Edición del 21 de julio de 2024 Año 116 - N°6.6447
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Obispo Óscar Blanco Martínez OMD
Editor: Pbro. Fredy Subiabre Matiacha fredysubiabre@gmail.com Impresión:
Patagónica Publicaciones S.A. Diseño Editorial: Jacqueline D.
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Semanario fundado por Mons. José Fagnano el 19 de enero de 1908
TESTIMONIOS: LA ENTREVISTA DE LA PERIODISTA SUSY JACOB
DEL LICEO MARÍA AUXILIADORA A LA VISITA DEL PAPA: LA INSPIRADORA HISTORIA DE PATO RIQUELME
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arlos Patricio Riquelme, conocido afectuosamente como Pato Riquelme, es un hombre que a sus casi 87 años, sorprende con su vitalidad y lucidez. Nacido en Providencia, Santiago, Pato es el menor de tres hermanos y su vida está marcada por la muerte temprana de sus padres y la convivencia con vecinos de diversas culturas, lo que le otorgó una riqueza de experiencias y conocimientos. Estudió construcción civil en la Universidad de Chile y desarrolló una destacada carrera profesional, llegando a ser Director Regional de Aeropuertos. Fue trasladado a Punta Arenas en 1967, donde se estableció hasta hoy. Desde niño, su padre lo llevaba a procesiones y misas, lo que cimentó en él una profunda fe católica. Aunque sus padres fallecieron cuando él era muy joven, el ejemplo de devoción de su padre y la presencia constante de una gruta de Lourdes en su hogar dejaron una huella imborrable. En el ámbito personal, Patricio conoció a su esposa, Nora, durante sus años universitarios en Valparaíso. Se casaron dos años después de graduarse y han compartido una vida juntos por más de seis décadas, celebrando 62 años de matrimonio. Tienen dos hijos, Patricio Alberto y Pamela Teresa, y la familia ha crecido con la llegada de tres nietos: Gustavo Alejandro, Benito, y Paula. En nuestra ciudad, Patricio se involucró en la comunidad eclesiástica, llegando a ser presidente de la comunidad de la Catedral. Su compromiso con la Iglesia se vio reflejado en su participación en numerosas actividades y proyectos, incluyendo la organización de la visita del Papa Juan Pablo II a la región. Para Patricio, la fe no solo ha sido un refugio espiritual, sino también una fuente de inspiración y motivación para servir a los demás. En esta entrevista, nos comparte su fascinante trayectoria, especialmente su rol fundamental en la organización de la visita del Papa Juan Pablo II a Punta Arenas.
hasta hoy. Y, más adelante, me involucré en el Centro de Padres y Apoderados, como vicepresidente todos los años hasta que mi hija egresó. Participé activamente y colaboré en la formación del Laboratorio de Computación, en el de Idiomas y también en la revistas del colegio”.
¿Cómo fue su vida profesional? “ Trabajé como director regional de aeropuertos, y tuve la suerte de no estar cesante ni un solo día. Fui trasladado a varios lugares, incluyendo Puerto Montt, Valdivia y finalmente Punta Arenas. Me trasladaron aquí por trabajo en 1967. Inicialmente, fue un desafío adaptarse al clima, pero al final nos establecimos bien”.
Hablemos sobre la visita del Papa Juan Pablo II. ¿Cómo se involucró en la organización? “Fue un proceso muy interesante. En ese tiempo yo era el Director Regional de Aeropuertos, así que tenía mucha experiencia en organización y logística. El Padre Obispo me pidió que me encargara de la coordinación técnica de la visita del Papa. Acepté el desafío con entusiasmo, aunque al principio me sentí un poco abrumado. En todo Chile nombraron a 2 coordinadores por ciudad, uno por parte de la Iglesia y otro por parte del Gobierno. Como yo era funcionario público, en Punta Arenas quedé como único coordinador, lo que me ayudó y facilitó las cosas. Lo único que yo dejé en claro desde el primer día, es que no quería involucrarme con dinero y todo fue ad honorem”.
Ud. participó activamente en el colegio de sus hijos. ¿Qué lo motivó? “Me recomendaron los colegios salesianos para mis hijos, San José y María Auxiliadora. En este último, me hice muy amigo de 2 directoras monjitas, muy entusiastas, me sentía muy bien siendo amigo de ellas. Me pidieron ayuda para estudiar la mecánica de sueos del gimnasio que iban a construir, el que está vigente
¿Y en qué momento comenzó su acercamiento a la Iglesia? “Llegamos a vivir a la Población Fitz Roy y muy cerca estaba la Capilla Espíritu Santo. Empezamos a asistir a las misas regularmente y nos invitaron a unirnos a un grupo de oración y espiritualidad, lo que nos permitió profundizar en la fe y formar parte activa de la comunidad. Con el tiempo, yo fui asumiendo más responsabilidades, ayudando en la organización de procesiones y la construcción de una Cruz para la capilla. Por esa razón, me hice muy cercano al Obispo Goic. Hasta ese momento mi vinculación con la Iglesia había sido solamente de leer la historia sagrada, pero en la capilla comencé a profundizar más mi fe y vida espiritual”. Luego participó activamente en la Iglesia catedral. “Nos cambiamos de casa, en la que vivimos hasta el día de hoy, por lo que comenzamos a vincularnos a la Catedral. Ahí empecé a crecer más, me hice muy amigo de varios curas, tuve la suerte de conocer sacerdotes muy agradables. Y, con el tiempo, me nombraron presidente de la comunidad. Con el Padre Muñoz y el obispo Tomás González nos hicimos muy amigos, me nombraron a cargo de la escuela para laicos y eso me obligó a leer y estudiar más. Al Obispo González incluso lo visité el año ’77 cuando él estaba en Roma, un viaje que me marcó mucho por darme cuenta de lo que estaba sucediendo con los derechos humanos en Chile, pero también por la posibilidad de conocer las grandes basílicas”.
¿Cómo fue el proceso de planificación? “La planificación comenzó con mucha anticipación, casi un año antes de la visita. Recibimos instrucciones de la Santa Sede sobre cómo cuidar al Papa y garantizar su seguridad. Tuve que coordinar con muchas instituciones, yo pasé a tener un estatus muy alto, por ser el encargado de esto y tenía muchas reuniones desde el Ejército hasta los Carabineros, pasando por la Armada y otros servicios públicos. Fue un aprendizaje enorme, pero también una experiencia muy gratificante”. ¿Cómo fue el día de la visita? “El día de la visita fue muy ajetreado. Desde la llegada del Papa al aeropuerto hasta su traslado al estadio, todo tenía que funcionar como un reloj. Me encargué de coordinar todos los detalles, incluso tuvimos que hacer una prueba previa para asegurarnos de que los tiempos fueran precisos. Cuando el Papa llegó, saludó a las autoridades y luego se dirigió al estadio. Fue un evento muy bien organizado, y me sentí muy orgulloso de que todo saliera
bien, gracias a un trabajo de equipo con muchísimas personas y colaboradores voluntarios”. ¿Hubo algún momento especialmente desafiante? “Uno de los momentos más críticos fue asegurarnos de que el Papa pudiera seguir su itinerario a tiempo. Hubo un punto en que cuando llegó a Punta Arenas, nos dimos cuenta de que si el Papa no salía a tiempo de regreso, la marea podría afectar su traslado en lancha en la visita posterior a Puerto Montt, que habían planificado. Fue una situación tensa, pero logramos resolverla a tiempo, pero no pudimos hacerle un paseo al Cerro de la Cruz, que habíamos planificado e incluso ensayado, para que desde ahí diera la bendición a toda la ciudad”. ¿Cuál fue para Usted lo más emocionante de la visita del Papa? “Sin duda, el momento más emocionante fue cuando el Papa me dio las gracias personalmente. Al llegar, en el aeropuerto, el Padre Obispo me presentó y le dijo al Papa que yo había estado a cargo de la coordinación, y el Papa me tomó las manos y me dijo: “Muchas gracias por su trabajo”. Fue un momento muy emotivo que nunca olvidaré”. ¿Qué legado dejó esta experiencia en su vida? “Esta experiencia fue única y muy significativa para mí. Me enseñó mucho sobre la importancia de la organización, la colaboración y la fe. También me permitió establecer relaciones muy cercanas con varias personas de la Iglesia y del gobierno, y me dio una profunda satisfacción personal por haber podido contribuir a un evento tan importante”. ¿Cómo ha sido su participación en la vida de la comunidad después de la visita del Papa? “ Continué participando en la vida de la comunidad y de la Iglesia, aunque con menos intensidad. Me involucré en varias actividades y proyectos, pero siempre tratando de apoyar de la mejor manera posible. La visita del Papa fue un punto culminante, pero mi compromiso con la comunidad y la Iglesia ha sido constante a lo largo de los años”. ¿Qué mensaje le gustaría dar a las personas sobre la importancia de participar en la vida de la Iglesia? “Participar en la vida de la Iglesia es importante porque permite a los laicos trabajar junto a los consagrados en obras buenas y significativas. Es una manera de hacer el bien y de encontrar un propósito más profundo en la vida. Además, el trabajo conjunto entre laicos y consagrados enriquece a ambos y fortalece la comunidad”.