GACETA PARNASUS AGOSTO 2026 | VOL. 31
LA GACETA PARNASUS
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Elegimos abrir este número con una entrevista: la que Thomas Whigham le hizo a la historiadora Beatriz González de Bosio, nieta de Residentas, que a lo largo de una vida dedicada a la cátedra y a la investigación nos recuerda que la historia paraguaya todavía tiene mucho por contarse, y que ese trabajo, dice ella, seguirá siendo, ante todo, humano. Le sigue la voz de una criatura preguntando por qué llueve, por qué hace frío el hielo, por qué truena: el poema de Huber Meili, "Mitã porandu", en guaraní y en español, un recordatorio de que las preguntas más simples son también las más hondas. En narrativa, Guillermo Franco nos entrega "Desmemoria", un cuento que mira de frente el olvido, el cuidado y la incomodidad de envejecer, con una voz tan filosa como tierna. También incluimos el trabajo del Dr. René Harder Horst, historiador de Appalachian State University, sobre las mujeres indígenas paraguayas que en la última década se organizaron políticamente para exigir lo que el Estado les debía y sigue debiéndoles. Este año despedimos a Quemil Yambay, Tesoro Vivo de la Humanidad y el último gran intérprete de la fauna paraguaya en verso y canción. Aldo Jones le rinde homenaje en estas páginas. Cerramos la edición, como corresponde en un mes de aniversario, con el artículo de Claudio Velázquez sobre la batalla de Acosta Ñú, que reivindica el 16 de agosto de 1869 como lo que fue: no una masacre, sino una verdadera batalla, librada con lo poco que había y con todo lo que se pudo dar. Como siempre, cerramos con nuestra sección de Novedades literaias. Gracias, como cada mes, por leernos. Tahiana Larissa Editora .
Lilian Aliente Editora
Thomas Whigham Editor asociado y colaborador
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ÍNDICE ENTREVISTA A BEATRIZ GONZÁLEZ DE BOSIO POR THOMAS WHIGHAM MITÃ PORANDU / PREGUNTAS DE CRIATURA POEMA DE HUBER MEILI DESMEMORIA — POR GUILLERMO FRANCO METERSE EN LA BOCA DEL LOBO: MUJERES INDÍGENAS CONTRA LAS INJUSTICIAS SISTÉMICAS. POR DR. RENÉ HARDER HORST EL ÚLTIMO GRAN POETA POPULAR: QUEMIL YAMBAY POR ALDO JONES ACOSTA ÑÚ: UNA VERDADERA BATALLA POR CLAUDIO VELÁZQUEZ NOVEDADES LITERARIAS 03
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Beatriz González de Bosio: Una vida dedicada a la historia paraguaya por Thomas Whigham
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TW: Doña Bea, usted y yo llevamos muchos años trabajando para mejorar la composición histórica en Paraguay, y aunque no hemos tenido la oportunidad de trabajar juntos con frecuencia, estoy seguro de que compartimos la misma misión. Permítame comenzar esta entrevista con algunas preguntas básicas. ¿Dónde nació y cómo fue su infancia? ¿Qué la atrajo desde pequeña al estudio de la historia? BB: Nací en la República del Paraguay, en el corazón de América del Sur, un país mediterráneo que definió sus fronteras afrontando dos guerras internacionales, donde a la mujer le cupo un rol fundamental. Soy nieta de Residentas y de reconstructoras: mujeres que perdieron todo y que, al igual que el país, se embarcaron en una penosa y lenta recuperación. TW: ¿Tuvo algún familiar o profesor de secundaria que le haya influido especialmente en temas históricos? ¿Y los libros? ¿Qué títulos le impresionaron desde joven? BB: Mis abuelos, ambos escritores, nos animaban a la lectura; tenían una valiosa biblioteca y, de aquella época, recuerdo lecturas juveniles como Mujercitas de Louisa M. Alcott, Jane Eyre de Charlotte Brontë, Bajo las lilas de Louisa M. Alcott, Juvenilia de Miguel Cané, La isla del tesoro de R. L. Stevenson, Ben-Hur de Lew Wallace y Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift, entre otros. 05
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Mi abuela, Teresa Lamas Carísimo, fue la primera mujer paraguaya en publicar un libro, en 1921: Tradiciones del hogar, que por transmisión oral cuenta las penurias de la Guerra de la Triple Alianza y que, para mí, constituyó la primera cátedra de historia real y cercana. Ella ganó un premio del Diario La Tribuna por su cuento "Vengadora", sobre una madre que se entera de que su hijo se alió a la Legión Paraguaya, integró el ejército argentino y peleó contra su país; ella, en un arranque de desesperación, lo mata… porque prefiere verlo muerto antes que traicionando a la Patria.
TW: ¿Qué puede contarnos sobre su experiencia universitaria? Se me ocurren media docena de figuras que me influyeron en Paraguay en las décadas de 1970 y 1980, e imagino que compartimos algunos nombres: pienso en Rafael Eladio Velázquez, Alfredo Viola, Juan Bautista Rivarola Paoli y Olinda Kostianovsky. ¿Podría contarnos algunas anécdotas sobre este grupo estelar, que quizás sirvan de contexto útil para los estudiantes de la generación actual? ¿Fue difícil o estimulante trabajar con los de la vieja generación?
BB: Comencé estudiando Ciencias de la Comunicación, carrera diseñada por los jesuitas que funcionaba en el Cristo Rey. Mi tesina versó sobre la Revolución de 1904 y el Diario La Democracia. Luego, a instancias del maestro Rafael Eladio Velázquez, rector de la 06
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Universidad Católica, proseguí con entusiasmo la carrera de Historia en la Universidad Nacional de Asunción, en Ytapytapunta. TW: ¿Qué puede contarnos sobre el primer libro o artículo que escribió? Si su experiencia fue como la mía, lamenta algunas cosas hoy en día, pero otras siguen funcionando bastante bien. ¿Tiene algún consejo para los investigadores actuales sobre cómo elegir buenos temas y cómo abordarlos en este mundo tan cambiante? BB: Como miembro correspondiente de la Academia Paraguaya de la Historia, mi discurso inaugural versó sobre la Nota del 20 de julio de 1811, cuyo subtítulo fue "Génesis del pensamiento paraguayo en su vertiente occidental". Como ya llevaba décadas en la enseñanza en la Universidad Católica, en los departamentos de Ciencias de la Comunicación y de Ciencias Sociales, la publicación era una etapa necesaria para fortalecer mi posición en la cátedra. Muchas de las conclusiones de aquella monografía siguen vigentes, y particularmente aquella de que dicha Nota fue la partida de nacimiento de la República del Paraguay. TW: Una de las cosas que he notado a lo largo de los años, para bien o para mal, es que muchos académicos paraguayos no han tenido suficientes oportunidades de viajar y, por lo tanto, solo se han beneficiado indirectamente de la investigación extranjera. Pero creo que usted tuvo una formación más amplia que la mayoría. 07
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Por ejemplo, recuerdo haber trabajado con usted en 2010, durante las Jornadas de Historia del Paraguay en la Universidad de Montevideo; me impresionó mucho la facilidad con la que colaboró con los numerosos investigadores internacionales que logró encontrar allí. Así que permítame preguntarle: ¿de qué investigadores extranjeros de Paraguay aprendió más, y a cuáles recomendaría a sus estudiantes hoy?
BB: Mucha de mi formación se debe a lecturas extensas de autores extranjeros, entre los cuales su voluminoso tratado sobre la Guerra de la Triple Alianza figura prominentemente. En el plano del pensamiento latinoamericano, trabajé de cerca en coautoría de libros con el profesor de la Universidad de Chile, Dr. Eduardo Devés Valdés, con quien también animamos reuniones del Corredor de las Ideas del Cono Sur, que aglutinaba a prestigiosas universidades latinoamericanas (www.corredordelasideas.org). Entre esa institución y las reuniones propiciadas por la Universidad de Montevideo, tuve ocasión de compartir con personalidades del mundo académico internacional, de las que nombraré solo un par: Bárbara Potthast, de la Universidad de Colonia, Alemania; Liliana Brezzo, de la Universidad de Rosario; y Bridget Chesterton, de Estados Unidos, entre tantos otros.
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TW: ¿Considera a la universidad como la fuerza clave en la promoción y el desarrollo de la escritura histórica en el Paraguay actual? ¿O todavía hay espacio para la investigación fuera de la institución? BB: Poco a poco la universidad va asumiendo el protagonismo que le corresponde, ya que un número creciente de egresados elige realizar investigaciones y publicaciones de buen nivel. No obstante, todavía existen espacios suficientes para investigaciones externas a la universidad, como por ejemplo la Academia Paraguaya de la Historia y otras organizaciones no gubernamentales interesadas en temas sociales, políticos e históricos. La historia paraguaya, en general, todavía tiene inmensas lagunas de investigación y tratamiento de períodos significativos, como la emergencia del Ejército como protagonista político a partir de la Guerra del Chaco. TW: ¿Qué hay de la modernización de la investigación histórica? Casi no hace falta decir que la computadora e internet han hecho posible todo tipo de innovaciones que jamás imaginamos de jóvenes. Ahora podemos responder preguntas con mayor rapidez y plantear nuevas preguntas que jamás creímos posibles.Dicho esto, me parece que internet también ha posibilitado la propagación de trabajos polémicos o descuidados que los jóvenes investigadores deberían evitar. ¿Ha sido esa su experiencia? ¿Cuál es la mejor manera de inculcar buenos hábitos y, sobre todo, buen juicio entre nuestros colegas más jóvenes? 09
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BB: La computadora y las redes han hecho que la escritura, hoy en día, resulte menos ardua que en el pasado. La información está, en su mayoría, digitalizada y disponible para quienes se esfuerzan moderadamente. Muchos libros agotados tuvieron un renacimiento a partir de las bibliotecas virtuales. Ello me hace admirar mucho más la paciente tarea de una escritora que me toca de cerca, mi madre, Beatriz Rodríguez Alcalá, quien tuvo la original idea de entrevistar a los veteranos de la Guerra del Chaco para su libro Testimonios veteranos; todo eso lo llevó a cabo en incansables e innumerables grabaciones y borradores de puño y letra. TW: ¿Y qué hay de la IA? Francamente, no sé cómo afectará la nueva tecnología a la situación de los historiadores en el futuro. BB: Quiero pensar, como humanista, que la inteligencia humana personal será insustituible a la hora de interpretar el devenir histórico de las sociedades. La IA podrá compilar toda la información disponible en todos los repositorios del universo, pero quiero creer que la conclusión final sobre los motivos y justificaciones de los hechos históricos será todavía patrimonio de las personas que piensan el universo. TW: ¿En qué está trabajando actualmente? BB: Ya alejada de la cátedra, como profesora emérita, sigo con publicaciones de trabajos históricos y de literatura de ficción. Un proyecto mayor, sin embargo, busca dejar un legado a la educación. 10
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paraguaya: la traducción al idioma guaraní de mi libro La cultura en el aula, material de apoyo didáctico para docentes que va por su tercera edición en español e inglés, con alrededor de 400 páginas. TW: Permítame hacerle una última pregunta, en este caso de carácter más personal: ¿tiene a alguien en su vida que le sirva de musa? Es decir, por razones que no entiendo del todo, la presencia de mi esposa en mi vida me inspira a hacer un mejor trabajo histórico. Como digo, no entiendo cómo ni por qué ocurre esto, pero si pudiera poner su esencia en una botella, podría ganar mucho dinero con su venta. ¿Le ha pasado algo similar? Su pareja, sus hijos, sus amigos, su madre y su padre: ¿a quiénes le gustaría señalar como musas, y por qué? BB: El gran impulso que me movió a dedicarme a la enseñanza y a las publicaciones académicas fue el ingeniero Juan José Bosio, de brillante carrera profesional internacional, que lo llevó a la vicepresidencia para América Latina de la Sociedad Internacional de Ingeniería Geotécnica, y fue el primer decano de Ciencias y Tecnología de la Universidad Católica de Asunción —uno de cuyos edificios lleva su nombre, a pedido de la comunidad académica—. También fue miembro de la Sociedad Científica del Paraguay. Su constante apoyo y su aliento hacia la excelencia hicieron que me viera en la necesidad de reflejarme en él. TW: Mil gracias, Ña Bea. Siempre es un placer charlar con usted. 11
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MITÃ PORANDUY PREGUNTAS DE CRIATURA por Huber Meili
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Mba'érepa, mba'érepa che sy Upéva aikuaase asy Mba'érepa y omyakỹ Avei mba'érepa oky Mba'érepa, mba'érepa che ru Upéva che añeporandu Mba'érepa omokã yvytu Avei mba'érepa arasunu hyapu Mba'érepa, mba'érepa che sy Upéva aikuaase asy Mba'érepa yvága hovy Avei mba'érepa y'atã iro'y Mba'érepa, mba'érepa che ru Upéva che añeporandu Mba'érepa pyhare ipytũ Avei mba'érepa tata haku 13
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Por qué, mamá, decime por qué yo quiero saber por qué cae agua del cielo y también por qué moja la lluvia Por qué, papá, decime por qué yo quiero saber por qué seca las ropas el viento y por qué no veo de noche con el ojo abierto Por qué, mamá, decime por qué yo quiero saber por qué es celeste el cielo y también por qué es frío el hielo Por qué, papá, decime por qué yo quiero saber por qué quema el fuego y también por qué suena el trueno 13
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DE SM EM OR IA
por Guillermo Franco 15
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Abuela está cada vez peor, pobrecita. Viene a preguntarme si ya tomó sus medicamentos, a cada rato, con la obstinación de un limpiavidrios que percibe todo a su alrededor, menos el «no» al otro lado del parabrisas. Al principio pensé que era una estratagema para venir a conversar, una excusa para salir de su habitación, que es un manantial de tufo, pero la última vez vi en su rostro que, más que haber olvidado si había tomado o no sus medicamentos, más que haber olvidado qué era lo que iba a preguntar, parecía haber olvidado qué era ese músculo que tenía dentro de la boca, que rozaba las piedras astilladas por tanto bruxismo. Me adelanté y le dije que sí, sin saber realmente si le había dado las pastillas. De todas formas, ya no quiero gastar en medicamentos; dudo que sus tripas absorban algo más que polvo y que su cerebro restablezca todo su cableado gracias a unos cuantos químicos. Todos hemos de morir, no hay nada de malo en ello; lo ideal sería no desangrar a los demás en la espera de que a uno le dé el patatús. Creo que hago bien en no alargar su tortura. Las veces que me pregunta por sus pastillas, le digo que sí, que ya las tomó, pero ya no compro ninguna. Tomo nota mental, por puro morbo, del avance de su desmemoria. Primero olvidó lo que solía preguntarme; intuía que existía una rutina trivial entre ella y yo, relacionada a unos pedacitos de materia amarga que debía deslizar por el músculo que está dentro de su boca. El avance no es lineal, no es como colocar un ladrillo sobre otro; es más bien como cavar un pozo aquí y luego allá, luego rellenar el 16
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primero antes de empezar un tercero. Por ejemplo, el otro día se acordó, con total precisión, de la vez que caí de la bicicleta camino al almacén y me salió un chichón como un cuerno. Ella colocó azúcar morena sobre la hinchazón porque —según su sabiduría surgida del ñe'erei iterativo— eso servía para desinflamar. Por incrédulo, me comí todo el azúcar y el chichón permaneció, dando fuerza a su teoría. Pero de la misma forma en que recopila anécdotas, se olvida de leyes que, si bien no traen aparejadas una sanción por su incumplimiento, omitirlas es una afrenta a algo que no logro determinar, como la vez que olvidó la existencia de la gravedad y flotó a lo más alto del estante para sacarle el polvo a los libros arrinconados. ¿Cómo se le explica a una anciana terca que los pies van en la tierra? Es mejor dejarle a sus anchas, porque ante el menor intento de argumentación, retruca con una sentencia inapelable: «Nahenduséi!». La amo, o más bien, la amé el tiempo que fue necesario, el que debía. No puedo estar obligado a amar indefinidamente, porque abuela se está comiendo todos mis ahorros. Legalmente son sus ahorros, porque es lo que juntó en décadas de trabajo, pero técnicamente son míos, porque no se los puede llevar a la tumba y algo me dice que no falta mucho para que eso suceda. No se imaginan lo sencillo que es desarmar las cápsulas duras y cambiar el contenido. Abuela se las traga una tras otra, una tras otra, tantas que, si alguien le abriera la panza en la autopsia, sería un esturión en plena extracción de caviar. Le tengo que decir que se acuerde de tomar mucha agua, para que el medicamento no le patee el hígado. Su beso en mi frente es áspero, 17
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pero en cada pliegue reseco de sus labios hay más amor que ceros en su cuenta bancaria. O tal vez no tanto. Abuela, que hay que morir algún día, le digo. Le tengo que explicar en qué consiste eso de morir porque ya lo ha olvidado. Lo único hidratado en todo su cuerpo son sus ojos cuando me mira mientras aprieta mis cachetes. Que soy la cosa más linda que vio en su vida me lo dice mil veces y entiendo que eso sea lo único que no pueda olvidar. Pobrecita. Entonces, dos días después ella me hace caso y por fin muere. Envío las invitaciones que ya tenía preparadas, me pongo el traje que compré con su tarjeta, pero lloro de verdad porque es cierto que la voy a extrañar mucho, no soy un desalmado. Práctico, sí. Otros dos días pasan de su muerte y su presencia sigue latente en toda su casa, me refiero a su olor, al olor a anciano, ese hedor que emanan por más de estar perfectamente aseados, con ropa nueva y perfume, que expiden sin necesidad de sudar. Es la muerte latente en algún lugar en específico de su cuerpo, indetectable con precisión en su núcleo, gestándose como un feto. Pienso en voz alta que en este momento me hace falta la expertise de abuela para limpiar el hogar, y ni lenta ni perezosa, ella misma se pone a limpiar toda la casa, todos los rincones. Se ha olvidado de que está muerta hace dos días y su piloto automático la trajo hasta la sala. Me cuesta no perder la paciencia. Le explico que en estos momentos debería estar hinchándose dentro del cajón, para posteriormente reventar por todos los gases acumulados en sus tejidos. Me hace callar por ser un morboso, que Dios no hizo la muerte tan asquerosa como la describo, 18
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pero en cada pliegue reseco de sus labios hay más amor que ceros en su cuenta bancaria. O tal vez no tanto. Abuela, que hay que morir algún día, le digo. Le tengo que explicar en qué consiste eso de morir porque ya lo ha olvidado. Lo único hidratado en todo su cuerpo son sus ojos cuando me mira mientras aprieta mis cachetes. Que soy la cosa más linda que vio en su vida me lo dice mil veces y entiendo que eso sea lo único que no pueda olvidar. Pobrecita. Entonces, dos días después ella me hace caso y por fin muere. Envío las invitaciones que ya tenía preparadas, me pongo el traje que compré con su tarjeta, pero lloro de verdad porque es cierto que la voy a extrañar mucho, no soy un desalmado. Práctico, sí. Otros dos días pasan de su muerte y su presencia sigue latente en toda su casa, me refiero a su olor, al olor a anciano, ese hedor que emanan por más de estar perfectamente aseados, con ropa nueva y perfume, que expiden sin necesidad de sudar. Es la muerte latente en algún lugar en específico de su cuerpo, indetectable con precisión en su núcleo, gestándose como un feto. Pienso en voz alta que en este momento me hace falta la expertise de abuela para limpiar el hogar, y ni lenta ni perezosa, ella misma se pone a limpiar toda la casa, todos los rincones. Se ha olvidado de que está muerta hace dos días y su piloto automático la trajo hasta la sala. Me cuesta no perder la paciencia. Le explico que en estos momentos debería estar hinchándose dentro del cajón, para posteriormente reventar por todos los gases acumulados en sus tejidos. Me hace callar por ser un morboso, que Dios no hizo la muerte tan asquerosa como la describo, 19
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me dice. Cuando intento replicar, pronuncia mi nombre en diminutivo, con el tonito salado que no logra ni Tony Soprano con un batallón de gánsteres a sus espaldas. Que venga el diablo y se atreva a decir algo después de esa sutil advertencia. Si la vuelvo a matar, no sería un homicidio, porque ya estuvo muerta; yo mismo llevé el cajón hasta el panteón e hice todos los trámites que uno debe hacer con el Estado, que exige que rellenemos un formulario cada vez que nos sacamos un moco. Por suerte, abuela no tenía casi nada declarado, todo debajo del colchón, con la custodia infranqueable de una virgencita agrietada de tantas plegarias derramadas por su barro. Así que traigo el hacha oxidada que está en el garaje, pero enseguida me doy cuenta del plagio. Mazos, cuchillos o cualquier utensilio punzante, todos los elementos registrados en algún cuento anterior a este. No quedan tantas opciones después de siglos de letras acumuladas. Me desespero, hasta que me acuerdo de que ella misma decía que algún día la iba a matar de la rabia, como cuando caí del árbol de mango y, después de haber verificado que mi cuello no estaba roto, se le apelmazaron todas las venas en la frente sudorosa y yo había llorado porque pensé que eran gusanos que estaban bajo su piel. Ese día comprobé cuántos cintarazos puede aguantar una espalda y aprendí que el verdadero llanto es el que se queda atorado en el medio mismo de la panza. Preparo el escenario para que ella caiga redondita: lleno el patio de hojas secas y la espero en la copa del mango. Abuela sale enseguida 20
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con su escoba y cuando barre un montículo cerca del tronco, me dejo caer frente a ella. Se acurruca a mi lado y llora desconsoladamente; espero que su corazón reseco se agriete y quiebre después de su llanto tan violento; me da pena y quiero decirle que todo está bien, que era una broma para ver si estaba atenta, pero lo único que puedo mover son mis párpados y mis cejas y no puedo evitar que todo su reguero de lágrimas me entre en los ojos y en la boca. Ahora abuela me da de comer a través de una sonda y en su rostro se formaron dos surcos profundos; las lágrimas erosionaron su carne desde sus ojeras hasta su mentón, arroyos que sueltan todo su caudal en mis ojos y permean hasta escanciar cada hendidura de mi cerebro. Pienso que abuela almacenaba su memoria en sus lágrimas, porque con cada gota salobre que hidrata mi materia gris se presentan recuerdos que no son los míos: imágenes de esta misma ciudad, pero con las calles empedradas en vez de asfaltadas; abuela viéndose al espejo, con el cabello castaño claro en vez de gris, como hebras de miel que se gestan y manan de cada folículo; ella, sosteniendo a un bebé rechoncho que abraza con la fuerza justa para no romperle los huesos, ni para librarlo del abanico tenue de Morfeo. Ella sigue sin recordar lo que es la gravedad y camina por las paredes y se enoja al no poder acumular el polvo. Yo no puedo hacer otra cosa que verla ir y venir de una habitación a otra, como un astronauta desplazándose en su estación, mientras me esfuerzo para mover los músculos de mi cara que se trenzan en espasmos. Me doy cuenta por 21
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el olor, de que ella me ha acostado sobre el colchón bajo el que guarda todos sus billetes; tan cerca me puso y solo puedo ladearme cuando me pasa un trapo húmedo por la espalda en la hora del baño, para no llenarme de mugre y, consecuentemente, de llagas que no sabré si están o no ahí. Abuela ganó, aunque no se lo hubiera propuesto y tengo que admitir que no me gusta perder. Tal vez el olvido sea mi única salvación, como lo ha sido para ella, pero los recuerdos que almacenó en mi cabeza ahora saltan como las chispas de una soldadura, se enhebran unos con otros, se superponen y mezclan en una maraña insoluble. No me queda de otra que pasar la mayor parte del día recorriendo el pasado: yo en sus brazos o juntos en la mesa, con una sopa tan caliente que hace que me chorree la nariz. Al final del día viene y me pasa un paño por la cara para sacarme todo el polvo que revoloteó durante el día, y a modo de despedida para encarar la noche, suelta una última lágrima que penetra mi pupila, con intención de consuelo, con efecto de burla.
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METERSE EN LA BOCA DEL LOBO:
MUJERES INDÍGENAS CONTRA LAS INJUSTICIAS SISTÉMICAS por René Harder Horst 23
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En enero de 2013, cinco mujeres indígenas ayudaron lanzar un movimiento político para representarse en las elecciones nacionales de abril. Madres, maestras, y artesanas todas, estas paraguayas ambiciosas aspiraban terminar el abandono del estado para con su gente desde la abertura democrática in 1992. Fundado en 2010, cuando presidente Lugo dio esperanza a las personas sin poder, estas mujeres encontraron colegas diversas y dieron como nombre a su partido Kuña Pyrenda, plataforma para elevar mujeres a la autoridad política. Este artículo describe la importancia histórica de las mujeres indígenas en el país, mostrando como las condiciones recientes que vivían estas cinco mujeres las aspiraron a representarse por medio de un movimiento político tan singular. Las organizadoras prometieron hacer campaña solamente representando la situación real de su gente, así como en transmitir solo las opiniones e ideas de sus partidarias; ellas solicitaban representación por “alguien que sea sensible a todos los pueblos”, enfatizó una candidata, “no de una oficina.” Durante la dictadura, explicaron, su gente había sido prácticamente invisibilizadas, y “hasta hoy los pueblos indígenas no cuentan con una organización política propia.” Ni que hablar de las mujeres Nativas: en efecto, Paraguay fue el último país en America Latina donde las mujeres
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En enero de 2013, cinco mujeres indígenas ayudaron lanzar un movimiento político para representarse en las elecciones nacionales de abril. Madres, maestras, y artesanas todas, estas paraguayas ambiciosas aspiraban terminar el abandono del estado para con su gente desde la abertura democrática in 1992. Fundado en 2010, cuando presidente Lugo dio esperanza a las personas sin poder, estas mujeres encontraron colegas diversas y dieron como nombre a su partido Kuña Pyrenda, plataforma para elevar mujeres a la autoridad política. Este artículo describe la importancia histórica de las mujeres indígenas en el país, mostrando como las condiciones recientes que vivían estas cinco mujeres las aspiraron a representarse por medio de un movimiento político tan singular. Las organizadoras prometieron hacer campaña solamente representando la situación real de su gente, así como en transmitir solo las opiniones e ideas de sus partidarias; ellas solicitaban representación por “alguien que sea sensible a todos los pueblos”, enfatizó una candidata, “no de una oficina.” Durante la dictadura, explicaron, su gente había sido prácticamente invisibilizadas, y “hasta hoy los pueblos indígenas no cuentan con una organización política propia.” Ni que hablar de las mujeres Nativas: en efecto, Paraguay fue el último país en America Latina donde las mujeres
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consiguieron el derecho para votar recién en 1961; y donde el desempleo para mujeres es aún más alto que para los hombres, aunque en general cobran solamente la mitad. Ni que hablar, por supuesto, de las mujeres Nativas. Desde entonces, la pérdida de bosques, tierras y culturas ha obligado a los pueblos indígenas buscar medios alternativos de supervivencia migrando hasta las ciudades. Para revertir su marginación, las mujeres se comprometieron arriesgarlo todo e incursionar en la política, aun cuando eso peligrosamente implicaría, como declaró la líder nivacche Laurentina Santacruz, «meterse en la boca del lobo». Además, el momento en que se produjo este movimiento fue significativo: apenas unos meses antes, en junio de 2012, el Congreso había enjuiciado y destituido a Fernando Lugo, presidente de quién muchas Nativas habían esperado mejoras. El clima social era tenso, pero especialmente para las Paraguayas, quienes habían esperado tanto del cambio político reciente.
Mujeres Nativas en la Historia Paraguaya
Las mujeres y las mujeres indígenas han tenido una importante presencia en la historia nacional. Si bien siguen siendo elevadas en el
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el folclore, su trato no siempre ha sido positivo. Como explicaba el antropólogo Bartomeu Melià, «ya en el mismo siglo XVI… se denunciaba la ‘saca de mujeres’, las ‘rancheadas’, el ‘trueque de mujeres’, como si la mujer guaraní fuera tratada solamente como ‘pieza’ esclava.» La encomienda, sistema laboral impuesto en la colonia, obligaba a las Indígenas vivir cerca y trabajar diariamente para los colonos en servicio involuntario. Ya para 1556, algunos colonos poseían setenta nativas cada uno, habiendo engendrado 6.000 hijos con mujeres Guaraníes. Estos abusos contribuyeron al mestizaje y a la adopción de idioma, costumbres, y comidas Nativas, pero así también como a la amplia resistencia Indígena. En las reducciones, los misioneros Jesuitas enseñaban la subordinación y “debilidad” de las Guaraníes; prohibían los infanticidios y abortos tradicionales, condenaban el descuido de las “obligaciones” matrimoniales, y encerraban a las desobedientes en las casas de recogidas. Dadas las importantes posiciones de las mujeres en estas sociedades matriarcales antes de ser reducidas, además de los obligaciones laborales de la encomienda, no puede sorprendernos que entre 1537 y 1609, los y las Guaraníes se rebelaron veintitrés veces contra los colonos. A pesar por su trato pésimo, durante los siglos siguientes, las mujeres
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indígenas se sacrificaron en los mayores conflictos militares del país. Poco antes de la guerra Paraguaya, los guerreros Guaikurú capturaban a mujeres Guaraníes en Mato Grosso, robando a los niños y matando a los hombres. Al estallar la violencia en 1865, soldados paraguayos capturaron una mujer Guaná, en el puerto de Joaquim Souza Moreira, a quien «la mataron y descuartizaron». Muchas mujeres Guaikurú perecieron por la cólera entrando con las fuerzas brasileñas del teniente Taunay, enviadas para repeler la invasión paraguaya. Durante la guerra, mujeres Guaikurú también fueron víctimas del cólera y del hambre, aunque los historiadores brasileños llegaron atribuir la posesión del Mato Grosso a los servicios brindados por los Guaikurú. En la siguiente Guerra del Chaco, las fuerzas bolivianas mataron a tantas Nivacche (las mujeres del pueblo Nivacle) que ellas temían un exterminio. Los py nandi no fueron más respetuosos; como me contaba una anciana Nivacché en 2005: «Se volvían locos. Los soldados se abalanzaban sobre ellas como perros en celo. ¡Pobres mujeres! Por eso los llamábamos *palavái nuu*: perros paraguayos». A través de la dictadura, las mujeres indígenas sacaban adelante a sus familias sirviendo en las estancias chaqueñas y quebrachales; sufrían del peonaje endeudadas a las tiendas empresariales, convivían con un alcoholismo generalizado, y anhelaban regresar a sus tierras ancestrales. Las mujeres paraguayas que defendían a los pueblos 28
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indígenas también fueron abusadas; tras una represión especialmente violenta en 1975, una indigenista intentó suicidarse debido a la tortura durante su detención. No es de extrañar que las indígenas celebraran la llegada de la democracia en 1989.
Mujeres Indígenas Viven la Democracia
La iniciativa política de las mujeres que ayudaron organizar a Kuña Pyrenda impulsó a otras mujeres indígenas, quienes comenzaron a liderar a los movimientos Nativos luego de tantos años de largas luchas. Los siguientes ejemplos, pocos entre muchos, ilustran las razones por las cuales las Indígenas llevaron sus familias hasta las ciudades. La primera razón fue la búsqueda de atención médica, lo que ocurrió ya en septiembre de 1995, cuando cinco familias Mbya de Curuguaty se establecieron en el cerro Lambaré buscando hospital. Luego la malaria sobrepasó el departamento de Caazapá a fines del 2001, alcanzando a 90% de los Mbya, un total de 496 personas Indígenas. En el Bajo Chaco, la tuberculosis arrasó 15 comunidades en La Patria, donde fallecieron 14 personas; los y las Angaité llegaron a Asunción buscando doctores. Más de 150 Angaité protestaron la falta de atención en el INDI, donde obligaron renunciar a la presidenta por la falta de atenciones médicas., 29
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Además de las enfermedades, la deforestación, impulsada por la ganadería y la soja, obligaba la migración Indígena hacia las ciudades. Simplemente, se quedaban sin lugar para vivir al ser desplazados. En septiembre del 2003, el Algarrobal S.A. expulsó, sin orden judicial, a más de cincuenta mujeres y sesenta niñas y niños Enxet de su comunidad. Muchas de las mujeres ya estaban enfermas, y una anciana falleció cuando tomaron refugio, sin tener otro lugar, a orillas del rio. En vez de ayudar a las desplazadas, la compañía llevó a juicio a los abogados que defendían a las y los Enxet. Al pasar los años, la deforestación acelerada rápidamente aceleró tales expulsiones y causó largas sequias Chaqueñas, lo que aumentó la migración interna de las Indígenas. En Cuidad del Este, las mujeres Avá y Mbya Guaraní, desplazadas por Itaipú, protestaban colgándose de las ventanillas de los colectivos para pedir dinero. Enfrentados por los pasajeros y las mujeres desesperadas, las autoridades presionaban al Itaipú mejorar las condiciones Indígenas. Entre 1998 y 2003, por lo menos 3,820 Indígenas desplazadas y desplazados llegaron a Asunción, lo que comenzó a cambiar sus culturas y relaciones con el estado. En vez de defender estas personas, que como originarias habían contribuido hasta el idioma único al país, las autoridades ducharon a centenares de Indígenas en el Seminario Metropolitano, para “detoxificar y readaptarlos” antes de devolverles. 31
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a la fuerza al campo. La calesita de migraciones internas para las y los Indígenas estaba en pleno movimiento. Estos cambios brutales solo ganaron velocidad durante los próximos años, lo que explica el entusiasmo Indígena para el cambio político que les prometió Fernando Lugo a fines de 2007, como también la energía con la cual los y las Indígenas se organizaron políticamente para apoyar las promesas del nuevo candidato. La formación del partido feminista Kuña Pyrenda fue resultado de este rayo de esperanza que se propagó entre las Indígenas, y llegó a incluir mujeres de diversas herencias. Ya en 2013, presentaron 500 candidaturas en diez departamentos. Los siguientes ejemplos comprueban su legajo. En febrero de 2019, mujeres Paï Tavyterã de Takuara’í, Canindeyú, se encadenaron a los portones del INDI, demandando que autoridades frenen a los sicarios brasileros que las asesinaban por defender sus tierras ancestrales. Hasta amenazaron asesinar a la presidenta del INDI por no atenderlas. Ese verano, abrumadas por la pobreza, desnutrición, y la muerte de sus hijas e hijos, las mujeres organizaron la MIPY, Mujeres Indígenas del Paraguay, donde también denunciaron la creciente de abusos sexuales, explotación, suicidio, adicciones, y los homicidios. Una líder Guaraní de Cerro Poty, apoyada por la MAIPY, ONAI, MIPY, FAPI, CONAMURI y con centenares de Nativas, se apoderaron del 31
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distrito financiera de Asunción el 6 de marzo, gritando, “¡Ore avei yvypóra pe’eicha, anive ore juka!” Avanzando por todos los ministerios de gobierno, culpaban al estado por la masiva migración de su gente a las ciudades. “Estamos cansadas de vivir con miedo,” declaró una. “¡Para el estado somos nada!,” gritaban otras. “No nos daremos por vencidas hasta que sean investigadas todas las muertes nativas en Asunción. Demasiadas muertes de indígenas. Que se termine la violencia contra las adolescentes indígenas,” gritaban en cada oficina pública. Las mujeres tenían razón: la constitución nacional, aprobada por todo el país, mandaba la protección de las y los Indígenas. Claramente, el movimiento creado por las mujeres en 2010 había llamado la atención a las condiciones de todas las mujeres del país, pero especialmente a las Indígenas viviendo estos años difíciles. La importante herencia histórica de este grupo de la población parecía valer nada para los grandes intereses económicos cambiando el país. Gracias a estas mujeres por aportar tanta energía y horas en impulsar el país hacia más comprensión para las Indígenas del Paraguay… que sus palabras encuentren oídos pronto.
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E L Ú LT I M O G R A N P O E TA P O P U L A R Quemil Yambay, el intérprete de la madre naturaleza
por Aldo Jones 33
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Galardonado como Tesoro Vivo de la Humanidad por la UNESCO ya en 2007, el 2026 se lo llevó, dejando un vacío difícil de llenar por todo lo que significó significó para el arte popular. Con su carisma inconfundible, el poeta e intérprete de acendrado arraigo popular hacía que cada presentación fuera un espectáculo singular. Despreocupado por ningún estilo refinado, refinado, sus versos salían tal como él mismo sentía todo lo que lo rodeaba. Con un problema de visión tempranero, aguzó el oído para captar aquello que nadie más podía, y con un don inexplicable para reproducir el trinar de las aves y el rugir de las fieras, fieras, se convirtió como nadie en el lenguaraz de la fauna paraguaya: puente irrepetible entre naturaleza y cultura. Autor de celebérrimas canciones, vigentes incluso entre estudiantes de secundaria hasta el día de hoy, su prolífica prolífica producción dejó temas como Lidia Mariana, Estancia la Josefina, Che ha che mbaraka y Mokoi guyra'i, algunas de Josefina, ellas con millones de visualizaciones en YouTube. Otros temas recibieron la aclamación popular por su alta carga de humor así como por su realismo: Oka'úva purahéi, Apoi ha ha'u jey, Tembireko sargenta, Ajupíta de presidente, y muchos otros. Incluso era capaz de incluir en sus álbumes diálogos populares que él mismo creaba, que tuvieron tanto éxito como si fueran canciones: Abuela memby, Serenata sin permiso, Kesu rekávo, Avisitáro guare mamáme, etc. 34
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No faltaron otros más filosóficos, filosóficos, como una curiosa controversia entre dos plantas comunes en el campo paraguayo, una dialéctica conversación sobre quién era más importante, Avati ha mbokaja (evidenciando la perenne tensión entre el guaraní y el castellano y el estatus de cada uno); o Che rancho Yhaguy ári, un tema en el que él mismo reconocía que no todo era guitarra y escenarios. Su rancho sobre el río Yhaguy era el solaz en el que se desconectaba de la vida bohemia y compartía con amigos y familia, pero incluso allí sus oídos estaban atentos a lo que le dictaban los sonidos del monte y sus aves y animales, a quienes nombraba antes que a sus amigos humanos. Pero probablemente el tema que más visualizaciones tiene no es de su autoría, aunque sin duda fue escrito para él mucho tiempo atrás: Pyhare amangýpe es obra del gran Emiliano R. Fernández; sin embargo, hasta nuestros días nadie le dio tanta vida como la majestuosa interpretación de Quemil Yambay. El hecho de hacer las "voces" de más de una docena de animales citados por Emiliano, quien describe con asombrosos detalles una tormentosa noche en el Chaco, hace de esta canción una obra maestra repleta de imágenes auditivas que la convierten en un cuadro costumbrista que cautiva con su bucólico encanto. 35
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Pero más que hablar o escribir sobre el último gran poeta e intérprete de la música popular paraguaya, don Quemil Yambay, es siempre preferible escucharlo y disfrutarlo, porque en sus cuerdas vocales encontró para siempre eco la fauna paraguaya, a pesar de quedar hoy huérfana en su pore'y (ausencia).
Che pore'yme reho Apensá che raperãre moõgotyopa ajapíta El destino mante he'íta ha asê aharei Toiko chehegui arai, entero tacherecha Yvytu chembokacha, ha upéi taparei Yvytu chembokacha, ha upéi taparei
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ACOSTA ÑÚ: UNA VERDADERA BATALLA
por Claudio Velázquez 37
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Al analizar episodios históricos, es importante ceñirnos siempre a la rigurosidad del estudio, sin cometer errores frecuentes. A menudo, en los últimos años, hemos encontrado algunos textos que nos hablan y refieren sobre el triste y terrible episodio de Acosta Ñu, no como una batalla, sino como una denominada masacre. Este es un error habitual, y lo explicamos a continuación. Se aclara, como primer punto, lo inmenso del campo de batalla y la duración de esta, donde por más de 4 horas la columna paraguaya, de un número aproximado de 3.500 efectivos, resistió a un ejército aliado compuesto por aproximadamente 20.000 efectivos. Si durante todo ese tiempo se sostuvo el enfrentamiento, fue porque, con los pocos recursos con que contaban, los paraguayos plantearon una lucha sin tregua. El Ejército paraguayo, bajo la conducción de Bernardino Caballero, utilizó los tres cauces hídricos existentes (Ytu, Yuquyty y Piribebuy) para distribuir su organización a lo largo de la batalla, e incluso, en una primera fase, realizó maniobras de movimiento para un mejor uso del terreno. Durante gran parte de la batalla, los aliados también evitaron el contacto cuerpo a cuerpo, tratando de sacar el mejor provecho al alcance de sus armas; habían aprendido de otras experiencias pasadas en la guerra. También se debe mencionar la tenaz resistencia que ofreció el comandante paraguayo Bernardo Franco con su batallón, quien, en una primera fase de la batalla, dio oportunidad a las 38
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fuerzas de Caballero de distribuirse y organizarse. Este batallón de Franco sería completamente diezmado, con la muerte incluso de su comandante. Franco murió, pero no sin antes encargarse de cumplir su misión, una misión prácticamente suicida. Como se verá, todo este esfuerzo del lado paraguayo en aquella jornada del 16 de agosto es más que meritorio y digno de estudio; hablar tan solo de una masacre es paupérrimo y reduce, lamentablemente, el esfuerzo dado en esa jornada. Desde luego que, al término de la batalla, las serranías de Barrero fueron testigo de trágicos episodios de muerte y sufrimiento, pero esto no debe quitar jamás mérito, estudio y destaque al esfuerzo dado en la jornada. No buscamos destacar la guerra ni la lucha; nunca serán el camino ni la puerta. Pero tampoco deben repetirse errores de historiografía basados en victimismos. Hay toda una historia que debe ser contada tal como aconteció: Acosta Ñu fue una verdadera batalla.
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NOVEDADES NOVEDADES LITERARIAS
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Lo que no se olvida, se escribe. Lo que se escribe, no se pierde del todo.
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