Edición del 23 de febrero de 2025 Año 117 - N°6.478
Representante Legal y Director:
Obispo Óscar Blanco Martínez OMD
Editor: Pbro. Fredy Subiabre Matiacha fredysubiabre@gmail.com Impresión:
Patagónica Publicaciones S.A. Diseño Editorial: Jacqueline D.
www.iglesiademagallanes.cl
Semanario fundado por Mons. José Fagnano el 19 de enero de 1908
Jubileo de los Artistas
«El mundo tiene necesidad de artistas proféticos, de intelectuales valientes, de creadores de cultura»
●●Los artistas celebran su jubileo sin el Papa, pero con su mensaje. El cardenal Tolentino de Mendonça, prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación, ha presidido la Misa y leído la homilía preparada por el Papa Francisco.
E
l Papa tenía previsto afrontar otro desafiante fin de semana de eventos jubilares antes de que la persistencia de su bronquitis se lo impidiera. Para ello, había preparado ya los mensajes que pretendía ofrecer a los cerca de 10.000 artistas de casi 100 países que han acudido a la llamada de este Año Santo. Dos de los eventos se han cancelado, porque no tenían sentido sin la presencia del Pontífice, -la audiencia jubilar de este sábado y el encuentro con actores en Cinecittà- pero se ha mantenido la celebración de la Misa en la basílica de San Pedro. El cardenal Tolentino de Mendonça, prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación, ha sustituido a Francisco el domingo pasado y ha leído la homilía
que el Papa había escrito para los artistas. El Papa asegura a los artistas que ellos están llamados «a ser testigos de la visión revolucionaria de las Bienaventuranzas». Porque las Bienaventuranzas suponen mirar la realidad «con ojos nuevos, con la mirada de Dios, que ve más allá de las apariencias y reconoce la belleza, aun en la fragilidad y en el sufrimiento ... Es una lógica invertida, una revolución de la perspectiva», les dice. Esa misión que Francisco confiere a los artistas va más allá de crear belleza. El Papa les insta: «Su misión no sólo es crear belleza, sino revelar la verdad, la bondad y la belleza escondidas en los pliegues de la historia, de dar voz a quien no tiene voz, de transformar el
dolor en esperanza». Por ello, les encomienda ser «custodios de la belleza que sabe inclinarse ante las heridas del mundo, que sabe escuchar el grito de los pobres, de los que sufren, de los heridos, de los presos, de los perseguidos, de los refugiados». Además, les anima a que, en una época donde solo se levantan muros, construyan puentes de enriquecimiento mutuo. En esta homilía del Papa leída por el cardenal Tolentino, Francisco explica que la crisis que vivimos en estos días es también «una crisis del alma, de sentido ... nos planteamos cuestiones sobre el tiempo y la orientación. ¿Somos peregrinos o errantes? ¿Caminamos con una meta o estamos dispersos deambulando?». Por eso, invita a los artistas a ser quienes «ayuden a la humanidad a no perder la dirección, a no extraviar el horizonte de la esperanza». También indica a los artistas que el auténtico arte es siempre «un encuentro con el misterio, con la belleza que nos supera, con el dolor que nos interroga, con la verdad que nos llama» y que
«no es una lujo, sino una necesidad del espíritu. No es huida, sino responsabilidad, invitación a la acción, llamada, grito» recuerda el Papa a los artistas, a la vez que les aclara que educar en la belleza significa educar en la esperanza: «Y la esperanza nunca está separada del drama de la existencia; atraviesa la lucha cotidiana, las fatigas de la vida, los desafíos de nuestro tiempo». Además, Francisco explica que «el mundo tiene necesidad de artistas proféticos, de intelectuales valientes, de creadores de cultura. Y recuerden: la esperanza no es una ilusión; la belleza no es una utopía; el don que tienen no es una casualidad, es una llamada» y es por ello que su invitación final es a «dejarse guiar por el Evangelio de las Bienaventuranzas, y que el arte que hacen sea anuncio de un mundo nuevo: No dejen nunca de buscar, de interrogar, de arriesgar. Porque el verdadero arte nunca es cómodo, ofrece la paz de la inquietud». Por último, Francisco les pide: «Respondan con generosidad, con pasión, con amor».