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GACETA PARNASUS MAYO 2026

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LA GACETA PARNASUS

Mayo llega con aire fresco y con una edición que nos enorgullece especialmente. Este número reúne voces diversas, académicas, poéticas, narrativas, históricas, unidas por un hilo común: la convicción de que la literatura paraguaya tiene mucho que decir al mundo, y que el mundo tiene mucho que ganar escuchándola.

Abrimos con una reseña escrita por la Dra. Eva Morales Raya que celebra un centenario: cien años del Parnaso Paraguayo de Michael A. De Vitis, obra que puso a Paraguay en el mapa literario americano cuando nadie más lo había hecho. La traemos de vuelta no como reliquia, sino como espejo vigente.

Mark Bromberg nos regala un poema que, con humor y precisión quirúrgica, retrata el orden que algunos imponen sobre las palabras de otros. Don Inca, la novela de Ercilia López de Blomberg, nos recuerda que el Paraguay de la posguerra fue también tierra de mujeres que escribieron para que no se olvidara.

Francisco Esquivel nos sorprende con un cuento que arranca de lo cotidiano y termina en lo inexplicable. Y Claudio Velázquez nos devuelve a mayo de 1811, al prócer que más firmemente defendió lo que ese mes significó. Esta edición también marca un momento especial para Parnasus: cerramos la serialización de la Historia Secreta de Porter C. Bliss, editada por nuestro querido Prof. Thomas Whigham. Cuatro meses, cuatro entregas, una obra que merece y tendrá un destino más permanente.

Cerramos con lecturas para el otoño, porque siempre es buen momento para descubrir lo que la literatura paraguaya reciente tiene para ofrecer. Gracias por acompañarnos.

ÍNDICE

RESEÑA HISTÓRICA: DEL PARNASO PARAGUAYO DE VITIS A LA

ANTOLOGÍA DE VOCES FEMENINAS EN LA POESÍA PARAGUAYA DE JOSEFINA PLA POR DRA. EVA MORALES RAYA

PROM NIGHT OF THE PAPERBACKS / NOCHE DE FIESTA DE LOS LIBROS

DE BOLSILLO POR MARK BROMBERG · TRADUCCIÓN: THOMAS WHIGHAM

DON INCA: DE ERCILIA LÓPEZ DE BLOMBERG POR PROF. BEATRIZ

GONZÁLEZ DE BOSIO

SE ROBARON AL MUERTO POR FRANCISCO ESQUIVEL

EL MÁS FÉRREO DEFENSOR DE LA INDEPENDENCIA, DESDE MAYO DE 1811

POR CLAUDIO VELÁZQUEZ

UNA HISTORIA QUE NO CABÍA EN UN SOLO NÚMERO

SELECCIONES DE LA HISTORIA SECRETA DE PORTER C. BLISS, PARTE IV

EDITADO POR THOMAS WHIGHAM

PARA LEER ABRIGADOS: NOVEDADES LITERARIAS

Dra.

Raya Asociación Española de Americanistas

Eva Morales

ConmotivodelcentenariodelapublicaciónenBarcelonadelaobra tituladaParnasoParaguayoacargodelcatedráticodelenguas romancesdelaUniversidaddePittsburghMichaelA.DeVitis,parece oportunorecordaryhomenajearestayotrasobras—yadecarácter histórico—clavesparaentendereldesarrolloculturalenParaguay. Publicadaen1926porlacasaeditorialMaucci,situadaenlacéntrica calleMallorcadeBarcelona,estaobracubrióunvacíoeditorialy tambiénunempeñopersonaldesucompilador,decididoaponera Paraguayenelmapadelosestudiosliterarios.Unempeñoquetardó añosenmaterializarse,hastaquesuobraParnasoParaguayovierala luz.

Lafaltademencióny/oinclusióndeParaguayenantologías americanascomolasdeC.Romagoza,M.MenéndezyPelayooC. SantosGonzález,suscitóelinterésylacuriosidaddeVitisporelcaso paraguayo.Enfebrerode1919escribióaArsenioLópezDecoud solicitandoinformessobrelaliteraturadelpaísypreguntandosile podíahacerllegaralgunaantologíaparaguaya.Larespuestade Decoud,"Noexisteunaantologíaparaguaya",supusounpuntode inflexiónparaVitisquesesumergiódellenoenlaarduatareade reunir,revisar,seleccionaryfinalmentepublicarunparnaso paraguayo.Estonohabríasidoposiblesintejerunareddecontactos paraguayosquecolaboraronconVitisdemaneradesinteresada,conel únicopropósitodeincluiraParaguayyasuproducciónpoéticaenla esferaliterariaamericanaeinternacional.

AdemásdeArsenioLópezDecoud,otrasfigurasdestacadasdela intelectualidadparaguayadelmomentoquetomaronparteactivaen elprocesodecreacióndeestaobrafueronJuanO'Leary,Cecilio Báez,ManuelGondra,JuanStefanichyNatividadGalianos.Fueesta últimaquienenagostode1922escribióaVitisylefacilitó"unos cuantoslibrosycomposicionespoéticasdeproducciónparaguaya, porintermediodeestagentilmaestra".

FinalmenteParnasoParaguayocuentacon271páginas,enlasquese recogen112poemasde33autoresdistintos.Elparnasovaprecedido deunaintroducciónyunapartadosobreliteraturaeHistoria paraguayaacargodeVitis,parasituarallectoryqueestecomprenda lasparticularidadesdelcasoparaguayo.Cabedestacarquelaprimera citaapiedepáginaqueapareceesparaViriatoDíaz-Pérez,destacado intelectual,deorigenespañol,querealizógrandesaportacionesenel ámbitoculturalparaguayodeiniciosdelsigloXX,queDeVitiselige parareferenciaresteapartado.

Unañomástarde,en1927,velaluzFlorilegiodelparnaso americano,tambiéndeMichaelA.deVitisytambiénacargodela editorialMaucci.Enestaocasiónlaobracontieneunprólogoescrito porelentoncesMinistrodelParaguayenEstadosUnidos,elDr.Juan VicenteRamírez,elcualhacehincapiéenlanecesidaddeun florilegiodelasRepúblicashispanoamericanas.Setratadeuna compilaciónpoéticade589páginasqueincluye10poemasdecada país,sumandountotalde190poesías,siendo16deellasdeautoría femenina(ningunaenelcasoparaguayo).

Habráqueesperarhasta1982paraverpublicadauna:Antología vocesfemeninasenlapoesíaparaguayaacargodeJosefinaPla, españoladenacimiento,paraguayaporamoryobra.Estaantología nosólocubreestevacíoeditorialtanprolongado,sinoquepropone lasclavesfundamentalesparalainterpretacióndelapoesíafemenina enParaguay,incluyendoa21autoras,nacidasentre1892y1962,y cuyoobjetivoesenpalabrasdelaantóloga:"darunaideadelorigen, continuidadycrecimientoaestalíricafemeninapostergada".En opinióndePla,laliteraturaylapoesíasonparalamujerformasde liberación,ejerciciodepoderyuncaucedeexpresión.Concluyela introduccióndeestaobraconlasiguientereflexión:"laadmirable mujerparaguaya,quesidurantemuchísimotiemporetrasósu apariciónenlasletras,noestuvoduranteesetiempoociosa:estuvo reconstruyendounanación",poniendoenvalorelpapeldelamujer enelperíodode(re)construccióndelEstado-Naciónparaguayotras laGuerradelaTripleAlianza.

SumergirseenlalecturadeParnasoParaguayoocualquieradelas obrasreferenciadasaquí(deconsultaobligadaparalosamantesde losestudiosparaguayos)puedeserunafuentedeinspiracióny tambiénunbálsamoparasobreviviratiemposdifíciles,siguiendola recomendacióndelDr.ThomasL.Whigham. Bibliografíarecomendada:

AMARAL,Raúl.ElmodernismopoéticoenelParaguay,AlcándaraEditora, Asunción,1982.

BREZZO,LilianaM."EldiarioíntimodelhistoriadorJuanE.O'Learyel revisionismoparaguayoenlaescrituraprivada(1936-1960)",AnuariodelCentrode EstudiosHistóricos"Prof.CarlosS.A.Segreti",Núm.17,2017,pp.61-75.

A man re-arranges the free paperbacks on the revolving racks at the Athens library. He puts all the books by male authors in one rack, and works by women writers he moves to the other. The library staff watch as he does this and never interfere or ask him why, but I like to think the gentleman has a strict idea of propriety and order. This is a way of keeping the flood of print and paper set to his rule against the chaos of the word. The staff have never seen him check out a book or read in comfortable chairs nearby. Once his task is done, and the books are separate by gender on each rack, the chaperone slips quietly away leaving the dancers to the dance.

Nochedefiestadeloslibrosdebolsillo

Unhombrereordenaloslibrosdebolsillogratuitos enlosestantesgiratoriosdelabibliotecadeAtenas. Colocatodosloslibrosdeautoresmasculinosenunestante, ylasobrasdeescritoraslastrasladaalotro.

Elpersonaldelabibliotecaloobservamientraslohace ynuncaintervienenilepreguntaporqué, peromegustapensarqueelcaballero tieneunestrictosentidodeladecenciayorden.

Estaesunaformademantenerelflujoconstantedeimpresosypapel bajosucontrol,contrarrestandoelcaosdelapalabra.

Elpersonalnuncalohavistosacarunlibro nileerenlascómodassillascercanas.

Unavezterminadasutarea,yconloslibros separadosporgéneroencadaestante, elacompañanteseescabullesilenciosamente dejandolosbailarinesasubaile.

DDON DON ON IINCA INCA NCA

Hija del Ministro de Guerra y Marina, Venancio López y Manuela Otazú Machaín, nacida en 1865 en Asunción. Ercilia era nieta de Don Carlos Antonio López y sobrina del primogénito Francisco Solano.

Por orden de este, a los tres años de edad, abandonó la capital paraguaya con su madre y sus hermanos Venancio V. y Carlos, para formar parte de aquel grupo de peregrinantes que se dio en llamar las Residentas, mujeres que marchaban a prudente distancia del ejército en el calvario patrio.

Concluida la hecatombe, Ercilia recala en Buenos Aires donde estudia en un colegio particular de Miss Colclough y Mrs. Brenan. En esa institución aprende idiomas y recibe una educación esmerada.

Ya en su condición de patriarca de la educación argentina, el ex presidente Domingo Faustino Sarmiento fue a examinar a las alumnas y al tener ante sí a la paraguaya, exclamó: "Es curioso que en el corazón de Sudamérica haya salido una niña de este color y este cerebro."

Era tan distinguido el porte de Ercilia que al conocerla don Eduardo Madero, personaje de relieve en la sociedad argentina, dijera: "pobrecita", y ante la inquisitoria de la orgullosa niña, don Eduardo tuvo que contestar: "Porque si la rueda de la fortuna hubiera girado a la inversa, serías casi una princesa."

Nunca perdió contacto con su patria de origen al punto que, una vez fallecida su madre, doña Manuela Otazú Machaín, Ercilia pasó a residir en casa del General Benigno Ferreira al cuidado de su esposa doña Carmen Mora, descendiente directa del prócer Fernando de la Mora.

Ercilia casó con el ingeniero Pedro Blomberg, argentino descendiente de suecos. De ese matrimonio nacieron seis mujeres y un varón, quien siguió la impronta de la madre y se convirtió en el ilustre poeta

Héctor Pedro Blomberg, cuya obra refleja abundantes temas paraguayos.

Ercilia se inició publicando artículos para el prestigioso periódico porteño La Prensa a partir de 1915, cubriendo variados temas, desde la educación hasta cuestiones cotidianas de la vida porteña. En 1921 llegó a publicar en la revista El Monitor de la Educación Común un extenso ensayo gramatical sobre el idioma guaraní, complementado con un trabajo inédito sobre los "guaraníes originarios". Ella era reconocida por haber mantenido una fluida comunicación en el idioma vernáculo. La obra cumbre de Ercilia fue titulada Don Inca, y lleva fecha de publicación en 1965, pero había sido presentada en Buenos Aires en 1942, para un Concurso de Novelas Americanas, y quedó inédita. Lleva prólogo de su nieta María Celia Velazco Blanco. La nieta dice: "Este relato fue escrito por mi abuela. En mi infancia me hablaba interminablemente del Paraguay, 'su' Paraguay. Yo conocí al Paraguay en esas tardes lejanas en que se iba plasmando 'Don Inca' en la mente de su autora."

Supe de su perfume, de las alboradas frescas en las viejas estancias, de los tipoys y corales de sus mujeres decidoras, de las noches de terciopelo bajo constelaciones increíbles. También supe —pero oscuramente, porque el corazón se cerraba y el pensamiento se apartaba tenaz de esos recuerdos— de campos de batalla, de niños que morían de hambre junto a los caminos, de casonas familiares saqueadas... y de estirpes en que no quedaban varones... o solo quedaban sombras que el amanecer encontraba en las galerías claras de las casas de campo, con los ojos clavados en el horizonte del recordado horror..." "Y vi la entereza del pueblo paraguayo, su valor y reciedumbre, en aquella mujer que quiso escribir —para que se leyera cuando ella ya no estuviera— su alegato personal contra las guerras y las revoluciones americanas que han desangrado y esterilizado durante tanto tiempo a nuestros pueblos."

Apenas había pasado la tormenta y comenzaba a esbozarse una débil reacción nacional cuando mi abuela regresó al Paraguay. Iba con su madre, doña Manuela Otazú Machaín, viuda del que fuera hermano y Ministro de Guerra de Francisco Solano López, Venancio López. Este momento histórico, hacia 1880, es el que evoca Don Inca: una nación que empieza a ponerse de pie, vacilante en medio de las ruinas, para iniciar su reconstrucción con el mismo indomable valor con que había luchado quince años atrás. Mi abuela no permaneció mucho tiempo en su patria; hubo de volver a Buenos Aires y al colegio inglés donde se educaba. Aquí también se casó y fundó el hogar en que nació su hijo, el poeta argentino Héctor Pedro Blomberg.

Pero el Paraguay vivía y latía en su corazón —más querido cuanto más lejano, envuelto siempre en la luz misteriosa de la juventud y de la nostalgia— y encontró el camino del arte en este relato escrito décadas más tarde."

Es una novela americana y, a pesar de aparecer en 1965, encierra la sensibilidad y el espíritu de otras épocas... Junio 1965. María Celia Velazco Blanco

Identidad de los personajes que figuran en la novela DON INCA.

Genoveva: La autora

Mónica: Su prima Juanita

Fernanda: Manuela Otazú Machaín de López, madre de la autora.

Chepi: Inocencia López de Barrios, hermana del Mariscal López

Rosalía: Rafaela López de Bedoya y en segundas nupcias de Acevedo Pedra.

Narváez: Coronel Mesa

Gabriel: Jesús María Carrillo

Felipe: Manuel Augusto de Acevedo Pedra, segundo esposo de Rafaela.

Froilán: Gral. Bernardino Caballero.

Con sus verdaderos nombres figuran: Dr. Stewart, médico

Estigarribia: médico

Don Baltasar: Estanciero

Arué: Estanciero

Conde D'Amelot, científico, y su esposa, amigos de la familia.

La novela comienza con la partida a la casa de campo antes de la salida del sol, faldas almidonadas y pies descalzos de las criadas que iban y venían. Valijas, canastos y candelabros de plata con velas encendidas.

Todos bajaron y salieron a la acera, la ciudad sumida en solemne silencio. En la calle, delante de la casa, esperaba un extraño vehículo semejante a una pequeña habitación de madera con puertas y ventanas abiertas, montada sobre enormes ruedas y tirada por una yunta de bueyes; al lado del carretón había dos caballos ensillados. Los conductores de la carreta, provistos de largas cañas con puntas aguzadas, iban y venían en torno a los bueyes.

Algunos subieron al carretón y se sentaron en sillones fijos de cuero labrado; dos jovencitas montaron en los caballos. Se oyeron despedidas y recomendaciones murmuradas en voz baja.

Doña Ramona, la bizarra mulata, cerraba los portones. El carretón vaciló en una brusca sacudida, las pesadas ruedas hicieron crujir la arena y los bueyes emprendieron lentamente la marcha, acompañada del quejumbroso chirriar de las ruedas.

Sobre la dormida ciudad se extendía un cielo oscuro constelado de estrellas rutilantes.

Vibrante rumor de insectos y el aire saturado de un perfume penetrante que parecía el hálito de la vieja ciudad de Asunción.

Luego de un tiempo de marcha, los viajeros vieron desaparecer las últimas casas de la ciudad y se internaron en la avenida que corría paralela al río.

De pronto alguien exclamó: "Téllez-cué." Sugestionados por la tétrica fama de la "casa de los duendes".

El viaje continuaba al paso cansino de los bueyes, con un silencio solemne y una oscuridad profunda.

De pronto empezaba a clarear y las estrellas comenzaron a palidecer.

La avenida terminaba cortada por un arroyo angosto y profundo, y un concierto de pájaros saludaba la magnífica alborada.

Sobre el fondo de árboles altísimos, detrás de los cuales se veía una loma alejada coronada de palmeras, se extendía el largo corredor enladrillado de un antiguo edificio bajo y enorme.

En el corredor, junto a uno de los pilares que sostenían el techo, había un sillón de cuero labrado y una mesita sobre la que se veía un rosario de oro y un reloj de señora.

Buenos días, Loi! ¡Cómo has crecido! ¡Casi no te reconozco! ¿Y la tía Rosalía? —preguntó Genoveva.

De pronto salió a su encuentro una señora que la abrazó emocionada. Y aquella le dijo: la bendición, madrina. ¡Que Dios te bendiga! —exclamó la madrina—. Venimos todos: tía

Rosalía, Mamá y tía Chepi con Lorenza, Mónica, Gabriel y yo hemos venido a caballo.

Genoveva cuenta que ayer había estado Estigarribia, el médico, a ver a su madre. Este es un caso de mucha trascendencia literaria porque el Estigarribia médico actual había sido esclavo del Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia, quien tenía como médico de cabecera al Dr. Estigarribia original, un médico naturalista que atendió al Supremo Dictador hasta su lecho de muerte.

El esclavo, en un caso de admiración e identificación, decidió dar continuidad al nombre y a la tarea del médico en cuestión. Asumió su nombre y la profesión del paradigmático personaje.

Si bien Ercilia era una eximia escritora de una capacidad lingüística notable para ir describiendo un ambiente del que se separó física pero nunca espiritualmente, sus descripciones son certeras y reflejan la época y el gran conocimiento de todo lo ocurrido.

Permite al lector revivir aquellos días de la inmediata posguerra, con todos los particularismos que incluían la presencia de fantasmas en casonas señoriales como Téllez-cué, y otros donde la realidad y la fantasía conviven alegremente en un zigzag de emociones y episodios.

En algún momento expresa: "Me encanta. Todo es interesante y extraño aquí; mis amigas de Buenos Aires no me creerían si yo les contara cómo se vive en casa de tía Rosalía. Solamente a una de ellas y a uno de mis profesores les hablo de estas cosas. Los dos comprenden."

¿Y las personas, Genoveva? Como las casas, parecen tristes y con cierto misterio. También encuentro que este modo de vivir de mis tías es señoril y aristocrático. Aquí no veo ningún detalle mezquino: ni pequeñas compras, ni reprimendas al servicio, ni preocupación de los detalles.

¿Así es que todo te parece bien?

No, todo no. Ni aquí ni allá. Hay detalles que no me gustan. Por ejemplo, en una casa de la categoría de la tía Rosalía no deben andar descalzas las sirvientas.

Mira a Lorenza y Queli, siempre tan esmeradas y bien vestidas, con alhajas y chales de seda, ¡y descalzas! Si no fuera por eso serían perfectas.

También la falta de comodidades para ir de un lado a otro. Dice tío

Felipe que ha encargado dos coches: uno grande y otro chico, un break y un tilbury.

¿Y de qué se reían tanto anoche?

Porque yo decía que aquí no se necesita ningún dinero, como que nunca se compra nada y siempre hay todo lo necesario. En Buenos Aires se compra algo cada vez que se sale a la calle.

¿Y tú qué compras?

Cintas, guantes, pañuelitos, perfumes, libros, útiles para el colegio.

Ambas quedaron calladas mirando las palmeras que balanceaban pesadamente sus abanicos en lo alto de la loma.

Genoveva saltó al suelo y avanzó algunos pasos por entre los filodendros, apartando las grandes hojas con las dos manos cubiertas por largos guantes de hilo.

¿Qué hacemos ahora? —preguntó.

Si quieres, podemos seguir el arroyo por esta orilla —repuso

Mónica, poniéndose en pie—. ¿Y cómo volveremos?

Volveremos aquí a cruzar el arroyo debajo de los sauces.

De pronto llegó a los oídos un agudo silbido; se volvieron y vieron a Gabriel que se acercaba diciendo: ¡Buenos días! ¿En viaje de exploración, señoritas?

Sí. ¿Vienes a pie?

No, he venido de Asunción con Narváez. El coronel siguió a casa; yo até a mi caballo, que Loi vendrá a buscar. ¿Quieren regresar?

Sí, pero por el camino más largo —dijo Mónica. El paraje, muy agreste, era evidentemente poco frecuentado. No se veía ningún sendero. Es mejor volver al camino. Aquí ha de haber víboras.

Al oír pasos y voces, las víboras huyen; me lo ha dicho Tana. Y por precaución nos pusimos botas altas. De pronto oyeron una voz ronca que narraba en guaraní un cuento soez, y luego un coro de risotadas.

¿Y si son algunos malevos?

Nos respetarán porque le temen a tío Felipe. Y si son soldados, también nos respetarán porque lo quieren a Gabriel.

Desde allí se veía el río, con sus pequeñas olas cabrilleando al sol, sus verdes islotes, y a lo lejos, cerrando el horizonte, la oscura línea sinuosa de las copas de los árboles en las selvas del Chaco.

¡Qué paraíso! —exclamó Genoveva—. Al regreso el camino será largo y al sol.

Ya es hora de ponernos en marcha —murmuró Gabriel.

Apartaban las ramas bajas para abrir paso a las niñas, y les pasaban las manos para ayudarlas a saltar entre las lianas traidoras. Mientras avanzaban, cambiaban unas que otras frases, comentando el terreno que recorrían y la suave temperatura otoñal. En la calle Ibiray, Gabriel y sus primas se despidieron.

¿Y quién es ese señor? —preguntó Mónica.

No sé —dijo Gabriel—; no parece ni español ni argentino ni uruguayo; habla como los del Pacífico. Ha de ser chileno. Peruano, he oído decir.

¡Ah, con razón! Se parece a los tipos americanos de los libros de geografía. ¿Verdad que se parece a un Inca?

¿Has visto un grabado que representa a Atahualpa con la mano levantada, ofreciendo a los españoles llenar de oro y plata una enorme sala, si les devolvían la libertad? Bueno, es el Inca

Atahualpa el que me hace acordar a este señor.

Los Incas eran los emperadores del Perú, antes de que los españoles conquistaran América. Atahualpa fue muerto por los españoles. El conquistador Pizarro se casaría posteriormente con la hermana de Atahualpa, generando un mestizaje biológico cultural.

Mónica soltó el brazo de su prima y subió al corredor de la casa.

Niñas —dijo Rosalía—, pronto será hora de sentarse a la mesa y el paseo las ha desaliñado.

Cada época tiene sus bienes y sus males.

¡Bien dicho, Fernanda! Dicen los hombres de estudios que estamos aprendiendo a ser libres, y ese aprendizaje se paga caro —así parece — replicó Narváez, volviendo a su jovial serenidad habitual.

Después de una pausa continuó:

¡Sí, señora! Nos habíamos acostumbrado a aquel respeto de la propiedad de los viejos tiempos del Primer Presidente y echamos de menos aquellas seguridades. Pero también aquellos tiempos tenían sus cargas, y no tan livianas.

Tenemos que recordar eso para ser justos. ¡Aquellos estancos! ¿Y los diezmos a la Iglesia? Mi hermano era rematador de diezmos y ganaba muy buenas comisiones.

El Narváez de la novela hizo luego una curiosa descripción de la vida de los viejos tiempos anteriores a la guerra: "Cuando el Primer Presidente me mandó con una beca a estudiar a Inglaterra, ese

mundo nuevo que yo veía me hizo querer doblemente a esta Patria que estaba tan rezagada todavía. A la muerte de mi padre, Ud., que era su amigo y su albacea, liquidó y me remitió el producto de sus bienes, que aquí parecía mucho y allá no era nada. Pocos meses después estallaba la guerra. Era imposible llegar hasta aquí cruzando los países enemigos. Me quedé allá. Ya no teníamos becas los estudiantes que habíamos sido olvidados por don Francisco, el Mariscal. Viví, estudié y viajé como pude, con mi pequeño haber, y ayudé a los compatriotas cuando era necesario, pero tuve ocasión de ver y aprender muchas cosas, pues esa fue época importante en Europa también. En cuanto fue posible regresé a la Patria. ¡Ah, lo que encontré aquí! Era el año 1871." El Narváez de la novela, en la vida real, era el coronel Mesa.

María Josefa, con su espíritu de inflexible equidad y su criterio justo pero estrecho, solo admitía que había leyes protectoras de la propiedad y se negaba a reconocer las dificultades de su aplicación. Su carácter petulante sufría con las frecuentes derrotas que le ocasionaba su no muy sabia administración. Su marido, valiente y leal, había sido poco afortunado al frente de su bravo regimiento y cayó en desgracia. Al tener la evidencia de su fracaso, se había suicidado.

Al saberlo, Chepi sufrió una conmoción cerebral. En cuanto pudo, se puso en viaje. Fue citada ante el Tribunal de Sangre, que no guardaba consideraciones. Partió con su hijito, que tendría la edad de Genoveva, y dejó a Mónica al cuidado de Rosalía, que también acababa de perder a su marido. El niño enfermó de sarampión durante el viaje y murió a la intemperie en brazos de la pobre

mundo nuevo que yo veía me hizo querer doblemente a esta Patria que estaba tan rezagada todavía. A la muerte de mi padre, Ud., que era su amigo y su albacea, liquidó y me remitió el producto de sus bienes, que aquí parecía mucho y allá no era nada. Pocos meses después estallaba la guerra. Era imposible llegar hasta aquí cruzando los países enemigos. Me quedé allá. Ya no teníamos becas los estudiantes que habíamos sido olvidados por don Francisco, el Mariscal. Viví, estudié y viajé como pude, con mi pequeño haber, y ayudé a los compatriotas cuando era necesario, pero tuve ocasión de ver y aprender muchas cosas, pues esa fue época importante en Europa también. En cuanto fue posible regresé a la Patria. ¡Ah, lo que encontré aquí! Era el año 1871." El Narváez de la novela, en la vida real, era el coronel Mesa.

María Josefa, con su espíritu de inflexible equidad y su criterio justo pero estrecho, solo admitía que había leyes protectoras de la propiedad y se negaba a reconocer las dificultades de su aplicación. Su carácter petulante sufría con las frecuentes derrotas que le ocasionaba su no muy sabia administración.

Su marido, valiente y leal, había sido poco afortunado al frente de su bravo regimiento y cayó en desgracia. Al tener la evidencia de su fracaso, se había suicidado.

Al saberlo, Chepi sufrió una conmoción cerebral. En cuanto pudo, se puso en viaje. Fue citada ante el Tribunal de Sangre, que no guardaba consideraciones. Partió con su hijito, que tendría la edad de Genoveva, y dejó a Mónica al cuidado de Rosalía, que también acababa de perder a su marido. El niño enfermó de sarampión durante el viaje y murió a la intemperie en brazos de la pobre madre.

En medio de su dolor, María Josefa tuvo que hacer ante el Tribunal de Sangre la defensa de su marido, injustamente tachado de cobarde y traidor, y en medio de una frase se sintió acometida de una intensa fiebre y fue preciso retirarla delirante y sin conocimiento. Llegó la noticia de que el enemigo avanzaba y hubo que levantar campamento.

María Josefa fue abandonada y olvidada. Unas pobres mujeres consiguieron llevarla cerca de la estanzuela de don Baltazar Gamarra, donde fue atendida y quedó hasta que la guerra hubo terminado.

La casa de campo, propiedad de Rosalía, era la residencia de verano de ambas hermanas, y en Asunción la casa de alto edificio, amplio y señorial y relativamente moderno, de propiedad de María Josefa, era la residencia de invierno.

María Josefa carecía de pequeñez.

¿Y la campaña, quedará así, abandonada a los forajidos? —preguntó. Por ahora.

Hay que admitir que, al fin de cuentas, no son tantos ni tan graves los desmanes como se podría temer, dadas las circunstancias —dijo el coronel.

¿Le parece a usted que es cosa poco grave para mí la ruina de San Joaquín?

Mandaremos algunos caballos a Ñu-Ibaté —dijo Felipe, cambiando una mirada a su mujer.

Vamos a la mesa —dijo el dueño de casa, poniéndose en pie al oír las campanadas del mediodía en el reloj del comedor.

Mientras almorzaban, el coronel preguntó a las niñas cómo les había ido el paseo.

Muy bien —replicó Mónica—, aunque Genoveva tuvo miedo de los vagabundos y de las víboras.

En las barrancas nos hemos encontrado con el señor que vive en Téllez-cué. Vi al cónsul inglés conversando con un señor en el corredor. A ese señor lo vieron en el tren con el Conde de Amelot. He encontrado aquí naturalistas, misántropos, artistas y aventureros de toda clase. Tengo entendido que se trata de un misántropo.

Felipe, en Ñu-Ibaté, tanto como en la casa de campo y en su residencia de Asunción, había recibido hospitalariamente a todo extranjero educado que hubiera venido al país. Y entre sus amigos extranjeros distinguía principalmente a dos que se habían radicado en el país; uno era austriaco a quien hirió, casi en la vejez, un drama de familia. Se fue desesperado a Trieste a embarcarse en el primer vapor que zarpara. Llegó a un puerto de Italia, volvió a embarcarse al azar y llegó a Buenos Aires y, posteriormente, llegó a Asunción.

La realidad descripta incluye también los tristes episodios de posguerra: saqueos y robos de casas particulares, oficinas gubernamentales, templos y sepulcros.

El texto nos traslada a aquella era donde aparecen todos los personajes significativos en un ambiente que había superado los desencuentros de la guerra para hacer emerger un futuro de concordia y entendimiento, nada mejor retratado que en el matrimonio de Rafaela López Carrillo con el coronel Acevedo Pedra. También incursiona en el relato con el seudónimo de Froilán el personaje central de toda la Reconstrucción, Bernardino Caballero, quien, sin renegar de su pasado guerrero, aceptó los nuevos tiempos

de mayor libertad, ya en un ambiente republicano imperfecto pero efectivo, donde la ciudadanía ya no era víctima de opresión por parte de caudillos.

El enigmático personaje Don Inca es el dueño de un establecimiento en el cerro Téllez, y su comportamiento, así como sus características étnicas, lo presentan como un originario de estos parajes. Y para cuya ventura en el futuro se expresaban las esperanzas de un nunca más a la guerra ni a los enfrentamientos violentos.

Esta era la tesis central de la novela que, revirtiendo a la narrativa del pasado violento, aspira y pregona un porvenir de mayor armonía.

EL EL MÁS FÉRREO DEFENSOR MÁS FÉRREO DEFENSOR

DE LA INDEPENDENCIA, DE LA INDEPENDENCIA,

DESDE MAYO DE 1811. DESDE MAYO DE 1811.

La historia que no cabía en un solo número

Última entrega de la Historia Secreta de Porter C. Bliss

CuandoParnasuspublicólaprimerapartedelaHistoriaSecretade CharlesA.WashburnporPorterC.Bliss,editadaporelProf.Thomas Whigham,supimosquenoeramaterialparaunasolaentrega.Teníavida, urgencia,ydespertabaennuestroslectoresunachispadecuriosidad difícildeapagar.

Planificamossupublicaciónmensualydurantecuatroentregasseguimos juntoslahistoriadeundiplomáticonorteamericanoprisionerodeguerra quenosedejóaplastarporelmiedo,nimuchomenosperdiósuingenioo sumemoriaprodigiosa.Desde1868,PorterC.BlissentretuvoalMariscal Lópezyesquivósuseddevenganzaconunaplumaquenotemblaba.

Estemescerramoselcicloenestaspáginas.Perolahistoriano terminaaquí.

Losañosdeinvestigación,lasnotas,elrigorylapasióndelProf.Whigham merecenundestinopermanenteeimpreso,quelaspáginasdenuestra revistadigitalsiempreapoyaránconorgullo.Próximamente,laHistoria SecretadePorterC.BlissllegarácomolibroeditadoporIntercontinental.

Atodosloslectoresquenosacompañaronestascuatroentregas:gracias porleernos.Muyprontoanunciaremosnovedadessobreeldestino impresoydigitaldeestaobra.

PRÓXIMAMENTE

La Historia Secreta de Porter C. Bliss Editado por Thomas Whigham · Intercontinental Editora

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Marzo
Parte I Febrero

HISTORIASECRETA

A estas alturas debería ser obvio que, independientemente de lo que se dijera de la vida de Porter C. Bliss, este logró mantener e incluso acrecentar su vanidad mientras estuvo cautivo del gobierno de López. Es fácil imaginar cómo su mente no dejaba de dar vueltas. Sus interrogadores el Padre Maíz, Centurión, Falcón, etc. sin duda tenían poder de vida o muerte sobre él. Dicho esto, el Mariscal López les había encomendado extraer la máxima información de Bliss, aunque no está claro que creyeran en las acusaciones en su contra. Por lo tanto, desde una perspectiva escéptica, lo que realmente querían del secretario de la Legación Norteamericana era una muestra de máxima creatividad. No querían la verdad, pues eso les arriesgaba a provocar el desagrado del Mariscal. De hecho, ellos mismos podrían sufrir si Bliss no proporcionaba detalles elaborados sobre una trama inverosímil. Para ello, tuvo que seguir generando testimonio escrito.

Aquí es donde su vanidad se apoderó de él. Era una persona muy culta con una memoria casi fotográfica. Aunque Bliss sufría a menudo dolores físicos y se sentía amenazado a diario, aún podía evocar sus recuerdos de obras clásicas y sus autores. Para quienes hoy duden de esta capacidad, les sugiero que consideren el caso del propio Abraham Lincoln. De adolescente y joven, el futuro presidente se enfrascaba en la lectura nocturna de Shakespeare y los escritores clásicos a la tenue luz de las velas. Los citaba con frecuencia de memoria, no solo en discursos posteriores ante la legislatura, sino también en el tribunal, donde Lincoln siempre recibía elogios como hábil litigante.La cuestión es que hubo toda una generación de hombres y mujeres como Bliss o Lincoln que, a pesar de la pobreza y el aislamiento,

eran muy versados en temas literarios. Podían recurrir a su memoria para obtener anécdotas y aforismos que cubrían cualquier contingencia.

Así, aunque Bliss sufría bajo un miedo constante, poseía un sentimiento natural de independencia que nunca lo abandonó del todo. Se supone que hubo momentos desesperados en los que creyó que su situación era desesperada, pero en esas ocasiones, recurrió a su propio orgullo, a su exagerada autoestima, para superar los males del momento. Podemos observar esto en gran parte de sus escritos en esta, nuestra cuarta entrega de la Historia Secreta. De hecho, está presente en todas partes, incluso cuando atribuye a Washburn esos sentimientos de arrogancia característicos del propio Bliss.

En cualquier caso, aquí está la entrega de este mes: Para que fuera reconocido como verso, era muy necesario que hubiese V. puesto al pie una indicación en este sentido, del mismo modo que los malos pintores tienen que ins-[página 20]cribirse bajo sus cuadros. "Este es un caballo, una casa, etc.

Horacio dice que la pobreza le hizo poeta; V. puede descansar seguro que nunca le hará un bardo de V.! ¡Bien puede V. ser un "loco rematado", pero no es poeta! "Ne sutor ultra crepidam"[1]; y V. nunca hallará la horma de su zapato en sus "versos", cuyos sentimientos irreligiosos corren pareja con su ortografía, y no podemos menos de exclamar: ¡Qué blasfemia! ¡Y tan mal deletreada! ¡Debe Ud. "colgar sobre los sauces su malsonante arpa" y escoger alguna otra ocupación más adecuada a sus muy limitados talentos! Verbum sapienti!"

A pesar de tan benévola crítica, que tantas malas pulgas posó

detrás de la oreja de nuestro pico de oro, y tan bruscamente se le daba en los hosicos [sic] con las puertas del templo de Parnaso, él se obstinó en creer de buenas a primeras, que el hacer versos, "ore retundo", era tan fácil como el "comer queso", y se consoló por tan injusta crítica con las reflexiones que "buen hueso nunca viene a buen perro", y que "el mundo no sabe nada de sus más grandes genios"! En vez de resignarse al "coup de grace" que acababa de recibir, creyó siempre que "su corazón estaba preñado de fuego celestial", y con sus piernas de "alcaraván zancudo" anduvo de imprenta en imprenta, buscando algún redactor compasivo, que quisiera abrir sus columnas al nuevo luminario poético. No habiendo podido encontrar mercado para su factura, la guardó sobre su corazón, hasta que, cuando llegó a ser él mismo redactor de periódico, pudo dar toda expansión a las "poéticas emociones"

con que solía repetir la copla de Huntingdon:

Oh! I have loved in Youths fair vernal morn

To spread Imagination's wildest wing; The sober certainties of life to scorn, And seek the visioned realms that poets sing![2]

¡No podemos menos que compadecer a las infinitas cuitas de nuestro héroe en su busca de la "única cosa [página 21] necesaria" para el desarrollo de sus "admirables" proyectos! En efecto, una mala estrella le persiguió desde un "campo a otro" de sus "habilidades", sin que, a pesar de los ningunos escrúpulos que tenía sobre los modos de medrar, haya jamás conseguido echar ni las primeras piedras de una fortuna semejante a las que fácilmente habían adquirido sus

hermanos, en otros Estados, y sin que ellos hayan tenido la más mínima pretensión de ser fenómenos ni portentos. La célebre drama "Mrs. Parkington", en su heroico combate con el Océano Atlántico, que invadía a sus puertas, y que ella pretendía echar, primero con una escoba y después con un cedazo, tuvo indudablemente más éxito que nuestro héroe en su lucha con "el mare magnum" de sus dificultades pecuniarias![3] No alcanzamos a explicar la "razón de sus sinrazones", pero podemos asegurar que todos los esfuerzos de Washburn a emplumar su nido de su bolsillo, no tuvieron mejor resultado que los de la infeliz gallina que se vio defraudada momentáneamente de sus esperanzas de prole, en la anécdota siguiente, que nuestro desafortunado proyectista solía referir. Algún genio (quizá el mismo Washburn) inventó y sacó patente de monopolio por una especie de cimbra que llamaba el "Retroactivo Persuasor de Gallinas", y cuya acción era la de retraer instantáneamente, del nido, por detrás, cada huevo que depositare la gallina. Esta, cuando saliera triunfante de su hazaña, y ya empezaba a cantar vítores, ¡se llenaba de asombro por ver que el huevo había desaparecido! ¡Entonces no tenía más remedio que volver a poner otro, y así por sucesivas desapariciones, la burlada gallina depositaría "diez o doce huevos en un solo día", sin que quedase al fin y al cabo ningún comprobante de tanto esfuerzo! Al fin, tanto se acostumbraba nuestro filósofo a ver defraudados todos sus proyectos, que él suele hasta el día compararse a sí mismo, en esta penosa época de su carrera, al

hombre que había volado tantas veces en el aire, ¡por las frecuentes explosiones de vapores en el río Mississippi, que pudo decir "las explosiones no son nada después de haberse acostumbrado a ellas"![4] Así que una vez que cayó de las nubes [página 22] haciendo pedazos de la ventana de un zapatero. En un quinto piso, se puso inmediatamente en pie, y sacando su bolsillo, dijo al atónito hijo de San Crispin[5]: "Buenos días, ¡amigo! ¿Cuánto le debo a V. por daños y perjuicios a su ventana?" El zapatero, reprimiendo su sorpresa, examinó a la ventana y contestó, "cinco pesos". "¡Cinco pesos! ¿Hombre, está Ud. soñando?" La semana pasada estuve en otra explosión, y bajé, despedazando una ventana mucho mejor que esta, ¡y no me cobraron sino tres pesos!"

En una ocasión, por aquel entonces, Washburn suele contar que habiendo oído que cierto banco había quebrado, él se inquietaba mucho temiendo que perdiera algo por la bancarrota. Salió a su casa, examinó su tesoro, y halló que no poseía notas de aquel banco, ¡ni de ningún otro! Y agrega: "me sentía aliviado de un gran pesar!"

Después de tres años de misceláneas ocupaciones, Washburn resolvió volver a California, el teatro de sus tan brillantes hazañas. En tres años se olvidan muchas cosas, mayormente en un estado de cosas tan transitorio como el que entonces reinaba en San Francisco.[6] Podía considerar, por tanto, que sus anteriores pecados quedarían archivados, y que tenía una nueva oportunidad de figurar en la política, en la nueva elección presidencial del año 1860.

Además, sus camaradas antiguos le recibirían con brazos abiertos; como la gran gloria y esperanza de su círculo. Era verdad que no faltaría quien le echase en cara sus antiguos escándalos, pero algo se debía al sacramento de la penitencia, pues sabía muy bien que "los dioses son difíciles de conciliar; ¡dura cosa en restablecer el orden una vez derrocado!" ¡Sin cruz no hay corona! Y nuestro héroe formó el muy acertado propósito de reformar su conducta pasada. Acordóse [sic] de la copla de un poeta moderno, que cantó en tonos muy otros que los de nuestro héroe, que "los hombres pueden elevarse por los escalones de una vida enmendada a mejores puestos!" [7] No podemos [página 23] menos de aplaudir a tan heroica resolución; digna de mejor causa, y tributarla otra alabanza poética. "Cuando quiera que se obra una buena acción, cuando quiera que se conciba un noble propósito; nuestros corazones, aplaudiéndolo, ¡se levantan a más altos niveles"! [8]

¡En verdad era admirable la constancia de nuestro moderno Proteo, en no desesperar nunca de su fortuna en medio de tanto y tan grandes reveses! Cual nuevo Anteo, cada vez que tocaba a la madre tierra, parecía alzarse más resuelto que nunca. Cualquiera otro hombre en su lugar se habría enloquecido o suicidado, pero Washburn es un ejemplo clásico de la verdad de la copla:

"Hope springs eternal in the human breast, Man never is, but always to be blest!"[9]

En vez de componer su carita a sufrir "las hondas y flechas de la fortuna ultrajada", con el aspecto de la estatua de la "Paciencia sobre un momento, sonriéndose del dolor", acordóse [sic] que corazón desfallecido nunca conquistó a dama bella, y supo al fin congraciarse con dama Fortuna quien, como es público y notorio, ¡siempre "favorece a los resueltos"! Si alguna vez la envidia de la próspera fortuna de sus otros cofrades mientras que él, el genio de los genios, estaba pospuesto a la segunda mesa del banquete, y se le sugirió aquello de que "al más ruin puerco, se le suele dar la mejor bellota", pronto se consoló con sus favoritos versos de Tennyson:

"I can not hide that some have striven, Achieving hope, to whom was given The joy that mixes man with heaven; Who rowing hard against the stream, Saw distant gates of Eden gleam

And did not dream it was a dream"![10][11] [página 24] Ved pues, otra vez en viaje para California, a nuestro héroe, mediante un nuevo boleto de pasaje que le fue proporcionado gratis, pues al llegar, a principios de 1860, a San Francisco, Washburn, a la madura edad de treinta y cinco años (poco más o menos), ¡no tenía una onza en su bolsillo! Pero la fortuna ya estaba cansada de perseguirle, ¡y enseguida debía llover dorados favores sobre la afortunada cabeza del hijo pródigo, que había pasado por el crisol de

tantos errores, humillaciones, peligros, tribulaciones y remordimientos! ¡En el corto espacio de un solo año nuestro empobrecido pero brioso héroe se puso en actitud de pretender (y al fin, alcanzar) altas dignidades del Estado![12] Llegando a San Francisco, bajo las circunstancias ya mencionadas, nuestro arrepentido héroe, sin duda se apresuró a llenar un sagrado deber de la amistad, visitando las tumbas de sus difuntos cofrades y mártires de causa, que había pasado a peor vida, por la incisiva operación de la "Ley del Juez Lynch" administrada por las robustas manos de la temible Comité de Vigilancia![13] Echaría unas cuantas "siempre-vivas" a la memoria de sus compadres, pronunciaría con voz compungida el requiescat in pace, y sin duda, "derramó algunas lágrimas naturales, pero las enjugó pronto. ¡El mundo estaba abierto por su delante y podía escoger su teatro"![14]

¡Alea jacta est! ¡Ya se pasó el Rubicón! Nos causa una verdadera satisfacción poder constatar que nuestro arrepentido politicastro, "quemando a los ídolos que antes adoraba" y abrazando por primera vez una digna causa, la candidatura presidencial del tan malogrado cuan ilustre Lincoln, hizo verdaderos prodigios durante la campaña presidencial de 1860. Asociándose con nuevos y más dignos campeones de la misma causa, pero conservando bastante influencia con el bajo círculo a que antes había pertenecido, pues que "un poco de levadura fermenta la masa entera",[15] [página 25] Washburn consiguió dirigir a favor de Lincoln

una importante corriente de la opinión pública.[16] Fácilmente se olvidaron sus pasados errores en obsequio a su nueva utilidad, y conforme "hay más regocijo en el cielo sobre un solo pecador arrepentido, que sobre noventa y nueve justos que no precisan de arrepentimiento", se celebró una fiesta de reconciliación entre Washburn y sus antiguos enemigos, pero ya nuevos cofrades, y se abrieron de par en par para nuestro héroe las puertas del paraíso de la política. Labor omnia vincit! [17] Vd, pues, al quondam "caballero de la triste figura", convertido en brillante y espléndida luz del Republicanismo, una luz no ocultada bajo un celemín, sino más bien, como "una ciudad sita sobre una peña, que no puede ser ocultada", iluminando con refulgentes rayos a los más tenebrosos abismos de la metrópoli![18] ¡Quantum mutatus ab illo!

"¡Es camino largo que no da ninguna vuelta!" y esta vez, nuestro caballero Manchega había acertado a leer (y traducir al inglés) la inscripción del poste de guía "In media tutissimus ibis"![19] Aunque sean reglas generales que "conforme se dobla el arbusto, inclinará el árbol", ¡y que "natura non facit saltum!" [20] es preciso admitir que algunas veces el carnero negro resulta ser la flor de la grey. Tan tremenda sarta de refranes nos ha sido sugerida irresistiblemente por el tan lúcido cuan sorprendente éxodo de la crisálida de tan menguado gusano. "¡Rissum teneatis amici! Nequaquam! Et ¿quid rides? natura abhorret vacuum!"[21] y pues nuestro héroe era el único Decio que se presentó para saltar impávido en medio de tan

tremendo golfo, era preciso ipso facto, aceptar sus servicios y recompensarlos bien! "Las señales de agua no se cumplen en tiempo de seca", y muchas pronosticaciones tienen que interpretarse como los sueños, ¡al revés!

Aunque nuestro olvidado talento privilegiado haya sido en lo pasado un pájaro de mal augurio, cabrón emisario de su etreulo [BORROSO], él ha cantado re[página 26]surjan, y ¿quién se atreverá a dudar que los dioses han revelado.[22] Él es un eminente y benemérito ciudadano que, según el poeta persa Háfiz [sic], "si el príncipe dice a medio día que es noche", debemos contestar "bien, ¡vemos la luna y las estrellas"![23]

[3] "Sra. Parkington" era el seudónimo de Benjamin Penhallow Shillaber (1814-1890), un conocido humorista de la generación de Bliss y, como él, originario de Nueva Inglaterra. Fue el editor fundador de la revista cómica The Carpet-Bag, que publicó uno de los primeros bocetos de Mark Twain. Aludir a "Sra. Parkington" en este contexto no podría ser confundido por ningún norteamericano con otra cosa que una broma compartida. Citar un drama inexistente con este título es, por supuesto, en sí mismo una broma. Las obras de Shillaber están disponibles en formato de audio en el sitio web de Librivox: https://librivox.org/author/1733

[4] La explosión de barcos de vapor en el Misisipi fue, de hecho, un suceso poco frecuente, incluso durante los peores momentos de la Guerra Civil, cuando soldados confederados y simpatizantes desataron minas fluviales. A lo que Bliss seguramente se refiere aquí es a una excepción: la pérdida del Sultana, un barco de vapor con ruedas laterales construido en el Misisipi en 1863, que fue destruido dos años después en una explosión que cobró la vida de 1192 hombres. La mayoría de los muertos eran soldados de la Unión heridos que recientemente habían sido liberados de su cautiverio en los estados sureños derrotados. La pérdida del Sultana, que probablemente fue un accidente pero que pudo haber sido consecuencia de un sabotaje, suele considerarse el peor desastre marítimo de la historia de Estados Unidos.

[5] San Crispín, patrón de los zapateros y curtidores, fue martirizado en el año 285 o 286 d. C. durante el reinado de Diocleciano. Se le asocia a menudo con la batalla de Agincourt, que se libró el día de su festividad en 1415, y que Shakespeare inmortalizó de forma conmovedora en Enrique V.

[6] Esto representa otro intento de anticipar las supuestas fechorías de Washburn. Si era un delincuente en California, según la lógica, probablemente también lo sería en Paraguay. Pero lo cierto es que no lo era en California.

[7] (N. del A.) Men may rise on stepping stones / Of their dead selves to higher things. Tennyson, In Memoriam A.H.H., Canto I, líneas 45-47. Bliss cita mal el original.

[8] (N. del A.) Whene'er a noble deed is wrought, / Whene'er is spoken a noble thought, / Our hearts, in glad surprise / To higher levels rise! Longfellow, "Santa Filomena" (noviembre 1857). Henry Wadsworth Longfellow (1807-1882) fue el poeta más popular de Estados Unidos durante el siglo XIX. Escribió "Evangeline" (1847), "The Song of Hiawatha" (1855) y "Paul Revere's Ride" (1860).

[9] (N. del A.) "¡La Esperanza brota eterna en el pecho humano: los hombres nunca son, sino que siempre esperan ser felices"! La cita viene de Alexander Pope, "An Essay on Man" (1733-1734).

[10] (N. del A.) "No puedo ocultar que algunos han luchado y conseguido su esperanza a quienes ha sido dado aquel regocijo que mezcla al hombre con el cielo; quienes remando fuerte contra la corriente, han vislumbrado el lejano brillo de las puertas del Paraíso, ¡y ni han soñado que era un sueño!" Esta cita proviene de "The Two Voices" de Alfred Lord Tennyson, escrita entre 1833 y 1834. Tennyson (1809-1892) fue muy admirado por la reina Victoria, quien recomendó que se le nombrara Poeta Laureado.

[11] Quizás valga la pena preguntarse aquí por qué los interlocutores de Bliss estarían dispuestos a tolerar todas estas digresiones literarias, que parecen interminables y que no tienen relevancia obvia para Paraguay, salvo para establecer a Charles Ames Washburn como un personaje sospechoso. Quizás deberíamos considerar una posibilidad interesante: mientras Bliss creía que necesitaba seguir escribiendo para sobrevivir, los fiscales necesitaban hacer lo mismo. Maíz, José Falcón, Juan Crisóstomo Centurión y los demás inquisidores eran hombres cultos, justo el tipo de personas que el Mariscal consideraba poco fiables. Si perseveraban en su tarea y mantenían a Bliss escribiendo, entonces ellos mismos podrían estar a salvo. En tal circunstancia, podrían volverse sorprendentemente tolerantes con las digresiones literarias, por absurdas o inapropiadas que fueran. Además, los fiscales conocían muy bien la vanidad del Mariscal y sabían que jamás admitiría no saber nada de Alexander Pope, Longfellow ni Tennyson.

[12] No siempre es fácil comprender cómo cambia la mentalidad de Bliss día a día, pero aquí parece creer que, si bien sus lectores dudarán de una mentira pequeña, creerán una grande. Esta presunción pone en su justo lugar la experiencia previa de Washburn con los justicieros de San Francisco en California.

[13] Aunque no son exactamente sinónimos, la Ley Fuga (en el sentido mexicano del término) podría ser la mejor aproximación en español a lo que los norteamericanos a veces llaman una "fiesta de corbata". La película de Ted Post de 1968, "Hang 'em High", que presentó al vengativo personaje del western de Clint Eastwood al público cinéfilo en general, ilustra el fenómeno con gran claridad.

[14] (N. del A.) The world was all before them, where to choose. Some natural tears they shed, but wiped them soon. Milton, Paraíso perdido.

[15] (N. del A.) Medicum fermentum-lotam massam corrumpit.

[16] La familia Washburn fue muy útil para el bando de Lincoln en las elecciones de 1860, pero Charles Ames Washburn fue el hombre menos influyente de los siete hermanos. Nadie en la escena política de Washington habría dicho lo contrario, y las pocas personas que se acercaron a Charles en busca de apoyo lo hicieron para acercarse a sus hermanos Elihu e Israel.

[17] Como hemos visto en más de una ocasión, Bliss a menudo insertaba frases en latín, en este caso una que significa "el trabajo lo conquista todo", en su texto sólo para llenar espacio.

[18] Es peculiar en el español hacer abstracciones de lo que en inglés se expresaría únicamente en términos concretos; en este caso, los norteamericanos no considerarían los intereses del Partido Republicano de Lincoln como sinónimo de "republicanismo". El término "republicanismo", como se menciona regularmente en El Semanario, probablemente se percibiría en Estados Unidos como un contraste con el monarquismo, como una referencia a una ideología que favorecía la soberanía popular por encima de la voluntad de un rey.

[19] (N. del A.) En medio camino irás más seguro.

[20] (N. del A.) La naturaleza no da saltos. Bliss juega ligeramente con las palabras aquí; el término no significa que "la naturaleza no da saltos", sino más bien que "la naturaleza no baila", lo cual es discutible a primera vista.

[21] (N. del A.) "¿Podéis contener la risa, mis amigos? ¡De ningún modo! ¿Por qué reís? Pues la naturaleza aborrece un vacío."

[22] (N. del A.) El hombre no puede ocultar lo que Dios quiere revelar. Campbell. El poeta escocés Thomas Campbell (1777-1844) fue rector de la Universidad de Glasgow. Bliss cita erróneamente a Campbell, quien escribió "no puede ocultar" en lugar de "no puede cubrir".

[23] Khwaja Shams-ud-Din Muhammad Hafez-e Shirazi (1315-1390) fue el más importante de los poetas líricos persas, cuyos proverbios y dichos se memorizaban con frecuencia como la cumbre del arte literario. Se centraba en temas como el amor y la belleza, pero ocasionalmente se entregaba a la sátira política, como evidentemente hace en este caso. O quizás Bliss usa el nombre de Hafez para ilustrar un argumento universal que, con una mínima manipulación, podría utilizarse para condenar al mariscal López.

NOVEDADES LITERARIAS: LECTURAS DE OTOÑO

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son el patrimonio de mañana.

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