«Que gobierne en sus corazones la paz de Cristo... y sean agradecidos» (Colosenses 3:15). Olvidando nuestras dificultades y problemas, alabemos a Dios por la oportunidad de vivir para la gloria de su nombre. Que las frescas bendiciones de cada nuevo día despierten alabanzas en nuestro corazón por esas muestras de su amoroso cuidado. Cuando abras los ojos por la mañana, da gracias a Dios porque te ha guardado toda la noche. Agradécele por su paz en tu corazón. Por la mañana, al mediodía y en la noche, que la gratitud como un dulce perfume ascienda al cielo».
—Ellen G. White, «The Importance of Expressing Gratitude and Praise», Review and Herald, 2 de junio de 1910