Edición del 4 de enero de 2026 Año 117 - N°6.532
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Obispo Óscar Blanco Martínez OMD
Editor: Pbro. Fredy Subiabre Matiacha fredysubiabre@gmail.com Impresión:
Patagónica Publicaciones S.A. Diseño Editorial: Jacqueline D.
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Semanario fundado por Mons. José Fagnano el 19 de enero de 1908
PREMIO POR LA PAZ 2025: CIRO BARRIA VARGAS UNA VIDA DE SERVICIO ●●La comunidad de Puerto Natales y la Región de Magallanes celebran esta designación, símbolo de esperanza y gratitud hacia quien, con humildad y constancia, ha encarnado la bienaventuranza de Jesús: “Felices los que trabajan por la paz ...”.
E
l viernes 26 de diciembre fue una jornada cargada de emoción y gratitud. El padre obispo visitó en su domicilio en Puerto Natales a don Ciro Barría para comunicarle que había sido elegido para recibir el premio por la paz que la iglesia de Magallanes otorga cada año en el marco de la Jornada Mundial por la paz. El padre obispo manifestó: “hemos venido con mucha alegría y esperanza a comunicarle a don Ciro que él ha sido elegido como la persona que promueve los valores de la paz. Buscamos a alguien que, a veces de manera anónima , hace el bien y transmite algo tan necesario para nuestra sociedad y el mundo entero cono es la paz. A través de diversos testimonios se nos ofrece la figura de una persona quien, desde su trabajo, manifestó cuidado y cariño por las personas y la naturaleza. Don Ciro Omar Barría Vargas nació en Punta Arenas el 20 de julio de 1959. Hijo de Irma Vargas Oyarzún y de Carlos Barría Muñoz, vivió su infancia en el Puesto Laguna Azul de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, donde su padre cumplía labores de pueste-
ro. Más tarde, dichos terrenos formarían parte del Parque Nacional Torres del Paine. El amor por la naturaleza y la vida al aire libre que experimentó durante su infancia luego se canalizó en sus estudios en la Escuela Agropecuaria de Las Mercedes, en Tierra del Fuego en los dos últimos años de funcionamiento de dicho establecimiento. En ese lugar aprendió diversos oficios que le serían de utilidad. Se encontró con uno de sus compañeros de estudio en el centro de Puerto Natales, quien le avisó de una posibilidad de trabajo en Conaf, para tareas de marcación de madera. Tras una entrevista con el entonces guardabosques Sergio Gallardo, comenzó en diciembre de 1978 su primera faena por seis meses en Estancia Berta, camino a Punta Arenas. Regresó el 1 de noviembre para convertirse en el primer y único guardaparque con que se abriría a la comunidad el Monumento Natural Cueva del Milodón. Ahí comenzó una historia de aprendizaje, sacrificios personales, esfuerzo y motivación, pero especialmente de templanza, porque durante años permaneció solo en esa unidad en una pequeña instalación que
El 3 de octubre, la I. Municipalidad de Puerto Natales y la Dirección Regional de CONAF homenajeó a don Ciro Barría tras 45 años de servicio entregados con pasión y compromiso.
hacía las veces de caseta de control y vigilancia, además de guardería, de 2 x 4 metros con una letrina exterior que compartía con quienes llegaban al sector de Silla del Diablo. Sólo era reemplazado por algún brigadista en sus días de descanso en roles que se extendían por roles de 25/10 y 45/15 en invierno. Recién en 1989 ingresó Jorge Pérez y más tarde Carlos Barría, uno de sus entrañables amigos de la vida. En ese tiempo las condiciones seguían siendo adversas, pues recién en 1991 se construyó una guardería más amplia, aunque seguían teniendo que caminar para conseguir y trasladar el agua. La estabilidad de su relación laboral con Conaf, así como
su determinación por concluir sus estudios y convertirse en un guardaparque cada vez mejor capacitado y conocedor de su unidad, dieron paso a un hito importante en su vida. El 22 de agosto de 1986 contrajo matrimonio con Gloria Margarita Ulloa Velásquez, con quien tuvieron dos hijas Carolina y Daniela. Si bien durante su desempeño como guardaparque siempre se las arregló para permanecer en la unidad que lo apasiona y que ama, siempre estuvo dispuesto a colaborar en lo que requiriera la institución; por ejemplo, apoyando en las emergencias generadas por los grandes incendios en el Parque Nacional Torres del Paine, de 2005 y de 2011, permaneciendo en terreno durante alrededor de un mes
El padre obispo Óscar junto a don Ciro en su domicilio en Puerto Natales comunicándole que ha sido elegido para el Premio por la Paz 2025
corrido en cada ocasión. Su interés por conocer el área y su buen trato personal lo posicionaron entre los investigadores como una contraparte confiable y dispuesta a ayudar, desarrollando relaciones de colaboración y respeto con todos los investigadores que han realizado labores en el área. Entre ellos, el destacado arqueólogo Luis Alberto Borrero, que nombró un alero con su nombre en las inmediaciones de la Cueva Chica, como una manera de homenajearlo a través de la toponimia de un lugar que recorrió y cuidó incesantemente durante 45 años. En estos 45 años desde su apertura, el Monumento Natural Cueva del Milodón no solo fue un espacio para el trabajo científico, también se convirtió en un punto de ayuda en una ruta que en sus inicios no era muy concurrida. Quienes transitaban por ella podían encontrar en los guardaparques ya sea agua, ayuda para cambiar un neumático o cargar una batería, baños, e incluso un sitio donde calentar la comida de la guagua. Gran parte de esta imagen se debe a la actitud cálida, empática y compasiva demostrada por don Ciro a través de los años. Tras 45 años de servicio en Conaf, numerosas personas
vinculadas a diversas actividades destacaron su buena voluntad, amabilidad y solidaridad, así como también su paciencia a la hora de transmitir su conocimiento a quienes comenzaban con sus empresas de turismo u otros emprendimientos. Don Ciro encarna el perfil de un guardaparque, inspirando con su ejemplo, presencia y dedicación a muchos otros guardaparques más jóvenes que han pasado por la unidad y luego han sido requeridos en otras por su carisma y competencias. Al recibir la noticia, don Ciro manifestó su sorpresa y gratitud: “Tuve una tremenda sorpresa al recibir esta noticia tan bonita. Quizás uno no se siente merecedor, pero cuando otros reconocen lo que uno ha hecho, se siente feliz. Mi vida laboral fue una linda experiencia, en una preciosa institución donde formé mi familia y crecí́ junto a mi comunidad. Estoy muy agradecido por este honor”. Este homenaje pone en valor no solo su extensa trayectoria profesional, sino también su calidad humana, reconociéndolo como un verdadero artesano de la paz, cuya huella permanece en la región y en el corazón de quienes lo han conocido.