena de muerte sólo se aplic¡_¡ba a los delitos de asesinato. Sin embargo, sns leyes fueron rc;chazadas c;n lnglaterra y en i 7 l7 terminaron siendo similares, por su rigor, al resto de bs colonias. La restauración de la dinastía Estuardo y la llegada de Carlos II al trono no sólo dotó de contenido a la política colonial inglesa, sino también aceleró la expansión de la frnntern meridional en lo que saía la Carolina. Un gmpo de ocho promotores y pulitícos, liderados por sir .fohn Coileton, un rico plantador de Barbados, y 1\nthony Ashley Cooper, ohtuvo del monarca la prnpiedad de bs tierrn~ sillla<las entre los 31 y los 36" N, ampliada un afio más tarde a toda la franja comprendida entre Daytona, Florida, y la fr011tera entre Virginia y Carolurn. En colaboración con Jolm Lockc, el cunde Je Shafiesbury redactó 1111n especie de Constitución de corte arislocnítico, que intentaba crear

un sistema feudal, basado cu una nobleza local latifundista. A diferencia de las otras colonias, e11 la asamblea sólo podían participar los nobles y los propietarios. En 1670 se fundó Clwrlestown, que seria el centro de la colonia_ La llegada de hugonotes franceses, escoceses e irlandeses le otonc.ó a la colonia un matiz más cosmopolita que al resw. A prmcipios del siglo habitaban en la colonia 5.000 personas, la mitad esclavos africanos. En el sur, los pobladores comenzaron produciendo alimentos para las Indias Occide11tales y lam-biéu se dedicaban a obtener pieles, Para ello se internaban hacia los Apalachcs, especialmenk hacia Alabanrn. El cultivo de arroz y de añil fue el eje de la actividad económica de la coloaia, caracterizada poi sns plantaciones. La situación era distinta e11 el norte, poblada l:OD aventureros venidos de Nneva Inglaterra y con un grnpo ele suizoalemanes que habían fundado Nueva Berna, Carolina del Norte era más pobre e igualitaria que el sur y catecía de sus plantaciones y esclavo,~. En 1729, todos los pro pi etanos 01 iginarios <le Carolina, salvo lord Granville, venclíeron sus tierras a la Cotona, dando l(lgar a las prov1m:ias reales de Carolina <ld Norte y del Sur, dingidas cada una por un gobernador real. Georgia fue la últ1rna de !ns Trece Colonias, creada en el siglo xvrn bajo el impulso de James Oglethorpc, fundador de !a ciudad de Savmmah en 1733. Los planteamientos filaniróp1cos iníciaks füeron abandonados y se terminó adoptando el sistema de plantaciones de Carolina del Sur. En l 75'2, Georgia también p3SÓ a depender de la Corona. Desde Canadú. los franceses se expandieron por el Mississippi, pensando que seria la llave parn llegar a! Pacífico. Así, crearon una colonia en Luí• ~iana, cuya existencia, durante años, impidió el nvance inglés hacia el oeste y hacia el golfo de México, aunque prnpició enfrentamientos entre los colonos de Juglakrra y Francia, especialmente en el siglo XVOL Los franceses buscaban una ruta al(crnatíva al San Lorenzo y cuando encontraron el Mississippi vieron una excelente vía de comurncación entre sus posesiones norteamericanas y las clel Can be. El jesuita Jean Nicolet fu,; uno de !os pnmeros en explorar el Mis,sissippi y después de una temporada e11t1e los indios nipissings, incursionó en el 1ago Mich1gan, t:ll 1634, desde d1mde cruzó la divisoria de ag1ias entre los ríos San Lon:nzo y Míssíssippi. En la década de !660 algunos jesnitas sinticro11 curiosidad por esas tie1ras y en l 673 el gobernador Fronte" nac organizó nna expedición para explorar el gran río, dingida por el jes(liia Marq11ette y el trampero Louis Jolliet. Ambos navegaron más de mil kilómetros aguas abajo y al llegar al río Arkansas dccidienm retomar, pensando que estaban en tierras españolas. La principal conclusión de su viaje fue que el Mississipp1 no desembocaba en el Pacífico, sino en el golfo de México_ En 1682 Cavallier de la Salle llegó a la desembocadura del Mississippí y tomó posesión de esas tierras en nombre del rey, llamándolas Luisiana. Era un territorio extenso, e11tre los Grandes Lagos y el golfo de México y desde los momes Allegany hasta !a fronteia de Nueva España, i11terpuesto entre !os domimos ingleses y españoles. La Salle volvió a Francia en basca del apoyo real y l11ego retornó pma colonizar en la cle~embocadura del Mississippi, pero

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se equiv0C\1 d(~ dcstilrn y llegó J Tc.:\a_, Alli muni1 nisí tod;i la ln¡rnbcii•n yél (¡¡e ascsmado por d0s de SllS h\líllhrcs. La culnnizcici0n <le !.rnsiana, donc!L: también se desan nlló 18 economía (k: plantac1Dn, se: p1odujo :1 prmc1pios rkl siglo xv111, aprovechando !J Cin;:;rra de S11cesión espai'íola l\ilobilc se f"u11d(í en 171 l y Nueva Orleans (!n l 7 ! 8 Varias compañías cnmercialcs, como la dd escocés John Law, se ocuparon de la colornzación, pero en 173 l todo d terrilnrio se convirtió en provincia real. Los distintos tratados de paz cmopens del siglo xvm füeron recortando su krritorio. Según el Trc1.tado de París, rle 1763, España recibió<le Francia nna patk de la Luisiana como compernaciún por la entrega de la Florida a [nghiter ra, aunque la recnpcrnría en ! 783. Es bueno recordar que el Tratado de París cambió el mapa colonial: Francia cedió a Inglaterra parte del CJnadá y los 1errito1ios situado~· al este del Mississippi, excepto Nueva Orleans y España cedió a Portugal la Colonia do Sacramento en el Río de la Plata_ En 1800 Espafia devolvió a Francia su parte de la Luisiana y finalmente Napoleó!l se la v0ndió a Estados Unidos en 180:1 a cambio de una suma s1mbólicn.

3. Canadá Nueva Franciá tuvo un unportante impulso desde comienzos del siglo xvn. En 1608, Samuel de Champlain se instaló en Qucbec, cent.ro de la expansión gnla en la región. Si bien Chcunplain se alió con los indios hurnnes contra los iroqueses, constató un escaso interés por desarrollar la colonia, de modo que hasta 1628 las iniciativas fueron escasas, Los dos objetivos de la colonización francesa fueron la conversión de !os indígenas y la comercialización de pides de cast0r, mattas y otros nnimales. En 1629 los ingkses ocnparo11 Q11ebec y si bien lo devolvieron tres años dcspnés, a cambio d(: una cantidad de dinem, Francia cornenz{\ a mirar la zona con 1m renovarlo 1r1terés estratégico. Desde mediados de siglo, h>s enfrentamientos con Inglaterra por las pos<csiones canadienses y de Nueva 1nglaterra se hicieron constantes, aunque solían coincidir con ]!ls guerras europeas que tenían en América, y también en el Caribe, otro frente de ll1cha. Esto ocurrió, por ejemplo, con la llamada Guerra del Rey Gni!lermo, de 1688 a 1697, librada simultáneamente a la Gnerra de la Liga de Augshurgo y que concluyó con la paz de Ryswick. En esta oportunidad, los franceses con sus indios aliados atacaron !as colonias inglesas, Esta medida fue respondida con la cunqtiista de Port Royal y Quebcc en 1690, aunque no se trató de una oe,upaci0n permanente. La colonización babia estado a cargo de distintas compailías comerciales, la mayor parte de !as cuales quebró por la mala evolución de los negocios coloniales. La excepción fne ]¡¡ Cornpafüa de los Cien Asociados, fnndada por el cardenal Richelieu, que mantnvo una situación monopóliGa hasta 1663, cnando Canadá se convirtió en pruvincia real, bajo Luis XIV. Desde entonces, nn gobernador general se encargó de la defensa y de las relacione~ con los in-

dios y con el cx.krim. mientr,1~ la_111stic1a, la pol1cw y Lis fin;mzas c~1n.hau a cargo de un intendente. Cl gohcrn:1dnr g,~ncr:il 1<ccs1di:i c:11 ()uelwc y knia r1yucbntcs en ;'v]ontr<ccal. "fro1s R1vi0rc:, y Cap Brcron. Tamb1fn ~,; nnmbrú 1m obispo, Frani;:ots de Lava l, al que se pu,;o al frcnic de la Iglesia colonial y fundó la primna 1mivenidad ele C:auaUú. Fn d siglo xvm la ctdmm1stración colonial sufrió pocas moUiJicaciunc~. Quizfi la m{1s import:mte haya sido la creación del Consejo S11pcrior, en 1703, un organisuw consultivo del gobernador general integrado por el intendente, el obispo, cuatro o doce corn,;jeros, c11a-• tro asesores, un procurador general y un es¡;J iban o. En l 6S3, d Canadá francés tenía 2.000 colonos, que a fines del si,do :xv11 eran 2.0.000, una cifra bas1ante menor que las 250.000 que hahía en l;s Trece Colonias. En 1763, cuando fue cedida a Inglaterra, la colunia tenía 65.000 ha~ bitan tes, repartidos en el medio mrnl y las tres ci Hdatlcs Qucbcc ( 15.000 habitallle.s), Montrcal (4.000) y Jrois Riviü~s. Los fümcs::ses on1paron un terri~ torio extenso, mal comllnicado y de población escusa, lo cuntrnrio que ocurría en las Trece Colonias_ La tlcnwfad de población fue menor que 18 de la Aménc2 es¡x1ñola, pese a los esfuerzos de la Corona francesa por impulsar la emigración a Canadá. Se puede decir que Ntieva Francia era un gigante con pies de barro. J\I 1gunl que en la América española, la evangelización de los indios fue importante, lo que le valió a la lglesia católica. poder y prestigio, como evirlencía el hecl-10 de que casi la cua1ia parte de LJs tierras de Canadá ]e pertenecían. El territorio se regía con organismos metropolitanos, siendo muy escaso el lll.Jrgen de maniobra de !as autoridades sobre el terreno. La economía colonial francesa giró sobre el comercio de pieles, lo qne permitió la presencia de numerosos hombres solos en Canadrí. El mestizaje, fundamentalmente con los indios algonquinos, foe Lma Iealidad más perceptible qae en el mundo anglosajón. Pese al mtcnto metropolitano de co11stn.llr una sociedad señonal, esto no fue posible por d tipo de aGtividad económica, que dio lngar a una sociedad bastante igualitaria y libre, pese a que no fue posible erradiGar !as ae,titudes nohiliarn1s. Mientras los ingleses se centrahan en las explotnciones agrarias y pesque-ras y los portugueses y los espai'íole~ en la minería y la agncullura, !os france" ses se ocupaban de la caza y la pesca, lo qHc tornó a kts colonws muy <lepen• dientes de !a metrópoli, desde do11de le llegaban buena parte de los abasteómien!os. Eu resumen, se podría decir que !a economía no cubnó las expectativas metropolitanas de sacar un buen readimiento de sus colonias, pern también porqne ni el cnmcrcio de pitks ni la pe~rn pmdu¡eron las smergias suficientes para arrastrar al con_¡unlo de la ecunomía, y po,rque la falta de mauu de obra li1nitó ln producción ag10pecuaria, a tal punto que en J 740 el campo sufrió un import::;1nt.e proccsu ele dcspob!mni,-:nto en beneficiu de las ciudades. E!siglo XVlll encontrón lo~· galos ah,)ca(lo~· n d'"fonder Nueva Frnncia de los eonstantes ataq11es ingleses. Para cl!u cnnstrnycron un amplio sistema Ue fortifie,aciones qt1c debía atender a varios f1entcs: frenar e! avance innlés y teº .


ncr a lv.s rndios de su !::ido, matltener abiertas hrn C(m11micaciones i.:on Luisiana a t1avés del iVliss1ss1pp1 y continuar las explon1ciones hacia el oeste. Así, refmzaron sus posiciones entre los lrrgos Iforóu y M1ch1gm1, fundaron el füer•• te Pontchartrain, en Dctroit, y wnstruy<:'Ton algunos enclaves entre los Grandes Lagos y el cmso s11peno, del lvlississ1pp1. Dentro de la estrategia global francesa, la relación c011 los mdios era importante y en los primeros años del siglo diernn alg!lnos paso5 srgnif1cativos para refo1zada, como un tratado de paz cnn los iruqueses o ia búsqueda de una rclació11 disk11dida con las tribus Je Ohio. Indiana e Hllnois, Ahora bien. el enfn:nlarniento entre Francia e Ingiaterrn en la Guerra de Sun:sió11 espufiolu dio u los ingleses 1111a nueva c:xcusa parn ;üacar Canad::i y apoderarse de Quebcc y Montreal, en 17 J l. Por el Tratado de Utrecht, I11gla1errn r,:cibió Tenanova, Acadia (rebautizada como Nueva Escocia) y la bahía de Hndson, y se usentarnn de forma permanente en Canadá. Los franceses in!eninrnn compensar s11s pérdidas territoriuks expandiéndose lnci:i. el oeste, hacia el lago Winnipeg. en d norte, y hacia Ncbraska, Wyomíng y Montana, algo más al sur. Parn pwteger lc1 rula hacia Luisiana construyeron mws 60 foerl<.'.s entre l'vlontrtca! y Nueva Odeans, pero la G11erra de Sucesión de Austt'la recrudeció una vez más las tensiones anglo-francesas en lu n;gión. Las escaramuzas continuaron con resultados aHernos hasta la Heg:ida de William Pitl al gobierno de Londres, en 1758, que planteó una ofensiva en toda reg!u contra hs posé'siooes frnnces11s. Ese añn, las flien:ns mglesns conquistarnn Lou1sbourg, en !a desembocadura del San Lorenzo, Fort Frontenac y .Fort Dmp.1es11e, cortando las comunicaciones con Lmsiana y a! año siguiente Qucbec y Morn1eul. Por el Tratado de París de 1763, Francia perdió Canadú, Tobago y Dominii:a, aunque consiguió la devolución de Gua" dalupe y M:1rtimca. De este modo concluyó !a awnturn francc;sa en /\rnéiicJ del Norte, si bien algunos años miis tarde intentaríait devolverle el golpe a Inglaterra apoyando a los rebeldes de las Trece Colonias en su proyecto rndepcndeotista, La conquista de Canadá planteó nna st:rie de problemas y de desafíos a fa adrninistrnción colonial inglesa, qi1e había rncorporado unos vastos territorios habitados por católicos franco patfantes sin tcm:r el aparato a<lrninistrativo para gestionarlos Las opciones er:m mttchas, pero su aplicación po<lía con<lu•· cit· fl pésimos resultados. Implantar la religión y la lengua de Inglaterra Je for~ rna gencralizudahubiera generado una situación de protesta entre !os colonos. Otra opción era integrar a Canadá en las Trece Colonias, pero en vez de beneficiar a la Corona sólo habría servido a los intereses de los colonos, al mejorar su posición contrn la política real de reforzar el vinculo colomal y hnbría incremcn1ado la confltctividacL De ahí que se optara por mantener el statu quo. En esta linea se sancionó en 1763 la Royal Proclamatíon, qnenombraba un gobernador general para administrar la colonm, acornpaña<lo posteriormente de un consejo o asamblea en la qne partic1pa!.mn illgleses y franceses. Mientras los franceses se qrn:daron cnsu sirio, muy pocos pobladores de las Trece Colo-

nías quisic1on mudarse. [n l774 se <lefinió el perfil Je la c·olo11ia con la sanción del Acta de Quebec, por la cual lo:; franceses rnantenbn su leugua, que sería ofo:aal, su cultura y su derecho civil en tanto no colisionara con el derc~ cho prnal inglés, mientras que Qucbec, el nombre dado a Nueva Frnncrn, podía expa11dirse hacia Ohiu y el Miss1ssippi El ActH füe bien recibida por los canadienses púro mal en las Trece Colonias, cuyos dirigentes esperaban anexionarse Canadá. Cuando fas Trece Colonias se independizaron, el norte, que rrpoyó a la monarquía, se distanCló del s11r. Para colmo, numerosos monárquicos de las Trece Colonias se refugiaron en Canadá y entonces se formaron las dos eormmidadcs, ele ingleses y franceses, legitimadas por el Acta Constitucional de 1791 que reconoció la existencia del Alto y del Bajo Canadá.

4. !El Cadbe En el Cnribe, mgleses, franceses y holandeses, pero también los daneses, ba" saron la coionizac;ón en la existencia de grand<es propiedades o plantaciones, dedicadas al rnltívo <le caña de azúcar y explotadas con rnano <le obrn esdava. En las Antillas y en el resto de América, el azúcar füe el prmcipal cultivo esclavista y entre el 60 y el 70% de los africanos mtrodncidos en el Nuevo Mun, Jo termmó <en alguna colornn azucarera eurnpea Pese a ello, el primer conli1cto con la regrón llegó de la mano de la piratería y el contrabando. Posteriormente trataron de ocupm las islas deshabitadas o <le desalojar, si era posible, a los españoles de sus emplazarnie1aos más vulnerables. El Caribe atraía la ate11ción de los gobiernos del Viejo Mundo al ser el paso de las 11o(as espai'io!as cargadas de ptata. Con el tiempo habría que añadir la producción 1rnp1cal de ,m~ plantaciones, muy hü:n recibida eu los mercados europeos. tstc füc el caso, por CJernplo, de Saint Thomas, ocnpuda en 1666 por Dinamarca, qne prosperó rápidamente gracias a los cultivos de caña de azúcar y algodón. Estas colonias fueron llamadas las Indias Occidentales y tuvieron una estrech,1 rdaeión con las posesiones ele América del Norte, especialmen~ te en el caso inglés. Las Trece Colonias comcnza1on a abastecer a las Antillas de sal, carne, pescado, cereales, kgumbres, madera y ganados, productos regionales de escasa salida en !os mercados europcos. A cambio, obtenían azúcsr, y sus derivados, y otros productos tropicales. Entre los productos exportados destacaba la melaza, utilizada para producir ron. Para afrontar este transµo1 te regional, los ingleses const1 uyeron 1n mayor parte de las embarca~ ciones en astilleros dt Nueva Inglaterra. Los pnmerns e11 llegar al Caribe fueron los franceses y la isla de San Cristóbal se convi1·tió en la cabeza de puente de la expan~ión gala. En 1627 el cardenal Richclieu olmgó a Pierre l:3alam, que había estado en la isla cinco aflos atrás, uua licencia para que la explotara la Compañía de Saint Chrislophe. Balain coincidi<í i.:011 el ingl<':s Thumas Wamer y tras un breve período de convivencia decidieron dividirla en dos pa11cs: Saint Christophe y Saint Kitts. Al


poco tiempo unos y otrns fnc1on üesalo_iados pOI' los espaüolcs Los fog:tiv_os se dedicaron a la ¡matería, los Limosos bucaneros. Mtcntras unos se reli1g1ahanen la cosla domirncana, otros se mstabbm1 en Barbad::i yTonuga. La ocnpación cspafiola duró poco, al no ser rentable mantener una guarmción pe::r• 111anentc ni instalar una población fi¡a de colonos. Esto permitió a franceses e ingleses retornar al cabo de un tiempo. Las plantaciones de azúcar y de tabaco mantuvieron activa la isla, cLJyas a11tondades mandaron a algunos colonos a pobl21r la vecina Nevis. La acción de los bucaneros hacía cada vez más mello entre los espafit¡]es, qne reaccionnrnn violentamente. Desde Santo Domingo atacaron la ~·ortnga en l630, con cierto éxito y <lesalo,¡aron a todos los piratas de la isla. Estos se desparramaron pm las islas cercanas, como Antigua, Monserrate, Guadalupe y Martinica. Las acciones de represalia o de expulsión de sns bases se repitieron, como en 1654, pero eran cxitos transitoríos, ya que tras la sahda de los cspafloles, los brn::ancros volvlan a sus refugios. La ~mea opción: no rentable, era deJar un destacmncnlo permanente. Ante ln rc:tw1da dt~ las lue1za~ españolas, en 1639 se repobló la Tortnga, cuyo gobierno, hasta 1689, cstnvo a caruo ele lu Cofradía de:: los Hennanos de la Costa, nna liennandad de piratas, el origen de los fillbusteros, al s\:rvicio de lnglatcrra o Francia, (]Ue atacll.ban sislern&.tícamente la~ posesiones españolas. Mientras tanto, los franceses colonizaban Granada, Dornmica, Santa Lucía y Martinica, donde introdujeron la cai'i3. de azúe::ir llevada desde Brasil. En 1635 fundaron Cayenne, en la Gua•• yana Francesa, ocupada en 1653 por los holandeses y recobrada Cll 1664. Tras la pérdida de Canadá, el gobierno francés intentó hacer de la Guyana una coloniaeiernp!ar. Para ello envió 13.000 colonos de Alsacia y Lorena, pern el íntcnto t:ue en vano. La mitad murió en poco tiempo a causa del clima y el resto retornó rápidamente a lil metrópoli. En 1664, el gobernador de Tortuga, Jerome Deseharnps, vendió en 15.000 !t!JTas a la Compañía .Francesa de las tndias Occtdent:i.les sus derechos sobre la isla. f,c1 compaílía nombró gobernador a Bertnmd d'Ogeron, qne en poco tiempo cambió la fisonomía insular y colllenzó a colonizar la cos_ta occidental de la vecína Saint Domingue, empezando por constnm su capital, I'ort-ele, Paix. Asentó a los filibusteros, trajo siervos blancos y prostitutas (las mujeres no tenían cabida en la isla hasta entonces) e impulsó los cultivos de cacao, rnaiz, tabaco y café. En 1667 Luis X1V supnrnió la Compañia de las ln(!ias Occidentnles, que se había apropiarlo de la costa noroccidental de Santo Domingo, Haití. En 1697, como consecuencia del tratado de Ryswick, España cedió a Francia el tercio de la isla o Saint Domingue. Las posesiones francesas en el Caribe se completaron con Guadalupe, Martinica, San Martín, San Bartolomé, Domimea, Santa Lucia y Granada, que desarrollaron la economía de plantación utiltzando esclavos africanos. A lo largo clel siglo xvm el Caríbc no i:.:scapó al trasiego territorial provocado por las guerras metropohtanas. Dunmte la Guerra de los Siete Años, de 1756 a 1763, los ingleses conqnistaron todas !as ic;las frnncesa.<; del Caribe menos Saint Doming11e, luego devuel•

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tas por el Trntado ele París, Un proceso similar ~e: producida con cacla gu<::rra curop,,a. ocupac1,'.m de: LcLs !Sl:is por h1g bterra y (kvoluc1l1n tra,:; la pn. El ~iglo xv111 conoció d despegue económiw de Samt Dornmgue, como prueba sn crc'.cirn1ento demográfico. De los 83.000 habitantes de 1730 pasó a medio millón durante la Revolución fhmcesn: 452-000 esclavos, 40.000 blancos y 28.000 libertos. La expansión de la economía de plantación hizo de Haití el primer productor muu<lial de azúcar y obligó a importar más ele 800.000 esclavos entre 1750 y 1789. Hacia 1770 Hmtí producía 107.000 toneladas de azúcar, casí tanto como la producción total inglesa_ La especialización azucarera dependió ele los productos llegados de la parte c;spafíola (carne, aJiment()s, animales de tiro, etc.), aunque con el tiempo la demanda haitiana se abastecía desde Venezuela, Puerto Rico o inclusive las Trece Colonias. Saint Dommgue, al igual que Martinica y Guadalupe, era 1egida por un gobernador y un intendente. E! siglo xvn, especialmente entre 1625 y J675, fue la época de la hegemonía de Ilolanda en los mares del mundo y hacia 1670 su ílota mercante desplazaba un 1.onel~je mayor al de las de Francia, Inglaterra, Espai'iay Alemania juntas. Con sus técnicas navales y de salazón controlaban la pesca de hacalao en lsLmdia, la de arcnq11e en el mar del Norte y la de ballena en las islas nornegas de Spitzberg, en el Artico. Sus factorías y depósitos comerciales en los puntos estratégicos del planeta les permitieron consolidar sn supremacía marítima. En J621 crearon la Compafüa Holandesa de las Indias Occidentales, que montó almacenes de distribución en la Tortuga, San CnsLóbal (Saint Kitts) y Curapo. El declive ele la Compañía comenzó tras la separación de Porh1gal de España, aunque a mediados del siglo xvn se dedicó a la trata negrera, lo que evitó Sll desaparición, a11nque quebró en 1674. En la primera 1nitad del siglo los ingleses se establecieron e11 Suriname impulsaron las p!antacíones de caña de azúcar. Hacia !770, con una producción anual cercana a las 15.000 toneladas, mayoritariamente ele Surinam, Holanda era el cuarto prod11etorm11ndial de azúcar, detrAs de Francia, Inglaterra y Portugal. Sí bien pm la paz de Breda, 1667, los ingleses cedieron Surinarn a los holandeses a cambio (le Nueva Amsterdmn, la volvieron a ocupar en 1799, durante la guerra contra Francia y en 1816 la restituyeron a Holanda. En el siglo xvm se modificó la política colonia! holandesa, quG c,n lugw de muchll.s colonias apostó por enclaves estratégicamente nbieados y en el Caribe sólo conservaron Cura<;ao, Aruba y Bonaire, las islas Inútiles, y Surinam, la Guayana Holandesa. La prcsl:ncia inglesa en el Caribe foe 1ma constante en la segunda mitad del siglo xv1, pero su primer asentamiento elata de fines de la década de 1620 cuando fundarc)l1 Saint Kitts, aunque ckspués de su expulsió11 por tos españoles, algunos colonos se establecieron en la vecina Nevis. En 1625 un contingente inglés llegó a Barbados, donde planln.ron caña de azúcar e importaron esclavos africanos, impulsando un rápido despegue Je la economía de plantación, de modo que en 1663 había 50.000 esclavos. Un fenómeno similar ocurrió en San Vicente, Monserrate, .Antigua y Santa Lncía. A mediados del si-


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glo XVH había 60.000 colonos ingleses en Sain! K1Us, Nevis y Barbados. Sin d11da, la mayor y más imp01 !ante colorua iuglesa del C1rihc fue Jamaica. Su conquista, en 1655, se debió a la organización de llna expedición para atacar d Cmibe espai'hil, que dcsp11és de hacer escala en Barbados, Antigua, Nevis y

Saint Kitts lCtrnió 57 buques y 13.000 hombres. El objetivo era conqnistnr Santo Domingo. pelO ante la nc:sistcncia optaron por Jamaica, más desguarnecida, cuya c8píta!, Santiago de la Vega, cayó el 17 de mayo de 1655. El crecimiento de la isla, gracias a las grandes plantaciones <le cafia introducidas desde Barbados, llevó a que a fines del ~iglo xvn contara con unos 75.000 esclavos y 8.000 colonos i11gleses. El tamaño de las plantae1ones de c1.z(¡car de Jam:iica se entiende si vemos que s1i piomcdio a fines dd siglo :xvm era de 180 csclnvos, rnicnl!as que en Virginw y lVtarylaml, en la misma época, era de sólo 13. Belice, en la costa atlántica de Guatemala, se había convertido en un refugio de bucaneros adonde se iba a buscar palo campeche, un producto tiu-tÓlt!O muy demandado en Europa. Poi el Tratado de Utrncht, 1713, España cedió a fnglatena uno5 derechos de explotación forestal e11 Belice, qne qued(1 subordirwdo administ1alivamente a Jamaica. Estas posesiones se ampliaron con !os establecimie11los en Honduras y Mosquitía. Junto a la agricultura, el comercio o contrabando con las posesiones espafiolas y las Tret.:e Colonias y la piratería sil vieron para impi!lsar la cconornía. E! símholo más chnu de la ac!ividad de los piratas en el Caribe fue el capitán l\forgnn, que en 1671 asaltó P:m:1m&, duspués de conquistm Portobclo a fines del año anterior y cruzar el istmo. Tras saquear y qllernar Panamá se retiró con l75 ml1!as cargctdas de oro, plata y joyas y 600 prisioneros. Carlos 1l de Tnglaterra lo recompensó nombrándolo gobernador de Jamaica. Si bien este hecho marcó el punto de máximo esplendor de los fi!ibustelOs ingleses, también fue el 101cio de su rúpido declive, ya que la actividad pirata podla amenazar a !as Trece Colonias. Así se prohibió al gobernador de Jamaica otorgar patentes de corso y se amnistiabu a quienes se habían dedicado a la piratería. Aunqlle algunos rechazaron la oferta y continrnirm1 su actividad al amparo de los franceses, la situación cambió en el último cuarto del siglo XVIL En 1797 se wforzó la prest:ncia inglesa en el Caribe con \a conqnista de Trinida(~ c011vertida c11 una importante base comclcial frente a las costas venezolanas. La indepc11de11cia de las Trece Colonias fi ic 1m duro golpe para las posesiones inglesas caribeñas, ante el auruento de la presión fiscal y el cndmecirnicnto dd vínculo colonial, aunque la independenci:i de Haití y la rebelión de los esclavos permitieron un nuevo resurgir de su economía.

5. los diferentes sistemas coloniales Cnando se piensa en el atrnso latinoamericano, suele plantearse inmediatamente !a comparación con Estados Unidos, tratando de ver las diferencias entre los sistemc1.s de colonización, especialmente el mglés y el espallol. Es un

cJerc1c10 complicado, que alude a realidades diferentes y pone en contacto períodos cronológicos distintos, al ser de inm:ha trnscendeucia el ungen temporal de cada proceso colomzador_ El desembarco español en el Caribe comenzó a fines dd siglo xv y fue algo más tan.lío en el continente, mientras que los mgkses desembarcaron en Améric2 del Norte un sigio después. Esta dife1cncia tuvo senas conscc11encias en el proceso de construcc1ó11 institucionaL Mientras lns mstituciones hispánicas son herederas cte la .Edml Medic1. y del feudalismo, las insíiluciones inglesas son lujas de la Edad Moderna y de! primer capitalismo. La cornparnción se suele reci!izar entre el lmpeno español y las colonias de Arn<:':ricci del Norte que darían lugar a EMados Unido~. Sm embargo, se huhla poco, y sería pertinente hacerlo, dé'. cornpmm las coloni<1s esp,1ñolas del Cai ihc, Cnha y Puerto Rico, con las Indias Occidentales; u lklice con Guatemala o !as Guy:mas con VcneZl1ela. El análisis de la colonización mglesn se centra cu zonas de dima templado. similal al europeo, frente a fo.s ;freas tropicales y s1ibtrop1eales con pre~encia española. A esto se ,igrega la amplitud y localización de los espacios colonizados. Los ingleses se ubic::iron en las costas o en su cercanía y eo espacios relativamente pequeños, wientrns los españoles ocuparon los altiplcmos y se niovicm en giandes <listanc1as y con obstán1los geogrifi.cos insalvables, que dificultaban lac, comurncc1.c1011c:s. Las zonas elegidas tenü111 Lm perfil demográfico y cuHurnl muy difercmc. Los cspaí'íoks se instalaron donde !ús impc1ios indígenas habfri¡¡ <lcsan1illado la agricultura 111tensiva, con poblaciones muy de11sas para poder sacar pmtido tl,; la mano de obra, mientras los ingleses ocuparon zonas habitadas por tribus cazadoras o recolectoras o de llna agricu!turn de subsistencia de hábitos sernisedL~n1m íos. Si en uu CJS0 el contacto era lnel!idihk, y el mestizaje se incorpoiaha a la lCalic!Jd cotidiana, en el otro l;i separación de cuHmas era la norma Otro punto de compnrnción radica en la propiedad de fo tierra y en la estrnctnra familiar. Una oferta de tierras prúct icamente inagotable y la posibilidad de una consiante expansión lle la frontera dotaron a la colonización norteamericana de una impronta pec11hm, marcada por la figura del graojero, n11 peq11eño o mediano prop1etano, qHe vivía con SH familia y estaba mm ído por un;i ética emprendedora. El mundo español eril b/tsicamen!e urbano y contrastaba con e! predomínio de lc1. campilla en la sociedad m1g:lusUJona. fa verd::id que en algunas zonas había plantaciones que traba_jaban con esclavos y el latifundista no era extraño a la son edad 101-:al, pcio el prototipo estaba encarnado en ese colono madrno que había llegado al Nuevo Mundo acornpaí"iado de su familia. En la América española domina la inrngen del conquistadm, un hombre más joven, generalmente solr,:ro, q11e llegaha ,mio. Mientras el colono inglés pensaba iustalmse pma siempre en las cofonias, el esp¡iñol soñaba con retomar ríco a la Península, con ((hacer la Aménc,m. La cstnictura económica era diferente, ya que s1 bien en ambos casos la agric1d(urn era la principal actividad, en las colo11ias espaflolas la minería ele meiales preciosos se ha-


bfo convc1tído en uno de lo½ eje~ pnxluttívos. Por lo gencrnL y salvo rn d Caribe, mírntras lus espdlwks trntil.roll de nprovcchar sislernátit,amente la mano de obra mdígnia, lo.~ í11gleses apostamn por 1:t ese lavítnd En el Caribe, unos v olrns t:chmon rna110 deo lo único que tenían a mano, los esclavos, y esto tcn;líó a horrwgencizar todos lo~ sistema~ colomales de la región.

12. IEconomia y reforirrias

borbónicas

El siglo xvrn se vincula con la época de las Luces, de la Ilustración. Fue también un momento de cambio ejemplificado por revol11c1ón de la independencia de las Trece Colonias y por la Revolución francc.~a. La Revolución industrial trasladó parte de los cambios que se vivían en Europa a la economía. El mundo colonial no fue ajeno a estas transformaciones y aquí y allá se intentaron po!írícas para centraiizar el control de lo:,; imperios y vincularlos más a !as re;;pcctivGs metrópolis. Los imperios español y portngués parllciparon de este movuníento generalizado que en forma amplía afectó a todo Occidente. Las reformas borbónicas y pombalína.~ fueron las herramientas de las que se valieron !os monarcas y los seclon::s ilustrados ibéricos para modernizar los Jtllperíos. El resultado de ambas no fue tocio lo ideal que sus impulsores hubie .. rnn deseado pues liberaron demm;íada3 tensiones en las colonias americanas. Este proceso fue acompañado del crecimiento económico regional, aunque no es éste el lugar para entraren !a polémica de si las reformas estimularon el crct-ímiento o fue al revés. En realidad se trata de una polémica estéril, dado que tanto las reformas como el crecimiento se extendieron durante un período tc:mporal baMantc prolongado, lo que antes que de causalidades nos obligaría a hablar de 10teraccíones pcmianentes.

1. la economía El siglo xvm hispanoamericano suele presentarse como un período de crecj, miento económico, espoleado por la Revo!ncíón industrial y las 1ramforma,


ciones ,1grnrias y merumiiles vim:1iladas a la misma que se vivían en Europa. Sin ernhmgo, el crecnniento económico no af'ectó a toda l,1 región simultá" neamcnle, ya guc g,'.11eró claras desigrnüdadtcs reg10nales y sociales. Los histmiarlorcs colonial is tas insisten en q11,1 la p10d11cción y la ac1 ivid,1d económica se inc1ementarnn en lV!éx1co y en algnnas zonas perifhicas del Imperio como Vcuauda y el Río de la Pbta. Por su pm te, y su1 llegar al estancamiento, el fonórnc110 füc algo más lento en d Peri1 AHi donde se reactivó la actí.vidad económica fue tras una prniongada sil11ació11 de parálisis que afectó a las colonias españolas dmante buenZI parte del siglo xvu. A grandes lineas Y con las difrrenclas rc¡;,:ionales del c,1s0, h fa.se reccs1v11 se puede situar entre 1620• JG3ü y J 710-17 Porlo general, se ha tendido a considerar que la reactiva,.:i'ón se produjo e11 la segunda mitad del siglo xvm, colnci<liendo c011 las reformas borbónicas mfrs importantes, como la creació11 de bs inte11dc:ncia.s o ei establec1rniento de! «Reglamento de comet·cio libre)), sc11wionado en l 778. Si11 embargo, recientemente se ha m:;1stido en q11e el mayor irnpnlso al crecimiento tuvo lugcn· en la pnmeia mitad dd .siglo y no en la segunda. A prinnpios del siglo XVII! cambió lu tendencia económica de la Arnéri-ca espaíl.Ola gLacias a la rccnpcración de la rn111ería de plata al!opernana y novúhisnana, al comportamientu <le \z¡ µroduccíón ag1ícola y marn1factmera y al \les'cmpeño del rornerrlo (transa!lántico, ]ocal e intcrregiona!). En Brasil también se dio mlil expansión sin prcced..;n!GS eu las expon,:¡cioncs \k uro. Las automfades encargadas d,: las rd"mnw.s. de modernizm el aparnto administrativo m<liuno, produjeron una docurn\Cntación rnús precisa que b de sus antecesores, y que se presta más a interprdaciones cuantitctti vas. En este sentido, vemos quJ..: nna de las consecuencias ilc ic1s visltas dé Gálvez a Nueva Espailc1 y de A1cchc al Perú es que Jas cstadísticc1.s colornales ganaron en seriedc1d y precisión. . Es i mpurrante sella lar que en esta época el creC1111iento e~;onórn1co no fue exclusivo del mundu arnencano. Ln Europa se atravesaba unc1 coyuntura alcista v los inicios de la industrializnciún reperc11tían directamente sobrn los merc;dos coloniales, que se constituyeron en una vía ad,:eaada parn la absort.;ion de los cxcc\kn1es metropolitanos. a tal pnnto que [ngiatena multiplicó por diez el comerc10 con HlS col ornas entre principios del siglo xvm y l 774. Emopa también mcremcntó h1 demanda de metales precirnos, lo que incidió directarncnk sobre la producción rnlnera americana. Este proceso condujo a tnrnsforrnacwnes en h1s pautas Je prnLlt(cc1ón y consumo ele las manufacturas cmupcas, además de plantec1r nncvm; demandas de materias primas en los mercados de Europc1 que incidienrn en la prod1lcció11 colornal Gradnalmente, la minería <le plata dejo de ser la producción dominante en los \klS grandes csp<1cios colouiaks y comenzó a ser dc:splazuda por otros productos de origen agrírnla o gana<lew. 1\how bien, en contrn de lo que se suele decir, hasta finales del siglo xv1u el me1c,1do rnterno file complcinentarlo y no contradictorio co11 la rnserción <le fa economi,1 americ,ma en los mercados rnterr1acionc1les. Como no podía ser <le: otra manera, las tr:msformac1ones inslltucionales in-

io.

tentaron ine1dir sobre c1lgunos de los pilare,; de la dornnrnción colonial, comu e! monopolw cmJc1lu;_,, annque no todc1s t11vieron los mismos tTsullados. En lo referente al monupolio, pnmero se cambió la cabecera del sistema de flotas, que en 1717 pasó <le: Sevilla a Cá<lil, y posteriormente foe derrot::i.do µorla ofensiva com<:rcial <le las potencias rivales, vinculc1das al desarrollo capíta-• lista y la mdustrialización. A pesar de que la plata dominó las exportaciones hasta después de b independencia, e inclusive en algmws países durante más tlernpo, el incremento de la demanda europea llevó a que el siskrn,1 colonial en su conjunto de¡arn de ser 1nonoexpo1 tador y se onentara a una nrnyor especialización regio.na!, especialmente en el Caribe y en las áreas tropicales y s,1btropieales. Los cambios regionales en todo el Imperio fueron más que perceptibles y mudificaron la organización del espacio, ll1 ocup,1ción del territorio y lrnsta ic1 fi.sono• mía del paisaje. Inclusive la minería \k metales preciosos füe perdiendo su füa.;rza cohesi onc1dora en los espacios col011 ía!es, (kbilitando con el to la divísi6n regional del lnibajo. Cuando se habla de la frnclma del imperio y del sur-• gimientu de las nuevas naciones no habría que perder de YJSta la creciente es~ pecin.lizac1ón reglonal del siglo ;,;vrn y e! desarrollo de las 1'ntende11eias. Los cambios rnercantiks fueron favorecidos por la atlantización de Occidente, un proceso impulsado por la mc,iorn en las técnicas de navegación a vela y los c1vancc.s tecnológicos en la construcción de navíos. De esk rnoJu, lus <li,,:[an• cias et1trc América y Europa medidas en dbs de navegación se redujeron y, de forma consecuente, bajaron los fletes. El acercamiento entre Europa y América se vio poteneic1do por la apertura de la ruta del cabo de Hornos a pnncípios del siglo xvm, que facilitó a los comercmntes cmopcos acceder a los mercados del Pacifico español. Un siglo más ü1rde, esta rnta sería chive en la rnnrnnicación de ambas costas de Estados U11idos. En el siglo xvm México se convirtió en la principal colonia del Imperio gracias al crecumento de la minería y fl la recuperación demográfica Después <le la Revolución francesa, Cuba ocupaiía 1m Jugar destacc1.do al wnvertirse en uno de los principales productores nrnndialcs de azúcar. Según las fuentes fiscales, las dos terceras partes de las rentas coloniales de España provenían de México. La fo1 taleza y vítalldad de su economía se observan igtialmente en el volumen y el ritmo de su crecimiento demogrúfico, en la riqueza <le sns clases dirigentes y en el capital disponible por los grandes comerciantes mwuhispanos para empremler nuevos e importantes negocios tanto dentro como fnera de México. El desanollo de los yacimientos mineros del norte de la Nueva España fue nno de los motores del crecimiento económico mexicano, y estuvo ::icornpafü1do por el crecimiento agrarlo en regiones corno G11anajua10, GnadalnJarn y Valladolid. Pero este ct-ecimiento fue parnlelo al estanu1miento de amplias zonas del centro y snr de México. E! caso del Bajío mexicano, estudiado por Dc1víd Brading, es uno de los más significativos. mientras Guanajuato era su principal centro argentífeto, en Querétaro se elabornban textiles de lana y en San Miguel el Grande, Celaya y Salamanca se


dcsarrollahan otras 11rnn11fm:lurns te.xtiles. Fl crecimiento demogr<lfico de !a región fue mayor que en el resto d<e jy·kxi,:o. pasa11do de l 56.140 habitGntes rn 1742 a casi 4Uü.0U0 a fim:s del siglo. Pese a la importancia del knitono me.xicano, algunas posesiones de! Can be como Cuba, Jestacaimi por su ritmo ck ch:cirniento. Con cierto retraso fren~c a J::¡_ 5 islas de Francia, Inglaterra y Holanda, las Antillas españolas alteraron la producción tradicional colonial basada en la gam1daía extensiva, y apostaron pm !a agricultura tropical de planlación ex_plotc1da con mano de obra esclava. Cuba y Puerto Rico encahezmon el cambio, centrado en la producción del tabnco v, fundamentalmente, del azúcar. En Nueva Gnrnada, dependiente de las cxPortaciones de oro y de los contactos con la ec?nomí~ británica a través de Jamaica, destacaba Venezuela, donde la oligarqma de Caracas se orientaba al mercado mundial con sus exportaciones de cacao. Ve• nezuela tenía la mitad de la población de Nucvn Granada, pero su potencial económico era mayor y sus exportaciones dohlahan a las rle sus veci?os. Algunas reo-iones tendieron a modificarse por razones econom1cas y otras por cuesti:mes administrativas vinculadas a la labor reformista de los Borbones y al desarrollo del despotismo ilustrado. El vmcmat.o perunno experimentó en carne propia la acción transformadora del reformismo, ya_qu·e·a Jo largo del siglo su territorio sufrió múltiples escisione~ y del tronco pr¡m1t1vo se separaron los vu-rein;üos de Nueva Granada y el R10 de la Plata. Sm cm•• hargo, la pnesta en explotación de los ricos yacimient~s del Cerro de Paseo permitió qne la producción de plata perun_na se 11;antuv1cra. De este modo, la coyuntura !ocal acompafi6, a11nq11c a un ntmo mas modesto, la tendencia generalizada al crecimiento presente en las restantes colonias.

1.1. La población A Jo largo del siglo xvm la población acompañó a la economía en sn crecimiento. Este hecho implicaba el inicio de la recuperación después de la conquista, si bien el movimiento demográfico debe inscribirse enlma f~s~ mayor, de larga duración, entre el segundo tercio del siglo xvn y el pnnci?10 del siglo xx. Entre 1750 y 1800, América Central y América del Sur cr~c'.cro_na 1ma tasapromedm anual del 0,8%, annque dentro del modelo Ue?1o~raf1~0.¡radicional. No hubo cambios estrncturalcs profundos y la poblacion sigmo siendo golpeada por las enfermedades y epidemias, las contingencias c!i_máticas Y el resnltado de las co~echas. A fines del período cokmial la poblac1on del Imperio se es,imaba en 13 millones de personas, casi la mi_tad en Méx!co. Tra~ catástrofe demográfica de la congnista la población 111digena tend10 a e~ta~ihzarse, y a mediados del siglo XV!ll tuvo lugar una primera etapa de crecurn~?to, extendida hasta principios del siglo x1x. Durante el siglo xv:n la poblacion signió siendo mayoritariamente indígena, con un alto r,nrcentaJe de bl~n~os Y negros, pero también mulatos y mestizos, dados los mnltiples cruces etrucos.

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En México. b pubiación pasó de 3 _i.16 {J()(J p,.irsonas en 17s!2 a 6 122.000 en 181 O, (le !o,: cuak., u11 60% ci:1 indígena y un 22%, mestizos y m11btos. [ _(JS cspmloles, wnto peninsulares como nmcnumos, p;isaron del ] ! ?,;, en J 74~ al 18% e11 18 !0 Las diferencias rcgionnles scgni::1.11 siendo apr,~ciahles. En los terrilorios dd sur, dotados de la mayor población indígena antes de b conquista, se mantenía el predominio mdio, mkntras qne la presencia de los blancos era más importante en territorios relativamente despoblarlos del norte. En América Central hahía 1.500.000 habitantes, mfts de la mitad indios, menos del 20% blancos y el resto mestizos, negros y mulatos. En J792 había en el Perú algo más de 1111 millón de personas. casi nn 56% indios, un 23% mestizos, un 7% negros y un 14% blancos. A difrrencia de lo ocmrido en Nueva España, In caída indígena se prolongó hasta mediados del siglo xv111. Si para 1620 N. D. Cook estimaba la poblnción indígena en casi 600.ooo personas, el censo de 1754 registraba algo m{is de 400.000 indioc;, lo qne snponfa la pérdida de casi un tercio de los habitai1tes_ Según otros datos, parecería que en vez de estai frentc a una reducción de la pohlaciún cstuvié:;cmos frente a un despbzamicnln étnico registrado por un crecimiento en el número de mestizos, a pcs8r (k qne en la llamada «mancha india)) (el sur de Pení y el altiplano altopernano) la población nativa ~cguí8 ~iendo m0yoritaria. El crecimiento urbano no ;:ó]o permite medü b recuperación dcmogriifi. ca general, sino también constatar la mayor vitalicléid del crecimiento económico mexícano frente al Perú. Lns ciudades más grandes e importantes comenzaron a crecer desde el comienzo del siglo xvm, un movimiento que prácticamente no se detuvo hasta la emancipación, por razones estrictamente demogr{1ficas como el crecimiento vegetativo de la población urbann, el incremento de la población mestiza, la recuperación de los indígenas y el aumento de la inmigración blanca y de la trata negrera, a lo que hay que sumar las motivaciones económicas vincuiadas al crecimiento de los mercados. México era la mayor cíudad nmericana y a fines del siglo xvm contaba con 130.000 habitantes, seguida por La Habana, que en 1825 alcanzaría esa cifra. Luna apenas tenía poco mús de 50.000 habitantes y Bm:nos Aires y Caracas estaban a punto de alcanzarlos. Potosí conoció un fenómeno inverso, ya que su despoblación acompañó !a caída <le la producción minera, pasando de 150.000 habilnntcs en el momento de mayor esplendor a 22.000 en l 799. El componente blanco era escaso en el con,¡unto de la población de la América española desde la conquista. El aporternrgratorio peninsulm fue bajo yla ten<lenéia continuó d1.1rnnte todo el siglo xvm. A principios del x1x los es~ pañoles y residentes en América no llegaban a 200.000 y el resto de la pobla~ ci?n blanca era de origen criollo. A dikrcncia del siglo xvi, la región cantábnca mvo un claro protagonismo. Galícia, Astunas_ Santander, País Vasco v Navarra fueron las provincias que mús inmigrantes abortaron, y Íos miginario·s de las dos últimas conformaron un sector mny dinámico de la sociedad cohn!al,j1mto a cnt2lancs y canarios. En poco tiempo los vascos escalaron posi• cwncs en algunas olígarquías regionales, como lo prneba el cnso chileno.


Lo. trnta tambifo se intensificó en el siglo xvm, especialmente e11 las~~, gunda mitad. El descubnmient,, de oro en Brasil aumentó ]a demanda de esclavos negros, y entic 1701 y 1760 cntrnron en los puertos brasileños casi llll mi!ló11 de africanos. E:11 la América española !a import,ición de esclavos fue menos rntcnsa que en BrnsiL aunque en las llhimas décadas del siglo la demanda de ]ac; plantaciones del Can be propició un notahle anmento. Pese a los asientos firmados con franceses e mgleses, b trata 110 creció de forma signifí. cativa, y entre 1701 y 1760 las colonias españolas sólo adquiríerou 18 l.000 esdav~~- En la ~egunda °:ilaJ del siglo X vm se mtemó que los súbditos y compamas esp~nolcs se hicieran cargo de la trnta, lo yuc evitaría el drenaje de metales prcciosmi al extranjero, y para ello se decidió la exeució11 de alo-u. nos 1m¡.mesrns y la concesión de estímulos y pnvilegios. En 1789 se autorizó el libre comercio de esclavos con Cuba, Santo Domingo, Puetio Rico y Venezuela, una franquicia ampliada pos1eriorme11(c a otrns reg10nes. La expansión awcarera cubana reqmrió de un grnn número de esclavos, que pasaron del 43,8% en 1T/4 al 55% en ! 8 ! 7, cuando la población pasó de 170.000 habitantes a 570.000. .

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1.2. La agricultura La cuestión que se plantea en es/e punto es si el crecimiento demográfico del siglo xvrn generó llfl 1110vimiento similar en la Jgricultura o si fue-la producción agrana la que tiró de la variable demográfica. Todo parece indiem q11e el crecimiento delllográfico üivoreció un incremento de la demanda, no sólo alimcntici,1, y afectó la tenencia y explotacióll de la tiena . .f ,a evol1ición de ]os diezmos edesiás1 icos confirma esta tendencia, a11nque es 1111a fuenk con muchas !irnitucinncs, ya que no sólo refleja el vol 11men producido, sino tamhién los precios de las mercancías. Entrn 1770 y 1790 /vléxico conoció un crecimiento cspect-1eular en ta recaudación de los diezmos, al igual que Chile y Paraguay, aimqne la falta de estudios sistemáticos sobre aqudlos impide de .. termmar sí el crecimiento en la recaudación st: debió a! mcremento de la prn•• dncción agrícola o a !a mayor presión y efectJvidad recaudadora El incremento d<':: b demanda urbana, consec11e11cia de! crecimiento de las ciudades, afectó a la producción lk alimentos, como ocurrió con la producción de tngo del Valle Ceutral de Chile, orientada a satisfacer las necesidades peruanas. La demanda de Lima y oiras ciudades del virreinato creció después del terremoto de 1687 que asoló los cultivos de cereal de la costa neruana. Con el tiempo se consolidó el tráfico entre Chile y Perú, que pasó d~ 728 toneladas exportadas en 1694 a 5 525 en 1734 y 9.328 en l 75 J. Desde eutouces las cifras comenzaron a bajar, aunque e1i 1776 se exportaron 6.579 touelndcJs de trigo. La demanda urbana y minera afectó a otros centros ccrcaleros. como Cochabamba en el Alto Perú o Los Altos y el Bajío en e! norte de :tvÍ0xico. Para garantizar el abasio a kts ciudades, en los centros urbanos rniis importan-

comenzaron a construirse silos y alhóndigas, que también eran un freno ante las fue1 tes oscilac\oncs de precios, dependientes de las cosechas. Las exporlaciones seguían dominadas por b rninei ía, pese a la emergencia de algunos productos destacados. Si ex.cl1limos los metates preciosos, las principaks merumcias o:.portadas eran producros tintóreos, azúcar, cueros, tabaco y caeao_ Ent1e 1717 y 1738 las exportaciones de tabaco suponían el 40% de las ventas no mmeras y las de cacao ca~1 el 30%. El azúcar exportado a Europa se producía básicamente en las Antillas no españolas, y en 111e11orincdida en Bra;:; il. La gran exprn1sión de !a agricultura cai'lern rnba11a comenzó después de la crisis d\ó Haití. E! boom del cacao veuezolauo coincidió con el dominio de la monopolista Cou1pañía Guipu:t.coana de Carneas, q1ie desde su creación en 1723 se impuso de frmua grad11al a los cosecheros venezolanos. Entre 1740 y 1749, la Compañía exportó algo más de 170.000 fanegas de cacao, mientras ]os comerciantes locales vendieron en México, Cunarías y las Antillas 258.324 fanegas A mediados de siglo !u Compañb ya se había consolidado en la región, lu que le pcrn1ítió aumentar sus cxporlacio11cs y supe1m a los comerciante~ rndependi,:ntes, Ent1·c 17 50-1764 su~ ventas excedieron el medio millón de fanegas, frente a las 375.000 de los comcrc:iun1es. El azúca1· fue el primer producto del Canbc que originó un tráfico transatlántico de cierta consideración. Los españoles la habían llevado a las Antillas y desde allí se expandió por las tierras bajas de México, especialme11te en Morelo~, Verncruz y Michoacán, donde t11vo un éxito relativamente importante. Postcriorrnen,te su cultivo se exteudió por !a \.ostzi norte del Pe1ú, perrnitiernlo el desanollo de la agnc11ltun1 de regadío. En México, Perú y otras áreas continentales, la produccióu azucarera se onentaba a la demanda !ocal y regional, exportándose sólo una pequeña parte. A mediados del siglo xvm, ln,,latcrra v Frnucia controlaban más dd 80% del totctl mundial de las exporia;ione~ d; ,izúcm El mayor exportador mundial de azúcar y café era la colonia franecsa de Samt Domingnso (la actual Haití}, mientras las colonias inglesas de Jamaica. Sam! Kitts, A1itigna, Granada y Barbados, conocidas como !asSugar l,/a11ils, ex.ponaban al mercado británico y parte del europeo. !-lasta ! 760 las eolonias españolas de la región, especialmente Cuba y Puerto Rico, cipe1ias habíau expona(lo sus productos, manteniéndose prácticamente al margen dt la economía esclavista de planlació11. En esa década se produjo la ocupactói1 británica de J,a llabaw-1. y Je oiras posesiones cubanas, lo que se convirtió en un estimulo importante parn la oligarquía local, base de la famosa sacarociacia. Entre 1760 v 1790 hubo un knto pero constante crecimiento del sector exportador de Ó1ba y Puerto Rico, y a fines <le siglo se produjo la gran expallSión uzu¡;¡uer:i, cicompañada del café y el tabaco. Cuba pasó de exportar sólo el 2,6% del totnl mundial eu 1760, OCllpando el irn<lécimo \¡¡gar entre los exportadores, 21! 7,84'.l/o en 1792, snbiendo al tercer puesto, detrás de Jamaica v BrasiL P11erto Rico siguió 1111 camino similar, aunque su importancia fne rmi11or. La~ exportaciones cubanas crecieron a ritmos insospechados. De

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1111 promcd10 anual lk -LSO.UOO anubas ernrc J 764-1760, ~'ll el qninquc:rno tk !786-1790 se pasó al 100.000 arrobas, y en 1805 s,: alcanzaron Iris 2.500.000 arrobas. El azúcar cubano se exportaba 1efirn1do, a difc1c:ncia de las restantes exporlacioncs antillanas <le uzúcar crrnla, refinach1 en Euro¡n. 1.a independencia de !as Trece Colonias abnó las puertas del nwrcado norteamericano al azúcar cub@o, tras fa rnptura con las colonias del Cmihe (!lle seguían fieles al Impeno británico, y si bien !as relaciones comerciales y po~ líticas con fng!aterra, la antigua metrópoli, se restablecierou en poco tiempo, no por ello se trnló de una cuestión coyuntnral, ya que los lazos comerciales entre C11ba y Estados Unidos siguieron siendo importantes. El despegne cubano fue favorecido por la mdependencia de Haití y la rcvoln" ción de sus esclavos, que con sus ataques a los plantadores franceses disloca . ron la actividad económica de la colonia.

1.3. La mineria la minería amcncana de metales preciosos alcanzó en el siglo XVlll cotas que nunca antes había tenido ni tendría jamás. En ese entonces, la producción de plata suponía el 90% ele! totnl mundial y el oro el 85%i. El avance de la minerin <le metales preciosos se apoyó en la producción de los yacimientos ar .. gentiferos del norte de México y en el gran impulso del oro brasileño, especialmente en los primeros sesenta años del siglo xvm. En lo que a la minería de plata se refiere, hubo una pérdida relativa de la producción del Alto Perú, sobre todo de Potosí, desplazada claramente por la novohispana, pese a que durante los siglos xvr y xvn ta prodncción altopernana hubiera sido la {lomi" nante. Entxe 1700 y 1770 se cuadruplicó la plata acuñada en l'viéxico, que pasó de ser entre el 15 y el 20%1 dd total americano en el siglo xv1 al 60% en el último tercio del xvm. En la misma época, el rendimiento medio de los yacimientos potosinos apenas alcanzaba e! 25-40% del novohispano. La minería potosina perduró pm la pervivencia de la mita, que alcanzó por entonces sus niveles máximos de explotación. Cuando en 1776 se creó el vine imito del Río de la Plata, con el Ali o Perú en su_¡misdicción, Potosi era la sombra de Jo qne había sido en el pasado. Su población se había contrníclo en casi nn 80%, y debido a !a bajarentabiEd:id y la falta de inversiones, la plata comenzó a extraerse de los vertede1os en vez de las galerías excavadas en d interior de la montaifo_ La separación de Potosí de la Jurisdicción limeña hízo caer la producción oficial de plata peruana m1 60%. Sin embargo, sí seguimos mirando a! conJtmlo de la minería andina, se observan dos períodos bien diferenciados en el siglo xvm, separados por la mitad de la centuria. En !a primera etapa la tendencia fue alcista y con el pL·edominio de! Alto Perú frente al Bajo Perú, no sólo Potosí sino también Ornro. Esta situación comenzó a variar hacia 1780, coincidiendo con el auge de los yacimientos del Cerro ele Paseo.

La rccupc1acit'1n de b prod11cc1ún argcnlíl(:rn di: la Nueva España fue pre .. ,.,-¡ 8 a la del P,;rú. Según el testimonio ck Fausto de Ellrnyar, un técnico envía .. do por la Cornna para moder1111.ar la minerfr1 mexicana a filies del period,o lonia!, ,:n ! 706 la acullacíón de la Casa de la I\,1oncda de la Cm dad de Mex1co recuperó el nivel dt 1632, e~tunado en más de 5 millones de pesos. l lurnnte todc1 el siglo, y hasta 1810, las cifras mexicanas de acuñación d_e oro y plat_a muestran unil tendrncia alcista. En Nueva España, la rntrnducción de med1da,s modernizadoras incrementó la producción y mejoró las cifras de acufia .. ción. Enfrc 1772 y 1804 ésta aumentó a razón del 1,09% anual. Esta doble tendencia signifi¿ó un considerable incremento de la exportación de circulante hacia la Península. A fines del siglo xvm, la minería mexicana había alcanzado un grado de co11cenirac1ón bastante apreciable que incidía en la organización <le la activi" dad productiva. Las minas más importantes, qne daban trabajo a más de mil personas, requerían inversiones de capital que solian superar el millón de pesos. Por c1 contrario, en e! Perú la minería se organizaba a pequeña escala, siendo muy pocos los mineros qnc explotab,m mús de dos pozos. En ! 790, sobre 706 mineros registrados, 28 explotaban tres pozos y 26 cuatro. A lo la1go del siglo xvrn, y a diferencia de períodos anteriores, aumentó el atraso tecnológico de la rni11el'Ía americana en comparación con la europea; Entonces comenzó a utífo:arsc la pólvora a gran escala, y aunque su uso esta probado desde 1730, sólo lllcanzaría una dimensión consirlerable il finales de siglo. El desagüe de las minas era tmproblema de gran envergadura y en la segunda década del XIX se introdujeron algunos avances tecnológicos imp01iantes. En los yacimientos del Cerro de Paseo se comenzaron a usar bombas de vapor inglesas para drenar las galerías, aunque con resultados limí lados. A medirla que se explotaban galerías más profundas, m1mentahan los costos de las obras de desagüe y se incrementaba ladcmandn de mano de obra mmcra. Los Bor .. bones mostraron nna gran preocupación por mejorar las técnicas de extracción y beneficio de la plata en los yacimientos americanos, y por eso intentaron desarrollar el método de amalgamación empleado en el Imperio austro-húngaro, mucho más rápido y de menor consumo de mercurio. Se desplaz6 una misión metalúrgica al mando de Fausto de Elhuyar, que entre ot:os resultados permitió e! envío de técnicos mineros a Nueva Granada, Chde, Nneva España y Pen'1. Aunque e1 principal objetivo de los tixpertos cm modernizar el beneficio del metal, también se esperaba introducir algunas técnicas europeas en la explotación de las minas y la.extrncción del mineral. Pese a los esfuerzos de los expertos, la resistencia de los rnrneros a ser más controlados impidió que el nuevo método de amalgamación se impusiese en !as colonias. Uno de los objetivos de las reformas borbónicas en la minería, similar al de las restanks áreas económicas, fue incrementar los ingresos de la Real Hacienda a través de la presión fiscal y la eficiencia dd sector. Para ello dehían mejorar las condiciones del ciclo prod11ctivo, especialmente en la dependen-

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cia ck los mineros con el capital come1cial, que adelantaba parte <le !as mvcr. siones de! sectm. A medw.dos del siglo XV!\\ comenzaron a prnbarse algunas reformas técnicas en Potosi, con la mtención de me_iorai el proceso de arna]. gamación y aumentar la productividad en el refinado <le! metal. La Compa. ñia de Azogueros de Potosí, hmdada en 1746, permitió a los mineros recibir un 7% más por cada marco de plata producido. Otras medidas afretaron a la mita. En la primera mitad del siglo XVlll, el número de mitayos que ClLmp!ian sus obligac1ones en el Cerro Rico había descendido constantemente. Si en 1692 había 4. 145 mitayos, éstos pasaron a 3.199 en 1736, 2.817 en ¡ 740 y 2.919 en 1754, por eso se buscó aumentar el número <le trabajadores en !as minas potosinas. Las reforma., también bnscarnn financiar la producción miHcra, creando bancos de avío y res.cate para prestar dinero a los mineros abajos tipos de mterés. En Nueva España, los bancos de resca!e surgierou en fa última década del siglo y tenían que comprar las piñas de pla1a a mayor precio del que; pagaban los comerciantes a los mineros. Los bancos de rescate podían vernier azogue en ptqlld'rns cantidades, ya que la mayoría de los mineros ca1ecía del capital snficiente para comprarlo dircctamenk en las delega<.::iones de la Rea! Hacienda. La venta de azogue era un mecanismo más de los comer~ ciantes para incrementar su conirol sobre los productores al presta1 les dinero para adquirir el mercnrio. José de Gá!vez fl1e el principal impulsor de las reformas en la 1nincria v la creación del gremio minero füe uno de sus mayores logros. En 1774 algn;os rn in eros mexicanos propusieron crem un gremio cuyo cometido fuese la difusión de la industna y la creación ck un colegio técnico. El gremio estaría encabezado por \111 tribwwl minero asentado en la capital con Jclc!rnciones o diplllaciones en los yacimienlo~ más importantes y entr¡ sus principales fünciontcs estaría facilitar p1és!atnDS a los mineros y financiar a los bancos locales derescntc, a fin de liberar a los mineros de menores recmsos de los préstamos adelantados por los comen:iai1tes o aviadores. En l 785 la Corona decidió ap!icar en los virreinatos del Pe!11 y el Rio de la Plata las ordenaO?.as mineras de la Nueva España, disponiendo la creación de un tribunal de mmería en Potosí, aunque el proyecto no llegó a aprobarse. De acuerdo con las ordenanzas, todos los mineros debían incorpornr~e al gremio de sn virreinato. Para financiar a los tribunales, colegios técnicos y bancos de rescate se di~puso cobrar a los rninerns un real por cada marco de plata reg1strado en !as dependencias del::! Rea! Hacienda.

2. Las reformas borbónic~s El cambio <le dinastía protagonizado por los Bo1bones desde el principio del siglo xvrn repercutió decididamente en el funcionamiento del 1inperio. Una vez consolidado el gobierno de .Felipe V, tras la Guerra de sucesión que opuso a sus partidarios con los seguidores del archiduque Carlos, comenzaron a de-

sarrollarse nna sene de reformas cuyos objetivos ernn rncrementar la 1ecm1 .. dacil'in fiscal, reforzar los idzos de dominación entre la metrópoli y sus colonias e introducir nuevos y más eficiente~ criterios de gobernab11idad en las poses10nes coloniales de modo de poder contar con una bnrocracia y un ejército eficie11tes que pe1mitiera a España mantenerse entre !as principales pü·· tencias, Esto s1gnif1ca que una parte de la modermzación española debía financiarse con recmsos americanos. Por eso, las reformas ensayadas por los Hmbones deben verse en el marco más general de la modernización de la monarquía, pero también desde la perspectiva del colonialismo de la época. Resulta común situar las reformas borbómcas en la segunda nulad del siglo xvrn, asociadas a la figura de Carlos lll, el rey ilustrado, al que se presenta corno el mayor impulsor del programa reformista. Sin embargo, !as reformas, con programa o siu él, se realizaron durnn!e loda la centuria. En realidad, algunas de las t1ausfonnaciones de maym profundidad y calado, especialmente )as que tuvieron grandes repercusiones en la vida colomal, se produjeron en !a primt:ra mitad del siglo y no C\l la segunda. De forma rect1rrente los histonadores se suelen preguntar si las reformas tnvieron éx.i1o al ser aplicadas, si lograron mejorar el fnncionam!e11to del sistema colonial, si reforzaron el poder real y si se cumplieron la mayor parte de los objetivos propuestos, cuestiones que lratuemos de aclarar en las próximas páginas Las reformas foeron un con¡unto de med1das administra\ ivas centradas en la economía v la admmistració~ pública, aun(p1<0 sin ninguna tentación de in-ci<lir en lo so~iaL Las reforma:, eéonómicas nleclaron a la minería, la agricultma (se propuso fomentar algums especies corno el cáñamo), d comercio colonial, la Real Hacienda y la fücalidad. Las reforrnc1s en le! adminislrnción buscaron aumentar la eficacia de los gestores y simplificar la lahor de las distintas aut0ndadcs, cuya gestión solía superponerse. De ese modo se creuron nuevos virreinatos, se introdujeron las rntendencias y las superintendencias, y se intentó acabar con lo:, con~gim1entos y los abusos de !os corregidores. Un objetivo de lus reformas, vinculado al crecimiento cconónuco americano <le la prirneia mitad del siglo xvm, era r<eplantear el funcwnarn1ento del lmperio, de acuerdo con las teorías en boga en la E11ropíl de la época. Así, las colonias debían dejar de proveer únicamente rneialcs preciosos para convertirse en aha:,teccdo~as de otras materias primas, al niientos e insmnos a la metrópoli, a la vez que potenciales mercados consumi<lores de las manufacturas me-tropolitanas. España intentaba recorrer los pasos de 11na mcip1e11te indus1.rialización, como prueba el impnl5o dado a las manufacturas reales. Sin embargo, el débil estado de las mannfactmas peninsulares impidió, salvo algnnas cxcepciontcs como los textiles calalane~, que d sueño mo<lernizador se hiciera realidad. El objetivo más importante de tas reformas era el fiscal. Se buscaba, por todos los medios al akance de la administración, mcrementar el potencial re•• caudatorio de la Real Hacienda, acicareada por las demandas constantes de la Corona, de modo que entre mediados y finales del siglo xvm el aumento <le


la pres i011 1·1scal, b ni,:¡or gcsl 11'm de [;1 rcc<ll 1dac'.1Ón y lln rrnyor control c1dmirnstnli vo tnp!1c:aron las rcntri.s pt'il,licas En :v1éx1co, los i:1gresos tnbutMios pasaron de :;cis a drccíocho mdloncs ([e JKSOS. U ;mmc:nto en lJ rcu1uJacit'm no sólo pc:nrn(1ó me¡c,rnr la gestión de la burocrncia cok,nial, dotándola fk maymes recursos, Sl!lO también rncremenlar las remes00s que la Real Hacienda transfería a la metrópoli. El aumento <le la pt·csión tributari::i provocó el estallido de algunas proteslas de claro contenido antifisca!, erróneamente ct.~oci~?as por algunos historiadmes a movimientos precursores de la eman~ c1pac10n. El objetivo militar de las reformas buscaba mejorar !a defCnsa del Imperio anle las (:ontinuas agresiones de las potencias europec1s rivales en los territorios americanos. Había una rnestión an.adida, ya que u lo largo del siglo xvm las guerras cnrrc las potencias em0peas tenfon en América ntrn frente de h1cha. De e:-te modo, los ingleses y rusos se tornaban cada vez más peligrosos en las costas pacíficas de América del Norte, amenazando las Californias. Ingleses y frnncescs rtcdohlaban la tensión desd<e sus colonias en la costa atlánticanorteamcncana y el Caribe. Desde 00llí, los gcilosJunto a holandeses. sueco'.> y dm1eses intentaban pendrar en el núcleo del Imperio español. Las mayores necesidades defensivas dieron h1gar a un completo programa de construcciones, al reforzamiento de las fuerzas armadas imperiales y de las rrnlicias locales y a 1n potenciación de las Capitanfos Generales, orga nizacio~ nes administrativas de contenido militar. Según apunta David Brnding, en 1771 había e11 las colonias españolas 43.000 soldados reales, desigualmente distribuidos. Las mayores guarniciones estaban en los puntos mús vulnerables, como La Habana o Carneas, mientras que los mejor protegidos debían valerse con propias fuerza~. Ln creación de la Comandancia Genera) de las Provincias Internas, en el norte de México, debía frenar la penetración britá-nica en lm territorios propios_

2.1. Las reformas administrativas. Las intendencias El estudio de las reforrnas administrativas distingue las que afectaron a lo.sorganismos metropolitanos de los responsa.bles de la gestión colonial sobre el terreno, y en 1o<los los casos se ve !a mfluencia ele la mlmmistración francesa el modelo a seg11ir. Esto se observa tanto en las Secretarias dt~ Estado com~ en las Intendencias. Los cambios constanks en el sistema administrativo que se intentó implementar reflejan los conflictos en la corte en relación con el mundo colonial y la falta de un proyecto claro parn gobernar el Imperio. De ahí las 1ensiones entre !os distintos grupos de poder con intereses en América que se movían en torno al gobierno. En 1714 se crearon las Secretnrias de Es~ lado, Marina, Guerra, Hacienda, Gracia y Justicia, cuyo ámbito de intcrvcncióD era sectori:::d, con independencia del lugar del Jrnpeno afectado. El cambio supuso una modificación radical re,~pecto al Consejo de Indias, que tenia

la e:xclusiv1(bd de lo concnn1cnte ;11 rnun<lo colouwL Se cstiprdó inicialmente que los asuntos amencauo~ fueran <1kndidos por [a Scccretarü1 de Marnw y que el Cons,:Jo de Indias quc<lara relegado como uu (Írgm)() cons111tivn, lo q11<: provocó serías resistencias entr¡; los miembro~ (kl Consejo y quienes de mm u otra manera dependían de éL En J754, Fe1nando VI separó la Secretaria de Indias de la de lv1arina. al querer nn orgamsmo especial izado para atender los asuntos coloniales, y en 1787, Carlos ll [ creó dos Sc:crctarías de Despacho de Indias, 1ma para los asuntos eclesiásticos y de gracia y justicia y la otra competente en lo rdacionado con guerra, hacienda, comercio y navegación_ Sin embargo, en 1790, Carlos IV suprimió las dos Secretarías <le Indias y volvió al sistema francés de cinco secretarías, atendiendo cada una de ellas los problemas americanos relacionados con su ramo. En América, el movimiento reformista experimentó m1 gran impulso a partir de la visita general (inspección) de José de Gálvcz ni virreinato de la Nueva España. Sus informes mostraron las resistencias que enfrentaban las reformas y el f-tmcionamiento de una administración colonial lastrada pnr la burocracia y la corrupción. Gálvez fue una figura clnve del programa reformista de Carlos llJ en las colonias, y supo transmitir su imprnnta personal a su tarea reformadora. En 1765 fue nombrado visitador general para Nueva España y debió implementar las reformas aprobadas en la metrópoli, al tiempo que debió enfrentar las reacciones provocadas por la expulsión de los jesuitas. Sus medidas fiscales mcrernentaron la recaudación con la creación <lel estanco del tabaco y los cambios en el sistema de adnanas y el cobro de las alcabalas. También reorganizó el ejército y sustituyó las milicias urbanas por un cuerpo regular. Frenó la expansión rusa en el Pacífico e impulsó la colonización de California. En 1767 fue nombrado ministro del Consejo de Indias y en 1775 secretario de Estado de Indias, desde donde signió avanzando en la políti¡;a reformista, con la inl.rod11cció11 del sistema de intendencias, que implicaba una profunda trnusfomwción administrativa, la creación del virreina to del Río de la Plata, la organización de la Comandancia General de las Pro•• vmeias del Norte, en el virreinato de México y el impulso al decreto de Comercio Libre de 1778. En 1772 el rey le otorgó el marqnesado de Sonora, corno recompensa a su labor. La visita de Gálvez a México fue complementada por las de Arcchc al Perú, Glltiérrez de Pif1eres a Nueva Granada y León Pizarro a Quito. E11 América las reformas también habían comenzado antes de la visita de Gálvcz. En ln referente a la creación de nuevas unidades administrativas hay que destacar el surgimiento de dos nuevos virreinatos: Nueva Granada, creado en 1717, snprimido en 1724 y restablecido en 1739, y Río de la Plata (o Buenos Aires), creado en !T16. También se <lio mayor poder de decisión a ciertas autoridades regionales dentro de los virreinatos, como a las autoridades de Venezuela y Qulto en el virreinato de Nueva Granada; Cuba, Santo Dornmgo y Griaterna!a en el virreinato de la Nueva España y Chile en el vineina1o del Perú. El vinein,ito <le! Nuevo Reino de Granada contó inicialmente con los te-


rntonus ck Nu0va Granada, Ve11eznela. Qrnto y Panamá. El del Río de la Pbta a !as gohcrnacioncs de Có1duba, Tncmmin y Pnraguay las del Alto Pen.'1, a fin de finaricwr con la piala potosi11a sw, necesidades burocráticas y defensivas. Uno tk los motivos que impulsó la crcanón del virreinaio de Buenos Aires fi1c el conflicro fi·onterizo con lo" portugueses por los terrilmios de Paraguay y la Banda Onental del Río de !a P!ata (hoy Urnguay), donde habían fundadn b Colonia do Sa(;ramento, cabna de puente de lo~ contrabandistas ponugueses y británicos. El sistema de rntc-rn.krKias, según el modelo fiancfs, fue una piedra angubr a la hora de crear una admimstrnóónmoderna, eficiente y centralizada. El secn:tano de Indias, José de Gálvez, quería limitar las atrih11cio11es de los virreyes a las esferas gubernativa y militar, dejando los temas hacendísticos, económicos y de gesítón aclmini,~trntiva e11111a11os especializadas. El proyecto de Gá!vez de crear i11teudcncias comenzó con éxitos parciales . .El sistema se ensayó rniualme11te en la mct1ópoli y después en Cuba, tras la recuperación de La Habana en l 76'J., parn luego ser difundido con resultados dispares en casi todo el terti1nnu amt.iricano. Mie11trc1s cii Nueva Granada fue imposible ec,tablecer d sis1cnrn de intende11ci2s, éstas imieron bastante éxito en Venezneb Lao rdi:.mnas también alcamarn11 a los órg<lnos de Just'lcia, especialmente a las ;-\udlencias. Se rnprinuero11 viejos 1ribunales (como la Audiencia de Pnm.má en l 7Sl), se: c1e:irnn o(ros nucrns (Audic11ciatk Caracas, 1783 y Je C\11.co, 1787) ysc 111sis1i6 en la rnoraliz<1ción de los exiskntes, ,rnte la excesiv;1 corrnprión que los caracterizaba. !'ara ello se nombraron nuevos oidores, la rnayor parte de: origen penim;ular y perknecientes al nuevo funcionaria1lo ilustrado Uno de los objetivos d,-; L:i introclncci6n de las 111tendencias era la descentralización adini111strnnva, la mejora en 13 gestión y un mayor control por los órganos de gobierno rndrnpolitanos, tratando de romper definitivamente los lazos entre las antondadcs colonia les y las oligarquías locales, aunque en este último pu11to el frfü:asu fue completo. Por lo general, e!jnic10 de ]as oligarquías sobre Lis reformas borbónicas fue demoledor, al pensar que era nn avance dei cen(rahsmo contrn e! m1togobiemo de los cabildos existente con los Austrias. Para ellas, la an1·crior dinastíil no sólo era más católica, sino tam~ bién más respc1uosa de la arnonom[a americana. Las reforma,; también geneniron fn1strnc1ón entre lo.s funcionarws desrlazados y tensiones entre los afectados por los cambms. Ciertos grupos de las oligarquías locales, margi1iados 0nte la llegada de nuevos burócratas y técnicos desde la Península, fneron acumulando agr::i.vios, algunos ch: los cuales se manifestarnn en e1 estallido de los movimientos cmancipctdon:s y que de fnrnlíl esquemática se sintetizaron en !a pngna entre ct'iollos y pe11insulares Ahora bien, la conclusión de qne \as reformas borbónicas condLlJcron antornáiicamcnte a la independencia de las colonias americanas debe ser evitada.

2.2. La liberalización d-el comerdo

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Las distintas reformas comerciales no sólo afoctarnn al comercio trnn;;allántíco, sino también incidie1on en la transformación de los circuitos mercantiles interregionales y favorecieron el desarrollo de ciertos centros exportadores de productos primarios al margen de la mineiía tradicional. La rnptura paulatina de los espacios coloniales c0menzó a dar sus frutos en Venezuela y, poskrionnente, en Cuba, las dos únicas regiones capaces de exp::rndir su economíD al 111arge11 Je las expnrtac1oncs de minerales. Corno se quería primar el fum.::io11arnicnto de las manufacturas metropolitanas, las reformas incidieron más profi.mdamcntc en las importaciones que en las exportacionec:. Pese a ello las medidas libernlizadoras sob1e los rígidos marcos del comercio colonial' acercaron los mercados americanos a la prodm:ción europea, especialmente la inc,Jesa y la francesa. Así se produjo rni progresivo abaratamiento en Jos precios :1c las mannfactmas importadas, junto a un aumento considerable en el volumen de las importaciones, más visible en los mercados cercanos a

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los puertos. _ º _ La pnmera reforma que afretó el Jí.mc10irnmiento del s1sternamo11opolico füe el proyecto parn la flota de 171 l, uno de lus príineros mtentos de reorganizar y legislar sobre el comercio colomal. Las refonnas micia!es fücron de ~seasa entidad. centrcindose en los impuestos que grnvaban !os rntercamb10s pero no en la mgnnu:ación dd tráfico, La~ ref\,nnas rnó.s in:1pPrtant~~ estnvie-rnn v111cu!adas a José Patiño (intendente general de Manna, presidente del Tribunal de Contratación de la Casa de Contratación y supciíntendcnte del Reinu de S<evilla) y al almirante Andrés del Pez (presidente del Consejo de Indias, secretario del Despacho Univ.::rsal de Marina e Indias y en 1721 ministro de Marina_) y afectaron a la Casa de Contratación. En J 7] 7, se ordenó su traslado de Sevilla a Cádiz. La reforma de la Casa de Contratación, que también afectó al tráfico colonial, no se limitó a 1.m cambio de empla,:amiento, ya que se pretendió racionalizar su estructura y su gestión adminislrativa._ Ante la parálisis que atenazaba al sistema de flotas y galeones, la reforma mas importante foe la organización y establecimiento de un servicio rcgu'.a~ de avisos O buques correo que rnant11viern com11111cac1ones regulares y rap1das entre la met1ópoli y sus colonias En 1720 se publicó d Proyecto para Galeones y Flotas del Perú}' Nueva España y para ./\/avíos de Registro y Avisos, la principal medida reformista de e$tos años, que hacía un análisis detallado de la µo!ílica de la Corona en cuestiones mercantiles y enumeraba los impuestos que debían cobrarse en la <(Carrera de Indias)>. El proyecto de J720 intentaba regulan zar el ~tsterna, después de las numerosas cancelaciones y retrasos de !as décadas anteriores. Si el tiempo lo permitía, las flotas y los gakones debían zarpar el _l de junio Y el ! de sepliembre, resp<ectivaine11te, sin esperar a que: los comerciantes completasen sus cargas, Se reg!amen(aba el tiempo de viaje y la duración de las escalas en las colonias de un modo estricto, 0sí como el momento más adecuado


r1;m1 el retorno. yri qui.: b i.:,pcncm:1a dccmostrnh11 lo pci:Judicial de los dcs11.Jl\Stcs purn d s1slc:1m1 curni.:rci;il Pc~c ,i las c,pcclalivas en e! nuevo rcglamerr. to, nn se icgulari/ó el sistema de /lot,is y p:alconcs m sc reiictivó el comercio. Entrc; lus ¡,nm:1pales disposiunncs dd T'royccto di.: [ 720 esldli:J lu crea" ciún de los navíos de: rcgistrn, \\ huqucs que rniv¡;gahan dirc:crnmentc: a !os puertos atlúuticos sin necesidad de adecuarse al ritmu ele- la ílotn, siempre que tu vi dan la licencia real prcecpliva. En aquellos caso~ que se supiern de algu. na coloni8 dcsabastc;cida, podía autorizmse la pmtida de algún registrn. En e] medio plazo su fimcionam1ento supondría un golpe definitivo para el sistema de ílotas y galeones, al garantizar el abnstccirnicntu regular y más r:'tpido del mercado americano. ¿Cutil era, entonces, l2L ntilidad del viejo sistema? Las flotas, convoyadas por navío,q de guerra, permitían nn traslado más seguro de los caudnles públicos y privados desde los puertos americanos a la metrópoli. También permitían controlar el ílujo de importaciones e infl11ir en la marcha de los mercados, lo que no beneficiaba ni a todos los comerciantes ni a todas las regiones por igual. Así por ejemplo, los navíos de registro permitieron normalizar el abastecimiento de pllcrtos como el de D11enos Aires, alejados de los circuito8 oficiales. En la décacta de 1740, los navíos de regisirn comen• zaron a llegar a los puertos del Pacífico a través de la ruta del caho de Hornos. Los come1ciantes limeños, mtcleados en el Consnlado de Comercio, trataron de entorpecer la venta de los prodnctos traídos en los registros, corno también liabian hecho los mercaderes mexicanos, en nna clara pnieba de los perjuicios que las medidas liberalizadoras provocaban a los grandes comercia11tes <le Lima y de la ciudad de México. El ritmo de las refo1mas comerciales se mtensificó en la segunda mitad del siglo xv111 En 1764 se estableció un servicio regular de correos marítimos para facilitar las comunicaciones con las colonias_ Cada mes debía salir un navío de aviso en dirección a Aménca del Norte y cada dos otro bacía América del Sur. Un año después se permitió comerciar entre las islas de Cuba, Santo Domingo, Puerto Ris,o, Margaritn y Trinidad, y con los p11ertns espa.ño!es de Cádiz, Sevilla, Alicante, Cartagena, Málaga, Barcelona, Santander, La Coruña y Gijón. Simultáneamente se abolieron algunos impuestos q1ie gravaban el comercio y se autorizaron los intercambios de productos locales entre Jas islas mencionadas. Como la última medida permitió reactivar el comercio, se decidió extenderla gradualmente a otros puertos. En 1768. se autorizó a Luisiana; en lTJ0 a Yucatán y Campeche y en 1776 a S,mta Marta y RJo del Hacha, en Nueva Granada. Tllmbién se incluyeron los pnertos de El Ferro], Palma de Mallorca y Santa Cmz de Tenerife. En 1774 se mitorizó el comercio intercolonial y se habilitó e! puerto mexicano de Acapulco para el comercio dd Pacifico_ Sin embargo, se mantuviero11 otras proliibiciones, como la que impedía comerciar a Chile y Perú con Nueva España, Tierra Firme y Santa Fe, con vino, aguardiente, vinagre, aceite de oliva, aceitunas, pasas y almendras, al tratarse de productos que podían ser abastecidos desde la Península.

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Estas rnc-did¡¡s rn1p11l,;arnn el L:rcc1m1enlo de b :1e11viclad rnc1can1ll, que se manluvo duranle buc:na p,1rfc de la centurm, b{1sicmncnte tras b sanción del (<Reglam(:nto y arnnccks recile~ para el comercio libre de Espnfw a !ndiaSJi, deJ 12 de octubre de 1778, símbolo por antonomasia de; las refornias mercctntilcs En el Rcglarncn1o se fundió toda b normutivu nn1e11or, mcluida la mitori:i:ación concedida a pn11c1p1os de ese ,1ño a Buenos Aires, Chile y Perú para comerciar con los p11ertos pe11insubres habilitados. Et Reglamento a11torizaba el comercio colonial a Sevilla, Cádiz, Málaga, Almerín, Cartagena, Alicante, Alfaq11es <le Tortosa, Barcelona, Santandet·, Gijón, La Coruña, Palma <le M;:il!orca y Santa Crnz de Tenerifo. En Arnénca se habilitó a San Juan de Puerto Rico, Snnto Domingo, Montecrístí, Santiago de Cuba, Trinidad (Cuha), l3atabanó, La Habana, isb Margarlta, isla Tnnidacl, Campeche, golfo de Santo Torntis de Castilla y Ornoa (Guatemala), Cartagena, Santa Martrr, Río del Hacha, Portohelo, Chagre, Montevideo, Buenos Aires, Valpa" raíso, Concepción, Aricn, El Caltao yGnayagnil. México y Venezuela inicialmente excluidos, fneron incorporados a las concesiones dd Reglamento en 1789. El Reglamento señalaba que «sólo un Comercio libre y protegido entre Españoles Enropeos y Ameiicn11os puede establecer [ ... J la Agricultura, la lndtislria y la Población a su antiguo vigorn. Esta frase muestra la i iaturnlcza del espíritu reformista (ll.le inspiró d Reglamento. La mención al «comercio libre y protcgidm¡ podría parecer contradiGtoria. Sin embargo, en contra de lo q11e se cree, el Reglamento no autonzaba la libertad de comercio, sino que sólo introducía una serie de disposiciones pnra facilitar la actividad mercantil de los españoles ·····••europeos o americanos---ya que los extranjeros seguían teóricamente excluidos del comercio colonial. El Reglamento suprimía la Casa de Contratación y creaba una serie de ji 1zgados de 3;fl'Íbada, responsables del despacho de los buques en los puertos habilitados. Unicamente mc1nl.mo los impnc~t08 de alcabalas y almojmifazgos, eliminando !os rc:stantes impuestos y tribntos que gravnban el comercio colonial, s,omo el de palmeo, tonelada, San Telmo, extranjería, visitas, reconoómienio de carenas, lrnbilitacione~ y licencias de nnvegar, con el fin de simplificar el sistema tributario. También elaboró un completo arancel qlle rebajó los dercchns de numerosos productos y eliminó otros más, además de reducir los derechos del metal precioso envÜLdo a la metrópoli. Las repercusiones del Reglamento van aron seglm criterios de índole local y regional. En México afoctó senamcnte a los comerciantes del Consulado de la capital, ya qne la eompetencin de nuevos mcrcaderGs incrementó el volumen de las mercaderías importadas y ba_jó los pr, .cios. El traslado a los mares americanos de los conflictos bélicos europeos repercutió en el comercio colonial. Como consecuencia de la guerra contra la Francia revolucionaria ( 1793-1795), b Corona nutorizó a parlir de 1795 el co~ mcrcio de sus colonias cnn otras colonias extranjeras de América, aunque los comerci:mtcs cspafioles no podbn adquirir manufacturas de origi.m europeo. La duración de los conflictos a.rnplió las medidas l1b0ralizadora::. En 1797 se 0


autorizó a los mercaderes espaf10les a cornaciar en barcos de potencias ncutrale:,;. Aparcíltemeílle las expediciones estaban t:n manos de come1ciantes neutrales para evitar que emharcacioncs enemigas incautaran los cargmnen. tos, aunque era frecuente qt1e los comerciantes espaf1oles se camuílar.:111 detrás de un pabdlón ncnt1al o que contraliiran embarcaciones de ese origen. Para ello, otorgaban registros y facmrns falsas. En 1799 se suspendieron estas prerrogativas, que volvieron a concederse en 1805 ~oinciditndo co_n un nuevo conflicto con Gran Bretaña. Las guerras napoleónicas y el posterior p1oceso emancipador conduciríau al final del comercio colonial, ai menos en la forma tradicionalmente conocida, y de las reformas mercantiles implementadas por los Borboncs.

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2.3. Las reformas fiscales y el aumento de la presión tributaria En el siglo xvrn, como parte del proyecto modernizador, se rncrem.entó el monopolio y la presión fiscal de la Real Hacienda al pasar a su ad_mm1slra" ción<lirecta 1111a sene de impuestos hasta entonces arrendados a part1culllres o a ciertas corporac10nes, como las alcabalas o los almo_iarífazgos. Cuando la Real Hacienda se hizo cargo de la gestión directa de las alcabalas, se amplió la red aduar1ern a las provmcias del inte1ior de forma de mejorar su cobw, lo que permitió iucrementar considerablemente la rccarnlación. Es~o prnvocó asonadas y mo!rnes mbano8, en protesta por el incremento de !os impuestos, siendo el Je Areqrnpa uno de los casos más conocidos. Si bien la:,; reformas no se limitaron a la Real Hacienda, la mayor parte de las aJoptadas e11 materia económica tenían 1m contenido fiscal. En el siglo xvrn, México proporcionaba las dos terceras nartes de las rentas americanas, y :;c había cnnvcrtido en ]a colorna más imporÍante del Imperio, desplazm1do al Perú. Las rentas mexicanas se t1iplicaron en la segunda mitad del siglo xvm y su anmento fue s11perior al crecimiento de la población o la producción, de mo~~o q11c podría pensarse que las responsables directas de la mayor rec:md_,;c10__n fueron las mejoras introducidas en la gestión tributaria y la mayor pres1011 l 1scal. Husta pri11cipios dd siglo, la máxima mstitució11 con competencw c_i: ma-teria fiscal era el Consejo de Indias, pero a partir de 1717, tras la creac1on de ]as Secretmías de Despacho, todo lo concerniente a la ge~tión hacendíslrca colonial se encomendó a la Secretaría del Despacho Universal de Asuntos de Indias. Los v1rreyes eian los responsable8 en los líwites de su jurisdicción, aunque también aquí se introdujero[] importantes rnodif1cac1ones. Entre 1_745 y 1751 se ampliaron las funcioues y prerrogativas liacendíslicas de los v1rreves, equiparados a ios wperintendentes generales. Pese a su potestad en ma• Íeria fiscal, los virreyes debían ser asistidos por una Junta de Hacienda, integrada por los oidores de la Audiencia, el fiscal, tos ofici~les reales de la Ca_¡a Real de la capital virreinal ynn escribmio 1lc la Real Huc1enda. A lo l~rgo del siglo xvm los virreyes hicieron un amplio uso de las Juntas de Hacienda, a

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fin de concspomabilizarlas de su gestión, diluyendo su responsabi!idad ante posibles tracasos. A mediados de siglo se redefinic1on las competencias del cllerpo, que pasó a llamarse Junta Superior de !a Real Hacienda, y fue respon~ sable de la admi11istración de ju~ticia en los temas relacionados con la prnble~ 1m\tíca fiscal, el vontrnl del gasto militar y el manejo del erario público. Uuu de las piezas fundamentales del sistema eran las Cajas Reales, que solían establecerse en Jas capitales virreinales y en las sedes de las goberna" ciones más importantes. Durante el siglo xv111 se crearon nuevas Cajas, en consonancia con los esfuerzos por mJmentar el control fiscal, pern se cerraron aquellas que ne• garamizaban uu míuimo de actividad y no se mllofinanciaban. En Nueva España el 11úmero de Cajas creció constantemente. rntensificándose el proceso a finales de la cent¡¡ria, mientras que en Perú st{ 11úmero se contra.10 y de las once Cajas qne había en ! 760 se pasó a siete¿¡ finales del período coloniaL Trns la introducción del sistema de intendencia,- los oficiales reales con categoría de ministros se redujeron a dos en cada Caja: contador y 1esorcrn. Por e! contrario, se aumentaron los sueldos y las pÍantilla~ a fin de mejorar los rendimientos, !a eficacia administratiq y la claridad de la gestión. La mayor parte de las medidas reformistas en materia fiscal se tomaron entre 1773 y 1785, bajo el influjo de Gálvez, aunque en los años anteriores ya se había producido un proceso de adecuación de !as <e.slructHrns fiscales a[ cambio q11e se avecinaba. Pese a las expectativas, 110 todas las medidas planifiuvfos pttdieron J!e,,:arsc a cabo; alguuaé> ,sólo se cumpiieron a medias y en otros casos se debió volver atrás, como ocurrió con el sis1ema de contabilidad por partida doble. El inicio de las reformas físcaks estuvo en las visitas de Areche y Gálvez, a! Perú y México, rcspecrivamente. Uno de sns piirncros objetivos fue reformar ta Real Hacienda, lo que motivó los pnmeros conílictos.cou las autoridades y la sociedad colonial. Así surgió la acción obslrnccionista de los virreyes, que intcrrtnban trabar b labor de los visitadores. A11nqne imcialmcnte los virreyes fu.cnm derrotados, perdiendo alg1mas de sus facultades en materia hacendística que pasaron a manos de los superü1tcndentes -.. --funcionarios diferenciados de los virreyes----, a largo pbzo, el poder virreüia! se impuso y su figura incorporó la del superintendente. U no de los objetivos básicos de )a reforma era eliminar los at1asos en la rendición de cnentas. Para mejorar !a puntualidad y Ja tr~nsparenc1a se l!1tentó introducir el método de con labilidad por partida doble, en reemplazo del tradicional y vigente de cargo y data. Sin emln1rgo, la resistem:ia de !os f1111cionarios a un mayor control por parte de la supenoridad hizo fracasar los in1entos por implantar las modificaciones ensayadas. También se introdujeron algunas modificaciones en los sistemas de orgarnzación y gestión lle la contabilidad.


Seg!lnda parte

las i11depe11de11cias


13. Las independencias

de Estados Unidos y Haití

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El mtindo en 1784

La segunda mitad del siglo xvm es!uvo bajo el signo de la Ilustración. Las ideas poHticas y económicas comenzaron a cambiar y las relanones entre las potencias europeas y sus colonias n!tramarinas, establecidas con criterios mercantilistas, fueron afectadas por estas trnnsformaciones. La profunda revolución política que significó la independencia dto Estaclús Unidl.lS afectó a Enropa y al resto de América, pese a no ser el prime1 aperimento republicano de Occidente. Sn mflnencia sobre la Revolución france,;a fue notable y a su vez, los sucesos iniciados con la toma de la Basiilla condujeron a la emancipación de Haití. Todo esto tuvo un mílujo naJa despreciable, aunque contradictorio, sobre los procesos emancipadores de la América hispana y portuguesa. Si en algún lugar de América la Revolución francesa tuvo un impacto directo y temprano foc en la isla de La Española, que debido al levantamiento de los mulatos y los esdavos ns;g;n:; conoció en poco tiempo una coyuntura de extrema violencia. Los grandes plantadores blancos de Satnt Domingue, la parte frnncesa de la isla, fueron dccsposeídoc, de sus propiedades y del control del territorio ante el avance de la revolución, y los antiguos esclavos se convirtieron en propietarios y gobernantes. La parte español;: dé la isla también enfrentó algunos acontecimientos in<::sperados y traumÚ(Ícos, como la cesión de su territorio a Francia en l795, las invasiones haitianas de 1801 y 1805 y la dura lucha ele l 805 y 1809 para expulsar a los mvawres. La violencia y los enfren1amientos quedaron grabados en la memnria de los cluminica-nos y serían fielmente transmitidos al resto de las coloaias espafi.olas por los


125.000 refugi:1do.,; q:1c e11t1c 1795 y 1S l () abandon;1ron h1 !Sl:i :\ d1 Cc1cm:ia de lo onurido c11 las Ti"<:cc C,Jlonias y de lo qm~ ocurrnü en IJ /\rnécic:1 csrJiiola. b indcrcndencrn de f la1tí tcndrü1 m:1yOiéS 1cpc1 C1hl\1ncs soci:iles que politicas.

L la independencia de Estados Unidos 1.1. Las Trece Colonias frente a los intentos metropolitanos de reforzar el poder imperial Las Trece Colonias de América del Nm1c {Virgiuia, Massaclmsetts, Mary]antl, Connecticut, Rhode 1sland, Carolina del Sur y del Norte, Ncw York, New Humpshire, Pennsylvanict, New Jersey, Dclawarc y Georgia) eran uno de los núcleos más dinámicos del Imperio inglés, tanto en lo que se 1efiere a sus relaciones comercic1les, especi;1imentc con la metrópoli y las lndias Occidentales, corno a las relaciones wciaks y políticas y lambién por las posibilidades de expa11sión fronteriza. Desde este úhimo punto de vista, las colonias inglesas se caracterizaron por nna abundancia prácticamente ilimitada de tierras y por la falta relativa de mano de obra, lo q11e otorgaba l1 ln sociedad colonial un perfil peculiar e igualitario, basado en el desarrollo de los peqncños y medianos propietarios, los grnnjeros, aunque esto no exeluÍil la existencia de un número importante de grandes propietarios. La independencia de las Trece Colonias en IT16 y el fin del vínculo colonial füe un fenómeno de grandes consecuencias internacionales, tanto por el creciente poderío de la antigua metrópoli, como por la enorme potencialidad intuida en la nt1eva nación. Sin embargo, la repercusión del surgin11enio <le una nueva república fue también políticc1.e ideológica, con un fuerte impacto en el mundo de las ideas. En los territorios sureños donde dommaba la gran plantación dedicada al cultivo de especies tropicale$ y subtrnpicalcs, corno el tal,aco, el azúcar o el algodón, se intentó compensar ia falta de trabajadores con la importación masiva de esclavos negros procedentes de Africa. En los territorios del norte y el m1erior, a medida que éste se iba colornzando hacia e! oesle, los gr::i.njeros coexistían con los borgueses, con los comerciantes y con otros habitantes de las cmdades, aunque !a import¡¡_ncia del mundo nrbano era muy <listiIJta a lo que ocmría en la América española. Al oeste se extendía la móvil y vc1sta frontera con los indígenas, permanentemente ampltada por la acción decidida de cazadores y tramperos, y luego consolidada por comerciantes y labradores. El sistema colonial mglés, al igual que los restantes colonialismos europeos, había descansado sobre premisas mercantilistas que beneficiaron a grupos concretos, tanto en !a metrópoli como entre los colonos, un punto qne no abunda en su lista de agravios. Si bien los historiadores económicos discuten sí el lmperio resultaba rentable para la melrópoli o era, por el contrnrio, 1ma pesada carga, de lo que no hay drnla ninguna es que ésk benefició a mucha

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gt:11k, u ambos lados dd /\ilú1llico. P\;sc a que bs N,l\'lg11tion Act,1· (Leves de N,1vcgación) aseguraban el ll\\lllüpolio a ln\ úHnc:rciank,:, mglcses, el. sistema protegía a los ptoductos coloniales y ga1 anl!zaba rncrc:1dos seguros tanto a las plantaciones smeñas como a los cultivos de cercalc~ del cen1ro y el norte. A Sll sombra también se había desarrnllado nua acl.1va mdw:1ría naval en los astillews de las colonias ame1icanas, a tal punto que en torno a 1776, casi la cuarta parte de las 7 .000 ernb,.JJ'caciones que bajo pabcl lón inglés se dedicaban al comercio atlántico había sido constmída en Lis Trece Colonias o en las islas del Caribe. Si bien la Nneva Inglaterra y las restantes posesiones continentales no se beneficiaron del monopolio en la misma medida qne las plantaciones del Caribe, el recurso sistemático al contrabando y el incumplimien• to de las leyes iuglcsas por los colonos permilienm el surgimiento de una economía .florecicnle, uno de los pilares de la nueva república. Desde el punto de vista político, la administración colonial dependía mayoritariamente de gohernadores nombrados por la Corona, pero los colonos gozaban de amplias prcrrogJtivas, expresadas en los diversos organismos legislativos existentes. Algunas coloni::is, como Massachusetts, Rhode Island y Connecticnt, eran propietbd de compañías comerciales y eran ellas quienes designaban sns gobiernos, aunque también nquí las legislaturas locales eran impon antes. En Rhode Island y Conneclicul los accionistas eran los ciJJdada• nos y las colonias se gobernaban por el voto de los accioJJistas, conocidos como ((hombres libres». Al igual qlle en Gnm Bretaña, el funcionamiento de los órganos legislativos coloniales descanrnba en la teoría poli ti ca de los derechos natnrales, basada en los 1Wo Treatises on Government {Dos Tratados sobre el Gobierno), de John Locke, publicados para justificar la actuación de la Revolución Gloriosa de J688 y 1689 en Inglaterra, y habían conducido al predominio del Parlamento sobre la Corona. Pero las colonias no eran igual que la metrópoli, razón por la cual los conflictos con la Coro u a por cuestione~ de soberanía y de autogobierno ernn continuos. El principal punto en discusión era si !os colonos, en tanto mgleses, tenían el derecho natura! a ser gobernados por sus propios representantes elegidos o si la Corona tenía una autoridad superior que le permitía impouer sus puntos de vista. Pese a las limitaciones existentes, no hay dnda que las posibilidades de actuación política de los colonos norteamericanos, asentadas sobre el pew de sus asambleas legislativas, eran mayores qne las de sus veciuos españolc3. Se puede decir que el proce30 de ii1depe11dcncia de las Trece Colonias comenzó en 1763, cuando la Paz de París puso fin simultáneamente a la G1.1erra de !os Siete Años, que había enfrentado a Francia, Austria, Rusia yposte1iormente España con Inglatcira y Prusia y también et las Guerras Indias entre Inglaterra y Francia. Como ya se ha visto, la Paz de París remodeló el mapa colonial de América del Norte y el Caribe. Si partimos de la base de que uno de los motivos principales de la guerra había sido el control de las colonias norteamericanas, vemos como d triunfo en la conlienda le permitió a Inglaterra apoderarse de Canadá, pero también de otros territorios de /1. mérica del Norte


y el Cmlbe, De este modo. los i.nglcses pnsaron a controlnr. adern:'is de Canadá, N11eva Escocia, Cabo Bretón, San VH'.tcnte, fobngo, Dominica, Granada y Floi ida, nrnén de otras posesiones, corno Senegal y Menorca. Por su parte, Españn recuperó Cuba y la Li1isirma, incluyen<lo Nueva Orleans. Ln victoria tkl cjl.'rcitu inglés olorgó a los colonos una llueva scnsaci.ón de seguridad, favrnecida por la desapariclón de nlgnnos de [os peligros tradicionales que aeechahan sus frontcrns, l':mto desde d norte como desde el oeste, desde donde ameuazaban los franceses y los indígenas, aunque tmnbién hay que constatar el riesgo de un atique espnñol. L1 reducción, o la elumuación, de estos peligros !ces otorgó ,1 los colonos la posibi.li<lad de expcmdir la frontera hacia el oe:-;(c En este nnevo conteKto, el Imperio mglés en América del Norte llegó a ser muy vnsto, y se exiendi.a desde la península dd Labrador hasta las costas de florida, mientrns que por el intenor !legaba hasta 1os Apalaches. Las tierras canadiern:;es, recién conquistadas por- los ingleses, tenían una mny débi.1 drnsidad de publación, si.<cndo ca;,:aJores y misioneros !os únicos que se atrevían a ciieular por el interinr. ni rnargC'.!1 de !ns mbus mdígi;:tws. La conqmsta dd Caiwdii y la ampliación del Imperio ameri.cano llevaron al pnmer plano la cue:-tión de la admim~tración terri.torial y de su seguridad mdilai Con e.~e fin y pma cvítctr qiie los franceses quebrantaran el tratado de paz y buscando que las tribus rndígenas aliadas de los franceses se mantuviecan en calma, e! gohiérno de Londres desplegó nueve batal!oites en la región. A pesar <le todo, el problema indio debi.ó ser replnnteado por el sangriento levm1tam1ento del cacique Ponii.ac, de los ottnwas. Para proteger sus posesiones, los mgleses construyeron un bnen número de fuertes, que debían funcionar corno una eficaz línea defensiva para los colonos. Sm embargo, y para evitar altercados futuros con !os indios, decidieron proteger sus tierras de caza si.tucHlas rnús nfü1 de los ;.\palaches. Como los colonos pensarnn que la Corona quería levantar una barn:ra ensu expansión hncia el oeste, vi.vieron la construcción de los fuertes como una agresión y una muestra de los límites que la metrópoli querí8 nnponerks. Por eso, fueron muchos los colonos, como George Washington, que decidieron desoir !os acuerdos firmados en~ tre el gobierno rng!és y los indios y trataron de adqumr la mayor extensión posible de tierras. La política inglesa d,: defensa y seguridad del territorio y ln liberalidad con la yue manejaban el probkrnn mdigcna encrespó todavía más la relnci.ón entre Londres y los colonos. Esta postura requería numerosas tropas y un despliegue algo caro de mantener, pero las autoridades metropolitanas no pensaban asumi.run gasto creciente rn la defensa de los territorios americanos y es• pernba un mayor esfuerzo de los colonos. Sm embargo, éstos no estaban dispuestos a ll,mnm gr-atllitamentc el costo de semejante despliegue militar y curnciiznron a exigir algunas contrapartidas a cambio de su esfueizo económico. De este modo, los intentos metropolitanos de reforzar el poder central, aumentar Ja eficacia del lmperíoy revertir sobre los colonos una parte importante de los gastos de su defewrn y rrdmmistración se convi.rtieron en una

fuente de disputa entre bs dos partes, qne llevaría a la Gnena de la Independencia. La preknsión de la Corona de i11crcmentar la cficicncin de 1a admÍ•· nistración colonia! pem1ite ima comparación con lns reformas boi bónieas, especia Intente las unplerncnw.dcis drnantc el reinado de Carlos IH a la vez qHe preguntarse por las consecnenc;as de las medidas adopiadas por ingleses y españoles sobre l:t integridad de sus respectivos imperios. Lo qne está claro en ambos casos es que mientras las colonias tenian un importante grndo de lllltonornia a parti.r de unos vínculos uu\.s o menos laxos con las autoridades metropolit1mas, los márgenes de actuación de los colonos en lo referente a la admini.straclón de las colonias y, especialmente, en todo aqllello que implica" ba Sll vida cotidiana, ernn elevados, p,;ro cuaH<lo las cosas cambi.aron el co11fücto estuvo servido. Precisamente, en el instante en que el gobierno metro-• po!itano quiso mCJornr la eficaci.a <lcl sistema colonial, lo que equivnHa a sacar llll inayorrendimicnto del mismo, las críticas en Amén ca aumentaron y tanto en el norte como en el sur surgieron voc<es que empezaron a hablar de la tirnnía metropoli.tana. Un impeno eficaz lesiona en mayor medi.da los intereses de los colonos que uno qne no funciona y a partir de ese momento se in-· crernen1a el volumcll de sns protestas, que en el caso de cncontrai los cauces adecnados puc(k k1111mar en el estallido de un confücto. Para poder custenr !os elevados gastos de m11ntenimiento del lmperio, el gobierno colonia! dirigido por Ueorge Grenville aumentó la ptesión tributaria con 1m con11rntí1 ele medidas de foerte contenido fisc0l que cornenz0ron a ensayRrse u partir de 1764. Entre ellas figuraba la creaci.ón de nuevos impuestos y tasas, el aumento de otros y nna mejor gestión tributc1ria. Del conjunto de medí.das destacan lll sanción de laSugar Act (Ley del azúcar), que gravaba el comercio :tzucnrero y la Stamp Acl (Ley de timbres o de sellos), que estable-cía que !n tnsa que se cobrabn por !os timbres puestos en los documentos legales, periódicos, nai.pes y dados, deberla füianciar los gastos de la defensa de las colonias. Si bien los cálc11los ernn modestos, ya que se esperaba qne los ingresos provenientes de estas dos leyes cubrieran solamente 60.000 de las 350.000 libras esterlinas qne hacían falta para rnanteuei a las tropa:-; mgksn.s en América del Norte, las protestas fneron de una gran miensida<l y tendieron a aumentar de tono. La oposición se convirtió en 1m hoicoteu al comercio colonial y la prueba <le: su éxito es que los intercambios se contrajeron uu 25%. Las cosas no quedaron ahí, ya que a i.niciati.va de Massnchusetts se reunieron en Nueva York representantes de nueve cnloni.as en lo que se conoció como el Congieso de la Ley del Timbre, qiie elaboró nn exicnso memorial de agrnvi.os, qnc sería presentndo al Parlamento de Londres. La protesta, a la qne se sumaron los comerciantes ingleses perjudicados por la di.srnínución delcomercio, alcanzó tal rewnanci.a que el Parlamento derogó rápi.<lameute la ley. Pese a esta solución llparente del problema, 1ll cuestión de fondo segnia sin re•• solverse y esto presagiaba tiempos de tormenta.


1.2. La quiebra del orden colonia! y !a Guerra de ta frldependenda \Villi:1m Pi11 (<<el Víc_jo11, al oci1parotrn vez d uirgo de pnrncr n11n1stro, ,<,e mos1rnba dispuesto a reconocer d derecho de los colonos a decidir libremente c;n c11cstioncs Iributcffic1s, sin embargo, s11 J1ex1bi l idad era rnc110r en 01 rns materi;is rclaciom1das con 1H. gestión de las colonias y füe totalmconte rndica! en su rechazo Hlu indcpendeucia colonial. Para atajar el conflicto y no indisponer a los colonos en contra del gobierno metropolitano, Pitt propuso desnrrol!:u nuevas fuente.~ de f\nanciación parn poder enfren1nr los gastos coloniales. Entre fas medidas proyectadas estaba d aumento de los irnpnestos cobrados en las rnlonic1s a las importaciones de té, vidrio, papel y pintmas embarcadas en Inglaterra. Esta medida no satisfizo a los colonos, que volvieron a pro1estar aunque no con la intensidad q11c en ocasiones pasadas. A fines de 1T/3 una turha ele bostonia11os destruyó 1m carganwu1o de casi 105.000 libras de té perteneciente a la CompañíEI de !as Indias Orientales. Ante el giro de los acontecimientos, el gobierno de Londres consideró los hechos como crimmales y en marm de l 774 se decidió cerrar el puerto <le Boston. La respuesta de los colonos no fue menos contundente y decidieron ampliar el boicot Dl comercio inglés. De este modo, las importncíones inglesas se contrajeron signific:ativamente, pasando de algo más ck 1.500.000 libras esterlinas a 200.000. En diciembre de l TlS, con más de 600 bnrcos paralizados en los pnertos de Londres, el gobier• no inglés prohibió cualq11íermarJifestación del comercio co!011ia!. El principal argumento de los colonos para cuestionar la legalídad de las medidas del gohierno inglb era la falta de legitirnidnd del Pmlamento de Lon~ dre.s para decidir en aquellas cnes1.iones que incidían directamente sobre sus intereses y s11 vida cotidiana, al scrnn organismo legislativo en el qne no estaban representados. Su lema fue no taxation 1+itho11I representation (eno contrlbnción fiscal sin reprcsentaciónn), siguiendo la consigna enarbobda por James Otis en 1764 _Querían contraponer la rcpresentació11 vir11,al del Parla.mento inglés con la represccntación efectiva <leseadn por los colonos. Mientras tanto, el Parlamento intentaba reafirmar su plena soberanía legíslatiw, inclusive en las colonias, un arg11mento sensible a la opiniórJ de un grupo signifirntivo de colonos. La discusión en torno a lulegitimidnd del gobierno de Londres y del Parlamento para intervemren los asuntos americnnos divi<lió a los colonos entre los whigs (radicales), parti(:i8rios de reivindicnr 11na mayor dosis de au1ogobiemo, y !os lories (leales), que anteponían la lealtad a Grnn Bretaña, a la Corona y al Pmlarnento por encima de los intereses locales o particubres. Si bien los whigs estaban en 1mnorü1 frente a los tories, la agresividad de líderes como Thonrns Jefferson, Benjamm Franklin y Samnel y John Adams, irnpnlsó la revolución americana, esa gran revolución política qnc en muy poco tiempo acabó totalmente con el pacto colonial. De este modo, la declaración de la Independencia de bs Trece Colonias dio lugar a un periodo de intensas discusiones sobre la forma que debería adqnirir el autogobiemo y las relaciones entre !os diversos terntorios implicados, que só!o 1erm1mirfri con

1n sanción ck 1:l C(lnstitución de los f-"slados Unidos de . \méricn de 1787 Si 1

bien la mayur parle de lns idea~ ,:sgr1rn1das por los colonos rcbcbdos contra Jnglate1 rano trnn n11en1s, lo 1cvolucwnar10 fue el modo CrJ que esa:; i,kas conocidns deJaro11 de ser ideales pwdosos de sofülariclad para couw::r1nse en idrnlcs imp1ilsores de la acción política adaptmlcJs a la coyuntura norteam<:ncana y a la id10sincrnsia ck sn población. Los whigs partían de la premisa de que el Imperio era una federación <le sociedades soberanas, uní das entre sí por su nacio¡¡a\idad común, por la existencia de nn monarca común _y hajo la administración común de la Corona y el Parlamento, qt1e se ocupaban de los intereses intcrcoloníales ingleses. A partir de allí, una de sus primeras demandas cm que Inglaterra reconociera la soberanía de cada colonia dentro de las fronteras previamente establecidas y cuando sus pretensiones no fueron tcrJidas en cuenta los colonos insistieron en lo que sería uno de sns tópicos favorítos: la tiranía británica, En las Trece Colonias se prodnjo un fenómeno similar Hl qm: se vívir\a posteriormente en la independencia de la América espai'íola, ya qne para enfrentarse a un cne1mgo qne formaba parle del propio pasado era 11ecesaria su p1evia satanización. De nhí, que la larga lista de agravios mtrodm.:ida por Jefferson en la declaración de Independencia t11viern 1111 claro motivo propagandístico. En 11m1 línea de contim1idad con las tradiciones políi.ícas ingles8s, los colonos cornenzarorJ a asnmir parcelas de poder. En septiembre de l 774 se reunió en Filadelfia el Primer Congreso Continental, que tenía corno nno de sus objetivos extender al conjunto de las Trece Colonias nn conflicto hasta entonces centrado en Massachnsetts. Frente a esta propuesta, las posturas de moderados y radicales estaban enfrentadas_ Mientras los primeros, liderados pm Joscph Galloway de Pennsylvama, abogaban por crear un Parlamento intcrcolonial q11e debía coordinar con el Parlamento inglés la administrnción de los asuntos coloniales, los más radicales, con Samnel Adarns de Massachusetts y Patnck Henry de Virginia, cnrn partidarios de la autonomía, Desde su perspectivn, las leyes aprobadas por d Parlamento inglés carecían de validez en las colonias. Corno suele suceder en estos casos, dommados por un ambiente de gran excitación, los extremismos terminan imponiéndose a lamoderación, lo que llevó H b dcrrnta de la propuesta de Ga!loway por 11n solo voto. Mientras tanto, el Congreso provincia! de Massachusetts reunido en Concord, que sólo representaba a su colonia, asnmió como gobierno revolucionario, lo que supnso nn qnicbro ímportante <le la lcg:1lidad imperante, Thornas Gagc, gobernador de Massachusetts y comandante en jefe de las fuerzas britúnicas acantonadas en la colonia, recibió la orden de corJfiscar todo el material militar en manos de los colonos y de capturar a los principales líderes snbvcrsivos Sam1icl Adams y John Hancock. Pero la misión era muy complicnda, ya que los eolonos contaban con unas milicias muy bien en• trenadas y mejor mmadas, lo qt1e, st::gún Gage rcc¡ucria de 20,000 soldados para reconquistar Nncva Inglaterra. Este embrión de lo qne sería el ejército rebelde era nn ,-::nemigo considerabk. Aunque el gobierno metropolitano no


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estaba de acuudn <:TI cnviar a las colo11ias se1neja11te cantidad de soldLldos, sí pensaba que hahia llegado el momento de hacer algo. En ahri! de l 775, collll'.11Zaron los combates en Jus alrededores de Boston. Las duras batallas de Lexíngton y Concord, donrle los rebeldes opusi<::ron mw. dura resistenciu a las trnpas real islas, marcaron tlíl punto de i nflex1611 en la contienda. La causa 111depcndentista aumentó en popula1·idad y e11 los meses de abn l y 1nayo de ese año el ejército rebelde, acantonado en Cambridge, contim1ó creciendo. En junio, los ingleses a! mando de Gage obtuvieron um1 victona pirríca en Bunker Hil!, en las cercanías de Boston, q11e estabiliwría durante un tiempo e! frente de batalla. Ante la evolución del confücto bélico se reunió el Segundo Congreso Continental en mayo de l 775, c¡ue realizó una extraña pí1 neta regalista, más con el árnmo de ganar tiempo que de at1 aerse el favo1- dd rno11arca. De modo qne se prnclarnó la lealtad a lnglatena y se pidió a Jorge Hila defrnsa de las colonias ante !os ataques mae1onales dd Padamenlo. Este mailifiesto, similar al de <(viva el buen rey, abayi e! mai gobierno» q11e cs1aría e11 boca de los indepemlcutié>tas hispanoamericanos, 110 fui.; esc11dwdo por el rnonari.;11. Las verdaderas intenciones del Cong1 eso no se ven en s11s petinones sino en sus medidas concretas. Entre elh8 eMahan la creación de 1111 ejército co11ti11enta], puesto a las órdenc::s de Geo1 ge Washington, la emisión de dinero continental y el es!abkcirn1enio dd U11ikd Colomes Posi Ufflce (Serv1c10 de Correos de las Colonias Unidas), bajo el control de Be11jarni11 Franklin. La marcha de los acontecimientos y la radicalización de ambas postmas llevaban de forma inevitable al estallido. hnulmente, en agosto de l 775, Jorge lfl se dirigió al Parhlrnento brit{micn en un dmo discurso en ei que señaló qae la rebelión de los colonos se había convertido en una guerra abierta. El 22 de d\ciemb1·e, el gobierno mglés dec1d1ó confisca1· todas las embarcaciones mercantes y de guerra propiedad de los colonos. Mientras, ul otro lado del Atlántico, el climu de rebelióll se iba ex.tendieuJo, lo que permitió qne se Cuera extendie11do la idea mdepe11de11tista. hasta entonces e11arbolada por 1111a m1r101 ía ilustrada y rad1·calizada. La rápida difusión a principios de l776, de Common Sense, u11 panfleto escrito por Thoinas Paine. un cuáquero radical recién llegado de f nglatcna, sirvió paia mudar el á11 i1110 de: mucha gente a favor de la Rcvolm;ión america11a. Paine ahogaba púr la l11dcpc11dencia de forma dirncta y estaba convenc:ido del apoyo de los enemigos tradicionales de lnglatena, España y Francia, en la aventura independentista. Después de Massachusctts, las colonias fllcrnn rompiendo una a una los vínculos legales con la metrópoli (!as primeras fueron Carolina del Norte, Rhodc !stand y Virginia). A fines de la primavera de 1776, Virgini;_¡ dio instrucciones a SllS repr-esentantes en el Congreso para aprobar una rcsol11ción c¡ue procla1naba a las Trece Colonias estados soberanos e mdependíentes de lnglate1Ta. La resol11ción foe presentada el 7 de jumo por Richard Hemy Lee y después de 1111a dura di,sc11sión, el 2 de Julio se aprobó ia moción de Virginia y el 4 se declaió la independencia. El acta de declaració11 dc la rndependencia, uno de los p11n-

tos cu!111111anks de la Revolución americana, pbsmaba las prim:1pales ideas de los independentistas radicales, b21sadas en la libertad de los hombres y la igualdad de lm ciudadanos en lo tocante a sus libc:1 tades. derecho~ y responsabilidades. De acuerdo con esta mterpretación, el pacto social firmado por el p11eblo de las colonias con !u Cornna habla sido vmlado de fornw sis1emática por [nglaterra, í1np1ilsa11du a los pueblos de cada una de las Trece Colonias a empufü:ir las armas en defensa de sus intereses, para fin21lmente construir unos mte\'os Estados dotados de plena soberanía. De este modo, tras ta rnptura lota! con las autoridades inglesas, nacían los Estados Unido:; de Arnéríca, 1111a república independieniey soberana. f-lahíamos definido la batalla de Bunke1· Hill corno umi victoria pírrica del ejército realista. Tras su desenlace, las fue1zas Independentistas mandadas por George Washi11gton intentaron de forma rápida y exitosa 1·eanna1·sc y reorganizarse, aunque entonces quedaba tm largo camino para hablar de 1m ejército norteamericano eficiente y estn 1cturndo. Pese a ello, y basándose en 11n gran vol11ntai·isrno, con su limitado poderío p11diernn au111entar d asedío sobre las tropas mglesas refugiadas en Boston. En marzo de 1776 la situacíón de los «casacns rojas», el ejé1 cito mglés, era sumamente complieada y uo tuvieron más opción que replegmse en dirección al norte, hacia Halifax, e11 Nueva Escocia. El comandante de las trnpas, sir Willlarn Howe, buscaba un refugio seguro para s11s hombres y los 11umernso::; tories norteamerica11os qne habían decidido acompaí1arlo e11 su desplazam1e11to. Este hecho indica la rnagní(ud del enfre11trnnien(o qui.; l1ahía divídido e11 dos a la sociedad colonial y la falta de unm1imidüd de las ideas independentistas, pese a las tt:orías en contrario difundidas por los propagandistas de !a Revolución amen cana. Pero si Bunker Hill file una victoria pírrica, lajugadn de l-lowe fue una retirada estratégica, que no sólo permitió 1m respi1 o a las tropas inglesas sino también cambíó la marcha de la guerra. E11 agosto de ese año Howe tomó Nueva York, pese a que Washington hahía trasladado allí sns tropas con el ánimo de atajar cualquier avance inglés. La estrategia inglesa buscaba cortar en dos a las colo11ias rebeldes, fijando una línea militar desde Nueva York a Canadá, a través del río Hudson y del lago Charnplain. Ante la contundencia del avance íngl~s, \Vashington debió retirarse y fijó su campamento a oríllas del río Delaware, frente a Trenton. La toma de Filadelfia füe un paso rnás e11 la ofens.iva mglesa, apoyada en ia mayor capacidad militar de los «casacas rojas¡,, que les permitían imponerse nna y otra vez en los campos de batalla a las 1nilíeias nor• teame1 icanas, mal vestidas y peor a,madas, como ocnnió durante casi todo el año de 1777. A fines de t:se año Washington se retiró a sus cuan des de invierno en Pennsy]vania y cutonces el desen!aee parecía inminente para unas fuer zas completamente desmoralizadas. En esos meses, las fuerzas rebeldes sólo tuvieron u11a victoria, al derrotar en Saratoga a los refuerzos hriián1'cos prove, nientes de Canadá. Los 5.000 hombres al rmmdo del general John Burgoyne fuero11 vencidos por uu ejército Jrreg11lar compuesto en buena parte por campesinos y cazadores bajo el mando de! genera! Horatio Gates.


J,a intervención francesa fue un elemento q111e avudó a cambiai el i 1111160 de umi guerra hast:1 cnlonci:s favornbk clarcuncnk a lng!atc1-r,1. Fr;mcia ac11dlú en ;vmlfl <k los rebeldes dehido tl ~1i crndicio:ial auirm1dversión y Ll ios viejos r:nc01 ,is contra Inglaterra lnic1almentc, y pm rnotivac1oncs pol ÍtKas, Ja ayrnh francesa ~e maut11vo eu secreto. De este rnodo. el gobierno de París concedió llna serie de préstamos monetarios y entregó armas, municiones y pertrechos a los norteamericanos. Tras la derrotu britflnicn en_ Sarntoga los franceses decidieron involucrarse más en la guerra y reconocieron la mde, pwdencia de las Trece Colonias_ En febrero de 1778 se firmó un tratado de alian:w y comercio con el nuevo país. gracias a los esfuerzos negociadores <le BerJmnin Frnnklin. A partir de este momento la contienda se rntemacionalizó, ya que Francia envió un ejército y una flota. Posieriormente, España (eu J779) y Holanda ( en 1780) entraron en la guerra. Entre 1778 y 1781 la coyuntura bélica fnc favorable a los ingleses. Des pués de su retirada de Filadelfia, su principal objetivo fue la conq1lista de las colonias del sm A fines de 1778 conquistaron Savannah, en mayo de 1780 se apoderaron de Charlcston y en el verano de l 781 pmecía que el, fin_ de la guerra estaba cerca dado su control sobre la mayor parle de los tcrntonos del sur. En este contexto, el envío de la primera flota francesa en auxilio de sus aliados norteamericanos, al mando del conde d'Estaing, no tuvo uinguna incidencia práctica sobre la contienda. Ante e! rumbo inequívoco de los acontec_imicntos, los franceses decidieron tornarse en serio la ayuda a los norteamencanos, ven el verano de ] 780 enviaron mm expedición de 6.000 hombres y en mayo ;iouientc nnn escuadra naval al mando de! conde de Barras. Las conseeucn· o cias de este apoyo terrestre y naval se evidenciaron rápidamente y la guerra dio 1m giro definitivo. La llegada de 1m contingente mililar fn111cés, al mando del conde de Rochambeau, reforzó el ejército de Washington, que avanzó sobre Virginia, al tiempo que la annada francesa se asentaba en la bahía de Chesapeake, dificultando los movimientos de la marina de guerra inglesa. Era tan abrumadora la superioridad independentista, que las fuerzas inglesas, mandadas por lord Cornwallis rindieron el 17 de oct11bre de 1781. El fin de los enfrentamientos en América del Norte no snpuso el fin de la guerra, ya que ]as potencias continuaron peleando en otras zonas del mundo, hasta que un nuevo Tratado de París, éste de 1783, acabó con la guerra. Un punto impor· tante del Tratado fue que Inglaterra aceptaba !a independencia de las Trece Colonias y r,,conocía la existencia de un país nuevo, los Estados Unidos de América y sus derechos sobre !os territorios ubicados entre los grandes lagos y Florida, nuevamente cedida a España.

1.3. El surgimiento del orden republicano Como en la América española, la revolución de independencia o Revolución americana, frie cminentcmen(e política y no afectó ni al sistema social ni al

económico de· lo que sccrüt Estados Unidos. pese a l<1,; nhrnwcious:~ de reforma social h,:dras por algunos h1stori::i.doi-es llUl'lcamcric:uws, pcmeg;iri~t:1~ de sn proceso emancipador Ernn:; ! 776 y ¡ 788 los políticos wh1gs conlro!mon el gobierno de los estados ck la Unión, con sus sistemas po!í11cos pc1r1inllares, basados en su prnpia evolución histórica. De modu qut; los sistemas políticos, los sistemas electorales, lcts conshhJCioites y el tipo de gohíerno d1fcifon de un caso a otro. Mientrns en Carolina del Sur se desarrolló una forma de sufragio censililrio, sólo potlían votar los propietarios y (Jlliencs tenían un ddcrrninado nivel <le renta, en l'ennsylvania se impuso algo parc:cido al snfrsgio universal, aunque las mujeres no podían votar. La primera Constitución de Esiados Umdos ftre sancionadél en 1778 por el Congreso Continental h:1_io la fórmula deun documento tit1dado los Artículos de la Confederación. Sin embargo, la una11i111idad no carncíerizaba la opinión de las antiguas colonias o los nuevos estados de la Unión, por lo que hubo que esperar hasta 1781 para que el documento fuera rntificado por la totalidad de las asctmbleas legislativas. El carácter asambleario de aquellos años acn:centó el papel ele los parlamentos reg10mtles, mientras que los ejerntivos vieron corno s1is atribuciones se habfan reducido al mínimo. En algunos estados el poder del gobernador llegó a ser pnícticarnente testimouial, aunque la realidad de cada estarlo era diferente. A esto hay que sumar un temor presente en el ánimo de los congresistas de 1778, que se negaban repetir lo q11e estimaban los vicios coloniales, entre los que sobresalía la excesiva concentración de poder en mm sola persona, razón por la cual impulsaban la formación de gobiernos débiles, contrarrestados por parlamentos con una amplia capacidad de decisión e mtervención. Tampoco sancionaron la existencia de un gobierno central único y defCndieron !a soberanía de cada colonia. Para coordinar la gestión guber• namental y la acción de las Trece Colonias se decidió mantener el Congreso Continental federativo y se creó un com it6 provisional encargarlo de la coordinación, pero sin atribuciones ejecutivas. De este modo, el Congreso adoptó una estructura unicameral en la que estaban representados los estctdos como entidades soberanas e independientes, de modo que el Congreso no representaba !a volnntad popular, ya que ésta se expresaba a través de los gobiernos y los parlamentos estatales. El peso político del sector más radical y el estado asambleano amenazaron la estabilidad y la gobernabilidad de un pll[S qne no tennmaba de encontrar su rumbo en medio del fárrago revolncionario. Ante la mcertidumbre provocada por esta coyuntma, el comercio se contrajo hasta rnve!es descouocidos, una situación agravada por la depreciación del papel moneda emitido por el Congreso Continental y por los estados. Los billetes perdieron prácticamente todo su valor y se dejaron de usar en las trnnsaccmne~. Los perjuicios del radicalismo político eran cada vez más clarns para la mayoría de la población, lo que llevó a que se unpusieia un mayorpragrnatismo frente a las posturas maximc1listas de los 1+'higs. Para salir d~ la situación caótica que se atravesaba, Alexander Harnilton impulsó la inodificacióu de la


Constitución de li! Confodcración buscnn<lo una mayor rn1id:1d política ent1e todos. !os estados Je la Unión D. la vez qm:: intentaba dota1· dac: mayor c011teuido y más poekr al gnb1erno central. f'rvnto se ahaudonó la ilka de r,:fonnar la primera Cnnsti1uc¡ó1i, Je modo tal que la A:mrnblea Constituyente, reunida en Filadelfia ei1 1787, se; p1opuso redactar 1ma niiev:i. y aquí imnbién se impuso el peso de los moderados y conservadores tien1e a los sectores mús radicales. Harnilton y James Ma<lison tuvieron un papel des.tacado en la redacción del nuevo texto constit11cional, que creó rn1 sistema poiit1co totalmente:: nu<::vo que si bien reconocía la soberanía de cada uno de los trece estndos, sentaba las bases de unil nación única e indivisible, en la cual los estados delegaban ::tigunas fo11ciones. La m1ev2i cstructur:,, admitía la existencia de tres poderes (ejeC11tivo, legislativo y judicial) y la búsqueda ele un ec¡1iilibrio permanente entre los mismos, mediante un eficaz sistema de chec/u and balances, de controles y contrapesos.. Las limltuciones. del pnmer parlmncnto unicamernl se s.11pewron instaurando otro bicamcra)__ donde el Senado repre$<::ntaba a los estados, la antigua fi.mción del Congreso, mientras qucc la Cámara de Repte• sentlllltes expresaba al puehlo. Tambi~n se dio mayor poder H.l poder ejecutivo que tuvo mayores prerwgativf-1.s, al dotarlo del mando de las fuerzas armadas de b Confedcia,jón y de la dirección de la política internac:ional. El poder del cjecntivo se consolidó al otorgarle el derecho de veto sobre las leyes aprobadas por el Congreso, lo que significaba una st::ria !imitación a C11alquiertentació11 de úictadurn pmlamc¡1Ui,ía Ante e,;ie <11aquc de realismo y pragmatismo, la mayoría de los vrhigs, liderados por George Mason, antor de la Declaración <le Derechos de Virginia de 1776, y Patrick Henry se op11s.ieron al nuevo texto constitucional al estimar que se habían 1raicionado los pnncip1os de defensa de la libertad md1vidual, uno de los pnncipalcs estandartes enarbolado;; por los radicales durante la Guerra de la Independencia. Pero no to<los los liberales eran de la misma opinión. Algunos, corno Jnmes lvlaclison, se declararon firme~ defensores del nuevo ordenamiento coustit11cional en el convencimiento Je que un gobierno central fuerte podía garantizar mejor 1a defensa ele tales derechos y no la endeble estrncima pol([íco-administrativa emanada de ese tex10 confuso que fueron los Artículos de la Confederación. La íüerte oposición 1·adical obligó a adoptar un acuerdo rle compromiso, muy Iejano de las aspiraciones. miix.imas de unos y de o!ros, q11e expresaría clararnc11te las bases sobre las que se asienta el funcionamic;nto de la política norteamericana, expre~ión de su sistema democrático. La ratificae,ión ele ia Constitución por todos los estados no ñw sencilla, dado que la creación Je irn gobierno central imponía límites concretos a la soberanía de cada u110, algo no muy bien visto por una parte importante de las sociedades locales. En este proceso jngó un papel destacado el periódico El Federalista, donde entre 1787 y 1788 aparecieron artículos de autores relevantes, como Madison, Hainilto11 y Jolm Jay. La nueva Constitución se pudo aprobar cuai1do se prometió sancionar una declaración de derechos que ga-

nm1íz.ma ck forma crica;: hs·~-~-rnntrns individuales.. fre11ie a Jas arbitrnried~-~des del ejecutivo De eslc modo. uno <lié !os µrmwrns aci,is cid recién inaiiauradü Congreso federal, en j11rno de 1780. fue mcluir en d tex_to constitucional doce enmiendas re?actadas ~mr Madi:.snn, que dclierí;rn ser aprobadas por los estados, aunque s.°lo diez fueron sanc1omidas. Se trntó de lH~ primeras chez enmiendas constituc1om1!es, que pi obibían al Congreso aprobar leves limitadoras de la libertad de religlún, de palabra y <le prensa o de los de1~ecl10s ele reimión y de petición al gobierno. También se garantizaba el derecho del piie_blo a portar amias, !a seguridad de los ciudadanos contra detenciones y registros arb1tranos y c1 derecho ul jmc10 por jurado~ y qnc nadie podría ser pnvado de su vida, libertad o p1opiedacl si no era a través dd debido proceso legai. La elección de Washingtou como presidente de la Unión en 1789 fue un paso decisivo en la inslitncionalizm:-ión del país. Su gestióu a lo largo de ]os cuatro ailos ele gobierno pc:nnitíó su reelccció11 en 1793. La l!egada~cle Washington a la presidencia le confirió al gobierno una orientación ;ornervactora y pragmática. Akxander Hamilton fue designado secrc:tario del Ternro y se convmió eu el hombre más poderoso del nuevo gobierno. Su programa económico blL';'-·1iba crear nn hnnco nrK'ÍC1na L retirnr de circu!ació11 e [ clespresllgiado y devaluado dinero continental, buscar nuevos ingresos fiscales con los qoe financiar !a bmocracta estatal y adnptar una política proteccwmsta de !a rndus1ría nacional A fi11 de trnnq11ili'l.ar a los acreedores y poder ganmtinr e! flujo de recursos financier()s a las arcas dd lesoro. se dlspuso que el gobierno federal se hiciera cargo de las deudas provenientes del período colonial y de todas las ca11sadas por los estados durante la gnerra. Hamilt011 basaba su politica en ln defensa del «bienestar ge11ernh1 en contra de b.,oberanía de los estf!dos, lo qne snponia m1a in_jerencia clara en algunos de sus derechos particulares. De este modo, no fucrorr mfrecuentes las p1otcstas de los estados contra L:ts violacio11es de su soberanÜt. Estns protestas se trasladaron al gabinete del presidente Washrngton, donde los enf're11~amie11tos entre Hamilton y Jeffenon, el sccretano de Estado, no hicieron sino aumentar. Jeffersou se convlrtió en un gran de tensor de los derechos de los estados y fue el principal portavoz de quiene..~ se oponían a la libre interpretación de la Cnn.stitueióny al incremento dd gobierno federal .Jefforson renunció n su cargo y concentró sus esfüc1·ws en organizar a (os liberales en lo que sería d partido rcpuhlicauo, heredero ideológico de los whigs coloniales. Enftc:mado al partido repuhlicano esrarÍf-1. el partido federalista, frontalmente opuesto a los plante;-¡mientos jcffersonianos. Las bases de este otro nuevo partido serían senti-icla~ por los seguidores de Hamilton. John Adams y Jay, entre otros líderes. Los fo.foral i~tas provenían del ala con~erva.. dora ele los whigs. aunque habían logrado incorporar a numerosos tvries. La construcción de partidos rwClonales no foe un proceso fácil, dadas las gran~ des <llferencias políticas y sociales entre los e::tados del no1te y los dd sur. Mientras el partido foderahsta era más fücrte en el norte, el republicauo tenía


sus brtscs en el sur. Las (lil's:rcncrns entre ambos par·tidos se aho11Cbron con la Revolur:1ón francccsa y su ¡¡n¡n1cw en los Estados Umdus. Los repnhlic:anos vivieron el t1iunfo 1c:vnluc:1ondrio como un p,1so m{1s en la lucha pm l;i lihertad mientras que los federalistas se centraron en el pesn político del terrnr y en lo qne podla oci1rrir si la pkbe se hacía con el poder en un país como Estados Unidos. La elección p1esidencia! de 1797 perrniíió qne John Adams sucediera a Washington. Durante su mandato las relaciones con Francia se deterioraron de forma acelerarla y sólo su prndencm evitó la guerra, aunque una ola de sentimientos antifnmceses scc apoderó de la población. Thomas Jefferson fne el tercer presidente de Estados Unidos y gobernó entre 1801 y 1809. Su elec.. ción no supuso el rdorno al radicalismo, sino el inicio de una nueva era mar-• cada por la progresiva concentración del poder en torno a la figura del presi .. dente, ya instrrlado en la nneva cnpilal. \Vashington.

2. La independencia de Haití 2.1. Azúcar y crecimiento económico Los fi-anceses habían comenzado a ll!Slalarse en la parte occidental de la isla de La Española, conocida corno Saint Do111ingue desde finak:s del siglo .XVI! y que a partir de la independencia alcan:tada el 1 de enero ele 1804 adoptó el primitivo nombre in<lígena de Haití. Los bucaneros, en su h11ida de sus perseguidores españoles, se reh1giaron en la vecina isla de la Tortuga y desde allí se cxpandiernn a Saint Domingue_ Sin pnsas, sentaron las bases de lo que un siglo más tarde sería la colonia antillana más productiva, gracias al desarrollo de ]8 economía de plantación y <1 la masiva -introducción de esclavos africanos_ La producción de Saint Dorningue se orieutó al cultivo dd azúcar, seguido del café, algodón e índigo. Como la ganadería había sido !a actividad trndiciom1l de la parte española de la isla, se produjo una notable integración entre ambas economías, dada la demanda de /as plantaciones haitianas de animales vivos, carne y otros productos derivados. A pmtir de 1783, coincidiendo con la 'Paz <le Paris, que puso fin a la Gne" rra de la lndep1,;nJencia de Estados Unidos, la parte francesa de La Espai'íoln comenzó un espectacular proceso de crecimíento, apoyado en e1 aumento de !a productividad que tornó más competi11va la producción azucarera de la isla en relación con lss colonrns inglesas. La independencia de los Estados Unidos, la ruptura de relaciones co.merciales con Inglaterra y la quiebra del mo· nopolio comercial inglés, beneficiaron a S:1int Dorningue. Los comerciantes norteamericanos cambiaron sus fuentes de aprovisionamiento de azúcar, abandonando a los plantad01es de las Sugar islands, :-;us proveedores tradicionales, de modo que el auge de las A11tillas francesas desplazó n Jamaica Y Barbados de su condición hcgemómca en la producción y el comercio azuca•

reros. El númccro (le planlac1ones y d<e ingenios creció rápidamenk y con ellos !a cantidad dé'. esc!a\/O~ qac :t1Tibaba regularmente a las cost2s haiti;rnas Frnnk i\foya Pons ca Inda que en las vísperns<le la l<evohición famcesa ]leuahan anmlmenle a la parte francesa de la isla cerca de 30.000 negros y de los !72.000 esclavos de 1754, se pasó a 240.000 en 1777 y a más de 450.000 en 1789, llegando a ser el entre el 85% y el 90% de la población. Otros autores hablan de medio millón de esclavos en la misma época. De ellos, 400.000 trabajaban en las plantaciones y en los casi 800 ingenios existentes. Los l 00.000 restantes eran libres, y la mitad negros libertos ( afranchis). Este rápido proceso de crecimiento tuvo sus costes. Los primeros afectados fueron los plantadores, conocidos como los grandes blancos, dada su debilidad financiera y su dependencia del capital comercial. La trata, controlada por compañías monopólicas, pasó a manos de comerciantes de Burdeos, Nantes y Mmsella, los propietarios de las refinerías de azúcar instaladas en los puertos metropolitanos q11e monopolizaban !as 1mpo1taciones. F;stos estaban en condiciones de adelantar dinero a los plantadores para afrontar los gastos del ciclo productivo (compra de esclavos, insumos, materias primas y alimentos, pago de salarios, etc.), tornándolos más vulnerables frente al cnpital comercial. Esta situación aumentó el resentimiento entre los plantadores, que se vieron tentados aseguir los pasos independentistas de los colonos norteamericanos. La Revolución francesa tuvo un fuerte impacto y muchas de las estructuras organízati vas galas fueron adoptadas por los sectores sociales libres, blancos o mulatos, que eran los mejor organizados. La rápida politiza~ ción y la convocatoria de los Estados Generales llevó a muchos haitianos a pensar que sus demandas políticas y económicas podían ser satisfechas, a tal punto qne en las reuniones del Club Massiac, de París, se apuntó la necesidad de buscar \a autonomía política para la col011iade modo de escapar de las presiones metrnpolitanas. En un nivel social inforiorestaban !os casi 40.000 pe•• queñns blancos (burócratas, soldados, pequeños plantadores, comerciantes, administradores de plantación, etc.), que tenían una difícil relación con los casi 28.000 mulalos libres que hahía antes de 1a Revolución francesa y qne se dcdicaba11 mayoritariamente a la industria azucarera, ya que poseían la tercera parte de las plantaciones (y de los esclavos) de Haití. La legislación francesa reconocía el derecho de s11cesión para los hijos de blancos y esclavas negras, siempre y cuando hubieran sido reconocidos por los padres. Como buena parte de los plantadores vivía en la isla sin familia, un buen número de hijos natnrnles mulatos accedió a la propiedad de la tierra. La envidia de los pequeños blancos ante los mnlatos enriqnecidos generó 11:1a sene de leyes discriminatorias y colonialistas para frenar el ascenso social de los mulatos y convertirlos en ciudadanos de segunda categoría, pese a qne tdlficamente eran hombres libres. En 1758 se les prohibió portar armas, en 1771 se les impidió ocupar cargos en los tribnnales o en las miJicias y ejercer la medicina, en 1779 se los obligó a vestirse de manera especial para denotarsn condición, en 178 ! no pudieron utilizar los títulos de monsieury ma-


dame (señor y scf1mal y fimlmente se prohibió a las mulatas casarse con blanco~. Esto implicab,1 crear distintos tipos <le hombres libres, pese a que el Código Neg1u declaraba su ignal<la<l legal. Algunos mula tus 1JCOS que unitaban a los planludores pasaban temporadas en París, donde formarnn la Sociedad <le lc>s Amigos de los Negrn,<;, rnuy bien acogida por los grupos fi<mceses más radicales_ Al come11za1 la [CVolución, los mulatos pagaron una gran suma <l,c; dinao para saldm la deuda pública, a fin de que la Asamblea Nado. na] les concediera todos los derechos ciudadanos, fundame:::ntal para oponerse a las leyes discriminatorias de los pequeiios y los gnmdes blancos. Este reco. nocimiento no ftte seneil!o, ante la oposición de importante,<; grupos de la burguesía, especialmente ;¡qnéllos vinculados a la trata y a la indllstria azucarera. Su a['gurnento era qae u11a medida semejante :-;ería el principio del reconocimiento de los derechos de !os negros, lo que implkaría e! fin <le la esclavitud, base de la p1osperidad de las plantaciones. Los plantadores haitianos endurecieron su política con !os 1milatos y en 1790 constituyeron una Asamblea Colonial, bajo sn tollll control, que consideraba iaadrn1sible cualquier reivindicación mulata sobre sus derechos políticos; también se cnc2ugó del gobierno local y de designar !os delegados a la Asamblea Nacional. La postura de los blaucos condujo a unD mayor radi.calizació11 social y a una independencia de hecho declarada por los plantadores. La rie;1dez de !a postura de los blaacos llevó a los mulatos a recumr a !a violencl; ven octnbrc de 1790 la Sociedml de los Amigos de los Negros envió a Vícent~ Ogé a S2ünt Domingue para dirigir 110 levantamiento junto a uno de sus hermanos y a Jcan-Baptisk: Chavanncs, pero ]ns cabecillas fueron capturados y ejecutados, acabando con hi rebelión. El fracaso de los mulntos se debió a s11 mslarniento social, al evitar vincalarse a los r::sclavos negros, a los que considerabm1 sus rnfenures. Bajo el infh0o de la RevoluClón francesa y de la independencia de las Trece Colonias, los mulatos rnmenwron ;i hablar de igualdad e independenCJa y a organizarse para enfrentar viole11tarn<::mte a los plantadores y a las autoridades francesas, a quienes respo11Sabilizaban de su discnm111a,.;uJ11. El incremento de la violencia agravó la siiuación, al au1nentar e! númr::IO de víctimas en ambos bandos y la sensación de inestabiliclacl. La consecur::ncia directa del proceso independentista haitiano fue el sur~ gimie1ilo de mi fatado militar y una sociedatl en armas que vería normal el levantainiento de los dlsti11tos grupos ~ociales: blancos, mulatos o 11egros_ Mientras los blancos y los mulatos se enfrentaban entre si, nadie se ocupaba de los esclavos 11eg1os, cuya situación no dejaba de empeorar a la vez que sus amos discutían de derechos humanos, libertad, igualdad y autonomía. RiJ.píJarnente se convencieron de que había llegado la hora de hacer valer para sí dichos conceptos y, de forma inesperada, se rebelaron en las plantaciones del norte. en mcos(o de 179], iniciando una década de violencia e incertidumbre.

2.2. Los esclavos entran en acción. Et liderazgo de Toussaint Louverture Los plantadore,<;, blancos y mulatos, entemlían que las reivindicaciones de los esclavos negros, comenzando por sn e111ancipació11, supondrían s1uuina y la quiebra del sistema de plant11ción. De este modo, dcjarn11 de lado sus rencillas para unirse coy1mturalmente con Francia en la represión <le los esclavos. A fines de 179] llegó de la metrópoli, m1a Comisión Civil que debía impulsar la coalición contra los negros, que tenía. ;,in embargo, unas bases muy inestables, al no haber desaparecido la ammadversión recíproca, y condenaba !11 al lanza al fracaso. La rebelión y su represión se caracterizaron por Sll brutalidad y sadi.<imo. Si 11na colurrma de esclavos que marchaba a conquistar Caµ Frarn;ois era encabezada por un niño blm1co clavado en una lanza a modo de estandarte, los blancos intentaron aniq11ilar a todos los sublevados Bn marzo de 1792 los mulatos obtuvieron la eqnip:.:irnción de sus derechos co11 !os blancos, pero no por eso cesarou los conflictos ínter étmcos entre los plantadores. En sepüeinbre de 1792 llegó a Cap Frarn;ois una segunda Comisión Civil, junto a una expedición de 6,000 soldados para acabar con la 1evolnció11 Ank: la 111tens1ficación del conflicto, unos y otros bttscarnn apoyos exter~ nos. Los esclavos apostaron por los españoles de Santo Domingo, que les prove[an de alimentos, armas y municiones, al pensnr que era !a mejor manera de expulsar a los franceses de la isla. Por eso, los _jefes rebeldes Bia~sm.1 y Jea11 Fram;ois aumentaron sus contactos con los espai'ioles. Los blancos y mu-latos mm1ron a los ingleses, dado su tradicional enfrentamiento cun Francia y su deseo de apoderarse de Haití, los grandes blancos solicitaron a Jamaica an confo1gente armado para liquidar la rebelión de los esclavos, pensando que podrían usarla posteriormente para resolver el problema mulato. La postura de los grandes blancos contraría al gobierno revo1uciona1io se debía al apoyo de París a los mn!atos. El triunfo jacobino complicó las cosas y la guerra con Inglaterra, Holanda y España repercutió en Hailí y r::n el resto Jel Caribe. De ahí e! apoyo de Jamaica a los plantadores y el envío de 1ropas a Saint Dorningue, que ocuparon el sur y la costa oeste de Haití, ya que los rngleses pensa•• ban que podría11 recuperar el control ele la producción azucarera. Pot· su parte, los españoles, aliados a los esclavos rebeldes, también mvadieron la parte francesa de la isla y conqu[starnn la mayor parte del norte. La acción simultánea de mgleses y es-¡xtñoles decantó la sitnación y ante el nesgo de que Saint Domingue cayera en poder de Inglaterra la situación conoció un giro dramiúico. El jacobino Leger-Félicíté Sonthonax, el alto comisionado francés en !a isla, convocó a los negros en sn defensa. El incentivo fue la abolición de la esclavitud el 29 de ahri! de 1793, aunque excediéndose en las funciones <tsignadas. La medida de Sonthonax fue rechazada por parte de los rebddes, qtie decidió mantener su nlia11za co11 los espal1oles, pero Toussaint Louverture, un médico de las fuerzas revolucionarias conve1 ti( lo en u110 de sus principales líderes, decidió aceptar la iniciativa francesa y el man-

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ienimicnto de los l:lzns coio!lÚ1les c01\ h ms;trópol,, s,: mcrn11orú a ias fib~ galas con 4.UOU hombres y rnmbió d rumhn de Ju~ ;1conkcurnentos. Tous .. ~ami, de :i0 ai'i.os de edad, habíil apr<endido n leer v escribir usn los mL-:ionern~ cc1puchmos y er.:i vdennario en um1 plant,1ción ~!el nmlc. Los mulatos tam: bién se dividieron entre los que apoyaron a los franceses y los más ricos, que mnntuv1cron la afü-mza con los blancos y respaldaron la intervención inglesa. Anle b falta de apoyo de los esclavos, los espnfioles ab,mdonaron los 1t;ritorios conquistados y al desapmecer un foco de tensión, los franceses pudieron centrarse en los ingleses. La denota ele España :,;e plnsmó en la P11z ele Basi!ea de l 795, según !a cual !os españoles recuperaron las posesiones perdidas en la guerra a cambio de otorgar a Francia el control del sector oriental de la isla. La gnerrn con los británicos duró cinco años más, que costaron al <"jército invasor25.000 hombres. Su desarrollo consolidó el ascenso de T011ssainl, que se convirtió en el hombre más poderoso de la colonia En 1796 füc ascendido a general de brigada y ,11 año siguiente a gcncntl de división. Su poder se hizo evidente en abril de 1798 trns !a rdinida ingk-sa, cuando el general Mait!and negoció en secreto con Toussaint. Los ingleses se comprome1ieron <1 a\-nmdonar la isla a cambio de concesiones comerciales y Mait!an<l garan1·izó la prntección inglesa si Toussamt abandonaba a Francia y elegía b mdcpen<lern:ia, pero como éste no confiaba en los ingleses prefinó gobernar en nombre <le Francia, atmque esto supusiera mantener los vínculos ~olon iales. '!":lmbién estableció relaciones con los Estados Unidos. Los mnlatos, encabezados por el general André Rigaud, se resistieron a ser gobernados por un negro y en fe., brero de 1799 se volvieron a rehclar, con lo que comenzó nn nuevo enfrenta .. miento, esta vez entre negros y mulatos. La snpt~rioridarl. numénca de los pri .. meros y las dotes militares de Toussnint les perm11Leron imponerse en una contienda brutal que se extendió un afio y medio, hasta que en agosto de 1800 los mulatos fueron derrotados y Rigau<I debió abandonar la isla. Consolidado en su posición, Tou3521int intentó reactivar la prndncción azucarera y normalizar la situación política Su objetivo implicaba mantener el sistema de plantación y devolvió las instalaciones a los propietarios que no se habían ido y obligó a los negros a retornar a sns viejos empleos, do11de tra, bajarían como asalariados. El producto de las cosechas se dividiría entre los trabajadores y los palronos, un25% cada uno, y el otro 50% irí21 a la Hacienda en concepto de imp11cstos. En oetubrn de 1800 Toussamt sancionó un código que regulaba el funcionamiento del sistema agrario. La llegada de Napoieón al poder y su proyecto de recomponer el lmperio colonial para destinar sus ganancias a financiar sus guerras enropeils era una amenaza cnntra Tomsaint. Esto implicaba que Haití debía controlar 1oda la isla de La Española, en con" 1.ra de lo estipulado en el Tratado de I3asilea, y que ]ns plantaciones debfan producir a pleno rendimiento con los ncgrns nuevamente sometidos a la esclavitud. Toussainl era un obstáC11!0 que había que quitar de en medio, mmque sn sag1tcidad le permitió anticipar algunas decisiones de Napoleón e invadir la parte española de la isla. El 26 de enero de 1801, ante la consle1naeión

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de los (:s¡,;1iioks y ck los nnmerosos franceses que se hc1büm rcfugindo 1cn !J capital, ocupó b nudad de Santo Domingo y rúpidamcme unificó Iris dos co]ouws, nombró a algunos funcionarios parn su gcs!tim y dictó 1:is Úl(knes (\portunas para afrnntar la reactivación económica, trn:: Jo cual retornó n l-lait\ para prepc1r;1r su defensa. Napokón se negó a aceptar !2 soh1ción de Ton~srnnt v tras conseguir que: España le <levo! viera la L1lls1ana se dispuso a ocupar rniÍi!annentcc La Española con uirn flota de más de 80 embarcaciones y 58.000 soldados al mando de sn cnfiado, d general Victor-Emmanuel Leclerc. Los :franceses desembarcaron a principios de 1802 y ante la impotencia de los negros se apropiaron <le Santo Domingo y de las principc1les poblaciones del oc" cidente. Los franceses capturaTOn en junio a Toussaint por la traicíón de algunos de sus hombres, y falleció de frío al año siguiente en sn prisión francesa, adonde había sido enviado junto con Sll familia. Tras el estupor inicial, los negros se reagruparon bajo el mando de Jean-• Jacques Dcssalines, uuo <le los lugartenienks y tío de Tonssarnt, y del genc:ral Hcnn Cristophe, y en su lucha dejaron de lado las tácticas contemporizadoras de Toussainl, anle la imposibilidad de llegaT a a!gúu acuerdo con Francia. Los negros adoptaron la táctica de la tierra arrasada, <leslrnycndo todo lo que encontraban a su puso, para nnpedir el aprovisionamiento de !as tropas gulas, qneJambién se vieron afectadas por la fiebre amarilla. A fines de 180J los franceses abandonaron Samt DomingL1e, con innumerables bajas y 7.000 prisioneros. St:'gún las cifras oficiales francesas, la campaña dominicana secolnó más <le 50.000 hombres, entre ellos el propio general Leclerc. El 1 de enero de 1804 Dessnlincs y sus seguidores proclamaron la independencia de Haití. Siguiendo el ejemplo de Napoleón, Dessalines se proclamó emperador, y si bien su cargo era electivo tenia la potestad <le nombrar a su snccsor. Pm su parte, los generales del ejército haitiano formaron nn Consejo de Estado que ayudaba al emperador en su tarea legislativa. Sin embargo, dada la sitrn1ción de inestabilidad que se vivía, le fue imposlble pacificar el país. Prueba de eHo fue su propio fusilrnniento, en 1806, y la división de la isla en Norte y Sur con gobiernos diferentes. El Norte, con centro en Cap Haitien, fue gobernado por llenn Cristophe, coronado como Henri 1, que reinó hasta 1820 con mano dura_ El estallido de una gran rebelión en 1820 forzó sn suicidio. Alexandrc Petioíl, el «presidente de la República de Haití>,, gobernó el Sur entre 1808 y 1818. Petion era un mnlato educado en Francia, de talante liberal, que pnrnitió el floreci1niento de las libertades, pero su mal manejo de la economía llevó el país a ln ruma. Su sucesor fue Jean~Pierre Boyer, que reunificó la isla tras el suicidio de Cristophe. Fn e! nuevo pafr; no eran los blancos sino los anciens y los nmweaux libres (viejos y nuevos libres) los qne integraban los grupos sociales más pnvikgia<los. Sln embargo, rúpidmnente los mulatos, gracias a su conocimiento del funcionamiento de la administración, desplazaron a los oficiales negros que coulrolaban al ejército. De modo que la desigrnildad social y económica se irn_puso en Haití.


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14. la independencia de Hispanoamérica

En el prímer cuarto del siglo x1x los dos grW1des imperios ibéricos en Aménca atrnvesaban una coyuntura poiíllca delicada, a tal punto que hacia l 8:Z 5, con hs únicas excepciones de Cuba y Puerto R.ico, más hhpinas, la práctica totali" dad de las colonia~ se lrnbían emancipado de sus metrópolis. De este modo, la indepemkncia amcrícami mpuso nn catac!Jsmo político am donde tuvo lugar y onginó un complicado proceso de formación de nuevos Estado~ nacionales. En los dos casos, el disparador independenfota fue la invasión napoleónica de la península lbérica, a lo que hay que agregar las consecuencias de las reformas borbórncas y las pombalina.4, con sus importantes transformaciones en la organización de la administración y b ewnomía co!oniaks, que afoctaron indu.~o a las relaciones sociales. Pese a la c:oincidencia cronológica, 1J emanci•pación de la.América española se difrn:nció de la de Brasil por !a íntensidad y la viokncia de los enfrentamientos y porque mientras Brasil mantuvo sn uni-(Ül<l territm ial y política y se convirtió en una monarquía parlamentaria, las antiguas colonia:-; liispanas se .fragmentaron en nurnero.~a,; repúblicas en el centro y sur del continente. A esto se añade !a separ<1cí6n de una parte importante del territorio mexicano, que termi116 anexionándose a Estado~ Unido.~. Durante casi tres siglos el Imperio español se había mantenido unido bajo el manto protector de la monarquía hispana, a tal punto que todos los habit,·,n" te;,,nac:idos en la;,, colonias, con independencia de su emplazamiento, se reconocían por el misrno nombre: americmos. Éste es un dato importante parn analizar la emancipacióu como un todo y no, como las distinta.~ Jiistoriogrnffas latinoamericanas, compartime11tú11dola a partir de las actuaks fronteras


naciom1ks. Es mi1s, paia c:nlc11dcr la mdcpcudcncm hay que vcrb como nn L> nómeno global, que oc11n,: sirnullánearncnk a ambas orilla~ del Atlántíc 0 aunq(]c, c~o si, con sus ac:n11lecillliculüs ikcis1vu,; en (]!1J sola onlb, b an1i:ricam1. Por eso, crnmdo se rtX(]cr<l¡¡ el ~i!eño bohw1ri:mo d,: la (111!dad americaua, se trata de (10 miento por volvc:1 a la rculidad colm1ial aunq(]C en un marco de independencia de la Corona

1. las causas de la revolución La primera pregunta es por qué las coloni¡¡s españohis se emanciparon de su metrópoli después de tres siglos de intensas relacione:-;. Si bien la pregunta admite múltiples interpretaciones, la mnyor parte <le las respuestas tradicionales convergen en su aproximación positivista al prohlema de las causas, una discusión que lrn i11knsificado la imaginación de muchos historiadores, que e11 su búsqucdR se han rcmontatlo a los tiempos prcco!ombinos. Se buscaba (]na épica y (1!1ll continuidad nada evidentes entre las luchas indígenas contra los invasorcé' crn-opcos y la emancipación, intentando fraguar explicaciones inmanentes y rclcológicas JIISlificntivas de los proyectos nacionales posteriores al nacimiento republicano. Así, se definen dirnímicas preexistentes que conducían irrcrncdin.blemente al surgimienlo de la nación argentina, pernana, guatemalteca o mexicana, por dar sólo algunos ejemplos. En algunos casos estamos cerca de posturns próximas al indigenismo, que buscan legitimcirse a partir de una tradición permanente de lucha contra los conquistadores ibéricos y sus sucesores. Otros historiadores realizan un gran esfuerzo clasificatorio para hablar de causas externas e internas. Vinculado direciamente a esta preocupación por las causas está el tema de los movimientos precmsores de la revolución, toda 11na sene de movimientos sociales de índole muy diversa, ocurridos a lo largo del siglo xvrn, o incl(]sive antes, (1ue intentan refaci onarse co11 la dmám1ca emancipadorn. Más allá de causas próximas o lej:mas, endógenas o exóge11as, la invasión napoleónica, la acefalía y el vacío de poder crearon el marco político e 111stit(lcio1rnl para el estallido emancipador. Pero es en la coyuntura americana y en los cambios ocurridos en las colonias durante el siglo xvm, especialmente las reformas económicas y administrativas, donde hay que buscar !os elomen· tos necesarios para interpretar el füncionamiento de las élites coloniales y la independencia. Pese a ello, hay que prestar a España y a la evolución de !a política metropolitana la merecida atención, entre otras cosas, porque como señaló Claudio Vélíz, la tradición centralista espaíi.ola fue omnipresente en las colonias. Pero como no 1odas las élites hisprmoamericanas la asimilaron de! lll.is1110 modo, surgieron diforencias regionales. Desde la perspectiva ameri~ cana, la invasión napoleónica tampoco es fundamental para explicar la independencia. Jorge Domínguez apunta que cada colonia respondió de dislinta manera a la guerra europea y a la invasión de la Península y que la diforencifl

entre ellas dependió dd vínculo pol111co entre el gobierno y bs élí,es '"/ cnlr,; las misma~ élites, que \·ariaha de (tna colonia a olla. Esli! sit11ución esti1 e11 b base del proceso de <lc~mcrnbración del Imperio, paralelo a !a cnwnnpanó11, donde no todas !ns élites respondieron de! mismo modo al reto indqxrtdentisrn. ]Vlient1as las <le México y Paú, !ns má:-; importantes del lmpeno, buscaron man1ener !os vínculos con España, al menos en la primera etapa de h1 emancipación, las de las zonas marginales, menos dependientes de la minc1 ía arge11tífera, foeron desde el comienzo partidarias <le un independentismo más :igresivo, al entender que unas naciones mdependicntes defonderían mejor sus intereses q(]e la vieja España, Las excepciones fueron Cub,1, Puerto Rico y Filipinas. En Cuba, por ejemplo, la magnitud de los cambios en el sector aznca•• rero modificó íntegramente las normas dt: la relación colonial e hizo i11nec(>· sario ese paso. Las reformas borbómcas habían intentado modernizar la admírnstrnción colonial pc1ra aumentar los ingresos metropolitanos. Desde esta pc:rspcctiva, una administración colonial más centralizada y eficiente implica, con las ne~ cesaria8 matizaciones, menm !íbc:rlnd de acción pnrn las colonías y los colonos. Al igual que e11 las Trece Colonias, el mayor control de la actividad económica <le los colonos por las auto1idades metropolitanas, lo que podría entenderse como ona mayor explotación de los colonos, fue clave en el deterioro del marco político y Jurídico y del clima de convivencia que condujo a la emancipación. A esto se añade la legislación impulsada por los liberales en las Cortes de Cádiz, como la libertad de prensa, la abolición del trih11to indígena, de los privilegios jurisdiccionales o de la purea de sangre para ingresar en el ejército, en muchos casos normas recogidas en la Constitución de 1812, qne fueron mal vistas por algunas oligarquías locales. De ahí que, cuando se produjo la restauración de Fernando VII en 1814, asistamos a un realineamiento de las oligarquías de México y Perú con el absolutismo fernandino. E! retorno de los liberales al poder en España durante el trienio constitucional amenazó la continuidad de aqtteHas políticas que garantizaban el manten1rniento de los pnvilegios oligárquicos, lo que condujo a estas éliles a consi• derar que había llegado el momento de emanciparse. Era 1111a especie de salirfa \(gatopardista» que intentaba cambiar algo para que la composición socia! de las antiguas colonias no se viera nfectada, Ei conflicto entre criollos y penmsulmcs o espaí'íoles americanos y españoles europeos se suele presentar como una de las principales causas, si no la principal, de la independencia. Si bien b(]ena parte de !os agravios presentados para justificar la emancipación enm reate~, estamos frente a explicaciones ex post más que ex ante. ya que la mayor parte de las teorías mbre la discriminación criolla se elflboraron durante o con posterioridad a las guerras de independencia y sirvieron básicamente para Justificar e! corte radical de los americanos con sn pasado espaiiol. Se 1rataha <le una dolorosa operación que buscaba la satanización del ahora enemigo y hasta entonces parte de S(1 propio pasado, que erad único modo de luchar contra la propia historia y sepa~


rnrse radic~-hu~;ntc de cÍla -~- hn <le fo1jar !as nuevas id-~1itidades rn:;;ona-i'~¡, que no dcbian estar contaminadas por lo «españob,. De ahí eJ p1ofu11do an!1h1spa111srno r¡11e durante décadns se resp1ró en las nuevas repúblicas, Pero rn1 había sólo c11o!los en un bando y penmsulares en el otro, ya que no todo_s los pat110tas ern.n americanos ni lodos los realistas europeos. La línea d1v1sona entre ambos grupos e1a muy tenue y la contradicción criol!open111s11l~r no siempre era el clemeulo determrnante en los co1lflictos políticos y soc_wlc~ que estaban en juego. No hay que olvidar el juego de intereses y sohdandades cruzadas vividas en los morne11ios previos a la independen. cmmd? emis~rios parti<lm 10s de Jos Borbo11cs, de las autoridades espanolas, de Napoleon o mduso <le la mfanta Carlota JoaquinJ, hermana de Fernando VII, lle1arnu a las colo111as buscando el apoyo para sus propias cansas. L_a_ coyuntura rndcpendcntista füc muy lábil y estuvo marcada por Ja aparic10n de nuevas tendeucias políticas y permanentes camb10s de bando· ]íbe. rnlcs, absolutistas_ constitucionalistas, autonomistas, indcpendentistas, mo11árqnicos, etc. Tan1o los criollos como los pGninsulares hoy adscribían a un grupo Y mafian,i podían vmcu!arsc a otro Cll función de consrderaciones muy diversas. Por eso, presentar la ernaucipación como producto del cnfrcntilm1ento entre criollos y peninsulares es uua operacíón simplista y maniqu1;a que requ1er~ ser revisada dcs(k la perspectiva de 1a Hisiu1ia política y de las ideas, c.ent1aw;ose en la conducta de los distmtos grupos cie presión a fiu de <leterrn111ar que es lo que estaba en juego en cada momento, obviando simplificacion<..:s e:..ce:üvas y considerando que la mayor pac!e de los e11frentarn1entos se daban dentro de las élites !oca!es o regionales y no con la C01ona O sns represeut::imes. Así, por ejemplo, el comportamiento de los terratenientes y el d": los bnrócratas coloniales pcninsolares frente a la indepeudencia no fue e! mismo. Pero no sólo eso. Las dile1encias, tanto de tiempo como de forma y de re1vmdicaciones en los procesos indepeiidentistas vividos eu los núcleos del Jrnpeno, ivléxico y Perú, respecto a las zonas pcriféncas, como Venezuela o el Río de la Plata, reqmere rnirnr más allá Je las contradicciones entre criollos y peninsulares.

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Las cosas empezaron a cambiar a partir dd proceso emancipador. E 11 las z?nas controladas por los mdependeutistas, q11e come11zarnn a llamarse patriotas, la guer~a ap_artó n los peninsulares Lle los cargos ¡1olíticos importantes, aunque solla apllcarse una excepción que ob!iga a relati vi:lar el enfrentamiento entre.críollos y µe~insulares: todos los peninsulares, y füero11 muchos, que reconocia~ a los gobiernos revolucionarios, ripoyaban la independencía y pagaban sus impuestos eran considerados americanos. L,i condlcíón de ne-ninsu!ar sólo se manteuía si no se acataba la nueva legalidad y a las nne~a$ a~toridades. En Buenos Aires, se prohibió a los españoles ejercer el comerc10 al por menor desde 1813, aunque durante ai'i.os encabezaron las listas de las co_ntribuciones forzosas para sostener a !a Revolución. Al mismo tiempo, los cnollos realistas eran perseguidos y muchos _preferían abandonar América para instalarse eu Europa Junto a los peninsulares que creían que no va!fa la

pena seguir vivit'.ndo en las colonias. Simultáneamente. allí donde se maule-nía e! orden coliiniai ocurría exact0C111ei1k lo coutrario. Sl bien de los cnf're11tam1entos remiten a la justificación ideológica de las m1evas nacional1dadcs, esto 110 implica qoe la lista de agrav10s esgrimida por los grupos y los líderes independenüsta~ no se base en hechos reales. Quizá la <,Carta de Jamaica,, de Simón Boliv::ir sea una pieza paradigmática. De todas formas, siguiendo a Tulio Halperín Donghí, se puede decir que a comienzos del proceso emancipador uad¡e podía pronos1'icar un desenlace trin rápido y radical, incluido el huudimicnto del Imperio. Situándonos en ese momento, lo más factible eia presagiar una prolllngada etapa de transición, que con sus reajustes, podía habertenninado cu la autodeterminación de las colonias. Un agrnv10 unportante esgrimido por !ns ímlependen(ístas aludía al peso de los peninsulares en la administración colonial, especialmrnte en los altos cargos, algo claro en la etnpa de la gran inmigración c.~pañola de !as décadas finales del siglo x vnr. Los vínculos que podia11 e::~tablecer (05 hmócratas con las éli!es lornlcs ernu un mcnnvemc11te pum 1ma administración que aspiraba a ser má,; centralista y eficiente, por lo q11c a la hora de los nombramientos se apostaba por los peninsnlarcs sin contafios prcv10s con las colonias A esto se c1grega su ,:ercauía a los centros de decisión menopolitanos y su capacidad de influir sobre !os responsahles de los nombramientos, que solían recaer en genic de su confianza. bstas prevenciones respoudían a la capacidad de las oligarquías amcnc:mas de mfimr sobre la burocracia coloniaL aunque cada caso debe explicarse por sus c1rcunsta11cias. capacidad de corrupción, establecimiento de vínculos familiares en el logar de de::::;tino, redes de parentesco_ etc. J,as reformas comerciales, la <::migración y la inteusificacióu de los iutercambios facilitaron una rnayor presencia de comerciantes pe11insulares, que solían amenazar las pos1c1ones de los mercaderes ya establecidos en América. La renovación ideológica eu lndius, impulsada por las ideas de la Ilustración, 110 tuvo en el rnmido español un contenido proburgués y revolucionario como en otrns partes deo Fmopa. Más allá del peso de los (<filósofos)), no hay que olvidar d co111ponentc católico, de ddensa <le! orden estamental y las repetidas muestras de fidelidad a la Corona de la !lustración espaiíola. La crítica a los defecto:,; de b sociedad co\omal o !a discusión sobre las reformas eco11ómicas mo(krn1zado1 as se mantenían denirn de los límites del sistema y no Clles!ionaban la Cornna ni la existencia del Imperio. Pese a e!!o, entre las causas de! proceso emancipador se suele incluir fa influencia de la independencia de las Trece Colonias y la Revol11c1ón frantesa. La inlfoencía de ambos procesos históricos a tcwf,s de los llbros, del contacto directo o del desarrollo de nuevas !orinas de sociabilidad en salones, krtulias, cafés, clubes y socieda" des se hmnó a grupos i!usnados de tamaño reducido y a veces mrirginal dentro de las élites, Allí couvergían los burgueses con los aristócratas, los comerciantes co11 los bmóc1alns y los letrados con algunos clérigos inq11ietos. lniciJlmente sólo qu1eues podían leer o estaban en condicwncs de viajar po-


dütn entender lo <pié oc11rrLi en Lslad0s Unidos o cu Frnncia, pcrn las nuc:v,1s formas de soci::ibilid:1d fueron erumdo 1m rn1c.:vo r:stado de opinión en las colonias. S1 bicn (:slc! íi1c m.,uficierne pma explic,u· los cmnbi()s, sí favoreció la vdoc1dc1d <ld proceso cma1Kipador después de la mvasión napoleónica y permitió _¡ustificai el cstal ll(!o de las guerr::is rnd~pendenl lsws con las ideas de las revo!ucmnes norlcmnericam1 y fomcesa. Tras la independencia de Es-• ta dos Unidos y su expcncncia republicana y especialmente después de la Revol11ció11 francesa, se lcvantnron voces condenando la explotación en lascolomas españolas y def;:ndiendo la ernancipttción, aunque eran casos aislados. Francisco de Miranda, que pagó con el destierro su osadía y debió exilimse durante años en fngbti.;r:ra, fue uno de los ejemplos más notables. El lib<:'.'.ralismo caló en muchos líderes de la indcpendencia, al igual que el pensarrnento utilitarista de Jeremy Bentham, y su incidencia aumentó iniciado el proceso emancipador, como prneba su 111flujo en el desarrollo de parlÍ·· dos liberales en los 11111.;vos países. El liberalismo, que carecía de la mayoría de las resp1testas para nn momento de incertidumbre como el que se vivía, foe mcapaz de aglutinar a la nrnyoría de los lider<:'.'.s americanos. Esto se ohserva en el comportamiento de dos de !os máximos lihertndores, José de Snn Martín y Simón Bolívar, y en srn reticencias frente a la noción de soberanía pop1ilary los gobiernos repn;scntativos, Míentras Snn Martín 110 creyó nunca en la república, como prueban su,c, intentos de recrear !a rnonarqnía en el Perú, Bolívar era un defonsor del republ 1canismo, pero con un desarrollado componente autoritario y elitístfl. Los rnov1míentos sociaks del siglo xvm fueron presentados como movimientos prccmsores, buscando en elJos precede11tcs de 13 emuncipación, aunque hay que insisiir en su heterogcne1da<~ como prneban las revueltas ,1grarias novohispanas, las conspiracione,, hrnsilólas de fines del siglo xvm o los rnovi1111en1os indígenas andinos. Entre ellos se puede mencionar la «rebelión de los barrios)>, en Quito en 1765, la «1cbclión de los pasquines» de /uequipa en 1780; o la erev11elta de los comtn1<::ros)) de 1781, con 111otivacio• ncs anlifiscales, propias del Antiguo Régimrn, más que deseos de emancipación. También hay que diferenciar las n:vncltas de los indios de las de ]os esclavos, annqne su impacto sobre el sentir de los sec1ores dirigentes haya sido más o menos similar. En la revuelta armada de Túpac Amaru, los indios gl! levantaron al grito de <(vivn el buen rey y ahajo el mal gobierno». Sin embargo, la peligrosidad del movnrnento indígena en las zonas donde su pre• :-;encía era mayoritaria, como el Alto Perú, hizo que la Corona fuera vista por ]as clas1cs más adinerndas como un diq11c a favor de sus privilegios. La peligrosidad de los sectores mdígenas füe realzada por el levantc1miento de negros y mestizos en Haití y las matanzas de los plantadores y terratenientes blancos y mulatos, yue afectaron a las colonias dominadns por la economía de plantación, como Cuba y Vencczucla, que ya habían conocido algunas sublevaciones de esclavos.

2. ¿De qué revoludón se habla? Se suck prcse111Jr a los proceso~ em;inc1pc1dorcs cor110 revoluciom'S y a los movimientos mdcpendentistas como revolucionario~, annquc muy pocos son ]os his1oriadort:s gne definen la revolnci<'m de la qm: hablan. Algunas escnelas bistoriugn\Jicas, como la argenltna o la paraguaya, aluden al término «revolació1m para referirse a la independencia, un lérmíno popnlarizado en las distintas ideologías nacionales a través de los manuales escolares. Ante la in-• deknniuación ideológír,a y la inconcreción del concepto de revolución anticolonial, dcbcríamcis preguntarnos sí realmente hubo rcvolueíón y en caso de tener una respnesta positiva, explicitar de qué revolacióu estarnos hablando. Es evidente que no fue una revolución económica, ya que en líneas generales ]as estructuras prodnctivas y de comercialización siguieron siendo las mismas, y sí bien las guerras de mdependencia y las guerras civiles produjeron importantes daños materinlcs, nmguno foe irrecuperable y en pocos años las economías regionales retornaron c1 los niveles produclivos previos a la emancipación. Las guerras de rndependencia supusieron un enorme consumo de riq_ueza para financiar los gastos de armamento y mantenimiento de los ejércitos. Í\t\ás allá de las donaciones de los rniembrns de ]a élite, la guerra aumentó la presión fiscal, centrada en un primer momenio en las exacciones c1 los opositores al gobierno, haya sido patriota o rcalistn, pero que luego alcanzó a casi todos los grnpos sociales. La g11erra tamhién supuso la destrncción de parte del aparato productivo: fabricas, molinos o campos de labor arrasados por los combates, aunc¡ne la devastación no fue tan tremenda como se pensó y la vuelta a la normalidad se produjo en menos tiempo del esperado. Tampoco fue una revolución social La desvinculación de la metrópoli tuvo efectos no dc:seados en las relaciom:s sociales, debidos en parte a lamovilización popular en los bandos enfrentado~ por las guerras de independencia, en algunos casos verdaderas guerrns civiles. Halperin Donghi habló de «b::irbarización del estilo político:>> y de la militarización y de la ruralización de la sociedad rioplatense, aunque ninguna de esas situaciones impulsó cambios revolucíonarios más o menos profundos, si bien en ciertas circunstancias se produjeron fenómenos de inversión social y el resquebrajamiento de la discipline! social. También asístimos a la agudización de los conflictos entre indios y blancos y entre rícos y pobres. Pero, por Jo general, los grupos que condujeron el proceso emancipador se resistieron a introductr cambios sociales o íurídicos de consideración, ya c¡ue en lo fundamental se mantuvo el marco ,instítt1cional hispimíco, que garantizaba las posiciones de !os grupos dornin:mtes. Los cambios se pro<lujeron por la vía de los hechos, <fada la necesidad de constituir ejércitos miis fuertes y numerosos, lo que hizo evidente el hecho de que los miembros de la arisl'Ocracia sólo alcanzuban para nutnr las filas de oficiaks. Parn tener más soldados había que rce!utarlos e11tr1.; las clases menos pudicntc8 o ganarse el favor de indios, mes1.izos y negros, atrayéndolos cou promesas que implicaban l::i ahoJición total o parciul del tributo o !a es-

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clav itlld. De esk modo se s:g11ía urrn práctica rn-ás t~lernnte frente al asc;;l;·: ~ocia! de g1~pos t_radicionalrneutc subordinados, que permitió a los oiíciales ~estacados, mduidos los mesttzos, nna rápidc1. cnrrern castrense. Varios mes, t11,os alcanzaron cJ gencndnto en el eJéicito l'ealista pernano, cntrt ellos Ramón Castilla, Andrés Santa Cruz o Agustín Ciamarra. _ En realidad, estamos frente a una revo!ució11 política originada en el nací, miento del nudadano y de la ciudadanía, qm; propició eu !as antigu:is colonias la construcción de nuevas formas de organización política basadas en uw nueva legitinü_dad. La lógica de la legitimidad de una sociedad corporativ: coino la culomnl permitió el avance dd proceso emancipador, dando paso a nu_cvas formas de repr~senta~ión basadas en los individuos, como comprueba 1~ mcide11crn de la leona pact1sta en el comienzo del procc;so, cuando se coiist1tHyeron las .lllntas de Gobierno aµoyBdas en ia legitimidad de los cabildos depositan os de la soheraoía de los pueblos. f.'o:,tzriormente las cosas carnbi:'. run Y se apeló a J¡¡ c_mdadanía para elegir autoridadc;s y representantes del pueblo mediante ekce10nes cdcbrndas con una intensidad desconocida anterior-• meotc. Las fórmulas de la convocatoria variaro11 de un sitio a otro y en el Río de la Plata, doi1dt: no se llegó a aphcm la Constitución librera! de J812_ los collllcios se rigiernn según la wgL::uueutación clahonidél para elegir a lo~ repre-• scntant(:s a Corles de ¡ 809. El alumbramiento de la iudiv1drwlidad fue acornpui'iado por la desapmición de los súbditos del monarca y µ01· la mayrn· 0 menor· supresión grad11é!I de las corporaciones propias del Antigiw Régnncn. nwante el prnecso emancipador :;!gu11os de !os dirigentes más rndicalcs apostaron pore!_carnb10 de gobierno y por laconsttncción del ordc:ii republicano y icprest:n¡at1vti: un ?unto qpe no alcanzó la ummimidad cutre quienes queiian la crmmcipac10i1. .U surgmllento de las repúblicas y la conslrncción de Estado~ foe la otra cara de esta revolución µolílica. Aquí hay u11a vertiente di,;tínta a las exp!icaciones telcológicas, ya que la insistencia en hablar de mi inexiskutc {(Estado colonial» pretende marcar una línea de coutinuidad, un antes y rn1 después, q1ie vincutaría el orde11 colonia! con el republicano, E! abogado porteño Mariano Mo1eno, p:élrtidario de las ldeas de Rousseau, sintetizó fos viejas teodas pactistas rnn lc1 defensa de los derechos individuaks al escribir en 1n Gacera de Buenos Aires que <(con la disolución de la Junta Central de Sevilla, no sólo rnda pueblo había reasumido L:i untorídad que de consuno hahían confürido al monarca, sino qne cada hombre debía consic!erarse en el estado anterior al pacto social de qae den van las obligaciones que ligan a! rey con sus vasallos;¡. Para el caso francés Rosaovallon insiste en el cambio que supuso la figura dd cmdadano y la e~tensión del concepto wm hombre, un votn», y podemos pensar en un impacto similar en las colonias. Sí bien en fa primera década independiente el ciudadano se asimiló al vcci110, se nlLlntuvo vigente el ,<mandato imperativo>>, los diµutados electos eran compnimisanos de sus electores y debían atenerse a !as instrnccion<es recibí das, no por d!o de_jú de profündizarse en llna realidad diferente a la colonial. Pese a la insistencia eu hablar de las élites en los contex1os más di-

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.~---·:-: s uo se debe desconocer b m1portancia que la politica tuvo entre los l sectores 111Js pobres o marginales de la sociedad y entre !os mct1ge_uc-1s ..,a re votncíón política los afectó de un moclo d11ecto, al tiempo que vieron en la nueva coyuntura uua oporhmidad para formar nuevos ayuntamientos const!tucionales, allí donde se aptícó la Consli:tucióu liberal de 1812, Yput·a pat t1c1par y mejorar su posición social y política.

3. Las primeras experiencias juntistas La invasión napoleónica fue d catalizador de !a emancipa~ió~. La caída de Carlos IV y Fernando VII produjo un vacío de poder _qn~ afecto l~ vida colo~ nial y pBra cubrirlo se intentó imitar a Jas Juri1as Provmcwlcs pe.nmsllbres, si bien ]as motivaciones no f'ucron iguales. En España, la pnmeraJunta se constituyó en Oviedo el 25 de mayo de l 808, seg1iida por otras eu las partes_más diversas. El 25 de septicmbN comenzó a andar la Junta Central, en Ar'.mJ_uez. En Améncn, a lo largo de J 809, se constituyeron juntas en La Pnz, enJu'.io, !. en Quito, en agosto. El moví.miento prosiguió al aí'ío sig11icute en los mas?!·· ver~~s puntos del Imperío. Era un movimiento urbano, ap?yado ~ti la legitimidad de los cabildos, considerados, por efecto de la leona pacusta, los depositarios de la soberanía de los pueblos Sin embargo h::; cosas 111,_ ~nm tan sencill2.s. dacb la descenfianz::i existente entre les c\ü;tintos gn:pos dmgcnll:s, Alguno~-intentaron consolidar las posíciorn::s 'alcanzadas Y parn no c~mprometerse invocaron en casi todos sus actos el respeto al orden estahkcido, un movimiento conocit.l.o como el rnantenim\ento de la ,,máscara ck Fcrnando VII))_ En ese ent011ces, los distintos poderes y grupos !ocales comp~tían por el control junsdiccional y Jos grandes cuerpos ¡ud!c_iale~ Y corrorat1vos, corno las Audiencias o los C011sulados, inkntaron kg1timarse basa11dose en su autoridad tradicional y a los poderc;s delegados, mientras trataban de a~rovecharse de !a coyuntura para consolidar su situación y resolver viqos pleitos con otros grupos locales con los que compartían el poder. . ., En medio del desconcierto por la falta del monarca, la mtauta Carlota Joaquirni, hermaua <le Ft:rnm1do VII y esposa d~l regente de l'ort~gal, 11,egó. a Río de Jancirn jrnito con la corte po1tuguesa hmda de Portugal Lomo su padre y su hermano estaban presos, la infanta estaba ~nsiosa por hacerse coi! el trono de España y comenzó a intrigar con !as autondades colornales Y las e_J1•• tes del Pcní, del Alto Perú y del Río de la Plata, presentándose como ta 1!ieJor alternativa ante e! vacío de poder. Los sucesos en !a Península repercnt1eron en la vida política colonial. En todas partes hubo movimientos destinados a consolidar a ciertas l'llltoridades o desplazar a otrns. Si bien es tus hechos _f~eron analizados como parte del eufrentamicnto criollo-pemnsular, _las divismnes entre los grupos, generalmente ell el iukrior de las élites, sohan rcsrcmder a cuestiones localt::s. La ausenciil de un hilo conductor en la rna~ona de las colonias explica por qné algunas juntas fueron imp11l~aJas por cnollos Y


otras por 1icnin\1ilarcs, arnquc:: mdu~ p111clamab1n su hddu.hd ai rey Fn los primt:i-os allus dd prnreso em,u1ei¡ndm l:i.~ lml:J~ d1v1.-;nric1s cutre los di;;rin, tos grupos no c:stillxm i.:laras y m1,;;mras en un lugai· se podía apoyar una dctermina<la pos(urn t:n olrn Sé: rcspaldaha la con!raria. En i\1éxinJ, el ¡xirl1do penmsnlm n:accionó contra el vin<::v, lturrwarnv V ,, , que según ellos se apoyaba en el cabildo de la capital, de predommin niollo v que con s11 colaboración organizó unajunlu q11e gobernnba en nombre de Fe/. nan<lo VJL Un golpe reemplazó al virn:y, ci 15 de sep1iernbre de J808, y la A11diencia reconoció el cc1mbio. En Buenos Aires, ia posición dd virrey Linicrs era muy <lclicml:i, dndo su origen frnncés, y el cabildo, bajo control peninsular, rntcntó dcrrnc"rlo a principios de l 809, pero fue m)pedido por las milicias locales. La guarnición naval de Monlevideo, ínlegrada rnayoritnriarnente por of'iciak~ españoles, desconoció la ai1toridad de! vim~y y est,1bh1ció unajt1nta pma gobernar el virreina!o, pero su mflnencia no pasó de la órbita local. En Chile, los criollos impulsaron el nombramiento dd coronel Francisco Garcí:1 Carrasco corno gobi;rna<lor interino, ante la oposición de la Audiencia. Li ddcrcncia de los colonos por las autoridades y In in1egridad del lmperio comenzó a perderse en 1808, c11a11do se llegó a rozar la rebelión. se hizo evidente la i11estabilidad y se provocó la rntervcnción de los virreyes. Entonces, el mensaje de la infonta Carlota Joriqmna l!egó n una dividida Audiencia de Charcas, cuyo presideníe fue ganado para su crn1srt. Mien1ras los oidores nnp11lsmon una junta, que gobernaría en nombre del rey, algunos grnpos mestizos se rebelaron en La Paz y amcna:,:arnn e! orden es(ablecido. Ante la imposibilidad de restablecer el onkn con !os medios locales, los virreyi::s de Buenos Aires y Lima enviaron tropas. Más al norte, en la Audiencia de Quilo, su presidente e intendente foe depnes!o en agosto de 1809 por una conspiración oligárquica que colocó ul mmqnés de Selva Alegre al frenk de 1.1na junta qu8 pesen gobernar en nomhre de! rey fi1e dcpllcsta en l 81 O por tropas enviadas por el virrey de Nueva Granada La ejecución de los principales líderes muestra la <lmeza en b represión y b radicalización de las posturas, un fenómeno no limitado a Qnito y que apunta a la cre,ici(m de nn clima con posturas polarizadas o revolucionarias, El viejo orden colonial estaba debilitado y próximo a derrumbarse, pero su foturo era incierto en un momento en que se debían rediscutir las relaciones entre la metrópoli y sns colonias y t:! papel de las oligarquíns locales y los bnrócralas peninsul,1res. En algunos sitios el proceso emancipador comenzó cuando algunos criollos qmsiernn desp!azar a las autoridades, carentes del respaklo y la legitimidad otorgadas por la Corona al nomhrnrlas Estas situaciones pusieron a prueba la cohesión in1erna de las élilcs locales y regionales, pern como e! precedente de I [::iití estaba fresco, el te1na se c011vertía en sc:c1.m, dario frente a In amenaza potencial o real de una sublevación indígenn o nc:grn. Por eso, curtndo tras las primeras protestas mexicanas lideradas por Hidalgo se percibió b magnitud de la rebelión indígena, los sectores dominantes, criollos y peninsulares, cerraron filas y acallaron cualquier posihilidnd <le ,1sorn1da po-

pulnr. fn d Perú, [ri proxíinidml. de 1n rebdión d;c Túpc1c .'\m:1rn tuvn ,:011:;? cncncia:; semejantes sobre el comport:1m1cnto de los sccto1cs óomma11tt::s. En Cuhn y Pnerto Rico el rek1cnte haitiano era import11rne cornn p:irn impedir cualquier movimiento que repitiera una experiencia símilm y hiihría que p1cvun!arse si no füe un estímulo para paraliznr c11alq11ier avcnlurn 111dcpcnden" ~sta de la población esclava. S1'n embargo, en Venezuela la situación era diferente y allí se hicieron presentes otras circnnstancws que permitieron el estallido emancipador. En J810 el avance francés parecía imparnble y sólo Cádiz seguía controlado porlos españoles. I..a Jnnta de Sevilla se disolvió y el a11todenominado Consejo de Regenci11, en Cá<líz desde febrero, carncía de la representatividad y legitimidad neces,irias y dejaba a las colonias en una situación favorable para redefinir el vínculo colonial. Durante 1808 y 1809, ante el espectóC11lo del trono vacante, las autoridades coloniales, tanto las designadas en la Península por los órganos interinos correspondientes o las mitoimp1.1estas en las colonias aprovechando el desorden reinante, gobernaron en nombre de Fernando Vll y tuvieron nn gran margen de autonomía. Pese a los esfuerzos de los gobernantes, especialmente los par(idarios de mantener los vínculos co" loniales, la caída de Sevilla abrió las puertas de la independencia. Corno parte de su mensaje, los independentistas se eri gicron en defensores de fo legalidc1d y en los continuadores del viejo orden colonial, aunque estaban selltando las bases de un sistema totalmente nuevo. Ante el riesgo de caer en el CWJS, las ólites locales preferían introducir pocas modificaciones, dando escas,1s oporlllnidades de ascenso social a los grupos inferiores. Sin embargo, una vez abierto el proceso revolncionario, algunos cambios terminaron siendo incvi~ tables, a consecnencia de la guerra y del esfuerzo de las autoridades por man" tcnc;rse er1 el poder. El proceso emancipador se radicalizó y en m11chos casos dc:vino en una abierta g11errn civil. La a11scncia del rey revivió las lcorías paclislas y revalorizó el papel de los pueblos, cuya principal fus;nte <le legitimidad füeron los cabildos, unos órganos colec1ivos que no hablan recibido su poder de una autoridad central inexistente o ilegítima. Pese a ser poco representmivos de la población mharni., los cargos municipales se renovaban tras un proceso electoral annquc era normal la cooptación. Era frecuente la convocatoria del cabildo abierto para adoptar las decisiones más trascendentes, al tratarse de tma asamblea mi1s amplia, integrada por los notables de la ciudad. A los ojos del pueblo este mecanismo otorgaba umi. ventaja manifiesta a las oligarquías locales Frente a las burocracias administrativas, ya q11c en casi todas partes los cabildos abiertos establecieron Jim(as d,: Gobierno en reemplazo de los antiguos gobernantes. En menos de seis meses surgieron juntas en Caracas ( l 9 de abril), Buenos Aires (25 de mayo), Bogo1'á (20 de_jnlio) y Santiago <le Chile (18 de septiembre). En algu•• nos casos la,mtigua autorida<l aprobó, de mayor o menor grado, lo actuado por el cabildo c1bierto (Cmacas, B11enos Aires) o se pnso al frente de las .iuntas (el virrey en Bogotá, el gobernador interino en Santiago) (vérise Cuadro 14.1 ).


Cuadrn 14.L Junta 1-lX 1808 1808

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J/i.\111 lli09 1O-\/!H.]8O0

Xll-1~09 l9-tV-18!0 25-Vi810 20 .. vu-rnw

18·/X-1810 X-181O l-181 l 18) I

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Junta lk J'v/ontcvid<éu presidirla pur el viffcy Elio

Jrn~!J de 1\fox1co convocada por el virrey l lu1Tiganw y e] cabi!do de la 1;ap1!a] Junln de La Paz. Junta Suprema de Q1ii10. Junta d<e Valladuli<l, Nueva Espafü.t. fon!a Sup1enw de Caraca~ Pri11iern Junta de Bi1c:nus Aire$. Junta ck San.la Fe de Bogulá. Junla Gu1Jerna1ivc1 de Santiago Je Chile. Seguada Junla rle QuitLJ. Junla Grarnle dd Río ck la Plata Jnnta G1.1bcn1ativa de Asunción dd Parn"uay Junla de 7m\cumo. "' ·

de:

sit1wc1ón cunilictividad se vio agravada por /a orodama del Grito ~k ,Uolt,rc~.' de)\f1gucl Hidalgo, ~n México, el 16 de septie~bre, que afectaba 1 d .L colon"1 rn<1s 1rn~,ortante e hizo sonar todas las alarmas en ]a Península. Sm em~arg~, las di 11cul tades políticas, militares y especialmente econórnicis de hp:ma, e.nvuelta en su propm guerra de independencia, dificnltaron la tonia de las <len~wne., políticas adecnadas y el envío de tropas para reconqmstar li1s colornas. Pese a !ns rc·1l;.,",.,O' · . . _. _ ., csfünr:r.os , v • , 'L'-'" ,,, h•ccS ta ·1814 noseenviawn expcd1c10ncs rmlit;ire~ de s:nvergadura. que sólo conocieron alo-(m é ·¡ ~n Vene- ,1 N , ¡·· . "' x1 o "' _ ZU<.;,8 Y, neva ,rnnacb El regreso de Femando a! trono inauguró um nueva etapél en la lucha cont1 21 rrevoh 1cionai"ia marcada por el pi.;so de] absolu!1SI_n~·- El ~O,n[l~Ca no se resignó a ][l. ind~pe.ndencia americana y puso todo su cstuc:rzu e;¡¡ L.1rcconqrnsta _ . . , a 1m(¡uc su pnnc1p•l _. p•obl , enwcrn ¡aescascz dere~ cursos para fmanciar las e.\ped[,;wnes militares. EJ fin del exncnmento libemi Y la p1es~t1cw de Fenwudo Vll rn;ircaron un punto de difí~il retorno en la ema~1<.:1pac1~n y eluninarnn ctmlquier posibilidad de negocjación. ~, En 181 ~- qued~~ap_o~o de la revolnción iniciada eu América del Sur y , olo f~u~~o~ A1r~s 1esd1,a. Pese a los dt?eos de Fernando, partidario de un usorndSl\Ode!ah1erza soiose¡iudocnv,~•~t•s' J· · d ·¡ · _ _ , , " " " ce " '-"J unrns nn re uc1( o contmgente militar, que, salvo en Venezuela y Nueva Granada. no suouso una amenaza parn !D. causa de la mdepcndcnct··• · hso, ", "· S'tº ,. , , "mbº,'° . ., ".>;o [ares¡'auraciona lu1_1~ta rnfluyó en el {mimo de lo:, rebeldes, que'· v~ían amenazadas sus po.~1c10nes.. Con una buena dos.is de oportunismo s:n el Perú y en e! Río de la Plata afloraron ahmnos · · se convir· ., · prnyec!os monárqttt"O" , -.. ., ,v ¡",,.;s tauracwn tw en mia amen¡1za para la causa patriota. El alzamiento de Rafael del Riego, 0 0"

el l de enero <le I R20. permitió e\ retorno de ia Comt1tució11 de l 812 e impidió que la mayor c.>..pcdici(m preparada para illvudir Amérirn llegara a su destino, r,robablernente Venezuela o el Río de ln Plata. Cou el Trienio consrit11cio1rnl, las élites americam1s fieles a la Cnrom1. conociewn nuevas mcert1dumbres y se prod1¡jo el cfecm nu deseado {lc \a acelcrnc1ón de la emancipación en México y Perú. Y si bien lo~ libcrnks espa1loles ernn mús dialogantes que !os absolutistas, a una buena parte de ellos no les hacía ningllna gracia perder las col ornas. La restauración de 182-'\, que podía haber tranquilizado a fas élites conservadoras de México y Perú, las colonias mús unidas a España, llegó tarde, c11ando la independencia ya ern irreversible. Los cambios internacionales fueron imporwrncs, y en J 814 mientras Francia y las demás potencias conlinentales apuyuron la restauración, Jng!aterra no estaba dispuesta a ser desplazacla de su posición hegemónica. La restanración de Fernando permitió q1ie el gobierno de Lon<lres dejara de lado la ambigi.kdad con la que había intentado n,1 perJmlicm amia aliada corno Es~ palia, y cr1 su lugar se convirtió en una potencia neu1rnl que no se oponía a armar a ]os independentistas o q11t: súbditos ingleses, voluntmios o mercenarios, se enrolaran en !os eJéTciios americanos No h1e, sin embargo, una postura definitiva, y acJbado el tnenio constitucional y con la restauración absolutisla, !a nentraliclad inicia! se decantó al reconocimiento de \as repúblicas. lo que ayudaría a terminar el enfrentJrniento bélico. Estados Unidos habían finnado en [814 1H Paz de Gante. que acabó con los problemas pernlícntes de su indepcndem:ia, y a partir de ese momento su neutralidad se decantó a favor de los gobiernos americanos. Con la compra de la Flonda española en 1822 sus compromisos con Españ21 se redujeron y h1 proclamación de la doctrina Momoe, ((América para los amaicano:,)), al año siguiente, sería 1111 freno para la reconquista de la América española por el absolutismo europeo. En Perú y México las cosas habían scgrndo derroteros <lit'erentes que en el 1esto del imperio. En Pen\ la habilidad del virrey Abascal y la postura de las oligarquías regionales permitieron mantener el stat·u quo y 1,:onvertir al virreinato en un bastión contran\"volucionario. En México. la violencia fk los levantamientos i11ic1QleS, encabezados por Miguel Hidalgo y José María More•• los, y s¡¡ cará1;ter indígena y campesino llevaron a las élites a una postura semejante. St: ven dos modelos disl in tos de plantear la independencia con nnpmtantes diforc:11cias regionales.

4. H Río de la Plata y Chile Buenos Aires comenzó fornrn\menle el proceso independentista el 25 de mayo de 1810. Sus pasos posterimes buscaban consolidar la posición del nuevo gobierno en todo el virreimuo y para CjO debían ex.portar la revolución más allá de los límites del cabildo porteño, mmqtie la operación tulio resultados contradictorios. Montevideo siguió cont1 o1ada µorla marina de gnerrn


cs¡xlfiola y Paragu:iy, na., fracasar L1 m1s1611 de [vfanuel Bdu,rnuo en husc:1 <le apoyo.~ para la cm1sa emJJlClpatlora, se ~eparó de Buenos Ai"rcs parn scgu;r 1111 cmmno prnp10 y ctisLlcionista. La m1s1ón al no lle 1mprnu el mdcn porteiln en Córdoba y Tucumán y ncupc'l rns1 sin resistencia el Alto Perú, garnntizaudo a Buenos Aires el contrnl dt: In plata potosinil, aunque en poco tiempo el cjércilo peruano cnvit1do por el virrey /\basca! y mandado por el gcnewl Goycneche retomaría el control del krnlorio altnpcruano. El equipo gobernaule se dividió en dos tendencias antagónicas: una moderada, encabezada por el pnosidente de la Junta de Gobierno, el jefe de milicias Cornelio Saavedra, y otra más radical o _¡acobina, liderada por el secretan o de la Junta, el abogado lvfaricmo Moreno. Para afianzar su posición, los radicales decidieron endm<ecer la represión con los proespciñolcs, expulsaron al virrey y a los oidores (k la Audiencia y fusilaron a los jefes del partido ((realista», comenzando por el ex virrey Lmiers. Al ser elegida por un cabildo abierto, la Junta sólo respondía a la antoridad del cabildo de Buenos Aires, su única fuente de soberanía y como se quería ex.tender el dominio del nuevo gobierno a todo el vincinato v amplim su legitinmbd era necesario incorporar a representantes del interio;-. Esto ocurrió a fines de 181 Ocon la !lanrnda Junta Grande. La ampliación per-rnilió incorporm a políticos de las provincias y colocó al partido jacobino en minoría, lo que llevó a Moreno a renunciar como secrdario de la Jnnt:1. Fue d::s_jgnado para una misión diplomática en Low.lres, pero murió durante el v1a_¡e. Si bien la mov1lizac1ón indígena era escasa, los enviados porteños al Alto Pen'.i intentaron ganar a los iudios para s11 causa elirnimrndo el tributo indígena. La medida no los convenció ni tampoco a las élites altopem:mas, poco atraídas por el (<popu!ismo)) porteño. Enjnlio de 1811 el general Goyenecbe derrotó a los porteños en Huaqui y privó a Buenos Aires de la plata potosinay del control del Alto Perú, que volvió a depender de Lima. La fronlcrn entre las Audiencias de Buenos Aires y Charcas separó a q11ienes ahogaban por la revo, lución o por el mantcmmiento del vínc1llo colonial y allí Martín (füemes y sns campesinos salteños defendieron a Btienos Aires del Perú. Si los porteños trataban de extender la hase social de la revolución con los indios del Alto Pen'1 o los campesinos de Salta ern por la distancia con Buenos Aires, ya que en sn proximidad las cosas no ernn iguales, como muestra st1 política hacia la Banda Oriental (hoy Urngnay). La presión de los mandos navales en Montevideo la convirtió en lln potente foco opositor a Buenos Aires, pero los porteños suspendieron en l 8 l l las acciones militares ante la presencia de los portug11eses. José Artigas sublevó a la campaña de !a Banda Oriental, inicialmente con el apoyo de Buenos Aires, annr¡11e luego con su oposición, ya q11e la llamada revolm:ión artiguista contenb una serie de reivindicaciones populares que no entusiasmaban a las élites porte-ñas. Cuando los portugueses intentaron ocupar la Banda Oriental, Artigas impulsó el éxodo del pueblo uruguayo a la vecina provincia de Entre Ríos, controlada por Buenos Aires. Entonces se 1earmó un,1 nueva e inestable alianza con los porteños que aguantó hasta [813,

cuando se q11dwó dcfm1tiv;nnenti:. En 1X14, mivntrns tcl c¡Cruto porteño man-dado por d gcn<c;al Carlos /v'laríc1 de .1\lvcm conquistaba Montevideo, /\rtigas controlHba las p1 ovmcias de Cornc11tcs, L'.ntrc: Rios y Santa Fe (rn1tenonnentc patenccicnks a la m!cndenciu de Bucnos ;\ín:s) y se declaraba (,protector de los p11d1los libres». Su control territorml era sólo político, yc1 que 1'1s oligar .. qnías provinciales rechazaban sus reivmdicac1ones sobre el acceso de los campesinos a la tierra. La influencia de Artigas se extendería a Córdoba en medio del e1tfrentarniento con Buenos Aires, ya qne para sus dirigentes, Artigas amenazaba el futuro de la revolución y simbolizaba nn movimiento <le protesia social que debia ser reprimido. L.1 ampliución de la base social revolucionaria sólo ocurrió en la Banda Onental y no en el resto de los 1erritorios partidarios <le Artigas, que seguían siendo manejados por sm oligarquías contra Bncnos Aires. La Junta Grande de Bueuos Aires la controlaron los moderndos, pero su excesivo tamaño llevó a !a formación de un Trrnnv1rato, caracierizado por su dureza represiva contra quienes no se sornelran a s11 autorida(L aunqne un golpe mifüar acabó con el predominio de las milicias, vigente desde 1807, y alejó a tos saavcdristas del poder. Desde entonces, octubre de 1812, los oficia,les del ejército regulm formado después de la independencia controlaron !a sitnación política. Su principal instrumento fue la logia Lautaro, que hasta 1819 influyó en la1)olítica portefü:t. Alveary José de San Mar1ín, oficiales retornados de Espafü1 en 1812 tras haber luclwdo en la guerra contra los franceses, eran dos de S\lS miembros más 1eputados. San Martín creó un cuerpo de cab:illería bien entrenado, !os Granaderos a Caballo, que contrastaba con la improvisación de los ejércitos de uno y otro bando y pudo, en 1813, imponerse a los españoles en San Lorenzo, a orillas del Paraná. Su victoria cornolidó su posición política y le fue encomendado el rnaudo del derrotado Ejército del Norte, para destinarlo luego como in1cndcnte en Cuyo. En Mcndoza, donde se había refugiado la oposición chilena, armó un ejército pma ex.pnlsar a los espaíloles del Perll. Parn ello. en vez de atacar a través del Alto Perú, lo qne habia fbcasado en dos oportunidades, invadiría Chile y desde allí pasaría u Lima porrnm. En 1813 se reunió en B11enos Aires nna Asamblea legislativa, soberana y con plenos poderes. Si bien no declaró la m<lependencia, adoptó importantes decis10nes, como la supresión del mayora7.go, de los títnlos nobiliarios y de la Inquis1c1ón y otorgó la libertad a los hijos de las esclavas. También oficializó la bandera, el escudo y el hi1ru10 de una nación que no se atrevía a independizarse definitivrn11entc_ La restauración de Fernando VII amenazó el proceso de emancipación, que atravesaba serias difirnlta<les políticas internas, La coyuntura obligó a concentrar el poder y cu lugar del Tri1mv1rnto snrgió la fign•rn del Director Supremo, el pnm1Cr gobierno unipersonal de Buenos Aires. Con grandes esfuerzos la revolución sobrevivió en el Río de la Plata, gracias, entre otras cosas, a que Espafia nnnca lanzó una ofensiva directa en sn contra. El 9 de Jldio de 18 l 6 un congreso rennido en Tucmnán, con delegados de


lodo el ten Íloi io ~~;~!n~;;ldo--~or Buem;~ Aires,"-~!c{;·¡aró l~-¡~dependnl~i~-- ~; que la presión del Dirnctor Supremo, Juan [\fortín de Pucyrredón, hombr; d~ la logia L3:utarn, aceleró !a dec1sióil emancipadora El p1111to rniis débil del ntlevo gobierno era su relación con la zoua arllguísta y para debilitar a Artigas favoreció la invasión portug11csa de la Banda Orienta!. Eu 18 !9 se sancionó una constitución centralista, que pese a mantener la fi.cci.ón republicana t~~ía un impor!ante contenido rnonárqui.co. E! rechazo del interior y la 0posicion del artigiusmo acabaron con el gobierno de J'neyrredón, agotado políticamente y arrninado económi.camente por los sacrificios realil:a<los pdra financiar a! ejército de San MJ.rtín. Dc~dc entonces, poca vida le quedaba al Estado cernralizado qilC Buenos Aires había rnien1.ado co11struir. Los candi•• !los de Santa Fe y .Entre Río;.;, cada vez menos dependientes ele Artigas, serbn los cespom,ables de su destruccióu. En Chile, el movirnlento fundacional de la Patna Vieja no se habLc1. consolidado por los choques entre el ah1 radical de Jos0 Miguel Carrera y su;; hermano;; y el sector moderado de Bernardo ü'Hi.ggins. La Junta, establecida en sep1i.embre de 181 O, convocó lUl rnngrc:so nacional que se dividió en1re reformlstas y revolucionarios. Si. los prímews querían acabur con la opresión colonial y obtener má:-; antoiwmla dentro de la nación española con lllta Consii.tnción, los últimos apo~tah:m por la wdepcn<lent:ia y decían gue la lealtad a Fernando Vll ern :-;ólo una fiixi.ón, o una máscm,1. Los rcvolucwrnu-ios. minoritaiios, durocarnn al gobierno de! Congreso y Jo reemplazaron por el geueral Can cm, al frente de nua coahción de;; miembros de las élites <le Santia~go Y la Concepción. I ,a Constituclón aprobada en 1812 instauró un Senado cZm siete legisladores y puso el ejecutivo en manos de Carrera. señalando que en su ausencia e! país serla gobernado por una iuntD de ties miembros. Sin embargo, terminó siendo relevado por O'Higgir;s ante su incapacidad militar. La sitmción ~e complicó en 1813 cou el desembarco de un Cllerpo expedicionario peruano en el srn, que en poco tiempo se apoderó de la mayor parte del país. Después de la derrota de O'Hi.ggins en Rancagna, en octubre de [814, el general Osorio, al mando del ejército realista, entró eu Santiago y obligó a los líderes independenti:-;tas a refugiarnc en Mendoza. al otrn lado de la cordi!kra, desde donde continuaron resistiendo a los pernanos y manteniendo sus erlfren!amientos intes1mos. A Mendoza destinaron a San Martín para organizar el ejército que mvadiría Chile. Entre la moderación centnsta de O'Higgiils y el populi;mo ck los Carrera, San Martín prefirió al primero como su alrndo para la avenrma trnn~ sandina. A comienzos de 1817, San Mmtin inició el cruce de los Andes al mando de un di:-;ciplinado ejército de 3.000 hombres, con el que obtllVO el 12 de febrero la decisiva victorí:a de Chacabuco, que le abrió las puertas de Santiago y permitió nombrar a O'Higgins como Director Supremo de la República de Chile. En marzo, el ejército de San Martín foe vencido en Canclw Rayada, lo qile esiuvo a punto de abortar h aventura emancipad0l'a. pero la rápi.da recomposición de las fuerzas y el 1riunfo de Maípú. salvawn aÍ gobier--

revoJ11cio11ano. Pese a todo, no se pudo acabar con la resistencia española que durante años aguantó en el sur, pese a la dma política represiva conlw los partidarios d,¿; la Corona y contra los disidentes internos.

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5. San Martfo y la empresa peruana Tras la liberación de Chile, Lima y e! Perú eran los objetivos de San Martín, ¡0 que reqnería una puknte flota de guerra. Los barcos y las tripulaciones se consiguieron en Gran Bretaña y Estados Unidos y el mando de la escuadra se encargó a lord Cochrnucc, que también practicó el corso en las costas del Pacífico. Con esos ingresos, la nota de siete: barcos de guerra se amplió con dieciséis transportes. En agosto de 1820, San !Vlartín se embarcó al Peiú con 4.500 hombres, uu:i cantidad exigua para denotar a! contingente realista de 20.000 soldados. Sun Ma1tín esperaba trastocar el ordw colonial, aprovechando el cansancio de la sociedad peruana cou una guerra inacababie y pensaba que el bloqueo cornerwi! milwria la lealtad icali:-;ta de los hace11dados costeños. De ser necesario, utilizaría la carta indígella, algo qne también hacían los realista~. La t:mp1esa comenzó con buenos augurios. El desembarco en Pisco fue seguido de rebeliones espontáneas en Guayaquil y Trujillo y e:! norte giró hacia la causa rcpublic:am1., ya que el maffjllés de Torre Tagle, el intendente de la región. cambió sus prderencias políticas, probabkmente afectado por los vien;os libeiaks que \·ení:an de E~paña. En el SlU-, la campai'ia di.': la sierra afectó a la retaguanlia limeña. A pnncipios <le l 821 eljd{: realista, el general José de la Serna, derrocó al virrey Joaquín de la Pedrezuela y comenzó a negoci;u con S,m i\ilartín para crear un Perú i.ndependientc y monárquico. El ;Cllenlo fui:; rechazado por el ejérci.to español, acantonado en El Callao, pew dada su debilidad fue incapaz de evitar la entrada de San Martln en Lima en julio de 187 l, que fue nombrado Protector del Perú rndependiente. El nuevo gobii.:rnP fue el más comcrvador de los establecidos en América desde J 815, dada su reacci.ón frente al constitucionali.smo liberal español Y el deseo de ganarse a Ja oligarquía local que miraba preornpada el giro polüico de Españ;_ Mienrrn;;, conti.uuaba la campaña en la sierra, que era una continua sangría para Jo;; dos bandos. La situación de San Martín era compro:11etida, ya que la ayuda de Lima y las pliucipaks ciudades peruanas scgnía s1e?do escasa. En 1822, la si.tuación era de eiitancamiento y sólo la ayuda extranJera podría tomper el statu quo, ayuda qtle San Martín estaba dispuesto a pedir a Bolívar. EnJidio de 1822 los dos libertadOlcs se ,;;ncontraron eu secreto en Guayaquil, tras lo cual San Martín anunció su re:tirada del Perú y dejó que Dolí var liderara la accióu emancipadora. Después de sofocar algunos brntes rebeldes eu Pasto, Bolívar pasó a Perú a mediado~ de 1823, cuando había dos presidentes: José de la Riva Agüern, que tras ser derrocado por el congreso se refugió en Trujil!o, y e! marqués de Torre Taglr:, nombrado por el congreso en lugar de Riva Agüero e instalado en Lima. La movilidad de la situanón la


inuc.,tra el hecho de que: Riva Agüero negociaba simultúnccunc;mc ,::0 11 n0 ¡j:' \. ar :y con los ie,d is tas A \:slos les proponía e¡ cm i im1 monarquía indcp,; 11 d ie,¡, (e al fre11k de un Borbón c~pmfol, mi,:ntnLs intent11ha cxp11ls:u a Bülívai. Al ?mocerse esta situaci~n, lüva Agüero_ fue detenido y dcpor(cHlo y Torrc Taglc lue cnrnrgado por Bolivm- para negocwr con los españoles. A comlcnws de 1824, después de que un rnotín del destacamento de Bue.. JlúS Aires en El Callao entregara la guarmción a los renlist,1s, Torre TaQlc con la mayor parte de su gobierno y numerosos diputados se pasarn11 a l,7 causa monárquica, cuando el régimen !ibera! en Esp,üfa. hahia caído y la Corona era rn1evc1mente confiable. Sin embargo, gracic1s a su poder rniJiWr, Bolívar retomó el control de la situación y en agosto tmmfó eu Junín y consolldó su posición en la siena. El último acto de la mdepen<lencia peruana tU\'O lugar eu Ayacnclw, en diciembre de 1824, cuando eJ genernl Antonio Jo~é de Sucrc al mando de un ejército de colombianos, chile11os, rloplatenses y pernanos'. derrotó y capturó al vlrrey La Serna. La rcsistcncü1 rcalistil continuó hasta ! 826 en la guarmción de El üt.llao y hasta ! 825 en el Alto Perú, al marnl(1 cte Olaiieta, CllHndu Sucre 1erminó con la rcSL.~tencia y a pedido de las éfües de Charcas y Potosí creó la repúblic<1 d<; Bolivia en homenaje al Llbertador.

-~¡-;-s vcnczola!Los. cnln'.i ,,;n CHac:c\\ en agosto. La derrota de l\krntcYcrdc mlu!só la consolidación de .lns(: Tornús Bovcs como nuevo Jde rcal1~ta. con la

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6. la gesta de Bolívar: Venezuela y Colombia Frnnc1sco <le Miranda fue puesto a la cabeza de la Junta surglda de los sucesos del Jueves Sm1to de 1810 en Caracas, pero no foe blen recibido por la ollgarquía cacaotera, los mantnanos, un grupo clave en el movimiento enMncipador. FleJ a sJ mismo, Minmda radicalizó la revo!11ción y en junio de 1811 decbcó la lndcpcndencia, aunque con un escaso con1rol de Venezuela, hmüado al litoral cac:wtero, mientra~ el oeste y el mteflor permanecían !eaks a Fermndo VU, como la hase naval de Coro, al oeste de Caracas. El terremoto que asoló a In ca pita.!, ínterprel;u:io como LUl castigo divino por los realistas, cam" bló !a marcha de los acontecimientos. El capüán Don1lngo de Montcvcr<le, _¡efe d.,-; la hase de Coro, tomó la lnicial.iva y la guamiclón de Puerto Cabello abandonó la causa revolucionaria y esto se sumó ,Ll mayor malestar entre los esclavos negros en las plantaciones de cllcao, q11e llevó a los mantuanos, influidos por la lndepende11cia de Hait(, a acabar con el experimento n:volncioumio y firmar un anrnsticio. En llll epÍsüdio confuso, en el gue intervino Bolívar, los rcahstas capturaron a Miranda, mientras Bolívar se refugiaba en Nueva Grnnada. Si blen los bacendados caragueiíos cesaban en su lucha, la rebdión contilmó en la costa <le Cumnnáy en Ja isfa Margarita, irnpiilsada por los negros y mulatos, qtic rncrementaron el nivel de violenCla matnndo a numerosos colonos canarios. Ústos se organlzaron para repeler los ataques y su n:spnesla fue Lgmilmentc violenta, dando comienzo la guerra n mllerte, institucionalizada por Bolívar desde Jlmio <le 1813. Sanhago Mariño, el líder rebelde de Cumaná, avanzó desde el este, mientras Bolívar, de nuevo en los t-\n-

el envio de i0.000 homhrcs al mando del general Pablo Morillo para acabar !a revoluclón en Nueva Granada. EiL Colombia, la respuesta coima la re.. . bdlón se concentró en el sur, espenalmente en Pasto y 1'. opayan, pr~x1mas a los centros realistils de QLLito y Perú. Al igual que en Chde, los confüctos entr~ los líderes m<lependentistas pusiernn en peligro la revolución y el radical Antoniü Nanño se impuso al moderado Lozano y se convlrtló en el p1esi<lcr1te de ]a república de Cun<linammca, contrarla a la íntegrnclón en liL~ Provin" Clas Unidas de Nueva Granada, con las que se había enfrentado, En 1814, los reafütas penianos avanzanm d,:sde Popayán a Auhoqu ia y tom:uon prisionero a NMiño. Ftw entonces mando laconfedcraclón de Nueva Grana<lc1, apoyada por Bolívar, conq1Jistó Bogotá, pern dadn su debi!ldad no pudo controlar toda sujunsdlcción. Esto perrnltió qne Morillo, después de conquislar Cartagena, entrara en Bogotá. En 1817, Bolívm reinició el prnceso emancí.pa<lor en Venezuela desde Haití, pero su sitnación era más desesperndaque la de San Martín, p_or su falt_a de rccmsos y apoyos políticos. El lmpulso a la causa independentista reqmrió ;orlar los lazos de los mantuanos con la revolución, al prllnar éstos ~us propios intereses sobre !a política. Pese al auloritarismo del ca11di!!o, e:'to dotó a la revolución bolivarlana de mi componente popLLlar, CLLya fuerza h1zo noslble extender su repi'.Lblica de Colombia a Guayaqud y proyectar su ln~ fluencia hasta el Alto Perú. En 1816 para atraer a !os esclavos a sus filas, Bol(var prometió liberarlos, lo gue dio un nuevo impulso a la re~olución. A,l año si<ruientc, su alianza con el jefe gueLrLllero José Antonio Paez, tambwn de L~s Llanos, fue una de las claves de sn triunfo. lllicialmente Bolivar pcn.só en tomar Caracas, pero al cerrarle e! paso Morillo retomó a Los Uanos Y a la Guayana para cruzar los Andes l1acia Colombia, al mando de 3.000 hombres. Su triunfo Cll Bovacá le perrnülría controlar Bogotá y el centro y norte de Nneva Granada, ;a!vo Panamá. Eran los primeros pasos de la rep1iblica <le la Gran Colombia: cuya existencia y cstruclma política se formalizaron en 1819 por e1 Congreso de AngosttLra. Snrgió as( una s11crte de república federal, presidida por Bolívar e lntegrada por Nneva Granada y Venezuela, cada tilla con un vicepreslden1.e responsable de las tareas adminístrativas, mie1:trns Bolívar proseguía la guerra. Desde entonces, la hberación de Venezuela fue una cnestlón prioritaria, ya que las nohcias del tmmfo ilberal en Espa0a fu~rou n:fastas para el bando realista, que veía mermar sus fuerzas. La v1cton: de Carabobo Je permilló a Bolívar entrar en Caracas en 182 ! . Ese mismo ano, S1icre, tras sus triunfos en Riobamba y Pichincha, conqulstó Qnito y Bolívar derro" tablL a las fuerzas realistas <le Pasto, en los Andes, cuya fortaleza radicaba en

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pobiac1ón mestiza, iucl lnada hc1ci<.l la r:nonarquia por la prédica dd o hispo_ Esto libró a Colombia de arncnaws y dejó las rna110s !ihrcs a Bolívm pnra lnterve1iir en el Perú. En j 82 l se celebró el cungreso de Cl1cuta, que dotó a Colombia <le una orgamzación mús centralizada que l3 de Angosturn: Vc:nt::wda, Nueva Grn. uada y Quito perdieron su autonomía al dividirse todo el renitoi m en departamentos gobernados desde Bogot{¡_ E! vicepresidetJte Francisco de Paula Sautandcr asumió la larca orgauiza!iva. La mitnndad de Bogotá sobre Venezuela era bastante relativa, ya que P~cz, dueño del poder militar, contrnlaba la vida poHtica. En Bogotá no se veía con buenos ojos la gestión liberal de Santander y el foturn, mcstable y nutorltario, no tcu[a buenas perspectivas para Nueva Granada.

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7. Nueva España y América Central La emancipcicióu mexicana impulsada por la protestu mdia y mcsliza tuvo características distintas a la de Amérirn del Sm y f,ie liderada pm Migllel Hidalgo, cma de' Dolon~s. En scpti<tiubre de 18 l Oproclamó su célebre Grito <le Dolmes. rnamfostándose a favor de la independencia, el rey, la rcliglón y la virgtn rndia de Guadalupe y contrn los peninsulares. Sn prédica füe seguida ¡,o;- los peo11es de las hrrc1i::nd:ts y lcis minas. En su avfl.nce conq11is1(1 fa cimhd de Guanajuato, tras provocar una matanza en la alhóndiga, donde habían hascado rd'ugio los solda(!os y los nutables de la ciudad. La marcha de los rebeldes, uua masa mal armada de indios y mestizos, prosiguió y Querétaro, San Luis Potosí y Guadalajara cayeron en sus manos. Al llegar a la ciudad de México, los 80.000 hombres de Hidalgo derrotaron a los 7.000 del ejército del general Trujillo, am1que con muchas baJaS. Trnjillo se retiró a la capital, que pudo ser congt1istada por Hidalgo, pero ésk optó por retroceder para reorganizar sus filas, algo que tenninó siendo contraproducer1te para sus planes, ya que la retimda se co11v1rtió en fi1ga. H1dnlgo fue capturado en Chihuahua y posteriormente ejecutado. La crueldad de bs accim1es revolucmnarias mermó el mterés por el u10vm1iento emancipador, qne dural\te una d¿cada careció del respaldo oligúrqnico, José Marfa Mmclos, otro cura, contim1ó los pasos de Hidalgo, pero esta vez desde el sur del país Corno tenía un ey§rcit0 más disciplinado que el de Hiduloo en 1812 controlaba casi todo el sur de México. Entre los pnntos más º' destacados de un pwgrnma qui:: cautivó la atenclón popular destaca la abolí~ ción de las diferencias de castas y la subdivisión de los graneles latifundios cañeros de !os hacendados realistas. A fin de mstítucionaliz& la revolución, Morclos convocó nn congreso en Chilpancingo, donde se manifeslarnn las mlsrnas tendencias antagónicas presentes en el frente rnfütar. Pese a todo Yen nn cxccsu de kgalismo, Morelos aceptó las resoluciones c011tradictorias emanaJas del congreso, que acabarían con la revolución y cou su vida, ya que

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murió ejecutado en 181 J F1 rndrca!ism(' de 1Vlerdos for·tif'icó lii 1nwbd entre uiollos y penmsulaies en las élites espnñ.olas, ya qm:: todos rc:spaldaban !a leptlidad vigente y fiieron quienes devolvieru11 a Méx1co a su lngarcu el lrnrerio. La jerarquía eclesiiisttca, que vio ame1wzadas 5us propiedaJes y posiciones por la acción de los revolucionarios, también se m1ió a la coahción oligárquica. Los sucesos desencadenados eu España trns el a],:amicnlo de Riego a comienzos de 1820, asustaron a !as élites mexicanas. El temor pur lo5 cambios de \os liberales metropolitanos, que afcctarínn las relaciones col\ bs colonias, movió a los par!idanos de \a Curnna a manifestarse ahora a fovor de la mdependencia, signlendo al mili larde ungen criollo Agustín Jrurbidc. Junto a Vicente Cruenero, lltl viejo resistente de la época <l<.0 Morcios, Jturbi<le diseñó el Plan de Iguala, origen de la iudepcndencia de rni México que debería ser gobernado por un infante español dc:;1gnado por Fernando VII. Si b[en e! plan garantiz,aba la mdcpendeucia, la unidnd en el catolicismo y Ja igualdad entre peninsulares y criollos, Fernando VI! no apoyó el acneido, lo que c,imhi6 los planes de lturbide, que tras obtener el n:spaldo de casi todo el país, entró triunfante en la capital y sentó las bases del que debería ser el nuevo Imperio mexicano. lJna <le !as primeras medidas de Jturbide fi..ie proponer a las m1toudades centroamei 1canas adbenrse al Plan de Iguala. El J5 de septiembre de 182 ! . en la cm dad de Guatemala, se votó la independeCTcia y la ane:\.ión a !Vléxico Fne 1rn,i (<revolución desde ctrriba1¡ que dejA intactas 8 la rnaynría de las aulmidades coloniales. Siu embaigo, !u vinculació11 n México dmó muy poco. En 1823, tras el fracaso del nnpe1io de ltmbrde, un nuevo congreso se reunió e1i Guatemala para proclmnar la independcucic1 de América Ce1lll'al en la figma de una república federal, que bajo el lema d,;: «Dios, unión y lihertmh nuclcaba a todos los taritmio5 cenlrllamaicanos

8. Et comienzo de las prácticas electorales La inv;1siún de España por las tropas napoleónicas y el descabezamiento de la monan¡nia llevaron a primer lugar la cuestión de la sobcraní,i y de la representación, Se ha aludido mú~ arriha a corno los pueblos pugnab,m por retrotraer el control de la suben.mía a su control directo y de :úi el gmn impulso conocido por las Juntas desJe nwyo de t808, tanto en la Península corno en las colonias, donde entre 1809 y J814 tuvieron !ugarciuco proctcsos ckctorales distintos, convertidos e11 uu refen:ute 1iuportante del desarrollo de la ciudadanía en América, En esos años se conoció 1ma gran t\ansfm mación en las prácticas e!ectorales, que pasaron de los ttsos cor-porativos propios del Antiguo Régnnen en las clecc1ones para las .Juntas Provisio11ales dtc Gobierno, de l809, a los comiclos para elegir a los cargos de los ayllntarnieulos y !as diputaciones provinciales, que tuvieron lngur hajo pautas modernas y cou un sufragio prácticams;;ntc uuiversa!.


¡;n <'ne;o de ~80!J. la Ju11U1 (\~11!i•éil, acl11andu como la mJxirn:1 a1itoridad dd Impu10 ,~sprn10L decrc'tó q11c Lis poscs1\lncs :i:nerírnn~s. c11 tanto r,: 1170 ~ \1 ~rov_111c1a~-' lcllla11 los n¡_i:-mo~ d~1 l'.Chos que sus homólogos peni1rnda res paia cnv 1ar Iep, esc11tantes a 21,:vi!IJ. Corno sc1l.a lan Guillermo Pu lacios y hibio Mor::gc::_de este m:1do léJ 11ac1ó11 ~~p_añnla se definía como una fulcración de prn~m~1cls a amb\b lados del Atla11t1co y se reconocía formalmente e! estiltlito politico de los icums y provmcias de América y los derechos de sns habitantes a 2 ¡_11 /~ qne se mstituíct el comh~1_1zo (le los procesos electorales en América, p~r mas q11e n_o se tratara de elecciones popu!ares, sino de procesos inmersos en los mecanismos del Antiguo Régimen. La Junta Central ordenó que los virreinatos de Nueva España, PerlJ, Nueva Granada y Buenos Aires, las capitanfos genera/e~- de .Cuba, Puerto Rico, Guatemala y Chile y fas provincifü; de Venezuela y_flliprnas ehgiercm rcpres<entanies pma ínco1vorarsc a ella. Se trataha de nn sistema de elección irtdirecto en varios grndos, limitado a ]as ciudades cap1t~les_deymvi~_ciit, que llevaba a los cabildos a eleg1r nna ternci integrad; porties_ vec1 n~s. hnalmcnie, tm sorteo decidí ría el nomhrc dd representante ante la Junta Se trataba de mcorporar diputados amen canos, pero !J medid;:i ~l_Mc:1~en:e _m;imétrica, fo.e cm1s3 de rccla1mtciones, ya qlle mientras las pro~ \ mcias ft:1:111sulares e!cgmn 36 representantes, las 3111ericanas sólo tendrían nueve. Si b_wn la mayoría de los rcpresent31tles nunca se im:orroró a ]a Junta fue el conn.en:w de unas prúctiC3S de 1mportar1ks repercusiones en la forma~ c1ón de la cmdadanía.

, Al año sígui?nte se ~.lio un paso más, cmmdo el l de enero de J81 Ola Juntn (:entrn] convoco elecciones para elegir representantes a Cortes Genernles. Como eu_el caso anterior, hllbo una discrimin11ción ncgativ3 de las posesio~es 3~1iencanas,_ ya qne mient~as en la Península se elegía nn diputado por cada :>0.000 hab1'.antes: en Amenca cad3 provincia, aunque era un término no cli!rament~ de_hmdo, solo elegía 11110. Li!S elecciones se celebraron en agosto d_e, 181 O, _s1g111endo las «Iml.rueciones que deberán observarse para ]a elecc10n de ~1putados de CtfftCS)\ la primera ley electoral españob. Esla normatiV3 aut?n;,"aba la elección f_lc_mestizos y se planteaba estudiar !a participación de los mdigerrns. Los com1c1os no pudieron celebraise en Buenos Aires Chi, le, Caracas YNuev3 Grnnada, controladas por los rebeldes. Los mecanismos electornle_s n~ eran 1g1.1alcs en España que en las colonins, siendo más moder-· nos en '.,ª_l'em'.1sula donde votaban los_vecinos dtc ltLS parroqlllas, mientras que en A:r,nenca solo se votaba en los cabildos sin la particjpac1ón de toda la o-• ~lacmn, aunq11e se autorizaba a los rndios y rnestízoS a ~otar y ser votaKos como _represen1antes a Cortes. A fines de 181 O se votó en !odas partes me·nos en Clulc_, Nueva Granada, Río de la Plrrta y alg1mas zonas de Venezuela. Por el espec:al m?mento que se vivía se trató de unas elecciones que desrertaron un gran mteres pop1_1lar, aunque !os comicios t11viaon resultados desiguales y no scJrnd1ero11 e!egn lodos los diplltados propuestos. De todns formas en estos ~n~s se _sentar~n las_ hases de l~s.que serían los mecanismos clccto,raJes y rep1escntat1vos de los sistemas pol1ticos !atmoamericanos.

Brasil: dela independencia a la república 1 1

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A fines del siglo xvm la ocupación territorial de Brnsil seguía siendo sumamente desigu8l y concentrada básicamente en una estrecha franja del litoral costero, donde .~e localizaba más de la mitad de la población. Desde Salvador de Bahía hasta el arroyo Clmí al sur encontramos cinco grandes agrupamientos de población: los pcrnambucanos, del nordeste; los bahianos, del este; los mineros, del sudeste; los cariocas, de Río de .Janeiroy los gauchos, del sur, Es en este terreno donde se desarrolló li! Ili1stración, que tiñó con su int1ujo !os movimienlos sociales del siglo xvm, aunque la emancipación respondió a otros factores, vinculados al trask1do de In corte port11gucsa a Rio de Janeiro. Sin emhargo, ni las ideas de !a flustración, ni de la independencia de Estados Unidos ni de la Revolución francesa, fneron suficientes para impulsar la independencia de Brasil. Lo mismo se puede decir de la orden de la Corom de cerrar las fübricas y manufacturas coloniales como consecJJencia de lns reformas pombalinas, que genernron nna importante sensación de malestar pero no bastaron para romper los lazos con la metrópoli. Sin embargo, fne en esos años cnando se comenzó i1. for:iélr Ja identidad nacional brasileña. Como plé!ntea Borís Fausto, se discute mucho acerca del momento en que la sociedad colonial comenzó a pensar en Brasil como una unidad distinta de Portngal Con todo, hnbo que espernr hasta ! 822, con la corte instnlada en Rio de Janeiro para que 13 md<ependencia del Brasil prosperara y quizá fue este hecho llno de los elementos que permite explicar las grnndes diferencias con la emancipación de Hispanoamérica: enfrentamientos armados y rnptura de los territorios imperiales.


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J!. Los precedentes de ia emandpadón La '..lmtración ruvo mucho ps;;so en e! clima intdectual qne reinaba ene] Br . de fines clel siglo xvm. El <lc:bate mtdectual en el seno de sns élites i ,~st l · · ! 1 A 1 · e·,· ·¡· mpulso crcacton ( e él ca( emia .wn(! ica y de hr Sociedadc Litéraria y facili•, . la' ·· y una ct·1· · ¡· · d ¡ · 'º 1dd1scmmi_u 1 ·usion mnta_ a {le as idea~ renovadoras procedentes de E st do:'. Urndos y de la Revoluc10n_francesa, ya (]lle, al igual que en e] Jmper·io a~ pano!, algunos grup?s reduc1cl?~ y cultos accedieron directc1mente a es fuentes de las nuevas tdens. Las elttes más dinámicas eran las den~¡ 1 . . . . a],8.Vrs.tn de J~~1e1ro, los _l~~1_nc1~alcs_.ce1'.1ros deT:1der '.le! Bra:-ii! colonial. Pese asa; apa1cnk~ contiadrGctoncs, lo~ pl,mtadote~ bahianos y· b burocraci" c~.-; . . , " '"'oca era11 complern<e11tanos, c:spccialrncnte frente a las amenazas surgidas Je ot ., . , ros i!rupos regionales ascenso: co1;io fue el caso de la élite de Minas Geiais, :racrns a la expam10n de la rnrnrna del oro. Como e11 la América española 0 ¡ ·¡· ~ct¡·¡ . ,enos u t1mvs anos _e stg o .x vrn Yprmc1pios del xrx asistimos a varias rebeliones 2.cnernlmenté' mterprdadas corno prt0cede11tes ~_ . . ._ ' del;¡ emancíp·1ció,, e ,, p-•r,y t:,, d.e una' log1ur localyrnp1a y ~con 1111 ~011icrll(I0 au!ifisca I La visión tradicional ck la lmtonografia brns1!en.1 coutctde cun Machado deAssis, que en 1872 alttdió al <rn1s:_m!o de na_cio_na!idad>J de !os brasi!ellos, valorando el impacto de la fnconhdcncrn mrneirH de 1789; de: la conspiración «dos AlfaiateS>l, de Bah',, (;}1 17':.13, Je la Rcvoluuón de Pernambuco de 1817 o ele ln Confoderaclón Ecuador de 1824, en las que se: ¡¡usieron e111uego vaknes e id,,,,. ~~n,,c¡,,.. .-, . . . - - "~,, "'[· ' u 1',Ji,¡-¡::, peio que fneron i_ncapacec, Je convertirse en movimientos nacionales y de expandir la idea de mdepemlcncia al con_¡unto de la sociedad. La pnme.ra Je estas rebdionc:s ocurrió en l 789 y fue la Inco11fidencia mine ira de Onro Preto, un c<::ntrn mine10 en decadencia dc: Mmas Ger 31 s. Los rnnsp1rnclures, qu,~ 110 1:asaban de 20, fu1.;ro11 liderados por uu grupv de intelect11ales loca_l~s y pau listas, mfltt'.dos P?r las ideas ilustradas, el independentismo de Amenca del Norte Yel hbcralmno europeo. Entre los dirigentes de la asonada había algunos ckrigos, un hacendado !ocal y dos ofic1ales de dragones, cutre ellos el fa1;1oso Tiradent~s _(,<sacamuelas»). Su principal objetivo era esta_blecer una rnpublica democrnttca en Minas Gcrais que derogara /as restnccmnes a !as expurtac1011es de oro y diamantes, estimulara la producción manufacturera y condonara la deuda con Portugal. La revuelta debía estallar cuando el gobernador arnmcrnra el cobro de la m1popular derramil. un 11;1puesto mny gravoso que debíu s_er paga~.º por cada habitante de la ca;ita .. nw., lo que nos !rnbla de su con(crndo ant1bscal. Los conspiradores jugaban con d fnerte rechazo al impuesto entre los sectores populares y cspcrnban incorporar a -~u cama a !os descont~ntos con la política fiscal. Sm embargo, el gobernador fue alertado de la conJura y tras snspencler el cobro de ]a derrama reprimió a los ;·e?eldes. Cinco de los principales líderes foeron expulsados a Angola y el max1mo cahectlla, Tiradcntcs, fue ejecutado, para convertirse en el primer mártir repuh]it;(HJO de la emancipación. L.1 actitud de Tiradcntes asumiendo toda la i·esponsabilidad por la conspiración su sacrificio final

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-,.<_•',' ¡-- --n,-tifi¡ación de su fiuma a tal punto que wu los ai'ios la fech.:1 de su reCIO c1i,, , ':, . . -, , ,. _vo. 'U"!Oll -, ¡·· P'''''°'~,·or dccapttacion ' el 2. l de abnl, se cunvtrtm en ftestd naL.t0, ,, v, eJ~~ L,_,a represión portuguesa l,legó 11,l exüemu de prohibir irnr_n,nt~s,_ b'.bli~, na ·,,.,·ros libros y <>enero 1111 cumulo üc: a!(ravios entre cienos sectores tecasoc1-., . ~,.o ~

de las éli(es brnstlen;:1s. . _, . , .. En los años sigmentes hubo otros mtentos de rebel1on, tambi~n it ustr~, mo el movimiento de 1794 en Rio de Janeiro, de marcada m!111encta dos, . de I1a h.lil, en l 703 S 1rato . . . ¡ co ·ada O !a «conJlíl':J de los sastres>:, (a!fawtes) "'.Le 1 i, ' tus ¡· ·' . ld . 1 de un movirnie11to caracterizado por e_J color y la t;0fü 1cion ~ocia e ~us m eurantes: mulatos y negros, libres o libcrt~s, ligados a pro~e"!ones_urb~-n~s, :orno soldados o artesanos, entre ellos vanos s:stres. E11 l 191 se ptodu.1e10n varios motines e11 Bahía por la cu~estía de !<1 vida~ esca~ez de al_tm~nlos, que fueron creando el clima propicio para !a rebd10n. ~_ntre las p~m~tpal_es reivludicacioncs de los conJurados estaban la proclnmac10n el~ una t epul'.h_ca, el fin de la esclaviiud, el libre comercio y el aumento del salauo de los m1ittares, La revuelta fue duramente reprimida atemendo a hs órdenes de !a coite, que temía la propagació'.l de !as ideas revoluci?nanas entre los esclav~s_negi'OS y los mulatos, a la vrnta de los precedentes na1tianos, a t,al punto que cualro de los principales acusados fuet 011 ahorcados y desc11ar!1zados.

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2. la rnrtc se fostala en Rfo Más allá de la importancia de est0s acontecimientos de ámbito loca'. o r~gional el principal impulso para la emancipación provmo de la me1ropol1. En est~ pnnto, Ja gran diferencia con la América esp~~o!a fo~ el t_raslado de la corte de los Braganza a Río de Janeiro, que penrnt10 a Brasil depr_ de ser una colonia relegada en el con.1unto del lmperio para convertitse en un m1portante centro ele decisión política. En noviembre de 1807 los franceses cruzaron la frontera española e invadieron Portugal para forzar a_sus autoridades a sumarse al bloqueo continental contra Gran Bre(afía y ~u_s1?on al regen~e do~ Juan entre la<lisy11ntíva de la fiddidad a sus aliados hntamco~ o la dorn'.~acion por el ejército galo. A! decantarse por los británicos, el regente dec1d10 .e'.1 pocos días refugiarse en Brasil, llevando todos sus caudales junto a la fomtlta real Y ¡ 0.000 cortes:::mos y burócratas en un convoy protegido por una escuadra bntánica. El 22 de enern de 1808 la corte !legó a Bahía, donde fue recíbida. Nada ni nadie podían presagiar que la fuga de Lisboa de la ~asa, de ~raganza provocaría catorce años ckspués la indep<::nelencw del Brasil. 1 ras mst~!arse en Río. don Juan desarrolló un amplio programa reformista para cambiar las relaci~nes coloniales, ya que la presencia real no sintonizaba bien con un Brasil dependiente y colonial. Por ello se decidió reconocer al Brasil c~mo !_a sede del Imperio y se equipararon los estatus de la mcliópoli y la colorna y_ft-• nalmente, en J 815, se pasó de! virreinato al Reino.Unido de Por~ga!, Brns1_l Y A!garves. El traslado de la corte implicó la parndoJa de que la polit1ca ex.tenor


porl11g11csa y el gob:crno de !a :rnllg11:i mctrúp1ili f¡1cum dccididus de~Je la colonia, uu hcd1n qm: mcid1ó sobn: la rdación colornaL al imp1tbll" el rcnaccr ck la vida cconóm1n1, rniclcct11al y cie11tífiu1 h1·asddia, y ser un lac10 1¡111 " pHlsor de la propia identidad, lo que hw visto por muchos ponugncses como una postergación en sus aspiraciones de progreso. La Carla Regia, promulgad¡¡ en enero de 1809, ahnó transiloriamentc ¡05 pnerios brasileños a los navíos aliados. De este modo se abolió el monopolio comercial, y fm:ron muchos los comerciantes y las casas comerciales ingleses que se instalaron en las principales cii1dnde.~ y pner1.os del país. En 1810, don Juan firmó un lralado comercial con lnglatcrra q11c :1brió a s11s comerciantes los pncr!os y mercados brasileños, mmquc imponía c!ám,ulas discrimirmio• rias para los mercaderes portugueses. Si la Carta Regia estahleciú un derecho de importación del 24%, el tratado de J 8 l O impuso unos aranceles a los ingleses del 15% mientras que los portugueses tenían qrn::: pagar 1m punto más. Esta discnmmación se acabó en 1816, cuando se ig11afaron los aranceles. Entre las reformas administrativas destacó la creación del Consejo de Estado en Río y de b Suprema Corte de fosticía, nn c1!to tribunal auditor qne Ctl· tendía en cuestiones hscales_ "L!mhién se fündó un banco y unn imprenta, se rnangmó una biblioteca real con los fondos traídos desde Lisboa, se crearon facultades <le derecho y rnedicma y una academia militar y se comenzó a publicar nu periódico. Estos hechos tendieron a revalorizar el papel de las oligarqnías locales y condujeron, a medio plazo, a la independencia, El pas0 de los ai'ios consolidó el papel de la corte en Brasil, pern también de los cortesanos, ya que se había creado una tupida red de intereses que dificultaban su regreso a Portugal, pese a haber desaparecido las causas que habían obligado su traslado a Brasil Muchos cortesanos, especialme11te los mils poderosos, se habían converlido en hacendados, adquiriendo tierras o contrayendo alianzas rnatrimoniaks con las herederas locales, que a su vez buscaban un rápido en" noblecimiento. Un caso significativo fue el del conde de Barca q11e, hasta su muerte en l 817, fue mmistro de Estado, adquirió extensas posesiones ganaderas en Río Grande do Sul y se dedicó a exporta1 CLteros. La liberalización del comercio y la abolición del monopolio abrieron la economía y estimnlaron los intercambios ex.ternos. A consecuencia de esta ,1pertma y del empuje de las exportaciones, gue seguían basadas en el azúcar y el algodón, cambió el signo de la balanza comercial: rnien1ras las importaciones se multiplicaron por cinco ypasa1·on de 4.000 contos de reís en 1812 a 19.700 en 1822, las exportaciones lo hicieron por nneve, pasando de 2.500 contos a 22.500. La devaluación <le la moneda de oro fue rn10 de los motivos del crecimiento de las cifras en con tos de reís, No debe verse corno algo totalmente negativo, ya que mejoró la competitividad de las exportaci0nes, annqne aumentó los precios de las importaciones pagadas en moneda local, afo> tanda a los cornurnidores. Sin embargo, las importaciones de manufacturas enropeas aumentaron por h1 liberalización del comercio y la ubicación próxima a la casia de los principales centros económicos brasileños.

La p1·escnci;1 inglesa se 1nlcnsificó con poslenoridad a la independencia, en 1822, cnando había casi cirn casas comeiciales instaladas· 60 en Río, 20 en Bahía y 16 en l'eruamb11co. En Lond1cs se organizaron cuatro sociectades anónimas para lnvertir en la mineda, aunqne no tllviernn éxito a! ser afecta•• das poi-18 crisis bnrsiltil de: 1825. En 1824 y 1825 Brastl negoció dos empréstitos con bancos ingleses por 3 .200.000 lib1 as esterlinas. Los fondos recaudRdos se destinarían a liq11idar viejas deudas y a compensar monetariamente a Port11gal por la pérdida de sus colonias. La fortaleza del comercio exterior brasileño le permitió seguir pagando los intereses de su deuda externa en J828, cuando tras 121 crisis de 1825, las restantes repúblicas latinoamericanas habían suspendido los pagos. El expansionismo portugués, en este caso a cargo de Brasil, se centró en el Río de la Plata y más expresamente en la Colonia do Sacramento. Juan VI impulsó dos intervenciones militares en la Banda Oriental, en 18 l l y en J816. La derrota de Artigas les garantizó el control de lo que sería el Urug11ay yen 1321 se c1eó el Estado Cisplatino_ En l825, Juan Antonio de Lavalleja, al mando de los «treinta y tres oriemak:sl> encabezó un levantamiento armado para exp11lsar a los portugueses y tras la gtterra entre Brasil y Argentina, de tres años de duración, la República Oriental del Uruguay emergió como nn nuevo Estado independiente, que en el futmo debería h1char por mantener nna posición equidistimte entre sus do8 vecinos.

3. La independencia A ambos lados del Atlántico smgieron tensiones que incidieron en el rnmbo de los acontecim1cnlos y obligaron a tornar ciertas decisiones. En 1816 había muerto María [ y el regente comenzó a reinar corno Juan VL En Brasil, al año siguiente, estalló una rebelión en Pernambuco, limitada al nordeste, en respnestaa las duras condiciones económicas y a los privilegios de !os porh1gneses en relación a los americanos. Esto movilizó a amplios sectores de la sociedad local y dio lugar a una república independiente que sólo füe sometida !rn~ trics meses de represión, cuando las tropas portuguesas ocuparon Recife en mayo de 1817. En Portugal, a la partida de los franceses, el gobierno recayó en nn regente impopular y despótico, que foe creando el c]nna para la revolnción liberal de 1820, que convocó a las Cortes y reivindicó el retomo de Juan VI a Lisboa. En abril del 821, y ante la gravedad de los hechos, el rey regresó a Europa tras n()mbrar a su hijo de veinticuatro años, don Pedro, como regente para asuntos brasileños. El rey y sus 3,000 acompañantes volvieron a Portugal tras saquear las art:as del Banco de Brasil, lo que agravó la situación de la Hacienda colonial. En enern de 1821 se convocaron las Cortes en Portugal, con el objetivo de prormdgar tma Constit11ción. Muchos brasileños querían participar en el proceso constitl 1cio11al porqne pensaban q11e contar con un texto escrito sería m11y beneficioso. Siu embargo, pronlo se impuso


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el <les-á·~-ir~;l ant~ n 1mho en la ,, , :~,-:·,"· ¡· -- ··· ,,,,-.,,.,, · · brusrcn(is '[ · '"" lüpo l 'C')l·¡¡r,_, .· los· "'"''-ses )"1c¡ 11 ~c 0 ¡ b' ¡ ' ''-'llOa l . rh-·" .. . -- , ' . " mo 1a wn lecho !o:- dip11tados c:s ,ºs l e1aks portug1 i~ses reforzaron los lazos co Jonia les C'll vez d -. [pan_oles, la au(onomia de 81,1s11 los diputaclos querian plena ob '<li ~n , . , ~ . dVOJ ecer ces metropolita11as v ordenaron el 1etorn,, ,,¡ , P ;,; '" cm ª !us d1rectri., ,·¡ ¡ • · "" u.., ,ev a ortUVill De e··¡ l ,,rc1s1 voviaasercoloniatrasunb,,,,., ""· ~emo,Jo , - · -. "·' ,;;nonnpena 1 yan,e, , ¡ ' tropoh smo q11e dependía de ella. · ' u mas a me. Como los portugueses \fllerían ~, 0 ,,,,,,, 1,,,. ¡,, ,, - ., ,· • • · " ' " e '-' uom111ac1on col · l ¡ , sdenos conv1rt1ern 11 a Juan vr ~n ~¡ ,• b f· ci oma , os bra. " e c;im O ú e la lltlldad flílC · , ¡ ¡ ~mnaron para (j(le no abandonara Brasil. Posteríornie 11 el;( '.ºn.c1 y o pre. no)) co11ccntró SllS es.füerzos en lo,rrn1 que ,fo ¡; .. , . . pc1rt1d.o brn.s¡/c.¡ . l1 <.:ulü pe,man~c1~r"" c·o fonw., y su f l"llra coi ,- · ¡ v· ' "' ""' en a hía Río S",,, P--~,,lo y M~e'..~ºc'¡ ag utmar a las _oligarq11ías icgio11ales de Ba11d ' '~' " • ~ · PªtP! <l·· las l · para abort11r los movirnicnt~i~ ~entrí ~ '" _"_ ~ '.g~n¡'.1ia_s regionales f¡ ie c!ave 1 »nidad adrninístrati va, .Y mi ichos au;~;e~s 1~/e1ªPr'~:~~:~irqie,, ~OlllÍi1llJO a 1arnd.i:cpenden' l·B ·¡r . cia (C l<lSl (IC un pacto político cnt · ·' J· " · · cco11. _ ~s;e 1:1o_do: al limitars~ l?s c11fre111a11úentos armados se '-'aiai:iz~\ ~ : De uon lllc111c.n1ri y se evito !a auena civil ¡, ,,, s_, -, e r - 11' 1 ns1t~ "' · ""· c11c1.1 e1e en n::11tamiewo crnos, con su secuela de onerosos gastos pa•·ael 11 ¡ •. . ~ ' ' s m1(lcunadelasc~ º>S ¡, ¡ • ~, e e a rrnspendad brasileña en ¡, l :, ' ,, "'OJJenw, , «tite. ¡ ; .,, .. , . dS cccawi!S centrnlc-s del sido XIX ,,.111 )lc;n p,"m1t10 c¡ue ~e JTl'lPtt,,·,~·1.., ¡ , ·¡· ., ,. Y . •'' " ' '.l <ee>tao1 lLi 11d pol1tica y• .-, ¡ ¡ • dad ic":rntorwl. El 7 de septiemhre de 18 ,, 2 ,, d' · , . · 5?nd Y a lilH• , - c;e 10 el (Jflto de fp 1ran<>a ( ¡ dcpCJl( fenc121 O )a muerte})) que de he:,¡ · l ( "' \( d l]l, ese moment l ,, , . -' . ,e 10 imp ica ia la cmar1cipacióll Desde o, o~ acontecnmentos se actclcrarnu ve! 12 de oett h d Ped t:Lcproc/am:idoernperadorconstitucionalyel r,·, b i, r~ on_ ro anos, fue coronado. Lord Coch r , , , . -. ,;; l ic1em re:;, ~on solo 2.4 , , ¡· c1ne, d] fj(lt: hdb1arnos visto al serv,cio de cr · 1c::,., a\11coaex.pul~ara las "(l'll ,.·. - 11Mar;nh'\1 Y p / º ' ni~-1unes portuguesa., acantonadus en Bahía ª . ard, opuestas a la independencia A f' , d· ~ , prácticamente concluido d ¡iroceso ern•_,,,,,,. ,,, ,· . , in es e ! 82.>_ yci había 10 C(1an( 1o se exp»ls·;, ¡,, t pas acantonadas c11 Río y -~ , ¡· . , ¡. '"' " 0.", ' ·' " "s ros""º oco a rebcd1011 d·· las t , ocupaban Montevideo. · " · · ropas portuguesas que 0

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4. iEi Imperio y el reinado de don Pedro

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se logE;r~e~~11~i;~1ie11to in~e,rn,fcimrnl de !a 111depcm1encia por Estados Unidos - , annqi h; ng aterrn ya la rcconoc' d r ,} • .. negociaciones con el emb· d .; Ja e ice 10. Unas hab1les -. • <lJa or 1intanico Georoc• Canmna le • • don Pedro firmar dos tratud . . [' ' ., 0 ' ,, "'' , permttlt'ro11 a ·- • ,.·- . · . oscoii ortug:1ly(mmBretañacnlfP5 i· ,,¡ c10n m~,Huc10nal prnvistR corn-·r1z·tb·i ¡ . . , ',_ · ,d ~ 0 Uemperador del Brasil y su 1mn~d~-1~" a!; por ~ cornnac1on de don Jmm como tu"al teuh (ln ,¡. . ¡ , e , d1cac1:111 en SH hijo. 81 trntado con Pordo~1 Juan ~or 1: ~:i:~~¡~1~=~e_t~-rar~_u~dcm~.1zar c~n dos millones de libras a d rasi , que ,amb1<.:n debia hacerse car"o d, h deu a portnguesa con Grnn Bretaña El ir • d , ,- "' e.' ~ cues!ión succw]'Ja en Por! 0 : -, atd o, sm cmba,~o" _deJaba abierta b 1 ]' " . u"'a, ya qu" qu1e11 ocupaba eJ pnrner p11v~·to ~n la mea st1cesorn1 era el rey de llll país e>nranJero_ · "

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Los liberales brnsi leños depositaron sus ex.peciaíivas en don Pedro, e::;pecialmente tras la jura de la Constitucióu, aunque éstas fueron defraudad:,s por e! peculiar sesgo de la rnonai q(l-[a parlamentaria hrns1kña. Ante el temor de ver recortados sus poderes, el regente disolvió la Asamblea Constituyente a los siete meses de haberse reunido por pl"ime1a vez, aunqllc la posteiíor gestión dd monarca se caracterizó por su liberalismo. La Constit11ción de 1s:;4, que perduraría durante casi 111cJio siglo, convirtió Brasil en una monarquía parlamentaria, unitaria y centralizada, al aplicar la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadauo de la Francia 1evolncionaria. Sin embargo, las libenades civiles y la igualdad ante la ley sólo se garnntizaban a los grnpos privilegiados pero no a los esclavos, al reconocer la pr(Jpiedad y la esc!avit11d como derechos inalienables. Pese a los poderes co11fendos a la Cornna, la Constitución era fonnalmenlé liberal, al seguir el modelo inglés, con 1111a Cámara de Diputados renovada periódicamente y un Senado vitalicio E! re:;y, asistido por un Consejo de Estado, encabezaba el poder ejecutivo y nombraba y cesaba al primer ministro con indcpcndenciR del Padarnento, nombraba a los miembros del Co11Sejo de Estado, designaba a los senadoies a partir de las ternas rnús votadas, convocaba o disolvía la Cámara de Diputados y convocaba decciones parlamc11tarias. De modo qt1e si la Cámara rechazaba nn gabinete designado por el emperador, éste podfa dis,1lverla y c,,nvocar w1evas elecciones El emperador era el responsable de nomhrar y promover a los funcionarios civiles y militares, de reglamentar la legislación aprobada por el Parlamento y de distribuir los recursos entre los distintos organismos de la administración, a lo q(le unía sus plenas competencias en materia religiosa. Los comienzos de la vi<la política de Brasil no füenm scncilios. Pernambuco se volvió a subkvnr en 1817, C(lando intentó crear la Confederación del Ecnudor, de corte liberal y republicano, en una reacción contra mm monarquía no democrática y el peso portugués en la corte de Rio de Janeiro. El éxito de los rnbeldes h11biera supHcsto la secesión de una parte del pais y para reprimirlos don Pedro sospendió las garantías legales. Al poco tiempo estalló otro foco de confücto en el s1.1r, donde también se u1tentó establecer tm Estado mdcp,·ndientc. La muerte de Juan VI, rey de Port(lgal y padre del emperador de Brasil, en 1826, anmentó las dificnltades entre don Pedro y sus súbditos al asumir la corona portuguesa. Si bien renunció rápidamente al cargo, fue incapaz de acabar con la idea de q(le prestaba más atención a los as11ntos portug11eses que a los brasileños, tma creencia muy difundida entre sus súbditos. Hasta 1826 no se había convocado al Parlamento, (Hl ejemplo de la degradación del sistema político. Si a cslo le sumarnos las difieultades económicas se puede entender por quS: numerosas voces alertaban del peligro de lln estallído revolueionario. Finalmente y ante la falta de !os apoyos pofüicos necesarios, el 7 de abril de 1831 el emperador abdicó en su hijo Pedro de Alcántara, de crnco afios de edad, tras reconocer qtie meuji'lho tem sobre mima ventagem

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de ser bras1leim {{{1111 hqo tiene~ suh1·e mi la Vc:utap d(, :-cr lm1sikiíu,, ¡, El 1u10 Pedro ll h:1bía mrnlo el l2 de Jio.::mbr<e ele 1X25 en Río de JJ1\<ciro y era ll1_10 de !\1ndrn de Leuchtenbng, la segunda c~ro~a de 1,;mpen1dor Pacif'icame1_1tc y_sin kvaut:ir grnndes odios, don Pedrn panió al exilio europeo junto a su lam1k1 S11 salida del csctcnano nacional facilitó el reemplazo de la b1trDcraciD imperial, contirnwdora de la colonial, pm In oligarquía terraleniente vinculada al dc~arroJlo agroexportador. ' . Pedro ch,_Alcánt;-ira reinaría como Pedro TI, pero dada su corta edml el gob1en10_quedo eu manos de un Conse.10 de Regencia, de 1res personas, lo que c,ompl,JCaba la loma de .decisiones, especiahnentc en los momentos di f'íciles. LI penodo de la regencia se extendería entre 18] 1 y 1840, unos años de inest~bilidad con pulsiones n:publicanas. Esto aume11tó 1a mseguridad de la poÚ11Cil, en un llempo complicado que cuestionaba la monarquia y la integri(fad del país, destacando las sublevaciones en ciertas provincias, cuya represión no fue nada fácil para las autoridades de Rio de Jm1ciro. Las zonas más con" flictivas eran las más apartadas de la capital, como Parú y Rio Grawk do SuL Después de la abdicación de Pedrn I las tendencias políticas 1.cndíeron a po]a.. nzarse y los liberales ~e escindiernn e11 distintas rucrzas. Por Lm lado. los moderados, partidarios de mantener el sistema institucional del Primer Rci11adw por el otrn, los exaltados, más radicales, gtte impulsa han reformas nrofundas' pero que paradój1cRmente convergieron con Ú)s restauradores, c~n los uud ten11111arían fnndal1do el Panido Conservador. De este modo, los liberales estuvieron pr~scntcs en todos los partidos políticos del Segundo Imperio (1840-1889), rncluiclo el Partido Conservador. Al igual c¡uc en otros países de América Lalina, las diferencías políticas e ideológicas entre liberales y conservadorec, eran de ma1iz y por eso Estevao Rezende Martins señala q11 e no debe sorprender q11e las grandes rdormas liberales de la época haynn sido hcclrns por gobiernos conscrvodores. La proliferación de los conflictos y !a persistencia de !as fuerzas cenlrífogas llevaron a la refrmna constitucional de 18.14 que in1cntabél la descc;11trnlización provincial mediante el reforzamiento del poder local. Gracias a esta reforma adminis1rativa, se convirtió a la monarquía hereditaria en Jo mús parecido a una república federal. Para agilizar la labor del gobierno el número de regentes se redujo a uno, en lugar de los tres iniciales. En 1835 as11mió el puesto Diego Feijó, qmerr centró sn acción de gobierno en luchar conlra las k11(kmcias cenlrifugas opuestas a lél consolid;:ición del poder central. Dos años más lill"de, el regente fue obligado a renunciar y sn cargo fue ocnpado por el co11servador Pedro de Araújo Lima. La constn1cción de la nación planteó problemas enormes a la opinión pública, tensionada entre !acslahilídad y las tendencias separatistas 0 fedeialistas, aunque finalmente la ap11esta por el statu quo fue. clara, lo que favoreció el consenso social sobre la monarquía y la figura del Joven mo@rca. La estabilidad fne reforzada por la existencia de ~n,grnpo de bncnos políticos, con experiencia e11 la administración, que facilito el manlen1m1ento de la monarquía y el restablecimiento de !a autoridad y

el orden, gara11tizando la 11n1dad del tsiado y 1~1 precmiuc:nciu del pode:¡· uy¡] sobre los 111ilit,ires t\ medida que el príncipe crccia, ~\l m:1yoria de c:dad se conv1rl1Ó en un problema En [840 fue declarado mayor de_ edMl y rnronad_o en 1841 _corno Pedro Jl, aunque hasta ! 847 no gobernó de forma efectiva. E11 1840 se 1neororó una cláusula adicional a la Constitución p11ra permitir el funcionarn1cnto p · ¡·unc1ona . d o antes d e de las asambleas legislativas provrnciales, que habian J 834. Cuando Pedro H asmnió el gobierno, todavía no se había consolidado la oaz en I3rasiL La rcbeliónfarro11pifha de Rio Grnnde do Sul se extendió ha;tll 1845 con sn perfil separatista y republicano, qne atrajo en su momento a! revolucionario italiano Giuseppe Gariba!di. A comienzos de 1849 volvió a estallar una nueva rebelión, la revolución praiera, esta vez (k signo liberal, en Recife. Esta reacción a la caída del gobierno liberal, vinculada a las revoluciones que en 1848 eslallaron en Enropa, fue h1 última ocasión en el siglo XIX en que se echó mano de la lncha armmfa para resolver cnes:iones politicas. L~ revm:lta fue duramente sofocada en breve l!empo y en l 8)2 Pedro H decreto una amnistía general para impulsar la reconciliación nacional. Sin dnda alg11na, fue el orig.en de un período de cuarenta arios de paz y pmsperidad en Biasil, (JllC coincidió con su reinado. Una coyuntura tan estable no se conoció <.:n lamayoria de los países latinoamcrica11os. En 1853 comenzó una nneva etapa política, conoci<ln como el período de ]a conciliación, <Ll cohabitar en un mismo gabinete ministros liberales y conservadores El emperador situó al marqués de Paraná al frente dd gohicrno, qne se p!llnteó el consenso entre los dos principales partidos, el C?nservad?r y el Liberal, e11 torno a Sl1 plan de acción. Sin embargo, el acuerdo rntcrpart1durio no duró demasiado, a tal punto que en sendas ocasiones, en 1863 y 1868, d rey se vio en la disyuntiva de disolver la Cámara de Diputados por l~s_enfrentamientos entn: conservadores y liberales, que afectabun la gobemab1lldad. La existencia de gabinetes inestables llevó al rey a participar más activamente en la polític;, nacional, provocando un debate en la opinión pública sobre la oportunidad de sn conducta. El constante uso de la pn:rrogativa regia de di sol ver el Parlamento y ..::mivocar elecciones anticipadas minaba el prestigio de lamonarquía y la del propio monarca y aumentaba la vulnerabilidcLd de su figura

Cuadro 15.L :Evolud6n del sistema parfülario de! Imperio, 1831~1870 1840

1831 Rc,tanradores Libcrale" rnonarqu1s1as Republi~llnllS

hrtido Conservador Pait1do

Liberal

1864

1870

Partido Conservador hrtido Progresista l\irtjdo Lib(:1 al Partido Republicano

F1writc· EstevRo C de Re;;.ende M~rtins, ,,Brnsd vi;;to por si misrno /,iglc,s xv!ll-XJX),,, en fosdim z. ·váz<.jue;- y Mam1d Miiio Gnplba (~ds ), La c,,,,s/,,f(_'r/Ó!1 d~ !c,s n,,cu;,nes /at11w,11neri,·m10.1, !810lfi?O,

Marll'i\~ 2003


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··-·~ S1 bien en está época fa continuidad fue la ncinw, predominante, se Pl'Ocln. Jnon algunas 11ovedades de m(cré.s. As(, se pú1enciarn11 las 1chcio11es dínlo. má1icas y rnmercrnles con Furopa y E~ta<los Unidos, lo que expandió Jas\:x. portac1011cs llgrícolds. Pedro !I se conviníó en e1 prínctpal embajador de S!t pab y en J 871, 1876 y 1888 viajó a Eurnpa y en 1876 a Estados Unidos. Las oligarquías regionales segnbn siendo las rrnsmas, aunque con unG clara con. óencia nacwna!, de pc1kmmcia a la «nación brasileña», y de formar panede una clase dominante, con nn proyecto nacional estrncturndo y coherente. Esta clase dominante se mostró dispuesta a asumir sus resp011sabilidades y afrentó sin grandes complicaciones la constmcción de uua 1rnc1ón y del fa·tado c .. 0 rrespondfcnte. Sin emb;irgo, este hc:cho no dotó de homogeneidad 2 ia o!igar. quia rural, mtegrncb por lus nordesiÍn(i~· azucaieros y algodo11ero,<i, !os pau. listas cafeteros y los ganaderos a~enlados en e! interior, como Rio Grande do Snl y Minas Gemís_ La élgnculturn de plantació11. orienlada a la exportación, dcscan<"labet en el uso intensivo lle! trabajo esclavo. En 1818 Jn población del Brasil superaba los 3 800.000 habitm1te~· y sólo algo más de mi millón_. d 27,3%, eran blan. cos. Los indios eran el 6.5%,. 250.000, mientras que los esclavos neg1w, de origen africano eran más de la mitad, el 50,7% o 1.930.000 personas, rnie11ll'as !o:-; malatos y mestizos repiesen:aban el 15,4% restante, 585.000. S-:gún el cen.so de 1072., seis de rnda diez brasileños cnm negws, UH fenómeno debido a qne ,:ntre 181 J y 1850 ingresaron¡¡] Drasil l !,/1.700 afri<:anos, pese al control b1itánico de !os mares. Entre 18 ! l y J 820 l!cgaron 266.SOOesdavDs; 325.000 entre 1821 y 1830; 2 l2.000 entre l 83 l y 184() y 338 JOO entre l 841 y 1850. A partir de entonces el descenso fue evidente y entre 1851 y 1860 sólo llegaron 3.30[) esclavos, La gran depcndenci:1 de la esdavitud explica el reiterado incumphrnic::n(o Uel tratado fi1rnado con Gnm Bretaña en l 826 en lo relativo a la fmalizac1ón de la l"rnta. Pese a las pre,,wncs de ciertos gobierno8 extranjeros, como el de Estados Unidos, y de la actitud declarn!iva de algu11osgobemantcs' !oca le$, el fracaso a la horai.le abolir la escbvitLtd :-;e explica por el exceso de la demanda nacional. La injerencia in,gksa foe considerada ultrajan le para la 80bernnia brasileña, pero las presiones del gobierno de Londres para arnbar con la trata a11mentaion tras la firma del Trat,1do de Aberdeen ( 1845). Brasil ilegal izó el comercio negrnro en 1850 y dos años de;;pués éste hahía desaparecido. Acabar con la trat;i en los mares no t:quiva!ía a acabar con !;1 esclavitud, qnc se mantuvo giacias a los negrns que, trabajaban en las plantaciones y al crecimiento natura! de k>s esclavos. La abolición de la esclnvimd se produjo en 1888 La disc1rnión sobre el uso de la mano de obra e~clava fue cada vez más álgid:1 y rápidamente los argnnientos ideológicos se mezclaron con los económicos. En la década de 1860, lo~ abolicio11istas 111iciaron una campaña ck agitación pública, mtensificacla por la abolición de la esclavitud en Estados Unidos, en 186:1, decretada por Abmhnm Lincoln, cuando Brasil ern el único gian país occidental que mantenía un sistema esclavista. En 187 l, el Congreso brnsileño sancionó la

-·----·., -,,..,,,. ,,', 1 libertaci-devlentres(\osh1_iosdelascsclaley Rio,Branco,, q~:1~~s~~:ll~~1~,:d~ de ernanc1pac1ón. p:m1 facüitary acelerar ,,asnacianhbies)y __ p;»~,-; :,; Pcseasusapa1e11"'' .. , ¡ ¡- ,, l'visneurosporsusp1u •"'""' 0 .,, · , la rnanurn1swn t,scfd l .,d ·"";,e,_' 1o~p" - i"ntadüi-cs ¡ ¡,ye e10us--•itis 1zoana ' ' se s1:ntía11 cada vez mas

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tes lo~'.-~~i \01· a1~~licio;1stas consideraban insuhc1ente d lii:iite alcanz: .. Dmenazal _os_y liderados )Or loaqlllm Nabuco de A1aÚJO, un Joven abo~~do. Estos iil_tm1os, . , 1 , r '.·:11 iota\ de la esclavitud y su libw de 180.J, do y pubhc1sta, quena~- a a o ~c¡1,'.nl•naniqueo de la esclavitud, en línea con el h t· -·omsmo traza,,a uncu"c' " . ~- ¡ DA .o.to. · · •11'ásra d.1ca ¡ ¡-·n l8"4 o, c·~~r<iyAinazonashbernrnn "'"" · 1osu~ca-· abohc1on~smo' . ·. i' ·~davos de: más ck 60 ,ifios fueron rnanrnm;1vos y al ano si:gwente tocios_ ,u, c.d l .. l s ''"s1 7{JJ) 000 n,:gros que aun .. "SS l ·ó )a ]¡berta lota para O "'"' '· · • dos. t·,n lo e sect:,.,,_m .,· . ú u odeconipensaciónparalosprop1epc:rmai1ecían esclaYl2'.M\o_s, ~m ~mg n ta~ora a rctirnr su apoyo al rnonarcl\ en taiios, lo que llevó a'.ª oh_garqt\11~,_rll~n,.., ''" abolió 1::1 tsdavitml poi rnohvos t e spad'1 E l- ,,r <em,.,r, " ' u11a coyuntun:1 an 1L. '- , , . el sistema fonciunaba era porque se-l. no ~cOJJ\llTllCOS ya qut: Sl ' ' · I 1, po_111cos, q 1~ "' , , ·a 10 s, lautadorcs. Losescl,1vt>s oponí2tt1 una res1~ enguia siendo ten:abk ¡)dl · P . l· . ,,., ,, entras al>!uiias pres10nes a tavur 1 .,,. \'"(}] ·ntri a 1a 8'-C dVl 1· u.. ' 11 u <l · Clacaca l. VeLnl,,, 'l " ' ' 1 . ·. l·,n'''Cioncsenzonas .. .. , hcd-,plantatmcsconp, '" ' " .erec1en" , <le: la ctbo 1c¡on p,oven d e: _ . ,, D,·,'"l"'vos qoc prdcnan dar -, · 1 b, "tecim1ento regu 1ar t1,._, ,._,_,.._. " ., re incorpornc1011 srn m a ª~ · . , ct·• t,·abaJ· adores blancos. Tamb1en , •¡·ct · 1 l"s Tu·;-i ir. 1111n¡arac1on . . , rnuvm·es ,aci at,,, I' .'· · "i , ,., , __ ,r,,,s incluidos m1htares Y • . ·¡.. 3•t' ''1011<::S de (1~ ~el IOICS me ' -, ., destaca11ar1 las rnam ,, dv , 1·• J.a di;.mers1011 de , . 11 1·aban a VJVH" en una soc:ed:1c.,1rnoc ,,rna. ' , , burocrarns, . _, Muchos negros . . que Cb\ trns h 'Jbol!c10n a ¡.t:C 10,"'" todo el ·iaís. t tapoblacwnnegra, '· ' ' ' . . , . c,,,d-idcs aunciuehuboagu· l l l ,· '"P'lfaC!Dl"rfü d 1as ' ' 1 abandonaron as P an acmnc:~ '· "' "'"''·,,e ·eiunaotraszonasa"' ,,. ,...,_,Solian ocu¡iar los esnos, !os l~cnos,_::ue -~e e ¡. v1cb tlie,1nás bajo que el de los blancos. tratosmaspohie~y~um\e ce

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5. Orden y progreso ) . , , C rraMrnidial.olacrisisdel930,sesinF.l período entre 1870 Y ia f rnn"r.J. nie . loban"lera brnsilcña. Fueron l ' '' . fOO"rcSO>) me 1llll1o e,1 ' ' . tetiza en el tema "º!ücn Y P "-" : . . _ l · ,·,,·¡H)"l'Jntes transformaoones e~1 . ¡ • d •··m1·'ntocco110m¡coyc~" ·' - l anos e erap1 o ciec eb orantes y cap1ta es ·bt , prirte por l•" ll•-,g, c.« d•" ,,m11 "' tructu~H.ks, pos1 es:.~ª- ue,n'. _-• •. 4 'a 10 millones <le hDbitantcs, !os ingre_sos e;;,tranJeros. La poblacmn Pª:~ ~L- . , nacional se m1ihiplicó por diez. 10 públicos aumentaron 14 vc;ccs_ y d r.wu,uc8 fliJO hlómetros de vías foneas y - ºS l · t·,'-11 1 constnndo nrns ce ~ . fon lo 9yase ' ' , , 1 d·IOOOOOuum<,ranteseuro. 1 ll\>, Ji-nuertos ocl paL'i mas e · "" sóloeseallolegmon/l(~,,, . ., , .'. /2"~,,i•iomi'>raeiónqueenel - · l ornftco se Jaso 1n"'''"' '" "' peus. E'.! crecmu~nto (en'.º-~ .• _ e," ~ei:ilmente a los grandes estados del sur, crec1m1~nlc) vegt!at1vo Y, ~k,C,'.~ ~~ul ue estaban expandiendo su fro?t~,ra como Sao Pmi!o o Rio (;i,md- d? '.t\ •bi~mcnt1e <l'.':s¡rnés de la abolic1on , · , c·'naumen(ocons1c<:!1" '"' 10 1 agncola. La Jllffiigia ' , l. d, o,·\no de obra asalariad,1 prove1 1 - l ·Jademancacrec,en t: " ' .. de la ese av1tuc, pm -, 'tlt', cafeteras. La mmigrac1on euniente de mm1erusas empresas, especia 1lll\, " ' '

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ropcn rnodi rrcó b dLstribucióL1 élnicu, :il pn,¡ lucirse un 211mcL1to relativo en el

nÚ~\eru de bbncos a cos!1t 1kl rctwcc:-:o de ncgrcis e indios. En b década de

l 8 10 lkg:mm lll<:nos d<: 200.000 mm1grantc~, q11c pasarou dd 11wdlo millón en !a década sigrnente. F11c en la década de l 890 cuzindo lkga1 on má~ d,;c 1111

rni!lúu de mmigrcmtes, itakrnos ';i españoles en sn mayor pat~e, pno también portugueses, _judíos que huían de la Europa orienta! y de la <lisgrcgación dd Imperio otomano, a:;:í como de otrns pa'rtes de Europa. Las llegadas tnviero~ altas y hajas en función de la evolución de la coyuntura mtenrn e mtemílcio~ na!, como muestrnn L,s tasas de crecimiento de la mmigración. Entre 1872 y 1890 la lasa füe del 0,38%, snbió al 0,60%, cn1rc J 891 y 1900 y bajó al 0,22% entre 1921 y l ()3()_ Después de la crisis de 1929, y ante el aumento del paro en los centros urbanos y en fo. indnslria <lel café, se tornarnn una serie de medidas para limitar la inmigración. De todas formas, b inmí.gración neta entre J 872 y 1930 se es1ima en 2,2 mi!lo11es. La nper1ura del país y el desarrollo del sector exportador nupnlsarou el crecimiento económico_ La Europa nórdica y occidental y Estados Unidos deirnmda~an grnndes cantidades de a1íme11tos, rnaterius primas y otros productos tropicales para sus economías en vias de mdustrializació11. El abaratamiento de los costes d~ transporte (ambién impulsó el crecimiento exportador c11e ., ' 1 vi vio su grun hoom entre ! 870 y 1930, a tal p1mto que entre las décadas de 1870 y J920 !ns exportaci(mcs creciero11 a nmi tasa anual del l fi°A, Fue en las décadas de l 8'i0 y 1860 cuando se sentaron ];,~ b;1ses para la transformación posterior. La creación de nnevos bancos expandió el sector financiero y el crecimiento de la demanda interna y In apertma de algmrns fábt·icas favoreció una induslrialización temprana. El sector financiero, como otras actividades vinculadas a la exportación, se desarrolló rápidamente, especialmen1e entre 1888 y 189.5, 1905 a 1913 y 1924 a 1929. Las inversiones i11glesas Y cstadounidlO"nscs, mayoritarias entre las extranjeras, pasaron de 53 millones de libras esterlinas en 1880 u 385 millones en 1929. Má.~ de la m1tnd del capital mverti<lo sirvió para financiar al gobierno central y a los estarlos y ayuntamientos. La mayoría de !os hancos de capital inglés se fundaron en la década de 1860, al amparo de una ley británica que favorecía su presencia en el exlran.iero. Jiasta l 880, Brasil había sido el país latinoamericano más favorecido por las inversiones hritfmicas, que luego encontrarían mejores oportunidades en el Río de la Plata. Entre l 850 y 1875 Bn1sil nxihió 23.500.000 libras eslcr!inas en empréstitos cx1ran.1eros, siendo el segundo país latinoamericano detrás del Perú en el volumen de la deuda negociada. En esas mismas fechas la casa de N. M. Rothschild e hijo, de Londres, se convirtió prácticamente en el banquero oficial del lmperio y emitió distintos empréstitos para financiar inversiones en Brasil. Las mis importnntes se dtrigieron a la construcción ferro-• viaria, dcstacnndo la Minas & Río Railway Company y la S1ío Paulo Railwav Company. Olrns inversiones rinanciaron la constmcción de mfraes1ruct1rn1- u(bann y de transportes, corno puertos o servicios pliblicos urbano'. cr'"' ~¡,,¡,,· ~ '='"''' '--' ,.,., ' " cidad, agna o tranvías

L8 mc3orn en la.\ comurncctcmncs, tanto mternacionaks cnrn,1 rnkrnas, fovorcció la c~pansión de: lus c:xportac10nes. El bMÓn de ]Vlwr'i, lrmcus da Sonza, q1ic en l S.51 rundó el banco Mauá y luego construyó el pnmcr /'ci rocarnl brnsilello, foc una <le las figurns descolla11ks del período, qm.: mvmíó dinero rn la rnstalación del alumbrado a gas en Río de faneuo y en la creación de una compañia naviera, cuyas embarcaciones de vapm surcarím1 el Amazonas En este proceso fue clave el tendido de miles de kilómetros de vías férreas y líneas telegráficas, y la incorporación de buques de vapor y cascos de aceio a la navegación. En 1853 se com,;:nzó a constniircl camino de la ,mnión y la indnstria)) entre Río de Janeiro y Minas Gerais. En 18:'iS se inició la constrncción del ferrocarril de Pedro J[ y en J860 la línea Sanios-S1ío Paulo, vital para las c:,portaciones de café. La participación del Brasil, junto a Argentina y Uruguay, en In Guerra de h Triple Alianza (J 864-1870) contra el Paraguay, supuso que numerosos recmsos, nacionales o provenientes de cm• prés1itos extranjeros, se destinaran a la compra de armas y al sostenimiento de !os e¡ércitos, postergando la construcción forrovinria. En 1870 Brasil apenas co¿taba con 740 kilórnetrns de vías férreas. La construcción ferroviaria se aceleró a partir de !u década de 1880, En 1889 se habían constrni<lo 9.600 kilómetros de vías, 16.000 en J906 y 32.000 en 1930. La mnyor parte de las linens llegaban a Sao Paulo y lo comunicaban con Minas Gernis, Río de Janciro y Rio Grande do Su!. Su trazado dependía del sector exportador y del abastecimiento de un mercado urbano en expansión, como el panlista. Los constructores buscaban el negocio del 1ransporte de carga y pas8jeros, lo que condicionó el trazado de la red a !as regiones más p1úantes y, pese as11 amplitud, el ferrocarril no pudo garantizar buenas comunicaciones a todo el país, especialmente en aquellas regiones de baja densidad de población o de escaso potencial exportador. El ferrocarril permitió no sólo la puesta en explotación de nuevas tierras para el cultivo del café, sino también que Brasil sacara mayor partido de sus ventajas comparativas. La mejora en las com11nicaciones convirtió al café en el primer p1 oducto exportable, delante del azúcar. El café se había mtroducido en el siglo xvrn y rápidamente se adaptó a !a,; condiciones climáticas y cdafológicas dd sudeste brasileño, aunque só!o después de la independencia su explotación llegó a tener cierta impor1ancia. La expansión <le] cafetal se basó en los elevados beneficios de su explotación, debidos a la ventaja comparativa del clima y la abundancia de tierras, y t8mbién a los numerosos inmigranlcs qnc proporcionaban una abnndunt.e oferta de mílnO de obra y a las inversiones extranjeras que transferían recursos a la agricultma de exportación. A esto se suma el hecho de que el cnfé era una mercancía de fácil transporte y almacenamiento, que no demandaba complejos procesos de transformación industrial para su exportación. Sn explotación se producía en grandes propie<la<lcs y ¡-:on costes de producción S11mamente bajos, a diferencia de Colombia, Gnatcmala o Jamaica, donde primaba el mmifundio o la mediana propiedad. Las exportaciones de café pasaron de 60.000 toneladas anuales en


la década de 1830, a 216.000 en la década de 1870 y en 1901 se exportaron 880.000 toncla<las. De acuerdo con su valor, entré: 1870 y 1875 el prnmedio anual ele las exportaciones de cate fue de 400 millones de libras esterlinas y de l .130 millones entre 1895 y 1900. También se incremeuió su participación en el valor total de las exportaciones, que pasó del 46% en 1901 al 53% en 1908, y numerosos autores comenzaron a hablar de monoexportación. En la primera década <le! siglo XX Brasil pro<lucla e! 77% del total nlllfldia! y sus cafetos s11maban ios dos tercios del total de arbustos cultivados en el mundo lo que le permitió controlar- el mercado mundial de cflfé y también sus pre~ cios. El avance de otros competidmcs, ameri.cauos y extrnamericanos, marcó el retroceso de la producción brasileña que en 1940 sólo snmaba el 60% del total mundial. La:; exportaciones brasilefí.as tuvieron irn buen ritmo de crecimiento, En 1870 Brasil exportaba el tri.ple qne Chile, Perú y México o el doble que Argentim:i, aunque en los afíos siguientes no pudo igualar a su vecino noplatense. En un momento se pensó que el caucho diversi.fi.caria sus exp01 tac iones, dada la demauda <l,; ia industria a111omotriz uorteamericana y europea, que aumentó su precio en los rneicados internacionales. La tonelada Je caucho que en 1840 cosrnba40 !ibrns csterliriassubió a 182 en l870ya 512 en 1911, mcidiendo en un aumento del valor y el volumen de las exportaciones_ El caucho se 1ransC01mú en el 1-:egnndo producto exportable, con el 25% del total. El crecimiento del s;:,ctor no dnró mucho tiempo v su caída íue catastrófica, dada la compdc11Cla de nuevas úreas productoras y el desarrollo de la goma sintéi ica. En 1930, en plena crisis, las exportaciones cayeron desde las .38.500 toneladas e,s;,portadas en 1911 a 6.000. uua cantidad inferior a la de 1870. Otros productos exportables, aunque de una incidencia menor en el volumen total, eran el Cilcao (Brasil abastecía el l 0%, del mercado mundial), la carne vacuna, la madera y otros productos forestales. E! nordeste había mantenido su hegemonfa durante el boom de lus exportaciones de azúcar y algodón. Si el algodón conoció un repunte importante en los años de la Guerra de Secesión en Estados Unidos, el azúcar tuvo una breve expansión en las dos últimas décadas de'! siglo XIX, aunque fne incapa,: de resistir a la pis:sióu de nuevos y viejos competidores y la introducción de la rcrno!aclm azucarera. A partir de 1898 la situaciói1 se agravó porqt1e la producción de Cuba y Puerto Rico tuvo un acceso privilegiado al mercado cstc1.dounidensc, El avance del café, en los estados de Silo Paulo, Minas Gerais y RlO de Janeiro, llevó a la cnsis a la economía nordestina.

6. La crisis del Imperio El sistema político, basado en elecciones indirectas, producto de su propio desarrollo constitncional, era similar al existente en otras regiones del mundo, como Europa o buena parte de América. Al igual que en otras partes, el

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c~ciqiiismo y d chentcli.smo eran frecuentes, tanto com1J las acusaclones de fraude electoraL En 1842, l 855 y 1860 se ensuyaron algunas rc:formas electorales para dotar al sistema de mayor legitimidad acabando con el frautk, pern sin demasiado éxito_ El derecho a voto se limitaba al sexo masculino y para ejercerlo había qne ser mayor de edad, con 25 allos, salvo los oficiales ikl ejército y los casados que la adquirían a los 2L y había que tener un mvel d,c ingresos mínimo de l 00 milrci.s anuales, proveuienks <le las rentas de las propiedades o del trabajo, una cantidad duplicada en 1846 y el doble para poder ser elegido. Después Je medio siglo !a cantidad e_>;_i_gida era tan baja que es1aba prácticamente a! alcance de cualquier brasilello. Como no existían res!ricClones para los analfabetos, se puede decir que existía un sufragio tmiversal de hecho. Como ha seí'ialado Richard Giaham, las elecciones eran eventos populares donde los líderes locales reafirmaban su pree~inenci.a ante una amplia audiencia. En 188] se sauci.onó la ley Sara1va que rntroduJo las elecciones directas, pero también apartó de la práctica del voto a lo~ aualfabetos. Se qncría que i'os esclavos negros qne alcanznban la libertad permanecieran fuera de! sistema político y de hecho a partir de ese año se produjo una irn• portante caída en la participación electoral de onobierno era una monarquía ¡)arlamentaria. EJ emperador !;¡., iéoimen o designaba al primer ministro y éste nombraba a los ministros de su gabinete y también a su:; colaboradores. El control de ambas cámaras era vital para que el tJtcutivo se asegmara ln gobernabildad dcl país. El Senado era c1nc1 pieza clave del sistema político y para ser senador había que ser mayor de 40 años. Los senadores solían monopolizar importantes posiciones en el gobierno y los miembros de! Consejo de Estado se reclutaban entre ellos. Muchos senadores eran elegidos presidentes de provincia y más del 40% tenían tirulos de nobleza. La alternancia entre liberales y conservadores era co:rientc, aunque en última mstancia el poder dependía del emperador, que tenía funciones ejecutivas y podia nombrar y cesar a !os altos cargos de! gobierno. La identidad de intereses entre el emperador y la oligarq11ía favorecró el funcionamiento del sistema político. Pedro ll pensaba que el Parlamento debía controlar tanto la dirección política del país como su gesiió1i aclministrntíva, mí entras que su papd quedaba iesc:rvado a la supervisión gt:1iera! y a constituirse en salvaguarda de la Constiiueión. La idea de progreso, prese1itc en la actuación imperial, estaba ligada al desarrollo educativo. La educación era una de las mejores vías para sfllir del atraso y el emperador se interesó en mejorarla a tal punto que cuando se proclamó la república había más de 6.000 centros de enseñanza primaria y secundaria distribuidos por todo el país. Los más pre::;tigiosos eran el Colegio Imperial Pedro Il, en Río de Janeiro, y las dos escuelas agrarias imperiales, destinadas a mejorar la calidad de la agricultura y propiciar un mayor crecimiento económico. que propició el crecimiento de algunns ciudades y la emergencia de nuevos grupos sociales. La vi.da mbana se modificó rápidamente con la rneiora de las infraeslructuras: la mstalación de agua, gas y cloa-


1 cas, l,1 pavirnentacihn de uilles y !8 p11csta eu n1aiclrn de l1llL'\'OS siskrnas de transpor(c, como los trnnvías. En ! f;72. R Í<i 1k J~1i1ein1 knía 275.0()0 hab1t;mtcs. <le los cuales 84.000 ernn C.\lrcrn_ic1os, y en l 8')0 babí:1 dupliec1do su poblm:ió11. S5:o Pauto pc1só <le ti~ncr nn<l t:isa de ncccimic11tu amicd del 5% entre 1872 y 1886 al 8%, entre l X% y 1890. Salva1.lm, q1ie en 1872. 1<'.ui::i 129.000 habit::intes, contaba con 174.000 en ! 890. 1\ l fina[ del siglo xrx a1 nnentó la pérd i<la del prestigio político de la rnonarq11Í8. Algunos líderes del Partido Conservador fundaron lc1 Liga Prngresista, de claro contenido liberal, cuya plataforma fue presentada en 1864. Entre sus reivindicacwnes estaban la descenlralii:sción del siskrna político, la refonns eiectoral y !a reforma del sistema judicial, un nuevo Có<ligo Civil y algunas modificaciones en el Código de Comercio, especíalmei1tc eu lo rcfo1entc a sociedades anónimas y quiebras. El PartiJo Liberal t:impocu se libró de las disidencias internas y en l 868 se escindió un ala radical y algunos de sus miembros mÍls destacados fundaron en 1870 el Partido Republiecmn. !nicialmeute fue un partido minoritario y de escasa implanwció11 socic1l, p<::ro sus ohjelivos pronto fueron reconocidos por d gmc~o de la población y los clubes republicano~ proliferaron en Sáo Paulo, Río de Janciro, Río Gramlc do Sul y ]Vlinas Gerais. En e! manifiesto fundacional Je! partido se scfialaba: «Somos <le América y queremos serrepublinmos». Sus miembrns pertcneCÍ811 rnayo1ítaríamente a !os sectores medios y en el gnipo fimdacioual sólo había un plantador, frente ll catorce abogados, diez periodi~tas, nueve médicos, ocho comerciantes, cinco ingenieros, tres funcionarios y dos maest1os. El Partido Repnblicano acudió a las elecciones aliado con el Partido Conservador, y Prudente José de Mora is e Barros y Manuel Ferraz de Campos Salles, los dos primeros presidentes civiles de la rcpúblic:,., flicron lo~ primeros diputados republicanos que accedieron al Parlamento. Las tensiones se desbordaron con el estallido de la Gnerrn <le la Triple Alianza, c11tre Brasil, Argentina y Unignay contra Paragimy. El elevado cosl:c del conflicto, tanto materia! corno en vidas humanas, y su larga duración enfrentaron a las autoridades civiles con los militares por la conducción ck la guerra, aunque lo q11e estaba cn_¡uego era la submdinacíón dt: los rnililsrcs al poder civil. A1111qne, por otra parte, la g1ierra sirvió para abroquelar el nacionalismo brasild1o, dotfmdolo de un sentido de uni<lad del q11c carecía m1teriormente. Otro elemento que tendía a agudizar las lensiones con los mililan:s era la preferencia del emperador por la Arm::ida, en <letri1m~nto del Ejército de Tierra La oligarquía terratenicmc, a consecnencía de la política :mtiesclavista del gohíerno (((el Brasil ern el café y el café era negro)}), se sumó a la oposición al emperador pero posteriormente ésta se extendió a otros sectores sociales. lino fi.ie la lglesia, que empezó a tenc:r difictiltades con el Estado, 2.ntc su política liberal y a 1H postura del papa Pío IX de reforzm la mstit1ición edesiáslica. La agresiva política papal flie continuada por una camada Je jóvenes curas brasileños que habían est11diado en sernmarios europeos y retornaban a Brasil con un elevado espíritu nm;ionero, después de haberse formado en el

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mtcgris1110 y el ;mtiliheralismo LI climn ~e em:ircció en 1873 por una polémica sobre b rn::isoneria. Micnlrnc, la lgksi,i la con<lciwha y p1ohihia a sus f'i<:les ser lfülSones. muchos 1k los políticos más lmpoitantes lo eran. Tras un (!uro dehcllc, el gobierno encarceló en 1R74 al obispo de Olinda, conde11ó a (ltro y swcionó ,1 numerosos clérigos irndicínnnlistas. El conflicto privó a In Corona del apoyo de l1uena parte del clero, como se demostró en la protesta nordestina de los (flli?hra qwlos, unos rebeldes contrarios a !a intrndncción del sistema métrico decimal que tenían el apoyo del clero más integrista. Los campesinos no sólo se negaban a aceptar la existencia de los kilogramos, sino también el empadronamiento y los nuevos impuestos. Una de sus principales consignas era <(abajo los masones)), prueba de su postura antigubernamental y sn alineación con el clero tradicionalista. Fu el incipieute mundo i11dnstrial también aparecicro11 signos de conflicto. Los cada vez más numerosos trabajndores mbanos demostrnban su protesta por la s11bida de los bienes de subsistencia. E! 1 de enero de 1880 se produjo la revolla dos vin/'ens, la revudta <lcl centnvo, la más seria de toda !a época y qne provocó !a caída dei gabinete. En 188 1 se cieó e11 Río de faneiro la Asociación lndustríc1l, que en su rn;mihesto fundacional acusaba al gobierno de obstaculizar sus empresas y de ignorar sus esfüerzos eu favor del crecimiento económico. Pese a !ns contradicciones entre obreros y patronos, no era iuu .. sual que coi1widieran en sus demandas, tanto proteccionistas como librecam~ bistas. El Corpo Colectivo Unifio Operária solicitó al emperador la exención de imp!lest0s para la importación de maquinarias y la abolición de ciertos piivilegios y monopolios_ El número de organizaciones obreras aumentó y con ellas aparecieron los primeros grupos anarquistas y socialistas, que también se mostrarían contrarios a la monarquía. El crecimiento económico y demográfico del sur y de la región de Sao Paulo amenazaba d tradicional predominio político y económico <lel nordeste. La representación política provincia! se había fijado según la población existente en los años iniciales del imperio y desde entonces habían ocurrido numerosos cambios demográficos, como la inmigración, que no habían sido considerados. Por eso se pnrnabsn algunas provincias qne estabanpcrdicndo importancia relativa, como Bahía o Minas Gernis, en detrimento de otras q11e habían aumentado su poblacíón, como Siío Paulo, pero no tenían el número Je representantes adecuados. La burguesía paulista comenzó a rliscrepar de los métodos tradicionales de control político de las oligarquías nordestinas, especialmente las de Bahía y T'cmambuco, y se alineó con el Partido Liberal y el Republicano, op11estos al imperio lanto parlamentaria como extraparlamentariarnente. l.,os republicanos levantaron la bandern del federalismo y los líbern!cs afirmaban que el sískma parlamentario respetaba más la volnntad del monarca que la del pueblo soherano. Pedro II carecía de hijos varones, dos murieron muy pequeños, lo que complicaba el tema sucesorio. Ls legítillla he1 edera era la princesa Jsabcl, que era sumamente impopular, al igual qne su marido, el conde D'Ei1, nn antigno


general de la Guerra de Ju 'Tt-ipk A!1anza Otrn focnte de tensiones entre los mll1tarcs em la inje1c11cia del podtT central en asttnl'úS tipirnmeme castrenses como los ascensos. que dqlendian del emperndor y del Con.<.ejo de Estado', Los oficiales quc1fon depender dm:c!amc~rne dé:] mimstro de Guerrn yue solfa ser un 1uílitar y cm más mflue11cwble. A! conchm !et guena cuntn1 d Paiag:uay, d i.:jército ,:e convirtió en un cuerpo más cohesionado y democrático y en una fm;11.a con deseos d,: mayorprotagomsmo polillCo. La vo!untc1d de Pecho [J de mankner :1 los milüares en los cumteles le grnnjeó su oposición. 8cn.i;-mdn Constcu1t, prok;,or de ]i1 Escuelct lVIílitar de Rio de Jancirn, abogó abiertamente en favor de la rcpúbiicct y su postura foe res¡:mldada por los peáódicos dmgidos por Quinrino Bocayuba y .Ruy Barbosa. Las cnsefütnzi1s positivistas de Consümt !et mmarbn decantando il los militares hacia la repúb!iect A mediados de la d0cada de 1880 los líderes del Partido Republicano pensilban que b reforma ckl sistema erct imposible dentro de: las reglas de i11ego vigeu(es y que sólo una 1·evoluc1ón militar acabaría con 1a monarquía. A~[ comc11z,mJ:1 las cúnspiracione~ entre algunos oficrn!es y en 1S87 ;,e c11.:ó el Club ]'vlilitar, un centw de rc:urnón de b oficialidad descontenta. L11 idea de que; los mtecrescs corporativos de los militares habían sido maltratados _por las autondades civdes aumentó su papel opositor, junto al rol rnás activo qu<e el t:jácito luvo en ia vida política de~de lN70 y las ambiciones de muchos jefes militares. Comenzó a considerarse normal que 1ma participación activa en la vida pública (cmmtu má~ elevada mejor) erad me_¡or clem: de cualquier carn:rn militar. El emperador, cada vez más mslildO pese il su política rdúimista, iba perdiemlo s11s :-ipoyos políricos y socw!es. El 15 de noviembre de 1889 estalló un golpc militar memento encabezado poi el rnansca/ Marmei Deodoro da Fonseca, que terminó ton el unperio y proclamó la república federal. Pedro ll abdicó y partió al exi!io y Sl bien el gobierno provisiomil puso il sn di$posición una füert..::: rnntidad de dinero, la rechazó, para 1nsia!arse en una modesta casa de .Par[s, donde falleció a fi11cs di.; 189 ! . La república no s11puso ningún cambio furn:h1menta! y su proclarnactón fue obrn de !a acci(ÍD cementada de: tres grnpos: una facción de la uficialida(l los pla11tadorcs pau!ís(as y los miembros ck las clases rné:dlas lll bmws, cormarios al rncnguadopre::siigio de lamo• narquía. Si blen es!os grupos permanccinon nnidos en la opus1ción, una vez que la ¡epúbl 11.:a come11zó s11 andadura las contradiccio11cs entre ellos estallaron. La cctida dd Imperio se debió más a !a fuerza crecierne de sus opositores que a! poderío de los dd'ensorc~ de lil república.

Tercera parte

América latina contemporánea


16. Las consecueru::ias politicas y económicas de~independencia

A t 1 /, n t i e o

Oc.é~no

Los paiscs mMricallOS JI comienzo del siglo XX!

En las décadas siguientes a la em:mcipación latinoamericana se sentaron las bases de los que serían los nuevos Estados independientes. fueron años de confrontación entre distintos proyeclos nacionales, {]Ue terminarían forjando la actual conformación política del subcontinente. En contra de lo que trndicíonalmente afirmaban algunas historiografün nacionales, no había nada es" crito antes de ! SOS que permitiera afinnar que !rts actuales repúblicas iban a ser el producto final de ese complicado proceso. Hoy tenemos un determim1do dibt1jo de las fronteras, pero podríamos perfectamente tener otro muy diferente. Así por ejemplo, d Alto Pen'.1 fur invadido por el ejército de Buenos Aíres, aunque la oposición de sus eliles facilitó !a reconquista del e_jc':n;íto peruano. Tras la independencia surgió I3olivia, pero la Confods::raciún Pl;ruano-iloliviana pudo haber generado un país distinto, más cercano en su trazado a I viejo virreinato del Perú. El proyecto fracasó, por diversas razones, entre: otn1s por la oposición de los países vccmos. Este ejemplo, que no es i.::l único, nos permite tener una idea del tipo de problemas que ss; plantearán en este capítulo sobre la construcción nacional. Para ello comenzaremos viendo los reajustes regionales producidos después de la emancipación, el proceso cons.. titucionai, el candillismo y la evolución de los procesos electorales. Desde el punto de vista de la historia económica todávb sabernos poco sobre fo prmiera mitad del siglo xix y faltan ..:studios cuantitativos de alcance nacional y regional. E! funcionamiento {k los nuevos gobiernos indepemfa:ntes estuvo condicionado pm b guerra. Primero las gnerras dcc independencia contra el odlaclo enemigo español y luego las guerras civiles para determinar


el con1rn1 Jcl territorio y del poder entre las cEstirnas éfocs reg10nales. Desde la perspectiva de !as um::;ccuencias económicas no es un problema simple, ya que los gobiernos estaban preocupados por consegu11 los fondos para finan~ ciar las guerras en bs que participaban, una necesidad que condicionaba sus políticas eeomírnicas. Había que comprar barcos y annas, 1mmiciones, uniformes y pertrcchos, alimentos (cuando no se !os requisaba) y pagar los sala1íos a los oficiales y a la tropa, am1que fuera a destiempo. Posteriormente hubo que fi11anciar los dHicit gene1c1dos por las avcnturns bélicas. Desde este µunto de vista interesan la evolución de los flujos comerciales externos y el reacornodarn1erno de las líneas internas de comunicación y transporte, el papd de los comercirmtes, las finanzas y el 1ol del imperialismo inglé::; en e! continrnte, y por úliimo, las relaciones de hs nuevas repúblicas hispanoamericanas con su antigua metrópoli, España.

:L las consernendas poiitkas La fiuali'"ación de las guerra;-; de indcpendcnl:lé1 aclaró el confüso panorama de la vida política regional en lo referente a los i:nlrentmnientvs con la rnetrópoli. aunque dejó pendiente la organización política interna, Los nuevos go• biernos debieron enfrentar grandes desafíos: 1a pacificación de los territorios bajo su rn8nd0 y ta c0nstrncción de los aparntos estatales que aseguraran !u gobemabilidad. Esto requería algunas definiciones, prácticamente inexistentes en casi todos los países: ¿cuál era el proyecto nacional q11e permitiría construlf el nnevo Estado y cuáles los límites de la república sobre la que se ejercería la soberanía nacional'! Las guerras civiks que hasta mediados del siglo XIX estallaron irrcgulanncnte por !a geografía americana sólo pen11iti1.::ron encuadrnr el tema y dejar perfiladas las fronteras nacionales. Por lo general, los enfrentamientos eiviks adquiri<::rnn perfiles violentos, aunque prácticamente todos se solucionurnn y 1111a vez alcanzada la actual configuración 1iacional 110 se produjeron rebrotes secesionistas. Sc1lvo alguna~ diferencias por cuesiiones limítrofes pm1tuules entre países vecinos. no ha hahido grandes probk:rnas, salvo !os suscitados por la creación de; Panamá a prmcipios del siglo XX. A partir de la emc1ncipación, muchos fenómenos particulares aunque m, exclusivos de la vidn política y social btinoamerica11a, corno el latifundismo, ei cau.dillismo, el militarismo y la corrupción se explican con el concepto de «herencia colonial», que permíte afirmar que América Latina es ingobernable y se encuentra en un estado de postración y catástrofe debido a su raíz hispánica y por compartir con su antigua metrópoli la misma kng11a e instit:ucio-nes. Sin embargo, no todos los países americanos funcionan igual y los procesos históricos y las fuerzas sociales han modelado cultmas políticas diferentes. Las explicaciones globales, como la herencia colonial o la teoría de la dependencia, son posibles porque nuestro desconocimiento de la hístoria

política de la primeia mitad del siglo x1x es g1andc. Si bien las historias nacionales qu<c mús bun a\·a1nado son las de A1ge11tina y México, lo comlm es extcmkr las ctrtezas de !os últimos allos del periodo colonia\ o retrotraer las válidas parad período iniciado en 1870-1880.

2. la nueva realidad regional El primer fenómeno observable sobre las conscc111.:::ncias del movimiento em::mcipador hispanoamericano es la nueva realidad nacional y regional surgida a causa de la disolución del Imperio colonial y la creación lle nuevas unidades políticas y administrativas. No fue un mecanismo automático, sino un prol'.:eso de larga duraClón cuyos límites cronológicos se si(úan entre 1750 y 1850. Los virreinatos del Perú y el Río de la Plata se desgajaron en varios países: 1\J"gentina, Bolivia, Chile, EcuLldor, Par:.iguay, Perú y Urugnay. La Gran Colombia y América Central d1e10n origc11 a nuevas unidades: Colombia, Ve~ nezuela y Ecnador, por m1 lado, y Costa Rica, El Salvado1, G11atemala, Honduras y Nicaragua por el otro. Del virreinato mexicano se separa1nn miles de ki!órneirns cuadraJ¡_,s que terminaron mcorporados a Estados Unidos y constituyen los actuales estados de California, Arizona, Nuevo México y Texas. En poco tiempo, el ~ecular esíi.ierzo unificador y ce11traliz;ador de Ja monarquía española saltó por tos ai1es. Según es(os liec:hos, algunos historiadores, de un modo maniqueo e influidos por cienas tcmkns:ias nacio1ialistas y dependeniistas, hablan de la balcanizacíón o satehzación de América Latina, eomcidiendo con posturas nacionalistas de izquierda y Ucred1a. Las explicaciones al t1So cargan las tin~ tas contra la maldad 111trínseca del imperialismo británico, yue para explotar nlCJOr a las nueva;-; repúblicas impuso la pérfida teoria del divide y vencerás. El historiador aigentino Dardo Pércz Gmlho11, famoso por su integrismo, señaló: «La América espar\.ola, durante y después de !a guerra de su independencia, tiene que organizar su riqueza de acuerdo con los dictados que le impone Inglaterra. Desaparece !a incipiente industria hispanoarnem::ana y pasan estos países a ser prodrn:tores de rnalenus primas para la gran máquina industrial mgksa, que, ctdemiis, impone sn calidad y s11s precios>>. Conceptos similares expresó el más 1zquie1distc1 historiador uruguayo Vivían Trías, al señalar que ,da independencia de Espaifa dio lugar a 111 satclización de las[ ... ] Provincias Unidas <le! Río di.o la Plata por el Imperio inglés:>>. Fsms afirmaciones llevan a comparar el desarrollo de la América española y la poi luguesa. ¿Por qué CH Brasil, que tras la rndependencia soportó una pre;;encia b11tú11ica mayor que los paises hispanoamericanos, dada la alianza entre Portugal y el Reino Unido, no existió tal balrnnización, pese a las ie11denc:ias secesmnislas existentes en Rio Grunde do Sul y otras regiones'1 ¿Cuánto tuvo que vcr esk proceso con las diferencias entre los ilustrados portugueses y españoles y la fundación de intendencias en la América


s:spañola, para muchos la bnse de las fotmas nac10nnlirbdes? ¿Q11é focrza polític:i. tenirrn d gobierno y los corncrci,rntcs y banqacros mglcses, en la pri" rnern mit¡¡d del s1g!o ;,;¡x_ pnr::l controlar a los gobiernos v Lis oligarquías]¡¡, tinorrmericanos'1 ¿Tenían las autorídml.es bntá;-iicas algú;1 proyc(to político, algnna teoría colonial \(CStrC1tégicrn p8ra flp!icar en todo el conlinentc o sólo respondían a las presiones de sus comerciantes e inve1 sores con intereses en la región? ¿ No prefería l11glatcrra, o mejor dicho los comerciantes ingleses, c01nerciflr en 1111 !Ínico y extenso mercado o negociar con nn so!o gohienw en vez de hacerlo con varios? Se ha señalado que una consecuencia de la mdcpendencia fi.1c la reorganlzación nacional y regional, a11nq11e se trató de un fenómeno de larga duración q11e va de 1750 a 1850 y q11c termmó de definirse en la segunda mitad del siglo XIX, cuando !a mayor parte de los países latinoamericanos había adquirido su perfil exportador. El trazado de tos límites de los Estados y la construcción de fos naciones se vinculaban a la identidad. Cuando se mdepcndizaro11, estaban en juego varias identidades y prnyectos nacionales, apoyados por distintos grupos olig6rquicos con intereses políticos y económicos diferenciados Por un lado estaban quienes, corno Bolívar, partían de la identidad amerinina para defender la creación de una gran confederncíón conti~ ncntal. Esta postura coincidía con otros proyectos menores, imp11!srrdos por oligarquías regionales, qne en el ca.so uruguayo forma.ron un Estfldo nuevo y q11e en otrns no tuvieron tanto éxito y debieron conformarse incorporándose a estrnctmas políticas más amplias, como le pasó a la oligarquía arequipeña. Esta realidad no sólo tuvo repercusiones políticas sino también económicas: las nuevas unidades polítJCas, su trazado fronterizo y su control territorial, la creación de nuevos patrones rnorretarios y metro lógicos y la introducción de nuevos sistemas legislativos q11c modificaron los usos mdianos en malcría de propiedad y conlratac1ón y tmnhién las reglas de juego aceptadas dificultaron !os intercnmbios entre las n11evas repúblicas. También hay que verq11e el abaudono de los planteamitcntos mercantilistas, los cambios en la economía mundial, la ind11strialización de Europa occidental y las nuevas concepciones coloniales reducían la importancia de los centros mineros en beneficio de la agricultura tropical- La creciente irnportancía exportadora del azúcar, caf6, cacao, tab,1co, índigo, algodón, grana o cochinilla, e inclusive de algu11os derivados ganaderos como los cueros, hablan de la puesta en valor de úreas h,i.~ta entonces marginales en el lmperio español. Las guerras de independ,;:ncia provocaron cambios sociales importantes. Uno afectó a la esclavitnd, ya que los nuevos Estados no querían abolirla mrncdiatarnenl.c y en algunos casos subsistió hasta la segunda mitad del sí" glo XlX Hasta entonces se adortaron soluciones de compromiso: la prohibición de la trata o la libertad para los hijos de esdavos. Sin cmhargo, al moviliwr a los esclavos para alístmlos en las guerras, de independencia o en las civiles, los gobiernos debieron conceder '1.mplias mamm1i~iones, a tal punto que los esclavos domésticos prác1icamente desaparecieron y la esclavitud

sólo s,; ma11 tuvo domlc h:ibí;1 agncuHur:i de plantaeión. El resq11cbra1amiento de la discirllna social bnjó la productividad, cumn 0CmT1l1 con el cacao venezolano o en las lrnGie11das azncan,:rns 1.k la t:usta n01 te p1..:r11aw1. Esta sittmción, junto al elevado pre no de los esclavos y Lis dificultades de su ,1bas1ccirn1en;o regular, explican que en casi toda /\méric;a del Sm, con la principal excepción de Brasil, la esclavitud fuera pnícticamcn1c abolidu a rnediados dE.:l siglo XIX, La independencia también afectó a las masas mdias, aunque los derechos de las comumdades se man1uvieron bastan le tiempo, especirrlmente donde había importantes grnpos indígenas: México, Gnatemala, Perú, Bolivia. y Ecuador. La independencin acentuó la función exportadora de las antig11as colonias. Bui::na parte de los territorios amcrii..:anos solía mirar al interior del continente, especialmente a los centros minerns cuyo abastecimiento garantizflba. La independencia hizo gírar la vista hacia los mercados europeos y norteamericanos, aunque el perfil exportador latinoamericano y la explotación sistemática de las ventajas competitivas de cada país se alcanZflron mayoritariamente en \a segunda mitad del X!X, pese a que la n11eva realidad regional se termina.da. de modelar con c:l ferrocarril y la navegación a vapor. La primera mitad del siglo file un período de \(estancamiento¡¡, de adec11ación a la. nueva realidad y no de expansión de las anivida.des exportadorns, especialmente después de l825, cuando la presencia comercial y financiera de los británicos se retrajo a consecuencia de h crisis de la deuda externa. Estn sit11ación permitió mantener las rntas comerciales interregionales de ta colonia, rubs que no respetaban el trazado de las fronteras republicanas. La urgente necesidad de numerario de los gobiernos llevó a primar los ingresos aduane-• ros, convertido,<; en la principal füente de financiación fiscal. Las nuevas fronteras no supusinon la desaparición automática de !os l111jos existentes, como se ve con lfls ímportaciones de ponchos y ponchillos al Paraguay. Entre 1806 y 1809 el mercado paraguayo absorbía 1111a cifra anual que oscilaba entre 20 mil y 23 mil unidades. Pese a lo que podría pensarse, la independencia no tuvo efectos depresivos, ya que la demanda se mantuvo estable hasta 1817 con un promedio anual de 25.774 piezas. La contracción ocurrió en el trienio siguiente, de 18 l 8 a 1820, cuando el volumen se redujo a !a mitad y en 1821 el mercado se colapsó totalmente"

3. Politica e instituciones El proceso de organización de los Estados implicaba reemplazar las viejas estructuras coloniales por nuevas ins1iwciones. Al comienzo, las oligarquías y !os funcionarios afines tendieron a ocupar los puestos vacantes por el cambio de sistema político, situándose en las mejores condiciones para controlar los aparatos admiuistrativos republicanos_. con mdependencia de sn formato. Agotado el debate ideológico sobre la fonna rep11blicana de gobierno y dcscanada la monarquía, la diseusión giró en torno a liherales y conservadores y


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k<lern!istas y centrnli~tas. Las dífot·euci~s ;;ntre liber;Ícs y ~;mservatfor~¡· ciau mí.airn'.1s y te1 lÍaii más que ver con cuestiones re ligios.as o educa! 1vas que con defmiciones políticas o ideológicas, aunque más de u113. vez los cnfren" tarmentos entre ambos terrnmaron con ima guerra. La oposición entre federalistas Y ceu_trnlistil.S afectaba a !a organización ndmí11istrativa del país y al mo<lclo a aplicar para gobernarlo, aunque no siempre estaba claro quién se ubicaba en cada bando, como ocurrió en el Río <le la Plata o con el venezolano A.ntonio Lcocadio Guzmán, que llamó federalista a su cansa sólo porque sus nva!es se reclamaban centralistas. En ambos casos, el pnncipa1 problema GOJlsistia en saber qué sector o sectores de h élite se quedaban con el poder y lograban subordinar a los demás a su proyecto de Ilación. La defensa de criterios doctrmmios y el intento de trnmplantar un cierto modelo constitucional ocupó un lugar secundaiio en la discusión al ser las definiciones más útiles para diferellciarse del rival que para asnrnir positivamente los valores autoprocla1m1dos. Según Halperin Donghi, mia de las consccuencirts de las guerras de independencia fue que la sociedad emergente J-iie afectada por un proceso de rurnlizac[ón y militarización que impulsó el .surgimiento de! caudillismo y el fomento de clientelas políticas. En realidad, el caudillo, cacique en términos políticos, ya cx:istía en !a sociedad coloniC!l y su presencia se basaba en las rebcionc.:, p;ltrÓn•clknte y en d desarrollo de lazos de fidelidad y lealtades per~ c;o!lalcs a cambio de seguridad y favores. En México, por ejemplo, se formaban si.~temns de patronazgo de tipo piramidal que trasladan las relaciones clientelares de una pirámide a otra a lo largo de toda la escala social, !o que 11np!icaba que algunos caudillos dependían de otros caudillos. Éste fue el caso de los caudill()s militares situados al frente de los gobiernos de las nueva~ repúblici!s. que adquirieron e! título de: director supremo en Chite, Paragnrry o el Río de la Plata o de protector en la Confederación Peruano-Boliviana. Juan i'v'lanuel de Rosas. al frente de la p10vincia de Buenos Aires, ejerció el poder hasta 1852 También encont iamos a otros caudillos ,¡ne constituyeron ejércitos personales, conocidos com0 montoneras, o que se aliaban con grupos mdíg~nas. Era. frecuente que los caudillos causaran serios problemas de orden público y de u1cs!ab1 lidad del sisrem:1 político al desarrollar prolongadas guerras de guerrillas conrra otros caudillos o cor1trn el poder centra!. En este sentido el Facundo Qunoga dibujado por Domingo Sarmiento representa el prototip~ del caudillo rural, defonsor del orden tradicional y de la barbarie y opuesto, por tau/o, al orden civi!izatorio de los liberales lat moarnericanos. La diferencia entre el antes y el después de la independencia era que los caud1Hos coloniales pertenecían a una sociedad poco militmi:rnda, a difercnci,1 de lo 0cnrrido en los nuevos Estados. La militarización fue necesaria en la blisqneda dt nn sistema democrático, pero una vez con.solidado, ]a militarización amenazó el desarroJ!o de !a democracia. Si la rurnlización y !a militarización convirtieron al canditlo en nno de los arquetipos latinoamericanos del siglo XlX, la inestabilidad política y el debilitamiento del poder r.:entrai re-•

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vai';irizar;m ;·u f'igun;·,-~- tal pm~~~ r¡ue se convirtieron gc1nmtes del orden y fa cohesión social. A escala local o regio1m_l c_se orden debía, frecuen:emcnte, defondcrsc cou las armas. El caudillo ex1st ia al margen de '.ªs opcto• n,os polit1Cas o ideológicas: los habia federalistas o centralistas, y liberales o conservadores, pero también muchos cambiaba11 de bando JU!ÜO con sus lealtades personales o cuando las circunstancias lo aconsejaban. La emancipación no transformó socialmente el mundo rural, aunque reva!onzó a los propietarios rnrales en comparación wn ta posición sub.or<lmada que tenían en la colonia Esto se debía, en parte, al mayorernpobrecnmento relativo de las él\tes urbanas, más afoctadas por las conf1scac10ncs realizadas or !os nobiemos en su búsqueda de fondos para financiar las guerras. Los p ., , d d propietarios seguían mnndamlo en el campo y eran los _euc~1:gª. os e 1:1?ntener el orden público. Sin embargo, a partu de la crnancipac10n_ rnnto l!s elites rnralcs como las urbanas conocieron importantes translormac10nes. El reparto de tic:rras entre los oficiales que combatieron en las guerras de independencia a]rro notable en el caso venezolano, sirvió para renovar a !a élite de los pro,pie7mios. En esta épocil. la violencia era cotidim:a y la movilización bélic_a se couvirtió en movilización política. La prolongactón de las contiendas obligó a !os bandos enfrentados a sumar al esfue~¿o l:élico a amplios g_rupos sociales no vinculados a \as oligarquías, lo qne solo fne posible a carnb10 de cm;trapartidas. En el Río d,c ln Plata, México y Vcnezt'.ela,.~ de :m mo:l? rna; Jimitodo cu Chile D Colombia, la rr.pidez de la movlliz2cwn rrnlih1r d1f!rnl\o disciplinar a los indios o los esclavos convocados a las armas. . La desmovilización de los ejércitos que pai t1ciparou en las guer~as de mdepen<lencia no siempre fue posible., ya que en determinadas ocas10?~s l.a~ autoridades no qnerían o no podían u en sn contra. El favor de l:Js_ ~1h1ates fue, en más de una ocasión, vital para la gobernabilidud. J::sto ex1g,1O dedicar al crasto mil dar las partidas presupt1estarias más saneadas, ya que solo en persn~al el t11rnaño de los ejércitos era muy superior ai reducido número d~ _los funcionarios que trabajaban en los millisterios, a tal punto que e! gasto militar solía superar el 50% de todos los gastos del Estado. El ~resupuesto .~e defofüa se <le<lícaba a pagar los salarios a la tropa y 3 ta of1ciahdad ~ tamb1en a la adquisición de armas y municiones, de moclo drc evitar cualquier contlicto gremial o reiv[nd1cativo de lo:, militares. En este sentido hay que recordar el ele .. vado número de revoluciones, asonadas y pronum:iamientos qne tac~onaron !a historia potitica latinoamericana del siglo x1x. En México Y Pern, buen_a parte de la oficialidad proven \a del ejércít o realista acantonado en los pnnctpales virreinatos, lo q11e otorgó a los militares profesionales un peso mayor

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Allí donde los ejércitos habían peleado más allá <le sn? .lionteras, caso ~e argentinos, chilenos, venezolanos o colombianos, las milicias locale~, mas vinculadas a las estructuras locales de poder que las fuerzas regulares, rncron la garantía del orden mientras duraba la aus_encia.de! e_¡ércit? r~gular. Mante~ uer a las milicias era menos costoso que fmanoar a los e.1erc1los, aunque a


~ ,," rnulidi! r111e l;is milicias se cousoildah;m ckrn:m,_!Jli:111 nw::,or,:s p:ir1idas pn;s sup11csta1ias y se a.scm<.:1:1han c:idc1 va mú~ ;il ~yircito rcgnhn f,:stc> cr:1 1rno <k los rn011vos de; !a n:currc:ncin 1k las gunus civ1lc~ dt1rnntc: grnu p:1nc cid siglo x1x, pern la frec11cnna <l,: los enfrcutarmenlo~ bd1c\1s no dtpendü1 sólo dd estamento militar-, sino también de la falti1 de un;lpolitíca o tn1 sectm 50 . cia [ hegemónicos que se irnp11sieran cil resto de la socic<l:id. Algunos vic0eros extrnnjeros y testigos localc:s exageraron la índole y el alcance de !ns conffü:tos armados decimonllnicos al centrar s11.~ de"scripciones en la fe¡ocidadde los hnnrlos y en la dest1 ucci(in cmcial gr'.nt:ralizadci, pese a que !os afios de paz 50.. lían ser más que los de contlictos bélicos. Sin cmbnrgo, la ubundar1cia de h~ gucrrns foc negativil para la ecouomía, cspeci:llmente por el g11~to militctr gue cons1nnÍil btwna parte del cnpital disponible. Otro aspecto negativo era el nú, mero de víctimas, más importante c:::n conflictos prolongados, como la Guerra Federal venezolana o la que e11frcntó a los colombianos Tomás Cipriano Mosr¡ucra y Mariilno Ospina Rodríguez. Las butalbs afectaban ,d aparato productivo, cspeciahrnmte a los ganados, cultivos y campos de labor. El re, dutamir:nto no era fácil y s,; .füliu ecl1m mano a procedimientos violentos para cngnnchm a campesino~ y otros trabajadores, lo que hacia nnrrnal las contim1as deserciones, m{1s abundantes durante lrr época de la s1embrn v la cosecha. En la segunda mitad dd siglo, Méxic:o y Venezuela fne1on afcct:;das por las pl:orcs guerras civiles conocidas desde la mdepen<lencia, q11c en México se vieron agravadas por fa invasión francesa. El desigual control del territorio convirtió el reempluzo de la adminisirnción colonial por la republicana en una tarea nada sencilla, lo que explica fo pervivcncia demunerosas instituciones del Antiguo Régimen, como b legislación indiana, aunq11e S\lbsisticron las figurns de bueua parte de las autoridades hispanas, a veces rnantcniernlo el .nombre y las :firnc:iones y otras con las fun. ciones cambiadas, Ningún gobierno dominaba todo el territorio Je su ieórico país y si a esto le sumamos la ruralización de las sociedades americanas_ se explica el peso de las desigualdades regionales. L-1 debilidad del poderce~lrnl lo obligaba a alcanzar acuerdos o alianzas con los poderes locales, y no sólo cnn los blancos y mestizos sino también con !os indígenas, como ocurrió con las comnnidades de México o Guatemala. Crnndo no se podía aplastar a bs vo ces discordantes, los nuevos aparntos estatales y sus cada vez más romplejos sistemas burocri1ticos 110 pudieron ser dominados po1 una determmada facción política o un grupo social, sino que smgieron del compromiso y la síntesis. La comtrncción del m1evo aparaio estatnl empeoró el fünciorwmiento de la administración pública en comparación con la colonia, mientras el debate sobre los sis lemas de gobierno acaparó In ntención social. F.n este punto afloró la disensión sobre !a naturnle,:a constitucional de lo~ nllcvos regímenes, encuadrada por las cuatro grandes rnfluencius recibidas; la Constitución hbernl de Cádiz de 1812, que iníluyó en el primer constitucionalismo latinoamericano; la experienci¡¡ constit11cionalista y federal norteamericana reproducida en numerosos textos de las nuevas repúblicas; las ideas igualitaristas de la

Fcvoluci<'lll francesn y lc1s rcvolacinne~ eurnpt'as de 1830 y 1k4S_ de grcrn im-pacto en b vida política regwrnl, y, pm últ1mu, b tradicióu consuctud1nana britúnic,.1. Las primeras cofütit1;ciones, las rk Nueva G1an,1da, Venezueb Y Chile, se:: redactaron dman1c las guerras de ind,:pcndcncia, entre ! S 1 ¡ y 1812 Todc1s partían de considerar la exisiencia del con1rnto social y la sobernníu popular, aunque alg1mas promulgadas en los primeros años knían un sellD auto•• riwrio y centralista, en clara re~puesta a la coyuntura, como ft1;;,ron las consti-• tuciones 1n1pulsadas por Bolívar, a tal punto que algunos autores habbn de un modelo co11siit11cional napoleónico-bolivariano Los textos abogaban pm ejecutivos foertes, aunque la mayoría tenía una impronta liberal que garantizabG los derechos individuales (libertades cívicas, igualdGd ante la ley, segurirlatL derecho de propiedad, etc.) y en algnnos casos la libertad de prensa y la d1vis ión de poderes. La Constitución de Cádiz iníluyó en numerosas constituciones hnsta prin.cipios de h1 década de 1830: Gran Colombia (1821 ), Nueva Gramda (18.30 y 1832), Veuezuela (]830), Perú (1823 y 1828), Argentina (1826), l/rnguay (1830) y Chile ( 1828). También comenzó a sentirse el const1tuc1onaltsmo n0r karnericano, reivindicado por las tendencias federalistas vinculadas a los deseos de las regiones de no someterse a nn poder central y a los equilibrios entn: las distintas dites regionales Este fue el caso de Nusova Granada y Venezuela y de la Constitución mexic.:ana de 1824, aunque esta última sólo se hizo sentir en los artículos de la Confederación, ya que el conj11nto del texto tuvo marcadas influencias gaditanas, El enfrentnmiento entre federalis1as y centralistas se extendió hasta mediados del siglo xix, provocando conflictos violentos en México, América Centml y Argentina, mientras en Chile durante la dérnda de 1820 y en Nueva Granada (de 1838 a 1842) fur: un fenómeno más episódictl. Los pri{neros ensayos constitucionales buscaban asegurar la gober~ nabilidad ,le los países, pero ante la inestabilidad q11e se vivía y la persistencia de las guerras civiles, la~ constituciones aprobadas se renovaban frecnentemente o termrnahan convirtiéndose en letra m11crta. La ausencin de un marco constitucional consensuado y de reglas <le juego clarns explica por quC muchos gobiernos fücron reemplazados conrevolnciones y no por elecciones. ! ,os años posteriores a la independencia fueron dominados por d enfren-tamienlo entre el deseo de los reformistas liberales de transformar la sociedad colonia! y k1 voluntad conservadora de mantener el orden. A fines de la década de 1830 casi toda la región conoció una ola de conservadurismo, paralela al estancamiento económico y la inestabilidad política. Entonces se de, sarroHó una nncw1 tanda de constituciones centralistas, que buscaban reforzar Jas racnltades del ejecutivo. Et crecimiento y la apertura económicos de fines de ]a década rle 1840 fueron paralelos u un rebrote libernl y reformista según muestran los textos comtitllcionales. Frank Safford seña]G que entre rn,¡5 y 1870 ocurrió una segunda oleada foderalista en México, Colombia, Vt::nezne!a y, en menor medida, en Pé:rú. Argentina también incorporó una estructura federal en su Constitnción.


La oncu\ac1ón cxprnt1dora de las mts::vas economías lnvn rcpcrcusione::s sociules, que 1frcta1ou a los estratos mils hujm, de la población, especialme11 • le a rndios y negros. Simultáneamente y como consecuencia del avance dd ji,. bewlismo, !os prjvilcgios de algunos grupos y corporaciones, como los grewios de artesanos y inm.:ros. desaparecieron bojo el prmcipio de la igualdad mite la ley. La Iglesia y los militares, las dos mayores corporaciones del momento, viernn desaparecer los fueros militar y eclesiástico aunque conservaroii gnm purte de su~ pnvilegws. Por eso, la existencia de ciertas mstitucion1.:s c:clesiásticas. fie~tas rcl(gíosas, pago de diezmos, ceJJSos, propiedades 0 mano~ muertas, contrndecia !os rnncipios dci liberalismo económi,;o y provocó la reacción (k muchos gobiernos coutrn e! estatus de ta Iglesia. Las áoliticas liberales antieclesiiJst1C-aS fueron favorecidas por ta negativa del Vaticano a reconocer;_¡ las nuevas repúblicas, siguiendo la actitiid española. El desarrollo del trabajo asnlai iado, cada vez más importclutc, füc acorralando a b esdaviiud, salvo en Br:-1sil y Cuba. En 1870, Parngnay se co11virtió en la última de ks i 1epúbl1C-aS hispanoamericanas el/ aholir la esclavitud, aLmque fue u11a medida lcHl1monial dada la falta de esclavos Cuba seguía mregrnd11 al lmp<erw y sn rnuc1pal actividad económica, la producción azucarera, se explotaba con mano de obra escla\'a. Las restriccioues intenrn..::ionales a lu trata plm üedl'OL1 graves probkmas para aba:;(ecer de esclavos a las plantaciones, y se echó rmwo a la inmigrnción de indios de Yucatán, coofies chiJ10s o carnpesiuos gallegos y Grnarios. Durante la Ouerra de los Die;,: At1os, los dns baudos eH pugna ofrcci<.::mu manumitir a quienes se enrolaban en sus filas y en 1870, con b ley Morct, comenLÓ la desaparición de la esclavitud, que se consumaría en 1886. En otras purtcs del contm,:nte se iutentaba desmantelar las bases de lri propiedad comun,11 mdígend. El liberalismo estimaba que la pwpicdadconwnüan:i y los pnvikgws corporativos eran contradictorios con la igualdad ciudadaiw y el predorniwo del indiviJuo. Sin embargo, detrás de estas actitudes no habi,1 <;Ólo motivaciones ideológicas, ya que los terratenientes y ütios sectores soc/Dks buscabau ampliar el mercado de tierras con las propiedades mdígenas y para eso había que debilitar la pnsición de los indios conv 1rtiéudolos é'.11 cwdadauos y pi opietarios individuales. El régiinen libc:ral roJombw.no manumitió a los esclavos eii J850 e intentó acabar cou los ¡mvikgws corporativos clrniinando nHmerosas prerrogativas de las comunidmks mdig,:nas, comenzando por la propiedad de la tierra. En Perú y Venezuela se abolió la esclavitud en l 854. Fn Bolivia, el gobierno de Mauauo Mdgmejo despojó a las comunidades indígenélS y entre 1866 y 1868 les cxprnpió todas sus tierras ante los apuros financieros del Estado. Luego se abolió el tnhuto mdigc:na, aunqne rápitlllmente fue restablecido corno contribución personal Estas medidas prnvocaron prokstas y rebeliones mdigem1s has/8. 1872. La expropiación no füe un buen negocio para el Es" l2!do, pern si pan-1. los particulares que habían comprado tierras. El ataque contra las comunidades buscaba apropiarse de las tierras mdigenas, pero tarnbié11 quería crear 11u mercado de trabajo, ante la crecienic demanda de la economía

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exportadora. A mediados del siglo XIX las comumdadcs bo!iviauas co11taban cou algo más de 620.000 indios, el 51 '½,dela población rnraL La pérdida de sus propiedades estntrnló el proceso m1grntono dirigido a las principales ciudades, que se aceleraría con el nuevo siglo. En México, la ley Lerdo de l 856, inicialmente dirigida contra la Iglesia y las órdenes rdigiosas, afectó a las propiedades comunitarias, al igual que otrns leyes de la reforma liberal cuyos efectos no se sintieron hasta el porfJiíato.

4. Uberales y conservadores

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Las prrncipales opciones presentes en la arené\ política ck la época fueron los liberales y los conservadores. En los Llños que siguieron a la emancipación el proceso de toma de decisiones, que no lH participación política, estaba res, tringido a un grupo muy reducido de ciudadanos, eu unos momentos en que los partidos políticos comenzaban a adquirir un pcrCil propio Todavía no eran agrupaciones organizadas y burocrnti:?:ad,is sino estructuras orientadas a ganar elecciones que se activabau cuando l!cgabau los c0rnicios y luego atra•• vesaban un período de aletargamiento. Lo más frecuente en los momentos iniciales de !H vida republicana era que b actividad pofüica se concentrara en los clubes ytertn!ias dc,nde acudían los rnié'.mbros de las élites. La vida poiili.ca i.;irnba en torno a las relaciones personales v familiares, los lazos regionales y las redes .informales, que solían estar por eucíma de las diferencias ideológicas o interpartidarias. A la vista de estas cues1'iones resulta dificil definir globalmente a liberales y conservadores, cuyas características variaban de un país a olro, depeudiendo de su composición social, del peso de tas comun1dades indigeuas, de la existencia de grupos de ariesauos urbanos, de los campesinos, eic. Las escasas diferencias entre liberales y conservadores convenía en más m1portante la adscripción partidaria, basada en lealtades personales, que la ideológica. Esto no significa que no existiera una líuea de pensamienio liberal y otra nmserva<lora, aunque éstas no siempre se reflejaban de rnodo homogéneo en la vida política y partidaria. Entre 1820 y 1845 el liberalismo manchestcnano iu1luy6 en n1ateria eco-nómica sobre los políticos latinoamericanos, a tal punto 4ue los liberales y conssc:rvadores surgieron de sus filas. Estas diferencias se veu en Chile, donde los «pehicones>l o ((estany_ueros1> ( coHServaclores) se enfrentaron a los «pipio-loS>l (liberales y federalistas), si bien unos y otros carecían de cohereucia ideológica, tanto en ternas políticos corno en makria doctrinariH. De ahí que muchos liberales económicos defendieran posturas proteccionistas cuando la coyuntwa cornercial así lo requería, corno piueban las aciitudes del mexicano Lucas Alamán o del colombiano Alejandro Osorio. Sin embargo, desde mediados de siglo los liberales renovaron su fe librecambista an1e el incremento expmtador, aunque el proteccionismo mexicano foe la principal excepción. Hasta la década de 1840 el conservadurismo actuó sin una doctrina demasía-


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do elaborada y al basar su prilctic:i política en el ejercicio dd poder tampoco la nece~irnban Esto dificulta de Finir a los n::gímenes conse;t·\wlorcs, que i11duian un amplio espectro de posibilidades, entre las cuale~ estaban regímenes tan diversos como el ele Diego Portales, en Chile, el de Páez, en Venezuela o el de Rosas en el Río de la Plata. Tanto Rosas corno Portales estaban obsesionados por el orden, at1nque kn mecamsrnos implementados por uno y otro fneron muy diversos. El régimen de Rosas fue una prolongada dictadura, asentada en el poder de Buenos A1res sobre las prnvincias del interior y <Cn fo existencia de una dura represión interior, asentada en un grupo denominado la <(mazorcai>. Por si1 parte, el régimen portaliano dotó de una serie de instiluciones al Estado chileno que le permitieron atrnvcsur una prolongada fase de estabilidad.

5. Gran Bretaña y Estados Unidos Después de la independencia, las potencias emopeas y Estados Unrdos intensificaron su presencia en la región con el argumento de que tenían que defender a sus súbditos en peligro u obligar a algunos gobiernos a pagar las deudas contraídas con sus bancos o inversores. Esta siilrnción provocó en más de una oportunidad invasiones armadas en distintos países, una historia caractenzada por la actuación del Reino Unido y Estados Unidos. Francia fue el tercer protagonista, seguida por Espaí'ia., mientras Italia y "\!emania se hacían presentes ele una u otra manera. En !a primern mitad del siglo XIX, México, el Río de la Plata y Nueva Granada enfrentaron bloqueos de ingleses o franceses, mientras qne México y América Central soportaron la presencia de Esta-dos Unidos. Ante la incapacidad ele las élites nacionales para resolver sus propios problemas no era infrecuente verlas llamando a las potencias extranjeras en su auxilio, en aquellas ocasiones en que los enfrentamientos interoligárquicos dificnltan la gobernabilidad. Así fue como los uruguayÜs reclamaron el auxilio de Brasil en su enfrentmniento con Buenos Aires entre 1817 y 1825 o los exiliados argentinos en Montevideo se aliaron a los franceses para intentar derrotar a la dictadura rosista. Gran Bretaña s1;: convirtió en la potencia extranjern más influyente, ya que todos los gohiemos se intcn.::sarnn clesde la independencia en mantener rcla" e iones con Lnndrcs. El rápido reconocimie-nto de las nuevas repúblicas por el gobierno británico alejó los tcmMes del regreso del orckn colonial, a tal punto qne el siguiente mensaje de Bolívar refleja bastante hien el sentir generalizado de los hispanoamericanos: <(La América no olvidará jamás que Mr. Canning [el ministro británico de exteriores] hizo respetar sus derechos>>. En efecto, a fines de 1824 Inglaterra negoció tratados comercialc8 con México y Colombia y luego con las Provincias Unidas del Río de la Plata. I.a prudencia británica a la hora ele plantear sus relaciones permitió que éstas se desarrollaran sobre bases sólidas y nada c:oyuntnrnles. Estados Unidos, por su parte, co-

menzó a consolidar su posición hacía mediados d,:, Stglo, espccrnlrnrntc en (\,'léxico, Arn2nca Central y el Caribe Desde la forniulación de b docl;ina Monroe, el in1erés por los territorios vecinos lwhia ido en aumento y de entonces dcstc1can la guc:rrn con Máíco. su a fon ex.pc1ns1omsla en Cuba y el tratado de l 850 para snlurionar el diferenclo con el Reino Unido sobre la construcción de un cana! nrteroceánico en Nicaragua. El expansionismo norteamericmro fue impulsado por el descubnrni<enro de ornen California y la necesidad de asegr.uar las comunicaciones con el Pacífico, para lo cnal América Central era vital Por el contrario, !a presenciu de Estados Unidos en América del Sm a lo largo del siglo XlX no fue cnmparnblc a la británica. En 1816 estalló la guerra en Tc:xns. Los colonos del sm ele Estados Unidos que se habían instalado allí, favorecidos por el federa \ismo ele los gobiernos liberaks, rechazaron !a vuelta al centralismo conservador Santa Anm1 m~ tentó someter a los rebeldes, pero tras sn victoria pírrica en El Álamo fne derrotado en San Jacinto. Los tejanos se termrnaron independizando pero no fueron reconocidos por d gobierno de México, pese a la idea ele que podría scrvrr para frenar el ,.;xpa11sionismo norteamericano creando un estado tapón con respaldo británrco. En ] 845 estalló la guerra con Estados Unidos y los li-• bcrales moderados ofrcciermr étl general Santa Anua el mando de! ejército naClonal. En poco tiempo los norteamericanos ganaron la guerra y con la paz de 1848 México perdió casi la mitad <le su territorio. En 1838, los franceses habían invetdido México reclamando indemnizaciones para sus súbditos afectados por las guerras civiles. Si bieu vieron satisfecho 8u objetivo, fue a costa de fabricar nn máriir, el general Sanla Anna, que perdió mm pierna en un combate con los franceses, La gran invasión gala ocurnría aí'ios más tarcle, después de que Juárez recnperara el control d,: la capital, cuando los acreedores europeos presionaban a sus alltoriclaclcs para obligar al gobierno liberal ele México a reconocer las cleudas acnmula<las por los cunservadores. Falto de fondos, Juárez se negó a pagar y enjulio de 18fil declaró !a cesación de pagos. El 31 de octubre, Francia, Gran Bretnña y España firmaron la Convención Tnpartita para invadir México. Pero, los británicos y espafiolcs rompieron muy pronto su alianza, tras la ocupación de Veracrm:. Un tópico tradicional sobre la independencia es que tras la emancipación y de forma casi automática, sin solnción de continnidall la dommación española füe reemplazada por la bntánica. Esta creencia es segmcla de la inevitable pregrmta: ¿entonces para qué emanciparse? Corno !a presencia inglesa fue básicamente ec011ómrca, algunos autores hablan de un ((imperialismo informal». Junto a los comerciantes hritánicos arribaron los franceses, alemanes y norteamericanos, que tuvieron una me1ror repercusión económica. En el primer cuarto del s1gln XIX se observa un aumento de b presencw comercial y financiera británica, al amparo de la protección otorgada por sn propio gobierno y ante el temor a las represalias navales de las autoridades htinoame;ricarras. La mayor producción ele excedentes mmmfacturados, principalmente textiles, y el bloqLteo napoleónico habían rcvnlonzado el papel de lo8 merca-


dos americanos, arn1que sólo entre 1805 y 1808 é\tos fueron importantes p~1~; los mercaderes hntámcos_ Lis importm:i011es británicas rn América Latina crecicrnn rápidamente a partir de 1805, bien indirectamente a través de la infraestrnctma mercantil de los pueblos de la bahía de Cádiz, bien directamente por las rutas del contcabando. Ese allo el valor de los productos m1ponados fue de 7 .700.000 libnts y el máximo se alcan;,;ó en 1809 con l 8 500.000 li, hrns, para caer posteriormente. En 181 1 apenas se superaban los l l.500.000 libras y el mínimo se alcanzó en 1816 con 2. l00.000 libras. A partir de 1825, y en las décadas de 1830 y J840, las importaciones británicas osct!abnn entre los 4 y los 6 millones de libras, corrcspondiendo al Bx::isil entre la lacera ptffte y la mitad del tráfico. Estas cifras permitieron argumentar que el control de [os rncrcllderes británicos sobre e! comercio latinoamericano fue casi total, una mterpretació11 que apunta a HCTa desigual competencia con las rnanufactnrns local<cs, condenadas a desapmecer; a la postergnción de !os comercian(<..:s americanos, por su mtcnm capacidad financieia; c1l mime11io del paro y a !a dificiiltad para desarrollar inarmas mercantes propias. A partir de 18 JO los británicos exportarn11 tcxtiks buratos dG algodón, creando una denwnda inexistente, ya que e) consurn0 popular se centraba en productos de lana de baja calidad_ Sm embaigo, esto 110 significó la destrucción de las rnamifocturas locales, que so. hrcviviernn hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XlX, cuando se constrnyernn los ferrocarriles. Más afectadas qne las manufacturas Joco.les. o nacio11ales, fueron algunos circnitos inlei regionales, como el de los te.xliks peruanos bc1ratos que abastecían al vineinato de! Río de la Plata o el de los tejidos de algodón de Socorro, en Nucvn Granada, comercializados en la zona aurífera de A11tioquic1. En este último caso, cuando el orn se destinó a pagar las importaciones de textiks, los intet"cambios internos se resintlernn Las distancias americanas y los accidentes geográficos (grandes cordilleras, ríos infranqueabk;s y falta de puenws y caminos) fueron una eficaz barrera proteccionista q1 ie favoreció durante décadas la subsistencia de la artesanía tradi. cionaL También se ha señalado que el golpe contra las rnanufocturas füc pre, vio al desembarco masivo de los bntánicos y que la importación e,~pal1ola de productos de lujo antes de !a emancipación habíJ. limitado de forma considerable las manufacturas urbanas_ La revolución industria] inglesa arnnentó la produdlvidad de las mannfacruras y permitió a los productos bntá111cos bajar sus precios. La mejora en los términos de intercambie, para las export:1cio1~cs latinoamericanas favoreció la apertma económica, aunqtk~ ésta no seria evidente sino a partir de mediados del siglo. Otro sector donde la presencia bri1ánica fue importante füe el financiero, aunque tras la mdependencia no hubo un movimiento masivo de u.versiones británicas. Tampoco de otro origen, por la inseguridad de un continente qne recién emergía de sus guerras de independencia. La caída en la producción de metales preciosos y el aumento de los gastos gubernaim:nt:1le» por los enfrentamientos bélicos, requirieron la llegada de capitales, provenientes mayorita-

riarncnte de en1pré:;titos negociados por hancos bntánicos. Los crecientes g_astos finaucieros aumcntmon la iiccesidad de capitales forfmeos, aunque la :risis que afoctó a la City londinense en 1825 hizo que a partir de ese momento cesara la presencia financiera inglesa en el continente y que hubiera que esperar hasia la segunda mitaJ dd siglo x1x para que los lazos se restablecic-• ran En la expansión del cndendamiento externo influyó d mayor coste del dinero en los mercado~ americanos, D. C. M. Platt señaló que en 1824 el gobis::¡iio de Btienos Aires Ílllé:nló aprovechar Ja coyuntura favorable del mercado krndinense, a111e la imposibilid,1d <le obtener préstamos locales por menos del 14% de interés anual. Hasta 1825 los emprGstitos latinoamericanos negociados en Londres sumaron más de 20 millones de libras esierlinas, destacando por su contratación Colombia y México, seguidos a gran distancia pnrBrasi! (véase Cuadro 16. 1). Como señala Ca dos IVhlricha!, la atracción de bs riquezas latinoamericanas, reales o imaginarias, fue 1m reclamo decisivo en uno de los primeros angcs bmsáti!es de! capitalismo del siglo x1x, Cok>111bia fue el prime¡ país e¡¡ firmar un conlrn!o por 1111 empréstito en 1822, seguida de Chile y Perú. En 1825 la mayoría ék iflS nuevas repúblicas habían miciado el camino de la deuda ex.lema. Los bonos de Argentina, Drnsi!, la Fede1ación Cernrnamericana, Chile, Grnn Colombia, México y Perú se compraban y venJian cou culera normalidad en la bvlsa londinense basta ia catústrnfe financiern de diciembre de 1825. A fines de la década de 1820 los países latinoamericanos e81aban snrnidus en mia grave en.sis financiera vinculada con la deuda externa, En abril de 1826 Perú suspendió pagos y a los pocos meses fue seguido por la Gran Colombia_ A mediados de 1828, c01i la única excepción de Brnsil, todos los países habían snspc11<lido sus pagos de la dcudn y nmgún banco londinense quería saber nada de rcctlizai negocios en Amén ca Latina. Ei1 rdat:ióll con !a minería también se realizaron inversiones directas de capital crnopco que n·atabnn de beneficiane del boom fmanciero de 1824J 825 Se crearon numerosas empresas, algunas con fines cspecu!a!ivos, para

Ciiadro-¡ 6.'!. 'folal de bon ns emitidos en Londn~s, 1822-1825 (en libras eskrlinas)

Pen:¡

3.200.000 L000.000 163 000 1.000.000 6.750 000 6.400.000 1.816.000

Total.

20.329.300

Brasil...

Buenos Aires.. Crnlroamén.;:a ____ .

Chile. Colombia. Méxi~o ...

Fu~n.te. Ca dos M~•ichal, /!isrori" rl~ la deuda

exlf.Yll(I

de Amhic·/1 Latina, Madrid, 1988, p. 40.

J


uivet:lir en los ya,;nnwn!os de lV!é.\ico, l'erú, Colombrn, Argcntimi y Rrasil Ln t:50~ ::iiius se cremun e11 Londrc:s 624 sociedades anómm;1s, de las qu,: .,ól(, 46 tenía11 negocios con América, pern sI i import,mcin cr::i m::iyor ele lo aparcnie. La mavor parte de estas invccrsiones fracasaron, bien porqne el entusiasmo de los mercader,:s e ínversmes británicos era paralelo a su ignorancia y al <les" conocimiento dd territorio ,1mericano, del füncionamiento de sns mercadus y del comportamiento de sus rn1evos socios, bien porque la in;;uficicncia de capitales condenó al fracaso a muchas inversiones programadas con cuidado_ Fue frecuente qiie modernas maquinarias a vapor, importadas de Gran Dreta, ña, se oxidaran en los puertos sin ser trasladadas a los centros mineros porque no hahia transporle adecuado. Comportamientos exltosos del tipo de la empresa minera de capital anglomexicano Real del Monte no abundaban. Se suele juzgar el endeudamiento externo como algo negativo para las economías latinoamericanas, pcntiendo del criterio mercantilista de que el déficit de la balanza de pagos e~ perjudicial para el desarrollo, olvidando que las mvcrsiones extranjeras pcrm ilen dispuner a los países <le un mayor volumen de recnrsos. En !a mayor parle de América Latina, el capital extranjero, especialmente desde la segunda mitad <le] siglo, colaboró a financiar la construcción de las mfraestructuras económicas, a poner en valor los recursos primarios hasta entonces inexplotados o subexplotados y a aumentar el volumen de !:is exportaciones.

6. ta reconstrucción de ta economía Las guerras de independencia habían arrasado bnena parte de los recursos pro<luclivos, de modo que la reconstmcción económica fue prioritaria en lma coyuntmc1 marcada por la falta de capiüiles_ El estancamiento foe la nota dominante. Los mercados internos seguían demandando bienes y servicios aunque a un ritmo menor y Sll abastecimiento permitió mantener un cierto nivd de;prodiicción. Sin embargo, todavía queda mncho por conocer sobre su funcionamiento, ya que el acento se ha puesto en la agricnltura de exportación. Se ha visto como se producía un paulatino dislocamiento de algunos circui1os regionales, lo que unido a la quiebrn <le numerosos circuitos de exporlnción, condujo al cstancairnenlo, aunqlle con <liferencias regionales bastante apreciables_ También es importante atender a 1n producción de las comunidades indígenas, ommiada al autoconsumo, pero también con vínculos con el rner-caclo, especialmente para contar con el numerario necesario para pagare! tributo. En las décadas posteriores a la mdependencia, las comurndades opusiewn resistencin .:i las políticas de los gobiernos liberales. En lo referente a las marrnfacturn.s, !Vl0x1co füe el único país que conservó un sector te.xtil lanero importante en torno a la producción de Puebla. México tenía nna población y un mercado interno mayores que los de los otros países hltinoarnericauos y esto era un estímulo impmtante para los empresarios,

También ;;i] í seg u ürn funnonanclo los circi iitus comcrc1aks <le la época colouial. Li <expansión cxpr1rtéHfora cstab::i condicionrn:la por la falta de rnfrnesti uctun,; y Lis malas ,;onrnuieae1onc-; qm· d1f1cuhaban y encarecían el lrnsla .. do de los prnduc(os agrícolas de lfls wm1s de p10duccióu a los puertos de exportación. Si las dista11c:ias protegían a bs manufoctmas locales, también desanimahan, pnr no ser competitivas, a numerosas actividades que podi ian converlirse en exportables. Los intercambios internacionales ele mediados de siglo apenas alcanzaban los niveles de 181 O. Algnnos países comenzaron a aprovechar tímidamente las ventajas competitivas q¡¡e en la segunda mitad del siglo impulsarían el crccimit:nto basado en la apertura económica y la exportación de productos primarios. Venezuela y el Río de la Plata, con sus ex-• portaciones agrícolas, en un caso, y ganadcras, en el otrn, fueron dos casos notables de las primeras décadas independientes. También destacó el café en Costa Rica y Venezuela. Por el contrario, el desempeño de México, Perú y Bolivia, que seguía dependiendo de las exportaciones de la minería de plata, nn sector afectado por las guerras de imk:pendencia, fue más flojo. En Perú, la demanda brifánica de lana de alpaca y vicuña favoreció la evolución de su balanza comercial, annq11e no lo s11ficis;nte como para compensar la enorme caídn provocada por la situación minera. Cuba füe un caso aparte, ya que la agricultura de phmtación mi entada al cultivo del azúcar, con mano de obra esclava, perrnitiú que entre 181 S y 1850 la producción pasara de 40_000 tone!a-das a 200.000. Las necesidades fiscales y la mexistencia de sistemas tributarios modernos, basados en imp11esto directos, condujeron a ln apertma económica, que permifió que los impuestos aducmeros se convirtieran en la base del sistema fiscal. Las exportaciones aportaban las <livisas necesarias para pagar los pro• duetos importados, que eran precisamente los que tributaban. De todas formas, el tamaño limitado de las haciendas públicas, sumado a su esrnsa capacidad recaudadora en un medio marcado por la mestabilidad política e institucional, dificultaron enormemente la tabor del Estado en la reconstrucción. Los apmos de la Hacienda tendieron a mantener el tributo indígena o a encarm con calma su modificación. Tras su abolición por las Cortes de Cádiz en 1811, sólo México no lo reimplantó, pero Bolivia y Perú (donde había sido abolido por San Martín, en 1821) no hicieron lo mismo. Los intentos de ambos países para abofo· el tributo fracasaron por sI1 incidencia sobre la recaudación fiscal, debida a la caída de la actividad minera y la escasa magnitud de sus exportaciones. En Pen'1, tras cinco años ck ensayo sanrnartilliano, se repuso el tributo con el nombre de contribución indígena y füe necesario espernr al auge guanero para solventar la cuestión. En Bolivia, Sll importancia era mayor, porque la recaudación aduanera era menor, y en 1826 se revocó la anulación decretada por Bolívar un nño antes. El tributo snpnso cerca del 80% de los ingresos fiscales bolivianos entre 1835 y 1865, y a parlir ele allí su importancin decreció y fue finalmente abolido en !882.


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7. iEl comerdo Exterfor y ta apertura iibrncamMsta Una serie de C:\plicaciones bétsadus en la teoría de la depcmkncrn y en la existencia de relaciones asimétricas entre el centro y la periferia iusistía11 en que la esp,xialwKión comercial lalinoamericaua orie11t::ida a !a venta de productos primarios a cambio de m.11111ii1cturns prnvocc1ba desigualdades económí~ cas y subdesarrollo. Algunos autores plmtualizaban que !a apertma exterior 1kvaha al atraso económico y se: !legó a decir que los ferrocairiles eran uu medio de explotación y colonización. Ddrás de estas interpré:taciones s11byac<:: la idea de (!llt'. si el esfuerzo y el capital p11esto al servicio de! sector exPoriador se hubieran dingido a prnducir mannfacturc1.s para e! mercado interno América Latma habria s::ilido del suhdesanoJlo. Si11 embargo, mm correct~ mterpretación de bs consecuencias del proceso enrnncipador wbre el sector ex tenor debe atender a la realidad previa a la iudepem.lencia. También resulta interesante conocer la ohia de los historiadores hbeiales lminoamericanos del siglo xix, para (jllicnes la mdependencia permitió elimiirnr todas o casi iodas las barreras ,¡ue impedí mi e! Uesarrol]o del libre comeicio, y por ende del de-. sarrol!o económico, comenzando por el monopolio sev1!lano. La necesidad de a11mentar los mgresos fiscales a través rle las aduanas extenores fiJe un gian estímulo para potenciar las miportaciones y en general las relaciones económicas con e! extermr. Eu México, los mgresos aduaneros supusieron el 50% de sm mgresos fi.~caks ei1 la década de 1820; en Argtuli-na d porcentaje fue del 80%. El papel de !as rentas c:duaneras se acrecienta si tenemos en Clten(a el hundimiento en [a~ recaudaciones de las antiguas Cajas del interior. Bolivia fue fa mayor exccpció11, ya qne allí, entnt 1835 y l 865, el 80% de los ingresos fisc::tlcs proviuo del tributo indígena y una (k: !as razo, ncs de que este tributo sobreviviei a durante largas décadns ~.k:spués de su pnmern abolición füe la dificultad de la Hacienda para reemplazarlo por otros ingresos. Al mismo tiempo, los md[genas veían en el tributo Ju mejor garantía para defender el rnarco jurí<lico-institucional proveniente de la colonia que garantizaba la existencla Je sns privilegios corporativos, comenzando por !a existencia misma d<e las comunidades mdigemis. La indepeudencia y la lib<:ralización del comercio nu ¡;Ólo permitieron la aperturn de nuevos mercados, sino también el debilitamiento de! comercio con España. Para rnlibrar con cxactitu<l Jo que e,~io supuso, habría que recomponer los flujos comerciales previos, ya que !os huecos en el abastedmiento de productos importados en los mercados nacionales fuernn cubiertos por comerciantes británic:os y nmteamericanos. Sin embargo, las diversidades geográficas y reg10nales que llevaban a la existencia de tres tipos distintos de países exportadores, 111ineros, de agricultura ll'O[m;al y de agricultura o ga11adería templada, implicaron resultados muy distintos en la apertura económica, también vinculados a la profündidad de las reforma5 mercantiles. La eliminación de los privilegios de tipo corporativo o gremial introdujo un factor de estabilidad en el mercado. La guerra fue otro factor

que facilitó lB impbntación de medidas libnxamhist:is, yél qm' lns pertreclios y abastecimientos militares, armas, muuiciones o barcos <le guerra, debio.n adquirirse prioritariame11le en el extei ior, ante la falta ele empre.,,arios y mano de obra especializada en los mercados kicales, En Argentina y Brasil, ejem~ p!os de economías exportadoras exi1o~aj, los 0vauces dd comercio libre fueron más importantes que en 0110s pafacs. Jnnto con lo~ cambios legislativos, Argcutma y Brasil füeton fovorecidos pm el incremento Je los intercambio~ atlánticos, en dctrimcuto del papel que en el pasado había tenido el Pacffico, lo qne tennmó casiigaado a Pen\ Bolivia o Ec11ador, que tradicionalmente habían orieniado su comcrc·io por la veriiente del Pacífico y que en !a primera mitad del siglo x1x estaban al margen Je los principales circuitos comerciales mundiales. Sólo la revalorización Je la ruta del crrbo de Hornos, a consecuencia del comercio con Australia y Ntieva 7.elanda y del boom minero en California atenuada esta situación. Antes de la emancipación, Ja¡; exportaciones anuales (k Buenos Aires alcanzaban el millón de libras esterlinas y f'17 1822 habían subido a l .340.000 libras Pero es importante no prestar atención sólo a los totales, sino también a la composición <'k: las exportaciones, que durante el p<0i íodo colonial se componían rnayontariamente de metaks preciosos. 1.ln este sentido, los cueros pasaron de 30 l. 934 arrobas en l X12 a 824.94 7 en ! 8 15. Este éxito de la ecoi10 .. mía rioplatense se debe a la temprana apertmn d.:: ,qn comercio al mercado mumli::i!, lo que permitió anment:,r \2 prodticción e incorpore,¡ nuev2,:: zom.s 2 !a producción exportadora, a efectos de equilibrar la balanza comercial. Tampoco hay que perder de vista la situación financiera. Las guerras de emancipació11 y las guerras civiles destrnyeion una b11ena rarte dto la riqueza nacional que sería necesario cuantificar molinos, haciendas, campos de la" bor, etc. A esto se suma el éxodo de espaf10les penins11lares e mduso algunos españoles americanos rumbo a la Península y oíros puntos de Europa, que geiicní una imrOi tau te salida de capitales. Es!a Calla tle foudoi dificultó la actividad económica e un pidió la l'inauciación de un buen número tl8 actividades productivas, comenzmido por !as vinculadas con la reconstrucción del país. Ústc era el caso de la rnmeria y su demanda de fuertes inversiones rle capital, más necesarürn cnando .había que relanzar la prod1wción después de nn período de cierta inactividad. La füga de capitales fue alentada por nlgunos grnpos de las élites ante la co11flictividad e inseguridad c.~istcntes y muchos prelefían colocar su din,oro en bancos ingleses y franceses que ofrecían una mayor seguridad pese :e\ pagar tipos de mtcrés menores que en España. No se debe olvidar que después de la Guerra de L\ Independencia y la restauración de Fernando VII siguieron el liberal Trieuio Constitucional. una lll!eva restauración absolutista y lus guerras carlislas. México y Luna, los principales centros mercantiles <le la América espaiiola, fueron los mús afecwdos por !a fuga de capitales. El cónsul britámco en Lima, Charles )Vlilnec RickcHs, alertaba en 1825 del descenso del capital comercia! en la capital. 4ue había bajado a un mil1611 de pesos frente a los 15 millones disponibles eutrc 1790 y 1800. Entre


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l 8 J1) y 1B2S los buques bt·itán icos ntrnjcrn11 dcl Perú 27 mii]()nc:s de pc~o~ mGtúlic:tl y no C'nm sólo gnus de lm cnmc1ri;mles britó111cos, sino remesas de peninsulares y criollos. En /v!éx ico. lus grandes comerciantes es¡,añolcs s,: !rnbian llevado 1mis de cieu millones de pesos, lo q11e provocó la <.'.xpulsión de lo~ pcmnsu!arcs de ?vléxico. Otro mecanismo para cub1 ir !as necesidades fiscaks de los países era el dc: los empréstitos forzosos que afectaron inicialmente ah~ comcrciamcs es-pañoles. Sin embargo, eu l,1 medida que las necesidades gubcrnamentnles rm .. mentaban éstos recaían sobre los mercaderes americanos e inclusive sobre los ex:tnrnjcrns, como los británicos. En Buenos Aires, las contribncloncs ex:traordi11urias para hacer frente a los g11.~tos bélicos sup11sieron entre l 812 y 1817 una s11ma cernma :1 los ú00.000 pesos. Ahora blen, estas co11tribnciones for~ zosas no afectaban únicamente a la gente de recursos y rcpercutfrm sobre los s~cl.or<::'.S populares. Cuando el dmero era insuficiente, algo frecuente, !os gobiernos arndían a los agiotistas, comerciantes especin!i zados en prestar di nero a plazos cortos o muy cortos y cnn muy al1os tipos de interés por el elevado riesgo de las operncioncs cicditicias. Estos pers01i:1jes se encontraban en toda América, desde Montevideo hasta México. Los estrechos vínculos qne estllhlecerían los agiotistas con los gobiernos les pernrnían aumentar su 1'nfluencia política, algo fundamental para rec11pcrar las rnversioncs por via,s distintas ti 1pago del capital y los iuten;ses

8. la minería Los países productores de metales preciosos atravesaron una situación rnás complicada que quie1ies oricníaron su actividad exportadora a la producción agrícola y ganadera. Chile foe una notable excepción por fa expansión vivida en sus yacimientos de cobre y sus bajos costus de explotación, lo que permitíó anmentar su producción y SI IS exportaciones de I neta! para pagar sus i111portac10nes de rnarmfactmas, La extracción del cobre chileno !'ne favorecida por un sistema de transporte y comercia!i Zclción que at,ercaba los i.:entros productores a los puertos exportadores, lo que no ocurría en otras latih1des, y por la mayor disponibilidad de mano de obra. 1\ esto hay que añadir la puesta e11 explotación de nuevos yacimientos, como ]a importante mina de plata de El Chafi.arcí!Jo, desc11bi erta después de la emancipación. Las cosas fueron más complicadas en México, Perú y Bolivia, que seguím1 centrndas en la producción de pbtc1. Sin embargo, antes de hablar de las expor•• taciones arge11tífürns sería necesario deter1ersc en el estado de la mmerí a después de la emancipación. Resultaba corriente oír que tras la independencia el sector minero de estos tres países entró en quiebra, aun(]llC últimamente se tiende a relativizar !os efectos destructivo~ de las guerras sobre el aparato productivo. Sin embargo, se produjo una parÍl]isis de la producción causada por la escasez de capitales_ El mercurio seguía siutdo e! principal insumo en la ob~

tenc',ón de b plata por ',1m,1lgamación, lo que aumemaba 1,os_costes de n¡,!otaeíón y !as necesi<lades fi nane\crn~. Los costes aumenrn_han ~1 lenc~110s en cuenta que:: d azogue dd:ib ser unportc1do, ya que en lvkx1c0 no.lwb;~ Y lo:' yac1-_ micntos de Hunncavclica, en Perú, estaban en derndenci~ .. Solo a.l~unos centros argentíferos signicrnn en exp!otaci ón. aunque:: ~n cornhc1oncs d1 hc1,les. En México y en Bolivia la reactivación de la producc10n de plala se cen_trO en la puesta w explotación tle uu:'vos yacimíen~os,- rnmo ocunió en fo. r:g1ó~ d_e zacatecas. más que en la reactivación de yac1m1entos abandom1dos. En Mex~co y Perú Ías exportaclonus de plata se red11_jeron ~onsiderablcrnente. En_Mexico se pasó de una media de exportaciones ~upe:10,r a los 2 rn11loncs de l1bra_s esterlinas entre 1796 y 1820 a mc:nos de methom1 llon en 1823. Herac!w DornlJa mostró que la contracción foe más dramática en el Perú, que pasó de una med;,a exportadora superior a 1.330.000 líbras entre:'. 1791 y l 795, ct1and? estabn en explotación el yacimiento de Cerro _de Paseo, a 9_4.290 ~n 1826 bn ambos casos, al igual que en otros países, la mdep:'nclencia 1;0 solo s~p'.1s~ la re: ducción de la cuantía de sus exportac1oncs smo tarnb1en trans,011110 1i_na~ bnlanzas comerciales tradiciom1 !mente con super:'tvit e11 defici tan as. La m1fü> ría de oro de Nueva Gn1nada atravesó una sih1ación semejante.

9, Las relaciones con !España En este punto hay que insistir en las diferencias entre la frag1:1entación ~e l~s imperios de Espai'ía y Porttigal. Mie11tras el proceso e~1a11c1p,~dor brasileno fue pcLcífico y acordado con s11 metrópoli, en la Aménca espanola las cosa_s tomaron otros derroteros y las a11toridades 1 tanto las absolutistas corno \as !Jberales, se empeñaron en la reconquista militar de sus posesiones. Durnn:e l_a vida de fernandn VII fue imposible el rcco11ocimiento de las nuev,1s rep1.1.bhcas. Est,1s circunstancias incidieron sobre el tipo de relaciones c:~tablec1das posteriormc11 te. U estrategia inicial de los absolutista,:> y de los 11b~rales españoles consistió en impulsar la reconquista armada. Este enconamiento Y, el papel reservado a Cuba y Puerto Rico, no sólo corno product~ras de cafe Y azúcar sino también como mtermediarias de productos colornal~s de ot~as partes del continente, complicaron ]as cosas. A esto se sum::i., a partJT de 18.i6, la posibilidad de q11c los gobiernos lihcrale~ españoles pl1d1era1: plantearse políticas más flexibles de reconquista de los mcrn1dos perd1 dos. I,'u~ precisamente ese año cuando Isabel II reconoció la independencia de Mex1co. El reconocimiento de las restantes repliblicas americanas fue un proceso lar~o Y dilatado: Ecuador, 1840; Venezuela, l845; Costa Rica, 1850; Argentrna, ] 859· Gna1emala, 1864; Uruguay, 1870; Perú, 1879; y Chile, 1883. Por su parte'. el mantenímiento de Cuba y Puerto Rirn le permitió a Espaí'Ja proseguir el ensayo del Caribe de modernizar sns estrncturas colornales. . Se suele insistir en que tras la emancipación, las relaciones comer':iales enlre españoles e hispa11oamericanos se interrumpieron, con las excepctones


menc1rn1ad<LS. Las cifhis de Lcandro Ptados son concl11y",'l" ¡ ¡·, "•··--~, _. , . • ., _ _ , ", t:s. v lct\tras ¡ cxpor!<1c10ncs ;:i I-hspanomnenca pas~ror1 de s·'r eJ ·,e, 2º' ¡ 11 . '' ._, r' ". '-' ,e _.J:,, ,occ ota ¡ e1l1792a] 010 11 1 ( · :~ ~- ~- _1, Ja~~ lln~~r!,~c10nes_:uv1_e1on un movimiento similar: del 20 ,7 a! ),l 1/o entre l:1s n,1snws fechas. Con tndependcncia de cstns cifras. al, elementos nos hacen pensar en una 1m1yor imoortancia de ese : _gun~s •._, -,¡ , ., • , comerc¡o_ PnJdcro, c mc1ntend11t,;;nto <le parna:-; de consumo ea las dos orillas dd AH· que_ garantizaba la demanda de p10ductos peninsulares en América ( ~~ttc~ acene de oltva, frutos secos, sal, etc.), y de productos coloniales en E\lno_s, (cacao, l'111t_maJ, cueros, etc). Segundo, el rncreme111O del comercio de ~a;a )'. 1'u_crto ~1co c~n la .metrópoJ_i, ~anto poi__ cl aumento de sus exportacio~~sª como por ss papd de mtcrme<lwno entre Lspaña y América Tercero e! )a' ' de numerosos \:umi:;n;iantes de largc1 <cx.periencia en el conlCl"IO eo A- \ _J-lel • ,,, 1 . . . . __ . • ""nmenca quc~no a1A1mwn<1ron sus aci1ndadcs antcnores. Y por último el coiitraband ' esp~c1a!men~e el realtzado por Gtbraltar. Las exportaciones español o, Amenca Lat1m1 en 1872, excluyendo a Cuba y Puerto Rico, fuernn el 5 5~ a l~s_ir~porlac1one~ el 3,4% del total, lo que hablu de una recuperación 1:i~ fluJo;:. qtte no se produ10 de 1111 dia para ot1o. Un circuito muy importante a an::i.![za1· vinculaba a Cádiz e] Ri) d Je p¡ t_a Y..C1_1 Y. Punto R..ico durantc_buem1 parte del siglo xix. C~¿diz: 1~as~eiía ~~¡" lp"' :"_'H~~leros de Bli~r¡os Aires y Montevideo. Estos cargamentos solían acot11p<1nc1r:-e Je \/1110~. lrn!os secos al¡iaruata~ y· 1,,1 1·¡,y y ,,¡ ¡ , ., . _ , _ ., , , ,· e "_ ... ""· ,c. orna ian c0n ~H:H~s, a_imqu,;; babta <ilgunos_ navws que contimiab,rn al Perú para cargar c,trn11ú. Sin cmlxi1go, la mayor¡¡¡ de las en,ll'-'~"n,...; 00,, ¡¡, b l ... , . · · """'·"' "" ,;;va an carne sa ada pata ,iltm,;ntar a los esclavos de las ¡Jlant"1·1·on" de(' h ¡, R. , , . _ , . ___ . · · " - , .., · ~u a y uerto 1co. En las "io•n•h , , 1sl,.ts , , _1.amb1aban , .. la carga . ~ por_azúcar , , /i-1baco y rn,, y '" , " an a (' ~a,¡·iz. A esto se suma el tra1 ,co clandestmo de esclavos, muy relevante en alguna~ ... gioi:es corno Ca1aluiia Y Galtc1a y que permitíernn la formación de 1m O ~_ie_ ~-p0

17. El desarrollo

de los regimenes oligárquicos

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Desrk mediados del siglo XIX la vida política y económica comenzó a discumrpor catTiles diferentes a los de las décadas anteriores. Los conflicto;; rntre los distintos proyectos nacionales, causa ele guerras civiles, se habían cerrado con la práctica finalización del proceso de formación de las naciones latinoamericanas. La grnn excepción fue Panamá que en 1903 se separó de Colombia como consectiencia de la Guerra de los Mil Días. Esto no quiere decir que hubieran desaparecido las guerras civiles, relacionadas con la lucha por el poder_ Desde un punto de vista institucio11al, continuó el proceso de sanción de constituciones, algunas más duraderas yue otras, corno !a argentina de l 853-1861, que se mantuvo inalterada hasta 1949. El desarrol1o i11stitucional penrntió avanzar en el desmantelamiento de la legislación indiana, hasta entonces supletoria de las leyes nacionales. Un gran paso fue la sanción de Códigos Civiles, sigrúendo la estela del venezolano Andrés Bello, encargado de redactar el Código Civil de Chile, aprobado por el Congreso Nacional en 1855. Desde una perspectiva económlca, en estos años se consolidó la apertura de las décadas anteriores, de modo que la orientación exportadora y la apertura garantizaron el crecimiento de numerosos países. Sin embargo, el creci-• miento no fue homogéneo y benefició rnás a determinadas regiones y sectores sociales en detrimento de otros. Las regiones más vinculadas a los núcleos ex portadores aprovecharon mejor la apertura que las vinculadas a las economías tradicionales, al permitir la libre circulación de capitales, de mercancías y de fuerza de trabajo, lo que permitió contar con la financiación, los insumos y maquinana y los trabajadores necesarios para la expansión económica. Como


se Jrn mcnciorntdo, una pC!nc de !a historiogrn/b res17on~abi Iiza cicl atraso económ1cq y dd suhdc\:Jrrollo hliuoamcricanos ;11 lihrccambumo (k ('~tos allus y a la fa!ia Je p10L,·,:ción a L1 mmrnfactmc1 lrndicional, arcmcn u í11rn¡x1z de compdir cun la 17rnd11cción rng!csa y del resto de f~urop::i y Estltdos Unidos en plena Rcvolm:1ón industrial ' __El co1nportamie11to económico exitoso y el incremento exportador pernnt16 c011solúbr los sistemas políticos, basados en el predominio oligárquico. En la maym parte de la región el panorama político se füe consolidando en torno a tm hipartidismo, qne solía enfnmtar a liberales y conservadores. la expresió11 de dos maneras distmtas de entender la polílica y e! manejo d; la cosa pública, aunq11c con escasas diferencias pdcticas. Por eso, sus posturas eran compartidas por los mismos grupos sociales: la 1u-istocrncia, la burocrn, cm estatal y los profos10na!es liberales y otros grupos mbanos. Uno de los prmcipalcs problemas de los gobiernos era la dehi!icbd del aparato estatal, acentuada por la falta de integración al Eslzido de las regiones marginales y de ciertos gmpos subordinados, como indios o negros. Es1a situación tendió a re1,•aloriwr el papel de intcrmedinrios de los caciques o caudillos, personajes claves que vinculab,m a sus regiones con el poder centra!. La ex1ensión de la burocrncía a los confines más lejanos del país y la profüsionalización de las fuerzas armadas flleron dos de los mecanismos que permitieron reforzar al Estado.

:i.. Dei estancamiento a la apertura económica Entre mediados del siglo x1x y el comienzo de las décadas de 1870 o 1880, cnanrlo se aceleró el crecimiento económico basado en el auge exportador, s¡ sfmtaron las bases de una prolongada fase de crecimiento que, con los correspondientes altibajos, se extendió hasta la Primera G11erra Mundial o hasta la Crisis de 1929. El crecimiento .''e apoyó en la expansión europea entre J850 y la crisis de 1873, que aumentó la demanda de productos latínoamericanos en Europa y Estados Unidos. Si bien el Reino Unido seguía síendo la principal potencia económica, surgieron otros países, como Estados Unidos, Francia v Alemania, gue compitieron con los brítánicos en los mercados de Améric; Latina. En la década de 1860, la mayor parte de la 1egión vivía tma fase de crecimiento. Entre 1850 y J873 las importaciones b1itánicas de productos latinoamericanos crecieron casi un 300%,mientras que las exportnciones lo hicieron un 400%. Sin embargo, ¿hasta qué punto las exportaciones favorecieron el crecimiento económico':>, o visto desde otra perspectiva, ¿cuál fue el efecto de la apertura sobre b economía? Las respuestas se han vinculado a la polémica entre la autonomía o la dependencia económicas. Junto con !a expansión del capitalismo europeo, la coynntnra económica y comercial fue favorecida por el descubrimiento de oro en üllifornra, lo que reactivó la navegación por el cabo de Hornos y el papel de los puertos chile-

nos y peni:mos. r,mlbis'.:n se bcndiciú Auú,rica Ct,n1rnl y especialmente Pl1ncm1ú a pan ir de la construcción Jd cun¡1] m1ernccánicu. El innn11ento de la navegación y e! aumento d1,; la Jenrnnda califnrniami permitieron el creci-• miento de his cxponacionc~, Si cu la década <le 1840 and::non r:n los puertos chilenos unos J 400 navíns arnwles prnvemcntcs de Furopa y Estados Un1" dos. en el decenio signicnlc, en pknu fiebre del oro, e! promedio fue superior a lo~ 3.000. Los ingresos aduaneros se convirtieron en la panacea de los Estados y en el Perú la expan$ión de! sector exportador pennítió modificar la base del sistema imoositivo, acabando con el tríhuto mdígcna. Sin ernbargo, la historia de las exf)ortacione~ lmínoamerícanas no c:s lineal, ya que algunos productos pnmarios eran reemplazados por otros, el rápido auge de un producto era seguído por S\l declive o la compctilividad de un producto desaparecía ante la aparición de algún competidor internacional. Las exportaciones del caucho amazónico son 1.1n ejemplo, fllJ el único, de productos con un éxito exportador seguido de una decadeucia fulminante. Cal'los Mmichal señala que la inversión extranjera se mcrementó en esos años y que en la década Je 1860. Argcn1ina, Brasil, Chile y Perú, y algunas pequeñas repúb!icns como l-Iondun:JS, Costa Rica o Paraguay, negociaban sus empréstitos en los merecidos burs{itiles de Londres, París o Amsterdam. Una parte de los créditos se destinó a la construcción ferroviaria, sigmendo la estrategia de promover el desarrollo con endeudamiento externo. Los países que más se endeudaron fueron Perú (52 millones de: libras esterlinas), Brasil (23 millones y medio), México (casi !7 millones) y Argentina {13 millones Y medio). Las transferencias financieras las impulsaron los bancos británicos guc comenzaron a mstalarse en la región, al amparo de !cgislacíones favorables, El trnzacto ferroviario impulsó una fase expansiva qne continuó en el período siguiente. Salvo algunas excepciones, los primeros ferrocarriles !atino•• amcric;nos estaban vmculados al sector exportador y el Estado y algunos inversionistas locales impulsaban su construcción recmriendo al endeudamiento externo. El ferrocarril que en J873 1mió la ci11dad de México con el puerto de Vera cruz füe construido y explotado pornna compañía privada mexicana, aunque pnrte de los fondos había sido adelantada por los franceses. La falta de capitales locales hizo necesario acudir a los inversionistas extranjeros, especialmente británicos. J\ste fue el caso del fcrrocnrri! q11e se comen zó a constnm en 1857 en el norte de la provincia de Buenos Aires, impulsado por capitalistas locales vincnla<los al negocio de exportación de lanas, pero que ante la falta de n:cursos terminó en manos de compañüis extranjeras. Argentina, Chile y Perú incrementaron sensiblemente sus exportaciones, aunque sin ig1rnlar a Cuba. Entre 1861 y 1864, el promedio anual de las exportaciones cubanas fue de 57 millones de pesos, una cifra que no se redujo ni siquiera al comienzo de la Gnerrn de los Diez Años ( !868--1878), mientras guc las exportnciones arg,.mtina:;, chilenas y pcruanus a principios de la década de [870 oscilaban en 1orno a los 30 millones de pesos anuales, seguidas por las mexicanas con 24 millones. Las exportaciones chilenas :;e centraban eo el co-


b;c;, g rc1cias a lc,s y,il 1m1entos de Col Ll h , latkcadaclel8o0,Chde/ue ,¡ 1,,rn ovloprnpoendN01teCh1co In "'pnmccrcxportado1 mundi ¡lde b ~ (l10 esa pos1c10n por los manees tecnoló<>1cos de ~ co ¡,_, pao pe¡. que llego a prnduc1r a fllCCms rnfer'O' ~ º , l llJ inmcna nortedmencaua, , ' ,,csqucosc111cnosEn¡ll'l co lJre cndeno deJo de ser compc•ltn,o v 1 , ' l co 1ernpo el los mercados mtern ic1onat 's La, e es.1parcc1rl durc1ntc unas decc1(las de ' ' v, s cxpo1 tacmne" argent , pwducc,on agncola" oanade,.~ , _ J¡, "' mas se ccntunot1 en la ,;"' ","0 ,queseconoc·lom) ¡ 1 pccuano A1nc(hadosdels1uloxrxsepr d, '" \ e compc¡oagrodo mino en fa provnt,.,1;1 de Buenos Aire~) ~~; ur,1 importante a,ance de) ganaª t1dadcs de lrn1<i pero al fin il 1 1 l' , qd. p1:mutio e,;:portdf gi ,tllde~ c,m ' e e a l ecc1 a el scctoi entH , icempLizado por la ganadei 18 vacun 1 E ~ J en Cibi.s y fue , · ' Al pocos .ino.s mas ui ¡¡; as i SlOnle dlrnmernagiKJ!avJ,¡•,, ( ll ·e," i a,c11cxpc1n1 1 • ' ~ ,., rv,rnc<1n1 1e cs;anaelt Ll c1ecnrnento econormco apo¡,•clo, 'l l urno ,l 1os ceicales "' vn e l csarrollo d •l se t Y 1a iccupcracion y expan:;ion de ciertos t 1: c 01 e;;:portador como el comercial y el Jin e . sec orcs.\incuL,dos d lo.s :;et v1cws , dfl iero pc1m111cion ci re1i ic, l, ¡ l despnes del retroceso vi" tdo d,,, ,,, 10 I, · ' '"r ae a v1c a ln kma 1 ''' c:;uu<e·ra~cemuepc1d S ba1go. los ganadures de este piocc:sc, .f1ie1~r1 las ca t 1 ¡ i ene1t1 . m emnas cmddcles irnpor!antes para h ex -¡, . . . ¡·." pi a e~. _os pue1 to.s y a!ga. , ' , poi c1e10n. :stü ocurno co 11 g, , • Y( ,uayaqrnl, que crecicwn mucho más rá . tO l· . · . MranqrnUa !ivos países O en " · _ '' 'pu que c1s e,tp1tnles de sus r~:;pec~ , i1 .<:\.0Sano, que a la sombrad,¡ , , . , llego a dispuwr a Buenos Aires la ca1,,1,,1·ct, 'de '1·s _cxr,or!Gc101_ie.~ de eere2k~ ' i cll, e <1,~ouhh-a E· ¡ 0 ,..-¡ "I' · cocralamavorcimhd<l~A , ·r . , · L · 11 o/,,,ve_\\-¡ , ,. · ' e menea _,atnrn, con 220.000 habitar 1 . . " - · P?' ,d 11. auana y Ru,:nos Aires. con 200.000 , ,. , .' . l e~, ;:,e."'uioa ciado lltl rápido crecimiento ((O,¡__,, ~ : - ,_<mnqu~ estd ll1tlma ya habrn mi. . tsvpcrmttmanrnHipl·c-ircn!···d\,, 1 . glllentes vanas v<:ces e! tamaño 1 • bl . , . ' ' d:; cea(. as s1. . (e supo ac1on. rvf1emrasI in" ¡y¡ • , Ys kantwgo superaban los lOO O(l(( 1 , b', . ' _" i <1, onkvideo · - - . ld ,1t,mtes Bogo1G y e, . . . h b' quedado estancadas en los 50.000. ' • ar,JCas se a ian 0

2. La consolidación de las economías exportadoras El crecimiento de las naci011es más indust ., i - , d· ~ , -. . demanda de materia, • . . · · ru.iz;i ,b, ta d1wrs1ficación de fa . , ,spnmas. msumosyalunentos~1 ¡ . ¡ . c10nales y el descenso de losfirecios relativ ., , :"" 1 f'.S mere~< os 111lernasecuencia del avance tecnoio·g·¡ , zk _'1 1,counas manufacturas, conco Y 1;¡ rnecamzac1ón ·1 t' l · d•• 1 , d, ( · 'º rnnen¡, a unponancia del comercio internacional '· ,..,,temew(o~dels10Jox1 Latina pudo incremenfar sus evp t . · c . , X. or eso, Arnénca · ,, oi acwnes de matet"ns p 1as importaciones de manufacturas insurn~i , , . ,' · nm;is Ya 11mentos y mera Gnerra Mundial las e ,' · s Y bi,;;nes de ca¡:ntal. Hasta la Pri, , xpor ac10Pcs de mmmfact mundüli crecieron más ró.pido que 1 ; _ _.' mas en e 1 mercado un 3%. En con Ira de Jo , , .. as rn,nenas_ pi unas, un 4,5% anual fieo(e a . que; cornurnnen/e se dice ,,¡ au t l e iones de manufacturas estaría mdicanJo ]J. ·_, : ,.,_ ' meno en as unportamericana, al sa el volum<>;¡ ¡(• ¡ . vitdlld<1d economía !atinoa~ '" ,.. as 1rnportac1o•rs Uffl · bl l . las expmiaciones yd"'lt- , ~ d· l ' e; ' vana e l. epend1ente de ' '" <1rnano e mercado interior.

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La diversidad de los productos primarios exportados lkvó a Carlos Díaz Alejandro a hablar ck ht «lotería de mcrcandas)>, ya qut su comportamiento en los mercado,, internacionales era muy heterogéneo y resulta imposibk generalizar sobre la cvulución de sus precios o sobre las tendencias de su comcrcictliwción. En lineas gcuerales se ¡mcd<c nf1nuar que las economías exportadoras crecieron il buen ritmo hasta comienzos del siglo xx, e inclusive J¡a~ta la Pnmcia Guerra l'vlundial. Llls crisis imernacionalcs, como la.s de 1873 o la de 1890, afectaron las balamus de pagos latinoamericana~, pero tras una b1·eve caída el crecimiento se recuperaba. Entre 1872 y 1878 las exportaClones latinoamericanas al Reino Unido descendieron un 37'Yo, el mismo porcentaje en q_ne se contrajeron las importaciones ent1e 1872 y 1876 El estallido de la Primera Guerra y los ataque-;; akmnnés contra el tráflCo marítimo en e! Atlintico también afectaron a ciertas exportaciones y en Argentina, entre 1914 y \918, !a r1ecaudac1ón aduanera se redtljU en nn 30'\'cJ. No ocurrió lo mismo con las exportaciones dirigidas al mercado norteamericano, sobre todo las qne utilizaban la rut;i del océano Pacifico. Si en el siglo XlA la evolución de los térmmos de intercambio favoreció a las materias primas, el signo cambió en el XX ante el deterioro del precio de alguna~ materias primas y el encarecimiento de cicria.s manufactmas, especialnien(e bienes de equipo La mayor demanda de bienes de capital por 1mas economías en crecimlrnto también influyó en el movimiento rclntivo de lo~ pr,-:c10c-. Los pndnctos exportados pm bs econumías l'.ltin0amencana~ :c;e pueden agrupar en tics grupos: l) productos agrícolas y ganadm)S de clima templado: cereal0s (maíz, trigo, cte.), caine ovina y vacuna, lanas, eneros y otros denvados del ganado; 2) productos agrícolas trop1cak~, producidos generalmente en régimen de plantación, aunque no de forma exclusiva: café, azúcar, algodón, tabaco, cacao, plátanos, caucho, henequén, cte., y 3) metales y minerales: plata, oro, esmenildas, cohre, estaño, salitre, petróleo y hnano. Se elegia explolar11n detem1inado producto en función de las ventajns comparativas de cada país: tipo y fertilidad del suelo, clima, disponibilidad de mano de ohm, yacnrncnros romerales, proximidad Je los centros prnductures a los piieitos ex.portadores, etc. Se habla de la especialización monoexporiadora de las economías latinoamericanas, como en Rra.sil con el café o en Cuba con el azúcar, pno hay casos ds::: países que exportaban productos de dos o tres de los grupos indicados, en proporcionco vana bles, como México, Colombia o Perú.

2.1. La ganadería y la agricultura templada La producción agi ícula y ganadera de clima templado se expandió rápidamente desde mediados del siglo x1x. Su epicentro fue la pampa argentina, aunque ~e extendió a otra.s regiones del país y al Urngmy, el sur de Brn.sil y el centro de Chile. Las exportaciones argentinas y uruguayas de lana, cnews, carne y cereales (trigo, maíz, centeno, cebada, etc.) crecieron espectacular-


mente y da<lG su alt:1 compe!Íl1v1dacl conquistaron los merecidos <'.Ul opcos Las cstruc:lLtras :igrkolas m;is arcaica,~ (khieron ceder ~11 logar ,1 ,:xplotdcioncs ca. pdnlislas onenlada:¡ al merrn<lo. la llll:ha por los mctcadns rn1crnac1onalcs fue dura, ya que hubo que competir con Estados Unidos, Canad,'.i, /\ ustral ia v Nueva Zebnda, los !!amados países nuevos o de reciente colonización, qu~ compartían alguna3 venlc\jas comparativ<1s con Argentina y Urugnay. la pro. ducción cereakra argen!mJ comenzó a crecer lentamente {lesde 1860, en delrÍlmmtü de la ganadería lanar, que postcriormrnte sería rc'C,mplazada por e] ganado vacuno. La ampliación de !a zona de cn!tivo gracias a nuevas rotl!facioncs extendió el horizonte cerealern, aunq11e el motor que aceleró los cultivos y las exportaciones fue el ferrocarril, que acercó las mnas productoras a los puertos expor1adores. También fue impmtante la pacificación de las til:'.rras de frontera, gracias;:¡ la práctica eliminación dd peligro indígena, presente en algunas zonas <le las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y el sur de Córdoba en los años centrales de la segunda mitad del siglo. Los numerosos mmigrnn1'es llegados a la Argentina solucionaron la falta de mano de obra de Li región pampeana y facilitaron la expansión del cereal, cspceí;-1lmentc trigo y maíz. De este 1110clo, entre 1895 y J914 ,;e agregaron al c1dtivo 22 millones de hectáreas, de la& que cerc:i de 20 correspondían a la región pampe.:ma. La expansión de las exportaciones agropecuarias requerÍil fuertes mversiom:s en ohras públicas a cargo del Estado y a su endeudamiento mtcrno y externo y <le algunas obras de infraestrnc(ura impulsadas por inversionistas naciona!e8 y extranjeros. Las obras públicas permitieron expandir la actividad ec:onómica; así se amplió la red ferroviaria, que pasó de 2.500 kilómetros en 1880 a :n.ooo kilómetros en 1914 (veáse Cuadro l 7.1) yse construyeron los puertos de Buenos Aires, La Plata .. Ensenada y Rosario, conectados a la nid fouoviaria y vitales para fa3 exportaciones. Un escaso número de empresaR exportadoras, algnnas pertenecientes a sociedades europeas y norteamericanas y otras de capital arge11tino, como

Bml"C y florn mono¡,oli1tn011 en poco tiempo el c0merc1,l de granos yhari,_ ~ "'L· :i nroducc1ón v exrorlar:ión de carnes :111rnenlc1rÍJ por las 11mo\'Jc1onts n,1~., ,. ¡ , lecuoló2jcas en mllteria de corig,clado y tnfr1:1do y por !us me_jo_rn~ ,:1; ,_as tec nicas de navegación y transporte. Los tnglesc;s domrnaro11 los lngo: il1cos _en

]a scaunda mitad del siglo x1x,junto a algunos Cll maiw_s de c:1p1ta1es nac!Onak;, mmq 11 e a partir ele l 905 unos y otros debi;;ron cleJar nn lugar cada ~'e_z más destacado n los fngoríficos estaclounidenses, espec1alm~nte a los de c117cago, que estaban amphando sus negocios inte1nac10nales. El mercado bntani~o se convirtió en el mejor consumidor de las carnes congeladas Y enfnadas argentinas. La mejora en las técnicas de enfriado Y. el desarrollo de los buques frigoríficos posibilitó el aumcn:o en las e~po1iac1ones de ch'.l!ed: c_arne enfriadct, el favoriio de los consnm1dores bntarncos, tanto por Sll p1~c10, v competitivo en relación co11 la carne fresca inglesa, como por sn cahdad. m~ La provincia de Buenos Aires - .~e h3bia · corn:ertldo · ?n el prrnc1pa, · - l ce~ tr, O productor de carne vacuna, y al comenzar la Pnmern (1ucrra Mundwl habta desplazado a Santa Fe del pri ni cr pues'.º t'-rl h pro(htcción de cere~Jcs gracia.s a Ja fertilidad de sus tierrns, Ja cercarna a los puertos exportadmes_, la mm1 gración y los capitales extranjeros. Entre 1875 y _l 89 l la caba~a bovma se 1plicó y pasó de 12,5 millones de cabezas a 24 m1~lones. La cna ~ producc~~n del gmmclo mejoró a p~rtír del último ~•;ar.to del siglo xrx con l~ rnlroducc10~1 de reproductores de raza de ongen bnlamco (shorthom de!?º¡ te de l~gla\t:rra y aberdeen angus de Escocrn), la selecció~ de las espe~1e:, los _c,rnd~~o.s fitosanitarios y el alambrado de los campos. En Baenos Aire~ se ddund10 ,d arrendamiento de tierras, que permitía a los grandes tcrratemen.1.es la rotac1on de cullivos. Los arrendatarios cultivaban cereales durante la vigencia de sus contratos. <le una duración nóxima de cinco años, pero antes de devolver las tierras al Propietario y cambiar de explotación debían ,sembrar plantas forrajeras. Esto facilitaba a los propietarios b:t cría del ganado vacuno Y daba lngar a nna producción agrícola-ganadera sólidament\"' in.legrada y rentable parn las dos partes contratantes: tcrratenie11tcs y arreudatanos.

ct;

Cuadro 17.1. .Extensión de la ired ferroviaria .argentina (1857~ l 913) (en kilómetros) 2.2. La expansión del café yde los cultivos tropicales Años

Extensión

1357 1860

!O 39 732 2313 9.25-i 16.767 27.713 JJ.478

1370 1880 1890 1900 19]0 !9!J

Puente: Roberto Coi tés Conde y Ezequiel Gallo, La fo!'mac,611 de la Argen/i¡¡a modem[I, Jcl¡¡ew,o Air~s, 1967, p 47.

Fl café fue el producto tropical que rxmnció una rúpida expansi?n Ysu consumo mundial creció durante el siglo XJX a nn ritmo supcnor a! rncrcmcnt\'. de la renia de los paíscsde3arrollados. El principal mercado füe el norteamenc,:no, que en la década de 1880 absmbía el 40% de la demanda m~;1dial, s:g_mdo de Francia y Alemania. El dinamismo de la demanda cx1g10 una rap1da respuesta de los productores al punto que la expansión dt: los cul!1vos transformó el paísaje de las regiones intertropicales de rne~ia altura: P,;ulo _en Brasil y algunas zonas de Colombia, Venezuela, México y Amcnca Centwl, y desplazó a los productores tradic10nales, de las Antillas, que v1ero~ mne:azadas sus antiguas posiciones. Desde la década de l S 10, Brasil habrn terndo

,Sªº


un,~raudesarrnllocafoternycntrcl821-18?5 'l'"'1 '"-~ -------~-º-, ' o,.-i,,JJb-,x 0 sacosanualcsc12.514sacus c,i,, - ·l ·--. '· P rtación 1 !9% E 18( , ,unnnmoLenccr ·., e · · 0 - .:n < Y8, !as exportucioues lwisíleñ~, . - , , ._, · · · Jlllcnto deó casi d 11 '· ,.,~ C:bl diL,lr\Zarnn ¡ -- '.!j . e 1 /fas esterlmas, _práct1carnente b •n',·m·, ~ .- _1 · lh - millones · · · ' ' '" ' uHll!H JlC1 que las • · pnnc11:,1os del siglo XX Brnsil controlaba rná:; del 7{)o;; -J a1gentinas, Ya del cafe. Esto permitió a los icrrarenientc::s brasikñm ºe~ e .~Z::~crc10 mundial listas, colocarse en una posii:ió,.,, d , ,, . ··' pee¡" mente los pau. " emdyor1ue1zaqnesuse'l· tuwamenccmos, de modo que estuv1ernn en rn¡. . ·. e_:. a utes colegas la~ dersc de las oscilaciones de los precios,·,,,,,. J,orcslc~.nd1s;1011es para dcfen. ., • ¡ cornercinnks. El ti!ÍC ¡· ,- ¡ nacmnae~ydcla' 1os grames . . s p1es1011es de b., .• ,- , 1.w e motor del crecumei1t 0 , , . . •tasi 1eno, ya que su explotación mediante t/4,. 11 .,, , _ "cvnonnco . . d • '"'" .lCdS extensivas Slt co11rnmo e tierra y mano <le 0 b. ¡ ., , b ·[ · _· puso un alto r,l. -'·" llll(anteofrrtadet·•·-. . que una vez ogutadas las qne cstnban ¡;¡¡ cultiv0 _ , b ¡ 1c.iias penn1tía ¡,_, , 1 1 - , se c1 c:inc omiran tr•,0!• d d "'"xp o ac101i H un nuevo ¡;mpla·,,.,,,11· , , , d . , '"'" a an o · '"'' ,.n.o, ae mo o qu, la tro t l se!csplazabacontimrnmcntch't";,,,,,1,· t . . h _ " neracafetcra ' " " " 1 ne1w1 0cuelo·~tc ~ b vas ZPlliL~ que roturnr yn que !u ·uavor , ; ' '"' _ , ..,n usca de nuc1 cn el marrn de ]t,_ grn;l pcupieJ·/L: ¡:~ª~ e_:, cdfas :xplrna_c10nes !eníau Jugar 1 . •<_d(l,.rcm.rn clolombw d 1 nabmt los rnedrnnos productores. , om e pn.:d()mi, Los brasileños ltnj)nsicron la co•"c,nb,•· ,,ce " d• '-' le 1CllCl 1"S COS' ·]·,, d [ . enepocnsdesobrqnoducciónyp,.,'Cfosb·. "' ,ec ia:; c cafe "' ~· •. f . ·"' · áJOS pese a sus elevMlos c 't· , r; . m,,c",11smo ne posihk ¡·Jm el "Uxc·I 1O¡· _ . .. · O:; e.~. s,c · ª llldnc1ero del f-sl,1clo " ¡ . no central y el del ~swd,, c·l" s,,1 P· ·" · J'd CJllC e gob1c:r'-'• · '-''-'-' dUOSC'lkrna 1 1 ·1· 1 /adoies del cate . .En 193/J en rncd10 1· ·1, o', ,' 1' 1011 en ;11:,su.. 12ra !os CApor_ . , ce d cm )epresmnvde], •· 1 • d e l comercw rnki nacional ,.,J ,,· ··t·c, . desp omó r' a -.· ·t , d b con •r::wcwn 1 " ,, ~ " msc 1 proteger su producción del de,41 ,1 d, · -' pr~c ica rnsdena de - - ome e 1os prenos no s 0 ¡ ¡¡· • prnductores locales sino !ambí" t · ' u )ene ¡¡;¡(i a los ,,. '"naorosexpmtador·•·· con 10 ¡ . W!S, cuy11s ventas se ex¡)andieron. , . '"~, prot os, cu, 1,ombrn~ , a 111 som bia. del paraguas , . 1 no, que man tema elevados los w~, • .., 1 · ~ ' ec 01 oras1 1el 1. • • , ''"cws dl os mercados rntc 1 n;1 c· ¡, C Olfü)Ja paso de exportar una media anual de 2?0 m ¡ , . \0n~ l:S_ .o1 I 880 . . J884 a cnsi 6l 7 mil cn l905-J909. ~· l sacos ene qmnquemo La abuudante rna110 Je obra e _, · 1 _ ,. ., , 6 ""'L'l"?()" P ''· ,,,.,_ 0

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paulistas rccnrrieron 3 l . - - ., "' - " 8 e siglo xix, los tcrrntementcs 'ª ª _ , _, os 1nm1g1ante:;, en su mayorí:.i italianos ª ., Sus, p':'10 tamb1e1: nmnerosos cspafioks (veúse Cuadro ') . y portu,,.u~gratono fue cons!dcrahle y antes de l 914 llc 'aro , El fiuJo inm1personas. 11na cantidad ins,¡f,. 1 b ~ 11 a! pais cJsi 2 millones de .-. .ciencparacunrtodasla•,ú.,·¡,¡ , El erecrnnento demográfico rep,,.,. 1111.0, , .· d, s Sl( ates del pais. 1 1 '"SYSaoP· ¡ ¡ · · " en ascrnca pa 1centro cafetalero P'"'t' d· 6 , (l(JO 1 b. ,.._ . m1 o, e pnnc1' "-' ' " _,_ rn 1tante~ e 1890 350 O Lasexpectativasde]osmmigranteseurn eo ·._ n -, il _· 00en1905. eran elevadas, a tal punto que el princip· ~ : 11:: 11 c a lo~ pa1ses receptor~s 1 1 AJ·a • d arac1vocepa1se3comoB·· ,·¡ ,,,enlma eran sus condiciones económica, . , , 1as1 o mejores c¡ue las de¡ . ¡ . j . s, especialmente el 111vel sala na! · os ngare::,ceonaen.Laspr·bTd·d. ¡,, .· .. ' toyascensosocialt b·: '" "' _(:,lJlae::,(cem1quec11rnenam ien eran mayores y s1 bien la v,·oa d•l . . " inmigrante era

!,7 :-)_-.

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P 1

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cwidrn ] 7.2. Origen tle !os i11migrnntes hrasilciios {1819-1959) Número(cnmiie~)

Portugal...

l.7t8

jt,dia

l.614

Purccntaje Sé>bre el total

31,0

20,l Esp<1iia . 694 l '.!.5 Akrnania . 257 4,6 Japór. 222 4.0 Rusia... !25 2,3 Otro ,. .. _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _9_0_6_ _ _ _ _ _ _ _ _1_6c,4_ _ __ 00 !00,0 5 536 fu~n!t· Nicoiáii SáCTchu•Alhornoz, La población de Amé,ca Lalhw, M1drid, 1973, p. 184.

muy durn, y por caJa uno que hacía da América,) había muchos cuya expe~ riencia no podría ca1a\ogarse con10 exitosa, las nuevas condiciones de vida poco tenían 4ue ver con la miseria dejJda atrás Sólo esto explica que cientos de miles de ¡;rnopcos estuvieran dispuestos a dejar sus regiones de origen narn embarcarse en una aventm;i de incierto final ven condic10ncs de cxploÍaci6u mfrahw-rwmh, como gnslan rnsisiir a!gunas,ex.pfü:aciones al usu. En la dócsda de l 920 se irMcmentó el núr:iero c!c itah11nos propietarios de t"<.p!otaciones cafeteras en la región de Süo Paulo. La µroducc1ón del caff en otros países del continente era diferente a la brasiieña, dado e! compmt0mienlo de los factores de producción, tierra. trabajo y capital. En Hws1 l abundabau las tierras vírgenes que permitían ampliar indefinidamente la frontera del café, en la zona dclimit::ida por los rios Paraná, Paranapanema y Grnnde, mientras que e11 los ottos países había más mJno de ohm, onglnada en el crecimiento demogrúfico, como en Colombia o El Salvado1, o bien en la mayoc vmcubción de !as comunidades indígenas a la economía de mercado, Guatemala, que obligaba a sus miembros a trabajar a cambio de un salario. Los siste1ms de explotación del cafo dependían del régimen de propiedad de la tie1ra, y vana han de un pah a otro, de una región a otra En G11a1cniala y Ms'.:;oco había grandes hanendas ¡;afotnieras, mientras en Colombia prcdominab0 la mediana exp!otación y haciemlas a cargo de arrendatarios. Pc~c a esta diversidad, en casi todos los casos predominaba la debilidad de los productores frconle a los comerciantes. Esta debilidad desc0nsaba en la escasa tlexiOilidad del cafo Crente a las vanaciones de la demanda. Cuando habían madurado los cafetos sembrados en una coyuntura de numento de precws, el productor podía cncontrar:;e con que la ::;1rn21ciún había cambiado y que sus nuevas plantas incrementaban el efecto de la .sobreproducción y de la caída de los precios, dado su prolongado tiempo de maduración La especulación estaba a la orden del díil, favorecida pm las variaciones estacionales de lus precios y por las osciiaeiones del macJdo internacional. Las cri-


sis de so!-ncprnd!ic:cílm se rcpctí;m con frc:c11cncia. ] WJ6, t 906, ¡ 9 ¡ i ·-,-~:·-. como los comcrc1antcs alernunc~ -'st·ihkcidos _, 11 e ¡ 6 · · Asi fue I··"'("' . ·_ · ·'···"-·ººm1apa::;aron;1cotr 11 0 el! e, \J )1o <le las 11,crras cak1c:rns, que e;;plotaron más produe1i,, los hncenUados locales. · • vc1mente que

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2, 3 ' Las exportadories mineras

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o.zúcur lmnbi6n ocupó 1m lugardcstacado entn; los cultivo.~ t. espec1a!mc11te en Cuba. Pnato Rico y Perú La ¡,,,,ct,,,.,.·, ¡ ¡ l~pica!es, ., .. ·, , · ' J' , ,.,.,ion< e as 1sfas d ¡ ( ..,,d11he se 01 kllto · S1~nagunospaise-t, , ,¡ . • _ al mercado de E~tados- Llni<lo , s., b'

11 n~ ~oncc_n1r:1~1ón de _Ju propi~dad ~ri manos de las empresas mdusl!~aii~a~ dords aznu:trnds, en Cuba !os mgcrnos controlaban !a producción ~ · bs • rea ¡iza ban a ¡os productores. Otros ,giaciasa , , co,,,, . ¡,1as tJUC .. t ·· ¡ 0

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0 ,·. · ., .· . ··'-' ,:,;rop1caesde uerta nnpm l,rnna en los mercados internacionales fueron el heneqo, en 1898s · J l""/ d ¡ en,que , ,-11~,oma e '.) 10 e. as exportac1one:-; mexicanas, o el banano, cultivado ~n la:; zonas b8Jas y humcdas del litoral caribeño Guatemala J{ d ras N ca-, e R' p , ' , on u,',··,, 1 -~ª~:rn,, ,osta .,le~, anama, Col_mn_b1.a y Venezuela, y en !a costa pacifica de EcuM!or y Co:-;la Rica. A prmc:¡110~ de! sinlo xx 1, . ~•. · , _ . --, . , , . · "" ,d compania '.1ott~c1~11t11C.,1_11a_ UmtPd ,J-Tu1t alcanzo_ rnrn solida posición en ]a región gracias d qae "onlro1<:1bd nnpor,antes extensiones dr::: tic:na:-; en todos esos oaíses y el ~ra1: p,'.de~ '.1lcan7:ado por cst_as m1iltinacionales llevó a hablar <le· <uepúbliuis oa11cmera.~1> .. Lis exrortac1ones hananeras se convirtieron en el mav . , _ brodc exportación ~n varios pníses centroamericanos, siendo el merc;I~ tadou.mdcnse el pnm:1pal comprador. La cercanía a los mercados fiie la venta¡a comparn l1va de la p1 orlucción centroamericana frente a la procedente de otros contmenles.

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En cont.r~posición a la prolongada prosperidad bananera se sitúc1 la eflme~ ra explnlac10n de cau~ho en el Amazonas, gracias a! ,<sanaradn» de árbole~ silvestres, hevea brasiliensis, una explotación que generó 11 1 gran e mesperaclo boom pe:o que no pndo mantenerse dmanle mucho tiempo. La obtención <l~] c~ucho tue una activi<lad depredadora en la región amazónica de Colom!~w, _Ecuad~'.' Perú Y Venezuela, mucho ?1ás que en lo selva brasileDa, ya que !~ explotac1on deo la_rnano de obra y la eliminación de árboles eran más intensivas.~-•ª~ exportaciones crecieron rápidamente a partir de la década de ] 870 Y(~mll1pllcaron su volumen varias veces en pocos años. El cancho pasó del 1,1) 1/o del valor de las expo;tac1ones brasileñas al 25%, entre ¡ 899 y ] 910, hastd que en_ 1912 se akanzo el techo de !as exportaciones, con 31,000 toneladas. l.c1 _ciu¿ad de Mana11s. que tuvo 100.000 habitantes y nn tealro de ó-1cra se conv1rtio en el sí.mbolo de esa rápida expansión, que benefició princfipal~ mente a _l~s _com~rcianlcs. La acción de los siringueiros, recolectores de cau• dw, facilito l~ rapida penetración de la frontera amazónica n través de los af!ue?l.es del no A1nazonas, y en 1902 Brasil compró a Bolivia el inmenso tcrntono de Acre. El boom del caucho finalizó cuando Malasia y !as Indias ho1,~?desas de~airollarou plantaciones cancheras que reemplazaron ]a explotaCJon de los arboles silvestres del Amazonas.

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Durante el siglo XIX, la plata fue el pri1,ic1pal mineral exp!ot,1~p en Amén_ca Latina. Pese al trauma de \a e111annpac10n, el secto1 se recupero desde 1nc~!ados del siglo x1x, con fuenes inv,,rs1011cs de capital ex!ran_1cro, que pcnrn.l!cron importar una tecnología atractiva rnás eríciente y mej,:irar las comLm1caciones, con ferrocarriles que reducían el precio en !os pnerlos exporta.dores. En México y Perú los inversores más importantes fueron los norteamericanos y británicos. s:is inversi:mes habían comenzado des~1:és de ta independencia, pero salvo algun caso aislado, ~omo el de la comparna. anglo•11'.ex1ca~ia Real del Monte, no habían tenido éxito durante la primera 1rntad del siglo. En Bolivia fueron los <\patriarc¡¡s de la plata», prohombres locales sostenidos por fi.. nancisias chilenos y británicos, los gue hicieron posible ese crecim1cn1o. A fines del siglo XlX, la producción de México, Perú y Bolivia alcanzó los mejores resultados desde la época colonial. Las exportaciones de _plata foeron considerables y l'vléxico se convirtió en un gran productor rmmdrnl y en 1898 la plata eni el 60%, de las exportaciones mexicanas, cou 7.500.000 libras esterlinas. En Bolivia eran l .500.000 libras y el 70% del total el\ 1897 y en Perú un millón tk libras. Ante el avance del patrón oro en casi todo el mundo y el abandono de la plata corno metal de arnonedacíón, la producción de Bolivia y Perú se estancó. A lo largo del siglo XX, la exti acción de otros metales, como el cobre Y el estañ0, reemplazarían en América del Sur a !a plata corno principal actividad minera. El salitre iambién fue importante. En Chile, !os yacimientos salitre.. ros habían sido el principal botín de la guerra librada contra la alianza perua~ no-boliviana, y penuitió mitigar los efectos de la crisis de 187:\ Era un excelente fertilizante <le gran demanda por b agricultura europea, pero también un importante insumo en la fabricación de pólvora. La producción salitrera dominó las exportaciones chilenas lrnsta la Grn11 Crisis de los años treinta. Sin embargo, la finalización de la Primera Guerrn Mundial y el desarrollo de fer~ tilizantes sintéticos en Alemania supondrían el comienzo de! declive del sector. Gracias al salitre crecieron ciudades del norte de Chile, como Iquiqne o Antofagasta. Después de la guerra y del desplome del salitre que afectó a Chile y al Perú, su Jugar foe ocupado por el cobre. En Perú, la compañía norteamencana Cerro de Paseo Copper Corporntion controló la explotación a gran escala de un yacimiento situado a más de 4.000 metros de altura, donde smgió un complejo mincro-indnstrial con la tecnología más moderna y que gracias al ferrocarril, una ohra maestra de la ingeniería, umó el centro minero con el puerto de El Callao. En Chile se encuentran los yaómie11tos de cobre_a cielo abierlo más grandes del mnndo, controlados por capi1ales norteamencanos. Bolivia vivió bajo el signo de la plata, en tomo a Potosí y Oruro, pero desde comienzos del siglo xx el estafío dominó la escena, después del desplome de los precios <le la plata en los mercados internacionales. La expans_ión minera se realizó con capital nacional, ap01 lado por los grandes comerc1:mtes Y


fa arist0crac121 terrateniente del valle ele Cochabmnba. De allí eran Aniccto Arce, presiden re de b.r república entre 1888 y 1892, y Simón Patiño, <los ele los mineros más exitusos, aunque ele diferente extracción social y declicándo:;e uno ah plata y el otro al cs(ario. JI1nto con Arce, Gregorio Pacheco y la familia Ararnayo fueron los fülercs Ud crecimiento mmero iniciado en la década de 1860. Lc,s mineros alcanzaron un importante poder social y político y se constituyeron en un:i de las mús sólidas oligarqnías del país y pronto exigieron un gobierno civil es1abk 1 más adecuado para la rnarchll de sus 11cgoc1os. y ferrocarriles para exportar sus productos. En la década de 1870 co, menzó a llcgm capital ext1·;:mjero. El paso ele la plata al estaño provocó carnbros e11 la étite mmera, el ascenso de nn nrn::vo grupo empresarial y nna invasión de cornpa11ías extranJcras. El control del sector recayó eu manos bo~ livianas, como Pa(iño, Avdino Aramayo o Mauricio !-lochschilJ, un minero extranjero afim;adn c:n el país, qne terminarían creando grupos empresariales sumamente poderosos. La mineríu lrabía alcanzado Ull h11en nivel tecnológico y tras la cnsís ele la plata, se pudieron transferir a! estaño los recursos y la tecnología. En el período conservador, 188'1 .. l 899, se construyó la infraestructura para com11rricar los yacmucntos rnmeros con el mar, gracias a la existencia de transportt:: baralo, y comenzaron las exportaciones¡¡ gran escala en medio de una coyrmtwa favorabk·, beneficiada por el agotamie11to de los yacimientos europeos y las nuevas ci<:mJndas indnsniales para el cstaiio. La Prnnera Guerrn M1mcl1al fue un duro golpe rara los mineros, que vieron como la conlien.da afecU1ba al sistema comercial internacional y al frujo de capitales 4ue garantizaba las mvcrsíones en el sec:tor. ,. Las exportacrones peruanas de guano foc:ron uno de los ejemplos más e,'Zitosos por su riipido crecimiento y por las gananciBs gcncradtis, pero tmnb1én une de los más cuestionados por su apor(e al crecimiento económico y los beneficros generados. Desde la década Je 1840 hasta el inicio de la Guerra del Pacífico, las exportaciones peruanas y la evolución política y económica del país se centiaron e11 un producto mihz<1dopor la agricnlturn europea como frrrili.rnnle natural Su demanda est;iba garantizada porull sector en ráDi<la reuovación y necesitado de aumentar su producción a fin de alimentar a Íos c11antiosos conlingenttos que emigraban a las cíudadcs europeas para incmporarse a la mdustria. Y en esos trños se expo1 taron casi 11 millones de toneladas w11 rrn valor de 100 millones de libras es1e1linas. El gnano era propiedad del Estado en tanto <luefio Jd suelo y el subsuelo, según la legislación indiana, y era el encargado de su explotación. Sin embargo, por las características cid producto y por su localización en islotes deshabitados frente a las costas, Sli explottición apenas requería de infraestructuras, no necesitaba de 11111gún proceso de transformación, pero tampoco facilitaba el crecimiento del mercado interior. El Perú también exportaba, aunque en cantidades menores, cobre, mtratos, materias primas para la industria !exril ( algo1lón y lana) y azúcar. Los ingr<esos aduaneros comenzaron a crecer y en l 847 se consolidó 1.a deuda interna y desde 1848 se comenzó a liquidar la externa, de 4-400,000 h-

bras ester1i1Ias. Los ingresos prover:icntes del guano eran suficiente garantía para que los gobiernos pudieran negociar exitosamente nuevos préstamos ex:tranJeu)s, construir infraestructuras y rearmar sn ejé1c1lo. En 25 años la re-caudación fiscal se qllintnplicó y los mgresos provenientes del guano que en 1846-1847 eran el 5°/o cld total crecieron al 80% entre l869 y 1875, con lo que se pnclo dcsarro!lai Hml burocracia más diciente. El dinero del guairo llegaba a casi todas partes. Ue este modo, Lirna pudo contar con alumbrado a gas en 1850 y se constmyó 11n ferrncarril que la cormrnic:aba con El Callao. El impacto del ltberalismo y ele las tendencias mo<lernizadorn¡; se hicieron sentir en las leyes, especialmente con la sanción del Código Civil, en 1852, que anuló todos los privilegios corporativos. Era un clarn ataque a las comumdades mdígenc1.s, unido a la abolición de! tributo, en ! 854_ Y si hieu el patrimonio de fas comunidades sólo se terminó Je liquidar en el siglo XX, la conversión de los indios en cmdadanos los dejaba iuennes ,mtc el ataque de hacendados y mercaderes. Con los recursos del guano también se abolió la esclavitud, ya que Perú tenía algo más de 25.000 escbvos. Con ese dmero se indemnizó a cada propietarro con 300 pe~os por escluvo y se evi1ó la conflictividad política conocida en otros lugares, como Brasil. Los ganadores de esta meclidn fueron los hacendados de la rnsta norte, que rnvirlieron parte de las indemnizaciones e11 la moclernizacióu de sns haciendns azucareras, orientadas a la exportación y qlle pudieron aumentar sus ventas, que pasaron del 28% del total de ]as exportaciones en 1862 al 32% en 1879. La abo.lición del tribnto indígena y de la esclavitud le valieron el título de Libertador al presidente Ramón Castilla. Algunas casas limeñas convertidas en consignatarias se encargaron de la exportación del guano desde 1860, mientras que su comerciJ!iz;ición seguía en manos de comerciantes europeos. Los consignatarios cumplieron una fonción similar a la de los agiotistas mexicanos y graeic1s a la l:Specu!ac:ión y a la utilización de recursos públicos se enriquecieron rfrpidamente. La debilidad política del Esrndo y la debilidad financiera de la Hacirnda Pública explican estil situación. El ministro de Hacienda Nicolás de Pi6rola eliminó las concesiones a las casas pernanas centrándolas en la conipañía Crancesa ele Augusto Dreyfus, asociada a la Société Générale de l'arís, y liberó al gobierno ele los compromisos con los anteriores co11s1gnawrios. Se contratarou nuevos empréstito~ en Europa, especialmente en Londres, para reforzar d poder de] Estado y construir obras <le infraestructura, corno los ferrncarriles, tarea en la que destacó Henry Meiggs, c¡ne ya lo había hecho en Chile. En 1873, e! gobierno peruauo enfnmtó los efectos de una crisis iuternacional que sacudió a un país en<lendado y clependicntt: Je! sector financiero internacional y que en 1876 entró por scgnnda vez en cesación de pagos. Entonces se comenzó a construir el forrocarri! entre l .irna y Cerro de Paseo, vital para 18 expansión minera v más al sur corncnzaron a explotarse los nitratos. Para consolidar el control de su explotación, el presidente Pardo decretó el monopolio estatal en 1873 y en 1875 expropió los yacimientos. Ante esta silnaciérn, los mineros


br1('.ln1co~ y chil,:rnh, los ¡ninc1palc:s dic-,:ta1kn. tras!11d~1ron s11~ (;mprr:sas al norte de ( 'h ik, tl(:s1k donde comc'.lVaron ;1 :,gí tar conttn e I goh icmo p,:rnano. La disputa purcl s:ilitrc, cine involucró lamhiGn a Chile y Llolivia, prn\'('CÓ la g_u_errn. La _contienda enfrentó a los chilenos, ávidos de contr0lar la produccion de_ salitre, con la ali:mw pcruano-bol1viana En febrero \lu 1879 el ejército chileno tomó el puerto boliviano di.; Antofagasta y en abril corm:n;,ó Ja guerra .. A fin d,; año, ~'.hile invadió !a provincia peruana de Tarnpacá, que se anexana, y tras conquistar el sur d8] país ocupó Lima en enero de 1881

3. la financiación de las exportaciones y el endeudamiento externo En un medio cmaclerizado por la falta de capitales, los invcrsioniMas europeos y norteamericanos pudieron ocupar posiciones destacadas en alg111ws sectores económicos claves, especialmente los vinculado:; al transporte y co, rnercialízación de los productos exportah!es. El capital cxtranjcrn se captaba contratando empréstitos negociados por los gobiernos en los mc:rcJdos europeos de capitales, siendo h_(lndrcs el más importante, seguido por París y Berlín, __pcsdc; fines del siglo x:rx Nueva York m1mentaría su imporlancia. f;1 endeuda:nient? externo fue 1ma vía de financiación más, complementada por inversiones mternas, aunque estas últimas han ms:rccido esca~a atención de los investigadores. Destaca el endernlamiento interno de tos Estados.Junto a las provincias y ayuntamientos, Ylos inversionistas privados cj_ue cañ:"dizabatl sus fondos a actividades productivas. Y sí bien las últimas fueron m"énos 1mporta11tes que las prirnerns, cumplieron un papel eficaz en el crecimiento económico. El destino de los préstamos del exteriores importante y se relaciom , directarnen1'c con !as decisiones políticas de los gobemanli.:s locales. M (e11trns alg11nos países los destinaban a financiar fr1 construcción de infraestructuras, como ferrocarriles, puertos o caminos, otros los dedicahau a refrnanciar las deudas anteriores. En e! primer caso está la Argentina de la década de [880; en el segnndo hay varios ejemplos significativos. Brasil contrató en J889 un empréstito de 20 millones de libras esierl inas que sólo sirvió para convertir los bu nos de las emisiones de 1865, J 87 L 1875 y 1885. Lo mism(> ocurrió con e] empréstito de 1Omillones de librns contratado ese mismo año por México. La crisis financiera tic 1873 prnvocó !a suspensión de pagos de muchos países y la caída en picado de la cotización de los bonos de los países deudo-• res. Por eso, los banquerns brilánicos se negaron a negociar nuevos empréstitos, de modo que en P8rú y Amérirn Central, la crisis condujo a la n:cesión y trns la wspensió11 de pagos, aumentaron !as dificultades para conseguir dinero fresco en los mc:rca<los internacionales. Otros países, pese a las dificulta(kS, no entraron en bancanota y pudieron recuperarse más rápidamcnk. D8 todas formas, la negociación con !os bancos extranjeros y los tenedores de lus bonos füe lenta Y complicada, y los países más ricos y más grandes, como Ar><i'<,' ,' _¡

gentiiw, Brasil o t\--10x1co. podi:m negociar desde; una postnrn mfo vc11t:i,jos;1, A fines de Li décad~1 ~1gu1cntc, y cspecialmcntc en iJ dé:cada de l S7(L las t:\pmlacion~,s 1<:cornen1.c1rou ~11 camino asccrnknte y las economía~ volvieron a crecer, E! ortim1smo hizo abandona1· !a cautc-la de los años anteriores frcmc al endeudamiento externo y se volviernn a contratar empréstitos en los mercados internacionales. L1 negociación fue selectiva y dos países, Argentina y Llrugmiy, consiguieron el 60'% de los empréstitos negociados. La perm1;,1vidad argentina al contratar créditos se dejaría sentir en los efectos que la crisis de 1890 tuvo sobre su economía, y no sólo en el sistenm monetario y financiero. También hay que considerar la recesión, los apuros de las haciendas públicas en sus distintos mveles y el a11rnento en el número de quiebras. Un::i. de las consecuencias que ln larga renegociación de la deuda tuvo para la política argentina fue que el gobierno central amrnió las deudas de las pro,·incias y ayuntamientos. De este: modo, al concentrar el gobirn10 central el poder fina11eiero dio nn fuerte golpe a las tendencias federalistas imperantes 8n d país.

4. La sodedad 4.1. El comienzo de las migraciones internacionales En la primera mitfül de! siglo X!X la población latinoamericana pasó por una fase de estancamiento, aunque en la segunda mitad se prodnjoun crecimiento sostenido, qt1e contras1a con las bajas tasas de crecimiento de los primeros cin~ c1;;:nta años del siglo. La tendencia alcista continuó a un ritmo algo menor, como se observa en el Cuadro 17,3, en las primeras décadas del siglo xx. EnttY: 1850 y J 900 la población latinoamencana se duplicó, pasando de 30 rnillone~ y medio a 62 millones y rle 1900 a ! 930 el crecimiento fue del 68% y se s11pewron los 104 millones. Este crcc¡miento sevincu!a rr la inmigración gener:Hla por el m tmento en la demanda de mano de obra provocada por la apertura económica y la exportación de productos agrícolas, ya que las exportaciones mineras no requerían demasiados trabajadores. La inmigración afectó a los países de la vertiente atlántica, como Argentina, Brasil, Cuba y Uruguay, o Chile en e! Pacífico, que recibieron un mayor caudal de inmigrantes. Algunos curnpcos se trasladaron a Aménca después de la 1r1dependencia pero en canti<lc1.des poco slg11ificatívas, como las enlomas de alemanes o suizos en el srn dd Brasil y en el surde Chile, o en Venezuela y Perú, y las de galeses en la Patagonia argentina. La inmigración masiva de europeos comenzó en las (kcadas de J870 y 1880. Los inmigrantes fueron atraídos por la posibilidad de encontrar trabajo y por mej1)res condiciones económicas que en sus lugares de origen, comenzando por un nivel salarial más elevado que el prorn,:<lio europeo. Algunos países competían con Estados Unidos, que tenían una larga cxpencncia en política inmigrnloria. La zona templada de América


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deJ Sur- experimentó unniaynr crec,·m, t:•01 o. comenzandC< nor ~ ,· guay füe otrn caso notable va (Jlle [, , , ; , ,, . , t _ nrgc:n,mn_ l.)n:~ , ,, en -lScgL,nuam1tm.ldelsi<>I . . ¡· c_o por siete s11s habitantes. Brnsi! se convi;rió en el , - . ·_ º o XIX mu 1t1p ,1nca Latina y desplazó a íVféxico. pais ma:; poblad11 de AmeLa inmigración neta a Argentiu3 fue de casi 4 wil - , . llonesenBrasily60(JOOOeo('¡;h ¡, 'hme~deemopeos,2mi. · · ª Y lfll 00lny f·n Ch¡• · gractón cercana a 7()0 00(l ,.. . , · ' · ·' ,, l e se C8t1ma una imni' -· · pc,sonas A Venezuela ll·-· ](IO entré' l 905 y J930 pé:rc»o·,¡0 0 l Oª~ . , vgaron .000 euroneos , · n 1opermanecnal!' L · · •' xico füe de algo menos d, 3 , OO(l ~ l. a 11Jm1grac16n a ,r,,,fo.. .. ' '· --,_ personas entre 1904 1924 tabthdad causada por !a Revol •, _ . · Y , aunque la mes.. ucwn mo::x1.:am1 no favorec·10· ¡, · ., Las cifras anterior¡c,~ hacen reforenc· l . , .. a mm1grac1ot1. de europeos llegados poceq,,,11 ª,:1un1grnc10n ~eta, ya que e! nún1ero "osdnos uemuysup· d quedaban. AJounos retom.-.b·•n. J ' enor, pero no to os se . "' · · "" <1sus 1iaaresdeonge . t . 0 .. btar de pais. A Ar<>entina lJc><,o _0 "' . n Y o ros ec1dian cam0 . ,01nm11nerosot,;trabaJad· ., 1, londnm1s, debido a ¡0 ~ elevados -a!· . ores es ac1ona1es, o go' · ~ dnos que se pagaban en Argentina, los ba-

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jos p1ecios Je! transporle marílimo y a qu<' el período de menor aetivHbd en el ca!enda,io agrícola del Medite1dmeo coinC\día con el de mayor actividad en Argentina y facilitnba los desplazamie11los. Lo:,; t1abajadores viajaban por una cnmpaña agrícola, o pür dos o tres años, y al ¡·inaluar su estancia volvfon con alg11nos ahorros. De esie modo, más de an emigrante pudo comprar tierras en sns regiones de ongcn. En Argentina .sólo permaneció d 34% de los inmigran les c1.rribados errtre 1881 y 1930 En Brasil la cifra foc algo sure•• rior, d 46% J,.; los !legados entre 1892 y ! 9'.sO. La mayoría de los inmigrantes llegó del sur y dd esle de Europa, vamrnclo su proporción en función dd país receptor. Los ítafo.11os fueron d grupo más irnpúl !ante entre los imrngrantes llegado~ él Brasil y Argentina. De los 4 millones de extranjeros arribados al Brasil entre: 1881 y 1930, los i.la!ianus fuernn el 36%, desplaza11do a los portug11eses, cuya import,mcia había sido mayor en Jas décadas posteriores a la imlepen<lencia. Por de1r:is venían los españoks. En Jos ¡iaíses noplatensc.s, la inmigración ilaliana también Fue mayoritaria, seguida por !a española. Otras minorías llegaron e11 proporciones varinb!es: japoneses al Brastl, rusos (inmigrantes de Europa ele! Esie) y lurcos (sirios, libaneses y armenios) a A1geuünn En Cuba, la presencia española fue mayoritaria. Los inmigrantes no se repanian en las rrnsnws proporciones enlre hombres y mujeres y el arquetipo ck inm1grmtle era un hombre adulto y soltero.

4.2. los grupos urbae1os El dec.an ollo exporlador y el crecimiento demográfico revalorizaron el papel de las ciudades. El crecimiento urba110 füe muy rápido en Argentina, Chik, Cuba y Venezuela. En Argenlina, la población en ciudades de más <le 10.000 bctbitantes pasó del 17 ,3% en 1896 al 38,l % en 1914, en Chile entre las mis, mas fochas se pasó del 15,2 al 38% y en Venezuda de! 16,8 al 36,7%. Sin embargo, había países do11de seguía predonnnamlo la población rural, corno Brasil, Colombia, México y Pení. l~l crecimiento nfoctó a las ci111..lades más importantes de cada pab, que solífm sernna o dos. En alguno8 casos la ciudad más 1mp01 tanle, que solía coincidir co11 la capital, !legó a tener la tercc1a parte o inclusive la mitad de hi población nacional, siendo el de Montevideo el caso más espectacular. Entre 1895 y 1~10 la ciudad de México rriplícó su pubiación y alcanzó el millón de habitantes, incluyendo los suburbios. Enlre 1898 y 1918 Buenos Aires también n1ultiplicó por tn::~· su población y llegó a 1.600.000 habiümtes. Bogotá, La Habana, Lima, Montevideo y Santiago de Chile fueron ulras cmdadcs con un c1ecimienl'o considerable. El crecimiento económico y urbano permitió el desarrollo de sectore:-.. medios, mayoritariamcnle ilwmados, que reclamaban rnayorpnrlicipación en la vida política local y nacional. Las primeras, y rn~s importante~, tr:.msfonnacioues afoclamn a la política nacional, ya que el crecimicn!o de la población urbana tuvo efectos mínimos en la csfora local. Los gobiernos municipales soH:-111 ser débiles y sn


J:-ill:1 de 1·cc111sos; !m h110 dcpcncli,:ntc:; del pode'!' ec'ntral, ;1u1h¡nc

ii_¡c

en esas

déracfo.s Cllall(l<1 comcnLÓ J dcs;n rollarse la aul(>nomia 1mrn ic1¡x1l. Por eso. cn\n; b.~ re1vi11dicacioncs de algunos grupos que !\:presentaban a los s<cct~rcs rns:::dios urlxrno, estcd1a b recaudación de alg1rnos irnp1rcstos por los ayuntamientos o que b población u1hana ellgiern a los j11e.ces de paz y los conse¡os cscobres. !,,a info1enci:i norte2m1ei'Ícana fue 11wy importante y muchos vi¿¡e" ros latinoa111cric;inos qL1tcdaban fascrnados por d desarrol!o de la vida lo~al en Estados Unidos, especialmente el gobierno de pneblos y ciudades.

5. Politica, elecciones y dudadanfa fksde su rntcimien1o como repúblicas, !os países latinoamericanos tHvieron en las elecciones el principal mecanismo de selección de sus mlion'dadcs eje-cu ti vas (presidmtes y, en dderminados casos, gobermdores y alcaldes), de sus parlflrnentarios ( nacionales y prnvi11cia les) y de sus rcpresemantcs rn1 mictpal es. EA!o no irnphc;J la existencia de regímenes plcm1mente democráticos o la inenstencia <le asorwdas, pronHnciamientos, revol11cioncs o golpes de Estado o la acción dl: importantes grnpos de presión. Las oligarquías solían tener llll peso determinante en la vida política, p,·:w Sll actividad se desanollab.i e11 unos cauces determinados y de acuerdo con reglas de juego más o menos codificadas y companidas por los actores políticos y sociales. F.n este sernido, los sistc'mas roliticos latinoamericanos no tenían grandes diferencias c011 los de Europa o Estados U11idos. Con mayores o me110res itnpei fccciones se trataba de co11struir sistemas representativos en donde, obviamente, la participación política no 3c limitaba a las elecciones. Las asociaciones se desarrollahan y en ellas participaban incluso aquellos que legalmente nn podían votnr, como las m11jere~, los jóvenes o los inmigrn.ntc,s. Las elecciones, celebradas regu!armente, no sólo servían para renovar a las autoridades y poner un limite kmporal a los mandatos de los cargos electos, sino también rara dot11r de legitimidad a los mismos. Bajo el inílujo de la convocatoria a Cortes de 1809 y del p1oceso emancipador, las elecciones abrieron nnevos cauces para ]a participación política de los ciudadanos desde !as primeras década5 del siglo x1x. Si bie11 el paso de una sociedad de s{ibd/tos 11 otrn de ciudad~nos no se produjo del día a la n()che y fue parte de un largo proceso, muchas veces co11t1 adictorio y plagado de avances y retrocesos, éste fue dando lugar a la mejorn de !os mecanismos representativos y a la constrncción de estructuras políticas homologab!es a las existentes en Europa nccidmtal y Estados Unidos, por aquel entonces los únicos lugares del mnndo con sisteinas políticos comparnblcs a los latinoamericanos. Los ava11ces recientes en la historia política permiten dejar 0trás una serie de tópicos sobre los procesos y las prácticas electorales, centrados en !a creencia de q11e las elecciones latir10;:nnericam1s del siglo x1x eran una mera farsa y a lo s11mo mm fenómciw cmioso:>> que sólo servía parn reforzar a los

• ,¡·, ,,,,. ,,, .. , 1 ·, idcJ durn 1nank era n1ic la~ ekcc1onc:; est;1]ia11 ' . .,· 1-e0.1menes 1., ¡.,, , 1- '-- 0 ,,. "" co~trolada~ pm los ¡;ohicrnos y por l,is maqrn nanas, el•xlo1¡¡ks <l~ lo~ p¡¡¡ ,¡ .. dos político~ ofici:ilistc1~. o ~ilrnlCHlli.1slas, que Impedia la ali er:·1,incw en el p,i: dery la i·epreseutición (k las minorws ,;_:n los parlan1cntos. D1e este uwdo, los caudillos y el cliente] ismo j1 1gaban 1111 pJpel clave tn csk s1:~ema, lo ('.Ut con~ vertía z¡ los comicios en cualq111e1· cosa menos en la expres1on de la voluntad popular, ya que, pmll colmo ik males, las ~lecci:rnc:s cstabau,mar~~das por el fraude y la violencin pcrmanenle, lo que d1stors1011aba todavia mas p1eten .. dida pureza de sns resultados. Sin em,ba'.11.0, hoy sabemos q~e_en, pa~ses c~m~ Colombia O An•entinB. se votaba practlcarnentc todos los anos Y en c1-,rtas oportnni<lades ;;;:'ts ele nna ve,: al año, ya q~ie no solüm comc1d1r. e:·1 nna 1111,~" majornada las elecciones nacion~!es, prov1nc1Hles y !~cales. Prn tan~o Y ~a~ all:'t de los tópicos ul 1.1so, deberi,unos pregnntarnos cual era el empcno de las chses gohernanles de 1mmtcncr la institución el~ctoral, ~¡11e aparent~me: 1;e · ¡ tenía un carácter teatral o mera 1nente ilecorat1vo, y c1ial era la 1not_ivac1on soo . ¡-,·,n de los sectores popula1·cs yde los m{1s v3riados y diversos ~rupo~ socia ec; '-' , acudir rer-nlarmen1t: a las urm1.s y conv;i l idar con sH prescnc1: nnos res11l1ados qHe a pri~ri iban en contra de sns propios mtercscs. Aqm encontranl()_S la cuc;stión de Ja soberanía pop1il_ar y de ln legi.timida<l deongen de las mitondades fundamental par:llos gob1unos re¡:rnhl1canos. , 'otro tópico similar e:ra el de la nwrginación de los se~tores rop1dare$ de los procesos electorales, controlado& y al &ervício de las 0!1gmqm~s_don:i~mmtes. Investigaciones recientes han comenzado a _::n:anzar _en larart1c1pac10,n los católicos y de la Iglesia católica en los com1c_10s, mas a,lla de s_u cnfren,.~rn ienlo con los liberalismos dominantes. Hdda Sabalo y El1as Pnlti demostr,aron como en Buenos Aires, en las décadas centrales del siglo XlX, voraban hásicamente los sectores popula1es, ya que los rntegrnntes de las dases acom¡Jdadas preferían mantenerse al .margen del comicio por el temor, d~ V~~:~ involucrndos en ] techos de violcnc1a asociados a! crnitrol de las escasas mesas electorales, generalmente en los atnos de las iglesias y sus zonas circundan; tes. Sólo en el caso de tma gnm ü1ce1·tidnmbre ante el res\llt::i.do electo?! esto: sectores se movilizaban. SÍll e1 nhargo, dada la trascendencia que terna la mscripción en el padrón electornl dentro del füncionamie_nto del Sistema; la pregunta de quién se inscribía pm:de ten~r mi 111a~~1- mteres que l? de qwe11 vot:1 ba Hay que tener presente que hi 111scnpcwn en el pc1dr~n, rol.° ce?~º electoral crn el requisito previo al ejercicio del voto y que solo Jos lllscntos podían ejercer sus derechos cívicos. Para cl caso boli_v1ano, lV'.artJ lr~ro~q111 ha insistido en el hecho de que Hna de las formas de fraude mas cmmm en el país ,mdino era la falsificación de la docmncllt~ción de; los.~l-~c.t.o_re><lernodo que numerosos analfabetos, generalmente md1gcnas, pwli<c:1:1'., ~ot.m. , , La idea antenor se fundamenta en b c1Tcnc1a de la cx1sten~1a (k,1 ,oto censitario O de ]a exclusión de los ;malfabctos en c:1s1 todos lo~ pwses. E,n eS te punto, la casuística es nwy variada, dt:pendi endo las !in: itac.\Orn:s al v:o.to, d~ países y fechas, y complicándose el as1rnto por las multiplcs 1eforrnas rn,ro

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ducidas en esos años cu casi todas Lis naciones. Parn la pnmer<.l rnit:td del siglo XIX David Buslmcll muestra algunas 1e.:itncciones al voro en Colombrn y 8ue11os Aires En la Argentina, por e_1emplo, tal como recoge la Constitución Nacional de !853~ 1860, inspirada en la Consti!ución de )a provincia de Buenos Aires de 1821, rw existió ningún criterio restrictivo para ejercer el derecho a! voto. Por eso, en contra de lv q1ie genernlrncnte se asume, el conjunto de reformas conocidas como Ley Sáe1v: Pella y aprobadas en 1911 y 1912 por el Coug1cso nacional, no nllrndL0eron el sufragio nniversal en la Arg,;ntina. sino el vot(I secrelo y obligatorio. En Colombia, el snfo1gio universal mnscu'. liuo también se onginó en 1853; en J'v[éxíco y Venezuela e11 1857, mientras que en Chile hllbo que esperar G ia reforma constitucional de 1970 para que los mialfabe\os pudierctn votar Mudios países latmomne1icanos tuvicrnn sufragio univeisal rnnsculmo antes de que se difüudiera e1i Europa. La participación electoral vmwba de país a país e rndnso de elección a elección y es posü)lc c1ico11trar picos de ulta participación en las elecciones mlis compdi<las. Uuo de los esfuen:o~ de los líderes pm1idanos era movilizar al electorado para llevarlo a votar. Se partía <le la premisa de que a mús participación, mayor legi(imidad de la elección y de los electos. Eslo no tmplicaba que no se falsificaran padrones y no se sustituyeran personas en el moineato Je la vot:ición, pe10 todo se hacía para apaientar un gran part1ctpacíón ciudadana. A rnediaJo, del siglo x ix, ColClmbia ern de lns países sndmm:ricunns cnn rmiyor nivel d1.: ¡nrtí,:iptte1ón electorn!, pese a JJ.s trnbs gcogrf..ficas El aumento e11 la participación do(ó de mayor cslabílidad a los proc~sos electorales, al ser más difícil y complicfüb b manipulación de los resultados v la rnuvilización cllcntdar de los votantes. Con más dcctores algunns prúct:cas habi(uales, como la comp1::i del volo, c;c convertian en operncioues difíciJes ,le financiar. El contrnl sistemático del ekctorado requería ingentes recursos económicos, que solían salir Je los fondos públicos. En Perú, con anterion-dad a la reforma electoral de l 896 ni se podíaregistiar en lo;; padrones electoraks a toda su población, ui se controlaba la totalidad del !cniiorio. La participación electoral estaba en cic¡-ta medida condicionada por la violencia y por cierta predictibilidad en el desenlace del comicio, especialmente en los distritos campesiuos o menos poblados, ya que de acuerdo al númeio y a la condición <le las ¡.iersoiws mscritas en el padrón, los caudillos, especialmente los de !as zonas rurnles, podían c:specular, con escaso margen de error, sobre el resultado electoral. Si bic1i la violencia estaba presente en las elecciones y en las campañas, sus consecuencias han sido sobredimensionadas. Por lo general se alude a los comicios con muertos y heridos, convertidos en la norma, y no a los muy abundantes que tcnrnnaban e1i paz y piáctieamente sin incidentes. La violencia electoral estaba vinculada al deseo de los partidos partic1¡xmtes en la contienda de hacerse con el control de las mesas, la mejor numera de controlar a quie1i votaba y, evenhialmente, icgular el flujo de votantes, to que en I'erú se denommaba «el encierro y la loma Je mesas)>. Para dio había que copar los

sitios donde éstas estaban é:lllplazada:,, generaimenle los ntnos de las ígks(as, y defenderlos a golpes o a ba!ams st era necesario. FI concepto de «gohicrnos electores>; ha tc:11ido un ciei to impacto entte los h ístoriadmcs, y ha llcvadLl a frarn;:ois-Xavier Guerrn a hablar de ficciones dcmuuilticas en umchus países en el último lercw del siglo xrx_ Las elecciones argentinas bajo l:i. hegemonía del PAN (Partido Autonomista Nacmnal) o el caso del México de Porfirio Díaz pneden ser daros e¡crnplos de, la rnterveución gubernamental en d resultado de los comicios. Dmantc el porfiriato, el contr¿'i gubernamental cm prácticame11te total y ia cornpele1icia electoral füe reemplaz::i.da por la anammiJad política, un extremo al <1uc en esta época 110 se llegaba en prácticamente ningún otro país de la región, donde si se desarrollaban ciertas formas de competencia electoral. El caso contrario Jo cncontiamos <:n Chik, donde el poder presidencial nnnca fue ilimitado y desde me-• diados del siglo x1x <:siaba restringido, La corruJ1ción y d fiaude electo1al eran fenómeuos universales donde se votaba Por e.so, hay q1ie preguntm~c cnim geueraks ercm y cuánto de espccífieam,:;utc lBliimrnnericano 1ellÍc.tH. Al cnjrnciar d foucionmrnento de los sis~ lemas elcctoiales hay que tener presentes estas ci reimstancias para no caer en el anacronismo y la descalificación. El carácter umversal del fraude y de la c:orrnpción (+:dnrnl nn implica negar su cxiskucia, ni gue tuvieran ritmos e intensidadc~ distintas según los di:-;unlos países impfü:ados. Cuando los conkrnpo1ilncus ,,,,, rdt:'.;í,,11 ,¡] /¡au<l(; ü a la c01Tupción ckcto1al solían ciludir a un conjunto de prilctica;, teórie1me11te dirigidas a distorsionm el valor y el sigrnfi cado del ,;ufragio, med mntc la falsificaci(rn dd escrutinio, la intimidación de !os votanl<:s, !a snp!amacíón de Ju personalidad de numerosos cindadanos o el cohecho. Por eso hay que diforenciar estas prácticas de la influencrn electoial que los jefes políticos, !os caeiqnes, los caudillos o los terrntementes ejercían según rclac10nes de deferencia_ patronazgo o cliente1isnw. En las últimas décadas del siglo x1x el fraude era un componente esiructurnl del sistema electoral, a tal punto que valdría la pena preguntarse sí afectaba a la compek'llCia o sí servía para ganar elecciones o era, por el contrario, u11a henarrnenta para favorecer la movilización y la participación popular cu los comicios_ Todos los actores políticos incurrían en mecanismos fraudukntc,~ cou la misma rntensidad y de, forma generalizada. La diferencia estaba <en el momento eu que se denunciaba el fraude, ya que sólo los perdedores se quejaban, mieulrns los ganadoics no cuestionaban la limpieza elector'.l!. Era rn1 mecanismo corne11te c'.11 Colombia, Argentina, y otras partes del continenk: De todas formas, l¡¡s ds:11miclw, acerca del fraude respondían a una especie de ritual cuyo objctivo era justificar posteriores alzamientos revul ucionarios en cunlrn de las autorid:idcs clec!as. Hasra la apnncióll de los Regi;,tros Civiles y la confección de padrones permanentes de población, a efoc(o>, dd servicio militar obligatorio o con otros fines, el momento daveen que se producía el fraude eia el de la inscrip" ción en los iegistros electorales y no el del escrutinio. Por lo genera! eran las


dUlom!d(k,, locales las responsables de confccc10n;lr de form;i pcríúdicD ¡ ~ 0 JMdronc~ clcct(lrJ!cs, 1111,1 bl)o¡ que solía recaer c:n los moyorcs co11/ribuventcs de los uyunt8nurntos o m11nicip1os. La fotografía wpusü un n:vuL:ivo )_ unto con_los_ pc1<lro1.tes pcrnrnncntcs y centrn!i;;-:ados, l:tl la ]11clrn contra e] ln¡ude, al Jumtar !a d1scrccionalidad de las autmidades parn id<:ntificar O negarse a hacerlo, a las personas. ' La denuncia sistemática dd fraude pennít[a transmitir un barni.., d, rbTd .,, "'crel l l 1. ad qm; pcrm_itía 2l sos autores aparecer :c:i los o_¡os del público como defensores de la limpieza electoral, aunq11e un p:1pcl de este tipo estab/l limitado a aquellos q1ie_de _forma casi constrnte estilbm1 en la oposición, como )a Liga ('.el Sm de Sanw Fe, AJgentma, nl ser un¡¡ actitud no compatible con el oficia. !1sm_o: Otra conducta propi:i de la oposicióii, aunque no ejercld,t de forma siste~ntica, era .la abstención, que podía convertirse en mi arma de chantaje pülíllco a los goh1ernos, co~o demostraron los radicales de Hipó lito Yrigoyen, un verdadern maestro al utilizar la ubs1ención en la lucha política. Por lo <>eneral !~ oposición se abstenía cimndo tenía un alto grado de certidurnhre ;obre ucrrnta, más pro,b<lblc en las décadas inicialc.s de este período que en las finales, cmmdo habia anmentado la participación y cxislí,1u censos electornles permanentes, que ill)p)icabun un menor control del e!ectorndo por los urndi11 os y Ios aparatos partidDrios.

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6. liberales y conservadores Desde mediados de siglo, los liberales comenzaron a contar con el respaldo d,e los art;s?nos urb~nos, de gian importancia en Colombia y algo menor en C~ile, Mex1co y Pern. La protesta <le los lihernles venemlanos, difundida en Caracas por Jos periodistas Tomás Lander y Antonio Lcocadio Guzmán, an1.igu? colaborado1 de Páez, se h1m más intensa eu 1846 y, a diferenci.:i de otros pc11scs, se extendió a la cam¡,afü1 ante las dificultades de los campesinos ,- 0 ¡_ peados por los precios del caíC yim crédito más cam En este contexto, el Jcstmo de l;1s mgreso:-; fiscales se convirtió en un tema polémico ya q11e se dedicaba;1 bas.1c~ment~ al pago de la deuda externa, mientras la oposición liberal quena mas inverniones en obras pllbhcas. La conílictividad aumentó y en l ~48 e/ gener~! José ládeo Monagas, presidente desde 1847 con el apoyo de Pae~, _se vol vio contra su protector para acabar con la república conservadora e 1111c1.,~rel período de la oliganp1ia libera!. En 1858, ante el aumento de ]a con upe1?n, el desorden y la conflictividad de la época de los Monagas, !a alianza de hbe~ales y conservadores desplazó al clan gobernante y pmo eJ fin a la ((oligan¡urn bberahJ Se volvió a p!mitear la carrera pol' el poder entre azules (consewadores) y amarillos (liberales), que azuzó 1m.i nueva <ruerra civil ]a Gi1crrn Federal, entr_e 1859 y ! 863. En 1861 Páez retornó a vida política encabezilr la res1ste_nc1a awl, pero pese a su gobierno dic1atori<ll no pudo imponer sus puntos de vista. La falta de acuerdo entre las facciones ol ígiirqui-

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cas pi opinó la n:\'olución amarilla, l!dcrn<la poi Gur.mfm Hfonco, que supo cana l1¡:¡1r el descomen to pop abr. El n::g1mci1 liberal prrnn11lgó en 1864 una nueva Constitución, democrát irn y federalista, q11e instauraba cl sufragio tm1vc:rsal rnascu!ino. Se emprendieron numcrnsas ncfonnDs, como la rnodermzación de los ff,:JllSfXlrtCS, la rnd1fícilción y 1cforrna del duccho pnvt1do, la introducción del matnmonio y los cem,::ntcrios civiles, fa suprnsión de las ór~ dencs religiosas y la potenciación de !a enseñanzil primaria. La batalla de Caseros, en I 852, supuso el fi11 de la dictadura de Juan Manuel de Rosas y del orden conservador en la provwciil Oc Bnenos Aires. A pmtir de ese momento fue posible la puesta en marcha del proyecto de conslrucción de la Argentina, plasmado en la Cm1stitución de 1853 y en el pi-edominio de Buenos Aires sobre el interior. La Con.sti1tición, chtramente influida por el pensamiento de Juan Bautista Alberdi, adoptó un sistema federal mmque con un fuerte presidencialismo. La mfluencia libera!, ejemplificada en la figura de los presidentes Bmto!omé Mitre ( 1862-1868) y Domingo hrnstino Sarwie1itü (J 868-1874), sirvió para sentar bis b.:iscs del l1UCVü país. rnya cons1rucción seria rematada por la llamada «generación del 80», representada por el general Julio A. Roca, presldcnte entre 1880 y 1886 y entre I 898 y l 904 y por el Partido Amonon1ista Nacional (PAN). Ei1 realidad el PAN funcionaba como un partido <\CllSi)) único que englobaba a libernks y conscrvadorúS, aunque llevó a ,;;abo un programa reformista que garantizó el progreso argentino. Desde mediados de siglo los conservadores adq11irieron más cohcrencta doctrinana. La evoluctón del me.J1)c1mo Alamán, qne influido por Edrnund Burkc desarrolló en los ailOs cuarenta un discurso más elaborado y ccnirado en la autorid.:id y la defensa de: la tradición. A esto se sumó la defensa de la Iglesia, G.! considerar que la sohcranÍ<l provenía de la razón divim, apoyados en el tradicionalismo y el escolasticismo español, corno ocurrió con el cura peruano Bartolomé f-kns;ra. El giro radical de !as revoluciones europeas de 1848 llevó a muchos liberales moderados a evolucionar hacia el conservadurismo, en reacción a los planteamientos radicales qne se habían esgrimido y t1i1te el tcmm que e~as ideas se trasplantaran a América. Dada la 1'cnue Iínerr que separaba las posiciones políticas de las diferentes facciones de las élites, encontrnmos que el mayor punto de discrepancia estaba en las posturas frente a la lglesia católica. Este punto es más trnsccndente si tenemos en cueiita que desde mediados de siglo la cuestión religiosa se había convertido en w1 seno problema político en México, Colombia, Chile o Perú, ya que los grupos más libcrnles abogaban por la separación entre la Iglcsía y el Estado, mientras que lo::; conservadores creían que la lglesia era clave en la defensa del orden social. Probablemente haya sido el ecuatoriano Gabriel García Mmeno el líd(éJ conservador que desarrolló una labor de gobierno más mtli1ante en defensa Jd catolicisrno. Ciarcfr1 Moreno gobernó su pais autoritariamente entre I 860 y 1875 y lo consagró al SagradoCornzón. También permitió el retorno de los


jes1iitas y en 1863 firmó nn conc,)rdato con el Val icano, muy favnTDble para la lglcsii\. J'cse a su posicion:imiento religiosu, pacificó el pais, impulsó Ja edncación primaria y en 1861 introd1110 el sufhtgio umversa!, lo qne lo enemistó con clclcrn pese a sus posturas ideológicas En 1865 finalizó su man, dato., pero ante [a ineficiencia de sus sucesores volvió al gobierno en J869 y se hizo proc!mnar Jefe Supremo. Sus continuas arbitrariedades incrementaron la protcsia pop1ilar y en 1875 fue asesinado. El conservador Ospina fue elegido presidente de Colombia en 1857. Creía qne la religión era una füerza <le movilización poi ítica, razón por la c11al una de sus prnnerns medidas de gobierno fue permitir el retorno de los jesuitas. Si bien los comer-vadores ya habia11 autonzado el regreso en 1844, cu 18 :iO fueron expulsado.'> nuevamente por !os liberales. Éstos esraban convci1cirlos que los conservadores no respetaban el federalismo y la discusión desembocó en una guerra civil. Los liberales se impusieron y en 1861 hicieron presidente a Tomás Cip1iano Mosqnera, un antiguo líde1 conservador convertido en liberal. Unci de sus pnrncras medidas fue expulsm unn vez más a los jesu:tas, aunque esta vez fuenm acompaíiados por las restantes órdenes religios11s. Tambi<':n se ,;uprinrn:ion los coiiventos y monasterios y se desamor1izaron todas sus prop1c:dacks.

ó.:l.. La «Reforma)) mexicana

En México, la piigna entre liberales y conservadores tuvo un perfil local muy marcad0 lras el componente monárquico c¡uc había C<Lrnc!ecnzado a los conservadores. La arena política había sido ocupada por Jos escoceses, conservadores apoyados por la filia! de logia masómca escocesa establecida en México, y los yorkmos, liberales y fedcrnlistas respaldados por la filial de la logia de Nueva York. Los escoceses, que lenían algunas alianzas entre los británicos, pensaban en la rápida reconstrucción del país gracias a la recuperación mm era, la expansión agrlCo!a a partir de ciertos product0s exportables y el saneamiento del Tesoro, tarea cu la que el Reino Unido dehia :;er capital. Un desprendimiento católico de !os escoceses refoiz6 el conservadurismo, que tuvo en Lucas Al amán a uno de sus líderes más cualificados. Alarnán se dotó de un perfil beligerante contra las medidas liberales, ta tolerancia rdigiosa y la dcsamortizacióu que amenazaba los bienes de la Iglesia. El intento conservador de imponer al presidente, enreernp!nzo de Guadalupe Victoria, fracasó y el !ibera! Vicente Gnerrero füe elegido prnsiden!e con el respaldo de Santa Anna. El intento español de reconquistar México fue rechazado por Santa Anna, lo qne llevó al vicepresidente Anastasío Bnstarnante, con el respaldo del e_1ército y de lus conservadores de Alarnán, a depontor a! presidente Guerrero, que foe ejecutado. Buslamante no pudo mantenerse en el poder porque dada su debilidad política se ctcercó a la lglesia. A prmcipios de 1832, Santa Anna, cuya imagen pública se había reforzado tras la derrota de los cspafio~ les, encabezó im pronunoamicnto contra Bustamante y en marzo de 1833 fue

elegido pffsidenk. Su idcntificncióii con Guerreio le vdió el respaldo de los Jib;rnles, especia!mc~nte el de su lidcr Jos~ María luis Morn. El vicepresidente Vale1itín Gómez Farías, gobernó re~paldado en un congreso liberal que :nia nzó sobre los privi!cgios eclesiásticos y castrenses. Al poco tiempo Santa Anna expulsó a !os Jiberaks del gobierno y se convrrtió en el gnm defensor del mden conservador. Comenzó así un período <le alternancia entre 1iberales y conservadmes, con las frecnentes reapancioncs de Santa Arma, qne culminó en ] 855, cuando mm revolución líbscral cenó el ..:icloy envió a Santa Anna al exilio, donde permaneció hasta l874. Las revoluciones enropeas de 1848 rarnbién tuvieron sus efectos de moderación en México, Un grnpo de políticos encabezado por Lnis Gonzaga Cuevas y Bemardo Couto se volcó a tos conservadores mitt: los ataques a la propiedad en Europa y la virulencia qne estaba adqmri_~ndo en !V1éx.ico el ~nticlericatismo. La muerte de Alamán en 185} favurecio el 1elevo geuerac10nal La Reforma permitió la consolidaclón de im grnpo de jóven<:os liberales, en ascenso desde la década de 1840 y que había roio Ci.'U la generación de !u indepelllkncta. La co11de11u papal a la Constitución libernl de 1857 enconó aún más las post11ras en torno ai problcmJ eclesi:istirn La revolución liberal de 1854 llevó al primer plano a dos líderes provinciales: el e:<- gobernador de Michoacán, Melchor Oearnpo, y d ex gobc:rnador de Oaxaca, T:-l<énito Ju~rez. Las consecuencias de la revohtción fueron el uscenso del genera! Jrnrn .Alva•• rcz a )H preside:r.ci3 y la aplicación dc1 plan de .t\yutla, el conJnn1o de reívmdicaciones liberales y anticlericab; que dio contenido a la llamada Reforma mexicana. La Reforma se estrnctmó sobre dos leyes f\.mdarnentales: la ley Juárez, que abolió el foero edeslástico, y la ley Lerdo, que prohibía la propiedad comunal de la tíefl'a. Esto último afectó !mito a la Iglesia y las órdenes religitisas como a las comunidades indígenas. Así se lkgó a abolir los fueros eclesiásticos, desamortizar las propiedades rle la lglesia y sernlanzar el reg1siro de nacimientos, defunciones y matrirnomos. La consolidación liberal fne complicada y sólo ocntl'ió después de una prolongab guerra civiL Mi<:ntras los conservadores ocupaban la ciudad de México, los liberales controlaron Vemcruz y las piovmcrns del norte, lo que les permitió manejar las rentas aduaneras. En 18_5,7 se pr?darnó l~ nueva Constitución y al ailn signicnk Benito Juárez a~urmo la pre~1dencia. fcn 1861 conquistaron la capital, pao b guerra se prolongó en algunas provi.ncms Y fue en ese contexto cuando !ns 1,ritámcos, franceses y cspañoks ocuparon Veracruz, a principios de J861, con apoyo conservador Mi,:ntras !(:S bntánicos Y españoles se negaron a contimiar la aventura, los franc~ses prostguic:rnu la ,mvasión y en junio de 1863 entraron en la ciudad de tv'Jex¡co rodeados dd ter• vor de los e~iesi:isticos y tos conservadores que quedan acuhar rnn las conquistas de la Reforma. En 1864 Maxirniliano fue coronado emperador, aunque debió hacer frente a resistencia que proseguía en el norte, donde Jrn\.rez tenia el apoyo de la pobl.ición Si bien los franceses se retiraron en 1866, Maximiliano se mantuvo en el poder apoyado pn1 los conservadores, lo que


L iPolftic.a y partidos

1,2. él(pansión del sufragio y reformas electorales

1.1. Revoluciones, guerras civiles y elecdcmes

Tnrnando com() referencia lo:; cstudws de Marsh,ill y Rokbn se estimaba que Arnéricn Latina se bahía prod11cido una evolución gradual y !mea! del dcc-torado, pero en con1.rn. de lo asumido, hoy sabemos que sc1lvo en C'lllle no hubo una evolución gradual, sino frecuentes movimientos de péndulo que cambinban las reglas d~ Juego y ampliaban o contraían el universo electoral. Los dos casos más significativos dG rnducción del número de ciudadanos con derecho a voto fueron Perú y Brasil. A fines del siglo x1x, las respectivas reformas electorales de 1896 y 1881 introdujeron el requisito de saber leer y escrihir para poder volar, de modo q11c de un plumazo se cercenaran los derechos electorales de los indígenas andinos y de los ex esclavos 11egrns. En Guatemala, la Constitución <le 1921 restringió la ciudadanía y el voto J los alfabetos, o a aquellos qne desempeñaran carg()s municipales, urni llledida contra los indígenas. En Costa Rica, la reforma de 1917 estableció que l Oaños más tarde se exigiría a los ciudadanos leer y escribir. Junto a la exclusión de los analfabetos, o los negros o los indios por cuesiiones principistas, doctrinarias o inclusive raciales, hay qtie atender a la correlación entre el votombano y el voto rural y a los enfrentamientos en e! seno de las élites. Colombia, que a medindos del siglo XIX habia adoptado el sufragio universal, incorporó nuevas restricciones en décudas posteriores, Por eso, el estudio de las reformas electorales no debe centrarse en las leyes o los decretos que las hicieron posihlc, sino que deben ser tratadas como un proceso, aunque no en todos los paísN htibo refonnas re~ levantes en este período. En Bolivia, por ejemplo, el reglamento electoral promnlgado en novi,-:mbre de l839cstnvovigentc hasta 1952. Algnnas reformas electorales de fines del siglo x1x y principios del xx tendieron a ampliar el elec:torndo. La reforma chilena de 1874 estableció que todos los varones al íabetos mayores de edad podían votar sin justificar los ingresos necesarios par-a ejercer su derecho al snfragio. En la pní.ctíca, esta medida implicaba la adopción casi plena del sufragio universal e impulsó nna mayor competencia electoral. En América Central, desde la década de 1890, Honduras, Nicaragus y El Salvador tavieron de hecho el sufragio universal masculino. Den1rn del conjunto de reformas el caso argentino es singular, ya que se suele as:..nnir acríticamente que la reforma electoral de 19 l !-1912, co-• noci<la como Ley Sáenz Peña, introdu¡o el snfrngio universal, oblig,l1.orio y setreto. En realidad, desde la década de J 820 en la provmcia de Buenos Aires no había ningún tipo de restricciones al voto, ni por instrucción ni de carácter censitario, y esta normativa fue recogida en la (\institución de 1853-1860. De hecho, la reforma Sáenz Peña se basaba en btiena medida en una anterior de 1902, impulsada por Joaq11ín V González, el mini,;tro del Interior durante la segunda presidencia del general Roca, que mtrodujo bs circnnscripciones mlinornina!es. Así foe como en las elecciones de 1904 se eligió diputado na~ cional al camlidato socialista Alfredo Palacios. Sin embargo, la reforma no cuajó y las ciicunscnpeiones uninornínaks fueron rúpidamente abamlonadas. ell

;\'líentrn::;, Blgnrnis países nwinmban ;;n b consolidación de ;;u.~ sistema.s democráticos y las sucesivas elecciones presidenciales o parlamentaria.s marcaban b vidn política con su c¡¡dencia, como en Argentina o 13rnsil, otros vulneraban lils k,yes o permi<bn la instauración de gobiernos <lictatoriak:s. En algunos de estos últimos, b presión por el restahlccimienl() de las reglas de _1uego era una práciica nmy difundida, como pmeba la consigna <le Porfirio Díaz, «snfragio libre y no rcekcción», mc1irnplida durante bastante tiempo por su autor parn luego reaparecer en la Revolución mexic;i_na. R1iena parte de lus revolnciones, gncrras civiles y otras formas de kvantamicnto, asona-das o prnnunciam1entos de la :;cglll1<la mitad del siglo XIX eran inseparables de los procesos electorales y estaban imp11lsadas por sectores destacados de las élite~ naciorn:iles_o locales. f\ta sitmición C(nnenzó a cambiar en las pri-• merns <lecadas de! siglo xx, cmmdo aparecieron grupos soe;ialcs identificados como peligrosos y se cambió la percepción sobre los m(rvimícntos revolucionarios. Los resultados de la elcGción pn:sidencwl de 1880 en Argentina dieron lugar a 1ma guerra civil_ En Colombia, los conservadores se impusieron en la ~uerrn de los Mil Díw:; ( 1899 .. 190:2), el enfrentamiento rnás crnento del pcnodo. Hasta entonces, los movimientos revolncionarios tenían más de restauración, de vuelta a un pcisado idílico marcado por la plena vlgencin de los valores republiumos, que de un profundo carnhio social o económico, como serian las revoluciones del siglo xx, la maicana o la cubana entre otras. En tanto los )íderes y los !deólog(is revoluciona ríos pertenecían a fas di tes políticas o sociales, !as sociedacks solían vivir estos co11f1 ictos con cierta normalidad, dentro de su <lrarnutísmo. Esto ocurrió, por ejemplo, con la Revohición de 1890 en la Argentina y lnego con las revoluciones radicales de ]893 y l 905. Sin embargo, tras el iníln.10 de la Revolución mexicana y de la Revolución rnsa las cosas ya no fueron iguales y las revoluciones comenzaron a ser violentamente rcpnmidas. La Revolución mexicana presenta la rnrasituación de haher comenzado corno una revolnción decimonónica nmrcada por el deseo <le restauración del viejo orden !ibera 1, como pretendía Madero, parn denvar en una revolución socrnl propw. del siglo XX. L:-1.s monlonerns pcruam1.s v la gt1erra civil !ibrnda entre l 894 y 1895 se acbptan a e.slu idea de re.stunr;~ ción. Carmen Me E voy disti¡¡gue dos bandos opuestos: «la nación enlercrn que luchaba por recuperar K~ll dignidad ultrajada,¡ y el <(gobierno usurpndor» represicnt~do por Andrés Avelino Cáceres, mm soldado)) qnc nada respetaba. }~asta novie~bre de 1894, la guerrn civil entre el gobierno y la coalición opositora se habia cohrado 2.000 muertos y había afectado a la economía. En octubre de ese año Nicolús de Piérola se había hecho con el mando de la montonera.

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pariidos que representaban propuestas políticas u ideológicas C\\ncretas, c(i\'i1ll ]as agrupaciones católicas Los parlidos socialistas, anarquistas y posteriorn1ente los comunistas decían hablar en nombre t\e la clnsc obrera. ArgeniÍ11fL Brasil, Uruguay y Mb:.ico tu'vierun movunientos anarqubtas, pero mientras en los tres primeros casos cstaban vinculados al movimiento inmigratorio y a la recepción ele cuadrns y mditantes emopeos, Gll México el desarrollo de organizaciones ácratas estuvo más hgado a la t1adit:ión libi::ral y radical mexicana que: al aporte libertario extran.11::r(1. En tantu la vida rnbana se iba haciendo más compleja, aparecieron gmpus que iepreseutaban !os intere~

1.3. La formadón de los sistemas de partid.os El n11111tlo electoral n:quería una activ ,, . - . ., algo imprescindible en bs dernocrac1:~ai_t1c1r:',1c1t)~ de lo~ partidos políticos •l'"''i"l ··, ,. rcpresc;nla(ivas f·ot~-• 11·¡¡· ·, ,,u,vSi",OXlXvpriTll--""~-J•l·, , , __ , "~ tmas,[' , _; "' aS e"' XX i:omierr.c'li a 'eca. 1 0 li'.1cos qHe pueden defo1irse cumo niOll ,,. •_"-'. u rurnp1r a gunos paitidos pozo la d · e,iios am1quealm1smo· .· ' m_o ermzacílln de ciertos partidos 't-- r . .' . ,1empocoinen. agrupaciones estJn los partidos radical e~ , ta{ ic:onales. Entre las nuevas (Alianza Popular Revoluc·,·ooººlº A :. , argentmo y chileno y el AP!(A · '"''" mciicana)per, s·¡ · y ;=omervador diJ Colombia o d Blanco v el C Ld os partidus Liberal aGapiarse a la nueva realidad lmbo o(ro; (, ·º-.~ra o e Urngua_v debieron (Partlllo Autonomista NaciunalJ, . ¡ue <lccsaparec1eron como el PAN >'I . c1rge11tmoantesuin-a ,·d d t:>ru\lurasysulideiazgoalosc·ambiw d "d e pnc1 a dea<lecuarsus c1aL Entre otras cucstionc:s l'O P'' .. -¡ ~ prnd uci os en su entorno pülítico y·,;o~ · , · ,Anc u rno erno rec¡uú,•' e leg1c1i!S pur lus afiliados c::n COO''" . ,.,,1a autondadts estables h ¡ n,nciones o eongre--os b- , ', ,m a üS rnmlid'.ltos ¡Jartid·ino·· ¡., .1, · •, - ~ ·' yue lam icn norninafl ., . ' ~- ,.S ,lSH\lflCiOJl dotab,, ¡ , .. l mu1os pc;rsonahsta. illlíl.lllle , - 1_, " _1 ª os pm titlrn de unper' e 11 lC,~iazooyelcandill 1 · · nnpapelrdeva te.Enalnmi l."' . ' srnus1grnernnJugamlo , 11 ⇒ os ,.__,bos os partidos d , racrer doctriwmo, lo \'HC rnirlic·ib · ¡-· , ' mo ernus anoptaban mi ca1 .d 1 • aui12:aru11progrn 111 a 0 ¡ ¡· cm os no coyun1 11 raks,, ., .,.,b d l. rala orma de CD"l . · : '1' aoporaconv·· .·· d·l ,.· " g111po de noiahles ciw,id,,,, l•o. . ,;;llCion c pm t1do y !JO por ur. o ' ' ' " • , ccun,oent 1pa- l0 A • nwntus estaban presenteº ,-,·n ¡,:~a\ vcec:s, todus estos ele. "" m anearneute y e 11 0 ¡ ., , uan t:cvi\1,-:mes. Si dtsdt'' el p·,,no\cv1::.taor"amzct· l ._ rt1s¡ solo · ll algunü.S de e\1,)~ __ ,, 1 nea na t:cs inr.nable desd" . · d . ": ,a ivü a m ucncrn norteamc1 ,-:vistaid j ' t ¡ · , ' .,i:; 1 puno mas vm iJ.day coinrkJ·a como p• ,•b· ,¡: eo ogico a mfluencia es mucho • ¡ ' ,lv aL 1mpactodelaR ¡ · oe n Revolución rusa en el,!"'"'·'~ ,¡¡ , . · evo uc1011mc:xicanay ' -..M.,rt,opo1tlc(ideA · ,1,·

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ses de los sectores medios url-:>unos El funcionamiento de lo~ parmlos y su !íhre concurreucia a las elc:cc1ones son un bi1eri síntoma parn medir la madurez de los sistemas políticos, no siempre democráticos. Era frecuente que se pwscribiera o se vedara la concurrencia a las urncts a los partidos de ízquienla o a otros enfrentados con el oficialismo, !(,quede implicaba recortar los tleiechos ciudadanos. Un caso atípico en !as i\egalizaciones fue el del llarti<lo Independiente de Color de Cuba, limda<lo en 1907 y pwsGn(o tri::s años <lespnés basándose en una ley que ücgalizaba a los partidos étmcos ya que podían llevar a una «guerra de colores>), En todos los casos el trasfondo era el mismo: cerrar el paso a las denominadas clases peligrosas y limitar s11 putcncial revolucionario y desesta-bilizador Pe10 el pr0bkma seguía siendo el mismo: ¿cómo integrar, cun el menor coste político posible, a lt)s nuevos o viejos grupos socwlcs que ci1es-

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tionaban el fuucmnarniento del sistema? El sistctnfl de partidos existente en cada país 110 respondía a criterios claros m a unos esquemas de desarrollo ecan6rnico o social determinados, sino al desarrollo político naeiDnal. ¿Por qué Chile desarrnlló nn sistema plnripartidisra estable a <.liforencia dd resto de la región? Los motivos qne explican por qué en las últimas décadas del siglo ,xix existieron algunos sistemas unípartidistas (Argentina, Brasil o México) son prácticamente los mismos que Jl1stificand bípartítlismo (Uruguay, BDlivia, Paraguay, Colombia, Venezuela o casi todos los de América Central), pero siempre son insuricie11tes. El Mé• xico de la Rdü1ma liberal y de la Constitucíón de t 857 dío paso al porfiriato, un régimen con escaso margen de maniobra para el desarrollo democrático y de los pariiJos políücos, a la vista de las reelecciones rncesivas de Po1firio Díaz y el oCicialistfl Partido f .ibera] era el único partí do nacional, cou algnnas similitudes al PAN de Argentina. Má,;; que frente a un partido estructurado encontramos agrnpacion<0s de notahles con ramificaciones en los estados y regiones y nna presencia locul importante. Pese a su tc0tico carácter liberal, lus católicos 1eu'ian en él una importante presencia política. En los últimos añ0s del porfiríato ~urgieron nnevas opciones, corno el Partido Democrático, fondado eo 1908, vinculado al genera\ Bemanlu Reyes, o el Partídu Nacionalista Democráti,:;o, que finalmente ternm1ó en la órbita del mad.erisrno. Más ¡¡ la izqnicrda, algunos anarquistas y gente de origen vanado fundaron en 1906 el Partido Liberal Mexicano, liderado por Ricardo Flores Magón.

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-. , Al_ comc;nzar el períudo, ln,; partidos Liberal menea .·"_'_itrn~. iaban <1 un sector social concr->t . . Y Consei Vi.ldoi no represen~ · ¡ "u, noe1anpartidosd" 1 , Vl!Kll os C\>n toda h sucicd· ,1 , suw que tenían , . '· ª'"' Yd que su cometido •t: e,ase, , . 1• . ~m:a c::so \ld)la11 muvilizar dectmes de todos lo ..,e1a elecc10ncs y ... ucnk que los panidos !ndic -, .. ,,.1 f s :;ectmes ~ocia!cs. Era frc~ -, . ' u des ueran nn "'o·1o[ ~ , l· . e1ist111ta,; faccion<',; ü "rllpo• ., -~ .. " ¡· . 0 _ " ' e Ol11vf<l( D al11v10rml Je , • .,, ' \·c;c,c'::; r 1stm u1dos · d 0 snsl!deies,-'ot•"isno·,·,,, ..... ¡· '-' _ · c1nos' eotrnsporclpesode ,,. t· 1 en:S<CSl\VCfOeJlt~s I. 5t'f , t:I !'urtidu Libad colwnbn , ""_ " · -'---' e m;c10nal1srno se obsdvacn . -· • · ' ,n O,qneoaJoclliderazgo J·N''-., .. - -, 1 ,0., d.;c;s1vos. en los "rupodb .. , ,, l _. , f'" l!lkL viv10 morncn• · o ,, .1 e1a,b JO!ivranol' to de! Partido Repub!ic:rno ün úl P· -rJ- l _ s qus: \ iewn lugar al naclmienfac.:ción de gob1erno y ,.,O d,.., , _ Jl 1_,° ,ib.;ral pmaguayD dividido en una • 01 '" "' opos1c10n En 1 - ¡, l g!o XlX hubo una ciel'la ci-d·•o-· . . ·. ' as t ecm 3S centrales del si1 ' " cm a movi 1iLi:!r a los~ 1 arenuenciudelascbs"· ,_ , ·· · · ,ecmespopulares dada l -, . "·' mas m:amodadas ar i Tº . , ' "la v1olen-::melcctoral F ¡ ·d· t rn vi izrnse ante las molestias d .,,. º·Al clllle itaquc!nsc · · c111cos y competidos vr·ic,·o• ,. l· . ¡· ' orrncws se volvternnmás pa- 'º''"'·asrcurnwsclectol·· c01mcial, aumentó la "Jar•i··ip··"·· 'y l l ' raes que meJoraban el acto , . l ' " u-..it n \ e IO\ os los sec•or ~ · ¡ En el ultnno cuarto ,l"·l .,ig . lo x1x , comenza " · ,' -¡ e,) socia es. O11 <las upciones políticas que c · , ln , __ . :' r ª \ ~sa_rrollarsc determina.....-, na "'unos casos se convlftieion c:n verdaderns

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En Lis úHnnas décadn., dci !mp,~nn espmlol se des;1rro]Lm 1n s'n Cub~--;¡~; pcutidos, Ull(l l1bcrnl y ofn) conscnado1. segfo1 cl rnoddo Jcl (mní~1no e11 la E:spaiía de la fks!aurno(m_ 'fe,)nu1mcnte ambo~ di.'.bÍdll nirnurs<:: ,:11 el gobítr110 y la adnwnstrac1ón in sufrir, annque por .su cm~cler 0ulo11Gniista, d Pcirtido Liheral de !a hb de Cuba füe rech;uado corno aliado '¡)Ot las auto¡ idades co. )oníaks y bs rnctropul11anas, que prdcrian a los conservadores de Ja Unión Constii ucionnl, vocero de los intereses de los comerciantes y burócratas peninsulares. La yuxtaposición de li-l lucha polí1ica con el fenómeno colonia! favoreció la aparición de opciones qne cortaban transversalmente a las anteriores, especialmente a los liberales, como podían sei los indeplmdentistas, una de cuyas exprcsione;s fu.: el Partido Revolucionario Cubano fundado pnr José tvfartí. Tras /a Guerra de Independeucia (1895- l 898) y la ocupación llorteamericana, el _panorama político comenzó u cambüw Oesapan:l:ió el autotio::nismo y se desarrollaron opciones claramente liberales. Tms el gobierno de Estrada Palma se impulsó desde d poder al Partido Moderado, de contenidos anti liberales. Posteriormente se desarrolJó un nuevo Partido Con.~ervador qlle en poco tiempo alcan:wria el poder. En América Ccutral, en la década de 1870, se prod11_¡0 el ascenso dl: varios gobiernos liberales, como el de Tomá, Gu:.1rdia (J 8?0- l 882) en Costa Rica o d de Justo R11fi110 Barrios (J 873-1885) en Gna(cmala, donde, tras !a mncrte dr, Barrios, gobernaron los !ibe1 i-Lles hasta la larga dictadura de iVIanue! Estrada Cabrera (1898-1920). En Hond11ras se desarrolló un sistema biparti<lista, centrado en el Partido Liber;;¡l y el Partido Nacional (conservador). En Nicaragua, en la década de l 920, los liberales y conservadores se enfrentaron en una guerra civil, en la que Angnsto César Samhno tuvo una destacada actuación en las filas liberales. Era frecuente que los períodos dictatoriales fne, nm sucedidos por otros donde los partirlos concurrían libremente a las elccc1ones, que permitían laal!ernancia de gobiernos liberales y conservadores En CoJornhia, el bipartidisrno LiberaJ.-Conscrvador era la norma, aunqne en (880 se produjeron algunas divisiones dentro del hbcr;od1s1no con 1a m<1rcha de Rafael Núñe;,;, que tuvo una actividad política considerable entre l 880 y J894, Tras la Guerra de los Mil Días y la larga hegemonía conservadora_. !os liberales adoptaron po!iticas reformistas parn ganarse el íavor del el ectorndo. En Venc:z11ela también se dio la oposición entre conservadores (azules) y liberales ( amarillos). Las úlumas déeadas del siglo fueron dom1naJas por la figura del liberal Antonio Guzmán Blanco, aunque luego hubo un fargo período de gobiernos autoritarios, comenzando por los de Cipríano Castro (1899¡ 908) y la prolongada dictadura de Jwm Vicente Górnez,, a.">entada en la represión y en la¡,, exportaciones de petróleo u partir de Ja década de ! 920. En Ecuador, la vida política cnfren!aha a liberales y conservadores. El periodo fue inaugtu-ado con el ascsimto de Gabriel García Moreno en l 875 y siguió con la dictadura del general Eloy Alfara ( 1895-1901 ), líder del Partido Liberal Radica!. Durante su gobierno se constrnyó el frrrocmril entre Guayaquil y Quito. Le sucedió Leónidas Plaza (1901-1906) contra el que se snblevó y en

( - oolpc m1·· , I · 1 . ½icndo dcnocado por O 1(J"' •.,.,. b-·dod~•.n11<évop1c~H1.:11<.c,, 06 fno rwm i a . . ·-•n ,_ 19 q[J .•1 ,]'rnivu·vcvllatL1h,,,:;." 1 1 litar;~ l~WÍ se creó en l 872 el Part'.(!'. l~~::1:; ~~: 2~ :.:~a~diL;rs·~ en el poder :,u·;a míliw.r. Las dificultades d?_l 879 l ~8\) y d sun.\imicnto dd Parudo mo~~~ron c,on la GL_1err~ del lp'a~1I i~o El irn;acto de la Re\;olució11 ~1exic~11a 1/ rne c·áticodeN1colasdc ie:o_d. , 918 nCór<loba Argentma,p,.,nmpcm~{ lfor;,ia [)niversiíaria, i111c1adacn et lf Raúl H;yade b Tone, con d.~la ·~rvim'1ento del APRA, )¡de.rada pm K~~smo con la socialdemocracia ¡¡o e\;eofogia ecléctic:t que combmaba e:_::wr n,uaw. y al pc~o del mundo in1 una . d t'ba a 1,1pecnli'ar e.~( ruct n~::i so,:rn! , C"r]os Manáteg11i, antor ]os a ap" · ¡ fü'JO ae 1ose ,,,, y ·o-ena. SimultJnefl.mente y baJ,º e_ ,//1 le.la reafidml peruana (1928), s~ (ksa~ d< 0 s,,1,, ,,n ,avos de . i11terpre.r,cwt1 t ,,a ,,J,oloaín heterodoxa mtento dense<-<··· ., ¡p, qucconu, ,~.__ 0 • · ¡ ¡ 1 -11.ó el Partido Socialista. ue crul, ' '( ·a" revolucionaria. En Bo]1vrn, ~ e Ir,_, - · cacon auocn" M ndialy ·nar la herencia 1nca1 ¡·¡ ,' t,'IS la Primera Guerra n _ . coml,l , l rase ¡nO( i 1co '· 'b . J ·1 ·,d~nt müu !iber;il-conservdc o ' . Jucto de un gnipo )¡ e1a e 1s, _'" co ( . . -• to del Partido Rcpubhcimo, pro, . t v1 Un "rupo de exdrael slll'lf/n1lell _ . l ~trnmuyaet ,. o Si~t1ltáneamente la izqnwrc as~ -to Obrero Revolt1cionano, cuatro te.' l ''23 habían fundado e ar J( p,,rt.,d,J Obrero Laborista dosquccn " ¡ ' r~arone1 , ' más tarde y ya<le regreso en artidos, el Liberal y el Colora,, S ,,·a1,·sta En Paraguay cucnntrctmo .. _ " .·, PNocional Republicana (ANK). o,o'-' , · ... 1 Jd~Asocrncwn • d s ¡ oo '" rr ·' n anton-1an·ad"Franc1sco e oa do cuyo nmnb reof1cia.erae . " ' MÍc111ras el primero se opon1a i1'!a,tra ¡~:;'.ería de la Gue1 ra del Parag;1ª)'.•,los , . id·ctadorqueprovocolacar _, ·, P. ()4 unrnovim1,,nto Lopez, e 1 't h trndic 1on !op1zta. ,n 19- , colnraclos in.tentabrrn resuc, ar , he crnonía liberal 1 ~rmado dio lugar a una prolongad;,. ;. dos liberal y conservador, au'.1que ;"'1 En Brasil también estaban los pai l . , n de la república en 1889. En Sll. u·t ·av~,ctoria J'ue influida por Ja proclamacm oniz~do por el PBrtíclo Repnhhca¡ ., , ., un sistema umpart1d1sta, hegern :d .. ,g·o,,oles ern importante en uarsurg/0 , ' · , d~l , p;:irt1 osn: 1 ' · ]' "" en línea del PAN, Et peso e os 1 ,encía creciente en el sistema po ¡~ :~tonía con el c::iso argentin~ u~:;lu~lic~~os en !os estados, vinculat~s ;ico nacional Así surgieron ai 1 ~- - endo los más importantes los imp_ a . sólo teóricmncnte al 1ror1co nac1.onal, s1 ': Río de Janeiro, sao Paulo, 1:1ma: tados en los pnncipaks c;nt/0.s ur~an~~dis:mo de cada estado ('_~concha u~a Gerc1is y Rio Grande do Sul., líticas de Sáo Paulo y Mmas Oera~s. larización regional entre las"" ¡~es_¡)O , ,nás complejo en los estados e P.º ct· ,ctade I920el sisteiua~c:luma!g)l f t••alPartidoRepubhcano Enla ec" F s~ 1 Pauo, rent ,·,t Siw Paulo y Rio Grande. do Sn 1. _,1,1: ~\, de wnsam1,mto liberal progres1s a Paulist.-J se sitúo el yartido Dcmt~t~~~;ido !Repuh!icano Riowanclense, ~: rad·¡cal En Rio (Jnmde do Sn, e ·,•,-i·i S"' cn'rentaba al Libertador, 1 ·" . · • p'>'<t,v1sta -- , ¡,¡,·stayautnn« ''" ' ., trtn t o n,aciom1 ''to d1cwn '·' ' cen ra '• -· l la e1·•scen t r0 ¡·,·,a•con ,,, ,.. ' , s1· ro federal y miis partidano te -"· "'i peso V la capacidad de in110 e l . , Argcnlinu," · 'd · "n de mo estatal. En Brasil, como en . ', ,,s im osibi!itó la consol1 ac10_" , ~~1e11cia de los partidns localeS_Y ,rcgl· )(~::~~cióif fue la Unión Cívica Rad1c,1L _ . . ale~ I:n Argen1m,i, a e, ,. partidos nacwn -

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Desde muy pronto el s1stcmc1 político chileno evolucionó¡,,,;·,-,, -'"'<>i· J, ----,-, · ¡ ¡ · "''• "'"· c1gara uno<. e os sistemas de parndos mós est¿¡bJe y con1¡1etitivo de la 11,o ·, , _ , , ,., . . . _. , _ - •,,,ion Come¡::'~ c?n \l?S pa1t1~os: e] cunservado1 (pelucon) y e) Liberal (pipiolo)_ En 1_86_, hC hmdo d Partido Radical, que se consolidó ráp1'damente como 11 t1_do moderno y doctrm:irio. f:'n 1888 se celebró s11 primcru Convenció~ ~r• ·¡ es · o ~smn bl eas [ocrlles, encargada de rndac,. _;nonal , con _ ,dei"º"tltt" ~~" ,, el· . co 4" . .J corrn lBr los estatutos y el p10grn1na partidario. Lueoo se fmHfaria el P"c'd D , · , l o udo - emocrat~, 1'.1spinH o en la socialdemocracia belga, que inici,ilmen!e ¡, respaldo s1nd1c~d En 1912, e) sindic~lista Luis Emilio Recnbarren aband~~~ el Pai t1<lo Democrata y formo el Part,do Socialista. Argentina unificado., postcr"ior J 1880 fue evidenl" "i pcs•lt• · l·JPEn la 1 . , "'-' -,,mm10 i e ÁN, m1rn¡uc el s1s1e1mi político seria mfiuido por el peso de los iinniu •· _ t·s ·¡ ct· ,,,1m1 __e,,~.~~ ~\),o po :an vo_tar e~ algunas proviacias en los comicios localc:. La pofit1ca al_ robicrno de Juárc;z Celmun (qm: rennnc1ó a comecue,1;crn ,?e In Revolnc1_on, del Parqlle de 181Jü) llevó ,d smgimientu de la Umon C1v1CJ, tina coahc1on de amplio espcct10 lidcrnda por Aristoh 11 ¡0 del "'¿1lle YLeandro Alcm, donde estaban preselltc::-; (ksde los rn1tnstc1s u los cató1:~º!' Y con_un importan/~ componente Juvenil De sus filas rnrgiiía ia Unión ~.1v1c,1 Radica!. Dada la fu¡;rte impJautacióu de los pMtidos p1ovinci'a!es coaligados en d PAN, trns su desaparición fue imposible formar 11n fuerte narndri m,c1onal de onentac1ón libernl conscrvador;:i capHz de eofrentarse co~ éx_itr~ ~1. r~_d1c~Ji_srno)de _Hípólito,Yrigoyrn. El ens;1yo más serio redizad0 en esic SCrll1do '~'" el l m tido D,::mocrata Progrnsista, liderado por Lisandro de ta Torre, que frnc_asó en ~u intento de aglutinar a los heredern8 del PAN_ En Uiuguay se habwu desarrnllado desde princ1p10s del siglo XJX dos partidos. d ~acional o ~!a~co, de extraccióu rnral, conservador y católico; y el Partido Colorado, ma~ !ibernl y con mayor"s ;ipoyos urbanos. -

~or:k·::dC]Otl

2. La actividad política de los grupos urbanos La integración 8 la vida política de los grupos mcrlios ~e re,1hzódc mny distintas maneras, nna de lns cuales e1a el rec11rso n la viol8nciJ come, eii •·!·Mé: -revolncioo . s· 11••!)• , , , - . ' ·_. c. ' x1co ar 10. m eºar a esos ext1c>mos, los rrniv1rrne11tos pol Jt1cos c¡ue ex._ pr~s~lnn a grnpt'.s.sociales emergentes y contemplaban resignadalllente como !os sistemas pol1ticos controlados por la vieja política v [l0r t1na~ micti, ¡ t l · · ¡ i ., , , cas e ce ªora .es v1~!21( ,es cerraban el camino al poder, ensayaron algunas m(elltona~ revolt1c:onanas, a veces co11 el apoyo de algún sector del ejácíto, conio en Bue~os.A1ris en ~1890 y 1905: c1~ Lirn~, Guay~quil o Q11ito en 1895 y en Asunc1ot1 e¡¡ 1)04. Cuando el s11frag10 se expcmd10, se hizo más (ranspJrcii1e Y_l;ubo mayores garantías, algmios partidos comenzaron a Jpostar por ln O _ e1on elector~!- Las refo1 mas introduj,:Ton el sufrugio umversa!, secrdo y ga:~:10: s.cgun los caso,s,_En la~ primeras décadas del siglo xx en países corno Arodltmd, Urngtrny, Chile y Colombia !u convocatoria de ekcc1ones era pe~

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rió<lic:i, 1111entrns en otros países los gobiernos dictatoriales se sucedían cunstantemeute. Alg1mos experimentos autoritarios, como los desarrol!ndos postei íormc11 te en Chile y Perú, también sirvieron para integrar a los g1 upos so" ciales emergentes, en una dura batalla pm mnpliar la base social del .Estado e incorporat con plciios derechos a los I mevos actores sociales. En las últimas décadas del siglo Xi.X comenzaron a actnar lus prnnerns movimientos políticos de los sectores medios decididos a disp11tar el poder a las oligarquías iiacim1ales: el radicalismo aigentino, el Partido Demócrata pemrno y d Pa1 tído Colorado de Urnguay bajo el liderazgo Je Jos~ Batlk y Or~ dófi.ez. Los partidos emergentes s<: formaban a partir de la convergencia de grnpos sociales diversos, lo qne suponía perde1 coherencia al incorpo1ar a sus filas a flnstócr:l.las y tcrrntcnientes. Sus valores y p1 opuestas solían ser los mis~ mos qne los d,s los partidos oligárqmcos y el sóio hecho de plantear una alternativa de gobierno no irnp!icaba reivindicm· poshiras más progresistas o moderniz;mtes qne las sosteuidas por las liberales ohgarquías gobernantes. Ern frecncnte que las élites apostaran por b modernización del país, anic la oposició11 de !a Iglesia y de algunos !:>CCtorcs medios, más apegados a la tradición. De ahí, que en algimas coyuntura:-;, d radicalisino argentino o el Partido Dernó, crnla pt;;1uano se aliaran íl cie1 tos grupos católicos ai1te el anticlenca!isrno de las dites libernles. Los nuevos partidos tampoco solían tener c1ltemativas via" bks frenle ,1 las políticas eumómica!:> y :-;ociaic:,; de los regímenes olig!m-1uicos. En Perú, la mcapncidad de Nicolás de Piérnia y sus seg,1i<lores de presenlLlf una nltei ualiva a! régimen oligárc¡11ico los lkvaroii, en l 8Y5, a alia1 se con sus (;ne1rngos civilistas pJra llegar al podc1. Sn gobierno generó un insólito consenso en rnai e ria i.;conóm1ca y plar](s;;Ó recnperar el prestigio del gobierno civil promoviendo algunas trnnsfonnacione:-; en el Ejército, como su subordinc1ción al poder civii, el I ccork pxesupueslé1rio y la disminución de los efectivos armados. También importó mstructores militmcs fra11ceses e instauró el servicio militar obligatorio. La política económii.;;1 implantó el patrón oro, que benefició a los expmtadore:-; y a los ingresos adrnmeros. En materia fiscal 1eformó la estrnctura tributaria, encaigó la reca11dación fiscal a una sociedad m1.xtfl, ac,1bó con el tributo wdígena e instamó un arancel para proteger a las inúnstrws en expansión, corrw el kx.til Dichas reformas dotarnn al Perú de mm estructura administrntiva Cllpaz de 8mpli;:ir el poder del Estado, gracias a los recurso~ originados en la agricultma costeña, !a minería dd cobre, !as nrn:vas explotaciones pt:trolíforns, la ganadería de la sierra y también por el boom del c:iucho amazónico, entre !892 y 1910. La llegada del fenocarri1 a Puno <;;n 1908 expandió las exportacioues de lana. El crecimiento industrial, y el procew de urbanización de Linrn y en menor medida de otras ciudades de la costa y del interior, pumitió la organizació11 dd movimiento obrero y las pn' meras ma111 /'estaciones prnletarias de sig110 socialista y anarquista, a ta[ punto que en 191 l se produjo en Lima la primera h11elga general. Jorge Basadrc det"111i6 al período que va de Ju revolnción de 1895 a la Primera Grn~rra Mundial corno la (ff~pública aristocrática,,. Sin emhargo, la expansión eco-


nó1rnrn no plldo intcgrnr ,d Estado va la vicb ¡Jolítir,1 ;1 l,H 111'1~-"' ,-,,1: .

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✓ •~<.::nas :::errnnm:, 11n pmn:so aull 111acabado Tampoco lo log1·ó Augusto Lcguia: ese a n!rnvesar de u1 nos las ::;erran Íils 11til1zanclo la colabora e ión olll igada :ie 'la rnann de ohra md1gena iras sancionar la Le,: de Con~cri¡,c1ón Vial . ¡✓ 0 . ◊Q' .J bternos posteriores continuaron el camino modernizador aunr¡ue "'' lo . ,e::·. . • 1m~ cose marchaba al autontansmo. La nominnción de tvlmrncl Pardo, presidente entre 1904 Y l 908, provocó ~iscnsiones en e! Partido Civil 1s1a, intensificadas dnrante su mandato por la discusión sobre la cuestión social. La unidad de! partido se resquebrajó con Leguía (J 908-1912), que rompió con Pardo. sn predecesor y protector. · •-

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3. Et movimiento obrero Los artesanos de algunas cim!ades habían aumentado su importancia en es1,1s décadas, si bien la pohlación segnfa siendo rnayorítariarnente iural. En México, según el censo de 19!0, hahía 873.436 artesanos y obreros. casi et 16% de la pobbción acliva. En la última década del siglo X!X y en la prímera del xx surgió el movimiento obrero en !as ciudades con un cierto desarrollo a_rtesanal o manufacturero, aunque todavía no se puede h::iblar de un prn!etanado vmC11lado al sector fabril. México, Buenos Aires, Santiago de Chile Sao Paulo o incluso Bogotá conocieron un nip1do desarrollo sindícaL Fu fvk~ xico, los obreros industriales pasaron de45.806 en 1895 a 58_838 en 1910. En Brasil, sobre una población l:otn] de 30 millones de habitantes, había en 1920 más de 275.000 trabajadores fabriles, con una media de 21 trabajadores por establecimiento. En Argeniina el promedio ern inferior, 10. En 19 !4 habill 242. l 38 personas trabajando en la industria, incl11yendo al personal adminis1rativo, y 24.203 cstnblecímicntos calnlogados como industriales. La escasez relativa de trabajadores manuales en relación con los sectores m,;dios, especialmente en las ciudades, restó impacto a !ns primeras movilizaciones obreras, como muestra la escasa incidencia de las huelgas en la vida urbana. La fuerza síndica! se notaba en las actividades vinculadas a la exportación, como la nunerífl o los transportes y algunos gremios adqmricron un gran poder de presión o de negociación, corno !os ferroviarios y los mineros del salitre chileno. Sin embmgo, quwnes vivían al mrrrgen del comercio exterior carecían de fuerza, d;1dn la facilidad de importar !os productos que podían ser afectados por las h11elgas. Se suele vincular el desarrollo Ud 1novimiento obrero a la izquierda anarquista o socialista, pero también se desarrollaron sindicatos católicos, reforzados con la doctrina socia! de la lglesia, especialmente a partir de 1891, con la encíclica Rerwn J\/0J1anan. Los sindicatos se desarrollaron en Llll contexto hostil ante la inlran;;igcncia de los industriales para negociar las condiciones de trabajo y los salarios. El Estado ~iantenía una actitud ambigua en los enfrentamientos entre el capital y el trnbaJO y es imposible hablnrdc: una tt:ndencia general. La historia del moví-

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·;ni~;to obrero es paraklG a la represión gubernamental, i':1cilitada ¡wr l:'. condición de extraniern~ de muchos chngcntcs s1mhcalcs deporn1dos a la p111nera de cambio. En Chik, algunas huelgas y manifestaciones obreras fueroll duraincnlc repnmid,1s. corno en Valparaiso ( l 903), Santiago ( 1905) y Antofagasta (1906), aunque el suceso ;nús conocid~ foe_l~ matanza centro s,.di!rcrn de Iqiiique en 1907. En el Mex1co de Porfmo ])¡az !a reprcs1on alcanzo su p11nto máximo con !a huelga minera de Cananea, en Sonora, cu 1906 y con la masa·· ere de los huelgnist,1s textiles de Río Blanco. en 1907. Alg1mos sindicalistas, especialmente los anarq11istas, apoyaban In.acción .directa y el te1;rmisnw. En J909 e! íefe de la policía de Buenos Anes fue nsesmado por 1ma oomba arrojada ~or.un militante anarquistn y el gobierno r:-spondió con la sanción_ de la Ley de Residencia, que permitía exp1ilsar del parn a los extrnnJerns considerados agitadores. Si bien las referencias a la mediación. gubernamental en los conflictos gremiales son escasas, se trata de nn punto unportantc, como ocurrió en Arnentina ctmanlc el gobierno de Hipó lito Yrigoyen. Los primeros sindicatos solí.:111 ser de tipógrafos y linotlpístas, obreros de [a construcción, pnnadcros y otros oficios vinculados a la prvdncción de alimentos. También fueron importantes los sastres, zapateros, sombrerns y los artesanos del vidrio, el metal 11 otros rnatenales. Lil creciente presencia de artesanos y la inmigración de sindicalistas españoles e italianos impulsó la creación de grnpos anarq_uistas y anarco-sindicnhstas en Brasil, Argentina Y Urnguay, muchos J1llcleados en las Federaciones Obreras Regionales, En "México, en la década de 1870, come11zó a actuar el Gran Círculo de Obreros, unn coordinadora dominada por tos anarquistas, que luego recibiría snbsidfos del gobierno. E! primer grupo marxista de América Latina fue el clnb Vorwiirts, de Buenos Aires, fundado en 1882 por inmigrantes alemanes, que tuvo representación en la Primera Internacional. La llegada de refugiados de la Comuna de París y de otros levantamientos europeos reforzó la presencia de la P1imcra Internacional en algunos países. El crecimiento de! movimiento sindical Fue paralelo a la expansión del tejido indnstrial, lo que permitió fundar y organizar sindicatos y partidos políticos autoprodamados deiensores de l?s derechos de los trnbapdores. En México se creó uno de los pnmeros partidos socialistas latinoamericanos, gracias a la labor de los hermanos Ricardo Y Enrique Flores l\fagón, inicialmente nucleados en el Partido Liberal Mexicano. En Argentina se desnrrolló a partir de 1896 un Partido Socialisrn fue;te bajo el impulso de Juan B. Justo, de implantación urbana y de un c!a1·0 car:1cter parlamentario. Menos reformista sería el Partido Obrero Socialista de Chile, fondado en 1912 por Luis Ernilío Recaharren.

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4. Los problemas limitrnfes Después de la intlepcm\cncia, los nuevos gobiernos enconlraron que los límites fronterizos heredados d<o la colonia solían estar defectuosamente trazados o


que los mapas tenfan bas(antes incon-e,:ciom:::;, dado el desconocírnieuto de;;~, zonas mat·ginnki; Esti1s situaciones prm'<·,cadan (hsputas entnc países vecinos que en alguno~ casos !legarnn al cnfrenrnmien/o armado, comtl en la zona an~ üiua y la cuenca amazónica. En estas décadas se prn<luJcron cambios fronteriLOS, como los (}lle afectamn a Chdc, Perú y Bolivia tras la G1icrra del Pacífico Algunos confllctos se resolvicr 011 pací ficamcnte, bien por nciic1ÜM políticos~ arbitraks u bien por compra, como en el caso de Acre. Otro caso impor!ante fue el de Panamá, smgido como un desprendium:nto de Colombia. Bol;via tuvo problema¡¡ con 1.rn¡o:; sus vecinos: Perú, Chde, Brasil, Argen. tina Y Pmaguay. Con Brasi! e! confücto foe por el i::ontrol de la zona cauchera (k Acre y su definí1iva ce~ión a cambio de 2.500.000 libras e~terlinas fue la mayor pl'rJida territomtl del país Los problemas cun Chile, posteriores a la G11erra Jcl Pacífico, tHvieron un ,rnncipio de wiución en l 904, con la firma de un !ratudo de paz, según el cual Chile logtó el ¡fominio (le todos los territorios costeros ocupados a Bolivia en fa guerra i1 cambio de una rnJcmnización de 300.000 librns y el compromiso fcsmal de consmm un ferrocarril de Anca a L1 I'ilz, lo qne significa aceptm la p~tdidct ¡le Stl salida al mJr Los pmhlemas cou Pcn'1 :;e sometieron al arbitraje aigentinn y el laudo se conoció en 1909_ Dado su desacucrdu, Bolivia rompió relacionscs diplomúticas co11 Argentina y füc: necesario esperar a l 9 l 2 para sol uc10nai el conílictü. Perú esru'-'0 a punto <le !kgar a la guerra con d Ecnador, en vana~ oportuniJades, por cuestiollc::, fromerizns .En J904, la Argemina mvitó a Chile a resolver el prnüknia (kl lrnzado de la frontera eu el c::ma! de Beagle, cuestionando b titl!laridad chtkna sohre las islas Pic!on, Lennox. y Nueva, que sólo se resolvió a fines del siglo xx. En Brasil, la co\omzación de tierras nuevas y 1n expansión fronteriza rcsponriían a la estrategta planteada a prmcipios del siglo xx por el barón de Rio Hranco que en 1902 fac mimstr·o de Asunto¡¡ Exteriores. Durau(e 15 aííos de negociaciones, Rio Branco dci'ínió las actuales fronteras del Brasil, causa de permanentes confliclos con fülS vecinos. La gc:s!ión de Rio Brnnco füe refrendada en 1905. cuando el Vaticano creó un caHlcnala(o en Brasil, el único de América del Sur, un triunfo diplomático del barón. Su result1do más espectacular foc la incorporación (le más de mecho millón de kiló11Jetrns cuadrados ¡¡J territorio nacional En J903 firmó el acacnJo éle Petrópolis con d gobierno boliviano, que incorporó el terrít01io de Acre y el l 2 de ,1unio firmó otro trata•• do con Pen'i, que involucrnba a los tetTÍtonos de la cuencu del AltoJurúa, desde d nacimiento.hasta la boca y la margen izqmerdade! río Bren y de fr1 cuen-• ca del Al!o Pur-ús, desde el paralelo 11" hasta Catc1i.

4.1. El canal de Panamá Unc1 mnestra del intervencionlsrno norteamericano en el Caribe y América Centnü se observa en la creación de Panamú como país indepeudien(e, in ten-

tanclo resolver defínl!ivn y fin:orabkmeutc u SliS mtercses b comunicación interocefoicu, L:i creación del 1rncvo pab se hizo a costa de territorios colombianos. Desde mediados del siglo XJX funcionaba en el 1stlno de Panamá u11 [t;rrocanil ,le capit::il noncamericano que vinculaba el Atiúntico con el Pacífico, pero que no bastaba para garantizar buenas commlicuciones entre los dos océanos. rnucllú más acuciantes a partir del descubnrniento de oro en California y Al~ska y de la colornzación del oeste,! ,a unportancia e,~tratégica de una vía de comrmicación fluvwl entn: el océano Pacífico y el Atlántico era clavs: para la ecmiornía norteilmencam, pero !a presencia cu solitario de Estados U~údos no fue nada fácil, dado el inlerés británico. Oes(lc un principio, se especuló con la construcción de un canal qw.: atrm:esara el istmo. Un inle,nto frustrado fue rsoa!izado pm Estados Urndos en Nicaragua lllJdüras duro la presencia de Williarn Walkeren el pais_ Con el aval del gobierno colornbim10, Ferdinaml de Lesseps planeó constntir un canal intcrocdmlco pma!do al ferrocarril Las obras comrnzaron en 1878 v se desarroHaban \cntanicnk. Fu 1889 los costos eran mayores ele lo esperci(I~ y los resi1 hados sc11si IJki neitte rnenorns y un <":Stái1dalo fi~ancie~o provocó la quiebra de la compañía de Lcsseps, que en cornpcnsac10n 9eJO a los acreedore:,; los restos de las excavaciones y la maqumai ia utilizada Estos formmon la nueva Compañia (iel Cana[ de Panamá, polileriormenle adquíridri en 4i) mil Iones (le dólares por capitales iwr1eamcricanos. La rniporlancía dd canal para Estados Unirlos aumentó a partir de l 898, cuando la incorporación de los archipidagos de Filipinas y Hawai revalonzó la vertieute del Pacífico. En J 903, un tratcido con el gobierno colombiano (_el Hay-Herrán) cntiegó en arriendo u. ]a Compañia del Canal una franja (k seis millas de ancho durante nueve años a cambio de l Omillones de dólares y im ak¡uilcr anual de 250.000. Corno el Congre~o colombianél uo ratificó el tratado por considernrlo una amenaza contra su soberanía, el 3 de noviembre, un alzrnni<:nlo {füigido por las autornlades de la Cunrpañia forzó la proclamación de la nueva república, que en trs.::s días fue reconocida por Estados Unidos. Los acontecimiento se acelerarnn. El J 8 de noviembre St.'. firmó en 'vVashington 1m acuerdo cou los representantes Je la nueva república de Panamú, scglm el cual Estados lJnj. dos recibió una frany1 Je llena ele diez mdlas de ancho, con derecho de soberanía y !a posibi! idad de coiistrnir las forti f'icaclones necesaria~ para su derensrr. Las cláusulas econlJrnicas eran i;imilares a las c1nkriores, mim¡ue el artkulo VJ! reconoC'la el derecho di.o Estados Unidos a inWrvenir miliiarrnente en Panamá si estimaba que la paL y el orclcn estaban amenazados.

5. H porfiriato y la Revolución mexkar.a En los últlmos años del siglo XIX se desasmlló en Mé,\.ÍCo la mús ,dicaz <lict,i· dura mo<lerniza<loia de América Latma, impulsora del crecrnuento económi• co_ El gc¡¡cral l'orfino Díaz comenzó su mcircha hacia el poder·como heredero


..,., _ ·--,._, dde: b - Rcf1x111:1 , ,. . liber:11 ,v :1nticknc;i] d-',_ Bcn,t'v 1'.,,,, ' se,-,puocol\C 1liem ,¡ illlO ~l,S ~11,11np1os por una pos!urn tni~ ec]éc1 !Ca Su gobicr1w fue r~~ ' . )ando ,. ,11 "., ¡,,.,¡· f po, lo., tc1riltenlé:11lcs · ·v la fl..'lc~ia ,_. ' conll'"'·,, ,., 1·'' ,,._, ormd. .1. os prspalda. . uern11 partid anos ctel avance de la gran propíedud a cost·i rle 1.,,. · · unr:;ios ·,,·J,'o" ,_ (J•l · I ' - ', ,;v11c1s, c o~ 1a 1dios ,v de• la (ks-,n,,,,·,7~,.- · J ·¡ - .' - · ,~comun1lh<l,-. '- e~ , ·-' " u,s.1011 ( e ns tierras eclcs 11 · Dwz fue d reslaurndor del mdeu el "lirano l•o•,, ··d · · _· • . , ' , ª cmqucconsuestilodSl1cas. • tano_condu¡o férrearnentc al país por la sernla del progre"o Fl P. , _antoncons1"ff ,- ¡ ¡· b · ~ ~ · , iogrew era !a ' "' ª que sun JO ila a 1as :ms1as tnmsforrnadorns de lccs ¡,,·,· ' . ven M; · 1 • noam<::ncanos , . exico e, cammo al progreso debía su¡Jerar la OH':'tnízc.~;o·n . . , swnl] ~ I· ¡ ¡ ¡ ¡ · ~' t"'"'"' ¡·. econornica y 'e · , ·]J,_,rcc<1cace. mpenoespano! , · Parli"c,,[, '",.., 0 ,,, 1¡,,,g, , ,,nespormstasel n_1mo d a rnodern1zac1on pasah<L por la europeización de un país nual' c~sc1do, annque el modelo norkamericano ta b' r, , , b' . . y atf<1lor·finato el .,, , - , ~ it:nesta dp1esente.Dnrantee! f , _progies1smo y el conservadnnsmo dos caras de ]a mi-m neda, se confundían y c~to dificnlta adscribir a DÍaz a U!' ,;mpo ,¡,1,. ~ .ª mdo, ; h · · ' " L dHllna 0 'unqne - ay quien scnala que con él se produjo la consol,.,J,,,·,· ' 1 d-'ll'b,]· · , ' ""myamnerte e i erc1 1smo mexicano. Drnz lleg/1 a! poder en tS? 6 tn.s ,J,, 0 . I de T··, d ¡ · ', ,.,r car et crdo '-'Jª n con a cons1gnn de {(S11fragio efectivo· no reelcc";o·n" y · b.. · t t'l I RSO , ¡· · · ,._,, ''"· s1 ien ias.' ,~ .. c11mp w con_ la JlO re::dección, ]nego la olvidó. Entre 1884 v l 91 ! se suc,_,~JO_en el ~oder siete veces en otms tan1as reelecnones. ' ' f orf1no Drnzsupo atraer cnantíoscL~ inversiones cxtr:m1·~,·~,- • -"· ¡ te ·t" · ,, . · , ' '""'·',e~pc:crn1nen• 101_,eam_en_canas, para lmrtnciar su programa rno<lernizador, la constrnce

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uon krro_viai rn y el relanzmmento de la minería de plnta en el norte I . cu_ltura (mentada n la exportnción 1uvo un rfmido crecimiento pasa· 1 i.,ada_g;~ nullonesciepesosen 1887-l888a50rnillondsen 1901-1904 g' -' ~rolh' · ,¡u· 1, y · ¡ ,., - - , rae1asa eneen ( e: ucatan, a caie, al cacao, al chicle y nt hule. Fue un proc"''"O f ·1·1 doporlac ., ¡ ac11a- oncen1rncron ati undista, que también favoreció la o.·. t .. mernntil ¡, ¡, · ¡ ¡ . , 11cn ac1on M, _' ( "· c1 a~ncu turn .. ,os baJos salan os explican el escaso atractivo de J ex1co parn los mmigrantcs emopeos y que el mcremento demográfi ~asarn en el crecunien(o vegetcLtivo, pasando de 9.500.000 habitant;,. ~n ~~;~ a15millonesenl910.f,ai<.pnxporfiriana>:,s"unpu'opn ¡ , ~ .. , · J"d · d · -~ " r a 1cpres1011 y ¡a c'.mso i ªC:on e un sistema basado en !as relaciones personales · ue CO( 1 _ ~d ''. lo~ dm~cntes de los gr_upos políticos más influyentes. Su es~iÍo se c~~t~ó en hi bnsqn~cl'.1 de la,c,(mc1liac1ón, lo que no excluyó el estallido de conflictos Yrebeliones, corno lds guerras contra los rndios ¡:fü¡ui en Sono"" " 1. 188'· J9J0]9[l[)' ]''· '","nie,/y -. , . ,'. rnz se f(H ,:o m1c1almente de un grupo de jóvenes tecnócratas los «e1entihcos», mílmdos por Gabmo Barreda u" ;n'"'"'h'"l q ¡ 0 · ¡ · d · ... · ' "' '""'" "' ue lB iacvo-' uc10irn del liberalismo al posillvismo francés . . , . ¡ · - .. ' - lJm - ' de ~u v s p1cocnpnc10nes cm presentar a mev1tabil1dad histórica del j)Orfiriato "O"!" , · ¡ -¡ ¡ "•' • . . ,u "'·«pamasene camino { e pr~g1,.so.- El histonador Justo Sierra compartía este punto Je vista ya· que Díaz era m1a etapa necos",;" . l . b,' ¡ para d el,]¡¡ · d1ct:1clurnde -, , '""'"""O 1.,a.evouc1on acw a rno enm:ac1on y la dc:mocracia. _Uno de los ,icientificos)) más descollante fue fosé Yws ¡ ,·m-nt , rano de ff . , ¡. ¡. ¡ ,, " .011,, secrc<1c1~m_a _( CS( e 1_8 93 , cargo q11e oskntó basta la caída de Díaz en 1911. A pnnc1pios del siglo XX los Hcientíficos)) ocnpaban una posición

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relevante y se espera ha que Lunantour fuera dcg1do presidente en 1904, pero ]as disputas entre Limantour y el sccrctano de Guérra, general l.krn:mk Reyes, obl1gJron n Diaz u prolongar su mandato rle cuatro a seis años, para iw.ogo solicitrir una snla rcekcciún en 11)06. La crisi.s sucesona afectó la nedibilidlld del r¿;gimen y facilitó nlgnnas maniíeslacíones en su contra. Los empresarios norteños, especialmente de la emergente rndnstria siderúrgica de Monterrey, se enfrentaron al poder de los ,ic1cntificosJ> y a sn alianza con los llrver~ionistas extranjeros. Los industriales, beneficiados por la política económica porfiriana, adoptai on una postura naci.onalista y reí.vindicativa con-• tra Lirnantoitr. Estos acontecimientos paralizaron al régimen. Sn falta de re .. flc,jos políticos expresaba b senilidad (le! presideute y sn gobierno. En 1910, Díaz tenía 70 años, dos de sus ocho ministros superaban los 80 y otros tres te .. nían rnás de 60. El rnás joven era Liman tour, con 57, pero con 17 años al fren~ te de la Secretaría de Hacienda. La senilidad de los c11adros dirigentes también se sentía en el resto de la Administración. 17 de los 20 gobernadores tenían más de 60 años y ocho ern11 mayores de 70. En el Congreso y en el Poder Judicial la vejez de los jueces y diputados cm relevante. En el ejército federal no era raro encontrar generales de más de 80 a!los, coroneles de 70 y capitane~ de 60. Tras un prolongado si!encio políticomnchos grupos de oposición comen" zaron a exprc:sarse aprovechando la debilidad del régimen, destacando el futuro líder revolucionario y gran hacendado norteño Francisco Madero, creador del Partido Antirreckccionisla. Como la consigna de acabar con la reelección no acabó con la maquinaria electoral de Diaz, Madero se convirtió en una amenaza para el dictador y por eso terminó en el exilio tras pasar por la d.rcel. En octubre de 191 O Madero lanzó el Plan de San Luis Potosí, el origen de la revolución, que unía las reivindicaciones políticas de la oli.garqnía norteña a la (levolución de las tierras a los campesinos. El 20 de noviemhrc de 191 O, Mfü1ero convocó a la revolución contra d porfiriato desde su refügio de San Antonio, T8xas, a! otro lado (le la frontera. Nuevamente se esgrimía la consigna de «sufragio efectivo, no reelecc1ómi que en su momento había le~ vantfülo el propio Díaz. La revolución es presentada de formas muy diversas: un movimiento po~ !itico para acabar con el porf1riato; un movnniento social para responder a las reclamaciones de los campesinos ~in tierras; o un movimiento 1egional impulsado por las nuevas zonas en ascenso favorecidas por la expansión econó~ mica, básicamente la frontera norte. Al inicio de la revolución, el pri.rn-:ipal foco insurgente estaba en el norte, la región de mayor crecimiento y má~ opuesta ul rce!cccionisrno porfiriano, que impedía a sus élites llegar al poder. Pero Madero y sus sc;guidores no se limitaron a las reivindic<Lciones de mayor participación de las élites norteñas, sino que incorporaron las reclamaciones del campesinado_ De este rno(lo, Pascual Oroz.co y Pancho Villa, dos importantes caudillos campesinos del norte, se aliaron a las fuerzas maderistas. Los campesinos del norte convcigieron con el movimiento agrarista del sur, sobre


todo c0n los rebeldes de (\.forelos liderados por Ernlliano Zapata. Los maderistas se impusieron nípidarnente tras conqnistar Chihuahua, Baja California y Verncruz y en marzo ele l 91 l Crndacl Juárez. El 2 l de mayo negociaron un acuerdo con los representantes de Díaz pa1a acabar con el conflicto, que renunció y partió a Francia. El gobierno provisional convocó C"lecciones º-erieralcs coincidiendo con la acelerada descomposición del régimen y faciÍitó ~1 acccso de Madero a la presidencia. La sallda negociada d.e la cnsis y el rápido clerrnmbe del porfiriato mantuvieron algunas de las bases del régimen, como la administ1m::ióu o el ejército federal, y garantizaron cierta estabilidad. El nuevo gobierno permilió que los grupos postergados presentaran sus agra, v1os, pero al ser imposible atender tantas demandas contradicto 1ms come~zaron l0s contlicios entre los grnpos revolucionarios, con enfrenta1I1ientos constantes hasta el <{maxlnrntm>. Zapata, con su negativa a desarmar a sus campes.in os, se_ enfú:ntó a Madero, partidario de la ley y la constitnción y contrano a la VLOlcncw y las expropiacwncs. Las contradicciones políticas cu\re los lideres revolucicinarios amnentarou crn:mdo el prcsidenk quiso re, mcdim· la falla de cuadros en la adtninistrnclón rncorpmarnlo porfiristas y liberales u un gabinete q11e contaba sólo con dos revu!ncionarios. El conflicto c011 el ala rnils racl!ca! flll!TICntó cuando se disolvió el Parlldo Antirreeleccionista parn crear el más modeLwlo Partido Constitucional Progresista. Las diferencias regionales sobre las que descansan los ~uchos MéxKos pcrmltc:n lublar ele varias revoluciones: agrarrn, social, indígen:i, obrern o burguesa; y hablar de vanas revoluciones implica alndlr a distintos proyectos revolucionarios. Sin emhargo, las cosas no están claras en lo 1-eferente a ]are" voluciún agraria, pon¡m: !as reiviudicaciones de los trabajadores de las haciendas 110rtefía,; uu coincidían con las ele los campesinos del centro v del sur ' zonas más densam;.;ntc pobladas y con mayor presión sobre las tierras c:nltivabics. La timidez ele la política agraria de Madero lo enfrentó con Zapaia, Lmu sll!Jac1ó11 qutc llegó al conflicto armado tras el alzamiento ck Orozco en Chlhuahua En noviembre de 191 l Zapata lanzó el Pla11 de Ayala, que rece>nocia las reivmdicac1ones campesinas y la expropiación con inclcmnizadón de la tercera parte de lPs granrics latifundios; y simultáneamente reconoció a Orozco como _jefe de la revolución. Madero mandó repnrnir a los rebeldes con un ejército al mando del general Vlctoriano lluerta, un militar del ejércüo porfinsta. Cumplido su ob_ie!i•• vo, Huerta retornó a la capital parn doblegar a félix Díaz, un sobrino del ex presidente, alzado contra Madero. Después de un enfrent::imiento algo teatrnl, Huerta Y Diaz, protegidos por el representante diplomático norteamericano, Hemy LanC' Wilso!!, apresaron y asesinaron al presidente. El magnicidio mostró la ambición ele Hnerta, un personaje dado a la traición y a la usurpación y conocido por s11 cjercit:io tiránico dd gobierno, que debió enfrentar una fnene oposición- Pancho Vil!a, en Chihuahua, y Venustiano Carranza, un rico hacendado, senado¡· porfirista y gobernador maderista de Coahnlla. Carranza era el antor del Plan Guadal11pe, que planteaba la revolución ccrnstitu'

cionalista contra Huertn, al que desplazaría de la dirección n:v0Jucionc1.ria. El preside!lle Woodrow \Vibon no l\;COL1oció al gobierno de HtLCl'la, pese a que contó co!l el apoyo nork.amcncano al llegar a la presidcncia. Wilsou respaldó a Carranza y con el pretexto de 1m rncidente armado con nn destacamento cstadmmidcnse en la zona petrolera tk Tampico, ordenó ocupar el pnerto de Vcracruz, en abril de 19 l 4, privando a Huerta de las rentas aduaneras. !· Lty muchas intcrprdaciones centradas en el peso del petróleo y en las presiones de fa;iados Unidos para condic10nar la revolución, pero las caídas de l:foerta y Madero r,;sponden a li1 evolución de los sucesos internos y a la rnrrelanón de fuerzas entre los revo\ucionarws. Mientras Pancho Villa y su División del Norte aumentaban sus acciones armadas, el a.gransrno de Zapata prnseguía en Morelos, al sobrevivir a la represión del gobierno federal, y la acción de unos y otros pu~o contra las cuerdcts a Hnetta, que huyó cnjnlm de lY14. El 20 de agosto los cun~titucioualistas ocupamn la crndad de: México y abrieron tm nuevo periodo revoluc1ouario. La derrota de Huerta y la d1sol!lcióu de ,c;u gobierno arnemrzarnn la gobemabil Lclad de 1:-i revolución, que atrav,:só lma etapa de fiagmen1acióu polltica Je mano ele los caudillos rurales, generalmente sil1 expe1icncia política, y ,:us bandas armadas. Parn new ra!Jzar a es ros caudillos, pacihcar a los carnpesiuos, .:i.cabar con la nnarqnía y favon:ceL· 1n gobernabili<lad, los lide1es constitucionalisias levantaron la bandern de [a re~ fo1ma agrarn1. La debilidad de las alianzas agravó las co11trnclicciones de Jo:, di,~!ll!to.s grupos. Carranza quería la Jefatura Suprema, pero la oposición de Villa y Zapata fue tenaz, hasta que en noviembre lo cxpuls:1ro11 de la capital y reanuda" ron los enfrentamieHtos armados. Carranza se rcfü¡,,'ÍÓ rn VeL'.li.:ruZ y con el control de las rentas aduam:ras, el apoyo del lícleL· de Sonora Álvaro Obregón y de Estados Unidos reconquistó el poder tras vencer a los agrarisias. En 1915 denotó a Pancho Villa y la conflictividad comenzó a remitir. Su gob1<:rno foe reconocido por Estados Unidos, busi.:ó 1ustituc1onalizar y consolidar la revo-lución, pacificó el país e mcluyó cntTc los objeü vos constitnclonalista~ la re• fornw agraria, la sirnlicahzacíón de los obreros y el derecho de huelga. También disolvió al ejército federal, q1iitando a la oligarquía porfinsta una de sus pocas bases de poder. Mientras, Obregón se convirtió en el hombre füt:l'te dd régimen y aumentó su influcrn:!/1 en el entorno de Carranza. En 19 ! 7 se proclamó una Hueva Constitución, que en SllS líneas generales sigu,; v1genie, y dotó a la revolución de un marco legal e mstituClonal. El texto, de contt::nido in te¡ vencionista y nacionalista, recogía demi1!ll'l'h de: los obre rus y campesinos, comenwndo por algunas propuestas agraristas, aunque m los villi::;ta~ ni los zapatistus participaron en su redacción. La ConstÍhtción heredó el :mtide~ ricalismo ele 1857 y otras reivmdírnciones socinles, como la protección a \os trabajadores o el reconocimiento de los sindicatos. También nacionalizó las riquezas del subsuelo, fundamental paw el sector petrolífero y 1rnnero. Un fa. llo de la Corte Suprema de 1927 negó enrácter retroactivo al artículo constitucional, tranquilizó a los inversionis1as ;;>:,;.tranjeros con interese~ en el sector y


nounali1ú las tdacíomcs C0111l'.lcialcs con blado~ !Jn1dos, d p1:11c:ip:il mucadu de bs expurtncioncs m,,_\icanas Las lcndcncias 1101 mali:n1dora~ crnn apoyada~ por Obregón, (]llL' ac11mu!Jba influencia políticn., y por eso CarrCl!lLa intentó impedir su carrern presidenci:ll con un golpe 1111!itar, fr:-i.casado. S11 asesinato, en mayo de !920, y la elmunación de Zapata, en 1919, y Villa, en 192.1, permitirían el triunfo de Obregón y la ir,.stitucíona)iz.:1ción dr. la revolución. Tras e! interina lo de i\dolfo Huerta, Obt·egón ganó lis elecciones apoyado por el Partido Liberal Cons titucionalista, los agrnnstas de Gilclardo 1'vlagaña, la anarquista Confederación Regional Ohrera Mexicana (CROM), sectores del ején:ito y las clases medias rnbanas y algunos intelectuales, como José Vasconcelc,s. Estos apo" yos le permitieron gobernar en calma y sin complicaciones políticas. El petróleo, controlarlo por empresas norteamericamis y británicas, fue uno de los principales productos de exportación. La propiedad de la tierra foe un problema central parn los gohiernos revoluciomirios. Obregón y Plutarco Elías Calles, su sucesor desde l 924, inientarnn hmitnr la restauración de tierrns a las comunidades mdígem1s a tt·,wés de los ejidos y optaron por repartir una parle de las haciendas confiscadas a los campe&i11os de forma Individual. Otra parte fue devuelta a los propietarios prerrcvolucion::uios o se repartió entre los líderes de In revolución y sus allegados. Sí la mayoría de los hacendados norteños apoyó la revoli1ción y mantuvo sus propie<lades, en el centro y el snr !a fuerza del rnovirnientu campe~;i.. 110 y la presión por !a reforma agraria fueron mayores. Esto permitió repartir 1.500.000 hec1itreas fren1e a las J73.000 de Carranza. En 1926, h políticaantíckrical de Calles fue: respondida por el movimiento cnstero con la cons1glla de (<Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe>>. E! movimiento amenazó !a estabilidad del pafa y enfrentó al ejérci1.0 basta l 929, cuando se llegó a un ac11erdo entr<e México y el Vaticano con la mediación de Estados Unidos y Calles se comprometió a no arremeter contra el eatolicísmo y la Iglesia, pe!'O sígL1ió aplicando h1s leyes secularizadoras. La sucesión de Calles provocó más piob!emas. En 1928 se derogó el pri11cípio de !a no reelección a favor de Obregón, pero su asesinato gene1ó nueva~ iw¡uietudes. Para p~cificar el país, Calles creó el Partido Nacional Revol11l:Íonario (PNR), con los jefes militares y los caudillos regionales fovornbh:~ al régime11 y las organizaciones y grupos sociales partida¡ ios de la revolución. Calles se convir1ió en el Jefe l\fax11no del PNR y así comenzó el «maximalO>), el dominio político del Jefe Máximo qne coexistía 00n presidentes m{1s o menos Irrelevantes, como Pascual OrtizRubio, que derrotó en !as elecciones a Vascoucelos. En 1933 se eligió ca11didato oficial al secretario de Guenn, el general Lázaro Cárdenas, con fama de honesto y progre:-Üs!a. Su campaña presagió un giro radical en el gobierno y tnrn su elección tornó algunns medidas opuestas a la voluntad del Jefe Máximo con el apoyo de caudillos campesinos provinciales y del movimiento obrero, insatisfechos con su gestión_ Los a1::iques de Calles contra Cárdenas l!evmon a Vicente Lombardo

6. Las guerras civiles en Colombia La población colombiana creció entre [870 y ! 928, pilsand? ele 3 millones d~ habilclntes a 7 .200.000, en un proceso paralelo al aL1ge ecormm1co. Las ex~o1tacioncs, especialmente de tabaco y quma, atravesaron a mcd1~~os de ~1. dec_~·da de J 880 una difícil coyuntura y provocaron, en J885, el J_ m del kgimcn .b . ¡ [ a reactivación exportadora no vino de la minería, smo del . . relanza-.. l¡ era. A miento de la producción cafetalera, cuya produc_ción y_cornercia 11z~c101_1 permanecieron en manos colombianas pese a lllS rnver~1011es extrany:ras. Los cultivos ihan de Santander hasta Cundinamarca YTo lima Y por el oeste en di:• rección a Antioqu 1a y Caldas. Lc1 expansión e_~ lm, tier_rns templadas provoco · ''""I '";"'aciones intcrnns y h1 generacwn de m1\cs de nuevos empleos. 1mpo, "'' "·' """'' •- . , , - · , , ' 1 ! 909 La red ferroviaria se amplio y paso de 200 k1lometros en _1885, ~ 90 , en - .' 1.480 en 1922 y 3.262 en 1934. El crecimiento económ1eo e~tlmu!o e! creCJmiento urbano y en¡ 928 Bogotá, Barranquilla, Cali y Medc1lm superaban los ¡ 00.000 habituntcs. Esto supuso un incremento de los_ sector~s medios Yen menor medida del proletnriado, gracias a ln expansión m<lustnal, centrada en ]a producción de bienes de consumo (te~tiles, ali1fü:ntos y bcbJd_a:)- El ~esa• rrollo de instituciones gremiales o políticas que de!e~cheran a lus trabaJ~~lo• res O adoptaran posturas de izquierda fue escaso, debido al papel del Parc1do LibernL el referente político del artesanado urbano. . ., La ~onversión política del presidente Rafael Núñez le perm1t10,al c?,nser vadurismo tener un programa y 1111 líder. Apoyados en !a Cons!ltuc1on <le !886 los conservadmcs se mantuvieron en el poder hasia 1930. La nu~va c'ons~itución, a través del voto cualificado y elecciones indirectas, res;a_m·~ e~ poder central y vació de contenido a los gobiernos lo~ales. L?s est~_dos s~ convirtieron en departamentos, sus autoridades eran de libre des1t,r:1,ac1on presidencial y a los alcaldes los nombraban !os goberna<lor:s- Tamb:e~ se ct'.'.1:plieron otras reivmdicaciones conservadoras: se declaro ~l catohc1smo r~.!'.gión rniclrrnal, se eliminó \a lihe1"tad de prensa y se 111stm1ro la _c,ensnrn p:e: 1a.'. El control de la maquinaria electoral, con la ayuda de la Iglesia y_<lc los lu~ cionarios gubernamentales, pemiítió a los conservadores consolidar s11 prnsencia institucional y marginar a los libera.Je,;. . El estallido de la Guerra de los Mil Días, de 1899 a l 902, con miles de · timas y enormes pérdidas económicas y financieras, agravada ~or el de,:~:~iso en el prel:ÍO internacional del café, evidenció las co~trad1cc1one~ Y limitaciones del r~gimen. Una de las caus,1s,')c la guerra f_ue la cnest1on ,de Panamá. Finalízada la guerra volvíó !a estabilidad, favor~c1da por la Cúl~~~rtirucntación regional, el peso de la pobl,1ción rural y la cx1stenc1a de otra:> cm•0


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dades que competian con Bo"oh f, 11 i _:-<l ·, ·- ---- ----,,.,~. 0 '· ., - '-l,e 1pres1 cn1cJoscManw·!/vl· , f _ ,,, 1 ~l_ll_)U _ne ~c1ced1do por el general Rafael Reyes (1904- 1909) d·· l ", ,-~rro. sitivis_tay_ que gobernó de forma dictnloríal. Como scñala-.Mat~t~t l~~cia poyes aspiraba a convertirse en e! Porfiri( 0 . .. in tas, Re-, . > iaz co 1ornbnno mcd - t gesliou mo<lcrmzadora v cficiel't' ·i• s . 1. 1 ' ian e una , '"· "'"·llpMHavunnucvo b" reglas que regulaban lapresideiy,, ("" p·,MI " carn lO en las ~ " '"' ·"" "~'" Ja nuevarnente a pe - d <l tro anos en Jugm <le seis se prnh.,h,'., 1., ,, 1 , , '. no os ecua. ,. ª " ,.,eeccionyserealizab· ¡, · 0 ,",

dlfectas), el líder <le la Umón Re Jublic·ma ' an e ecc10nes ·_ [ ' '.' Carlos Rc 5t repo, foe elegido pre. a~ e ecc10ncs se reali.zarnn cada e , t , ~ . . control del aparato electoral Y, en ifü:nor m~dida al fr· ua,ro ª.n~s _Y_ ~rncias al siden!e. Hasta J910 J· -, ,¡

se mantuvieron en el poder. Recién en est•· ,·,11· ,,. dll!Jel'.hlos i.:Ollservadores , . "" v 1moauo os 1 --ra]e, "b 1 uos por bmqne Ofaya Herrera, pudieron ganar las deccionc"s. ~, cncc1. cza.

7• El fin del Imperio español DespuésdeI8:?5,EspafiavioredL' -¡,, __ , • l'nerto Ri.) y . b. 1 , ICl( c!S ~ns posesmncs arnencanas a Cuba y n · ~1 ,. 1c11 a rnctropoh s, esf , . uiales h-1l .,, , . , " . orzo por mantener los nexos colo¡ , , lliaqucp1eguutarcsehastaq11épuntosebencficnb1dc ~ l . ~os mayorc.~ beneficios los obienis un pe ueño nmo ., '. '. . c.~1:, co om~s. tereses en lff· ll''º . , . . _ q g 1 de penmsulares con m1 1 . ~ ~ " 0000 ~,.oornaesylatrata,Jnntoconf o-Js-, , islenos, ya que et coste de manten", .11 . os "'li1íl(k~ pLm1adores , d • "e mper1oerneev.~do FP!::i .. - ,- ., .. 1 ,a dels1glox1xsehahíadesJe-ad ,¡ , ., , - ·, ·. '· ~cgL,fü,a,1,;y los flujos comerciab dr: C¡u!;a {obre lo~ soc~os merrnotlles norteamericano füc creci.endo ,1 las acle . _ '.cu. a impmtancia del mercado , . b· _ _ J • ' 1wsic1ones estadoumdenses '-,, - · , . supern ,an" !as iieri,usul•,rc,0 ,., , 18 • 0 e· b · a,. azucai -- ' '"'"'"- cr ) u aexoortó· f· - 7 · · pesos y a fütados Onidos 28 mí!lonc;_ En 189Ó ¡' ··t .ª .-:sr~na .nul!ones d.e !1varneme a favor del comercio con Estad , ¡~ s:d11a~10¡n se dec,mto dcfrn1~ 61 ·¡ 1 d os Jm üs lO!ldescvende m1 ,ones e pesos, contra los 7 vendidos e F . - , -, 1 ron meri.canos se corisohdab-in "n , ., , n .span~. Lo~ rnterescs nortea1 . • ' v ,econouuacubcina mi·· t ¡. . ncs 1mlependeniist::is se v·+ , ,. ·º ' , en ras as msmreccwba las mversion"-' , . , e an como un tac1or desestabilizador que amcmiza, .... ~. . En 1868 comenzó la Guerra de los Die:1 A - _ , _ c1pai.:i6n, ap1tlVechando el tksconc1crto nn1; ¡, n~~, un .s,eno mte1:l? ae enwnen España. La nuerrn i-etlujo la d , .·, _ d rcvolucion que hama estallado pet◊ la debílid;d militar de lo's ~~~u;.:~~~;~ ~t;.r~t el número de iugenios, pidieron imponerse al ejército esp=~ol ·[ a ;. ~ da~ ~ªPº?º popular les irn1878, puso fin a la contienda ;, ¡· _·. :'' d_Z an,¡on, de febrero de ' , 0ve<) a 1ro unagmac1ón" , l .. · para solucionar el problema col ,, l . J su Haron 111tc1cses " .. . · onia Y para rdundar las relacione, " t ~ "._ i)ano 1es y cubauos sobre una renovada conviv ,·, , . s ,;;n re; ,.s nos interpretan el acuerdo co n , . . _. <l CHn,t. LOS historwdore:; cuba1 1 e mJc10 e un¡¡ nueva era -1 ,, · ·, de las libertades formales uropias de u F"!• ¡ ., 9 k perm1t10 gozar si~)H, la posibilidad de co;1stituir d~~ de; de~edm:,~1~e;tad de cxprnuuentos y diputaciones provincialts Tns p:,~ico'sl ¡ll'.ª ckclnon d~ aynnta. '· " 7 e;, a aron a gunas msurrec-

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c10ncs que no amenazarnn la cstabdida.d dd sistema y entic 1878 y 1895 Cuba gozó de las suficientl'.S libertades como pnrn que la rel:ic1ón colonial subsistiera. Al a.mparo de la Paz del Zartjón smgieron el Partido Autonomista y el Partido Unión Constimcional. El fracaso de los autonomistas convutió al Partido Revolucionario Cubano, de José Marti, en el motor de la rcbdión y el eucargado de aglntinat a los pai"lidarios de la emanci._pación. Frente al modelo cnbano de enfrentamiento con la metrópoli, los hacendados de Puerto Rico, deseosos de obtener !a autonomía, prefirinon la vía moderada de la presión política sobre las autoridades coloniales y metropolitanas. El Grito de Baire, el 24 de febrern de 1895, inició la Segunda Guerra de Independencia. La crisis azuco.rcra de 188.:1 y el descontento generalizado en la isla amplümm la base social Jd movimiento emancipador, a diferencia Je la Guerra de los Diez Años Con respaldo popnlary solucionado el problema del liderazgo, la guerra avanzó bzuo bdirección de los geuernlcs Antonio Maceo y Máximo Górnez y de José l'vlaní. Pese a los esfue1zos del gobernador general Arsenío Maninez Campos la rebelión se extendió y la parte oriental de Cuba cayó en poder de los rebeldes En diez meses la insrnrección se extendió por toda la colonia y el gobierno de Madrid se propuso acabar con ella. A fines de l896 el ejército español al mando tk:l general Valeriano Vv'eyler había aumentado a 200.000 hombres y sí bien la rcpresió11 se endureció no se pudo invertir !a rnarcha de \o. guerra. La política española de tierra m-rnsada provocó cuan•• tiusa:; pérdidas er.\re !os rebeldes, pero también entre ],_,s españoles c¡uc tuvieron más de 62.000 muertos. El gobierno de Estados Unidos, que ambicionaba adqnirü la isla, temía 1ma revolución social que afectarn a sns inversionistas y recelaba de la capacidad pacificadora dd gobierno español. Martí había con~ denado las ambiciones anexionistas estadounidenses, pero :m muerte, en 1896, impidió consolidar su liderazgo en el movimiento independentista. La vuelta de los liberales al poder en Madrid pcrmiiió, en enero de 1898, un gobierno autonomista en La Habaua. La marcha atrás de la política metropolitana llevó a nn nuevo conflicto en un momento de indefiuición, agravado por el rechazo de los más radicales a la propuesta pacificadora española. En esas mistnél.S fechas, e! gobierno de Estados Unidos envió el crucern Maine a La Habana paia proteger los intereses norteamericanos. El 15 de febrero, en un confuso aGcidente, el crnccro ardió y fue el pretexto para que Estados Unidos declarara !a guerra a España e interviniera en Cuba, Pnerto Rico y Filipinas, donde impuso su superioridad militar, como muestran los enfrentamientos navales de Santiago de Cnba y Cavile. Finalmente España perdió Cuba y Puerto Rico, en el Caribe y Filipinas y Guam en el Pacífico. En América Latina los sucesos de 1898 fueron nna llamada de atención parn muchos intelectuales, preornpados por el poderío de Estados Unidos y por sns efectos noci.vos sobre el resto del continente. Desde México hasta el Cono Sur se alertaba de los peligros dd imperialismo y del expansiouismo norteamericano, aunque los gobiernos y sus diplomacias adoptaron posiciones más cautelosas, como Argentina, que rápidamente declaró sn neutralidad en el conflicto.


Después de l:1 C-ucrrn de I N98 los cami11os de Culn y Pi1c1 lo Rico se~~:· p,:ramn, según las fH1stma, de su~ gr11pos dom man tes frcutc :1 la 1nck¡x:ndcncia. El Trnrndu de Parb convirtió a P11crlo Rico en una posesión 11011c,irnencana, pe10 la invasión de 1898 no sólo fue un cambio tk mctrúpoli, sino lmnbién de las rclac1oncs económicas con [os dominador<'.s. De cslar a fines del siglo xix bajo el control de una metrópoli prntecc1onista pasaron, a principios del xx, a mano~ de una gran potencia capitalista, con una economía abierta y en franca expansión. En Cuba, el esquema político se había complicado, ya que al enfrentamicnío entre los parl idos políticos locales se sumaba la dominación económica, militar y polílica de Estados Unidos. Los liberales habían apoyado !a emancipación, mientras qne los conservaciones se habían mantenido a favor de la vinc11lación imperial. La Constitución de 1900, aprobarla por una convención dominada por los liberales, incluía el sufragio universal y la rcpresentc1ción de !as mi norias en el Parlamento. Entre el l de enero de 1899 y mayo de J902, C11ba tnvo 1ma administración mililar, lo qnc no agrarlah¡1 a los independentistas, qne vda11 e11 Estados Unidos un nuevo poder colonial. E! primer presidente h1e Tomás Eslrnda Palma, un liberal moderado apoyado por una amp!iz1 coc1lición de libernlcs y conservadores. La enmienda P!atl, aprobada por el Congreso norteamericano en febrero de 1901, e incorporada por la presión nortcamcncana al texto constitncional, concedía a Estc1dos Unidos !c1 posibilidad de interve11ir en la isla cuando lo considerara oportuno para proteger b libertad, la propieda<l indivi• dual y los intereses norteamericanos. A partir de 1903 Cuba arrendó a Estados Unidos, por 200 dólares anuales, la zonn de Guantflnarno, que todavía hoy es utilizada como base nnval. Una consecuencia de las garantías otorgadas por la enmienda Platt a los capitales norteamericanos fue el mcremcrll'o de sus inversiones en Cnba, c¡ue llegaron rr S<':r casi la cuarta parte de las inversiones norteame1·icanc1s en América Latina y que en 18()6 sumaron 50 millo" nes de dólares, 220 en 1913 y 919 millones en las vísperas de la Grnn Depre~ s1ón, concentrándose de tonna preferencial en e! scclor azucarero, pero cubriendo también otras áreas, especialmente en el sc:clor servicíos (comer-• cio, banca, tnrismo, etc.). En 1902 se firmó un acuerdo comercia! entre Cuba y Estados Unidos, que complementaba económ1camenle a la enmienda Plalt. Eslados Unidos rcdnjo nn 20% las tarifas aduancrns a diversos prod11clos cubanos, entre ellos el azúcar y el tabaco, que dominaban !as expor1acioncs, y Cuba redujo entre 11n 20 y 11n 40% los c1ra11ccles a los productos norts:amcricanos, preforenternc11tc manufacturas. El crecnniento del com,;rcio cubano-norteamericano, que entre 1004 y 1928 se multiplicó por cinco, fue consccncncia (lirecta del tratado. Las exporl'aciones cubanas suponían el 16,6%1 del total del azúcar consumido en Estados Umdos y pasaron al 28,2% entre l 81J7-J901 y 1932 Un crecimiento más espectacular tuvo la prod11cción de Puerto Rico, que en las mismas fechas pasó del 2, l % al 14,7% del azúcar consnmido-cn Estados Unidos. El crecimiento de la i11duslna azucarera de Puerto Rico se debió a füertes mver-

.. _.,,, ..... , 1 ,11 un rnuv i.:orto csp:icin de 1_ii.::1n¡,ü, dl tic~ l""lp1l:.ilnm,,c1rnc11,,,1,1l,'-' , l s1ones < w <..., , •·. -- nvin1~nr\o~c en rnonoproductor <li.:: u1,uc;ar, ccm e Vllbt11~s y 1m1qrnn,i1u, LO lt- . _,,. __ .,,,, l<tUC ]·nhia vinocido una gran cxp~rn. ' "'• . ~-•')ele Jo,; Cü ¡y()~ Lk u. ,., ' ¡p:1cnte1d!OL-v~( s-JCcadasdc\s1glox1x)y(kltabaco ' - - ' sion en la:, (\oS ulluno.. . . l 11,,,.1·,u·, 1 1\ii'(intin11sla en lSt) 7 v · . . . ., . d. •ésclc 1a,1v1s1onlc 1 " ' ' · . ' En 1-'uc1 to h.1,,o, c::;pb •,, ,oo ¡,,,. fuerns polil1cas, lo que -, • -,·cao'1sereo1"'al11Za "·' · · · de !u invas1011 nor,eam d 1 ' ' ' . -e;;, S.,,-~-,,·,,,, dos"·· .,,irti<los: el Federal 1 . T- ¡Juertornquenai>. e,.,''" ' afc¡;IÓ a la ,<gran fann 121 ' t b -,nlereses de los hacendi:ldos Y 1o~ ]' El Federal represen a a y el Repu b 1cano. . .,, ºO"t"l ,,,·,entras CJUC el Rcpuh!icano expre, t· ~·su11egcrnoni« ... ""'' . · ¡ pretern l ia man cnc;i , ,, ciuerhn crear un sistema son a Y , irbanos en ascenso, qu,. · ' •, 898. saba a l os sec ores 1. h torrit¡rn:ños \a invas1on tle l . ¡·b ' 1 odnno Para rnuc os puer _ l político 1 era Ym ' .' . I· •dcrnid-id tras \aruos siglos de ro1 . . , l ll da del libera 1srno Y a mv ' "' .. simbo 11zo a e~a -, l . . , o~tnra frente a la dominac10n norka. ·· ¡ al Con e tiempo, 1dp" mrnac1on co om · . ,·¡· .0, ,,, 1,.,·,,, y de división entre los puer. ¡· f' tOf(CJ(eD -'· ,.,, 1 1 ·1 !CaCl_ 01n··c··r mencana ne un ac , vincuhidos a Estados Unidos o torriqncños, que dcb1an _optar Pº'. pe1, ma ,. ", .. . poc -.., 1d,. 1·,·cil cairnno de !c1 m<lepcndcncia. seglllr

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a consoHdadón de las exportadones

. . , d las economías pnmano exportfüloras hahla Hacia 1880 Jc1 cons~lldacJOn ~ . · ' l d manda de nuevos productos res·miento cconom1co. ~a e ' . acelera d o e 1crec1 [· a·ia1y también a las trausformac10~ , l b·osene\111crca(ü1DU11 ' . 1 pond1a a os cam , . , ' r t . ,,,'rnla la construcción de mfracs-• ¡ ans1on de 1a ron eia ªe' ' , , . nes rnternas: a exp _ •¡,, ,1 ne"imiento demogra 11co · ¡ - ~ te puertos y 1enocarn v ,v tructuras, particu mm"n . _ d , _ , ,,,,pos urbanos. El crecimiento . • ·, el surr,1111ien\o e 1111evos b y la rnm1grac1on Y , o d .b,·,,,, que hcilitaron el (lesarrollo , d · acosta(e •' '' . 1 escqu111 econom1co se pro uio t . ,,.,.,~,·,, y al subdesctrrollo. Esta s1·· y condenaron a o ras a1" , ,,., de algunas reg10n..,s ,, . d ,,le~ donde coexistían una parte , l ll . dO et habfo.r d" economias u, -,, . t11ac1on 1a eva ' ' ' " l merca d0 1ntc"<''C\Onal con otra antigna Y .· , ,· culadaa ·,,'"' 1 moderna y dmamica, vn , l t· d· nor la moderna. De alg1ma _; t da al autoconsumo Y 1exp O a '1 t . atrasa d a, 01,en a _ dependcntisla enirc 1, t-,·nr·•tación '-enclplanomternoame1·'· · d mai1era se repro ucia . d ,, .. e"p!otan a ]os segundos en , ¡ ·~·neos don e 1os prnnv, 0 ~ ,, pmsesccntraesypen.e ' .. ·., . t. •,,,aldc\trabaJ·o queendcaso , d· t mada d1v1s10n m e111ac1 J ' • func1on de nna e erm ' _ , , .. · -0, 0 rncional. P:irn que la leona 1 , 1 lcserefcnnaaunal!VlSl ' de las econom1a~ ( la incorporación (le los países pe• ia funcione es n<:cesanü que . de l a depen d ene _ . ·t· "p-,cia]iza"ÍÓTl lJro<lucllva se . , . ¡ - O 111 •ncanos a una c1e1 a "~ '" ' · " . nfoncos, los atm. ~ '" ' ' ' ' , . ., t a\es c¡uc :i elecciones racionales , · swioncs de los pa1ses cu1 re. · · deba mas a 1mpo ' . · _" l · atrias convertidas en comparde las o_Jigarq1:Í~~ nac~ona~es;:i~¿;~td~;;,~~;~cia h;1-introduci(lo e\ factor exsas del 11npcnal1s_mo. _,a tdltkl _ _ l ,,, interpretativo de la h1sto~ · · ¡. como el pnnc1pa ;i_rgun 110 . temo, el nnpcna !Srn 0 '. l . t .·, ,1, ¡,,,. ,;;\·ersiones cxtrai1Jeras, s "ª" ·1 1mpor ancB " "'' ria latinoamericana. "m n_c:"',' ~' E l' (los ni las [Jtesiones políticas . , ~ . Gnm Bietana v ·.osta(Ios 1111 · ·' rn los vrncu 1(b c.011 , .: b. _ s latinoamericanos, centrare1 de estos (\os ú\l!mos paises sob1e os go icmo 0 ','"

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rnus el anúhsis t:JJ los prn:e.~os in;crnos 1 las l ¡-,· _ , _ _ . ··---·~ el rn~n~_io de fos n:::lacion¡c,s irnernacion:;1es. J. o i,1cas d,-: los gob1e1 nos y en _ Se tw Uicho que los ingrs:osos del sectm ex . i _ , al capital e_xtrnnJe1 o sino t:irnbién a las o] i<>arc ~¡¡:~tacº'. ~i_e;i~ t lt.:l<.l:·on no ,sólo tt

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1mp1oducuvo de sus ganancias en g·,stos s~ t l _. , -~lle a lnan_ hecho uu uso l~s. vic0es a Europa, fiestas, et~.), s1~-1i.::;n~~~ti~-~<\~º; ~~'.1s~rucc_1ón de palace\·1dades prod11ct1vas y sin preoc11parse por el d -~ ~ I11n i1st1ia 11 otras aciisectores sociales menos favorecidos . .Por el con~r~ª_'.10 '.) 1iac1ona!_ rl1 por los 110 exportaciones tuvieron un siono po·-;¡ . , hay Cjlllen dice que !as , ' '=' ~, ivo para 1a economia v d. , ·. crc:nm1en10. Las rencrcusion··s O "",, 1 • ' , mwm1zwon e] • . • ' "· " c<1cn~11am1entos éJUe po r, . au1v1dad exponadoia estmllllab•,· 0 ,,.~,. ., _ .. · l· _. · _ e w piornover la "' "·'"e 1'V1éa\!esp1od11--t · e1mie1 lto de n!gunos enclaves exnortad¡lrcs , C 1 .. . . ,_ ivas o eJ abasteeran la principal fuente de ·nor/ . r·, . , _·. · .orno º" impuestos aduaneros e.,os 1sca 1c:s. tanto Jm obras ¡, · ¡;. ras,comolamayor¡iartedclo,g·,·t,,. . ., · _ · ccm ,aestn1ctu_..,_,.:,vsen;::tueac10118-:1md· l, ., 1 namiernq nrbano fiieron pcis,·b¡· .. ¡ '·• M Y en acnnd1c10. · e~ por el aprTtura ··con' " ¡ miento externo favorecdc, ¡·o, , _. , .. · " orrnca Y e endeuda. ' ' (,f 1en,nc1on export-id ., ¡, 1 , queadc¡uierensumadwczenlam·, _, ., ·. ',a1ace,asecono¡¡nas, l·d·l"'-'0 . dJ01p<11tt.de1ospa1sc"sentono,1la·l'. " e, ()(> • ' • < e l:Cd1

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/\ partir Je la década de 1920 las ex lntacio " , ~ ... , , , ,·_, el cont1ne11te, comen;,:aron a concentra~·e M '. ~~s pet, oh/erc1s, ('1c<persas por pioceso seguido de Vew•.,,, 01 ., _, ~ · • _e.:ico marchaba a la cabeza del 011100 ,. "'"· ,. ','--- 101ay 1'"ru t.::·1 1, · '\_ [ • cc1na, el petróleo se convirtió c:n , .· ,· _'-' . ·_ ' P cna r evo ucwn mexi1 Vene7t•elu de '--~·,, ,- _ ., (', c puncipat prnJucto de exportación_ En h , ___ , · ·'""' vice1,,é ,0111ez.Jacost;:id-··M- ".b · ., '·· ae p,;;1fornción y Je pozos de ex lot.ac·c l /' ¡ aravc11 o se cubno de torres la Royal Dutch Shell una coa•p¡1a·-,. irm, a . iernpo que en la vecma Curn,;;ao, , ' " '- macccap1ta!ang!ohola J'·· · ¡· .. ucnas parn obtener combu .. til,l,. ,1, . n e~. msta o reh1 . ~ "c1 crucovenezohno (as, ~-<lmencan:1s, comemando por la St¡¡ , d ()'] , · ~ , companw.s no1 te1 En Columbia, Perú; hasta Aruenti~:at~; <l ~' refinaban en Estados Unidos. 011 Petral ifc:ros fiscafo.; dorninab,; la 'X l t . ,1: bl empresa e~talc!! Yaeim ientos tamenk. \ó, Po ílcwnJ ª pwducc1on crccia muy !en-

9. las inversiones extranjeras y la actividad productiva E_n la década de 1880, fas inversiones cx!ran·er, ~ ct· , .meas y de corn -,. ¡·, .-. J a~ irc:cl,\s de empresas b1·1tapamds ran~esas a!emawis y nort . volumen comparable al end 'ml;m :, _ ea_mencanas alcan2aro11 un · • 1: ien 1 J<l!moarnencano en los , d ¡· nanc1erns m!ernc1eiona!es C"'cl fvf· h _ · merca os 1. - '" os arn:: a 1 senala que no I h solidar posiciones en la banca t l _ · se rata. a de con' ) en e comerc10 mtcrnaciona! , · ¡ · . en transportes y en al o-unas acf •d d · . , srno e e rnvert1r les, tranvías, minas, i;ge1:ios a;~~a~e;~;~odu.ct1v~s V)ncul:das a forr,?_carrigas, electricidad O teléfonos ,.,n . .dnolmos nannew~ Y compamas de 1 ., . .e esaceca.,1eJ80%dcla,· .· . tas bntamcas se ccincentrnrnn en los cinco:,, · mvers10nes dm:cgentim (37%), México (l7%) B , . (l yms~s .de mayor producción: Ax' rasi 1 4 1/o), ( hile (7%) y Uruguay (5%),

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donde tnmbién la cornl1 ucción Je fonocarriles y el desurrollo urbano avrnl•· z:.:iba m{is rápi<lamc:nk. Después (le la P1-imera Guerra Mundial lwbo lm increrneuto (k las 1uversionc:s directas 1101 teamericanas en v0rios países, especialmente en Cuba, M<'.:xico y Chile, a1mque sin préstamos a largo plazo para los gobiernos. Algunas firmas, predecesorns de las actuales transnaciona!es, se instalaron en t,sta época en América Latina. !fasta fines de la década de 1880, el predominio de los bancos británicos no estaba amenazado por otros bancos enrnpeos, especialmente franceses o alemanes, ni por los norteamericrmos. Los Rotbschild eran prácticamente los banqueros oticiales de Brasil y Chile y los Baring Brothers los de Argentina y Urug¡¡ay A finales del siglo XlX las pos1c10nes británicas comenzaron a ser afectadas. En íVlb-..ico, los banqueros alemanes controlaron tos crédiws mter~ nacionales del gobierno desde 1888, aunque compartieron el negocio con franceses y nortscamericanos. En Brasil, Argentina y Chile los franceses y alemanes se hicieron más activos que en el µasado. Después de 1898, los capita .. ks norte;uncm:auos aumenta1011 s11 presencia en el Can be. Sin embargo, trns b Primera Guerra cambió la correlación de fuerzas entre las potencias: mientras Gran Bretaíia salió debilitada de la guerra, Estados Unidos vio reforzada su posición. De todas formas, liabiía que espc~rar a los altos treinta, y especialmente: Hl rinde ln '.'seg1m1b 011<':1 ra Mlmdial, om el 1naynr rkhilita11iie11tn brit:ínic:o, parn qut: l:Sa sinwción q11cdarn perfilada. El reemplii.é,) d,:; la ,iorniHacníu l1cili'in.1é.a pu, la es\¡¡,Jurniick!lse s0 cjGrnplific:i, según Halpcrín DonghL con el fin de la era dd fcrrncarril y d inicio de la del auiornóvil qne cambió los caminos de hierro por los de asfalto. Tras la Pnmera Guerra la presencia norlea1ncrícanase in1ensificó en los paises del P:1cíhco y lumbién se hizo sentir en Brasil, Argentina y Uruguay. A diferencia de !as 1nvers1ones europeas, los capitules norteamericanos se invirtieron en actividades pwdtJctivas mediante ernp1·éstitos negociudos con los gobiernos o eu la búsqueda del control de- empresas de transporte o comerciales Nume10sas empresas norteamericanas se instalaron en ln región parn fabricar sus pn,pw~ prodm:tos o pc!W e11~:m1blarlus. México foe llna excepción y a 1a sombrn del porfü 1;1tl1 se prodllJO una fuerte rnversión de capitales uorteameriCCHh)S en fonocarriks y mi11er\a, desde la d<)cada de 1880. En l () 14 lo~ gobi,:rnos latinoame1 icanos Jebian a los mercados Íntern;¡ .. cionules 2 000 llllllnnes de dólmes. La mitnd eru de empréstitos contratados el ~iglo anterior q11c se seguían paga11J,l, y el resto nuevos empr6stitos negociados durante ei auge crcdilieio de 1()04 a 19!4. Después de la guerr:1, y más cvnc.:reiamente entre ! 92 ! y 1928, !a mayoría ck los países latinoamericanos entró en una verdadera vorágine crediticia conncida como la «drn1za de los millontS'> Ln eso;; años se ernifr.:ron )() ernpréstitos nacionales, 40 provmcia!es y 25 rnumcipales, por casi 2.000 miilones de dólares. F:\ra~il fne el país rnús endendado con 600 millones de dólares y Argentina, Chile y Cuhm1bia también aumentaron sus nesgos En términos per cápita, los países miÍS endeudados fueron Cllba, Bolivia y Uruguay.


10. fl 1::omienzo de la industrfa[Jzadón L;¡~ teorías c,<;/1 ncturnlistn~ vinrnladas a J,1 CLPAJ, (Com1sión Fconómka de !as N:1cioncs lJmdas pani Amé.rica Latina) insisten en la importancia de la t:r1s1s de ! 920 en la 111rl11,;tnali,cac1ó11, trazando una frontera enlTL' e] antes Yel desrués de J 9.10. E! antes esUiria ba_jo el signo de la actividad primario ex.por! adora y d despnés en la inrh1strializacióll sustit11tiva de importaciones. Trabajos recientes plantean la existencia de un sector 111dnstrlal pqjante en algnnos países, que sin ocupar un papel determinante en !8 estructt1ra económica, que seguía sicmdo básicamente agrnria, si se víncttlaba al desarrollo exportador. Las naciones de mayor crecimiento, con un mercado interno más amplio, fücron fas q11e antes de la Gran Depresión habían desarrollado un sector industrial más extenso. Úste füe el caso de Brasil, cuya prodtJcción industria! en l 929 ya representaba el l 1,7'Yo de. la renta nacional, una cifra to-• davia muy lejana a la producción agrnria. Una pregunta 1ecnrrent.c al estudiar el crecimiento económico en América LatínJ se vincula a s11 tardi;i rndnstriahzación en comparación con Europa, Estados Unidos o Jnpó11. La explicación tradici01m! dt que América Latina optó, o foc ohligada, por un ddenninado papel en la división internacional de! trab,Ijo es poco convincente. Pma los terratenientes era más rentable invertir en !a exportación q11e en la prod11cción manufacturera, una elección raciorwl y no for:1,1da por las presiones de los comerciantes extranjeros. l,8 fa! M de empresarios y de capitales era otra traba en el camino de la industrialización. L8s d1Mancias, el mal estJdo de los caminos y las comunicacione~ y los accidentes geogrúficos impedían homogeneizar y extender el mercado interno. Con altos costes de producción y una <lf'manda limitadct era dificil, y poco rentable, dcdic::iEse a la mdustria. Sigmendo a Col in Lewis vemos tres e(apas en t:! proceso de imhistrializac1ón prevw a / 930. En primer lugar, el periodo pos!e!'ior a !a mdependcncia, con sus b1 n~cos reajustes en las mc:1n11facl1Iras y artcsaníé!s coloriiales y qu,; en algunos casos permitieron impulsar las md11stiia.~ modernas. L8 segunda etapa (J 870- J880 a 1914) se vincula a la expansión de las exportaciones, cuando el desarrollo económico e insfituciona! sentó las bases para un rnern1do eonsmnidor de manufacturas. Las indusfrias ;;urgidas entonces ec,taban al st:Tvicio del sector exportador o se dedicabl1n a abastecer a les centros mbanos rn:Js importantes. La tercera etapa, desde la Primera Gnerra a la Gran Depresión, se caracteriza por imporwntes cambios en la escalu de la prnducción y en la composición de los productos nrnnufacturados. En algunos país~s, la tercera etapa halJría comenzado a principios del siglo xx. Ames de la g¡k',rra lac, manufacturas locales comenzaron a da borar 1m amplío número de prodtictos. La industria chilena en 1914 ya se había diver~ificado y producía aceites industriales, maquinaria para la minería y papel. En la Argentina, el nl!1'ncro de ohrcros met-alúrgicos pasó de 6.000 en 139.S a má~ de 14.600 en l .914. En Brasil, el sector siderúrgico estaba muy asentado y Ja md11stna textil algodonern se expandió a partir de 1905, cuando

-· ,_ , ., , <l, 40 000 obreros pmducían 250.000 metros - _ de 100 fabricas con 111c1s e cerca uak~ de telas. _ t., • íl v', en '\mérica Latina Los maD . (' ~. rd, Mtmdrnl t;1m J1t:11 m u, l · r t . d _ 0 , ¡0 , •l"q'1es contra los ml -",, Pnmera .iud J rhcontwnayp, ~'-'"' tercan1bio;; fueron af:ct,~~ ~~ p~l ~tlánti;o. Al ex,portar menos, había 1:;c110~ •¡nes merca11tes que '-'¡¡,za dIJ . . "'"''ª'' ,·e contraJ· 0 la. prn<l11cc10n de ' · ¡, · mportac10ncs, mK" ' "·' ' · - ¡· dinero para p¡¡gar as 1 1 . exp,ortables de los países europeos 1mp 1camam1facturas y bienes ee eqrnpo centrar su esfuerzo cu la producción de arobllgados a co~ · ' · . t - ¡ 1·n•portación de mannfacturns do s- en Ja guerrD, _ ;r T mb1cn se resm -~10 a; de' industnahzac10n _ , ., , , ·nas y penrechos be leos. a . por sus¡,, • ¡,' la pnrnern expencn 0 ,0 . . d europeas, lo que 1mpn so , _ n una cierta c,apae1dad 1m,1ahi a cotitución de import>1c1ones. Los paise~ ~o l1ahian de1·ado de llegar a fin de d ]as manufacturas que ., •. - . menzaron a pro ucff _ , _ M h s talleres de reparncwn se convnt1e1on 0 '.!bastecer e! mercado int~rno. uc · h . s de trnbaJ·o parn incrementar la 'ª fabncas . y tue , neces ar10 aumentar 1os nno. , .. _ , . t ,~ destacar aJ,,-unns casos '"'n' ., . , ·iaflitnraes1mporan" , º., , ," 1 roduccmn. Por su 1mpor anc , , Méxírff ]a reg1on de, Sao P ., Jos de Monterrey, en , , de indnstrial1z8c1on, com0 As· bien la producción se centro en 1 ,d dores de Buenos ires. · . . , · E t Paulo y los a1re e M ,lo•·ta--o' h industna s1dernrgwa. ,s a men onterrey ·., " ' - ¡ ¡ artkulos de consumo., umir una parte de ínsnmos nac1ona es, o que d\\Stria tenía la ventaJa de cons, d" agos a diferencia de Jo que ocn. entealaoaanza 1 '-'P -, · d ¡ no afectaba nega t1van1 d d é de los 8 ños treinia a parür e íl . - (,'ºº -,a, ,· ndustrias desarrolla as espu ts rnna experiencia sustitntiva. J


19. Economía y sociedad en la crisis del sistema oligárquico

El p~ríod0 de entregnerrns en América Lrttma, como en otra,; partes de Occidente, fue una época <le transformaciones políticas, ideológicas, económicas y culturales. Desde un punto de vistaecon6mico, estos años vierou el giro a la autarqub y la mdustríalización sustitutiva de importaciones, un proceso que miraba at mterior de los países, buscando en el mercado interno o nacional la palanrn del crecimiento económico. Pero éste sólo podía llegar. de acuerdo con las creencias de la época, <le la man() de una inte1vención credentr.: de! Estado ante la escasa capacidad de riesgo <le los empresc1nos locales y su escaso margen <le maniobrn financiera. Dado el caráckr supkiorlo de las administraciones públicas, el Estado no sólo debía ser d Es1ado prnvidencia sino también el Estado emp1esano, el Estado gestor y el Estado pl,míflcador. La mdustnalización fue un proceso complejo, no imciado autornllticamente des, pués de la cnsís del 30, y, enrealída(i fue más notable y exitoso allí donde antes de la Primera Guerra Mundial e,x.i~tía uu tejido mdttstrial y un u:.ercado intern<i. De todas formas, la autarquía y el exceso de subsidio~ a \a prod11cción atrofiaron las economías y otorgaron un sesgo par:is1tailo a numero,;os agentes económicos.

lo

La economfa

El inicio de la Primera Guerra fue el comienzo de grandes tmnc:formacioncs económicas y la Crisis de 1929 confirmaría el nmibio de tendencia en !as


,~(.:onomius_ 1-cgionak-'. Si en las rkca,bs fiualcs dd siglo :\IX y los ciiíos ini", u_a le_s riel siglo ;,; x L\cny1 mi'. ir:i se rnr,z1ckr1zó ror un rápido cree im iernn econorn1co, la P11mern (,u_crra u,:sact:lero s1i nlmo y ¡¡umcntó la incsrnhiiidcl(] en los mercados 111t1c1nacirmales. Este climzi de nnyor incel'lirlumke fue f:worec1do pm los cambios de la ccnnnrnía rnumfüil quco alkraban el f'llm:ionam1en10 de los rnercndos. E! es1alliclo de la Crisis de 1929 fue uno de los mo-men:os críticos. de e~as transhim1aciones, con turbulenci.'.is den ti o y fiera Uel hen11sfeno ocC1denl.al, mucho más intensas en las regiones periféricas, como América Latina, más vulnerables a los vaivenes dd comcrcin interncicional y a las retiradas ele enpital. Las cliforencías entre el antes y e:] después de I; Crisis en las economías l:Jlino:.imericanas füeron profundas, allnque esto no signi 1·ica que se abandonaran las acti virL:ides c:xportadorns, propias clel período anterior. América Latina reaccionó a las turbulcncw.s de la posgue1 ra con mecanl.,rnos similares a los de los países centrales: aumento arancelario y cierre de los mercadns, es rb:ir, mayores niveles de protcccii'm. Esta tcndem;ia ern Cüll• ti·nria a los meeanísn10s del laisse;;-faire que regulaban tos mcn:arlos internacionales, los latinoamericanos incluiilos, b:isailris en la libre circulación cid tlabajo, mercancías y capitales. Uno de !ns prnblema~ persistentes en la re, g1ón tras la Crisis fue que la mayoría de los gobii-:rnos man1uvo el inten'encionismo Y el _rrotcccioi1ismo, reforzadns por· las políticas industnatistas de las décadas ele l 940 y 195()_ Concluida la Segunda Giierrn Munclía1 y tias la recuperación posterior a la Grnn Dc:presión, entre 194:) y 1973, comenzó un nuevo período de crecimiento acelerado, basadn en ];i industrialización DOr sustituci(Ín de importaciones, lideiado por Ml:Xicn y Rrasil que se convertir.ími con A1gcntina en las mayores economías regionales. El crecimiento fue acompañado de avances en obras públicas e infraeslrnduras, que potenciaron !a consolidación de! mercado interno. Si en la,; últimas décndas del siglo x1x Y las pnmerns Ucl xx las infraestructmas giraron en torno al ferrocaml convertido en el símbolo <le] progreso, desde la Primera Guerra su papd f~e reemplazado por las carreteras, el automóvil y la aviación rnmcrciaL En ]a bús-• queda de infraestruchiras se potenció la rneiora en los puertos destinados al cnmercio exterior, la expansiún del n:gadío, !a producción de energía eléctrica Y la instalación de teléfonos, Sin embargo, en los años cuarentn, la red ¡e, gional de carreteras era insufici¡;nte y condenaba al aislamiento a reuiones importantes. El proyecto de !a Canets:ra Pmw.mericana, que debüi u;it por tierra Y sin interrupciones geog1áficas a Nu;:;va York con Buenos Aires. esta•• ba bastante incompleto. Las redes nacionales de carreteras debían ]uch;rrcon distancias kilométricas y complicados acciden1es naturales, por eso, b avin~ ción comercia! se desarrolló en las décadas d<e 1930 y 1940, ya que el avión pem1itía comunicar fácilmente localidades sep:iradas por varios Oías lle vwje por tierra. Junto a !os vuelos interiores se clcsarro!!aron los internacionales, que en el caso de Es1ados Unidos fueron operados por Pan American Airw;:iys y Pan Amen can Grace. En ese enlonces también se fondaron algunas compa~

f¡ias ,iéreas con capital alemán, i nuy i ufluyente en algunos pc1iscs ik Arn¿l ica Central y del Sur en los afiilS pr,:vios a la Scg¡mda Guerra Mundi:il Al igual que con el ferrncmril, ias carrde1as sc integraron en cü·cuitos 11,icionales, cnsi est:mcos, con escasos contactos trnnsfronlerizos, que no favorecían las cornunicacioncs bilaterales ni impulsabau la integración reginnal. Las exportaciones se centraban en el mercado europeo_.Y norteamericano, al ser escasos los inlercambios intcrregionales y bila!é"ralliis. Algunos países no habían terminado de configurar el mercado nacional en los años treinta, cuando subsistían importantes diferencias regionnles. En México, la pcnínsuln de Yucatán no tenía ]nos ferroviarios con el resto del país y b mayor· parle de sus intercambios comerciales con Estc1dos Unidos se realizaban por vía marítimn, especialmente a los 1mertos a.tlánticos. En estn época se produjeron cambios institucionales relevantes que repercutieron sobre la economía. En la década de 1920 comenzaron a generalizarse los bancos centrales debido a! impulso de Estados Unidos y, en menor medida, de Grnn Brctaílfi. Las adullnas y los entes encargados de la recaudación impositiva adquiriernn una mayor dimensión. Como conseeue11cia de la Crisis de 1929, el Estado se convirtió en un actor privilegiado, en cierias ocasiones casi lmico, en la prorno•• ción del crecimiento, relegando a un s,~gundo plano a los empresarios. Entre las décadas de 1940 y 19GO, los cambios institucionales se centraron en el rb sarrollo de empresas públicas, banc,)s de desarrollo, agencias encargadas de promover el crecimiento indusirial y la adquisición de productos nacionales (e! <(compre nacional))) y organismos similares.

1.1. Estados Unidos En !o referente a las inversiones extranjeras, el período comenzó con una presencia cada vez más agresiva <le las empresas norteamericanas, en detrimento del capital británico, una situación favorecida por lacrisís termiimi del patrón oro, que prnvoc() el reemplazo definí tivo de la libra esterlina por el dólar esta•• dounidense. Las inversiones directas, espeeialme11tc en la extracción de materias primas estratégicas o vinculadas a la industria bélica, aumentaron considerablemente. La «diplomacia del dólarn y b debilidad financiera europea favorecieron la pc:netrnción del capital norteamericano a mediados de la década de 1920. Los fondos norteamericanos comenzaron a invertirse en el sectormmcro e indllstríal v también en el financ1cro, ya qne err 1914 se autorizó a los bancos norteamerÍcanos a abrir sucursales en el exterior. En 1919, el National City Bank, el mayor banco multinacional norleamericnno, tenía 42 sucursales en nueve países y en 1926 los bancos norteamericanos tenían 61 oficmas en toda la región. En esos años numerosas empresas norteamericanas empezaron a desembarcaren el subcontinente. En México, entre 1924 y 1928 se instalmon Forrl, Colgate, Pahnolivc, British-American Tohacco e Interna~ tional Match.


Hasta la Primera Gnet·rn Mundial, la presencia nonemnericana se con. centrc!ba en México, Arnénca Ccntia1 y el Caiibe y luego se hizo más intensa en América dd Sur, come1uanrlo pm los paísc.s del Pacíf1co y Flrnsil, Argen, tinu y Uruguay, mmquc todavía de forma poco masiva. En el siglo xx, los ca. piules norteamencanos se inVertüm en actividades productivas; mientras que en el XIX !as i:wersiunes extranjeras, fundamentalmente emopea~, querian controlar empresas de transporte o comerciales. Para financiar la CüllStrucciói 1de obras públicas e infraestructuras cm frccueu(e negociar d1rectamente los t:mpréstilos en los princ:ipales mercados de Europa o de Estados Unidos. La pérdida de la importancia relativa de los capitales eurnpeos no afoctó a todos los países por igual, ya c¡ue los intereses británicos y fra11ceses rcs1stíeron 1nejor qne los de Bélg1ca u Holanda. La Primeia Guc;rra prác::ticarnente ex.pulsó de muchos rnc;rcados latmoamencanos a los capitales alemanes en benefiC\U <le Estíl<lDS Unl<los y (km Bretaña. El Remo Unido sólo siguió contando en Argentina y c1imc¡ue s<::guia siendo el mayor destino de sus exponaciones agrícolas y gan:iderns, E:-,tados Un idus era su principal importador de manufacturas. En lle 1913 y 192'::l el comer cm nurkamcncano CDn Amén ca Latina cr,xió más rápirbmente que d brit:irnco, ayll(bdo en parte po1· la apertrna del canal de f':rnarná. Fn esos años, !as importaciones estadounidenses de productos btinoarncricano,; se incrementaron un 110%, frente al 45'}'0 <le Jas imporüwiones británicas Al mismo tiempo, las expm1aciones norteamericnml.s J. b reglón aumentmon un )(, l '1/,. En hi dérnda de 1920, la presencia nort,;:a. mcncana füe reforzada por la política crediticia de los bancos norteamencanos: la lic1mada (<danza de los millones>) drenó dinero fácil y burato hacia países como Perú y Colombia La clécclda de 1no foe un periodo de ciecimiento económico inegular y de c1ume1 \!o del cm!t:udamtento exte\ no. Las inversiorn:s norteamericanas pasaron de 1.500 mil!ones de dólares en 1924 a mús de 3.000 en 1929. Los pré:-tarnos norteamericanos f(.)1 maban parte de la po!ilica expamiva de E,:,tados Unidos eu América Central y el Carihc. En los pabi::s mús débiles. como Nicaragua, flle neccsano ceder d control de !as aduanas, y en algunos casos de los ferrocanilcs, para garan1i1ar el pago de Jo,c: intencses de la denda externa. Cu:mdo ¡;,n l ()29 se int,:rrurnpieron los flujos de capitales a los mercados de los países en vins d;:; des;1rrollo, debido a\ aumento en los tipos de rnterés en Estados Unidos, las rcpcrcuswnes sobre la balanza de pagos fueron muy serias. Las misiones Kemmerer, de 1923 a 1933, muestran el aumento de la i11flue11cta norteamericrna Edwin Kernmerer, un frmcíonario de la ReservaFe<lt:ra! norteamericana conocido como el Money Doctor (el doctorJii1cro), fue asesor financicio de M,!:xico y Gtw.tema!a y encabezó mrsiones técnicas en Colombia, Chile, Ec11ador, Bolivia y Perú, que impulsaron la creación de Bancos Centrak, y ordenmon los sistemas monetarios y nibntaiios.

1.2. los inidos de la lndustrfatizadón La afirmación de qnc la década rk 1930, mm-cada por el intervencionismo estala] y el proteccionismo económico, füc 1m punto de mflexióu en el desanollo de América Latina debe ser matizada, al exagerar el contra<,te entre el antes y e1 despur\s de la Cnsis. La explicación conveni:ional, o estrncturalis1n, sobre la mdustrialización deriva de la CEPAL, crcadc1 en i 948, que mtcrpretó los arios de: la Gran Depresión como el tránsito <le un modelo de crecimiento basado en las exportaciones Je productos primarios a otro orientado hacia el mercado interior a través de la industrializDc1ó11 sustitw iva Fsta teoría se sintetiza en el cambio dd crecimiento hacia fuera pm el creci111ic::nti1 hacia adeutro. Pero, para medir el impacto de bs transformaciones económicas en el subco11tinente hay que analizar no sólo la~ cornecuencias de la Gran Depresión, smo también el comportamiento económico eu lu década precedente. Esto no imnlica nt:gar la aceleración en la industriahzaci()n sustitutiva y la fonnulaciú;1 de po!Íticas públicns mtervencíonistas y comproinctidas con el crccimienlo. Tarnbién hay que rn~istir en las conlirmidades, especialmente en la eslrnctura prnducriva: por lo general las exportaciones mantuvieron su composición y en la mayor parte de los países !os tres producms más exporta, cios st'gitían gcnernndn, corno mirnmo, la mitad de los ingresos del sector exterior, En l Opa bes, Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, El Salvador, I lon<luras, Guatemala, Nicarng,;a, Repúbhca Deiminlcaua y Vcnez:udu, un solo producto representaba más de la mitad de las exportaciones_ Las relaciones comercia~ les de América Latina en los mercados iniernacionales fueron afectadas por la evoluc1ón desfavorable d;_; los términos reales de intercambio. Si en el siglo xix la evolución <lt: los precms relativos favoreció a las materias primas, a \o largo del siglo xx el signo cambió a favoi de las manufacturas. Al mismo tiempo, en las dos pnmeras décadas del siglo xx, se observa un aumento del proteccionismo, favorecido por el ascenso de Estados Unidos como prunera potencia económica internacioua!, y como ~u prnducción primaria competía coa algunos productos btinoarnericaoos exportables (c:m1c:, cereales, petróleo, rniucrales), se aceleraron las tendencias pwtecciomslns existentes en la región. La década de 1920 se inició con una depresión de ?L!cancc mlernacional entre 1920 y 1921, que pese a su brevedad saturó a los mercados internacionales y afectó los precios de algunas materias primas, como e_l azúcm._En e_~os años, América Latina seguía dependlen<lo de sus exporlacwnes pnmanas, aunque ya se habían prn<lucido cambios importantes (veásc Cii~dro 19. l_). Las economías mús grandes de ln región, comenzando por Argcntma, Brasil, Chile y México, habían desarrollado sn mercado interior y consolidado su prodncción manufacturera, y una parle 11nda desdeñable de su demanda ínter-na era satisfecha por la producción local. Pc:se a que las exportaciolles seguían siendo básicamente las mismas: minerales (plata, cobre, petróleo); cereales y carne y productos trop1ca!es (café, azúcar, bananas, cacao, etc.), durante


Cm1dro 19. !. A¡wrt1ff,1 rle las cco11omia.s lafüwmnericnna.'> Expor!a1'.ioncs mm¡¡ poHcntaje de! Pl ~

/1.rg,:,ntina 8rusíl

Colombia Co~ta Rico Chile E! Salvadrn Guatcmula 1-!ondmas

fv·léxico Nicuragua Per(1

Exportaci¡¡m:,s + importaciones como JliJrC\'ll(~_ic de! Prn

1928

J9J8

1928

19J8

29,8 17,0 14,8 56,5

15,7

59,7

1L2

J,~,8 6?,8

3.\7 Tl,J 43,5

35,l 48,7 22,7 5?,I Jl,4 25,J 33.6

lh,iguny

rn,o

Venezuela

-17.7

14,1 47.3 32,7 45,9 !7,5 22,1

13, 9 23,9 28,3 18,2 29,0

109,6

80,7

57,1

44,9 62,4 29,5 39,5 25,5 42,3 42,6 37,J 55,7

8 !,O 51,2 69,8 47,7 54,9 5.1,2 38,0

120,4

las Guerras Mtmdiales los productos estr.-.¡f•cr,,.,,, (p,t,o' ¡, 0 b , . . . · ''"'"'°'"'''"' ... ,core,cmc,estano, etc.) t~v1eron meJor salida. Los produclores brasileños de café mant1.1vier~n la poh11_\n de sostén de precios, especialmente desde 1924, cuando la so~leproduccion _se hizo pamanente y sí bien se mantuvieron altos sus precios ,._,n el mercado internacional y el monto de las cxpo,t•,,,· 00 , . s• t ,¡ , b ., · «, '"'º, vperpeuo a so repr~d,1icc10n. Los campesino;; cafeteros tenían en los precios ganmtizado: n~ estimulo para mantener SLl actividac~ al margen de los mercados. Otros pai,ses prodt'.ctores, como <;olombia y la mayor parte de los centroamericanos, competidores del Brns1l, aprovecharon la coyuntura, sin inversiones adi~10nale~s,- La demanda_ de materias primas estratégicas se incrementó y las comparnas n~rtearnencanas comenzaron a invertir en su producción para ~-ontrol~r la oferta. El cobre se ex.plotab,1 en Chile y Perú, donde Ja norteameuca~a C_~rn~ de Paseo Copper Corporation controlaba la explotación a gran escarn. Ell Chile se encuentrim los yacimientos de cobre a cielo abierto más g!andes de'. mundo Y los capitales norteamericanos controlaban el negocio Con el petroleo, como ya vimos, pasó otro tanto de ¡0 mismo_ -

1.3. la Gran Depresión El lugar destacaclo_d~ Es lados Unidos en la economía internacional contagió los efectos de la cns1s bmsáti! de Wa!l Strect, In Bolsa de Nueva York a todo el mundo. Algunos efectos depresivos ya se habían sentido en J92.8, ~unndo

la Resi.:rva h-:clcral subió lcis tipos de: inkrc's y /\_rnéric:i L.ilimi l~01111C117Ú a rc-cihir scf'iriles prcucu¡,anks sobre sns ,;cm,ornías El aumento de llpos supuso la rctirnda de cuantiosos capllalcs 1r11c la mayor rentabilúlad ofrccid:i i.;11 E:-;tados Unidos La política monetaria (k b Reservn Federn(, c11lificada de irrcsponc:,ihk, desequilibró el sistema eco116mico rmrnd1al J,os ckvados tipos de Nueva York, .Londres y París impulsaron la fnga de capitales de Améric.oi Lntina y afoctaron a la financiación de numerosos proyectos y eÍ eq,1.1ilibno de sus balanzas de pagos. Muchos palses, dependientes del capital cxtran,jero, no pt1díernn mantener \[1.s reglas de b ortodoxia monebria, como la libre convertibilidad del dinero, y abandonaron el patrón oro, en 1m proceso inicwdo d11rante la Primera Clucna Mundial. Uruguay dio el primer paso, en abril de 1929, y el mismo itño siguieron Argentina y Brasil. En 1930 se descolgó Venezuela. El proceso se aceleró en 193 \, cuando Gran Bretnñi1 abandonó la convertibilidad seguida de México, Bol\vin y El Salvador. En 1932 siguieron Cohmbia, Nicaraguc1, Cnsta Riw, Chile, Perú y Ecuador, y Honduras se resistió hasta abnl de 1933 Durante la Primera Guerra, Estados Unirlos aumentó su peso relativo en el comercio y las fínnnzas internacionales, annque sin asumir el liderazgo, lo que sólo ocurrió tras la conforcncia de Breton WOods y lc1 crención del fondo Monetnrio Internacional (FMl) en 1941~ Ya entonces Estados Unidos, hasta entonces d mayor proveedor de rnanufa.cturas de México, América Cl-"Dtral y el Caribe, se convirtió en el principal mercado importador de América Latina. Su cuota de importaciones alcanzó el 25% en América del Sur y casi el 80% en el Caribe, México incluido, donde las impor1aciones norteamericanas pasaron del 50 al 70% del tornl, mientiil~'que las exportaciones al país vecino se mantuvieron entre el 70 y el 80%. La falta de liderazgo económico supuso qne ningún gobierno desarrollara un plan coordinado para limitar los efectos de la recesión. Una de las consecncncias más dl!faderas de la Crisis fue el reemplazo del Reino Unido como prÍlnera potencia económica mm1d1'al por Estados Unidos. Estos~ sintió mií.s en América del Slir, un área dominada por la libra esterlina, q1ie en Américct Central, México y el Caribe, donde la inílucncia norteamericana era mayor. En la década de J920, Estndos Unidos había invertido 5.000 millones de dólares (la tercera parte de sus inversiones mundiales), recibiendo cinco países más de las tres cuarias parles del total: Cnba (1.066 millones), Argentina (808 milk1nes), Chile (701 millones), Méxi-co (694 millones) y Brasil (557 millones). Para los exportadores d(J prodnctos primilrios, el final de la década de l 920 füc difícil, aunque con un razonable equilibrio en la b11lanza de pagos_ El café hrnsileño alcanzó su precio m:hnno en marzo de 1929 y luego bajó pronunci:,darnente. L(J mismo ocurrió con el azúcar cubano en marzo de l 928 y e! trigo argentino en mayo de l 927. Así se derrumbó el control brnsilcño dd mercado cafetero internacional, mientras el c1zúcnrc11bano y el cacao ecuatoriano pasaban por apllrnS y los r1itratos chilenos sufrían la competencia de 1os 2bonos sinti:':ticos. E11 México, bs tensiones se sú1ticron desde me-


<liados de la década de 192() en br"n" 'n",-,-,-d, ·· , ---.,-.,. ' ,v "' a por e 1d'''SC'll'i() l·•] '• c1oncs pctrolerns, pero también por el ;,,,¡,a"lo t"' . v, ." 1· RL,, ns exporta" - l , ' ' " ,._,uanvodc ,1 ~v 01 , b1e a econo1ma. Después de ¡ ene .. D " ui..:1oíl so7 - ), cuc1,1c1o se llundwron Ja , , l p ata por L:i. caída <le! precio en el t'l't 'ª J¡· l ? ,;,xportac:10nes de · · ,ce iomumw eldéftc'1d··Jb ¡ Pª?ºs se mcrementó consl<lernblementc favorecid~ - l / -"d a anee <le a Estados Una.los y !a retirada d• !· _' . . . poi a uga e cap1ta!es -, - . ' ,., a mvers10n extran¡era T ... V

~~:~:~~~e:i~i!~(;~i~r:~~:1~~~t~:::a:i~:;~1(~~r~~{~~~1:~- La. i.r1::~;~~;:1~:\1~:o;~: pero la mterrupc1ón en el flu1·0 de -, l firwnci:ic1011 ex1enor · cap1 a es nortcarnencanPs y j '<l ' e,~porta_ci_orn).s de :ilguuo,; productos acentuaron¡;. . . . ." ., a_c~i a en las de la cns1s. furop, t , b- ~ - . s conscc¡¡enc1c1s negativas -· a.i1 icn se v10 afectada poi· lar ... -. . · LlllOS mercados estrecharncwe vrncu!a<l _. I·- . ~. ece~ion, lo (lUe arrastro a ,·., . osd .is~.conunuas lalmoa,n·· - . , ¡ ,;_¡, C-11.s1s fue 1mportach desd" , 1 , t - E' , - ,.ncauas_ , ' c: .... cxenor.•stad'mo-tad·0 --. en ¡os pa1ses centrales v de ~Ji,·''" . . '-' ,:; r, que se rn1c1ó propago a 1a penfor'·21 I trnnsmistóndelaCiisis fue,, 6_. ,·, _ ' .osmecurnsmosde . • vll as1cc1mc:11te ClFllro· hi . t. , . -, l c10 mtcrnacional; d Jctc~noro d, los l. . . ·. c_m1 iaccw~ e el comer1~ ., , . c • ermmosrealesdewlercarnbio· -,¡ ._, 11 , e cap1ldl , ¡ de 1ospre~ios ¡ -, e te llJo _ c1 los paises ·"' ilC"ec•doc,-"' ' · ~-, y 1a curca tGrnac1onaks.deflal'ióii L,_, 1,,, 1,. • .• d • . u. • ull o~n1...rcados1r1. ' "-'" ,dcc10n e 1comcrc 1 • ¡ , rectamcnk a i\rnáica Lati11a. En 1979 148'¼ d ¡ 10 _m,ernac10na afectó ct[. se duígian a Estndo, [t,,o'o, y· on 1(~~2' 'b . ' n el total de sns e,•,;:portac10nes . ~ . " "' ,, ,:,::, ilJarona 41 So/c \1 , dos_lospmstssenproporcwness1rnikne'-\. las re cic _:· ,~·-' -, ~o-~xpor:ariod1stmtas. México co!oco' .,, 1 , ¡· us1oi,c,s rk Li -.,,1;;¡::; Jueron e .c,~ meica1 oc, cstadourn 1 · · ,¡-,-u P0rtacionesvsfJ!(I,,¡ YP',,,,r ,, _ " 0 . . {ensesc 1)1/oJesusex_ .. 1 0 1111 ul'il~i 1c1porto E " , ___ u''-'" ¡ ¡¡ ropa cantidades simila-··s. el 4 S'o/c ' . · a ~stac os nidos y a EuUni<los só!o un 9:;-;, UJ~ ,7v93/r ·-t G .. º' rr81icnt~·as que ~rgentina vc:nclió a Estados , -- o, tan re/anayuu 1)'1/. . europeas. - - D al·,. as res·tantes nac10nes

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El nuevo escenario económico a1.nbó , . las cconomÍils más pod .. _ . ' vOn c1 mnltdakra!isrno anterior y , eros<1s, como Estados TJnidos . fi ., B " yores socíos comerciales latino·Imerica ' · · Y lid □ rct::ma, los mapara prnte<rerse de h Vt ,,, o ' t nos, adoptaron estrategias defensivas "' " · ' , ~ '' para a ravesmla con el r , . rnentaudo sus aranceles est·:tbkct 'nd , - b. nenor co::;tc posible, au" ' - ' e o pactos 1lat ·Tilc:, d, , ., l <e1ensadcsusmercJdus-olon·,¡, ¡•··, <l . '"' , .ccomac10ode - d . . '-" lllvsy iJdfl ocontmo-eill's . . ,, d -¡ ⇒ t: para t:i mte1 carn-• b10 e divisas - f 's¡,, 1-,-H'lltabail""" 11 1e hasc1 1 ·J'J cw.!es y financieios intcmacíona!;s af-•~t~'~ nornM H cid <le: los flu_¡os comernoamei1canoe bt'O A · • • L, ~ '-' :- onlo,;halancescomerciales!atí. · "· · '--- r1.menca atma s t · ¡, ·-, . resto de la periferia, sus países no mtc dS \lH;:;mas ~cs:e□tR_¡::is ([UC el ma!, salvo Jamaica y p ¡z· . b g . _' n mnguu impcno, torrnal o wfrirueno 1co cnef1ciadas -¡ ,¡ , metrópolis. Puerto Rico anmentó,l· . , '_ ·, paragua~ protector de sus expensas de Cuba y Jamaica la deª ¡~~~port•.cwr~_n 01·t~an:encmrn de azlicar a América Ccnlral P"'sc a q,,, ,¡ P ~nos a! Remo Urnau en dctnm<mfo de , - ,._ ce proecc10n1smop~1 d. ' 1 • pmses, su filosofía fue rápidmuentc inco a ,a mayona &, los Chile, fija10n cuotas de importación o e l r~t,i''._ a.¡, ~unos. como Brn_si! o otros, como Argcnrina .1 ¡,·n J, , , ,- s a ecierou <11anccles d1suasonos y ' ,, cgc1ran izarsnscx l · Bretaña, facilitaron la importaciói d, -_ · · por ~c_ionc>.s de carne rr Grnn l e ptoc1ucto'-\ bntanicos, con unas rebaja~ 0

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nrancelarias fijadas en el Tiatado Roca-Runcinrnn, finnado en 1933 . .Pese a Lis severas crü icas ([llC sufrió d Trntcdo ror parte <ls: los naclorn1hstas argen1inos, sin é1 díficilmcnk las cmuc:s argentinas se hubieran colocado en el mercado británico tras la firma del Acuc:rdo de Ottawa. Algo similar realizó Cuba en J 934, reduciendo los urnucdéS para las unportacion,~s norteamericanas, como parte ele sus negociaciones para mankner rns c1iotas de importación de azúcar. En Í\J.TJér1ca Latina iambién aumentó la in1.c1venció11 estatal en la econo . mía, en un,1 especie ele keyncsi,misrno antes ele Keynes: se abandonó la con . , vcrtibílidad del dinern; se depn:c1ó las ta:rns de cambio. especialmente las aplicadas para financiar las importaciones; se subi~ron los aranceles; se controló el cambio de divisas; se 0stab!ccicron cuotas a la importación; se firmaron acuerdos bilaterales de compensación; se crnaron nuevos impuestos y se aumentó lu rccmidación de impuestos no aduaneros. Los países que en el pasado habían apostado por la ortodoxia y el liberaltsmo económicos, abando-• naron 8US principios para caer en los brazos de la intervención estatal. Las políticas intcrvencioni8tas mcrcmeatamn la parlicipacíóu del gasto público en el Produdo lutenor Bruto (PJ B) y las ÍlHJ.C10nes 1eguladoras del gobierno. En !a clécuda de 1930 se fortalecieron y crcnron ms!ituciones públicas para conc:e<ler créditos a mediano y lmgo plazo y reactivar la economía, au11quc la participación gubei narnental a grnn escala en el erédno público fue: un fenénneno posterior Fn ese cntoi1ces. la 1uayoríade los gobiernos se comprorne!ió a promover e! crecímiento y la transformación estructural En Brasil, desd1.c 1937, e-1 gobierno populista de Getúlio Vargas siguló una política intervencionista; en México, Lázaro Cárdenas aceleró la refonna agraria, en 1938 nacionalizó la mdustria petrolera, creó Petróleos Mexicanos (PEMEX) y expandió el presupuesto fo<lernl aumentando el gasto público. En Chile, en 19'\9, se creó la Corporación Chilena de fomento (CORFO), una agencia nacional para canalizar el crédito público hacia actividades productivas, espectalmente !us vinculadas a la industria. Los efoctos de la intervención estatal y del protcccionismo se: hicieron más evidentes tras la Segunda Guerra, cuando s<e cerrnrou paulatinmnenle las economías latinoamericanas ante los avances de: la índustnahzación sus1ttlrtiv,1. J,us consecuencias de ta Cnsis variaron <le país a país, según el con1portamiento de los prccws üe sus exportaciones. El Cna<lro 19.2 muestra corno nueve países vieron desccm\er e! p1ccio de sus exportaciones en más Je un 50% entre l 928 y [932. Carlos Díaz-Alejall<lro habló de la dolería de mercaucÍUS)), ya que ni a todos los paisc~ les fue igual ni lodos los productos tuvieron el mismo comportamiento. Quienes más perdieron fücron los más afectados por la cai<la de precios y por la dísm111ución <le sus exportaciones, c<.Jrno Bolivia y México. A Chile le fue peor, al desplomarse el precio dd salí• trn, y a orros no les fue tau mal, como a la Argentina, quet1as !a firma del Pacto Roca~Runcimau redujo los efecto~ negativos de la Conferencia de Ottawa y mantuvo buénél parle del mercado británico de carne. lugentina y los demás


C'uadrn FU. Cambios en e! va!o:r y volumen llr las exportaciones, términos reales dr inh:rcamhio y pode-r de compra · de las exportaciones en 1932 (1928 = IOO) Valor de las exportaciones

A1gcrni,w Bolivia Brasil Chile Colombia Costa Rica Ecuador

37 79(a)

El Salvador Gnalemala Hnití

JO

,u

Podnde compra de las exporfadones

SS

68

60

48(a)

s.d.

s.d. 56

86

65

)1

57

48

17

102

65

54

81 83 75 101

fiJ 78 74

17

,,,

49(b)

l'en·1 República Domirncan11 V<0nezucla Amén ca Latina

(volumen)

Términos reales de intercambio

47

51

Honduras 1déxico Nica1agua

Exp1irtl!CÍOHl'S

to4(h)

101

49

58

50

78 76 106 100 78

39

55(bJ 81 ,16

(,5 (,(]

52 54

55

o.d. 130 64

s.d. 133 J7

71

59 43 87(b)

62 SI (b) 101

56

38

100

0

Bulmer ['honrns, The Economic !f1s10,y nfLa!ÍiJ America Since /ndeprndcncc, Cam-

exportadores ganaderos y de agric11l1ura tomplada trasladaron al mc:rcailo interno buena parte de las exportaciones, pero los exportadores de minerales (Chile, Bolivia, r,erú y México) o prnductos tropicales (Cuba) no pudieron hacer lo mismo. f:ntre J 928 y 1932, en Chile se redujeron las exportaciones casi nn 70% por los nitratos. Con un menor impacto, y separados en varios grupos e_ncontrnmos a Bolivia y México (52 y 42%, respectivamente); El Sal~ador, Nicaragua y Perú (del 22 al 25%,) y Argentina, Brasil, Costa Rica y Lcu;:idor(del 12 al 19%). Por el contrnrio, Colombia, Guatemala Haití 1--Jon-<luras, la ~~pública Dominicana y Venezuela mantuvieron el vol:1men ¡xpor-iador. Mcx1co fue el país grande que más notó la crisis; la caída de su renta comenzó en ¡ 929, y no ,m 1930, y el pllnto mínimo se alcanzó en 1932, cuando el PIB era un 19% menor que en l 930. En 193] ya había comenzado larn• cuperación mexicana, algo impo1tante ante su vecindad con Estados Unidos. Argentina tuvo una (endencia similar, aunque la caída y la recuperación fue-• rnn menos pronuncrndos. El punto de inflexión también se sitúa en 1932 cuando su PIB cayó un 1.3,8% en rdació11 al de l 929. En J935 ya había rccu~

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1.4. la industrialización por sustitución de importaciones

43

fa)iC/29- !00, (h)J9JO~lOO

Fnemc. Vicio, bridg,~. 1994

pcrado ¡_;] nivel de renta de \()29 Brasil tuvo nna evolución tfotinüi y en su caso corresponde hablar de eswncamicnlo o rcc<:::~HÍn, ya q1ie la c,iída fue muy kve Fl punto rnirnmo se alumzó rn l 931 y en 1933 ya st; había su¡K:rndo el PJB de 1929. La recesión en América Lal\na fue menos p1ofunda de lo que se afirma y sus efectos económicos y sus rcp<0rcusiones sociales y políticas poco duraderas. En términos de empleo, sus consecuencias no fueron demasiado serias, ya que la maymía de la población activa se dedlcaba a la agricultura, cerca del 70% en México y Brasil, y pudo dedicar buena parte de su tiempo a producir para el mlloconsnmo, de modo que el sector agrícola se convirtió en un amorti "Uador frente a la contracción económica o a la inestabílidad. En casi todos casos, ]a recuperación comenzó a mediados de la décaila de 1930. Víctor Bulmer-Thrnnas distingue tres tipos de países, según su ritmo de recuperación: los de recuperación rápida fueron aquellos donde el PIB creció más del 50% entre la Depresión y 1939 (Brasil, Costa Rica, Cuha, Chile, Guatemala, J:Vléxico, Perú y Vrnezuda); en los de ren1peración media el PTB creció más de un 20%, (Argentina, Colombia y El Salvactor) y en los de recupernción lenta menos de esa cili-n (Hondmas, Nicaragua y Uruguay y casi con toda probabilidad Panamá y Paraguay).

Si bien la Gran Depresión afoctó seríamente al sector exportador, la recuperación no fue precedida de cambios estrnctnra!es, aunqne el éxito de los programas nacionales de estabilización permitió restaurar en poco tiempo el equilibrio externo. En tomo a 1932, casi todos los países, salvo Honduras y Nicaragua, habían ordenado sus cnentas externas, pero no ocurrió lo mismo con el déficit interno. Los países que más rápido se industrializaron fueron los que más habían crecido antes de la Crisis y habían comenzado a diversificar sns economías, los que tenían un mercado interno, industrias y empresarios, técnicos y trabajadores y el capital necesario. La contracción en las importaciones, especialmente en los artículos de consumo, obligó a desempolvar una receta de la Priinera G1ierra Mundial y allí donde se pudo, de las indiistria.s y los tal le res locales comenzaron a salir los productos de gran consumo que hasta entonces se importaban. Gracias al impulso recibido en la década de 1930, la industrialización sustitutiva avanzó en la producción de bienes de consumo final, aunql1e cambió la composición de las manufacturas. Alimentos y bebidas, y textiles y calzado mantuvieron el predominio, aunque aparecieron nuevos produetos: electrodomésticos, bicicletas y motocicletas, armado de automóviles, productos químicos y farmacénticos, etc., a veces favorecidos por la Segunda Guerra. En 1939, el aporte del sector industrial al PJB todavía era modesto. Sólo en Argentina alcanzaba el 23% y donde hc,bínn crecido más las manu-


factu.rns

la':_ Clfrns Gran rnenore,'< Chile, l S%i; Ñié~ico, ¡¿~;;;;·Uruguay, ¡ 5_ 9%·

Drn.s.ll, 14,)_%;perú, 10% y Colombia, 9, l '½i. El desarrollo de la indnstria!i~ zacwn wsl\tut1va no cesó la Jependcncia importadora sino q11e !a modificó S1 antes del auge rnauufacturero se 1mponaba11 anic:ulos para el cousumo. hi~·go hubo que importar matcnas primas, insumos y maqninaria pan1 fabri~ car lo que ante,; se compraba fücra, lo que, st1mado a la dismim1ció11 de las e _ . 1· . X r,◊1·tac1ones, tra( 1c1?nal~s, provocó constantes Cl isis e11 la balauz¡¡ de pagos. f;,n tanto el ex1t? maustnal descansaba en la autarquía y e! proteccionisrrw, e!

exceso de subs1d10s d1f1cultaba lln creci1mcnto cmnónico, pe10 la popularidad del. sector se debió a su empuje durnn(e la recuperación de la Crisis. En Argcntwa, Brnsil o México el sector industrial fue el que más creció y aportó al PIB durante la década de 1930. _La autan¡uíc1. fue producto de la contrncción comercial y financiera interna~1onaks caí~a de la demanda am1stró los precios de las exportaciones y '.alta de dmero flesco amenazó !a contrnuidad de muchas obras públicas e m!raestrnctmas depend1 en1cs de b financiación externa. I .as restricciones monetarias y la evolución dcsfavorabk de los tipos de cambio llevaron a decreiar la moratoria en eJ pago del servicio de la deuda externa, aunque Venezuela pudo cancelarla cu 1930 por el rnan1ernrnieuto de los precios del petróko. lfondmas, lfoití y la República Domirncana sígu1eron pagando la deuda ex.lcnm pc:ro l_u (leuda rnkrna, pern Argcntma decidió pugar ambas parn rn:.mtener el credtto rnternacio1rnJ. La caída exportadora t11vo consecuencias funestas en to·d,as las cconom\;1~: se redujo la rccaudanón de los impuestos aduaneros, baJo la capacrdad de 1111portar y se fijaron prioridades para las importaciones, se establecieron rnotas de imponación y aranceles selectivos a c1ertos pro~uc!os para facilitar su importación y disua<l1r la adquisición de otros Y se fijaron prt:c\Os máx1mos y cupos de prndl\cción, para evitar la sobreproducción y !a rnida de los precios de las exportaciones. Así surgieron Juntas Regnla<loras dedicadas a vigilar la producción y la exportació;_ Otro c!m'.Pº de_acc1ón fue el de las polí1icas mo11etarias, que comenzaron a fijar <l1stmtos tipos de camb\Os o a a11iorizar la a<lqmsic1ó11 y venta de div1sas. Para mejurar la gestión monetaria y el control de la emisión d<é dinero se crearon Bancos Centrales, annqu,:: algunos ya existían, como d Banco de México. creado en 1925. En los países andinos lm bancos siguieron el modelo de¡~ Reserva Fedeial es!adounidensc, influi<los por las Mis1ones Kcmmen::r. mientras que otrns mantuvieron el modelo britámco, como el Banco CentiaÍ Argentillo. Autes de 1929 las rnanufactuc1s ocupaban 1m lugar secu11dario en unas economías exportadoras y por eso la i ndnslrialización sustitutiva foe una de las parad?jíls <le la dócada de 1930, rnando la recuperación depcndia de las exportnnones y los grupos expmtadorcs mantenían cuotas importantes de p_oder. Sin embargo, en términos relativos el crecimiento indll8t1ial fne supe1·10r al del P!B en la mayoría de los países y demuestra la grnn vitalidad det st:ctor rmmufoclurero. Pese a un proteccionismo moderado, las políticas gu-

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'bernmnentales c~ntrndas en d s;~irn primario eran ;-;entraks--~on\a mdus;;:ia_ Alguuas manufacturas, como los frigoríficos argentinos o 1<:s ingenios azucareros, transformaban hgernrneute los productos pl 1rnanos exportados, mientras que las industrias sustitutivas comc11za1on producic1\Clo bienes de consumo final, la formLl más scnciHa de comcmar: la tecnobgía reqne,·ida era menos compleja, necesitaba menores inversiones de capital y tenían un mercado interior. La industrialización p1esionó sobre la capacidad imtalada y a principios de la década de 1930 mncbas L'ibncas textiles trabajaban dos o tres 1mnos diarios y prácticamente habían alcanzando el limite di:: su producción. En las décadas de 1940 y íYS0 el motor del crnc1rniento económico fue la industrialización sustitutiva (véase Cuadro 193). Si bien se rclliijo la actividad de algnnos sectores vinculados a la exportación, otros dl!'igidos al mercado interno aumentaron su producnón: textiles, materniies de construcción (especialmente ce1nc11to), refinado de petróleo, ruedas de aulon.'lóviles, prodnctos farmacéuticos, los sanitarios y alimentos p1occsados ---- -conservas Y pastas----. Destacan los tex.1 iks c011 llll crecimiento supe( ior al 1(Y1/;, anua! _durante los años trcint21.. La mayor excepciÓll foe Brasil, con una 1nJust1 ializa• ción temp1ana en el textil, calzado, ropa y ahmeutos, de modo c¡ne crecieron más rápido las industrias de bienes intermedios y de cLlpitai También fue 11u.• porlante d aporle de ex.penc:ncia y cap1wl hnmam1 de :i.lg11rn1s nuevos empre•• s:irios, mayoritariamente de la Europa en crisis. La Segunda Gnerrn. Mundial amenazó ios mercados de ex_rmnación Y financieros tradicionales, las fuentes de abastecimiento de 11rni rarte importante de las manufacturas y a los medios de transporte que garantizaban el co~ rnercio trasatlántico, especialmenk por la labor de la flota de gnerrn alemana. El bloqueo británico a Aiemanla fue pc1jnd1cial parn América Latina, qne pc1dió el mercado germano y d la Emopa continental controlado p~r los n~zis que consumían casi un tercio de sus exportac1ones. Las 1mportac1oncs bn-• tánicas continmmm pero limitadas a productos esenciales, azúcar o petr61r.:o, y se pagaban en una cuenta en libras esterlinas sólo útil para financiar la compra de productos británicos. Por eso, !as reservas en divisas se acnmularo~ en los países que hicieron un esfuerzo cxporWdur. En algunos casos se destrnaron a restablecer el pago <le la deuda externa, paralizado por las moratorias pasadas y quienes wmplit:1on sus compromisos fimmcferos retornaron a .l~s mercados de capitales_ Las industrias sustitt1livas se consolidaron por la dif1 cultad de importar mauufacturas de consumo final de los países en guerra, que habían reorientado su producción al esfncrzo bélico, :lepndo de lado los productos superiluos. En medio de la guerra, sólo se podn m?nkner l.as .cxportaci:oncs con una flota mercante prnpia, un objetivo convertJ~o ~11 pnontario para muchos gobiernos que hacían del nac1011al1smo econo,m1co una. de sus banderas políticas a la vez que una füeu!e de gasto y cndeuoarrnento nnportantc, aungne en los casos exitosos, como el argentino, Fue un motivo de orgullo de las políticas oficiales.


Cuadro í9.J.

,\rg<:11l1na Brasil Colombin

j\J.j~

l'.Viü

J<"l5S

2) 17

74 21 14

25

11 12

Co~ta Rica Chile El Salvador Gnatcmal~ 1-fom.hiras México Nicarag11J Urnguay

Venezuela

_ _

15 12 2.l 14 11 12 19 11

12

__ 2',

2.'.\

Perú

2.\

12

13

1.3 7

11 9 19 11 14

19 11 J3 1S 15 _

15

2()

11

13

FLLen!c-Rnse-MaryTho, [· ::···--- :··-'·-·• ··• ·- ... ·-· . . - . . p,« ,isccm1onm,;ht1nDarnG,,can 8:,,l')J'!-c -~·1 0 !fo101"' de A111er-1Ni / il/ina, vol 1 1_p 69 , Barcel()na, ' '', en Leolie ikthcll (td ), 1997

Las 1 - íl uycron~n!a,, . ·· . necesidades bélicas· de f<'slado ·' s_U• m(osm (lJStna!grnciasasuay"<l·-' l ., . ¡· l - _ · " ',,X].Hns10nm. · ' " '"p01aa1i1p1araprnducc 1' d ¡ _ ~ g1cos en manos de gohicmos amio,o . . on e:_ os sc.cto1es estraté1 mercado intt:rno y ~lu~mos , , :. s. ~d~Slna avanzo en su conquista del México, se lanzaron; la bú:q:::~: ~l:nme:r~-~addnoost:,xst1~1~us1na!es, corno Brasil y , ,., "'norescnotrospa· noamencanos y al"llll'i~ ,.,., 1001-4, ,f - "· , 1ses•J-a11º '" vu " , ,, " ncanas a1s_ 1a d.i - ¡, , ayuda nortcamericanasigmó llegando a la ;l~mt~ b;.' ~-t.:,s1~s 1;;e,tr_opohs. La en forma de acero mat uina -, . Ué>l ena e vo !d Redonda ta, dedicada a lh_ . na_'. cqrnp~s o~ la Corpoiac1ón Pemana de San. llClr ieiro_y<1cero.b1¡uhode ¡941 M: . vemo comercia! con E .1, 10 , 11 · 1 ex ico 1lfmo 1m con·5 a( ~ lll(1os para exportar d , duetos estratégicos. Argentina v chile ru:ron l su p_ro_,u-~c10n del¡ profalta de ayuda norteamericana, (icbido a su neutrc~~d1:;s PªJ¡dd'.cados por l_a norteamerican · . ' 0 , me us1ve, a su antipatías con el n~;i1s:/0Ju1~~elng,olb~~so argelntmF_o j11stificó !as acnsaciones de sim. ' ' 1ernoy as ucrzasA d füesnuilarporsunegativaaa ¡·., · "' rma as :, caso chileno y controlar la re··, ,' p i_car los acuerdos panamcricBnos para limitar

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1~¡~~ ;~::1;:~(~,::':ft~~~l~r;;;f;~(~~~::~~~j~;~;:.::~io~e~ ;co116miAcas, nerzas -rmadasmnyfavorablcsal Al· . . , ,. · esus c~mbió de actitud más rúpido que Ar<>;ntir:ma~ia n~zL ~ID embargo, _Chile c1oncs con e! E'e ¡ ~¡ .. , "' _Yen enero d,. 1943 rornp10 relapolíticas con E;t~d:sq(~~i;t~~1rn1t10 normalizar sus relaciones económicas y Tras la Segunda Guerra y pese a¡, _ • ción de la economía mnndi~! se- ~c,e as ~xpectativas de u_na rápidarccuperntransfernncia de recnrsoo do[:,'. .1 . nluaron !as tendencias autárquicas y la ' · " " ,,ce 01 p1 imano-exporta 1 ¡ d · en última instancia subsidiaban [ _1 p , , ... . , <ora m ~stnal, al que .. , r01 ll,l( 11zac10n (1e la mdustna!ízación su-

puso un esfuerzo 1k it11H\vación lcuwlóg1cc1 parn rn:rnrener el n,xirnicnlo econfonico, F-;to 1rnpliu1ha rnayorL'.,~ invc:rsioncs, cwnquc el exceso de prntscc-ción pl irnaba la 1nc;fícicnc1a y no rcntab1lizaba el esfuerzo en rnt.:_íorar b kcnología de las fábricas y mantener la compditi,·idad de las cin¡m::sa~ La industrialización también requería rnverl.ir en infrncstn1ctnras parn rnqnrar las comunicaciones, desde curninos, pnertos y aeropuertos, o para producir la energía necesaria para las fábricas. Ante la magnitud de estas inversiones, pn inó el argumento de que el Es(ado debía suplir a los inversores piívados, carentes de capital. Con el tiempo se abandonó la teoría de proteger sólo a las industrias en crecimiento (o infanles) y los rndustriales, que contro!ab,m el mercado rnterno como sí füc1 a cautivo, dejaron de reinvertir los beneficios en sus empresas, que se tornaron obsoletas. La protección mdiscrimim1.da sólo sirvió para financiar con déficit público y c0n apoyo sindical a unas empresas cada vez menos competitivas y más incompetentes. Pese al nacionalismo decbrativo de las políticas autárq11icas, algunas empresas protegidas, especialmc11le ctel sector automotriz, químico y electrónico, eum extranjeras. Tras In Segunda Guerra Mnndial se produjeron algunos cambios en la es1ructura económica. La planificación se convi1 lió en llll arma de las políticas públicas, lo que hizo imparable el avance del rntervencionisrno estatal. Las políticas industrialistas, avaladas pot la entonces muy in fluyente CEPAL y sn principal impulsor el ecnnomista argentino Raú! Prebisch renova1011, en parte, a las élites y afianzaron a aquellos grupos que apostaban por la industria!i-zación en detnmcnto de algnnos sectores de la oligarquÍfl tradicional exportadoia, aunque en algunos casos hubo una cierta integración ent1e la llamada bnrgnesía nacional y la oligarqnía terrn1eniente y expottadora. Otro grupo partidano de la mdustrialización y de peso creciente fue ia burocracia estatal, especialmente los militares, qne esgrimiendo razones de seguridad nacional controlaron fábricas de explosivos y armamentos, pero también de prodnctos químicos, electrónicos, etc. Burócratas, militares y tecnócratas, los encarga(los de g<·:stionar y administrar la mdnstrialización, medraban de los presupuestos nacio11ales. La industrialización permitió aglntin.ar a distintos grupos en un equilibrio inestable. Eran necesarios acuerdos co11 los obreros industriales para disminuir la conflictividad !ahornl introduciendo criterios de moderación en la explotación de la fuerza de trabajo por los p¡i_tronos. Pero los empresarios no siempre coincidían con sus gobiernos, ya que una medida semejante suponía una merma en sus ganancias o en su poder. El intervencionismo y la p!anifi-cación económica te11ía numerosos ejemplos en el mnndo: la experiencia industrializadora de h1 Unión Soviética; el fascismo en Italia y Alemania o el Ne1v Deal norteamericano. El México de Cárdenas, el Brasil de Vargas y la Argentina de Perón son los ejemplos locales más daros. Los sectores populares urbanos, en tanto cmisum idores, eran pilrtidarios de partieipm en d reparto, aunqnc lo esencial era gmanlizar su nivel de ingreso, s11 capacidad de consumo y la defensa de sus pllestos de trabajo. En el caso del ingreso y del


consumo, t'i protccciouismo encarecía los artículos de cornrnno, anle la subida de los precios nnpulsada por los subsidios y !os aranceles, que unpedian !'1s impor!o.cwncs harmas y producían, de hecho, un descenso de los salarios reales. De ahí la importancia de ren1brir el discurso mdustrm!izadm con un barniz nJcionalista que sostuviera que súlo un país con industria prnpia podía desarrol \arse Cuando los asalarü-H..los se convertían en trabajadores fabri-• les, la dd'ensa tk su puesto de trabajo ern la defensa <lel sector industrial. la mdustnaJización también requerí2 <le empresarios y en algunos países los gobiernos se dedicaron a creados, favoreciendo a determinados grupos con concesiones de obras públicas ( cm reteras, diques, cte.) o de empresas de ser~ vicios ( ekcrricid:1c~ gas, teléfonos, agua, etc.).

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Cmulrn 19.4. 1,a población lle América La tima { i900-íl950)

América Central cr:1111ine111a/ Mé.>.ico Ciuaternala El Salvador lfondl!raS N1u11·3gn;, CoslaRica

2.1. La evoiudón demográfica: el fin de !a inmigración masiva y !.a urbanización Entre 1920 y J950, América Latina tuvo 1m alrn crecimiento demográfico (v¿anse Cuadros 19.4 y 19.5 ), aunque el ritmo no fue igual en todos los palses, ai mtervrnii el creGimirnto vegcla1ivo o la mmigración. El crecimienio constantt: de la población ie permitió alcanzar el volumen de Estados Unidos en 1946. La imrngración trasatlántica tuvo 1m comportamiento dispar y si bien sa impacto fue lmportante cu !os años vemte, prácticamente se paralizó tras la Cirn11 Depre.~ión, cuando finalizó la época de las migraciones masivas. La recesión y el descs:nso de lrn salarios reales provocó el retorno de muchos inmigrantes a su lugares de origen, donde lcnían redes <le protección social más eficaces. Entre 1900 y 1930 la pohlaciúndcl conlmcn!e pasó de 61,9 millones de habitantes a l 04,J millones, con una tasa de crecirmcnto anual del 1,7%. Máico y América Central tenüm 22,5 millones; el Caiihe 9,2 millones y América del Sm 72,7 rni!!oncs. En la zona templada de Améric;:i del Sur 1a tasa de crecimiento foe del 2.4% (destacando el 3, i de Argentilla), mientras en e! Caribe la t,1~a fue algo menor: el 2,3% y en México de sólo el 0,8%, aunque aqní hay que considerar el impacto negativo causado por la emigración inexicana a Estados Unidos, especialmente en las zonas fronkrizas, estimada para 1920 en medio millón de personas. América Latina tenía una densidad territonal muy baja: a fines de la Jécada de 1950 sólo el 7% de la población rnundia! v 1vía en ella, cuando su superficie suponía el 16% de las tierras habi-tables dd planeta. Tras una paralizac1ó11 momentánea del crecirrnento a consecuencia d<.: la Crisis, la población creció a !"\tinos mayores que en el pasado. En 1940, se alcan:rnron los 126 mil!ones y en 1950 más de l 59 millones. La tasa anual di:: c1ecimien!o pasó de 1,9 en la década de 1930 a 2,3 en la siguien· le, :muncial1(]o nuevos y más acelerados mcremcntos. Mientra:-; e! crecimiento se mantuvo prácticamente estable en e! Caribe y la zona templada de Amé-

!930

1940

1950

13 607 l -425

16 589 ! 771 1.443 948 742 499 5D2 22.404

¡y g¡ 5

26640

2.201 1 633 1 119 893

3,024

619

849 765 35.722

9:12 443 448

285

Panctrn~ Stihlotal Caribe

2. la sociedad

1901}

Cuba Pi1ert0Rico Rs:p. Dmnirncima !faití Sub[o1.al América de! Sur tropical Brasil Colo1nbia [\:r(1 Vent'ZUd'.1 EcuaUor

Uolivia Subtotal América de! Sur templod11 Argentina Chile Uruguay Parag\lay Subwtal Tolal d~ Amáic:1 Litina

17.410

1.573 953

3.S37 l.5 ~2

700

t .400

! 170 4.496

2.422 9,211

17.3 l8 3825 ].791 2 3,1.q

.15 568

l .400

1.696 30.374 4.74~

2.904 915 440 9.002 61.012

595 26,875 4.566 l.880 l 759 2 825 11 010

l .922 l.389

1.1 33

5.520 2.218

:' 303 3 3HO 13 .421

7.050 5.651 2.950 2.]60 2,153 53,832

41.233 0 077 6.68J 3.710 2.586 2.508 65.795

11 896 4.424 1 704 880 rn.904

14 169 5.147 1.947 1.111 22.374

2. \98 l.337 26.678

126.074

159.3 [2

10-H41 •~~.-.~-•-·c=cc

52.326 1l.fi'./9

7.968

5.T.lO 3,225 3.013 83.49[ 17.085

6.053

.• ~-. --- . , . ,_,··c0,··,_,

Fucnlc: N,col:is Sánchcz•Alb(>rnoz, La población d(' !,i,,Jnca Latma de.ide los t,empo.,· p•·ecoiombial mio J(j(i(i, MaJml, l 973. pp (92 y 212

¡¡,,s·

rica de! Sur, se aceleró en México y Amén ca Central y algo menos en la zona tropical de ,-\_mérica del Sur Entre 1930 y 1950 el incl'emenlo medio anual de la región fue del 2,2%. Algunos gobiernos empezaron a invertir en salHd pública e infraestructuras urbanas, comenzando por h~ ciudades rná::. importantes_. io que hizo descender las tasas de mor!ali<lad, especialme11te en las zonas mbanas, y esto, junto al amnenlo de la natalidad, contribuyó al crecimiento demográfico. Con la:; mejoras en las redes cloacales y de agua corriente, ciertas enfermedades endémicas, como el cólera o la fiebre amarilla, prácticamente desaparecieron


:Cnadro j 9.5. Tasu amrn! de crccimit>n!'o demográfico por dctenios en Américl-1 I,alina (l 930-l 950) 1930-19-W

1940-1950

México

l ,8

Guatcnirrb El Salvador llm1rluras NicaragL1a Costa Rk:a

2, l 1,2 2,6 1,8 2, 1 1,7

2,9 3,2 l,6 2,1 2,4 -,J

!,8

2,8

1,7 1,9

l,9 1,6

7, ,,7

2,8

1,5 1,8

1,8 1,9

Brn8íl

2,,'.J

2,6

Colombia

2,1 1,6

-,7

2,3

2,6

1,8

2,2 1,9

A 111énc// Ccnlnrl cc,11tinc11/a/

Panarná Stibtotal

Caribe Cu11a PncrtoRico Rcp. Dominicana lla1tí S11btotal Aménca del Sur 1ropirn./

Perú Venezuela Ecnador Bolivia Sublotal

Urug11ay Paraguay Sublotal

7 ,

1,6

7 ,

-,7

1,7

1,9

l,5 l ,3 2,3

1,6 l,2 1,9 l,8

1,7

Total de América Latina

·--~-~--~---

7 ,

1,5 2,ü

Amérirn del Sur templada Argcntimi Chile

. . .,..,

.\J

,.,

...,,,,--,

1,9

·---.

,-

.... , ,...

2,3

Fuenic· Nicol-ís S~nchez-Albornc,z, La pohlanón de América latina desde los tiempos p,·ec,,fom/:,ino.,n! aíio 1()00. Míldnd, 1973, ¡,. 21 ].

de muchos países. También se comenzó a invertir en seguridad sücial y en los años veinte y treinta los cinco países más destacados eran Argentina, Uruguay, Cuba, Chile y Brnsil, con programas que incluían pensiones y beneficios para los enfrrmos. Antes de 1930, los pioneros en estos programas eran Uruguay, Argentina y Chile, con esquemas similares a los de la Europa meridional y occidental en la misma época, A fines de la década de l 930, se habían desarrollado los .sistemas brasileño, chileno y uruguayo y México hizo lo propio a principios de la década siguiente.

i

l

FI ap(l!'IC migratorio emopeu \C Lcnlraba ,:111m peqiwfin grnpo d;; países qite (krnandaha iL1ano de obrn extranjera, como i\rgenl ma, Brasd. Uruguay o Cuba Fnlre 1920 y 1'-cHO ~e rcaclivó la inrnigrnció11 y las rcs(ncc,ones de Estados Unidos a la ilcgada de inmigranks favmeció la prcsrncw de europeos en América Latina En l 9 l 4, la Argentina rnnlaha con 2.400.000 inmigrantes, especialmente españoles e italianos, cuando casi la terccrn parte de lapoblación ern ex1ran_1era y la inmigració11 neta aa de un millón de personas, Urugm1y ape.nas s11peró los 170.000, Cuba los 140.000 y Chile sólo llegó a 40.000. En Drasil, el apoiie migratorio foe algo inferior que el argentino y a! 1gual que en d período ! 880-1930, destacaron los españoles e italianos, au11que tarnb[én llegó gente de Europa oriental, Rusia y Ucrnnia fondamcntai-mente; dd Imperio turco otomano; Sina, Líbano y Turquía·, y de, otros países como Japón. Nlllnerosos países impusieron restricciones más o menos prolongadas a la imnigración tras la Crisis, abandonando los principios de /aissez~faire de sus políticas poblacionales cles<le la segundn mitad del siglo XIX. Urug,nay suspendió b entrada de rnmlgrnnles por un año desde ¡ulio de 19 32 y lllego el Parlamento votó una ley que cenlralizú en el .lnstitnto Nacional de Trabajo la concesión de los permisos de llegada y limitó hasta 1937 el arribo de nuevos inmígrnntcs. Argentina cerró su:-; fronteras entre 193] y 1935 y desde 1940 restringió la llegada <le inmigrantes. Rrnsil incluyó sus restricciones a la mmigración en la Constitución de 1934 y estableció un sistema de cuotas a la entrada de extranjeros. Chile favoreció la colonización pero no la mrnigrnción y ¡\/[éx¡co prohibió en l 916 la entrada de trahajadores y sólo admitió a quienes dispus'leran el.e reU!TS0S suficientes. Como señala Nicolás Sánchez, Albornoz. estas incdidas buscaban evitar que las condiciones gcnecralcs del empleo, agravildilS por la recesión, se siguieran deteriorando y que el aumento dd paro repercutiera sobre lil sirnación social y laboral. La Guerra Civil española y la barbane nazi, con su secuela de exiliados y refogiados, se sintieron en Am¿.nca Latina y muchos países comenzaron a eli• minar las hnrrerns exístentc::s. El México de Lázaro Cárdenas admitió a numerosos exiliados republicanos, un aporte de mano de obra cualificada que dinamizó la cconom[a y el mundo académico y cultural. Algo similar ocurrió en Argcrnina, Chile, C11ba y Santo Domingo. Se estima que llegaron a América Latina entre 50.000 y 150.000 refugiados republicanos. Las cifras más finblcs habllln de 50.000 cxilwdos en México y 30.000 en el resto del continente. En 1938 Venezuela, que había recibido escasos inmigrantes europeos, creó el Instituto Técnico de Inmigración y Colonización para asentar colonos extran-• jcros en el campo. Si bien llegó un número importante de inmigrantes, espa•• ñolcs fondament:i!mente, atrnídns por el crecimiento, éstos no se asentaron en el campo, como se buscaba, sino en las ciudndes, comenzando por Caracas. El crecimiento demogrúfico comenzó a cxpnlsar a numerosas personas de las zonas rnrales hacia los centros urhnnos y a pal'lir de la década de 1940 se comienza a hablar dt: uno.explosióu urhana. Si bien ¡¡lgunos países comen-


zaro11 el proceso de 1t1banización irnos años antes y otros en la década SÍ·· guicute, es innegable la importancia de !as migrnciones iuternas y los desafíos plauteados a los gobiernos, qm' debieron atender fas demandas de los migra111.es internos· vivienda, trabajo, infraestrncturas mbanas (lu·1., agua, cloacas), educación, saluc~ etc. S1 el latifundismo no favorecía la rete1ición de los campcsmns, la cantidml de migrnutes rumies q1ie llegaba a las ci11dades tampoco podía ser absorbido satisfactoriamente, ante !u mrnficieneia de las mfracstructurns y de la oferta dt: trabajo. La falta de viviendas en d perímetro urbano impulsó la construcc1ó11 de cintmones de miseria en !a periferia de las grandes ciudades: villas 111isena en Buenos 1\uics. favdas en Río de Janeiro ' barriadas en Lima, cantegnles en M011tev1dco, bHrrios cal!Jmpas eu Sautiagn de Chile, col ornas prnletarias en la cmdad de México. rancherías eu Caracas 0 barrios de 111vasión en Bogotá. La urbarnzaciún se henefició del crecimiento demográfico y en l 930, Argentiua y Uruguay tenían d porcentaje de població1i urbana y la t,tsa promedio amwl de crecimiento mayores. En Argentina_ e1i 1914, un 33,5%) de la población vi·víu en cíudades de mús de 20 000 habi~ (antes, Chile alcan1.ó el 32A'% en ! 9'.lO; Cuba el 20, l '% cu l 931 y Venezuela el 17'1/,, en ! C)26. Por ~11 p,1t·te. Mt:xico llegó al l 5,6%, en ! Y30, Brasil;¡] ] 5,3% en 1940; Perú al 14,M'<-, en J 940 y Columbia sólo ;:i( 8,7'% en 1928. Las gran~ des ciudades. 11npulsaio11 el cambio socíai y en tanto los pabcs se urbamzalia11 e mdusnia!i7'.ahan, algo rnás palpable en los años cuarenta, se produjo la terciannJCión de ~us sociedactes. q1w 1mplicc1b,1 un mayor crccirnieni•p 1k !os servícios en relación a la agncultnn-1 y ia ind11s11 ta. En tes¡rnest;_i a la urhanizacíón y la contliciividad socia! de los años veinte y trei11!a se q11iso mejorar la ed11cación básica y n::dncir la tasa de analfahdlsrno que cayó dd 6J% en l900 al 46,5%, en 1950. La ed11cació11 no fi1c 1111u prioridad eu muchos países, pero Urnguay y Argentina son dos 1mporlauks c~ccpciones y cntr,: 1930 y 1960 en l Opaíses avanzó la lucha contra el auaifabdisrnú. Las mig1c1c1ones internas no solían p1od11cirse directamente del campo a las grandes crndadc~: nn prímer paso llevaba a los ca!llp<é1>tnus a los centros mbanos de menor tamai1u, capitales de prnvi11cü1 o centrn,-; regionales, para luego pasma las grandes urbts. En 1sno, \os países no (enbn más que dos ciudades de más de 100.000 habitantes. salvo Brasil, fv1b:ico y Argentina, annque casi todos tenían una q11e reunía entre la quinta y la tercern parte de: la población nacional. En l 9'30, estas grandes ci11dadcs primarias eran muy unportantes en Argentina, Cuba, Chile, México y Perú. Brnsil ern dii'erenlt:, cm1 sus grandes urbes: Río de Janeirn __ Sao Panlo, Re.::ilC, Salvador y Po1tu Alegre. Entre los países pequeños, como sei'iala Scobic, destaca¡¡ Uruguay y Ecuador. Montevideo concentraba en 1930 más de la tercera parte de la pohlación total, mientras que en ECLwdor, la poblaci()n de la capital, Q11iio, emplazada en la zoua andina, tení;, poco rnós de l 00.000 habitantes, casi la misma cantídml que el puerto (k Guayaqml. En 1914 las tr-:s ciudade~ más grnmlcs de la ArgcCTti1ia (Bncnos Aii es, Rosario y Córdoba) reunían casi la c1rnrta parte del total nac10nc!.l, mientras qne eu Cuba, en l 931, las <los ciudades más gra11des (La .

Habana y Santiago) sólo llegaban al 10%,. En Chile, en J931, Santiago y Valparaíso tenían el 20,7%; en Perú, Lima tenía el 8,4% en 1940 y en México, la capital, Guadabjara, Mo11terrey y Puebla teníau un 8,8% en 1940. En 1950 Brasil era el ú11lco país COIJ dos cindades de más de un millón de habitantes. Las capitales nacionales solían concentrar divei sas funciones, eran el principal referente administrativo y bnrocráiico y rennían las actividades comerciales, económicas., financieras y culturales, también eran los centros mbanos más dinámicos, los que te11ían más población y los q11c rnás rÓ.pido crecían, co1no Caracas o Líma. En 1950, las ciudades rnás gra11des eran Buenos Aires (5.213.000 habítantes), Río de Janeirn (3.052.000), Sfio Paulo (2.449.000), México (2.234.000), Santiago de Chile (1 .275.000), La füibana (1.081.000) y Lima (947.000). Co11 la excepción de Silo Paulo, las restantes ernn capitales nacionales. Otras capitales destacadas eran Caracas (694.000), Montevideo (609.000), Bogorá (607.000), La Paz (300.000), Guatemala (294.000), Guayaq11il (259.000), Quito (210.000) y Santo Dornmgo (182.000).

2.2. H mundo rural A principios de !a década de los vei11te, fa cstrnclt1ra agrn.ría mantenía sns principales caractedsticas, aunque habían comenzado a trnnsfonnmse en los paíst:s más urbanízados e industrializados. Las regiones segnían siendo hásicame11te agiarias, la agricultura e1a e! pnncipal secror económico, el que te-• nía el mayor porcentaje <le población activa y cuyo aporte al PIB era considerable. La estmctrna de la tenencia de la tierra se mantenía inalterable, pese a que en algunos países había cambíado la composlción de los propietarios, lo q11c propició una cierta renovación de las élites. Pese a las transformaciones de estos años, países como Chlle mantuvieron la estrnctnra de la prnpiedad agraria y la concentración <le la propiedad en torno al latifundio, al tiempo c.¡ne una parte de la prod11cc1ón agrarm siguió girando en tomo a los fü11dos de inquili11aje. Entre 1920 y 1950 el campo vivió un doble proceso q11e u.fectó a las estructuras agrarias: la emigración hacia las ciudades redujo la población rural; y la refornmlación del problema agrario y de los latifundios nmodujo la refomrn agraria en la agenda politica y social, Sin embargo, con la excepció1i de México, las reformas agrarias füeron postenores a 1950. E! mu11do rural fue visto como la surna de todos los males al identificarlo cou el atraso y el subdesano!lo. Raúl Prebisch liegó a diccir que en la estructura agraria ((Se encuentra generalmente el punto de estrangnlamie11to interno más pertinaz eu el desarroHo latinoamericanml. Entre sus problemas estaba el gran p01c<011taJC de la producción dedicada al autoconsumo que no pa;;aba por d mercado; el régimen de trabajo arcaico q11e p;_igaba a muchos campesiuos en especies y tenía uu aporte a! crecimiento del mercado interno prácticamente nulo, y el elevado número de campesinos que vivía bajo la línea de pobreza. A esto había que snmar el régimen de teuencíade la tierra que difícnl-


wba J::i incmporación <le tecnologí;i al mundo mral, la prccaned::id de las inversiones prndi 1etivcis y lJ Jdicit•nte poi ítica agra na del l.'.st:1d0. /\SÍ. In t-cfmrna ;_¡grmía se convirtió en l;:i solución parn climmar !;is trabas agrícolHs al desnnollo Hubo nlgi:nos conflictos c::irnpesinos impmtanles que rcspondüm a l::i presión de los trabaja<lores agrnríos sobre !a tierra cultivable. Uno de los movimientos c;:impesinos más destacados fue el rnovurncnto criste1-o mexicano de fines de la déc:ida de l 920, mrnqiie respondfa a otras motivaciones, vinculadas a cuestiones políticas y religiosas. Tcimbién hay que destacar la inciden . cía de las Ligas camponesas (ligas campesinas), en 18 periferic1. de Recife, Brasil, en l <)45, bajo la influencia del Partido Cornimista. En algunos países, los límites entre campesinos e indígenas son bastante difusos y algunos con~ notados movimientos de defensa de la tierra confundían ambos ingredientes. En 1932 hubo algnnas snblevaciones campesinas de cierta consideración en El Salvador, Perú y Ecuador. En E! Salvador, la represión se cobró la vida de 30_000 campesinos. En Perú, la rebelión eslavo asociada a la sublevación apristaen T1t0i!lo.

2.3. Los sindicatos El sindicalismo comenzó a desarrollarse a finales del siglo XIX por el impulso anarquista y el impacto de la Revolución rusa y si bien también participaron los social islas, la diversidad ideológica y organizativa de los sindicatos fue notable con organizaciones católicas, el obrerismo fascista y el sin<lica] ismo po•• pu lista. La irrupción de la clase obrera como actor político llevó a hablar de las «clases pcligrosa:m y del riesgo de desestabiliz8ción ,c:ocial, lo que convirtíó a la represión en el arma preferida de las élites para limitar los efectos de la acción política de los sindicatos y los partidos de izquierda. El alto número de artesanos manuales urbano:> inílayó en los sindicatos de oficios: fontaneros, caldereros o linotipistas. En Chile, Uruguay, México y Bolivia se crearon grandes centrales sindicales, aunque no hay que olvidar al sindicali~n10 argentino, ya qne los enfrentamientos entre anarquistas y socialistas, y socialistas y comunistas impidieron la unidad sindicn!. En la <lécndll de 1920 ya era patente el declinar del anarcosimlicalismo, aunque a mstancias de la Asociaclim Internacional de Trabajadores (AfT), de inspiración anarqmstu, se fundó en 1929 la Asociación Continental AmerÍc8na de Trnbajadorcs (ACAf), que fue incapaz de aglutinar a todas las federaciones adheridas a la AIT, corno las federaciones de Cnba, Chile y Perú. No todos !os sindicatos fueron revolucionarios y rcivindicativrn y los reformist::is y hnsta los colahoracion!stas, que llegaron a tener el respaldo de algunos gobiernos, tnvieron un mnplio espacio. Ln Confederación Obrera Pan Americam1 (COPA) se creó en Tamanlipas, México, en 1918 y fue el principal intento de la época de constitu1runaorganización obrera continental yre-

Corrn i~la impub,1da por EstadM l.! n 1d0s. una cornentL· que rec ibiú el nombre de 11\(llllOismo al vincularLt cun la duc1rma :vJonroc y ,~l papel dirigente che los simfü:;itos nortcame1·icanos, /\ la reumón fimrlacional acudicrnn ck:kg:ados de Estado~ Unldos y México y 1ambié:n de Colombia, C'usta Rica. Gnakmala Y El Sa!vcKlor. La Crisis de 192<) füe un d1iro golpe para la COI'.•\, que e11 1930 celebró en Ln Habnna su último congreso. Pese a e l!o, c1 sindica lisrno norteamericano a través de la AFL, y luego de la AFL-C!O, y el Dcpariarnento de Estado mantuviernn su \Dlerés en controlar los sindicato~ de América Latina y en crear alguna organización panamericana qnc englobara a los trnblijadores del contineute, un esfnerzo más relevanie durante la Guerra Fria y la lucha contra d comunismo soviético. Los ~indícalos y agn.1pacíones de trabajtLdores católicos tuvieron gran rniluencia en algunos países. En 1922 se fundó en México 1a Confederación Nacional Católica del Trabajo y diez ai'íos más tarde se creó en Brasil el Círculo de Obreros Cnstianos. Tambit:n fueron importantes los síndicntos de Costa Rica y Ecuador. I ,a organización defmitiva <le] sindicali,qnw cristiano se produjo en l <)54, bajo el impulso de la Confederación ]ntcrnacional de Sindicatos Cnstianos (CSJC) qrn:: convodi en Chile el Primer Congn::so de Sindicc1.lismo Cristümo, del que snlió la Confc:dcrnción Latinoamericana ele Agrnpaciones Sin<licalcs Crisllanos (CLASC). Los sindicatos católicos recogírn1 los postulados de la doclrina social tlc la fglesia Y respondían a las d ireclriccs emanadas de la jerarquía ca1ólica en su lucha contra el liberalismo. El desarrollo de partidos conrnms1as y sn deseo de convertirse en los representantes del proletariado nacional implllsó la creación de sindicatos de clase, de 1m incipi,,nte desarrollo en los años veinte, como algunos sindicatos campesinos en Chile, Perú y México o ele empleados administralívos en Argentina y Chile. En 1921 se creú la Internacional Sindical Roja (JSR), centrada en los países coloniales y semicoloniales, mm que se relacionó con América Latina y a sus primeros congresos asistieron 1cpresenlantes de México, Argentina, Chile y Brasil En 1927, la TSR concentró su acción de agitación y propaganda en Asia y América Latina y en l 928 creó el Secretariado Sindical Latinoamericano. Ese mismo año el Kominlern adoptó la po!itica de ((elilse contra clase1>, qne obligó a los comunistas a abandonar los sindicatos en los que participaban paro crear otros marxista-lcninistas. En 1929, a impnlso de la lSR, .se fundó en Montevideo, la ConfedernClón Sindical Latino••Amencana (CSLA), que al igual que !a COPA tenía una clara vocac1ón continental. A su i..:ongreso constituyente ;:isistieron delegados de 15 países: 1\rgentina, Bra~ sil, Bolivia, Colombia, Cost8 Rica, Cuba, Ecuador, El Salvaclor, Guatemab, México, Panamá, Paragnay, Pen'i, Uruguay y Vcneziicla. El principal ob¡etivo de ]8 CSLA era luchar por la revo]llCtÓn continental, de signo holchevique, relegando a un segundo plano las reivind icacio11es específicarnt:i ilc obreras Y Nindicales. El fracaso del sindicalismo de la CSLA y la política comunista de frentes populares llevaron a In Tercera Tniemacional a cambiar 8ll programa sindical, abandonando las re1vmdicaciones antipatronales para centrarse en


d frente ant1f:.1sdsta. Por eso, npoyaron la fundación, en la ciudad de JVIé-11c~, en 1938, de'.ª Conkdcración de Trnbajc1dores de América Líltina 1C1Al que sen: et arrna prmcip.11 de ag1tncrón y propagauda dd sindicalismo antifasc1stn. En su nacimiento füc decisivo el sindicalista mexic:mo Vi~~nte Lombardo Tok~!ar10. El a1_1(1fasctsmo y el enfrentnmiento ideológico con las pot<cncus dd Eje_ k penmtieron a la CTAL abogar por la couciliación entre el capital _Y el t_ra}'.aJo. La lnkrnacíonal Comunista vio en ella una herra-m1e~ta _ele nc~10:1 p_rwnt~i~a y decidió hacer suyns sus posturas e impulsar Slls banderas pol_it1Go-1dcolog1l:as: el frente un1co simlil:al, ]a luchn de cla._<;es y d mte:;1aoona_11smu prol~tano, pero adaptadas a los nuevos tiempos. d popuhsnlO también impulsó algu1rns ínirn:ltivas sindicales contincntaks, aunque <h1d11,~u falta de homogeneidad sns propuesta~ se vinculaban a las Pº.:'.::ra~ de los lt('.'.'.res o ~e _los grup?.S que las impulsaban, lo gue hacía mny drnc.il. l:Oo1d1nar c;Stas in1ciat1vas. Ei pc:rnrnsrno impulsó ta Asociación Je Trnh8fidores de América Latina (i\TLAS), que vio la !ut en Méxil:o en J 952 Y ~l ap1:1srnn apostó poi la Collk_deració11 lnten1menl:ana de Trabajadores (~,JT), Cé:~st1tu1da en_ L1wc1 en l tJ4K. Ambns ceutrnles l:Stabm1 marl:adas poi la (Jt1~rr:1 Y se hac1an eco _ds; un 1micomuni~mo militank. Sin embargo fas d?s ]:ia~1c1n gala de sn :1nt1cap1tal1smo, mucho más claro en el caso dd AfLAS, a pmfo de !a po\tura k:ccz:rista del pernnisnw. Los prohlenns Jaho" ralcs ~ soc 1a le~ de \a cl_a_:;e obre1 a llT1.p1dsarnn políticas de reforma social, que l::n_1.s~no_,¿n integrar r;1c1hccrn'.enk :1 sind1talus y pwldarios, i1Lmqu<:: la pwronal ~ol Ji! oponerse.ª las políticas g11bcrnameutalcs qne supus1ernn beneficios para los llbrerns. Entre las reformas más corrientes destacan la n:ducción Je l~ ¡ornada de t1a~ajo a 8 _horas, b reglmnentac1ón del trabajo fümenilio e ínfantil, el pagu de mdcmnJZHl:Íones en caso de: accidentes de trabaio, la mejora en las cou~1cwne~ de trabajo e higiene de las instaL1.ciones fabn"ies, vacaciones~ pcns1oues_ La oposición de la patwna1 explica la profunda labor depersuas:on que tuvieron que aplicar tanto Vargas, en Brasil, l:01110 Pcrón, en Argentll:a, para conve,n_ce1 a los putnmos, algo que no siempre lograron, de las ventap~ de sns pol1t1rns pop11lista~ y de conciliación laboral. Se asume aue los gobiernos tomaban partido por la palrnnal, wia cre1cncia basada en Amirí• ¡;¡¡ Central Y los enclaves hananeros, donde los gobiernos débiles s.oüan res• ponder ª,las dcrnandus de lus empresas 110ncamericanas. Sin embargo. la ink~venl:JOH estat¡¡] ,Ho siempre favo_re~ía a los pa(rono.s, como en Arge~tina y B1as1l, donde er.'l frccnenic la med1::ic1ón o el arbitraje gubernamental a favor ele los obreros.

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2.4. La Iglesia católica En es_w período se produjo una gran ofensiva de la Iglesia católica contrn el¡¡. bc;rahsi:n.º, ya que, en algunos casos, el avance secular había 1·ecortndo el po<lcr pol1tJeo de la lglesia, con una pérdida de privilegios y riquezas. E! mensa-

JC cclcsi!1stico, uliwn10ntano y antiliheral, se exrncsaba de forma snrnlar en to,\o el cont111cnte y como señala Lons ZalJatrn, la mvocación al magisterio pontifwio era una con,:;tante l:Cn el mens~¡e <)Clesiiist'1co del «rcnacnniento ca .. tólicúi>, 1nmcado por un proceso s1multlmco de rnnrnnización (s11bmdinal:ión a los dictados del Vaticano) y nacionalización de las estructuras eclesi:í.sticns, aunq11e con difoicncias m1l:1onales considerables Iglesias separadas del Estado, corno en Brasil, Urug1iay, Chile y México, un caso especial despufa de la Revolución. y otros países donde la Iglesia estnha vinculada constitucio~ nalmente al Estfldo Lcntameníe en la década de ! 920, y de forma más '.lcelcrmb a partir de l 930, la Iglesia se dotó de estruct11ras efo;itcntes parn cumplir su labor, como conferencia,; episl:Opales o la rnejorn ca d fon¡;ionam1euto de los serrunario~ y la fonn11¡;ÍÓn del clero. Una pieza clave en la política de la Iglesia, especialmente en la organizaclón del la1l:ado y s11 subordmllCÍÓn al c:lcrn y a la Jerarquía ecksnistica, foe !a Acción Católica. Dentro de ella, el cat olicísmo socrn\ se maní fostó e11 d 1stintas organÍZill:Wlk\~ como la Jnv-:ntud Obrnra Católica o lu Juvc:nmd Estudiantil Cntóhc;{ t :-t Acción Católil:a se l:On\'irtió en un JT1ovim1c:nto <le mllSclS en los países más irnpiir'lantes, depend 1enk de la Jernrqu'iu e eles 18.siica parn nct11::.u a! margen de lo~ pai ti dos pol\ticos. Ps;se a su carácter upo lítico, la 1glesia solia defender a los 1egírnenes wnsen,adorcs e. mcluso, fra11dl1!entos. Esta actitnd respon<lb a los pnvileg10s de ln lgie.sw. qne <lerendíar1 más del ~esgo 1dcolhgic,1 de los gobiernos que del esl:ttus legal de '..'fl<l1 pnÍ"'. De todas Formaci. s11 il:ónca apoliiicídad dotó a la Iglesia de mayor autonomía frente al Estado y le permitió llegar a las lllasas c011 su rnensaje JYds!oral. Este prol:e:,o nolmh1ern rendido los frutos deseados si no hubiera habido una polírica coherente y mntilwntal del Vaticano. Los congresos eucarísticos fueron claVf: para lii mayor pxoyección social de la Iglesia, un proceso que permitió ,1 las ;-iut mi<l,1iks edesiást1cas nuc1ona•• les nego¡;jar me_ioreon b~ l\utoridades políticas. También i nvo s11 1mportam:ia la Doctrina Social de 1H fgksia, impulsada por la encíclica Remm Novarum parn ganar el apoyo <le otros g;rnpos sociales, como lns 1rnbajBdores urbanos qne vivínn al margen dlc la lglesiu. La Doctrina Social ~e opo11.i:i a !a lucha de clases, al rnarusmv y a los Gmnbios revolucionanos y ele 1w modo paterna lista abog,1hu por la in1~:1vuición <ld EstoJo. Tmnb1én m1p11lsaba !a cre?,c1ón de sindicatos ¡;atólicos y]¡¡ ti.mdarión de Círculos de Ob1-erus Católicos. Siguiendo el modelo alen1ún, se cr<:a1on Ligas Sociales, l:OlllO la Ligu Social Argenfo1a o la Liga Social AgrMia, en \V'k?.Jto. La postura rnditaP.te de la Iglesia en contra de la izquierda restó p10lagonisnio n las organizaciones socialistas entre los sectores obreros, las muJeres y hl población no sindicalizada. En la búsqueda de una tacen posición. entre c.ap1tahsmo y sociulismo, o cutre libern!isrn(1 v rnn11.m1smo, nrnchos l:ci.tólico$ apostaron por solnciones corporativas y se ;ecastaron en d fascism(). En <'Siil misma línea, se cxp)Íl:a el apoyo de la [gle:;[a. al pupulisn10, como ornrnó a med\ado¡; de los cuarenta con el pero11JS!TIO, uunq11e las relacíonts cnt1·e Pe eón y el episcopado te1minaron sieudo muy lensas.


20, ta política en la crisis del sistema oligárquico

[k esk modo, la; posiciones de lu Iglesia en la vida política, wci::i]. i:;duull 1va Y ccotlórn!ca me,1oraroa, aunque el avance dependiú de cad;, eosii, A]. gunos pci_iscs, c:(;,rno Argentina o Brasil, conocieron ounhios sustantivos y en ol1 os, l\-·l~:-::1ro o Uruguay, fueron menos espectac:ulan:s. Hubo otros, Co!omb1u o Pcni, donde al contrarío ck la norma grneral se prodtljCron avances etJ Ja !mu:zac_1ón de la vida pública. Pero más allá de las diferencia$, la respuesta de la lglc$!H füe homogCnea y se _caracterizó por su ataque <11 líbernlísmo y al marxt~mo, pero tamb1cn a] pos1lJV1s1110 y a otrns amenaza~ seculares. De ah! que ahogara por convertirse en la relígí6n oficial del Estado en todos los pai~cs Y.~e opusiera a avalar cua!qmer separncíón e11lre la Igle~ia y e! Estado.

El período de cntreguerras fue una época de turbulencias provocadas por el ascenso de tendencias autoritarias de izquierda, el estalinismo, y de derecha, el fascismo, el na7lsmo y el fahmgí:,mo, que se cobraron conjnntamcntcmíllones de victimas en todo el mundo. El poso democratíco de América I .atina evitó la conw!idc1ción de estas amenazas contra las libertades públicas y los derechos humanos, a1mqne la debilidad del Estado impidió consolidar democracÍll.S estables y eficaces. Lrn re11puestas autóctonas a los cambios que se estaban prod11ciendo se centraron en el populísmo, un movimiento polltico de dificil defí111ción, can1c1.erú.adopor la búsqltedade la íntegrací6n de amplías capas soGíalcs en los si.~tcmas polftícos nacionales gracias a costosas y genero.~as polltic<fo rcdístríbutívas. El varguísmo, el umlenismo, el peronismo o d íbafüsmo füeron algunas de las variantes populi$las entre !as dCcadas de 1930 y l 950.

1. La incorporación de los excluidos Al finalizar la Primera Guerra y comenzar fa década de 1920 el panorama po!itíco permitía definir a la mayoría de los gohiernos como democn\.tícos, una mírach1 optimista que se veía reforzada sí se proycctuba mó.s al!it de la región, especialmente a Europa, dominada por opciones totalitarias y antídemocriltícas, como el fascismo, el nazismo y el estalinismo. Mientras países de solera democrática vehm como sus instituciones eran cue~tíonada$, en AmCfíca Latí na se ensayaban otras soluciones, tambii::n de riesgo para la democrncia, que

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:,e había ido consolidando t"n una región carnctenzada pm las repúblicas rcpresemativas y las elecciones. Éste erad medio de legitimar a qui.::nes ocupa .. bm1 el poder y de 1enovni periódica y regu!annente a las mi1oridades y parlamentarios, aunque en nlgunos casos la competencia y el libré e igualitnrio ¡¡cceso a los comicios, la tianspmencia y la participación electora! tenían una sene de limitaciones que daban pie a algunas dudas sobre el foncionamiento del sistema po!itico. lfabía países, como Ecuador o la rnayorín de los de América Central, que por la frag!liclad de sus Estados tenían senos problemas en av:mzar haciJ una democracia consolidada. En este pioceso, la crnifltctividad y la violencia ee>(nvieron presentes, ya que el desafio de los sectores diri.genks era la meorporación de los gnipos excluidos, corno Jo:, campesinos, los mdígenns o las miijercs. También se buscaba !a participación de grupos recientemente d<esarrollados, como los sectores medios urbanos o el proleUnado industrial El avmiee de la frontera interior planteó la sub(}nlinación de las zonJs periféncas y de su escas11 población a los aparntos centrak~ del Estado. El desafio retormista tuvo rnúl1ip!es respuestas. en algunos casos la apertura la inició el régim<en y los ieform1stas fuc:ion los eonscrwidores o libcrak~, mientras que en otros, la presión por tos rainhios y la transforrnanón social vino de los sectores medios u baJos. La Revolución mexicana fue un caso especial y en 1917 una nueva Constitución, wdavia vigente µese a las enmiendas, intentaba plasmm los cambios prodiicídos. En otros países los intentos reformistas tmnbién se manifestarmi en nuevas constituciones. Era frecnente que su autoría surgiera de cíerios gobiernos au1oritmios que mtentaban sentar los principios y las reglas que debían regir su !aborde gobierno y el deseo del dictador de ingresar en el panteón de los héroes nacionales. Urngnay en 1917, Perú en l 920, Chile en ! 925, Brasil en l 934, Colombia en 1936, Vrnezuela en l 936 y l 947, y Argentina en 1949 ciprobaron nuevas constituciones, d.:: 1111 éxito y duración desigual, al no ser producto dd consenso social sino dd trágala impuesto por la dictadura de lmno y s11 vigencia solía vincularse al régimen qne la había propiciado. Eii la décad:-i de l 920 snrgieron nuevas amenazas contra la democrncia y )a estabilidad republicana, que en más Je im caso alteraron !a gobcnrnbilidaJ de algnnos países. Las dernociacias se vieron afectadas por lu Revolución nisa y la consolidación del estalinismo en la Unión Soviética; el advenimiento dd fascismo y el 11azisn10 en lta!in y AlemMia (sin olvidar al franquismo); la Gran Depresión; el tnimfo aliado en la Segunda Guerra y la derrn(a del fas" dsmo por la democracia; y la Guerra Fría y el enfrentamiento entre Occidente y el mundo comunista. Más nllá de los coqueteos de algunos regímenes autlmt1rws co11 el fascismo, sll implantación en la regióri fue bastante marginal, si bien se desllrrollaron movimientos o pnrtidos asimilables a esa postura, mien1rns que sectores importank\~ de las élites tradicionales y de tos grupos nnergentes se dcj,:lfon seducir por los éxitos iniciales del corporativismo fasc1stizante, a11nqne ninguna república de la región pasó por el drama totalitario Je Europa.

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Al década de l cuando ~mpezaba a celebrarse el p11mer ccntenario <le la emam:ipación, en México se producía el may:ff es1·al!i~o ~ocia] de la h'istoria c1rnericana, de importantes consecuencias pohucas e ideológicas en lH sociedad mexicana y en el resto del continente. Fn otros países, los nuevos grupos sociales, füll(lanientalrnente rnbanos, comenzaron a cuestionar el poder de las oligarquías dominantes y las bm:ocracias estatal.es. Pese a que en casi todo el continente los sistemas repn:sentativos hab_ían ido const.ruvendo insütucione~ democráticas y las élites nac10nales Y regionales se habí~n renovado ak,unas mterpretaciones hic,toriográficas hablan dd derrumbe del Estado ;liiárquico. En rcalida\~ se observa la pwfundizac_i~n de los procesos de democratización allí donde !as prácticas políticas permitwron una mayor competencia entre partidos y las reformas electorales mcremcntaron el núinero de votantes o condujeron a la aprobación del sllfrag10 universal (masculino), como en Unigwiy en l 9 l8. _ _ _ Desde la perspectiva de la consolidación democrática, las ,mstitncwnes elcctma!es evolucionaron mejor donde hab(a competencia politlca. Destaca el cnso chileno y su sistema plnripartidista de fines del siglo xix, m:entras que d bipartidismo tradicional entre liberales y conservadores Y la .falta de t~adición de ckcctones i.;ompetídas dieron lugar a la pr<esión popular pm una rnuyor partlcipación. Frente ¡¡j fün1de y la manipulació.n de los comicios, los ¡;ectme,g medio,; r<:Cltrrían a la revolución,como los rndicalcs argcnl!n()s 2para restamar en sns países el ideal republicctno. La faniu~H y ya c1\ada rcf~rrna electoral argentina de 1912, conocida popnlarmen1e corno ley Saem: Pena, es uno de los ejemplos más exitosos que condu¡eron a un importallt~, a1,mque paulatino, incremento cii el número de votantes. Sin embargo_, 110 fue este d único caso en el q¡¡e una reforma electoral propició la cxpa~,s;ion d~I merca_do electoral. Contn,riame11te a lo que se cree, esia reforma no mtroduJo el sufragio universal masculino e11 Argentina, ya que la Constitución '.853, e~tonces vigente, no reconocía ninguna limitación a! voto, ni por entenas d.e nqueza ni ~ducativos Ahora bien, no todas las reformas electoraies fmes ~d siglo .X!X y principios del xx tenían como objet'.~º ampliar el s.i;Jrngio ~ irn~ corporar a sectores sociales o étnicos excluidos. resta preocu~acion com,.. nzo a hacerse prese11te entre la década de 1920 y la de 1950, con '.ª exccpnot.i d.e Uruguay y México, que co~euzaron antes. Dos c,1s.os de reformas ~es¡n~'.t,ivas fueron Perú y Brasil, a fmcs del siglo x1x, que mtrndLlJC!Oll el. ieqms1.,o de saber leer y escribir para ejercer el denocho al sufragio. La discnmmac:on de los derecbos cívicos y políticos de los indígenas cu !os países andmos (Bolivia, Perú y Ecuadm) y también en Guatemala y México se iba a constitulf

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en un serio problema político. . _ _ , El cuestwnamiento de la legalidad por los grupos cxcluido_s imphcao~ .e! comienzo del proceso, pacífico o conflictivo y sangriento, de 111:~ivoracion de los grnpos emergentes. La lucha por Jo_s rcivindicac.wncs ~~lmc_as de .!os sectores medios recogían el dercccho a participar en la vida polJ!Jca sm lumlaciones ni restricciones y una mayor apertura política Y electora!, aurn.¡uc ~m


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¡1retend<cr ser 11na a!lernativ;1 de poder al modelo oligán¡u 1co Sólo ponínn en cuestión <il fuut.:10w1rnwnw dd sistema pcrn no sus ax1om:1s ni:,;¡¡;; n:glas de ¡11cgo y en 11ingÚL\ caso, los sectores medios emergentes planlcaron rnocklos wcia les alternativos. Fn algunos casos, estos procesos se desarrollaron de un rnodo más o menos violento, como la Rcvol11c1ón mexicana, y en otros, aunqne si11 cslar exentos de algunas manifestaciones de fücrza, los ohjetivos se cumplieron de forma más padfo:a, como ocurrió con el radicalismo argenti" no antes de conquisiar fa presidencia en l 916. La evolución del APRA podría situarse en un lugar inlermcdio. Parn mcorpornr a los secwres medios hubo que modificar las reglas del Juego, crear mecanismos de participación c!ec, toral e insti1Llcional y buscar la plena integración de los recién llegados a los aparatos burocráticos m1cionales. Buena parte de esta transición política se prod1tjo tras la Gran Depresión, especictlrnente alli donde había comenzado la industrialización, lo qm: perrnitió que la incorporación de nuevos sectmes sociales la hicieran Estados menos partidarios del libre rnen:ildo y más proclives il la intervención económica. Los Estados asumieron mievas responsahihdadcs Len materia de bienestar socü:d y se decantaron por b modernización económica impulsando la creación de instituciones adecuadas. Este contexto de reforma y transformación favoreció la emergencia de nuevos líderes, algunos de !os cuales pertcnecíBn a las élites tradicionales, mientras otros estaban relacionados con los sectores medios em1.;rgentes. Estos nuevos dirigente~ solían ser partidarios de la reforma y las transformaciones y terminaban enfrentados a los defensores del viejo orden. E! aumento <le los trabajadores urbanos y el poderío del movimic:nto sindical solían forzar la sustitución de la represión por otros mecanismos institucionales, muchas veces de corte paternalista o populisia. Pero no fue el Estado el único actor que modificó sus puntos de vista sobre el proletariado, ya que los partidos políticos comcrrzaron a ver a los trah¡¡jadores como posi•• bles votantes y algunos, no sólo los de i?:quicnla, adaptaron sus plataformas al sentir de la masaohrera. La trnnsfoimación en la postura dd Estado comenzó con el reconocimiento del papel de los sindicatos como actores sociales legítimos y no como meros representantes o portavoces de planieamientos subversivos o revolucionarios, La incorporación de ]os c:.xc!uidos significaha reconocer su condición de votantes y ciudadanos y ~n vinrnlación al Esüido y a los partidos políticos. Algunos ciudadanos de origen obrero ingresaron a las bnrocracias estati1 les y destacados líderes sindirnks se sumaron a los aparatos de los partidos políticos. La movilización popL1lar, la presencia de las masas en la calle y la ocupación de los espacios públicos fueron, en más de mm oporhmidad, el camino para tomar el poder, corno oc11nió con la movilización popnlar para liberar a1 coronel Juan Domingo Perón el 17 de octubre de 1945, después de que los nu!itarcs lo encarcelaran Las interpretaciones próximas al popuhsmo tienden a presentar estos hechos como democrntizadores o como la irrupción del pneblo en la política La gestión <le Getúlio Vargas, en Brasil, y de L:izarn

Cárdenas, en lvi(:xico, en la década(!,; 1930, y de Juan Domingo Pción, en la sigirn;nte, ~on ejemplos del proceso de incorpoiaclóu de los grupos subordinados, cuyos antecedentes mils destacados los cnc\1L1trnmos en el México r<:cvDlucion:nio o en el Urngnay de Batlle. En líneas generales se puede situar el inicio de estos procesos en tomo fl. las siguientes fecha:, o acontecimientos: en Anrcntina, la elección de Hipólito Yngoy,:n en 1916 y la llegada de los radical:s al poder; en Perú, la segunda presidencia de Augusto Leguía. miciuda en 1919; en Chile la elección de Art11rn Alessandri, en 1920; en Brasil la revolución de 1930 y la torna del pOlkr por Odúlio Vargas; en Colombia el inicio de un nuevo período liberal en 1930 y la elección de Enrique Olaya Herrera; y en Venezuela la muerte del dictador .luan Vicente Gómez. En lo reforenle al aporte del populismo y la incorporación de los sec1ores excluidos al reforzamiento de la democracia se observan efectos contradictorios. Al inª corporar a las masas median1e la extensión del voto, e! populismo se c(mvieLte en un elemento democratizador, pero como ese proceso se prod11ce mediante movimientos no autónomos y dependienks de lideres carismáticos o autoritarios, con los que las masas se identifican acríticamente, se pone en duda su caráclcr dcmocrútico_ Por otrn parte, el carácter maniqueo del discurso populista divide a la sociedad en dos campos antagónicos, ya que la oligarqnla repn:senta el mal y sólo se puede acabar con ella mediante su destrucción. En Jugar de reconocer al otro como un adversario se lo sataniza y resulta unposibk e! diálogo.

2. El populismo La idea surgida en los años velntc de que el Estado liberal había tocado techo y era incapaz de impulsm el bienestar general se extendió po1 América Laüna, donde el liberalismo dio paso a ideologías y movimic11los políücos definibles como populistas que planteaban la incorporación de las masas al sistema político, Entre sus postulados estaba el impulso al crecimiento y al desarrollo mediante estrategias partidarias de la conciliación de clases y, ya en los años cinrnenta, la industrialización sustitutiva convirtió algunas formas de po¡mlismo en desarrol!ismo. Una dificultad del populismo es su ubicación política y su definición ideológica, al ser muy endebles y contradictorias sus señas de identidad, ya que los movimientos popnlistas en general, y los latinoamericanos en particular, no suelen regirse por corpus doctrinarios ni tienen programas políticos coher,;ntes. Resulta casi imposible aproximarse ideológicamente al populisrno y casi es más práctico estlldiarlo por sus efectos políticos qoe por ~us componentes irleológicos. En la práctica, el populismo implica la postergación de los derechos y las libertades individuales y políticos y de l ()S valores democráticos en detrimento de !os intereses populares, la eficacia administrativa y la cc1pacidad estatal para gencra1 d desarrollo. Ante la incapucidítd de las élites económicas de


exitoso de populismo, debido a la homogeneidad de sus objc1ivos po!iücos y de sHs nulitantes. Con el tiempo, AD abandonó Jlg1mJS de.sus notas más pnpllh~tas y adqnirió nn tono más sociaklemócrata. Entre los popuhsmos qne pudieron iustitllcionalizarse y !rascender la desnparición de sus máximos líderes están el APR.A, el reini¡¡smo, AD o el Partido de Liberncióu Nacional de Cos\a Rica. Al mismo tiempo que el popnlismo qHeria profondizaren la prestacióu de servicios sociales y sanitarios a cargo del Estado, encauzaba la movilización social y !Jbornl qHe le había permitido llega1 al poder. La domesticación de los sindicaíos y otras organizaciones sociales de los trabajado1es y los sectores popubres era un mecanismo de control social. Esta pusturn no era respal~ dada por las confederaciones patronales, que veían con recelo el desarrollo de los movimientos populistas y que un exceso de benevolencia al atender las reclamaciones obreras podía atentar contra sus intereses económicos y cor . , porativos. Uno de los rasgos del populismo latinoamericano fue la coexistencia úe movimientos popti!ai es fuertes con siudicaios débdes. El peronismo fne la pnncipal exs:;epción, al 1..:onvivir un movimi1ento político de masas con un smdicalismo articulado en toino a la Confederación General del TralmJo (CGT), representativo de la clase obrera. Fra normal que el ¡mpulismo reci" biera criticas tanto de su izquierda como de su derecha. f:stas se debían a Sil a¡me::;w por la \dcera vía o la. 1<cn;ern posú.:ión, cu tenninolugía pc:ronista, umi post·ma equidistante del marxismo y Jd capHalismo y el liberalismo. Los oartidm; marxistas y los sindicatos de orientación clasista insistiao en el cmá~ier reformista del populismo y en que eran válvulas de escape para el sistema frente a ia combatividad obrern. Por s,i parte, la pmronal y los sectores sociales y políticos más tradicionales o reaccioJJarios enfatizaban el discurso demagógico y su proximidad al comunismo, confündiendo la movilización popular con la J1icha de da ses de las organizaciones rnai x istas, El populismo, que había comemado a desarrollarse con el cardenismo en México y el varguismo en Brasil, adquirió en los años cuarenta un impulso reuovado. En Colombia, eJ liberal Jorge Eliecer Gaitán creó el UNIR, un movimiento populista de escasa vida, y qJJe acabó violentamente junto a su crea-dor, dando lugar al famoso «bogotazo)). Más sue1 te tnvo Perón, que sentó las bases de un imprcsiouanle movimiehto populista, qiie gobernó por primera vez entre 1946 y 1955. El poµnlismo ecuatoriano, cuyo principal referente fue José Maria Yclasw lbmra, constituyó un caso particular. A diferencia de otros populisnws exitosos, el velasqJJisrno fue más patemalista y menos corporntivo y refrn mista, ya que no tuvo 1m caráct<.::E prokcciomsta e mtervencionistrr al no ser producto de llna alianza entre h1 burguesía indllstrial emergente y!;,. clase obrera. Otra diferencia entic el velasquismo y los restantes populismos latinoamericanos füe su defensa del surrngio libre; aunque tampoco impulsó el s111gimie11to de ninguna fiierza organizada y formó la Federación Nacional Vdasquisl.a, uua fachada política de fines electorales.

lmpulsm la modernidad, le tocaba al Estado ese p:,pel dirigente y reemplazar al mercmlu corno asignador doc 1ecmsos. Pilrn que e! Estado cumpliera las nuevas rnisioncs aslgrwdas ,.ora necesm 10 reforzar el poder presidencial. El populísrno tenía uii fllertc contenido nacionalista y alltinnperíalista y Sll discmso mezclaba elementos prugresisias con otros reaccionarios o fascistas. Pese a esta aparente c(mfusión ideológica, alg11nos movunientos populistas contaron, gracias a sii capacidad de movilización social y su capacidad de apelar al pueblo, con la fnerza paia llegar coJJ s11.s propuestas a los sectores medios urbanos; y a los trabrrjadorc~ mdust rialc,s. El peso de un líder cai isrnático, como Vargas o Perón, ern dtocisivo y lkvaba al prnner plano de la escena política la relación afccllva y directa entre d !id..:r y las masas. El mensaJe del líder se dirigia directam8ntc al pueblo, elíminaudo los intermediarios de Cll2llq_JJier tipo, para poder conquistar el corazón de sus interlocutores (las masas, el pueblo o las cl11ses popHlmes). Lús alributos pc1sonales dd Hde1. comcnz:mdo oor sus <lotes varoniles o machistas, solía11 ser claves en el li<ler:izgo cm isrná1,ico. como se ve en el co" lombiano Gaítcíu y el pc:ni;rnu Slmch':'.Z Cerro. Ambos eran de origen mestizo y de tez uscnrn y ambos hacían gala de su condición populai- de forma ostensible, de modo que el pueblo percibiera s11s diforeuc1as con las oligarquías blancas de origen europtco. El cariicter antioligárquíco permitía a los líderes carismúticos aumentar su cntiz:ici(>n en el mercado político. reforzada por la c:\pacidad rrwvili7:-idorn ck ~us part(tlo_,; o 1wwim1ent0s_ El discurso populista era mamqueo y distiuguía cntn:: el pueblo y la oligarquía o entre !a patria y la antipatria, de modo qne se estaba con el pueblo y con la patna o con la oligarquía y el imperialismo, en definitiva, la antipati rn, uua categoría que condensaba el mal absoluto. Pese ,i hi retór"ic¡¡ y la parafernalia <id populismo, éste tenía muy poco de rcvoluc10nario y sus co11signas eran nacionalistas, estatistas y reforn1 istcis. S1 i discm~o apostaba por la -industrialización y la autarquía, al considerarlas las vías adt:cuadas para nnp11lsar el crecimiento y e[ desarrollo. El reformismo populista, denunnado por los partidos de izquierda, tendía a refoE"Zar su indefinición, ya qHe las reformas prometidas, especialmente las relativas a la protección laboral o a fo modificación de los sistemas prod11ctivqs y distributivos, eran moderndas yno amenazaban el sta(n quo. Su reformismo iio irnpedia que las promesas aludieran al papel prnvidcncial y asistencial del Estado intervencionista, aunque muy pocas veces se especificaban los pasos a dar para cumplir los c1bjetivos o fimmcmr las promesas. Otra característica del pop11lismo era Sil canictc1· aluv1onal y su capacidad de reunir a gruros de un 11mp!io esp<ec(ro idwlógico, que también dificulta su clasificacióu dentro de los esquemas de izquierda o derecha_ Gracias a su componente at11vional, encontramos a gmpos prncc<lcntes del nacionalismo católico y trndis:;ionulista y otros de raíz auarqmsta o comimista. Muchos autores hablan de su com¡ionente intcrc!asi~ta, qnc sería el mejor camino pma superar l:J l11cha de dases y el riesgo revolucionario de la izquie1·da marxista. Se puede considerar il Acción Democrática (AD), de Venezuela, un ejemplo

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3. los cambios políticos Las transfornrnciones ideológicas en Europn rrovO(:snon cumbios políhcos importantes. aunque c:11 las décadas de l !)20 y 1930 los nuevos pan idos, tanto los de izquierda como los dtc corte fa~cistn, nivieron escasos éxitos electora" les, lo que habla de ~ll bc1Jo nivel de implantaci(,n y su esc¡is8 aceptación so. cial En a!gnnos casos, estos cambio~ provocaron la aparición de los primeros movimientos populistas. El nllcionalism(), la oposición a la prcsencla de Estados Unidos, conocidn como antiimperialismo, y las propuc:stas de conciliación social o de clase emn tres de las notas más características de losponu. lismos latinoamericanos que mezclaban en combinaciones explosivas ;!0mentos de la 1zqmerch1 marxista con otros del fascisrnn. Es en la década de los vernle, y no tras la Gran Decpresión, donde hay que buscar el inicio de es1as transformaciones políticas e ideológicas. La interpretación trndicional señala que la Gran Depresión provocó la rnptura económica y política, uno de los tópicos de la historia pu lítica del siglo XX latinoamericano qne insiste en que la Crisis del 29 generó una oleada antori tarin y un rebrote dictatorial apoyado en la cxpnnsión de idens totrLlitnrias, bá$icarnente el fascismo y el nazismo, con sus variantes criollas, vinculadm; al nacionalismo y al integrismo católico. Dentro de la explicación tradicio¡¡al, la Crisis provocó el derrumbe del Estado oligárquico y la proliferación de dictaduras militnres. Sin embargo, entre los arios veinlc y los treinta no se ve una fractura política, ya q1ie la mayor parte de !os cambios y transformaclones de los treinta tienen sus raíces en los veinte. Esto se observa en Brasil. <lande la revoll1ción de 1930, impulsada por Getúlio Vargas, c¡ne s11puso el fi~ de la República Velha (la República Vi(sja) y el surgimiento de! fütndo Novo en 1937, cou fuertes connotaciones corporativas, se explica por las i níluencias iclenlógicas de la década anterior. En los arios iniciales de la década de 1930 se vivieron importantes turbulencias políticas que foeron el origen de numenJsas dictaclmas 1nilltanc8. Los militares argentiI!os derrocaron a Yrigoyen; los chilenos a Ibáñez; los peruanos a Leguia; en Bolivia se acabó c01i el régimen de Siles y en Uruguay el presidente Terra dio un autogolpe que le per•• mi1ió gobernar con poderes dicta1oria1es. También en Venezuela, Brusil y en la mayor parte de:,· América Central hubo golpes al comienzo de la dérnda, reflejo de las COD$ccnencias políticas Je la Gran Depresión. Nicaragua y la Rc:pública Dominicana füeron dns casos esreciaks de dictaclnras, con gobiernos ckptocráticos. En Nicaragua, los efectos de !u Crisis füeron considerahles y coincidieron con la ¡Jre$encia norteamericana. Desde 1928 Estados Unidos intentaba retirarse sin perder la influencia en el g()bierno y en la sociedad. La resistencia armada encabezada por Augu$tO César Sandino, con un programa liberal y algunas reivindicaciones de la Revolución mexicana, postergó la retirada hasta 1933, pese a que Sandino aün no había s·úlo vencido. Antes ele retirarse, losnortearnerieanos crearon la Guardia Nacional. Su jefe, Anastasio Somoza, asesinó a Sandino en 1934 y tuvo libre el camnio

al poder, q11c no ub,1udrnnrí::i hl1s(ct su muerlc [.-n lu Repúbllca Dominicana la Ci11::1rdia Nanunal 1·11e creada ,;n ¡ 1)24 y s11 yk Rafael !,córndas Tru_ji!lo, dio un golpe: en l 9.3U y tomó el poder Su rnegalonrnnía se: tradujo ,en lHl l·Lierte culto a la pnsmwlith\lL llamó a la capital Ciudad l'rnji!lo y lhll a la segund;1 ciudad del país el nombre de ,9\1 irnidr<c. Por su parte, Colombia y Costa Rica arra~ vesaron aqudlos afíos sin la quiebra de su sistema constitucional, aunque hubo importantes carnb10s político:-;, especialmente en Colombw. Los golpes .~olían rdkjar e 1 temor de los sectores más poclerosos y trn<licicma les, respn !dados por las Fuc:rzns Armadas, frente al descontento y la movilización popular provocados por la crisis económica. En algrnrns circllnstancias concretas el golpe representaba el miedo al marxismo y el desprecio del fascismo por las instituciones dernoci;-{iticas. En otras, el apoyo de las clases medias mostraba el temrn frc,nte a la incertidumbre provocada por lu Crisi~. Los nuevos gobiernos autoritmios, m bien !legab,m, sancionaban una Constitución, bien rara legitimar un podersmgido de un go!pede Estado o bien para ampl iar!o, al considerar que la legislación vigente lirnitabn el desa1rnUo de su programa transformaclm·. Esto hieinon Vargas é':n Brasil(! 934 y 1937); Tcrra en Urugnay ( 1934) y Juan Vicc:nte Góme·l (1931) y López Contmas (1936) en Venezuela. El modelo permaneció en lackc:adas siguientes, corno ejemplífícun las rnnstituciones aprobadas por Perón en Al·gentina en 1949 o Pérez Jiménez en Venezuela en 1953. Sin embr,rgil, no to<las las reformas constitucionales responden a este esquema, ya que h11bo otrns cnyo principal objc:tivo era reforzar las mstituciones dcmocrúticas e irnpnlsar procesos redemoeratizadores: Uruguay (1942), Brasil (1946), Venezuela (1947) y Costa Rica (l 949). Durante pocos años tras ia Seguncla Guerra hubo un rebrote dernocratizador que fm, ubortado por la reaparición <le gobiernos dictatoriales Jesde fines de los cuarenta y principíos de los cmcuc;nta: Perú y Venezuela, l 948; Costa Rita, 1948-1949 y Colombia, ¡943 .. ¡ 953 El ckscreimiento en la denmcrncia se extendió por casi tocb \8 región y en ia mayoría de !os grupos políticos y sociales, annque hubo algnnos avances significativos en la lucha por constrmr sociedades con valores e instítucioncs demoeuíticos. Esto ocurrió en Venc:zuda, clon<lc de la mano de Rónnüu I3etancourt, AD conquistó el poder con un programa democratizador, modernizador y !aicizantc y acabó Gon el régimen militar que había sucedido a Juan Vicente Góme7, Pese a todo, el gobierno de Rómulo Gallegos, electo en febrero <le 1948, f11e dcpne~to en noviembre de ese año por nn golpe n1ihtar Jiistifirndo en la resiskncia eclesiástica a la política laicista de AD y hnbo que espernr h.:1sta 1959 para que Veneznela iccuperara su democracia y abriera un pedoclo de varias décadas de estabilidad.

4. Los partidos políticos En los pnmeros años de este período se consolidó e! sistema <le partidos en la mayor parte de los paÍ$eS, aunque con nna gran van edad, tanto por su nlnnero

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7 como por sus característica;; Por !v gcncrnL los sistemas de partidos hnndiun sus raíces en la tr~1d1cional d1n~1ón decimonónic:a entre libernles y conserva .. dores, corno ocunió hasta fines del ;,ig!o .\X en Colombia. En Uruguay la confrontación bipmtidi~(a se dio entre el Partido Colorado y el Pan ido Bla1lGO o Nac10nal, nm1situaClón que foe qucbrnda a prmcipios de la década de 1970 con la c1pnrición de la coalición de: 1zq11ie1das Frentc; A1uplio. En Hon" durns los pnncipales contendientes fueron d Partido Liberal y d Pan ido Nacional, este último smg:ido w 1902 de untl escisión del primero, aunque al igual qne !os partidos conservadores representaba a los sec1ores más (radicionales de !a socierhd hondure\la. Por su nluncro lmy que comenzar por el sistema de partido C\lasi único de México (en 1929 se fundó d Partido Nncioual Revolucionario (PNR), convc:rtido en 1938 en el Paniclo de la Revolución tviexicana (PRM) y en 1946 en el Partido de la Revolución [nstitucional (PRI)). Desde sus rnicios, el PNR y :,;us sucesores se comportmon mmo part1clos hegemónicos, haclendo valer sn cmácter de herederos directos de la Revolución y cunfündie11do los intereses par1idarios con los cld Estado. La principal característica dd PRM fue que se trn1ó de un parttdo de corporneiones y no de rn1litantes, <liv1rlido en c11atro serton:s: obreros, campesinos, populares y militares. Durante el gobierno de Manuci Avila Camad10 dcsc1p;ueció d ~ector militar dd partido La Revolución se tcnninó <le insiituciona\i,:ar cnn d PRI, que acabó con le! mjercncia d;: los smd1u1tos, Hunque ei pres1derne mantuvo el comrol del panicln y lo convirtió en un agente del gobierno e m1pulsor de las políticas públicas. En olros países hay eJCrnplos ele partido único, co1no en El Salvador durante !J. dictadura del genernl I-lernúndez Martínez, de l 931 a l 944, con el Partido Prn Patria, con el ci11c se p1esentó a las elecciones para ser reelecto en 1935 y 1939, lo que consiguió gracrns a s11 aulu1itarismo y h.1 represión sistemática de la oposición. En 1949, los militares impulsores <le la Revohtción del 48 crearon el Partido Revolucionario de Unificación Democrática (PRUD), que dur:rnte años fue el partido oficial de El Salvador, aunque nunca mvo la füerza ni la capacidad organizativa del PRL Eu la Rep(1blica Dominicmrn surgió el Partido Dominicano dmank la d1c!adura de Trujillo, uru agrnpación que debín encarnar y propagar los pun .. tos de vista del régime.:n. También fi.111cionó el Partido Trujillista Domirncano, leal oposición al anteuor, pero como su nombre indica era una comparsa qne sólo pretendía la legitimidad dd régime\1' Junto ad coexistieron, atlllque Je fonna clande~ti11a, utrns partidos, como el Partido Revolucionano Domimcano, creado en La Habnna en 1939, liderado por Jiian Bosch, que siguió una línea populista socializante. A las elecciones de l 947 también se presenlaron el Partido Nacional Dernoc;álico y el Partido Laborista Nacional, que rnmpfüm los mismo~ requisitos qne el Partido Tnl)illista. También salló de la clandestinidad el Partido Socialista Popular, qne fue rllpidamente diezmado. Había sistemas bipilrtidisii!S en algunos países (Uruguay o Colombia) y plmipartidistas en otros, como Chile. En cuaillo a la entidad de los partidos, en~

contrnmos algunas orgilnizaciones fuertes y eslrnctmadas, que con sn alterrnrnc\:l en el poc.k1 permiten un füncitirnnuiento más r-egulai y menos conflictivo dd sistema democr:ítlco (,Uruguay, Chile, Colombia, Costa Rica o Venezuela), f1c11tc a otros partidos, más débiles y menos cohesionados, rnás frecuentes alli doJlde abundaron los gobiernos militares. Por el contrario, también se prodllJO un aumento dd intervencionismo militar ante la debilidad ele los partidos. Ecuador y Bolivia son ejemplo de dos sistemas de partidos que han dado lugar a un excesivo fraccionamiento ideológico. En algunos países, el gobierno decretaba la exclusión (ilegalización) de ciertos partídos 11 opciones polit1cas, argumentando amenazas a la convivenciLl. la es!tll-Jilidad o [a ds;mocrncia. Esto ocmrió con el APRA, ilega!izado por !a Constitución perrnrna de 19'.;J, tolern.do en 1945 y nuevamente proscrito tras el golpe de 1948; o con los partidos comunistas, comenzando por Brasil. En Chile, el Partido Comunista fue ilegal izado por la dictadura de Carlos Ibáiiez y nuevamente en 1948 durante el gobierno de Gonzálc;,. Vide\a_ En Costa Rica, después de la guerra civil cito 1948 se ilega!izó al Partido Comtrnista, c¡11e permaneció en esa situación hasta 1975, un fenómeno similar al que OCll· rrió ,.;n la prúctica totalidad de los países de la región. ¡ .a conmetencia elee(oral v la emc¡-gi:ncia de nuevos sectores sociales, bá~ sicamen\é: t;rkmos, pusibilitó,c:l surgi;;iento de nuevos pnrtic1os políticns, de concepciones más modernas, que pcrmitÍfü\ consolidar estrncil 1ras estables y pcrrn:in,~ntcs, elegidas por los afiliados, y la pé1dida dé GCl\ltrol dt los ..::audi" 1los o caciques tradicionales. Los 11\1<'.vos partidos se caracterizaban por su can\cter programútico y por tener una red de comités en todo el territorio, No todos los partidos dtó notables o persornilistas del periodo antenor pudieron adaptar sus cstructurns, lo que sí ocurnó en Chile, Urnguay o Colombia. En Bolivia tambiéu se de,;airol!ó el bipart1dis1no libcral-eonservador, pero después de !a Gnena del Chaco surg1eron nuevas alternativas, como los minorila1ios Partirlo de Izquierda Revolucionaria (,PIR), Comunista, surgido en J940, y el Obrero Revolucionario (POR), la agrupación trotskista más importante del conlinenk. En i 94 l se ereó el l\fovirnienlo Naciornil R,wolucionario (MNR), impulsor Je la Revolución de 1952, con un discurso de corte nacionalista influido por el aprismo pcrnwo. Entre los nuevospartldos destacan los rndirnlcs argi.::ntino y chileno, que más allá del nombre no tenían demasiados pumos comunes. En Argentina, los radicales gobernaron entre 1916 y 19}0, mientras qm: en Chile el radicalismo lideró el panorama político entre l938 y 1952 y lkg6al poder en 1937 con una coalicí6nde socialistas, comuni~tas v hi C:011fodernción de Trabajadores <le Chile_ Algunos de estos nuevos pJ.rtid~s r<espondían a postnrns nacionalistas, como el Partido Revolucionario Febre1 ísw, Liberal, de Paragmty, fondado en 1936. La m;1yor pan e de los s1stemas de pan idos de princip1os de la década de 192.0 c-ran bipmt1distas y debieron enfre11tar la incorporació11 de nuevas opcioues, geueralmcnte d,: izy:uierda, corno el socialismo y el comunismo. P.ocos partidos podian di.:finirse como socialdemócratas, afiliados a la lntcmac1onal


Socicdista. Ninguno se constituyó en alternativa d,; poder, salvo d Parti<lo de Libeiación Nacional, {k Costo. l{ ica, cr<eado ,en 1951 v haed,;ro dir<écto del Centro de Lstudios de los Problemas Nacion::iks, de Jo;é Figueres, y de la Revolución del l 948. A fines de la décad2l de 1940 comenzaron a surcrir en el continent,; purtidos de ciert;i entidad ü'lcntificables como demócrnt;~cristianos, que bebími de la Doctrina Socia! ck la Iglesia y sol ian ser marginales, salvo en Chile y Venezuela. donde gobernaron. En la segunda mitad de Ju d<iicada de 1930 algunos rntólicos, mspirados en facqw::s Maritam, supieron conciliar democracia y pluralismo con su creencia religiosa y desarrollaron icxoeriencins demócrata-cristianas. Fii 1939 se creó e~ México el Partido de Acción Nacional (PAN), origmado en la Unión Nacional Sinarq1iista, una organi:rnción de corte fascista surgida al amparo de! enfrentamiento contra Cár<lemrn. Mrnmel Gómez Morín, e\ fundador del PAN, supo ganarse el apoyo de la Acción Catóhca y de algunos intelectuales católicos. Los orígenes de la Democracia Crístiana chilena hay que buscarlos en la Falange Nacio@I, una escisión de la Jnventm! del Partido Conservador más vinculada a la Jn!csia chilena. En Ven<e:nie1a, se creó el Comité de Organización Polítlca E!e:toral l11dcpendientc (COPEl), un partido 0riginado en las diviswnc~ del movimiento csl1Hliantil partidario de la Ricforma 11nivcrsitaria y del humanismo cristiano y con un marcado cmácter anl!comunistu. Después del golpe de J948, el COPEI se distanció del régimen de Pérez Jiménez y de la derecha conserva.. dom y en 1953 la mayoría de si1s dirigentes estabai1 presos o exiliados.. La incorporación de estos partidos y la puesta en marcha de sistemas plurípartidistas no fue fiícil, ante la resistencia de las élites tradiclonales a reconocer los derechos polí1 icos y electorales de !as opciones consideradas revolucionarias o peligrosas, una categoría que solía llegar al centro izqnierda. Chile fue una excepción ya que, con s1i tradición de competencia electoral, hahín mcorporndo a los partidos Socialista y Comunista y dotó al sistema de par! idos de gran estabilidad. La presencia de alternativas políticas que representaban a la derech«, a! centro y a la izquierda era musual en la región. Brasil atravesaba una situación muy peculiar, al no lener ningún partido, de ningún signo, gue tuviera nna implantación homogénea en todo e] país, lo que revalorizó a los partidos ;egionales.

5. Los militares y la pofüica Una cuestión clave foe el papel político de los mihlares, comenzando por su capacidad de dese5tabilización. Los dictadnres milítares y !u injerencia de las Fnerzas Armadas cu cuestiones políticn,;, rebasando el ámbito estrictamente castrense, permiten hahla i de 1 m protagouismo militar. Son frec11en(es los estudlos que b1isc:rn en lns primeras décadas del siglo xx y en especial en !a década de 1930 los orígenes del golpismo y del miiori1arismo de años setenta. Sin embargo, hay t¡lle insistir en que la mayor parte de los golpes, especia!-

miculc los !nuuinntes, tuvieron algún tipo de respaldo civil y que en b mayoría hubo una conspmiciún tidiva Je uctorcs políticos, mcluso de partidos poiiiicns, que: pm esta via pn.:kndian dcsbhx1ucar situacwnes e(J11il ihradas o rn 11y trnbadas o qnc 1ccun ían a b violencia dado su cespaldo ckctoru! mmoriUmo. En algumis circunstancias específicas, bs Fuerzas Arllladi!s se limitaron a rnmplir mi papel de árbitro, aunque en otras tuvieron un claro protagonismo al avasallar bs instituciones democráticas. Algunos golpes 111 ilítares de la década de 1920 tuvieron 1m carácter reformista, progresista según algu uo:-; auto•• res, alejado del tono autoritario y proolígárquico de los golpes de los años treinta y postenorcs. Éste fue el caso de los militares chilenos entre 1924 y 1932, de los ecuatorianos eu l 924 o inclusive de los fracasados /e nen tes brasileños en ! 922. En el caso de Chile, la aventura militar conc!L1yó con la instauración de la d'ímern República Socialista de Chile, liderada por el comodoro Marmaduke Grove, de la Fuerzo. Aérea. En los años posteriores, los oficiales nacionalistas crearon logias secretas con ánimo conspirativo, como la boliviana Radepa (Ra7ón de: Patria), tras la derrota militar de la Guerra del Chaco, o la argentina GOU ((1r11po de Oficiaks Unidos), que estuvo detrás del encurnbrrnniento del peronisrno. Ningún país, salvo Costa Rica que abolió sn ejército en 1949, arbitró un sistema eficaz para garanlizar el control de las Fuerzas Armadas por los gobiernos democráticos y los parlamentüs frente a la doctrma de la autonomía militar. Sin embargo, en los años treinta, hubo algunos países donde los rnilitures se mantl1vieron al margen de la vida política y de !a ]udm por el poder. Uruguay y Máíco fueron los casos más nohibles. En México, si bien observamos a algunos generales en primera línea de la actividad política nacionnl, lo hadan a título personal, aunque durante más de 1m cuarto de siglo el ejército fue la principal fuente de reclutamiento de las éliks políticas del régimen, a tal punlo i.¡uc hubo que esperar hasta 1946 para elegir a un presidente civil. F.n eslos aüos, los ejércitos de la región se profesionalizaron, lo que en palahrns de Alain Rouquié significa el paso del viejo ejército al nuevo, acompañado por la incorporación de nuevas tecnologías y las compras de armumento. La renovación tecnológica impulsada por los militares ayudó a la modernización económica y social y convirtió al ejército en un actor decisivo. La profesionalización quería convertir a los militares en apolíticos, no deliberantes, y subordinados al poder civil, pero no se pudo c11mp!ircste objetivo. En la modernización y prnfesiona!ización castrenses, el papel de las misio•• nes milito.res y los instructores extranjeros fue capital. Hasta la Segunda (hierra destacó la presencia de óficiales europeos (franceses, alemanes y británicos) y en menor medida norteamencanos, salvo en el Caribe y América Central, donde sn presencia era preponderante. En Chile, la influencia alemana en el ejército, prcsenre hasta la décnda de 1930, fue clave. En Argentina, hacia 1920, se decía que la mitad de la oficialidad había pasado por las escuelas milito.res alemanas. Por su parte, el ejército peruano, enemigo de Chile en la Ci-ueira del Pacífico, file entrenado hasta 1940 por los franceses. Brnsil, en-


fre11tado a Argcntma, tras conocer 11m1 p1 \rnern 111 fluencia alemana, contrató una misión fra11cesa que pc1 rnaneció en el p,1ís entre l 919 y 1939 y trnnsfo1-mó d c¡érc:ito federal. Mientras, la mílue11cia británica :-;e llio básicamente en la Armada argentina. Hasta b Segund~\ Guena, Estados Unidns !imitó su presencia militar al Caribe y Aménl'.:a Cen1ral por causa del canal de Panamá, su enclave estrnté" gico, como prueban las i11tervenciones en Cuba, Nicaragua (1912-1925 y ]926-1933), Haití (1915-1934) y la República Dominicana (1915-1934). Para ehrnmar el potler dese~tabilizador de los ejércitos, una de las tareas de tos rnilítrncs 1101 tc:americanos allí donde mvadían, especialmentt los marines, fue formar a la Gual(lia Nacional, 1111a fuerza policial militanzada, que no pudo acabar con el pretorianismo y dio lngai a un nuevo tipo ds:: poder militar que llegado el momento no dudó en transformarse en dictaduras autoritarias, como nmestrnn Rafael Leónidas Trujillo y Anaslasio Somoza, claros ejemplos <le) <lietador pretoriano en República Dominicana y Nicaragua. El fin de b Seg u oda Guerra y el comienzo de la Guerra Fría, junto a líl (.lecadencia de las p1mctpales potencias europeas y eí nuevo hcgemo11ismo de Estados Unido~ modifirnron el panurama militar. Desde entonces los CJérci!os latioomne~ i icanos serím1 entrenados y armados, en su gran mayoría, por Estados lJnj .. dos. Sin embargo, la m.aym parte de esta ayuda comenzan:í a hacerse más unporrnnle a partir lle la década de 1950. Tras li-i Revolución cubana y el temor a la exµortación de la revolnción al resto del continente, !a cooperación miliiar cui1 Es\ados Unidos iecibíría un nuevo irnpnlso.

6. las ideas políticas En este período prostgiiió la adaptación de las 1d;;as políticas y sociales de Europa y Estados Unidos a 1:-r. realidad local. Esto se vio con el fascismo o el cornumsrno y con otras conientes ideológicas, como el populismo, caracterizadas por su to110 rtntiliberal o antidemocráhco y autoritario. En aigm10s casos, las ideologías importadas tuvieron un claro correlato nacional, como el comunismo y la Unión Soviética, el nazismo y Alemania, el fascismo e Italia o d franqnismo y España, y dific1illan la separación de la ;i,cción ex1erior de los Estados de la inflnencia ideológica. El mitoritarismo hundía sus raíces en el rccha:1.0 de ciertos sectm es de las élites al positivismo en las décadas iniciales del s:glo xx y a partir de la Primera Guerra Mundial, las tendencias autoritarias comenzaron a calar entre la població11. De fotmapara!ela al desarrollo de ideas foníneas c:ncontrarnos otras formas ideológicas de origen antóc(ono, qne snlícm marcar la pcrvivc:m:ia del ideario autárquico y all!rnnperialista del umgnayo José Enrique Ro<ló y sn A riel. Esta postura sería reforzada por otros penscidores, corno los peruanos Maríátc:gui y Haya de la Torre o el argentino Manuel Ugarte. Como reacción al capitalismo, mnchos íntclectnaks comenzaron una deriva ideológica que terminaría en la sacralización de los valores

nacionales, por n0 decir en d nacionalisrno, y en la defensa de la autarquü1 frente a las amenazas externas. Los valores autoritario~ no vc11ian sólo del ex-• tran_iero, al encontraren la realidad local un terreno ahona<lo. , A fines del siglo XlX, el idealismo y el catolicismo tendieron a cuestionar al positivismo, convertido en el cuerpo doctrinario e ideológico por excekn• cía del Estado liberal El idealismo tuvo distintas expene1icias nacionales, muchas de las cuales fueron influí das por el,fríel de Rodó, aunque enlamayoría el nacionalismo foe el e\crnen!o clave que perrneó a las experiencias an-ti.positivis!as. En 1915, dos de los seguidores penianos de Rodó, Víctor Andrés Belaúnde y José de la H.1va-Agüero, fundaron el Partido Democrático Nacional (fiiturista), y aunq1ie ambos tenni11aro11 evolucionando hacía el conservadurismo v el catolicismo, en la década <le l930 Riva-Agüero abandonó d conservadrn'.ísrno para inclinarse hacia el autoritarismo y fue partidmio del fascismo italiano. En México, los principales idealistas se nuclearon ci, torno al Ateneo de la J¡¡ventt1d, creado en 1909. Algunas de sus figura.~ más destacatlas fueron Antonio Caso, José Vasconcelos y el donmucano Pedro Hem íquez Ureña.

7. la Reforma Universitarfa Las C:'.Scasas universidades existentes al final de la Prímcra Gue1 rase hahian converti<lo en cajas de resonancia del acoutecer social. Ln mbanizac10n Y ei ascenso social que la acompafü1ba comenzaron a ínfoiir en las casas de altos estudios. La presión de los sectores medios parn ingresar a las universidades Y ei mm1ento en d número de matrículas sacaron a los centros uni.versitarios de su alelargamicnto, ya que los est11diani'es comenzaron a plantcarse re1vmdi-cacio11es gremiales y políticas. Eníre his primeras destacaban las relaciona-das con el sistema de enseííanza, las contfo:iones en q1ie se daban lns clases Y la selección del proJesorado, mientras que las segundas se vinculuban a !a evolución de los procesos de democrntizaciím. La Revolución mexicana!" la Revolución rnsa fueron referentes políticos e ideoióg1cos pnra los movu ruentos estndiantiles. Si los c:studiantes universitarios lrnbían tenido una presi.:ncia política !imitada, m{is visible en algunos países (jllC en otros, dcspn6s de l_a Refrn ma Universitaria, el movimiento estutliantil cornenzó a tener 1rna pmllcipación desconocida en la vida púb!ica y política. E,,¡~ irrupción <ld e~tndiantado transformó los usos y costumbres de la vida llmvers1tana y tuvo 1111portantes 1epercusiones en las ideas y la lucha política. La Reforma Universitaria se iniC\ó en 19 lS en ia Universidad de Córdo" ba, Argeníina, mm 1i ni versitlad caracteriwtla, com() la mayoría de Lis i nstituciones similarc:,, por el peso del catolicismo tradicional y una fénea y elitista organización aca<lémica, dominada por los catedrúiicos. Desde Cónloba, el movimiento se Uifondió por las otras llniversidades del país y pm bllena parte de las casas de altos estudios del continente. Las proiesi'as estud iantiks


l.in oh¡divo central <lcl rnovirnii.cnt(l rcl'ormislll lTil acab,1r con el elitisrn_ri y b ¡era 11 ]11 1zac ión de h1.s im i\'~, 1s1dado, coml:uzando por el po_dcr cnrpo1 atl~-o de los ~atcdrúticos y continucmdu con las trnbas a los estll(lmntes que trnbajaban para complet& sus carrc:ra~ o tenían e~e_asos_rect irsos p_aw cosleur ~~s estudios. Entre las solucioues, él veces contrnchcton;i.s. del reformismo estahan la autonomía urnversitana, la libertad de cútedra, la reforma <le los programas pni-a incorporar !as idens científicas~, hnmaníshcas, la gratuidad de Ja enseñanza, el mg1esu irrestricto y el eogobicr~o de estn(_!rant'.)S, egresad?~ y docentes. La reforma, que buscaba <lemocrnto:ar l'.is nmversid,ides, abrw sus puertas a la política y los estudiantes se conv1rticron en portavoces dt; grupos qnc lmstn entonces no se expresaban públic'.n~,:;nte. Biren_a parte de los líderes políticos q11e actuaron ~ntre J 920 y 1950 h1crer:rn sus pmneras arm?s en d movimiento reformista. Este fue el caso de Ga1mel del Mazo, Gcrman Arciniegas, Haya de !a Torre, Carlos Qnijano, Rómnlo Betnncourt o foan An·

cumcn?_:i_ron tr;i-"> la cbusm-¡¡ del intc;rnado c,trnliantil dd I ío.'ipit;d dt: ( 'línicas de C ordoh11 _v se ca1·a~·<cri,:;irnn pur IJs ]melga:, y lo~ enc1ci :·os e.ir Ll'.\ fa, odtcid,:s Las m:111ifestc1c11nics estlldim11il,;s no solíim ser bien n'nbidas 'JOr lcts ,':rulorrdad~s política,\ y acfldé'.rrticn.,, que las considcrnhmr suhversiva's · solian rcpnrrnrlas dlll\lltlcn(e_ En ;;!gunos países los presos, Jos heridos~ lla~1a los muertos se convu t1crnn en mártires dd movimí<.::nto <::Stll(lian!il rcfe~e~tes de una forma ¡_k lwcer oposición, más útil que la de los parti~os trndic10nalcs. _ ,Al poco tiempo se redactó el «Mnnifiesto a bJuventud Acgentina dd Corn1te Pro-Reforma Universitaria en Córdoba» y poco dcspnés se consiiinyó en Bu_t:no? Aires Ja Federación Universitmia Argentina, la principal mstnn¿ia orgamzat1va de la 3uvent11d refonnistH. La respuesta social y de ]as antoridades ª'.lle el n:ovirmento uníversitmio fue contradictorrn. Si por un;i par1e, los eswdr~ntes fueron reprimidos al amemizc1r el orden pLíbhco; por la otra, tanto el presidente Yrigoycn como algunos de los intelcctualc::; más dcstacGdo::; del n.10mento (Joaquín V Gonzá!ez, .fosé ingenieros o Alejandro Korn) se solida. rn.ciron con los planteamientos estudrnntrles. Las reivindicacwncs refonnistas se cent_rnrnn en tres puntos: la partjcipación es111diimti! en el gobierno de b 11mver::;rd,d. en. una ndrninis!rnción tnpartita de profcsort:'S, estudianks y g_raduad_o_s {se de)Jba de lado n los trabajadores no docentes, pnicbn de un cie~o eh:1srno ); la autoridad máxima de la universidad, presidente y no rtctor s:gi:n la Jerga estudiantil, debj¡i ser elegida por nn claustro 1nparl ito y parit::ino l~irmado po~ 10 ~rofrsorcs, JO gradmidos y JO e~ludlantes, elegidos por los Centro,; de bstndwntes; y la «docencia libre)>, según la cual toda persona competente, aunque careciern de Ja tiiuJación adecuada, podín impartir cm::;os completos paralelos a las cátedras oficiales y con los mismos privi!eriios y responsabilidades. ~ Ba,io el influjo de la reforma, se celebraron Congresos de Estudionle8 en todo el con1inente, comcnzamJo en 1921 con el Congreso lnkrnacional de Estudwntc8 en Crndad de México En 1919 los estudiantes de b Universidad de San Marcos de Lima se solidarizmou con siis colegas argentinos y el movirn1ento reformista se expandió por Perú, el únrco país donde el movimiento galvanizó a la mayor parte de las corrientes más radica.les. En enero de J9 l 9 [faya de la '!'one, tino de los lÍ<leres de la Federación de Estudiantes Penrano; (FEP), logró que l?s estud!antes <le San iVlarcos apoyaran una hudga gcnernl de la m<lustna tcxtr! por la Jornada ]abura] de ocho horas. L,i conflu<cncia t~ntre estudiantes Y, trabajadores dio lugar en 1921 a las nmversidades popubres, u.na a_daptac:on del modelo argentino, de conlenido antirmperialista. Expenencias similares se repitieron en Cuba y Chile. En 1920 hubo rnanifestacio, ncs de descontento estudiantil en Chile, Urnguay y CoJombi,1 y lueg(' en Bolivrn, Panamá, Brasil y Cuba. La dictadura de Juan Vicente Górnez en Yencwc!a reprimió los intentos de org11nización de los estudiantes al entender c¡ire podían esconder el germen de un vaslo rnovinriento dese::itabihzador y de oposición al régimen.

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tonio Mella,

8. la ·izquierda: socialistas, comunistas e izquierda nacional Ibsta la ['L"imcrn Guerra, el libcral1smo y el conse1 v::idurismo fü~ro_n la,; formas de expresión política m.í.s importantes. Por sn parte, el socialismo Y el anarquismo tenían un respaldo social minorit~rio_,_a1inque en Chile, Argentma Uruguay eran un referente ideológico qne srgrno presente, c01; menor o fortuna. en los años centrales del período y a par1ir de la decada de 19'.JÜ 0 y.r . , ., b " entraron en decadencia, 1m proceso acenltwdo con la Revo,ucion cu ann . .r:>n 11111 y pocos casos, Ja izqnierda marxista tuvo nna presencia nnporümte en !os sistemas políticos, pero se hizo notar a través d~l movi~ienro estudiantd Y_de lo:,, intelectuales y en menor mectrda de los srndrc~tos. ~! desarrollo de,opcw• nes popirlistas, con toques antiimperialistas y nac10nahstas, comphc~rra el l,ra• zado de una frontera entre izquierda y derecha, aunqiie, como senala /~tan Angel!, es imposible encontrnr1ma izquie~da única o unrficada en la reg1on. En los años veinte, el comunismo y el !asc1smo se conv:rtieron en ~!tem:tivas atractivas, aunqne no supieron ganarse el apoyo socral e:1 nrngim pais. Si bien algunos grupos católicos o conservadores fueron seducidos por ~I fas" cismo. n~-hubo tll1 g,irn generalizado hacia formas de gobierno corporativas Y .:iutoritarias. El liberalismo es1aba en retirada, en América Y eu El iropa: Y carecía de !as rcspne8tas para explicar los cambios que se estaban prod~ct.endo. Para responder a estos interrogantes smgieron nnevas ofer1as 1~eolog1eas Y nuevas explicacione5 de la realidad, n:ientras q1:c otras ~ucrnn reforrn nlmln~ O adaptadas para responder a las necesidades lati~oarn_encanas, lo ~lle exph_ca el éxiío de las interpretaciones basadas en el nacwnalrsmo y el anü:mperrahsmo, convertido, a partir de la teoría conspiti!t'tva, en un actor omrnprese~t_e _Y omnicxplicativo. Otros grupos incorporaron la !ncha de clases Y el anahsrs marxista al disciirso político,

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1 Una de bs l1rni1c1cíon<es 111ús m1nortantcs del socj,,l;o,no ¡,¡· - - -·_ _ ·-- ' f _, . ,,-, _ ..,,. __ ,. . · '""'' "1noame11ca110 1w sn ,,~,.. •. - Seo ¡ -- -·¡ ,~~riso b tc:;,¡;a\ck, c11tn: los obreros mJnstriaks ..v !·1~ ,_,_..,,,,srno,,. 0 l01b11 cl'a a muy mm cado purla 1nt1uenciacmo¡Jc· muv y ¡-, ,¡ · . 1 1 3 0 rr1ascast;s ,¡·, _. . . . ', . 0 c., mu con H\l tu;;;rtc sesgo mtelcctnal l' pr··ucu¡iado !'º',,, .. ,a,¡· • ¡ . ,.,ms, .. ,,. .. " ✓ ,.,c;,,".1caseec!o~d1,st,i~ J l,t necesidad dL: ampliar su representación parlanwntaria. De . ¡11· luer'.m /recuentes !as descalificacio11es de comunistas anatqnistas )' / 1 .¡q_ne t"lS tlld' 1 , ¡ . ·. ¡ ... d · 'bu1011 ,-,,.,,. S ·10 s¡\lS,' .,·, c1nc¡·o .d os·.¡·SOC\d 1s!c1s e reím1111slas -v poq'lcfio " ' o e.~--.~- el\ ltnp antd<. 10n 110 uc um,onnc y hnbo "riltldt'S d1fcrcnci'J'' pot•1·, , ·d. ¡ · · • ., _. "' • '"·' 11ccis,1coogKasyorgan1zat1vas. b,,1 socrnhsmo · . . . argentino ' _ i1 el chileno,, ,,--. p·i;·-,,,,•, ' c ... , 0 mo y poco: e¡ p11me1~ era mas moderaGo y Jos ch1kllos destacabm1 por sus posturns más ra01c~les, ~u'.:~~~,,'11:1bo~ apostciwn JJ?r la vía e1eclornl. En Chile, e! Partido Obrero· ,Socrnhc-,,/l ct· · fu12 fondado en 19 12 ¡·1or L11 is' Em,' ti,' 1 R"'"tlt·i,·t, ,,.,, ' ,,_,n, que ¡Ue~ go sena un ingente clave en la fom1ación del Pan 1do Conmmst· L . . · ¡ ·¡ ·r . · c1. ossocrn1~ d:S. e_ 11 e11rn, ,,¡, ' 11•, 0, ,,1r 1·a •c1 bo1·1c1on · · de ja . a thterencia de los &!lentinos , , ,' 11, 0 o" propwdar_l pnvada y su progranrn insistía e-n !a lucha de clases el ,, -.1 d, v·rw I l·I · I•· -- , ' 1 ape, ü '°un re 1a e e µ10 da1 uc.o y la nece~1dc1d de coordinM ]·1 J•t'h'·' ¡•¡· e ,, -! , .. ¡ l-' ~, • , ' • e--. "pu t 1ca y :.mc.kd 01 eso ,11v1c1on un rn1111clrrespnld(' d-• los , 1 ·,,ct,•stos u· b,•,.w ,,_orrd 1g1om1nos u1gentrn:J-~. Fn t tJ _:;:; las divididas fuerzas del socialismo ch i:. l~~º_:e :~'.'.l~rnparu.n Y se_ h:ndó el f'a~ ~1do Social L'>la, q11c recha1:ó tajnntemcn. t-~ 1_º;' p1 e;;upuesto;; y~?_¡et1vos de iJ I <:1 cer:1 fntcrnaciunaL La reaparición del :.,l~- iabn l~ ,se -h~r!d 1cio dd ~1s¡c_rm_1 e!cctoral chileno. que le pcrm 1tia oblcncr r~p~e;;entaclDn_ parlmncn(nrn11mporlJ11te pe~e n su canícler mi:roritatio, Y del 1 e;;paldu ~111d1cal conqmsta<lo en los años anteriores. argentinos, . ¡a .• Los . , soc1al1~1a~ . , _ , liderados j)Or J1nn ' B , J11,st•t, , a·post·tb , , au por 1 1.-\ct po l11ca Y dcrnocranca frcute a! cúrnbc!e sindtc·-•I y ¡,·os·tb·,o, r, ·j . ' · '"' '", , , '-)Ue por e j ,· : 1 _am~\H~¡ s: llegaba nl socia1\srno, aunque dado cl a!tu númno de trabajado¡ ,;:;S nnn1g1 an,t:s que no votabJn, su respaldo electoral ern csrnso. Sin .. 1• ¡ . . "º e 19"! bt - 4' ¡· ",iJ,ir "' .' n -' o uvieron" J l ipntndos en d Congreso nacional. Trataban de la m1s111a manera al capual rnte1onal y extrao_¡ero y a ¡0 s traba_¡adorcs como cons1_11mdores Y no corno pwdnctorcs, lo qne ex.plica la postura de Justo a favor dd libre c-01m;rc10 ¡ ·I· ¡,,,, , . Yen cuutrn..de !os Jrnncdes • , a la~"';mpo,·1°,•,ooos, "· "o:011enes (¡"' co ·1 ns1 lnlO, Su act\lud co11c1hadoia le n:stó a1,ovos e!'tt lc,s 1,··slt·s· j ~ ... _ .. . . , , --. , ,_¡morcsrnc ustnn,es, pe10 k pennü10 tnnnrnr en la c1udnd de Buenos Aires con el respa!~o de g_i_upo?, d; IJ_ clas: media que _apoyaban las prupue,\las socialistas 0 no ., ¡.. , •¡ · j" lc1s temia11. , E1 I art1do Soc111l1sta enfrentó d ivisictt"·s •- Cv, 1·,.,"'tt '-"'-" ,;:;, 1 '-'cClJeJmpe(' 1~11 co;1sohdm .los '.ivm1ces p0Ht1cos y mgamzmivos. Uno de los líderes más c~: 1s~iat:rns,,,A_1fre~o- Palac1~s, que Cll 1904_ fue: elegido diputado nacional (e! P :1"r dipute.do ~oc . 1cil1sta de Anwnca Latma), se nwntm·o muchos años al imngen de 1n d1snplmJ del nartido. En l 9 ió swg1ó de SHs 1"ilc1s e! p¡ munisla Ar"entmo , ¡ . ,,'. · ¡. , ...... , \ · .' . '· ª' \( 0 o, _ , . C:C,- . ; , _Y e µ1. l ole uum,,ro:-;o~ l,Uaaros y miluantes que abanc\olldlOn Li d1sc1p_hnc1 ele la _Sc~ull(Li lnkmanonal para p.1sarse a 1J Tercera. En 1927, se produjo ot1a c.-,c1s1011, esta vez por la derecha, que d10 !uoar al Partido ~oc1~~1sta lndepend1enk (PS[), encabezudo por Antonio de Ton7asso y Fedso-r:co I medo, que se <tliarn11 con los co11sc1 vadorcs en Jn déc::ida de 193Ó,

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M~'-IOCO y Perú, los dos m:1yores pnise:~ de pohlación ind!gena, vicrnn sur· gir conicnlt$ ideológicas imprcg11adas de un cÍS::!tO ind1gen1smo. Pero rnicnl ras en lYkxJCo hubo 11na rcvo[\lción l11ml Canlt: qus:: ¡mdo oi' icializar lns ideologín~ alternativas, esto no oc unió en Perú, pese a que durante et gobie1nu de Leguía el indigenismo alcanzó un cierto estatus uficiaL Si lo:, reformislas mexicanos buscarnn su inspiración en Benito Juárcz y la reforma liberal, los rnd[calcs pcrnanos, como Hayn de la Torre o Mariátcgni bebieron de Mannel Gon:!ález Prnda, caracterizado por su anticlericalismo, su radicalismo y sus posturas a\\tioligárc¡rncas, quse lo llevaron del liberalismo radiCJl al anarquismo libertario y al socialismo. En esto:, raíses, al iguJl que en Guatemala, Bolivia o Ecnaclor, se discutía sob1,:; el papel de los mdios en la vida poli ti ca y en la soCledad y su lugar en las luchas revolucionarias. En México, el socialismo y el anarqnismo, este último mspirado por Flo• res Magón, tuvieron 1mn implantación rnenorque en otros países. En lugar de un pmt1do socialista foerk se desarrolló un movmncuto agrarista, de base campesina y uu cornponcnk indígena, que fue uno de lus impulsorés de la R,::voh1ción. Ern1liano Zapata encabezó uuo de los principales grnpo,; agrarisrns y su Plan de Ayala influyó en la 1et"orrna agraria La rcconciliución de los :--:upat1stas con Álvaro Obregón permitió oficia\i7.ar al agrnnsrno, pero al precio de ser· cooptado por el pode1, lo que 1rnplicó la moderación de sus ob_jetivos rnús radicales, El impulsor dd prny,:do cduc,tt\,,,-o y rnlturnl del gobierno de Obregón fue José Vasconcelos, ministro de Educación en1re 1921 y 1924, cuaudo partió ,d exilio. Vasconcclos impulsaba nn nacionalismo populista y abt,gaba por la raza cósm1ca y con sn prédica consecuente se convirtió eu el caudillo cultural del México poslrcvolucionario. En Perú, el problema indígena fue analizado desde la óptica marxista. La presencia de Mariátcgui y Hayn de lu Torre dio lugar a sendos movimiento,<, polit1cos influidos por la Reforma Universilai ia. A diferencia de Vasconcdos, que apoyab:1 el mestizaje, Mariútegui rechaznba todos los esfuerzos por occidentalizar a los indi~ genas y buscaba su potencial revolucionarn). Después clel triunfo de la Revo!ució11 ru,m y de las escisiones en las filas socialistas se crearon los partidos comu1listas, que entre 19 l 9 y 1943 estuvieron subordinados a 1Js <lirec!nces de la Tercera Internacional o {nternacional Comunista, el Komrntcm Dentro dd Komintern regia una disciplrna férrea y quien se apm t,1ra de tu Hnect oficial era demrnciado como lrntskista o liqmdacioni:-;tJ y s1eparado de sn:, filas. El c0munismo Jatinmuncricano subordinó sus luchas y objetivo:, a la 1evo!ución intcrnacwnal y a las circunstancias es• trntégicas de la Umó11 Soviética y cslnba más preocupado por demostrar la solidaridad de los pueblos con la r·cvolución rnundia!, comenzando pm la defensa de ld Unión Soviética, c¡ne en impulsar la revolución proletaria o socialista, Según la leclma eurocentrista dd Korninte1n, como la es!rnctnra social y económica de América Latina 1enia un fucrle componente oligárqnico, b revolución (k:bía ser democtútico-bu rgciesa antes que proletaria, pero, ante la dcbilidJd <estmctural de la burguesía nacwmt.1 en nnos países feudales u oli-


gárc¡uicos, d p1ok1arirnlo y !a ¡kc¡uóid bu1gu<:sía <:dn lllS cnc;irgados de nnpulsar !a lrcnHfr>rm:1ctón ~ocial rncdi:mtc c:1mbios n(l revolucionarios. FI prin ic:r pmtido com1 mistJ ,-;e crci1 en 11) 19 c11 !Vléx irn a partir de uua c,scisihn <le 1m grupúsn ilu sociulisla, upvyada pm el boirhcvigl lt' ruso Borodíu, que integraba rnw misión con1<.'rcial. Desde cnt/lnccs, los comunistas mexicanos contaron con d apoyo de militantes extranjcr()s para implantar sus loStrnc1lmlH org:-mizativas y los camaradas de Estados Unidos, mejor organizados y con mayores recursos, fueron un rcfcreutc unpnrtante para e! desarrollo del marxismo leniuismo en México. El comunismo también se desarrolló en otras partes: Argentina en 1920, Brasil y Bolivia en 192! y Chile en 1922- En Argentina, corno en otros í11gares, el PC surgió de una fractura del Partido Socialista. En 1918 se creó el Pnrtido Sociafüta fntcrnacionaJ gne en 192.0 votó su ingreso en la fntern.icional Comunista y se convirtió en el Partido Comunista Argentino. En Chik, el Partido Obrero Socialista se convirtió oficialmente en Parti,do Comunista en enero de l 922. Sin embargo, basta fines de la década de 1920 su subordinación al Komintcrn fue bastante laxa. En Cuba el partido se creó en 1925 y cu Ecllador y Perú en J928. En este último ca8o, la influencia de José Carlos l'viilriCitegui y sus Siete ensayos de interptetución di' la rmlidad pemana fue notable. Sin embargo, Mariá1'egrn terminó siendo conden:ido por el Komintem, dehuio n su política definid<l corno populista y, esencialmente, por la falta de estricto c11mpllmiento rle las direclivas originadas en Moscú. La allSencia de un füertc proletariado dific11ltó la di fusión de las ideas comunistas y le otorgó a algunos partidos un perfil mtelectmil, dado el origen burgués y 11mversitario de la mayoría de sus militantes. La creación del Buró Latinoamencano, en Buenos Aires, buscó coordi11ar 1a acción de los partidos comunistas, aunque por problemas organizativos y folia de implantación no cumplió los ob_ietivns fijados. Dentro de las asociaciones pantallas destacaron la Ayuda Roja Internacional y la Liga Antiimperialista, esta úlfona presente en la insurrección sandimsta, que tuvieron 1m papel importante en la difusión de las ideas marxisla-lcninistas. Pese a los esfocrzos organizativos y a 13.s campañas de agitación y propaganda, el avance del comunismo en la dé .. cada de 1920 fue tímido y estuvo uiarcado por los constantes cambios de rumbo del Komintern. Siguiendo dlfectrices del Kremlin, el Kommtern prestó escasa atención a la región, pero entre J928 y 1935 intentó implementar nna política basada en la consigna de c'lase contra dase, que rechazaba cualquier colaboración con los socialistas y otras foerzas reformistas. Esta tendencia se abandonó cuando el comunismo mundial apostó por constituir Frentes Populares para neutralizar a1 fascismo. Debido a discrepancias con la ortodoxia estalmista, a fines de la década de l 920 se abortaron !as experiencias organizativas de Colombia y Ecuador. Sólo en Chile, y gracias a la influencia de Luís Emilio Recaharren, el PC afianzó su implantación y se convntió en el partido más exitoso de la región. En 1929 se celebró en Buenos Aires el Pnrner Congreso Comunista de AméncJ Latina, con la asistencia de

dekgacio1ws ds; 14 partidos l¡itino;m1<~nn11os, l.· stados l JnidM y Fr::mc 1a, qnc \kciJió seguir ia líii,:a wvolucionaria lr,17;1(l;1 en :\'ioscú. /\11cspo11dera la misma mMrv l(bil,\;ica y a una ffi n.:a d1scipirna org_a• nizativa, lo~ programas de lus p,ntidos crun similares, mií.s allft de tas diferencias nacionales, y las platafornias par;:\]¡¡ tornn del poder por la vanguardia proletaria solían incluir el apoyo a la reforma agraria y]a nacion.i.lizacióu o estatalización de buena parte del aparato productivo y financiero. En todos, el antiimperialismo ocupó 1m lugar dcst:icado en sus programas. A partir del ce11trnlismu <lemocrál.1co, que implicaha la obediencia ciega a las consignas emanadas de la dirección, el ('Slalimsmo comenzó a expulsar a los disidentes, lo qne generó esci~ioncs en las <lgrupaciones. En bdécada de 1930, y debido a j¡¡ prédica de lil Tercera Jntcrnacional, el comunismo rnkntó consolidarse, pero con escaso éxito. Lo~ partidos mús fuertes foeron los de Brn~il, Chile y Cilba, rnmr¡ue también fueron influyentes los de Argentina, Uruguay, Colombia y Veneziicla, pero, según sus desempeños eleclorales, sn iullnencia política, sindical y social fue rnarg·mal. Nunca fueron alternativa <le poJcr, pese a su capcicida<l de movi!izución. Al rmsmo tiempu, fueron duramente rcpnmidos y proscritos y sus imfüantcs debieron pasar largos periodo,; en la clandestinidad, la cárcel o el exilio. Úste fue el caso de Fl Salvador, donde los dirigentes comunistas lideraron la 1evuella campesmn de ! \)32, que acabó con los intentos organizativos de consolidar el comunisnw corno um1 fücrza política decisiva. El PC salvadoreño se formó oficial111cnk <:n 19.10, gracias a un agente mexicano del Kornintem. El Partido quiso capilalizar la creciente conflictividad social, especialmente; entre los campesinos, a consecuencia <le los efCcto.s de ]a Ornn Depresión, ya que la abolición de las tierras comnnales dio lugar G. una de las mayores protestas campesinas de América Latina. Sin embargo, la debilidad organizativa del PC en el medio nin1l. a diferencia de las ciiidades donde tenía nna mayor iinplantación, hi:r.o c¡ne la insurrección no foera C011·· tro]ada por el partido, pese a que en a/gllnas zonas se organiwron soviets campesinos. El PC salvadon:ño lleg<l a la contradicción de impulsar una insurrección cumuni~ta, que abogaba por un program<ldemocrático burg1lés, pero al carecer dd suficiente respaldo militar para imponerse y llevar a buen puerto la insurrección arma da no pudo n.:~i.stir b brutal represión gu.benmrnenta!. Ésta se cobró J0.000 víctimas enire los campcsmos y la dirigencia conrnmsta, lo que wpuso li1 pr::íctica des<1pari ci ón <le! PC La experiencia salvndoreña explica las resistencias de los pnrtidos comunistas latinoamericanos a dejarse arrastrar por cualqu itr avcnturn insrn reccional o guerrillera. Tras estos fracasos, el Kominkrn se reliró de América Centr:11 a pmKipios de la década de 1930, no sin antes denuncim a Sandino corno un traidor a la causa de la clase obrera y de ser un vendido al imperialismo y <le conde1tar a Farahimdo Martí por comportarse corno nn aventure¡ o tras la masacre campesina de 1932. Coincidiendo con la Seaunda Gnerra y la eutradn <le la Unión Soviética en ]a a!iauza antifascista, lo¡ partidos corn~nislas ,ihandon,i.ron su política de en.frentainiento contra ]os imperialismos llNlL:Hmcricano e inglés y se suma-


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7 ron¡¡] combute entre ckmocrc1eía y fo.seismo. Tras este giro r:n sii postma tradic ionuL fücro11 rcconoci<lPS cmwJ socios e imer!ocutores íiabks por las mismas élil~s que los habíun cstigmutizaJo, previa bendición ck Washington. La nueva legitimidad n;spond[ó al abandono casi tow.l, o al menos a In postergación, de sus reivindicaciones anticr1pitalistas y antiímperialislc1s y a la liieha de clases, que fue rc1c:mpluzada por lu colaboració11 sociBL Ante el peligro dts la amenaza nazi, decirl.icnm nnpulsar donde era posible Frentes Populares, como en Chile, donde ganaron las elecciones (le; 1938. Una vez inicwda la Gueira Fría los purtídos connmistas dejaron de :;er hables y se convutieron nu1c;vamcnte en (<enemigos de la (kmocrncia,¡ y fueron proscritos El PC de Brasil fue ilegalizado en 1947 y sólo en l 985 recuperó !a posibilidad de par1i~ cípar legalmeil!e en las ckcc10nes; en Chik, Culombia, Costrr Rica y Perú /iicron aoartados del sistema en 1948 y en Venczuda en 1950. En lo:; años veinte, EstmJos Urndos comenzó u ver con preocupación lu cmagenda de ll8rtidos coimmistas, especialmente en América Central y el Caribe, comen-• zancto por México y N1carag11a. El temor de \Vashiiigton si.: di.:bía a !os c~trechos vínculos de lus partidos comuuistas btínoamcric:mos con la Unióu Soviéticu La situación si.: ugravó en 1926 cuando se le encomendó al PC de Estados Unidos 1111a especial responsabilidad en la organización y d1rección de !os partidos com11nistas la1i11oa111cncanos, con el objetivo ck rnmper los lazos emre Estados Unídu:> y América Latina. Al margen d,o los partidos socialistas y conmnistas comenzaron a desarrollarse otros grupos de se11sibil rdad izquierdista pero al mm-gen de la Sc:gunda o la Tercera Jnternacional, que incorporaban a su ideología el nacionalismo, el ;iutiunpenalismo y el pop11Esmo, M11chos de estos grupos se recbmarnii de (<izquíerda 11acional11, comenz<mdo por el Parlido Socialista de lzqulercla Nacional, creado t:n Argentinc1 por Jorge Abelanlo Ramos. Es\:is opuones solían emplear las cutcgorías de pneblo y popular, en lugar de lH l11cha de ciases, y según ello e~lructmaban su estrategia y sus tácticas poli1 icus, definidas como anlicapita li~tas. Lus partido~ de la izquierda tradicional centraban su labor de agitación y propaganda en el piolctariado industoal y otros sectores urbanos, tanto populares comP bnrg11cses, y <l1c:¡aban a! margen a los campesinos, los in• dígcna,c; y otros grnpos rnmgim1ks. Esic vacío foe cubierto por grupos nadonalistas que reívindicaban profünclus transformaciones agrarias y la integrnción de las masas indígenas y campe~inas a las estructmas políltcas. Algunos de estos grupos se ganaron la e11e111istad <le !os pcirtidos olig:irqnic:os, que veían con preocupación su ascenso y también de los partidos de la izquierda socialista o comunista que los cousldernhan reformistas. El APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana_) füe fundada en el Pi:srú por Víctor Raúl Haya de la Torre y dcsarrollú tmu platafon:na p.olitica :rntiunperialista, cun füudamentos ideológicos confosos y contiadictonos. Su teoría mlentaba rescatar del olvído a !os indígenas andinos y se presentaba como 11na couibinación del marxismo, las ideas de Einstein, el pensamiento de Sun Yat-Sen y los rnvoluciouarios mexicanos. Según las pautas de su fon-

dador, e\ APRA ern u11 partido de inspiración rncnxista, q11e por discrepar con el Komintern soh1,;; Arnérica Latina iomp1ó con el comunismo y !a discipli11a estalinista. Una de las preornpacioucs de Haya de la Torre era adaptare! marxismo a la realidad btinoamericmrn y para ello ~iguíó el modelo lemrnsta de partido de vc111guardic1_ Las líneas m,iestrns de la ideolog[a del partido cui la pernanidad de sus planteamientos y la denmieia permanente de la oligarquía 11acmna! y el imperialismo norteamericano y con su discurso antíoligárqnico y autiirnperialistn, el APRA aglutinó a bu1c:m1 parte de lu juventud anti civilista partidaria de la Reforma U11iversitat'Ía. Entre sus milirnutes sobresalían integrnnks de la clase media, obreros y campesirn)<;, implantados en todo el te~ rritorio nacional. Desde su fundación en la ciudad de México en 1924, el APRA se bahía opoesto a la dictadura de Angnsto Lcguía. Si bien los principales núcleos del APRA estaban en la costa, de claro prcdoininm blanco y mestizo, el partido se proclamaba poiiavoz ele los intereses mdígcnas. La vocación de Haya era convertir a! APH..A en un partído contínental, que defendiera los intereses populares en irnloarnérica. El exilio mexicanu, donde couüció la re::ilidad pos1revolucionaria, marcó d Haya, y dotó a sus enfoqncs indige11islas y agraristas de un pragmatismo del que carece la obra de Maríú\cgrn. En El untiimpcria!ismo y d APRA, de 1936, Haya desarro!Jó los cinco punlus más importantes de su programa po!íticn: llicha antiimpcnahs!a, unidad con!rncrJtal latinomnencana, nacionalización de la tierra v de l;-i iml11strí;L snlitlaridad entre los mieblos v las clases oprimidas, e J~le~nacionahzaciór; d,;I canal de Panamá. -En su pr;mcr congreso, el APRA aprobó su Plan mínimo o Plan <le acción i11mediata que abogaba por el voto fomenmo, la separación di.:: la [gksia del E;,:tadu y !a ieducción de la edad mínima para votar a los 18 nños.

9º H nadonafümo, el fascismo y otras corrientes antfüberales Las ideas nacionalistas se habían ido consolidundo desde la emancipación, pero sólo a fines 1.kl siglo x1x y principios del xx comenzaron a tener ima estructura más orgúmca y formal. fue eutonces cuando tuvo una gran aceptación, por sii capacidad para llegar a casi todos los grnpos sociales y políticos y su facilidad para perrncar él todas las ideologías locales, desde la extrema derecha a la ntrerna izqmt:rda. La simbiosis entre nacionalismo y antiimperiali'.:>mo facilitó su implantacíón e11 los sectores populares_ La llegada masiva de rnrnigrautes emopc:us y el rechazo que provocaban en cíertos grupos de población, especialmente los de menrnes recu1sos, permitió la difusión entre los sectores populares de ideas nacionalistas, racistas y xe11ófobas, mezcladas co11 un compo11en!c autmitano que reclamaba gobícrnos fuertes. El peligro ele la revolución socialista venía de fuera y por io tanto había qu0 combatirlo reforzando los valvres y los pri11cipios nacionales. En la medida que las orga1iizaciones sociuli~tas y anarquistas crecían a la sombra de la inmigración y

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rntrt sus pnncip:1k.; rlingentes había numerosos (:xl1 anj(TOS, se trasia(h'1 a LL publación fí:nilnea b cnlpa por laA tu1elgas y movd1zacioncs labornks Como rnnch(>S líderes de la izqU1erckl rran_¡ndíos, originarios de la Europa del Este, la xenofobia adqrnnó lill preocupante temo antisemita. Pero el nacionalismo l\O era sólo una 1cspue:;ta a los mmigrantcs y al con~ !agio 1evoiucionario, sino también a la difusión del liberalismo, del capitahs-mo y a la penetración del capital extranjero, i¡nc a veces compet[a con hl8 oligarquías tradicionales. En un principio, el nac10nalismo se vinculó a ciertas formas de pensamiento anti liberal y autoritano, y entre los valores que 1 ei \'Índicaba estnban la hispanidad y el catolic1:;rno, matriz del nacirnwlismo oli"ár-q11ico, como en la Liga Patriótica Argentina La lnch:1 contra los movimie~fos de ízqaierda, intensificuda después de la Revolución rusa, fue otro demento ciglntinador del nacionalismo de derecha, que solía ser bastante violento.] ,a Crisis de 1929 confirió a la derecha católica y tradicionalista, que esgrimía su cquHlisla ncia del marxismo y el liberalismo, nnevos argnmcntos parn dernosLrnr su xenofobia en SI.\] udia pm los valor,~s tradicionales y el orden establecido. Se desarrolló así nn nacionalismo prnvidencialisl.n y mcsiimieo, a tal punLo que en uigunos países de habla hispana estos grupos reivindicaban el papel de España y Jn importancia del catolicismo y la hispanidad para la unidadnacmnal. De este modo, ern mo11c::da conienlc la simbiosis entre la Patna y !a [glesia, la Úlllca institución, junto a !a.~ Fuerzas Armadas, capa,: de encarnar la suma <.le Jos va1or<;s nacionales. Un caso singular de desarrollo nacionalista_, con influencias marxistas, foe el de Lá:;,aro Cárdenas, en México. Cárcknas, que gobernó e! país entre 1934 y 1940, era un claro producto de la Revolución mexicana. A la herencia 1evoh1cionnria, Cárdenas sumó la influencia de ideas socialistas, de modo q1tc durante su presidencia nacionalizó las compañíns petroleras, puso los ferrocarriles bajo el control de ~u,; traba_jador<cs, extendió a buena parte de la pohlaclón un sis1ema educativo basado en principios socialistas y prestó un gran apoyo a la causa repnbhcancL durante la Guerra Civil espaí'iob. Pese a que durante el gobierno de Cárdenas el Partido Comunista Mexicano aumentó su influencia, nnnca llegó a tenerrnw preponderancia decisiva. En lo que al fascismo y a otras formas dc: corporativismo se refiere, su Íll·· cid encía, aunque innegable, fue menor, menos cstruetura<la y menos prolongada qne la del comunismo y se }uzo más visible a partir de la décnda de i <JJO. Su mfh1encín se observa en algunos países en el desarrollo de leo-islaciones obreras, que si bien reconocían a los sindicatos, los sometían, co1~0 en Chile, a una füerte subordinaciOn del gobierno. Sirnulláncamenle estaba el 111tcrés de Alemania e llalia en cierLas materias primas, <1uc se tradujo en una intensa actividail de sus legaciones militares, comerciales y culturales, au11que Ja penetración alemana es anterior al na7ismo. En algunos países, como Chile, el socinlismo de Estado akrnán, de la épou1 de Bismarck, hahía arraigado con fuerza. l. a prnpaganda alemana en prensa, cine y radio, J1111tO a la publicación de libros, fue muy importante. Numerosas asociaciones de inrni-

grnnks italianos y alcrna11vc, din1lgai1m ic)s p,i~(uludos m1zis Y fascistas Ye11 vano,; países seo crc::uron Cilinks dei Partido Nucw1wl Socialista ;\krnitn (NSDAP). En Chile, por ejemplo, el primer P:ir1ido Nacionalsociafota !ocal foc creado en 1932 por el ge11ernl Fr:rnc1sco J. Díaz y enseguida fue r,cconoc1do por el NSDAP. En j<)J7, cu ténnmos absolutos, la mayor organización DllZl de Amén ca era la brasilefía, con 2.903 1mlitaa1cs y 811 términos relativos destacaba la chilena, con 985 activistas. La prese11tia nazi se expandió a paitir de las colonias de inmigrantes nle•· mam·s y de SllS organizaciones sociales y politiuts, compkmentadas con nna suic de instituciones gnbernarnenlales. Fl Ministerio para Instrucción y Pro-paganda, conocido corno Ministerio Goehhles, y el Ministerio de Asuntos Fx-· teriores frn::ron a pc1rtir de 1933 hcrrnmicnlas del NSDAP en su polí1ica de infiltración Un instrumento clave fue el lnstituto Iberoamericano de Berlín, dirigido por d general Wi!lhclm Faupel, que, como sell.ala Víctor Farías, se convirliO en un enorme centro coordinatlor de la penetración nazi. Los estudios sobre el tema se divide11 en minimalistas y maxmwlistas, Los primeros reducen los intentos de penetración rnzi a nn coniunto de esfnerzos descoonlinados e inorgánicos, enmarcados en el desinterés estratt:gico de Hitler. Los segundos, apoyados en algunos docnmenlos propagandísticos norteamericanos, se van al otro extremo y presen1an una región a punto de caer en las ga•• nas nazis. La realidad era más compleja y helcroghnea. Había países, como Chile, donde la organización nazi era eficiente y radicalizada y otros donde era prácti.eamente ine,xistenle, lo mal dificulta cualquier generalización. Los co_ntactos con los nazis prosiguieron tras el fin de la Segunda Guerra y algnnosJernrcas nazis se refugiaro11 en Argentina, Paraguay o Bolivia, al amparo de políticas cómplices de Juan Perón o dd dictadorpawgnayo Alfredo Stroessncr. Algm1os grupos de extracción nacionalista de derecha o provenientes ele! mtegrisrno católico mediante su labor propagandística intentaron crear un dascisrno c1iollo)), anticmnnnlsta, anticap1talista y J.ntinorteamencano. Sernín Loris Zanatta, estos grupos 1tacionalls1.as se disiinguían de otros europeos ; 0 r prcse11tar c1 la Igle:;ia como t11tora de la nacionalidad y p01 defender al catolicismo como la verdadera ideología nacional. En est0 línca de pensamiento conílnyó el hispanismo reaccionario de los años treinta, que hizo de la rernperación de la idea unpenal una de sus pL·rncipales banderas. La influencia de Ramiro d\:: Maeztu, qne se había desempeñado corno embajador de España en Btwnos A tres, y del grupo ligado a la 1evistaAcciéin Fspaiiola, fundada,en [931, fne dclenninante y refleja el peso del pensamiento español sobre el fascismo criollo. La difusión <ld falangismo fa.vmecló estas tendencias, carga• das de una importante dosis de hispanislllo. Los movimientos o partidos falangistas o fascistas mús unportantes, la rnaymia smgidos en los años trc:inia, fueron: Ayiio Intcgralista Brasiletra; Unión Nacionalista Sinarquista, de México; Partido Nazi Chileno; Falange Soci:ilis1a Boliviana y la Unión Revolucionaria del Perú. Ninguno de ellos sobrevivió a la derrota del EJe, tras la cual su influencia comenzó a declinmpcm1 terrniuar siendo marginal.


2l. la lucha por la democracia: del autoritarismo a las transiciones

f..a segunda mitad del siglo xx fue muy difícil par:i América Litina, ya qtte casi ladas !as puertas que se abrian hacia el desm rollo y la con~o!idación democriltica eran cerrada~ pur la acción o la omisión de los proptos !atinoamc1 icanos. N1 la autarquía, ni la industrialización sustitutiva ele impor1aciones, ni el desanollismo, ni la apertura, rn el Consenso de Washington y el r,eolibernlismo fueron capaces de situill' a la región en la senda dd dcstrrol!o económico. Lo mismo se puede declf de 111 democracrn, ya q11c 11i la R.evo!uci6n cnbana, ni los populismos, ni el antorirnnsmo militar de los año:-, setenta fueron capacc~ de estabilizar !ns sistemas politicos, somericios a las temiones que mterrumpiall la marcha mstitl.l{:ional de sus paises. La lucfrn por consolidar la dcinocrac1a no ha sido sencilla y debió 1..:ofrenta1· d ierrorismo de Estado y bmtales violaciones de los derechos humanos, peFl tambit:n atentados, la violencia po!i!ica insuneccional, d tcrrori,;mo indiscriminado y la acción deletérea de los populistas ces,ms!as d,, turno. Sólo en la UHim,1 década comenzó a vivirse una coyuntnra m,ircada por la geu1craliz;1ción de lo~ r<egirnenes democdticos, con la consabida e,x:cepción de O iba y la~ inc:stabiiidntles crónicas tle Haití. Pe~e al elevado grado de insat isfacció11 con la democracia entre la opmión pública, hay un consenso muy c.x:tcnchdo de que es el mejor de los sistema:, µoliticos posibl~s y un bien a p1-esc1 vnr.


7 1. La economfa

e,()!: IQdas_ sus dífic_~lla(ks, el crecimiento cconó1n ico del pc1fodo ;mtcrior ha"

hi_u ~ itnadu a la n:g1on en rn1 lngar intermedio cutrt: bs eco110111 ías más indi 15 _ t_r¡_~1lizad;1~::' l_as en vbs (k_dcsarrol!o. A comiem.os dd siglo xx 1 se puede <l~(::1 qu_e, .ds:~de_la pe1~pccnva de_l desarrollo. América L:-llína no ha conocido c,11nb1os dec1s1vos y qt1c sigue siendo la región rnás (ksigtrnJ del rnmiclo do _ di· en ?00? ,¡ 'oor , · ¡ . , n ·., ~• ~, e L ;o mas neo le la población controlaba el 54,24% (je] PJB mi~n~as CjllC el ?O% más pobre sólo rncibió el 4, 7 l º!.,. En la décadn de 199() ~aic~1<1 ¡ac :1 c1,c:lo estaba al al~,1~ce de la mano y qll(: gracias a p,~rsonajcs co;~~- C:1r_l 0 ~_ M_"'ncm o Carlos S,dmas ele Gortari, países corno Argcntin~ y ~lex1co .1Jod1,m 1ncorpornrs,~ al P:imcr Mundo. Sin embargo, las cosas no fo<>· i~n .como se esperaban y el estallido de las crisis ele México, Brasil y Argenti•• nd,Jimto a las repercmwnes de la crisis ru,qa, los famosos eshocks ~xkrnos)) ~,onc;~n~r.on 11~~ v~z más ~l. ansiado desarrollo rr pasar por un período de es~e: 1a: ,N_n0 un pms d"' lB 1cgioti pi ido emular en su lllOlllf.1\to a !os (<drao-ones>, as1aticos m a comienzos del siglo xx1 el desempeño de países como (:hin; 0 1H Ind 1,n, con 1111pr)l'tantes trrsas ele crecimiento anuales, mantenidas durante llTI penodo prolongado como para dar frutos nnporhlnks en i.;] combate contra ln pobreza Yel desempleo Chile, pese a que no ha avanzado significativam~~te en l'.1 lucha cont_r~ la designaldad en e1 reparto de la rentu, ha sido el 1 -~ qi'.e mas se?ª sigm~1cado en la_reducción de la pobreza. En 1énninos gen i<1le.s, de los cmco milmne., de chi!enm pobres existentes en 1990 se bajó a tre~ mill?nes en 2000, p~~sando del 39% de la poh!ación al 2 !% dia años desPL_ies. 1'vlás 1m1-~01t~~\C:S ,_uei·on los resultados en la reducción de la extrema pob,teza, donde se pa~o Je 1.600.000 personas en 1990 n 8:'í0.000 en 2000. En t,e~mmo~ r:Jm_~vos, los ~1ás ~?bres han descendido desde el J3%J de ]a pob!al,lOll a! 5,71/~._Ln 2001 lc1rcgio11 contaba con 209 millones de pobres el 47 ?% Je la pohlac1on_ , -,- o

r:

2, Intervendonismo e industrialización sustitutiva I~ma.nte la Guerra_ fría, Estados Unidos asmnió el li<lerazcro internacional en ter~rnnos ec:1~óm1co:, políticos e ic.kológicos, lo qne i11thtyó en sus rela~io .. ~e~ rn? A~enca La_tim1 qne est~ba dentro de lo que Washington consideraba sii _zo11<1 de 1~fli1enc1a Lns relaciones comerciales con Europa habían dismii~_mc!o despues, d~ la Segunda Guerra Mundial, de modo que Argentma, Brasil, Chil~ Y Mexico vieron de.<;cender sus export.,ciones n Europn en un 20% ~'.itre l 9:)8 Y ! 950. Por el contrario, las ventas a E.;;tadm Unidos y Canmlá crec'.cron s1gmf1cat1Yamcnte_ México pasó de colocar el 67,4% el~ .sus cxporta~1oncs en los mercados norteamericanos en j 938 al 93,5%, eii J 950 nna can" üdaclq11esemantendríaenla'· l'"d as siguientes, · ,. embargo, esta ' nueva . . , .- _ . • "teca Srn situacwn no se vio id1eJada en b J)'lidanortcamericfma, r¡uc se centró en Fu-

r\Jpil a través del Pla11 i\farshall. nm:n1r:1s J\rnér1l:a Latina no St: bendi,:rnba Je ningún progr:1rna ck coopc1·c1eióu cs(~1doumdcnse, a tal p1inw qu,; L'ntn: ) 945 y ! 0S 1, la ayuda n:;c1b\da sólo por Iklgica y l 11xemburgn s11rerah;1 a toda la dirigida¡¡ América Latina La Guerra de Corea hmi que Estados Unidos volviern a mirar n la región para comprnr ,dimentos y matcrn1les estrnl¿'.gicos, lo que provocó un m1evo aumento de las expectativas d,; crecimiento, gracias a las invers10nGs clec;tinadas a producir hierro en Brasil y Vene7.1H:la, cobre y plomo e11 México y Perú o bauxita en el Caribe. En la clécaclade 1950 la mayoría de los países mantuvo sus políticas favorables a la industrialización sustitutiva, lo que siguió discriminando a las exportaciones en Livor de las manufactmas. Esta si1nación aumentó la 11ec0si•dad ele tener la.~ divisas para pagar las rnnquinarias y los insumos demandados por 1ma industria en expansión. Acabada la Segunda Gm:rra Mundial, se hicieron explícitas al;runas de las trabas que frena km el desarrol !o industrial, y en México, Bra.sil o Argentina, los pníses más indi1stria\izados de la región, a mediados de la década de 1950 ya se percibían daros signos de ngotiimicnto de las políticas aplicadas. Como la industrialización se hc1bía lilnitado al mercado 1n1erno, la prodnceión de mamtfact11ras rúpidarnente tocó techo. La esenia de p1oducc1ón era muy !imitada, anmentaban los costes y se reducían los renclirmentos empresariales, lo que únicamente podía superarse exportando más manufacturas. Sólo Mé:-:ico y Brasil ampliaron los mercados externos para su producción industnal, pero con políticas muy tímidas que apenas cumplieron las metas trazadas. Los do,; grandes síntomas del deterioro fueron la inflación y el déficit de lrr balanza comercial. El combate contra la presión inflacionaria füe muy difl · cil por las políticas monetarias 1mp!cmenta<las, ya que los gobiernos echaban nmno de\¿¡ emisión pc1ra financiar los déficit fiscales provocados por el elevado gasto público y los escasos ingresos tributarios, lo que provocó la llamada «inflación estructurah>. La debilidad crónica del Estado esterilizó los mecanismos de rccaudat011os, haciendo imposible instaurar el ímpuesto a la renta u otros impuestús directos que gravaran el trabajo o la propiedad, especialmente la tierra. Por eso, la recaudación fiscal dependió de los impuestos inc\i .. rectos al consumo, una vez que los ingresos aduaneros comenzaron a mermar. El desequilibrio de la balanza comercial se basaba en el incremento de las importaciones de bienes de capital, i11s11m0s y matenas primas para la industna, pero también en la red11cción de las exportaciones tradicionales. Los subsidíos y otros rcl:urws transferidos a la indus1ria por el sector exportador hacían menos competitivas las exportaciones latiiioamericanas, qne debían competir con rivales asiáticos o africanos cacla vez más eficaces. Asu vez, e! elevado proteccionismo europeo y norteamericano, con subsidio~ arancelarios y paraarancelrrrios a Sll producción pnmana, :1foctó a las exportaciones a los mercados tradicionales, l:Specialmcntc de cereales, carnes y otws productos ganaderos. La posición latinoarnencana era más vuluerable por el deterioro creciente de los téiminos de intercrrmbio, que encarecía las manufoctnras


;;i;ma~·

in1portada,; en relación a I clt:sccnso de los precios d; ~;~~ ·;;ateri~s ex_ !)()ttadas Y s1 se qmirb mantenn el nivel de las 1mportacioncs no había más rs:muho que exportar más pa1a obten et !a misma cantidad de divisas. A1;tc. este! sttu~tción, el dcsarrnl!isrno planteaba que la rndustriíllización ,:ia la um::a sol ne 1011 parn s:ili1 del subde;sarrollo, sin caer en !a revolución soc::1_lista. El desarr:)litsmo. rescat:iba los planteamientos industrialistas de Ja Cl·'.l'AL Yante prod11ct;,,,,c, ¡ l ca~ _ _ la falra de mversiones • ""·'~"''no•t,,>,~ "'"'-'"". . ¡·avor{e pita\ ecxtran.icro, algo conlradictono con el discurso autárquico. Lu inversión 0 ,.

ex.trnn.1cra directa dernnndaba seguridad juridica y garantías para que los il 1_ \:er~or~s repatnaran S1ts beneficios trns incatidumbre generada despué~ de l,1 Cn~,s de l 929 que redujo las mver~\ünes foráneas. Así, ]a inverslón co1'.1~~1_z~--~ ren1p_erc1rse e11 las rkcl:d;is d_cc [950 y 1960, especialmente con capil-\1<:S e:;t<1dourudwscs p_ara fahncar bienes de consllmo. Alg 1mos países, Méx-1co, ~rns1l Y Arg~ntrna, ri.ce!erarnn la producción de bienes (h1rab!es. autornov11es y rnaq1l\naria agrícoic1, gracias a !a instalación de compañías ex~ m1n_¡erns, pcrn la 1nduslrE1 fue mcap;,z de crear todos fo~ pnestos de trabajo rcqucnclos para acabai con el paw y abstll bcr los contingcntc-s de mmi>'ra~1 ks rma]cs que llegaban /1 bs ciudades buscando lrabajo v me/ores condiciones de vida Para co!mo, fas !i:ibrícas extranjeras contaba;con ~iaqcünaria ob,,ukla,, 1-:mu1·1vada en su~ paises y p0n¡ intc:nsiva en la lltilización de mano de :i.~ra. s.olo los obreros mas cual if"icados se beneficiaron de la demanda indus,1tal al ,ener unJ demanda segma en fábricas y talleres. Pese a las dificultades de! mercado urbano ele trabJJo, la situ::ición en el campo ern pcm y transfo¡mo el pwblema de las mtgracioncs Ínlcrnrrs en 1m círculo vicioso. Los cam•• pe-:m_~s se ago.lpaban en las grnudcs cill(!ad0s y sn as<én[amient() y la constrnec1~n de 111frae_stn1cturas l\1 brnias se uinvirtió el\ una tarea sobrehumana. Las n:1grac1_ones 1_ntenws fücwn acompHib.<las de movünienlos miixratorios t~anslro_~ter'.zos d111gidos allí.donde la.~ expectativas labürale~ eran ~ayores: colombiano$ que pasaban a Vem::zuela o paraguayos, chilciios O bolivianos a Argcntma.

la

. Los avaitCC$ en la profun<l1zaC1ún de la mdustrialiwción y en Ja \enova<:ton t::cno_l~_g1ca fuernn s:;scasus y, corno se vio, sólo Brasil y Mé:oco nientaron d1vcunit<:ar sus CXDOrtaciones · ·, de-_ . , , mientras , , e! f"''to· '"·' d•" lo'., p·t,,~~,· , "'°" s1gu10 pcnrhe1:d? d,: su5 mercados t11krnos, como evidencia el bajo nlvd del conaerno mterreg1onR!. Míenlrn~, ,l\.t"entina •t"'t· ("h;·¡,"Y peruper· . . o ,se qu··do" '--'-'":;,. dteron el tren mdustn::il Parn mcorpornr la tccnoloo-ía industrial d~ lo• pa',. , !!l' v <t:,,L,CS cent~a es la JJ:J. qne producir pa1a mercados más amplios, a! estar las fábricas :1 1sena<la _par::i ttna escala de producción nmclw mayor. De modo, que el lamano reducido de los rncn.:ados n::icionaks amenazaba el futuro de ]as indus(n;i~, ya que mankner uua importante capacidad ociosa era 1m negocio mi~ noso para las empresas. c¡11e t<enninaban subsidiadas por el Estado. ~ ~a Revolución cubc1rw tuvo repercLisiones contradictorias sobre beconom1a. Por u~ lado, m1imó a qnienes veían en el :mtiimpcrialismo y el socialismo el camrno al crectrn1cnto y reforzó el [ntervcncionisrno e:c;tat<1l; por

otro, potG11ció l:is tendencias a favor dd mer·cado, cspenalmentc aqnclh1s que vdan en la planlficación y las nacionaltzaciones uu,m:sgo parn b economía. De todas fomws, la creciente par1lc1pación del Esrndo en 1n ecm1ornb provocó la mayor cri~is conocida en todo el siglo, la de la deuda externa. q11e se llevó por delante a la auta,·quía y a b ind11strializaelón sn~titlltiva. El modelo cubano tuvo en alglmas á1eas, educación, rnludy vivícndu, rnsultmfos por encima de b medict, m1nqne su más que rnedlocre dcscmpefm mac-roeconómico poco hizo para que se siguleran sus recetas. Los malos resultados se a!ribuye•ron al bloqueo norteamericano y no a la rnal::i gestión de .:,uc; autoridades, aunque los eíec\OS del bloqueo fueron aminorados por la t1yuüa soviética que prnporcionaba petróleo a precios s11bvencionados, miemras la Europa mienta 1 cornpni ba bnt2fü! parle de sn prodllcción azucarera. Pese a sus limitaciones, la o.periencw cubana tuvo la Fuccrza necesaria pma evidenciar las con!rndicciones y las dificultades de ias sociedades latinoamericanas. Pero, con escnsas cxcepnones, las distintas opcmnes ideológlca.s presentes e11 la regióu, ccirno el dc,<;arroU1srnn, el mdLtstrlali!imo, el socialismo, las dictaduras militares o la guernila nacionalish o marxlsta, toda~ partidarias dd i11tet",·encio11isrno, no lograro11 rnodiCicar una realidad refractm ia al cambio. Lo mis mo ocnrriú con los experimentos neo liberales de la6 dos ú!timcts décadas del siglo, qu;c salvo •.:'.n el caso de Ch1 le, fu()rnn mcapaces de avanw.r en la~ reformas necesari,1s para la modernización. En las décadas de l 960 y 1070 el rn0ckk1 económico basado en fa in<lus" tria!ización y el crecimiento bacía ademrn estaba en cmis o había alcanzado ~-u techo. Sin embargo, entre 1960 y 1979 la mayor parte de los paise~ creció más rápido que Estados Unidos o los restantes micinbrns de la OCDE (Organización para la Cooperación y el [ksarrol!o Económico). Entre 1960 y 2003 el crecimiento promedio del Pl8 füe del 4,2%, con tasas superiores en los pri• meros años que en los l1itimos. Entre 1960 y 1973 la media fue dd 6,7% y bajó al 3,4%, entre J973 y 2003. En la ch::cada de \ 980, el signo económico cambió, el crecimiento fue negativo y la crisis de la denda externa acabó con el modelo mtervenciornsta vigenk y pennitió aplicar de forma generalizada las recetas del Consenso de Washinglon refoientes a la apertura económica, la reducción del tamaño del Estado y la liquidación de !as políticas intervencionistas. En la d<':ca<la de 1990 el crecim1enlo volvió a ser positivo, aum1uc sin alcanzar las tasas det pasado. Pese a ias crisis y a las políticas económicas coniradictorias, a pmtir de l 973, Brasil, Méx.1co y Chile han tenldo c1cClmientos superiores a la media mundial y en la década Je 1990. Chile apmcce en una posición destacada del crecimiento mtcrnacional, só¡o por detrús de China, Singt1.pur y Malaisia. México tiene una !asa promedio similar a la econornia mundial. Las tasas de crecimiento en bs décadas de 1970 y l 980 eran compatibles con una muy esca.~a partic1pación en el comercio internacmnal, a ta! punto que en el quinquenio 1976-1981 los intercambios de la 1egión sólo uan cl 15% del total mundial. Tampoco la rndustria habín podido diversificar las exportaciones. En


ir:Jlidad rn·111-r[J todu lo co111rnrlíl. la:, rnarnifacturns aprnns se exportahan y bs vc_nt?s nl cxkricir scg11ían u,utrnchis en las makrias primas, de modo que pnnc1pms de l 98U la mayor pJrtc dLo !as divisas de las exporta clones se originalrnn en 11 produclos. En 1984, México. Vcncwcla, Ecuador y Triuiclnd-Tobugo swmüxrn miis del 40'% lle sus cxportacwnes del petróleo; y Colombia. Cosb Rica, El Salvador, Guatemala, Hai1í y Honduras m{1s del 20%, del café: Chile, qm: había diversificado mucho sus exportaciones de materias primas, seguía (kpendienclo, a fines de la década de 1980, en más de! 45% dd cobre. El desastroso desempeño económico de la década de l 980, con tasas negativas de crecimiento y una elevada inflación, fue conocido como !a «década perdida,>. Sólo el abandono del populismo permitió comenzar a dejar alrás una coyun(nra Ian difícil. Entre 1980 y l 990, !a renta per cápi ta descendió globalmente un 10%, mientras la tasa de ciecimiento real del PIB en Argentina füe de"" 13,5%, en Nicaragua de ---9,6%, en Perú de -5,1 % y en Venezncla del --3,8%. En Brasil, !as cifras también füernn negativas. Como la población cn::ci? más ~le pnsa qnc la rentl, el PIB per Gápita tambi¿n descendió. Lapolilacion p::isn de 166 miltones de pcrnonas en 1950 a 513 millones e11 2000 y se espera q11e crezca a más de 800 millones en 2050. Entre ] 960 y J 985 s~ crnció a unas tasas dd 2,3%, anual. Brasil y México, !os dos mayores países de la re?ión, tenían en 2000 ] 70 y 100 millones de personas, respectivamente, Y constituían mercados de relativa importancia. A pnncípios de la década de 1990, las grandes metas e ilusiones de comienzos de la década de ] 960, bajo l:l~ efectos de'.ª Revolución c11bana, se habían cambiado por un mayor ec!e·c.. t1cismo, que d10 paso a la cksesperanza en los pnmeros afio:; del siglo XXI en lo quc>, se !Jamó el lustro pe1-dido (J 999-2003). La crisis argentina de 2001 'fue un fiel reflejo de esta situación.

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2.1. la Alianza para el Progreso La Revolución cubana fue recibida con preocupación por Estados Unidos, q11e '.tmía sus e!cctos m11liiplicadorcs y rápidamente comenzó a pensar en medidas ~ara evitar el ~ontagio revolucionario. En realidad llovía sobre moja')º despues de la cxpenencrn de Jacobo Arbenz en Guaternnla, qne tras las infundadas Jernmcias sobre su comunismo terminó con la mvasión de ]os marines en 1_954 ..El diagn?stico ele !a Administración Kennedy sobre los riesgos revoluc10nanos fue similar al de los estructnrnlis!as, que veían en el atraso económico Y el subdesarrollo la principal causa del descontento pol[1irn y se pensó que c?n un rúpido crecnmento (a tasas anuales del 2,5% dtl PTR per cápi~a) se podrnn desalentar nuevos bro1es <le violencia. Para permitir HD crecirrnento h_cn;isférico armónico y sostenido nacíó la Alianza para el Progreso, una reechcion continental del Plan Marsha!L En agosto de 196 l se reunió en P1mt,3 del Este, 1Jr\1~uay, el Consejo Interamericano Económico y Social qlle scnto las bases pohticas, ccouómicas y financieras de la Alianza. A la indus-•

trialización se Hcgar[1.1 a trnvés del \(de~peguc» (luke-o(f) del sector y el crecimiento autososl.cuido, que _Junto a la rdOrma agrana Ucbl:rn convertirse en las meiores hennrnit:ntas para salir del ~ubJcsanolio. Algunos pulses, como Brasil,, Argcnrina o México podic1n lograrlo y ele ese ;nodo se incor¡wrarían a los países desarrnl lados o al Pnrner Mundo. ] ,a integracióH económica regional debia complementar estas políticas desarrollo. Los planificadores y los políticos querían crscar las condiciones para inte•• grar a las masas a la vida política en un marco dcmocrátíco, y para eHo había que combatir el analfabetismo y mejorar las condiciones sanitarias y habita .. cionales. La reforma agraria era capital para romper el estancamiento rural, expandir los mercados, garantizar el abastecimiento de alimentos a las cmclades y crear mejores condiciones para la industria. La reforma agraria chi_!ena impulsada por e! gobierno dernócratacristiano de Eduardo Frei fue el meJor Y más exitoso ejemplo de las reformas impulsadas por la Alianza para el Pro>ireso. La reforma chilena tuvo efectos positivos, y entre 1964 y l 970 algu;1os propietarios modernizaron sus dominios para evilar la expropiación Y la producción agiicola a1irncntó. Para logrnr sus objetivos económicos, la Alianza debía movilizar 20.000 mi!!ones de dólares en JO a!'ios, la mitad invertida por Washington y b otra mitad por empresas privadas. Por 8U parle, !os gobiernos de la región debían desembolsar el mismo importe, especialmente con fondos estatales. Como el principal objetivo de la Alianza era político, impcclir la expansión del cornu" ·nismo. muchas de sus metas se planteaban 1eforzar el Estado, con el fin de ser más eÍ'icaces y estar en condiciones de cumplir nuevas fimciones. La reforma fiscal, que m~joraria la gestión tributaria, aumentaría !os ingresos del Estado y mejoraría la redi:-;tnbnción de la renta, fue un oh_jetivo cent'.;il del prngra~1a reformista. Sin embargo, trns el asesmalo de Kennedy, el gobierno del ,yncton Johnson cambió las prioridades para la región y abandonó la idea del crecimiento económico. En su lugar se impusu la doctrina de un mayor 111\ervencionismo, con consecuencias dramáticas en las dos dé-cadas siguientes. De este modo, la Alianza para el Progreso perdió fuerza y los objetivos de desarrollo económico, reforma del Estado y democratización pasaron a un segundo plano, al igual que las reformas agrarias, c¡11e ~úlo sirvieron para realizar tímidos repartos de tierras. En su lugm, la segund::id y la defensa continental ocuparon el centro de la política hemisferica de Estados Unidos.

2.2. las soluciones regionales La crisis de la deuda externa de la década de l 980 comenzó a atajarse con planes ele emergencia, planes ele aj11~le y estabilización, destinados a s~n.em !a economía y a reformar el Estado, pese a Sll elevado costo social. Jrnclillmente se trató de planes muy heterodoxos, corno el Plan Auslral, el Plan Cru, zado o el Plan de Emergencia, ensnyarlos, respectivamente, por Argentina,


FJrasí[ y Perú en 1985, que tkspués del r'xíto ínici;1l volvieron a la conocids ~i.;nda de la inflación y la recesión, ante la folla de clecisló11polilica de lus gobicr nos que impedía avm1z.ar de forma sistemática en las refnnnas pla11tcadas. El ajuc.te comenzó a dar resultados ap1cciahlcs en México y Chile, y más tímidos en Bolivia. Colombia, Venez11da y Argentmct cosecharon éxitos en sus políticas de es;tabilw1cíón rnacroeconómica, aunque los dos 111timos pasaron por sihiaciones muy i.;ríticas Un fonónw110 interesante es el apoyo electora) q11e recogínn aquellos gobiernos que aplicaban políticas de ajuste exitosas, pc:se a los sac1 i f'icius exig1dos a los sectores populi!íes, como se vio en Argentin11, Brasil, Pcn'1 o inclusive Bolivia. A fines de la dicada de l 980, junto a líis plants de ajuste se desempolvó la vieja receta de la irncgrnc1ón regionaL Se pensaba que 8] stLello de la unidad latinoamericana podía ampliar los mercados y solucinnar algunos problemas, aunque la upvedad fneron los procesos ds: intcgrni.:ión subregional. Pese a los resultadus iniciales, ql1e generaron grnndes expectativas, la situación actual no ha te1 minado de wnsolidarse y la mtegración regional o s11b1egiona! todavía dista m11cho de ser una realidad Las primerne> experiencias de mtegrnción 1cgiomd se produjeron a co1n ienz.os de [¿¡ Uécada de 1950, bajo el 1mpldso del clinw poste11or a la Seg11 nd:1 Guerra Mundial y a la cr,,ac1ón de la Orga11izació11 de Estados America11os(OJJA) en 1948. En 1951 se firmó la Carta de San Salvador_ qnc Jio Jng-c1r a ld U1gaillü1c1ón ck Ew1dos Centrnamcncanos {ODECA). En l 960, Argcnrma, Brasil, México, Paraguuy, Perú y Urnguay finnarc;n el tratadü de i\1ontcv1cko, del g11t: surgió la Asociación Latinoamericana lle Libre C0111ercio 1.ALALC), a la que Colombiét y Ecuador se sumaroi1 ¡-¡] año siguit:ntc, que quería climirn1r los den:chos adlianeros y los recargos a la importar:ión en el comercio entre los países miembros e11 un plazo de 12 años, pero no tuvo é\i . to. Poste1 lllrmcnte srngieron otrus organismos, como b Asociai.;ión de Libte Comerci() dd Caribe (CARIFTA), e11 1965; el Pacto Andino (Acuerdo de Carüegcna), en 1969; el Sistema Económico Latinoamericano (SELA), en 1975, con la participación de: todos lüs países de la región. Todas estas urgn11i1aciones tenían un contenido fundame111a!mente económico y ,~ucumbieron mte el pC:!iO de la auíarqnía y el protecc1onié>mo, contradictorios con el intcjWiéionismo prnchm1ado. Lis tendencias a la mtegración resurgiernn renovadas en la década de l lJ8CJ, pero sin abatH.!onm b retórica y el voluntarismo del p;,.sado, como se .'ir1 con la Asociación Latinoamericana de Jntegrnción (ALADf), la s1tcesvrn le b ALALC Dmbién s<c produjo una progresiva sustitui.;ión del mu!tilatcrn1,;1110 por el suhrcgionalismo, como muestran la Comrnmlad A.ndma de Na·iones, el Mercado Común Centroameric,mo o el Mercosur (!Vkrec1do Co~ núu del Sur), un Ínle1110 de crear un vasto rneii.;aJo i.;n!ri.; A1gentina, Brasil, 'arnguay y Uruguay, al que se asociaron Chile, Bolivia, Perú y Venezuela _os tratados de libre comercio se generalizaron, algunos más cx.iwsame11te ¡ue ot1os, bajo el impulso del Trntado de Libre Comen.:io <le América Je] fortc (ILC o NAFTA) ent1c E_,;tados Urndos, Canadá y l'vléxico. Posterior-

-• ···· ·· ·· ·d ·: \·brc cOlfüTCÍO con Estados Unidos La 1 1 nicnte Chile hrrnó otrn acuei O e c , "l'iaccón ,,,, libre comercio con 1 1 , _, , , ¡U·F¡f·odosucuer,osre,b,, · , _ ,_, Un1on Luropea ,, 11 m . , ,..,., llcvarnn al presidente de E~tfl·· ChT' (7002) ·ostos avan ... ...,., , . 1 México. (_2000) Y · 1 '' ~ ,i're · a lanzm su Iiii.ciativa de las Arnc11cas, qm, tlos Urndos, Gc01ge Dush pa b' ', ¡· •al mente fracnsarlo progrnrna del , , .• -· en el ain 1c1oso Y fü , h1egoseconvi.;1,11 1a _ _,, ,.·, (ALCA) LaidcadcponerenmarArea de Libre ComercJO dc_l~-., 1mtil·~'\~ ·y en ;ii lugar el gobierno de \Vascha el ALCA antes d_c lüOJ a r~ " ",r,\~, ,,,u-ionaks de 1ih1c comercio, 'd' 1 tinnar naGto~ 6 11a Cfdlc:,, 0 1'"b hing,tonhaclec1 iro ,. , , , ,, ",., se!iinitabanacontactosen , ffiTCal 1OS poi 1d fié 10 1Cu, " Los intentos rea 1¡¡;a d0 ~, '' . · _ , 'd,1 ,1 Otratrabaalosprocesosdern1 ,- ~onttcmdo111co111m11.d. ' . ¡ la curnbre, pero sm '-' . _h ,,,10 prácticamente ¡¡noo,~1ble, <1 me1 ., , ,· naltsmo r¡uto a 1ec ·, . te"racionese 1 nai.:10 · ', , . , otad--sobi.;iamanac1ona1 en "' ¡ --siondelamm1macu "'· . nos hasta d momento. a ce. . · . ·, ,,oionul O subreuional. Qrn. ¡q teral v di.; mtearn.c10n ,.,,,, ' "' . 1 aras de un proyecto rnu - s • ° , ,, c·•hávcz e\ ue mejor recoJa esa · , ¡>o ¡1varnno (1·e1coman 11" 01." . ,,,,· . eu4 el cnésn11n z6. sea el d1scur~o · e11sayo 1 6~ 01 "' 1 , · ,¡ 18 t comusepucreci • retónca vaclll Y naciona a, _ , m'l""lltO s(¡]o se caractcnza 1 rhn1··ncana que r,., u"'' , Je intct:',rac101J, la LnlOll · u.' e: _. , ' e-- , -<1 ,11 2004 pe10 con escasos . , lec'·wicio11 susc11la en uzc.. , c ' por 11na prnnpus,\ l '' • . , pasos concretos par:1 si.;g1t1r avanNtKio. 0

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2.3. la s:risis de la deuda ,externa · . ¡ ¡, a la de Estados , , . , 1· S - o-unda Guerra nmy v1ncu ar d , . La econonua estaba desde. d ' e,,, •ct N·iv -1, 1 decidió declarar !a in, , ¡ ., 1\)7 J el pres1 en I e "' , , Unidos. Por eso, c1m'." o ,,n l . . _, v·io afectada. La situación se agravo • ·d ¡ d ,¡ doliir , tod·1 a ¡eu1on se , . , , convcrt1bil1 ac e . _" ~ , ,, ,¡ , ¡,,.a tk los ¡)rec\OS (.1e, petros petro1era yc1 l 111" " ' 1 ,,, <l en l973, con la prnncra en: le, 'i1e contrastaba con el más moderado i.; leo en lus mi;:ncados m1e.rnM_,10na s, q_ , ' 11" la ecorrnmía mundial, en par. , . fr "lO el crecnn1e11<0 ._ otras malenas pnm d s, '·'"' . s ,g ·.,.., depeiiditmdo de: sus exporta. . •·11.iona 1es que e 111 "" ¡ tic ular de las economias re:"' ' ~tarnii.;ntos diferentes entre os . t··}lbosin·'mbar"o,comp(h, d i.;ioncs tratl1c1ona ,.,s. u ' _". d " t , ,.,d,ictores v no productores e 'T,Jo3 d1Vl('1 osen1epu · , , países menos tks~irroi,a ' b, ~-j·• . v Vene-nieb si bien Peru y bcua, ¡·· l ·p··1•nc1'l'3esw an,,_ex1c 0 , , . do ' , l · \1-"nezucla est;:ibil rnkgra Petroleo. _,ntrc::. o~ _ · .' , · 60 1 0 1tantcs mmque so u ,., 1 r]orsrnnrda\1va111emt.0 ~ P_ . ''. .,.¿ i'etróko\OPEP),creadacnl9 • , 11 ((~ Pais<.:::i Produc1rnes e , en la Or2:anrz\.tc10 e: · _ , , , , , ¡. iores Mientras 1os pa1ses ~ , ,-J d,J scmi.;t,p::nse::i 1111 ,1 '"'1 - · v de lH qi 1e h:ihia " 1 0 uno e 0 1115· l)tros' veían coino la cns1s , , , -on mayores 1v1::i"'-"', f productores púdian con 1c1r c . , , . . rimas. mincremento de la ac-• . d·id''alimc:nlosynute11asp . d disrninuia 1:1 d ,,1nc1n ' " '_ . s·bilirhdes Ji.; creurnwnt 0 e 1aspo, t . ,·róneuatJVarnentcen ' . ., 111 ttm1petrokrnrnc ."' d ~ t d<::petrólco.vlorni~mooci1rnoen Brnsil y Chile, que ern.n importa o1td:et;.~\os precios :i~l petróleo sirvió para Amb1ca C<211tral Y d Canb_<::·Lª ~u .ll de . · _ 0:th<:s pioductores por sus 'l· ,·(lasd1v1sn~1ngresa asp 01 10 · ~ '·_ t d lllyceta1 petro O ¿re,; . t ,. ,··io·mcielO mtnnacionaL El aumen O 1 . ¡ , dezenc 1 sise1 "' ' ' ' . , d ¡ wiWts) y uoa gran it1u 1 _. . ,,,,. 10 ,, 1r es"' drnero prestan o o a 1 - ,. ,~ ·t·óalosbancosp11vazosr-.,-.. ,, "" , , de la liqu1Jc1 r,d1T11 1 j , J·tos lnratos comenzaron d !,egar a bajos tipns d~ ¡nterés, de modo q1te üS ere l ' ,

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un:i Amém:a 1,:1ti11:1, que. s:livo Colombia, se cudc11dú 1·jpid:1me111c. [ .a barica rmvada I cc:111rL:1;,:{1 como p1-cs1amis1a a los orga111sinos 111ternanonaies, como el Banco !11ter:11m:ncc1110 1k Dc;:ll'rnllo (B1D), el Fondo Monctmio lnkrnacio1121! (FJ\il f) o d Uaneo lvJ und1al y sus préstamos ¡x:rnarn1 l del 7~/G ele! iota! eii!reg;1(lo a ln 1Tgi(m '1 fí11es ck la década de 1960 al 70%, 1cn la década sig11icnte. A con:iic~zos de: la_ c_léutd:i de 1980 come11zaron a eJmb1ar los paradign1ns c:conom1cos y pol!t1cos sobre el crccimie11lo y el desarrollo, a partir del 1·ctrnceso del popnhsmo y de la derrota de algunos movimientos uacionalista3 y antiimpenalistas, wrn sit11nción que se vería reforzada con !a caída del rn1.n.o ele Berlín y_cJ fin de la Unión Soviética. En !a década de 1970, 3lgunos g?b1 crnos, especialme1 lle mi !itares, empezaron a implemenlm políticas eeo111Hmc11s ncol1berales ¡¡ fm de reducir e] déficit de la balanza ele pagos y ílchiCílr d tamaño del Estado pma enfre11lar el déficit fiscal creciente que los a1nenazaha. El aumento ele las dc11das fue facilitado por el incremento de las exportac1011es, cci-ca de 1111 20%, entre 1976 y l 9NO, y por unos li¡ios de interés infe11_orc.s al 10% anual. Si a esto le sum:1mos la idea de que ia deuda externa pod1a rc11egoc1arsc pcrmancntemc11te, que el cndendamiento se 11iai11.endrb dentro de u11os iírnltes manejables y qne los ii1terc1sc.s se podrían pagar sin ¡,roblemas, ¡,miemos entender por qui se llegó ::tese estado de cosas. En Méxirn y Brasil, la dcll(]a permitió prof11ndiza1· en la induc;trialización, quepasaba por rno11ie1itm d1 fíci!es. Otros países, como Argentina o Chile, ]a usaro 11 par!1 financiar políti_cas neo!iberales, de resultados distintos. Ambos países kman d1ctac!uras militares, pero sólo la chilena logró, con ciertas dificnllades iniciales, consolidar el aJusle, micntrns los militares argentinos se rendían 11na vez más a la presión sindical e industrial. Parte del dinero llegado a Arg<e11 t1 na Ya Chile pe1Tni tió fi11anciar el rearme de sus Fuerzas Armadas, ernpe1latlas c11 11n conflicto lirní t1·ofo. La corn1pción facilitó la volati!iclad de par(e 1lc esos capitales, que en vez rk 111vertirsc prod11ctivame11tc estahan en cuenias secretas de bancos de Su iza Estados Unidos, Japó11 o la 1JE, La füga de capítales de los latinoame1·icano; fue corriente c11 la década de 1980, estimándose que en ese cnto11ces salieron mis ele 300.000 millones de dólares, lll m cifra similai· al total de lil deuda exter1ia. El tumaño de la fuga ele capitales varió de país a país y se estima que entre l 980 Y l 98-4 salíerrn1 17.000 millones de dólares de Argentina, 40.000 millolk:s de México y 27.000 millones de Vene.meb. Alg1mo,s años, es1a fuga llegó al ~0% dd ahorro d,: Vc1ieznda o Argenl.rna. Las 1·ecetns neo liberales y rnonetarislas aplíc,adas en casi todos los países, con indcpellClencia de s11 tipo de gobierno, redu¡eron la partícipació11 de Li 111dustria en el PIB y aceleraron la des1nvcrsión púbhca y privadn. La s1cg11nda cnsis del petróleo, en J979, y la 11ueva recesión intern:icional reforzaron las tendc11Cias inflacionistas, aunq11e ~Sl/1 vez lit s11b1da de los tipos de interés, anmentada por la dc:manda de dinero 11-t'SCO de la econo1nía norteame1·icana, desató la crisis de la deuda externa. El ,:fükudamiento supcrab;:-1 los 200.000 millones de dólares si sólo se cuenfa el

sector pi'1bl1co. o los 35(UJOO sí se consi Jcrriba d t:11(kud11rnicnto pri \·aclo. Los mayon.:s ckudorcs <::Tan lvkx1co y BnNI. con 100 000 111illrn1cs de d(íb_1·,,s u1c!a uno, y Arge11tina, 50.000. Ei1 1990, kl deuda nscendía a 41..\.000 rn1lio11es de dólares, rmc11trn.s que los atrnsos e11 el p:1go del sei-vicio eran 30.000 m11lo11es. E11 ]981 se acabó el optí1111s1no, cua11do la situación ele !a balanza de pa .. gos se complicó en casi toda la región y a11ment'.lban las dificultacl~s para H> negociar ]a dct1da, un fcnóme110 paralelo a la reducción ele! c1·cc1m1ento ec_onómico. La caída de 1982 fue agravada por el es1ancamic11to comercial inlern:-i.cional. En !Vléxico, la caída del precio del petróleo y la subida de los intereses amenazó el sistema ccunómico. En febrero, el peso mexicano se devaluó un 60%,, la pri1nern de varias devaluaciones que alentaron la fogac!e capitales nacionales y ex1ranjeros y provocaron la nacionalización de los bancos privados, En agosto, se anunció rn1a moratorn1 de tres meses sob;e.el pago del capital de su de11da externa, qHe se exten<lerb a l 983 Jnnto a Mex1co, Ar~ gentina (1 nrnersa en la c11cs1ión de !as Malvinas) y Bwsi\ (apunto de declarar ~na moratoria unilaternl) kníandd'icultades financieras y no podían pagar !a denda. La sublda en las tasns de interés arrastr0 a los n:s1antes países Y los convenció para rcnegociar la dc11da. Se inició una complicada negociación, con el protago1üs1110 del FMl, el Club de París y la banca internacio1rnl. Lo que fl principios de la década aparecía como una recesión seria pero manejable, pasó a ser una sena crisis de desarrollo por el colapso ele los mercados finai1cieros internacionales. El Fondo impondría condiciones muy cluras parn rcncgociarla deuda, a fin ele liberalizar las economías, ievalorizar el papel del mercado como asignador de recursos, en desmedro del Estado y sus subvenciones, e impulsar el comercio interna-• cional, reduciendo el sector pllblico y ampliamlo el privado. Las recetas del FMI fomentaba11 la reducción del déficit fiscaL el contrnl de los salarios reales, la JimitaCl('m del crédito interno y la disminución del cndcuda1~!ento del sector público, el aumento de la 1·ecaudación tribntaxia, la e!imrnac1 on <le. los subsidios y el supi:-:rávil de la bala11za comercial, que junto a los planes ele a~us" te mtcntaron controlnr la inflación. En Bolivia y Argenllna huho hrolcs lnperinflacionarios, que desquiciaron d tejido social y sin llegar a esos c~(rem:1s, Brasil , Pcn'1 -y Nicara"ua co110ci1cron tasas exorbitantes. La tasa media Je. in0 flación anual en 1980- ! 987 füe de! 166% en Brasil; del 299% en Argentina Y del 602 en Bolivia. En Nicaragua. los precios subieron llll l4.000°;{J en 1988, durante la guerra contra !a Contra. La crisis econ6m1ca, la Inflación y el ajuste conduy;ron a algunos estallidos soCJa!es, como el \(Caracazo)) de 1989 que ~e cobró 246 muertos, después que Carlos Andrés Pérez implantara rn1 duro plan ele aiuste que eliminó snbsid1os a los al irnen tos y al transporte. La renegoc1ación de la deuda partía de la premisa de q11e ésta debía ser pagada, a la vez que intentaba relanzar el ncci111iento sin perder de vista a la ha nea rnlcrnacíonaL Así, hubo algunos ernayos para formar 1111 Club de Deu . , dores Opara coordinar la política económica de los disti11tos países, pero estas estrategias y las de quienes crai1 partídaríos de no pagnr, e1icabezados por F1-


d:I Cast10. frncasarun. A finaks de J983, 15 países habían llegado a al;u~~ cm.sed,'" acue1:clo con d FMl, lo q¡¡c m1plícaba aplicar planes de aius1~: En 1984 Colo'.nbw Y Parngu,iy seguían pagando !us interee>es de la de{1da abo que no h~c1m1 los 1estanks países. El presidente de l'vléxico, Miguel de 1'.1 M:S. . drni, trato de negornir en mejores condic1one.s que sus colegas e intentó pa .. gar ri:gulmrnente los mtcrcscs, anngue sm obkncr beneficios a corto plaJA1S po l't 1 1cas de _austc1·1'd d y a.inste diero11 sus pnmeros rcsnltados en 1987zo.y aumentarnn las exportacwnes debido a las maquiladorns, fobm::as de ensam" bfo.Je.ub1cad~s en la frontcrn con L;tados Umdos, para aprovechar ]os ba·os sabr¡os ,mex1c,anos y el mercado estadounidense. Carlos ,Satinas di.: Gorl~ri contm:10., eu lmcas genernles_. la misma política económica La accptanón por Mcx i,c:1, dd Plan Brndy, con una impo1"tant<c n::d11cció11 de la deüda exJei _ na, pernllt10 que~-! tema dejara de ser d principnl quebrndero de cab1.;za de ~us gob;rrnmtcs. H Plan Drady, lt<e1cdero del Pbn Baker, se dirigía a los nís<es deur,ores de renta medü1 y bu,;cnba una negociación i11divuI1rnliLa<la ta R1_ca, Vccnezneb, Pe1-ú y Argcntin;-i, entre ottos, también llegaron;_¡ acuerdos tavorables. ,,. ~11~to_;i l\·lfai,co, otros países tuvie1on éxito en s11s programas de a¡uste y r~d,1,n~ns1onnm1c;1:1odel E~wdo, 1m aspecto aco1apañado de la privatización de 18~ em¡:resas p1tblicas, que vanó de extensión y profUlldidad según los c;¡rn.,: Fn pc11s:s corno Argc::ntrnc1, b pcivat1zación de bs empresas públicas fo,; c::i.,: !ütal, nuentras que en l'v1éx1co, el sector cncrgétíco, fi_111dame¡¡\alrnente d petroler~'. sigue en manos del Estado. E11 Chile, ckspnés de la reslauración dcmocrnt1ca, se mantuvieron las líneas mnestrns de la políuca económica de Pn1,H.:he1,.mrnque dándole lllla dilue11sión social <le la que carecía en el pasado. Boliv1:i Y Argcntl!la logra1on contrnlar la mflación y comenzaron a ere• u:r. r.o: lo genernl_. ~n los p11meros años de la década de J990 se generalizó la <.:~wb1hdad Y se creo un cl!mu optimista que hacfa ver con esperanza el füruro has1c1 que el est;mcamtento de fines de la década, otro lustro perdido, acabÓ cu'.1 los sueños de _crecimiento y reactivación. Ese optimismo se reflej~ en las \:i/ras de la_rnvers1ón extrnnjcrn directa en la regió11 en los años noventa, con :1~ p~omed1? anual de, 5.3.500 millones de dólare~, concentrados en Argcntin,i, .bias!l, Ch;k Y Mcx1co. Argentina era uno de los destinos preferidos por to; 1nversures, 111 ia sitnació11 que cambió rnclicahnentc tras In cL·isis Je 200 1. a t:, punto qu:.ª co.niienzo,~ del siglo XXl es Brasil quien se lleva la mayor pa;tc Úé la mvers1on directa. _Si bien el costo social de los programas de ajuste ha sido cl?:·a<lo_ (cs:ancamiento, retroceso o abandon(l de programas sociales en CJCCLJCJOn, d1~~muc1ón _del poder adqt1isitivo de los nabajadores y aumento de la coui11ct1v1dad socia!), wiciallllcntc existió llll amplio consenso social sobre lo mevitab!e ?e su aplicación, basado en !a creencia de que sólo por ese n¡mrno se r~lanzana lH economía, ptro con el paso del tiempo y los maoros f~1 lt'.)S obtenidos se produjo un c;1mbio de opinión, q11c se ohsen;a en los r~fof'~noums de flol.1vw_y Urugnay, sobre el gas y el agua, respectivamente, gananos por los partidarios de la gestión pública de los reemsos naturales.

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3. La Revolución rnbana Edm1rdo Chibás, del Partido Oriodoxo, había sido d gran t1i1mfad01 de l::is elecciones de 1952., pero su SI iicidio abnó un vacío político, que cubriría Fulgencio Batista, que había pllrticípado del Movimiento de !a Pa1:, próximo al Partido Comunista, y que para agradar a Esrndos Unidos manifestó una linea anticomunista 1mcntrns aumentaha la represión política contra la izq11icrda. En ese contcx(o, Fidel Castro organizó, el 26 de julio de 1953, el asalto al cuartel <le Moneada, en Santiago de Cnba, la segunda guarnición militar del pnís, 11na acción que sería el inicio de la insunección popular para tumbar a la dictadura, pero ,<,u fracaso reforzó momentúueamente ai régimen. El aumento de la represión aisló a Batista, qne en 19)4 fue designado presidemé' tras mms elccc10nes sin compekncrn, q11e distemlicrnn la vida política, giacias, entre otras cosas, a in libera,,:;íón de Castro y su partida al exilio. En Méx1cu, Castro organizó la expedicilm <le! yate Grammr1 CjllC desembarcó en Cuba en novicrnhre de [ 956. P,;se a su derrota micial, Castro y su Muvimientv 26 de Ju .. Jio (M-26) crearon 1111 foco guerriHero eu Síerrn Maestra, provincia ck Oncnte, ~1nc seria la base del Ejéroto Rebelde. E! tvl-2~ hlJbía s1:ir~ido de la izquiada del Partido Ortoduxu con una ideología ignal!tana, sociahzante, na• cionalista v autinortcarnencana. Mientras la guerrilla se consolidaba en la siena, la of)osición urbana también creció y comenzó a desarrollar an:io1:es armadas en tus ciudades, en 1m u,nti;-;xt0 en que la represión contra los militantes antidiclalorial,::s no dejaba de crecer. En ! 957 la guerrílb de Castrn lrnbía logrado una cierta entidad, pcrn nún no estaba en condiciones <le impulsar la 111surrecc1ón que acabara con Batisia. S11 propuesia de huelga general fiacasó, en medio de la indiferencia populc1.r y por la falta de apoyo de !ns SÍk di catos oficiaiisias y comunístHS El Partido Cornum~rn., cmmcido corno Particlo Socialista Pop1 llar (PSP), rechazaba la tác1 il'.a insnrrecciunal. Lentamente la gnerrilla salió de su aislamienm gracias a una ofensiva militur en los llanos, con quema de cañaverales y destrucción de: cosechas. La apertu1·:1 <l_e dos frentes guerriileros, al mando de R::1úl Castro y Juan Almeida, y la coordinación de hs a,:ciones militares por Camilo Cienfuegos y ErncSlü Che Gne-vara, consolidaron el avance revolucionario, mientrns la mtegración de rnil_itantes del PSP en d M-26 aim1entaba la agitación mban,1. Por SLl cxperia::ncia en la lucha revolucionaria y sn mayor protagonismo, los cuadros n¡rm11iistas ocuparon puestos claves en ~1 !vf-26 y controlaron el EjércitG R~helde c,on el aval de Fide! y Raúl Castro. Este es 1mo de los elementos que expi1ca el rap1do giro p1osoviético de la revolueión tras la tornad~! ~oder. _ . , . . Eu julio de 1958, el Pacto de; Caracas consolido la coal1c1on ant1-Bat1s!a y aceleró la caída de la dictadura, ya ~in apoyo d<c Wa~hington, que desde abril no le enviaba armamento. En zigosto comenzó la ofensiva final y el [ de enero de 1959, con el pueblo en la caHe y cnaibolando las banderas de la moralización, el nacionalismo y el antiimperiahsrno, lo~ seguidores dt. Castro tornaron La Habana. El respaldo populnr del M-26 le permitió a Castro hacerse co11 e!


con1r.°l de la .,ituacíón parn 11npub;11- fra11sll.,rnncl()ncs polít1e-1s , . , 1 - .-, cc~rnuJ~11C1L'i._ Cnmeutó JSÍ un procc;so ne\ olucmn:mc,_ c:irnctc¡ 1;iH·1;, · :~:-,1~-C~- Y d1c1ondl m1c1onal1srno cuba1m y con un grnll consenso entre b , 61 ,t· , ,. l t_'.c1c1•1bargo en muy· . (, (' · ¡.o ,ic1on. Sin ,' ~. ' poco 1ernpo .. astro 1mp11lsó un giro ,mtontarl(I de un __ " c_o¡newdo pcrsonahsta y marcndo por su !ickrazno " 511 ,:ari::;rn- '¡.•¡ - __fne.t,., rnl1·1110 j ¡· o J d. -· dllllllhp(' , . ~ . y e_ nacmna ismo se convirtic1011 en los ejes dd discurso r··vol 1. -~ano_(_«Patna o '.nuerte)) :s la pnncipnl consigna del régim:u\. <~lle 1 oe ,11aix1sn10-!en1111smo, y (.asfro señaló qnc en e,,¡,, , 0·1·0 ,,~ ,, ¡· · · · -·" -"'" ~,., 0 , < ia ser revo] c10nar10 s1 se era comunistn_ Tras su mtegrnción en el bloqw.. uuso en 'h ¡· · , e ~ovic Je.o Cuba ,p ~ mar\ a po iticas igualitarias parn constnm el socialismo, un 0 {l-eli d 1 q~_,. _t~davia no ha. remmcwdo. Algunas explicaciones rnsisten en<) i 'v~ oposic10n n_orteamencnna al rumbo socializantc ele la Revolu\';<">n "Xp[J_i e Ll, "iro prosov1ét ¡ · " '" ica e o C· , e ico, pero o cierto es que e~tas tendencias e~rnban respal<hd· . por ,l\~t\o '; muy asentnd_as en pmte del núcleo dirigente del M-26. ' d~ . Las cmersas tendencias que coexistían e11 el movimiento rev)! -· .. · flinon controladas por Fidcl Castro. En :ms comienzos la revnluci~~1-~t~nclli? en la bmg_uesía mbimR, ya que los obrero.~ urbanos Y ru'raks y los ern¡~c:~~y~ Y.tnratemen:_cs azucareros no se implicaron t'n la lucha contrn l{'ilista A anos 1 c'.p,i_os '.1~,19)9 había renacido la vieja Revolución cubana, w;/su~ b.antr'.'. 1 ndcmnc1libtas, mor¡;lizad~rc1s y anlldictaton:iles, que fue cnnvertida por ~o ;n,una l;~~lucion sncrnl, que co.n sti giro prosoviélico geueró graves~,~~:,·Je ºS .,,;lados Ul1ld?s. Hal¡x:nn Donghi señala <¡lle Jo novedoso de e , slluacwn no era el autontansmn, algo frecuente en Amé;;"~ L", ,· · ,marchaha ·, ¡ l ., • "'" <1ma sino ·1 re Í ' _,'cm. a revo UClon social. La negativa de Castro :i institucioH;lizar ¡~ - vo ucion y '1.convocar elecclOnes respondfa a s1i decisión de a , ,· iumborevohicionario.En 1959tuvieronluoml·, . , , ¡· m ntenerd -., ,,, , ... . . · .,,, c1spnmerc1sreormas,detono reop~ 1,1sta,r ~scasameute rcvoluc10nanas, seguidas de la nacionalización de m-

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. i:ses ncrtearnenc_anos y de una reforma mbam1 que rebaió Y congeló los 1qullc_re~ .. ~s:as ~iedidas se co_mpkmentaion con campañas -de.alfobctizaciói: y un~et s~mta'.l,cl que garar_it.i~aba atención médica a toda la población. Es1a mo Lerac:on mi~ial 1e permll10 al gobieino ampliar su base de apovo popu¡ar fue_controla ch' por _,io" venc~ , -, tecnocratas, · - , ..a ,economia . con cxpenencw 11 <>rga'. sn i?s _mternacionalcs y partid anos de Ja indnstnalización v el des'HT~~ 11o,i,no6Jellvo,¡uescalcao·" -', ·d·rnnte ¡amtervenc10·,, · .,¡· ,,<liiam'" ""l"l"i" do"Jm" · 1erno. Pero cuando el Cl , e .. , '"·''-''-' yamprnn"· d ,.,rcat- ¡o rn -, ll: _tlh..VMa Jc>umm el control del sec 1or l11 ustnal y bancario, desde dom], · l, l' 1 ,, en mnrcna , de •su··b' • . e meno a puesta o ~etivos socializantes, esos objetivos foeron dejados d, i" 1 G ., _' , ~ unpl·mtard. 'd .· ' ' '""'º· uevar:i.qucna h b/ d pl ai:nentc el socrnhsmo y en sn búsqueda del <shombi:e nuevo» a la que estruir la economía de mercad 1 ,¡ · , . .. . . mater,,J ,, ,, ¡· . ( Y e mnnar cnalqwer mccn!lvo 0avn(werooenespecie ¡w ,., ~ . [· ¡ l ·s ·t' ¡ ' ' ra kernp azar os pnr incentivos mornt~r~]~; ;:;:m arnn_~i producti_v'.dad del traba_jo, pero Ja experiencia fracasó. , d _ .e-el Rodn,.,:rcz, un dmgente cornurnsta vinculado al casti isrno ao· 1es e 11l1Lm10 revo!nnnna O •, , , . • , , . , _ 'n , se moslrn contrano a! mdustrialismo de' \/nevara, ya que era part1dano de un mayor gradualismu, tanto por la falta de ctw.-

dros parn impulsm l:i política dd Che, C(1rno para no ,mmcntzir el número de los enemigos de b n.:volución Si bien no fue esnichado, los l'r:1casos condujeron al aban<lonn de la mi..lustrializaeión y en un giro de 180" se volvió :1 explotar algunos productos primarios tk baja productivid11d, como el níquel. Comenzaha asi una constante en la política económica castrista: los continuos vaivenes entre el plm1 y el mercado, entre rnrn economía centralizada y otra que responde a los estímulos mercantiles. En l <)fi3, en un 11uevo golpe de péndulo, Castro rt1scató al denostado sector azucarero, del que debían prove~ mr \os recnrsos para financíar a la revolución, scilalando que en 1970, {(ario del esfuerzo decisivm}, la economía azncarcra, a pleno iendimiento, nhiendría una zafra de 10 millones de toneladas, algo inédito en la historia de Cuba. Pese a los grandes esfuerzos realizados y a la gran mnvilización de hoinbres y recursos no se pudieron alcanzar los objetivos, pese a que la cosecha de 1970 fue la rni1yor de toda la historia. El curso errático de la política ecouómica, u ua vez a favor <le la industria y otra de la agricu!tma, con sus dilemas entre lns incentivos morales o mataiales, es causa de la difícil situación actual, ya que la crisis estrnclma! de la economía es anterior a la desaparición de la Unióii Soviética y sus ayiidas a Castro. Estado~ Unidos, enfrentada a la U111ón Soviética en la Gnerra Fría, veía con preocupación el rumbo <le la revolución. Ratil Castro, relacionado con los comumsl.as antes de la revo!11ción, controló el aparato militar y fue puesto al frente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, heredero directo del Ejército Rebelde. La desaparición de Camilo Cienfuegos, en un dudoso accidente todavia no aclarado, y el encarce!amicntn de Hubcrl Matos, at'.abaron con dos de los coman<lanles revolucionarios más populares y que p(l(lian n1cs1ionar el rumbo de la 1cvoluci6n y la gestión de Castro, En enero de l 960, los dirigentes obreros opuestos al giro prosoviético fueron alejados de la dirección de los simhcatns y en su lngar se mstaló a antiguos cuadros del PSP, en smtonia con la cúpula d'irigentc, Castro se centró en el gobierno y tras un mes de funcionamiento del primer gabinete revolucionario, cesó como pnmerministro al modcrndo José Miró Cardona. Enjulio, tras la renuncia del presidente Manuel Urruüa, otro moderado, uombró a Os val do Dorticós, que se mantuvo en el cargo hasla 1976. El Func10rn1miento de tribunales de excepción para juzgar los crímenes de guerra y el pedido de Castro pma cambiar e! sistema 1rnnamericano y las relaciones económicas entre América Latina y Estados Unidos, terminaron de dislanciar a Cuba de Washington y de América Latina. Cuando Eslados Unido.~ quiso presionar a Cuba con la amenaza de suprimir la cuota azucarera, su principal fuente de divisas, se acentnó el conflicto. Fne entonces, en febrero de 1960, cuando d delegado soviético en La Habana se ofreció a adquirir todo el azúcar necesario para sostener al régimen y desde entonces los lazos enire Cnbil y la Unión Soviética se estrecharon. Una parte del exilio cubano en Mi.ami, con el respaldo de la CIA, comenzó a consp1rar contra Castro y en 196 l invadieron la isla. El desembarco de Playa Giróu (Bahía de Cochmos)


~ ·

~~e _mi dc-sas;1~- ;·."i;~--~olpe ;;·iu ·~-¡ a~;ic~-5·;;-s·;~~o ·-

C,la¡bolar Ju lx1:1dcrn dt:[ :mrimi¡iefr·h•·,no , 'q "perm1tio a Castro " ·" • 8Urnenta1 sus ·1¡,oy · na 1es Y mostrnr la solidez: J,, ~ll j)O'· ·, - · ' ' ' os mternacio. · ·· ,,iuon Yi'ur no bastaln e d 1 a 1gunos Clell!rn de hiJrnbrespi.lP ¡,,""'r[ ' un escrnbarca, [ [ . .. ""'""' OC,1t:r. · :", trnrntll de la revolución fue un •-•stímnlo .. .. . 1a 1zqrnerd:i ms ml lar "• Pilta " moamcncr1na, qne i nspinda ~, d . ' · urrecccio .. uu~. ·¡¡ - ' en"' n10 elo c:ubano mk·itó f "', vt n c:rns nirnles para la co1H¡uis!f! del poder El e. CT l ! ', crear oc oc, litkvarn pre11d1ti en América Cuntr-,j (Cuat . ¡ J T{1P O( e Castro ye] Che (la Rt:púh!icu Dominicana) c1110/A--"d' a y ; ondmas), en el Caribe .,., ' " " , es. (, enezuc,a . PciiioBohvia)yenBrasiL Ena]cr,,,, _ · , C'ol -• om b.1a, r~cuador ... ¡ · co' ,os ca!;O:, 1J convergen-· d.¡ · . ' ¡e,o m:wnana. <ld n'.1cÍon,ili~mo antirn . , 1' . Lla "' a lZCjllléJ1Ua de la !ucha arn~ada llevó a cr:, ..¡T pm11d,1'.Jcria isla .Y de cnstrnnos partidarios "'' '·-.,., )S .. proc.:astnstas ([lle 1 , trn(1cc1onco11Jospartidosco l ., --,. , innonenconrnada. A fines de: 1%4 d :om~~~:i~~tc1~l 1,JH¡;;ov1c:t_¡cos opuestos a la !trcha ar. -• . , ' tJ ,1 tnoamcncano cdcbco· . . ciasen eta en [. a [·f••l;·,,,., una '-'- '-'- ' p·,,, ' '" ct·isc11tfl' 1a n -·[ d l ,' ., . conkren• ' puso de manific:stq la~ pnsn.iras enfrcn!achs 11;;D0 do º_-',lil ievohic1ünaria, c¡ue do'¡· r ' ' · · , - c:s e entonces ~¡ té gin1cnre· ()0Sllscsiicrzospar:,cx¡JOt·hila, j _ ,,e ' ¡9,¡ ' ic;v011cwnalcontmert•'0 ., . U:.' "J se rnunió en L 1 l·bbana la p , , ,-, .. , _' · Y d coinicn2os ·¡¡¡¡ rirnerc.t .ontereiiciafncont l ld · Id i arrt ili cvolucit;nafr¡ 00,. Sl)O 1 1 inen a e So,, ' tccvMosde b 1•11 1 vo!ttcwrwrios de AsüL Afi ica V i\rr .. ,t. • . go .,ie , os Ymovnnicntos re~ .. , ·, . · _ , - ,IDf.C<l 1,atmu. f:n 1967.~ccrf,[• OI . (( )·, 1g2iu1,ic1on LitJnoamcric'm•i Je s·· ¡ 1___ , d -" d .,AS • , ' • , u ti ,ntc,a ) "Uye pnrn"-" ., r'.1º 1,! _rnpt! !1'8 entre el ci:;trismu rc:rnbcrnno.ri _' ~' _r _ _ _ ~i" l ui111rn1 plast,nnbien puso <le rrwuifiesri1 la voluntad de las ~-y,c, '.~''.'.li1lhlllU corn_un1s1a y lnt1 nNtrn1..:r1cl).nfls de: c;i( icrnlcr b !u 'h, , - 0 gam1.ciciones revolucionarias ' e B dlTllB(1ª poi-el campo y las ciudades,

',\na

e,

4.

a autoritarismo militar y Las transkfones a !a d

, ernocrana

4.1.

Lkspu(i:,; ik l::i Revo!uc1ó11 ctilnna y ante el ne , ,, , _ todo d c01i1mcnte. el 0uobi~rw, ,¡, W· ·h· sgo de que se extendiera por • , " ' ' ,e a~ mntouas1'-'nóal)·~', ,g1on1111pupelesnbilizaikv. ¡,,,·,;.¡ . ~ _ "' \S,.JcfCHosdelare~ . ' · '--,d mente 1c1s nu·-,v•i,· ¡, ,.,, A 1ianza riarn t:J p . d ' " '_, ,i, c,1., sso vi ncu1aron a la · rog1eso, e modo gue los ·1 1 _ 1 b. . masdcaccióncívicnvpokn,··i , · milaJes{c w111mpulsarp1ug1u, ci, r sus contactos con¡,.,,. m·, .. vrnecer el de~arrol!o _ , .. , " "·' • Sdéi rura 1es parn fo, ' econo,mco Y Silcial A fin de consolidar Fuerzas Armadas se destmaron rnillones ele' , -·. el pape! d? las .lll(\~ de Estados Umd"" ¡-¡~e~ ., _. 'dolare~, comer1zando por presta• "~, ""'r~nova1ea1111ai11,,t 1 s b tnvu efL~ctos 00 ,¡e,,,..,, 1 ,,, ,,. , c.i O • m em argo, el rearme 11 121caiv'raa ~ ' "~'"'.,,vi"º · · conflictos limítrofes y·,_, l 1. ,,,~¡ , . m,. mentistica relac10nada con los 1 1ospai·e·v"'· . " " "'"'"(,enie citos tenían coino su [JmKip , 1 . ·d ' ·' ~ cc!nos, ya qne todos los ~jér. '" supue~w e mt"'rvenc 10· ,, . -, . za. \,\¡ashnwton gu 0 r 1•,., ,.., 11, 1.11 ., . n tm" agicsion frontcn" " '"'"' ' ' , 0 n lllla 1UCr?'i l t 1. , , • te, una idea bien auogidél por los ···C·, . --.' ,mi i ª pana,mc:ncana pt:rnrnnen~ J ... e;-; mi 1ltdl'eS, que veian en ella un medio V

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parn incienicnmr su iníluc:ncia polílica El proyecto se presentú n la Asambleil General de la OE.\ en 1965, pero 12 fuerttc oposición Je los polítiuos, temernso~ Je un amnento de la inf\nencia 11ortearncrieana, impidió reunir los dos ter cíos de los votos necesarios parn su aprobación y obligó a abandorn1r la prnpuesrn. Arne esto, Estados Unidos apostó por tratados bilaterales en maten a de,- defons8 y la cuestión mditar se convirtió ell un iema central en m1as décadas twbulentas. La defensa se planteó en términos de seguridad y desarrollo, aunque para los militares era más pnoritaria la segulldad que el desarrollo y la ecuación giró en torno a la docl11m1 de la Seguridad Nacional, dabomdrr por los estrategas e ideúlogos de los ejéi i:ito s !ali noanierú.:anns, más que por el Pentágono. Li dorn"ina surgía de la Gnena Fría y de la Revolución cubana y partía de la premisa <lel enfrentamiento total entre 01 Íé~nte y Occidente, entre el ateísmo m2rx ista-k11i nisia y los valores cristianos. La primera inrervención de E~tados UnidPs posterior a la Revolución cubana estuvo hg;ida a la isla, aunq11u cm la fr11.c;trf!d11 invasión de Playa Uirón no participarnn directrnncnte l'uer-zc,s rcgulai es nortea rncricanas. La segundn fue en la República Dominicana. Las ckcciones Je l96'.2 las ganó Juan Bosch, candidato del Pnrtido Revolucionario Dominicano (PRD), acusaJo de izqnieidisra y que sólo pudo gobermH siete meses ant0s <le su cese, En abril de l 9ó5 un gmpo de coroneles, liller11dus por Frnncisco Caamaño_. y de seguidores del PRD, n,-eslablectó a Bosch en la piesidcm:ía. Este acto se c<_\nvirtió en el detonante de una gurrra civil que acabú con d desemba,co de 21.000 marine.\'. Si bien kóticamentc era una misión panamericar,.a mandado por un general brasileño y aprobada por la OEA, lns tropas eran rnayoriwriamente norteamericanas. La cercanía gcognific;:i y nonológiea con la Revolucrón cubana explic-an la contunde11c1::1 ck la rcsp1icst:i de IIstados Unidos. La !legada de Administración Cmki supuso un cambio irnportantc hacia América Latina, especialmente en matet·ia <le tkrechos humanos, a11te las vulneraciones constantes de las dictaduias milítmes. Sin embargo, Ronal<l Reagan dio marcha atrás y adoptó n11a postura bdigcwn\e contra el comunismo que otorgó mayor cobertura n los icgímenes autmit:mos. En octubre de J983 lo.s marines invadieron la pequeña isla de Granada, en el Caribe, independiente desde l 974 y gobernada por el socialista Maurice Bishop. El problem;.i era la participac·ión de técnicos i.::ttbanm en la construcción de un aeropuerto, dt: posible uso militar y cons1dern.do una 11menaza pnrn la ,qeguridad de Estado,; Unidos. Junto a esta Jn\ervcnción directa, la Administración Rcagan se hizo pre&nte en América Centra!, donde ,mnó a la ((contra>> mcaragüc:11se y se implicó en el conflicto salvadoreño. La úHirna inten,·,~nción militar directa ocutTiú en d!C1embrc de 1989, cuando 24.0()0 soldados norteamericanos invadie .. ron Panamá para capturar al gencinl Manu1el Antonio Noriega, acusado de narco!ráfico. Ya en els1glo X..'<l, el Plan Colombia ha visto 1n pres,~ncla de asesores inditares norteamericanos en ese país. Las misiones de las Fuc:rzas Annadas no se limitaron a proteger sus fr011teras contra las agresiones ex.ternas; de forma progresiva se itnplic'áro11


, ¡, 11:rvcnnt'1n de las ; , ¡, ···.," indiid /\aunnal coutemp 1,1 c1 111 • · . d .)~ 0,t_. ' ·\' .. ,· ., .01110 g; 1nml<OS ck ull! .. ,. •d· .. ,]•10iiliO.:ai1i1Cl,llli!l.,1,lsill1,ibv\, •· , -_, fuctni) ArmJ ,h '-'n d 1. . .¡· .. , . \e coil\'kflen en mb1tios _,,, cons11t11ciOTW,1 1OSllhil,llc~-' , , iiw instancia\ 11 e uil,con · , v hs !ormas uia;; mi1C·· 11 '., '' , ''·1tcnlrncntc e 1 mornen , de In sftuacwn Y (leClc1en, ,1111 1'' ' ' '... . l•ich:1 contrn la su1wcrsion , ,: , s "un sn punto e1<o vista, en 1d , . ccwdas ele aclud\,,On. ,_e"' · . , P'''' !a intcgndad de IJ ¡ . -, \a guern 11 a s11pon,, '" a !a vista del gn1vc pe igio qu,, , . , lº ~eél i!eoal Estú lkgó a Y , ¡ d, luch"i es va1ll1o a1m,jl" ·' · "' Pnlria, cualqn_ier n:1;toc .º t , . , ' l: , (](•,/echos humanos a través de grnst em<1llu\ \ e 1·0d5 ., -, ,¡ .,.,,..,,estro la tortura, e] ascsiJ,m;lificar la .violac1on si, pohcPl··s y me ldP e" se.__,,, , · para '· '" · ct· ·, 1 . ,, ,·,~ntcs del terrorismo de P os pannrnlltares ·o ., ¡ rsomt5 1·1s is mas a " nato y la clcsapancton e e pe · ;'.' ,,' · ,, " ., Í)esdc m.::diados de la décsda 1 1 , ·ca·J-,lSuryArn,ni.;a 1 .cn1<1. , Estado en Amcn ''-' ., ' ~. onaclahornrdocl1Ínaspara_¡us" 1 de 1960, los militares del Cono S~ir_ cm: "',nzar ~,,· 1a n::presión de los moví" . ," en hpolil!ca m cina Y" , _ tihcar su 1:1lc.:rvcnc1on ' · , · , ,,¡·,ct,,b'm la P-llerra mkrna ¡ s a"gumen1os C'¡llv " ' '· .~ mientos populares, aunque do '. , .. t;cic,turado sino un conJtmto de ideas , Clr'rpo de octnnd es ' , ¡· nm1c::t 1ueron nn C ' ' l)octnna de la Seguridacl Nnnonal. .<Ste cordifusas luego como 1orsusccco.,1v l , "Pr""º;"O' ,¡uc por sus defrn1, ,conocidas -d rr ,,._,,,,, ,, · I pus era rnns fanl de 1 en 1 icar 1 ' · l d , ,,,Ti lllfc'rna difeiente al de . , · , lePÍ.'ib·,1 e.] conccp o e ¡,u.... , ' ·' ' c10nes tconcas Y pn\ i é º _ . -,, , , ;terior foc imp1.icsta por los .. 1 L •J, le gucrr'l <:uc1a S!l111"lt a 1a al , uuena e1vi . a i val · -' ' _. J "lt , J ')87 Jnnto a dlos, hubo 0 . . ,· , que uohcrnnrnn entic :, ) ) . irnl1tares argen mos _'-~ l .. ,¡, po' ,,i dureza re¡1n:s1vu, como e1 , d. 'l' torn1cs carJc enza,\,~ ' ·' otros regnncnes ic d '. . · -., b" .-¡ 'ño~ v urngua.yos. Frnc precisamente el de Pinochet o el de los_m1litaics ldlSi t. d·· 1",, ¡¡ ,,'n"J.,i Opernciún Cóndor, im • ¡· alnnpns01e"""'. general Pwoche1. e P1mcip · -· de ia accihn represiva. ~' _ . d ¡ Cºconliucntaldecoon1iu2c1on ' · , seno rntcnro e a can '' '· . d , ¡ , Velasco Alvarado en Pern, , l ,, comolnsimpulsa o,,,por.ua11 , ·. _ _ . Algunos go pes, B . ob,etivos re!onm:,las Y 0•,,m 1970,1,," 'T ,, en 01viaen ' J 1 Í cnl968,yJuan.osc ~ne~.'.. lentabanevitmclestallidosocia!.Deahíque 1 11 nacionahstas, aun_que lmn__, ~ a. El <,obícrno de OrnarTorri_ios en P'~n'cl· se les diera una etiqueta J,:, izqin~n\ s .. "' , ,_ ,, n·icionalización del pdrnko , ,, , · ·¡, . a los antcnores, ya qllv 1" ' . rna podrM asmli <11se' · . . . d" ,, orient.J.CÍÓll nacionalista y a11¡ Panann ~on r·¡emp 1os ~ 1' l peruano o el cana le ' '. '· ·-, .., ¡:· ~-onexcv¡icwnesalanormage.. . ¡· ~-t :,; oobiernos nn 11tmc~ ue, · • trnnpena ista \1e ,,s O, "' _ ' . . ,,,,t~enss;s si hien rrolpes pos,e1 1 ~~ns1ones cn 1as 1iJsc,.,,, · ·,· ºnera! que pro_vocaron ( Le . , ·t "oobiernos militares tan atípicos. • ',, c]1umboimp1lCSOu"' -d id 1 nores corregm" 0 _ _ J· A ~ ·a ('entra\ pm ia mtens1 ac e os •pccinl fue e 1< e 1m:m., · · -· Uncasomnyc~ .' .. ·· ¡· .. ,-t"i·,FsrnctnsUnidoscnunaregion . d'vhmleivenuon\n<.:ca,c..... ,. coníllctos arma ns, ' . , ,¡ , _.',uico muy superinr al de Arncnca ,,nt<gono - tiene un va1ur es rad1""' N·,, .. ,~,,,,,,., .,mnulso, él ¡ne hil que para e11 ~ "· 1 ' d' · •1 1 po eren ""V del Sur. La llegada de 1 s;m uusm~' , ·,, s inl:n,wrncnte, en (inate0 0 '1 S ¡ ackr y·tan1bie11 ' dnnq_uem . 1 , . ' • ¡·¡ ,¡, 1,w de ]J SecrundM g m:rrillern en 1~ ,_ a v,b- ., ) ' t· ' l: . , aqrn se ap 1 1co 1" _ 0 1 m::i.layHonduras ~ H-;ll <1m>ien'l bo¡'aintensidachl quetenchaa. I '\' . I ., l· l-'oríade]<1con icocc · ' _ Nacional, preva ec1o ª \, l1 "'cnpk brole ouernllero. Los ,r, cramayorquee_ceun~, · '"' reconocer que e1 pe igro d -, , , , ,,,,llWS ncc•ociaciones de paz, en , tefucrnnsnpern o.~c\,i,,., "' conflictos Jma 1men ' . ' · , 'tieron el rscsli1blt:cirniento de Nicaragua, Guatemala y F,l S2lvador, qnc pcnnl

La Doclnna

c:1 los c011ilictns ¡roli!i< os inlcrnns, cspc>culnwnk ,:11 ]¡¡ luchn contrain:;ur~entc y anli~ucrrilkra, u11l11.amlo b doctr1ud dd cJt:rCJll' francés de fas guenas colo11ialcs de Argelia e Jndm:hm:i, que; rn1plicaba el rc•curso sistcmútieo ;i la tonma, a otras forma~ de rcpre.~ión pcnakgal y al !enonsino de Estado. Este baga_je permitió el desarrollo de la Doc1riiw de la Seguridad Nacional c¡ne dio soporte polilico y opcrntivo a la repre~ión. En las década~ de 1960 y J970, los golpes rniliturcs fueron la norma, pero yil no ern un gcnernl, o un coronel, qne apoyado por sus camararfris conqu isla ha el poder, sino la corpornción rnilit:1r la que intervcnia en política, gracias al desanollo de ln concienci,1 corporativa entre la oficialidad, la burocrntizGción militar y la parlicipaci óu neciente de los militares en la economL:i. E! inkrvcncionisino mili lar no partía únicmneule de los cum teles, smo que er:i fomentado por alQtmos sectores sociales, anle l8 rncapaci<lad de los pmtidos políticos y de sus ;Ji1igentes para garanlizar la gobernabilidacl Atgnnos go!pcs eran propiciados por el gobierno de Estados Unidns, pero era mús frecuente que los golpi,;lns buscaran lfl aprobación de !a r;mba_iada norteamericana lrns la quiebra del orden constitnciornil. Los regírneni.;s militares establecidos a pnrtir del golpe mihtnr brasileúo de 1964 se corn)i.;ieron como burocróticos-uutoritarios. La doctrina brasileña establecía que los militares a paitir de su control del npnra(o del Estado intentaran completar 18 industrialización. mientras la administración del país quedaba en manos de los lecnói.;ratas La ali::mza entre los mili.tares, la hurocmeici y el pode¡ económico, apoyada poi las é:mpresas multinacionales, otorgó su impronta a muchos paíse.s de! continente y permitió a los militares controlar puestos clave en bs empresas relacionadas con la defensa y la seguridad nacional Su conlrn] hizo que muchos militares desarrollaran un discurso nacionalista, prolecciomsta y estatista, próximo cd populismo. Las elecciones peruanas de 1962 las gnnó Haya de la Torre por un escaso rnnrgen de volos Descontento con d triunfo de sii enemigo, el ejército qniso impedir el acceso de! APRA ctl poder mediante un golpe militar, inicialmente rechazado ¡,or Washington, q1ie retiró a su embajador en Lima, aunque St: ter-• minó plegando a ]a política de hechos consumado,; dcl ejército peruano_ Este inknlo de imponer una situación de facto u] gobierno norteamericano foe una constante en los golpes militares, aunque el golpe que derrocó al presidé'nte brnsi!Clw JoBo Goularten l 064 c.:ontó con una participación mús aclwa de Es•• tados Uniáos. El Estado Muyor brnsilcñohabía ricsarrol!ado un plan coherente. pma la gestión gubernamental, el desarrollo económico y la guerrn preventiva contra ]ns movimientos revolucionarios. El ejército brnsileño fne de los primeros en plantear el concepto de gncrrn revolucionaria, relacionada a la expansión del marxismo-leninismo en el hemisferio occi\lental. Ernn guerras intcrnils que se convirtiernn en el pdncipal supuesto de las intervenciones militares y que abrieron ]ns puertas a la intervención de las Fuerzas Armadas en la represión de los movimiento8 insurgentes y de los partidos de izquierda en general.

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-,~':'f:tf l 4.2. La transidón a [a democracia Al comenza1- !él década <le 1990 todos Jo;; p;,ises latinN1mc:ricm10s, salvo Cnba y Haití, tenÍim s1ste111a3 po]Í/;,cos que podían definirse corno democráticos illlfülll<' die;; arios antes sóln Colombia y Venezuela, en Am<':rica del Sur,jll;it~ cen Costa Rica y México, se encontrnban en esta silW:!ció.r1- Los procesos que

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gohiernos democráticos han

sido denornilJados como de transición a la democracia. Un primer grupo Je

!ransicwncs correspou<le a los países dcfi11idos como burocrático autorita. nos, donde encontramos las trnnsic1onts más temprnnas de Argentina o Uru. guay y la má.5 téirdía de Chile. Esrc grupo tmnbién debería incluir al Brasil, aunque las diferencias son notables. Mientras en Argentina el proceso electoral c,-e inició después de !a derrota de la Gtterra de las M:1lvillaj y sin pacto alg1mo entre las principales fuerns políticas (wd1eales y peronistas ), en Urnguay se pwdtúo una transic1ó11 prolongada y controlada y en Brasil, ejemplo de tninsición pcictad,1, el partido de! régimen gozó durante nn tiempo de un apoyo electoral signific:lli\-o, algo inexistente en los u1sos an!enores, !o que k sirvió parn ürganizar el rnmbio de régimen En buena parte de los caso, mencionad,is ya se ha c<msumaáo h alternancia, lo que implica qne los nue. v1)5 gobenwntc~' perteneseu 11 partld os diferentes ;1/ de qnienes les entregan el poder _y en lo~ primeros ufl0s del sígJo XX! $e huhl.a de nn giro a la izqmeda en América Latina, señal de una alternancia políllca e ideológica_ E1111e los paísc_~ d(>l!(k no se kr. producido a!h:rnancia ulgnna, mmquc las ek,:eio11es hwcionan normalmente y la oposición tiene garnnlizados sus derechos destacan Chile y El Salvador, gobernados por una coalición de centro izquierda el prirnero y nn par·tido de derecha d segunóo, Precismnente, uno de los pnutu.~ flojos <le las democracias regionales reside en la debilidad de los pariídos pulíti~os y en su pésima 1mage11 pública, !o que unido a 1n corrnpc¡(m y a un cinto desánimo han llevado en algunos caso.~ a que Jos votantes apostaran por sol(lciones providenciales o rnágicc1s, gene1a!mente a cargo de 01it-sideo; de la política, como Alberto Fn_iimon en Perú, Abdalá Bncaram en Ecuador o ff ltgo Ch:í vez en Venezuela. IJespués de ser denocad() por la «Revo]11ción Libertadora>), Perón se alejó dd país, puu vo de l,1 poWicil activa. Desde sn exilio madnleñ.o mcrntuvo el corllrol del 1rn1vimiento pcronista o jusliciali&h1 y &ólo ii1tentó regresar a la Argentina en 1972. lfo todos esos años, el peroni&tno y Perón como s11 rnJximo rcfere1ue flleron el p1 incipal factor desestabilizador de !apolítica argentina, con el apoyo s1n<lica! y de al rnenos un tercio del eleetowdo. E! general Lonardi reemplm·:ó a Pcrón en el poder, pero el general Aramburu ocupó su put:sto a los pocüs rnc,;es, \lll relev11 basado en !;i alarma qne el acercamiento en/¡·¿• el ejecutivo, próximo a lJ. derecha católica, y el movimiento síndica! p1> rvnisüi, causaba en el sector más liberal <lel Ejército. Arnmburu quería con-voca1 elecciones rápidamen(c, p<lnl normalizar el sislerna democrático y de¡rnral' crwnto quedaba de! pcronismo y pttra eJJo impufaó el rdoi-no a la

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--_-- ---_,-_ -- - --, ,, . , 1 ··;:-: m-:iornil, 1~~imbramiento ric dekgctdos (onst1t11c1ou de !S)J,'" 1 \( U P cp l . . . ,,,rsiauió a los prrnc1pales , , . , le'> en ¡0 , smd1calo'.,, a t1cn1po que 1-'-, "' , _ . _, aubNnHnkJ,ta _ _ _ 1 , . , l ,1 ciueno publ1carncnk sus , .¡( ere:, ,-~-"n";,,t,.s ¡lc;u-ahzóalJ\uudo.u~t1na11sHJ ' a.•v, cuJ '-'-' • "' __ . 11 ' 1 , -,t 1osdePeróny l'-vlla . simbolo~y osreia_ - , , _,., ---!~ladnraddgob1erno,elpe¡-\J1te L, mteusit 1cac1on ce b repion>n ~~' e \ t'·'nOl'ismo y comenzó una • ¡. -s •tencrn cot1~'Hrnt1Vd v c1 1 v • . rornsmo ,:ecnrnn <1 <1 p.c._i:s ,' · _' ~ d , -,,. ,, h cultllra pofülca argcnt1. 1 ·, " 1c rnfü1yo pro 11111 am ... n 1",.. 11 ' csp1rn! deo v10 enua .,,t _ , · stlr- el peroni:,mo no pudo n·J. Pese -a los objetivos U¡:; los 1111 i ita re~ a1111lrtcr:'~~~"pe;~ció11 del control smdi. nt , t1en1po avanzo en a rv... ' , , serdcrrota d oyen, ic 0 " . C t't yentcdel957apoyoe1voto 11 ¡-mcsp·dralaAsam,eu ons1u_ ..i...- l cal. l·,·.n l as e1ecc e .d ~"- del electorado. Su papel aiu,tra ·tun-cuwapore 11.. __,;o. F en blanco, Ullé.l pm ' " "' .. · . el lo u~ füe advertido por Artwo ron 1 9 aumentó ante 1m ra~1c~hs~ dn·iRd·'dº·'.. a 1\ sioetit<:o (UCRI).- enfrentada hllin10nCl\'1ca"1 i... c111 nr,n"" d 1.d··d 1 11 dm,~- ~. _e , ¡, d~lf'neblo(lT.RP),J?arncaptaralelcctorn ope_r~-Ja Urnon L1v1c8 R,ul.c,ü ". .. ,. -1• l"º cnmo la nac·1onalrzac1on . l ,- ·( is·<>ws·1r1t11mpena1s,.,,,, 111 sta, Frond1z1 eva,n,o en. '"" "· 1' -.rni d, ,1,, .. ,itos. pero una vez en el poder , , l·UCR!wJnocoric 4 ~-:,, ,_,, ... de\ pcnoko __ d "' . ,1 __ • -.. ,.-. · "On una pol111cadesa-. _, ., , • npu•s',l" !:1 lílHU~lflcl 1)/.«~ 10 0 " , . u!v1clus11~pm1ne~dsp,n,in "/ • ., oliticosdefrondrzty~me&1 . , ,_ -•riapatrnnol ,.PS 11,mc,vosp . . nol\11tc1,,lp(lfclGd pu ' -1 · , n',,·.,d,~aleS)' DCHltlL~tas, -~1nia' , lt:: re:a·,rnn ~ dpDyc " ' " ' casos !ogt()S economicos · '· _ .,- . , , . l l rnilit::ir El malestar c::1sttcnse , .. '"·•.vócnandoseqt1edo,,rn1c,,pa(O. · ct·,- _ c1\)ll c¡u~ :-e ,1 ⇒ 1- 1 _ , •. ,\e Id Ke,vol uewn cllbana y la act11ud MlO 0 arntH'PJ.orrnsclgiropw~o\ietlc · _ ,· ~ d- n-irmdel962.cuandoelpeI· "!('•¡<t"r<~l:r:,ekCLWll,;,5,er,, ' .. ,,:;¡ntedel-rem.u.id'l '·' __ , . , . ··ntreellasiaprovn1cw<le b , ¡,-¡,. l4goht::rt1<JC10uesenJ111.\,00 '" , 11 1 ro¡11s1nogano <~Je, . . , f d--sn sohierno Ladenotc1g;uoerna1 Burnos Air..:~. fueron d prrnup_io <,e m :-, ' .,;:;., i_~tiva A los pocos días, a'ic,1"e'5 " e t l l,,,1 )' ¡, [l['Rl ,odil10 l•J mayoru · menta 1 1c1e ,,, " .. . ,·• _ • 1·t, f-rnud1¿irc1rnncro. 1 hido y presionad() pt'f_lº" mi ,ir~~'. foc e!~;údo pr<:siden!e cn l 1Xi3 cou sólo El wd1uil ch:\ pndilo Allmo · 14 . ~bhnto de los peronistas. Su , . "'d,, 1 to"yUnlY4%devntosen ' · ei'b,JS.,o e b-· nanted¿hi,l,rncapazderc,;nlverelconfalta de apoyo I o COl1V\ftio en un ""º. er_ tro "ülpe militar cu 1966, en15r:i · y ÍIIC ckslltiUC1() pül 0 "" ' . -, flicto cou los pcron -'~· -_ l l' l· nte s:n Je.fe del F,jérc1l0. Esta ']'1 ·al()Huania ,,: .Ollllll](d · . 1 cabezodo por e1be e-i "' ' . _ _ ..,¡,« .,, alternaron en \'1 prest. d111. 111 J-¡ tinl vanm; 1'~éuc:1 ~ ~ 5._, . d\ct,idurannlltal,' ª "'' ,'.. . , 1 1. 1,,·,,11·,,Hbana tanl0perornsta · · ¡, · t~·1-~ll1t<r1once ag\e ' ' dencia.coinc:1d1{H;Of', a ni v< "' , - , 1, política militar.El general . . da contestacwn sücm 1 u "' ~ . nd t.omo marx1b \a Y u agn ,, . 1 'S pn· ,.,1 candidGtO peromsta, · ¡ •sen 19::, 7 "an-1<" '._, Lan1rsse convoco e 'iócnoiie: ''. ·\' "' p: , n En I 976 se c,podcró dd got-léctor Ci1mpo1 <l, que cs:dena <cl_inanc º,,1 ,,_°~ct, ;~r el general Vídela con el ,. li -t· J¡w, naHar ,:,,nc<1 6 <:/a 0 · ~ blerno trn<1 nue,a t e '1 ,_ .·: ., , , , . r ·rn pern para ctunplir con sucoob¡tti\'O de cl,m11nar ¡~ sUb\lCfSlOllll/'.tjdd:Cu _ih~ humanos. La represión fue

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,lltr111s1111:,;mu foc !a nornn¡,,,, .; ,

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, _A fines de la década (fo l 960 comenzaron , , dai10s de una gnerríJln urbana ,, a actuar los fupamaros partiL ,, , que actuaba contra un . . d d • os avance.~ de la vioJew-·,., to . a soue a democrát;co ' ''" pamara ~aolut ¡ «. 0 vac1ores que en l 97] ~ maron a os sectores m'.is co , ' "poyaron una dJCtadura '· nserzada por el presidente Bordaberr , ., _c,an rus pal do rni!itar, encabepugn:1 entr;;;, los milit~1-~0 y ll · ly,bque dl1so!v10 el Parlamento. En 1976 1º 19"0 '"'·' OHa erry levó ¡ ' " ,., plantearon wrn r('fo~tnº , .,- ·. a os pnmcros al poder y 00 _, _· 1 . ' ' ª cons 1!uc1ow1l d, . 1 d ,ldi11r(e)982eldesg·1sted Id' ' ' cnoa aenunp!ebiscito A ¡· -'' e a 1ctadunis·•aceJ , · P 1cadas negociacwucs co, 1 . . ,,, _ , ero Ydesspués Je unas com. ' i ns cnpu]as polít , _ /' . · NilvaJ, en 19/:?s], qu<e marcó el i . . , i_ca,,, se mno el Pacto de! Club rncw Y los hmltcs de ,., ¡ · • 1"'ae· f ,JO ue suscrito ¡1or las F' ~ __ A " raw;icwn ¡iolítica E'l '\ . 1Lvrzas nnada, l p, · ¡ · mp!10, la coalición de izquicrd . :, e . art1c o Colorado y el Frente '.00:J, mientras d Partido Blam: a y, cen!ro-izqu1eida que alca11z6 el poder en 'u t·· ¡,¡p -oscniant1ivoalm·irow·¡. , . ' na '-', e e anido N,1cional y L"b,. S, ,, ' _oen. i son h:rre1rn_ Alrn1yores líderes políticos ,J;I '. crcgm, de] henk Amplio dos de los 984 ' · ''" pais l!eron ¡,res, ·¡ ' '· , que ganó el colorado Tulio M· ', S ¡,_ en os en !ns elecciones de ,ienos problemas (]lle el de A.!t ,: ana ai:gu1nett1. Su gobierno enfrentó .residencial se realizó sin com ~11~}11: pero a! 1gua,1 que en Argentina el relevo iw'i" ¡ • . , 'iernn e tnunfo al bh Jpicc1c10nesdesp11»~,¡,¡. . ' · · V~' e dS e 1ecc10nes de 1989 . _, .; 'llCO Ai1s Laca]Je_ 1~ a tnr , 1sicion chriena fue más (·om ¡-, ¡ . is del golpe contra el gobierno d; la i~~c ';, :specialmente por las secucnpuestos por ALwus1o p,·noci•ot nl1 ,a( l Opu!ar y los condicionantes ª "'" parnvovc, ¡ d . r a a emocracia. Entre ¡ 9 5 8 y 0

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197 J el país coi10uó una alternancia po!íticct 111-i-itmica, micntrJS pa.~:ih:111 pm L1 pr,:síd<e11c1J d cmiscrvaclni· Jorg<:: Ale~¼cmdri ( l 958- l 9fi4 l. d cen(rl:st11 (k-1116cratacristiano EdL1anlo FrcL ( l 964 .. J ()¡'()) y ScilvJJm· Alic:ndc 1. 1970 .. 197.JJ Enttinces regía !a tesis de lrn tre~ krclos_. el equilibrio entre lastre~ ten(kn• cías polí!icas mayontarius, au!lque, como sóíah1 I\·lam1el 1\lc:{rntarn, cuando ]os trinnfado1 es ,1cccJian a la presidencia se comportaban con una lógica bi• partidista n<egadora de la ¡ calidad plural chilena. l,a democrnci a cristiana im-pulsó la revolución en libertad, con 1n reforma agraria y la nacionalización del cobre, para evitar el triunfo de la 1zc¡uierd<1, pero no pndo evitar el triunfo electoral de la Unidad Popular en 1970, la piirnera victoria de la izquiercla !a• tinoarncricana en las urnas que parecía abnr un camino dislin!O a la Revolu" cíón cnbana. Pero, las prisas de unos y los errores de otros frnstraron la experiencia. Al no contar con la mayoría parlamentaria, Allen<le quiso desarrollar la «vfo. chilena al socialismo:,> ilpoyado en sus prerrogativas prcsidenclales., lo que sumado a una prolongada estancia de Fidcl Castro poiari¡,;ó la vida política y anrnentó la conflictividad Sücial a partir dd apoyo de lo.., grupos rnedios a la oposición. Este malestar, el bloqueo fmancido norteamericano y fa ingo~ bernabilidad del país favorecieron el clima que propició d golpe de Estado del 11 de septiemhre de 1973. La <licta<lnra pwochetista puede deriniise pm la personalización del po-der y la baja mstitucionalización del régimen. Como en Argentina, In poHlica represiva se acompañó de un programa económico neoliberal que füs1 impt1esto pese a su elevado coste social, Un plebiscito celebrado en 1980 aprobó, con e\ 67% de los votos, la nlleva Constitución, reflejo del entramado institncional deseado por el general Pinochet, qi1e había diseñado un país diferente al que se encontró. Se consagró así como presidente constitucional hast1 l 989, cuando clebía proponer a sii sucesor para el período 1989-1997, lo qne debía ser aprobado en otro plebiscito. La dificil sitnación económica y la falta de libertades aume11taron las presiones de la oposición para democratizar el régimen, pero la cerrazón de la dic:tadura dificultaba cualquier salid a negociada. La situación cambió tras la denota de Pinochet en el plebiscito de 1988, cnando se autoprodamaba candidato presid<encial En un proceso pleno de dificultades, y con Pinochet al frente de las Fuerzas Armadas, se llegó a las elecciones de 1990 gJna<las por e\ candidato dcmócrntacristiano Patricio Aylwin, que contó con el respaldo del cen1ro y <le la izquierda, que abrió lm prolongado período de gobiernos de b Concer!ación Democrática, rnciuido el del socialista Ricardo Lagos que llegó al palacio presidencial de La Moneda a comienzos de 2000. Se ha insistido mllcho 0n el caráctn vigilado de la trnnsición chilena, qne sin e:m bm·go ha sido Lm modelo de desarrollo institucional. La transición brasilefia se caractt.;11zó iní cialrncnte por la tutela rnilitar y posteriormente por su carácter pactado. Los mili1arcs habían llegc1do al poder en l 964 y se mantendrían e11 él durante dos décadas, pMa impn]sdr el llamado <(milagro brasileño))_ Luego, en 1988 se sancionó una nueva Constitución,


trmo de un rrnce~o co .,:,

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1 nsu,uyen,e HHcudo en 1-1~ ··]~ de lYBú. Las cleccionc~ ck l9Sº", · ª'• e _,cqoncsp:1rhi.Jncntarias 1 6 1c1ron s-'"Ún ¡ ,-, .. ¡ • ·"'<:e le(:' ,_ . ,t,non apnmern elecci(m nres· 1, ,·, .,· _ "o a flllecri mir-matn-a y 1 ,,,·.' ' ' l[c;I\Cl,lwlrCdacn(resd'·l·¡ . t,c tkcl1vcbrnsikñohnbíacoi ~ . ¡,,¡ ., , - cu1ra~ .,apcrccpcwn .~ll1c1c .. -¡·JO del prestdcatc . ns,uzdt e" 2'+ nsc avosto J-, ¡9·4 (;·•túlio v, _ , · _ "-'_ · c ..) , a parln del ·b . . e, ,ngas,enum1chl1~ 1/co , . un¡,c rote mflac1onario ¡,¡,, ., ··ct _ L _yiin 1111ae,:onüm1cay , .. - 'lCc;prc~1 t~ntc; .foao e f:l r 1 _, golpc militar y Juscclino Kub,·t , 1 /· l_ a ~ d C derwu1do por un · · se.le\ lcTnadot d·, l'vf G' 1 eecc10nesde1955conej lb'.""·' "'' m:1s erais gJnóhs • c1poyCJ a onsta K11b1tscl _., -,- , ' '· noU1sinoet:onómico}'Sus¡,,·,· ,· ·[ -. . ·, lCKcic1partidrnwdddcsancipd eso ¡ctivos• ~¡ d . 6 1 c l trasladodeJacapitalfrdernld"'ci•R" ,,_1,.,ion aJn ustnnlizac:ióny , ¡· d ,,se iodclane1roaB. T j ,1a HU odeJarnesetacentral.Fn1960, rusiia,un ugardes. 1 ambos objetí,ros: ]n economía e', . d<l ia avanzado en la conqnistn de f _ .recia a 1asas espcch, 1 llislingrnr el contorno de b c·ip,·,, l ¡,, . "Q 'cu are,<, Yse: comenzahn a · ' ' c1 • .a<110 nad,os l' vargmsta, ganó !as elecciones de _. · 'l_m po Jtico pauhsta_y cmti. 1960 h fonnnla c:ontraria Jo'lO ('o•il _,. l ·tYf?i viceprc;;idente fue el candidato de . . , ' l 'a1,,ai I icedelaport' 1 f ino.Qnadrosq11cnaacalnrconl~ ., _ .. · _ l lc;él a1oialdelvm12.uis--·, ' u(;Ol[llpc10nvbinef,', ,·, eje ja burocra " L ic1 e.statnl, pero obtuvo ~, __ ,, _ .. incncrn .. . " b mayores ex1tos e 111 l' - " , . ,,ponerse a lns medidas ,,01, 10 , _. .. d e~ 1. su ro iticc1 neutrn!1sb v por . · .__, , "' 1'1 e 1 astro j 0 . .. 10 tcrmpción de b aylllh e. , • .. ' t)lle su¡.Hiso la condena v Ja , ~-- _ _ ' . conon11ca ck Estado~ LJp · ¡ , R, _.. ~ ,Dc;~es de gobierno y su¡rncsto fü. , d ,, .. ic os. enuncw Iras ~ie!e ,-,1,.t,1como1111ndici'd,;~·... . . cocu¡:m opor(wu!ar· a . .. _, . t, quien 1osm1hhres ,. .. ' ,, .c:,;;qmciuascap21zlfc!lev·3 , .·, _ ' · celo_ Pc;sc al fut::rtc res¡rnldo ¡;o¡ml· G r CJ fJ<llS h,1c1a el corrmn 1s .. . ,, ., _ ,ir, ,ou 1ar! nopuJo d ·s !lO, u opos1cion del C'ong,,.~,-,, y d , , . - · 1:. arrn 11 a1 su PFJorama ,, _ . -"-,, e 1CJeici(oye 11 ,.. ¡~ ' ,"' 1c15 n1cd1das ¡,ara unpo[e-o . , . . nia,zo e e 1964 adopto ahm. -""r su~ _propueshs ce ¡ fí ~ lcnrnizciciones ]a nacion 1 liza··i) d l ' ' imo a ff orrna agrnría srn in.... , , 1 _ ' , ·¡eo la con--~mn e el derecho a 1, 1' . ¡ el, n e ,a gunas rc:firn:rfri's• de pt!10 ,. ,. ooc1 osnna!labctos ¡ ¡,,,¡-e,·• ' 1<1rmlos üolit1co~ inclmd, , . Y a c¿;a iZdCltlrl de todos los . ' -, oe 1c0m11ms!a loqllc - . ·, ' ,us alwdoS civiles de fa dec· -j _ ' convenc10 a los tnditares y, c:c 1a conservadora Je ., .• . .1 durade1znnienhs Al·,,n, quc:queiiamstaurnrunadic1 --i '· ,,,ncosporaes;:pene--·-,b .. 1 , onnngotpcquederrocóalo-ob·~. · · _ iicidcu ana,losmd1taresdic. ¡ . · '°' ic:ruo Y condiljo n Gon]art al ·¡ .,ns gubwrnos del 2 enera! (' ·t 1 ¡-.. cx:1 10. , ~ .ils e o ,1am:-o y de Slls , , ,,:r 1i1iecnocrático y dcsarrolli 't- ., b' · St,cc:sorcs, ele marcado ,., ,. ' sa,cdm iaron]aecon, ·, ¡ . d,:rnap[)]itico. Se in:-;lnuró b. . •ct· ' ornid, a sociedad ve] ,_ , . _ un iparti 1srno cri torno. ¡, O f . j . ' ~-LovMlora Nacionalista ( '\Rf'N·A) -. d a icia 1,\ta Alianza · .r ;i Y al ºP')sitor a ¡ ,1cnto Democdiico Brasileiio (!VIDB) ~ ' ' 'unque to_ erndu, Movi1 >::ntre 1966 y 1974. I ·i t,, ,,;,, . . ¡' on una cima liegcmoma de la prime-0 10 npo1t1caseac] ·1-,,¡. ,, ""·"" JtLi <le un nuevo prc»·i dente el "" lF . e ero l ese e 1979 con fa lle-, - .. , o'"nera ·1gueuedo , . . mocrat1;:acl()n, que sancionó una ,_ comprornd1do con la !l' con el bipartidismo. De este mo/u~va ley~-d~,partid~s políticos parn &ca,s en t 982 v peseo a obtener¡., o,~ º; adopo~i_cion gano en 10 de los 22 cst11. · '' "yona e la c~rnar' ¡, ., i ,utro] m del Senado ili del Colea - El , ' ª ( t. lttputauos, no tenia el .., . .1 "'io ectoral qoecn 198a' d b. • '""º presic ente. Fse n~n,, J[og · . 1 . _' e 111 e 1eg¡¡ al _ __ " "oc1 aprcs1dcncm"f· . ·d O N· " ·,u de fo11nula José Sarncy 00 , , , . . ,mere c:ves y sn compa1 11 1 : muerte <l" Nevr::s ames de, a ' " '• Jno _ .,1m_ itante del _ _;na r 1le·lO gu bemamenta!. sunur su cc11go perrmtw qu,e: S• . __ , v.rney ocupara ]a

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_p¡·esidencia. í\:sc a sn giro coi1:'ieiva<lor, 1a trnnsición siguió adelante y en la primera vuelta de las deccioncs pres itlenriales de 19<'>9 el canJ1dato <lel Par t,do de la Reoconstrnccú)n Nacional, Fer mm do Collur de i"vkH0, y el del Partido de los Trnhaiadores, Lnis rnúcio Lub d:i Silva, oht11v1ernn lu mayor cantidad de votos ypéL"<lton:i. bsegnnda vuelt:i. lln mes más tarde Collor ele Mello obtenía el 53%, de los votos, frente al 47%, de Lula. Se inició así la total llDl· malización de la vida política brasileña que mostró s11 plena madmez en ¡ 9c¡5 con el trtnnfo de Fenwndu Hemique Cartloso y en 2002 Cllando Lnla ganó las eleccmnes pré:si<lellcia\es ei1 la primera vaelw. Fu el i'ef11, 1[ayli de la "l"one moderó su estilo y s11 línea política partidaria de la insnn ección armada, a<lmitíó e1 diálogo con ciertos sectores de los p:irtidos lradicion:ile~ y al enfrentarse a los comnnistas se acercó a Estados Unidos Con su apoyo triunfó en 1956 Manuel Prado y su gestión económica continuó los derroterns marcados por Odría. La m(Jderncíón elcciornl le costó caro al APRA, que con b pérdida de Lima y su hegcm10nía reducida a Ayacncho, vio npurs:cer tensiones poi it1cas e 1dcok1gieas entre los sé'grndores ele los postulc1dos ong1nales de Haya, mc!uída su raíz kniimta, y quienes gllabem hacia el posibilismo y la moderación, una sihwc1ún ugrnvadél por la Revolución cnhan:1. Tras el golpe n1l\itar dt: 1962 se instal\l en d gobierno a Fernando Be!aúndc Tcrry, quien inien!c'i nphcm unil polít 1ca dcsarro\lista, pero su gestión füe acomp11ií.ada por la dcvah iac1ón de la rr..Oíb:d:.i y d m..::rtrnc:nlo <ld endeudamiento exterior, La dil\ci! situación económica y la violencia guurilkrn condt\jeron 21 uu nuevo golpe rnilit:Jr en] 968, de corte nacionali:tta y pn~ pu lista, que 1ntcntú d<e.smont,ir el poder oligl'm¡uico y acahar con la depeml.encia dd extranjero. El gobierno militar se extendió hasta 1970 y en si1 prlmera etapa ( l %8-1075), el proceso eneabezado por el general \ 1elasco Aivarndo rntentó Ullll gestión nacionalista y antiirnpcl'iah~la .En un segundo momento (1975- i 979), d general Francisco Morales Bermúdez apitcó rnia política más moderada y preocupada por el retorno a los c1wneles. En 1977 el gobierno 1mlitar dio a conocc::r el Pian Tllpnc Arnaru para propiciar !a viiclla a h:t democracia. En 1078 se eonvocó a elecciones p:1ra una Asamblea C()nstirnyente y al aho siguiente se sm1cion6 una nueva Constitución e11 reemplazo de la de l 933 En 198() se real i/.aron elecciones presidenciales, ganadas por Belaúnde l~rry, de: Acción l"opnlar, con el 43'¼, Je !os vo .. tos, frente a1 25% <ld candidato aprista. Junto cPn !ns piobiernas eeonómieos, l3ciallnde debió afruntarel recrnd<ecünirnto del tenül'ismo de Sendero Luminoso, Sin embargo, el electorado gi1cí hacia la izqui<.:nhi y en las decciones de 1085 resultó triudaJor Alan García, el cnndicbto a¡msta, con el 53% de los votos. 1'01 primera vez desde !912 sc:prodticía el traspaso de poderes entre dos civiles y por priiiiera vez en la historia <ld Perú un militante del APRA ()cupaha la presi<lencia. La consoli<laeión dd proceso continuó, pese a las dificultades económicas y a la persistt:rn:ia de:: la barbarie senderista, que hicieron descender el réspaldo electora\ dd APRA. La falta dt' una salida clara permitió que Albeno Fajimori, respalthdo por d movimiento Cambio 90, ¡:;e


1m~usicr:i en J;:is c!s:cc Hin e:~ pcc.,i(kuci:i!c:i d,_, J t)()(J a fV!;irio Varga,; LltH<I, que k'1iw d apoyo de rn derc;ch::i parn aplicar un Ju;o piugr:m,;1 di.; ajustt: his,ldo ,:u \ihcrali1nción y cfosrcguJJción de la ecunoinía l..a gestión de Fu)lmori ¡csu,to muy conlrovcrtida, es1)cnalmn1te por el gu!pc de fncto que llt:v6 8 la disolución del Parlamcnlc> y a mndiricar la Constitución pnrn pr:imitil· su resckcción, <Lpoyado en la popularidad obtenida a parbrck !a denola de la gucrrilb y la recuperación económica. Su traumática salida en noviembre d; 2000 despnb de 11na serie de escándalos en los que aparecía vmcu!ado a Vladirnir~ ~iontcsinos, no ha pcrmitid_o la_rcc'.1pernción total de la vida económica y pohtica, pese a Ja norrnahdad msl11uciom1J imperante. En Bolivia, la rra_gi_l!dnd rn.51itm:ional favoreció el en¿sirno golpe militar y el general Hn_¡? Ralhvian se hizo con el poder. Una s11bkvación civil apoyada en las zonJs mmeras derrotó a los militares, controló La Paz y permitió en abnl de l 952, que Víctor Paz Estenssoro recuperara la presidencia. Come:nó as[ la llamadc1 Revolución nacional y entre sns primeras acciones estahan la reforma agrnria, la extensión de1 sufraglo a los analfabtotos y la riacionaliz<.l· ció11 del estaño. En 1956 Hcrnán Siles Suazo reemplazó a Paz Este11ssoro y clio un tono rníls pragmático a su gobierno y si bien estabilizó la economía no respondió a los retos de b acckrada nrbanización nl a los problem.i.s gen;rn. dos por la minería de estaño en plena decadencia. En 1960 retornó Paz Es· knssoro a la presidencia, acompaí'iado pO!' el dirigenl<e minero Juan Lechín. L_a_ conflictivid~d políti~a.se manhrvo bastante tiempo, marcada por la repetiuon de los gobiernos mil1tmes, destacando por su partirnlarismo el gobierno de los ge_n~rales Ovando y Torres, de corte nacionalista y antiirnperia!ista, qne tenrnno abruptamente con nn nuevo golpe de E~tado, lidern<lo por el ge· ncrnl Hugo Bfmzer. Su gobierno duró hasta 1977, cuando come11?:ó la transi~ ción política a partir de un dilatado calendario que permitió restahlcict:r eJ ré•· glmen democrá;ico en octubre de 1982. En 2002 fue elegido, por segund,1 vez, Gonzalo Sanchez de Losada, pero la movilización popular, impulsada por las llamadas a la nacionalización del gas lo hicieron re11unciar en 2004. Se trató del último episodio, hasta el momento, de lo que un analistc1 l/urnó «golpes de cal~e». la renuncia de un presidente ante una movilización popiil~r,. mcapaz de imponer sns puntos de vista en la.~ urnas, pero con la fuerza su/ iciente como para hacer renunciar a un presidente, la! como ocurrió en Ecua.clor wn Abdalá Bucmam en 1997 y con Jamil Mahuad en 2000, en Penl con !\lbcrto Fujirnori, en Argentina con Fernando de la Rúa en 2001 y en Haití con Bernard Arístide erl 2004. 01.ro grupo de paises estaría integrado por los regímenes que, según Guillermo O'~onn?ll: se denominarían «tradicionales>>, de un pro fondo componente patnmomal!sta y proclives n sufor transformaciones revoluciomirias ~ºn:1º en ~a Nicaragua de_ Somoza o la Cuba de Batista. Si bien el Paraguay d; ·\lfredo St.roessner estana en este grupo, el entorno internacionBl de fines de i:l Jécad,1 de 1.980 y la debilidad de la oposición permitieron 11na transición rn\.s ordenada. La familia Sornoza dominó Nicaragua enin: 193fi y 1979,

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wanclo Ana.c,tasio ScH1101a Gmt'1t1 ( l lf\{,-] l)_",6), L ui~ So moza Ddx1yk ( 10571963) y i\na\Ubio Sumu1,1 [kbriyk ( 1967- J l)79} m: up,11111\ la prc~idci\c 1:1 Cirncias a lc1 Guardia Nauonul, l,Js Snmo¡;1 dnmrnarun d país de un rnoclo pcrsoualis(a y atil'!r,aron los n:curso~ del Estado en ,',r, hcnc fício. 1\,lgunos sectores de la burguesía plantenmn un Diálogo Nacional, que fracaso ante b cerrazón del régimen. La siluncrón se fue degradandci y tuvo 11no de sus pun.t?s álo-idos en enero de 1978 con el ·.isesinato del lídet de la conservadora Urnon o:mo~rfiticn ele Liberación, Pedro Joaquín Chammrn, que tamb~én dirigía el diario J,a Prensa. Este hecho permitió ampliar al Ficntc Amplio Opositor, co11 la mcorporación de grnpos burgueses y c;itól icos. _ . _ El Frente Sandinisla de Liberación Nacional (FSLN), nn movimiento guerrillero de insp1ración guevarista surgido al comienzo de la <lécad'.1 de 1960 fne clave en la lucha contra So moza El FSLN incluía grupos marx1staleninistas y otros más moderados, como el liderado por Edén Pastora, Y pre" tendía siiitetizar el pensamiento ele Sandino wn el nacionalismo Y el antnmperrnlismo, reconoi.;ienrlo al marxismo-leninismo corno. un método ele análisis. La Administración Cartcr tuvo una actitud arnhrvctlente, pero la ofensiva ::;andinista y la postura de la oposición democrá1ica hicieron que el gobierno de- Washrnglon abandonara a Som07...a. El 19 de jLLlio de 1979 los ~andinistas ocuparon Managua y, aprovechando su protagonismo en la revolución y su poderío imlitar, se hi,:ieron con el poder en detrimento de los moclcradci; ele la coalición anticlictatorial. Hasta finales de 1989 la oposición antisandinista, tanto la interna corno fo externa, se negó a dUllogm con el gobierno. Tampoco participó en las elecciones <le 1984, boicoteadns ¡)(;r la Coalición Democrática Nicrrragüense. Mientras pedía la democratizacion Y la reconciliación, la oposición apoyaba o dirigía la Contrn. En 1as_ e!ecuones de J 984, que ]levaron a Daniel Ortega al gobierno, el Frente :anchrnsta obtuvo el 67'½, de los voto~ Los comicios se celebraron en medio de la guerra Y en condiciones irregulares, especialmente por la ausencia del principal grup_o de la oposición, la Coonlinrnlora Dcrno~rúiica, instigados ~orlos nortcamencanos convencidos de un triunfo sandrnista que no quemm legitimar Para termir~arcon el bloqueo exterior y el acoso de la Corltl'a, el gobierno qu!so pacificar el p:i.i:; y sancionó la Constitución de 1987, 1111 texto demo:ratico Y plurnlist;1, y nl año siguiente aprohó una m1<.:va ley :_Jeciora~- Despu~s de negociar con la oposición, qne objetaba !a compos1cion cl_el ?onseJD _Siirnemo Électora l, se convocaron elecciones genernles. La n~gociac1on _t':nrn_n_o con la firma del Acuerdo Político Nacional que incluía la dcsmovihza.cion_dc: la Contra, la suspensión del reclutamiento militar hasta pasaclas l~s. clecc10ncs, col! la partic1paci ón de todos los partidos firmantes en los com1~\os de 1_990. La oposición se organizó en una gran coalición electoral, la Umo~ Nacional Opo,qiroi·a (UNO), con catorce parti<los sólo umdos por e! ant1sa11dimsmo que condnjo a Violeta Chamorro al gobierno. . _ . Otros casos de transición afectaron a las democrac¡as pactadas, Y res1nctivas, como en Colombia y VtJnezuela o fa ((!'evolución instit11cionalizadcm de


:Vkuco, pero la divic1sidad y cornplcjidad de los p1ob!crnas a resolver eran t.!e mag11it1.1d qut: es 1rnposibk cons!rn11- modelo5 gc11ernk~ F11 Mé~xico, la tímit.!a apf,1·tu1 a prnpicíada poi· la 1·efonn~1 const1t\.lciomll del prlésirknte Lópt;z l\iakos (1958-1964) asignó un número de escaños en la Cámara de Dipntados a la oposrción D111,mte el se'\et110 de Gustavo Düu: Ordaz ( ! 964 .. t 970) la apcnma política se ralentizó por las resistencias en d PR[ y e11 la bu10cn1cia estatal y el presidente abandonó s11s prnyuctos rlc dcmocrat1zar el partido gubernamental T\:se a las n.:frnrnas, l::is posibilidades de b oposición eran límit;1das y bs elecciones mu111c1pales ganadas por el derechista PAN en el norte del pais (11ern1 l anu tc1das La frnstrac1ón política dt: la oposíción esüdló en las Lnovili za e iones esw <liantiles de 1968, brutalmen(c repnrn idas en la matanza de la plaza dr.: las Tres Cllltnrns, tn Tla1elolco, ante la cerca11ía de los J11egos Olímpicos. Lu1:; Echevenía (1970-1976) incluyó en su plataforma electora! algunas reivmdicil.Clones del movim1s:;nto estu<liamil, p<::ro la mayoría de sus pm1nesns, cspecialme11te las 1eláidas a la c1pertura dd sistema, si._:1-ían incmnpli ibS Sólo el cwg2 petrnle10 dl.é ll)73 le pcm1itió :;obrelkvar la creciente \1pusició1t 111tlé1 na. Ju~é Lópa Ponillo ( 1976-1982) realizó el pnmer intento rk LJml 111írnma rdi.Jrn1a política y ilmplió la 1e¡m:sc11tación pnrlamenlaría de l~i opo.51ción. Ei PAN ~e convjrtió e11 lii principal fuerza opositora y en las ekcc· 10ncs pre:,í iknc ·1,1k.~ de l \J82 obtuvo eí ! 4v/o de loo, votos. El Partido Soc;¡,d¡,,, ta U1lirica\io, q11i:: reunta a l<1 111ay01· parte: de las füerzas de izquierda, sói\> logró m1 6%. U11:1 vez rrnis, el ganado1· foc el cilnJidato del PRJ, Miguel ele la Ma,li'id ( 1982-1 ()88), que asumió d pmh.:r en medw de la crisis de la ,kud:.1 cxkrna y se preocupó por profi.rndizm la reforma política, au u que las i.kn o!as ckctoraks e11 los estados dd aor(e mnmornron el proceso. Nue,·c1s rhf-icultndes srng1erun al final del sexenio, cuando el PRl se esc1ndi(1 y b lLnn:1da tendencia deniocr:\tica prnpuso qne bs bases digieran al nrndirlato pres1denc1al El a¡rnrato dd f'Rl se negó y designó n Sali11as de Ciortan, q11e ckb(ó entientarne a C11auhtt'.:rnoc Cárdenas, apoyado por lamayo1-ía (_k b ízgu1nda. El PRl ga11ó las ekcc1ones, pero Cánk11as obiuvo d .l 1% de los votos, Ull porcentaje _iamás alca11ntdo por rnngún c;rnrfülaro opositor. CotlVérlC1do de la ddlilidad dci sisk11ia, Salmas intentó una serie de refurmas para lograr]¡¡ apcnura del r¿g1meo y al abandono de las rcivi11dicac1011es 1evoluciomrio.s. La firmn de! Tratado de Lib1 e Co1ner-cio con Estados 1i111dos y Canadá c1a el próiogo de 1111 profundo movimiento rlc modemiza::1ón, que debcr-ía convc,rtir a Mé.x1co en 11na nación desarrollada_ Pero, el 1 Je s:11tro de 19<)4, c11m1do cntrab,1 en vigor dicho Tratado, cornet'12CJ la msu .. 1T<::cció11 del Fjfaciio Z:1patista de Liberación Nacional (EZLN), quG banió t:\>11 los sncños dcsarrnlbtas. El EZLN era un muv!rnicn10 guevai-1sta que tras ,u fraca:,;u inicial recompuso SllS plantea1mcntos y mostró 1111 perfil í11digern sta Ernesto Zedtl lo, el nuevo ptTiidc11tc, buscó e ncaps1il J.T el problema Y.apaí 1s!a a fin de s<0guir p1ofuncli;::ando la d<:'mocrn1izac1ón, de modo que la ,_1pL1sición, la1ito d PRU corno el PAN, pudo controlar un númcrn creciente :le gobernaciones y akaldías. F1mdment8, enjulio ck 2000 Vicente Fox, el i.1)

cai1d1darn del PAR gcmó la~ 1:;kccioncs y asumió la prcside11cla, llll resultado h1stó11co que permihó el rksplazarnicnto del PRI y la alkmaucia demociática. Pese a las coxpectativas puestas en sn gobi1?n10, Füx no pudo cumplir con sus promesas de cambio y el sislcrrrn políticu mexicano mantiene sus proble1nas t1 adicionales. El impacto de la Revolución cubana sobre ta política venezolana fne menor que en otros pa'tses. Venezuela estaba gobenrnd:i por Rómnlo B<eta1·1wnrl, grncrns al Pacto del Punto Fijo fumado entre su partido, AD, y el Partido So~ial Cristia110 COPEL El reformismo de AD !e hizo perder militantes por rn izquierda, deseosos de cambios más 1ápidos, y en 1961 se_formó el,'.'1ovimiento de lz,quierda Revolucionada (_1vIIR). partidario de la insurrecclOn populm y de la vi:1 cubana al soc1alis1110. También el hirtido Com11nista Venezolano apostó por la lucha armada, abandonando su larga trayectona de pa rtic1paci ó11 de1 nocrática. A partir de l 963 la violencia se recrude~1ó en Ca~ racas y ias dccciom::s se pla11íearnn corno una V(Tdadera prueba de fuerza entre el gobierno y la guemlla, que había amenazado con saboteadas, ¡._iero el 1,10% de los ciudadanos regis wa dos acu<li ó a votar, lo que snpuso un seno descrédito para los grnpos guerrilleros, apoyados di rectamente por el régi mi._:n de Castro. Las ekcciones fueron ganadas por Luis Leoni, seguidor de Betanconrt, con el 3J%i de los votos. COPEl nbandonó la coalición co11 AD, lo que refo1 zó el sistema brnarti dista y ,rnmer1tó 1a soledad del gobierno, centrado en la represión de una É;uern!la que lnbía optado por d c\ 1 rnfntc rnrnl A_ pmtir de 1968 los dos partidos se :iltemaron en el poder. Carlos A n(lr~s Pérez, reelecto en 1988, rompió el ciclo y comenzó su presidencia i._:n 1989 en medio rle u11 ,1 tefl'ible cns1s económica y en febrero de 1992 tuvo 4ue afnmtar un golpe (lt; Estado liderado por el co111cmcbnte }-lugo Cháva, qne terminó en la cárcel Sin emban:10, Pérez no pudu Cl'ncluir su mandato, ya qne en mayo Ue ¡ 993 foc dcst.ít;1ido por el Congreso aC11sado de malversación de fondos pú~ blicos. En 1998 el ex golpista Chávez ganó las elecciones ante el desplome de los dos partidos tradicionales, que marcaron el hundínnento del sistema poiít1co venezolano de la ,;,:;gunda mitad del siglo xx. Comenzaba así la llamada Revolllción bo\ivmrn11a, Je sig110 populista, que a partir de la reforma de la Constitución rnmenzó a polarizar a la sociedad venezolnna en un estilo s1m1 lar al del primerperonismo. En Colombia, tra~ un prolongado período de democracia, el ejército dio un golpe qt1e llevó al poder al general Gustavo Rojas PiniHa, un consc_1·:ador moderado. Rápidamente 5C evidenció que el general 110 prntendía facilitar la trn 1isición a la democracia, sino que quería perpeti 1arse c11 el poder aglutinando a sectores ck los pa1tidos tradicionales en un movimiento populista de claro síg 11 o µcronista. Los partidos Liberal y Conservador, que en 1954 accedit;ron a que fuera p1·esidente co11s1itucional, se resistieron a sn reelección en J958. Ame ]a insiste11cia de Ro¡as Pi11i!la por mantenerse en el poder, e1 liberal Alberto Lleras Carnar¡¿o se- entrevistó co11 d conservador Laurcano GÓ·· mez y firmaron el Pacto Nacional para rcstaura1· la democracia basándose en


u ;iltcrn:mcia en d gnbi,:rno durnnk 1(1 ,1ño~, dividícmlo por mitades la co1n~ ius1ción de !ns mgu:üsnws colegiados. El Pacto Ciic ,1poy:uJo por la lgksia y mil ]melga gn1er,d le otorgó Lm grnn respaldo popubr l ,os cmprcsa1·ios h1~ :1cron !o mismo con un gcucrtdizado e1crrc patronal y d ejércno, 1rns enviar d e:,;ilio a Rojas Pini!la. ~e sumó nl acuerdo. El Paclu dejó fuera a importantes ;iupos sociales, qnc pronto iban a marnfcstar su dcsconrento ante la falta de uego potitico. Colombia fi1e gobernada según fa alternancia ncordada en el Pacto Na-ciowL Durante el gobierno del conservador Guillermo León Valencw (1962966), el segundo presidente electo según este sistema, la valoración pública !el acnerclo de liberales y conservadores siguió b!ljando. En 1966 se eligió al ibera] Carlos Lleras Restrepo, en una ele<:ción mnrcada por uníl. eleva(líl. abscnción. El nuevo presidente intentó moviliLar a los sectores populares que 1 ivían al margen de lil política, pero el profundo malestar existente se volvió a eíle1ar en las elecciones de 1970, ganadas pnr escaso margen por el conser•· 1 ::.idor Misael Pustrana Borrern frente a Rojas Pinil!a. Las posiciones antine" órmist1s ele Pastrnna eran conocidas y Rojns Pinilla, qne se hizo eco del des·¡mt<cnto popular, se impuso en las grnndcs ci¡¡dades. En 1974, el sistc:rna de .l lcrnancia se quebró por las disputas entre !os partidos, aunque la Co11stit11·1(m est0bkcía que el presidente debía integrar en sn gobierno, de acncrdo a u calldal electoral, a representantes del segundo purrido más votado. El pri11cru que gobernó en estas circunslnnclas fue d liberal Alfonso Lópcz Mihclsen (1974- J978), qne debió enfrentar una profunda división de sn partílo. Sin embargo, en 1978 volvió a g@ar e! candidato liberal, Julio C. Turbay \.yala, pero en las siguientes elecciones, l 982, la división liberal permitió el mmfo del conservador Belisnrio Betancur. Su gobierno debió enfren1ar a una ,uerril!n endémica, reforzada con la aparición del M~ 19, y la actividad corup!ora del narcotráfico. Para agravar aún más la situación, gnerrilla y naroiráfico terminaron convergiendo en sns mandCstflciones criminales. El ase• inato del ministro de Jm;ticia, Rodrigo Lara Bonilla, en 1984, fue 1ma clara eifal del enorme poderío que hahian alcanzado los carteles de la droga. El Partido Liberal rec11peró el gobierno co11 Vi,gilio Barco, q11e ganó las lecciones de 1986. Su política de reconciliación con In guerrilla cosechó alllnos éxitos, destacando el arnerdo con el M-19, ¿:n 1989. Su sncesor, e! tamién liberal César Gaviri;1, elegido en ] 990, co111innó ese camino, aunqnc .sin btener el desarme de los dos mayores grupos, las E'\RC (Fuerzas Armadas :.evo!ncionarias de Colombia) y e! ELN (_Ejército dt' Liberación Nacional). :1 conflicto se intcnsi ficó <lrnante las presidencias de Emesto Samper y An,, rés Pastrana, debido al dinero generado por el narcotráfico y a la consohda1ún de los paramilitares en torno a las Aut()defonsas Unidas de Colombia <\UC). El presidente Pastrnna inició un <lcsc21do proceso de negociación con 1s FARC, que no pudo prosperar por la mtransigencia de los insurgentes. É,1 _¡e también el impulsor del Plan Colombia, wando el presidente Clinton, en 001, logró el respaldo del Congr,-:so para ayudar militar y económ\camente

al oobierno co)ornhimw en ~n lndrn contra el mircrmáfico alimlo a la gnern .. !la~ La prcsidciJCia de Á!varo Urib,: ss::: ha carnctcnzado por ~ll duro cnf"L·cntamicnto con e! narcotráfo.:o y el terrorismo 1k las f-ARC y por hahcr iniciado el proceso <le desmt1vili;:ncrón de los parnmililmcs en el marco de sn polilicn tk segnridad democró.ticu.


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-

Indice onomástico

,\bJ,;cr,l y S11usa, Jo_,¿ frrrnmdo, 297, 29~ Acbms, lohn, 2F!, L"i 1-278 Adum,, Samnd, 2)0, 271 Adrian\1 Vl, l 08 ,\ fon~o

,k Suu,;a, Mn1t1m, 2\lO

Aguihr, Je,6,i,mo, 79

!\g11,rrc, Fu11i;1s~o deo. 99 A,:,,irrn, Lnp~ 1le, 7 l- 72 ,\h111ün, l. nea.1, 17), J~ 7, 371, 37'i-T/3 Albe1d1, J,ian 8autíslu, 17 l AlcúnillV,, iV[:mud,4T/ Aluv.nb;i, Sin1.'in, 97

Aiden,D,2\12,112 Alc,¡;mdro Vl,-'16, l\l"J, 105

Akm, L~ani\111 N., 3K2 A le,,oa1Ldri, Arhm>, -'133 Ale,~a11.J1 i, Jorg~, 4rl Alfarn, Uoy.380

Alknde, SCTlvador, 477

Arnq¡i,i,10, í'lur,;o11iin11, ;G Amyda,;, Phihph, '225 Ange!l, Almi,44) Ango, kan, n4 /\.ramayci, Avehno, 360 Arnmb11rn, !\,dro Euge,úo, 474 Anfr_¡o Li,1u1, Pedro, ll-1 A1ben~, Jacnbo,460 Arce, Amcew, 360 A1'Clniegas, Germim, 4-15 Areche, fouu Anliinin de, 244, 2)5, 261 A(ia,s Dáv1la, Peclrv (f'cdrarin~ Dávíla), 58, 59,89,90, 109 Arís!itlc, Bernanl480 Art1gus, !vsé, 2n, 300, 311 A,sadollrian, Cario;; S,, l'I\ !84

A',ahuíllp,1, '/(), 9 J,93

Alfingn, Anibrnsio, 96 A\f;_>fbi11. Raúl, 11'/5-476

Atienzn, lni.s, 72

Almn,;ro, D1~gnlk «e! Mow», 9_{, 97

Ávüa, Alonso de, 87 Avi\u Camv.cho, Mnnuel,4'38 Aylwin, Patriá.i,477

Alnwgru, Uícgo de (<e! Víejm,. 90-9.', 100

/\.lmci1ln, frari.císco dt, 60 Almt:ida.Jwin,467 Almiw l'nuón, /\fartin, 45 Al varado, J'edm d<c, 59. 82, 88-89, 92 Álw11u Cnbrnl, Pedro,':, l, í95 A!c·errr, Carl◊s Maria de, 299

Auberl, Tomás, 224

Ayolas, Juan, 98 Az-¿,vcdo, An(ónio de Araújo, conde(]~ Bar, ~a, 3 lO B~kcwell,Pc1er, )76, !86


il,1l,1rn, l'"·rr~. 237 H.,llic"<irn. J-lu_,:n. 4.)(J íl.ínc,·r, Hu¡.,11, ,1_~() Us\lbusa. Ruy. J24 CLnco, Vi,g1h,, ,¡3.J fh,1 low. Arthrn. n 5 l,hrreda, (,abino, .188 fhrno,, Ju:;w Rufmo, 38() B·,,oJdre• .lnrgc:, 383 B:i,tidas, Rodrigo de, 51, 56. 95 fr1tista, Fnlgenc10. 467-463, 480 Dc1tlle y Onlói1Ez, José, 38.\ 433 Ikl:ilcázar, SebBoti:1n de, 92, 95,% f:khirnde, Víctor André.~, ,H} 1khlmcle Ttriy, Fernando, 479 lklgrnno, Man11d. !98 [kll,), Andrés, 349

Be,ith:,m, Jer..:my. :290 Bcrkc.ky, Jolrn, '.1:3?. t'knwnrl O,rmen, 1.16 f"L:!:mrnurl. 1'1.l'rnulo, 437. ·!45, 483 n~tJnwr, fkl,s<>: io, 484 Tk1hcll, Lcslie, 408. 41 ó fkü1encourt. kan de, 40 D1,1.,>uu, George,;. 28 ! U1ih11p, l',law ice. 471 il;.srn:irck, Q¡to"l.,eopuld. ·[52 Lllake, Robcrl. l?? 13lock. Adr:aen, 231 l\obildilla, Francisco de, 49, 'il 52 Ho~é.iynba, Qumttnn, .124 l1olívar, Sinión, 289, :290, 3UJ, 302 3114, 330,335, 3J8 Bonilla, l-krnclio, .147 ilorn11, \Voodrnw, 123, l .?.4, l 69, 186 Ur,r(i:,l:,s,rry, han María, 476 H,.crodm, Michael, 4'18 8()sch, Juan, 4.18, 471 Jo,;~rnp, Es1her. 124 ;i,wes, José Tomás, 303 :OOyd-Bo½rnilll, l'ctcr, ) 26 Joyc,, le;,n-f'wrre, 283 3ra<l1ng, David, 24\ 7.54 -la:id~, Lo11is <le, COíld,: de Fmn(en;1c, 233 .\ucJrarn, Abd«!ú, 474, 48Ú Julhi)~s e Soma, Miguel, 216 lulm~r-Thomas. Vktor, 40!\, ,t I l 4 l 2

.\11rgoync. John, 273 -lurb, Edmund, 3 7 l lush, Gcorgc (padre), 463 :iusl1nclL Dn,i\l, 36S lu.1taman1c, Anastasio. 372

Ca:,miifo. Fr:mciscc,, ,¡7¡

C,1br,1. loln1, lü11·,- C~bato, (é1ov,rnni C1h1t(l. G,rn <1rrni, 49. j J, 224 Cabow, ::;cbastrán, 98 C1brcrn, kr0n1m,11 uis d,· 100 Círnrn:;, ,\m1r6s 1\vdmo. 3 76 Café. fo~o. 47R Calvcrt, Gcmge, INd IJal!im()re, 2:,)9 Cn lks, Plutacco EliJs, 392-39.1 Cámpora, H6ctor, 475 C'nmpos Salles, lYhmud Femv de, 322 Canni11g, Geo,ge, 312,338 Cárdenas, Cuauh/émoc, 482 C~rdenas, Um1rn, 392, 41 l, 4 l 7, 42 l, 432" 43.i,44(),,/52 Ca1<lGso. Fe, naudo Henriquc. 479 Carlos, an:;hiduque, 252 Corlo\ l. 34, )5, 60, 64, 77, 80, 8~, 92. 96, 07, 11)6, l 10, n3, 152,169,230 Carios 11 de fngbterra. 222-223, 232,240 C:ulosíll, lJ2,253,255.269 Carlos I\.'. 255,293

Carios Y, l'IÚ1ie Carlos l CarlowJoaquina, infanla, 288,293 '.194 Carncirn Leáo, 1-lonorio llcrmeto, ma1qL1és ele Pmm1á, 315 CarrJnZiL Vernwiano, J90-392 C~nera, fosé Miguel, 300 c~.rtns,t, Georg.e. 2.32 Cartier, facque&, 224 C1n·cdho e Melo. S,:J,astff10 José de, marqués de Pombal, 202, 2l 2-2 l ó, 2 J 8 Casas, fü1.1tolome de lils, 55, 67-68, 104, 1 lü, J 33 Casa.,, Frnncisco de las, 60 Caso, Antonio, 44.l Castelo Branci\ Humberto ,k Okncar, 478 Ca~tilln, Ramón, 292, 36 i C:1.,tillo, Pedro de, l 00 C~stro, Cipri~ílo, 380 Castro. Fidel, 465-466, 467 -470, 475, 477, 478, 4t\3 Castro, RalJI, 467,469 Cmtpol,dn, lOJ Caveml1sh, rliom.is, 225 Cenb, Lt1is de la. 40 Céspedes, Guillermo, 149, l 59 Ci~nfüi:go~, Camilo, 467, 469 Cisncnis, Fra11c1~co Jimi:nez de, 55, lJD, 133 Clinhm, Bill, 48.4 Cnch1:rnt, Thomns, ]O 1. 111 Col1g11y. Gaspa«1 de, almirante, 225

Colletor,,.lolm, 232 ('olm~n,>rts. (i..:rm;ín. 125 C()i(in, llarl<!lc,mé,48-49 Cc•lón,CEaotC!lnl. 1),3_\"13 4'1,46.47-49, 50-.'il 52, 65-66. 103, 106, iOR, 121, 13.l.15t>, 158,164 Colón. l)cego (hcnnano de Cm1ób8l C<ll0n).49 Colón, Diego (hijo de Cristóbal Colóo), 54 Collor d~ Mello, Fernando, 479 Cornmagc;r, Henry, 230 Coniogre. 58 Concl1illos,l-opcde, 154 Conslanl, !3enj;m1in, 324 \,onir~rno, Carlos, i 93 Contreras, Rodrigo <k, 89 Cook,NnbkD., 120.121, 123,125,247 Cook,Sherbrn"ne, l 19. 123, \24 Cooper. /\nlhony Ashky, 232 Córdoba, Antonio de_ 68 Ciírdoil<1, Pedm de, 11 O Cnrnwall1s, Chades, 274 Corte Real, GJspar, 50 Corte Real, Miguel, 50 Cortés, Hernim, 5') . 60. 63, 70, 71, 73, 77, 79-80. i\l-83, 84-86, 88. 89. 90-91, 109, ]2.0.121, 14!, ]69, 177,224 Cortés, tvfortin (hijo de Hemán Cortés y Ja Mal'i11chc), 79, 85 Cortés Conde, Rober!o, 354 Cosa, Juan de la, 45, 50-51, 55, 56 Cotton. fohn, 231 Cmito, Bernardo, 37 3 Crnsoe, Rohin$lln, l ~O Cllauhtémoc, RS Cuitlahuac (s11cesor <le Moten1hzoma), 83 Cul'lm,Phülp, 198,204

!hhtiha, Uavis, luhn,22~ Dra,, Maknlrn, J9 ➔

Den is, .lean. 224 Dtscharnpo, .lén">mc, 23S fkssal:ne:c, f-knrí, 283 Días, BartolomS:, 42 Diaz, Frnnciseo l , 4 53 Di~z, Félh. 390 Díaz. Porfirio, 369, 374, 376, 379, 385,

387-390, J94 Díaz. Alc,iandw, Carlos. 353, 4 l l Díaz de Sol!s, Juan, 55, 97 Díaz Ordaz, Gustavo, 48:1. f)frzdeSan!vliguel.Garci, 125

Dnbyns, [-l. F., l 22, 123 D'Ogcron. Bc1trnml, 238 Domíngnez, Jorge, 286 Durticós, Osvaldo, 469 Drnkc. su· Frnnc1s, 59, 6 l, 225 Drcyf11s, Aug,1sto, 361 l)nraml Jolm, l ?.3 Durand rk V1 llegagnon, Nicolás, 225 Eanes, Gil, 4 l Eat()n, Theophilus, 23 l Echeverrb, L1lis, 482 Einstein, Robert, 450 Ekano, foan Sebastián, 34,(¡l .f,2, 84, 154 Ellmyar, Fausto de, 251 Elío, Francisco Javier, 296 Encinas, Diego de, 155 Engernian. Swnley, 227,228 Enrique el Navcgantc,39 Emiqu~ Vil, 49

Enriqu~z, Martin, l 52, l 93 Ercilla, Alonso de, 1() 1

Erikcl t<ojo, 35 Chamorro, Pcd ro Joaquín, 48 l CharnMro, Viole!«, 481 Champlain, Samuel de, 2H Chrninu, l-foghcttc. 186 Chaunu, Pierre, 41, 123, 136 Chaussegro:;, Frntwois--Joss,ph, barón de Lt'ry, 224 Chav,mncs, kan-Baptiste, 280 C:hhez., J-lugo, 463,474,483 Chávez, ÑLlflo de, 99 ClicvaEer, Fran~uis, 169, 176, 187 Chibás, Ednanlo, 467

Erikson, Leif(hijo d~.Erik el Rojo), 35 Espira, Jorge, 97 Estrada Cahrern, Manuel, 38D Estrada Palrnn, Torm]s, 380, .>96

I'ílrías, Víctor,453 Faupd, W11lhenn. 453 Fattsto, Bo1is, 200,216, 307 Federman, N1colilo, 96-97 Feijó, Diego, 314 Fehpe ll, 34, 72. 77, 87, 106, 109, l l l, 114,136,137,139,154, 16(1, 185,202. 222

Daveoport, John, 23 l

folipdll, 197,203

I);ivila, Pedraria>. véase Arias Dávila, l'edrn

Felipe V, 252


'e>, nando d Católico, 34, 45, 46, 'l'.i-49, 54~:i. :i(í,57, 6'i-M, Hb, 11)'/, 154 ermrndo VI, 255 c,rnando Vll, 156, 287-288, 293-297, ?99):)O, J()2, 305, 34), 347 ":r ,1:in<le1-1\m1eolu, fol1pe, 43

·tcn:imkz de Enc;so, Martin, 57-,58, 6S -~n1ünd<0z de Lugo, Pedro, 95 ·c•1r~11¡J A!<lunale, Wü:wn, 4 76 ·,gucircdo, .loiip Baptista, 478 1gu,·rcs, José, 4-4() ·1g1,~wa, Lu1s<le, 55 leu, y, kan. [ 77 l0;c.s Magón. Enriqm,, 379,385 lores lvlagón. Rícat<lo, 385,447 ·,.,gel, Robnt, 227, 228 unocca, ?v!nnuel Dcrxlmo da, 55, 3N ,·x, \ik~ntc,482-483 ,·,nklm. Ben;amín, 27{), 272,274 ,a1\'.'(M. kan, 281 fil. h!uardq_ 41, 1, /471 r~yrc, ( iilbeno, 2{)7

c,nk. lnan, 12)

:uhi),,;r, Martín, 225 ;und11.!, Arturo; 475 '\l!ITl(\i'I, Alberto. 474, 479-480

,>ge, 1honw.s, 271,272 ,lltún, lurge Ehéca, --!34, 435 ;cl,t•¿, Jo,¿ de, 24--l, 252, 255, 256, 261 :1Jk10,, Rómulo, 437 .,11,,, F.1eqnid, '3 54 .,:lo,c:ty, foseph, 271 c1mJ, Vaornda,42,49,51, !95, 199 'l111diTJ, Agus(ÍII, 292 ,inte, Pdrnde, 109 ctra\, iuande,54,99 ,Li'1, hlan. 479 .H~Í,1 Carnsco, handsco, 294 :trc\¡,, ele l.oaysa, Jofre, 6 l, 84 ,,,·cud,; Moguer, Diego, 98 ,Hci;i Moreno, Gabriel. 37 l, 380 .1,ibaldi, Giuseppe, J 15 lle.,. l!orat10, 273 l\'trÍa, César, 484 ·il,e,t, Humphrey, 225 .1mtz.. luan Vicente, 380,398,433. 4J7, ,H,.¡ ,me,, Laureano, 483 ,m,·:, Máx.imo, ]95 ··n1e7. Farías, V~kntin, 373 \mee Morín, Manuel, 440 ..11.~ga C,wvas, Luis, 373 l-:i?~S

Conák;, Joaquín\'., 3T!, 4-P Cionzillcz Dii ,,1L.L Alonw, ◊) Cirmúkt D,'il- ib, Antonio, 85 {fonzilkt Dávila, Gil, 59-60, 8.5 Oonziilez P,acla, r',fanueL 4--l 7 Cionzála Vidda, Gab1id, 439 Goulart. Joiio. ! 98, 47¡¡ Goul~Il, Mal1nc10, l 98,472 (ioyeneche. Jo,& Manuel ele. 298

Grnham, Richm,L 321 Graov1lle,Eari, '.!33 Grerwillc, u~orge, 269 Gri¡alvn, foan de, 79 Vros'c, Marmndukc, 441 Gru1ínsk1. Serge, l 36 Ciuankt, TomiÍs_ 380 Crüemeo, J\.fartin Miguel de, 2%

l-lurnbold1, GlElkrnH• de, l ~ J Huerta, Victonanu, J9ll-}9?

Larnlle. L,11s, 476 L.:, ( rasca, ['~dro de. 94, 99, H'IO" 1O!

Hurtado de i',.fomh,ia. A rrdréo, 101 Hurtado de Mcndoz;,, (imcia, 99. 1!JO, l(J\ Htttten, Fdire, 97

Lig(•S, R¡carc!u. ,j 77

!bMkz del Cu:npo, Cados, 43ó, 4'.\9 Jb¡ina. FrnílU%ll de, 86 lllia, A1turo. 475

[ngm1erns, Josl, 444 lnocencio Vlll, lfl3 JrnrnLqui, l-,'larta, ?,67 babel, pnn~esa de Brn,il, 225, 323 ls"1-1el la Católica. 34, 45, 46, --!7-49, 52. 55,

:6, 65-66, 107, l 54 lsJ!Jd 1 lnglatcrra, 2.25 lsabd 1l. 347

Guerra, Cdst(,bcli, 50, 56 Guerra, h,mc1sc(J, 121 Gucm,. F"w~o1s-Xavjer. 369

lturbtde, Agustin, 305 fmnigmay y 1\cóatcgui. losé de, '294, 2%

Guerrero, Vlftntc, "JO~, 37Z-J 73 Cuevar:,, Erncot(J Che, 467"170 Cuót.ivo Adolfo de S\1ccia, 2'32 Gutiéncz de Pii'ic:res, 255 Guzmán, An!\,nlo Lcocadio, 33?, 371) G,umáo, Fernando, 72 (rlmn;in, Nuño de, 85 Guzmán Blanco, /\11lonio, 37 L 380

lw}a(l,29

1-blperin Dorlgh1, Tuli(), 289, 29J, 332, 399,

41,S l-lamilton, Akxanda, ?75-277 Hwnilton, Earl, 17\ 181,182,186 187 J-fancock, JollJJ, 271 Hawkins. lohn, 225 Haya de la Torre, Víctor Raúl, 442, 444, 445, 447, 450-45 [, 472,479 l·letui, Charks, cunde d'Estmng, 274 ffemlquc:,;Urefia, Pe<lro, 443

Henry. l'at1 ick_. 271, 276 Hernándcz de Córdoba, Francis~o, 59, 79 1-!ernimdez Girón, Francisco, 94 Hcrnández Martíncz, Muximilíano, 433 Herrera, Dartolomé, 371 Heyn,Pid, 177 Hidalgo. Miguel, 294,297, 3{)4 Hitler, A<loH; 453

lfochscbil<l, Maurkío, 360

Hrmker, Thomas, 231 Howe, \V1!11am, 273 H1iayíla Capac, 90-91 fluáocar, ltermano de Atahualpa, 91 !-ludsm,, Henry, 23 ¡

htkhnchitl, 82

Linirk,, Tilm,is, ·_p() \ miuo.<e. A!ejandrn Agustín 475 Larn Bomlla, Rodrigo,48·1 La1.Ltmo, 101 [,¡¡val, Fraíl<;ois ck, 235 L,valkja, hw11 Antonw de, 111 Lwmdio, segurulo marqués, virrey de Brn . sil. 21 5 Law, John, 234 Lechín, }l!dEl, 480 Lederc, Victor-EmmanneL ·233 Lee. R1ch;ird H~nry, 27~ L<:,_;;uia, Augu:;!{), 384,413, 4 '16, 447, 45 l Lc,ó11 Vakncia, Ciudlermo, 4M Lconi. l .nis, 483 Lepe, Dlcg,1 de, 51 Lerdo dt 'kpdn, Sd1o~tián, }74, 338 L~oseps, fc,¡durnnd de, 387 Lec!Chtcílb~.rg, A:neli;L de. 314

Jacol1t1 l dt lng!Jt~1 W, 22~ l;"·,,ho 11 ,k !nµlalertR, 223, 2'32 Jay, Juhn, r16, 277 foJfrrson, Tliorna~ 270. 271, 277 .. ]78 Jimén~zdc Ques11da, Cionwlo, 70. 95-97 lot1nsun, Lyndon, 461

L~uchtcnburg, Willrnrn, 230

Jollíct, Louí'.>, 233 JQrgc lll d~ lngla!ctra, 223,272 José l de Portug~l, 2 12, 214, 2 !6 luan, don, rcgenl~ en Port11ga1, 212, 309310 Juan 11 de Portugal, 39, 44. 46-47 foan lll de Portugai, 20[) Juan \Vd~ Portugal, 202, 217 JuJn V de PmtugaL 21] Jtt:líl Vl de Portugal, 31 l ·312, 313 Jnárei. Benito, 339, 173-374, 388,447 foárcl Celman, Miguel, 382 .httfré, Jum1, l !JO foffré, Lrns, iOO Justo, )llan B., 385,446

Lockt, lolm, 232,267 Lockhan, James, 129, l 3 J, 146 Lornl,~1du Tolecl:mo. Viccnt~, 392-.193 \_c¡narcli, Etlturdo, 474 Lópu Contr~ras, E1Lezer, 43 7 Lónez <lc Vóma,a, Fr:mciscu. 58 LóPez ck Lcg;,zp1, lVlígllel 84 L6pe1. de Palacios Rubios, luan, 67 68 Lt,ptz de Santa 1\nna, Antonio, 3]9, 372373 LópadeVebsco,Juan, )55 Lóp¿,: Mah;os, Adolfr>, 482 Lóp,,z M1cl1el,en, Alfonso, ~~4 López P()rtlilo, José, 4;;2 L<>well, fohn, 225 Lozano, Jorge TaJeq, 3IJ3 Lucéna Salmorul, i\fannd, 47, C,4, 69, ~5,

Kemmerer, f',dwin, 406 Kenncdy, fohn F, 46 l

Keyncs, Jolm Maynird, 411 Khan, Gengis, 37 Kottdzke, Richard, 8 l

Lcve1w, Kic:mlo. 116 L~w!s, Culir, 40(} L,mantour, )()s~ Yves, 3;{8-389 Lm~oin, Abnilrnm_ J l 6 Linier$, S;1nti~go de, 29,¡

<

104 Luis XJV rey de f'r;incía, 2J4. 238 Lula da Silva, Lms lnáct(), 479 Luquc, !lcrnamlodc, 9{}-9\

Korn, Ale¡andro, 444

Kroebcr, A!fre(l l 23 Kubihchck, Juocclio.o, 478

Lkras Cammgo, All1crw. 483 Lleras Restrcpo, Carlos, 484


1\l.u,~o. ;\ni<HHO. :\·)5 '_\ lc,ch,,dP de Assis. fonquin i\bri~, J08 ,\•l:1cl~1 o, fraílUSi:ü, J89- 19 ! ,'vlad tson. Jan ,e", ). 7/:,- 2 77 Madrid, Migu~I (k l:,_ 466. 4~2 \fac;lu, Ram,ro de, ~53 lvfagnllun~s, Fernandc, de. 34, 60-6 l, 97 Mug,üia, Ciilda1do, 392 Maha;,d, Jamll. 480 Ma,t!aml Thomas, 282 P..lalinlzin (M;,Jrndie o doiia Marina), 79 ,VL!lo.;;cllo, LJncellnto, 40 Mnrco Inca, herrnanastw Je Atahualpa, 92 /vfam:anúfo, Bernardino de, 55 Mm1zano, Juan, 42 ,\fa tía J ,k Portugnl, 212, 216, 3 l l Vlariál~gui, José CarillS, 381,442,447, 4,1s, 451

\fo, i"hal, Cml[).,, 341, 35 1, 398 \·la, if10_ Santiag{.l, 302-J0.1 \.l;mtain, J;1cque:;, 440 Vlorqlwtts;, lacqttes, 233 •,/,uroquín, José /Vlanutl, 394 vlarshall, T H ,377 vtaní, Farnbundo, 449 v[m!i, Jns6, 380. 395 darti11 Aldnh1m, francisco, 9 i ,taninez, José Luis, g 1. 128, 130 vhctinezCampos,Arscnio, 395 ,Llrti¡¡tz de lrnla, Domingo, 72, 98-99 '°1Mtínez de Hoz, Alfredo, 475 Anson, George, 276 ,-lnssasoit. 230 ,fatos_, l lubert, 469 .-Lrnm, Fn5dérie, 36, 39. 204 ,l,.\imiliano, emperad()r, J7J ,]Jm, G~hicl del, 445 ,le E voy, Carmen, 3J6 -kl.eod, l,fordo, 124 -icdina, Bartoiomé, 174 'ieiggs. ! lenry. 361 -1elgarcjo, /VfariaCTo, Yl6 ,iella, luan Antorno, 4--15 ·kilo e Cílstrn, Martinho de, 212 kndo,;:a Furtaclo, Francisco Xavier, 216 fondGr.n, Antonio ele, 85, 94 kmion, Pedro de, 73, 87, 97-98, J ! 1 knem, Car]();;, 456, ,1 '/6 kílc',ndez de Avilés, Pedro, 37 iey. Cornel1us Jacohson, 231 lintz, Sydney, 169 l1nuit, Petcr, 2.12 liño Grijalva, Manuel,_'\! 5

.\ln·Jllcs,Ji,an, ::n i\'l1rar1<L\. l·r:inc,,u, ck )9(1_ 302 [vi rcú Cird,,na, losé, -169 Mitre, Bartol{)rné. 371 Monagas. Tadeo, 310 i\fontero, hancrsco de "''I i\-low,, 36-P 89 Mont~>inm,, An!o1110 de, 66, 1o,_¡,' 1 1O , Montesinos, Vladmnro, 480 Monk.verde, D,•mingo de, 302<l03 Montúfar, Jtwn Pío, marc¡,,és de Selva Alegre, 294 Montúlar, A!onso de, l 14 Moíliz de fürcstrcllo, f'dipa, 43 Mora, José Maria Lt1is, 373 Moragi,, fobio, 296, _:;1)6 Mornís e Barros, Pru,lent(: .)(,se', de. 322 Morales Berrnúdez, FrancisoJ, 1¡79 Morclos, Jr,sé María, 297, .104-Jíl.5 Mor~no, AkJandra, g !, 84 !vforeno, Mariano, 292,298 Morgan, fknry Jolm, 240 ,\for1llo, füblo. 303 Murínean,Jvl1chd, 179. 18], 132 Mol'ison, Sarnud, 23() Morn, Tomá:;, l l l Mnsc¡uern, Tomás Cipri:rno, 334,372 Motecuhxnma lihu1cam1nn (MokcuOzo" rna), 29, 70, 80. 8 \ .. 83 Mololinía, fray Toribio ,fo, 85 Moya P()ns, Frnnk, 44, 12.,1. 279 /1-forrn. Jnhn, l 67 Nabuco de Arnú¡o, l(wquim, .l l 7 Napoleón, 282-283, 288 Nariño, Antonio, 303 Narviiez. Pánfilo de\ n-73, 81-83, 87 Neve o, Tancredo, 4 78 Newpor!, Christuplwr, ~28 N1rnlas, f'aul Frnn9ois .loan, conde ele Banas, 274

Nicolet, foan, 233 Ni~uesa, Diego, 55, 56-57 Niilo, Pe1al()nso, 'iO, 56 Nixon, Richard, 463 Niza, fray Marm:;, 87 No riega, Mam,el Amonio, 471 Noroiia_ Fernando de, 200,201

N1"ifiez, Rafod, .l78, .38(J_ .!93 Núñcz CabezJ rlc Vaca.' Áivar. 6-1, 72. 87, 98-99 . Núñezdc Bnlbou, VJsco, 56, 57, 58, 59. 90 Núii.ez tl~ Prado, .luan, 99 Núikzde Veb, Bh,en, 93

Clbrc:'.;hn,

f\¡,, ,m,, !0 l-l'/2. :f~ 7

ffllnnndl. (iHtik1mo. +1;o Ud1i«, ~.bnnel ,\ ,;7,¡ Ogé>, V1ce11l.e, 280 Ogkthorp~._.lamcs, ~33 (fl-l1g.gms, l:krnurdo, 30[) O,ie,Ll, Alon,;ode, 50. 51. 55, 56-57, 95 Olaiícla, Pedrn Antonio, 302 ()laya l k1 rern, Emiqu;c, 394,433 OluJ, C'mtóbal de, 'i9,60, 70, 84, 88 Ongani.i, lwm Carlr>s, 475 Urelh1na, Francisco de, 72, 96 Urbws, Gast(rn rk, conde tl' Et1, 323 Oruzco, P;oscual, 389-390 Ortega. Daniel, 48 l Ortiz Rubio, Pascual, _:¡t¡:z Osorio. /\leJunclro, 337 O~orio. MorianG, 3[!0 Ospina Rodrígua. 1\ lanam,. 3.14, 3 72 Oti~, James. 270 Onnrlo, Alfr~tlo. ,rno On.ndo, luan lo,é, ¡54.¡55 Ovando, Nicolás ,k, 51-52, 54, 66 Pachacuü, 31 Pachcco, Gr~gnno, 360 l'ú~i'-, José Ant0nio. 303-104, B8, :170 P,1ine, Thwnas, 272 Palacios. Alfredo, 377,446 l'nbcwJ. Guilkrrn,1, 296,306 Pabc1os. M,1rc(), 1ü7 Pal1i, Elías, 367 Panqumco (hijo tk Comogre). 57 Pardo. Manuel, J6 l, 384 !';,storo, Edén, 481 l'ílStraoa, Andrés, 484 Pastrana Bon ero. MirneL 184 P~iiiio, .losf, 2'i7 Patiiio. Simún, 360 J\v Esicnssuro. \lictor, 480 Petl,c111~la, Jm1quin <le la, 3ll l f'e<lni l de• 8,asil. 311,312, 3¡3 .. 314 Pedro H d,; Uraiil, 3 l 3-316, E 1. 323 .. 324

PcnH, \Villiam, «d Viejo", 232 Nre1, Ci1rlo3 A~,ln'.s, -%5, 41:G Pérez Brignoli, 1 léctor, 88 Pcr,;z Ut11lhou. O,mln, 329 Pérez Jimén~<., 1Vfo¡c(¡~, 437,440 P~r,;;. de Quesad.i, 1lernán, 97 Pérez de Zurita, JtiJn, 99 Ptrón. Eva, •I 75 Pe,61( J1wn D()mirgo, 417, 426""42'/, 432-

4 JJ, 434, 435, 4.'iJ, 4;4-47~

f'dion, ,/\lc.s;Jndre. n_:; \',.:¿, 1\rnhi:s ckl, 2 '5J Pí~ro!a. l\'icnlcis de, 361, 376, JR L 38.l P111cdo, hcki 1co, 446 i'irwchcr, 1\ug11:m1, 466, ~7 >, 4 76-4 77 Piu lX, J22 P1tt, Wi!ltarn, 236, 270 Piano, Frnnci,co, 57, 71. 89, 90-0}, 05, 96,97, lOll, 109,125 Pizarro, Gonza!o, 71, 91, 94, 96

P1¿arro, Jmm, 9 l P1zmw, León, 255 Pi1arm, 1-krnando, 91, 93 Platt.DC.M.,341 Plat.a, Leónidas, JSO Ple;;sis, Armand Jean rlu, cardenal de Ri .. 0helieu, 234,237 Poc-1honti1s, princt:sa ímJiu, 228 Polo, \-forco, 36 Pumbal, 1rn1,qués de, véase Carv¡¡]ho e M~lu, Sebasti5o Jos~ rlo l'nnce de León, Jnan, 5.1-54, 87 Pontiac, 268 !'<Jrtaks, Diego, 338 Pradu, Manuel, 4 79 Prc"los, Leamlrn, J48 l'rebisch, Ralll, 417 l'tolom<.'O, Cbudio, .5() Pu,,yrredón, Ju,m Martín de, 300

Puga, Vasco de, 155 Qum1ros. Jánío, 478 Quijano, Carlos, 445 Qniwga. Facundo, }32 Quiwga, Vasco de, R5, JO~, l l l Qui1 i>o, José Maria, l 75 Ralcigh, Wahcr, 225 R~mír~z de Fuenbil. Selx,stián, 114-85 Ramos, Jorge Ahelardo, 450 Reagan, Ro[)ald,471 Rc~abarren. Lui,; Emilio, 382, 3R5, 4-:16, 44R Reolrepo, Cm los, 194 Rezende J;];lrl,ns, Estcvao, 314, 315 Reyes, f.krnnnlo. 379, J8\I Reyes, R~fael, 39--1 Richf:liet,, ~ease P!essis, Armand lean du Rid;etts, Charks Milner, 145 Riego. Rafoel del, 296,305

Rigaud, André, 282 P.i1·a Agüero. José de la, 30 l -302 443 RivtrJ, Pe1afán d,:, 88 Ruca, Julio Argentino, 371, 377


',\Je,ii,, )()si: F.nriq11e, J7~, 4,12

Sinwn,tn, Robe,1. J'.18

lZot!tfp,,,c,, Cwlo, Rafad, 4r,8 R,,cll"igue, rk fon.ltcc>, Juan, J 53, l 54 f{,,ia•;. Ulegod~. <)CJ Rrr;as Pi:lllia. Gustavo, 4!:;JA8-i-

.Simp;,,m. LB, 123

Rokbri. Stc;n, 377 Hoió1n, Frnnc1sco, 49, 57 RoH~, lo\1n, 228

Romano, Ruggietu, l 90 Ro~am,allon, Pierre, 292 i!.u,m,, lnan r,fan11d <le, 3}2. 338. 37! Rnwnbfat, Ángel. 122,123,127 !t<,uq1/lt:. i\[ain, 16, 4-1- l

Rt1uoXJll, ks111-Jau¡u~~. 292 f< ú:i. Femando de lJ, 480 [tuhio \' Moreno, Luis, l26 l'.,nniíi.c1h111, 92

'ia,11ulra, C0rnclio, 2%

·l1ham, Hridn, 367 }alfor(l, Frank, 107, _,35 ).dazat de F.spmosn, .luan, ')8 ;:tlinJ,; ck Gortt1ri. C~rloo, 456, 41,6, 482 :,,![< Cav;il\i~1 <le la, n3 :;;[1-:, (;ad1 i<:r de la. -i\l ,,d,dil<Trn, Juan (le, 5 5 -~mpu, Emtstu, 484 ,in~hf<>Albornoz. N1co!ús, l l 9, J 25, l 92, ',) J, 364, 4) 9. 420, 421 ·,'1nch,;t. Cerro, Lt!is, 434 -ánchcr rk Losaúa, (fon.zato, 480 dlli:UJ. Augn;;m Cé.sa1, JXO, 4.iG, 449,481

S1111th, lohn, 228 Sf!i'1,w, Francis·-:<> ck, )ó 1 Sol1lenai, P1,,r<lc, 50 S,,lórzano Pe1eirn, han, 68 Somoza LkbaJ le, AnJs(asrn, 436. 442,480, 481 Som().i::i\ De hay le. l,uis, L\81 Sorn1,za García, Arn,sr;is10, -1-81 Sunthonax, L egcr-hfocité, 281 Sotn, Di!lningo de, 68

434.436,-'Lt7.47U Vargu5 Llosa, Ma,io, ..)81) Va,;concclPS, /()~é, _)92, 443. 44 7 Vivqua, Joaefinu z_, 315 Vázqu~z ck Ayllón, Lucas, 37 Vázqi<<:Z ele [Vlendi;,ca, Fernando, 68 Váz.t¡He< d-e Cnro:rndo, franc,~co, 37, 88 Vel:i.,co, Lut><lc. 8)

Soio, Hernando de., 87 Snusn, Torné, 2{) 1

Váizqua, Diego, 53-5-1-, 70-81). 82

Souta, frineu5 de, har(l11 de Mm,&. 319 Souz¡¡ Coulinl1v, Rodngo de, 212 Sqn111rn,23ü Sr~ward, J H .112, 113 Strne%11fr, Al lr~dü, 453,480 S!L,yvesant, Pc,1e:r n:1 SuLrc, Antonio Jo,é ,i~, 30~, 103 S11n Yat-Sen,450 Tag!G, .lo>é lkrn,irdo de, marqu~:l de TOne l.1g1,,, 30 ¡ .. 302 T,1n<lettr, fümque, 193 ·krni, t/ahnel, 4J6. -1-n Th()rp, R\!se-Mary, 4 16 Tin,kritec;. Joaquim Jo,é da Silva, 308 [()kdo, F, anc,s~o <le, 93-9°1, l 00, l .l.\, 151, l'Jl-í92

nnmndcr, Frnncisu, de f'~ula. 304

Trnna.s;so. ,\monio de, 4/46 T(lrns, Li,arnJro de la, )W2 forres, J,wi losó, /473, 480 T()HÍj(h, ümar,-1-7.l Toscan~ll 1, Pablo <lsal Pc,zzil, 44

'd\l{:1r1gd, [.UIS,4 5

'J'ouche, [Hniel de la, 225

«1g,¡¡n<etti, Julio !viaria, 476 ,!11 ivhuin, fosé de, 290, 299,300, 30l3U.,\ 30.l, l43

,rnt:, Cauz, /\ndré~, 292

f)nrning\l, Alonso, 55 :,pp<er.D.JD mnknto, Domingo f'austino, 312. 371 .m1cy, fosé, 478 ¿¡¡i(l

;hv.,art~, S, 20'i

.c,l,ic:. Jam~s, -1-22 ;h"~tián, don, nw de Port11gal, 217 :¡•\iiveda, luan Oinés de, 68 ;r~gn1, Lib<cr,476 ;1,ra ~ H;nojosa, fo:;é de la. JO 1 302 -:rrc,. fnsto.388 :<:o, i·krnand,.,, 436 !-:, Suam, l-krnán, 480 :,a [>aranhos, José !vlaria<la, barón de Ri,, Bi,wcu, 386

Varc-Ll. ('¡,n;ue!n. 4S VJrg<ls. (idúlio, ..\l !, 41 !, 426, 432-4JJ,

l 1n1osatm Louve1 /ure, 28 l ·283 Trias, Vtv,an. 329 T, t~1Ho, R:,fad L,eómdas, 437, 4}<'/.-44? TrnJ1l!o. Torcumu, 30-1"llipac Amarn, 290, lcl'i Turhay Aytlla, Julw C , ,18-1Ugat"!e, !vLrnutl_. 4-1-~

(hdam:ta, Andr6~. ~4 Uribt, Alvwi, 4~5 Vrrutr", Jvlanud. 469

Uts,'.ia, Pcdrüd~, 71-72 Va!divi:t, Pedro d~, 1üO- i Ol Vakucia,Mm1iíllk, 109 Valle, Anstúbulo del, 382

Vda;,,;,;o Al n,·,dn, Ju~n, 473,479

Vcia~cn !ix>rra, fosé !Vbría, 435 Vi,Jiz, C[m1d10, '.'86 Vcopu,:i(), ;\rni,ncn, SO, 55 Ve, ranallú, (;iovaníli, 224

Vlctoria, Guac\aiupe, ·,n2 ViJda,JorgtR:1fad, ·-17',

VitlF\, /\ntoqin, 2 \ 7 Vilar.f', 182 Villa, Pancho, 3~9-392

V1!1agrd11. h>Lncisco ,k. 99 100, \O 1.

v 11 n~11r, /car,-Bapt1sl<e ,le, conde de Rodnmbeau, 2!4 Virorrn, f'ra,tci,cq de, 68

W«chlcl, Natlrnn, l'.'5 \.\-'aid,;ccnrnlkr, Mai!Ír\, 50 w~1\..er, Wült>im, 387 wa,ner, "fho111'J5, 23 7 washinglOn, George_ 268 272-273, 277-278 1A'~yk1, 1/11\eri:,no, }95 ',v"lison, \,\",·"idrow, 39 l W1b1n. Henry Lar1~, 390

Woll', Frie, l 69 Yh1,u Pinzón. V1ccrnc, 45, 5 l, 55

Yngoyea_. J-!ipól1(0, 370, 382, 385, 433, 436. 444 ZJnccna, Luris, 427, 453 Z;wa!a, Erniliano. 390-392 447 z.cJ1lio, l·:.11oe$!rJ, 4~2 ZULU[JO!dg\1'1. 9~

Zumiuta\;O, Jua¡¡ de, 95


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HISTORIA DE AMÉRICA by CÉSAR GUILLERMO GONZÁLEZ DELGADO - Issuu