En Bogotá, la cultura de la bicicleta convoca cada vez con mayor fuerza experiencias vitales, identitarias y colectivas. Introducido a finales del siglo XIX, este medio de transporte pasó de su condición de uso exclusivo para ciertos grupos sociales que podían tener este “objeto de lujo” a convertirse en un artefacto rodante popular al que tienen acceso miles de ciudadanos y ciudadanas. La bicicleta crea una territorialidad particular en el paisaje de Bogotá y se reconoce como una herramienta cotidiana de trabajo; símbolo de reivindicación del derecho a habitar la ciudad; plataforma de organización comunitaria y transformación social para disfrutar, vivir y recorrer el espacio urbano de una manera distinta.