Edición del 16 de marzo de 2025 Año 117 - N°6.481
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Obispo Óscar Blanco Martínez OMD
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Semanario fundado por Mons. José Fagnano el 19 de enero de 1908
Mensaje del Padre Obispo Óscar para la Cuaresma 2025 Catedral, Miércoles de Ceniza 5 de marzo
Humildad y esperanza para volver al corazón de Dios “VUELVAN A MÍ DE TODO CORAZÓN” “Recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás”, dice una de las antífonas con las que se nos imponen las cenizas. Suena fuerte, pero con ello la Iglesia nos invita a inclinar la cabeza como signo de humildad y a ponernos en el lugar que nos corresponde, con la esperanza en la misericordia de Dios. De esta forma, la Cuaresma se convierte en un tiempo fuerte para tomar conciencia de la necesidad de convertirnos a Dios. “Vuelvan a mí de todo corazón … Desgarren su corazón y no sus vestiduras y vuelvan a Señor su Dios porque él es bondadoso y compasivo” (Joel 2,12.14). Con este llamado del profeta Joel, los creyentes en Dios emprenden un camino de conversión, un camino que ya hemos comenzado con el Bautismo, nuestra primera conversión a Dios, en el que sumergidos en las aguas del bautismo renacemos a la vida de la gracia como hijos de Dios. La segunda conversión es ininterrumpida, es permanente, como permanente es el llamado de Dios: “vuelvan a mí de todo corazón”, es decir, desde el “centro de la persona, del lugar de los sentimientos, los deseos, las pasiones, donde se fraguan las decisiones más importantes del ser humano”. Y ¿cómo lo podemos hacer? acudiendo a otro corazón, al corazón ardiente de Jesús, que es un corazón humano y divino. Allí en ese corazón es donde nos reconocemos a nosotros mismos y es donde aprendemos a amar. Se trata de un “encuentro de corazón a corazón”.
“¡DÉJENSE RECONCILIAR CON DIOS!”. La humildad nos ayuda a reconocer la necesidad de “limpiar el polvo que se deposita en el corazón”. Nos ayuda la sincera llamada de San Pablo, en la segunda lectura, a la comunidad de los Corintios: “¡Déjense reconciliar con Dios!”. San Pablo no lo está sugiriendo, lo está pidiendo. “En nombre de Cristo, les pedimos: déjense reconciliar con Dios” (2Cor 5,20). Dejarnos reconciliar, dejarnos querer, dejarnos perdonar, porque el perdón no es asunto mío, sino que es gracia. Yo pido el perdón, pido a Dios limpiar mi corazón, porque solos no somos capaces de eliminar el polvo que se ha acumulado en nuestros corazones. Solo Jesús, que conoce y ama nuestro corazón, puede limpiarlo, puede sanarlo. “Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias, Señor” (Sal 50). La Cuaresma es tiempo “favorable”, es el Kairós para recuperar el corazón, es tiempo para limpiar y curar el corazón. Como rezamos una antífona antes del acto penitencial del misal: “Humildes y penitentes, como el publicano en el templo, acerquémonos al Dios justo” (MR 407). La Cuaresma es un tiempo de acercamiento a Dios y a nuestros hermanos. La humildad nos ayudará a sacarnos la radiografía de lo que somos, nos ayuda a estar con los pies bien puestos en la tierra, nos pone en nuestro sitio, nos enseña lo que somos y en qué situación nos encontramos. El mundo nos mira desde el más fuerte, el más listo, el más sabio, sano y poderoso: Cristo, y el cristiano mira la vida y
al ser humano desde el más débil, desde su pobreza: “Felices los pobres de corazón, porque ellos verán a Dios”. LA CUARESMA ES TIEMPO DE ESPERANZA. La Cuaresma es tiempo de esperanza. El Papa Francisco, en su mensaje para la Cuaresma 2025 nos invita a “caminar juntos en la Esperanza”. Nos dice el Santo Padre: Esta será una Cuaresma enriquecida por la experiencia del año jubilar, que tiene como lema “Peregrinos de esperanza”. Caminar como lo hizo el pueblo de Israel, en el desierto, según las Sagradas Escrituras, nos dice el Santo Padre, “caminar de la esclavitud hacia la libertad, de la muerte a la vida”. Caminar significa no quedarse sentado, caminar ante el dolor de la realidad que a veces es dura y paraliza. Pero el pueblo creyente es capaz de avanzar porque Dios nos acompaña, va a nuestro lado, va como un padre que acompaña a sus hijos hacia la felicidad. El espíritu del Jubileo nos invita a lanzar el ancla de la esperanza con humildad Queridos hermanos y hermanas, estamos en el pórtico del tiempo de la san-
ta Cuaresma. Este año comenzamos en los primeros días de marzo, retomando nuestro trabajo en la sociedad civil, la pastoral en la Iglesia y los estudios en las comunidades educativas y centros de formación. El espíritu del Jubileo nos invita a lanzar el ancla de la esperanza con humildad, para continuar nuestro caminar juntos con esperanza. No podemos quedarnos anclados en errores del pasado, en peleas egoístas, en promesas que defraudan… todo ello nos lleva a la apatía, a continuos reproches y no avanzamos como sociedad y como Iglesia. Tenemos en nuestras manos un presente hermoso: la vida, la familia, las comunidades pastorales y educativas, una región grata para vivir y un futuro abierto a mil posibilidades para amar y servir a la gente que más lo necesita. Son muchos los que esperan de nuestro testimonio de “buenos cristianos y de honestos ciudadanos”, para avanzar como sociedad más humilde, más fraterna, más solidaria y acogedora con los aportes de quienes vienen de afuera, llamados entonces a ser una sociedad más integradora y menos discriminadora. Pedimos a Dios ser una Iglesia y una sociedad más humilde y sembradores de esperanza. Que así sea.