Este título analiza la manera en que el orden social traspasa los límites de la vida para instalarse también en la muerte. El texto se concentra en la exploración de un espacio funerario que, a pesar de hacer parte del Cementerio Central y colindar con su parte más apreciada (la Elipse y el Trapecio), ha sido desestimado por las políticas de la memoria y violentado por los planes urbanísticos.