Edición del 15 de septiembre de 2024 Año 116 - N°6.455
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Obispo Óscar Blanco Martínez OMD
Editor: Pbro. Fredy Subiabre Matiacha fredysubiabre@gmail.com Impresión:
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Semanario fundado por Mons. José Fagnano el 19 de enero de 1908
“PARA CONSOLAR A LOS TRISTES”
l martes 10 de septiembre celebramos la pascua del P. Sergio Body Flores, a los 89 años de edad y 72 de vida religiosa. Hijo de Don Raúl Body Riveros y de Doña Mercedes Flores Torres, nació el 06 de Enero de 1935 en Santiago, a los 10 años dejaba su hogar para seguir los pasos de Don Bosco. Realizó su noviciado en Santa Filomena, Jahuel, en 1951. Realizó su primera profesión religiosa el 31 de enero de 1952 y su profesión perpetua el 29 de enero de 1958 en Concepción. El 7 de Octubre del año 1961, recibe la Ordenación Sacerdotal, del entonces Arzobispo de Santiago, Monseñor Raúl Silva Henríquez. Durante sus años de vida religiosa y sacerdotal prestó servicios en las comunidades salesianas de Macul, Punta Arenas, Lo Cañas, Concepción, El Patrocinio de San José y Valdivia. Prestó diversos servicios como Director, Maestro de novicios y consejero inspectorial en dos oportunidades. En Punta Arenas, se recuerda su paso por la comunidad del Liceo San José, en el Instituto Don Bosco y en las comunidades parroquiales de Cristo Obrero, donde se desempeñó como cura párroco. Actualmente, desde 2017, actuó como vicario parroquial de la Parroquia Santuario María Auxiliadora. De una forma u otra, su servicio pastoral y ministerial en nuestra Diócesis fue una valiosa colaboración. Desde Mons. Vladimiro Boric hasta nuestro actual Obispo Óscar, el P. Sergio Body estuvo presente en diferentes períodos y comunidades salesianas, brindando generosamente lo mejor de sí mismo en bien de los demás. El Provincial de la Congregación Salesiana en Chile, P. Nelson Moreno Ruiz SDB, quien presidió la eucaristía, en parte de su homilía manifestó: Escoge como lema sacerdotal, “para consolar a los tristes”, pues como él
(Lema sacerdotal del P. Sergio Body Flores SDB)
mismo expresaba en una carta: “ser sacerdote es ser para los demás, y quiero ser presencia de la bondad divina entre los hombres que me rodean... quiero ser testigo de su amor”. Con la mirada puesta en el legado de Don Bosco, nuestro padre fundador, el padre Sergio, vivió su sacerdocio con alegría y un profundo amor por los jóvenes. Don Bosco nos enseñó que la educación y la evangelización son caminos inseparables, y nuestro hermano lo llevó a cabo con dedicación, dando testimonio de lo que significa ser un verdadero educador de la fe, con una cercanía y profundidad que muchos recordaremos con camino, pues él hacía de cada encuentro con un joven, una ocasión para manifestar el amor de Dios para ellos. Podemos decir, que siempre se empeñó por vivir su lema sacerdotal, “para consolar a los tristes”, dedicándose a los jóvenes y a la gente sencilla. Su servicio pastoral fue un reflejo constante de ese compromiso con el consuelo y la esperanza, mostrándose cercano, alegre y bondadoso. Los jóvenes y aquellos que lo conocieron podrían dar testimonio de cómo, en las tareas cotidianas, el Padre Sergio, se esforzaba por brindar consuelo no solo en palabras, sino también en gestos concretos, encarnando el carisma salesiano de “estar entre los jóvenes”. La primera lectura que hemos escuchado nos invita a reflexionar sobre la fe como la certeza de lo que se espera, y la convicción de lo que no se ve. Tal como Abraham que salió hacia una tierra que no conocía, confiando en la promesa de Dios, el Padre Sergio emprendió su camino de consagración en la vida salesiana, buscando siempre cumplir con la misión de consolar a los tristes y llevar esperanza, con la convicción de que lo que no se ve, es el camino que cada joven realiza a lo largo de su vida para alcanzar sus sueños, y que
con la guía de educadores cercanos y sabios se hace posible. Hoy, recordamos la fe que el padre Sergio vivió a lo largo de su vida. Una fe que no solo se quedó en pensamientos o palabras, sino que se tradujo en actos concretos de amor y servicio. Él sabía que ser sacerdote no era solo un oficio, sino una respuesta a un llamado profundo que implicaba estar al servicio de Dios y de los demás, y en forma particular por los jóvenes; alumnos y exalumnos que acompaño como pastor y educador. En el Evangelio de Juan, que hemos escuchado, Jesús se presenta como el Buen Pastor, aquel que conoce a sus ovejas y que da su vida por ellas. Este modelo de pastor resuena en la vida del padre Sergio. Él entendió y vivió su vocación como un llamado a seguir a Cristo, el Buen Pastor - que conoce a sus ovejas - y en cada conversación que tuvo, en cada escucha atenta, en cada gesto de cercanía... supo construir puentes y abrir espacios para que otros se sintieras acogidos y valorados, aspectos que en su ministerio fueron esenciales, haciendo de él, un verdadero buen pastor para su rebaño. Así como Jesús, él no solo escuchó las preocupaciones y las alegrías de
los que se le acercaban, sino que se entregó generosamente, guiando y protegiendo a los jóvenes, a sus comunidades y a todos quienes buscaban un consejo, un apoyo o simplemente una palabra de aliento. Su capacidad de acompañar y escuchar fue un don que tocó muchos corazones y sembró la esperanza en aquellos que tuvo la oportunidad de servir. Acompañar a otros en su camino fue siempre una de sus prioridades pastorales. Querido padre Sergio, gracias por tu testimonio de fidelidad a Dios y al carisma salesiano, gracias por tantos años de entrega y tanto bien sembrado especialmente en estas tierras magallánicas. Que tu camino hacia la Casa del Padre sea un viaje de gozo y paz. Que encuentres en su amor eterno la recompensa a todas tus entregas y sacrificios. Y que la luz de Cristo resplandezca sobre ti mientras descansas en su presencia. Que tu testimonio viva en nosotros, y que, siguiendo el camino que nos enseñaste, continuemos construyendo un mundo mejor, lleno de fe, esperanza y amor. Dale, Señor el descanso eterno y brille para él la luz perpetua, amén.