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Práctica Docente III Unidad 3 Los estilos de enseñanza del profesor Dr. Miguel Monroy M en C. Rafael Chávez López
Clasificaciones de estilos No es fácil categorizar estilos docentes sin entrar en disquisiciones terminológicas propiciadas por autores y tendencias investigadoras, lo cual no es nuestra intención, sólo pretendemos acercarnos a la problemática docente del centro educativo, para lo cual retomamos la definición que Weber (1976) hace de los estilos de enseñanza; él señala que constituyen el “rasgo esencial, común y característico referido a la manifestación peculiar del comportamiento y la actuación pedagógica de un educador o de un grupo de educadores que pertenecen a la misma filosofía.” Continuamos esta sección describiendo tres prototipos considerados los más conocidos y usuales, a sabiendas de que es difícil encontrar estilos puros. Según la manera de concebir la tarea educativa, podríamos, en principio, distinguir: 1.1.
Estilo Técnico
Este estilo docente es representado por aquellos profesores despreocupados del sentido y valor de su acción educativa, quienes se convierten en simples transmisores de los contenidos que les vienen descritos en el currículum básico. No les importa la calidad de la enseñanza, pues piensan que no es asunto suyo, lo único realmente preocupante para ellos suele ser "cómo hacer lo que se les dice que hagan". Reproducen los estilos y modelos en que fueron instruidos, por ello no entienden de reformas educativas, es más, consideran que éstas son inventos políticos, piensan que la enseñanza se resuelve en el aula. Nadie debe intervenir en su manera de dar clases, suelen ser muy individualistas en su trabajo. Constituyen un prototipo de profesor obsoleto, cuya única función -e incluso obsesión- consiste en cumplir un programa impuesto, pero en ningún momento se cuestionan qué es lo mejor o lo más adecuado para sus alumnos. Se resisten al cambio ya que no suelen creer en él y además, suponen un esfuerzo adicional por su parte para ponerse al día, sienten miedo a lo desconocido, se sienten incapaces de cambiar sus hábitos o simplemente no quieren hacerlo. Observamos que este tipo de profesores son valorados positivamente por nuestra sociedad, en la medida en que son cumplidores del programa docente, llevan al día las exigencias impuestas por la administración, mantienen la disciplina en el aula, sus enseñanzas son útiles porque adiestran a los estudiantes en la resolución de problemas con un marcado carácter funcional y desarrollan
estrategias de competitividad, haciendo de sus alumnos los triunfadores en la selectividad, con calificaciones para el acceso a estudios universitarios. 1.2.
Estilo Práctico
En este estilo encontramos profesores que, a diferencia de los anteriores, cuestionan permanentemente su quehacer y asumen su labor educativa con gran responsabilidad, pretendiendo mejorar. Les preocupan el por qué y el para qué de lo que hacen, quieren dar un sentido teleológico a sus tareas docentes. Suelen ser reflexivos en su labor. Les interesa, sobre todo, que sus alumnos "aprendan a aprender". Utilizan una metodología variada en el trabajo con sus alumnos; son, hasta cierto punto, flexibles al cambio. Suelen ser muy individualistas, lo que dificulta los planteamientos y necesidades de la reforma en marcha. Aquí encontramos un estilo de docente que a nivel social es valorado como profesor innovador, centrado en los aspectos psicopedagógicos de la enseñanza, con gran aceptación entre sus alumnos, si bien despiertan reticencias y recelos entre sus compañeros. Se les considera faltos de rigor científico y despreocupados por los aspectos conceptuales (principios, nociones e ideas) del currículum. Suelen estar en continua contradicción, ya que contraponen su enseñanza a las exigencias de la sociedad, donde la educación se valora con parámetros de calidad educativa centrados en el producto y en la competitividad. 1.3. Un estilo crítico Lo constituyen profesores muy reflexivos, que entienden el desarrollo del currículum desde una comunidad educativa participativa y democrática. Creen en la educación como medio de liberación y desarrollo humano. Analizan la reforma educativa a fondo, estudiando las condiciones básicas para su puesta en marcha, así como sus consecuencias. Les ocupa y preocupa la labor que desempeñan y saben entender la importancia que realmente tienen. Nos encontramos con profesionales que a nivel social son valorados como reformadores de la educación. En nuestros días no suelen encontrar el contexto adecuado para llevar a cabo sus tareas educativas, por lo que se pierden fácilmente. 1.4 Modelo sobre Estilos de Enseñanza de Grasha y Hruska-Riechmann En la década de los setentas Anthony Grasha y Cerril Hruska Riechmann desarrollaron un modelo sobre estilos de enseñanza, que nos dará una orientación sobre este tema. El experto: Es aquél que tiene el conocimiento y la experiencia que los estudiantes requieren. Mantiene el estatus entre sus estudiantes porque domina los detalles de la disciplina que imparte. Además, reta a los alumnos a través de la competencia entre ellos y parte del supuesto de que necesitan ser preparados por alguien como él. ● Delegador: Es el que le da la oportunidad al alumno de ser lo más autónomo posible, le gusta que trabajen independientemente o en pequeños equipos, él funge como consultor de proyectos.
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Autoridad Formal: Por su conocimiento y su puesto dentro de la escuela, es quien mantiene el estatus entre sus estudiantes. Ofrece retroalimentación efectiva a los alumnos basada en los objetivos del curso, sus expectativas y a través de los reglamentos institucionales. Cuida mucho la normatividad correcta y aceptable dentro de la escuela y ofrece conocimiento estructurado a sus alumnos.
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Facilitador: Guía a los estudiantes hacia el aprendizaje a través de cuestionamientos, alternativas y toma de decisiones. Ayuda a los alumnos a desarrollarse hacia la independencia, la iniciativa y la responsabilidad. Ofrece proyectos o problemas que les permitan aprender por su cuenta, estableciéndose como un asesor.
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Modelo personal: Se siente un ejemplo para sus estudiantes; es meticuloso, ordenado y a través de su persona motiva a sus alumnos a parecerse a él. Después de esta breve descripción de los estilos más usuales, nos encontramos con algunas cuestiones que apuntan hacia aspectos ontológicos y teleológicos de la educación, las cuales exigen un estilo capaz de dar respuesta desde planteamientos comprensivos y diversificados. En la siguiente sección añadimos otras maneras de explicar los estilos de enseñanza Otras clasificaciones de estilos de enseñanza Son varios los autores que han proporcionado diferentes clasificaciones o tipologías: Lippit y White hablan de tres estilos: El estilo autocrático: se refiere a aquellos profesores que deciden por sí solos todas las actividades o tareas a realizar, es decir, ellos son quienes toman todas las decisiones, organizando y distribuyendo las actividades, permaneciendo distantes al grupo en su realización y evaluando de forma individualizada. El estilo democrático: está presente en los profesores que planifican de acuerdo con los miembros del grupo, animando a los alumnos a discutir, decidir, programar y distribuir las actividades, sugiriendo diversos procedimientos. Participan como un miembro más y evalúan los resultados en función del grupo. El estilo llamado laissez-faire: se caracteriza por la falta del profesor en la participación general, se mantienen al margen lo más posible, dejando la iniciativa a los alumnos y sólo cuando se requiere su opinión, interviene para dar su consejo. Por su parte, Anderson propone dos estilos llamados: El Dominador: que es fundamentalmente una persona autoritaria que recurre a mandatos y disposiciones exigentes, imponiendo las órdenes a la fuerza, sin aceptar ni considerar las decisiones autónomas de los alumnos.
El Integrador: es capaz de crear un clima social amistoso donde predominen el reconocimiento y el elogio y no la violencia; propician un ambiente incluyente donde la crítica sea constructiva y objetiva y toman en cuenta las iniciativas personales de los alumnos
Gordon (1959) parte de la hipótesis de que un estilo de enseñanza está más condicionado por los grupos escolares y el sistema de enseñanza que por los profesores. Él distingue tres tipos de estilos de enseñanza: ● El tipo instrumental: propio de los profesores que orientan su actividad a los objetivos de aprendizaje y se centran en la dirección y autoridad. ● El tipo expresivo: orientado a satisfacer las necesidades afectivas de los alumnos; el profesor se preocupa, sobre todo, por satisfacer al estudiante en lo referente a su rendimiento y sus relaciones sociales. ● El tipo instrumental expresivo: es una mezcla de ambos y es propio de los profesores que pretenden combinar el interés por la enseñanza con su inquietud por las necesidades de los alumnos. Flanders procura captar la influencia que genera el comportamiento verbal del profesor en el clima del aula y en el rendimiento del alumno. En consonancia, establece los siguientes estilos: ● Parcialidad: Ya que ignoran aspectos muy importantes de la conducta docente. ●
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Ambigüedad: Puesto que varían el criterio de clasificación según las características de la muestra.
Dicotomía: Pues no atienden a los múltiples estilos intermedios. En un intento por superar estas limitaciones, Bennett elabora una tipología que a su juicio es: ● Global: considera todas aquellas conductas del profesor que inciden en el alumno. ● Precisa: que defina las características de cada tipo. ● Completa: que permita definir todos los estilos que existen en la realidad. Del estudio de Bennett resultan 12 estilos situados en un continuo. La descripción de cada uno permite definir el estilo de enseñanza como un complejo entramado de comportamientos instructivos y de gestión del aula. Progresistas o liberales: situados en un extremo, son los profesores considerados como serían aquéllos cuyo comportamiento en el aula se reflejaría en características como integración disciplinar, motivación intrínseca, agrupamiento flexible, elección del trabajo por el alumno y cierta despreocupación por el control de la clase y el rendimiento. Con relación a los aspectos directamente vinculados con los métodos de enseñanza, este estilo de profesores acepta las ventajas de los métodos formales para la adquisición de conocimientos básicos y la estructuración de entornos de aprendizaje que permitan una menor desorientación del alumno. Sin embargo, rechazan los métodos utilizados por sus compañeros con estilos formales para lograr la autodisciplina, el desarrollo personal del alumno, el equilibrio entre el trabajo individual y el colectivo y las mayores exigencias que conlleva el trabajo del profesorado. Los profesores catalogados como tradicionales o formales se sitúan en el otro extremo y tienen características completamente opuestas. Procuran motivación extrínseca, elección mínima del trabajo por el alumno, agrupamiento fijo (clase total y trabajo individual) y preocupación por el control del rendimiento. En contraste, los estilos mixtos se sitúan entre uno y otro extremo, son producto de la combinación de ambos estilos en grado diverso.
Implicaciones educativas sobre los estilos de enseñanza Es evidente que cada persona -y en este caso cada profesor- desarrolla su papel en función de las creencias implícitas que tiene sobre lo que actúa. Aquellos estilos de comportamiento del profesor que se inclinen por realizar en su clase un modelo integrado, constructivo, divergente y variado, estarán más en consonancia con lo investigado y dicho por los autores que han tratado los roles más propicios a un buen desempeño en el aula. De esta manera, se puede decir que: El estilo autocrático puede tener consecuencias negativas en cuanto a que fomenta la sumisión y la dependencia, sin permitir que el individuo se muestre tal como es, creando en el grupo un clima tenso y conflictivo. No se potencia el trabajo creativo y espontáneo, sino que el sujeto actúa de forma reacia a las iniciativas del líder. De hecho, a partir de los estudios realizados sobre el estilo autocrático se ha comprobado la producción de dos tipos de respuestas: A. Si el sujeto era apático, resultaba una actitud de dependencia. B. Si el sujeto era agresivo, manifestaba una resistencia y rebeldía. Cuando se analizaron las realizaciones de los alumnos que tenían profesores con un estilo autocrático, se observó que las producciones fueron más numerosas, pero de menor calidad. Sin embargo, el estilo de liderazgo democrático puede ser más eficaz, ya que fomenta la originalidad y la participación crítica, despierta la motivación por el trabajo y la cooperación, se anima a los sujetos a que presten más atención al grupo y a las relaciones personales. Los alumnos desempeñaban un trabajo de mayor calidad. Respecto al profesorado con un tipo de liderazgo conocido como el laissez faire, se demostró que el docente como líder no pretende influir ni cambiar a los alumnos, eliminando así cualquier relación educativa, sólo informa cuando se le demanda y no califica las actuaciones y los comportamientos de los miembros del grupo. Este estilo potencia las conversaciones de tipo lúdico que distraen de las tareas y el líder es menos aceptado por el grupo. Con relación a las tareas, en esta situación los logros son inferiores en calidad y cantidad. Es conveniente recordar que en la realidad educativa no aparecen, normalmente, estos estilos en un sentido puro, ya que la mayoría de los profesores pueden manifestar una mayor o menor preferencia por un determinado estilo. Según los estilos indirecto y directo, propuestos por Flanders, se ha demostrado que el indirecto favorece la independencia del alumno, lo que a su vez potencia la capacidad de aprendizaje, de lo cual se puede concluir que es más eficaz que el directo. Respecto al estilo directo, se ha corroborado que potencia un mayor logro o rendimiento en los alumnos, pero sus actitudes hacia la escuela son algo negativas. Sin embargo, los estudiantes con profesores con estilo indirecto, muestran actitudes más positivas.
Respecto a la influencia entre tipo de estilo resultados demuestran que el rendimiento en profesores con estilo formal y mixto. En matemáticas y lengua los alumnos con rendimiento superior al de quienes asistieron liberal y/o mixto.
y rendimiento en las distintas áreas escolares, los la lectura fue superior en los alumnos que tuvieron profesores de estilo formal también mostraron un a clases con docentes que manifestaban un estilo
Correspondencia entre estilos de enseñanza y personalidad de los alumnos Con relación a la correspondencia entre estilos de enseñanza y personalidad de los alumnos, los resultados obtenidos indican que los estilos liberales fomentan la motivación del alumno, aunque también aumentan la ansiedad. La explicación a esto puede residir en que los alumnos inquietos e inseguros no se encuentran cómodos en las clases poco estructuradas.
No existen, sin embargo, diferencias significativas en la autoestima de los alumnos entre los grupos de estudiantes que habían recibido una instrucción de tipo formal o liberal. No obstante, las clases con un estilo liberal parecen favorecer una mayor interrelación social entre el alumnado. Existen diferencias notables cuando comparamos el rendimiento en los distintos estilos de enseñanza de los alumnos con características similares de personalidad; por ejemplo, en la instrucción formal los logros son más elevados para los alumnos extrovertidos, estables y motivados; los alumnos introvertidos, neuróticos e inquietos tienen una cierta desventaja con la enseñanza de tipo mixto.
Los estilos de pensamiento del profesor Si los estilos de enseñanza -según hemos descrito- tienen que ver con las creencias implícitas del profesorado, es decir, “según creo así actúo”, no menos importante es considerar cómo procesa el profesor la información que posee o la que le llega. Sin duda alguna, este modo de procesamiento influirá de forma radical sus relaciones y actividades instruccionales. El estilo de pensamiento es un constructo diseñado por Sternberg (1988) para explicar el autogobierno mental o modo que tienen el profesor y el alumno -de forma concreta y en general, cualquier ser pensante- de aprovechar sus recursos intelectuales o capacidad mental durante el proceso instruccional. Se centra más en los usos que en los niveles de la inteligencia, lo que significa que el estilo ayuda a evaluar, no cuánta inteligencia tienen el profesor y el alumno, sino cómo la emplean. Dos profesores con el mismo nivel de inteligencia pueden ser bastante diferentes, precisamente por sus distintas maneras de coordinar, planificar, dirigir y controlar las tres grandes habilidades de esa inteligencia: analítica, sintética y práctica. Lo mismo puede decirse de los alumnos. En este apartado nos referiremos exclusivamente al profesorado, pero la información puede ser aplicada, considerando el rol y la función, a los alumnos.
Principios de los estilos de pensamiento Antes de entrar en la descripción de los diferentes estilos que presentan los autores, es oportuno fijar una serie de principios que habrá que tener en cuenta cuando se analizan y valoran los estilos del pensamiento: a) Los estilos son preferencias en el empleo de aptitudes, pero no son aptitudes en sí mismos. b) La coincidencia entre estilos y aptitudes crea una sinergia que supera la suma de las partes. c) Las opciones vitales deben encajar tanto con los estilos como con las aptitudes. d) Las personas tienen perfiles (o pautas) de estilos y no un solo estilo. e) Los estilos varían en función de las tareas y las situaciones. f) Cada persona difiere de las demás en la fuerza de sus preferencias. g) Las personas difieren en la flexibilidad de sus estilos. h) Los estilos se socializan. i) Los estilos pueden variar a lo largo de la vida. j) Los estilos se pueden medir. k) Los estilos se pueden enseñar. l) Los estilos que son apreciados en una época pueden no serlo en otras. m) Los estilos que son apreciados en un lugar pueden no serlo en otros. n) En general, los estilos no son ni buenos ni malos, es una cuestión de adecuación. o) Confundimos la adecuación de los estilos con el nivel de aptitud.
Cuestionario de Sternberg-Warner para la autoevaluación del estilo de pensamiento A continuación presentamos el cuestionario de Sternberg-Warner (1998) para la autoevaluación de los estilos de pensamiento. Si es de tu interés, indaga en su obra para una visión más completa y detallada. A través de las preguntas que se hacen en cada uno de los estilos, según Sternberg-Warner se puede obtener por deducción lógica cuáles son los componentes que conforman el estilo del pensamiento que se trata. Finalizadas las ocho preguntas o ítems que describen cada estilo, se presenta una pequeña síntesis que caracteriza la predominancia del profesor hacia ese estilo. Las preguntas permiten ser valoradas dentro de una escala del 1 al 7. El valor 1 significa nula presencia del estilo en la persona; 2, casi nada; 3, ligeramente; 4, un poco; 5, bastante; 6, mucho y 7, total presencia del estilo.
Implicaciones educativas del estilo del pensamiento del profesor Aunque existen alternativas diferentes para conocerse y controlarse uno mismo, hay que enseñar a la persona a elegir el estilo que le haga sentirse más equilibrada y más confortable consigo misma. Por ello es importante potenciar la flexibilidad en el uso de los estilos de pensamiento, ya que cada tarea exige uno determinado. Es igualmente importante no confundir el estilo con la calidad de la inteligencia. El ajuste estilo profesorestudiante puede ser fundamental para el éxito del sistema. Lo importante es que el profesor tenga en cuenta sus propios estilos para comprender cómo influyen en sus percepciones e interacciones con los otros. La escuela estimula -y esto es preocupante- el estilo que funciona en ese momento, descuidando los que se necesitarán en el futuro.
Es necesario recordar que el estilo intelectual es un recurso para autogobernarse mentalmente. Ahora bien, la gente se diferencia no sólo en la dirección del estilo, sino también en el grado de éste. Algunos tenderán más hacia una u otra dirección y en pequeñas o grandes dosis. Por lo tanto, lo que es importante para la educación es evaluar la predilección y las capacidades para aplicar un estilo. Los educadores necesitan considerar sus propios estilos para entender cómo influyen sus percepciones e interacciones con los otros. Es necesario señalar que los estudiantes no tienen un solo estilo, sino que difieren en su flexibilidad. El estilo del profesor es interesante para diseñar la instrucción de los alumnos en el aula heterogénea, donde asisten alumnos de diversas procedencias y niveles intelectuales. El estilo del profesor es importante sobre todo porque en su planificación educativa ha de establecer la conexión entre tareas, capacidades y estilos; cuando dicha conexión aparece el rendimiento es cualitativamente mejor.
TAREAS + CAPACIDADES RENDIMIENTO
+
ESTILOS=
MEJOR
Como conclusión, el estilo del profesor es necesario para dar orientación, soporte y andamiajes adecuados para apoyar a sus estudiantes durante los procesos de enseñanza-aprendizaje.