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PRECURSORES, PRÓCERES, HÉROES Y PALADINES

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PRECURSORES, PRÓCERES, HÉROES Y… PALADINES

Pretender hacer una historia contemporánea es complicado. Si bien la inmediatez en el tiempo brinda fuentes testimoniales de primera mano no aporta la distancia suficiente para juzgar los acontecimientos. En los testimonios con frecuencia se impone el carácter autojustificatorio en el discurso de los protagonistas y su preocupación se centra más en defender "tomas de partido", que en entender los procesos sociales subyacentes. Es necesario intentar otro tipo de aproximación. NELSON MANRIQUE

La manera más común y fácil de signar y distinguir en el Perú a los precursores de los próceres, como de los héroes, para muchos escribidores oficiales de nuestra independencia es ubicándolos en el tiempo, pero ambos ajenos a los contextos sociales y su visión ideológica y su accionar político de la contienda emancipadora. Y pareciera que allí termina el problema, pero si nos preguntamos ¿de dónde y por qué vienen los llamados caudillos y los anti patriotas? Los muy ruborosamente recordados por este tipo de historia, es la que oculta o disimula el oportunismo, la codicia, el egoísmo, la intriga, la corrupción, la usura y la especulación, tan frecuentes entre los criollos, los verdaderos dueños y herederos del Perú al comenzar nuestra turbia república. Pero de los no caudillos y veraces patriotas, esta historia oficial, casi nunca se han preocupado de éstos, no porque son pocos y raros, sino por ser peligrosos y desenmascaran a los criollos respecto a su proyecto de república que necesitaban implementarla de acuerdo a sus intereses de clase. Por lo que aprovecharemos la ocasión para ensayar una historia, lo más rigurosamente posible.

“Todas nuestras naciones nacieron mentidas. La independencia renegó de quienes, peleando por ella, se habían jugado la vida; y las mujeres, los analfabetos, los pobres, los indios y los negros no fueron invitados a la fiesta. Aconsejo echar un vistazo a nuestras primeras Constituciones, que dieron prestigio legal a esa mutilación-y exclusión-. Las Cartas Magnas otorgaron el derecho de ciudadanía a los pocos que podían comprarlo. Los demás, y las demás, siguieron siendo invisibles.” (EDUARDO GALEANO)

PRECURSORES Y PRÓCERES Empezamos pues con los Precursores. Como en los otros países hispanoamericanos, eran grandes personalidades e ideólogos del siglo XVIII, que tomaban conciencia de su realidad americana, unos reclamando y accionado su descontento al interior del sistema colonial, reclamando igualdad de derechos, libertad política, reformas administrativas, e incluso separación de la dominación española. Desde fines de ese siglo prepararon el terreno para la llegada de las corrientes libertadoras. Unos eran líderes y autoridades indígenas; otros intelectuales o militares e instituciones que inician la gesta independentista. Unos provenían del interior rural campesino, con gran arraigo histórico andino. Los otros, criollos, eran los ideólogos liberales de amplia visión y acción, intelectuales o maestros que contribuyeron con sus críticas al sistema colonial y sus propuestas de cambio, pero a favor de los privilegiados, mayormente limeños, adinerados, que aspiraban todo el poder. Se consideraban los herederos naturales de las colonias. “La libertad política fue una ideología en el sentido moderno de la palabra que servía para defender intereses de personas y grupos aspirantes al poder en nombre de esa libertad. De ahí que las historias de las repúblicas latinoamericanas se confunden con la biografía de los caudillos que representaban los intereses de dichas élites políticas” (CELAM)

Los criollos reformistas sólo aspiraban reajustar ciertas normas políticoadministrativas del sistema colonial. Los otros precursores, aspiraban la separación del colonialismo hispano por otro liberal y moderno; mayormente masones, pero en general profesaban o se inspiraban en doctrinas foráneas y se adelantan a preparar los acontecimientos o hechos a base de sus ideales. Que con sus obras, enseñanzas, publicaciones y propaganda inculcaban ideales de justicia, libertad, fraternidad, igualdad, democracia, de patria. Aunque no necesariamente activaron directamente, eran sembradores de ideas y formadores de conciencia en favor de la emancipación. Trabajaron por ella pero sin conseguirla. Eso sí, crearon las condiciones necesarias para potenciar la ruptura con el imperio español y crear una nación separada de España, tomando en cuenta los graves acontecimientos del momento que pasaban las potencias mundiales. Algunos, bajo la influencia liberal jesuita, otros como masones liberales. Pero todos, excelsos precursores, incluso algunos lograron a ser


próceres ejemplares como Hipólito Unanue, Toribio Rodríguez de Mendoza y José F. Sánchez Carrión. Entre los precursores, en la versión social reivindicatoria, resaltan José Gabriel Condorcanqui (1780) y concluye con el levantamiento de los hermanos Angulo y Pumacahua (1814). Continúa la versión política liberal, donde destacan: los de relieve continental, como los Reformistas: Pablo de Olavide, Vicente Morales Duárez, Manuel Lorenzo de Vidaurre, José Baquíjano y Carrillo, Toribio Rodríguez de Mendoza, José Hipólito Unanue y Fray Calixto de San José Túpac Inca. Y precursores separatistas como: Juan Pablo Vizcardo y Guzmán, José Faustino Sánchez Carrión, José de la Riva Agüero y José Vásquez, entre otros. Per previamente la versión indígena, social y revolucionaria tuvo que ser aplastada por los realistas con el apoyo de los criollos ricos, que pronto serán considerados próceres de la independencia. Respecto a los próceres, todos nacionalistas, llamados los Padres de la Patria, distinguimos también dos grupos. Los primeros, desde fines del siglo XVIII y principios del siguiente. Fueron ilustres y valientes aunque muchos, desconocidos personajes, civiles o militares, mayormente indígenas y mestizos (algunos caciques descendientes de la nobleza inca) fueron los conductores principales, luchando en forma directa contra el injusto y discriminador sistema colonial, representado por los españoles y criollos ricos sobre todo de Lima, centro y sur andino. Algunos de estos movimientos tenían visos de carácter social y revolucionario. Los posteriores próceres son seguidores, también ilustres patriotas, criollos provincianos y mestizos, tomaron las armas contra la dominación española en el Perú y contribuyeron al logro de la independencia en su versión criolla y liberal, mayormente separatistas. Pero del mismo modo, antes concluye el ciclo de revueltas indígenas en forma sangrienta y abruptamente con la derrota de la rebelión del Cusco en 1815. Ahora bien, los liberales y patriotas, nacionalistas y republicanos, con el apoyo argentino desde el Alto Perú, dadas las condiciones favorables de los graves sucesos de Europa aprovecharon estas coyunturas (invasión de Napoleón a España, la reducida armada realista en el Pacífico, alejamiento del antirrevolucionario Abascal y el amplio apoyo de Inglaterra) para reiniciar el alzamiento, convirtiéndose en actores protagonistas políticos peruanos, dispuestos a arrebatarles el poder al debilitado régimen borbónico en Hispanoamérica y en el Perú. Arriesgando y entregando la vida en las guerras y el martirio. Individual y orgánicamente, actuaron en combates, motines y conspiraciones o actuando como agentes secretos informantes, infiltrados, en el espionaje y contraespionaje, sabotaje, etc. Ahora bien, mayormente son los patriotas criollos los que incursionaron en la política, el mando militar y la administración pública, tras expulsar a las fuerzas realistas. Otros, como traidores, ambiciosos, oportunistas

y tramposos al hacerse pagar por sus “servicios”, Pero casi todos guardianes del poder criollo. Muy pocos patriotas criollos y mestizos llegaron a ser héroes y paladines. Entre los primeros próceres resaltan los también precursores Juan Santos Atahualpa, José G. Condorcanqui y Micaela Bastidas: Francisco de Zela, José Crespo y Castillo, Enrique Paillardelli, José G. Aguilar, Manuel Ubalde, los hermanos José, Mariano y Vicente Angulo, Mateo Pumacahua, Mariano Melgar. Luego continúan: Pedro La Rosa, Toribio de Luzuriaga, Francisco Vidal, Domingo Nieto, Andrés Reyes, las Toledo, María Parado de Bellido, José Olaya, José de La Mar, José L. Orbegoso, José A. Rázuri, José I. Paredes, Andrés Santa Cruz, Francisco J. Mariátegui, Juana M. Moreno y otros provincianos más. Advirtiendo que, los próceres de la emancipación de los movimientos revolucionarios americanos anteriores a las Juntas de 1810, fueron tan próceres como los de movimientos siguientes a ese año, sólo que éstos últimos decidieron ser solamente reformistas, en tanto los anteriores aspiraban mucho más: transformar toda la sociedad, con respeto e inclusión étnica, si el Rey de España atendía sus “pliegos de reclamos”. “Entre liberales y republicanos habían también grandes diferencias “Hipólito Unanue y Bernardo Monteagudo eran por sus convicciones liberales (libertad de pensamiento, libertad de imprenta, libertad de mercado); no obstante, tenían severos reparos a establecer la república –en un país carente de ciudadanos-, razón por la cual respaldaron el proyecto monárquico constitucio-nal de San Martín y, después la Presidencia Vitalicia de Bolívar. En el otro extremo, los republicanos más radicales, como Manuel Lorenzo de Vidaurre, reivindicaban con énfasis la división de poderes, incluso el federalismo y el parlamentarismo .lo que ahora llamamos el orden institucional-; sin embargo no escaparon a una visión oligárquica, excluyente y, en algunos casos, antide-mocráticas de la sociedad”. RAÚL CHANAMÉ

NUESTROS HÉROES Y HEROÍNA Es también sumamente lamentable que la historia convencional de nuestra independencia apenas consigna a muy pocos héroes peruanos, dando prestancia a héroes extranjeros. Los menos reconocidos son los héroes provincianos y menos aun, las heroínas. Toda vez, que la mayoría de las contiendas militares se dieron en el ámbito provincial, en el mundo de la servidumbre, entre pardos, indios y campesinos, muchos historiadores continúan aun desconociendo a los protagonistas: montoneros, mestizos, indígenas y esclavos, en su aporte y sacrificio (cobertura, enlace y apoyo militar) por la independencia. No quieren reconocer a los valerosos montoneros y guerrilleros como Marcelino Carreño, Cayetano Quirós, Quispe Ninavilca, Basilio Auqui, Bruno Terreros, Francisco Vidal, fray José Félix Aldao, Andrés Reyes, etc. olvidados o negados, por la historia oficial. Posiblemente, al negarlos, omitiendo


o minimizándolos ya se libran de preguntarse ¿Qué cambios y mejoras hubo para el mestizo, negro, indígena al concluir la guerra de la independencia en el Perú? La imagen del héroe -y la heroína que entregan- la vida por un pueblo cumple una necesidad importante, pues da cohesión a un grupo social: una tribu, una aldea, un grupo étnico o nación […] La creación o valoración de figuras heroicas sirve al poder de turno, porque infunde entre los pueblos no sólo respeto y amor a la patria, sino también, rechazo hacia cualquier conducta que atente contra la unidad. ENRIQUE PLACENCIA

Consideremos que de los 2 años que estuvo San Martín en el Perú, 8 meses seguidos fue de intenso trajinar, dirigiendo la contienda entre y desde los pueblos del norte chico. Sin embargo, hasta hoy, pocos nos damos cuenta del extraordinario y generoso aporte de estos pueblos en la acogida, sostenimiento, renovación, incremento y entrenamiento de las tropas regulares, partidas de montoneros y guerrillas. Así Huaura fue el eje estratégico de la campaña libertadora del sur, con el respaldo espontáneo y total de los pueblos, incluso proclamando la independencia, antes que Lambayeque, Trujillo, Piura, Cajamarca, Chachapoyas, Jaén, Maynas y Lima. En Huaura confluían pobladores de todas las etnias hacia las filas de combatientes, como políticos y distinguidos oficiales realistas criollos para convertirse en patriotas (Castilla, Santa Cruz, Orbegoso). Pero antes San Martín ya contaba con valiosos jóvenes convertidos en héroes militares como Vidal, Reyes y Nieto. Obviamente, nuestros futuros héroes y heroína olvidados tuvieron mucho que ver con el norte Chico. Pero también es importante empezar a mirar el proceso independentista desde la perspectiva femenina, de su empoderamiento, de su visibilidad e invisibilidad. Vale decir pensar en las luchas de la Independencia contando con el valioso aporte de la mujer. Proceso que se enalteció con muchas mujeres como protagonistas, heroínas y mártires olvidadas, que no han sido tomadas en cuenta a la hora de coser la historia del Perú. Quizá incómodas para aquella historia pensada en y por varones como exclusivos protagonistas y figuras centrales. La participación de las mujeres en la actividad y compromiso políticos se manifiesta de múltiples y diversas formas: colaborando en actividades conspirativas organizando en las reuniones y tertulias políticas, la persuasión y propaganda subversiva, planeando estrategias y acciones de espionaje, organizando redes de información y correos para el ejércitos patriotas; organizando protestas, movilizaciones, propaganda patriotas y persuasión entre las tropas realistas; donación de dinero y joyas para la causa independentista; refugio de insurgentes fugados y perseguidos; transporte de alimentos, ropas, medicinas, vituallas y material bélico; la reparación de armas; como rabonas acompañando a las tropas; cocinando, atendiendo heridos, mantenimiento de los hospitales y enterrando a los muertos; portando las armas, integrando guerrillas o como soldados en los campos de batalla y las guerrillas. Todo esto se dio precisamente en el norte chico. Recordemos que San Martín entregó la “Orden del Sol del

Perú” y condecoró a 112 mujeres que habían destacado en delicadas actividades patrióticas. Este valioso aporte femenino se produjo en todos los niveles sociales, desde las pobladoras indígenas, negras y mestizas en su mayoría, hasta las criollas de las élites sociales. Todas ellas colaboraron en la medida de sus posibilidades. Pero que aun no las consignamos en la historia patria. Con temor de omitir s muchos personajes femeninos, mártires y heroínas ensayo una clasificación y nominación de ellas en tres grupos: De los tiempos de Manco Inca (siglo XVI), para restablecer el Incario, recordemos a Kura Oqllo, Mama Asarpay y María Kusio Warkay. En tiempos las reformas borbónicas y por ende, de los grandes levantamientos indígenas (Siglo XVIII), reclamando justicia al poder real que amplía el tributo a los caciques y el abuso de los corregidores, destacan: Ana de Tarma, María Gregoria, Juana Moreno, Micaela Bastidas, Tomasa Tito Condemayta, Marcela Castro, Bartolina Sisa, Gregoria Apaza, Manuela Tito Condori, Cecilia Túpac Amaru, Margarita Condori. Y la fase victoriosa e irreversible de la independencia liberal (siglo XIX) las preclaras heroínas: Simona Josefa Manzaneda, Ventura Ccallamaqui, Rosa Campusano, las heroínas Toledo, María Parado de Bellido, Juana Azurduy, casi todas entre las guerrillas y montoneras. En general, el mayor peso del deslinde militar, entre 1819 a 1825 estuvo a cargo de los separatistas, que al final, la mayoría devino en patriotas reformistas que, salvo excepción de los verdaderos héroes y paladines, terminaron priorizando sus intereses de clase, en desmedro de las aspiraciones regionales y populares de la mayoría indígena y mestiza. Más grave aun, se priorizó sólo la noción de una patria centralista y de blancos, dejando para las calendas griegas la inacabada noción de nación, precisamente del Perú, un país tan complejo, diverso y disperso. Que hoy se discute seriamente la ambigüedad de las élites criollas sobre la conveniencia de la independencia excluyente combinados con malsanas disposiciones racistas, de abuso y discriminación. Al caso que cuando San Martín proclamaba la independencia, el Perú tenía algo más de un millón de habitantes, y de 65 mil que vivían en Lima, solo un tercio eran blancos. Había en el país más de 130 nobles españoles o criollos entre Marqueses, Condes, Duques, etc. Por eso, los criollos ricos y aristócratas de Lima, por el pánico al populacho firmaron el acta de la independencia, pero en realidad no querían la independencia. Que apenas retornaron los realistas a Lima, renegando de dicha firma se volvieron monarquistas nuevamente. La sociedad peruana era mayormente rural, indígena y andina. A pesar de su masivo aporte en la guerra, el Perú era un "país sin ciudadanos" como dijo Flores Galindo. Una sociedad fragmentada y con falsos patriotas, sin una identidad colectiva, una realidad incierta, inacabada, fundada en el desequilibrio donde pronto se institucionaliza la incompatibilidad entre la nueva Constitución republicana y la vigencia de las jerarquías coloniales. De ahí las lapidarias


palabras de Eduardo Galeano: “bienaventurados sean los perdedores, porque ellos cometieron la insolencia de amar a su tierra, y por ella se jugaron la vida. Pero está visto que el patriotismo es el honorable privilegio de los países dominantes: sólo los que mandan tienen el derecho de ser patriotas”. En otras palabras, está pendiente aún la historia del pueblo en la independencia. IRRUPCIÓN DE LOS CAUDILLOS Lastimosamente la independencia nos cogió en mal pie. Éramos un país de múltiples naciones y el menos integrado de América del Sur. No contábamos con la homogeneidad étnica de los criollos del Sur ni los mestizos del Norte. Al tiempo que las desigualdades sociales, económicas y culturales eran, las más profundas y excluyentes, pues aquí, en los Andes Centrales se hallaba el grueso de los poblados originario, explotada por la sociedad blanca. La ausencia de una clase dirigente con un proyecto nacional fue llenada por caudillos, formados inicialmente en el ejército español, pero que una vez lograda la separación de España, vieron la oportunidad de hacerse con el poder. Nuestra independencia no fue el resultado de la irrupción ciudadana; sino la consecuencia de batallas ganadas por a fuerza de las armas. Por esto los militares forjados en el combate se sintieron con derecho a gobernar eso que conocemos como Perú. DANIEL LOAYZA

A pesar de todo, los triunfadores criollos dieron inicio a una sórdida república de menesterosa democracia, con los ganadores liberales afrancesados y aliados con el comercio británico; con ideas de un imaginario Tahuantinsuyo centro y heredero de milenarias y sucesivas culturas precolombinas, imbuidos de incásicas crónicas de visiones estereotipadas. Entonces fue casi imposible hacer una patria de una multitud de naciones tan compleja con una mayoría de perdedores. Obviamente, los campesinos y la plebe urbana no pensaban que una revolución podía limitarse a un cambio político o al desalojo de la aristocracia; la revolución, para ellos, consciente o instintivamente, era el cambio sustancial y completo de la realidad. Sin embargo, pronto vino la trágica decepción, sobre todo con Bolívar, hacerse matar entre indios, por lo mismo, a medida que los criollos tomaban las riendas de la que nunca llegó a ser una conflagración social. Apenas concluida la exitosa pero prepotente presencia bolivariana, finalizada la etapa independentista los criollos dieron el inicio de la deseada república, o el reacomodo político y económico sobre las mismas estructuras sociales y culturales, bajo la tutela de los militares, los únicos con capacidad de mando, que a falta de un elenco civil político administrativo, los militares exitosos o caudillos resultaron peor que la enfermedad colonial. Pues empezó a emerger la aspiración por el poder, el afán por el prestigio y la ambición de riquezas. Ahora bien, el perfil de los caudillos en la mayoría de las flamantes repúblicas hispanoamericanas dice de jefes militares que se disputaron el control

del Estado gran parte del siglo XIX. Por lo general, habían combatido en la guerra de independencia; tenían tropas a su mando y prestigio militar. Esto les permitía tener el poder suficiente para llegar a la presidencia a través de un golpe de Estado o un levantamiento. El caudillo tenía fuertes compromisos con grandes comerciantes, familias aristocráticas y con los hacendados locales, que le prestaban tropas y dinero. Pero, al mismo tiempo, debía ganarse el favor de las clases populares. Ya en plena anarquía, se hacía rutina que la revuelta de un caudillo solía iniciarse con una declaración pública afirmando que el gobernante de turno había infringido la ley, y que él le devolvería la legalidad al país. Luego, ambos bandos combatían. Si ganaba el caudillo levantisco, se autonombraba protector de la patria y convocaba a elecciones, las cuales ganaba fácilmente, porque poquísimos eran los electores y muy allegados suyos. Y elaboraba su Constitución acorde con los intereses de sus patrocinadores. Así, para el caso peruano, -el más patético- entre 1827 y 1845 se dieron cuatro Constituciones (1828, 1834, 1836 y 1839) y más de una docena de caudillos y anti caudillos ocuparon la presidencia, quizá por la vulnerabilidad política de estos últimos, a pesar de la simpatía popular; salvo el de Castilla, siendo liberal terminó como caudillo conservador. “Sería apropiado deslindar el término de caudillo, designado indistintamente por la historia oficial: a criollos, mestizos y morenos; a intelectuales conspiradores, subversivos, jefes de guerrillas y montoneros; a oficiales extranjeros, oficiales conversos, presidentes o candidatos a tales, que después se constituirán en jefes de guerra que buscaban convertir su clientela regional en un feudo personal de soldados, dependientes y tributarios. Pero que no se preocupó mucho de pretender que todos los adultos fueran ciudadanos nacionales iguales ante la ley, y dedicó pocos esfuerzos a forjar una nación integrando las provincias. Los caudillos excepcionales –Luzuriaga, Vidal, Nieto, Santa Cruz, Castilla- trataron de controlar a sus contrapartes menos excepcionales, para forjar la maquinaria de rentas, coerción y patronazgo necesarios para colocar al Estado en un terreno más firme. En ningún otro sitio más problemático fue la construcción de naciones que en Perú y Bolivia, países andinos cuyas “cuestiones nacionales” permanecen irresueltas hasta hoy….Desgarradas profundamente por divisiones étnicas y clasistas…” STEVE J. STERN

Como consecuencia hay muchos protagonistas que están simplemente olvidados o ninguneados en la historia oficial y limeña -basada en la historiografía foránea-, donde pocos resultan reconocidos en su justa dimensión como héroes. No solo debe señalarse e informarse de los héroes que dieron libertad a Perú también deben nombrase a los traidores del Perú que son muchos y vacilantes. Pero también hay de los que inmerecidamente han sido y siguen siendo promovidos a próceres, patriotas incluso a héroes por algunos malos gobernantes, apoyados por periodistas venales y autores de textos desinfor-


mantes, mal intencionados y tendenciosamente elaborados e impuestos en los programas curriculares escolares y universitarios. Son pues algunas de las dudas e incongruencias que muy poco nos hacemos, sobre todo los docentes, ante tanta proliferación de nombres de pueblos, calles, plazas, colegios, con nombres que ni siquiera sabemos quiénes fueron realmente ni los verdaderos méritos que se les adjudica. Ya desde los tiempos de la Emancipación, las versiones en libros, revistas y artículos periodísticos suelen omitir convenientemente discretas, las deshonras y ambiciones. La referencia a las intensas divisiones internas entre los nacionales que defendían a la corona española es escueta o inexistente. Tal como expresa Basadre en sus escritos, para los criollos la Independencia, más que una guerra civil por la emancipación, era vista como una guerra civil en la que uno podía tomar partido por cualquiera de los bando. Por eso, no queda claro en los textos escolares que no fue, entonces, el triunfo de la unión nacional lo que gestó la libertad. (Menos claro quedaría esta patética época para las nuevas generaciones, pues en los textos de historia se torna imprecisa y sin importancia, como se lee en la historia del Perú de español Sebastián Lorente). De ahí que el País quedó librado a su suerte. Con masones entre ellos, su primer presidente –los dos anteriores (Riva Agüero y Torre Tagle) murieron como realistas- fue La Mar, nacido en Cuenca, antiguo general realistas que luchó contra San Martín hasta 1821, pero el mismo año resultó un ferviente defensor patriota. Y Orbegoso aristócrata criollo trujillano, amigo y masón como San Martín. Riva Agüero quien “sobre su capa de conspirador se había puesto la banda presidencial, pero sin quitarse la aristocrática casaca de marqués como Torre Tagle. Luego, la miseria, la anarquía y la poca fe que sucedió a las guerras libertadoras y al retiro de los realistas, salvo excepciones para las que sobran los dedos de las manos (Luzuriaga, Nieto, Vidal, Santa Cruz, Castilla), se prolongó la crisis a lo largo de ese siglo, que el eminente autor Jorge Basadre califica como “el más triste de la historia del Perú”. “El enriquecido sector criollo y mestizo obtuvo el poder y no tenía intención de compartirlo con los indígenas, los pardos, los negros y otras poblaciones subalternas. Ello por temor al descontrol social y para no perder los privilegios obtenidos. Por lo tanto, procedieron a mantener el orden legal, y continuaron considerando al indígena en su condición de menor de edad o de ciudadano pasivo y ponen en funcionamiento un sistema electoral censatario”. (CARLOTA CASALINO)

Sin embargo, debemos reconocer que frente a la debilidad de las instituciones y la falta de integración geográfica y territorial, el caudillo autoritario y conservador fue un factor que permitió mantener la precaria unidad territorial. Toda vez que la idea de lo territorial como fundamento de la peruanidad, de la patria, nos venía desde el siglo XVIII. Entonces el discurso nacionalista fue algo eficaz para superar el peligro de opciones secesionista en el

Perú, dándole al país una imagen de unidad. Que por sus raíces mestizas, lograron muy bien compaginar lo indígena y lo español, compensando así la ausencia de un Estado real y sólido. Tras la separación de España el Perú no cayó bajo el dominio británico y se frustró la posibilidad de implementar el “libre comercio”. El país cayó más bien en un aislamiento comercial y financiero y que la anarquía de estos 20 años fue la mejor defensa del país frente a las intenciones del imperialismo (británico, francés y norteamericano) por establecer el liberalismo comercial. Que, dentro del caos, hubo una suerte de “soberanía económica”, alentada por la elite limeña que impuso medidas comerciales proteccionistas hasta 1850. (JUAN L. ORREGO)

Pero tampoco es casualidad que pronto, estos caudillos resultaron ser los menos respetuosos de la ley y la Constitución. Los casos más conocidos son: Ignacio de Vivanco, Agustín Gamarra, Santiago Salaverry, Juan C. Torrico, Rufino Echenique y Antonio Gutiérrez. A excepción de La Mar y Orbegoso, estos inescrupulosos y advenedizos patriotas, son los que precisamente se enrolaron por necesidad de no quedar fuera de la contienda libertaria, -provenientes de aristócratas familias criollas, reaccionarias y conservadoras- son los que al principio nunca quisieron la independencia, pero muchos de ellos fueron elevados oficialmente a la categoría de héroes, y finalmente los que desplazarán militar y políticamente a los patriotas y héroes mestizos y provincianos, Y cuando apenas concluyó la guerra, les llegó el momento de despejar y deslindar el problema de quiénes debían conducir los destinos del país. NUESTROS EXCEPCIONALES PALADINES Como dijimos al inicio, es indispensable contextualizarlos socialmente, conocer la visión ideológica y el accionar político de nuestros caudillos y líderes paladines. Aunque es una tarea complicada definir a los grupos políticos de estos años. Sin embargo, el deslinde entre conservadores y liberales nos da una pista para conocerlos mejor a pesar del resentimiento, el desorden, la corrupción, el caudillismo y la desilusión, ambiente donde la gente cambiaba sus lealtades constantemente, quizá esperaban demasiado de los nuevos gobiernos. En el plano teórico, doctrinario, las diferencias entre liberales y conservadores eran claras. Los primeros defendían el individualismo, la soberanía y las leyes nacían en la voluntad popular. La división de los poderes del Estado, el sufragio universal, la secularización del gobierno, defensa de la propiedad, tolerancia de cultos, la igualdad entre los hombres y la abolición de la esclavitud, los fueros y gremios. En cambio los conservadores se vinculaban con las mejores manifestaciones, creencias e instituciones del pasado como paradigma y tradición, como valores permanentes y superiores. Pero en la práctica resultó difícil la con-frontación entre liberales y conservadores. Incluso hay cercanía respecto a su percepción negativa de la plebe. Debemos tener en cuenta que ambos grupos descendían de la sociedad virreinal, tan jerárquica e inflexible. (JUAN LUIS ORREGO)


Para los conservadores, ya iniciada la República, los liberales eran los culpables del caos, la anarquía, la violencia y el empobrecimiento, Pero en realidad ambos movilizaron y enfrentaron a caudillos echando mano de la plebe (montoneras, bandoleros y malhechores). Si el Código Civil de 1835 decía la igualdad entre los hombres ante la ley, para ambos todavía los indígenas “por excepción” seguían pagando tributo ante la penuria fiscal, hasta 1854 cubierto con los ingresos del guano. Tampoco la unidad política podía imponerse en un país de profundas diversidades regionales. Ni que la democracia instaure la imposición de una tendencia sobre otra. Lo esencial era el diálogo para compatibilizar los intereses regionales sobre las bases del diálogo y el consenso. De ahí, que los caudillos y líderes liberales, en especial los vinculados a las aspiraciones de comercio libre del regionalismo sureño -como Nieto, Vivanco, Vidal, Orbegoso y Santa Cruz, tenían escaso apoyo capitalino como del norte y centro del país. Que desde el inicio de la guerra de la independencia, el regionalismo ya se manifestaba entre sus protagonistas, ante las potencias ultramarinas. Aun así, para Paul Gootenberg, -citado por Orrego- nuestro país tuvo mejor suerte que la balcanización de la Gran Colombia y Centro América, y que nos permitió una precaria unidad territorial. Ahora bien, ante lo expuesto, ¿quiénes fueron entonces nuestros caudillos excepcionales? En adelante los llamaremos, paladines. Término más cercano para describir a los próceres y patriotas, comúnmente criollos provincianos o mestizos que lucharon por la independencia liberal, promovidos a la categoría de héroes, al lado de los héroes indios y morenos que nos precedieron en el siglo XVIII y los que nos honran hasta el día de hoy. Pero el asunto se va complicando cuando unos patriotas y héroes guerrearon, como ya se dijo, para mantener las condiciones sociales y económicas intactas para su propio beneficio (criollos de la Sociedad Amantes del País y el Tribunal del Consulado esencialmente) y otros patriotas liberales nacionalistas (militares, civiles, religiosos) que lucharon por una patria inclusiva, en favor de todas las sangres, sin excepción. De ambos sectores, según por donde se les mire, algunos devendrán en héroes, y muy populares y reconocidos por cierto, pero paladines, serán, de estos últimos, muy pocos. Que a continuación los caracterizaremos. Civiles o militares, los paladines se distinguían por sus frecuentes hazañas exitosas en el campo de batalla, defendiendo a ultranza ideales y valores como la justicia, la libertad, la igualdad, la democracia, la solidaridad y los derechos humanos. Eran valientes y con generosos esfuerzos arriesgaban la vida ante los peligros, sólo por las causas nobles que los motivaban. No todos actuaban en las tropas regulares, muchos conformaban o dirigían columnas y cuerpos auxiliares como las montoneras o guerrillas, agentes secretos, sabo-

teadores, proveedores, o cumpliendo tareas imprescindibles para garantizar la solidez, la seguridad de los cuerpos regulares y ratificar la derrota del enemigo. Muchos provenían de los pueblos del interior y otros de los sectores medios o aristocráticos. Unos se inician en el bando patriota otros en las fuerzas realistas. Unos se ganan sus ascensos, reconocimientos y nombramientos palmo a palmo en el campo de batalla, otros pasan del bando realista al patriota con sus mismos grados o son premiados y ascendidos de inmediato. Unos empiezan su carrera militar muy jóvenes otros algo mayores, unos son más ilustrados que otros, Todos empiezan desde los inicio de la independencia con San Martín y continúan con Bolívar, pero unos son pronto marginados y otros relegados u hostilizados temporalmente. Unos mueren pronto, otros perduran algo más. Concluida la guerra independentista, nuestros paladines, abanderados y legitimados por las nuevas autoridades políticas y por su liderazgo, prestigio y honorabilidad ante el pueblo. Son un selecto y pequeño colectivo de benefactores y garantes de una república utópica y altruistas sin excepción. Miran primero los intereses del país, ubicándose con la mayor lucidez y desprendimiento posible en el tiempo en que viven. Los paladines destacan comúnmente por su formación humanística y cristiana. Son muy respetuosos de las leyes, de la Constitución, de las autoridades legítimas y de la religión católica. Por eso, se incorporan en la política, para enfrentar y neutralizar a sus colegas caudillos, ambiciosos del poder, el prestigio y las arcas fiscales; incluso se enfrentan a colegas militares para defender al gobierno legalmente constituido. Pero a la vez son marginados y postergados en sus carreras públicas por la aristocracia republicana conservadora. Como a San Martín, son mirados con desconfianza por las potencias extranjeras y los países vecinos. Sabemos que unos mueren violentamente y otros reconciliándose con Dios. Resultando ejemplos y modelos para la juventud y la clase política de hoy, porque fueron precisamente paladines, desde la dimensión ética y moral que alcanzaron la coherencia en la mayor parte de sus azarosas vidas, tanto públicas como privadas durante la etapa de la independencia. Obviamente como humanos, algunos no siempre, durante toda su existencia, pero tampoco, podríamos decir lograron alcanzar santidad alguna, ni siquiera el libertador argentino José de San Martín, llamado el Santo de la Espada. Pero fueron los que alcanzaron con dignidad, limpieza y sin ambición ni egoísmo, los máximos grados militares, títulos y condecoraciones, y dada las circunstancias el excelso honor de presidentes de la República. De ahí, la vida pública de nuestros paladines se reflejaba en sus espadas puestas al servicio de la redención del pueblo y la institucionalización de un neo Estado que sirva a las mayorías. Por ende, enfrentan a los advenedizos criollos que aspiraban a más de lo mismo, dejando incólume las injustas estructuras de


explotación colonial. Paladines que intuían y aspiraban una paz, sobre la base de la democracia horizontal y convergente de la justicia, la solidaridad y el bien común. Por eso, con cargo a una posterior y debida explicación, nos entusiasma sobre manera proponerlos como paladines peruanos, por lo menos y por lo pronto a: Domingo Nieto, Francisco Vidal, Toribio de Luzuriaga, Ramón Castilla y Andrés de Santa Cruz. Quienes habiendo sido sometidos, unos más que otros, a las tensiones y debilidades, conflictos políticos y luchas caudillistas, que sin llegar a las luchas sociales, no amenguaron su calidad humana al entregar su existencia en pro del bienestar y la felicidad de los pobres y excluidos. Aunque ahora sus beneméritos restos mortales reposen juntos a los de los caudillos (juntos y algo revueltos) en nuestro Panteón de los Próceres, se debe a que son producto de un largo proceso de configuración, como efecto de tensiones, conflictos, decisiones partidarias e imposiciones oficiales como la historia oficial. Por eso se dice que recientemente no están todos los que son, ni son todos los que están. Pero hoy reposan en la gloria de Dios, a pesar de sus humanos deslices. Si bien los paladines guerrearon por una república liberal, sus ideales y esfuerzos fueron más cercanos a las poblaciones originarias campesinas y morenas, también se encaminaron, aunque infructuosamente, por la incorporación de estas mayorías a la vida republicana. Tan es así que los indígenas no figuraron como ciudadanos plenos en las constituciones políticas del siglo XIX, recién con la Constitución de Leguía, del siguiente siglo serán reconocidos e incluidos como parte política de la población, pero en asentamientos bajo un régimen de oprobio soportando toda clase de abusos despóticos. Es decir, porque los colonialistas de antes devinieron en republicanos y los súbditos nativos en vez de tributar en favor del rey seguidamente lo harán al Estado, en manos de sus eternos opresores, de aquí y de afuera. Entonces, nos toca, en adelante dejar espacio privilegiado a la memoria de las virtudes, fortalezas y hazañas que el espíritu, las esperanzas y sueños de nuestros héroes y paladines no queden atrapados en la ingratitud del tiempo Por el contrario, perdure y sobreviva en el corazón de los peruanos de hoy como una deuda de las generaciones posteriores asumiendo la justa reivindicación por los pobres que la historia nos demanda. Por eso, creemos también que nuestros paladines de ayer trascienden como precursores sensibles a las desigualdades profundas, étnicas, culturales y económicas que heredamos de la Colonia y la república de los siglos antepasados. Al haber convivido con los provincianos y marginados de la sociedad rural. Y que nos ayudan a conmovernos ante el sufrimiento por la explotación servil de los poderosos de hoy. Formándonos en los valores políticos de la justicia social, como objetivos en nuestra vida profesional y ciudadana.

Finalmente, también creemos, con este proceso y contexto pergeñados, dar paso a una versión poco trabajada, con énfasis en la historia regional, que sin excluirnos de la historia nacional, la enriquece y puntualiza cuando se trata de una visión propuesta desde las canteras populares del interior del país. Tratando en lo posible mirar la historia patria con renovado sustento historiográfico para comprender mejor los intereses y a la vez el aporte protagónico de los pueblo de significativa y sorprendente densidad histórica.

JOSÉ FERNÁNDEZ SÁNCHEZ REFERENCIA: - MANRIQUE, Nelson. Política, cultura y humor. La República, 21 de junio de 2016 - CELAM. Breve historia de la vida de nuestros pueblos. En: Realidad Política en América Latina y el Caribe. Formación Política. Programa de Formación en Doctrina Social de la Iglesia. Bogotá, 200, pp. 53-83. - ORE BELSUZARRI, Herbert. Masones excluidos del estudio de la historia, Suplemento Masonería NET, Mayo 2011. Pág. 2. - CHANAMÉ, Raúl. La república falsificada. En: Boletín Bicentenario. Asociación Bicentenario 2021. Editor: Alberto Rivera Acuña-Falcón. Bº 01 (Octubre-Diciembre 2014) Lima, pp. 07. - PLASCENCIA DE LA PARRA, Enrique (1995). Conmemoración de la hazaña épica de los niños héroes: su origen, desarrollo y simbolismo. En “Historia Mexicana Volumen XLV”. México: El Colegio de México. Páginas, 241-279. - LEÓN, Carlos. ¿Qué celebraremos en el bicentenario? Artículo publicado en la revista Hildebrandt en sus trece. Viernes 30 de agosto de 2013. Pp.29-31, - LOAYZA HERRERA, Daniel. Caudillos, independencia y nacionalismo en el Perú postindependencia. - STERN, Steve. Rebeliones y la formación del Estado-Nación: Perspectivas del s. XIX En: Resistencia, rebelión y conciencia campesina en los Andes. Siglos XVIII al XX. Instituto de Estudios Peruanos. IEP. Lima, 1990. p. 203. - TANAKA, Martín. Provocaciones Patrióticas. La República, domingo 2 de agosto de 2015. - CASALINO, Carlota. La construcción de los héroes patrios. En: Los héroes en la independencia y el nacimiento de las repúblicas de américa latina. - ORREGO PENAGOS, Juan Luis. La formación del estado-nación: liberales y conservadores, 1825-1845. Blog: Rumbo al Bi Centenario. Historia del Perú América Latina y el Mundo. Siglos XIX y XX. - AMES COBIÁN, Rolando. La capacidad de conmoverse y la valoración de la política. 2 aporte cristianos. Reflexiones. Revista PÁGINAS N° 242. Lima. - FERNÁNDEZ SÁNCHEZ, José. Juan Francisco Vidal y la Hoz. Prócer, patriota y héroe de la Independencia en el Perú. Laboratorio Pedagógico de Ciencias Histórico Sociales. Ediciones IMAGE. Huacho, 2014.


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PRECURSORES, PRÓCERES, HÉROES Y PALADINES by CÉSAR GUILLERMO GONZÁLEZ DELGADO - Issuu