Md 446 fariseos

Page 1

En Sonora durante la Cuaresma

aparecen los

Fariseos Texto: Javier Quintero Fotografías: Luis Gutiérrez

Cada año, cientos de hombres pertenecientes a la tribu yaqui salen a las calles disfrazados de fariseos al inicio de la Cuaresma, exactamente el Miércoles de Ceniza. Y lo hacen no por gusto, sino por una necesidad de ser perdonados o ser agradecidos. 2

Cultura — Sonora

D

esde el otro lado de la acera se escucha inconfundible el sonido de un tambor. Lo hace sonar un hombre sin rostro propio, un hombre que más bien parece animal. Cada golpe retumba en los oídos y obliga a dirigir la mirada. Y ahí está: alto, delgado, de brazos morenos, con una máscara que opaca el brillo de sus ojos, que asusta. Mueve las manos con ritmo y parece divertirse. El sonido que le arrebata al tambor se mezcla con un cascabeleo que producen otros hombres similares a él, con sus tobillos y piernas envueltos en capullos de mariposas. Mientras toca el tambor, los otros bailan y hacen sonar la red de capullos con tal alegría que envuelve la acera. A cambio de su espectáculo, piden monedas a los transeúntes. Unos les dan de inmediato, aunque otros los miran con desprecio y desaparecen, como si no pasara nada.

Una vida espiritual El hombre se acuesta con la mirada al cielo y se coloca una máscara que él mismo elaboró para portarla con honor durante los siguientes

cuarenta días. Es una máscara hecha a su gusto, con piel de animal o papel y rasgos que pudieran ser grotescos o divertidos. Lo que en realidad hace es simbolizar su muerte material para darle paso a una vida espiritual con la que iniciará su penitencia. Su decisión de convertirse en fariseo habrá sido porque lo prometió a Dios a cambio de un favor que le concedió y así le quiere dar las gracias. Al ponerse de pie, deja de ser él mismo y asume su rol de fariseo, ese ser falso e hipócrita del que hablan las escrituras, el que un día hizo rehén a Jesús y lo llevó a la cruz. Ya no es más un hombre. Debajo de la máscara, el fariseo muerde un rosario y lo deja entre sus dientes la mayor parte del día para no hablar con nadie. Ser mudo también es parte de su penitencia. Y después sale a la calle, vestido con pantalón blanco, envuelto en una cobija desde la cintura, atada con un cinturón de cuero del que penden pezuñas de puerco que suenan al bailar. En sus pies solo lleva un par de huaraches de cuero y en sus tobillos suenan alegres los capullos de mariposa, que en la tribu yaqui llaman ténabaris, difíciles de conseguir y elevadamente costosos. Quizá

abril 2014

Pie de foto Pie de foto

3


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
Issuu converts static files into: digital portfolios, online yearbooks, online catalogs, digital photo albums and more. Sign up and create your flipbook.