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ARTFANSING

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CREDITOS Revista Juvenil de la Facultad de Diseño, Comunicación y Bellas Artes Esta revista no puede reproducirse total o parcialmente por ningún medio gráfico, electrónico o mecánico,incluidos los sistemas de fotocopias, registros magnetofónicos o de alimentación sin autorización escrita del autor. Edición 1 Valledupar, Cesar

Créditos Arauna Pinto Álvarez Irene del Rosario Meléndez Tinoco

Supervisora Diseñadora Editorial Diseño y Diagramación Arauna Pinto Álvarez

Diseño de Portada Arauna Pinto Álvarez

Contacto

Pintoarauna@gmail.com Tel: 3008298331


El arte, la moda y la cultura se complementan entre sí. La moda permite mostrar y percibir la cultura. El arte identifica y hace propia la cultura; y tanto esta, como el arte, inspiran y le dan nuevos referentes a la moda. Así que hay una relación estrecha entre las tres.

En la historia ha habido momentos clave en los que se evidenciaron estas conexiones. En la época del movimiento del diseño, llamada Art Déco (19201939), la moda influyó en el arte. Europa tenía una economía próspera y de gran lujo en el vestir. París era la capital de las tendencias con casas como Lanvin, Poiret o Paquin, entre otras. Pintores como George Barbier, Etienne Drian o

Armand Valle, elaboraron maravillosas ilustraciones de moda que fueron obras de arte. En 1937, entre las dos guerras mundiales, los diseñadores estaban fascinados con el surrealismo.


Léger. ¿Como habría podido resistirme al ‘pop-art’, que fue la expresión de mi juventud?”, afirmaría Saint Lauren. Y, por supuesto, hallaremos más de esa mezcla estimulante entre arte, moda y cultura en los años del movimiento contracultural, libertario y pacifista llamado la época hippie (en esos creativos sesenta). Encontramos esas conexiones en las piezas del diseñador japonés Issey Miyake, quien combina el diseño y la tecnología para la exploración conceptual indicativa de lo natural, tanto en sus colecciones como en sus diseños. Estos son referidos no como prendas o conjuntos prêt-à-porter, sino

El trabajo entre los creadores de la moda y los artistas le dio a la primera otro rango, un nivel más elevado. Un ejemplo de estas colaboraciones fue el famoso Lobster Dress, creado por la italiana Elsa Schiaparelli y el gran Salvador Dalí. Casi tres décadas después, en 1965, el diseñador francés Yves Saint Laurent se inspiró en la obra del pintor vanguardista holandés Piet Mondrian y sus creaciones causaron furor: “La moda no es un arte, pero para dedicarse a ella hay que ser un artista. Mondrian fue el primer artista cuyo rigor no podía sino seducirme, también Matisse, Braque, Picasso, Bonnard,


más bien como ‘arquitectura del arte’. Miyake obtuvo el Premio Kioto de Arte y Filosofía en 2006. En 2005 recibió el Praemium Imperiale de Escultura, galardón de arte otorgado desde 1989 por la familia imperial japonesa. En Colombia esta fusión entre la moda, el arte y la cultura es muy frecuente. Basta revisar cómo varios diseñadores nacionales han intervenido las mochilas wayúu de La Guajira, convirtiéndolas en piezas únicas. Adriana Santacruz, abanderada del trabajo artesanal – sus piezas son consideradas obras de arte– ha sido ganadora del premio Lápiz de Acero, en la categoría de moda (este

es solo otro ejemplo, entre muchos. Está claro que una prenda es bien diferente a una pintura que se cuelga en la pared, o a un libro que se guarda en la biblioteca. Una prenda cobra vida e identidad en el momento en que una persona la utiliza o la lleva. Todos podemos usar la moda. Nos ayuda a identificarnos como individuos únicos, nos empodera. A través de la moda podemos hacer del arte algo más tangible.


Maquillarnos nos da la oportunidad de ser creativas y jugar con las infinitas posibilidades que nos dan los colores y los estilos. Un día podemos ser femmes fatales, otro inspirarnos en un look más romántico y bohemio, y una noche impactar con delineados y bocas intensas. Esta vez, te proponemos que dejes volar tu imaginación y te animes

a una rutina de maquillaje artístico. Esta tendencia es una de las más complejas y divertidas para explorar qué tan lejos podemos ir con nuestra creatividad.

Consejo #1 Es clave preparar la piel para que reciba todos los productos, un poco más densos que los que estamos acostumbradas, que le vas a poner. Limpiá profundamente tu rostro con el Agua micelar, después hidratá con la Crema Hidratante Matificante HidraTotal 5 que te va a dejar la piel fresca y sin brillo y, por último, aplicá el primer infallible anti brillo para que tu cutis esté listo para la acción.

Consejo #2 Empezá por un diseño más bien simple, que te permita practicar profundidad en las sombras y las distintas texturas. Tené a mano tu Leche Desmaquillante Hidra-Total 5 y un hisopo para corregir excesos o imperfecciones. Si podés, tené impresa la foto con el estilo que querés copiar para que te sea más fácil.


Consejo #3 Siempre aplicá primero los colores más claros y después los oscuros para conseguir esa profundidad que tanto buscás. Este ejercicio hacelo con todo: base, sombras y delineados.

Consejo #4 Lo mejor es tener varios pinceles para lograr los distintos efectos: uno grueso, uno de punta fina y otro de punta plana. Probalos antes sobre tu piel limpia para comprobar su flexibilidad y suavidad.

Consejo #5 ¡Sacale el mejor provecho a tu cara! A la hora de dibujar, tené en cuenta que los rostros no son planos y que podés sacarle provecho a sus curvaturas y volúmenes. Las líneas curvas nos permitirán suavizar las facciones, y las rectas nos proporcionarán más dureza y agresividad.


Es probable que alguna vez, mirando algún desfile de moda nos hayamos hecho la pregunta «pero eso, ¿cómo se usa?» o «¿quién puede salir a la calle con eso puesto?». Esa incertidumbre es el punto de partida para nuestro artículo de hoy, esa delgada línea entre lo que en la moda se funda y se confunde con arte,

o mismo, el arte que se transforma en moda. La moda es una expresión más de la cultura y ¡qué fuerza que ha logrado la misma en el siglo XX! Desde entonces, ha ido construyendo lazos cada vez más profundos con el arte, dejando atrás la mera funcionalidad de la prenda como «vestimenta» para confluir en una simbiosis más y más indisoluble con el trabajo artístico.


tanto desconocido Issey Miyake. Este japonés nacido en Hiroshima en 1938 desarrolló una interesantísima carrera en la cual la experimentación con los pliegues y las telas volátiles tuvo gran importancia. Sus prendas increíbles, y muchas veces casi imposibles de llevar, son consideradas por muchos como verdaderas piezas artísticas en las que los colores, la movilidad, las formas y texturas se combinan de un modo nunca visto. Su trabajo caracterizó a las décadas del ’70 y del ’80 y le permitió también ser contratado como diseñador de obras teatrales y ballets. Eventos en los cuales la ductilidad y

En este sentido, muchos diseñadores de moda del siglo XX y XXI han sabido comprender que la moda no es solamente una tendencia, sino que puede transformarse en una vidriera de pasiones, emociones y deseos. El uso de colores, texturas, telas y apliques es en cada diseñador, un hecho formidable, particular y único, que hace que esa prenda trascienda los límites de la funcionalidad y se convierta en una real obra de arte moderna y viviente. Entre aquellos diseñadores que entran en esta categoría podemos mencionar al gigantesco pero un


el dinamismo de sus telas eran parte esencial de la puesta en escena. Otro importante exponente de la unión entre moda y arte fue la diseñadora y creativa italiana Elsa Schiaparelli que tuvo sus años de furor en la década de 1930. Vanguardista como ella sola; por el solo hecho de ser mujer era revolucionaria en un mundo usualmente dominado por hombres. Sus vínculos con artistas plásticos como Dalí inspiraron y colaboraron en algunos de sus diseños, que la transformaron en una artista compleja que muchas veces era infravalorada pero que con el tiempo logró establecer un estilo personal, llamativo y surrealista. Sombreros con forma de zapatos, vestidos con impresionantes dibujos de langostas o colecciones enteras para mujer inspiradas en la vestimenta de los toreros son sólo alguno de los ejemplos. Finalmente, no podemos dejar de mencionar al majestuoso diseñador francés Jean Paul Gaultier, que destacó en los años ’80 y que se asoció muy directamente con otra rama del arte: la música. Vestuarista de Madonna y creador del particular estilo que la diva impuso en esos años, Jean Paul se distinguió en las pasarelas desde el comienzo de su carrera como un artista innovador, atrevido y rebelde que no se podía encuadrar en los cánones


de la moda tradicional y clásica. Sus creaciones supieron ser instalaciones artísticas en las cuales la modelo se perdía por completo. Además este diseñador incorporó a sus colecciones materiales raramente utilizados como plástico, metal, aluminio y telas que simularan efectos visuales mucho más complejos. Claro que… ¿quién podía llevar eso en la calle? La búsqueda de estos y muchos otros artistas por crear reales obras de arte es lo que los hizo diferentes en un mundo de tendencias, copias y más repeticiones. Su trabajo y su labor por hacer de la moda un mundo de sensaciones, experiencias nuevas y miles de colores es la razón por la cual decimos que la moda es definitivamente, todo un arte.


El maquillaje se ha convertido en una forma más de expresión. Hasta tal punto, que la piel del rostro se considera un lienzo en blanco sobre el que pintar. Y es que, si pensábamos que las sombras glitter o de colores neón e incluso ese eyeliner flotante ya era cruzar la línea entre los maquillajes tradicionales y otro nivel de extravagancia, estábamos muy equivocadas. Estas tendencias se vuelven discretas al lado de la nueva que empieza a poblar los pasillos de Instagram, que pasa por llevar el rostro maquillado al más puro estilo arty.

Pero la red social no ha hecho más que superar las bases de esta tendencia. Las diseñadoras gráficas, maquilladoras y, en general, artistas que la pueblan han decidido llevar sus conocimientos en materia de pintura y delineado al rostro creando auténticas obras de arte a todo color.

No es maquillaje lo único que se utiliza para conseguir estas creaciones. Además de sombras de ojos, máscara de pestañas de todos los colores y eyeliner en la misma línea, se utiliza pintura de cara, la misma que utilizábamos cuando éramos pequeñas para disfrazarnos. Aunque lo cierto es que la paciencia y la destreza son casi lo más necesario para conseguir estas creaciones y es que no es nada fácil llegar a conseguir


estos resultados, que llegan hasta en 3D, como los de la diseñadora gráfica Hotin Catalina. Pero los diseños no son solo con líneas ni geométricos. Hay quien se atreve con flores, nubes y otros dibujos que van desde el arte en sí mismo hasta, incluso, la reivindicación. En general, parecen filtros de Instagram En definitiva, una tendencia atrevida donde las haya, por no decir la que más, pero que confirma Instagram como una fuente de inspiración y creatividad. Y es que, aunque no nos atrevamos con ella, por lo menos nuestro feed será un sucesivo desfile de fantasías.


Ser mujer es una tarea infinita donde la sociedad de raíz machista nos obliga a demostrar nuestro valor en cada ámbito que nos movemos: madres, amigas, parejas, profesionales, etc. Esta tediosa sensación de”prueba” permanente está quedando cada vez más en evidencia, debido a los últimos sucesos ocurridos en el mundo, que nos han obligado a levantar la voz, salir a la calle y unirnos aunque sea a través de hashtags. En este contexto, la ropa se convierte en nuestra aliada, que nos entrega poder, seguridad e incluso nos permite reírnos de quienes insisten en vivir del pasado apropiándonos de sus códigos visuales y resignificándolos a nuestro antojo. Si bien estamos en la segunda década del siglo XXI vivimos un “renacer” de las corrientes más retrógradas del machismo decimonónico que no sólo nos están obligando salir a la calle a marchar, sino también a hacer de la moda nuestra bandera de lucha.


A muchos hombres les encanta ningunear el interés que tenemos por vernos bien, sin comprender que tras el acto de vestirse, no hay inocencia, ni menos una mirada naif. En el caso de la moda de autor nacional, encontramos marcas que con intención o no, están aportando en este proceso, ya sea desarrollando nuevas versiones de clásicos masculinos; diseñando prendas no género que rompen las distancias entre hombre y mujeres; o entregándonos productos donde el mensaje es el arma para romper los prejuicios.


Es indispensable que las mujeres tengan voz y voto en todos lo ámbitos para que puedan participar en igualdad de condiciones en el diálogo y la toma de decisiones, para poder influir en las decisiones que determinarán el futuro de sus familias y su país. Cuando hablamos de empoderamiento nos referimos a una mayor autonomía para las mujeres, a su reconocimiento y a la visibilidad de sus aportaciones. El empoderamiento de las mujeres implica que participen plenamente en todos los sectores y a todos los niveles de la actividad económica para construir economías fuertes, establecer sociedades más estables y justas, alcanzar los objetivos de desarrollo, sostenibilidad y derechos humanos y mejorar la calidad de vida de las familias. El acceso de las mujeres a los recursos económicos y financieros y al control sobre ellos es decisivo para lograr la igualdad de género, el


empoderamiento de la mujer, y para el crecimiento económico de nuestro país. La organización de las Naciones Unidas ha señalado que datos empíricos de diversos países muestran que incrementar la proporción de los ingresos del hogar controlados por las mujeres, procedentes de lo que ganan ellas mismas o de transferencias de dinero, modifica los patrones de gasto en formas que benefician a hijas e hijos, y a las comunidades enteras. Asimismo, ONU Mujeres y el Pacto Mundial de las Naciones Unidas publicaron los Principios para el empoderamiento de las mujeres que ofrecen al sector privado algunas prácticas y políticas sobre cómo empoderar a las mujeres en el lugar de trabajo.


Una pincelada de fantasía, algún destello metalizado, el trazo perfecto para resaltar los rasgos y la posibilidad de proyectar la mejor versión de ti misma: es el poder del maquillaje, y este verano te pertenece por completo.

La pregunta ha sido siempre la misma y las respuestas, obviamente, ha variado de forma drástica. Sin embargo, el cuestionamiento permanece inmutable: ¿qué es la belleza? Para la destacada profesora

y escritora siria, Ikram Antaki Akel (1948 - 2000), quien radicó en México muchos años, se trata de una problemática imposible de analizar fuera de su contexto espaciotemporal. Las mujeres del Renacimiento señala la autora, no soportaban ser delgadas: dejar que se advirtiera la estructura ósea por debajo de la ropa era algo vergonzoso; en aquella época, se necesitaban carnes. Los


massa, de Chad, piensan que ser bello es ser puro y gordo, así que se dedican a unas orgías de leche de sorgo. Hay que leer La verdadera e ingenua belleza de la mujer, de Jean Liebault, médico parisino del siglo XVI, para corroborar que los cánones han cambiado de forma dramática.

Eso es la belleza, un asunto de tiempo y espacio. La normatividad del tema es un asunto realmente antiguo: encerradas en sus corsés hasta perder la respiración, trepadas sobre tacones de ocho centímetros, cargando faldas de cinco metros de ancho, aplastadas bajo peinados parecidos a edificios, devoradas por las pulgas y los piojos, pintadas de

blanco, rojo, negro y azul hasta perder los dientes y la salud, las coquetas del siglo XVIII parecían haber alcanzado las cumbres de lo tolerable señala Antaki Akel Si quieres lucir, ¿haz de sufrir? El maquillaje, a lo largo de la historia, ha sido parte fundamental del concepto de belleza, el cual no pocas veces se ha tornado temerario, peligroso e incluso kamikaze. Y para muestra, unos cuantos botones. Aspsia, en el siglo V a.C., rellenaba sus arrugas con un pegamento elaborado con pescado. Cleopatra se blanqueaba con gis, mientras que Agnès Sorel aplicaba sobre sus mejillas la carne caliente de una paloma recién degollada.


Las peores torturas pasan por el recuento de la belleza: carbonato de plomo para la tez, plombagina para oscurecer los ojos, minio para enrojecer las mejillas, etcétera, apunta Antaki Akel. En el siglo XVIII, la moda de maquillarse parecía haber llegado a su paroxismo: cutis blanco, venas azules, mejillas escarlata y algunos lunares negros . A fines del siglo XIX, la burguesía se ahogaba en nubes de polvo y los colores estridentes estaban reservados para las cortesanas. Las mujeres descubrieron la higiene y el sutil placer de ser bellas sin tener la apariencia de una cocotte. Por fortuna, hoy en día todas esas prácticas extremas se limitan a integrar una enciclopedia de curiosidades que ninguna mujer estaría dispuesta a experimentar. Es precisamente aquí cuando el maquillaje adquiere un rol protagónico, mismo que la firma japonesa Shiseido la empresa cosmética más antigua del mundo, fundada en 1872, y que cuenta mil investigadores, 10 centros internacionales de investigación y más de dos mil 400 patentes registradas ha sabido capturar a lo largo de su historia, y que hoy traduce en propuestas de maquillaje cuya sutilidad, elegancia y alcance de seducción empoderan a la mujer contemporánea. Dile adiós a las complejidades gratuitas, despídete de los falsos bronceados y atrévete a destacar tu mirada sin tener que descuidar los labios. Esta es la lección teórica que el maquillaje estival tiene reservada para ti, y sabemos que, en cuanto la pongas en práctica, los resultados serán deslumbrantes.


Es curioso cómo han cambiado los códigos del maquillaje en los últimos años (con una pandemia de por medio). En 2017, el maquillador Tom Pecheux comentab–con cierto pesar– la uniformidad que se observaba en aquel momento.

Es increíble que en un tiempo en que se supone que tenemos el derecho a ser libres todo el mundo tenga la necesidad de encajar en el mismo sitio. Es realmente extraño”, afirmaba en referencia a esa corriente que existía de imitar looks tan populares como los de las Kardashian (por

ejemplo). En 2022, las reglas han cambiado precisamente porque están dejando de existir.“No estamos educados para el cambio y cuando no estamos preparados para algo tenemos miedo. El maquillaje siempre debería haber sido una manera de expresar quién eres. Después de una pandemia en la que hemos sentido la pérdida de libertad, afortunadamente cada vez más personas expresan su individualidad.


La mejor tendencia siempre es la que tú quieras llevar. Si quieres ser diferente, sé diferente”, afirma ahora uno de los maquilladores más reputados de la industria que, casualidades de la vida, estudió para ser chef de repostería antes de que el destino le llevara por otros derroteros.

No en vano, el actual director global de belleza de YSL Beauté (propiedad del grupo L’Oréal desde 2008) lleva más de 30 años cambiando los códigos estéticos y otorgando al maquillaje ese halo mágico. Maquilló a Lady Di para la mítica portada de Vanity Fair en 1997, es íntimo de las Kardashian, Kate Moss siempre dice que gracias a él aprendió a usar protector solar a diario y modelos como Joan Smalls han hablado con fervor de su amistad.

Aunque claramente la pandemia nos ha redescubierto las capacidades del maquillaje más allá de su vis puramente estética, Pecheux lleva años adoctrinando sobre su poder emocional. « Muchas mujeres llegan a la silla de maquillaje tristes, cansadas o enfadadas. Sin las mujeres no hubiera podido ser makeup artist, son las protagonistas de mi trabajo y quiero darles esa energía positiva que tiene el maquillaje», dice. Estas palabras no se reducen a su labor como maquillador de celebrities y modelos, sino a sus primeras experiencias en stands de firmas de maquillaje


A través de la moda vestimentaria se han representado muchos de los momentos históricos que han liderado el sobre género femenino y su lucha por la igualdad, siendo éste un siglo diferente y representativo para la mujer en su evolución y transformación, es decir, tanto en sus logros desde lo cultural, social, hasta en lo económico y personal, que dan a conocer las constantes para la relación de moda, empoderamiento y su manifestación a través del vestuario. Se podría decir que en la actualidad el género femenino goza de muchos derechos que se han obtenido a través de los años. Es evidente que esta lucha por la igualdad ha recorrido un largo camino, y que las mujeres han tenido que destacarse ante la sociedad para lograr ser escuchadas, en la historia se conocen muchas maneras de


manifestaciones y logros obtenidos en los ámbitos sociales y culturales, sin embargo la moda en particular ha tenido una gran influencia en esta lucha, así algunos lo nieguen, es posible notar una demostración de esto en el siglo XX y XXI en donde parece existir una estrecha relación entre el empoderamiento de la mujer con el uso del traje masculino, el cual aparece en repetidas ocasiones donde las mujeres han tenido como objetivo ser representativas. En concordancia con lo mencionado, la pregunta es: ¿Cómo ha sido la evolución de esa relación entre empoderamiento femenino

y vestuario y cuáles son sus representaciones en el presente? Esta cuestión lleva a formular una hipótesis que plantea, que tras una revisión histórica de los cambios en la vestimenta del siglo XX, la relación entre vestuario y empoderamiento femenino es evidente. No obstante, existen teorías que niegan esta estrecha conexión de la sociedad con respecto a la indumentaria, la cual le ha dado en repetidas ocasiones la importancia a la mujer para ser escuchada, y brindarle no solo igualdad cultural sino también de género.


La ropa, los adornos y los complementos, han sido una forma de exteriorizar el estatus dentro de la mayor parte de las sociedades durante la inmensa mayoría de los distintos periodos históricos, así como en todo el mundo.

Podemos poner como ejemplo el uso de la capa y la espada por parte de la nobleza europea en la Edad Moderna, artículos prohibidos para la población que no pertenecía a esa clase social. Los pueblos precolombinos usaban, entre otros artículos, penachos de plumas

para diferenciar a las personas que lideraban sus sociedades. Muchos pueblos africanos distinguen a sus jefes por los colores vivos de sus ropas, así como ornamentación personal como aros o perforaciones, etc. Esta dinámica como hemos dicho se repite a lo largo de la historia y del globo terrestre.


Llama la atención cuando vemos a una persona lucir una prenda donde se puede leer la marca que ha fabricado dicha prenda o en su defecto un logotipo fácilmente reconocible.

Durante la crisis de 2008 marcas como Vuitton o Channel bajaron los precios con el objetivo de alcanzar una cota mayor de mercado y el resultado que obtuvieron fue una bajada en las ventas, sus productos dejaron de ser exclusivos para las personas que podían permitírselos originalmente, por lo que en un breve espacio de tiempo volvieron a subirlos hasta alcanzar un 32% de aumento en el precio allá por el 2014. Esto significa que estas marcas son exclusivas para las personas que

pueden gastar una gran cantidad de dinero para adquirirlas, lo que las posiciona socialmente por encima de aquellos que no pueden acceder a ellas. A veces ir a la moda es llevar un cartel diciéndole a todo el mundo cual es nuestra posición en una sociedad donde la valora a las personas por su capacidad económica.


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