● Mensaje principal: “rezar el Rosario diariamente para alcanzar la paz mundial y la conversión de los pecadores”.
● Peticiones de la Virgen: consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María y comunión reparadora en los primeros sábados de mes.
Esta advocación de Nuestra Señora de Fátima se ha extendido por todo el mundo y es una fiesta reconocida por la Iglesia Católica como una de las advocaciones marianas más importantes.
ORACIÓN FINAL
Pidámosle a la Virgen María bajo la advocación de Nuestra Señora de Fátima a través de la oración del Magnificat.
COMPROMISO
● Rezar el Santo Rosario diariamente.
Felicidades en su fiesta patronal
Nuestra Señora de Fátima, Los Patios
Fundación: 25 de febrero de 1979
Fiesta: 13 de mayo
Párroco: Humberto Nieto Meza
Ubicación: barrio Once de Noviembre
Nuestra Señora de Fátima, Villa del Rosario
Fundación: 1 de noviembre de 2022
Fiesta: 13 de mayo
Párroco: Jhainer Said Urbina García
Ubicación: barrio Juan Frío, Villa del Rosario
Santa María Mazzarello
Fundación: 18 de octubre de 2006
Fiesta: 13 de mayo
Párroco: Padres Salesianos
Ubicación: barrio Los Olivos
● Vivir la fe en la vida diaria, imitando a María en su obediencia y amor a Dios.
● Orar por la Iglesia y las vocaciones sacerdotales; por el Papa, para que Dios los guie y le de sabiduría en su ministerio.
● Participar en la misa dominical e involucrarme en la vida de la comunidad parroquial.
● Servir a los demás, especialmente a los más necesitados como lo hizo María.
DEL 1 AL 15 DE MAYO
San Isidro Labrador
Fundación: 15 de marzo de 2001
Fiesta: 15 de mayo
Párroco: Ramón Elías Rojas Gutiérrez
Ubicación: barrio Toledo Plata
El centro de Comunicaciones de la Diócesis de Cúcuta (CCDC) ofrece el servicio de trámite de partidas en Colombia para
3. Jhainer Said Urbina García 5. Carlos Eduardo Escalante Escalante
7. Eduard Reynel Támara Rojas
13. William Aguilar Vargas
8. Álvaro Iván Gómez Suárez
12. Rubén Alonso Peñaranda Pérez
13. Diác. David Alexander Ochoa Vargas 15. Diác. permanente Isidro Hernández Bermón
8. Wilson Jenry Gélves Berbesí 14. José Fernando Balaguera Camacho
Por: Pbro. Germán Omar Hernández Pinto,
director ejecutivo de Consornoc (Pamplona), director del Centro de Comunicaciones 2011 - 2013.
En este siglo XXI caracterizado por la posmodernidad y los grandes cambios y avances del mundo en que vivimos, la Iglesia diocesana de Cúcuta, ha hecho un aporte fundamental en la mente y corazón de tantos fieles durante estos años.
Sin duda que la tarea evangelizadora de obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y fieles ha sido muy valiosa. El crecimiento geográfico de la Diócesis de Cúcuta en esta zona de frontera, ha llevado al compromiso y entrega de hombres y mujeres que se han sentido tocados por Dios para trabajar y aportar en la dimensión humana y cristiana.
El mandado de nuestro Señor Jesucristo: “vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bautícenlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 19-20), se ha cumplido en la historia de nuestra Iglesia Particular. Ha sido un trabajo de esfuerzo, dedicación y empeño para hacer crecer en la fe y educar a los fieles que han peregrinado y siguen unidos a las comunidades parroquiales tanto de la ciudad como en el campo.
Sabemos que la misión de la Iglesia es evangelizar, llevar la Palabra de Dios a todos los rincones del mundo. Esto ha sido clave en la educación cristiana en las familias que a lo largo de los tiempos ha dado personas de fe, de testimonio y de compromiso a nivel humano, cristiano y profesional.
La educación cristiana en la Diócesis de Cúcuta
La Diócesis de Cúcuta, que hace parte de la provincia eclesiástica de Nueva Pamplona ha hecho presencia desde su creación en las parroquias tanto rurales como de la ciudad y su área metropolitana a través de los planes de pastoral que ha realizado y que han formado cristianamente a tantas comunidades. Esta acción ha sido obra del Espíritu Santo que a través de sus instrumentos humanos manifiesta la construcción del Reino de Dios.
El trabajo de educación cristiana ha sido una respuesta a lo que el Papa Francisco hace unos años nos recordó: “el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”. Nuestra Diócesis ha sido una Iglesia sinodal y estamos aprendiendo a caminar juntos, escuchando al Espíritu Santo y discerniendo en comunidad lo que el Señor pide hoy a su pueblo.
camino recorrido de la Diócesis de Cúcuta en su misión evangelizadora y discernir, a la luz del Sínodo y del PEIP, los compromisos pastorales que orientarán el año 2026, fortaleciendo la participación, la comunión y la misión como Pueblo de Dios en camino.
“La educación cristiana ha sido gestada desde este ambiente espiritual que sigue la voluntad de Dios y es testimonio para el mundo de hoy”.
En este año 2026, nuestra Diócesis de Cúcuta, al celebrar sus 70 años de historia y misión, asume este llamado con alegría y compromiso; en todo este tiempo, el Señor ha conducido su Iglesia Particular por un itinerario de conversión pastoral. Este año pastoral que marca un tiempo de gracia y renovación, con el lema “vayan y hagan discípulos” (Mt 28, 19). Esto muestra todo un dinamismo de la acción del Espíritu y del trabajo misionero que se ha hecho por la comunidad eclesial y que esta dando frutos en la conciencia y en el corazón de nuestros fieles y clérigos.
identidad de Iglesia en salida, samaritana, esperanzada y solidaria, que camina al servicio de la vida, la paz y el Evangelio.
Sin duda, hay que reconocer el trabajo eficiente de los medios de comunicación de la Diócesis que a lo largo de estos años han jugado un papel importante en la difusión del Evangelio y en el trabajo pastoral. El periódico La Verdad es un referente en este escenario que se valora y sigue siendo útil gracias al esfuerzo, la dedicación y el empeño de los obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y fieles que han participado.
Todo esto ha sido posible gracias a los planes de pastoral y en este momento histórico al PEIP, es decir al proceso evangelizador de la Iglesia Particular; estamos celebrando el
Esta educación cristiana ha llegado a todas las vicarías de la Diócesis: san José, san Pío X, san Luis, y san Rafael. Iluminada por el PEIP y animada por el Espíritu, reafirma su
A modo de conclusión, agradecemos a Dios, a la Santísima Virgen María y a san José, todo el bien que se ha hecho en la Iglesia Particular, y reconocemos que la educación cristiana ha sido gestada desde este ambiente espiritual que sigue la voluntad de Dios y es testimonio para el mundo de hoy. Por lo tanto, la evangelización en nuestro territorio se ha empeñado en la construcción del Reino de Dios en la historia de estos 70 años y que seguirá con la ayuda de Dios dando lo mejor en estos tiempos difíciles, pero que se proyectan con esperanza y vida.
Estamos viviendo el tiempo Pascual, nuestro corazón como miembros del Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia rebosa de alegría y esperanza porque el amor eterno de Dios ha triunfado sobre la muerte y el pecado. En verdad Cristo ha Resucitado y ha derramado su Espíritu sobre la Iglesia y cada uno de nosotros para que vayamos a hacer discípulos proclamando la victoria de la vida, del amor de Dios sobre el mal y el pecado del mundo. Ha triunfado la vida y hay esperanza para cada creyente que profesa su fe en Jesucristo vivo y Resucitado. La muerte ha sido vencida, la gracia ha sobreabundado allí donde el pecado nos aleja de Dios y rompe la cercanía a los hermanos.
Esta buena noticia que se hace presente en Cristo, el Ungido de Dios, da esperanza al mundo necesitado de razones para creer y esperar, para encontrar sentido y plenitud de nuestra existencia humana. Esta es la noticia que todo bautizado ha de proclamar con su vida, obras, gestos y palabras sencillas de cada día. Así como el Señor encargó a los discípulos “vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio a toda la creación”, tenemos todos esta tarea y compromiso cristiano, no podemos ser indiferentes, no estamos solos, ni vivimos aislados los unos de los otros, somos familia, pueblo, comunidad testigo del amor victorioso de Dios, capaz de hacer nueva la vida de cada bautizado.
El creyente no vive aisladamente, ni se salva solo, nos salvamos en comunidad, dándonos la mano los
Ser creyente no significa ser indiferente a lo político y social
unos a los otros nos decía el Papa Francisco. Desde la filosofía entendemos que el ser humano es por naturaleza un ser social, capaz de salir de sí mismo y establecer una relación de apertura con Dios, el mundo y los demás. Su esencial condición es estar en relación con los otros que le rodean, en la familia, trabajo, comunidad, vecinos, amigos. Por lo tanto, lo propio del cristiano es vivir en esta relación especial con Cristo y los demás, participar de la tarea de anunciar el Evangelio en comunidad, con el fin de manifestar su compromiso y responsabilidad en la construcción de una sociedad nueva, de un país más justo, de una familia unida en la que cada uno encuentre los medios para vivir con dignidad. El cristiano no se puede quedar callado, ni dejar de obrar ofreciendo lo mejor de su vida, buscando el bien y pensando que el camino lo recorremos y llevamos las cargas entre todos. Sin compromiso verdaderamente cristiano, sin caridad, sin vivir el amor no es posible
que la luz del Evangelio transforme lo social y personal. Nuestra participación y las decisiones de cada uno como creyente deben manifestar la luz del Evangelio para encontrar juntos el camino a seguir.
Ser creyente implica un compromiso activo con la justicia, la paz y el bien común, lo que convierte la participación política y social en un deber ético, no en una opción indiferente. La fe se encarna en la realidad y busca transformar con la Buena Noticia las estructuras sociales, culturales y políticas; promover la dignidad humana frente a la desigualdad y toda forma de violencia. La fe se vive en comunidad y actúa por el servicio, compromiso y caridad de cada uno frente a los más necesitados. Ser creyente no es vivir en una burbuja, encerrado en sí mismo sino ser capaz de ensuciarse las manos, de asumir la tarea de construir un país en paz y reconciliado, lejos de la violencia.
Por lo tanto, el compromiso social y político del creyente debemos entenderlo como una exigencia de la fe que no es algo privado sino público y una forma concreta de servir y amar al prójimo, de llevar el evangelio con el fin de construir el bien común y la justicia. El Papa Francisco y el Magisterio de la Iglesia consideran la política como una “forma eminente de caridad”, al buscar el bien común y el bienestar de toda la comunidad, especialmente de los más pobres, vulnerables y necesitados.
En estos momentos nuestro país se coloca de frente a las elecciones presidenciales. Es el momento para que con las esperanza que nos da la Pascua que hemos celebrado y con la luz del Espíritu del Señor Resucitado, con mucha responsabilidad y compromiso con el país y nuestra familia ejerzamos nuestro derecho al voto con la conciencia de que está en juego nuestro futuro y que ante todo buscamos el bien común y la justicia para un pueblo que quiere mejores condiciones de vida, salud, trabajo y de paz para todos y nuestros hijos. Nuestra participación en lo político y social no es un juego. Es un acto que exige nuestro compromiso moral y de conciencia por la grandeza de la dignidad con la que hemos sido creados y la vida y bienestar de un país que espera lo mejor de cada uno de sus hijos. La indiferencia solo nos llevará al ocaso, a perder tanto que hemos construido con esfuerzo y dedicación.
Tenemos una tarea y una cita, como nos invitan los obispos colombianos, es necesario organizar la solidaridad y construir juntos caminos de reconciliación frente a las múltiples emergencias y problemáticas de nuestro país. La indiferencia nos hace culpables del sufrimiento de un pueblo herido y maltratado.
Por: Pbro. Carlos Alberto Escalante Rodríguez, párroco de San Antonio de Padua, Cúcuta, director del Centro de Comunicaciones 2014 - 2019.
¿Cómo se construye la paz en los territorios más golpeados de Colombia?
Para hacer realidad la paz siempre es necesario contar con leyes, artículos y demás elementos de la institucionalidad que permitan que quienes desean dejar las armas y el camino de la violencia se integren a la vida social. Ahora bien, este camino siempre es difícil, largo y para la muestra tenemos el Acuerdo de Paz firmado en 2016, frente al cual en nuestro país aún se sostienen discusiones de nunca acabar. Si bien ha logrado desmovilizar a un grupo significativo de personas e implementar algunos cambios sociales, la paz sigue siendo esquiva y todavía no llega a territorios que por décadas han estado golpeados por la guerra y la violencia.
Es ahí donde se descubre que la paz se empieza a construir con personas que tal vez nunca pensaron estar al frente de situaciones posibilitadoras de paz o priorizar las acciones en defensa y respeto por la vida, más allá de credos, raza, lengua o ideología. Pienso en este momento en aquellos que son capaces de hacer largas horas de camino por alguien que está secuestrado, en aquellos que insisten una y otra vez para que liberen a una persona, a un amigo, a un desconocido; personas que van a cualquier rincón del territorio por aquel, que por situaciones del conflicto, ha sido retenido por quienes tienen las armas y por ende el control del territorio. Ellos, interceden por los niños, jóvenes, mayores, buscando por encima de todo cuidar y respetar la vida al punto de atreverse a arriesgar hasta su propia existencia.
La paz apuesta siempre por la defensa de la vida y la integridad de las personas
En Jn 10, 10, se lee: “Yo he venido para
¿A qué paz le apuesta la Iglesia? A una paz desarmada
y desarmante
que tengan vida y vida en abundancia”. Fieles a esa máxima del Señor Jesús, los sacerdotes y laicos se adentran en las espesas selvas del Catatumbo o de cualquier rincón de Colombia, para ir a rescatar los cuerpos de quienes han caído en combate o a interceder para que dejen funcionar la escuela de la vereda y no la llenen en sus alrededores de minas antipersonal; a pedir con insistencia que las vías de comunicación sean habilitadas, para que dejen a la población civil lejos del conflicto; esa misma población, que los grupos armados dicen defender y, a la larga, le está quitando la tranquilidad y la posibilidad de construir un futuro lejos del ruido de las armas y del desastre de la muerte que nos invade.
La Iglesia apuesta, como lo ha dicho el Papa León XIV, por “una paz desarmada y desarmante”, esto es, una paz que reconoce que es necesario evitar que las ideologías recalcitrantes y desactualizadas se impongan a nuestra capacidad de razonar y, por el contrario, logremos dialogar y construir juntos una sociedad donde todos nos reconozcamos como hermanos.
¡Cristianos anónimos!
La paz por la que apuesta la Iglesia es aquella en la que hombres y mujeres de
carne y hueso de manera desinteresada y honesta, movidos por los valores del Evangelio, en todos los rincones de nuestro país, le siguen poniendo el alma, la vida, el corazón y su fe para construir una sociedad distinta. Si ustedes miran el mapa nacional, en todos los rincones de Colombia, hay un obispo o un sacerdote, una religiosa, un religioso, un fiel comprometido, sentado en una mesa de paz, acompañando a una comunidad en lo más profundo de las entrañas de esta Colombia a veces desconocida; tratando de construir con los niños y los jóvenes, con los ancianos, ¡con todos!, guiados por la fuerza del Evangelio, una sociedad nueva, distinta, más humana y solidaria.
Nosotros seguimos apostando por el Evangelio, que muchos pueden ver como algo obsoleto, tal vez porque no han entendido y han olvidado que realmente el Evangelio antes que un mero concepto o un cúmulo de enseñanzases una persona, es el deseo de vivir una vida al estilo de Jesucristo. Por ello, nuestra apuesta como Iglesia no es otra cosa distinta al camino de la paz desarmada y desarmante, la paz que crea posibilidades de vida para hacer las cosas con la fuerza del corazón, con la fuerza de la razón, con la fuerza de entender que la vida vale más que tres balazos;
que la vida vale más que matarnos entre hermanos; que toda vida es sagrada y porque honramos la vida ¡no deseamos ni anhelamos la muerte!
Ya sea en el Catatumbo, en el Chocó, en Buenaventura o en lo más profundo del Guaviare o de cualquier rincón de Colombia o del mundo. Hombres y mujeres de carne y hueso, religiosos religiosas, laicos comprometidos seguirán tratando con la fuerza del Evangelio de clamar por la paz, proclamando con su vida, su testimonio y sus palabras que la guerra es la creación más absurda a la que le podemos gastar tiempo, que la guerra no nos permite reconocer las riquezas que tenemos.
Los pendientes…
A la paz le sobran discursos y le faltan recursos que se pierden en la corrupción.
A la paz le sobran gritos de protestas y le faltan manos que construyan antes que destruyan.
A la paz le sobran hombres y mujeres que vociferen y reclaman justicia y le faltan hombres y mujeres dispuestos a escuchar y construir consensos.
La paz nos falta a todos: a los violentos, a los acomodados, a los indiferentes.
¡Sin paz nos seguiremos matando y esa es nuestra mayor tragedia y desgracia!
Se hace oportuno recordar que la mayor apuesta por la paz de la Iglesia, que busca vivir las enseñanzas de Jesucristo nuestro Señor, la recoge muy bien el Papa León XIV: “tenemos que reconocer que la lucha armada no trae beneficios. Las armas son letales, pero la negociación, la mediación y el diálogo son constructivos. Elijamos todos la paz como camino, y no sólo como objetivo” (Mensaje del Papa León XIV al final de su visita al Líbano, en diciembre de 2025).
Por: Mons. Israel Bravo Cortés, Obispo de la Diócesis de Tibú.
Foto: tomada de la Diócesis de Tibú.
Por: Pbro. José Elver Rojas Herrera, rector de la Basílica Menor de Nuestra Señora del Rosarío de Chiquinquirá, director del Centro de Comunicaciones 2007 - 2011.
Desde San Luis, lugar donde nació Cúcuta, La Kacika ha contemplado y acompañado el nacimiento del pueblo de Dios que peregrina en la Diócesis de Cúcuta y que fue segregada de la Arquidiócesis de Nueva Pamplona.
Hablamos del año 1956 donde la capital del Norte de Santander se encuentra a punto de cerrar el modelo del ferrocarril y con ello perder su protagonismo como puerto exportador y depender ahora de agencias intermediarias. No es un juicio extemporáneo, es una decisión de empresarios y entidades gubernamentales de su tiempo que apostaron por los camiones de carga y no por la modernización de un sistema férreo que requería mayor visión.
Mientras tanto, en el templo de San Luis Gonzaga, en un lienzo que data de 1587, la imagen de Ntra. Sra. del Rosario de Chiquinquirá, la Kacika, observa un nuevo nacimiento: la Diócesis de Cúcuta. Como todo recién nacido, necesitaba del cuidado de sus padres, para lo que la Santísima Virgen no dio tregua y asumió su misión maternal al lado de San José patrono de esta nueva Iglesia Particular.
Desde entonces la Santísima Virgen, acompaña a nuestra Diócesis, la guarda y protege. Su cercanía la hace a través de quienes aceptan el llamado de su Hijo a servirle en una Iglesia joven llena de fe y esperanza que se enfrenta a muchas pruebas, pero no sucumbe porque camina bajo la guía de su fundador.
Estar ubicados en una zona fronteriza ofrece muchas oportunidades a
Bajo el amparo de la Kacika de Cúcuta
nivel económico, político, religioso, cultural y social. No obstante, treinta años después de creada la Diócesis en un diagnóstico necesario para la elaboración de un plan diocesano de renovación y evangelización, el problema fundamental se centra en la necesidad de una nueva manera de evangelizar para afrontar la compleja realidad social de la región.
Este desafío para la Iglesia diocesana consiste en evangelizar en medio de una crisis social marcada por la pobreza, el desempleo, la cultura de la ilegalidad, el narcotráfico y la violencia que se enquista en grupos delincuenciales quienes a sangre y fuego someten a las comunidades e imponen su propia ley; hasta las mismas autoridades muy poco o nada pueden hacer por mantener el orden y la justicia.
La Iglesia que ha recibido del Señor la enseñanza de que la violencia engendra más violencia, y que el mal se vence solo con la fuerza del bien, entra en estos ambientes hostiles de la mano de la Santísima Virgen con el único propósito de llegar al corazón de los que más sufren, los pobres y los necesitados. Y lo hace especialmente durante los meses de mayo y octubre, más que
en cualquiera de los otros meses del año, cuando las familias abren las puertas de sus casas y aceptan con agrado rezar entre vecinos el santo rosario. Con el lema “familia que reza unida permanece unida” la Diócesis de Cúcuta evangeliza y se hace cercana al dolor y sufrimiento de quienes padecen el flagelo de la violencia.
Dejarse guiar por el amor maternal de la Santísima Virgen, ha traído para la Diócesis de Cúcuta abundantes bendiciones que se manifiestan en el aumento de las vocaciones a la vida sacerdotal, religiosa, misionera y de agentes de pastoral, testigos de la Buena Nueva en los grupos pastorales, sectores de cada parroquia y movimientos apostólicos.
Por ejemplo, la Legión de María y las ministras de la Eucaristía, son como el manto de la virgen que se estira para cubrir a los enfermos, y con el rezo del santo rosario y la presencia de Jesús Eucaristía, les brindan el consuelo, los fortalecen en la fe y en la esperanza, tan necesarias en su lecho de dolor. Son miles de ellas que no cesan de realizar esta obra de misericordia en silencio y constancia bajo la tutela del obispo diocesano.
Es de admirar como en diversos establecimientos públicos de la ciudad, en los caminos y veredas de los pueblos de la Diócesis, siempre resplandece una imagen de la Santísima Virgen que invita a la oración y se convierte en compañera permanente de trabajadores, estudiantes, comerciantes, conductores, jóvenes, niños y de todo aquél que se acoge a su cuidado maternal.
Como signo del amor que se le tributa a la Santísima Virgen en la Diócesis de Cúcuta, fijamos la mirada en el templo parroquial San Luis Gonzaga, construido, restaurado y embellecido por los pancheros, y elevado a Basílica Menor por el Papa Francisco, el 7 de octubre de 2019. Allí está la Kacika, testigo de miles de peregrinos que, animados por nuestro obispo, Mons. José Libardo Garcés Monsalve durante el año jubilar, concedido por el Papa León XIV, encuentran un lugar digno, que invita al recogimiento, a la oración, a la celebración de los sacramentos y sobre todo a permanecer junto a la Madre de Dios, María Santísima, de quien reciben consuelo y el amparo necesario para no desfallecer en la tarea evangelizadora encomendada por su Hijo Jesucristo.
Por: Pbro. Diego Eduardo Fonseca Pineda, formador interno del Seminario Mayor, director del Centro de Comunicaciones 2020 - 2025.
En el mundo contemporáneo, el acceso a la información se ha convertido en una de las conquistas más significativas de la humanidad. No se trata simplemente de una posibilidad técnica, sino de un verdadero derecho humano. Poder buscar, recibir y difundir información no es un privilegio reservado a unos pocos; es una posibilidad que pertenece a todos.
Sin embargo, este derecho, que debería estar al servicio de la verdad, se enfrenta hoy a un fenómeno tan impresionante como preocupante: la cantidad de información y la dificultad para distinguir lo verdadero de lo falso. Aquí vale la pena recordar a Marshall McLuhan, un canadiense, teórico de la comunicación del siglo XX, que se adelantó con un estilo casi que “profético” a estudiar el impacto de los medios de comunicación digitales, y quien afirmaba que “el medio es el mensaje”. Con esta expresión quería señalar que no solo importa lo que se dice, sino la forma como se nos presenta. Hoy más que nunca, esa afirmación cobra sentido: la manera como recibimos la información influye profundamente en lo que creemos y en cómo reaccionamos. En este contexto, discernir entre la verdad y la mentira ya no es solamente una habilidad intelectual; se ha convertido en una exigencia ética.
La inmediatez de las redes y la fragilidad de la verdad
Las redes sociales han introducido una nueva lógica comunicativa: lo importante es lo inmediato. La velocidad con la que se produce y se consume la información ha reducido los espacios para la reflexión, la verificación y el
Discernir la verdad en tiempos de desinformación: una tarea moral y cristiana
análisis crítico. En algunos casos, por llamarlos irresponsables, el trabajo lo hace la tecnología, y no porque sea esta la que redacte los artículos o los textos de las publicaciones, sino porque algunos inician transmisiones en vivo sin mayor información.
Las personas que se conectan se quedan con esa primera impresión, aunque sea incompleta. Y casi de inmediato, se produce algo preocupante: el llamado “linchamiento digital”. Se lanzan juicios, se emiten condenas, se dicen palabras que hieren y deshumanizan.
Frente a esta realidad, la Iglesia ofrece una orientación clara y profundamente humana. En el mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de 2017, el Papa Francisco advirtió sobre el peligro de las noticias falsas y sus consecuencias. Allí se advierte sobre la difusión de noticias falsas como un mecanismo que alimenta prejuicios, fomenta el miedo y distorsiona la realidad. El Santo Padre señala que la desinformación no es simplemente un error inocente, sino que puede convertirse en un instrumento de manipulación que afecta la convivencia y la paz social.
Pero más allá de la denuncia, el mensaje propone un camino: la responsabilidad personal en el uso de los medios de comunicación. Cada persona, en la medida en que recibe y comparte información, se convierte en protagonista del ecosistema comunicativo.
Volviendo a McLuhan, él nos ayuda a comprender algo muy importante: los medios no son neutros. Cuando decía que “el medio es el mensaje”, nos estaba advirtiendo que la forma como se transmite la información cambia nuestra manera de verla. No es lo mismo una noticia explicada con calma que un video en vivo lleno de tensión. No es lo mismo un análisis serio que un titular llamativo pensado para generar reacciones. Por eso, más allá de preguntarnos si algo es verdadero o falso, también es necesario preguntarnos: ¿cómo se está presentando?, ¿qué emociones busca provocar?, ¿qué puede estar dejando por fuera?
Esta mirada nos ayuda a no dejarnos llevar fácilmente y a asumir una actitud más crítica y consciente frente a lo que consumimos.
Para nosotros, como creyentes, este tema no es indiferente, ya que tiene que ver directamente con una de las tantas enseñanzas de Jesús y que la
Comparta contenidos que aporten esperanza, que construyan y que puedan hacer bien a quienes los reciben.
Infórmese a través de medios reconocidos por su seriedad, evitando depender únicamente de publicaciones sin respaldo claro.
Evite la difusión de contenidos violentos, morbosos o que atenten contra la dignidad de las personas.
Si va a compartir una noticia o información, verifique si es verdadera, consultando otras fuentes confiables.
podemos encontrar en el Evangelio de san Juan: “la verdad los hará libres” (8, 32). Este imperativo, no es solo una enseñanza, sino un llamado a vivir en la verdad, a buscarla y a respetarla. Difundir mentiras, exagerar hechos o compartir información sin verificar no es algo neutro; tiene consecuencias en la vida de otros y en la nuestra. Por eso, el uso de la información, especialmente en redes sociales, es también un espacio donde vivimos nuestra fe. Allí se pone a prueba nuestra responsabilidad, nuestro respeto por los demás. Discernir la información es, en el fondo, una forma concreta en estos tiempos de vivir con coherencia cristiana.
A la luz de lo anterior, es posible proponer algunas orientaciones concretas que ayuden a vivir este compromiso en la vida cotidiana:
No se quede solo con los titulares. Lea, analice y reflexione antes de reaccionar; esta es una práctica muy necesaria en nuestro tiempo.
Por: Pbro. Martín Alberto Sepúlveda Mora, director del Departamento de comunicaciones de la Conferencia Episcopal de Colombia.
Evangelizar es comunicar
Si exploramos brevemente el fenómeno de la comunicación desde la teología, podemos decir que el acto mismo de la revelación cuando el Padre envía a su Hijo Jesucristo al mundo y a quien el evangelista Juan en su prólogo llama “Logos”, es decir, Palabra es un acto esencial de comunicarse. Ya en el Génesis encontramos un “Logos” creador (Génesis 1, 3): una palabra que, al comunicar, crea nuevas realidades. En este mismo sentido, ¿cómo desconocer las enseñanzas de Jesús a través de las parábolas? Es quizá una de las formas más relevantes y genuinas de la comunicación para hacer llegar un mensaje. A partir de estas consideraciones, podemos afirmar que la evangelización y la comunicación siempre han caminado de la mano en la Iglesia.
Por eso, en el Documento de Puebla, magisterio de los obispos de Latinoamérica y el Caribe, encontramos una definición que aclara aún más este concepto: “la evangelización, anuncio del Reino, es comunicación; por tanto, la comunicación social debe ser tenida en cuenta en todos los aspectos de la transmisión de la Buena Nueva” (Puebla, n. 1063). A su vez, el documento de Santo Domingo amplía el concepto diciendo que: “la evangelización, anuncio del Reino, es comunicación para que vivamos en comunión” (Santo Domingo, n. 279).
Ahora bien, la comunicación ha encontrado medios que la hacen posible. Uno de ellos, y que no perderá nunca vigencia, es la “Palabra”, como lo afirma el prólogo de San
La importancia de los medios en la evangelización:
¿Ir más allá de los medios?
Juan. Pero las tecnologías han logrado que esa palabra llegue por múltiples vías y se revista de diversas maneras. Esto llevó a los padres del Concilio Vaticano II a publicar un documento titulado significativamente Inter Mirifica; es decir, “entre los maravillosos inventos”. En él se lee: “entre los maravillosos inventos de la técnica que [...] el ingenio humano, con la ayuda de Dios, ha extraído de las cosas creadas, la madre Iglesia acoge y fomenta con especial solicitud aquellos que atañen especialmente al espíritu humano y que han abierto nuevos caminos para comunicar con extraordinaria facilidad noticias, ideas y doctrinas de todo tipo. Entre tales inventos sobresalen aquellos instrumentos que, por su naturaleza, pueden llegar no solo a los individuos, sino también a las multitudes y a toda la sociedad humana, como son la prensa, el cine, la radio, la televisión y otros similares que, por ello mismo, pueden ser llamados con razón medios de comunicación social”.
Del instrumento a la cultura
conscientes de algo: el magisterio de la Iglesia, especialmente los mensajes para las comunicaciones del Papa Francisco, nos han ayudado a realizar una transición. Pues actualmente no se trata solo de hablar de los “medios” como el uso de instrumentos, sino que debemos dar un paso decisivo: entender que estamos ante una cultura de la comunicación. Una cultura nace cuando un grupo humano desarrolla capacidades cognitivas y sociales como el lenguaje, el uso de herramientas, creencias y rituales compartidos transmitiéndolas de generación en generación. De esta manera, no se trata solo de herramientas, sino de una forma de vida. Por ejemplo: hoy en día un joven difícilmente vive sin un celular en la mano y una conexión en red. Eso ha transformado su realidad; por lo tanto, no es solo un medio, es su entorno vital.
Usar los medios en la evangelización no es solo publicar una imagen, una frase o un video; es habitar las redes sabiendo que allí encontramos personas con rostro humano que necesitan una palabra, un consejo o simplemente, ser escuchadas.
Esa dimensión, repetimos, nos la ha aportado hoy el mundo digital precisamente a través de su característica principal: la interacción.
Habitar el continente digital
En conclusión, los medios de comunicación social para la evangelización son necesarios, no por la tecnología en sí misma, sino porque es ahí donde está hoy la humanidad y donde las personas pueden vivir una “cultura del encuentro”; en primer lugar, con Dios y, en segundo lugar, con sus semejantes. La Iglesia, “experta en humanidad” (Pablo VI), no busca la tecnología por la tecnología, ni persigue likes o seguidores; busca, ante todo, a las personas. La misión de la Iglesia en los espacios digitales no es automatizar mensajes, sino hacer lo que estos nunca podrán hacer: discernir, amar, acompañar y orar. En la cultura de la comunicación, ¿nosotros estamos solo conectando cables o encontrando personas?
Por este medio de comunicación social diocesano han pasado los 10 obispos locales, una gran cantidad de sacerdotes y laicos quienes con sus artículos han contribuido a informar y formar a nuestros suscriptores y lectores; también, nuestra memoria llena de gratitud a todos los trabajadores (comunicadores sociales, diseñadores), colaboradores, pasantes universitarios y seminaristas que han hecho parte de la construcción y consolidación del periódico en sus diferentes etapas, tanto del pasó de la tinta a blanco y negro, como la impresión en formato tabloide y a full color, a su presencia en la web y las redes sociales.
Respondiendo al título de este artículo, ¿qué significa que la verdad sea una memoria que se renueva en el tiempo? Significa que no se trata de un recuerdo del pasado, polvoriento, anclado sólo en lo que fue y sólo quedan las memorias como portadoras de lo que pasó. Por el contrario, a través de este medio de comunicación impreso al custodiar la memoria en el tiempo, buscamos realizar y consolidar las vivencias e historias de fe que hemos construido como Iglesia misionera, evangelizada y evangelizadora; donde todos los bautizados de una manera viva, dinámica y en comunión continuamos la misión que hemos recibido del Señor, “anunciar a todos la Buena Nueva” (Mc 16, 15).
El periódico La Verdad, en el transcurrir de sus 70 años ha tenido la misma misión de los discípulos, hacer memoria del camino de Emaús: Jesús Resucitado camina con dos de ellos, les explica las Escrituras, parte el pan y abre sus ojos (Lc 24, 13-35). Esto mismo, es nuestro objetivo a través de este medio evangelizador, pero en
La Verdad: una memoria que se renueva en el tiempo
el hoy, en medio de nuestros gozos y esperanzas, dificultades y fracasos, continuamos siendo una herramienta de evangelización con la prensa escrita, en la web y con las redes sociales anunciando a Jesucristo; contando con el esfuerzo que han hecho los diferentes obispos con sus editoriales, los distintos artículos formativos que han buscado consolidar la fe que profesamos, los recuentos de los acontecimientos diocesanos de la vida pastoral, la catequesis para las comunidades eclesiales misioneras, entre otras páginas que vinculan el trabajo y esfuerzo de muchas personas para que cada ejemplar llegue a las manos de nuestros lectores.
Por eso, en estos años, el periódico La Verdad ha sido testigo de cómo la Buena Noticia se encarna en circunstancias concretas de la zona de frontera; logrando informar los hechos históricos que se han vivido en nuestro territorio, manteniendo la fidelidad al Evangelio y la objetividad de los acontecimientos para expresar y vivir la libertad de hijos de Dios. Acontecimientos como las heridas de la frontera colombo-venezolana, en los
años noventa, con los primeros brotes de paramilitarismo y la crisis del narcotráfico; en la década del 2000, con los bloqueos y tensiones diplomáticas entre ambos países; y más recientemente, con la crisis migratoria de hermanos venezolanos y colombianos retornados que siguen cruzando hacia Colombia buscando mejor calidad de vida. En cada una de esas situaciones lamentables, el periódico La Verdad no abordó de estos temas desde la crónica roja o amarillista. Se realizó un trabajo más allá: publicó testimonios de madres que perdieron a sus hijos en cruces fronterizos, entrevistó a sacerdotes que arriesgaron su vida para acompañar a su pueblo humana y espiritualmente y dedicó editoriales haciendo una llamado al perdón y la reconciliación. Esa es la memoria que se renueva: no olvidamos el dolor, pero Cristo nos invita a recordarlo con espíritu de profecía y caridad encarnada.
Sin embargo, no todo ha sido luto; también ha sido el gran libro de la alegría diocesana. Sus páginas han guardado con celo las fotografías de las ordenaciones sacerdotales: las manos ungidas con el Santo Crisma, el rostro
emocionado de los nuevos presbíteros, el abrazo de los padres de familia que entregan un hijo a la Iglesia. En otros hechos, se han relatado las misiones populares en los barrios periféricos como Antonia Santos, el anillo vial occidental; donde agentes pastorales, religiosas y sacerdotes anunciaban a Cristo a través de las catequesis de las comunidades eclesiales misioneras. En cada una de estas acciones misioneras, La Verdad ha sido la memoria gozosa que nos recuerda que el Evangelio no es una teoría, ni una idea aprendida, es el gozo del encuentro con Cristo quien anima toda vivencia evangelizadora.
Esta capacidad de encarnar la Buena Noticia en cada circunstancia concreta, compañía en la violencia fronteriza, alegría en las celebraciones, es lo que hace que este medio de comunicación no sea un periódico cualquiera. Es una memoria viva, un registro del amor de Dios hecho historia de salvación en nuestra Diócesis de Cúcuta.
Llegar a la edición 1000 nos invita a tres actitudes fundamentales para los cristianos de esta Diócesis: dar gracias, agradecemos a Dios por la inspiración de quienes fundaron este periódico, por el trabajo silencioso de redactores, correctores, diseñadores, impresores y distribuidores que durante décadas han puesto su talento al servicio de la comunión diocesana; hacer memoria, revisar las primeras ediciones nos permite redescubrir el deseo del fundador. Esta memoria no nos ancla en un pasado idealizado, sino que nos invita a renovar las motivaciones para valorar y continuar con el trabajo evangelizador. Por último, renovarnos, así como el periódico ha ido cambiando su formato, sus tipografías e incursionado en los medios digitales, así también nuestra fe debe expresarse con nuevo ardor y nuevos métodos.
Por: Pbro. Samuel Alexis Arias Meza, actual director del Centro de Comunicaciones.
Por: Pbro. Freddy Antonio Ochoa Villamizar, director del Departamento de Lugares Eclesiales para la Vivencia de la Comunión.
La Iglesia desde sus orígenes, ha comprendido que su misión de anunciar a Jesucristo permanece, pero las formas, los contenidos, los lenguajes y las estructuras cambian según los tiempos y los contextos.
Mc 16, 15-16
La Diócesis de Cúcuta ha vivido este dinamismo evangelizador a lo largo de su historia. Ha buscado ser fiel al mandato del Señor “vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará” (Marcos 16, 15-16). Cada uno de los señores obispos, junto con los sacerdotes, religiosos y laicos, ha realizado en su respectivo momento histórico la tarea evangelizadora con las ayudas pastorales disponibles en su tiempo.
Hemos recorrido como Iglesia Particular este camino:
1. De una Iglesia que se organiza a una Iglesia que se comprende en misión (1956–1996).
Desde sus inicios la Diócesis centró su acción evangelizadora en estructurar la vida eclesial en sintonía con el Magisterio de la Iglesia y con el propósito de responder a los desafíos del contexto de frontera. Por ello, orientó sus esfuerzos a la creación de parroquias, consolidación de obras educativas y sociales, fortalecimiento de la catequesis sacramental y acompañamiento a una población marcada por la migración interna, la frontera y los cambios sociales del país.
La evangelización se entendía principalmente como: 1) Transmisión
De la pastoral de conservación al proceso evangelizador: camino de la Diócesis de Cúcuta
de la fe mediante la catequesis y la predicación. 2) Atención sacramental como eje de la vida parroquial. 3) Presencia social a través de obras caritativas y educativas.
2. El inicio del Plan Global Diocesano de Nueva Evangelización (1993-2019).
El año 1993 marcó un giro pastoral decisivo. Bajo el pastoreo de Mons. Ruben Salazar Gómez, entre 1993 y 1995 se diseñó el Plan Global Diocesano de Nueva Evangelización (PGDNE), inspirado en el llamado de la Iglesia universal a la “nueva evangelización”.
Un acontecimiento fundante: la misión diocesana de 1995. En el marco de los 40 años de la Diócesis, se realizó una misión en todas las parroquias que marcó el inicio del Plan Pastoral. Esta misión generó un despertar misionero y dio origen a las “asambleas familiares”, germen de las futuras Comunidades Eclesiales Misioneras.
pastoral ministerial y estructuras pastorales. A partir de estos niveles se fueron organizando las comisiones pastorales correspondientes. d) Emergencia de las comunidades: las “asambleas familiares” que se realizaban el primer martes de cada mes siguiendo una misma temática en coherencia con los lemas y contenidos mensuales, se consolidaron como espacios de encuentro, oración y formación.
El Plan Global Diocesano de Nueva Evangelización, introdujo cambios fundamentales: la evangelización comenzó a entenderse como proceso orgánico, no como actividades aisladas. La parroquia empezó a concebirse como comunidad de comunidades y movimientos. La misión dejó de ser un momento puntual para convertirse en criterio permanente.
3. Un nuevo horizonte para la evangelización: Del PDRE al PEIP (2019 hasta hoy).
Aportes fundamentales del PDRE. Este significó un cambio profundo en la manera de evangelizar. a) Paso de actividades a procesos: se estableció un itinerario de evangelización e introdujo una visión orgánica y dinámica de la pastoral. b) La espiritualidad de comunión: inspirada en la eclesiología de Concilio Vaticano II y fortalecida por Novo Millenio Ineunte, se consolidó como el “alma” del proceso. c) La organización pastoral: nace en la Diócesis el Equipo Diocesano de Animacion Pastoral (EDAP) y en las parroquias, el Equipo Parroquial de Animación Pastoral (EPAP). La acción pastoral se organiza en niveles: pastoral comunitaria, pastoral especializada, servicios pastorales,
2. La fe se vive como proceso continuo: el PEIP permite que la evangelización sea progresiva, orgánica y permanente. Cada persona y cada comunidad avanzan por etapas que integran: anuncio, formación, vida comunitaria y misión.
3. Las Comunidades Eclesiales Misioneras (CEM) como núcleo de la vida parroquial: las CEM se consolidan como espacios de escucha de la Palabra, acompañamiento, catequesis de iniciación cristina.
DE LA
4. Reconfiguración de las estructuras: las estructuras se entienden como mediaciones al servicio del proceso evangelizador. La pastoral se reorganiza en “centros y dimensiones”, en coherencia con los elementos constitutivos del proceso y de sus pasos.
La i glesia exi st e para evangelizar
En la Asamblea Diocesana de noviembre de 2019, la Diócesis de Cúcuta da un paso decisivo: la transición del PDRE al Proceso Evangelizador de la Iglesia Particular (PEIP). Este paso no significa ruptura, sino maduración y profundización.
¿Qué ha cambiado con el PEIP?
1. La centralidad de Cristo y del Evangelio: la evangelización comienza por el encuentro, el anuncio kerigmático se convirtió en el punto de partida de todo el proceso. La vida eclesial se configura desde la experiencia personal y comunitaria con Jesucristo.
5. Una Iglesia en salida permanente: la Diócesis vive misiones permanentes, formación de laicos misioneros, acompañamiento a familias, jóvenes, niños y sectores vulnerables, así como presencia evangelizadora en medios y plataformas digitales.
En conclusión, la evangelización en la Diócesis de Cúcuta ha madurado significativamente. Del anuncio ocasional se ha ido pasando a un proceso permanente; de estructuras organizativas a mediaciones al servicio del Espíritu. La Iglesia local ha comprendido que evangelizar hoy implica volver a Jesucristo, discernir los signos de los tiempos, para anunciarlo con renovado ardor.
Esta es una edición muy especial amigos lectores y me alegro mucho poder hacer parte de esta familia y acompañarlos en esta celebración de la edición número 1.000 del periódico. Quisiera abordar e introducirlos en el tema de la sucesión episcopal de nuestros primeros pastores. La Diócesis de Cúcuta ha contado con la presencia hasta el presente de 10 obispos:
1. Luis Pérez Hernández, C.I.M. (1956–1959).
2. Pablo Correa León (1959–1970).
3. Pedro Rubiano Sáenz (1971–1983).
4. Alberto Giraldo Jaramillo, P.S.S. (1983–1990).
5. Rubén Salazar Gómez (1992–1999).
6. Oscar Urbina Ortega (1999–2007).
7. Jaime Prieto Amaya (2009–2010).
8. Julio César Vidal Ortíz (2011–2015).
9. Víctor Manuel Ochoa Cadavid (2015–2020).
10. José Libardo Garcés Monsalve (2021–Actualidad).
De Monseñor Luis Pérez Hernández, C.I.M., hemos mencionado de manera muy general, que fue nombrado primer obispo de Cúcuta el 29 de mayo de 1956 por el Papa Pío XII y tomó posesión según el Diario la Frontera, el 29 de agosto de ese año, ejerciendo su episcopado hasta su muerte el 28 de junio de 1959. Su ministerio coincide con la fundación misma de la Diócesis, desmembrada según la Bula Pontificia Ecclesiarum Omnium del antiguo territorio de Nueva Pamplona el 2 de mayo de 1956, en un contexto de crecimiento urbano, expansión fronteriza y consolidación de la “ciudad capital de la frontera” con Venezuela. Su ministerio, entre 1956 y 1959, se marcó por la tarea de fundar la estructura básica de la
De Monseñor Luis Pérez Hernández a Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo, con énfasis en retos fronterizos.
nueva diócesis: parroquias, presbiterio, consejo de consultores y comunidades religiosas. Actualmente se recuerda a Monseñor Luis Pérez Hernández, por la creación del periódico diocesano La Verdad, el 20 de octubre de 1956. Según el mismo Periódico La Verdad, Monseñor afirmaba que “es necesario que una Diócesis tenga un periódico como tiene un púlpito para decir la verdad”, delineando su visión de los medios de comunicación, como instrumentos de evangelización, formación cristiana y defensa de los valores evangélicos.
Monseñor Pablo Correa León fue el segundo obispo de la Diócesis de Cúcuta
y, una figura clave en la consolidación institucional y pastoral de la Iglesia en la frontera. Como sucesor de Monseñor Luis Pérez Hernández, su ministerio se centró en consolidar la estructura de la Diócesis, fortaleciendo el trabajo de creación de nuevas parroquias, comunidades religiosas masculinas y femeninas y movimientos apostólicos. Ya desde el inicio de la diócesis, Monseñor Luis Pérez Hernández había planteado la necesidad de un seminario menor como espacio de primer discernimiento vocacional. Monseñor Pablo Correa León recogió ese proyecto y lo convirtió en obra concreta: el 29 de agosto de 1961, quinto aniversario de la erección de la Diócesis, bendijo la
primera piedra del Seminario Menor en la finca Los Cujíes.
En esta lista de obispos destaca Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo obispo desde 1983 hasta 1990; dejando una de sus huellas más duraderas en la Diócesis: la fundación del Seminario Mayor San José, que hoy es el corazón de la formación del clero diocesano. La historia del Seminario Mayor habría iniciado en septiembre de 1983, con la llegada de Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo, que inmediatamente habría impulsado la idea de tener en la diócesis un centro propio de formación mayor. En febrero de 1985 el Consejo Presbiteral aprobó la creación del seminario y se solicitó la colaboración de la Compañía de los Padres de San Sulpicio, para la dirección y la formación, el 25 de diciembre de 1985, Monseñor Giraldo Jaramillo firmó el decreto de erección del Seminario Mayor San José de Cúcuta, y el 10 de febrero de 1986 iniciaron clases con 46 seminaristas de Cúcuta, Tibú y Arauca.
Además de esta obra formativa, durante su gobierno en Cúcuta ordenó 22 sacerdotes y creó 12 nuevas parroquias y capillas, ampliando la presencia de la Iglesia en una región fronteriza marcada por la migración y la desigualdad. Ordenó que el periódico diocesano “La Verdad” circulara quincenalmente, fortaleciendo la comunicación eclesial en un territorio saturado de medios y de tensiones sociales.
Bibliografía:
ACTA APOSTOLICÆ SEDIS, Volume 45, 301- 302. DIÓCESIS DE CÚCUTA, Archivo curia diocesana, Decreto 1560, 18 de abril de 1960.
DIÓCESIS DE CÚCUTA, Historia del Periódico la Verdad, en: https://www.periodicolaverdad.com/periodico-la-verdad/ Consultado (27.04.2026)
MENDOZA Carlos José, Historia de la Diócesis de Cúcuta, Santafé de Bogotá, ARFO, 1993. PIO XII, Bula Pontificia Ecclesiarum Omnium, Archivo de la Curia Diocesana, 2 de mayo de 1956.
RESTREPO DIEGO p.s.s – BERMÚDEZ Zady (Ed.,), Seminario Mayor de Cúcuta. 15 años formando pastores. Memorias, Cúcuta, Servigraficas, 2003.
URBINA ORTEGA Oscar., Obispo, 50 Años recorriendo senderos de esperanza, Cúcuta, Arte impreso, 2005.
Por: Pbro. Víctor Julián Flórez Ortiz, vicario parroquial de Sagrado Corazón de Jesús.
Vayan y hagan discípulos, viviendo el misterio litúrgico
Por: Diác. Edinson Joaquín Aparicio Gómez, colaborador del Centro de Comunicaciones.
V DOMINGO DEL TIEMPO DE PASCUA
“Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras” (Jn 14, 1-12).
En este quinto domingo del tiempo de Pascua, el Evangelio de Juan nos introduce en el corazón del misterio de Cristo: “el Padre que habita en mí es el que hace las obras”. Jesús no habla desde una distancia con Dios, sino desde una comunión viva y total. Sus palabras y sus obras son la manifestación concreta del amor del Padre que actúa en Él. Por eso insiste: “créanlo, al menos, por las obras”. En medio de nuestras dudas y búsquedas, el Señor nos invita a mirar su vida, a contemplar sus gestos, porque allí se nos revela el rostro cercano de Dios.
Iluminados por la Palabra, San Agustín nos ayuda a profundizar en este misterio recordándonos que la fe no puede quedarse solo en palabras, sino que debe abrirse a la experiencia de Dios que obra.
Desde esta perspectiva, la invitación pastoral se vuelve concreta y exigente: si creemos que Cristo vive en nosotros, también nuestras obras deben transparentar esa presencia. No podemos decir que creemos, si nuestra vida no habla con el lenguaje del amor, del servicio y de la misericordia. Este pasaje del Evangelio nos compromete a ser signos visibles del Padre en medio del mundo, especialmente allí donde hay necesidad, dolor y esperanza. Que en esta Pascua cada uno pueda preguntarse con sinceridad: ¿mis obras dejan ver a Dios? Que nuestra respuesta no sea solo palabras, sino una vida que, como la de Cristo, haga presente al Padre en cada gesto cotidiano.
VI DOMINGO DEL TIEMPO DE PASCUA
“El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre” (Jn 10, 1-10).
En este VI domingo de Pascua, la Palabra de Dios se vuelve luz concreta para nuestra vida: “el que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama”. No es una frase incierta, sino una orientación clara para el creyente de hoy. En medio de tantas voces, decisiones y caminos posibles, el Señor nos muestra dónde se verifica el amor auténtico: en la fidelidad cotidiana a su Palabra. Hoy, Dios ilumina a su pueblo recordándonos que amar no es solo sentir, sino elegir el bien, optar por la verdad, practicar la justicia y sostener la esperanza incluso en medio de las dificultades.
San Agustín nos ayuda a comprender que esta fidelidad no nace del esfuerzo humano solamente (Tratados sobre el Evangelio de Juan 82-14, 21), sino de un corazón que ha sido tocado por Dios. Él enseña que quien ama verdaderamente, encuentra en los mandamientos no una carga, sino un camino de libertad. Porque cuando el amor es auténtico, el alma desea vivir conforme a la voluntad de Dios. Así, el creyente no obedece por miedo, sino por amor.
Por eso, este domingo se convierte en una llamada concreta para todos: revisar si nuestra vida refleja el amor que profesamos. Dios hoy nos ilumina para dar pasos reales: reconciliarnos con quien hemos fallado, servir con generosidad en nuestro entorno, ser testigos de esperanza en medio de la incerti-
dumbre, y cuidar con fidelidad nuestra relación con Él. El compromiso es claro: que nuestras obras hablen de Dios. Que, al terminar este día, cada uno pueda preguntarse con sinceridad: ¿he amado hoy según el corazón de Cristo? Y que, sostenidos por la gracia pascual, podamos responder con una vida que guarda su Palabra y se convierte en signo vivo de su amor en el mundo.
MOMENTO SIGNIFICATIVO
Exaltación de la santa Cruz (03 de mayo 2026)
El rezo de los “mil Jesús” es una hermosa práctica de la fe sencilla del pue-
blo, nacida del amor profundo al nombre de Jesús. En muchas comunidades, especialmente en tiempos fuertes como la Semana Santa y de igual manera en esta memoria, los fieles se reúnen para repetir con devoción su nombre, no como una cuenta exacta, sino como un acto de amor, súplica y confianza. Cada “Jesús” pronunciado es una oración que brota del corazón y se eleva como ofrenda agradable a Dios. Y tú, ¿Has realizado el rezo de los mil Jesús?
Crucigrama
Horizontales
4. Amor puesto en práctica hacia los demás.
5. Respuesta amorosa a la voluntad de Dios.
8. Acciones que manifiestan la presencia de Dios en nosotros.
10. Tiempo litúrgico que celebra la Resurrección de Cristo.
11. Comunión profunda entre el Padre y el Hijo.
12. Centro de la vida cristiana, expresado en obras concretas.
13. Confianza plena en Dios que guía la vida del creyente.
14. Hijo de Dios que revela al Padre con su vida.
15. Nombre que invocamos como fuente de salvación.
Verticales
1.Vida que refleja con hechos la fe en Dios.
2 . Conjunto de fieles que viven y comparten la fe.
3. Confianza en las promesas de Dios.
6. Enseñanzas de Jesús que orientan la vida del creyente.
7. Diálogo vivo y constante con Dios.
9. Dios como fuente de amor.
10
Día de la
Enfermería
12 de mayo de 2026
Maestro Día del
15 DE MAYO DE 2026
“El discípulo no es más que el maestro; cuando haya sido instruido, será como su maestro”.
ROSARIO DE
AURORA
Miércoles 13 de mayo
05:00 a.m.
Inicia: Parroquia San Antonio de Padua
Sagrada Eucaristía: 06:00 a.m.
Monumento de Nuestra Señora de Fátima, barrio San Miguel
Lucas 6, 40
¿SABÍAS QUE?
Inicialmente se imprimió en formato 16,5 c.m. x 23,5 c.m. en papel periódico con un tiraje de 500 ejemplares. A partir de la edición 291, del 31 de marzo de 1996, la impresión del periódico La Verdad paso a ser tamaño tabloide, con color y un tiraje de 5000 ejemplares. Hoy cuando cumple 70 años está consolidado como una herramienta de evangelización oportuna y veraz para la formación de los bautizados de esta Iglesia Particular.