Práctica Docente I Autor: Dr. Miguel Monroy Farías M. en C. Rafael Chávez López Unidad: 4
Unidad 4.Problemas para el aprendizaje y la conflictividad emocional y
social.
En esta unidad, con “problemas de aprendizaje” nos referiremos a los mostrados por sujetos que proceden de “poblaciones con riesgo ambiental”, es decir, aquéllos cuyas dificultades para el trabajo en el aula pueden originarse al contexto social e incluso económico de la familia y también de tipo personal, pero que no tienen asociación con daños orgánicos y/o retardos en el desarrollo. La “conflictividad emocional” . Implica la incompatibilidad en las relaciones. Son choques o disputas que se pueden abordar mediante la mediación y negociación para llegar a un acuerdo. Los problemas de aprendizaje y la conflictividad emocional y social forman parte de un todo. Los problemas de aprendizaje y los conflictos emocionales se dan en diferentes niveles: - Sociales, como los socioeconómicos y los socioculturales. Ejemplo de ello son: pobreza, falta de empleo, corrupción, violencia, problemas políticos. - Familiares, donde la violencia, la escasa cultura de los padres y los problemas económicos, no propician un ambiente pertinente para los estudiantes. Un punto relevante son los embarazos en las adolescentes. - Institucionales: vinculados con la administración educativa, la organización y la gestión del sistema. La organización de los recursos, las condiciones laborales y sociales de los profesores. Por las estructuras de poder, por la autoridad desigual. El documento enfatiza los problemas de a) los estudiantes: conflictos emocionales y falta de habilidades sociales, problemas con el aprendizaje, debido a la falta de comprensión o interpretación del conocimiento por los diferentes ritmos y estilos en el aprendizaje y b) los problemas de los profesores: factores que afectan la función docente; la intervención del profesor en el salón de clases; la detección e intervención en conflictos emocionales y sociales y problemas de aprendizaje de los alumnos.
1. El medio social. 1.1 Factores socioeconómicos. Las diferencias sociales conllevan distintas experiencias de aprendizaje y un déficit en la alimentación, la salud y la vivienda, lo cual influye en el fracaso escolar.
Los estudiantes que abandonan sus estudios presentan problemas económicos y sociales. El mundo actual está cada vez más tecnificado, demanda fuerza de trabajo calificada y disminuye los empleos que no requieren calificación. En muchas organizaciones exigen haber concluido la enseñanza media superior. El aumento en los índices de desempleo insta a que los jóvenes continúen estudiando, de modo que estén al margen del mercado laboral por un tiempo más prolongado. 1.2 Factores sociales y culturales. Por ejemplo, la influencia de los medios masivos de comunicación no estimula la lectura, el pensamiento autónomo y la creatividad. El lector lento se desmotiva y leerá menos, le será más difícil cumplir con los trabajos escolares y puede fracasar. Este adolescente experimentará minusvalía con respecto al grupo y progresará menos, es un ciclo vicioso que: • Desemboca en conductas agresivas, aislamiento o depresión. • Hace difícil la concentración, que es el resultado de un esfuerzo volitivo susceptible de ser interrumpido por asociaciones mentales. También la soledad y el aburrimiento interrumpen la atención y estimulan la fantasía. • Genera problemas en la relación dependencia-independencia con sus padres, los estados depresivos y la intoxicación por drogas. • Propicia enfermedades de alteraciones orgánicas. Algunos factores que colocan a los adolescentes en mayor riesgo de desarrollar problemas serios incluyen: • • • • • • •
Vivir en un hogar con un solo padre o ambos, pero con escasa atención. Relaciones inapropiadas con los padres y otros adultos importantes en sus vidas. Haber sufrido abuso físico, sexual o abandono. Crecer en ambientes pobres, tanto en lo económico como en valores. Crecer en un vecindario con poco apoyo social. Autoestima deficiente. Asistir a escuelas de baja calidad académica.
Díaz-Barriga (2001) estudió a niños y adolescentes de diferente situación económica (clase media, clase trabajadora -incluyendo niños y adolescentes con experiencia de trabajo-) y de distinto entorno social (urbano y rural), y concluyó que estos aspectos diferenciales propician que los procesos cognoscitivos sean diferentes en los estudiantes, de acuerdo a sus historias socioeconómicas y culturales. La autora destaca que los aspectos sociales, económicos y políticos tienen una explicación e integración distinta entre individuos de zonas urbanas y rurales; los enfoques y perspectivas hacia los procesos importantes de la vida; los niños y adolescentes del campo y los de clase trabajadora de la ciudad, tienen una visión clara del trabajo como una fuente de ganancia para la manutención cotidiana; de acuerdo al nivel socioeconómico de origen, se observa de manera distinta a la escuela y la educación como un camino hacia el futuro.
Se asume que los procesos cognoscitivos son de naturaleza situacional, en la que si se consideran aspectos sociales y culturales de cada grupo, se privilegia la construcción de estructuras intelectuales que los sujetos manifiestan en habilidades específicas sobre contextos particulares; por ejemplo, las investigaciones con niños que venden mercancías en la calle, muestran que pueden resolver acertadamente cálculos aritméticos complicados mediante algoritmos de razonamiento natural, pero son incapaces de hacerlo mediante los procedimientos escolares convencionales. Además, la noción de ganancia es más arraigada en estos niños que en los procedentes de un estrato económico más pudiente. La influencia del medio social en los procesos de construcción del conocimiento es evidente, algunos entornos sociales y culturales propician que los individuos no se desarrollen en los mismos niveles cognitivos (o sea, los urbanos respecto a los rurales, los de diferente nivel socioeconómico y que han pasado por un proceso similar de escolarización). Estos elementos seguramente influyen en la visión de los individuos de cada grupo sobre su papel dentro de la escuela, sobre cómo afrontan las obligaciones estudiantiles y la forma en la que responden al proceso educativo. Por ejemplo, en estudiantes de 1er. ingreso a carreras como Medicina y Biología, se ha encontrado que los mayores niveles de deserción se asocian a estudiantes de “alto riesgo” académico, diagnosticados con pobre rendimiento escolar y con carencia de habilidad de pensamiento lógico, deficiencias en la comprensión de lectura y manejo de material bibliográfico, además de una nula motivación para el estudio (Delfín et al. 2001).
2. La Familia. La rebeldía frente a la normatividad institucional y la autoridad de los profesores, puede originarse por la simbolización que el alumno hace del autoritarismo que vive en su núcleo familiar. Una relación inadecuada entre padres y adolescentes, puede favorecer el fracaso escolar, fugas del hogar, pandillerismo, autoagresión, entre otras. Un estilo sobreprotector en la relación paterno-filial, en especial de la madre con el hijo varón, provoca que para contrariar a la madre y mostrar su hombría declinando la actividad escolar, éste último se ocupe en actividades extraescolares. Estos jóvenes temen a las responsabilidades exigidas por ser varones, desean independizarse de su madre y sienten que no pueden estar a la altura de las demandas escolares, hacen de la apatía una virtud y consideran signos de masculinidad el no ambicionar nada ni sentir la importancia de las labores escolares.
En entrevista, un adolescente con problemas expresa: "odio que mi madre me espere cuando regreso a casa solo o con amigos, o que me busque en la fiesta, no me deja respirar".
Según Piaget, puesto que la adolescencia es una etapa donde se presentan emociones confusas y tensiones porque se está construyendo un pensamiento formal, y falta la construcción de una moral responsable, no nos debe sorprender que muchos adolescentes tomen decisiones poco responsables, como probar por primera vez bebidas alcohólicas, tabaco y drogas. Los cambios emocionales repentinos y el comportamiento errático típicos de la edad, pueden ofuscar las señales para tener claridad sobre cuándo comienza el abuso del alcohol, del tabaco o las drogas. Si el adolescente demuestra las siguientes actitudes, es probable que las drogas o el alcohol sean la causa del problema (para más información ver Mardomingo, 2004): - Si el adolescente se ve aislado, deprimido, cansado y descuidado en su aseo personal. - Si exhibe demasiada hostilidad y falta de cooperación y nunca cumple con su hora de llegada. - Si tiene nuevos amigos y no quiere hablar de ellos. - Si no quiere decir a dónde va y qué va a hacer. - Si sus calificaciones bajan. - Si pierde interés en sus aficiones, deportes y otras actividades. - S sus rutinas para comer y dormir cambian; si se mantiene despierto hasta muy tarde y duerme durante el día. - Si su relación con otros miembros de la familia ha empeorado y se rehúsa a discutir sobre la escuela, las actividades, amigos y otros temas importantes. - Si tiene problemas para concentrarse y se le olvidan las cosas. - Si sufre de ojos rojos o le fluye la nariz cuando no está resfriado. - Si el dinero de la casa desaparece. La adquisición de repertorios futuros por parte de los hijos está influida por las interacciones familiares, la atención parental mínima1 -ya sea porque son varios hijos o la familia es numerosa (abuelos, tíos, sobrinos)-, por la calidad del ambiente físico, la socioeconomía familiar, el nivel de educación de los padres, el lugar de nacimiento que ocupa entre los hermanos, el nivel de integración o desintegración familiar (divorcio, vicios en alguno de los padres, clima de violencia) y la calidad de las interacciones diádicas (madre e hijo). Estos factores promueven, facilitan u obstaculizan el desarrollo infantil (Torres y Ortega, 2001). Cuando los adolescentes viven en un clima poco propicio, comienzan a tener materias reprobadas o se convierten en desertores escolares. Por un lado, no les interesa la escuela y por otro, aspiran a independizarse económicamente de la 1
De ambos padres.
familia. La no pertenencia a un grupo formal lo conduce a incorporarse a grupos de jóvenes con circunstancias de vida comunes y aparecen problemas de drogadicción, delincuencia y promiscuidad. 2.1 La sexualidad en la adolescencia. Uno de los grandes problemas de la adolescencia es la sexualidad no responsable. La incapacidad para manejar adecuadamente el comportamiento sexual da lugar a embarazos precoces o a la adquisición de enfermedades venéreas. Los datos de organizaciones de la salud, reportan aumento de enfermedades de transmisión sexual (ETS) en todas las edades, particularmente en adolescentes. El aumento del número de enfermedades de transmisión sexual -incluyendo la "plaga" del siglo XX (VIH-SIDA)- tiene en la población adolescente uno de sus mayores portadores. Las causas del incremento son múltiples: - Aumento de la actividad sexual en grupos de todas las edades. - Uso de anticonceptivos orales que no protegen de las ETS. - Actitud complaciente, que señala a las ETS como de fácil curación (excepto el VIH). - Egocentrismo del adolescente, que lo lleva a creer que él y las personas con las que tiene contacto sexual son inmunes. - Aceptación del riesgo del contagio porque el deseo de sostener relaciones sexuales es mayor que el temor de adquirir la enfermedad. La tasa de natalidad disminuye en diversas sociedades. No obstante, hay un grupo en el cual aumenta: las adolescentes. En nuestro país, el 20% de los nacimientos anuales corresponden a adolescentes. Los adolescentes deciden de manera irresponsable llevar a término su embarazo, a pesar de la falta de preparación psicológica, biológica, social y económica para asumir la maternidad. Algunas son madres solteras, otras contraen matrimonios o se unen consensualmente. La presión que los padres ejercen conduce a matrimonios obligados que se disuelven rápidamente ¿Estos padres adolescentes cumplen las funciones que se le atribuyen a la familia? ¿Quién sostiene al bebé si la madre –o ambos padres- depende económicamente de su familia de origen? ¿Quién trasmite los valores, costumbres y normas sociales si la madre está viviendo un proceso de búsqueda de identidad, compresión y aceptación de normas morales y desarrollo del pensamiento abstracto, que le permite la formación de juicios morales? Las respuestas a estas interrogantes apuntan a que los padres de los adolescentes vuelven a convertirse en padres o bien, a que las madres adolescentes asumen los roles materno y paterno, lidiando con los riesgos que ello implica, sin hacer alusión a las consecuencias para su salud o la del niño (Ibarra, L, 1995).
Muchas veces la maternidad obliga a interrumpir los estudios de la madre, y si logra continuarlos con ayuda de su familia, debe reestructurar su perspectiva futura y dejar de lado una serie de expectativas. La maternidad en la adolescencia es fundamentalmente no planificada, ocurre accidentalmente y en muchos casos el bebé no es deseado, por lo que las consecuencias psicológicas, sociales, económicas y culturales se hacen presentes (Ibarra, L. 1997). Las investigaciones muestran que la edad para iniciar la vida sexual ha disminuido (ahora se inicia entre los 12 y los 14 años). Lamentablemente, la ayuda anticonceptiva se busca hasta después de un año de tener una vida sexualmente activa. Cuanto más temprano comienza el contacto sexual, más se demora la búsqueda de ayuda para la anticoncepción. Algunos adolescentes desconocen la relación de la actividad sexual con la reproducción, fantasean con la idea de que como no desean tener un bebé, no lo tendrán; otros no emplean anticonceptivos porque les falta información sexual. Aunque la literatura apunta hacia la problemática de la madre adolescente, también el padre adolescente se ve afectado. Si el joven se compromete con la muchacha que ha embarazado, puede tomar diversas decisiones: el aborto, continuar con el embarazo o -entre otros-, contraer matrimonio. Son decisiones escasamente maduras, que comprometerán su futuro sobre acciones que no tenía contempladas. En esos momentos de decisión, los adolescentes necesitan ayuda para manejar sus sentimientos y para tomar decisiones más acertadas.
3. Los estudiantes. 3.1. Los conocimientos previos. Las ideas espontáneas presentan un problema cuando se enfrentan a conceptos reconocidos científicamente, sobre todo cuando el aprendizaje tiene que ver con temas biológicos (Grau, 1993; De Manuel, 1995; Campanario y Otero 2000). Las ideas espontáneas se originan en los aprendizajes informales, derivados de experiencias propias de la vida cotidiana, aunque esto no es tan sencillo, ya que el pensamiento humano no se rige tanto por criterios formales de razonamiento, como por criterios pragmáticos o funcionales, que pueden tener una base en juicios de supervivencia. En este sentido, dichas concepciones sirven para comprender, predecir y explicar sucesos y fenómenos naturales. Son teorías individuales o personales que tienen un significado diferente al de la ciencia. De manera común, el individuo se resiste al cambio de estas ideas, sobre todo por la funcionalidad que aportan a la explicación de la vida cotidiana. De acuerdo a Pozo et al. (1991), las ideas espontáneas se originan por diferentes causas:
3.1.1 Origen sensorial. Concepciones espontáneas. Parecen generarse en la percepción de fenómenos, procesos y observaciones realizados a lo largo de la vida diaria. Cuando no se es experto en un contexto determinado, se suelen confundir las causas con los efectos. Esto se observa en los estudiantes, al intentar explicar sus percepciones. Por ejemplo, por “sentido común” nuestros alumnos pueden pensar que los microorganismos y los “gusanos” que “aparecen” en la carne cuando se descompone, provienen de la misma carne en degradación, no consideran otro origen posible. La explicación de los fenómenos naturales a partir de un pensamiento causal simple, usa reglas de razonamiento basadas en la contigüidad espacial y temporal de causas y efectos; por ejemplo, el contagio de las enfermedades (contigüidad espacial), o las explicaciones lamarckianas que inicialmente se proponen para cualquier proceso evolutivo, aduciendo una necesidad de cambio, el cual resulta contiguo temporalmente, más que las explicaciones aportadas por los procesos de selección natural. 3.1.2 Origen Social. Concepciones inducidas. Son producto de la influencia del entorno social y cultural inmediato en los estudiantes. Queda claro que el sistema educativo no es el único por el cual se transmite enseñanza, los alumnos arriban a la escuela con creencias socialmente inducidas sobre procesos y fenómenos naturales, este entorno no se limita a la familia o la escuela, incluye indudablemente a los medios de comunicación (televisión, historietas, revistas, e Internet). Una primera aproximación está en el lenguaje que se utiliza para diferentes expresiones coloquiales: “hay que adaptarse a las circunstancias”, “¡qué respiración más agitada!”, “agua de origen mineral”, etc., que luego se usan con un significado distinto. El profesor de ciencias habrá de tener en cuenta este hecho cuando sus procesos de aprendizaje pretenden reemplazar los significados cotidianos por los científicos: será preciso determinar y explicar previamente las diferencias entre los significados de términos y expresiones. De aquí la importancia de los libros de texto y los materiales de aprendizaje apropiados, para fortalecer las concepciones inducidas. En un país donde la lectura no es una de las fuerzas de la educación, el uso de terminología ambigua y sinónimos mal empleados, así como esquemas y recursos didácticos que inducen al error, refuerza estas concepciones equívocas. 3.1.3 Origen analógico. En algunas áreas del conocimiento los estudiantes pueden no haber generado ideas previas, cuando se plantean trabajos o tareas en esos ámbitos, se acostumbra desarrollar analogías con ideas y esquemas de conocimientos originados en otras áreas de conocimiento, que ayudan a comprender e interpretar la nueva situación; por ejemplo, los adolescentes tienden a explicar los fenómenos naturales basándose en su propio funcionamiento, por analogía se dota de capacidades humanas a otros animales o bien, los cambios que se producen en
los organismos tienen una intención o finalidad de mejorar o sobrevivir (Teleología). 3.2 Concepciones previas comunes en Biología. En los siguientes cuadros se resumen algunas ideas previas en varios campos biológicos, que influyen en las aproximaciones de los estudiantes al aprendizaje de estas disciplinas: Concepciones sobre los seres vivos. Concepto Ser vivo
Ser humano Planta Fotosíntesis y respiración vegetal
Clasificación de los seres vivos
Teoría celular
Morfología y anatomía de los seres vivos
Fisiología y morfología del cuerpo humano
Idea previa Animal. Movimiento. Definido por criterios de comportamiento (se mueve, parece que respira, come). No es un animal. No se considera como un ser vivo, sólo son “vegetales pequeños”. Manera en la que “respiran” las plantas. La respiración sólo ocurre de noche, mientras la fotosíntesis ocurre de día. No se considera que las plantas respiren. Confusiones terminológicas. Analogías mal empleadas. El uso de nuevas terminologías obstaculiza la capacidad de clasificar. El tamaño de los organismos se relaciona con el tamaño de sus células. Representación del modelo celular sólo en dos dimensiones. Todas las células vegetales tienen cloroplastos (Para más ejemplos Flores, et al. 2001). Analogías para explicar organización y procesos morfológicos y anatómicos, por ejemplo: “Las hormigas tienen pulmones pequeñitos”. Concepciones sobre la fecundación, la menstruación y los órganos
genitales. Concepciones en Ecología Ambiente
Función de la fotosíntesis y respiración Todos los tipos de simbiosis Depredador Mallas tróficas
Suelo Descomposición Equilibrio de la Naturaleza
“Medio armonioso”, “medio en equilibrio”. El medio es una respuesta propia a las necesidades específicas de los organismos. Intercambio de gases. Interacciones entre individuos más que entre poblaciones. El depredador es un ser superior, más adaptado, fuerte, astuto, caza sin intención. Demasiada complejidad, posiblemente relacionada con los diagramas utilizados para su explicación. Se configura como un ser vital, con capacidad de absorber, nutrirse. Es el alimento de las plantas. No se considera la participación de microorganismos en el proceso. Argumentos teleológicos como “la naturaleza es muy sabia”, “el mundo ha sido creado así”.
Concepciones sobre herencia y evolución Variabilidad intraespecífica No se considera su existencia. Si ocurre en plantas se debe al efecto de factores ambientales. En animales (incluyendo humanos) se deben a las relaciones con sus progenitores. La aportación de la madre a las características del individuo es superior a la del padre. Herencia de caracteres Explicaciones que recaen generalmente en el uso y desuso. Adaptación Cambios morfológicos como respuesta a una necesidad “que tenía que pasar”. El proceso de adaptación se razona de diferente manera y de acuerdo al caso. Los estudiantes de bachillerato empiezan a relacionar necesidad, uso, desuso y capacidad de
Términos “genéticos” (meiosis, locus, homocigoto, codominancia)
adaptación. Uso frecuente de razonamientos teleológicos y antropomórficos para explicarla. Dificultad para comprender la dimensión tiempo en los procesos evolutivos (inmediatez en la ocurrencia de procesos). alelos, Dificultades lingüísticas en la precisión del significado. Uso indiscriminado y poco apropiado en medios de comunicación.
Las ideas previas de los estudiantes son indicadores que permiten al docente autorregular la práctica pedagógica, esta consideración definiría las ayudas pedagógicas necesarias en cada caso y para todo el alumnado, es decir las intervenciones del docente no siempre se deciden “a priori” pues habrá de considerar el marco de referencia previo de sus estudiantes. 3.3 Interés del estudiante sobre el curso. Marsh (1983) encontró que dependiendo del interés del alumno por tomar un curso, independientemente de si es obligatorio u optativo, es uno de los factores extractase más importantes que impacta en la efectividad del docente; este factor (el interés), está estrechamente vinculado con la motivación del alumno. 3.4 Factores asociados con las características de los cursos y las disciplinas. 3.4.1 El nivel del curso. No se han encontrado diferencias entre la efectividad del docente y el nivel del curso impartido (sobre todo en licenciatura y posgrado); sin embargo Smith y Cranton (1992) encontraron diferencias en dimensiones específicas de la actividad docente como el interés, la atmósfera creada en el curso y la evaluación empleada; durante los primeros años la organización y la claridad son más significativas que otras dimensiones. Sin embargo, los rasgos de la personalidad docente son evaluados de diferente manera por los estudiantes, de acuerdo al nivel del curso los estudiantes de posgrado evalúan más alto a sus profesores que los de pregrado o licenciatura (Marsh y Bailey, 1993). 3.4.2 Tamaño del grupo. Este factor influye moderadamente en la efectividad del instructor, aunque existen evidencias que los grupos de tamaño pequeño y grande son mejor evaluados que aquellos de tamaño intermedio (Greenwald y Gillmore, 1997), aunque en los grupos se califica mejor la calidad de la interacción del profesor con su clase, mientras que la organización y la claridad sí varían significativamente de acuerdo al tamaño del grupo.
3.4.3 La naturaleza de la disciplina. En muchas instituciones educativas se asume que mediante un cuestionario de evaluación general para varias disciplinas, es más posible evaluar un curso de ciencias que uno de humanidades; la investigación a este respecto ha demostrado que la evaluación global de los cursos y las dimensiones de la docencia se califican de manera distinta, dependiendo de la disciplina del curso. En general y de manera consistente, los profesores de ciencias e ingeniería son evaluados más bajo en comparación con profesores que imparten disciplinas de artes, humanidades y ciencias sociales. De ello se desprende que los docentes deben ser juzgados considerando la naturaleza de la disciplina que imparten. La orientación del curso, referida a lo cuantitativo versus lo cualitativo, establece la diferencia entre estas evaluaciones, de ahí que los profesores de las ciencias e ingenierías sean evaluados con promedios menores que los de otras disciplinas. 3.5 Las capacidades de estudio del alumno. Actualmente parece que los estudiantes han modificado sus habilidades para aprender. Es común oír comentarios de profesores que se quejan de los malos hábitos de estudio de sus alumnos, de la calidad de sus tareas, la forma en que refuerzan lo visto en clase y la irresponsabilidad para el trabajo encomendado; aunque trillados, estos argumentos deben alertar al profesor para establecer las ayudas pedagógicas pertinentes, pues en una sociedad donde la información es muy abundante, los alumnos acceden a ella sin un nivel de calidad acorde a los procesos de enseñanza y de aprendizaje que se persiguen. En esta sección presentamos algunas de las incapacidades que con frecuencia se distinguen en los estudiantes, Michel (2005) sugiere que las siguientes están más relacionadas al alumno, por ejemplo: 3.5.1. Desorganización. Es claro que los jóvenes difícilmente administran sus recursos, ya sea el tiempo, los materiales de aprendizaje, su propio espacio. Si a esto añadimos que en este período de su vida empiezan a liberarse de presiones paternas comunes durante la primaria y la secundaria, se generan olvidos, descuidos, falta de planeación para el tiempo dedicado a la escuela, irresponsabilidad. El camino a la organización implica una configuración personal responsable, conciente y libre. Se puede sugerir al estudiante la elaboración de una agenda o diario para establecer las actividades diarias, organizando su tiempo de trabajo, para cumplir con los objetivos trazados. Un problema inherente radica en la sustitución que los padres hacen de la escuela para los hábitos formativos del alumno. Es pertinente pensar si es únicamente obligación de los profesores construir hábitos de estudio; aunque polémico, este punto deja claro que una actividad cotidiana en el aula permite al estudiante organizar sus actividades para obtener un mejor aprendizaje.
3.5.2. Inconstancia. Hablaremos aquí de los estudiantes que asisten cotidianamente al salón de clases, pero cuyo su trabajo y evaluación no indica un aprendizaje acorde a las metas del curso y de los contenidos impartidos por el profesor. Las razones de la inconstancia de un estudiante pueden ser diversas, las de carácter ambiental las revisaremos más adelante, reiteramos que aquí señalamos las relativas al propio estudiante, en secciones anteriores y desde el curso de Práctica Docente I se han establecido contextos que influyen en el rendimiento estudiantil. Desde luego, no hay recetas para mejorar la constancia dedicada a una actividad, pero sí es posible señalar cómo influir en el estudiante para mejorar su claridad en los objetivos de ir a la escuela, así como en las metas a mediano y largo plazo de su formación educativa. El ambiente escolar, la motivación personal, familiar y de la propia institución educativa, pueden afectar la labor realizada por los alumnos en un curso. 3.5.3 La superficialidad. Parece que se aplica un principio básico de la administración: “A menor esfuerzo mayor beneficio”, si bien es cierto que las metas y alcances de un curso, las sesiones y tareas se deben realizar a un nivel establecido de profundidad y objetividad, parece común el señalamiento de que los estudiantes favorecen el principio administrativo aludido al inicio de este párrafo. ¿Son los hábitos de estudio? ¿Es la motivación para asistir la escuela? ¿La facilidad para hacer las cosas? ¿Las maneras en que se ejecuta la enseñanza? Pueden surgir infinidad de preguntas como éstas, que parcialmente explicarían la falta de disciplina para la participación durante las clases y que se reflejan en los productos que generados (tareas, reportes, prácticas, etcétera). Podemos sostener que en general, se aprecia en la cultura juvenil una tendencia a no valorar el esfuerzo y el compromiso como aspectos a incorporar en el comportamiento, por el contrario, la tendencia es lograr cosas con el menor esfuerzo posible. Esta influencia alcanza al proceso de aprendizaje, llevando a los adolescentes a asumir la idea de que es posible aprender sin realizar ningún esfuerzo intelectual. Cuando la tarea requiere esfuerzo y dedicación, pasa a engrosar el grupo de las cuestiones “difíciles” que los docentes deberían traducir en términos más “fáciles”. Sin embargo -y esto es lo interesante-, esta suerte de búsqueda del facilismo coexiste con una clara conciencia por parte de los alumnos, de que es a través del esfuerzo y la dedicación como uno puede aprobar las materias; los alumnos lo dicen explícitamente: “siempre todos los años llevé a rendir esa materia, y después la saco, ¡esforzándome me la saco!” (entrevista 4), “¡para aprobar las materias ¡Es sólo cuestión de estudiar!” (entrevista 3) (en Botti, 2004).
Vale la pena seguir cuestionando este punto y cómo puede resolverse. Seguimos considerando que no sólo la escuela y los programas de estudio deben participar en la formación de hábitos y valores respecto a las actividades escolares; esto debe ser fomentado de manera permanente por todos los agentes participantes en el proceso de enseñanza y aprendizaje. 3.5.4 Dificultades en la comunicación entre alumno y profesor. Las investigaciones han arrojado el predominio de la función informativa de la comunicación y que la función regulativa se manifiesta inhibiendo el comportamiento (órdenes, prohibiciones) que no estimula la acción. Por otra parte, la función afectiva es deficitaria, promueve el distanciamiento de los profesores, de la escuela y daña la autoestima del adolescente que vivencia esta relación fría, distante, no desarrolladora. Las inasistencias escolares por enfermedad y la actitud que asume el adolescente, son factores a observar porque pudiera escudarse en ella y exagerarla. Es necesario saber interpretar este hecho. También habrá que observar el inapropiado aprovechamiento del tiempo libre con exceso de actividades recreativas; los factores pedagógicos como no poseer los conocimientos previos del grado provocan apatía, rechazo o indiferencia ante el aprendizaje. Esta vivencia de las dificultades para aprender conduce a tomar la decisión de abandonar la escuela, generando angustia y depresión. En Estados Unidos se estima que un 15 por ciento de la población sufre algún problema de aprendizaje. Los alumnos con esta deficiencia sufren de un desorden neurológico que les dificulta almacenar, utilizar o producir información; son tan inteligentes como cualquier otra persona y suelen destacar en el arte, la música o los deportes, pero puede existir una discrepancia entre su capacidad y su rendimiento, ya que suelen tener problemas con la lectura, la escritura, el habla o las matemáticas, así como en sus relaciones sociales. Generalmente, los alumnos con problemas de aprendizaje tienen que trabajar más duro que sus compañeros para compensar por los problemas que sufren. Esto puede causar depresión y falta de seguridad en sí mismos, especialmente si su problema no ha sido diagnosticado o no han recibido tratamiento. Las siguientes son señales de posibles problemas de aprendizaje. Si el estudiante exhibe uno o dos de estos síntomas, no hay por qué preocuparse demasiado, pero si se detectan varios, se debe sugerir que busque ayuda: • • • • •
Con frecuencia invierte el orden de las letras en la escritura, por ejemplo, escribiendo tapa en vez de pata. Se le dificulta aprender a deletrear empleando estrategias como usar la información de los prefijos, sufijos o palabras raíz. Evita leer en voz alta. Evita escribir composiciones. Tiene problemas con la escritura y trata de evitarla por completo.
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No sabe sostener el lápiz correctamente. Tiene problemas recordando ciertos datos.
4 Los docentes. 4.1 Factores que afectan la función docente. García (2000) indica que a partir de estudios de evaluación de profesores mediante cuestionarios, además otros factores, los que influencian su desempeño son: a) personalidad, b) producción de investigación, c) género, d) edad, e) experiencia y f) la categoría académica. 4.1.1 La personalidad del docente. Las características de la personalidad del profesor, sin duda tienen impacto en la efectividad de su docencia, Su comportamiento en el salón de clase tiene alta correlación con la descripción de los rasgos de personalidad del docente. En un trabajo realizado con estudiantes de ingeniería de una universidad privada mexicana, donde se les pidió describir a su mejor y peor profesor, características como “juicioso”, “confiable” y “comprensivo”, fueron significativas. El mejor profesor se describió como “amable dentro y fuera del salón, de buen humor, alegre, sonriente, joven, adulto con espíritu juvenil, de mucho empuje”; por otro lado, el peor se calificó como “apático, pasivo, déspota, impuntual, con poco interés en los alumnos, egoísta, se cree un sabelotodo” (García y Rugarcía, 1985), cuando se pide esta calificación a profesores, se destacan rasgos positivos como liderazgo, extroversión, objetividad y bajo nivel de ansiedad. (García, 2000). Con esta técnica se han realizado hallazgos que indican que los profesores de personalidad más asociada a la docencia son los que están orientados hacia los alumnos, les inspiran confianza, respetan sus opiniones, son sensibles a sus dificultades, trabajadores, amigables, no autoritarios y humildes, con buen nivel de flexibilidad, pero persiguen metas claras y toman la iniciativa en el salón de clases. Sin embargo, otros resultados señalan que los docentes orientados al logro de la enseñanza (es decir con dominio de la disciplina, inteligentes y líderes de la actividad) son bien aceptados por los estudiantes, al igual que los profesores con mayor orientación hacia lo interpersonal. En el meta-análisis de Feldman (1986), profesores y alumnos concuerdan en que los maestros efectivos son: energéticos, empáticos, ascendientes, líderes, reflexivos, intelectuales y culturalmente sensibles; tienen alta autoestima, son adaptables, sociables y gregarios, brillantes e inteligentes, responsables, concientes, persistentes y ordenados.
Es necesario apuntar que aparte de estas características, otros estudios muestran que también el tipo de curso (complejidad, dificultad, duración, entre otros) influye en la efectividad docente (Rushton y Paunonen, 1990). 4.1.2 La productividad en investigación. Ha existido un largo debate acerca de la relación entre docencia e investigación, sobre todo en las instituciones de enseñanza superior donde esta última es predominante y en ocasiones -de acuerdo a estrategias institucionales-, la única que debe ocupar el tiempo del profesor, marcando claramente a la docencia como una actividad de menor importancia. Por lo menos en la UNAM, este tipo de visiones más bien corresponden a funcionarios en turno con poca o nula visión y conocimiento sobre los objetivos de la enseñanza y el aprendizaje. El debate ha consistido en determinar si los investigadores más productivos son mejores profesores que aquellos que se dedican casi exclusivamente a la docencia. Evidentemente existen argumentos en pro y en contra, por ejemplo, se dice que al estar más actualizados en su campo de conocimiento, los investigadores pueden ser mejores profesores, aun cuando carezcan de saberes pedagógicos. Este modelo supone que la abundancia de conocimiento del docente (que no del investigador) es suficiente para que el alumno aprenda, y que la saturación de actividades y cargas de trabajo es un sino de efectividad docente, aunado a una personalidad más autoritaria y demandante que contrasta con la del profesor dedicado casi en exclusiva a la docencia. Desde la década de 1980 se ha demostrado que existe una correlación modesta entre la productividad de la investigación y la efectividad en la docencia, y que estos aspectos no son excluyentes; sólo en ciencias sociales se observó una relación clara en este sentido (Nosser, Manakian y Tanner, 1996). De aquí se concluye que en términos de investigación y publicaciones, la productividad académica del profesor no es necesariamente una condición para ser buen docente. 4.1.3 Género del docente. La investigación sobre la efectividad de la docencia ha cobrado mayor importancia en la medida en que se ha incrementado la proporción de maestros del sexo femenino que ingresan a las instituciones de educación. En general, las investigaciones concluyen que las profesoras son evaluadas de manera diferente y que su valoración en el grupo se ve afectada por el sexo de los estudiantes y la disciplina de que se trate. Aunque no es un resultado generalizable, se ha encontrado que pueden ser mejor calificadas las maestras que los profesores. Respecto a la efectividad por género, García (2000) menciona que encontró diferencias en el desempeño docente entre profesoras y profesores. Los alumnos tienden a evaluar mejor a los profesores del mismo sexo que a los del opuesto, los docentes que encajan en los estereotipos sociales asignados reciben mejores calificaciones, las mujeres son calificadas negativamente respecto
a los hombres si no alcanzan las expectativas apropiadas correspondientes a su género. La interacción entre género y efectividad docente sucede por el rol que juega el profesor en el salón de clases; los alumnos prefieren docentes que posean tanto características masculinas como femeninas -independientemente de su género-, sin embargo, las profesoras son más apreciadas por estudiantes de su propio género. La interacción entre género y evaluación varía dependiendo de la disciplina impartida, por ejemplo, los profesores de ciencias sociales son mejor apreciados que las profesoras en cuanto a su entusiasmo, estimulación y retroalimentación; además, en ciencias se considera a los profesores más efectivos globalmente. 4.1.4 Categoría académica, edad y experiencia del profesor. En tiempos recientes se ha dejado de prestar atención a estas variables, a pesar que no se han encontrado patrones consistentes de estas características docentes. Respecto a la categoría académica, aunque se presuma que estaría asociada con la edad y experiencia del profesor, esta variable es independiente de las otras mencionadas. Feldman (1983) encontró que no existe relación entre la categoría académica y la efectividad docente. Es un supuesto considerar que los profesores con alta categoría académica tienen mejores conocimientos de la materia, expansividad intelectual y valor del curso que imparten, o que los profesores de categorías menores se evalúan mejor en características como promoción de la discusión, como en la apertura a las diferencias de opinión, en la justicia, en la preocupación por los alumnos, en la ayuda, en la disponibilidad, en el reto intelectual y en la promoción de ideas. 4.1.5 Edad y experiencia docente. En general, se puede esperar que existan relaciones inversas entre edad y experiencia con la efectividad docente, es decir, que a mayor edad, mayor experiencia; sin embargo, la experiencia llega a su cima en el cuarto año de actividad laboral y después empieza a declinar. Los profesores jóvenes presentan mayor entusiasmo por la materia, claridad, entendimiento y ayuda, en cambio, los profesores más experimentados se califican como menos abiertos, con poca disposición a las preguntas, la discusión y a aceptar otras opiniones. 4.1.6 Las Teorías Implícitas. Para Marrero y Acosta (1991), las teorías implícitas se abstraen principalmente, a partir de un conjunto de experiencias almacenadas en la memoria. Se trata de un modelo de aprendizaje de teorías basado en la adquisición de “ejemplares” o “experiencias de conocimiento directo del objeto” y en la información comunicada lingüísticamente o “experiencia de conocimiento directo”. Es decir, las teorías
educativas no son productos cognitivos conscientes, resultado de una elaboración explicita por parte de los profesores, a través de un medio social determinado. Se trata de síntesis que permanecen habitualmente implícitas. Marrero y Acosta (op. cit.) mencionan que las teorías implícitas hacen referencia a las concepciones organizadoras de la práctica “como aquellas que posee cada enseñante y que orientan sus decisiones en la programación, en la actuación durante la clase o en la evaluación y que guían el sentido de su práctica” y añade, “conocerlas, además de ayudar a hacer comprensibles las adaptaciones y cambios que se requieren para la puesta en práctica de nuevos proyectos de innovación, pueden ser útiles para orientar la formación inicial y permanente de los enseñantes, ya que en el proceso de descubrimiento de las propias teorías implícitas se encuentran referencias que explican y organizan la práctica. Esto puede contribuir a dotarlas de fundamentación y sentido. (Hernández y Sancho, 1992, p. 139). El profesorado responde a las múltiples y complejas demandas de los procesos de enseñanza y de aprendizaje mediante esquemas asociados a su visión implícita de la enseñanza, como resultado de su experiencia como alumno y de los modelos pedagógicos que internalizó en su pasado escolar. La investigación educativa contemporánea ha denominado “choque con la realidad” (Esteve, 1993) a la situación por la que atraviesan los docentes, sobre todo durante sus primeros años de ejercicio. Se ha comprobado que “los profesores principiantes se encuentran con ciertos problemas específicos de su estatus profesional: imitación acrítica de conductas observadas en otros profesores, aislamiento de sus compañeros, dificultad para transmitir el conocimiento adquirido en su etapa de formación y desarrollan una concepción técnica de la enseñanza” (Vaillant y García, 2000). En un estudio realizado con profesores en un Centro de Formación Docente de Uruguay, Rodríguez (2002) señala que un porcentaje de los maestros consideraba que recursos tradicionales de enseñanza como el verbalismo y la exposición catequista, son experiencias exitosas de aprendizaje, aún más, el manejo de estas habilidades representa a un “buen profesor”; el origen de esta denominación, provenía de sus experiencias como estudiantes desde la escuela primaria y secundaria. En estos casos, la relevancia de la "fijación" de estas experiencias en el marco de la trayectoria educativa previa al ingreso a la Institución de Formación Docente, recuerda la importancia de considerar las biografías personales de cada estudiante, especialmente para desestructurar una dependencia psicológica a valorar como "único", "normal" e "histórico" el modelo pedagógico que han observado en sus primeros años de educación formal y posteriormente, en el nivel secundario, además de comprobar, recordando el concepto de determinación estructural e imposición de la tradición cultural y científica de una época a otra, (como planteaba Durkheim), existe una concepción social dominante sobre lo que
significa enseñar, aprender y evaluar en las instituciones escolares, ideas asociadas al paradigma positivista en la educación. 4.2 La intervención del profesor en el salón de clases. Existen diferentes conceptos sobre la conducción del profesor en el salón de clases, aquí sustituiremos el término conducción por intervención, para separar claramente la corriente conductista de la psicología educativa. Cooper (200:345-347) presenta nueve definiciones acerca de la intervención del docente en el aula, de ellas resumimos lo siguiente: “La intervención del docente en el salón de clases implica una planeación apropiada de las actividades del proceso de enseñanza y de aprendizaje, que permita cambios en la actitud del estudiante, mediante un clima (o ambiente) social y emocional positivo que estimule las relaciones entre los profesores y estudiantes que fomenten efectos significativos en el aprendizaje.” Cooper indica que el docente efectivo se enfrenta a “problemas” para la realización del proceso educativo y es capaz de reconocer los conflictos que surgen de su intervención en el salón de clases, considerando los aspectos instruccionales que buscan el logro de los aprendizajes y por otro lado, la intervención docente busca crear y mantener las condiciones bajo las cuales el proceso de enseñanza y de aprendizaje ocurre eficientemente. En el siguiente cuadro se ofrecen aspectos instruccionales y de intervención. Cuadro. Ejemplos de aspectos instruccionales y de intervención docente. Aspectos instruccionales. Aspectos de Intervención docente. Planeación. Clima de trabajo áulico. Diagnóstico de las necesidades de los Establecimiento de normas grupales. estudiantes. Exposición de la información. Motivación. Evaluación. Confianza profesor-estudiantes.
El proceso de intervención en el aula es intencional, dice Cooper. Esto es, el profesor emplea diferentes estrategias para lograr un propósito bien definido y claramente identificado: el aprendizaje de los estudiantes. A este respecto, pueden recuperarse los perfiles de los profesores “ideales” y para el caso que nos ocupa, establecer las condiciones deseables en el aula. De esta combinación, a la que se agregan los procesos de evaluación y su propia filosofía personal, resulta la participación más apropiada con su grupo de estudiantes. La especificación adecuada de las condiciones apropiadas en el aula tiene dos ventajas sobre aquellos profesores que no lo hacen: a) Observará que el manejo de la clase no es un proceso que sólo resuelva dificultades y problemas cuando estos se presentan.
b) Tendrá presentes objetivos hacia los que dirigirá sus esfuerzos y a partir de los cuales evaluará sus logros. Según Cooper, posteriormente el profesor procederá a identificar y especificar las condiciones deseables de su salón de clases. Presentamos una serie de preguntas que no están sujetas a una calificación, las proponemos para que el profesor describa las condiciones de su aula. Ver cuadro anexo “Para especificar las condiciones de su salón de clases”. Para especificar las condiciones de su salón de clases. Marca con una X aquellas condiciones que describen a una condición que facilitaría la intervención docente en el salón de clase.
_______ _______ _______
Los estudiantes se muestran centrados en la tarea. Los estudiantes comprenden las expectativas del profesor y actúan de acuerdo a ellas. Los estudiantes muestran un trabajo productivo y actitudes de estudio. Los estudiantes comprenden y adoptan las reglas de la escuela y del salón de clases. Los estudiantes muestran sentimientos de auto-confianza. Los estudiantes se sienten libres de expresarse a sí mismos frente al profesor y los demás. Los estudiantes siguen claramente las rutinas establecidas. Los estudiantes muestran respeto hacia las personas y la propiedad. Los estudiantes se comunican de manera abierta y honesta. Los estudiantes manifiestan relaciones interpersonales positivas. Los estudiantes se sientes responsables de sus propias conductas. Los estudiantes muestran cohesión grupal. Los estudiantes comprenden y aceptan las consecuencias de sus actos. Los estudiantes sienten que los tratan de manera justa. Los estudiantes muestran una actitud de colaboración. Los estudiantes muestran normas grupales productivas. Los estudiantes regresan tranquilamente a la tarea después de que ocurren interrupciones. Los estudiantes siguen las instrucciones. Los estudiantes están preparados para la tarea inmediata. Los estudiantes trabajan en el nivel de ruido adecuado a la actividad. Los estudiantes participan de manera activa en las tareas de aprendizaje. Los estudiantes muestran sentimientos positivos hacia los procesos que se dan en el aula. Los estudiantes manifiestan habilidad para ajustarse a situaciones cambiantes. Los estudiantes muestran autodisciplina y control. Los estudiantes se sienten cómodos y seguros. Los estudiantes muestran iniciativa y creatividad. Los estudiantes se ayudan entre sí. Los estudiantes pasan de una tarea a otra de manera ordenada. Los estudiantes aceptan y respetan a la autoridad. Los estudiantes se apoyan y estimulan entre sí. Los estudiantes son responsables de las provisiones y materiales individuales.
Los estudiantes ponen atención al profesor y a los demás. A los estudiantes les agrada ser miembros del grupo. Los estudiantes sienten que el profesor los comprende. Los estudiantes piensan que tienen oportunidades de lograr el éxito.
4.2.1 Las condiciones del salón de clase. Para la conducción en el aula, el profesor debería analizar las condiciones existentes; una vez que tiene identificadas las características deseables para el proceso de enseñanza y aprendizaje, busca determinar la medida en que están presentes. Según Cooper (2004), el profesor eficaz es capaz de precisar concienzudamente las condiciones en el aula de manera continua, aquel que siempre sabe lo que está sucediendo en su salón. Parece fácil analizar las condiciones existentes. Piensa en los siguientes casos: Dos alumnos que pelean por la propiedad de un lápiz, un estudiante que está haciendo trampa en un examen y un estudiante del segundo año de bachillerato que arroja una bola de papel a uno de sus amigos, son ejemplos de problemas que aparentemente se pueden analizar con facilidad. Sin embargo, no es así. Cada uno representa una situación compleja que requiere un análisis cuidadoso. En esta sección también se proporcionan algunos ejercicios sencillos que pueden ser de utilidad para analizar las condiciones en el aula. 4.2.2 Problemas instruccionales y problemas de conducción. Normalmente los problemas instruccionales requieren soluciones instruccionales, y los de conducción necesitan soluciones de conducción. Por lo tanto, el primer paso importante para analizar los problemas es distinguirlos. El término problema de conducción se usa en un sentido amplio. Un problema de conducción es cualquier caso en el cual exista una diferencia entre las condiciones deseables y las existentes. Además, entre los problemas de conducción, también se incluyen: 1) Los problemas potenciales son los casos en los cuales las discrepancias entre las condiciones deseables y las existentes pueden surgir si el profesor no toma las medidas preventivas. 2) Las condiciones deseables son los casos en los cuales no existen discrepancias entre las condiciones deseables y las existentes. Una vez que el profesor ha identificado un problema de conducción, a continuación debe identificar el (o los) objetivo(s) de conducción que no se ha(n) logrado, el objetivo u objetivos de conducción que espera lograr y que lleven a la solución del problema de conducción que se identificó. Este proceso requiere necesariamente que el docente sea capaz de distinguir entre los problemas
instruccionales y de conducción. En la siguiente sección se presenta la oportunidad de practicar de manera guiada estas distinciones. Se describen tres problemas típicos de un salón de clases; pueden ser educativos o de conducción. Lee cuidadosamente cada una de las descripciones y decide qué tipo de problema es. Para indicar tu elección, pon una cruz en el lugar apropiado. Además, siempre que identifiques un problema de conducción" anota brevemente por lo menos un objetivo de la clase que no se haya logrado. (Se puede revisar la "lista de objetivos de conducción” del cuadro de la sección anterior. Por ejemplo, si se trata de un caso en el cual un estudiante destruyó el proyecto de uno de sus compañeros, el objetivo de conducción pertinente será: “que los estudiantes muestren respeto hacia las personas y hacia la propiedad”).
EJERCICIO. Identificación de problemas instruccionales y de conducción. Recuerde señalar con X el tipo de problema en el espacio apropiado. Caso 1. Juan es un alumno que tiene un bajo promedio de aprovechamiento. Su registro académico es pobre; por ejemplo, en lectura está dos años por debajo de su grado escolar y casi un año abajo de cualquiera de sus pares. Su maestra, la Sra. Rodríguez, lo describe como "el peor alumno de su clase" porque constantemente se porta mal; Juan es renuente a trabajar e interrumpe el trabajo de los demás. La Sra. Rodríguez siente que él podría hacer el mismo trabajo que los demás estudiantes, siempre y cuando se lo propusiera. Respuesta. Es un: problema instruccional ________
o un problema de conducción___________
Discusión. Aunque en un primer momento puede parecer que es un problema de conducción, realmente el problema subyacente es de instrucción. Dado que Juan es incapaz de tener éxito en su trabajo académico, se siente frustrado y lo manifiesta cuando se porta mal. Esperar que Juan sea capaz de hacer el mismo trabajo y de la misma calidad que sus compañeros, probablemente no es una expectativa realista. La maestra deberá darle una instrucción apropiada a su nivel de habilidad y aprovechamiento si desea que tenga éxito. Probablemente esto último sea la clave para que Juan deje de portarse mal. Caso 2. Aunque han pasado ocho semanas desde que Bárbara se incorporó a su nuevo grupo, sigue siendo "la nueva de la clase". Se cambió a la mitad del año escolar cuando su familia se mudó a la ciudad y aún no se convierte en un miembro aceptado por el cuarto año. Ella es tímida y retraída. El profesor de Bárbara, el Sr. Jiménez, ha hecho numerosos intentos para "sacarla de su concha". Ha formado pequeños grupos para trabajar en proyectos de ciencias sociales y la ha puesto en un equipo con otras tres niñas, que son particularmente amigables.
Respuesta, es un
problema instruccional ____________ o es un problema de conducción_______________
Discusión. Este es un problema de conducción. Si Bárbara debe participar de lleno y ser un miembro activo del grupo, su profesor deberá ayudarla a percibir al grupo como atractivo y a sus compañeros como personas que la aceptan. Algunas actividades instruccionales -tales como el trabajo en pequeños grupos- pueden facilitar este proceso, pero el problema esencialmente es de conducción, no instruccional. Los objetivos de intervención docente que se pueden incluir son: 1) Que los estudiantes manifiesten relaciones interpersonales positivas, 2) que muestren cohesión grupal y 3) que les guste ser miembros del grupo. Caso 3. La Profesora Ruiz entra al salón de cuarto año de preparatoria y encuentra a Guillermo y Esteban en una pelea. Sus compañeros están reunidos alrededor de ellos; pronto se dan cuenta de que llegó la maestra y se sientan en sus lugares. "¡Deténganse inmediatamente!" les dice a los muchachos que se están peleando. Se levantan, sorprendidos de que la maestra esté en el salón.
Respuesta, es un problema instruccional _____________ o es un problema de conducción________ Discusión. Claramente se trata de un problema de conducción. De hecho, es uno de esos pocos problemas que exclusivamente son de conducción. Además, es un caso interesante porque realmente hay dos problemas, uno es evidente y el otro no. El problema obvio es que dos miembros del grupo se están peleando. El segundo problema -que con frecuencia se pasa por alto- es que el grupo sancionó su conducta. Las normas del grupo no se han desarrollado hasta el punto en el cual la clase podría detener la pelea porque se estarían violando las reglas de comportamiento en el salón. El profesor va a necesitar enfrentarse tanto al conflicto entre los muchachos, como a la falta de normas productivas dentro del grupo. Aquí se pueden enlistar varios objetivos de conducción, los cuales incluyen: 1) que los estudiantes manifiesten relaciones interpersonales positivas, 2) que comprendan y adopten las reglas de la escuela y del grupo y 3) que presenten normas grupales positivas.
4.2.3 Problemas de conducción individuales y grupales. Existen dos categorías fundamentales de problemas para la conducción del trabajo en el aula: los problemas individuales y los grupales. Es una clasificación un tanto riesgosa, porque ambos -como en el caso de los problemas instruccionales y los de conducción- están entrelazados. Sin embargo, la clasificación es práctica para el profesor que gusta reconocer y apreciar sus relaciones. Casi sin excepción, los problemas individuales en los que están implicados uno o varios alumnos requieren soluciones individuales, mientras los problemas grupales -en los cuales está involucrado el grupo en su conjunto o la mayoría de los alumnos- necesitan soluciones grupales. Entonces, el siguiente paso en el análisis de los problemas de conducción consiste en hacer la distinción entre los conflictos individuales y los grupales. En la siguiente sección se describen seis problemas típicos de conducción; algunos son de tipo individual, otros de tipo grupal y otros de ambos tipos. Lee
cuidadosamente cada descripción y decide, según lo creas, el tipo al cual pertenecen. No olvides poner una cruz en el espacio correspondiente a su elección. Después identifica al menos un objetivo de conducción que sea apropiado para cada situación. Al final del capítulo se presenta una lista de respuestas que se recomiendan. EJERCICIO. Identificación de problemas de conducción individuales y grupales. A continuación se presentan seis descripciones breves de problemas de conducción. La tarea consiste en identificar el tipo general de problema de que se trate (individual o grupal), así como por lo menos un objetivo de conducción que no se haya alcanzado hasta el punto deseable. Puede ser de utilidad la lista de objetivos de conducción que se presentó en el cuadro de la sección anterior. Caso 1. Miguel interrumpe constantemente la clase de matemáticas de la profesora Hernández con sus críticas. Discute acerca del trabajo que se le asigna. Se niega a hacer lo que la maestra le dice, aunque le llame la atención. A la Profesora Hernández le asusta que él pueda levantar la mano. Problema instruccional ________________
Problema de conducción____________________
Objetivo de conducción de clase:
Caso 2. En la clase de álgebra de sexto semestre del profesor Romero, los alumnos acostumbran portarse bien y trabajar mucho. La profesora López, su maestra substituta, se encuentra con que los estudiantes se niegan a trabajar y que están bastante resentidos e insolentes, a pesar de que ella sigue los planes de clase del profesor Romero al pie de la letra. Problema instruccional ________________
Problema de conducción____________________
Objetivo de conducción de clase:
Caso 3. La profesora Álvarez encuentra que Benito es un joven engorroso. Siempre va de una travesura a otra. Su mala conducta es relativamente leve pero, de cualquier forma, es bastante molesta. Problema instruccional ________________
Problema de conducción____________________
Objetivo de conducción de clase:
Caso 4. En sus veinticinco años como docente, al profesor Ramírez nunca le había tocado un grupo tan insolente como el de su clase de reparación de autos del undécimo grado. Los estudiantes se quejan constantemente sobre algo. De hecho, el profesor Ramírez tiene la impresión de que están tan ocupados en quejarse que no pueden realizar ningún trabajo.
Problema instruccional ________________
Problema de conducción____________________
Objetivo de conducción de clase Caso 5. La profesora Fernández sentía que Susana era la alumna más subversiva de su grupo de quinto grado. Era agresiva y desafiante, pero lo que más preocupaba a la maestra era que los demás alumnos fomentaban dicha conducta. Susana sabía que actuaba con el consentimiento total de sus compañeros. Problema instruccional ________________
Problema de conducción____________________
Objetivo de conducción de clase Caso 6. Manuel pasa la mayor parte de la clase del profesor Benítez soñando despierto y mirando a través de la ventana. Juega con su lápiz y hace garabatos. No toma parte en las discusiones e ignora al profesor. El Sr. Benítez no sabe qué hacer para que Manuel tome parte activa en las sesiones grupales. Problema instruccional ________________
Problema de conducción____________________
Objetivo de conducción de clase
4.2.4 Problemas que requieren atención y problemas que requieren control. Hasta el momento, la discusión sobre el análisis de las condiciones existentes en el aula se ha centrado en la habilidad del profesor para distinguir entre 1) los problemas instruccionales y de conducción y 2) los problemas de conducción individuales y grupales. A pesar de lo difícil que resulta hacer estas distinciones, son muy importantes. Por ejemplo, se ha dicho que los problemas instruccionales requieren soluciones instruccionales y que los problemas de conducción requieren soluciones de conducción. También se ha argumentado que los problemas individuales necesitan estrategias de conducción que se centren en el individuo y al contrario, que los problemas grupales demandan estrategias de conducción que se centren en el grupo en su conjunto. Hacerla de otra manera lleva a cometer una falla. Ahora se pasará a la identificación de los problemas de conducción que requieren de una atención inmediata, los que demandan una atención eventual y los que necesitan control. Los problemas de conducción que requieren atención inmediata presentan un serio peligro psicológico o físico, o un peligro potencial para el (o los) estudiante (s) que esté(n) implicado(s). En estas situaciones se necesita que el profesor actúe rápidamente. Existen otras situaciones en las cuales el profesor siente la necesidad de actuar rápidamente para que un problema relativamente menor no se convierta en uno más serio. Una pelea entre dos alumnos es un ejemplo del primer tipo de problema, pues existe el peligro de que haya un daño físico serio, por lo cual el
profesor actúa inmediatamente para enfrentarlo y aminorar las consecuencias. Un caso en el cual un estudiante está molestando a otro que el profesor sabe que podría reaccionar violentamente cuando se le provoca, es un ejemplo del segundo tipo: una situación en la cual el profesor actúa rápidamente para evitar que un problema menor se convierta en uno más serio. Aquí, el profesor debe actuar de manera inmediata para impedir la posibilidad de que se presente una reacción violenta en el alumno al cual están molestando. Desafortunadamente, no existe una guía precisa que el docente pueda usar para determinar los casos en que ciertas situaciones requieren de una atención inmediata. Aunque existe la necesidad de hacer que las cosas "no se salgan de su lugar", también es necesario evitar reaccionar frente a cualquier problema menor que pueda resolverse por sí mismo. La habilidad para hacer juicios precisos sobre esto se adquiere con el tiempo, la experiencia y con un estado de alerta constante. El profesor eficaz puede reconocer una situación que requiere atención inmediata. Como regla de acción, usualmente es mejor actuar inmediatamente que no hacerlo. Cuando no se hace existe la probabilidad de tener consecuencias más serias que cuando se interviene. Tal vez éste sea la sección adecuada para comentar un poco más sobre las situaciones que requieren de una acción inmediata por parte del profesor. Dado que en tales situaciones el docente tiene poco tiempo para decidir la estrategia que usará para enfrentar el problema, y que tales situaciones evocan con frecuencia una respuesta emocional por parte del profesor, existe una gran probabilidad de manejarlas ineficazmente. Se proponen dos sugerencias. Primera: el docente debe desarrollar un repertorio de estrategias "preparadas" a las cuales recurrir cuando se enfrente con situaciones de este tipo. Deberá intentar anticiparse a los problemas serios que podría enfrentar en el curso del año escolar y a bosquejar la estrategia que podría utilizar en el caso de que se presentara esa clase de problema. Por ejemplo, podría prever que sus alumnos participarán en una pelea. Le tendrá que dar mucha importancia a esta posibilidad y planear una secuencia de acciones que pudieran llevarse a cabo en dicho caso. Debe ensayar los pasos específicos que seguiría. Cuando se iniciara una pelea en el salón, estaría preparado para llevar a cabo su plan. Segunda, cuando se enfrente con una circunstancia en la que sienta que debe actuar rápidamente, deberá hacer lo necesario para ganar tiempo; esto es, debe hacer lo absolutamente necesario en el momento y reservar otras acciones para cuando el peligro inmediato haya pasado y las emociones se hayan calmado. Por ejemplo, un profesor que tenga que interrumpir una pelea entre dos alumnos, para ganar tiempo puede enviar a cada uno a diferentes lugares del salón, e indicarles que por separado describan lo que sucedió. Eso le daría la oportunidad de reunir sus propios pensamientos, planear los siguientes pasos, darse tiempo y
también a los alumnos para calmar sus emociones. No todos los problemas le dan al docente la oportunidad de ganar tiempo, pero aquel que sea capaz de hacerlo tiene más probabilidades de actuar apropiadamente. Por otro lado, no todos los casos requieren que el profesor actúe inmediatamente. De hecho, la mayoría le dan oportunidad para tomar en cuenta diferentes cursos de acción. Aquellos problemas que requieren atención, pero no de manera inmediata, le dan la ocasión de hacer un análisis más cuidadoso. Puede ir más allá de los síntomas y considerar las causas; diagnosticar el problema de manera más precisa y seleccionar con mayor seriedad una estrategia o un conjunto de ellas que puedan aplicarse a ese problema. Por ejemplo, el docente que descubre que su grupo no acepta a uno de sus miembros, se enfrenta con un problema de conducción que debe resolver. Le gustaría ayudar al estudiante a ser aceptado y ayudar al grupo a aceptarlo. Durante varios días, el profesor podría observar cuidadosamente las dinámicas que pudieran llevar impedir que el grupo aceptara a su compañero. Una vez que haya identificado aquellos factores y un conjunto de estrategias de conducción que considere que estimularán la aceptación, el profesor las instrumenta con el mayor potencial para resolver el problema. La instrumentación de dichas estrategias se extiende durante dos meses, el profesor lleva un control del efecto de sus intervenciones y hace los cambios como se indican. Eventualmente, cerca de diez semanas después de que detectó el problema, el docente considera que sus esfuerzos tuvieron éxito, pues el grupo aceptó al estudiante como un miembro valioso que puede contribuir en la clase. En este ejemplo, el análisis del profesor reveló que un problema necesitaba atención; sin embargo, la naturaleza del mismo -y su impacto en el proceso de enseñanza- le permitieron tomarse un tiempo considerable para diagnosticar y atacar el problema. Se ha visto que un análisis de las condiciones existentes en el aula puede revelar problemas que requieren una atención inmediata o eventual; también puede revelar problemas y discrepancias entre las condiciones existentes y las deseables, que no garantizan una intervención directa y abierta por parte del profesor. Cualquier acción abierta por parte de él sería una inversión imprudente de su tiempo o del tiempo del alumno. Generalmente es necesario que el profesor no intervenga cuando el alumno manifiesta una mala conducta menor, que aparentemente no interrumpa el proceso de enseñanza y que no parezca convertirse en algo más serio. Un ejemplo de este problema lo constituye el alumno que da pequeños golpecitos con su lápiz mientras el grupo realiza un trabajo en silencio. El profesor determina que dicho comportamiento no lo interrumpe a él ni a los demás alumnos, por lo tanto, elige no tomar una acción abierta, sino al contrario, opta por observarlo. Este control le permite determinar si tal conducta puede convertirse en algo perjudicial. En ese caso, decidiría intervenir para cambiar la actividad del
estudiante. Claramente, la decisión de actuar o no, requiere un juicio. El profesor que sea particularmente sensible a las dinámicas que ocurren en un salón de clases, tendrá mayores probabilidades de tomar la decisión correcta. El docente eficaz es aquel que sabe cuándo una intervención tendrá mayores probabilidades de ser una buena inversión y cuándo será lo contrario. De igual manera, un buen conductor en un aula sabe cuándo actuar con rapidez para enfrentar un problema y cuándo actuar con más lentitud. 4.2.5 Problemas potenciales. El proceso de análisis que permite al profesor identificar los problemas, también le posibilita reconocer los conflictos potenciales. Aquí se considera que el maestro eficaz es aquel que tiene la habilidad para anticiparse a los problemas potenciales -entendidos como las discrepancias existentes entre las condiciones deseables y las existentes-, que podrían surgir si falla al tomar las medidas preventivas pertinentes. Ciertamente, el conductor efectivo puede reaccionar ante las dificultades; sin embargo, también debe anticiparse a los problemas potenciales e intervenir cuando sea necesario. Algunos de los problemas potenciales requieren de atención inmediata, otros de atención eventual y otros más de control. Las decisiones son difíciles porque exigen que el profesor prediga la conducta del estudiante, lo cual implica riesgos. Un problema que se anticipa puede resolverse por sí mismo o conducir a uno más grave si no se atiende. Simplemente, se requiere que el profesor prediga lo que puede ocurrir. Tal vez la mejor regla a seguir consiste en inmiscuirse inmediatamente siempre que considere que un problema potencial puede convertirse en uno más grave. Por ejemplo, un profesor debe preparar a sus alumnos para el día en que falte y otro lo substituya. Seguir los pasos necesarios para preparar al grupo para esta eventualidad no es gravoso y puede traer beneficios importantes para el substituto, para los alumnos y para él mismo. Es una inversión provechosa de tiempo y energía del profesor y los alumnos. Cuando el profesor regresa después de estar ausente durante tres días y se encuentra con que el proceso de enseñanza "siguió su ritmo" y el maestro sustituto le informa que sus alumnos se comportaron "maravillosamente", comprende lo acertado que fue preparar al grupo para trabajar sin su presencia y aprecia los beneficios que se obtienen al disponer las cosas para que el profesor sustituto pueda actuar con un mínimo de problemas. No se puede esperar que un profesor sustituto se desempeñe con eficacia si no encuentra planes de clase, un cuadro de la asignación de los lugares, ni ninguna rutina establecida. El profesor competente se anticipa a los problemas potenciales y se esfuerza por prevenidos. 4.2.6 Condiciones deseables. Hasta el momento se ha discutido cómo se identifican los problemas y los problemas potenciales. La literatura ha prestado atención a estos aspectos del proceso de análisis de la intervención docente en el salón de clases. Un uso del
mismo que se ha ignorado ampliamente es la identificación de las condiciones existentes que son deseables -entendidas como los casos en los cuales no existe discrepancia entre lo que existe y lo que se desea-. Por ejemplo, en un grupo de 32 alumnos, existe mayor probabilidad de que el profesor atienda a dos de ellos que se portan mal y que son desobedientes, e ignore a los treinta que se portan bien. Este punto de vista consiste en que la mala conducta de los dos alumnos se debe aminorar y la buena conducta de los treinta restantes se debe mantener, estimular y apoyar. Con mucha frecuencia la conducción en el aula es vista como un proceso en el cual el principal papel del profesor consiste en modificar el comportamiento de los alumnos que se portan mal. Es importante recordar que la conducción eficaz en el aula es también un proceso de mantenimiento; implica esfuerzos para establecer y mantener aquellas condiciones que facilitan la instrucción eficaz y eficiente. El profesor eficaz es proactivo, muestra interés y brinda apoyo. Como sucede con los problemas potenciales, algunas condiciones deseables requieren atención inmediata, otras atención eventual y otras control. Por ejemplo, si un alumno que frecuentemente habla sin levantar la mano, levanta el brazo y espera a que el profesor le indique que puede hablar, este último debe reforzar esa conducta apropiada, tal vez elogiando al estudiante. Este es un caso en el cual lo más apropiado sería que el profesor actuara inmediatamente. El docente debe verla como una condición deseable que requiere de una atención inmediata. Se debe recompensar la conducta apropiada si se desea mantenerla. Los alumnos que se portan bien deben sentir que se aprecian sus esfuerzos. Con frecuencia no sucede así. Al contrario, la buena conducta se ignora y se toma como algo dado. Así, el profesor debe conocer la existencia de las condiciones deseables -aquellos estudiantes que se portan de manera aceptable-. A menos que el educador se esfuerce por identificar las conductas apropiadas en los alumnos, probablemente no tendrá conciencia más que de cualquier tipo de conducta impropia. Con seguridad, un profesor así no va a recompensar una conducta apropiada cuando ésta se presente y entonces, habrá menos probabilidad de que la misma se repita. Algunos ejemplos se presentan en el siguiente cuadro: Ejercicio. Prueba de Dominio. Tiene como objetivo analizar las condiciones existentes en el salón de clases e identificar los problemas de conducción y los problemas potenciales de la misma, así como las condiciones deseables. Este ejercicio está formado por descripciones breves de cinco problemas típicos que se pueden presentar en un salón de clases; algunos son instruccionales y otros de conducción. Lee cuidadosamente cada una de las descripciones e indica el tipo al cual pertenecen; para ello, elige entre las categorías que se presentan, todas aquellas que correspondan al problema. Además, identifica en una hoja aparte, por lo menos un objetivo de conducción que no se haya logrado en los problemas que se describan como de conducción. Compara las respuestas con las que se presentan en el cuadro de respuestas correctas al final de esta sección.
____ Problema instruccional
____ Problema de conducción
____ Problema individual
____ Problema grupal
____ Problema que necesita atención
____ Se requiere-atención inmediata
____ Problema potencial que requiere atención atención ____ Se requiere atención eventual
____ Condición deseable que necesite
____ Se requiere un control
Caso 1. La clase de Biología I está dividida en seis grupos pequeños; cada uno debe seleccionar un evento importante de los años tempranos de las décadas 1930 y 1940 y reportar las personas y lugares que participaron en el mismo. Todo parece avanzar de manera uniforme, cuando se escucha una voz fuerte en la parte de atrás del salón: "pero yo no quiero escribir sobre ese tipo ¡Es un tonto! El hecho de que tú hayas sido elegido como el jefe del equipo no te da el derecho a decir lo que se debe hacer y sobre quién hay que escribir!" Caso 2. Parece que por enésima ocasión Sara entregó un trabajo que parecía como si lo hubiera pisoteado una manada de búfalos. Cualquiera hubiera considerado que su trabajo estaba muy sucio. Aunque Sara es capaz de hacer pulcramente sus trabajos -lo hace en sus otras clases-, no lo practica en la del Profesor Ruiz.
Caso 3. La Maestra Juárez inicia su clase de lectura en su grupo de tercer año de la manera acostumbrada, y como siempre, Rocío vuelve a sus "viejos trucos". Todo le parece una gran broma y tiene un comentario sarcástico para cualquier cosa que digan o hagan sus compañeros. La maestra trata de ignorar su mala conducta, pero ésta no cesa y parece aumentar. Caso 4. El grupo de Ecología del décimo grado de la Profesora Frías parece no tener interés en la materia. Ella ha intentado hacer que las sesiones sean interesantes mediante diferentes materiales y actividades, pero no parece que mejoren las condiciones. Mientras más se esfuerza, los alumnos se muestran más apáticos. Caso 5. A mediados de octubre, el Sr. Morales siente que su grupo de ciencias ambientales es menos productivo que antes. Él permitió que los alumnos establecieran y cumplieran ciertas reglas y leyes, con la esperanza de que se volvieran responsables de su propia conducción. Ahora siente que la situación se le ha escapado de las manos porque las reglas no se siguen o no se cumplen.
Cuadro de Respuestas del Estudiante. Problema 1. Problema 2. Problema 3. Problema 4. Problema 5.
Cuadro de respuestas para comentar y reflexionar RESPUESTAS 1. Problema de conducción, problema grupal, problema que necesita atención, se requiere atención inmediata; algunos de los objetivos de conducción de la clase que se pueden señalar aquí son: los estudiantes muestran cooperación y una actitud de ayuda mutua; muestran un trabajo productivo y conductas de estudio, muestran cohesión grupal y normas grupales productivas. (El hecho de que cinco equipos trabajen bien puede considerarse como una condición deseable que requiere atención inmediata). 2. Problema de conducción, problema individual, problema que requiere atención, se requiere atención eventual; dos objetivos de conducción que se pueden incluir son: los estudiantes muestran un trabajo productivo y conductas de estudio, comprenden las expectativas del profesor y actúan de acuerdo con las mismas. (Este es otro problema en el cual el profesor tiene tiempo para diagnosticar la situación y seleccionar estrategias eficaces). 3. Problema, de conducción, problema, individual, problema que necesita atención, se requiere atención eventual; algunos de los objetivos de conducción que se pueden incluir aquí son: los estudiantes muestran un trabajo productivo y conductas de estudio, respeto hacia las personas y la propiedad, manifiestan relaciones interpersonales positivas y comprenden las expectativas del profesor. (Este es otro problema que da al profesor la oportunidad para actuar con cuidado). 4. Problema instruccional. La falta de habilidad de la maestra para motivar a los estudiantes tiene muchas probabilidades de ser un problema instruccional, a menos que encuentre actividades de aprendizaje que puedan ser de interés, existe el peligro de que los estudiantes comiencen a portarse mal. Si usted consideró que éste era un problema de conducción, el que los estudiantes participen activamente en las tareas de aprendizaje sería el objetivo fundamental de conducción en esta situación. 5. Problema de conducción, problema grupal, problema que necesita atención, se requiere atención eventual; los objetivos de conducción principales que uno puede identificar aquí son: los estudiantes comprenden las reglas de la escuela y del salón, se adhieren a las mismas y muestran auto-disciplina y autocontrol. El profesor debe comprender mejor la situación, a la vez que toma en consideración varias opciones de conducción; no esperar mucho para instrumentar las estrategias que haya elegido.
4.3
La intervención del profesor en los conflictos emocionales y sociales.
4.3.1 Marcos teóricos para interpretar el conflicto emocional y social. - Desde la postura tecnocrática. Se considera al conflicto como una disfunción que hay que evitar, como un elemento perturbador en la gestión eficaz que deteriora los procesos de enseñanza y aprendizaje. No sólo se intenta neutralizan sus efectos, también se controla su aparición. Desde esta postura teórica, el conflicto se reduce a una cuestión técnica, que se resuelve con la planificación y el control.
- Hermenéutico interpretativo. Desde este marco teórico se concibe el conflicto como un problema de percepción, más que derivado de las condiciones sociales. Supone que mejorando la comunicación e interacción se solucionan las diferentes percepciones del problema, pero ignora aspectos globales y de contextualización. Los alumnos pueden resolver el conflicto participando con sistemas de autorregulación y control de su comportamiento. - Postura teórica sociocrítica. Considera que los conflictos afectan la vida del aula. Postula que habrá que incluir e integrar la diversidad, fomentando la participación y la gestión colaborativa, promoviendo la comunicación, la interdependencia y la autonomía. Desde esta postura se promueve la solución constructiva de los conflictos, dentro del marco educativo en el que se producen. El docente procura emplear estrategias para el aprendizaje significativo, para que los estudiantes actúen con mayor independencia y espíritu crítico. Se procura un clima cooperativo, con actividades centradas en el descubrimiento, guiado por el docente pero permitiendo de manera creciente la autonomía. 4.3.2 Evaluación o detección del conflicto emocional y social. ¿Qué aspectos de las significaciones o de los comportamientos se pueden evaluar? Los aspectos que más se han evaluados son los siguientes. Tan sólo vamos a mencionar los dos primeros, pues su intervención exige una formación especial, no sólo para aplicar los instrumentos de diagnóstico sino para su análisis. En este caso, si es posible, se puede apoyar en el departamento psicopedagógico o buscar ayuda de un psicólogo educativo de la institución donde se labore. De los restantes ejemplos, ofrecemos algunos comentarios que apoyen el trabajo docente: a) A través de una entrevista o una escala, evaluar el autoconcepto, la autestima en sus habilidades de comunicación, académicas, emocionales o familiares. b) Evaluar niveles de ansiedad. Hay escalas pertinentes. c) Para evaluar la competencia percibida académica o social, puede ayudar la siguiente propuesta matemática: El grado de eficacia percibida (+, ó
− ) el grado de inseguridad ( = )
expectativas de autoeficacia
El siguiente ejemplo clarifica la propuesta: - Primero, ante una prueba de 10 problemas se pide al estudiante que estime la puntuación que obtendría. Si dice que obtendría 7 (El grado de eficacia percibida)
-
en seguida, para sumar o restar el grado de eficacia percibida se le pide que califique su confianza en obtener esa calificación, mediante una escala de tres puntos (no muy seguro –1; casi seguro 0; absolutamente seguro +1).
-
Supongamos que dijo no muy seguro. Para obtener su grado se eficacia percibida se suma o resta el 7, según la respuesta. En este caso fue 7-1, por lo tanto es igual a 6, y tenemos el grado de expectativas de autoeficacia.
d) Indagar sus estilos atributivos, es decir a qué atribuyen sus éxitos o fracasos, si a elementos externos o internos: - Si su locus de control es externo (esto es cuando el alumno atribuye su fracaso o éxito a elementos externos a él) puede considerar que el contenido es difícil o fácil, que el profesor le pone o no le pone atención, que lo quiere o no lo quiere, o considerar que el resultado de aprendizaje fue por suerte. - Atribuye el éxito o fracaso al locus de control interno (cuando lo imputa a su incapacidad o al nulo esfuerzo que realiza). Debido a que es más complejo cambiar a los otros y al mundo que intentar un cambio personal, cuando el locus de control es interno, es más posible la mejora que cuando es externo. e) Evaluar la interacción social: es decir, las respuestas verbales o no, que expresa en un contexto interpersonal; sus necesidades, sentimientos, preferencias, opiniones y derechos, sin ansiedad excesiva o de manera aversiva, o si respeta a los otros. Algunas características a evaluar en la interacción social: - Si sus autoexpresiones en situaciones sociales se realizan de forma espontánea y sin ansiedad. Esto indica facilidad en tales contextos. - Si defiende sus derechos, si es asertivo en sus interacciones se supone que no hay conflictos. - Si expresa enfado o disconformidad para evitar conflicto o confrontaciones con otros. Es la habilidad para expresar discrepancias. Una puntuación baja indicaría que prefiere callar para no molestar. - Si dice no o corta interacciones cuando no se desea mantener comunicación, indica existencia de conflicto. - Hacer peticiones. Una puntuación alta es cuando es capaz de hacer peticiones sin excesiva dificultad. - Iniciar interacciones positivas con el sexo opuesto. Una alta puntuación es cuando los intercambios son positivos. f) Evaluar el rendimiento académico. (La segunda parte de esta unidad se refiere a la evaluación de lo académico). 4.3.3 Principios teóricos para intervenir en los conflictos emocionales y sociales. Habrá que enfatizar que cuando se interviene en la solución de conflictos, se apuesta a la escuela como promotora del cambio. Algunos principios: - Fomentar la participación de todos. Que todos tengan oportunidades de expresarse, no sólo los que tienen mayores habilidades para hacerlo.
-
Considerar necesidades, opiniones y sentimientos de todos. Toda aportación es tomada en cuenta, analizada y aplicada si es valiosa. Crear un clima de confianza. Valorar lo positivo de las personas. Apreciar la participación de todos en la toma de decisiones. Afrontar los conflictos de forma positiva. Aprender a detectar conflictos, hacerlos aflorar, regularlos y controlarlos de manera efectiva.
Las maneras de intervenir. Atención a la diversidad. Los programas de intervención oscilan entre dos grandes niveles: programas que consideran programaciones comunes a partir de características que todos tienen, y aquellos que ponderan necesidades educativas especiales, sea por déficit o superdotado. Los profesores decidirán si se requiere elaborar proyectos de trabajo de manera individual o para un pequeño grupo y con intenciones diversas: para mejorar el aprendizaje del conocimiento disciplinario, para enriquecer la interacción social, para favorecer la motivación e incrementar el aprendizaje cooperativo o estratégico. Esta manera de intervenir considera la diversidad y singularidad de los estudiantes. La acción tutorial. A pesar de que los docentes tienen diversidad de funciones, todo profesor está implicado en la acción tutorial, que es una manera de diagnosticar el aprendizaje y atender sus dificultades. El tipo de relaciones que se dan entre estudiantes y profesores, además de determinar la adquisición de un conjunto de conocimientos, también prefiguran la base a partir de la cual el alumno construye su autoconcepto, su autoestima y su desarrollo personal. Los objetivos de la acción tutorial o de orientación: Orientar, corregir, apoyar y asesorar, ofrecer estrategias de intervención según necesidades particulares de los estudiantes. La intervención tutorial exige que los docentes tengan conocimiento de factores personales, familiares y curriculares de los estudiantes. En la intervención con alumnos, un plan de acción considera: - Identificar antecedentes académicos y personales. - Identificar situación familiar y relaciones sociales. - Identificar capacidades, aptitudes y rasgos de personalidad. - Identificar intereses, aspiraciones y actitudes escolares de los alumnos. En la intervención tutorial del grupo: - Identificar la estructura social y su cohesión. - Instruir al grupo en estrategias básicas de aprendizaje. - Trabajar técnicas de dinámica de grupo para mejorar la cohesión y la capacidad de interacción.
Es importante indagar: -
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La percepción que el estudiante tiene de su situación conflictiva, para conocer y explicar sus ideas, sentimientos y comportamientos afectivos y cognitivos. Es pertinente no sólo preguntar por qué actúa así, sino para qué actúa así, con el fin de conocer la intencionalidad de sus comportamientos y significados. Conocer el compromiso del estudiante para mejorar su situación.
Intervención en el conflicto emocional y social.
Es el proceso de mediación por parte del profesor.
Es necesario incorporar estrategias motivacionales, para la mejora de la interacción y para promover la comunicación asertiva, con la idea de que los estudiantes regulen y controlen su proceso.
Las fases:
- Antes de la mediación: explicar las reglas y compromisos. - Para propiciar la disposición en la intervención: crear un clima de confianza, explicar los objetivos, conocer las expectativas y los papeles que jugarán profesores y estudiantes. - Clarificar el conflicto. Exponer distintas versiones del conflicto y lo que implica: explorar con preguntas, tratando de escuchar preocupaciones y sentimientos de los estudiantes y del profesor. - Situación del problema. Identificar ediante el diálogo en qué consiste el conflicto y cómo avanzar hacia una solución. - Proponer soluciones. Buscar vías de arreglo. Valorar las posibles soluciones y su conformidad o no con las distintas propuestas. - Llegar a un acuerdo. Concretar quien hace qué, cómo, cuándo y dónde. El objetivo es evaluar las propuestas, llegar a acuerdo y compartirlos. Conflictos en el ámbito motivacional. Dimensión académica: (esta dimensión se ampliará en el punto 4.4) Este punto es esencial, el aprendizaje no es viable si el alumno no quiere. Para que esto sea posible, docente y alumno deberán centrarse en aquellas habilidades que afectan de manera positiva el rendimiento del aprendiz, entre ellas:
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Habilidad para controlar y dirigir la propia conducta de aprendizaje (se predispone al estudiante a conocer sus potencialidades y limitaciones, sus habilidades y estrategias, así como el uso eficaz de las mismas). Habilidades para analizar las causas de sus resultados de aprendizaje. Habilidades para establecer metas personales, realistas y objetivas.
Y por supuesto, analizar la propia práctica docente ¿Cómo entusiasma el profesor al aprendiz? Lo cognitivo y lo emocional van de la mano y en una intervención de apoyo a los estudiantes, se considerarán ambos elementos. Dimensión emocional: A nivel emocional, la imagen que de sí mismo tiene el aprendiz, depende fundamentalmente del autocontrol (esto es, el dominio de los propios sentimientos y actos, porque es la fuente de sentimientos de competencia y valía), de su imagen corporal y de los pensamientos presentes en sus actuaciones (hace referencia a la habilidad del estudiante para detectar pensamientos irracionales o disfuncionales y reemplazarlos por otros más adecuados, que favorezcan el logro de las propias metas). Dimensión social: Es relevante porque predice el ajuste psicológico, el logro académico, la adaptación escolar y el éxito personal. Aquí se incluyen las siguientes habilidades de interacción social: habilidad para defender los derechos personales, habilidad conversacional y habilidad para resolver problemas interpersonales. Intervención en habilidades de interacción y comunicación. Los alumnos que no son hábiles en situaciones sociales conflictivas, no son capaces de ponerse en el lugar de los otros, se dejan llevar por pensamientos distorsionados y sentimientos desajustados, y no saben tomar decisiones oportunas en situaciones concretas. Así, lo emocional y lo cognitivo son elementos relacionados para tenerse en cuenta a la hora de mejorar y desarrollar habilidades de interacción social. El programa de intervención habrá de mejorar la empatía, aprender a manejar los pensamientos distorsionados y controlar los sentimientos, a fin de enfrentar problemas con otros compañeros, presiones e intimidaciones, con posibilidades de éxito y llegar a comportamientos asertivos. -
La comunicación asertiva se caracteriza por un respeto a la propia persona, e incluso, los otros también respetan a quien tiene comportamientos asertivos, es decir, están bien consigo mismos y con los demás; dicen lo que piensan y sienten, no desagradan, tienen en cuenta
sus derechos y suelen evitar conflictos. Al comunicarse, prefieren decir ¿Qué te parece? ¿Qué piensas? ¿Cómo podemos resolver esto? Es un tipo de relación en donde ambos ganan. -
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Quienes tienen un comportamiento pasivo, se sienten incomprendidos, manipulados y no se les toma en cuenta. Se sienten molestos por su comportamiento e irritados con los demás. Se sienten mal: enfadados, deprimidos, desamparados. Terminan haciendo cosas que no desean. Tienen sentimientos de inferioridad. Dejan que los demás se aprovechen de ellos, evitan la mirada con el que hablan, suelen expresarse en voz baja. Emplean frases como ¿Te importaría mucho?, quizá tengas razón, no te molestes, es decir, dejan la decisión en el otro y ellos pierden. Un comportamiento agresivo, tienen deseos de poder y conflictos con los otros. Los demás los evitan, van perdiendo amigos y generan resentimiento contra otros. En la relación, es el que siempre quiere ganar. Amenazan. Usan frases del tipo: eres estúpido, ándate con cuidado, si no lo haces tendrás problemas.
Algunas ideas para la intervención. Una vez conocidas las características de los estudiantes, el proceso de intervención habrá de tomar en cuenta la necesidad de: a) Proceder con empatía: ponerse en el lugar de otros para identificar sentimientos, necesidades y deseos, así como comprender los puntos de vista. b) Modificar pensamientos negativos porque distorsionan la realidad y producen preocupaciones innecesarias. Hay que favorecer el pensamiento positivo, no calificar destructivamente y no tratar de adivinar los pensamientos de los demás ¿Cómo identificar los pensamientos distorsionados?: - Nombrar la emoción: ¿Cómo me siento? (enfadado, triste, culpable). - Describir la situación o el suceso: ¿Qué pasó? ¿Dónde ocurrió? ¿Con quién? ¿Qué dijimos? - Identificar los pensamientos: ¿Qué pensé?, sobre mí, sobre otro, sobre qué pensaba de mí. - Localizar las distorsiones: ¿Se dio alguna distorsión en lo que pensé? - Eliminar las distorsiones: ¿Qué otra explicación puedo dar de lo ocurrido? c) Manejar sentimientos incontrolados. Los sentimientos de enfado producen efectos muy negativos. Es preciso identificar por qué estamos disgustados, qué nos altera y preguntarnos ¿Para qué nos enfadamos? Controlar los pensamientos espontáneos: se están riendo de mí. Algunas estrategias básicas: respirar profundamente (cuatro respiraciones por minuto durante dos o tres minutos, contar hacia atrás, pensar en cosas agradables).
d) Tener la capacidad de resolver problemas. Un ejemplo de fases para resolver problemas. -
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Detectar el problema: darse cuenta de que cierto conflicto ha de ser resuelto. Detectar la situación: ¿Dónde sucedió? ¿Cuándo sucedió? ¿Qué personas están implicadas? ¿Qué ha sucedido o dejado de suceder? Detectar los sentimientos ¿Cómo me siento? ¿Cómo se sienten los otros? - Detectar necesidades ¿Qué me gustaría que sucediera? ¿Qué les gustaría a los otros que sucediera? Recopilar datos para identificar factores que delimitan el problema, con el fin de traducirlo a objetivos en términos del resultado deseado. Soluciones: ¿Cuáles son las causas? Buscar soluciones para alcanzar el objetivo. Seleccionar la alternativa que origine los mejores resultados, con base en algunos indicadores: ¿Conseguiré mi objetivo? ¿Funcionará? ¿Cómo me sentiré? ¿Cómo se sentirán los otros? ¿Qué puede suceder a corto y a largo plazo? Después de tomar una decisión, llevarla a la práctica y establecer un sistema de seguimiento.
4.3.4. Hacia la autorregulación y control de un conflicto. Elaborar un registro de control y verificación permite observar y manejar la mejora del proceso, con base en los siguientes indicadores: ¿Qué comportamiento tener para alcanzar un objetivo? ¿Cómo hacerlo? Es decir, ¿qué proceso seguir? ¿Cuánto tiempo? ¿Qué consecuencias habrá si se realizan los comportamientos adecuados?
Día Lunes Martes Miércoles Jueves Viernes Sábado Domingo
Qué
Cómo
Cuánto
Consecuencias
4.4
La intervención del profesor en los problemas de aprendizaje.
4.4.1 Problemas de aprendizaje académicos cognitivos. Es fundamental entender la enseñanza como una ayuda para que los estudiantes aprendan con sentido y significado. La ayuda es necesaria para modificar, enriquecer y diversificar sus esquemas de conocimiento. El apoyo que den los docentes habrá de considerar los diferentes estilos y ritmos de aprendizaje de los aprendices. Como parte de la especie humana, los estudiantes comparten muchas regularidades pero a la vez, cada uno es una excepción, cada cuál tiene necesidades, motivaciones y estrategias de aprendizaje singulares. Un primer desafío docente es conciliar los intereses institucionales con las necesidades particulares de los aprendices. Los programas oficiales exigen que todos los contenidos sean enseñados, pero la realidad es que no todos los estudiantes los aprenderán con los mismos niveles de construcción significativa. Con la intención de apoyar a aquellos alumnos con ritmos menos ágiles en el aprendizaje, que tienen estrategias débiles o escasa motivación, y para asegurar que cuenten con conocimientos mínimos necesarios para afrontar los conocimientos del siguiente ciclo, se ofrecen algunas ideas para que los docentes pongan en práctica. Para que el docente ayude a lograr la construcción de aprendizajes significativos,
su función consiste en vincular, sincronizar y ajustar la ayuda en esos procesos de construcción. Para que esto suceda, se requiere que la enseñanza tome como punto de partida los significados y sentidos de que disponen los alumnos. Los estudiantes cuentan con conocimientos previos, habilidades para leer, estrategias para estudiar, experiencias para exponer los contenidos, o bien, con diferentes niveles de entusiasmo por el nuevo aprendizaje. Al mismo tiempo, el docente habrá de provocar desafíos y retos que aseguren que los estudiantes construirán los nuevos conocimientos. Para que esto suceda se requiere la habilidad docente para ajustar el apoyo, que se vincule y sincronice con lo que ya sabe y a la vez, que los retos sean abordables, es decir, que los estudiantes emprendan la construcción del aprendizaje con posibilidades de tener éxito. La ayuda es un proceso perseverante hasta que el estudiante pueda tener una actuación autónoma en los contenidos que se intentan aprender.
La orientación pedagógica que se ejemplifica es la postura de Vygotski sobre la zona de desarrollo próximo (ZDP).
Zona de Desarrollo Próximo.
Se define como aquella distancia entre el desarrollo real y uno nuevo. Es decir, los procesos que ocurren desde que el aprendiz requiere ayuda, hasta que logra un aprendizaje autónomo El desarrollo real significa que las personas conocen y aplican una serie de conocimientos conceptuales, de habilidades y de valores, sin ayuda de los adultos o expertos, es decir, de manera autónoma. Los nuevos conocimientos que se ofrecen cotidianamente, entran a una zona de desarrollo y se espera que sean avances progresivos. Lo real es que hay alumnos con ritmos más prontos en el aprendizaje y habrá que atender a los estudiantes con mayores desventajas, problemas o conflictos en el aprendizaje. Esto es, hay estudiantes que requieren de la iniciativa y la lucidez intelectual del docente, de estrategias innovadoras, en síntesis, de una ayuda ajustada a las necesidades que manifiestan. La intervención del docente es esencialmente una interacción social; de ahí la importancia de crear un clima sano en la enseñanza y el aprendizaje. Sin duda, aquellos estudiantes que ya conquistaron el conocimiento pueden ayudar también. El docente o el alumno experto habrán de saber que la ayuda es temporal. Al inicio la ayuda es amplia tanto en cantidad, como en la calidad de las actividades, esto depende de los diferentes niveles de conocimiento que tienen los que están en proceso de desarrollo.
La ayuda es temporal.
La ayuda se irá reduciendo en la medida que los aprendices avancen en el dominio del conocimiento, en la medida que modifiquen, enriquezcan y diversifiquen sus esquemas de conocimiento.
El docente intencional e inteligente va dejando la ayuda, en la medida que el aprendiz avanza hacia la construcción del aprendizaje autónomo y la aplicación independiente del conocimiento. Cuando esto sucede, termina la ZDP, pero al mismo tiempo hay un sinnúmero de conocimientos académicos, sociales, personales, que están en proceso de desarrollo. Así, cada persona tiene conocimientos mínimos y a la vez, en diferentes grados de progresión, hasta comportamientos que lo hacen un ser autónomo.
Lo esencial es que el docente conozca los niveles de desarrollo, para ayudar de manera ajustada desde ese nivel, desde las múltiples ZDP que experimentan los aprendices. Sin duda, interesa que los estudiantes logren la conquista de los conocimientos mínimos de la materia de biología, en cada uno de los niveles del bachillerato.
4.4.2 Algunas características de los procesos de intervención (interacción) entre el profesor y el estudiante en la ZDP. 1. Insertar, en el máximo grado posible, la actividad puntual que el alumno realiza en el ámbito de objetivos más amplios, en los cuales esa actividad pude tomar significado de manera más adecuada. El profesor define un marco global de las actividades pertinentes que realizará el estudiante menos competente. Así, aunque al inicio sean parciales o laterales, las actividades siempre se considerarán dentro del objetivo a alcanzar. 2. Posibilitar, en el máximo grado posible, la participación de todos los alumnos en las distintas actividades y tareas, incluso si su nivel de competencia, su interés o sus conocimientos resultan muy escasos y poco adecuados. Esta participación permite ver de lo que es capaz y puede ir probando y modificando su capacidad de resolver las tareas. Es una manera privilegiada para conocer cómo ajustar la ayuda, por los indicadores que ofrece el aprendiz. Si no hay participación, no hay posibilidad de entrar a la ZDP, ni de intervenir en la ayuda. A veces no es posible que participen debido a los contenidos que se priorizan, por la complejidad de las actividades, por el tipo de materiales y recursos de apoyo, por las normas establecidas en el trabajo en el aula y, entre otros, por la actuación del profesor y la debilidad en las explicaciones. Es pertinente diversificar las actividades para que los estudiantes puedan elegir entre distintos niveles de ejecución. Así también, ofrecer materiales de apoyo diversos, con formatos y niveles de dificultad variados, para que todos actúen con posibilidades de éxito. Establecer normas que fomenten que los alumnos hagan preguntas o planteen iniciativas para conocer sus intereses particulares y estimular la participación de quienes tienen menos tendencia espontánea a intervenir. Es importante aceptar contribuciones de los alumnos aunque estén expresas de manera poco clara o parcialmente incorrecta. Crear espacios de trabajo en pequeños grupos o buscar un contacto personal en momentos clave. 3. Establecer un clima relacional, afectivo y emocional basado en la confianza, la seguridad y la aceptación mutuas, en donde tenga cabida la curiosidad, la capacidad de sorpresa y el interés por el conocimiento en sí mismo. Para que sea posible crear ZDP y avanzar, es preciso considerar dimensiones cognoscitivas y de tipo relacional, afectivo y emocional. Es necesario un clima
afectivo y relacional, sobre todo con aquellos que se sienten poco competentes, que tienen una historia de fracasos, que no muestran interés por lo que la escuela ofrece. 4. Introducir, en la medida de lo posible, modificaciones y ajustes específicos, tanto en la programación más amplia, como en el desarrollo sobre la marcha de la propia actuación, en función de la información obtenida a partir de las actuaciones y productos parciales realizados por los alumnos. Esta característica hace referencia al seguimiento de los participantes menos competentes, para que la ayuda sea dinámica y variable, pero siempre vinculada a las actuaciones del que aprende. Es una variación que se inserta al menos en tres niveles: - Frenar o acelerar una explicación, modificar el orden inicial previsto de la exposición si una pregunta da pie para hacerlo, ampliar o reducir el tiempo pronosticado para una tarea, aprovechar una intervención relevante en una discusión para introducir elementos no previstos, corregir en público un ejercicio que no se pensaba hacer si los alumnos presentan más problemas de los esperados. - Ajustar la planeación inicial ampliando el número de actividades, reforzar determinados aspectos trabajos, dedicar una o dos sesiones más a un contenido, añadir un determinado material complementario cuando se presenten dificultades imprevistas. Sugerir actividades de aplicación a nuevas situaciones, exigir mayor precisión o amplitud en lo ya realizado. - Incorporar en los temas o lecciones siguientes, las consecuencias extraídas de la observación y valoración de las anteriores: aprovechar un contenido que ha sido bien aprendido o muy interesante, para iniciar las clases siguiente; retomar contenidos anteriores, si se sabe que quedaron dudas y elementos poco claros; volver a emplear actividades que les hayan ayudado a aprender; presentar de manera distinta consignas o elementos que hayan creado dificultades o problemas de comprensión; incorporar nuevos tipos de actividades, recursos o formas de organización del aula y de los alumnos, si los inicialmente intentados no han dado los resultados esperados. 5. Promover la utilización y profundización autónoma de los conocimientos que se están aprendiendo por parte de los alumnos. Es preciso recordar que como ayuda ajustada y a partir de una situación de realización compartida o apoyada de tareas, la enseñanza pretende incrementar la capacidad de comprensión y actuación autónoma por parte del alumno. El docente crea espacios en donde trabajen casi sin ayuda lo que han aprendido, más allá de los dedicados a hacer un examen; crear espacios para que los alumnos construyan estrategias y habilidades que les permitan seguir aprendiendo de manera autónoma y controlar de manera más eficaz sus procesos de aprendizajes presentes y futuros. Es necesario pasar de actividades en donde la acción del
profesor está más presente (explicaciones, demostraciones, modelado), a otras que demanden el uso autónomo del conocimiento por parte de los alumnos (resolución de casos prácticos, aplicar los conocimientos adquiridos, práctica independiente). También son necesarios espacios para que los estudiantes apliquen conocimientos en situaciones diferentes a las que fueron aprendidas, incluso situaciones de simulación. En fin, fomentar estrategias para que los estudiantes reflexionen sobre sus procesos de aprendizaje, para que analicen y valoren sus acciones, con la idea de mejorarlas. 6. Establecer, en el mayor grado posible, relaciones constantes y explícitas entre los nuevos contenidos que son objeto de aprendizaje y los conocimientos previos de los alumnos. Supone que los profesores tengan la habilidad para sincronizar el nuevo conocimiento con los conocimientos previos de los estudiantes. Para conseguir el aprendizaje significativo, sabemos que no es conveniente pasar por alto el nivel de desarrollo de los alumnos, porque no podrán incrustar el nuevo a sus esquemas de conocimiento. En caso contrario, el nuevo conocimiento quedará aislado y fácilmente se olvidará. El principio pedagógico de la secuencia es fundamental, es ir de lo general y simple a lo más complejo y detallado, a través de elaboraciones de aproximaciones sucesivas. La idea es establecer relaciones significativas de cada contenido, que va enriqueciendo y diversificando el aprendizaje. 7. Utilizar el lenguaje de la manera más clara y explícita posible, evitando y controlando posibles incomprensiones. El lenguaje habrá de ser adecuado para los estudiantes: en los momentos de definir conceptos, cuando se ejemplifica o se caracteriza términos nuevos, cuando se establecen relaciones explícitas entre conceptos, principios o normas. Además, se sugiere introducir nuevas formas de decir lo mismo o señalar las diferencias conceptuales bajo el uso de términos distintos. Ser explícitos cuando se dictan normas para regir la organización del aula, cuando se ofrecen consignas o instrucciones para desarrollar una actividad, cuando se plantean los objetivos que se pretenden y cuando se exponen las razones para fundamentar reglas o actuaciones. Es conveniente realizar preguntas u otra estrategia para comprobar si ha habido claridad en los elementos clave de lo que se está proyectando. Por supuesto, analizar si los estudiantes están empleando un lenguaje preciso y no estereotipado, que sean capaces de aprovechar sus propias palabras para definir términos o principios científicos, que busquen formas de expresión alternativas, que utilicen el lenguaje escrito y revisen y mejoren su escritura, para optimizar su comprensión y su aprendizaje. 8. Emplear el lenguaje para contextualizar y reconceptualizar la experiencia. Actuar en la ZDP supone hacer avanzar al participante menos competente hacia maneras de comprender y representar una determinada tarea o contenido más elaborado y rico que aquel que poseía inicialmente. El uso del lenguaje tiene la intención de ayudar al alumno a reestructurar y reorganizar sus experiencias y
conocimiento, reconstruyendo los significados relativos a estas experiencias en términos más cercanos a los significados culturales compartidos por los adultos. El uso adecuado del lenguaje asegura las relaciones entre los nuevos aprendizajes, permite que no se produzcan rupturas ni distancias entre el lenguaje docente y la comprensión del alumno. El lenguaje es el instrumento para modificar y reconstruir a un nivel superior los significados que se poseen. Retomar lo que un alumno ha dicho o propuesto y reinterpretarlo o reformularlo en términos más válidos desde el punto de vista del lenguaje científico o técnico, introducir un concepto o principio como punto final de un conjunto de actividades y tareas que han proporcionado la experiencia y los referentes adecuados para presentarlo, mostrar la pertinencia de un término técnico para explicar un fenómeno cotidiano, recapitular lo que ha discutido en una sesión de clase en términos más formales y estructurados, mostrar la inadecuación de determinados usos esteriotipados del lenguaje, son algunos ejemplos. 4.4.3 Ayudar y ajustar la ayuda. En síntesis, los procesos de enseñanza y aprendizaje requieren que los docentes presten ayuda según las necesidades de los estudiantes, esto es, que hagan posible la participación de los alumnos y contribuyan a forjar formas cada vez más elaboradas e independientes de actuación, en la medida de lo posible, en cada situación. Poner en práctica la ayuda ajustada, requiere: - Que el docente planifique de manera detallada y rigurosa la enseñanza. Durante las prácticas de enseñanza y de aprendizaje: exige del docente la observación y la reflexión constante de y sobre lo que ocurre en el aula, así como la actuación diversificada y plástica en función de los objetivos.
El profesor queda definido claramente como un profesional reflexivo que toma decisiones, las pone en práctica, las evalúa y las ajusta de manera
progresiva en función de sus conocimientos y su experiencia profesional, y no como un mero ejecutor de las decisiones de otros o como un aplicador mecánico de fórmulas fijas de actuación. - La tarea del profesor de ofrecer ayuda ajustada pasa por diversos niveles. Es decir, no es algo que dependa únicamente de lo que cada profesor pueda hacer en su aula, sino que tiene que ver también con decisiones tomadas a nivel institucional o en cuerpos colegiados, con respecto a cuestiones tales como: materiales curriculares que usarán los alumnos, libros de texto, agrupamiento de estudiantes, distribución y uso de espacios, estructuración de horarios. Todos estos elementos pueden ser considerados como soportes y apoyos para el aprendizaje y forman parte de la actuación diversificada en la enseñanza.
- La enseñanza habrá de responder a la diversidad de los alumnos. La atención a alumnos con desventajas en el aprendizaje, es un reto para los docentes y su aplicación no está exenta de problemas, limitaciones y dificultades (sobrecarga de tareas, grupos numerosos, poco tiempo para la atención individual de los estudiantes que lo requieren, exigencias institucionales -más de tipo administrativo que académico-, entre otras). Si podemos controlar y organizar las limitaciones anteriores, es posible que la práctica pedagógica pueda organizarse siguiendo las recomendaciones que se han señalado en esta parte. El proceso de intervención especial, parte de las condiciones reales de cada escuela y de cada alumno, para iniciar considerando los conocimientos previos, emplear tareas concretas abordables en cada momento en función de las condiciones y de los instrumentos de apoyo disponibles y, si se entiende auténticamente como un progreso progresivo, con sus avances, retrocesos, bloqueos y conflictos, en el que el avance puede ser lento y aparentemente poco espectacular, pero no por ello menos decisivo e importante.
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