Edición del 27 de octubre de 2024 Año 116 - N°6.461
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Obispo Óscar Blanco Martínez OMD
Editor: Pbro. Fredy Subiabre Matiacha fredysubiabre@gmail.com Impresión:
Patagónica Publicaciones S.A. Diseño Editorial: Jacqueline D.
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Semanario fundado por Mons. José Fagnano el 19 de enero de 1908
«PORQUE LA VIDA DE LOS QUE EN TI CREEMOS SEÑOR, NO TERMINA, SE TRANSFORMA»
E
s frecuente comparar la vida con un viaje. Lo iniciamos desde el momento que fuimos concebidos. Tendrá su término cuando la muerte nos permita encontramos con Dios. Vamos avanzando poco a poco todos los días hacia ese encuentro definitivo con él. Y cada cierto tiempo nos hace bien contemplar o vislumbrar el cielo que Jesús nos ha prometido y que el Padre nos ha preparado «desde la creación del mundo». Vamos peregrinando hacia esa casa del Padre donde hay muchas habitaciones. «Todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás» (Jn 11,26). Vamos a contemplar extasiados el rostro amoroso de Dios. Lo veremos a él cara a cara. Allí no habrá llanto, ni luto, ni miseria, ni dolor. En el cielo adónde vamos no tendremos limitación alguna: amaremos intensamente y seremos amados de igual manera. Nuestro gozo será pleno. Nuestra comunicación será total. Aquí en la tierra nos miramos desde lo exterior, nos dejamos engañar por las apariencias, muchas veces nos derrota el egoísmo, no logramos dar a entender lo que sentimos. En el cielo viviremos lo que aquí soñamos como imposible. En el cielo la palabra VIDA tiene todo su sentido. El cielo hacia el que vamos es una gran fiesta, que no tendrá hora de término. Allá partici-
Nuestra Oración por los difuntos paremos gozosos en el Gran Banquete del Reino, junto a Dios y a todos los que amaron y sirvieron. La Iglesia hace oración por quienes partieron, por los que se nos adelantaron en este viaje. Queremos que ellos estén disfrutando de ese gozo que dura para siempre. Queremos que ellos nos esperen y nos reciban cuando llegue para nosotros la hora de partir. Tenemos un gran cariño y respeto por nuestros difuntos. Con ellos nos sentirnos en comunión muy honda. La Iglesia triunfante, es decir la que ya ve el rostro de Dios intercede también por la Iglesia que aún está en camino. Entre ellos y nosotros hay afecto y comunión. Dios ha eliminado las fronteras entre «el más allá y el más acá». Formamos parte de la misma humanidad y nuestros vínculos de parentesco o amistad no se terminan nunca. Creemos además que Dios es un Dios de misericordia y de bondad. Por eso estamos ciertos que él sabrá valorar los aciertos y virtudes de nuestros difuntos. Y al mismo tiempo confiamos que él sabrá también perdonar los errores de nuestros hermanos. Dedicamos este día a tenerlos en nuestro recuerdo y a presentárselos al Señor para que estén con él en su casa y gozando de su mesa.
VER A DIOS “Dos seres iban juntos de camino hacia la vida y sucedió que, mientras estaban de camino, se pusieron a conversar entre ellos sobre qué era lo que les esperaba cuando llegasen al término de su camino…”. Sucedió que en un seno fueron concebidos gemelos. Pasaron las semanas y los gemelos crecieron. A medida que fueron tomando conciencia, su alegría rebosaba: - “Dime: ¿no es increíble que vivamos? ¿No es maravilloso estar aquí?”. Los gemelos empezaron a descubrir su mundo. Cuando encontraron el cordón que les unía a su madre y a través del cual les llegaba el alimento, exclamaron llenos de gozo: - “¡Tanto nos ama nuestra madre que comparte su vida con nosotros!”. Pasaron las semanas, luego los meses. De repente se dieron cuenta de cuánto habían cambiado. - “¿Qué significará esto?”, preguntó uno. - “Esto significa, respondió el otro, que pronto no cabremos aquí dentro. No podemos quedarnos aquí: naceremos”. - “En ningún caso quiero verme fuera de aquí, objetó el primero: yo quiero quedarme siempre aquí”. - “Reflexiona. No tenemos otra salida, dijo su hermano. Acaso haya otra vida después del nacimiento”. - “¿Cómo puede ser esto?, repuso el primero con energía. Sin el cordón de la vida
no es posible vivir. Además, otros antes de nosotros han abandonado el seno materno y ninguno de ellos ha vuelto a decirnos que hay una vida tras el nacimiento. No, con el nacimiento se acaba todo. Es el final”. El otro guardó las palabras de su hermano en su corazón y quedó hondamente preocupado: - “Si la concepción acaba con el nacimiento, ¿qué sentido tiene esta vida aquí? No tiene ningún sentido. A lo mejor resulta que ni existe una madre como siempre hemos creído”. - “Sí que debe existir, protes-
taba el primero, de lo contrario, ya no nos queda nada”. - “¿Has visto alguna vez a nuestra madre?, preguntó el otro. A lo mejor nos la hemos imaginado. Nos la hemos forjado para podernos explicar mejor nuestra vida aquí”. Así, entre dudas y preguntas, sumidos en profunda angustia, transcurrieron los últimos días de los dos hermanos en el seno materno. Por fin llegó el momento del nacimiento. Cuando los gemelos dejaron su mundo, abrieron los ojos y lanzaron un grito. Lo que vieron superó sus más atrevidos sueños.
1 DE NOVIEMBRE EUCARISTÍA EN LOS CEMENTERIOS
PUNTA ARENAS: Capilla del Cementerio Municipal presididas por el Padre Obispo 10.00 y 16.00 hrs. PORVENIR: 11.00 hrs. Eucaristía en el templo parroquial. 15.00 hrs. Responso en el Cementerio PUERTO NATALES: Cementerio San Alberto Hurtado – 12.00 hrs. Cementerio Padre Rossa – 16.00 hrs. PUERTO WILLIAMS: Parroquia Virgen de la Patagonia – 19.00 hrs. Capilla Puerto Toro Horario por confirmar (1 de Nov). Capilla Naval 12.00 hrs. (2 de Nov).