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EL CONGRESO DE LA REPÚBLICA Y LA GUERRA DEL PACÍFICO 1879-1881

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Parlamentos en conflicto El Congreso de la República y la Guerra del Pacífico (1879-1881)


I S B N : 978-9972-231-79-7

Emilio Rosario

Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú N

e

2013-04200

Primera edición Lima-marzo 2014

© Parlamentos en conflicto. El Congreso de la República y la Guerra del Pacífico (1879-1881) Emilio Augusto Rosario Pacahuala

Parlamentos en conflicto El C o n g r e s o d e la R e p ú b l i c a la G u e r r a d e l Pacífico (1879-1881)

© Fondo Editorial - U N M S M © 1- edición Seminario de Historia Rural A n d i n a - U N M S M Tiraje 5 0 ejemplares Q U E D A P R O H I B I D A LA R E P R O D U C C I Ó N T O T A L O P A R C I A L S I N PERMISO DEL A U T O R la universidad es )o que publica Centro de Producción Fondo Editorial UNIVERSIDAD N A C I O N A L M A Y O R DE SAN M A R C O S Caite Germán Amézaga s/n. Pabellón de la Biblioteca Central 4to. piso - Ciudad Universitaria Lima - Perú Correo electrónico: fondo.editorial.unmsm@gmail.CDm Blog: http://unmsmnoticiasfondoeditorial.blogspot.com/ Directora: Emma Patricia Victorio Cánovas S E M I N A R I O DE H I S T O R I A R U R A L A N D I N A Jr. Andahuaylas 348, Lima 1 Teléfono (51-1) 619-7000 anexo 6158 Correo electrónico: shra@unmsm.edu.pe Página w e b : http://seminariohistoriaruralandina.org/ Director: Emilio Augusto Rosario Pacahuala

A V1T)1MA

Seminario de Historia Rural Andina Fondo Editorial Universidad Nacional Mayor de San Marcos

Corrección de estilo: Sara Viera Mendoza Composición: Jonathan Suárez Imagen de portada: Congreso de la República. Miguel Crau

Seminario

Lima - Perú El Fondo Editorial de la UNMSM es una entidad sin fines de lucro, cuyos textos son empleados como materiales de enseñanza.


Emilio Rosario

Parlamentos en conflicto El C o n g r e s o d e la R e p ú b l i c a la G u e r r a d e l P a c í f i c o ^1879-1881


. d. e. f.

índice Agradecimientos

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Prólogo

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Introducción

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Capítulo I (Re) construyendo la derrota (1884-2010)

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a. b. c. d. e.

f.

Unarevisiónala crónicade los vencidos (1884-1910) Remembranzaaloshijosdelaguerra(1910-1950) Nuevosenfoques,viejaesencia(1950-1979) Celebrandolacenturia(1979) Recreando nuevos discursos (1979-2004) 1. Laííneade combate 2. Ocupandola«PerladelPacífico» 3. Cuestión denacionalismos 4. Regionalismo y nación El discurso del otro, ahora esnuestr o (2004-2010)

Capítulo II Parlamentoysalitre(1875-1879) a.

b. c.

La convergencia de los problemas 1. Lacaídadelguano 2. Los bancos peruanos 3. Las inversiones privadas en el sur Laproyección délos nacionales Salitre:manzanadeladiscordia

40 48 56 61 66 67 71 75 79 82

89 92 93 95 99 101 103

La estatización: eljpunto de quiebre Unaguerraquesenosviene Chile en armas

Capítulo m Discursos constitucionales/dictaduras estatutarias (1879-1880) a. b.

109 117 122

127

Laguerradelaimprentayelpapel Al llamado de la patria l.Lostonesy sones déla Cámarabaja 2.LosdilemasydebatesdelaCámaraalta El imperio congresal El congreso ordinario 1. Las memorias de los ministros 2. El caso Químper 3. La producción legislativa Piérolay el constitucionalismo estatutario 1. Reorganizando elEstado 2. Políticas económicas 3. La guerra informativa 4. Crisis

129 134 138 152 161 162 164 166 172 186 188 190 194 200

Capítulo IV Parlamento cautivo. La ocupación capitalina y el «Congreso de Chorrillos» (1881)

205

c. d.

e.

a. b. c.

La toma de la capital El gobierno de la Magdalena El Congreso de Chorrillos

Conclusiones Bibliografía

209 218 235

249 253


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Agradecimientos El interés por un tema tan controversia! como la Guerra del Pacífico surgió cuando cursaba el último año de estudios secundarios. En aquellos años leímos los textos impartidos por el gobierno central. Entre ellos encontramos uno titulado Historia del Perú en el proceso americano y mundial} En cada uno de sus capítulos hallamos héroes, relatos frustrantes y fechas cruciales para memorizar, recordar y celebrar —en especial este conflicto externo—Recordemos que el objetivo de los cursos de Historia —incluso en la actualidad— además de construir el conocimiento básico acerca de nuestro pasado histórico, también tiene la misión de forjar la conciencianacional. Sin embargo, el papel trascendental de sentarlasbases de nuestras raíces cívicas eray continúa siendo mediocre debido a la falta de objetividad con que

1 Los cambios ejecutados durante los últimos años por el Ministerio de Educación determinó que este curso desapareciera del currículo de estudios secundarios y fuera reemplazado por el de Ciencias Sociales. Al parecer, con esta novedosa etiqueta se buscaba lograr una visión mucho más amplia del análisis social. E n la práctica observamos que n o es así, porque únicamente han juntado materias: Historia (del Perú y Universal) Geografía y Cívica y limitado el conocimiento. ¿Cuál es el objetivo y hacia dónde apunta la política educativa nacional? Esa interrogante debe ser respondida por los gestores de estas propuestas educativas y por quienes las han aprobado.

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se relataron estos acontecimientos. Una materia como Historia del Perú ha pasado a convertirse en un curso memorístico («a más fechas y datos aprendidos eres un buen conocedor de Historia»). Estos mensajes emitidos por la gran mayoría de educadores terminan generando, grosso modo, la antipatía y frustración hacia nuestro propio devenir como nación. Debido a las afirmaciones antes mencionadas, me arriesgo a deducir que se puede estar produciendo un cierto malestar en el lector, quien puede preguntarse: ¿por qué narrar una Historia que además de deformar el pasado nos aleja de la verdad objetiva sobre determinados acontecimientos? Reflexionando acerca de nuestra historiografía nos percatamos que el origen de estos discursos es el producto de las miles de hojas redactadas por los historiadores de antaño en torno a la Guerra del Pacífico y para casi todos los temas los vinculados a la etapa republicana. Esto refleja la pérdida de objetividad producto de la emoción patriótica o, tal vez, por cuestiones ideológicas. Aún en la actualidad el magisterio sigue difundiendo estos textos entre los educadores para que niños y jóvenes conozcan la Historia oficial. Esta es una de las razones que motivaron mi interés para investigar a fondo este conflicto, y al


Agradecimientos

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mismo tiempo cambiar el discurso base con el que fueron elaborados los textos relacionados a la Guerra contra Chile y, en su lugar, presentar —por el bien de las generaciones venideras— un panorama histórico menos pasional y más objetivo. Cuando llegué a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos todo lo que hasta el momento entendía por historia, «absorbida y conocida» durante mi época escolar y preuniversitaria desapareció casi por completo. De pronto, apareció ante mí un mundo de ideas, enriquecedor y a la vez apasionante, listo para ser cultivado y cosechado. La investigación que hoy está en sus manos tiene serias deudas a colegas y profesores como las enseñanzas de Héctor Salazar Zapatero, que me brindaron lo que necesitaba para cimentar las bases de esta investigación. También las discusiones con Rolando Pachas Castilla sobre la búsqueda de fuentes republicanas tienen influencia aquí. Agradezco a Cristóbal Aljovín y Fernando Armas Asínporleerlos manuscritos originales y otorgar las sugerencias idóneas. N o deseo dejar de mencionar a los profesores Manuel Valladares y Luis Alberto Chapman. ¡Este libro va para usted maestro! Sería injusto mencionar a las acertadas influencias académicas que tuvimos durante elpregrado. También quiero dar mis agradecimientos a las personas e instituciones que contribuyeron a la realización y concretiz ación de este libro que me tomaron cuatro años de intenso trabajo en los archivos.

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En primer lugar al doctor Pablo Macera y a todo el equipo del Seminario de Historia Rural Andina, un grato lugar para desarrollar la investigación. A la gente de «Unidos x Sociales», una verdadera generación progresista. Cómo olvidar a nuestra generación de tercios: Héctor Aucapuclla, Silvana Caldas, Elizábeth Inga, Jacky Lescano, Jacky Soto, Víctor Urbina, Myriam Gómez, Héctor Mamani, Víctor Falconí, Abraham Millio, César Ninapaytan, Maycol Sánchez, Rodrigo Sánchez, Ana Puente, Luis Gallardo, Mariam Aranda, José Vásquez, entre otros grandes amigos. A la señorita Marissa Bazán por la amistad prestada en momentos difíciles, así mismo a Anthony Núñez por el "apoyo estratégico". También va dedicado a los trabajadores que laboran en los diferentes archivos y salas de investigaciones que he visitado durante todo este tiempo. Por último, a mi madre Nelly, mi hermano Jorge y Amparo Alí con quienes nunca perdimos las esperanzas de salir adelante a pesar de los momentos difíciles que hemos pasado. Gracias por su paciencia y cariño; también por apoyarme en una profesión que, en nuestro país, es considerada una afición y donde la investigación resulta ser todo un lujo.


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Prólogo El excelente y novedoso libro de Emilio Rosario estudia la evolución teórica, metodológica, temática e incluso ideológica que ha tenido la Guerra del Pacífico entre CMe-Perú-Bolivia (1879-1883). Para ese fin ha organizado su exposición en bloques cronológicos «que rozaran con las llamadas estructuras generacionales». En lo que respecta a los análisis y estudios historiográficos Rosario distingue varios grupos. El primer grupo está constituido por lo que el autor llama La crónica de los vencidos (1884-1910). Es decir principalmente los protagonistas directos (militares, políticos) aunque también se incluyen algunos testigos extranjeros. Acerca de la ocupación chilena de Lima contamos, por ejemplo, con las memorias y notas de Francisco García Calderón quien se convirtió en presidente provisorio del Perú; pero existirían también referencias para la ocupación de Lima en las memorias escritas por el comerciante europeo Heinrich Witt. Además de todos los diarios y memorias de testigos directos podemos mencionar algunos pocos estudios contemporáneos: Mariano Felipe Paz Soldán que describe «la lenta pero inevitable desestructuración del aparato estatal peruano desde el gobierno de Mariano Ignacio Prado hasta el ascenso de Miguel Iglesias».

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Así como las obras del italiano Tomas Caivano 1890 y del inglés Clements Markham 1882 con abundante información documental. No debemos olvidar los testimonios chilenos entre los cuales destaca Benjamín Vicuña Mackenna. Un segundo conjunto testimonial es llamado por Rosario "Los Hijos de la Guerra 1910-1950" que, a su vez, pueden ser clasificados en tres grupos según su cercanía o lejanía con respecto al discurso histórico: Primero los que prosiguieron la senda de las memorias y diarios. Ese es el caso de la viuda de Manuel González Prada o de Zoila Aurora Cáceres hija de Andrés Avelino Cáceres. El segundo grupo se aproxima más a la investigación histórica propiamente dicha. Es el caso de Ricardo Luna con su libro titulado El conflicto del Pacífico. Dentro de este conjunto están las biografías heroicas como la de Gerardo Arosemana (Grau), Manuel Abastos (Bolognesi) o el libro de Francisco Carvajal sobre los universitarios limeños. El tercer grupo de actores se encuentra conformado por los miembros de la Generación del 900 que «lograron ir más allá de la vivencia personal y la clásica estructura positivista de narración de acontecimientos». Con lo cual según Rosario concluyeron una suerte de modelo historiográfico que predominó hasta la celebración del Centenario. Entre ellos están Víctor Andrés Belaunde y José de la Riva Agüero y quizás también el venezolano Jacinto López.


Prólogo

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Estas tres etapas o formas de la historia de la guerra propuestas por Rosario estructuraron la historiografía tradicional y modelaron la conciencia histórica peruana. Hasta que en la década 1950 se abre una nueva etapa. Aquí hay algunas variantes tales como el culto heroico (Delgado, Alayza, Vargas). O las investigaciones documentales. En ningún caso sin embargo significan un replanteamiento metodológico. La excepción es la de Jorge Basadre con su objetividad y ponderación. Rosario insiste en que los cambios ocurridos dentro de la historiografía reflejan los cambios correspondientes en las estructuras sociales. La revisión historiográfica del autor incluye la bibliografía producida alrededor del Centenario 1979. Según Rosario nos encontramos entonces ante un discurso heroico previamente institucionalizado. Hay que mencionar sin embargo obras por su propio mérito como las de Luis Guerrero en su libro Una guerra de ocasiones perdidas donde siguiendo los pasos de Riva Agüero y Basadre refiere las posibilidades peruanas desaprovechadas o los trabajos de Edgardo Mercado Jarrín sobre el desarrollo geoestratégico de la guerra. En esta perspectiva de estudios militares ha de mencionarse las investigaciones de Francisco Yábar y Jorge Ortíz Sotelo. Por razones de cronología dentro del grupo que examinamos hay que incluir las

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investigaciones de Armando Nieto Vélez sobre García Calderón. Hay por último un ciclo final 1979-2004 apartado de las expresiones celebratorias y próximo a las innovaciones producidas en las Ciencias Sociales peruanas. Pioneros aquí podrían ser Raúl Rivera Serna, Margarita Guerra con sus estudios sobre la ocupación chilena de Lima. En la vanguardia de estas nuevas tendencias se encuentran diferentes autores. Es el caso de Heraclio Bonilla Un siglo en la deriva 1980 con su posición relacionada con las comunidades indígenas serranas, o, con una propuesta diferente están los estudios de Nelson Manrique, Florencia Mallón, Wilfredo Kapsoli. En la revisión historiográfica Rosario insiste en el valor y la pertinencia de estudios regionales como las de Alejandro Reyes sobre Piura y Tnijillo o las de Rolando Pachas referidas al Sur Chico. En las últimas décadas hay nuevas generaciones y propuestas como las de Ramón León sobre lo que piensan y sienten los jóvenes limeños de hoy acerca de la Guerra del Pacífico. Nuevos criterios y panoramas se encuentran en desarrollo en los últimos veinte años. En la perspectiva peruana están siendo incluidos fuentes chilenas y bolivianas. Es el caso del estudio hecho por el mismo Emilio Rosario sobre las nuevas influencias de bancos y élites en el inicio y en el desarrollo de la guerra.


Prólogo

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Por último deben ser mencionadas las investigaciones de Carmen McEvoy sobre la versión chilena del conflicto. En general podemos hablar de una renovación de criterios y cronologías. Es el caso de Daniel Parodi sobre la acción boliviana y el sur peruano durante el conflicto o las de Marta Irurozqui (Bolivia). El libro de Rosario finaliza con el Parlamento cautivo, la ocupación de Lima y el Congreso de Chorrillos 1881. Capturada Lima por Chile Piérola quedó desplazado y la resistencia peruana se redujo a las acciones de Cáceres. Entre tanto en Lima una junta de notables en su mayoría del Partido Civil instaló un gobierno «con el auspicio y bendición de los chilenos». En medio de los trastornos se trató de reconstruir siquiera una administración municipal que sobrevivió un corto tiempo. Al final se constituyó un núcleo político administrativo controlado una vez más por los civilistas. Ante la negativa del Vicepresidente La Puerta para asumir el mando se buscó un candidato admisible para los tres partidos del momento (constitucional, dictarorial, reformistas). De estas reuniones emergió el civilista García Calderón como nuevo Presidente del Perú. Este es llamado gobierno de la Magdalena. Rosario puntualiza las dificultades e iniciativas de García Calderón que concluyeron con su exilio a Chile. Asimismo fracasaron los intentos chilenos por

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estimular la consolidación del llamado Congreso de Chorrillos.

Los capítulos centrales de este libro se refieren a diversos temas vinculados al desarrollo del conflicto. El primero de ellos bajo el título de Parlamento y Salitre resalta las acciones del Congreso peruano a lo largo de la guerra. El Parlamento funcionó hasta la caída de Mariano Ignacio Prado y el ascenso de Piérola a fines de 1871. Habría de reaparecer al final de la contienda con el tratado de Ancón. ¿Qué hizo el Parlamento peruano antes de la guerra en 1875-1878? Las opiniones son encontradas y teñidas de las respectivas posiciones políticas. El Parlamento 1879 encontró una tensa situación fronteriza entre Bolivia y Chile. «La intromisión de Perú en este conflicto tenía como razón fundamental la disputa del comercio del salitre con Chile debido a que sus ganancias permitían el desarrollo multilateral de países». Lo cierto es como lo indica Rosario que las perspectivas chilenas parecían incluir serias pretensiones de monopolizar el salitre boliviano como ya lo estaba haciendo con el salitre peruano de Tarapacá. A ese respecto Rosario estudia la convergencia de problemas: la posición de los bancos y la desaparición del guano de lo cual se venía hablando desde 1863. El Perú se enfrentaba «a una temblorosa realidad: un Perú


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sin guano». Por otro lado los bancos más importantes del Perú (Providencia, Banco del Perú, Banco Nacional, Banco de Lima) se habían convertido en eje clave en la vida política y económica en el país. Ya en 1873 figuraban como directores personajes vinculados aí negocio del guano. Como también ocurriría con el Banco del Perú. El rival de ellos era el Banco Nacional del Perú 1872 financiado por la casa Dreyfus. Todos tuvieron que enfrentar a comienzos de la década 1870 los síntomas de una grave crisis: retiro de inversionistas, extinción del guano, falta de circulante. En conexión con el programa nacional y las gestiones bancarias de Lima Rosario estudia las inversiones privadas en el sur. Antofagasta (Bolivia), Tarapacá (Perú) se convirtió en el escenario de la principal explotación mundial de salitre. La presencia peruana era importante. Los gestores y propietarios de esas salitreras eran franceses chilenos, ingleses norteamericanos. De hecho un chileno de origen inglés Smith fundó la primera oficina salitrera en 1860. Rosario puntualiza la historia de los negocios de Smith en asociación con la Casa Gibbs. Así surgió la Compañía Salitrera de Tarapacá 1865. Como lo dice Rosario a la par de la presencia británica en Tarapacá había una gran afluencia chilena. Los peruanos llegaron con retraso. El Banco de Lima fue el primero en instalar una oficina en Tarapacá. Solo la entrada del Banco Nacional permitió instalar una sucursal en

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Iquique para dar crédito a empresarios salitreros. Lo mismo ensayó la Providencia habilitando a pequeñas empresas salitreras. En realidad, como afirma Rosario, estas pequeñas oficinas eran un caballo de Troya para abrirle el camino a los grandes consorcios. Entre tanto la crisis económica peruana se acentuó. A fines de 1872 recién elegido presidente Manuel Pardo se dirigió al congreso tras referir la grave situación económica que se encontraba el Perú. El aumento de impuestos y la reducción de gastos fueron las primeras propuestas. Pardo hizo una referencia específica al salitre prometiendo que solo cobraría impuestos sobre las utilidades después de que los salitreros cubrieran todos sus costos. Poco a poco el apetito se despertó y el Gobierno central se dispuso a convertirse en adrninistrador exclusivo de las salitreras. Por falta de capitales el Estado delegó en el Banco del Perú bajo nuevo nombre. Con el tiempo y asociado con otros bancos surgió la Compañía Administradora de Salitre. La reacción contra este Estanco resultó muy fuerte sobre todo entre los productores de Tarapacá. Así resultó inoperante la Ley del Estanco y a fines de 1874 se puso en la agenda del Congreso la compra de las oficinas salitreras lo cual desató una intensa polémica. A mediados de 1878 fue evidente para el Gobierno peruano que el proyecto de estatización de


Prólogo

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las salitreras no podía continuar en su forma original y optó por las medidas de concesión prohibiendo que fueran extranjeros. Así los salitreros extranjeros vieron en Chile el único que podría salvar sus intereses. A mediados 1878 el gobierno aceptó la propuesta del Banco La Providencia que asumía las deudas por estatización a cambio de la administración directa de las 161 oficinas salitreras. Así surgió la Compañía Nacional de Salitre a pocos meses de la Guerra que se desató en abril de 1879. Si bien la guerra en sí misma en el orden económico había comenzado antes. El balance final era peligroso y negativo: Inglaterra apoyaba a Chile y el Perú solo contó al comienzo con el apoyo de Estados Unidos y las ventas de armas que le hizo la casa Dreyfus. Al final se declaró la guerra enfrentando a «tres países, tres proyectos de nación, tres burguesías, tres intereses constitucionales». N o podemos seguir paso a paso los relatos y análisis realizados por Rosario. Nos encontramos ante un libro que consigue unir la seriedad académica con el indispensable atractivo de una prosa segura. Su lectura habla del original debate tan indispensable en la historiografía peruana. Noviembre 2013 PABLO MACERA


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Introducción El 24 de octubre de 1879 el Congreso de la República emitía un comunicado oficial dirigido a la opinión pública, con motivo de la finalización de su legislatura ordinaria anual celebrada entre los meses de julio y octubre de ese mismo año. En este pronunciamiento, el Parlamento Nacional hacía constante hincapié en los duros momentos por los que atravesaba la nación a raíz del conflicto bélico sostenido contra Chile, cuyos resultados, hasta ese entonces, habían sido totalmente adversos a los intereses del país. Según el documento, si deseábamos salir airosos solo teníamos un camino a seguir: el constitucionalismo: quien tenía la fuerza bastante en sí mismo para liar las posiciones y las ideas políticas y encaminarlas en un sentido único. Solo ello tiene el poder de salvar a los pueblos que viven a su sombra, por lo mismo que es el pacto fundamental de su existencia y el congreso se ha inspirado en estos principios, recomienda su obediencia como la más segura garantía en las eventualidades del porvenir. (ARANDA 1892: 235) Para los integrantes del Poder Legislativo la solución que permitiría mantener la cordura cívica y el establishment político era el constitucionalismo. Allí

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encontraríamos la clave fundamental, quizás no para revertir militarmente el adverso panorama en el que nos encontrábamos, pero sí, tal vez, para tener —al menos— la seguridad para saber eludir las dificultades que este evento nos dejaba y encontrar una solución acorde sin caer en un proceso de anarquía. ¿Qué es el constitucionalismo, que tanta mención el Parlamento Nacional?, y ¿por qué debía ser ciegamente obedecido por una población que reclamaba a su dirigencia política una salida inmediata? Responderemos ambas interrogantes. El constitucionalismo es la aplicación práctica de las leyes, es decir, es: «La ley que designa la forma de gobierno de una nación, crea los poderes públicos y detalla sus atribuciones, estableciendo al mismo tiempo los derechos y deberes de los gobernantes y gobernados» (DÉMELAS 2003: 526), pero aunque aplicaba las leyes también «limitaba la acción del gobierno» (SARTORI 1999: 20). Finalizada la etapa colonial las jóvenes repúblicas comenzaron a debatir acerca del régimen político que adoptarían a futuro. Cada una tendría experiencias y destinos distintos. Para el caso de nuestro país se optaría por seguir los cauces del republicanismo, cuyo eje central de funcionamiento y legitimación pública sería la Constitución. Esta estaba definida como el contrato social de todos los miembros de la comunidad nacional que la conforman y a la cual estaban sometidos una vez aprobada por un selecto


Introducción

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grupo de sus integrantes (PÉREZ 2008: 168-183). En ella, según Démelas , se «fijaba límites [...] se establece nuevas modalidades administrativas, y se redefine las funciones del Estado» (DÉMELAS 2003: 352). Los cánones de la Constitución de 1860 tuvieron una serie de principios fundamentales que fueron sintetizados por el abogado Francisco García Calderón:

la reunión de los poderes públicos en una sola persona.

1.- Establecer un Poder Legislativo, independiente del Ejecutivo, y con diversas facultades, para evitar el despotismo y la arbitrariedad que trae consigo

3.- Hacer que estos individuos sean elegidos por los diferentes pueblos, a fin de que con el conocimiento de las necesidades de toda la nación, puedan darse leyes generales aplicables a todos los pueblos.

1

1 Los estudios realizados por Démelas se realizan en el marco de la independencia, en pleno nacimiento de las repúblicas y, por ende, de la creación del pactismo. Los años a los que hacemos referencia no se podía afirmar que las élites forjadoras de la nación se interesarían por crear los rituales para legitimarlo tal acto, sino que el sistema político ya se encontraba constituido a fines de siglo XIX). Claro está que el seguimiento rígido y perfecto no lo vamos a ubicar ni en nuestras sociedades contemporáneas. Los estudios constitucionales en nuestro país, desde el punto de vista histórico, hasta la fecha son escasos (una de las excepciones es el libro de Cristóbal Aljovín. Caudillos y constituciones (2000), o algunas obras publicados en el extranjero como el caso de Marcello Carmagnani (coord). Constitucionalismo y orden liberal. América Latina (18501920) publicado el año 2000. El coordinador de este libro señala al constitucionalismo: «en el reconocimiento constitucional de la libertad de los actores sociales», pero a lo largo de la compilación no se precisa que este viene a mstituirse como esencia legitimadora del sistema republicano. Otro texto destacáble es el de Marcial Rubio Correa. La constitucionalización de los derechos en el Perú del siglo X/X(2004).

2.- Ensayar el ejercicio del Poder Legislativo a un cuerpo o congreso de individuos, para lograr que por la discusión y por la reunión de muchas ideas se pueden promulgar disposiciones más concienzudas y perfectas que las emanadas de un solo individuo.

4.- Dividir el congreso en dos cámaras, estableciendo que las resoluciones acordadas en una de ellas, pasan a la otra para su revisión y aprobación. El objeto de esta medida es impedir que la PRECIPITACIÓN, el acaloramiento, el espíritu de cuerpo, la rebelión u otra causa cualquiera hiciesen pasar una ley que transformase el orden público. Por esto cada una de las cámaras es como un censor de los actos de la otra, que por lo común una participa de las mismas presiones, y pueda juzgar fríamente y con reflexión. (GARCÍA CALDERÓN 1879: 199) Estos fueron los elementos centrales para el funcionamiento no solo del Estado en la era del guano, marco temporal en el que se aprobó la carta magna en discusión, sino que fue el cimiento legal que rigió y siguió el Estado para afrontar la Guerra del Pacífico.


Introducción

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García Calderón comenta que durante la legislatura ordinaria de 1879, cuando el pleno del congreso comienza sus discusiones de forma regular, la palabra «constitucionalismo» se mencionó más de una vez y estuvo impresa en muchas partes como, por ejemplo, en las notas de prensa emitidas por la representación nacional y en el sustento legal que permitió solventar las ideas que acompañaban a los debates realizados en el interior del hemiciclo, e incluso, en los diferentes actos realizados en las entrañas del aparato estatal. Además de ser una guía jurídica el constitucionalismo fue el único instrumento real y legal que le otorgaba alhemiciclo—como alos demás poderes del Estado— la garantía suficiente para mantener la representatividad, jerarquía y legitimidad dentro del organigrama del Estado y de nuestra comunidad 2

2 Contemplado en el artículo 59 de la Constitución, en donde se basaba todo su poder se encontraba; 1.- Dar leyes; interpretar, modificar y derogar las existentes; 2.- Abrir y cerrar sus sesiones en el tiempo designado por la ley, y prorrogar las sesiones ordinarias por cincuenta días: 3.- Designar el lugar de sus sesiones y determinar si ha de haber o no fuerza armada, en qué número y distancia; 4.- Examinar de preferencia, las infracciones de constitución, y disponer lo conveniente para hacer efectiva la responsabilidad de los infractores; 5.- Imponer contribuciones con sujeción a lo dispuesto en el artículo 8; suprimir las establecidas, sancionar el presupuesto, y aprobar o desaprobar la cuenta de gastos que

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imaginada. Así, apoyados por el constitucionalismo,

presente el Poder Ejecutivo, conforme al articulo 102; 6.- Autorizar el Poder Ejecutivo para que negocie empréstitos, empeñando la hacienda nacional y designando fondos para la amortización; 7.- Reconocer la deuda nacional y señalar los medios para consolidarla y amortizarla, 8.- Crear o suprimir empleos públicos y asignarles las correspondientes dotación; 9.- Determinar la ley, el peso, el tipo y la denominación de la moneda; igualmente que los pesos y las medidas; 10.- Proclamar la elección del Presidente y de los Vicepresidentes de la República, y hacerla, cuando no resulten elegidos según la ley; 11.- Admitir o no la renuncia de su cargo al Jefe del Poder Ejecutivo, 12.- Resolver las dudas que ocurran sobre la incapacidad del Presidente, de que se encarga el inciso primero del artículo 88; 13.-Aprobar o desaprobar las propuestas, con sujeción a la ley, hiciere el Poder Ejecutivo para generales del ejército y de la marina y para coroneles y capitanes de navio efectivos; 14.- Prestar o negar su consentimiento para el ingreso de tropas extranjeras en el territorio de la República; 15.- Resolverla declaración de guerra, a pedimento o previo informe del Poder Ejecutivo y requerirle oportunamente para que negocie la paz; 16.- Aprobar o desaprobar los tratados de paz, concordadas con los gobiernos extranjeros; 17.Dictar las disposiciones necesaria para e! ejercicio del derecho de patronato; 18.- Rehabilitar a los que hayan perdido la ciudadanía; 19.- Conceder amnistías e indultos; 20.- Declarar cuando la Patria esté en peligro; y suspender por tiempo limitado las garantías consignadas en los artículos 18, 20 y 29; 21.- Deterrrúnar en cada legislatura ordinaria, y en las extraordinarias cuando convenga, las fuerzas de mar y tierra que ha de mantener el estado; 22.- Hacer la división y demarcación del territorio nacional; 23.- Conceder premios a los pueblos, corporaciones o personas, por servicios eminentes que hayan prestado a la Nación; 24.- Examinar, al fin de cada periodo constitucional, los actos administrativos del jefe del poder ejecutivo, y aprobarlos, si fuesen conformes a l a constitución


Introducción

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el Congreso de la República realizó una serie de acciones que permitieron afrontar el conflicto bélico. El Parlamento Nacional habría de canalizar, simbólicamente, los intereses y expectativas del pueblo convocando a elecciones. En teoría se contó con los mejores elementos que conformaron la sociedad, sean estos económicos, políticos, intelectuales, incluso aquellos personajes que cubrieran las expectativas y esperanzas de sus contemporáneos, y se convirtieran en los encandiladores de las masas y de aquellos que buscaban alguna esperanza en este agujero al que la guerra nos había lanzado. Sin embargo, antes de presentarse en los comicios se debía cumplir con una serie de requisitos que, lejos de ser condiciones necesarias con las que se debía contar, para la gran mayoría fueron obstáculos difíciles de evadir. Casi la totalidad de los escaños bicamerales fueron copados por miembros de las clases altas. Por ejemplo, hubo un diputado por cada treinta

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mil habitantes o por cada fracción que pasaba de quince mil. Incluso por cada provincia, aunque su población no alcanzara ese número. Los requisitos para ser miembro de la cámara baja fueron: ser peruano, haber cumplido 25 años, ser natural del departamento (en teoría), tener tres años de residencia y acreditar un ingreso mensual de quinientos pesos o ser profesor de alguna ciencia. Para ser senadores, era necesario tener 35 años y cuarenta mil pesos de ahorro. Monto que la mayoría de nuestros compatriotas no disponía. 4

Nuestro objetivo en este libro es analizar el funcionamiento del Parlamento Nacional durante el periodo que corresponde a los tres primeros años del enfrentamiento armado contra Chile (1879-1881), lapso en el que se mantuvo en la ciudad de Lima, también conocida como la «Perla del Pacífico». También nos enfocaremos en el papel que jugó durante la guerra. En 5

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normas electorales de 1861.

y a las leyes: en el caso contrario, entablará la cámara de diputados ante el senado la correspondiente acusación. 3 La excepción fue el primer artesano en ser diputado Francisco Gonzales, representante por el Cusco, en 1875, y miembro del Partido Civil (BASADRE 1980: 28). N o podían aspirar a ese cargo el presidente, los vicepresidentes, ministros de Estado, subprefectos y gobernadores, los vocales, fiscales de la Corte Superior de Justicia, arzobispo, obispos, cardenales, eclesiásticos, vicarios, capituleros y provisores; además de autoridades, religiosos y militares, según las

4 Se elegían cuatro propietarios e igual número de suplentes por los que tengan ocho y más de cuatro provincias; tres propietarios y suplentes quienes tengan menos de cinco provincias y más de una; dos senadores propietarios y suplentes por los departamentos de una sola provincia, y por cada provincia litoral u n senador propietario y uno suplente. 5 El Congreso con muchas variantes de sus actores, pero no de sus normas legales, siguió funcionando durante los años 1882 y 1883 en diversas ciudades del país como: Ayacucho, Arequipa y la Asamblea Nacional de Cajamarca.


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•una primera etapa (1879) como administrador y gestor de los recursos económicos nacionales a través de las discusiones parlamentarias. En la segunda etapa (1881) cuando básicamente debía definir las condiciones que habría de colocar al país para firmar la paz. Al interior del Congreso encontramos visiblemente dos fuerzas políticas: el Partido Civil y el Partido Nacional, además de los eternos «independientes», quienes en las votaciones podían consolidar la victoria de una u otra agrupación política. Veremos cómo, desde su tribuna, el hemiciclo se encargó de proveer las leyes y poner en cuestión algunos de los decretos de urgencia del Poder Ejecutivo. Y todo ello en función de las normas constitucionales existentes en la Carta Magna. 6

Por eso, nuestra hipótesis considera que el Parlamento Nacional tuvo un papel importante durante la Guerra del Pacífico, dado que era el lugar donde se marcaba las políticas de Estado e incluso llegó a marcar la posición de nuestro país mientras los chilenos

6 La guerra era una excelente oportunidad para medir el compromiso de los ciudadanos, también para extender el dominio del Estado tal como lo señala Charles Tilly: «Los esfuerzos para subordinar a los véanos y luchar contra rivales más lejanos crean las estructuras del Estado en forma no solo de ejércitos, sino también de personal civil que organiza el control regular del Estado» (1990: 45).

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ocuparon la capital. De ahí que resulta fundamental preguntarse ¿por qué las distintas fuerzas nacionales, a excepción del pierolismo, apoyaban la permanencia del Congreso de la República (1879-1881)? E incluso, ¿por qué los chilenos, durante la ocupación de Lima, impulsaron la reunión de esta institución? Estas dos interrogantes me permiten presentar los dos objetivos básicos que persigo en esta investigación: 1. Analizar las principales leyes emitidas por el Parlamento (1879), las mismas que permitieron sortear las diversas dificultades que una guerra externa demandaba: como el tema de los impuestos, el ajuste presupuestario, los movimientos políticos ministeriales, la distribución del presupuesto nacional en las instituciones estatales, entre otros. 2. Conocer la posición que adoptaría el Perú, simbolizada en su Parlamento Nacional, frente a los terrenos salitreros cuando las tropas enemigas se encontraban en el suelo patrio (1881). Es importante remarcar que el rol cumplido por el Congreso de la República en la Guerra del Pacífico no abarcó uno ni dos libros, sino cientos. El énfasis con el que algunos autores estudiaron el conflicto bélico colocó un velo de invisibilidad al papel que desempeñó la clase política y el Estado. Por eso, con esta investigación intentaremos llenar el vacío dejado por la historiografía nacional, al no mostrar el papel de una


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institución vital para el funcionamiento del gobierno. Hasta la fecha existen tres trabajos que reúnen la mayor parte de las publicaciones dedicadas al conflicto bélico externo. La historiadora Margarita Guerra Martiniéri (1980), presenta los estudios realizados en el marco de la celebración del centenario de la Guerra del Pacífico. Emilio Rosario Pacahuala, autor de este libro, compila los escritos dedicados al «gran paradigma nacional», clasificando a los autores y sus escritos de forma generacional, desde 1884 hasta el 2010. La última investigación que viene a sumarse es la de Antonio Zapata (2010), que si bien no es un estudio exhaustivo —como el mismo autor confiesa—, este se realiza con textos actualizados e invitan al debate. El presente libro está dividido en cuatro capítulos. El primero de ellos, que lleva por título «(Re)construyendo la derrota (1884-2010)», presenta un balance bibliográfico de los escritos centrados en el tema. Con esta operación estamos engrosando el trabajo realizado algunos años atrás. El objetivo del segundo capítulo, titulado «Parlamento y salitre (18751879)», es mostrar cómo las medidas políticas asumidas para el estancamiento y posterior estatización del salitre —dictadas por el Parlamento peruano y promulgadas durante la gestión de Manuel Pardo— fue una de las causas principales que iniciaron la guerra y cómo esto permitió beneficiar al partido civil, quienes perderían los comicios presidenciales, evento que los obligó a

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invertir fuerzas y energías para ganar los comicios parlamentarios de 1877. Gracias a esa victoria obtuvieron la mayoría absoluta en las dos cámaras legislativas, las encargadas de conducir el país durante la guerra. Por su parte, en el tercero, «Discursos constitucionales/ dictaduras estatutarias (1879-1880)», prestamos atención a los congresos realizados en 1879. Allí observaremos las discusiones y debates que buscaban satisfacer las demandas hechas desde el campo militar o también denominado teatro de operaciones. En el primer congreso, los temas más polémicos fueron el impuesto al azúcar y la contribución personal. Es preciso señalar cómo los intereses personales de los partidarios comenzaron a sopesar sobre los intereses de la nación. Hallar los temas del segundo congreso, realizado entre julio y noviembre de ese año, fue una tarea casi imposible. Aunque no encontramos el diario de debates, como sí lo hicimos de la sesión extraordinaria —según Jorge Basadre (2003) este jamás fue publicado— suplí ese vacío utilizando las transcripciones encontradas en el diario oficial El Peruano. 1

7 Aunque las intervenciones impresas en este periódico solo enfocan los debates referidos a la Cámara de Diputados y algunos fragmentos de la Cámara de Senadores, con el apoyo de las leyes publicadas y las emitidas por la Cámara baja hacia la Cámara alta se pueden deducir las posibles discusiones en esa instancia.


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Finalmente, en el cuarto y último capítulo, titulado «Parlamento cautivo. La ocupación capitalina y el "Congreso de Chorrillos" (1881)», examinamos la formación del Congreso de Chorrillos en plena ocupación y lo que esta institución simbolizó durante la permanencia del ejército chileno en la capital. El hemiciclo tenía la consigna de no ceder ni un milímetro de tierra, sin embargo esto no sucedió ya que el ejército enemigo no solo expulsó del país al gobernante provisional, Francisco García Calderón; también cerró el Parlamento Nacional porque no pudo someterlo ni manipularlo. Esta situación obligó al Poder Legislativo a trasladarse a provincias y en distintas sedes (Ayacucho, Arequipa y Cajamarca). Dada la escasez de mentes para abordar este capítulo optamos por emplear los diarios de la época —El Orden, La Actualidad y La Situación—, estos serán las piezas claves ante la falta de diarios de debates y memorias, tanto de oficiales chilenos como de civiles peruanos. Los cuatro capítulos antes mencionados tienen versiones que ya han aparecido en artículos de revistas, compilaciones o como capítulos de libros. Todos han sido revisados, corregidos y actualizados. 8

8 El primer capítulo fiíe publicado en una compilación realizada junto a José Chaupis. La guerra del Pacífico. Aportes para repensar su historia. Lima. Tomo I. Fondo Editorial de la Facultad de Ciencias Sociales y Editorial Línea Andina. 2007; Este capítulo fue publicado originalmente con el título «Por el devenir de u n 'gran paradigma nacional': un balance historiográfico a la guerra del Pacífico». En: Investigaciones Sociales N° 20. Lima. Fondo

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Quisiera finalizar estaintroducciónmencionando los diversos archivosy salas de investigación—Archivo General de la Nación, Instituto Riva Agüero, Sala de Investigadores de la Biblioteca Nacional, Archivo Histórico-Militar y Fondo Reservado de la Biblioteca «Pedro Zulen»— a las que recurrí continuamente durante el tiempo que duró esta investigación. Allí procedimos a transcribir y, en algunos casos, a fotocopiar las fuentes de la época, los diarios de debates de los congresos, los informes emitidos por los ministerios de hacienda y guerra; así como los periódicos El Comercio, La Patria, entre otros, que circularon por aquel entonces. Con toda esta documentación elaboré el texto que a continuación presentamos, sin embargo los planteamientos aquí propuestos son de mi entera responsabilidad.

Editorial de la Facultad de Ciencias Sociales. 2008. pp. 301-333. Para la presente edición se ha ampliado y corregido algunas partes, el capítulo dos fue publicado en la revista editada semestralmente por la Facultad de Ciencias Sociales. Lima. N 20. Fondo Editorial de la Facultad de Ciencias Sociales. 2008. Mientras que el tercer capítulo fixe compilado como de los resúmenes de las tesis de los últimos 10 años. Los editores de este texto fueron Marco Garfias, Diño León y Alex Loayza (editores). Trabajos en historia. Religión, cultura y política. Lima. Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. 2011. El último capítulo habría de aparecer en la ya longeva revista Tiempos. Lima. N 6. 2011. Cada uno de ellos, publicados en distintas fechas, son parte del corpus de mi tesis de licenciatura, ahora publicada en su conjunto.


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Capítulo I (Re)construyendo la derrota (1884-2010)

Finalizado el conflicto, además de la derrota sufrimos el arrebato de las salitreras, la destrucción de nuestras haciendas —bases de nuestra producción económica— así como el resquebrajamiento de las estructuras de la sociedad y el Estado. El impacto que este evento tuvo en la memoria colectiva nacional se constituyó lo que denomino el gran paradigma nacional; debido a que la Guerra del Pacífico se convirtió en el punto de quiebre que puso sobre el tapete todo tipo 1

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1 Al rememorar este tema cuestionamos nuestra definición como nación y el desenvolvimiento de sus actores ante el peligro externo. 2 Entre los intelectuales locales tenemos a Manuel González Prada quien en Figuras y figurones retrata con sátira y desprecio los personajes de la guerra, especialmente Piérola. Además de mantener una critica implacable a las raíces coloniales que menoscabaron cualquier tipo de progreso, fomentando su exclusión; José Carlos Mariátegui en sus 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana narra la falta de proyección de la clase dominante durante la era del guano, dejando pasar una oportunidad de hacer que el país avance; Luis Alberto Sánchez en El Peni. Retrato de un país adolescente nos da a entender que la falta de constitución orgánica del país contrajo la irremediable derrota.

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de sentimientos encontrados. Por un lado, aquellos enaltecedores como el heroico valor personal, además de la acción patriótica de los sectores populares; y por el otro, el de la frustración y el fracaso debido a la incapacidad militar y la desunión que hubo entre la clase política nacional durante el desarrollo del conflicto. Si bien los primeros terminaron predominando durante largo tiempo, los segundos sirvieron para ir destruyendo e incluso reinventando varios de los mitos construidos por los primeros. Es así que este acontecimiento de nuestra historia nos presenta una gran producción bibliográfica que incluye biografías, memorias, novelas, libros, artículos, balances, folletos, entre otros. Muchos de ellos, pese a su gran volumen, no lograron realizar una evaluación objetiva de los hechos acontecidos durante la guerra; muy por el contrario, varios de estos escritos desembocaron en una sucesión ininterrumpida de interpretaciones inmersas en una atmósfera de ferviente nacionalismo patriótico, que ocultaron en sus páginas innumerables las bases estructurales del verdadero devenir histórico. Su permanencia como discurso histórico hegemónico mantuvieron su vigencia durante casi todo un siglo, es decir desde fines del conflicto armado hasta la conmemoración del centenario en 1979. Aunque en todo ese trayecto hubo excepciones; sin embargo, pasado los homenajes del centenario, comenzó una lenta e inexorable metamorfosis. Con sus


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altas y bajas este proceso continúa hasta nuestros días, pero con un solo rumbo: la objetividad de lo acaecido.

a. Una revisión a la crónica de los vencidos (18841910)

En este capítulo daremos a conocer la evolución teórica, metodológica, temática e incluso ideológica que ha tenido la Guerra del Pacífico en nuestra historiografía. El análisis estructural que realizamos sobre este acontecimiento histórico se ajusta a tres características, que consideramos necesario justificar. En primer lugar, daremos a conocer los más importantes y diversos escritos elaborados por peruanos y extranjeros. En segundo lugar, haremos una clasificación basada en bloques cronológicos que rozarán con las llamadas estructuras generacionales. Pese a que su elaboración puede parecer rígida es bastante dúctil. Y esto en la medida que se trata de abarcarla visión que tuvieron los autores en un determinado marco temporal, en el que la percepción de la historia estuvo sujeta a las herramientas teóricas y metodológicas dadas en diferentes momentos. En tercer lugar, esta clasificación nos permitirá brindar ciertos aportes a nuestro derrotero historiográfico, dado que se prestará atención a aquellos aspectos temáticos y metodológicos que fueron poco explorados o incluso dejados de lado, y ello con la finalidad de que puedan ser tomados en cuenta por los futuros investigadores. Lo que nos proponemos en este capítulo es ir construyendo un nuevo discurso histórico que permita acercarnos de forma más veraz y objetiva a nuestro pasado.

Entre los autores que han abordado la Guerra del Pacífico podemos mencionar, en primer lugar, aquellos que vivieron el conflicto, es decir a los protagonistas directos, llámense militares y políticos; aunque también hubo protagonistas indirectos, como fue el caso de muchos extranjeros, que sin proponérselo vivieron los duros años de guerra. Sus diversos testimonios expresan la enorme frustración y el sabor amargo de la derrota. Si algo observamos claramente en sus escritos, como denominador común, es el desprecio contra el invasor sureño. El total rechazo «malo vencedor», se convertirá en el fundamento más firme en la invención de la tradición, la misma que brindó soporte a los más diversos rituales nacionalistas. En adelante las imágenes identitarias y colectivas de la posguerra serán transmitidas exitosamente de generación en generación convirtiéndose en la conciencia histórica oficial peruana. 3

3 «Quizás nos sea, por ello un azar que la conciencia nacionalista que surge en el Perú, después de la derrota ante Chile haya sido fomentada por esas mismas clases altas que lo padecieron que esta guerra se haya constituido en un hato de la historia oficial; un tema clave en la concientización sobre la identidad nacional en las escuelas» (MÉNDEZ 2000).


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Algunas de las fuentes documentales que nos aproximan son las memorias, que si bien son de gran utilidad por su estructura cronológica y aconte cimenta!; posee limitaciones debido a la validez de su discurso, pues brinda visiones parcializadas de los hechos. Momentos previos al conflicto es importante mencionar los esfuerzos del Estado peruano expresados en la experiencia del plenipotenciario José Antonio Lavalle (1979) quien tuvo la misión de intentar apaciguar el conflicto entre Bolivia y Chile y, al mismo tiempo, intentar proteger los intereses nacionales. Ninguno de los dos objetivos se concretó debido a la difícil tarea de hacer prevalecer el plan de no incongruencia entre la firma de la Alianza Secreta Defensiva Perú-Boliviana de 1873 y la actitud pacifista del Perú para con Chile. Esta situación se generó porque Chile malinterpretó lo sostenido por Lavalle, una intransigencia deliberada que terminó incluyendo a nuestro país en un conflicto para el que no estaba preparado ni política ni militarmente. Declarada la guerra las acciones bélicas comenzaron con los enfrentamientos marítimos en el Pacífico Sur, que fueron retratados detalladamente en los diarios personales. Uno de los más completos 4

4 Los diarios, al igual que las memorias, como género histórico no representan la versión única y definitiva de los sucesos; por el contrario es su posición parcializada de los hechos la que la caracteriza. Por este motivo es que se recomienda siempre una

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fue la bitácora escrita por el teniente Jorge Velarde, quien estuvo al interior del monitor Huáscar (VELARDE 1993). El diario contiene las travesías hasta el combate de Iquique, en donde, al parecer, triunfamos solo en la forma, porque en el fondo quedamos disminuidos estratégicamente. Otra de las embarcaciones que participaría exclusivamente en la guerra ~—que encontró su fin en el puerto del Callao al ser hundido durante el marco de la ocupación limeña para que no cayera en manos enemigas— fue la corbeta Unión. El texto, Diario a bordo de la corbeta Unión (2008) ubicado por Hernán Garrido Lecca, narra los pormenores y anécdotas de los oficiales a bordo. Después de la lucha naval pasarían seis meses para que se llevara a cabo el célebre combate de Angamos, donde el monitor Huáscar sería capturado, reparado y reutilizado posteriormente por los chilenos en la ocupación de Lima. Con su captura, sumada a la pérdida de la Independencia en Iquique, nuestra frágil «marina de combate» se vio en situación de inferioridad a comparación de la flota chilena. El vecino país sureño había adquirido, algunos años atrás, modernos buques de combate, mientras que nuestro país los dejó de

cuidadosa y prudente lectura de este tipo de texto. Al respecto, para el caso peruano, puede consultarse a César Gutiérrez Muñoz. «Documentos para la enseñanza de la historia: las memorias», en Enseñanza de la Historia, n° 13, 1988.


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comprar dada la aparente confianza que simbolizaba la alianza con Bolivia y el potencial acercamiento con la Argentina. Una vez obtenida la hegemonía marítima en el Pacífico, los chilenos vieron que había llegado el momento de establecer un control directo sobre las salitreras, objetivo anhelado que provocaría que las luchas se trasladasen a tierra. Estos sucesos fueron recopilados como «memorias» por Andrés Avelino Cáceres en su libro La guerra entre el Perú y Chile (1921) quien, con un estilo confesional, detalló los pormenores de la campaña terrestre desde el bombardeo y desembarco de Chile en Pisagua hasta la derrota en Tacna, que determinó la salida de Bolivia de la guerra aunque, como se verá más adelante, indirectamente siguió apoyando al Perú. Los últimos tramos de las contiendas en el sur fueron completadas con las noticias recibidas del mismo teatro de operaciones, que concluyeron con la derrota en Arica el 7 de junio de 1880, donde heroicamente murieron Francisco Bolognesi, Alfonso Ugarte, entre otros defensores del morro. El trágico desenlace de esta acción bélica dejó las puertas abiertas del país para la total invasión de la capital, que se concretó con las órdenes emanadas desde La Moneda. En un primer momento capturaron el sur, donde se hallaba nuestro más preciado recurso económico: el salitre; luego, con el

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objetivo de finalizar la guerra se apoderaron de nuestra ciudad capital: Lima, considerada el centro neurálgico del Estado. Con ese fin se organizó la sanguinaria expedición, dirigida por Patricio Lynch: «el barón rojo de la guerra». 5

Los tensos momentos vividos durante la ocupación chilena serían ampliamente descritos, desde unaperspectivaacontecimentaly política, por el abogado civilista Francisco García Calderón en Memorias del cautiverio (1949) y Mediación de los Estados unidos de América en la guerra del Pacífico (1884). Este mismo personaje se convertiría —con beneplácito y anuencia de los chilenos— en el Presidente Provisorio de lo que se conocería como el «Gobierno de la Magdalena». De firme posición civilista y antipierolista, el gobernante ^describió en sus memorias aspectos muy importantes: como su vertiginoso ascenso al poder por medio de una Junta de Notables; narró los sucesos más saltantes producidos en la mesa de negociaciones de paz y, dentro de esta, su obstinada pero comprensible actitud de pagar

5 Existen pocas memorias locales de la ocupación netamente, ello ha sido parte de los recuerdos que más adelante mencionaremos. 6 Una posición contraria es la de Ricardo Palma. Cartas a Piérola, Lima. Edit. Milla Batres, 1974. E n esta antología de cartas señala la admiración y apoyo en todo momento a Piérola, señalando con el dedo acusador a los malos padres de la patria Andrés Avelino Cáceres (civilistas).


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las acostumbradas, aunque onerosas indemnizaciones de guerra, sin que ello implique cesión territorial alguna. Esta actitud disgustó a los chilenos provocando su posterior expulsión del Perú y su confinamiento en el campo de concentración ubicado en la provincia chilena de Rancagua donde prosiguieron las presiones pero sin fortuna. Si bien los chilenos realizaron con éxito la toma de Lima esto no detuvo los enfrentamientos bélicos; muy por el contrario, prosiguieron bajo un nuevo escenario: la sierra central. Esta etapa fue conocida con el nombre de la «Campaña de la Breña»; teniendo al general Andrés Avelíno Cáceres y a su esposa Antonia Moreno, en Recuerdos de la campaña de la Breña (1974), como sus más reconocidos cronistas. En especial al primero, quien a pesar de no haber escrito personalmente el libro Memorias de la guerra de 1979, su espíritu y prodigiosa capacidad evocadora animó y dictó. Por eso, si bien se nota el predominio de los recuerdos personales de naturaleza patriótica estos recogen algo muy importante: el cantar de la época, como cuando se evoca los peligros, frustraciones, glorias y traiciones de una guerra que el gran Mariscal del Perú nunca consideró perdida. 7

7 La Asamblea Nacional, por Ley n° 4009 de 10 de noviembre de 1919, le confirió el grado de Mariscal del Perú. El bastón correspondiente a esta jerarquía le fue entregado por el presidente Augusto B. Leguía.

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Además de los diarios y memorias están los autores que fueron más allá de las remembranzas personales y se aventuraron por el difícil camino de la investigación histórica (GONZÁLEZ et al 1979) en un momento doblemente encomiable ya que tanto el Perú de la posguerra como la ciencia histórica estaban en plena reconstrucción. Aquí mencionaremos la obra de Mariano Felipe Paz Soldán, quien de manera general en Narración histórica de la guerra de Chile contra el Perú y Bolivia (1884) narró la totalidad de la guerra. Por un lado, resalta constantemente los esfuerzos y valentía del pueblo peruano por resistir los embates del ejército chileno. Por otro, describe la lenta, pero inevitable desestructuración del aparato estatal desde el gobierno de Mariano Ignacio Prado hasta el ascenso de Miguel Iglesias como «Presidente regenerador». Su obra termina con la narración de la firma del Tratado de Ancón en 1883, punto final del conflicto donde el Perú cedió definitivamente Tarapacá y por diez años la provincia de Tacna y el puerto de Arica, entre otros acuerdos. Cabe mencionar que la obra de Paz Soldán se elaboró gracias a la estratégica posición que tuvo al interior de las altas esferas del poder político. El ser ministro de Justicia durante el gobierno del presidente Mariano Ignacio Prado le permitió tener acceso a información valiosa y de primera mano. Los extranjeros también se hicieron presentes, en primer lugar el italiano Tomás Caivano en Historia


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de la guerra de América entre Chile, PerúyBolivia (1900), se esfuerza por desentrañar los complejos avatares de esta guerra; sin embargo, su obra no logró con el objetivo de brindar una completa reconstrucción histórica de los hechos debido al predominio de ensalzamientos nacionalistas y la exaltación de las figuras locales que tuvieron una participación relevante. En segundo lugar, mencionaremos a Clements Markham, estudioso inglés que de manera más orgánica e imparcial en The between Perú and Chile (1884) nos ofrece una aproximación a los hechos históricos expresados con un carácter estrictamente acontecimental y con abundante información documental. Su obra es de menor intensidad patriótica en comparación a su par italiano, en ella se respira el respeto y gratitud que tuvo el autor por el país que le abrió las puertas. Existen otros escritos que narran los diversos episodios de la guerra, no solo desde el punto de vista nacional, como es el caso de la perspectiva boliviana, de Roberto Querejazu, y la del chileno Daniel Riquelme, Benjamín Vicuña Mackenna, entre otros. 8

De lo expuesto concluimos que tanto las memorias y los diarios, como los primeros trabajos

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abocados a la investigación histórica elaborados por la crónica de los vencidos sirvieron para ir bosquejando la imagen discursiva con la que se explicaría la Guerra del Pacífico. En adelante la historia se estructura a partir del acontecimiento donde el lugar sobresaliente lo tienen las batallas y sus héroes. Esta dualidad del individuo magnificado dirigiendo a las masas establecerá el derrotero de las futuras investigaciones históricas y durante largo tiempo cubrió la verdad objetiva del acontecer histórico.

b. Remembranza a los hijos de la guerra (19101950) El otro grupo lo conforman los llamados hijos de la guerra, denominados así porque ninguno de sus integrantes (DE LA PUENTE 1981), se enfrentó con las huestes chilenas a causa de su edad. Todos tuvieron una característica en común, afrontaron de forma conjunta sus graves secuelas, con sus profundas heridas que buscaban ser curadas, cerradas y borradas. Su horizonte político e intelectual los hizo interrogarse sobre lo que fue, es y quisieran que fuese el Perú, por eso quisieron intentar reconstruir un país totalmente destrozado. Esta forma tripartita de pensar al Perú en pasado-presente-futuro les hizo profundizar ese espíritu maniqueo de ver al peruano como la víctima y al chileno como el verdugo. 9

8 Tenemos el caso de Francisco Salazar. Las batallas de Chorrillos y Mira/lores. El arte de la guerra. Lima. Imprenta del Universo Carlos Prince, 1882; Miguel Valle Riestra ¿Cómo fue aquello? 13 de enero de 1882. Lima: El Lucero, 1929.

9 Esta concepción permitió la difusión del discurso adjetivado de


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Estas imágenes trágicas serán expresadas claramente en sus escritos, aunque también hubo matices con respecto a la manera cómo presentaron los hechos, pero el fondo siguió siendo el mismo. Para aproximarnos a la diversidad de miradas con las que los hijos de la guerra abordaron la historia bélica de 1879, hemos optado por clasificarlos en tres grupos teniendo en cuenta la cercanía o lejanía que tuvieron con el discurso histórico elaborado por la crónica de los vencidos. En el primero encontramos a los que siguieron la senda trazada por las memorias y los diarios, es decir relatando vivencias que exaltaban la imagen heroica de diversos personajes y grupos sociales durante la guerra contra Chile. Aquí mencionaremos a Adriana Vernuil y su obra Mi Manuel (1947) dedicado a su esposo Manuel González Prada. En ese texto la autora centra su atención a lo acontecido durante la permanencia de Chile en la capital, Narró varias acciones como el desembarco de Baquedano en Chilca que provocó la defensa organizada de Lima dirigida personalmente por Nicolás de Piérola, quien recibió el apoyo de miles de reclutas venidos de la sierra, la mayoría procedente de pueblos que apenas hablaban castellano causando sorpresa entre los limeños. Lo que motivó que varios civiles de escasa preparación militar se enlistaran, eso sin contar las levas. El resultado fue la

perdedores buenos peruanos y vencedores malos chilenos.

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derrota en San Juan, Chorrillos, Miraflores, y la captura de Lima por Baquedano y Lynch, hecho que además de causar miedo y zozobra entre la población, debido a las amenazas de destrucción que pendían sobre Lima, provocó la partida de Nicolás de Piérola a la sierra central. Los hechos siguientes fueron retratados por Zoila Aurora Cáceres en su obra La campaña de la Breña (1921), título que expresa el tema de su escrito: la resistencia de Cáceres y sus guerrillas en la sierra central. En este libro la autora mezcla experiencias personales con relatos familiares. También resaltó la figura del pater familis Andrés A. Cáceres, y de forma particular la de su esposa Antonia Moreno, especialmente cuando describe el envío a la sierra central de vituallas y armas desde la ocupada ciudad de Lima. El realce de este tipo de acciones forma parte de la atmósfera de todo el texto, pues lo que busca la autora es destacar el rol sobresaliente que desempeñaron los peruanos en contraposición al cumplido por los chilenos. El segundo grupo lo conforman aquellos que sin desligarse de la temática desarrollada por los seguidores de la remembranza personal, se aproximan más a los parámetros trazados por los iniciadores de la investigación histórica: acuciosidad en la información, estructura acontecimental, heroicidad en las acciones personales, etc. La mezcla de estos elementos les


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permitió consolidar las bases estructurales de lo que se conocería como historiografía tradicional, mejor llamada institucional debido a su total hegemonía como discurso histórico predominante en el Perú. Uno de los más importantes es Ricardo Luna quien en su obra El conflicto del Pacífico (1919) se introduce en los entretelones de las causas que provocaron la guerra de 1879, llegando a la conclusión de que el factor predominante que impulsó el estallido del conflicto fue la ambición geopolítica de Chile por querer consolidar su posición en el Pacífico Sur y para ello fue necesario obtener nuevos recursos y territorios. Una infaltable temática de rigor al interior de este grupo serán las llamadas biografías heroicas, donde se hurgará en la vida y muerte de nuestros más connotados héroes de la patria. Mencionaremos dos de las obras más difundidas: la de Gerardo Arosemana, El almirante Miguel Grau, y la de Manuel Abastos, Bolognesi y su hazaña. En ambos escritos se destaca, principalmente, la trayectoria final de sus vidas y su acción heroica en el fragor de la batalla. Las biografías se presentan envueltas en el sacrificio de quienes los acompañaron, es decir oficiales y soldados, dando un aspecto más humano a la inmolación tanto de Miguel Grau como de Francisco Bolognesi. Completando esta imagen están los que combatieron en la defensa de Lima junto a Belisario Suárez, Justo Pastor Dávila y Andrés A. Cáceres, jefes de línea de los reductos capitalinos. Como fueron los

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alumnos de la Universidad de San Marcos también fueron retratados por Francisco Carvajal Seminario en su obra La Universidad de Lima y la Guerra del Pacifico (1929). En esta obra los estudiantes universitarios aparecen desempeñando diversas tareas, ya sea apoyando a la infantería en el campo de batalla; socorriendo a los heridos en las tiendas médicas, incluso realizando actividades para la recolección de nuevos fondos que permitan mantener la defensa de Lima. Imágenes que se verán oscurecidas cuando las tropas chilenas ingresan a los claustros universitarios con la intención de saquear y utilizar las instalaciones como cuartel, como también sucedió con otros edificios públicos. Finalmente, el tercer grupo se encuentra principalmente conformado por los miembros de la llamada Generación del 900. Estos lograron ir más allá de la vivencia personal y narración acontecimental de las acciones heroicas, porque insertaron la historia de la 10

10 «En las primeras décadas de este siglo, la vida •universitaria e intelectual en el Perú estuvo marcada por la llamada generación del 900. Los intelectuales de entonces propugnaban el estudio científico de la realidad nacional, eran tibiamente anticlericales y estaban opuestos a los factores negativos de la herencia hispánica. Pensaban que a esta herencia se debía la aversión al trabajo manual y una cultura contemplativa y tuviese inclinaciones científicas, prácticas e industriales» (CONTRERAS Y CUETO 2000: 302).


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Guerra del Pacífico dentro de una síntesis interpretativa total de la historia peruana (FLORES GALINDO 1988), con la que construyeron una especie de paradigma historiográfico sólido que se difundió hasta la celebración del centenario. Con esta operación no solo dieron punto final a la crónica de los vencidos, también firmaron la carta de fundación de la historiografía peruana moderna. Veamos a dos de sus representantes: Víctor Andrés Belaunde y José de la Riva Agüero. Para Víctor Andrés Belaunde (BELAUNDE 1918) la situación con la que afrontamos el conflicto bélico contrastaba con el pasado esplendoroso de los Incas o de los Austrias. Para él nuestro país se encontraba en una ininterrumpida decadencia que se ahondó con la guerra (ibid.), por eso se interroga sobre las causales que nos introdujeron en este conflicto. Víctor Andrés Belaunde analiza los debates sobre la posición que asumiría el Perú frente a la ocupación de Chile en la provincia boliviana de Antofagasta y al Tratado de Alianza Defensiva de 1873. Luego analizó el papel mediador que cumplió, con muy poca suerte, José Antonio de Lavalle, fracasos que se debieron — según el autor— a la carencia de una clase dirigente. Si bien José de la Riva Agüero (1992,11) llega a la misma conclusión, este menciona en su discurso la necesidad de construir la nación alrededor de una nueva clase dirigente que asuma el pasado y sea capaz de afrontar los desafíos de un país poco integrado. Estas fueron las

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causas principales por las que nos mantuvimos divididos y poco cohesionados para enfrentar al invasor. Otro autor que a pese de su condición de extranjero puede ser incluido dentro de este último grupo generacional es el venezolano Jacinto López (1979), cuya obra Historia de la guerra delguanoy del salitre, expresa la misma inquietud intelectual de los novecentistas y reflexiona sobre las causas que provocaron el estallido de la guerra. Serán el guano y el salitre, principalmente este último, las presas en disputa que desencadenaron el conflicto. Si bien lo propuesto por Jacinto López no fue nada novedoso para la época —diversos autores resaltaron también la causa salitrera como el factor detonante de la guerra— su gran aporte fue haber abordado el tema de manera orgánica; sin embargo, su obra pierde fuerza argumentativa y objetividad debido a su inclinación hacia el Perú poniendo en desmedro las inversiones y la avaricia económica por parte de Chile. Estas tres formas de pensar la historia de la guerra estructuró la historiografía tradicional de carácter institucionalista, porque sus imágenes discursivas modelaron la conciencia histórica de la nación. Este acaparamiento de la memoria colectiva nacional hecha por los tradicionalistas se logró gracias a que el Estado reconoció su narración histórica como el discurso oficial. Bajo este contexto los estudiosos de nuestra historia articularon sus intereses intelectuales con los de


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la élite política cívico-militar que convirtió las «batallas heroicas nacionales» en habitus festivos patrióticos y dieron una identificación en torno a un pasado común con sus héroes que serán recordados a través de los textos escolares, las fiestas cívicas, los monumentos, los nombres de las calles, los parques, etc. En apariencia éramos una nación, cuando en realidad estábamos divididos en dos élites diametralmente opuestas: la dominante sociedad católica criolla occidental con sus valores e ideales y la subordinada sociedad indígena y mestiza. El poder hegemónico que tuvieron los primeros sobre los segundos provocaría hondas y agudas crisis de identidad nacional que estallarían años después.

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c. Nuevos enfoques, vieja esencia (1950-1979)

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11 «Producto delabistoria, el fca&íftwproduceprácticas individuales y colectivas; produce, pues, historia en torno a los principios [...] engendrados por la historia, asegura la presencia activa de las experiencias pasadas que depositadas en cada organismo bajo la forma de principios de percepción, pensamiento y acción, tienden con mayor seguridad que todos las reglas formales y normas explícitas a garantizar la conformidad de las prácticas y su constancia a través del tiempo». (BOURDIEU 1991). 12 La tesis de Iván Millones estudia los avalares por los que atravesó la figura heroica de Andrés A. Cáceres hasta llegar a convertirse en el símbolo de culto oficial del Estado peruano. Para mayores referencias véase De caudillo militar a héroe nacional: la creación de ¡a figura heroica del Mariscal Andrés A. Cáceres. Entre la República Aristocrática y el Tercer Militarismo (1895-1939).

La década de 1950 abrió una nueva etapa al tratamiento histórico de la guerra. La historiografía tradicional sin ser innovadora se caracterizaría por el análisis dual que, con cierto carácter maniqueo, brindó el sentimiento de orgullo patriótico por las acciones valerosas de nuestros héroes y ejércitos, y el malestar y frustración heredados por la derrota que se ahondaba cada vez que se recordaba la cercenación de nuestro territorio. Esta perspectiva histórica consolidó y acuñó en el imaginario nacional la visión del peruano bueno vencido, que fue víctima de una guerra, de un macabro plan elaborado por el afán expansionista de Chile. Este discurso fue matizado con diversos enfoques, no obstante mantienen esa vieja esencia. 13

13 Un «dogma historiográfico», difundido por la historia oficial peruana es el que versa sobre la preparación militar de Chile desde 1870, que fue asumida con un poco de suspicacia racionalizada rehatible, pues ¿para qué prepararse bélicamente contra el Perú con diez años de anticipación, si ellos eran los dueños del salitre hasta 1875, año en que Manuel Prado, ante el fracaso del sistema de estanco, estatizó los salitres? Sobre este mismo punto gira la interrogante de ¿por qué durante la campaña se demoraron cerca de seis meses para capturar al monitor Huáscar si ellos poseían una flota de navios muy superior o es que técnicamente no la tenían? Si seguimos hurgando encontraremos muchas inquietudes que se transformarán en interrogantes que merecen una respuesta.


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A este lo hemos dividido en tres partes dependiendo de su acercamiento con el discurso hegemónico tradicionalista En primer lugar están los herederos del culto heroico, allí tenemos a Luis Humberto Delgado en su obra Estampas de la guerra entre Perú y Chile, de 1957 donde nos ofrece, una visión panorámica general desde el accionar mismo y dando las loas más enfervorizadas al bando de los peruanos valientes. Todo ello acompañado de un importante acopio documental y una ágil narrativa. Siguiendo ese estilo publicó, en 1971, Tres glorias: Angamos, Arica y Zarumilla. Allí presenta con respeto y honores el desenlace trágico, pero glorioso de las acciones bélicas en donde se obtuvo, imaginariamente, la victoria moral. Esta fue descrita como la aplastante derrota que se produjo en tierra y mar. Otro autor destacado es Luis Alayza y Paz Soldán. Ensn6bid.LaBreña(1956), conunestilonarrativo coloquial narró la resistencia en la sierra central, pero su obra pierde brillo cuando hace un panegírico al heroico esfuerzo de nuestros soldados. Quien sí logra superar, solo hasta cierto punto, estos cánones estilísticos nacionalistas es el R. P. Rubén Vargas Ugarte, quien siguiendo la línea trazada por su padre y fiel a su forma de hacer historia se aboca exhaustivamente a la búsqueda y recopilación archivística, como se puede corroborar en su obra Guerra con Chile. La campaña de Tacna y Arica (1970) donde brillantemente nos entrega documentos

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inéditos de la Campaña del Sur, predominando el uso de la correspondencia. Emblemáticamente estos tres autores representan el empantanamiento de apología patriótica por el que atravesaron los estudios sobre la Guerra del Pacífico, ya que solo aumentaba el conocimiento del conflicto a partir de nuevos documentos, pero nada más. No todos siguieron esta línea, hubo excepciones. Uno de ellos es Jorge Basadre, historiador analítico interesado por los aspectos teóricos y metodológicos de la historia, así como por los temas relevantes de nuestra ciencia, como saber hurgar en los avatares de la guerra. Será el interés personal el eje que impulsará el boom historiográfico que vendrá con la conmemoración del centenario del conflicto. Cabe señalar que la necesidad por explicar la guerra fue producto de la vivencia personal, basta recordar la traumática experiencia durante el intento de chilenización de Tacna (BASADRE 1988). Aunque la posición de Basadre fue duramente criticada, porque nos invitó a olvidar resentimientos de antaño (BASADRE 1981), nosotros pensamos lo contrario ya que su postura responde a la necesidad de construir una nación que estuviera por encima de sus rencores y frustraciones. Su obra de largo aliento, titulada Historia de la República del Perú (BASADRE 1983), busca reflexionar sobre las oportunidades perdidas y las posibilidades no


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aprovechadas (BASADRE 1947). Sin embargo, esta forma de concebir la historia pierde fuerza y se diluye cuando solo describe acontecimientos y no presenta nuevos enfoques que permitan renovar la visión de la guerra, no obstante esto permitió que el tema recobrara vigencia histórica. A pesar de los enfoques propuestos, la vieja esencia continuaba porque se siguió girando entre la retórica de la incapacidad de una clase dirigente, argumento sugerido años antes por Riva Agüero, y el esfuerzo denodado de un ejército patrio que pese a sus intentos fracasó. El tercer grupo estuvo formado por diversos científicos sociales que plantearon que el destino de los países en conflicto —Perú, Chile y Bolivia— no estuvieron en sus manos, muy por el contrario, se encontraban dentro de intereses mayores y maniobrado por las grandes potencias extranjeras, en especial los de la Inglaterra victoriana. Este argumento impulsó a los teóricos de la dependencia que con armazón estructuralista y marxista señalaron que el estallido del conflicto fue consecuencia de la dependencia económica de los países periféricos con los pertenecientes al sistema capitalista (YEPES DEL CASTILLO 1972). Así, el centro planteaba los diversos mecanismos de extracción de excedentes al interior de la periferia estableciendo las reglas del juego económico y político provocando, incluso, conflictos armados al establecer alianza con las diversas seudo-burguesías nativas. Uno

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de sus representantes fue Heraclio Bonilla (1974), quien señalaría que esa misma seudo-burguesía nacional no asumió su función como clase dirigente, sino que se limitó a ser una clase dominante que se convertiría —producto de su propia anarquía de carácter estructural— en un escollo insuperable, limitado, sin proyección a largo plazo y sujeto a las disolvencias del capitalismo al cual estaban subordinados. Los ingleses llegaron a colocar la balanza a favor de Chile, ya que lo consideraban afines a sus intereses. Los estudios de José Carlos Martín tiene el gran mérito de la novedad temática. Lo más resaltante de su obra es la lista de compatriotas que fueron deportados a Chile, especialmente los que estuvieron vinculados al Gobierno de la Magdalena encabezado por Francisco García Calderón (MARTÍN 1972). Otro trabajo que sigue esta línea es el realizado por la Compañía de Jesús por sus claras proclamas patrióticas lanzadas durante las misas dominicales (MARTÍN 1972: 5-11). Si algo podemos concluir hasta aquí es que los cambios ocurridos al interior de nuestra historiografía, expresados en las nuevas temáticas abordadas,

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14 Una de las más difundidas polémicas se desató con la celebración del sesquicentenario de la independencia del Perú, en 1971, cuando se enfrentaron sorprendidos los tradicionalistas con los emergentes dependentistas encabezados por Heraclio Bonilla y Karen Spalding.


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reflejaron las transformaciones dentro de nuestras estructuras sociales. La forma con la que se intentó seguir explicando la lucha externa mantuvo el estilo propuesto por la historiografía tradicional del peruano bueno pero derrotado y aunque Jorge Basadre y los dependentistas hicieron grandes esfuerzos por incorporar nuevos elementos al debate, el relativo cambio de enfoque no modificó la imagen construida por el discurso con el que se venía trabajando el conflicto salitrero. No obstante, las loas patrióticas fueron cediendo cada vez más espacio a los grupos dominantes, esto puede rastrearse desde los escritos de Riva Agüero y que Basadre resumiría en su frase «Perú: problema y posibilidad». Por otro lado, los teóricos de la dependencia tampoco desdeñaron el problema del nacionalismo, aunque por esos años su visión materialista les exigió desmontar los condicionamientos ejercidos por parte de las grandes potencias a nuestro espacio económico.

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El «Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas», encabezado en su segunda fase por Francisco Morales Bermúdez, quien a partir de 1975 impulsó el discurso heroico-patriótico institucionalizado por la historiografía tradicional, el mismo que obedecía a los intereses castrenses y otorgaba legitimidad en el poder ante la sociedad civil. La guerra fue una ocasión única y perfecta ya que reunía, igualaba y vinculaba en un mismo momento al pueblo y a sus jefes en la exaltación de las realizaciones comunes. En palabras de Balandier (1994) los militares hicieron gala de su poderío, en especial el de las armas, celebrando con entusiasmo los resultados que se consideraban habían obtenido, exponiendo lo que quedaba por hacer en beneficio de la nación y trabajando estratégicamente para que los diversos actores sociales participaran del espectáculo celebratorio en función del Estado corporativo castrense.

1979 fue un año significativo, porque se llevó a cabo la celebración los cien años de la Guerra del Pacífico por todo lo alto. A lo largo de esos 365 días se realizaron las más diversas actividades académicas: impresión de libros, reimpresión de memorias, conferencias, etc.

Para aproximarnos al despliegue retórico desarrollado durante ese año revisaremos algunas de sus obras más representativas. Comenzaremos mencionando las novelas de corte histórico escritas por Guillermo Thorndike (1979), quien logró cautivar rápidamente al público lector. Tuvieron tanta acogida que aparecieron editadas en cuatro volúmenes en una secuencia cronológica: la primera se enmarca dentro de

15 Una excelente antología de lo escrito en aquel año es la que ha realizado Margarita Guerra Martiniéri «La guerra con Chile en

las publicaciones de 1979 en el Perú», en Revista de la Universidad Católica del Perú N° 7. Lima, 1980.

d. Celebrando la centuria (1979)

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lo que fue los inicios de la guerra; la segunda narra los avatares de la desastrosa Campaña del Sur; la tercera se centra enlapartidadelpresidentePradorumboaEuropa; finalmente, el cuarto volumen aborda la Campaña sobre Lima. A pesar de su éxito comercial, sus innumerables páginas terminan siendo una reproducción del discurso historiográfico tradicional donde los iconos patrios y el valor heroico se recordaron una y otra vez. Si bien no es comparable los gastos ni el impacto que tuvo la celebración por los 150 años de nuestra independencia, el gobierno central tampoco la dejó de lado; por el contrario, se realizaron eventos cívicos de gran escala y se publicaron documentos claves para entender esta época, se formó la «Comisión Nacional del Centenario de la guerra del Pacífico» presidida por núlitares de alto rango y apoyados por los historiadores de ese entonces, como Félix Denegrí Luna y Percy Cayo. Ellos nos van a entregar una serie de trabajos vinculados a la participación de actores particulares a lo largo del conflicto. Por ejemplo Jorge Schereiber y Manuel Zanutelli (1979) han estudiado el rol que cumplieron los médicos a lo largo del conflicto armado, quienes en una primera etapa acompañaron a las tropas en sus hazañas marítimas y terrestres, luego tuvieron una destacada actuación durante la defensa de la capital. A pesar de su investidura «civil» y aparentemente desvinculados de los choques bélicos sufrieron muchas bajas en sus filas. Fueron profesionales que lucharon no solo contra la adversidad militar, sino contra la falta de recursos para desempeñar su trabajo.

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Otra obra importante será la de Luis Guerrero (1979), quien con su libro titulado Una guerra de ocasiones perdidas seguirá los pasos de Riva Agüero y Basadre, al abordar el conflicto desde la perspectiva de las posibles oportunidades que tuvimos en la historia y que durante la guerra no supimos aprovechar. Desde su perspectiva nuestras posibilidades de triunfo se vieron perdidas no por lahabilidad diplomática o militar de los chilenos, sino por la desunión y el natural infortunio que acompañó a nuestra débil nación. Esta manera de reflexionar acerca del pasado es lo que Magdalena Chocano (1987) ha denominado ucronía, porque las posibilidades del Perú se quedaron encerradas largos siglos atrás con nuestra cultura andina. Después de la llegada de los españoles fuimos presa de una ininterrumpida decadencia; así el Perú como posibilidad de nación nunca se llegó a realizar. Fiel reflejo de esta postura será el lamento por la guerra que perdimos y por la clase dirigente que nunca se tuvo. Otro autor que por cuestiones de división temática intenta alejarse de los mencionados, aunque sin éxito, es Edgardo Mercado Jarrín (1979), quien explica el desarrollo geoestratégico de la guerra, señala la falta de un estudio de catastro zonal, el escaso material bélico y la nula preparación de los soldados como los factores que ocasionaron la derrota. También es interesante destacar los trabajos realizados por Francisco Yábar en su libro Las fuerzas sutiles y la defensa de la costa durante


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la guerra del Pacífico (2001) y Jorge Ortiz Sotelo en «Los aspectos militares de la guerra con Chile» (2010). Dentro de esta lista también está Armando Nieto Vélez (1979) quien estudiará la valiente acción de Francisco García Calderón al asumir la presidencia durante la toma de la capital, ya que el lema de su administración fue la no cesión territorial. De igual manera se adjunta la participación de la comitiva estadounidense como mediadora de paz, especialmente en la conferencia de Viña del Mar (1880).

La máxima expresión de patriotismo falaz se difundió en las investigaciones que se limitaron a observar el acontecimiento con grandes anteojeras. La llamada versión oficial tergiversó la información de dominio público de forma casi total. Al analizar este capítulo de nuestra historia nos damos cuenta de que en realidad es la historia de los militares del Perú (en acuerdo o bajo el beneplácito de las élites) y no del pueblo, por eso es importante recordar cuál fue el sentir de la opinión pública.

La Guerra del Pacífico fue una excelente oportunidad para hacer una radiografía de la integración social que se había alcanzado. Tanto el Perú como Chile a comienzos del conflicto bélico no eran sociedades unívocas, quizás el caso de este último sea menos dramático que el nuestro. Mientras el país de la estrella solitaria trató de reconciliarse con el «roto», para utilizarlo como señuelo en las sangrientas batallas el Perú buscó integrar al «cholo» pero esta unidad fracasó por debido a los resultados en el campo de batalla (KLAIBER 1978:27-37).

e. Recreando nuevos discursos (1979-2004)

16 Luego de la guerra logró su inclusión social dado su éxito en el conflicto armado.

18 Un buen estudio, sobre las preferencias de la población estudiantil, de cada una de nuestras etapas es el de Gonzalo Portocarrero y Patricia Oliart. El Perú desde la escuela. Lima. Instituto de Apoyo Agrario, 1989; en donde la república y la guerra con Chile se llevan las pifias del público.

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17 Jeffrey Klaiber. «Los cholos y los rotos actitudes raciales durante la guerra del Pacífico». En: Histórica. Vol. 2. N° 1. Lima, 1978, pp. 27-37.

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En los últimos veinte años el discurso celebratorio ha disminuido relativamente en el campo de la investigación histórica, permitiendo transformar parte del discurso en el que se encasilló a las visiones sobre la guerra. Ello es producto de las innovaciones en las ciencias sociales, donde los fundamentos intelectuales del asalto son claros por un lado, el retorno a una filosofía del sujeto que rechazaba la fuerza de las determinaciones colectivas y los condicionamientos sociales y que intentan


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rehabilitar "la parte explícita y reflexionada de la acción"; por otro lado, la importancia acordada a la política que supuestamente constituye el nivel más acusador de la organización de las sociedades y para ello proporcionan una nueva clave para la arquitectura de la totalidad. La historia es llamada entonces a reformular sus objetos (recompuestos a partir de una interrogación sobre la naturaleza misma de la política), sus frecuentaciones (privilegio otorgado al diálogo con la ciencia política y la teoría del derecho) y más importante aún su principio de inteligibilidad amparado del paradigma crítico y refinado por una filosofía de la conciencia. (CHARTIER 1992: 3-4) 1. En la línea de guerra Finalizadas las celebraciones del centenario la búsqueda archivística así como los análisis de las campañas de la guerra (marítima y terrestre), quedaron casi en stand bye y solo se limitaron a difundir los escritos del centenario y, posteriormente, a reproducir el discurso del héroe derrotado y el épico combate. Estas publicaciones contaron con el apoyo de los círculos castrenses, quienes por intermedio de sus instituciones trataron de mantener vivo el orgullo nacional dentro de sus cuarteles. Esto, aunque legítimo, es deformador ya que su propia conciencia histórica está centrada únicamente en el aspecto ético/militar hecho que sí es cuestionable, porque solo contribuyen a la proliferación y legitimación de los parámetros historiográficos oficialistas.

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Entre los libros centrados, básicamente, en los enfrentamientos que se realizaron en el sur encontramos, en primer lugar, los remitidos a la campaña naval; este es el caso de Carlos Zúñiga, quien nos ofrece dos cortísimas publicaciones donde, además de incluir «odas» a Miguel Grau y a todo su comando (tanto de la plana mayor como menor), realiza un recuento histórico «clásico» de los momentos en los que se produjeron los combates de Iquique y Angamos. Creemos que este tipo de discurso fue el vehículo que se empleó para cimentar la fuerza que mantiene la tradición dentro de la marina y para mostrar nuestro sentido de la historia. Jubo Elias (1980), en una monografía interesante, narra el accionar de las embarcaciones menores y el mirruuizado bastión de Arica después del combate de Angamos. Coyuntura difícil si recordamos que prácticamente perdimos nuestra permanencia en el mar luego del hundimiento del Huáscar. El autor se basa en una serie de anécdotas e informaciones comparativas de carácter bélico, para brindarnos un aporte interesante en el aspecto temático, mas no en la renovación metodológica dentro del campo de la investigación histórico-naval. Siguiendo esta misma línea nacionalista en La epopeya del morro (1980) encontramos análisis de las confrontaciones bélicas de la campaña terrestre donde predomina la imagen del chileno abusador. Gracias a esta postura se logra obtener el protagonismo simbólico de la batalla de Arica. Si algo


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han producido los estudios sobre esta parte del conflicto es la construcción del grueso mausoleo de los héroes de la guerra y de un infranqueable «muro histórico» para los estudios regionales e interregionales.

de Francisco Bolognesi, Alfonso Ugarte, Andrés A. Cáceres, Belisario Suárez, entre otros) y publicaciones documentales de valiosa información, pero irrelevante para los debates.

Otro grupo importante de escritos son aquellos dedicados al «panteón de nuestros héroes». El más popular—por decirlo de alguna manera—es el almirante Miguel Grau Seminario, figura destacada que sería homenajeada con los máximos honores por Jorge Olid (1994), quien además de explicar de manera detallada su etapa militar también expone cuál fue su participación en el ámbito político dentro del selecto círculo congresal civilista durante los años 70 del siglo XIX. Incluye además anécdotas interesantes que pueden brindar nuevas luces sobre una biográfica de por sí bastante clásica.

La guerra no solo se dio en los campos de batalla, también se produjo en las oficinas de gobierno al momento de «financiar la guerra», como nos lo señala Fernando Armas Asín (2004). Incluso este proceso de búsqueda de recursos demandó hondas confrontaciones políticas en el Parlamento Nacional (ARMAS 2010).

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Sin embargo, las innovaciones historiográficas permitieron que los primeros años de guerra no se limitasen solo a describir combates y personajes heroicos. De manera complementaria, en lo que respecta al ejército, podemos mencionar que aún se difunden pequeños trabajos biográficos (resaltando los

19 Los años 1879-1880 se remiten casi con exclusividad a las luchas llevadas a cabo tanto en mar como en tierra, dejándose prácticamente de lado los estudios sobre lo que aconteció con las élites así como con los grupos subalternos zonales.

A pesar de los esfuerzos por parte de la clase política los resultados bélicos serían negativos para el país y como producto de la crisis política en la que estaba sumida la nación Piérola dio el golpe de Estado. Es interesante señalar como «El Califa» intentó mantener la alianza con Bolivia (CHAUPIS 2009:99-110), un país que la historia peruana califica de cobarde por dejarnos a merced de los chilenos después de la batalla del Alto de la Alianza en 1880. Nuestro país recreó su derrota 20

20 A lo largo de sus escritos Chaupis intenta reconciliar la memoria nacional con un personaje polémico como lo fue Nicolás de Piérola, al colocarlo como un mandatario progresista; de esta manera el autor contradice los escritos pasados que tildaron al personaje en mención de oportunista y desestabilizador. Para mayores referencias véase «La utopía esperanzadora de Nicolás de Piérola: estatuto provisorio de 1879» (2007).


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militar en una victoria moral a costa de la actuación de los bolivianos. Si mencionamos el papel de los militares, podemos encontrar dos frentes antagónicos, por un lado, los estudios que mantienen la tradición positivista patriótica y, por el otro, aquellos que revisaron el papel de las fuerzas armadas cuya actuación además de circunscribirse en los cuarteles o campos de batalla también se ubican en las esferas de poder.

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entre chilenos y peruanos, las pugnas por el poder entre los compatriotas, así como la reforma administrativa de parte del «protectorado» chileno. Sin embargo, estas propuestas aunque interesantes y prometedoras para futuras investigaciones, no tuvieron seguidores y quedaron solo como tema para ser investigado a futuro. Otra propuesta interesante es la ofrecida por Celia Wu Brading, quien se convertiría en una verdadera pionera al proponer nuevos estudios sobre el tema gracias a las fuentes primarias recopiladas pacientemente en Gran Bretaña cuya transcripción ocuparon parte importante de su obra , que pese a su brevedad, nos ofrece información valiosa sobre la presencia de la diplomacia británica en su doble rol: como observadora privilegiada en los campos de batalla, y su notable influencia en la mesa de negociaciones para concertar la paz por diversos medios. Sin embargo, este 23

2. Ocupando la «Perla del Pacífico» La ocupación de Lima se ha enmarcado, tradicionalmente, en las batallas de San Juan y Miraflores; aunque también se han incluido las clásicas anécdotas diplomáticas cuando el tema de estudio fue el breve mandato de Francisco García Calderón. A pesar del predominio de la estructura militar-diplomática en los textos históricos, se han hecho esfuerzos por explicar los entretelones de la ocupación chilena, de la que nos ocuparemos en el presente acápite. En primer lugar mencionaremos los estudios de Raúl Rivera Serna (1984), que pese a conservar su estilo descriptivo da un giro al sentido de frustración para convertirlo en una nueva ruta que pueda desembocar en otra lectura de la ocupación de Lima. El autor nos ofrece de forma pormenorizada la relación que se produjo

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21 La autora utiliza las fuentes documentales británicas para brindarnos un punto de vista que se muestra como «imparcial» debido a su posición privilegiada. Para ampliar estos y otros aspectos véase su libro: Celia Wu Brading. Testimonios británicos de la ocupación chilena de Lima. Lima. Editorial Milla Batres, 1986. 22 La intención es ofrecernos la visión inglesa; debido a que durante mucho tiempo se tejió toda una leyenda negra en torno a su intromisión en esta guerra. Cabe agregar que este el mito fue elaborado por los teóricos de la dependencia. Al respecto ver: Enrique Amayo. La política británica durante la guerra del Pacífico. Lima. Editorial Horizonte, 1989.


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importante esfuerzo terminó siendo un esbozo tentativo e inconcluso que, al igual que los estudios de Rivera Serna, esperan ser retomados por otros investigadores. No son infructuosos los esfuerzos de estos dos destacados historiadores; pues serán los detonantes para expandir el tema dentro de una línea aún más tradicional. Este es el caso de los estudios realizados por Margarita Guerra Martiniéri recopilados en dos grandes volúmenes. En el primero aborda el aspecto político, mientras que en el segundo restringe su análisis al aspecto económico. El primer libro La ocupación de Lima. El gobierno de García Calderón (1991) posee una amplia base de fuentes documentales recopiladas tanto en el Perú como en el extranjero. Guerra Martiniéri nos entregará de manera pormenorizada los conatos políticos del Gobierno de la Magdalena, como consecuencia de la presión foránea ejercida para la cercenación territorial de nuestro país. Este gobierno provisorio, pese a su breve permanencia, también se vería envuelto en los enfrentamientos por la posesión y legitimidad de las entidades públicas nacionales, así como de los problemas ocasionados por la intervención chilena en las mismas. Además, analizará el accionar del presidente Francisco García Calderón en la mesa de negociaciones para lograr la paz con Chile sin llegar a la cesión territorial. El segundo libro La ocupación de Lima El gobierno de García Calderón (aspectos económicos) (1996) también

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posee un estilo marcadamente positivista, pero en menor medida en comparación al anterior. Aquí estudia la precaria situación económica de la capital, como consecuencia de los excesivos gastos que generaba la guerra. Para ponernos al tanto de esta situación, por ejemplo, describe la recomposición de la aduana a cargo del protectorado chileno; además informa detalladamente sobre la situación de la población, tanto nacional como extranjera y de qué forma afrontaban la ocupación chilena. No olvidemos que su permanencia en nuestra capital duró más de tres años. La autora nos demuestra que a pesar de esa larga estancia, los actores y las instituciones locales poco a poco volverían a retomar con normalidad sus diversas actividades, como la administración de negocios o el funcionamiento de mercados. Es importante destacar que de todas las etapas de la guerra, la ocupación de Lima alcanzó un grado mayor de análisis por parte de los investigadores. Aunque creemos que aún falta estudiar una amplitud de temas; por ejemplo el comportamiento de la jefatura política chilena, el funcionamiento de las instituciones controladoras de la economía, el impacto social en las clases bajas, medias y altas, entre otros que pueden ser útiles para generar la polémica y ampliar la visión sobre esta etapa que nos tocó afrontar durante la guerra.


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3. Cuestión de nacionalismos Como ocurre muchas veces en la historia los resultados de las guerras son producto del desenvolvimiento directo de sus actores, piezas fundamentales para la formación de las identidades nacionales. Ellas pueden devenir fácilmente en el orgulloso enarbolamiento del vencedor, así como en la denigración traumática del perdedor. Esto último fue lo que se vivió en nuestro país, aunque fue sublimado con la heroicidad simbólica. 23

A pesar de convertirse en un punto importante para la formación y gesta de los llamados ciudadanos imaginarios (Escalante 1995); este tema, tratado como problema concientizador local contemporáneo, ha sido mermado a su mínima expresión. Cabe mencionar que los estudios sobre el sentir nacional durante la Guerra del Pacífico, han buscado reflejar, entre otros, el comportamiento del Perú profundo que 24

23 Los estudios en torno a la conciencia histórica y el impacto de la guerra en la formación de las identidades nacionales son muy escasos, al respecto ver; Magdalena Chocano. «Ucronía y frustración en la conciencia histórica peruana», en Márgenes N° 2 1987, pp. 30-60. 24 Para una aproximación a esta problemática historiográfica ver: Heraclio Borrilla. «El problema nacional y colonial en el contexto de la guerra del Pacifico». En: Heraclio Bonilla. Un siglo a la deriva, ensayos sobre el Perú, Boliviay la guerra. Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 1980.

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aunque marginados participaron activamente en el desenvolvimiento de las acciones bélicas, así como en su propia lucha identitaria. Estas, a su vez, motivaron las más agudas polémicas historiográficas a inicios los años ochenta del siglo XX. Heraclio Bonilla expresa la postura más polémica al sostener que el país se hallaba prácticamente fragmentado producto de la no existencia de una nación. Bonilla enfoca el comportamiento del conjunto de los sectores sociales, tanto de la burguesía nativa, los aliados bolivianos y las clases altas y subalternas costeras, que durante la etapa de la guerra conjuntamente conformaron una empresa «antichilena», aunque contradictoriamente envuelta en enfrentamientos internos y traiciones que finalmente provocaron la pérdida de los territorios salitreros en Perú y Bolivia. Un énfasis especial tiene su posición relacionada con las comunidades indígenas de la sierra central , que según el autor, tuvieron como estímulo para su movilización en la resistencia la amenaza del 25

25 Este argumento ha sido desarrollado en Heraclio Bonilla. «El campesino indígena y el Perú en el contexto de la guerra con Chile», en HISLA N° 4, 1984 y «The indian peasentry and Perú during the war with Chile», en Steve Stern (ed.) Resistance, rebellion and consciousness in the Andean peasent world. 18th to 20th centuries. Madison: Wisconsin University Press. 1987, 214-237.


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despedazamiento de sus localidades. Esta afirmación propiciaría rápidamente la polémica. Frente a lo sugerido por Bonilla emerge la propuesta de Nelson Manrique (1988), quien contrariamente sostiene que fue la existencia del nacionalismo al interior de los campesinos de la sierra central el principal motor propulsor de su participación en la guerra. También los estudios de Florencia Mallon son contrarios a la opinión de Bonilla y respalda la posición del nacionalismo campesino. La investigadora se aboca a la sierra central y norte y sostiene que es precisamente esta zona donde se va gestando un modelo de ciudadano consciente —con claros matices populares— que sería un punto básico para el proceso de integración nacional. Con estos planteamientos la autora bosquejaría una representación alternativa a la ciudadanía de tipo occidental que se basaba en los principios modernos extraídos de los ilustrados franceses y norteamericanos (MALLON 1987). Estas afirmaciones serían enriquecida posteriormente, con un estudio más amplio sobre la zona de Junín (análisis microhistórico), donde además incluiría debates en relación al concepto de «utopía andina», así como sugerentes incorporaciones

26 Para este punto ver: Nelson Manrique. Campesinado y nación. Las guerrillas indígenas en la guerra con Chile. Lima: Centro de Investigación y Capacitación, 1981 y «Campesino, guerra y conciencia nacional», en Revista Andina N° 7, 1986.

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teórico-metodológicas a partir de los postulados de la teoría de género como herramienta de análisis que confrontaría con la noción de etnicidad en los Andes (MALLON1988: 252-253). 27

Un aporte interesante es el de Wüfredo Kapsoli que incorporó nuevos elementos al debate, pues si bien se integra aparentemente a la corriente de los que niegan la existencia de un nacionalismo indígena, termina sumándose indirectamente en el grupo contrario. Aunque Kapsoli desconoce el brote de un nacionalismo campesino sostiene que la acción de estos actores sociales sería más bien instintiva. Además agrega que el llamado «patriotismo indiano» se personificaría en la figura del Tayta Cáceres. En este sentido sería un nacionalismo de raigambre andina, es decir, un nacionalismo Inca (KAPSOLI 1980: 333-358). Sin embargo, a pesar de lo polémico del debate, no puede darse por concluido ya que aún hay mucho por investigar. El estudio del constructo nacionalista más que la «reivindicación» sobre el papel que jugaron los indígenas en la etapa de la resistencia, espera una justa aproximación desapasionada sobre el fenómeno de la identidad, etnicidad, la nación y el nacionalismo.

27 Para estos temas puede resultar ñuminador el ensayo de Víctor Peralta Ruiz. «La historiografía y el Perú del siglo XIX», en Historiase 2, 1998, 252-253.


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Caso contrario se seguirá limitando la visión a una suerte de derrotados: cobardes traidores o valientes colaboradores. 4. Regionalismo y nación Si algo ha sido posible constatar en los estudios sobre la historia republicana es que ha girado mayoritariamente en torno a los sucesos acontecidos en Lima y su manejo político del aparato del Estado. De tal manera, la historia republicana se fue proveyendo de una serie de estudios mediáticos y poco analíticos de la realidad nacional. Esta forma de hacer historia se mantuvo, incluso en los relatos de la Guerra del Pacífico relativizando en mucho sus conclusiones. Sin embargo, después de la celebración del centenario aparecieron estudios que de una u otra manera han tratado de reenfocar la atención de las futuras investigaciones a través del papel que asumieron los diversos departamentos y regiones durante el desarrollo de la guerra. Por otro lado, también puede observarse, aunque en menor número, aquellos estudios que han buscado desapasionar el diagnóstico general de la guerra; pero ambos en su conjunto ofrecen —en la medida que logren articularse uno con el otro— un futuro auspicioso para el desarrollo de las investigaciones históricas. Observemos los estudios regionales y locales, en primer lugar las investigaciones dedicadas a la

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región norte, como la realizada por Alejandro Reyes Flores (1984), quien a partir de una amplia revisión de diversas fuentes documentales propone una relación negociadora distinta entre los invasores y las élites regionales piuranas y trujillanas. Estas con la mirada al frente llegaron sorprendentemente —a pesar de la ocupación— a proponer las reglas del juego, e incluso, en algunos casos, pudieron imponer sus propios intereses. No obstante, su propuesta no tuvo la acogida que merecía (quizá se deba a lo tardía de su publicación, realizada década y media después de la celebración del centenario). Igual receptividad mereció el artículo de Kapsoli (1984), que partiendo de un estudio estadístico descríbela aceleradaeirreversible decadencia económica de los departamentos de Lambayeque y Cajamarca. Para este análisis toma como marco de referencia a las clases altas provincianas. En lo que se refiere a los estudios sobre la región central, tenemos los de Nelson Manrique (1988), el autor a través de una aguda pesquisa en los archivos regionales analiza el comportamiento de la sierra central y parte de la zona sur (Arequipa). Todo ello visto desde el accionar del sector terrateniente envuelto dentro del juego de intereses de grupo y la prevalencia zonal frente a las comunidades indígenas, caracterizadas por su identificación con la patria y su espíritu nacionalista. El Sur chico, una región cercana al centro de poder que representó la Lima del siglo XIX, ha sido dejado de lado.


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A pesar de este abandono historíográfico es importante mencionar los estudios realizados por Rolando Pachas (1984), especialmente el dedicado a las provincias de Pisco y Chincha (el llamado sur chico) durante el contexto de la Guerra del Pacífico. Pachas por un lado se centra en el aspecto social a través del estudio de las comunidades zonales; por otro, indaga el aspecto económico estudiando principalmente la producción de las haciendas durante la estadía chilena y cómo estas serían perjudiciales producto de los saqueos (PACHAS 2007).

entre las poblaciones. Si bien las relaciones con Chile siguen siendo controversiales, las nuevas generaciones de ambos países son menos pasionales y más pragmáticas. Ramón León (2004) en un interesante artículo nos presenta la visión de quienes en pocos años tendrán en sus manos los destinos del país, nos referimos a la juventud de ambos países. Es interesante señalar la visión de los jóvenes sobre este acontecimiento bélico como una cuestión del pasado, irrepetible en el futuro; ahora los escenarios de confrontación son los deportivos y culturales.

Más hacia el sur encontramos la instalación del gobierno provisional de Arequipa encabezado por Lizardo Montero. Es importante mencionarlo porque tanto la ciudad como Montero fueron estigmatizados por la memoria colectiva y recordados como los responsables del fracaso de la resistencia al agresor, porque no prestaron la ayuda necesaria tanto de pertrechos de guerra como de material humano. Sin embargo, no todos están de acuerdo con esta imagen, este es el caso de Armando Nieto Vélez (1979-1980) al proponer al gobierno como la promesa de un orden interno dentro de un país fragmentado, aunque el mismo autor señalaría que la presión chilena sería la que propiciaría la articulación de este espacio des estructurado.

Si bien los estudios regionales han ido paulatinamente en descenso debido, quizás, a que el interés está puesto en otros temas, estos aún brindan el sustento vital para conocer —por ejemplo en el caso concreto de lo acontecido en el hecho histórico en mención— la actitud y el grado de identificación de las provincias para con el Estado-nación. Por ende, es necesario que tanto los estudios regionales como los estudios microhistóricos locales busquen integrarse cada vez más a una imagen de conjunto de los hechos históricos, superando su propia parcelación y aislamiento con inclinaciones de apartheid historíográfico.

Estas últimas décadas la revolución de las comunicaciones ha generado un acercamiento mayor

Desde fines de los años ochenta se han llevado a cabo con mayor frecuencia coloquios, encuentros, congresos,

f. El discurso del otro ahora es nuestro (20042010)


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entre otros eventos académicos, tanto nacionales como internacionales donde docentes, investigadores y estudiantes han realizado un permanente intercambio de ideas sobre diversos temas. Algunas de estas discusiones han sido retratadas en compilaciones y memorias. Esto ha permitido que cada ciudadano de los diversos países inmiscuidos en la guerra refleje al otro tal y como se le percibe desde su frontera, además que esos espacios se convierten en lugares donde se rompen algunos mitos y concepciones construidas en décadas de bombardeo. Más aún, se está utilizando en varias investigaciones fuentes chilenas y bolivianas, porque permitan analizar las distintas perspectivas que hay sobre la guerra, la justificación para sus acciones y el tipo de discurso que se dirige a las futuras generaciones. Uno de estos trabajos fue realizado por el autor de este libro (ROSARIO 2007), quien retrata la enorme responsabilidad de los peruanos en los inicios de la guerra. Desde nuestra perspectiva y análisis el congreso peruano de 1873 resolvió la cuestión tributaria del salitre como carácter de urgencia, puesto que el país se precipitaba a una profunda crisis económica. En medio de ese debate se plantea como solución el estanco del nitrato. Esta fue una típica medida colonial para proteger mediante la acción pública un producto considerado estratégico. Pero, dos problemas llevan al rápido fracaso del estanco. Por un lado, el estado carecía de capital para montar el nuevo sistema; por el otro se

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precipitó una crisis internacional de envergadura como la caída del precio internacional del salitre. En nuestro planteamiento la única forma de salvar al Perú de la catástrofe era estatizar el nitrato de soda (ZAPATA 2010). Un ejemplo de interdisciplinariedad será el de Iván Millones, quien intenta explicar cómo se inicia el «odio a Chile». Millones afirma que este no nace con el fin de la guerra, por el contrario, se mantiene una actitud pasiva porque se tenía la esperanza de que se cumplieran los acuerdos del «tratado de Ancón» y se devuelvan las provincias cautivas (Tacna y Arica); pero al no existir una respuesta efectiva por parte de los chilenos los ánimos se enardecieron a principios del siglo XX, «se trataba este de un anticipo a lo que iba a ocurrir durante el Oncenio de Leguía (1919-1930) cuando hubo una mayor exaltación de los sentimientos nacionalistas de la población con fines políticos» (MILLONES 2009: 160). Al igual que en nuestra historia, la versión chilena nutrió su nacionalismo en torno a la victoria. Para comprender mejor esta lógica discursiva del vencedor, Carmen McEvoy (2000) hurga en el rol jugado por las mujeres durante una coyuntura precisa: la ocupación de Lima. La autora ingresa a estudiar los hilos que estructuraron los mecanismos ideológicos al interior de las luchas entre hombres y mujeres. De esa


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forma aborda la necesidad de prevalencia y el deseo de la virilidad masculina de los «hijos de la estrella solitaria», hacia la «coqueta» tapada criolla limeña, que prefirió en muchas ocasiones al invasor triunfador foráneo, que a su compatriota perdedor. Esto se refleja en fugaces encuentros sexuales dados en plena toma armada de la ciudad capital. Sin embargo, es preciso agregar que para sustentar su hipótesis, McEvoy se basa principalmente en la elaboración discursiva del sentir «aventurero», realizado por el propio ejército chileno, imágenes del tiempo que fueron deformadas, ya que estos escritos serán redactados después de concluida la guerra. Esta situación es corregida a partir del papel jugado por Patricio Lynch en la adrninistración de Chile sobre Lima durante los casi dos años que ocupó la capital. La consigna fue mostrar al civilizado y moderno conquistador de territorios salitreros como un domador del peruano salvaje. Idea que no solo sería pronunciada en los cuarteles, sino se daría a viva voz en todos los espacios desde inicios de la guerra. Uno de los puntos principales fueron los pulpitos religiosos, que tenían una fuerte influencia en la conservadora sociedad chilena (MCEVOY 2007: 187-216). Demostrando que la historia militar no es una temática limitada a la descripción de las batallas y combates, tenemos el trabajo del chileno Carlos López

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y el peruano Jorge Ortiz Sotelo, quienes se ocupan de hablar acerca del devenir técnico y simbólico de una embarcación que hasta la actualidad trae polémica en el país: el Huáscar. De forma objetiva ambos oficiales mencionan lo que ello significa para nuestros países, victoria para uno, humillación para otro. Un estudio de carácter binacional (Perú-Bolivia) es realizado por el historiador peruano Daniel Parodi (2000), quien ha quebrado la vieja imagen de los arequipeños calificados como crueles traidores y de los bolivianos como felones, para cambiarla por una remozada imagen de «fieles aliados», quienes a pesar de las adversidades brindaron constante ayuda de diverso tipo a nuestro país, incluso en los momentos de resistencia en la sierra. Aunque el autor sostiene que la descoordinación existente entre los aliados impidió que los refuerzos enviados de Bolivia o Arequipa llegaran a tiempo. El papel desempeñado por Bolivia ha llamado la atención de algunos estudios, en estos últimos años. Después de los trabajos hechos por Bonilla, la historiadora Marta Irurozqui renueva la lectura con respecto al país del altiplano retomando «su deseo de renacimiento nacional expresado en una nueva y definitiva refundación de la república» (2010: 13). Aunque los resultados militares y diplomáticos aún mantienen en la población peruana esa suspicacia hacia los bolivianos en su actuación bélica (BONILLA 2010).


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Si bien ya se ha dado un importante avance con el trabajo elaborado por Parodi es necesario y hasta imprescindible ampliar nuestras perspectivas geográficas buscando estudios que abarquen tres e incluso a cuatro naciones, incorporando más sólidamente el papel de Chile como agresor directo y de Argentina como participante indirecto. Incluso el aspecto internacional debería ser más asediado, pues si bien se ha avanzado sobre la intervención de Inglaterra en la Guerra del Pacífico, la de Estados Unidos todavía está por estudiarse, especialmente a sabiendas de su participación en las negociaciones entre el Perú y Chile para culminar la guerra. Renzo Babilonia (2009), en un trabajo innovador, nos ofrece una compilación de las principales fotografías de la época con un predominio déla muestra fotográfica de Chile dado que tenían como intención generar un seguimiento visual desde el propio campo de batalla con el objetivo de mantener bien informada a su población y mantener viva la memoria de este acontecimiento. La historia habría de ser construida por los vencedores. El estudio de Babilonia está contextualizado a las fotos del conflicto, las cuales no restan su esfuerzo compilatorio que puede ser perfeccionado por otros estudiosos en los próximos años. A lo largo de este capítulo historiográfico hemos constatado que la Guerra del Pacífico, pese a sus diversas

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interpretaciones, incluso opuestas, todavía representa un momento de importante de definición para la nación en sus más amplios aspectos (social, político, económico, cultural, etcétera.). Si bien el enfoque que se le dio hasta la celebración del centenario contribuyó a velar el conocimiento de este «punto de quiebre», además de traer consigo traumas generacionales, es momento de superar esta visión tradicional de la historia. No buscamos deslegitimar los avances ni los denodados esfuerzos de quienes intentaron innovar la forma de estudiar la historia, a partir de las más útiles corrientes intelectuales e historiográficas actuales, pero debemos complementarlos, enriquecerlos y abrir nuevas vetas para la investigación. Así, alimentados de las nuevas tendencias metodológicas y teóricas, pero sin dejar de lado lo avanzado, podremos hacer una relectura y construir visiones más integrales de esta etapa que nos tocó vivir. Solo así superaremos el excesivo culto a las «fechas» conmemorativas en torno a las hazañas realizadas por nuestros héroes en la guerra. No pretendemos abandonar nuestras más arraigadas tradiciones cívico-históricas, solo buscamos superar la imagen extremadamente maraquea y tradicional que nos dejara la Guerra del Pacífico.


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Capítulo II Parlamento y salitre (1875-1878)

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Los diversos pretextos de que se han valido para arruinar la provincia de Tarapacá, dan el triste e íntimo convencimiento que estos pretextos son simplemente la esencia de un nuevo negocio de los consignatarios de antaño, revestido con el corolario simpático de intereses generales del país, negocio lanzado y desenvuelto a la sombra de la bancarrota del erario nacional, arteramente forzado por el Presidente de la República y el congreso del 75... Guillermo Billinghurst. Rápida ojeada sobre la cuestión del salitre. Valparaíso. Imprenta Mercurio. 1875. ... francamente, cada día siento en mi alma más hiél contra el civilismo que, con su caprichosa ley de expropiación salitrera nos preparó el conflicto actual y que aún habiéndolo previsto, no quiso, no

1 Este capítulo fue publicado originalmente con el título «Bancos, élites y Estado. El estanco y la estatización salitrera (1875-1879)». En: José Chaupis y Emilio Rosario. La guerra del Pacífico. Aportes para repensar su historia. T. I. Lima: Fondo Editorial de la Facultad de Ciencias Sociales, 2007, pp. 33-55. Para la presente edición se ha ampliado y corregido.

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supo alistarnos para la lucha... Ricardo Palma. Carta N° 7. Cartas a Piérola (sobre la ocupación). Lima. Editorial Milla Batres. 1979. La causa generadora de la guerra está comprobada fue la ambición de un hombre, del Presidente del Perú: Manuel Pardo [...] ambición de riquezas para reparar los descalabros de la fortuna pública. Enrique Tagle (diplomático chileno). El negociado del salitre. Buenos Aires. El Correo Español. 1901. p. 30

En su edición del martes 14 de enero de 1879 el diario El Peruano —órgano de prensa y propaganda del gobierno central— puso en conocimiento a la opinión pública lo trascendente que eran las acciones y decisiones del Parlamento Nacional en los destinos de la nación: [...] es realmente el Congreso quien maneja el timón del Estado y el verdaderamente autor de la dicha o la desgracia, a tenor de lo que dispone la constitución y las leyes [...]. En el Congreso es donde se iniciarán aquellas luchas sangrientas que más tarde van afligir la nación: ningún campo es mejor para conocer no solo los partidos dominantes y sus fuerzas y sus recursos, sin sus aptitudes, su ilustración, sus detalles más característicos. Allí se improvisan muchos personajes y se forman reputaciones con el poder de su elocuencia, que después influyen en la suerte de la República [...]. {Elperuano 14 de enero de 1879).


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Ésta abierta llamada de atención hecha por el Poder Ejecutivo al Congreso de la República a través de su medio escrito oficial, no fue una coincidencia por la tensa situación fronteriza entre Chile y Bolivia que se vivía en ese momento. Esta puso en alerta a los diversos organismos del Estado peruano, en especial al Congreso, como mencionaba el editorial de El Peruano, para que definiera la posición que se adoptaría frente a la crisis chileno-boliviana. Finalmente el gobierno optó por respaldar a Bolivia, quienes sufrieron la invasión militar de Chile en Antofagasta, su única provincia costera, en febrero de ese mismo año.

En el presente capítulo buscamos establecer el papel de los actores económicos haciendo hincapié en el rol de los bancos como entes promotores de las políticas de Estado a favor del «desarrollo» del país, traducido en la absorción de las salitreras tarapaqueñas. Las instituciones bancarias fueron las protagonistas de este proceso al facilitar económicamente su apropiación so pretexto del bienestar nacional. La conjunción de intereses nacionales chocó con la de otros países y esta situación desembocó en una guerra.

La intromisión del Perú tuvo como razón fundamental la disputa con Chile por el comercio del salitre porque las ganancias permitían el desarrollo multilateral de los países en mención. Esta situación de injerencia directa terminaría costándole al Perú la declaratoria de guerra unos meses después, debido a que Chile vio al Perú con serias pretensiones de monopolizar el producto almacenado en territorio boliviano como ya lo estaba haciendo en Tarapacá. Abril de 1879 fue en realidad la etapa final de todo un proceso originado desde 1875, cuando el Parlamento Nacional estatizó el salitre. El Congreso tuvo, en la banca privada, el apoyo estratégico para llevar el proyecto de empoderamiento del cauche, nombre con el que se conocía al salitre.

Las acciones conjuntas entre el gobierno, las élites nacionales y los bancos, desde 1873 hasta 1879, tuvieron básicamente un objetivo central: el control del salitre. Ambas partes tuvieron la necesidad de explotar un recurso natural que debía salvaguardar el bienestar próximo del Estado, los ingresos de la élite y el desarrollo de la banca nacional; pero las acciones estuvieron mezcladas con los diversos acontecimientos que se interconectaron a comienzos de 1870, obligando a realizar grandes esfuerzos políticos para sacar provecho del salitre que, por vías de la competencia y el libre mercado ni el gobierno ni la clase adinerada pudieron obtener.

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2 A pesar de su estrepitosa caída a principios de 1879.

a. La convergencia de los problemas


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1. La caída del guano El guano, producto natural exportable, cuya comercialización había aportado un significativo ingreso al erario nacional durante casi tres décadas fue agotándose paulatinamente. Su extinción generó la urgente necesidad de buscar un reemplazo que diese las ganancias de antaño. Al comenzar la explotación y comercialización industrial del guano en 1836, se optó por declararlo patrimonio del Estado (CONTRERAS 1996); sin embargo, esto cambiaría cuatro años después, cuando el Estado peruano decidió arrendar las islas a diversas compañías locales. Debido a la incapacidad para vender el guano se decidió otorgar el producto en compra-venta a las compañías extranjeras, hecho que se concretó gracias al contrato Dreyfus promovido por el entonces ministro de Hacienda, Nicolás de Piérola en 1865. Esto incrementó el presupuesto del gobierno para ser gastado en infraestructura y en el ensanchamiento de la burocracia estatal. Una década después 3

era obvio que el auge del g u a n o h a b í a creado u n a nueva burguesía en L i m a , la cual desde el

3 Para observar este proceso de traslado del guano de capitalistas nacionales a extranjeros puede revisarse a Heraclio Bonilla. Guano y burguesía en el Perú. Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 1876; Paul Gootemberg. Imaginar el desarrollo. Las ideas económicas en el Perú post colonial. Lima: Instituto de Estudios Peruanos/ Banco Central de Reserva del Perú, 1998.

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Parlamentos en conflicto decenio anterior ya n o limitaba sus inversiones a la especulación, sino que t a m b i é n u s a b a su capital p a r a abrir bancos, invertir en la agricultura de exportación, e n la construcción de u n a red ferroviaria, en la extracción del nitrato y m u c h o s negocios m e n o r e s . D e s d e u n p u n t o de vista económico, se trataba de u n a burguesía comercialbancaria. A d e m á s , esta nueva clase contaba con u n p e q u e ñ o g r u p o de personas que en su m a y o r í a se conocían entre sí y cuyos contactos personales y a veces familiares fuertemente d e t e r m i n a b a n los negocios. ( M Ü C K E 2010: 47)

Sin embargo, la fortuna y la economía del país estaban supeditadas a la exportación de un recurso primario, agotable y sustituible. Las advertencias sobre el grave problema de ultra dependencia y posible extinción del guano fue previsto en 1863 por una comisión contratada por el gobierno que realizó diversos estudios sobre los yacimientos guaneros. Entre las múltiples conclusiones que arrojó el informe se detallaba en forma expresa que si se seguía extrayendo al ritmo con el que se estaba haciendo el fertilizante se agotaría en unos veinticinco años. El tiempo proyectado fue mucho menor. En sus artículos publicados en la Revista de Lima tecnócratas como Ignacio Novoa, Manuel Pardo y Francisco García Calderón daban cuenta de lo que alguna vez se pensó como una lejana especulación, pero que se convirtió en una tenebrosa realidad: un Perú sin guano (CONTRERAS y CUETO 2000), por ende una


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República empobrecida y un sistema constitucional en caos.

comités directivos comenzaron a integrar la cúpula del poder político, sea como financistas o políticos.

Pese a estos sucesos el Estado peruano solicitó a las compañías extranjeras que distribuían el guano a Europa dinero por las ganancias de los subsiguientes 10 años, lo cual fue otorgado. Esto generó el endeudamiento para la caja fiscal. El país se quedaría sin su más rico recurso para explotar. Las malas proyecciones de gobiernos posteriores, la pésima inversión estatal y el derroche fiscal finalmente provocaron el colapso de la economía peruana a puertas de ingresar a la década del setenta; no obstante, el Estado no se rendiría fácilmente, por el contrario buscaría otro recurso con similares características que le permitiese salir adelante. Serían los resultados de la comercialización del salitre en el extremo sur del país (Tarapacá, en ese entonces provincia peruana) lo que atraería la mirada e interés por los otrora barones del guano y así continuar con las tareas trazadas.

En 1863 se apertura el primer banco peruano, La Providencia, Sociedad Anónima General del Perú (QUIROZ 1989). Entre sus directores fundadores encontramos al general José Oyague, Francisco José Canevaro, Enrique Higginson, Joaquín Novoa y como gerente general Francisco Watteau, mientras que el cargo de consultor recaería en el periodista Manuel Atanasio Fuentes (BERMÚDEZ 1963). Otro de los bancos que surgió unos meses más tarde fue el Banco del Perú, bajo la categoría de sociedad anónima privada y cuya fecha de fundación fue el 23 de mayo de 1863. Cabe resaltar que en estas dos primeras instituciones no se dio el principio de la «democratización» bancaria, sus acciones nunca llegaron al público en general, sino que serían absorbidas en su totalidad por los fundadores y, con suerte, por miembros cercanos al entorno social.

2. Los bancos peruanos Cuatro de los bancos más importantes del país: La Providencia, el Banco del Perú, el Banco Nacional del Perú y el Banco de Lima se convirtieron en el eje clave que influyó en los destinos del país. A partir de 1870 tuvieron una fuerte cercanía con el gobierno de turno, incluso algunos de los miembros de sus respectivos

Es bueno hacer hincapié en los estrechos vínculos que el Banco del Perú mantenía con la poderosa Compañía Nacional de Consignación del Guano, ambos organismos contaban con algunos socios en común como Clemente Ortiz de Villate, Felipe Gordillo, José Canevaro, Manuel Pardo, Carlos Delgado y Felipe Barreda, todos ellos integrantes de la junta directiva.


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Los detalles señalados hasta aquí son un claro indicador de que el Banco del Perú junto con La Providencia representaban, más que cualquiera de los otros órganos financieros, el interés del poder nacional, el cual se había enriquecido a expensas de la venta del guano. Años más tarde, los miembros de las juntas directivas de ambas instituciones bancarias serían los fundadores del Partido Civil (MCEVOY 1997), dando cuenta de la influencia y presión que podían ejercer sobre el manejo del país, no solo al tener oportunidades de asumir cargos públicos, sino porque representaban el vehículo conductor del aparato económico nacional. 4

La tercera institución bancaria fue el Banco Nacional del Perú, rival directo de los otros dos órganos bancarios mencionados. Esta institución se apertura en febrero de 1872. Los promotores de su nacimiento y 5

4 Dentro del Partido Civil se encontraban alineados las más grandes y poderosas familias del país, quienes al tener la influencia del dinero y la presencia política generaban una fuerte presión sobre el Estado. Entre los principales miembros de estas familias tenemos a Demetrio Olavegoya, el ganadero más importante de la región central; Calixto Garmendia, exitoso e innovador industrial textil del Cusco; Manuel Costas, hacendado y exportador lanero de Puno; José de la Riva Agüero, banquero y propietario de transportes de Lima; Elias Mujica, agente de aduana que operaba en el Callao; Eulogio Salas y Carlos López Aldana, vanguardistas industriales textiles limeños, entre otros. Véase El Comercio, 3 de mayo de 1871. 5

En 1872, el mismo año que surgió este banco, surgiría uno de

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posterior florecimiento fue la casa judío-francesa Dreyfus hermanos, que se estableció en Lima durante el gobierno de JoséBalta.Entrelosgestoresqueplanearon convertirla en una institución pública estuvieron Guillermo Scheel y Federico Ford. Su creación fue precedida por una gran campaña publicitaria y periodística —desde luego pagada— donde se difundió que por primera vez se contaba con una institución bancaria abierta a todos los que tuviesen las posibilidades de guardar su dinero de manera independiente. Este tipo de acciones mediáticas provocaría una verdadera revolución en el sistema bancario. Ante los ojos de la opinión pública el Banco Nacional del Perú se presentaba como una institución sin discriminación alguna, aludiendo con esa frase al Banco del Perú, La Providencia e incluso el Banco de Lima, los cuales habían mantenido por un tiempo (1863-1872) a un cerrado y restringido número de acaudalados accionistas. 6

los más importantes cambios al interior de las jóvenes instituciones bancarias. En abril se reunió la junta general de accionistas del Banco Nacional del Perú para elegir al personal administrativo, que inicialmente fue integrado por siete directores y dos gerentes, entre los que destacaban Dionisio Derteano, Guillermo Scheel, Federico Ford, Vicente Gonzáles, Juan Meiggs, Miceno Espantoso, Alejandro Wesrthal; gerentes José Canturías y Clímaco Basombrío, desplazando del cargo inicial entre otros personajes a Manuel Pardo y Lavalle, quien pasaría de las filas de los libros de cuenta a los estrados públicos. 6 Es, asimismo, una de las tantas manifestaciones de la antagónica


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Si bien el nacimiento de todos estos bancos significaba, al parecer, un hito importante en el proceso de modernización, la respuesta de sus potenciales clientes convirtió el hecho en una oportunidad perdida para iniciar un sólido y sostenido desarrollo económico. A comienzos de la década de los setenta, se observó las amplias brechas que fracturaban el presupuesto nacional (BASADRE 2000), el retiro de los inversionistas privados del país producto de la extinción del guano de las islas del litoral (TANTALEÁN 1983), así como de la falta de dinero circulante en el mercado local (BONILLA 1972). Esta situación de crisis corrosiva generaría en estos bancos —además de otros que vinieron a constituirse en años posteriores— muchos problemas, que impidieron seguir con su curso natural de vida, es decir, ser lugares de acumulación de capitales e inversión. 3. Las inversiones privadas en el Sur Antofagasta (provincia boliviana) y Tarapacá (provincia peruana), dos departamentos desérticos, para 1870 se convirtieron en lugares donde se instalaron varias

posición política, y también económica, la situación en la que se encontraba el círculo Pardo y el muy allegado a Piérola (círculo Dreyfus). Esto explicaría por qué los bancos representativos de los intereses de ambos grupos políticos llevaran los nombres de Banco del Perú y Banco Nacional del Perú, ya que por medio de las ideas pretendían atribuirse, en extensión y espíritu nacionalista, la primacía de los servicios bancarios.

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compañías extractoras de salitre. Los propietarios en su mayoría eran ingleses, chilenos, norteamericanos o de otras nacionalidades, fueron pocas las que tuvieron como dueños a capitalistas peruanos, porque casi no tenían vínculos con el negocio guanero de la década anterior. A mediados de 1860, el industrial chileno de origen inglés Jorge Smith fundaría la primera oficina salitrera de nombre Carolina, que buscaba comercializar a gran escala ese recurso natural. Al ver esta rica veta Smith decidió ampliar su poderío inversor, entrando en negociaciones con la casa inglesa Gibbs, cuya sede oficial se encontraba en la provincia chilena de Valparaíso. Asociarse con Gibbs produjo, además de crecer como consorcio exportador, liquidar la deuda contraída con la mencionada casa, adquirida al invertir desde un comienzo en el negocio del nitrato de soda. Meses más tarde, se insertaría al grupo de socios Melbourne Clark, industrial británico asociado a Jorge Smith. Como resultado de estas negociaciones en Tacna se constituyó la Compañía de Salitres de Tarapacá (1865); los Smith, Gibbs y compañía y Melbourne Clark afianzaron el control en el sur peruano (BERMÚDEZ 1963), en lo que a salitre se refiere. Inglaterra a través de sus empresarios tenía una fuerte presencia en estos territorios (AMAYO 1989), su papel en esta coyuntura y en la propia guerra no fue de simple observador, más aún si sus intereses —como primera potencia mundial


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del siglo XIX— comenzaban a ponerse en juego. Además de Inglaterra es imposible negar la presencia de inversionistas chilenos personajes muy influyentes en la política y la economía de su país. Así tenemos: [...] al banquero Agustín Edwards, Cornelio Saavedra (ministro de guerra), Julio Zegers (ministro de hacienda), Antonio Varas (presidente del consejo de estado y jefe del gabinete) que sucedió al de Belisario Prats, que declaró la guerra, Rafael Sotomayor (diputado, jefe del estado mayor y director de las operaciones bélicas hasta su faUecimiento), Luis Pereira, elegido diputado por Talca en marzo de 1879, José Francisco Vergara y demás. (BASADRE 1979: 111). En esa inhóspita región se establecieron los personajes con mayor capacidad de manejo y direccionalidad en los diferentes países inversores. Mientras que los empresarios peruanos del guano habían quedado marginados en la explotación del caliche y de las negociaciones a gran escala. Los beneficios de la venta cayeron en manos privadas, quienes gracias a una excelente proyección, supuestamente les tocaba vivir: su edad de oro.

b. La proyección de los nacionales Antes de utilizar la influencia política los bancos intentaron, de manera independiente, ser parte del

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mercado salitrero; sin embargo, competir con empresas arraigadas con más años y mayor capital se convirtió en una desventaja en el negocio de los nitratos. El Banco de Lima fue el primero en instalar su oficina en Tarapacá y habilitar a numerosas sociedades independientes, pero será con la entrada del Banco Nacional del Perú que se estableció una sucursal en el puerto de Iquique (BERMUDEZ 1963) la misma que otorgó grandes créditos a los empresarios salitreros que ocasionaron la salida de los hombres, económicamente, más fuertes del país que antaño se habían enriquecido a expensas del guano. Mientras La Providencia, con una actitud más audaz y clara, además de instalar agencias de crédito en menos de seis meses también fundaría un conjunto de pequeñas compañías salitreras como Barrenechea, Esperanza, Alianza, La Peña y Rímac. Los miembros de la junta directiva fijaron su interés no solo con un afán de usura, sino con el objetivo de ser propietarios del negocio del caliche, aunque no se descarta que las primeras inversiones fuesen hechas con mucho celo en relación al riesgo de sus capitales. La estrategia consistía en utilizar esas pequeñas oficinas de extracción salitrera como una especie de caballo de Troya que le permitiese competir en mejores condiciones con los grandes consorcios internacionales instalados años atrás. El complejo mundo de la inversión en las tierras salitreras atrajo a empresarios nacionales cuyas fortunas se


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basaban en la agricultura y el comercio pero sobre todo, y principalmente, a banqueros. Pero los inversionistas peruanos se encontraban con una gran desventaja: haber llegado tarde a la repartición de los mercados comerciales; entonces su presencia se hacía innecesaria y de fácil descarte por la libre competencia.

c. El Salitre: manzana de la discordia Las condiciones económicas y políticas obligaron al gobierno y a las élites nacionales a tomar acciones sobre la situación del salitre. Definitivamente debían crear los mecanismos para que las clases altas del Perú no queden marginadas de un producto que beneficiaba a todos, menos a quienes se encontraban en el poder. El 28 de septiembre de 1872, el presidente Manuel Pardo y Lavalle, representante del Partido Civil, se dirigió al Congreso y expuso con dura franqueza la gravísima situación por la que estaba atravesando la hacienda pública. Según Pardo, los ingresos ordinarios que antaño le daban vitalidad a la administración pública eran casi inexistentes. Los rezagos subsistentes apenas alcanzaban para cubrir los pagos del personal del gobierno central. Esta situación generó que el presidente propusiera al Parlamento Nacional tres

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medidas básicas para aplacar la crisis. Primero se proponía la disminución de los elevados gastos públicos provenientes de la prosperidad falaz. Como segunda propuesta se propuso el aumento de los aranceles existentes por la mercadería traída y llevada fuera del país. Por último, se solicitaba el aumento de los impuestos al nitrato de soda, medida que consideraban por demás justa, pues argumentaba que los yacimientos salitreros pertenecían al Estado peruano, por tanto el mismo debía recibir al menos un poco de las riquezas con las que se beneficiaban los intereses particulares 8

[...] las especiales circunstancias que rodeaban a la producción del salitre hacen indiscutible el derecho con que el país busque en ella el medio para cubrir una parte considerable del déficit fiscal y la esperanza de lograrlo sin grave detrimento de esa industria. Sin hablar de la gratuidad con que el fisco ha cedido de hace largo tiempo el consumo de las sustancias que cubre la superficie de Tarapacá, bien probado en estos últimos años por la coincidencia de aumentar anualmente la producción, y haber casi duplicado el precio en los últimos ocho años. No es menos digno de atención el hecho de que el aumento en el consumo y en el precio del salitre

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7 Diario de debates de la Cámara de Diputados, sesión ordinaria de 28 de septiembre de 1872.

8 Título que introdujo Jorge Basadre a la «era del guano», dado que el dinero obtenido de la comercialización de dicho producto no se utilizó adecuadamente para impulsar el sector productivo nacional.


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se debe en mucha parte a su exportación salitrera, el gobierno se propone asegurar contra toda eventualidad el porvenir de esa industria, dejando libre la exportación del nitrato hasta el precio tal que asegure al productor todos los costos, y cobrar el impuesto únicamente sobre las utilidades actuales y futuras, en una escala proporcional a ellas. El gobierno abriga la esperanza de que este medio producirá una nueva alza en el precio del salitre en los mercados europeos, que hará recaer el pago del impuesto sobre el consumidor, más que el industrial... (DIARIO DE DEBATES DE LA CÁMARA DE DIPUTADOS, sesión ordinaria del 28 de septiembre de 1872). Las ideas relativas a la forma en que la industria salitrera debía contribuir a los ingresos nacionales fueron debatidas de forma mucho más extensa en las cámaras legislativas durante los últimos meses de 1873, donde el llamado a salvar la patria y los intereses comunes fueron los principales argumentos de los que se sirvieron los oradores para sustentar la medida. La fórmula aceptada fue la que presentaba al gobierno central como el administrador exclusivo de la producción salitrera. De esa manera el Parlamento Nacional ordenó el estancamiento del producto para lo que el Estado debía pagar: «[...] al contado y en efectivo dos soles cuarenta centavos por cada quintal de salitre puesto al costado de la lancha en cualquiera de los puertos de embarque. Si se consiguiese vender a más de tres soles diez centavos

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el quintal, aumentará con la mitad del exceso el precio de dos soles cuarenta centavos». 9

Con ello se pensaba dominar «los precios del salitre por la acción gubernativa» (CRUCHAGA 1929), pero el gobierno no disponía del flujo monetario para realizar su propia disposición. Esa tarea fue delegada al Banco del Perú y a La Providencia que se fusionaron, institucionalmente, bajo el nombre de Comité de Estanco. La delegación en el manejo del estanco se debía a un claro favor político, los otrora miembros del comité ejecutivo de los bancos eran representantes del Partido Civil, quienes se encontraban ubicados en los distintos órganos de gobierno y daban cuenta de la influencia del poder político en esta acción. Tanto el Banco del Perú como La Providencia no se darían abasto para controlar la cantidad de oficinas a estancar, ello obligó a que se sumase el Banco Nacional del Perú y luego el Banco de Lima, formándose un poder cuatripartito encargado de administrar el proceso de negociación que la ley otorgaba. Con el transcurso de los meses los bancos 10

9 Sala de Investigadores de la Biblioteca Nacional del Perú (en adelante SIBNP), D3094... Ley expedida por el Congreso sobre la cantidad que debe abonar al Estado por cada quintal de salitre de nitrato de soda que despacho por los puertos de la provincia de Tarapacá, Lima, 18 de enero de 1873. 10 SIBNP, D3067 [...] Expediente del reclamo formulado por los comerciantes de Valparaíso sobre las disposiciones legales dictadas


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adoptaron un nombre conjunto que representaba sus intereses comunes, fuera del otorgado inicialmente por el gobierno, se le llamaría la Compañía Administradora del Salitre. Con estas acciones políticas, los recursos económicos parecían recuperarse para la nación, sin embargo Chile no lo tomó de la mejor manera. La ley de estanco impresionó desfavorablemente a los salitreros chilenos y extranjeros, porque temieron no poder desarrollar la producción al máximo y perder toda posibilidad de aumentar su riqueza (CARIÓLA y SUNKEL 1982). Si bien las quejas de los grandes importadores no tuvieron el eco necesario para detener el sistema de estanco, en algo funcionó la de los inversionistas peruanos como Miguel León y Moscoso Melgar —este último gerente del banco La Providencia— quienes solicitaron al Estado reconsiderar sus pagos y ser más blandos con sus pedidos. El estanco sentenciaba a las grandes empresas a controlar su producción; pero prácticamente liquidaba a las pequeñas y medianas, 11

que han estancado las operaciones financieras con el salitre. 11 SIBNP, D3515 [...] Expediente sobre la petición presentada por Moscoso Melgar en nombre de la compañía salitrera del Rimac. Lima, 26 de febrero de 1873; D3513 [...] Expediente sobre la petición presentada por Miguel León para que no se le considere comprendido en la resolución relativa al estanco. Iquique, septiembre de 1873.

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muchas eran peruanas, ya que el sistema no permitía generar privilegios para nadie e impedía que las empresas ligadas al interés nacional crezcan o pudieran hacerse lo suficientemente fuertes para competir en igualdad de condición con las empresas extranjeras. La reacción de los extranjeros no se hizo esperar, además de las quejas en sus respectivas embajadas y a la opinión pública, se dispusieron a utilizar desde las armas legales hasta las no legales para manifestar su rechazo contra la ley de estanco. Una de sus principales medidas fue boicotear los datos referentes a la producción de sus oficinas, lo que dejaba a la Compañía Administradora de Salitre en una situación comprometedora, sin saber qué cantidad debían estancar o no. Al respecto Elguera, ministro de Hacienda, escribía en sus memorias de 1874: [...] los grandes productores se han opuesto sin exención porque han levantado en Tarapacá vastos establecimientos con la esperanza de una gran producción [...]. Ese proyecto de la ley fue objeto de una viva oposición de parte de los productores de salitre, quienes formulaban contra el género de argumentos e influían en el ánimo de los miembros del congreso para el gobierno, la de autorizar a este

12 Existían otros salitreros como Guillermo Billinghurst, quien sería perjudicado con las medidas emitidas desde las entidades estatales.


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para c o m p r a r el salitre a u n precio fijo. (SIBNP. M e m o r i a s del M i n i s t r o d e H a c i e n d a , 1874).

A esto sumamos un factor exógeno, hasta cierto punto inesperado: la caída del precio internacional del salitre (KLAREN 2004), lo que finalmente pondría fin a los intentos de estanco que el gobierno peruano legisló y las élites nacionales ejecutaron. El éxito del frente anti estanco se debió a la carencia de instituciones sólidas en las aplicaciones de las políticas locales. De otro lado, los bancos encargados del proceso de estanco no tenían las condiciones operativas para sacar el mayor provecho al salitre, si se quería obtener alguna ganancia, las medidas tendrían que radicalizarse.

d. La estatización: el punto de quiebre La idea inicial de un gobierno capaz de imponer autoritariamente las reglas de juego a las inversiones multinacionales dentro de su propia jurisdicción se habían desvanecido. Al quedar inoperante la ley de estanco el Estado peruano la mayoría parlamentaria decidió dar un paso más radical. Carmen McEvoy (1997) y el historiador alemán Ulrich Mücke (2011) sostienen que los militantes civilistas tenían posturas liberales, las mismas que permitieron al mercado marcar las pautas económicas. Discrepamos con esta afirmación ya que no creemos que los miembros del Partido Civil defendieran a fehacientemente la

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mentalidad liberal; postulamos que el civilismo era un grupo que supo adaptarse a las circunstancias como todos los que gobernaron el Perú, incluso violentaron el sistema constitucional implantado desde 1860, el cual respaldaba la propiedad privada y el negocio de los extranjeros en territorio peruano. La necesidad se habría de imponer sobre la razón legal. El 9 de septiembre de 1874 Manuel Pardo recibiría una carta firmada por Moscoso Melgar recomendando al Estado peruano comprar las oficinas salitreras para el mejor beneficio del fisco. Después de 13

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13 Así como existieron voces que resaltaban la importancia del salitre. Situación que había sido percibida por el gobierno, ya que su no intervención en el negocio del nitrato de soda significaba una pérdida cuantiosa para el tesoro público y el interés privado. Esta posición también la tuvo eí científico Antonio Raimondi: «El Perú puede seguramente suministrar el nitrato de soda a un precio mucho menor que el de estas varias provincias; pero si alcanzara un precio demasiado fuerte, la cifra de su venta bajará considerablemente su auxiliar en nada la venta del guano y no se hacía más que impulsar el desarrollo del nitrato de otras provincias que han tomado ya una muy grande extensión, en fin se podría causar la trasladación sobre los componentes del guano y salitre». Véase Antonio Raimondi «Comentario anónimo sobre los componentes del guano y el salitre». Informes y polémicas sobre el guano y el salitre (Perú; 1854-1877). Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos/Corporación Financiera de Desarrollo, 2003. 14 Archivo General de la Nación (en adelante AGN), Archivo Manuel Pardo. Colección de cartas dirigidas a Manuel Pardo de


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haber leído y estudiado la propuesta, Pardo ordenó ponerla a discusión como punto de agenda en el Congreso de la República, pasando a la Comisión Principal de Hacienda de las Cámaras de Diputados y de Senadores para su respectivo perfeccionamiento. Luego de un minucioso estudio el grupo de trabajo emitió su informe oficial el 28 de mayo de 1875, concluyendo que si el Perú aspiraba a gozar de los beneficios del salitre debían de adquirir las salitreras y así controlar las ganancias que de ella se podía derivar [...] lo que se pretende por medio de un impuesto subido es elevar en los mercados de Europa el precio, para que no pueda ser empleado como abono. Prescindiendo de la odiosidad y resistencia que provocara un alto derecho de exportación, es indudable que ese resultado pueda alcanzarse más fácil y satisfactoriamente con la compra de las salitreras, porque en ese caso el Estado tendrá el monopolio del artículo y limitando convenientemente la producción, podrá imponer el precio a los consumidores. Elevado el precio y limitada la producción, el guano tendrá seguramente más consumo y rendirá mayores utilidades [...] como se ve la adquisición de las salitreras por el Estado es imperiosa. (DIARIO DE DEBATES DE LA CÁMARA DE DIPUTADOS 1875)

parte de Moscoso Melgar, D2.28-1904.

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La medida fue aprobada por ambas cámaras. En el ámbito nacional e internacional seguiría una intensa polémica después de su ejecución. Primero, la mayoría parlamentaria pertenecía al Partido Civil desde 1872; el Poder Legislativo en 1875 se encontraba internamente dividido (BERMÚDEZ 1963), pero por las circunstancias y los intereses económicos de la bancada civilista nuevamente se unió con el fin de aprobar una medida muy significativa, más que política se convertiría en instrumento de supervivencia para ellos. Segundo, los miembros del civilismo, en su mayoría seguidores de políticas aparentemente de corte liberal, apoyaban ideas económicas contrarias a su programa de gobierno (MCEVOY 1997). Tercero, para comenzar el proceso de absorción de las salitreras tarapaqueñas se debía disponer de un crédito suficiente del que carecíamos en 1875. La situación que atravesaba el país en esos momentos lo colocaba en una encrucijada, los diversos compromisos como el pago de la deuda 16

15 SIBNP, D3137... Ley expedida por el Congreso de la República del Perú derogando las leyes del 18 de enero y 13 de abril de 1873, que establecieron el estanco del salitre. 16 Para analizar el comportamiento partidario del civilismo en la década de 1870, véase Ulrich Mücke. «Los patrones de votación y el surgimiento de los partidos parlamentarios en el Congreso del Perú (1860-1879)». Investigaciones Sociales N° 13. Revista del Instituto Histórico Sociales. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2004.


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externa, las obligaciones derivadas de la importación de mercaderías y suministros en las obras ferrocarrileras, generaban la absorción de los recursos tanto externos como internos. Para ejecutar la estatización se debía recurrir obligatoriamente a los bancos (que se estaban transformando en una fuerte dependencia), convertidos en caja chica del erario nacional; la relación bancoEstado seguía consolidándose. De esa forma [...] una asociación de los bancos de Lima proporcionó el capital que fue necesario para comprar al contado las pequeñas paradas u oficinas de sencilla explotación a los enseres inmuebles de los grandes establecimientos, debiendo como compensativo sustituirse al gobierno en el manejo y dirección del monopolio mediante una comisión de 5% sobre el total de los productos líquidos del negocio. En cuanto a la consignación del salitre para su venta fuera del país, ella quedaba a cargo de casas extranjeras, bajo responsabilidad de los mismos bancos asociados. (CÁMARA DE DIPUTADOS DE CHILE 1880: 241) Para hacer factibles los mecanismos de la nacionalización del nitrato de soda, el gobierno realizó una serie de medidas que serían emitidas por decreto el 29 de mayo de 1875, donde se debía dar a conocer el estado de las industrias. Otro decreto, emitido el 26 de agosto ordenaba la conformación de una comisión integrada por ingenieros de renombre encargados de

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evaluar su valor real, para que se realice un pago justo a los dueños originales. 17

Sin embargo, no solo fueronlas medidas «legales» las que propusieron el proceso de nacionalización, tarea nada fácil porque se presentó una fuerte resistencia. Por eso se crearon mecanismos de presión efectivos hacia las industrias del caliche, como por ejemplo el permanente aumento de impuestos [...] entonces el Estado repitió en algo la historia de la gallina de los huevos de oro, es decir, creyó que le beneficiaría monopolizar una fuente de ingresos tan importante y ajusfando aún más el tornillo del impuesto, terminó por paralizar completamente la industria particular, mató a la gallina. La mayoría de propietarios, al no poder vender ya en Europa sus productos a un precio remunerado, se vieron obligados a vender al Estado sus industrias. (D' URSEL 1999: 302) Concluido el informe de los ingenieros y mermado el primer intento de oposición por parte de los dueños del salitre, el 14 de diciembre el gobierno expidió

17 La mayoría de los salitreros se dirigieron a Lima; mientras algunos ofrecían a la venta sus oficinas, otros levantaron su enérgica voz de protesta. Sin embargo, esta última acción no tuvo mayor relevancia. AGN, Manuel Pardo. Colección de cartas dirigidas a Manuel Pardo de parte de Fernando Cope. D2.13-880.


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un decreto donde se disponía a proceder la adquisición de las oficinas salitreras cuyos propietarios convenían en venderlas a precios ya fijados en las evaluaciones respectivas. El decreto especificaba las condiciones de venta que fueron elaboradas por abogados. Según una de las cláusulas, el pago de las oficinas salitreras se haría en el transcurso de dos años. Mientras que el artículo 11 del decreto establecía que los dueños de establecimientos que deseen certificados nominales o al portador, en representación de su escritura, podrían obtenerlo de los bancos, estos los emitirían en representación y por cuenta del gobierno. Por los artículos 13 y 17, los industriales que no desearan vender sus oficinas podían otorgar contratos de promesa de venta y seguir produciendo libremente en sus oficinas solo hasta un tiempo determinado. El reto se presentó en septiembre cuando el Estado, pese a la resistencia de estas, procedió a comprar las más importantes empresas del salitre. Lo que realmente retrasó la adquisición de las salitreras fue la falta de dinero, por eso en 1877, Enrique Meiggs emitió una serie de billetes con el aval de su Compañía de Fomento y Obras Públicas. Si bien llenó las arcas de los bancos y del Estado, con el transcurrir de los 18

18 Es conocido en el mundo historiográfico peruano como el Pizarro yanqui. Durante los gobiernos de Balta y Echenique había monopolizado la construcción de ferrocarriles.

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meses generó la automática devaluación de la moneda que agravó la economía nacional y frenó el proceso de absorción de las salitreras. Por otro lado, el Partido Civil ya no se encontraba en la más alta magistratura del Estado. Su opositor Mariano Ignacio Prado era presidente, lo que debilitaba la voluntad política de nacionalizar el salitre. Si esta se mantenía vigente era gracias a que los civilistas conservaban la mayoría en el Congreso. Aunque ese mismo año se presentaba una oportunidad brillante para detener las leyes emitidas por el Legislativo, las que empezaban a enfrentar la voluntad del Ejecutivo de seguir con el proceso de absorción salitrera. Estas serían las elecciones del tercio parlamentario (la renovación de parte del Congreso). Quien ganase los comicios obtendría la mayoría suficiente para imponerse y continuar con las políticas de Estado o cambiarlas a formas más moderadas. El civilismo ganó el proceso electoral porque utilizó los métodos que alguna vez lo posesionaron en la Presidencia de la República (MCEVOY1997: 95-134) y le sirvió para seguir consolidando su dominio en el Parlamento Nacional. Además, tener al civilismo en 19

19 Hasta ese momento el movimiento del antiguo presidente Pardo no había sido oficialmente llamado Partido Civil, pues usualmente se hacía referencia a él como Partido Pardo o como Sociedad Independencia Electoral (el nombre del club electoral de Pardo 1871/72). Desde 1877 en adelante, estos términos fueron


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el órgano Legislativo agilizaba la emisión de leyes a favor de la facción de mayor poder adquisitivo de ese grupo político. La élite surgida producto de la comercialización del guano ahora deseaba permanecer en su estatus social a costa de la venta del salitre. 20

Finalmente, el proceso de estatización salitrera favoreció a las élites peruanas, pero gozar de las libras esterlinas demandaría algo de paciencia y algunas leyes; sin embargo, la respuesta de los antiguos dueños de las salitreras no se haría esperar pues su contraataque acabaría con las ambiciones de la burguesía nacional.

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continuar por falta de fondos. Frente a ello el gobierno optaría por la concesión —en su totalidad y de forma abierta— del caliche tarapaqueño a las élites nacionales. En el remate público se prohibió el ingreso de extranjeros y antiguos propietarios de los nitratos de soda, lo que desencadenó su respuesta. Este grupo vio a Chile como el salvaguarda de sus intereses, por eso acogiendo el descontento que también afectaba su bienestar como nación y los de su burguesía nuestro vecino sureño nos declaró la guerra el 5 de abril de 1879. La imposibilidad de obtener el dinero para continuar con la nacionalización de las salitreras colocaba al gobierno en una difícil situación. El 19 de junio de 1878 El Estado recibió una propuesta del banco La Providencia solicitando el control del caliche a cambio de encargarse de sus deudas adquiridas por la estatización. Esta institución poseía 161 oficinas (YEPES DEL CASTILLO 1972), convirtiéndola en una de las más poderosas del país. El argumento para monopolizar su comercialización se sustentaba en el fuerte respaldo económico, situación contraria a la que por esos instantes estaban viviendo el Banco del Perú, el Banco Nacional del Perú y el Banco de Lima. El trato además garantizaba un ente responsable y único en el cumplimiento del pago de los certificados por las oficinas salitreras, así como el organismo que pudiese 21

e. Una guerra que se nos viene A mediados de 1878, se comenzó a perpetrar en su totalidad la absorción de las oficinas salitreras; sin embargo, el proyecto iniciado tres años antes no podía

utilizados para los años anteriores a 1877, a pesar de que los contemporáneos habían preferido generalmente otros nombres. La transformación de términos indica que hasta 1877 el movimiento fue visto como seguidor de un líder (Pardo), pero aquel que comienza en 1877 era considerado una asociación de hombres unidos por ese espíritu civil. (MÜCKE 2004) 20 Para los pormenores de estas elecciones véase Emilio Rosario. «Ánforas y votos. El sistema electoral y las elecciones parlamentarias de 1877». En: Perspectivas en Ciencias Sociales. N° 2. Lima, 2006.

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SIBNP. Memorias del ministro de Hacienda. 1879.


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facilitar los créditos en la realización de obras públicas y gastos fijos. Una de las condiciones del pacto incluía el pago que La Providencia debía dar a los demás bancos asociados de lo que habría de conceder en acciones salitreras. Al poco tiempo, el 24 de julio de 1878, el gobierno acepta la propuesta y por escritura pública se constituye la Compañía Nacional del Salitre con el fin de dar cumplimiento a la consignación del nitrato, administrar los yacimientos, emitir y dar servicio de los certificados salitreros. Sin embargo, las presiones de los otros bancos —también con influencias políticas— frustraron el monopolio por parte de La Providencia, aunque si había debilidad estructural en las otras entidades financieras, el ejemplo fue la salida del Banco de Lima porque entró en recesión. Instigado por el propio Parlamento Nacional [...] la cuestión del salitre sigue ocupando la atención del congreso. El senado ha desechado la opinión de la mayoría, emitida por la comisión nombrada a ese efecto por la cámara de diputados y ha aceptado la de la minoría, por la que se anula el contrato celebrado con el banco La Providencia dejando ala Compañía Salitrera que lo ha sustituido, la administración durante cinco años [...]. (EL PERUANO, miércoles 22 de enero de 1879).

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La administración del salitre ahora tenía un rostro tripartito. La falta de dinero y la inestabilidad política fueron factores que ocasionaron la lentitud del proceso de estatización, incluso se estaba evaluando nuevamente su concesión a entidades privadas. Sin embargo, el Estado peruano remató el producto adquirido por la caída internacional de los precios del nitrato de soda [...] el 31 de diciembre de 1878, las condiciones del negocio del salitre eran desfavorables, las ventas habían disminuido considerablemente en Europa y el precio habíabajado hasta 12 chelines, 6 peniques. El gobierno resultaba deudor a la compañía de un fuerte saldo, el cual aumentó a principios del 79 con la mesada del gobierno y el servicio del cupón de los certificados salitreros el 1 de enero (1912). 22

Esta situación —que endeudaba aún más al gobierno— obligaba a entregar en concesión inmediata el producto recientemente nacionalizado por eso: «el senado [...] autorizado por el Ejecutivo [arrienda] las oficinas en subasta pública...» (ElPeruano, miércoles 22 de enero de 1879). En este proceso de adquisición de acciones se prohibió a los antiguos dueños de participar en ella; es

22 El crédito de la Compañía Salitrera del Perú. Lima: Librería e Imprenta Gil, 1912.


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decir que ingleses, chilenos, entre otros, quedaban sin la esperanza de recuperar lo que alguna vez fue suyo. Solo estaría destinado a los empresarios nacionales. La venta de las oficinas calicheras representada por acciones de la siguiente manera: Banco de La Providencia Banco Nacional del Perú Benito Valdeavellano Carlos Elizalde Dionisio Derteano Francisco García Calderón PARTICIPACIÓN Acciones en total:

1600 1600 1600 1600 800 800 8000

F u e n t e : Tantaleán 1981: 173

Los empresarios iniciales, impedidos de recuperar por alguna vía legal sus antiguas oficinas salitreras y frente a la negativa del gobierno peruano por devolvérselas, optaron por alinearse con nuestro rival comercial: Chile, quien veía como una terrible amenaza el crecimiento del comercio salitrero peruano. Más aún, sus dudas fueron acrecentándose conla actitud de BoUvia al subir los impuestos para la exportación del salitre y una posible expropiación de las salitreras, como sucedió en el Perú; todo esto conllevaría a la inmediata toma de Antofagasta. Pero los chilenos vieron que estas medidas no iban a ser suficientes porque debían aplacar el peligro miütar y la amenaza comercial, por eso su respuesta fue la declaratoria de guerra. La excusa fue la firma en 1873 del tratado de Alianza Defensiva entre Perú y Bolivia;

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por lo que tocaba a ambos países enfrentar un problema político que la necesidad económica los había llevado a adquirir.

f. Chile en armas La guerra no solo tuvo como protagonistas centrales a peruanos, bolivianos y chilenos, también se habrían de inmiscuir otros países e intereses particulares, sea como vendedores de armas u observadores de los acontecimientos bélicos. Inglaterra fue la nación que al interior de nuestra historiografía causó polémica por ser una potencia y no fue extraño que ejerciera su influencia en los conflictos bélicos del mundo, como su abierto apoyo a Chile debido «a los éxitos individuales y particulares de los Gibbs y los North y, por otro, al clima del liberalismo que aportan las nuevas fortunas desposadas con la aristocracia colonial: los ingleses Edwards, Ossandon, Lyon y Walker, los franceses Cousiño o Subercaseaux, entre otros» (CLUNY 2008: 144). Nuestro país no tendría el mismo respaldo de los británicos debido a que los intereses de los barones peruanos del guano estaba en juego y donde poco o nada tenían que hacer los capitales ingleses al momento de la repartición final de las oficinas del salitre en 1879. Sin embargo, el Perú no fue una víctima como se describe en los textos porque sí tuvo apoyo internacional. La casa norteamericana Grace sería la


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responsable de vender armas al Perú; sin embargo, la crisis económica impactaría en la adquisición bélica, frustrando la llegada de más pertrechos militares a los cuarteles. Incluso recibió apoyo de los Estados Unidos —la potencia naciente— en las etapas más dramáticas de la guerra, tanto en las negociaciones desarrolladas en la embarcación Lackawanna (1880) como en la ocupación de Lima, donde los norteamericanos trataron de comprarlas salitreras a propuesta de García Calderón para salvar el honor nacional e impedir que cayeran en manos enemigas; aunque eso fue finalmente un fracaso, ya que por contradicciones entre los norteamericanos no se concretó. La noticia de una guerra ganó amplia expectativa en ambas fronteras, por un lado Chile contó con el apoyo de la población, pese a las pobres condiciones en las que se encontraba sus fuerzas armadas estos no dejaron de tener voluntarios para servir en los batallones, como «los cuerpos de bomberos, guardias municipales, funcionarios públicos e incluso estudiantes de la universidad organizaban sus propios batallones, mientras las numerosas plazas vacantes de oficiales eran ocupadas por miembros de reconocidas familias» (DONOSO y COUGOUMDJIAN 2005: 165). En Chile la nación fue llamada a las armas, además de los diarios y las organizaciones estatales los pulpitos de los sacerdotes y las iglesias se convirtieron

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en lugares ideales para anunciar la misión milenaria y civilizadora que tenían las tropas frente a lo que Chile consideró «hordas bárbaras» que intentaban azotar la paz y el desarrollo de su nación. Los chilenos tuvieron la experiencia de sus altos mandos, que fue determinante en muchos pasajes de la guerra, también mantenían un orden interno instaurado por Diego Portales años atrás y que ahora, por intermedio de una guerra, demostraría su funcionamiento (GAZMURI 2006). Otro factor que permitió el engrosamiento de sus filas en la milicia fue que muchos chilenos se quedaron sin el sustento para mantener a sus familias debido a la toma de las salitreras por parte de los peruanos, tal como señalaban los informes emitidos por el congreso de ese país en sus sesiones secretas. (CÁMARA DE SENADORES, 26 de marzo de 1879) Sin embargo, no todo fue favorable para Chile. Sumado a las difíciles condiciones económicas para afrontar la guerra, como todo país subdesarrollado, sus fronteras tenían un peligro latente. Por un lado, los territorios de la Patagonia disputada por la Argentina y, por otro, su eterno conflicto con los mapuches. Mientras para los primeros hubo una cesión territorial de gran envergadura para que se calmen los ánimos gauchos, para los segundos la fuerza militar sería el camino para su merma momentánea.


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En condiciones tan difíciles, pero con algunos elementos a favor, los chilenos afrontaron la guerra que duraría cuatro años. Se confrontaron tres proyectos de nación, tres burguesías, tres intereses, tres sistemas constitucionales; el vencedor no solo se llevaría el salitre, sino se convertiría en el modelo a seguir en la región sudamericana andina. Chile no tuvo un camino fácil para afrontar el conflicto, pero sí el más organizado. Ni Perú ni Bolivia fueron agentes pasivos ni víctimas de este conflicto.


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José María Quimper. Ministro de Hacienda y Comercio. Discurso dirigido a la Cámara de Diputados durante la sesión ordinaria, el 11 de agosto de 1879

Capítulo III Discursos constitucionales/ Dictaduras estatutarias (1879-1880)

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... Estamos pues en guerra con Chile y a vosotros corresponde dictar las medidas que juzguéis convenientes para asegurar el triunfo de nuestras armas, y con la honra y gloria de la Patria. Mariano Ignacio Prado. Mensaje leído por el S. E. Presidente de la República, en las cámaras legislativas durante la sesión extraordinaria del 24 de abril de 1879 El alto prestigio y elevada fuerza moral que los poderes públicos de- ben disfrutar y reconocer como única y esencial en base al respeto que todos ellos y cada uno profesan a las disposiciones constitucionales que determinan el modo de ser de los pueblos...

1 Una versión preliminar del presente capítulo se encuentra en: «Armas, discursos y leyes. La guerra contra Chile y el Congreso de la República (1879)». En Marco Garfias, Diño León y Alex Loayza (eds.). Trabajos en historia. Religión, cultura y política. Lima: Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2011. Para la presente edición se ha ampüado y corregido algunas partes.

Sin lugar a dudas la guerra dejó huellas profundas en varias generaciones. Para afrontarla se necesitó movilizar efectivos y armamentos militares al teatro de operaciones, además de contar con los medios económicos para la adquisición de material bélico y Iogístico. Correspondía al Poder Ejecutivo, liderado por el presidente Mariano Ignacio Prado, y al Congreso de la República, cara visible del Poder Legislativo; aprobar, desaprobar y crear leyes que permitieran conseguir los recursos necesarios y buscar las medidas idóneas para amortizarlas secuelas socioeconómicas que ocasionaría la guerra. 2

En este capítulo analizaremos la labor de las Cámaras de Senadores y Diputados, en sus sesiones extraordinarias y ordinarias, llevadas a cabo durante el primer año de guerra. Ello para conocer la participación directa de la clase política representativa, cuyo accionar estuvo avalado por la Carta Magna de 1860. Las sesiones extraordinarias (abril-mayo) se realizaron dentro de un aparente clima de tensa calma,

2 La Cámara de Representantes se encontraba dividida tanto en Senadores (Cámara alta) como Diputados (Cámara baja).


Capitulóla

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ya que ambos gobiernos estaban preparando a sus ejércitos y acondicionando a su respectivo país para los enfrentamientos bélicos. Otra fue la situación que se produjo durante las reuniones ordinarias (julio-octubre), pues las derrotas en los campos de batalla, la crisis financiera y los conflictos entre partidos políticos fueron la conjunción perfecta para resquebrajar el ya frágil sistema constitucional que sostenía la funcionalidad de la República y era el pilar que legitimaba al Parlamento Nacional. La des acreditación de los políticos y las esferas institucionales, a fines de 1879, fue aprovechada por Nicolás de Piérola para alzarse en el poder e imponer una dictadura en plena guerra; aunque esta duró poco porque los chilenos se apropiaron de las salitreras y ocuparon la capital.

a. La guerra del papel y la imprenta El salitre fue el tesoro en disputa que envolvió en la guerra a tres países. Mientras el Perú y Chile pugnaban por su comercialización para beneficiar a sus burguesías y a cada gobierno, Bolivia buscaba extraer ganancias mediante impuestos. Para contar con el respaldo de la población buscaron el apoyo de la prensa escrita. El proceso de estanco y estatización realizado por nuestro país, desde 1873 hasta 1879, generó que los

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afectados se alineasen con Chile, porque representaba la esperanza de recuperar lo que fue suyo. Aunque ya habían dado por perdido el mercado tarapaqueño, no estaban dispuestos a perder el boliviano; por eso invadieron Antofagasta con la excusa del incremento del impuesto del quintal de salitre a 10 centavos. Nuestro país envió a su embajador José Antonio Lavalle para apaciguar los ánimos; sin embargo, este fue tomado por Chile como un elemento distractor, porque mientras por un lado se hablaba de paz y unidad latinoamericana, por el otro el Perú adquiría armas para atacarlos. Los periódicos de aquel entonces se encargarían de agitar a la población sobre esta posición. 3

Las acciones perpetradas en contra de nuestros compatriotas en tierra chilena fueron muchas. Por ejemplo, El Peruano informaba de los ataques realizados por una enardecida turba a nuestra embajada ubicada en la provincia de Valparaíso en marzo de 1879. Este hecho, además de conmocionar a todo el país, demostró el ánimo enardecido que se vivía por aquellos días; sin embargo, la noticia se convirtió en un hecho anecdótico en comparación con lo que verdaderamente iba a suceder. Al poco tiempo del ataque a la embajada

3 Se había firmado un tratado de extracción del salitre entre la Compañía de Salitre y el Ferrocarril de Antofagasta, de Chile y Bolivia, respectivamente, para su explotación por 25 años, el impuesto establecido era de 4 centavos por quintal de salitre.


Capítulo JJI 131 saldría en las páginas de El Peruano el tres de abril de ese mismo año: «A tenor de los telegramas recibidos hoy el consejo de Estado de Chile ha autorizado al poder ejecutivo para declarar la guerra al Perú. De suerte que si la guerra no estuvo declarada todavía, aquella autorización revela el propósito de hacerlo». Al parecer era visible que ni los intentos de Lavalle podían detener lo inevitable: un gran conflicto en el Pacífico. La respuesta desafiante del gobierno peruano frente a la provocadora actitud de Chile no fue otra que afrontarla sin temor. La estrategia, basada en un principio elemental socio-militar (MERCADO JARRÍN 1979), fue la de presentar a un país sólido y ganador, además de mantener unida a su población. Para lograrlo se debió manipular la información, es decir, engrandecer las victorias y minimizar las derrotas, caso contrario se tendría como enemigos potenciales al rival agresor y, peor aún, al pueblo ávido de resultados; además, dentro del esquema también se difundió ampliamente la aparente superioridad de dos países en contra de uno. Aquellos que defendían su libertad y el derecho a explotar sus recursos (Perú y Bolivia) contra quienes violentaban la estabilidad de la región (Chile). El discurso patriótico periodístico habría de servir para tener presencia en todos los espacios públicos y semiprivados de la sociedad. 4

4 El Peruano, jueves 3 de abril de 1879.

132 Parlamentos en conflicto Los primeros días este esquema daría resultados, causando confianza entre la población, quienes de forma optimista recibían la llegada de la guerra, como lo describiría el ministro de Justicia e historiador Mariano Felipe Paz Soldán: «El pueblo de Lima al saber la noticia, recorría las calles y llenaba las plazas dando vivas al Perú y aceptando con alegría la guerra» (1979: 21). Realmente se vivió un clima de confianza entre el gobierno y el pueblo, una excelente relación que los mantuvo unidos para afrontar la guerra; sin embargo, la felicidad se fue mermando cuando al poco tiempo llegaron al Callao los diarios procedentes de Chile con información sobre el aplastante y rápido avance de sus tropas enemigas en la zona sur, además de su excelente preparación frente a la debilidad de los pelotones nacionales. El gobierno no contrarrestó el hábil discurso de Chile porque no contaba con una pluma que presentara noticias impactantes como las de la prensa rival. Por eso, el gobierno central ordenó el veto importador de los periódicos provenientes de Chile {El Peruano, miércoles 23 de abril de 1879), porque representaban un rival ideológico muy poderoso que 5

5 Uno de los ejemplos descritos de forma insignificante fue el desembarco en Pisagua (El Peruano, viernes 18 de abril de 1879); pero un día después El Ferrocarril de Santiago explicaba que fue importante ya que se había tomado una cabecera de playa.


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iba en contra de la manera como el gobierno deseaba manejar la información. El primer enfrentamiento en ambas fronteras no se dio en los campos de batalla, sino a través de los titulares y la agitación popular. No era de extrañar este tipo de enfrentamiento para demostrar la fuerza nacionalista en ambos países, además habría que añadir las divisiones al interior de la «república de la imprenta», que conllevaron a choques de titulares entre la prensa peruana, como el caso de El Peruano, que polemizaría con El Comercio. El primero por defender la política de Estado, el segundo criticándola. Más aún, el Poder Ejecutivo no se encontraba del todo solidificado en los inicios del conflicto externo, las discusiones a su interior eran fuertes el cambio en el personal del gobierno rompió la unidad firme y decidida, en la acción y en las iniras, que existió entre el presidente, general Prado, y sus cinco ministros. El vicepresidente, general La Puerta, y el general Mendiburu conservaban ideas de otras épocas, en muchos asuntos tenían prejuicios y opiniones inadaptables a la situación y, por otra parte, su ya avanzada edad los privaba de la actividad y salud que se necesitaba para su gran labor a.que había de atender. (PAZ SOLDÁN 1929: 33) En Chile la relación prensa-gobierno fue similar, el punto crítico de confrontación fue la acida opinión

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vertida en contra de las estrategias de guerra y la pobre situación logística en la que se encontraban los soldados en los campamentos militares. A la cabeza de la oposición estaba el parlamentario y cronista Benjamín Vicuña Mackenna. Desde un comienzo se intentó crear el ambiente de un país idóneo para que el cuerpo político pueda trabajar con tranquilidad, produciendo leyes que otorguen el respaldo económico-político a las tropas y, lo más importante, el respeto al sistema constitucional. Por ello, ambos países buscaron monopolizar todos los espacios de información, situación que en nuestro país no se llegó a concretar a pesar de los ánimos exaltados y el fervor patriótico que en un principio fueron el apoyo que el gobierno necesitaba.

b. Al llamado de la patria Nuestro país no contaba con la capacidad militar y económica para afrontar el conflicto bélico, como lo testimonia Paz Soldán: «en ese tiempo se sentían viva y dolorosamente los efectos de los desaciertos de las anteriores administraciones...» (1979: 40). No hubo una estrategia geopolítica ni siquiera se tenía un catastro de la zona en conflicto, por eso se produjo serios problemas de localización de las tropas nacionales porque no sabían a qué lugar movilizarse o dónde se encontraban los recursos vitales como el agua (tan importante en el desierto). Incluso en la primera fase de


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la guerra el Perú la asumió de forma solitaria ya que su aliado, Bolívia, no contaba con las embarcaciones para realizar la campaña naval. La coyuntura obligaría al Poder Ejecutivo a convocar, de forma inmediata, al Congreso de la República, que a su vez generó una acumulación de poder suficiente que marcó las pautas para hacer frente al conflicto. También fue importante contar con el apoyo de las otras canteras políticas; sin embargo, las exigencias propias del conflicto obligarían al Ejecutivo a emitir diversos decretos de urgencia. Pero mientras no hubiese una legislatura congresal estos podían ser aplicados con la condición de dar cuenta al siguiente parlamento que se instalara ; tal como fue el caso de la Resolución Suprema que ordenaba la disminución del sueldo a los empleados públicos hasta en un 20% (ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN 1879). Con este tipo de medidas se buscaba minimizar los gastos en el pago de planillas y destinar el dinero a las demandas exigidas por los cuarteles y barcos. 6

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Alapardelosprimeros ajustes presupuestarios de emergencia, el Estado comenzó aerear unfondo especial

6 La Constitución le otorgaba los atributos para que pueda convocar al congreso ordinario. 7 En caso que hubiese legislatura en función, el Ejecutivo debía consultar sobre las medidas a aplicarse en el territorio nacional.

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de guerra con el objetivo de recepcionar las donaciones de los ciudadanos, y contribuir al tesoro púbüco (AGN 1879). Con estos primeros cambios en política económica se iniciaría la convocatoria pública para la instalación del Congreso. Respondiendo al llamado del Presidente de la República los parlamentarios llegaron de distintas partes del país, para ocupar sus respectivos curules y, entre dilemas y debates, determinar el destino que seguiría la nación. Desde la oficialización de la guerra hasta la instalación del Parlamento Nacional, pasarían 19 días en los que una junta preparatoria, designada por el Ejecutivo, se encargaría de tramitar las invitaciones así como censar la cantidad de congresistas hábiles que llegaban a la capital hasta alcanzar un tercio de sus asociados, quorum mínimo reglamentario para la instalación regular de las sesiones. Llegado el 24 de abril de 1879, el general Mariano Ignacio Prado, Presidente Constitucional de la República, inauguró las sesiones correspondientes al Congreso Extraordinario. 8

8 Amparado por el artículo 52 de la Constitución, pero modificado en algunas frases durante las plenarias del Congreso ordinario de 1878, y apoyado por la ley emitida el 3 de enero de 1879, sostenía que «el Congreso extraordinario se reunirá, cuando sea convocado por el Ejecutivo [...] el terminará, llenado que sea el objeto de su convocatoria, sin que en ningún caso pueda funcionar por más de cuarenta y cinco días naturales...». Corresponde al artículo 52 de la Constitución de 1860.


Capítulo LH 137 En su discurso inicial —dirigido a las dos cámaras— el primer mandatario se enfocó en el papel y la responsabilidad legal que les correspondía, por eso señaló enfáticamente que el Congreso debía trazar la conducta del gobierno, porque «[...] estamos en guerra con Chile y a vosotros corresponde dictar las medidas que juzguéis conveniente para asegurar el triunfo de nuestras armas, con la honra y la gloria de la patria... ». Con estas palabras e invocando el nombre de Dios y la patria, Prado culminó el único discurso que daría en esas instalaciones durante el conflicto. Ahora estaba en manos del parlamento el manejo de las políticas de Estado que nos llevaría al éxito o al catastrófico fracaso. El Parlamento Nacional, desde ambas cámaras (diputados y senadores), elaboró aproximadamente en un mes las medidas que intentarían cubrir las necesidades inmediatas de una guerra para la que el Perú no estaba preparado ni política ni militarmente. Ello generó muchas discusiones al interior del hemiciclo como veremos a continuación.

138 Parlamentos en conflicto 1. Los debates de la Cámara baja

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9 Las reuniones sostenidas en la Cámara de Senadores como en la de Diputados, se daban en lugares separados salvo excepciones donde todos los miembros pasaban a juntarse, en caso de apertura y clausura de las legislaturas (sean ordinarias o extraordinarias) o alguna discusión de trascendencia nacional. 10 Sala de Investigadores de la Biblioteca Nacional x85.06/m Mensaje leído por el S. E. Presidente de la República, Mariano Ignacio Prado, en las cámaras legislativas en sesión extraordinaria.

Para abril de 1879 la Cámara de diputados se encontraba compuesta por 127 miembros. En la primera reunión se contó con la presencia de 92 miembros. Esta instancia contaba con menos poder que la de Senadores, pues sus leyes podían ser observadas en la Cámara alta. La presidencia de la cámara la tuvo el representante de Loreto, Aurelio García y García, uno de los principales dirigentes del Partido Civil. En su discurso inaugural señaló que el Congreso de la República asumiría la tarea de emitir las soluciones más idóneas para afrontar y buscar el bienestar del país (Diario de la cámara de debates 1879) (DIARIO DE DEBATES DE LA CÁMARA DE DIPUTADOS 1879).Acto seguido se dio por finalizado el primer día de sesiones, previo informe de la comisión preparatoria del Congreso sobre los parlamentarios ausentes. De continuar así el pleno en su conjunto acordó reemplazarlos con los respectivos suplentes. 11

Al día siguiente al promediar las 8 de la mañana, se llevó a cabo la segunda sesión extraordinaria. El diputado de Piura, Romualdo Rodríguez, de la agrupación civilista inauguró las intervenciones en

11 Una de las funciones ejercidas por la Cámara baja era proponer leyes o hacer algunas correcciones a las leyes elaboradas en la Cámara alta, pero no podían vetarlas.


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esta Cámara propuso eliminar todo pago emitido a los congresistas de forma extraordinaria, lo que mereció un aplauso conjunto de sus pares congresales, quienes sin titubear aprobaron la iniciativa que les permitía hacer un ahorro mínimo en el presupuesto general. Al finalizar se procedió a solicitar la presencia de todo el cuerpo de ministros ante el hemiciclo parlamentario. Esta iniciativa respondió a la solicitud del diputado arequipeño José Mariano Jiménez, quien fue el más incisivo en pedir su inmediata aprobación (DIARIO DE DEBATES abril 1879). Después de un amplio debate se decidió contar con la presencia de los ministros de Hacienda y de Exteriores, quienes debían rendir cuentas al pleno del Congreso sobre los eventos acaecidos y el rol que tuvieron sus respectivas carteras previa a la declaratoria de guerra y lo que debía hacerse para poder afrontarla. En menos de 24 horas comenzó el desfile de ministros frente a los parlamentarios. El canciller Manuel Irigoyen fue el primero en dar su informe, pero ante la delicada situación de exponer detalles sumamente comprometedores para la seguridad nacional pasó, a pedido de los diputados, a sesión secreta. Según los diarios de la época en ella se detalló el proceso de negociación de paz chileno-boliviano y la intervención del país. Finalizada la exposición del ministro de Relaciones Exteriores, le seguiría el de Hacienda, Rafael Izcue, volviéndose a sesión pública.

140 Parlamentos en conflicto Lo más resaltante de la exposición del encargado de la cartera de finanzas fue los ajustes económicos realizados una vez oficializada la guerra. No obstante, el ahorro de dinero no fue el único medio para la obtención de recursos, también crearon «nuevos impuestos: el de la contribución personal, el de 50 centavos de sol por quintal de azúcar exportado, el impuesto a la renta y el de movimiento a la propiedad» (ARMAS ASÍN 2007: 67). La discusión sobre estas medidas se realizaría en las sesiones posteriores. El día lunes, 28 de abril, se debatieron una de las primeras peticiones emitidas por el ministro de Hacienda, el impuesto a cada quintal de azúcar que iba al mercado extranjero (el monto solicitado fue de 50 centavos de sol de plata o su equivalente en billetes). La propuesta trajo posiciones encontradas y polarizó los debates al interior de las cámaras parlamentarias. Mientras los diputados opositores al gobierno: los civilistas por Lima, César Canevaro y el representante iqueño Elias se opusieron a esta ley y argumentaron que se debía esperar el pronunciamiento de la comisión principal de hacienda especializada en estos temas. El diputado de Piura Eguiguren, de la bancada oficialista (el Partido Nacional), respondió en tono sarcástico que los argumentos que obstaculizaban el nacimiento de esta ley no tenían consistencia. Para el diputado, no había motivo para realizar extensos debates, ya que la única diferencia entre el planteamiento vertido por el gobierno


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y el de la comisión «consistiría en que el primero cree que el impuesto de cincuenta centavos sobre el azúcar debe ser en plata o su equivalente en billetes, y que la comisión opina que sea en papel» (QUIROZ 1989: 96). Aunque el congresista recomendaba que el pago se hiciera en monedas, pues con el tiempo el valor del dinero-papel terminaría depreciándose, también calificó de exagerada la cantidad que se gravaba al azúcar, ya que no estaba armónicamente acorde con la realidad. Según Eguiguren, con el correr de la guerra se vendería menos azúcar y el costo del transporte aumentaría vertiginosamente (DIARIO DE DEBATES abril 1879). Malpartida, representante de la provincia de Junín, invocaba la presencia de Izcue en las instalaciones de la Cámara baja para sustentar el contenido técnico y su posible impacto, su petición fue aceptada por el pleno esperando la presencia del responsable de las finanzas. En la misma sesión del pleno la bancada civilista sustentaría una ley bautizada como el «impuesto nacional». Esta consistía en sustraer hasta en un 3% las utilidades de la industria y de los trabajadores registrados en planilla. Aprobada la propuesta, a sabiendas de ser una medida impopular —más aún si tomamos en cuenta la proximidad de las elecciones presidenciales el siguiente año, que nunca se realizaron—, se decidió que el responsable directo para su ejecución lo designaría el consejo de ministros. De manera que quien se

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llevaría los abucheos populares sería el Ejecutivo y los miembros del Partido Nacional. Aunque esta medida, por cuestiones de tiempo y falta de capacidad operativa, no llegó a aplicarse, cabe resaltar que hubo otras leyes que pudieron haberse contemplado en teoría, pero no fueron puestas en práctica por diversos motivos (la debilidad del Estado, la falta de dinero, entre otros). A pedido de la Cámara baja el 29 de abril el ministro Izcue se presentó con el fin de justificar el impuesto al azúcar. Lo más resaltante de su extensa presentación fue su mención al artículo número dos de dicha ley: «cada quintal de azúcar que se exportó para el extranjero por los puertos de la República pagará el derecho a exportación de 50 centavos de plata o su equivalente en billetes» (DIARIO DE DEBATES 29 de abril 1879). 12

Esto provocó la inmediata reacción de la agrupación civilista, quienes volvieron a su posición habitual de oponerse, porque muchos de sus miembros tenían negocios en el rubro (MCEVOY 1997a) como: «los hermanos Elias, Enrique Canaval, Flavio y Pedro Castañeda, Felipe Barreda y Osma, Ignacio de Osma, Gaspar de la Puente y varios otros miembros del partido eran dueños de grandes haciendas. Pardo mismo, como

12 Este impuesto generó polémica al interior del hemiciclo parlamentario y en la opinión pública.


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ya se indicó, adquirió una hacienda azucarera en el norte en 1872» (MÜCKE 2010: 321). Encabezando la oposición estuvo Canevaro, quien volvió a argumentar que la ley contemplaba «las utilidades actuales que podían obtener los azucareros» (MCEVOY 1997: 401), y no los posibles cambios que habrían de darse a medida que la guerra aumentase en intensidad. Por otro lado, el diputado por la misma provincia, La Torre, miembro de la comisión principal de hacienda, aconsejaba no discutir la propuesta del ejecutivo, sino escuchar la posición vertida por el ministro y posterior a ello esperar el informe final de la comisión que él integraba, para así ingresar a una discusión orgánica. Pese a los intentos de La Torre por enfriar los ánimos estos no tuvieron los resultados esperados. Fue el representante de Junín, Malpartida, también miembro del civilismo, quien de forma radical expresó lo descabellado que era ese impuesto en momentos tan difíciles. Ante las protestas hechas a Izcue, con expresiones parecidas a las de Malpartida, la iniciativa del ejecutivo fue desechada. Esto se reflejó en la votación que se dio en contra sin esperar siquiera la opinión del grupo de trabajo de hacienda, que los civilistas días anteriores habían anunciado. Al parecer solo querían ganar tiempo para asegurar una votación favorable a sus intereses. El destino del azúcar no sería definido en esta cámara, se esperaría recién el dictamen de los senadores para que adquiriera una contribución hacia el Estado, aunque muy tenue.

144 Parlamentos en conflicto Esa no sería la única ley que causaría debate, la discusión sobre la contribución personal también ocuparía varias sesiones parlamentarias. La polémica estuvo centrada en el primer artículo de la ley: «todo peruano varón de 21 a 60 años de edad contribuiría a los gastos de la guerra con cuatro soles al semestre en los departamento del interior» (DIARIO DE DEBATES 2 de mayo 1879). Los primeros dar su opinión fueron los parlamentarios civilistas: el huanuqueño Moreno y Maíz y el congresista Febres, representante de Arequipa; manifestaron sutilmente al gobierno central que la creación de ese impuesto, en teoría, generaría mayores ingresos para la guerra; pero en la práctica provocaría un enorme descontento social. Pese a la posición propuesta esta se respaldó, dando a entender que si bien el Partido Civil tenían una respetable mayoría no todas las posiciones de sus integrantes tuvieron un consenso unívoco, salvo aquellas posturas que dañaban sus intereses conjuntos, como sucedió años atrás en la nacionalización de las salitreras o el impuesto al azúcar como tema más reciente. Otro aspecto de esa la misma ley fue si el habitante de la sierra debía aportar la misma cantidad que el de la costa o se tendría que colocar una tarifa especial. Una intervención que tuvo luz propia fue la del miembro del Partido Nacional, Cisneros —representante por La Libertad—, quien remarcaba que existían muchas


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provincias no aptas para cumplir con los pagos propuestos por el gobierno central. El parlamentario iqueño Elias respondió de forma inmediata al decir que no [comprendía cómo] algunos representes del interior [...] tenían una idea tan triste de la ignorancia de esos pueblos que representan, cosa que yo no creo, porque el más infeliz de nuestros indios en estas materias perfectamente instruido y sabe muy bien el valor que tiene un sol en plata con relación al papel, y por consiguiente lo único que se debe tratar es de que las personas encargadas de la recaudación cumplan su deber. (DIARIO DE DEBATES DE LA CÁMARA DE DIPUTADOS, sesión extraordinaria del 3 de mayo de 1879). Concha, el diputado cusqueño no estaba en desacuerdo con el pago, sino con el medio con el que debían pagar los habitantes (billetes o moneda). Hay que tener en cuenta que en el país no circulaba la moneda nacional. De hecho, las monedas extranjeras servían como medio de intercambio en las zonas fronterizas: mi adición no impone precisamente el pago de plata. Establece solo el pago en esta forma en donde no circulan billetes dando facilidades a esos pueblos para hacer el pago de su contribución. Si en las provincias a que me refiero se obligase a verificar el pago en billetes no existiendo esa moneda en circulación, tendríamos multitud de especuladores que comprasen billetes a bajo precio para venderlos a precio subido, dando lugar con esto a que pese

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sobre los contribuyentes un recargo de 30 a 40% más sobre la tasa de impuesto. (DIARIO DE DEBATES DE LA CÁMARA DE DIPUTADOS, sesión extraordinaria del 4 de mayo de 1879) La discusión culminó con el acuerdo de que el hombre de la sierra haría un pago especial; sin embargo se debía esperar un dictamen de la comisión de hacienda para determinar cómo se redactaría la ley para su difusión entre la población. El lunes 5 de mayo, el Congreso de la República recibió las críticas del editorial de El Peruano por el permanente bloqueo de las propuestas provenientes del Ministerio de Hacienda, y del Poder Ejecutivo. La misión del Parlamento Nacional, según la nota era «facilitar a la acción del gobierno, como supremo director de la guerra, presentándole todo el apoyo de su actividad y rodeándole de su valioso concurso moral y material para salvar la República» {EL PERUANO, 3 de mayo de 1879.). Con esta posición dada a la opinión pública la presidencia solicitaba directamente al pleno parlamentario la promulgación de un «estados de gracia» que permitiese tener mejor capacidad de manejo y un mayor radio de acción en el sostenimiento de la empresa bélica. Entre ellos destaca la aprobación de las acciones del Poder Ejecutivo, fuera de sus atribuciones ordinarias, específicamente, cuando ordene el aumento de efectivos en el ejército y la marina.


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El Ejecutivo también solicitaba movilizar a la guardia nacional, así como crear hipotecas de los bienes del país para conseguir rentas para la República. Otra de las peticiones fue la realización de empréstitos hasta por diez millones de soles, además de imponer contribuciones practicando las combinaciones que creyesen conveniente. La nación asumiría la responsabilidad directa de las obligaciones que el gobierno contraiga en su nombre, para el sostenimiento de la guerra. El ejercicio de estos poderes extraordinarios caducaría el 28 de julio, fecha de apertura del congreso ordinario (DIARIO DE DEBATES DE LA CÁMARA DE DIPUTADOS, sesión extraordinaria del lunes 5 de mayo de 1879) en donde se rendirían cuentas al Poder Legislativo sobre los poderes otorgados. Finalizada la lectura de las propuestas, estas no serían ni debatidas ni bloqueadas, sino derivadas a las diversas comisiones permanentes para saber si tendrían o no un informe favorable cada una de las peticiones hechas. A largo plazo, la mayor parte de ellas terminarían siendo archivadas. El jueves 8 de mayo la Cámara de Diputados dio por aprobada la solicitud de Mariano Ignacio Prado, quien pidió su salida de la capital en vista del oficio que el día 2 del mes en curso dirigió a las cámaras legislativas el presidente del consejo de ministros, dando cumplimiento a los dispuesto en el artículo 95 y 06 de la Constitución

148 Parlamentos en conflicto del Estado, ha concedido licencia al Presidente de la República para que, si lo juzga necesario, pueda mandar personalmente las fuerzas armadas, y salir del territorio nacional, debiendo en caso que haga uso de esta licencia total o parcialmente, encargúese del desempeño del Poder Ejecutivo el vicepresidente llamado por la ley. (DIARIO DE DEBATES DE LA CÁMARA DE DIPUTADOS, sesión extraordinaria del 8 de mayo de 1879.) Con esta aprobación, el presidente pudo dirigirse hacia las provincias sureñas para comandar directamente a las tropas; sin embargo, más adelante este permiso fue utilizado para salir del territorio nacional —a comprar armas, supuestamente— y no volver. Transcurrido un mes, aproximadamente, desde la declaratoria de guerra, si bien no hubo un choque armado de grandes magnitudes que demandara demasiados gastos al tesoro público, la sola conformación y entrenamiento de las tropas comenzó a mermar el funcionamiento regular del Estado. Asimismo, con los escasos recursos fiscales se ordenó pagar a todos los proveedores como es el caso de la Casa Grace Brothers y Cía., que ofrecía sus servicios distribuyendo armamento. El gobierno creyó importante mantener una relación fluida con los proveedores, ya que ellos proporcionaban armamento a las fuerzas armadas. 13

13 A. G. N. /H-4-231 /Dirección de Contabilidad General y Crédito. Sección militar. Libro copiador de resoluciones y órdenes.


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Tres días después (11 de mayo) se aprobó la ley sobre la contribución personal, que tanta polémica había generado. Allí se decía que «todo peruano varón de 21 a 60 años de edad, contribuiría a los gastos de la guerra con cuatro soles al semestre en los departamentos de la costa y tres soles al semestre en la sierra» (DIARIO DE DEBATES DE LA CÁMARA DE DIPUTADOS, sesión extraordinaria del domingo 11 de mayo de 1879). Sin embargo, el diputado Pinzas mantuvo su oposición, tal como ya lo había hecho cuando se discutía su aprobación. En esa ocasión declaró que los pobladores de la sierra debían ser exonerados, porque «solo en los conflictos como el actual se tiene presente a los pueblos de la sierra para exigirles contingentes de sangre» (CÁMARA DE DIPUTADOS, sesión del 11 de mayo de 1879). No obstante, sus palabras no fueron oídas debido a la aprobación casi unánime de sus asociados. Esta primera defensa a favor de los indígenas sería canalizada décadas después por Dora Mayer y Pedro Zulen. En la reunión, pactada para el 12 de mayo, se presentó uno de los proyectos de ley más polémicos dentro de los anales parlamentarios. Este consistía en incrementar la emisión de billetes hasta en 25 000 000 soles. El diputado Elias no se opuso a la multiplicación del papel moneda, sino a la cantidad porque a largo plazo convertiría al Estado en una empresa productora de billetes sin respaldo, lo que causaría su devaluación

150 Parlamentos en conflicto monetaria y, por ende, la bancarrota estatal. El predominio de las voces opositoras produjo que se votara en contra de la desmedida fabricación de dinero, aunque esta posición sería momentánea (DIARIO DE DEBATES DE LA CÁMARA DE DIPUTADOS, sesión extraordinaria del lunes 12 de mayo de 1879). Para cubrir la falta de dinero —sin recurrir a su creación— se aprobó el primer empréstito nacional proveniente de los bancos por la suma de 10 000 soles en moneda, cuyo pago debía hacerse al tipo de 80% con servicio anual al 8% de interés y 10% de amortización acumulativa. Sin embargo, conforme avanzaba la guerra el Parlamento advirtió el inicio de un proceso de descapitalización debido a la poca fluidez del capital circulante y el retiro de dinero en cantidades cada vez mayores del mercado'. Esto provocó la falta de medios de intercambio imaginarios tanto en los bolsillos de los ciudadanos como en las arcas de los bancos. De estos últimos habría de exprimirse la mayor cantidad de préstamos al gobierno. (DIARIO DE DEBATES DE LA CÁMARA DE DIPUTADOS, sesión extraordinaria del viernes 16 de mayo de 1879). Pese a la oposición de días anteriores las condiciones socioeconómicas empujaban a ver la emisión de billetes no como la mejor, sino como la única opción para mantener a flote el sistema financiero nacional, por eso se autorizó la emisión de billetes con la condición de que fueran monopolizados por los bancos nacionales


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(los mismos bancos que administraron los procesos de estanco y nacionalización de las salitreras: el Banco Nacional del Perú, el Banco del Perú y La Providencia) quienes, aparentemente, controlarían su reparto.

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casos, no era cumplida por la poca presencia del Estado y la falta de elementos fis cáliz adores en la mayor parte de las zonas del país. 2. Los dilemas y debates de la Cámara alta

El domingo 18 de mayo, el Parlamento acordó tener presente tres puntos con los que se debía comenzar la siguiente sesión ordinaria de julio próximo. La primera ponía en consideración que el Estado peruano reconocía la deuda adquirida en esos meses por motivos de guerra. Segundo, el Parlamento se comprometía a examinar detenidamente el impacto, la realización y la efectividad de todas las leyes expedidas en esta reunión extraordinaria y así poder corregir, mejorar o descartar lo propicio. Tercero, enviar una carta de agradecimiento a los directores de los principales bancos del país por su gentil colaboración, al facilitar los empréstitos (ello para que sigan apoyando al gobierno). Con un fuerte ¡Viva el Perú! y aplausos ensordecedores, la Cámara baja terminó la labor para la que fue convocada. Como vemos los debates realizados en el Congreso demuestran esa diligencia para tratar de salvaguardar no solo sus intereses, mezclados en el salitre y sus negocios, sino los de la propia nación. Aunque solo el tiempo y los resultados de la guerra habrían de señalar si es que las medidas tomadas eran cumplidas de manera lenta, debido al sistema de comunicaciones a nivel nacional, o, en el peor de los

La Cámara de Senadores, además de emitir sus propias leyes también tenían que aprobar, desaprobar o reenviar (con sus respectivas observaciones) los proyectos de ley que habrían de ser emitidos por la Cámara baja. Pero a diferencia de su cámara contigua, aquí los debates fueron más breves, con una mayor pasión expresiva y sus medidas tuvieron un matiz más pragmático, que a continuación pasaremos a observar. El sábado 26 de abril, después de escuchar el mensaje presidencial, se constituiría inmediatamente la junta directiva que dirigiría los debates senatoriales. En la presidencia estaría Canino Carrillo, mientras que la primera y segunda vicepresidencia estuvo a cargo de Ricardo W. Espinoza y Julio Pflucker, respectivamente. En tanto las secretarías fueron ocupadas por Manuel María del Valle y Nicanor León. 14

14 La elección de los miembros que conformarían la directiva de los senadores se llevó acabo el 27 de julio de 1878, en la 15ava sesión de las juntas preparatorias para la sesión ordinaria de ese mismo año. Para la elección de presidentes, Camilo Carrillo vencería por 66 votos a uno a Miguel Grau. Para la segunda vicepresidencia


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En la primera sesión, el senador oficialista Carrillo expuso las propuestas vertidas por el Ministerio de Hacienda. Además de compartir temas afines de discusión con la Cámara baja, como el impuesto al azúcar (que encontraría un resultado totalmente distinto al emitido por los diputados) o la contribución personal, también encontramos temas de debate exclusivo de la Cámara alta, como el aumento hasta en un 20% de las contribuciones a los predios y las industrias (quedando libres de esa carga fiscal todo lo relacionado al sector estatal), o la supresión de todo tipo de gratificaciones a los empleados públicos. Todas estas propuestas serían destinadas a las diversas comisiones de trabajo para su estudio, informe y posible discusión en el seno del pleno parlamentario (si es que habrían de ser derivadas al mismo). Aunque estas dos últimas terminarían por ir a los archivos congresales. Al igual que en la Cámara baja, en la de Senadores se harían presente los ministros de Relaciones Exteriores y de Hacienda, a pedido de los representantes del civilismo. El primer expositor sería el embajador Manuel Irigoyen, quien expuso los motivos por lo que se propició la guerra, pero esta vez en una sesión pública. La hipótesis central que argumentaba el plenipotenciario

Ricardo W. Espinoza ganó con el mismo número de votos a Grau. En tanto que para la segunda vicepresidencia Julio Pflucker obtuvo 65 votos frente a un voto de Roque Unzueta y Manuel Gálvez.

154 Parlamentos en conflicto para la realización del conflicto externo fue la ambición chilena por poseer los territorios salitreros (CLUNY 2007). Además, el responsable de las interacciones internacionales enfatizaba que su ministerio se encontraba preparado para difundir entre los países vecinos la absurda agresión chilena en contra de nuestro país, teniendo la plena confianza de conseguir el respaldo de la comunidad internacional, por ende obtener el visto bueno para la realización de préstamos provenientes del exterior. El lunes 28 de abril le tocó el turno al responsable de las finanzas públicas, quien también debía expresar las condiciones en las que se encontraba su cartera para enfrentarlo. Según las propias palabras de Izcue la guerra habría de ser un evento inesperado para el presupuesto del Estado, por lo que su ministerio tendría que adoptar cambios radicales en las políticas nacionales y contar con el respaldo del Parlamento Nacional para su ejecución. Además, el propio ministro describiría la difícil situación en caso de que el conflicto bélico se prolongue. Al final de su exposición Rafael Izcue señaló que la solución para superar las secuelas del enfrentamiento armado internacional estaban en manos de los congresistas, quienes debían «prever al Ejecutivo de fondos suficientes por los gastos que la guerra demandaba, gastos de necesidad y urgencia notoria [...]» (DIARIO DE DEBATES DE LA CÁMARA DE SENADORES, sesión extraordinaria del lunes 28


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de abril de 1879). La respuesta de los senadores fue la inmediata aprobación de un impuesto de 3% al año sobre las utilidades de la industria y del trabajo. A causa de la quiebra paulatina de las industrias no se pudo realizar y las del trabajo solo se aplicaron a quienes estaban registrados en las planillas del gobierno hasta 1881, fecha en que se desarticuló el gobierno central por la invasión chilena. La otra ley emitida para mermar la bancarrota financiera fue la apertura de un registro general de propiedades en la capital de la República. El propósito fue contar con información sobre cuáles podrían ser los posibles territorios a ser expropiados en caso que la guerra obligase al gobierno a tomar esa medida. El problema surgió porque no se le podía pagar a los encargados de la misión, entonces esta solo quedó plasmada en los anales parlamentarios. El 1 demayo sesolicitaríanuevamentelapresencia del ministro de Relaciones Exteriores, quien se presentó en el acto. Sin embargo, debido a la información que debía expresar se optó por pasar a sesión secreta. Según los diarios, como La Opinión Nacional y El Comercio , se habría anunciado sobre las gestiones realizadas por los embajadores en distintas partes del mundo, y un posible apoyo, logístico y de dinero, vertido por algunos países al Perú (sin haber especificado cuales), 15

15 Además ambos diarios informaban sobre la posible compra de armamento.

156 Parlamentos en conflicto Finalizada la sesión secreta se informó que la Cámara alta, debido a las necesidades que ocasionó el conflicto bélico, ordenó la emisión de setenta millones de soles, veinticuatro millones se destinaron a pagar la deuda interna, cuatro millones para los sueldos atrasados y 15 millones para las necesidades de la guerra (DIARIO DE DEBATES DE LA CÁMARA DE SENADORES, sesión extraordinaria del miércoles 30 de abril de 1879). El lunes 5 de mayo se ratificó el permiso al Presidente de la República para que abandone la capital y se dirigiese hacia Arica, «segundo puerto de importancia del Perú en aquel entonces y también el mejor situado para controlar las acciones militares [...]» (YÁBAR 2001: 197). El general Prado consiguió la legitimidad institucional para movilizarse fuera de Lima, sin embargo el decreto no contemplaba la salida a otro lugar que no fuese el sur del Perú. Veinticuatro horas después la comisión de justicia expedía un pedido al pleno: «permítase a los representantes de la nación, desempeñar los cargos o comisiones que les confiere el Poder Ejecutivo mientras subsista la República en estado de guerra [...]»(DIARIO DE DEBATES DE LA CÁMARA DE SENADORES, sesión extraordinaria del martes 6 de mayo de 1879). Esta medida fue la que dio la autorización formal para que Miguel Grau, senador civilista por Piura, pueda comandar el monitor Huáscar. La comisión auxiliar


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de hacienda aprovecharía esa sesión para exponer la propuesta llegada desde la Cámara baja sobre el «impuesto al azúcar», que provocó duras contiendas entre los senadores, así como sucedió con los diputados. Se expusieron argumentos parecidos a los discutidos en la Cámara baja, porque absorbía todas las utilidades de los productos azucareros afectando el sistema económico. La comisión de agricultura emitió un comunicado donde expuso que la producción de azúcar iba a ser menor que en años anteriores, y con la aplicación de ese impuesto se asfixiaría a los productores. Con estos argumentos se trataba de proteger los intereses de los civilistas. El grupo de trabajo propuso, como vía para obtener dinero sin que afecte las ganancias de los productores, que «por cada quintal de azúcar que se exporte para el extranjero se [pague] cincuenta centavos en moneda corriente. El impuesto se cobrará 8 días después de promulgada esta ley» (DIARIO DE DEBATES DE LA CÁMARA DE SENADORES, sesión extraordinaria del miércoles 7 de mayo de 1879.) Después de varias intervenciones solicitando su reducción mas no su supresión, se aprobó aplicar un 2% del valor total del tributo a cada quintal. Al parecer las fuertes críticas que surgieron en la opinión pública habrían de ser tomadas en cuenta. Ya finalizada la sesión se aprobó que todo peruano varón mayor de 21 a 60 años pagaría por contribución tres soles el semestre, ratificando el

158 Parlamentos en conflicto proyecto de ley presentado por el Ejecutivo y moldeado previamente en la Cámara de Diputados. Al día siguiente (en respuesta a la aprobación del impuesto al azúcar), el ministro de Hacienda intentaría convencer al pleno parlamentario sobre la necesidad de aprobar los impuestos tal cual eran redactados y no anulándolos o mermando su cantidad original. Según expresaba Izcue, otro de los medios para mantener la guerra, además de los préstamos y la fabricación de dinero, era el aporte de los peruanos quienes hasta la fecha no se habían hecho presentes hasta hoy se han cubierto gastos excesivos para adquirir elementos de guerra y para poner el ejército y la armada en el pie de fuerza extraordinaria en que hoy se encuentran sin necesidad de apelar a ningún recurso que se pueda llamar verdaderamente extremo, pues con los que consigna el presupuesto y algunos otros más que se han adquirido sin sacrificar a nadie y solamente moviendo el patriotismo de algunos círculos comerciales de importancia, hemos tenido lo necesario para soportar los enormes gastos que la situación nos impone (ibid.). Sin embargo, este no fue un argumento lo suficientemente sólido que conmoviera a los senadores para que respalden estos impuestos ya que conocían las opiniones de los diarios y sus votantes. La dupla prensa/opinión pública era un arma muy temible para


Capítulo LH 159 cualquiera que tuviese expectativas políticas futuras. Este matiz se reflejó en la intervención del civilista Francisco García Calderón, quien manifestó que debido a la delicada situación que afectaba a todos los sectores del país, no se les debía recargar con muchos impuestos. Sostuvo además que si solo utilizaban las contribuciones como medida para hacer frente a la situación actual, estas no serían suficientes. El Congreso y las diversas instituciones del Estado eran conscientes de la necesidad de buscar otros recursos extraordinarios, de aplicación inmediata, siempre que se cumpla con dos requisitos: efectividad y no generar conflicto entre la población civil, una fórmula difícil de obtener. En las oficinas del Ministerio de Hacienda se determinó que la única solución posible que no generaba protestas sociales ni celos políticos era la emisión de billetes, porque esperar la efectividad tributaria o la realización de otra fórmula era casi imposible de concebir. El jueves 8 de mayo, Rafael de Izcue sostuvo en el Congreso que se debía autorizar la emisión de billetes hasta por 25 millones de soles para cubrir el presupuesto de guerra. Si bien sí se aprobó lo solicitado, se entregaría una cantidad mucho menor de la requerida. Incluso la emisión de dinero se realizó solo hasta completar los dos millones de soles. Seis días después, el 14 de mayo, el Parlamento aprobó dos nuevos tributos: la contribución de los

160 Parlamentos en conflicto predios rústicos y urbanos que debía ser de un 5%; sin embargo, toda renta menor de 300 quedaba exenta. Además, señalaba que la recaudación de predios, industria y patentes continuaría a cargo de los consejos departamentales, con la obligación de dar al fisco nacional el 25% del producto neto de importe de las respectivas matrículas. Su coherencia y argumento generó su inmediata aprobación (DIARIO DE DEBATES DE LA CÁMARA DE SENADORES, sesión extraordinaria del miércoles 14 de mayo de 1879). La última sesión de los senadores se realizó el domingo 18 de mayo, allí se informó sobre la reunión con los banqueros más importantes del país, quienes habían aceptado otorgar préstamos al país según el informe que había llegado a la Cámara de Diputados. La Cámara alta cumplió parte de su objetivo que le fue encomendado: el de emitir dictámenes, pero sobre los productos a ser gravados o no lo fueron, o si lo hicieron las cifras eran muy por debajo a las esperadas. Las acciones del hemiciclo demostraban que los intereses personales de sus miembros, además de estar de espaldas a la realidad, estaban por encima de los de la nación. Evaluar algunas de las leyes de esta legislatura extraordinaria sería parte de la agenda del congreso ordinario que se celebraría unos meses después. Estas sesiones coincidieron con los fracasos bélicos y el colapso económico.


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c. El intermedio congresal El alza de precios en los artículos de primera necesidad, la aparición de nuevos impuestos, entre otros factores, obligó al general Luis La Puerta a tomar una serie de medidas para aplacar la aguda crisis económica del país; aunque estas no tuvieron éxito. 16

Hacia el fin del Congreso Extraordinario, celebrado entre abril y mayo de ese año, e inicios del Ordinario se realizó el cambio de ministro de Hacienda Rafael Izcue, debido a los graves problemas que atravesaba el fisco estatal y porque no encontró la solución ni las condiciones mínimas para sacar a flote las finanzas públicas. Después que renunció asumió el cargo fue asumido por el abogado José María Quimper. Una de sus primeras gestiones fue entrevistarse con el representante del consorcio de bancos, Bernardo Roca y Boloña, con el fin de solicitar los préstamos que había autorizado el Parlamento Nacional. El resultado de la reunión fue positivo para el gobierno, porque se consiguió el desembolso solicitado. En apariencia esta

162 Parlamentos en conflicto situación auguraba el buen papel de Quimper en el manejodelaeconomíanacional, sin embargo, elgobierno presidido provisionalmente por el general La Puerta sabía que el endeudamiento no era el único ni el mejor medio para obtener dinero, aunque paradójicamente era el más seguro, pero no lo mencionó pese a lo «urgente que sean las necesidades de la guerra» , más bien se mostró como su más tenaz opositor ya que a largo plazo traería problemas a la economía nacional. 18

Bajo esta posición del Ejecutivo se dio inicio al Congreso Ordinario de 1879. La situación empeoró, los golpes de la guerra y los intereses partidarios (además de los personales) terminaron por colocar en una situación crítica a los poderes Ejecutivo, Legislativo y al propio sistema constitucional una vez finiquitada la legislatura ordinaria. Ni La Puerta, en quien los peruanos depositaron sus esperanzas, ni la clase política simbolizaba una garantía de victoria. La hora fúnebre del constitucionalismo se acercaba.

d. El Congreso Ordinario

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La reunión del Congreso de la República, en su sesión ordinaria, generó mucha expectativa en la sociedad 16 Fue el primer vicepresidente de la República y encargado de la primera magistratura de la nación, ante la partida de Prado al sur del país para comandar a las tropas destacadas al teatro de operaciones. 17 A.G.N./H-4-2633/Resoluciones Supremas. Libro copiador de

decretos y resoluciones supremas, 26 de julio de 1879. 18 Sala de Investigadores de la Biblioteca Nacional del Perú. Miscelánea del General La Puerta. D4664.


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civil. Las principales discusiones giraron en torno a la solución de las demandas ocasionadas por la guerra, las cuales se bifurcarían. Por un lado, en el estudio y perfeccionamiento de las medidas dictaminadas un par de meses atrás (en la sesión extraordinaria), y por otro, seguir creando las leyes que ayuden a reunir los recursos esperados. Ambas se cumplirían en teoría, mas no en la práctica ya que las leyes de la legislatura ordinaria no se llegaron a ejecutar cabalmente a raíz de la descomposición política y la crisis económica que sumió al país y que tendría su golpe de gracia con la instalación de la dictadura pierolista en diciembre de ese mismo año. La apertura del hemiciclo se dio el 28 de julio con el mensaje presidencial anual leído por Luis La Puerta donde señaló que estaba en las manos de los padres de la patria «la salvación de la República». Estas palabras, anunciadas por el primer vicepresidente, podía resumirse en la alta responsabilidad que tenían senadores y diputados en el manejo de la guerra tal como lo había señalado Mariano Ignacio Prado meses atrás. 19

19 Mensaje leído por el primer vicepresidente de la República encargado del Poder Ejecutivo en la cámara legislativa el 28 de julio de 1879.

164 Parlamentos en conflicto Para tener una visión integral del papel que cumplió el Congreso durante la legislatura ordinaria, hemos seccionado esta parte del trabajo en tres partes: la exposición de las memorias de los ministros, el caso Quimper y la creación legislativa. 1. Las memorias de los ministros El primer paso para proceder con las tareas congresales era escuchar las memorias de los miembros del consejo de Estado. Era importante porque permitió a los parlamentarios evaluar la situación en la que se habían desenvuelto las carteras ministeriales del gobierno frente al conflicto. Pondremos atención a las exposiciones brindadas por los encargados de Guerra y de Relaciones Exteriores. Si bien Hacienda era una cartera estratégica en este contexto, será mencionada en la segunda parte por su polémica situación. El general e historiador Manuel de Mendiburu, responsable de los movimientos bélicos, inició su presentación frente a los diputados y señaló los múltiples sacrificios de las tropas destacando las falencias de las fuerzas armadas que no se habían atendido. El ministro enfatizó permanentemente que las medidas de la legislatura extraordinaria no lograron satisfacer por completo las necesidades de las fuerzas armadas: «nuestros buques se hallan desprevenidos y nuestros almacenes militares carecen de respuestas necesarios


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para improvisar ejércitos» {EL PERUANO martes 12 de agosto). Mencionar la capacidad operativa real de nuestras tropas tuvo como objetivo sensibilizar a los parlamentarios para que autoricen el incremento de los recursos que mantuvieran operativos los barcos y apertrechar mejor a los batallones. Además de exponer y justificar las acciones de su despacho frente a los ascensos militares o el traslado de las compañías al sur, Mendiburu hizo hincapié al apoyo recibido por parte de la administración de Prado. El objetivo fue mostrar preocupación de parte del gobierno central frente a esta coyuntura y bloquear algún posible cuestionamiento al Presidente. Terminada la intervención del ministro deGuerra, seguiría la del ministro de Relaciones Exteriores, quien habló de la violación de Chile a la «buena» costumbre de guerra al bombardear el estratégico puerto de Iquique «sin previo aviso» {EL PERUANO, sábado 23 de agosto de 1879). El ministro vaticinaba un fuerte rechazo por parte de la comunidad internacional, sin embargo la realidad en el exterior era muy distinta a la imaginada. Chile no recibió ningún rechazo del extranjero (salvo excepciones) porque contaba con una mejor cartera de diplomática que le permitió obtener con más éxito, a comparación de nuestro país, los préstamos financieros 20

20 Era costumbre avisar antes de realizar un ataque marítimo.

166 Parlamentos en conflicto que soücitaba en el extranjero para movilizar a sus pelotones. Todos los ministerios hicieron su descargo para respaldar la gestión de Prado y los denodados esfuerzos para satisfacer las demandas requeridas en una situación de guerra; no obstante, la posición más polémica la tuvo el ministro de Hacienda José María Quimper, quien fue muy cuestionado y no por su discurso confrontacional, ni las estrategias que empleó para regularizar la situación económica o agudizar la evidente crisis financiera, sino por la ilegal fabricación de billetes que generó un enfrentamiento partidario en pleno conflicto bélico.

2. El caso Quimper Las primeras reuniones de la Cámara de Diputados fueron sin vivas a las fuerzas armadas ni minutos de silencio por los caídos en combate, más bien se cuestionó al responsable de las finanzas públicas, quien tenía poco que informar dado su limitado tiempo en el cargo. Finalizada su exposición los reclamos de algunos congresistas se hicieron escuchar. Estos pidieron a Quimper que explique la pérdida del valor de la moneda nacional. Una de las justificaciones fue la sobreabundancia de billetes sin el debido respaldo. Si bien el Congreso Extraordinario había ordenado su emisión se sospechó que el ministro dispuso la


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fabricación de forma secreta , lo que produjo el exceso y su automática depreciación. Días después volvieron a citar a Quimper, quien para preveer el cuestionamiento del Parlamento Nacional buscó el respaldo de la opinión pública. A través de un pronunciamiento emitido en El Peruano, el ministro señaló que la crítica del legislativo respondía a una cuestión política en contra de su trabajo frente al ministerio. Quimper hizo hincapié en que sus acciones se realizaron bajo los parámetros del constitucionalismo y adujo que este resguardaba la coordinación de los poderes y no insinuaba el enfrentamiento de los mismos. {EL PERUANO, Lunes 11 de agosto de 1879) 22

El ministro también obtuvo el respaldo del Ejecutivo a través de un editorial publicado el 14 de agosto en El Peruano. El gobierno rechazaba las pugnas de poder, por considerarlas «perjudiciales y hasta

21 La renuncia del ministro de Hacienda Rafael Izcue (junio-1879) provocó la primera crisis ministerial de la guerra. Sin embargo, antes de abandonar el cargo Izcue ordenó «secretamente la circulación no autorizada de billetes resellados de la Compañía de Obras Públicas y Fomento y había autorizado la suspensión de créditos contra la caja fiscal», ocasionando una bomba de tiempo a mediano plazo para quien fuese su predecesor. 22 En especial de las canteras civilistas opositoras al régimen. Tampoco contaba con el apoyo de su agrupación política, más aún cuando La Puerta se manifestó como su mayor opositor.

168 Parlamentos en conflicto antipatrióticas». La nota de prensa señaló enfáticamente que el conflicto bélico era «el momento de unir, de armonizar y de rodear a la autoridad ejecutiva de todo el prestigio, de toda legalidad y de todo el poder que el sacrificio que una guerra exterior exige» {EL PERUANO, jueves 14 de agosto de 1879). Bajo este escenario de ataques civilistas y defensas oficialistas la «Junta de Administración y Vigilancia de la Emisión Fiscal» de la Cámara baja, encargado de los procesos de emisión y fiscalización, el 22 de agosto presentó su informe sobre el estado de la fabricación de dinero realizado desde el mes de abril de 1879. Allí mencionó que los dos millones de billetes resellados fueron autorizados por el Congreso de la República. Pero lo que causaría polémica fue la emisión de estos billetes por el Banco Nacional del Perú, porque no había sido ordenado por el gobierno central. Confirmando las sospechas iniciales Quimper había pasado por encima del Poder Legislativo y tomado atribuciones que solo le competían a este órgano de gobierno, por eso la comisión denunció al banco implicado y lo acusó de ser el responsable de ir en contra de los intereses nacionales. Esta coyuntura generó que Quimper fuese nuevamente llamado al hemiciclo para que explique este escándalo. En el Parlamento Nacional el ministro comenzó su informe, pero por lo delicado del caso se pasó a sesión secreta. Según el historiador Fernando Armas, el ministro propondría en su intervención


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«que se conviniera con el Banco que a cambio de que el Estado asumiera como propio dicha emisión, aquel proporcionaría valores hasta por esa cantidad, que bien servirían como recursos para la guerra, es decir, una emisión indirecta [...]» (2007: 99). Su propuesta fue rechazada, porque encubría su delito y el de la institución b anearía.

A pesar de la discreción del caso este no permaneció oculto por muchas horas. La situación que afectaba a políticos, banqueros y la nación en general llegó rápidamente a los oídos de la población provocando un efecto dominó. Ante el temor de un cierre intempestivo de la institución financiera, y por consiguiente la pérdida de sus ahorros, la población comenzó a retirar masivamente su dinero.

Quimper fue cuestionado en la mayoría de sesiones del mes de agosto. En ellas tuvo detractores y también férreos defensores, como es el caso de los diputados Macedo, Eguiguren y Mercado del Partido Nacional, quienes lo defendían diciendo: «los culpables única- mente eran los individuos que dirigían el Banco Nacional del Perú» (EL PERUANO miércoles 27 de agosto). Con este discurso trataron de defender la estabilidad del consejo de ministros y librarlo de toda acusación. La permanente y militante crítica civilista e incluso algunos de los nacionalistas daban los espaldarazos oficialistas a una posición muy tenue. Muchas de estas sesiones terminaban sin quorum por parte de los parlamentarios oficialistas y de los eternos independientes, pues no había claridad sobre la posición a tomar frente al caso del ministro de Hacienda. Si bien el Partido Civil sabía que el mejor escenario sería su desafuero, el oficialismo propuso dos condiciones para que esto culmine: salvar la situación financiera del país y lograr un triunfo político con la permanencia del ministro, tarea casi imposible de conseguir.

El 27 de agosto la Cámara de Diputados dispuso cuál sería la sanción para los directores y gerentes del Banco Nacional del Perú implicados en la defraudación monetaria. Les prohibió vender o trasladar sus propiedades personales para que el Estado recupere algo de lo perdido con su expropiación. La coyuntura hizo que Quimper enfrentara públicamente a sus críticos al interior del Parlamento Nacional. Su estrategia no tuvo como objetivo interferir en la decisión de la mayoría de los congresistas, que era desaforarlo, más bien quiso mermar responsabilidades personales generando un fuerte contraataque hacia sus inquisidores. Para ello señaló por qué en lugar de solucionar los problemas que demandaba la guerra, se preocupaban por intereses mezquinos e irresponsables que provocaban una esterilidad legislativa y serios problemas al erario nacional, que para el mes de agosto se declaró bancarrota «hasta para mantener al propio ejército» (VICUÑA MACKENA 1880: 465).


Capítulo UI 171 El Ejecutivo también arremetería contra el Legislativo argumentando que el tema de las emisiones clandestinas estaba saliéndose fuera de control, no porque debía ser sancionado drásticamente por la justicia, sino porque el caso se estaba convirtiendo en un hecho de carácter personal y no político. Incluso constantemente hizo recordar las tareas que debía asumir el Estado en su conjunto en beneficio del país (EL PERUANO, 29 de agosto de 1879). Esta tensa situación golpeó incluso al Partido Nacional, cuyos miembros optaron por no defender a Quimper, pues el costo político para su permanencia era muy alto por el fuerte cuestionamiento de parte de la oposición política y, por qué no decirlo, de la opinión pública nacional. El 3 de septiembre la situación de Quimper llegó a su fin con la votación de la moción de censura. Luego de intensos debates el resultado fue de 52 votos a favor contra 29 de respaldo, lo que llevó a su automática renuncia. Dos días después ingresaría su reemplazante, Juan Francisco Pazos, quien asumiría la cartera de Hacienda con la misión de desentrampar una situación insostenible, pues para entonces nuevamente la iliquidez destruía . al tesoro público. Así, en la misma posición que sus antecesores, pidió y obtuvo de la Junta administradora y vigilancia le transfiera 810 mil soles en billetes, a cuenta de la emisión que debía

172 Parlamentos en conflicto hacerse para validar la suma no alcanzada del empréstito, obtuvo algo de alivio, aunque pronto se dio cuenta que no era suficiente [...]. (ARMAS 2007: 100) La situación reflejó que se había perdido la unidad para confrontar al enemigo externo o quizás esta nunca había existido. Los intereses personales y los cálculos políticos preelectorales del siguiente año predominaron por encima del bienestar de la patria. 3. La producción legislativa Pasadas las sesiones de julio y agosto, que tuvieron el objetivo de sacar al ministro Quimper, y debido a la proximidad de las elecciones presidenciales de 1880 los civilistas debían concentrarse en mejorar su imagen pública y presentarse como el grupo más orgánico que: a) salvaría a la República de la situación más crítica, b) sostendría el régimen constitucional y c) mantendría el statu quo. Esta fue la fórmula tripartita que buscaba alcanzar el civilismo, por ello su tendencia sería muy contraria a la mostrada en los primeros dos meses de iniciada la sesión ordinaria. En adelante los congresistas otorgaron al país medidas razonables que mantendría contenta a la población y en óptimas condiciones al ejército, fórmula que no tuvo éxito.


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En su primera sesión oficial se informó a la Cámara baja la aprobación de un préstamo nacional solicitado a los banco nacionales por el Poder Ejecutivo eí 26 de julio. En la sección dictámenes emitidos por las comisiones de trabajo se aprobó la iniciativa hecha por el diputado oficialista Malpartida, donde se declaró libre de impuestos los productos alimenticios que se introdujesen para el consumo en el interior de la República. El objetivo de esa ley fue congelar los precios de los productos de primera necesidad, porque estos aumentaron vertiginosamente a causa de los altos costos del transporte. Otra de las discusiones de orden del día fue el pedido del diputado tarapaqueño Guillermo Billinghurst, quien solicitó que los impuestos cobrados en las aduanas de íquique y Pisagua pasen a ser manejados por los mismos consejos provinciales para que se pueda cubrir el forado faltante, producto de la no comercialización del salitre (EL PERUANO, lunes 3 de agosto de 1879, sesión del 1 de agosto de 1879.) Esta ley fue aprobada y ratificada por la Cámara

23 Las sesiones extraordinarias tenían una estructura interna. En primer lugar se presentaban los informes de las comisiones de trabajo, del Ejecutivo y de los propios congresistas, inmediatamente después seguían los despachos donde se recepcionaban las mociones vertidas por los parlamentarios, los ministerios o la presidencia; posterior a ello seguirían los dictámenes en donde se leía la ejecución de los actos aprobados en el hemiciclo anterior e informaban los decretos de urgencia y finalmente la orden del día en donde se pasaba a discutir los puntos de agenda.

174 Parlamentos en conflicto de Senadores, pero solo se puso en práctica hasta noviembre de 1879, ya que la situación y el desorden institucional por los resultados negativos de la guerra afectaron su funcionamiento regular. El 22 de agosto la bancada civilista presentó un proyecto que consistía en exigir la presencia de los ministros de Estado las veces que sea necesario para contestar las interpelaciones hechas por los congresistas. La moción tenía por objetivo controlar las acciones del Ejecutivo. Después de ser sustentada por el diputado de Piura Víctor Eguiguren y el parlamentario huancavelicano Arana [EL PERUANO, lunes 25 de agosto de 1879) fue aprobada por mayoría parlamentaría. La falta de estudios sobre el impacto de las leyes —positivo o negativo— fue continuo, por ejemplo se informaría el miércoles 27 de agosto un dictamen emanado por el Senado, que consistía en la aprobación del proyecto sobre la suspensión de la acuñación de las monedas en níquel del tipo de 20 centavos La medida se dio porque el Estado no contaba con los medios necesarios para la compra del producto, además de que las denominaciones por ser de bajo valor circulaban con mayor frecuencia en el mercado diario y su intempestiva desaparición habría de traer problemas financieros. Todo esto conllevó a su anulación un mes después de emitida, porque significaba un duro golpe para la


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clase y la economía popular, aunque también se acuñó monedas de menor cuantía. La aprobación de los impuestos elaborados por el Congreso fue permanente durante esta legislatura, como el presentado por los integrantes del Partido Nacional, que consistió en gravar —mientras dure la guerra— todos los artículos que se importen por un valor de 10 p advalorem, excepto los artículos de primera necesidad, el azogue y los objetos destinados al uso de las sociedades de beneficencia y el de las legaciones extranjeras acreditadas en el territorio de la República. Este proyecto se aprobó al día siguiente de su discusión (EL PERUANO, viernes 5 de septiembre de 1879). Es comprensible este tipo de concesiones tributarias a la beneficencia debido a su misión social; pero conceder este «privilegio» a ciudadanos extranjeros tuvo una intencionalidad por detrás, pues cabría la posibilidad de que los países extranjeros accedieran a conceder los préstamos que tanta falta le hacía al gobierno, sin embargo no se vieron sus frutos. Otra de las medidas propuestas fue la duplicación de la cuota que se pagaba por predios «rústicos y urbanos». Gálvez, diputado oficialista, dio el visto bueno al proyecto propuesto por las comisiones de trabajo, pues se tenía que solicitar dinero a los que más tenían (EL PERUANO, martes 7 de octubre de 1879). El debate sobre esta duplicación continuó el sábado 4

176 Parlamentos en conflicto de octubre. A pesar de argumentar buenas razones para su funcionamiento, encontró un fuerte rechazo por parte de la cámara en su conjunto, porque su aplicación afectaba a la élite que no estaba dispuesta a que se le siga exprimiendo más dinero de sus bolsillos. Luego se pasó a discutir otra ley propuesta por el Ejecutivo, la imposición de 10 p de contribuciones sobre el producto de la renta de cada habitante que al año gane más de seiscientos soles. Todo el proyecto fue desechado porque hubiera sido un duro golpe a la economía de los peruanos y a largo plazo un fuerte remezón político para quienes lo respaldasen (EL PERUANO, viernes 10 de octubre de 1879). Esta sesión fue ardua, incluso se pasaría a sesión nocturna, donde se aprobó el impuesto de timbres a varios artículos que no eran de primera necesidad. Días después de emitida la ley los diputados de la oposición sustentaban y aprobaban la exoneración de los derechos aduaneros a los artículos navales de toda clase. Los congresistas Cudlipp, Billinghurst y Vernal Castro manifestaron su rechazo al señalar que esos no eran elementos que beneficiaban a la población en general, sino que eran adquiridos por un reducido sector social (EL PERUANO, jueves 11 de septiembre de 1879), por lo tanto serían pocos los beneficiados. A pesar de sus argumentos estos se perdieron frente al respaldo mayoritario de los diputados.


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Las medidas congresales no fueron del todo contundentes y no ayudaron de forma efectiva a las tropas, tal como lo afirmaba la emisión de El Comercio el 14 de setiembre. El rninistro se presentó en el Parlamento el viernes 19 de septiembre, donde señaló la existencia de diversas solicitudes que debían ser aprobadas por el Legislativo. El diputado nacionalista Cudlipp al respaldar el paquete de propuestas presentadas por el Ejecutivo, mencionaba que estas debían ser resueltas de forma inmediata y no burocratizadas como deseaban hacerlo los parlamentarios de oposición, quienes para obstruir las medidas oficialistas las derivaban a las comisiones permanentes para que se pierdan entre papeleos y discusiones inútiles. Con esa premisa el ministro expuso los pedidos de su cartera para autorizar las tareas 1.- Duplicar mientras dure la guerra, la cuota de las contribuciones rústicas y urbanas que se pagan según las leyes y resoluciones vigentes. A pedido de Eguiguren quedó a la orden del día. 2.- Se imponía el 10% de contribución sobre el producto de la renta de cada habitante del Perú que no gane menos de 600 soles. Se pasó a la comisión que debía inmediatamente atender este asunto. 3.- Se dispuso que todo individuo que sea nombrado para un destino público, cualquiera en orden civil, militar, eclesiástico o municipal pague ai Estado la mitad de su primer sueldo o pensión, quedó a la orden del día. 4.- Mientras dure la guerra, el Ejecutivo recaude

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todos los impuestos que perciben los concejos departamentales acudiendo solo a los gastos indispensables de dichos concejos, se pasó a la comisión de gobierno. 5.-Sedeseaimponer, poruña sola vez, la contribución de 1% sobre el valor total de la propiedad inmueble en toda la República, pasándose ello a la comisión que entiende sobre el registro de la propiedad recomendándose su pronto despacho. 6.- Se imponía el gravamen del 15% mientras dure la guerra, a toda propiedad, acciones, derechos o intereses pertenecientes a las personas que mueran intestadas; y el 10% a las herencias transversales entregándose el producto de estos dos impuestos a la junta de vigilancia para fines de su instalación legal, pasándose ello a la comisión auxiliar de hacienda. 7.- Se suprimía todos los empleos, cargos y comisiones que en materia de hacienda del Perú existen hoy en Europa con excepción del destino de inspector fiscal, de un secretario de este y unos tres auxiliares o no ese en servicio público, se mandó pasar a la comisión principal de hacienda. 8.- Autorizando al Poder Ejecutivo para que venda en pública subasta y con arreglo a la ley todos los bienes inmuebles de propiedad de la nación que estén en manos de los particulares o en servicio público, se mandó a pasar a la comisión principal de hacienda. 9.- Se prohibió en lo absoluto la emisión de billetes ni de ningún otro signo prohibiéndose así mismo la existencia de los bancos llamados de emisión, se


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mandó a la comisión principal de hacienda. 10.- Se mandaría a gravar con un impuesto de 25 centavos en plata sellada a cada quintal de azúcar que se exporte por los puestos de la República. 11.- La reforma de la ley de timbre pasándose a la comisión principal de hacienda. 12.- Se ordenó que los bancos peruanos entreguen al Poder Ejecutivo mensualmente la suma de dos rriillones de soles en moneda comente para los gastos de la guerra. 13.- Todos los impuestos en concepto de mercadería pasen a la aduana en plata. {EL PERUANO, viernes 26 de septiembre de 1879) Estas fueron derivadas a las comisiones permanentes para su estudio y posible ingreso al pleno del Congreso. En esa legislatura también fueron contempladas las medidas de austeridad. Así se propone la suspensión de todos los empleos, cargos y comisiones diplomáticas del Perú que existían en Europa, con ello se continuaba con la tarea de disminuir los egresos del presupuesto nacional. Los diputados Jiménez, Yarlequé, Gonzáles, Ferry, Cornejo y Chacaltana, bajo un solo discurso, señalaron que no se debía desaforar a todo el cuerpo diplomático europeo, sino debían quedarse algunos como una cuestión de carácter estratégico. Con esta aclaración se terminó por aprobar la medida y dejaron a los representantes de España, Francia y el Vaticano en sus funciones.

180 Parlamentos en conflicto El 20 de septiembre se puso en debate el proyecto del Ejecutivo donde se planteó que todo individuo público del orden civil, militar, eclesiástico o municipal pague al Estado la mitad de su primer sueldo o pensión. Este tipo de medidas terminó siendo una de las más efectivas ya que solo tendría que hacerse los descuentos en planillas. El Congreso de la República hizo un balance sobre el impacto de los decretos de urgencia emitidos por el Ejecutivo y declaró nulos algunos de ellos, como el promulgado el 26 de junio donde se ordenaba la suspensión del pago de todo crédito al fisco —durante la guerra— con la intención de activar el sistema económico, pero la respuesta por parte de la población no sería la esperada. Este decreto entraba en vigencia a partir de los productos o deudas fiscales anteriores al 1 de abril. En plenas sesiones parlamentarias aconteció uno de los reveses militares más sonados del país, no solo por su impacto estructural que terminó inclinando la balanza a favor de Chile para que se apropie de las salitreras, sino por el significado que implicaría, nos referimos a la pérdida del monitor Huáscar en el combate de Angamos. En el plano político, el gobierno sufrió su segundo golpe estructural, después de la salida de Quimper: la renuncia de todo el gabinete encabezado por Manuel de Mendiburu. Lo reemplazó


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en el cargo Manuel Gonzáles La Cotera, quien designó como ministro de Justicia y también de Hacienda a José Arias, quien no tuvo una tarea fácil. Los cuestión amiento s al cuarto ministro de las finanzas públicas de ese año fue puesta a consideración delhemiciclo. El diputado civilista Rodríguez solicitó que el ministro de Hacienda informe públicamente acerca de los nombres de algunos empleados de su dependencia que se hallaban en la actualidad disfrutando de un sueldo sin encontrarse laborando (EL PERUANO, lunes 20 de octubre de 1879). Esta acusación colocaría en una situación delicada al alto funcionario inmiscuido en un sonado caso de corrupción, sin embargo no llegaría a mayores. El viernes 17 de octubre el presidente de la Cámara se dirigiría a sus colegas para señalar —ya en el ocaso de la legislatura ordinaria— el peligro que corría la constitucionalidad «si es que la Representación Nacional en su conjunto no colocaba medidas más serias y eficaces al servicio del país» (EL PERUANO, martes 28 de octubre de 1879). Al parecer el malestar de la población se respiraba en el ambiente y ellos, como representantes, sentían que no estaban cubriendo las expectativas generales ni en el sentido político ni bélico, por lo tanto el desborde popular solo era cuestión de tiempo.

182 Parlamentos en conflicto Este era un abierto llamado de atención producido a partir de las quejas de la población y capitalizadas por los periódicos, pues mientras el diario oficial El Peruano mantenía una posición triunfalista, en la prensa escrita opositora se rumoreaba que la situación en el frente de batalla no era de las mejores. Esto generaba subjetividad en la población y aliento a los revolucionarios de siempre que, a su vez, ocasionaba el creciente desmedro de la clase política. Es interesante señalar que mientras los políticos se encontraban en el juego de derribar al «otro» o tendían a beneficiar o cuidar los intereses de ciertos grupos sociales, no se percataban que a largo plazo esto podría traer abajo el statu quo y la misma clase política sería la perjudicada. Lo interesante de este auto socavamiento fueron las contradicciones que entrarían a tallar en el propio Parlamento Nacional, por ejemplo se aprobaría una propuesta hecha por la comisión auxiliar de hacienda para que se emita 32 millones de soles (EL PERUANO, viernes 7 de noviembre de 1879) en billetes, de los cuales «veinte millones —a dos millones por mes— [serían] para cubrir los gastos de estado, ocho millones para comprar elementos bélicos y cuatro millones para ayudar a mantener el tipo de cambio» (ARMAS 2007: 101). Esta ley aprobaba la emisión de dinero, pero como lo dijera Quimper no era la mejor, sino la única salida que tendría las finanzas nacionales.


Capítulo LH 183 A fines de la legislatura ordinaria, el Congreso emitió un comunicado público donde resaltaba los párrafos referentes a su difícil relación con el Ejecutivo, pero el Legislativo mostraba una buena predisposición para que en adelante la presidencia condujera los destinos de la nación y para que [...] el ejecutivo [quede] solo en la grave [y] comprometida tarea de dirigir todas las fuerzas del país; el objeto único de hoy debe absorberles sin reserva: su salvación. Es preciso que uno i otro escuchen la palabra del cuerpo legislativo, palabra que si no ha de ser de influencia definitiva para resolver los complicados problemas i se inspira la que el poder que le dicta debe ser el primer en acatar. 24

El objetivo, señalaba el Congreso, no era defender a tal o cual bando, era proteger la constitucionalidad como elemento que había de marcar el orden del país y la defensa del sistema republicano, ya que ella tiene fuerza bastante, en su misma para ligar las pasiones i de las ideas políticas i encomiarlas en un sentido único. Sólo ella tiene el poder de salvar a los pueblos que viven a su sombra, por lo mismo que es pacto fundamental de su existencia, i el congreso

24 Importante manifiesto del Congreso del Perú, 24 de octubre de 1879.

184 Parlamentos en conflicto que se h a inspirado en estos principios r e c o m i e n d o su observancia c o m o la m á s segura garantía en las eventualidades del porvenir. (Ibid)

El discurso de conciliación entre los poderes del Estado, no fue lo suficientemente fuerte para que disminuyera el proceso de inestabilidad interna producto de los escasos resultados y la desestabilización socioeconómica del país. Además del descrédito que ellos mismos crearon al socavar sus funciones y entrar en debates. Las condiciones físicas de La Puerta, primer vicepresidente, le imposibilitaban ejercer su trabajo, tarea clave para mantener la direccionalidad del Poder Ejecutivo desde la capital. Esta situación obligó a que el mismo Prado decrete que «los pagos que se manden hacer sin el requisito de su firma». 25

Estos no serían los únicos reveses políticos; el 28 de octubre, el general Manuel de la Cotera, presidente del gabinete, recibió la renuncia del ministro de Hacienda, José Arias, frente a las obstrucciones de sus proyectos de ley por parte del Congreso. Esto conllevó al retorno del polémico Quimper, pues era el único que aceptaba asumir el cargo, además de que encontraría un Congreso ya clausurado y, por lo tanto,

25 AGN/H-4-232/Dirección de contabilidad general y crédito. Sección del crédito público. Libro copiador de decreto y resoluciones supremas (1878-1881).


Capítulo IH 185 sin fuerzas políticas permanentes, tan solo acantonadas en sus diarios y panfletos. En medio de la crisis política se sumaron otras de corte bélico. El 2 de noviembre se realizó el desembarco chileno en Pisagua, el 19 fue el desastre de San Francisco y el 28 el regreso de Prado al Callao. Frente a este escenario Quimper tratará de reconstruir las finanzas estatales, pero ya era demasiado tarde pues se seguía gestionando los préstamos a los bancos, aunque ya se habían agotado los fondos. La situación económica del país y las deudas internas y externas, obstruyeron las finanzas que generaron, incluso, suplicantes peticiones a sus diplomáticos de todo el mundo, para que consigan los fondos que la República necesitaba: [... ] en esta materia hay algo más grave y concluy ente. Las salitreras unas son de propiedad privada y otras, las que el fisco, en virtud de las expropiaciones, están afectadas con hipoteca no solo legal, sino también convencional y registrada como consta en los documentos relativos a ese negocio, al pago de su valor o precio de la transferencia, representado por los certificados que con pacto de intereses, en compensación de productos, se expandieron al efecto. El guano está también hipotecado para el pago de la deuda externa de la República y el gobierno ha sido autorizado de antemano para entregarlo a los acreedores extranjeros. Hay

186 Parlamentos en conflicto también compañías anónimas que tienen derechos adquiridos al guano y al salitre [...] } 6

El punto culminante de la situación fue la partida de Prado al extranjero so pretexto de comprar armas. A pesar de los argumentos en contra de la historiografía oficial, de parte de Felipe Portocarrero al querer demostrar su «inocencia», sus argumentos no son del todo sólidos porque fue una mala decisión no regresar alpaís en plena coyuntura (PORTOCARRERO 1995). Esta actitud fue vista como traición a la patria por parte del Presidente de turno y por toda la clase política, incluido quienes conformaban el Congreso de la República. La falta de liderazgo y la derrota ocasionaron el rápido ascenso de Piérola a la más alta magistratura nacional.

e. Piérola y el constitucionalismo estatutario El 27 de noviembre de 1879, el burgomaestre capitalino general Manuel de la Cotera emitía un comunicado a la opinión pública, en donde expresaba su profundo malestar frente a los lamentables incidentes ocurridos unos días atrás en las instalaciones de Palacio de Gobierno. Según informaba, la también conocida 27

26 A G N / Ministerio de Relaciones Exteriores/Lima, 15 de diciembre de 1879. 27

Manifiesto del general la Cotera. Ubicado en la Biblioteca


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Casa de Pizarro fue tomada por cientos de hombres armados con rifles y palos, quienes tenían una sola consigna: derrocar al régimen encabezado por el primer vicepresidente de la República, el longevo general Luis La Puerta. Cumplido el objetivo de la enardecida masa hizo su repentina aparición un nuevo actor en la «guerra con Chile», pero viejo protagonista de la política nacional: Nicolás de Piérola , líder del grupo quien se dirigió a ellos a través de un emotivo discurso. Entre las frases más efusivas estuvieron aquellas dirigidas a resaltar la incapacidad, mediocridad e irresponsabilidad de parte de los hombres de negocios y los politiqueros de antaño (FUENTES 1881), quienes llevaron al país de cara a la derrota. Con esas palabras dadas por Piérola a sus ávidos seguidores y pistola en mano, se inauguraba el segundo régimen desde el inicio de la lucha externa contra los chilenos (1879), el cual se instalaba a costa de la cesación del orden constitucional. 28

Nacional del Perú-Sala de Investigadores x985.06/rn. 28 Nacido en Arequipa (1839). Desde muy joven participó en la política nacional, sea como ministro de Hacienda o como revolucionario eterno cuando estaba en la oposición política. Sería presidente del Perú en dos ocasiones, con ayuda no de las ánforas sino de las bayonetas: 1879-1880 y 1895-1899. Falleció en Lima en 1912.

188 Parlamentos en conflicto Al flamante mandatario y su comitiva gubernativa le tocaba asumir una dura tarea: reemplazar virtual y realmente lo que había significado el trabajo institucional de los poderes Ejecutivo y Legislativo, cuyos resultados (atendiendo los cientos de demandas de nuestras fuerzas armadas) habían fracasado. ¿Cuáles fueron las principales acciones legales del dictador y su equipo técnico de gobierno para afrontar la guerra?, ¿qué lo diferenciaría del régimen anterior, refiriéndonos al de Prado?, ¿tuvo un resultado positivo los cambios ejecutados por Piérola, si es que existieron? Y por último ¿cómo afrontaron las críticas hechas por algunos sectores de la sociedad peruana? Responderemos estas interrogantes en el siguiente acápite.

1. Reorganizando el Estado La toma del poder no requirió de mucho esfuerzo ni de un excesivo derramamiento de sangre, recordemos que gran parte de la oficialidad se encontraba destacada al sur del país, lo que hacía imposible una efectiva reacción por parte de las fuerzas de represión estatal ante la deformación del status quo gubernativo. Una vez tomado Palacio de Gobierno, Piérola y sus simpatizantes se dirigieron hacia las puertas del Congreso de la República. Con el puño en alto, hizo un llamado a la población en general para que asista a «la


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hora de la reparación nacional». Sin embargo, Piérola y su grupo eran conscientes de que no bastaba señalar a los supuestos responsables de la desastrosa situación y hacer actos públicos de repudio para cambiar el estado en el que se encontraba el país. La administración debía constituir, por lo menos, un programa técnico capaz de afrontar de una mejor forma la guerra externa. Pero para realizar los cambios debían disponer de elementos legales con los cuales no contaban. Si utilizaban o se atrevían a utilizar los marcos legales formales, los pierolistas estarían obligados a convocar a elecciones para la instalación de un nuevo Congreso y un presidente elegido por el sentir popular. Este escenario era el que no estaba dispuesto a correr. La coyuntura obligaba a la adniinistración Piérola a crear su propio sistema constitucional, tarea llevada a cabo por unas cuantas personas en la Casa de Pizarro. En la clandestinidad, se elaboró el llamado «Estatuto Provisorio», cuyo contenido pone en evidencia que todas las decisiones, única y exclusivamente pasaban por el presidente. Si por algún motivo se designase a otra persona en el cargo presidencial —de forma transitoria— este no podrá utilizar los derechos que le concede la nueva carta pierolista: «este funcionario sólo ejercerá las atribuciones encomendadas al presidente de

29 Proclama popular de Nicolás de Piérola realizada el 21 de diciembre delS79. Ubicada en la Biblioteca Nacional x985.06/m.

190 Parlamentos en conflicto la República por la última Constitución Política y lo hará con sujeción al estatuto provisorio, a las ordenanzas por mí expedidas (sí no se puede, el Consejo de Estado lo hará) y a las leyes anteriores en cuanto no se opongan a aquellos» (AHUMADA 1884: 1032). Otra de las medidas fue la supresión de los cinco ministerios, aunque fueron reemplazados por secretarías. La justificación era que estas debían ser entes prácticos y no organismos burocratizadores que interfirieran en momentos tan delicados con los planes del gobierno central. El «Estatuto Provisorio» también ordenaba desaparecer del espectro político los poderes Legislativo y Judicial, símbolos de la corrupción y el desorden, según el discurso pierolista. Era evidente que se vivía una dictadura de corte constitucional, la cual había reemplazado al régimen democrático. La presencia del pierolismo habría de transformar la política en el país. De ahora en adelante el encargado de obrar las leyes para mantener la guerra sería el Poder Ejecutivo, simbolizado en la praxis por «El Califa».

2. Políticas económicas Reconstituir los cimientos económicos que pudiesen cubrir los pedidos en el frente interno y externo sería una tarea integral por parte de la gestión entrante, asi como hubo de serlo el régimen de Prado. Sin embargo, ya no se contaba con el salitre por lo que se debía recurrir a otras


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fuentes. Además habría cambios dentro del aparato estatal —gracias al nuevo orden constitucional— que permitirían, en teoría, un manejo más eficiente de la esfera gubernamental durante la guerra exógena, aunque en la práctica ello no se cumpliría.

Para lograrlo se debía ejecutar un «plan de austeridad general» que envolvía a todo el corpus estatal. Entre esas medidas se encontraba la disminución de servidores públicos, lo que permitiría ahorrar al gobierno en lo que respecta al pago de planillas.

Las órdenes promulgadas bajo la pluma de Piérola se dirigirían, principalmente, a cubrir las necesidades básicas de la gestión y los que el conflicto externo demandaba. Pero no se contaba con los fondos necesarios para dar cumplimiento a los cientos de decretos ley, nuevamente se debía recurrir al crédito foráneo, el cual para esos tiempos era difícil que llegue al país debido a la inestabilidad estructural que se vivía tanto dentro como fuera de las fronteras.

Aunque el masivo despido de empleados no iba a ser suficiente para lograr las metas ansiadas, se debía buscar otras vías que permitiesen cubrir el forado faltante. Nuevamente, como en la administración de Prado, se recurriría a la creación de impuestos, sin embargo la escasez de productos básicos, el desempleo masivo y la desaparición de dinero circulante en el mercado hacía presagiar que todo intento por exprimir los bolsillos del ciudadano peruano fracase.

Para obtener nuevamente préstamos del exterior se debía mostrar a la comunidad internacional una situación totalmente diferente déla que se vivía en el país. Para ello la contabilidad general de la República debía arrojar cifras en azul (que no existiese déficit, sino excedente en su producción fiscal), convirtiéndose en el mejor y quizás el único aval que pudiese permitir los préstamos para la adquisición de los pertrechos bélicos y otras necesidades demandadas en el campo de batalla.

Otra de las órdenes emitidas por «El Califa», en pro de la recuperación económica del país, fue la regularización del sistema monetario, el cual habría sucumbido frente a la fabricación desmedida de billetes que no tenían el respaldo requerido. Por tanto, se ordena que a partir de la fecha no existiera el papel moneda, sino que el oro sería el «medio legal circulante» (AHUMADA 1884). Solo depositando la cantidad necesaria de oro en las arcas de los bancos de todo el Perú se controlaría su

30 Archivo General de la Nación (AGN) /H-4-2632/Resoluciones Supremas. Secretaría de Hacienda y Comercio. Libro Copiador de Decretos y Resoluciones Supremas. 7 de enero de 1879.

31 AGN/H-4-2632/Resoluciones Supremas. Secretaría de Hacienda y Comercio. Libro Copiador de Decretos y Resoluciones Supremas. 8 de enero de 1879.

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fabricación y se evitaría la creación de dinero sin valor alguno. Aunque conseguirlo y colocarlo demandaría mucho tiempo, y teniendo en cuenta que la población necesitaría un medio de intercambio, se siguió utilizando la máquina de emitir billetes, pero esta vez con mucha más cautela. 32

El aspecto económico era de vital importancia pero, no sería la tarea exclusiva que envolvería al régimen de la dictadura. También en los primeros tres meses, la dictadura se ocuparía de cambiar a las personas que trabajaban en todo el aparato estatal, eso incluía al ejército. Con ello deseaban asegurar la fidelidad de las tropas, para lo cual concentran su esfuerzo en el cambio de toda la oficialidad destacada al frente de batalla. 33

Este fue un breve resumen de las medidas iniciales que no serían las últimas, pero sí las que constituyeron el cimiento necesario para generar la gobernabilidad durante sus primeros cien días de gestión. Los pedidos del frente sur y la estéril respuesta por parte del gobierno central, generó la derrota en la batalla de Arica. Una de las tantas secuelas de esta batalla, además de significar

32 AGN/H-4-2632/Resoluciones Supremas. Secretaría de Hacienda y Comercio. Libro Copiador de Decretos y Resoluciones Supremas. 14 de enero de 1879. 33 A G N H-4-69/Caja Fiscal. Copiador de cédulas indefinidas (militares).

194 Parlamentos en conflicto la desaparición del ejército, sería restarle credibilidad a la figura de caudillo salvador que tenía Piérola. En consecuencia, el gobierno tendría que pasar a rearmar no solo los batallones de resistencia ante una posible invasión a la capital (que más adelante se haría realidad), sino también debía crear tropas que pudiesen ayudarle a ganar la guerra más difícil para todo tipo de gobierno: la guerra informativa.

3. La guerra informativa Retratar una realidad que no estaba acorde con los acontecimientos en la zona sur del país, se convirtió en una posibilidad tangible que el régimen de Piérola comenzó a utilizar. Además, el periódico oficialista tendría otra misión, confrontar a quienes disputaban los espacios de opinión pública, realizándose enfrentamientos tan encarnizados como los llevados a cabo en el frente bélico. Este nuevo clima informativo oficialista falló cuando la administración pierolista tuvo que informar sobre las gestiones que estaba realizando para concretar nuevos préstamos en Europa. Nos referimos a las negociaciones con la casa Dreyfus-hermanos, que terminaron en la suscripción de un contrato por el que la casa judío-francesa adquiría en condición de monopolio la explotación de nuestras escasas reservas de guano. Estas noticias fueron reproducidas con


CapítuloJM 195 aparente mesura por el El Peruano, sin embargo las críticas a la administración del gobierno de Piérola no se hicieron esperar. De tal forma que el diario El Comercio —opositor al régimen pierolista—, denunció el contrato publicando una serie de cartas enviadas por su director desde Europa, afirmando que las gestiones realizadas por los funcionarios pradistas: Rosas, Goyeneche y Toribio Sanz con el Credit Industries (MIRÓ QUESADA 1963) eran más ventajosas para los intereses del Estado peruano que las exigencias impuestas por Dreyfus. Al nuevo director de El Peruano, Casimiro Ulloa, no le quedó otra salida más que hacer suyos los descargos gubernamentales expresando que el contrato suscrito con el Credit Industries no existió nunca y que fue inventado por El Comercio, al que no debería creérsele por ser un enemigo declarado del actual régimen. La respuesta, por parte del diario de la Rifa —lugar en donde se imprimiría el llamado «decano de la prensa nacional»—, fue hecha de inmediato, iniciando así una campaña que no centraría solamente en defender la veracidad de las cartas publicadas y lo beneficioso que resultaban los acuerdos con el Credit Industries, sino que también harían cuestión de estado sobre los efectos que estaban ocasionando al país la desacertada política económica llevada a cabo por la

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administración pierolista. Los intentos de Ulloa de limpiar al diario oficialista chocaron con la realidad del régimen pues su negativa a reconocer los errores cometidos, su obstinación al proseguir con una política gubernamental que no daba los resultados esperados y su terquedad por mantener un contrato perjudicial a los intereses nacionales acabaron por debilitar los frágiles márgenes de independencia que tenía el director de El Peruano. De esa forma el régimen dictatorial, que buscaba abarcarlo todo, terminó devorando nuevamente a una de sus mejores armas para hacer frente a la guerra mediática, situación que se expresó en la pérdida de autonomía y mayor injerencia gubernamental sobre la línea informativa del diario oficialista. Esta política intervencionista digitada desde el Poder Ejecutivo puede observarse claramente en las sucesivas ediciones de El Peruano, donde siguiendo las directrices del gobierno se dedicaron amplias páginas para responder los ataques furibundos de El Comercio; esto puede observarse en la edición del 13 de enero de 1880: «La prensa de Lima, en su mayoría y especialmente El Comercio, ha sido hasta hoy la principal cooperadora del abuso político y administrativo que hemos venido a destruir, de la

34 El diario El Comercio, durante toda la primera quincena del mes de enero de 1880, publicaba diariamente en cada una de sus distintas ediciones un pronunciamiento, donde desmerecía en mayor o menor grado las medidas asumidas por Nicolás de Piérola para hacer frente a la guerra.


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tiranía y la explotación pública de los últimos años, de la farra y el engaño sistemático que ha traído al país al punto que lo hallamos» (EL PERUANO, martes 13 de enero de 1880). La acción concertada con El Peruano, formaba parte de un plan mayor diseñado por el gobierno de turno contra su más enconado adversario informativo, que se tornaba en un enemigo cada vez más peligroso debido a su influencia sobre la opinión pública. Esta posición, aparentemente intocable, podía acabar con los planes de «El Califa», la re-obtención de nuevos préstamos que le permitieran proseguir con la guerra. Piérola pensaba que podría lograrse si se acababa con los periódicos de oposición y con el más fuerte opositor a la puesta en marcha del nuevo contrato firmado con la casa Dreyfus hermanos. Con este objetivo, el 16 de enero de 1880 (EL PERUANO, viernes 16 de enero de 1880), se ordenó —por segunda vez en su historia — la clausura de El Comercio por medio de un decreto que apelaba en defensa de la libertad: 35

Se resuelve: Primero: prohíbase la publicación en lo sucesivo del diario El Comercio y de cualquier otro periódico en dicha imprenta; y segundo, declárese

35 La primera vez en su historia en que fue clausurado el periódico El Comercio fue en el gobierno de José Balta, aproximadamente durante un mes.

198 Parlamentos en conflicto que sus directores-empresarios han perdido el ejercicio de un derecho que no han sabido usar sino en daño de los demás. (MIRÓ QUESADA 1963: 136) Así, como el presidente Mariano Ignacio Prado meses atrás prohibió la circulación de los diarios chilenos en el país para evitar las críticas a su gobierno sobre el manejo de la guerra, ahora el régimen de la dictadura pierolista buscaba acabar con las nefastas secuelas de esta medida, que permitieron la agudización de la guerra civil en el frente informativo. De manera que se ordenó el cierre definitivo de las instalaciones de la imprenta de la Rifa. Si bien quedaron algunos periódicos opositores en pie —como La Opinión Nacional, El Nacional o El Independiente— que se mamfestaron abiertamente en contra del cierre de El Comercio, ninguno tenía la fuerza necesaria para proseguir en la guerra mediática; ya que su tiraje, circulación o impacto sobre la opinión pública era muy reducido en comparación con la que tenía El Comercio. Este panorama adverso para el desarrollo de la oposición se explica por la concentración de poder que fue adquiriendo el Ejecutivo dejando cada vez con menos espacios de acción a los periódicos enemigos del régimen, cuya permanencia en escenario informativo peligraban debido a que la administración pierolista podía tomar medidas similares contra alguno de ellos. Sin embargo no lo hacían, porque buscaban que la


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opinión pública los vea como un gobierno «respetuoso» de la libertad de prensa.

opositoras de opinión si es que esta no iba acompañada de la victoria en el campo militar.

Piérola no solo utilizó la fuerza periodística para posicionarse, también se valió de algunos intelectuales de la época, como el poeta Numa Pompilio Liona, quien escribirá un poema titulado «Regeneración», allí evocaba a Piérola como Mesías salvador:

4. Crisis

Tras noche por espectro circundada De torvo gesto y vestidura roja, Tu alma a empresa titánica se arrojó En la sublime adversidad templada De los incas la prole infortunada Del sécula sudario se despoja Y tiembla Chile con mortal congoja Al resplandor de tu potente espada De oro púrpura el ínclito estandarte Surge gloriosos hasta el cénit, el arte Sesudo irradia su esplendor venusto Y en nuestras platas, como en Grecia y Roma Entre las brumas del futuro asoma El siglo de Pericíes y de Augusto Lima, agosto 21 de 1880 Aunque el triunfo final sobre el frente informativo fue un logro importante para la relativa estabilidad política del gobierno de Piérola, no fue suficiente porque no bastaba con callar y acorralar a las facciones

La convergencia de los múltiples problemas finalmente estallaría a mediados de 1880. La crisis interna y las derrotas en el frente externo terminarían por sepultar a un gobierno que nació muerto, solo que ahora sus restos serían velados por los batallones invasores y por los caídos en las batallas de Lima. El pierolismo, que alguna vez había sido concebido como un movimiento salvador, debido a la persistencia de resultados adversos se convirtió en un espectro que traía los sentimientos más enconados que un ciudadano puede tener hacia su clase política. Frente a los intentos de parte de la administración pierolista de poner en marcha la llamada «nueva etapa» que cambiaría el rumbo de la guerra, los chilenos, a pesar de sus triunfos, tuvieron grandes dificultades para mantener el bloqueo marítimo sobre el puerto del Callao, el más importante del país. Esto debido a que la marina no estaba preparada para este tipo de acciones. El fracaso del bloqueo portuario incrementó el clima de malestar entre los chilenos por una guerra que se prolongaba demasiado y que estaba provocando terribles estragos a su economía. Para superar la situación el presidente Santa María puso en marcha un doble plan que con


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métodos totalmente opuestos tenían un solo objetivo: la rendición del Perú. El primero se desarrolló en el campo del «terror» a través de la expedición Lynch, que actuó de forma sanguinaria depredando la costa peruana; el segundo se dio en el campo diplomático al aceptar la mediación norteamericana, que se concretó en las conferencias llevadas a cabo con los representantes de Perú y Bolivia en la corbeta Lackawana, donde los embajadores chilenos Eulogia Altamirano y Eusebio Lillo, presentaron una fulminante propuesta para frenar el cese de hostilidades en contra de la alianza. Para los chilenos la cesión territorial fue la mínima recompensa para los sacrificios de su pueblo que «busca justa compensación de sus esfuerzos». La respuesta de peruanos y bolivianos fue un contundente no. 36

Tanto la acción diplomática como las presiones bélicas fracasaron. Este escenario produjo que la opinión pública de Chile, incentivada por los distintos órganos de prensa, demandase a su clase política a continuar con la guerra hasta conseguir la rendición total del Perú porque el gobierno de la dictadura pierolista les cerró todos los canales de negociación. N o

36 Protocolos de la conferencia celebrada por los plenipotenciarios del Perú, Bolivia y Chile sobre la mediación ofrecida por los Estados Unidos. Lackawanna, la bahía de Arica, 22 de octubre de 1880.

202 Parlamentos en conflicto quedaba otra alternativa que proseguir con la invasión, la cual tendría como destino final la toma de la capital peruana, rechazando en su indetenible marcha cualquier tipo de nueva conversación con el gobierno pierolista (RAVINES 1992). Las noticias sobre el desembarco de Manuel Baquedano en Chuca demandaron a Piérola una mayor capacidad inventiva de la que había llevado a cabo hasta ese momento, porque debía mantener unida a la población limeña. Los horrores de la guerra que antes se sentían lejanos ahora se hallaban a puertas de la capital. La situación de pánico colectivo se vio exacerbada cuando las tropas chilenas se concentraron en Lurín, señal de que la campaña de Lima entraría en su recta final. Piérola hizo gala de sus dotes de improvisación y para evitar la caída de su debilitado régimen creyó conveniente reconstruir su legitimidad engrandeciendo su figura ante la opinión pública, con ese objetivo lanzó una serie de proclamas que iban en pro de la unidad nacional, todo esto apoyado por las páginas de El Peruano. Como consecuencia se declaró a Lima en «pie de defensa militar», abocándose personalmente —con casco prusiano y botas federicas— a la organización de la protección de la capital. Se le mandó además levantar la llamada «cindadela Piérola» como un reducto de carácter inexpugnable. Paralelamente se ordenó el


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alistamiento de todo varón entre 16 y 60 años y se incorporó en la milicia a miles de pobladores indígenas que apenas hablaban castellano, y que a través de una manipulada estrategia discursiva llegaron para defender a la capital. Nos referimos al título de «Protector de la raza indígena» (LARSON 2002) que ostentaba «El Califa» y que utilizaba no solo para justificar su movilización desde la sierra, sino para legitimar la autoridad del propio régimen y decir que contaba con el apoyo total de las mayorías del país. Con un país económicamente quebrado Piérola necesitabaconseguirfondosporeso apeló alos donativos, préstamos (hasta de la iglesia) e incluso complicadas maniobras financieras para comprar armas. Pese a todo, el dictador logró recibir un buen número de armas, cañones, municiones, etcétera. Aunque levantó un ejército y puso en pie de guerra a la capital, no obstante creó un ejército creado de reclutas bisónos y de oficiales improvisados y sin cohesión. El grueso del ejército profesional que fue aniquilado en la campaña del sur no pudo ser reemplazado. Con un país destrozado en distintos aspectos, solo quedaba esperar la inminente invasión que pondría al Perú de una situación de país derrotado a humillado. Pero, con la ocupación volvería, aunque con las restricciones del caso, el «Congreso de la República» y el constitucionalismo.


206 Parlamentos en conflicto

Capítulo IV Parlamento cautivo. La ocupación de Lima y el «Congreso de Chorrillos» (1881) 1

Sólo la constitucionalidad tiene fuerza bastante en sí misma para ligar las pasiones y las ideas políticas y encaminarlas en un sentido único. Sólo ella tiene el poder de salvar a los pueblos que viven a su sombra, por lo mismo que es el pacto fundamental de su existencia y el Congreso, que se ha inspirado en estos principios, recomiendo se observancia como las más segura garantía en las eventualidades del porvenir. Francisco García Calderón Discurso del Presidente Provisorio durante el cierre del Parlamento Nacional el 24 de octubre de 1881

Finalizada la batalla del Alto de la Alianza (Tacna, 1880) con la victoria de Chile, el general cusqueño Andrés Avelino Cáceres trasladó a Lima los heridos y dejó a las últimas guarniciones del ejército

1 Este capítulo fue expuesto como ponencia en el 3er. Seminario de Ciencias Sociales, organizado por el grupo de estudios «Perspectivas» (noviembre-2009). Publicado en la revista Tiempos N° 6. Lima, 2011. Para la presente edición se ha corregido y ampliado.

nacional acantonadas en Arica, casi a su suerte. El motivo principal de la confusión, del caos del alto mando militar a su regreso a la capital y falta de claridad bélica de la oficialidad castrense respondía «a las disposiciones del dictador» Nicolás de Piérola (CÁCERES 1979), que además de desarticular las fuerzas de combate en el sur (desde su ascenso al poder); también debilitó a los batallones que defendían la capital convirtiéndolos en presa fácil para el enemigo. A pesar del heroico accionar de las líneas defensivas estas no fueron lo suficientemente sólidas como para detener el avance chileno y se produjo la ocupación militar de la «Perla del Pacífico» el 18 de enero de 1881. La toma de Lima se convirtió en un acontecimiento clave para la reconfiguración de toda la dirigencia nacional instaurada desde diciembre de 1879 tras el golpe de Estado realizado Piérola. La derrota de San Juan y Miraflores provocó la huida a la sierra central de todo el estado mayor pierolista. Las pocas autoridades nombradas por el dictador que aún permanecían en sus cargos fueron desconocidas por los grupos antipierolistas y por las fuerzas de ocupación extranjeras. Tácitamente se formó un pacto peruanochileno para deslegitimar al dictador y a sus adeptos. Con la salida Piérola del escenario político de, una junta de notables, la gran mayoría miembros del Partido Civil (ROSARIO 2007: 33-56), comenzaría el


Capítulo IV 207 proceso de reorganización del «gobierno representativo» con el auspicio de Chile. En medio de esa conmoción nace el «Gobierno de la Magdalena» que traería a la escena pública la vuelta del constitucionalismo , cuya presencia era el pilar para legitimar la vida política del país. 2

Para que el joven gobierno subsistiese debían proveer de vida al Poder Ejecutivo, contar con el respaldo institucional que construyese las leyes y de representatividad al Gobierno en el territorio nacional; qué mejor instrumento que el Congreso de la República, que volvería a ser convocado luego del final de su legislatura a fines de octubre de 1879. 3

La breve presencia del Parlamento Nacional durante la ocupación ayudó a preparar las condiciones al Perú para firmar un cese de hostilidades permanente

2 El propio García Calderón definió lo que era la Constitución Política y su aplicación práctica, el constitucionalismo: «La ley que designa la forma de gobierno de una nación, crea los poderes públicos y detalla sus atribuciones, estableciendo al mismo tiempo los derechos y deberes de los gobernantes y gobernados». (GARCÍA CALDERÓN 1879: 522) 3 Para plantear la idea de «escena política» nos hemos basado en el concepto de Marx: «es el lugar donde puedan descubrirse una serie de desajustes entre los intereses políticos y las prácticas políticas de las clases, por una parte, y su representación en partidos y partidos políticos por otra».

208 Parlamentos en conflicto con Chile. Aunque su existencia fue corta, no se niega su importancia. Las interrogantes que surgen este último capítulo son ¿cuáles fueron las acciones y producción legislativa que desarrolló el Parlamento para direccionar las políticas de gobierno durante la ocupación? ¿Qué simbolizaba el Congreso y cómo ayudaría a la conformación del constitucionalismo? Los chilenos pensaron que si promovían el retorno tanto del Ejecutivo como del Legislativo podrían tener el control por la supuesta fidelidad absoluta que los parlamentarios tendrían para con ellos por reconstituir ambos poderes, pero no fue así. El gobierno peruano se mostró totalmente ajeno a la presión del enemigo, incluso llegó a plantear sus condiciones de paz, diferentes a las promovidas por los invasores. El telón de fondo de la propuesta nacional fue la de no ceder territorio alguno, propuesta que iba contra sus intereses porque deseaban tomar el control absoluto de la provincia de Tarapacá. Cuando Chile vio la posible rearticulación de las fuerzas nacionales ordenó el inmediato apresamiento de García Calderón y la supresión del Parlamento Nacional. Estas acciones abrieron la cuarta y última etapa de la guerra; es decir, la resistencia en la sierra, que llevaría a la inmortalidad al otro gran héroe de este acontecimiento: el «Brujo de los Andes».


Capítulo TV 209

a. La toma de la capital Durante la Guerra del Pacífico la ocupación de Lima dejó a la luz una serie de personajes que asumirían la representatividad del país. Desde 1881 los héroes armados dejaron de ser los únicos en afrontar la guerra de forma oficial, ahora también se haría a través del intelecto y el conocimiento constitucional, como primera línea de combate. Dos meses después del término de la campaña terrestre, el gobierno de Piérola emitió un decreto de urgencia (22 de agosto de 1880) declarando la capital en estado de emergencia, presagiando la llegada de los chilenos a costas peruanas y ordenando la capacitación de tropas auxiliares para la defensa de Lima. La intención de Chile no era ocupar la ciudad-capital, su objetivo inicial era generar la desestabilización interna, que iba a realizarse a través del bloqueo marítimo a Lima de productos de primera necesidad y del comercio en general. Estos acontecimientos provocarían la firma inmediata de la paz por parte de las autoridades de turno ante la posible eclosión popular. La estrategia de fomentar el caos interno se aplicó en primera instancia; sin embargo, obtener resultados concretos demandaría mucha paciencia, cualidad no natural en los chilenos. Por eso se determinó la ejecución de la ocupación militar de Lima para acelerar la rendición del Perú. Aunque el detonante fue la presencia de Piérola en la

210 Parlamentos en conflicto presidencia. En Chile «la fuerza de la opinión pública y de la clase política de ese país se dejó llevar cada vez más por la creencia de que un gobernante empecinado como era el dictador del Perú no había más remedio que proseguir la lucha hasta la ocupación con el resto del país en especial en Lima y el Callao». (RAVINES 1992) El ejército chileno tardó alrededor de seis meses para organizarse la logística y las fuerzas operativas encargadas de tomar la capital. Existieron muchos percances, especialmente en el caso económico, sin embargo estos fueron superados. En el mes de diciembre de 1880, los primeros pelotones chilenos desembarcarían en las costas del departamento de lea , convirtiéndolo en su centro de operaciones. Para tomar Lima tendrían que vencer un gran escollo: las líneas de resistencia (conformada en su gran mayoría por ciudadanos comunes y corrientes sin la más mínima 4

4 Hay obtuvieron ayuda de algunos chinos disidentes quienes fueron traídos del lejano oriente para trabajar en las haciendas. Debido almaltrato que sufrieron se unieron alos chilenos para poder ser sus guías en un país que no disponía de mapas geopolíticos para el buen desenvolvimiento de su ejército. Para más información sobre este tema consultar Humberto Rodríguez Pastor. «Los chinos en la guerra del Pacífico», en: Diálogos en Historia. Lima. 2000; del mismo autor: Hijos del imperio celeste. Lima. Instituto de Apoyo Agrario, 1989; y Herederos del Dragón. La comunidad china en el Perú. Lima: Ediciones del Congreso de la República, 2000.


Capítulo TV 211 formación militar). La primera se encontraba ubicada en la hacienda de San Juan, mientras la segunda estaba instalada en el balneario de Miraflores. La defensa nacional no fue lo suficientemente sólida para resistir el duro embate invasor. Paz Soldán señala cómo se apoderó el desconcierto al interior de las filas peruanas, producto del excesivo personalismo de Piérola por querer llevarse la gloria y dejar de lado la opinión de oficiales con amplia experiencia militar en el manejo de los preparativos del combate (PAZ SOLDÁN 1884). Con estos factores en contra se llevó a cabo el primer enfrentamiento en San Juan. A pesar del gran esfuerzo y sacrificio, una vez más, nos topamos cara a cara con la derrota. El general chileno Manuel Baquedano, después de finiquitada la batalla, envió una amenazadora nota al cuerpo diplomático acreditado en Lima en la cual advertía proceder «a bombardear la ciudad hasta obtener su rendición incondicional» (VICUÑA MACKENA1881:536). Esta misiva obligó la inmediata intervención de una comitiva compuesta por ciudadanos extranjeros y peruanos. Su presencia ante 5

5 La interferencia de los extranjeros se debía, en primer lugar, a la defensa de sus ciudadanos que se encontraban en cantidades bastante numerosas en la capital. E n segundo lugar, debido a que era imposible cortar de la noche a la mañana sus intereses

212 Parlamentos en conflicto las autoridades militares chilenas se convirtió en una cuestión de estado cuando se supo de las atrocidades cometidas por los invasores en el balneario de Chorrillos (WU 1986) (segunda batalla). La comisión negociadora estuvo encabezada por el capitán francés D u Petit Thouars. Los habitantes extranjeros evaluaron dos posibles escenarios que podría derivarse de la conversación con los oficiales chilenos. El primero era el ingreso pacífico a la capital. El segundo, en caso de un eventual descontrol del ejército chileno, se tomarían algunas medidas radicales: en circunstancias tan críticas, el almirante Stirling, el comodoro italiano y yo no vimos otra cosa que hacer sino obtener de todos modos la circulación de trenes en todas direcciones para que evacuara a las mujeres y a los niños fuera de Lima y ganar tiempo para hacer esta operación: y resolvimos, si los chilenos nos hubieran presionado en extremo hacerles ver y sentir que les cortaríamos, si fuera necesario, la retirada de su ejército destruyendo su marina. Pero esta arma era muy peligrosa de manejar, porque la seguridad de todos los extranjeros repartidos entre el Perú y el Cabo de Hornos dependía directamente de un acto de ese género. (WAGNER 1980: 98)

comerciales en Lima y poder escapar por el mar.


Capítulo IV

213

214 Parlamentos en conflicto

En representación del Perú estaría presente el burgomaestre capitalino, Rufino Tónico. Luego de largas conversaciones entre ambas partes se accedió a entrar pacíficamente a Lima, como lo demuestra el acta de entrega firmada entre chilenos, peruanos y extranjeros, en donde los nacionales se comprometían a «desarmar las fuerzas que aún quedaban organizadas» (CÁCERES 1921) y no otorgar resistencia alguna. Pese al «pacto de caballeros», que comprometía el ingreso moderado de las tropas chilenas, era innegable el temor y la tristeza que sentía la población ante la llegada de batallones enemigos. Así lo testimonia la hija del general Cáceres Zoila Aurora, quien en su libro La Campaña de la Breña rememora lo que se vivió en esos tiempos cuando ella un era una niña:

El miedo generalizado fue sentido con mayor intensidad cuando los rezagos del ejército de defensa que habían combatido en las batallas de San Juan y Miraflores llegaban extenuados y con la derrota sobre sus hombros a la capital, según narra Luis Alayza y Paz Soldán

noches siniestras fueron las del 15 y 16, sin luz aumentaba la tristeza de sus habitantes, las moradas estaban cerradas por el común duelo de la patria, todos los espíritus unidos en un gran sentimiento de consternación las mujeres lloraban a los pies de las imágenes santas que alumbraban cirios y lámparas en alcobas abigarradas; los hombres impotentes se rebelaban contra el destino adverso, como en las grandes catástrofes, reconociendo que ya había librado la vHtima partida y que todo estaba perdido, algunos crédulos no se daban por vencidos. (CÁCERES 1921: 122)

Otro personaje que resume la actitud del pueblo ante la llegada de las tropas derrotadas fue el joven aristócrata Pedro Dávalos y Lissón , quien participó activamente en la batalla de Miraflores

[...] ingresando por la Plaza 2 de Mayo, seguidos por grupos de curiosos, quienes nos preguntaban si Baquedano había muerto o si lo teníamos prisionero. Nos detuvimos en la Plaza de Armas, mientras nuestros jefes entraban a Palacio a pedir órdenes, pero no hallaron con quien entenderse; se nos mandó soltar las armas, y algunos conseguimos que nos las dejasen en la ciudad si entraban los chilenos» (1947: 490)

6

6 Nació en Chorrillos. Lima, 24 de setiembre de 1863. Realizó su instrucción básica en la escuela dirigida por Agustín de la Rosa Toro y en el colegio nacional Guadalupe. En 1881, formando parte del decimocuarto batallón de reservistas, combatió en las batallas de San Juan y Miraflores, libradas el 13 y 15 de enero; y a continuación cursaría estudios en la Facultad de Letras de la Universidad San Marcos. Durante los años que siguieron a la guerra con Chile se dedicó intensamente a las finanzas, poseyendo intereses mineros en Ancash, Huarochirí y Jauja, así como en el extranjero. Y después, de 1891 a 1899, laboró en la New Cork


Capítulo W

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a c o m p a ñ a d o de M a n u e l M o r e i r a y de m i h e r m a n o Jesús e n t r a m o s a L i m a , a las 12 a.m. de aquel pavoroso día... Yo y Jesús e n t r a m o s en nuestra casa. D e s p u é s de efusivos abrazos, subimos al t e c h o p a r a enterrar los fusiles [...] E s t a n d o en la altura c o n t e m p l a m o s las nubes rojizas q u e a m u c h a distancia ü u m i n a b a n el cielo i n m e d i a t o al miraflorino pueblo, aquella n o c h e i n c e n d i a d o por el invasor chileno. [...] M i m a d r e presidió la m e s a d o n d e nos sentamos a cenar. Ella, m i padre, m i s chiquillas h e r m a n a s n o s h a c í a n n u m e r o s a s preguntas acerca del c o m b a t e [... ] Más tarde llegaron mis h e r m a n o s E n r i q u e y Florencio, y c u a n d o confirmaron la m u e r t e de Carlos Dávalos, ocurrida en la batalla de S a n Juan el 13 de enero, considerase lo ocurrido t a n msignificante al c o m p a r a r l o con la m a g n i t u d d e la desgracia nacional y con la noticia que el día siguiente los chilenos entrarían a L i m a . L a saquearían y la incendiarían que nadie d e r r a m ó u n a lágrima, ni dejó oír u n l a m e n t o ( D Á V A L O S Y

L I S S Ó N 1947:176)

216 Parlamentos en conflicto A u n q u e l a frase m á s i n t e r e s a n t e a r e s a l t a r es c u a n d o n a r r a la s i t u a c i ó n d e s u f a m i l i a m o m e n t o s p r e v i o s a l a l l e g a d a d e l ejército e n e m i g o : « E r a m o s c i n c o y cuatro e s t á b a m o s vivos. ¡ Q u é s u e r t e p a r a n o s o t r o s ! E n aquellos días e n q u e fueron p o c a s las familias c o n o c i d a s d e L i m a q u e n o t u v i e r o n s u m u e r t e e n la g u e r r a » . L o s l i m e ñ o s siempre sintieron lejanos los conflictos bélicos d a d o q u e las confrontaciones t e n í a n c o m o escenario las diversas fronteras geográficas, excepto la g u e r r a del P a c í f i c o p o r s e r el l u g a r d o n d e se c o n s t r u y e l a h i s t o r i a oficial. L a c i u d a d c a p i t a l se c o n v i r t i ó e n el p u n t o d o n d e se c o n c e n t r a r í a n l o s m á s i m p o r t a n t e s a c o n t e c i m i e n t o s p o l í t i c o s y e n 1881 fue el e s p a c i o d o n d e l a p o b l a c i ó n sintió los h o r r o r e s d e la sangrienta guerra. R e c o r d e m o s q u e l a h i s t o r i a d e l P e r ú n o es s u h i s t o r i a c o m o t a l , es l a historia de L i m a , sus políticos y sus militares.

El

18 d e e n e r o d e

1881

las t r o p a s

chilenas

hicieron su ingreso triunfal a la capital. N u e v a m e n t e Z o i l a A u r o r a C á c e r e s n o s r e l a t a la a m a r g a s e n s a c i ó n al e s c u c h a r el s o n i d o d e l r e d o b l e d e t a m b o r e s y el p a s o m a r c i a l del vencedor:

Life Insurance Company, desempeñándose sucesivamente como agente general para el Perú, Ecuador, Venezuela y Colombia. México y América Central. Luego fue cónsul general peruano en La Habana de 1902-1907, y, por espacio de cinco años, sirvió como corresponsal de El Comercio en Nueva York, escribiendo artículos sobre temas políticos y económicos bajo el seudónimo de Donopeta. Fue miembro activo de la Sociedad Geográfica de Lima, desde 1887. Murió en Lima en 1942. Enciclopedia biográfica e histórica del Perú (siglos XIX-XX), t IV. Lima: Editorial Milla Batres, 1994.

la desolación que a b r u m a b a la capital p e r u a n a , el dolor de sus moradores, así c o m o la humillación de los hombres, debió ser i n m e n s a después del desastre de Miraflores. Ellos acostumbrados a la vida de riqueza, orgullosos de poseer la soberanía, la cultura y el refinamiento de la milenaria civilización de los Incas, d o m i n a d o r e s de t o d a la A m é r i c a del Sur y


Capítulo IV 217 más tarde, tras las penalidades inevitables en una conquista. (CÁCERES 1921: 129) Frente a esta situación en Lima se había fomentado un miedo total generando el abandono de una sexta parte de la población, entonces de cien mil habitantes, había huido con numerosos días de anticipación a Chancay, Ancón, Huacho, a los buques de guerra y mercantes del Callao, habiéndose alejado algunas familias hasta Tarma y Jauja. En la ciudad, los conventos, las legaciones, los consulados y hasta los templos habíase convertido en campamento de refugio. (DAVALOS YLISSON1923: 181) Muchas acciones se dieron entre los días anteriores y posteriores a la ocupación, que citarlos in extensortsxüXa. casi imposible, pero esa desolación y temor debieron ser superados rápidamente. Las exigencias harían que los peruanos volviesen a asumir un papel protagónico para negociar sobre las condiciones de un posible tratado de paz; pero ¿con cuál de las facciones de la escena política peruana habría de tomar dicha iniciativa? Gran parte de influencia en esta decisión la tendrían los chilenos, quienes alno querer llegar a ningún acuerdo con Piérola optaron por la reorganización de un cuerpo político autónomo compuesto por peruanos y para peruanos.

218 Parlamentos en conflicto

b. El Gobierno de la Magdalena Volverareconstruirelnuevopoderpolíticoerasumamente difícil. Tuvo que existir un esfuerzo conjunto entre un grupo de las élites nacionales y las tropas chilenas para reconstituir, en menos de dos meses, el gobierno representativo del Perú conocido historiográficamente como el Gobierno de la Magdalena. Al llegar Rufino Torrico y la comitiva extranjera a la capital después de firmada el acta de rendición la guardia Urbana no estaba organizada y armada hasta este momento; la consecuencia ha sido, que los soldados en la noche, desmoralizados y armados, han atacado las propiedades de un gran número de ciudadanos, causando pérdidas sensibles con motivo de los incendios y robos consumados. (BASADRE 2000: 3320) La presencia chilena fue no solo inevitable, sino necesaria para mantener el orden en las calles ya que el Estado había perdido la capacidad para controlar la violencia. Las tropas de ocupación no solo «impusieron un orden» con su presencia, también saquearon la propiedad pública nacional, que fue descrita por un personaje neutral dada su nacionalidad, nos referimos al alemán Hugo Zóller: y cuando me quise informar sobre el museo, que debió haber sido muy hermoso, se me dijo que


Capítulo TV 219 los chilenos, al estilo de Napoleón se lo habían llevado todo a Santiago. Fui yo al palacio que antes llamaban de la exposición y al parque del mismo nombre, una especie de Tivola, pero encontré allí un campamento. Los hermosos árboles estaban en parte desmochados y habían sido utilizados como leña, las ventanas del palacio habrían sido arrancados y vendidos. (1969: 135) La situación era sumamente inestable, no existía un corpus político de negociación permanente dado el temor natural hacia el ejército invasor. Incluso de haberse constituido un grupo representativo se habría tenido que superar dos escolios. El primero implicaba asumir los costos de lo que significaba la ocupación en materia de presión política y económica. Segundo, obtener la suficiente legitimidad, tanto del invasor como de los invadidos para, tomando el nombre de estos últimos, asumir las riendas del país. Este desconcierto por parte de la población nacional necesitaba ser paleado. La respuesta frente al caos imperante fue expuesta por el diario La Actualidad , uno de los pocos medios de 1

7 Publicación diaria, dirigido por Luis Castro. Era editor en la imprenta que había impreso El Peruano, situada en la calle de los Rifa N 58. Se vendía al precio de un sol, tenía 62.5cm x 42cm, con cuatro páginas trabajadas a seis columnas. Se imprimió desde el 20 de enero hasta el 26 de mayo del mismo año. Como era costumbre, en aquel tiempo, no circulaban los días domingos ni en feriados. El 17 de marzo es clausurada por Patricio Lynch,

220 Parlamentos en conflicto información que circuló durante los tiempos de la ocupación. En la editorial de su primer número colocó como título central: «¿volverá el régimen constitucional?», en alusión al reemplazo del otrora gobierno dictatorial pierolista, que había imperado en el último año, por uno que siga las leyes constitucionales y que represente a los dominados. La posición que antaño había sido invocada al concluir la legislatura ordinaria del Parlamento, el 24 de octubre de 1879, una vez fue nombrada ante el clamor de los peruanos que veían en el constitucionalismo su guía legal y donde encontrarían los argumentos necesarios para volver al orden y la paz anhelados. Fue la prevención al interior del gobierno chileno la que dio la estabilidad política nacional para mantener la supremacía a lo largo de la guerra {LA ACTUALIDAD, miércoles 26 de enero de 1881). Los chilenos consideraban que su estadía en Lima debía ser por corto tiempo, pues alargar su permanencia les ocasionaría altos costos al tesoro público de su país; por lo que debían buscar la rendición de los peruanos lo más pronto posible. ¿Con quién negociar? La única fuerza política dirigida por Piérola había huido a la

c

aunque sigue circulando por las calles limeñas, pero esta vez de forma clandestina. Desde el N° 83, correspondiente al 28 de abril, tuvo como cabeza rector a Salvador A. Castro.


Capítulo IV

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sierra y era poco atractivo un acercamiento con él dada la antipatía de los políticos y militares chilenos. En consecuencia, debían de crear una fuerza alternativa. Sin Presidente que conduzca los destinos de la nación, la representatividad política recae en el alcalde de Lima Rufino Torrico, quien tuvo el deber de convocar a las diversas fuerzas políticas a una Asamblea Municipal para la conformación de un nuevo gobierno que inicie las conversaciones con Chile. Los más persistentes para que esta reunión se lleve a cabo serían los propios chilenos, debido a su deseo poner fin a la guerra; sin embargo, en un principio no encontraron respuesta alguna de parte del Perú, a raíz de la diversidad de posiciones existentes, como nos lo relata el otrora ministro del régimen pradista Mariano Felipe Paz Soldán: la diaria e incansable propaganda de los diplomáticos de Chile para que el pueblo de Lima, reunido en cabildo, formara un gobierno que no fuera el simulacro disfrazado de la dictadura, no producía el efecto que esperaban. Los vencedores acusaban a los hombres públicos de la capital de punible apatía e indolencia ante los males de su patria. Todos estaban de acuerdo en la necesidad de definir la situación política del momento; mas había variedad de opiniones en el modo de proceder. (1884: 496)

222 Parlamentos en conflicto La Actualidad, a través de sus artículos periodísticos, también impulsaba —de forma permanente— la participación de la ciudadanía quienes debían tomar nuevamente las riendas del país ¿Se encuentra o no se encuentra el Perú en el caso de fundar en Lima, con arreglo a la última pauta constitucional vigente, un gobierno bastante fuerte para mantenerse el orden en todo el país contra la facción y contra el crimen, para inspirar la confianza perdida a la propiedad y al comercio y para celebrar con Chile los arreglos que han de poner término a la larga y desastrosa guerra? (LA ACTUALIDAD, n° 2, 21 de enero de 1881) De hecho esa especie de auto represión no solo se observaría en el ámbito político, según el historiador chileno Gonzalo Buínes también hubo un temor generalizado en la vida cotidiana de Lima: La sociedad limeña pasaba su tiempo encerrada en sus habitaciones, viendo pasar por entre los bastidores de sus ventanas esos uniformes odiados que le recordaban el deudo muerto, el hijo o el amigo ausente en el interior, sufriendo penalidades por seguir a un caudillo que les ofrecía una victoria segura. Todo era mustio y triste en Lima. Sus damas de distinción, las representantes de la aristocracia de nobilísimos blasones, no salían de su domicilio sino para ir a las iglesias el domingo y solamente allí se las veía desfilar, envuelto y casi cubierto el


Capítulo IV 223 rostro con sus mantillas, como una protesta de aislamiento contra los invasores. La vida social estaba suspendida por completo. Ni teatros, ni fiestas. En los hoteles y restaurantes dominaban los oficiales chilenos, a los cuales vigilaba severamente el general en jefe [...]. (BULNES 1962; 220) Casi un mes después de la última convocatoria pro-reconstrucción política peruana (9 de febrero) el diario La Actualidad informaba a la opinión pública y a los soldados chilenos que la desconfianza de los limeños no estaba fundaba en el temor a las armas del enemigo, ni en considerar imposible la vuelta del constitucionalismo al seno político; sino hacia la persona de Rufino Torneo, que equivalía a la de Piérola, personaje muy repudiado. Este escenario obligó a las fuerzas de ocupación a dar de baja al burgomaestre capitalino en la conducción de la «Asamblea Municipal» por considerarlo un elemento desestabilizador (LA ACTUALIDAD, N° 2, 21 de enero de 1881). Los chilenos delegarían al presidente de la Corte Suprema de Justicia la responsabilidad de reunir a los vecinos; sin embargo, el verdadero responsable de que esta reunión tuviese éxito fue Paz Soldán. Las opiniones que circulaban en Lima con respecto a esta convocatoria fueron variadas. Un pierolista como Ricardo Palma señalaba, a través de una misiva con fecha del 23 de febrero de 1881, que la asistencia a tal convocatoria representaba una alta traición a los intereses de la patria,

224 Parlamentos en conflicto porque se fomentaba «la podredumbre política» vividas desde la asunción del civilismo al poder representativo (1872) y que aún en estos momentos seguía vigente (PALMA 1974: 143). En un principio la voz de Palma no encontró asidero porque la mayoría de pierolistas estaba expectante de lo que habría de acontecer en las primeras reuniones de la comuna. La reunión se llegaría a realizar indefectiblemente , inclusive con la participación de los pierolistas moderados. El día fijado sería el 15 del mismo mes en casa del genera la Cotera. Aunque el número de asistentes llegó a 30 se llegó a tomar algunos acuerdos, el principal era desconocer al gobierno de la dictadura y volver al statu quo democrático. Se impone, entonces, llamar al vicepresidente general Luis La Puerta para que asuma sus funciones dejadas en diciembre de 1879. A 8

9

8 Recortes, febrero 1881. Diversos papeles, pp. 165-166. Extraído de Margarita Guerra Martiniére. La ocupación de Lima. El gobierno de García Calderón (1881). Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 1993. 9 Entre los firmantes se encontraban: Jesús Elias, Manuel de la Cotera, Pablo Vivero, Poción Mariátegui, Antonio de la Maza, Manuel Odriozola, Pedro Bustamante, J. L. Quiñones, Mariano Felipe Paz Soldán, Tomás Moreno y Maíz, Rafael Velarde, Macedo, Felipe Palacios, Federico Ríos, Joaquín Gonzáles, Manuel Gonzáles de la Rosa, Elguera, Manuel Fuentes, Antonio Noya de la Haza, Sandoval, José Lucas Oyague, Genaro Tizón, Melchor Delgado, Gálvez, José Casas, Isaac Alzadora, Ricardo Aranda,


Capítulo TV 225 pesar de ese abierto pedido de reconstitución del Ejecutivo derrocado, el vicepresidente se negó a retomar las riendas del país por carecer del respaldo y estabilidad de llevar un régimen mínimamente sólido. Frente a la posición de La Puerta, otro grupo de peruanos, liderados por el plutócrata Dionisio Derteano, convocó a una «Asamblea General» para el lunes 21 de enero con el objetivo de elegir al nuevo gobernante del Perú (GUERRA 1991). La élite no estaba unida, se bifurcaría por la falta de una cabeza visible en la dirección política del país. Por lo tanto, para el 21 ya son dos las juntas de notables que funcionan: la primera la de La apertura que traslada sus reuniones a casa de Paz Soldán y la segunda de Dionisio Derteano que toma como sede su propia casa. Ambas juntas concuerdan en desconocer la autoridad de Piérola y en el regreso del general La Puerta a la dirección del país, pese a que ya había manifestado su negativa. Aparte de estas coincidencias semantienen, sin embargo, diferencias profundas que harían presumir una ruptura, la que al no producirse motiva el alejamiento de algunos personajes como el caso del general La Cotera. 10

N. de Aramburú, Felipe Arancibia, Francisco de Boza, Cornejo, Alzadora, Manuel Aurelio Fuentes, Manuel Arnaez y Manuel Ángulo»... Documento 5190, sala de investigaciones, Biblioteca Nacional. 10

Recortes, febrero 1881, diversos artículos, p. 166.

226 Parlamentos en conflicto Para que todos los grupos partícipes se sientan representados se decidió «[...] la creación de un triunvirato con representantes de los tres partidos del momento. El constitucional, dictatorial y el reformista [...] (CÁCERES 1921:132). Ambas «Juntas denotables» llegarían a fusionarse el 22 de febrero por iniciativa del grupo de Paz Soldán (los que gobernaron con Prado) que invita a la facción de Derteano (los civilistas). La reunión electoral estuvo presidida por Aurelio Denegrí y en ella se sentaron las bases sobre la que se organizarían el nuevo gobierno. Allí también estaba la justificación para la formación de un gobierno provisorio de consulta única, sin que ello signifique autocracia pues se regiría por la Constitución de 1860, que había sido declarada en suspenso por el estatuto provisorio de 1880. Con esto se estaba dando la vuelta real del constitucionalismo. Se vio también la necesidad de cohesionar la vida política peruana desde Lima por la importancia que tenía la ciudad, pero de todas maneras se reconoce lo precario de la situación cuando se hace la propuesta para que el nuevo presidente convoque al Congreso para su ratificación, tal como lo afirma la periodista Zoila Aurora Cáceres: «las tendencias de los partidos políticos nacionales, se definieron claramente con la elección del gobierno provisorio: el civil y el constitucional se declararon por la paz, y el demócrata por la guerra» (1921: 56).


Capítulo TV 227 Se procedió a la elección con la presencia de 150 asistentes. Entre los principales figuran: Aurelio Denegri, Pedro Correa y Santiago, Alejandro Arenas, Ignacio de Osma, Mariano Valcárcel, Mariano Felipe Paz Soldán, Dionisio Derteano, Manuel Benavides, Ramón Ribeyro, Francisco Diez Canseco, Juan Elguera, Manuel Velarde, Manuel Gálvez, Pedro Bustamante, Federico Herrera, Antonio de la Haza, Juan Rodríguez, Francisco Luna, José García, Manuel Fuentes, Manuel Odriozola, Manuel Lecca, Luis Cisneros, Francisco García Calderón, Camilo Carrillo, Genaro Tizón, Ramón Elcorrobarrutia, Ambrosio Becerril, Jesús Elias, Carlos Cox, Manuel Aurelio Fuentes, Norberto Eléspuru, Manuel Gonzales La Rosa, Ricardo Rossel, Enrique Cox, Manuel Anzola, Mariano Bolognesi, Ramón Alzamora, Federico Villarán, Julián Sandoval, Antonio Moya, José Benavides, José Basagoytia, Pedro Antonio Elguero, Lorenzo García, Buenaventura Elguera, José Quiñones, Emérito Pareja, Germán Tejada, Carlos Paz Soldán, José Arancibia, José Marquina, Pedro Garzón, Manuel Ángulo, Isaac Alzamora, José Hurtado, Manuel Salas, Aureliano Villarán, Juan Revoredo, Abel Méndez, Miguel Elguera, Federico Palacios, José Canturías, Luis Villarán, Miguel Criado, Enrique Mariot, Tomás Carvajal, Wenceslao Alzamora, David Torres, Mariano Carvajal, Federico Sotomayor, José Recavarren, Agustín de la Rosa Toro, Felipe Arancibia, Foción Mariátegui, Francisco Aramburú, Manuel Gonzales Chávez, Torcuato

228 Parlamentos en conflicto Derteano, Elias Mújica, Francisco Espinoza, Oswaldo de Igarza, Domingo Almenara, Ismael Muro, Samuel Velarde, Pedro Chávez, Juan Tizón, Francisco Fuentes, Eduardo Espantoso, Pedro Rodríguez, Luciano Ureta, Daniel Igarza, Federico Luna y Peralta, Ignacio Bravo, Aurelio Pedraza, Ricardo Aranda, José Hinojosa, Juan Torrico, Domingo García, Luis Cáceres, Pedro Acuña, Federico Hugues, Ricardo Espiell, Ezequiel Lazarte, Zela Vidal, Yeconías Sáenz, Juan Moreyra, Hernán Vivero, Federico Sotomayor, José Rey y Basadre, Abelardo Fuentes, Francis Sánchez Concha, Arturo Portal. Por un amplio margen del04 votos ganó el exsenador civilista Francisco García Calderón , quien asumió la presidencia; los otros votos recayeron en Aurelio Denegri, que tuvo cinco; dos fueron para Lizardo Montero, quien asumiría la vicepresidencia, y uno para el pierolista Antonio Arenas. La elección De García Calderón era el vivo reflejo de que la guerra tuvo como motivo principal la disputa del salitre, porque su figura representaba a uno de sus más grandes inversionistas. Asimismo, en 1875 estuvo totalmente inmerso en el proceso de estatización y en 1879 formó parte de la repartición del cauche expropiado por el gobierno nacional, tal como se mencionó en el 11

11 «Discurso del señor García Calderón al recibir la investidura presidencial». (Ahumada Moreno 1884).


Capítulo IV

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primer capítulo de este libro. En su discurso inaugural el flamante mandatario invocaba al pueblo peruano sacrificio, unidad y, en especial, mucho trabajo, elementos que debían ser suficientes para salir delante de los momentos difíciles por los que atravesaba la nación. 12

Instalado formalmente el Gobierno de la Magdalena se había de intensificar la anticampaña vertida por los pieroüstas, tanto en Lima como en el resto del país, dada su derrota en la elección de notables. Hernán Bentín y Manuel de la Fuente Chávez, estuvieron entre los primeros que redactaron un acta de protesta contra la elección de Francisco García Calderón. Esto no solo quedó en denuncias escritas, el pierolismo trató por todos los medios de obstaculizar la suscripción de actos populares de apoyo al nuevo régimen en los distintos puntos del territorio nacional, logrando en muchos casos su cometido. En esta tarea no se encontraron solos, Palma señalaba que era censurable la instalación de la Magdalena porque representaba los intereses de un sector de la élite: «hombres para quienes el negocio es todo y la honra de la patria nada; militares que corrieron cobardemente en el campo de batalla, picaros en su odiosidad personal hacia ud. Preferían la dominación chilena, ingratos que recibieron de ud.

12 Carta a Pierda, Lima, 3,1881, archivo Piérola, C54 (RIVERA 1984).

230 Parlamentos en conflicto todo género de distinciones y que ahora la traiciona vilmente, tal es la mayoría de los firmantes [.. .]». 13

Los ataques vertidos por quien más adelante sería conocido como el «bibliotecario mendigo», haría que los defensores del constitucionalismo no se quedaran atrás. Ellos redactarían un volante anónimo dirigido a la opinión pública en donde explicaban que el nacimiento de un nuevo gobierno nacido desde las entrañas del «pueblo» lo salvaría «de la anarquía» (LA ACTUALIDAD, 28 de febrero de 1881) a la que estaban destinados. Frente a esta confrontación al interior de la «República de la imprenta», los chilenos no se quedaron de brazos cruzados. A través del periódico La Actualidad expresaron sus temores sobre lo peligroso que resultaba para la estabilidad política del país el cuestionamiento a la elección de García Calderón por parte de un sector minoritario liderado por el pierolismo. En el mismo 14

13 Volante distribuido el 26 de febrero de 1881 en la ciudad de Lima (AHUMADA M O R E N O 1884). 14 Costaba 20 centavos, era trabajado en la imprenta del teatro por Pedro Romero, salía de lunes a sábado en dos páginas de 61.5 por 42 cm, en seis columnas y, como todos los voceros de la ocupación, su contenido principal estaba conformado por decretos, bandos, leyes y algunas noticias de carácter general. Su primer número corresponde al 26 de febrero de 1881 y el mtirno al miércoles 5 de octubre del mismo año.


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órgano periodístico se acusó a los peruanos de no consolidar un gobierno de unidad. Se sostuvo, además, que si esa conducta obedecía al propósito de continuar la guerra o de satisfacer el orgullo nacional herido, no se estaba actuando con un criterio práctico, pues en cuanto a lo primero el Perú ya no contaba con soldados, buques ni armas, tampoco tenía el dinero o crédito requerido para adquirirlos; y respecto a lo segundo, era mejor firmar la paz y salir con la frente en alto. Unos días después, siguiendo la misma tónica en cuanto a periodismo de información, salía a la luz otro diario cuyo nombre era El Orden (1881), órgano oficial del ejército de ocupación. Allí se exhortaba al país que ante una situación tan desventajosa era mejor que dejaran de luchar pues la mejor opción era declarar la rendición incondicional (BULNES 1919). La estrategia chilena no solo consistió en presionar con el fusil, sino en capturar la opinión de los peruanos para que estos presionen a su clase política. A pesar de estos intentos, como apunta Bulnes, le fue imposible a García Calderón lograr el apoyo unánime de la ciudadanía. No existía, en realidad, una alternativa capaz de establecer un entendimiento entre los bandos que, al margen de los intereses del país, solo buscaban imponer sus propios puntos de vista (LYNCH 1883). Finalmente, sin importar si era pierolista o civilista el que ocupe el poder, las decisiones dependían

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«directa o indirectamente de la acción inmediata del Cuartel General». 15

A esos problemas de legitimidad se sumaron los de la conformación de un gabinete niinisterial. Se hicieron muchas consultas, pero hubo rotundas negativas y una reacia resistencia de quienes fueron invitados a integrarlo, como por ejemplo del otrora alcalde Rufino Torrico, a quien se le ofreció la cartera de gobierno, pero no la aceptó como gesto de lealtad hacia su jefe político: Piérola; además Ramón Ribeyro, Alejandro Arenas y Luis Cisneros, argumentando motivos personales, no aceptaron la cartera de Relaciones Exteriores que les ofrecieron alternativamente. Después de muchos intentos, el nuevo presidente encargó la formación del Consejo de Ministros a Aurelio Denegrí, quien lo constituyó de la siguiente manera: ministro de Hacienda y presidente del Consejo de Ministros, el propio Denegrí; ministro de Relaciones Exteriores, Manuel María Gálvez; ministro de Gobierno, Manuel Velarde; ministro de Guerra, Camilo Carrillo, y de Justicia, José Vélez. Los temas financieros se encontraban en la agenda del régimen. García Calderón autorizó poner

15 A G N / H-4-232/ Dirección de Contabilidad General y Crédito. Sección de Crédito Público. Libro Copiador de Decreto y Resoluciones Supremas (1878-1881), 14 de marzo de 1881.


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como garantía para la realización de empréstitos con un banco foráneo las ganancias de las aduanas del puerto de Callao, que eran uno de los pocos ingresos que le quedaban al gobierno para solventar sus gastos (BULNES 1912: 13); sin embargo, el crédito no se llegaría a concretar ya que los ingresos aduaneros serían expropiados por los chilenos so pretexto de solventar la ocupación militar. Otra de las principales medidas administrativas dictadas por el nuevo gobierno fue el cese de todos los municipios nombrados por Piérola, el restablecimiento de los eliminados por el régimen anterior y «nombró Prefecto en Lima, al coronel Recabarren». 16

A pesar de contar con el respaldo militar chileno para seguir funcionando, el Gobierno de la Magdalena no se encontraba constituido del todo, pues se necesitaba del aval institucional y multisectorial interno para mantener firme la defensa integral de la nación. Frente a ello García Calderón ordena la reconstitución de una institución que reúna estos requisitos, en este caso del Congreso de la República (EL ORDEN, sábado 26 de marzo de 1881). El papel que cumplía el Parlamento Nacional en la vida política del país era fundamental y su existencia de suma urgencia, ya que le daba el poder y la legitimidad al gobierno en sus acciones. Además

16 AGN/H-4-2458/ Dirección de Administración. Libro Copiador de Decretos y Resoluciones. 16 de marzo de 1881.

234 Parlamentos en conflicto de tener una representatividad regional, aunque solo en teoría. En plena reconstrucción de la clase política, simbolizada en el Parlamento Nacional, el periódico El Orden aconsejaba cuál habría de ser el perfil que debían tener los nuevos representantes de ahora en adelante. La receta incluía, además de una gran cantidad de valores morales, un fuerte respeto al constitucionalismo para que los objetivos del gobierno llegasen a buen puerto (EL ORDEN, jueves 31 de marzo de 1881). Pero el manual del buen político no solo sería la única recomendación; este mismo informativo respaldaría la vuelta de la Carta Magna de 1860 como su base fundamental para trabajar en favor de los peruanos, porque los «pone en pleno goce del régimen constitucional...» (PALMA 1979: 147). De esta manera, se anunciaba un activo funcionamiento del Gobierno de la Magdalena, sin ser un régimen temeroso frente al rival, este se convirtió en un gobierno «pactista»; es decir, al no tener la suficiente fuerza para depender de sí mismo tuvo que tener el aval chileno, pero sin someterse a sus designios geopolíticos. Sin embargo, concretar esta tarea demandaría la creación de su hemiciclo parlamentario.


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c. El Congreso de Chorrillos El Congreso de la República sería convocado por el gobierno de García Calderón con el propósito de legitimar sus actos y tener el apoyo político en toda la república, ya que contaría con representantes venidos de todas las regiones. Sin embargo, el país se encontraba dividido tanto en zonas costeñas ocupadas por las tropas chilenas, como en las del interior bajo el control de caudillos militares (Arequipa, donde estaban acantonados los rezagos del ejército, y Ayacucho en manos de Piérola). Con este complejo escenario era imposible pensar que el Parlamento Nacional representase a todas las fuerzas vivas del país, lo que no significaba que los intereses económicos que propiciara la guerra y que utilizó el nombre del constitucionalismo para movilizar a la nación, no estuvieran presentes en un espacio donde se definió el inicio del conflicto bélico desde 1875 y donde se discutirían los destinos del Perú; muy por el contrario, los actores y artífices de este conflicto bélico internacional tomaban sus respectivas curules y desde ese lugar hacían proclamas directas en favor de la no cesión territorial, condición principal de los chilenos para firmar la paz. Los chilenos vieron que era oportuno apoyar la reorganización del Congreso de la República y para su funcionamiento designaron un local fuera de Lima, en el balneario de Chorrillos, lugar donde se desarrolló

236 Parlamentos en conflicto una de las más sangrientas batallas de la guerra. Con el apoyo del prestigioso escritor Ricardo Palma atacarían la falta de representatividad que simbolizaba un congreso espurio, cuya composición —en sus propias palabras— se constituía con «argolla pura» —en alusión a que sus integrantes solo eran miembros del civilismo. La forma de integrarlo era hacerlo informalmente. Si bien para el Senado se necesitaban 31 personas era «fácil de completarlo con Goiburu, tres o cuatro más que vengan del norte y sur, y en último caso resucitando dos o tres difuntos, aunque se diga de ellos como del cadáver de Lázaro». (PALMA 1979: 153) En el caso de la Cámara de Diputados la situación era mucho más compleja dado que debían llegar a 77 parlamentarios, una cifra un tanto difícil de completar en las condiciones que vivía el país. Palma señalaba que el civilismo fracasaría en su intento de sacar adelante el Parlamento Nacional, incluso afirmaba que existía un gran rechazo por parte de las embajadas peruanas alrededor del mundo, ya que este tipo de acciones descarrilaba la unidad nacional al gestar un poder paralelo al de Piérola. Era cuestión de tiempo para que «el castillejo de naipes calderonianos se derrumba, y se derrumba por obra exclusiva de los chilenos. Ellos lograron su propósito, que fue exhibirnos ante el mundo entero como un pueblo indigno, anarquizado y estúpido» (PALMA 1979: 153).


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A pesar de tan duras críticas se realizó el proceso de reconstrucción del Legislativo. Previamente se reunieron las juntas preparatorias con el objetivo de proceder a la invitación de los miembros que conformaron el Parlamento del 79, ya que no existia la capacidad para renovar a la totalidad del cuerpo congresal. La comisión preparatoria estaría presidida por César Canevaro, la primera vicepresidencia estaría a cargo de Francisco Flores Chinaco, la segunda vicepresidencia sería asignada a Nicanor León y como secretarios a Víctor Eguiguren e Isaac Alzamora. Desde un comienzo la junta directiva notaría la ausencia de medios de los miembros por falta de comunicación efectiva. Esto iba a ser un problema mayúsculo, ya que no existía la posibilidad de organizar los colegios electorales para que se encargasen de las elecciones complementarias y con ello completar las curules faltantes. Finalmente, las palabras de Palma se harían realidad, porque tendría que utilizarse diversos medios políticos, novedosos y nada éticos para completar las piezas del rompecabezas. Unos días después se realizaría la segunda junta preparatoria con la esperanza de contar con una mayor respuesta por parte de sus agremiados. En la misma se informaría de dos oficios recibidos de parte de los diputado spropietarios de las provincias deHuancabamba y Chincha, Espinosa y Elias, que excusaban su ausencia so pretexto de la inseguridad que se vivía en el país y

238 Parlamentos en conflicto la delicada situación en que se encontraba la capital frente a la presencia de los chilenos. Asimismo, el parlamentario Medina presentó una denuncia a nombre de varios diputados, a quienes se les había impedido la salida de sus respectivas provincias por parte de algunas autoridades que se declaraban abiertamente pierolistas. Estos son solo algunos ejemplos de lo difícil que fue rearticular el Legislativo. A pesar de los escollos se volvió a reenviar una circular de invitación tanto a diputados como senadores, con el fin de que no solo asistan a las sesiones sino a buscar la «salvación de la patria». Además, en la nota se aconsejaba a los parlamentarios a «arriesgarlo todo para acudir a la restauración de las instituciones públicas y de la autonomía nacional» (EL ORDEN, miércoles 25 de mayo de 1881). Sin embargo, los discursos no serían lo suficientemente efectivos para convencer a los temerosos políticos. Las siguientes sesiones preparatorias fueron fijadas páralos días 7 y 14 de junio. En ambas reuniones se dejaría constancia de las provincias que aún no estaban representadas. Esta situación ponía en peligro el funcionamiento del Parlamento Nacional dada la falta de quorum en ambas cámaras. Esto provocó que el Poder Ejecutivo autorizara la convocación de elecciones que debían realizarse en Lima, tanto para la representación de la ciudad capital como de provincias entre sus mismos residentes. Los comicios parlamentarios fueron dirigidos para Ayacucho, Cusco, Huánuco, Tacna,


Capítulo TV 239 Puno, Cajamarca, Moquegua y Tarapacá. La urgencia de esta convocatoria tuvo por objetivo esbozar las pautas con las que el Ejecutivo negociaría la paz con Chile. Finalmente, se realizaría una elección irregular donde las cúrales serían completadas sin la más mínima rigurosidad electoral. Una vez completada la cantidad de parlamentarios las sesiones oficiales comenzarían el 19 de julio. Para el primer encuentro congresal se cursaron invitaciones a las instituciones más representativas del país, como el Poder Judicial. En esa sesión se declararía por unanimidad la neutralidad del territorio de Chorrillos, ya que sería el lugar en donde se llevaría a cabo el trabajo legislativo. El espacio fue custodiado por un regimiento de infantería y un escuadrón de caballería compuesto por chilenos. La instalación del Congreso fue celebrado por los poderes de la nación, que ahora veían una luz en el camino, sino también por los chilenos, quienes señalaban que «no se trata hoy de la preponderancia de un partido» sino del propio interés que tenían los peruanos por lograr la paz. Con su nacimiento se afianzaba el respeto al constitucionalismo {EL ORDEN, jueves 14 de julio de 1881). El primer acuerdo del Parlamento Nacional fue promulgar una ley que confirmó los poderes al presidente provisorio, tal como a un mandatario elegido democráticamente. Se contó con la presencia de García

240 Parlamentos en conflicto Calderón, quien se sintió obligado a dar un discurso donde hizo un recuento de lo ocurrido desde el final de la legislatura de 1879 hasta la fecha. En primer lugar, censuró la salida y no retorno del extranjero del general Prado, calificándolo de alta traición; asimismo, mencionó el error de La Puerta de no hacer uso de la facultad que recibió para la emisión de billetes fiscales que pudieron haber reforzado la economía nacional; puso especial énfasis al criticar el golpe de Estado y la gestión de la dictadura de Piérola que se instauró liquidando las libertades públicas, sembrando la anarquía en las clases sociales y desprestigiando al ejército con la multiplicación de grados y la exclusión sistemática de los buenos elementos; en consecuencia, todas sus autócratas acciones concluyeron en la terrible hecatombe de San Juan y Miraflores. García Calderón, a quien Piérola había calificado de traidor, hizo las más duras acusaciones por la derrota, con más saña incluso que la desplegada contra el enemigo común. Dedicó párrafos breves a la génesis del nuevo gobierno y a la limitada labor que hasta entonces había podido desarrollar. En cuanto a las autoridades chilenas llamó la atención sobre el hecho de que el Congreso no fue limitado en sus funciones, reconoció a la vez la negativa de los plenipotenciarios de este país a la <^lminación de hostilidades sin que pusieran, por lo menos, bases generales para la paz. Estas debía darlas el Congreso y era, además, preciso no prescindir de Bolivia.


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Al parecer una de las pocas coincidencias con su antecesor fue la de continuar la alianza con el país del altiplano. Finalizado el discurso presidencial los parlamentarios presentaron algunas mociones que permitían llevar a cabo un manejo más eficiente del aparato estatal. Una de ellas era solicitada de forma conjuntaporlos diputados Forero, García (L), Canevaro, Chacaltana, Arenas, Becerril y Chinarro, que consistía en la amnistía de todos los reos con delitos políticos. La respuesta del presidente, apoyado por la mayoría, fue pasarlo a la Cámara de Senadores para su estudio, ya que su concesión era un caso sui géneris y tendría lógica en la medida que significara disminuir el número de celadores en el presidio y, por ende, el presupuesto. De otro lado, los diputados Arias, Fuentes, Castro, Rodríguez León y del Río pedían que se nombre una comisión de dos senadores y tres diputados para que redacten un manifiesto del Congreso de la República dirigido a la nación para explicar el motivo del porqué estaban reunidos y sobre su misión a realizar como una respuesta a los arteros ataques pierolistas. El grupo de trabajo estaría conformado por los senadores Forero y Moreno y Maíz, además de los diputados Valle, Andía y Rodríguez (A). Aunque el objetivo central del Parlamento Nacional radicó en poner las condiciones que exigía el Perú para firmar la paz con Chile, los detalles serían reaüzados en sesiones secretas, tal como fueron la mayoría de las gestiones. Estas fuentes aún permanecen en la clandestinidad.

242 Parlamentos en conflicto Por esas fechas (4 de junio) salía a la luz otro diario cuyo nombre sería La Situación , también impreso por el ejército de ocupación como El Orden. El objetivo del auspicio y respaldo a varios diarios en la ciudad ocupada era monopolizar la opinión pública para crear una corriente favorable para la cesión territorial. Esta fue una manera de ejercer presión en sus representantes para que decidan en esa dirección. Desde su primer número, La Situación expresó la misión central del ejército chileno en el Perú, al cual presentaba como u n país enfermo (4 de junio de 1881), magullado por los combates y, paradójicamente atendido por sus propios verdugos. 11

Esta situación colocó al Parlamento Nacional entre la espada y la pared, ya que por un lado debía darle estabilidad política al Gobierno de la Magdalena y, por otro lado, tenía que hacer frente al ejército chileno que con armas bélicas presionaba a los políticos y a través de la prensa pretendían influir en la conciencia de los peruanos para que actúen incluso en contra de sus «representantes». Más aún, los chilenos utilizarían

17 Decía ser político, literario, mercantil y noticioso. Costaba u n sol, tenía cuatro páginas de cinco columnas cada una y su formato, común en aquellos años, era de 62.5 por 42 centímetros. Se imprimía en la calle «La Rifa» N° 58. Su primer número salió el 4 de junio de 1881 y el último corresponde al 302 del martes 30 de mayo de 1882.


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como herramienta de presión el cobro de cupos a personas de alto poder adquisitivo. Ante el anuncio emitido el presidente de la Cámara de Senadores Francisco de Paula Muñoz, señaló que solo la unidad del Ejecutivo y el Legislativo los llevaría a triunfar: «con fe y perseverancia acción nos traerá, en día no remoto, el reconocimiento y las bendiciones de aquellos mismos a cuyos ojos llevamos la luz para que se salvaran». Es cierto que la unidad no era fácil de lograr, pues Chile no la consentiría sin imponer condiciones muy duras, pero también había la necesidad de fijar las exigencias que podían ser aceptadas, y esto quizás se vieron entorpecidas por la resistencia que había a ceder territorio, tanto por la conciencia de la unidad territorial como por el mandato constitucional para la defensa de su integridad. Además de los intereses representados en el Parlamento y que estaban dirigidos a conservar la provincia salitrera de Tarapacá dentro del territorio nacional, sin ella, tanta sangre derramada y dinero invertido habría sido en vano. 18

Debido al corto tiempo que duró el Congreso de Chorrillos no se realizaron extensos debates y continuaron sus deliberaciones secretas hasta el 23 de

18 Sesión de instalación del congreso extraordinario del 10 de junio de 1881 (AHUMADA M O R E N O 1884).

244 Parlamentos en conflicto agosto, fecha en que clausuró sus sesiones. En líneas generales, el Parlamento Nacional creyó prudente no innovar nada en lo que respecta a reformas o puntos que se referían a la administración pública, «tanto porque ello parecería ajeno a las actuales circunstancias, cuanto por quien no podía apreciarse en rigor lo equitativo y hacedero en ellas» {EL ORDEN agosto de 1881). Desde su nombramiento, García Calderón tuvo conciencia de las dificultades que debía afrontar para ejercer su autoridad y conforme avanzaba el tiempo esto empeoraba. Como el Parlamento Nacional no estaba dispuesto a ceder territorio alguno se enturbiaron las negociaciones de paz y eso los llevó a convocar una reunión secreta en el Congreso el 29 de septiembre (que se realizó en su propia casa) con el objetivo de dar las directivas necesarias para la continuación del gobierno en caso de ser apresado y expatriado, tal como lo estaban presagiando los rumores que se extendían por la capital. En esa reunión se designa como vicepresidente a Lizardo Montero. Además se determina el traslado del gobierno a Arequipa, dadas las difíciles circunstancias que se vivían. Francisco García Calderón, en sus últimas palabras como primer mandatario, hizo un resumen de las tareas de su corta gestión. Entre ellas menciona «la unificación de los partidos de la República, la paz con el enemigo vencedor y la conservación de la alianza


Capítulo TV 245 19

con la República de Bolivia». También explicaba el poder que le otorgó el Parlamento Nacional, quien le «autorizó celebrar la paz con Chile, invitando a su celebración a la República de Bolivia. A pesar de que nada se me dijo acerca de las condiciones del tratado [...] los representantes deseaban concebir la integridad territorial; y no podía menos que arreglar mi política a ese patriótico deseo» (ibid.), que tenía como trasfondo la conservación de sus intereses como uno de los principales barones del salitre. Chile tuvo una visión contraria sobre el accionar del gobierno peruano en su conjunto. De hecho, el oficial chileno Patricio Lynch lo calificó de improductiva porque durante ocho meses permanecimos colocados en el terreno de la más estricta neutralidad, contemplando imparciales, mas no indiferentes, las luchas y evoluciones de los partidos que se disputaban la representación del país, sufriendo en

19 Discurso de despedida del Congreso de Chorrillos de parte de Francisco García Calderón.En: Pascual Ahumada Moreno. Guerra del Pacífico. Recopilación completa de todos los documentos oficiales, correspondencia y demás publicaciones referentes a la guerra que ha dado luz la prensa de Chile, Perú y Bolivia, conteniendo documentos inéditos de importancia, t. IV-V. Valparaíso: Imp. Del Progreso y Lib. Americana, Imp. y Lib. del Mercurio, 1884.

246 Parlamentos en conflicto nuestros intereses, soportando estériles sacrificios de sangre, dinero y continua vigilancia y los inconvenientes de un gobierno a medias, por el carácter de inestabilidad que no podía menos de tener nuestra ocupación puesto que de un momento a otro debía nacer un acuerdo entre los caudillos e iniciarse negociaciones de paz. (LYNCH 1883: 302) Sin embargo, las palabras de Lynch en realidad encerraban la desesperación de los chilenos, quienes no pudieron someter al Congreso de Chorrillos. Ante la negativa de los peruanos —al margen de sus intereses económicos— de no ceder Tarapacá decidieron, en primer lugar, arrestar y llevar a García Calderón al campo de concentración en Rancagua (Chile); Segundo, clausurar el Parlamento Nacional. Según el presidente García Calderón la eliminación de los órganos de gobierno en el Perú no tuvo fundamento ya que: «en el primer momento pedía territorio, alegando que el Perú no podía pagar los gastos de la guerra; cuando hice desaparecer este pretexto a mérito del contrato con el Crédito Industrial de París, me separó de la escena política del Perú y me trajo de cautiverio a esa República» (GARCÍA CALDERÓN 1884: 302). Para los chilenos fulminar el último bastión de representatividad nacional en Lima significaría buscar a otro grupo mucho más dócil que afronte el proceso de negociación, que se lograría con la figura de Miguel


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Iglesias, mediante la Asamblea de Cajamarca donde se firmó la paz, pero contradiciendo los principios del Parlamento de la Magdalena, la no cesión territorial.


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Conclusiones En el transcurso de esta investigación hemos resaltado las acciones del Parlamento Nacional mientras se encontraba en Lima. Su fundamento estuvo basado en el constitucionalismo político: de manera que en el marco de la Constitución de 1860 se realizó una señe de leyes a favor de sus intereses nacionales; pero fueron aquellos que se enriquecieron a expensas del guano —que ahora reclamaban ser parte del negocio del salitre— quienes utilizaron el poder estatal para intentar beneficiarse. La consecuencia fue el inicio de una guerra que transformaría el mapa de forma dramática, creando una nueva frontera —la peruanochilena— y una enemistad soterrada que perdura hasta nuestros días. El Congreso de la República entró en acción con el objetivo de ser una institución clave en el manejo de los acontecimientos que pondrían a prueba no solo la eficiencia de la burocracia estatal, sino el proyecto de nación que hasta ese entonces se reflejaba en la constitución del país. Por eso, a pesar de sus múltiples y, tal vez innecesarias, discusiones el Congreso fue respetado mientras existía el statu quo gubernativo pese a los múltiples intereses que bloquearon el surgimiento de muchas iniciativas legislativas porque afectaban intereses de terceros como el caso de la familia Pardo.

El Parlamento Nacional también se convirtió en el escenario de agitación política, cuando se presionó para que se produzca el desafuero del ministro de Hacienda José María Quimper, o hasta de intereses particulares al gravar débilmente el azúcar. Los resultados bélicos no acompañaron las buenas intenciones que pudieron tener militares y políticos, para quienes la derrota en los campos de batalla fue consecuencia de la informalidad y falta de proyección de la nación para planificar la defensa. El descrédito de ambos produjo la llegada de un caudillo salvador: Nicolás de Piérola, quien finalmente liquidaría al régimen constitucional ya deteriorado. La caída del constitucionalismo en diciembre de 1879, produjo la desaparición temporal del Parlamento Nacional dentro de nuestro escenario político. Al parecer la suerte ya estaba echada y la derrota evidente. No obstante, la llegada de las tropas chilenas a Lima significó el retorno de la constitucionalidad que volvió a surgir previo acuerdo de expulsar a Piérola de la política. Después de produjo un pacto tácito con los invasores para constituir los órganos Ejecutivo y Legislativo. Los chilenos pensaban que sería un gobierno dócil que favorecería a sus intereses, pero estaban equivocados. Los intereses salitreros de sus integrantes hicieron que su posición fuese reacia hacia la cesión territorial; por lo que a las tropas chilenas no les quedó más remedio que


Conclusiones 251 desactivar tanto al Gobierno de la Magdalena como al Congreso de Chorrillos, aunque el término de este último no significó la muerte definitiva de las instancias de representación popular, pues surgieron otros como los realizados en Arequipa, Ayacucho y Cajamarca, lo que demuestra que incluso en coyunturas en donde priman las armas, la fuerza de la representación civil y constitucional juega un rol trascendental, esto es, sin considerar sus virtudes y defectos que en la praxis podrían haber tenido. Más aún, podemos destacar las acciones del Parlamento Nacional, las cuales demuestran, por medio de las leyes emitidas, la responsabilidad que tuvieron con el país, a pesar de que muchas fueron maniatadas por intereses particulares como se demostró cuando se emitió la estatización salitrera. Sin embargo, creemos que el Congreso de la República fue colocado como un ente institucional importante en esta etapa de la historia donde se definió nuestra existencia como nación.


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Bibliografía Fuentes primarias Documentos SALA DE INVESTIGADORES DE LA BIBLIOTECA NACIONAL DEL PERÚ (SIBNP) ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN (AGN), Archivo Manuel Pardo. Colección de cartas dirigidas a Manuel Pardo de parte de Moscoso Melgar, D2.28-1904. AGN Colección de cartas dirigidas a Manuel Pardo de parte de Fernando Cope. D2.13-880. AGN/H-4-2632/Resoluciones Supremas. Secretaría de Hacienda y Comercio. Libro Copiador de Decretos y Resoluciones Supremas. 8 de enero de 1879. AGN/H-4-2632/Resoluciones Supremas. Secretaría de Hacienda y Comercio. Libro Copiador de Decretos y Resoluciones Supremas. 8 de enero de 1879. AGN/H-4-2633/Resoluciones Supremas. Libro Copiador de Decretos y Resoluciones Supremas. 21 de abril de 1879. A.G.N./H-4-2633/Resoluciones Supremas. Libro copiador de decretos y resoluciones supremas, 26 de julio de 1879. AGN/H-4-48/Sección de mesa de partes y archivo. Libro de temas de razón de la correspondencia en síntesis pasadas diversas oficinas públicas. A. G. N. /H-4-231/Dirección de Contabilidad General y Crédito. Sección militar. Libro copiador de resoluciones y órdenes.

AGN/H-4-232/Dirección de contabilidad general y crédito. Sección del crédito público. Libro copiador de decreto y resoluciones supremas (1878-1881). AGN H-4-69/Caja Fiscal. Copiador de cédulas mdefinidas (militares). AGN/ H-4-232/ Dirección de Contabilidad General y Crédito. Sección de Crédito Público. Libro Copiador de Decreto y Resoluciones Supremas (1878-1881), 14 de marzo de 1881. AGN/H-4-2458/ Dirección de Administración. Libro Copiador de Decretos y Resoluciones. 16 de marzo de 1881. •

Periódicos, diarios y Revistas

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IMPRESO Seminario de Historia R u r a l A n d i n a A n d a h u a y l a s 348, L i m a 1 Teléfono 619 7000, anexo 6158 M a r z o 2014, Lima-Perú


ISHRA

Repositorio digital

2019

Nos encontramos ante un libro que consigue unir la seriedad académica con el indispensable atractivo de una prosa segura. Su lectura habla de original debate tan indispensable en la historiografía peruana Pablo Macera

HISTORIA ISBN: 978-9972-231-79-7

AHDIMA Universidad Nacional Mayor de San Marcos SHRA

Universidad Nacional Mayor de San Marcos Fondo Editorial


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