Edición del 1 de marzo de 2026 Año 117 - N°6.540
Representante Legal y Director:
Obispo Óscar Blanco Martínez OMD
Editor: Pbro. Fredy Subiabre Matiacha fredysubiabre@gmail.com Impresión:
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Semanario fundado por Mons. José Fagnano el 19 de enero de 1908
DIÓCESIS DE PUNTA ARENAS IGLESIA DE MAGALLANES
La cuaresma en tres palabras
E
Padre Obispo Óscar Blanco Martínez OMD Homilía del miércoles de ceniza: 18 de febrero 2026
n esta Cuaresma 2026, iluminados por el mensaje del Papa León XIV, queremos releer nuestra realidad desde tres palabras sencillas y profundas: Escuchar, Ayunar y Juntos. Tres caminos que pueden transformar no solo nuestro corazón, sino también nuestras comunidades y sociedad. Vivimos en una zona privilegiada. Punta Arenas y toda la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena ha sido visitada y fotografiada por miles de turistas. Nuestra “postal” ha sido admirada en todo el mundo. Pero la Cuaresma nos invita a ir más allá de la postal: nos invita a mirar el alma de nuestra tierra y de nuestra gente. 1. Escuchar: el primer paso para entrar en relación La escucha es el comienzo de toda relación verdadera. Sin escucha no hay encuentro; sin escucha no hay cuidado. Escuchar a Dios en su Palabra. Escuchar al hermano que vive a mi lado. Escuchar el clamor de los más frágiles. Escuchar también el grito silencioso de la creación. Nuestra tierra austral habla. El viento, el mar, los campos abiertos, los glaciares, la vida sencilla de nuestros pueblos… todo nos habla de belleza y de fragilidad al mismo tiempo. ¿Escuchamos lo que la creación nos dice cuando la contaminamos o la descuidamos? ¿Escuchamos al adulto mayor que se siente solo? ¿Escuchamos a los jóvenes que buscan sentido y futuro para sus vidas? La escucha nos saca del egoísmo. Nos hace salir de la indiferencia. Nos enseña que no somos dueños absolutos, sino custodios. Dios le dice a Moisés: “Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7). Nuestro Dios, es un Dios que escucha, no le gusta hacerse el sordo, escucha nuestra oración, nuestra alabanza y nuestro clamor de fraternidad, justicia y paz. En una sociedad marcada por el consumo rápido y lo inmediato, escuchar es un acto profético. Es detenerse. Es reconocer que el otro importa. 2. Ayunar: descubrir de qué tenemos hambre Ayunar no es solo dejar de comer. Es preguntarnos con sinceridad: ¿De qué tengo hambre? ¿Qué es lo que realmente busco? En una cultura que nos ofrece bienes materiales como respuesta a todo, la Cuaresma nos ayuda a descubrir que nuestra hambre más profunda no es de cosas, sino de salud, solidaridad, fraternidad, amistad cívica, justicia y paz.
Cuando privamos al cuerpo de alimento, sentimos el vacío. Ese pequeño vacío puede convertirse en una pregunta espiritual: ¿Estoy alimentando solo mi comodidad o también mi compromiso con los demás? San Agustín decía que mientras tenemos hambre de justicia, nuestro corazón se ensancha y se prepara para ser llenado por Dios. Qué imagen tan hermosa: “el corazón que se agranda para poder recibir más amor”. En nuestra región, donde sabemos lo que significan el esfuerzo y el trabajo duro, el ayuno puede ayudarnos a revisar nuestro estilo de vida: ¿Somos solidarios con quienes tienen menos? ¿Nos preocupamos por nuestros abuelos y abuelas? Ayunar nos educa en la sobriedad. Nos libera del exceso y nos abre al compartir. Y cuando el ayuno se convierte en solidaridad concreta -como en la Campaña de Cuaresma de Fraternidad en ayuda a los adultos mayores- entonces el sacrificio se transforma en esperanza. El Papa León, también nos invita a una forma de ayunar muy concreta: “la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias ...Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.
3. Juntos: nadie se salva solo La Cuaresma nos recuerda una verdad fundamental: nadie se salva solo. La fe no es un camino individualista; es un caminar como pueblo. En Chile lo sabemos bien: los incendios, las inundaciones y tantas emergencias nos han llevado a movilizarnos de un extremo a otro. El clima, las distancias y la historia nos han enseñado que necesitamos unos de otros. No podemos vivir aislados. La Iglesia nos propone caminos comunitarios: la oración compartida, la escucha de la Palabra de Dios en comunidad, el Vía Crucis, los retiros espirituales, la reconciliación con Dios, con los hermanos y con nosotros mismos, y la caridad organizada y solidaria. Todo esto no son solo actividades religiosas. Son experiencias que fortalecen el tejido social. Son espacios donde aprendemos a mirarnos como hermanos. Queridos hermanos y amigos, esta tierra austral no es solo una postal para el mundo; es una misión para nosotros. Escuchar para entrar en relación. Ayunar para descubrir nuestra verdadera hambre. Caminar juntos porque nadie se salva solo. Que esta Cuaresma 2026 nos ayude a ser una comunidad más consciente, más solidaria y más fraterna. Que quienes nos visiten no solo admiren el paisaje, sino que descubran un pueblo que se cuida, que se respeta y que construye una paz sencilla, humilde y desarmante.