María mujer de fe y de esperanza nos enseña a vivir la caridad, ella puso en práctica la caridad con todos los que se encontró en el camino.
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Seminario Mayor Diocesano San José de Cúcuta, motivos y bendición inicial para formar clero local
La creación de un Seminario Mayor no es solo un acontecimiento administrativo; es una decisión espiritual, pastoral y misionera de largo alcance.
CPor: Mons. José Libardo Garcés Monsalve, Obispo de la Diócesis de Cúcuta.
oncluimos hoy el mes de mayo venerando a María que en salida misionera visita a su prima Santa Isabel, para anunciarle al Salvador del mundo. Durante 70 años de historia diocesana, en el anuncio gozoso del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, tenemos la certeza que María ha caminado con nosotros y nos ha fortalecido en el Proceso Evangelizador, siendo modelo de fe, esperanza y caridad, a quien queremos seguir imitando cumpliendo con nuestra misión; tal como lo expresa el lema pastoral para este mes: vayan y hagan discípulos, imitando a María.
Imitamos a María como mujer de fe, reconocida esta virtud en la visita que le hace a su prima Isabel. Tal como lo narra el Evangelio: “¡dichosa tú que has creído¡ Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá” (Lc 1, 45), palabras que reconocen la fe de María, en el acto de entrega a la voluntad de Dios que pronunció cuando el Arcángel Gabriel le anunció que iba a ser la madre del Salvador; respondiendo ella con palabras que expresan su fe entregada a la voluntad de Dios: “he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38), afirmando con ello el Evangelio la actitud de fe de María y que Isabel reconoce y lo exclama con entusiasmo cuando le dice: “¡dichosa tú que has creído” (Lc 1, 45).
Imitando la fe de María, es posible que se engendre en nuestro corazón la virtud de la esperanza. En
Imitemos a María en la fe, esperanza y caridad
los momentos más oscuros y tormentosos de su vida, María “brilla como signo de esperanza segura y de consuelo” (Lumen Gentium 68). Desde la Anunciación, María sabe que Cristo es la roca firme sobre la que se edifica la vida cristiana y la respuesta a Dios. María espera contra toda esperanza, incluso en el momento de la muerte de Jesús en la cruz, cuando continúa su camino por la oscuridad, pero con el corazón lleno de esperanza. María enseña a cada cristiano a estar junto a la cruz del Señor, con dolor, pero de pie y con esperanza, “alcanzó así a estar al pie de la cruz en una comunión profunda, para entrar plenamente en el misterio de la Alianza” (Documento de Aparecida 266).
María mujer de fe y de esperanza nos enseña a vivir la caridad, ella puso en práctica la caridad con todos los que se encontró en el camino. Reconocemos que el amor oblativo, de caridad sin límites de la Virgen, nace de la comunión que tenía con el corazón de Dios, que la llevó a aceptar ser la madre del Redentor para entregarle la salvación a toda la humanidad. La caridad y el amor de María por cada uno de nosotros, conduce de inmediato hasta Jesús, una caridad silenciosa, prudente, que de nuevo al pie de la Cruz de su Hijo, calla y ofrece por la humanidad el acto de amor más grande de entrega. “La Virgen de Nazaret tuvo una misión única en la historia de sal-
vación, concibiendo, educando y acompañando a su Hijo hasta su sacrificio definitivo” (DA 267); siendo esta misión la caridad más silenciosa, pero la más efectiva para cada uno de nosotros.
María al entregarnos a Jesús, nos trae con Él todo el amor, el perdón, la reconciliación y la paz, “como madre de tantos, fortalece los vínculos fraternos entre todos, alienta a la reconciliación y el perdón, y ayuda a que los discípulos de Jesucristo se experimenten como una familia, la familia de Dios” (DA 267). Por eso, estamos llamados a imitarla en la virtud, que Ella misma vivió, acompañando a los discípulos y a la Iglesia como la madre de la fe, la esperanza y la caridad.
“La caridad y el amor de María por cada uno de nosotros, conduce de inmediato hasta Jesús”.
Esta es la tarea de la Iglesia en su vocación de evangelizar y en este compromiso estamos en nuestra Diócesis de Cúcuta con el Proceso Evangelizador de la Iglesia Particular (PEIP); con la certeza que transmitir a Jesucristo a otros es la obra de caridad más grande que podemos hacer.
Así nos lo enseñó el Papa Francisco: “la Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio” (Evangelii Gaudium 14), recordando que la primera obra de caridad que hemos de hacer a nuestros hermanos será
mostrarles el camino de la fe, la esperanza y la caridad. Así lo indicó el Papa Francisco, retomando palabras de sus antecesores: “el anuncio de Jesucristo es el primer acto de caridad hacia el hombre, más allá de cualquier gesto de generosa solidaridad” (Mensaje para las migraciones 2021). En esto la Virgen María, como maestra de la fe, la esperanza y la caridad, nos da ejemplo de un amor total a todos nosotros, entregándonos a Jesús y llevándo- nos hasta Él.
La profunda vida interior y contemplativa de nuestra madre del cielo, nos exhorta a mirar fijamente a Jesucristo y a vivir con fe, esperanza y caridad, todo nuestro peregrinar humano y cristiano, con las incertidumbres y tormentas diarias, poniendo nuestra vida en las manos del Padre, con los ojos fijos en Jesucristo, hasta que lleguemos a participar de la Gloria de Dios. Los convoco a poner la vida personal y familiar bajo la protección y amparo de la Santísima Virgen María, en todas las circunstancias de la existencia. Que el Glorioso Patriarca San José, unido a la madre del cielo, nos alcancen de nuestro Señor Jesucristo la fortaleza en la fe, la esperanza que no defrauda y la caridad sin límites, para que sigamos siendo discípulos misioneros del Señor.
En unión de oraciones, reciban mi bendición.
PRESIDENTE
Mons. José Libardo Garcés Monsalve, Obispo de la Diócesis de Cúcuta
Samuel Alexis Arias Meza
Un nuevo altar, donde el Señor se hace presente en medio de su pueblo fortaleciendo la unidad de la comunidad
Con la solemne consagración de su Altar, recordando que el altar representa a Cristo
mismo, piedra viva sobre la cual se edifica la comunidad creyente; los fieles de la parroquia Espíritu Santo
24 años, llevando alimento, esperanza y haciendo visible el Evangelio
a través de la caridad
La Fundación Banco Diocesano de Alimentos Monseñor Oscar Urbina Ortega festejó sus 24 años de servicio continuo a favor de las comunidades más vulnerables de la región el sábado 23 de mayo. La celebración inició con la Sagrada Eucaristía presidida por Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, obispo de Cúcuta, quien durante su homilía destacó el profundo valor espiritual y social de esta misión de la Iglesia, “a lo largo de estos años, hemos visto cómo la solidaridad se transforma en acción. Cada alimento
entregado es un gesto de fe y amor al prójimo, es el rostro del Evangelio hecho realidad”.
Esta obra social de la Diócesis de Cúcuta nació hace más de dos décadas como respuesta al llamado de la Iglesia de atender las necesidades de las familias afectadas por la pobreza, el desempleo y las múltiples dificultades sociales que históricamente han golpeado la región fronteriza. Inspirado en el mandato evangélico de compartir el pan con quien más lo necesita, el Banco Dioce-
cristiana
celebraron un momento significativo para la vida litúrgica y espiritual el marco de su fiesta patronal, el sábado 23 de mayo.
La Sagrada Eucarística fue presidida por Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, obispo de la Diócesis de Cúcuta, quien manifestó: “esta es la mesa del sacrificio, donde el Señor se hace presente en nuestras vidas, siendo esa unidad la que guía y fortalece la acción de la Iglesia”, resaltando que cada celebración eucarística renueva la fe y el compromiso de los discípulos misioneros.
sano de Alimentos comenzó su misión articulando esfuerzos entre benefactores, empresas, parroquias, voluntarios y personas de buena voluntad.
A lo largo de estos 24 años, la Fundación se ha convertido en un verdadero signo de esperanza para miles de hogares, llevando alimentos, acompañamiento y ayuda humanitaria a niños, adultos mayores, migrantes y familias en condición de vulnerabilidad. Gracias a la solidaridad de tantas personas e instituciones, esta obra ha logrado fortalecer redes de apoyo y promover una
Durante la consagración se colocaron las reliquias de Santa Verónica Giuliani en el altar. La santa, reconocida por su profunda vida mística y su entrega total a Dios como abadesa clarisa capuchina, convirtiéndose ahora en signo de inspiración espiritual para todos los fieles.
La comunidad parroquial participó con profunda devoción en esta ceremonia acompañada por su párroco Daniel Alejandro Bolívar Castaño.
cultura de fraternidad y servicio en toda la Diócesis.
“Con esta celebración, la Fundación Banco Diocesano de Alimentos reafirma su compromiso de seguir sirviendo a Cristo presente en los hermanos más necesitados, manteniendo viva la caridad como corazón del Evangelio y trabajando juntos, por una región sin hambre”, manifestó el pbro. Carlos Eduardo Escalante Escalante, director de la Fundación Banco Diocesano de Alimentos Monseñor Oscar Urbina Ortega.
El sábado 23 de mayo, en el Seminario Mayor Diocesano San José, se realizó el encuentro vocacional organizado por la comisión diocesana, quienes acompañaron y guiaron los diferentes momentos formativos y espirituales desarrollados a lo largo de la jornada. A través de sus enseñanzas y testimonios, motivaron a los jóvenes a continuar con generosidad su camino de discernimiento vocacional.
Un llamado misionero marcó el jubileo de los Seminarios Diocesanos
En la Basílica Menor Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá el sábado 16 de mayo, se llevó a cabo la peregrinación y el jubileo de los Seminarios Diocesanos Mayor y Menor, junto a los jóvenes vocacionados que actualmente realizan su primer discernimiento del llamado que el Señor les hace. La jornada reunió a seminaris-
tas, formadores y jóvenes provenientes de distintas comunidades parroquiales, quienes peregrinaron como signo de fe, esperanza y compromiso con Dios.
El encuentro inició con el rezo del Santo Rosario, poniendo bajo el amparo de la Virgen de Chiquinquirá las vocaciones sacerdotales y religiosas de nuestra
Iglesia Particular. Posteriormente, los asistentes participaron en la celebración de la Sagrada Eucaristía, presidida por Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, quien dirigió un mensaje de ánimo y esperanza a los seminaristas y jóvenes vocacionados.
Durante su homilía, el señor obispo in-
vitó a los presentes a seguir el ejemplo de San Pablo, destacando la importancia de “ser misioneros del Señor” y de asumir con valentía el “camino misionero de San Pablo”, llevando el Evangelio a todos los lugares donde Dios los envíe. Asimismo, los exhortó a “disponer el corazón para ir a los lugares incluso donde hay oposición y dificultad”, recordando que la misión evangelizadora requiere entrega, fidelidad y una profunda confianza en Cristo.
Para finalizar, extendió una invitación a toda la comunidad diocesana para continuar orando por las vocaciones, pidiendo al Espíritu Santo que siga suscitando en muchos jóvenes la valentía de responder al Señor con un sí generoso, alegre y definitivo, al servicio de la Iglesia y de la misión evangelizadora.
Las Hermanas Clarisas celebraron el primer año de construcción de su capilla el viernes 15 de mayo. Un esfuerzo conjunto de benefactores, instituciones y personas de buen corazón que han contribuido con generosidad para hacer realidad la capilla. Así mismo, extendieron la invitación a seguir acompañando esta iniciativa con la oración, colaboración solidaria y donaciones económicas.
Con el lema, 25 años Anunciando el Evangelio, la comunidad parroquial de Santo Domingo Savio celebró el pasado 4 de mayo las bodas de plata y su fiesta patronal.
a la
de los
de la
de Cúcuta y el mandato misionero vayan y hagan discípulos.
¿SABÍAS QUE?
El nombre del periódico La Verdad va directamente ligado a la responsabilidad de cumplir el mandato: ‘Yo soy el camino, la verdad y la vida. Y quien me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida’. Se le puso ese nombre para que se convirtiera en el camino para despejar toda duda, mentira y falsedad, apuntando a la esencia de los medios de comunicación: La Verdad.
Uniéndose
celebración
70 años
Diócesis
Catequesis de las Comunidades Eclesiales
Misioneras - Junio
Objetivo
Animar a los bautizados de la Diócesis de Cúcuta a descubrir que la Eucaristía impulsa a vivir la caridad, formando discípulos misioneros que anuncien a Cristo mediante el servicio, el amor y la solidaridad.
Logística
● Invitar a los vecinos.
● Ambientar el lugar con una palabra, un signo que haga referencia a la caridad.
● Copias de cantos, de oraciones y material a utilizar.
Desarrollo del encuentro
ORACIÓN INICIAL
Invocación Trinitaria y oración al Espíritu Santo:
Espíritu Santo, Tú que me aclaras todo, que iluminas todos los caminos para que yo alcance mi ideal.
Tú que me das el don Divino de perdonar y olvidar el mal que me hacen y que en todos los instantes de mi vida estás conmigo.
Quiero en este corto diálogo agradecerte por todo y confirmar que nunca
quiero separarme de ti, por mayor que sea la ilusión material.
Deseo estar contigo y todos mis seres queridos en la gloria eterna. Gracias por tu misericordia para conmigo y los míos. Gracias Espíritu Santo. Amén.
Canto: donde hay caridad y amor, allí está el Señor.
PROFUNDIZACIÓN DEL LEMA DEL MES
“Vayan y hagan discípulos, viviendo la caridad” (Jn 6, 51-58).
Jesús no envía discípulos solamente a predicar, sino también a amar, servir y acompañar.
La caridad:
• Nace del encuentro con Jesús.
• Se fortalece en la Eucaristía.
• Transforma nuestras comunidades.
En una sociedad marcada muchas veces por la indiferencia, el discípulo está llamado a:
• Compartir.
• Reconciliar.
• Ayudar al necesitado.
• Defender la vida.
• Vivir la fraternidad.
Aplicación concreta
La Diócesis de Cúcuta necesita bautizados:
• Cercanos al pobre.
• Comprometidos con la comunidad.
• Servidores en la parroquia.
• Testigos de esperanza.
Canto: tus palabras alientan mi vida.
ILUMINACIÓN BÍBLICA
(Evangelio según San Juan 6, 51-58)
“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”.
Disputaban entonces los judíos entre sí: “¿cómo puede éste darnos a comer su carne?”
Entonces Jesús les dijo: “en verdad, en verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo; no como el de sus padres, que lo comieron y murieron: el que come este pan vivirá para siempre”. Palabra del Señor.
REFLEXIÓN
Estas cinco preguntas pueden ayudar a los bautizados a profundizar el tema “vayan y hagan discípulos, viviendo la caridad” a partir de Juan 6, 51-58:
1. ¿Qué significa para mi vida que Jesús se haga pan vivo y alimento en la Eucaristía?
2. ¿De qué manera la participación en la Santa Misa y la comunión están transformando mis actitudes hacia los demás?
3. ¿Qué personas necesitadas, solas o sufrientes encuentro en mi familia, barrio o comunidad, a quienes Jesús me invita a servir con caridad?
4. Si Jesús se entrega totalmente por nosotros, ¿qué estoy dispuesto a entregar yo para ayudar a que otros conozcan y experimenten el amor de Dios?
5. ¿Cómo puedo ser un verdadero discípulo misionero que evangeliza no solo con palabras, sino también con obras concretas de amor y servicio?
PROFUNDIZACIÓN
Según el Catecismo de la Iglesia Católica, la caridad es la virtud teologal por la que amamos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo por amor a Dios. No se reduce a dar limosna o ayudar ocasionalmente, sino que orienta toda la vida cristiana.
El Catecismo enseña:
“La caridad es la virtud teologal por la que amamos a Dios sobre todas las cosas por Él mismo, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios” (CIC 1822).
¿Cómo vivir la caridad en la práctica?
1. Amar a Dios.
• Dedicar tiempo a la oración.
• Buscar cumplir su voluntad.
• Participar en los sacramentos y en la vida de la Iglesia.
2. Amar al prójimo.
• Tratar a cada persona con dignidad y respeto.
• Perdonar las ofensas.
• Evitar el odio, el resentimiento y la indiferencia.
• Alegrarse del bien de los demás y no caer en la envidia.
3. Practicar las obras de misericordia.
• Corporales: dar de comer al hambriento, visitar a los enfermos, ayudar al necesitado, etc.
• Espirituales: enseñar al que no sabe, consolar al afligido, corregir con caridad, perdonar las injurias, entre otras.
4. Servir con humildad.
• Ayudar sin buscar reconocimiento.
• Poner los dones propios al servicio de los demás.
• Recordar que la caridad nace del amor y no solo del deber.
5. Vivir la caridad en lo cotidiano.
• Escuchar con atención.
• Ser paciente con la familia y compañeros.
• Hablar con amabilidad.
• Cumplir con justicia las responsabilidades diarias.
Felicidades en su fiesta patronal
Sagrado Corazón de Jesús
Fundación: 11 de febrero de 1954
Fiesta: Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús
Párroco: Álvaro Antonio Gutiérrez Buitrago
Ubicación: barrio La Riviera
Inmaculado Corazón de María
Fundación: 8 de diciembre de 1992
Fiesta: sábado siguiente a la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús
Párroco: Luis Armando Quintero Tarazona
Ubicación: barrio Prados del Norte
Sagrada Eucaristía
Fundación: 18 de junio de 2006
Fiesta: domingo de Corpus Christi
Párroco: Carlos Arturo Vega Blanco
Ubicación: barrio Carlos Ramírez París
Santo Domingo Savio
Fundación: 23 de noviembre de 1968
Fiesta: 12 de junio
Párroco: José del Carmen Béjar Vargas
Ubicación: barrio Ceiba II
San Antonio de Padua, Cúcuta
Fundación: 1 de enero de 1927
Fiesta: 13 de junio
Párroco: Carlos Alberto Escalante Rodríguez
Ubicación: barrio El Llano
DE PARTIDAS
El centro de Comunicaciones de la Diócesis de Cúcuta (CCDC) ofrece el servicio de trámite de partidas en Colombia para
SOLO PARA TITULARES BAUTISMO CONFIRMACIÓN MATRIMONIO
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Comunidades Eclesiales
Frutos de la caridad
El Catecismo señala que la caridad produce alegría, paz, misericordia y capacidad de corregir fraternalmente. Es considerada la mayor de las virtudes porque da forma y perfecciona a todas las demás (CIC 1826–1829).
Canto: si yo no tengo amor yo nada soy Señor.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
Oración final
Ayúdame a vivir mi día a día abierto a las necesidades de los demás, haciéndome prójimo de aquellos necesitados que encuentre en mi camino. Dame un corazón abierto, sensible a los dolores y a los sufrimientos. Que me comprometa, decidido, en la práctica del amor y la justicia. Amén.
El Señor nos bendiga en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
San Antonio de Padua, El Zulia
Fundación: 26 de noviembre de 1956
Fiesta: 13 de junio
Párroco: José Vicente Rodríguez García
Ubicación: frente al parque principal
DEL 1 AL 15 DE JUNIO
ANIVERSARIOS
3. Omar Alonso Leal Flórez
11. Manuel Jahir Jiménez Rivera
14. José Adrián Arias Quijano
14. Oscar Julián Ibarra García
15. Héctor Gabriel García Torres
15. Fabio Enrique Durán Pinto
15. Rubén Alonso Peñaranda Pérez
TRABAJAMOS POR LA EXCELENCIA
DISEÑAMOS TRANQUILIDAD Y BIENESTAR
4. Jorge Enrique Higuera Guerrero
15. Luis Armando Quintero Tarazona
15. Diác. Permanente José Gregorio Ortíz Mogollón
tencia del primer paso; el encuentro con Jesucristo a través de su Palabra. Continuamos avanzando en este camino pastoral con el mandato de nuestro Señor: vayan y hagan discípulos. Así el primer anuncio o kerigma ocupa el centro de toda la actividad evangelizadora de la Iglesia, disponiendo nuestros corazones
dario de la fe; es su consecuencia natural. Una parroquia evangelizada será siempre una parroquia cercana, acogedora, misericordiosa y servidora. La caridad se convierte entonces en el lenguaje más creíble del Evangelio. Hoy más que nunca nuestras comunidades necesitan discípulos capaces de escuchar,
acompañar, compartir y cargar con el dolor de los demás. El mundo no espera únicamente discursos religiosos; espera signos concretos de fraternidad recordando lo que Él ya nos decía: “cada vez que lo hicieron con uno de estos mis pequeños hermanos conmigo lo hicieron”.
Este año terminamos la insistencia sobre la Palabra de Dios, dejándonos un tiempo de gracia que nos acompañará durante todo el proceso evangelizador, ya que fruto de este año es precisamente devolver la centralidad de la Sagrada Escritura en la acción pastoral para el fortalecimiento de nuestra vida cristiana.
La Palabra escuchada, meditada y celebrada debe conducirnos necesariamente a la vida. No basta con conocer la Palabra; es necesario encarnarla. El discípulo escucha a Cristo para aprender a vivir como Cristo. Por eso, iluminar este mes con el lema: viviendo la caridad, significa hacer visible que la Palabra ha dado fruto en nuestras comunidades.
Pastoralmente, esto implica varias tareas concretas para nuestras parroquias y comunidades:
• Fortalecer pequeñas comunidades evangelizadoras; las comunidades eclesiales misioneras, donde se viva la escucha de la Palabra y la fraternidad.
• Formar agentes pastorales con sensibilidad humana en espíritu permanente de conversión y misión.
• Promover una pastoral de cercanía con los pobres, enfermos, familias heridas y jóvenes.
• Hacer de nuestros consejos pastorales, de los diferentes grupos y ministerios pastorales, verdaderos espacios de discernimiento comunitario.
• Y renovar el ardor misionero de cada bautizado para que nadie se sienta excluido del amor de Dios.
“Vayan y hagan discípulos, viviendo la caridad” es, entonces, mucho más que un lema mensual. Es una llamado a pasar de una fe simplemente celebrada a una fe vivida; de una pastoral de conservación a una pastoral decididamente misionera; de palabras aisladas a testimonios concretos de amor evangélico.
Que el Espíritu Santo siga renovando nuestra Iglesia Particular para que, fortalecidos por la Palabra y unidos en la comunión sinodal, podamos ser discípulos misioneros que anuncian a Cristo con la vida, viviendo la caridad en cada realidad humana.
Presentación de los candidatos que serán ordenados ministros de Cristo
En el aniversario de los 70 años de vida eclesial, la Diócesis de Cúcuta, celebrará ordenaciones presbiterales y diaconales. En diálogo con La Verdad, los neopresbíteros, responden a una pregunta sobre las vivencias y retos en el ministerio sacerdotal; además, conozcamos un breve perfil sobre los nuevos díaconos.
NEOPRESBÍTEROS
¿Cómo integra la identidad sacerdotal con su historia de vida?
Existe algo muy importante en la identidad humana: descubrir que la grandeza del ser humano radica en su capacidad de asombro frente a la realidad. Hoy, esta verdad ilumina mi vocación, puesto que después de expresar libremente mi consentimiento y de recibir la respuesta que la Iglesia, por medio de mi obispo y de mis superiores han pronunciado sobre mi llamado al ministerio presbiteral, vienen a mi memoria aquellas páginas escritas en el libro de la vida desde el marco de mi historia familiar y mi historia de fe. Un proceso que, para algunos, fue visto únicamente como el reflejo de un deseo o capricho familiar; pero que, para otros, comenzó a revelarse desde aquel monaguillo que servía con alegría en su parroquia, mientras guardaba en el corazón el sueño sencillo y profundo de llegar a ser sacerdote.
Hoy somos muchos los que compartimos este profundo sentimiento de asombro. En mi familia, este camino de fe ha dado fruto en cuatro presbíteros que nacen de una misma experiencia familiar, acompañada y fortalecida por el testimonio de nuestros abuelos, tíos y padres; quienes, con su ejemplo y sus consejos, sembraron en nosotros el amor a Dios y el sentido del servicio.
Por eso, comprendo que la identidad sacerdotal no se construye de manera aislada, sino que tiene su primer cimiento en la familia. Es allí donde aprendemos los valores que nos forman como seres humanos y los compromisos que asumimos como bautizados, descubriendo la fe no solo como una enseñanza, sino como un estilo de vida, en comunidad y en amor.
Diác. David Alexander Ochoa Vargas
¿Cómo integrar la idea que el sacerdocio no lo hace menos humano en su vida cotidiana y en el trato con los demás?
El documento conciliar Lumen Gentium, nos recuerda en el capítulo tercero, que Cristo el Señor instituyó en su Iglesia diversos ministerios, para apacentar el pueblo de Dios y acrecentarlo siempre, ordenados para el bien de todo su Cuerpo. Por esta razón,
¿De qué forma equilibra su humanidad, afectividad y sus emociones siendo sacerdote?
El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que el Señor actúa a través de ministros humanos (Cf. CIC 1550). El ministerio sacerdotal no aparta al hombre de su humanidad; por el contrario, la gracia de Dios perfecciona y fortalece todo lo auténticamente humano. Ante esta realidad, procuro cuidar mi vida humana, afectiva y emocional para servir con un corazón equilibrado y cercano a los demás.
La humanidad, la afectividad y el equilibrio emocional se sostienen, ante todo, en una profunda vida de oración. Jesús mismo enseñó a sus discípulos a retirarse a orar, mostrando que quien sirve también necesita encontrarse a solas con el Padre. Considero que la oración es el centro que sostiene toda mi vida. En ella encuentro descanso, dirección y fortaleza; cuando oro, especialmente ante Jesús Eucaristía, puedo presentar al Señor mis alegrías, preocupaciones, cansancios y luchas interiores. La oración me ayuda a mantener el corazón sereno, a no dejarme dominar por el estrés o las emociones, y a recordar que no camino solo, sino acompañado siempre por Dios.
También entiendo que la afectividad sana es fundamental en la vida sacerdotal. Aprendo cada día a vivir relaciones fraternas, transparentes y llenas de caridad, dejando que Cristo modele mi manera de amar. La cercanía con la comunidad, la amistad sincera, el acompañamiento espiritual y la vida comunitaria me ayudan a crecer en madurez humana y emocional.
sacados de entre la comunidad de creyentes, los sacerdotes son consagrados a imagen de Cristo, sumo y eterno Sacerdote y poseen la sacra potestad al servicio de sus hermanos.
El sacerdote es llamado por Dios para ser su instrumento ante sus hermanos; pero es tomado de entre ellos, por eso, ha de ser una persona sencilla, fraterna, cercana y humilde. Esta dimensión humana del sacerdocio es fundamental dentro del ejercicio de su ministerio, y es algo que incluso se va evaluando desde su formación en el seminario. Año tras año se hace insistente recordar que su misión es ser otro Cristo en el mundo, pero a la manera en la que el mismo Señor lo hizo, siendo cercano, compasivo y con atención especial por los que sufren, los que lloran y pasan necesidad.
Diác. Edinson Joaquín Aparicio Gómez
Diác. Robinson Arley Remolina Acevedo
Por esta razón, confiamos al Señor la vida de todos los sacerdotes, pidamos que sean hombres generosos, encendidos en el fuego de la caridad para con los hermanos; pobres y humildes según el corazón de Cristo. Que ellos sean los hombres que hablen a Dios de los hombres y a los hombres de
¿Qué significa recibir el sacerdocio como una vocación para toda la vida en el contexto actual?
Un sacerdote brota del corazón de Cristo para el mundo, por eso recibir el sacerdocio, significa como dice el Evangelio de Juan “yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no poden hacer nada”.
Por lo tanto, recibir el sacerdocio en estos tiempos significa permanecer en Cristo, porque el ministro posee en verdad el papel del mismo Cristo Jesús. “Si, ciertamente, aquel es asimilado al Sumo Sacerdote, por la consagración sacerdotal recibida, goza de la facultad de actuar por el poder de Cristo mismo a quien representa” (Pío XII, enc. Mediator Dei). “Actúa también en nombre de toda la Iglesia cuando presenta a Dios la oración de la Iglesia (SC 33) “y sobre todo cuando ofrece el sacrificio eucarístico” (LG 10).
De esta manera, los sacerdotes a imagen de Cristo, sumo y eterno sacerdote, anuncian el Evangelio a los fieles, dirigen el pueblo de Dios y celebran el culto divino. Ser sacerdote en este contexto actual implica ser testigo más que maestro, ya que los signos que hoy se ven, nos desafían.
Como decía san Juan Pablo II “hay que dar el paso del Culto Eucarístico a la cultura de la Eucaristía”. Pero esta participación en Cristo es concedida de una vez para siempre, al igual que el Bautismo y la Confirmación.
Por eso, el sacramento del Orden confiere también un carácter espiritual indeleble y no puede ser reiterado ni ser conferido para un tiempo determinado, ser consagrado, es ser elegido para siempre.
Diác. Luis Alberto Rodríguez Marciales
¿Cómo debe un sacerdote acompañar a sus fieles durante los comicios electorales sin caer en posturas partidistas?
El sacerdote como pastor del pueblo de Dios es responsable de animar y acompañar en todos los momentos de la existencia de cada hombre y mujer, incluso en estos escenarios políticos, donde por varias razones el pueblo se desanima y pierde la esperanza; es ahí donde el sacerdote debe recordar los principios básicos del ser humano y su responsabilidad a la hora de ejercer su derecho al sufragio en los comicios electorales; más aún, cuando se trata del camino a seguir en un país.
Dios. “Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad” (Jn 17, 18-19).
¿De qué manera su ministerio sacerdotal puede ser instrumento de reconciliación en contextos marcados por la violencia?
Las heridas de la guerra son profundas, y el rostro silenciado de las víctimas lo atestigua. La guerra entre guerrillas, el desplazamiento, la desaparición, la extorsión, entre otras formas de violencia, no dan tregua a una región que, durante décadas, ha sufrido el flagelo de una guerra injusta. El discurso sobre la paz, el perdón y la reconciliación ya no parece incentivar las conciencias de quienes han padecido este flagelo.
Sin embargo, incluso en estos contextos es posible ser instrumento de reconciliación por medio de una presencia permanente en las comunidades que viven atemorizadas por la guerra, expresando la cercanía de Dios con su pueblo, un Dios que no los abandona y que sufre con ellos.
De igual manera, es necesaria una profunda predicación del Evangelio, sin temor ni vacilación, y que no esté desligada de la vida moral del cristiano. Esta Buena Noticia ayudará a despertar la conciencia de los fieles, pues, debido a la persistencia de los actos de violencia y a la ineficacia de las instituciones encargadas de garantizar la seguridad y el desarrollo, muchas comunidades llegan a acostumbrarse a escenarios de ilegalidad y muerte.
Asimismo, la promoción del diálogo continúa siendo un recurso valioso de reconciliación en una sociedad que busca la paz. Se trata de apostarle a un diálogo desarmado, que debe comenzar desde lo más concreto: en las relaciones familiares, en la escucha y en el respeto entre los más cercanos.
En estos contextos, el sacerdote se convierte en un verdadero signo de esperanza para un pueblo que anhela el don de la paz que nos ofrece Cristo, Príncipe de la Paz.
El sacerdote debe recordar que el hombre es un ser social y que por lo tanto, nadie está libre de sentir la necesidad de la ayuda del otro, es en sociedad donde se puede experimentar los valores y principios que se anuncian en el Evangelio. En continuidad con este principio, no se debe olvidar que la esencia del ser social es el orden y para ello se necesita de la gobernabilidad, es decir, alguien que establezca y garantice ese orden. En pocas palabras, todo ser humano es un ser político; al negarlo o abstenerse se hace daño y le hace daño a la sociedad.
El sacerdote anima y acompaña a sus fieles para que participen en los comicios electorales, escuchando, leyendo y formándose en las propuestas responsables de los diferentes candidatos; para que su elección sea libre, consciente y voluntaria. Un cristiano católico debe de tener claridad en ello, no debe ejercer su voto con apasionamiento por X o Y candidato, debe hacerlo con sabiduría, con responsabilidad y no dejando comprar su conciencia.
Diác. Willinton Rodríguez Castrillón
Diác. Alex Johan Sarmiento Camargo
San José de Cúcuta, mayo 31 de 2026
Diác. Albeiro Vargas Pabón
¿Cómo formar comunidad y ser signo de unidad en medio de realidades sociales dificiles?
Una comunidad cristiana nace a través del encuentro personal con Jesucristo, aprendiendo a reconocernos como hermanos, inclusive en medio del contexto en que se vive marcados por la violencia, la división, la indiferencia y la desesperanza. Las primeras comunidades en los inicios de la Iglesia comprendieron que la unidad era el signo visible de la presencia de Dios. “Todos los creyentes estaban de acuerdo y lo tenían todo en común” (Hch 2, 44). Establecer una comunidad hoy implica salir al encuentro del otro, tener apertura, escuchar sus heridas, compartir sus alegrías y tristezas, caminando juntos como pueblo de Dios. No es solamente de convocar personas y reunirlas, sino de
NVida Pastoral
construir vínculos sostenidos por la fe, la oración, el respeto y la caridad. Por tal motivo debemos ser signos de unidad en todas las realidades sociales en donde se nos exige tener un corazón dispuesto al servicio. Así mismo el presbítero está llamado a ser ese puente de comunión en una sociedad donde muchas veces predominan los intereses personales, la polarización, el individualismo y es allí donde la Iglesia tiene la misión de recordar que todos somos hijos del mismo Padre y que estamos llamados a emplear las herramientas fundamentales de la evangelización desde la Palabra de Dios, los sacramentos, el testimonio de vida, la capacidad de dialogar y la acogida sincera.
El sacerdote debe llevar siempre la esperanza del Evangelio a todas partes y hacer visible el amor de Cristo Buen Pastor. La comunión no significa pensar igual en todo, sino de aprender a caminar juntos, reconociendo en el otro sus dones y carismas.
Hoy más que nunca nuestras comunidades necesitan de personas que den testimonio de fraternidad, que promuevan la reconciliación y que ayuden a sanar heridas desde el Evangelio.
DIÁCONOS
ació el 15 de marzo de 1995 en el municipio de Lourdes. Es hijo de Juan Francisco Salazar Botello y Carmen Ofelia Cucaita García, siendo el cuarto de cinco hermanos: Carlos Alberto, Iván, Alexis y Diego. Creció en un ambiente rural, rodeado de cultivos de café y banano, en una familia trabajadora y cristiana que le inculcó desde niño los valores de la fe, el servicio y la vida comunitaria.
Realizó sus estudios de primaria en la Escuela Rural La Primavera y culminó su bachillerato en el Colegio Raimundo Ordóñez Yáñez del municipio de Lourdes. Durante su infancia y juventud alternó los estudios con las labores propias del campo, experiencia que fortaleció su sentido de responsabilidad, sacrificio y cercanía con su familia y comunidad.
En el año 2014 ingresó al Seminario Mayor San José, donde inició su proceso de discernimiento vocacional y realizó estudios de filosofía y parte de la teología. En 2018 realizó su año de experiencia pastoral y fue enviado al Centro de Comunicaciones de la Diócesis de Cúcuta, experiencia que despertó y fortaleció su interés por la evangelización a través de los medios de comunicación.
En el año 2019 fue enviado por el obispo diocesano, Mons. Víctor Manuel Ochoa Cadavid, a la ciudad de Roma para continuar su formación académica y eclesiástica. Allí obtuvo el Bachiller Canónico en Teología en la Pontificio Ateneo Regina Apostolorum, Bachiller Canónico en filosofía y realizó la Licenciatura en Comunicación Social Institucional de la Iglesia en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, formación orientada al fortalecimiento de la comunicación eclesial y la evangelización en el contexto digital y pastoral contemporáneo.
A lo largo de su proceso formativo y de discernimiento ha descubierto cómo Dios, en medio de muchos límites y experiencias de vida, continúa llamándolo al ministerio sacerdotal. En este camino ha encontrado sacerdotes, amigos y compañeros que han sido fundamentales en su crecimiento humano, espiritual y vocacional, de manera especial el padre Alberto Echeverri Rodríguez, de feliz memoria.
Nació el 5 de diciembre de 1999, creció en el municipio de Arboledas y la ciudad de Cúcuta, en el sector del Aeropuerto y luego en Caño Limón. Es hijo de Orlando Pérez Jaimes y Omaira Rozo Rodríguez, tiene dos hermanas: Luisa Fernanda y Alejandra.
Su familia ha sido un pilar fundamental en su vida, acompañándole con su presencia y testimonio en el camino de la fe. El llamado de Dios inicia desde muy temprano en el trabajo pastoral y comienza a hacerse más claro en su vida durante su experiencia en la vivencia del Seminario Mayor. En medio de los retiros, la oración y el encuentro personal con Jesucristo, fue descubriendo poco a poco que el Señor le invitaba a seguirlo más de cerca.
Como en todo camino, también ha tenido dificultades, momentos donde la perseverancia ha sido difícil. Sin embargo, estas situaciones no han sido un obstáculo, sino una oportunidad de crecimiento. De cada dificultad ha aprendido algo valioso, lo cual le ha ayudado a fortalecer su disciplina, su constancia y, sobre todo, su vida vocacional.
El contacto con la comunidad ha sido esencial en su formación. En medio de la cercanía con las personas, ha podido reconocer la presencia viva de Dios en su pueblo. Esta experiencia le ha ayudado a configurar su corazón según los sentimientos de Cristo Jesús. (Cf. Flp 2, 5-8), aprendiendo a servir con humildad, amor y entrega.
Hoy, al mirar su camino recorrido, da gracias a Dios por su infinita bondad y por haberle llamado a servirle en su Iglesia. Agradece profundamente a su familia, a los sacerdotes, a sus formadores sulpicianos y diocesanos, y a todas las personas que han sido instrumento de Dios en su proceso vocacional. “Solo queda pedirles que oren por mi y mis hermanos, al recibir el ministerio ordenado del diaconado”.
Sem. Luis Francisco Salazar Cucaita
Sem. Wilson Orlando Pérez Rozo
Jamás se acostumbren a la Eucaristía
Vivencia sacerdotal del Corpus Christi desde el asombro, el altar y la misión
Por: Sem. Luis Francisco Salazar Cucaita, año de sintesis vocacional.
Todavía recuerdo la experiencia que contaba un sacerdote durante mi formación, en una celebración eucarística del Corpus Christi. Con la voz cansada por los años, pero firme en la fe, decía:
“Recuerdo el día de mi ordenación. Por la tarde, al extender mis manos recién ungidas sobre el altar por primera vez, un silencio y una emoción invadieron todo mi ser. Era Aquel, el mismo Cristo, quien me decía: ‘Haz esto en memoria mía’. Treinta años después, en cada fiesta del Corpus Christi, ese recuerdo vuelve a arder como el fuego del primer día. Porque, para un sacerdote, la Eucaristía no es una celebración más entre otras. Es el manantial del que mana cada gota de su vida pastoral y el hogar al que regresa siempre, especialmente cuando el cansancio amenaza con secar su corazón”.
En su carta a los sacerdotes del Jueves Santo de 2004, san Juan Pablo II recordaba una verdad que debe llevarse grabada en la mente y en el corazón: “Hemos nacido de la Eucaristía”. Nacer, no simplemente asistir. El sacerdote, configurado con Cristo para siempre por el sacramento del Orden, es hombre eucarístico antes que hombre de acción social o administrador de parroquias. Su identidad más profunda —ser in persona Christi Capitis—.
Yo aún no soy sacerdote. Soy seminarista, un hombre en camino, sentado muchas veces en los últimos bancos de la parroquia, observando, aprendiendo y dejando que la gracia me modele. Pero aquel día, el padre —ya anciano, de manos temblorosas, pero lleno de fe— subió al púlpito y, en lugar de una homilía elaborada, nos regaló una confesión humilde y potente. Dijo algo que nunca olvidaré:
“Hijos míos, llevo más de treinta años partiendo el Pan. Y cada vez que tomo la Hostia entre mis manos, tiemblo. No por miedo, sino por asombro. ¿Cómo es posible que Dios me haya permitido tocar su Cuerpo? Si un día ustedes son ordenados, jamás se acostumbren a la Eucaristía. Porque el día que se acostumbren, su sacerdocio habrá muerto”.
Aquellas palabras resonaron en mi corazón como un eco lejano del Cenáculo. Desde entonces comprendí que la fiesta del Cuerpo y la Sangre del Señor no es solamente una procesión hermosa o una tradición que debe conservarse.
I. El altar como escuela del asombro sacerdotal
Cuando aquel sacerdote confesó que temblaba al tomar la Hostia, recordé una afirmación central de Ecclesia de Eucharistia (n. 5): “La Iglesia vive de la Eucaristía”. Sin embargo, él me enseñó algo todavía más profundo: nadie puede vivir verdaderamente de aquello que ha dejado de asombrarle.
Y quizá precisamente ahí comienza la verdadera vigilancia interior del sacerdote: cuando comprende que el misterio que sostiene entre sus manos exige también un corazón continuamente purificado.
II. El confesionario antes que la custodia
El segundo gran regalo que me dejó aquella homilía fue una advertencia pronunciada casi al final, con una seriedad que aún hoy permanece en mi memoria:
“Cuidado, jóvenes: el que toca el Cuerpo de Cristo con las manos sucias, se quema. Por eso, confiésense. Y ustedes, si algún día llegan al altar, confiésense primero ustedes. Siempre”.
Un sacerdote que no se confiesa regularmente es como un copero que sirve vino en copas quebradas. Y si actúa in persona Christi, la incoherencia se vuelve todavía más dolorosa: el rostro de Cristo no puede transparentarse con nitidez a través de un corazón endurecido por el pecado no reconciliado.
Aquella tarde comprendí que la custodia elevada en las calles solo resulta creíble cuando quien la sostiene ha pasado primero por la humildad del confesionario.
Y fue precisamente después de escuchar esas palabras cuando empecé a comprender que la Eucaristía nunca encierra al sacerdote en sí mismo. Al contrario: lo impulsa hacia los demás.
III. La procesión como envío misionero
El momento más conmovedor del Corpus Christi llega siempre con la procesión. Después de la Misa, aquel sacerdote tomó la custodia, la elevó sobre el pueblo y caminó lentamente hacia la puerta del templo.
La Eucaristía es memorial de la Pascua, sí, pero no como un simple recuerdo del pasado. Es presencia viva que envía, transforma y pone en camino. El sacerdote no es un guardián que encierra a Cristo entre cuatro paredes. Es un hombre enviado a llevarlo hasta las heridas del mundo.
En una de sus meditaciones del Jueves Santo, san Juan Pablo II describía al sacerdote como “imagen viva de Cristo Buen Pastor”. Y el Buen Pastor siempre sale al encuentro. Por eso la procesión del Corpus Christi posee una fuerza profundamente simbólica: Cristo abandona las seguridades del templo y atraviesa las calles sostenido por las manos frágiles de un hombre.
Llevar la custodia por las calles implica exponerse: puede llover, pueden ignorar, pueden burlarse. Pero el sacerdote eucarístico sigue caminando, porque sabe que no lleva un objeto sagrado, sino una Presencia. Y mientras avanza, desaparece un poco para que Otro pueda ser visto.
Hoy, al recordar aquella escena, no vuelvo primero a sus palabras, sino a sus manos. Manos cansadas. Temblorosas. Ancianas. Sosteniendo el Pan vivo con el mismo asombro del primer día. Y quizá ahí estaba toda su teología.
Referencias Bibliográficas
Juan Pablo II. (1991, 10 de marzo). Carta a los sacerdotes con ocasión del Jueves Santo.
Juan Pablo II. (2002, 17 de marzo). Carta a los sacerdotes con ocasión del Jueves Santo.
Juan Pablo II. (2003, 17 de abril). Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia.
Juan Pablo II. (2003c, 17 de abril). Carta a los sacerdotes con ocasión del Jueves Santo.
Juan Pablo II. (2004, 6 de abril). Carta a los sacerdotes con ocasión del Jueves Santo.
Juan Pablo II. (2005, 2 de abril). Testamento espiritual (publicado póstumamente).
Seminario Mayor Diocesano San José de Cúcuta, motivos y bendición inicial para formar clero local
EPor: Pbro. Víctor Julián Flórez Ortiz, vicario parroquial de Sagrado Corazón de Jesús.
l Seminario Mayor Diocesano San José de Cúcuta constituye una de las instituciones más significativas e importantes en la historia de la diócesis, por su papel en la formación integral de los futuros presbíteros y en la consolidación de un clero propio, arraigado en la realidad pastoral, social y cultural de la región. Su fundación respondió a una necesidad eclesial concreta: ofrecer un espacio estable de discernimiento vocacional, estudio filosófico-teológico, formación espiritual, humana y pastoral para los jóvenes llamados al ministerio sacerdotal.
En esta edición sencillamente les comparto algunos apartados del decreto número 21 del 25 de diciembre de 1985 con el que la Diócesis de Cúcuta formalizaba de manera especial y concreta la apertura del Seminario Mayor Diocesano San José. Tratándose de fuentes de primera mano espero la información les ayude a enriquecer nuestro bagaje cultural y nuestro amor por el Seminario Mayor.
DIÓCESIS DE CÚCUTA, archivo curia diocesana. Decreto Nº 21, 25 de diciembre de 1985.
Alberto Giraldo Jaramillo, Obispo de la Diócesis de Cúcuta,
CONSIDERANDO:
1. Que hay un aumento de vocaciones sacerdotales, gracias a la pastoral vocacional impulsada por mi antecesor en esta diócesis, Monseñor Pedro Rubiano Sáenz y gracias sobre todo a la oración de la comunidad diocesana.
2. Que el Código de Derecho Canónico (C. 237) aconseja que cada diócesis tenga “cuando sea posible y conveniente” su propio Seminario Mayor.
3. Que sobre esta posibilidad y conveniencia se ha escuchado al presbiterio diocesano, se ha reflexionado con el Consejo Presbiteral, se ha dialogado con los señores Obispos de la Provincia eclesiástica y se ha consultado a la Sagrada Congregación para la Educación Católica. En todos estos casos el concepto ha sido favorable.
4. Que las condiciones muy peculiares de la ciudad y de la Diócesis de Cúcuta exigen un estilo de formación sacerdotal que responda a los desafíos pastorales que aquí se presentan.
5. Que está asegurado el equipo básico de formadores y la planta física necesaria para iniciar la vida de un Seminario Mayor en Cúcuta.
DECRETA:
Art. 1º. Erígese el “Seminario Mayor Diocesano San José de Cúcuta”, conforme a las normas establecidas en los cánones del Código de Derecho Canónico.
Art. 2º. El Seminario Mayor San José de Cúcuta gozará de la personería jurídica en la Iglesia (canon 238 par.1) y su Rector será el representante legal en todos los asuntos (canon 238 par. 2). Para la personería jurídica civil se tendrán en cuenta los artículos 4 y 10 par. 2, del Concordato vigente.
Art. 3°. Será patrono del Seminario Mayor de la Diócesis, el bienaventurado esposo de María Virgen, San José.
Art. 4º. El funcionamiento académico del Seminario Mayor comenzará el 10 de febrero del próximo año de 1986 y su inauguración oficial se cumplirá el 19 de marzo del mismo año.
Este Decreto rige a partir de la fecha. Dado en San José de Cúcuta, a los 25 días del mes de diciembre de 1985.
La fecha de expedición del Decreto, 25 de diciembre de 1985, reviste una especial carga simbólica. El día del nacimiento de Cristo, centro de la historia de la salvación, se convierte también en signo de un nuevo nacimiento eclesial para la diócesis. Del mismo modo, el inicio de labores el 10 de febrero de 1986 y la bendición solemne el 19 de marzo, solemnidad de San José, patrono de la Iglesia universal, vinculan la institución con una espiritualidad de obediencia, custodia y servicio.
La creación de un Seminario Mayor no es solo un acontecimiento administrativo; es una decisión espiritual, pastoral y misionera de largo alcance. El Seminario es el lugar donde la Iglesia discierne, acompaña y forma a quienes Dios suscita inquietud vocacional y que serán ordenados para servir al pueblo de Dios. Por ello, su establecimiento en Cúcuta significó un paso decisivo para garantizar una formación más cercana a la realidad diocesana.
La fundación del Seminario expresa la solicitud de la Iglesia Particular de la Diócesis de Cúcuta, por la santidad de sus ministros y por la continuidad de la misión apostólica. El seminarista no es formado únicamente para adquirir conocimientos, sino para configurarse con Cristo Buen Pastor, mediante una síntesis de vida espiritual, humano-comunitaria, estudio y servicio pastoral. Esta visión corresponde plenamente a las orientaciones de la Iglesia universal acerca de la formación sacerdotal, integrando en la persona del sacerdote las dimensiones humana, espiritual, intelectual y pastoral.
EPor: Pbro. Omar Leonardo Arias Quijano, párroco de Nuestra Señora de Belén.
l servicio a la evangelización implica la creatividad pastoral para organizar las estructuras eclesiásticas que permitan a todos los bautizados acceder a los elementos necesarios para la vivencia de la fe. En la Diócesis de Cúcuta ha surgido una iniciativa que, más allá de su carácter comercial, responde a una profunda vocación de servicio pastoral. Se trata de la tienda de Artículos Religiosos, constituida en abril de 2024, con el propósito de facilitar el acceso a elementos litúrgicos y de piedad popular al servicio de las parroquias y de todos los fieles.
Esta institución diocesana nace como una respuesta concreta a las necesidades de la Iglesia local. En muchas ocasiones, parroquias, comunidades religiosas y fieles en general enfrentaban dificultades para adquirir materiales litúrgicos de calidad, confiables y adecuados a las normas eclesiásticas. Frente a esta realidad, la Diócesis decidió impulsar este proyecto, como una herramienta pastoral que fortalece la misión evangelizadora.
La tienda de Artículos Religiosos se distingue por una amplia gama de productos cuidadosamente seleccionados. Entre sus principales actividades se encuentra la importación, distribución y venta de vino de consagrar, específicamente el vino de Misa Müller, reconocido por cumplir con los requisitos establecidos para la celebración eucarística; de igual forma, la distribución y venta de hostias para fieles y celebrante, garantizando que las parroquias cuenten con estos elementos esenciales para la liturgia, con la debida calidad y legitimidad.
Asimismo, este establecimiento ofrece una gran variedad de elementos litúrgicos indispensables: cálices, copones, vinajeras, ornamentos sacerdotales, camisas cleri-
una misión al servicio de la fe y la comunidad
cales, libros litúrgicos, entre otros. Cada uno de estos artículos cumple una función específica dentro de la celebración de los sacramentos, contribuyendo a la dignidad y solemnidad de los actos litúrgicos.
En un contexto donde la evangelización requiere creatividad y cercanía, la tienda de Artículos Religiosos se convierte en un puente entre la fe y la vida cotidiana. Los productos que ofrece representan herramientas que acompañan procesos pastorales, celebraciones comunitarias y
de otras diócesis, y particularmente de nuestro hermano país de Venezuela siendo evidente el servicio a la Iglesia universal.
Cabe destacar también el impacto social de esta obra. Al formar parte de la estructura diocesana, los recursos generados contribuyen al sostenimiento de diversas actividades pastorales y proyectos de la Iglesia. De esta manera, cada compra realizada no solo satisface una necesidad inmediata, sino que también apoya indirectamente la misión evangelizadora.
La tienda de Artículos Religiosos es, en esencia, una expresión concreta del compromiso de la Diócesis de Cúcuta ya que demuestra que la Iglesia no solo se preocupa por lo espiritual, sino también por ofrecer soluciones prácticas que faciliten la vivencia de la fe. En cada sacramental, en cada libro, en cada ornamento, se refleja el deseo de acompañar a los fieles en su camino espiritual.
Mirando hacia el futuro, esta iniciativa tiene el potencial de seguir creciendo y adaptándose a las necesidades de esta zona de frontera. La incorporación de nuevos productos, el fortalecimiento de los canales de distribución y la cercanía con las parroquias serán claves para consolidar su impacto. Sin duda, se trata de un proyecto que, con organización y compromiso, continuará siendo un apoyo fundamental para la misión pastoral y evangelizadora de la Iglesia.
experiencias personales de encuentro con Dios.
Además, esta iniciativa fortalece el sentido de pertenencia e identidad diocesana. Al centralizar la distribución de estos artículos, se fomenta la unidad entre las parroquias y se garantiza un estándar común en la práctica litúrgica. Esto se evidencia en una mayor organización y coherencia dentro de la Iglesia local, facilitando el trabajo de los sacerdotes y agentes de pastoral. Esta tienda es frecuentada por sacerdotes y fieles
En definitiva, la tienda de Artículos Religiosos no es solo un punto de venta, sino un servicio que une fe, comunión y misión. Es un espacio donde lo material se convierte en instrumento de lo espiritual, y donde cada artículo adquiere un valor que trasciende su función, convirtiéndose en parte viva de la experiencia religiosa de la comunidad.
Pueden contactarnos al teléfono y WhatsApp: 3102757121 o visitarnos Cll 11 Av 4 Centro Comercial Plaza, local 23 – Cúcuta.
Dios es amor: la Santísima Trinidad
Por: Sem. Duván Alfonso Cisneros Díaz, II de discipulado.
La Santísima Trinidad es uno de los misterios más importantes de nuestra fe cristiana. Creemos en un solo Dios que se manifiesta en tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Aunque son tres personas distintas, los tres son un solo Dios lleno de amor.
Dios Padre es el creador del cielo, de la tierra y de todas las personas. Él nos cuida, nos protege y nos ama como un padre bueno.
Dios Hijo es Jesús, quien vino al mundo para enseñarnos a amar, perdonar y ayudar a los demás.
Dios Espíritu Santo vive en nuestro corazón. Él nos acompaña cada día, nos da fuerza para hacer el bien y nos ayuda a seguir a Jesús con alegría y confianza.
Cuando hacemos la señal de la cruz recordamos a la Santísima Trinidad y decimos: “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Así reconocemos que Dios siempre está con nosotros en todo momento.
Las
historias de Pepito
El niño del PEIP
MOMENTO CREATIVO
Teniendo en cuenta que cada signo equivale a una letra, con ayuda de un familiar vas a completar cada cuadro para poder descubrir qué nos dijo el Papa Francisco sobre la Trinidad.
Vayan y hagan discípulos, viviendo el misterio litúrgico
Por: Diác. Edinson Joaquín Aparicio Gómez, colaborador del Centro de Comunicaciones.
SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
“Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único” (Jn 3, 16-18).
El Evangelio nos introduce en el gran misterio del amor de Dios por la humanidad. Jesús revela que el Padre entrega a su Hijo único no para condenar al mundo, sino para salvarlo. Así, comprendemos que la salvación es un don gratuito de Dios, que sale al encuentro del hombre en medio de sus fragilidades para devolverle la esperanza y la vida eterna.
Ante esta verdad, San Agustín comentaba: “Dios nos ama a cada uno de nosotros como si solo existiera uno para amar” (Tractatus in Ioannem XII, 12). Esta enseñanza confronta profundamente nuestra vida, porque muchas veces dudamos del amor de Dios cuando llegan las dificultades, el sufrimiento o el cansancio espiritual. Sin embargo, el Señor continúa mirándonos con misericordia y recordándonos que nuestra vida tiene valor ante sus ojos. La fe cristiana no nace del temor, sino de la experiencia de sabernos amados por Dios.
No olvidemos en este domingo la solemnidad de la Santísima Trinidad, es en ella, donde contemplamos precisamente ese misterio de amor: el Padre que crea y entrega; el Hijo que es enviado y salva; y el Espíritu Santo que acompaña y da vida a la Iglesia. La Trinidad no es una teoría lejana, sino la manifestación de un Dios cercano que vive en comunión y nos invita a vivir también en el amor, la unidad y la fraternidad. Por eso, celebrar esta solemnidad es preguntarnos sinceramente: ¿estoy reflejando en mi familia, en mi comunidad y en mi manera de vivir, el amor misericordioso de
Dios Uno y Trino que he recibido desde mi bautizo?
EL CUERPO Y LA SANGRE SANTÍSIMOS DE CRISTO
“El pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo” (Jn 6, 51-58).
Nos situamos en el corazón del discurso del Pan de Vida. Jesús se presenta como el “pan vivo bajado del cielo”, dejando claro que no viene solamente a enseñar un camino espiritual, sino a entregarse Él mismo como alimento para la vida del mundo. Para los oyentes de su tiempo, estas palabras resultaban difíciles de comprender. Sin embargo, el Señor no utiliza un lenguaje simbólico vacío; anuncia el misterio de la Eucaristía, donde Él permanece realmente presente para fortalecer, sostener y dar vida eterna a quienes lo reciben con fe. Jesús revela una verdad profundamente cercana: Dios conoce el hambre más profunda del ser humano. No solo el hambre material, sino también el vacío interior, la soledad, el cansancio y la necesidad de sentido. Por eso, Cristo se hace alimento.
San Agustín, afirma: “creer en Él es comer el pan vivo. Quien cree, come; es alimentado invisiblemente, porque invisiblemente renace” (Tractatus XXVI, 13); de esta manera nos recuerda que, la Eucaristía no puede separarse de la fe y de la conversión del corazón. Recibir el Cuerpo de Cristo implica también dejar- nos transformar por Él.
En medio de un mundo marcado por tantas hambres afectivas, espirituales y humanas, Jesús continúa siendo el alimento que sostiene la esperanza. Cada
Eucaristía es una invitación a permanecer unidos a Cristo y también a convertirnos en pan partido para los demás,
PARROQUIAS
Parroquia Santa Laura Montoya
Parroquia Jesús Buen Pastor
TOTAL: $476.600
INSTITUCIONES EDUCATIVAS
Colegio Santa Cecilia
Instituto Técnico Nacional de Comercio
Colegio San José
Colegio Sagrado Corazón de Jesús
Colegio Carlos Pérez Escalante
Colegio San Juan Pablo I
Sede Cúcuta 75
Colegio Nuestra Señora de Fátima - Policía Nacional
Colegio Los Próceres
Sede La Sabana
Sede Doce de Octubre
Colegio Padre Luis Variara
Colegio Nuestra Señora del Milagro
Colegio Alejandro Gutiérrez Calderón-Tarde
Colegio Alejandro Gutiérrez Calderón - Mañana
$176.600
$300.000
llevando consuelo, cercanía y caridad a quienes más lo necesitan.
Tercer informe - fecha de corte al 26 de mayo de 2026
$ 85.800
$ 76.200
$74.900
$497.900
$361.950
$124.250
$75.800
$146.600
$100.000
$66.900
$113.700
$750.400
$181.900
$62.800
$51.500
Colegio Julio Pérez FerreroSede 2 San Miguel - Mañana $79.150
Colegio Los Pequeños Artistas
$206.800
Colegio Nuestra Señora de Belén $124.200
Colegio Nuestra Señora de Belén - Sede 21 y 23
Juan Pablo I: sedes Principal y Rafael Núñez
Colegio Santos ApóstolesSede José Celestino Mutis $141.300
Colegio Espíritu Santo $18.100
Colegio Juana de Cuéllar
Adoradoras del SantísimoParroquia Santo Apóstoles $27.800 Clínica Medical Duarte $61.800 TOTAL: 89.600