Historia, sociedad y educaciĂłn Autora: Dra. Ofelia Contreras GutiĂŠrrez Unidad 2
SEGUNDA UNIDAD: GLOBALIZACIÓN, POSTMODERNIDAD Y POLÍTICAS EDUCATIVAS ¬ GLOBALIZACIÓN En la sociedad en general estamos experimentando un cambio: desde el pequeño núcleo de singularidades estables de conocimientos y creencias a una pluralidad fluctuante y en continua transformación de sistemas de convicciones. Dicho cambio se encuentra producido por la denominada globalización.
Con gran frecuencia se circunscribe este término a la economía y se habla así de mercados globales e intercambios económicos en todo el mundo, lo que promueve críticas de algunos sectores, y desde esta postura se señala que los intercambios económicos se han dado desde hace cientos de años. Al respecto cabe señalar que cuando hablamos de globalización hacemos referencia a un proceso mucho más amplio que incluye todas las esferas de la acción humana.
Este fenómeno se ha facilitado por el enorme avance de la tecnología; es muy probable que hoy en día estemos mejor enterados de lo que sucede del otro lado del planeta que de lo que pasa en la acera de enfrente, gracias a los noticieros y a los programas televisivos que nos traen a la intimidad de nuestros hogares las guerras de Irak y Afganistán, o las competencias olímpicas en el mismo momento en que se llevan a cabo.
Algunos autores señalan que incluso los acontecimientos se desenvuelven en mucho influenciados por las opiniones y perspectivas que sobre ellos se presentan en las empresas de televisión.
De esta manera, las barreras antaño establecidas por el tiempo y la distancia desaparecen, y los seres humanos adquirimos el don de la ubicuidad, en la medida que a través de transmisiones vía satélite un cirujano puede estar operando por medio de un sofisticado instrumental robotizado a un paciente que se encuentra a miles de kilómetros de donde se encuentra él.
Giddens (2000) señala que la globalización no es sólo, ni principalmente, interdependencia económica, sino la transformación del tiempo y el espacio en nuestras vidas.
"...Acontecimientos lejanos, económicos o no, nos afectan más directa e inmediatamente que nunca. A la inversa, las decisiones que tomamos como individuos, tienen con frecuencia implicaciones globales. Los hábitos dietéticos de los individuos tienen por ejemplo consecuencias para los productores alimenticios, que pueden vivir al otro lado del mundo..."1
Estas fuertes transformaciones están tocando a las estructuras básicas de la modernidad; el Estado Nación, propio de la modernidad, está siendo debilitado y algunas de su s funciones están siendo desarrolladas por organismos transnacionales, incluyendo la gestión económica.
Las formas de gobierno de los Estado-nación también están cambiando, ellos seguirán ejerciendo gran poder económico y cultural a lo interno, siempre y cuando para ello coordinen sus esfuerzos con organizaciones transnacionales.
"...Gobierno empieza a identificarse menos con ´el´ gobierno -gobierno Nación- y se convierte en algo de mayor alcance. Gobernancia aparece como un concepto más pertinente para referirse a algunos tipos de facultades administrativas o reguladoras. Organizaciones que o bien no son parte de ningún estado - organizaciones no gubernamentales - o bien son de carácter transnacional, contribuyen al gobierno..." 2 Al mismo tiempo, la globalización también está presionando en sentido inverso, creando nuevas demandas y también nuevas posibilidades de regenerar identidades locales. Ejemplos como el de Cataluña en España, Québec en Canadá y Escocia en el Reino Unido, son claros ejemplos de ello. En nuestro país el levantamiento armado en Chiapas en 1994, por parte de las comunidades indígenas, y sus demandas por el respeto a sus formas de gobierno y organización social, son una muestra más cercana de este mismo fenómeno.
Es probable que algunos de los Estados antes señalados se separen de algún país y que se integren a una región que traspase las fronteras, si optan por nuevas estructuras.
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Giddens (2000), p. 41 Giddens, A. (2000) Op cit. p. 45.
Como lo indica Giddens, las fronteras se están volviendo más borrosas, tómese como ejemplo la Comunidad Económica Europea.
La globalización no es un fenómeno que se produzca de manera espontánea, es el resultado de las acciones de empresas o Estados. Han sido los mismos Estados los que más han invertido en las comunicaciones vía satélite, así como lo fueron las primeras fases de la Internet. De igual forma, los gobiernos han influido en el crecimiento y expansión de los mercados de dinero, para a través de ellos poder contar con recursos para financiarse.
Las políticas derivadas del neoliberalismo económico, tal como la privatización de empresas, han favorecido notablemente esta tendencia. En México, en el sector paraestatal entre 1982 y 1990 se liquidaron 875 empresas, casi una cada tres días (Contreras, 2001); a pesar de ello, el gobierno mexicano no ha podido subsanar la grave crisis financiera que enfrenta, y sí se ha vuelto mucho más vulnerable a los acontecimientos económicos externos. A través del TLC, la economía mexicana pasó de ser de una de las más cerradas a las más abiertas.
En resumen, tal como menciona Giddens , la globalización es una compleja serie de procesos, impulsados por una amalgama de factores políticos y económicos. Ella está transformando la vida diaria, en especial para los países desarrollados, a la vez que crea nuevos sistemas y fuerzas transnacionales. La globalización está transformando las instituciones de las sociedades en que vivimos.
Como todo lo nuevo existe la posibilidad de superar lo ya existente, pero también encierra el peligro de llevarnos a lugares poco deseables, esto es especialmente cierto en el terreno de la educación. ¬ POSTMODERNIDAD El fenómeno de globalización de los sistemas económicos, políticos y sociales caracterizó el fin de siglo XX y nos plantea en sí mismo el escenario prospectivo de las sociedades de este tercer milenio. Las estructuras que sustentaron el desarrollo de la llamada modernidad se manifiestan hoy en día agotadas por la cotidianeidad y cuestionadas por sus resultados a todas luces visibles: pobreza, sobrepoblación, mercados de dinero que se mueven con
"vida propia", sistemas de producción en muchos casos obsoletos o ineficiente para las nuevas estructuras, bloques económicos y políticas que se rompen mientras otras surgen.
Como resultado de esa crisis y por el surgimiento de nuevas condiciones sociales y culturales, nos encontramos en la denominada postmodernidad, con características diferenciadas y ya bien definidas, donde importantes cambios se gestan en el acontecer cotidiano.
Lyotard (1998) señala que la postmodernidad no es simple apariencia, ni un artificio de vanguardia, Se trata de cambios en la percepción del espacio y del tiempo, de la comunidad humana que resultan difíciles de precisar. La postmodernidad no se sitúa después ni en oposición a la modernidad, la incluye, aunque permanezca oculta dentro de ella.
Filosófica e ideológicamente, los avances de las telecomunicaciones, junto con la divulgación más rápida y más amplia de la información, están cuestionando las antiguas certezas a medida que las personas constatan que existen otras formas de vivir; incluso las certezas científicas están perdiendo credibilidad.
El conjunto de cambios en las diversas esferas de la acción humana ha sido claramente descrito por Hargreaves (1994) "...En lo económico, la flexibilidad y las nuevas condiciones de consumo y acumulación, tanto de bienes materiales como de información. En lo político, la globalización y la reestructuración de las identidades nacionales. En lo social, la muerte de las certidumbres que dan paso a la aceptación de la diversidad en sus más amplias facetas (religiosas, culturales, étnicas). En lo organizativo, la burocracia deja paso a las organizaciones más flexibles, capaces de adaptarse a nuevas funciones y donde los papeles sociales se desean móviles más que estables…”3
Quizá las transformaciones más visibles y de mayor impacto para la sociedad en su conjunto las estamos viviendo en el mundo del trabajo, en el que se observa a una profunda
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Hargreaves, (1994). Profesores, cultura y postmodernidad, Madrid, Morata, p.?.
transformación global que está afectando de forma manifiesta a las condiciones socioeconómicas y medio ambientales que han caracterizado a las sociedades industriales.
El desarrollo de nuevas tecnologías en el campo de la informática y las telecomunicaciones; las nuevas formas de organización para el trabajo; los cambios en los sistemas de producción, y la globalización de los mercados en conjunto con otros fenómenos económicos y sociales, han ido transformando la realidad laboral y ocupacional, y están produciendo los impactos largamente anunciados sobre el mercado ocupacional y sobre las economías nacionales, llevándonos a la denominada "Tercera Revolución Industrial" (Contreras, 2001). “Si la modernidad ha valorado y ha puesto énfasis en la formación y la creación de identidades individuales o de grupo, la postmodernidad rescata el valor de las emociones, de la identidad individual, de las diferencias y de las autonomías. Pero todo ello en un marco donde las seguridades ya no tienen la solidez que tuvieron en el pasado y donde el relativismo y la incertidumbre pasan a primer plano y nos enfrentan a la inseguridad y a la necesidad de tomar decisiones, de deliberar en el pleno sentido del término, sin que tengamos la seguridad de que podamos derivar la responsabilidad de ello a otro lugar, sea el conocimiento científico o las instituciones…”4
Sin dejar de reconocer los rasgos significativamente diferentes y características de la postmodernidad con sus antecedentes, el peligro latente se hace aún más grande y más obvio cuando observamos los lugares a donde se dirigen las sociedades postmodernas o los sectores postmodernos de algunas sociedades (México corresponde más exactamente a este último caso). Todas ellas parecen estar constituyendo una radicalización y una universalización de aspectos que constituyen la condición moderna.
Si tomamos en cuenta los señalamientos de Giddens (1990), la modernidad contempla el desarrollo del capitalismo de monopolio, la postmodernidad asiste a su expansión y proliferación a todo el mundo. La modernidad comprime y pliega el tiempo y el espacio, la postmodernidad aún más.
A este respecto, lo que llamamos postmodernidad puede
constituir una extensión o intensificación de las condiciones que le precedieron y no algo profundamente nuevo.
Contreras, O. (2001). “El perfil profesional del psicólogo industrial. Un análisis de la relación educaciónempleo”. Tesis doctoral, Facultad de Filosofía y letras, UNAM, México. 4
Es por ello que sus tendencias y consecuencias resultan a menudo irónicas y paradójicas, la globalización puede llevar al etnocentrismo, la descentralización a una mayor centralización, las estructuras uniformes (poco jerarquizadas) a un control encubierto.
En la sociedad posmoderna el aumento de la diversidad económica junto a la revitalización de las identidades locales y regionales tiene profundas consecuencias en los sistemas de conocimiento y de creencias, así como en el dominio de las situaciones que descansan sobre ellas.
¬ GLOBALIZACIÓN, POSTMODERNIDAD Y POLÍTICAS EDUCATIVAS Como observamos en las lecturas para esta unidad, muchas de las políticas actuales en educación se dictan en organismos supranacionales (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, OCDE, etc. ) con la finalidad de "homogeneizar" a los diferentes países en la denominada aldea universal, pero muy contrario a lo que el discurso establece, estas medidas no sólo no acercan a los pueblos, sino que acentúan sus diferencias, y en algunos casos las convierten en abismos, o generan nuevas, como el analfabetismo cibernético.
Pongamos un ejemplo: el modelo educativo impulsado por UNESCO y algunos otros organismos internacionales, es la educación por competencias; de acuerdo con estas propuestas, los sistemas de educación deberán orientarse a desarrollar habilidades, destrezas y capacidad concretas, y no al dominio de contenidos. Bajo esta lógica se establecieron las competencias básicas para el bachillerato, que son: dominio de la lengua nativa (oral y escrito), de una lengua extranjera (inglés), del lenguaje matemático y de sistemas cibernéticos. Estos planteamientos fueron retomados en los planes de estudios del nivel medio superior en la década de los noventa en nuestro país.
La filosofía que se encuentra detrás de esta propuesta es alejar al sujeto del "saber por saber" para acercarlo al "saber hacer". Ello encierra dos peligros; en primer lugar desplaza a la educación como un fin hacia la educación como un medio, en la mayoría de los casos, como un medio para incorporarse al mercado laboral.
Así, en la actualidad la educación se orienta en las sociedades postmodernas y globales desde una visión fundamentalista, "la económica", y se le evalúa en función de su rentabilidad, es decir, en términos de su capacidad para producir capital, o intercambiarse por capital como una más de las mercancías disponibles en el mercado. Hace varias décadas que el Estado Nación dejó de conceptuar a la educación como inversión, y ahora ella constituye un gasto, y por tanto el Estado debe desplazarla hacia cada uno de los ciudadanos.
Al respecto es suficiente observar la poca inversión que para el sector ha hecho el Estado
Mexicano: de acuerdo con los mismos datos de la UNESCO, el porcentaje del Producto Interno Bruto para educación en nuestro país, nos colocó en la década de los noventa por debajo de Haití, uno de los países más pobres de nuestro continente.
Al mismo tiempo, y no como un efecto menos grave de esta política educativa se da prioridad al aprendizaje de computación y al inglés que al dominio del castellano por las comunidades indígenas. Baste recordar las propuestas del ex candidato del PRI a la Presidencia de la República en el año 2000, o el programa “Una computadora en la mediateca para cada escuela” del actual gobierno.
Lo anterior es con la finalidad de no quedar fuera del concierto de las naciones, pero sin tomar en cuenta que no podemos formar parte de dicha orquesta mientras tengamos el alto porcentaje de mexicanos que no hablan castellano, y que el nivel de analfabetismo se mantiene, en términos de porcentaje de la población, casi igual que a principios del siglo pasado.
Sin ocuparnos primero de los graves rezagos de nuestro sistema educativo, estas políticas, en lugar de acercar a las capas menos favorecidas de nuestra sociedad hacia los sectores medios, establecen una diferencia aún más grande. No se puede aprender computación en una escuela donde ni siquiera hay luz eléctrica. Tampoco se puede avanzar en el terreno internacional, cuando se atiende fundamentalmente a la demanda como un factor cuantitativo, y no a la calidad de educación brindada. En una reciente evaluación internacional sobre matemática básica, México se ubicó en el penúltimo lugar entre más de 150 naciones.
Tal como señala Díaz Barriga (1998) "...· En los últimos diez años asistimos a la conformación de un pensamiento global sobre la educación, y en particular de la educación superior que surge de la perspectiva de la libre competencia y la libre empresa. Este pensamiento entra en contradicción con el que sostuvo el Estado Mexicano desde 1950 hasta 1982, centrado en el papel social de la educación, su función en la democratización y desarrollo del país y de la consideración de que es un factor básico en el progreso nacional. A partir de la crisis económica se acepta que la tarea primordial de la universidad
es preparar para el empleo, la obtención de un puesto de trabajo es considerada en esta perspectiva como un indicador de la eficacia del sistema de educación superior..."5
En estas lecturas encontraremos diferentes perspectivas acerca del concepto mismo de globalización, de las repercusiones que ésta tiene en las políticas educativas nacionales y de cómo se traduce hasta la cotidianeidad del aula. Al respecto podremos identificar posturas encontradas, desde aquellas que la conceptúan como deseable o inevitable esfuerzo por la homogeneidad y la supremacía por significados universales, hasta quienes la entienden como un encuentro entre lo universal y lo particular, en donde lo primero se significa de manera diferente en función de lo particular.
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Díaz Barriga }, A (1996)