Edición del 23 de noviembre de 2025 Año 117 - N°6.526
Representante Legal y Director:
Obispo Óscar Blanco Martínez OMD
Editor: Pbro. Fredy Subiabre Matiacha fredysubiabre@gmail.com Impresión:
Patagónica Publicaciones S.A. Diseño Editorial: Jacqueline D.
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Semanario fundado por Mons. José Fagnano el 19 de enero de 1908
En tiempos de incertidumbre, seamos signo de esperanza Mensaje al Pueblo de Dios y a todas las personas de buena voluntad, al finalizar la 132. ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal de Chile.
A
l terminar la 132.ª Asamblea Plenaria, los obispos que formamos la Conferencia Episcopal de Chile, compartimos este mensaje conclusivo con el deseo de que juntos seamos signo de esperanza. 1. Con inmensa alegría celebramos este año la gracia del Jubileo de la Esperanza y el centenario de la creación de siete diócesis de Chile: Chillán, Talca, Linares, Rancagua, San Felipe, Temuco y Valparaíso. La profunda experiencia del Señor Jesús, que se vive en los diversos actos jubilares, nos une más a Dios y a los hermanos, y nos desafía a ser signo de esperanza en el mundo de hoy. 2. Pronto viviremos una nueva jornada cívica en la que elegiremos a quien será Presidente de la República, una parte del Senado y la totalidad de la Cámara de Diputadas y Diputados. Llamamos a un discernimiento personal ante la obligación de sufragar, e insistimos en el alto valor que encarna la democracia y el Estado de derecho, espacios en los que la fuerza de la razón prevalece por sobre la razón de la fuerza.
3. Tras años de crisis política, social, económica y ética, percibimos un malestar generalizado que produce estancamiento frente a los problemas estructurales del país. Hay miedo ante la inseguridad y la violencia, incertidumbre frente al futuro y desconfianza en las instituciones. Sin embargo, también reconocemos la fuerza y la capacidad de nuestro pueblo para salir adelante si reconstruimos juntos la confianza social. 4. Como peregrinos de esperanza, motivados por el Espíritu de Dios, queremos ser testigos de la Pascua, capaces de seguir buscando en la noche la claridad de las estrellas. El Señor no anunció a sus discípulos tiempos fáciles o cómodos, sino que los preparó para ser signo de contradicción. Precisamente es en la cruz y en la resurrección donde Jesús transformó definitivamente la creación, pues no vino a suprimir la ley, sino a darle cumplimiento (cf. Mt 5,17). El Evangelio nos ofrece una esperanza viva y actualizada, anclada en la resurrección del Señor. ¡Vive Cristo, nuestra esperanza! Él ha comprometido su presencia: “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de los tiempos” (Mt 28, 20), y nos da la certeza de su resurrección como victoria definitiva. 5. Los obispos en Chile nos sentimos movidos por el Es-
píritu Santo a elevar nuestras voces en defensa de la dignidad humana. La imagen de Dios, visible en cada ser humano, nos interpela a cuidar y promover la vida –desde la concepción hasta la muerte natural– junto con las condiciones necesarias para el pleno desarrollo y el reconocimiento de su dignidad. Nos duele la creciente denigración de nuestros hermanos migrantes, quienes con trabajo y compromiso contribuyen inmensamente al bien de nuestra nación. Abogamos por un control de fronteras que respete la dignidad inherente de la persona humana y por el fortalecimiento de estrategias eficaces de regularización migratoria para quienes hoy están en situación irregular y
no tienen antecedentes penales o delictivos. Como obispos, estamos unidos a ellos por lazos de solidaridad y comunión fraterna. 6. En su primera exhortación apostólica Dilexi te, el Papa León XIV nos recuerda que “en el rostro herido de los pobres encontramos el sufrimiento de los inocentes y, por tanto, el mismo sufrimiento de Cristo” (n. 9). Reiteramos nuestro compromiso eclesial con la promoción del bien común y, en particular, por la defensa de las personas más débiles y desfavorecidas, para que puedan sentir que las palabras de Jesús “Yo te he amado” son dirigidas de manera especial a cada una de ellas. Nuestro país, copia feliz del Edén, tiene la capacidad de acoger y proteger
los sueños y anhelos de su gente. Renovamos nuestro compromiso de seguir acompañando el devenir patrio, tras cien años de separación entre el Estado y la Iglesia, para que Chile sea más justo, fraterno y solidario. Encomendamos a Chile a la Virgen del Carmen, Reina y Madre nuestra, para que nos ilumine en el caminar y nos lleve al reencuentro y al diálogo como sociedad, ayudándonos mutuamente a superar la crisis que vivimos y a construir los vínculos de confianza que necesitamos para ser el Chile que soñamos. Santuario de la Purísima de Lo Vásquez, 14 de noviembre de 2025.