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Edición 901

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Edición del 14 de septiembre de 2025 Año 117 - N°6.516

Representante Legal y Director:

Obispo Óscar Blanco Martínez OMD

Editor: Pbro. Fredy Subiabre Matiacha fredysubiabre@gmail.com Impresión:

Patagónica Publicaciones S.A. Diseño Editorial: Jacqueline D.

www.iglesiademagallanes.cl

Semanario fundado por Mons. José Fagnano el 19 de enero de 1908

CELEBRACIÓN DE FIESTAS PATRIAS

S

e vienen los días de Fiestas Patrias, y como cada año, en la semana del “18”, podemos contemplar de un modo especial el rostro de Chile. Hay distintas maneras de percibir este rostro multiforme: lo vemos en las calles adornadas con banderas en cada casa y que nos recuerdan un origen e identidad común. Lo vemos en el recuerdo de acontecimientos históricos y sus personajes, que nos indican que una historia común se construye con esa creatividad que rompe inercias y con audacia que dispone para asumir los riesgos: se construye historia cuando hay capacidad de soñar colectivamente y voluntad de luchar por esos anhelos comunes. En estos días, el rostro de Chile se manifiesta, también, en algunas tradiciones y costumbres que, año o a año, afloran como condición indispensable de la fiesta: las empanadas y la chicha, el alegre bullicio de las fondas y ramadas, el entusiasmo de las cuecas y la picardía de las cumbias y guarachas, los volantines, los desfiles. También se manifiesta este rostro en las Catedrales de todo el país, en

LOS ROSTROS DE CHILE

Marcos Buvinić Martinić

las que cada “18” nos reunimos para dar gracias a Dios por esta historia que es Chile, esta historia que somos nosotros, historia construida por algunas personas famosas y por tantos hombres y mujeres humildes y desconocidos. Esto, y otros, son los rostros de la fiesta de Chile. Y está bien que así sea, porque la fiesta nos permite encontrarnos, reconocernos, manifestarnos, alegrarnos y agradecernos mutuamente. La fiesta nos iguala a todos ante lo que nos es común. En las fiestas nadie se detiene a pensar si acaso vale la pena vivir, sino que se muestra festiva y espontáneamente que la vida es buena y aún puede ser mejor; en las fiestas aparece, también, el rostro del proyecto común: alegría, equidad, solidaridad, gratitud, abundancia. Sin embargo, el término de la fiesta nos muestra, también, la distancia entre lo que somos y lo que quisiéramos ser. Retirado el manto festivo aparecen otros rostros que son los otros rostros de Chile: rostros de niños golpeados por la pobreza aún antes de nacer, rostros de menores abandonados que caminan por

nuestras calles y crecen sin futuro, rostros de jóvenes desorientados y consumidos por la droga y la violencia, rostros de trabajadores bajo sistemas laborales abusivos y con pocas posibilidades de defender sus derechos, rostros sufridos de mujeres humilladas y postergadas, rostros de migrantes cargados de esperanza y frustraciones, rostros de ancianos marginados

y solitarios, rostros de enfermos sin acceso a la salud que necesitan, y una larga lista…

¡También esos son los rostros de Chile! Y esos son los rostros que nos interpelan y desafían a

construir una historia que sea buena para todos, tal como la vislumbramos en las fiestas del “18”.


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